Two-Shot The Chariot [Bleke & Joey | Gakkou Roleplay]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Gigi Blanche, 6 Junio 2020.

  1.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master sixteen k. gakkouer

    Piscis
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    Escritora
    Título:
    The Chariot [Bleke & Joey | Gakkou Roleplay]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    2428
    I. The Magician.
    II. The Popess.
    III. The Empress.
    IIII.
    The Emperor.
    V. The Pope.
    VI. The Lover.
    VII. The Chariot.

    VIII. The Justice.
    VIIII. The Hermit.
    X. The Wheel of Fortune.

    XI. The Strength.
    XII. The Hanged Man.
    XIII. Nameless.
    XIIII.
    The Temperance.
    XV. The Devil.
    XVI. The Tower.
    XVII. The Star.
    XVIII. The Moon.
    XVIIII. The Sun.
    XX.
    The Judgement.
    XXI. The World.
    Ø. The Fool.




    am i broken?
    am i flawed?
    do i deserve a shred of worth
    or am i just another fake, fucked up lost cause?




    The Chariot.png
    .
    .

    I

    Las luces de la calle ondeaban al ritmo del agua, parecían largas tiras de serpentina plateada y dorada intercaladas entre sí. El lago permanecía sumido en una calma casi inquietante. Era un espejo oscuro, de un negro denso, como un pozo sin fondo. Combinaba junto al cielo sin estrellas, coronado por la luna llena asomando detrás del horizonte. ¿Qué hora sería? ¿Las siete de la tarde, quizá? Las noches de ese invierno parecían más largas que nunca.

    Era un paisaje ciertamente entrañable. El silencio, la ausencia de viento, los contrastes de colores y el frío cerniéndose sobre mi ropa. Los vaqueros, la chaqueta y la bufanda. No lo sentía, de todos modos; sólo en mis manos. La piel enrojecida, los dedos agarrotados y las uñas manchadas con barro y sangre. Le di una calada al cigarro y arranqué otro pellejo.

    —Te vi desde arriba y me pareció que eras tú.

    No necesité darme la vuelta para reconocer esa voz, tan fría y estable como el lago frente a mí. Palmeé el tronco sobre el que estaba sentado y Bleke se acomodó junto a mí. Le eché un vistazo de reojo, sin subir hasta su rostro. ¿Qué hacía aún con el uniforme puesto?

    —¿Dando un paseo? —adiviné.

    No me quedaban ánimos para ser el de siempre, y Bleke era lo suficientemente perceptiva para notarlo. Lo sabía. Sabía también, sin embargo, que ella jamás preguntaría.

    —De hecho, sí —respondió—. Necesitaba tomar aire.

    —Normal. Una mansión como la tuya debe asfixiar.

    Podía permitírmelo. Ser un idiota, decir idioteces que no pensaba, empeñarme en lastimarla. Total, no tenía forma de alcanzarla, ¿verdad? Nadie parecía tenerla.

    —Bastante, sí —afirmó con honestidad, a pesar del evidente sarcasmo en mi voz—. Como no te imaginas.

    —Bueno, ayúdame.

    No sé qué esperaba de ella en ese momento. Una omisión, quizá, o un rodeo; esos en los que se destacaba improvisando. Siempre había encontrado la forma de no hablar de ella, el problemático siempre era yo, y eso… bueno, eso nos ponía a ambos en una posición tan falsa como mis intentos de herirla. Ahora puedo verlo. Es muy probable que esa noche los planetas se hubieran alineado, o las coincidencias existieran, o sólo hubiéramos topado por fin con el puente que necesitábamos para encontrarnos.

    Así funcionábamos, ¿verdad?
    No salíamos en busca de las cosas, sólo esperábamos hasta dar con ellas.

    —Pues… —Sopesó sus palabras un rato—. ¿Oyes este silencio?

    —Bueno, es silencio. Técnicamente no puedo oírlo.

    —Joey.

    Encontré sus ojos sobre mí y perdí la estúpida sonrisa que me ganaba la pulseada cuando no sabía lidiar con asuntos serios, lo cual ocurría casi siempre. No precisé más de tres segundos mirándola para verlo. Bleke estaba distinta esa noche.

    —Ya, perdona. El silencio, ¿eh? Sí, sí, lo oigo. De hecho, no oigo una mierda.

    —¿Y sientes el frío?

    —Pues claro, ni deberíamos estar aquí, de hecho. Nos pescaremos un resfrío del diablo.

    Le di otra calada al cigarro y apoyé los codos sobre mis rodillas, alzando la vista al cielo. Sin estrellas, ¿eh? Qué coincidente.

    —Entonces, un silencio absoluto y un frío que no deberíamos estar pasando. ¿Correcto?

    A este punto, sólo estaba siguiéndole la corriente.

    —Sí, algo así.

    Bleke se incorporó y avanzó un par de pasos, hasta detenerse justo donde el agua acariciaba la tierra. Su espalda era pequeña y sus hombros lucían caídos.

    —El silencio y el frío tienen un poder extraño, ¿verdad?

    Había hablado un poco más alto para que pudiera escucharla, y creo que en ese momento comprendí por qué siempre había mantenido un tono de voz bajo, suave y constante. Así era controlable, ¿verdad? Era una represa colosal, con gruesas paredes de concreto, conteniendo la inundación. Pero la más pequeña vibración podría agrietarla.

