Explícito Cielo Nocturno [Self-Insert || Long-fic || Experimento]

Tema en 'Literatura experimental' iniciado por Yáahl, 7 Septiembre 2017.

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  1. Threadmarks: Prólogo: Carta antes del abandono. Lo que fue del Cuervo y el Lobo.
     
    Yáahl

    Yáahl Equipo administrativo Líder de Betas Comentarista empedernido Editor Gráfico Muerte de Martes 13 Switchblade

    Leo
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    Cielo Nocturno [Self-Insert || Long-fic || Experimento]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Tragedia
    Total de capítulos:
    14
     
    Palabras:
    2464
    IMPORTANTE: Post de aclaración de contenido explícito.

    Debería estar durmiendo pero... estoy fangirleando un poco con mi propia historia.
    Luego de que me hicieran recuperar el impulso casi obsesivo de publicar algo a lo que le dediqué mucho tiempo (desde el año pasado, creo, al menos este prólogo y que de hecho fue lo que menos modificaciones sufrió a lo largo del proceso) y a lo que, de alguna forma, le tengo gran cariño; decidí que era buena hora de que Cielo Nocturno viese la luz en FFL.

    Así que vengo a seguirle contaminando el foro a Mio, esta vez no solo con un one-shot con self-insert, sino con un jodido LONG-FIC con self-insert. Quisiera que estuviera en Originales para ponerle el prefijo pretencioso de Historia Larga, pero cada cosa donde va.
    Vuelvo y repito, esto será una suerte de autobiografía y quien haya tratado conmigo lo suficiente lo encontrará obvio desde que comience a leer, quienes no, simplemente espero que les agrade, porque de verdad he invertido energía en esto y de alguna forma fue mi principal desahogo. Es o quiero que sea, una historia de madurez emocional y amor propio, de evolución.
    Si bien quien antes parecía ser un protagonista ahora es una especie de antagonista, evitaré, en la medida de lo posible, cualquier cosa que implique no sé, ¿una destrucción de su imagen? Aunque es indiferente porque la probabilidad de que ese individuo lea esto es casi nula y si lo lee, realmente no me importa, porque... es ficción y es mi vida y la narro si lo deseo. So... #SorryNotSorry.
    El banner tomará sentido conforme avance la historia (?) Cita como corresponde, para que no se diga que hago plagio.
    Puede que esto termine siendo una mezcla de varias de las cosas que abarca Experimental, pero no quiero colocarle el prefijo de Experimento porque lo principal es que es un self-insert. Igual puede que solo sea una especie de long-fic con mezcla de song-fic en cada capítulo que se me antoje, no tanto por tener de base una canción, sino casi a manera de soundtrack (sí, tengo una playlist en YouTube que corresponde a esto de hecho).
    Tragedia pues porque, los que ya me hayan leído, saben que es mi género por excelencia.

    Antes de esto publiqué un one-shot (El Creador) para los desafíos de agosto que tiene como base el Universo de esta, quiero llamarla novela, porque juro que es lo más serio que he hecho en mi vida. Así como puede que tenga relación con un relato que escribí hace cosa de un mes, que aunque no se basa en esto, a decir verdad es bastante parecido y responde algunas referencias que no había notado hasta ahora, y quizás deba moverlo de foro, no sé. El relato es: El aislado corazón de la hidra.
    También tenemos el dibujo de nuestra protagonista: Crow.

    Sin más que decir, ¡que comience!

    La canción con la que de hecho escribí el prólogo y de la que surgió el nombre es la siguiente. Como dije, nuestro prólogo es... una especie de song-fic, al menos la gran parte (la carta en cursiva).

    Night Sky Patrol of Tomorrow - Zero.
    Para luego de la parte en cursiva, por puro y mero gusto, les dejo esto.
    Mercury - Sleeping At Last.

    Fue única traducción que encontré, sé que tienes sus errores.


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    [​IMG]








    Cielo Nocturno
    Blanco
    Gris
    Negro











    Deseaba estar muerto, aunque, en aquella dolorosa bruma
    que ocupaba su mente como una nube tormentosa, no sabía que lo deseaba.
    Stephen King. Misery. Página 15.






















    Prólogo.
    Carta antes del abandono. Lo que fue del Cuervo y el Lobo.




    Odiando el mañana puse esperanzas en el pasado, en un chico que elige luchar contra el enemigo dependiendo de mí.

    La vida me ofreció una oportunidad de dejar de aferrarme a lo que tanto daño me hacía, me ofreció lo que en el fondo estaba buscando: alguien que caminase a mi lado, no detrás de mí o adelante; alguien con quien ir al mismo ritmo, de la mano, luchando. Luego de tanto dolor, de haberme resignado, apareció ante mí el Paraíso. Un chico con espíritu de lobo, que incluso lejos me daba la esperanza y la fuerza para creer en mí misma.
    Pero… La vida siempre tiene un pero; debía pagar un precio muy alto por ello: dolor.

    Llegó a través del cielo nocturno, con el brillo de las estrellas; regresó a través de la oscuridad del firmamento como un cometa que debes esperar años para observar. Regresó a mi vida, trayendo esperanza consigo, esperanza y algo muy parecido a la felicidad. El lobo había vuelto.
    Puse en riesgo todo, mi vida como la conocía, me la jugué sin importar nada, a pesar de la distancia y, principalmente, a pesar de la situación tan difícil que iba a enfrentar, que sabía me iba a estallar directo en el rostro. Tomé el gran riesgo y extendiendo las alas que había dejado de usar hace años me aventuré a la inmensidad de la noche; me lancé al vacío sin dudar, como nunca antes.

    Y ahora… No importa cuánto aguante o cuánto intente, el futuro parece realmente cruel; pero de todas formas me veo a su lado y de alguna forma el mundo parece mejor. Incluso así, manteniendo la esperanza, es extremadamente difícil y doloroso.
    El sufrimiento del pasado debería ser recompensado. Si encontré mi Paraíso, mi Tierra Prometida, ¿por qué debo ver desde la distancia como es destruida? Sí, destruyen mi Paraíso sin remordimiento alguno, lo destrozan, lo arruinan, lo contaminan. La pureza de mi Tierra Prometida se ve puesta en duda, se corrompe, se echa a perder, pero de alguna forma que no termino de comprender… siempre vuelve, sin dejar de ser lo que era. No deja de brillar, como la estrella más brillante que hay en el gran firmamento oscuro que es el mundo. Al final siempre resulta ser mejor que yo y, por desgracia, las buenas personas siempre sufren excesivamente, como si la vida quisiera poner a prueba hasta dónde puede llegar su bondad, hasta dónde es capaz de sobrevivir su nobleza.

    Mi nobleza, aquella que solía caracterizarme hace un par de años, empieza a perderse.
    No sé qué duele más. El ver mi Paraíso ser destruido o empezar a perderme a mí misma, ver que empiezo a corromperme con cantidades de odio sorprendentes y no saber si seré capaz de salvar aquello que es tan importante para mí.
    No caí en un foso, no. He empezado a levantar paredes que me separan de lo que una vez fui; paredes que me encierran con el odio, el dolor, el enorme resentimiento.

    Esto no acabará pronto, y no sé a dónde me lleve ni en qué me convertiré cuando finalmente termine. Ni siquiera sé si sobreviviré o si volveré a ver al lobo en el cielo nocturno.
    Se me está partiendo el corazón en partes tan pequeñas que no sé si podré encontrarlas todas cuando se me permita recuperarme, y si es que logro hacerlo, al unirlas nuevamente formaré algo muy diferente de lo que era.

    El mundo está lleno de monstruos, demonios, seres terribles que destrozan vidas directa e indirectamente. Este mundo es letal, horrible, maligno… y no tiene arreglo.
    Como humanos, estamos en este mundo para destruir y autodestruirnos; no hay más que eso.
    Todos somos profundamente infelices, todos llevamos siempre algún tipo de tristeza con nosotros. La felicidad, como un logro, no existe; es solo un sentimiento que va y viene, como todos los demás.

    A la vida se le antojó recordarme por qué empecé a identificarme como un cuervo, haciendo lo que nos hace a todos, dándonos felicidad y luego matándonos de dolor. Me hizo recordar por qué nunca he tenido el derecho de pintar mis plumas de colores. No hay forma de que el color se adhiera a ellas. Alas enormes, pero de plumas negras, dañadas, opacas… con eso fui al oscuro firmamento y me fundí en él, con mi profunda infelicidad.

    Si los demonios no me arrebatan mi hermoso Paraíso, siento que cuando todo termine, me habré vuelto la profunda oscuridad nocturna, y en ese fondo oscuro, el lobo brillará más que nunca. Debo luchar, aguantar, sobrevivir y salvar mi futuro, mi posible sentimiento de felicidad, mi Tierra Prometida. Debo dar pelea, no puedo permitirme caer, no puedo darme el lujo de querer escapar.

    Hice una promesa; jamás irme, sin importar lo que pasara o lo que sintiese. Prometí quedarme a pesar del terrible dolor. Si cumplo mi promesa, quizás algún día el cielo nocturno se quiebre y deje ver la claridad de un futuro mejor.

    Melyen Király. Cuervo.


    Hace veinte años vine a este ya destrozado mundo, me dieron el nombre de Melyen, que significa profundo, llevo el apellido de mi padre, Elend, que me dijeron significa desdicha y el de mi madre, Király, que significa rey. Con el pasar de los años, aprendí a ver mi nombre como un juego de palabras de cierto mal gusto: reina de la profunda desdicha. Hace años me apodaron Crow, no sé si fue resultado de la costumbre pues adopté al cuervo como una especie de emblema.

    Hace muchos años el mundo se vino abajo. Sí, ocurrió eso que está escrito en la fe católica que ha persistido hasta hoy: el Apocalipsis. Por lo que está documentado en físico y en línea, no fue tan parecido a como estaba escrito en el libro sagrado. No sonaron trompetas tocadas por serafines ni nada por el estilo.
    El cielo se tornó negro en su totalidad en las zonas en las que era de día y en las que era de noche, simplemente todo empezó a surgir de la maldita nada, o eso aseguran.
    Por mi parte, tengo la firme seguridad de que fue un fallo, o quizás un experimento, liberaron la desgracia sobre el mundo de forma brutal, liberaron algo al aire, algo que vuelve a los humanos en cosas terribles, provoca que los animales muten y hasta se fusionen entre sí, por tanto, se fusionan con el humano también. Sin embargo, inicialmente fue únicamente en el Homo sapiens. Los convierte en lo más fatal que llevan en el interior y por esto algunos empezaron a llamarlos demonios.

    Otros, me incluyo en este grupo también, creen que fue el mismo planeta, cansado del mal que había en su superficie, dejó salir algo que acabaría con nosotros y le daría tiempo para recuperarse de todo el daño que le estuvimos haciendo. Lo que sea que hayan liberado, fuesen los humanos o el planeta, no nos afecta a todos, algunos parecemos más resistentes o incluso inmunes, lo mismo pasa con otras especies animales. Se han reportado casos en los que algunos demonios han regresado a su forma humana, como quien se ha recuperado de un virus.

    El mundo cambió, geográfica y políticamente hablando, hace siglos. Nuestro infierno ahora lleva, irónicamente, el nombre de Luminous.
    Los continentes cambiaron de posición, los desastres naturales sumados a la aparición de los demonios nos llevaron casi a la extinción y el poder pasó de mano en mano. De democracia en muchos países, a una especie de dictadura mundial asquerosa; período en que nuestro mundo, sus continentes y países cambiaron de nombre totalmente. Esta fue derrocada en la que ahora llaman la Gran Guerra. Actualmente muchos de los países de Luminous parecen democráticos, aunque no es algo de lo que se fíe la población, al menos no en Tétrica.

    Ahora vemos lo que ocultábamos bajo la piel; la hipocresía, la maldad, ahora se reflejan en la carne, en la forma física.
    Se les llama también corruptos, pues dicen que los que se transforman son aquellos que tenían almas demasiado contaminadas, que habían sido corrompidos profundamente hasta dejar de lado su humanidad, que eran demonios antes de que esto comenzara o que parecían malos desde su nacimiento. No apoyo esta teoría, varias personas que conocí se volvieron corruptos, algunos sí eran horribles, pero otros no. Pienso que los que se corrompen son aquellos que no tienen la fuerza suficiente para luchar contra la maldad del mundo, ni a su favor, ni en contra, aquellos que carecen de determinación, de persistencia.

    Lo verdaderamente difícil es enfrentarse a ellos, a los demonios que incluso antes de transformarse te estuvieron atemorizando. Matar lo que te arruinó aún más la vida en este mundo ya bastante malo, lo que te provocó heridas… Arrancar las espinas, como las llamó alguien que conocí hace unos años, es más complicado de lo que se pensaría, el miedo te paraliza.
    He visto a muchos morir a causa de estos demonios, de los corruptos; pero sigo luchando, debo hacerlo, no puedo rendirme. Hay algo que no me permitió hacerlo. En medio de este desastre di con una persona, una cargada de problemas y a la que necesitaba salvar, no precisamente de los demonios de los que he estado hablando, sino de otros. Sé que estaba más o menos a salvo de los corruptos, a la gran mayoría ellos se les mantiene ahora en zonas parecidas a una cuarentena, y los medios masivos de comunicación y producción mantienen un cierto orden en la sociedad, separando las cuarentenas de los barrios bajos, donde casi cualquiera que entre, puede darse por muerto.

    Por esta persona es que seguí dando pelea, únicamente por ese motivo, incluso ahora que perdí contacto con él por su decisión, no le quitaré crédito por mantenerme con vida, sin embargo, también me hizo pasar por un Infierno. No sé si todavía lo quiero o solo me aferro a lo que creí que era. No sé si lo odio pero me niego a olvidarme de que lo quise con todas mis fuerzas, a pesar de que me llevó a la perdición.
    Desconozco qué sentimientos persisten, desconozco los que surgieron y no comprendo cómo era capaz de exigir más cuando le había dado la llave de lo más importante: mi estabilidad emocional.​
     
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    Lariebel

    Lariebel Usuario popular Comentarista destacado

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    ¡Hola! ¡Te felicito por dar a luz esta novela! Espero que te vaya súper bien con ella y que logres quedar satisfecha con tu trabajo. Avísame si actualizas y yo vendré a revisar qué onda. :3
    Me imagino que debe ser también un gran reto esto de realizar un Self-insert como novela, pero veo que tienes un gran entusiasmo por el proyecto, aparte de que tus objetivos son muy claros: que tu historia sea "de madurez emocional y amor propio, de evolución." Me parece perfecto. <3 Es más, no te conozco, pero me alegro mucho por ti.
    Esa es otra: Como no te conozco, va a ser un vistazo completamente nuevo a tu historia, así que me parece bien, para descubrir cada cosa a través del escrito. Quiero ver cómo sería la experiencia. (?)
    Debería ir a leer los escritos que linkeas. El diseño de Crow ya la había visto y es genial. Y terminé de escuchar las canciones, las cuales me encantaron. Tienes un buen gusto. :3
    Bueno, ahora sí. Terminé de leer todo. Empezaré diciendo que me gustó muchísimo y le tengo muchas ganas a los siguientes capítulos. Tu forma de narrar fue espléndida y apenas hay errores ortográficos. Además, tiene un toque especial que le das, no sé exactamente cómo describirlo, pero me agrada mucho. (Creo que sería el estilo con el que escribís). Hablando del contenido: Como es el inicio, todavía no se explica bien todo, pero confío en que irás esclareciendo mis dudas a lo largo del long-fic. Mi nariz olfatea una gran dosis de acción, tragedia, dolor y locuras. (?)
    Esto lo cito porque justamente me lo han dicho muchas veces. [Esto es un comentario hiper de mi vida personal]. Siempre me termino metiendo en problemas con la gente, pero sin querer, sin provocarlo, y mis amigos me terminan diciendo esto. </3
    Una frase perfecta para terminar con la carta, nombrando el mismo título del fic. Me encantó esa expresión de "el cielo nocturno se quiebre".
    OMG, el retrato de mi vida en una frase. ;w;
    Bueno, eso es todo, linda. Mucha suerte. ¡Besos! <3
     
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    The Makoto Wireless

    Aries
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    Hola. He venido a fangirlear x)
    No pienso explayarme mucho con esto, ya te he dicho por interno casi todo lo que pienso. Pero es bueno poder leer finalmente el inicio de este interesante camino.

    Dejando bien en claro que me ha encantado tu manera de escribir. Debo decir que, a pesar de no estar contando tanto aún, de ser los primero pasos y una buena introducción, que todo es muy firme y muy definido. Me gustó mucho como todo comienza con la introspección del personaje. Se siente bastante real, bastante completo. Y aunque por un momento nos pierdes un poco con el hecho de que Melyen hable para si misma, diciendo que "hubo algo" pero sin explicar el que, es algo que también le da cierta profundidad. Se marca bien la dualidad entre narrador-personaje a lo que cumple con ambos.

    Quizá, por otro lado, el capítulo peca un poco de ser demasiado explicativo y plantear las reglas de tu mundo contándolas en vez de mostrarlas más adelante. Aunque no llega a ser nada que spoilee la historia. Pero también cabe resaltar que esa es una opinión muuuuuy personal. Tu estilo está bien y estoy seguro que todo lo leído nos llevará a algún sitio más adelante en la historia. Me he dado cuenta que eres una persona muy organizada con tu escrito.

    De momento tienes toda mi confianza y mi atención. Con las suficientes incógnitas que quiero verte revelar conforme avances con está novela.
    Mucha suerte y felicidades por empezar con un buen pie un largo camino.
     
  4. Threadmarks: Capítulo uno: XII El Colgado. Incapaz de dejar ir.
     
    Yáahl

    Yáahl Equipo administrativo Líder de Betas Comentarista empedernido Editor Gráfico Muerte de Martes 13 Switchblade

    Leo
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    Jess Blair, agradezco mucho tu comentario <3 Espero que continúes siguiendo la historia y que no te decepcione. Curiosamente, desde que empecé con la historia, la referencia de quebrar el cielo nocturno en mi vida ha sido constante, así que podrás imaginar que realmente me gusta la frase por sí sola x'D
    Dicho sea de paso, agradezco los ratings de Amane y Bahamut.~
    Y mientras editaba esta cuestión, vino el del fangirleo oficial, The Makoto, a comentar xD así que gracias a ti también. No tengo mucho que decirte porque como tú mismo mencionas, ya hemos hablado al respecto.

    Como ya tenía escritos unos dos capítulos y medio, solo he tenido que sentarme a corregirlos y adaptarlos a esta versión "definitiva" de la historia. Así que voy advirtiendo que luego del tercer capítulo la cuestión de las actualizaciones se va a llevar su tiempo, al menos hasta que vuelva a tener vacaciones (por ahí de principios de diciembre).
    Así como dato, quiero hacer el propósito de que cada capítulo tenga una frase y ya que estoy con las aclaraciones, les recomiendo que pongan atención a los títulos de los capítulos ;)
    Van a leer una cuestión que me parece importante; ver la vida propia consumida por la vida de otro.

    ¿La canción de hoy?
    End Of Me - A Day to Remember.

    I get it. Can't help those who don't wanna be helped.

    Sin más que decir, ¡viene el primer capítulo de Cielo Nocturno!


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    Capítulo Uno.















    La verdad no es realmente más extraña que la ficción,
    digan lo que digan. La mayoría de veces uno sabe
    cómo van a salir las cosas.
    Stephen King. Misery. Página 313.














    XII El Colgado. Incapaz de dejar ir.


    No sé realmente cuánto tiempo ha pasado, si año y medio o dos años. Me sumí en una depresión luego de la muerte de mis padres; para cuando empecé a recobrarme y a intentar recuperar lo que en el fondo sabía que estaba perdido incluso antes del incidente de la oscuridad, el lobo ya había decidido dejarme aunque no se atrevía a decirlo y mucho menos a hacerlo. No fue hasta hace unos meses que lo decidió de forma definitiva. Curiosamente no me importó, exceptuando el hecho de que decidió huir como un cobarde en vez de decirme en la cara que no deseaba estar conmigo. Eso era lo que más me incomodaba y lo que me impedía olvidarlo como él me había olvidado a mí.
    Por él mi madre había visto a su única y adorada hija ahogada en un vaso de agua, queriendo olvidar el dolor con alcohol, autodestruyéndose. Había visto las cicatrices y se había sentido impotente al no poder salvarme. El el fondo sé que lo odiaba y supongo que lo odio también por hacer que una persona tan amable como mi madre desarrollara un sentimiento tan básico como ese.

    Desde que comencé a hundirme por el lobo, cerca de medio año antes de los días oscuros, la línea temporal se volvió difusa y mis mecanismos de defensa me llevaron a volverme apática, como siempre quise evitar.
    Si bien toda la experiencia me sirvió como una lección y posiblemente por eso cuando al fin se terminó no me importó, ahora mismo solo quisiera olvidarlo. Construyó una relación basada en mentiras y me di cuenta demasiado tarde, cuando ya sus palabras, que quisiera creer no fueron mentira del todo, habían llegado hasta mis entrañas y echado raíces. Raíces que no he logrado arrancar.

    La tranquilidad que poseo desde que decidió irse es extraña, parece falsa, pero sé que existe porque, a pesar de que desde los días oscuros Claw of Shadow ha empezado a adquirir las características de un barrio bajo, esta no se ve interrumpida. Las personas que aprecio y que se mantuvieron conmigo incluso luego de ver la más terrible de mis temporadas están a salvo y, de momento, es eso lo que importa.


    —Ya déjame en paz. —Una repetida serie de maullidos quejicosos me había despertado de un profundo sueño hace al menos diez minutos.


    El animal rasguñaba con fuerza la puerta de mi habitación, cuando se detenía lo escuchaba golpear otra cosa. No tuve que verlo para saber que era el envase que tenía su comida y que debía estar vacío. Me incorporé y mientras caminaba hacia la puerta desbloqueé el celular para ver la hora: 9:07 AM. Abrí la puerta y el gran gato gris pasó su cola por mis piernas, lo hice a un lado y salí. El envase efectivamente estaba vacío y su plato también. Suspiré resignada, tendría que ir hasta el centro para encontrar comida para gatos, sabía que en el minisúper local no había, era algo que se producía de forma bastante reducida o que llegaba poco a esta zona. En realidad también podría aprovechar para comprar alguna otra cosa.

    Luego de tomar una ducha rápida y vestirme me dispuse a salir, tomé las llaves de la casa, las del auto, algo de dinero y, por último, el arma que solía ser mi padre, que conservaba casi todos los tiros; además de la caja de municiones que siempre llevaba en el auto desde el incidente de la oscuridad.

    La calle estaba tan desierta como era habitual. Muchos de los vecinos al notar que la zona estaba decayendo habían optado por mudarse al centro, con otros familiares o incluso a zonas más alejadas pero bastante más tranquilas. Por la falta de tráfico no tardé más de diez minutos en llegar a mi destino, el supermercado del centro, que a pesar de estar tan cerca ya no pertenecía a Claw of Shadow.

    En el estacionamiento había unos diez vehículos, ninguno que me pareciera familiar. Estacioné cerca de la entrada y bajé del auto. Corría una brisa fría y el cielo estaba bastante nublado, fui consciente de que no había traído una chaqueta pero en el asiento trasero pude notar que días atrás había olvidado bajar mi bufanda verde lima. La tomé y me la puse, cubriendo parte de mi rostro mientras entraba al establecimiento.
    Allí las cosas parecían casi normales, las personas conversaban entre sí, del clima, las noticias o los problemas en los sectores fronterizos con Claw of Shadow. No había avanzado demasiado por los pasillos cuando un grito me hizo detenerme de golpe.


    —¡Crow, te me habías perdido! —Reconocí su voz de inmediato y logré esquivar su ataque de euforia casi a último momento, aunque de todas formas me envolvió en un fuerte abrazo cuando estuvo frente a mí y por accidente me golpeó con la bolsa de compras que sostenía en una de sus manos. Era Iris, una de mis mejores amigas desde más o menos el tercer año de secundaria. Había logrado sobrevivir a los días oscuros junto con su familia. Bueno, al menos casi toda. Su padre se corrompió y fue asesinado por las Fuerzas Armadas de Luminous, cosa que ella no sufrió demasiado pues, en gran parte, no hizo nada más por ella además de engendrarla y darle su apellido: Arany.


    —¡Cállate, idiota! —Supe que mi respuesta fue demasiado brusca cuando vi en sus ojos oscuros que parecía ofendida, lo que me hizo sentir mal—. Ya sabes la fama de mierda que tengo, no necesito que anuncies mi llegada. La gente no quiere ver un puto cuervo en el supermercado —concluí. Me miró arrepentida y de reojo pude ver que algunas personas salían con cierta prisa.


    Poco antes de los días oscuros había comenzado a correr un rumor estúpido, que me hacía parecer la mensajera de los ataques de los corruptos. En este punto, la gente ya se lo creía. La gente creía cualquier cosa que les explicara por qué estas cosas espantosas seguían ocurriendo.


    —¿Te acompaño? —No hizo mucho alboroto y acepté su compañía, no me iba a hacer ningún daño. Empecé a caminar hacia el área de los enfriadores, sentía aquella sed que ahora veía como una maldita herencia de mi padre: genuina sed de alcohólico. Sentí que Iris me aprisionó la muñeca izquierda—. No —dijo con fiereza, su cabello lacio teñido de un rubio oscuro rodeaba su rostro de piel trigueña clara como un velo.


    A pesar de la situación, caí en cuenta que era una chica atractiva y sus constantes pretendientes daban testimonio de ello. No era precisamente delgada ni alta, pero tenía buenas curvas. Recordé que años atrás la envidiaba por atrapar miradas, aunque nunca fue algo que afectara mi actitud hacia ella en lo absoluto. Su forma de ser era más llevadera que la mía, más flexible, adaptable, amistosa, se mostraba genuinamente interesada en hablar con otros mientras que para mí convivir en sociedad siempre fue algo irrelevante o tedioso.
    En ese momento, aunque supe que pensaba en mi bien, la odié, la odié por prohibirme saciar mi sed y callar mi mente cuando llegase a casa, porque aunque ahora no sufría tanto, siempre caminaba al borde del abismo. La odié por no permitirme silenciar el remolino de rencor que eran mis sentimientos desde hace tiempo. Estaba cansada de odiar, sin demasiado éxito, al cobarde de Volkov, estaba cansada de odiar a La Bruja por haberse cargado mi relación, estaba cansada de odiarlo todo, pero no podía detenerme y eso me enfermaba.


    —No me jodas. —Le solté casi de inmediato, sosteniendo su mirada. Era de baja estatura como yo, ninguna pasaba del metro y medio, pero su mano me sostenía como una garra, me lastimaba al punto de sentir las lágrimas quemar tras mis ojos, aunque eso posiblemente fuese producto de mi enojo—. Iris, sabes que lo necesito, no puedo con esto.


    —Puedes, o no estarías viva, maldita estúpida —respondió tajante, pude advertir que apretaba los labios hasta convertirlos en una línea antes de volver a hablar. Me volteó el brazo con algo de fuerza y señaló el tatuaje: el colibrí—. Para demostrarle al infeliz que esto puedes serlo con o sin él.


    Me deshice de su agarre luego de eso y me llevé la mano derecha al brazo izquierdo, cubriendo el tatuaje. Me lo había hecho en gran parte por él, no porque me lo dijese ni nada parecido, no. Fue él, el ahora cobarde y despreciable, quien vio algo que yo ni nadie había visto, o por lo menos nombrado, en mi reservada personalidad con forma de cuervo: un corazón alegre y lleno de cariño. Le dio la identidad de un colibrí. Había descubierto una faceta de mi personalidad que ignoraba y fue por él que decidí hacerme el colibrí, incluso contra el deseo de mi madre. Porque quería tener siempre presente que no solo era un manojo de sentimientos negativos, pero también quería tener siempre presente lo mucho que amaba a ese chico. Fui una ilusa.

    Renuncié al alcohol y me dirigí al área de enlatados. Tomé tres latas de atún y cuando volví a estar cerca de los refrigerados la sed regresó, tragué grueso y miré a mi amiga, quien negó con la cabeza.

    Mi gato tampoco tuvo suerte, así que tuve que regresar por una cuarta lata de atún y a pasar de largo de mi tentación.

    Al acercarnos a las cajas pude notar que había botellas de vino barato; incluso en este desastre de mundo la producción de licores seguía siendo un éxito. Ignoré por completo a Iris y tomé una botella de vino blanco.


    —¡Te dije que no! —chilló casi de inmediato e hizo el intento de arrebatarme mi tesoro.


    —Me importa una mierda. —Mi respuesta la tomó por sorpresa y estuvo por dar un pequeño paso hacia atrás—. Me importa una completa mierda. Beberé, sea bueno o malo, lo quieras o no. Y si me ahogo en alcohol haz el favor de decirle al cabrón de Volkov, suponiendo que tenga la decencia de responderte, que me cago en su madre y en todo.


    —Toma —dijo mientras trataba de contener una carcajada y me pasaba una segunda botella—. Compra el vino y ahógate, solo para tener el placer de decirle eso. De todas formas, con las malditas ojeras que cargas ya pareces muerta, no hay diferencia.


    —Muy graciosa. Ahora tendrás que ahogarte conmigo. —Pagué las cosas y me dolió ver que buena parte se fue en el vino aunque fuese barato, pero no me duró mucho el supuesto dolor—. Suerte hoy —dije dirigiéndome al cajero quien me miró extrañado. Llevaba el cabello castaño desordenado, lo que le daba un aire de haber despertado hace un minuto.


    Al parecer estaba distraído cuando mi amiga hizo su sonoro recibimiento y no debía haberme visto antes. Se me escapó un sonido extraño, mezcla de risa y algo parecido a un sollozo, pensé que quizás sí había despertado hace un minuto. Retiré la bufanda de mi rostro y los ojos del muchacho se abrieron más. Si bien no había tratado conmigo, debían haberle dicho algo porque me reconoció, su mirada paseaba por mi cabello pero evitaba mirarme a los ojos, imagino que por vergüenza.
    Si habían iniciado ese estúpido rumor, yo tenía derecho a divertirme a costa de él, ¿no?


    —Crow —murmuró mientras me regresaba el cambio, como quien ha visto un fantasma.


    —Un placer conocerte, chico. —Le contesté con cierta ironía. Era más alto que yo pero parecía más joven. El miedo en sus ojos me hizo gracia y de repente me hizo sentir asco hacia mí misma—. No te preocupes, no pasará nada. Es… soy solo un rumor, ¿sí? Si realmente te preocupa basta con que tengas un arma a mano.


    Guardé el cambio en el bolsillo trasero y tomé la bolsa para caminar hacia la salida con Iris siguiéndome. Abrí la puerta del auto, dejé las cosas en el asiento trasero y subí. Mi amiga se sentó en el asiento del acompañante.
    Conduje en silencio.
    Iris llamó a su madre para avisar que llegaría más tarde, antes del toque de queda establecido en Claw of Shadow, de 17:00 a 06:00. Aquello me recordó, una vez más, lo cerca que estábamos de convertirnos en un barrio bajo. La oscuridad nos había afectado más que a cualquier otro sector de Tétrica. Sentí una especie de dolor punzante en mi espalda, a la altura de los hombros, pero fue fugaz, como cuando haces un movimiento brusco y sientes un tirón en el cuello.


    —¿Por qué fuiste tan comprensiva? —Noté que pasó por alto la expresión de dolor que debí haber puesto hace un momento. No sabía de qué me hablaba por lo que tuvo que especificar—. Con el chico del supermercado.


    —Una estupidez. —Se me escapó una risa apagada—. Además, era un pobre mocoso —añadí para quitármela de encima. La verdad era que a lo sumo era un año más joven que yo pero desde hace mucho tiempo sentía que cargaba más años de la cuenta.


    —Perdone usted, señora de la tercera edad.


    —Eres una maldita pesada, ¿lo sabes? —respondí de mala gana y suspiré antes de hablar. Estábamos por llegar a la casa—. Era un pobre chico asustado, como todos nosotros, pero sus ojos, Iris… eran iguales. Me sentí terrible cuando me di cuenta que estaba disfrutando el miedo… su miedo.


    Metí el auto a la cochera.
    Supe sin mirarla que sabía a lo que me refería.
    Bajó, sacó las bolsas, y se dirigió a la puerta, pronto la seguí. Me acerqué para abrir y me sorprendí a mí misma esperando los ladridos de mi perro que había sido asesinado por el demonio años atrás. Así caí finalmente en el foso y la tristeza me cubrió como un manto. Iris lo notó.
    Me dejé caer en el sofá, viendo sin ver el cuadro en la pared frente a mí. Noté el peso de Iris cuando se sentó a mi lado.


    —¿Qué pasó ahora? —preguntó.


    Fue entonces cuando, junto con el velo de tristeza, desprecio propio y resentimiento, llegó el dolor. Ya no era un punzada, no, era una maldita puñalada. Grité, grité como no recuerdo haberlo hecho antes y llevé mis manos al punto de origen de aquel terrible dolor que me quemaba. En medio de mis gritos oía a Iris preguntar si estaba bien mientras intentaba levantarme aunque no recordaba cuándo había caído al suelo. Metí las manos bajo mi camiseta y sentí la calidez de lo que no podría ser otra cosa que sangre, cuando retiré mi mano, lo confirmé e Iris se unió a mis gritos al notar el líquido rojo. Me levantó la camiseta de forma brusca pero si me lastimó realmente no lo sentí. La escuché murmurar una disculpa.

    El dolor pareció empezar a retroceder de la misma forma en que había aparecido: sin explicación. Pero temía moverme y hacerlo volver, respiraba con dificultad, las lágrimas salían sin permiso. Sentí el tacto de Iris en la zona, me estremecí y ella tiró de algo con un cuidado exagerado, una especie de sollozo escapó de mi boca.


    —¿Qué…? —No fui capaz de terminar la pregunta. Frente a mí, con sus dedos manchados de sangre, la muchacha sostenía lo que parecía ser una pluma de por lo menos veinte centímetros, impregnada en sangre. Era negra.


