One-shot The Pope [Gakkou Roleplay | Nagi&Shiori | Shiroki]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Yáahl, 11 Mayo 2020.

  1.  
    Yáahl

    Yáahl Equipo administrativo Líder de Betas Comentarista empedernido Game Master Editor Gráfico This is a dark song, real dark Toretto C.A.O.S Kami-sama BLACKOUT d i z z y MASOQUIST Tarot Bitch Tarot pals ¡Yeah, Yáahl!

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    Escritora
    Título:
    The Pope [Gakkou Roleplay | Nagi&Shiori | Shiroki]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    4945
    Solo dos palabras: me mamé.
    Also este escrito está like, cronológicamente antes de los otros delirios (XIII, Delirium, Minutos ratos de Mori, Bird & Wolf de Jen). Así que no, los niños no son nada YET. Quedé super soft después de esto idk.
    Mori porque la estuve molestando con cosas de su niña y Yugen por obvias razones (?)

    Personajes: Shiori Kurosawa, Hiroki Usui, Nagi Watanabe, menciones a Mimi Honda y Katrina Akaisa.






    Wanna believe that you don't have a bad bone in your body,
    but the bruises on your ego make you go wild.


    [​IMG]





    Un toque, apenas un roce, ni siquiera sé cómo un tacto tan suave había logrado sacarme del sueño aunque… Lo reconocí, ¿no? Claro.

    —Enana. —Su voz apenas había cambiado, era quizás, un poco más grave—. Enana, despierta.

    Abrí los ojos, un poco a regañadientes, y la luz que se filtraba a través de la cortina me permitió distinguirlo, sentado al borde de la cama con sus ojos naranja refulgiendo. Lucía mayor, pero su sonrisa no había cambiado.

    —¿Qué cojones-

    —Cuida tu boca, Shiori.

    Apreté los labios en una línea, porque lo cierto es que quería soltar una cantidad incontable de maldiciones.
    Lo tomé por la muñeca y tiré de él hacia mí, para poder envolverlo en mis brazos. Era cálido, pero su calor era parecido al de un rayo de sol a través de vidrio.

    Ilusorio.

    Me apretó con fuerza contra su cuerpo y lo sentí estamparme un beso entre el cabello.

    Muerto.

    Cerré los ojos con fuerza.

    —Kaoru.

    —¿Cómo están papá y mamá?

    Se me escapó una risa nasal mientras me separaba de él.

    —¿Ahora? Bien, hay buenos y malos días pero con que sean capaces de levantarse creo que ya es suficiente. A veces levantarse es un logro digno de admirar, si me lo preguntas.

    Lo vi sonreír con suavidad y, por un instante, sentí que me estaba viendo en un espejo.

    —¿Y tú, enana, cómo estás?

    Parpadeé, como si la pregunta me sonara extraña, y es que de hecho lo era. Creo que fue en ese momento en que la situación, el delirio onírico en el que estaba, me pateó con fuerza.
    Y lloré, lloré por todo lo que no había llorado el día en que lo perdí ni en los años siguientes.

    No estaba bien.

    Solo estaba.


    Su calidez me envolvió, sin hacer preguntas, sin juzgarme, sin intentar siquiera callarme.
    Era mi hermano, o lo que yo recordaba de él, la única persona que podía ver lo más vulnerable de mí y cuidarme. Era la única persona con quien podía llorar de esa forma y… ya no estaba.

    No estaba fuera de aquella esfera irreal.

    No estaba y dolía horrores.


    —Está bien, ¿lo sabes? —Su voz calmada se filtró a través de mi llanto, como un arrullo—. Dejar que otros sepan lo que sientes de verdad.

    Negué con la cabeza hundida en su pecho. Papá y mamá habían sentido, habían dejado que los demás lo vieran, y casi habían desaparecido.
    Yo no quería desaparecer hasta ser irreconocible debajo de la tristeza y el dolor. Por eso me había puesto su rostro como una máscara.

    >>Sí está bien y no eres débil por ello. —Apoyó el mentón en mi cabeza—. ¿Colocarte un disfraz no es igual a desaparecer? Por eso no te entienden, Shiori, ¿cómo van a hacerlo si no saben cuál es tu verdadero rostro? Puedes cuidar de otros sin mentir, si les muestras cómo son las cosas realmente, lo que sientes, ¿no crees que podrían cuidar de ti también o amarte mejor?

    Otra negación.
    Es probable que quisiera cuidado y amor, por supuesto, todo el mundo lo quería, pero antes yo debía cuidar de los demás.

