Fantasía Hadas en el palacio de Baroeri

Tema en 'Relatos' iniciado por Ruki V, 23 Marzo 2020.

  1.  
    Ruki V

    Ruki V Usuario común

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    Escritora
    Título:
    Hadas en el palacio de Baroeri
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2270

    Dentro de la ciudad Baroeri, capital del reino Namayensto, se anulaba toda la magia.

    Siempre habías escuchado que las hadas no eran bienvenidas en la infame Baroeri, pero un día te diste cuenta de que esa era la versión “amable” de la historia que contaban las hadas mayores para mantenerte a ti y a las demás niñas y niños hada completamente alejados. No querían que sintieran ni un poco de curiosidad por los humanos de la capital. La leyenda era que encerraban a las hadas y nunca las volvían a dejar ver la luz del día.

    Pero descubriste que era peor.

    Ahí estabas, encadenada de manos y pies, con cadenas que eran sostenidas por miembros de la guardia real, arrastrándote hasta los pies del rey de Namayensto. Sus guardias te habían jalado de tus alas, habían roto tu vestido, te habían obligado a revolcarte en la tierra mientras luchabas por tu libertad. Pero mantenías tu mirada firme y llena de fiereza; no te permitirías llorar o mostrarte débil, sin importar cuánto intentaran doblegarte.

    —Vaya, vaya— el rey se rió en tu cara tan pronto te tuvo a unos cuantos metros. —Creo que es la primera vez en años que llegan al castillo dos bellas hadas en una sola semana.

    —¿Dónde tienes a la otra?— exigiste saber, apenas levantando tu mirada hacia el rey.

    —El que hace las preguntas aquí soy yo. Así que será mejor que me hables de “usted”.

    Tras decir eso, el rey hizo una seña que indicó a los hombres que sostenían tus cadenas que se colocaran detrás de ti y las jalaran fuertemente de modo que te obligaran a estirar tus brazos tras tu espalda. No pudiste evitar dejar oír un pequeño alarido de dolor, a la vez que naturalmente echar la cabeza ligeramente para atrás. El rey sonrió engreído y se puso de pie, mirándote aún desde su trono, escalonado de modo que pudiera verte hacia abajo.

    —Así me gustan más: sumisas.

    —¿Dónde… está la otra… hada?

    —Ya te dije que yo hago las preguntas— dice tomándote el rostro por la barbilla, a lo que tú respondes logrando morderle la mano, sacándole un quejido. —Tanta insolencia…

    Iba a golpearte, y estabas más que lista para recibir ese golpe. No te rendirías tan fácil.

    —¡Padre!— escuchaste a una voz masculina entrar por detrás de ti a la habitación.

    —¡Príncipe Kaleb!— exclamó uno de los guardias.

    —¡No se acerque, alteza! Esta hada es hostil— añadió el otro.

    Querías aprovechar el momento para tratar de liberarte de tus cadenas, pero todo lo que conseguiste fue voltear tu cuerpo hacia la puerta. Y fue cuando tus ojos se encontraron con los del príncipe. No dedicaste mucho tiempo a preguntarte por qué te observaba con ojos tan sorprendidos, porque preferiste asegurarte de transmitirle odio puro a través de los tuyos. Él corrigió su postura y se dirigió al rey desde donde estaba, con una voz firme.

    —Rey Chaunceler, suplico me conceda el honor de convertir a esta hada en mi concubina.

    —Querido hijo, me sorprendes y me enorgulleces— el rey sonrió. —Sabía que le tomarías cariño a la idea de la poligamia. Aunque… no sé si podrías manejar un hada así de hostil.

    —Me gustaría decir que me vas enseñando bien a reinar y mandar a los sirvientes, padre.

    Temblaste de rabia, e intentaste con todas las fuerzas que tenías lanzarte hacia el príncipe para estrangularlo, pero los guardias la tenían bien sujetas. El príncipe ni se inmutó, y el rey empezó a aplaudir lentamente, riendo de una forma un tanto maniática. Escuchaste que dijo algo, pero no pudiste entender bien qué, pues inmediatamente empezaron a jalar de tus pesadas y ruidosas cadenas para llevarte a otro lado, a lo que opusiste resistencia.

