Colección Come on and collect us from the night [Multirol]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Yáahl, 16 Octubre 2021.

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  1. Threadmarks: I. The Vulture | Introducción al mazo
     
    Yáahl

    Yáahl Equipo administrativo Comentarista empedernido Death Penalty Erode

    Leo
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    Escritora
    Título:
    Come on and collect us from the night [Multirol]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    5
     
    Palabras:
    4645
    Es posible que esto se publique mucho mucho después de que haya hecho este primer bosquejo, este que explica cómo funcionará esta nueva colección que me sacaré de la manga como me saqué The Alchemist y poco o nada diferenciará una de la otra más que un capricho personal. Quizás sea donde lance todos los fics donde quiera profundizar en ciertos personajes, mierdas de background, cosas un poco más oscuras, quizás no, ya veremos sobre la marcha.

    Quizás sea mi forma de intentar regresar a The Alchemist el objetivo que tenía originalmente, que era cruzar cartas. Vete a saber, de nuevo, lo aprenderé en el camino, estoy dispuesta a descubrirlo en el proceso.


    Estas colecciones, estos escritos, estos personajes y sobre todo, estos mazos de cartas, han sido mis válvulas de escape desde que el mundo se fue todavía más al traste y volví a perder la capacidad de ver colores en el mundo. He volcado en ellos mis frustraciones, el ruido de mi cabeza, ese que me ha acompañado desde muy pequeña, me ha permitido clasificar y seguir clasificando como una loca, para entender, controlar y reducir mi propio miedo quizás.

    La primera lectura de cartas que hice con este mazo (mi primera lectura de cartas en general, porque no me atrevo a hacer una con el tarot aún) enlazó este nuevo proyecto a una cuestión de creatividad y autodescubrimiento, de redirección emocional, cosa que me parece muy acertada. Espero que cumpla su función y algún día, quizás, que me sirva de guía para un proyecto aún más ambicioso.

    En mi cumpleaños anterior recibí posiblemente el regalo que más ha encajado con mi personalidad en toda mi maldita vida. Mi novio apareció con una bolsa rosa un poquito maltrecha por el viaje en mochila y en ella estaba nada más y nada menos que un kit, The Wild Unknown: Animal Spirit Guidebook de Kim Krans. No había escuchado de esta cosa en mi vida, pero el empaque brillaba con todos los tonos visibles por el ojo humano en la onda de luz, la jodida cosa esta era holográfica, y me atrapó por el ojo antes de siquiera abrirla, porque se sabe aquí y en la China cómo me dejo llevar por la estética de las cosas. Sabrán disculparme, I’m just a Four.

    Al liberarla de su empaque holográfico queda una caja blanca, en su interior trae el libro de guía y, claro, el mazo de cartas. Está ilustrado de una forma preciosa, imperfecta a su manera y llena de chispazos de color, manchas de pintura que resaltan entre el blanco y el negro. Me hablaron, me susurraron al oído un montón de cosas incomprensibles y todo lo que supe en el momento fue cuál sería su función.

    Este mazo de animales espirituales, que es lo que es, funciona de manera muy parecida al tarot o cualquier mazo de cartas. Está dividido en cinco elementos: Tierra, Agua, Fuego, Aire y Espíritu/Éter. Los cinco que conforman el universo, toda la existencia.

    Las criaturas mitológicas que engloba el Espíritu (siete, asociadas a los chakras) vienen a tomar el lugar de los Arcanos Mayores del Tarot, esa suerte de arquetipos principales. El resto de elementos, los cuatro de toda la vida, vendrían a hacer las veces del resto de palos (espadas, copas, monedas y bastos en el tarot; espadas, tréboles, corazones y diamantes en el mazo de casino).

    En esta colección haré una primera distinción a partir de eso, una que me sirve infinitamente por las asociaciones elementales que me han visto hacer en los roles. Más allá de la asociación de animales, cada personaje o interacción entre personajes (porque no sé si usaré las cartas individualmente o no todavía) estará asociada a uno o varios elementos, que vendrán dados por el animal que tome.

    Una segunda distinción se hará por las lecturas disponibles dentro del libro, las cartas pueden aparecer balanceadas o fuera de balance (como las cartas invertidas del tarot o las formas no sanas de los eneatipos).

    Una tercera entre superpredadores, depredadores, carroñeros, presas y las criaturas del éter, dado que los primeros son aquellos animales que no tienen el temor a ser objetivo de algún otro, es decir, criaturas sin otros depredadores naturales. Los últimos, por su parte, son seres de otro plano.

    Contrario a como pasó con el tarot, aquí no asignaré personajes a cartas de forma permanente, sino que tomaré las cartas para el personaje que sea en cuanto las necesite. Sí, hay cartas que por rebote asocio mucho más a ciertos niños (cuervo/pantera para Altan, fénix para Shiori, conejo para Jez, mariposa/lobo para Cay, tigre para Anna, etc), pero eso no implicará que no las pueda usar para otros.

    La estructura vendría a ser entonces:

    Aire | Agua | Fuego | Tierra | Espíritu (Símbolo)
    Canción
    [Número de capítulo]
    Animal/Criatura [Carta]
    Apex Predator | Predator | Scavenger | Prey
    Balanced | Out of Balance
    Posibles significados

    Cuando aparezca una de las criaturas del Espíritu, del éter, aparecerá una cuarta distinción dada por el mazo mismo. Esa es a cuál chakra está asociada esa carta en específico, y desaparecerá la segunda distinción de balanceada o fuera de balance por la naturaleza de estas siete cartas, además de la tercera.

    Resultaría en:


    Espíritu
    Canción
    [Número de capítulo]
    Criatura [Carta]
    From the Ether
    Posibles significados
    Nota: Este primer capítulo es canon para la tarde del día 13 de Gakkou. Un fic viejo que tenía pendiente.

    Seguro en el futuro le cambio el prefijo a explícito como tuve que hacer con The Alchemist, igual iré añadiendo tags conforme sume personajes, de momento Al salió sorteado como siempre para iniciar mis idas de olla.

    Dicho eso, procedo a dejar una breve introducción de cada elemento.




    Elements


    Earth
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    Criaturas del campo y el bosque

    • Representan nuestra relación con los miedos y los hábitos. Los animales asociados a la tierra son en general centrados, dependientes y solidarios; pero precisamente por dicha naturaleza pueden enfocarse en la rutina y se atascan únicamente en su forma de hacer las cosas.

      Estas cartas suelen indicar la tendencia a mantenerse en el plano de lo material, de forma que las preocupaciones prácticas (dinero, hogar, trabajo y familia) suelen ser prioritarias y no dejan espacio a mucho más.


    • ♦ Oso.
      ♦ Gusano de tierra.
      ♦ Ratón.
      ♦ Conejo.
      ♦ Mapache.
      ♦ Zorro.
      ♦ Serpiente.
      ♦ Bisonte.
      ♦ Oveja.
      ♦ Ciervo canadiense (elk)
      ♦ Ciervo (deer)
      ♦ Lobo.
      ♦ Araña.
      ♦ Caballo.



    Water
    [​IMG]
    Criaturas de los océanos, ríos y lagos


    • Estos animales representan nuestro mundo emocional y nuestra habilidad expresiva. Se asocian a las relaciones, al amor, los límites y la creatividad, nuestra “corriente” por decir algo. Suelen indicar una tendencia a las artes o la belleza en sí misma.

      Aún así, el agua también se derrama, también es capaz de hacer un desastre. Es destructiva a su propia manera.



    • ♦ Cocodrilo.
      ♦ Mantarraya.
      ♦ Pez.
      ♦ Estrella de mar.
      ♦ Pulpo.
      ♦ Castor.
      ♦ Almeja.
      ♦ Tortuga.
      ♦ Rana.
      ♦ Nutria.
      ♦ Tiburón.
      ♦ Cisne.
      ♦ Delfín.
      ♦ Ballena.



    Fire
    [​IMG]
    Criaturas del desierto y los pastizales


    • El elemento que asociamos todos a la destrucción, la volatilidad y quizás el capricho, cuando la realidad es que el fuego nos orienta al cambio. Representa el ego, claro, pero también nos reta a superarnos a nosotros mismos, a transformarnos en nuestras mejores versiones.

      No es raro que estas cartas aparezcan cuando hay incomodidades o conflictos de alguna clase, pero son un recordatorio de que también se acerca el crecimiento. Después de todo solo el fuego hace retroceder la oscuridad.



    • ♦ Hormiga de fuego/hormiga colorada.
      ♦ Hiena.
      ♦ Escorpión.
      ♦ Lagarto.
      ♦ Pantera (jaguar/leopardo negro).
      ♦ Tarántula.
      ♦ Camello.
      ♦ Gacela.
      ♦ Guepardo.
      ♦ Tigre.
      ♦ Cobra.
      ♦ Cebra
      ♦ León.
      ♦ Elefante.



    Air
    [​IMG]
    Criaturas del cielo


    • Se piensa que estos animales en particular tienen la habilidad de ver más que otros, volviéndolos poderosamente perceptivos. Adoran el movimiento y la libertad podríamos decir, pero se mueven a tal velocidad que en algunas ocasiones se quedan sin cimientos y tomar decisiones les cuesta horrores.

      Algunos dirían que viven más en la cabeza que en el cuerpo y a veces necesitan reconectarse con su plano físico. En el aire hay una clara ausencia de tierra.



    • ♦ Polilla.
      ♦ Mariposa.
      ♦ Murciélago.
      ♦ Luciérnaga.
      ♦ Abeja.
      ♦ Colibrí.
      ♦ Buitre.
      ♦ Cuervo.
      ♦ Lechuza.
      ♦ Libélula.
      ♦ Ruiseñor.
      ♦ Pavo real.
      ♦ Halcón.
      ♦ Águila.



    Spirit
    [​IMG]
    Criaturas del éter


    • No viven en la Tierra que conocemos, son habitantes de otra dimensión superior si se quiere, el conocido éter cósmico. Estas siete criaturas representan desafíos o despertares y están asociadas a los siete chakras.

      Son guardianes venidos de otro plano, son observadores y protectores, y aparecen para indicarnos que a pesar de las dificultades estamos en el lugar indicado.



    • ♦ Fénix (primer chakra).
      ♦ Serpiente marina (segundo chakra).
      ♦ Dragón (tercer chakra).
      ♦ Huevo Dorado (cuarto chakra).
      ♦ Huevo Negro (quinto chakra).
      ♦ Unicornio (sexto chakra).
      ♦ Huevo Cósmico (séptimo chakra).






    [​IMG]

    and my face is streaming blood as well
    soon as I had spoken like some demon woken
    now my nose is broken, what the hell?
    .
    the gun was hot
    crazy kind of rage within his eyes
    taking over
    .
    I thought I was dreaming, there were sirens screaming
    and my friends were leaving me to die

    I
    [​IMG]
    The Vulture
    | Scavenger |

    BALANCED
    . Purification . Undervalue . Purge .


    | Altan Sonnen |







    El regreso a casa lo hice en coche, la vida no me daba ya para regresar en tren pero ni de coña. Estaba tranquilo, algo así, pero me pesaba el cuerpo entero, era como si me hubiesen puesto concreto encima y si no me caía de cansancio era un milagro. En gran parte debía ser por las medicinas de Minami, pero ni modo.

    En Chiyoda parecía que había llovido un rato, la calle estaba mojada pero el cielo se estaba despejando y dejaba ver las últimas luces del atardecer, cálidas. Al menos no iba a llegar a recibir un sermón con el cielo cayéndose, lo que era un poco menos desastroso.

    Cuando llegué a casa luego del almuerzo en el invernadero con Anna, fue abrir la puerta y que me recibiera la cara de mi madre. El cabello castaño le enmarcaba el rostro, en general bastante afable, que ahora estaba cruzado por la expresión absoluta de la furia que era capaz de correrle por el cuerpo. Me miró desde abajo, brazos cruzados bajo el pecho, y maldijo en italiano en tropel antes de decir nada más.

    —Haz el favor de pasar, Altan —soltó entonces, seria hasta decir basta.

    Solo escucharla hablar en japonés me lanzó una cubeta de agua helada por la espina dorsal, me provocó un escalofrío y sentí que lo más inteligente sería hacer un agujero y enterrarme sin dilatar más el asunto. Entré a la casa prácticamente con la cola entre las patas, en silencio, ni siquiera me quité los zapatos porque sabía que hacerla esperar era mala idea así que me limité a dejar la mochila a un lado de la puerta y seguirle los pasos.

    Caminó, caminó y caminó, con la ira respirándole en la nuca como un jodido demonio o algo y tuve que tragar grueso. Era esta mujer, mi propia madre, la que me había enseñado a temer la furia femenina más que la de cualquier diablo de la calle.

    Por eso temía la ira de Shiori.

    Me aterraba que Jez fuese capaz de sentir algo remotamente parecido.


    Y solo por Anna había llegado a meter las manos al fuego, directo en esa furia incontenible, para sacarla del campo de tiro o arrastrarla fuera de su propio fuego sin control.

    Porque era una ira pesada, aplastante, significativamente menos agresiva y aún así cuando caía, por ejemplo cuando la voz usualmente serena de mi madre se alzaba y me alcanzaba me despedazaba los huesos. En su furia había dolor, culpa quizás, reclamos hacia mí o ella misma y un montón de cosas.

    Eran tantas que mi cerebro de máquina no sabía qué hacer con esa ira sosegada que nunca te alcanzaba corporalmente, que era todo palabras. Ese fuego crepitando y crepitando hasta estallar, reventar la madera que ha estado consumiendo por horas, que resulta ser su propio corazón. Siempre había sido difícil de procesar en sí mismo, era como si cargara mil ansiedades y me resultaba casi incomprensible, hablaba en lenguas desconocidas, susurraba cosas que mi ira fría como un bloque de hielo jamás sería capaz de comprender.

    La máquina en el centro de mi pecho.

    Llegué al comedor siguiendo sus pasos, ella me indicó una silla con un movimiento de cabeza y me senté como si fuese un perro entrenado. Brazos sobre la superficie de la mesa, ojos en las manos y nada de movimientos bruscos.

    Esperé.

    Esperé.

    Y esperé.

    —Tu padre me llamó diciendo que habías llegado a casa por la mañana, apaleado como un perro —dijo en un murmuro cargado de recriminación, me habló desde atrás de la silla y juré que su aliento rebotó en mi coronilla—. El mensaje que recibí la otra madrugada, Altan, ¿dónde mierda te quedaste?

    Es que esta señora de verdad tenía una mala hostia que ni el viejo Sonnen era capaz de alcanzar. Era muchísimo más emocional, cruda, sin filtros y uno se preguntaba hasta cómo era que podía sujetar un violín y tocarlo como un ángel. Si es que parecía un milagro que no hubiese agarrado una sartén para abrirme la cabeza en dos.

    —Shinjuku —respondí al segundo, con un hilo de voz.

    —¿Con quién?

    —Shimizu Arata, el senpai de mi instituto viejo.

    —El chico que se transfirió con ayuda de tu padre. ¿Antes o después? —Era como un jodido policía.

    —¿Qué?

    —Que si te usaron de piñata antes o después de quedarte en Shinjuku, Altan. Deberías estar en la universidad en vez del instituto, así que hazme el favor de usar un poco la cabeza o te llevo al hospital a ver si no te jodieron el cerebro.

    Pasé saliva, podía ser increíblemente brusca cuando estaba en este estado y sin necesidad de tocarme un pelo. Era como recibir una bofetada en toda la cara, seca, que te deja ardiendo la piel. La misma madre que me amaba a veces deseaba destriparme sobre la mesa seguramente, porque le sacaba canas verdes y no podía hacer más que dejarla ser. Sabía que me lo merecía todas las veces.

