One-shot de Pokémon - Enero - Alexis

Tema en 'Fanfics Terminados Pokémon' iniciado por Merinare, 7 Enero 2019.

  1.  
    Merinare

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    Enero - Alexis
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1203

    Enero - Alexis


    Parece que mi participación en las actividades mensuales van a ser skits sobre el famoso colectivo. Oh bueno, que se le va a hacer. Enero se supone que tenía que ser "nuevo inicio", así que creo que encaja bastante bien.

    “Y si giras la cabeza un poco hacia la derecha, verás cómo se forma una flor.”

    El firmamento se extendía en todo su esplendor frente a sus ojos. A pesar de estar sentada en el borde de la terraza, con sus pies balanceándose a decenas de metros de altura del suelo, no parecía preocuparse por ello en lo más mínimo. Quizás porque sabía que no iba a caerse. Quizás porque en el fondo de subconsciente entendía que no era más que un sueño.

    “No veo nada”, protestaba sacudiendo la cabeza en varias direcciones. “Estás jugando conmigo otra vez, ¿verdad?”

    “¡Jamás sería capaz!”, replicó este, pretendiendo hacerse el ofendido. “Quizás es porque tienes que acercarte un poco más hacia aquí

    Haciendo énfasis en la última palabra, aquel chico de pelo negro tiró de su brazo con firmeza, atrayéndola hacia sí y dejando que su cabeza descansara sobre su hombro izquierdo. Seguía sin ver nada. Luego de unos segundos en silencio, se apartó nuevamente, sintiéndose un tanto culpable.

    La mirada de aquel que lo acompañaba se desvió durante un instante en un gesto de decepción casi imperceptible, antes de sonreírle de vuelta como si nada hubiera pasado. Pero años de capacitación la habían entrenado para no dejar que ni una mosca pasara sin que ella se diera cuenta.

    No puedes dejarlo ir, ¿verdad?

    Sabía de quién estaba hablando, por más que nunca hubiera hablado de ello con nadie. Ese chico solamente existía en su imaginación, y nadie estaba en esa terraza más que ella misma y sus pensamientos. Solamente recordarlo le generaba una presión horrible en el pecho. Noches y noches de llorar su pérdida, de levantarse cada mañana y mantener las apariencias en la guardia cuando lo único que quería era esconderse bajo las sábanas todo el día. Romper todo lo que estuviera a su alcance en un arrebato de impotencia frente a la injusticia de aquel mundo.

    Lentamente olvidar su voz. Su fragancia. Su sonrisa. Su mirada.

    Una mano pasaba por su cabeza, entrelazando sus dedos en su pelo mientras descendía lentamente por su larga cabellera. Sintiendo un cosquilleo electrizante en la coronilla, tan reconfortante como lo eran sus caricias.

    “No puedes ir a ningún lado si sigues mirando hacia el pasado.”

    “Lo sé.”

    Era estúpido pensar lo contrario. Y ella misma se lo estaba diciendo a través de ese chico.

    “Eventualmente tienes que dar un paso hacia adelante.

    “¡No es tan fácil, mierda! ¡Y tú tambien lo sabes!

    Y entraba en negación otra vez. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que haberse ido sin más? ¿Por qué la había dejado sola en este mundo sin ninguna explicación? No sabía la causa por la cual el mundo se lo había arrebatado. Y no iba a dejarlo ir hasta que lo descubriera. Sacudiendo la cabeza, su acompañante se puso de pie. Y extendió un brazo hacia abajo en su dirección.

    Una sonrisa cargada de picardía se dibujaba en su rostro, invitándola a tomarlo de la mano.

    “Yo podría ayudarte con eso.”

    Sus dedos no temblaban. Su mirada estaba cubierta de presunción, como si estuviera observando a una niña caprichosa que no quería levantarse del suelo. ¡Quién se creía que era! Lo atrapó de la muñeca con expresión desafiante, y empujó con más fuerza de la necesaria para ponerse de pie y encontrarse a su altura. Con una caída de treinta metros al frente suya.

    “¿Tienes miedo?”

    “Ya sé que esto es un sueño. ¿Por qué debería estar asustada?”

    Su sonrisa se acentuó aún más. Parecía estar disfrutando de sobremanera toda aquella conversación.

    “Si eres tan valiente entonces, no es necesario que demos un paso. ¡Demos un salto, capitana!”

    No lo dudó un instante. Sujetándola firmemente y sin ninguna oportunidad de zafarse, saltó con los brazos abiertos al vacío, como quien se lanza a una piscina de verano en un día caluroso. Arrastrándola hacia las losas multicolores de la Plaza del Sol, que se hacían cada vez más grandes a medida que se acercaba.

    No era un sueño. ¡No era un sueño! ¡NO ERA UN SUEÑO!

    Estaba a punto de estrellarse contra el piso a toda velocidad.

    Se cubrió instintivamente con los brazos antes del golpe.

    La estúpida risa de aquel chico resonando en sus oídos.



    —¡Aaah! —gritó finalmente, con el corazón latiéndole violentamente en el pecho.

    Tardó varios segundos en tranquilizarse y que su respiración volviera a la normalidad. Sus ojos comenzaron a acostumbrarse a la oscuridad de la noche. Se estiró para encender la lámpara de su mesita de noche, y la tenue luz iluminó su habitación.

    Apostada contra la ventana, una lujosa cómoda ornamentada reflejaba los destellos de la luz en sus brillantes decoraciones. Y encima de aquel mueble, un florero de vidrio transparente sostenía una única flor azulada. A juzgar por el silencio que había en la ciudad, eran altas horas de la madrugada.

    —Maldito niño… —musitó, para darse vuelta y cerrar los ojos otra vez.

    .

    .

    .

    “Realmente me hiciste volver aquí para verla dormir. Santo cielo, de todos los entrenadores que hay en el mundo, tenía que tocarme el acosador.”

    Una Ralts miraba con actitud molesta a su entrenador, que sonreía abiertamente a la fachada opuesta del edificio en el que se encontraba, apoyado sobre el balcón como si se tratara de su propia casa.

    —¡Mira, mira! —susurró, señalando uno de los cristales cerca de él—. Te dije que se quedaría con la flor. No me importa lo que digas, Ren. ¡Has perdido!

    “Como tú digas, Vega. ¿Podemos irnos ya?”, protestó sentada temerariamente de brazos y piernas cruzadas en el alféizar de la ventana, sin miedo alguno a caerse al vacío.

    —Sí, volvamos a casa. Pero recuerda que la próxima vez que pidamos helado, el sabor lo elijo yo.

    "¡Tus gustos son horribles! ¡Y siempre los has elegido tú antes!"


    —No es mi culpa que recién ahora te hayas decidido a hablar. Pero si ganas la próxima apuesta, te dejaré elegir uno que más prefieras.

    Su Ralts se puso de pie inmediatamente, con un brillo renovado en los ojos y los puños cerrados en una expresión de determinación. Después de tantas semanas, por fin iba a tener una noche divertida.

    ¿A dónde más quieres ir?
     
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