Historia larga Los Viajeros II: Cara a cara

Tema en 'Novelas' iniciado por Resistance, 14 Noviembre 2018.

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  1. Threadmarks: Reinicio (Parte 1)
     
    Resistance

    Resistance Hope

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    Escritor
    Título:
    Los Viajeros II: Cara a cara
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    5494
    Ya está aquí el inicio de la segunda parte del universo que he creado (por así decirlo) llamado Los Viajeros. Os dejó el link de la primera parte por aquí https://fanficslandia.com/tema/los-viajeros-la-guerra-rhajik.56966/ y espero que os guste la continuación.


    Sinopsis: Cinco meses después de los acontecimientos ocurridos en Los Viajeros: la guerra Rhajik, los tripulantes de la Arcadia siguen con sus vidas en un intento por superar y convivir con todo lo ocurrido.

    Todos piensan que la guerra fue el final... pero el pasado siempre vuelve.




    Reinicio (Parte 1)


    El viento comenzó a soplar con fuerza, levantando polvareda de la superficie marciana y tiñendo el paisaje de un color rojizo tan característico del planeta vecino. Más allá, se podía ver como el Sol iba escondiéndose tras las colinas rocosas y sobre ellas parecía aproximarse una gran nube roja que cubría por completo el horizonte.

    — Se avecina una tormenta — Murmuró un hombre con la mirada seria puesta en la lejanía — Creo que lo mejor será regresar a la colonia y seguir con esto mañana.

    — Y una mierda — Respondió una mujer de forma brusca — El muelle está justo enfrente, al borde del acantilado.

    — Sabemos que está ahí, no tendremos otra oportunidad como esta — Añadió un último hombre, oteando a distancia una estructura que servía como puerto para las naves — Pero tiene que ser ahora.

    — La tormenta se nos echará encima, Crane — Dijo el otro hombre, tratando de hacer entrar en razón a sus acompañantes — Y pronto va a anochecer, como si no fuera ya jodido ver en medio de una tormenta de arena.

    — Si no quieres hacerlo, vuélvete tú, Lio — La chica lo miró desafiante — Llevamos cinco meses detrás de él y ahora que lo tenemos a quinientos metros prefieres esperar a mañana solo por una maldita tormenta.

    — Si no has estado en una de estas tormentas, no hables — Respondió Lio, firme en su decisión — Dudo mucho que mañana ya no esté ahí. Podemos irnos y volver mañana.

    — Mañana podría ser tarde — Intervino Lill, apoyando así a su pareja — Si Snow se queda, yo me quedo con ella.

    Lio contuvo sus palabras y asintió con resignación, consciente de que no podría hacer cambiar de opinión a sus compañeros.

    — Vale — Musitó, mirando al frente — ¿Cómo vamos a hacerlo?

    — Fácil — Respondió Snow, mostrando el Striker que portaba entre sus brazos — Vamos a acercarnos sigilosamente, nos infiltramos en las instalaciones y acabamos con el objetivo.

    — No creo que sea tan fácil como acabas de comentar — Murmuró Lio, intentando ser analítico — Sabemos que Jim está allí y hay que tener claro que no estará solo. Si nos detectan los guardias que probablemente estén patrullando la zona, será avisado y huirá.

    — ¿Y qué sugieres entonces? — El joven Crane comprendía lo que su compañero quería decir.

    — Primero, que nos coloquemos los trajes, así podremos resistir la tormenta que se aproxima — Lio señaló el horizonte, cada vez más próximo — Después, provocar una distracción para colarnos en el lugar.

    — ¿Qué tipo de distracción? — Preguntó Snow, intrigada.

    — Uno de nosotros irá de frente y con todo — Respondió Lio, decidido — Y ese voy a ser yo.

    — ¿Cómo? ¿Vas a ir a lo loco? — Lill estaba sorprendido — Vas a correr un gran riesgo.

    — Valdrá la pena si cumplimos con lo que hemos venido a hacer — Sentenció el hombre, incorporándose — Vayamos a la nave a equiparnos apropiadamente y cuando veáis que he comenzado mi parte, haced la vuestra.

    — Tú danos un margen de tiempo para infiltrarnos y del resto ya nos ocupamos nosotros — Dijo Snow, de acuerdo con el plan y deseando cazar a Jim Baker.

    [...]

    El joven Vaalot se encontraba en una sala vacía que era usada para combatir — o experimentar — cuerpo a cuerpo entre soldados modificando la gravedad de la habitación y simulando, de alguna forma, posibles situaciones en nuevos planetas.

    Dicha tecnología había sido obtenida de los Rhajik y tras ser probada por La Unión se decidió que parte de los entrenamientos de los jóvenes soldados, exploradores, científicos, ingenieros y cartógrafos de la AFE se efectuarán en una de estas habitaciones modificadas.

    El hombre de origen marciano vestía con un traje bastante elástico y cómodo para el combate con el logotipo de la Luna, pues éste se encontraba viviendo en la base lunar. Tras un cristal transparente a la vista de las personas del exterior de la habitación se hallaba la piloto Tidder.

    Axlor ni siquiera sabía que su chica se encontraba al otro lado del cristal y pese a que lo supiera, no podría verla tras el. El que cinco meses atrás fuera comandante provisional de la Arcadia frunció el ceño cuando una compuerta se abrió para dar paso a quién sería su oponente.

    Dada la apariencia de su contrincante, que llamaba la atención por llevar una máscara, el joven Vaalot dedujo que se trataba de una mujer, sin embargo no por ello iba a ablandarse. Cuando el ruido de la alarma que daba inicio al combate sonó, el marciano se lanzó con el puño en alto dispuesto a golpear a su rival, pero este se movió a un lado rápidamente y le hundió la rodilla derecha en el abdomen, seguido de un codazo en la nuca que hizo que Axlor se alejara hasta el otro lado de la habitación doliéndose de la parte trasera del cuello.

    — ¿Otra vez?

    La representante lunar Chloe Miller se posicionó al lado de le joven Tidder, que observaba el combate de su pareja con seriedad y preocupación.

    — Solo sale de ahí para comer y dormir — Murmuró Arva, sin dejar de ver la lucha que se estaba dando en el interior de aquel cuarto amplio — No sé que más hacer, Chloe.

    — Hiciste suficiente trayéndolo aquí — Respondió la representante de la Luna — La guerra Rhajik ha afectado a muchos soldados psicológicamente y Axlor es uno de ellos.

    El joven marciano propinó una fuerte patada en la pierna de apoyo de su rival, haciéndole perder el equilibrio y aprovechando el momento para colocar su pierna derecha sobre el abdomen de su contrincante femenina.

    — Has perdido — Musitó el joven Vaalot con la mirada seria y la sudor recorriéndole el rostro.

    Sin embargo, la chica no se rindió y acto seguido golpeó con su antebrazo la tibia del pie de Axlor para luego cruzar sus piernas con la de apoyo del marciano y desequilibrarlo. Tras esto, su rival se incorporó e imitó el gesto del joven soldado colocando su pie derecho sobre el torso del hombre, ahora en el suelo.

    — ¿Estás seguro? — Dijo el contrincante de Axlor, quitándose la máscara para desvelar su rostro — Admito que peleas bien, pero eres muy impulsivo y parece que luchas furioso.

    — ¿Ash? — El joven Vaalot estaba sorprendido, pues no esperaba volver a ver a una de sus ex compañeras de equipo.

    — Mierda, Axlor, ¿qué demonios te ha pasado? — Ashley parecía sentir pena por su ex compañero — Llevo cinco meses sin verte y cuando por fin lo hago solo veo a alguien que se parece más bien poco al que una vez fue mi comandante.

    — No pronuncies esa palabra — Murmuró el joven Vaalot, incorporándose tras estar tirado en el suelo — Cuando alguien obtiene ese rango solo es para tomar las decisiones que nadie quiere tomar.

    La representante Miller y la piloto Tidder también estaban asombradas de descubrir que el rival en el entrenamiento de Axlor era nada más y nada menos que Ashley Ripley.

    — He tratado de localizaros, a todos, desde que la guerra terminó — Dijo la joven Ripley, físicamente cambiada desde la última vez que Axlor la vio — Desde que... bueno, se disolvió nuestro pequeño grupo.

    — ¿Por qué? — El joven Vaalot tenía curiosidad por saber qué la había llevado hasta allí — ¿Qué pretendes con eso?

    — Creo que fui la única estúpida de todos que no quería perder el contacto con los demás — Respondió Ashley con total sinceridad y transparencia — Logramos algo histórico, todos juntos, y después parecía que todo lo que habíamos vivido ya no significaba nada.

    — Significaba que habíamos perdido a mucha gente — Axlor respondió con crudeza y frialdad — Incluso algunos sobrevivimos cuando no debimos hacerlo.

    Tras sus palabras, el joven Vaalot dio media vuelta y salió de la habitación, encontrándose cara a cara con su chica y con la representante de la Luna.

    — ¿Estás bien? — Arva había escuchado toda la conversación entre él y Ashley — No deb...

    — Estoy bien — Axlor cortó rápidamente a la piloto Tidder — Voy a darme una ducha.

    — Claro — Arva asintió y se apartó a un lado, cabizbaja.