    —El frío puede entumecer —prosiguió—, agarrotar los músculos, que todo duela. Como si convirtiera tu piel en… papel. —En ese momento bajó la vista hacia sus manos—. Y el silencio es ausencia de estímulos. La ausencia de estímulos puede provocar dos cosas: sofocarte en un eterno y extenuante estado de alerta, o inducirte la peligrosa idea de que no hay nada ante lo cual deberías reaccionar.

    La más pequeña vibración atípica, la menor alteración en su tono de voz, revelaba la enorme cantidad de grietas que iba tapando con cemento mal mezclado. No era algo que pudiera controlar, las emociones se filtraban entre el agua. Quizá fuera una simple gota, pero entendía que, para Bleke, incluso algo tan insignificante como eso era inaceptable.

    Yo no era muy diferente.

    —Ahora, ¿qué ocurre cuando juntas las dos cosas? —inquirió, girándose hacia mí—. ¿Qué ocurre cuando el frío que entumece y el silencio que anula se combinan?

    Pude ver sus ojos, aunque las luces detrás oscurecieran su silueta. Eran opacos, fríos y casi transparentes, del color del hielo. Siempre lo habían sido. Esa noche, sin embargo, había algo más. Una especie de… vacío, una hoja en blanco. No tenían…

    —Nada.

    Quizá sonara estúpido y Bleke esperara otra cosa, pero fue la respuesta que sentí correcta a su pregunta. Sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa de ¿satisfacción? y sus ojos viajaron al cielo nocturno. Yo hice lo mismo. Era una bóveda impenetrable.

    —Creo que me equivoqué —murmuró; ahí estaban, las cientos de grietas—. Cuando tomo decisiones tiendo a actuar conforme a ellas, es mi forma de ser siempre lo que veo de mí en los demás. Vaya, eso sonó complicado, ¿eh? Lo siento.

    Bajé la vista hacia ella, estaba cubriéndose el rostro con el dorso de la mano. Creo que por primera vez me pareció una chica de dieciséis años, y también creo que no lo había notado hasta entonces. Nos había engañado a todos, ¿verdad?

    —Fue lo que siempre quise.

    Pero ya no funcionaba.

    —Por eso nunca pesaba.

    Aplasté el cigarro contra el tronco sobre el cual estaba sentado y fui donde ella. Clavé la vista en el lago.

    —Pero creo que me equivoqué. —Soltó el aire por la nariz, incrédula—. Que la cagué bien feo.

    Dibujé una sonrisa similar a la suya mientras me balanceaba sobre los talones.

    —Bienvenida al lado oscuro —solté, burlón—. Aquí la cagamos de lunes a viernes, los sábados festejamos y los domingos reseteamos.

    Seguía sin mirarla, no lo sentía correcto, pero la oí sorbiendo la nariz y arrugué apenas el ceño. No iba a negar que me resultaba un poco incómodo y repentino todo lo que estaba pasando, aunque había parecido dispuesto a escucharla con una naturalidad usualmente extraña en mí. ¿Sería la noche, el lago planchado, el cielo sin estrellas? ¿Sería el atado de cigarros vacío y los pellejos palpitantes?

    ¿Sería, en definitiva, todo lo que nos empeñábamos en negar?

    —Creo que nunca te agradecí —murmuró.

    Una risa vibró fuera de mi pecho.

    —¿Ah? ¿Y eso?

    Bleke se encogió de hombros.

    —Aunque pareces un idiota pedante y superficial, de esos que se cagan en todo y tratan a las mujeres como objetos, siempre lo tienes en cuenta, ¿verdad? —Sentí su mirada sobre mí—. Hasta dónde queremos llegar, y qué no nos gustaría hacer. Lo ves, aunque no lo preguntes, y actúas conforme a ello. Parece que las hormonas te llevan al diablo, pero de hecho lo piensas bastante. Creo que por eso siempre me sentí segura contigo, pese a tu fama maloliente.

    —Linda, vas a avergonzarme.

    —¿Por qué? ¿No sería más fácil tomar lo que te apetezca y ya?

    —¿No es eso lo que hago?

    La oí suspirar y sentí la yema de sus dedos tocando mi sien, allí donde aún conservaba esa pequeña cicatriz irregular, como una constelación.

    —¿Por eso te peleaste esa noche con tus amigos? ¿Porque te apetecía hacerlo?

    Cargué mis pulmones sucios de aire frío, aire limpio, y el bufido vibró fuera de mi garganta. Ya sonaban como los pulmones de un fumador crónico.

    —Es lo normal —resolví, áspero—. Tú viste lo que el imbécil de Taichi estaba haciendo, y cómo todos los demás… lo dejaban estar. Joder, qué asco.

    Bleke asintió y bajó la mano. Le eché un vistazo a su perfil.

    —¿Y tú por qué sonríes ahora? ¿No estabas toda deprimida hasta hace dos minutos?

    —Lo que dije recién —murmuró—, sobre actuar conforme a lo que los demás ven en mí. No lo decía sólo por mí, Joey.

    Eran raras las ocasiones en las que me llamaba por mi nombre a secas, y de mi lado era bastante similar. Creo que había sido la vía tácita que decidimos tomar para definir con más o menos precisión los límites de nuestra relación. Un enredo estúpido primero, un acuerdo benéfico luego, y ahora… ¿qué? ¿Se suponía que éramos amigos y toda la mierda?

