One-shot The Lover [Gakkou Roleplay | Jez x Joey]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Gigi Blanche, 28 Abril 2020.

  1.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche r e l o a d a b l e Pelotudos gang Toretto Tarot pals The kid with the rage Ravenous

    Piscis
    Miembro desde:
    1 Abril 2019
    Mensajes:
    1,207
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Título:
    The Lover [Gakkou Roleplay | Jez x Joey]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2452
    Título: The Lover
    Rol: Gakkou Roleplay
    Personajes: Jezebel Vólkov; Joey Wickham.
    N/A: bueno, estoy increíblemente soft xd A decir verdad, planeaba usar otra canción que la letra le pegaba mucho más, pero cuando lo releí para publicarlo estaba sonando esta canción y el mood en el que me dejó se me hizo precioso. pls, super soft and sweet. la letra no coincide, btw, es solo el ritmo y las vibes. y eso uwu Yáahl venga, que si me agarra diabetes solo a mí es injusto (?

    I. The Magician.
    II. The Popess.
    III. The Empress.
    IIII.
    The Emperor.
    V. The Pope.
    VI. The Lover.

    VII. The Chariot.
    VIII. The Justice.
    VIIII. The Hermit.
    X. The Wheel of Fortune.
    XI. The Strength.
    XII. The Hanged Man.
    XIII. Nameless.
    XIIII.
    The Temperance.
    XV. The Devil.
    XVI. The Tower.
    XVII. The Star.
    XVIII. The Moon.

    XVIIII. The Sun.
    XX. The Judgement.
    XXI. The World.
    Ø. The Fool.






    The Lover.png
    .
    .


    baby, i'm starstruck by you
    didn't know we'd get so far and it's only the start

    .

    Joey tamborileó sobre la cuerina ajada, con los brazos extendidos en el respaldo del sillón y la mirada perdida entre la gente, al ritmo de la música que pasaban. Un rato después tuvo que extender las piernas para que nadie más se sentara, cansado de echar borrachos, y acomodó la espalda en el apoyabrazos. Le dio un trago a su cerveza, utilizando su propio pecho de soporte, y soltó un suspiro con la vista clavada en las puertas negras del fondo.

    Se estaba tardando mucho.
    ¿Le habría pasado algo?

    Arrugó la nariz y echó la cabeza hacia atrás, lo suficiente para chequear cuánta gente había en la barra a sus espaldas. El pelo oscuro se corrió, presa de la gravedad, limpiándole la frente de todo aquel denso flequillo. ¿Qué eran esas ideas estúpidas? Sólo llevaba demorándose ¿cuánto? ¿Cinco minutos? Seguro habría cola en el baño de mujeres, eso ocurría siempre. Además, él mismo había visto cómo ingresaba allí. No había nada de lo que preocuparse.

    Un gruñido bajo le vibró en el pecho cuando sintió un peso ajeno hundiendo el sillón y alzó la cabeza; una muchacha se había sentado al borde del almohadón, evadiendo sus piernas. Le frunció el ceño, en una clara búsqueda de intimidación, pero no parecía funcionar: ni siquiera lo miraba. Bufó, rascándose la nuca, y se irguió para incorporarse y arrastrar los pies hasta la barra. Allí pidió otra cerveza y se giró sobre los talones, recostando los codos en la madera. Observó el pub en silencio, los cientos de cuerpos oscurecidos, la nube de humo constante en el ambiente, los reflectores amarillentos. Era lo mismo de siempre, nada había cambiado ni un ápice, y sin embargo…

    Cuando recibió su cerveza advirtió que el sofá, nuevamente, se había liberado. Una sonrisa amplia le iluminó el rostro y se le echó encima como un niño pequeño, retomando su eterna custodia. Ahora que ya tenía su bebida nadie lo sacaría de allí, ¡nadie! Se empinó la botella, dándole un vistazo a las puertas negras, y tragó con cierta lentitud. Pero... bueno, ¿quizá sería mejor cambiar de planes e ir a buscarla? ¿O enviarle un mensaje? Bufó de nueva cuenta, exasperado, y echó la cabeza al aire una vez más.