    —Cuando empezamos a llamarte Crow no tenías que tomártelo tan en serio —susurró.


    Mi cuerpo era recorrido por escalofríos. Iris bajó mi camiseta y sentí su mano frotar mi espalda en un gesto casi maternal que no esperé de ella. En aquel momento, a pesar de que las lágrimas me empañaban la vista y el dolor me había dejado aturdida, noté que la oscuridad nos había cambiado a todos. Años atrás Iris se hubiese desmayado con solo ver sangre.
    Lloré en silencio y mechones de cabello se pegaron a mi rostro. Se esforzó por levantarme pero yo no era capaz de ponerme en pie. Quería quedarme allí un minuto, una hora o toda la eternidad.


    No había que ser un genio para ver lo que pasaba y entender la referencia que había hecho, en lo más mínimo. Iba a volverme un cuervo, me había empezado a corromper y no era una novedad, más bien el proceso había tardado en manifestarse. Claro que se había tardado y que ahora ocurriese era culpa de la maldita cobardía de aquel niño y de la desgraciada Bruja que tanto me había hecho sufrir al hacerlo sufrir a él, cuando todavía le tenía algo de respeto. Esa mujer estaba puesta en el mundo para arruinar a su propia sangre y con ellos a quienes les rodeaban, como un enfermizo efecto dominó que amaba presenciar una y otra vez, como si fuese un ritual.
    La odiaba profundamente, más que a muchos de mis familiares, más que a mí misma. La odiaba porque no lo dejó ser feliz, porque lo hizo sufrir y a mí con él, porque lo expuso a tanto dolor que mató al chico dulce que alguna vez conocí y amé, cambiando por completo su personalidad; o era eso lo que yo quería creer. Estaba deseosa de culpar a alguien por aquella asquerosa actitud que tuvo ese maldito mocoso.
    Me había roto el corazón y no tenía ese derecho; por mí podía irse al Infierno, por mí…


    —La hubiese matado. —Pensé en voz alta con la mirada fija en algún punto del espacio. La rubia teñida debía preguntarse de qué hablaba—. Si yo hubiese estado presente, le habría cortado las putas manos la primera vez que se hubiese atrevido a ponerle un dedo encima. Ahora estaría muerta, bien sepultada y yo podría bailar sobre su tumba con un botella de vino en mano. No merece vivir, no merece nada, Iris. Quiero que se muera, quiero que él y toda su familia desaparezca de mi memoria.


    Sentí mi corazón oprimirse y el río de lágrimas aumentó su grosor. Me levanté a punta de tropezones con la ayuda de mi amiga y cerré los ojos con fuerza, sentía los principios de una terrible migraña. Caminé hasta mi habitación y me recosté en la cama sin molestarme en quitarme la ropa manchada de sangre.


    —Me quedaré contigo.


    —No.


    —Me importa una mierda —respondió cortante. Supe que era una pequeña venganza por lo del supermercado. La escuché buscar algo en la cocina—. Estar tanto tiempo sola te hace daño, te he dicho que podrías vivir conmigo.


    —Te digo que estoy bien aquí. —Me cubrí con las mantas—. Si vas a quedarte por favor abre una lata de atún y ponle un poco al gato. —Cerré los ojos y pronto caí en un profundo pero turbulento sueño.


    La oscuridad había vuelto.
    Escuché los ladridos furiosos de mi perro en la cochera y que algo golpeaba el auto, parecía que lo sacudía de un lado a otro. Los postes de alumbrado público tardaron en detectar la oscuridad y encenderse; poco después de que lo hicieron escuché un grito sumarse a los ladridos de mi perro. Era mi madre, no podía creer la forma en que gritaba. Los ladridos fueron silenciados de golpe.

    Corrí desde mi habitación, que era casi la última de la casa, cerca del patio. Me golpeé la cadera contra la mesa al pasar, ante lo que tuve que ahogar un quejido. Entonces lo vi, tenía a mi adorada madre arrinconada contra las rejas del portón: un corrupto. El cuerpo inerte de mi mascota yacía cerca del auto.
    Debió percatarse de mi presencia con el rabillo del ojo pues volteó a mirarme.
    Su transformación no estaba completa, pero de la cintura hacia abajo tenía lo que parecía ser el cuerpo de una gran serpiente, su rostro conservaba partes color carne, ese tono de piel pálido tan similar al mío, pero estaba mayoritariamente cubierto de escamas y había perdido su anatomía humana.
    Sin embargo, no lo reconocí hasta que reparé en sus ojos. Uno era de un amarillo intenso y el otro de un tono verdoso que había visto durante dieciocho años. Era mi padre.
    De su boca salió un sonido similar a un siseo y un gruñido, como si hubiese intentado hablar pero no lo hubiese logrado.


    —¡Cierra la maldita puerta! —Un nuevo grito me sacó del shock en el que me había sumido—. ¡No salgas, no importa lo que escuches!


    —Pero…


    —¡Qué entres!


    La orden no pudo ser más clara y no me quedó más opción que acatarla, aquel ser reptó con una rapidez exagerada hacia la puerta y apenas logré cerrarla cuando sentí el peso de su cuerpo chocar contra ella, haciendo vibrar toda la pared.

    Corrí a la habitación de mis padres y tomé el arma de mi padre, estaba cargada como de costumbre. Escuché a mi madre murmurar, como si intentase dialogar con aquella criatura, pero no entendí lo que decía. Luego la escuché gritar nuevamente pero pronto el grito fue cortado en seco de la misma forma que el ladrido de mi perro. La había matado, no había duda.

    Las lágrimas empezaron a fluir y, cargada de ira, volví a la sala de estar. Abrí la puerta de golpe y pronto las lágrimas me impidieron ver casi en su totalidad.
    La sangre salpicaba el suelo, las rejas, el auto.
    Aquella cosa con aspecto de víbora había matado a mi persona más preciada. Me enjuagué las lágrimas con el dorso de la mano y en cuanto volteó a mirarme con las mandíbulas cubiertas de sangre, apunté hacia él. El llanto hacía que mi pulso fuese inestable.


    —¿Tan siquiera sabes usar lo que tienes en las manos? —Esta vez logró hablar, pero continuaba siendo una especie de siseo extraño.


    Supe que era capaz de eso porque conservaba algo su conciencia, porque la transformación no estaba completa. Los corruptos perdían la capacidad de hablar. Una risa grave escapó de su garganta. Por supuesto que sabía disparar la maldita arma, todos estábamos obligados a recibir entrenamiento con las FAL como requisito para graduarnos de la secundaria. Cosa que él no sabía por dos motivos esenciales; primero, el alcohol había comenzado a acabar con su memoria de corto plazo y, por defecto, la de largo plazo. Segundo, nunca se había graduado de la secundaria.


    —La mataste… la mataste como tantas veces se te pasó por la cabeza. —Mi voz era ahogada por el llanto.


    Quería matarlo porque había acabado con ella, pero entonces fui consciente de algo… No podía hacerlo. A pesar de todo, de los errores, los problemas y demás, muy en el fondo lo quería y sabía que él me había querido a mí. No quería matarlo, pero, ¿qué otra opción tenía? No podía desperdiciar el sacrificio de mi madre así.


    Eché a correr hacia el patio, el demonio me alcanzó pero cuando volteé a verlo, aceptando el hecho de que iba a matarme sin más, alguien se había interpuesto entre él y yo.
    Lo reconocí a pesar de estar de espaldas, llevaba el cabello claro algo largo, y aunque quería negarme a aceptar quién era, no había duda de ello.

    Volkov.
    Estaba frente a frente con el demonio, me miró discretamente y casi pude jurar que vi la sombra de una sonrisa en su rostro. Aquella desgraciada sonrisa que tanto había adorado.


    —No dejaré que mueras. —No reconocí su voz, no pude porque parecía haberla borrado de mi memoria.


    Tan pronto como terminó la frase, la criatura se abalanzó sobre él. La sangre salpicó toca la cocina, la sentí bañarme como el rocío de la mañana en las montañas. El grito que salió de mi garganta me pareció desconocido.



    —¡Despierta, por amor a Dios, despierta! —Me llegó desde muy lejos la voz angustiada de Iris y sentí que me sacudía.


    Me incorporé de golpe y noté que estaba gritando, guardé silencio con la respiración agitada y me llevé las manos al rostro, que tenía empapado en lágrimas.
    No solo había revivido el desastroso día que me sumió en la profunda depresión, sino que había alterado el recuerdo para ver la muerte de otra de las personas que más había amado. Se había sacrificado, como estaba casi segura que hubiese estado dispuesto a hacer los primeros meses de nuestra relación, cosa que ahora creía imposible que hiciera ahora. Le tenía rencor, no podía negarlo, pero esa pesadilla había hablado por mí como cuando me vi en la situación de matar a mi padre convertido en un demonio: no quería que muriera. Mi inconsciente sabía lo que yo me negaba a aceptar.
    No podía o no quería olvidarlo, porque en el fondo no había dejado de amarlo.


    —Tranquila, tranquila. —Su voz fue casi un susurro, me envolvió en un abrazo y me alcanzó un vaso de agua que bebí en sorbos cortos, mientras regulaba mi respiración.


    —¿Por qué no pude salvarlo, Iris? —pregunté cerca de una hora después.


    Me había dado una nueva ducha para deshacerme de la sangre que se había secado, antes de que el servicio de agua potable fuese cortado, como sucedía casi todas las noches una hora después del toque de queda. Estaba envuelta hasta los hombros con una manta, tenía la espalda recostada a la pared tras mi cama y sostenía un vaso con algo de vino del que había comprado. Ella me miraba desde la silla de mi escritorio, muy seria y con aspecto cansado.


    —Crow. —Que me llamara de esa forma me provocó un escalofrío dadas las circunstancias—. Tienes que dejarlo ir. Además, no puedes salvar a quienes no desean ser salvados.


    —No puedo. —Sentí la profunda necesidad de llorar y le di un trago al vino—. Es mi maldita culpa por meterme con gente incluso sabiendo que sus problemas me explotarán en la cara… ¿Cómo puedo ser tan idiota?


    —El amor, o lo que sea que sintieras, hace que las personas hagan cosas absolutamente absurdas. Entre ellas, creer que tienen el poder para salvar a otros o de aguantarlo todo sin quebrarse, pero Crow, mi amiga del alma, tú más que nadie sabes que es imposible no romperse cuando estás lleno de grietas.


    No pude hacer más que darle la razón.
    No me atreví a dormir más y nos mantuvimos despiertas el resto de la noche, bebiendo despacio y comiendo algo de atún, además de algunas cosas recalentadas de las que conservaba en el refrigerador, aunque ambas parecíamos haber perdido el apetito.
    Llegué a la conclusión, como tantas otras veces, de que sufría por mero gusto. Me había condenado por voluntad propia.
     
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    ¡Holi, Yáahl! Todo tu proyecto me está súper encantando, así que sí me vas a tener detrás tuyo por mucho tiempo. (?) Lo leí hace un buen rato, pero tuve problemas con mis mocos específicamente (porque la enferma ;-;) y bueno, acá estoy. Espero no morirme antes de ver tu trabajo terminado. x'D
    Empecemos con la canción. Sólo tengo una cosa que decir acerca de ella:
    [​IMG]
    JAJAJAJAJA, no pude evitarlo. (?) Ya la había escuchado anteriormente y esa banda es muy buena. Así que AAAH, me encantó.
    Ahora con el capítulo: Recién empezamos con la historia y ya se nos van presentando varios personajes, aparte de contarnos de una forma muy eficiente la historia que hubo detrás de ellos. Digo "eficiente" porque cuando, generalmente, comienza una historia y no se sabe muy bien cómo contarle a la gente el trasfondo de la misma, suelen hacerlo de una manera forzada. En tu caso, no lo sentí así, ya que fue a través de las pesadillas de la protagonista, la cual quedó bastante afectada por lo ocurrido (y quién no).
    Me gusta muchísimo el detalle que tiene tu historia acerca de que cada persona tenga como un título, y algunos relacionados con los animalillos, como Crow (cuervo), Volkov (lobo), y La Bruja. Le da un toque muy especial. ¡Ah! Y no nos olvidemos del colibrí. <3 Además, cada uno tiene su significado, así que es muy genial.
    De la misma manera, acá entran las transformaciones de los corruptos, como la serpiente del padre de Crow. Imagino que esa elección no fue porque sí, sino que cada uno tiene su porqué.
    Bueno, hablando de Crow específicamente, me está cayendo bastante bien. A pesar de todo el barullo negativo que la rodea, de alguna forma tiene su fortaleza para seguir sobreviviendo. A pesar de que sea una alcohólica de mierda. (?) JAJAJA.
    Me interesa mucho saber qué pasó exactamente con Volkov y La Bruja. Por lo que entendí, este chico ya falleció, o se convirtió en un corrupto, y La Bruja tiene mucho que ver con las causas, por lo cual, Crow la detesta. Espero saber qué sucedió y, si fue algo así, que podamos ver a Crow cobrando venganza. (?)
    Ahora: Correcciones técnicas. Te voy a marcar 2.
    En los diálogos, he notado que luego comienzas con minúscula cuando tendría que ser con mayúscula. No es así en todos los casos. Para eso, te recomiendo leer el tema acerca del uso del guión largo aquí, porque yo no podría explicarlo mejor.
    Acá encuentro 2 errores pero creo que fueron de dedazo. Primero, no sé si realmente era "sin demasiado existo" o quisiste decir "sin demasiado éxito". Luego, te faltó la "da" en una de las "cansada".
    Eso es todo. Espero haberte ayudado con las correcciones. :3 Estaré ansiosa por el próximo capítulo. ¡Besos! <3
     
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  6. Threadmarks: Capítulo dos: VI El Enamorado. Péndulo emocional.
     
    Yáahl

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    Cielo Nocturno [Self-Insert || Long-fic || Experimento]
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    14
     
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    Nuevamente, te agradezco Jess Blair <3 por ese comentario tan bello.
    Agradezco también el rating de Muffins en el prólogo.

    Ya que estamos y aprovechando que salí de un proyecto grande (no quiero comenzar el siguiente hoy, porque estoy harta, lol) vengo a dejar el segundo capítulo y bueno, tengan paciencia con el tercero porque tengo que prácticamente empezarlo de cero para adaptarlo a esta versión final. [Inserte meme de "¿Por qué eres así?"].
    Creo que nunca hice la aclaración de que no busco herir sensibilidades (aunque con Cielo Nocturno la sensibilidad que siempre sale más herida es la mía, tengo que admitirlo), así que la hago tres posts después pues porque puedo y me veo venir que tocaré varios temillas delicados en algún momento, más adelante en la historia. Otra aclaración que no hice, fue que en inglés las palabras crow y raven hacen referencia a aves diferentes aunque ambas pertenecen al género Corvus. Crow hace referencia al cuervo americano (Corvus brachyrhynchos) y raven al cuervo grande/cuervo común (Corvus corax). Cabe resaltar que, en español, ambas palabras hacen referencia a cuervo a secas. Así que como raven era demasiado mainstream, opté por crow, traduciendo el apodo quiero aclarar que hago referencia al cuervo grande/cuervo común.
    Me disculpo por cualquier error, siempre vengo a publicar tarde y ando con algo de sueño, lol.

    No me pude decidir por una sola canción ;o; así que les dejo dos opciones bien bellas.

    La primera.
    Yet, there is life - This City Awaits.

    And then you left out so suddenly, you're nothing more than memory [...] Over and over I ask the same thing but no one can give me an answer.

    No encontré lo lyrics, por tanto es lo que yo pude entender a puro oído.
    La segunda.
    Backyard - Of Monsters And Men.

    I'm a bird, and a broken one.
    Puede que me arrepienta de haber añadido el personaje de Dhaval Krall tan pronto y me vea obligada a darle un giro, como se lo di a Volkov en esta versión final.
    #SorryNotSorry



    .

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    .

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    Capítulo Dos.














    Porque eso era entonces y esto es ahora.
    Porque el pasado se ha ido pero define el presente.
    Stephen King. Doctor Sueño. Página 551.















    VI El Enamorado. Péndulo emocional.



    Cuatro treinta de la tarde del día siguiente.
    Iris se había ido hace horas, me llamó en cuanto llegó a casa. Por la desgracia de la costumbre, en mi mente rebotó la hora que debía ser donde vivía Volkov, un cálculo que con el tiempo había aprendido a hacer de forma casi automática. Me maldije a mí misma.

    Miraba el noticiero nacional, que se transmitía minutos antes del toque de queda de la mayoría de los distritos conflictivos. Ataques de demonios, corruptos eliminados, delincuentes detenidos.

    El robo era mucho más penado que antes, dado que había períodos en que la comida escaseaba tanto que hasta la capital de Tétrica tenía problemas serios. Sin embargo, nada de aquello me sorprendía, solo esperaba la noticia que haría honor a mi apodo y pronto estuvo en pantalla: un corrupto había causado revuelo en el supermercado al que había ido el día anterior, en la conmoción una joven resultó herida, pero la seguridad privada del lugar logró neutralizarlo hasta que las FAL se hicieron presentes para acabarlo.


    —Siempre es así, ¿no? —Me dije a mí misma—. Si tienes la suerte de topar con Crow, puedes tener la seguridad de que un demonio aparecerá.


    Estaba sentada nuevamente con la espalda apoyada en la pared, en mi mano sostenía una bebida enlatada de las que había comprado hace un par de horas en el minisúper cercano. No sabía qué era realmente, solo que sabía a limón y tenía alcohol; con eso me bastaba. Había comprado ocho, con el trato de que el dueño me descontara dinero del siguiente pago dado que trabajaba allí de vez en cuando, es decir, cuando fuese que necesitase ayuda.
    Le di un trago a la bebida que ya había comenzado a perder frío, adquiriendo un sabor poco agradable. El noticiero había terminado pero no apagué la televisión, la dejé como ruido de fondo.

    Borderline. La palabra apareció casi como un pensamiento intrusivo al que de momento no le encontré significado. Borderline. Fue entonces que caí en cuenta de lo que era y casi pude sentir una cubeta de agua caerme encima. ¿Por qué me había costado tanto recordarlo?

    Un trastorno de la personalidad resumido en dos palabras: fuego y hielo. El Trastorno Límite o Limítrofe de la Personalidad, TLP, conocido también como Borderline, está caracterizado por la incapacidad de controlar las emociones, lo que desencadena respuestas emocionales rápidas e intensas, de las que es difícil retornar y conducen al sujeto a un estado de constante crisis. Las propias emociones se ven como inadecuadas, esto debido a que se encuentran distorsionadas o limitadas.
    Los individuos límite tienden a arrebatos de ira, ante los que no parecen conscientes, por trivialidades y que repiten a pesar de parecer profundamente arrepentidos. Consideran las emociones necesarias para sentirse vivos y para identificarlas estas deben ser intensas. Poseen conductas autodestructivas y una preocupación exagerada por el abandono que los lleva a tener que estar siempre vinculados a alguien emocionalmente. Sus relaciones personales tienden a ser turbulentas, idealizan al ser amado o lo desvalorizan profundamente. La introspección los hace caer en la apatía al llevarlos a pensar, una y otra vez, que son malas personas y que por ello serán abandonados.

    Nunca había recibido un diagnóstico ni nada parecido, había evitado la ayuda profesional por una razón muy sencilla. Me daba miedo. Me daba un miedo terrible y sabía que mis padres no podían permitirse un gasto de ese tipo. Sin embargo y para mi desgracia, desde que conocí el TLP este me llamó casi a gritos. Era consciente de que tal identificación podía ser producto de la profunda oscuridad en la que nadaba cuando topé con el texto que me explicó, de forma más clara que cualquier otro que encontrara después, lo que era este trastorno junto con lo complicado que era su diagnóstico por ser fácilmente confundible con otros trastornos de personalidad, y lo difícil que era su tratamiento.
    De algo me habían servido las clases en la universidad; para intuir cosas sin saber realmente si eran así.
    Me sentía sentía extraña al darle un nombre a lo que desconocía, como si fuese inadecuado; pero mi experiencia me decía constantemente que algo estaba fuera de lugar.

    Borderline. Fuego y hielo. Borderline. Incapacidad en el control de las emociones. Borderline. Estado de crisis constante. Borderline. Ira descontrolada. Borderline. Autodestrucción. Borderline. Necesidad permanente de un vínculo emocional. Borderline. Soy una mierda de persona. Borderline. Me abandonarán por ello.

    Me levanté de la cama con la lata en mano y le di un nuevo trago. Me volteé hacia la pared en la que había estado recostada y la miré un buen rato, mejor dicho, miré los dibujos que no me había atrevido a quitar. Llevaban por lo menos tres años pegados ahí con cinta de papel, empezaban a parecer opacos. Cuervos, lobos, pequeños trabajos con acuarelas, más cuervos y más lobos.

    Bien… quizás tenía un maldito problema. ¿Obsesión? ¿Amor real? No había mucha diferencia, al menos en mi visión del mundo, ¿cierto? Lo único claro es que lo había colocado en un altar y ahora no sabía cómo quitarlo de allí.

    Así lo había conocido incluso antes de volvernos cercanos, antes de, supuestamente, sentir algo el uno por el otro. El cuervo enjaulado y el lobo solitario. Ambos con talento, o eso decían.
    Al recordar eso se me escapó una risa ronca.
    Su talento era superior al mío aunque lo negara, porque lo que hacía era casi mágico, como si fuera lo más fácil del mundo, como si escupiese los trazos sobre el papel. Siempre se había quitado valor pero, incluso ahora, yo no podía hacerlo… Era absurdamente talentoso. Tenía un don que muchos deseábamos. Era un artista y uno nunca conoce a un artista sin llevarse sorpresas, sin enamorarse un poco de ellos y su talento.

    Ahora mismo detestaba lo bien que había logrado sincronizar con él en un principio, de esa forma extraña en la que aunque tienes muchas cosas en común con alguien siempre algo te sorprende.
    Podíamos ser dos extremos opuestos o estar en el mismo polo; pero en lo que habíamos estado más de acuerdo que en cualquier otra cosa fue en estar lo suficientemente locos, o ser lo bastante estúpidos, como para intentar algo a una distancia tan abismal.

    Luminous estaba divido en seis grandes continentes: Eternelle, Abyssal, Plaisir, Désir, Vénéneux y Retors. Eternelle era el gran continente del norte, Plaisir y Désir las grandes tierras del noreste, Abyssal la tierra del sur, mientras que Vénéneux era la gran isla del sureste, por último, los polos eran llamados Retors. Para resumir un poco el asunto, yo me encontraba en Abyssal y él en Désir, nos separaba el inmenso océano de Velléite.

    ¿Qué clase de estúpido toma tal decisión sin echarse atrás? Ahora pensaba muchísimo en eso, como lo había hecho cuando todo se tornó tan problemático, cuando no pude ayudarlo.
    Éramos unos malditos niños, creíamos que podíamos tomar el mundo en nuestras manos y tragarlo, luchar contra viento y marea, negando la realidad de que no íbamos a estar cerca, al menos no pronto, o quizás nunca. Las relaciones de ese tipo no fueron diseñadas para nosotros, lo sabíamos.
    Con esa ridícula idea de poder tragar el mundo tomamos la decisión, confiando en que, como luchadores que éramos, podríamos cambiar nuestras vidas como queríamos hacerlo, porque habíamos sufrido demasiado para nuestra edad. Éramos unos malditos victimistas y no me di cuenta de ello hasta después. En este asqueroso todos sufríamos demasiado desde que veníamos al mundo.
    Nos creímos capaces de aguantar cualquier cosa, porque sentíamos que nos habían forjado en las llamas de algo parecido al Infierno; en este Averno que lleva por nombre Luminous; sí, porque sus llamas son cegadoras.

    Vaya inocencia la mía, ¿en qué maldito momento me vi capaz de aguantar sus jodidos problemas y vivir con el constante miedo de que muriera o se matara? La pesadilla volvió a mí, con la nítida imagen de Volkov interponiéndose en el camino de mi padre corrupto.
    Mi estómago dio un giro y sentí náuseas. Bebí lo que quedaba en la lata de un largo trago.

    Los moretones, los rasguños, los insultos, los comentarios que derribaban su autoestima, el profundo dolor, la impotencia, los gritos, la gran culpabilidad… ¿Realmente me vi capaz de aguantar? ¿Me creí así de fuerte? Por favor, si la brisa sopla y me rompo, la llovizna cae sobre mí y me desmorono. Siempre fui una imbécil, con esa mentalidad infantil de creerme capaz de cambiar a las personas, de salvarlas, de cambiar el mundo. Era la versión genérica de todo estudiante de Ciencias Sociales, deseoso de crear un mundo perfecto; nuestra estúpida utopía.

    Odiaba mi nobleza, muchas veces quise desaparecerla y ser como todos. Ser normal, maldita sea, quería ser una chica normal de mi edad. Ir a fiestas, beber, liarme con algún chico, socializar, arruinarme al paso común de la sociedad fuera de Claw of Shadow. Quería ser como el resto. Ser indiferente al mal del mundo, a la corrupción, a la injusticia y al dolor constante de las personas, pero con la llegada de Volkov eso había sido incluso más imposible que antes. Todo lo que le sucediera me dolía en cada célula del cuerpo. Todo me dolía por ser como era. La gran mayoría del tiempo estaba harta de mí misma, ahora mismo ya estaba cansada de mi mente, quería callarla.
    Dejé la lata vacía en el escritorio junto a la cama y estuve por ir a la refrigeradora por otra, pero me dominé como pocas veces lo hacía y volví a recostarme en la cama.

    Tal vez debía dormir, más bien lo necesitaba, pero no me atrevía. No quería más pesadillas. No quería saber más de mi madre gritando, mi padre atacándome y de Volkov siendo el mismo chico del que me había enamorado. No quería saber nada más de ese asunto.
    Empezaba a sentirme enfadada con todo, con haber tenido la maldita suerte de haber nacido en este asco de mundo echado a perder.
    Incapaz de quedarme tranquila, me senté en el borde de la cama, me froté los ojos con cansancio y de repente todo se tornó negro.

    Cuando desperté, estaba en el suelo, pero no en el de mi habitación, sino en el de la cochera, en el espacio que había para un segundo auto. Era de noche y un pequeño demonio con aspecto canino trataba de llegar a mí aunque las rejas se lo impedían.

    Intenté levantarme pero sentí un terrible dolor en el mismo lugar de donde Iris había retirado la pluma el día anterior. Algo se agitó a mi espalda, provocando una leve brisa; llegada a tal punto, me espanté. Me levanté a tropezones y casi caí cerca del demonio, pero me aparté mientras me llevaba la mano a la espalda y fue entonces que la sentí, pero lo más extraño de todo fue que pude sentir mi propio tacto. Era cálida, viscosa, no tuve que verla para saber que estaba cubierta de sangre. Un ala, era una maldita ala. Había roto la camiseta, imaginé que cuando brotó de mi piel. Podía sentir su estructura, sus huesos livianos y su movimiento.

    Definitivamente me estaba corrompiendo y a un paso demasiado acelerado teniendo en cuenta que no había oscuridad alguna que indicara una transformación masiva y rápida.

    Las luces de la casa estaban apagadas y el poste cercano, que desde hace meses estaba fallando, finalmente se había estropeado. La oscuridad era casi total, seguro que por eso ningún agente de las FAL me había visto o se había molestado en pasar por ese tramo oscuro de la calle.

    La pregunta era, ¿cómo iba a esconder aquello? Al primer indicio de corrupción muchos eran asesinados, principalmente si no eras alguien importante para la destruida sociedad actual.

    La extraña ala cayó como peso muerto, colgando, entonces noté que no era tan grande, quizás… quizás pudiera ocultar su presencia por un tiempo.

    Con paso tambaleante entré a la casa sin encender ninguna luz, resbalé con algo en el suelo pero no caí y, siguiendo el camino de memoria y con la vista más o menos acostumbrada a la oscuridad, caminé hasta el baño, con el ala colgando como algo inerte.
    Abrí la llave de la ducha, incluso cuando sabía que aquella hora no había agua; la volví a cerrar de inmediato. Me apoyé en el lavabo, me sentía mareada. Pensé en esa jodida ala en mi espalda, que se movió levemente produciendo un dolor raro que fui capaz de soportar.

    Salí del baño, caminé a paso lento hacia al patio y antes de salir, golpeé los interruptores de la luz. Al encenderse me deslumbraron un momento. Había una chica sentada en el suelo, esperando. Mi gato, Ío, estaba sentado a su lado meneando la cola. Retrocedí en vano, intentando ocultar el ala que colgaba tras de mí. Escuché una débil risa escapar de su boca.


    —¿Cómo llegaste? —solté pero otra pregunta se me ocurrió de inmediato— ¿Cómo entraste?


    —Iris habló conmigo cuando iba de regreso a su casa —explicó sin apartar la vista de mí—. Cuando llegué faltaban escasos cinco minutos para el toque de queda y tú ya estabas tirada en la cochera. Te dejé allí porque, bueno, si te arrastraba iba a llenarte más de tu propia sangre y, además, era muy complicado. La rubia se llevó una de las copias que tienes de las llaves y me las dio. —Terminó diciendo mientras hacía sonar las llaves y se ponía de pie. ¿Sangre? Me volteé y la casa parecía una obra de arte abstracto, una estela de sangre salía de mi habitación hasta la cochera; era claro que me había arrastrado.


    —¿Para qué te envió? Era peligroso que vinieras sola a esa hora —dije mientras volvía a mirarla y me apoyaba en la pared, seguía algo mareada.


    —Me habló de la pluma que sacó de tu piel. Quería que viniese a estar contigo y a hablarte al respecto. —Me dedicó una sonrisa cálida que agradecí profundamente.


    Llevaba el cabello negro y ondulado atado en una coleta alta, las ojeras se habían marcado más bajo sus oscuros ojos y lucía más delgada que antes de la oscuridad. Fue hasta ahora que reparé en ello.


    —Me estoy corrompiendo, ¿no es así? —dije sin dudar, ella negó con la cabeza cosa que me sorprendió—. Adalet, ¿cómo vienes a decirme que no me estoy corrompiendo si hay una maldita ala saliendo de mi espalda?


    —Los Fósforos los empezaron a llamar Roc, como las aves de la mitología —dijo ignorando la pregunta. No entendí aquella estúpida relación entre Phosphorus, país más poderoso y desarrollado de Abyssal, las aves mitológicas y mi corrupción. Ella sacó un paquete de goma de mascar del bolsillo de sus pantalones, tomó una y volvió a guardarlo—. Algunos creen que son ángeles pero distan bastante de serlo. ¿Recuerdas lo que pensabas respecto a lo que le pasó al mundo, eso de que había sido Luminous el que nos había hecho caer en la desgracia? Estoy de acuerdo contigo, sobre todo ahora. Los llamados Roc no son demonios, Mel, pero no están lejos de serlo. Están, bueno, en una especie de limbo entre la corrupción y la nobleza absoluta. Se ha hablado de ellos muy poco, lo único claro es que nunca pierden completamente su forma humana e incluso si pasan a ser aves en su totalidad, pueden regresar a su forma original sin problema. —Se detuvo mientras masticaba la goma de mascar despacio. Me apartó del camino, fue por una silla y la puso en medio del patio, junto a Ío que me miraba sin animarse a acercarse.


    —¿Dices que puedo hacer que esta cosa desaparezca? —pregunté sin poder procesar casi nada de lo que me había dicho. Ella asintió, se acercó y me hizo acercarme a la silla, haciendo que el gato huyera en desesperada carrera hacia adentro, resbaló con la sangre y sus huellas quedaron en ella. Me senté, usando el respaldar para apoyar mi brazo izquierdo. Vi que Adalet entró a la casa, regresó con un trapo en mano, vertió algo del agua que conservaba para emergencias en un recipiente y lo humedeció. Volvió a acercarse y pude sentir su tacto en mi nueva extremidad que, en un acto reflejo, aleteó con torpeza—. Lo siento. —Ella extendió el ala con delicadeza y con cuidado empezó a retirar la sangre de las plumas, tarea que le tomó varias horas.

    En resumidas cuentas me explicó que las bases de las FAL en el mundo llevaban expedientes de Roc, pero que también muchos estaban fuera de ellos. Dijo que habían rumores de Roc que terminaban de corromperse, pero podían continuar ocultos en la sociedad al tener su consciencia completamente intacta pero ser la representación máxima de la maldad. Volvió a mencionar que había quienes creían que eran ángeles, esta vez porque había quienes aseguraban haberlos visto alcanzar tal nobleza que dejaban aquel limbo en el que vivían.

    Eran aproximadamente las diez de la noche. Adalet se había sentado en el borde de mi cama y yo permanecía en la silla, mirando hacia la puerta, con la extraña ala plegada tras de mí. Tuve que deshacerme de la ropa manchada de sangre y colocarme algo limpio. Me vi obligada a hacer un agujero en la camiseta limpia para que la nueva extremidad saliera.


    —¿Cómo sabes tanto al respecto? —Nuevamente ella dejó salir una risa.


    —No te lo ha dicho, ¿cierto?


    —¿De qué hablas?


    —Luego de los días oscuros y tu depresión, en el tiempo que estuvimos sin saber de ti —comenzó a decir mientras se soltaba el cabello para arreglar algunos mechones que estaban fuera de lugar y volver a atarlo—, Iris se volvió un Roc. —Aquello me dejó paralizada, la miré sin poder creerlo y el ala se agitó tras de mí.


    —¿Cómo?


    —Es un Roc —repitió con la mirada clavada en mí—, aprendió a ocultar sus alas y demás.


    —¿Por qué nunca me lo contaron? —añadí con un tono resentido que no planeada.


    —Era irrelevante, Mel, en esencia porque su proceso fue menos agresivo de lo que parece el tuyo —explicó sin alterarse—. Creemos que se dividen en las mismas especies que las aves comunes, aunque desconocemos en qué se basa la diferenciación entre una persona y otra en su transformación. Roc es solo una forma general de llamarlos. La forma y coloración de las alas muchas veces permite dar una idea de a qué especie pertenecen.


    —Soy un cuervo, ¿no?


