Historia larga Los Viajeros II: Cara a cara

Tema en 'Novelas' iniciado por Resistance, 14 Noviembre 2018.

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  1. Threadmarks: Reinicio (Parte 1)
     
    Resistance

    Resistance Hope

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    Escritor
    Título:
    Los Viajeros II: Cara a cara
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    6
     
    Palabras:
    5494
    Ya está aquí el inicio de la segunda parte del universo que he creado (por así decirlo) llamado Los Viajeros. Os dejó el link de la primera parte por aquí https://fanficslandia.com/tema/los-viajeros-la-guerra-rhajik.56966/ y espero que os guste la continuación.


    Sinopsis: Cinco meses después de los acontecimientos ocurridos en Los Viajeros: la guerra Rhajik, los tripulantes de la Arcadia siguen con sus vidas en un intento por superar y convivir con todo lo ocurrido.

    Todos piensan que la guerra fue el final... pero el pasado siempre vuelve.




    Reinicio (Parte 1)


    El viento comenzó a soplar con fuerza, levantando polvareda de la superficie marciana y tiñendo el paisaje de un color rojizo tan característico del planeta vecino. Más allá, se podía ver como el Sol iba escondiéndose tras las colinas rocosas y sobre ellas parecía aproximarse una gran nube roja que cubría por completo el horizonte.

    — Se avecina una tormenta — Murmuró un hombre con la mirada seria puesta en la lejanía — Creo que lo mejor será regresar a la colonia y seguir con esto mañana.

    — Y una mierda — Respondió una mujer de forma brusca — El muelle está justo enfrente, al borde del acantilado.

    — Sabemos que está ahí, no tendremos otra oportunidad como esta — Añadió un último hombre, oteando a distancia una estructura que servía como puerto para las naves — Pero tiene que ser ahora.

    — La tormenta se nos echará encima, Crane — Dijo el otro hombre, tratando de hacer entrar en razón a sus acompañantes — Y pronto va a anochecer, como si no fuera ya jodido ver en medio de una tormenta de arena.

    — Si no quieres hacerlo, vuélvete tú, Lio — La chica lo miró desafiante — Llevamos cinco meses detrás de él y ahora que lo tenemos a quinientos metros prefieres esperar a mañana solo por una maldita tormenta.

    — Si no has estado en una de estas tormentas, no hables — Respondió Lio, firme en su decisión — Dudo mucho que mañana ya no esté ahí. Podemos irnos y volver mañana.

    — Mañana podría ser tarde — Intervino Lill, apoyando así a su pareja — Si Snow se queda, yo me quedo con ella.

    Lio contuvo sus palabras y asintió con resignación, consciente de que no podría hacer cambiar de opinión a sus compañeros.

    — Vale — Musitó, mirando al frente — ¿Cómo vamos a hacerlo?

    — Fácil — Respondió Snow, mostrando el Striker que portaba entre sus brazos — Vamos a acercarnos sigilosamente, nos infiltramos en las instalaciones y acabamos con el objetivo.

    — No creo que sea tan fácil como acabas de comentar — Murmuró Lio, intentando ser analítico — Sabemos que Jim está allí y hay que tener claro que no estará solo. Si nos detectan los guardias que probablemente estén patrullando la zona, será avisado y huirá.

    — ¿Y qué sugieres entonces? — El joven Crane comprendía lo que su compañero quería decir.

    — Primero, que nos coloquemos los trajes, así podremos resistir la tormenta que se aproxima — Lio señaló el horizonte, cada vez más próximo — Después, provocar una distracción para colarnos en el lugar.

    — ¿Qué tipo de distracción? — Preguntó Snow, intrigada.

    — Uno de nosotros irá de frente y con todo — Respondió Lio, decidido — Y ese voy a ser yo.

    — ¿Cómo? ¿Vas a ir a lo loco? — Lill estaba sorprendido — Vas a correr un gran riesgo.

    — Valdrá la pena si cumplimos con lo que hemos venido a hacer — Sentenció el hombre, incorporándose — Vayamos a la nave a equiparnos apropiadamente y cuando veáis que he comenzado mi parte, haced la vuestra.

    — Tú danos un margen de tiempo para infiltrarnos y del resto ya nos ocupamos nosotros — Dijo Snow, de acuerdo con el plan y deseando cazar a Jim Baker.

    [...]

    El joven Vaalot se encontraba en una sala vacía que era usada para combatir — o experimentar — cuerpo a cuerpo entre soldados modificando la gravedad de la habitación y simulando, de alguna forma, posibles situaciones en nuevos planetas.

    Dicha tecnología había sido obtenida de los Rhajik y tras ser probada por La Unión se decidió que parte de los entrenamientos de los jóvenes soldados, exploradores, científicos, ingenieros y cartógrafos de la AFE se efectuarán en una de estas habitaciones modificadas.

    El hombre de origen marciano vestía con un traje bastante elástico y cómodo para el combate con el logotipo de la Luna, pues éste se encontraba viviendo en la base lunar. Tras un cristal transparente a la vista de las personas del exterior de la habitación se hallaba la piloto Tidder.

    Axlor ni siquiera sabía que su chica se encontraba al otro lado del cristal y pese a que lo supiera, no podría verla tras el. El que cinco meses atrás fuera comandante provisional de la Arcadia frunció el ceño cuando una compuerta se abrió para dar paso a quién sería su oponente.

    Dada la apariencia de su contrincante, que llamaba la atención por llevar una máscara, el joven Vaalot dedujo que se trataba de una mujer, sin embargo no por ello iba a ablandarse. Cuando el ruido de la alarma que daba inicio al combate sonó, el marciano se lanzó con el puño en alto dispuesto a golpear a su rival, pero este se movió a un lado rápidamente y le hundió la rodilla derecha en el abdomen, seguido de un codazo en la nuca que hizo que Axlor se alejara hasta el otro lado de la habitación doliéndose de la parte trasera del cuello.

    — ¿Otra vez?

    La representante lunar Chloe Miller se posicionó al lado de le joven Tidder, que observaba el combate de su pareja con seriedad y preocupación.

    — Solo sale de ahí para comer y dormir — Murmuró Arva, sin dejar de ver la lucha que se estaba dando en el interior de aquel cuarto amplio — No sé que más hacer, Chloe.

    — Hiciste suficiente trayéndolo aquí — Respondió la representante de la Luna — La guerra Rhajik ha afectado a muchos soldados psicológicamente y Axlor es uno de ellos.

    El joven marciano propinó una fuerte patada en la pierna de apoyo de su rival, haciéndole perder el equilibrio y aprovechando el momento para colocar su pierna derecha sobre el abdomen de su contrincante femenina.

    — Has perdido — Musitó el joven Vaalot con la mirada seria y la sudor recorriéndole el rostro.

    Sin embargo, la chica no se rindió y acto seguido golpeó con su antebrazo la tibia del pie de Axlor para luego cruzar sus piernas con la de apoyo del marciano y desequilibrarlo. Tras esto, su rival se incorporó e imitó el gesto del joven soldado colocando su pie derecho sobre el torso del hombre, ahora en el suelo.

    — ¿Estás seguro? — Dijo el contrincante de Axlor, quitándose la máscara para desvelar su rostro — Admito que peleas bien, pero eres muy impulsivo y parece que luchas furioso.

    — ¿Ash? — El joven Vaalot estaba sorprendido, pues no esperaba volver a ver a una de sus ex compañeras de equipo.

    — Mierda, Axlor, ¿qué demonios te ha pasado? — Ashley parecía sentir pena por su ex compañero — Llevo cinco meses sin verte y cuando por fin lo hago solo veo a alguien que se parece más bien poco al que una vez fue mi comandante.

    — No pronuncies esa palabra — Murmuró el joven Vaalot, incorporándose tras estar tirado en el suelo — Cuando alguien obtiene ese rango solo es para tomar las decisiones que nadie quiere tomar.

    La representante Miller y la piloto Tidder también estaban asombradas de descubrir que el rival en el entrenamiento de Axlor era nada más y nada menos que Ashley Ripley.

    — He tratado de localizaros, a todos, desde que la guerra terminó — Dijo la joven Ripley, físicamente cambiada desde la última vez que Axlor la vio — Desde que... bueno, se disolvió nuestro pequeño grupo.

    — ¿Por qué? — El joven Vaalot tenía curiosidad por saber qué la había llevado hasta allí — ¿Qué pretendes con eso?

    — Creo que fui la única estúpida de todos que no quería perder el contacto con los demás — Respondió Ashley con total sinceridad y transparencia — Logramos algo histórico, todos juntos, y después parecía que todo lo que habíamos vivido ya no significaba nada.

    — Significaba que habíamos perdido a mucha gente — Axlor respondió con crudeza y frialdad — Incluso algunos sobrevivimos cuando no debimos hacerlo.

    Tras sus palabras, el joven Vaalot dio media vuelta y salió de la habitación, encontrándose cara a cara con su chica y con la representante de la Luna.

    — ¿Estás bien? — Arva había escuchado toda la conversación entre él y Ashley — No deb...

    — Estoy bien — Axlor cortó rápidamente a la piloto Tidder — Voy a darme una ducha.

    — Claro — Arva asintió y se apartó a un lado, cabizbaja.

    Mientras Axlor se dirigía a su temporal vivienda en la base lunar para ducharse, Ashley salió de aquella habitación bastante apenada por la conversación que había tenido con el marciano. No obstante, el reencontrarse con Arva le alegró, sorprendiendo incluso a la propia piloto cuando fue abrazada de manera repentina por la soldado Ripley.

    — Nadie me ha informado de tu llegada, Ashley — Dijo la representante Miller, sorprendida y con curiosidad — ¿Acabas de llegar?

    — Hace unas horas — Respondió la chica con naturalidad.

    — ¿Y cómo sabías que estábamos aquí? — Preguntó Arva, intrigada.

    — No lo sabía, solo lo supuse — Murmuró Ashley — Durante este tiempo he estado buscándoos a todos y solo he logrado reunirme con Hillary.

    — ¿En serio? — Arva también echaba algo de menos a sus ex compañeros de equipo — ¿Y qué es de ella?

    [...]

    — La Tierra sigue sin representante — Dijo un miembro del consejo de La Unión — La Luna y Marte ya tienen uno y Plutón y Ceres lo tendrán una vez sean reconstruidos, pero que la principal colonia humana no tenga un referente comienza a preocupar a los ciudadanos... y a nosotros mismos.

    — ¿Y que tengo que ver yo ahí?

    — El consejo, en el que me incluyo, se reunió la semana pasada para buscar un candidato adecuado para el puesto y terminó realizando una lista de posibles candidatos.

    — Y yo estoy en esa lista, ¿verdad? — Hillary tenía claro a que había ido uno de los miembros del consejo de La Unión a su casa.

    — Hemos tratado de localizar a Snow Carver, la hija del fallecido representante Eduard... — Explicó el hombre con resignación — Nos parecía la persona adecuada para el puesto, pero no logramos contactarla.

    — Yo tampoco conozco su ubicación, así que dudo que pueda ayudaros.

    — Luego pensamos en Ashley Ripley y logramos establecer contacto con ella, pero rechazó el cargo.

    — Lo sé, me he reunido con ella hace unas semanas — Hillary recordó que había hablado con Ashley de muchas cosas — Es la única persona de mi grupo a la que he visto desde que regresamos de Xhander, hará cinco meses.

    — Tras la negativa de la soldado Ripley, buscamos a Lill Crane y tampoco logramos contactarlo — Murmuró el miembro del consejo de La Unión — Y la siguiente eres tú.

    Hillary resopló durante varios segundos y se levantó de la silla en la que estaba sentada. El hombre la observó y en su rostro se podía apreciar cierto pesimismo en cuanto a la respuesta de la soldado Murphy.

    — ¿La Unión quiere que sea representante de la Tierra? — Hillary aún estaba un poco sorprendida y tenía dudas acerca de si aceptar o no el cargo.

    — Así es, señorita Murphy.

    — ¿Me lo puedo pensar?

    — Por supuesto — Respondió el hombre, incorporándose — Tienes una semana de plazo. Si no aceptas tras ese plazo, buscaremos otras alternativas.

    — Entendido.

    El miembro del consejo se dirigió a la puerta de salida de la casa de Hillary, sin embargo, antes de irse quiso decir algo más.

    — Piensatelo bien, Hillary — Dijo el hombre, hablando con demasiada confianza — Es una posición privilegiada a la que no todos pueden tener acceso.

    Tras esto, el miembro del consejo de La Unión se aproximó a la puerta y ésta se abrió para dejarlo ir mientras la soldado Murphy comenzaba a meditar la decisión importante que debía tomar.

    [...]

    — Representante Allier, acaba de llegar la L1 para llevarla a Neonia — Informó una chica que parecía ser secretaria — La representante Miller ya se encuentra a bordo.

    — Muy bien, gracias Lucy — Murmuró Cleo, lista para viajar al hogar de los neonianos.

    La nueva representante de Marte era nada más y nada menos que Cleo Allier, que tras la muerte de Kyllian y Jefferson Stagger en la batalla final de Xhander era la candidata mejor posicionada. Tan solo dos semanas después del fin de la guerra, La Unión decidió otorgarle el título de representante del planeta rojo siempre y cuando ella lo aceptase. Así fue, y ahora había dejado a un lado el ser soldado para centrarse en mejorar su colonia, pensar en honrar la memoria de los Stagger.

    Cleo salió de su vivienda, ubicada en la primera colonia humana en Marte de nombre Reinicio — bautizada así como un nuevo comienzo para la especie humana, que se aventuraba a vivir fuera de su planeta natal por primera vez en la historia — y se dirigió directamente a una lanzadera que la esperaba justo enfrente de su casa para llevarla a la nave L1, que realizaría la travesía de entre cinco días y una semana para llegar al planeta natal de los neonianos.

    Tanto ella como Chloe eran ahora mismo las cabezas visibles del gobierno nombrado La Unión, y se dirigían a Neonia para negociar con su representante Narisha Taaliv la colocación de un puesto humano en su planeta que con el paso del tiempo crecería hasta convertirse en una colonia más de la humanidad.

    [...]

    — Infección en el sistema nervioso, herida superficial en la pierna izquierda — Dijo Zyon, usando su escaner para determinar que padecía un neoniano.

    — ¿Cómo te has hecho esto? — Preguntó Cinthia, que hacia tan solo un mes que había llegado a Neonia para aprender sobre la fisionomía neoniana.

    — A-anoche, un... un Ikorf — Murmuró el neoniano, haciendo muecas de dolor — L-la piel, me... me quem... me quema...

    — Tranquilo, te pondrás bien, aunque no debes esperar si un Ikorf te ha mordido porque el veneno actúa y cuanto más tiempo pases sin tratarlo más probable es de que te quedes parapléjico — Cinthia tomó una jeringuilla con aguja y se la clavó en la herida — Estoy suministrándote un fármaco que eliminará el veneno del sistema nervioso y regenerará el tejido de la herida. En tres días, solo tendrás la marca del mordisco.

    La doctora Marlow terminó de vendar la herida del joven neoniano y le dejó marchar mientras éste se mostraba muy agradecido. Zyon era el único Rhajik que quedaba con vida y su tarea se limitaba a ayudar a Cinthia en sus investigaciones. Ambos habían desarrollado una extraña pero interesante relación de amistad, considerando la amistad que puede haber entre un ser orgánico y uno artificial.

    Por otro lado, en Isharay — la principal y única colonia neoniana habitada cuyo significado era reinicio en el idioma de los humanos — se encontraban Vanth Dheer y Yak Quetaryan. Ambos neonianos habían terminado de luchar y esto con el propósito de Vanth de enseñar a Yak a pelear mejor cuerpo a cuerpo y realizar buenos movimientos en combate.

    — Tus movimientos siguen siendo predecibles, Yak — Comentaba Vanth a su discípulo — Debes dejar de pensar cada movimiento y liberar tu cuerpo.

    — Lo... lo intentaré — Musitó el joven neoniano, cabizbajo.

    — Pero no te desanimes por ello — Vanth lo tomó de los hombros y le miró a los ojos — Veo en ti mucho potencial. Y te aseguro que me encargaré de desbloquearlo.

    — Muchas gracias por todo lo que hace, Vanth — Yak Quetaryan asintió con más ánimo — ¿Mañana a la misma hora?

    Yak se dispuso a darle la mano a su maestro y la respueste de éste fue darle un fuerte abrazo. El joven neoniano no esperaba dicho gesto de Vanth por lo que se quedó gratamente sorprendido.

    — Mañana a la misma hora, hijo.

    — S-sí, c-claro... — Yak no dejaba de asentir con la cabeza — Hasta mañana.

    Yak se marchó del lugar dejando a Vanth con una sensación agradable y una sonrisa que Narisha no tardó en verle. La anciana neoniana estaba contenta de que su segundo al mando, Vanth Dheer, hubiese encontrado a alguien con quién compartir su experiencia y sabiduría.

    — Es un buen chico, ¿verdad? — La representante Taaliv sonreía dulcemente mientras veía marcharse al joven Quetaryan.

    — Lo es — Respondió Vanth, diciéndolo de corazón — Impulsivo, bondadoso e inteligente. Sin lugar a dudas lo veo como nuestro futuro líder.

    — Ah, ¿sí? — Narisha se sorprendió de las palabras de su mano derecha — Bueno, antes de que él tome mi puesto lo habrás tomado tú, lo sabes, ¿verdad?

    Vanth comenzó a reírse y Narisha le siguió durante unos segundos con una carcajada. Pero el momento duro poco cuando una neoniana se aproximó a ambos, que se hallaban en el jardín de la vivienda principal de Isharay en la que vivía la representante de Neonia.

    — Representante Taaliv — Musitó la neoniana — Las representantes humanas Chloe Miller y Cleo Allier acaban de salir en la L1 rumbo hacia aquí. Se espera que lleguen en menos de siete días.

    — Entendido, muchas gracias por informarme — Narisha se mostró amable mientras la joven neoniana se retiraba.

    — Vienen decididas a hablar sobre la colonia humana que quieren instalar aquí — Vanth sabía exactamente cuál iba a ser el tema de conversación entre las representantes — ¿Cómo vamos a decirles que la mayoría de los nuestros no quieren una colonia humana en Neonia?

    — ¿Cómo vamos a decirles que no, si la humanidad nos salvó de la extinción? — Narisha trataba de ser lógica — Hablaré con nuestra gente para que entren en razón.

    — Narisha, yo entiendo sus temores y sé porqué se niegan a tener humanos por aquí...

    — Y yo también los entiendo, Vanth — La representante Taaliv frenó en seco a su acompañante — Pero en cinco meses no nos ha dado para crecer mucho como especie. Si ahora nos negasemos a proporcionarles un sitio aquí a los humanos, ¿qué crees que ocurriría?

    — Sólo sé lo que no ocurriría — Murmuró Vanth con seriedad — Lo que ocurriese después, sería una decisión que dependería de los humanos.

    [...]

    Varios guardias patrullaban la entrada del muelle portando Strikers, Busters e incluso alguno llevaba un Rypper, el arma estándar de los neonianos. Lio, que se iba a encargar de crear una distracción, llevaba entre sus brazos un Striker mientras que Snow cargaba con un Buster y Lill llevaba otro Striker.

    — Hay siete guardias fuera del lugar — Comunicó el joven Santos por radio — Si mis cálculos no fallan, la tormenta se nos echará encima en catorce minutos y ellos se meterán en el interior del edificio.

    ¿Qué quieres decirnos, Lio? — Snow estaba deseando entrar en acción.

    — Me voy a poner en marcha, trataré de eliminarlos sigilosamente pero si me detectan servirá como distracción, vosotros entrad por detrás — Indicó el hombre de Ceres con seriedad — Mantenedme informado por radio.

    Entendido.

    Lill y Snow se pusieron en marcha, avanzando sigilosamente por detrás hasta llegar a cubrirse en una nave ya atracada en el muelle. Los criminales estaban a una distancia considerable patrullando la entrada, sin embargo, había dos de ellos en la parte trasera.

    — ¿Ya sabes a que hora partimos? — Preguntó uno de los criminales mientras avanzaba junto a otro.

    — Ni idea — Respondió su compañero — Solo sé que será mañana por la mañana.

    — Jim está paranoico — Dijo el que fue primero en hablar — Nos hace patrullar solo porque cree que siguen tras él.

    — Llevamos tres semanas sin ver a Lio y sus amiguitos, yo creo que los despistamos la última vez en la Tierra — Murmuró el otro criminal, que decidió cambiar de tema — ¿No deberíamos regresar dentro? Esa tormenta tiene mala pinta y ya es de noche, no podremos patrullar así.

    — Avisaré por radio al resto, supongo que no habrá problema en regresar dentro.

    Uno de los hombres tomó su radio para comunicarse con los guardias de la entrada principal al muelle cuando de pronto Snow salió corriendo hacia él con una especie de daga con diversas cuchillas. Antes de que el criminal pudiese reaccionar, la joven Carver le cortó la garganta con su arma blanca.

    — ¡¿Pero qué...?!

    Lill no dio tiempo a reaccionar al acompañante del hombre asesinado y le golpeó la cabeza con la culata del Striker, dejándolo inconsciente. Snow se aproximó al tipo aprovechando que estaba inconsciente y le hundió su triple daga en el cuello para que se desangrase rápido.

    Aquel acto hizo que Lill observara a su chica con temor, pensando que quizá sus ganas de venganza estaban yendo demasiado lejos. La científica se dispuso a entrar por la puerta trasera pero el cartógrafo la tomó del brazo izquierdo, frenandola en seco.

    — ¿Qué? — Snow no entendía porqué su chico la había frenado — El camino está despejado.

    — Hemos venido a matar a Jim Baker — El joven Crane temía que su pareja se convirtiese en una asesina despiadada si seguía así — Ya sé que estos son criminales y son idiotas, pero no hay necesidad de matarlos a todos.

    — ¿Qué mierda quieres decir, Lill? — La hija del fallecido representante Carver se soltó de la mano de Lill que la sujetaba — Estamos haciendo un favor a la humanidad eliminando a escoria como ésta.

    — Yo no lo veo así — Musitó Lill, serio — No quiero que te conviertas en uno de ellos y a este paso lo terminarás haciendo.

    — Hago lo que tengo que hacer — Snow no quería perder más tiempo — Si no estás de acuerdo, eres libre de irte.

    Snow terminó la conversación y se dirigió a la puerta trasera del edificio del muelle de atraque de naves. Sigilosamente abrió la puerta, que por suerte no necesitaba de código, y se metió dentro ante la mirada preocupante de su pareja.

    — No pienso dejarte sola — Dijo Lill, más para sí mismo que para ella que no estaba ya ante él.

    El joven Crane no esperó más y se metió en el interior del recinto junto a su chica para buscar y matar al que una vez fuese representante de Ceres.

    Mientras tanto, Lio se hallaba tras un trozo metálico y oxidado de alguna nave. Considerando que se encontraba en un muelle de atraque de naves abandonado, no le parecía raro en lo absoluto encontrarse con partes de nave por los alrededores.

    Aprovechando su abandono la banda de Jim se colocó allí temporalmente tras estar viajando sin parar por el Sistema Solar para huir de sus perseguidores, que aparte de ser Lio, Lill y Snow también lo era la policia espacial de La Unión.

    Lio, estamos dentro — Informó Lill por radio a su compañero — Al final no es necesario que provoques una distracción, pero si todo se tuerce, necesitaremos tu ayuda.

    — ¿Qué queréis que haga entonces?

    Quédate donde estés, dinos si los guardias van a entrar dentro del recinto — Contestó Snow.

    — No tardarán en entrar, Snow, la tormenta llegará aquí en seis minutos — Lio observó el horizonte y luego un reloj en su traje que le indicaba que tan cerca estaba la tormenta — Y yo no voy a quedarme aquí fuera arriesgándome a que la tormenta me lance por ahí.

    Pues busca la form... ¡Oh, mierda! ¡Nos han...!

    — ¡Lill! ¡Snow! — El joven Santos perdió la conexión con sus compañeros fruto de la tormenta, que distorsionaba la señal, además de que parecían haber sido detectados por los hombres de Jim — ¡Mierda!

    De pronto se comenzaron a escuchar disparos en el interior del edificio y los guardias que patrullaban el exterior se voltearon. Trataron de hablar con los criminales del interior pero las comunicaciones por radio habían dejado de ser útiles debido a la proximidad de la tormenta marciana.

    — ¡Entremos dentro, vamos! — Ordenó una mujer criminal al resto de sus compañeros — ¡La tormenta está casi encima!

    Los siete guardias de la entrada corrieron a toda velocidad decididos a entrar para saber que estaba ocurriendo con todos esos disparos en su interior. Lio tenía claro que debía eliminarlos, por lo que tomó una de tres granadas de fragmentación que portaba en su traje y la lanzó justo a los pies de la puerta de entrada.

    — ¡¿Qué mierda es...?!

    — ¡Granada! ¡Atrás!

    Los siete guardias frenaron en seco y trataron de volver tras sus pasos pero la granada explotó formando un boquete en la entrada y matando a cuatro de los siete criminales. Los otros tres salieron disparados por los aires con diversas quemaduras por todo el cuerpo, pues al no llevar trajes, los fragmentos de la granada explosionada si que les habían alcanzado.

    Leonardo se aproximó caminando hacia la entrada mientras los tres criminales supervivientes a la explosión se retorcían de dolor en la superficie roja de Marte. El hombre de Ceres se puso de cuclillas ante uno de los hombres que lo reconoció al instante al verlo.

    — Li... Lio... — Musitó con dificultad — Mald... traidor...

    — Iba a ofreceros una salida fácil — Lio le enseñó el cañón del Striker al criminal moribundo — Pero dejaré que la naturaleza haga su trabajo y elimine la peste que sois.

    Haciendo referencia a la tormenta en sus últimas palabras, el joven Santos se incorporó y tras observar con desprecio a los tres malheridos criminales, se volteó y puso rumbo al interior del edificio, ahora sin puerta y con un agujero por el que entrar.

    En el interior del recinto se seguían sucediendo los disparos, claramente entre criminales liderados por Jim y la pareja formada por Lill y Snow. Lio se introdujo en el lugar con su Striker en mano y comenzó a vagar por sus pasillos. El agujero que había provocado en la entrada era peligroso debido a que la tormenta tendría por donde entrar al lugar y sería una dificultad añadida.

    — Lill, Snow, ¿me recibís? — Lio probó la radio, sin éxito — Espero que esteis dando pelea.

    Lill y Snow disparaban a discreción contra varios de los hombres de Jim Baker que les habían detectado. Anclados en un cruce de pasillos, el joven Crane estaba cubierto en la izquierda mientras que la joven Carver estaba en la derecha.

    Estando en clara desventaja, la pareja comenzó a pensar en algún plan de huida o de despiste. En ese momento, un fuerte viento comenzó a recorrer los pasillos, dificultando más si cabía el combate. En dicho viento ya comenzaban a haber partículas arenosas que si no llevabas casco podían penetrar en tus ojos y dejarte ciego. Eso les pasó a varios criminales, que comenzaron a gritar de dolor mientras se cubrían los ojos con las manos.

    — ¡Ahora, corre! — Le indicó Lill a su chica, ambos con los cascos.

    Gracias a que la tormenta marciana había irrumpido en el recinto, había provocado distracción suficiente para que la pareja pudiese avanzar y perder de vista a los hombres de Jim. Tras correr por varios pasillos, Lill y Snow terminaron en una gran sala que parecía ser la principal, donde los tripulantes de las naves que atracaban en el muelle podían descansar o reunirse con otros cuando el lugar aún estaba operativo.

    La recepción estaba totalmente llena de papeles y abandonada, como el resto del lugar, donde había sillas y maletas de equipaje esparcidas por toda el área. Además no había luz y la poca visibilidad se debía a la luz lunar y a que tenían unas grandes cristaleras que dejaban iluminar dicho espacio.

    Lill y Snow caminaban sigilosamente mientras el viento arenoso hacia volar los papeles de la recepción por todo el lugar. Ambos tenían encendidas las luces de emergencia de sus trajes para iluminar al menos los primeros metros, además de una linterna incorporada en el Striker y Buster que tenían.

    Sin embargo, ambos se pusieron en alerta cuando comenzaron a ver varias luces aproximándose por un pasillo de enfrente. La pareja apagó sus luces y se escondieron tras la recepción mientras un grupo de más de diez criminales llegaba a dicha sala.

    — Dyrian está en camino — Dijo uno de ellos, visiblemente apresurado — Mantened los ojos abiertos y proteged al representante Baker en todo momento. Lo escoltaremos hasta la nave una vez llegue la capitana.

    Lill y Snow se miraron muy sorprendidos. La chica se dispuso a salir de su cobertura y fusilarlos a todos, pero dada la dificultad y la imprudencia de lo que iba a hacer, el joven Crane la frenó y salió de su cobertura para avanzar sigilosamente hasta otra posición. Efectivamente, pudo ver con sus ojos a Jim Baker en medio de un círculo de seguridad.

    Decidido, Lill se asomó lentamente por su cobertura y apuntó al que fuera representante de Ceres, pero en ese momento escuchó como alguien se aproximaba a él por detrás. Rápidamente se volteó y pateó a su enemigo, que se trataba de una mujer. Aquello hizo el suficiente ruido para llamar la atención de Jim y sus secuaces, que corrieron a la ubicación de Lill. Snow vio en esto una oportunidad de atacar.

    — ¡¡¡Vete al infierno, Jim Baker!!!

    La joven Carver se asomó por la recepción en la que estaba cubierta y comenzó a disparar a todo aquel que tenía enfrente. Este movimiento pilló por sorpresa a los criminales, que rápidamente se echaron al suelo para evitar ser alcanzados por la balacera que estaba iniciando la chica.

    Lill comenzó a forcejear con dicha mujer que casi lo mata por detrás. Ambos comenzaron a rodar por el sucio suelo mientras el viento dificultaba los movimientos. La chica logró colocarse sobre el cartógrafo y trató de quitarle el casco para que la arena que había en el viento lo terminase matando.

    En ese momento Lio apareció y pateó con fuerza a dicha mujer, pero justo cuando iba a efectuar el disparo para acabar con su vida, pareció congelarse. La mujer hizo lo propio, y tras unos segundos quietos ante la mirada extrañada de Lill, la mujer dio un saltó y pateó en el aire el torso de Lio, lanzandolo hacia atrás.

    — ¡Dyrian ya está aquí, tenemos que irnos! — Dijo uno de los criminales, cubriendo a Jim mientras devolvía los disparos a Snow.

    — ¡Adiós, amigos míos! — Exclamo Jim con sarcasmo — ¡Seguid intentándolo!

    Snow no quería escuchar a Jim y no lo dudó cuando lanzó una de las granadas que portaba en su traje. Pensó que si hubiese sabido desde el principio que Jim estaba en ese grupo la habría lanzado antes, pero por no querer precipitarse y por las palabras de Lill de que no todos debían morir, la chica no lo hizo. No obstante, ahora lo tenía claro y la joven Carver lanzó su granada de fragmentación contra el grupo de criminales que escoltaba a Jim hasta la salida.

    Sin embargo, Dyrian tomó la granada con rápidez y la lanzó contra Lill y Lio, que se encontraban a un lado. Ambos saltaron corriendo hasta una cobertura y la granada explotó, destruyendo las cristaleras del lugar y provocando que la fuerza de la tormenta incrementase al tener más sitio por donde entrar.

    Jim Baker, Dyrian Clyne y los pocos criminales que quedaban con vida salieron del recinto, arriesgándose con la tormenta, para llegar a la nave que los evacuase de allí y así irse de Marte, perdiendo la pista de sus perseguidores.

    Lio se hallaba en shock tras haber visto que una persona a la que conocía de hace mucho se encontraba en el bando de Jim. Pese a que era impactante, el joven Santos decidió pensar en eso luego. Se volteó para buscar a Lill, que creyó que había caído a su lado, pero no estaba.

    Sin embargo, al mirar más atrás, pudo ver un reguero de sangre fresca que llegaba hasta donde se hallaba Lill, sentado y con la espalda apoyada sobre la pared mientras colocaba su mano izquierda en un agujero que tenía en el traje. El joven Crane estaba respirando de manera agitada y gastando más oxígeno del que debía, pues el traje lo tenía limitado.

    — ¡Mierda, Lill! — Lio corrió en la ayuda de su compañero y observó como la metralla de la granada había logrado impactarla en el abdomen, rompiendo incluso la coraza del traje y penetrando en su piel — Tranquilo amigo, te pondrás bien.

    — ¡No, Lill, no! — Snow corrió también hacia su novio, gravemente herido — ¡Te... tenemos que llevarte a la nave!

    — C-con... con esta tormenta... — El joven Crane luchaba por poder hablar — ...es impo... imposible...

    — Si nos quedamos aquí, te desangrarás y morirás — Lio estaba siendo realista — No hay peros que valgan, vamos a llevarte a la nave.

    — ¡Hay que evitar que las partículas de arena entren en la herida! — Exclamo Snow, pensando en algo — ¡Voy a ponerle el parche de emergencia!

    — No sé si eso aguantará con esta tormenta — Murmuró Lio, dudoso.

    — ¡¿Tienes algo mejor?! — Snow estaba histérica por ver a su pareja así — ¡Ayúdame a levantarlo!

    — Vamos Lill — Musitó el joven Santos, tomándolo de su brazo derecho mientras Snow lo hacía del izquierdo — Son diez minutos hasta llegar a la nave, está detrás de la colina.

    — Hagamoslo... de una vez... — Lill comenzaba a ponerse pálido.

    El parche de emergencia para cubrir la grieta de la herida en el traje comenzaba a hacerse de color rojo debido a la pérdida de sangre. Snow y Lio tenían que darse prisa en llevar a Lill a la nave y meterlo en una cápsula de regeneración si querían mantenerlo estable hasta llevarlo al hospital más cercano, en la colonia llamada Reinicio.
     
    Última edición: 9 Enero 2019
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    Reydelaperdicion

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    Hola, amigo. Tenía muchas ganas de leer la segunda parte de esta historia, me alegro de que la hayas publicado.

    Debo decir que ha sido un inicio bastante interesante, al mostrar todos los puntos de vista de los soldados una vez que la guerra terminó. Me sorprende que Cleo haya sido elegida como la nueva representante de Marte, y me sorprende que a Hillary le hayan ofrecido el mismo puesto en la Tierra. Sin dudas, será una gran oportunidad para ambas para que sus personajes asciendan a algo más que soldados. Lo que más me ha sorprendido ha sido que Cleo haya tomado el lugar que le correspondería a Kyllian. Imagino que lo hace en honor a él.

    Por lo que se ve aquí, Axlor ha sido el más afectado por la separación del grupo de la Arcadia, y parece que Ashley está queriendo reunir al grupo otra vez. Aunque lo tiene muy difícil, considerando que Cleo y Hillary deberán cumplir nuevos roles, Cinthia está en Neonia, y Lill y Snow están buscando a Jim. Tengo mucha curiosidad por saber que es lo que ocurrirá con el personaje de Ashley, que en la parte I no destacó mucho.

    Por otra parte, veo que Vanth está entrenando a un aprendiz que podría convertirse en alguien muy importante a futuro, al menos esos son los planes que tiene Narisha para él. Lo que no me ha gustado de los neonianos es que no quisieran una colonia humana en su planeta. O sea, los humanos fueron los que pelearon la guerra mientras ellos estaban muy tranquilos en el planeta. Sinceramente, son muy desagradecidos al no otorgarles una simple colonia, sobre todo considerando que fueron ellos mismos los que crearon a los Rhajik. Ellos crean el problema, otros lo solucionan, y luego no quieren mostrarse agradecidos. Realmente, empiezo a pensar que la gran mayoría de neonianos no merecía salvarse de la extinción.

    Y por último, vemos que la misión de Lill, Snow y Lio por atrapar, matar y vengarse de Jim no ha salido como ellos esperaban, y el líder de los criminales se les ha vuelto a escapar. Aunque considerando que ha perdido a varios hombres, y que también la policía de la Unión está detrás de él, creo que ha sido bueno para causarle cierto daño. Espero que Lill pueda sobrevivir al daño que ha recibido. Y también tengo curiosidad por saber si la pareja le reprochará algo a Lio por haberse quedado quieto cuando tenía a uno de los enemigos al frente, aunque se tratara de alguien a quien conocía en su pasado.

    Sin más que decir, el capítulo me ha gustado mucho. Estaré ansioso por el siguiente, saludos.
     
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  3. Threadmarks: Reinicio (Parte 2)
     
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    Tras más de un mes, aquí os traigo el segundo capítulo de la segunda parte de Los Viajeros. Tuve que terminar una historia que comencé previamente, y ya la acabé, por lo que estoy listo para concentrarme totalmente en ésta. Sin más que añadir, les dejaré con la lectura.

    PD: Debo añadir que publico éste capítulo ahora con el fin de que no haya un gran salto de tiempo entre el primer capítulo publicado y los siguientes, que serán más seguidos y vendrán a partir de la primera semana de Marzo. Hago esto para poder avanzar con la historia de una manera que me de tiempo a escribirla y tener varios capítulos listos para ser publicados, con el fin de evitar retrasos y demás.



    Reinicio (Parte 2)


    Lio y Snow sujetaban conforme podían al joven Crane, gravemente herido tras la batalla ocurrida con Jim Baker y sus secuaces. El trío se dispuso a salir del recinto en el que se encontraban pese a que la tormenta marciana estaba prácticamente sobre ellos. El objetivo era llevar a Lill a su nave con el fin de mantenerlo estable hasta llevarlo a un hospital.

    Mientras tanto, Jim corría a toda velocidad junto a Dyrian y el resto de criminales hacia una nave mercante que se hallaba atracada en aquel muelle abandonado, debido a que la tormenta podía dificultar el ascenso de la nave y la arena podía filtrarse por los conductos de ventilación u otros similares.

    Fuera de dicha nave no había ningún trabajador de ésta pues la tempestad de arena se encontraba literalmente allí. Desesperados, Jim y los pocos criminales de su bando que quedaban con vida comenzaron a buscar una forma de entrar a la nave.

    Desde el interior de ésta, parte de su tripulación encargada de mantener la vigilancia de sus cámaras externas observó para su asombro que había personas allí fuera que parecían buscar la forma de entrar y refugiarse en su nave.

    — ¿Pero qué...? — Una mujer allí presente se quedó boquiabierta al ver gente fuera — ¿Qué hacen ahí fuera con esa tormenta?

    — ¡Están locos! — Exclamo un joven, sorprendido.

    — ¡Debemos dejarles entrar, corren peligro! — Dijo otra chica, levantándose de su asiento para tomar el megáfono y alertar a toda la tripulación, especialmente a la capitana.

    — Están armados — Musitó un hombre de pronto, manteniendo la vista en las cámaras de seguridad externas — No deberíamos dejarles entrar.

    — Cierto, es sospechoso — Murmuró el joven de antes.

    — ¡Voy a avisar a todos! — Gritó la chica, dispuesta a alertar a toda la tripulación.

    — No vale la pena despertar a toda la tripulación por esto — Dijo la otra mujer, frenando las intenciones de su compañera.

    Uno de los hombres tomó un walkie que portaba y comunicaba directamente con la capitana de la nave. Debido a la decisión que se debía tomar, ésta le correspondía a la capitana.

    — Aquí Guy Lingard desde el puente de mando, solicito la presencia de la capitana Becker.

    Espero que no me hayas despertado para alguna tontería, Lingard — Respondió la capitana — ¿Qué ocurre?

    — Hay gente fuera de la nave y están buscando la forma de entrar — Indicó el hombre llamado Guy Lingard — Están armados.

    ¿Armados? Entiendo... — La capitana Becker hablaba por el walkie mientras salía de su cuarto y avanzaba por los pasillos — Muy bien, Lingard, avisa a los matones que tenemos como fuerza de seguridad, que tomen las armas y se posicionen en la compuerta de salida.

    — ¡¿Vamos a dejar entrar a esa gente?! — Una de las chicas lo veía un error — ¡¿Armados?!

    — ¿Qué pretende, capitana? — Preguntó Lingard, preocupado.

    No voy a dejar que esas personas mueran ahí fuera a merced de la tormenta — Respondió la mujer, firme en su decisión — Haz lo que te he ordenado, me reuniré con los de seguridad en la compuerta de salida de la nave y veremos que hacemos con esa gente dependiendo de sus intenciones.

    — Entendido, capitana Becker.

    El tal Guy Lingard obedeció las órdenes de su capitana y se dirigió a la habitación donde convivían los cuatro miembros del cuerpo de seguridad que se habían podido costear los tripulantes de la nave, que eran mineros y se dedicaban a la extracción de minerales de cualquier planeta en el que pudiesen aterrizar para luego venderlos a buen precio y poder vivir dignamente.

    En dicha habitación, los cuatro matones se encontraban jugando a las cartas mientras se fumaban varios puros. Cuando Lingard tocó a la puerta y se la abrieron, casi se atraganta con tanto humo, cosa que hizo reír a los cuatro miembros de seguridad, que tenían la función de proteger a la tripulación en sus incursiones a diversos planetas ante posible amenazas tales como mineros ilegales que estaban dispuestos a matar por obtener el botín.

    — ¿Qué quieres, aguafiestas? — Fue lo primero que escuchó Lingard de boca de un hombre extremadamente delgado y con el rostro demacrado.

    — ¡Bienvenido al puto paraíso, amigo! — Exclamo un hombre de complexión gorda y barba frondosa mientras soltaba varias carcajadas.

    — ¿Quieres jugar, Lingard? — Le propuso otro de los tipos, fuerte físicamente y sin un pelo ni en la cara ni en la cabeza — Demuéstranos que sabes.

    — Cerrad la puta boca todos — Dijo otro de los hombres, más serio — ¿Ocurre algo, amigo?

    Con una mano en la nariz para evitar lo máximo que pudiese aspirar el humo de los puros, Lingard se propuso hablar.

    — La capitana Becker quiere que cogáis las armas y os presentéis en la compuerta de salida — Dijo el hombre — Hay gente fuera de la nave que quiere resguardarse de la tormenta de arena, pero están armados y queremos extremar las precauciones.

    — Bueno, se acabó la fiesta entonces — Murmuró el hombre extremadamente delgado mientras se incorporaba.

    — Veamos que quieren estos tipos — Indicó el que parecía ser el más sensato, un hombre con buen físico, afeitado y el pelo peinado hacia atrás — Pillemos las armas y démosles la bienvenida a los nuevos.

    — ¡Joder, sí! — Gritó el hombre de complexión obesa y barbudo, tomando un Buster que tenía sobre una de las camas.

    Lingard regresó a su puesto a la espera de que la capitana Becker le indicara que abriese las compuertas mientras los cuatro hombres encargados de la seguridad tomaban sus armas y se presentaban en el lugar indicado. No tomo mucho tiempo hasta que tanto la capitana como los hombres fuertemente armados se encontraron en la compuerta de salida.

    — Ábrela — Ordenó la capitana mediante el walkie.

    Lingard obedeció y abrió desde el puente de mando dicha compuerta de salida. Jim Baker y su grupo vieron que ésta comenzó a abrirse y corrieron a entrar antes de que la tormenta terminara por matarlos. Pese a llevar trajes, estos estaban rasgados por la velocidad a la que les golpeaban los granos de arena, demostrando que una tormenta marciana era realmente peligrosa. Cuando se dieron cuenta, vieron a cuatro hombres armados apuntándoles y a una mujer en el centro con un walkie en la mano.

    — Soltad las armas y hablemos pacíficamente — Dijo la capitana Becker, que no reconoció el rostro de Jim Baker pese a que era literalmente el hombre más buscado del Sistema Solar.

    — Eso no será posible, Amina — Respondió Dyrian Clyne, hablando por el resto de los criminales.

    La capitana Becker centró su mirada en la mujer, reconociéndola en ese momento. Dyrian había trabajado en dicha nave y con los mismos tripulantes muchos años atrás, llegando a ser incluso la capitana de la nave en su momento. Sin embargo, Dyrian terminó abandonando su trabajo de minería cuando Jim Baker, al que ya conocía de su estancia en la colonia criminal de Ceres y al que odiaba en su momento por haberla utilizado, reapareció en su vida para proponerle un trabajo mejor pagado: ser criminal.

    Ahogada por muchas deudas y sin obtener ningún trabajo debido a sus antecedentes, Dyrian Clyne aceptó la propuesta de Jim Baker, que en ese momento ya estaba siendo perseguido por el asesinato del representante de la Tierra, Eduard Carver. Varios meses con él la habían convertido en una criminal muy habilidosa, combatiente y escurridiza, sin embargo, también la arrastró a ser perseguida por la policia de La Unión.

    — Dyrian... — La capitana no podía creerse que una ex miembro de la nave estuviese allí presente — ¿Qué haces aquí? ¿Quiénes sois?

    Tras las palabras de la capitana Amina Becker, el criminal más buscado del Sistema Solar dio un paso al frente con una sonrisa en su rostro, mostrándose muy superior a la gente que tenía enfrente.

    — Encantado de conocerte, Amina... me presento, yo soy Jim Baker — Dijo el criminal, revelando su identidad para sorpresa de la capitana y sus hombres — Y siento deciros que vais a tener que ser vosotros los que tiréis las armas al suelo.

    — Esta es mí nave y por lo tanto, mis normas — Amina era inflexible — Bajadlas o nos veremos obligados a usar la fuerza.

    — No creí que fueras tan estúpida — Dijo Dyrian, mirándola con desprecio — ¿Acaso no ves que somos más y todos vamos armados?

    Aquello era cierto, pues aparte de Jim y Dyrian, había nueve criminales con ellos frente a los cuatro miembros de seguridad de la nave y su capitana, desarmada. Los criminales, que algunos portaban sus Striker y Buster anclados a la espalda del traje, las sacaron a relucir.

    Los hombres de Jim estaban listos para disparar si así su líder lo ordenaba mientras que Amina observaba con impresión la escena. En ese momento supo que cometió un grave error al tratar de razonar con ellos mientras los había salvado de morir en la tormenta.

    — Bajad las armas — Murmuró la capitana Becker a sus cuatro hombres de seguridad.

    Los cuatro miembros de seguridad obedecieron inmediatamente a su capitana, conscientes de la inferioridad numérica y por ende la clara desventaja que tenían respecto a los criminales, sin contar que querían evitar poner en peligro a la tripulación, sin ningún tipo de habilidad para el combate.

    — ¡Vaya, que matones más inteligentes tienes! ¡Me gusta eso! — Exclamo Jim en forma burlona para cambiar su tono de forma drástica y ponerse serio — Amina, te pediría que me enseñaras el resto de mí nueva nave pero creo que Dyrian ya ha estado aquí, así que...

    — Será un placer enseñarte la Mercader IV — Murmuró la mujer apellidada Clyne con aires de grandeza — El resto, reunid a toda la tripulación en el puente de mando y mantenedlos vigilados. Nos iremos de Marte en cuanto pase la tormenta.

    — Entendido, jefa — Musitó uno de los criminales.

    Dicho y hecho, mientras Dyrian se llevaba a Jim para mostrarle todos los lugares de la nave mercante llamada Mercader IV, el resto de sus secuaces tomaba a la capitana y al resto de la tripulación para juntarla en el puente de mando con el fin de tener el control absoluto de la nave.

    [...]

    A cada paso que daban, Lio y Snow veían como Lill perdía sus fuerzas. La chica sentía pánico por el hecho de poder perder a su novio mientras que el hombre de Ceres se sentía algo culpable porque se encontraba con Lill en el momento de recibir la explosión de aquella granada de fragmentación.

    — Ánimo, ya estamos cerca — Santos trataba de subir la moral de su compañero moribundo — Tenemos la nave a la vuelta de la esquina.

    — Vamos, solo un poco más Lill — La joven Carver le pedía un esfuerzo a su chico — Te vas a poner bien, lo prometo.

    — No promet... prometas cosas... — Lill hacia serios esfuerzos por hablar pero la pérdida de sangre lo había debilitado bastante — ...que no sabes... si po... podrás... cumplir...

    Lio y Snow seguían cargando con el flojo Lill mientras la tormenta de arena comenzaba a hacer mella en sus trajes, notándose en ellos la fuerza con la que los granos de arena les golpeaban debido a los fuertes vientos y su velocidad. Tras casi diez minutos avanzando con dificultades debido a la tormenta, el trío logró llegar al lugar en el que tenía la pequeña nave que había usado para llegar a Marte.

    — Sujétalo un momento, voy a abrir la compuerta — Murmuró Snow, apresurándose en meter a su pareja en el interior de la nave.

    La joven científica se aproximó a la pequeña nave, concretamente a la compuerta que le daba acceso a su interior y pulsó un teclado táctil que servía como clave o contraseña para abrirse. Esta se abrió al momento en el que Snow pulsó las teclas correctas.

    — ¡Vamos, entrad! — Exclamo Snow, consciente de que no podía abrir la compuerta por mucho tiempo pues la arena entraría en la nave.

    Lio ayudó al joven Crane a avanzar hasta entrar en la nave y cerrar la compuerta. Lill, que no podía más, comenzó a cerrar los ojos mientras Snow observaba que el parche temporal que le había puesto en la herida se había teñido completamente de rojo.

    — ¡Tenemos que llevarlo a la cápsula de regeneración para mantenerlo estable! — Exclamo la joven Carver consciente de que a Lill no le quedaba mucho tiempo.

    Con ayuda de Lio, la chica cargó con el hombre herido hasta la sala médica de la nave, donde albergaban una cápsula de regeneración para cuando sufriesen heridas leves. Sin embargo, no podía hacer mucho con heridas graves salvo mantener al paciente en un estado durmiente con el fin de relentizar el avance a peor de sus heridas.

    Snow corrió a la máquina y la activó, haciendo que la cápsula se abriese. Acto seguido ayudó a Lio a tumbar al joven Crane en su interior, muy parecido a una camilla. Una vez tumbado, la cápsula se cerró con él dentro mientras la propia máquina recopilaba datos de la herida para realizar un diagnóstico rápido.

    — ¿Qué dice el diagnóstico? — Preguntó Snow, visiblemente preocupada y nerviosa.

    — Que tiene fragmentos metálicos en la herida y necesita ser operado en una clínica — Respondió Lio a medida que leía el rápido diagnóstico de la cápsula de regeneración — El tiempo estimado antes de que estos fragmentos puedan dañar el páncreas es de cinco horas aproximadamente.

    Snow tuvo que sentarse en una silla fruto de la ansiedad que estaba sintiendo en ese momento, al sentirse impotente por no poder ayudar mucho más a su novio. El joven Santos comprendía la sensación de la chica y no pudo evitar sentirse mal por verla así.

    — Siento que haya pasado esto — Murmuró Lio, mostrándose sincero — Aunque estoy seguro de que la tormenta amainará antes de cinco horas y podremos llevarlo al hospital de Reinicio. Se recuperará.

    — No debí haberle envuelto en esto — Comenzó a murmurar la joven Carver, muy alterada — Pu-puede morir por mí culpa, n-no debí...

    — Snow, cálmate, así no conseguirás nada — El hombre de Ceres se arrodilló ante la chica, que estaba sentada — Él hubiese venido de igual manera simplemente porque no iba a dejarte sola en esto.

    — ¡Va a morir por mí maldita culpa! — Gritó Snow con una mezcla de furia y tristeza mientras comenzaba a llorar y se echaba las manos a la cara.

    — ¡No va a morir, Snow! — Respondió el hombre de apellido Santos — Tiene cinco horas, antes de que pasen ya lo habremos llevado a Reinicio. Va a sobrevivir, es un tipo fuerte.

    Snow comenzó a asentir repetidas veces mientras trataba de calmar su ansiedad. Sin ninguna duda, el ver a Lio bastante sereno lograba que las personas a su alrededor obtuviesen la misma sensación y pudiesen tranquilizarse. Tras esto, Lio decidió dejar a la científica a solas en la sala médica mientras se sentaba en el diminuto puente de mando y observaba por el amplio ventanal del frente como pasaba la tormenta marciana, a la espera de poder llevar a su compañero al hospital de la colonia llamada Reinicio.

    [...]

    La Mercader IV era una gran nave en comparación a cualquier otra nave, fuese de origen militar o científico. Se trataba de una nave mercante cuyo trabajo era llevar a mineros junto a su maquinaria pesada a diversos planetas de los que sustraer minerales para construir. Inicialmente fue una nave que sustraía gases de planetas evidentemente gaseosos pues este material era el combustible que algunas naves requerían para surcar el espacio, pero terminó convirtiéndose en una nave minera.

    Esta nave tenía dos pisos y un sótano que se usaba de almacén, donde guardar el botín obtenido. En el primer piso y principal se hallaba el puente de mando, la compuerta de salida y veinte habitaciones para la tripulación. En el segundo y último piso, se dejaban las máquinas necesarias para perforar y sustraer los minerales en tierra firme además de hasta cuatro lanzaderas para posibles evacuaciones pero principalmente para anclar las máquinas a estas y poder sacarlas sin dificultades de la nave.

    Mientras nueve criminales mantenían a más de veinte personas encerradas y atrapadas en el puente de mando, Dyrian Clyne terminaba de mostrarle toda la Mercader IV a Jim Baker, que tras ver la nave, terminó por decidir que iba a quedársela, pues era una nave perfecta para no llamar la atención y más aún, su capacidad y amplio espacio le parecían perfectos para tenerla como base ambulante.

    — Esta nave es perfecta — El que fuera alguna vez representante de Ceres observó su alrededor con una sonrisa — He de decir que cuando comencé como criminal y fugitivo tenía unas metas más altas...

    — ¿Cuáles eran esas metas? — Preguntó Dyrian, con intriga.

    Jim y Dyrian se encontraban en el segundo piso donde podían ver diversas máquinas para minería además de cuatro lanzaderas. El dúo se encontraba de pie en el centro del amplio y largo segundo piso.

    — Liderar una banda criminal, deshacer desde dentro La Unión, gobernar a la humanidad... — Jim alzó la vista y parecía estar recordando o imaginando.

    — Bueno, lideras una banda criminal — Indicó Dyrian, algo que era evidente.

    — Cierto, pero solo somos once personas cuando llegamos a ser más de cincuenta — El líder de los criminales hablaba con cierta rabia — La Unión nos ha estado cazando uno a uno estos últimos meses, y siendo un grupo numeroso, era algo previsible.

    — Ahora será más difícil que nos encuentren, la Mercader IV es nuestra y saldremos de Marte en cuanto cese la tormenta — Dijo Dyrian con convencimiento — El único problema que veo son Lio y dos amigos suyos, nos atacaron y de eso tan solo hace unas horas, ¿cómo supieron que estábamos en Marte y concretamente en un puerto de naves abandonado?

    — Nos estuvieron observando durante un tiempo, no se precipitan... son listos — Respondió Jim recordando un repugnancia especialmente al joven Santos — Nos pillaron con la guardia baja pero si se vuelven a cruzar con nosotros... terminaremos con esto.

    Dyrian asintió ante la sentencia de Jim, sin embargo, conocía a Lio y cuando lo vio de frente no tuvo el valor de matarlo o enfrentarse a él, por lo que comenzó a dudar de si realmente sería capaz de hacerle algo llegado el momento. Sin embargo, la mujer optó por cambiar de tema y centrarse en otro inconveniente que tenían en aquel momento.

    — Hablando de terminar, ¿qué pretendes hacer con la tripulación de la nave? — La chica conocía a esa gente, por lo que quería una solución pacífica para ellos — Son inofensivos, deberíamos dejarles en tierra una vez pase la tormenta.

    — No voy a malgastar balas en gente que me ha ofrecido cobijo y a la que le voy a quitar, de alguna manera, su trabajo — Baker no tenía escrúpulos y era muy peligroso, pero sabía cuando no era necesario derramar sangre — Los dejaremos en tierra, luego tendrán que buscarse otra nave. Para cuando denuncien el robo a La Unión, ya estaremos lejos de Marte.

    — ¿Ya sabes dónde iremos? — La mujer de apellido Clyne rara vez estaba al tanto de los planes e ideas de Jim, cosa que la enfadaba pero lo disimulaba bien.

    — Sinceramente, no tengo ni idea — Jim no había pensado en ello — Hemos estado huyendo los últimos cinco meses y ahora que tenemos una nave y suministros para un tiempo, creo que nos alejaremos del territorio de La Unión.

    — Entonces, ¿saldremos del Sist...?

    Jim, Dyrian — Sus nombres se escucharon por toda la nave, pues les estaban hablando por megáfono — La tormenta de arena está decayendo, según los pilotos de la nave, la intensidad ha bajado y podríamos irnos.

    — ¿Has oído? Vayamos al puente de mando y veamos que tenemos — Indicó Jim, poniéndose en marcha seguido de Dyrian.

    El dúo puso rumbo al primer piso, concretamente al puente de mando de la Mercader IV. En dos minutos se presenciaron allí ante toda la tripulación de la nave y los criminales. Estos portaban las armas y tenían sentados a todas las personas en el suelo, exceptuando a la capitana Becker, que parecía querer llegar a un acuerdo.

    — ¡Podemos hacer algún trato, señor Baker! — Amina clamaba por evitar que ella o su tripulación sufriese algún tipo de daño.

    — ¿Quiénes sois pilotos? — Jim necesitaba que los pilotos, al menos uno, permaneciese en la nave.

    Los criminales señalaron a cuatro personas, una de ellas era ese tal Lingard. Amina asintió y levantó la mano, confirmando que también sabía manejar una nave.

    — Déjales marchar a todos y me quedaré con vosotros para pilotar la nave — La capitana Becker decidió así sacrificarse de alguna manera por el resto de la tripulación.

    — Bienvenida a bordo — Murmuró Jim con una sonrisa de oreja a oreja — Ahora el capitán de ésta nave soy yo así que las órdenes las daré yo, ¿entendido?

    — Entendido — Musitó Amina, cabizbaja.

    — Los demás podéis iros, sois libres — Dijo Dyrian, queriendo evitar que se tuviese que quedar alguien más bajo las órdenes de Jim.

    — Lo cierto es que nos vendría bien un segundo piloto, si no veo mal, el puente de mando tiene hasta cuatro asientos... — El que fuera representante de Ceres exigía ahora otro piloto.

    El resto de personas que tenían la titulación de pilotaje se miraron con tensión y temor. Nadie sabía si dar un paso al frente o negarse, pues se trataba del criminal más buscado del Sistema Solar y quería llevarte con él.

    — ¡Yo sola puedo pilotar la nave! — Exclamo Amina, viendo que la situación podía ponerse fea.

    — ¡Cierra la boca! — Gritó un criminal, golpeando a la capitana con la culata de su Striker.

    Amina cayó al suelo fuertemente y Lingard se aproximó rápidamente a ella, asegurándose de que su capitana estuviese bien. En ese momento observó al resto de pilotos que temían decir que ellos lo eran, por lo que se armó de valentía y se ofreció para el puesto. Dyrian lo conocía y sabía que él no era realmente un piloto, sin embargo, entendió perfectamente su valentía y decidió no decir nada.

    — Yo soy piloto, me quedaré con vosotros — Lingard se mostraba serio.

    — Guy, no es nec...

    — Quiere dos pilotos... — El tipo llamado Guy Lingard miró con seriedad a Jim Baker — ...ya los tiene.

    [...]

    La tormenta había pasado finalmente y con ello también se había ido la noche. La luz solar volvía a iluminar la superficie rojiza de Marte y todo comenzaba a rodar de nuevo. Habían pasado dos horas hasta que la tormenta había perdido fuerza y a Lill le quedaban tres horas para ser atendido por especialistas. Una vez el cielo se despejó y los fuertes vientos con arena desaparecieron, Lio puso en marcha la pequeña nave y puso rumbo hasta la colonia más grande del planeta rojo.

    La nave aterrizó en un pequeño muelle propiedad de La Unión, pues tanto Lio como Snow supusieron que podrían atender con mayor rápidez allí a Lill que en un hospital convencional. Al descender la nave, varios soldados del gobierno humano interplanetario aparecieron con sus Striker en mano pues no reconocían esa nave como suya.

    El vehículo hizo contacto con el suelo y apagó el motor mientras más de diez soldados hacían acto de presencia para defender la pequeña base ubicada en Reinicio. Acto seguido la compuerta de salida comenzó a abrirse y los soldados prepararon el gatillo dispuestos a defenderse, sin embargo, reconocieron al instante a Lio y Snow, que cargaban con un Lill visiblemente herido.

    — Nec... necesita ayuda... — Snow estaba algo agotada debido a las muchas emociones vividas en la noche anterior.

    — No se preocupe, señorita Carver — Dijo uno de los soldados — Lo llevaremos a la sala médica.

    Varios soldados aparecieron con una camilla en la que colocaron cuidadosamente al joven Crane, que no parecía muy consciente de la situación. Mientras lo llevaban a la sala clínica, una soldado se aproximó a Snow y Lio.

    — Bienvenidos a la base Stagger de La Unión — Dijo la mujer con seriedad — Me gustaría que me dijeran que ha pasado con el cartógrafo y explorador Lill Crane.

    — ¿Cómo sabes su nombre? — Preguntó Snow, muy impactada.

    — Están en una base militar de La Unión, las cámaras tienen sensor facial — Respondió la soldado, señalando a su alrededor — ¿Qué ha ocurrido?

    — Tuvimos un enfrentamiento con criminales y fue alcanzado por una granada de fragmentación — Murmuró Lio Santos, sin querer decir mucho más.

    — ¿Criminales? — La soldado quedó pensativa — Anoche el radar detectó actividad ilegal en el muelle de atraque abandonado, pero debido a la tormenta no intervenimos. ¿Fueron ustedes?

    — Intentábamos dar caza a Jim Baker — Dijo Snow, soltándolo como una bomba informativa — Me sorprende que vuestra tecnología no lo detectase a él, siendo el humano más buscado del Sistema Solar.

    — Tenemos un departamento en cada colonia aquí en Marte exceptuando de aquí en Reinicio, donde tenemos una base — La soldado trató de excusarse — Más allá de las colonias, en los yermos, no hay ley y es lógico que si el señor Baker y sus criminales no han entrado en ninguna colonia marciana, no lo hayamos detectado.

    — Es sorprendente que en la Tierra haya cámaras y ojos por todos lados y en Marte no pongamos cámaras más allá de las colonias — Lio lo veía realmente estúpido — Creo que si colonizamos un planeta, debemos tenerlo todo bajo cierto control y vigilancia.

    — La Tierra es la capital humana y nuestro planeta natal, es lógico que con tantos años habitándola tengamos vigilancia en cualquier esquina — La mujer parecía estar molesta porque le estuviesen reprochando a ella — En fin, eso háblenlo con los representantes de La Unión.

    — Por cierto, ¿está la representante Allier aquí? — Snow quería visitarla y hablar con ella.

    — Salió ayer por la mañana en dirección a Neonia para atender ciertos asuntos — Murmuró la soldado — Podrían contactarla por videoconferencia pero salvo que sea algo importante...

    — No lo es, podemos esperar — Dijo Snow, quitándole importancia.

    — Muy bien, si me disculpan, necesito que uno de los dos venga conmigo para darme toda la información y los detalles del encuentro con Jim Baker y su gente.

    Snow y Lio se miraron, sin saber cuál de los dos ir.

    — Venga usted, señorita Carver — Dijo la soldado, pareciendo tener preferencia por la hija de un representante fallecido antes que por un hombre cualquiera — Después, si lo desea, la pondré en contacto con la representante Allier.

    — Perfecto, la sigo.

    Snow decidió acompañar a la soldado de La Unión para contarle toda la información recabada por Jim Baker mientras Lio se quedaba solo en aquella pequeña base marciana. Sin saber que hacer, el hombre de Ceres decidió darse una vuelta por el lugar antes de salir y ver la colonia de Reinicio.

    El complejo de La Unión era realmente más pequeño que la sede principal en la Tierra, pero no por ello era menos avanzado. Lio comprobó que había hasta tres pisos y en el primero había una recepción que atendía a civiles para cualquier consulta que quisiesen hacer, como poner denuncias, dar su currículum para poder trabajar en La Unión, mostrar algún proyecto de interés, empadronamiento en alguna colonia... Cualquier cosa jurídica.

    Lio se dispuso a conocer los otros dos pisos de aquella base cuando de pronto dos soldados de La Unión comenzaron a llevarse a rastras a un hombre que portaba una libreta con muchos papeles que salieron volando al éste ser arrastrado hasta fuera. El joven Santos decidió tomar los papeles que se le iban cayendo al hombre de la libreta mientras gritaba y pataleaba para que los soldados le soltaran. El resto de personas miraban la escena con tensión y curiosidad.

    — ¡Malditos idiotas! — Exclamo aquel hombre desde el suelo — ¡Solo intento proporcionarle una ventaja a la humanidad!

    — ¡Ya le han dicho que su proyecto queda denegado! — Le gritó uno de los guardias, volteándose para regresar al interior del lugar.

    — Váyase de aquí o será encarcelado — Musitó el otro guardia.

    — Que te den, capullo.

    Los dos guardias entraron en el interior del edificio de La Unión mientras Lio salía de este, observando al hombre con intriga y con los papeles que le habían caído en la mano. Al acercarse más a él, Santos abrió los ojos y se quedó quieto, pues parecía haberle reconocido. El hombre, incorporándose del suelo mientras se colocaba bien la ropa arrugada, quedó también asombrado cuando vio de frente al hombre de Ceres.

    — No puede ser... — Lio se cruzó de brazos con varios papeles arrugados en una mano — El maldito Westley Finn.

    — Mierda, Lio... — Murmuró West antes de comenzar a correr.

    — ¡Esta vez no, capullo! — Exclamo Leonardo Santos, comenzando a correr tras su antiguo amigo.

    Westley se metió en unos callejones para tratar de despistar a Lio, que contaba con la desventaja de no conocer bien las calles de Reinicio. Sin embargo, Lio no iba a dejar escapar a un hombre que lo abandonó en la colonia criminal de Ceres tomando una lanzadera que ambos estaban construyendo junto a Dyrian, usándola estos dos para huir del pequeño planeta mientras la banda de Jim Baker buscaba a Lio.

    Leonardo Santos continuaba persiguiendo a Westley Finn, que pese a ser más rápido, no lograba despistar a su conocido amigo. West entonces giró por otro callejón que daba directamente a la calle principal de la colonia donde transitaba mucha gente. Cuando Lio se dio cuenta, West ya se había esfumado entre toda la multitud.

    — Bastardo escurridizo... — Murmuró el hombre de Ceres, frustrado por haberle perdido la pista.

    El hombre moreno comenzó a observar a su alrededor en busca de su antiguo amigo, sin éxito. No obstante, vio como un hombre que parecía ser el propio West se metía en una lanzadera taxi junto a varias personas. Decidido, Lio corrió a toda velocidad apartando gente a empujones mientras trataba de alcanzar dicha lanzadera. Justo cuando la compuerta de ésta iba a cerrarse, el joven Santos logró meterse en ella. Las personas comenzaron a observarle de manera extraña mientras la compuerta del otro lado se abría y de ella salía West, huyendo rápidamente del vehículo.

    — ¡Para de una puta vez, West! — Exclamo Lio, apartando de nuevo a la gente de su camino.

    Logrando salir de la lanzadera antes de que aquella compuerta se cerrara, Lio retomó de nuevo la persecución mientras West tomaba distancia. Sin embargo y de manera repentina, el joven Finn chocó contra un policía de La Unión que patrullaba la calle, provocando que ambos cayeran al suelo mientras se dolían fuertemente por el golpe.

    Acto seguido, Westley trató de incorporarse pero Lio le puso la bota en el pecho evitando así su huida. El policía de La Unión se incorporó doliéndose del golpe y visiblemente enfadado con el choque mientras observaba a West con ira.

    — ¡¿Qué mierda haces corriendo sin mirar?! — Exclamo con rabia el policía, que al momento miró a Lio — ¡¿Quién eres tú?!

    — Me llamo Leonardo Santos, yo respondo por este hombre — Respondió el joven Santos, levantando a Westley del suelo — Discúlpelo, estaba corriendo porque no quería llegar tarde a una reunión con un viejo amigo al que no ve desde hace años. Tenemos prisa, perdone.

    El policía frunció el ceño y miró a Westley con recelo, pero considerando la educación del ex miembro de La Unión disculpándose por lo ocurrido, decidió dejarlo pasar por esa vez. El policía se fue, dejando a Lio y West allí en medio de la calle mientras la multitud iba y venía.

    — Lio, de verdad, siento mucho lo que ocurrió en su momento, Dyrian y yo no...

    — Cállate, no vamos a hablar de eso aquí en medio de la calle — Lio se puso serio mientras comenzaba a fijarse en los papeles que había tomado de los apuntes de West — Llévame a donde vivas y me cuentas porque estabas en la base de La Unión.

    — Está bien, pero... ¿podrías devolverme esos papeles? — West tendió la mano para obtener sus papeles — Son de un proyecto muy importante que tengo entre manos.

    — ¿Y de qué trata? — Lio tenía cierta curiosidad, por lo que no le dio los papeles sin antes saber de que trataba.

    — ¿De qué crees? Sigo con el negocio de las armas — Respondió West con incredulidad — Es un arma que revolucionará el mercado.

    — ¿Entonces por qué presentar el proyecto a La Unión? — Preguntó Lio, cada vez más intrigado e interesado.

    — Pensé que a La Unión le interesaría la creación de una nueva arma, pero el hecho de que use tecnología Rhajik parece que les ha echado atrás — Respondió el joven Finn, mostrándose entusiasmado con su proyecto — Van a desmantelar mí proyecto en tres días si no entrego toda la tecnología Rhajik que poseo, por lo que me vendría bien tu ayuda.

    — ¿Qué quieres de mí, West?

    — Saca mí proyecto de Marte y serás el primero en probar el potencial armamentístico de la Rhajead. La distribuiremos ilegalmente y te daré parte de los beneficios — Westley parecía hablar muy en serio — Tecnología humana y tecnología Rhajik fusionada en un arma, ¿qué me dices?

    — Creo que estás chiflado — Murmuró Lio, consciente de que eso los convertiría a ambos en criminales — Pero también creo que si esa arma que has creado merece la pena, hablaré con algunas personas para que La Unión reconsidere tu creación.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido Propenso a dormirse en clase

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    Hola amigo. Paso a comentar el capítulo. Debo decir que en mi opinión general, estuvo bien. Nada más ni nada menos. Por lo que se ve aquí, a Jim y a su grupo no les han dado caza desde hace mucho tiempo y que sus números han mermado demasiado si es que su grupo original era tan grande antes. Me sorprende mucho que Amina, Guy y ninguno de los otros que iban a bordo de la nave supieran sobre lo de Jim y su condición como el más buscado de la galaxia. Entiendo que a lo mejor usaban la nave para otros propósitos como la minería y que no estaban muy atentos a las últimas noticias, pero aun así sorprende. Es decir, el tipo más buscado y probablemente más peligroso del sistema solar y no son capaces de reconocerlo de entrada, me parece una gran imprudencia.

    Luego vemos a Dyrian algo dubitativa sobre lo que ocurrió con Lio en el pasado. Me pregunto que es lo que podría ocurrir si se encuentran de nuevo en un enfrentamiento. Es decir, si fuera solo un asunto de ellos dos, probablemente podrían solucionar las cosas hablando, pero no se trata de eso solamente, ya que involucran a más personas. Tengo el ligero presentimiento de que la lealtad de Dyrian a Jim no es al 100%, pero por el momento claramente estará con él. A esperar para lo que pasará al futuro.

    Amina y Guy me han dado la impresión de que se unen a Jim más por obligación que por gusto, aunque habrá que ver como avanza la cosa. Tengo el presentimiento de que podrían intentar buscar la forma de entregarlo a la Unión, o bien eliminarlo ellos mismos, pero por otra parte, no los veo muy convencidos con nada al hablar. Tal vez exista la posibilidad de que terminen tomándole el gusto a la vida criminal al final, pero hablo demasiado.

    Si una chica merece el título a la más tierna del universo, esa es Snow sin duda alguna. Está más que claro que ella ama a Lill, y el verla preocupada así me duele un poco. Tras haber perdido a su padre, ella no merece más dolor del que está pasando. Ojalá pueda recuperarse y seguir en su objetivo junto a sus compañeros.

    Por último, me resulta curioso que Lio se vuelva a encontrar con West. Parece que tiene un imán para ex compañeros (ojalá lo use cuando tenga que encontrarse con Hill XD). Me pregunto si de alguna manera Lio podría llevarlo por el buen camino, porque a pesar de que haya escapado de la colonia criminal, parece que sigue metido en el mundo de lo ilegal. Queda esperar para ver las verdaderas ambiciones de West y de lo que Lio pueda hacer con él.

    Esperaré el siguiente capítulo, y también para ver el desarrollo que reciben los nuevos personajes, que al empezar con desventaja, van a requerirlo para poder alcanzar a los de la parte I. Saludos y hasta la próxima.
     
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    Tras más de un mes, aquí traigo la continuación a la segunda parte de esta historia. No tengo mucho más que añadir, simplemente espero que os guste.



    Las cinco arcas





    — Bienvenido a mí casa provisional — Dijo West mientras cerraba la puerta pasando una tarjeta por el pomo electrónico — Perdona el desorden, cuando me involucro en un proyecto lo dejo todo hecho una mierda.

    — He visto sitios peores.

    Lio observaba el salón principal de la casa del joven Finn. Pese a ser algo pequeño, el anfitrión de la vivienda había logrado que hubiese mucho espacio en el centro del cuarto, mientras que a un lado estaba un sofá con diversas mantas arrugadas, un escritorio con una gran cantidad de papeles y dibujos de lo que parecían ser prototipos y finalmente una televisión anclada en la pared y de muchas pulgadas.

    — ¿Quieres algo para beber? — Preguntó West desde su diminuta cocina — ¿Whiskey? ¿Ron? ¿Tal vez, agua?

    — No, gracias — Respondió Lio con cordialidad.

    Lio se mantuvo de pie en medio del salón mientras esperaba a que West se pusiese algo para beber. Tras unos largos segundos, el tipo salió con un vaso lleno hasta arriba de lo que parecía ser ron destilado. Se aproximó al joven Santos con el vaso y se lo ofreció sin decir nada, cosa que fue rechazada por el invitado casi al instante.

    — ¿Me vas a contar de una jodida vez que pretendes con tu proyecto? — Lio quería entrar al grano.

    — Oh, sí, claro — West le dio un sorbo al vaso y lo dejó sobre una pequeña mesita al lado del sofá — Sígueme.

    Westley caminó por un pasillo corto y estrecho, seguido de Leonardo, hasta llegar a la única habitación que había en la casa. Lio pudo ver como la cama estaba deshecha y había ropa esparcida por el suelo.

    — Es por aquí.

    West entró en su habitación y se dirigió a lo que parecía ser un armario, sin embargo, al abrirlo quedó claro que no lo era.

    — Ahora entiendo porqué tienes toda la ropa por el suelo — Murmuró el joven Santos, irónico.

    Tras abrir aquel supuesto armario se veían unas escaleras que bajaban, por lo que el traficante de armas fue el primero en pasar. Lio supuso que se trataría de algún sótano secreto que tenía aquella casa y que West había estado usando para dar forma a su proyecto de arma. Efectivamente, los pensamientos del hombre de Ceres se hicieron realidad cuando al bajar las escaleras, una amplia habitación muy bien iluminada se abría paso ante ellos.

    El lugar estaba pensado para fabricar y crear, cosa que había estado haciendo el propio Westley. Además y para sorpresa de Lio, también había hueco para una galería de tiro. Había partes de armas humanas tales como el Striker, el Buster e incluso el Rypper neoniano, no obstante, lo que llamaba la atención eran las partes de Rhajik, especialmente sus cabezas y por donde disparaban su potente láser.

    — ¿Cómo has conseguido los restos de Rhajik? — Preguntó Lio, intrigado e impactado.

    — De cuando invadieron Marte en su ataque a nuestro querido Sistema Solar — Respondió West con aires de grandeza — Se limpiaron las colonias pero en los yermos aún te puedes encontrar a estas máquinas destruidas. En muchos casos han sido despedazadas por carroñeros como yo, en otros te tienes que meter en el submundo ilegal para obtener diversas piezas — West observaba el rostro de sorpresa de su compañero — Eh, el proyecto ya está terminado, ¿quieres ver la Rhajead?

    — Por supuesto.

    West se dirigió a un armario que portaba contraseña y sin importarle que Lio la viese, la puso y dicho armario se abrió, mostrando diversas armas colgadas pero llamando la atención una que era absolutamente desconocida para el hombre de Ceres y que tenía un aspecto demoledor.

    — Adelante, tómala — Musitó West, sonriente — No muerde.

    Lio la tomó con precaución y comprobó que no pesaba mucho, de hecho, era mucho más ligera que cualquier otra arma que hubiese tenido. Creada a partir de restos de la tecnología Rhajik y combinada con tecnología humana, se trata de un arma parecida a la antigua AK47 que usaban los humanos pero con la diferencia de que disparaba rayos láser y tenía un diseño parecido al Striker para familiarizar el arma. En lugar de gatillo tenía un botón para disparar y no necesitaba de munición pues funcionaba con energía solar y debías evitar que se sobrecalentase.

    — Voy a probarla — Musitó Lio, deseoso de hacerlo.

    — Claro, ahí tienes la galería de tiro — Indicó West, visiblemente orgulloso de su creación.

    El hombre de Ceres se aproximó a la galería de tiro y apoyó la culata de la Rhajead sobre su hombro derecho, apuntando a una de las dianas. Estas estaban hechas de un metal realmente resistente, por lo que con un disparo no serían perforadas. Lio se puso en posición y apretó el botón, manteniéndolo.

    Del arma salió un disparó láser que era idéntico al de los Rhajik y que además, si mantenías el botón, no dejaba de disparar el rayo. No obstante, la Rhajead tenía una pequeña pantalla encima de la mira que te advertía del calentamiento de ésta, por lo que no podías estar mucho tiempo manteniendo el disparo o por ende el arma se desconectaría hasta enfriarse.

    El disparo de Lio dio casi en el centro y cuando éste cesó se pudo ver como salía humo de la diana metálica. El joven Santos estaba gratamente sorprendido con la increíble creación que había hecho Westley y no entendía como La Unión había rechazado fabricar el arma y comprarle la patente al joven Finn, haciéndolo rico.

    — Es... es increíble — Lio estaba alucinado — Se siente como si manejara a un Rhajik.

    — Me ha tomado muchos meses perfeccionarla para que no tenga fallos y llegar a este punto — West le había dedicado todo su tiempo al proyecto — Es una pena que los idiotas de La Unión la rechacen solo por tener tecnología Rhajik diciendo que asustaría a la gente.

    — Veré que puedo hacer para que cambien de opinión — Murmuró Lio, regresando el arma a su dueño — ¿Solo tienes esa fabricada?

    — ¿Qué te esperas? Solo soy un tipo, no manejo una fábrica de trabajadores y les pido que me la hagan — Respondió el joven Finn, algo molesto con la pregunta — Por eso la lleve a La Unión, sé que ellos pueden fabricar más como estas y convertirse en un arma al servicio de la humanidad.

    — Es una pena, a mí y a unos amigos nos vendrían bien un par de Rhajead para cazar al maldito Jim — Dijo el joven Santos, lamentando que solo existiese una de esas armas.

    — ¿Cómo? — West frenó la conversación — ¿Has dicho... Jim?

    — Sí, ¿por? — Lio lo veía como algo indiferente — Llevamos más de cinco meses detrás de él. Yo y dos amigos que desean verlo morir tanto como yo.

    — ¿Por qué no lo has dicho antes? — West dejó la Rhajead en aquel armario de armas — Yo también quiero ver a ese idiota muerto, me hizo la vida imposible en Ceres hasta que... bueno, ya sabes, me fui con Dyrian y eso...

    — ¿Sabes algo de ella? — Lio quería ver si su compañero conocía el paradero actual de la mujer.

    — Hace meses que no la veo, la última vez que la vi me dijo que había encontrado un trabajo y que no nos volveríamos a ver — West estaba siendo sincero — No me dio explicaciones, solo se fue. Supongo que ese trabajo era demasiado bueno como para llevarme con ella.

    — Ese trabajo es el de criminal al servicio del ex representante Baker — Dijo Lio con contundencia — Vi a nuestra Dyrian de su lado, pudo haberme atacado y no lo hizo... pero trabaja para él.

    — ¡Eso es imposible! — Exclamo el joven Finn, sin poder pensar en ello — ¡Ella odiaba a Jim tanto como nosotros!

    — Pues parece que prefirió el dinero.

    — No puede ser...

    — Pues es la verdad, West.

    — Déjame ir contigo y con quienes sea que pretenden acabar con Jim — Dijo de forma repentina el traficante de armas llamado Westley — Quiero darle caza a ese capullo y quiero unas explicaciones de Dyrian Clyne.

    — Ya somos dos, amigo — Dijo Lio, tendiéndole la mano — Cuando me dejasteis en Ceres os odié a muerte, pero si la Rhajead es mía, eres bienvenido a bordo.

    — Te la daré solo si me aseguras que conseguirás que La Unión comience a fabricarla — West quería que su producto fuese conocido pues con ello ganaría mucho dinero de forma legal — ¿Qué me dices, Lio?

    — Tenemos un trato.

    [...]

    Frente a la gran sede de La Unión, en la Tierra, había una gran explanada con diversas estatuas conmemorativas que, siguiendo un orden, relataban la historia de la humanidad desde sus inicios. Era un lugar muy grande y amplio que también tenía cafeterías y tiendas para los turistas de otras partes del mundo o de otras colonias que visitaban la zona.

    En una de esas cafeterías se encontraba Hillary Murphy, miembro de la que fue la tripulación de la Arcadia en la guerra Rhajik. Ahora sin una ocupación, La Unión había pensado en ofrecer a la mujer el puesto de representante terrestre, algo para lo que había pedido una semana de tiempo para pensárselo. Habían pasado tan solo dos días desde que le ofrecieron el puesto, por lo que decidió llamar a la única persona del grupo con la que contactó desde que se disolvió la tripulación.

    Hillary y Ashley habían estado viéndose a lo largo de esos cinco meses que habían pasado desde el desenlace de la guerra, siendo los únicos miembros del grupo que se seguían viendo desde entonces. Al ver como le ofrecían un cargo tan alto, la soldado Murphy decidió quedar con la soldado Ripley para contarle acerca de la propuesta.

    Sentada en una de las mesas de fuera de la cafetería, Hillary esperaba a que su amiga y ex compañera de equipo apareciese para reunirse tras unas semanas sin verse y contarle que tenía en sus manos el puesto de representante de la Tierra, vacante tras el asesinato de Jim Baker a Eduard Carver, anterior representante.

    No pasaron más de diez minutos de la hora fijada para verse cuando la joven Murphy vio, desde su posición, como una lanzadera — algunas lanzaderas realizaban la función de taxi o bus — aterrizaba en una zona exclusiva para ello, justo en el principio de la explanada conmemorativa de La Unión. De ella comenzó a salir gente y Hillary reconoció rápidamente a Ashley, pero para su sorpresa, iba acompañada de Arva y Axlor. Aquello le hizo dar un salto de la silla con una gran sonrisa y dirigirse hacia ellos.

    — ¡Cuanto tiempo! — Exclamo Hillary, abrazando muy fuerte a la piloto Tidder — ¡Te veo igual que siempre, Arva!

    — Ya sabes que no me gusta cambiar mucho mi estética — Respondió Arva, que siempre había tenido el pelo corto y no le sobrepasaba más allá del cuello — ¡Tú estás genial, Hill!

    — No digas tonterías — Musitó la soldado Murphy, dirigiéndose a Axlor para darle un abrazo — ¡Axlor!

    — ¿Qué tal, Hill? — Preguntó el joven Vaalot mientras devolvía el abrazo.

    — Muy bien, no me puedo quejar — Murmuró Hillary, mirando al hombre con curiosidad — Te noto distinto, ¿ha ocurrido algo?

    Arva y Ashley se miraron al oír la pregunta de Hillary. Axlor había pasado esos cinco meses culpándose por la muerte o desaparición de Kyllian y Naylon, por lo que se había vuelto algo más introvertido y menos expresivo. Además de ello, el pelo largo que portaba y que a veces tenía que colocarse con coleta, pasó ahora a ser un pelo extremadamente corto, como si de un soldado raso se tratase.

    — No, todo bien — Musitó Axlor con seriedad.

    — ¿Nos sentamos? — Intervino rápidamente la joven Ripley, para evitar un silencio incómodo — Este es un gran sitio para hablar.

    — No lo es en absoluto — Murmuró Axlor, viendo a cierta distancia unas estatuas conmemorativas a Jefferson, Kyllian e incluso Naylon.

    — Axlor, ya vale — Arva le recriminó, molesta — Somos todos amigos, tomemos un café en paz.

    Axlor asintió, consciente de que estaba amargando la reunión. Un camarero se aproximó al momento y tomó nota a los cuatro ex miembros de la Arcadia mientras estos conversaban sobre sus quehaceres diarios y sobre como les iba la vida. No obstante, lo interesante llegó cuando Hillary dejó caer la proposición de La Unión.

    — ¿Qué era eso que querías contarme? — Preguntó Ashley, sonriente — Por teléfono parecías muy exaltada.

    — Con motivo — Respondió Hillary, dispuesta a soltar la bomba — La Unión ha contactado conmigo y me ha ofrecido el puesto de representante de la Tierra.

    Ashley, Arva y Axlor se miraron gratamente sorprendidos al oír las palabras de Hillary. Conocían que La Unión estaba buscando representante pero no esperaban que lo propusieran a algún miembro del equipo de los viajeros.

    — ¡Eso es... es increíble! — Exclamo la soldado Ripley, contenta por su amiga.

    — ¿Y qué les dijiste? — Preguntó Arva, con curiosidad.

    — Que me lo pensaría — Murmuró la soldado Murphy, seria — Hablaron conmigo hace unos días, me dieron una semana para decidirlo. Sino buscarán a otro candidato.

    — ¿Vas a aceptar? — Intervino el joven Vaalot en la conversación tras mantenerse inicialmente callado.

    Hillary le dio un sorbo al café con leche que se había pedido y agachó la mirada, demostrando claramente que tenía dudas.

    — No seas tonta, está muy bien pagado y además, no tienes que ensuciarte las manos — Indicó Ashley, tratando de alentar a su compañera — Podrías contribuir a que la Tierra fuese un lugar mucho mejor y...

    — Y tomarías decisiones complicadas que afectarían a la humanidad... — Las palabras de Axlor vinieron seguidas de un silencio incómodo.

    — Tomarías esas decisiones en conjunto con Chloe y Cleo, así que no recae todo el peso en ti — Tras esto, la piloto Tidder fulminó con la mirada a su pareja, recriminándole lo dicho anteriormente.

    — Me quedan algunos días más para tomar la decisión, todavía no lo tengo claro — Hillary estaba siendo sincera — Me hice soldado para defender a la humanidad en el campo de batalla, esto es distinto.

    — La defenderías igual, pero diplomáticamente — Musitó Ashley, con la convicción de que su amiga sería una buena representante — De todas formas, piénsatelo. Haz lo que sientas y creas mejor, Hill.

    Hillary observó a su compañera con una media sonrisa, agradecida a ella y a sus otros dos compañeros por el apoyo, algunos más que otros. La conversación tomó una pausa para disfrutar del café que cada uno de ellos tenía enfrente, degustándolo en aquella gran explanada llena de historia y de vida.

    [...]

    Cinco días después


    La nave humana llamada L1 había realizado la travesía espacial del Sistema Solar al Sistema Neon con una duración de seis días aproximadamente. En el interior de la nave, además de la tripulación de La Unión que la pilotaba y mantenía, estaban las dos únicas representantes del gobierno humano: Chloe Miller y Cleo Allier.

    Las dos mujeres, representantes de la Luna y Marte respectivamente pero liderando a la humanidad de manera interina, habían viajado hasta el planeta natal neoniano con el objetivo de reunirse con su líder y representante actual, Narisha Taaliv.

    La reunión, que se había demorado cinco meses después de la guerra Rhajik debido a que la humanidad se encontraba recuperándose de todo lo sucedido y los neonianos regresaban a su hogar, finalmente había llegado e iba a tratar un único tema: el puesto de una colonia humana en Neonia.

    La nave L1 acababa de recibir el permiso de los neonianos para atracar en su único muelle, próximo a su único poblado. Mientras la nave humana realizaba sus maniobras para aterrizar, las representantes comenzaban a prepararse para salir y ser escoltadas hasta la vivienda de Narisha, lugar donde ocurriría la reunión.

    Una vez las mujeres salieron de la nave, se encontraron con cuatro neonianos armados con su arma estándar, la Rypper, decididos a escoltarlas. Chloe y Cleo no entendían aquello, pues resultaba extraño que tuviesen que estar protegidas. Tratando de no darle mucha importancia y centrándose en la belleza que atesoraba Neonia a cada paso que daban, Cleo y Chloe llegaron al lugar indicado.

    Los soldados neonianos se retiraron sin decir nada y volvieron tras sus pasos, dejando a ambas representantes humanas en un jardín clausurado que tenía una casa realmente amplia para solo una persona. No tuvieron que esperar mucho hasta que aparecieron Narisha y Vanth, que era de alguna forma, su mano derecha.

    — Bienvenidas a Neonia — Dijo la representante Taaliv, realizando un saludo humano como lo era el abrazo y sorprendiendo a las chicas — Es un placer recibiros en mí hogar.

    — El placer es nuestro, Narisha — Dijo Chloe, agradecida.

    — Me alegra verte, Vanth — Musitó Cleo, sonriente.

    — Lo mismo digo, Cleo — Respondió el neoniano, algo serio.

    — Por favor, seguidme — Indicó la líder neoniana mientras señalaba la entrada a la vivienda — Hablaremos mejor dentro.

    Narisha y Vanth acompañaron a Chloe y Cleo al interior de la casa de la representante neoniana. Dicha vivienda era realmente espaciosa y contaba con un holograma a tiempo real del mapa de Neonia, vislumbrándose varios puntos azules por alrededor del globo.

    — ¿Qué son esos puntos azules? — Preguntó la representante Allier, invadida por la curiosidad.

    — Son nuestras tropas — Musitó Vanth — Están peinando el planeta en busca de tecnología antigua.

    — ¿Tecnología antigua? — Cleo estaba intrigada.

    — Así es — Intervino Narisha con suavidad — Antes del exterminio al que fuimos sometidos por los Rhajik, como sabéis, éramos una especie realmente avanzada. Por lo que sabemos de nuestros antepasados, era una época dorada.

    — Creemos que puede haber tecnología de nuestros antepasados repartida por Neonia y el resto de planetas de nuestro sistema — Añadió Vanth Dheer — Somos muy pocos, por lo que hemos enviado tres patrullas a explorar el resto del planeta. Lo primero es reconocer de nuevo nuestro territorio.

    — La humanidad podría ayudar — Murmuró Chloe, hasta ahora callada y pendiente de la conversación — Una vez establezcamos nuestra colonia aquí, cooperaremos de manera asidua en cualquier cosa que necesitéis. El beneficio siempre será mutuo.

    Vanth miró con seriedad a su representante, pues el neoniano conocía de primera mano las sensaciones del resto de su especie respecto a una estancia permanente de los humanos en su planeta. Narisha asintió y ofreció asiento a las representantes de La Unión en lo que parecía un sofá alargado y cómodo.

    — Hablemos de la colocación de vuestro puesto — Dijo Narisha, ahora más seria — Hemos sondeado a los nuestros para conocer la predisposición a colaborar con los humanos y daros un lugar aquí...

    — No están por la labor — Vanth cortó a su representante, algo que ella le hizo saber con la mirada — Disculpad, no quería interrumpir.

    — No lo entiendo — Chloe tomó la palabra — Os dimos cobijo en la Tierra para evitar vuestra total extinción y luchamos contra los Rhajik, vuestra propia y errónea creación, sufriendo miles de pérdidas y utilizando nuestros recursos... ¿y ahora os negáis a dejarnos establecer una colonia humana aquí?

    — No nos negamos — Musitó la representante neoniana — Tendréis una colonia en Neonia. Simplemente queremos buscar la forma de que nuestra gente comprenda la situación.

    — No queremos causar problemas, pero tampoco queremos ser despreciados después de lo que hemos hecho por vosotros — La representante Allier hablaba con seriedad — Creo que nuestra alianza nos beneficia a ambos, especialmente a los neonianos.

    — Y nadie lo pone en duda — Musitó Vanth — Pero queremos que nuestra voz también sea escuchada.

    — ¿Acaso no lo ha sido? — La representante marciana comenzaba a molestarse — Hemos luchado una guerra que no era nuestra.

    — Pero vuestro objetivo no era salvar a los neonianos, era colonizar Neonia — Dijo Vanth, serio — Habéis luchado por vuestros propios intereses.

    La situación y la conversación estaban comenzando a tensarse, por lo que hubo un minuto de silencio y de cruces de miradas para no llegar a un malentendido. Tras un momento de tranquilidad, la reunión retomó el tema.

    — Somos conscientes de que estamos en desventaja y tenemos menos poder de decisión — Narisha hablaba con tranquilidad — No habrá problemas en que forméis una colonia en nuestro planeta. ¿De cuantas personas estamos hablando? ¿Cuantos humanos se instalarán aquí?

    — La Unión ha estado preparando en secreto un proyecto llamado Las Cinco Arcas — Indicó Chloe, mostrando mediante un holograma portable los planos de las naves que llevarían humanos a Neonia — Cada arca tiene doscientos mil humanos, por lo que llegarán a Neonia un millón de personas.

    — Pero lo harán gradualmente, en los próximos días — Añadió la representante Allier — La primera arca traerá todo el material necesario para construir las viviendas y las doscientas mil personas que vengan lo harán para trabajar. También estarán disponibles para vosotros, si necesitáis ayuda con algo.

    Narisha y Vanth se miraban perplejos, algo intimidados por el hecho de que en la primera arca llegase una cantidad considerable de humanos.

    — Sé puede parecer una colonización másiva, pero en La Unión hemos acordado que sean un millón de personas para salvaguardar a la especie humana — Indicó Chloe con seriedad — No es que creamos que vamos a extinguirnos mañana, simplemente somos más de diez millones de humanos repartidos por todo el Sistema Solar. Queremos aligerar espacio y prosperar como especie, colonizar otros mundos y expandirnos. Y los neonianos, cuando estén listos, formarán parte de todo esto.

    La representante Taaliv asintió, mostrando cierta satisfacción pese a que las cifras de humanos le asustaban. Por otro lado, Vanth Dheer no parecía estar muy cómodo con lo que acababa de escuchar, pero sabía que no podía quejarse de nada.

    — Muy bien, entonces está todo claro respecto a eso, haced lo que tengáis que hacer. Neonia es vuestra nueva casa — Murmuró Narisha, que parecía querer añadir algo más — Aunque hay algo de lo que nos gustaría hablar...

    — Te escuchamos — Musitó la representante Miller.

    — Somos treinta y seis neonianos, como sabéis — Murmuró Narisha — Y hemos estado pensando alguna manera de crecer, pero obviamente es imposible multiplicar la cantidad de neonianos de un día para otro, por eso hemos decidido construir más Rhajik.

    Chloe y Cleo se miraron muy impactadas, sin entender realmente el motivo que había detrás de todo aquello.

    — No serán hostiles, crearemos más a partir de Zyon — Añadió la representante neoniana — Con ello, nos aseguramos protección ante posibles amenazas del exterior.

    — Teméis que os arrebatemos el planeta por la fuerza... ¿verdad? — Cleo miraba con incredulidad a la representante Taaliv — No confiáis en nosotros...

    — Vosotros haríais lo mismo — Intervino Vanth, de nuevo — Es por nuestra supervivencia.

    — Lo entiendo, pero no lo comparto — Murmuró Chloe, levantándose del asiento — Está bien, tenemos un trato entonces. La primera arca llegará en menos de una semana, os enviaremos la ubicación escogida por La Unión para convertirse en nuestro asentamiento. Gracias por todo, representante Taaliv.

    — A vosotras por venir — Musitó Narisha.

    Las representantes de La Unión salieron de la vivienda neoniana y fueron llevadas por escoltas neonianos de vuelta al muelle de atraque, donde la L1 las esperaba. Ambas humanas no habían salido muy contentas con la reunión, principalmente por la idea de los neonianos que construir nuevos Rhajik a partir del único que quedaba, Zyon.

    Además, ya conocían de primera mano que los neonianos no estaban muy de acuerdo en tener a la humanidad en su planeta, sin embargo, debían aceptarlo cuanto antes. Una vez a bordo de la L1, las representantes de la Luna y Marte se reunieron a solas en la pequeña sala que tenía la nave para reuniones.

    — ¿Qué piensas de todo esto? — Le preguntó la representante Allier, queriendo conocer los pensamientos de su compañera.

    — Que tendrán que asimilar que vamos a colonizar Neonia — Respondió Chloe con firmeza — No están en posición de exigirnos nada. Esto será un gran paso para la especie humana.

    — Lo de los Rhajik es algo que no me termina de convencer — Murmuró Cleo, pensativa — Creo que desconfían de nosotros hasta el punto de que van a construir un ejército que los defienda, supongo que piensan que podríamos plantearnos su exterminio con el fin de quedarnos Neonia.

    — No es una opción — Musitó la representante lunar, seria — No somos una especie conquistadora, somos una pacífica que busca obtener conocimiento y expandirse por el cosmos. Además, nosotros seremos un millón de personas en Neonia y doscientas mil en la primera arca, ellos son treinta y seis. No tendrían nada que hacer ni aunque tuviesen cien Rhajik ante nosotros.

    — Cierto, pero esperemos no llegar a una situación así — Dijo la representante marciana, dispuesta a irse a descansar a su habitación — ¿Has dado la orden a la primera arca?

    — Así es, ya están preparando todo el equipo y en unos días estarán en Neonia — Dijo Chloe Miller, con intención de irse al igual que su compañera — También he avisado a La Unión para que reuna a los viajeros.

    — ¿Por qué? — Preguntó Cleo, que no comprendía aquella acción.

    — Porque los quiero en Neonia, cuidando de nuestra gente — Respondió Chloe con seriedad — Y porque gracias a ellos la guerra se decantó a nuestro favor... se merecen un lugar en la próxima página del libro de la humanidad, si es que quieren estar en ella.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido Propenso a dormirse en clase

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    Saludos amigo, me alegra volver a leer otro capítulo de esta historia. He notado un par de errores en algunas tildes, pero nada grave que interrumpa la lectura, por lo que lo omitiré en esta ocasión.

    En primer lugar, me pregunto si veremos a los nuevos personajes que han aparecido en el capítulo anterior (los que se unieron a Jim). Al contar con mucha desventaja respecto a los personajes que ya estaban, deberían aparecer frecuentemente para que su desarrollo pueda ponerse al corriente con el de ellos.

    Por otro lado, parece que Lio y West no han perdido nada de tiempo en ponerse al corriente. Me alegra que West esté decidido a cooperar con ellos. Con un arma como esa que ha construido West, creo que Jim y los suyos estarán en dificultades. Espero que West sea capaz de lograr que la Unión financie sus proyectos. No lo veo como la clase de personaje que sea capaz de aprender a pelear, lo suyo parece ser la ingeniería y las creaciones tecnológicas. Si tiene que ganarse la vida como soldado, lo tendría difícil. Además, la Unión también se beneficiaría con eso. Una vez que capturen al criminal más peligroso del sistema solar, estoy seguro de que entrarán en razón.

    Me resulta curioso que Hillary tenga dudas sobre tomar el puesto de representante de la Tierra. Entiendo que ella quiera ser una soldado, pero el tiempo de guerra terminó y su relación con Lio parece que también. Si yo fuera ella, seguro aceptaría el puesto sin pensarlo mucho. Veremos cual será su decisión cuando se termine el tiempo. Me alegra que una parte del equipo se haya reunido.

    Por último, el conflicto en Neonia. Debo decir que los Neonianos son un poco desagradecidos. Es decir, los humanos son millones y ellos tan solo unos 36. Si los hubieran querido muertos, los habrían hecho boleta hace tiempo una vez que la guerra contra los Rhajik terminó. Además, se merecen una parte de Neonia, después de todo, fueron ellos los que la liberaron en primer lugar. Los únicos dos neonianos que pelearon fueron el general Turak (creo que ese era su nombre) y Vanth. El resto bien cómodo y a salvo en la Tierra. Sin mencionar que el sistema solar fue atacado también por los Rhajik por haberlos salvado. En fin, merecerían ser exterminados para tener esa mentalidad.

    Si Chloe va a reunir a los viajeros en Neonia para proteger a los suyos, es por qué habrá problemas, ya que es de conocimiento público que los protagonistas traen problemas a cada lugar que van XD. Pero bueno, muero de ganas por ver como se irá gestando el conflicto entre neonianos y humanos y como continúa la cacería por la cabeza de Jim Baker. Me despido hasta la próxima, que ojalá sea pronto.
     
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    Los Viajeros II: Cara a cara
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    Aquí traigo el cuarto capítulo de esta segunda parte de Los Viajeros. Este capítulo está lleno de alguna que otra sorpresa y confirmaciones. Espero que os guste y os dejo con la lectura.



    La Mercader IV






    La Mercader IV ya había logrado salir del Sistema Solar y llevaba varios días en tierra de nadie, parada en el espacio y pareciendo más una nave a la deriva que una operativa. Habían pasado cinco días desde los acontecimientos ocurridos en Marte para la banda criminal de Jim Baker, que tras huir de la búsqueda incesante de La Unión contra él, no sabía a donde poner rumbo.

    Durante esos cinco días que habían pasado, el grupo criminal había estado familiarizándose con la que era su nueva nave mientras que los dos trabajadores capturados, la capitana Becker y su ayudante Lingard, se limitaban a pilotar la nave bajo constante vigilancia.

    No obstante, al no saber hacia donde ir y mantener la nave parada en medio de la nada hasta que se tomase una decisión, tanto Amina como Guy no eran necesarios y eran encerrados en una de las habitaciones para la tripulación.

    — Podríamos tomar una de las cápsulas de salvamento e irnos, tan solo tenemos que encontrar la oportunidad — Dijo Lingard, observando por un pequeño ventanal el espacio infinito — No quiero pasar ni un segundo más en esta nave y con esta gente.

    — Ni tú ni yo — Musitó la capitana Becker, sentada al borde de una de las camas que había en la habitación — Pero lo que propones no es tan sencillo de hacer.

    — ¿Acaso ves una salida sencilla de todo esto? — Preguntó Guy, volteándose hacia su capitana — Llevamos cinco días haciendo lo que ese malnacido de Jim Baker nos dice, y cuando no nos necesita para pilotar la nave, nos encierra como ratas de laboratorio. Creo que lo mejor es arriesgarse.

    — Con esta gente, arriesgarse es igual a suicidarse — Murmuró Amina, con la mirada perdida en el suelo — Además, Dyrian está con ellos y lo conoce todo sobre nosotros. Sería cuestión de tiempo que nos encontraran y nos mataran.

    — ¡No somos importantes para ellos, Amina! — Exclamo Guy, visiblemente tenso — ¡¿Acaso no lo ves?! ¡No les importamos! ¡Si nos largamos, no se molestarán siquiera en buscarnos!

    La capitana Becker no apartó la vista del suelo mientras su asistente Lingard la miraba con cierto enfado por no verla dispuesta a huir ni buscar una solución a aquella situación. El dúo llevaba encerrado en la habitación más de dos horas mientras el grupo de Jim debatía hacia donde ir.

    — No podemos quedarnos quietos para siempre — Dijo uno de los nueve criminales que quedaban al servicio del que fuera representante de Ceres — Corremos el riesgo de perder por completo el control de la dirección de la nave y quedar a la deriva con el núcleo del motor inservible para propulsarnos.

    — Eso ya lo sé, idiota — Rugió Jim Baker, molesto — Necesito propuestas de hacia donde poner rumbo, no descripciones de la situación actual.

    — Según lo que tiene cartografiado esta nave, nunca fueron más lejos del Sistema Solar, por lo que asumo que se dedicaban a la extracción e importación de minerales dentro de territorio conocido — Explicó una criminal, mostrando en un panel táctil los datos que contenía la Mercader IV — Eso significa que estamos en territorio inexplorado, por lo que es complicado elegir un lugar al que dirigirse.

    Jim golpeó la mesa del puente de mando con sus puños y se acercó a la mujer que acababa de hablar para colocarse a escasos centímetros de su rostro.

    — ¿Acaso no has oído lo que le he dicho antes a tu compañero? — Jim estaba visiblemente irritado — ¡Quiero soluciones, resultados, desenlace! ¡No quiero oír más mierda! ¡¿Entendido?!

    — Jim... — Musitó Dyrian, tratando de calmar la situación — Así no vas a conseguir nada, necesitamos pensar como un equipo.

    El ex representante Baker miró fijamente a la mujer que tenía enfrente y acto seguido fijó su mirada en la criminal Clyne. Tras esto, Jim se aproximó a ella y volvió a colocarse cara a cara en un evidente intento de intimidación por su parte.

    — A mí nadie me dice como debo pensar — Murmuró Jim Baker, conteniendo su ira — Recuérdalo.

    Jim Baker volvió tras sus pasos y retrocedió hasta colocarse al frente de la mesa y de sus secuaces. El silencio parecía pesar sobre el grupo criminal, realmente jodido por el hecho de no saber a donde dirigirse para vivir relativamente en paz.

    De pronto, ese silencio fue roto por varios pitidos que provenían de las pantallas que había en los asientos de pilotaje en el puente de mando. Jim, Dyrian y los nueve criminales se aproximaron rápidamente para ver que ocurría, comprobando que se trataba de una señal de emergencia emitida por alguna nave de La Unión que estaba próxima a la ubicación de la Mercader IV. Todos se miraron sorprendidos, sin embargo, Jim no tenía muy claro el hecho de ayudar a alguien que colaborase con La Unión.

    — No vamos a ayudarles — Murmuró Jim, firme por el momento en su decisión — Nos hemos ido del Sistema Solar para dejar atrás las normas de La Unión, por lo que no ayudaremos a nadie que esté con ellos.

    — Podrían conocer el lugar en el que estamos — Dyrian Clyne tenía claro que podía ser interesante acudir en ayuda de esa misteriosa nave — Y podríamos hacernos con sus suministros. Sugiero que vayamos a ver que les ocurre.

    — Señor Baker, ¿avisamos a los pilotos? — Preguntó uno de los criminales.

    Tras pensarlo detenidamente durante un largo minuto, el ex representante de Ceres dio la orden de traer a Amina y Guy al puente de mando. Estos no tardaron más de otro minuto en llegar a punta de pistola por dos criminales, que les indicaron con la mirada que debían sentarse en sus puestos.

    — ¿Hacia donde ponemos rumbo? — Preguntó la capitana Becker, sentándose en su puesto.

    — Hacia esa señal de socorro — Indicó Jim con seriedad — Veamos quiénes son nuestros vecinos de viaje.

    Amina obedeció y puso al piloto automático para que les llevara hacia la señal emitida por una nave de La Unión, muy lejos del Sistema Solar. Tras ella y Guy, Jim Baker y sus secuaces se limitaron a observar como la Mercader IV se ponía en marcha tras un tiempo parada en mitad de la nada.

    No pasaron más de viente minutos hasta que la nave estaba realmente cerca de aquella señal de emergencia, sin embargo y para sorpresa del grupo, allí no había ninguna nave.

    — ¿Dónde están? — Jim Baker observaba por el amplio ventanal del puente de mando sin encontrar a la nave que supuestamente debía estar ahí — ¡¿Dónde están?!

    — No... no lo sé, las coordenadas son estas — Murmuró Guy, también intrigado — Quizá haya sido un fallo del radar qu...

    De repente, la nave comenzó a sufrir un cambio de dirección fruto de lo que parecía ser una fuerza gravitacional desconocida. La Mercader IV comenzó a proyectarse hacia la derecha, siendo arrastrada por algo que Jim y los suyos desconocían completamente.

    — ¡Rápido, a los asientos! — Gritó Dyrian, consciente de que podían sobrevivir a algún choque o descenso a cualquier planeta si estaban sentados y con los cinturones de emergencia abrochados.

    Todos obedecieron y tomaron el primer asiento que vieron, preparándose para un posible impacto. Muchos de los criminales comenzaron a rezar mientras otros cerraron los ojos justo cuando una luz cegadora comenzó a iluminar por completo todo el interior de la nave.

    Se trataba de segundos, pero aquello parecía ser eterno y el terror se podía apreciar en cualquiera de los rostros allí presentes en el puente de mando. Jim se sujetaba con fuerza a su asiento mientras lamentaba haberse dirigido a esas falsas coordenadas.

    La Mercader IV comenzó a emitir una alarma de emergencia de impacto que puso más aún en tensión a todo el grupo. La luz cada vez era más intensa hasta el punto de que incluso con los ojos cerrados podía ser molesta, sin embargo, este destello desapareció instantáneamente y la nave comenzó a temblar, previsiblemente por el descenso hacia algún planeta.

    La caída fue rápida y sorpresivamente la nave no salió dañada, pues aterrizó en un auténtico mar de arena que de alguna manera, había amortiguado el choque. Ahora la nave se encontraba en silencio y solo la luz de lo que parecía ser un Sol alumbraba algunos rincones de la Mercader IV.

    Los trece humanos que convivían en la nave abrieron los ojos, sorprendidos, mientras se desabrochaban el cinturón de seguridad y observaban por el amplio ventanal ubicado en el puente de mando un extenso desierto arenoso. No obstante, Lingard observó algo más allá en el horizonte.

    — Veo algo — Musitó el hombre, fijándose en aquello — Parece... parece una estructura en la lejanía. ¿Lo veis?

    — Si... — Jim no se fiaba nada de lo que estaba ocurriendo — Esto ha sido muy raro.

    — Demasiado raro — Indicó Dyrian, impactada — Las caídas a superficies planetarias nunca son tan suaves... ¿no?

    — Nunca he vivido una — Dijo la capitana Becker — Pero siendo realista, tendría que haber sido un accidente completamente aparatoso.

    — ¿Y qué mierda ha sido eso que nos ha arrastrado? — Preguntó uno de los criminales, sorprendido — ¡No salía ningún planeta en el radar!

    — Y la señal era de una nave — Intervino la criminal Clyne — Algo no cuadra. ¿Ordenes, Jim?

    — Coged todo lo que podáis, especialmente los trajes — Indicó el líder criminal con seriedad — Vamos a ver donde estamos y que mierda es esa estructura. La señorita Amina se queda aquí junto a cuatro de los míos; el resto, conmigo.

    [...]

    — Estamos a doscientos metros de esa estructura — Musitó Jim por radio, con la mirada seria hacia el frente — Esto parece una zona de guerra.

    ¿Qué veis? — Preguntó por radio uno de los criminales que se quedaron en la nave junto a varios de los suyos y la capitana Becker.

    — Hay restos de naves y de una estructura gigante — Indicó el ex representante de Ceres, observando el yermo lleno de escombros — Creo que forma parte de la famosa batalla final entre los soldados de La Unión y los Rhajik.

    — Debe ser eso — Intervino Dyrian, allí presente — ¿Qué hacemos?

    — Inspeccionar — Respondió Jim, muy interesado en ver que se encontraban — Cualquier cosa interesante, avisad.

    — Entendido — Murmuró la mujer, volteándose hacia Guy — Tú, conmigo.

    Guy obedeció sin responder y comenzó a caminar junto a Dyrian en dirección a aquel campo de destrozos. Los cinco criminales y Jim formaron tres parejas de dos miembros y se dispusieron a investigar la escena. Dyrian se separó bastante del grupo para poder conversar con el hombre.

    — Cuando todo se calme, os dejaremos en algún lugar seguro del que podáis volver al Sistema Solar — Murmuró Dyrian Clyne — Siento que tú y Amina hayáis tenido que acompañarnos.

    — ¿Por qué mierda estás a las órdenes de ese tipo? — Preguntó Guy, intrigado por ello — Es un psicópata.

    — Con antecedentes criminales no suelen darte trabajos legales — Respondió la mujer, seria — Era esto o morirse de hambre.

    — En la Mercader IV te habríamos aceptado — Murmuró Lingard, mostrándose sincero — Nos conoces, Dyrian, trabajabas con nosotros hace mucho tiempo. Somos am...

    — No somos amigos — Cortó Dyrian, que dejó de centrarse en los restos para mirar fijamente a Guy — Tener amigos es tener problemas.

    — Tienes una forma ridícula de pensar — Dijo el hombre, apenado por haber oído aquello — Has cambiado mucho.

    — Como todos — Musitó la mujer, queriendo dejar la conversación — Ya te he dicho lo que quería decirte, ahora limítate a buscar algo interesante entre esta chatarra.

    Dyrian y Guy prosiguieron con la búsqueda, al igual que las tres parejas formadas por criminales. Nada parecía tener algo de provecho para los humanos, que a medida que pasaba el tiempo comenzaban a impacientarse. Sin embargo, uno de los criminales llamó la atención de su líder al ver algo.

    — ¡Jim! — Dijo uno de los criminales, al lado de un aparato repleto de arena.

    Tanto el ex representante de Ceres como sus discípulos se aproximaron al hombre que parecía haber encontrado algo. Todos rodearon aquel aparato mientras el criminal que lo había encontrado le quitaba la arena que tenía encima para así descubrirse que se trataba de una caja negra, concretamente la de la MS1 que lideró en batalla en representante Stagger.

    — No puede ser... — Murmuró Guy, atónito — ¿Sabéis la información que puede contener esta caja sobre la batalla que hubo y sobre donde estamos exactamente?

    — Estoy seguro de que La Unión querrá tener esto, así que nos lo llevamos — Ordenó Jim, exigiendo a dos de sus hombres que cargaran con la caja negra de la nave — El resto, sigamos buscando, hay mucha chatarra por aquí.

    Los criminales prosiguieron con la investigación mientras observaban con cierta lástima los restos de la MS1, que se sacrificó para asegurar la supervivencia del resto de soldados que viajaron a la batalla.

    La búsqueda de cosas interesantes continuó durante más de quince minutos hasta que Jim observó, a menos de cien metros de su ubicación, lo que parecía una infraestructura casi destruida por el impacto contra la superficie arenosa de aquel desconocido planeta.

    Intrigado y con la curiosidad que caracteriza a cualquier humano, el líder criminal puso rumbo en solitario hacia esa reliquia en ruinas. En poco tiempo, la grandaria de aquella monstruosa estructura derrumbada comenzó a cubrir la luz del Sol, sumiendo a Jim en una sombra sorprendentemente amplia y que de alguna forma incitaba a irse de aquel lugar, de lo tenebroso que parecía.

    Sin embargo, el criminal más buscado del Sistema Solar no se acobardó en lo más mínimo y decidió buscar la forma de entrar a aquel lugar. Jim comenzó a rodear la derruida estructura hasta que encontró lo que parecía una compuerta. Esta estaba destruida y le faltaba la otra mitad que de estar colocada, impediría el paso a cualquiera.

    — Veamos que secretos escondes... — Murmuró Jim Baker, sonriente, mientras irrumpía en aquella extensa estructura.

    Atrevido y decidido, el líder criminal entró en el lugar, observando con claridad su situación de abandono. Al estar la estructura volcada, Jim caminaba sobre lo que sería una pared si dicha estructura estuviese en su correcta posición. Bajo sus pies había alguna que otra compuerta cerrada y de difícil acceso al no haber energía en el lugar para abrirlas, por lo que el ex representante Baker optó por ver que encontraba, pensando que quizá con un poco de suerte podría encontrar alguna habitación abierta.

    — Jim, ¿dónde estás? — La voz que sonaba por la radio del traje era de Dyrian — ¿Has entrado en ese sitio tú solo?

    — Aquí no hay nadie, no corro peligro — Respondió Jim, bastante confiado — ¿Sabes? Creo que... ¡mierda!

    — ¡¿Jim?! — Dyrian Clyne se temía lo peor — ¡¿Qué ha pasado?! ¡Contesta!

    Guy y el resto de criminales se miraron un tanto atemorizados, pues no contemplaban la posibilidad de que quedase alguien con vida en aquel remoto lugar que recibió los restos de una histórica batalla.

    — Dyrian, ¿qué ha pasado? — Preguntó el joven Lingard con un rostro de evidente preocupación.

    — Jim no responde — Musitó la mujer, nerviosa — Volvemos a la puta nave.

    — ¿Qué? — Uno de los criminales no parecía estar de acuerdo — ¿Vamos a dejar ahí a Jim?

    — No, vamos a la nave a por armas — Indicó Dyrian con seriedad, mirando a Guy de una forma peculiar — Debimos haberlo hecho antes.

    [...]

    Una compuerta se abrió, sorpresivamente, bajo los pies de Jim, haciéndolo caer en el interior de una amplia sala que estaba completamente a oscuras. Presa del pánico, el líder criminal buscó desesperadamente el interruptor, quizá sin recordar que el lugar no tenía energía para ponerlo en funcionamiento. No obstante y para su sorpresa, el interruptor dio la luz.

    El lugar se trataba de un laboratorio genético y un puesto de mando a la vez, pues pese a que había diversas máquinas con botones y palancas también había varias cápsulas en las que cabía perfectamente un cuerpo humano. Jim se encontraba realmente asustado al ver todo aquello, pero finalmente se recompuso y comenzó a investigar más a fondo, no sin antes contactar con Dyrian y los suyos.

    — Aquí Jim, estoy en una especie de laboratorio y mágicamente se ha encendido la luz — Relataba el líder criminal por la radio — Esto es muy raro y cada vez me lamento más de haber entrado solo.

    El ex representante Baker esperó respuesta por parte de alguno de sus secuaces, pero por algún extraño motivo, la señal de radio de su traje estaba bloqueada de cara al exterior. Aquello no hacía más que preocupar al criminal, que comenzó a impacientarse.

    — A la mierda, voy a salir de aquí — Se dijo a sí mismo mientras observaba la altura a la que estaba la compuerta por la que había caído — No me jodas, espero que haya otra salida.

    Jim se volteó para buscar cualquier compuerta con el fin de salir de allí lo más rápido posible, considerando que el lugar comenzaba a activarse por sí solo. Sin embargo, el líder de los criminales iba a experimentar una peor sensación cuando observó, sentados en el fondo del laboratorio, cinco cuerpos sin vida.

    Cuatro de ellos, impactantemente, parecían haber muerto recientemente pues su piel y su cuerpo no se habían deteriorado con el tiempo. No obstante, el quinto y último se trataba de alguien que si que llevaba meses muerto y era prácticamente irreconocible hasta el punto de que solo quedaban sus huesos en el interior del traje.

    El que fuera representante de Ceres se aproximó a esos cinco supuestos cadáveres con lentitud y temor, rezando para que estos no recobraran la vida, pues con la locura de ver como el lugar se reactivaba por si solo, no le sorprendía en lo absoluto que esas personas muertas se levantaran de repente.

    Jim se colocó a una distancia prudente pero suficientemente cerca como para comprobar que el cuerpo en clara descomposición portaba un traje de La Unión. Su mirada se clavó en lo que parecía ser un distintivo de la AFE y en el que ponía Comandante K. Stagger. El criminal entonces observó, atónito, que el cuerpo de aquel hombre ya descompuesto era el de nada más y nada menos que Kyllian Stagger, hijo del representante de Marte, Jefferson Stagger.

    El humano se quedó petrificado al ver aquello pero seguía sin entender como los otros cuatro cuerpos no se habían descompuesto si supuestamente llevaban el mismo tiempo que el cadáver de Kyllian. Sus pensamientos se difuminaron casi instantáneamente cuando escuchó como una cápsula se abría detrás suya. Al voltearse, sus ojos quedaron fijos en alguien y sus manos comenzaron a temblar de los escalofríos que le recorrían todo el cuerpo.

    — No tienes ni idea de cuanto tiempo llevo esperando este momento.

    [...]

    Con Dyrian en cabeza, Guy y los cinco criminales que habían salido de expedición junto a Jim, regresaban de nuevo a la Mercader IV, donde permanecían cuatro criminales más y la capitana Becker. El propósito era nada más y nada menos que tomar varias armas con el fin de encontrar al líder criminal con el que habían perdido el contacto en aquella estructura Rhajik.

    El viaje de vuelta a la nave había sido algo rápido considerando que habían acelerado el paso y el campo de chatarra previo a la estructura estaba realmente cerca al lugar en el que la Mercader IV había caído. Semi enterrada bajo la arena pero sin daños aparentes, la nave era la única vía de escape de aquel planeta extraño.

    — Soy Dyrian, abrid la compuerta — Ordenó la mujer, al llegar junto el resto del grupo a la nave.

    ¿Dónde está Jim? — Preguntó uno de los criminales en el interior de la nave — Se supone que las órdenes las da él.

    — Hemos perdido el contacto con él en esa estructura — Indicó Dyrian Clyne, manteniendo el mismo rostro impasible — Venimos a por armas, creemos que hay alguien aquí.

    Tras las palabras de la segunda al mando de los criminales, la compuerta que daba acceso al interior de la Mercader IV se abrió. El grupo no esperó ni un segundo y entró rápidamente a la nave, reuniéndose con el resto en el puente de mando. Allí, los criminales le pidieron explicaciones a Dyrian.

    — ¡¿Qué mierda ha pasado?! — Exclamo uno de los criminales, tenso por no ver a su líder.

    — ¡No lo sé, Jim fue solo a investigar esa estructura! — Dijo Dyrian, siendo sincera — ¡Luego perdí el contacto por radio y...!

    — ¡¿A qué estamos esperando?! — Dijo otro de los criminales — ¡Tomemos las armas!

    Sin dar tiempo de respuesta a Dyrian, los nueve criminales allí presentes se lanzaron directamente a la armería para prepararse ante un posible conflicto y para rescatar a su líder, Jim Baker. Mientras los criminales iban a ello, Amina y Guy se miraron, con el hombre decidido a actuar.

    Lingard se dirigió a un lado del puente de mando y abrió lo que parecía ser un compartimento secreto que había pasado desapercibido para el grupo de Jim. Dyrian observó al hombre sorprendida mientras Amina era consciente de que debía actuar o quedarse a un margen.

    — Que les den — Musitó Guy, sacando del compartimento un Striker — Voy a acabar con esto.

    — ¡Guy, no...!

    — ¡Tú no te metas! — Exclamo el hombre, apuntando a Clyne — No quiero tener que matarte.

    Guy no lo dudó y una vez armado se dirigió a la armería, donde los nueve criminales se estaban abasteciendo. A medida que avanzaba con sigilo por el pasillo, la conversación de los criminales se oía cada vez más, sin ser conscientes de lo que estaba a punto de pasar.

    — ...ero que Jim esté bien — Murmuró uno de ellos.

    — No entiendo como Dyrian le ha dejado ir solo — Dijo otro, incrédulo.

    — No seas idiota, Jim no necesita una niñera — Indicó otro criminal, respondiendo al último — Se ha metido en ese problema el solito y ahora nos toca sacarle de ahí.

    — Solo espero que no haya sido capturado por alguien, esa estructura me da escalofríos.

    — Creo que es la estructura Rhajik, la que derribaron y cayó al agujero negro ese... no recuerdo su nombre.

    — Xhander — Musitó un criminal — ¿Crees que hayamos caído en Xhander?

    — ¿Dónde sino? — Respondió el otro — Los restos de esa batalla están aquí, es más que evidente.

    — Estamos jodidos si hay Rhajik operativos por aquí.

    — Esperemos qu...

    De pronto, una ráfaga de balas cortó de lleno la conversación entre los criminales, que se vieron sorprendidos por Guy y su Striker, provocando una carnicería y fusilando de lleno a los nueve miembros que quedaban con vida de toda la banda criminal que en su día lideró el representante Baker.

    Aquello fue tan repentino que no les dio tiempo a ninguno para reaccionar y contraatacar al joven Lingard, siendo bastante listo pero impulsivo en su plan sorprendente que desconocían por completo tanto Amina como Dyrian.

    Los nueve criminales cayeron al suelo de la pequeña armería, que realmente era la habitación donde convivían los cuatro miembros de seguridad antes de que Jim y su grupo irrumpiera en la nave. Los criminales portaban un traje pero éste era simplemente de exploración, el que usaban los mineros en sus misiones, por lo que no tenían la armadura puesta a los soldados de La Unión.

    La balas les habían perforado el abdomen, el torso e inclusive la cabeza, creando una auténtica sangría y convirtiendo aquella diminuta habitación en un lienzo teñido de color rojo. El cañón del Striker de Guy ardía y de éste salía un poco de humo, pues había sido puesta al límite.

    — ¿Lo has hecho? — Preguntó Dyrian, apareciendo con Amina tras ella.

    — Compruébalo tú misma — Respondió Guy, apartando a las mujeres de su camino y regresando al puente de mando — Nos vamos de aquí.

    Mientras Dyrian Clyne observaba con asombro e impacto la escena en aquel habitáculo, la capitana Becker fue tras Lingard para conocer su estado después de haber asesinado de manera fría y cruel a nueve personas.

    — ¿Estás bien? — Amina era consciente de que aquello podía afectar a Guy — Tenías razón, debíamos arriesgarnos.

    — Nos han secuestrado y nos han obligado a pilotar la nave para ellos, así que creo que he hecho lo correcto — Murmuró el joven Lingard con seriedad, sin soltar el Striker — Son criminales, son escoria y no quería esperar a que me metieran una bala en la cabeza una vez ya no les fuera útil.

    — Lo entiendo, solo... no pensé que fuese la mejor forma de actuar — La capitana Becker parecía estar reflexionando — Viste una oportunidad y la tomaste, te estoy agradecida por ello.

    — No es nada.

    — Sigo sin entender porqué la AFE te rechazó como soldado — Las palabras de Amina parecieron despertar algo en Guy, que se quedó mirándola fijamente.

    — La Unión no quería tener un soldado con mentalidad inestable — Respondió Lingard, sorprendiendo a su capitana e incluso a Dyrian, recién llegada al puente de mando.

    Guy Lingard mantuvo el Striker a su lado y se sentó en uno de los asientos del puente de mando, decidido a sacar la Mercader IV de aquel lugar. Amina y Dyrian se miraron con tensión al conocer que Guy podía tener problemas mentales, tras esto, la capitana Becker tomó su asiento de piloto y comenzó a activar los propulsores y el núcleo motorizado de la nave con el fin de salir de Xhander, sin embargo, una voz completamente desconocida que salió de la radio paró en seco las intenciones del trío.

    Creo que os olvidáis de alguien.

    Dyrian, Guy y Amina se miraron perpléjos, conscientes de que esa voz no parecía la de Jim Baker.

    — ¿Quién habla? — Preguntó la capitana de la nave, respondiendo a aquel mensaje.

    [...]

    Quince minutos antes...

    — Naylon Karless... — La voz de Jim sonaba entrecortada y asustada — ¿C-cómo...? ¿Tú...?

    — Sé que tendrás muchas preguntas y yo te voy a dar muy pocas respuestas, así que... — El desaparecido comandante Karless se aproximó al fugitivo Baker con una media sonrisa en su rostro — ¿Por qué no salimos de aquí y te llevo de nuevo a casa?

    Jim se echó hacia atrás ante la imponencia que emanaba Naylon, con el pelo muy largo y una barba que le cubría toda la cara. Pese a parecer desaliñado, el comandante Karless se veía físicamente imponente.

    — ¿A qué te refieres? — Jim estaba muy nervioso — ¿Vas a detenerme y llevarme a dónde? ¿La Unión?

    — Estoy seguro de que regresar tras cinco meses de ausencia contigo de la mano me hará ser bienvenido de vuelta — Respondió el humano, muy confiado — Sé quién eres Jim Baker, la pregunta es... ¿sabes quién soy yo realmente?

    — ¿De qué mierda hablas? — El ex representante de Ceres tenía una extraña sensación referente al soldado de La Unión — Eres Naylon Karless.

    — Soy la antítesis de todo lo que conoces — La luz del supuesto Sol entraba por pequeñas aperturas que rompían con la absoluta oscuridad y dejaban ver por momentos el rostro desencajado del humano — Kyllian Stagger se fue con el secreto a la tumba — El comandante señaló al que una vez fue su compañero de equipo, del que ahora solo quedaban unos huesos en el interior de un deteriorado traje — Todos me daban por muerto y así iba a ser hasta que mis sensores detectaron tu nave... ahora tú me llevarás de vuelta, entre vosotros... nadie notará que no soy él.

    — ¡Cierra la puta boca, Naylon! ¡Me das escalofríos! — Exclamo Jim, tomando el polvoriento Striker del traje de Kyllian — ¡No vas a salir de este sitio de mierda para llevarme a mí a un sitio de mierda!

    — Instinto de supervivencia humano, ya lo he visto antes — Murmuró Naylon, que en ningún momento cambió su expresión — Pensé que podrías ayudarme a retomar mí misión, pero creo que no será necesario.

    Antes de que Jim pudiese reaccionar, Naylon se lanzó sobre él de una forma ágil y rápida, lanzándolo contra una pared y quitándole así el Striker de sus manos. El líder criminal se incorporó con rabia y se colocó en posición de lucha, cosa que hizo sonreír al comandante Karless.

    Jim le lanzó un golpe con su puño derecho que Naylon bloqueó con su mano izquierda, tomando con la derecha el cuello del ex representante de Ceres. El líder criminal luchaba por zafarse pero para su sorpresa, Naylon era increíblemente rápido y fuerte, como si realmente no fuese él mismo.

    — Vas a compartir con Kyllian éste sitio — Dijo Naylon con seriedad, quitando la sonrisa de su rostro por primera vez — Vas a guardar el secreto como ha hecho él.

    La mano de Naylon comenzó a apretar con fuerza el cuello de Jim, haciendo que el líder criminal comenzara a jadear de manera desesperada y a consumir todo el oxígeno que le quedaba en su traje, que era relativamente poco. Jim luchaba por golpear a su enemigo con las piernas pues sus brazos estaban ocupados tratando de quitar la mano del cuello que tenía, no obstante, la fuerza de Naylon era descomunal.

    Finalmente, los intentos por librarse del comandante Karless fueron en vano y Jim Baker pereció ante la mirada impasible del humano que había estado sobreviviendo durante cinco meses en el interior de una estructura que en ciertas zonas seguía operativa. El cuerpo sin vida del líder criminal cayó al suelo frente al cadáver descompuesto del otro comandante que hubo en La Unión mientras Naylon observaba a ambos con desprecio e incredulidad.

    — No os preocupéis, pronto la humanidad y los neonianos os seguirán — Murmuró el hombre, dándose la vuelta para marcharse de aquella sala de laboratorio — El Supremo nunca muere.

    [...]

    Actualidad

    Al habla el comandante Naylon Karless de La Unión — Dijo aquella voz por la radio — Llevo más de cinco meses abandonado aquí, solicito una extracción inmediata.

    Tanto Dyrian como Amina y Guy se miraron con la misma expresión en el rostro, fruto del impacto al oír esas palabras.

    — ¡¿Pero el comandante Karless no estaba muerto?! — Amina estaba confusa.

    — Lo dieron por muerto — Murmuró Guy, recordando la explicación que La Unión dio después de la guerra Rhajik — Parece que no era así.

    — ¿Creéis que sea él? — Preguntó Dyrian, dubitativa — Es sorprendente que haya sobrevivido todo este tiempo aquí.

    Amina tomó de nuevo la radio, decidida a responder a Naylon.

    — ¿Cómo has sobrevivido todo este tiempo aquí?

    La radio se quedó durante varios segundos en silencio, hasta que obtuvo respuesta del otro lado.

    Esta estructura contiene zonas para el cultivo de verduras y obtuve comida almacenada de los restos de la MS1 — Explicó Naylon Karless — Ha sido un auténtico milagro el que siga con vida pero cuando vi caer vuestra nave... sentí alivio.

    — Pregúntale por Jim — Dijo Dyrian con seriedad — Él está dentro de esa estructura.

    — Entendido.

    La capitana Becker retomó la conversación por radio con el comandante Karless.

    — Disculpe, comandante Karless, ¿ha visto a Jim Baker? — Preguntó la capitana de la nave — Él ha entrado y no sabemos nada de su paradero.

    Sí... él me atacó — Musitó el hombre, sorprendiendo al trío — Me reconoció y cuando le dije que me ayudara a salir de aquí se negó, amenazándome con un Striker que hay aquí tirado y... bueno, tuve que matarlo. Fue en defensa propia.

    Dyrian y Amina tenían dudas acerca de si aceptar que el comandante Karless subiera a bordo pues tenían una extraña sensación, sin embargo, Guy no pensaba lo mismo.

    — No se preocupe, comandante Karless — Dijo Lingard, tomando la radio — La Mercader IV lo sacará de aquí.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido Propenso a dormirse en clase

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    Saludos amigo, voy a comentar el capítulo. Dijiste que estaría lleno de sorpresas, y claramente no mentías XD. Es un capítulo que ha sido increíble, pese a tener pocas cantidades de acción.

    En primer lugar, empecé a notar una posible falta de lealtad al 100% de Dyrian hacia Jim, tal y como lo noté antes, y creí que ella en algún momento le iba a desobedecer para ayudar a la capitana y al piloto. Me sorprenden las palabras entre Guy y Dyrian, y me pregunto si harán que ella, ahora que ya no quedó nadie en la tripulación, recapacite.

    Apenas leí que no había ninguna nave en la zona de rescate, y que la mercader IV empezaba a ser arrastrada, supe inmediatamente que era lo que iba a suceder y que terminarían cayendo en el planeta desierto al otro lado de Xhander. Mi teoría se confirmó al instante cuando aparecieron casi ilesos sobre ese montón de arena desértica, lo cual confirmaba por completo que se trataba de aquel lugar. Lo que me pregunto es, ¿por qué la estructura de los Rhajik, que tenía una gran cantidad de tecnología, fue tragada por la arena y la Mercader IV, que solo era una nave que extraía recursos de otros planetas y no debería comparársele en tecnología, no lo fue? Quizá dependa del lugar en el que se caiga, o tal vez la arena comience a avanzar sobre la nave con el tiempo. Después de todo, fueron 5 meses tras la pelea contra los Rhajik.

    Jim muchas veces fue mostrado como alguien inteligente, pero parece que ni siquiera él conoce o intuye la regla más importante que es no irse solo nunca en historias de ficción XD. Me tomó por sorpresa, pero fue una sorpresa agradable ver que él solito se metió en la trampa.

    La sorpresa que no fue agradable fue ver a Kyllian muerto. Era un personaje que creí que podría dar mucho más para la historia en el futuro, y su muerte ciertamente me ha caído algo mal. Me sorprende que él esté descompuesto mientras que los otros cuatro cuerpos allí están casi intactos. Sin duda, quiero saber qué fue lo que ocurrió allí durante esos tantos meses que pasaron allí.

    Guy es un tipo impresionante y a seguir de cerca en el futuro. Parece que tiene un par de jugadores ausentes en su campo de juego, y me pregunto cuanto jugo dará un personaje así XD. Me gustó mucho que Naylon, o en realidad, el supremo, haya matado a Jim. Ahora él se va a la Unión a causar el mayor daño posible, siendo el último sobreviviente de la colonia de Plutón, imagino que tendrá algo de peso. Sin embargo, si la Unión es inteligente (que no lo es) deberían apresarlo bajo llave.

    Tengo la teoría de lo que podría hacer el Supremo cuando se entere que en Neonia están produciendo más Rhajik al igual que antes. Ciertamente, va a intentar apoderarse de ellos otra vez. Me pregunto cómo saldrán las cosas ahora. Estaré ansioso por el siguiente. Hasta la otra semana.
     
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    Los Viajeros II: Cara a cara
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    Saludos. Éste capítulo verá a la gran mayoría de personajes y sus situaciones actuales. Sé que no está habiendo mucha acción en esta parte pero a medida que avance y se encamine para el final iréis viendo más. Esta segunda parte básicamente ata los cabos sueltos que quedaron en el aire en la primera parte de Los Viajeros, por lo que espero que lo entendáis. Sin más que añadir, os dejo con la lectura.



    Un correo para ti






    La Mercader IV había logrado salir de Xhander con éxito pues la atracción del agujero negro que anteriormente engulló la nave, ahora no la emitía, siendo sencillo entrar y salir. Aquella anomalía dejó una extraña sensación en los tres tripulantes de la nave minera, sin embargo, lo dejaron en una curiosidad y rareza del cosmos.

    Dyrian, Amina y Guy se encontraban en el puente de mando tras haber dejado a Naylon una de las habitaciones para que se duchase y afeitase, dejando atrás su aspecto desaliñado. El trío tenía distintas opiniones acerca de la repentina reaparición del comandante Karless.

    — ¿Cómo pudo haber sobrevivido tanto tiempo en ese agujero? — Preguntaba Dyrian, tanto para el resto como para sí misma — Su explicación por radio no me dejó satisfecha.

    — Es algo que le volveremos a preguntar — Indicó Amina, consciente del interrogatorio al que iban a someter a Naylon — Debe entender que queramos explicaciones más detalladas.

    — ¿Cómo podéis desconfiar de alguien así? — Guy no entendía todo aquel revuelo — ¡Es el maldito comandante Karless! ¡El primer comandante en salir del Sistema Solar!

    — Y el primero que sobrevive fuera de el — Dijo Dyrian, seria — Vamos Guy, la situación es extraña.

    — No lo niego, solo digo que estáis siendo paranoícas con todo esto — Respondió el hombre, tratando de restar importancia — Lo importante es que vamos a llevar de vuelta a la Tierra a Naylon Karless y estoy seguro de que La Unión nos recompensará por ello.

    — ¿A qué te refieres? — Preguntó la capitana Becker, que no veía a donde quería llegar su compañero.

    — Pensadlo un poco — Musitó Lingard, sonriente — Por ejemplo, Dyrian sería perdonada por el simple hecho de estar con Jim Baker y esos criminales, tú obtendrías una nueva tripulación o quién sabe, y yo podría entrar como soldado en La Unión por haber acabado con esos delincuentes que nos tenían secuestrados.

    — Dudo que sea todo así de fácil... — Murmuró Clyne — De todas formas, me iba a entregar.

    — ¿En serio? — Amina miraba a su amiga con sorpresa.

    — Así es — Respondió la mujer, cabizbaja — Estoy cansada de huir y ahora que Jim y el resto están muertos...

    — Eso es otra cosa — Intervino Guy, demasiado optimista — El comandante ha cumplido y ha matado a Jim Baker, así que La Unión podría incluso condecorarle. Quizá hasta a nosotros por haber contribuido de alguna forma.

    — No sé si La Unión quería a Jim muerto — Murmuró Dyrian, cambiando de tema — También quiero una explicación del comandante respecto a lo ocurrido con Baker.

    — Y la tendrás.

    El trío se volteó casi instantáneamente al oír al comandante Karless, proveniente del pasillo que llevaba a las habitaciones de la tripulación. El aspecto de Naylon había recuperado su compostura y volvía a lucir tal y como era reconocido, pese a que sus rasgos faciales parecían ahondados y su rostro más delgado.

    — Supongo que tendréis muchas preguntas que hacerme y yo las responderé con sinceridad — Dijo Naylon, que vestía con ropa cómoda al estar en el interior de la nave — Es lo menos que puedo hacer por vosotros después de que me hayáis sacado de Xhander.

    — Era nuestro deber, comandante Karless — Murmuró Lingard, firme ante la presencia del soldado.

    — Me aseguraré de que La Unión reconozca vuestro esfuerzo — Añadió el comandante, que se sentó frente al trío a la espera de que hicieran sus preguntas — ¿Qué queréis saber?

    Dyrian, Guy y Amina se miraron sin saber cuál de los tres comenzaría con la ronda de preguntas. Tras unos segundos dubitativos, fue Clyne quién dio un paso al frente.

    — ¿Cómo has logrado sobrevivir en un agujero negro, corto de suministros y solo durante cinco meses?

    — No estuve solo — Musitó Naylon, visiblemente apenado — Al menos, no durante los dos primeros meses.

    — ¿Cómo? — Dyrian estaba intrigada — ¿Con quién estabas?

    — Con el comandante Stagger — Respondió Naylon — Él y yo estuvimos dos meses juntos hasta que... bueno, él no logró mantener la esperanza.

    Dyrian agachó la cabeza con tristeza mientras Amina y Guy se miraron con pena, suponiendo que a lo que se refería Naylon era que Kyllian había optado por el suicidio, quizá pensando que nadie volvería a por ellos.

    — En lo referente a los suministros, la reserva de la MS1 tenía para tres meses — Prosiguió contando el hombre — Para cuando se terminó, estaba solo. Fue entonces cuando encontré una sala especializada para el cultivo de comida en esa estructura.

    — ¿No se trata de una estructura Rhajik? — Preguntó la capitana Becker, añadiéndose al interrogatorio — Las noticias que llegaban al Sistema Solar lo confirmaban y no creo que esas máquinas comiesen.

    — Lo hacía su líder, El Supremo — Respondió el comandante con seriedad — Él era realmente un neoniano renegado, que por algún motivo el cuál desconozco, quería terminar de erradicar su especie. De ahí que usara a los Rhajik, creación de los neonianos, en su contra.

    Amina asintió, satisfecha con la respuesta que había obtenido. Las dos mujeres miraron a Guy, que era el único que no había preguntado aún.

    — Comandante Karless — Comenzó diciendo Lingard — Yo... no sé que preguntarle, no tengo ninguna duda acerca de su capacidad para sobrevivir... ya la demostró cuando fue atacado en Neonia...

    — Aparta, Guy — Musitó Dyrian, molesta con su compañero — Naylon, espero que entiendas nuestra posición, es extraño que de pronto nosotros caigamos en Xhander y aparezcas tú...

    — Os entiendo, de verdad — Murmuró el comandante — Por eso estoy aquí respondiendo a todo.

    Amina y Dyrian se miraron durante unos segundos, quizá pensando si les quedaba alguna pregunta o duda más que exponer en la conversación.

    — Una última pregunta, comandante — Dijo Dyrian, aproximándose a Naylon — ¿Qué pasó realmente con Jim Baker?

    — Le maté — Dijo Naylon con frialdad — No tenía nada en contra de Jim Baker, pero se puso paranoíco diciendo que quería llevármelo de vuelta a La Unión y sacó un Striker que tenía yo allí. ¿Qué iba a hacer? ¿Dejar que me matara?

    — ¿Cómo lo has matado?

    — Me lancé sobre él, le arrebaté el arma y me atacó — Respondió Naylon — Trató de estrangularme, yo tome de nuevo el arma y le disparé. Fue entonces cuando vi que tenía una radio y que debía provenir de vuestra nave, la cuál vi caer. Por eso contacté con vosotros — El comandante Karless se incorporó tras estar sentado — No os veo preocupados por la muerte de Jim.

    — Eso es porque su muerte es irrelevante — Contestó Dyrian, seria — Bueno eso es to...

    — Otra cosa — Amina tenía algo que decir — Xhander... ¿por qué nos ha engullido debido a su fuerza gravitacional y a la hora de salir no había fuerza gravitacional que nos devolviera al interior? Según tengo entendido, los agujeros negros se tragan cosas y de dentro de puede salir nada.

    — Me estás pidiendo que responda una pregunta que solo sabe el universo — Dijo Naylon, con una media sonrisa — No lo sé, lo único que sé a ciencia cierta es que Xhander podría no ser natural, si queréis saber más de eso hablad con Vanth, el neoniano. Él me contó algo sobre Xhander.

    — Entiendo — Musitó la capitana Becker, sentándose en su asiento de pilotaje — Bienvenido de vuelta, comandante Karless.

    — Nos alegra que esté vivo, señor — Murmuró Guy, pareciendo casi un mayormodo a sus órdenes — Está en su casa, en menos de una semana estaremos de regreso en la Tierra.

    — Perfecto — Respondió el comandante Karless, visiblemente alegre — ¿Os puedo pedir un favor? ¿Podría enviar un correo a La Unión? Suponiendo que tardaremos días en llegar y los correos tardan la mitad...

    — Claro, hazlo desde esa pantalla — Dyrian le señaló una parte del puente de mando, donde había una pantalla para comunicarse con otras naves o con cualquiera que tuvieses agendado — Supongo que estarás deseando volver después de cinco meses de ausencia, ver todo lo que ha cambiado, ver a tus compañeros de equipo...

    — Por supuesto que tengo ganas de volver — Dijo el comandante Karless, sentado frente a la pantalla y esbozando una sonrisa que no podía ver Clyne — Más ganas que nunca.

    [...]

    Hillary se encontraba en la puerta que daba acceso a su nuevo despacho. La joven Murphy había aceptado el cargo de representante de la Tierra, vacante tras la muerte de Eduard Carver a manos de Jim Baker. La mujer respiró hondo y dio un paso hacia delante para que la puerta se abriera, pues funcionaba con sensor de detección.

    La puerta se abrió y la ya ex soldado Murphy observó con mucho nerviosismo y ganas de comenzar el que sería su lugar a partir de ahora. La habitación contaba con un escritorio en el que había un ordenador de última generación junto a varios papeles, además había dos sillones frente a la mesa y un sofá donde poder sentarse junto una pequeña mesita y una televisión donde ver cualquier noticia retransmitida.

    La mujer decidió sentarse en su silla pero se quedó pregnada de las vistas que tenía tras ella, donde una cristalera daba paso a un paisaje de ciudad realmente bonito. Hillary no pudo evitar sonreír, acto seguido dejó sus cosas a un lado y se sentó frente al ordenador. Un correo de La Unión le daba la bienvenida a la red y le indicaba que tomase contacto con la L1, la nave que estaba trayendo de regreso a Cleo y Chloe.

    La representante Murphy no dudó ni un instante y tomó contacto rápidamente con dicha nave, conectándose mediante el ordenador. La conexión fue exitosa y en la pantalla del ordenador aparecieron las representantes, ya listas para entablar conversación con su nueva compañera.

    — Saludos, representante Murphy — Dijo Chloe, representante de la Luna, mientras esbozaba una gran sonrisa — ¿Cómo te sientes?

    — Un poco abrumada, la verdad — Murmuró Hillary, algo nerviosa — ¿Qué tal ha ido todo? Ya me han informado acerca de vuestro viaje a Neonia, pero no sé mucho más.

    — Te lo explicaremos todo una vez estemos de vuelta — Indicó Cleo, algo seria — Tenemos muchos temas que tratar.

    — Me lo imagino — Musitó la representante terrestre, asintiendo — Espero estar a la altura del cargo.

    — Lo estarás, Hill — Dijo la representante Allier.

    — Por cierto, hay algo que podrías hacer y que requiere de cierta importancia — Intervino la representante Miller.

    — Claro, ¿de qué trata?

    — Necesitamos que reúnas al equipo — Dijo Cleo, a la que Chloe había dado paso previo para hablar — A los que fueron nuestros compañeros en la Arcadia.

    — Lo haré — Musitó Hillary, decidida a ello — Pero, ¿puedo saber a qué se debe?

    — No es recomendable hablarlo por videollamada — Respondió Chloe, con firmeza — Llegaremos en cinco días, en ese entonces trataremos todo lo que tenemos entre manos.

    [...]

    Cinco días después

    — Tienen todas vuestras pertenencias en la nave con la que llegaron — Indicó una trabajadora de La Unión.

    — Perfecto, muchas gracias por todo — Respondió Lill, muy agradecido por haber recibido ayuda médica.

    — Es nuestro deber, cuídese Crane — Musitó la chica, marchándose acto seguido.

    Lill, Snow, Lio y West se encontraban ya juntos y listos para seguir con su misión personal: capturar a Jim Baker. El grupo salió de la sede marciana de La Unión, ubicada en la colonia Reinicio, y se dirigió a la zona de aterrizaje donde se encontraba estacionada la nave que usaban para sus viajes.

    — ¿Qué llevas ahí dentro? — Preguntó Lill al miembro recién incorporado a la búsqueda — Vas demasiado cargado para el viaje, ¿no crees?

    — He cogido todo lo necesario — Respondió West, que cargaba con tres mochilas repletas de anotaciones, ropa y demás objetos útiles para la higiene — Lo pesado lo lleva Lio.

    — Oh sí, pesa demasiado — Ironizó el hombre de Ceres, que portaba en el interior de su mochila la Rhajead.

    — No puedo esperar a probar esa cosa — Dijo el joven Crane, entusiasmado con la creación de Westley.

    — Ya veremos — Musitó Lio, bromeando.

    — Al final, West tendrá que hacer tres Rhajead más para que cada uno tenga la suya — Intervino Snow, hasta ahora sin entrar en la conversación — Venga, carguemos las cosas en la nave y reanudemos la misión.

    Durante esos cinco días que habían pasado, Lio introdujo a su amigo West al grupo, que estaba decidido a unirse a la misión de cazar al ex representante de Ceres. Aunque su verdadero propósito era reencontrarse con su amiga Dyrian, el joven Finn también odiaba a Jim por todo lo que le hizo pasar en la colonia criminal.

    Snow accedió a que West formara parte de la misión, principalmente al ver la asombrosa arma que el joven había creado y que al ser denegada por La Unión, la hacía única en toda la galaxia. La joven Carver, pese a no ocupar el puesto de representante de la Tierra que dejó vacante la muerte de su padre, era respetada por La Unión y le aseguró a West que haría todo lo posible para que el gobierno humano interplanetario decidiese fabricar más y convertirla en un arma potente para sus soldados.

    Con ello, Westley ganaría mucho dinero por ser el artífice de dicha arma y podría comenzar a vivir una vida tranquila y libre de ilegalidad, cuál era su objetivo principal. Lill también recibió con buenos ojos la incorporación del joven Finn al grupo, por lo que una vez todos de acuerdo y el joven Crane recuperado completamente de la herida sufrida durante la pelea contra los criminales, el cuarteto reanudó la misión.

    — ¡Señorita Carver! — Gritó una soldado que corría hacia el grupo — ¡Esperad!

    — ¿Qué ocurre? — Preguntó Lio, intrigado.

    La mujer respiró algo de oxígeno antes de hablar debido a la carrera que se había hecho para llegar hasta el grupo.

    — Hemos recibido una llamada de la representante de la Tierra — Informó la mujer, sorprendiendo a los cuatro.

    — ¿Representante de la Tierra? — Preguntó Snow, totalmente sorprendida.

    — Así es, ya hay representante terrestre — Respondió la soldado, asintiendo — La señorita Murphy.

    Snow, Lill y Lio se miraron perplejos mientras que West, al no conocerla, no entendía nada.

    — ¿Hillary...? — Hacia más de cinco meses que Lio no sabía de su compañera — ¿Representante de la Tierra...?

    — Bueno, ¿qué quiere la representante terrestre de nosotros? — Intervino el joven Crane, deseando saber que ocurría.

    — No se trata solo de la representante Murphy, sino también de la representante Allier y la representante Miller — Indicó la soldado de La Unión — Las dos últimas han llegado a la Tierra tras su viaje a Neonia y requieren de vuestra presencia en la sede de La Unión.

    — ¿Cómo nos han encontrado? — Preguntó Snow, que tras la guerra Rhajik se desmarcó de trabajar para La Unión aunque no tuviese problemas con ella.

    — Se han puesto en contacto con nosotros desde la Tierra, emitiendo una orden de búsqueda para que os localizáramos... y coincidiendo con que estáis aquí, me han enviado para informaros — La mujer hablaba con total lógica y siendo una simple enviada para dar la noticia — Sea lo que sea que fueseis a hacer, tenéis que posponerlo. Todos os debéis reunir en la sede.

    — Entonces... ¿tenemos una reunión a la que acudir? — West se quedó mirando a sus tres compañeros, sin saber que hacer y desconociendo completamente lo que ocurría.

    — Tú y yo no — Murmuró Lio, mirando a Westley — Ellos sí.

    — ¿Cómo que tú no? — Preguntó Lill, sin entender a que se refería su compañero — Tú eras parte del equipo y West es parte de nuestro equipo ahora.

    — Me echaron de La Unión, ¿no lo recuerdas? — Leonardo se mostraba serio — Por haber sido un infiltrado de Jim y porque éste mató a Eduard...

    — No vais a quedaros fuera de esto — Dijo Snow, firme en sus palabras — Sea lo que sea que quiera La Unión, nosotros cuatro somos un equipo y nadie va a ser excluido de esa reunión.

    — Bueno, entonces tenemos una cita a la que acudir — Añadió Lill, mirándose con sus amigos — Es hora de reencontrarnos con nuestros ex compañeros.

    [...]

    Dos neonianos avanzaban con cautela por una de las extensas áreas selváticas de su planeta natal, repleta de una especie de árboles parecidos a las palmeras de la Tierra pero cada uno con distinta altura y anchura de su tronco.

    Ambos portaban un Rypper para poder defenderse de cualquier potencial amenaza que pudiesen encontrarse, pues tras la casi extinción de su especie por parte de los Rhajik, los neonianos quedaron recluidos en una pequeña zona de Neonia y quedaron desprovistos del conocimiento del resto de lugares y especies animales de su planeta.

    Al llevar años sin explorar zonas de Neonia donde sus antepasados habían construido ciudades y formas de comunicarse con otros asentamientos avanzados, los neonianos, que regresaron a su planeta hacía cinco meses de la mano de la humanidad, se propusieron pese a la escasez abrumadora de soldados, el enviar tres patrullas de dos neonianos cada una a explorar su hogar.

    Una de esas parejas de neonianos eran Yak Quetaryan, el joven neoniano que fue entrenado por Vanth y sabía manejarse decentemente en combate y Reeda Klamp, una neoniana que se prestó voluntaria para servir como exploradora e íntima amiga del joven neoniano que la acompañaba, además de la hija del comandante neoniano Turak que falleció en la primera batalla en Xhander.

    El comandante Klamp nunca hablaba de su hija porque creía que eso podía jugarle en contra, considerando la guerra en curso que tenían los neonianos contra las máquinas que ellos crearon. Desconocía si los Rhajik podían elegir objetivos entre los neonianos y desconfiaba de los suyos hasta tal punto que mantenía a su hija Reeda en absoluto secreto.

    La muerte de Turak hizo salir a Reeda de su escondite, siendo Vanth y Narisha los únicos neonianos que conocían su verdadera identidad. Yak tenía su edad — los neonianos podían vivir doscientos años y ambos tenían sesenta aproximadamente — y siempre habían sido amigos, salvo que él desconocía su secreto hasta que la guerra Rhajik terminó. El joven Quetaryan comprendió el porqué de su amiga de esconder su identidad al resto, pues era algo que su padre siempre le pidió, sin embargo, tras su muerte no tenía porqué seguir escondiéndose.

    Los dos neonianos se movían con sigilo, pues se hallaban en territorio inexplorado y habían visto a un grupo de Ikorfs moverse por la zona, siendo la única especie animal que los neonianos conocían hasta el momento y conscientes de que estos atacaban a cualquiera.

    — No lo entiendo — Musitó Reeda, pendiente de su entorno — ¿Ikorfs en plena luz del día? ¿No solían recluirse en cuevas y vivir en la oscuridad?

    — Eso teníamos entendido, pero por lo que veo, también salen a cazar de día — Murmuró Yak, sujetando con fuerza su Rypper — Permanece alerta, voy a soltar otro dron para que cartografíe el área y seguiremos más allá del horizonte.

    — No conviene que nos alejemos mucho de la lanzadera — Dijo la neoniana, consciente del riesgo que corrían a medida que se alejaban de su vehículo — Además, anochecerá en menos de tres horas y las órdenes son explorar por el día.

    El joven Quetaryan sacó de una mochila que cargaba en su espalda un dispositivo del tamaño de un móvil humano, solo que este no era una simple pantalla fina sino que tenía anchura y parecía tener una especie de propulsor debajo.

    — Cuanto más terreno exploremos y cartografiemos, más pronto podremos volver a Isharay — Indicó Yak, manipulando el artefacto que había sacado de su mochila.

    El dron de creación neoniana fue encendido y programado por Yak para que éste sobrevolara una extensa área y reconociese cualquier cosa extraña, tales como nuevas especies animales, tecnología antigua y demás peculiaridades. El aparato emprendió su misión ante la mirada de los dos neonianos, que siguieron con la conversación.

    — Yak, sugiero que regresemos a la nave — Dijo la joven Klamp, tajante — No quiero arriesgarme a ser atacada por una manada de Ikorfs.

    — Tienes un Rypper, con eso los llenaríamos de agujeros en una ráfaga — Respondió Yak, decidido a seguir explorando un poco más.

    — Esto usa energía corporal, si nos encontráramos con más podría ser un problema — Reeda estaba siendo sensata — Mañana seguiremos más allá del horizonte.

    — Allá tú, Reeda — Musitó el joven neoniano, atrevido y aventurero — Te veo en una hora en la nave.

    Yak continuó su camino en dirección al horizonte mientras Reeda observaba a su compañero con frustración y enfado. Tras unos segundos, la joven neoniana decidió ir con él.

    — Cometemos un error — Musitó la neoniana, seria.

    — ¿Ah, sí? — Yak sonaba confiado — No tiene porqué pasar nada.

    — Cierto, pero puede pasar algo.

    — Si somos listos, no ocurrirá nada.

    — El problema es que tú no lo eres, Yak.

    Yak se volteó con el rostro serio hacia su amiga, que comenzó a reírse en voz baja para evitar llamar la atención del grupo de Ikorfs que estaban pasando por delante del dúo sin haberlos visto, a doscientos metros.

    — Esperaremos a que pasen y seguiremos nuestro camino — Propuso Quetaryan, pendiente del grupo de Ikorfs — Fácil y sin problema.

    — Espero que así sea y no den la vuelta — Añadió Klamp, preocupada — No quiero que me ataquen por la espalda, prefiero verlos venir de frente.

    — Deja de ser tan pesimista — Murmuró Yak, cansado de oír a su compañera hablar de esa forma — Tendría que haber escogido otro explorador.

    El grupo de Ikorfs, que lo conformaban unos nueve, pasaron de largo sin detectar a la pareja de neonianos que los observaba agachados desde cierta distancia. Tras dos minutos viéndolos alejarse, Yak y Reeda prosiguieron su camino para alcanzar la salida de aquella extensa área selvática y ver que iban a explorar al día siguiente.

    El trayecto fue relativamente corto, pasando diez minutos en los que ambos se mantuvieron en silencio para evitar sorpresas por parte de los Ikorfs. No obstante, el silencio tuvo que romperse cuando al salir de aquella selva, el dúo comprobó un amplio y hondo cráter justo frente a ellos.

    — ¿Cuando fuimos golpeados por un asteroide? — Preguntó Yak, que no recordaba en ningún momento la caída de un meteorito tan grande en Neonia.

    — Debió ser hace más de cien años, no parece un cráter reciente — Respondió Reeda, observando con asombro el lugar — Si bajamos, estoy segura de que obtendremos información acerca de la antigüedad de éste cráter. Solo tendré que coger algunas muestras de tierra y...

    — ¿Acaso eres geóloga? — Le cortó Yak, riéndose — Bueno, ¿quieres que hagamos esto ahora o regresamos a la nave y venimos con ella mañana?

    — Lo segundo es lo más prudente, así que eso haremos — Indicó la joven neoniana — Vámonos antes de...

    — Espera.

    Yak se aproximó al borde del cráter tras haberle parecido ver algo allí abajo. Sus dudas se confirmaron cuando el neoniano, con su amiga detrás, vieron lo que parecía ser una nave alienígena en el centro del agujero. Ésta era de una dimensión considerable y para sorpresa del dúo, no estaba partida en varios trozos pues parecía muy entera.

    — Eso es... es... ¿una nave? — La joven Klamp estaba impactada con el descubrimiento.

    — Dudo que sea una antigua casa neoniana así que... sí, debe ser una nave — Respondió Yak, igual de sorprendido — Aunque ahora falta saber si se trata de una nave de origen neoniano o si se trata de otra cosa bien distinta. En ese caso, esto es alarmante.

    — ¿Tienes la radio? — Preguntó Reeda a su compañero — Hay que avisar a Vanth y Narisha de esto.

    Quetaryan se quitó la mochila de la espalda y comenzó a rebuscar en ésta, sin éxito. El neoniano negó con la cabeza y volvió a colocarse la bolsa en su sitio.

    — Está en la lanzadera — Murmuró el neoniano Yak — Regresemos y le mandaremos un correo desde allí, ya sabes que Vanth prefiere que usemos lo más mínimo posible la radio por si cualquiera intercepta la señal.

    — Entonces no perdamos el tiempo y volvamos a la nave.

    [...]

    Cinthia se encontraba en el interior de la clínica médica de Isharay, la colonia neoniana en Neonia. La médico humana era la única de su especie que vivía en compañía de los neonianos, con el permiso de Narisha. Con ella vivía el único Rhajik superviviente a la guerra, Zyon, quién la ayudaba a la hora de aprender más sobre fisiología neoniana y sobre detectar males en el cuerpo de estos mediante su escáner de infrarrojos.

    Ambos formaban un equipo a la hora de tratar a los neonianos y aprender más el uno sobre el otro, cosa que beneficiaba a los dos. Inicialmente, la doctora Marlow tenía miedo a la máquina por todo lo que estas representaban, pero con el tiempo logró superar ese temor y creó una buena relación con el Rhajik, aprendiendo incluso sobre su fisionomía artificial.

    — Doctora Marlow, ¿puedo hacerle una pregunta?

    Cinthia no se esperaba que Zyon hablara de forma repentina mientras estaban guardando utensilios y cerrando la clínica hasta el día siguiente.

    — Por supuesto, Zyon — Respondió la humana — ¿De qué trata?

    — ¿No echa de menos a los de su especie? — La pregunta del robot sorprendió a la mujer, dejándola desconcertada.

    — Pues... la verdad es que no mucho — Murmuró Cinthia con sinceridad — Soy feliz aquí en Neonia, descubriendo una cultura nueva. ¿Y tú? ¿Echas de menos a...?

    — ¿A los Rhajik? — Zyon captó la pregunta — A los que fueron creados como yo, sí. Soy el único de mí especie, soy consciente de que soy una creación y que no entro dentro de la condición de ser vivo. Pero eso no significa que no me sienta solo.

    — Es asombroso oírte decir eso, Zyon — Dijo la doctora, sonriendo — Pero te entiendo, de hecho, es algo lógico. Sin embargo, yo estoy aquí sin nadie de los míos y tu compañía me basta.

    — Me alegra saber eso, doctora Marl...

    — Llámame Cinthia — Intervino la humana — Llevamos cinco meses trabajando juntos y me hablas de manera formal, como si fuera una eminencia o un superior tuyo. Llámame por mí nombre al igual que yo te llamo por el tuyo, por favor.

    — Está bien, Cinthia. Disculpe.

    La doctora Marlow casi se ríe con la última palabra que dijo Zyon, comprendiendo que la máquina parecía haber sido programada para hablar de usted a cualquiera. Los dos prosiguieron con guardar las cosas de utilidad médica en sus respectivos lugares cuando el Rhajik volvió a interrumpir el silencio.

    — Cinthia — Dijo Zyon, que al ser una máquina, siempre decía las palabras con el mismo tono de voz — ¿Te unirás a la colonia humana que está próxima a venir e instalarse aquí?

    — ¿Por qué me preguntas eso? — La doctora Marlow se extrañaba con las preguntas del Rhajik.

    — Eres humana, al fin y al cabo — Dijo Zyon — Y estás viviendo entre neonianos. ¿No te entusiasma la idea de que haya más humanos aquí en Neonia?

    — Claro, no tengo problema con eso — Respondió Cinthia con normalidad — Pero si lo que quieres saber es si me iré a la colonia que instale la humanidad, la respuesta es no. Me quedaré aquí, porque me gusta estar aquí.

    — Es bueno saberlo, Cinthia.

    De pronto se sucedieron varios golpes en la puerta de la clínica, haciendo que tanto la humana como la máquina se voltearan para mirar hacia la puerta. Cinthia se extrañó de que a esas horas fuese algún neoniano a pasar consulta, pero supo que se trataba de algo distinto cuando abrió la puerta y se encontró con Vanth.

    — Hola, doctora Marlow — Dijo el neoniano, entrando a la clínica — Zyon.

    — Vanth Dheer — Dijo el Rhajik — ¿Qué hace usted por aquí?

    — Vengo a proponerte algo — Murmuró Vanth, dejando a Cinthia con intriga — Narisha y yo hemos decidido construir más Rhajik para tener más efectivos y poder construir una colonia más amplia y demás quehaceres...

    — ¿Para qué necesitáis a Zyon? — Intervino Cinthia, seria.

    — Nuestros antepasados crearon a los Rhajik, no nosotros, por ello necesitamos ver como ha sido creado Zyon para poder construir más a partir de él.

    — Y necesitáis mí autorización, ¿verdad? — Zyon parecía estar de acuerdo — Estoy a vuestra disposición.

    — Zyon, ¿estás seguro...?

    — Sí, Cinthia — Musitó el robot — Me entusiasma la idea de no volver a ser el único de mí especie.

    — Bueno, técnicamente lo seguirás siendo — Dijo Vanth, que parecía querer confirmar algo más — No pretendemos crear Rhajik, sino su versión avanzada: Súper Rhajik.

    — Entonces, ¿por qué necesitáis a Zyon si él es un Rhajik original? — La doctora Marlow no quería que usaran a Zyon para ese tipo de cosas.

    — Por fuera es un Rhajik original, pero por dentro forma parte de los primeros y únicos veinte Rhajik que no se rebelaron contra los neonianos — Explicaba Vanth Dheer — Su sistema es distinto al del resto que fueron creados, no sé porqué. Solo queremos conocer como funciona para crear Súper Rhajik a partir de su sistema para evitar que nos vuelva a ocurrir lo que les pasó a nuestros antepasados y lo que nos ha costado casi una extinción.

    Cinthia observó a Zyon, dudando de si aquello era lo correcto. No obstante, ella no tenía poder de decisión porque el Rhajik no era de su propiedad y porque la propia máquina estaba dispuesta.

    — De acuerdo — Dijo Zyon, firme en su decisión — Será un placer contribuir a vuestro propósito.

    — Me alegra oír eso, Zyon — Murmuró Vanth, satisfecho y sonriente — Pronto te informaré de como lo haremos — El neoniano dio media vuelta y se dispuso a salir por la puerta, no sin antes despedirse — Estáis haciendo una gran labor. Muchas gracias a ambos, buenas noches Cinthia.

    Vanth salió de la clínica y se dirigió a la vivienda principal de Isharay, en la que vivía la representante Taaliv. Dos neonianos que custodiaban la entrada le dejaron pasar rápidamente al interior de la casa. El neoniano fue recibido repentinamente por Narisha, que estaba dispuesta a salir para buscarle.

    — ¿Ocurre algo, Narisha?

    — He recibido un correo de Yak y Reeda — Murmuró la representante neoniana con seriedad — Han descubierto una nave de origen desconocido.

    — ¿Le han dado detalles? ¿Qué han visto? — Vanth estaba sorprendido.

    — Míralo tú mismo — Le indicó Narisha, señalándole una especie de ordenador en el que poder leer dicho correo — Ya he avisado a La Unión para que nos ayude con la exploración del planeta.

    — ¡¿Cómo?! — El neoniano no se esperaba aquella decisión repentina sin ser consultada con él — ¡¿Por qué meter a los humanos en esto?! ¡Esa nave puede revelar mucha información sobre nuestra especie!

    — Baja la voz, Vanth — La representante neoniana fijó su penetrante mirada en su discípulo — No estamos en condiciones de hacer nada. ¿Acaso no lo ves? Somos una cantidad irrisoria, estamos prácticamente extintos.

    — Eso no tiene nada que ver, Narisha.

    — ¡Tiene mucho que ver, maldición! — Exclamo la representante Taaliv, mostrando su carácter — ¡Nosotros solos no podremos descifrar los misterios de nuestros antepasados! ¡Necesitamos ayuda y es evidente! ¡Abre los ojos, Vanth Dheer!

    La fuerza con la que Narisha había dicho sus palabras dejó perplejo a Vanth, que jamás la había visto ponerse así de seria y enfadada. El neoniano supo que le había faltado el respeto a la neoniana más vieja de la colonia y a su actual líder, por lo que agachó la mirada y asintió, consciente de que la representante no estaba tan equivocada.

    — Llegará el día en el que no esté aquí para tomar las decisiones correctas — Murmuró Narisha de pronto, mientras miraba a través de una ventana las estrellas que iluminaban la noche de Neonia — Tú me relevarás y quiero que sepas lo que debes anteponer a tu juicio. Lo primero es nuestra supervivencia, no nuestro ego. Hasta que no aprendas eso, no podrás liderar a los nuestros.

    Vanth miraba a su líder mientras la escuchaba alto y claro. Narisha se volteó y se dirigió a él hasta colocarse a escasos pasos de su posición mientras la ténue luz de su vivienda daba una sensación acogedora pero intensa a cualquiera que estuviese allí ante semejante reproche por parte de la representante neoniana a su futuro sucesor.

    — Algún día, tendrás un correo para ti, igual o más importante que este — Dijo Narisha Taaliv, manteniéndose seria e impasible — Tendrás que actuar... y solo espero que lo hagas pensando en nuestro futuro, no nuestro pasado. Porque lo que importa ahora es que tengamos otro día más con vida para ver al Sol de Neon iluminar nuestro hogar y que éste pueda ver una civilización próspera que renace de sus cenizas. No me defraudes, Vanth.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido Propenso a dormirse en clase

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    Saludos, amigo, voy a comentar el capítulo. Tengo que decir que me gustó mucho, al igual que los anteriores. Hasta el momento, la historia no ha tenido un solo capítulo malo. Tal vez alguno no tan bueno o incluso regular, pero malos no ha habido.

    Me gustó mucho ver los puntos de vista distintos que se mostraron aquí.

    Fue curioso que Dyrian y Amina le hicieran esas preguntas a Naylon, o debería decir, el supremo, porque eran exactamente las mismas preguntas que yo tenía. Me parece muy raro el hecho de que Xhander los hubiera arrastrado y luego no ejerciera ninguna clase de fuerza para evitar su escape. Recordé que esa estructura podía activar el agujero negro, y era obvio que El Supremo lo hizo por su cuenta, sin embargo, me parece raro que el trío no ahondara más al respecto.

    Parece que falta poco para que se reúnan los viajeros otra vez. Dado a que desde la misión de aniquilar a los Rhajik, y algunos incluso antes, se han mantenido muy alejados. Me pregunto que tipo de aporte harán Dyrian, West, Amina y Guy si llegan a integrarse al grupo. Imagino que ahora que Igor, Max, Kyllian, Chris y Alex no están, ellos 4 pueden ser perfectos para reemplazarlos.

    Hay tres cosas que me dan curiosidad sobre dicha reunión: la primera es cómo reaccionarán Snow y Lio al enterarse de la muerte de Jim, la segunda es cómo lo hará Axlor al descubrir que su comandante sigue vivo, y la tercera es ver como Cleo tomará el relato de Naylon al decirle que Kyllian decidió suicidarse. Creo que el Supremo cometió un error al dar esa información, ya que Cleo podría decir algo como que "Kyllian no era de hacer esas cosas" y refutar esa teoría, y eso lo metería en problemas. Ya se verá a donde llega eso.

    Lo bueno es que Lill está recuperado, y que la cacería por Jim Baker está finalizada. Ahora tienen que lidiar con otro problema todavía más grande, pero el grupo estará unido, y eso es lo que me importa XD.

    Me dio mucha risa la escena entre Yak y Reeda. Me pregunto a donde llevarás a esos dos personajes, sobre todo a la última que es la hija del neoniano guerrero más fuerte. Y también tengo intriga para saber que es esa nave que encontraron. Me da miedo pensar en lo que el Supremo pueda hacer con algo así. Quien sabe, quizá esa nave cuente su propia historia y de como tomó el control de los Rhajik.

    Me gustó mucho la escena entre Cinthia y Zyon, ya que le das una caracterización humana a un robot. Tengo muchas ganas de ver a donde llega esa relación que mantienen ambos, así también las acciones de sus personajes.

    Estoy impaciente por seguir leyendo la historia. Hasta la semana siguiente si todo va bien.
     
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  11. Threadmarks: El pasado siempre vuelve (Parte 1)
     
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    Aquí está el siguiente capítulo. Aviso de que en este y en los próximos no habrá casi acción pues esta será total en el final de la segunda parte. Sin más que añadir, os dejo con la lectura.



    El pasado siempre vuelve (Parte 1)






    Chloe, Hillary y Cleo abrieron la entrada del reconocido búnker subterráneo de La Unión que los anteriores representantes usaron para informar a Los Viajeros en sus primeras misiones. Las tres representantes miraron la sala con nostalgia, principalmente la representante Miller, que era la única de los anteriores representantes que seguía con vida. Atrás quedaron Jefferson, Eduard y Martha, sin nombrar al criminal Jim, todos ellos reunidos muchas veces en aquel búnker para tomar decisiones importantes para la humanidad.

    La recientemente nombrada representante terrestre, Hillary, también recordaba las contadas veces que había pisado aquel lugar junto a sus ex compañeros de trabajo. La representante Allier, por otro lado, nunca había estado allí, ni inclusive cuando fue nombrada representante de Marte, quedándose en su planeta natal. La sala era ahora un lugar sombrío y silencioso pese a mantenerse siempre operativa, aunque en los últimos cinco meses no fuese usada para reuniones de representantes.

    — Hacía mucho tiempo que no volvía aquí — Murmuró Chloe, observando la amplitud de la sala — Me trae muchos recuerdos.

    Aquella sala seguía manteniendo un proyector al fondo de ésta además de una mesa ovalada con sillas y un holograma en el centro para ver diversas estructuras o planetas a gran escala. Mientras la representante de la Luna activaba todos los aparatos, Hillary y Cleo observaban con asombro el que sería su principal lugar a la hora de hacer reuniones entre representantes y equipo.

    — Por cierto, ¿están todos los soldados avisados? — Cleo quería saber si estaban por venir pronto.

    — Así es, he ordenado que informen a todo el grupo para que vengan lo más pronto posible — Indicó Chloe, comprobando que los sistemas del aparato holográfico funcionaban correctamente — En cualquier momento podrían aparecer.

    — ¿Sabemos si han accedido a venir? — Preguntó Hillary esta vez, consciente y suponiendo de que tal vez no todos querían volver a formar parte de La Unión.

    — Lo veremos dentro de un rato — Respondió la representante Miller, haciendo referencia a que quizá no todos regresarían a La Unión.

    Mientras las tres representantes de La Unión preparaban la sala de aquel búnker subterráneo para la inminente reunión, una nave no muy grande aterrizaba en las inmediaciones con el fin de presentarse en la reunión. Al no ser una nave identificada, los soldados de La Unión se colocaron en sus posiciones, listos para defenderse de cualquier posible ataque, haciendo lo que el protocolo dictaba.

    No obstante, de la nave salieron Lill, Snow, Lio y West, siendo los primeros en llegar a la reunión que las representantes habían orquestado. Al ver todo el despliegue de soldados, el pequeño grupo se vio sorprendido pues no esperaban ser recibidos así.

    — ¡Identifiquensé! — Exclamo uno de los altos mandos de aquellos soldados que apuntaban al cuarteto — ¡No han respondido a los mensajes de radio!

    Lill, Snow y West miraron a Lio, que era el que pilotaba la nave y por ende el encargado de responder cualquier mensaje que llegase por radio.

    — Ehm... tenemos la señal de radio bloqueada y no nos llegan mensajes del exterior — Dijo Leonardo, mintiendo para salir del paso — Siento mucho la confusión, amigos.

    — ¡Señor, son parte de Los Viajeros! — Gritó otro de los soldados, reconociendo a los que fueron grandes partícipes en la guerra Rhajik.

    — ¡Bajen las armas, soldados!

    Al unísono, todos los soldados de La Unión bajaron las armas y el hombre al mando del gran pelotón que protegía las inmediaciones de la sede se aproximó al grupo con un rostro de asombro y alegría.

    — Disculpad todo esto, al no haber respondido nuestros mensajes decidimos prevenirnos de un posible ataque... — Se disculpaba el líder de aquellos soldados.

    — No se disculpe, señor — Dijo Snow, tendiéndole la mano — Soy Snow Carver y hemos venido para reunirnos con las representantes.

    — Lo sé, estábamos a la espera de recibiros — Indicó el soldado — Por cierto, ¿quieren que echemos un vistazo al sistema de radio de su nave?

    — No será necesario — Intervino Lio, evitando que su mentira saliera a la luz — Prefiero arreglarlo por mi cuenta, soy ingeniero.

    El hombre de La Unión asintió sin más y les indicó con un gesto que le siguieran, con el fin de llevarles hasta el búnker donde se reunirían con las representantes. Durante el camino, Lill se aproximó a Lio con alguna duda que quería aclarar.

    — ¿Por qué no has respondido a los mensajes de identificación? — Le preguntó en voz baja a su compañero.

    — Puse el piloto automático y me quedé escuchando música — Respondió Santos con normalidad — Lo sé, fallo mío, pero ya está hecho.

    El joven Crane comenzó a reírse ante la mirada incrédula de Snow, que le preguntó a que venía tanta risa. Mientras tanto, West no dejaba de contemplar el interior de la principal sede de todo el gobierno interplanetario llamado La Unión, quedándose sorprendido con la cantidad de gente que se movía en su interior. Al margen de todo ello, el joven Finn tenía claro que expresaría a las representantes su idea de fabricar más Rhajead y convertirla en una arma más del ejército humano.

    Tras unos minutos caminando por pasillos de un lado al otro, el soldado de La Unión los dejó junto a un ascensor que iba varios pisos abajo, concretamente al búnker. El grupo se metió en el ascensor y descendió unos cuatro pisos hasta que la puerta se abrió y les dio paso a un largo pasillo por el que avanzaron hasta llegar a una única puerta, que nada más notar su presencia, se abrió.

    Había varias cámaras en el pasillo, por lo que las representantes vieron quiénes eran y decidieron abrirles la puerta antes de que estos se aproximaran. La primera en entrar fue Snow, seguida de Lill, West y finalmente Lio.

    — ¡Snow, cuanto tiempo! — Exclamo Chloe, abrazando a la hija del fallecido representante Carver.

    — ¿Qué tal, Cleo? — Preguntó Lill mientras daba un abrazo a la que una vez fue compañera suya.

    — Todo bien, ¿y tú? — La representante marciana miró el lugar en el que el cartógrafo se hizo la herida en el combate con el grupo de Jim — Ya me he enterado de lo ocurrido, ¿cómo te encuentras?

    West se sentía al margen en aquella situación, por lo que se limitó a esperar que todos se saludaran para introducirse. Por otro lado, Hillary y Leo se quedaron mirando fijamente durante unos largos segundos, hasta que fue éste último quién decidió acercarse a su ex compañera para saludarla.

    — Así que representante de la Tierra, ¿eh? — El joven Santos le tendió la mano a la mujer — Has subido un escalón más en la vida.

    — Así es — Respondió Hillary, dándole la mano a su ex compañero sin dejar de mirarle — Tú eres lo suficientemente listo como para ser algo más que un sirviente.

    — ¿De qué hablas? — Lio se sorprendió de las palabras de la representante Murphy — ¿Sirviente?

    — Tú ya me entiendes, Lio — Murmuró Hillary, sin querer conversar más con su ex compañero y ex amor.

    — Tenemos mucho de lo que hablar, Hill.

    — Claro, pero las prioridades son otras.

    Hillary dejó a Lio a un lado mientras se dirigía a saludar al resto de sus ex compañeros. Por otro lado, la representante Allier fue la primera en acercarse al desconocido West, que no dejaba de observar en silencio toda la escena.

    — Bienvenido, ¿tú eres...?

    — Westley Finn — Se introdujo el hombre, sonriente — Representante Cleo Allier, de Marte, ¿cierto?

    — Correcto — Musitó Cleo, analizando con la mirada al desconocido — ¿Cuál es tu especialidad?

    — Ingeniero tecnológico, por así decirlo — Respondió West con normalidad — Hay algo de lo que me gustaría hablar con todas las representantes...

    — Por supuesto, sea lo que sea que quieras tratar, será después de lo que necesitamos deciros — Dijo la representante marciana — Por el momento, tenemos que esperar a ver si llegan más miembros del grupo.

    Westley asintió, sabiendo que tendría su oportunidad de convencer a las líderes de La Unión acerca de su proyecto armamentístico llamado Rhajead. Sin embargo, estas tenían otras prioridades que darían a conocer una vez llegasen más ex compañeros a la reunión.

    [...]

    La compuerta de una sala se abrió ante los ojos del joven Vaalot, bien posicionado y dispuesto para el combate. Aquella sala que el marciano había estado usando durante cinco meses en la base lunar — donde vivía con su pareja Arva — lo había ayudado a liberar todo el estrés, la furia y la tristeza que contenía en su interior tras el desenlace de la guerra Rhajik.

    La sala estaba hecha con tecnología Rhajik rescatada de distintos planetas y lograba emular las condiciones planetarias que el usuario quisiera, añadiendo al combate cuerpo a cuerpo dicho aliciente para sumarle más dificultad. La Unión la construyó en la Luna, y por ella pasaban todos los soldados que llegasen a la fase final de la graduación en la AFE para determinar si sus cuerpos podían resistir, de alguna manera, climas adversos.

    Sin embargo, cuando esta sala no era frecuentada por los jóvenes e inexpertos que luchaban por ser soldados oficiales de La Unión, era Axlor quién la usaba con el permiso de la representante de la Luna, Chloe Miller. Pelear y entrenar en aquella sala daba un plus de potencia y agilidad a cualquiera que la usara de forma más seguida, haciendo que La Unión se planteara construir más para que fuesen más accesibles.

    El hombre nacido en Marte y último ex comandante de Los Viajeros la había aprovechado hasta el punto de fortalecerse en todos los aspectos, tanto físicos como emocionales. Aunque aún tuviese secuelas mentales de todo lo ocurrido en la guerra, el joven Vaalot había logrado reconducir su salud mental, sin quitar la ayuda de su chica, la piloto Arva Tidder.

    — ¿Listo, Axlor?

    — Cuando quieras, Ash.

    La alarma de la sala que daba inicio al combate sonó haciendo que Axlor y Ashley comenzaran a moverse por el lugar, esperando el momento oportuno para atacar al otro. Ambos llevaban unos trajes elásticos y especiales para el combate, casi parecidos a los trajes de neopreno de los buceadores.

    La joven Ripley fue la primera en atacar, corriendo en dirección a su oponente y levantando la pierna derecha para intentar golpear la barbilla del marciano, sin éxito. Axlor aprovechó para tomar a su compañera de dicha pierna y lanzarla hacia atrás, haciendo que cayera al suelo de espaldas.

    Ashley se reincorporó con seriedad y sin aparente queja de dolor. El pelo largo y liso de la joven Ripley la hacía parecer más rebelde y su físico era realmente atractivo e imponente, además de sus evidentes habilidades para la lucha. Los pensamientos de Axlor se difuminaron cuando la mujer volvió a probar fortuna en ataque, lanzando un fuerte golpe derecho en el rostro del marciano que éste frenó con su antebrazo izquierdo.

    Sin embargo, ese bloqueo no le sirvió de mucho pues Ashley usó su pierna izquierda para golpearle las costillas a su compañero, haciendo que éste soltase un quejido. La mujer se dispuso a terminar con la pelea — el combate terminaba cuando alguien quedaba tumbado en el suelo — cuando de pronto el joven Vaalot usó su pierna derecha para desequilibrar a la chica, que se vio sorprendida por aquel movimiento.

    Pero para sorpresa de Axlor, la joven Ripley sí había previsto aquel gesto de su contrincante y mientras caía al suelo se colgó del cuello del marciano, haciéndolo rodar por el suelo y logrando que el hombre perdiese la pelea por una diferencia de varios segundos respecto a quién de los dos había tocado suelo con la espalda antes. Ashley terminó justo encima de Axlor, sentada sobre el abdomen del marciano y con ambos brazos en el pecho del hombre para evitar que se incorporara sin su consentimiento.

    — He vuelto a ganar — Murmuró Ashley mientras sonreía, recordando el primer combate que tuvieron en aquella misma sala — Creo que tendré que darte algunas clases de combate cuerpo a cuerpo, Axlor.

    — Quizá me he dejado ganar, Ash — Respondió el joven Vaalot con una media sonrisa.

    Ashley y Axlor comenzaron a reírse tras este último comentario, pero tras unos segundos, ambos se quedaron mirando fijamente sin decirse ninguna palabra. Sus ojos se entrelazaron hasta el punto de que parecían casi hipnotizados el uno con el otro pero ese instante fue intervenido por Arva, que entró en la sala con el rostro serio y mirando a ambos compañeros.

    — Tenemos una reunión con las representantes en la sede de La Unión — Dijo la piloto Tidder, sin expresar ningún tipo de emoción — La lanzadera para partir está lista.

    [...]

    Tras casi una hora de espera, las tres representantes de La Unión ya tenían a todos los miembros de Los Viajeros allí presentes, en la sala para reuniones del búnker subterráneo. Todos se saludaron con alegría por haberse reencontrado con sus antiguos compañeros y saludaron al desconocido West además de a la representante más longeva de las tres, Chloe. Una vez todos tomaron asiento alrededor de aquella mesa ovalada, fue la representante Miller la que tomó la palabra.

    — Siento deciros que, antes de comenzar a contaros todo lo que queremos contaros, debéis comprometeros con La Unión de nuevo — Comenzó explicando Chloe ante la mirada de Los Viajeros — Será como antes, volveréis a ser una tripulación y seréis enviados a donde se necesite que vayáis. Queremos que volváis, por favor.

    — ¿Y por qué nosotros? — Preguntó Lill, sorprendiendo al resto — ¿Acaso no hay jóvenes graduados en la AFE para ser enviados a misiones tal y como hicistéis con nosotros hace más de cinco meses atrás?

    — Los hay, pero no tan preparados como vosotros — Respondió la propia Chloe Miller — Fuisteis los primeros en descubrir que había neonianos en Neonia, los primeros en enfrentar a los Rhajik y los primeros en liderar a la humanidad en la guerra.

    — ¿Quiénes mejores que vosotros? — Dijo Hillary, sonriendo y de brazos cruzados.

    Todos se miraron entre sí, dubitativos. Cleo, la representante de Marte, aprovechó para repartir unas hojas a cada miembro allí presente junto a un bolígrafo.

    — Si firmáis, estáis dentro — Indicó la representante Allier — Volveréis a ser parte de La Unión y volveréis a ser un equipo.

    — ¿Y qué pasa conmigo? — Preguntó Lio, consciente de que su situación terminó de distinta forma a la de sus compañeros — Yo no dejé La Unión, al menos no pretendía hacerlo en su momento, fui expulsado por mi pasado.

    — Nunca he formado parte de ningún equipo y esto me está entusiasmando mucho — Intervino West — Pero si mi colega Santos no entra, yo tampoco.

    — Estoy con el nuevo — Añadió Lill, guiñándole el ojo a Lio.

    — Ni yo — Musitó Snow, firme en su idea — Si acceden a que Lio regrese al grupo, Lill, yo y West accedemos a unirnos de nuevo bajo el mando de La Unión.

    Chloe, Cleo y Hillary se miraron gratamente sorprendidas, especialmente la representante Murphy. Considerando que Lio estaba allí y que las representantes estaban de acuerdo, finalmente Leonardo Santos volvería a ser parte de La Unión y se le perdonaría todo su pasado.

    — Está bien, entonces que así sea — Dijo la representante lunar, satisfecha.

    Dicho y hecho, tanto Lio como West, Lill y Snow firmaron sus respectivos contratos. No obstante, ésta última frenó antes de firmar, queriendo añadir algo más.

    — Yo solo firmaré si me aseguráis que tendremos la misión de encontrar a Jim Baker — Dijo Snow, con el bolígrafo a escasos centímetros del papel.

    — No tengas la menor duda de que así será — Respondió Chloe, asintiendo — Ahora mismo hay otras prioridades de las que vamos a hablar, pero mientras os encargáis de ellas, la policía seguirá buscando al señor Baker y una vez tengamos alguna pista suya, serás la primera en saberlo.

    La joven Carver asintió, de acuerdo con lo dicho por la representante de la Luna. La mujer firmó su contrato al igual que sus otros tres compañeros anteriormente. Tras esto, la representante terrestre se aproximó a Arva, que parecía estar pensativa.

    — La Arcadia necesitará a su piloto — Murmuró Hillary, sonriendo.

    La piloto Tidder le devolvió la sonrisa y asintió, terminando finalmente por firmar su contrato. A un lado estaba la joven Ripley, que no había dudado ni un instante en firmar, pues llevaba cinco meses esperando aquel momento en el que todo el grupo — los que quedaban vivos — regresara de nuevo.

    El único que faltaba por estampar su firma en el papel era el joven Vaalot, que miraba el hueco en blanco con tensión mientras recordaba varios momentos cruciales de la guerra Rhajik. Primero, el momento en el que abandonó a Naylon Karless.

    — ¡Hora de irnos! — Gritó Axlor con todas sus fuerzas — ¡Hacia la lanzadera! ¡Lio, pilotas tú!

    — ¡Entendido! — Respondió el joven Santos.

    — ¡¿Sabes algo de Naylon?! — Preguntó la soldado Murphy, que dudaba de si obedecer a alguien que no fuese el comandante.

    — ¡No responde! — Axlor se sentía mal por tener que irse sin saber si el comandante Karless seguía vivo o muerto en alguna parte — ¡No podemos hacer nada más, hay que largarse ya mismo!

    Y segundo, el abandono a Kyllian Stagger.

    — ...sé si oir... esto per... amos a evac... las nav... han hui... y aquí estam... superados... completo... ento tener que dec... no... vuelta... trás — Pese a lo mal que se escuchaba, Kyllian comenzó a hacerse una idea de que le estaba diciendo Axlor.

    — ¡No, Axlor, espera! — Kyllian no quería que le ocurriese lo mismo que a Naylon cuando se quedó abandonado en aquella estructura — ¡Estoy aquí, esperadme! ¡Joder!


    — ¿Axlor? — Hillary observaba al marciano, que parecía estar sumido en sus pensamientos — ¿Estás bien?

    — Sí, sí... — Musitó Axlor, que tenía una duda — Solo firmaré si yo no soy el comandante.

    Todos los presentes en la sala se quedaron sorprendidos, especialmente las representantes, que tenían en el joven Vaalot al comandante perfecto para ellas. Sin embargo, la negativa del marciano obligó a Chloe a dar un paso al frente.

    — Hillary — Musitó la representante lunar, dejando a todos impactados, especialmente a la propia Hillary — Son tus compañeros y ya estás en una posición de poder. Seguirías siendo la representante de la Tierra pero lo compaginarías con el ser comandante del grupo. ¿Cómo lo ves?

    — Lo siento, Chloe, pero... no me veo capac...

    — Podría serlo yo.

    Chloe y Hillary, al igual que el resto, se voltearon para ver a la joven Ripley, que acababa de ofrecerse sin compromiso. El más asombrado fue Axlor, que era consciente de que el cargo era pesado y que en circunstancias duras las decisiones eran trascendentales y por ende podían afectar al propio comandante tal y como le pasó a él.

    — ¿Estarías dispuesta? — Preguntó la representante Miller, sorprendida.

    — Así es, puedo serlo — Respondió Ashley, seria — A menos que mis compañeros no quieran.

    El resto parecía estar de acuerdo con que Ashley les liderara, pues realmente había sido la única de todo el grupo que llevaba cinco meses intentando reunirlos a todos de nuevo, por lo que el apoyo de sus compañeros era total. Finalmente, parecía quedar claro que la comandante sería Ashley Ripley.

    Una vez todos habían firmado y ya estaban claras ciertas dudas de algunos miembros, las representantes, con Chloe como portavoz de estas, se dispuso a explicar el motivo de la reunión y todos los frentes abiertos que tenía La Unión.

    — Bien, ahora voy a pasar a informaros acerca de los temas de actualidad y de las misiones en las que os necesitamos — Comenzó diciendo la representante Miller — Supongo que habéis oído hablar de las cinco arcas, ¿verdad?

    — No, ni idea — Respondió Snow, hablando en nombre de la mayoría.

    — Sí que he visto noticieros que hablan de elegidos para la primera colonia humana fuera del Sistema Solar pero... ¿es cierto? — La que sería la nueva comandante del equipo si que parecía haber escuchado sobre ello.

    — Lo es — Confirmó Cleo, tomando la palabra — La Unión ha estado construyendo durante estos cinco meses un total de cinco arcas con capacidad para doscientas mil personas cada una, haciendo un total de un millón de humanos que vivirán en una gran expansión colonizada de Neonia.

    Todos los allí presentes se asombraron con la noticia pero no veían en qué serían necesarios sus servicios, sin embargo, eran conscientes de que era un hito en la historia de la humanidad y que quizá podrían tener la posibilidad de acceder a una plaza para vivir en el planeta de los neonianos.

    — La primera de las arcas debe estar a punto de llegar a Neonia, por no decir que debe estar allí ya — Prosiguió la representante marciana — La segunda arca ya ha salido y las que la preceden saldrán en los próximos días.

    — ¿Ya tenéis todas las plazas ocupadas en cada arca? — Preguntó West, sorprendido.

    — Las plazas se agotaron en menos de veinticuatro horas — Indicó Chloe, sonriente — En dos semanas habrá un millón de humanos en un planeta ajeno al Sistema Solar, comenzando así una nueva etapa.

    — Las arcas son la propia colonia y una vez aterricen en el planeta, se juntarán formando una gran ciudad de humanos — Añadió la representante Allier, entusiasmada con la idea — Y si queréis podréis tener una vivienda allí, aunque vuestro principal hogar será la Arcadia.

    — Hablando de la Arcadia... — Intervino Arva, interesada en la nave que un día pilotó — ¿Tiene mejoras? ¿Dónde la conserváis?

    — Todo a su debido tiempo, Arva — Murmuró Chloe, calmando los ánimos — Una vez esté todo explicado, os llevaremos a ella.

    Chloe Miller asintió dispuesta a seguir con otro de los temas importantes que abordar, tras haber informado al grupo del proyecto más abicioso que estaba llevando a cabo La Unión. La representante de la Luna se puso seria, considerando la alegría de la anterior noticia, cosa que hizo que el resto del grupo se pusiera igual.

    — Hemos recibido dos correos — Dijo Chloe con seriedad — El primero es de los neonianos, que nos acaban de informar de que sus exploradores han encontrado una nave de origen desconocido en su planeta, estrellada. No saben si puede ser de sus antepasados, de los Rhajik e inclusive no se descarta la idea de que pueda ser de otra especie desconocida...

    — No me jodas — Musitó Lio, consciente de que esos misterios terminaban por confirmarse para mal — Solo espero que si esa nave es de otra especie, no sean tan hostiles como los Rhajik.

    — Los Rhajik no eran hostiles, eran unos asesinos — Dijo Ashley con seriedad, recordando que las máquinas mataron a su hermano Alexander — Quizá solo sea de los antepasados neonianos.

    — Sea lo que sea, profundizaremos en ello — Dijo la representante Miller — Nos han pedido la ayuda de reputados científicos, ingenieros y soldados para mantener la zona vigilada. Algunos se incorporarán con la primera arca que ha llegado pero hemos pensando que algunos de vosotros podríais ir e investigar.

    — Snow, tú eres científica — Indicó Hillary, proponiendo a su compañera — ¿Estarías dispuesta?

    — Hace mucho que no ejerzo esa labor, pero me encantaría volver a mi antiguo trabajo — Respondió la joven Carver, satisfecha con la idea — Cuenta conmigo.

    — Yo también iré con ella — Dijo Lill, decidido a no dejar a su chica — Yo soy cartógrafo, puedo leer las rutas que tenga esa nave cartografiadas en su interior e incluso podría hacer cálculos de cuál era su trayectoria...

    — Perfecto, Lill y Snow — Musitó la representante terrestre — Necesitamos ingenieros... ¿Lio?

    — Claro, contad conmigo — Dijo Leonardo, ingeniero de naves.

    — Yo también soy ingeniero, tecnológico, pero ingeniero — Se ofreció Westley — Todo lo que sea tecnología, sé manejarlo. Y tengo intriga por esa misteriosa nave.

    — Muy bien entonces — Finalizó la representante Murphy — Lill, Snow, Lio y...

    — Westley, pero llamadme West.

    — Lill, Snow, Lio y Westl... West, irán a Neonia — Confirmó Hillary, con Chloe y Cleo de acuerdo.

    — ¿Y qué se supone que debemos hacer los demás? — Preguntó Axlor, viendo que se quedaba fuera de una misión junto a Arva y Ashley.

    — No os preocupéis, ahora sabrás cuál es vuestra tarea — Indicó Chloe, encendiendo la pantalla del fondo de la sala y dejando ver un segundo correo.

    El grupo abrió los ojos completamente sorprendidos de lo que estaban viendo, especialmente el joven Vaalot. Se trataba de un correo que provenía de una nave minera llamada Mercader IV y cuyo mensaje decía ser del comandante Naylon Karless, desaparecido en Xhander durante la guerra Rhajik. Aquello impactó a todos los miembros del equipo pero sobretodo a Axlor, que se levantó de su asiento con los puños apretados y la boca abierta.

    — No sabemos si es realmente él, pero hemos rastreado su procedencia y efectivamente viene de una nave llamada Mercader IV, una nave minera — Explicó Chloe Miller al resto del grupo — Puede ser una trampa, de cualquiera, de Jim incluso... como no nos fiamos, le hemos dado una ubicación remota, uno de los yermos de Marte, alejados de cualquiera colonia. Quiero que el resto vayáis a recibirle y confrontéis lo que sea que es esto. Si es él, traedlo a La Unión.

    Dicha misión era encomendada para la comandante Ripley, la piloto Tidder y el soldado Vaalot, los únicos del grupo que no tenían una misión establecida. El marciano no terminaba de creerse aquello y por dentro comenzó a sentir una sensación de confusión que tuvo que apaciguar calmándose. Tenía claro que si se trataba de una broma, le haría pagar a cualquiera de quién se tratase todo aquello.

    Tras todo lo contado y explicado, las tres representantes decidieron llevarse a todo el grupo a la Arcadia. Esta seguía siendo la misma excepto de que ahora tenía una serie de armas para defenderse de posibles ataques de otras naves y un sistema de defensa para no ser destruida tan fácilmente. Sin lugar a dudas, se trataba de la mejor nave humana en aquel momento.

    — Creo que la nave la necesitaréis vosotros — Dijo Hillary, quedándose a solas con los que fueron sus compañeros en el pasado — Arva, ¿te parece bien?

    — Yo puedo pilotar la nave, aunque no tengo mucha experiencia con una como la Arcadia — Indicó Lio, consciente de que Arva era la más especializada.

    — Tengo ganas de probarla, así que no voy a negarme — Murmuró Arva, que parecía estar enfadada con Axlor y no le importaba cambiar de misión.

    — Bueno, entonces necesitaremos a alguien más con nosotros — Dijo la comandante Ripley, que quería ir prevenida por si se trataba de una trampa.

    — Iré yo con vosotros — Musitó Lio, cambiando su misión — Arva se cambia por mí.

    — Perfecto, entonces no hay más que hablar — Dijo la representante Murphy, contenta de ver al grupo reunido de nuevo — Ash, me aseguraré de que tú, Axlor y Lio tengáis una lanzadera. La pilotará éste último, ¿no?

    — Claro, lanzaderas he manejado muchas — Respondió el joven Santos, sonriente.

    — Entendido, pues descansad todo lo que queda de día, mañana volvéis al trabajo — Indicó Hillary, contenta — Me alegra mucho que esteis de regreso, compañeros.

    [...]

    La noche había caído en la sede de La Unión, donde se encontraba el equipo descansando para ponerse al día por la mañana y comenzar sus respectivas misiones. Lill, Snow, Arva y West, que serían los que se llevarían la Arcadia, se encontraban en ella mientras que Ashley, Axlor y Lio se instalaron en la propia sede para tomar una lanzadera al día siguiente e irse a Marte.

    Westley Finn aprovechó para reunirse de nuevo con las tres representantes de La Unión, aunque ésta vez dicha reunión fue en la galería de tiro de la sede. Acompañado de su amigo Leonardo Santos y la Rhajead, estos se dirigieron al lugar donde les esperaban las tres representantes. Al entrar, las líderes del gobierno humano interplanetario se voltearon para recibirles, queriendo ver de que se trataba todo aquello.

    — ¿Por qué en la galería de tiro? — Preguntó Chloe, muy extrañada.

    — Porque se trata de un arma que he fabricado — Respondió West, sonriente y sacándola de una maleta — Os presento a la Rhajead.

    — ¿La Rha... qué? — Cleo no supo nombrarla.

    — Rhajead, viene de Rhajik y Head, cabeza en inglés — Indicó West, satisfecho con el nombre — Es original, ¿eh?

    — Sí, mucho... — La representante Allier habló con sarcasmo.

    — ¿Por qué Rhajik? — Preguntó Hillary, intrigada.

    — La ha fabricado a partir de tecnología Rhajik — Respondió Lio por su compañero — Ya la he probado y es como manejar una máquina de esas en tus brazos.

    — Saqué la tecnología Rhajik de los yermos de Marte, de cuando vinieron a visitarnos — Indicó el joven Finn, cediéndole el arma a Hillary — Vamos, pruébala. Solo no mantengas mucho tiempo el gatillo.

    — Está bien...

    La representante terrestre mantuvo en sus brazos la Rhajead y se sorprendió de que no pesara prácticamente nada, siendo totalmente portable. Acto seguido apuntó a una de las muchas dianas que había en la galería de tiro y ante la mirada de Cleo, Chloe, Lio y West disparó el arma.

    El potente disparo láser golpeó con fuerza la diana y Hillary decidió mantenerla unos diez segundos, logrando que el disparo atravesara el centro de la diana, haciéndola trozos y golpeando la pared. La representante de la Tierra tuvo que parar para evitar hacer un boquete en la pared, quedándose abrumada con su potencia.

    — Sigues siendo esa soldado dura, Hill — Murmuró Lio, asintiendo con una sonrisa — Menudo disparo.

    — Es increíble, es cómo si de verdad cargara conmigo un Rhajik... — La mujer alucinaba con el arma mientras se la devolvía a West — Has hecho un trabajo magnífico.

    — ¿Y dices que la sede de La Unión en Marte rechazó el fabricarla? — Preguntó la representante Allier, sorprendida — No dudes que iré a hablar con ellos, en mí colonia debo tener a mis soldados bien provistos y con esa arma nada nos pillaría desprevenidos.

    — West, has demostrado ser un ingeniero tecnológico asombroso — Dijo Chloe, tomando la palabra — Ten por seguro que tu creación va a ser fabricada y convertida en una de las armas de La Unión.

    — Muchísimas gracias, representantes — Asintió Westley con satisfacción — Solo quiero hacer lo mejor por la humanidad y ganar dinero con ello.

    Lio comenzó a reírse tras las palabras de su amigo mientras las representantes pillaron de improvisto el comentario, aunque comprendían al ingeniero.

    — Por supuesto, obtendrás un gran pago de parte de La Unión — Confirmó la representante de la Luna — Mañana antes de irte déjanos la Rhajead y todos los apuntes que tengas acerca del proyecto para que comencemos a fabricar más a partir de tú modelo. Cleo se encargará de que se busque en los yermos de Marte más chatarra Rhajik para su producción.

    West estaba entusiasmado y le cedió la Rhajead a Chloe Miller, que se la cedió a Cleo. Ésta se encargaría de poner en marcha su fabricación y de informar a la AFE y los soldados de La Unión de la nueva arma de la que iban a disponer. Tras esto, West y Lio se fueron y las tres representantes se fueron a sus habitaciones de hotel para al día siguiente irse a sus respectivas colonias.

    [...]

    La representante Murphy se encontraba en una de las habitaciones del hotel más cercano a la sede de La Unión, lugar que siempre usaban para dormir durante su estancia en la Tierra. Considerando que ella era la representante del planeta en el que se encontraban, aquella habitación de hotel era prácticamente su vivienda.

    Ya habían pasado de las doce de la noche y la mujer se encontraba sentada en un sillón mientras tomaba un vaso de vino. Hillary estaba sumida en sus pensamientos considerando el día tan ajetreado que habían tenido, con la reunión de su antiguo equipo y especialmente con haber visto de nuevo a Lio. La relación entre ambos no terminó del todo bien tras descubrirse que Jim mató a Eduard y éste se fue de cacería junto a Lill y Snow para encontrar al criminal.

    Leonardo se encontraba sin poder dormir también en una pequeña habitación de la sede de La Unión y pese a que al día siguiente iba a comenzar su misión, no dejaba de pensar en que tenía la necesidad de hablar con Hillary. Así pues, tras un largo rato dándole vueltas, el hombre de Ceres se levantó y salió del edificio para dirigirse a la habitación de hotel de su ex compañera y pareja.

    La representante terrestre decidió dejar de beber vino, quedándose la botella por la mitad, y se dispuso a acostarse cuando sonaron varios golpes en la puerta. La mujer se sobresaltó por un instante y extrañada considerando la hora que era, se quedó un momento quieta. Sin embargo, los golpes en la puerta volvieron a sonar.

    — Hill, soy yo, Lio — Se escuchó tras la puerta — Ábreme, necesito que hablemos.

    La chica nacida en la Tierra dudó de si abrir, pero finalmente la curiosidad pudo más. Hillary se aproximó con paso firme y abrió la puerta, dando paso al hombre.

    — Buenas noches — Musitó el joven Santos, con una media sonrisa — ¿Puedo pasar?

    — Sí, pero sea lo que sea que quieras decir, dilo rápido — Respondió la joven Murphy, indiferente — Me iba a dormir.

    — Sí, claro — Dijo Lio, observando sobre una mesita la botella de vino medio vacía y un vaso al lado — Parece que he llegado tarde a la fiesta.

    — No estabas invitado — Murmuró Hillary, riéndose — Bueno, ¿qué quieres, Lio?

    — Tener la conciencia tranquila — Respondió el hombre de Ceres, volteándose hacia la chica — Sé que no acabamos muy bien, que todo se salió de control justo antes de la misión de regresar a Xhander y... bueno, te debo una explicación.

    Hillary se mantenía expectante, a la espera de ver que más decía el hombre.

    — Pasase lo que pasase, iba a dejar La Unión antes de la misión, tal y como hice — Explicó Lio, cabizbajo — Especialmente después de que Jim matara al representante Carver. Cargo con esa culpa, y tanto Lill como Snow estuvieron odiándome los dos primeros meses, pero supongo que al final vieron que yo no tenía tanta culpa y logré obtener su perdón ayudándoles en la búsqueda de Jim. Lo que me faltó hacer fue despedirme de ti, pero no lo hice.

    — Estuve esperando semanas a que me dijeras algo, a que aparecieras en mí puerta o a que me llegara algún correo, pero entonces vi que yo no era tan importante para ti como me pensaba — Dijo Hillary, con la mirada fija en la de Lio y con un tono serio de voz — Te fuiste a cazar a Baker justo cuando tú y yo comenzamos a ser algo... ahí vi cuáles eran tus prioridades.

    — Cometí un error, lo sé — Intervino Santos, apenado — Créeme, me arrepentí de ello durante mucho tiempo y aún lo sigo haciendo, pero simplemente no quería meterte en mis asuntos, no merecías tener que pasar por eso. Pensé que estarías mejor alejada de mí.

    — Quizá hiciste bien — Musitó Hillary, mirando a un lado — ¿Algo más?

    — Quiero que sepas que aunque desaparecí de tu vista, te tuve muy presente en mis pensamientos — Añadió Lio, aproximándose a la mujer — Sé que las cosas no van a ser como fueron en su momento, pero me vale con saber que me podrás perdonar.

    — Ya lo he hecho, Lio — Dijo la joven Murphy, pareciendo algo más comprensiva — Solo espero que si vuelves a irte como si nada, cuentes con la idea de llevarme contigo. En aquel entonces estaba dispuesta a ayudarte.

    El pasado siempre vuelve, Hill — Murmuró Leonardo Santos, nostálgico — Para bien o para mal.

    Hillary asintió y ambos se fundieron en un abrazo que los dos quisieron y esperaron más de cinco meses. El gesto duró varios minutos, confirmando así la reconciliación de ambos, que tras haber sido pareja por un breve periodo de tiempo, comenzarían de nuevo como amigos.

    Los dos se separaron tras el abrazo pero se quedaron mirando fijamente y sus manos comenzaron a entrelazarse hasta que Hillary se aproximó a los labios del hombre y los besó, dejándose éste.

    Tras ello, Lio la tomó de la cintura y comenzaron a besarse con más pasión hasta que esta les llevó a quitarse la ropa desenfrenadamente, formando un camino de prendas hasta la cama donde ambos se entregaron con fervor y deseo tras más de cinco meses sin haberse visto.
     
    Última edición: 24 Marzo 2019 a las 8:17 AM
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    Hola, paso a comentar el capítulo. Debo decir que a pesar de no tener acción, ha sido espectacular. De hecho, me atrevo a decir que los capítulos que no tienen acción son mejores, dado a que la acción solamente consiste muchas veces en un enfrentamiento. Mientras que estos capítulos nos muestran a los personajes desarrollándose, y considero eso mucho más importante que la acción en sí. Dado a que si los capítulos que cumplen esta función no terminan gustando, al pasar a la acción, dará lo mismo lo que ocurra con los personajes.

    Pasando a comentar el capítulo, encontré un error solo. Donde la palabra "ambicioso" está mal escrita como "abicioso". Fuera de eso, nada más y no se corta la lectura. Tengo que decir que este capítulo es de los mejores que has narrado de la historia hasta ahora. Recuerdo un capítulo en la parte I donde todo eran diálogos y la narración consistía en poner "personaje X fue a encontrarse con Y, Z y W. Se sentaron a charlar". Aquí es todo lo contrario, la narración cuenta mucho más de lo que está pasando en la escena, y claramente es agradable de leer porque así se disfruta más.

    Tal parece que el edificio de la Unión donde los representantes se reunían ahora ya vuelve a ser usado otra vez. Las tres representantes son mujeres, lo que quiere decir que el Girl Power ha llegado hasta la Unión. Las tres tienen experiencia en la guerra contra los Rhajik y en encuentros con criminales, por lo que dudo mucho que una situación adversa pueda superarlos ahora.

    West va a formar parte de la misión a Neonia, así que ya se lo puede considerar oficialmente alguien más en el grupo de los viajeros. Aunque tengo el presentimiento de que, si surgiera algún problema, él podría llegar a morir. Siendo ingeniero tecnológico y no teniendo capacidades de combate, no lo pasará bien si algo sucede.

    Me parece muy curiosa la forma en la que Axlor y Ashley se están llevando. Ahora ambos entrenan juntos, y claramente esos entrenamientos los ayudan a superar el dolor de las pérdidas de sus amigos, pero me parece que están dejándose llevar. Incluso se han quedado mirando como adolescentes tras haber tenido su pelea. Debo decir que me agradaba la idea de que ellos estuvieran juntos, pero me siento mal por Arva. Más aún porque a ella le ha tocado irse en el grupo donde su novio no va XD.

    Tengo mucha curiosidad por ver que es lo que se encuentra en esa nave espacial en Neonia, y también por ver como reaccionarán los viajeros cuando se encuentren con Naylon y este les cuente que ha matado a Jim. Estoy ansioso por conocer el próximo movimiento que realizará el Supremo, y sé que no será algo bonito.

    Y para terminar, me alegra que Lio y Hill hayan podido reconciliarse, aunque fue más rápido de lo que creía que pasaría XD. Me agradaba verlos juntos, y también me dolió un poco cuando ellos se separaron. Aunque ahora que Hill tiene un puesto de representante, imagino que eso podría complicar un poco las cosas en su relación, por el trabajo y demás.

    En fin, eso será todo por ahora. Te doy una sugerencia, podrías crear en tu blog una entrada con los nombres completos de los personajes. Me conozco sus nombres pero algunos apellidos se me olvidan, y cuesta un poco tener que volver atrás a ver quien era el que estaba hablando. Te agradecería si lo hicieras, ya que esa guía sería permanente y me ayudaría por el resto de la historia.

    Hasta la próxima, saludos.
     
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