    —¡Aaaah! —exclamó, su voz disimulada bajo el ruido de la música, pataleando sobre el sofá—. ¿Por qué mierda me preocupo tanto?

    Gritar se había sentido bien, sí, aunque le hubiera ganado unas cuantas miradas sorprendidas de la gente a su alrededor. No podía importarle menos, realmente. Se quedó observando de cabeza la fructuosa actividad en la barra, con cierto aire ausente, cuando un breve destello plateado danzó al costado de su visión. Sin darle tiempo a reaccionar, un cuerpo le bloqueó por completo el panorama y se acuclilló junto a él. Joey sonrió.

    —¿Ocurre algo, cielo? ¿Te sientes mal?

    Su voz sonó suave sobre la música, casi como si contara con un superpoder especial para escucharla. A decir verdad, creía ser capaz de reconocerla donde fuera. Estiró una mano y deslizó los dedos a lo largo de un mechón de cabello blanco, fijando luego la vista invertida en sus ojos ámbar. Incluso allí, en esa pocilga oscura, brillaban con fuerza.

    —Hola, preciosa. Te extrañé.

    Jez rodó los ojos, aunque le hubiera resultado imposible contener la sonrisa, y Joey se irguió. Sintió cómo la chica se posicionaba detrás del sofá y le cepillaba el cabello con paciencia y dulzura.

    —No exageres, fueron solo cinco minutos.

    —¿Y? Cualquier segundo sin ti es una eternidad.

    Joey la observó desde abajo, cómo volvía a rodar los ojos y meneaba la cabeza. Las luces amarillas a través de la bruma dibujaban un curioso halo alrededor de su silueta y Joey relajó su expresión, incluso cerró los ojos, en profunda calma. Las caricias de sus pequeñas manos a lo largo de su cabello le arrancaron un suspiro ligero.

    Ella sí era un jodido ángel.

    —¿Al final me dejarás? —preguntó Jez, inclinándose cerca de su oído para que la escuchara.

    —Cariño, no tengo la menor idea de qué me estás hablando, pero sí. Haz lo que quieras.

    Jez le dio un zape suave en la frente, que hizo a Joey entreabrir un ojo, divertido.

    —Te hablo en serio —se quejó la albina, aunque apenas fuera identificable algún rastro de enfado en su expresión—. Tienes el cabello super largo, y creo que me serviría para practicar algunos peinados.

    Joey reparó en ella con mayor detalle. Tenía los antebrazos apoyados al borde del respaldo, detrás de su cabeza, y le hablaba justo a su lado. Giró el rostro, encontrándose con ella apenas a centímetros, y le sonrió.

    —Como te dije recién: haz lo que quieras.

    Jez se irguió, habiendo considerada válida por fin su respuesta, y rodeó el sofá para sentarse a su lado. Su peso hundió los almohadones con delicadeza, casi a cámara lenta, y Joey reparó en sus movimientos durante algunos segundos. Le rodeó los hombros con un brazo, atrayéndola, y le giró el rostro suavemente con la punta del índice.

    —Jez, ¿segura estás cómoda? —inquirió, con el ceño arrugado—. No tenemos que pasar la noche aquí, ¿sabes? Podemos dar un paseo por el parque, o ir a la playa, o vamos a McDonalds y nos pedimos un cuarto de libra, o también podemos ir a otro pub, o...

    Jez lo había dejado seguir por mero placer culposo. Cuando Joey hablaba, parecía olvidarse de calcular cada maldito pestañeo y Jez sentía, al menos con ella, que podía verlo en su estado más transparente. Era un poquito vanidoso, pero disfrutaba demasiado oírlo preocupándose así por detalles nimios y, bueno, no le hacía mal a nadie, ¿verdad?

    —Shh. —Presionó el dedo sobre sus labios y le sonrió, recibiendo la mirada del moreno; era oscura, como un pozo ciego, y contrastaba enormemente con todo lo que ella era—. Ya para, tonto. Estoy bien.