    Desde la primera pelea, la vez que Jez me salvó el culo, y todas las siguientes. Cuando retaba profesores, cuando no entregaba tareas, toda vez que la cagaba me merecía los regaños que mi madre quisiera echarme encima.

    —Janet —La llamó mi padre que se había aparecido de repente, silencioso como un gato, y le habló exactamente igual de bajo que yo—. Janet, cielo, enfócate.

    —Déjala —murmuré, esperando que eso le evitara una explosión marca Fiore a él también. Seguía sin despegar la vista de mis manos y me llené los pulmones de aire antes de contestarle a mi madre, a su aliento soplándome en la nuca que no estaba muerto solo porque ella todavía no lo disponía—. Antes.

    Igual parecía estar demasiado enfocada en sacarme todos los trapos sucios, porque ni pareció prestarle atención a él cuando en otras circunstancias seguro lo habría mandado a callarse por estarme consintiendo o justificando como si fuese un crío de siete años.

    Le habría soltado en toda la cara que llevaba comportándome de esa manera desde que tenía diez años, que me había comportado con las notas y las broncas durante un año solo por la transferencia. Que si no dejaba de cumplirme caprichos de nada servía hacer tratos conmigo.

    Sin embargo, lo que soltó fue significativamente peor, fue como que me pateara la puta costilla y me sacó el aire de los pulmones varios segundos. En resumidas cuentas me reseteó el cerebro de un golpe seco, como si hubiese arrancado todos los cables para forzar el apagado.

    —Eres incorregible —dijo y en su furia se coló tal dolor que hubiese preferido que me cruzara la cara de una bofetada.

    No había redención.

    No había forma de que dejara las sombras.
    Mi propia madre lo sabía.

    Lo tenía internalizado y que se lo preguntaran a Anna cuando me quedé estaqueado dentro del cuarto oscuro del club, como si la sola idea de salir a la luz me diera más miedo que cualquier otra cosa en la vida. Lo tenía tan naturalizado que cumplía mi justicia sin salir de la oscuridad en la que sentía que había nacido y luego reproducía las sombras, el desastre, en lo profundo de mi océano. Estaba dispuesto a tragar, aplastar y ahogar para alcanzar lo que necesitara.

    Incluso si la culpa me consumía después.

    Escucharlo de la boca de mi madre era completamente distinto, porque amaba a mi madre como a pocas personas en la vida. En realidad a ambos, a papá también, pero sabía que él aunque lo supiera no me lo diría en la cara nunca.

    Que era incorregible.

    Que no había esperanza.

    Esas palabras tuvieron la fuerza suficiente para romperme los huesos que Sugino no me había fracturado de puro milagro. Eran una sentencia, como si cargaran el peso de un veredicto que dictaba mi cadena perpetua o mi sentencia de muerte directamente, sin puntos intermedios. En ellas estaba la frustración de años y volví a recriminarme por no ser más que un crío malagradecido que veía un mundo gris sin derecho alguno.

    Mi padre seguía estático en algún punto detrás de nosotros, ni siquiera se lo escuchaba respirar y no sabía si esperaba el siguiente golpe de mi madre o qué mierdas. Esperé, esperó él y cuando creí que mamá iba a seguir hablando la voz que se alzó fue la de mi padre, serena y aún así firme.

    —¿Qué fue lo que pasó? —preguntó, mi madre bufó en respuesta y como pocas veces estuvo dispuesto a reñirla—. No, Janet, es la primera vez que lo dejan así. Quiero saber qué pasó y por qué.

    Su cerebro de máquina lo dejaba preguntar más allá, podía pensar en frío contrario a mi madre, y en ese momento me iba a salvar un poco el culo. Al menos me dejaría argumentar, contar por qué había quedado casi muerto.

    Me cargué los pulmones de aire, de nuevo a la espera de cualquier palabra de mi madre, pero guardó silencio y rodeó la mesa para poder mirarme de frente. Sus gestos seguían comprimidos de ira, pero estaba allí, esperando algo que le respondiera por qué su único hijo aparecía muerto en vida.

    —No fue en Chiyoda como tal, tampoco en Shinjuku —comencé en voz baja, plana para no provocarla—. Fue en Taitō, en los límites con Chiyoda.

    Me di cuenta que Anna se lo había contado con una facilidad estúpida, pero no sabía cómo decírselo a mi madre a pesar de que en el momento pensé que la chica aquella, la que acorraló el cabronazo contra la pared, habría podido ser ella misma. Que vi en la silueta ajena la suya, la de mi propia madre, y la de otras las mujeres que eran cercanas a mí, que había sentido tal ira y tal miedo que solo me lancé y pagué lo que debía.

    ¿Cómo decirle que había actuado no solo por Anna, sino por mí mismo? Porque no quería ser el idiota que había estampado a una ciega contra una pared y me había quedado tan pancho con ello como para dejar a otros abusar de cuanta chica se les cruzara por delante.

    Que desde hace días no podía conmigo mismo.

    Mi padre se puso en marcha por fin, relevó el lugar a mi espalda que había dejado libre mi madre y sentí su mano alcanzar mi hombro con una suavidad hasta ridícula. Fue como si me hubiese dado un empujón.

    —Un imbécil intentó abusar de una chica —solté entonces en tropel, me ardieron las lágrimas tras los ojos a la vez que me llegaron los sonidos de mi propia carne mancillada y el sabor a sangre que ya tenía más que memorizado de por sí—. En mi puta cara, en plena calle, la tenía acorralada y… Dios, mamá, no sé qué le hubiese hecho si no me le iba encima. No tengo idea, no quiero pensarlo.

    El agarre de papá en mi hombro aumentó ligeramente su fuerza al notar que estaba a nada de desmoronarme allí mismo bajo su tacto. Parpadeé un par de veces, traté de hilar ideas y vi que mi madre aflojaba los brazos que tenía cruzados bajo el pecho.

    —No estaba solo, lo dejé inconsciente, pero no estaba solo —continué sin alzar la voz, luego de haber pasado saliva—. Me cayeron tres encima a la vez, pero fue uno el que se ciñó más. Me hubiese matado de haber podido.

    —¿Quién te sacó de ahí? ¿El muchacho este, Shimizu? —Papá básicamente había tomado la batuta, mamá seguía estática, ya ni me parecía que respirara.

    —Sí. Se apareció de repente porque había quedado comprando algo, le dijo algo al tío que estaba por mandarme a negro y con eso lo detuvo, se conocían o qué sé yo. Me llevó a su casa, llamó a una amiga suya que es buena con la medicina o algo del rollo y fue la que me estabilizó. —Todavía no sabía de qué coño conocía Arata al otro loco de mierda, eso lo descubriría unos días más tarde, así que en ese momento no era mentira—. Si hubiese estado solo no la estaría contando

    El silencio se instauró, pesado, me aplastó el cuerpo y estuve a nada de boquear por aire como un pez fuera del agua. La costilla me dolía, en realidad me dolía todo, y tuve esta necesidad estúpida de salir corriendo como un puto loco hasta donde fuese que viviera Anna. Me importaba una mierda que tuviera que cruzar todo Chiyoda a pie, solo quise volver a nuestro espejismo, a donde ella estaba vestida como la princesa que era y yo podía fingir que no parecía un saco de carne.

    No podía, claro, y me quedé allí respirando con dificultad ya no por el dolor ni nada, era por los nervios. Pocas veces sentía esa ansiedad encima, poquísimas, y ya estaba visto que debía dar las gracias, porque entre mi tensión normal ya sumarle eso seguro me mataba de hipertensión a los veinte años.

    Pasaron varios minutos, tenía la vista pegada en la mesa todavía y papá no había despegado la mano de mi hombro todavía. Me costó abrir la boca de nuevo, pero lo hice aunque sentí la mandíbula oxidada como un pedazo de metal dejado bajo el mar.

    —No quería preocuparte —murmuré—. No quería supieras qué me había pasado en ese momento y le pedí o eso creo a la chica esta que te enviara un mensaje, que me excusara. Arata no me dejó levantarme el sábado, tampoco el domingo y ya hoy me le escapé.

    —Como un perro que se aleja de su dueño cuando siente que va a morir —dijo mamá al aire, su ira se había apagado de golpe y su voz sonó vacía, plana como podía sonar la mía una buena parte del tiempo.

    Abrí la boca, volví a cerrarla y cuando el tacto de mi padre desapareció de mi hombro me hice trizas por alguna razón. No hubo ruido, ni ira, ni un puto tsunami ni nada de esas mierdas de las otras veces, las lágrimas solo se me desbordaron y despegué las manos de la superficie de la mesa por fin para limpiarme con el dorso.

    El llanto silencioso que había visto en Jez y Kurosawa era ahora mío, era el imbécil que sentía que no tenía derecho a llorar ni aunque me hubieran dejado al borde de palmarla. No me lo cuestionaba, había un montón de cosas que sentía de repente que no merecía y retrocedía, arrebatándomelas a mí mismo. Había sido así toda la vida, incluso cuando cargaba tanta soberbia conmigo y aspiraba a construir una galaxia personal.

    Mi madre debía seguir cabreada, pero fue ver mi desastre y que se le aflojaran todas las articulaciones. Rodeó la mesa hasta mi posición, me echó los brazos alrededor del cuerpo y me atrajo hacia sí, dedicándome caricias en el cabello.

    Joder, me consoló como si fuese un mocoso y lloré no sé cuánto rato allí entre sus brazos, como si no fuese un jodido armario empotrado ni nada. Tuvo un cuidado estúpido, cosa de no hacerme daño, y si tenía más reclamos se los guardó para sí una vez en la vida.

    No lo pensé después, cuando rechacé abiertamente a los chacales de Kaoru Kurosawa días más tarde al decírselo a Arata, pero una gran parte del asunto seguro había tenido que ver ya no solo con Anna, con el hecho de que no podía hacerle eso. El regaño de mi madre posiblemente tendría que ver, el hecho de que no podía volver a hacerle eso a ella tampoco.

    No podía con ese dolor en las voces, en los movimientos y las miradas, era peor que cualquier ira. Sabía que si tomaba a los chacales de Chiyoda de las manos de su líder fallecido el escenario se repetiría hasta el agotamiento, porque no era un rey de los que se sentaban en el trono a mirar a los peones hacer el trabajo sucio.

    Lo hacía yo, así me costara la vida.

    ¿Pero merecía la preocupación de las personas que amaba?

    Shimizu tenía una puta neurona en el cerebro, de eso estaba seguro, pero de vez en cuando sabía ordenar sus prioridades y al dejarme en su casa hasta el lunes había quedado claro. Había salvado a mis padres, a Anna y a Jez de verme en semejante estado.

    Un peón había salvado las piezas más importantes de mi tablero, me había enseñado a jugar.
     
    • Ganador Ganador x 1
    • Sad Sad x 1
  2. Threadmarks: II. The Scorpion
     
    Yáahl

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    Drama
    Total de capítulos:
    5
     
    Palabras:
    4141
    Iba a ponerme a contestar los roles, estaba TAN LISTA, hasta que me dijeron una cosa y la rage que me bañó el cuerpo me cegó de todo lo que estaba haciendo, todo. Tuve que arrancarme los cables de nuevo para no llorar como estúpida de pura rabia contenida y vine a volcar todo aquí. Hasta me tocó cambiar la canción porque F, venía narrando con algo de Flower Face cuz depression y ahora estoy aquí en este pedazo de trip con Maneskin.

    Prácticamente todo estaba escrito previo al breakdown, solo el final se vio influenciado por ese mood. No regrets anyhow, me permitió profundizar un poco más en otro de los Jackals, cosa que quería hacer desde hace rato.

    ¿Sigo emputada? Sí. ¿Me va a dar dolor de estómago? Muy posiblemente. Tenía planeado hacer una n/a distinta, pero ahora la verdad es que no me sale así que dicho esto aviento esta pendejada.

    Es posible que sea canon para el final del día 21 de Gakkou.





    [​IMG]

    and so take me, bite me, take everything off me
    I will continue not to be afraid of the dark
    and even when I’m on the ground, destroyed
    I will continue not to be afraid of the dark
    .
    only you are afraid of the dark, we are not
    not us, not me, me
    .
    you will come back to me with your hands clasped
    you will come back to me

    II
    [​IMG]
    The Scorpion
    | Predator |

    OUT OF BALANCE
    . Jealousy . Resentment . Burning Out .


    | Shiori Kurosawa |







    Los viajes con Ootori Masaki eran silenciosos de ida y venida, era un muchacho de lo más complicado de leer. No tenía la ira perenne de Altan o la infinita paciencia con la que veía a la gente que quería, no tenía el miedo respirándole en la nuca como Cayden y tampoco la calidez que a veces había en sus sonrisas, mucho menos había nada de la eterna burla de Arata y su modo sargento.

    Era como si no hubiese nada en absoluto, era una serenidad que tampoco se parecía a la mía. Era fría, distante y daba la sensación de ser mil veces más centrada, como si estuviese en un nivel superior o algo así, no sabía definirlo con certeza. En su figura no resaltaba ningún elemento, no había aire, fuego, agua ni tierra o raíces, si acaso parecía un vidrio empañado.

    Pude haberme callado, no me importaba el silencio en realidad, pero tenía algo atorado desde que le encargaron llevarme y traerme de la escuela como un guardaespaldas. Ya ni siquiera era porque temieran que me pasara algo, era que temían que yo iniciara el desastre en ese par de trayectos.

    Me trataban como un arma de destrucción masiva.

    ¿Quién podría culparlos?

    —¿Te molesta? —pregunté sin que hiciera falta que alzara mucho la voz.

    —¿Qué cosa? —dijo sin despegar los ojos de la calle. Su voz era suave, tranquila, pero aún así bastante plana.

    —Tener que traerme a la escuela.

    Negó con la cabeza despacio en lo que colocaba el direccional para cambiar de carril, la lucecilla parpadeó algunas veces y se apagó cuando hizo el movimiento.

    Masaki guardó silencio tanto rato que creí que no diría nada, casi lo escuchaba respirar y lo vi tamborilear los dedos en el volante del coche. Seguía tratando leerlo sin éxito alguno, no lograba nada, y recordé que Shimizu había dicho que había sido entrenado por uno de los míos y no podía mentirle.

    ¿Era eso también? ¿Por eso no podía leerlos a fondo? A excepción de Arata todos los que vi en el parque, desde este chico y su mellizo hasta Minami, eran mucho más complicados de leer, que ni se dijera sincronizarse con ellos. Era una jodida misión, pero este en especial iba a sacarme canas verdes.

    Como yo debía habérselas sacado a todos ellos en menos de un mes.

    —¿Y a ti te molesta que te traiga? —soltó por fin en el mismo tono de antes.

    —No, es mejor viajar en coche —respondí sin complicación, no era mentira después de todo.

    —Reformularé. ¿Te molesta que todos acordáramos esto para evitar cualquier otra cosa?

    —¿Qué me vigilen como criminal peligrosa? —murmuré y clavé la vista en mis manos sobre mi regazo—. Me da igual. Tienen razón en hacerlo, si me dejas mucho tiempo sola pienso puras estupideces y Arata debe estar harto de cuidar a un montón de imprudentes.

    Se encogió de hombros, fue un gesto algo tieso, y lo escuché tomar un montón de aire por la nariz antes de decir nada. Volvió a tomarse su tiempo, como si estuviese dándole vueltas a lo que acababa de decirle a pesar de que me parecía poco importante.

    —Tiene miedo —dijo entonces.

