One-shot Nochebuena [BTOOOM! x CT|UA]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Gigi Blanche, 12 Diciembre 2019.

  1.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master sixteen k. gakkouer

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    Escritora
    Título:
    Nochebuena [BTOOOM! x CT|UA]
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Amistad
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1898
    Título: Nochebuena
    Roles: BTOOOM!, Clock Tower.
    Personajes: Morgan O'Connor, Hanabi, Andrea Dalcorvo.
    Notas: sí, de nuevo con los UA, sorpresa(?) Comparte universo con el longfic crossover que hice y blablabla. También es para la actividad de Kuro <3 No se me caía una puta idea para el título así que weno.

    .

    .
    .
    .


    Nochebuena
    .

    —¡Feliz Navidad!

    —Hanabi, aún no es Navidad.

    —¡Feliz casi Navidad!

    Hanabi había encontrado unos adornos antiguos de Navidad un rato antes de cenar, y ahora no paraba de recorrer la sala mientras los probaba e intercambiaba. Mamá ya había caído, y estaba terminando de hornear el pavo con unos cuernos de reno de peluche y una nariz roja de plástico. Se veía tan ridícula como adorable, y mientras me reía de ella Hanabi me emboscó por detrás. Estuve a punto de arrancarme el gorro por reflejo, pero la niña se veía feliz y me dio pena ser una amargada. Me percaté de la mirada de mamá, parecía decirme las mismas cosas que estaba pensando. Entonces suspiré y sonreí, agachándome junto a la caja que Hanabi estaba hurgando.

    Bueno, era Navidad, ¿no?

    —Sólo falta algo para ti, enana.

    —¡Ah! ¡Mira esto!

    Hanabi desdobló un viejo traje de Santa que alguna vez papá había usado cada Navidad, cuando las cosas aún marchaban bien en casa. Llevaba, por ende, muchísimos años guardado, y el movimiento descuidado de Hanabi había levantado una polvareda de aquellas. Ambas comenzamos a estornudar, mientras le quitaba el disfraz de las manos y lo devolvía a su caja con cuidado.

    —¡Chicas! ¡Ya está la cena!

    Hanabi hizo un puchero y frunció el ceño, mientras se aferraba a sus rodillas. Seguía viendo las cajas fijamente, como si así pudiera hacer aparecer un accesorio por arte de magia. Me incorporé, sacudiéndome las rodillas, y le cubrí la cabecita con el gorro que me había puesto a mí.

    —Podemos ir turnándolo, ¿qué te parece?

    —¡Sí!

    Hanabi se entristecía y emocionaba a semejante velocidad que no parecía estar sintiendo realmente nada nunca. Se dejaba llevar tanto como un cachorro al ver una mosca. Era impulsiva, distraída y alegre. Tan distinta a mí, a lo que siempre fui, que a veces temía estar dándole un mal ejemplo.

    —¡Ah! ¡Qué rico huele, ma!

    Me senté en mi silla de siempre y nos serví jugo a las tres. Recordé entonces que Hanabi tampoco había sido siempre así; que había habido un tiempo donde incluso ella era incapaz de decirle ma a mamá, o de corretear por ahí sin preocupaciones, o de confiar en el sonido de su propia voz. Las personas no cambian, solo sanan o se enferman. Eso es lo que yo creo. Por eso pienso que la naturaleza de Hanabi es increíblemente hermosa.

    —¡¿Eh?! ¡Las habichuelas no!

    —Sí, cariño. Las habichuelas sí.

    La cena transcurrió con normalidad. Éramos una familia pequeña, pero esta clase de noches me ayudaban a notar cuánto habían cambiado las cosas. Las Navidades siempre habían sido animadas y vibrantes; mis padres la habían tomado como excusa para fingir, al menos un día al año, que todo estaba bien. Papá organizaba cenas enormes con la empresa, las fiestas siempre habían sido un gran evento entre nosotros. Varios años después me di cuenta que era la mejor estrategia. Con una excusa como esa, ellos podían sonreír y fingir que se amaban sin dirigirse la palabra en prácticamente toda la noche.

