Two-Shot Never say die [Gakkou Roleplay | Anna Hiradaira]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Gigi Blanche, 17 Agosto 2020.

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    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master sixteen k. gakkouer

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    Never say die [Gakkou Roleplay | Anna Hiradaira]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    3716
    N/A: woah, más cosas de la backstory de Anna, what a surprise. Weno, esto transcurre un tiempo antes de Wheel of Fortune, básicamente. Se notará mejor en el segundo capítulo.
    Fics de la backstory de Anna en orden cronológico

    1. The Moon
    2. The Judgement
    3. Boca de lobo
    4. Never say die
    5. The Wheel of Fortune




    even with the darkness waiting
    i will set fire to the fear inside
    cause i hear you coming
    yeah, you're screaming so loud
    i'm calling on angels to stand with me now
    even with my hands still shaking
    i'll face my demons


    I.

    El cielo sin estrellas fue lo último que divisé antes de hundirme. Un negro absoluto, la boca de lobo, cerniéndose por sobre los brazos invisibles que me succionaron con la fuerza de un tornado y me arrastraron hasta el fondo de mi propia mierda. Y todo desapareció.

    No oía nada.

    No veía nada.

    Sólo era yo y mis errores.


    .
    .
    .

    El verano ya estaba muriendo pero ese día era sorprendentemente cálido, ideal para la fiesta a la que Kou nos había invitado. Su casa era una especie de leyenda, no acostumbraba ponerla a disposición de adolescentes borrachos pero, cuando lo hacía, eran las mejores noches del puto mundo. Cosa curiosa. Hacía bastante no lo veíamos con frecuencia, tenía problemas con la familia; algo de sus viejos divorciándose, la tipa siendo una arpía chupasangre y el hombre follándose a cuanta secretaria contratara. En resumen, adultos de mierda. Cuando las cosas se calmaron, volvió al club y dijo que su madre estaba de viaje. La perra se había quedado con la casa, los hijos y el efectivo que no tendría idea cómo invertir para, al menos, ser una perra inteligente. Se lo patinaría en bolsos, sesiones de spa y manicura hasta conseguir otra billetera a la cual aferrarse como parásito. Sonaba a que era su método de supervivencia, y no lograba imaginar qué clase de crianza y juventud debía haber atravesado para acabar pensando que su único valor como mujer era el de agujero y receptáculo. Aún así, sonaba bastante hija de puta y sus hijos apenas sabían lo que era su calor y afecto. No hacía falta mucho estudio para notar cuán solo estaba Kou.

    Bueno, ¿al final no lo estábamos todos?

    La visita de Kou fue bastante repentina y breve. Cuando ya tenía la mano en el pomo de la puerta, la voz de Kakeru lo detuvo.

    —¿Ocupado?

    —Ah, perdona, hombre. Debo ir a buscar a mi hermanito que sale de la escuela. La verdad que ya no tengo mucho tiempo para venir al club, lo siento.

    Alterné mi atención entre ambos, sentada justo al medio, en el sofá de gomaespuma con Rei y Subaru. Sabía cuán molesto estaba Kakeru por las ausencias de Kou, aunque sus justificaciones fueran más que coherentes. Siempre era bastante cerebral así que no comprendía a qué se debía la tensión, más allá de los códigos que mantenían en ese tipo de pandillas y que, a veces, lograban sobrepasar incluso a la familia. ¿El club debía ser prioridad absoluta? ¿Era eso o ser un marginado? Me parecía estúpido.

    Un silencio condenatorio se asentó en la habitación y recorrí a todos con la mirada, algo incrédula. Kou seguía parado allí, como carnero de matadero, mientras los demás no se dignaban a decir una palabra. Kakeru fue el primero, tras varios segundos. Suspiró, cansado, y le dedicó una sonrisa que se me antojó asquerosamente falsa.

    —Claro, no te preocupes. Luego lo hablamos mejor.

    Tras eso, Kou sólo se fue. No sé qué bicho me picó ese día, jamás me involucraba en las mierdas del club pues así era más fácil para todos, pero hubo algo en la posición de Kou que me hirvió la sangre.

    —Iremos a la fiesta, ¿verdad? —dije.

    Era extraño que mi voz sonara a demanda, sin pedir permiso ni temer posibles represalias. Fue evidente en la sorpresa de todos; Rei se sonrió apenas.

    —El viernes, ¿no? —respondió Subaru—. No puedo, bah, no podemos. Tenemos raid con los chicos.

    Claramente se refería a él y Rei. Me encogí de hombros, esas estúpidas raid eran sagradas para ellos, y me volví hacia Kakeru. Su pequeña sonrisa destilaba confusión y arrugó apenas el ceño al recibir mis ojos.

    —No creo, Anna.

    Nada de “chan”, ¿eh?

    —¿Por?

    —No estoy muy de ánimo para fiestas, supongo. Mucho trabajo y casi son los exámenes.

    La cuota de valentía que me había dado el impulso parecía haberse agotado de golpe, y dejé el asunto estar. No sabía insistirle a Kakeru cuando no encontraba suavidad en sus ojos oscuros, una parte de mi estabilidad temblaba y entonces me aterraba la posibilidad invisible, pero siempre presente, de recibir un silencio condenatorio tras abusar de mis privilegios. Quizá por ello había reaccionado en defensa de Kou.

    Me recordaba a mí, a mi horrible y patética debilidad.

    El asunto se diluyó con la facilidad que permiten los castillos de mentiras, supongo. Ninguno de los chicos volvió a mencionar a Kou, como si hubiera caído sobre el club una ley marcial. El jueves por la mañana, de camino al comedor, vi por la ventana que él y Kakeru estaban hablando debajo de un corredor externo. Luego, en el club, tuve el segundo impulso de la semana.

    —¿Cómo anda Kou?

    —¿Eh? —Kakeru alzó la vista de su móvil hasta mí, confundido.

    —Hoy en el almuerzo —aclaré—, te vi hablando con él.

    —Ah. —Se reclinó en su silla, las manos a la nuca, y aunque no había roto el contacto visual en ningún momento sus ojos se clavaron en mí como agujas de hielo; tragué saliva—. Ocupado, gran novedad, y dijo que quiere darle una chance a su futuro y enfocarse en los exámenes… o algo así.

    ¿Debía seguir preguntando? ¿No estaba pisando demasiado cerca de la línea y eso era, en efecto, lo que su semblante intentaba decirme? La boca resumida en una fina línea, los músculos relajados, las cejas rectas. A veces me resultaba casi imposible interpretar a Kakeru y mis miedos tendían a distorsionarlo a mi antojo. Esa vez, frente a mí, sólo había un lobo mostrando los colmillos en silencio; pero algo había comenzado a romperse. No sabía definir su origen, se había arrastrado con la sutileza del sol ante el crepúsculo y estaba tan al tanto de ello, observándolo tan fijamente, que no lograba percibir su movimiento. Si al menos me hubiera distraído un momento habría podido advertir su importancia, quizá. Era consciente de todo, de cada pequeña diferencia, los problemas del club y mi sangre calentándose poco a poco, pero no quise ver la imagen completa; estaba de pie, de pie frente a la pintura y demasiado cerca. Haciendo la vista gorda, como siempre.

    —¿No te convence? —inquirí, y ahí estaba de nuevo. La incredulidad bajo el hielo afilado.

    Se tomó un momento para pensar su respuesta.

    —¿Tú qué piensas, Anna? ¿Debería dejarme convencer?

    Mis latidos bombearon a un ritmo extraño y sentí un calor desagradable recorriéndome el cuerpo. La atención de los tres estaba sobre mí y no supe realmente cómo mierda responder, pero había algo más que claro.