    ¿Yo? ¿Amigo de Bleke Middel? No me jodan.

    —Te gusta hablar complicado, ¿lo sabías? Es bien elitista.

    —Perdona. La costumbre.

    Tardaría un buen tiempo en saber qué había ocurrido ese día, qué rayos hacía Bleke vagando de noche por las afueras de la ciudad con el uniforme aún puesto. No me pareció oportuno preguntar, y hablarlo en clave parecía, en definitiva, haberla ayudado. Creo que una parte de ella jamás se sentiría cómoda poniendo en palabras todo aquello concreto que la sacudía, y también creo que una parte de ella era lo suficientemente fuerte para no necesitarlo.

    Quizá me equivocara, quizá debería haberla presionado un poco más, pero esa noche había logrado sonreír y su sonrisa lucía sincera.

    Quizá, también, ella tuviera algo de razón.

    —Creo que me gusta Jez —solté, sin saber muy bien por qué—. Y creo que… la lastimé. Pero quiero hacer las cosas bien. Digamos, quiero… valer la pena para ella, o algo así.

    Me revolví el cabello algo frustrado y bufé con pesadez tras cerrar la boca. ¿Qué hacía hablando de esas mierdas con Bleke? Era raro, todo esa noche estaba siendo jodidamente raro, pero…

    —Vaya —dijo Bleke, con las manos alzadas—. ¿No está más liviano?

    Bien podría haberse referido al mundo, a nuestros corazones, al frío o al silencio. Nunca lo detalló pues le encantaba hablar en código, pero su sonrisa parecía querer decirme que todas las respuestas eran correctas. O quizá lo estuviera pensando demasiado, no lo sé, pero le sonreí de vuelta y sólo una cosa importaba.

    —Deberíamos ir volviendo.

    Que tenía razón.

    Bleke asintió y tipeó algo en su celular, indicándome que la siguiera. Comenzamos a caminar a la ribera del lago.

    —Ya vienen a recogerme. ¿Te llevamos?

    —Esta es la parte donde debería negarme, ¿no? Pero me cago en mis muertos, hace un frío del puto culo. Llévame a casa, Blee, te lo suplico.

    Creo que dejamos miles de cosas en el tintero, pero había sido increíblemente revelador para media hora junto al lago. Las cosas no cambiaron de forma sustancial luego de eso, no nos volvimos los mejores amigos de la vida ni nada parecido. A la mañana siguiente, en la escuela, los ojos de Bleke seguían cubiertos de hielo y sus hombros habían vuelto a enderezarse como antes. Sólo esperaba que el agua, dentro de su represa, hubiera comenzado a fluir. Quizá no fuera aún a través de las grietas, bastaba con removerse lo suficiente para levantar la suciedad asentada. Ojalá su movimiento anulara por fin el frío y el silencio expertos en inmovilizarla.

    Realmente se lo deseaba, pues yo había conocido a Jez y ya podía verlo.
    El camino recorrido detrás de mis talones.

    —¿Eh? ¿Estás seguro? —me preguntó confundida, mientras esperábamos por el coche.

    —Claro, tonta. Puedes devolvérmela después, que ahora apenas llevas abrigo.

    Le llevó uno o dos minutos, hasta que finalmente dejó estar la bufanda alrededor de su cuello y trabó las manos bajo sus muslos. Bleke también era una idiota orgullosa, ¿no? De esos que se niegan a ser cuidados. Sonreí.

    Me recordaba a alguien.

    —Pero mírate. Y luego me quieres convencer que eres igual a los idiotas de tus amigos.

    —Eso no es verdad. —Le sonreí, picándole la mejilla, y ella corrió el rostro casi por reflejo—. Ya no soy amigo de esos idiotas.

    Parecía satisfecha, de cierta forma, y comenzó a soportar que le pinchara la cara con una templanza casi inhumana.

    —Venga, Blee, ¿no vas a molestarte?

    —¿Debería?

    Gruñí bajo, rindiéndome, y ella sonrió victoriosa.

    —Maldita Middel.

    Sólo había pretendido llamarla como, de hecho, solía llamarla. No tenía forma de saber cuán acertadas habían sido mis palabras, y ella no encontró oportuno ni conveniente demostrármelo. Quizás algún día me lo dijera, todo sobre su familia y los miedos casi fóbicos que le ataban los tobillos entre sí. Quién sabe.

    —Ah, ese es Takizawa. Vamos.

    Las luces del coche se abrieron paso entre la noche como un coro de ángeles y me incorporé de un brinco, balanceando el peso entre mis piernas. Casi se me había congelado el culo.

    —Jamás pensé que el nombre de mi héroe sería Takizawa, pero mierda. La vida siempre sabe cómo sorprenderte, ¿eh?
     
    Última edición: 17 Junio 2020
    • Fangirl Fangirl x 3
  2.  
    Zireael

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    Mira no supe si soltarle ganador, adorable o un puto sad y bueno, le solté un fangirl porque estoy chillando. Va a ser un comentario de mierda bc bueno, no estaba preparada psicológicamente para esto (????)

    Ahora, las quotes.
    La reputísima madre los odio. I'M SALTY AND SAD *agarra la silla a martillazos*

    No te explico yo cómo amé esta línea, de principio a fin, y ni siquiera sé por qué. Es una mierda super teórica y está escrita como tal, pero shiiit, me encantó.