    —Oye, Morgan, ¿me pasas la salsa?

    —¡Morgan! ¿Me sirves más jugo, por favor?

    Una sonrisa se me dibujó en los labios mientras atendía a los pedidos de cada una. Éramos una familia pequeña, sí, pero nunca antes había sido tan feliz con ella. No podía más que agradecerle al tiempo. Cada pequeño ladrillo se había apilado en el momento indicado, dándole pie a los demás para seguir construyendo las paredes sólidas y cálidas de un lugar al que, por fin, podía llamarle hogar.

    Al finalizar, ayudé a mamá con la comida sobrante mientras Hanabi juntaba la vajilla. Estaban charlando sobre qué hacer ahora, mientras yo me preguntaba cómo estaría Bleke.

    —Podemos hacer chocolate caliente —sugerí.

    Era su cosa favorita de la Navidad.

    A Hanabi le encantó la idea, y no se objetó nada al respecto. Chequeé la hora en mi celular y supuse que aún estaría despierto.

    —Ya vuelvo —avisé, y me retiré. Mamá tampoco preguntó.

    Fui hasta la entrada, agarré mi abrigo y salí a la calle. Como supuse, la tranquilidad del barrio a esa hora, esa noche, era absoluta. Me senté en la pared baja que dividía mi casa de la vereda y observé las numerosas ventanas de los demás hogares a mi alrededor. Luces cálidas, mesas abarrotadas, gente reunida. Si cerraba los ojos podía incluso oír ciertas risas perdidas en la noche. Sonreí, y marqué un número en mi teléfono. Esperé cuatro tonos.

    —¿Hola, pa? Feliz Navidad. Sí, todo bien, ¿y tú?

    Fue una conversación bastante de manual, a decir verdad. Nunca había tenido una relación especial con él, aunque, irónicamente, fuese mamá con quien me peleara siempre. Supongo que no fuimos capaces de congeniar, más allá de la relación sanguínea. Ahora que se había mudado lejos, la situación no cambiaría ni de milagro. De cualquier forma, ambos estábamos bien con eso. Podía sentirlo.

    —Vaya, vaya, pero mira quién es. Justo la persona con quien quería pasar Nochebuena.

    Había oído pasos a mi derecha, pero decidí simplemente ignorarlos. Cuando esos pasos se detuvieron y reconocí la voz hablándome, alcé la mirada con el hastío suficiente para hacerlo estirar los labios en una mueca divertida.

    —Tranquila, no soy un acosador ni nada de eso… ¿stalker, les dicen ahora? Como sea. Ni siquiera sabía que vivías por aquí. —Metió una mano en el bolsillo mientras le daba una calada al cigarro y le echaba un vistazo a mi casa—. Aunque, pensándolo bien, para costear mis servicios completos con el vuelto de un sueldo no se tiene precisamente techo de chapa. Lindo Volvo, ¿es tuyo?

    —No, es de mamá. —¿Por qué estaba siquiera respondiéndole?—. El otro está a la venta.

    —Ah, ¿cuánto piden? ¿Quizá pueda pagarlo en cinco años?

    —Diría que siete. Y si te mudas de oficina.

    —Podría atender en el garage, sí. Tendría el escritorio justo al lado de mi nueva adquisición, cosa de al menos alardearla con cada idiota que venga a verme porque su mujer lo está engañando pero no puede adivinarle la contraseña del celular.

    —Es Nochebuena, ¿te importa?

    —¿Debería? —Lanzó su cigarro a la vereda, aplastándolo con el zapato, y automáticamente lo reemplazó por uno nuevo. La llama del mechero fue un suspiro—. Hablando de idiotas… tengo una nueva pista, ragazza.

    La sorpresa me obligó a incorporarme.

    —¿Y cuándo pensabas decírmelo?

