One-shot The Popess [Shiori Kurosawa | Gakkou Roleplay | Persona]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Yáahl, 3 Mayo 2020.

  1.  
    Yáahl

    Yáahl Equipo administrativo Líder de Betas Comentarista empedernido Game Master Editor Gráfico This is a dark song, real dark Toretto C.A.O.S Kami-sama BLACKOUT d i z z y MASOQUIST Tarot Bitch Tarot pals ¡Yeah, Yáahl!

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    Título:
    The Popess [Shiori Kurosawa | Gakkou Roleplay | Persona]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1885
    Me vi 1917 otra vez y quedé en un mood fatal.
    Quería escribir este fic con una canción que me dijo Mori, peeeero al final no pude con la tentación de escribirlo con esta, porque amo esta maldita película y todo lo que me provoca. Además, la sensación tan agridulce que me deja va muy bien con esta niña.
    No sabía si meter esto dentro del delirio del tarot, pero lo cierto es que si agarramos los significados negativos de esta carta... no se la asignaría a nadie más que a esta criatura.
    Personaje: Shiori Kurosawa (solín, solita).

    Hay un enredo con los tiempos verbales, peeeero así fluyó mientras lo escribía.








    [​IMG]






    Lluvia.

    Rojo.

    Amarillo.

    Verde.


    Creo que no recuerdo realmente cómo ocurrieron las cosas, o quiero forzarme a no recordar, porque cuando me doy cuenta la escena vibra en mi mente.

    No hay un solo recuerdo en mi memoria que no esté impreso con la presencia de Kaoru, de su cabello azabache y sus ojos de atardecer, esos que ambos heredamos de papá. Siempre él, cuidándome, siempre varios pasos por delante para atraparme al caer, para llevarse los golpes por mí, para salvarme y ser mi escudo.

    Aquella vez que me defendió de un bravucón, bastante parecido en actitud a Akaisa-senpai, o cuando me arropaba si me dormía en la sala de estar, un gesto torpe parecido al de Hiroki en el pasillo, o cuando lograba asirme de alguna parte para evitar que cayera de boca al suelo.

    Lo recuerdo preparando el almuerzo, con aquellas pequeñas salchichas en forma de pulpo o una porción exagerada de carne para cada uno, junto al arroz frito y las verduras.
    Lo recuerdo jugando bajo la lluvia y llamándome para que lo acompañara, aunque después acabáramos ambos con un resfriado de los mil diablos y él me cuidaba, aunque estuviese igual o más enfermo.
    Siempre él, velando por los demás de una forma tan natural.

    Creo que nadie espera perder a alguien en un día corriente, sin estar en un trabajo de riesgo y, sobre todo, sin siquiera ser mayor de edad. Creo que ninguna familia y ningún padre está preparado para ver partir a un hijo antes que ellos, porque así no funciona el mundo.
    ¿Quién imaginaría que un accidente de auto acabaría con un muchacho?

    Negro.

    Rojo.


    Hay pérdidas que unen a las familias, es cierto, pero hay otras que las fragmentan. La mía fue una de esas y quizás debí morir yo en su lugar.
    Nunca lo he dicho, pero lo he pensado tantas veces desde entonces y lo pienso cada vez que ese recuerdo maldito palpita.

    Él vio el auto, yo no, lo vio salirse de control para evitar arrollar a un chiquillo que se había zafado del brazo de su madre.
    Me hizo a un lado, casi puedo sentir su agarre en torno a mi muñeca, la piel se amorató apenas unas horas después. Me había sujetado con la fuerza de una bestia, no recuerdo siquiera si grité cuando me empujó hacia atrás, sacándome del camino pero él… quedó solo.

    La sangre ajena es sorprendentemente oscura al esparcirse sobre el pavimento y aún así logra resaltar como juego de luces de Navidad en la negregura. No logro entender cómo.
    Y apesta. Apesta a muerte, culpa y confusión.

    Su cuerpo terminó bajo las llantas del auto, carcomido por el alquitrán seco de la calle. No tengo la menor idea de por qué un auto conducía así de rápido a pleno mediodía, quizás el culpable de arrollar a Kaoru lo dijo y alguien nos lo dijo a nosotros después, pero no recuerdo.
    ¿Qué más daba? Dos vidas habían sido salvadas para acabar con otra. El chiquillo que se zafó de su madre, yo.