    No.

    No te metas más.

    Sin embargo, ¿Kou no era parte del club? ¿No éramos amigos? ¿No habíamos, acaso, compartido mil refrescos, jugado mil partidos de baloncesto y desafinado en el karaoke como imbéciles?

    ¿No éramos amigos?

    —¿Qué importa lo que piense yo? —balbuceé, mi voz fue apenas un susurro.

    Rei intervino, entonces. Puede que en mi rescate, no lo sé.

    —Entonces, ¿está oficialmente afuera?

    Kakeru respiró pesado y meneó la cabeza, pestañeando con lentitud. Se lo veía extenuado.

    —Démosle un tiempo más, pero las cosas pintan negras.

    No volví a hablar. El ambiente me resultaba pesado sobre los hombros, la cabeza y todo el cuerpo, y puede que por primera vez haya sentido semejantes ansias de salir de allí. No lo hice, sin embargo, sólo saqué mi móvil del bolsillo y me hundí en la enorme distracción que siempre me confería.

    El viernes llegó, ese día increíblemente cálido, y cuando fui al club me encontré la puerta con llave echada. Bufé. Los imbéciles siempre se olvidaban de avisarme que no habría reunión. Ese día, por alguna razón, me molestó más de la cuenta. Puede que ya viniera predispuesta a demonizarlos, puede que ansiara encontrar razones para volverme en contra de ellos. El mundo nunca es el mundo como tal, sino lo que ves a través del filtro que tengas frente a los ojos. Esa semana mi filtro era rojo, de un rojo intenso, abrasador e incómodo.

    Era rojo.

    Y quemaba.

    Volví a casa temprano, el sol se filtraba por las hendijas de las persianas bajas y prendí la luz fluorescente. Todo se bañó de un blanco sucio antes de abrir las ventanas y devolverle la vida. Cerré los ojos, sintiendo la brisa caliente y el aroma del verano. El sonido de los coches se coló desde algún lugar lejano y quebró el eterno silencio. Respiré con fuerza. Todo en mis párpados era rojo.

    En ese momento tomé una decisión, y subí las escaleras para ducharme y elegir un conjunto de ropa. No sabía estar sola, ¿verdad? Nadie lo pasaba por alto. Era débil, temerosa, patética y maleable; vivía aterrada al rechazo, a la crítica y a la opinión de los demás. Acabé arrebatándome cualquier rastro de mi personalidad, esa que tanto parecía haber desagradado en ese país de mierda, y la arrojé al fuego. Permanecí de pie, desvanecida, mientras la veía desintegrarse poco a poco. Me convertí en un títere. Pero algo parecía haberse encendido, una llamarada roja que se descargó por todo mi cuerpo y me obligó a dar un paso hacia atrás.

    La pintura frente a mí adquirió mayor claridad, ya no eran pinceladas inconexas, azarosas, sin orden ni concierto.

    Me observé frente al espejo mientras me maquillaba. No sabía estar sola, ¿eh? Bueno, podían irse bien a la mierda todos los que creyeran que sólo era eso. Podía parecer que me lo había quitado todo, que lo había destruído y me había convertido adrede en un patético cascarón para agradar a los demás. Lo parecía, hasta yo lo había pensado. Pero era mentira. Era una puta mentira. No lo había destruído, sólo estaba dormido y, aunque así fuera, aunque hubiera encendido la chispa para verlo arder, levantaría un vendaval para apartar las cenizas y reconstruírme desde la mismísima base.

    No era un títere.

    Era fuego.

    Le envié un mensaje a mamá y le avisé que no estaría en casa esa noche, mis dedos se detuvieron un momento sobre el grupo con los chicos… pero no lo abrí. De todos modos estaban ocupados, ¿verdad? Y si me los encontraba allí, pues sería una agradable sorpresa. No tenía por qué avisarles todos y cada uno de mis movimientos. Eran mis amigos, no mis dueños.

    ¿Eran mis amigos?

    Le di un manotazo al escritorio, repentinamente molesta, y el aire silbó entre los dientes apretados al inhalar y exhalar. Esa noche, todo lo que había asumido y aceptado durante años amenazaba con derrumbarse y una parte de mí consiguió rescatar los hilos sueltos antes de que fuera demasiado tarde. No podía cuestionármelo todo, lo sabía. De hacerlo, caería junto al castillo de naipes. Fue difícil, sin embargo, aprender a contener la tormenta.

    Una vez desatada contaba con el poder de tragárselo todo.

    Fui a la fiesta, y no para divertirme. Fui para probarme algo a mí misma, para rescatarme, si se quiere; para demostrarme que podía ser más, mucho más de lo que era. Puede que mis manos aún temblaran, pero las usaría para enfrentar a mis demonios. De apenas imaginarme logrando superar la noche sola, la llamarada en mi interior se agitaba llena de gozo. Quería lograrlo, iba a lograrlo.

    Tenía que lograrlo.

    Era una apuesta grande y lo sabía, por eso mis piernas prácticamente temblaron al cruzar la verja de aquella casa. Moderna, occidental, ostentosa. Kou era un clásico ejemplo de niño rico descuidado por sus padres que acaba hundido en la mierda por la ausencia de un hilo conductor. Tan sólo uno. ¿Sería su forma de poner a prueba sus límites o un grito desesperado de auxilio por llamar la atención? ¿Se alimentaba de la adrenalina o lo abandonaría todo por el abrazo cálido de su mamá? No tenía forma de saber la respuesta porque una de las opciones estaría eternamente vedada. Y eso era lo jodido.

    ¿Hacia qué lado disparas cuando sabes que nunca conseguirás lo que quieres? Tan mortal como impredecible.

    Es puro azar.

    Todos eran niños rotos y perdidos, pero no lo comprendería hasta unos cuantos meses después. Si lo hubiera visto antes, si el fuego me hubiera obligado a retroceder más rápido, puede que hubiera sido capaz de ver la imagen en su totalidad y tomar las decisiones correctas. Por una vez en la vida, las putas decisiones correctas.

    Pero no.

    El fuego no estallaba porque sí.

    Pasé un rato deambulando por las diferentes habitaciones de la casa hasta toparme con Kou. Era una fiesta bastante grande, a decir verdad, y a cada minuto que pasaba llegaba más gente. El muchacho me sonrió muy animado y me dio un abrazo afectuoso.

    —¡Eh, Anna! ¡Viniste! —Buscó entonces algo por sobre mi hombro—. ¿Hmm? ¿Y los chicos?

    Me rasqué el cabello, algo incómoda, aunque supiera que aquella era una reacción normal; nunca andaba sola, después de todo. Era la sombra del grupo.

    —Ah, no vinieron —respondí en tono neutro, disimulando mis nervios—. No podían.

    Kou reparó un momento en mi expresión antes de encogerse de hombros y rodear los míos con un brazo, arrastrándome a la cocina a paso lento.

    —Qué pena, oye. Tenía muchas ganas de volver a verlos a todos y pasar un buen rato. ¿Qué te gustaría tomar?

    —Una cerveza estaría bien. —Sonreí con algo de pena—. Sí, lo sé, la verdad es que yo también extraño un poco esos tiempos.

    Kou me alcanzó una lata de cerveza rubia y soltó un suspiro, resignado. Estuvimos un rato rememorando anécdotas viejas y las estupideces más estúpidas que habíamos hecho, mientras mi tensión se iba aflojando por el alcohol y la compañía. Me estaba divirtiendo y sin la jodida protección de Kakeru. Era un logro, ¿verdad? Empezaba a sentirme contenta. Kou me presentó algunas personas que se detenían a la pasada para saludar y, cuando quise acordar, me sentía totalmente integrada. Hacía mucho que me resultaba imposible pensar en algo así. ¿Siempre había sido tan fácil? ¿Acaso sólo tenía que intentarlo y ya?