    Is this Joey describiendo mi daily life? I think it is.

    Aquí entre el ambiente frío que te montaste, la fucking canción (gracias Fate vibes, I'm about to break here), Bleke rotísimas y ese "Y creo que... la lastimé", el corazón se me hizo un puño en el pecho y dios, DIOS estuve así
    asdasf.jpg
    de soltarme a llorar como bebé AGAIN. Me hice mierda en un segundo xddd like wtf. Es más, no jodas, voy a quitar la canción pOR QUÉ LA DEJÉ EN BUCLE.

    Creo que me fusioné con Joey (?) y sí, gurl. GURL *se tira de cabeza al lago* ¿Sabes lo normal que sería que cualquiera, incluso viendo a Bleke rota, no se metiera más allá? Incluso si una vocecilla dice que quizás debió hacerlo, que quizás debió intentar descifrar sus palabras en clave o lo que fuese. Pero reaccionar a lo que uno consideraba un bloque de hielo irrompible, agrietarse de esa manera, pues... cuesta un huevo pensar en reaccionar diferente (?)
    Ay diosito ya llévame, por qué tengo que ser igual de evitativa que este imbécil *angry and sad noises*

    En fin aaaaa no sé, I love it COMO SIEMPRE.

    No sé qué más decir, tengo la neurona frita (?) Anyway, bye~ ♥
     
    • Adorable Adorable x 2
  3.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master sixteen k. gakkouer

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    Drama
    Total de capítulos:
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    2446



    shame, blame
    words like these fester
    and i pray
    for no change in seasons.


    .
    .

    II


    Lo cierto es que su cicatriz apenas se veía. Su cabello siempre había sido un desastre entre la cantidad, el volumen y la falta de atención, pero este último tiempo había dejado de recortar el flequillo que caía sobre sus ojos como una cortina espesa de humo negro, como una pantalla protectora, como si… quisiera ocultarla. Varias veces lo vi sacudiendo la cabeza y resoplando hacia arriba cuando intentaba concentrarse en algo pero el cabello se metía en medio, y sin importar cuánto le preguntara por qué no hacía algo al respecto sus respuestas eran siempre evasivas.

    No es para tanto, o me da pereza, o ¿pero no se me ve genial?

    Siempre alguna idiotez nueva. Era creativo para sacárselas de la manga.

    ¿Quizá no acabara de aceptarla? ¿Le daría vergüenza? ¿O simplemente creería que se le veía mal? De cualquier forma era apenas una marca blanquecina en forma de lágrima, como si alguien hubiera enterrado la uña en su sien con cierta maña. No podía importarle tanto, no tenía sentido. Tampoco preguntaría, en definitiva, y aunque fuera una costumbre bastante típica de mi comportamiento precisamente esto no se debía a indiferencia. No.

    Vergüenza.

    ¿Tal vez miedo? O una patada en mi cáscara de hielo con los botines en punta, porque ya no calificaba de armadura ni por asomo. Era un chiste de preescolar sin gracia, sin estructura ni ingenio.

    De cualquier forma, esa cicatriz era un recordatorio constante no sólo de mi ineptitud. Cada vez que alcanzaba a divisarla gracias al viento, o cuando entrenaba en el club de baloncesto, o se ataba el cabello y se revolvía el flequillo frustrado, las imágenes volvían y me preguntaba si alguien habría preguntado al respecto. Si alguien se habría tomado la molestia de arremeter contra lo que yo no sabía enfrentar. Oye, Joey, ¿y eso cómo te lo hiciste? Me preguntaba cuál sería su respuesta. Probablemente no me incluyera, aunque debiera hacerlo. Era un idiota en más de un sentido, y que mis propios miedos me dieran vuelta la cara de una bofetada me daba demasiado miedo como para hacer algo al respecto.

    Miedo. Todo era miedo.

    Ya eran… unos siete meses de esa noche.

    Aún seguía haciendo el idiota por ese entonces, ignorando lo que ya sabía y forzando sobre mis sonrisas y palabras una (normalidad) liviandad que jamás me había pertenecido. Seguía fingiendo que Joey me gustaba porque había sido el único chico con la perseverancia suficiente para alcanzarme y activar la sangre en mis venas, de una forma u otra.

    Seguía haciendo el idiota, y como a Joey se le notaba a leguas de distancia la misma intención desactivé todos mis interruptores. Nunca supe bien si me autoimpuse la situación o si realmente me acostumbré a sus besos, pero una parte de mí siempre supo que así no debían sentirse los de verdad. Tenía que ser algo mucho más intenso, algo que no conocería con Joey. Creo que él lo notó y comenzamos a quedar menos, aunque siguiéramos viéndonos de vez en cuando para pasar el rato. Descubrí así que iba al club de fotografía y le propuse ayudarme con mi campaña. Nunca supe bien por qué aceptó de inmediato. Quizá fuera culpa o vergüenza, o algún estúpido sentimiento de compensación. Creo que en el fondo siempre odió haberme involucrado en lo que pasó.