    —Eh, ¿mañana? No lo sé, no acostumbro interrumpir felices cenas navideñas para informar del avance de mi trabajo. Sería algo grosero, ¿no crees?

    —¡Morgan!

    El grito de Hanabi se abrió paso como un rayo en la tranquilidad de la noche, y sentí su paso ligero aproximándose hasta nosotros con su energía habitual. Estuvo a punto de seguir hablando, pero se calló al notar mi compañía. Me pregunté si lo recordaría del incidente con el helado, pues ya eran varios meses.

    De cualquier forma, eso no importó.

    —¡Ah! La niña arruina camisas. Lamento que mi ropa te haya robado casi todo el chocolate que llevabas, piccola. Espero que no hayas llorado. ¿Estaba rico, al menos?

    Solté un bufido tan sonoro que llamé la atención de ambos. Recordaba cuán mal se había puesto Hanabi luego de aquel incidente, y no quería que este idiota arruinara su alegría de Navidad. No se la veía compungida, sin embargo. A decir verdad, sólo me observaba fijamente; tanto, que me puse incómoda.

    —¿Qué? —repliqué, frunciendo el ceño.

    Hanabi imitó mi gesto y, a una velocidad increíble, se quitó el gorro navideño y me lo puso en la cabeza.

    —¡Tu turno! —declaró, y luego le extendió una mano a Andrea—. ¡Disculpas!

    Yo alcé las cejas, y el italiano enarcó una. Ninguno de los dos comprendía a qué se refería Hanabi; pero se mantenía firme al respecto, tan firme que exasperó a Andrea.

    —¿Qué es lo que quieres, niña? —bramó.

    —¡Disculpas, dije! —insistió, seria.

    Supuse que pretendía estrecharle la mano. Andrea chasqueó la lengua y quitó la mano del bolsillo, procediendo como… ¿se suponía? Cuando estuvo al alcance, Hanabi atrapó sus dedos entre los propios y le sonrió.

    —¡Chocolate! Morgan, el chocolate caliente ya está listo. ¡Entremos a beber!

    Era bastante gracioso ver a una niña intentando jalar del brazo a un hombre de casi treinta años. Una brisa repentina repercutiría más sobre Andrea que los esfuerzos de Hanabi. Yo suspiré y me adelanté, comenzando a subir los escalones.

    —Déjalo, no querrá entrar.

    —¡No! —insistió, sumamente concentrada en su labor física—. ¡Disculpas! ¡Es importante disculparse!

    Miré a Andrea. Podía imaginar con claridad el desfile de insultos pasando por su mente. Suspiré, cruzándome de brazos, y estuve a punto de llamarlo cuando su voz resonó por sobre los quejidos de Hanabi.

    —¡Ya, ya! Tú ganas, niña. Ya suéltame. Vamos. Casi me dislocas el brazo.

    El rostro acalorado de Hanabi se iluminó con una gran sonrisa y entró a trompicones a la casa. Andrea se quedó un momento en su lugar hasta que gruñó como un perro viejo y apagó el cigarro contra el tronco a su lado, dejando caer la colilla entre la tierra. Pude oír a Hanabi pidiéndole a mamá que preparara una taza extra y sonreí en respuesta, pues Hanabi siempre me hacía sonreír. Andrea comenzó a subir a paso lento y pesado, y su aparente reticencia en contraste con cuán fácil había cedido me hizo gracia.

    —Tranquilo, viejo. No es el fin del mundo.

    Chasqueó la lengua en respuesta y enterró las manos en los bolsillos.

    —Lindo gorro, ragazza. Muy maduro.

    La diferencia entre escalones me permitió estar a su estatura por algunos segundos, y aproveché para hundir el gorro entre su cabello alborotado. No era algo que hiciera usualmente, y pudo notarse en la corta sorpresa que su rostro mostró antes de molestarse y quitarse el gorro de un manotazo. La situación, por alguna razón, me hacía mucha gracia y había aligerado mis ánimos.

