One-shot The Sun [Gakkou Roleplay | ShiorixKat]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Yáahl, 16 Mayo 2020.

  1.  
    Yáahl

    Yáahl Equipo administrativo Líder de Betas Comentarista empedernido Editor Gráfico Toretto Tanuki Club ¡Yeah, Yáahl!

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    Escritora
    Título:
    The Sun [Gakkou Roleplay | ShiorixKat]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    3923
    Bueno bueno, cada vez estamos más cerca de terminar esta locura, no sé ni cómo se volvió algo y ahora hemos llegado a este punto. Tampoco sé muy bien qué hacer cuando terminemos las cartas, porque no voy a mentir, a veces es esta mierda la que me evita un mental breakdown (?)
    Fue un día raro y kinda un día de mierda, y creo que el hecho de que escribiera esto entre varios días incluyendo este, se reflejó en los cambios de mood que tiene esta cosa. La idea inicial se desdibujó completamente poco después de iniciar.
    Es increíble cómo he terminado asociando tanto a Halsey a los moods de Kat, incluso su voz, después de haber puesto Nightmare en el otro fic.

    También me hace algo de gracia el hecho de que asocie a estas dos al mismo elemento (fuego) a pesar de que son tan diferentes en su forma de exteriorizar cualquier cosa. Also no sé yo, amo la dinámica de estas estúpidas.


    I. The Magician.
    II. The Popess.
    III. The Empress.
    IIII.
    The Emperor.
    V. The Pope.
    VI. The Lover.

    VII. The Chariot.
    VIII. The Justice.
    VIIII. The Hermit.
    X. The Wheel of Fortune.

    XI. The Strength.
    XII. The Hanged Man.
    XIII. Nameless.
    XIIII.
    The Temperance.
    XV. The Devil.
    XVI. The Tower.
    XVII. The Star.
    XVIII. The Moon.
    XVIIII. The Sun.
    XX.
    The Judgement.
    XXI. The World.
    Ø. The Fool.



    'Cause I could never hold a perfect thing and not demolish it.
    What am I thinking? What does this mean?
    How could somebody ever love me?



    [​IMG]





    Shiori era una tozuda de mierda, siempre lo supo pero en ese momento solo reforzó un argumento que no podía discutirse.
    Era ella quien había insistido hasta el cansancio en ir con ella, en colarse una noche en aquel mundo.

    ¿Por qué?

    No tenía ni puta idea, o quizás sí. Estaba enfurecida, lo había notado en sus ojos de atardecer totalmente opacados. Incluso ahora, entre el humo y las luces amarillentas de aquel pub, sus ojos casi podían verse amarronados, de un rojo tan oscuro que se confundía con otros tonos.

    Le extendió la cerveza que había ido a conseguir a la barra y se dejó caer pesadamente junto a ella en el sillón. Cruzó una pierna sobre la otra y la vio empinarse la botella, la detuvo antes de que terminara borracha con una sola cerveza.

    —Relájate, cariño. —No la miró—. No quiero tener que arrastrarte a casa.

    Se encogió de hombros y la miró con el rabillo del ojo.

    —Sabe a mierda, Akaisa.

    —Para las muñecas sabe a mierda, pero tú insististe en venir, Kurobaka. Deberías estar en casa tomando un té o algo.

    Aunque Kurosawa era una muñeca a medias.

    Shiori chasqueó la lengua y le dio un nuevo trago a la cerveza, su gesto se comprimió.

    —¿Vas a decirme qué coño es lo que te molesta o tendré que adivinarlo?

    Katrina se recostó, apoyando la espalda en el brazo del sillón y puso las piernas sobre el regazo de la menor. Shiori se dejó hacer, el peso de las piernas ajenas era lo de menos y ciertamente no importaba.

    No cuando era Katrina quien sincronizaba el corazón con el suyo.

    —No me molesta nada.

    —¿Me crees imbécil?

    —De hecho sí —soltó de mala gana.

    Katrina levantó una pierna y le ajustó la bota en el hueco entre el hombro y el cuello, usó la punta del pie para empujar a Kurosawa hacia sí. Notó que la botella casi se le cae al suelo.

    —A mí no me vengas a jugar de depredadora, Shiori. —Sintió como apartaba su pierna de golpe y esta cayó junto al sillón—. Tu canto ya no funciona conmigo, lira.

    La escuchó chasquear la lengua mientras se acomodaba en el sillón de nuevo.