    Habíamos ido al cine a ver una película cualquiera con unos cupones que había recortado del periódico. Al parecer su padre lo seguía comprando religiosamente todos los lunes y jueves, aunque apenas se leyeran y acabaran en la montaña de papeles para avivar el fuego. Luego de eso cenamos por ahí y quise caminar un rato antes de que Takizawa me recogiera. No solía poner mis deseos sobre la mesa, era más bien de seguirle la corriente a Joey y su casi ridículo torrente de energía. El cambio pareció sentarle bien para variar y accedió sin más. Ojalá no lo hubiera hecho (o quizás sí). No lo sé. Creo que nunca podré decidirme al respecto.

    Nos la pasamos hablando de trivialidades hasta que nuestros pies, de una forma u otra, acabaron a las puertas del pub donde nos habíamos encontrado por primera vez. La circularidad nos resultó graciosa y decidimos tomar algo antes de ir a casa. Creo que esa noche realmente estaba disfrutando la compañía de Joey, pero no supe verlo hasta que todo se fue a la mierda.

    —Oye, Blee, ¿me acompañarías un rato arriba? Tengo ganas de ver las estrellas.

    Ojalá haberme negado, ¿verdad? Eso es lo que la Bleke Middel que conozco habría hecho.

    —Claro. ¿Por dónde?

    Pero no lo hice, porque me dejé llevar y olvidé todo. Mi sangre, los peligros y las consecuencias de mis acciones.

    —Afuera, por la puerta de atrás, hay una escalera de emergencia. He subido al techo del pub varias veces, pero que sea nuestro secreto, ¿eh? O los guardias me echarán a patadas en el culo.

    Joey me tomó de la mano y se coló entre la multitud hasta el fondo del bar. Aún recuerdo las luces rojas led sobre la puerta negra. Salida de emergencia. La música y el calor se solaparon de repente contra el frío helado del invierno, la quietud de la noche y los quejidos lastimeros de una chica a nuestra derecha. Su silueta delgada apenas asomaba entre la pared de ladrillos y la espalda corpulenta que le impedía moverse. El corazón se me atoró en la garganta.

    Miedo.​

    Juro que busqué las palabras, metí la mano en mi pecho y removí todo lo congelado que allí había para ayudar a la chica que no parecía dueña de sus decisiones, pero cuando intenté hablar las imágenes aparecieron. Yo en su lugar. No era sólo el tipo alto, había dos más sentados al otro lado del callejón vigilando.

    Miedo.

    Yo en su lugar.
    Mi espalda contra los ladrillos fríos.
    Esa boca húmeda contra mi cuello.
    Esas manos marcándome las muñecas.
    Mi mente nublada, mi lengua pesada, incapaz de gritar o comprender o negarme.

    ¡Quítamelo de encima!

    Por alguna razón, vi en su mirada perdida la tormenta violácea de Ophelia y sus voces me golpearon.

    ¡Quítamelo!

    No había hecho nada por ella, ¿verdad? Contra su padre.

    Bleke.

    ¿Y si Joey se iba?

    Por favor, ayúdame.

    ¿Éramos realmente tan débiles?

    ¡Te lo pido por favor!

    Miedo.
    Tenía miedo.​

    ¿Y yo, prima?
    ¿Pensaste que no lo tuve?

    Joey apretó el agarre alrededor de mi mano y sus palabras reactivaron mis sentidos. No sabía muy bien cuándo me había desconectado, pero entonces me soltó.

    —Trae a los guardias.

    Me soltó y volví sobre mis pasos, aunque eso me hizo sentir malditamente cobarde. Lo último que vi fue su espalda, su andar precavido y su cabello sujeto en una coleta alta, acercándose al tipo alto y llamando su atención. No fue mi imaginación, y cuando vi su rostro de reojo lo recordé. No lo olvidaría nunca, como un cianotipo impreso en mi retina.

    Taichi.

    Eran los amigos de Joey.

    No me tomó más de diez minutos reunir un par de guardias y llevarlos por la salida de emergencia, aunque nunca pude dejar el asunto estar. ¿Y si me hubiera quedado? ¿Y si hubiera sido más rápida? ¿Y si hubiera tomado otras decisiones?

    ¿Y si hubiera hablado la primera vez que vi los moretones de Ophelia?
    ¿Y si hubiera llamado a mamá con toda la fuerza de mis pulmones?
    ¿Y si hubiera abrazado a mi hermano una, tan solo una de las noches que lo oí llorar?
    ¿Y si hubiera estallado cuando papá no me defendió frente al abuelo?
    ¿Y si hubiera sido honesta con Joey?

    ¿Habríamos estado allí esa noche?
    ¿Habríamos visto lo que vimos?

    Eso… ¿habría sido mejor?

    La música y el calor se solaparon de repente contra el frío y el sonido seco de los puñetazos, y comprendí que nunca antes había sentido tanto miedo como esa noche. Las imágenes seguían allí. Ophelia, luces rojas, mi espalda y los ladrillos, estrellas, los vaqueros entre la falda, moretones amarillentos, vidrios de botella y la sangre de Joey.

    Maldición.​

    Eran tres contra uno.

    Maldición.
    Maldición.
    Maldición.
    Maldición.

    Arrastré a Joey al ojo del huracán.