    —Más respeto, ragazza. Soy un hombre adulto. Quién sabe, quizá logre acostarme con tu madre esta noche.

    —Se llama Sarah, y si le halagas el tapizado del sofá y las vajillas navideñas ya la tienes dentro del bolsillo. Ah, y ni se te ocurra fumar dentro de la casa. Detesta el olor.

    Andrea suspiró, a punto de entrar en la casa.

    —Ya, ya. ¿Por qué rayos crees que apagué un cigarro apenas empezado?

    —¿Para dejar la colilla tirada y contaminar el planeta?

    —Me tienes en muy alta estima.

    Andrea pasó a la sala como si fuera su propia casa, y su pequeña mueca similar a una sonrisa me hizo sonreír. Cómo habíamos llegado a eso, no tenía idea. Sólo sabía que no me desagradaba por completo. Vi afuera una última vez y deseé que Bleke estuviera pasando una agradable Nochebuena, donde sea que se encontrara. La voz de Andrea ya comenzaba a mezclarse con la de Hanabi y mamá, y entonces cerré la puerta.
     
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  2.  
    Reual Nathan Onyrian

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    Je, mirá, dos comentarios hoy. Estoy fucking on fire gurl. Es más de lo que hice en like, ¿cinco, seis meses? Probablemente más. No me iba a ir a dormir sin comentar esta preciosura. Obviamente no me voy a dormir a estar hora, pero igual. Decirlo me hace sonar más cool y comprometido con la causa.

    Ah, una sola cosa antes de empezar.

    Es demasiado. Demasiado adorable. Me la como. No puedo más. *dies*

    Ahora sí, revivido y con un nuevo corazón, vamos a proceder a la comentación. Este es un escrito hermoso, como dije arriba. Las fiestas siempre me ponen soft y leer a nuestros personajes en ese ambiente me pone también igual de soft. Así que obviamente una combinación de ambos es like super soft. Es muy lindo ver a cualquier personaje de BTOOOM! feliz, la verdad. Después de por todo lo que canónicamente pasaron, ver sus versiones alternativas siendo felices lo hace a uno pensar que hay un lugar mejor, metido por ahí. Morgan al fin puede estar super happy con su familia, que en este caso tiene a Hanabi en lugar de a Ronnie (te prometo que ya vamos a continuar con Clock Tower, reabro las inscripciones mañana sin falta), y la niña tiene mucha presencia en este relato. Prácticamente es la que mueve todo el plot (?

    La aparición de Andrea es ya una vista común en este UNIVERSO CINEMATOGRÁFICO o UNIVERSO FANFIC...STÁSTICO? No sé como decirle. Pero bueno, este crossover más ambicioso que el propio Marvel. Como había mencionado anteriormente, manejas muy bien a mi PJ :D Siempre con su forma de comunicarse tan ácida y sarcástica, es una belleza de persona. Como Morgan lo sigue aguantando es un misterio. Tal vez porque todavía la está ayudando a buscar a Bleke BUT ANYWAYS, sigue ahí.

    Obviamente que iba a ser Hanabi la que convenciera a Andrea para no pasar otras fiestas solo, todos sabemos que el grandulón tiene debilidad por las cosas tiernas y pequeñas, y Hanabi es todo eso elevado a la máxima potencia. Se hace el duro y difícil nomás, no engañas a nadie. En especial a tu creador, gil. Y tal como vos sos fan con las interacciones entre Lavignia y Freyja, yo lo soy de las interacciones Morgan-Andrea (? Me encanta como entre insultos se entienden, pero ninguno termina mal. Como que logran comunicares a través del enojo. Es increíble.

    Y al final, cuando todo termina bien, se puede sentir lo mismo dentro de uno.

    En fin, un comentario medio choto este, pero bueno xD ¡Esto recién comienza!

    PD: Yo sé que Hanabi quiso que Andrea se vistiera de Santa, pero bueno, el muchacho tiene un límite también (? Y dignidad. Creo.
     
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