    ¿Dos vidas valían la de mi hermano? Al menos su vida no valía la mía y casi podría jurar que a veces veo eso en los ojos de mis padres, al mirarlos cada mañana antes de irme a la escuela.
    Lo veo y luego siento que es un reflejo de mi propia culpa y horror.

    Cuando fuimos a sepultarlo llovía a cántaros, llovía tanto que el río se había salido de su cauce y recuerdo que en ningún momento nadie se preocupó por el hecho de que no usara un paraguas mientras veía cómo lo depositaban en la tierra empapada, en un cajón de madera.
    Recuerdo las gotas heladas atravesarme la ropa, colarse por cada lugar posible, empozarse en mis zapatos y pegarme el cabello, tan negro como el alquitrán del pavimento, al cráneo. Desde ese día maldito la lluvia se transformó en su abrazo y en una puñalada a la vez. Lo que no recuerdo, sin embargo, es haber llorado en algún momento, a pesar de que me habían arrebatado a mi hermano y lo estaba lanzando a la tierra, como si nunca hubiese valido nada, como si haber cuidado a su hermana y a su familia durante años no tuviera valor alguno.

    Mamá dejó de comer y dejó de hacer el inventario de la tienda, papá apenas podía atender a quienes entraban, sin romper a llorar como un niño cada hora. Comía comida instantánea por inercia, porque nunca se le dio bien la cocina y mamá… mamá había dejado de existir. Nunca los vi tan delgados como en aquel entonces.

    Tenía que haber muerto yo.

    ¿Fueron días? ¿Semanas? ¿Meses? No lo sé. No hay lágrimas en esos recuerdos vacíos, al menos no mías.
    Empecé a preparar el desayuno, el almuerzo y la cena, esperando que mamá comiese algo si la forzaba a probarlo y que papá recuperara fuerza con comida decente. Empecé a hacer el inventario atrasado durante la noche y después de la escuela relevaba a papá atendiendo a los clientes. Aprendí a fingir, a sonreír siempre, a tener el control y dar órdenes a mis propios padres. No tenía ya figuras de autoridad.

    Era la única Kurosawa que seguía en una pieza. Uno de ellos estaba muerto y los otros dos rotos, esparcidos por el suelo del pueblo, como la sangre de Kaoru.

    No tengo idea si para la gente era bueno o malo, si era de admirar o de temer… que una chiquilla de doce años estuviera sosteniendo a dos adultos, sin derramar lágrima alguna. No tengo idea, nunca la tuve y me da terror averiguarlo, así como me da miedo averiguar qué sienten mis padres realmente ahora.
    No entiendo por qué nunca pude llorar por él, ni cuando sujetaba a mamá, descompensada de tanto llanto, ni cuando debía consolar a papá en la tienda antes de enviarlo a casa, ni cuando prácticamente tenía que meterles la comida en la boca.
    No sé cómo me forcé a comer, a asearme, a hacer mis tareas y hasta las que no me correspondían aún.

    Me negaba, me negaba a dejarlos hundirse y dejarme sola, aunque significara que debía cuidarlos, arrastrarlos fuera de la trinchera donde yacía el cuerpo de su hijo mayor, al que se aferraban con garras y dientes. Aunque significara que no podría llorar por mi hermano perdido nunca, porque ahora yo me había transformado en el escudo de mi destrozada familia y los escudos no sienten.

    No logro ubicar el día en que los ojos de mamá empezaron a recuperar el brillo, solo sé que un día llegué a casa y estaba cocinando. Se había duchado y cepillado el cabello sola, pero cuando me miró a mí directamente… no vi nada más que un sentimiento raro que nunca supe nombrar. Una mezcla de culpa, vergüenza y un dejo de agradecimiento. El primer día que papá logró no llorar en la tienda me miró de la misma manera.

    La última vez que los brazos de mi madre, de la madre amorosa que tenía dos hijos, me rodearon fue la mañana en que nos arrancaron a Kaoru y el día anterior fue también la última vez que mi padre me dio un beso de buenas noches. No recuerdo el calor de sus brazos, ni la genuina alegría en sus voces al dirigirse a mí, ni una sola sonrisa que no parezca aunque sea ligeramente forzada. Todo eso quedó aferrado a los recuerdos en los que aún aparecía Kaoru.