    ¿A qué le tuviste miedo tanto tiempo, Anna?

    Nunca supe definir si lo que ocurrió fue un descuido mío o era inevitable. Habría logrado evitarlo, claro, si no iba a esa fiesta, pero ¿qué habría pasado en su lugar? ¿Algo mucho peor, quizás? ¿Cómo se habría destapado toda la mierda podrida? Un completo misterio.

    Relajé mis bordes rígidos y me amoldé al ambiente con una facilidad envidiable. Acabé charlando con unos chicos que nunca antes había visto en el patio trasero de la casa, cerca de la reja que dividía la piscina del parque. Kou se había evaporado en un momento que no supe definir, aunque tampoco le otorgué relevancia. Un rato después volvió, venía con unos cuantos muchachos que no conocía de nada. Le sonreí y él envolvió mis hombros con su brazo, recostándose sobre la reja mientras me daba un apretón amistoso. Por alguna razón, los chicos de antes se fueron de inmediato. Huyeron. Pero no quería perder la cabeza por detalles y decidí omitir las alarmas vibrando en mi cerebro.

    —Anna-chan —dijo Kou, muy cerca de mi rostro; su aliento olía a cerveza y marihuana—. ¿Te la estás pasando bien?

    Sonreí por reflejo, aunque estaba prestándole más atención a todos aquellos muchachos que parecían… habernos rodeado.

    —Sí, bastante. Es una gran fiesta.

    —¿Verdad? —acordó, risueño, y volvió la vista hacia la casa—. Mis fiestas siempre son una puta leyenda. Aunque, si te soy sincero, no sé muy bien por qué. Como sea, me alegra que hayas venido. Es una pena que los muchachos no pudieran~

    Hizo un mohín y yo me removí un poco, incómoda. Su cercanía y su aliento y sus ojos me incomodaban. Poco a poco asumí que ya no podría ignorar las alarmas y una opresión sofocante se comprimió en mi garganta. Kou me soltó, obediente, y yo retrocedí un paso hacia el costado con una mano aferrada a la barandilla. Los recorrí a todos con la mirada. ¿Por qué me veían así?

    Mierda.

    —Anna-chan —dijo Kou, girándose hacia mí—. ¿Por qué no nos dices la verdad?

    —¿Qué?

    Varios se carcajearon, y sus risas se clavaron en diferentes partes de mi cuerpo como dagas. Me atravesaron los pulmones, congelándome la respiración; me anularon las piernas, las convirtieron en plomo. Mi sangre ya no era roja, mi cuerpo ya no hervía con la intensidad del fuego.

    Miedo.

    —Anda, no te hagas la tonta.

    —No sé de qué me estás hablando.

    Me observó fijamente. ¿Siempre había estado aquella nota impaciente en sus ojos? ¿Por qué no la había notado antes?

    —A ver —resolvió, suspirando—, ¿por qué no pudieron venir?

    Tragué grueso. Debía saber que tendría que ver con ellos, ¿verdad? Con el puto club. Siempre era ese jodido club. Fruncí el ceño, me las apañé para conservar una chispa de electricidad y no congelarme por completo, aunque el terror arrollándome los huesos amenazara con detenerme hasta el último latido.

    —Rei y Subaru tenían raid, ya sabes, y Kakeru… —Solté el aire de golpe—. No lo sé, sólo dijo que estaba ocupado. No pregunté.

    Me sentía como una jodida imbécil intentando demostrar su inocencia. Quería escupirles, patearles las bolas y salir corriendo. Pero, mierda, me habían rodeado a propósito, ¿verdad? Lo habían planeado desde un comienzo. Desde que Kou me saludó, me ofreció una cerveza y me preguntó por los demás. Llevaba toda la noche siendo una puta presa, mientras los lobos aguardaban en silencio al momento indicado para atacar. Eran seis y eran hombres. Estaba a su absoluta merced.

    Podían hacer conmigo lo que les apeteciera.

    Y estaba aterrada.

    —Hmm, ya veo. ¿Y tú? ¿Qué haces aquí?

    Apreté los labios. Mis razones sonaban tan ridículas en ese momento y no habría soportado ver sus caras de burla, lo sabía. Volví a tragar saliva y me encogí de hombros, fingiendo indiferencia aunque estuviera claramente tensa. Bueno, cabrones, ¿pueden culparme?

    —Sólo vine. Tenía ganas de divertirme.

    Kou pareció meditar unos momentos en base a mi respuesta y acabó por suspirar, enterrando las manos en los bolsillos. Me sonrió, fue una sonrisa jodidamente maquiavélica, y avanzó. Retrocedí en respuesta, sin quitarle los ojos de encima. Un tipo junto a él había sacado su móvil y me apuntó. ¿Estaba filmando? El corazón me latió desbocado en el pecho.

    —Espera, ¿qué-?

    Kou me interrumpió.

    —Lo siento, Anna, pero no te creo. Te quedarás aquí, con nosotros, hasta que nos digas la verdad.

    Mis pies encontraron el piso antideslizante de la piscina y me detuve un momento. La brasa chispeó.

    —¡Es la verdad! No entiendo, ¿qué mierda está pasando?

    Ya nadie reía, se veían realmente molestos y Kou meneó la cabeza.

    —No puedo creerlo —masculló uno de ellos—, el cabrón de Fujiwara no tiene los huevos de mostrar la cara y encima nos manda a su perra.

    Mi expresión se contrajo en una mezcla de confusión y enojo, aunque mi respiración fuera aún irregular y las palmas me sudaran. Temblaban. Mis manos temblaban.

    —Es el hijo de puta de Kakeru —intervino otro, escupiendo hacia un costado—, ¿qué mierda esperabas?

    —¡Les digo que no sé nada! —exclamé, agitada; la chispa se esparció—. ¡Kakeru nunca me dice nada!

    Y era la verdad, joder, pero cuán absurdo sonaba. Se rieron, incrédulos, y un calor horrible me recorrió la columna. Uno de ellos dijo justo lo que estaba pensando.

    —Eres su perra, imbécil. ¿Cómo no vas a saber nada?

    Miré a Kou, prácticamente en un llamado de auxilio. Era parte del club, había sido testigo de todo. Kakeru siempre me mantenía al margen, Rei y Subaru lo sabían, él también. Dios, lo miré con una insistencia horrible, pero el cabrón siquiera se atrevió a verme. Creí empezar a comprender, entonces. Había mierda, mucha más mierda de la que creía. Una mierda que se había podrido y que ahora, como era una cagada de mierda, me estaba tragando de gratis.

    Joder.

    Joder, joder, joder.

    —Te estoy diciendo la verdad, pedazo de estúpido, ¿qué más quieres?

    Estaba aterrada. Estaba nerviosa.

    Y estaba furiosa.

    —¿Cómo me dijiste, hija de puta?

    El lobo mostró las fauces y se abalanzó sobre mí, dispuesto a devorarme de un mordisco. Dos de ellos alcanzaron a sujetarlo de la camiseta pero mis piernas ya habían reaccionado, echándose hacia atrás, y resbalé dentro de la piscina.

    El cielo sin estrellas fue lo último que divisé antes de hundirme. Un negro absoluto, la boca de lobo, cerniéndose por sobre los brazos invisibles que me succionaron con la fuerza de un tornado y me arrastraron hasta el fondo de mi propia mierda. Y todo desapareció.

    No oía nada.

    No veía nada.

    Sólo era yo y mis errores.
     
    Última edición: 17 Agosto 2020
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    Título:
    Never say die [Gakkou Roleplay | Anna Hiradaira]
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
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    Drama
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    4171



    i can feel the fire when i breathe in
    waking up the giant that's been sleeping
    playing this game for a reason
    been playing this game, this game
    never say die
    never say die
    you're gonna see me standing with my fist in the sky
    never say die


    II.

    Volví a la superficie con la fuerza de un cohete. El agua se había colado por cada espacio posible. Dentro de mi blusa, mis shorts, mis botas, calcetines. Dentro de mi nariz, mi espíritu y mi sangre temblorosa. El golpe de su frialdad fue irónicamente caliente y me encendió. La llamarada explotó. Saqué la cabeza, me corrí el flequillo empapado de la frente y escupí con fuerza el agua que casi había tragado. Allí estaba, la panda de imbéciles, congregados frente a mí riéndose y apuntándome con el móvil. Agité el brazo sobre la superficie y les eché encima un reguero de agua que los obligó a retroceder como trampolines. Yo también lo había hecho, ¿verdad?

    Había retrocedido lo suficiente. Ahora lo veía con claridad.

    Nada de esa mierda valía la pena.

    Aproveché la oportunidad para salir de la piscina rápidamente; Kou podría haberme detenido y no lo hizo, y por suerte para él nadie lo notó. Me daba igual, me importaba una auténtica mierda. ¿Qué? ¿Se había apiadado de mí? Oh, pobre Anna, mírala toda mojada y asustada.

    —Que te den —mascullé bien cerca de su rostro, en puntillas para alcanzarlo, y oí la voz furiosa del idiota del móvil. Ow, ¿se le había mojado?

    —Eres un puto asco. Pobre Fujiwara, teniendo que conformarse contigo.

    Una risa extraña brotó desde lo más profundo de mi pecho. Vibró en todo mi cuerpo, avivó el fuego y viajó hasta reproducirse grave y ronca a oídos de todos. Probablemente nunca había conocido el poder de una ira capaz de sobreponerse al terror, pero allí estaba. Ardía, quemaba, y se sentía genial.

    —No sé nada —insistí, de pie entre la manada de lobos. Mi voz era clara y firme, era un rugido—. Ni de sus mierdas con Kakeru, ni de lo que planeaban hacer aquí, ni por qué los idiotas de mis amigos no quisieron venir. No sé nada, y tendrán que metérselo en esas cabecitas diminutas porque es la puta verdad. ¿Tienen mierdas que resolver? Búsquenlos a ellos. A mí no me metan.

    Sí, ellos eran lobos. Se movían en manada, obedecían al alfa con una lealtad ridícula y cazaban en silencio hasta rodear a sus presas. No lograba definir cuál era el líder de ellos, pero ya conocía a uno y todos eran iguales. Putos reyes de la colina, con un poder inmerecido, demasiado grande para sus manos pequeñas. Encadenados a un trono incapaces de manejar, pero expertos en alardear. Clavé mi mirada sobre el idiota del móvil y me sonreí. Había dejado de filmar, ¿eh?

    —El espectáculo se acabó, muchachos —anuncié, ejecutando una exagerada reverencia—. Ya pueden irse a la mierda.

    Me dirigí hacia la salida de la piscina. Uno de ellos, el primero que quiso atacarme, chasqueó la lengua e intentó seguirme pero oí cómo lo detenían otra vez. Los observé sobre el hombro, en impasible silencio, y entonces me concentré en Kou. Había una extraña mezcla de furia, sorpresa y ansiedad en sus ojos, y no hice más que disfrutarlo.

    Ellos podían ser lobos, pero yo era una leona.

    Comencé a aumentar el ritmo a medida que me alejaba de la casa. Tras el calor del momento fui tomando consciencia de lo que había ocurrido, y mientras más lo pensaba, más me hervía la sangre. Fui dejando un rastro de agua que bien podría haber sido gasolina y corrí.

    Corrí, corrí y corrí. El viento me adhería la ropa helada a la piel pero me daba igual, era revitalizante.

    Corrí, corrí y corrí. Mi cuerpo estaba tan caliente que podría haber echado vapor, como una locomotora.

    Corrí, corrí y corrí. Las lágrimas de ira e impotencia me salpicaron los ojos y se mezclaron con el resto del agua que llevaba encima.

    Corrí hasta que el aire en mis pulmones era fuego y me detuve frente a una puerta en específico. Qué bueno que vivían cerca, ¿no? Quizás habría sido más prudente volver a casa, darme una ducha y permitirme pensar las cosas con claridad. Sí, quizás habría sido mejor. Pero ¿quién se preocupaba por esas mierdas ahora? Sólo quería patear, escupir, morder y gritar.

    Quería tirar el mundo abajo.

    Sacudí la puerta con los golpes de mi puño una, dos, tres, cuatro veces y aguardé, impaciente. Las luces se fueron prendiendo poco a poco hasta que su rostro asomó por la hendija abierta. El fuego crepitó y mis dedos temblaron, cargados de energía. Era la electricidad capaz de incendiar un bosque entero.

    No le di tiempo a hablar. Alcancé su muñeca y lo arrastré fuera, cerrando la puerta detrás de mí. Me giré y observé su expresión atónita, recorriéndome de pies a cabeza.

    —¿Anna? ¿Qué te pasó? ¿Por qué estás toda mojada?

    Sus preguntas se sucedieron a tropel y yo me sonreí, mordiéndome el labio. Verlo nervioso era algo que siempre había disfrutado de una forma enfermiza, y ahora… ahora sólo era aún mejor. Mi goce, sin embargo, se redujo a cenizas de inmediato y lo empujé por los hombros. Chispazo.

    —Pedazo de cabrón.

    Lo empujé de vuelta. El veneno se acumuló en mi boca y se mezcló entre las lágrimas que me rehusaba a liberar.

    —Anna, ¿qué sucede?

    —Estoy harta. Harta del puto club, de las mierdas en las que andan metidos, de sus estúpidos códigos y estoy harta de ti, joder.

    Otro empujón, su espalda dio contra la verja de madera. Clavé un dedo en su pecho y seguí escupiendo; el aire me quemaba los pulmones.

    —¿Querías protegerme? ¿Pensabas que era una buena idea? ¡Pues mira! ¡Felicitaciones, campeón! ¡Te salió genial!

    —¿Qué pasó?

    La urgencia en su expresión era tal que obligó al fuego retroceder. Mi mano se comprimió sobre su corazón antes de dejarla caer y bufar.

    —Fui a la fiesta.

    —¿Qué?

    —Sorprendente, ¿no? —Me carcajeé y sorbí la nariz—. Lo sé, no tienes que decirlo. ¿Anna? ¿Haciendo algo por sí misma sin mearse encima? ¡Pero en qué mundo del revés estamos!

    —Anna, cálmate un momento.

    —No quiero —Clavé mis ojos sobre él con tal intensidad que apretó los labios; parecía hasta haber dejado de respirar—. No me da la puta gana. ¿Qué pasa con Kou, eh, Kakeru? ¿Qué mierda pasa con Kou? ¿Puedes explicarme por qué me rodearon como putos lobos y me obligaron a justificar tu jodida ausencia?

    —¿Rodearte? ¿Qué te hicieron?

    —¡Ese no es el punto!

    —¡Mierda, Anna! ¡Dime si te hicieron algo!

    Se había erguido frente a mí, como un vendaval contra el incendio, y logró que las llamas se agitaran en trémula duda.