    —¿Querías a Aniki? —dijo por fin, con la vista clavada en algún punto frente a ella.

    A Katrina se le comprimió el corazón en el pecho, presa de un extraño miedo.
    Sacó la cajetilla de cigarrillos del bolsillo de sus jeans rasgados, extrajo uno y se lo colocó entre los labios, para luego encenderlo y dar una profunda calada.

    —¿De qué coño hablas? —El humo salió por sus fosas nasales, creando una cortina entre ellas.

    —¿Lo querías, Akaisa?

    Katrina se encogió de hombros, negándose a dar el brazo a torcer.

    —Era mi senpai. Supongo que entiendes eso.

    A la mayor no le pasó desapercibida la tensión en el cuerpo de Shiori y enarcó una ceja.

    Lo entendía de sobra.

    Y precisamente por saber que lo entendía, Katrina tenía claro que aquella no era la respuesta que ella buscaba y a la vez no era cierta.

    ¿Querer? ¿Qué coño era eso de todas formas?
    En realidad sabía de sobra lo que era, cómo se sentía y cómo se veía. Que lo entendiera era otra cosa.

    Dio otra calada y dejó caer la cabeza hacia atrás.

    —Era una niña, Kurosawa. Una niña rica, sola y apática. Lo sabes, ¿no? Papá es pues… una mierda de padre. —Se le escapó una risa ronca y dejó salir el humo de nuevo. Iba siendo hora de que le soltara la verdad al pajarito—. Tu hermano fue el único individuo masculino que conocí que no era frío o distante, era de hecho excesivamente cálido.

    —Fogata.

    —¿Qué mierda dices?

    —Que era como una fogata.

    Ahora fue Katrina quien se empinó la botella antes de darle otra calada al cigarrillo.

    —Sí.

    —¿Ah?

    —Que sí, idiota —repitió sin levantar la cabeza y lo siguiente fue un murmuro—. Sí lo quería, ¿pero qué más da ahora? Ya no importa.

    Esas cosas dejaban de importar cuando trataban de arreglar su vida por ella, de juntarla con Aoyama, de volverla una pieza sin importancia en un juego de titanes, pero sobre todo dejaban de importar cuando Kaoru Kurosawa yacía bajo tierra. Cuando no quedaban más que sus huesos.

    —¿Lo hubieras querido bien?

    —Lo quería bien, Shiori. Lo quería como quieren las niñas buenas. —Aplastó la colilla contra la suela de su bota y soltó una risa sin gracia—. Como una estúpida. De todas formas, creo que no me di cuenta de eso hasta ya entrada en el instituto y no hubiese hecho nada al respecto hasta… probablemente ahora.

    Por eso había dejado esos condenados jazmines en el cementerio cada año sin falta, varias veces al mes. Como si una parte de la niña, de la muñeca que había sido, siguiera atada a él y, por defecto, hubiera muerto con él.
    Quién era ahora no hubiese podido quererlo, de hecho era raro que incluso entonces lo hiciera.

    No confiaba en los hombres, pero Kurosawa era un jodido raro, justo como su hermana.

    Y él se había colado a través de las grietas de su corazón, justo con ella lo había hecho con aquel torpe con complejo de perro.

    ¿O fue al revés?


    —¿Te habrías teñido? —Era la primera vez que preguntaba por eso.

    —Sí. Hubiera hecho todo igual, bueno, casi todo. —Su mente volvió a Aoyama, a su padre y a la dinastía de los Akaisa. Tendría que haber hecho una gran parte igual—. Sonará estúpido, pero no me hubiese molestado cederle un fragmento de MEDSUPASS a tu hermano.

    —¿Aniki detrás de un titán así? Ni de coña.

    A Katrina se le escapó una carcajada genuina.
    Una Kurosawa, por primera vez, subestimaba su poder. Ella que había arrastrado a sus padres fuera del pozo, la que se había puesto la máscara de Kaoru y sincronizaba su corazón con los ajenos a su antojo, logrando calmar a casi toda bestia con una caricia o una palabra. Poner las manos del reinado de los Akaisa en un Kurosawa podía, de hecho, solo iniciar una nueva dinastía aún más desdibujada y peligrosa.

    Sus rostros amables y capacidad de imitación cargaban consigo el poder destructivo que a los Akaisa les había costado generaciones construir, con sus rostros toscos y tratos fríos.