    Negro.

    Rojo.

    El semáforo cambiante.


    Estaba intentando llenar el lugar vacío de mi hermano, a pesar de que sabía que era imposible. Había tomado su lugar cuidando de otros y ya no sabía cómo volver atrás o cómo dejar que alguien cuidara de mí. Había dejado de interesarme también.

    Recuerdo el día que me quemé la piel de las manos decolorándome el cabello, el tinte azul esparcido por el suelo del baño. El nulo interés de mis padres.
    Es probable que incluso si hubiese decidido comportarme como Katrina no les hubiese importado, como si no se sintieran en derecho de reclamarme por nada, como yo no les había reclamado nunca por no dejarme llorar a mi hermano o por hacerme crecer a la fuerza.

    ¿Se me permitía sentir algo? Es probable que sí, pero yo había comenzado a pensar que no podía permitir que nadie viese mi interior. Mi amor por mis padres distantes, por mi hermano muerto y por todo aquel que necesitara de cuidado. Empecé a disfrazarlo todo detrás de una máscara extraña, mezcla de burla y quién sabe qué más.
    No sabía siquiera dar las gracias a alguien o recibir el calor de otra persona.

    Pero había salvado a mis padres. Los había salvado, forzándome a salir adelante y arrastrándolos conmigo.

    Y lo haría con cualquier otra persona incapaz de avanzar sola.
     
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  2.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche r e l o a d a b l e Pelotudos gang Toretto Tarot pals The kid with the rage Ravenous

    Piscis
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    Oh my fuckin god. Just... fuck.

    No sé si fue la jodida ost de esta jodida película que también me pone la fuckin piel de gallina, y que la amo y well, como ya fangirleamos(?), o tu narración, o que sea Shiori, o todo el dolor que me transmitió esto. Probablemente haya sido todo. Gurl, qué dramón.

    No puedo explicar en verdad lo vívido que se me hizo todo, cada detalle, cada imagen. I mean, ya me cansé de decirte que amo tu estilo de narración, que es super directo y honesto, y cuando te pones a narrar en primera persona semejantes mareas de sentimientos, well. Te queda como anillo al dedo. Y que esta sea Shiori, la verdadera Shiori, me parte el alma. Ya me había acostumbrado siempre a verla molestando a Hiro, que pararme a pensar un segundo en todo lo que se oculta detrás de su máscara es... gosh. Además, la forma en que relacionaste su backstory con esta ¿tendencia? tan suya de querer tener siempre el control. No puedo evitar pensar que es un mero hábito que se le quedó impregnado por inercia, por haber sido forzada a tener el control desde los putos doce años. Mierda, era una niña. ¿En qué cabeza cabe que una niña no pueda contar con sus padres para crecer? Mierda, mierda, mierda. Te juro que me duele muchísimo pensarlo, todo el jodido dolor que Shiori tuvo que tragarse para que su familia no acabe de derrumbarse.

    Es tan injusto, pero a su vez es una situación tan compleja, y las fracturas siguen a flor de piel. Como heridas que jamás cicatrizan. Entiendo que es complejo, y entiendo toda la culpa que debe carcomer a sus padres desde que salieron de ese pozo, pero, mierda. Es su jodida hija. ¿No ven que sólo necesita amor y contención? Escudarse detrás de sentimientos negativos como la culpa o la vergüenza para seguir sin hacer nada al respecto es lisa y llanamente incorrecto. No puedo creer que no lo vean, porque estoy segura de que se preocupan, pero aún así son incapaces de mover un dedo. Me pregunto qué pasaría si Shiori finalmente se derrumbara, si finalmente la realidad los golpeara y vieran que su hija no está bien. Que no es el jodido titán que, no sé, parecen creer que es. En serio, ¿qué se piensan que es Shiori? i was sad ok bUT NOW IM MAD