    —Eres tú quien sabe de aves, Mel, para mí eres un simple pajarraco negro. Podrías ser un cuervo, un buitre o un simple zanate, cualquier cosa que sea negra —dijo casi a modo de burla pero recuperó la seriedad—. Si me preguntas si creo que eres un cuervo… sí, eso creo.


    —¿Qué haré ahora, Ada? —Me cubrí el rostro con las manos. De alguna forma sabía que yo corría el riesgo de ser parte de esos extraños Roc que terminaban por corromperse; al pensarlo un nudo se me formó un nudo en la garganta.


    —Deberías decirles a las personas que quieres —dijo en tono muy suave, su voz que ya de por sí era delicada, fue como si la bondad se colase en mi mente. Era y seguía siendo una chica muy dulce, extremadamente amable, y allí estaba conmigo, era parte de ese grupo excesivamente selecto de personas que amaba. La amaba como se ama una hermana; era parte de mi familia, mi destrozada familia repartida en la región y en el mundo—. Y aprender a volar. Vuela ahora que puedes hacer tuyo el cielo. Vuela para demostrarles a todos que puedes sobrevivir —añadió como si leyese mi mente, poniéndose de pie y extendiendo los brazos.


    —¿Volar? —La palabra salió como un sonido ahogado. Ella asintió.


    —Porque aún hay algo que debes salvar, ¿no es así? —dijo con una seriedad casi impropia de ella. Separé mis manos de mi rostro y clavé mi vista en ellas.


    —Esto acabará conmigo, ¿cierto?


    —Solo porque fuiste lo suficientemente estúpida para sufrir tanto por el dolor ajeno —dijo sin cuidado, casi riendo mientras volvía a sentarse. Se había vuelto algo cruel con el tiempo, no la culpaba por ello. Pronto volvió a su seriedad—. De verdad lo amaste… Tanto como para que tu corazón se rompiera en mil pedazos. Hubieras matado por él, ¿no? Eres noble y lo sabes, pero tu nobleza cae en la profunda estupidez y te lleva a sentimientos difíciles de contener, sentimientos fuertes, corruptos. Tristeza, resentimiento, odio… quieres acabar con el mundo, ¿cierto? Porque fue el mundo lo que les hizo tanto daño.


    —Deja de ver a través de mí, cabrona —solté sin ánimos, la palabra Borderline rebotó en mi cabeza de nuevo. Sonrió como le sonríes a un niño que no termina de comprender lo que acabas de decirle.


    —No veo a través de nada, no lo necesito. Te conozco y sé que en realidad llevas años en este estado, en un punto perdido. Tus ojos nunca han sido capaces de ocultar lo que sientes. Desde lo de tu prima cargas una tristeza demasiado profunda contigo, y la situación del chico fue un detonante, la revivió, no sé bien por qué, pero lo hizo.


    —Él no viene al caso —solté con cierta rabia, pero sabía que hacía referencia a la temporada en que me había hundido por su causa.


    —No —confirmó. Sé que me miraba pero no me atreví a alzar la mirada hacia ella—, es cierto, pero lo de tu prima, sí. Mel, siempre has tenido este problema, ¿no? Nunca nos lo dijiste, pero lo pensamos; es decir, Iris y yo.


    —No tengo arreglo —añadí tratando de reprimir las lágrimas—. ¿Sabes por qué bebo?


    —Bebemos por nada, Mel.


    —Es lo único que logra silenciar mi mente a veces —respondí, no era diferente al motivo por el que muchos bebían y no podía quitarle razón en el hecho de que bebíamos por nada—. Ahora debo porque todo está mal siempre; pero antes si las cosas iban bien quería beber para celebrar eso, si estaban normales quería beber solo porque sí. Sed. Me contenía porque no hubiese sido justo para mi madre tener que cuidar de dos enfermos, de dos seres sedientos.


    —Es gracioso, ¿sabes? —Pasó de mi explicación—. ¿Recuerdas la secundaria?


    —Cómo olvidarla. Éramos un desastre, parecíamos loros hablando todo el día y riendo. ¿Cómo nos había llamado la profesora de Educación Física? ¿El Trío Dinámico? —añadí dejando ir el tema también. Al recordar aquella época una débil risa escapó de mi boca y la tristeza se desvaneció un poco.


    —¿Y cuando el profesor de Literatura pidió a los demás que dijeran alguna de tus virtudes? —preguntó pasando por alto lo que dije nuevamente.


    Esta vez me atreví a mirarla, porque sí, recordaba ese día. Una chica se sentía triste por un motivo que ahora no soy capaz de recordar, pero el profesor detuvo la clase, le dijo que pensara en sus virtudes y las dijera; mas su estado le impidió responder, cosa que hizo que él le pidiera a los demás que las dijeran; finalmente, hizo eso con cada uno de nosotros. Al llegar a mí tampoco supe responder, era y sigo siendo bastante incapaz de pensar en mis virtudes. Ese profesor había sido uno de mis ejemplos a seguir, le tenía particular cariño, ahora ni siquiera sabía si seguía con vida. Deseé profundamente que fuese así.


    —¿A qué quieres llegar?


    —Talentosa. —Señaló los dibujos en la pared—. Inteligente. —Señaló entonces los libros en la estantería.


    —Adalet…


    —Defensora —dijo mientras volvía a señalar los dibujos—. Defiendes con colmillos y garras todo aquello que quieres o consideras correcto. Todos sabíamos eso. Está en tu forma de callar pero continuar escuchando, está en tu mirada y en tu forma de hablar. Aunque no les digas de forma constante a las personas que las quieres, no es necesario, se nota cuando es así. Iris y yo sabemos que nos quieres, tu prima y tus padres lo sabían y, aunque me joda decirlo, Volkov también. Él sabía que si hubieras estado allí te hubieras enfrentado a La Bruja, a cualquiera de sus familiares, sin importar nada. Si hubieses podido acudir de inmediato, sé sin dudar, que habrías sido lo suficientemente idiota para interponerte y recibir los golpes. Eres baja, tu personalidad introvertida se mezcla con tu timidez volviéndote una persona sumamente ansiosa, pero tu fuerza va más allá de estas cosas. Tu mente es resistente. Resistes por lo que tanto amas aunque te estés cayendo a pedazos, porque de otro modo no puedes existir.


    —¿Y de qué me valió eso si finalmente no pude hacer nada, si no importó que tuviera conocimiento de tal cosa porque en realidad no pude ayudarlo? —Sentí las lágrimas arder en mis ojos, quería llorar, no sabía bien si por tristeza o genuina rabia.


    —Si me preguntas, desde que empezaste a hundirte por ese tipo pensé que era un completo estúpido —dijo sin más, con total sinceridad, y ya me lo había dicho en otras oportunidades.


    —Hubiera sido mejor que muriera. Que lo matara un demonio. —Adalet me miró extrañada ante tal sentencia—. Hubiese sido más fácil de aceptar, acostumbrarme a la idea de que simplemente ya no está vivo. En este maldito mundo todos mueren. Solo se negó a hablarme más, a decirme en la cara que estaba harto. Me abandonó y tuve que darme cuenta de que simplemente había enterrado todo con otra estúpida, de forma tan rápida que tuve casi plena seguridad de que me estuvo mintiendo un buen tiempo.


    —No aprendiste nada de mí, ¿cierto? —dijo casi entre dientes—. Mel, salir con chicos menores solo trae problemas.


    —Sabes que soy una terca de primer nivel, paso por alto mis propias advertencias de forma continua —respondí para luego suspirar.


    En él había visto solo una poderosa bombilla con fallas eléctricas que me creía capaz de arreglar. Se apagaba y encendía, sin embargo, cuando permanecía encendida iluminaba toda la oscuridad de mi vida. El problema yacía en que comenzó a pasar muchísimo tiempo apagada y yo comencé a fundirme en la terrible oscuridad, tan negra como describía mi padre las noches en el cerro Dubhán.


    —Sí, lo tengo claro. Ahora, Crow, tienes alas. ¡Úsalas para defenderte a ti por una maldita vez en la vida! —La energía con la que lo dijo casi me hizo reír.


    —Necesito a Christopher —dije luego de pensarlo un rato. Era mi primo más cercano y, por fortuna, de los que seguían con vida. Tenía que hablar con él con urgencia, era la primera persona a quien se lo iba a decir. Vivía a una hora de Claw Of Shadow, en otra provincia—. ¿Me acompañarían? Me gustaría quedarme allí unos días, siento que me ayudaría bastante.


    —Hasta la pregunta es necia. —Sonrió con genuina alegría.


    —Le preguntaré a Dhaval si quiere acompañarnos. —Que mencionara ese nombre hizo que la sonrisa que conservaba en su rostro pasara a ser casi burlona—. ¿Qué te pasa?


    —Hagamos una apuesta, Crow. —Sus ojos brillaron con malicia —. Un buen trago de tequila a que ni siquiera lo piensa antes de aceptar.


    —No seas ridícula, Adalet. —Sentí mis mejillas arder y me levanté de la silla, entonces fui consciente de que debía ocultar esa maldita ala. Ella notó el cambio en mi expresión.


    —Iris te enseñará cómo ocultarla, no te preocupes. Por ahora solo intenta descansar —dijo levantándose de la cama mientras se dirigía a la cocina, en el camino casi tropieza con Ío que se había sentado frente a la puerta.


    Levantó al gran felino no sin dificultad y lo abrazó con algo de fuerza, lo que hizo que maullara casi a modo de queja.


    Me recosté de lado en la cama, mirando hacia la puerta para observar como mi mejor amiga cargaba a mi gato como si fuese suyo. Sonreí y de repente mis pensamientos se deslizaron a Dhaval.

    Era un muchacho que había conocido en la universidad pero que no se volvió cercano a mí sino hasta después de que Volkov saliera de mi vida; ni siquiera sabía que existía pero estoy seguro que notó el cambio que dio mi personalidad. Me había vuelto más abierta a quienes conocía y a quienes me había cerrado tanto cuando Volkov me hundió en la profunda oscuridad, cuando la muerte de mis padres me regresó al pozo.

    Dhaval Krall poseía un humor particular que podía rozar el cinismo, motivo por el que me había entendido especialmente bien con él. De gran intelecto, era bastante conformista respecto a su vida académica, por lo que pasaba perfectamente desapercibido hasta que abría la boca para hablar de los temas más aleatorios que pudieras imaginar, con el suficiente conocimiento para debatir por un rato o al menos improvisar.
    Resultó ser el tipo de persona en la que se puede confiar casi ciegamente, con la plena seguridad de que nunca va a dejarte plantado y que estará dispuesto a escucharte, sin importar qué tan estúpido sea lo que tengas que decir.
    Hay quienes lo calificarían de necio, él mismo lo hacía, pero realmente nunca me lo pareció. Con todas sus virtudes, Dhaval poseía una flaqueza que lo cegaba, como a tantas otras personas que conocí: su inseguridad. Estaba en gran conflicto consigo mismo de una forma casi constante. Era incapaz de ver el cariño que desarrollaban hacia él e invisibilizaba por completo cualquier intento de alago que se le dijera, los dejaba pasar como si no los entendiera o los desviaba deliveradamente.

    Para mi desgracia, me había enamorado de él. Sí, incluso cuando no dejaba de mencionar una y otra vez el asunto de Volkov. Me había enamorado de aquel manojo de inseguridades que parecía ser Dhaval… pero era mi amigo, mi único amigo presente además de Adalet e Iris. Pero más que sentirme incapaz de echar a perder aquella amistad que tanto apreciaba, lo que quería evitarle era tener que lidiar con una persona que no había dejado ir. Me parecía injusto para él que, a pesar de quererlo, continuase invirtiendo tanta energía en otra persona.

    Volkov había sido como intentar acercarse a un sol moribundo, finalmente me había destrozado y se había consumido arrasando con lo único que conocía, desapareciendo de mi vida sin aviso.
    Dhaval era mi nueva estrella y yo tenía miedo. Me daba miedo volver a derretirme por el calor aunque lo dudaba, porque su luz, su compañía, me brindaba una calidez agradable; me daba miedo que él se consumiera como lo había hecho el lobo, pero me daba miedo hacerle daño más que cualquier otra cosa, a pesar de que no parecía muy dado a las emociones.
    Suponiendo que pudiese ser correspondida, mi personalidad resultaba ahora un montón de vidrios rotos con los que podía lastimarlo.
     
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    ¡Hola, mi hermosa Yáahl! Ya terminé de leer el nuevo capítulo. Me encantó y ya me adelanto para decir que no he visto ningún error. Creo que la calidad que tiene es excelente. Las canciones también fueron de mi agrado. <3
    Ahora, ¡vamos con lo jugoso! El contenido de la historia. Me sorprendiste y me está entrando como una dosis de emoción para saber qué más sucederá. La introducción de este nuevo fenómeno de los Rocs me ha parecido un buen movimiento para darle más chicha a tu fic. Además, la aparición de Adalet me gustó mucho. Me cayó muuuy bien la bonita. <3
    Con respecto al trastorno de Borderline, me gustó MUCHO. ¿Por qué? Generalmente, estos temas se omiten y/o se pasan de largo, pero vos lo introdujiste en tu historia, y ya sea por la razón que sea, me gustó mucho mucho mucho ese detalle. Aparte, la descripción de éste es muy correcto y quedó muy bien redactado en la historia. En especial, me gustó la fuerza que luego adquirieron estas frases:
    Espectacularmente escrito. *La aplaude*.
    ¿Por qué será que esta frase me parece conocida? Um, no lo sé, eh, quizás porque me dijiste lo mismo el otro día. (?) Sos una geniaaaaa.
    YA ESPERO CONOCER A ESTE PERSONAJE. (¿Qué tengo con las mayúsculas hoy, no?). Me interesa muchísimo, awns. Crow se enamoró de él pero no quiere lastimarlo. En parte lo entiendo, en parte me da penita, y en parte sé que se está limitando, pero dsoimnaiojad. Quiero.
    Y sigo queriendo saber qué sucedió con Volkov y con La Bruja. o: Me da que te guardas muchas sorpresitas bajo esa manga.
    Eso es todo. ¡Seguí así! :3

     
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  8. Threadmarks: Capítulo tres: VII El Carro. Situación estancada.
     
    Yáahl

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    14
     
    Palabras:
    6007
    Hola de nuevo, gentecita que me lee (Imaginando que me lea alguien más además de Jess en este momento). Voy a tener que poner un jodido banner.

    Vengo con el tercer capítulo, al fin. Me costó terminarlo porque bueno, la mitad del semestre se puso fuertecita y así va a volver a ponerse en estas semanas que vienen. El cuarto capítulo yo esperaría poder tenerlo listo de aquí a finales de noviembre, no sé.

    Me costó un poco trabajar en este capítulo porque como pasaba días sin escribir, se me olvidaba qué demonios había puesto o no y tenía que estar releyendo. Casi muero, hoy escribí como no sé, dos mil palabras.
    Me disculpo por posibles errores, son las jodidas 5 AM pero necesitaba subir esto.

    ¿Qué tenemos para hoy?
    Esta bellísima versión de Lie de Halsey, que me gusta bastante más que la del álbum.

    'Cause I'm tryna give the impression that I get the message you wish I was dead.
    Y el primer mapamundi de Luminous.

    Sin más, ¡entremos al tercer capítulo de Cielo Nocturno!


    .

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    Capítulo Tres.














    Ojalá no se les olvide que el dolor hace caries en
    el alma de las personas y no hay tecnología posible
    que los disimule, porque se ven en la mirada.
    Fernando Contreras. Los Peor. Página 203.















    VII El Carro. Situación estancada.



    A la mañana siguiente me despertó la voz de Adalet al hablar por teléfono, al parecer con Iris y luego con su madre, avisándole que estaría conmigo. Cuando me atreví a levantarme ella estaba comiendo un sándwich que imaginé había salido a comprar, porque lucía delicioso.


    —¿Quieres comer? —dijo sin mirarme. Mi gato estaba junto a ella e supuse que el salto que dio cuando me acerqué la hizo notar mi presencia—. Traje uno para ti, está tibio.


    —No parece mala idea. —En realidad no tenía hambre, pero no quería rechazar su oferta. Cuando me senté junto a ella a la mesa, vi que había otro sándwich envuelto cuidadosamente. Le quité la envoltura y le di una mordida; era de pollo. Con el primer bocado noté que realmente le hacía falta comida a mi estómago y no pasaron más de cinco minutos cuando el sándwich había desaparecido.


    —Iris llegará a mediodía, dice que irá hacer unas compras con su madre —dijo mientras se levantaba para tirar las envolturas y desde el patio volvió a hablar—. Crow, ¿le dirás a Dhaval?


    —¿Estás loca? —Aquello lo dije sin pensar, sentí que el corazón me daba un vuelco al pensar en la posibilidad de decirle lo que estaba ocurriendo—. ¿Y qué hará con esa información? ¿Encontrar un buen motivo para largarse al fin?


    —Entonces, ¿le mentirás, lo ocultarás por tiempo indefinido? —Su mirada parecía juzgarme y tuve que apartar la vista antes de asentir.


    —No quiero que se vaya, Adalet, no quiero perderlo a él también, ¿lo entiendes? —Tragué grueso, esperando así tragarme las lágrimas que amenazaban con salir y las náuseas que empecé a sentir. Me levanté y me acerqué a Ío que estaba comiendo de su plato, pero salió huyendo. Me evitaba desde el incidente de la pluma—. Incluso si no soy buena para él, no quiero perderlo.


    —Es porque no consigues dejar ir a Volkov, ¿no? —Se acercó y pude sentir que acariciaba el ala con delicadeza—. Déjalo ir de una vez, ¿acaso no lo ves?


    —¿De qué hablas?


    —Mel… —Tuvo que hacer una pausa antes de continuar, como si midiese las palabras—. Hay otra cosa que se dice sobre los Roc, algo que no sé si creer o no. Se dice que son hijos directos del sufrimiento, Crow, del sufrimiento, la demencia o la maldad. Sufriste tanto por Altan Volkov, que esto podría ser culpa suya.


    Me sorprendió el hecho de que no incluyera las otras dos posibilidades. Creía que esa ala era producto del sufrimiento y nada más. No estaba demente ni era realmente malvada, no para ella. Para Adalet simplemente había sufrido.
    Entonces arremetió la oleada de recuerdos, como invocados por el nombre que no me atrevía ya a mencionar, que evitaba llamándolo solo por su apellido.
    Altan, el chico ahogado en problemas. Altan, el chico agredido. Altan, el chico despreciado. Altan, el chico de corazón noble. Altan, el que me nombró colibrí. Altan, el chico deteriorado. Altan, el que se volvió tóxico. Altan, el que me hizo sentir culpable. Altan, el lobo que me mordió la yugular.

    Volteé a verla, sentía como si me hubiesen dado una patada en el estómago.
    Recordé la vez que salí con ella, la vez que casi me provoco una intoxicación etílica, cuando toqué fondo como nunca antes en mi vida y admití directamente que quería matarme. En esa temporada había perdido el apetito, me lastimaba, no deseaba levantarme nunca, dormía de forma excesiva, dejé de desear los mensajes o llamadas de Altan porque solo traían malas noticias y dolor. Pasaba demasiadas horas pensando, Dios mío, pensaba demasiado. Había estado en un lugar horrible de mí misma y aun así lo único que pedía a gritos era su salvación. Porque si él se salvaba, si él salía de aquel entorno tóxico, yo me salvaría también.

    El dolor apareció de nuevo, tanto que tuve que acercarme al fregadero e inclinarme sobre él, pronto devolví el desayuno. Adalet se acercó, pero le hice una seña para que se apartara y me deslicé al suelo, sollozando. El dolor se extendía casi por toda mi espalda, quemaba. Pronto los gritos rasgaron mi garganta y pude escuchar los de mi amiga haciéndome segunda. Desconozco en qué momento perdí la conciencia.

    Cerca de las tres de la tarde desperté, aunque considerablemente mareada. Pude a duras penas alcanzar mi celular para ver la hora. La habitación estaba oscura, llevaba días sin correr las cortinas, pero llegaba algo de luz de afuera, porque la puerta estaba abierta.


    —¿Qué le pasa? —Era la voz de Adalet, parecía afligida—. ¿Por qué el proceso es tan violento?


    —No lo sé, Ada. —La respuesta fue de Iris—. Mis alas no salieron de esta forma ni tan rápido, no tengo idea de qué está pasando o por qué son tan grandes.


    ¿Tan grandes? Traté de levantarme pero algo me impidió sentarme, tuve que hacerlo de una forma extraña y fue entonces cuando entendí a lo que se refería Iris. Ahora no tenía solo un ala, tenía el par, y era jodidamente enorme. Las plumas primarias rozaban el suelo. ¿Qué demonios estaba pasando?
    Suspiré. Llegó a mí el aroma del humo de cigarrillo. Sentí la profunda necesidad de fumar uno, quizás dos o media cajetilla.


    —Es culpa de ese maldito de Altan. —Adalet había vuelto a hablar—. Si no lo hubiese conocido, ahora no estaría sufriendo de esta forma.


    —Eso no lo sabemos, Ada. Tampoco podemos culparlo a ciegas. Ni siquiera sabemos si eso del sufrimiento está verdaderamente lazado al surgimiento de las alas.


    —Tú no la viste, Iris. Te lo contó, pero no la viste. —La voz se le cortó—. Si hubiese tenido un arma de cualquier tipo o hubiese consumido más alcohol, se hubiese matado.


    Me tambaleé al intentar dar un paso y decidí quedarme en mi lugar, al menos por un rato. Respiré profundo, pensé en aquellas enormes alas e intenté lo que no había intentado cuando era una sola de tamaño más manejable: extenderlas por mi cuenta. Primero solo se movieron un poco de forma bastante torpe, luego se extendieron lentamente, pero pronto me di cuenta de no podría extenderlas completamente en la habitación, simplemente eran más grandes que ese espacio. Algo cayó al suelo al golpearlo con mis nuevas extremidades.


    —Crow, ¿estás bien? —habló Iris desde el patio.


    —Sí. —La voz me salió casi como un susurro, pero pudo escucharme. La que se asomó a la puerta fue Adalet, tenía un cigarrillo entre sus delgados dedos.


    —Limpié tus alas de nuevo —dijo, el humo salió por su nariz y su boca—. También la cocina. ¿Puedes venir? Tus plumas todavía están húmedas, les caería bien algo de sol.


    Me acerqué a ella despacio y me acompañó la poca distancia que había hacia el patio. Me detuve un momento en la cocina, a pesar de que estaba limpia, la sombra de manchas oscuras se veía en los muebles blancos y en algunas zonas de las paredes.
    Al salir sentí la cálida luz del sol en mi piel y en las alas, que volví a extender lentamente esta vez con un poco más de libertad. Fui consciente de que tenía mucho frío, se me erizó la piel y, por consecuencia, las plumas. Pude escuchar a Iris reír levemente.


    —¿Qué?


    —Nada, te esponjaste como un pollito por un momento —dijo entre risas pero pronto se detuvo.


    —Las escuché hablar —dije sin previo aviso, ambas dieron un respingo—. Sé que no saben qué hacer conmigo y no las culpo.


    —No lo dijimos de mala manera. —Adalet le dio una nueva calada al cigarrillo.


    —Lo sé, no tienen que darme explicaciones. —Las miré a ambas antes de seguir hablando—. No creo que Volkov tenga completa culpa, Ada. Es absurdo.


    Ninguna habló. Adalet exhaló despacio el humo del cigarrillo y vi que Iris se quitó el suéter de tela delgada que llevaba puesto, debajo tenía una blusa con la espalda descubierta. Me miró como si buscara algo en mi mirada que no podía darle y me dio la espalda.

    Me llevé las manos a la boca, ahogando un grito, cuando vi que a la altura de sus omóplatos la piel se rasgó, pero en vez de sangrar un líquido de un azul metalizado empezó a fluir. Pronto empezó a solidificarse y a tomar forma. Un par de alas precioso se extendió sin problema, era de aquel color azul metálico. Las agitó lentamente provocando una leve brisa y casi de inmediato las plegó en su espalda.

    No tuve que hacer demasiado esfuerzo para notar que eran bastante más pequeñas que las mías, sus plumas primarias apenas llegaban un poco por debajo de sus rodillas, eran poco más largas que sus brazos; pero seguía admirando aquel color tan bello que era uno de mis favoritos. Fue entonces que una palabra hizo eco en mi mente.


    —Golondrina —murmuré y pude escuchar que la rubia teñida reía levemente.


    —Sí, Crow, eso mismo pensé yo.


    —¿Cuándo?


    —Ya te lo dije, Mel. Fue poco después de los días oscuros… —Adalet había terminado el cigarrillo y apagó la colilla en el cenicero.


    —El dolor fue soportable, no mayor que el de algún extraño esfuerzo muscular o el que te provoca la tensión a veces —habló Iris tranquilamente mientras se volteaba para verme de frente. Sus alas volvieron a perder su forma sólida y desaparecieron en su espalda—. El proceso tardó cerca de una semana, salieron lentamente y fue fácil esconderlas un tiempo.


    —¿Cómo se ocultan del todo?


    —Relajación mayoritariamente —dijo sin apartar su mirada de mis ojos—. Luego de que salen, deberían volver a ocultarse cuando vuelvas a dormir.


    —Durante la fase de sueño profundo. —Iris afirmó con un movimiento de cabeza al escucharme decir eso.


    —Por hoy estarán fuera y eso servirá para que terminen de secarse, mañana desaparecerán y podrás controlar el que se oculten o no.


    —¿Te comentó Adalet del viaje? —Desvié el tema, nuevamente afirmó sin hablar—. ¿Vendrás?


    —Claramente, Mel. —Ahora fue ella quien me dedicó una sonrisa como había hecho Adalet el día anterior, lo siguiente lo dijo casi en un susurro—. Respecto a lo de Krall, ¿estás segura de que quieres que venga con nosotras?


    —Sí. —Había hecho una pausa pero hablé con seguridad, aunque sentí mis mejillas arder—. Dices que para ocultar las alas necesito estar relajada, ¿no? Si además de tenerlas a ustedes, lo tengo a él conmigo, sé que será mucho más fácil… Dhaval me tranquiliza.


    —Está bien. —Ahora fue Adalet quien habló, por un momento pude ver que se sonreían con cierta malicia, pero lo dejé pasar.


    —Necesito uno —dije mirando la colilla del cigarrillo que Adalet había apagado en el cenicero.


    Al comprender me pasó la cajetilla que guardaba en el bolsillo de su pantalón, estaba completa solo faltaba el que ella acabada de fumar.

    Saqué un cigarrillo, me lo coloqué entre los labios mientras tomaba el encendedor que acabada de pasarme y lo encendía para acercarlo mientras daba una calada. Cuando estuvo encendido, exhalé el humo pero casi de inmediato inhalé nuevamente.

    Fue con eso que empecé a relajarme, al punto que las alas comenzaron a perder su forma sólida para transformarse en una especie de masa viscosa que, aunque no se derramaba, parecía cambiar de forma constantemente. Iris parecía algo sorprendida ante aquello. Tenía cerca de un mes sin probar un cigarrillo e irónicamente, ese me sabía a gloria.

    Escuché pasos en la cocina y me volteé extrañada, creí que debía estar alucinando o algo por el estilo, pero era solo un cigarrillo tampoco era para tanto.
    Cuando el origen de los pasos se aclaró, el cigarrillo se me resbaló de entre los dedos y fue a dar al suelo; las alas recuperaron su estado sólido de golpe y se extendieron, de forma similar a cuando las aves lo hacen para aparentar ser más grandes. Chocaron con cosas dado que había girado y el ancho del espacio era menor que su largo. Sentí algo de dolor ante dichos golpes.
    No sabía dónde ocultarme, mis nuevas extremidades se batían de forma extraña mientras intentaba retroceder y se agitaban hacia adelante casi como si fuese a alzar vuelo torpemente. Había entrado en completo pánico y pronto sentí las lágrimas arder en mis ojos, pero de alguna forma que no comprendo logré contenerlas.


    —Dhaval. —El nombre salió de mi boca como un sonido ahogado, se me había escapado un sollozo. Llevaba el cabello oscuro algo alborotado, como de costumbre, sus ojos de ese tono marrón oscuro casi idéntico a su cabello lucían cansados como en cualquier día estándar de universidad; pero lo que más nerviosa me puso fue que no reaccionó ante las alas, era como si de repente no existiesen para él y me dedicó una sonrisa que casi resultó burlona.


    —Adalet me pidió que viniese —dijo antes de que yo pudiese formular alguna pregunta.


    No sabía si agradecerle profundamente o matarla por haber hecho semejante cosa tan impulsiva. El temor a que saliera huyendo me golpeó pero retrocedió cuando volví a pensar en que ni siquiera había puesto atención a lo que tanto me preocupaba. Me acerqué a él despacio. Mis alas permanecían medio extendidas, era incapaz de plegarlas o de siquiera pensar en ello. Por un momento, imagino que como acto reflejo, ambos dimos un paso al frente como si fuésemos a saludarnos con un beso en la mejilla pero yo no continué y él quedó, para decirlo de alguna forma, a mitad del camino.

    En uno de tantos actos impulsivos que cometía de vez en cuando, pasé mis brazos por su cuello, envolviéndolo en un abrazo como acostumbraba a hacer cuando iba a despedirme de él, y me correspondió de una forma en que no lo hacía desde hace al menos un año. Me rodeó la cintura, sentí sus brazos rozar las plumas, y me abrazó con tal fuerza que casi me dolió pero, contrario a la última vez que lo había hecho, no me quejé como acto reflejo ni me reí. Me aferré a él con más fuerza y me negué a soltarlo.
    Tenía meses sin verlo porque nuestros horarios no coincidían y ahora estábamos de vacaciones; sabía que lo extrañaba pero no fue hasta que me envolvió en aquel abrazo que noté que me hacía una falta inmensa. Fui consciente de que casi lo había envuelto con las alas pero él no se quejó. Casi nunca se quejaba por algo que hiciera.


    —Estúpido —murmuré tratando, sin mucho éxito, de contener las lágrimas que ya no sabía si eran de miedo, rabia o emoción. Tuve que hacer una pausa considerable antes de seguir hablando, no sabía si decir o no la frase que se me acababa de atorar en la garganta e intuyendo que él sabía cuál era, había querido disimular con el insulto. Finalmente la escupí junto con un nuevo sollozo mezclado con una risa extraña—. No tienes idea de la falta que me haces.


    Fue entonces que hizo algo que en el tiempo que llevábamos de conocernos solo había hecho una vez y me había dejado confundida por meses. Deshizo el abrazo, me pasó un brazo por encima de los hombros y me dio un beso en la frente, aunque se separó casi de inmediato. En otro momento sabía que estar frente a mis dos amigas lo hubiese cohibido al punto de tornarse incómodo, pero al parecer estábamos bajo condiciones extraordinarias. Posiblemente luego se preguntase qué demonios había hecho y por qué.
    A pesar de lo confundido que debía estar, no hizo preguntas de ningún tipo y desvió las conversaciones a temas triviales durante el resto del día.

    A altas horas de la noche no había logrado conciliar el sueño, era extremadamente incómodo intentarlo con esas jodidas alas estorbando. Me levanté de la cama y salí a la cocina sin encender ninguna luz. Adalet e Iris dormían en la que solía ser la habitación de mis padres, Dhaval estaba en la habitación de al lado, en el sofá cama.

    Caminé hacia la sala de estar que hacía las veces de comedor y me acerqué a la mesa, pude ver la silueta de la cajetilla de cigarrillos con el encendedor encima; tomé ambas cosas con cuidado de no hacer ruido. Al voltearme topé de golpe con Ío y debido a que estaba oscuro me sobresalté; mis alas se extendieron nuevamente como cuando había visto aparecer a Dhaval y chocaron con la mesa y un mueble que había cerca, haciendo ruido. Volví a plegar las alas, luego me quedé quieta haciendo contacto visual con el felino y escuchando atentamente si alguno de mis amigos había despertado por el bullicio. Nada. Volví a colocar la cajetilla en la mesa y me acuclillé, no sin algo de dificultad por las alas, extendiendo mi mano derecha hacia él. Retrocedió un par de pasos y el pelaje se le erizó ligeramente. Parecía haber perdido su confianza en mí desde que me había convertido en un maldito ser emplumado.


    —Tranquilo, Ío, no te haré nada —susurré. Poco a poco su pelaje volvió a la normalidad y tímidamente se comenzó a acercar. Olisqueó mi mano unos segundos y apoyó el hocico en ella; le acaricié la barbilla lo que hizo que comenzara a ronronear. Cuando tuvo la suficiente confianza para acercar su cuerpo al mío, lo levanté y lo abracé con algo de fuerza, haciendo que se le escapara un maullido quejicoso—. ¿Lo ves, gato tonto? La única forma en que podría lastimarte es con un abrazo.


    —Te dije que eras como un gato. —El susurro de Dhaval me tomó por sorpresa y no pude evitar dar un salto y voltearme rápidamente, sentí al gato tensarse en mis brazos, tanto su corazón como el mío latían a toda velocidad. Esta vez al menos las alas no se habían extendido, pero no habían estado lejos de hacerlo—. Particularmente ahora que ambos me miran con esa cara de que les provoqué un infarto. Ya sé que toparse conmigo en medio de la noche, o cualquier hora, no es agradable, pero no creí que fuese para tanto. Gracias.


    —No es eso, idiota. Sabes que me asusto por todo. —La voz me tembló y a él le causó algo de gracia.


    —No logras dormir, ¿cierto?


    —Me conoces, por lo general estoy despierta a estas horas.


    —Sí, pero creí que hoy estarías lo suficientemente cansada para caer inconsciente como lo haces por las tardes.


    —Verás, Dhaval, es algo complicado dormir cuando de repente tienes esta mierda en la espalda —dije mientras extendía un poco las alas y apretaba a Ío contra mi pecho, parecía que ya estaba calmado de nuevo.


    —Vamos —murmuró mientras tomaba la cajetilla y el encendedor de la mesa—. Te haré compañía.