    Le encantaba.

    Los labios bajo su dedo se estiraron en una mueca traviesa y Jez retiró la mano justo antes de que Joey pudiera atraparla de un mordisco. Se le aflojó el cuerpo en una sonora risa mientras retrocedía a lo largo del sillón, evitando los ataques de Joey. En un momento, el chico cambió la estrategia y coló la mano debajo de su brazo para pellizcarle la cintura. Jez brincó, riendo aún más fuerte, e intentó quitárselo de encima a manotazos.

    —¡Ya para, idiota!

    Su espalda chocó contra el apoyabrazos contrario y volvió la vista a Joey, quien le sonrió victorioso. Jez se cubrió lo mejor que pudo, esperando un despiadado ataque de cosquillas, y abrió los ojos, sorprendida, cuando los brazos del moreno la estrecharon lenta pero firmemente. Silencioso, escondió el rostro en la curvatura de su cuello y lo sintió suspirar. Jez no emitió palabra, sólo lo rodeó y buscó su cabello para acariciarlo.

    Si serás tonto.

    Joey permaneció allí, prácticamente inmóvil, aspirando su fragancia a perfume y nada más. Quizá, si prestaba atención, distinguía también el frescor de su shampoo, ese de lima y jengibre que siempre usaba; y si apoyaba la nariz sobre su blusa, podría reconocer el aromatizante de vainilla y cedro que su tía utilizaba en la casa.

    Era Jez, su Jez. Esa mezcolanza de olores tan sana, tan pura y dulce. Incluso allí adentro, donde todo era humo, calor y ahogo, podía esconderse en el delgado cuello de Jez y encontrar calma. Se separó apenas de ella, sujetando sus hombros, y le plantó un beso en la mejilla.

    Era un idiota. ¿Para qué la había llevado al pub, de todos modos? Se incorporó del sofá y le extendió la mano, sonriéndole calmo.

    Por primera vez quería irse de allí, en busca de un lugar mejor.

    Jez lo miró ligeramente contrariada, quizá por sus movimientos tan repentinos, pero aceptó su mano sin réplicas y, sujetándola con firmeza, Joey la condujo fuera del bar. El aire en la calle era frío y Jez se frotó los brazos casi por reflejo. Wickham notó que no andaba con un abrigo encima y meneó la cabeza, desatándose la chaqueta de la cintura.

    —Pero bueno —murmuró, envolviéndole los hombros con suavidad—. Mira si te me enfermas, Bellabel.

    Vólkov desvió la mirada un instante; bajo el tenue rastro de las luces de la acera, sus pómulos aparecían pintados de un leve sonrojo. Joey le picó las mejillas y recibió sus ojos de lleno. Suaves y gentiles, debatiéndose entre la sorpresa y la timidez. Sonrió, agachándose justo a su altura.

    Joder, ¿qué me hiciste, Bellabel?

    —¿Estás cansada? —Recibió una simple negativa por respuesta—. ¿Qué te gustaría hacer, entonces?

    El ceño de Jez se arrugó apenas y frunció los labios. Era probable que siquiera fuera consciente del mohín absolutamente adorable que estaba haciendo, pues esa era ella. Toda esa transparencia, como un cristal en bruto. Había visto muchas de sus facetas a lo largo del tiempo que llevaban conociéndose, y todas y cada una de ellas lucían genuinas.

    A veces se lo preguntaba.
    Qué hacía un ángel como ella con un demonio como él.

    —No soy una niña, Joey.

    El moreno le sonrió aún más amplio y se irguió.

    —Lo sé. —Le tomó apenas unos segundos asirla del brazo y pegarla a él, sujetándola por la cintura—. Créeme que lo sé.

    La intensidad de su mirada oscura pareció recrudecer el sonrojo en las mejillas de Jez, y acunó su rostro con la mano libre.