    —No —respondí al fin, y el alivio en su semblante fue notorio; pero cuando el viento amaina, el fuego se reanuda más fuerte que nunca—. No, no me hicieron nada. Pero ¿sabes? Podrían haberlo hecho. Tenían todo el puto poder sobre mí, y eso era lo que querían. No molerme a golpes, ni torturarme, ni tirarme al suelo y escupirme. Querían aterrorizarme sin ponerme un dedo encima, porque ustedes, los hombres, tienen ese jodido poder al alcance de la mano en todo momento y mientras ¿yo qué? ¿Sabes qué puedo hacer yo? ¡Nada!

    Me acerqué a su rostro, tal y como había hecho con Kou, y bajé la voz a un murmullo grave y pausado. Estaba lleno de rencor y, joder, jamás creí que alguien como yo pudiera sonar así.

    —Así que no, cariño, no me hicieron nada, pero me lo hicieron todo. Me recordaron con una facilidad irritante que no soy nada contra ellos; que una leona, por más fuerte que ruja, sigue sin ser el rey de la selva. ¿Puedes entenderlo? Como tú, ahora mismo. —Busqué su mano y la presioné sobre mi cuello con maña, aunque se mostró claramente reticente. Lo obligué a hacerlo—. Imagínate, tan suave y frágil. Apenas sudarías y ya, problema resuelto. Increíble, ¿no? A veces pienso qué tal resultaría ser uno de ustedes.

    Cuando lo dejé ir se retiró con una velocidad increíble, sin quitarme los ojos de encima; se lo veía asqueado pero, más que eso, preocupado. No era Anna, ¿verdad? No la Anna que conocía. Probablemente hubiera frente a él un monstruo errático, impredecible y desaforado, y es que el fuego tenía esta cualidad. Voraz, impío, hambriento. Siempre hambriento, y sí: estaba hambrienta.

    Quería devorarlos a todos, llenarlos de veneno y escupirlos en un pozo ciego. Dios, estaba furiosa.

    —Pero no lo soy. No soy un hombre, ni soy parte de ese mundo horrible en el que se mueven. No lo soy y no quiero serlo. No quiero que alguien me tema por el simple poder implícito que tengo sobre ellos, ni quiero desear ser como los hijos de puta que me hacen quererlo. Soy una mujer, ¿me oyes? Soy una mujer, y soy débil, y soy pequeña, y le temo a muchas cosas. Pero jamás en la vida desearé ser un hombre.

    Jamás.

    Se me revolvió el estómago del asco al recordar lo que había ocurrido junto a la piscina. Podrían haberme insultado de mil formas diferentes, realmente, pero sólo se les ocurrió reírse de mi valor como agujero. A sus ojos no era más que eso, ¿verdad? La puta perra que Kakeru se follaba para ser un hombre como todos los demás. Si permanecía asustada y tiesa probablemente se aburrieran y me dejaran ir, pero si gritaba, me sacudía y los escupía… entonces estaba loca. Y pobre Kakeru, ¿no? Tener que soportarme.

    —Ya no seré tu perra —mascullé; él seguía sin siquiera atinar a abrir la boca, y algo parecido a un dolor lacerante me estrujó las costillas. Pero sólo se convirtió en lágrimas—. No voy a ser tu perra, Kakeru, y tiene que quedar claro. Tiene que quedarle bien claro a todo el puto mundo.

    Lo sentí buscando tocarme pero lo aparté de un manotazo. Mi cuerpo hervía como metal de fundición y la menor inestabilidad podía hacerme estallar. Estaba al límite.

    —Anna —me llamó, su voz me resultó ajena y pareció provenir de un lugar lejano. Lo miré—. ¿Por qué fuiste a la fiesta?

    Chasqueé la lengua y volví a sorber la nariz, apartando la vista. Puse los brazos en jarra. Otra vez esa estúpida pregunta. Pero Kakeru no se reiría, ¿verdad? Logré atar los hilos en medio del incendio y supe que si lo había arrollado de aquella manera, al menos, se merecía esa respuesta.

    —Quería hacer algo por mí misma. Quería hacerlo sola y… demostrarme que podría. Sin ustedes, sin ser una estúpida sombra, una mierda vacía y sin vida. —Inhalé aire con fuerza; Dios, el corazón me latía desbocado—. Tú no me conoces, Kakeru. No tienes idea, porque no soy esta cosa que te encontraste en la cancha de baloncesto y acogiste como un cachorro abandonado. Y tampoco soy esto realmente pero, mierda, prefiero prenderme fuego antes que congelarme.

    Me rasqué el cabello con nerviosismo y solté un bufido pesado, ansioso y denso. Lo miré y algo se afiló en mis expresiones.

    —¿Qué pasa con Kou? —agregué.

    Él tragó saliva y agachó la cabeza; aquello fue suficiente para avivar la llama, como una cerilla sobre el rastro de gasolina que había dejado desde esa jodida piscina hasta el patético miedo de Kakeru.

    —¿Qué mierda pasa con Kou? —insistí, impaciente, y Kakeru se removió.

    —No —sentenció, serio, y lo vi incrédula—. No, Anna.

    —¿No?

    —No.

    Comencé a caminar en círculos, como una leona enjaulada, mientras repetía esa puta palabra en voz baja. No.

    No no no no no no no no no no no no no no no no no no no no no no no no no no no no.

    —¿No? ¡¿No?! ¿Sabes qué? ¡Vete a la mierda, hijo de puta! ¡Vete a la remismísima mierda y muérete, si te da la gana!

    Intentó detenerme en mi camino hacia la salida, pero frené y me giré hacia él. Mi expresión lo congeló de inmediato, como el poder de los ojos de Medusa.

    —Atrévete a tocarme, cabrón. Hazlo y perderás las putas bolas.

    Me dejó ir. Lo hizo y realmente se lo agradecí. No estaba siendo una imbécil histérica, no fingí nada sólo para que él me detuviera. Se lo agradecí porque estaba fuera de mí y no quería acabar como un animal silvestre herido: nervioso, aterrado y agresivo, lanzándole zarpazos a cualquiera que se acercara con intenciones de ayudar. Puede que el fuego amenazara con quemarme el cerebro pero, así y todo, una parte de mí logró mantenerse sujeta a tierra y saberlo. Saber que jamás me perdonaría herir a alguien en ese estado.

    Las lágrimas ardieron como ácido y me bañaron las mejillas hasta que llegué a casa. Tuve que tomarme un momento para calmarme antes de entrar, mamá ya estaba durmiendo y no podía despertarla. Abrí la puerta con cuidado, el silencio se presionó contra mis oídos, y en un impulso extraño me asomé por el umbral entreabierto de su habitación. Pude escuchar su respiración pesada, acompasada, y apreté los dientes hasta sentirlos en la mandíbula.

    Quería que me abrazara.

    Por favor, sólo un abrazo.

    Pero no supe cómo, eran las dos de la madrugada y ella siempre se levantaba a las cinco para poner la comida sobre la mesa. No podía hacerle eso. Subí en silencio a mi habitación y sólo… me dormí, no lo noté. De alguna forma había logrado que las lágrimas retrocedieran y lo creí una victoria sobre mí misma. Cuán equivocada estaba.

    Sólo seguía cometiendo errores.

    Sábado. Cuando desperté mamá ya no estaba, obviamente, ni volvería hasta entrada la noche. A veces me preguntaba si en realidad tenía que trabajar tanto para costear nuestro modesto estilo de vida o si no soportaba estar en casa. Éramos parecidas, después de todo. Atoradas en un país que detestábamos, despojadas de todo lo que habíamos amado. Mamá era un alma libre, un hermoso albatros errante al cual le habían encadenado las alas. Ninguno de nosotros la estaba pasando bien, y en vez de apoyarnos el uno en el otro decidimos encerrarnos en nuestros dolores y no preocupar a los que amábamos.

    Éramos unos estúpidos.

    La quietud de la casa se me antojó más desesperante que nunca. Habría querido tener la capacidad de cagarme en todo, cocinarme unos fideos y echarme en el sofá a ver televisión; pero era una leona enjaulada y lo seguiría siendo en tanto aquel fuego permaneciera encendido, no sólo en mis entrañas, sino sobre mi piel. Toda mi puta piel.

    Ardía.

    Salí, inquieta, sin rumbo fijo. Salí con los cascos puestos a todo volumen, mascando chicle y pisando fuerte el pavimento a cada paso que daba. Como si quisiera romperlo, hundirlo, partirlo en dos.

    Acabé en la cancha de baloncesto, esa que solíamos usar con los chicos y donde, de hecho, los había conocido. No me pareció una mala idea, me vendría bien para descargar toda esa energía acumulada. Me puse a jugar, picando la pelota, encestando y lanzándola contra la pared. Una y otra, y otra, y otra vez. Moverme siempre había sido una necesidad casi fisiológica para mí, tan importante como respirar o comer y, mierda, llevaba tanto, tanto tiempo entumecida que fue una represa explotando. Toneladas y toneladas de agua se precipitaron sin dirección alguna y se unieron al incendio en una simbiosis contradictoria; quizá fuera mi manera de apagar el fuego consumiéndome, y estuve a punto de hacerlo… cuando los oí. Me giré, atónita, y se congelaron al toparse con mi mirada. Juraría que un rayo detonó en alguna parte, detuvo el tiempo a nuestro alrededor y evaporó el agua con la facilidad de un puto dios.

    Kakeru estaba pálido, sus manos estáticas a ambos costados del cuerpo.

    Kou detuvo el reflejo de huir a medio paso y desvió la mirada, como si no estuviera allí.

    Boom.

    Les regalé una sonrisa totalmente opaca y les lancé el balón con fuerza. Kakeru lo atajó justo a tiempo y, tras bajar las manos, pude ver su expresión: estaba molesto. Chasqueé la lengua. Qué pena~

    —Venga, cielo —exclamé, agitando los brazos—, pásalo.

    Kou se giró por completo, dándome la espalda, y pareció decirle algo a Kakeru pues éste viró su atención hacia el muchacho. Lo vi asentir y devolverme la pelota, increíblemente serio, para luego irse ambos por la acera. Desaparecieron tras la pared de ladrillo y me precipité hasta la entrada de la cancha, furiosa.

    —¡Eh! —rugí, acercándome—. ¡¿Qué cojones?!

    —¡Ya basta, Anna! —Kakeru se había girado y me gritó; era la primera vez que me gritaba—. Ya basta, mierda.

    No necesitaba que nadie me lo dijera, había liberado aquella bestia de forma egoísta e imprudente, derribando a quien se me cruzara sin reparar en las consecuencias. La ira me había cegado, y había terminado culpando a Kakeru de mucha, mucha más mierda de la que le correspondía. Puede que en ese momento lo advirtiera por primera vez, pero mi estúpido orgullo me impidió retroceder en el desastre que ya había desatado a mi alrededor. Tendía a hacer eso, ¿no? Empujar y empujar hasta romper.

    No iba a echarme atrás.

    —¿Ya basta qué? Ah, ¿acaso los estoy molestando?

    Kakeru suspiró, exasperado, y Kou rodó los ojos. Ah, Dios, qué ganas de molerlo a golpes.

    —¿Y tú de qué mierda te molestas, idiota?

    —Anna, ya basta —intervino Kakeru.

    —Respóndeme —le dije a Kou, ignorándolo por completo—. ¿Estás satisfecho con lo de ayer? ¿Te divertiste? El video debe estar bueno, ¿no? Se estaban riendo mucho, después de todo.

    —Anna…

    —¿Les di un buen espectáculo?

    —Joder, Fujiwara, ¿es que no sabes callar a tu puta?

    Bam.

    Le di vuelta la cara de una bofetada y se sintió bien, jodidamente bien. Eso, al fondo de mi mente, me asustó. Pero sonreí.

    —¿Te parece si te callo yo?

    Kou se volvió con el rostro desfigurado en ira y me dio un empujón que me lanzó directamente al suelo. Me partí el culo y me lastimé los codos, mierda que dolió. El aire silbó entre mis dientes y me agitó el cabello que me había caído sobre el rostro, y el fuego crepitó.

    Podría haberlo destrozado allí mismo.

    Enterrar mi zapatilla entre sus piernas y machacarle los huevos.

    Pero la voz de Kakeru detuvo el impulso de la llamarada en un instante. Se había vuelto hacia Kou, furioso, y empezaron a discutir a una velocidad que me resultó vertiginosa. Los observé de una pieza, allí en el suelo, hasta que se activó una alarma en mi cerebro con el primer puñetazo. Me levanté como un resorte y me lancé sobre ellos. Nunca reparaba en las consecuencias, era obvio, y una ansiedad horrible me presionó la garganta al ver cómo dos de mis amigos se molían a golpes.

    Al final sólo estaba dolida, ¿verdad? Me había lastimado quien no se suponía que lo hiciera, y no había estado para protegerme quien siempre lo había hecho.

    —¡Basta! —chillé, intentando separarlos con todas mis fuerzas—. ¡Joder, basta!

    No sabía qué problema había entre ellos, nombraron a muchas personas que no conocía y, en medio de la vorágine, fui incapaz de conectar las piezas. Tampoco me importaba. Sólo quería separarlos, estaba desesperada; pero era pequeña, era mujer y mis brazos de escarbadiente nada pudieron hacer frente a la fuerza titánica de dos hombres enfurecidos.

    Nada.

    Dios, qué impotencia.

    Las lágrimas me empañaron los ojos y corrí hacia la esquina, en busca de ayuda. Una porción de alma regresó a mi cuerpo al ver a Rei y Subaru saliendo de una tienda con paletas de helado. Acudieron sin demoras a mi llamado y observé la escena en silencio. Estaba jodidamente bloqueada, no lograba hilvanar pensamiento alguno ni quitar los ojos de lo que ocurría. Ya conocía los puños magullados de Kakeru, pero jamás lo había visto tan furioso ni con sangre de un hermano en sus manos.

    Se estaban rompiendo.

    Rei y Subaru los mantuvieron inmóviles hasta que se calmaron. Parecían animales rabiosos y, joder, cómo me dolió verlos así. No logré apartar la culpa que reptó hasta mi pecho, aunque supiera que aquel conflicto no era para nada reciente ni tenía que ver solo conmigo. ¿Así era? ¿De eso Kakeru me había protegido siempre? Dios, era horrible. Él sabía que no estaba hecha para esto, ¿verdad? Pero quería mantenerme cerca, por ello me vendó los ojos. Estoy segura que la vi, la nota de súplica desesperada, silenciosa, que danzaba en su mirada al alzar la cabeza hacia mí. Casi pude oírlo.

    Por favor, Anna, por favor no te vayas.

    Nunca me había pedido nada, nada en absoluto. Parecía dispuesto a contentarse con lo que estaba dispuesta a darle y ya, como si no sintiera el menor derecho. Como si fuera un mero insecto, un animal violento y salvaje. Fue la primera vez que encontré una demanda ansiosa en los ojos de quien se suponía era mi novio.

    Por favor.

    El incendio se apagó.

    No te vayas.

    Y me fui.

    .
    .
    .

    Un mes después llegó el fatídico veinte de octubre, y todo mi mundo se fue a la mierda. Había estado frecuentando el club cada vez menos, y si los veía después de clases apenas nos dirigíamos la palabra con Kakeru. Tampoco soportaba estar en casa, de todos modos, y los muchachos eran mi única escapatoria de esa jaula. Comencé a pasar más tiempo con Rei y su primo, un tipo bastante simpático y tranquilo que transmitía buenas vibras. Recién entonces empecé a comprender, posiblemente, mi impacto en la vida de todos esos niños perdidos. Rei se preocupaba por mí, lo había hecho siempre y ante aquella crisis se hizo más presente que nunca para distraerme. Jamás intentó nada conmigo, era la amistad más genuina que tenía y siempre se lo agradecí. Kou, por otra parte, se desvaneció. Los había traicionado, al parecer, con una pandilla de Shibuya. El cabrón había jugado a dos puntas hasta que Kakeru le descubrió los trapos sucios y quiso resolver las cosas de la mejor forma posible, pero Kou se pasó eso por los huevos y prefirió encender la mecha. Y ahí llegué yo, sólo para empeorar el desastre.

    Sabía que había culpado a Kakeru en forma desmedida, pero el veneno circulaba ya por todo mi jodido cuerpo y no fui capaz de hacerle frente a las cosas. Era egoísmo puro y entonces, veinte de octubre.

    El incendio había desaparecido, pero en su lugar apareció un monstruo mucho, mucho peor. La pesadilla del veinte de octubre. Me asfixió, me pateó y me torturó hasta el cansancio, y no necesitó más que un único día.

    Sólo un veinte de octubre, y ya.

    El castillo de naipes se desmoronó.

    .
    .
    .

    Wey lo que disfruté yo esto no tiene nombre xd Esta es Anna, esta vorágine de energía que puede ser caos y desastre o una luz estúpidamente brillante. Sólo tiene que aprender a canalizarse, y creo que lo está haciendo and im so proud of her.

    Also, hoy cuando me tomé una pausa para ducharme me di cuenta que, probablemente, de no haber ocurrido lo que pasó en The Wheel of Fortune, no habría habido freno para la furia de Anna y su incendio habría avanzado hasta el rol. Se me hizo curioso imaginarla como una extraña versión de Katrina, con toda esa ira contenida escapándose de vez en cuando como fugas de gas.

    Por suerte no pasó (?

    Also mientras escribía el segundo capi me ultra fusioné con Anna y me destrocé las manos jsjs luego fui a lavármelas y me ardieron todos los putos pellejos gigi why u like this

    Esto era algo que me habría gustado mencionar durante el desmadre de la azotea si Anna debía ir al aula junto a un muchacho, pues habría revivido lo de la piscina y se habría mostrado sumisa o a la defensiva, pero en definitiva, habría estado asustada como la mierda. Puede que no le haya ocurrido nada grave, pero el miedo que sintió fue tan real que la marcó 100% real no fake. Y eso, ya hablé mucho (?

    As usual, gracias a quienes hayan leído uwu
     
    Última edición: 17 Agosto 2020
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    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista destacado that's that me espresso

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    PERO NO SERÁ ANNA NUESTRA FEMINIST AND BADASS QUEEN???????? Dios, lo que yo he amado este fic que te has sacado de la manga i just cannot explain. SOBRE TODO LA SEGUNDA PARTE I JUST-

    La verdad es que me alegra que entrases en modo toretto y publicases los dos capítulos tan seguidos BC ASÍ LO TENGO TODO FRESCO. And omg, estoy living, adoro leer a esta enraged Anna, tbh, es que ni la puedo culpar por un día decir finalmente basta y hartarse de que no le digan nada y la traten como una muñeca, la verdad es que no se lo merece en absoluto. Y tbh, es que tengo sentimientos tan encontrados con Kakeru like idk, porque por un lado es un cabrón y su relación es kinda tóxica PERO por otro lado intenta protegerla a su manera y yo creo que en el fondo sí que la quiere de alguna manera, solo que no sabe expresar ese amor de una manera que sea sana para los dos. IDK.

    Anyways, I AM SO GREATLY DISAPPOINTED CON KOU ISTG. Yo pensé que el pobrecillo era la víctima de todo esto BUT EMOSIDO ENGAÑADOS HE WAS A FUCKING TRAITOR AND CÓMO SE ATREVE A HACERLE ESO A ANNITA? I WANNA SMACK SOME ASSES. Dios, pero en realidad lo he pasado muy mal con la escena de la piscina PORQUE ME ESTABA ESPERANDO LO PUTO PEOR y joder, yo estaría tan cagada como ella o más, porque además cuando ves que no tienes escapatoria lo único que te queda es soltar el enfado y yo que sé, por lo menos desahogarte Y CUANDO SE CAE CHALE obvio sabía que iba a estar bien porque está viva en el rol PERO OMG y yo que ya estaba pensando en que la próxima fiesta la hiciesen en la piscina de la academia chale(??? okno

    Y omg cuando va a hablar/gritarle a Kakeru istg. Creo que estaba genuinamente preocupado por ella pero también es su culpa por andar escondiéndole cosas y no queriendo responder a sus preguntas y esperar que solo sea un muñeca AND THAT'S NOT IT Y ELLA SE LO SUELTA AHÍ AND I'M SO PROUD OF HER. Que sí, que luego todo su enfado solo hacia él no estuvo bien, pero tampoco puedo culparla tbh.

    Y LISTEN, DEBO DECIR QUE EL PINCHE SLAP FUE TAN ÉPICO AND I JUST ADORE HER SLAP HIM HARDER HE DESERVES. Pero jo, luego le entra todo el agobio y no, mi Annita :( Es comprensible ahora que se sintiese tan culpable por todo lo de Kakeru pero pues tampoco es su deber sabes (?) Also, me gustó que los otros dos chicos sí se preocupasen genuinamente por ella porque sí se notaba que ellos eran más chill y le tenían cariño y eso.

    ANYWAYS.

    Me alegra que la Annita de ahora se esté recuperando de toda esta situación y si bien creo que le hubiese sentado bien tener esta conversación con alguien in rol, la verdad es que imaginarla contándoselo a Joey o Altan no me acaba de cuadrar (?) Like, ojalá algún día pueda desahogarse con alguna de las chicas que sean sus amigas <3

    Y pues i did adore this, se me han pasado super rápido las 7k en total y lo he disfrutado un montón y ya te digo, vi que subiste esto mientras estaba jugando al V3 y cuando acabé estaba deseando ponerme a leerlo y de todo bc adoro leerte y leer el background de tus personajes y de annita <3 SO yeah, mis comentarios son un estrés i know, pero igual espero te gusten uwu

    Y JÁ, TE GANÉ MELY (???? *huye*
     
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    Zireael

    Zireael Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Leo
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    QUE ERA UNA COMPETENCIA CON GABI? *angry noises*

    Me leí esto ayer después de verme idk como 7 capítulos de FMA y tenía un sueño del carajo, PERO EMPECÉ Y NO PUDE PARAR LIKE WTF. Por ratos tenía que parar y volver a leer, porque como que me quedaba dormida y omg i was so dead pero tenía que seguir leyendo porque vaya la salsa estaba buenísima.

    Aviso desde ya que este comentario no será como los otros que suelo darte por lo mismo, no saqué quotes ni nada y hablaré de lo que me dejó just like wOAH.