    Si Shiori ponía manos a la obra, podría crear su propio imperio en el futuro. Katrina lo sabía de sobra.

    Por eso eran cómplices.

    Fue el movimiento de la chica lo que la sacó de sus ensoñaciones, de sus pensamientos desordenados, e hizo que la botella se le resbalara de las manos y fuese a dar al suelo. Se había colado en el pequeño espacio que quedaba en el sillón, a su lado, recostándose allí. Sintió su cabello oscuro hacerle cosquillas en el hombro descubierto.

    —¿Qué coño haces, Kurobaka?

    Otra vez se encogió de hombros.
    Katrina dejó escapar un pesado suspiro. Su cuerpo era tibio, casi tanto como su estúpida personalidad, y la jodía, la jodía porque le ponía difícil mantener su propia promesa.

    No ponerle una mano encima a chicas como Kurosawa.

    Pero no iba a hacerla a un lado, no podía porque era su amiga, porque la quería y porque tenía puesta la máscara de su adorado Aniki. De aquella maldita ave lira.
    Esa cara falsa que Shiori Kurosawa se había colocado encima era el arma que usaba en otros, pero también acabaría consigo misma y podría acabar con la agresiva Katrina en un pestañeo.

    Sintió los delgados dedos de Shiori tomar su rostro y para cuando se dio cuenta, la trajo hacia sí. Chocó con sus ojos naranja, ahora rojizos, y no pudo negarle lo que pedía.

    No mordía niñas buenas.

    Estampó sus labios contra los de Shiori, pensaba hacerlo despacio, pero ella se acopló sin problema y pronto se encontró consumiéndola.

    A menos de que se lo pidieran.

    La pegó más a ella, colocando la mano en su nuca. El cabello de la menor le hizo cosquillas en los dedos.

    En sus heridas.

    La sintió apoyar el peso de su cuerpo sobre ella y deslizó los dedos de su rostro a su corta melena, enredándolos entre las hebras teñidas de negro y rojo. Un suspiro murió en la boca de Kurosawa.

    Akaisa giró el cuerpo, arrinconado a la menor contra el respaldo del sillón, y deslizó una mano por las curvas de su cuerpo. La cintura, las caderas, los muslos descubiertos por la falda. Notó como la piel ajena se erizaba y la obligó a subir la pierna, colando la propia en medio, y rozó su intimidad apenas un instante.

    Separó sus labios y cuando habló, su aliento con olor a cigarro chocó contra el rostro de Shiori.

    —¿Qué mierda quieres, niña?

    El movimiento de caderas respondió por ella, buscaba fricción de nuevo. Su respiración agitada se coló en sus palabras.

    —¿No lo sabes acaso?

    La pregunta era, ¿por qué?

    >>La ira se parece al deseo, ¿o no? Tú lo entiendes muy bien.

    Antes de que pudiese responder, Shiori había vuelto a unir sus bocas, desesperada.

    Fue un chispazo arrojado desde lo más profundo de su mente, un sentimiento de peligro y miedo tan potente que la obligó a separarse de ella y sentarse al borde del sillón, dándole la espalda.
    Respiraba tan rápido que sus pulmones ahogados en tabaco prácticamente dolían. Sacó otro cigarrillo y lo encendió, con manos temblorosas.

    Podía devorar a Shiori, poseerla y desecharla después. Le estaba dando permiso, lo estaba pidiendo.

    Pero no.

    No.

    Nunca.

    No había manera.


    Sintió las manos tibias de su amiga colarse bajo su blusa y las retiró de golpe.

    —No me toques, Kurosawa. —Su voz sonó ahogada.

    —¿Por qué?

    Era tozuda, no detuvo su tacto y Katrina tuvo que apartar sus manos de golpe. Insistió y la mayor se vio obligada a levantarse.

    —¡Qué no me toques, maldita necia! —La frase se alzó sobre el ruido ambiental mientras Akaisa avanzaba hacia la salida, atrajo algunas miradas que viajaron de ella a Shiori.

    Se abrió paso entre la gente y pronto la menor estaba siguiéndole los pasos.
    Al salir la golpeó la brisa fría de la calle y estuvo a punto de boquear por aire, como un pez fuera del agua.
    La música del pub sonaba venida de otro mundo, lejana, contenida por las paredes, como sus emociones contenidas por aquella armadura cubierta de espinas.

    Acacia.