    Salvarlos.

    —¿Y qué van a decir? —Mi voz apenas había salido, como la nota de una cuerda de violín al ser rozada. Sorbí por la nariz.

    —¿Eres tonta? ¿Qué importa lo que digan?

    Volvió a apretarme contra él.

    —¿Y si no pueden reconocerme tampoco así?

    —¿Dejaste de reconocer a Katrina?

    Claro que sabía eso. Estábamos conectados, mis recuerdos eran suyos.

    —No.

    —Y ella no dejó de reconocerte a ti.

    —Porque me puse tu rostro, Kaoru. —Lo escuché soltar una risa suave mientras me acariciaba el cabello con mimo—. Akaisa-senpai te reconocería en cualquier parte.

    —Supongo que sí. —Soltó un pesado suspiro—. Lo está haciendo bien, ¿no crees? Ya sabes, ser una Akaisa.

    Fruncí apenas el ceño, sin separarme de él, pero luego solté una risa también.

    —Hace cosas raras, pero tiene el carácter. Su padre debería tener miedo, aunque imagino lo habrá heredado de él.

    —¿El qué exactamente?

    —El fuego que lleva dentro, ya sabes, la ira que la mueve. Es diferente a lo demás, lo que guarda aún más profundo de sí. Podría decirse que es como si fuera dos personas distintas.

    —¿No lo eres tú también?

    —¿Ah?

    —Burlona —empezó y la respiración se me detuvo en el pecho—, orgullosa, pero suave y calmada. Pasas de un lado al otro cuando te da la gana, por eso también te llevas tan mal con esa chica… ¿Cómo es que se llama? Se parece a Katrina cuando la conocimos. Es probable que no logren llevarse bien porque ambas son conscientes de la máscara de la otra.

    —Honda.

    Me separé de él despacio y clavé la vista en mi regazo.
    No había secretos entre nosotros, no podía haberlos, pero aún así era vergonzoso ser consciente de una cosa así.

    >>Déjalo entrar, Shiori.

    —¿Qué? —Fue en ese momento en que pude mirarlo de nuevo, sin saber muy bien a qué se refería. Detallé cada facción de su rostro, como si quisiera grabarlo en mi memoria de aquella manera, con la edad que se supone tendría si aquel día maldito no existiera.

    —A Usui-kun.

    Al escuchar el nombre del cachorro salir de los labios de mi hermano tuve que apartar la vista, sentí que el color me subía al rostro.
    Creo que no era un misterio para nadie ya, no en ese punto, era obvio que lo quería. Claro que lo hacía, con su torpeza y brusquedad había encontrado la grieta en sus murallas para apreciar lo que había dentro y era… asombrosamente cálido.
    Ni siquiera sabía qué demonios debía hacer con esa calidez y sorprendente lealtad, más que brindarle lo mismo entre bromas.

    —Eres mi hermano mayor, ¿qué haces diciéndome que deje entrar a un chico? Encima con la pinta de pandillero que se carga.

    Con el rabillo del ojo noté que se encogía de hombros.

    —Veo lo que tú ves, nada más. —Dejó caer su peso sobre la cama y miró el techo—. Es raro, ¿no? Que no te aparte.

    Hice lo mismo que él, dejándome caer a su lado.

    —Es igual que con Akaisa-senpai.

    Otra vez rio.

    —Sincronizamos nuestros corazones con ella para acercarnos y tú hiciste lo mismo con tu cachorro.

    —No es mío, pero sí. —Me enjuagué los ojos con algo de fuerza—. Realmente no fue difícil… El mínimo rastro de cariño lo descoloca lo suficiente para que su círculo de violencia no se reinicie. Es entonces cuando lo tomas de la mano y sólo te sigue el ritmo, confundido, pero lo hace.

    —Supongo que algo así ocurrió con el primer lobo domesticado.

    —El lobo fue domesticado por conveniencia. No estoy con Hiroki por nada en específico, solo estoy.

    Lo escuché reír una vez más, ahora genuinamente divertido.

    —Siempre piensas en él por su nombre de pila, ¿los has notado? Aunque lo llames senpai, en tu mente es Hiroki a secas… Gran chispa. —De nuevo se me detuvo la respiración un instante—. Shiori… Marca o guía. Si me lo preguntas son una combinación curiosa, al crear un camino para la electricidad puedes hacer un circuito y los circuitos dominan nuestro mundo.