    Me pone muy triste pensar que este es el equilibrio que consiguió la familia de Shiori, y realmente quiero creer que hay una forma de cambiarlo. Que los tres se permitirán, algún día, suavizar sus bordes para encajar mejor. Para volver a ser un rompecabezas. Nunca me ocurrió, pero puedo imaginar cuán devastadoramente desestabilizante eso sonó complicado im sorry debe ser la pérdida de un componente tan elemental de la familia. Un hijo, un hermano. Y tan joven, encima. Es como dices aquí:
    And i really cant get over con la idea de que Shiori siga pensando que debería haber sido ella la que murió. Te juro que me rompe el corazón como todo el puto fic, pero esto en particular me desgarra, y es que... dios, sólo quiero abrazarla y darle todo el amor del mundo durante los AÑOS que hagan falta para que consiga reconstruir su autoestima. Y quiero que sus putos padres vean el desastre en que se convirtió todo y hagan ALGO por ella. For gods sake, perdieron un hijo pero tienen aún una hija con ustedes, ¿cómo pudieron también abandonarla?

    Well, es un comentario corto a comparación de las biblias que me suelo mandar, idk. Sorry. Igual insisto en repetir que lo amé, me rompió el kokoro y la música, my god, 10/10. Siempre me quejo de los dramones ultra dramáticos, pero luego leo a tus personajes atravesarlos y me desarmo. Y no hay de otra.

    Gracias por escribir, as always, y gracias por tus personajes <3
     
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  3.  
    Mori

    Mori Orientador ejemplar Orientador Bola de Nieve M.E.D.D.A DragonWoman BirdGirl BabbyRabbit Delirio navegante Mori me Morí

    Tauro
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    Eheeeeeem. Después de mi comentario me leo el de Gigi.

    Ya me imaginaba que su pasado era triste, perder a un hermano, ugh, no quiero ni imaginarlo. Por algún motivo pude sobrellevar bien el relato, osea, pena da, mucha tristeza, pero... No lo sé, la música iba a la par y aun así no llegó a conmoverme taaanto, por lo menos no tuvo manifestaciones físicas (?) me han llegado más otras historias que tocan temas menos dolorosos que este y no tengo idea de por qué ¿Tal vez por qué este no me es cercano? No lo sé.

    Uhmmm... Si creo que pega más esta canción que la que te dije yo, te hace sumergirte más en la lectura, pega bastante bien con todo el relato.

    Me ha gustado conocer la versión oficial de los hechos... Dios, esto habla demasiado de la personalidad de Shiori y nos ayuda aún más a comprenderla, a mi me gusta siempre saber más cosas de la niña para poder entenderle.

    La pregunta que se hace es... verdaderamente interesante ¿Por qué? ¿Por qué no lloró? ¿Cómo pudo aguantar todo lo ocurrido sin desmoronarse? Y la verdad, con este relato, Shiori me recordó mucho a alguien. Alguien que tampoco llora, tu le vez a lo lejos y se ve fuerte, inamovible, muy buena gente y con una gran sonrisa... Sonrisa y carcajadas que muchas veces son falsas. Porque me lo ha dicho. Tal vez por eso no me llegó a afectar tanto el relato, pues he conocido de personas que les ha tocado ser el pilar emocional fuerte de sus familias en momentos difíciles, y eso en verdad se nota.

    ¿Mi opinión personal? Que no es bueno que los niños deban cargar con los problemas emocionales de una familia entera, no les hace bien y nunca será lo más recomendable saltase etapas... Porque pueden terminar aun más desmoronados que el resto... Cosa que no fue el caso de Shiori por el simple hecho de que era fuerte, una cabeza dura, que ama a su familia y tenía muy en claro lo que deseaba, aun sin percatarse: mantener la felicidad.

    Wua, lo más probable es que tenga más cosas que agregar, porque tu personaje tiene una personalidad que he palpado en la vida real, y son de lar personas que a mi me sorprenden demasiado: porque la vida le a puesto obstáculo tras obstáculo y aun así han sido capaces de seguir adelante. Solo me hace pensar en lo fuerte que puede llegar a ser un humano, como puede estar a punto de quebrarse por completo, pero hay algo que le mantiene en pie.

    Ya, no me quiero alargar más.

    Un relato bien escrito, emotivo y que presenta un gran personaje.

    Fin (?) Me dejas sin palabras, chica >:0
     
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