    Le dio otra profunda calada al cigarrillo, ojalá pudiese ahogar con humo aquella maldita palabra. Su ceño se frunció al escuchar su apellido salir de los labios de su amiga, aquella deformación del nombre del puto árbol.
    Es posible que no se diera cuenta hasta entonces de que había hecho lo mismo que todos los Akaisa, lo que había hecho su padre, su abuelo, su bisabuelo y todos antes: encerrarse.
    Negar sus propias emociones y las de otros, porque sentir nunca los llevaría a ser la cabeza de la manada.

    Y ella, por sus ovarios, iba a ser la maldita cabeza de la MEDSUPASS.

    Pero allí estaba su talón de Aquiles.

    El pantano negro.


    —¡Akaisa, espera!

    Ya hazte a un lado, hija de puta. Ya basta, no te claves las espinas, estúpida.

    —¡¿Qué coño es lo que quieres, Shiori?!

    —¡Pensé que estabas bien con ello!

    Katrina detuvo sus pasos en seco y soltó una risa ronca, porque ella había pensando lo mismo. Lo había pensado hasta que ese chispazo de realización la golpeó.

    Un pensamiento arrojado por la princesa apática. La Katrina de trece o catorce años.

    —¿Con follarte en el baño de un puto pub? —Alzó la vista al cielo, bañado de estrellas opacadas por las luces amarillentas de los faros e identificó algunas constelaciones—. Sí, todos pensarían que estaría bien con ello, yo misma lo pensé.

    —¿Entonces qué mierda te detiene? —Sintió que la menor la empujaba y estuvo por irse de boca al suelo, el cigarrillo se le cayó de los labios—. ¡¿Desde cuándo eres una cobarde, Akaisa?!

    De todas formas, ¿por qué estaba tan furiosa?
    Mantuvo la vista en el piso, las mechas rojas enmarcaron su rostro y bajo la luz amarilla unas hebras desteñidas brillaron, como las estrellas en el firmamento.

    —Desde siempre, estúpida —murmuró. Casi podría jurar que un fragmento enorme de su máscara hizo eco al chocar contra el piso al caer—. Joder, ¿vas a decirme que no lo sabías? Que soy una puta cobarde, que me transformé en esto porque no podía vivir con mi miedo y frustración un segundo más, que preferí sustituirlo con ira y arrasarlo todo.

    Apretó las manos en puños, buscando detener el hábito compulsivo que aún no iniciaba.

    —¿Vas a decirme que le tienes miedo a tu kohai, cabrona? ¿Es eso? —Volvió a empujarla.

    Kurosawa estaba iracunda y no le interesaba por qué, a pesar de que acababa de estárselo preguntando. Como si era culpa de Honda, de Usui o de cualquier otro.

    No podía.

    La menor se atravesó en su campo de visión, notó sus deportivas porque no había separado sus ojos heterocromos del suelo.
    La tomó por la blusa y tiró hacia arriba, sosteniéndola y Katrina la miró por fin, topando con sus ojos naranja oscurecidos. Se vio a sí misma reflejada en ellos como una silueta oscura, recortada en la noche.

    —Te dije que no me tocaras. —Volvió a apartarla con un golpe de mano. Su voz sonó monocorde, apagada.

    —¿Por qué?

    Por eso.

    Era por eso.


    Los fragmentos de su mente empezaban a salirse de lugar por su culpa.

    —Porque tienes su rostro, idiota. —De nuevo la sensación de ahogarse, el miedo y el recuerdo de los labios de Shiori—. ¡Joder, tienes su puto rostro encima y no sé qué hacer con él!

    No era que fuese una niña buena.

    No podía tocarla porque era como tocar a un muerto.

    Porque era aterrador tocar la personalidad de Kaoru a través de ella.


    La menor permaneció estática y la dejó ir despacio.
    Se había puesto el rostro de su hermano para sobrevivir, para salvar a otros, pero de repente… Ese rostro le había impedido salvar a Katrina desde el primer momento, cuando se había acercado a darles el pésame en el cementerio y ella no había podido llorar ni una gota.

    Se había quedado en la trinchera y había salido, transformada en un yōkai aunque bajo el tinte, la ropa negra, las perforaciones, los revolcones y el humo era una niña aterrada de sus propias emociones y las ajenas, totalmente perdida.

    Pero quizás lo más terrible era que ninguna de las dos entendía realmente el amor. Podían identificarlo en otros, pero a la hora de buscarlo dentro de sí mismas no tenía sentido alguno.

    El amor era la daga que se clavaba en sus grietas y, haciendo las veces de palanca, lograba desmoronarlas.

    Ninguna de las dos quería ese dolor incomprensible e irónicamente ambas tenían sus propias dagas estaqueándoles el pecho, abriendo una herida grandísima.

    Akaisa se había deshecho de toda emoción que la hiciera sentir débil o la hiciera correr el riesgo de salir herida para poder hacerle frente a su padre, las había guardado bajo llave en lo profundo de corazón, recubierto con gruesas escamas doradas, y Kurosawa se había negado a demostrar sus verdaderos sentimientos por temor a desvanecerse debajo de las emociones hasta ser irreconocible, profundamente aterrada por la idea de perder su propio rostro, tan parecido al de su hermano, pero en su afán había acabado haciendo precisamente eso. Ya no era ella, sola, jamás lo sería… la máscara se amalgamó con su verdadero ser.

    Katrina retomó la marcha, con la vista ida. Apartó a Shiori empujándola con el hombro.

    Prefería mil veces lidiar con el estúpido de Wickham, al menos con él no debía escuchar su mente ruidosa, no tenía que pensar en nada más; pero allí estaba a fin de cuentas, con Kurosawa.

    Siempre Kurosawa.

    Chasqueó la lengua, se quitó la chaqueta que tenía atada a la cintura para colocársela y metió las manos en los bolsillos.

    No había podido ayudarla, pero Shiori se negaba a dejarla sola. Se negaba a dejar solo a cualquiera, porque todo el mundo necesitaba ayuda.

    Menos ella.

    La tomó por el brazo quizás con más fuerza de la que planeaba y la hizo detenerse para que se volviera hacia ella de nuevo.

    —¡Te dije que ya-

    Silencio.
    Los brazos de Kurosawa envolvieron su cuerpo menudo, pegándola a ella, pero el tacto fue completamente distinto al de apenas unos minutos atrás.
    No correspondió su gesto, no sabía cómo.

    Suave.

    Cálido.


    —Perdóname, Kat.

    Kat.

    Su voz era como el crepitar del fuego en la noche y su mente confusa la arrojó a un recuerdo extraño, que no era raro por sí mismo, sino porque la regresaba a su debilidad, a la grieta en todas sus máscaras.

    Hailee Akaisa y Kaoru Kurosawa fundidos en una sola emoción sin sentido.

    La chimenea, su madre cepillándole el cabello ya teñido con el mimo de siempre al calor de las llamas, sin decir ni una palabra que no fuera amable o suave.

    —¿Qué dices, estúpida? —No había alzado la voz, tampoco había sido tosca. Habló, de hecho, en su tono genuino, el tono suave de la niña rica que había sido cuando la conoció y de repente el insulto, tan común, desencajó totalmente.

    Shiori se separó de ella despacio, volvió a tomar su rostro entre sus manos y unió sus labios. Fue un beso suave, delicado, como el roce de una pluma y aún así cargaba consigo tanto calor.

    Nadie la había besado así nunca.

    No era un beso de los acostumbraba a dar o a recibir, pero tampoco era un beso de amor romántico. No tenía sentido, no sabía en qué categoría encajarlo y es probable que Kurosawa tampoco lo supiera.

    —No volveré a tocarte, perdóname. —La dejó ir y desvió la mirada antes de murmurar algo más—. Aniki también te quería, supongo que es eso lo que quiero decir, no sé bien de qué manera pero lo hacía. Estoy segura de ello.

    Shiori había hecho a un lado su propia ira para arreglar lo que había comenzado, de una forma ciertamente rara, pero lo había logrado.
    Su corazón se acompasó al de Katrina y sosegó su terror.

    La mayor permaneció estática mientras observaba la estilizada figura de Shiori alejarse, con las manos entrelazadas detrás de la espalda e imaginó la silueta de su hermano a su lado, más o menos de la misma estatura de Hiroki Usui.
    La daga en su corazón abrió aún más sus grietas, sintió las lágrimas arder tras sus ojos por primera vez en mucho tiempo.

    —Acompáñame. —Sus palabras, temblorosas, fueron arrastradas por la brisa y apenas llegaron a Kurosawa, haciéndola detenerse. Cuando se volteó, Katrina notó que la oscuridad había desaparecido de sus ojos—. Acompáñame a verlo mañana.

    .

    .

    .

    Colocó el fino arreglo de jazmines frente a la piedra grabada, justo bajo el último kanji y se arrodilló para unir las palmas frente a su rostro.
    Shiori permaneció a su lado hasta que se incorporó.

    —¿Te he hablado de mamá, Kurosawa?

    La miró con el rabillo del ojo y notó que negaba con la cabeza, para ella era raro ver a Katrina así de sosegada y abierta a otros.

    >>Es la mejor madre del mundo. —Se llevó un mechón de cabello detrás de la oreja—. Es todo lo que tengo y siempre tendré.

    La menor guardó silencio y cuando un suave tarareo empezó a surgir de Katrina, sus gestos se suavizaron completamente. No había notado lo tensa que estaba.
    Era una nana preciosa.

    El regalo de Hailee al mundo, esparciéndose a otros a través de su única y amada hija.

    —Lo traje aquí, senpai. Por un sueño estúpido que tuve. —La nana de Akaisa no se detuvo y tampoco la confesión de Shiori—. Creo… que estaba enojada por haberme permitido a mí misma ser tan frágil, incluso aunque parezca dispuesto a cuidar de mí. Creí que encontraría en tu mundo algo que impidiera que me sintiera de esa manera, ¿sabes? Así de expuesta.

    El tarareo finalizó.

    —Vaya que eres tonta. —Esa fue su respuesta junto a una risa suave—. Saluda a Usui-kun de mi parte, parece de la misma especie de imbécil que tu hermano, ya sabes, quieren como idiotas. Como buenos niños.

    Combustiona, Kurosawa.

    Olvídate de la perfección, de las apariencias y de los demás.

    Siente de una maldita vez, deja de ser un pilar.


    Shiori se permitió una sonrisa y escuchó los pasos de Katrina al alejarse, a la vez que reiniciaba su nana mientras salía del cementerio.

    —Cuida de tu madre, senpai —añadió, hablándole al aire—. Y demuéstrale a toda la industria médica de América y Japón quién es Katrina Akaisa.
     
    • Fangirl Fangirl x 2
  2.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche r e l o a d a b l e Toretto WaifuTanuki Tanuki Club

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    Heyoooo here i am, tarde pero seguro again *pasó solo un día*

    Mis horarios de sueño are a mess and im actually startin my day, can u believe it? good morning miss, btw. Oh well, empezando con esto, al igual que el fic i must confess que pasé por un montón de moods al leerlo. No estoy muy segura si lo dejaste implicado de alguna manera en la narración y yo no lo noté a consciencia, pero así y todo tuvo la fuerza suficiente para imprimirme una impresión, but toda la primera parte donde las niñas juegan entre ellas, se provocan y pasan a primera base se me hizo... kind of awkward. Like, even a little disturbing? Creo te lo había comentado por whats una vez. De hecho me agarró una ola de alivio cuando Kat se alejó gurl, fue en plan yes thank god do the right thing im so proud of u sweetie. Diría que uno de los defectos más grandes de Shiori es no saber cuándo parar, y el hecho de que se haya acostumbrado tanto a ser pushy con la gente a su alrededor a veces trae efectos negativos. Y me encanta, ¿sabes? Creo que ella siendo pushy habla muchísimo de su pasado como personaje y cómo tuvo que arrastrar a sus padres fuera del pozo. Desde la muerte de Kaoru parece haber trabado la palanca de cambios en cuarta, quizás hasta quinta, y esa tendencia hacia su familia acabó generalizándose y ahora simplemente no sabe cuándo ni con quiénes parar. Or at least thats how i see it. En cierta forma me alegra que tenga una cierta historia de amistad con Kat, porque creo que Shiori es de las personas que entienden mejor las cosas con un sacudón que si les hablas bonito jsjs, y ya sabemos que Kat es experta en ladrarle a la gente uwu

    Y todo el rollo entre ellas no creo que pudiera acabar bien alguna vez, justamente por la máscara que lleva puesta encima, esa que acabó fusionándose consigo y ahora es tan parte suya como la persona que era antes de la muerte de su hermano. Kat debe ser quien ve esto con mayor claridad, y sumado a los sentimientos que conserva por él, gurl debe ser ciertamente incómodo acabar así con Shiori. Me gusta un huevo el desarrollo que esa situación consiguió en ambas, todo lo que ocurre fuera del pub, Kat reconociendo que, una vez más, Shiori logró sincronizar su corazón con el suyo, aunque definitivamente mi escena favorita fue la del cementerio. Gurl, no puedo explicarte cuánto me gustó el momento en que Kat comienza a tararear su nana y Shiori hace referencia a lo que ocurrió en el otro fic, cuando llevó a Hiro a la tumba de Kaoru. Se me hizo tan, tan precioso de imaginar.

    Remarco esta wea porque se me hizo un movimiento atípico de narrar y aún así super natural, considerando cómo estaban dispuestas en el sofá y todo eso y, además, muy propio de Kat. Nada, eso (?

    Ohboy, si tan sólo este muchacho supiera cuántas cosas se llevó con él a la tumba. Debe ser algo super contradictorio y conflictivo, diría. Cuando marcas tanto la vida de ciertas personas con tu cariño y luego te vas sin más, lo desestabilizas todo a tu alrededor. Casi cualquiera podría encontrar cierto regocijo del ego en saber que abriste tantas grietas con tu ida, pero tener un amor tan puro para dar creo que inhabilita alegrarte en lo más mínimo por el dolor de tus seres queridos. No sé si me explico, a lo que intento ir es que justamente la capacidad de cambiarlo todo es la que te impide disfrutarlo.

    Uy que se me pasó hablar de esta quote JAJAJA. Bueno, aquí editando a la velocidad de la luz. Well, esta frase también me encantó y refuerza lo que decía en la quote anterior. Kaoru se llevó una parte de Kat consigo, entre muchas otras cosas, and here they are, tryin to fix this mess.

    Creo que luego de pasarme tanto tiempo leyendo tus fics, en cierta forma fui testigo de cómo fueron progresando las metáforas que has usado and i love it <3 Como cuando nació la imagen de la lira, o esta del pantano negro, y me encanta porque, como ya te dije una vez, tu narración se me hace siempre super gráfica y estos ejemplos jamás podrían ser la excepción, tratándose de imágenes tan vívidas.

    Oh, and i must ask, ¿usaste la idea del talón de Aquiles por las lyrics de Eight o sólo es coincidencia?

    Bueno, pegándole una releída recordé este pequeño momento y se debate el primer puesto con la escena de la nana en el cementerio. Im super weak for this gurl cuando recuerda o habla de la madre, i swear. Me encanta el amor que siente por ella, el lazo que las une, y realmente les deseo poder permanecer juntas el mayor tiempo que les sea permitido y que ninguna tragedia se meta en el medio *les echa agua bendita* No quiero imaginar lo devastador que sería para Kat perder a su madre a esta altura de la vida, cuando ya se ha convertido en su único pilar de afecto, incluso en medio del huracán.

    Pero bueno, este momento me gustó un huevo y no sé muy bien por qué. Creo que refleja de una forma muy bonita las formas raras que tiene la mente de funcionar, y cómo detalles inocuos de la vida pueden arrojarte en direcciones dispares dentro de tus recuerdos. U know, que la memoria funciona super ligada a las emociones y shalala, me gusta mucho la idea de que Hailee y Kaoru estén... entrelazados en la mente de Kat, y que Shiori sea capaz de disparar esa conexión justo al frente de su consciencia. As i said, es un pequeño momento que puede parecer insignificante, pero creo que dice mucho, muchísimo sobre Kat y sus sentimientos.

    Also, escribiendo esto y pensando en el amor que siente Kat por Hailee, recordé de repente el amor que le guarda Joey a los recuerdos de su madre, y cuán importantes son éstos para él; en qué medida lo marcaron y lo siguen guiando, quizás aunque no se de cuenta. Como su estúpida obsesión con el firmamento. Los dos acabaron hundidos en la mierda por razones super diferentes, y al mismo tiempo guardan ciertas similitudes. El amor que sienten por sus madres, y la relación casi irreconciliable que arrastran día tras día con sus padres. Dunno, just a random thought.

    Highlight a esta wea cause i loved it. "Combustiona, Kurosawa". GUUUURL tuvo una fuerza que yo no te explico. Sonó genial en mi cabeza, y no sé por qué, pero *aplaude*

    AND SO creo que ya no tengo nada más para decir uwu Como siempre, es un placer leerte, leer sobre tus personajes y tu forma tan especial de desarrollarlos <3
     
    Última edición: 17 Mayo 2020
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