    Como te dije en el perfil, es yo estoy living con esta enraged Anna, la amo con mi corazón porque ya sabes lo que vivo yo por los personajes emputados. Me pasan su rage de una manera que quiero romperlo todo, quiero fracturar, quemar, arruinar.
    Pero sis con Annita es tan fuerte, porque conocemos de ella solo su faceta super softie y la de huraña de mierda, y de repente vengo, le leo esto y Anna literalmente COMBUSTIONA. La arrasa el fuego y no puedo culparla, solo imaginarme en su situación dios es que estaría cagada hasta las patas pero también estaría emputadísima con esa manada de hijos de puta. I STAN OUR ENRAGED TANUKI QUEEN.

    Sabes que yo me cagué en Kakeru desde el segundo uno, es que juro que no lo soporto, me caga de una manera que me resulta repulsivo (?) me preguntas por qué y ni sé responderte, porque soy consciente de que no deja de ser un mierdoso empujado a la desgracia por las circunstancias pero GODDAMNIT SIEMPRE ME SACA TODA LA RAGE QUIERO PARTIRLE LA JETA.
    Y ahora me avientas al puto Kou traidor hijo de su madre sLAP HIM HARDER, ANNITA, DO IT. ME CAGO EN TODA ESTA GENTE DIOS ES QUE AJDBJEBASKJDASJ. Encima me empuja a la niña y ya fue, yo estoy enraged, agarrenme que le reviento las bolas.

    Luego cómo conectas el fic con el otro del background de la niña, el que me hizo mierda emocionalmente (??) y listen estoy CHILLANDO DE NUEVO. Fue glorioso esto, ni me di cuenta cuándo me comí 7k.

    Gracias por tanto y perdón por tanto poco alv ♥ Bueno este comentario soy yo gritando for 10 minutes straight pero no me arrepiento de nada.
     
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    Kaisa Morinachi

    Kaisa Morinachi Crazy goat

    Tauro
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    Como me es cómodo, mis reacciones antes del comentario general (?)
    Hace bastante tiempo que no comento un fic, ¿pero sabes? Fue terminar de leer ese párrafo y mirar el teléfono como cachorrito triste (?) Y no sé, no pude aguantarme comentar por todas las cosas que me vinieron de frentón en todo ese primer párrafo sjjjssj (todo eso ignorando que ando algo sobre-activda últimamente)

    ¡Bueno, al punto con la quotes!
    La primera: Me tiró de inmediato a la mente la back history de la propia Nagi, sinceramente, solo que con menos money de por medio y sin un padre que ande de flor en flor (?) Tienen sus contextos distintos, claros, pero también siento que se asemejan en algunos puntos.

    La segunda: Una duda muy grande la de Anna, y no sé, solo soy capaz de imaginar a alguien que ha caído tan hondo que llega al punto en que no siente absolutamente nada, por lo que actuar de tal forma ya ni le causa un sentimiento de preocupación siquiera. Pienso así por cierto personaje mío que no especificaré, pero con lo ya dijo se deduce fácil, supongo (?)

    La tercera: Ahí es cuando se me apretujó el corazón y sentí especial pena por Kou ;--;
    Y no sé, aumenta mi curiosidad por cómo serán sus interacciones con Mar, teniendo en cuenta que esta chica también esta super sola, pero por lo menos tiene a su pilar 90% estable (?)
    Aparte que el tema del elitismo terminará haciendo ruido tarde o temprano, pero bueno, me estoy desviando del tema sjsjs.

    No, qué onda, en su post de Gakkuo apenas y me generó algo de gracia todo el asunto, ahora estoy como "Alguien proteja a estos dos niños, por favar"
    Supongo que influye bastante que su contexto se asemeje algo al de Nagi, que sé yo *se va a seguir leyendo*
    Yo right now: [​IMG]
    Bueno, en realidad sonrío mientras escribo, pero solo porque disfruto un montón tu escritura, el gatito es la cara interna (???)

    Me declaro fan de todo el párrafo que llegó a ese desenlace.

    [​IMG]
    Pero más o menos la detiene a rato, ¿no? ;--; quién me venga a decir que Annita no es fuerte, acordemos hora y fecha para agarrarnos a competencias de quién se acaba una Coca-Cola de tres litros en menos tiempo (?)

    ¿Vieron? Ser valiente no es tener miedo, es enfrentarlo ;wwwwwwwwww;

    Holi, proceso a lloriquear de nuevo ;w;

    Ahhhhh, los niñooooos ;wwwwwww;

    ¿Sabes? Elegí este fic completamente al azar, desde el índice que te montaste con Amane, y... ¿Pos que quieres que diga? Chale, mi suerte, primero elijo uno que tiene a Kou como prota más secundario a mi parecer, y parece que también resultará ser la condenada fiesta dodne estaban los lobos de Shibuya.

    Y bueno, Kou me dio sus buenas vibrar bien fuerte, pero a sabiendas de que este es el back history de Anna, pues tampoco es que no me este esperando la fatalidad inminente sjsjsjjsjs.

    ¿Vieron? Kou, maldita sea, yo quería creer en ti XD
    Fuchi, fuchi, no te lloro ni una ahora (???)

    Demasiado bonito te hacias, ¿no Kou? Pues nada, que las vibras de este tipo me están empezando a recordar a cierto personaje XD
    Me recuerda a ese cierto personaje hasta este punto nomás, porque dudo que tenga la habilidad yo para hacer personajes maquiavélicos. Rotos si, maquiavélicos no.
    Ah, pero mira tú, si hasta lo cobarde se carga también.
    NOOOOO, GIGIIIII, ESE FINAAAAAAL ;-----;

    Listo, más que ganado tu ganador, niña, con lo insensible que tiendo a ser a veces al leer me has dado sus buenos escalofríos con ese final sjsjsjs.

    ¡Bueeeeeno!

    ¿Cómo resumir? Mi amor y desagrado por Kou, en este momento, está bastante parejo, la verdad XD Pero chale, lo que le hizo a nuestra Annita ;www; No se le perdona fácilmente, si es que siquiera se puede perdonar. Y bueno, respecto a él concluir que si tengo ganas de ver más y, sobre todo, como se desarrollan las cosas. Sobre todo si resulta seguir cualquier lesera con Mar, porque sus mundos son tan paralelamente contrastantes, pensándolo a la rapidita, que en verdad puede haber una retroalimentación enorme si no se matan antes (?) Y bueno, que no se qué tan violento sea Kou, pero puedo asegurar que Mar iguala o hasta supera a Anna.

    Ah, y es una inconsciente que a penas y a interactuado con hombres, así que se les tira encima igual sin meditarlo (???)

    Yyyy, pues bueno, otra vez; Chale, mi suerte. Lo elegí al azar y aunque vi que podía leerlo en orden gracias a tu índice, no sé, me incentivó un poco hacerlo de esta forma. Tipo, sin todos los datos como que el suspense es más y tal, y me puedo teorizar tonterías que después me las contradicen isi pisi

    Annita, dios, Annita ;-; la niñaaa, ya me tocará averiguar cómo fue a parar allá, pero no sé, quiero que la saquen de ese mundo aunque cueste tres mundos. Y lo peor es que ninguno de mis personajes puede hacer algo al respecto XD, pero por lo menos sí que pueden mostrarle que los días aún puedes ser frescos y brillantes (?)

    O al menos cuando a Nagi y sobre todo Mar se les quite la tontera.

    Y eso creo que sería todo sjsjjsjs. Es que siento que con las reacciones que dejó al inicio ya reveló bastante de cómo lo disfruté y mis ideas (?)

    Así que eso, escribes hermoso <3 En cuanto lea el segundo, también te comento.
     
    Última edición: 6 Enero 2021
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