    —¿Arata? —Lo noté asentir con la cabeza cuando giré el rostro para ver su perfil—. ¿Pero de qué va a tener miedo él con esas pintas?

    —No lo debe saber ni él mismo, pero Arata parece tener solo dos miedos esenciales, son la base de su existencia, los comparte con todos nosotros, pero él... Bueno, pareciera tener solo esos. El primero es que lo pesque la policía y no poder atender sus responsabilidades, el segundo es la muerte misma, como cualquier diablo —explicó con toda la calma del mundo—. Cuando tu hermano murió fue él el que nos reunió a casi todos, llegó con la noticia uno a uno, prácticamente descompuesto en llanto. Para cuando llegamos con Yuzuki ella se desmoronó y él se hizo pedazos también, se nos escapó. Corrió, corrió y corrió, Hikari intentó seguirlo pero parecía que lo perseguía el diablo y siempre había sido rápido de por sí… Lo encontramos horas después en el Hibiya, en uno de los sitios donde nos juntábamos con Kaoru, llorando como un desgraciado todavía.

    La sola imagen de Shimizu en ese estado era chocante, era hasta difícil de imaginar en sí, ¿qué debía tener? ¿Quince años? No pude siquiera imaginar su cara porque de lo poco que llevaba conociéndolo sentía que debía tener cara de viejo desde hace mucho tiempo, como si hubiese crecido a la fuerza. No pude imaginarlo llorando a lágrima viva, porque yo misma no lo había hecho, o tal vez no lo quise imaginar a secas.

    Regresé la vista a mis manos, presioné el dobladillo de la falda y comprimí los gestos sin saber cómo procesar eso. El saber que había despertado un miedo visceral en alguien como Arata, que parecía haber sido criado entre pandilleros.

    —Hace años ya, un tiempo antes de que muriera Yako, Cayden le hizo una promesa. —Había tomado otro montón de aire antes de seguir hablando—. Yo estaba con mi hermano y Shigeru jugando a la consola, creyeron que no los oía pero lo hice y luego le dije a Arata, le pedí que se callara porque creí que ese momento…

    —Le pertenecía a Cay-senpai —murmuré al entender por dónde iban los tiros.

    —De principio a fin —afirmó—. Arata ha mantenido el secreto hasta ahora, pero no importa, porque todos nos hemos movido como si lo hubiésemos sabido.

    —¿Qué le prometió? —pregunté en un susurro, anticipándome a lo que sea que fuese a decirme.

    Otro silencio, fue significativamente más largo que los anteriores, y despegó la mano del volante para alcanzar una botella de agua en el portavasos y darle un trago. La regresó a su lugar de un movimiento mecánico y me pareció que la velocidad del coche bajaba un poco.

    —Que ayudaría a tu familia, a ti, si algún día lo necesitaban y Kaoru no podía acudir —contestó por fin—. El cabrón parecía que lo sabía, Dios, pareció que lo sintió. Que se iba a morir.

    Sus palabras me atravesaron el pecho porque pude imaginar a Aniki decirlas, casi pude oír su voz, y me dolió la vida entera, porque también lo imaginé anticipándose de esa manera. Era la misma forma en que yo me había anticipado al ir a hablar con Shinomiya, por eso había enviado los mensajes, para dejar el terreno preparado si algo me ocurría.

    A pesar de todo, me dolió porque ahora me pesaba aún más haber vendido al otro desgraciado como un cerdo para el matadero, sabiendo que solo cumplía la promesa que le había hecho a Kaoru. Que su estúpida nobleza hacia mi hermano era tanta que aún así había intentado seguir protegiéndome al decirme lo del príncipe francés, sin importar si yo había iniciado una de las peores semanas de su vida y estaba pensando solo en mí o si lo perseguían mil diablos a la vez.

    Porque su propia versión de Satanás estaba respirando su mismo aire en el Sakura, el cabrón que había machacado a su mejor amigo. Que pasaría toda la jodida semana cagado hasta las patas, pero aún así había sacado el tiempo para avisarme.

    Había puesto mi existencia por encima de varias mierdas más importantes y genuinamente sentí asco de mí misma, de lo que sea en lo que me había convertido. No creía que Masaki supiera el cuento completo o lo supiera siquiera, pero no importaba, me había arrojado una bomba y eso no se podía discutir.

    —Cumplió —respondí y el otro giró el rostro en mi dirección por fin, pero esta vez yo mantuve la vista al frente porque tenía un nudo en la garganta—. Libéralo de su promesa, ya cumplió. Es un esclavo.

    El muchacho negó con la cabeza una vez regresó la vista al frente, no supe ante qué en específico hasta que su voz me alcanzó de nuevas cuentas. No se me ocurrió pensar tampoco que esa promesa les hiciera de ancla a ellos tres.

    ¿Había pensado en alguien más que en mí misma alguna vez? Quería decir, de verdad. Lo fingía, me acercaba a las personas, ayudaba y todo, me nacía, pero en el fondo sabía que era para controlar mi espacio.

    No había verdadero amor o altruismo en mis acciones.

    —No somos esclavos. Somos soldados —corrigió sin ser grosero—. Nuestro rey murió, pero no su justicia ni las personas que amaba, mientras eso esté vivo tenemos funciones que cumplir. Cayden cumplió, Arata también, ya es el turno de los demás… Para que ellos descansen, porque se lo merecen. Hacemos lo que hubiese hecho Yako esperando que así su espíritu pueda descansar también, aunque no lo hagamos nosotros. Eres todo lo que queda de él en este mundo y queremos que puedas vivir. Vivir de la forma que nosotros no podremos hacerlo nunca quizás, como una persona normal.

    Jamás se me ocurriría poner en duda el cariño que este montón de estúpidos se guardaban entre sí, no luego de lo que acababa de contarme, de lo que me habían dicho el otro día y de ver la foto que al final Minami había decidido dejarme. Eso no quitaba que me sorprendiera la forma en que estaba hablando este chico, casi como si fuese un mero observador, un personaje secundario en su propia historia que puede pensar todo con la cabeza en frío y luego resolver.

    No sabía si habría sido así siempre o la muerte de Kaoru le habría reseteado el cerebro, mucho menos se me ocurrió pensar en alguna otra posibilidad. El mellizo de este pobre idiota al que le habían encargado cuidarme había intentado matarse hace tres años y nadie además de Minami lo sabía, nadie podía pensar que su personalidad quizás tenía algo que ver con eso.

    —Difícil eso de vivir como la gente decente —atajé sin ánimo de ofenderlo, fue casi un pensamiento en voz alta.

    Fue la primera vez que se permitió una risa floja, casi una mera vibración, y aún así había bastante amargura en ella. Fue como la preocupación que vi en sus ojos el otro día, apenas un atisbo de lo que debía estar sintiendo en realidad.

    Alcanzó la botella de agua de nuevo, le dio otro trago y suspiró con pesadez. Parecía resignado a un montón de cosas o a la vida entera, a ser un personaje de relleno y ya, no estaba muy segura.

    —No perteneces a este mundo.

    —Los Lobos no me lo preguntaron antes de arrastrarme. La sangre que se derramó sigue allí, sin cobrarse. —Comencé a jugar con mis dedos sin darme cuenta—. He perdido cuatro guardianes en cuatro años, senpai, y estoy cansada de pretender que no pasa nada.

    —¿Cuatro? —tanteó ajeno al desastre que había causado la muerte de mi hermano en casa.

    —Mis padres ya no son mis padres —resolví con sencillez a pesar de no habérselo dicho a nadie nunca—. Voy y vengo, hago y deshago sin preguntas o reclamos desde que los cuidé cuando Aniki murió. Me ven como si no supieran hablarme, ven mi cara y ven a Kaoru, no a mí. No tienen la culpa, levanté su rostro de la calle y me lo puse.

    Masaki alzó ligeramente las cejas, relajó los gestos casi de inmediato y lo vi revisar la hora en el reloj digital de su muñeca. Salió de la carretera principal, viró en algunas calles y aparcó en el estacionamiento de algún complejo de apartamentos sin demasiada actividad. Apagó el coche entonces y volcó toda su atención en mí, de cierta manera fue un poco abrumador siendo que llevaba todo el rato hablando sin mirarme por obvias razones.

    Suavizó los gestos, no implicó que fuese más fácil leer nada en él, pero al menos fue diferente. No supe si así como Cayden y Arata vio a Kaoru en mi silueta en ese instante particular. Si fue el caso no lo dejó notarse y lo agradecí profundamente.

    —¿Y sientes que lo lograste? —interrogó por fin, en voz suave, sacándome de base—. Emular a Kaoru.

    —Si no conocí a mi propio hermano —espeté sin conectar lengua con cerebro y una ira de mierda me baño el cuerpo. Presioné los puños sobre mi regazo en un burdo intento de contenerla, de impedir que el fuego lo alcanzara—. ¿Qué estoy replicando si no conocí a Kaoru en realidad y ustedes son la prueba viviente?

    Se permitió una sonrisa por primera vez, fue estúpidamente suave y contrastó con todo porque fue más parecida a las sonrisas que recordaba de mi hermano de lo que me hubiese gustado admitir. Algo se tambaleó, posiblemente las paredes de la habitación donde contenía mi incendio y me dejó la palabra en la boca al comenzar a hablar él.

    —Lo conociste, eres sangre de su sangre, y no había nada más real en nuestro Yako que cualquier cosa que haya hecho por ti en los años que creció contigo. Nos cuidaba, eso hacía él, nos cuidaba de la forma en que te cuidaba a ti y todos lo sabíamos. —Guardó silencio un par de segundos—. Que sí, lo sedujeron las sombras, el poder que encontró en ellas, ¿y qué? Tú eras la luz, nosotros los fantasmas… Éramos un montón de fuegos fatuos y ya, lo que había en el centro del pecho de Aniki seguía intacto. Todas las personas tiene un montón de caras y eso no implica que dejes de conocerlas por no saber de las otras.

    Aflojé los hombros, tuve que hacerlo a conciencia, y aparté los ojos de los suyos porque no me creí en la capacidad de sostenerle la mirada. Eran del color del musgo o de las plantas que crecen bajo el agua, un verde sucio, y me dio la sensación de que este muchacho había visto muchas cosas.

    Demasiadas para su propio bien.

    —No fueron a su funeral —murmuré, fue un genuino reclamo y parpadeé varias veces porque se me agaloparon las lágrimas en los ojos—. No me ayudaron a llevar a papá y mamá a casa.

    —Él no lo hubiese querido así. No de la mayoría de nosotros, nuestra procedencia lo habría delatado y los habría condenado a ustedes, y los que podían hacer algo sin levantar alertas eran todavía muy pequeños. Nuestros corderos, Kurosawa, eran niños apenas un año mayores que tú… Niños cuidando niños.

    —Niños cuidado adultos —ajaté, fue como si le hubiese intentado soltar un mordisco, pero aún así Ootori no retrocedió. El jodido era un verdadero pilar, me recordó a la templanza que poseía Jezebel Vólkov—. Los cuidé durante meses.

    Tomó aire despacio, no fue un suspiro hastiado aún así, y se quedó esperando por si tenía algo más que decir. Cuando vi que no sería el caso volvió a tomar la palabra.

    —La muerte separa o une, sin puntos intermedios, mi hermano y yo lo sabemos no solo por Kaoru. Las piezas caen, se rompen, los pilares ceden y deben ser sustituidos, y el dolor nunca desaparece. Quizás debimos ir a pesar de lo que hubiese querido Kaoru, debimos enviar a los mayores, no lo sé —dijo todo en voz baja como si fuese una confidencia y yo seguí con la vista clavada al frente, tratando de frenar mi desastre sin demasiado éxito—. Lo único que sé es que no tiene caso pensar en eso ya y lo único que nos queda es haber llegado a ti ahora. Te alcanzamos gracias al sucesor, así ya no le debamos nada, y es todo lo que interesa.

    El sucesor.

    —Altan. —Fruncí el ceño que dio gusto y estuve a nada de encontrar mi chivo expiatorio, el imbécil sobre el que volcar mi ira.

    Deseé cagarlo a palos aunque siguiera hecho una desgracia por estar metido con esta gente, por no entender a dónde se estaba arrastrando a Hiradaira y que solo iba a ahogarla a ese paso. Que su deseo por dominarlo todo acabaría por despedazar la vida más o menos decente que tenía y su oportunidad de recibir amor real.

    Sin embargo, Masaki detuvo el avance del fuego sobre el camino de pólvora.

    —Se negó, Kurosawa. Cualquier relación que Sonnen hubiese tenido con nosotros está rota.

    Me desinflé los pulmones, llevándome las manos al rostro y me retiré el flequillo de la frente. Me alegré, de verdad que sí, pero a la vez la mierda avivó el fuego, me movía entre dos lógicas de pensamiento dicotómicas. Lo cierto es quise meterle por el culo lo que había dicho que de no era solo ella y no sé qué mierdas. Le había dicho que no habían bandos, pero no era porque no existieran, sino porque ya estaban dados.

    Sentí los principios de un dolor de cabeza y comprimí los gestos, tomando aire por la boca. A mi lado escuché que Masaki volvía a encender el auto con intenciones de regresar a la carretera.

    —¿Lo querías? —preguntó pasado un rato, alcanzándome su botella de agua.

    Se me escapó una risa sin gracia, fue bastante apagada y acepté la botella pues porque me pareció grosero no hacerlo, así yo tuviese la mía en el maletín. Le di un trago, estaba fría, y echó hacia atrás algo del dolor.

    —No, quiero decir, somos amigos y eso, pero ya está. —Era la verdad, siempre la había sido—. Quería al perro-lobo, a Al solo lo arrastré hace tiempo por aburrimiento o qué sé yo.

    —¿Y la molestia entonces?

    Le di otro trago a la botella antes de regresarla a su lugar en el portavasos y apoyé la cabeza contra el cristal de la ventana. Le di vueltas a su pregunta porque era legítima, estuve a nada de contestarle que solo estaba buscando alguien, quién fuese, con el que cabrearme y se me acababan las opciones. Que quizás fuese porque su amiga, novia, la cosa que fuese me había vendido como pedazo de carne.

    Porque era mi propia versión de Judas y antes de eso le había escupido a Hiroki.

    Me encogí de hombros, el frío del vidrio me alcanzó la frente y fue como si me hubiese alcanzado el cerebro. Algo hizo click, me envió un chispazo al fondo de la mente y la realización que me cayó encima fue repugnante. Me di asco por incontable vez en lo que llevábamos del ciclo lectivo.

    Se me escapó una risa floja, casi insonora, y despegué la cabeza de la ventana, me saqué el móvil del bolsillo para revisar la hora o eso quise dar a entender. La verdad a lo mejor solo usé el aparato de escudo.

    —Son celos —resolví con calma, como si no fuese nada, y me puse a revisar mis chats sin intención alguna de enviar un mensaje a nadie.

    —¿Pero no acabas de de-

    —No celos de ella —atajé en el aire—. Son celos de ambos. De lo que tienen, porque es lo que yo pude haber tenido y Shibuya me lo arrebató. Habría tenido un guardián, un desgraciado dispuesto a partir el mar en dos por mí, tendría a alguien a quién amar. ¿Y ahora? Ahora son todo un montón de putos escombros y los veo, al par de imbéciles, y me quema la piel. Me dan ganas de cargármelo todo, así de sencillo.

    Por eso no le había hablado a Al en la enfermería, tampoco al verlo ayer en el pasillo de segundo. Me estaba desconectando a la fuerza porque sabía que mi desastre no tenía fundamento, porque estaba feliz por él y a la vez, quizás, deseaba que volviese a ser miserable.

    Como lo era yo.

    Ahí se rompió la máscara, lo sentí, y de haber estado sola en mi habitación seguro habría terminado de destrozar los pedazos de espejo que habían quedado de la otra vez, cuando reventé el móvil.

    La ira escaló, también el asco, y se me hizo un nudo en la garganta. No lo pensé, alcé la pierna izquierda y le asesté un golpe con el pie al tablero del auto. Masaki estiró la mano, empujó mi pierna de regreso al suelo. No fue brusco, tampoco dijo nada, y de no haber estado en el coche sentí que me habría alcanzado un bate para moler a hostias lo que tuviese por delante si eso me servía para filtrar.

    Este cabrón no cuestionaba, solo recolectaba información.

    Iba a abrir la boca para decir algo, pero cuando lo hice estuve a nada de sollozar como una cría, así que me encogí sobre mí misma y me tragué la correntada de lágrimas. Era espesa, amarga, como debía saber el veneno directo de una botella. El cuerpo me empezó a temblar de pura furia contenida, no supe qué coño hacer con ella y no tenía a dónde huir de por sí.

    Dolía darse cuenta de estas mierdas.

    Ootori no había despegado la vista de la carretera, seguía sin hablar, pero sabía que escuchaba y me dio por pensar que era una suerte de cámara o una antena parabólica. ¿Quizás un radar? Oía anormalidades, luego buceaba para encontrarlas.

    Liberó una mano del volante, el coche era automático de por sí, y la extendió en mi dirección con la palma hacia arriba.

    Un ancla.

    Estuve por rechazarlo, era mi respuesta natural, de hecho me presioné hacia atrás en el asiento con mayor ahínco. Aún así, como cuando Kasun se apareció en la puerta de la clase, no supe hacer más que aceptar lo que estaba frente a mí.

    Tomarlo y consumirlo.

    Desenredé el brazo de alrededor de mi cuerpo, el movimiento fue espantosamente rígido, pero alcancé la mano del muchacho y la presioné con algo más de fuerza de la que me hubiese gustado. Rodeó el dorso con sus dedos, me dedicó una caricia liviana, y tragué grueso.

    —No puedo prometerte príncipes azules, mansiones, días tranquilos y padres nuevos. Lo siento —dijo sin alterar el tono—. Pero te prometo que no vas a estar sola sin importar qué pase de ahora en adelante. Ya lo sabes, pero lo repito.

    Sí, no lo iba a estar.

    Porque el sentido del deber de estos idiotas era más grande que ellos mismos.

    Asentí con la cabeza, liberé su mano y me llevé las mías al rostro para cubrirme los ojos. Tomé una bocanada de aire inmensa, rota, pero me sirvió para llevar algo de oxígeno al cerebro y asentir con la cabeza a sus palabras.

    Al hecho de que este montón de imbéciles estaban encadenados a mí hasta el fin de sus días.
     
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    Yáahl

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    Escritora
    Título:
    Come on and collect us from the night [Multirol]
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    5
     
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    5149
    Mes y medio sin aventar delirios, en fin. Este escrito forma parte de una pequeña serie de tres fics que se me ocurrió luego del asunto del Asentamiento Bluefire en Pokémon, lo aviento en la colección porque aesthetic. Planeaba abordar tres facetas de lo que ha sido el viaje de Cay en su rol canon, también consolidar cosas de Gakkou acá y en gran parte lo necesitaba para volver a conectar con él porque perdí su voz. Ahora mismo a veces puedo hablar con él, conecto y desconecto, y mis ganas de rolearlo en Pokémon titilan como puta vela.

    ¿Es canon el ficazo? Who knows, lo veré luego. Honestamente este fic también me sirvió para plantear la posibilidad más cagada como desenlace de este asunto que se gesta con el tema de los Bluefire, el hate y demás.

    Como sea, planeaba comenzar con el inicio del viaje y al final opté por hacer todo al revés y comenzar a narrar desde el momento en el que estamos ahora, luego de haber vencido a Shea y tal, hacer la cosa un poco al contrario porque necesitaba drenar y ya se sabe que este niño, así como Altan, es mi scapegoat.

    Han sido días de mierda, lo digo como es, he tenido conversación incómoda tras otra pero siento que ya era hora, que era necesario. Incluso si ahora me siento mejor que cuando empecé a escribir este fic ya hace un par de semanas, pues a veces me vengo para abajo.

    Empecé sin poder avanzar de 900 palabras y aquí vengo con casi 5k, es un placer volver a casa (??)





    [​IMG]

    I can't carry all your data
    I've downloaded your sins
    .
    I don't understand your problems
    or where the glitch begins
    it's not fair, it wasn't my idea to let you in
    .
    viruses are not allowed
    still, you found me
    .
    you surround me
    you've made a mistake

    III
    [​IMG]
    The Elk
    | Prey |

    OUT OF BALANCE
    . Pretentious . Self-centered . Impulsive .


    | Cayden Dunn |







    No éramos más que un montón de desgraciados, ¿cierto? Niños perdidos llenos de dudas, carentes de bases sólidas a las que aferrarnos o demasiado aterrados para sujetarnos a las cuerdas que las personas nos alcanzaban. La única verdad es que ninguno sabía qué hacer, posiblemente por eso hubiésemos terminado en el mismo barco, arrastrados por una promesa externa o pretendiendo alcanzar nuestros pedazos en el viaje.

    Estábamos a la deriva en mar abierto, condenados al naufragio eterno.

    Recuerdo todavía la conversación con Gen en Villa Cruce, de hecho no he podido dejar de pensar en ella desde que todo se fue a la mierda. Fue una charla de las buenas, de las de verdad, y aunque no pretendía que fuese milagrosa sí que pensé que al menos podía darle la pista de que allí estábamos. Que allí estaba yo, que podía acudir a sus compañeros de viaje si lo necesitaba, pero pasó lo que pasó, y las piezas cayeron como naipes arrastrados por el viento.

    El trono de humo se deshizo bajo nuestro peso.

    Lo que ocurrió en el asentamiento de los Bluefire había logrado despertar un miedo profundo, crudo y helado. Cortaba la piel, abría enormes surcos y la sangre se congelaba antes de siquiera alcanzar el suelo, encajando cristales rojos en la piel.

    Givan había intentado seguir a pesar de que su compañero, Génesis, estaba por ser reducido a un montón de metal arrugado y carne molida, no fue capaz de abrir la boca y exigir piedad por su Lucario, en su lugar estuvo dispuesto a sacrificar a todos los demás sin siquiera saber si serviría de algo. Su valentía se convirtió en estupidez.

    Los hilos que nos habían conectado en Villa Cruce se chamuscaron al instante y el terror me cayó encima, porque si este era el resultado con Génesis que había estado antes de nosotros, ¿no acabaría por vendernos también? ¿Su orgullo le impediría salvarnos, salvar a Aleck, de una tortura de este calibre si algún día llegábamos a depender de él?

    Totalmente, lo sentí con tal fuerza que me crujieron los huesos.

    Los caminos se bifurcaron en ese instante en el que pensé que no seríamos una opción para él o su prioridad. Fue en el momento en que noté que sus pesadillas, esas que no sabíamos por supuesto, eran mucho más grandes que él y nos costaría caro; pero yo no estaba dispuesto a ser carne de cañón para este crío en esta vida o ninguna otra. Era incapaz de tomar semejante riesgo porque tenía una familia, porque estaba mi equipo y quedaba Aleck todavía, el otro idiota que primero rechacé y luego sólo acepté.

    Tenía más hilos alrededor, como telas de Galvantula, eran plateados, dorados, chispeaban ante mis ojos y me rodeaban. No podía solo cortarlos por Givan, no sabiendo que él no haría lo mismo, que solo nos pondría en riesgo y ya no era una tontería tipo que se comiera mi helado de la nevera, era que podía vender nuestra vida literalmente. La verdad fuese dicha, era melancólico y pecaba de imprudente, pero no era suicida.

    Los límites desdibujados del menor habían despertado todas mis alertas, cada alarma posible, porque a pesar de la distancia que ponía con el mundo mi lealtad era más grande que yo así como los monstruos de Gen. Me arrastraba, me llevaba a extremos, y lo único que resentía en la vida posiblemente era semejante sensación de traición. Si una persona no podía ofrecerme un espacio seguro, ¿por qué coño iba a pretender quedarme? Era mera supervivencia, adaptación, sentido común.

    De ahí el horror, y solo después pensé que de no ser este saco de huesos lo habría cerrado a hostias de pura frustración, pero en su lugar quedó la intención nada más y las ganas de huir de regreso a la cueva. Correr hasta dejar los pulmones en la acera y desaparecer a algún lugar donde este desastre, este revoltijo de emociones ajenas y propias no me alcanzara jamás.

    Lo llevaba escrito en los genes, impreso en el centro del pecho: la necesidad absurda de huir, recluirme, sanarme sin ruido. Era contradictorio por demás y se había sabido siempre, porque quería que alguien volteara a mirarme, quien fuese, y a la vez nunca se sabía cuándo regresaría sobre mis pasos para desaparecerme por donde había venido, absolutamente drenado por el ambiente que me rodeaba. Era agotador en tantas maneras que nunca me había detenido a explicárselo a nadie.

    Una parte de mí temía eso, ¿cierto? Esa capacidad estúpida para desprenderme del mundo, de cortar las uniones y retroceder, porque era la que llevaba a mi madre a decir que me parecía al hombre que había desaparecido de nuestras vidas. Era la misma que me hacía parecer estático, no era el que preguntaba o escarbaba, podía pecar de desinteresado y de ahí la duda… ¿Qué iba a hacer si también Aleck se descarriaba? Era una mera posibilidad, podía fingir hacer de soporte ante la falta de Givan, pero si perdía al otro, ¿qué mierda iba a hacer en realidad?

    Ya no podía concebir este viaje separado de los dos, porque por la fuerza acabaríamos juntándonos y no sabía si sería capaz de verles las caras sin perder la cabeza si los dos quedaban reducidos a sombras de lo que habrían podido ser. Sin embargo, ¿no era eso lo que podía pasar conmigo también? Lo sabía, me perseguía desde que los había arrastrado fuera del Centro Pokémon por el Yamper desaparecido de Sonia.

    Que podía cortarme el cuello yo mismo.

    Mi propia silueta perdía nitidez y en las penumbras solo se veían los ojos amarillentos de una figura canina que más allá de eso parecía no tener rostro, era una sombra tan oscura que parecía del negro del cielo en las madrugadas de invierno.

    En cualquier momento saldría, mordería a alguien y lo arrastraría conmigo a lo profundo de la cueva o me arrastraría solo a mí a un área de la caverna que solamente suponía que existía. La oscuridad allí era densa, despedía un frío húmedo que se colaba hasta los huesos y mordía hasta rasgar y fracturar.

    La verdad era que el sueño que rozaba lo infantil y me había llevado a insistir como hijo de puta hasta conseguir un patrocinador se nublaba, perdía forma, mutaba y comenzaba a convertirse en una amalgama irreconocible.

    Ser admirado.

    No era eso.

    Era recibir atención nada más.

    Porque ahora nos odiaban, la cosa en línea pecaba de estúpida y lo reconocía, al menos quería convencerme de ello, pero cuando poníamos un pie en un gimnasio era diferente. Aparecía el silencio, los abucheos o las risas, nada quedaba de los aplausos, de las personas animadas y los críos emocionados; el problema yacía en que sabía que podían ocurrir dos cosas o ambas combinadas.

    Estos desgraciados conseguirían machacarnos hasta el absoluto deterioro o fingiríamos revolcarnos en su odio dado que era atención a fin de cuentas. Giraríamos sobre la mierda, absorberíamos la peste y nos fundiríamos con una bestia de sombras que no había tenido forma nítida nunca, esa que nos arrastraría a una suerte de tumba psicológica. Hablaba en plural pero lo había notado con las ilusiones de energía dinamax, el único que ansiaba como un enfermo tener un reflector encima era yo.

    Esa sería mi absoluta condena, la que despertaría al monstruo que se me lanzaría a la yugular.

    Habíamos despedazado el mundo de ilusiones de Zach, la casa de muñecas, habíamos sacado a Neil de su mundo perfecto y ahora teníamos esto. El derecho de quejarnos lo habíamos perdido hace bastante, pero solo cuando recordé todo eso pensé que al habernos arrancando de los moldes de energía dinamax parecía que nos habíamos arrebatado del todo las posibilidades de alcanzar nuestros sueños por medios convencionales, que el mundo se había vuelto al revés y recibiríamos todo lo contrario a lo que habíamos visto en esas ilusiones. Merecido lo tendríamos, ¿o no? Por arrancar a los otros de la posibilidad de vivir o tener lo que más deseaban.

    Si todos son como tú, no me extraña que la gente los odie.

    Si todos éramos como Givan era normal que nos tuviesen tirria había dicho Pompa de Chicle, la famosa Clover, ¿pero lo éramos? Aleck que había lo había abofeteado por no detener a Aaron, por no decirle que detuviese a Zakey, Nikolah y Talía que eran más parte de los holders de Galeia que del trío de Gérie y yo que había estado por defender la casa de muñecas de Neil al saberme incapaz de verlo sufrir. Quizás… sólo nos habíamos obligado a encajar, era una posibilidad.

    Porque en el fondo parecíamos conscientes de que nunca encastraríamos con el resto de piezas.

    Ya ni siquiera era la estúpida idea adolescente de que éramos mejores que el resto del mundo, que éramos unos incomprendidos o vete a saber que más. Nada tenía que ver con eso, era la idea persecutoria de que no importaba dónde llegáramos seríamos rechazados, desconocidos y borrados de la existencia, puestos en la periferia como plagas.

    O fantasmas.

    Me di cuenta tarde que estaba rechazando esa idea con una fuerza estúpida, me resistía a ella como hacía con tantas otras cosas porque no sabía hacer nada más o me daba terror intentar algo distinto. Lo que daba vergüenza era lo mucho que había tardado en notar que incluso si los otros no estaban allí por un reflector, al menos Givan ya había tenido bastante rechazo en una parte de su vida como para sumarle más. Podía ser esta la gota que desbordara los vasos de cada uno.

    Luego estaba yo… y el hombre que me había dado su apellido antes de desaparecerse.

    Acababa de terminar el último combate con los pescadores en el Lago de la Calma cuando tuve la epifanía del siglo y tuve que buscar un sitio para sentarme en la orilla porque la cabeza me entró en overdrive o algo parecido. El ruido de siempre se amplificó, hizo eco y regresó a mí multiplicado, para amenazar con partirme todos los huesos.

    La atención que buscaba, la que vi que podía encontrar si participaba en el torneo, era un burdo intento porque alguien me eligiera, no importaba el quién, porque una de las personas que debía haberme escogido casi por defecto me había arrancado de sí mismo. Por eso no importaba si eran un montón de siluetas borrosas, figuras sin gestos, rostros como platos blancos y sin nombre, si estaban en mi dirección me daba por servido. De allí la certeza de que este odio podía estallar como una bomba, porque no era mentira.

    Atención era atención.

    Su desdén, las ganas de picar, la mierda que fuese hacía que me eligieran, como diana de tiro, pero que me eligieran. La realización fue enfermiza, me pesó en el cuerpo y tuve que pasar saliva, ni siquiera me di cuenta que había empezado a repiquetear la pierna derecha de pura ansiedad contenida hasta bastante más tarde, obligándome a detenerla a conciencia.

    Me pregunté por primera vez en la vida si lo resentía, si le guardaba rencor a mi padre por no estar y no supe encontrar respuesta en ese momento. Había dicho que no era así por tantos años que no sabía, no estaba seguro y me di cuenta que si era el caso no sabía qué cojones hacer con ese sentimiento.

    O ningún otro, porque desconectaba los cables.

    Apoyé los codos en las rodillas de forma que pude zambullir mi rostro en las palmas de las manos, me enjuagué los ojos con algo de fuerza y me quedé allí, tomé aire de forma brusca. Cuando quise darme cuenta sentí un tirón en la pierna y al despegar el rostro de mis manos vi a Meltan, el enano se había dedicado a darl vueltas por la orilla del lago junto a Cinis luego de los combates, que ahora estaba ocupado bebiendo agua del lago.

    No que pudiese determinarlo, el pobre tenía un imán por cara, pero encontré preocupación en su llamado de atención y estiré la mano hacia él, que hizo lo propio con sus bracitos. Su cuerpo era metal, vaya, era un poco frío pero no me importó demasiado cuando alcanzó mis dedos. Le dediqué una sonrisa bastante apagada.

    —Estoy bien —murmuré, soné compuesto y todo—. No hace falta que te preocupes por el entrenador que acabas de conocer.

    Era verdad a medias, me había enfrentado a este Meltan, digamos que había conectado conmigo y lo entendí en ese entonces, pero igual. No sé, no podía lidiar con la preocupación de los demás, fuesen personas o pokémon, de ahí que no hablase demasiado ni me hiciera falta.

    No tenía caso seguirme comiendo la cabeza, no tanto al menos, así que tomé a Meltan en brazos y lo ayudé a que se volviese a acomodar sobre mi cabeza. Lo sentí balancearse suavemente antes de acomodarse a sus anchas y me incorporé con cuidado de donde estaba sentado.

    Cinis había seguido caminando por ahí, bastante distraído a decir verdad, así que cuando una esfera se activó me sorprendí un poco. La que salió fue Nyx, su mirada fue casi de recriminación y se acercó para restregarse en mis piernas agitando la cola un poco. Más preocupación que me incomodaba.

    Suspiré, alcancé a acariciarla entre las orejas y se dejó hacer, lloriqueó un poco como si fuese todavía una pequeña Nickit y le revolví el pelaje. Había estado conmigo por bastante tiempo, no podía culparla por conocerse mi culo desastroso de sobra y es que sabía que de no haber evolucionado se habría trepado para echarse sobre mis hombros haciéndome bufanda con su cola. Era su manera de cuidar de mí, siempre lo había sido.

    —Nyx —La llamé y alzó las orejas como diciéndome que escuchaba—. Ya está, tranquila. No me pasa nada.

    No parecía convencida, lo noté porque buscó mirarme otra vez y volvió a agachar las orejas, pero tampoco era que pudiese discutir demasiado conmigo. Incluso así de un movimiento rápido mordió la manga de mi chaqueta y echó a andar sin prisa, sabiendo que no pondría resistencia. Al darse cuenta el Arcanine que seguía haciendo el tonto por la orilla del lago se nos puso al corte, así que no me quedó más que seguir caminando.

    Cuando volvimos a llegar a Pueblo Sereno entendí las intenciones de Nyx al vuelo apenas reconocí el camino que estaba tomando. La muy tonta me estaba arrastrando a casa porque sabía que lo necesitaba, que tenía que ver la cara de alguien que conociera, de alguien que me hubiese querido toda la puta vida. Me llevó con una calma estúpida, solo se detuvo unos metros antes de alcanzar su meta para que pudiera regresar a Meltan y a Cinis a sus esferas, a ella la dejé afuera para que me acompañara y de hecho volvió a morderme la manga de la chaqueta para llevarme como si fuese un niño perdido.

    Giró hacia la casa, subimos al porche y me soltó para sentarse junto a mí, serena. Esperó una eternidad a que a mí me reaccionaran las manos, estuve por tocar la puerta, pero en su lugar escarbé las llaves en el bolsillo y cuando las encontré abrí sin prisa. Entré despacio, olía a todo lo que reconocía como parte de mi vida y estuve a un pelo de subir para zambullirme en mi habitación, pero en su lugar eché a andar por el pasillo luego de cerrar la puerta y Nyx me siguió, sus garras sonaban contra el suelo de madera. Debió ser ese sonido el que hizo que uno de mis tíos saliera al pasillo desde el estudio que estaba allí mismo en la planta baja.

    Mis dos tíos eran bastante menores que mi madre, pero se parecían muchísimo a ella, tenían el mismo cabello castaño casi pelirrojo y la misma amabilidad en sus ojos azules. Al ver a Devan Keane fue eso lo primero que recibí de su mirada, porque suavizó los gestos y se pasó la mano por el cabello medio largo soltando un suspiro que fue una mezcla de sorpresa, alivio y no sé qué más. Me escaneó con la mirada después, sentí que me leyó y aunque tío Dev era más sosegado que tío Finnian me di cuenta que la emoción le corría por el cuerpo, después de todo les había dicho que no creía pasar por casa pronto.

    —Cay —Me llamó con voz suave como si hablara con un crío de siete años y se me aguaron los ojos porque toda la vida había sido débil de corazón—. Cay, niño, ¿qué tienes?

    Nyx se acercó a él, agitó la cola y antes de darle tiempo de siquiera reconocerla le dio un empujón con la cabeza para hacerlo avanzar en mi dirección. Al hombre le activó los engranajes con retraso, pero lo hizo y me envolvió en un abrazo que correspondí sin dudar un pelo.

    Ya ni siquiera fue por el pedazo de descubrimiento que acababa de tener, en el instante en que me abrazó me cayó encima el cansancio, el frío y hasta la nostalgia de estar en casa, el cristal que se me había formado en los ojos cedió y aunque era un llanto silencioso él se dio cuenta por la forma en que estaba respirando. Como para no, vete a saber cuántas veces había llorado en los brazos de este pobre hombre cuando estaba pequeño y me caía o me enfermaba.

    Sus manos me dedicaron caricias amplias en la espalda así estuviese casi de su estatura, me trató con el cuidado estúpido de siempre y yo seguí llorando sin chistar. Ya no pude pensar en si lo preocupaba, si lo angustiaba ni nada más, solo me cedió el cuerpo entero y lo abracé como si no lo hubiese visto en cuatro años.

    —No estás durmiendo bien —sentenció de repente, no habló muy fuerte pero sonó firme—. Si no duermes empiezas a comer menos y pierdes peso, te va a dar anemia. Fue así a los quince, ¿recuerdas? Cuando te nos pusiste difícil. Si quieres hablar con Neve tendrás que esperarla un rato, se fue con Finnian a hacer la compra.

    Me leyó, el cabrón me leyó como si fuese un libro abierto de par en par con una lupa encima y comprimí los gestos a la vez que hundí el rostro en su hombro. Era siempre igual, mi madre me leía así, tío Finn también y aunque respetaban mis límites a veces intentaban escarbar, solo esperaban encontrar alguna pista en mi silencio, algo que les dijera cuál era la verdad y en general no tenían mucho éxito.

    Tuve que pasar saliva porque sentí que me iba a atragantar, solo entonces pude medio recomponerme para decir algo en respuesta después de negar con la cabeza.

    —No se duerme bien en los Centros Pokémon —murmuré tan bajo que no supe si me iba a escuchar—. Descansé un poco antes de venir. Estoy bien, te lo prometo, la seguidilla de gimnasios me dejó drenado nada más.

    Siempre había tenido cierta afición por mentir así, ¿no?

    De la forma que fuese mi tío acabó por soltarme, estiró la mano para limpiarme las lágrimas del rostro y arrugué las facciones como reflejo, cosa de nada, antes de repetir el gesto con la manga de mi propia chaqueta. Sorbí por la nariz, no me costó mucho recuperar la compostura teniendo en cuenta que tampoco era que me había descompuesto en llanto ni nada, tomé aire un par de veces y lo solté despacio, tranquilizándome.

    Reparó en Nyx apenas soltarme, le dedicó una sonrisa tranquila y estiró la mano para acariciarla entre las orejas, ella barrió el suelo con la cola. Estuvo así unos segundos, cuando la dejó tranquila caminó en dirección a la cocina y me indicó que lo siguiera con un movimiento de mano, cosa que hice.

    Me senté a la mesa, eché el peso sobre su superficie y cerré los ojos un momento, cuando quise darme cuenta escuché el sonido de un vaso al ser colocado sobre la mesa. El olor que me alcanzó me arrancó una risa floja, me enderecé y alcancé el vaso en el que tío Dev había servido una cantidad algo considerable de whiskey. Se sentó frente a mí con uno para él también y noté que Nyx caminó hasta su lado para echar la cabeza en su regazo.

    —Lo vi —murmuró luego de darle un trago la bebida, me anticipé y lo imité aunque me bajé dos tragos de zopetón—. En Rococó y aquí mismo.

    —¿El qué? —pregunté haciéndome el tonto, deslicé el dedo índice por el borde del vaso y esquivé su mirada.

    —Al público, Cay… En Rococó se callaron, en Sereno los abucheos estuvieron a nada de hacer vibrar el hielo, los tres estábamos entre el público. —Sentí sus ojos encima, no tuve que mirarlo para saber que la amabilidad de sus rasgos se había desvanecido un poco, el desdén no era hacia mí, claro, y me pesó en el alma saber que mamá habría presenciado eso. Además tío Dev seguía leyendo, pasando páginas en mi rostro, en cada gesto que me permitía por ligero que fuese—. ¿En qué te metiste esta vez, Cayden?

    La contundencia de la pregunta me lanzó tal terror encima que sentí que este hombre lo había sabido todo el tiempo, las cosas que había hecho en aquella época de mierda de adolescente extra edgy o quién sabe qué cojones. Sentí que el jodido me había visto todas las veces que saqué una billetera de un bolsillo, saqué algo de una bolsa de mujer y lo vendí, o peor aún cuando les hice de conducto a algunos idiotas de Villa Cruce con las mierdas que pasaban de la parte Sur de Gérie a la Norte.

    ¿Hice? Sonaba a pasado. La última vez que lo había hecho fue hace algunos meses, antes de cumplir dieciocho.

    Busqué su mirada por fin, me costó lo suyo y confirmé el desdén que había aparecido en sus ojos, que todavía no encontraba un objetivo claro. Tío Dev era centrado, pero aún así tenía mucho peor genio que Finn y mi propia madre, o menos paciencia, vete a saber. Algo en sus ojos me pareció una pregunta y la rellené en mi mente, no sé por qué.

    ¿Seguirás?

    ¿Seguirás hasta convertirte en su copia?

    No lo sé.

    —Se hacen llamar Bluefire —cedí antes de darle otro trago al vaso—. Son supuestos fanáticos de una chica que participa en el torneo, pero viven en un búnker bajo Cruce. Tuve un encontronazo con la líder o hermana del líder, qué sé yo, en Frontera.

    —¿Un búnker? —preguntó frunciendo el ceño, a lo que asentí con la cabeza.

    —Su hermano, un jodido con más cara de culo que yo, controla un pokémon o pretende intentarlo, que no había visto en mi puta vida, un lobo enorme, llamado Zakey —continué y bajé algo la voz, había empezado a trazar la figura del pokémon con el dedo en la superficie de la mesa, de lo que recordaba haber visto en los bocetos de Aaron—. Se las deben haber arreglado para sabotearnos entre el gimnasio de Arlene y los de Shea y Arthur, así como a una muchacha llamada Nora, rival de Enya o una cosa así. Nuestra fama se construye en contraposición a la de su figura de admiración, ellos lo hacen, estoy casi completamente seguro, porque el primer rechazo del público fue incluso antes del incidente en Cruce.

    —¿Te vas a participar en el torneo y terminas metido en una bronca con una secta? —cuestionó, estuvo a nada de reírse con clara sorna y le dio otro trago a su whiskey—. Zakey…

    —Por órdenes del cara de moco este casi mata al Lucario de otro de los patrocinados que me acompañan —solté en tropel—. No es un pokémon con el que andarse con juegos y eso que me comí mordiscos de pokémon salvajes más de una vez, lo sabes bien.

    Mi tío suspiró, se levantó para acercarse a la alacena y tomó la botella de whiskey que había dejado guardada encima de la mesa antes de volver a sentarse. Encontré mi silueta en sus ojos, estaba serio que daba gusto, pero cuando se permitió una sonrisa fue casi un reflejo de mi maldito orgullo que no conocía de límites.

    El mismo que me había hecho insistir hasta conseguir un patrocinador.

    El que alimentaba al canino de sombras.

    El que acabaría por morderme la yugular o morder la de alguien más.


    —Úsalos de combustible para el fuego —dijo casi en un susurro—. Úsalos como los han usado a ustedes y para cuando quieran detener el avance de las llamas será demasiado tarde.

    Su conclusión de todo el asunto me arrancó una carcajada, me salió directo del pecho y rebotó en las paredes de la cocina para volver a mí. No había que cuestionar demasiado las ideas nacidas del mal carácter de Devan, eso lo sabíamos todos en esta casa, eran imprudentes, erráticas, pero cargaban una fuerza estúpida.

    Como si tuviera un coche hasta el culo de gasolina y pisara el embrague hasta el fondo de la nada.

    —¿Pero a ti te metieron aire en la cabeza? —atajé entre risas, él se encogió de hombros y se llevó el vaso a los labios—. ¿No ves que me falta cuerpo, cerebro y capacidad de combate para eso?

    —Quizás un poco de lo primero y lo segundo, lo tercero lo consigues sin mucho esfuerzo en el resto del viaje —resolvió con sencillez—. Eres un guerrero, ¿no? Eres el hijo de mi hermana mayor, esa que nos cuidó de todo desde que nacimos, su amor por los otros la vuelve una muralla. Encuentra tus anclas, Cay, y cuando lo hagas pasarás por encima de cualquier cosa así seas más flaco que un palo.

    Volví a soltar una risa, fue algo ronca y extraña siendo honestos. La forma de centrar a las personas que tenía tío Dev a veces era un poco rara, ponía un montón de confianza en un saco y te metía una hostia con él. A pesar de lo serio que podía ser y del cariño que había en sus gestos, también era de esos que instigan, los que agarran el mechero y lo acercan a la boquilla del cilindro de gas para volar todo a la mierda sin pensarlo demasiado.

    Lo amaba por eso, por recordarme que todavía me quedaban fuerzas en algún lugar.

    Levanté el vaso, giré su contenido despacio y encontré la mirada de mi tío a través del cristal cuando el líquido estuvo por dejar de moverse. Le dediqué una sonrisa cansada, pero cargó todo el jodido ego que me podía correr por las venas.

    —Que mamá no vea el resto de gimnasios —susurré entonces, regresando la atención al whiskey en el vaso—. Si esta mierda sigue escalando no quiero que lo vea, yo hablaré con ella luego de las batallas. Que tampoco busque nada en línea.

    —¿En lín-

    —No han aparecido pero lo harán, no deben tardar mucho. —Solté el aire por la nariz y volví a agitar el vaso suavemente—. Tienen foros para lanzarnos mierda, tío Dev~

    Su risa fue de incredulidad, pero acabó por asentir con la cabeza y me rellenó el vaso cuando lo regresé sobre la mesa. Sabía que podía contar con él para distraer a mamá, se aliaría con tío Finn y listo, así la sacaran de quicio la ocuparían con algo lo suficiente, de por sí trabajaban desde casa los tres y ellos dos aunque vivían al lado pasaban metidos aquí.

    Si esto seguía yéndose a pique todo lo que quería era evitarle a mi madre verlo en tanto le fuese posible, al menos una buena parte, porque sabía que me amaba como todas las buenas madres. No quería preocuparla más de lo que ya debía hacer, no esta vez.

    Solo quedaba seguir avanzando, instigando el fuego.
     
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    Yáahl

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    Escritora
    Título:
    Come on and collect us from the night [Multirol]
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    5
     
    Palabras:
    3927
    La verdad es que llevo ya más de un mes, supongo, desconectada de una mayoría de mis personajes y kinda me mortifica si debemos ser honestos, porque siempre dije que esto, el rol y lo que escribía era de las pocas cosas que me quedaban. Lo poco que podía disfrutar después haberme desligado de otras cosas que eran prácticamente el núcleo de mi personalidad.

    Han sido semanas de mierda en mayor o menor medida, no sé cómo describirlo realmente pero es como si yo misma estuviese comiéndome viva. Es silencioso, es molesto, provoca muchísima ira y muchísimo miedo, no sé qué hacer con la mitad de cosas que siento y a veces pretendo que mi caos se tranquilice antes de siquiera hablarlo con nadie, pasa que nunca se tranquiliza y me quedo atorada hasta alcanzar el punto de sobrecarga.

    Como sea, nunca he escrito nada sobre Eris porque en sí misma siempre me ha parecido... compleja, es una bola de resentimiento con patas. Me costó muchísimo adaptarla a Gakkou y de hecho hay cosas que simplemente no he concretado por la naturaleza del rol del que venía, pero siempre hay una primera vez para todo. En cierto momento, luego de uno de tantos breakdowns, sentí que justamente por eso podría convertirla en mi scapegoat esta vez en vez de a los mismos cuatro gatos de siempre. Llevo con este fic empezado más de una semana y lo he escrito en diferentes momentos en que sentí que era o escribir o estallar y llevarme a todos por delante. ¿Funcionó? No siempre.

    Fue a la vez un intento burdo por reconectar con mis personajes o al menos comenzar a intentarlo, no siento que haya cumplido con su propósito, tampoco quedé conforme con el resultado pero una vez escrito pues no lo voy a dejar allí agarrando polvo.

    Sin más que añadir, aquí dejo esto, sea lo que sea (?) Es canon, ocurre en la madrugada de la noche de la mascarada.




    [​IMG]

    you don't, you don't know where I've been
    what's going on inside where the monsters like to come alive
    .
    could you love me at my worst
    'Til the coffin's in the dirt?
    or try to break me like a curse
    you know that will never work
    .
    oh, could you love me now?

    IV
    [​IMG]
    The Snake
    | Predator |

    OUT OF BALANCE
    . Unawakened . Wasted time . Untapped .


    | Eris Tolvaj |







    El sonido de mis propios tacones golpeando el suelo de la mansión de la zorra de Akaisa me acompañó desde que salí del baño dejando a pelo de chicle y Satanás encarnado en su pedazo de infierno, por la habitación, el pasillo y piso de abajo, hasta salir de la casa. Eché a andar por el camino que guiaba al portón principal donde todavía estaba aparcado el gorila que había revisado las invitaciones. En el camino me había quitado la máscara solo para arrojarla en cualquier parte de los jardines de jasmín de Katrina sin más.

    La noche había refrescado ya y los postes de alumbrado público iluminaban el espacio con una luz amarillenta bastante sin gracia, quizás hasta enfermiza, algo así como amarillo hepatitis. Alrededor de los bombillos giraban los insectos atraídos por la ilusión de un sol. Mientras caminaba recibí otro mensaje de Ceres diciéndome el hospital dónde habían ingresado a nuestra madre, además de que era obvio que no podríamos verla ahora mismo.

    Ni idea de para qué cojones me había llamado entonces.

    Suspiré, crucé los brazos bajo el pecho y ya en la acera pedí un Uber que, para mi fortuna, no tardó demasiado en llegar. Era un auto pequeño, blanco, y el conductor era un tipo de unos veintitantos japonés de cajón, no demasiado diferente del gerente del bar de Minato que me follaba con cierta frecuencia, aunque siendo honesta todos los hombres me parecían iguales en su mayoría. Estaban los que eran el diablo encarnado o los que era unos estúpidos que podías manipular a gusto, con pocos puntos intermedios.

    —Buenas noches —saludó cuando abrí la puerta y se hizo medio cacao para pronunciar mi apellido, como siempre—. ¿Tolvaj-san?

    —Correcto —respondí sin más, subiendo al coche y cerré la puerta tras de mí luego de asegurarme que no iba a pescar el vestido al hacerlo.

    El tipo me repasó con la vista, me di cuenta, pero pronto siguió a lo suyo y se puso en camino. Revisó la ubicación dos veces como para terminar de creérsela y miré por el retrovisor que algo de tristeza o lo que fuese le pasó por el semblante, así que intuí por dónde irían los tiros porque toda la gente era igual. Los japoneses tendían a no ser tan metiches, pero a veces se topaba con alguno que otro, sobre todo a estas horas.

    —Es una lástima que hayas tenido que irte de la fiesta tan temprano —dijo de repente, bastante al aire, sin despegar la vista de la carretera.

    —Lo es, sí —respondí en tono plano con la vista puesta en la ventana a mi costado. El amarillo de la luz de los faros titiló a la velocidad del automóvil—. Son cosas que pasan, ni modo.

    Su silencio me dijo que no esperaba que me tomara su aproximación con tal tranquilidad, lo sentí en la tensión que llenó lentamente el aire a nuestro alrededor, tensando los hilos del mundo de forma apenas perceptible. Creí que se callaría, pero se veía que lo había subestimado y en su lugar inhaló con cierta fuerza para finalmente suspirar con algo de incomodidad contenida. No supe por qué no se callaba si no estaba seguro de qué decir, pero la gente era estúpida por deporte y eso lo podía decir yo con toda certeza.

    Escuché el direccional unos segundos antes de que el coche girara y revisé el móvil cuando lo sentí vibrar en mis manos, anunciando el nombre de mi hermana en la notificación. No le respondí, la hija de puta era una pesada de mierda, le había dicho que ya iba en camino y no se daba por entendida con eso.

    —¿Es realmente tan grave? —preguntó el tipo por fin y yo lo miré de refilón—. Puedo hacer un desvío si necesitas llevar algo de tu casa antes o-

    —Mi madre tuvo un accidente —respondí cortándolo de tajo—, una vez la vea regresaré a casa por lo que necesite. Mi hermana está al borde del colapso.

    Mi respuesta fue fría, lo supe yo misma, pero también había asumido que colaba para que el idiota cerrara la boca y me dejara tranquila el resto del trayecto. Podía adjudicar mi falta de reacción junto a mis pocas ganas de dar explicaciones al shock que la misma noticia me habría provocado, una mera respuesta nacida del trauma que luego empezaría a desvanecerse cuando llegase con mi familia. Sin embargo, era consciente de que realmente no había tal cosa… Lo que se veía era lo que había, nada. Si estaba acudiendo al llamado de Ceres era porque la perra me había dado un ultimátum en resumidas cuentas, si se le ocurría denunciarme por la agresión de hace días iba a irme a la mierda porque la estúpida tenía puntadas en la frente, no era poca cosa.

    El trayecto sucedió en silencio, el idiota aparcó frente a la entrada del hospital y cuando bajé el cobro se rebajó en automático de la tarjeta de mi hermana para variar. Cerré la puerta luego de bajar, ni siquiera di las gracias y me encaminé hacia las puertas automáticas sin especial prisa. Mis tacones resonaron al chocar con la cerámica blancuzca de la recepción del hospital, el frío del interior chocó contra la piel que llevaba descubierta y toda la parafernalia de la casa de Akaisa fue reducida a nada en ese espacio que olía a esterilidad y a la vez a algún vestigio de sangre fresca, a hierro.

    Me acerqué al recibidor donde esperaba sentada una mujer japonesa, me saludó con una inclinación de cabeza y estaba por abrir la boca cuando la interrumpí de la misma manera que al conductor que me traía. Era una señora de unos cuarenta y pico, seria, que no se inmutó ante mi tono en lo más mínimo.

    —Tolvaj Irma. Soy su hija, Eris, adentro debe estar mi hermana Ceres.

    —Tolvaj —repitió, pasó páginas y recorrió los renglones con el dedo índice—. Ingresada de emergencia, sala de operaciones… No ha salido, señorita, pero puede encontrar a su hermana en el siguiente pasillo para que esperen noticias de los médicos.

    Asentí con la cabeza, miré el letrero que me señaló con la mano y el pasillo indicado antes de volver a ponerme en marcha. El frío de las paredes me fastidiaba, era crudo, casi filoso y se enredaba con los murmuros de las personas en los pasillos o el ruido de los médicos y demás personal movilizándose a toda velocidad de un área del hospital a otra. Nunca había entendido realmente a los que se dedicaban a atender personas por vocación.

    En lo que subía por las escaleras me acomodé el móvil a un costado de las copas del vestido, de forma que con las manos libres pude comenzar a deshacer el peinado y los pines que sujetaban el cabello en su lugar fueron cayendo detrás de mis pasos, ni siquiera me molesté en lanzarlos a la papelera o algo, los dejé caer, y cuando tuve toda la melena castaña y albina libre deslicé los dedos por las hebras, desenredándolas por encima. Recibí más de una mirada en el camino, pero me importó entre poco y nada.

    Al alcanzar el pasillo alguien me cayó encima, mi gemela me había echado los brazos al cuello y sollozaba como una puta mocosa de tres años. No reaccioné a su gesto ni al hecho de que claramente necesitara consuelo de alguien, me quedé allí bajo su agarre como una estatua y repasé el pasillo con la vista varias veces, desconectada de todo lo que me rodeaba. Ceres seguía llorando y juré que a la estúpida iba a darle algo, las piernas le fallaron un instante, y cuando tomó aire cualquiera diría que se había rasgado la garganta; dijo algo entre sus sollozos, pero no entendí nada y seguí sin moverme.

    No supe cuánto tiempo tardó en separarse, pero cuando lo hizo sus ojos, del mismo verde que los míos, estaban enrojecidos y cristalizados; llevaba el cabello castaño atado en una coleta alta y el mechón albino recogido hacia atrás de forma bastante desordenada, las puntadas en su frente parecían especialmente enrojecidas y me pregunté si a la idiota se le iría a infectar una herida tan sin gracia como esa. Cuando me miró pareció caer en cuenta de que era yo, que no había reacciones de mi parte y estaba allí solo para librarme de repercusiones legales.

    Que no importaba qué pasara, seguía siendo la hija de puta que le reventaría la cabeza contra un espejo.

    Se limpió el rostro con la manga de su suéter, el gesto fue brusco, y me di cuenta que se obligó a sí misma a desconectarse de sus propias emociones. Fue como si se hubiese arrancado del enchufe de un golpe seco, un esfuerzo fútil para no deshacerse en llanto de nuevo o estallar en mi dirección en medio del hospital.

    —Está delicada, no saben si… No saben si saldrá de la sala, Eris —dijo en un murmuro, estuvo a nada de no alcanzarme de hecho y crucé los brazos sobre el pecho—. Una camioneta la embistió, estuvo atrapada más de media hora y los golpes…

    —¿Para qué me quieres aquí? —solté de repente, estática en mi lugar—. Si querías compañía podías llamar a una amiga o algo.

    Cerró la boca de un solo movimiento, comprimió los gestos y otra correntada de lágrimas le empapó el rostro, volvió a limpiarse con la manga del suéter e inhaló con fuerza, buscando compostura donde no existía ninguna. La noté repasarme con la vista, lo hizo de la misma forma que mi madre y sus ojos recorrieron el tatuaje de mi cuello, el krait de bandas que alcanzaba mi brazo y se enrollaba allí.

    No tenía idea de qué veían realmente al mirarme, había dejado de interesarme poco después de cumplir trece años, pero algo me decía que veían la sombra de mi padre o algo parecido. El hombre la había palmado antes de que pudiésemos recordarlo, ¿pero entonces qué coño sabía Ceres que yo no para mirarme de la misma forma que mamá?

    Incluso podría ser que no vieran en mi silueta la copia de papá, si no de otra persona que nunca les había agradado, alguien que temían como si fuese la peste o un peligro inminente que no podían controlar. Podía ser cualquier cosa y podía no ser nada, no lo sabría nunca quizás.

    —Quería que estuvieras aquí cuando salga, si es que lo hace. —Logró articular pasados unos segundos.

    —La misma madre que te ha preferido toda su puta vida —añadí entredientes, intercambiando el peso de un pie al otro—. Lo menos que va a querer es venir a enterarse que estuve aquí… Con su adorada Ceres.

    La sentencia la obligó a callarse, cruzó los brazos bajo el pecho enrollándose en sí misma como un puercoespín y lanzó la mirada al suelo. Recorrí su silueta con la vista, determiné las diferencias casi imperceptibles entre nosotras y me quedé esperando. ¿Qué más iba a hacer? Además, ¿había mentido acaso? Su silencio era la respuesta.

    Siempre habían sabido lo que hacían.

    —Quizás podría llegar a pensar que-

    —La redención no existe, Ceres, deberías haberlo entendido ya. —Suspiré, me saqué el móvil del lugar donde lo había metido y revisé la hora—. Iré a casa, puedo ir a venir para traer cosas cuando lo necesites. No esperes más.

    Me tragué una risa y estiré la mano en su dirección, solo para revolcarme en su reacción en cuanto se encogió en su lugar. Deslicé los dedos por su frente, sin alcanzar las puntadas obviamente, y encontré su mirada cuando se atrevió a alzarla, dedicándole una sonrisa que contrastó con todo el ambiente general.

    —Cuida esa herida, hermanita. No vaya a ser que se infecte —murmuré regresando la mano a mi espacio.

    Por teléfono era muy fácil amenazarme, ¿no? Pero a la hora de la hora estaba asustada, tenía verdadero miedo no solo del destino de mamá, sino también de qué pasaría si algo ocurría con ella y no tenía más opción que quedarse sola conmigo. Nuestro padre estaba muerto, yacía en un cementerio de Tokyo desde hace más de una década, la abuela por parte de nuestra madre también y el resto de nuestra familia, bueno, era aire. Estaban en Hungría, desligados de nosotras por completo.

    Nadie se haría cargo de un par de huérfanas de casi dieciocho años.

    Me permití la risa que había contenido antes, fue floja, apagada y baja en tono, pero me di cuenta que Ceres lanzaba la mirada al suelo otra vez, como si solo eso le hubiese arrojado una cubeta de agua fría directo en el centro de la espalda. Sabía que si tiraba demasiado de la cuerda mi hermana era capaz de reaccionar y cumplir con su palabra, por eso estaba allí, pero también era cierto que una parte de los hilos de nuestra relación se habían movido siempre por el miedo, nada más.

    Ella lo sabía, ¿no?

    Razones le sobraban para encogerse en su lugar.

    De la forma que fuese, me despedí de Ceres de manera bastante distante y enderecé los pasos para salir del hospital de nuevo.. Sentía en los ojos ajenos la misma lástima que había encontrado en la voz del conductor de Uber y en realidad sabía que no tenía razón de ser. No había lástima alguna que sentir por mí ni por asomo, esa podían regalársela a mi hermana y mi madre sin ningún problema.

    El viaje de regreso a casa para mi suerte fue mucho más silencioso. El conductor que me tocó esta vez no hizo preguntas, ni siquiera small talk y fue una verdadera dicha, porque con la furia que me cargaba por el hecho de que Ceres me hubiese arruinado la noche ya no sabía ni cómo iba a reaccionar a una provocación o pregunta más. La verdad es que así como la mayoría del tiempo buscaba la bronca sin que nadie me lo pidiera, otras tantas era mejor no tocarme los ovarios y esa noche era una de esas veces, para qué mentir.

    Otro recargo a la tarjeta de mi hermana, otra puerta cerrada de golpe y estuve en el recibidor del edificio de apartamentos. Entré como si nada aunque ya para ese momento ni sabía qué hora era realmente y subí las escaleras con una calma que rozaba lo estúpido, acompañada por el sonido de la tela del vestido al rozarse, los tacones y alguno que otro coche circulando todavía. Había comenzado a sentir frío desde el hospital, pero pasé de ello como una campeona en cuanto estuve fuera de ese espacio y este desapareció apenas abrí la puerta del apartamento para entrar.

    Adentro estaba a oscuras, así que estiré la mano para golpear el interruptor de la luz que iluminó el espacio de un tono blancuzco parecido al del hospital. Cerré la puerta detrás de mí, arrojé el móvil y la llave en la mesilla a un costado del pasillo antes de apoyar las caderas en la pared e inclinarme para deshacerme de los zapatos. Los arrojé a un lado de la puerta, mis pies descalzos encontraron la madera fría del suelo y suspiré con pesadez.

    Hombre, qué desperdicio. Ni siquiera había podido comprarle hierba a la mariposita.

    Me pareció escuchar que mi móvil vibraba, asumí que ya mi hermana me habría escrito qué quería que le llevara cuando regresara al hospital, pero lo ignoré de momento porque lo primero que quería era poder relajarme un jodido segundo. A nuestra madre le podía quedar su buen rato en el quirófano y de por sí la idiota de Ceres no iba a moverse de donde estaba, así que bien podía llevar todo a las cinco de la mañana o a las diez, era bastante indiferente.

    Una muda de ropa y algo de comer para mi hermana no iba a salvar la vida de mamá.

    Despegué el cuerpo de la pared, abrí el cierre del vestido como pude y lo dejé caer a mi alrededor, los tonos verdosos se reflejaron en la madera clara, pulida. Caminé a mi habitación, escarbé por una camiseta ancha y me la puse encima, no me molesté en recoger lo que había dejado en el pasillo cuando volví a salir en dirección a la cocina.

    Observé el espacio como si no fuese mi casa; las fotos colgadas de las paredes, mi hermana con cada certificado de excelencia académica y nuestras celebraciones de cumpleaños. En algún punto de nuestra infancia diferenciarnos había sido difícil, pero poco después de los diez años comenzó a saltar a la vista.

    La forma en que yo veía el mundo no era, ni de cerca, como lo veía Ceres.

    El último esfuerzo de mi madre por medio corregirme había sido esta transferencia, en el Sakura estaba invirtiendo todo su jodido dinero, el que había quedado cuando papá la palmó y seguro hasta todas las plegarias o embrujos que se le pudieran ocurrir a cualquiera. Había sido la medida desesperada, me habían expulsado de una escuela por año y su esperanza era que este colegio de niños pijos fuese el último en donde podría un pie, dado que ya iba a graduarme.

    Ni idea de para qué lo intentaba, claro, si los aplausos, el amor y todo lo demás siempre lo tendría mi hermana. No tenía que decirlo ni yo que preguntarlo, era algo que saltaba a la vista desde que Ceres había demostrado ser calmada, estudiosa y… una aburrida en resumidas cuentas. Según ella podría estudiar la carrera que quisiera, porque tenía cerebro, mientras yo me tiraba todos los años con notas mediocres.

    A cualquiera podía parecerle estúpida, lo entendía.

    Pero tenía el cerebro de Akaisa, puede que incluso el de Sonnen.

    Al ver la última de las fotos colgadas sentí el impulso de tirarla, de hecho detuve mis pasos y me quedé prendada al marco, sopesando la idea, pero terminé por apartarla y seguí caminando. Llegué a la cocina, abrí la alacena y saqué una botella de vodka que había comprado mi madre para Año Nuevo, vete a saber por qué si casi no bebía, y busqué un vaso.

    Cuando lo encontré me senté con pesadez en una de las sillas del comedor y estiré la mano para alcanzar a abrir la puerta de la nevera, de donde saqué la caja de jugo de naranja y me serví un trago que hasta dio miedo. Era vodka con jugo de naranja, no al revés, pero mira a quién coño iba a importarle. No había nadie que fuese a juzgarlo y para cuando mamá volviera a casa, si volvía, lo menos que iba a notar era la falta de la botella porque era claro que entre hoy y mañana iba a desaparecer.

    Tenía pegado en la nariz el olor esteril del hospital, una peste a hierro que dudaba estuviese allí en realidad y ahora se revolvía con el olor del vodka. Se me ocurrió que no era demasiado diferente al olor en las callejuelas y los parques del Triángulo del Dragón, en los huecos del Infierno donde se juntaban las pandillas y más de una vez los encontronazos terminaban con gente sangrando y alcohol derramado sobre el cemento.

    Ese era el lugar que yo había elegido.

    El otro era el que mi madre le había dado a Ceres.

    Inhalé con cierta fuerza, alcé el vaso y al verlo a contraluz encontré una parte de mi reflejo. Detuve la mirada en él, en mis rasgos, por varios segundo o quizás un minuto, ni idea, pero una palabra en inglés me alcanzó la mente cuando pensé algo inconexo, venido de ninguna parte como un pensamiento intrusivo.

    Que siempre había tenido ojos de depredador, de animal. Como los skinwalkers americanos.

    Era ojos que siquiera parecían humanos allí bajo la luz artificial, habían dejado de parecerlo hace tanto tiempo. No había tenido que drogar a Welsh para perder un fragmento de lo que, en teoría, podía hacerme una persona decente, ni engatusar al castaño amigo de la mariposita en sus putas narices para oler su miedo y revolcarme en él o tirarme a Kasun en las duchas de la escuela o al veinteañero del bar de Minato.

    Mamá lo había sabido siempre.

    Y por eso tenía miedo de los resultados.
     
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    Yáahl

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    Come on and collect us from the night [Multirol]
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    Que lo último que publiqué es de marzo y estamos en junio ya, me mato JAJAJAJA pero bueno lo mismo del anterior fic. El tema del bloqueo se fue arrastrando, a decir verdad, pero de a poco voy reconectando con mis personajes, con algunos más que otros como ha sido siempre, pero conectado a fin de cuentas.

    No han sido días muy extraños, sobre todo el último mes, pero se hace lo que se puede. De alguna manera lo cierto es que regresar a mi facultad sí me regresó el trozo de mente que me faltaba, pero otros fragmentos siguen mordiendo mis manos cuando pretendo levantarlos. En gran parte, un buen porcentaje de los problemas vienen por una sensación de desconexión también, pero en otros ámbitos.

    Esto lo tenía escrito desde hace días, de hecho era algo que quería narrar ya hace tiempo y solo le fui metiendo más ideas, tenía muchas ganas de narrar a Altan desde los ojos de otro de mis pendejos y por la manera en que construí las cosas en el rol sentí que el mejor para ello era Cay.

    Como sea, hoy le puse turbo a eso de las doce de la noche y aquí estamos, ya de paso, es considerado canon para el background de ambos.

    Notas:

    • El que narra es Cayden, claramente la carta le corresponde (?).
    • El parque al que me refiero, del que Cay no recuerda el nombre, es el Nan-ou en Minato. Está a 600-700 mts del Hibiya de Chiyoda.
    • La maldición de los encendedores blancos medio me la arrastré de un fic ya viejo de Belu, pero bueno que todos los que tenían un mechero blanco en el bolsillo la palmaron.
    • En los lyrics del inicio hay dos canciones revueltas, la letra que no corresponde a Crossfire de Stephen es de Hayloft II de Mother Mother porque la usé de fondo una buena parte, porque me gusta muchísimo el inicio de la canción, pero al final me cayó el remix de Crossfire y va muchísimo más con Cayden. Podríamos pensar que la parte de Crossfire le corresponde a Cay y la de Hayloft a Al (?)
    • El rollo de las cuerdas rojas me lo robé con todo el descaro del Genshin, de la misión con Shenhe.
    Tuve un debate mental muy fuerte de si aventarlo en The Alchemist o aquí, siendo que uso dos personajes en teoría, pero al final quedó acá a pesar de todo.

    Hay demasiada narración, al alma que lea esto le pido disculpas desde ya.




    [​IMG]

    whatever happened to the young, young lovers?
    one got shot and the other got lost in
    drugs and punks and blood on the street
    .
    he'd trade his guns for love
    but he's caught in the crossfire
    and he keeps wakin' up
    but it's not to the sound of birds
    .
    an eye for an eye, a leg for a leg
    a shot in the heart doesn't make it un-break
    .
    heaven, if you sent us down
    so we can build a playground
    for the sinners to play as saints
    you'd be so proud of what we've made
    .
    my baby's got a gun
    whose ammunition justifies the wrong?


    V
    [​IMG]
    The Butterfly
    | Prey |

    OUT OF BALANCE
    . Fragility . Discomfort . Frustration .


    | Cayden Dunn |
    | Altan Sonnen |








    Recuerdo una de las primeras veces que vi al cuervo, fue en medio de mi período innombrable, en medio de la oscuridad. No lo sabía, pero era una fecha perdida en la mente de ambos, una que quizás no debía existir en el calendario pero estaba allí justo en medio de mi fuego negro manchado de azul y la promesa que ataba las correas de Altan Sonnen, manteniéndolo en medio de su océano helado, estático, por un amor idólatra que nunca acabaría de comprender él mismo.

    Debía tener dieciséis, al menos yo los había cumplido ya, él ni idea, pero bien podía colar que tenía incluso los diecisiete por la estatura. De nuevo, había sido una fecha perdida, un desliz o un error a secas, porque luego permaneció calmado muchísimo tiempo. Fue como si lo hubiesen sellado, como si una serie de cuerdas rojas hubiesen sido conjuradas solo para frenar su violencia y así lo habían detenido casi en todo sentido.

    No fue en Chiyoda, eso es lo más curioso, sino en Minato, en un parque no muy lejos del Hibiya del que ahora se me escapa por completo el nombre. Estaba comenzando a hacerme la reputación por los barrios especiales como un carroñero, sin afiliación y sin familia podía moverme libremente, pero apenas lo estaba comprendiendo al trabajar separado de Arata. Era complicado, no tanto porque fuese difícil vender cualquier mierda, si no porque sabía que con esta cara de no matar moscas sin llorar era mucho más vulnerable, pero también era consciente de que con persistencia todo era posible.

    Lo sabía muy bien, demasiado quizás.

    Porque el mundo era una checklist.

    Esa noche estaba haciendo el negocio rutinario de los teléfonos desechables, los trastos que usábamos para llamar y nada más, de forma que desaparecíamos del mapa. Eran útiles para casi todos, porque a la larga siempre hacíamos alguna estupidez que requería de no dejar pistas, así que no era raro.

    Cerrado el trato había ajustado dinero para una botella con un par de desconocidos, los que tenían pinta de poder comprar algo en cualquier sitio sin ser demasiado cuestionados, y habían llegado con una cuarta de ron y el resto se lo habían desaparecido en dos cajas de tabaco. No era parte del plan, pero colaba, al menos para la chimenea con patas que era por entonces.

    El sabor y el olor del tabaco nunca me habían gustado realmente, pero si el cerebro entendiera de esas mierdas la vida sería significativamente más sencilla. Al final del día todos nos movíamos por impulsos, por sensaciones y miedos que buscaban ser aliviados sin importar el costo, y por eso terminábamos en lugares como este. Parques dentro del corazón de Japón, donde los yōkai hacían y deshacían a su antojo.

    Era nuestro reino de humo, sombras y colmillos empapados de sangre.

    Fuese nuestra o no.

    Altan Sonnen era una figura extraña, lo entendí ese día bastante a la fuerza, se revolvía con la noche de formas que otros solo deseábamos y aún así había algo en él, más allá de la estatura del hijo de puta, que lo hacía resaltar entre el montón de lobos famélicos que se encontraba uno en la calle. Para empezar no se estaba muriendo de hambre, cabía destacar, pero de allí venía quizás el paralelismo que mi cerebro había hecho sin permiso de nadie.

    Su energía era de una naturaleza parecida, quizás, a la forma en que Kaoru se había alzado por encima del panorama, pero a la vez parecía estar en el extremo opuesto. La sombra del cuervo era significativamente más violenta, oscura, como si un agujero negro en el centro de su pecho pudiese tragarse toda la iluminación del sitio en el que pusiera un pie. Yako escupía una bomba de luz sobre sus espacios, alguien como Sonnen eliminaba ese trabajo.

    Igual era esa la ilusión que mi cerebro de trece años había colocado sobre el mayor de los Kurosawa.

    De un par de incidentes posteriores y lo que me contarían los Ootori tiempo después, especialmente Masaki, no sabía decir con exactitud si el buscapleitos era él o los demás, pero una cosa era segura y es que se empeñaba con aquellos que ya los otros teníamos fichados como agresivos. Al mismo tiempo parecía leerlos como putos libros, les sacaba radiografía, de forma que nunca se metía con alguien que le doblase en contextura o velocidad y cuando alcanzaban a dejarle ir golpes serios era, si acaso, por el error estadístico que existía en todo cálculo o porque directamente lo agarraban entre varios.

    Su agresión era intencional, claramente premeditada.

    No era capaz de comprenderlo, tal vez nunca lo haría, ni siquiera cuando en medio de la fatalidad de dar por sentado que un lobo de Shibuya había alcanzado a Kohaku fui capaz de ver las hilachas negras que cubrían la luz del sol. Jamás iba a entender la telaraña de la misma manera que Sonnen, llegaría a verla, pero no podría manipularla de igual forma y quizás tuviese que ver con las diferencias esenciales de nuestros núcleos.

    No me refería a sus elementos primordiales, esos con los que parecíamos haber nacido. Nada tenía que ver con que él fuese un inmenso cuerpo de agua y yo una vela a media vida, sino con el sentimiento que nos movía y quizás no era inherente a nosotros en realidad. Eran emociones aprendidas, nacidas de otras que nunca lográbamos procesar. El mundo gris de Sonnen, ese que había visto desde niño, y mi cueva, erguida por terror al abandono, habían sido los pilares de los sentimientos que moverían nuestra completa existencia.

    En forma de perpetua furia.

    Y eterno miedo.

    Mi existencia y la de Sonnen se resumía en dos líneas paralelas, avanzábamos hacia lo mismo como seres introvertidos, volcados hacia el interior, pero jamás alcanzaríamos a tocarnos. De hecho la sola idea parecía un sinsentido, tampoco terminaba de comprender por qué siendo que, por ejemplo, Hikari nunca había llegado a causarme el rechazo que me provocaba el cuervo.

    El caso era que nuestras maneras de leer la red a la que teníamos acceso eran capaces de superponerse, sí, como capas en los programas de edición, pero nunca serían iguales e intervendrían siempre en la lectura que hiciéramos de las mismas hebras de seda que conectaban en el mundo. Quizás ese sería el punto irreconciliable entre el cuervo y yo, sin más. Que para él la red era una herramienta, para mí no era más que un objeto de exposición y una alarma de emergencia.

    Cuando las hilachas aparecían debía huir o resistirme con uñas y dientes, incluso si me costaba la vida.

    Sonnen había aparecido por un costado del parque, solo, aunque para entonces ya debía conocer a Arata que por azares del destino había acabado en uno de los institutos de Chiyoda. Por rebote era el senpai del imbécil y, con el paso del tiempo, se habían vuelto unos cómplices de lo más extraños. Nunca le quitaría créditos a Arata por su capacidad de juntarse con toda clase de personas.

    Poco sabía yo que una parte de Shimizu siempre lo había mantenido allí por una razón.

    Sustituir a Yako.

    Venía vestido de negro de pies a cabeza, como luego aprendería era usual, lo que le daba estas vibras de puto hijo de Drácula y eso sin mencionar que el cabrón tenía más cara de moco que yo. De nuevo, mucho del control que era capaz de ejercer el cuervo venía del miedo puro que ejercía a través de la violencia y, para su fortuna o desgracia, había aprendido a infundirlo desde muy joven.

    Al menos cuando yo lo conocí, separado de la única persona capaz de suavizarlo por entonces, no tardé en encasillarlo como uno de esos con los que no había que meterse. Se podía hablar con él, me daría cuenta ese día, de hecho lo vi hablando con varios a los que seguro les estornudabas y se meaban encima, pero si le tocabas mucho las pelotas te podía partir la nuca. Desde el inicio me recordó a Hikari en ese sentido.

    Esa noche al verlo llegar no me llamó la atención por algo en especial, o de ser el caso no supe qué había sido y lo procesaría hasta meses, años después posiblemente, cuando lograra formar una imagen más nítida de su naturaleza. Ya se sabía desde hace años, la estupidez de que no me iban los tíos con cara de diablo encarnado.

    Aún así la forma en que mi propio cerebro había colocado ambas figuras, la de Yako y la del cuervo, como caras de una misma moneda posiblemente fuese también una de las razones por las que comenzaría a rechazarlo. Eso sin mencionar la manera en que las cosas se darían vuelta, colocándolo como el único posible sucesor.

    Hasta que eligiera sus bandos, luego de conocer al fuego que reconocería como hermano.

    Lo seguí con el rabillo del ojo, lo leí por encima y me desentendí al verlo acercarse a unos idiotas que no ubicaba de nada. Para la cara de moco que cargaba, al menos en la calle Sonnen se acercaba a Dios y el diablo con una facilidad que no le vería, por ejemplo, en el Sakura. Bien consciente de quiénes podría aprovecharse, siempre era el que ponía menos dinero cuando se trataba de alcohol, tabaco o hierba, como si no estuviese forrado.

    El hijo de puta era hijo de un emperador y se lucraba de los miserables.

    La pregunta era, ¿de cuáles miserables en específico? ¿Los lobos famélicos o los cachorros perdidos como lo había sido yo? Nunca lo supe con completa certeza, sus movimientos en ese aspecto eran más cautelosos que cuando desataba el maremoto sobre la misma clase de hijos de puta que él, por decir algo. Incluso después, ya para cuando topamos en el Sakura, todavía no había averiguado realmente a quiénes les sacaba la pasta con semejante descaro.

    Mantuve la atención en el grupito, eran tres a los que yo mismo les sacaba media cabeza ya de por sí, encorvado y todo, de forma que junto a Sonnen con sus pintas de vampiro recién sacado de la cripta parecían unos jodidos corchos. Lo recibieron con cierta tensión escrita en el cuerpo, pero lo hicieron, y conforme empezaron a negociar o lo que fuese acabaron por relajar los músculos, quizás sin darse cuenta.

    Intercambiaron palabras un buen rato, hasta que vi a Sonnen negar con la cabeza con su eterna prepotencia y me pareció que les daba una orden, para hacer el cuento corto. Los tres diablos le entregaron el dinero y él se retiró, pasta en mano, hacia alguna de las licoreras clandestinas que teníamos todos bien ubicadas. Sin embargo, noté que antes de que girara el cuerpo para irse había reparado en mí directamente un instante. Sus pozos sin fondo encontraron mis ojos y fue como chocar con una de esas ventanas de espejo que te impiden mirar el interior.

    La oscuridad que encontré en los ojos de Altan Sonnen amenazó con absorberme.

    El lobo que resguardaba entre mis paredes de fuego murmuró algo incomprensible.

    Regresé a lo mío, me habían dejado el final de la botella de ron y fui a una de las bancas, donde me dejé caer para sacarme el móvil del bolsillo, el de verdad, vaya, no mi propio trasto desechable. Tenía un par de mensajes de Yuzu, me preguntaba si estaba bien o si andaba con Arata, a lo que le respondí que estaba solo pero que estaba bien. Con eso se dio por servida y solo me dijo que si necesitaba algo me desviara a su casa, siendo que le había dicho temprano que estaría en Minato.

    Me quedé pendiente del entorno, como era normal de por sí, y vi al cuervo regresar con una botella de Smirnoff y una cajetilla de Camel cosa de diez minutos después, o eso me pareció por el color, traía los cigarros sujetos entre la botella y sus dedos así que no vi demasiado bien. No reparó en mi existencia una segunda vez y fue a reunirse con los tres enanos. Destapó el vodka, le metió un trago que no dejó nada que desear y le extendió la botella a los otros.

    En los intermedios me había dedicado a encender uno de los cigarros que el propio grupo con el que yo había negociado me había dejado. Busqué el mechero, que para la gracia le había sacado del bolsillo a alguien hace días y era de un fucsia jodidamente chillón, era de los baratos; giré la rueda y le di el primer tirón al cigarrillo para activar el diminuto incendio.

    Paladeé el gusto en la boca, era un tabaco de mierda para terminar de hacerla y arrugué los gestos en respuesta, aunque seguí fumando sin más. Lo dicho, para entonces era una jodida chimenea, y solo despertaría casi un año completo después por el golpe de realidad que me arrojaría Shimizu.

    En el grupo del cuervo la botella había casi desaparecido, porque de por sí ni de coña era de las de litro siendo que eran pocos, y me di cuenta que el cabrón no había repartido el tabaco como habíamos hecho nosotros. La cajetilla, bien cerrada, seguía en su mano.

    Fue hasta después de pegarle el último trago que le correspondía de la botella, calculado, que lo vi inspeccionar el espacio con la mirada. Yo me había acabado el cigarro y estaba encendiendo el segundo con la colilla del primero, pero me había dejado el mechero fucsia entre los dedos. Supongo que la mierda fue lo suficientemente brillante para atraer su atención.

    Cruzó el espacio como si fuese su puta casa, de la misma manera que lo hacíamos casi todos, y lo noté incluso antes de tenerlo al frente. Solté el humo que me había llenado los pulmones al encender el cigarrillo y encontré sus ojos a través de él. Me di cuenta que una chispa de burla le pasó por la mirada, no tenía que decirlo para que supiera a qué se debía.

    La cara de mocoso, ¿verdad? Como siempre.

    —¿Me regalas fuego? —preguntó en un tono tan plano que me dejó fuera de base un sólido segundo.

    Fue como escuchar a una máquina.

    Cuando por fin reaccioné dejé caer la colilla anterior, la pisé con la suela de la bota y extendí el mechero en su dirección. Lo deslizó de mi mano con cierto cuidado premeditado que me hizo sentir que se había olido, como mínimo, lo ansioso que era capaz de ponerme si me invadías demasiado el espacio.

    Quizás el cabrón se proyectó, ni idea.

    En lo que le respondía y todo el tema se había dedicado a abrir la cajetilla, así que solo se llevó un cigarro a los labios para encenderlo apenas tuvo el fuego en su poder. Seguí sus movimientos con la vista, atento, ni siquiera lo disimulé.

    —No te lo quedes, cabrón —dije, no sé con qué huevos.

    —Calmado, cara de bebé. Ya debo estar maldito con un mechero blanco como para robarme uno rosa quemaojos —respondió con la misma monotonía de antes luego de regresarme el mechero—. Gracias…

    Swallowtail —completé, hundiendo el encendedor en el bolsillo. Obviamente pasé por alto la forma en que me había llamado.

    Asintió con la cabeza, no preguntó nada acostumbrado como debía estar ya a los apodos de la calle, y se retiró sin más. Asumí que encendería los siguientes con la colilla del anterior, justo como acaba de hacer yo, o en su defecto no me importó lo suficiente a quién más tendría que pedirle un mechero.

    La noche siguió transcurriendo con relativa normalidad, cosa de unos cuarenta minutos después apareció otro par con los que había negociado algunos de los cuchillos de Arata y cerré otro trato sin demasiado esfuerzo. La cara de crío ayudaba a crear la suficiente confianza, lo había entendido hace rato, era una espada de doble filo.

    Sonnen se me había perdido hace rato, pero el silbido de una cuerda al romper el aire me atrajo de repente. No entendería hasta mucho después que había sido el ruido de la red, que no estaba allí en realidad. Lo que le siguió fue un silencio de muerte, ese que escuchas en el bosque a mitad del invierno en el punto más oscuro de la noche, apenas un instante antes de que inicie el amanecer.

    Fue un presagio.

    Se podía emparejar al graznido de los cuervos.

    En cosa de un segundo se desató el desastre, el ruido lo reconocí sin siquiera tener que procesarlo realmente y me levanté de la banca donde me había quedado de un salto. No estaba seguro si dejarme las piernas en la acera para librarme de quedar en el fuego cruzado, pero en su defecto me quedé clavado al suelo en el momento en que giré el cuerpo, porque el bullicio había venido desde mi espalda, y distinguí las figuras a menos de diez metros de mi posición.

    El ruido que me había alcanzado primero era el de las maldiciones en el japonés más soez que se hubiese oído nunca, seguido de un inglés claramente americano, y finalmente el sonido de los golpes y las personas aglomerándose en consecuencia. Conocía a estos hijos de puta, muchos en lugar de salvarse el culo rodeaban a las bestias como si estuviesen en un redondel y se deleitaban con el espectáculo.

    Yo había sido prácticamente criado por Arata, quien las únicas veces que no huía era cuando él iniciaba la revuelta, pero por demás siempre desaparecía apenas escuchaba el primer golpe. Había aprendido eso de él y de mi naturaleza propia, que ya de por sí huía del conflicto. Ante el primer ruido había que desvanecerse.

    Arata huía de las sirenas.

    Yo de la visión de dos bandos enfrentados.

    El mismo Sonnen lo diría casi dos años después, luego de que Hikari lo dejara prácticamente muerto y tuviese que volver a ponerse el alma en el cuerpo. Para cuando ya había comenzado a rechazarlo, presa del miedo por la posibilidad exageradamente remota de que Kohaku volviera a escaparse de mis manos.

    Todos nos movemos por lealtades, ¿no, mariposita?

    Las tuyas parecen especialmente fuertes para ser un carroñero.

    No me quiero imaginar si te ponen a jugar a los bandos.

    —¡El hijo de puta se le fue encima sin aviso! —gritó alguien, una chica de hecho—. ¡El alemán sólo le dejó ir una hostia, no estaba haciendo nada!

    En el círculo que había rodeado al par de desgraciados se abrió una ventana cuando alguien empujó a la muchacha que había gritado, la hizo a un lado y también a varios de los demás, dejando un hueco. Lo primero que vi desde la distancia fue un parchón negro, el color legítimo de un ala de cuervo, arrojarse sobre otro cuerpo. Le sacaba altura, pero tenía menos masa corporal, eso sin duda, y esa sería su condena.

    El golpe que alcanzó al otro cabrón llevaba una fuerza exageradamente premeditada, de haberle alcanzado la mandíbula directamente lo habría mandado a negro. Sin embargo, el palo de dientes había alcanzado a desviarlo, le alcanzó la nariz y aunque lo dejó a nada de desvanecerse, logró mantener el balance a duras penas.

    Fue cuando pretendió regresarle el puñetazo que falló estrepitosamente, el cuervo logró arrojarlo hacia el costado directo al suelo y entonces sí se le fue encima en el sentido literal de la palabra. Tomó impulso para dejarle ir un golpe directo en la cara, el hijo de puta lo hizo, pero la misma muchacha que había gritado al principio había logrado encontrar a algunos de los amigos del chico o lo que fuese y se metieron, sujetando a Altan por los brazos.

    El jodido se revolvió como un animal salvaje, logró zafarse de uno de ellos, que fue lo bastante rápido para volver a pescarlo con mayor fuerza e impedirle escapar para caerle al otro de nuevo. En ese momento pude determinar su rostro y juré por todos los dioses del panteón que los mismos ojos que me parecieron un agujero negro hace menos de una hora y media estaban encendidos como carbones.

    Más que eso, lo que me terminó de arrojar una cubeta de agua helada por la columna fue la sonrisa que le cubría el rostro. Parecía desconectada de sí mismo, ni siquiera encajaba del todo con sus facciones, y estaba casi completamente seguro de que debía tener la boca hecha agua, como un maldito lobo luego de un largo invierno al conseguir su primera comida.

    Los otros imbéciles lo lanzaron a un lado como si fuese un saco de carne, uno de ellos estuvo por ensañarse con él, me di cuenta, pero alguien de entre los que se habían dispersado en el momento en que se metieron lo arrastró para que se llevara a su amigo. La muchacha que los había traído estaba con el apaleado tratando de levantarlo y llorando como una Magdalena, claro que necesitaba ayuda.

    Sonnen se quedó en el suelo respirando como un perro y no fue hasta varios segundos después que se limpió el sudor del rostro con el dorso del antebrazo. Sus ojos encontraron los míos luego de eso, todavía refulgían como un pedazo de carbón y su sonrisa se desvaneció como la de un muñeco a pila. Fue anticlimático, rígido, como si se hubiese forzado a ello y lo vi pasarse la lengua por los dientes como si pretendiera sacarse algún mal sabor de la boca.

    Tosió una, dos, tres veces y lo siguiente que supe fue que el sonido de las sirenas de la policía viajaba por el aire desde algún punto al Oeste. Escucharlas solo logró aflojarme todos los engranajes hasta ahora tensos y en el último segundo que nuestras miradas siguieron conectadas, el lobo tras mis paredes de fuego volvió a murmurar algo, esta vez con absoluta claridad.

    Está maldito, dijo.

    Nació del azufre, no lo dudes nunca.

    Tiene la peste de la mafia pura encima, la conoces.


    Fue un delirio de fiebre, un secreto a voces también, y no lo recordaría nunca más a pesar de que lo escuché. A pesar de que me escuché a mí mismo con semejante volumen, como si hubiese visto el futuro por un instante. Había leído la red y mi núcleo había reaccionado.

    El cuervo me había aterrado con apenas dieciséis años.

    Pero la fecha estaba perdida en el calendario.

    En los agujeros de nuestras memorias.


    Las piernas me respondieron en consecuencia al murmuro de mi propio núcleo y al sonido de las sirenas, eché a correr sin mirar atrás y la sukajan que llevaba puesta, la negra con el dragón dorado, ondeó detrás de mi carrera como una bandera. Corrí como un descosido por el parque, alcancé la acera, la calle en dirección al Este y giré en seco en la primera intersección.

    El alcohol y el tabaco me palpitaban en el cuerpo, pero el miedo era más grande, siempre lo había sido. Estaba entrenado en base a terror puro. Alcancé a llegar frente al 7-Eleven de la Hibiya-dori y solo allí, a pesar de que escuchaba el eco de las sirenas todavía, me digné a tomar una pausa para llevar aire a los pulmones. Me dolía respirar y me ardían los ojos.

    Estaba demasiado lejos de Roppongi para refugiarme entre las luces de neón de las discotecas, aunque no me dejaran entrar, e igual o más lejos de casa de Yuzu como para aparecerme allí. No lo recuerdo con nitidez, no tengo certeza de qué hice más allá de comprarme un refresco en el 7-Eleven cuando logré calmarme, quizás. Puede que esa haya sido una de las pocas veces en medio de mi período innombrable en que no solo reconecté con alguna emoción, sino que volví a casa en vez de huir de mi madre como un estúpido.

    No lo sabía tampoco, pero en medio de la sangre que había manchado el césped del parque, toda proveniente de la nariz rota del palo de dientes, había quedado un mechero blanco que no pertenecía a Sonnen si no a su víctima.

    Sería el único rastro que quedaría del maremoto para cuando llegara la patrulla.
     
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