    Pero empezaste a pensar que tal vez habías fallado en tu misión, y jamás volverías a casa.

    Los guardias te llevaron a lo que supusiste que era el cuarto del príncipe, en donde por fin te soltaron antes de encerrarte dentro. En realidad ya no tenías las fuerzas ni siquiera para luchar por abrir la puerta, librarte de las esposas, ni elevarte un centímetro del suelo. Las pesas que mantenían tus pies en el suelo y el dolor de tus alas también te hicieron sentir derrotada emocionalmente. Una jaula de oro seguía siendo una jaula, y eso no era lo peor.

    “Mi querida hermana Bekki… lo siento… no te pude salvar, ni encontrarte…”

    Te ibas a dejar vencer por las lágrimas, cuando el príncipe entró al cuarto por otra puerta.

    —¿Estás bien?— te preguntó, acercándose lentamente hasta ti.

    —N-no— te aclaraste la garganta; aún no querías dejarte doblegar. —No me toques.

    —Bien, no lo haré. Pero tal vez deberías dejar que te vea un doctor si estás herida…

    —No quiero que nadie me toque— aclaraste, con voz firme aunque él detuvo pasos.

    —Vaya— él sonrió. —Tienes mucha más agallas de las que me advirtió ella…

    Te quedaste inmóvil y sin palabras, una vez más. Procesaste lo que dijo el príncipe.

    —¿Ella?— dijiste con los ojos llenas de lágrimas. —¿A-acaso quieres decir…?

    Antes de terminar de formular tu pregunta, detrás del príncipe entró otra hada que era casi idéntica a ti, pero más bajita, con el cabello más corto, y que en esos momentos iba vestida con una lehenga enjoyada casi digna de una princesa de aquella región hindú. Lucía casi tanto o más impactada que tú, con sus ojos inmediatamente desbordándose de lágrimas mientras vuela hasta llegar a ti para estrecharte con fuerza entre sus brazos.

    —¡Sayaka!— exclamó ella, entre lágrimas. —¡No puedo creer que hayas venido!

    —Bekki…— reaccionaste, varios segundos después, las lágrimas también venciéndote.

    —Lo siento mucho— dijo ella tomando tu rostro entre sus manos. —Todo es mi culpa.

    —Estás viva…— fue tu respuesta. —Con tus alas enteras… no se te ven heridas…

    —Perdóname. Me pediste que peleara y no lo hice… Pero sí, he estado a salvo.

    Tu hermanita Bekki volteó a mirar al príncipe y tú volviste a quedar estupefacta. ¿Con solo voltearlo a ver quería transmitirte que él la ayudó? Te parecía inaudito. Y podías ver en la sonrisa inquieta del príncipe que se daba una idea de en lo que estabas pensando. No le tenías confianza, y no se la iba a ganar por ponerte a tu adorada hermana en frente, sin ningún rasguño aparente. Abrazaste a Bekki y volviste a mirar al príncipe con sumo odio.

    —Si te has atrevido a ponerle mano encima, Kaleb, te juro que…— empezaste a amenazar.

    —Oh— se rió. —Lo siento, me ha tomado por sorpresa oírte decir mi nombre; temía que sólo te refirieras a mí por medio de insultos…— dijo con un leve sonrojo.

    —Sayaka, mírame— dijo volviendo a hacer que la miraras a los ojos. —Él me salvó.

    —No, Bekki— te pusiste de pie. —Si su intención era salvarte, ambas estaríamos en casa.

    —A-ah, pero, va-vamos— Kaleb se quiso defender. —Prometo que de haber sido capaz de hacerlo, jamás habría dejado que las capturaran en primer lugar. No depende de mí que…

    —Príncipe Kaleb, no se preocupe— Bekki trató de tranquilizarlo.

    —Alto ahí, Bekki— te enfadaste. —En primer lugar, ¿lo llamas “príncipe Kaleb” y le hablas de usted?— preguntaste a tu hermana y luego volteaste hacia Kaleb. —Y tú, ¿te haces llamar un príncipe y no tienes voz ni voto sobre las injusticias que suceden en tu reino?

    —Sayaka…— obviamente notó en tu mirada fulminante que no te hacía gracia escuchar su nombre provenir de sus labios. Suspiró. —Mira, es complicado de explicar. La verdad…

    —Hermana— Bekki intervino. —Desde que pisé Baroeri estaba destinada a no volver.

    —¿Y ahora vas a decirme… por qué decidiste venir hasta aquí en primer lugar?

    Bekki se quedó callada, mirando al suelo, mientras tú llorabas en silencio con confusión.

    —Deberías saberlo— dijo Kaleb, obligándote a voltear a verlo. —Vino hasta aquí por ti.

    —¿Por mí?

    —Príncipe Kaleb…— Bekki quiso hablar, pero él le pidió continuar solo con una sonrisa.

    —La leyenda es que en Baroeri encerramos a las hadas y nunca las dejamos volver a ver la luz del día. Pero es peor que eso. Dependiendo de las manos en las que caigan, o en los crímenes de los que se les acuse, las hadas están destinadas a ser torturadas de una forma lenta y meticulosa, manteniéndolas vivas el mayor tiempo posible. O bien, son convertidas en concubinas, y se les brindan lujos como de princesa…— termina señalando a Bekki.

    —Pero… ¿cómo tiene eso que ver con que vinieras aquí por mí?— volteaste a verla.

    Bekki se puso de pie para tomar una de tus manos, apretándola entre las suyas.

    —Los lujos de los que habla el príncipe incluyen el mejor cuidado de salud posible.

    Tus ojos se abrieron como platos y empezaron a desbordarse de lágrimas de nuevo. Bekki lo había planeado absolutamente todo: de algún modo se había enterado de que si era capaz de llegar hasta el palacio, tenía grandes posibilidades de recibir buen trato y de lograr que entraras de forma más segura a Baroeri para que trataran tu enfermedad. Pero era un plan a largo plazo, y eso si es que la suerte le sonreía. En parte, te puso furiosa.

    —Pudiste habérmelo dicho…— reclamaste.

    —No pude. Porque habrías insistido en venir tú misma.

    —¿De verdad no contabas con que vendría por ti de todas formas?

    —No deberías haberlo hecho; no sabiendo que tu salud se deteriora.

    —¡¿Y cómo se supone que me importe mi salud si no tengo a mi única familia conmigo?!

    Te llevaste las manos al rostro conforme más y más lágrimas bajaban por tus mejillas. No podías detenerte; terminaste cayendo de vuelta al suelo de rodillas, cansada y derrotada.

    Bekki volvió a agacharse a abrazarte contra su pecho, dejándote llorar, murmurándote de vez en vez que lo sentía, y que te amaba. Siempre pensaste que eso era lo único que en verdad necesitabas; estar con ella hasta el final de tus días. Pero entonces te diste cuenta de algo que tu hermana probablemente no se atrevía a decir: el día en que tú fallecieras, ella también se iba a quedar sin su única familia. Por lo tanto, debió haber deducido que tenía más oportunidades de ganar y menos qué perder si se atrevía a llevar a cabo su plan. Te aferraste a sus bellas ropas y dejaste fluir tu llanto, mientras Bekki acariciaba tu cabello y te consolaba. Mientras tanto, el príncipe Kaleb estaba pensativo a metros de distancia.

    Hasta que decidió que podía ser lo suficientemente silencioso para ir y desencadenarte.

    Te sorprendiste al dejar de sentir el peso de las cadenas tanto en tus muñecas como en tus tobillos. Bekki se apartó para sonreírte, y Kaleb se apartó para que no te enfadaras de inmediato con él por haberse acercado tanto a ti. Tallaste tus ojos y secaste las lágrimas que quedaban aún en tus mejillas, suspirando. Fue hasta entonces que volteaste a ver a Kaleb a los ojos, por primera vez sin tratar de matarlo con solo verlo. Buscabas respuestas.

    —Sayaka— probó a decir tu nombre de nuevo, y tu mirada no cambió. —Tu hermana no me dejaría mentirte, así que te doy mi palabra que nunca ha sido mi intención portarme de manera inapropiada con ella. Ni es mi intención contigo, tampoco. Todo lo que quería era salvarlas de mi padre. Y ahora que están reunidas tú y Bekki… las invito a quedarse.

    —¿Quedarnos?— preguntaste, atónita, intercalando tu vista entre Kaleb y Bekki.

    —Si sólo se necesitan la una a la otra, y necesitas ayuda para cuidar de tu salud, aquí en el palacio es el mejor lugar en el que pueden estar. Y todo lo que tienen que hacer es fingir que de verdad son mis concubinas, sin verse obligadas nunca a nada más que eso.

    —¿Cómo podría saber que no eres más que otro humano cruel y mentiroso?

    —Me ofende que de verdad me creas tan psicópata como para idear un plan para reunir a dos hermanas hada solo para acabar abusando de ustedes. Vamos, Bekki confió en mí.

    Tuviste que detenerte a pensarlo, volteando a mirar a Bekki, quien te dedicó una pequeña sonrisa. Parecía ser que entre hermanas se entendían, incluso sin palabras, conversando con sus miradas. Bekki te suplicaba en silencio que consideraras la oferta del príncipe y que confiaras en él; y no pudiste evitar pensar que, si Kaleb cumplía con su palabra, no sólo estaba asegurada de forma permanente tu salud y seguridad, sino la de tu hermana.

    —Nunca…— empezaste a decir, pero te detuviste un momento a pensarlo mejor. —Nunca te pediría nada además de que sigas cuidando a mi hermana como has hecho hasta ahora.

    —Sé a qué te refieres— Kaleb se permitió sonreír. —Pero, tampoco tienes que reusarte a todo lo que te ofrezca, ¿sí? Empezando por un baño y una lehenga para que te vistas.

    —Estaremos bien— dijo Bekki antes de ponerse de pie e invitarte a hacer lo mismo. —Y en el futuro, no seremos las únicas hadas que estén 100% seguras dentro de Baroeri.

    Te sorprendiste un poco de escuchar eso último, y no pudiste evitar volver a mirar a Kaleb, quien sonrió antes de empezar a alejarse para salir de la habitación y dejarlas solas. Te tomó un segundo pero entonces lo entendiste: el futuro rey de Namayensto quería salvar a dos inocentes hadas que habían caído en las manos del actual dictador, enemigo de tu especie. ¿De verdad era tan sorprendente que quisiera ayudar a las hadas en el futuro?

    Por primera vez en días, a solas con Bekki, pudiste sonreír tras un gran suspiro de alivio.


     
    Última edición: 23 Marzo 2020
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    creo que ahí debería decir "vino", aunque fue el único detalle ortográfico que noté, aparte que seguramente fue un dedaso.

    Ahora si, me a parecido un relato con una conclusión sumamente linda, es una alegría que lar hermanas hayan logrado volver a reunirse y que al final el príncipe nunca les quiso hacer nada malo, aunque más o menos me lo veía venir desde que salió, lo más probable es que no sea un trabajo fácil del todo, pues lo más probable es que gran parte de la población este acostumbrada a hacer tales actos, lo que sería difícil cambiar, pero de seguro tiene la determinación suficiente para hacerlo.

    Aparte, siento que lograste darles a las hermanas una personalidad bastante únicas, haciéndolas sentir bastante reales a mi parecer.

    Por último, la narración estuvo bastante linda y en ningún momento se sintió cortada.

    Eso sería todo :3, buen escrito.
     
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    El lado mas oscuro de un cuento de hadas. A pesar de ser un mal reino para caer siendo hada, tiene a un príncipe que iría en contra de su padre solo para protegerlas. :<3: Me encanta.
     
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