    Cuando los guardias irrumpieron, dos de los chicos mantenían inmóvil a Joey mientras Taichi lo molía a golpes. Sus puños grandes y furiosos impactaban directamente en su rostro con una fuerza desquiciada, llevándolo de lado a lado a su antojo. Una y otra, y otra, y otra vez. Salieron volando en cuanto advirtieron la presencia de los guardias, desapareciendo por la boca del callejón. Soltaron a Joey casi a la carrera y su cuerpo se desplomó en peso muerto sobre los vidrios de unas cuantas botellas rotas. La cerveza se mezcló con la sangre, el aire frío me dolía dentro de la nariz y la pobre chica seguía con la espalda contra los ladrillos y la vista desenfocada, inmóvil. En ese momento lo comprendí.

    Joey era un idiota en más de un sentido.

    Los guardias lo alzaron con cuidado. Estaba consciente, pero no por mucho. Las esquirlas verdes le habían rasguñado la mejilla y hecho un corte algo profundo con forma de lágrima en su sien. La sangre corrió río abajo y le manchó la sudadera grisácea. Creo que nuestras miradas se encontraron aunque apenas tuviera los ojos abiertos, y creo que su mano señaló hacia la chica indefensa. También creo que intentó sonreír. Las lágrimas me ardieron en algún rincón profundo del corazón.

    Sí, idiota.
    La salvaste.


    Me acuclillé junto a la muchacha y acomodé mi abrigo sobre sus hombros. Se veía bastante joven, debía tener más o menos mi edad. Dudé un momento antes de quitarle el cabello del rostro, notando cuán pegajosa tenía la piel, y arrugué el ceño. ¿Qué habría sido de ella si no hubiéramos salido por la puerta de emergencia para ver las estrellas? Estaba resollando (más bien sollozando), aunque aún no pareciera poder dar cuenta de lo ocurrido. Quizás hubiera una pantalla espesa de humo nublando su mente, pero todo su cuerpo temblaba y seguía reproduciendo el terror que debía haber sentido.

    Dagas.
    Agujas.


    —¿Cómo te llamas? ¿Puedes decirme tu nombre?

    Permanecí atenta a una posible respuesta mientras marcaba el número de emergencias en mi móvil, tanto ella como Joey necesitaban atención. Pero no hilvanó idea alguna. Entreabrió los labios, probó algunas palabras mudas y se rindió. Estiré entonces mis manos hacia ella y la tomé por los hombros, acomodándola sobre mi pecho. Nunca supe bien por qué lo hice, pero me ayudó a calmarme. Tuve esta exagerada necesidad de transmitirle toda la seguridad de la que fuera capaz.

    Estás a salvo, quise decir, pero en cambio sólo la abracé.
    Podría haber sido tú, pensé, intentando borrar las imágenes ficticias de mi retina.
    Podría haber sido cualquiera.

    Los guardias habían ayudado a Joey a sentarse contra la pared contraria, lejos de los vidrios rotos, y salieron del callejón para vigilar los alrededores. Me giré hacia él, aún con la chica entre mis brazos, y oí su respiración. Sonaba tan dolorosa, y había sido tan jodidamente valiente. ¿Siempre había sido esa clase de idiota, dispuesto a lanzarse al peligro por quien lo necesitara? ¿Eso era lo que había en el núcleo del corazón de Joey Wickham, el imbécil mujeriego de la escuela?

    Qué puto cliché.

    —Gracias.

    La palabra salió sin pedir permiso y no supe si pudo escucharme o no, pero me bastó con expresarlo. Tras decirlo esa vez, como un grifo falseado, un torrente de agua helada se escapó de mi pecho y seguí murmurándolo una y otra vez contra el cabello de la chica. Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias.

    —Gracias, Joey.

    Fue curioso. Siempre creí que cuando mi sangre arrastrara a quien fuera dentro de nuestra mierda acabaría deshaciéndome entre disculpas. Pero cuando el miedo, la vergüenza y la culpa me taparon hasta la garganta sólo pude agradecer. Agradecí y, en cierta forma, me rehusé a dejarlo ir. Jamás lo dejé ir por completo. ¿Fui egoísta? Probablemente.

    Nunca quise intoxicar a nadie con el veneno de los Middel, y creo que ese fue mi peor error. Debí haberlo visto con claridad cuando Joey salvó a esa chica y la sangre de mamá brilló con fuerza; pero no lo hice y seguí cometiendo errores, hasta que esos errores fueron demasiados y cedieron bajo su propio peso.

    Lo cierto es que su cicatriz apenas se veía, y nunca jamás volvió a juntarse con sus amigos. Una vez, cuando le pregunté si había hecho algo similar en el pasado, simplemente se encogió de hombros y no entró en detalles. ¿Qué inútil de mi calaña nunca se metió en un par de peleas? fue su respuesta. Aunque aún muchas incógnitas permanecieran flotando sobre su cabeza empecé a comprender un poco más a Joey; al menos lo suficiente para oírlo en el parque, frente al lago, hablando sobre cómo lastimó a Jez, y darme cuenta que sí. Que era un idiota, pero que las heridas en sus uñas eran reales y eran recientes. Que había lastimado a una de mis amigas, probablemente la más verdadera que tuve nunca, y que no podía odiarlo ni resentirlo por ello. No cuando aún lo veía echado en el callejón, herido y magullado pero intentando sonreír.

    Era esa clase de idiota.