    —No tienes que hacerlo. No me molesta estar sola. —Hice el intento de tomar la cajetilla de su mano pero la apartó.


    —Bueno, entonces digamos que era una forma más amable de decirte que iba solo para fumar. No te pregunté. Así que vamos. —Me dio un leve empujón y salimos al patio no sin antes encender las luces.


    Nos acercamos al viejo sofá que había puesto mi madre allí hace años y dejé a Ío en uno de los extremos. Pensé en sentarme pero fui consciente de que no podría hacerlo por las alas. Tomé el banco de madera que estaba cerca de la ventana de mi habitación, lo acerqué un poco y me senté finalmente, mirando hacia el sofá. Dhaval se sentó en el extremo contrario de donde estaba mi gato. Extendí mi mano y él me cedió la cajetilla al fin. Saqué dos cigarrillos y le di uno que encendió casi de inmediato, para luego pasarme el encendedor.


    —¿Estás bien? —preguntó luego de un rato de silencio mientras exhalaba el humo. Sentí las mejillas arder. Él solía hacer esa pregunta con cierta frecuencia, realmente no era nada raro, pero me había tomado desprevenida.


    —¿Por esto? —Extendí las alas un momento y él asintió—. Sí, ahora no duele ni nada parecido.


    —Cuando llegué Adalet seguía limpiando la cocina… Era como ver esas películas que no te gustan. Si me hubiesen dicho que habías explotado como una granada, honestamente lo hubiese creído. —Lo dijo con una seriedad ajena a él pero a mí me causó gracia y no pude reprimir una carcajada—. Siempre te ríes de cosas tan inapropiadas.


    —¿Y tú no? —añadí mirándolo mientras exhalaba el humo del cigarrillo hacia él. Pude notar que encogió los hombros y que en sus labios se formó una sonrisa breve.


    —¿Segura que estás bien?


    —He estado peor, creo. Repito, ya no me duele ni nada. —Lo miré un momento, pero no fui capaz de sostener la mirada antes de seguir hablando casi en un susurro—. Gracias por venir, sé que tienes que comerte un buen viaje para hacerlo.


    —El tráfico se redujo bastante desde los días oscuros, ya no se tarda tanto como antes. —Le dio una calada al cigarrillo y miró hacia Ío, que se había acurrucado al otro extremo del sofá donde lo dejé—. Era lo menos que podía hacer, creo.


    —Y entonces, ¿vendrás?


    —¿Te refieres al viaje que planeas a Blasé? —Se había acercado al gato y lo acariciaba con cierto aire distraído muy común en él, me miró cuando hizo la pregunta y asentí con la cabeza. Blasé era la provincia en la que vivía mi primo, habíamos estado hablando del viaje unas horas antes—. Sí. En realidad Adalet me lo dijo cuando me envió el mensaje, para que decidiera si tenía que traer algo conmigo o no.


    —Es una bocona —murmuré mientras me levantaba para apagar la colilla y tirarla.


    —Tú no me lo hubieses dicho y aunque sé que querías que te acompañara, es probable que al final lo hubieses pensado tanto que tampoco me hubieses contactado para que lo hiciera. —Había dado en el clavo, como tantas otras veces. Cuando volví a sentarme, él se levantó para también deshacerse de la colilla. Ío se sobresaltó un poco—. No éramos cercanos cuando murieron tus padres, pero sabes que si quieres hablar conmigo siempre puedes hacerlo. Ya de nada vale, lo sé, pero Adalet cree mucho en la teoría de que el sufrimiento te provocó las alas.


    —No me gusta molestarte con esas cosas, Dhaval, además ya estoy mejor.


    —No me molestas —habló a mis espaldas y guardó silencio un momento. No entendí por qué no volvía a sentarse—. ¿Puedo tocarlas?


    —Ah, ¿dices que quieres tocarme? —dije conteniendo la risa, con cierto tono pícaro.


    —Sabes a lo que me refiero, Melyen.


    —Estoy jugando. —Se me escapó una risa breve antes de responderle—. Sí, claro que puedes.


    Sentí el tacto de su mano en mi ala derecha. Era cálido y cuidadoso, como si de alguna forma creyese que fuese desplumarme o algo por el estilo. Imagino que de alguna manera necesitaba sentirlas para terminar de creerse que lo que había visto durante el día era real, que no estaba delirando como parecía que hacía la mayoría del tiempo.

    El contacto físico tendía a incomodarme y era algo que le había comentado desde el principio, a forma de broma como muchas otras cosas, pero él era consciente de que el suyo no me molestaba. Apreciaba su cercanía y su tacto, los ligeros roces que había entre nosotros y el contacto más directo al que lo había acostumbrado al abrazarlo una primera vez. Desconocía si era consciente de lo importante que era eso para mí y lo que representaba, aunque quizás simplemente lo dejara pasar como tantas otras cosas, por su inseguridad y la mía.

    Pensé en lo mucho que lo quería como había hecho anteriormente, el pensamiento me golpeó con tanta fuerza que fue como si sintiese que iba a salir de mi mente y él fuese a escucharlo. De repente mis manos estaban temblando, su simple tacto había logrado que me pusiera así de nerviosa. Sin embargo, un segundo pensamiento llegó a mi mente y de alguna forma supe que no podía silenciarlo y enviarlo al fondo como hice tantas veces. Tenía que decirle.


    —No sabes por qué Adalet cree tanto en esa teoría. —Logré murmurar. Su tacto cesó, estaba escuchando. Suspiré—. Hubo una persona que quise muchísimo, poco antes de conocerte y bastante antes de que nos volviéramos cercanos, me hundí por esa persona. Se identificaba como un lobo, de la misma forma en que me identifico como un cuervo.


    —Altan Volkov —respondió para mi sorpresa. Había estado escuchando la conversación antes de hacer notar su presencia, era obvio. De golpe me llegó el recuerdo de que había dicho que la presencia de Dhaval me tranquilizaba y sentí el color subir a mis mejillas nuevamente.


    —Vive en Désir, en Heritage específicamente. —Ya había comenzado, no me quedaba más que continuar con la historia—. Sí, era una de esas malditamente ilógicas relaciones a distancia. Sí, nunca pudimos vernos. A pesar de todo yo lo adoraba, lo seguí adorando hasta el último día, sea el que haya sido el último día. Era un año menor, bueno, eso fue lo que dijo al inicio, en realidad resultó ser dos años menor que yo. Luego de saber eso, fui consciente de que tenía catorce cuando comenzamos la relación, cumplió quince unos meses después y la mantuvimos hasta poco después de sus dieciséis. Me había dicho que su apellido era otro, pero al final dijo que era Volkov, que había habido un error de registro; básicamente el mismo cuento que usó con lo de la edad, había dicho que su fecha de nacimiento era otra. Era estúpido, pero yo me lo creí, porque lo quería tanto que me convertí en una estúpida. Sin embargo, el problema realmente viene desde más atrás, desde incluso antes de comenzar la relación. —Hice una pausa considerable antes de continuar, estaba entrando en terreno fangoso—. Volkov estaba metido en la familia más disfuncional de la que he tenido suerte de saber, tenía tantísimos problemas que yo solo pensaba en sacarlo de allí, en salvarlo. Supe que esa situación un día me agobiaría tanto que me explotaría en la cara y así fue, así comenzó a ser a finales de noviembre de los primeros meses de la relación. Eris, su madre, que de madre solo tiene el título por cuestiones de sangre, era la que desencadenaba todos los problemas en la mayoría de los casos. Le gritaba, lo hacía sentir como mierda, si podía lo agredía físicamente y lo culpaba del posible fin de su matrimonio. Su padre, aunque parecía apoyarlo cuando le convenía, no se quedaba atrás y lo molía a golpes cuando las cosas no resultaban de la forma que quería o cuando se le colmaba la paciencia por la puta de Eris. Su hermano menor lo atacaba influenciado por sus padres. Sus abuelos, en los que podía refugiarse, dejaron de apoyarlo, sus otros familiares igual. Nadie hacía nada por la situación, ni siquiera él mismo.


    —Lo interiorizaste, ¿no es así? —Se había vuelto a sentar y acariciaba a mi gato despacio, sin mirarme, a pesar de eso asentí.


    —Comencé a vivir con un miedo constante de que lo mataran en una de tantas ocasiones, en un arranque de ira, pero más que eso comencé a tener un miedo terrible de que él se suicidara, porque lo veía capaz. El chico se autolesionaba, comenzó a fumar y, por irónico que te parezca, odié que empezara a hacerlo; comenzó a beber mucho cada vez que se iba de fiesta con su grupo de amigos. Mi padre fumaba, Dhaval, lo había dejado unos dos años antes de convertirse en un demonio, bebió hasta el último maldito día de su vida, y yo solo pensaba que ahora se parecía a mi padre. Papá Freud hubiese estado orgulloso del parecido que el niño empezaba a tener con mi padre. Yo continué pensando que podía salvarlo de Eris, de esa bruja, que debía salvarlo. Hasta que el miedo me hizo pedazos y me derrumbé como un edificio, como uno esos horriblemente viejos del campus. Cada cosa que le hacían me causaba un dolor inmenso, cada cosa que él se hacía me causaba el doble de dolor, porque lo amaba y no quería que se muriera. No quería tener que pensar en visitar una tumba más al otro lado del mundo. Me volví incapaz de aconsejarlo o de siquiera decirle algo, porque mi mente se bloqueaba y cuando no lo hacía, lo que fuese que le dijera no era lo que quería escuchar y el resultado no cambiada: se enfadaba, haciéndome sentir culpable. Fue cuando el dolor se acumuló de tal forma que no supe qué hacer con él y empecé a autolesionarme, mi constante ansiedad me llevó a fumar también aunque el vicio nunca creció como había crecido en Volkov. —Lo miré con cierto pesar que no creo que haya comprendido, además de que lo lazara a la historia. El pesar que sentí fue porque Dhaval había comenzado a fumar conmigo y era algo que me pesaba en la conciencia, porque además de eso y su falta de sueño, era un muchacho relativamente sano. De alguna forma ahora sentía que me parecía a Volkov, me repugnaba a mí misma.


    —Eran superficiales —susurró. Había tomado mi brazo izquierdo de repente y lo examinaba con detenimiento, debajo del tatuaje se veían unas difusas líneas de tejido cicatrizado. Su tacto volvió a ponerme nerviosa, pero de repente había comenzado a sentir el frío de la noche y eso me distrajo.


    —En octubre del año siguiente toqué fondo, para ese entonces tú y yo ya éramos compañeros de clase aunque nos conocíamos desde el final del semestre anterior. Faltaba bastante a clases y en general evitaba el contacto con los demás, me encerré. Tal vez por eso no logré formar una amistad más concreta contigo hasta el año siguiente, no lo sé. —Inhalé con fuerza y exhalé de la misma forma. Estaba por contarle algo que solo sabían mis familiares más cercanos y mis amigas—. En ese octubre, salí una vez con Adalet… por poco me provoco una intoxicación etílica. Fue cuando admití directamente que quería matarme, que realmente la gente iba estar mejor si yo me moría. Había sentido tanto dolor emocional y a él le había dado tan igual, que en mi mente era lógico que incluso si me moría ahogada en mi vómito le seguiría dando igual y lo estaba confirmando. Adalet lloró conmigo, o al menos eso me contó mi madre a la mañana siguiente. Detoné como una bomba, arrastré conmigo a Adalet, a sus padres que me habían hecho el favor de venir a dejarme a casa, y a mi madre. Mi padre ni siquiera se enteró, dormía como un puto árbol. A la mañana siguiente, Volkov no se burló de lo que había pasado, pero no estuvo muy lejos de hacerlo, no le dio la importancia que ameritaba y eso no me hizo sentir mejor. Luego los problemas aumentaron, la relación se había deteriorado aún más desde que se había ido a estudiar a otra ciudad, cambió sus amistades e incluso a mí, solo nos buscaba cuando su nuevo círculo lo invisibilizaba. Un día finalmente estallé, ante su constante recriminación, y le dije que me dolía y que estaba cansada, que estaba harta, le grité cuando había prometido no hacerlo nunca. Fue el acabose. Dejó de hablarme de repente, a pesar de que le dije que quería una respuesta, que podía decirme si no quería hablar conmigo, pero fue un puto cobarde y se fue. Solo se fue luego de haberme destrozado la vida, sin permitirme ni permitirse cerrar el ciclo como debía ser. Altan Volkov huyó con la cola entre las patas, luego de haberme mordido la yugular. Después me enteré de que me había sustituido con la misma rapidez que me había dejado de hablar de golpe. Ni siquiera luego de lo de mis padres me había hundido tanto como lo hice por sus problemas.


    —No culpo a Adalet por creer que las alas surgieron por su culpa —dijo al fin, nuevamente evitaba mi mirada, pero su agarre en mi brazo se había deslizado a mi mano, que sostuvo con fuerza un momento muy breve. Una pequeña risa salió de sus labios—. ¿Por eso faltabas tanto a clase y eras tan arisca el año pasado?


    —Soy naturalmente arisca, lo sabes, pero sí, por eso lo era aún más. —No pude evitar sonreírle. El corazón se me aceleró, nunca pensé que le notara mi ausencia en la clase, pero al parecer sí lo hacía; de haberlo sabido quizás eso me hubiese atado a ir aunque lo vi improbable, teniendo en cuenta que evitaba a todos—. Estaba harta de la gente en general, porque el querer a Volkov solo me había dado problemas al final.


    —El resto de nosotros igual solo te damos problemas, pero no de tal calibre.


    —Te he dicho que no me das problemas, pero nunca escuchas. —Suspiré antes de añadir algo más—. Gracias por escuchar toda esta telenovela de mierda.


    —Es un placer. —Se levantó del sofá y me alborotó el cabello—. Ahora intenta dormir, en serio, por este tipo de cosas siempre tienes sueño.


    Cada uno se retiró a la habitación que le correspondía, estuve por dejar a Ío en el sofá pero regresé por él unos segundos después. Me daba miedo que algún demonio lo atrapara si decidía salir a dar una vuelta nocturna, aunque era poco probable.

    Seguí el consejo de Dhaval, sin demasiado éxito. Acababa de escupirle toda la historia y no sabía lo que eso implicaría a futuro, aunque no parecía haber cambiado nada realmente. Le daba vueltas una y otra vez al asunto. De repente me asaltó la duda de cómo resultaría el viaje de mañana y qué le diría a mi primo sobre las malditas alas.

    Quería pensar que nuestras vidas seguirían con total normalidad, deseaba que fuese así, que el hecho de haberme convertido en un Roc no implicase nada más.
    Sin embargo, la situación estancada respecto a mi relación con mi adorado amigo y el hecho de que no pudiese cerrar el círculo pasado, no parecía darle una pinta particularmente buena a las situaciones futuras.

    Además, había algo que me preocupaba respecto a las sospechas de Adalet sobre el origen de mis alas y de los Roc en general; de repente era como si todos fuésemos un rompecabezas unido con sufrimiento.
     
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    Lariebel

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    ¡Hola, Yáahl! He vuelto para escribir este hermoso y lindo comentario sobre el nuevo capítulo. Lamento la tardanza. :3
    Primero, aún no he visto la canción que colocas al principio, así que eso lo dejaré para después. Y ya vi tu mapa, el cual ya dije que es súper genial. uwu
    Ahora sí. Escuché la canción y me dejó anonadada. No es completamente mi estilo, pero admito que es bueno.
    Hablando de la trama, hay un montón de cosas que he anotado que me llamaron la atención, porque prácticamente ahora se ha revelado el porqué de muchos interrogantes.
    Empezaré por las curiosidades que anoté:
    • Iris es una GOLONDRINA. ¡Qué hermosa! Sigo insistiendo en que me encanta que les hagas formas de animales a cada persona. <3
    • Se revela que La Bruja era Eris, la madre de Volkov. Eso no me lo esperaba sinceramente y me tomó por sorpresa. D: Aunque ahora noto el motivo por el que Melyen le guarda resentimiento.
    • La protagonista se preocupa por el hecho de ser una Roc y el origen de su transformación. El personaje está en las mismas que nosotros, los lectores, puesto que aún no sabemos mucho acerca de los Roc. Presiento que hay mucho más chicha acerca del trasfondo fantástico de lo que parece. (?) Como lectora, quisiera que des más datos acerca de ellos pero que éstos sean impactantes. e.e
    Ahora, pasaré a hablar acerca de la relación que tiene Melyen con Dhaval. No me puede parecer más tierna. Realmente, es muy lindo ver que una persona que ha pasado por muchas cosas es capaz de entablar una relación, aunque sea de amistad, con otra, y de confiar en ella. Y acá no sólo hay amistad, sino que hay un cariño súper bello que, espero, pueda evolucionar en el futuro. <3
    Y, por último, acerca del pasado de Melyen. Uff, qué decir. Es complicado dar tu opinión acerca de un problema ajeno, del que no sabés nada más de lo que lees en el escrito. Puedo decir que lamento mucho lo que sucedió y que la historia fue algo que pegó muy fuerte de repente en el capítulo. El personaje de Melyen va tomando forma cada vez más y su personalidad queda aún más sólida. Creo que no me equivoco al pensar que habrá giros en el long-fic relacionado con este pasado y espero realmente que esos giros sean buenos para la historia. ;w;
    Lo que me agradó fue la forma en la que le buscaste la vuelta para explicarla, porque básicamente es Melyen contándole a Dhaval todo, y nosotros, los lectores, leyendo todo como chismosos. (?)
    Por último, no he notado errores en el escrito. Tan buena como siempre mi Yáahl. :3
    Bueno, ya. Terminé. Uff, siento que corrí en una maratón.
    Seguí con Cielo Nocturno. <3
    Saludos~
     
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  10.  
    Kaladin

    Kaladin Warning: extremely loud fangirl

    Leo
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    Aunque es guay e incómodo a la vez reconocer a muchos personajes o las situaciones no puedo evitar decir que LA PUTA MADRE NECESITO MÁS ESTO ES GENIAL????
    NI ME HE FIJADO EN LOS ERRORES DE ORTOGRAFÍA NI VERGAS THIS IS BEAUTIFUL
    *le tira dinero a la cara* TOMA MI DINERO INCLUSO SI LO ESTÁS SUBIENDO A UNA PLATAFORMA QUE NO SE LUCRA DEL TRABAJO DE LOS DEMÁS
     
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  11. Threadmarks: Capítulo cuatro: XVI La Torre. Revelación de secretos, vibraciones.
     
    Yáahl

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    Cielo Nocturno [Self-Insert || Long-fic || Experimento]
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
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    Tragedia
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    14
     
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    Bueno, como venía prometiendo desde hace días, ¡por fin traigo el cuarto capítulo! Me costó un mundo terminarlo, pero creo que valió la pena.
    Etiquetas locas de los interesados: Lariebel, Jaenie y The Makoto. El club de fangirleo oficial. (???)
    Me disculpo si hay errores, hoy son las 03:21 AM, tembló feo a las 8:28 PM y estas horas siguen las replicas. La ptm, que no quiero dormir en hamaca, ya está bien. Además está lloviendo.

    ¿Para hoy qué tenemos?

    El instrumental con el que escribí como la mitad del capítulo. Hearing de Sleeping At Last.


    La que estuve escuchando cuando escribí otra gran parte. Darkness Keeps Chasing Me de Grace VanderWaal.

    I wanna call you but if I hear your voice I just might cry.
    [...]
    I will be different. I'm not sure if I can do it all alone. God, I want to be different but I'm not sure if I can do it on my own.


    Y por último. Cortesía de uno de los personajes aquí presentes. Jack In The Box de Kaiser Moon. No lo puede colocar así bien bonito como los vídeos porque es un link de Soundcloud y al foro le da un colapso raro, así que solo denle clic a la liga. ;n;

    Claramente, pueden escucharlas todas o solo elegir una. (?) Aclaración extra. De más está decir ahora que algunas de las cosas presentes en Cielo Nocturno sí sucedieron tal cual, otras no y son solo para efectos de la historia. Otras son híbridos de realidad y ficción. Algunos sabrán diferenciar. También que ciertas reglas naturales no se respetan, aunque intento que la mayoría sí.
    Otra más. Por error invertí los apellidos de Melyen en el primer capítulo, es decir, la coloqué como Király Elend cuando inicialmente era Elend Király. My bad. Ya lo corregí. Sí, hay personajes que poseen un solo apellido, luego se verá por qué.
    Han pasado tantas estupideces en torno a la persona en que se basa el personaje de Dhaval Krall que contarlas sería un chiste, pero me dificultó bastante el avance de la escritura.
    Si alguien pudiese aclararme respecto a si es adónde o a dónde, se lo agradecería profundamente.

    Sin más, ¡pasemos al capítulo!


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    Capítulo Cuatro.














    Es cierto que en la vida conocemos a personas
    que pueden cambiarnos, a veces de forma tan profunda
    que nunca volvemos a ser los mismos, ni siquiera en nombre.
    Yann Martel. La Vida de Pi. Página 42.













    XVI La Torre. Revelación de secretos, vibraciones.


    Salimos pasado el mediodía, porque cuando finalmente logré dormirme no hubo ruido alguno que me despertara.
    Como había dicho Iris, las alas habían desaparecido para cuando desperté y me sentí bastante mejor al poder moverme más libremente.

    Conducía despacio a pesar de la falta de tráfico, realmente no teníamos prisa alguna. Pasamos a algunos supermercados por algunas cosas, para preparar algo para la cena y para pasar a dejarle algunas cosas a mí tía que desde hace un tiempo vivía en un distrito diferente que mi primo, pues se había vuelto a casar.

    Me negué a dejar a Ío en casa, realmente me preocupaba que algo pudiese pasarle en mi ausencia. Era un gato, sí, para mucha gente no tendría sentido que le tuviese tanto apego, pero era lo único que quedaba que me recordara a mis padre; después de todo había sido mi padre quien lo había conseguido, a pesar de las pegas que puso mi madre durante años. Pensar en esas cosas me provocaba cierto vacío aún, pero con el pasar del tiempo se estaba volviendo más manejable.

    El gato iba en su caja de transporte más por comodidad que por otra cosa, no tenía problema con viajar en auto. En la radio sonaba una canción de moda que realmente me tenía algo harta, sin apartar la mirada de la carretera cambié la emisora pero no topé con nada mejor, continué cambiando esperando tener éxito pero no fue así. Cansada de intentar, me saqué el celular del bolsillo.


    —Adalet. —La llamé y ella hizo un sonido para indicar que me había escuchado—. En mi bolso hay un cable USB, ¿podrías dármelo?


    —Ten —dijo mientras me alcanzaba un pequeño cable blanco atado con una liga elástica.


    —Toma. —Le pasé mi celular junto con el cable a Dhaval, de reojo noté que me miraba extrañado—. Aquí. Pon cualquier cosa que creas que pueda gustarte. —Señale el puerto USB sin apartar la vista nuevamente.


    Sin decir una palabra conectó el aparato y, creo que por accidente, topó con uno de los pocos instrumentales que tenía. De reojo noté que iba a cambiar la canción, pero casi como acto reflejo sujeté su mano un momento solo para que se detuviese, cosa que hizo mientras dejaba el celular en un pequeño espacio que había justo debajo de la radio. Por primera vez en la vida agradecí la inversión que había hecho mi padre en la acústica de ese auto, el instrumental me recorría el cuerpo y aunque no estaba alterada, logró calmarme más.

    Pasamos a dejarle las cosas a mi tía quien nos recibió con total calidez y se mostró dulce como era ella siempre al presentarle a Dhaval, de quien no conocía su existencia hasta ahora. Sacamos a Ío para que estuviera en la casa aunque se mantuvo pegado a mí como nunca antes. Mi tía parecía encantada con tenernos allí y yo me sentía envuelta por la calidez de su personalidad, que tanto me recordaba a la de mi madre.

    Me sentí abrumada por ese pensamiento, por ver reflejada a mi madre en su hermana mayor que siempre había sido una figura materna para mí. Me sentí tan consumida que tuve que levantarme del sofá donde estaba sentada, me acerqué a mi tía y le di a Ío que estaba en mi regazo. Sostuvo al gato entre sus brazos como si fuese un bebé.


    —Voy a dar una vuelta —dije sin sonar particularmente convincente mientras me retiraba, cerrando la puerta tras de mí. Sentí las miradas de Adalet e Iris en mi espalda, pero sobre todo la mirada de Dhaval. No me detuve a pesar de eso, me estaba ahogando.


    Caminé bajo el sol brillante de los comienzos del verano acompañado de un fuerte viento frío. Eran las condiciones típicas de la época y si era honesta me gustaban muchísimo, aunque siempre me habían transmitido cierta nostalgia que ahora sentía con más fuerza.
    El aire fresco me hizo sentir un poco mejor, pero mi corazón seguía latiendo acelerado en mi pecho y mis manos estaban casi igual de heladas que el viento. Ansiedad. La detestaba y llevaba años lidiando con ella.

    No caminaba rápido a pesar de que inicialmente salí intentando huir de algo que no estaba físicamente allí y lo supe porque pronto me dieron alcance. Cuando noté la silueta con el rabillo del ojo me sobresalté como era natural en mí la mayoría del tiempo.


    —Krall, deja de asustarme, por Dios. Avisa o algo. —Pocas veces lo llamaba por su apellido ya, aunque incluso él parecía más acostumbrado a que le dijeran así y algunos de nuestros conocidos se referían a él de esa forma todavía, como a mí me sucedía con Király. Yo lo llamaba por su nombre… porque este me gustaba y de alguna forma sentía que nos daba cercanía. Llamarlo por el nombre que pocas personas usaban para referirse a él, al menos en la universidad, de alguna forma había hecho que lo considerara mío, me había apropiado de una partecita de su identidad y la guardaba con recelo. Me sentí estúpida por pensar en todo eso en ese momento, porque de hecho había aumentado mi de por sí notoria ansiedad.


    —Perdona.


    No dijo mucho más y se limitó a seguir caminando conmigo. No habló como hacía sin parar cuando salíamos juntos de la facultad o cuando íbamos a buscar un lugar donde almorzar, no bromeó como hacía normalmente e imaginé que había notado la expresión de mi rostro cuando le di el gato a mi tía. Supe la frase que saldría de sus labios en cualquier momento, porque era Dhaval, quien al igual que yo aparentaba ser arisco como un gato a medio socializar, pero en el fondo se preocupaba por quienes lo rodeaban.

    Pronto llegamos al parque, decidí sentarme en una banca en vez de cansarme caminando por nada, él se sentó a mi lado.
    Había niños jugando, adolescentes pasando de un lado a otro y señores mayores tardeando en las demás bancas o vigilando a sus nietos. Blasé y este distrito en particular eran completamente diferentes de lo que veía en Claw of Shadow a diario; aquí ni siquiera había un toque de queda.


    —¿Estás bien? —preguntó por fin. No pude evitar sonreír al ver con la ridícula facilidad que había predicho su comportamiento.


    —Sí. —Hice un pausa considerable antes de ser capaz de responder porque sentí el nudo de lágrimas formarse en mi garganta.


    No supe qué más decir, solo me sentí sobrepasada por un recuerdo, por un reflejo, como tantas otras veces. Solo necesitaba calmarme. Le di mil vueltas a mi siguiente movimiento, de forma bastante innecesaria a decir verdad pues sabía que no implicaba nada, hasta que finalmente decidí apoyar mi cabeza en su hombro como había hecho en otras oportunidades. Pronto sentí que apoyaba su cabeza en la mía, y fue al sentir parte de la calidez que me transmitió ese contacto que comencé a calmarme.


    —Es una lástima que no hayas conocido a mi madre —añadí entonces, hablando tan bajo que dudé que fuese capaz de oírme—. Le tomaba mucho cariño a mis amistades y además cocinaba muy bien.


    —Se parecía a Nalini entonces, ¿no? —dijo refiriéndose a mi tía. Me sorprendió que diera con ese clavo y se me escapó una risa ronca algo extraña.


    —Sus personalidades eran casi idénticas. —La voz me tembló de forma casi indetectable—. No me parezco a ella, en personalidad quiero decir porque físicamente éramos muy parecidas. La diferencia salta a la vista si me comparas con tía Nalini. Mi madre era una persona tan extrovertida que a veces podía llegar a agobiarme porque necesitaba estar hablando cuando yo necesitaba silencio, pero era muy alegre y cariñosa con casi todo el mundo, además de que consentía mucho a las personas a quienes yo les tomaba cariño porque sabía que eso sucedía poco y si sucedía era por algo.


    —Tú te pareces a tu padre. —Su habilidad para recordar detalles a veces me sorprendía, su memoria era buena en ese aspecto, no fallaba al recuperar la información tanto como la mía. Sentí que me daba un toque con el codo en el costado—. Niégamelo, consumidora de alcohol a niveles peligrosos.


    —¡Oye! —Le devolví el toque aunque este fue casi un codazo—. ¡Yo puedo bromear con eso, tú no!


    —Era inevitable. —Se le escapó una risa que hizo eco en mis oídos y me hizo reír también. Dios, detestaba quererlo tantísimo, pero tomando sus palabras: era inevitable.


    —Pero sí, en ese sentido me parezco a él —continué—. Aunque más que eso, tengo su personalidad introvertida y ensimismada, ya lo has dicho tú, que parezco un gato arisco.


    —Es broma —comentó muy serio—. En realidad eres muy cariñosa.


    —Ay, mira quién habla, don acepto abrazos de Crow.


    —¿Pues qué me quedaba? —respondió aunque pude notar que intentaba contener la risa.


    —¡Basta, sabes que si dices esas cosas pienso que lo haces por lástima! —Volví a darle un codazo, esta vez se quejó un poco pero volvió a reír.


    —Ya, ya. Está bien. —Esta vez quien hizo una pausa fue él—. ¿Por qué viniste si sabías que te ibas a sentir mal?


    —No hacerlo sería como darle una patada a la memoria de mi madre y a tía Nalini directamente —respondí sin darle muchas vueltas, tenía la mirada fija en algún punto frente a nosotros—. Uno sacrifica algunas cosas por la gente que quiere.


    No dijo nada, se limitó a emitir un sonido de aprobación. Lo que había dicho de alguna forma me hizo sentir vulnerable, porque él sabía que lo quería aunque solo se lo había dicho un par de veces y no en pleno uso de mis facultades.
    Apreciaba lo comprensivo o tolerante que podía llegar a ser y por ese mismo motivo a veces me extrañaba lo solitario que podía parecer. A veces estaba con sus conocidos, pero una gran parte del tiempo parecía apartado del grupo o poco involucrado, las otras veces se le veía ir solo de una clase a otra o la estación de autobús. A mí me gustaba hacerle compañía en esas oportunidades en que lo veía del todo solo, aunque a veces sintiese que rompía su burbuja. Pocas personas eran conscientes de que, si se lo permitían, Dhaval podía ser una persona sumamente leal. Sabía que podía ser tan leal como Iris o Adalet, por eso me negaba darme el lujo de perderlo ahora que al fin había descubierto el tesoro que era su personalidad.

    Se levantó y extendió su mano frente a mí, buscando animarme a levantarme de la banca. Pocas veces había hecho eso antes, por lo general cuando mi timidez me impedía hacer algo. Le dediqué una sonrisa breve, tomé su mano para levantarme pero la solté casi de inmediato cuando ya habíamos comenzado a caminar.

    Nos fuimos de la casa de mi tía y su esposo poco después de las cuatro de la tarde, luego de tomar café y hablar un poco más. Llegamos al distrito en que vivía mi primo a las cinco y estuvimos en su casa a cerca de las cinco y diez. El día anterior le había avisado que iba a llegar con mis amigas.

    Bajamos del auto, Iris y Adalet llevaban las cosas que habíamos comprado antes, yo llevaba la caja de Ío y Dhaval había hecho el favor de bajar las maletas.
    Me acerqué a la pequeña casa, la segunda en aquel barrio en el que casi había crecido. Me quedé frente la puerta un momento, pensando en si venir había sido una buena idea realmente, luego de un rato coloqué la caja con Ío suavemente en el suelo y decidí tocar.


    —¡Melyen! —Me saludó de inmediato al abrir la puerta, llevaba la melena oscura y rizada atada con una liga elástica, parecía que había llegado hace poco a casa. Era bastante más alto que yo, mi cabeza apenas pasaba de la altura de su pecho. Antes de decir cualquier cosa, lo envolví en un abrazo que correspondió con fuerza. Sentí que me hacía a un lado antes de referirse a mis amigos—. Pasen.


    A pesar de haber llevado cosas para la cena, habíamos terminado por pedir comida rápida en un voto común. De todas formas mi primo conservaría las cosas, tener algo más de comida nunca era una desventaja, ni siquiera en ese distrito tan tranquilo. Después de todo, los días oscuros nunca se tomaban la molestia de prevernos de su llegada.
    Había oscurecido ya, en el cafetal que estaba unos metros atrás de la casa se escuchaba el canto de algunas cigarras y grillos.


    —¿Y me dirás por qué decidiste venir de forma tan abrupta? —preguntó el de la melena rizada. Acariciaba a Ío que había subido a la mesa luego de que retiramos los platos de la comida. El ronroneo del gran gato era como el de un motor en marcha.


    —Eso quiero hablarlo mañana —respondí sin muchos rodeos. Adalet e Iris estaban sentadas en el sofá hablando, reían de vez en cuando. Dhaval, como de costumbre, se mantenía al margen.


    —Hablando de mañana —añadió como si se hubiese acordado de algo de repente—. Tenemos un concierto, ¿vendrás?


    —Cuenta con nosotros, Chris. —Le dediqué una genuina sonrisa que él me devolvió—. Aunque quiero hacer algunas cosas en la mañana, si no te molesta que deje a Ío contigo.


    —No, claro que no. Igual sabes que duermo hasta tarde.


    —Perfecto. —Él sabía qué era lo que deseaba hacer sin que tuviese que decírselo, cosa que me dejó tranquila, no quería hablar de eso. Ahora el que subió a la mesa fue uno de sus gatos, Camus, de aspecto atigrado y bastante silvestre. Buscó mi mano con su hocico y lo tomé en brazos. Su ronroneo era silencioso y solo era perceptible si le colocabas la mano en la garganta, como una suave y delicada vibración. Quería a ese gato como si fuese mío, porque lo había visto crecer prácticamente. Lo pensé un momento, pero quise tantear el terreno antes de poner las cosas sobre la mesa mañana—. ¿Sabes de los Roc, Chris?


    —¿Roc? —Me dedicó una mirada casi fría que me hizo sentir extraña. Puede notar que mis amigas habían dejado de hablar de repente, escuchaban. Imaginé que Dhaval hacía lo mismo de forma más discreta.


    —Las aves gigantes.


    —Sí, lo sé. —Cortó mi frase sin mucho tacto—. ¿Cómo sabes de eso, Mel?


    —Hay muchos rumores en Claw of Shadow —dijo Adalet buscando cubrirme o algo parecido—. Se los comenté haces unos días.


    —¿Sabes por qué existen? —De repente quería hacerme pequeña en el espacio, hacerme diminuta y desaparecer, pero no podía retroceder ya—. ¿Aunque sea un rumor?


    —Sufrimiento —respondió de inmediato y supe que nos había dejado helados a los cuatro—. Los Roc son hijos del dolor, Melyen, no hay más que eso. Son un error de fábrica, un modelo defectuoso. Son personas que sintieron tanto dolor físico o emocional que este se materializó en forma de alas. Están destinados a la corrupción absoluta.


    —¿Y los ángeles?


    —¿Los qué?


    —Los ángeles, Christopher. Dicen que pueden convertirse en ángeles. —Me negaba a creer que no había salvación, ya no solo para mí sino para Iris también. Me negaba a creer que no tuviéramos otro camino diferente, pero él parecía tan convencido que me era difícil mantener la pequeña llama de esperanza viva. De su garganta escapó una risa ronca parecida a la que había proferido yo horas antes con Dhaval en el parque; una risa cínica, resignada.


    Adoraba a Chris, después de todo por lo que habíamos pasado años atrás me había vuelto sumamente cercana a él a pesar de la diferencia de edad, pues era seis años mayor, pero lo quería como a un genuino hermano y sabía que teníamos muchas similitudes, tanto físicas como psicológicas. Sabía que Chris había estado tan hundido como yo, a la misma edad; quise atribuirle esa visión tan nefasta a lo que sobrevivía de aquella oscura época de su vida.


    —Jamás podrían convertirse en ángeles, Mel. Se perdieron a medio camino. Los Roc surgieron junto con el primer registro que se tiene de los días oscuros, hace muchos siglos, están lazados directamente a los corruptos… casi como una forma perfeccionada de los demonios.


    —¿Evolución de la corrupción? —Quien habló fue Dhaval, cosa que me sorprendió tanto que volteé a verlo y nuestras miradas chocaron.


    —Variantes. —Lo corrigió Christopher, serio—. Como cuando una plaga “adquiere” resistencia… solo matamos a una parte de la población, la que se manifestaba con más frecuencia, al acabar con esa parte, le dimos paso a una más especializada para reproducirse y tomar su lugar.


    —Sustituirán a los corruptos. —Dhaval continuó, pero se negó a apartar la mirada de mí. Sentí, casi como una avalancha, que aquello era un paso al frente respecto a una de las posibilidades que había pensado cuando, según yo, iba a ocultarle las alas. Pensé que había caído en cuenta de lo que era realmente: un corrupto. Ahora tenía dos opciones, acabar conmigo o dejarme para que otro hiciera el trabajo sucio. Se me encogió el corazón y fui incapaz de sostener su oscura mirada.


    —Hay quienes creen que fueron producto de la ingeniería genética. Que finalmente la manía que tenemos los humanos de jugar a ser Dios nos salió verdaderamente mal. —Esa posibilidad me dejó aún más helada que la respuesta casi metafórica que era el sufrimiento, que la causa fuese la ingeniería genética lo volvió, extrañamente, algo más palpable, creíble. El tono que utilizó por alguna forma me hizo sentir que con eso daba por zanjada la conversación, que no quería saber más de eso ya.


    Dimos la conversación por terminada y la regresamos al concierto que tenía programado el grupo de mi primo para el día siguiente, a las nueve de la noche en un espacio al aire libre. Con eso el ambiente rápidamente perdió la tensión que había adquirido.
    La noche fue tranquila. Dado que allí ya solo vivía Chris, había suficiente espacio para los cuatro.
    Esa casa seguía brindándome una paz que no conseguía en casi ningún otro lugar.

    A la mañana siguiente me despertó la otra gata de mi primo, Gea, pequeña y de largo pelaje negro. Pasó una y otra vez sobre mi espalda hasta que decidió acurrucarse junto a mí. El sol se filtraba a través de las cortinas y el canto de los pájaros era perfectamente audible.
    Tomé el celular que tenía debajo de la almohada, eran pasadas las diez de la mañana.
    Puede escuchar a Iris y Adalet hablando entre ellas, además del sonido de los cubiertos al chocar débilmente contra los platos, debían estar desayunando. Por un instante me golpeó la imagen mental de Dhaval yéndose a primera hora de la mañana, pero pronto escuché su tono bajo entremezclado con el de mis amigas y exhalé con algo de fuerza. No me había percatado de que estaba conteniendo la respiración.
    Salí de la habitación con la gata en brazos, que maullaba a modo de reproche. Pude ver a Ío acostado en uno de los sillones de la sala de estar, panza arriba, con el hocico entreabierto.


    —¿Está respirando? —Fue lo primero que atiné a preguntar incluso antes de saludar a mis amigos.


    —Sí. Antes me acerqué pensando que estaba muerto, pero sí respira —comentó Dhaval mirando al felino también.


    —¿Cuál es el plan para hoy? —preguntó Iris con entusiasmo. Al parecer no era solo a mí a quien esa casa le transmitía algo diferente. En realidad a los tres se les veía mejor semblante, quizás fuese la claridad de la luz del sol, quizás fuese la hora, quizás no fuese ninguna de las anteriores, pero era innegable la diferencia. Le sonreí a la rubia con alegría.


    —Tengo planeada otra visita —contesté mientras ponía a la gata en el suelo, que corrió a acostarse junto a Ío. Me acerqué a la cocina y me serví un plato de huevos revueltos de los que habían preparado, además de un par de tostadas.


    —¿A dónde? —Esta vez fue Adalet luego de bajar un gran trago de jugo de naranja.


    —Iremos a ver a mi prima un momento —murmuré de forma apenas audible mientras me echaba el primer bocado—. No están en la obligación de acompañarme, puedo ir sola a decir verdad.


    Mis amigas me miraron con sigilo, como preguntándose si estaba segura de lo que les estaba pidiendo a los tres. Ellas sabían a lo que me refería, Dhaval carecía de contexto y tomó la frase en su sentido literal; de momento lo preferí así. Quizás le mantenía demasiadas cosas en el misterio y de alguna manera me sabía mal, pero era mi forma de actuar y creo que él se había acostumbrado.


    —Iremos —dijeron todos al unísono, imagino que por pura coincidencia pues se miraron entre sí queriendo aguantar la risa. Me hizo gracia que parecieran llevarse bien a pesar de conocerse muy poco. Iris era naturalmente simpática al igual que Adalet aunque esta era un poco más tímida, Dhaval también era particularmente adaptable si se le daba la oportunidad pero nunca creí verlos juntos los tres de la forma en la que estaban.


    Estuvimos listos para salir cerca del mediodía, mi primo no se había despertado aún. Dejé a los tres gatos dentro de la casa y pronto estuvimos en el auto, camino al centro.

    Me detuve en una pequeña floristería y compré cuatro lirios asiáticos blancos, además de una pequeña planta en una maceta de la que desconocía su nombre, tenía flores de un tono brillante de púrpura excepto por el centro que unía sus cinco pétalos, que era de color amarillo. Volví al auto y le di tanto los lirios como la planta desconocida a mis dos amigas en el asiento trasero, para que cuidaran de ellas durante el pequeño trayecto que nos faltaba.

    Conduje despacio, empezaba a sentir la ansiedad subir desde mi estómago, dificultándome la respiración. Para cuando llegamos a nuestro destino, mis manos no estaban lejos de comenzar a temblar. El alto enrejado del cementerio se alzaba imponente ante nosotros.

    Bajé del auto, seguida de mis amigas. El único representante masculino del grupo tardó unos segundos más en bajar y fue cuando me dispuse a entrar.
    Adalet me había cedido los lirios e Iris llevaba la pequeña maceta con cuidado, además de una botella vacía que le había pedido que sacara del auto.
    Empecé a caminar hacia la entrada, con mis amigos siguiéndome en un absoluto silencio. Caminamos despacio por el largo camino de adoquines, casi hasta la mitad del camposanto. En su momento había sido casi el final, pero luego de los días oscuros la cantidad de tumbas y bóvedas había aumentado muchísimo incluso en ese distrito. Nos desviamos a la derecha, con paso lento.


    —¿Tus padres? —preguntó Dhaval con sigilo, en un murmuro que casi creí quiso que fuese exclusivo para mí. Imaginó que seguro yo había querido pasar a darles una visita antes de seguir nuestro destino principal.


    —No, Dhaval —respondí casi en un susurro también. Entonces me planté frente a una de las bóvedas y coloqué los lirios con delicadeza sobre la estructura de cemento cubierta de cerámica clara. Me agaché a la altura de la placa y retiré las pocas telas de araña que se hacían presentes. Supe que él fue capaz de leer la inscripción pues dio un paso atrás que pude notar con el rabillo del ojo y por el sonido del césped. Nicole Geier Király. 2998-3013—, mi prima.


    El silencio fue, irónicamente, sepulcral.
    Me levanté con cuidado, tomé los lirios y los coloqué en un pequeño florero que había en una de las esquinas de la bóveda. Tuve que retirar los restos de unas flores secas que supuse habrían venido a dejar mi primo, mi tía o alguna otra persona cercana. Los acomodé con el montón de piedras y pequeñas conchas que años atrás había traído mi madre para eso mismo. Iris se acercó y colocó la pequeña maceta con las flores púrpura a un lado.
    Fui al lavabo que había unos metros más allá, llené la botella con agua y me volví a acercar para vaciar el líquido tanto en el florero como en la maceta.
    Sacudí la fina capa de polvo que el viento había colocado sobre la bóveda en esos días. Volví al frente de la estructura y pronto sentí los brazos de mis amigas rodearme y a pesar del control que había mantenido hasta entonces, sentí las lágrimas arder tras mis ojos y luché por contenerlas. No quería llorar. De verdad que no quería hacerlo. Ya había llorado mucho en esos últimos años y en esos últimos meses en particular.

    Fui capaz de aguantar las lágrimas, no sin un gran esfuerzo, pero lo logré y ya eso era algo. Nos quedamos unos minutos más, cuando mis amigas deshicieron el abrazo volví a agacharme a la altura de la placa y acaricié los bordes con suma delicadeza. Pensé en lo mucho que la amaba, porque ella había sido mi hermanita, porque habíamos crecido juntas. Sentí mi amor por ella cálido en el pecho, pero detrás estaba la helada tristeza que sabía que nunca se iría.
    El dolor había dejado una marca profunda y palpitante que nunca sanaría completamente. Era como una uña encarnada, de alguna forma te habitúas al dolor y la incomodidad, pero si tratas de sacarla, duele horrores. Sufrimiento, ¿era ese dolor el que había formado mis alas?

    Volví a paso lento hacia el camino de adoquines, el primero en darme alcance fue Dhaval quien pasó su brazo sobre mis hombros y caminamos así al menos la mitad del trayecto hasta la salida, sin decir nada.

    El resto del día se pasó con rapidez, decidimos ir a almorzar al centro y luego volver a la casa antes de ir al concierto. Chris salió un par de horas antes para verse con el resto del grupo y afinar los últimos detalles.

    Nosotros cenamos y, cerca de media hora antes de la hora puntal del concierto, nos dirigimos al distrito vecino de Lilac, Naive. A pesar de la visita al cementerio todavía conservábamos mejor pinta de la que teníamos normalmente en Claw of Shadow o cualquier lugar de la capital, Martyrdom. Dhaval, a pesar de vivir lejos de la capital, tenía que viajar todos los días por la universidad por tanto tenía que lidiar con el mismo ajetreo y peligro que nosotras.

    Cuando llegamos faltaban escasos cinco minutos para que el evento comenzara, pagamos la entrada correspondiente de cada uno y nos dispusimos a entrar.

    Era un gran salón que de seguro, si era esa su función, podía resultar sumamente elegante pero ahora se había transformado en un bar estándar. Las bebidas estaban en esa zona, pero en el área exterior era donde habían colocado una tarima.

    Vi más jóvenes de edades cercanas a la de mi primo que no conocía, al final resulta que, como siempre, tocarían varios grupos de la zona. De repente vi ir de un lado a otro al tecladista amigo de Chris, que también era el encargado de todas las cuestiones audiovisuales de los eventos a los que acudían, al menos la mayoría de las veces. Me saludó con una sonrisa breve al reconocerme antes de seguir su camino. Más allá pude ver al bajista, al baterista y a la segunda guitarra, todos tenían una botella de cerveza en mano. Con los dos últimos no había tenido tanto contacto como con el muchacho ajetreado y el bajista, pero de todas formas los conocía y me saludaron cuando Christopher finalmente nos identificó. Al parecer serían los que harían la apertura, pero estaban dando algo de tiempo para que llegase más gente, aunque ya había un pequeño grupo.

    Fue faltando veinte minutos para las diez de la noche que dieron comienzo al evento. Para entonces nosotros habíamos decidido sentarnos en una zona algo lejos de la tarima, donde habían colocado unas pocas mesas en el área del césped. La mesa estaba llena de botellas ya.
    Habíamos hablado de las cosas más triviales posibles, desde la universidad hasta series y películas, momento en el que era Dhaval quien se dedicaba a hablar con breves interrupciones de alguna de nosotras tres.
    Saqué un cigarrillo de la cajetilla que conservábamos y que llevaba en uno de los bolsillos de la gabardina.


    —Krall. —Lo llamé con el cigarrillo entre los labios, me miró con la botella de cerveza en el aire, quería saber qué quería antes de bajar un trago—. El encendedor —dije sosteniendo su mirada.


    Sabía que él lo tenía, siempre lo tenía él. Buscó en el bolsillo de sus pantalones y me lo cedió. Di una calada para encender el cigarrillo y miré hacia la tarima, las luces me dejaban ver a los cinco sin problema, fui consciente de que Chris tenía la vista clavada en mí, no tenía que tener mucha práctica para lograr comprender la palabra que había musitado, solo para que la leyera de sus labios.


    Apágalo. —Di un par de caladas más, profundas, sin apartar la vista de él. Christopher nunca había querido que yo tomase ese vicio, pero lo había tomado de todas formas aunque sin la misma fuerza que él. Creo que siempre le preocupó que terminase como él y desde la muerte de Nicole había transferido su rol de hermano mayor a mí, cosa que realmente no me molestaba. Cedí entonces y le ofrecí a Dhaval lo que quedaba del cigarrillo, leí una última palabra de los labios de mi primo—. Gracias.


    —¿Por qué no lo quieres? —preguntó luego de darle él una calada y exhalar el humo.


    —Christopher —respondí sin mucho rodeo mientras señalaba con la cabeza hacia la tarima y tomaba un trago de su cerveza, pues ya la mía se había acabado hace rato y me daba pereza levantarme por otra—. No le gusta que fume, al menos no si estoy con él.


    Pronto se hizo presente el ronroneo de la guitarra eléctrica, sentí las ondas viajar por mi cuerpo, vibrando al ritmo de aquel rock experimental de sus comienzos.
    Reconocí la canción apenas empezar, después de todo llevaba el nombre de nuestra querida hermanita. Recordé que fue gracias a la creación de esa banda, hace casi cinco años, que empecé a apreciar la música instrumental de diferentes tipos.


    —Tenía una enfermedad de carácter hereditario, un gen recesivo —hablé por encima del sonido de la música. Adalet e Iris tomaron el hilo de inmediato, Dhaval me miró mientras le daba una última calada al cigarrillo que le había dado; escuchaba de nuevo, como lo había hecho en la madrugada. Le debía muchas explicaciones y lo menos que podía hacer era dárselas por fin, quizás así uniría los pedazos que me habían convertido en la persona de la que había deseado hacerse amigo. Lanzó la colilla al césped y la pisó—. Comprometía el funcionamiento de su sistema digestivo y respiratorio de forma importante, tenía que tomar pastillas y nebulizarse mínimo tres veces a diario, a veces debía usar un tanque de oxígeno, y aún así se veía bastante limitada en su día a día. Si reía demasiado tenía fuertes ataques de tos, sin importar lo que comiera su digestión no era buena a pesar de los medicamentos, debía estar internada varias veces al año ya fuese por mero control o por una crisis, por un mínimo de quince días. Como tantas otras enfermedades, no tiene cura y con el estancamiento de la tecnología desde los primeros días oscuros, tampoco hubo mejorías importantes en los medicamentos ya existentes. Desde que la diagnosticaron, tiempo después de su nacimiento, sabían que iba a morir a una edad temprana. Casi ninguno de ellos alcanza la mayoría de edad aquí en Tétrica, no tenemos los recursos, nunca los hemos tenido. Conforme crecí supe que iba a morir, que llegaría el fatal día en que la enfermedad la consumiría y así fue. Una bacteria ingresó en sus pulmones ya de por sí debilitados, fue enviada a casa, la casa en la que vive Chris, con los cuidados paliativos correspondientes. Fuimos a visitarla antes de que empeorara, estuvimos con ella, mi madre y yo, almorzamos, nos reímos un poco. Murió diez días después de mi cumpleaños y trece días antes de cumplir quince años. Mi madre había pasado por mí ese día y creí, casi con plena seguridad, que había muerto, pero no… No aún. Llegamos y la habían anestesiado por el dolor, dormía, pero yo sabía que moriría. Lo supe con tal certeza que lo primero que hice al entrar por la puerta fue largarme a llorar, a pesar de que solo dormía. Me negué a entrar a su habitación para estar con ella o hablarle y dormí toda la tarde, evadí el problema como mejor sé hacerlo. Murió pasadas las siete de la noche, luego de que mi primo hubiese estado horas antes poniéndole sus canciones favoritas y diciendo que reaccionaba levemente. Mi tía se dio cuenta no porque notara que no respiraba, no, solo vio que la piel bajo sus uñas se había comenzado a tornar azulada.


    —Melyen, ¿por qué no quisiste verla? —La seriedad con que lo había preguntado me hizo mirarlo, sin saber qué responderle de inmediato. Las vibraciones de los instrumentos seguían viajando por mi cuerpo, era una canción diferente.


    —No quería verla en ese estado de inconsciencia, no quería recordarla así. —Atiné a responder pero seguí hablando—. No creí que pudiese soportarlo, sentí que me volvería loca. Como cuando me dijiste que no querías ver a tu abuelo porque estaba muriendo… yo tampoco quería verla muriendo, sabía que se estaba muriendo, Dhaval.


    —¿Cómo era? —Lo escuché preguntar luego de haber asentido con la cabeza.


    A decir verdad podía ser curioso como un gato pequeño, por lo general formulaba más preguntas que respuestas. Pensar en eso me hizo algo de gracia, una breve sonrisa se formó en mis labios que se acentuó cuando vi el tatuaje del colibrí en mi brazo.
    Caí en cuenta de algo que no había pensado antes. El colibrí no era yo. Nunca lo había sido. Yo solo era un cuervo que intentaba pintarse las alas aunque el color no se adhiriera. Nicole había sido siempre el verdadero colibrí y la marca que había dejado en mi personalidad me había hecho adquirir sus características, esas cualidades que guardaba con excesivo recelo.


    —Siempre estaba riendo, reía aunque sabía que podía dolerle o limitarla. Su alegría era contagiosa y todos los que la conocimos estamos de acuerdo en eso. Amaba la vida profundamente, de una forma en que yo nunca he podido hacerlo. Se negaba a dejarse derrotar fácilmente, se ponía al límite porque no quería ser diferente de los demás ni ser una carga. Quería ser chef. Le encantaba la cocina y también la música. —Lo último me hizo reír un poco, miré las uñas de mi mano izquierda que ahora estaban largas—. ¿Recuerdas cuando a principios del segundo año te dije que estaba intentando aprender a tocar guitarra y me dijiste que tú también lo habías intentado?


    —Sí, ¿fue por ella? —Casi atina.


    —Por él. —Señalé con la cabeza hacia la tarima, refiriéndome a mi primo, su hermano—. También un poco por mi madre, pero particularmente por él y tía Nalini… un año después de su muerte, me sorprendieron regalándome la guitarra que solía ser suya. Para que aprendiera. No pude tocarla ni verla hasta dos años después, era como ver un fantasma, pero cuando aprendí a afinarla y a tocar algunas notas, fue hermoso. Incluso a Ío parecía gustarle, se acostaba en mi cama siempre que comenzaba a practicar lo poco que había aprendido. Al final, como te dije luego, no volví a hacerlo.


    Escuché a Dhaval reír un poco. La conversación no continuó mucho más, pronto estuvimos muy concentrados en disfrutar la música y sus vibraciones, y el tiempo fluyó con extrema rapidez.
    Entre conversaciones cortas y risas breves cuando nos dimos cuenta pasaba de la una de la madrugada. Iris parecía comenzar a tener sueño y Adalet pronto estaría igual, Dhaval y yo, sin embargo, no parecíamos particularmente cansados. Era normal que estuviéramos despiertos a esa hora.
    Pronto se me acercó Chris, ya sin sus amigos, al parecer había decidido irse con nosotros, aunque vi que sus cosas estaban en el auto del tecladista.


    —Tenemos una conversación pendiente. —Le recordé cuando estuvo lo suficientemente cerca—. Podemos ir al cerro un rato, no quisiera hablarlo en casa.


    Con el cerro me refería a una pequeña montaña cercana a Lilac, llamada Szent, donde por lo general la gente iba a pasar un rato en la noche y madrugada, para beber y fumar. No había nada más que unas ruinas en su cima, pero era sumamente tranquilo a pesar del uso que se le daba. Nadie molestaba a nadie.
    A pesar de lo extraño de mi petición, accedió. Unos veinte minutos más tarde, acabábamos de llegar a lo alto del cerro Szent, no había nadie. Estacioné el auto donde encontré un espacio.

    Iris pronto se distrajo con la vista que había de Lilac y arrastró a Adalet consigo, Dhaval se acercó a lo que quedaba de una especie de balcón, se acercó demasiado y por un momento imaginé la posibilidad de que esa estructura se fuese abajo con él incluido, aunque claramente no fue así. El viento soplaba con fuerza, revolvía el cabello de todos nosotros.
    Fui a un sector más apartado, con mi primo siguiéndome los pasos.


    —¿Por qué tanto misterio con esto, Melyen? —Creo que lo evasiva que estaba siendo comenzaba a alterarlo.


    —Estaba tanteando terreno ayer y creo que no me fue muy bien —dije luego de unos minutos de silencio, sobre el aullar del viento.


    A pesar del frío que hacía me quité la gabardina bajo su mirada extrañada, llevaba una blusa con la espalda descubierta. Estaba haciendo más o menos lo mismo que hizo Iris dos días atrás.
    Dejé salir un largo suspiro, creé la imagen mental que creí que necesitaba y no tardó en ser una imagen real. Pude verlo en sus ojos confundidos. Las alas habían surgido como aquella masa viscosa y habían tomado forma, extendidas ligeramente.

    Creí que se decepcionaría, que creería que aquello era una pesadilla, que se había drogado y estaba alucinando pero no fue así. No.
    A pesar de todo lo que había dicho sobre los Roc; bajo la tenue luz de uno de los dos postes de alumbrado público que había, el rostro de Chris casi se llenó de alegría, una alegría que nunca creí poder ver en él. Me tomó del brazo y me arrastró con él hacia el balcón donde estaba Dhaval.
    A medio camino quedó mi gabardina porque corría como un niño en el parque.
    Fue entonces que yo creí que debía estar drogada. Dos enormes alas negras rasgaron su espalda y su camisa, la imagen quedó grabada en mi cabeza casi en cámara lenta junto con el sonido de las plumas al rozarse entre sí; pero Christopher debía haberse vuelto loco, ¡¿acaso iba a saltar a la nada?! Así lo hizo, sentí el vacío crecer en mi estómago a medida que caíamos. Nos íbamos a matar, maldita sea, quedaríamos estampados contra el suelo.


    —¡Loco de mierda! —El grito había sido de alguna de mis dos amigas, de Adalet posiblemente, fue realmente agudo. Lo que le siguió lo confirmó—. ¡Iris, para!


    Un fuerte aleteo fue audible, Iris había saltado también tras nosotros, usando sus preciosas alas de golondrina. Ninguno de ellos había reparado en el segundo par de alas negras, pensé que seguro creyeron que eran las mías.


    —¡¿Melyen?! —Esta vez había sido Dhaval. Al igual que Adalet se había hecho oír incluso con la fuerza del viento y del ruido de la caída.


    Pero no, pronto sentí los brazos de mi primo rodearme a la altura de las costillas, me sostenía con fuerza a pesar de que mis alas estorbaban plegadas de una forma extraña entre su pecho y mi espalda. Aprovechó la poderosa corriente de aire para elevarse sin siquiera batir su gran par de alas, volaba despacio, en la corriente, como las aves marinas. No. Volaba como un buitre.


    —Nunca te haría daño y lo sabes —dijo al fin, apretando su agarre en torno a mi cuerpo. Pronto Iris nos ubicó.


    —¡¿Tú también? —chilló evidentemente alterada. Batía las alas de vez en cuando, pero también aprovechaba la corriente. La miré un instante y sentí las lágrimas correr cálidas por mis mejillas, pero no eran de miedo o tristeza, estaba casi segura de que eran de alegría.


    —Melyen. —Fue Chris de nuevo, hizo una pausa algo extensa antes de añadir algo muy preciso—. Vuela.


    Sentí su fuerza en torno a mi cuerpo disminuir hasta que… Me soltó. Me dejó caer a la profunda negrura.
    Iris profirió un terrible grito de espanto que escuché sin problema, otros le hicieron segunda y mi propio grito le hizo tercera.
    Nunca te haría daño. Eso había dicho pero me había soltado a mitad del aire. ¡Yo no sabía usar esas cosas! Iris trató de darme alcance o eso creí porque escuché aleteos constantes, pero a pesar de intentar darle rapidez a su caída en picada, no lograría llegar a mí.

    Mis alas se extendieron como reflejo en toda su envergadura, reteniendo el aire que se acumulaba debajo de ellas y pronto me vi impulsada con fuerza hacia arriba. Traté de mantener el balance como lo hacía Chris pero no lo logré, tuve que empezar a batir las alas, era eso o descontrolarme y caer. Recordé que el vuelo del cuervo estaba particularmente diseñado para las acrobacias.
    Lo entendí entonces. Era como nadar en el aire.

    A mis oídos llegaron los gritos y risas de alivio, junto con lo que me pareció un aplauso.
    Me había visto obligada a volar como algunos habían aprendido a nadar, tan solo me habían lanzado a la inmensidad de lo desconocido.
    Me sentí viva por primera vez en años. Por fin estaba volando con las alas que poseía, metafóricamente, desde mi adolescencia. Las lágrimas de lo que creí era alegría siguieron fluyendo y el viento se encargó de secarlas. Me fundí con el oscuro firmamento.






    Aquí hay dos nombres que sí se conservaron respecto a la persona en la que están basados sus personajes. Quise mantener la autenticidad de estas dos personalidades en la mayoría de aspectos posibles, incluso en parte de sus identidades.
     
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  12. Threadmarks: Aclaración de contenido explícito.
     
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    Con la noticia de que ahora el contenido explícito es permitido en el foro, vengo a hacer aclaraciones otra vez. Aquí el tema: Contenido adulto.

    Cielo Nocturno, a pesar de lo obvio que pueda resultar para algunos, es una novela que presentará alto contenido de violencia. Ha estado planeada así desde un inicio y de hecho he tenido que suavizar ciertas cosas por la restricción que tenía el foro de este tipo de contenido (el Final Negro que publiqué, por ejemplo), porque surgió en un momento particularmente inestable de mi vida, así que a partir de ahora seguirá la línea inicial que tenía.

    Sí, gran parte de la violencia es y será psicológica, sí también habrá violencia física. No, la verdad Cielo Nocturno no tendrá (o lo dudo bastante) escenas de sexo explícitas, porque 1) No me considero capaz de escribir este tipo de escenas con la calidad que ameritan y no quiero publicar porquerías mal hechas. 2) El sexo me es bastante indiferente, si les soy honesta.
    No, no habrá violencia de tipo sexual (violaciones o acoso sexual) de no ser que sea verdaderamente necesario para el argumento de la historia.

    Por ahora, la historia sigue un hilo bastante tranquilo en todos estos aspectos, pero la idea es que todo vaya evolucionando o incluso en regresiones esto se vea marcado.
    Eso es todo, I guess. Hago la aclaración aparte porque quiero que les llegue una alerta. (?)
     
    Última edición: 28 Noviembre 2017
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  13.  
    Lariebel

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    (Lo sé, esta crítica la tuve que haber publicado el mes pasado, pero no pude ;n;).

    ¡Hola, Yáahlcita! Por fin está listo el capítulo que tanto esperaba. ♡ Me alegro mucho de que lo hayas acabado. Está bueno que aún sigas corrigiendo errores antiguos. <3 Y, como ya te mencioné por privado, las dos palabras de adónde y dónde están aceptadas. Lo digo por acá por si alguien más tiene la duda.

    Siempre me da algo de miedo escuchar algo que no conozco, pero cada vez que lo hago tus canciones me sorprenden mucho. Las empiezo a escuchar y me quedo hasta el final. Me siento identificada con esas canciones pero no solo porque me meten en la historia, sino por todo. ;n; No sé cómo explicarlo. Deberías hacer una lista de reproducción de la banda sonora de tu novela.

    Bueno, ahora sí. Tengo muchas cosas que decir. Primero, empecemos por los personajes.

    Me agradó el hecho de recibir más información acerca de los padres de Crow. Pude sentirme un poco más cercana a ella luego de la charla que tuvo con Dhaval. Además, la relación que tienen los dos se ha mostrado un poco más. El cómo a Crow la relaja su contacto y cómo Dhaval sabe adivinar justamente lo que está pasando, ademas de hacerla reír. <3 (Sorry but... I love you).

    La historia acerca de la prima de Crow fue conmovedoramente triste. La personalidad que describe me enterneció el corazón. Fue emotivo, delicado, hermoso y triste. Esto también me hizo comprender un poco más el nuevo personaje de Chris. Me parece una muy buena introducción para saber más de él.

    Otro detalle que me agradó fue la teoría de que los Rocs fueron intervenidos por ingeniería genética. Suena muy interesante. Me llamó la atención, pero no lo sé. Aún no sabemos mucho acerca de ellos.

    Frases que me gustaron:
    • La cita de "La vida de Pi".
    • "Uno sacrifica algunas cosas por la gente que quiere". Tan cierto, my friend. :')
    • "El ronroneo del gran gato era como el de un motor en marcha". JAJAJAJAJ, soy fan de esta frase.

    La única corrección que anoté del capítulo fue la siguiente:

    "[...] el pequeño trayendo que nos faltaba." Imagino que quisiste poner "trayecto".

    Por último, está esto. Querida, tengo que decirlo. El final de este capítulo es uno de los mejores que he leído. Soy demasiado mega hiper fan. Lo adoré con mi alma. Me sentí tan inspirada al leer la escena. Me sentí como si pudiera hacer cualquier cosa. Eso es algo maravilloso de poder transmitir. Como lectora, te digo GRACIAS. Fue hermoso leerte.

    Espero poder seguir leyendo más de este long-fic. ♡ Sigue así. :3
     
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  14. Threadmarks: Capítulo cinco: XVIII La Luna. Realidad e imaginación. Inconsciente, donde no alumbra el faro atencional.
     
    Yáahl

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    Título:
    Cielo Nocturno [Self-Insert || Long-fic || Experimento]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Tragedia
    Total de capítulos:
    14
     
    Palabras:
    5627
    Bueeeeeno, ¡nuevo capítulo! También fue algo difícil de terminar, más que nada porque es el fin de semestre y eso.
    Es probable que no vuelva a escribir hasta Año Nuevo o incluso hasta enero, porque iré unos días a casa de mi tía cuando al fin termine los proyectos que tengo. Los días que esté allí me quiero dedicar al taggeo, de ser posible, y a ver anime. Además quiero descansar, tengo que admitir que escribir Cielo Nocturno a veces me agobia un poquito, por todo lo que implica, pero a futuro me ayudará o eso quiero creer.
    Me disculpo por posibles errores~

    ¿Qué tenemos para hoy?

    Una canción que encontré ayer a mitad de la noche y que amé fuertemente. Moudoku ga osou de MafuMafu.

    Solo mi corazón nota que se siente solo y en medio de esa angustia que se siente como un adormecimiento, me hundí en la impotencia de estar solo.

    Always de Blacklistt. Con la que escribí una buena parte del capítulo.
    Crawling through the ashes on the ground, I'll rebuild our world from what has fallen down.

    Y Is there somewhere (Stripped) de Halsey. Solo porque sí, porque amo esta jodida canción.

    And I try to refrain, but you're stuck in my brain and all I do is cry and complain.
    [...]
    I'm sorry but I fell in love tonight, I didn't mean to fall in love tonight.
    You're looking like you fell in love tonight. Could we pretend that we're in love?


    Dejando las formalidades de siempre, ¡que venga el capítulo!

    .

    .

    .

    .

    .

    Capítulo cinco.















    Te asemejas a veces a esos bellos horizontes
    que iluminan los soles de las brumosas estaciones…
    ¡Cómo resplandeces, paisaje humedecido
    que inflaman los rayos cayendo de un cielo encapotado!
    Charles Baudelaire. Cielo Encapotado. Las Flores del Mal.













    XVIII La Luna. Realidad e imaginación. Inconsciente, donde no alumbra el faro atencional.