    —¿Acaso piensas que haría estas cosas? —susurró, bajando a su cuello para trazar un camino de besos castos—. Digo, si fueras una niña~

    —Uhm, Joey, e-estamos en la calle…

    —Lo sé —insistió, alzando la vista para encontrarla y guiñarle un ojo—. Tranquila, sólo jugaba contigo.

    La dejó ir, y enterró en el bolsillo la mano que había usado para aprisionar su cintura. A veces podía sentirla con una intensidad abrumadora.

    La jodida balanza.
    Oscilando entre el blanco y el negro.

    —¿Vamos?

    Jez aceptó su invitación en silencio y comenzaron a caminar, habiendo Joey rodeado sus hombros con el brazo. Las calles permanecían calmas y taciturnas a esas horas, con la excepción, quizá, de algunos coches andando la autopista. Podían oír el repiqueteo de sus pisadas, cada vez más coordinadas; las sandalias de Jez, los borcegos de Joey. Cuando se detuvieron en una esquina por el semáforo, Wickham giró el rostro y le plantó un beso sobre la coronilla de la cabeza, sonriéndole luego al recibir sus ojos. Era extraña, ¿eh? La tranquilidad que llevaba en el corazón.

    Temía acostumbrarse demasiado, pero ya no la empujaría lejos por ello.
    No se creía capaz de hacerlo.

    Luz verde, brillando con fuerza sobre el negro del cielo, el ritmo de sus pisadas, y la suave presión de los dedos de Jez, entrelazándose con los suyos en peso muerto. El silencio de la noche, la calma sin anuncios de tormenta, y la dulce voz de la chica a su lado abriéndose paso hasta sus oídos, dubitativa.

    Blanco.
    Todo era increíblemente blanco.


    —… tu casa.

    —¿Hmm? —La miró—. Perdona, linda, no te oí. ¿Dijiste algo?

    Los dedos pálidos se apretaron con algo más de fuerza, y la chica no alzó el rostro.

    —¿Podríamos ir a tu casa? —tanteó, casi en un susurro—. D-dijiste que…

    Sí, sabía muy bien lo que había dicho esa tarde. Lo recordaba a la perfección. Sonrió, entre divertido y enternecido, y la estrujó contra sí sin dejar de caminar.

    —Claro, Jez. Aunque te advierto, mi casa no es tan bonita como la tuya.

    Era jodidamente tierna, ¿por qué seguía dándole vergüenza pedirle de verse a solas? Cuando se comportaba así le daban unas ganas horribles de comérsela a besos, pero sabía que eso sólo recrudecería sus nervios y… bueno, la quería demasiado.

    Cariño.

    La cara hostil de Katrina apareció fugaz en su memoria, de cuando le echó uno de tantos sermones y usó esa pequeña palabra que Joey nunca había comprendido por fuera de su familia… hasta ahora.

    Ah, Bellabel, qué cruel eres a veces.

    —¡Aaaah, qué felicidad! —exclamó al aire, soltando una risa corta—. ¡Hace tanto frío, y no voy a dormir solo! ¡Yajuuu!

    Jez intentó callarlo, profundamente abochornada, pero Joey siguió haciendo el payaso durante varias calles. Cantando, alzándola en el aire, deteniéndose para besarla o haciéndola acompañarlo en bailes raros con los pies. Acabó cediendo a sus delirios, dejándolo estar. Tenía una habilidad casi anormal para avergonzarla, pero cuando lo veía tan contento no podía ignorar la tibia calidez vibrando en su pecho.

    Un niño pequeño, un adolescente perdido, o un perrito callejero. Joey podía serlas todas, y se había encontrado indiscutiblemente enamorada de cada una de ellas.

    No había remedio, ¿verdad?
    Ni siquiera estaba segura de querer tenerlo.
     
    Última edición: 21 Mayo 2020
    • Fangirl Fangirl x 1
  2.  
    Yáahl

    Yáahl Equipo administrativo Líder de Betas Comentarista empedernido Game Master Editor Gráfico This is a dark song, real dark Toretto C.A.O.S Kami-sama BLACKOUT d i z z y MASOQUIST Tarot Bitch Tarot pals ¡Yeah, Yáahl!