    Lo cierto es que su cicatriz apenas se veía, y probablemente supiera ocultarla como ocultaba todas las demás. Era esa clase de persona, y estaba bastante segura de que había visto cosas que no le agradaba mostrarle a nadie; aún así, cuando le preguntaran oye, Joey, ¿y eso cómo te lo hiciste? sabía que no me involucraría. Ni siquiera si debía hacerlo. Quién sabe qué evasivas se quitaría de la manga. Tenía talento nato para cagarla, pero también tenía la fuerza necesaria para reparar sus errores. Lo había visto. Sólo necesitaba sentir que valía la pena el esfuerzo.

    Por ello, cuando simplemente le pregunté ¿Jez lo vale? él me sonrió y ya no se encogió de hombros ni desvió la mirada. Me sonrió, de hecho, y se corrió el flequillo de un manotazo. La cicatriz era una mancha blanca sobre su piel aceitunada.

    —Claro que sí —me respondió.
     
    Última edición: 31 Julio 2020
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    Zireael

    Zireael Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    No te explico yo la manera en la que estoy llorando, de verdad, como te dije en wa estoy fucking sollozando como bebé.

    Lowkey fusionada con Bleke, pero gurl, la puta Jez, la putísima Jez que llevo en el corazón y que a veces me roba la voz, porque se aferró a mí con uñas y dientes, fuck. Si esta niña se enterara de esta wea, te juro que lloraría como estoy llorando yo ahora (?)
    Me tiraste en toda la cara al Joey por el que soy super débil y resumiste desde la narración de Bleke, cómo se ve desde fuera.
    Me fusionaste, por fin, al imbécil de Gakkou con el putísimo Joey de Fate, el Joey que es en el fondo, y mi corazón NO PUEDE.

    Voy con las quotes

    Chale mi Bleke

    No sé si aquí ya estaba chillando (?) si no, estaba al borde

    No, ya recordé. AQUÍ empecé a llorar y no fue de tristeza, fue de pura rage (hi Altan, Kat, Jez and Shiori, enraged bitches I'm sorry for your own stupid and intense feelings). Y empecé a preguntarme cosas muy parecidas a las de Bleke, pero desde otra perspectiva, que me llevaron al: ¿Y si hubiesen sido mis amigos? Y si hubiesen... Y pensé que hubiese sentido terror, pero sobre todo habría sentido tantísima ira. Dios, tantísima que se me desbordó en llanto (gracias Move Me y mi rage natural).

    Y me vi tan claramente siendo el mismo tipo de imbécil que Joey, sabiendo que por ser mujer podría costarme mucho más caro que la tremenda paliza que le soltaron a mi niño y aún así me vi. Me vi en la chica, me vi en Joey y me vi en Bleke; la víctima, el defensor y la diminuta voz de la razón, el pilar fracturado.

    That just hit me so fucking hard.

    Y aquí fue cuando me empezó el ugly crying, porque solo imaginarme la puta paliza me hizo trizas el alma entera.

    *pretends to be shocked and cries*

    Pelotuda *le suelta un zape* esto es mucho más de lo que esperaba de ti y sobre todo, no me subestimes los abrazos.

    Y aquí lloré más fuerte, aquí empezaron los flashazos a Fate y me saltaron las imágenes, una tras otra, sin piedad y me dolió tanto el corazón.

    La de Joey perdido contra Lena, la de Joey y Jez en el desierto, la de este idiota diciéndole que la quería, la de su baile silencioso en el puto Disney, la del beso, la del breakdown, la de su confesión, la del momento en que alcanzó a Jez con palabras y logró forzarla, forzarla a flaquear en su decisión y...

    Matarlo.

    Y pensé: sí, Bleke, Joey es esta clase de estúpido y lo odio muchísimo por ello, porque es la misma estupidez que me hizo amarlo. La que me hizo verlo morir.
    Encima justo escribiendo esta parte del comment me salta esa parte de Move Me: "If you love me..." and I think I wanna take a depressive nap or die, I'm not quiet sure.

    Y encima que sueltas esta wea y la DEL FINAL.
    Escuchas eso, al fondo detrás de la rage de Josh cantando? Es mi corazón ROMPIÉNDOSE.

    Y fue soft, fue super soft el cierre pero soy una loca de mierda, y no podía dejar de pensar en la paliza, no podía dejar de verla sangre, de tener flashazos de Fate, de ser la maldita Jez y no podía dejar de pensar que, de esta frente a él y saber el porqué de la cicatriz, no podría dejar de verla incluso si el pelo la cubre. Porque soy esa clase de masoquista, porque la cabeza me va a mil y no podría dejar de pensar en eso, en que lo dejaron como un puto costal sobre vidrios rotos porque fue ese imbécil.

    Gurl sí me disculpas, voy a llorar un rato más creo (?) o a poner más rage de Badflower a ver si se me pasa o algo aiebsbsuevs

    Terminé chillando y eso es porque fue una maravilla, COMO TODO LO QUE ESCRIBES.

    Gracias por estas joyas, de verdad. <3
     
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    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista destacado that's that me espresso

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    Bueno, ya basta de tonterías, es hora de retomar los fics de tarot so let's fucking go (?

    So i loved this, what a fucking surprise. Pero omg, fuera coñas, me he dado cuenta de lo mucho que echaba de menos leeros cuando he leído este fic porque ha sido precioso y otra vez tengo ganas de seguir leyendo todo lo que habéis hecho. Encima Joey y Bleke me encantan como personajes y su relación así que era obvio que tenía que empezar por este fic.

    So a ver, omg, i'm sensitive. Estos dos pendejos me encantan bc ambos esconden un montón lo realmente pure que son and i just cannot POR QUÉ NO DEJÁIS VER VUESTRA SOFTNESS AL RESTO POR QUÉ???

    Creo que es super lindo que Joey sepa qué decir y hasta donde llegar con Bleke, aunque como dice ella, en realidad sabe hasta dónde llegar con todas. Genuinamente creo que es así, que es un fuckboy pero en plan soft, bc sin ir más lejos, mira como aún cuando es canon que se ha liado con Blee y con Ali, sigue siendo su amiwi y todo bien osea que no las ve como un polvo y ya, así que es de esperar que en el fondo esconda mucha más de esa softness. Y Bleke rompiéndose NOOOOO por favor save her i want her to be happy :((( Y tbh, tengo mucha curiosidad por conocer más de su background bc se sabe muy poco en Gakkou y parece que ha sufrido mucho y quiero saber por qué ha acabado así aaaa (supongo que así se siente uno cuando lee también mi fic de kashya y no sabe qué onda (????)

    Por suerte o desgracia había leído antes el post de campfire así que ya me imaginaba por dónde iba a ir la cosa, que al fin y al cabo ese incidente los unió mucho a ellos y era de esperar que hablases de ello. Pero el segundo capítulo desde el punto de vista de Bleke, SHUT UP that was so hard. Tbh, yo creo que cualquier persona, sobre todo una chica, tendría miedo si se encontrase en esa situación porque joder "y si soy yo... pero es que si me meto, podría ser yo" y no sé. Pero Joey como que no duda en defender a la chica por mucho que fuesen sus amigos y creo que todos deberíamos adorarlo por eso porque muy pocos harían lo mismo y recibirían esa paliza por algo tan bueno (y es una pena que no quiera contarlo porque es algo por lo que sentirse orgulloso).

    Anyways, que me dejaste con muchísima más curiosidad sobre Bleke, Ophelia y su familia y todo y omg, ahora mismo no estoy segura si tengo algún fic que leerme que sea de su background, que yo creo que sí, pero yo quiero saber aaa.

    Y mira, cuando Joey no duda en decir que le gusta Jez y que merece la pena Y OMG HE IS SO IN LOVE y estoy deseando que se desarrolle eso in rol también bc será bien lindo y welp, espero que Ali-chan se entere por él, pero si no de alguna manera se enterará y LISTEN TO ME SHE WILL BE SO SUPPORTIVE NI LO DUDES.

    So... creo que en general esos son los puntos que más me llamaron la atención. Como siempre, me ha sido super fácil leerlo a pesar de lo largo porque siempre escribís super fluido y conseguís que se sienta como nada y eso es maravilloso y obvio lo adoré y echaba de menos leerlos y quiero seguir so yeah <3

    PD: AAAAA casi se me olvida el dato inútil que añado siempre (?) the chariot en mi juego mola porque te hace invencible durante x tiempo y haces daño por contacto so sirve para muchas situaciones y peleas (?)
     
    Última edición: 27 Julio 2020
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    Insane

    Insane Maestre Comentarista empedernido

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    Venía con la sensación inquietante y tensa del otro fic, y aquí me has tirado directamente contra la pared a reflexionar sobre sentimientos que me removieron el corazón! Nunca esperé que se me removiera el alma por Joey, sinceramente. Y vienes escribiendo al chico en un estado maduro, en el cual demuestra el cómo no es ningún idiota y se da cuenta de todo lo que sucede a su alrededor, enamorado de Jez el cual al parecer hirió, y Bleke escuchándolo con aquella paciencia, tan perceptiva como siempre estando en el invierno, que le viene como anillo al dedo.

    Fan declarada del JezxJoy desde este capítulo :smud:

    STOP, GIGI, STOPPPPPPPP. Me estoy leyendo el segundo capítulo y no me lo puedo creer, vuelvo a sentirme tensaaaa, malditamente tensaaaaa. Blekeeee, marica, Bleke está teniendo un día agradable con la compañía de Joey y ha sido invitada a ver las estrellas, pero siento que no, o sea, ella misma dice que se está involucrando, eso no, con un chico como Joey ya no!

    Ophelia, estás tirando fragmentos de algo que intuí pero no creí que fuese tan cruel y repugnante el alcohólico con su propia hija. ¿Se lo contó? ¿Ese era el propósito de mostrarles los cuadros que pintó? YO ME ATREVO A DECIR QUE SÍ, SÍ, SÍ.

    Tenía una idea super equivocada al inicio de la segunda parte, creí de todo menos que me salieras con algo tan fuerte y me cerraras la boca, azotándome el corazón. Ya entiendo muchísimo más la relación de estos dos, y partidaria de que jamás dejen de ser amigos. Es tan crudo, porque en realidad a cualquiera le puede pasar lo de Ophelia, lo de la chica con aquel grupo de hijos de puta, y lo de Bleke, al quedarse pasmada ante aquella escena grotesca.

    Estuvo genial, las canciones re-acordes, el ritmo mientras leía me envolvía dentro del texto.

    Pronto estaré chismeando más escritos tuyos de Gakkou, porque ya no puedo quedarme solo con los dos leídos </33
     
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