    Fruncí el ceño sin apenas darme cuenta. Kaoru tenía una manera curiosa de analizar las cosas, era de hecho la misma forma extraña en que Katrina leía el mundo.

    >>Como sea, es cierto, tu relación con él no es por conveniencia como la del primer lobo domesticado, es por fidelidad y afecto, como la de un perro actual. Quieres ser su compañera.

    —Para Hiroki el mundo es frío, a pesar de que parece llevar un generador de alta potencia dentro de sí. Me gustaría ser quien le recuerde el calor del sol, ¿sabes? Los colores de la primavera, el cuidado de otro. Es un cachorro tonto, cree que debe hacerlo todo solo.

    —¿Lo entiendes entonces? —Giré el rostro para ver su perfil—. Es más parecido a ti de lo que crees. Quieres salvarlo y, en el fondo, que sea él quien te salve. Nadie más, sólo él, que sea su luz la que ilumine tu oscuridad. Es lo que quieres porque supiste desde el primer momento que podría.

    Suspiré con hartazgo, mientras me retiraba el flequillo de la frente con un movimiento de mano. El desgraciado gesto aprendido.

    —¿A qué quieres llegar?

    Giró su rostro hacia mí y sonrió.

    —Cuídalo, no te he dicho que no lo hagas. Sigue preparando cosas para él, con el mismo amor que lo hiciste la primera vez, sigue llevándolo contigo, mostrándole qué es el calor de otra persona… Tu calor, calmo y reconfortante, como el de una fogata en medio de una noche de crudo invierno. —Se me humedecieron los ojos de nuevo—. Porque esa es la verdadera Shiori. Pero abre tus murallas, enana, déjalo ver más allá. Deja de sincronizar tu canto adrede, puedes hacerlo sin siquiera intentarlo cuando se dé cuenta de quién eres, pero debes dejarlo entrar.

    Se levantó, estiró el cuerpo y me miró con una amplia sonrisa en el rostro.

    >>Va siendo hora de que me vaya, Shiori.

    Me incorporé para quedar sentada en el borde de la cama.

    —¿Y si se va también? —murmuré con la vista clavada en algún punto tras él—. Aniki, ¿qué mierda haré si se va?

    Había olvidado que a veces lo llamaba así, había empezado como una joda pero al final se quedó y algunos hábitos no desaparecen nunca. A mamá no le gustaba, pero no me importaba demasiado.
    Aún así, él aprovechó para soltar una tontería.

    —Bueno, ¿ya te hizo yakuza? No me hagas cambiar de opinión sobre Usui. —Lo vi acercarse a mí—. Mírame, Shiori.

    Pasé la vista a él y noté su semblante serio, pero no severo ni tosco. La misma mirada que yo había aprendido a dirigirle a los demás.

    >>No irá a ninguna parte.

    Depositó un beso en mi frente, entre el flequillo, el beso que me había dado seguramente desde que nací hasta sus dieciséis años. Era un amuleto de protección. Cerré los ojos como reflejo y extendí mi mano hacia él, logrando asirlo de la camiseta, pero ya se escapaba entre mis dedos como el agua.

    El tiempo se había agotado.

    —Aniki, por favor.

    .

    .

    .

    Despertar de aquellos sueños era siempre doloroso. Me recordaban con demasiada fuerza el hecho de que él ya no estaba con nosotros, que nunca lo estaría.
    El primero había sido un día después de su funeral, el segundo dos años después y el tercero hoy.

    Bajé a la cocina, guardé los almuerzos y me senté a desayunar en silencio con mis padres. Papá leía otro libro y mamá parecía no haber dormido mucho, la delataban los ojos cansados.

    —Soñé con Ani… Con Kaoru —murmuré llevándome un poco de arroz a la boca.

    —¿Ah sí? ¿Y qué fue? —La pregunta la había hecho papá sin despegar la vista de su lectura, noté detrás de las gafas los rasgos de mi hermano.

    Me encogí de hombros aunque no me estaba mirando.

    —Me dijo cosas importantes, creo. —Otro bocado de comida y dudé, pero lo solté como quien no quiere la cosa—. A veces me siento mal por no haber llorado por él nunca.

    Noté que mamá se tensaba.

    —Yo… Shiori, no te dejamos hacerlo, sin saberlo —respondió con un hilo de voz y contuve la respiración—. Si estamos aquí ahora es por lo que hiciste por nosotros.

    —Te comportaste como seguramente lo habría hecho él —añadió papá, ahora más que nunca evitaba mi mirada. Apretó el libro entre sus manos—. No debías cuidar a tus padres, pero lo hiciste. Eso es valiente.

    Tragué grueso, como si no fuese capaz de procesar sus palabras. Eran frías y distantes aún, pero sonaban a disculpa y aunque no quería una, una parte de mi corazón liberó su tensión, aunque seguía cerrado sobre sí mismo.

    —Está bien.

    Silencio. Papá fue quien intentó romperlo era, después de todo, de él quien habíamos heredado aquella habilidad de ave imitadora.
    El problema yacía en que ya no tenía idea de cómo igualar su ritmo al mío o al de nadie, como si su corazón hubiera quedado en el ataúd junto a Kaoru.

    —Los almuerzos. Siempre llevas dos, ¿el segundo es para Akaisa-san?

    Negué con la cabeza mientras me bajaba el desayuno de repente con extraña rapidez, dejé los platos en el lavabo y me detuvo, sorprendentemente, la voz de mi madre.

    —¿Cómo se llama?

    —¿Qué?

    —El muchacho.

    —¿Pero de qué hablas, mamá? —Era buena para hacer la vista gorda.

    —Un día acompañando a tu padre en la tienda salí a dar una vuelta y te vi en el parque con un chico. Alto, cabello claro. Tiene un perro, ¿no?

    ¿Desde cuándo le importaba de todas formas? Es probable que notara el cambio en mis facciones o algo, porque siguió hablando.

    >>Es solo curiosidad. —Su voz se tornó extremadamente suave—. Perdimos el derecho de reclamar por tus amistades desde hace años, Shiori.

    —Usui —respondí mientras caminaba hacia la puerta principal—. Va en el mismo año que Akaisa-senpai… de hecho, me la recuerda un poco.

    Me coloqué los zapatos antes de voltearme a ellos.

    >>Iré a ver a Aniki en la tarde. ¿Algo que quieran que haga antes o que le diga?

    —Deja de hablar como yakuza.

    —Mamá, mi hermano está muerto y es el único que sé interesó por eso y de todas formas no le importaba que lo llamara así. Haré lo que quiera. —Lo había soltado quizás con más brusquedad de la que planeaba, sin saber muy bien por qué. Tomé la mochila y abrí la puerta—. Sus almuerzos están listos, llegaré para preparar la cena… como siempre.

    Apenas los escuché desearme un buen día, de nuevo, casi por puro protocolo antes de salir.

    .

    .

    .

    Creo que me había tomado las palabras de Kaoru como una orden general.

    Dejar entrar.

    El día estaba soleado y corría una brisa suave que apenas refrescaba el ambiente.
    La tarde anterior le había dicho a Watanabe que, como era usual, caminaríamos juntas a la escuela.

    Cuando me encontré con ella noté un par de banditas en sus dedos, que no tenía el día anterior. ¿Habría intentado cocinar algo en casa para practicar lo del club y se había cortado? Era muy probable.
    Sonreí, regresando la vista al frente.

    Dejar entrar.

    —Watanabe-chan. —La llamé con suavidad, me pareció que daba un pequeño respingo a mi lado.

    —¿Qué pasa, senpai?

    —Creo que hay una cosa que debería contarte, ¿sabes?

    —¿Peleaste con Honda de nuevo?

    El comentario me arrancó una carcajada genuina mientras negaba con la cabeza. Honda era un dolor en el culo, sí, pero no había discutido con ella en semanas.

    —No, es más… Algo que pensaba cuando te veía en casa con tus hermanos y no sabía si decirte o no.

    Guardó silencio, pero sabía que me escuchaba.

    >>Tengo un hermano, Watanabe-chan. Bueno, lo tenía.

    —¿Tenías? —Noté el nerviosismo en su voz—. Siempre pensé que eras hija única.

    Asentí con la cabeza.

    —Murió en un accidente hace cuatro años, un auto lo arrolló… Me hubiese arrollado a mí, pero él me hizo a un lado. —Hablaba con la calma usual—. Siempre me cuidó, como ves. Era mayor que yo, supongo que no sabía hacer otra cosa que eso. Tenía la edad que tengo ahora cuando pasó.

    Silencio de nuevo. No sabía si había dicho algo mal realmente, solo lo había soltado.

    La pregunta que salió de la boca de Nagi me pareció que no era lo que deseaba decir en realidad, como si de repente fuese lo único que su cerebro había podido soltar.

    —¿C-cómo era?

    Reír una vez más y alcé la vista al cielo, caminando despacio. Derrumbé una muralla para dejar entrar a la castaña.

    —Yo me transformé en él, así que lo que ves de mí… Era Kaoru. —Volteé para verla y la atrapé con la vista clavada en mí, casi hipnotizada, hizo el rostro a un lado con rapidez. Le sonreí aunque no estuviera mirándome antes de regresar la vista al frente—. También éramos muy parecidos físicamente.

    —¿Ojos naranja?

    —Ojos naranja.

    Seguimos avanzando en silencio un rato, hasta que volví a romperlo.

    >>A veces lo extraño mucho, así que cuida a tus hermanos, Watanabe-chan, ¿de acuerdo? Aunque te saquen de quicio o lo que sea.

    La vi asentir con la cabeza con el rabillo del ojo y, antes de que pudiera decir nada más, sentí que su mano envolvía la mía, temblorosa.
    Creo que nunca me sentí tan pequeña como en ese instante, cuando el manojo de nervios que era Watanabe Nagi me sostuvo luego de soltarle que tenía un hermano muerto en quien pensaba al ver que ella tenía lo que yo había perdido.

    Fue apenas un instante, me dejó ir casi de inmediato, pero conservé su calidez en mi piel.

    La quería.

    .

    .

    .

    Agradecía que el clima fuese decente ese día, porque significaba que podría subir a la condenada azotea que tanto parecía gustarle a Hiroki.
    Así lo hice apenas se anunció el receso, tomé mis cosas y subí. No me preocupaba por Watanabe, pasaba cada vez más tiempo con el hermano de Amery y eso era bueno. Siempre era bueno que hiciera más amigos además de mí, la ayudaría.

    —Kurosawa.

    Su voz ronca me recibió, estaba apoyado junto a la puerta de salida a la azotea, esperando como el cachorro que era. Siempre atento a los movimientos de quien lo había elegido como compañero.

    —Senpai —respondí dedicándole una sonrisa—. ¿Akaisa-senpai vino?

    Lo vi negar con la cabeza mientras despegaba la espalda de la pared.
    No venía desde hace varios días, al menos a la azotea, pero la había visto varias veces con una muchachita rubia.

    Caminé y me senté, usando la reja como respaldar. Posé la vista en Hiroki y lo seguí hasta que me imitó, sentándose a mi lado.
    Le entregué su bento casi inmediatamente después, sin explicaciones.

    Era un pacto silencioso.

    Lo tomó y aún ahora, noté que sonreía con condescendencia. Me entregó el suyo como quien no quiere la cosa.
    Una vez más, extinguí la distancia entre nosotros, casi como reflejo. Desde el día en el pasillo buscaba el calor de su cuerpo, a veces sin apenas darme cuenta. Siempre se tensaba un instante, antes de regresar su atención a cualquier otra cosa, pero nunca se apartaba.

    No importaba lo tosco que fuese, realmente me daba lo mismo. Era tibio y reconfortante estar así a su lado, sabiendo que me lo permitía.
    Me gustaba aprovechar el privilegio que él me cedía.

    Comimos en sorprendente silencio y cuando terminamos, dejé la caja a un lado. Alcé la vista al cielo y vi varias aves surcarlo.

    —Senpai. —Lo llamé sin mirarlo.

    —¿Qué quieres, Kurosawa?

    —¿Me acompañarías a un lugar después de la escuela?

    Casi podría jurar que había dejado de respirar a mi lado. Era un denso.

    —¿Por qué no lo hace Akaisa o Watanabe? —soltó, brusco, y a mí se me escapó una risa que pareció desconcertarlo.

    Dudé lo que me pareció una eternidad, pero dejé caer mi cabeza en su hombro, y mi cabello, como una cascada, cayó sobre él. Se tensó durante más tiempo que cuando me había sentado pegada a él, sentí que iba a reclamarme.
    Cerré los ojos, adormilada por solo su presencia, y hablé antes de permitirle decir alguna estupidez.

    —Quiero que seas tú quien me acompañe —admití por fin y supe que su tensión ya no era por la cercanía entre nosotros, sino por esa confesión. Yo misma me había tensado—. ¿Podrías hacer eso por mí? Es solo… algo de rutina, pero de verdad no quisiera ir sola y como eres mi amigo, creí que estaba bien pedir tu compañía.

    La cercanía entre nosotros me permitió sentir el gruñido ronco que brotó de su pecho.
    No entendía como un tipo que se las jugaba de rudo como él podía despertar tanta ternura, pero lo cierto era que detrás de toda esa pinta no era más que un chiquillo.

    —Como quieras. ¿Te espero en los casilleros?

    Asentí suavemente con la cabeza.
    Seguí sus movimientos, porque hasta ese instante se había mantenido tenso, rígido, pero algo, quizás la curiosidad de todo animal a medio domesticar, lo hizo tomar entre sus dedos varias hebras de mi cabello de esas que caían sobre él, de las teñidas de azul. Las dejó ir en cuanto notó que lo estaba mirando.

    >>¿Me dirás a dónde cojones vas a llevarme esta vez?

    —No seas impaciente, cachorro.

    Me incorporé y extendí mi mano frente a él.

    >>Vamos, no pienso ser responsable de que llegues tarde a clase aunque te dé igual.

    Lo escuché chasquear la lengua mientras desviaba la mirada, un ligero rubor apareció en su rostro. Otra sonrisa se formó en mis labios, suave, y cuando por fin tomó mi mano lo impulsé a levantarse.

    —Te pesa el culo, hombre. Tengo que dejar de alimentarte así.

    Cuando soltó mi mano me empujó la frente con el dedo índice.

    —Tú y tu cuento de mierda de "sobró comida".

    —¿Vas a decirme ahora que no te gusta? —Empecé a bajar por las escaleras, sabiendo que me seguiría los pasos.

    Otro gruñido de su parte.

    Era cierto. Éramos una combinación de lo más extraña.

    Pero los circuitos dominaban el mundo.


    .

    .

    .

    Dicho y hecho, porque éramos una rara y un brusco, pero no éramos mentirosos. Me esperó en los casilleros y salimos de la escuela con paso lento, realmente no había prisa.
    El clima, por suerte, no daba signos de ir a cambiar pronto.

    Podía pasar a comprar las cosas para la cena antes, pero lo cierto es que si me permitía pensarlo más seguramente terminaría por arrepentirme. Ya estaba cagada de miedo de por sí.

    Mis pasos me guiaron al cementerio, como si fuese lo más normal del mundo y cuando avancé un par de pasos dentro del terreno noté que Hiroki se había quedado anclado en la entrada, evidentemente contrariado.
    El ceño fruncido, las manos en los bolsillos.
    Retrocedí, lo tomé del brazo con cuidado y reinicié la marcha. Mi propia tensión no me dejó sentir la suya, un movimiento en falso podía rompernos a los dos.

    —Kurosawa, ¿por qué? —Sonaba confundido, como un niño al que le dicen que lo llevarán a comer su comida favorita pero termina en el dentista. Sin embargo, no era uno de esos niños malcriados, se dejaba hacer a pesar de su confusión.

    Tragué grueso.

    Aniki me dijo que debía hacerlo.

    —Porque sí. —No era la respuesta que él quería y necesitaba, lo sabía, pero no podía dar mejores explicaciones sin parecer una loca.

    Me detuve ya habiendo caminado varios metros dentro del terreno, junto a una lápida entre tantas.
    Dejé ir a Hiroki, volteándome para poder ver la piedra y los kanjis.

    Kuro.

    Sawa.


    Pantano negro.

    Kaoru.

    Fragante.

    Noté el fino arreglo de jazmines que reposaba justo bajo el último kanji.

    Katrina.

    Mi atención regresó al muchacho que me acompañaba y si había que ponerlo gráficamente, nunca había visto a Hiroki tan quieto, pero por encima del ruido de la brisa y el murmullo de algunos pasos escuché su respiración, terriblemente pesada.
    Era una estaca enterrada en el suelo.

    Me acuclillé y uní mis palmas, a la vez que cerraba los ojos.
    Lo hacía más por respeto a la demás gente presente y a mis padres que por cualquier otra cosa, supongo, fuese como fuese, permanecí así unos instantes antes de volver a clavar la vista en los jazmines y el grabado en la piedra.

    —Aniki.

    Mi voz fue arrastrada por el viento pero aún así me di cuenta, fue esa palabra la que logró levantar el ancla que mantenía a Hiroki clavado al suelo.
    Se acuclilló a mi lado en silencio. El flequillo eternamente alborotado le cubrió el rostro.

    Seguí hablando, como la tonta que era, porque incluso si Kaoru no me escuchaba había algo de liberador en hablar aunque fuese conmigo misma. Había visto a Akaisa-senpai hacerlo algunas veces, antes de percatarse de mi presencia e irse. No había tardado en entender por qué lo hacía.

    Sin embargo, haber arrastrado al cachorro allí hacía que se me formara un nudo en el fondo de la garganta, amargo.

    —Lo hice —murmuré y noté que el mundo se distorsionaba tras el grueso cristal que se estaba formando en mis ojos. Seguía teniendo miedo, total y absoluto terror—. Aquí está.

    No creía poder sostenerme más en aquella posición y de hecho mis piernas cedieron, obligándome a arrodillarme. Las primeras lágrimas, silenciosas, resbalaron por mi rostro y se hicieron camino hasta mi mentón. No recordaba haber llorado allí antes.
    A mi lado, Hiroki reaccionó una vez más, levantando la mirada y clavándola en la piedra grabada.

    No tuve que verlo para saber que sus ojos hacían una sola pregunta.

    ¿Aquí está?

    —Usui Hiroki, el cachorro tonto. —Apoyé las manos en el suelo. Otro par de lágrimas corrieron y el grosor de los surcos aumentó—. Aquí está, lo dejé entrar, ¿no fue eso lo que pediste, Aniki?

    Había demolido todas las murallas de golpe a la sola orden de aquella imagen onírica de mi hermano. Todo para dejarlo entrar, para permitirle ver lo que nadie más había visto y así, fue esta vez su corazón el que se acompasó al mío, justo como había dicho Aniki. Sin esfuerzo, sin intención.

    Dudó, lo vi trastabillar antes de rodearme los hombros con el brazo y atraerme hacia sí.

    No irá a ninguna parte.

    Fue torpe, ciertamente, y hasta tosco, me había presionado con fuerza contra su cuerpo, pero cuando me di cuenta, juntó su cabeza a la mía y su flequillo cenizo y desordenado se revolvió con el mío, de repente exageradamente oscuro. Tenía los ojos cerrados y el ceño fruncido aún.

    Era como un perro que buscaba consolar a su dueño.

    Calor.

    Lealtad.


    Quizás por primera vez desde que lo conocía y aún a través del cristal de las lágrimas pude detallar cada una de sus facciones.
    Las cejas claras, la tensión en cada músculo de su rostro, las hebras cenizas que nunca se quedaban en su lugar y lo enmarcaban, el pendiente en su oreja.

    Era fidelidad ciega. No me di cuenta hasta ese momento. No dejaría que nadie estuviera tan cerca de él si no pretendiera serle leal.

    Y yo iba a entregarle cada fragmento de mí. Confiaba en él de la misma forma, ciegamente.

    Porque también había estado solo. No tenía que decírmelo, era obvio.


    Mi cuerpo respondió sin permitirme razonar antes. Deslicé los brazos alrededor de su cuello, desapareciendo aún más la distancia entre nosotros y sus brazos me rodearon la espalda.
    También por primera vez me sentí diminuta a su lado, tan pequeña y frágil, a pesar de que junto a Hiroki casi todo el mundo parecía pequeño, yo me había sentido así hasta ese momento.

    Las palabras que salieron de mi boca lo hicieron sin mi permiso, como un murmuro ahogado, pero igualmente habían sido impulsadas por la petición de Aniki.

    Y por mi propio deseo.

    —¿Cuidarás de mí, cachorro?

    De nuevo apretó la fuerza del agarre en torno a mi cuerpo, esa fue su respuesta. Afirmativa, por supuesto.
     
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    • Adorable Adorable x 1
  2.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche r e l o a d a b l e Pelotudos gang Toretto Tarot pals The kid with the rage Ravenous

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    Escritora
    Santo cielo, estoy llorando, mujer. ¿Cómo es que siempre logras emocionarme tanto? I mean, sé que soy una llorona de mierda y todo el rollo, pero creo que es una de las primeras veces que personajes que ni siquiera son míos me ponen así. U know, ¿viste ese nudo en la garganta cuando intentas tragarte las lágrimas? Para poder ver el teclado, en este caso, pero se entiende (?

    Gurl, im so incredibly soft. Siento que amo tus fics más y más, y ni siquiera sé cómo eso es posible si creí amarlos desde un comienzo.

    Well, i love Shiori so so much, y amo a Kaoru por extensión (? De lo poco que sabemos de él, siempre a través de los ojos de otros, me hace sentir tanta calidez. Imaginarlo con el cabello negro y los ojos naranjas se me hace super soft, y te juro que puedo sentir el enorme cariño que Shiori y Katrina debían tenerle. Gosh, es tan injusto que una luz así se extinga.

    Pero bueno, la cuestión es que estuve todo el fic llorando porque el sueño me hizo super weak, luego me calmé un poco(?), pero la última escena. Gosh. No puedo decirte lo orgullosa que estoy de Shiori por lo que hizo, que no es nada fácil, que aterra y tiene el poder de congelar, de ahogar y entumecer. Y sé que fue ella misma quien se dio este empujón al soñar con Kaoru, pero mi culo espiritual(???) es débil y no puedo evitar sentir que su hermano, desde alguna parte, de alguna forma, la alcanzó para ayudarla. Oh god no, stop tears sTOP

    NO VEN QUE QUIERO COMENTAR

    Che, no lloraba así desde Fate. Qué vergas me está pasando

    Anyways, procedo a quotear mis partes fav <3 Son poquitas pero, como siempre, son oro.

    Nunca lo había pensado así pero gosh, Kaoru, tienes tanta razón. Lo peor es que al ponerse un disfraz, una máscara, siento que la desaparición es tan paulatina y sutil que resulta harto difícil notarla. Es como, idk, como fijar la vista en el atardecer e intentar notar el movimiento del sol. No puedes realmente, hasta que en un momento el sol se fue, y te preguntas en qué momento lo hizo.

    Aquí gigi intentando ser poética en un comentario, dont mind me

    Llámame loca, pero hay personas que se sienten especiales desde el primer segundo. Y sientes que estás exagerando, que lo estás pensando demasiado, y te obligas a echarte diez kilos de seriedad encima porque las cosas así no deberían existir. Pero yo creo que existen, ¿eh? El asunto es que sólo puedes notarlo en retrospectiva, cuando miras atrás y dices "puta, tenía razón". Y nada, me pone muy soft que Shiori piense alguna vez en el día que conoció a Hiroki y se de cuenta que sí, que tenía razón.

    Bueno, sé que la relación de Shiori con sus padres es complicada, pero esto me dio mucha ternura. Aún tienen cientos de asperezas para limar, pero en este pequeño intercambio tan simple realmente sentí lo que es una madre conociendo a su hija; porque le presta atención, porque la quiere y está pendiente de ella. And yeh, tienen un laaaargo camino que recorrer, pero siento que están en la dirección correcta para ello. And that makes me so damn happy.

    SHIORI SÓLO MERECE AMOR *tira la mesa*

    Oh no, esto me pegó super duro. Esta clase de consejos son DEEP, son HARD y son muy meaningful. Dios, ¿cuando ves en los ojos de alguien que pasó por algo terrible, y puede hablarte desde allí? Son palabras con tanta carga emocional detrás que, sabés, no tenés forma real de comprenderlas al 100% Pero esta persona está ahí, y confía y te quiere lo suficiente como para aconsejarte en base a sus experiencias más dolorosas. Idk, creo que eso es super lindo y muy valorable. Me encanta que Shiori haya sabido abrirse con Nagi, derrubar una de sus murallas, y dejarla entrar.

    Y ESO NO ES TODO

    Acá empecé a llorar de vuelta, porque recordé que se lo había mencionado a sus padres pero lo olvidé por completo y ni se me ocurrió que podría pedírselo. GOSH, EMPECÉ A SUDAR. Bueno, sólo figurativamente, pero se entiende(?) Fue como ohgod, no tienes idea adónde te llevarán, Hiro. U better get ready, boy. Pero wey, no hay forma real de prepararse para algo así.

    Esto me puso jodidamente soft cuz i can relate so so much. Siempre que hablo por teléfono con mi significant other acabo bostezando, y siempre hace el mismo chiste estúpido de que me aburro con él, aunque ambos sepamos que es por lo mucho que me relaja su compañía, su presencia o su simple voz. Creo que ese tipo de conexión es lo más bonito del mundo, y me pone super super soft verlo así, tal cual, reflejado en los personajes.

    What can i say, fue hermoso como todo lo que escribes. Son casi 5k pero se me pasaron volando, realmente. Siempre disfruto un huevo tus fics y este, ofc, no fue la excepción. Por fin pude dejar de llorar, si me preguntas(?), aunque sigo con una sensación super soft en el pecho y idk, me encanta. Me encanta que una historia pueda lograr eso.

    Gracias, de verdad. Gracias por todo lo que siempre escribes <3
     
    • Adorable Adorable x 2
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