    Leo
    Miembro desde:
    27 Agosto 2011
    Mensajes:
    2,747
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Entre que me puse sensible por una pendejada que me pasó y este fic, pues mira que casi estoy encontrado el empujón para soltarme a llorar que no hallaba (????)

    Te prometo que este no va a ser una biblia.

    No tienes idea de lo mucho que disfruté de cada palabra de esta wea, cada una de principio a fin, con la música y... joder, la suavidad de Jez, colándose por todo lado, colándose hasta cuando no es ella quien habla o actúa, porque este niño coladito por ella transmite la misma suavidad y dulzura, te juro que lo amo un huevo.

    El contraste entre este par de idiotas en personalidad e incluso características físicas es brutal. Es que literalmente es como una práctica de diseño en alto contraste (?) y aunque el alto contraste puede ser una cagada, de él también salen composiciones bellísimas y creo que es lo que siempre ha salido de estos dos al final del día.
    La suavidad y timidez de Jez, apareciendo para regular la energía y extroversión de Joey, o al menos para darle un tinte mucho más relajado o genuino. Mira yo es que no puedo, son como piezas de un rompecabezas, calzan porque son diferentes.

    Esa oración, así a secas fue... gurl no te explico yo lo que siento cada vez que la leo, porque me tira de inmediato a momentos de Jez en Fate, donde ha aprendido a reconocer manías de Joey que vemos aquí también, como eso, su Joey.
    Creo que todos hacemos esto, es obvio, con la gente que queremos. Aprendemos a verlos, a memorizar sus acciones, fragmentos de su personalidad y gravarlos en nuestra cabeza con hierro caliente de esa forma, como nuestros.
    Un aroma, una frase, una característica o todas juntas. Hasta el palpitar de un corazón. Cada cosa que forma a la persona, a nuestra persona, a quien identificamos como nuestra por una mezcla rara de posesión y casi honor de pensarla como parte de nuestra vida.
    Que desvarío, pero se entiende el punto *c muere*

    ENCIMA la forma en que se divierte con ella mientras van por la calle, como juega, como la provoca un poco incluso y sigue, a la vez, siendo tan malditamente dulce y suave. NO PUEDO.
    Entiendo tanto por qué Jezzie le sigue el rollo (además de porque así es ella y porque lo quiere, I mean) pero es que no puedo explicar coherentemente lo que esta niña siente al verlo comportarse así, como un chiquillo, con ella y al sentirlo tan... transparente. Le seguiría cualquier rollo con tal de permitirse verlo así a su lado y disfrutar de él sin darse cuenta de que de repente todo ese Joey, tontísimo por ella, es una suerte de reflejo de su propia personalidad, de lo que hace en él.

    La tranquilidad que transmitiste es way too much para mi corazón, que es super weak por estos dos, y es la que lleva tu niño en el corazón en esta belleza de fic. Sus pensamientos me pueden, porque ya es super consciente de lo que Jez ha hecho con él, de la balanza oscilante, y del blanco que, de repente, lo rodea y que quizás hasta brota de él.
    Tú sabes que es que yo vivo por este hombre así de soft, me da toda la vida, y creo que te lo dije en algún momento, a veces me cuesta muchísimo hacer la separación entre el Joey que como Jez aprendí a reconocer en Fate y el que vemos en Gakkou, se me funden horrible pero es super interesante ver los dos lados de la moneda.

    Te vuelvo a agradecer por crear a este maldito idiota, porque le he tomado un cariño tan grande y gracias al rol que Jen se sacó de la manga, parece que voy a poder seguir conociéndolo.
    Así como tú has aprendido a ver a Jez como a tu hija a mí me pasa con este pendejo. Lo odio, me saca de quicio y a veces pienso que tiene mierda en la cabeza, pero al final del día no dejo de quererlo, porque es un bebé.

    Nos seguimos leyendo en nuestros delirios, Gigi ;-; ♥ Love you.
     
    • Adorable Adorable x 1
Cargando...

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso