Colectivo de Pokémon - Havoc/Harvest: Overlay

Tema en 'Fanfics de Pokémon' iniciado por Kiwi, 3 Enero 2019.

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  1. Threadmarks: Capítulo 1
     
    Kiwi

    Kiwi Beta-reader Beta Reader de Honor

    Aries
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
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    Fantasía
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    Well, no creo que tenga caso repetirnos. Fanfic colectivo en una región original relacionado con otros fanfics y bla, bla, bla. Toda la información del contexto la pueden encontrar acá, así como los personajes, locaciones, pokémon y hasta un bonito mapa de Aiwass.

    Za Rulz
    1- No flame entre los participantes.
    2- Vamos a mantener la clasificación para mayores de trece años, así que el lemon explícito no está permitido.
    3- En caso de ausencia, favor de avisar con anticipación.
    4- El post debe contar con un mínimo de 600 palabras, sin un límite máximo.
    5- Prohibido apartar post. Si se te adelantaron tejones porque no hay liebres.
    6- Prohibido llevar a un personaje o sus pokémon a situaciones extremas sin su consentimiento. Preferentemente, contacten con el user del personaje que quieren usar si quieren hacer planes con él.
    7- Relativo al punto anterior: en caso de usar el personaje de otro user, traten de mantenerse lo más fieles posibles a su personalidad. Esto también aplica a los npc.
    8- Cualquier conflicto entre los users debe resolverse de forma madura. El tradicional sistema de los pokeputazos en Showdown.
    9- Mecánicas de batalla:

    Primero: los ivs, evs y stats base de los pokémon son inexistentes in universe. Estamos contando una historia más que desarrollar un sistema de batalla estricto. Aún así, los pokémon tendrán debilidades y fortalezas de acuerdo a sus equivalentes in game. Para ejemplificar: Crobat es mucho más rápido que Rhydon, pero la diferencia de velocidad entre ambos no se mide en números. Pikachu es físicamente frágil ante ataques, y el Viento Plata de un Scizor será relativamente débil.

    Segundo: Los niveles tampoco son estadísticas que se mencionen in universe. Aún así, hay que mantenerse lo más congruente posible con lo que sería su equivalente. Un Snivy que ha alcanzado un nivel aceptable de fuerza debería evolucionar en Servine a menos que una circunstancia específica indique lo contrario. Como puede ser una Piedra Eterna.

    Tercero: Los pokémon pueden llevar objetos o bayas equipados, pero de ser el caso, debe describirse cómo y dónde los llevan, como puede ser un saco colgando de su cuello para llevar Restos o una Cinta Elegida en la frente.

    Cuarto: las resistencias y debilidades de la tabla de tipos sí aplican, pero están determinadas de acuerdo al poder de los pokémon. Un Delphox debería resistir perfectamente el rayo burbuja de un Omanite.

    Quinto: las inmunidades de tipo se aplican igualmente siempre y cuando no atenten contra la suspensión de la credibilidad. Un pokémon tipo siniestro no será afectado por ataques de tipo psíquico que afecten a la mente, y pokémon que se mantengan en el aire, lógicamente, no serán afectados por movimientos de tipo tierra. Igualmente, pokémon con inmunidad de tipo como Hada a Dragón deberían contar con la habilidad instintiva necesaria para evadir movimientos de este tipo, pero, de nuevo, hay un límite al respecto, y es que los pokémon no serán inmunes a movimientos de pokémon a los que razonablemente no serían inmunes. Por poner un ejemplo: Murkrow al ser tipo siniestro es inmune a Cabezazo Zen, pero un Metagross usando Cabezazo Zen sigue siendo una enorme masa de acero a gran velocidad contra un ave pequeña. Así mismo, las inmunidades de tipo pueden ser burladas de forma creativa si el user utiliza su ingenio, como puede ser atacar a un pokémon de tipo siniestro lanzando objetos que levitan con Psíquico o sujetando a un pokémon volador contra el suelo para que reciba el impacto de un Terremoto.

    Sexto: lo mismo aplica para las inmunidades por habilidad.

    10- Se espera que cualquier acción que realicen tenga cierta repercusión en la trama central. Sean acciones de sus personajes o sus relaciones con otros personajes.

    11- Por esto mismo en caso de ausencia injustificada por más de dos capítulos, su personaje pasará a ser un npc.



    Pokémon H/H: Overlay




    Capítulo 1 - Una tierra llamada Aiwass




    La Gran Ordalia / Cinco de Abril


    Mucho se dice acerca de que los pokémon del Bosque de Pan son una extensión del mismo, y que llevan una parte de su alma consigo a donde quiera que vayan. Esto era especialmente cierto para los tipo planta como la Petilil en lo alto del gigantesco árbol. A más de doscientos metros de su amado bosque, Lilly contemplaba lo que había sido su hogar durante la primera mitad de su vida. Conocía cada pequeño arbusto y pokémon de la zona superficial, e incluso se había tomado la molestia de poner nombre a los árboles. Todo eso antes de ser capturada por Arrel Strauss. Si se concentraba lo suficiente, aún podía recordarlos.

    El sol se había ocultado ya, y el cielo rojizo empezaba a oscurecerse. Después de despedirse de su bosque, Lilly echó a correr entre las ramas nudosas de la Gran Ordalia. Una investigadora la saludó cuando pasó junto al laboratorio, y cuando llegó a la altura del Gimnasio Pokémon encontró sus puertas cerradas. Asintió y siguió subiendo hasta distinguir una luz parpadeante más arriba que provenía de una ventana, y de un salto se introdujo en ella para llegar al hogar de su entrenador.

    El hombre que la capturó se llamaba Arrel Strauss. Un sujeto alto de piel oscura y con un cabello peculiar que Lilly no había visto en otros humanos. Por lo regular era alguien agradable que la acompañaba en sus paseos por el bosque, y ocasionalmente tenían batallas en el gimnasio (Lilly tenía que tomar la iniciativa porque Arrel no era muy bueno para ello). Pero también tenía su lado aburrido cuando se ponía la bata blanca y bajaba al laboratorio a examinar cajas de vidrio y hojas secas, o cuando se sentaba por horas a escribir en su ordenador al mismo tiempo que hacía garabatos en una libreta. En momentos así tenía que dejarlo solo y esperar encontrar algo más para entretenerse.

    Esa noche, Arrel Straus sostenía una conversación con el teléfono negro sobre la mesa junto al sofá. La bocina apuntaba hacia arriba mientras Arrel Strauss. Entraba y salía de su habitación.

    —¿Un torneo? —preguntó el teléfono.

    —O una competencia, profesora. No estoy realmente seguro, pero al parecer será un evento grande.

    —Todo es grande cuando se trata de los Lann, especialmente su ego.

    —Aún así, ese chico Lewis es un verdadero prodigio, y su padre... seguramente es más de lo que esperamos.

    El teléfono emitió una risa disimulada. Arrel salió de la habitación con una mochila abierta y la dejó sobre el sofá.

    —¿Te interesa?

    —Un poco. Si tuviera algo de tiempo libre probablemente estaría en camino.

    —¿Ocupado?

    —¿Ha oído sobre la conferencia en Ciudad Lyses?

    —Ese viejo de Sogia va a dar una exposición sobre mitología. Al parecer han hecho ciertos descubrimientos.

    —Sí, y algunos nombres importantes estarán presentes, incluso eminencias de otras regiones. La verdad es que también espero mostrarles los avances de mi investigación.

    —¿Dresserios?

    —Estuve estancado por algún tiempo, pero por fin encontré una pista a seguir. Y el dinero de los Frey me vendría muy bien para financiar un grupo de exploración más grande.

    Empezó a tomar frascos de una estantería en el otro extremo de la sala. Lilly sabía que la mayoría eran bayas trituradas que solía llevar a todas partes. En cuanto acabó con ellos metió algunos utensilios más.

    —Ten cuidado. Si tienes razón al respecto, se trata de algo muy peligroso.

    —Lo sé, pero piense en las posibilidades. La forma en que entendemos al Bosque de Pan podría cambiar por completo. Alseide dejaría de ser un pequeño pueblo.

    —Espero que tengas razón.

    —Si todo sale bien vamos a vernos pronto, profesora.

    —Trataré de confiar en tu buen juicio.

    La conversación terminó cuando Arrel Strauss cerraba su mochila. Y se sentaba en el sofá. Fue en ese momento que notó la presencia de Lilly.

    —Estabas aquí. Ven, quiero mostrarte algo.

    Saltó hacia su hombro mientras él tomaba una libreta y empezaba a pasar hojas. La mayoría estaban llenas de garabatos y dibujos extraños, pero entonces se detuvo en una página con el boceto de un extraño pokémon.

    —¿Lo has visto? Se llama Dresserios. Creo que se esconde en algún lugar del bosque.

    Lilly negó con la cabeza. Nunca había visto nada parecido.

    —No importa. Mañana daremos un pequeño paseo.





    Gimnasio Pokémon de Ciudad Lyses / Once de Abril


    —¿Qué es un pokémon legendario?

    Gracias al sistema de visión sólida, el área de batalla en la sima del gimnasio podía asumir diversas formas. En aquel momento simulaba un perfecto ambiente acuático en el que los pokémon podían moverse con total libertad.

    —Un pokémon legendario es uno extremadamente difícil de ver o capturar.

    Como si pudieran nadar a través del aire, un Lumineon y un Dratini combatían en el centro del gimnasio, embistiéndose el uno al otro y esquivando sus ataques. Presionando, pero sin usar demasiada fuerza, al grado que parecía más un entrenamiento amistoso que una batalla de verdad.

    —No me refiero a eso. Tú sabes, los legendarios de verdad.

    —¿A qué se refiere?

    La entrenadora del Lumineon era una chica joven, de baja estatura y figura delicada ataviada con un vestido níveo. Su largo cabello blanco estaba atado en una coleta y un rostro de finas facciones enmarcada sus intensos ojos azules. El conjunto de su imagen ofrecía un aspecto de fragilidad que, sin embargo, estaba muy lejos de la realidad.

    —Piensa en Efesto, y en esa gigantesca fortaleza. Las leyendas dicen que es un trono para el pokémon legendario, pero ¿qué clase de idiota construye una monstruosidad así para que un pokémon apoye el trasero?

    Su oponente era un hombre de gran estatura, tan pálido como ella, pero esa era la única similitud entre ambos. Cabello entre rubio y gris, una espesa barba en un rostro de líneas duras. Un físico imponente y una actitud borde en comparación a la reservada chica. Su nombre era Sogia Frey, y ejercía como líder de gimnasio de la ciudad.

    —Nunca he estado en Efesto.

    —Bueno, yo sí, y te digo que esa cosa no tiene nada de trono. Es una fortaleza lo mires como lo mires, un castillo diseñado para combatir y resistir.

    Similares a ellos, el Dratini triplicaba en tamaño al pequeño Lumineon, pero éste lo compensaba con una velocidad muy superior que le permitía evadir con facilidad los embates del dragón simplemente deslizándose con la corriente mientras seguía ejerciendo presión.

    —No estoy segura de a dónde quiere llegar.

    —Tú sabes, esas historias se inventaron hace mucho tiempo y la gente las creía, pero ahora sabemos que no es así. Entonces, cuando ahora nos dicen que un pokémon legendario destruyó el continente en un arrebato y hundió una pequeña ciudad en el océano, ¿por qué deberíamos creerle?

    La joven no pudo dar una respuesta inmediata, momento que aprovechó Sogia para dar la vuelta al combate.

    —¡Velocidad Extrema!

    Dratini desapareció como una explosión de agua frente a Lumineon, quien quedó aturdido por un instante mientras intentaba ubicar a su oponente, pero el dragón ya se encontraba detrás suyo y antes de que pudiera verlo, sintió la fuerza de su embestida, cayendo debilitado rápidamente.

    La simulación desapareció ambos pokémon cayeron al suelo. La chica recuperó a su Lumineon, mientras Dratini reptaba hacia su propio entrenador, quien reía una sonora carcajada.

    —Tal parece que aún no estoy acabado, ¿eh? Todavía tengo mucho qué enseñarle a tu generación.

    Ella también sonrió, acostumbrada a esa clase de actitudes de su parte, y tras guardar su pokéball fueron a sentarse juntos en las gradas. Tener un combate de sparring era especie de acuerdo tácito cada vez que se veían.

    —¿Y bien? ¿Qué opinas?

    —¿Sobre los legendarios?

    —Sí, es el tema de la conferencia de mañana. Aún estoy algo nervioso con todo el asunto, van a venir algunos estirados de fuera.

    —Mi abuela asegura que estará bien. Le manda saludos, y lamenta no poder acudir.

    —Su salud es algo delicada desde hace un tiempo... ¿Y tú qué tal? ¿Algún problema en el camino hacia Lyses?

    —Hacía buen clima, así que vine volando.

    —Menos mal. Últimamente hay algunos bandidos en la ciudad, basura sin importancia, pero parece que hay alguien por ahí queriendo hacer justicia por su propia mano.

    —Si necesita ayuda...

    Sogia negó con la cabeza.

    —Tu abuela me puso a cargo de esta ciudad, y encargarme es lo que voy a hacer. Tú no te preocupes por nada.

    Le dio una suave palmada en el hombro, tan suave como podía ser con esas manos de hierro, y aunque retuvo la sonrisa de familiaridad, sus facciones recias adoptaron rápidamente una expresión seria.

    —Tu abuela... ella iba a enviarte algo más.

    Scylla cerró los ojos y asintió. Llevó una mano a su bolsa y extrajo una pequeña caja cuadrada de plata con relieves que se asemejaban a remolinos, y se la tendió al líder de gimnasio.

    —No me dijo de qué se trataba.

    —Cosas de arqueólogos. Va a ser importante en la conferencia de mañana.





    Icaros / Doce de Abril


    Como capitana de la guardia de la ciudad, Alexis estaba segura de conocer Icaros a la perfección. Años de vigilancia nocturna, de recorrer sus calles palmo a palmo siempre velando por la seguridad le daban la confianza de conocer cada esquina, cada encrucijada y cada edificio presente con la que exactitud suficiente para trazar un mapa en su cabeza de la misma sin temor a fallar. Y si podía extraer una conclusión de la misma es que se trataba de un completo caos.

    No era tan extraño después de todo. Como había aprendido en la academia, Icaros había sido fundada por familias que se asentaron en la zona tras huir de la depredación de la que eran víctimas en sus pueblos de origen por los pokémon salvajes. Encontraron un lugar relativamente seguro y empezaron a construir, edificado casas de madera sin el menor sentido del orden, y conforme más gente llegaba al pueblo, este crecía y crecía, hasta convertirse en un gigantesco laberinto de madera, después de ladrillo, y ahora de concreto y cristal. Y lo que antes había sido un refugio ahora se alzaba como la ciudad más importante de la región. O al menos eso decían sus libros.

    El día era soleado, y las calles estaban a reventar de personas y pokémon, como un constante flujo viviente hacia el centro de la ciudad. Y aunque le satisfacía ver ese nivel de actividad, una parte de ella también se sentía nerviosa. La mayor parte de los presentes eran turistas, y más de la mitad de ellos entrenadores que no se contenían en exhibir a sus pokémon aquí y allá. Ya había tenido que interrumpir dos combates espontáneos en la vía pública, pero el ánimo común era tan intenso que se acababa imponiendo. Sólo esperaba que el torneo comenzara de una vez.

    Su rutina la llevó a la Plaza del Sol, la amplia zona abierta en el centro de la ciudad de adoquines blancos, rojos y dorados que en condiciones normales emulaban la figura del astro rey, pero que ahora eran invisibles a causa de la congregación reunida en el lugar. Sus guardias estaban apostados con discreción a lo largo y ancho de la multitud, listos para interceptar cualquier incidente, pero al mismo tiempo, sin estorbar a la actividad que estaba por llevarse a cabo.

    En el centro de la plaza se había levantado una ostentosa plataforma a dos metros del suelo. Algunos guardias comenzaron a conducir a las personas lejos de ella hasta crear una distancia aceptable. Alexis suspiró sabiendo lo que estaba por venir. Contó mentalmente uno, dos, y cuando llegó al tres, cuatro vistosos pilares de fuego se elevaron desde las esquinas de su plataforma, arrancando gritos de sorpresa al público reunido. Entonces, riendo para sí misma, vio ascender a una persona por la plataforma mientras las llamas seguían ardiendo: un chico joven, rubio como ella y de brillantes ojos azules ocultos tras unas gafas estilizadas. Llevaba el cabello algo corto y rebelde a juego con la amplia sonrisa en su rostro, así como un traje blanco sobre camisa y corbata negras. Su sobrino, así como el líder de gimnasio de la ciudad: el incorregible Lewis de Lann.

    Su llegada fue recibida con aplausos y vítores, y mientras esperaba a que se hiciera un poco de silencio, alargó su mano con un cigarrillo hacia uno de los lanzallamas de su invención. Poco le faltó para quemarse los dedos, pero Alexis sabía que era parte de su faceta y el pequeño gesto elevó un poco más, si cabe, el ánimo colectivo.

    —Gente de Icaros —exclamó cuando las voces empezaron a disminuir—. Y visitantes de todas partes. Hoy celebramos el primer torneo del sol en la ciudad. La inscripción es completamente libre. Todo el que lo desee puede registrarse para participar en el stand —añadió señalando con su mano a un pequeño puesto con mesas semi escondido entre la multitud—. Las reglas son simples: el escenario será la misma Plaza del Sol y podrán retar a cualquier entrenador que deseen. No pueden rehusarse, y ambos deberán combatir con el mismo número de pokémon. Si pierden el combate, están fuera. La primera fase terminará cuando sólo queden diez entrenadores en pie. Entonces tendremos una sorpresa para todos. Y el premio para el ganador, además de la Medalla Rugido será...

    Hizo una pausa dramatica, disfrutando de la expectación general, y con un movimiento hábil lanzó una honorball blanca al aire en un ascenso perfectamente vertical. Al llegar a su punto más alto, ésta se abrió por la mitad para liberar un rayo de luz que se convirtió en un perfecto ejemplar de rowlett nativo de la región entre una cortina de destellos dorados, con su característica coloración negra y blanca, pero las plumas encendidas en la punta de sus alas emitían un brillo rojizo.

    —El registro terminará en dos horas y entonces empezará la primera ronda. Den lo mejor de sí junto a sus pokémon.





    Bosque de Pan / Nueve de Abril


    Arrel Strauss era un poco diferente de otros humanos. Los habitantes de Alseide siempre habían sido respetuosos con el bosque, pero él era el primero que conocía Lilly que pareciera sentirse tan a gusto entre la naturaleza. Tomaba muestras, hacía fotos y escribía garabatos en su libreta todo el día. En ocasiones podía pasar horas observando un enjambre de Beedrill, o siguiendo la acción de la pelea entre dos Lileep con su cámara. Recolectaba bayas para ambos y, durante la noche, se echaban a dormir bajo una manta a la sombra de cualquier árbol. Había una expresión de paz en su rostro que Lilly no veía en él cuando estaba entre los de su especie.

    Al igual que en ella, una parte del bosque se había colado al interior de Arrel Strauss, y en consecuencia él se internaba más y más en su profundidad, deseoso de conocer todos sus secretos. Justo como en ese entonces, cuando encontró una hoja suelta en en la tierra de color púrpura y sus ojos brillaron de asombro.

    —¡Lo encontramos! ¡Es él... existe!

    Sí, Arrel Strauss se sentía cómodo en el bosque, tal vez demasiado.

    Por eso cruzó la línea que ningún aldeano se había atrevido a cruzar, por eso, cuando ingresó temerariamente al corazón del bosque, Pan extendió sus largas raíces y le mostró el otro lado de su naturaleza.




    Primero que nada: bienvenidos al Aiwassverse. Espero que sea una experiencia divertida para todos. Somos viejos y nuevos conocidos, pero creo que esto va a funcionar de una u otra forra.

    Éste primer capítulo es una introducción. Vamos a conocer un poco más a sus personajes, quiénes son, cómo son con sus pokémon y qué es lo que hacen. Pueden volver al pasado tanto como quieran o empezar directamente en Aiwass. La única condición es que sus posts terminen el 12 de Abril, y sus personajes se encuentren en una de las dos ciudades, ya sea en Icaros o en Lyses. En caso de elegir Icaros pueden participar en el torneo. Si eligen Lyses pueden ir a donde quieran. La ficha de Icaros la subo en breve.

    El siguiente post cae el doce de enero. Cualquier duda pueden mandarme mp.

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    Buenas noches, buenos días.
     
    Última edición: 5 Enero 2019
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  2. Threadmarks: Capítulo 1 - Vega
     
    Merinare

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    Vega - Capítulo 1: "Lirio"



    Icaros. La ciudad más grande y más poblada de Aiwass, cuna de la región y nexo económico con el resto de las ciudades gracias a su estratégica posición central. Con una amplia salida al mar y conexión tanto al norte como al sur con dos de los tres ríos más importantes de la región, era natural que el lugar se convirtiera rápidamente en una metrópolis.

    Desafortunadamente, la ingeniería civil en el lugar había sido quizás una de las peores en el mundo. Calles estrechas y zigzagueantes, callejones sin nombre, edificios altísimos que no permitían la entrada de luz solar y privaban de toda capacidad de orientación. Icaros era un maldito laberinto, pero la gente parecía haberse acostumbrado a convivir en ese desastre que ellos llamaban hogar.

    Fueras a donde fueras, tomaras el callejón que tomaras, eventualmente terminarías en una plaza gigantesca, el único lugar de la ciudad donde la luz solar se filtraba como si una mano gigantesca sostuviera una lupa sobre ella. El calor abrasador que golpeaba el suelo de baldosas multicolores era el anhelo de la población en invierno y un absoluto infierno en verano.

    El único refugio de aquella proyección de rayos ultravioleta se encontraba en las pequeñas tiendas apostadas alrededor de la circunferencia de la plaza. Bares, cafeterías, tiendas de recuerdos, y debido al reciente auge primaveral, una numerosa cantidad de florerías. Dentro de una de ellas, una mujer vestida con un delantal miraba estupefacta a un joven que llevaba al menos una hora paseándose en el local, sus ojos saltando entre las flores como si estuviera tomando la decisión más difícil de su vida.

    —¿Y qué te parecen estas, Ren? ¿Crees que le gustarán? —preguntó una vez más. Era al menos la décima.

    “...”

    La pequeña criatura que llevaba trepada del hombro tampoco contestó esta vez. No dio ninguna señal de aprobación ni negación cuando su entrenador señaló unas flores de color índigo intenso, pero este asintió un par de veces, como si hubiera recibido el argumento más convincente de su vida.

    —Ah, tú siempre tan charlatana como siempre. Sí… creo que me las llevaré. ¿Señorita?

    La mujer se sacudió de su estupor. Aquel joven la estaba llamando. Se acercó con una sonrisa un tanto forzada, aliviada de que finalmente hubiera tomado una decisión. Había rechazado su ayuda tres veces desde el momento en que había ingresado en el lugar.

    —¿Qué flores son estas?

    Lirios azules, cuatrocientos poké cada una. Crecen en la Aiwass meridional, en el linde de Tes- —comenzó a explicar automáticamente, pero fue interrumpida rápidamente.

    —Quiero sesenta— dijo con determinación. La encargada de la florería se quedó con la boca abierta a mitad de frase, antes de recuperar la compostura.

    —¿Ses-sesenta? Eso serían unas cinco docenas, casi… veinticinco mil…

    Aquel Ralts levantó la mirada con la misma indiferencia con la que se había comportado desde el primer momento en que la había visto. Pero su entrenador sonreía con amabilidad. Sus irises brillantes eran hipnotizantes, de un azul incluso más intenso y brillante que el de aquellas flores.




    Un gigantesco ramo de lirios salió del local, siendo precedido por su nuevo dueño que se volteó para saludar con una mano a la incrédula chica de la florería. Grande fue su sorpresa al mirar nuevamente en dirección a la Plaza del Sol, donde se topó con una emocionada multitud obstaculizándole la salida. Llamando la atención de la gente con pequeños golpes en la espalda, y gracias al volumen de aquellas flores, la gente se abría un poco para dejarle el paso, hasta que finalmente pudo abrirse camino por el borde de la plaza. El mar de personas lo llevó hacia la parte trasera de un escenario que llevaba plantado allí hace varios días. Parecía que finalmente le estaban dando uso.

    Al parecer nadie quería estar en la parte de atrás de la plataforma, por lo que el lugar estaba casi vacío de gente. ¿Por qué no, si se podía ver lo que pasaba de todas formas? La respuesta le llegó cuando un gigantesco parlante a sus espaldas sonó con tanta potencia que mandó a su Ralts a volar un par de metros hacia adelante. Aturdido por el estruendo, se alejó tambaleándose, para tropezar con alguien de aproximadamente su edad. Un hombre rubio vestido elegantemente lo miró con sorna a través de unos extraños anteojos sin montura.

    —¡Oh, no sabía que ahora tenía fanáticos hombres también!

    El hombre le arrebató uno de los lirios, colocándoselo en el bolsillo delantero de su impecable traje blanco y subiendo al escenario, a la vez que cuatro pilares de llamas se elevaban en las cuatro esquinas del mismo, elevando el estruendo tanto de los parlantes como de la multitud.

    —¡Gente de Icaros! ¡Y visitantes de todas partes…!

    Tuvieron que pasar varios segundos hasta que pudiera ubicarse en donde diablos estaba. Sus ojos terminaron enfocando a su Ralts, que se había quedado plantada mirando a aquel hombre en medio de la plaza, sin ánimos de buscar a su entrenador. Si seguía ahí parada alguien iba a terminar aplastándola, por lo que se acercó y deslizó la palma de su mano libre por debajo de sus pies, alzándola y colocándola de vuelta en su hombro derecho.

    Presumido —comentó en voz baja, reacomodando el ramo. Una pequeña asimetría había quedado debido a la flor que aquel hombre le había arrebatado.

    “…”

    —…retar a cualquier entrenador que deseen. No pueden rehusarse…

    Chasqueó la lengua con molestia. Odiaba las batallas Pokémon, y si alguien veía a su Ralts como una presa fácil iría inmediatamente a por él. Lo mejor era que se retirara de ahí si no quería demorarse. Las flores tampoco podían estar bajo el sol durante demasiado tiempo o se marchitarían.

    —El premio para el ganador, además de la Medalla Rugido será…

    El hombre levantó la medalla por un segundo, una diminuta insignia con la forma de un sol. Y los ojos de aquel joven volvieron a brillar con intensidad, mientras una sonrisa se formaba rápidamente en su rostro.

    —Ren, ¡se robó una de nuestras flores! ¿No crees que sería justo que le robemos una de sus medallas?

    “…”

    Voy a tomar eso como un sí.

    El hombre del traje blanco se guardó la Medalla Rugido en el bolsillo trasero de su pantalón, para acto seguido tomar una Pokéball de color blanco. Con un aullido de admiración al ver al Pokémon que emergió de ella, nadie notó el tintineo que aquella medalla hacía al salir volando de su bolsillo y caer en el piso.

    —Y ahora ven aquí—susurró, cerrando el puño y trayéndolo un poco hacia atrás.

    La medalla salió despedida a ras del suelo como un cohete buscapiés de tamaño microscópico. Y con todos los ojos puestos en aquel curioso Rowlet de fuego, nadie le prestó atención al insignificante destello que la insignia causó al abandonar la plataforma de dos metros de altura en dirección a la parte trasera de la misma.

    Volando a toda velocidad a dos metros de altura, las posibilidades de atraparla eran mínimas. No importaba, con tal de que se la hubiera quitado se conformaba. La vio pasar zumbando por arriba de su cabeza. Pero en un abrir y cerrar de ojos, su Ralts había desaparecido de su hombro, para reaparecer unos cuantos centímetros arriba de él. Cazó la medalla en el aire con ambas manos, cayendo con destreza en su posición original como si nada hubiera sucedido.

    —Eres demasiado buena para este mundo, Ren.

    “…”

    Aguantando las ganas de reírse a carcajadas, se volteó en dirección a la primera calle que encontró que los sacara de la Plaza del Sol. Numerosos guardias se encontraban apostados en cada una de las salidas, claramente para mantener el orden en el lugar y que no se desatara un pandemónium. Sólo necesitaba un lugar reservado para poder salir de ahí: con el escándalo que estaba ocasionando esa especie de festival, debería ser muy fácil.

    Saludó con la cabeza a los guardias, adentrándose en una calle cualquiera y notó como la iluminación disminuía inmediatamente, al igual que la temperatura. Mucha gente se acercaba corriendo a la plaza. Si lograba encontrar un callejón, un cruce, lo que sea…

    —Tú. El de las flores.

    Cerró los ojos y apretó los dientes. ¿Quién rayos los había visto? ¿Qué clase de persona podría estar más interesada en una criatura blanca saltando veinte centímetros en el aire, cuando tenían todo un espectáculo de llamas tan altas como una casa al frente suyo? Comenzó a hablar mientras se daba la vuelta: ya se había topado con gente así varias veces.

    —Mira, te enseñaremos uno de nuestros trucos si nos dejas… oh.

    —¿Trucos?

    Una bellísima mujer se encontraba frente a ella, mirándolo con escepticismo. Su larga cabellera dorada ondeaba con las esporádicas corrientes de aire que se filtraban por las calles de Ciudad Icaros. Y a juzgar por sus vestimentas, no era una ciudadana cualquiera.

    —El torneo es para el otro lado— comentó, mirándolo con escepticismo.

    —No soy un entrenador. Sólo estaba en la plaza comprando un regalo.

    La mujer entornó los ojos al notar la absurda cantidad de flores que realmente portaba. Su mirada no se despegaba de él: parecía que sus ojos dorados le estaban perforando el alma misma.

    —Tu novia debe ser muy afortunada.

    —La verdad es que sí —mintió, acomodándose el ramo—. ¿Quieres una para el viaje?

    Sesenta. Cincuenta y nueve, cincuenta y ocho. Qué más daba. Tomó un lirio especialmente grande y lo sacó del ramo. Realmente era una mujer muy hermosa. Se acercó un poco para entregárselo: parecía que estuviera haciendo fuerza para no sonreír ante el regalo…

    Te tengo.

    “¡…!”

    Su mano no sujetó la flor que le ofrecía, sino que se extendió un poco más. Sujetando con firmeza a la criatura que descansaba en su hombro. Claramente, no debería haberlo hecho.




    El súbito destello de luz lo cegó por un momento, mientras sentía como el suelo desaparecía bajo sus pies. Se encontraban bajo plena luz del sol una vez más, pero la corriente era mucho más fuerte que la de los callejones de Icaros. Cayó con ayuda de sus manos en una superficie de concreto áspera al tacto. ¿Dónde diablos los había llevado?

    —¡AAAH!

    Aquel chillido le heló la espalda. No parecía el grito de alguien desorientado, sino uno de absoluto terror. Extendió el brazo como pudo en dirección al primer indicio dorado que encontró… y su mano se cerró en otra que lo atraía con una fuerza irresistible. Sus pies empezaron a deslizarse sobre el concreto, mientras el cuerpo de aquella mujer lo invitaba a caer al vacío.

    No podía soltarla.

    Si caían juntos a lo mejor Ren los salvaría.

    Era una apuesta arriesgada.

    Pero antes de que tuviera que tomar una decisión, sus talones se trabaron, chocando contra un pequeño relieve en aquel concreto, seguramente aquel con el que la mujer se había tropezado al caer. Levantó el brazo con el que sujetaba el ramo de flores para mantener el equilibrio, y finalmente pudo observar donde se encontraba.

    Debajo de ellos se encontraba la misma Plaza del Sol. Presa del pánico al haber sido sorprendida por aquella mujer, su Ralts probablemente los había teletransportado en la primera dirección que se le ocurrió, y aquella dirección había sido treinta metros hacia arriba, a la terraza más cercana.

    —¿Vienes aquí muy seguido? —bromeó, aliviado al ver que estaban fuera de peligro.

    —¡¿Qué diablos estás esperando?!

    —Estaba disfrutando las vistas. No se puede apreciar Icaros tan bien desde ahí abajo.

    Realmente hubiera sido una imagen digna de una galería de arte. Una pareja en el borde de una caída mortal, firmemente sujetados de las muñecas, sus movimientos congelados como si se tratara de dos estatuas. Su agitada respiración volviendo a la normalidad, y aquella hermosa cabellera dorada ondeando con fuerza gracias a la corriente de aire que la cercanía de Icaros al mar proporcionaba. Un aire fresco y con olor a salitre que se mezclaba con la fragancia de los lirios azules. Un aroma que jamás pudieran haber sentido mientras observaban la magnificencia de la Plaza del Sol.

    Apretando los labios con fuerza, tiró con su brazo para atrás, provocando que ambos cayeran sobre la terraza a salvo. Aquella mujer no podía ni respirar de la impresión. El joven se echó un poco hacia atrás, recuperando el aliento. Su Ralts se había mantenido sujeta a su hombro todo el tiempo, indiferente a toda aquella situación.

    —No vuelvas a hacer eso, ¿entendido?

    “…”

    —¿Eso es todo?— gritó la mujer, poniéndose de pie hecha una furia.

    —No es su culpa: tú la tomaste por sorpresa— replicó este ladeando la cabeza—. No deberías jugar con un Pokémon psíquico de esa forma.

    Enojada, pálida, sudorosa, despeinada y con una mirada asesina en el rostro. Era increíble como aquella mujer se mantenía hermosa a pesar de todo. Se sacudió el polvo acumulado de la ropa, antes de encararlo nuevamente.

    —Sé lo que hicieron —afirmó, irguiéndose con soberbia—. Devuelve la medalla, chico.

    —¿¡Chico!? ¡El Libro de la Ley de Aiwass dice que los mayores de dieciocho años son adult-!

    —Es una gran razón para tirarte en una celda, entonces.

    La devolución lo dejó sin palabras. A lo mejor debería haber dejado que siguiera pensando que era un menor de edad. Un par de segundos después, reía a carcajadas. Una risa que había estado guardando desde que le había arrebatado la medalla a aquel presuntuoso del traje blanco. La sola imagen suya rebuscando entre sus bolsillos traseros su inexistente insignia le bastaba como para querer regresar allí abajo.

    ¡Que más daba que lo echaran en una celda! ¿Realmente creía que no iba a poder salir de ahí inmediatamente? Había visto a su Ralts elevarlos en menos de un segundo a más de treinta metros de altura: un par de barrotes de hierro no eran nada para ella. La mujer pareció retractarse inmediatamente de sus palabras, por lo que dio un par de pasos al frente.

    —No hace falta que compliquemos las cosas. Si me das la medalla, podrás irte sin problemas. Caso contrario… como capitana y representante de la guardia de Icaros me veré obligada a usar la fuerza.

    Una presencia intimidante se había apoderado de ella. Mirando por encima de su hombro, su Ralts continuaba sujetando la Medalla Rugido con fuerza. No parecía muy dispuesta a entregársela… y faltaba bastante tiempo para poder ir a visitarla.

    —¿No puedo darte una flor a cambio?— preguntó, intentando romper el hielo. Pero la mirada gélida de aquella mujer no se inmutó—. ¿Qué tal cinco? Te dejaré elegirlas…

    El silencio era absoluto. La capitana de la guardia de Icaros dio un par de pasos más al frente, y él retrocedió otro par más a modo de respuesta. No iba a dar el brazo a torcer bajo ninguna excusa.

    —¡Está bien, está bien! —exclamó levantando la mano en señal de alto—. Te la daré…

    …si logras atraparme, capitana.
    Se había perdido una y mil veces en el laberinto de estrechos callejones que era la ciudad de Icaros. Había tenido tiempo para observar el panorama mientras se deleitaba con la expresión de terror de aquella belleza, tan astuta y perspicaz como para notar una medalla de no más de dos centímetros de tamaño.

    —¡Ven aquí!— exclamó ésta, extendiendo el brazo con una reacción increíble.

    Pero él era más rápido.

    —¡Protección!

    Una pantalla transparente se elevó entre ambos, haciéndola rebotar hacia atrás. Afortunadamente, esta vez se encontraban demasiado lejos del borde como para que la capitana cayera al vacío. Aprovechando la oportunidad, empezó a correr en dirección contraria.

    Su agilidad era increíble, sus reflejos se encontraban a otro nivel. Corrió hasta el borde de la terraza en la que se encontraba, su pie pisando el borde más absoluto del edificio antes de saltar con todas sus fuerzas hacia el techo contiguo. Un salto en contra del viento de más de tres metros de distancia, una sombra proyectándose en las altísimas paredes de la construcción.

    Cayó en un edificio una planta menor, incorporándose con la mano libre mientras se reacomodaba el ramo de flores. Solo esperaba que no se quedaran sin pétalos para cuando terminara de jugar con aquella mujer. A lo lejos podía oírla, ordenándole que se detenga.

    —¿Me darás una mano si me caigo?

    “…”

    —Esa es mi Ren. Ayúdala si llega a tropezarse. Estos saltos son mortales.

    El viento fresco era una maravillosa sensación. Pronto se encontró corriendo con la corriente en el costado, cubriendo el ramo con su cuerpo y buscando terrazas por las cuales seguir saltando. De vez en cuando miraba para atrás, y su sorpresa crecía más y más al ver como aquella mujer era capaz de mantener el ritmo sin ningún problema. Definitivamente, tanto su título como aquel esbelto cuerpo hacían justicia a sus capacidades.

    Trepando por edificios que eran una planta mayor a aquel en el que se encontraban. Recargando el impulso de su cuerpo en una ventana próxima para saltar en la dirección contraria. Manteniendo el equilibrio sobre los resistentes cables de acero que usaban los habitantes para colgar y secar la ropa. Llevaba entrenando rigurosamente desde que tenía ocho años, y aun así la mujer no le perdía el rastro en absoluto.

    ¿Quién de los dos se daría por vencido primero? ¿Debería empezar a elegir caminos menos peligrosos? Ren seguía sujetada con fuerza a su hombro, y no había mirado ni una vez hacia atrás para controlar que su perseguidora estuviera a salvo. Sus pies se alzaron sobre el vacío un par de veces más, mientras tomaba una ruta más segura y corría con todas sus fuerzas.

    Miró hacia atrás una vez más: la mujer empezaba a atrasarse. A decir verdad, estaba sorprendido de que hubiera podido aguantar tanto. Se preparó para saltar una última vez, con la esperanza de que el edificio estuviera lo suficientemente lejos como para finalmente inhibirla de perseguirlo. Aceleró el paso, midiendo la distancia, y llevó los brazos al frente, ganando el impulso para saltar.

    Pero una ola de llamas le interrumpió el paso.

    Alcanzó a frenar justo a tiempo, pero el intenso calor logró atrapar al menos la mitad de las flores del ramo que se desvanecieron casi inmediatamente. Sin la velocidad necesaria, el salto era imposible. Y más imposible sería tratar de burlar a aquel extraño Thyplosion que se encontraba apostado en la terraza contigua, que casi con seguridad absoluta era de ella. Realmente había logrado predecir por donde iba a escapar.

    —No tienes… dónde ir… —la voz en su espalda trataba de recuperar el aliento—. ¡Devuelve la medalla!

    —¡Mira lo que le hiciste a mis flores, capitana!

    —¡Estoy cansada de tus juegos!

    La mujer se le acercó rápida y amenazadoramente, con la mano extendida. Un par de lirios azules aún humeaban ante el ataque. ¡No hacía falta que llegara tan lejos!

    No había escapatoria. Debajo sólo había vacío. Aquella mujer definitivamente era más fuerte que él. Y no iba a arriesgarse a terminar convertido en cenizas. Suspiró admitiendo la derrota.

    —Agh… al menos lo hemos pasado bien, ¿no? —dijo entrecortadamente—. Está bien, tú ganas. Ren, dámela y volvamos a casa.

    “…”

    Su Ralts se resistió un poco a que su entrenador le arrebatara la medalla, pero finalmente se la quitó. Colocándosela en el pulgar, la lanzó girando en su dirección. La mujer alzó el brazo para atraparla en el aire.

    Que ilusa.

    Un lirio cayó al suelo en el momento en que el joven agitaba su mano libre en un ademán hacia atrás. Los dedos de la capitana sólo pudieron rozar la Medalla Rugido, antes de que ésta saliera despedida en dirección contraria y aterrizara en la palma de la mano que la había lanzado.

    —Teletransporte.



    Faltaban varios minutos para que el hospital abriera las visitas al público. Agotado y sediento, caminó desde el hotel hasta la plaza más cercana a la institución, comprando de paso una bebida en una máquina expendedora.

    Las flores habían terminado en un estado deplorable. Más de la mitad quemadas, y el resto dobladas por el viento. A algunas les faltaban varios pétalos, y de otras solo quedaba el tallo sano. Sentándose en un banco, comenzó a separar las sanas de las dañadas, mientras Ren seguía examinando aquella medalla. ¿Qué tan interesante podía ser aquella insignia? Era la primera vez que veía a su Ralts interesarse por algo que no sea estar sujetada a su cuello las veinticuatro horas del día.

    Para cuando desechó las flores destrozadas y rearmó el ramo, no quedaban más de una docena. Bah, algo era algo. Al menos no había viajado hasta Icaros en vano. Le ofreció el final de su bebida a su Ralts, pero ésta seguía demasiado inmersa en la medalla como para aceptarla, por lo que la terminó de un trago y la lanzó en el basurero junto con el resto de las flores.

    —Buenas noches.

    Conocía al recepcionista del hospital, lo veía todos los días a la misma hora. A pesar de que ninguno de los dos sabía el nombre del otro, y lo único que hacía era saludarlo por cortesía.

    —¿Flores otra vez? —preguntó este, para recibir un gesto con los hombros a modo de respuesta—. Pasa, pasa: voy a llamar a la doctora para que le realice el control semanal.

    Entrando por una de las puertas dobles a la derecha, se dirigió inmediatamente al segundo piso y caminó hasta el fondo del pasillo. Sala cuarenta y cuatro, la última era la cincuenta. Abrió la puerta con cuidado, para toparse con la imagen que había estado observando las últimas semanas, todas las noches.

    Te traje flores, hermana.

    Una adolescente se encontraba en la cama del hospital con los ojos cerrados. Sus facciones eran muy similares a los de su hermano, excepto por el color de su cabello, que se había decolorado hasta alcanzar un blanco antinatural. Sin decir una palabra, identificó el florero con las plantas más viejas que encontró y las reemplazó por las nuevas.

    —Son lirios azules. Ojalá pudieras verlas, tienen casi el mismo color que nuestros ojos. Los nuestros son más brillantes, obviamente.

    No sabía qué diablos más traerle. ¿Qué regalo podía llevar a la sala de una paciente que no sean malditas flores, una y otra vez? Una pequeña caja de música descansaba en la mesa de noche, junto con un par de recuerdos, estatuillas de Pokémon nativos de Aiwass y un retrato de madera en el que había colocado una foto de ellos cuando eran más chicos.

    Se llevó la mano a la cintura, dejando abrir su única Pokéball. Un Quilava de aspecto huraño apareció, mirando por unos segundos a su entrenador antes de subirse a la cama y acurrucarse en los pies de la chica.

    —Supongo que hoy fue un día emocionante.

    Arrastró la única silla de visitas hacia la ventana, abriéndola para refrescar el aire. La fuerte contaminación lumínica de Lyses no permitía que pudieran verse más que un puñado de estrellas en el firmamento. Los doctores le habían dicho que una voz conocida podía activar su mente. Pero él sabía que eso no iba a funcionar. Se quedó en silencio frente a la ventana, observando como su Quilava se reacomodaba de vez en cuando. Como su Ralts continuaba jugando con aquella medalla. Realmente no había mucho que hacer.

    No fue hasta media hora más tarde que alguien entró en la sala. Una mujer de cabellera verde oscuro abrió la puerta con una mano mientras sostenía una carpeta llena de hojas con la otra, leyendo y frunciendo los labios en un gesto de concentración.

    —Ah, no sabía que ya estabas aquí— dijo al levantar la vista. Tomó la pequeña planilla en los pies de la camilla y la revisó rápidamente—. Karen Sericci, dieciséis años. Y tú debes de ser Vega.

    Éste asintió sin decir una palabra, estrechándole la mano para saludarla. Los ojos de la doctora saltaban de la planilla a sus hojas sin cesar. Iba y volvía entre las páginas, su ceño frunciéndose cada vez más a medida que seguía leyendo. Finalmente suspiró, dejando el lío de estudios y análisis sobre las piernas de su hermana, ya que no había otro lugar donde apoyarla. A pesar de eso, no evitó que su Quilava le lanzara una mirada asesina.

    —No hemos logrado avances. Sigue sin reaccionar a ningún estímulo. Ojos cerrados, no hay sonidos, no hay movimientos. Es un caso extraño, la verdad.

    —Es por eso que la trajimos hasta aquí, doctora.

    —Y ha sido una decisión excelente. El hospital de Lyses es quizás uno de los mejores del mundo. Pero ni la tecnología más moderna está siendo capaz de explicar lo que le está pasando a tu hermana. Hemos realizado estudios toda la semana…

    Vega tuvo que tragarse las ganas de protestar. Él era el que había decidido no explicar lo que le pasaba. Y a pesar de sus insistencias de que ya habían realizado todos los estudios posibles, seguían sometiéndola a más y más estudios. Sólo necesitaba que la cuidaran, eso era todo. Y él se encargaría del resto.

    —…hasta hemos probado enviarle leves ondas psíquicas a través de un Happiny, para ver si lograba alguna clase de respuesta, así como para corroborar que no haya sido el ataque de un Pokémon. No hubo ningún resultado. No hay intoxicación, no hay trauma cerebral, ni falla en el sistema nervioso. Su cuerpo no presenta indicios de que haya sufrido privación de oxígeno, ni una falta de glucemia en la sangre, ni cambios drásticos de temperatura. Cualquier profesional diría que Karen se encuentra en perfecto estado de salud… pero simplemente no despierta.

    —¿Se darán por vencidos con ella eventualmente? —preguntó en voz baja.

    Lo que necesitaba era que la dejaran en paz, pero la doctora interpretó todo lo contrario. Ésta le posó una mano en el hombro empáticamente, sonriendo con amabilidad.

    —Vamos a encontrar la causa tarde o temprano. Pero lo que me preocupa son las tarifas. Este es un hospital de prestigio, si no hay más avances quizás tu familia y tú deberían considerar trasladarla a una institución de menor-

    El dinero no es un problema— replicó Vega inmediatamente. La doctora frunció los labios una vez más.

    —Siento que no podamos darte ninguna novedad esta semana tampoco. ¿Tienes alguna pregunta? ¿Quieres que te ayude en algo?

    Vega negó con la cabeza. No podía creer que aún tuvieran estudios que realizarle, después de tantas semanas sin éxito. La idea de trasladarla a un hospital de menor envergadura comenzaba a parecerle una idea no tan descabellada después de todo. La doctora se despidió, dejándolos solos una vez más en la habitación.

    Luego de casi cuarenta minutos en silencio, decidió encender la televisión. Un programa de turismo cubría a fondo el Gimnasio Pokémon de la ciudad. La retransmisión de ese episodio se centraba en la gigantesca biblioteca de la cuarta planta.

    —Mañana podríamos ir a visitarla. A lo mejor nos dejen llevar un libro para leer. ¿Qué te parece, Ren? ¿Dónde está tu medalla?

    Hablarle a su Ralts era exactamente igual que hablarle a su hermana. Que era exactamente lo mismo que hablarle a una pared: jamás obtendría una respuesta. Y sin embargo lo hacía para tener algo que decir. De lo contrario, estaría callado las veinticuatro horas del día.

    No veía la Medalla Rugido por ningún lado. Alzó a su Pokémon para ver si estaba bajo sus pies, y ésta se sacudió incómoda.

    “¡Ack!”

    Una voz sonó dentro de su cabeza. No fue más que un quejido, por lo que dudó haberlo oído realmente. Se quedó mirando a su Ralts bajo la luz de la mesa de noche. Y ésta le devolvió una expresión de fastidio que jamás había visto en su vida.

    “¿Qué estás haciendo? ¡Suéltame!”

    “¿¡No ves que estaba durmiendo!?”
    Gold - Alexis + Lewis. Adoro a esa mujer.
    Kiwi - Acacia + cualquier cosa que haya que editar.

    Mini epílogo o como quieran llamarlo por acá. Chau chau!
     
    Última edición: 8 Enero 2019
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  3. Threadmarks: Capítulo 1 - Arianne
     
    DoctorSpring

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    Arianne (I)

    Icaros/ Doce de Abril

    Al llegar a su destino desde la seca ciudad de Nix, Arianne pisó las calles con las pilas recargadas por haber llegado a un lugar nuevo, aunque no prometía ser mucho mejor que el lugar donde estudiaba. Su cuerpo agradecía estar en un sitio más fresco que antes, pero a la vez se sentía abrumada por la ingente cantidad de personas y pokémon caminando por las hermosas (y ajetreadas y confusas) calles de Icaros, tanto que su ratoncito aztlaleño comenzó a mirar sudoroso a todos lados buscando a su próxima "pareja" mientras que Dulcinea retrocedía un poco nerviosa pese a que podría partir a la mitad a todos si lo quisiera.

    —¡Tranquilos!—exclamó la joven de pelo rosa intentando encajar su brazo en la manga izquierda de su chaqueta—, no estaremos en esta ciudad mucho tiempo…espero.

    Abandonó la prenda de vestir para echar la mirada hacia adelante; si quería tener una oportunidad para obtener esa hermosura, tenía que llegar a tiempo e inscribirse donde sea que tenga que hacerlo. Según le dijo Rox, en medio de la multitud y cerca de “La Plaza Solar” (o algo así se llamaba) estaba el puesto de inscripción. Sus manos estaban escondidas en los bolsillos de su chaqueta cuando sus piernas empezaron a moverse a través de la ciudad, asegurándose por el rabillo del ojo de que sus amores le estén siguiendo al mismo tiempo que recordaba cómo es que llegó a esta parte de la región en primer lugar.


    Nix/ Once y Doce de Abril
    La muchacha seguía extrañando la linda mansión de su padre en los campos de Kalos pese a ya estar cargando a sus espaldas un semestre en la escuela pokémon de la ciudad que sentía orgullo de tener un cadáver entre sus murallas. En ese lugar las flores le rodeaban, se sentía con libertad de ir a donde quiera, dando largas caminatas por los campos mientras les mostraba sus lindos vestidos largos a las flabebe que siempre parecían chillar de envidia.


    En cambio allí, sentía que le faltaba el aire cuando daba dos pasos debajo de esa cúpula, asqueándose cada vez que ve un pedazo del supuesto esqueleto. Es por eso que siempre estaba dentro de las cuatro paredes de la escuela y del lugar donde se estaba quedando, en el que irónicamente estaba mejor. Se supone que ese pedazo de cristal que amenazaba con romperse encima de ella en cualquier momento ayudaba a que el clima fuera soportable, aun así, bebía litros de agua por cada quinientos pasos, como si estuviera en la hierba alta echándose repelente. Su chaqueta mostraba partes grises al descarapelarse y su cuerpo estaba inundado en sudor.

    Si eso no fuera suficiente, su padre le avisó que también tendría que pasar las vacaciones ahí, sin nada que hacer más que intentar leer los aburridísimos títulos de la biblioteca y jugar a las cartas con González en el pequeño departamento, asustada de llevarse un puñetazo cada vez que ganaba irremediablemente. Un día de esos donde la señorita Labelle consiguió una flor imperial ante los ojos incrédulos de su pikachu, alguien tocó a la puerta.

    La dragona estaba durmiendo en un colchón de la esquina, abrió los ojos al oír la llamada y producto de los modales enseñados desde que era una pequeña mostró a la “agradable” visita que esperaba detrás. Ante los ojos de Arianne, la chica rubia luciendo una diadema y cargando algo pesado y posiblemente innecesario a sus espaldas era una leyenda viviente.

    No tanto porque haya hecho nada magnifico, sino que la ha visto demasiado poco, sobre todo tomando en cuenta que ella debería ser su profe en la escuela.

    —¿Sigues aquí?—dijo Roxanne con una mirada burlona—. La mayoría de estudiantes se van de la ciudad en estas fechas.

    Un gible entró detrás de la señorita Evers quien olisqueó a su dragona. Dulcinea saludó alzando una de sus cuchillas. Al mismo tiempo, un swampert custodiaba la puerta en espera que su dueña acabara cualquier cosa que tuviera que hacer.

    —Este…

    —¿¡La mayoría!?—exclamó la joven llevándose una mano a la boca mientras estallaba en una risita—¡Quise decir todo el mundo!, ¡La residencia esta vacía!

    —Sí, ya lo noté—respondió la estudiante sudando la gota gorda—¿Por qué la líder de Nix quiere hablar conmigo?

    La respuesta fue un teléfono inteligente que Rox mostró a la pequeña Arianne quien sintió su corazoncito palpitar al ver la cosita que estaba picoteando sus plumas en la pantalla. Una especie de rowlet diferente al que la señorita Labelle conocía; tenía los colores de un panda, un brillo causado por el fuego escondido en sus alas.

    En resumen, algo demasiado bonito para que pudiera respirar en este contaminado mundo.

    —¡Quiero tomarme una foto con él!—exclama la líder de gimnasio con un brillo en sus ojos—¡Es hermoso!

    Raspó su garganta.

    —Quiero que ganes el torneo de Icaros y me lo traigas. Te puedes quedar con él si quieres, no encaja con mi equipo.

    —Tengo entendido que usted tiene mucho dinero—sugirió Ari cruzando los dedos—¿No podría comprar uno?

    —¿Acaso crees que no lo he intentado?—preguntó Roxanne manteniéndose tranquila con mucho esfuerzo—. No encontré a nadie que estuviera dispuesto a vendérmelo, al menos de forma legal.

    —No sé si tengo permiso de mi padre para ir tan lejos…

    Ni lenta ni perezosa, la rubia estiró su mano, sosteniendo un fajo de billetes.

    —No creo poder aceptar tanto dinero…seguro se me va perder

    —Si te lo pido es que confío en ti…hasta lo haría yo misma, pero estoy ocupada…

    —¿En serio?—exclamó Arianne tomando apenada el dinero—. Tampoco tengo nada que hacer, aceptare su confianza encantada.

    Unos segundos después de que Roxanne se haya marchado, alguien lanzó una fuerte carcajada, como si estuvieran burlándose de alguien. Lo que es extraño porque se supone que la residencia estaba vacía.

    El chiste es que, a la mañana siguiente, estaba montada en un carruaje de camino a Icaros que estaba siendo tirado por varios ponyta mientras la mujer agitaba su mano en señal de despedida. Su gabite intentaba sentarse de la forma más elegante posible debido a que el espacio de los asientos era demasiado pequeño para ella, mostrando un gran nerviosismo al ver que es en vano mientras el pikachu estaba alterado por una de las yeguas de enfrente.

    La oriunda de Kalos se quitó la chaqueta con un suspiro, dispuesta a echarse una siesta. Se aseguraría luego de que tenía todas sus cosas en orden.



    Icaros/ Doce de Abril
    Sus pensamientos son interrumpidos por una avalancha de ruidos que pertenecían a gente gritando y entre esos griteríos pudo detectar la palabra “torneo”. Apenas se daba cuenta de que estaba rodeada de un montón de gente con sus pokémon al lado, entre ellos bellas hembras a las que su González trataba de pegárseles, recibiendo el agresivo rechazo incluso de una dulce deerling. No daba crédito de si misma de haber llegado a la plaza del sol por mera casualidad al recorrer distraída los caminos laberinticos de Icaros.


    —¡Aun quedan cinco minutos para la inscripción! —exclamó un guapo joven rubio sosteniendo un cigarrillo mientras estaba mirando a la multitud desde una plataforma alzada a la vez que mostraba un lindo lirio azul en el bolsillo del frac—¡Dense prisa!

    La gabite ajustaba su caro collar, González volvía con la decepción cargando en su lomo y ella sacaba animo dentro de si misma para no agobiarse y buscar el stand de registro. No tardó mucho en encontrarlo, en el camino vio a varios entrenadores echándose ánimos, además de presumir a sus criaturas que seguramente estaban entrenadas para los combates.

    Eso es algo que no pensó antes de venir aquí; una dragona obsesionada con su talante junto a un pikachu que explota a la mínima con los ataques más impopulares para su especie, no es algo que un profesional en el ámbito del competitivo considere una combinación ganadora ni mucho menos.

    —Hagamos lo que podamos—dijo Arianne a si misma asegurándose de que sus pokémon le hayan escuchado.

    Dulcinea soltó un dudoso gruñido.

    —¿Dónde esta González?

    —Señorita, su turno.

    —Luego lo buscare—decidió Ari inclinándose para caligrafiar su nombre en cursiva, como su papá le había enseñado.

    La bella recepcionista de la chaqueta azul le otorgó una ficha de papel con su número de participante.

    —Le advierto que hemos tenido un pequeño problema con la medalla.

    La verdad es que las medallas nunca le han importado; sabía que los líderes de gimnasio existían en su región natal, el traje de Valeria le parecía hermoso al igual que las fotografías de Violeta. Aparte de eso, no tenía mucho interés en ellos. Lo importante es que ese hermoso búho monocromo este bien.

    A lo mejor esa era la razón por la que los participantes eran muy pocos.

    —Muchas gracias—dijo la señorita Labelle enganchándose la ficha en la chaqueta para no pincharse, acariciaría a Dulcinea quien estaba temblando como un flan, pero tenía malas experiencias con ello—¡Busquemos a González!

    Los pilares de fuego volviendo a encenderse le provocaron un gran sobresalto.

    —¡Todos los participantes a la plaza del sol!

    Secándose el sudor de las manos en la falda, pisó con sus zapatos los brillantes colores del centro de la ciudad, controlando su respiración mientras los otros participantes hacían lo mismo que ella.

    No había rastro del pikachu por ningún lado. Ari atrajo del collar a Dulcinea que por suerte estaba intacto todavía.

    Al final la dragona tiburón recibía cuidadosas caricias alrededor del cuello, saliéndose con la suya y tranquilizándose.

    —Espero que mi papi te haya enseñado algo útil—dijo la muchacha escondiendo su palma ensangrentada e intentando disimular una mueca de dolor con una sonrisa forzada.

    El presentador del torneo (también conocido como el líder de gimnasio de la ciudad) mostró una ultima sonrisa a los participantes al mismo tiempo que giraba el lirio azul con sus dedos, a continuación se quitó sus extravagantes lentes oscuros para que las mozas pudieran ver sus ojos. Aunque las piernas le temblaban a Arianne, una parte de ella espera no encontrarse dentro de ese demográfico.

    —¿Preparados?

    Los demás entrenadores se llevaron las manos a las pokéball (sin albur), ella tocó el collar de su gabite en vez de ello.

    —¡La primera fase del torneo...comienza ahora!
     
    Última edición: 12 Enero 2019
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  4. Threadmarks: Capítulo 1 - Erik Lee
     
    Thranduil

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    Erik Lee

    Capítulo 1


    Era la ciudad más nueva y avanzada de toda la región, rica en cultura y tecnología, inundada por vastos edificios de moderna arquitectura, con el más imponente de ellos en pleno centro de la pomposa urbe. Gozaba de limpias calles, áreas verdes, museos, escuelas, hospitales, todo lo necesario para la vida pokémon y humana. Poblada principalmente por gente joven y abierta de mente, acostumbrados a dar su opinión y vivir con rapidez.

    A pesar de todo, ciudad Lyses no estaba libre de delincuencia, de vez en cuando algún atraco o robo era presenciado por algunas personas. La aparente evolución intelectual de sus habitantes parecía no ser característica de todos.

    El sol ya se había escondido y la vida nocturna se apoderaba de las calles, los bares abrían sus puertas para recibir a aquellos jóvenes en busca de diversión. El más conocido de todos era El Paraíso, famoso por su gran variedad de tragos y asientos al aire libre, para fumadores.

    Una chica de pronunciadas curvas caminaba junto a un chico de fornido andar, tomados de la mano, como la mayoría de las parejas que acudían al lugar. Se dispusieron a alejarse del concurrido bar, tranquilamente mientras se sonreían mutuamente, cuales adolescentes en su primer mes de noviazgo.

    Al dar vuelta en la esquina, un hombre alto con cuchilla en mano se les atravesó, vestía desaliñado y su cabellera era grasosa. Con mirada amenazante se abalanzó contra el chico, propinándole un corte en el brazo que el joven utilizó para protegerse, con el otro había alcanzado a empujar a su novia para atrás. Aquel delincuente parecía ser diferente a los que se habían visto antes en la ciudad, su actuar era más errático que otros malhechores.