    Habíamos regresado a la casa bastante tarde, aunque había valido la pena, al menos desde mi punto de vista. Tan pronto como llegamos, caímos rendidos.

    Abrí los ojos en medio de la oscuridad, o bueno, eso sentí yo. Estaba boca arriba. No me costó mucho caer en cuenta de lo que sucedía.


    No de nuevo. Por favor, no quiero que regrese. No quiero pasar por esto otra vez.


    Intenté moverme y, como predije, no me fue posible. Mis extremidades se negaban a responder. El corazón se me aceleró a pesar de que intenté mantener la calma porque sabía que así pasaría más rápido. Volví a cerrar los ojos aunque sabía que ni siquiera debí haberlos abierto realmente. Quería evitar cualquier imagen grotesca, aunque nunca había visto nada.
    Traté de relajarme, normalizar mi respiración y mi ritmo cardíaco, pero entonces lo escuché: una respiración justo junto a mi oído.


    ¡No, no, no! ¡No otra vez, por favor!


    Intenté con todas mis fuerzas moverme, despertarme del todo, porque sabía que estaba en el limbo entre la vigilia, entre el sueño de movimientos oculares rápidos y el sueño profundo, pero era inútil y de hecho solo lo empeoraba. A la respiración le siguió una carcajada y en el fondo se oía la estática de una televisión. El pánico no hacía más que crecer hasta que finalmente mi cuerpo reaccionó. Había despertado.
    Sentía el corazón en la garganta y a pesar de que sabía que tenía que mantenerme despierta unos minutos para evitar otro episodio seguido, estaba tan cansada, tenía tanto sueño que pronto volví a caer en los brazos de Morfeo.
    Esta vez no volvió la parálisis del sueño. No. Le siguió una maldita pesadilla.


    La cabellera castaña, casi negra, y lisa caía cual cascada por su espalda, no tuvo que voltearse para que yo pudiese reconocerla. Sabía quién era, lo sabía de sobra. La cascada oscura, la tersa piel morena como la de las muñecas, su aspecto delicado y, cuando finalmente se volteó, aquellos oscuros y grandes ojos atentos, delineados como si fuese un gato y esa sonrisa brillante, coloreada de un tono rojizo.
    La detestaba.
    La aborrecía.
    Me repugnaba.
    No quería saber de su existencia.
    Quería desaparecerla.


    La muñeca esa era mi rival imaginaria o quizás real. Si no era mi rival, por lo menos consumía parte de la atención que era para mí. Me hacía sentir dejada de lado porque Dhaval tenía ojos en la cara y no era estúpido para no saber que la muñequita era una mejor opción que yo en toda una serie de aspectos. Para empezar, la muñeca no estaba trastornada.

    Dhaval. Dhaval caminaba junto a ella, reía con ella.
    Reía para ella. Avanzaban fuera de la facultad y entonces fui consciente de que yo me había quedado clavada en la entrada del gran edificio gris.
    Gris apático, gris desgraciado, gris abandonado, gris que tiraba a negro bajo un cielo que amenazaba con desatar una tormenta.

    De repente sus manos se unieron, sus dedos se entrelazaron. Aquellas manos que habían tocado con delicadeza mis nuevas alas, las que habían acariciado mi cabeza, las que había sentido con las mías una cantidad reducida de veces pero conocía la suavidad de su piel. Ahora eran suyas. Nunca había tenido influencia sobre él. Todo fue una ilusión que yo misma inventé.

    Correlación ilusoria. Sobrestimé la relación entre los eventos y lo sabía, maldita yo que lo sabía.
    La muñeca volteó hacia atrás y me dedicó la más cínica de las sonrisas.


    —Jamás iba a hacerte caso, Melyen. —Reconocí el tono bajo de aquella voz, lo reconocí con tal precisión que me odié a mí misma, todo por culpa de aquella maldita pesadilla. Estaba apoyado en una de las paredes del edificio: Volkov—. ¿Por qué elegirte a ti cuando podía irse con la señorita de sonrisa de comercial?


    —Muérete —murmuré más para mí que para el lobo.


    —Eres del mismo gris apático que este edificio —continuó echando leña al fuego—. Nadie viene a este puto edificio de no ser verdaderamente necesario, nadie quiere pasar tiempo aquí. Todos se van. Krall se va con una versión actualizada de ti, porque no es tan diferente en personalidad y lo sabes, solo es un hardware mejorado.


    —Cierra la boca, perro de mierda.


    —Gris apático, ridículo pajarraco.


    —Victimista, Altan.


    —Rencorosa, Melyen.


    —Farsante.


    —Insensible.


    —Asqueroso.


    —Egoísta.


    —Traidor.


    —Krall no te ama, maldita Borderline —escupió con desdén—. Deja de idealizarlo.


    —Krall no me ama porque estuve demasiado tiempo llorando por ti. —Estaba cargada de resentimiento—. Krall no me ama porque yo estaba jodidamente enamorada de ti, maldita basura. Buscó un reemplazo porque yo estaba ciega.


    —Nunca lo iba a hacer, Király. Malentendiste todo porque estás sedienta de amor romántico, irreal, perfecto. —La voz delicada de la muñeca se unió a Volkov, como una bofetada. Ambos tenían una sonrisa de hiena en el rostro—. Vamos, ¿quién se fijaría en ti? Más cuando ni siquiera puedes dar el paso.


    —Cobarde —añadió Volkov.


    Me alejé del edificio gris y caminé hacia ellos. Caminé hacia él apartándome de Volkov, porque lo quería lejos de mí.


    —Dhaval. —Lo llamé con un hilo de voz—. Krall, no te vayas.


    Nada, absolutamente nada. Continuaba caminando con la desgraciada muñequita, ajeno a todo lo que pasaba y a la sonrisa cínica de su… No. No iba a usar esa palabra.
    Ella no era nada de Dhaval Krall. Yo no permitiría que lo fuese.


    —No quiero estar con un demonio, Melyen. —Su voz fue tan fría que me costó reconocerla; distante, desapegada. ¿Y la confianza que teníamos dónde había ido parar?


    Sentí una punzada de dolor en el pecho, ni siquiera había volteado a verme. Nunca había evitado mi mirada de esa forma.
    Tomé a mi amigo del brazo con tal fuerza que creí que le había clavado las uñas en la piel, sentí el impulso de disculparme porque no pensaba dejarlo ir así, pero justo en ese instante todo se tornó negro.
    Caía en el abismo. Pensé en volar pero pronto me di cuenta de que no podía mover mis alas. Algo las mantenía sostenidas con fuerza.
    Un agudo dolor se hizo presente y en medio de aquella caída sin fin escuché el crujir de huesos. A pesar de no poder verlo fui consciente de que no estaba cayendo, me estaban arrastrando.

    Un gran lobo tan negro como ese abismo mordía mis alas, las masticaba, las trituraba. El dolor era indescriptible. La vista se me nubló pero aún así pude distinguir en medio de la oscuridad unos diminutos puntos de luz casi alineados. Estrellas. Una brillaba más que las otras, casi en el medio de la alineación. Era una constelación.
    Una risa hizo eco en la negrura. El sonido de huesos rotos cada vez era más fuerte, al igual que el dolor.



    Desperté con la respiración y el corazón acelerados por el dolor que había sentido de forma tan repentina, pero pronto lo olvidé.
    Aquella había sido una de esas pesadillas que, más que asustarme, me hacían sentir profundamente triste.

    Me senté en la cama, sin molestarme en abrir los ojos, y sentí el cálido cuerpo de Ío junto a mí, lo supe por su tamaño.
    Una parte de lo que más me fastidiaba era el regreso de Volkov a mis sueños, de forma tan violenta y absurda. Lo demás solo me hacía sentir miserable. Me levanté y tanteé hasta que di con el interruptor de la luz y logré encenderla para caminar hasta el baño, donde también encendí la luz.

    ¿Cuánto había dormido? ¿Una hora? Estaba oscuro aún. Debían ser como las cuatro de la madrugada. Quise creer que la parálisis del sueño y la pesadilla eran resultado de mi cansancio y nada más.

    Miré mi rostro en el espejo y las ojeras se habían acentuado de nuevo.
    Abrí el grifo, con las manos bebí un poco de agua y cuando iba a salir del baño, antes de apagar la luz, fue que reparé en Dhaval, quien dormía en el sofá. Camus de alguna forma había logrado acomodarse a su lado, sus patas colgaban un poco.

    El muchacho se revolvió incómodo, quizás por la luz , así que la apagué y, guiándome con la poca iluminación que llegaba de la habitación, caminé hacia el sillón que estaba frente al sofá en que él dormía. Crucé los brazos bajo el pecho, mirándolo, hasta que decidí sentarme aunque no sabía por qué estaba haciendo eso que podría parecer, ciertamente, algo perturbador.
    Por la ventana de la cocina entraba un viento frío que no tardé en sentir, me encogí en mi lugar.


    —¿La quieres a ella? —murmuré tan bajo que hasta a mí me fue difícil escucharme. Realmente no esperaba una respuesta, prácticamente nunca esperaba respuestas de su parte y creo que ni siquiera quería saber cuál sería en esta ocasión, por eso le formulaba la pregunta al aire, mientras dormía. Era una pregunta que nunca haría directamente.


    Volvió a revolverse, capté entonces que no era por la luz, era el frío. Noté que el gato tenía una buena parte de la manta bajo su peso.


    —¡Camus! —llamé al animal un poco más alto de lo que había susurrado antes y pude ver que abrió los ojos. Con cuidado de ni siquiera rozar a Dhaval, levanté al gato y lo cargué con facilidad, era bastante más liviano que Ío. Lo acurruqué contra mi cuerpo y volvió a cerrar los ojos.


    Coloqué la manta con suma delicadeza sobre Dhaval, debía conservar el calor del gato y de hecho pareció sentirse algo más cómodo. Me quedé plantada junto al sofá con el felino en brazos unos segundos y extendí mi mano despacio, hasta que pude sentir el cabello de mi amigo rozar las yemas de mis dedos. Era suave al tacto a pesar de su apariencia algo desaliñada. Sonreí con cierta melancolía.

    Maldición, cuánto deseaba darle un beso. No el beso. Un beso inocente y protector, el tipo beso en la frente o en la cabeza que yo misma casi nunca había recibido de otras personas que no fueran de mi familia directa. Sabía que no tenía que cuidar de Krall como había sentido el impulso de hacer con Volkov, en lo absoluto, pero quería hacerle saber que podía poner toda su confianza en mí, que quería que confiara y que yo, a mi manera, podía cuidar de él y lo quería de forma genuina aunque no pudiera decirlo de buenas a primeras. Regresé mi mano, sostuve con ambos brazos a Camus y me dirigí a la cocina para cerrar la ventana. Luego de hacerlo me detuve antes de llegar al pasillo que llevaba a las habitaciones y le dirigí una última mirada furtiva a Dhaval.


    —Te quiero —susurré como quien está contando un secreto en un lugar concurrido.


    Volví a la habitación, apagué la luz, me metí en la cama y coloqué al gato al otro lado para no molestar más a Ío.

    Mi mente se negó a silenciarse.

    ¿Por qué me permitía ingresar a su espacio personal? ¿Por qué accedía a mis caprichos? ¿Por qué me hablaba a diario aunque no nos viéramos? ¿Por qué siempre que veía algo que creía que podía gustarme me lo enviaba? Solo es amable, solo soy una buena amiga en la que tiene cierto grado de confianza. Pero entonces, ¿por qué estaba allí?
    Creyó que moriría. Cuando Adalet lo contactó, creyó que me iba a morir y lo sigue creyendo, solo quiere cumplirme el último capricho para no sentirse mal. Me había convertido en una moribunda, en un ser agonizante.
    Por más que lo intentara era incapaz de aceptar una explicación como esa, porque, según yo, él no era así. Por lo que había visto de él con otros, no era así.

    En mi pecho no hacía más que crecer un vacío, ¿por qué deseaba tanto ser correspondida? Recordé las mandíbulas del enorme lobo negro cerrándose en torno a mis alas una y otra vez. Tenía claro que él no merecía lidiar con eso, no tenía por qué aguantar que yo no fuese capaz de dar por cerrado un ciclo.

    Rencorosa. Esas habían sido las palabras de Volkov en mi pesadilla. Sí, al final no era más que eso. Después de todo había deseado su muerte luego de haberme hundido en las profundidades de mi propio dolor e irse sin más.
    Un pensamiento me golpeó con la suficiente fuerza para hacerme abrir los ojos, que mantenía cerrados a pesar de no poder dormir. Si acababa con Volkov, ¿cerraría el ciclo? ¿Podrían incluso desaparecer las alas? No. La idea era ridícula, porque como había demostrado la visita al cementerio, no era lo único que me había herido profundamente.

    Desconozco a qué hora pude conciliar el sueño, pero sé que horas más tarde me despertó el ruido de la lluvia contra el techo. ¿Una lluvia de verano? Solo deseaba seguir durmiendo. No quería levantarme. Ni siquiera sentí hambre que me obligase a salir de la cama y sentía mucho frío, noté que ninguno de los gatos estaba a mi lado ya. Me cubrí casi hasta el rostro con la manta. Poco después el aroma a café llenó mis fosas nasales.

    Dhaval. Su nombre rebotó por defecto, porque sabía que necesitaba tomar café o comenzaba a tener dolores de cabeza. Esta vez no alcancé a escuchar las voces de nadie, solo la caída de la lluvia. Me volví a negar a levantarme.

    El asunto era ridículo, pero más ridículo era que me hiciera sentir deseos de ser tragada por la oscuridad eterna solo para evitar pensar. Por un lado creía que esa situación no debería causarme tanto malestar y me sentía estúpida, pero por otro sabía que tener la duda de si sí o si no desde hace tanto tiempo empezaba a perjudicarme… y aún así lo dejaba estar.

    ¿La quieres a ella? La pregunta que le había hecho a la nada horas antes había vuelto a mi mente, pero entonces respondieron las palabras que Adalet me había dicho una vez: Tal vez no quiere a nadie. De alguna forma era como recibir una bofetada, pero prefería que no quisiera a ninguna a que hubiese alguien quitándome el lugar que, extrañamente, consideraba mío.

    A pesar de mi negación finalmente decidí dejar de comportarme como la maldita depresiva en la que me había convertido y me levanté. Me coloqué un suéter y noté que mi gabardina estaba tirada en el sillón, busqué a tientas el bolsillo hasta dar con la cajetilla de cigarrillos para sacar uno.


    —¿Y el encendedor? —murmuré para mí misma mientras revolvía en el mismo bolsillo—. No, no, no, no. No quiero ir a pedírselo.


    Recordé que se lo había pedido a Dhaval la noche anterior pero no supe si se lo había regresado, pasé al otro bolsillo y para el alivio del pánico que comenzaba a crecer en mí, estaba allí.

    Salí por la puerta de la izquierda, que daba a una pequeña terraza y, observando la lluvia caer, encendí el cigarrillo dándole una calada. Imaginé que Dhaval debía estar sentado justo frente a la ventana que daba a la terraza, pero no quise voltearme para confirmarlo. Con algo de suerte le estaría dando la espalda.

    ¿Por qué demonios me negaba con tanta fuerza a dejar ir mi ilusión? ¿Por qué no podía ser feliz con lo que tenía? Adoraba lo que había construido luego de que el lobo desapareciera, pero de alguna forma era como un castillo de cristal e iba a venirse abajo en cualquier momento.
    Había colocado mis ilusiones sobre una base falseada.

    Escuché que la puerta de la cocina que daba a la terraza junto a la ventana se abría, el corazón se me atoró en la garganta una vez más y las manos me comenzaron a temblar, apenas podía sostener el cigarrillo.


    —Es muy temprano para fumar, ¿no crees, Melyen? —No había error, mi intuición había acertado con el simple aroma del café. Le di una calada profunda al cigarrillo, buscando calmarme, justo cuando el muchacho se colocaba junto a mí. De reojo pude notar que sostenía una taza humeante.


    —¿Qué hora es? —Atiné a preguntar con un hilo de voz, el humo salió por mis fosas nasales. Según yo debía pasar del mediodía, la oscuridad del cielo no ayudaba mucho.


    —Diez treinta—respondió luego de darle un trago a la taza.


    —¿Qué?


    —Diez treinta, Melyen.


    —¿Qué haces despierto a esta hora?


    —¿No debería yo preguntarte eso a ti? Llegamos tarde anoche.


    —La lluvia —dije después de una pausa quizás algo excesiva, a decir verdad no sabía por qué me había despertado a esa hora aunque inicialmente había sentido que fue la lluvia, pero solía sucederme cuando salía hasta tarde.


    —Lo mismo —murmuró aunque a mí no me sonó particularmente convencido. Le extendí el cigarrillo, casi por mera costumbre, pero lo rechazó—. Terminaré asqueado si fumo en una casa ajena, sobre todo ahora que sé que a tu primo no le gusta que lo hagas.


    Me encogí de hombros, terminé lo que quedaba del cigarrillo, apagué la colilla y la lancé hacia el cafetal. Me mantuve en silencio, realmente no sabía qué decirle o qué hacer, la maldita pesadilla me había dejado bloqueada y ahora no podía sacarme a la muñequita de la mente; me asqueaba profundamente.

    Pensé en que aquello, inicialmente, había sido culpa de la amiga que había usado a la muñeca como prueba. Al no atreverse a preguntarme directamente si sentía algo por Dhaval, lo que hizo fue probarme, retarme, lanzar estímulos hasta recibir una respuesta que ya esperaba. Fue esa amiga la que, con su experimento, me hizo consciente de la cercanía que existía entre esos dos. Había matado dos pájaros de un tiro, había confirmado mis sentimientos hacia nuestro amigo en común y me había hecho ver algo que hasta entonces estaba pasando por alto. Fue a partir de ese momento, junto con un comentario suelto que había hecho otra conocida, que mi desprecio por la muñeca fue en aumento

    La pregunta ahora era, ¿por qué me molestaba tanto en odiarla? Si él la quería de esa forma, realmente no había nada que yo pudiese hacer. Tal vez, solo tal vez, cuando el resentimiento que sentía por Altan Volkov disminuía, o yo sentía que era así, era porque simplemente lo estaba transfiriendo a ella, tuviera algo que ver o no.
    Ahora mismo no solo la odiaba a ella, sino también a mí misma. Mis actitudes eran enfermizas.


    —¿Me regalas un trago? —Me atreví a dirigirle la mirada por fin, al parecer había guardado silencio el suficiente tiempo para que escuchar mi voz de repente lo hiciera sobresaltarse levemente. Me extendió la taza y la tomé con cuidado, estaba tibia.


    —¿Pero no me habías dicho que el café te daba dolor de estómago?


    —Cuando tomo una taza completa o es muy temprano. Además solo quiero un sorbo porque el aroma me provoca querer probarlo —dije detrás de la taza antes de darle un trago, cuando al fin lo probé continué—. Le falta azúcar, Krall.


    —¿Tienes algún plan para hoy? —Pasó por alto mi comentario. Negué con la cabeza.


    —¿No deberías volver a casa? —Estaba tanteando el terreno, porque ahora sentía que le había colocado la obligación de viajar conmigo sobre sus delgados hombros. A lo mejor tenía personas con quienes quisiera estar en vez de gastar su tiempo en otra jodida provincia conmigo.


    —No, está bien —murmuró mientras cruzaba los brazos sobre el pecho—. Tampoco es como que tenga algo que hacer allí.


    Miré el líquido oscuro dentro de la taza, distraída. Había pasado del miedo terrible de que Volkov muriera o algo parecido, a la incertidumbre de lo que podía o no sentir Dhaval Krall por mí. Sí, porque ya no había dudas de lo que yo sentía, no tenía caso negarlo; lo había aceptado hace tiempo.

    No podía decir que lo amaba, porque no me sentía correspondida en ese aspecto y de hecho era lo que me faltaba para decir que lo hacía, pero le profesaba un cariño inmenso que se había construido en medio de bromas y ciertos remedos de conversaciones serias, un cariño que había surgido de una amistad.
    Después de todo yo no conocía otra forma de atracción, era incapaz de enamorarme o sentir algo remotamente parecido a la atracción sexual por una persona con la que no tuviese un vínculo de confianza previo. Yo no entendía a la gente que empezaba a coquetear desde un principio, porque para mí el mundo nunca había funcionado de esa forma. El mismo Volkov había sido antes mi amigo que cualquier cosa.


    —No tenías que venir por lástima —dije luego de darle otro sorbo al café medio amargo de Dhaval.


    —No lo hice por lástima —sentenció sin mirarme—. Eres mi amiga, Melyen, lo que hago por ti o contigo no lo hago por lástima.


    El color subió de golpe a mis mejillas, mezclado con cierta amargura ajena al café. Amiga. Bueno, peor era nada, ¿no? Sí, peor era nada porque si a finales del primer semestre del primer año de universidad alguien me hubiese dicho que ese muchacho introvertido de aire distraído y, ciertamente, casi un absoluto weeaboo*, iba a convertirse en uno de mis mejores amigos no le hubiese creído. Si alguien me hubiese dicho que encima de eso iba a enamorarme de él, me hubiese reído en su cara, porque yo estaba ciega por el amor que sentía por el maldito lobo y, bueno, había que admitir que Dhaval no era especialmente agraciado.
    ¿Qué caso tenía seguirme amargando por el asunto, sobre todo si afectaba la relación que teníamos? Suspiré, le di un último trago al café y le regresé la taza a Dhaval, dedicándole una sonrisa breve.


    —Dejando de lado el detalle del azúcar, está bueno —comenté dejando un poco del aire sombrío que me envolvía, aunque pronto me surgió una duda quizás algo existencial—. ¿Y si Claw of Shadow se reduce a un barrio bajo?


    —¿Qué quieres decir?


    —Viste el toque de queda. ¿Qué demonios haremos, Dhaval, con la universidad y con todo? Es el campus principal…


    —Se supone que deben darnos la posibilidad de trasladarnos a los otros recintos, con beca incluida. La situación escapa de nuestro control y, por ley, es lo que procede.


    —Los recintos no lograrán cumplir con la demanda, Dhaval, por algo la gente viaja, por algo tú viajas.


    —Empezando porque en mi provincia no hay recinto.


    —Pero tenías otra universidad estatal con sede principal en tu provincia.


    —Tienes un punto. Preferiría no pensar en eso… La sede de Claw of Shadow ahora mismo es como una bomba de tiempo, como si en cualquier momento fuese a morirse.


    Le dirigí una mirada que casi fue de extrañeza. De alguna forma fue como si hubiese hablado de la universidad con afecto y con miedo, el miedo que había manifestado cuando hablaba de que sus padres querían visitar a alguno de sus abuelos enfermos. Le daba miedo que se murieran mientras él estaba allí. Sentí otra oleada de afecto por él y supe, o quise creer, que Dhaval podría hablar sin mirarme pero nunca se negaría a ello deliberadamente como había hecho en aquella maldita pesadilla. Su configuración no era esa.

    La conversación no siguió más allá, pronto regresamos a la habitación y nos sentamos en la cama donde había estado durmiendo, no tardamos en recostarnos. Nadie más daba señales de despertar pronto. Revisamos las redes sociales, hablamos de cosas de lo más triviales y de vez en cuando guardamos silencio.

    Fue cuando llegó de golpe la imagen de mi pesadilla y el punto de luz en la oscuridad, de los puntos de luz. La constelación. Era una línea zigzagueante, con un centro brillante. Hidra. El punto de brillo intenso era la estrella alfa, el corazón de la hidra. Metafóricamente había pensado que Dhaval era una suerte de nueva estrella y ahora lo había asociado a una directamente.
    Antes de darme cuenta había volteado mi vista hacia él, quizás de forma algo brusca.


    —¿Qué te pasa? —Tenía su celular en la mano, la luz de la pantalla le iluminaba levemente el rostro.


    —Hidra —murmuré casi solo para mí, me miró extrañado. Acto seguido, incapaz de decirle cuál era el motivo de aquello, le mentí—. Soñé con una constelación. Una para cada uno de nosotros… la tuya era Hidra. Eres Hidra, Krall.


    Frunció el ceño, cosa que a decir verdad me hizo algo de gracia. Le hice un gesto con la mano, para restarle importancia al asunto.


    —Estabas delirando hasta en tus sueños. —Lo escuché decir y sonreí débilmente.


    —Es muy probable. —Fue de lo último que le dije.


    En algún punto dejé mi celular, también dejé de prestar atención, quizás porque él guardó silencio demasiado tiempo y decidí descansar la vista un momento. Sin darme cuenta había vuelto a quedarme dormida.

    Cuando desperté el clima seguía casi igual, ya no llovía pero el cielo no aclaraba. Al parecer Dhaval también había cedido al sueño, su respiración era tranquila, pausada. Me levanté con cuidado de no despertarlo y volví a la terraza sin siquiera fijarme si alguien más estaba despierto; esta vez salí a una parte que no estaba techada.
    Observé el cafetal, los árboles, el cielo de aquel maldito gris apático y vi a las aves volar. Segundos más tarde, sentí mis alas surgir despacio y poco después de haberlas extendido alguien las juntó rápidamente, como si fueran las alas de una mariposa.


    —No vueles de día, Mel. —Era Christopher, su voz aún sonaba algo adormilada—. Si te ve algún agente de las FAL, tirará a matar. Hasta un civil podría tirar a matar. No deberías ni siquiera haberlas sacado.


    Pronto me guió de regreso a la casa, sin pasar por la habitación esta vez y me llevó a la suya, cerrando la puerta tras de sí. Camus y Gea dormían plácidamente, Ío había entrado justo antes de que mi primo cerrara la puerta.


    —Lo siento, no me di cuenta de lo que estaba haciendo —susurré mientras me sentaba al borde de la cama y acariciaba a Camus. Mis alas había desaparecido poco después de que Chris las hubiese juntado.


    —Recuerda que no debes dejar que nadie, además de nosotros, las vea. La gente tiene miedo, Mel, y los rumores corren muy fácil como ya te diste cuenta. En Phosphorus… dicen que en Phosphorus los están encerrando, que a todo aquel que se piense que es un Roc es encerrado y no se vuelve a saber de ellos. A veces los matan y hacen pasar los cuerpos como si fueran de corruptos, por las alas. —Se le veía genuinamente preocupado y sentí que el corazón empezaba a latirme con fuerza. Escuché una puerta abrirse y a alguien caminar, no supe quién era pero al menos ya daban señales de vida en aquel día apagado.


    —¿Por qué nos tienen tanto miedo, Chris? —Lo atajé sin pensarlo mucho, la duda me daba vueltas y ya no podía silenciarla. Mis manos habían comenzado a temblar, apreté los puños buscando detenerlas—. ¿Para qué nos quieren? —Fue esa la pregunta que lo tomó por sorpresa y me miró sin saber de qué estaba hablando, al parecer, extrañamente, no se le había pasado por la cabeza que nos quisieran para algo en particular.


    —Somos un error —sentenció al fin, sin terminar de creérselo—. No nos quieren para nada, solo quieren borrarnos del mapa como a cualquier criatura que se les sale de las manos.


    —Estaban buscando combatir a los corruptos, ¿no es así? —No lo estaba mirando, pero lo escuché revolver cosas y luego pasar páginas rápidamente.


    —Melyen. —Se acercó y me tendió un libro que parecía bastante maltratado y manchado por la humedad, luego suspiró con pesadez. Señaló un nombre en el libro, “Metal Feather’s Project”—. Sí, algo así buscaban. Iniciaron un proyecto, luego de un período de oscuridad particularmente malo. La idea surgió en Désir, las FAL de ese continente se organizaron en un grupo tecnológico sumamente especializado, pasaron a ser IAAL, Inteligencia Artificial Armada de Luminous… todo estaba en manos de Metal Feather.


    —¿Pluma de metal? —Lo vi asentir y su dedo señaló un par de líneas más abajo—. Líderes en ingeniería genética… desde 2660.


    —Metal Feather tiene bajo su poder empresas farmacéuticas, de agroquímicos y biotecnología, además de tener convenios de todo tipo con Oriente, sus avanzadas tecnologías y sus grandes avances en comportamiento humano, bueno, primate. Luego de los días oscuros de 2650, Metal Feather quiso poner en marcha un proyecto que preparaba desde hace más o menos cuatro décadas. Junto con las IAAL, jugaron al fin con el material genético humano.


    —Chris… ellos, ¿hicieron lo mismo con los corruptos?


    —No, no. Aparentemente, aunque los corruptos tienen una base humana, incluso a Metal Feather le parece éticamente inaceptable usar su material junto con el nuestro.


    —¿Qué demonios hicieron entonces?


    —Nos volvieron inmunes —dijo mientras cerraba el libro, no tenía nada en su portada y era de un apagado tono de marrón. Un sonido ahogado salió de mi garganta—. Tuvieron que pasar varias generaciones para que estuvieran seguros de que estos sujetos, estos humanos probeta, eran realmente inmunes y cuando fue comprobado se les colocó en las sociedades de todo el mundo, donde transmitieron su mejora genética.


    —¿Somos descendientes de los humanos probeta de Metal Feather?


    —Sí, aunque la mejora se mantuvo como una suerte de gen recesivo, por ello aún hay personas que no son inmunes o tienen el gen pero no lo manifiestan. Metal Feather hizo bien su trabajo, si me preguntas, pero creo que luego… se les salió de control. Sabes que los organismos transgénicos…


    —No deben cruzarse con variedades silvestres.


    —Éramos la variedad silvestre. Realmente no es algo que haya confirmado el proyecto, porque aún existe, pero generaciones más tarde… empezaron los rumores de la gente con alas. Trataron de cubrirlo diciendo que habían surgido con el primer registro de los días oscuros, pero realmente surgieron luego de la oscuridad de 2650.


    —Los Roc —murmuré llevándome las manos al rostro.


    —Porque Metal Feather usó material genético de los únicos seres vivos verdaderamente inmunes a la corrupción. —Se levantó y volvió a colocar el libro donde estaba, cubriéndolo con un montón de ropa. No tardé mucho para comprender por dónde iba el asunto.


    —Las aves. Metal Feather usó el material genético de las aves para hacernos inmunes.






    Weeaboo: Básicamente, todos nosotros. Ok no. Persona que, digamos, prefiere la cultura japonesa sobre la cultura de nacimiento, en un sentido algo obsesivo. Es decir, no solo se limita al anime y al manga, sino a todo en sí. Dado que aquí Japón es un misterio (?) Entiéndase, el territorio de Oriente de ascendencia asiática en sí que se mantuvo hasta la línea temporal de Luminous.

    La constelación de la Hidra está cerca de otras dos, Cráter y, curiosamente, Corvus. El mito refiere a que Apolo le pidió al cuervo que le servía que le trajese agua en una vasija, pero el cuervo esperó a que maduraran los frutos de una higuera y, cuando finalmente regresó con Apolo, con la vasija claramente vacía y una serpiente en ella, como buen tramposo que es, se excusó diciendo que la serpiente se bebía el agua. Sin embargo, el dios se dio cuenta de esto y furioso lanzó las tres cosas al cielo.
     
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    ¡Hola, Yáahl! Como bien sabés, ya leí el capítulo hace tiempo, pero vengo a criticarlo ahora que puedo armar bien mi opinión. No te asustes. Me gustó un montón y me encanta el camino que va siguiendo tu novela. Como te dije al privado, me parece que es algo hermoso que puedas explotar tu creatividad a través de Cielo Nocturno y que, además, puedas liberar de alguna forma eso que tanto guardás dentro de vos. Las emociones que transmitís con tu novela se pueden palpar. Están a flor de piel. Puedo sentir a cada a Crow como si estuviera junto a mí. Te felicito por lograr crear esa sensación. ♡

    Ahora no creo poder escuchar las canciones que dejaste porque no tengo tiempo, pero seguro son muy buenas, como las anteriores.

    Otro punto fuerte del escrito es el romance que comenzaste a desarrollar hace poco. No es un romance precipitado ni forzado, se ve como algo natural y tierno. Podés transmitirnos fácilmente los sentimientos de Crow sin que ella diga nada, solo narrando sus acciones (las caricias hacia el cabello de Dhaval, su mirada, su anhelo, etc).

    El final acerca de la relación entre los Roc y los científicos me hizo pensar "¡Yay! ¡Lo sabía!". El elemento clave de la ficción y el misterio de la novela se va poniendo interesante. :3

    La frase que rescato del capítulo esta vez es: "Eres mi amiga, Melyen, lo que hago por ti o contigo no lo hago por lástima". :")

    Con respecto al apartado ortográfico, creo haber notado una repetición de palabras (como "luz", por ejemplo), pero nada más. No son cosas graves. uwu

    Te felicito tanto por la evolución de la trama como por la ortografía.

    Eso es todo. Lamento la demora. Te quiero. ♡

    ¡Saludos!
     
    Última edición: 10 Diciembre 2017
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  16. Threadmarks: Capítulo seis: XV El Diablo. Terror. Complicidad de animales arrinconados al borde del abismo.
     
    Yáahl

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    Cielo Nocturno [Self-Insert || Long-fic || Experimento]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Tragedia
    Total de capítulos:
    14
     
    Palabras:
    4812
    Como siempre, Lariebel te agradezco un montón tus comentarios, los amo con todo mi corazón de pollo/gato.
    Igualmente le agradezco a Jaenie por seguir la historia a pesar de todo. Agradezco muchísimo tus ratings, me hacen la vida más bonita. ♥
    Las quiero muuuucho a las dos.

    ¡Al fin vuelvo con un nuevo capítulo! Ay, cómo costó y aún así quedó más corto de lo que quedan normalmente. Me dueles, Yáahl, espera qué.

    Quería que el capítulo fuese un poco más movidito, pero al final creo que quedó bastante parecido a capítulos anteriores, lol.
    Quiero intentar algo diferente a lo que he venido haciendo para el capítulo siete, hay que ver cómo resulta. :>

    No sé hasta cuándo volveré a actualizar. Tal vez en febrero o por ahí en marzo, dependerá de mi humor respecto a otras cosas y a qué tanto tiempo libre tenga.
    Me disculpo por posibles errores, como siempre, es de madrugada.
    En fin. Espero que les agrade o que al menos no me maten si los hago sufrir. :/*-*\::shani:

    ¿Qué tenemos para hoy?

    Mientras buscaba qué canciones colocar, terminé revisando la playlist desde el inicio y terminé escuchando la siguiente canción. Fue una de las primeras que agregué y en ese momento me sentí muy muy identificada con ella. Al volver a escucharla tuve que aguantar las lágrimas, porque la verdad me trajo recuerdos. En fin:
    How-to sekai seifuku (How-to World Domination) de MafuMafu & Amatsuki.

    Todavía sigo esperando del mañana una estúpida y egoísta disculpa de Dios.
    [...]
    A pesar de pretender ser fuerte a este desgraciado amor, de todos modos mis verdaderos sentimientos sin duda serán atacados por mi propia moral.
    Si un misil vuela en cielo, si se llama vida a este tipo de cosas, tengo que convertirme en una buena persona, quiero poder reafirmarme a mí mismo.
    Tengo que convertirme en una buena persona antes de que mi corazón se vuelva insensible.


    Luego una canción que me pasó una personita que se menciona bastante en Cielo Nocturno.
    Broken Bones de CRX.

    If I see only what I believe, reality is bound by what I conceieve.

    Y por último, Machigai Sagashi de MafuMafu.
    Me comeré todas tus tristezas así que ya no llores, por favor. Nunca más.
    [...]
    Ya nadie puede amarme con estos brazos manchados de sangre.


    Formalidades aparte, ¡y que comience el capítulo!

    .

    .

    .

    .

    .

    Capitulo seis.















    Tal vez —pensó— no existen los buenos y los malos amigos;
    tal vez sólo hay amigos, gente que nos apoya cuando sufrimos
    y que nos ayuda a no sentirnos tan solos. Tal vez siempre vale
    la pena sentir miedo por ellos, y esperanzas, y vivir por ellos.
    Tal vez también valga la pena morir por ellos, si así debe ser.
    No hay buenos amigos ni malos amigos, sólo personas con las que
    uno quiere estar, necesita estar; gente que ha construido
    su casa en nuestro corazón.

    Stephen King. It. Página 1060.
















    XV El Diablo. Terror. Complicidad de animales arrinconados al borde del abismo.


    Los días siguientes pasaron sin mayor sobresalto, a decir verdad. No les comenté a los demás lo que me había revelado Christopher respecto a los Roc y mucho menos sobre lo que parecía estar sucediendo en Phosphorus.

    En el camino de regreso volvimos a pasar por casa de tía Nalini para despedirnos. Nos entretuvimos más de lo debido y nos faltaba cerca de media hora antes de llegar a Claw of Shadow, pero no faltaban más de diez minutos para el toque de queda de mi región.


    —Iris. —La llamé y por el retrovisor pude notar que ella daba un pequeño salto, quizás estaba por quedarse dormida—. ¿Crees que podamos pasar la noche en tu casa? No llegaremos a tiempo.


    —Sí, claro. No hay problema —respondió sin siquiera pensarlo.


    —Puedo pasar a dejarte a tu casa si quieres, Ada.


    —Pasaré la noche con ustedes —dijo luego de meditarlo un momento. Asentí con la cabeza.


    Guardamos silencio unos minutos más, con un instrumental de fondo en la radio. Era como si alejarnos de Lilac nos estuviera regresando el mal aspecto que solíamos tener, el profundo cansancio y el hartazgo.

    La tranquilidad de la tarde fue detenida de golpe. Estaba sucediendo nuevamente, como en aquel verano absurdamente soleado, como aquel día maldito.
    Aún había luz solar, después de todo era verano también y no eran siquiera las cinco de la tarde, pero no importó, el cielo se tornó negro de golpe, como en un eclipse.

    Frené en seco, con la suerte de que el auto que venía detrás de nosotros guardaba una distancia prudencial y pudo frenar antes de chocarnos. El corazón me subió a la garganta.

    La oscuridad era profunda y no habíamos reaccionado aún, ninguno fue capaz de hacer algo. Casi a través del suelo subió la vibración de un sonido apenas perceptible para el oído humano.
    Fue entonces que encendí las luces del auto porque al parecer el alumbrado público no iba a dar señales de vida.
    No había ruido alguno además del motor de los automóviles y creí que aquel sonido de ultratumba era el que, a veces, se escucha en el absoluto silencio nocturno surgiendo de las profundidades de la tierra antes de un sismo de gran magnitud.

    Estaba extendiendo mi mano hacia Dhaval como acto reflejo cuando de la periferia del bosque salió un corrupto, un remedo de jaguar enorme con ciertas facciones humanas y con zonas faltas de pelaje. De las inmensas fauces le goteaba un líquido oscuro que también cubría sus patas delanteras. Sangre.
    Estuve por pisar el acelerador a fondo hasta que Dhaval me tomó el brazo que había dejado en el aire.


    —No hagas semejante estupidez, Melyen —murmuró con un tono tan plano que por un momento no supe quién me estaba hablando—. Si centra su atención en nosotros estamos acabados, ni siquiera el golpe del auto lo matará y lo sabes, es demasiado grande.


    Miré por el retrovisor y mis amigas estaban tan pálidas que creí que en cualquier momento perderían el conocimiento.

    Volteé para ver la caja en la que estaba Ío; encogido en el fondo, siseando como una serpiente, con las orejas aplastadas contra el cráneo.
    Luego volví la vista hacia la carretera de nuevo, el corrupto avanzaba despacio, indiferente al entorno.

    Uno de los conductores del carril contrario hizo la estupidez que yo estuve a punto de cometer. Aceleró a fondo y arremetió contra la criatura, que finalmente reaccionó. Sin dificultad alguna salió del camino del auto y lanzó lo que imagino fue un rugido, pero solo resultó en ese sonido extraño, grave y apenas perceptible, una vibración como la de un bajo.
    Ío comenzó a maullar terriblemente, como la vez que tuvo algo parecido a una convulsión.

    Aquello desató una reacción en cadena; de repente varios autos volvieron a ponerse en marcha con tal rapidez que se provocó una colisión metros más allá y el rechinar de neumáticos se tragó el silencio.

    El corrupto ahora se había ceñido con el conductor que había tratado de embestirlo, se escuchaban sus gritos pero ninguno de nosotros se atrevió a mirar y yo ya no me atrevía a pisar el acelerador y atraer su atención hacia nosotros.

    ¿Qué se supone que haríamos? Tenía miedo, muchísimo miedo, porque nunca se me había ocurrido lo terrible que era la llegada de la oscuridad si no tenías la suerte de estar en casa para poder encerrarte.

    De repente descargaron un arma a quemarropa y fueron audibles los gruñidos de dolor de la bestia.
    Todos volteamos la mirada con brusquedad. Era un agente de las FAL, uniformado de negro casi en su totalidad; llevaba una gabardina con un emblema en la espalda que no logré distinguir por la penumbra y el hecho de que mi vista no era la mejor cuando se refería a objetos lejanos. Quizás era un agente especial o algo del estilo que por casualidad viajaba por esa carretera.

    ¿Casualidad?

    El cuerpo del corrupto ahora yacía junto al auto, el conductor había sido decapitado con tal precisión que resultaba hilarante.


    —¡Crow! —chilló Adalet con una fuerza que me detuvo el corazón en el pecho. Estaba casi llorando y la voz le salió por fragmentos incomprensibles que de alguna forma logré unir—. ¡Crow, el gato!


    Nuevamente volví la mirada hacia la caja de Ío. El animal estaba vomitando sangre a borbotones y de repente había comenzado a aumentar de tamaño. Ío, mi adorado compañero, se estaba corrompiendo como pocas veces había visto que sucedía con los animales. Un grito brotó de mi boca, ahogado por una especie de sollozo.


    —¡Salgan! —La orden la dio Dhaval con tal firmeza que no pudimos hacer otra cosa que acatarla.


    Salimos del auto en tropel, enredándonos con nuestros propios pies y nos apartamos varios metros.

    Pronto el animal había roto la rejilla de la caja de transporte y se paseaba por el asiento trasero de un lado al otro, aún con la sangre escurriéndole de la boca y con más del triple de su talla. Era de un tamaño parecido o mayor al hace siglos extinto leopardo nebuloso, quizás como uno de los machos más grandes de esta especie, y su color gris hacía que pareciera estar hecho de humo. El pelaje se le había cubierto de unas manchas anchas de borde ligeramente más oscuro, parecidas a nubes deshechas. Su cola era más larga que su cuerpo y estaba cubierta de un pelaje grueso y largo.

    Se detuvo un momento y clavó su mirada esmeralda en mí. Su respiración era agitada, irregular y parecía tener arcadas aún.


    —Ío. —Lo llamé con un hilo de voz, incluso sabiendo que nunca respondía a su nombre. Emitió un sonido grave, extraño, mientras bajaba del auto tambaleándose como un ebrio.


    —Melyen. —Sentí que alguien me jalaba del brazo, intentando alejarme.


    El animal siguió avanzando despacio, claramente atontado mientras emitía aquel sonido, como una llamada de auxilio.
    Se me llenaron los ojos de lágrimas y de repente caí en cuenta de que lo matarían, lo harían pedazos. Me quitarían lo único que conservaba como recuerdo de mi núcleo familiar. Fue ese pensamiento el que me cegó.


    —El agente —dije sin apartar la vista del felino.


    —¿De qué demonios hablas, Crow? —Era la voz de Iris, imaginé que ella era quien me había intentado apartar—. Tenemos que irnos, no podemos hacer nada.


    —¡Háganse a un lado! —aulló el agente de las FAL. Sostenía una linterna, el haz de luz creaba sombras al chocar con nuestros cuerpos. Me volteé de golpe y vi que sostenía un arma también, apuntaba hacia nosotros—. ¡Pongan distancia antes de que el corrupto ataque!


    Todos mis amigos se apartaron, arrastrándome con ellos. El agente cargó el arma.


    —¡Ío! —grité llamándolo. Esta vez me lanzó un rugido mientras aplastaba las orejas contra la cabeza, como cuando estaba en su caja. Retrocedí como reflejo, la vista se me empañó por las lágrimas una segunda vez.


    No medí mis acciones. No pensé con claridad. No creí que fuese a salir todo tan mal.

    Antes de que alguno pudiese detenerme, mis alas habían surgido. Corrí hacia el enorme gato gris, tropecé varias veces y avancé casi a cuatro patas, impulsándome torpemente con mis nuevas extremidades.

    Me interpuse entre el felino y el agente, con las alas completamente extendidas al igual que los brazos, sentí las plumas erizarse. No hubo mayor reacción por parte del agente.


    —No —dije y la seguridad que había en mi voz me sorprendió a mí misma—. ¡No va a dispararle a Ío, hijo de puta!


    —¡No defiendas a un maldito corrupto, niña! —Una sonrisa altanera le adornó el rostro—. Sabemos lo que hiciste, Király. Mataste a tu padre en los días oscuros, ¿por qué defenderías a un estúpido gato?


    —¡Melyen, basta! —gritó Dhaval, estaba unos pasos más adelante que mis amigas, había confusión en su mirada.


    Bajé un poco los brazos, dudé solo porque él estaba interponiéndose en mi decisión. Sentí como involuntariamente mi rostro se deformaba por el esfuerzo que hacía por contener el llanto.

    Disonancia.

    No podía dejar que matara al gato. No podía ignorar la orden de Krall. Era perder al gato o desobedecerle cuando nunca antes me había dado una orden directa así. En el fondo deseaba correr a esconderme tras él como solía hacer a veces, más o menos a modo de broma. Maldición, solo deseaba desaparecer.

    Me di cuenta demasiado tarde de que el animal se había acercado a mí, solo lo noté cuando olisqueó mis plumas y estuve a punto de gritar. Sentí su aliento cálido y pronto apoyó su peso en mi costado, llenándome los pantalones de su sangre, pero estaba ronroneando. Ahora verdaderamente se escuchaba como un motor. Era un sonido poderoso. Dos gruesas gotas transparentes se habían acumulado bajo sus ojos ahora absurdamente inteligentes. Lloraba.

    Ya no podía echar atrás.

    Comprendí por qué en Phosphorus nos estaban encerrando y matando… Los Roc congeniábamos con los corruptos. Ío y yo éramos muestra de ello. Incluso antes mi padre había sido una muestra de esa relación. Ahora nos matarían a ambos, a mí y a mi maldito demonio.


    —Conque era cierto. —Era de nuevo el agente—. Los alados tienen control sobre los demonios.


    No se sorprendió por el hecho de que tuviera alas, sino por comprobar la teoría que yo misma acababa de intuir. Comprendí que no era un accidente que ese agente estuviera en la misma carretera que nosotros.

    Lo vi abrir la boca para decir algo más, pero junto con el sonido de una detonación cayó al suelo. Le habían reventado los sesos.
    El gran felino gris se pegó a mi cuerpo, sobresaltado, y siseó hacia el agresor: Dhaval Krall.


    —Me pregunto cómo serán las cárceles en estos días —dijo con cierta ironía en la voz que resultó ridículamente atractiva dada la situación. Bajó el arma con el cañón humeante aún, sin apartar los ojos de mí. A veces me intimidaba la capacidad que tenía para mantener el contacto visual. El arma era la de mi padre, la había sacado de la guantera del auto—. Dudo que sea un buen momento para convertirnos en traidores, pero no nos dejaste opción, Crow.


    Era la primera vez que se dirigía a mí por ese apodo y un escalofrío me recorrió la columna vertebral. Pude notar que mis amigas, al borde de un colapso, habían vuelto a acercarse al auto para poder sostenerse en pie a duras penas, no eran siquiera capaces de hablar o les daba miedo hacerlo.


    —¿No dijiste que me detuviera?


    —El gato te reconoció a pesar de haberse corrompido. Eso no pasa cuando se corrompen los animales, es más común en humanos e incluso así es raro.


    —¿Y qué?


    —Mostraste las alas. Te reconoció cuando lo hiciste.


    —Repito, ¿y qué?


    —Curiosidad de investigador. No podía dejar que los mataran a ambos.


    —¿Dices que quieres que seamos tus conejillos de indias? —Me agaché un poco y acaricié la cabeza del animal sin apartar la mirada de mi amigo, Ío volvió a sisearle—. Creo que podría decirle que te coma y lo haría sin problema. —A pesar de que intenté decirlo en tono de broma, supe que no había parecido así.


    Por mi mente pasó como un relámpago el pensamiento de que ordenarle a Ío tal cosa sería un desperdicio. Era un trabajo que yo podía hacer de forma no tan literal y bastante más placentera. Con esa idea tan absurda y digna de una adolescente promiscua, no fui capaz de sostenerle la mirada más tiempo. Se acercó a mí y me entregó el arma, que tomé con cuidado de ni siquiera rozar su mano.


    —Nos estarán buscando tan pronto como vuelva la luz solar o la energía eléctrica —añadió mientras caminaba hacia el auto—. A mí por traidor, a ti por ser un maldito cuervo, a Adalet y a Iris por ser testigos vitales.


    —Nos estaba siguiendo desde antes, Hidra. —No creí que se diese por aludido pero se detuvo.


    —Te llamó por tu apellido y no se sorprendió por las alas, lo sé —dijo rápidamente, para añadir algo más—. Nadie más puede saber del gato, Crow.


    —Lo sé.


    —¿Qué haremos? —Adalet habló por fin con voz temblorosa.


    Pude ver que Iris estaba intentando controlar las arcadas, imaginé que era por la sangre. Regresión. Había vuelto a sentir extrema repulsión por ese fluido.


    —No podemos a volver a Claw of Shadow ni a las regiones vecinas —sentencié, mis amigas dieron un respingo y Dhaval se mantuvo estático—. Tenemos que volver con Chris. Para estas alturas, Claw of Shadow debe haberse reducido por fin a un barrio bajo. Era claro que no soportaría otros días oscuros.


    —Iris. —Volteó a verme y parecía estar recuperándose lentamente, aunque seguía muy pálida—. Voy a necesitar que conduzcas.


    —¿Qué se supone que harás tú?


    —Guiar a Ío por la periferia del bosque aprovechando la oscuridad y el caos hasta que me sea posible —respondí mientras extendía las alas.


    —¿Eres imbécil? —La pregunta fue de Adalet y me sacó una genuina carcajada.


    —Nadie debe verlo y es probable que nosotros debamos desaparecer del mapa también —añadí mientras batía las alas un par de veces, estirándolas—. Nos convertiremos en fantasmas, jóvenes, espero que les guste y si no, espero que el hecho de poder ser asesinados por el gobierno los motive.


    —¿Y si aparecen más corruptos? —Me pareció que sus ojeras se habían marcado aún más.


    —Por eso Hidra se quedará el arma —añadí mientras volvía a entregársela. Ninguno preguntó por qué de repente me refería a él de esa manera y era mejor así.


    —Y tenemos al gato —dijo Iris con la mirada fija en la criatura.


    —No. No pondré a Ío como un platillo para otros corruptos —sentencié y la rubia apartó la vista. Alcé vuelo por fin, con un poderoso movimiento de alas—. No hay tiempo, tenemos que movernos.


    Ninguno se atrevió añadir nada más. Subieron al auto en un silencio de muerte e Iris se colocó al volante
    No tuve que hablarle al felino siquiera, en cuanto me moví hacia el bosque se internó en este y empezó a seguir el sonido del batir de mis alas e imagino que mis amigos hicieron algo parecido para no perder mi rastro.

    Debíamos llegar a Lilac, no había tiempo que perder, pero la oscuridad había provocado el pánico y a pesar de que quise usarlo a nuestro favor, no me fue posible.
    Había autos y camiones en las profundas cunetas, otros habían chocado de forma fatal entre sí e Iris se las tuvo que ingeniar para esquivar los diferentes obstáculos sin terminar por irse ella también a una cuneta. Había cuerpos humanos por doquier, pero también cuerpos corruptos… al parecer la gente había dado pelea. No había señales de agentes de las FAL.

    Para cuando estábamos por volver a llegar a la casa de la que habíamos partido hace apenas una hora, se desató una terrible lluvia que me impidió seguir guiando a Ío por el bosque. Tuvimos que meterlo en el maletero, con la orden expresa de que no se moviera ni hiciera ruido. Mis amigos estaban claramente angustiados por tener un maldito corrupto en el auto y no pude culparlos.

    Adalet iba en el asiento del copiloto. Dhaval sostenía el arma con tal fuerza que su mano había perdido color, quise decirle algo, lo que fuese, pero al final guardé silencio. ¿Estaría preocupado por su familia, por sus otros amigos?
    Pude ver la casa en cuanto entramos a la calle de ese vecindario.


    —Iris, acerca el auto a la casa lo más posible —dije desde el asiento trasero por encima del ruido de la lluvia.


    El agua me escurría por todo el cuerpo, tenía el cabello pegado al cráneo, pero la preocupación y el creciente miedo me impedían sentir frío.

    La rubia siguió mi indicación. Bajé del auto con prisa y aporreé la puerta, Christopher abrió casi de inmediato y a la luz de los faros del auto reparó en cómo había cambiado mi aspecto desde que me había visto. Me tomó del brazo con fuerza y me arrastró adentro, sin cerrar la puerta.


    —¿De quién es esa sangre, Crow?


    —Nos seguía un agente de las FAL, Christopher —respondí tratando de liberarme de su agarre. De repente sentí unas profundas ganas de llorar y fui incapaz de contenerlas, estallé mientras contaba en medio del llanto lo que había pasado. Soltó mi brazo de golpe, como si le quemara—. Un… un corrupto salió del bosque, alguien intentó atropellarlo… pero terminó mal, lo mató y luego el agente... Í-ío… vomitó tanta sanfre, por Dios, ¡era demasiada sangre para su cuerpo, Chris! Quiso matar a Ío… las alas, los Roc… no pude. Hidra. —Tuve que corregirme a mí misma antes de seguir hablando y lo siguiente fue lo único que salió de mi boca sin entrecortarse—. Dhaval le disparó.


    Nadie más habló ni reaccionó. Chris clavó la mirada en Dhaval. Había bajado del auto a pesar de la fuerte lluvia, se había quedado a medio camino, con la mirada algo perdida y los brazos colgando a los lados aún sosteniendo el arma con la mano derecha. No daba pista clara de qué estaba pensando o sintiendo, ni de qué haría o por qué había bajado del auto.

    Acababa de matar a alguien. Maldita sea, lo había empujado hasta el borde sin darle opción, había matado a alguien por mi culpa; como un animal asustado que ataca porque no le dan otra salida.

    Parecía perturbado y por primera vez realmente sentí la necesidad de protegerlo, de encerrarlo en una burbuja donde nada malo pudiese pasarle, de cubrirlo con mis alas y crearle un mundo donde estuviese a salvo. Un mundo que no fuese Luminous. Aquella sensación que conocía de sobra hizo que las lágrimas fluyeran aún más, sin que pudiese siquiera apartar la vista de él.

    Del maletero surgió un sonido gutural que llevaba consigo la energía de un mal presagio.

    Un pensamiento intrusivo terrible llegó en forma de una imagen mental. Lo vi levantar el arma… y apuntarla hacia sí mismo, luego la sangre y los gritos lo llenaron todo. Sentí como si el corazón se me hubiese detenido en el pecho.
    La imagen desapareció con la misma velocidad que había surgido.

    Levantó el arma y la respiración se me cortó de golpe. Sentí un dolor punzante en todo el pecho que me cruzó hasta la espalda.


    —¡No! —chillé de tal forma que pude notar que, en el auto, Iris y Adalet se sobresaltaron.


    Dhaval pareció capaz de volver a enfocar el mundo que se le había perdido por un momento y me miró con el ceño ligeramente fruncido, confundido. No sé si comprendió lo que yo pensé que iba a hacer, pero tomó el arma por el cañón y me la tendió. Tal vez esa había sido su intención desde el inicio y yo solo había sobreanalizado la terrible situación en la que nos encontrábamos, llegando a una conclusión particularmente nefasta.


    —Toma —dijo con voz pastosa. Cuando me acerqué para tomar el arma, la mano me temblaba. Por primera vez sentí lo fría que era el agua que caía del cielo. Añadió algo más antes de que me apartarse—. No quiero tenerla más tiempo.


    Dejé caer el brazo con el que sostuve el arma. Se me desenfocó la vista unos segundos por las lágrimas y la lluvia, y por un momento me apoyé en él, mi cabeza quedó a la altura de su clavícula. Su cuerpo estaba helado.


    —Estoy harta —murmuré a duras penas, estaba sollozando. Sentí que acariciaba mi cabello, a pesar de lo empapado que estaba, como solía hacer en la universidad cuando, en mi cansancio, apoyaba la cabeza en cualquier superficie plana o en su hombro.


    —Saca al gato. No podemos seguir distrayéndonos.


    Suspiré, me separé y me dirigí al auto de nuevo.
    Abrí el maletero y el gran felino, con el hocico lleno de sangre coagulada, me miró con una tristeza tan profunda que estuve por meterme en su escondite temporal para llorar hasta desaparecer, deshacerme o morirme, lo que pasara primero. Le acaricié la cabeza y cerró los ojos ante mi tacto.


    —Vamos, gatito. Estamos en casa. —Tuve que inhalar con fuerza para poder hablar claramente.


    Asomó la cabeza y pude escuchar a Chris maldecir en voz alta. El gato lo miró y él dio un paso atrás.

    Cuando por fin salió del maletero, lo tomé suavemente por el pelaje del cuello y caminé rápidamente hacia dentro, guiándolo. Poco después mis amigos entraron también.
    Chris tenía varias velas iluminando la casa. Supe que se había encerrado apenas llegó la oscuridad.

    Sentía los ojos terriblemente hinchados y aunque me había puesto ropa seca de la que conservaba en las maletas, el frío me había llegado hasta los huesos. Estaba sentada en uno de los sillones de la sala.
    Mi primo me dio una gran toalla húmeda.


    —Tienes que limpiarlo —dijo sin mirar demasiado al animal, que reposaba su cabeza en mis piernas.


    No respondí, pero me dediqué a retirar la sangre del pelaje de Ío, que comenzó a ronronear como había hecho antes.

    Dhaval estaba sentado a la mesa, bebiendo un gran vaso de refresco de cola a temperatura ambiente porque era lo más similar a café que había.
    Adalet e Iris estaban en el sofá frente al que yo me había sentado.


    —¿Qué planeas, Melyen? —preguntó Chris. La luz de las velas le creaba sombras en el rostro. Para empezar, deseaba beberme media botella de tequila de un tirón y desconectarme.


    —No podemos regresar a ninguna zona de Martyrdom —respondió Dhaval sin esperar mi respuesta, repitiendo algo que yo ya había dicho luego del incidente en la carretera—. Claw of Shadow debe estar lleno de agentes de las FAL.


    —El agente tenía un emblema diferente. —Lo que acaba de decir no tenía relación con la pregunta o la respuesta de Dhaval, pero lo había recordado de repente.


    —Sí, lo sé —afirmó Iris con aire distante.


    —¿Alguno pudo ver qué era exactamente? —Vi que Dhaval e Iris negaban con la cabeza


    —Parecían las garras de algún ave de presa muy grande —murmuró Adalet, como si no lograra encontrarle sentido al símbolo y a decir verdad creo que ninguno se lo encontró.


    Mi vista volvió a Christopher y supe que era el único para el que aquello tenía un significado, su rostro lucía verdaderamente afligido. Iba a abrir la boca para preguntarle qué pasaba pero no me lo permitió.


    —Melyen. —Supe que volvería a formularme la misma pregunta que hace un momento.


    —No lo sé —admití por fin. Debíamos desaparecer de esa casa en cuanto volviera la luz, fuese natural o artificial, todos lo sabían, pero no tenía idea de cómo íbamos a hacer tal cosa—. No sé adónde iremos ni siquiera.


    Vi que Adalet estaba aguantando el llanto, se llevó las manos al rostro para ocultarlo. Comprendí lo que aquello significaba. Sus familias debían estar angustiadas por los tres, ellos debían estar angustiados porque sabían que tendrían que darse por muertos provocando un dolor increíble en sus hogares. Sin embargo, Dhaval parecía tan tranquilo que me preocupé por ello, ¿acaso era un mecanismo de defensa?

    Tragué grueso sin mirar a nadie de nuevo, mientras continuaba limpiando al que ahora era mi corrupto. Cuando por fin volteé la mirada hacia alguna parte, terminó en el arma que reposaba junto a una de las velas y la caja de municiones, casi al lado de mi amigo.

    Yo misma me había empujado al borde. El arma parecía ser la solución definitiva y era ridículamente tentadora.
    Dhaval podría decir que actuó en defensa propia porque lo ataqué, me apuntó a mí pero yo usé al agente de las FAL de escudo, Adalet e Iris confirmarían esa versión y Christopher solo los habría acogido luego de eso. Matarían a Ío y podrían continuar sus vidas, sin ser traidores ni tener que desaparecer. Dirían que yo escapé a los bosques, cosa que sería cierta.
    Sí. No era un plan tan malo.
    La llama de la vela titiló, creando sombras y luces de apariencia viva en el arma que descansaba en la mesa, como una serpiente que espera a que su presa se acerque para atacar.
    Siempre supe que estaría mejor muerta.
    Me reventaría el cerebro de una vez por todas.
     
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  17. Threadmarks: Capítulo siete: XIII Sin Nombre. Vantablack.
     
    Yáahl

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    Cielo Nocturno [Self-Insert || Long-fic || Experimento]
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    He pasado gran parte del día corrigiendo este capítulo, añadiendo cosas y quitando otras. No sé si estoy orgullosa del resultado final, pero me gusta. Fue interesante intentar algo diferente. ¡Espero que les guste!

    Me disculpo por posibles sensibilidades heridas (aunque me disculpo más conmigo misma) y por posibles errores.

    Esta vez realmente no sé cuándo actualizaré. Falta ver cómo salen muchas cosas y tengo responsabilidades que atender. Todo va a depender, como dije en el capítulo anterior, de cómo me sienta.

    Como sea, sigamos. :shani:

    ¿Qué les traigo hoy?

    La hermosa canción que encontré hace unas horas y sentí que iba muy bien con el sentimiento de este capítulo.
    Take me somewhere nice de Mogwai.


    Cuando lleguen a la referencia, van a entender por qué coloco lo siguiente.
    La nana del Laberinto del Fauno, una bellísima película de Guillermo del Toro.



    La versión en piano y violín.

    Y esta es más una especie de cierre.
    Inochi ni kirawarete iru de MafuMafu.

    En verdad no me importa si yo muero, pero si mueren las personas que me rodean estaría triste.

    Nosotros que queremos morir sin pensarlo, que miramos nuestra existencia frívolamente, somos odiados por la vida.

    No me importa si yo muero, pero las personas que me rodean quieren que viva.

    No necesito nada, ni sueños ni un mañana. Si tú vives, entonces está bien.

    Sin más atrasos, ¡qué comience el capítulo!

    .

    .

    .

    .

    .

    Capítulo siete.















    Por lo general era muy desgraciado, eso no puede negarse, y también podía hacer desgraciados a otros,
    especialmente si los amaba y ellos a él. Pues todos los que le tomaban cariño,
    no veían nunca en él más que uno de los dos lados.

    Hermann Hesse. El lobo estepario. Página 39.















    XIII Sin Nombre. Vantablack.


    Adalet Bristow

    Había que reconocer que todos teníamos una pinta espantosa y era comprensible, sin embargo, ellos tres nos superaban a nosotras.

    El primo de Melyen parecía mortificado por algo que solo él comprendía. Ella y Dhaval lucían muy mal, enfermos y atormentados.

    ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Por qué el maldito gato corrupto le hacía caso? ¿Por qué había empezado a llamar Hidra a Dhaval de repente? ¿Por qué reaccionó de aquella forma cuando lo vio levantar el arma? ¿Por qué había llorado de esa manera sin quitarle la vista de encima cuando no era siquiera capaz de invitarlo a almorzar con ella?

    Yo misma ahora estaba aguantando a duras penas las ganas de llorar a todo pulmón. Teníamos que desaparecer, no vería a mis padres más y ellos creerían que me habían asesinado cuando llegó la oscuridad.
    Había tenido que cubrirme el rostro, buscando evitar romper en un llanto histérico. Esta vez no estaba siendo dramática, es que de verdad todo estaba jodido.

    Ahora que, a pesar de saber que teníamos que irnos, habíamos decidido descansar de todo lo que acababa de suceder, no era capaz de pegar ojo. Realmente no teníamos tanto de qué preocuparnos, ¿o sí? La luz tardaría días en volver… ahora podíamos ocultarnos en la oscuridad. Como cucarachas.

    No quería admitir lo que sentí que estaba viendo cuando Crow lloró de esa forma sin quitarle la vista al chico. Joder, de verdad no quería. Era como un desgraciado déjà vu.

    Crow había llorado tanto por otros que terminaba llorando por sí misma sin darse cuenta y eso era lo que había sucedido.
    Lloró por el muchacho porque algo en él causaba dolor en ella, se diera cuenta o no.
    Creo que él, en el fondo, también estaba roto y ella quería repararlo; unir todos sus pedazos para que pudiese amarse a sí mismo.

    Por un momento no había sido Dhaval Krall quien estaba ahí de pie en medio de la lluvia, dándole la espalda al auto mientras sostenía el arma con la que acababa de asesinar a un agente de las FAL. Altan Volkov lo había sustituido, con su piel y cabello claros, pálido como un muerto por el frío, y Crow lloraba porque cuando levantó el arma… Era para destrozarse la cabeza. Y lo amaba tan profundamente que el dolor que le provocaría perderlo, la sola idea de que muriese, no la dejó reaccionar o eso creí. Fue cuando chilló a todo pulmón y la sensación de déjà vu se desvaneció.

    Solo era Dhaval, con el arma en el aire, mirando a Crow sin saber qué demonios estaba sucediendo… y ella había seguido llorando. Porque, aunque no parecía consciente de ello, también lo amaba profundamente. Él lo supo desde el principio, creo, sin duda debía ser consciente al menos en este momento del amor que ella le profesaba desde hacía tiempo ya. No hacía nada porque no la correspondía o porque no terminaba de creérselo. Pero maldito él que lo sabía, así como también sabía que la quería de alguna forma que quizás aún no lograba terminar de descifrar.

    No podía dejar de pensar que cuando por fin me retiré las manos del rostro, mi amiga con alas tenía la vista clavada en su adorado amigo.
    No, eso fue lo que creí.
    Su vista estaba fija en el arma débilmente iluminada por la vela titilante.

    «Todos estarían mejor si yo me muriera» esas habían sido sus palabras aquel octubre terrible cuando derrumbó las paredes de su conciencia.

    Crow llevaba años lidiando con pensamientos particularmente violentos hacia sí misma, pero no fue hasta la entrada a la universidad que empezó a manifestarlos. Me di cuenta tarde del daño que se estaba provocando, aunque creo que no me hubiese escuchado de todas formas. Nunca escuchaba. Melyen estaba acostumbrada a silenciar las alarmas de daño emocional, propias o ajenas, las destrozaba con una roca enorme.

    Habíamos decidido ir al cine una tarde. No recuerdo el día, la fecha y mucho menos la película que terminamos por ver. Solo recuerdo lo que descubrí oculto bajo el reloj y los brazaletes. Solo recuerdo que no me dijo nada.


    —¿Qué es eso, Melyen? —Pocas veces la tocaba, pero le había tomado el brazo izquierdo para poder ver… Finas líneas casi enrojecidas y algunas que parecían heridas más recientes que otras. No respondió—. ¿Fue el gato?


    Tampoco hubo respuesta y no insistí. Sabía lo que eran realmente.

    Era un recuerdo desagradable que deseaba no tener, pero no podía deshacerme de él.

    Había comenzado a lastimarse, su dolor emocional no encontraba salida y había decidido que prefería distraerse con un ligero dolor físico; que era más aceptable. Tenía más lógica sentir dolor por unas pequeñas heridas que ella misma no dejaba sanar; porque su sufrimiento se había vuelto algo muy abstracto.

    El asqueroso de Altan Volkov le había provocado tanto dolor sin parecer consciente de ello, que la había arrastrado a las profundidades de un helado océano. La había paralizado el frío y solo se movía violentamente por las terribles corrientes.

    Era despreciable, a mí me lo parecía, pero ella lo amaba con cada maldito pedazo de su inmenso corazón. Crow se había enamorado de un farsante, de un niño victimista, de un lobo que había sentido tanto dolor que decidió morderle la yugular a su compañera.

    Supe, aunque no lo acepté sino hasta después, que deseaba morirse o quitarse la vida pero no era capaz de encontrar el valor para hacerlo y que sentía que debía castigarse, que merecía el dolor que se provocaba.

    Crow llevaba años autodestruyéndose mentalmente, necesitaba hacerse sufrir continuamente de forma emocional, como si solo así se diese cuenta de que estaba viva, como si solo por sentimientos intensos valiese la pena seguir en este mundo con el que estaba profundamente resentida.
    Era como si quisiera estar bien pero otra versión de sí misma le gritara que no era posible.
    Había tantas versiones de Crow que dudaba conocerlas todas, sin embargo, estaba casi segura de que muchas de ellas se odiaban entre sí y odiaban una mayoría importante de la sociedad y el hecho de vivir en sí mismo.

    El ruido débil del colchón cediendo ante el movimiento de un cuerpo me sacó de golpe del torbellino de pensamientos en el estaba atrapada. Debido a que estábamos en una habitación grande, apenas dividida por parte de una pared y que tenía una cortina en vez de puerta, el sonido se filtraba fácilmente.


    —Tranquilo. —Reconocí la voz de Melyen, estaba murmurando lo más bajo que podía—. Quédate aquí durmiendo, no tienes que levantarte.


    ¿Con quién demonios estaba hablando? Un suave sonido felino respondió la pregunta que acababa de formularme. Hablaba con el corrupto, Ío, el gato que había cargado solo unos días antes y ahora era una bestia enorme.


    —Tengo que irme, pero ellos se quedarán aquí. —Mi amiga había seguido murmurando, imaginé que acariciaba a la criatura mientras lo hacía—. Sin importar qué, nunca le hagas daño a ninguno, Ío, por favor. Nunca. Ellos… Ellos solo harán lo que deban hacer para poder volver a casa, ¿está bien? Nosotros ya no tenemos un hogar, no pertenecemos a ninguna parte.


    El animal volvió a responderle con un sonido apenas perceptible y me sorprendió que ella no se hubiese largado a llorar, aunque quizás ya había llorado demasiado por un día o por una buena parte de su vida.

    Se me formó un nudo en la garganta cuando, a través de la terrible oscuridad, me llegó a los oídos el sonido delicado que estaba brotando de su boca: arrullaba al corrupto como se arrulla a un niño. La nana llegaba a su mente desde algún lugar lejano y sabía que también estaba almacenada en mi memoria, pero no era capaz de identificarla.

    Sin darme cuenta, las lágrimas habían comenzado a resbalarme por las mejillas hasta llegar a la almohada. ¿De qué demonios estaba hablando diciendo eso de que tendría que irse? ¿Por qué le decía esas cosas al gato?

    Su arrullo se fue deteniendo gradualmente hasta que el silencio reinó de nuevo.

    Escuché el encendedor casi al mismo tiempo que una tenue luz amarillenta bañaba su habitación y parte de la mía porque la cortina no estaba completamente cerrada. Había encendido una vela. Pronto escuché también sus pasos y rápidamente cerré los ojos.

    Abrió la cortina y luego la puerta de la forma más silenciosa que le fue posible.

    Abrí un poco los ojos, para apenas ver una imagen distorsionada y noté que estaba completamente vestida. Se había puesto la gabardina y se había colocado la capucha de esta; llevaba los pantalones negros dentro de las botas del mismo color. Era casi como ver una pequeña Muerte sosteniendo una vela titilante. Se me detuvo la respiración unos segundos.

    Cerró la puerta con la misma delicadeza con que la había abierto. Esperé unos minutos, aguardando escuchar algo. No fue hasta mucho más tarde que pude escuchar cómo abría y cerraba la puerta principal.

    Me sequé el rostro con las palmas de las manos y me levanté a toda prisa, para colocarme los zapatos y un suéter.

    Caminé a oscuras a la habitación en la que había estado Crow y busqué a tientas el encendedor, imaginando que no se lo había llevado con ella. Lo encontré más fácilmente de lo que pensé y lo accioné. La llama volvió a iluminar el lugar y pude ver que el gran felino dormía profundamente, cubierto por una manta. De los ojos cerrados se le resbalaban algunas lágrimas.

    Dejé que la llama se extinguiera y salí a toda prisa de la habitación, guardándome el encendedor en el bolsillo.

    Había dejado la vela sobre un plato en la mesa. Unos centímetros más allá, había una nota doblada a la mitad con un bolígrafo encima. El arma ya no estaba.

    Dhaval dormía en el sofá nuevamente, por la forma en que tenía la manta encima supe que ella lo había arropado antes de salir. Sentí un sabor amargo en la boca y tuve que tragarme las nuevas lágrimas que se habían formado antes de siquiera abrir la nota.

    Era la disculpa más pobre que le había leído en la vida y explicaba de forma muy resumida un plan para limpiarnos a nosotros de lo que había sucedido. Ni siquiera era una despedida ni una explicación. Me debía más que eso, se lo debía a Iris, a Christopher y a su maldito amor universitario.

    Arrugué la nota y la lancé al suelo. Me planté junto al sofá mirando hacia la puerta.


    —Dhaval. —Lo llamé con voz firme pero de nada sirvió, lo llamé por su apellido y tampoco resultó. Intenté mi último recurso antes de tener que sacudirle el sueño—. ¡Hidra! —Fue entonces que despertó sobresaltado, mirando confundido la manta que le cubría el cuerpo.


    —¿Adalet?


    —Levántate.


    —¿Qué demonios sucede? —Se enjuagó los ojos y me miró con el hartazgo de quien acaba de ser despertado de una siesta que necesitaba desde hace meses.


    —Crow —dije esperando su reacción y se limitó a mirarme buscando que continuara—. Se despidió del gato, salió de la habitación, dejó una nota y acaba de irse sola en medio de esta puta oscuridad. Lleva el arma.


    No respondió nada más, se limitó a hacer lo mismo que yo había hecho antes. Se puso los zapatos y salió a toda prisa por la puerta principal, sin molestarse en voltear para ver si lo seguía o para cerrarla.

    Me quedé plantada en mi lugar, mirando hacia la inmensidad de la noche que se había tragado a Hidra como la gran boca de un lobo.

    Di un paso al frente pero luego regresé sobre este y me dirigí a la cocina. Saqué un cuchillo de una de las gavetas para después aventurarme por fin hacia la noche, cerrando la puerta tras de mí.


    Melyen "Crow" Király

    A pesar de que la oscuridad reinaría por días, era claro que ya lo peor había pasado. Al menos en Lilac ya nada parecía dar señales de empeorar. No se escuchaban los gritos nocturnos ni a los corruptos como en Claw of Shadow. De no ser por todo lo que había sucedido, casi podría decirse que era simplemente una noche particularmente oscura debido a las nubes.

    Soplaba una brisa suave que apenas me agitaba el cabello, pero seguía sintiendo el mismo frío que hace unas horas.

    Apreté el agarre sobre el arma casi igual de helada que el ambiente y suspiré con pesadez mientras me alejaba del que alguna vez fue mi segundo hogar, dejando en él a mi corrupto y a algunas de las personas a quienes más había amado en mi vida.

    Estaba bien, estaba completamente consciente de la decisión que estaba tomando hasta que pensé en eso. La tristeza me cayó encima como un bloque de concreto y el mundo se me desenfocó. Los pensamientos y las emociones comenzaron a colisionar entre sí, distorsionándose sin lograr dirigirse a ningún lado.

    Estaba harta de ese mundo de mierda, harta de ser lo que era y también de no ser suficiente a pesar del esfuerzo que hacía, joder. Hace años que quería desaparecer de una puta vez, pero al mismo tiempo no deseaba hacerlo. Quería que me salvaran, el problema era que en el fondo sabía que eso solo podía hacerlo yo misma porque, para empezar, yo era la que más daño me provocaba.

    ¿Qué caso tenía quedarme? Solo serviría para arrastrarlos conmigo una vez más. No quería hacer lo mismo que había hecho Volkov aunque sabía que me parecía exageradamente a él. Quizás era por eso que estaba tan resentida con el lobo, porque era mi reflejo, porque veían en él a mi sombra en el mejor estilo junguiano.

    Tuve que tragar grueso para bajar el sabor amargo de las lágrimas.

    Me interné en los cafetales, sin molestarme en mirar atrás. La brisa movió las nubes que cubrían la luna y entonces me vi bañada por una luz azulada, rodeada de sombras en movimiento. Seguí caminado. Solo eso y nada más.

    No me di cuenta cuando las lágrimas me empañaron por completo la vista ni cuando mis alas surgieron pero solo cayeron como peso muerto que arrastré tras de mí.


    Dhaval "Hidra" Krall

    Había que ver las estupideces que podía hacer Melyen sin que uno se enterarse hasta que se sentían sus resultados como una absurda bofetada dada por una mano invisible.

    Podía ser excesivamente prudente pero también muy impulsiva y a veces rompía las paredes de su propia inhibición.

    ¿Con qué demonios estaba soñando antes de que Adalet me despertara para decirme que se había ido en medio de la noche? ¿Sangre? ¿Dientes? ¿Luz? Casi podía seguir sintiendo el sabor metálico en la boca, pero una neblina cubría las imágenes que intentaba alcanzar.

    Iluminé el camino con la débil luz del celular que apenas conservaba algo de batería. ¿Dónde pretendía ir?

    Tropecé varias veces antes de que los ojos se me acostumbraran a la penumbra y pude escuchar que Adalet pasó por la misma situación.

    Joder. Era una maldita suicida. Estaba caminando al borde del acantilado y nos arrinconaba al mismo tiempo, de una forma incomprensible.

    A ellas ya las había arrinconado antes, pero a mí apenas me había abierto las puertas de su mente inquieta, ansiosa, adolorida y, ciertamente, algo apática a pesar del talento que poseía. A veces me daba la sensación de que este se alimentaba de su incapacidad para lidiar consigo misma.

    La chica cuervo me estaba empujando hacia el borde porque se permitió quererme, porque yo insistí en formar parte de su vida y ahora… Ahora los pensamientos se me arremolinaban.
    No podía sacarme de la cabeza la imagen que tenía de ella desde hace unas horas, con el cabello y la ropa pegados al cuerpo, mientras lloraba sin consuelo con las gotas saladas mezclándose con el agua fría del cielo. Un cielo nocturno tan negro como sus alas, parchado de nubes de tormenta.

    Dios, si se destrozaba el cráneo no me lo perdonaría.

    De pronto respirar se me volvió algo extremadamente complicado, era como si fuese a ahogarme; tenía la profunda certeza de que Melyen se moriría en cualquier momento… y tenía miedo. El terror me estaba comiendo vivo.
    No quería estar allí, pero tampoco podía largarme. La ansiedad me estaba aplastando porque tenía que asegurarme de que estuviese bien.

    Sí podía irme. No quería. No quería dejarla a su suerte cuando ella acaba de arroparme antes de salir para reventarse la puta cabeza.

    Cuando la luz de la luna al fin se deslizó por entre las nubes fue que la vi, o vi el movimiento que causó su paso por los cafetos, y a duras penas pude ver la sombra de su cuerpo. Al menos eso creí.

    Adalet pareció notar lo mismo y emprendió desesperada carrera, el filo de un cuchillo resplandecía en su mano. Le seguí el paso de inmediato y no tardamos en internarnos en la espesa plantación. Sentí las ramas arañarme los brazos.

    La oscuridad, los cafetos y la ventaja que nos llevaba le permitieron perderse de nuestra vista. Adalet estaba por entrar en completo pánico y corría sin dirección alguna.


    —¡Melyen! —chilló a todo pulmón y no pude distinguir si estaba llorando, pero como mínimo estaba a punto de hacerlo y no la culpaba.


    —¡Melyen, maldita sea, no puedes estar tan sorda! —Me sumé a ella con un comentario que nunca le habría dicho en otras circunstancias—. ¡Responde de una vez!


    —¡Király! —Fue Adalet de nuevo y la fuerza de su grito me provocó la sensación de que mi propia garganta se había rasgado.


    El sonido de las hojas revolviéndose nos hizo callarnos a ambos y pronto lo siguió un grito terrible que supimos estaba mezclado con llanto; lo acompañó la detonación de un arma.

    Adelanté a Adalet sin saber si me seguía los pasos y corrí buscando la dirección de aquel sonido espantoso que sentía que provenía de todas partes.

    El tiempo se estaba agotando.

    Tropecé con la raíz de un árbol que crecía por encima de los cafetos al borde de un claro y estuve a punto de caer de cara contra el suelo, pero logré mantenerme en pie. Fue luego de que mi vista lograra enfocarse que la vi.
    Maldición, deseaba no haberla visto. Deseaba no estar allí, deseaba no existir. Deseaba reventarme la cabeza en su lugar solo para salir de esa situación.

    Dios, sigo esperando una disculpa de tu parte. Necesito que una maldita entidad se disculpe con nosotros por habernos traído a este mundo podrido. Pero solo hay polvo estelar, rayos cósmicos, agujeros negros, supernovas, estrellas de neutrones. Física.
    A ella le gusta la física.
    Y a mí también. ¿Y eso a qué viene?
    El universo se le está saliendo por la espalda.


    Los pensamientos comenzaron a fluir con tal rapidez que todos parecían simples ideas inconexas. Solo sabía que no podía procesar la imagen que tenía frente a mí.

    El arma reposaba frente a ella, que se encontraba de rodillas en el suelo. El llanto la estaba ahogando, sollozaba como una niña pequeña, pero aun así no apartaba la vista de la pistola. No había notado nuestra presencia.

    No era esa escena la que me impedía conectar ideas y me hacía desear desaparecer. No.

    En algún punto de su travesía las alas le habían rasgado la espalda pero ahora eran una masa extraña, perdían su forma sólida y la recuperaban a una velocidad ridícula. La izquierda se colocaba en un ángulo imposible cada vez que recuperaba su estructura ósea.

    Entonces me di cuenta. La sangre bañaba todo a su alrededor y le goteaba de las manos que mantenía frente a ella, unos centímetros por encima del suelo. El arma también estaba parchada de rojo, apenas visible por el reflejo que la luz le arrancaba al líquido, diferente al del arma.

    El grito que profirió Adalet me sonó lejano, extraño e irreal.

    Melyen se había intentado destrozar las alas. Había decidido que no quería volar.


    Adalet Bristow

    Se había despedazado un ala, Dios mío, se la había hecho trizas. Estaba intentando deshacerse de lo que tantos problemas le había dado y ahora estaba en un claro cubierto de su propia sangre.

    Se me resbaló el cuchillo de las manos.

    Había intentado arrancarse un ala en lugar de volarse la cabeza… ¿Por qué?

    Miedo.

    Dhaval permaneció estático, mirándola como si no pudiese procesar lo que estaba frente a él.

    Crow tomó el arma frente a ella y estuvo por resbalársele de las manos. Tenía restos de hojas secas adheridas.

    Sus alas recuperaron su estructura ósea y pude ver el daño que se había causado en la izquierda, ni siquiera podía extenderla y permanecía en el suelo como un revoltijo de carne, huesos y plumas enormes. Había adelantado el ala derecha ligeramente.
    Seguía llorando, sin poder controlar su respiración.

    Reparó al fin en nuestra presencia, a pesar de la forma en que yo había gritado antes. Sus ojos claros estaban desorbitados y no hubo emoción alguna que se reflejara en ellos. Miró a Dhaval y le sonrió débilmente de una forma extraña. La expresión no le duró mucho debido al llanto.
    Se apuntó al ala y, antes de que alguno pudiese reaccionar, disparó.

    Uno, dos. Gritos.


    —¡Mel, para! —Krall gritó con tanta fuerza que me paralizó. Hasta ahora acortaba su nombre, quizás por el profundo terror que sentía—. ¡Para de una vez, suelta eso!


    Tres, cuatro. La sangre corrió a chorros.


    —¡Detente, por favor! ¡Ya basta! —El chillido me rasgó la garganta.


    Antes de antes de que pudiese meterse un quinto tiro, me abalancé sobre ella. La escuché gritar de dolor y su palidez me reveló que no sería nada raro que perdiese la conciencia en cualquier momento.
    Dhaval forcejeó con ella hasta que logró arrebatarle la pistola y luego se alejó. Tenía las manos, los brazos e incluso el rostro cubierto de sangre. Pude ver rasguños en su piel. Parecía extrañamente al borde del llanto histérico.
    Tuve que mantenerla aprisionada con el peso de mi cuerpo a pesar de sus reducidas fuerzas. La ropa se me empapó en sangre y estuve por vomitar.

    Sus alas se agitaban contra el suelo de una forma casi antinatural, partes de ellas no se movían, o bueno, lo que quedaba de ellas.
    Gritaba y lloraba de genuino dolor, por el daño que ella misma se había causado.

    No pude soportarlo más y rompí en llanto también. Le estampé una cachetada que la hizo dejar de moverse un momento y luego llorar desconsolada nuevamente. Le estampé otra que hizo que se llevara las manos al rostro al fin, sus ojos parecieron reflejar algo pero las lágrimas de ambas no me dejaron saber qué era.
    Levanté la mano una vez más.


    —¡Ya está bien, déjala! —Su orden me frenó en seco.


    Las lágrimas me escurrían por el rostro. Dhaval se había acercado, desconozco si era consciente de la expresión de genuino dolor que tenía.


    —Yo… yo no…


    —Suéltala, Adalet, por favor —dijo en su tono de voz habitual que era hasta difícil de escuchar.


    De pronto me resultó sumamente pequeño, como si fuese un niñito delgado que no sabía qué hacer y era horrible verlo sostener esa arma llena de sangre. A través de mi propio llanto pude sentir que él estaba guardando sus lágrimas y gritos de una forma sobrehumana.

    Crow lloraba en silencio, cada vez más pálida, con las alas relampagueando de dolor.

    Me aparté de encima de ella y lo primero que hizo fue arrastrarse lejos menos de un metro para luego llevarse las rodillas a la altura del pecho.


    —Perdón —murmuró con voz frágil—. Lo siento tanto, Dios, debí matarme. Tenía que matarme. Esto duele tanto, ya no quiero que duela.


    Lo que dijo fue apenas comprensible pero creí que no se refería directamente al dolor físico.
    Pude notar que Dhaval cerró los ojos con fuerza, en un intento por controlar lo que sea que estuviese sintiendo. Se colocó de cuclillas a su lado y… y empezó a entonar la misma nana que le había escuchado a Crow hace menos de una hora.

    Me acerqué a ella pero en cuanto intenté tocarla se hizo pequeña en su burbuja de sangre, llanto y sufrimiento.


    —Quítasela —murmuró casi al borde de desvanecerse. Creí que estaba delirando.


    —¿Qué?


    —La pistola. No dejes que Hidra se quede la pistola. —Había comenzado a temblar y supe que teníamos que llevarla a casa pronto.


    Miré al aludido. No detuvo su arrullo y me entregó el arma sin siquiera mirarme. Sentí la sangre pegajosa que la cubría. Estuve por vomitar de nuevo.

    De repente se apartó y cruzó los brazos frente al pecho, en lo que me pareció un intento inconsciente de abrazarse a sí mismo.

    Cuando regresé la mirada a Crow, había perdido la conciencia y los restos de sus alas habían desaparecido. Sin aquel destrozo parecía estar dormida nada más.

    ¿Y sus alas? ¿Qué pasaría con sus alas y la sangre que acaba de perder?

    Me puse de pie, me acomodé el arma a un costado de la cintura y levanté a mi amiga del suelo. Noté que incluso su cabello estaba ensangrentado.

    Volví a llorar, esta vez en silencio.

    Dhaval se acercó nuevamente y con su ayuda nos dispusimos llevarla a casa por fin.


    —La nana…


    —Le gusta. —Creí que no diría nada más, su voz sonaba extrañamente pausada, como si no se atreviese a hablar más deprisa por temor a descontrolarse, aunque luego casi escupió las palabras—. Y bueno, alguna vez ofrecí cantarle si eso la hacía sentir mejor aunque en sí podía ser como someterla a una tortura. Fue una broma, como todo, pero ella…


    Se me escapó una risa muy débil, mezclada aún con mi llanto, pero fue suficiente para interrumpirlo. Quizás lo había hecho sentir avergonzado, de por sí era la primera vez que me hablada de algo así.


    —¿Te respondió que no te había dicho que no quería? —Lo miré de reojo mientras arrastrábamos a Crow fuera del cafetal, noté que asentía. Lo siguiente lo dije en un susurro que dudé que escuchase—. Dhaval, hay muchas cosas que ella quisiera que hicieras y no se atreve a pedirlas.


    Detuvo sus pasos un momento pero pronto continuó.

    Así, bañados por la luz de la luna, fue cómo arrastramos a nuestro cuervo de regreso a su nido. Lo quisiera o no.


    MelyenCrowKirály

    Odio. Resentimiento. Hartazgo. Dolor. Asco. Tristeza.

    Misantropía.

    ¿Qué sentido tiene?

    ¿Por qué todo duele tanto? Igual hasta sería más fácil si no hubiese nadie a quien amar. Matarse sería fácil así, es más, vivir sería fácil así.

    ¿Por qué todo está siempre tan lejos de organizarse? ¿Qué se supone qué esperan todos de mí?

    Qué asco de gente tiene este mundo y yo soy parte de esto.

    Aunque es claro que soy mejor que la mierda que camina sobre Luminous y aún así no soy suficiente.

    Oh Dios, es como si estuviera viendo todo esto desde fuera de mi cuerpo. No está bien. He llegado muy lejos pero ya no puedo regresar.

    Debe ser por esto que Volkov huyó. Hasta yo quiero huir de mí misma.

    No intentaste salvarme, ¿por qué ni siquiera lo intentaste, maldita basura?

    Ojalá te hubieras muerto.

    Me hubiese dolido tanto.

    Solo por eso quería que siguieras vivo, solo por eso quería salvarte, porque tu vida me dolía.

    Dhaval, ¿por qué no te amas a ti mismo? ¿Voy a tener que repararte aunque sea en contra de tu voluntad? Me haré mierda en el proceso.

    Es eso. Por eso no quiero morirme.

    No. Solo busco excusas. Como siempre.

    Cobarde. Mediocre. Egoísta. Eso todo lo que soy.

    El arma está fría.

    ¿Qué espero yo de mí? Nada.

    Estúpida, siempre he sido una estúpida. Lo espero todo de mí misma. Voy escurrir hasta la última gota de mi cordura aunque no consiga nada al final.

    ¿Es eso lo que estoy haciendo? Vaya, duele que te cagas. Al menos tiene más sentido que sentir dolor por cosas tan abstractas como las emociones.

    ¿Qué? Algo fluye, es cálido y viscoso.

    El dolor llega como un relámpago.

    No. ¡Lárguense! Esto no era parte del plan.

    Adalet, ¿por qué no te quedaste en casa? ¿Por qué trajiste a Hidra contigo? ¡Cómo eres capaz de dejarlo ver este desastre! ¡Va a huir, escapará, no querrá saber una puta mierda de mí nunca más! ¡No lo dejes irse! ¡Buscará a esa hija de puta, buscará a la muñeca! ¡Mátala! ¡MÁTAME!

    Las emociones no apuntan a ninguna parte, no puedo redirigirlas. Están volando en una jaula tan pequeña que chocan entre sí. ¡Duele! ¡Ya estoy cansada! ¡Me da asco vivir conmigo misma, joder!

    Siento la sangre correr y aún no duele lo suficiente para olvidar mis malditos sentimientos. Alguien que pare esto.

    Las bofetadas llueven y me las merezco.

    ¡Déjame, Adalet, ya deja de humillarme! No. Espera. No te detengas. Despiértame, por favor. Ayúdame, sácame de aquí.

    Hidra, no tomes el arma, no lo hagas. ¡Suelta eso, no lo toques!

    Podrías dejarme inconsciente de un solo golpe, ¿por qué no lo haces? Estoy llenándote de sangre y rasguños, ¡haz que pare, no dejes que te haga esto! Adalet está abofeteándome porque está harta de mi mierda, ¡hazlo tú también!

    No. Quítamela de encima, por favor. No la dejes seguir, ella no es así.

    Tócame. Por favor. Ponle pausa a este desastre.

    Mejor vete, no sigas viendo esto. ¿No te da asco? Tiene que darte asco.

    ¿Por qué detuviste a Adalet?

    Adalet, ¡quítale el arma!

    Hidra está entonando la nana con que arrullé a Ío. El tren de pensamientos se detiene al fin, o algo así.

    Ya no aguanto. No tengo fuerzas. Todo duele. Ojalá me hubiese matado.

    Su voz grave me adormece y soy consciente del terrible frío que siento. Mi mente no se detiene, pero soy incapaz de seguir su hilo. Me recuerda a la estática de las emisoras de radio.

    La bruma que produce el dolor en mis pensamientos distorsiona todo, pero escucho la lejana voz de mi madre aunque no logro entender qué dice.
    La negra noche da paso al oscuro vacío de mi mente. Vuelvo a ver la constelación alineada.


    Christopher Geier

    Cuando abrí la puerta medio adormilado, la imagen que recibí a la débil luz de una vela que permanecía encendida fue como ver una escena de alguna película de terror. Los tres manchados de sangre y Melyen inconsciente.

    No.
    ¡No podía perderla a ella también! No a mi hermanita. Oh Dios, no podía dejar que la adorada hija de mi tía fallecida muriese también.
    Alguien que me despierte, por favor. Que esto sea una maldita pesadilla.


    La tomé en brazos de inmediato y la llevé a mi habitación para colocarla sobre la cama. Le busqué heridas visibles pero no di con nada más que unas extrañas cicatrices en la zona donde debían surgir sus alas. Tenían las mejillas enrojecidas a pesar de la palidez del resto de su cuerpo.

    No me di cuenta de que estaba llorando como un niño.
    El olor de la sangre me entraba hasta el cerebro.

    Me llegaba el sonido del llanto de sus dos amigas y sentía el peso del silencio de muerte en que se había sumido el muchacho también.

    Me dispuse a salir de la habitación.
    Topé con Iris, que sollozaba débilmente, sostenía un puñado de ropa oscura.


    —Le cambiaré la ropa —murmuró casi para sí misma—. Para que no manche tu cama y no sea tan horrible cuando despierte.


    Coloqué mi mano en su hombro y lo presioné un poco. No supe qué decirle.
    Cuando salí escuché que cerró la puerta. El felino corrupto caminaba frente a ella como un león enjaulado.


    —¿Qué fue lo que pasó? —Noté que ambos dieron un pequeño salto en sus lugares—. ¿De quién es toda esa sangre?


    Adalet sacó el arma y la colocó sobre la mesa. Como ellos, también estaba ensangrentada.


    —Suya —dijo apoyando su peso en una silla mientras intentaba regular su respiración.


    Intentó seguir hablando pero no logró.
    Noté que Dhaval levantaba algo del suelo, una bola de papel. La desarrugó para leerla y luego me la entregó.
    Ahogué una especie de sollozo.


    —Iba a matarse.


    —Le dio miedo hacerlo —añadió Adalet con un hilo de voz.


    —Se hizo trizas las alas —complementó el chico y se pasó las manos por el rostro—, porque las vio como las directas culpables de todo. No volverá a volar porque ella lo decidió así.


    —Así no funciona.


    —¿Qué? —La pregunta la hicieron al unísono.


    —No podrá usarlas un buen tiempo, sí. —Me miraban extrañados—. Pero las alas volverán a surgir. Este maldito contrato genético ni siquiera puede ser amputado.


    Un sonido lastimero brotó del hocico del corrupto de Melyen.





    Sí, hay un cambio de tiempo verbal, pero dado el caso lo creí conveniente. No, no fue un error. Tampoco lo fueron las sangrías ampliadas. Quería darle ese aire errático de los pensamientos de Crow al texto.
    Como verán, quise ceder la voz a otros personajes.
     
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    Kaladin

    Kaladin Warning: extremely loud fangirl

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    Cómo había echado de menos leer esta historia, joder. ❤
     
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    Kiwi

    Kiwi Beta-reader

    Aries
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    Y... ¡Yow!

    Desde que leí ese songfic tuyo quedé convencido de que debía leer algo más de ti. Luego me entero de que tienes un proyecto de novela y me digo a mí mismo: “Mí mismo, lee y sigue leyendo como si tu vida dependiera de ello". Y bueno. Esta mañana me he leído el prólogo y los dos primeros caps (ya sé, poca cosa pero yo leo lento y si leo todo hoy, ¿qué voy a leer mañana?).

    Empezando por el principio... el epígrafe del prólogo fue brutal. Simple y llanamente brutal, y basta con leer un par de párrafos para convencerte de que estás ante algo jodidamente bueno. Y esto lo digo más como un cumplido que como una crítica: su calidad está un paso más allá de los dos primeros capítulos y el resto del prólogo. Así de bueno.

    Y ya entrando al prólogo, tenemos mucho setting. Me pareció acertado este nivel de información porque 1) permite hacerse una idea del status quo y entender lo que veremos a continuación en el contexto correcto y 2) porque este planteamiento se advierte como la punta del Iceberg, y uno puede seguir adelante sabiendo que aún no sabe nada.

    Y hablando de saber, ¿sabes? Me ha gustado mucho tu manera de narrar; hacia el pasado desde el presente, pero sin decir demasiado. Contando una historia sin contarla del todo para que vaya permeando poco a poco. No estoy acostumbrado a leer esta clase de narrativa en foros así que es muy refrescante.

    Hablando de la trama: está interesante. Aunque el mundo resulta un poco chunni, está bien construido, de modo que resulta agradable de leer, en especial con los personajes. Y hablando de los personajes, Crow y las dos chicas me han resultado bastante creíbles. en especial la protagonista, siendo de esos personajes con los que empatizas así que caigan bien o no de lo bien expuestos que están. Y al menos yo me siento sinceramente interesado por Volkov y por la bruja. Y por el chico nuevo (soy malo con los nombres. Ya lo recordaré).

    Mencionaste que hay algo de insert-self... supongo que es así, porque, realmente, ninguna historia llega a conmover si no estás metida en ella de corazón, pero además hubo ciertos pasajes, los más bellos en mi opinión, sobre su pasado, en los que se percibe cierta vena autobiográfica. Y produce un efecto brutal.

    En cuanto a la redacción... No tengo mucho qué decir. Hay dedazos ocasionales, pero son eso: descuidos; y no veo sentido en señalarlos cuando estoy seguro de que ya conoces las normas. Lo único que sí noté fue cierta saturación de comas. En algunos casos podían omitirse por el bien del texto, y en otros lo que necesitabas eran puntos.

    Y mejor me retiro antes de fanboyear más. Estaré al corriente en estos días, espero. Me has dejado gratamente sorprendido y enganchado con tu historia.

    Buenas noches. Buenos días.
     
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    Kiwi

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    Aries
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    Vale, leí dos capítulos más... Y debo parar antes de que me explote la cabeza. Hay muchas cosas que quiero decir y si leo otro capítulo más me voy a olvidar de alguna ¡Y sólo me quedan cuatro, pronto no tendré qué leer!

    Primero lo primero... aunque no en ese orden. Cuando retomé la lectura me sorprendió hacerlo desde el capítulo tres. En un prólogo y dos capítulos ya había quedado sumergido en el mundo de Cielo Nocturno y me había atrapado la personalidad de Crow. La tremenda exposición de esos dos capítulos y un prólogo no es para tomarse a broma; hay mucha información dispersa, espacios en blanco, pero se extiende como una telaraña o un rompecabezas al que le vas encontrando más piezas.

    Ah, y me había olvidado mencionarlo la última vez, pero el detalle de los arcanos en los títulos está bastante cool.

    ¡Crow es un maldito amor! Un personaje tan creíble y entrañable que no puedes no quererla. Dhaval (ya me aprendí el nombre) me produce una sensación muy similar, igual que Chris; sorprendentemente humanos (leí por ahí que al menos este y Nicole están basados en personas reales y conservan sus nombres). Adele e Iris no me acaban de conectar. En parte porque no han tenido tanto centro como los otros tres, pero no me quejo.

    La prosa, tan envolvente como siempre. Éste párrafo me gustó muchísimo, tan perfectamente bien construido:
    Y... este:
    Y este:
    Stop! o voy a quotear todo el capítulo. Bueno. Uno más:
    Good taste.

    Y... algún día debo acabar este libro.

    La historia de Volkov me resultó estremecedora. Aunque en un contexto muy diferente, pude conectar con esa sensación de impotencia respecto a lo que está demasiado lejos como para protegerlo, pero además esa decepción, la degeneración autodestructiva que experimenta nuestra cuervita, Dioses... todo esto fue muy descarnado. Tuve que hacer una pausa antes de seguir leyendo a causa de la fuerte impresión que me causó.

    Chris, creo que ya lo había dicho, me encantó como personaje. Es sorprendente la forma en que combinas lo implícito con lo explícito, lo que dices y lo que no dices, para hacer un retrato tan verosímil de este chico. Un individuo sumamente empático.

    Diablos. Tenía que quotear esta porque es muy hermosa.

    Y... La última escena fue deslumbrante. Todo el capítulo cuatro lleva a este bello clímax en el que sobran y faltan palabras para hablar de lo bueno que es. Y tremendo cierre. En serio: Tremendo.
    Ovación, fanboyismo y enkokora ante este despliegue de habilidad. Qué suerte tuve de encontrarme con esta historia.

    Y... paro aquí o voy a seguir leyendo irremediablemente y acabaré quemando algo en el descuido. Regreso cuando lea dos caps más.

    Ah, y disculpa el doble post, pero no podía dejar de comentar.
     
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