    Mientras Axlor se dirigía a su temporal vivienda en la base lunar para ducharse, Ashley salió de aquella habitación bastante apenada por la conversación que había tenido con el marciano. No obstante, el reencontrarse con Arva le alegró, sorprendiendo incluso a la propia piloto cuando fue abrazada de manera repentina por la soldado Ripley.

    — Nadie me ha informado de tu llegada, Ashley — Dijo la representante Miller, sorprendida y con curiosidad — ¿Acabas de llegar?

    — Hace unas horas — Respondió la chica con naturalidad.

    — ¿Y cómo sabías que estábamos aquí? — Preguntó Arva, intrigada.

    — No lo sabía, solo lo supuse — Murmuró Ashley — Durante este tiempo he estado buscándoos a todos y solo he logrado reunirme con Hillary.

    — ¿En serio? — Arva también echaba algo de menos a sus ex compañeros de equipo — ¿Y qué es de ella?

    [...]

    — La Tierra sigue sin representante — Dijo un miembro del consejo de La Unión — La Luna y Marte ya tienen uno y Plutón y Ceres lo tendrán una vez sean reconstruidos, pero que la principal colonia humana no tenga un referente comienza a preocupar a los ciudadanos... y a nosotros mismos.

    — ¿Y que tengo que ver yo ahí?

    — El consejo, en el que me incluyo, se reunió la semana pasada para buscar un candidato adecuado para el puesto y terminó realizando una lista de posibles candidatos.

    — Y yo estoy en esa lista, ¿verdad? — Hillary tenía claro a que había ido uno de los miembros del consejo de La Unión a su casa.

    — Hemos tratado de localizar a Snow Carver, la hija del fallecido representante Eduard... — Explicó el hombre con resignación — Nos parecía la persona adecuada para el puesto, pero no logramos contactarla.

    — Yo tampoco conozco su ubicación, así que dudo que pueda ayudaros.

    — Luego pensamos en Ashley Ripley y logramos establecer contacto con ella, pero rechazó el cargo.

    — Lo sé, me he reunido con ella hace unas semanas — Hillary recordó que había hablado con Ashley de muchas cosas — Es la única persona de mi grupo a la que he visto desde que regresamos de Xhander, hará cinco meses.

    — Tras la negativa de la soldado Ripley, buscamos a Lill Crane y tampoco logramos contactarlo — Murmuró el miembro del consejo de La Unión — Y la siguiente eres tú.

    Hillary resopló durante varios segundos y se levantó de la silla en la que estaba sentada. El hombre la observó y en su rostro se podía apreciar cierto pesimismo en cuanto a la respuesta de la soldado Murphy.

    — ¿La Unión quiere que sea representante de la Tierra? — Hillary aún estaba un poco sorprendida y tenía dudas acerca de si aceptar o no el cargo.

    — Así es, señorita Murphy.

    — ¿Me lo puedo pensar?

    — Por supuesto — Respondió el hombre, incorporándose — Tienes una semana de plazo. Si no aceptas tras ese plazo, buscaremos otras alternativas.

    — Entendido.

    El miembro del consejo se dirigió a la puerta de salida de la casa de Hillary, sin embargo, antes de irse quiso decir algo más.

    — Piensatelo bien, Hillary — Dijo el hombre, hablando con demasiada confianza — Es una posición privilegiada a la que no todos pueden tener acceso.

    Tras esto, el miembro del consejo de La Unión se aproximó a la puerta y ésta se abrió para dejarlo ir mientras la soldado Murphy comenzaba a meditar la decisión importante que debía tomar.

    [...]

    — Representante Allier, acaba de llegar la L1 para llevarla a Neonia — Informó una chica que parecía ser secretaria — La representante Miller ya se encuentra a bordo.

    — Muy bien, gracias Lucy — Murmuró Cleo, lista para viajar al hogar de los neonianos.

    La nueva representante de Marte era nada más y nada menos que Cleo Allier, que tras la muerte de Kyllian y Jefferson Stagger en la batalla final de Xhander era la candidata mejor posicionada. Tan solo dos semanas después del fin de la guerra, La Unión decidió otorgarle el título de representante del planeta rojo siempre y cuando ella lo aceptase. Así fue, y ahora había dejado a un lado el ser soldado para centrarse en mejorar su colonia, pensar en honrar la memoria de los Stagger.

    Cleo salió de su vivienda, ubicada en la primera colonia humana en Marte de nombre Reinicio — bautizada así como un nuevo comienzo para la especie humana, que se aventuraba a vivir fuera de su planeta natal por primera vez en la historia — y se dirigió directamente a una lanzadera que la esperaba justo enfrente de su casa para llevarla a la nave L1, que realizaría la travesía de entre cinco días y una semana para llegar al planeta natal de los neonianos.

    Tanto ella como Chloe eran ahora mismo las cabezas visibles del gobierno nombrado La Unión, y se dirigían a Neonia para negociar con su representante Narisha Taaliv la colocación de un puesto humano en su planeta que con el paso del tiempo crecería hasta convertirse en una colonia más de la humanidad.

    [...]

    — Infección en el sistema nervioso, herida superficial en la pierna izquierda — Dijo Zyon, usando su escaner para determinar que padecía un neoniano.

    — ¿Cómo te has hecho esto? — Preguntó Cinthia, que hacia tan solo un mes que había llegado a Neonia para aprender sobre la fisionomía neoniana.

    — A-anoche, un... un Ikorf — Murmuró el neoniano, haciendo muecas de dolor — L-la piel, me... me quem... me quema...

    — Tranquilo, te pondrás bien, aunque no debes esperar si un Ikorf te ha mordido porque el veneno actúa y cuanto más tiempo pases sin tratarlo más probable es de que te quedes parapléjico — Cinthia tomó una jeringuilla con aguja y se la clavó en la herida — Estoy suministrándote un fármaco que eliminará el veneno del sistema nervioso y regenerará el tejido de la herida. En tres días, solo tendrás la marca del mordisco.

    La doctora Marlow terminó de vendar la herida del joven neoniano y le dejó marchar mientras éste se mostraba muy agradecido. Zyon era el único Rhajik que quedaba con vida y su tarea se limitaba a ayudar a Cinthia en sus investigaciones. Ambos habían desarrollado una extraña pero interesante relación de amistad, considerando la amistad que puede haber entre un ser orgánico y uno artificial.

    Por otro lado, en Isharay — la principal y única colonia neoniana habitada cuyo significado era reinicio en el idioma de los humanos — se encontraban Vanth Dheer y Yak Quetaryan. Ambos neonianos habían terminado de luchar y esto con el propósito de Vanth de enseñar a Yak a pelear mejor cuerpo a cuerpo y realizar buenos movimientos en combate.

    — Tus movimientos siguen siendo predecibles, Yak — Comentaba Vanth a su discípulo — Debes dejar de pensar cada movimiento y liberar tu cuerpo.

    — Lo... lo intentaré — Musitó el joven neoniano, cabizbajo.

    — Pero no te desanimes por ello — Vanth lo tomó de los hombros y le miró a los ojos — Veo en ti mucho potencial. Y te aseguro que me encargaré de desbloquearlo.

    — Muchas gracias por todo lo que hace, Vanth — Yak Quetaryan asintió con más ánimo — ¿Mañana a la misma hora?

    Yak se dispuso a darle la mano a su maestro y la respueste de éste fue darle un fuerte abrazo. El joven neoniano no esperaba dicho gesto de Vanth por lo que se quedó gratamente sorprendido.

    — Mañana a la misma hora, hijo.

    — S-sí, c-claro... — Yak no dejaba de asentir con la cabeza — Hasta mañana.

    Yak se marchó del lugar dejando a Vanth con una sensación agradable y una sonrisa que Narisha no tardó en verle. La anciana neoniana estaba contenta de que su segundo al mando, Vanth Dheer, hubiese encontrado a alguien con quién compartir su experiencia y sabiduría.

    — Es un buen chico, ¿verdad? — La representante Taaliv sonreía dulcemente mientras veía marcharse al joven Quetaryan.

    — Lo es — Respondió Vanth, diciéndolo de corazón — Impulsivo, bondadoso e inteligente. Sin lugar a dudas lo veo como nuestro futuro líder.

    — Ah, ¿sí? — Narisha se sorprendió de las palabras de su mano derecha — Bueno, antes de que él tome mi puesto lo habrás tomado tú, lo sabes, ¿verdad?

    Vanth comenzó a reírse y Narisha le siguió durante unos segundos con una carcajada. Pero el momento duro poco cuando una neoniana se aproximó a ambos, que se hallaban en el jardín de la vivienda principal de Isharay en la que vivía la representante de Neonia.

    — Representante Taaliv — Musitó la neoniana — Las representantes humanas Chloe Miller y Cleo Allier acaban de salir en la L1 rumbo hacia aquí. Se espera que lleguen en menos de siete días.

    — Entendido, muchas gracias por informarme — Narisha se mostró amable mientras la joven neoniana se retiraba.

    — Vienen decididas a hablar sobre la colonia humana que quieren instalar aquí — Vanth sabía exactamente cuál iba a ser el tema de conversación entre las representantes — ¿Cómo vamos a decirles que la mayoría de los nuestros no quieren una colonia humana en Neonia?

    — ¿Cómo vamos a decirles que no, si la humanidad nos salvó de la extinción? — Narisha trataba de ser lógica — Hablaré con nuestra gente para que entren en razón.

    — Narisha, yo entiendo sus temores y sé porqué se niegan a tener humanos por aquí...

    — Y yo también los entiendo, Vanth — La representante Taaliv frenó en seco a su acompañante — Pero en cinco meses no nos ha dado para crecer mucho como especie. Si ahora nos negasemos a proporcionarles un sitio aquí a los humanos, ¿qué crees que ocurriría?

    — Sólo sé lo que no ocurriría — Murmuró Vanth con seriedad — Lo que ocurriese después, sería una decisión que dependería de los humanos.

    [...]

    Varios guardias patrullaban la entrada del muelle portando Strikers, Busters e incluso alguno llevaba un Rypper, el arma estándar de los neonianos. Lio, que se iba a encargar de crear una distracción, llevaba entre sus brazos un Striker mientras que Snow cargaba con un Buster y Lill llevaba otro Striker.

    — Hay siete guardias fuera del lugar — Comunicó el joven Santos por radio — Si mis cálculos no fallan, la tormenta se nos echará encima en catorce minutos y ellos se meterán en el interior del edificio.

    ¿Qué quieres decirnos, Lio? — Snow estaba deseando entrar en acción.

    — Me voy a poner en marcha, trataré de eliminarlos sigilosamente pero si me detectan servirá como distracción, vosotros entrad por detrás — Indicó el hombre de Ceres con seriedad — Mantenedme informado por radio.

    Entendido.

    Lill y Snow se pusieron en marcha, avanzando sigilosamente por detrás hasta llegar a cubrirse en una nave ya atracada en el muelle. Los criminales estaban a una distancia considerable patrullando la entrada, sin embargo, había dos de ellos en la parte trasera.

    — ¿Ya sabes a que hora partimos? — Preguntó uno de los criminales mientras avanzaba junto a otro.

    — Ni idea — Respondió su compañero — Solo sé que será mañana por la mañana.

    — Jim está paranoico — Dijo el que fue primero en hablar — Nos hace patrullar solo porque cree que siguen tras él.

    — Llevamos tres semanas sin ver a Lio y sus amiguitos, yo creo que los despistamos la última vez en la Tierra — Murmuró el otro criminal, que decidió cambiar de tema — ¿No deberíamos regresar dentro? Esa tormenta tiene mala pinta y ya es de noche, no podremos patrullar así.

    — Avisaré por radio al resto, supongo que no habrá problema en regresar dentro.

    Uno de los hombres tomó su radio para comunicarse con los guardias de la entrada principal al muelle cuando de pronto Snow salió corriendo hacia él con una especie de daga con diversas cuchillas. Antes de que el criminal pudiese reaccionar, la joven Carver le cortó la garganta con su arma blanca.

    — ¡¿Pero qué...?!

    Lill no dio tiempo a reaccionar al acompañante del hombre asesinado y le golpeó la cabeza con la culata del Striker, dejándolo inconsciente. Snow se aproximó al tipo aprovechando que estaba inconsciente y le hundió su triple daga en el cuello para que se desangrase rápido.

    Aquel acto hizo que Lill observara a su chica con temor, pensando que quizá sus ganas de venganza estaban yendo demasiado lejos. La científica se dispuso a entrar por la puerta trasera pero el cartógrafo la tomó del brazo izquierdo, frenandola en seco.

    — ¿Qué? — Snow no entendía porqué su chico la había frenado — El camino está despejado.

    — Hemos venido a matar a Jim Baker — El joven Crane temía que su pareja se convirtiese en una asesina despiadada si seguía así — Ya sé que estos son criminales y son idiotas, pero no hay necesidad de matarlos a todos.

    — ¿Qué mierda quieres decir, Lill? — La hija del fallecido representante Carver se soltó de la mano de Lill que la sujetaba — Estamos haciendo un favor a la humanidad eliminando a escoria como ésta.

    — Yo no lo veo así — Musitó Lill, serio — No quiero que te conviertas en uno de ellos y a este paso lo terminarás haciendo.

    — Hago lo que tengo que hacer — Snow no quería perder más tiempo — Si no estás de acuerdo, eres libre de irte.

    Snow terminó la conversación y se dirigió a la puerta trasera del edificio del muelle de atraque de naves. Sigilosamente abrió la puerta, que por suerte no necesitaba de código, y se metió dentro ante la mirada preocupante de su pareja.

    — No pienso dejarte sola — Dijo Lill, más para sí mismo que para ella que no estaba ya ante él.

    El joven Crane no esperó más y se metió en el interior del recinto junto a su chica para buscar y matar al que una vez fuese representante de Ceres.

    Mientras tanto, Lio se hallaba tras un trozo metálico y oxidado de alguna nave. Considerando que se encontraba en un muelle de atraque de naves abandonado, no le parecía raro en lo absoluto encontrarse con partes de nave por los alrededores.

    Aprovechando su abandono la banda de Jim se colocó allí temporalmente tras estar viajando sin parar por el Sistema Solar para huir de sus perseguidores, que aparte de ser Lio, Lill y Snow también lo era la policia espacial de La Unión.

    Lio, estamos dentro — Informó Lill por radio a su compañero — Al final no es necesario que provoques una distracción, pero si todo se tuerce, necesitaremos tu ayuda.

    — ¿Qué queréis que haga entonces?

    Quédate donde estés, dinos si los guardias van a entrar dentro del recinto — Contestó Snow.

    — No tardarán en entrar, Snow, la tormenta llegará aquí en seis minutos — Lio observó el horizonte y luego un reloj en su traje que le indicaba que tan cerca estaba la tormenta — Y yo no voy a quedarme aquí fuera arriesgándome a que la tormenta me lance por ahí.

    Pues busca la form... ¡Oh, mierda! ¡Nos han...!

    — ¡Lill! ¡Snow! — El joven Santos perdió la conexión con sus compañeros fruto de la tormenta, que distorsionaba la señal, además de que parecían haber sido detectados por los hombres de Jim — ¡Mierda!

    De pronto se comenzaron a escuchar disparos en el interior del edificio y los guardias que patrullaban el exterior se voltearon. Trataron de hablar con los criminales del interior pero las comunicaciones por radio habían dejado de ser útiles debido a la proximidad de la tormenta marciana.

    — ¡Entremos dentro, vamos! — Ordenó una mujer criminal al resto de sus compañeros — ¡La tormenta está casi encima!

    Los siete guardias de la entrada corrieron a toda velocidad decididos a entrar para saber que estaba ocurriendo con todos esos disparos en su interior. Lio tenía claro que debía eliminarlos, por lo que tomó una de tres granadas de fragmentación que portaba en su traje y la lanzó justo a los pies de la puerta de entrada.

    — ¡¿Qué mierda es...?!

    — ¡Granada! ¡Atrás!

    Los siete guardias frenaron en seco y trataron de volver tras sus pasos pero la granada explotó formando un boquete en la entrada y matando a cuatro de los siete criminales. Los otros tres salieron disparados por los aires con diversas quemaduras por todo el cuerpo, pues al no llevar trajes, los fragmentos de la granada explosionada si que les habían alcanzado.

    Leonardo se aproximó caminando hacia la entrada mientras los tres criminales supervivientes a la explosión se retorcían de dolor en la superficie roja de Marte. El hombre de Ceres se puso de cuclillas ante uno de los hombres que lo reconoció al instante al verlo.

    — Li... Lio... — Musitó con dificultad — Mald... traidor...

    — Iba a ofreceros una salida fácil — Lio le enseñó el cañón del Striker al criminal moribundo — Pero dejaré que la naturaleza haga su trabajo y elimine la peste que sois.

    Haciendo referencia a la tormenta en sus últimas palabras, el joven Santos se incorporó y tras observar con desprecio a los tres malheridos criminales, se volteó y puso rumbo al interior del edificio, ahora sin puerta y con un agujero por el que entrar.

    En el interior del recinto se seguían sucediendo los disparos, claramente entre criminales liderados por Jim y la pareja formada por Lill y Snow. Lio se introdujo en el lugar con su Striker en mano y comenzó a vagar por sus pasillos. El agujero que había provocado en la entrada era peligroso debido a que la tormenta tendría por donde entrar al lugar y sería una dificultad añadida.

    — Lill, Snow, ¿me recibís? — Lio probó la radio, sin éxito — Espero que esteis dando pelea.

    Lill y Snow disparaban a discreción contra varios de los hombres de Jim Baker que les habían detectado. Anclados en un cruce de pasillos, el joven Crane estaba cubierto en la izquierda mientras que la joven Carver estaba en la derecha.

    Estando en clara desventaja, la pareja comenzó a pensar en algún plan de huida o de despiste. En ese momento, un fuerte viento comenzó a recorrer los pasillos, dificultando más si cabía el combate. En dicho viento ya comenzaban a haber partículas arenosas que si no llevabas casco podían penetrar en tus ojos y dejarte ciego. Eso les pasó a varios criminales, que comenzaron a gritar de dolor mientras se cubrían los ojos con las manos.

    — ¡Ahora, corre! — Le indicó Lill a su chica, ambos con los cascos.

    Gracias a que la tormenta marciana había irrumpido en el recinto, había provocado distracción suficiente para que la pareja pudiese avanzar y perder de vista a los hombres de Jim. Tras correr por varios pasillos, Lill y Snow terminaron en una gran sala que parecía ser la principal, donde los tripulantes de las naves que atracaban en el muelle podían descansar o reunirse con otros cuando el lugar aún estaba operativo.

    La recepción estaba totalmente llena de papeles y abandonada, como el resto del lugar, donde había sillas y maletas de equipaje esparcidas por toda el área. Además no había luz y la poca visibilidad se debía a la luz lunar y a que tenían unas grandes cristaleras que dejaban iluminar dicho espacio.

    Lill y Snow caminaban sigilosamente mientras el viento arenoso hacia volar los papeles de la recepción por todo el lugar. Ambos tenían encendidas las luces de emergencia de sus trajes para iluminar al menos los primeros metros, además de una linterna incorporada en el Striker y Buster que tenían.

    Sin embargo, ambos se pusieron en alerta cuando comenzaron a ver varias luces aproximándose por un pasillo de enfrente. La pareja apagó sus luces y se escondieron tras la recepción mientras un grupo de más de diez criminales llegaba a dicha sala.

    — Dyrian está en camino — Dijo uno de ellos, visiblemente apresurado — Mantened los ojos abiertos y proteged al representante Baker en todo momento. Lo escoltaremos hasta la nave una vez llegue la capitana.

    Lill y Snow se miraron muy sorprendidos. La chica se dispuso a salir de su cobertura y fusilarlos a todos, pero dada la dificultad y la imprudencia de lo que iba a hacer, el joven Crane la frenó y salió de su cobertura para avanzar sigilosamente hasta otra posición. Efectivamente, pudo ver con sus ojos a Jim Baker en medio de un círculo de seguridad.

    Decidido, Lill se asomó lentamente por su cobertura y apuntó al que fuera representante de Ceres, pero en ese momento escuchó como alguien se aproximaba a él por detrás. Rápidamente se volteó y pateó a su enemigo, que se trataba de una mujer. Aquello hizo el suficiente ruido para llamar la atención de Jim y sus secuaces, que corrieron a la ubicación de Lill. Snow vio en esto una oportunidad de atacar.

    — ¡¡¡Vete al infierno, Jim Baker!!!

    La joven Carver se asomó por la recepción en la que estaba cubierta y comenzó a disparar a todo aquel que tenía enfrente. Este movimiento pilló por sorpresa a los criminales, que rápidamente se echaron al suelo para evitar ser alcanzados por la balacera que estaba iniciando la chica.

    Lill comenzó a forcejear con dicha mujer que casi lo mata por detrás. Ambos comenzaron a rodar por el sucio suelo mientras el viento dificultaba los movimientos. La chica logró colocarse sobre el cartógrafo y trató de quitarle el casco para que la arena que había en el viento lo terminase matando.

    En ese momento Lio apareció y pateó con fuerza a dicha mujer, pero justo cuando iba a efectuar el disparo para acabar con su vida, pareció congelarse. La mujer hizo lo propio, y tras unos segundos quietos ante la mirada extrañada de Lill, la mujer dio un saltó y pateó en el aire el torso de Lio, lanzandolo hacia atrás.

    — ¡Dyrian ya está aquí, tenemos que irnos! — Dijo uno de los criminales, cubriendo a Jim mientras devolvía los disparos a Snow.

    — ¡Adiós, amigos míos! — Exclamo Jim con sarcasmo — ¡Seguid intentándolo!

    Snow no quería escuchar a Jim y no lo dudó cuando lanzó una de las granadas que portaba en su traje. Pensó que si hubiese sabido desde el principio que Jim estaba en ese grupo la habría lanzado antes, pero por no querer precipitarse y por las palabras de Lill de que no todos debían morir, la chica no lo hizo. No obstante, ahora lo tenía claro y la joven Carver lanzó su granada de fragmentación contra el grupo de criminales que escoltaba a Jim hasta la salida.

    Sin embargo, Dyrian tomó la granada con rápidez y la lanzó contra Lill y Lio, que se encontraban a un lado. Ambos saltaron corriendo hasta una cobertura y la granada explotó, destruyendo las cristaleras del lugar y provocando que la fuerza de la tormenta incrementase al tener más sitio por donde entrar.

    Jim Baker, Dyrian Clyne y los pocos criminales que quedaban con vida salieron del recinto, arriesgándose con la tormenta, para llegar a la nave que los evacuase de allí y así irse de Marte, perdiendo la pista de sus perseguidores.

    Lio se hallaba en shock tras haber visto que una persona a la que conocía de hace mucho se encontraba en el bando de Jim. Pese a que era impactante, el joven Santos decidió pensar en eso luego. Se volteó para buscar a Lill, que creyó que había caído a su lado, pero no estaba.

    Sin embargo, al mirar más atrás, pudo ver un reguero de sangre fresca que llegaba hasta donde se hallaba Lill, sentado y con la espalda apoyada sobre la pared mientras colocaba su mano izquierda en un agujero que tenía en el traje. El joven Crane estaba respirando de manera agitada y gastando más oxígeno del que debía, pues el traje lo tenía limitado.

    — ¡Mierda, Lill! — Lio corrió en la ayuda de su compañero y observó como la metralla de la granada había logrado impactarla en el abdomen, rompiendo incluso la coraza del traje y penetrando en su piel — Tranquilo amigo, te pondrás bien.

    — ¡No, Lill, no! — Snow corrió también hacia su novio, gravemente herido — ¡Te... tenemos que llevarte a la nave!

    — C-con... con esta tormenta... — El joven Crane luchaba por poder hablar — ...es impo... imposible...

    — Si nos quedamos aquí, te desangrarás y morirás — Lio estaba siendo realista — No hay peros que valgan, vamos a llevarte a la nave.

    — ¡Hay que evitar que las partículas de arena entren en la herida! — Exclamo Snow, pensando en algo — ¡Voy a ponerle el parche de emergencia!

    — No sé si eso aguantará con esta tormenta — Murmuró Lio, dudoso.

    — ¡¿Tienes algo mejor?! — Snow estaba histérica por ver a su pareja así — ¡Ayúdame a levantarlo!

    — Vamos Lill — Musitó el joven Santos, tomándolo de su brazo derecho mientras Snow lo hacía del izquierdo — Son diez minutos hasta llegar a la nave, está detrás de la colina.

    — Hagamoslo... de una vez... — Lill comenzaba a ponerse pálido.

    El parche de emergencia para cubrir la grieta de la herida en el traje comenzaba a hacerse de color rojo debido a la pérdida de sangre. Snow y Lio tenían que darse prisa en llevar a Lill a la nave y meterlo en una cápsula de regeneración si querían mantenerlo estable hasta llevarlo al hospital más cercano, en la colonia llamada Reinicio.
     
    Última edición: 9 Enero 2019
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    Reydelaperdicion

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    Hola, amigo. Tenía muchas ganas de leer la segunda parte de esta historia, me alegro de que la hayas publicado.

    Debo decir que ha sido un inicio bastante interesante, al mostrar todos los puntos de vista de los soldados una vez que la guerra terminó. Me sorprende que Cleo haya sido elegida como la nueva representante de Marte, y me sorprende que a Hillary le hayan ofrecido el mismo puesto en la Tierra. Sin dudas, será una gran oportunidad para ambas para que sus personajes asciendan a algo más que soldados. Lo que más me ha sorprendido ha sido que Cleo haya tomado el lugar que le correspondería a Kyllian. Imagino que lo hace en honor a él.

    Por lo que se ve aquí, Axlor ha sido el más afectado por la separación del grupo de la Arcadia, y parece que Ashley está queriendo reunir al grupo otra vez. Aunque lo tiene muy difícil, considerando que Cleo y Hillary deberán cumplir nuevos roles, Cinthia está en Neonia, y Lill y Snow están buscando a Jim. Tengo mucha curiosidad por saber que es lo que ocurrirá con el personaje de Ashley, que en la parte I no destacó mucho.

    Por otra parte, veo que Vanth está entrenando a un aprendiz que podría convertirse en alguien muy importante a futuro, al menos esos son los planes que tiene Narisha para él. Lo que no me ha gustado de los neonianos es que no quisieran una colonia humana en su planeta. O sea, los humanos fueron los que pelearon la guerra mientras ellos estaban muy tranquilos en el planeta. Sinceramente, son muy desagradecidos al no otorgarles una simple colonia, sobre todo considerando que fueron ellos mismos los que crearon a los Rhajik. Ellos crean el problema, otros lo solucionan, y luego no quieren mostrarse agradecidos. Realmente, empiezo a pensar que la gran mayoría de neonianos no merecía salvarse de la extinción.

    Y por último, vemos que la misión de Lill, Snow y Lio por atrapar, matar y vengarse de Jim no ha salido como ellos esperaban, y el líder de los criminales se les ha vuelto a escapar. Aunque considerando que ha perdido a varios hombres, y que también la policía de la Unión está detrás de él, creo que ha sido bueno para causarle cierto daño. Espero que Lill pueda sobrevivir al daño que ha recibido. Y también tengo curiosidad por saber si la pareja le reprochará algo a Lio por haberse quedado quieto cuando tenía a uno de los enemigos al frente, aunque se tratara de alguien a quien conocía en su pasado.

    Sin más que decir, el capítulo me ha gustado mucho. Estaré ansioso por el siguiente, saludos.
     
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  3. Threadmarks: Reinicio (Parte 2)
     
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    Tras más de un mes, aquí os traigo el segundo capítulo de la segunda parte de Los Viajeros. Tuve que terminar una historia que comencé previamente, y ya la acabé, por lo que estoy listo para concentrarme totalmente en ésta. Sin más que añadir, les dejaré con la lectura.

    PD: Debo añadir que publico éste capítulo ahora con el fin de que no haya un gran salto de tiempo entre el primer capítulo publicado y los siguientes, que serán más seguidos y vendrán a partir de la primera semana de Marzo. Hago esto para poder avanzar con la historia de una manera que me de tiempo a escribirla y tener varios capítulos listos para ser publicados, con el fin de evitar retrasos y demás.



    Reinicio (Parte 2)


    Lio y Snow sujetaban conforme podían al joven Crane, gravemente herido tras la batalla ocurrida con Jim Baker y sus secuaces. El trío se dispuso a salir del recinto en el que se encontraban pese a que la tormenta marciana estaba prácticamente sobre ellos. El objetivo era llevar a Lill a su nave con el fin de mantenerlo estable hasta llevarlo a un hospital.

    Mientras tanto, Jim corría a toda velocidad junto a Dyrian y el resto de criminales hacia una nave mercante que se hallaba atracada en aquel muelle abandonado, debido a que la tormenta podía dificultar el ascenso de la nave y la arena podía filtrarse por los conductos de ventilación u otros similares.

    Fuera de dicha nave no había ningún trabajador de ésta pues la tempestad de arena se encontraba literalmente allí. Desesperados, Jim y los pocos criminales de su bando que quedaban con vida comenzaron a buscar una forma de entrar a la nave.

    Desde el interior de ésta, parte de su tripulación encargada de mantener la vigilancia de sus cámaras externas observó para su asombro que había personas allí fuera que parecían buscar la forma de entrar y refugiarse en su nave.

    — ¿Pero qué...? — Una mujer allí presente se quedó boquiabierta al ver gente fuera — ¿Qué hacen ahí fuera con esa tormenta?

    — ¡Están locos! — Exclamo un joven, sorprendido.

    — ¡Debemos dejarles entrar, corren peligro! — Dijo otra chica, levantándose de su asiento para tomar el megáfono y alertar a toda la tripulación, especialmente a la capitana.

    — Están armados — Musitó un hombre de pronto, manteniendo la vista en las cámaras de seguridad externas — No deberíamos dejarles entrar.

    — Cierto, es sospechoso — Murmuró el joven de antes.

    — ¡Voy a avisar a todos! — Gritó la chica, dispuesta a alertar a toda la tripulación.

    — No vale la pena despertar a toda la tripulación por esto — Dijo la otra mujer, frenando las intenciones de su compañera.

    Uno de los hombres tomó un walkie que portaba y comunicaba directamente con la capitana de la nave. Debido a la decisión que se debía tomar, ésta le correspondía a la capitana.

    — Aquí Guy Lingard desde el puente de mando, solicito la presencia de la capitana Becker.

    Espero que no me hayas despertado para alguna tontería, Lingard — Respondió la capitana — ¿Qué ocurre?

    — Hay gente fuera de la nave y están buscando la forma de entrar — Indicó el hombre llamado Guy Lingard — Están armados.

    ¿Armados? Entiendo... — La capitana Becker hablaba por el walkie mientras salía de su cuarto y avanzaba por los pasillos — Muy bien, Lingard, avisa a los matones que tenemos como fuerza de seguridad, que tomen las armas y se posicionen en la compuerta de salida.

    — ¡¿Vamos a dejar entrar a esa gente?! — Una de las chicas lo veía un error — ¡¿Armados?!

    — ¿Qué pretende, capitana? — Preguntó Lingard, preocupado.

    No voy a dejar que esas personas mueran ahí fuera a merced de la tormenta — Respondió la mujer, firme en su decisión — Haz lo que te he ordenado, me reuniré con los de seguridad en la compuerta de salida de la nave y veremos que hacemos con esa gente dependiendo de sus intenciones.

    — Entendido, capitana Becker.

    El tal Guy Lingard obedeció las órdenes de su capitana y se dirigió a la habitación donde convivían los cuatro miembros del cuerpo de seguridad que se habían podido costear los tripulantes de la nave, que eran mineros y se dedicaban a la extracción de minerales de cualquier planeta en el que pudiesen aterrizar para luego venderlos a buen precio y poder vivir dignamente.

    En dicha habitación, los cuatro matones se encontraban jugando a las cartas mientras se fumaban varios puros. Cuando Lingard tocó a la puerta y se la abrieron, casi se atraganta con tanto humo, cosa que hizo reír a los cuatro miembros de seguridad, que tenían la función de proteger a la tripulación en sus incursiones a diversos planetas ante posible amenazas tales como mineros ilegales que estaban dispuestos a matar por obtener el botín.

    — ¿Qué quieres, aguafiestas? — Fue lo primero que escuchó Lingard de boca de un hombre extremadamente delgado y con el rostro demacrado.

    — ¡Bienvenido al puto paraíso, amigo! — Exclamo un hombre de complexión gorda y barba frondosa mientras soltaba varias carcajadas.

    — ¿Quieres jugar, Lingard? — Le propuso otro de los tipos, fuerte físicamente y sin un pelo ni en la cara ni en la cabeza — Demuéstranos que sabes.

    — Cerrad la puta boca todos — Dijo otro de los hombres, más serio — ¿Ocurre algo, amigo?

    Con una mano en la nariz para evitar lo máximo que pudiese aspirar el humo de los puros, Lingard se propuso hablar.

    — La capitana Becker quiere que cogáis las armas y os presentéis en la compuerta de salida — Dijo el hombre — Hay gente fuera de la nave que quiere resguardarse de la tormenta de arena, pero están armados y queremos extremar las precauciones.

    — Bueno, se acabó la fiesta entonces — Murmuró el hombre extremadamente delgado mientras se incorporaba.

    — Veamos que quieren estos tipos — Indicó el que parecía ser el más sensato, un hombre con buen físico, afeitado y el pelo peinado hacia atrás — Pillemos las armas y démosles la bienvenida a los nuevos.

    — ¡Joder, sí! — Gritó el hombre de complexión obesa y barbudo, tomando un Buster que tenía sobre una de las camas.

    Lingard regresó a su puesto a la espera de que la capitana Becker le indicara que abriese las compuertas mientras los cuatro hombres encargados de la seguridad tomaban sus armas y se presentaban en el lugar indicado. No tomo mucho tiempo hasta que tanto la capitana como los hombres fuertemente armados se encontraron en la compuerta de salida.

    — Ábrela — Ordenó la capitana mediante el walkie.

    Lingard obedeció y abrió desde el puente de mando dicha compuerta de salida. Jim Baker y su grupo vieron que ésta comenzó a abrirse y corrieron a entrar antes de que la tormenta terminara por matarlos. Pese a llevar trajes, estos estaban rasgados por la velocidad a la que les golpeaban los granos de arena, demostrando que una tormenta marciana era realmente peligrosa. Cuando se dieron cuenta, vieron a cuatro hombres armados apuntándoles y a una mujer en el centro con un walkie en la mano.

    — Soltad las armas y hablemos pacíficamente — Dijo la capitana Becker, que no reconoció el rostro de Jim Baker pese a que era literalmente el hombre más buscado del Sistema Solar.

    — Eso no será posible, Amina — Respondió Dyrian Clyne, hablando por el resto de los criminales.

    La capitana Becker centró su mirada en la mujer, reconociéndola en ese momento. Dyrian había trabajado en dicha nave y con los mismos tripulantes muchos años atrás, llegando a ser incluso la capitana de la nave en su momento. Sin embargo, Dyrian terminó abandonando su trabajo de minería cuando Jim Baker, al que ya conocía de su estancia en la colonia criminal de Ceres y al que odiaba en su momento por haberla utilizado, reapareció en su vida para proponerle un trabajo mejor pagado: ser criminal.

    Ahogada por muchas deudas y sin obtener ningún trabajo debido a sus antecedentes, Dyrian Clyne aceptó la propuesta de Jim Baker, que en ese momento ya estaba siendo perseguido por el asesinato del representante de la Tierra, Eduard Carver. Varios meses con él la habían convertido en una criminal muy habilidosa, combatiente y escurridiza, sin embargo, también la arrastró a ser perseguida por la policia de La Unión.

    — Dyrian... — La capitana no podía creerse que una ex miembro de la nave estuviese allí presente — ¿Qué haces aquí? ¿Quiénes sois?

    Tras las palabras de la capitana Amina Becker, el criminal más buscado del Sistema Solar dio un paso al frente con una sonrisa en su rostro, mostrándose muy superior a la gente que tenía enfrente.

    — Encantado de conocerte, Amina... me presento, yo soy Jim Baker — Dijo el criminal, revelando su identidad para sorpresa de la capitana y sus hombres — Y siento deciros que vais a tener que ser vosotros los que tiréis las armas al suelo.

    — Esta es mí nave y por lo tanto, mis normas — Amina era inflexible — Bajadlas o nos veremos obligados a usar la fuerza.

    — No creí que fueras tan estúpida — Dijo Dyrian, mirándola con desprecio — ¿Acaso no ves que somos más y todos vamos armados?

    Aquello era cierto, pues aparte de Jim y Dyrian, había nueve criminales con ellos frente a los cuatro miembros de seguridad de la nave y su capitana, desarmada. Los criminales, que algunos portaban sus Striker y Buster anclados a la espalda del traje, las sacaron a relucir.

    Los hombres de Jim estaban listos para disparar si así su líder lo ordenaba mientras que Amina observaba con impresión la escena. En ese momento supo que cometió un grave error al tratar de razonar con ellos mientras los había salvado de morir en la tormenta.

    — Bajad las armas — Murmuró la capitana Becker a sus cuatro hombres de seguridad.

    Los cuatro miembros de seguridad obedecieron inmediatamente a su capitana, conscientes de la inferioridad numérica y por ende la clara desventaja que tenían respecto a los criminales, sin contar que querían evitar poner en peligro a la tripulación, sin ningún tipo de habilidad para el combate.

    — ¡Vaya, que matones más inteligentes tienes! ¡Me gusta eso! — Exclamo Jim en forma burlona para cambiar su tono de forma drástica y ponerse serio — Amina, te pediría que me enseñaras el resto de mí nueva nave pero creo que Dyrian ya ha estado aquí, así que...

    — Será un placer enseñarte la Mercader IV — Murmuró la mujer apellidada Clyne con aires de grandeza — El resto, reunid a toda la tripulación en el puente de mando y mantenedlos vigilados. Nos iremos de Marte en cuanto pase la tormenta.

    — Entendido, jefa — Musitó uno de los criminales.

    Dicho y hecho, mientras Dyrian se llevaba a Jim para mostrarle todos los lugares de la nave mercante llamada Mercader IV, el resto de sus secuaces tomaba a la capitana y al resto de la tripulación para juntarla en el puente de mando con el fin de tener el control absoluto de la nave.

    [...]

    A cada paso que daban, Lio y Snow veían como Lill perdía sus fuerzas. La chica sentía pánico por el hecho de poder perder a su novio mientras que el hombre de Ceres se sentía algo culpable porque se encontraba con Lill en el momento de recibir la explosión de aquella granada de fragmentación.

    — Ánimo, ya estamos cerca — Santos trataba de subir la moral de su compañero moribundo — Tenemos la nave a la vuelta de la esquina.

    — Vamos, solo un poco más Lill — La joven Carver le pedía un esfuerzo a su chico — Te vas a poner bien, lo prometo.

    — No promet... prometas cosas... — Lill hacia serios esfuerzos por hablar pero la pérdida de sangre lo había debilitado bastante — ...que no sabes... si po... podrás... cumplir...

    Lio y Snow seguían cargando con el flojo Lill mientras la tormenta de arena comenzaba a hacer mella en sus trajes, notándose en ellos la fuerza con la que los granos de arena les golpeaban debido a los fuertes vientos y su velocidad. Tras casi diez minutos avanzando con dificultades debido a la tormenta, el trío logró llegar al lugar en el que tenía la pequeña nave que había usado para llegar a Marte.

    — Sujétalo un momento, voy a abrir la compuerta — Murmuró Snow, apresurándose en meter a su pareja en el interior de la nave.

    La joven científica se aproximó a la pequeña nave, concretamente a la compuerta que le daba acceso a su interior y pulsó un teclado táctil que servía como clave o contraseña para abrirse. Esta se abrió al momento en el que Snow pulsó las teclas correctas.

    — ¡Vamos, entrad! — Exclamo Snow, consciente de que no podía abrir la compuerta por mucho tiempo pues la arena entraría en la nave.

    Lio ayudó al joven Crane a avanzar hasta entrar en la nave y cerrar la compuerta. Lill, que no podía más, comenzó a cerrar los ojos mientras Snow observaba que el parche temporal que le había puesto en la herida se había teñido completamente de rojo.

    — ¡Tenemos que llevarlo a la cápsula de regeneración para mantenerlo estable! — Exclamo la joven Carver consciente de que a Lill no le quedaba mucho tiempo.

    Con ayuda de Lio, la chica cargó con el hombre herido hasta la sala médica de la nave, donde albergaban una cápsula de regeneración para cuando sufriesen heridas leves. Sin embargo, no podía hacer mucho con heridas graves salvo mantener al paciente en un estado durmiente con el fin de relentizar el avance a peor de sus heridas.

    Snow corrió a la máquina y la activó, haciendo que la cápsula se abriese. Acto seguido ayudó a Lio a tumbar al joven Crane en su interior, muy parecido a una camilla. Una vez tumbado, la cápsula se cerró con él dentro mientras la propia máquina recopilaba datos de la herida para realizar un diagnóstico rápido.

    — ¿Qué dice el diagnóstico? — Preguntó Snow, visiblemente preocupada y nerviosa.

    — Que tiene fragmentos metálicos en la herida y necesita ser operado en una clínica — Respondió Lio a medida que leía el rápido diagnóstico de la cápsula de regeneración — El tiempo estimado antes de que estos fragmentos puedan dañar el páncreas es de cinco horas aproximadamente.

    Snow tuvo que sentarse en una silla fruto de la ansiedad que estaba sintiendo en ese momento, al sentirse impotente por no poder ayudar mucho más a su novio. El joven Santos comprendía la sensación de la chica y no pudo evitar sentirse mal por verla así.

    — Siento que haya pasado esto — Murmuró Lio, mostrándose sincero — Aunque estoy seguro de que la tormenta amainará antes de cinco horas y podremos llevarlo al hospital de Reinicio. Se recuperará.

    — No debí haberle envuelto en esto — Comenzó a murmurar la joven Carver, muy alterada — Pu-puede morir por mí culpa, n-no debí...

    — Snow, cálmate, así no conseguirás nada — El hombre de Ceres se arrodilló ante la chica, que estaba sentada — Él hubiese venido de igual manera simplemente porque no iba a dejarte sola en esto.

    — ¡Va a morir por mí maldita culpa! — Gritó Snow con una mezcla de furia y tristeza mientras comenzaba a llorar y se echaba las manos a la cara.

    — ¡No va a morir, Snow! — Respondió el hombre de apellido Santos — Tiene cinco horas, antes de que pasen ya lo habremos llevado a Reinicio. Va a sobrevivir, es un tipo fuerte.

    Snow comenzó a asentir repetidas veces mientras trataba de calmar su ansiedad. Sin ninguna duda, el ver a Lio bastante sereno lograba que las personas a su alrededor obtuviesen la misma sensación y pudiesen tranquilizarse. Tras esto, Lio decidió dejar a la científica a solas en la sala médica mientras se sentaba en el diminuto puente de mando y observaba por el amplio ventanal del frente como pasaba la tormenta marciana, a la espera de poder llevar a su compañero al hospital de la colonia llamada Reinicio.

    [...]

    La Mercader IV era una gran nave en comparación a cualquier otra nave, fuese de origen militar o científico. Se trataba de una nave mercante cuyo trabajo era llevar a mineros junto a su maquinaria pesada a diversos planetas de los que sustraer minerales para construir. Inicialmente fue una nave que sustraía gases de planetas evidentemente gaseosos pues este material era el combustible que algunas naves requerían para surcar el espacio, pero terminó convirtiéndose en una nave minera.

    Esta nave tenía dos pisos y un sótano que se usaba de almacén, donde guardar el botín obtenido. En el primer piso y principal se hallaba el puente de mando, la compuerta de salida y veinte habitaciones para la tripulación. En el segundo y último piso, se dejaban las máquinas necesarias para perforar y sustraer los minerales en tierra firme además de hasta cuatro lanzaderas para posibles evacuaciones pero principalmente para anclar las máquinas a estas y poder sacarlas sin dificultades de la nave.

    Mientras nueve criminales mantenían a más de veinte personas encerradas y atrapadas en el puente de mando, Dyrian Clyne terminaba de mostrarle toda la Mercader IV a Jim Baker, que tras ver la nave, terminó por decidir que iba a quedársela, pues era una nave perfecta para no llamar la atención y más aún, su capacidad y amplio espacio le parecían perfectos para tenerla como base ambulante.

    — Esta nave es perfecta — El que fuera alguna vez representante de Ceres observó su alrededor con una sonrisa — He de decir que cuando comencé como criminal y fugitivo tenía unas metas más altas...

    — ¿Cuáles eran esas metas? — Preguntó Dyrian, con intriga.

    Jim y Dyrian se encontraban en el segundo piso donde podían ver diversas máquinas para minería además de cuatro lanzaderas. El dúo se encontraba de pie en el centro del amplio y largo segundo piso.

    — Liderar una banda criminal, deshacer desde dentro La Unión, gobernar a la humanidad... — Jim alzó la vista y parecía estar recordando o imaginando.

    — Bueno, lideras una banda criminal — Indicó Dyrian, algo que era evidente.

    — Cierto, pero solo somos once personas cuando llegamos a ser más de cincuenta — El líder de los criminales hablaba con cierta rabia — La Unión nos ha estado cazando uno a uno estos últimos meses, y siendo un grupo numeroso, era algo previsible.

    — Ahora será más difícil que nos encuentren, la Mercader IV es nuestra y saldremos de Marte en cuanto cese la tormenta — Dijo Dyrian con convencimiento — El único problema que veo son Lio y dos amigos suyos, nos atacaron y de eso tan solo hace unas horas, ¿cómo supieron que estábamos en Marte y concretamente en un puerto de naves abandonado?

    — Nos estuvieron observando durante un tiempo, no se precipitan... son listos — Respondió Jim recordando un repugnancia especialmente al joven Santos — Nos pillaron con la guardia baja pero si se vuelven a cruzar con nosotros... terminaremos con esto.

    Dyrian asintió ante la sentencia de Jim, sin embargo, conocía a Lio y cuando lo vio de frente no tuvo el valor de matarlo o enfrentarse a él, por lo que comenzó a dudar de si realmente sería capaz de hacerle algo llegado el momento. Sin embargo, la mujer optó por cambiar de tema y centrarse en otro inconveniente que tenían en aquel momento.

    — Hablando de terminar, ¿qué pretendes hacer con la tripulación de la nave? — La chica conocía a esa gente, por lo que quería una solución pacífica para ellos — Son inofensivos, deberíamos dejarles en tierra una vez pase la tormenta.

    — No voy a malgastar balas en gente que me ha ofrecido cobijo y a la que le voy a quitar, de alguna manera, su trabajo — Baker no tenía escrúpulos y era muy peligroso, pero sabía cuando no era necesario derramar sangre — Los dejaremos en tierra, luego tendrán que buscarse otra nave. Para cuando denuncien el robo a La Unión, ya estaremos lejos de Marte.

    — ¿Ya sabes dónde iremos? — La mujer de apellido Clyne rara vez estaba al tanto de los planes e ideas de Jim, cosa que la enfadaba pero lo disimulaba bien.

    — Sinceramente, no tengo ni idea — Jim no había pensado en ello — Hemos estado huyendo los últimos cinco meses y ahora que tenemos una nave y suministros para un tiempo, creo que nos alejaremos del territorio de La Unión.

    — Entonces, ¿saldremos del Sist...?

    Jim, Dyrian — Sus nombres se escucharon por toda la nave, pues les estaban hablando por megáfono — La tormenta de arena está decayendo, según los pilotos de la nave, la intensidad ha bajado y podríamos irnos.

    — ¿Has oído? Vayamos al puente de mando y veamos que tenemos — Indicó Jim, poniéndose en marcha seguido de Dyrian.

    El dúo puso rumbo al primer piso, concretamente al puente de mando de la Mercader IV. En dos minutos se presenciaron allí ante toda la tripulación de la nave y los criminales. Estos portaban las armas y tenían sentados a todas las personas en el suelo, exceptuando a la capitana Becker, que parecía querer llegar a un acuerdo.

    — ¡Podemos hacer algún trato, señor Baker! — Amina clamaba por evitar que ella o su tripulación sufriese algún tipo de daño.

    — ¿Quiénes sois pilotos? — Jim necesitaba que los pilotos, al menos uno, permaneciese en la nave.

    Los criminales señalaron a cuatro personas, una de ellas era ese tal Lingard. Amina asintió y levantó la mano, confirmando que también sabía manejar una nave.

    — Déjales marchar a todos y me quedaré con vosotros para pilotar la nave — La capitana Becker decidió así sacrificarse de alguna manera por el resto de la tripulación.

    — Bienvenida a bordo — Murmuró Jim con una sonrisa de oreja a oreja — Ahora el capitán de ésta nave soy yo así que las órdenes las daré yo, ¿entendido?

    — Entendido — Musitó Amina, cabizbaja.

    — Los demás podéis iros, sois libres — Dijo Dyrian, queriendo evitar que se tuviese que quedar alguien más bajo las órdenes de Jim.

    — Lo cierto es que nos vendría bien un segundo piloto, si no veo mal, el puente de mando tiene hasta cuatro asientos... — El que fuera representante de Ceres exigía ahora otro piloto.

    El resto de personas que tenían la titulación de pilotaje se miraron con tensión y temor. Nadie sabía si dar un paso al frente o negarse, pues se trataba del criminal más buscado del Sistema Solar y quería llevarte con él.

    — ¡Yo sola puedo pilotar la nave! — Exclamo Amina, viendo que la situación podía ponerse fea.

    — ¡Cierra la boca! — Gritó un criminal, golpeando a la capitana con la culata de su Striker.

    Amina cayó al suelo fuertemente y Lingard se aproximó rápidamente a ella, asegurándose de que su capitana estuviese bien. En ese momento observó al resto de pilotos que temían decir que ellos lo eran, por lo que se armó de valentía y se ofreció para el puesto. Dyrian lo conocía y sabía que él no era realmente un piloto, sin embargo, entendió perfectamente su valentía y decidió no decir nada.

    — Yo soy piloto, me quedaré con vosotros — Lingard se mostraba serio.

    — Guy, no es nec...

    — Quiere dos pilotos... — El tipo llamado Guy Lingard miró con seriedad a Jim Baker — ...ya los tiene.

    [...]

    La tormenta había pasado finalmente y con ello también se había ido la noche. La luz solar volvía a iluminar la superficie rojiza de Marte y todo comenzaba a rodar de nuevo. Habían pasado dos horas hasta que la tormenta había perdido fuerza y a Lill le quedaban tres horas para ser atendido por especialistas. Una vez el cielo se despejó y los fuertes vientos con arena desaparecieron, Lio puso en marcha la pequeña nave y puso rumbo hasta la colonia más grande del planeta rojo.

    La nave aterrizó en un pequeño muelle propiedad de La Unión, pues tanto Lio como Snow supusieron que podrían atender con mayor rápidez allí a Lill que en un hospital convencional. Al descender la nave, varios soldados del gobierno humano interplanetario aparecieron con sus Striker en mano pues no reconocían esa nave como suya.

    El vehículo hizo contacto con el suelo y apagó el motor mientras más de diez soldados hacían acto de presencia para defender la pequeña base ubicada en Reinicio. Acto seguido la compuerta de salida comenzó a abrirse y los soldados prepararon el gatillo dispuestos a defenderse, sin embargo, reconocieron al instante a Lio y Snow, que cargaban con un Lill visiblemente herido.

    — Nec... necesita ayuda... — Snow estaba algo agotada debido a las muchas emociones vividas en la noche anterior.

    — No se preocupe, señorita Carver — Dijo uno de los soldados — Lo llevaremos a la sala médica.

    Varios soldados aparecieron con una camilla en la que colocaron cuidadosamente al joven Crane, que no parecía muy consciente de la situación. Mientras lo llevaban a la sala clínica, una soldado se aproximó a Snow y Lio.

    — Bienvenidos a la base Stagger de La Unión — Dijo la mujer con seriedad — Me gustaría que me dijeran que ha pasado con el cartógrafo y explorador Lill Crane.

    — ¿Cómo sabes su nombre? — Preguntó Snow, muy impactada.

    — Están en una base militar de La Unión, las cámaras tienen sensor facial — Respondió la soldado, señalando a su alrededor — ¿Qué ha ocurrido?

    — Tuvimos un enfrentamiento con criminales y fue alcanzado por una granada de fragmentación — Murmuró Lio Santos, sin querer decir mucho más.

    — ¿Criminales? — La soldado quedó pensativa — Anoche el radar detectó actividad ilegal en el muelle de atraque abandonado, pero debido a la tormenta no intervenimos. ¿Fueron ustedes?

    — Intentábamos dar caza a Jim Baker — Dijo Snow, soltándolo como una bomba informativa — Me sorprende que vuestra tecnología no lo detectase a él, siendo el humano más buscado del Sistema Solar.

    — Tenemos un departamento en cada colonia aquí en Marte exceptuando de aquí en Reinicio, donde tenemos una base — La soldado trató de excusarse — Más allá de las colonias, en los yermos, no hay ley y es lógico que si el señor Baker y sus criminales no han entrado en ninguna colonia marciana, no lo hayamos detectado.

    — Es sorprendente que en la Tierra haya cámaras y ojos por todos lados y en Marte no pongamos cámaras más allá de las colonias — Lio lo veía realmente estúpido — Creo que si colonizamos un planeta, debemos tenerlo todo bajo cierto control y vigilancia.

    — La Tierra es la capital humana y nuestro planeta natal, es lógico que con tantos años habitándola tengamos vigilancia en cualquier esquina — La mujer parecía estar molesta porque le estuviesen reprochando a ella — En fin, eso háblenlo con los representantes de La Unión.

    — Por cierto, ¿está la representante Allier aquí? — Snow quería visitarla y hablar con ella.

    — Salió ayer por la mañana en dirección a Neonia para atender ciertos asuntos — Murmuró la soldado — Podrían contactarla por videoconferencia pero salvo que sea algo importante...

    — No lo es, podemos esperar — Dijo Snow, quitándole importancia.

    — Muy bien, si me disculpan, necesito que uno de los dos venga conmigo para darme toda la información y los detalles del encuentro con Jim Baker y su gente.

    Snow y Lio se miraron, sin saber cuál de los dos ir.

    — Venga usted, señorita Carver — Dijo la soldado, pareciendo tener preferencia por la hija de un representante fallecido antes que por un hombre cualquiera — Después, si lo desea, la pondré en contacto con la representante Allier.

    — Perfecto, la sigo.

    Snow decidió acompañar a la soldado de La Unión para contarle toda la información recabada por Jim Baker mientras Lio se quedaba solo en aquella pequeña base marciana. Sin saber que hacer, el hombre de Ceres decidió darse una vuelta por el lugar antes de salir y ver la colonia de Reinicio.

    El complejo de La Unión era realmente más pequeño que la sede principal en la Tierra, pero no por ello era menos avanzado. Lio comprobó que había hasta tres pisos y en el primero había una recepción que atendía a civiles para cualquier consulta que quisiesen hacer, como poner denuncias, dar su currículum para poder trabajar en La Unión, mostrar algún proyecto de interés, empadronamiento en alguna colonia... Cualquier cosa jurídica.

    Lio se dispuso a conocer los otros dos pisos de aquella base cuando de pronto dos soldados de La Unión comenzaron a llevarse a rastras a un hombre que portaba una libreta con muchos papeles que salieron volando al éste ser arrastrado hasta fuera. El joven Santos decidió tomar los papeles que se le iban cayendo al hombre de la libreta mientras gritaba y pataleaba para que los soldados le soltaran. El resto de personas miraban la escena con tensión y curiosidad.

    — ¡Malditos idiotas! — Exclamo aquel hombre desde el suelo — ¡Solo intento proporcionarle una ventaja a la humanidad!

    — ¡Ya le han dicho que su proyecto queda denegado! — Le gritó uno de los guardias, volteándose para regresar al interior del lugar.

    — Váyase de aquí o será encarcelado — Musitó el otro guardia.

    — Que te den, capullo.

    Los dos guardias entraron en el interior del edificio de La Unión mientras Lio salía de este, observando al hombre con intriga y con los papeles que le habían caído en la mano. Al acercarse más a él, Santos abrió los ojos y se quedó quieto, pues parecía haberle reconocido. El hombre, incorporándose del suelo mientras se colocaba bien la ropa arrugada, quedó también asombrado cuando vio de frente al hombre de Ceres.

    — No puede ser... — Lio se cruzó de brazos con varios papeles arrugados en una mano — El maldito Westley Finn.

    — Mierda, Lio... — Murmuró West antes de comenzar a correr.

    — ¡Esta vez no, capullo! — Exclamo Leonardo Santos, comenzando a correr tras su antiguo amigo.

    Westley se metió en unos callejones para tratar de despistar a Lio, que contaba con la desventaja de no conocer bien las calles de Reinicio. Sin embargo, Lio no iba a dejar escapar a un hombre que lo abandonó en la colonia criminal de Ceres tomando una lanzadera que ambos estaban construyendo junto a Dyrian, usándola estos dos para huir del pequeño planeta mientras la banda de Jim Baker buscaba a Lio.

    Leonardo Santos continuaba persiguiendo a Westley Finn, que pese a ser más rápido, no lograba despistar a su conocido amigo. West entonces giró por otro callejón que daba directamente a la calle principal de la colonia donde transitaba mucha gente. Cuando Lio se dio cuenta, West ya se había esfumado entre toda la multitud.

    — Bastardo escurridizo... — Murmuró el hombre de Ceres, frustrado por haberle perdido la pista.

    El hombre moreno comenzó a observar a su alrededor en busca de su antiguo amigo, sin éxito. No obstante, vio como un hombre que parecía ser el propio West se metía en una lanzadera taxi junto a varias personas. Decidido, Lio corrió a toda velocidad apartando gente a empujones mientras trataba de alcanzar dicha lanzadera. Justo cuando la compuerta de ésta iba a cerrarse, el joven Santos logró meterse en ella. Las personas comenzaron a observarle de manera extraña mientras la compuerta del otro lado se abría y de ella salía West, huyendo rápidamente del vehículo.

    — ¡Para de una puta vez, West! — Exclamo Lio, apartando de nuevo a la gente de su camino.

    Logrando salir de la lanzadera antes de que aquella compuerta se cerrara, Lio retomó de nuevo la persecución mientras West tomaba distancia. Sin embargo y de manera repentina, el joven Finn chocó contra un policía de La Unión que patrullaba la calle, provocando que ambos cayeran al suelo mientras se dolían fuertemente por el golpe.

    Acto seguido, Westley trató de incorporarse pero Lio le puso la bota en el pecho evitando así su huida. El policía de La Unión se incorporó doliéndose del golpe y visiblemente enfadado con el choque mientras observaba a West con ira.

    — ¡¿Qué mierda haces corriendo sin mirar?! — Exclamo con rabia el policía, que al momento miró a Lio — ¡¿Quién eres tú?!

    — Me llamo Leonardo Santos, yo respondo por este hombre — Respondió el joven Santos, levantando a Westley del suelo — Discúlpelo, estaba corriendo porque no quería llegar tarde a una reunión con un viejo amigo al que no ve desde hace años. Tenemos prisa, perdone.

    El policía frunció el ceño y miró a Westley con recelo, pero considerando la educación del ex miembro de La Unión disculpándose por lo ocurrido, decidió dejarlo pasar por esa vez. El policía se fue, dejando a Lio y West allí en medio de la calle mientras la multitud iba y venía.

    — Lio, de verdad, siento mucho lo que ocurrió en su momento, Dyrian y yo no...

    — Cállate, no vamos a hablar de eso aquí en medio de la calle — Lio se puso serio mientras comenzaba a fijarse en los papeles que había tomado de los apuntes de West — Llévame a donde vivas y me cuentas porque estabas en la base de La Unión.

    — Está bien, pero... ¿podrías devolverme esos papeles? — West tendió la mano para obtener sus papeles — Son de un proyecto muy importante que tengo entre manos.

    — ¿Y de qué trata? — Lio tenía cierta curiosidad, por lo que no le dio los papeles sin antes saber de que trataba.

    — ¿De qué crees? Sigo con el negocio de las armas — Respondió West con incredulidad — Es un arma que revolucionará el mercado.

    — ¿Entonces por qué presentar el proyecto a La Unión? — Preguntó Lio, cada vez más intrigado e interesado.

    — Pensé que a La Unión le interesaría la creación de una nueva arma, pero el hecho de que use tecnología Rhajik parece que les ha echado atrás — Respondió el joven Finn, mostrándose entusiasmado con su proyecto — Van a desmantelar mí proyecto en tres días si no entrego toda la tecnología Rhajik que poseo, por lo que me vendría bien tu ayuda.

    — ¿Qué quieres de mí, West?

    — Saca mí proyecto de Marte y serás el primero en probar el potencial armamentístico de la Rhajead. La distribuiremos ilegalmente y te daré parte de los beneficios — Westley parecía hablar muy en serio — Tecnología humana y tecnología Rhajik fusionada en un arma, ¿qué me dices?

    — Creo que estás chiflado — Murmuró Lio, consciente de que eso los convertiría a ambos en criminales — Pero también creo que si esa arma que has creado merece la pena, hablaré con algunas personas para que La Unión reconsidere tu creación.
     
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    Reydelaperdicion

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    Hola amigo. Paso a comentar el capítulo. Debo decir que en mi opinión general, estuvo bien. Nada más ni nada menos. Por lo que se ve aquí, a Jim y a su grupo no les han dado caza desde hace mucho tiempo y que sus números han mermado demasiado si es que su grupo original era tan grande antes. Me sorprende mucho que Amina, Guy y ninguno de los otros que iban a bordo de la nave supieran sobre lo de Jim y su condición como el más buscado de la galaxia. Entiendo que a lo mejor usaban la nave para otros propósitos como la minería y que no estaban muy atentos a las últimas noticias, pero aun así sorprende. Es decir, el tipo más buscado y probablemente más peligroso del sistema solar y no son capaces de reconocerlo de entrada, me parece una gran imprudencia.

    Luego vemos a Dyrian algo dubitativa sobre lo que ocurrió con Lio en el pasado. Me pregunto que es lo que podría ocurrir si se encuentran de nuevo en un enfrentamiento. Es decir, si fuera solo un asunto de ellos dos, probablemente podrían solucionar las cosas hablando, pero no se trata de eso solamente, ya que involucran a más personas. Tengo el ligero presentimiento de que la lealtad de Dyrian a Jim no es al 100%, pero por el momento claramente estará con él. A esperar para lo que pasará al futuro.

    Amina y Guy me han dado la impresión de que se unen a Jim más por obligación que por gusto, aunque habrá que ver como avanza la cosa. Tengo el presentimiento de que podrían intentar buscar la forma de entregarlo a la Unión, o bien eliminarlo ellos mismos, pero por otra parte, no los veo muy convencidos con nada al hablar. Tal vez exista la posibilidad de que terminen tomándole el gusto a la vida criminal al final, pero hablo demasiado.

    Si una chica merece el título a la más tierna del universo, esa es Snow sin duda alguna. Está más que claro que ella ama a Lill, y el verla preocupada así me duele un poco. Tras haber perdido a su padre, ella no merece más dolor del que está pasando. Ojalá pueda recuperarse y seguir en su objetivo junto a sus compañeros.

    Por último, me resulta curioso que Lio se vuelva a encontrar con West. Parece que tiene un imán para ex compañeros (ojalá lo use cuando tenga que encontrarse con Hill XD). Me pregunto si de alguna manera Lio podría llevarlo por el buen camino, porque a pesar de que haya escapado de la colonia criminal, parece que sigue metido en el mundo de lo ilegal. Queda esperar para ver las verdaderas ambiciones de West y de lo que Lio pueda hacer con él.

    Esperaré el siguiente capítulo, y también para ver el desarrollo que reciben los nuevos personajes, que al empezar con desventaja, van a requerirlo para poder alcanzar a los de la parte I. Saludos y hasta la próxima.
     
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