    Repentinamente, el sujeto comenzó a flotar hacia el cielo, perdiéndose entre los edificios cercanos, no se oyeron gritos del hombre y la pareja sólo atinó a abandonar el lugar lo antes posible.

    El extraño delincuente cayó sobre la azotea de algún edificio, ante la sombría mirada de un chico rubio, sus ojos azules parecían penetrar con su mirada. Aquel muchacho vestía una capucha, totalmente de negro para pasar desapercibido durante la noche.

    —¿Quién eres? —preguntó sin rodeos— No eres de Lyses.

    El sujeto no le respondió, miraba hacia todos lados, no entendía por qué están en aquel lugar, estaba totalmente desorientado.

    —Al fin te encuentro, número trece —el chico volteó sin apuro, una mujer de cabellera roja se hallaba a sus espaldas, también de negro, con un traje ajustado que revelaba su escultural cuerpo.

    —¿Qué quieres? —preguntó el rubio sin darle importancia.

    —¿No te sorprendes? —preguntó la mujer con fingida sorpresa— Qué lástima, siempre me gustó causar cierto grado de impacto en mis víctimas, ya sabes.

    —¿Qué quieres? —insistió.

    Los recuerdos de aquellos días ya estaban rondando en su mente, todas esas muertes que ocasionó, sólo por fines egoístas de un grupo paramilitar sediento de poder. Aquella mujer había sido la mano derecha del líder, psicópata a más no poder, sanguinaria y temeraria, la más peligrosa del grupo a la hora de una batalla cuerpo a cuerpo.

    —Vengo a matarte, por haber huido de nuestra causa —sentenció la mujer con una sonrisa en su rostro—. Y lo haré con mis propias manos.

    La mujer corrió hacia el joven, alzó una de sus manos para propinarle una estocada, pero el chico alcanzó a esquivarla. Golpeó la mano de la pelirroja para lanzar lejos la cuchilla. La mujer giró sobre su pie izquierdo, para darle una patada con el derecho, pero el rubio sólo se agachó para evadir, aprovechando la ocasión para desestabilizarla. Luego se alejó y tomó la daga.

    —Sigues siendo hábil —lo felicitó mientras se paraba.

    —Fuiste una maestra muy dura y cruel.

    —Terminemos de una vez.

    Ambos corrieron, lanzado golpes una vez estuvieron cerca del otro, recibiendo patadas en diferentes partes. Pero bastó con que la mujer dejase desprotegido su frente para que el rubio usase el cuchillo para degollarla a vista y paciencia del otro sujeto. La pelirroja cayó, sangrando e intentando tapar la herida, dejó de moverse en pocos segundos.

    —Siempre estuve esperando a que alguno de ustedes viniese a matarme, jamás me hubiesen tomado por sorpresa —dijo observando el cadáver de su maestra—. Lamento que hayas presenciado esto —miró hacia el hombre y le lanzó la daga justo a la frente—. Pero también eres un delincuente.

    Un gas oscuro lo rodeó en segundos, como una neblina andante comenzó a moverse, levitando por el cielo de la ciudad, perdiéndose en la noche y sin asumir su responsabilidad por los asesinatos. El chico quería dejar su pasado atrás, pero siempre lo mantendría en su mente.

    Al día siguiente, el chico caminaba por las calles de Lyses, entre la multitud, se detuvo ante una tienda de amigable aspecto, su fachada era de vidrio, para que los clientes apreciasen su interior. Vendían un poco de todo.

    El rubio entró cabizbajo, como de costumbre, una chica de trenzas le dio la bienvenida.

    —Buenos días, Erik —lo saludó jovialmente, ya vestía el uniforme de la tienda—. ¿Tuviste una buena noche?

    —Más o menos, terminé recordando cosas desagradables que creí olvidar —mintió, nunca las había olvidado—. Pero además de eso…fue una noche tranquila —le sonrió tímidamente y buscó su lugar de trabajo.

     
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    9 de abril.

    Resistió el impulso de prender un cigarillo en el proceso de lo nervioso que se encontraba, había llegado hacía pocas horas a Aiwass, más específicamente a la capital de la región, la Ciudad de Icaros, y no tenía ni idea de que hacer a partir de ese punto; claro, sabía que debía llegar a Nix antes del 10 de mayo para incorporarse a las clases y seguir los pasos de su madre, pero no sabía a quién pedirle direcciones o a quién se tenía que dirigir para obtener la información que necesitaba. Todos aquellas personas que repartían panfletos a diestra y siniestra parecían dejar fuera la información la ciudad de la noche, reemplazándola con otros lugares de afluencia turística para evitar preguntas incómodas; después de todo, si no sabías nada de la región, ni siquiera te ibas a dar cuenta de ese pequeño recorte.

    Suspiró y se rascó la nuca, lo mejor sería encontrar un Centro Pokémon cercano y llamar a su madre para que lo pudiera enlazar con algún contacto para que se pudiera trasladar rápidamente a su destino y no perder más clases de las necesarias; a pesar de tener un tiempo de llegada amplio, Blake no quería ser de esos apestados que llegaban al final del curso y se integraban con mucha dificultad a su nuevo ambiente. Al menos quería poder integrarse a la mitad del ciclo escolar y tener más oportunidad de hacer conexiones, hablar y poder mezclarse entre los alumnos sin tanto problema.

    Pasó una de sus manos por su cuello, y deslizó sus dedos por el pequeño relicario que traía a modo de tranquilizarse para evitar que malos pensamientos consumieran su mente. En él se encontraban dos fotos, una de su madre y de él cuando apenas era un bebé de un año y del otro lado una foto de su hermana; se recordó que no solo había llegado a Aiwass para ser un mejor coordinador y poder enorgullecer a su progenitora, sino que también había ido ahí con la esperanza de encontrarse a Alexandra, verla más de cerca, saber como era ella en la actualidad. Confiaba en que una vez hubiera terminado su ciclo formativo en Nix, podría participar en el Gran Festival de la región sin ningún inconveniente, ganar la copa y entonces, encontrarse cara a cara con Alexa, hacerle saber que era su hermano menor, ahora a su altura, como un ganador y un campeón; no como el don nadie que era en la actualidad.

    Apretó el collar con fuerza e infló e pecho con ánimos renovados, no le fallaría a nadie como tantas otras veces había hecho.

    —See...-Gruñó por primera vez el Sneasel que se encontraba a su lado, jalándolo del costoso pantalón de vestir que su dueño portaba para llamar su atención. Su pequeño tamaño lo hacía difícil de ver a simple vista, por lo que sus pies danzaban en el pavimento para evitar que los transeúntes lo dañaran de forma inconsciente de alguna forma.

    —Oh si… olvidaba que no te gustan las multitudes, Yatsu.-Se disculpó el pelirrojo de forma inútil.-¿No quieres que te meta a tu pokeball? En lo que Alpha ubica un Centro Pokémon nada más, sé que tampoco te gusta estar encerrado.

    Yatsuhashi fulminó con la mirada a su entrenador a modo de respuesta, estar encerrado era peor que estar entre gente, aunque ninguna de las dos opciones le hacía mucha gracia.

    —See.


    —Está bien, no te pongas así. Súbete a mi hombro entonces.

    Yatsuhashi era un Sneasel pequeño para su especie, lo que hacía que cargarlo no fuera pesado; parecía más una cría que un ejemplar adulto y Blake sabía que en cierta manera eso había condicionado a su pokémon, moldeando en él ese carácter huraño y malhumorado para de cierto modo hacerle frente al mundo a pesar de su estancado crecimiento. El varón sonrió cuando su pequeño gato ninja pareció considerar la última opción como la más viable y se prendó de su cuello como si fuera un Komala.

    Instantes después, el joven coordinador se llevó una mano a su precario cinturón de pokéballs y lanzó la esfera al aire sin molestarse en ver a quién había escogido; tenía tan memorizado el orden de sus compañeros que la acción era casi instintiva. El orbe se abrió y liberó a un exquisito ejemplar de Staravia, fuerte, mucho más grande de lo normal, con un brillante plumaje café y ojos azules.

    Exhibir a un shiny en una zona tan concurrida quizás no era la mejor estrategia del mundo, era un pokémon llamativo, con colores extraños y seguro llamaría la atención de más de un individuo; las posibilidades de que trataran de robarlo eran extremadamente altas, por eso Weiss lo había entrenado para que fuera mucho más rápido y ágil de lo normal, para que pudiera escapar sin problemas de cualquier ataque o intento de persecución y captura.

    —¡Guíanos, Alpha!

    3 horas después del desembarco.

    Ocho intentos de captura, dos intentos de intercambio, un total de once personas tratando de hacerse con su Staravia, al menos debía de agradecer que habían sido muchas menos que en Sinnoh cuando lo presentó por primera vez al público; ingenuamente el pelirrojo pensó que quizás era porque ya los pokémon de ese tipo habían perdido su atractivo e impacto, aunque aún seguían siendo cotizados, mas ya no tanto como antes; ni que decir que su Staravia, muy aparte de su color y su agilidad, seguía siendo una criatura promedio en todo lo demás; si debía ser honesto consigo mismo, en Aiwass había especies y mutaciones mucho más interesantes que un ave multicolor traída de una región no muy avanzada tecnológicamente.

    Se había perdido de camino al Centro Pokémon, pues entre aquel mar de gente a Alpha se dificultó en encontrar el edificio, que distaba arquitectonicamente de todos los otros Centros desperdigados a lo largo y ancho de todo el mundo; no era una simple fachada modesta de rojo y blanco con una cruz sumamente identificable. Era mucho más alto, con una grama de colores que iban de grises a verdes y una hermosa fachada moderna de vidrio que hacía que todo se viera surreal. La cruz seguía ahí, pero en vez de estar en el techo y centrada para que todo el mundo la pudiera ver desde lejos, se encontraba a los costados pintada de forma mas minimalista mientras lo que identificaba al Centro era una gran imagen de un pokémon desconocido cobijando a una madre desconsolada con su presencia.

    Cuando pisó las puertas de las instalaciones, no pudo evitar sentirse pequeño y asustado.

    ¿En qué diablos se había metido?

    4 horas después del desembarco.

    A pesar de la afluencia de gente, no tuvo problemas en reservar un cuarto para pasar la noche; la mayoría eran viajeros que solo iban de paso por la ciudad, como él, así que las habitaciones no duraban ocupadas más que un par de horas, rara vez más de dos días, lo que provocaba que el Centro se viera deshabitado aunque realmente no lo estuviera.

    Encargó sus Pokémon a una de las enfermeras y se dirigió a uno de los teléfonos más cercanos, marcando sin dilación el número que ya se sabía de memoria.

    A los tres tonos, su madre apareció al otro lado de la pantalla.

    —¡Wallace! Veo que has llegado con bien a Aiwass. ¿Ya vas en camino a Nix, querido?-Preguntó sin darle tiempo a su hijo de dudar en su respuesta. Era una mujer de máximo cincuenta años, muy bien conservada, con pelo largo de color rojo, aunque algo más opaco y unos ojos plateados que brillaban ante la visión de su pequeño. Iba ataviada con una bata de dormir de color rosado; a su lado se encontraba su siempre inseparable Alakazam, un diligente mayordomo al servicio de su ama.

    —Es Sigurd ahora, madre. Y de hecho, ese es el motivo de mi llamada.-Contestó Blake con rapidez, tratando de evitar que mostrar su nerviosismo. Tomó aire y prosiguió.- ¿No tendrás a alguien que me lleve directamente a Nix? En Icaros se niegan a darme direcciones y no se por qué; quisiera llegar antes de que el plazo termine y no me gustaría perderme.

    La mujer al otro lado de la pantalla soltó una leve risita y sus ojos plateados brillaron con cierta chispa de malicia infantil, como si su hijo le hubiera contado alguna clase de chiste malo o un disparate, Blake la miró confundido; ¿acaso había dicho algo malo? ¿Tenía algo en la cara? Quizás en su petición sonó demasiado altanero y eso fue lo que le causó gracia a su madre, que su hijo le hablara con tal altivez impropia, pero no estaba seguro de que fuera eso; esperó a que su progenitora tomara un respiro y volviera a hablar.

    —Claro que nadie en Icaros hablará de Nix, Blake, prácticamente ahí es donde van todos los nuevos viajeros, los ilustrados y los cultos. Solo los barbaros se quedan en Icaros viendo esa horrible fachada brillante y corriendo como simios ante cualquier torneo que se les presente. Nix es un destino muy popular junto con Lyses, así que no te van a dar las direcciones para que te quedes a propósito con ellos por más tiempo. No los culpo, la verdad, yo tampoco querría que buena parte de mi ingreso se fuera a otra ciudad. En fin.

    —Y supongo que no tendrás a alguien que me lleve.-No fue una pregunta, no del todo. Su madre esbozó una sonrisa y negó con la cabeza.

    —Claro que no. Debes aprender a valerte por ti mismo, Blake. Lo que si puedo hacer es decirte donde comprar un boleto de autobús para llegar a Lyses de forma barata; cuando estés ahí, consigue un vehículo para ir a Nix, en Lyses son más receptivos a darte indicaciones.

    —¿Lyses? ¿Eso no está casi en la parte Sur de la región? ¿No sería más fácil ir a Caribdis y de ahí trasladarme a Nix?

    Su madre volvió a reír.

    —Quiero que veas algo en Lyses, después llamame y dime que aprendiste. Tienes tiempo, cariño, la directora de la prestigiosa Universidad de Nix fue mi discípula hace algún tiempo.

    «Antes de que tu nacieras y me hicieras tirar mi carrera por la borda, quisiste decir.» Completó Wallace de forma mental, los pensamientos que justamente quería alejar ahora se presentaban en forma de pequeños trozos de autodesprecio.

    —Estoy segura de que no le importará de que te retrases algunos días. La conferencia lo durará poco, tampoco te preocupes tanto. ¡Cuídate!

    Y cortó con la llamada, dejando a su hijo aturdido y contrariado a partes iguales; le había dicho segundos antes de que le diría información para comprar un boleto de autobús y pudiera trasladarse a Lyses, pero al final nunca le dijo nada. Su sentido común le decía que debía esperar unos cuantos minutos para ver si su madre se dignaba a mandarle un email, pero sabía que lo mejor que podía hacer ahora era descansar y dedicarse a la búsqueda mañana por la mañana; y si quería llegar a Lyses a tiempo para quién sabe qué debía adquirir el boleto lo más pronto posible.

    11 de Abril. 6:00 pm.

    El trayecto había sido insufrible, no había dormido casi y podía jurar que la espalda la tenía casi desecha por estar sentado tanto tiempo; para colmo de males, había tenido que pagar doble, pues los de la línea no dejaban que su Sneasel anduviera suelto por ahí y que ocupara espacio que no le pertenecía, así que forzosamente si quería subirlo al transporte debía ser considerado como un pasajero más, ergo, tener su propio boleto en mano por cualquier eventualidad. Había gastado más de diez mil pokédolares en conseguir algo que fuera directo a la ciudad de Lyses, pues el resto de las líneas tomaban otros caminos más… extensos o no pasaban por ahí para empezar.

    Pero ya estaba ahí, medio sano, salvo y sin tener ni idea de que era lo que su madre quería que viera. Sin embargo, sólo bastó dar dos pasos para que varios anuncios encendieran una pequeña chispa de ingenio que hiciera correr el patrat que tenía por cerebro para empezar a unir los puntos.

    Una conferencia, sobre legendarios. También veía pegadas en otras esquinas, y de forma no muy vistosa, otros anuncios que decían que un torneo empezaría mañana en la ciudad de Icaros. Blake por un momento maldijo no haberse quedado en aquella ciudad tan opulenta y deslumbrante, pero ya había sido una decepción constante para su madre, seguir un camino que sabía no era lo de él solo para satisfacer un capricho tonto de niño pequeño era asegurarse vivir bajo una constante sombra opresora; su hermana ya era campeona, criadora, por lo que a él solo le quedaba acomodarse a la profesión de coordinador para no ser comparado con la grandiosa Alexandra Weiss; al fin y al cabo, a los ojos de todo el mundo, él ni siquiera podía ser considerado como hermano de la gran campeona, solo un muchacho fanático que se colgaba de su fama para subsistir, sin un brillo propio.

    Sacudió la cabeza y se acercó para ver quién iba a dar tal ponencia, encontrándose con un nombre impronunciable y un apellido que le hacía recordar al frío de Sinnoh, por alguna extraña razón. Nunca había sido muy asiduo a estudiar leyendas o arqueología, pero su madre siempre había dicho que la clave para ser un buen coordinador era saber el pasado de la gente, con que se identificaba y lo que le interesaba, para así crear espectáculos que los cautivaran y quisieran ver. Encontrar asombro en su rutina.

    Y si su madre creía que una conferencia acerca de mitos y arqueología podría ayudarlo. Entonces…

    Quizás sería buena idea asistir de todos modos.

    Doce de abril.

    Oh dios.

    Oh dios.

    Oh dios.

    ¿Qué demonios había hecho?

    ¡Él no pertenecía ahí!


     
    Última edición: 10 Enero 2019
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  6. Threadmarks: Capítulo 1 - Braulio
     
    Asael Martinez

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    Braulio I

    9 De Abril.​

    Hermosa pero sobretodo calurosa ciudad Nix, en el tan icónico mercado donde el comercio y la buena suerte le sonríen a todo aquel que pone su negocio, se encuentra una persona a la cual no le ha ido tan bien que digamos.

    —Buenas Tardes señor, ¿Le gustaría comprar este Hidranio? Es muy bueno para este clima de la ciudad e inclusive para generar energía.

    “No gracias” “Ahora no” “Si si gracias”

    “…”

    Braulio, chico de 18 años que vive en la ciudad ya mencionada, hacia su rutina diaria de venta de metales o mejor dicho metal.

    Junto a su fiel Pokemon Shroomish quien le ayuda haciendo publicidad y que ponía una bonita cara para cualquier cliente que pasaba.

    Lástima que casi nadie en la ciudad quería comprarle a ese joven, que a pesar de sus esfuerzos no lograba hacer un buen trato pues al estar tanto tiempo con un clima caluroso la gente ya contaba con ese metal e inclusive algunos usaban métodos más baratos para evadir el calor.

    El chico de cabello Azul acarició a su Pokemon y le dijo que tuviera paciencia a la hora de vender pues esa era una de las claves del éxito, irónico, él es de las personas más temperamentales que existen, como sea, por lo menos algunas personas reconocían su trabajo.

    Todo el día trabajando, 8 horas de pie vendiendo metales pero sobre todo dando publicidad al gran mercado de la ciudad, el comercio es su principal fuente económica junto con la gran variedad de productos que puedes encontrar aquí.

    Muy dentro de su mente, se siente… vacío, sabe a la perfección que no está haciendo lo que le gustaría, pero tenía que hacerlo, por su familia o por lo menos lo que queda de ella. Su padre los abandonó, su madre está todo el día trabajando, sólo llega para dormir, sus dos hermanos son demasiado jóvenes, ellos se encuentran estudiando.

    En algunos casos ha pensado en volver a su pasatiempo favorito, las batallas Pokemon. En algunas ocasiones por ejemplo sus días libres, entrena arduamente con Shroomish para poder alcanzar más y más poder.

    Nunca ha pensado en hacer “trampas” porque bien podría llamar a uno de sus amigos para que le brinden un poco de esteroides Pokemon, no era necesario.
    Aunque últimamente no se siente satisfecho, cada día conoce un poco más lo que es el aburrimiento, tal vez se deba a la alta temperatura.

    “Eso afecta al cerebro”

    No duró mucho el aburrimiento pues en su hora de almuerzo varios de sus compañeros hablaban sobre algo muy peculiar, así es, un torneo.

    Profundizaron más en el tema, la cosa era simple en la Ciudad Icaros se llevaría a cabo un torneo donde el ganador se llevaría como premio un Pokemon, no sabían cual era pero se rumoreaba que era un ave con colores rojos.

    Braulio como era de esperarse pregunto más de la cuenta, desesperado por saber un poco más, no logró satisfacer sus dudas por lo que lo investigaría por su cuenta cuando llegue a casa.

    La sola idea de un torneo era suficiente para que su mente se centrará en otra cosa más allá que su trabajo o familia.

    Quería viajar, conocer otros lugares, conocer a más personas, desde hace años que vive en esta región pero ni con eso a sido capaz de explorar nuevos horizontes, a veces extraña la región Hoenn, las hermosas playas y la basta naturaleza, se podría decir que actualmente vive en un agujero.



    Cuando volvió a casa, algo era diferente en el, después de mucho tiempo tenía un motivo con el cual entretenerse.

    —Vamos amigo, tenemos que entrenar.
    Llamo al Pokemon tipo planta pero justo antes de salir al patio trasero, se topó con un Pokemon de tipo agua…

    Buizel, su dueño anterior era su padre pero gracias a que ya no se encuentra con ellos, decidió dejárselo a sus hijos.

    La nutria pocas veces hace acto de presencia, casi siempre se va lejos a un lugar donde haya agua, ahora que está en casa el ambiente se siente extraño.

    —Y bien… ¿No te gustaría entrenar con nosotros? —Pregunto el joven para intentar socializar un poco. Aunque no le agradaba del todo la idea.

    Buizel sólo se lleva bien con la pequeña hermana de Braulio, se piensa que es porque era la única que lo quería antes del gran desastre que se generó en la familia.

    Asintió de forma sería, un poco de entrenamiento no le vendría mal, en algún momento en el pasado, su padre lo había entrenado por lo que sabía defenderse muy bien.

    Así pasaron la noche, entrenando arduamente, claro un poco incómodo, no se llevan muy bien que digamos, al menos compartían ese mismo gusto.
    Terminaron exhaustos, apenas y tuvieron horas para dormir, lo importante ahora era planear el viaje a la ciudad, pedir permiso en el trabajo y a su mamá. No importaba la edad que tuviera, sus principios siempre eran ser sincero con la familia.



    No fue tan difícil como pensó, en su pequeño negocio le dieron la oportunidad de tener unas pequeñas vacaciones, la realidad es que por las bajas ventas que había, no era ningún inconveniente dejarlo descansar un poco. Mientras que con sus hermanos fue una historia algo distinta.

    —Vas a ir pero me traes un recuerdo de esa ciudad— Reclamó su hermanita.

    —Más te vale que consigas mi videojuego— Dijo su hermano.

    —Y a mi me consigues un diploma de Universidad ¿Entendido?— Terminó su madre de forma burlona.

    El pobre Braulio se sintió acorralado, colocó su mejor sonrisa y huyó de casa lo más pronto posible, cuando abrió la puerta se topó al tan silencioso Buizel.

    —Que sorpresa, casi pareces un ninja… espera… acaso ¿Quieres acompañarnos?

    El pokemon no dijo ni una sola palabra, sólo se le quedó observando al joven quien continuó su camino, justo detrás de el Buizel lo seguía sigilosamente.

    Así es como empezaba un viaje para descubrirse a si mismo, este tipo de viaje le resultaba muy familiar, como cuando era un pequeño niño de 10 años que iniciaba su recorrido con su Pokemon inicial, que nostalgia.

    Con esto me daré cuenta de si en verdad tengo futuro, de lo contrario renunciare a las batallas, tengo que descubrir cual es mi lugar en esta nueva región, no creo que me quedé toda la vida como vendedor, tampoco quiero ir a la universidad, si tan sólo estuviera en Hoenn, sería completamente diferente a esto. En fin, se que puedo lograr lo que me proponga, seré mejor… de lo que fue mi padre.
     
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  7. Threadmarks: Capítulo 1 - Maddison
     
    Plushy Berry

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    Capítulo 1: El ladrón de ladrones


    Ubicación desconocida / 5 de abril

    Despertó como venía haciéndolo desde ya varios meses: con más cansancio que antes de acostarse y un hambre voraz. Tras espabilar, notó que Litwick sobaba su barriguita sin descaro alguno.

    “Alguien tuvo un buen desayuno” pensó.

    Dejó su cama de heno improvisada al interior de un pedrusco y comenzó a caminar mientras estiraba el cuerpo hacía el manzanar, lugar por el cuál había decidido acampar ahí en primer lugar. Quedó frente a un árbol robusto y frondoso al que no le quitaba la vista de encima; miraba de arriba abajo, tanteaba distancias y daba pequeños toquesitos a la corteza. Tras varios minutos de un análisis minucioso y silencioso, un enorme estruendo se escuchó en el lugar, alertando a varios Rattata y Pidgey que ahí vivían.

    Una patada bien acomodada al flanco derecho del árbol.

    “Plop. Plop”

    Varias manzanas, las más maduras, fueron cayendo y una a una fue recogida en el aire con suma habilidad…

    Excepto la última que le cayó justo encima de la cabeza.

    El sonido de los pokémon escondiéndose entre los matorrales fue opacada por la risa a sus anchas de la pokémon fantasma.

    —Al menos yo tengo brazos para hacer esto —suspiró, dándose cuenta que era demasiado temprano como para enojarse con su pequeño verdugo.

    Después de todo, pocas cosas le molestaban más que el que alguien o algo le ‘robase’ su tranquilidad.

    Comió sólo un par para el desayuno, el resto se irían a la caja de provisiones; después de todo le aguardaba un largo viaje.

    —Algo de carne no estaría mal para el almuerzo. Me pregunto si habrá Farfetch'd por la zona.

    Al escuchar la proposición, la llama de la fantasma comenzó a arder en un siniestro purpura, cosa que era habitual cuando se emocionaba. Carne era igual a cazar y cazar a que podía dar un par de sustos…

    El sabor de un delicioso susto…

    Hasta que la presa no se moviera más…

    Lo que significaba que más le valía que se fuera encontrando un pato capaz de asustarse de su propia sombra que, de lo contrario, sabía perfectamente de dónde iba a salir el resto de la merienda.


    No muy lejos de la zona, cerca de un estanque, se encontraba una gran variedad de pokémon rebosantes, cada uno metido en sus respectivos asuntos, al menos así le pareció a Mad. No era exactamente que los odiara, pero prefería no meterse en sus asuntos del mismo modo que no deseaba que ellos se entrometiesen en los suyos y que si era verdad que las cosas habían cambiado bastante respecto al año pasado, nada de ello significaba que Litwick, Lanturn o Audino fuesen sus confidentes o algo así..

    Y justo se encontraba por lanzar un dardo sedante a un Farfetch'd rechoncho cuando el aparente el sonido de una explosión alertó a toda la vida silvestre: alas y patas a todo lo que daban rumbo al manzanar; le dio toda la impresión de que no era la primera vez que escuchaban un estruendo como aquel y que la experiencia más que el instinto era lo que los obligaba a tomar la decisión más sensata.

    Sin esperar a ver la expresión de disgusto de su pequeña ‘compañera’, Mad trepó con grácil habilidad a la copa de un árbol cercano y de una de las cremalleras que tenía atadas en las piernas, sacó un visor y apuntó en dirección del sonido.

    Cazadores.

    Uno con cara de matón, montado en un todoterreno. Poco más atrás, una chica de trenzas, tumbada en el suelo, llorando, posiblemente lastimada.

    Un ladrón, por más corriente que este fuera, se valía del sigilo para lograr su cometido y la astucia para evitar ser atrapado. Los cazadores, en cambio, empleaban la fuerza bruta… no, la fuerza bruta de sus pokémon para pasar por encima de los demás, para acabar con todo con tal de tener dinero porque para ellos todo era comerciable: su libertad, su libre albedrio, su vida y la de los demás.

    Y no existía cosa más repudiable que aquello.


    Tenía el estéreo a todo volumen; después de todo daba igual, era su terreno y la policía rara vez se atrevía a poner pie en el lugar. El manzanar garantizaba que vez en cuando algún pokémon que no fuese una basura bajara de la falda de la montaña, lo que le garantizaba dinero cada mes, y el extra de los tontos entrenadores que de vez en cuando se metían a husmear a donde no los llamaran siempre le venía bien porque el dinero, la fama y las mujeres entre más, mejor.

    Continuó sonriendo hasta que sintió una sacudida en el vehículo. Seguro de que nada malo pasaría por detenerse un momento, bajó para inspeccionar y notar que la llanta del frente se encontraba ponchada.

    Sin siquiera notar el pequeño dardo enterrando en la llanta, abrió despreocupadamente la cajuela para sacar la llanta de repuesto, no llevaba gato porque se ufanaba que su fuerza era la suficiente como para alzar el vehículo con una mano y poder hacer el cambio con la otra. Habiendo terminado la maniobra, se levantó y abrió la puerta…

    ¿Qué hacía un pokémon en el asiento del conductor?

    Lo más preocupante fue cuando notó la presencia otra persona en el asiento trasero, donde tenía el botín.

    —¡¡Acelera!!

    Contra toda lógica, la llama de la pequeña vela se transformó en una gigantesca mano… ¿o pie? Que le dio hasta el fondo.

    El auto arrancó con la puerta abierta y tremendo portazo se llevó el cazador.

    Litwick era demasiado pequeña como para agarrar bien el volante o ver si quiera por dónde estaba manejando, por eso no le preocupó en lo absoluto al momento de que casi impactan con un árbol hasta que sintió un empujón que la mandó de bruces al acelerador ya que Mad había agarrado el volante justo a tiempo.

    —Ya habrá tiempo para que me reclames, sólo quédate ahí —dijo mientras la pokémon amenazaba con arrancarle el alma.

    Giraron en U de forma violenta para dirigirse hacia el cazador. Cabreadísimo, se levantó de golpe y mandó llamar a su Houndoom, ordenándole exhalar un Lanzallamas. El flamígero ataque fue tan potente que con facilidad logró desviar el vehículo y no solo eso, casi a punta de golpes, el cazador ordenó intensificar el ataque con la finalidad de que el motor estallara.

    Sí, iba a perder el vehículo, pero se iba asegurar de matar a ese bastardo.

    El todoterreno derrapó hasta la orilla del estanque sin que estallara, pero el daño era más que evidente. El cazador corrió a toda velocidad y, aunque la manija quemaba como mil demonios, estaba tan dispuesto a todo que lo me importó y arrancó la puerta.

    Sin embargo, no había nadie ahí.

    Y el botín tampoco estaba.

    Entonces, notó que algo se hacía sombra y alzó la vista.

    De corta estatura y menuda complexión, se alzaba una sabandija salida de un carnaval con un pequeño pokémon sobre la cabeza. Y el muy sinvergüenza ni siquiera se tomaba la molestia de esconder la bolsa con las pokébolas bajo su media capa ni su maldita sonrisa.

    —¡¡Houndoom, acabalo; ataca a matar!!

    Acostumbrado a esa clase de órdenes, el siniestro canino se encarreró para emprender un salto, a la par que en sus fauces se congregaba un diluvio infernal. Casi como en cámara lenta, ajustando su respiración y aclarando su mente, Maddison aligeró el cuerpo y se dejó caer…

    Lentamente…

    Estirando su brazo de forma perpendicular al cuerpo de la bestia.

    Aunque pareció eterno, en realidad todo ocurrió en una cuestión de microsegundos, no lo suficiente como para que can o su dueño notaran que lo que el descendiente de la familia Keyfinder, linaje de cazatesoros reconocido a nivel mundial, tenía una especie de garra aferrada al brazo. En realidad, era un gancho que usaba habitualmente para escalar.

    Pero también servía para golpear muy bien.

    Y en el momento indicado…

    ¡Ploc!

    Con la misma fuerza que el pokémon llevaba y el momentum del golpe, salió despedido hasta caer en el estanque.

    No le importó ir por su pokémon, estaba tan cegado por la ira que necesitaba destruirle con sus propias manos. Decidió no arriesgarse y sacó la navaja que siempre llevaba en su cinturón, juraba que le cortaría la cabeza y se la daría de comer a su pokémon (si es que había sobrevivido) y de un solo saltó trepó al capote del todoterreno, pero el desgraciado tampoco se encontraba ahí, debió de haber rodado al momento de golpear al Houndoom.

    Pero hacia abajo no había nadie.

    De dio la media vuelta confiado en que sería tan cobarde como para atacarle por la espalda, pero sólo blandió el filo contra el aire. Sin tiempo para reaccionar, sintió algo en la cara, algo pegajoso como la tela de un Ariados que le tapaba por completo la visión. Por tanto, solo escuchó la patada a la parte trasera del vehículo; cayó de espaldas, terminándose de adherir y sin poder hacer nada al momento que éste se fue directo al agua.

    Debieron ser los tres minutos más angustiantes de toda su vida, o al menos los más embarazosos. Emergió del agua junto con su pokémon, empapado pero aún hirviente por acabar con aquel malnacido. Aun con la telaraña disuelta no fue capaz de encontrar a aquel ladrón, porque estaba seguro que se había escabullido con su botín, el problema era que, en realidad, el botín se encontraba ahí, fuera de sus pokébolas y aquellos Ursaring, Nidoking y demás pokémon no parecían encontrarse muy alegres que digamos.

    Tampoco le ayudaba saber que sus redes, bombas y resto de artefactos se encontraban hundidos junto a su auto.

    —¡No te quedes ahí parado, estúpido animal! ¡Haz algo!

    El tipo fuego apenas y podía ponerse de pie tras la zambullida y más por orgullo que por algo de aprecio a su amo intentó lanzar un lanzallamas. Mas sólo salió de sus fauces una pequeña nube de smog tibio.

    Y a leguas se notaba que esos Hiperrayos iban a doler…


    Varias horas más tardes, Mad ya tenía todo lo necesario en su pequeño bote improvisado a orillas del mar de Epsilon, después de todo se decía que el tataratatara… bueno, que el primer Keyfinder había sido un viejo de mar más temible que un banco de Gyarados encabritados (¡y se decía que sus hazañas estando ebrio eran aun mayores!). Aunque Mad prefería tener los pies en la tierra, la emoción de conocer una tierra nueva y descubrir todos sus secretos era más vasta que cualquier océano y el corazón se le volcaba mientras que su mente ya maquinaba a tope tratando de imaginar cosas que aún no existían pero que lo harían al momento de estar ahí o quizás con tan solo soñarlo.

    La tierra de los sueños vírgenes se llamaba Aiwass y se adentraba a ella con sólo un par de provisiones, tres pokémon que por distintas causas le seguían, una ambición muy grande y su más reciente adquisición: la imagen de la sonrisa de aquella chica al momento de volverse a reunir con Leafeon.





    Icaros/ 10 de abril

    La ciudad era un hervidero de gente y de pokémon; a donde quiera que pusiese un pie era fácil sentir un codo, una cadera, un sombrero y una que otra mano queriéndose pasar de lista (sobre todo en donde se pensaban que tenía la billetera si es que tuviese una). No le gustaban los tumultos, pero eran sumamente prácticos para pasar desapercibidos porque en las masas uno deja de importar para convertirse en un eco de muchas voces que al unísono entonan el sonido de la ciudad.


    Y dentro de aquellos coros se escuchaban cosas interesantes:

    “¿Vas a participar en el torneo?”

    “Los asaltos están peor que nunca, esos malditos extranjeros. Hey, mira a ese sujeto…”

    “¿Supiste que hubo jaleo en Lyses?”

    “¿Tendrá algo que ver con la conferencia?”

    “¿Qué conferencia?”

    “No sé, algo de nerds”​

    La ciudad era enorme y era tan fácilmente perderse que las ganas de hacerlo eran insoportables porque aún en aquellos lugares monitoreados por millones de ojos sabía que siempre había algo que se escondía a la mirada del Ojo compuesto, algo que sería solo para sí.


    Icaros/ 11 de abril

    Mientras más se perdía en la urbe, más se alzaban las voces del gran evento que acontecería el día de mañana, un torneo en los que entrenadores de todas las regiones podrían mostrar su valía en la arena…

    Cosa que no podía importarle menos.

    Pero de entre todas las voces había unas en tonalidad más aguda y silenciosa que sí eran un cántico hermoso a sus oídos. Algo de un lugar llamado Lyses y, no solo eso, también había escuchado que en aquella ciudad existía una gran biblioteca con todo el conocimiento antiguo de la región.

    No sabía exactamente qué buscaba, pero tenía la certeza de que lo sabría si viajaba ahí.

    Tampoco le fue difícil hacerse pasar por un simple turista que había venido a conocer la región ni le costó nada averiguar la manera de llegar a la ciudad. El problema sería cómo llegar en menos de un día. Si bien los Keyfinder eran más conocidos por el status de su apellido que por su apariencia (salvo el primo lejano Alder que presumía a todo humano y pokémon su linaje así fuera un ladrón de quinta) tampoco podía arriesgarse a exponerse demasiado.

    O al menos ese era plan antes de que Litwick saliera de su pokébola, como siempre, en un momento inoportuno, cuando pasaba cerca posiblemente un entrenador pokémon con un Dodrio paseando a su lado. Una de las cabezas se quedó mirando bobamente al pokémon vela y ya que a la pequeña diva no le gustaban las miradas furtivas le sacó la lengua en tono burlesco, cosa que no hizo gracia a las otras dos cabezas.

    Aunque siempre alerta, la situación tomó por sorpresa a Mad y más aún al dueño del ave que cayó de bruces al momento que se descontroló. No supo ni cómo y cuando pero cuando fue consciente de la situación ya se encontraba montando al tricéfalo, agarrándose lo más fuerte para no caerse. Litwick iba un poco menos cómoda dentro del pico de la cabeza principal.

    “Ladrón” chilló el dueño del pokémon, pero corría tan endemoniadamente rápido que poco se pudo hacer al respecto. Para cuando se encontraba a las orillas de la ciudad al menos se sentía con el problema de la movilidad resuelto…

    ¡Pero hasta cuando los pokémon le iban a dejar de meter en problemas!
     
    Última edición: 15 Enero 2019
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  8. Threadmarks: Capítulo 1 - Naohiro Koiso
     
    Armiel

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    Lyses / 10 de abril

    La luz del alba penetro por las ventanas de la habitación hasta impactar en el rostro somnoliento de una mujer recostada sobre una mesa. El hormigueo provocado por los rayos del sol acabo por despertar a la susodicha quien contemplo los alrededores con gesto confundido.

    ¿Dónde estoy? –fueron sus primeras palabras.

    Frunció el ceño con ambas manos en su cabeza intentando que la memoria se le refresque, pero no pasó nada.

    Bueno, da igual seguiré durmiendo. –casi con nulo esfuerzo se dejó caer contra la mesa volviendo a los brazos de Morfeo.

    En pocos minutos el tono de un celular se hizo presente en el ambiente, una pequeña sombra lo recogió dirigiéndose hasta la muchacha quien no se inmutaba ante el fuerte ruido que el aparato emitía. La figura soltó el teléfono sobre la chica trayéndole de regreso a la realidad esta no se quejó pues al ver la pantalla su inconsciente le dio aviso de que contestar era prioritario.

    Buenas ¿Quién habla?

    Unos murmullos se escuchaban al otro lado de la línea hasta que una voz de alzo.

    ¿Este es el número de Naohiro Koiso?

    Eso dice mi tarjeta… o era mi página. –mascullo unas palabras antes de continuar. –Estoy segura que una de esas lo hacía.

    Las personas al otro lado discutían entre ellos debido a las respuestas tan simplonas y despreocupadas que recibían, pensaban si hablaban con la misma persona que contactaron la noche anterior.

    Como acordamos usted debe venir al segundo nivel de la Torre para preparar el equipo de seguridad ¿lo recuerda?

    Si ustedes lo dicen debe de ser verdad. –confirmo sin muchas ganas de discutir. –Estaré allí en algún momento no desesperéis. –antes de colgar un pequeño lapso de lucidez le hizo preguntar a su escucha información que era importante para ella. –Por esas cosas de la vida ¿saben dónde estoy?



    Lyses / 11 de abril

    El segundo nivel de la Torre de Lyses estaba especialmente ocupada esa semana debido a que uno de los líderes regionales iba a presentar una conferencia al día siguiente la cual al parecer había llamado el interés de varios expertos tanto dentro como fuera de la región.

    Aunque eventos de renombre suelen ser bastante comunes en la conocida estructura insigne de la ciudad son pocas las veces que surge una que llamaba la atención en un rango más allá del regional, por esta razón varias medidas se habían estado cotejando para que la recepción este lo más libre de incidentes inesperados como sea posible. Para ello implementaron un sistema de seguridad de última generación que hasta hace pocos meses habían estado evitando implementar ya que los que poseían eran lo bastante efectivos.

    Sin embargo, se les escapo un pequeño detalle. Nadie sabía cómo instalar aquella implementación que habían adquirido. Si bien Lyses destacaba por ser la ciudad más tecnológicamente avanzada de Aiwass eso no significa que todo lo que desarrollen sea algo que manejen todos sus científicos al mismo grado, y este caso particular era la programación. Descubrieron una vez instalado el sistema que nadie sabía cómo configurarlo, y en lugar de gastar tiempo en aprender decidieron que sería más efectivo contratar a un tercero con la experiencia necesaria.

    No les fue difícil buscar a la persona correcta. Durante los últimos años había ganado su buena reputación a pesar de lo esporádico de sus aportes en todo el tiempo que llevaba en la región y en los últimos meses la misma Liga regional había reconocido sus méritos entregándole como pago una de las especies iniciales. Un pago bastante exótico ya que eran variantes regionales.

    Están seguros que es la persona correcta.

    El personal había comenzado a cuchichear sobre aquella persona.

    Eso dicen, pero siendo sincero tal vez los rumores eran exagerados.

    ¿Aunque la liga reconoció su desempeño?

    Tal vez lo hicieron como recomendación y tenga mejor suerte en otros sitios. Vamos, que fue una suerte de lastima.

    Los pequeños rumores se esparcían con velocidad por el edificio como una manera de disminuir la tensión a la que estaban.

    Por cierto, lo que sucedió ayer ¿era verdad?

    Sí, yo estaba presente. Esa mujer ni siquiera sabía dónde estaba parada y si no fuera por su Crobat que la asistía se habría quedado dormida en algún pasillo.

    Oí que estuvo hora y media tratando de averiguar cómo descender al segundo nivel, ya que cuando alguien le explicaba algo dormitaba en medio de las indicaciones.

    Su voz sonaba raro ¿No estaría borracha?

    No creo. No olía a alcohol.

    Entre tanta cháchara acabaron por llamar la atención de otro empleado que caminaba de regreso a su puesto.

    Sucedió algo interesante que no se mueven. –la voz inesperada sorprendió al grupo.

    Por su atuendo debía de formar parte de seguridad, destacando una especie de mascarilla que llevaba, aunque lo intrincado del diseño les daba la sensación de que era de alguna empresa privada.

    Nada importante, solo chismes internos.

    El rostro de la mujer no se mostró convencida por sus palabras. Fulminaba con la mirada al pequeño grupo hasta que uno soltó la lengua.

    Hablábamos sobre la programadora que contrataron.

    Oh, algo interesante que resaltar. –aquella persona sonaba extrañamente interesada y como no querían problemas por haber estado perdiendo el tiempo prefirieron responderle con sinceridad.

    Que era una persona muy extravagante la cual las cosas le entraban por un oído y le salían por el otro. –lo que iba a ser una corta acotación se extendió hasta ser un resumen de todo lo que habían discutido hasta el momento. Con mucha atención la mujer escucho cada palabra sin parpadear ni una sola vez incomodando a los trabajadores.

    Que montón de problemas. –dijo con hastió. –Creo que debería comprar esos parches de cafeína que me recomendó el médico. Gracias por la charla, me retiro.

    Tras despedirse aquella mujer se perdió por el pasillo.

    ¿Quién era ella?

    No sé, pero sus ojos se sentían como que escudriñaban mi alma.

    Soy solo yo o se parecía a la programadora.

    Estás loco, estaba muy bien vestida comparada a esa desaliñada que conocí ayer.



    Lyses / 12 de abril

    El salón vigilancia había cambiado drásticamente en el transcurso de 2 días al punto que los guardias habituales sentían que estaban en un edificio distinto al que siempre acudían. Mientras unos cuantos se deslumbraban con el equipo recién instalado uno con visiblemente mayor rango se dirigió hacia una mujer de cabellos y piel pálida quien se encontraba bebiendo un tazón de café bastante grande como si se tratara de agua.

    Debo decir que estoy impresionado. –sus palabras de elogio eran sobrias, pero sinceras. –Lograste tener todo a tiempo y en perfecto estado justo como lo prometiste.

    La chica seguía bebiendo sin hacer contacto visual limitándose a solo asentir con la cabeza dando a entender que escuchaba. Terminado su largo trago, subió su mascarilla y contesto.

    Habría estado listo ayer, pero el primer día perdí mucho tiempo debido a mi estado deficiente. Incluso los demás empleados pensaban que era una especie de vagabunda glorificada y vende humo, eso afecta mí no muy estable reputación.

    Tonterías, sabes bien que a la gente le interesan los resultados.

    Lo sé, pero una buena imagen ayuda a venderme. Es obvio que preferirán buscar a alguien que luzca comprometida a su labor que alguien que se duerme mientras le explicas como usar el elevador. –tomo un gran sorbo de su café hasta vaciarlo.

    No negare eso. –noto entonces un grupo de Porygon (toda la línea evolutiva) alineados a la pared con un cable conectado a ellos. –¿Qué les pasa a esos pokémon? ¿Son tuyos?

    Los tome prestados de los criaderos. –su contratista reacciono al comentario. –Descuida los solicite de manera legal. Están intentando traspasar la seguridad.

    No sería más útil un tipo eléctrico para eso.

    Eso es un error común, un pokémon eléctrico solo te serviría para freír los equipos si quieres causar una sobrecarga. Pero si quieres conseguir datos de un servidor por medio de hackeo lo normal es usar un Porygon ya que son pokémon que los humanos creamos con el propósito de manejar sistemas informáticos.

    Finalizada la explicación la línea evolutiva se desconectó transmitiendo en su mirada un muy claro gesto de exhaustividad.

    Ya terminaron. –dio click en un cronometro que tenía en su otra mano. –En total fueron 30 minutos para el Porygon, 17 para el Porygon2 y 4 para el Porygon-Z. Si calculo la media y la convierto en el promedio que tarda un humano ± 2s. –la programadora comenzó a hablar sola mientras hacia su cálculo mental. –Sí, con eso es suficiente.

    ¿Qué cosa?

    A menos que alguien traiga un Metagross o un Alakazam se tardaría unos 10 años en descomponer el factor del número primo que protege su red de seguridad.

    ¡10 años! ¿Cómo es eso posible? –el hombre no podía creer lo que escuchaba pensaba que estaba exagerando.

    Use 7 códigos diferentes para programar esto, use a los Porygon para aumentar su complejidad, acelerar los procesos de encriptación y con el Porygon-Z elimine los errores que surgían en el proceso. Un humano por sí mismo puede lograr cosas asombrosas, pero si combinas eso con las habilidades innatas de un pokémon puedes hacer posible lo imposible. –explicaba. –Por mí misma habría tardado cuando menos una semana en lograr esto así que agradece a esos pájaros geométricos por la puntualidad.

    No tenía palabras para responder. Había oído que el talento tiene límites mientras que el esfuerzo y la pasión no. Y la mujer frente a él tenía ambas cualidades lo que la hacía un monstruo en cierto sentido, podía ver en esos pálidos ojos rosados el reflejo de alguien inconforme con su nivel y que quería llegar más lejos.

    Has cumplido con el contrato. En cuanto al pago.

    Deposítelo aquí. –le entrego un papel. –Daré una pequeña revisión a las cámaras y me iré.

    Como digas. –se retiró sin provocar más dialogo.

    En la puerta vio como un Crobat entro cargando un termo en sus patas traseras yendo directo al sitio donde estaba hace poco.

    Una extraña elección para su rubro.

    Con unos rápidos movimientos de manos la mujer se conectó a las cámaras de los distintos niveles de la Torre de Lyses para corroborar que todas transmitían correctamente al servidor principal. Observo un hombre nervioso por la cantidad de gente en el ala este donde se llevaría a cabo la conferencia, el líder de gimnasio se encontraba bajando desde el ultimo nivel, y los siempre ocupados investigadores del área de crianza.

    Todo parece funcionar correctamente. –lleno su taza de café con el termo que recibió de su Crobat y salió de la sala de cámaras. –Esa conferencia de mitología suena interesante, me pregunto si habrán descubierto nuevos escritos antiguo que pueda usar. –tomo su bebida de un solo trago. –Bien, ese será el itinerario del día.
     
    Última edición: 11 Enero 2019
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  9. Threadmarks: Capítulo 1 - Kristina Sathiel
     
    Maxinne

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    - ¡¡¡BUA HA HA HA!!! helo aquí ciudad Ikaros mi primera parada para hacer que el mundo entero caiga ante mis pies y que todos se arrodillen ante mí

    En medio de las calles de ciudad Ikaros se encontraba la estrafalaria niña gritando sinsentidos completamente ignorante de la gente que pasaba alrededor suyo quienes solo le dedicaban una mirada rápida por el volumen de su voz y luego seguían su camino. O mas bien ella fingía ignorarlos mientras se quedaba parada firmemente en medio de la calle con sus brazos apoyados en su cintura y una sonrisa desafiante, ella estaba actuando de la forma mas genial que se le ocurría esperando llamar la atención de cualquiera y movía rápidamente sus ojos en busca de alguien que se haya percatado de su presencia si quiera pero la búsqueda era inútil.

    Tch soltó una leve queja y puso su mano abierta en frente de su cara

    - Supongo que es inútil después de todo es normal que nadie sepa reaccionar a mi grandeza y en vez de eso decidan ignorarme no debería esperar nada mas de seres tan inferiores, supongo que es hora de que siga mi camino entonces

    Sacando un enorme mapa de su mochila empezó a batallar para sostenerlo mientras caminaba al mismo tiempo que llevaba su sombrilla con sigo

    - Veamos el gimnasio pokémon de Ikaros debería estar en el centro de la ciudad, si sigo recto por aquí debería llegar

    Luego de caminar unos minutos Kristina volvió a mirar a su alrededor para confirmar su localización

    - ¿Are? ¿espera esto no es el hotel Skorupi? ¿que demonios hace este hotel aquí si se supone que esta en la zona sur? ¿eso significa que ya me pase el gimnasio?

    Volviendo a mirar desconcertada el mapa trato de buscarle lógica a lo sucedido

    - Esto si me encuentro en el hotel skorupi eso significa que si doblo a la izquierda y sigo derecha por la calle Damos llegare a mi destino

    Y de nuevo la joven se encontró en un lugar distinto al que esperaba...

    -Ugh esto no tiene sentido ¿como puede ser que sin importar a donde vaya no pueda llegar a mi destino? piensa, piensa debe una explicación para esto tal vez... eeh... ¡NO! Espera ya lo tengo ya se exactamente que es lo que esta pasando alguien está tratando de hacer que me pierda porque teme de lo que seré capaz si logró hacerme con el control de gimnasio ha ha ha con que de eso se trataba seguramente este cobarde debe estar haciendo que algún pokémon use el movimiento zona extraña para hacer que me pierda pero se necesitará más que eso para poder detenerme a mi Kristina Sathiel Dunkelheit, es más le demostraré que ni siquiera hace falta encargarme de el y su pokemon para poder salir de esta tesitura

    Llevando su mano al bolsillo y rebuscando en este termino sacando una moneda la cual sostuvo entre su dedo medio y indice para luego elevar su brazo tan alto como podía

    -HA HA ha ha sacar a mis pokemon para buscar y derrotar al malhechor que me esta jugando esta broma sería un juego de niños así que en lugar de eso, suprimire mi poder y lo dejaré todo en manos del azar para hacerlo más divertido

    Motivada por lo que ella creía era un gran plan lanzó la moneda al aire y se preparaba para darle una patada en cuanto estuviera a punto de caer para dirigirse a la dirección en la que terminará la moneda pero debido a su torpeza o quizás su falta de percepción de la profundidad producto del parche que lleva puesto no noto que la moneda estaba cayendo directo hacia su cara y terminó golpeando su frente y girando sobre su nariz directo al suelo donde siguió girando

    - "Ay ay eso duele". Sosteniendo su frente mientras se encontraba de rodillas en el suelo producto del golpe dio un rápido vistazo a su alrededor

    - Eeh espera ¿donde quedo la moneda? Viéndolo de pura casualidad la encontró girando dirección hacía el norte y salio corriendo en su busqueda

    Luego de seguir a la escurridiza moneda por un rato y atraparla siguió caminando por el mismo camino que la moneda le indicó convencida de que la llevaría a su destino y como si se tratase de un milagro o de la coincidencia mas grande terminó llegando a la plaza del sol lugar en el que se encontraba el gimnasio de la ciudad

    - Je Je Je tal y como pensaba no hacía falta de usar ni el 1% de mi poder para burlar una trampa tan simple como esa, pues bien ahora es momento de entrar y ver si los que están dentro valen mas que eso y son capaces de servirme como calentamiento al menos

    Mientras esperaba en la multitud que el evento empezará vio a una chica y un chico rubio subidos en una plataforma con 4 pilares de fuego a su alrededor al ver eso Kristina pensó para si misma mientras sus ojos brillaban "la gente de aquí si que sabe como hacer una entrada, tal vez haya algo mas que miseras hormigas después de todo" luego de escuchar el anuncio sobre como inscribirse al torneo fue directo al stand para inscribirse perdiéndose el aviso de la recompensa del rowlet de aiwass
     
    Última edición: 11 Enero 2019
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    Kiwi

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    Aries
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    Anansi Ø1/ Ojos de Galaxia


    "El máximo peso registrado que ha sido capaz de levantar un Charizard de Aiwass utilizando Psíquico".

    "Explica el proceso a través del cual Eevee evoluciona a Jumpeon".

    "Enlista los nombres de las ocho medallas de gimnasio de Aiwass".


    A, B, C, D o E. Preguntas abiertas. Imágenes y siluetas. Falso y Verdadero. Algunas preguntas eran tan fáciles como para que un niño de diez años las respondiera. Otras tomarían años de estudio a cualquiera. En general, todas hacían que a ella le doliera la cabeza.

    ¿Qué clase de gimnasio era ese? La obligaban a sentarse en un aula vacía frente a un ordenador y responder una mala broma de examen mientras una asistente la vigilaba desde el escritorio del profesor, no vaya a ser que le copie las respuestas a alguien, todo porque tenía menos de dos medallas y su única forma de retar al líder disponible para ella era esa. No era la estupidez más grande por la que había pasado, pero sin duda estaba entre las cinco primeras.

    Revisar sus respuestas, concluir la prueba y esperar treinta minutos a que un sujeto de dos metros pasara junto a la puerta del aula con una carpeta en la mano mientras disimular de ocultar un bostezo.

    —Anansi, ¿verdad? No Aprobado.

    Se golpeó la cabeza contra el teclado. Había sido vencida otra vez.

    La asistente se levantó rápidamente y salió del aula sin decir una palabra de despedida mientras Anansi dejaba ir su alma en un suspiro. Diez intentos seguidos. Diez malditos intentos seguidos y no pasaba la maldita prueba. Ni siquiera recibía una respuesta acerca de cuántos aciertos había obtenido porque "reglas del gimnasio" y "vuelve a intentarlo mañana". Comenzaba a sospechar que ese líder de gimnasio gigante ni siquiera leía sus respuestas y se limitaba a esperar treinta minutos para salir de su oficina (siempre los mismos treinta minutos) para decirle que había fallado en su camino a la máquina de café en el pasillo. Tenía que ser una trampa muy ingeniosa para burlarse de ella. O tal vez era simplemente demasiado estúpida para aprobar.

    Su bufanda empezó a agitarse, una fina pieza de tela negra con ondas violetas, salvo por el hecho de que no era de tela, y tras revolverse sobre su cuello para dejarla y recuperar su verdadera forma, ni siquiera era una bufanda, sino una pequeña fantasma que empujaba su frente con la propia.

    —Tienes razón. Me estoy poniendo insoportable.

    En el pasillo tomó un vaso de unicel para servirse un capuchino, dejando que le calentara las manos mientras trataba de recuperar su estado de ánimo. Scarfy levitaba alrededor del mismo, siguiendo la fina estela de vapor con sus ojos.

    —Creo que fue más fácil que el anterior. Poco a poco lo voy entendiendo.

    El primer día, cuando empezó la prueba y entendió que no sabía absolutamente nada de lo que pedía el examen, se concentró en memorizar las preguntas y en cuanto salió bajó al piso de la biblioteca para buscar las respuestas antes de que se le borraran de la mente. Al día siguiente, sin embargo, en el ordenador había un examen completamente diferente a lo que había estudiado, y cuando el líder de gimnasio pasó junto a la puerta para decir su obligatorio "No Aprobado" tenía una desagradable sonrisa de triunfo en la cara, y Anansi entendió que no iba a ser tan fácil. Desde entonces había hecho otros ocho exámenes. A veces las preguntas se repetían, pero eran pocas, y sin saber qué tan bien lo había hecho, estudiar para el siguiente era difícil. Y aunque el líder aseguraba que todas las respuestas estaban en la biblioteca, el recinto tenía decenas de miles de libros y leerlos todos era humanamente imposible.

    Diez intentos, diez vasos de café, y cuando esa tarde bajó por décima vez a la biblioteca, Anansi entendió que aún no estaba lista para rendirse, así que recorrió los extensos pasillos con incontables libros mientras tomaba los que había encontrado en el índice electrónico. Pese a la sensación de derrota, había algo placentero en todo aquello de buscar respuestas a preguntas que por sí misma nunca se hubiera hecho; el sentirse cada día un poco más lista, el saber que no estaba simplemente perdiendo el tiempo, y que, cuando consiguiera la medalla, sería una persona más completa que antes.

    Crecer poco a poco, a su ritmo propio. En el fondo sentía que podía vivir con eso.

    Encontró los que buscaba. Se los entregó al bibliotecario y después de un par de firmas salió con ellos en brazos. Los de abajo eran fáciles, los de arriba, no.





    Lyses era la segunda ciudad que visitaba en Aiwass. A comparación de la bulliciosa Tesseus, aquí podía tomarse las cosas con calma. Había gente por todas partes, sí, pero nadie trataba de venderte algo, intercambiar un pokémon o reclutarte en un culto extraño. Cada quien se ocupaba de sus asuntos y dejaba que el resto siguiera con los suyos. Poco importaba quién fueras, a dónde fueras y de dónde vinieras, y esa era probablemente la razón por la que se sentía tan a gusto en sus calles.

    Ya estaba anocheciendo, pero seguía caminando por la ciudad, dando vueltas a una plaza tranquila mientras se frotaba las manos para mitigar el frío que hacía temblar a su bufanda fantasma. Una pareja caminando por ahí, un chico con un Sneasel sobre su cabeza, una mujer en bata de laboratorio, y por ahí un hombre pescando en una fuente...

    Detuvo sus pasos y sacudió la cabeza. Se dio vuelta discretamente para confirmar lo que acababa de ver: era una fuente completamente normal, en cuyo centro se erguía una estatua de Lunatone. Y sobre ella, reclinado con los pies cruzados, había un hombre con una larga gabardina gris sosteniendo una caña de pescar, concentrado en su labor, pero disfrutando del momento, tan inmerso en ello como si la estatua fuese un bote y la fuente un vasto océano.

    Tal vez permaneció mirando demasiado tiempo, porque el sujeto giró los ojos en su dirección por un instante antes de volverlos al agua.

    —Hoy no pican... —expresó con media sonrisa.

    Se sintió incómoda, pero pudo mantener la compostura para responder.

    —Sí, bueno. Es una mala temporada.

    El desconocido se tensó, sorprendido de que hubiera alguien junto a él, y con una genuina expresión de alarma llevó una mano al bolsillo de su gabardina y extrajo de ella un extraño artefacto.

    —¿¡Quién anda ahí!?

    Nunca había visto algo como eso. Era un cilindro de acero oscuro más largo que su mano, hueco por dentro y que apuntaba hacia ella, unida a un asa de madera que servía para sujetarlo formando un ángulo. No parecía moderno, pero tampoco una antigüedad. Era simplemente extraño. Pero por la forma en que el sujeto lo sostenía, parecía seguro de que podía defenderse con eso, así que alzó las manos lentamente mientras daba un paso hacia atrás.

    —Lo siento, no quería interrumpirlo.

    El hombre evaluó la situación sin dejar de apuntarle


    —También lo siento. No estoy... acostumbrado a que la gente me hable —pareció dudar un momento y finalmente guardó el artefacto en su bolsillo—. No eres de por aquí, ¿cierto?

    —De Sinnoh.. Puntaneva.

    —¿Sinnoh? Yo también... puede ser. Corazón, quizás —volvió la vista a su caña de pescar—. Las personas de aquí nunca me hablan, así que me sorprendió.

    Suspiró un poco más relajada. Ella también tenía algunas cosas qué decir sobre la gente de Lyses. En particular, las del gimnasio pokémon

    —Me gusta esta ciudad. ¿Sabías que la construyeron inmigrantes venidos de todas partes del mundo?

    Sí lo sabía. Había sido una de las preguntas del examen del tercer día.

    —Todos tienen secretos qué guardar, y temen que alguien los descubra así que no intiman con nadie. Se limitan a vivir sus vidas solitarias, alcanzar sus objetivos personales, y cuando sienten que quieren empezar de nuevo, buscan otra ciudad y forman familias en ella porque Lyses les trae malos recuerdos. Pero eso está bien, porque hay nuevos inmigrantes para ocupar sus lugares.

    —Como un Centro Pokémon —respondió sin darse cuenta—. Un sitio para descansar, reponer fuerzas, obtener lo que necesitas y marcharte de nuevo.

    El hombre rio alzando los hombros. —¿Y bien? ¿Qué haces tú aquí?

    Anansi alzó la vista hacia el gran edificio del gimnasio.

    —La Medalla Vínculo.

    —Es la más difícil de todas.

    Una fría ráfaga de viento los atravesó, como haciendo eco de sus palabras.

    —El líder de gimnasio es el más fuerte de todos.

    —Eso he oído, pero no tengo otras medallas así que debo hacer el examen teórico.

    —¿Cuántos intentos...?

    —Diez. Es... una prueba difícil.

    —Sin duda —asintió el hombre—. Pero no imposible. Es cuestión de mantener la calma y seguir intentando con la vista en tu objetivo. Eventualmente —añadió dando un golpecito con dos dedos a su caña— picará.

    —¿Como en la pesca?

    Inmediatamente la cuerda se tensó, y el largo brazo de la caña empezó a curvarse, señal inequívoca e imposible de que algo había picado. Rápidamente empezó a retraer el cordel, con las manos rígidas y un brillo de lucha en los ojos, decidido a arrastrar a su presa a la superficie. Y finalmente, tras unos segundos de incertidumbre, ésta se rindió y salió del agua. Un finneon de escamas fosforescentes se agitaba en el aire ante la expresión triunfal del aspirante a pescador.

    Aquello desafiaba el sentido común, y tal vez fue por eso que Anansi no pudo reaccionar a lo que pasó inmediatamente después, y es que Scarfy, obnubilada por el espectáculo, dejó su forma de bufanda y se acercó levitando al pez descuidadamente, apenas a unos pocos centímetros de sus aletas. Para ese momento Anansi entendió lo que iba a suceder, pero no pudo evitarlo. El hombre, sintiéndose amenazado de nuevo, volvió a sacar el artefacto de acero de su bolsillo, apuntó hacia la pequeña fantasma y tiró del gatillo.

    Cuando el estallido dejó de resonar en sus oídos, Anansi entendió lo que esa cosa hacía.





    La silueta de un pokémon cuadrúpedo con largos cuernos, ¿o eran sus orejas?

    El ojo izquierdo de un pokémon, verde y brillante como una esmeralda, de párpados violetas.

    Una silueta negra sobre un fondo blanco... ¡Podía ser cualquier cosa!

    Miró hacia su izquierda. Junto a su mano había una pequeña esfera negra con auroras violetas en su superficie. Era el estado en que se encontraba Scarfy luego de que esa cosa detonara. Hubo una chispa, un estallido, y algo salió disparado y atravesó a la pequeña fantasma. De tener un cuerpo sólido aquello sin duda hubiera terminado mal, pero el proyectil simplemente pasó a través de ella, asustándola al grado de hacerse bolita.

    ¿Lo había hecho consciente de que no le haría daño? ¿Y de ser el caso, por qué?

    Sin pensarlo demasiado, escribió "Misdreavus" como respuesta y siguió con el examen sin mucha motivación. Hizo click en "enviar" y esperó pacientemente los próximos treinta minutos.

    —Anansi —dijo una voz a su espalda—. No Aprobado.

    Lo sabía

    —Y además... es un poco peor que los anteriores, ¿pasa algo?

    Aquello la desconcertó. Una parte de ella en verdad empezaba a creer que no se molestaba en leer los exámenes.

    —Hoy no vino la chica de vigilancia.

    —Bueno, hay algunos problemas con el sistema de seguridad y tenemos a todos trabajando en ello —respondió el líder de gimnasio—. Tiene que estar listo antes de mañana.

    Anansi suspiró agotada. Tomó la pequeña esfera que era su misdreavus como si fuera una pokéball y se levantó para irse cuando el líder volvió a hablar.

    —¿Por qué tanta obstinación con el examen? La mayoría no pasa de los cinco intentos.

    —El piso superior de la biblioteca —señaló con una mano hacia el suelo bajo ellos—. Cuando quise entrar me dijeron que necesitaba la Medalla Vínculo.

    —¿Hay alguna razón?

    —Estoy buscando algo. Los libros del piso inferior no me sirven, y pensé que tal vez los de arriba... pensé.

    El hombre se rascó la barbilla, pensativo, sin dejar de mirarla.

    —Bueno, esfuérzate mañana, o toma unos días de descanso.


    Pasó a lado del líder en su camino a la salida una Sana ball de su cartera y atrapó a Scarfy con ella sin que opusiera resistencia. Seguía asustada.

    —¿Desafiar a los gimnasios? —se preguntó en voz alta a mitad del pasillo, y casi inconscientemente tomó su Ultraball para mirarla a contra luz. Con el pokémon en su interior debería ganar fácilmente un par de medallas, volver a Lyses y ganar la tercera contra el líder. Imperator podría sin lugar a dudas. Pero ya estaba cansada de hacer las cosas por la fuerza. Por una vez al menos quería seguir las reglas; demostrarse a sí misma que podía hacer las cosas bien, y si tenía que pasar un mes más haciendo el examen, estaba dispuesta a aceptarlo.

    No hubo consecuencias cuando el Equipo Galaxia se disolvió. La Policía Internacional estaba más interesada en encontrar a la campeona y al cabecilla de la organización que en perseguir y encarcelar a los incontables esbirros como ella, pero aún así, no volvió a sentirse cómoda en Sinnoh. Sin el uniforme y el cabello azul nadie la reconocería, pero cada vez que escuchaba un comentario sobre la organización sentía una punzada de remordimiento, y sus pensamientos la terminaban llevando a la explosión en el pantano, en los pokémon secuestrados, en los discursos del Líder sobre el nuevo mundo. Parecía que todos en la región estaban decididos a recordarle las horribles cosas que habían hecho, así que su única alternativa era dejarlo atrás. Abandonar Sinnoh o perder la cordura.

    Una última imagen flotó en su cabeza: los magikarp agitándose en la tierra luego del ataque al Lago Valor. Por alguna razón, empezaban a parecerse a finneon.




    Volvió a encontrar al pescador en la fuente, exactamente en la misma posición que el día anterior, pero esta vez acompañado de un pokémon de cuerpo blanco y alargado con una franja negra a lo largo de su lomo. Y brillantes ojos azules que la miraron fijamente.

    —Su nombre es Matt —comentó sin despegar la vista del agua—. Mi compañero de aventura.

    —Creía que eras pescador.

    —Pokemaniáco sería más preciso decir.

    Anansi estaba de acuerdo. Especialmente en la parte de maníaco. Se acercó a la fuente y miró al interior del agua cristalina.

    —No hay pokémon ahí.

    —Eso no me detuvo ayer, ¿o sí?

    —¿Qué era esa cosa de anoche?

    Metió una mano en su bolsillo y sacó el arma del día anterior.

    —¿Esto? No lo sé —sonrió—. Estoy pensando en llamarlo "Drace".

    —Nunca había visto algo así.

    —A veces tengo ideas... sobre cosas, y la única forma de olvidarme de ellas es construirlas. Sacarlas de mi cabeza y ponerlas en el mundo.

    —¿Tú lo hiciste?

    —Luego de leer algunos libros, golpear algunos yunques. No es completamente funcional pero es lo mejor que pude hacer luego de seis meses.

    No parecía la clase de persona que encajara en una forja, pero tampoco un pescador. Tal vez decía la verdad. O tal vez estaba completamente loco.

    —Seis meses —prosiguió—, diez intentos. La escala puede cambiar, pero en esencia es lo mismo. ¿Qué te hizo venir a Aiwass?

    —Un pokémon —respondió sin darse cuenta—. Una cosa extraña con alas y cuernos. Podría ser un legendario.

    —Entonces la medalla...

    —Para la biblioteca. Quiero leer los libros de arriba, y tal vez encuentre algo.

    —Tal vez no. ¿Has pensado en preguntar al líder de gimnasio? Es una de las tres más grandes mentes de la región... o algo así.

    Anansi se encogió de hombros.

    —No tengo prisa. Mientras pueda seguir buscando por algún tiempo está bien. Primero quiero aprobar ese maldito examen.

    —¿Qué es lo que esperas encontrar en ese pokémon? ¿Poder? ¿Prestigio? ¿Qué tiene de especial que puede esperar a que lo encuentres?

    La pregunta flotó en el aire por un incómodo momento, al cabo del cual Anansi le dio una palmada en el hombro al desconocido.

    —Nos vemos.


    Apuró sus pasos hacia el gimnasio. Tal vez aún estaba a tiempo de hablar con el líder. Había cosas que quería preguntar, y si no estaba él, al menos podía pasar por la biblioteca de nuevo. Y si no era así, al menos podía alejarse de esa fuente.

    No había recorrido dos calles cuando sintió que algo tiraba de su falda. Bajó la vista y encontró a aquel pokémon blanco sujetándola.

    —Matt... ¿cierto?

    La criatura asintió, y con su otra garra le extendió una bola de papel aplastada cuando Anansi la tomó entre sus dedos, echó a correr y desapareció de su vista.

    La extendió con cuidado y caminó hacia la luz. En el extremo superior había una "S", y justo después, llenando casi toda la página, una continua sucesión de letras y números.

    A, B, E, D, A, C, B, E, D, E, E, C, A, B, A, D, E, A, B...
    V, V, V, V, V, F, V, V, F, V, V, F, V...


    —¿Qué diablos?

    Lo repasó mentalmente dos veces más sin encontrarle sentido. Volvió a arrugarla y la tiró en una papelera.

    Esa misma noche, antes de cerrar los ojos, se le ocurrió que podían ser las respuestas.




    —¿Aprobado?

    El líder de gimnasio asintió, igual que las dos primeras veces que hizo la pregunta.

    —Por muy poco, pero sí. Felicidades, la Medalla Vínculo es tuya.

    Tomó su mano entre las suyas y depositó en ellas una pequeña flor de metálica de cuatro pétalos.

    —La Medalla Vínculo te permite acceder al piso superior de la biblioteca. También abre el Camino del Invierno. Eres la primera persona en tres años que logra obtenerla con el examen.

    —¿Tres años? —preguntó, aún aturdida— ¿En verdad es tan difícil?

    —No diría que es difícil, pero sí agotador. La mayoría se rinde en la primera semana, pero a través de ensayo y error acabas encontrando todas las respuestas. Pero de cualquier modo, los entrenadores suelen abandonar y volver cuando tienen dos o más medallas. Creen que será más fácil.

    —¿Por qué? ¿Qué sentido tiene hacer tan complicada una medalla?

    —Las medallas son para los entrenadores, se supone que las obtengas luchando, pero esta ciudad está llena de gente que puede ser más productiva de otra forma. Para ellos, tenemos un desafío a su altura —sonrió—. Pero tú vienes a la biblioteca, ¿cierto? Anda, busca lo que querías.

    El líder de gimnasio se dio vuelta y empezó a caminar mientras ella contemplaba la medalla en sus dedos sin saber qué sentir al respecto cuando volvió a oír su voz.

    —Por cierto, ¿sabes qué día es hoy?

    —¿Once?

    —Sábado. Tuviste suerte, ¿no crees?

    —Es verdad... Los domingos el gimnasio cierra.

    —Mañana tendremos una conferencia. Tal vez quieras pasarte a escuchar.



    Agitó su gruesa mano en señal de despedida mientras se alejaba. Anansi fue en la dirección contraria, hacia las escaleras que llevaban a la biblioteca, y en el camino tomó una pokéball de su cartera para abrirla.

    Su misdreavus apareció en medio de un breve resplandor rojizo.

    —Lo logramos. Vamos a empezar.

    Era al menos el doble de grande que el piso inferior, con miles y miles de libros en incontables estanterías. Se sentía fuera de lugar entre tanto conocimiento, sin saber en dónde empezar a buscar, pero estaba dispuesta a hacerlo. Su pequeña victoria personal le daba fuerzas para intentarlo.

    Scarfy se detuvo frente a una mesa. Sobre ella había un libro cerrado de tapas rojas. Anansi fue hacia ella y tomó el volumen en sus manos.

    —¿Mitos e Ilusiones de Aiwass?

    Miró más abajo, donde aparecía el nombre del autor.

    Miriam de Legion.

     
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    Capítulo 2: El Principio del Mundo





    Scylla Frey


    —Todo procede de acuerdo al plan —fue lo que dijo cuando entró en su oficina, pero el líder de gimnasio no le prestó atención. Sogia Frey estaba de pie frente a un espejo de cuerpo entero, luchando contra su corbata y, aparentemente, perdiendo.

    —¿Eso crees? Hay algunas cosas que me preocupan. Todo esto de la conferencia empieza a darme mala espina.

    —¿De qué habla?

    —Ya sabes, el asunto de la seguridad de hace unos días. Esto de pedir ayuda externa no me gusta nada, pero no teníamos tiempo.

    Desde que era una niña, Scylla reconocía a Sogia Frey como una de las personas más confiables y seguras de sí mismas que había conocido. Pocas veces lo veía nervioso, y siempre era antes de que pasara algo malo.

    —¿Cree que pueda pasar algo?

    —Ya está pasando. La profesora Acacia canceló su participación. Dice que algo más importante merece su atención inmediata. Carajo, contaba con su presencia para convencer a los grandes.

    —¿Por qué no...?

    —Ni idea —respondió con un nudo en los dedos—. Y no es la única. Ese chico Type también prometió venir, pero hace días que no sabemos de él. A estas alturas ya tendria que estar aquí.

    "Type" era la forma en que se referían al líder de gimnasio de Ciudad Alseide, una broma que Scylla no entendía. Finalmente Sogia se sacó la corbata por la cabeza y la tiró al suelo. Cogió su bata de laboratorio de la percha y se envolvió en ella. Scylla entendía que se sentía más cómodo así, en su propio terreno.

    —Le prometí a tu abuela que haría esto así tenga que hacerlo solo. Vamos, ya es hora.




    Lewis de Lann

    El torneo seguía su curso según lo esperado. De los más de mil entrenadores registrados quedaban en pie... ¿Setenta? Quizás menos. En treinta minutos debía reducirse su número a diez. Lewis se encontraba en su puesto de observación; unas gradas elevadas del suelo y protegidas de la luz del sol mientras aguardaba al desenlace.

    No se encontraba solo. A su lado había una chica mirando atentamente los combates. Largo cabello escarlata que parecía deslizarse por su piel, intensos ojos dorados que no perdían detalle de nada, una blusa roja con los hombros descubiertos, jeans y deportivas gris acero. Un poco más joven que él, pero el doble de responsable, aunque no le gustara admitirlo. Su compañera líder de gimnasio en Ciudad Efesto: Taena Ericksen.

    —Hay potencial —comentó sin apartar la vista—. La chica del Spiritomb... Aunque todavía le falta coordinación. Y aquel Gabite...

    Entre ambos se encontraba el primer premio del torneo: aquella ave de plumas rojas y negras que parecían arder. Los Rowlett de Aiwass ya eran bastante raros para empezar, y un ejemplar variocolor multiplicaba su valor varias veces.

    —¿En serio? —preguntó poco convencido—. Yo solo veo más de lo mismo.

    Su compañera bufó con incomodidad. Lo cierto es que Lewis apenas y había prestado atención a los enfrentamientos. Ya bastante difícil era seguirle la pista a algún entrenador en medio de tanta gente, sin contar que tenía otras preocupaciones.

    —Solo espero que tarden un poco más.

    —Es cierto, durante la presentación mencionaste una sorpresa. ¿De qué se trata?

    —Va a venir un miembro del Alto Mando.

    —¿¡Tyros!?

    Lewis no pudo disimular una mueca de disgusto ante su reacción.

    —Como si mi padre tuviera tiempo para esto. Si hubiera algún entrenador decente entre todos estos, el torneo ya habría terminado.

    —Tienes razón —replicó ofendida—. Olvidé que tú naciste sabiendo todo.

    Suspiró. Empezaba a dolerle la cabeza. Su padre había dicho que necesitaban de otro líder presente para reforzar su imagen, pero no tenía que ser precisamente ella. Testaruda, orgullosa y tan centrada en su deber. Y siempre lista para señalar sus fallos.

    Alguien tocó su hombro. Volvió la cabeza hacia atrás para encontrarse con la mirada de su tía capitana de la guardia de la ciudad, mitad severa y mitad cómplice. En su mano había una pequeña bolsa de tela.

    —Acaban de traerlas del gimnasio —sacudió la bolsa para hacer tintinear su contenido con un esbozo de sonrisa, y la puso en manos de Lewis—. Que no vuelva a pasar.

    Se dio vuelta y regresó a sus propias obligaciones mientras él abría la bolsa y dejaba caer los pequeños soles dorados en su mano. Una expresión de alivio cruzó por su rostro, que no pasó desapercibida para su compañera.

    —No me digas... —sonrió con malicia— ¿habías olvidado las medallas?

    —No la perdí, me la robaron...

    —¿Te la robaron? ¿Es que solo trajiste una? —sus ojos tenían ese brillo infantil que a veces recordaba su edad: el de los mocosos que se creen más listos que los adultos— ¿Cómo se te ocurre traer solo una? Siempre haces todo a medias.

    Desvió la vista sin responder. ¿Qué podía saber ella? Llevaba días durmiendo mal por preparar aquel maldito torneo, discutiendo con su tía la ubicación de la guardia, supervisando la plataforma, ¡Hasta había encontrado esa maldita ave mutante que sólo sabía dormir!

    —Debes tomarte más en serio tu trabajo —continuó su ataque.

    —A diferencia de ti, yo tengo una vida.

    —Si a eso le llamas vida... cualquier día, uno de estos entrenadores podría ponerte en tu lugar.

    —Y seguiría siendo mejor que tú.

    —¿Quieres comprobarlo? —Ericksen llevó la mano a su cinturón para tomar una pokéball— Podemos hacerlo ya mismo, no me preocupa tu ventaja de tipo.

    Por un momento, Lewis consideró seriamente la propuesta. ¿Qué tendría de malo? Una batalla entre líderes sería un buen espectáculo para ganar tiempo, y tendría la satisfacción de acabar con esa actitud de superioridad.

    Pero ¿y si perdía? ¿Y si algo más salía mal?

    Ericksen leyó la duda en sus ojos y volvió a atacar.

    —Ya sabía que tendrías miedo.

    —¿Es que lo único que sabes hacer es pelear? Tu padre te hizo creer que eras un hombre.

    —Tyros cometió el mismo error contigo.

    Sabía que era una provocación, pero no le importó. Lewis dio una patada a las gradas y tomó una pokéball de su bolsillo. Un momento después, su Arcanine emergió soltando chispas de su melena, imponente y orgulloso.

    Taena no se quedó atrás. Abrió la pokéball que ya tenía en la mano y aquella bestia de tres brazos surgió amenazante, evaporado el aire a su alrededor. Ambas bestias rugieron la una a la otra, listas para saltar y despedazarse entre sí como los respectivos egos de sus entrenadores, hasta que pasó lo inevitable.

    El pequeño Rowlett, aterrorizado entre esas dos máquinas de destrucción, extendió sus alas y alzó el vuelo a gran velocidad, perdiéndose en el éter ante las miradas incrédulas de los líderes de gimnasio, la capitana de la guardia y los miles de presentes.

    La mandíbula de Lewis empezó a temblar. Incluso Taena parecía en blanco.

    —¿Lo jodimos?

    —Lo jodimos.

    —Lo jodieron. Pero no pasa nada.

    Entre ellos surgió una tercera persona que de inmediato captó su atención descendiendo por las gradas. Alta y de actitud jovial, con el largo cabello castaño cayendo por sus hombros. Gafas oscuras sobre su frente y un conjunto ámbar y negro en el que se movía con fluidez. Expresaba esa confianza de los que se sienten intocables.

    —Gracias por esperar.

    Caminó hacia la plataforma que Lewis había usado un par de horas antes, concentradas en ella las miradas del público. Los combates cesaron, e incluso los líderes de gimnasio permanecieron en silencio. Esperó a que alguien le llevara un micrófono y entonces se hizo escuchar.

    —Gracias a todos por acompañarnos esta tarde. Espero que se estén divirtiendo. Me presento ante ustedes como miembro del Alto Mando y como líder de la Iglesia de la Ley. Mi nombre es Hepsis de Meridión.




    Anansi

    Esperaba no llegar tarde. Luego de tantos días estresada por el examen, el domingo despertó hasta el mediodía casi sin acordarse de la conferencia. Había más gente de la que esperaba para el evento, pero lo cierto es que ni siquiera sabía de qué iba a tratar.

    Alguien tocó su hombro. Se dio vuelta y encontró al hombre de la fuente.

    —Pescador.

    —Pokémaniaco. ¿Hubo suerte en el examen?

    De su cartera extrajo la pequeña medalla y la mostró.

    —Gracias por tu ayuda —mintió.

    —Hoy por ti, mañana por mí... o ayer por ti, hoy por mí. Necesito pedirte un favor —tomó una Honor Ball de su gabardina y la puso en manos de Anansi —. Me surgió un inconveniente y debo irme. Alguien está reemplazando mis finneon y debo irme. ¿Podrías llevar a este chico a ver la conferencia? No me perdonaría si se la perdiera.

    No esperó por una respuesta. Tan pronto como Anansi la recibió, el desconocido volvió a perderse entre la multitud.




    Blake Weiss

    Milagrosamente logró encontrar un lugar. La sala de conferencias estaba a reventar. Mostrando un escaso sentido de la etiqueta, el hombre a cargo había empezado a hablar de pokémon legendarios.

    —Los pokémon nos han acompañado a lo largo de los siglos. No solo comparten el mundo con nuestra especie, sino que forman parte del mismo ambiente en que nos desarrollamos. Al principio del tiempo, hostiles. Con el paso del tiempo, mutuamente amigables, pero nunca indiferentes el uno del otro.

    Tomó una pokéball del bolsillo de su bata y la abrió, liberando un azulado dragón serpentino tan alto como él.

    —Ahora somos amigos, pero no siempre lo fuimos. En algunas regiones del mundo, Dratini sigue estando envuelto en un halo de misterio, ya sea como una especie extinta o como una verdadera leyenda. Y sin embargo, aquí está: un compañero de vida de nosotros los humanos, tan mortal como cualquiera de nosotros. ¿Qué nos lleva a adorar entonces a los pokémon? ¿En qué momento la criatura que vemos se convirtió en la leyenda que no vemos? ¿Y cómo es que eso nos ha influido a lo largo de la historia?

    »Aiwass es una tierra antigua. En el decurso del tiempo, los mitos y la verdad se confunden con facilidad, e incluso a nosotros los expertos nos es difícil encontrar la diferencia. De acuerdo a los textos antiguos, humanos y pokémon tenemos un antepasado en común que evolucionó en todas las formas de vida, pero la evidencia fósil demuestra que ellos han estado en el mundo desde mucho antes que nosotros. Entonces, ¿cómo llegamos? ¿Hace cuánto que estamos aquí, y cómo nos las arreglamos para sobrevivir? Si las leyendas no nos ofrecen la respuesta correcta, tenemos que encontrarla por nosotros mismos, pero ¿dónde?

    El hombre chasqueó los dedos, y súbitamente se desplegó detrás de él una proyección holográfica que mostraba un conjunto de ruinas.

    —Sabemos dónde empezar a buscar: en las propias leyendas. En particular, mi equipo está trabajando con el mito de Menasis, el supuesto pokémon responsable de que la civilización en Aiwass pudiera desarrollarse, quien estableció la paz entre humanos y pokémon al otorgar la Tiara de la Paz al gobernante de Icaros. ¿Existió realmente este ser? Y de ser el caso, ¿cuál fue su verdadera influencia en la historia de la región?

    Blake trataba de poner atención, buscando aquello que su madre quería que escuchara de todo aquello, cuando le pareció notar que algo pasaba junto a sus pies, pero no encontró nada cuando bajó la vista.

    —La Iglesia de la Ley ha pronunciado su verdad al respecto, o al menos lo que ellos creen que es verdad. Pero nuestro deber es seguir buscando ¿Qué fue lo que pasó entonces y cómo podemos probarlo? La respuesta está en el suelo de Aiwass, más precisamente, en el subsuelo. La leyenda de Menasis puede explicarse a través de un compuesto único de la región. —Otro chasquido. El holograma se convirtió en la representación de un mineral al tiempo que Sogia exponía una roca con volutas plateadas ante el público—. Esto es algo conocido como thelema.




    Taena Ericksen

    A diferencia de los líderes de gimnasio, el Alto Mando no solía mostrarse en público como tales, al menos no dentro de Aiwass. Dos de ellos se ocupaban de representar a la Liga regional en el extranjero, y los otros dos (Tyros y Meridión) se hacían cargo de la administración en el propio territorio, dando poco valor a las exhibiciones. Por esa razón, ni siquiera ellos sabían mucho acerca de la Alto Mando. Aparentemente operaba en Ciudad Tesseus, pero nunca se le veía dentro del Templo de la Ley, y era conocida su afición a disfrazarse de civil para pasar desapercibida. Poco más conocía de ella. El Culto a la Ley era una fe pacifista y relativamente inofensiva que no solía tomar partido en la política de Aiwass más allá de promover sus creencias (algunas de ellas, muy curiosas) pero siempre dentro de sus templos, en un comportamiento que podría considerarse pasivo. El que su líder se mostrara para hablar en público, haciendo también uso de su posición como miembro del Alto Mando obligaba a Taena a mantenerse alerta.

    Meridión subió a la plataforma que horas antes había ocupado Lewis, estirando los brazos detrás de su espalda mientras emitía un largo suspiro. Hizo una señal a Lewis y éste oprimió un botón en el pequeño mando a distancia en su mano derecha, activando los lanzallamas.


    —A esto llamo yo una calurosa bienvenida —extendió una mano y empezó a contar a los participantes en pie—. Uno, cuatro... Seis personas. Excelente. El mejor de ustedes seis se llevará la Medalla Rugido, que abre el Camino del Fuego. Para entrenadores tan hábiles como ustedes, será una ventaja invaluable en su viaje por Aiwass. Quiero que acepten una tregua temporal en lo que doy un comunicado a todos los presentes, y que aprovechen este descanso para reponer fuerzas.

    —¿Un intermedio? —Preguntó Taena a Lewis, pero éste se encogió de hombros.

    —Mi padre dijo que iba a dar un mensaje.

    El público empezó a murmurar, mostrando una agitación similar a la suya. Meridión debió percibirlo también, porque alzó los brazos con las palmas extendidas hacia adelante.

    —Ya sé, ya sé lo que todos están pensando: "Oh, no. Va a tratar de convencernos de creer en alguna especie de Pokémon Divino que nos guiará a la salvación y bla, bla, bla...". Ya conocemos la historia. Y no, no vine a hablarles de nuestra fe. En primer lugar, nosotros no esperamos alinear a nadie a nuestras creencias, ni creemos tener la respuesta correcta a todas las cosas. Solo somos personas que desean ejercer su derecho a dudar de lo que se nos ha contado. De la verdad inalterable de todos los días. Aiwass experimentó un salto tecnológico hace veinte años visto pocas veces en la historia, y con ello cayeron mitos y tabúes en favor de la ciencia, que nos demostró cómo funcionan las cosas, que nos habló de fenómenos naturales y no de pokémon legendarios... pero yo, como individuo, me pregunto: "¿De verdad fue así?" "¿Por qué no puede haber otra explicación?". Y tal vez tengan razón, pero yo quiero encontrar esas respuestas por mí misma. ¿No se trata de eso ser un entrenador, de conocer el mundo con tus propios ojos?

    Hizo una pausa para dejarlos asimilar sus palabras. Los murmullos empezaban a calmarse.

    —Y es justo lo que quiero pedirles ahora: que sean entrenadores, que sean exploradores.

    Llevó una mano a su pantalón y tomó una pokéball que hizo rodar por los aires. De ella emergió un Ivysaur de semblante alegre, en su versión de Aiwass. Como era normal dado su tipo hada tenía la piel de un color turquesa algo más claro que su contraste de Kanto, y lo que crecía en su lomo era más parecido a un hongo de color blanco que a una flor. La única anormalidad en él era que uno de sus ojos, en lugar de rojo, se había tornado plateado.

    —Este es mi amigo Ivysaur. Él es igual que cualquier otro pokémon en el mundo, es decir, completamente único. Pero además, ha sido víctima de un accidente de la naturaleza —se inclinó a la altura del pokémon y señaló su ojo plateado—. En su vida salvaje, Ivysaur ha sido expuesto a cierta clase de mineral llamado thelema. Éste ha provocado cambios estructurales en la química de su cuerpo y lo ha vuelto así. ¿Que qué es el thelema? Es una sustancia muy escasa en el suelo de Aiwass que de acuerdo a las leyendas, conforma las escamas de plumas, el pokémon legendario —rápidamente agitó sus manos en un gesto dramático de negación—. No estoy diciendo que las leyendas sean verdad. Sino que, al comprobar la existencia de este mineral, podemos acercarnos más a la verdad. Podemos volver a estudiarlo, analizarlo, y tal vez, tal vez... encontrar una nueva respuesta a un tema que creíamos cerrado hace mucho tiempo.

    »Por eso quiero pedir su ayuda. Ivysaur no es el único pokémon de su condición. Quiero pedirles que hagan lo que hacen mejor: entrenar pokémon, capturar pokémon, encontrar a los pokémon como Ivysaur afectados por el thelema. A través de su estudio, nosotros, los Hermanos de la Ley, en apoyo de la Liga Pokémon esperamos encontrar las respuestas a estas preguntas, y el cómo pueden hacer este mundo mejor para todos.

    »Los que quieran colaborar con nosotros son bienvenidos a Ciudad Tesseus. Nuestros vecinos los Lann ofrecen su patrocinio a los valientes entrenadores que se embarquen con nosotros en esta aventura. Hospedaje, manutención y todo lo necesario para proseguir con su aventura corre por nuestra cuenta. Lo único que necesitan empacar es su entusiasmo.

    Las murmuraciones entre los presentes volvieron a alzarse en una nota más positiva. Taena miró a su compañero líder, pero éste tampoco parecía enterado del todo.

    —Eso es todo por hoy. Disfruten de la final.



    Sogia Frey

    —De acuerdo a la leyenda —proseguía Sogia—, el thelema es una sustancia de origen divino que se encontraba presente en las plumas de Menasis, y la luz reflejada por ellas tenía la facultad de sosegar los espíritus de humanos y pokémon. Si hacemos la superstición a un lado y nos concentramos en estudiar sus efectos, descubrimos que tiene características muy particulares. En concentraciones elevadas, la radiación que emite produce un efecto de atenuación en los campos eléctricos en cortas distancias que podrían afectar la química cerebral de aquellos en su rango de acción, pudiendo explicar el efecto de aletargamiento en la creencia popular. Pero nuestro trabajo no concluye aquí.

    Su asistente, Scylla Frey se acercó para tenderle una caja de cristal que guardaba en su interior una estilizada corona dorada de puntas plateadas.

    —Esto es una réplica desarrollada que trabaja bajo los mismos principios que la original Tiara de la Paz. Sus efectos son demasiado débiles para afectar a los seres vivos, pero su estudio nos permite formular teorías acerca de lo que ocurrió hace siglos en los albores de la civilización. Y sus múltiples aplicaciones pueden promover avances en los campos de la ingeniería, la comunicación... y la medicina.


    Chasqueó los dedos por tercera vez. En esta ocasión, el holograma representaba una imponente formación rocosa compuesta por varias montañas.

    —Estos son los Hermanos Guardianes, una cordillera que se extiende al extremo Este de la región, lugar del que vienen nuestros antepasados, y esto —señaló a un punto en el centro y éste se expandió, mostrando una deteriorada pared de roca— es Narciso. No solo es el pueblo conocido más antiguo de la región, sino también el último sitio en el que se registró la Tiara de la Paz. Desafortunadamente, un accidente geológico arrastró sus ruinas a la base de la montaña, pero sigue siendo un lugar clave en nuestra investigación, y el sitio en el que esperamos encontrar algunas respuestas más.

    —Estamos formando un equipo de explotación para visitar las ruinas de Narciso, un equipo compuesto por entrenadores pokémon. Cualquiera que posea la Medalla Vínculo, Remolino, Raíz o Derrumbe. Dentro de siete días, los candidatos y nosotros nos reuniremos aquí para partir.

    En la presentación se habló de poco más, pero lo esencial ya se había dicho. Una hora más tarde, Sogia abandonaba la sala de conferencias seguido por Scylla Frey.

    —Así que las medallas serán un requisito. Raíz, Remolino, Vínculo y Derrumbe

    —Así es, fue decisión de tu abuela. Lo siento, pero tendrás que aceptar desafíos mientras estemos sigamos aquí.

    —¿Y qué ocurre con las otras dos?

    —La chica Evers puede aceptar un par de desafíos más. El problema es el otro.

    —Arrel Strauss...

    Un pokémon blanco pasó corriendo entre ellos, pero ninguno de los dos le prestó demasiada atención.

    —Recibí un informe hace treinta minutos. Al parecer desapareció en su camino hacia acá a través del Bosque de Pan. En lo que sea que se haya metido ese chico, no pudo terminar bien.



    Yep, mala mía... Me tardé bastante.

    Este es el último capítulo de la introducción. A partir de aquí nos empezamos a mover.

    Para los chicos que decidieron empezar en Icaros (y que no se fueron) ya escucharon la propuesta de Meridión. Pueden elegir entre quedarse en Icaros, hacer como el resto que fue a Lyses o aceptar su invitación y viajar a Tesseus, que se encuentra bastante cerca y donde se encuentra el mercado más grande de la región. En cualquiera de las tres ciudades pueden retar a sus respectivos líderes.

    Y para los que fueron a Lyses... Las historias más autónomas fueron las que se reunieron acá, así que pueden aprovechar para establecer un objetivo a corto plazo o unirse a la expedición de Sogia, para lo cual hace falta una de las cuatro medallas. Scylla y el propio Sogia estarán disponibles en el gimnasio de Lyses, y Rox, como ya saben, sigue en Nix. Type de momento anda perdido, pero eso sus personajes no lo saben así que pueden elegir ir a su ciudad de todos modos. Consideren el mapa por favor al momento de elegir un curso de acción.

    Tomen la decisión que tomen, los posts terminan como máximo el 19 de Abril, en las ubicaciones en que se les citó o a donde sea que vayan a ir.

    Nos vemos el 23.

    Buenas noches, buenos días.

    Merinare
    DoctorSpring
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    Última edición: 14 Enero 2019
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    Merinare

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    Vega – Capítulo 2: Vínculo.


    Domingo - 12 de Abril
    No estaba delirando. No estaba dormido. Había oído aquella voz en su cabeza con una claridad excepcional. Su Ralts se sacudió un poco más hasta zafarse, cayendo como una pluma sobre las sábanas de la cama en la que se encontraba su hermana.

    “Para qué me esfuerzo, si estás más sordo que una tapia”, protestó saltando de la cama a la mesa de noche, y abriendo el único cajón de par en par sin siquiera tocarlo.

    Ante la mirada estupefacta de Vega, su Ralts recogió del interior un montón de trozos de metal afilados. La Medalla Rugido no era más que un pequeño montículo de escombros que parecían haber sido pasadas por una licuadora.

    —¿Por qué la rompiste?— masculló, llevándose una mano a la cabeza—. ¡Pretendía devolvérsela cuando te cansaras de ella!

    Lástima”, replicó sonriendo despreocupadamente. No sólo se comunicaba a la perfección, sino que sus gestos cuadraban perfectamente con la voz que resonaba dentro de su cabeza.

    —¿Cómo que “lástima”? ¿No tienes una forma de arreglarla?

    “Puedes pegarla si quieres, pero dudo que-”, quiso contestar, pero dejó la frase en el aire. Su sonrisa se desdibujó lentamente para dar paso a la misma expresión de incertidumbre que su entrenador. “Espera un momento…”

    Ambos se quedaron en silencio. Su Quilava abrió un ojo con desinterés al notar que Vega había dejado de hablar solo como de costumbre. Como si finalmente hubiera perdido la cabeza del todo, volvió a acomodarse con resignación sobre los pies de su hermana. Tragando saliva un par de veces, el chico finalmente abrió la boca.

    —¿…Karen? ¿Eres tú?

    Su Ralts lo miró desconcertada. Ojeó a la chica albina un par de veces, pero no tenía ninguna pinta de que fuera a despertar pronto. Inclinó la cabeza en un claro gesto de confusión, mientras se quitaba el pelo de la cara con una mano.

    “¿Te encuentras bien? Ren. Tú me llamas Ren. No has sido el más original del mundo, claramente…

    Su voz era horriblemente similar a la de su hermana cuando eran más chicos. El mismo tono de sorpresa, la misma voz clara y un poco chillona. Sin embargo, dentro de ese Pokémon no parecía haber ningún vestigio de que fuera ella en realidad.

    Sólo una Ralts que finalmente había descubierto como usar su Telepatía.



    Lunes - 13 de Abril.
    “Veeeeee…”

    Algo que parecía un abejorro zumbaba en su habitación. Molesto por el ruido, se dio vuelta y se acurrucó más entre las sábanas. Pero eso no pareció evitar que el sonido continuara.

    “…gaaaaaa.”

    ¿Acaso había una cabra también ahí dentro? ¡Que más daba! Esa luz lo estaba matando. Separó un milímetro los párpados con la intención de visualizar las cortinas para así poder cerrarlas con una sacudida de la mano, pero sus ojos se encontraron con dos puntos rojos que le devolvían la mirada con un brillo asesino.

    “Vega, te juro que si no te levantas ahora mismo…”

    —¡Agh!—gritó, empujándola inconscientemente de la cama mientras se alejaba con el corazón latiéndole con violencia—. ¡No estés tan cerca!

    Saltando una vez más sobre el colchón, Ren recogió el control remoto con ambas manosy apuntó hacia el televisor. “¡Mira la hora que es!”

    Cumpliendo su objetivo de cerrar las malditas cortinas, se desperezó y dejó que sus ojos se acostumbraran al tenue brillo del aparato. Poco a poco, las palabras del noticiero empezaron a adquirir sentido en su cabeza.

    “…un fantástico día soleado en la ciudad, ¿a que sí?”

    “Tendrán que estar atentos a la fuerte tormenta que azotará los próximos días

    Una nueva semana comenzaba. El usual optimismo de los periodistas se traspasó a la próxima nota, en la cual uno de sus compañeros hablaba emocionado frente a la magnificencia de la Torre Lyses. Cierto, había pensado ir a la biblioteca ese día si no tenía nada mejor que hacer. Pero eso fue antes de que descubriera que su Ralts finalmente había abierto la boca… aunque no sabía si podía llamar a eso hablar exactamente.

    “¡Atención, entrenadores de Aiwass! ¡Es su oportunidad para acompañar a los líderes de gimnasio en una búsqueda legendaria! En la última conferencia del líder de gimnasio de la ciudad, se ha levantado una convocatoria…”

    Vega escuchó la noticia a medias mientras tomaba una porción de pizza fría que había sobrado de la noche anterior. ¿Qué rayos había hecho esa noche? Probando los poderes de Ren, recordaba haber vuelto a Ícaros, a la terraza en la que se había teletransportado la tarde anterior. A pesar de que su distancia de transporte era increíblemente amplia, se negó rotundamente a visitar un lugar nuevo sin haberlo estudiado primero, ya que al desconocer la altura del terreno, las edificaciones y los obstáculos del camino, intentar un salto a ciegas podría causar que aterrizaran en medio de un árbol, “esparciendo sus partículas en todas direcciones”. El solo hecho de pensar en esa frase le revolvía el estómago.

    Incluso con aquella decepcionante limitación, había sido una oportunidad increíble para dar un refrescante paseo bajo la luz de la luna. Y de la misma forma que lo había hecho la tarde que escaparon de la capitana de Ícaros, Ren tomó como un punto de regreso seguro en la habitación misma del hotel. Seguro, siempre y cuando no la estuvieran limpiando en el momento exacto del salto.

    “Anoche dijiste que querías ir a la biblioteca”, comentó Ren bajando el volumen, mientras la nota cambiaba de escenario, repasando los mejores momentos de la ronda final del torneo de Ciudad Icaros y a la afortunada ganadora. Para su alivio, no había mención de ninguna medalla extraviada.

    —¿Realmente tenemos que ir hoy? —preguntó apesadumbrado—. Todo el mundo va a querer participar de los niños exploradores de Aiwass, o lo que sea que sea esa expedición. La torre va a estar a reventar de gente.

    “Quiero leer un poco sobre aquella medalla que conseguimos ayer: parecía tener un extraño poder dentro. ¿Y no te parece raro que haya podido dominar la telepatía tan repentinamente?”

    Parecía realmente ansiosa por ir, por lo que luego de varias divagaciones y teorías absurdas bajo el chorro de la ducha, se pusieron en marcha hacia el centro de la ciudad. Y tal y como lo había previsto, a pesar de encontrarse el gimnasio en el último piso, la fila llegaba hasta la calle. Un guardia de seguridad de aspecto aburrido se mantenía frente a la entrada, donde habían apostado un escritorio y varios punzones para sujetar papeles que se encontraban a rebosar.

    —No estamos entregando más números por hoy.

    —Sólo vengo a visitar la biblioteca. ¿Está muy repleta?

    —Probablemente hoy sea el único día que no. Mañana estará lleno con toda la gente que creyó que el examen sería pan comido.

    Entregándole un pequeño cupón en el que se leía “Biblioteca – Visitante”, el guardia se hizo a un lado. Cuatro pisos más arriba, una fila de molinetes de control de acceso vigilaba el tesoro cultural más extenso de la región. La bibliotecaria que se encontraba al lado de ellos en la recepción se acercó rápidamente al verlo.

    —No se permiten Pokémon en el lugar. Tendrás que guardarlo si quieres ingresar.

    La voz de Ren resonó en su cabeza con sarcasmo. “Tienes que estar de broma”.

    —No puedo —replicó Vega con aspecto inocente, tomando una Pokéball de su cinturón y apoyándola en la cabeza de Ren sin que nada sucediera—. No es mía, sino de… mi hermana—completó con lo primero que se le ocurrió—. Pero me sigue a todas partes.

    —Lo siento muchísimo, pero son reglas de la biblioteca. Ya sé que sólo es un Ralts, pero aun así…

    “No vamos a pasar nunca si seguimos así”, replicó, para acto seguido saltar al suelo en dirección a la salida. Tanto Vega como la encargada se voltearon a verla estupefactos mientras se alejaba y se sentaba en una de las bancas de espera del pasillo. Bajo aquella corona de pelo azulado que cubría su rostro, alcanzaba a verse una sonrisa. “Ya he visto suficiente. Te veo adentro.”

    Entregándole el pequeño cupón que le había dado el guardia y luego de un comentario de sorpresa sobre la obediencia de su Pokémon, pasó el molinete y se colocó detrás de la primera estantería. Tres segundos después, una leve sacudida sobre su hombro reveló a su Ralts de vuelta.

    “Santo cielo, que mujer más molesta.”, protestó con sorna. “¡No te rías! Encárgate de mantenerla distraída hasta que encuentre algo útil.”



    Martes - 14 de Abril
    “Veeeeee…”

    —¿Estuviste leyendo toda la noche, Ribombee?

    Un libro gigantesco se elevó sobre los aires hasta el centro de la habitación, para luego caer violentamente sobre su pecho. Falto de aire, Vega tomó el libro para lanzárselo de vuelta, pero la imagen de la portada captó su atención. Ocho insignias coloridas de diferentes formas y tamaños rodeaban las palabras Historia de la Liga de Aiwass. Al abrir una página al azar, sin embargo, la letra era tan pequeña que le dolían los ojos con sólo tratar de no perderse en el mar de líneas.

    Como si tuviera tiempo para eso. Se asomó con cuidado sobre las esquinas de su cama hasta encontrar a Ren, de espaldas a él y enfrascada en un libro igual de aburrido. Elevó el fabuloso libro de las medallas por encima de su cabeza en una posición digna de un lanzamiento olímpico y, arrodillado sobre el colchón, lo lanzó con todas sus fuerzas, su lomo girando a una velocidad endemoniada en dirección a la cabeza de su Ralts. Parecía que pasarían la tarde en el Centro Pokémon.

    Bah, se lo merecía por haber llenado su habitación de una veintena de libros robados.

    Sólo esperaba no quebrarle la nuca. A lo mejor se había pasado un poco.

    Observó por un momento como diez kilogramos de papel biblia forrado en cuero de primera calidad volaban con una fuerza G superior a la de una montaña rusa. Cerró los ojos esperando el impacto, pero en el último momento, un sonido desgarrador se escuchó.

    Mil ochocientas sesenta y dos hojas salieron volando por el aire, cubriendo la habitación entera casi a la misma velocidad que las risas histéricas de Vega, que no podía creer la estúpida velocidad de reacción de su Ralts. Varias imágenes de antiguos líderes de gimnasio desfilaban ante sus ojos, a la vez que el lomo de cuero salía volando por la ventana como un ave que escapa hacia la libertad.

    —¡Estás completamente loca! —logró decir entre carcajadas.

    “Diviértete juntándolas: estoy por volver a la biblioteca”, dijo mientras se quitaba el pelo de los ojos para observar el mar de papeles, orgullosa de su trabajo. “Ese libro no tenía nada útil de todas formas.”

    —Sabes que podríamos haber sacado copias digitales de todos los libros que quisieras en mi teléfono, ¿verdad? Llévatelo si quieres.

    Ren estaba a punto de irse, pero se volteó al escuchar su propuesta. Una ligera sonrisa se formó en su rostro al ver el pequeño aparato electrónico en sus manos.

    “Los libros son más cómodos. Y a decir verdad, se lo merecen por no haberme dejado pasar. Léete este si me extrañas mucho.”

    Levantó un libro un tanto más pequeño y lo dejó en la cama antes de desaparecer. Quitando las hojas sueltas de en medio de su cara, Vega reconoció por qué había elegido ese entre la veintena de libros que decoraban su habitación: ella estaba en la portada.

    “Trascendiendo las emociones.”


    Miércoles - 15 de Abril.

    “…gaaaaaa.”

    —Hola de vuelta, Gogoat.

    Su respuesta fue otro libro lanzado hacia su estómago, que logró esquivar esta vez. Juntar un nuevo millar de hojas nuevamente sería una tortura, por lo que dejó el libro a un lado para asomarse nuevamente sobre la cama. A pesar de ser pleno día, el cielo se encontraba bastante oscuro por unas nubes que avecinaban la llegada de una fuerte tormenta.

    —¿Dónde diablos estuviste toda la noche?

    “En la biblioteca, te lo dije ayer. Nadie puede pasar a la planta alta, así que decidí quedarme allí en lugar de seguir llenando nuestra habitación de libros.”

    Ren parecía irritada. Trataba de sujetarse el pelo en el cuerno de su cabeza, pero este caía irremediablemente sobre sus ojos. Luego de varios intentos sin éxito, cerró el libro con fuerza, acompañado de un quejido de fastidio.

    “Nada. ¡Absolutamente nada! Ni una mención a las medallas. Libros y libros hablando de reliquias antiguas, artefactos con un supuesto valor incalculable, y ninguno se acerca ni de lejos al poder de la medalla que le robamos a ese idiota.”

    Quitándose la banda elástica que le sujetaba el cabello, Vega se acercó a su Ralts. Su pelo era demasiado corto para hacer un rodete, pero demasiado largo para sujetarlo con una cinta, por lo que hizo una sencilla coleta con la parte frontal y la reafirmó con un par de horquillas al cuerno en el centro de su cabeza.

    —¿Mejor? ¡Ahora tenemos estilos a juego! —bromeó reacomodándose el pelo nuevamente.

    Ren se tocó la cabeza con suma delicadeza, sin decir una palabra y teniendo cuidado de no estropear el peinado.

    —Lo sé, soy el mejor entrenador del mundo.

    “¿Leíste el libro que te dejé?”. Ren se dirigió al espejo del baño para observar el trabajo con más libertad. “Parecía muy útil”.

    Y realmente lo era. Detallaba la especie con una profundidad profesional, desde su hábitat, dieta alimenticia, entrenamiento, poderes y habilidades. Le tomó por sorpresa el hecho de que a pesar de haber mencionado la Telepatía, los exhaustivos esfuerzos del autor por comunicarse con aquel Pokémon habían resultado desgraciadamente en vano.

    —Me lo llevé al hospital anoche: Tey quería pasar a visitarla y ayer no habíamos ido. Tienes un montón de cualidades realmente sorprendentes.

    “A ver, ¿cómo qué?”, preguntó ésta saltando sobre la cama, feliz de poder mirar con tranquilidad sin el cabello estorbándole los ojos.

    —Al parecer puedes sentir las sensaciones de la gente y los Pokémon que están alrededor tuyo. Si captan alguna emoción positiva, especialmente de tu entrenador, tus cuernos generan energía.

    Acercó la mano hacia su cabeza con curiosidad: parecía muy satisfecha con su nuevo peinado. Pero cuando su pulgar y su índice se cerraron sobre aquel cuerno rojizo, un frío antinatural se apoderó de su cuerpo. Era como si le hubiera corrido un cubo de hielo por la espalda. Se apartó rápidamente, mirándola con preocupación.

    ¿Qué demonios había sido eso?
    “¿Está caliente?”, preguntó apoyando una mano sobre su cabeza. Al parecer ella no podía notar la temperatura en la que se encontraba.

    —¿Tú qué crees? ¡Está tan caliente que quema! —mintió con velocidad—. Te dije que era el mejor entrenador del mundo... y hablando de eso. No parece que estés haciendo muchos avances allí abajo.

    Ren se cruzó de brazos, echándole un vistazo al montón de libros en el piso con una expresión de inmenso fastidio. Si seguía así, un fiel compañero de Historia de la Liga Aiwass sufriría el mismo final explosivo que su predecesor.

    —¿Qué tal si te conseguimos una medalla más? Podemos obtenerla legalmente ésta vez: al parecer la del viejo Frey sólo requiere que pasemos un examen.

    Un examen imposible”, corrigió ésta descartando la idea.

    Pero Vega lo había pensado toda la noche. Conseguir esa insignia era ridículamente fácil para él.

    "Dije legalmente, no justamente. Y creo que tenemos la herramienta justa para lograrlo"

    Ren inclinó la cabeza durante unos segundos. “Ni en un millón de años lograremos burlar el sistema de seguridad que tiene ese…”. Y en ese entonces, sus ojos carmesíes se iluminaron con un brillo malicioso.

    “Oh, vaya. No sabía que tú también podías hacer eso.”


    Jueves - 16 de Abril.

    —Tienes el número doscientos ochenta y dos. Vuelve mañana.

    La lluvia caía con ferocidad en las calles de Lyses. Ataviado con un impermeable azulado para protegerse del agua y un paraguas inútil que apenas resistía la fuerza del viento. Ren se agarraba con todas sus fuerzas a su hombro para no salir volando.

    —¿Al menos puedo pasar a la biblioteca?

    —Lo siento, pero estamos limitando las visitas. Al parecer han encontrado una irregularidad en los inventarios, por lo que sólo se permite el ingreso a miembros por el momento.

    “Eso quizás sea culpa mía... sólo quizás.”

    Regresaron a la habitación, completamente empapados por culpa de aquel viento que sacudía la lluvia en todas direcciones. Luego de una relajante ducha de agua tórrida y secar su ropa con el fuego de su Quilava, se sentaron a repasar los libros que tenían.

    —Tendremos que seguir acomodando esto si queremos estar listos para mañana —arrojó El Manual de las Especies sobre el sillón, para tomar En Búsqueda de la Leyenda Perdida y colocarlo a un costado de la cama.

    “Eso es Mitología, no Historia: va sobre la mesa”, lo corrigió Ren, haciéndolo volar con cuidado y dejándolo perfectamente alineado con el resto, abierto en el índice. “Y Literatura Regional es bastante amplio, así que los he estado colocando sobre la alfombra.

    Ambos se estaban tomando el trabajo quizás demasiado en serio. Vega estaba extasiado por saber qué sucedería si Ren rompía otra medalla. Si esa pequeña insignia le otorgó la capacidad de usar su Telepatía con una maestría absoluta, ¿qué lograrían dos? ¿O cuatro, u ocho?

    “Van a hacer falta unos cuantos más, ahora vuelvo”, propuso luego de un par de horas de investigación.

    —¿Estás loca? ¿Quieres traer incluso más?

    Pero Ren ya se había esfumado. Cada aproximadamente veinte minutos, regresaba con un nuevo par de libros demasiado grandes para ella entre sus brazos. El Libro Pokémon de los Récords Mundiales, con una tapa estrambótica y su interior repleto de imágenes de criaturas realizando hazañas increíbles captó su atención mientras su Ralts continuaba aumentando su alijo de artículos robados.

    —¿Para qué has traído este? —la detuvo en una de sus idas y venidas, levantando el libro para que lo viera. A modo de respuesta, Ren sonrió.

    Una chica me lo recomendó. Es muy simpática.”

    —¿¡Te han visto!?

    Su Ralts agitó uno de sus brazos, quitándole importancia. “Es la única que he visto subir al segundo piso. Ayer me transporté allí y la encontré sentada leyendo tan tranquila. Al parecer consiguió la medalla justo antes que se desatara todo este caos.”

    Vega se mordió una uña con preocupación. No se permitían Pokémon en aquel lugar; esa chica debería ser idiota para no haberse dado cuenta que Ren podía entrar y salir a su gusto cuando quisiera. Sólo era cuestion de tiempo para que se diera cuenta que era ella la que estaba detrás de la desaparición de los libros…

    “Me prometió que no le diría a nadie a cambio de que devolviera todos los libros cuando consiguiéramos la medalla. Desde ese entonces me ha estado dando consejos: al parecer una de sus preguntas trataba sobre el peso máximo que había levantado una especie de aquí, por lo que pensamos que sería útil.”

    —¿Cómo diablos es que no te han descubierto todavía? ¡Ni siquiera sabía que podías hablar con otras personas!

    “Parecía muy preocupada por los robos, así que decidí hablarle para que sepa que estaban todos a salvo. Creo que le tiene un cariño especial a ese lugar. ¡No me mires así, sí pienso devolverlos! Sólo quiero esa medalla”. Ren acomodó los libros de su último viaje antes de regresar. “La invité a venir aquí, pero dijo que no quería meterse en problemas. Te dije que es una buena chica.”

    Buena de corazón, pues confiaba en las palabras de un Pokémon desconocido. Confiable, ya que había decidido guardarle el secreto a cambio de recuperar los libros. Inteligente, ya que al parecer era una de las únicas que había logrado pasar ese examen imposible. Sólo quedaba una pregunta…

    —¿Es bonita?

    “Si llego a verte tratando de hacer algo con ella, haré que tengan que ir a pescarte en medio del Mar Crowley”, respondió con una mirada asesina. “Es mi amiga, no la tuya”.



    Viernes - 17 de Abril.

    —Doscientos cincuenta a doscientos noventa y nueve. Sala 4A.

    “¿Estás lista?”, preguntó para sus adentros.

    Nunca estuve mejor preparada”, respondió una voz en su cabeza.

    Habían estado practicando la Telepatía toda la noche. Gracias a las habilidades de Vega, no sólo Ren podía hablarle a través de la mente, sino que él también podía hacerlo de vuelta, aunque con un poco de dificultad dependiendo de la situación. En el silencio absoluto del examen que buscaba la concentración de los aspirantes a la medalla, el canal de comunicación se escucharía más claro que el agua.

    La profesora encargada de los exámenes fue otorgándoles un código de ingreso y una contraseña a cada uno al entrar. Acorde a la cantidad de gente, lo ubicaron en la parte trasera del aula, aproximadamente al medio. Ingresó el número mientras el papel en su mano le temblaba un poco. Y una lista interminable de preguntas apareció frente a sus ojos. Deslizando rápidamente la barra, las fue contando una por una.

    “Veinte de Múltiple Opción. Diez de Verdadero o Falso con justificación. Treinta minutos.”

    El límite de tiempo era ridículo. Las preguntas de múltiple opción tenían al menos una docena de alternativas cada una. Escuchó la risa mordaz de Ren en su mente. A Frey le iba a estallar la cabeza.

    “Uno: ¿Cuál es la velocidad promedio de Excavación de un Excadrill bajo tierra?”

    No hubo respuesta durante casi quince segundos. Vega tamborileó la mesa con los dedos, dudando si lo había escuchado o no.

    “De doce a quince kilómetros por hora.”
    “Dos: ¿Cuál de estas afirmaciones es falsa?

    Leyó cada una de las opciones rápidamente. Al llegar a la cuarta, Ren lo detuvo.

    “Ninjask no puede volar distancias tan largas. Es esa.”
    “Seis: ¿Por cuántas semanas debe incubarse un huevo de Gligar?”

    Esta vez, no necesitó esperar. La respuesta fue casi inmediata.

    “Treinta y cinco días. Cinco semanas.”
    Doce: ¿Qué especies puedes encontrar en convivencia en la T-?

    A veces ni siquiera lo dejaba terminar.

    “Charmander, Squirtle y Bulbasaur.”
    Quince: En condiciones normales, ¿a qué potencia se libera el ataque de Rayo de un Luxio?

    Un minuto entero pasó sin respuesta. Podía imaginarse a Ren saltando entre los libros a toda velocidad, cientos de hojas volando hacia la derecha para congelarse en un punto exacto de la lectura.

    “Doscientos treinta y cinco Joules por segundo.”
    “Dieciocho: ¿Cuántas evoluciones conocidas de Eev-?”

    Algunas preguntas eran estúpidamente fáciles.

    “Nueve.”
    Última: “De acuerdo al mapa logístico de Robert May…?”

    Y algunas tan complicadas que rozaban lo absurdo.

    “3,56995, aproximadamente.”
    Las respuestas de Verdadero o Falso resultaron ser mucho más sencillas. Vega se limitó a copiar lo que Ren le decía casi palabra por palabra, sin saber de qué diablos estaba hablando en más de la mitad de ellas. Comenzó a sudar mientras el reloj se acercaba peligrosamente a la primera cifra. Para cuando presionó el botón de “terminar”, no quedaban más de dos o tres minutos.

    “Realmente era tan imposible como decían después de todo. Santo cielo.”
    “Al parecer tenemos que esperar media hora a que den los resultados.”

    Sin nada mejor que hacer, y sin posibilidad de dejar su asiento por alguna razón, decidió consultarle a Ren sobre algunas de las preguntas. Para algunas, su Ralts incluso había decidido ir y volver a la biblioteca a toda velocidad para encontrar el libro adecuado. Nadie conocía el porcentaje requerido de aprobación, por lo que respondió lo mejor que pudo.

    Treinta minutos después, la encargada de las evaluaciones empezó a dar los resultados en voz alta, uno por uno. Debido a la masiva cantidad de gente, simplemente los llamaba por su número. La cantidad de desaprobados era ridícula, nadie en su grupo había pasado el examen. Y cuando llegó a él, sintió un vacío en el estómago.

    —Doscientos ochenta y dos. Dos, ocho, dos. El líder quiere hablar contigo en su despacho.

    “Estamos en problemas.”
    Se levantó, sintiendo la mirada acusadora de todos los presentes mientras la asistente lo llevaba a una puerta solitaria en el fondo del pasillo. Invitándolo a pasar, aquel hombre gigantesco y de mirada aterradora miraba la pantalla de su computadora con el ceño fruncido.

    —¿Cuál es tu nombre?

    —…Vega.

    Sogia Frey dio vuelta la pantalla sin cambiar su expresión en lo más mínimo. En la parte superior del examen, la calificación era perfecta. Cien por ciento.

    “Diablos, Ren. Podrías haber errado una a propósito.”

    —Es la primera vez que alguien logra un resultado perfecto. Los que se creen lo suficientemente graciosos como para hacer trampas generalmente fallan algunas para despistarnos. Pero tú has acertado todas.

    Supongo que estudié lo suficiente— respondió con un hilo de voz. Sentía que aquel viejo iba a darle un puñetazo en la nariz si trataba de hacerse el listo—. Soy un pésimo entrenador, pero supongo que mi memoria es buena… por eso decidí hacer el examen.

    El líder de gimnasio se inclinó sobre el escritorio, fulminándolo con la mirada.

    —Es curioso. Algunas de estas preguntas son de una tirada anterior, y se sustentan en bilbiografía que ahora se encuentra en el segundo piso. Son sencillamente imposibles de responder.

    La mente se le quedó en blanco. No sabía que responder, pero su ángel guardián sí.

    “Dile que te ayudaron. Esa chica de la biblioteca”.
    —Una amiga me prestó unos libros del segundo piso. No recuerdo su nombre, pero sé que consiguió la medalla justo antes de que convocara a su campa- digo, a su expedición.

    La expresión del líder se aflojó un poco. No podía creer que se hubiera tragado esa patraña. Súbitamente, este se puso de pie. Señaló la última pregunta con un dedo índice.

    —¿Cuál es la aplicación del mapa logístico de Robert May?

    La Teoría del Caos, obviamente.”
    —La Teoría del Caos— replicó Vega, omitiendo la última palabra.

    —Dime que fórmula usaste para resolver esa pregunta.

    “Equis sub ene más uno, igual a erre por equis por uno menos equis sub ene."
    "¡Ah! Los últimos dos factores entre paréntesis.”
    ¿Qué diablos era ese trabalenguas? ¿Realmente Ren se pensaba que iba a poder repetir eso?

    —¿…Puedo escribirlo? —preguntó, señalando un puñado de útiles de oficina con aspecto dubitativo.

    Lápiz en mano y muy lentamente, Vega transcribió aquella fórmula imposible en una hoja de papel y se la entregó a Sogia. Éste la leyó con el ceño fruncido, mientras el chico cruzaba los dedos por debajo del escritorio. Finalmente, soltó una risotada con aspecto orgulloso.

    —¡Ja! Felicitaciones, chico. No puedo creer que la gente finalmente esté aprobando este examen. Espero verte este domingo: nos vendrá bien tu ayuda.

    En la palma de una mano tan grande que podría derrumbar a un Ursaring, una medalla Vínculo descansaba solitariamente.



    Sábado - 18 de Abril.

    “Entre otras noticias, les recordamos que la biblioteca de Lyses se encuentra abierta al público una vez más. Hoy es su último día para tratar de conseguir la medalla Vínculo. ¡Buena suerte, entrenadores!”

    Al sur de Lyses, un precioso río de agua cristalina corría colina abajo, para desembocar en la costa del mar de Crowley al oeste de Aiwass. Los parlantes del teléfono de Vega sonaban al máximo de potencia para escuchar las noticias en la radio.

    La tormenta que había arreciado Lyses durante la mitad de la semana había dejado paso a una humedad y un calor insoportables. Libres de preocupaciones y sin nada mejor que hacer, habían decidido refrescarse en aquella corriente de agua.

    —¿Cómo hiciste para llevarlos de vuelta?— preguntó Vega en voz baja.

    Había bastante gente en la pequeña playa que se había formado naturalmente en ese lado de la costa. Una numerosa cantidad de personas y diversos Pokémon se divertían en el agua fresca, protegida del sol gracias al frondoso bosque de Pan al otro lado del cauce.

    “Los envolví todos en una sábana y los dejé en el segundo piso durante la madrugada”, dijo como si fuera la cosa más simple del mundo.

    —¿No habrás usado una de las telas con el nombre del hotel, verdad? —preguntó aterrorizado.

    “No lo sé…”, respondió sacándole la lengua y tirándose al agua. “¡Quizás cierta medalla me refresque la memoria!

    Después de conseguir la medalla Vínculo y escapar de la Torre Lyses, ambos habían debatido cuáles serían sus siguientes pasos. Realmente estaban sin pistas. Las medallas no eran tan antiguas y no poseían ninguna cualidad especial, pero Ren podía notar un poder increíble emanar de ellas. Los artefactos codiciosamente guardados en el segundo piso de la biblioteca tenían cientos de años y poseían capacidades sobrenaturales, sin embargo a su Ralts no podían atraerle menos.

    Luego de pensarlo durante toda la tarde, habían llegado a la conclusión de acompañar a Frey y a sus niños exploradores a buscar aquella reliquia perdida. Incluso si resultaba ser tan inútil para su Ralts como lo eran el resto de aquellos artefactos, la posibilidad de que más líderes y sus medallas se encontraran junto a Frey era suficiente como para justificar un simple día de espera.

    Tey, su Quilava, se encontraba tirado plácidamente sobre la arena. Hoy sería su último día para pasar la noche cuidando a su hermana, pues partirían para Narciso al día siguiente. A pesar de eso, nada realmente les impedía saltar de vez en cuando con Ren para asegurarse de que todo estuviera en orden por allí.

    “¡Tírate de una vez!” gritaba la voz en su cabeza. “¡El agua está hermosa!”

    Mientras pensaba, su mirada se había quedado perdida en el bosque. Observando una diminuta figura que parecía reírse de él, revoloteando entre los árboles. Apareciendo y desapareciendo de su vista constantemente.

    “Te doy diez segundos. ¡No me hagas traerte por la fuerza!

    Reconocía ese Pokémon. Flotaba a un palmo del suelo, su larga cola meneándose para mantener el equilibrio en el aire. Lo había visto en uno de los libros de Historia. Un fino pelaje de color rosa chicle y ojos azul cielo. No, no era de Historia. Ren le había dicho que era de Mitología, y lo había colocado sobre la mesa.

    En búsqueda de la Leyenda Perdida, era su título.

    Kiwi Sogia y Anansi. Creo que nadie más.
    Teoría del Caos, Efecto Mariposa y el Demonio de Laplace. La biblioteca tiene libros RAROS.
     
    Última edición: 19 Enero 2019 a las 4:30 PM
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    DoctorSpring

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    Arianne (II)
    Icaros/ Doce de Abril

    Después del discurso de la señorita con el ivysaur más bonito (y preocupante) que haya visto en su vida, ninguno de los lideres tuvo que pronunciar palabra para reanudar el torneo. Los entrenadores sobre la plaza del sol comenzaron a buscar a su siguiente contrincante mientras la señorita Labelle suspiraba. Al parecer no la veían como una amenaza, por lo que preferían ir con los difíciles primero para no cansar a sus pokémon.

    Los colores de los ladrillos lucían mucho más ahora que la plaza estaba vacía; brillando ante la luz de sol, haciendo honor a su nombre.

    No podía evitar sentirse ofendida pese a que esto le beneficiaba, sobre todo tomando en consideración que su pobre pikachu oriundo de Aztlan estaba desaparecido y a la gabite quien miraba asustada a los lados, moviendo sus cuchillas de una manera tal que podías confundirla con una técnica de combate definitiva si es que la mirabas de lejos.

    En cuanto pensó en buscar un contrincante por ella misma, una voz chillona le hizo levantarse del susto al mismo tiempo que su pokémon.

    —¡Oye mortal, pelea conmigo!

    —¿Mortal?

    La muchacha del vestido negro miraba a la joven con unos ojos salidos de sus órbitas, sosteniendo sus dos pokéball diferentes, su pecho subía y baja mientras por su rostro bajaban gotas de sudor. Si estaba enfrentando a entrenadores sin parar era normal que estuviera cansada. Lo que no era normal es que le siguiera mirando fijamente como si hubiera olvidado por completo que es lo que iba decir a continuación. Si no fuera porque lo recordó unos momentos después, a lo mejor podría haber huido.

    —¡Combate doble!

    —¿¡Combate doble!?, pero mi…

    —¡No te puedes negar a los caprichos de Kristina Sathiel Dunkelheit!—replicó la extravagante joven lanzando su ulltraball de una forma innecesariamente elaborada, la cual al caer reveló una piedra.

    —¿Una piedra?—preguntó Arianne preocupada—¿Estás bien?

    No obstante, sabía que su rival quien tenía ambas manos en la cadera mientras moría de risa, ya le había ganado a otros entrenadores por lo que no bajó la guardia. Una especie de humo morado comenzaba a salir del extraño artefacto.

    Dulcinea tenía notables ganas de salir de ahí, ella también, pero no era plan de echarse atrás sin siquiera intentarlo. Al final, las moléculas de ese gas se prendieron, giraron y una sonrisa macabra se mostró en el centro.

    Ari y su pokémon tragaron saliva al unisonó.

    —¡Ahora que mi querido Elegos hizo su acto de entrada…—decía Kristina dejando caer la siguiente pokéball—es hora de que mi siervo aparezca!

    Aunque esperaba ver a un lindo deerling, su decepción fue mayúscula en cuanto vio al mono de la brocha materializándose.

    —Dulcinea…yo te elijo…—susurró la chica del pelo rosa con la misma inseguridad con la que su lindura dio un paso al frente.

    El sol iluminaba a las dos contrincantes, su sombra eliminada por los brillos del suelo. Algunos murmullos sonaban a alrededor de ella, seguro que remarcando lo injusto del enfrentamiento.

    —¿No se suponía que tenían que pelear con el mismo número de pokémon?—dijo una chica pelirroja, dirigiéndose con un tono despectivo al presentador del torneo.

    —Sí…pero ella también inscribió a su pikachu…no puede negarse a un combate doble—respondía el rubio apenado—. Seguro que la pobre confiaba en buscarlo.

    «Otro descuido a la lista»

    —¿Acaso tengo público?—dijo la señorita Sathiel carcajeándose—¡Disfruten de ver su insignificancia!, ¡Bola sombra!

    Antes de que la pobre dragona se espabilase, una bola de antimateria le dio justo en el vientre, haciéndola retroceder unos metros a la vez que arruinaba el lindo empedrado de la plaza. Algo que a la extraña mujer no le importó en lo absoluto puesto que ordenaba a su compañero lanzar bolas sombras mientras hacía (o al menos intentaba) una coreografía que juraba haber visto en alguna parte.

    —¡BOLA SOMBRA! ¡BOLA SOMBRA! ¡BOLA SOMBRA! ¡BOLA SOMBRA! ¡BOLA SOMBRA!

    Dulcinea recibía múltiples disparos a una vertiginosa velocidad dándole nulo tiempo de respirar. Era cuestión de tiempo para que cayese debilitada. Los presentes olvidaron sus batallas durante un rato en pos de ver el resultado de semejante masacre, Arianne solo miraba a todos lados, cruzando los dedos para que su gabite siguiese viva.

    Los guardias de la ciudad no tardaron en llevarse a su pobre chica al centro pokémon más cercano.

    —¡Oye, eso fue injusto!—protestó un electricista quitándole la vista de encima a su electrode.

    —¡Sí!—exclamó su rival con su pidgey comiéndose una baya.

    —¡Seguro lo mataste!—auguró un tercero enfrascado en otro combate contra un shroomish.

    Los tres muchachos recibieron en el rostro las bolas que le quedaban al spiritomb, solo con un chasquido de dedos de Kristina. En otro orden de cosas, el smeargle seguía mirando desde la esquina, preparándose para entrar en acción.

    —¡Lo lamento!—dijo la joven del parche dando una vuelta—¡He ganado! ¡Ahora a la final!

    —Supongo que sí…—dijo la señorita Labelle queriéndose esconderse urgentemente.

    El presentador no tuvo que recordarles que aun quedaba otro pokémon en el otro lado, debido a que este entró a la arena con la decepción cargando en sus pequeños hombros y sus mejillas cargadas de electricidad. Aunque fuera una pequeña rata, la aura de furia hizo volver la mirada a los únicos tres que quedaban en la plaza; ellas dos junto con un chico de cabello azul quien esperaba paciente a que esa ridícula batalla terminará.

    —¿¡Qué es esa cosa!?—exclamó el chico resguardando a su hongo.

    —¡Tienes a una bestia del infierno!—gritó Kristina con los ojos más brillantes que dos piezas de obsidiana—¡Que esto eso sea una batalla entre siervos! ¡Dame la victoria, Rembrandt Harmenszoon Van Rijn!

    El smeargle de nombre largo ni siquiera tuvo tiempo de ponerse en posición; ya estaba en el punto de mira del pikachu que acomodaba su sombrero mientras sonreía. No pudo pronunciar “González, yo te elijo” cuando el Aztlaleño recorría la distancia entre él y Rembrandt, parándose justo unos metros antes de chocar. Su puño se encontraba brillando en un lindo color naranja que la muchacha ya había visto cada vez que perdía en el póker.

    Harmenszoo miró confuso al tipo eléctrico, dirigiéndole la mirada a su “maestra” como diciendo “¿Ahora qué procede?”

    —¡Usa todo tu poder!

    Ante esa orden, alzó los hombros para luego darle un brochazo en la cara a González, contribuyendo a aumentar su ira. Un guarda atraparía al inconsciente pokémon después de recibir semejante puñetazo en el estomago tan fuerte que fue un verdadero milagro no haber roto ningún órgano vital. La rata amarilla pese a tener el puño humeando, aún tenía muchas ganas de pelear, por lo que con un movimiento de su cola se puso en frente del espíritu.

    —¡Eso fue un Puño Certero!—exclamó el presentador boquiabierto—¡Un ataque de baja prioridad bastante potente!

    —Lo siento…—dijo Arianne sudando la gota gorda de la pena.

    La entrenadora rival infló los cachetes, interpretando la disculpa como un acto de burla o condescendencia.

    —¡Nadie pidió tus disculpas, mortal! ¡Recuerda que Elegos es parte de mí y yo no quiero perder!

    —¿Recordar? Nunca me lo diji…

    —¡Fuego Fatuo!

    Antes de que a spiritomb se le olvidase quien era su rival, su pikachu fastidió el intento con un ataque de su cola endurecida, o al menos eso pensaba. Resultó que la cola de relámpago acabó prendida de la punta como si se tratara de una mecha.

    Su ataque estaba reducido, cosa que no detuvo a la evolución de pichu, electrificando uno de sus puños y preparado para dar un puñetazo. El problema es que la dueña de Elegos no planeaba resistir golpes.

    —¡Pulso Oscuro!

    El anillo de oscuridad se expandió alrededor del fantasma y su impacto empujó al rival unos centímetros, pero estuvo lejos de detener el ataque. Resintiéndose de la quemadura, atacó a la piedra que servía de base a ese extraño gas con un golpe eléctrico, dándole un empuje un poco menor.

    —¡Tu ataque es inútil ante mí! ¡Otro Pulso Oscuro!

    —¡Gonzalez, esquívalo!

    —¡Pika, Pika!

    No importando que haya sido lo más factible a los ojos de su entrenadora, el pikachu nunca estuvo acostumbrado a recibir órdenes, por lo que recibió el golpe impasible. Acto seguido, le dio un puñetazo a la cara de Elegos, atravesándolo como resultado; debería haber insistido más sobre ese pequeño detalle en la relación entre los fantasmas y los tipo lucha, debido a que nunca lo aprendía.

    El susodicho ni lento ni perezoso realizó otro pulso oscuro.

    —¡Gonzalez, mi vida! ¡Ya lo habíamos hablado!—exclamaba Ari mordiendo una manga de su chaqueta.

    —¡Pika Pika!—respondió el de Aztlan en su particular lengua mientras se recuperaba del dolor

    No servía de nada intentar amar una estrategia si no le iban a obedecer. Se limitó a observar como su pokémon intentaba electrificar su puño, soltando pequeños quejidos por el dolor que le provocaba el fuego y no era para menos puesto que su colita parecía un relámpago. No obstante, esto no le detuvo. En un gesto poco común en él, comenzó a correr en cuatro patas, con una de ellas electrificadas. La criatura conformada de 108 almas (según decía ese libro sobre leyendas) reveló su sonrisa más macabra al mismo tiempo que Gonzales se acercaba; la misma sonrisa que tenía su dueña, un poco menos terrorífica incluso.

    —¡Se acabó, Pulso…

    En el último momento, el pikachu dio un salto, colocando su cola debajo de él. Nadie predijo lo que iba a pasa.

    Una pequeña explosión sucedió en cuanto el rabo hizo contacto con el cuerpo gaseoso del fantasma, antes de que pudiera agacharse sintió como alguien se echaba encima de ella mientras fragmentos coloridos salían volando.

    En cuanto todo pasó, la misma persona que hizo ese ataque tan descarado, le ayudo a levantarse.

    —¿Estas bien?—preguntó el chico del shroomish.

    —Sí...gracias.

    La nube de polvo desapareció, revelando a dos pokémon debilitados en el suelo. El que más destacaba era la piedra rota.

    —¡Oh Arceus! ¿¡Lo maté!?

    —Un poco de centro pokémon lo pondrá bien

    —Los fantasmas no pueden morir.

    Los dos jóvenes voltearon para ver a la extravagante mujer boca arriba mientras un shroomish descansaba en su vientre, orgulloso de haber cumplido con su valeroso cometido de rescatar a una dama. La señorita gótica rechazó la mano enguantada que le ofrecía ayuda (aunque en verdad la necesitara), se levantó quitándose los escombros de la falda e hizo una reverencia tan actuada que parecía hipocresía, guardó a su fantasmita en la ultraball y estiro su cuerpo de una manera igual de exagerada.

    —¡Me has derrotado, mortal!—le dijo señalándola con el dedo—¡Pero no creas que esto es el final! ¡Volveremos a vernos!

    Realizó una reverencia más corta para después irse andando de forma dramática, o puede que también para evitar lastimarse con los escombros. El escenario quedó en silencio hasta que el líder de gimnasio llamó la atención, elevando la plataforma una vez más mientras las chicas que le acompañaban miraban sorprendidas por el feo hueco que dejo la explosión. Los lanzallamas lanzaron una nube de humo negro, Arianne bajaba los ojos avergonzada y el entrenador que acababa de conocer le dio una palmadita en la espalda.

    —No te preocupes, fue un accidente…

    —¡Parece que nuestra finalista rompió el mecanismo, pero continuaremos con este torneo hasta el final!

    Una multitud comenzó a reunirse mientras los guardias de Icaros luchaban por llevar a sus pokémon a la maquina curativa, dispuestos a ver la final. Apenas darse cuenta de que iba a mostrar sus nulas técnicas de combate ante todo el mundo.

    —¡Nuestros dos finalistas, vayan al centro!

    La chica sentía tanto bochorno por los nervios que decidió quitarse la chaqueta, siendo agarrada rápidamente por el quien sería su rival en unos momentos. Si no fuera por la linda sonrisa que llevaba, pensaría que le estaban robando.

    No querían hacer esperar al público por lo que juntos fueron al centro de la plaza donde una estatua que no es capaz de reconocer les observaba imponente desde su pedestal. Solo pasaron unos minutos más para que llegaran las criaturas que participarían en este combate y entre las de su rival, una de ellas le llamó la atención.

    El susodicho quien resultó ser un buizel, se colocó al lado de su entrenador con los brazos cruzados en una pose más que mezquina al mismo tiempo que el siempre fiel hongo mostraba sus ansias de combatir. González apareció un poco más tranquilo a la vez que Dulcinea trataba de limpiarse una pequeña mancha en el diamante de su collar.

    —No me has dicho tu nombre—inquirió el joven enredando la chaqueta de cuero que se ofreció a cargar alrededor de su cintura—. Me llamó Braulio.

    —Soy la señorita Labelle, Arianne Labelle.

    —Mucho gusto, ¿te puedo llamar Ari?

    —Pues…

    La maquina tosió otra nube de humo.

    —¡Muy bien espectadores, ahora que los cuatro pokémon están curados, estamos listos para un combate doble!

    —Mucha suerte, Ari.

    —Lo mismo digo.

    —¡El combate comienza en 3, 2, 1…ahora!

    Una nube más marcó el inicio de la final del torneo de Icaros, señal que captaron los pequeños ojitos de Shroomish, dirigiéndose lo más rápido que podía hacia la dragona de tierra.

    —¡Muy bien, campeón! ¡Paralizador!

    La orden de su entrenador fue un decreto divino para el lindo hongo quien de la coronilla soltó una nube de polvo amarilla que no tardó en atacar a la pobre gabite. Unos relámpagos no tardaron en pasear entre las escamas de la chica.

    —¡Gonzalez, haz algo!

    El pikachu aztlaleño no tenía ganas de ayudar a su compañera, estaba demasiado ocupado en mirar con gesto asesino al tipo planta. Acomodó su sombrero, iluminando su cola con la intención de atacar a Shroomish.

    —¡Rapido, Buizel! ¡Protégelo!

    La nutria no movió ni una extremidad, tal vez porque había predicho que ese ataque podría considerarse uno doble. Usando su Cola Ferrea como un bate de beisbol, utilizó al hongo (quien no pudo reaccionar a tiempo), como un proyectil que fue directo a Buizel. El pokémon mezquino ni siquiera se inmutó al hacer aparecer un campo de fuerza que hizo rebotar a su compañero, devolviéndolo al campo de batalla con ganas renovadas.

    —¡Pika Pika!—exclamó Gonzalez intentando acomodar un Puño Trueno.

    —¡Buizel!

    El tipo agua se adelantó con un Ataque Rápido que le salvó de la electricidad.

    —¡Al parecer Gonzalez volvió esto en una disputa personal!—grito Lewis causando los vítores del público—¡Los dos están intercambiando ataques sin parar, aunque me temo que el eléctrico está perdiendo!

    Arianne veía tanto intrigada como horrorizada la forma en la que su “amor” quedaba más lastimado en su afán de hacerle lo mismo a su contricante mientras los otros dos participantes estaban inmersos en su propio combate, en el que también estaba perdiendo ella.

    —¡Absorber!

    Unas bolas verdes de energía aparecían en el aire, siento tragadas por la insaciable plante, aunque no parece haberle afectado mucho a la hembra. El shroomish volvió al ataque con un fuerte placaje sin esperar la orden de Braulio. Unos cuantos cortes aparecieron en la frágil superficie del pequeñín, producto de la dura piel contra la que chocó.

    —¡No vuelvas a usar placaje, es peligroso!—aconsejó el líder de Icaros de forma burlona.

    —¡No te desanimes!—insistió Braulio—¡Vuelve a usar Absorber!

    Las cuchillas de la dragona comenzaron a moverse una y otra vez hacia el indefenso, la culpable de un comportamiento tan errático es una mancha de tierra que Ari podía ver en el vientre. La frustración por no poder limpiarse resultó en una oleada de golpes verde fosforescentes que machacaban al shroomish ante la asustada mirada del chico con la caballera larga.

    —¡Dulcinea logra liberarse de sus ataduras y contraataca con unos cuantos Golpes Bis!

    Labelle dudaba de intentar tranquilizar a su pequeña cuando veía los chorros de sangre verde saltando, pero el hongo no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente por lo que volvió a usar Paralizador. Los rayitos detuvieron a la dragona de nuevo, dándole tiempo al malherido pokémon para hacer toda la distancia posible entre él y su verdugo.

    No pareció importante demasiado al valeroso luchador los profundos cortes que cruzaban su cuerpo cual feos tatuajes, incluso cuando seguía soltando chorritos de sangre verde.

    En otra parte de la improvisada arena, las dos criaturas seguían su baile mortal sin que los entrenadores pudieran intervenir. Aunque el buizel solo trataba de detener los ataques de su adversario, lo hacía de una manera tan formidable que no recibía ni un rasguño, causando daño en el acto. A Arianne le pareció que pese a ser tan diestro en combate, daba la sensación que ese día no estaba de humor y tampoco obedecía las ordenes de su dueño quien de una forma que la muchacha no lograba comprender, se encontraba pendiente de ambos combates.

    —¡Por el amor de Arceus, hazme caso maldita comadreja!—gritó Braulio distándose mucho del chico caballeroso al que había conocido.

    No obstante, Buizel no necesitaba órdenes mientras que González seguía en sus inútiles intentos por atacarlo, los cuales solo demostraban una abrumadora diferencia de nivel. Comenzó a cargar un puño que nunca podría acertar debido a que el animal marino rodeó su cuerpo de una capa de agua para aplacar contra el eléctrico que, pese a la resistencia elemental, fue el golpe final que acabó con el pikachu de Aztlan. A continuación, volvió a la esquina donde estaba antes de que su agresor decidiera molestarlo.

    —¡El pokémon de Braulio acabó con un Acua Jet! ¡González no puede continuar!

    El shroomish malherido uso sus últimas fuerzas para empujar al caído fuera de la plaza en un acto de caballerosidad un poco estúpido, al haberse acercado dos guardias justo en el momento en el que cayó en la inconsciencia.

    —¡Shroomish ya no puede continuar!

    —Shroomish, regresa—dijo el chico dándole un merecido descanso al guardarlo en su pokéball.

    —¡Dulcinea ha vuelto a liberarse! ¡Ahora el combate es 1 Vs 1!

    —¡Confío en ti, Buizel!

    En cambio, la nutria no confiaba en él, no mostraba el menor interés de atacar a la dragona que estaba enfrente ni tampoco es como si la gabite tuviera muchas ganas de pelear después de tranquilizarse. Aunque seguramente tuviera un Rayo Hielo que le daría la victoria sin ninguna duda, el segundo pokémon de Braulio prefería ver desde la otra esquina de la plaza.

    —¡Rápido, comadreja! ¡Acabala con un Rayo Hielo!

    —¡Golpe Bis!—ordenó Ari.

    El cerebro de dragón procesó las palabras de la hija de su dueño con claridad e iluminando sus cuchillas, caminó con calma hacia el buizel quien seguía negándose a atacar. A unos metros comenzó a acuchillar a la nutria con verde energía, siendo detenidos los golpes por el siempre fiel escudo. El campo de fuerza desapareció, pero el desobediente ser retrocedió aprovechando su Ataque Rapido y hasta Dulcinea parecía confundida luego de acabar con las cuchilladas.

    «¿Cuchillada?»

    —¡Rapido, Dulcinea! ¡Usa Cuchillada!

    —¡Evítalo con Aqua Jet!

    La dragona obedeció con increíble rapidez, si no fuera porque la nutria se agachó, tal vez había muerto decapitado. Todavía estando en el borde la plaza, Buizel mantuvo su negativa a atacar.

    —¡Si seguimos así la batalla va ser eterna!—exclamó la chica pelirroja desde las gradas elevadas.

    —Dulcinea no puede igualar la velocidad de Buizel a diferencia de su compañero—dijo el presentador con el entusiasmo perdido—. La medalla va terminar oxidándose a estas alturas.

    La joven que antes había hecho la invitación en el intermedio le susurró al oído al líder.

    —¡Bien! ¡Si el buizel no obedece la siguiente orden de su entrenador, acabare el combate!

    Arianne le echó un vistazo a su rival, en ese momento era drásticamente diferente al caballero que conoció antes de conocer al combate, con la vena de su frente palpitando con fuerza mientras apretaba sus puños.

    —¡Por el amor de Arceus, usa Rayo Hielo!

    Sucedió un momento de silencio donde el pokémon marino no hizo nada hasta que el muchacho rubio se encargó de que su voz fuese escucha por toda la multitud.

    —¡Tenemos una ganadora, señores!

    Algunos vítores fueron escuchados, pero la mayoría quedaron en silencio. Labelle estuvo a punto de acercarse a Braulio cuando el susodicho aventó su chaqueta al suelo para después salir corriendo.

    Aunque haya ganado el combate, no siente ninguna satisfacción por ello, de hecho, se siente horriblemente mal. Si alguien la consideraba solo una afortunada, sería la verdad absoluta.

    La gabite notó el desanimo de su dueña por lo que intentó un mortal abrazo que esquivó a duras penas y después de ello fue a recoger su inmerecido premio. Luego se echaría a la cama.


    Icaros/ Trece de Abril

    —¿¡Se escapó!?—exclamó Roxanne desde el otro lado del celular.

    —Sí, parece que dos de los lideres hicieron que huyera—explicó Arianne sujetando una medalla con la forma del sol—. Solo me dieron una baratija.

    Mientras la conversación sucedía en un cuarto del centro pokémon de la laberíntica ciudad, González estaba descansando en una de las camas con una furia contenida en su mirada y Dulcinea trataba de acomodarse en tan pequeña cama. Ari miraba a ambos sintiéndose de lo más culpable por el penoso espectáculo que mostró en la final del torneo, además de no poder quitarse de la mente al pobre de Braulio. Atrapada en sus pensamientos estaba para poder ignorar a Rox quien soltaba un largo monologo sobre lo tanto que odiaba al señor De Lann.

    —No pasa nada, querida—mintió la líder de Nix—¿Te queda algo del dinero que te di?

    La señorita Labelle metió la mano en su bolsa de cuero, logrando sacar un billete de cien pokés.

    —¿¡Solo eso!? ¿Perdiste lo demás?

    —¡No!—exclamó Ari con una sonrisa nerviosa—. Bueno, sí, un poco…el resto yo…estas en altavoz y…

    —Tu pupila destrozó la plaza del sol—interrumpió Lewis de una forma burlona—¿Cómo es eso de que soy un hijo de Ditto?

    —Tch, ¿Cuánto dinero quieres?

    La estudiante aprovechó el tiempo donde los dos lideres estaban discutiendo sobre cuanto dinero lograría cubrir las reparaciones de un lanzallamas a control remoto, para visitar a supervisar a sus dos pokémon. Soltó un suspiro.

    —Lo lamento por no ser la entrenadora que ustedes se merecen…

    La gabite respondió con un amigable gruñido, González solo miró a otro lado.

    —¿Y si aceptamos la invitación de Meridión? Tal vez logre mejorar si me dedico un tiempo a la investigación…¿Qué me dicen?

    —Pika Pika—susurró el pikachu con una pequeña sonrisa.

    —Supongo que eso es un sí—dijo la muchacha acariciando a la rata eléctrica detrás de la oreja.

    Al principio trató de resistirse, pero finalmente se dejó llevar.

    —Pika Pika…

    —¡Me lo depositas a la cuenta, adiós!

    Por la amplia sonrisa que mostraba Lewis mientras le daba su celular de vuelta, esta de más suponer que se había salido con la suya.

    —Si quieres te puedo pagar el viajecito a Tesseus, no me saldrá muy caro.

    —¡Muchas gracias!

    La palabra viajecito le hizo pensar en lo peligroso que era que De Lann tuviera la autoridad de entrar a la habitación de hotel de las jovencitas, solo fue un pensamiento fugaz, pero bastante importante.

    Unas horas más tarde montaba en un autobús (suponía que alguien de una familia tan acaudalada debería poder permitirse algo mejor, no obstante, a ponyta regalado no se le mira el diente) junto a sus dos pokémon. Dulcinea estaba sentada al lado de ella, pues era tan grande que ocupaba un asiento aparte, mientras que el aztlaleño trataba de acomodarse en su regazo.

    Solo era cuestión de horas para llegar a la ciudad donde se encontraba el mercado más importante, según le había hecho el casanova ofreciéndole el billete como si fuera uno de primera clase.

    Arianne se quitó la chaqueta para usarla como almohada e intentó conciliar el sueño.



    Espero que tanto Maxinne como Asael Martinez se vean satisfechos con este capítulo.

    Si no, ya sabes con quien quejarse.
    :shani:
     
    Última edición: 19 Enero 2019 a las 10:43 AM
    • Borrashooo Borrashooo x 3
    • De acuerdo De acuerdo x 1
    • Gracioso Gracioso x 1
  14.  
    Armiel

    Armiel Iniciado

    Aries
    Miembro desde:
    4 Agosto 2018
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    Havoc/Harvest: Overlay
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    Lyses / 12 de abril

    La conferencia había acabado con un anuncio de reclutamiento a cualquiera que estuviera interesado en querer ayudar en la investigación de las últimas ruinas descubiertas con la condición de haber conseguido al menos 1 de las medallas regionales.

    Koiso no era una entrenadora en el sentido estricto de la palabra, pues había rechazado hacer el tradicional viaje regional para continuar sus estudios, aunque sabía defenderse. Y era esto último lo que la impulsaba a querer unirse a la expedición de Sogia: lenguajes antiguos y códices eran una de sus mayores pasiones en su vida aparte de ver concursos pokémon.

    Había escuchado que para conseguir la medalla de Lyses debía aprobar un examen el cual casi todo el mundo reprobaba por ser extremadamente amplio en cuanto al contenido que involucraba. Tenía confianza en lo relacionado con aplicación Pokémon a procesos, información específica sobre el tipo psíquico y eléctrico, y sabía sobre veneno cortesía de su familia. Pero tratándose de Aiwass, era un cero a la izquierda a pesar de llevar 3 años viviendo en la región. Eso era preocupante pues era lógico que debía entrar en los contenidos, hasta ahora lo único que sabía de la región eran las variantes regionales de algunas especies.

    Pensó en sacar un par de libros sobre datos pokémon, pues era muy buena recordando números, y luego seguiría con historia regional que seguramente tardaría más en asimilar.

    Al subir por el ascensor a los pisos que ocupaban el cuarto nivel de las estructura, leyó una indicación estampada en la puerta de cristal. “
    No se permiten Pokémon ni bebidas”. Debería pedirlos prestado si no quería terminar en mal estado en menos de una hora.



    Lyses / 13 de abril

    Cual pólvora explotando, la noticia del reclutamiento llego a oídos de toda la ciudad en menos de un día, formando así una enorme fila que salía del recinto por todos los interesados en el examen para la medalla. La extensa línea humana era visible incluso desde el tercer nivel de la torre donde se encontraba Koiso, incrédula ante el espectáculo mañanero.

    Esto es ridículo. La palabra examen no significa nada en la cabeza de toda esta gente, sólo porque sepan la tabla de tipos no significa que conozcan la teoría detrás de ello. —comentaba con sorna.

    Ya contemplado el paisaje, se regresó a las páginas del libro titulado “El Libro Pokémon de los Records Mundiales”, del cual estaba memorizando datos que involucraban a las especies endémicas de Aiwass.

    »
    Uno de los casos más reconocidos de Aiwass es el poseer a 2 de las especies con mayor poder telequinético en el mundo. Siendo estas las formas mega-evolucionadas de los Gyarados y Charizard los cuales obtienen el Tipo Psíquico en lugar del Siniestro y Dragón respectivamente.

    »
    Ambos pokémon, contrario a lo esperado de aquellos que poseen este Tipo enfocaron su potencial en el lado emocional negativo como lo son la Ira y Orgullo, común de sus especies, contrario a la Paciencia y/o Humildad que suele ser la inclinación tradicional.

    »
    Se ha atestiguado que estos ejemplares pueden arrojar objetos cuya masa rondan las dieciséis mil toneladas cuando están enzarzados en luchas territoriales. Hay historias que cuentan que los muchos ríos que surcan la región fueron hechos por estos pokémon durante sus combates.

    Impresionante que con estos monstruos rondando las ciudades, éstas se hayan logrado mantener enteras todos estos años.

    Con esos últimos datos en su memoria ya no había mucho que extraer para ese momento, lo que indicaba que debía comenzar a estudiar historia.

    Una vez en la biblioteca entregó el libro en recepción y entró sin demora. No necesitaba un ticket de visitante, pues su pase del staff de seguridad aún era válido por alguna razón, y ella sospechaba que era intencional. Ya en el interior se dedicó a explorar los pasillos con detenimiento para tener una idea de que buscar una vez que conozca la distribución general.

    —Veo un rostro conocido. —la voz del jefe de seguridad le saludó.

    El único sonido que se escuchaba era un pequeño chasquido provocado por unos anillos en la mano de la mujer que le ignoró.

    ¿No debería estar vigilando las cámaras? —respondió Koiso tras unos minutos.

    —Es raro verte sin una taza en la mano, pero entiendo que no se puede entrar con alimentos por el riesgo de dañar el material. De seguro si solo te diera abstinencia tu vida sería más fácil.

    Me conseguí los parches en el segundo nivel. Tienen un buen sistema médico. —dijo desganada.

    “Sitios populares de Aiwass”. ¿Por qué buscas una guía turística en lugar de un libro de historia? —comento al leer el título de un pequeño libro dejado en una mesa.

    ¿Has visto programas 7O3X?

    —Sí, para que hagan algo de ruido en la habitación o cuando me aburro de madrugada. Son muy rebuscados en sus preguntas, de seguro nadie gana uno de esos sin hacer trampa. ¿Y eso que tiene que ver?

    Los datos más arraigados de una comunidad no se guardan en los libros de historia, sino como anécdotas que le cuentas a los turistas para captar su atención. Las guías turísticas están llenas de estas trivialidades que los historiadores ignoran. Por ejemplo: ¿Sabías que en Pueblo Sosiego es el único lugar en todo Sinnoh donde se puede conseguir una Buceo Ball?

    —Espera, ¿en serio?

    El dueño del periódico local trabajaba para Devon y las regala a cambio de favores. Está anotado en el panfleto de las ruinas, pero creo que sabes que roba la atención a los viajeros —se volvió para encarar a su escucha—. No creo que hayas venido aquí para charlar. ¿Para qué me necesitas?

    —Iré al punto —le entregó una pequeña carpeta—. Tu sistema es impecable, algo que solo unos pocos podrían diseñar. Los de arriba quieren que diseñes algo que identifique quién entra y sale de esta planta.

    Me especializo en seguridad, no en almanaques. Consigan un ingeniero si quieren optimizar lo que sea que usen aquí.

    —No tienes que responder ahora, piénsalo —mientras se encaminaba a la salida dio un último comentario—. Tu pase durara una semana. Ése es el límite.

    Cuando el hombre ya se había perdido en los largos pasillos, Koiso tomó la carpeta para darle una ojeada.

    Sistema de índice, yada, yada, yada… cámaras de 360°, bla, bla, bla… —cerró la carpeta—. No me necesitan para esto.



    Lyses / 14 de abril / Medianoche

    En algún punto del día se había quedado dormida debido a que los efectos del parche aminoraron o la cantidad fue insuficiente. Para su suerte, había caído rendida en uno de los intrincados pasillos en el ángulo perfecto para que nadie haya venido a despertarla para avisarle que debía marcharse.

    La larga siesta le dio la rara oportunidad a su cerebro para descansar lo suficiente, permitiendo que de esta manera este mucho más lúcida de lo usual. Se desperezó, encendió la linterna de su teléfono para buscar la salida y camino entre los pasillos. Entre la oscuridad la única luz que no producía ella venía de las cámaras, y los únicos ruidos eran el eco de sus pasos… o eso creía.

    Un estruendo producido por algo chocando contra el piso hizo eco hasta sus oídos. Curiosa porque lo produjo se encamino hacia donde creyó era la zona donde se escuchó el golpe. Observo los alrededores y vio un pesado libro tirado, lo recogió, en la portada se leía “Historia de la Liga de Aiwass”.

    Esto podría servir, lo tendré en mente para la tarde. — revisó el estante de donde cayó. Al encontrarse muy alto, y buscar una escalera le tomaría mucho tiempo, se limitó a dejarlo sobre una mesa.

    Pero cuando se encontraba a unos metros, un breve destello irrumpió en la pacifica noche. No era la blanca luna que atravesaba los grandes cristales, sino un flash iridiscente. Se giró con rapidez al origen de la luz, pero no había nada, y eso incluía al libro que había levantado.

    Cómo es posible, eso fue muy rápido.

    Para cuando había llegado a la mesa, un nuevo destello refulgió en otra dirección. Esto siguió un par de veces más, pero nunca alcanzaba a divisar cual era la causa de aquel fenómeno.

    Esa noche, un pequeño interruptor se encendió dentro de Koiso, uno que pocas veces lo hacía por mantenerse enclaustrada en su residencia. Corrió hacia la mesa donde había abandonado la carpeta que se le había entregado, se retiró de la biblioteca, entró a su habitación y encendió su computadora: no se movería de ahí hasta que el sol volviera a salir.



    Lyses / 14 de abril

    La sorpresa inundaba al jefe de seguridad a primera hora de la mañana. Frente a su oficina, sentada en una silla, se encontraba esperando la mujer que le habían pedido reclutar el día anterior, pero había algo distinto en ella que se notaba a simple vista. No sabía lo que era. Solo tenía la sensación que algo o alguien le había tocado una fibra sensible.

    —¿Te puedo ayudar? —un pequeño objeto le fue arrojado el cual atrapó, al mirarlo noto que era un pendrive—. ¿Y esto?

    Es el maldito axioma que querían para su biblioteca. –el hombre solo pudo soltar un “oh” de sorpresa ante esa respuesta.

    —¿Qué te hizo cambiar de opinión?

    Un malnacido tuvo el descaro de robar estando yo presente, burlándose con los estúpidos poderes de su Pokémon y creyendo que sólo porque nadie lo veía no lo castigarían— una pérfida sonrisa se formó bajo su máscara. —Encontraré a ese bastardo, y haré que se arrepienta de sus actos.

    —Como tú digas —tomó el dispositivo y lo guardó en su bolsillo. —Iré a entregarlo. Pero te recomendaría que te relajes, no tienes buena cara.

    Estoy bien. El desvelo es algo con lo que he vivido desde niña, así que puedo mantenerme despierta mucho más.

    El guardia no se mostró convencido ante su respuesta.

    —Si estás bien no puedo decir más. Ahora eres parte de seguridad, ve a hacer una patrulla o a la sala de cámaras, no sé. Sólo mantente ocupada.

    Koiso lo vio salir de la puerta. Tenía razón, no lo había asimilado hasta ese momento, pero ahora era parte de la seguridad del edificio. Ahora tenía los recursos para encontrar a ese bastardo. El único detalle era que no tenía pistas más allá de que había tomado libros al azar, ni siquiera sabía si su atraco seria cosa de una vez o algo recurrente.

    Creo que iré a patrullar la biblioteca. Si tengo suerte, algún rumor habrá escuchado alguien entre tanta gente.

    Se había gastado la tarde dando vueltas en círculos en los intrincados pasillos buscando en las zonas donde recordó ver los destellos, pero no había pistas. Ni siquiera un mísero pelo que sirva de guía para dilucidar que especie de Pokémon lo estaba haciendo.

    El aletargamiento de su condición comenzaba a cobrarle factura. Necesitaba beber café o se desmoronaría nuevamente en los pasillos, y eso significaba tiempo perdido para buscar pistas. Recordó que había un puesto de guardia que separaba el segundo nivel donde guardaban los objetos y documentos importantes: con algo de suerte, quien estuviera de turno tendría algo de agua caliente.

    Disculpa, ¿eres el guardia a cargo? —se arrojó sobre la recepción.

    —¡Ah! Sí… —le contestó, sorprendido por la repentina aparición. —¿Usted es?

    Una superior —mostró el nuevo pase que le entregaron—. Por favor… dime que tienes… algo de café —habló entrecortada por repentinos ataques de somnolencia.

    —Esto… no se permiten bebidas, pero me han dado estos parches: deberían cumplir el mismo propósito —le acercó una caja.

    Cuando Koiso la vio no dudo en sacar todos y pegárselos a sus brazos sin pestañear.

    ¡Wow! No creo que sea sano usar una caja completa… —una voz femenina hizo presencia.

    ¿Y tú quién eres? Pensé que nadie tenía acceso a este nivel además del staff.

    Tranquila, no soy nadie raro. Soy Anansi, y he estado viniendo desde que gané la medalla hace unos días.

    ¿Es eso cierto? —se dirigió al portero.

    —Dice la verdad. Sólo a aquellos que ya han obtenido la medalla se les permite el acceso al segundo nivel de la biblioteca sin necesidad de ser funcionarios.

    Heh. ¿No has escuchado de alguien robando o visto luces raras por aquí en los últimos días?

    No que yo recuerde. ¿Sucedió algo?

    Alguien que entendió que “dominio público” significa “me lo puedo quedar”. Es todo, lamento la interrupción.

    Se despidió de ambos y se dirigió a la sala de cámaras. Con algo de suerte, algo se habría quedado registrado, aunque le tomara toda la noche ver cada cuadro de los vídeos.



    Lyses / 15 de abril

    Koiso no se había movido de la sala de cámaras desde la noche anterior revisando cada rincón que pudiera. No tenían cámaras en el primer nivel de la biblioteca por lo que debió monitorear las zonas aledañas.

    Como era de esperar de tan obsesiva misión, era imposible lograrla sola, así que volvió a utilizar los Porygon de la última vez para optimizar su trabajo. En la pantalla central se mostraban de forma acelerada las grabaciones de los últimos días a una velocidad pasmosa.

    Los otros guardias no decían una palabra, el único ruido que inundaba la habitación eran pitidos que provenían de los equipos y el continuo traqueteo de los dedos sobre la mesa de Koiso. Sin parar. Todo el tiempo. El sonido de las yemas de sus dedos chocando contra la superficie metálica del equipo donde apoyaba su mano derecha. Iban a enloquecer de seguir así hasta el final de su jornada, pero nadie replicaba porque en los ojos de esa mujer no se reflejaba devoción, sino obsesión. Sea quien haya sido el pobre diablo que la había molestado, estaba claro que cuando lo encontrara no recibiría solo un sermón.

    ¡En el nombre de Arceus, no hay nada! —exclamó, arrojando una taza que tenía en la mano contra la pared.

    Se sentó para poder calmarse y pensar de manera más racional. Sabía lo que había visto, no era una alucinación producto de la baja de cafeína. Pero no hallaba nada.

    Qué acceso público ni que nada. Asegurar tus posesiones es una prioridad que deberían de tener bien clara si guardan objetos de valor histórico.

    —Por lo que escucho, ese supuesto ladrón que viste no ha aparecido —el Jefe había venido a visitarla. Le preocupaba un poco su actuar ya que llevaba horas analizando grabaciones buscando a un supuesto ladrón de libros que nadie más que ella había visto.

    Vienes a burlarte de mí.

    —No, sólo te aviso que tu programa funciona de maravilla. Lo estamos usando para el inventario del segundo piso de la biblioteca. Tenemos muchos artefactos y documentos valiosos que si desaparecieran nos meteríamos en problemas, si todo sale bien mañana habremos terminado.

    Seguridad en el segundo, pero no en el primero. No me sorprende que alguien les robe en la noche.

    —Con tanto libro entrando y saliendo en el apartado público, unas copias menos son de esperarse.

    Koiso solo se limitó a bufar fastidiada por ese comentario. De seguro nadie entre toda esta gente había perdido algo de verdadero valor.



    Lyses / 16 de abril

    Nada. En ninguna grabación en ningún día había un maldito indicio de irregularidades. La irritación de Koiso parecía haber completado una especie de ciclo dejándola en un estado de calma mirando la pared. Algo se le estaba escapando. Ningún ladrón es perfecto, siempre hay una falla en el plan. Y le frustraba no haberlo hallado todavía.

    Haber acabado en ese estado ayudó que el ambiente de los miembros de seguridad se relajara lo bastante para que dejara su actitud huraña, aunque aún evitaban hacer contacto con ella a menos que sea necesario. Desconocían qué cargo tenia, pero el hecho de que estuviera tomando café la mayor parte del tiempo sin que el Jefe le llamara la atención marcaba la diferencia jerárquica.

    —¿Hay algo que debamos hacer? —un trabajador le intento hablar.

    Nada en especial, sigan en lo suyo. –contesto de forma amable.

    Una mueca de leve sorpresa se mostró en el trabajador mientras se retiraba, no esperaba esa reacción.

    —Koiso —el Jefe la saco del trance—. Puedes regodearte si quieres, pero tenías razón —ese comentario encendió la mente de la programadora.

    ¿Alguien lo vio? ¿El flash fue visto? ¿Hubo testigos? ¿Qué robo? —bombardeó con preguntas sin dudarlo.

    —Vamos paso a paso —le tomó de los hombros regresándola a su silla—. Sobre las tres primeras preguntas, la respuesta es no. En cuanto a la segunda, fue un libro de mitología titulado “En Búsqueda de la Leyenda Perdida”.

    ¿Mitología? Creí que eso estaba en el primer nivel. Te mofaste de que unas copias menos no eran problema.

    —Esto es distinto. Es una bitácora de hace años sobre los exploradores que descubrieron al pokémon Mew. Su valor histórico es inimaginable, no entendemos cómo pudieron sacarlo del segundo nivel sin que las cámaras o el guardia lo notaran.

    ¿Segundo nivel?

    —Sí. Como sabrás, solo los funcionarios y aquellos con la medalla pueden ingresar. Y que recuerde, nadie en esta maldita ciudad la tiene.

    Te equivocas —cierta mujer castaña vino a su mente—. Hay alguien.

    No dijo nada más. Se precipitó a la puerta sin decir palabra.

    —Recuerda que eres un guardia. No un policía.

    ¿Qué significa eso?

    —Un consejo para que no cometas locuras si le encuentras.

    Lo tendré en mente.

    Empujando a todo el mundo, salió corriendo a toda velocidad, ignorando las quejas de cuanta persona se cruzara. Llegó hasta el segundo nivel de la biblioteca dando todo de sí a su capacidad física.

    ¡Tú! —habló al portero—. La castaña de la medalla, ¿vino hoy?

    —Sí, se encuentra en el interior.

    Confirmado el hecho, entró con la sola intención de buscarla, y si le era posible daría una retribución apropiada por sus actos.

    El sitio estaba desierto, ya que sólo una persona se encontraba dentro. Para ser un sitio de documentos importantes, parecería que lo trataban más como almacén de museo. Pasaron unos minutos hasta que logró divisar a la mujer que se había presentado como Anansi. Y a sus pies, un Ralts. La castaña se agachó a su altura entregándole un libro para entonces desaparecer. Eso basto para confirmar sus sospechas, por lo que corrió donde ella mientras le gritaba.

    ¡Detente ahí! –debido a su repentino alzamiento de voz el sintetizador emitió un grito distorsionado.

    Anansi, sorprendida, se giró para ver a la enmascarada cargando contra ella, como no sabía que sucedía intento esquivarla, pero se tropezó con su propio vestido debido a su mala posición.

    Te tengo, maldita desgraciada. –Koiso la elevo del piso sujetando la zona del cuello de su prenda.

    Ya sabía yo que tantos parches eran malos para la salud. –comentó en risa fingida.

    Tú eres la ladrona. No trates de negarlo.

    ¿Ladrona? ¿Qué estás diciendo?

    No te servirá de nada engañarme, te vi entregarle un libro a ese Ralts.

    Oh… eso. Hay una muy buena explicación.

    Koiso arqueó una ceja a modo de duda.

    Verás, el Ralts no es mío: yo sólo lo encontré hace un par de días. Además, no necesito robar libros de aquí, si hubiera hecho eso no me hubiera molestado en conseguir la medalla. Puedes preguntarle al líder, ya que estuve toda una maldita semana asistiendo a su examen.

    El agarre se aligeró.

    ¿Entonces por qué le diste un libro?

    Era una recomendación de mi parte. El examen para la medalla es exagerado, y su dueño necesita toda la ayuda posible.

    Libre del agarre, Anansi estuvo a punto de volver al suelo, si no se hubiera afirmado en una mesa cercana. Koiso había tomado un gesto pensativo por la nueva información adquirida, un aspirante a la medalla. Ahora podía hacer una lista de sospechosos a los que revisar uno a uno hasta dar con el que tenga un Ralts.

    Souka.

    Ey, conozco esa palabra.

    Gracias por la información. De todas maneras, servirás de testigo: si te llamo, espero que te presentes.

    Lo que digas —cuando vio alejarse a aquella mujer, Anansi dijo una última cosa—. Casi lo olvido, dijo que regresaría todos los libros una vez lo aprueben. Así que intenta no ser tan violenta con la pequeña. Podrías partirle algo.

    Con los nuevos datos adquiridos se dispuso a dar media vuelta. Otra larga noche frente a las pantallas le esperaba.



    Lyses / 17 de abril

    Hoy era el día más importante. Por lo que sabía, el ladrón quería aprobar los exámenes. En cuanto apareciera alguien a regresar una buena cantidad de libros, lo aprehendería de inmediato. Sólo por esa razón había pedido reemplazar al portero usual que vigilaba la entrada.

    Había dejado a los Porygon encargarse de buscar entre los datos de todos los que se habían inscrito desde el día que se anunció la expedición, pues no era una tarea compleja y ellos la llevarían a cabo mejor que cualquiera de esos inútiles que no le creyeron.

    El tiempo pasó sin haber novedades. Al mirar su reloj supo que los exámenes del día habían acabado hace unos treinta minutos, pero nadie se había acercado. Utilizo su tablet para acceder a las cámaras del segundo nivel, sólo para contemplar pasillos vacíos. No hubo novedades hasta ya entrada la noche, cuando un ruido de algo desparramándose por el suelo hizo eco mientras exploraba los pasillos buscando al Ralts.

    Una enorme pila de libros se había generado de forma espontánea aplastando lo que se veía como una sábana. Dirigiéndose a revisarla de inmediato en caso de tener alguna estampado o marca que indicara su origen.

    En el nombre de Arceus, ¿por qué tenía que ser lisa? –soltó su queja al aire.

    Iba a dirigirse a ver las grabaciones para corroborar que haya sido el Ralts cuando recordó las últimas palabras de Anansi la tarde anterior.

    “Los iba a regresar si pasaba” —murmuró para sus adentros, y sonrió. Había exámenes cada día de la semana excepto el domingo, lo que significaba que hoy podría haber aprobado.

    Se dirigió al despacho de Sogia Frey para obtener la última pieza del rompecabezas que faltaba, los aprobados. Convenció a la secretaria que tenía que entregar un informe urgente. Ésta dio aviso y le indicó que podía pasar.

    Con permiso.

    No había dado más que unos pasos dentro de la oficina, pero podía apreciar por los decorados antiguos, estanterías de libros y una repisa con varios objetos curiosos que el hombre era alguien bastante culto.

    Adelante. –contesto Sogia de vuelta mientras la escudriñaba con la vista. –Hmm. Eres la informática que contratamos hace poco. ¿Qué se te ofrece?

    Ya debe de haber oído sobre los libros desaparecidos —fue directo al grano.

    Correcto, no me ha llegado ningún reporte sobre avances. ¿Tan mal está la situación?

    Al contrario. Necesitamos unos simples datos y tendremos al ladrón.

    Esas son buenas noticias —sonrió—. Si estás aquí, significa que es algo que solo yo te puedo contestar.

    Es como dice —afirmo—. ¿Me podría dar los datos de los aprobados de hoy?

    Estás de suerte. Sólo este chico aprobó. –abrió un cajón lleno de carpetas, movió sus dedos hasta sacar la correcta y la entrego.

    Koiso leyó el documento. Vega Sericci. Ese desgraciado tenía un nombre y un rostro, el cual se aseguraría grabar a fuego en su memoria. Su felicidad era tanta que no noto que su expresión había dejado entrever sus intenciones a Sogia.

    ¿Sucedió algo con él? —preguntó.

    Es el ladrón —declaró sin ápice de duda. —Mañana averiguaré donde se hospeda y lo haré confesar.

    ¿Cómo pretendes hacerlo? —Sogia cuestionó con recelo, algo no le cuadraba y decidió seguir el juego de la mujer frente a él.

    Eso no es importante. Con eso dicho me retiro.

    Estando solo nuevamente en la habitación Sogia, habló por su intercomunicador a su secretaria.

    Cancela mis citas de mañana: algo importante surgió. Y contácteme con el Jefe de Seguridad.



    Lyses / 18 de abril

    Tomó su tiempo unir las pistas para encontrar al culpable, pero el esfuerzo había valido la pena. Había encontrado el hotel donde se quedaba aquel bastardo y sólo le restaba hacerlo escupir sus crímenes a golpes si era necesario.

    Disculpe —entró a la recepción—. ¿Se encuentra Vega Sericci?

    El hombre tecleó un par de cosas en su computadora, se dio la vuelta para observar la zona de llaves y contestó.

    —Lo siento, el señor Sericci no está en estos momentos. Si gusta puede dejarle un mensaje de su parte.

    No es necesario —contestó, volviendo al exterior del edificio para sentarse en una banca. Si no estaba, sólo tenía que esperar que llegue.

    Fuera de su vista a solo unos metros de distancia, Sogia Frey la observaba a ella. Su instinto le clamaba que algo malo podía pasar si alguien no vigilaba el encuentro que habría entre esa chica y el entrenador que buscaba. Había tenido una charla con el Jefe de Seguridad sobre la personalidad de aquella mujer, y este le hizo notar que muy estable no se encontraba en cuanto a su mente. Llevaba varios días sin dormir, decía haber visto luces una noche, y su rostro clamaba paranoia por donde lo vieras. Por un lado, tenía razón con lo de que había alguien sacando libros sin autorización, pero por el otro, actuó de manera violenta con quien creyó por un minuto era el culpable. Eso bastaba para creer que debía estar en escena para evitar lo peor.

    El sol comenzó a ocultarse. La informática intentaba no alejarse del sitio demasiado en los lapsos que compraba algo para no morir de sed, debido al fuerte calor que había ese día. Cuando se encontró regresando de comprar su séptimo café helado, vio a su objetivo cruzar la calle hacia su hotel.

    ¡Alto ahí! –su grito distorsionado hizo al joven voltearse.

    Si unos sólidos brazos no hubieran detenido a Koiso como si se tratara de una niña, un puñetazo habría marcado la cara de aquel joven.

    ¡Sogia! ¿Qué haces aquí? –le recriminó.

    Evito que hagas una escena.

    Disculpa, ¿te referías a mí con ese grito? —Vega preguntó con aparente desconcierto, ya que al parecer algo tenía que ver con esa mujer o eso daba a entender el ambiente.

    ¡A quien más, maldito ladrón!

    Esas son palabras fuertes —declaró, fingiendo hacerse el dolido. Sin embargo, a Koiso no se le escapó la mirada de preocupación que cruzó sus ojos por un momento— ¿De qué se me culpa, si puedo saber?

    Eres quien ha estado robando los libros de la Torre de Lyses.

    ¿Y tienes alguna… prueba de lo que dices?

    Muestra tu equipo. Debes de tener un Ralts entre ellos.

    Aquel bastardo sonrió con tranquilidad. Sin hacer ningún movimiento brusco, liberó a un Quilava de su Pokéball.

    Este es mi único Pokémon, realmente.

    ¡Imposible! Debes de tener un Ralts. Tal vez no aquí, pero sí oculto de alguna forma.

    Por mucho que lo digas, la verdad es que no tengo uno.

    Chica, te voy a soltar. –Sogia se había unido a la discusión—. No hagas nada de lo que te arrepientas.

    Comprendo —aceptó a regañadientes.

    Me facilitas tu ID de entrenador. –Vega obedeció y se la entregó. Sogia sacó su teléfono, y tras lo que pareció un escaneo reviso sus datos. –Según esto es el único Pokémon que tiene: nada en caja o guarderías. No está mintiendo.

    Imposible. ¡Eso no es posible! ¡Yo sé lo que vi!

    También sé que estuviste a punto de romperle la nariz. Y aunque fuera el culpable, eso no importa ya: todos los libros regresaron a salvo. Fin de la discusión. Lamento las molestias, chico —se disculpó, para luego dirigirse a Koiso—. No creo que hayas estado en tus cabales, así que dejemos este tema por hoy. Solo déjalo en paz.

    Sogia se encamino lejos del hotel, habiendo ya solucionado lo que había venido a hacer.

    Tu nombre es Vega, ¿cierto? —Koiso se dirigió al entrenador—. No sé cómo lo hiciste, pero todo apunta que eres el culpable. Sogia y todo ese montón de idiotas pueden dejarlo pasar por alto, pero yo no.

    Miró con severidad a Vega, quien parecía sumamente confuso ante lo que ella le estaba diciendo. Sólo parecía.

    De alguna manera me uniré a esa expedición y me asegurare de demostrar que no eres más que una vil alimaña sedienta de tesoros, incapaz de comprender el dolor de la pérdida de algo que es atesorado.

    Avanzó un poco, ya que Sogia le llamaba para asegurarse que no haría nada contra Vega. Koiso lo apuntó con un dedo amenazador antes de irse.

    Y más te vale recordar mi rostro, porque yo me asegurare de recordar el tuyo. Porque cuando al fin te tenga entre la espada y la pared, ese golpe que evitó Sogia será el menor de tus males.

    Merinare Ahora si, paz entre los mundos...
    Kiwi The Worst Sister is here... and Sogia...
     
    Última edición: 20 Enero 2019 a las 5:23 AM
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