Zin Zin

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por NGN, 4 Julio 2012.

  1.  
    NGN

    NGN Guest

    Título:
    Zin Zin
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    2082
    RESUMEN: Es un mundo dividido en 4 grandes naciones
    Norte: gobernado por vampiros
    Sur: licantropos capaces de leer la mente
    Oriente: Humanos corrientes
    Occidente: Doppelgangers
    Sofía es la hija ciega del emperador del norte, una chica fuerte y decidida, con la ayuda de sus amigos investiga extraños sucesos alrededor de la trágica muerte de su madre y otros de sus parientes, lo que la lleva enfrentar al complot de quienes pretenden dominar y esclavizar a cada una de las 4 grandes naciones.
    CAPITULO I
    Era un día caluroso en las tierras del norte, de esos que los vampiros odian y los humanos adoran, Sofia ha decidido hacer una visita a su padre, el emperador, luego de que este no responda a los múltiples mensajes que le ha enviado, espera en el jardín pacientemente junto a su hermana la princesa Leonora.
    La princesa es ya una chica en edad de merecer, soñadora, alejada de la realidad que vive o en palabras de su hermana mayor "un ángel que se ha aventurado a vivir..." Su larga cabellera, es negra como el carbón mas puro, sus ojos son los únicos que podrían competir con tal oscuridad y su piel es de un blanco espectral, luce tan hermosa bajo los rayos del sol que es verdaderamente un pecado parpadear. Su hermana de pie frente a ella solo puede sentir y escuchar atentamente todo sus movimientos, sus ojos grises y adormecidos jamas han conocido ni luz ni oscuridad, siendo ciega de nacimiento, su personalidad se ha vuelto tosca y en algunos casos hasta de rasgos masculinos, a pesar de que ambas han sido educadas de la misma forma, no pueden ser dos personas mas desiguales, como dos estrellas en el cielo cada una ardiendo de forma diferente.

    - ¿Que es lo que ocurre con los pájaros? - dijo Sofía quebrando el silencio
    - He puesto miel en el árbol, llegaron muchos insectos a comer y luego los pájaros... son muy entretenidos cuando puedes verlos- dijo Leonora sin despegar sus ojos del dibujo que hacia.
    - Si tienes tiempo para esto deberías estudiar mas arduamente, el día en que te conviertas en emperatriz, quiero que todos te conozcan por tu sabiduría mas que por tu prudencia o nivel artístico- y diciendo esto apretó el pájaro que sostenía en la mano hasta aniquilarlo.

    alguien se acerco a las dos y vio como leonora se levantaba del suelo angustiada mientras reclamaba a su hermana por lo que habia hecho a su pequeño amigo, Sofia cruzo sus brazos sobre su pecho e ignoro el llanto de su hermana.
    - ¿Ya puedo hablar con mi padre?- dijo Sofía
    - ofrézcale una disculpa a su hermana primero coronel- Dijo el hombre que se acercaba a ellas, el había sido su tutor por mas de 14 años, era un hombre joven de cabello blanco, piel morena y ojos violeta, procedente de las regiones mas frías del sur
    - No pensé que sintieras tanto aprecio por la vida de un ser tan pequeño, siento haber herido tus sentimientos y a tu pequeño amigo, cuando hable con mi padre le pediré que me deje llevarte a las afueras del palacio para presentarte amigos reales...- acariciaba su cabeza mientras decía esto-... el calor y la soledad te están volviendo loca.
    - kurooo!!- chillo Leonora
    - No en serio lo siento- le dio un beso a su hermana menor en la frente para luego acompañar a Kuro

    - ¿Como van las cosas en el ejercito?- pregunto kuro mientras la escoltaba al despacho de su padre
    - No tan bien como aquí... En el reporte de hace 3 días aparecían 3 injertos mas, ya van 30 esta semana, si esto sigue así y mi padre no le pone control a la situación no se detendrán en Larst, van a crear una revolución de injertos infectando cada estado, alguien debe detenerlos
    -Tu padre no piensa autorizar tu ida a Larst, dice que eres mas util aqui, pero no me escuches a mi habla tu con él
    - Si mi padre no lo autoriza, lo haré yo misma y no tengo miedo a las consecuencias- diciendo esto abrió las puertas del despacho de par en par- Buenos días, padre...- inclino su cuerpo en señal de respeto
    Brandon, su padre levanto la vista, tenia en su escritorio una pila de papeles y un mapa abierto, y frente a él, un invitado muy importante, el Señor de las tierras de Oriente, Kiyoshi, el primero era un padre amoroso, de ojos y cabello negro igual que la mayoría de los vampiros mientras que el segundo era un hombre moreno, de complexión fuerte, personalidad parca, tildado de asocial por este motivo, en palabras de Kuro "parece como si quisiera alejarse de las demás personas... imagino lo feliz que seria navegando en un tempano de hielo completamente solo", Sofía sabia quien era, pero no lo identifico, simplemente supo que su padre tenia compañía y que era un hombre.

    -Lamento interrumpirlo padre pero es de extrema urgencia que tenga una audiencia con usted- Dijo Sofia ignorando al visitante
    -Coronel, le presento al emperador de oriente Kiyoshi, ella es mi hija mayor y coronel del ejercito.
    -He escuchado mucho de usted su alteza, es un honor para mi conocerla- dijo kiyoshi haciendo una reverencia- discúlpeme pero debo retirarme, ha sido un placer- dijo esto y se marcho de inmediato.
    -He recibido todos tus mensajes Sofía y solo has venido aquí para visitar a tu hermana y verme a mi, no obtendrás lo que buscas.
    -Padre la creacion de injertos es ilegal como usted bien sabe, se necesita un permiso especial del concejo, aun asi cada año debemos hacernos cargos de mas y mas casos de personas infectadas, creo saber la fuente de...
    -NO...- grito interrumpiendo a su hija- no dejare que vayas a Larst, ya envié a una comisión, están inspeccionando ellos se encargaran de todo, si el pueblo de Larst ve la presencia del ejercito, solo conseguiremos disturbios, recuerda que la oposición humana es mas fuerte que aquí en el estado capital
    -Se que lo haces porque temes... no tienes suficiente confianza en mi, soy coronel del ejercito gracias a mis esfuerzos, puedo hacer esto, iré a Larst con o sin tu ayuda, puedo hacerlo como ciudadana del norte, incluso si tengo que ir sin hombres lo haré
    -Claro que tengo confianza en ti, eres mi hija, llevas mi sangre... dame una semana para pensarlo- le regalo una sonrisa a su hija a pesar de que ella no podía verla, estaba orgulloso de ella y en lo que se había convertido.
    Leonora esquivo a kuro en la puerta y entro al despacho sin ser anunciada
    -Padre debes hacer que se quede a cenar, hace mucho no gozamos de su presencia, por favor por favor- juntando sus manos.
    -No puedo obligar a tu hermana a hacer nada en contra de su voluntad
    Sofia rodeo el cuello de su hermana con su brazo, apretujando cuidando no asfixiarla
    -¿Quieres que me quede a hacerte la vida imposible?- sonriendo
    -Has pasado demasiado tiempo con chimaru- liberándose
    -¡ja! no menciones a mi primo, esta bien esta bien, cenare con ustedes- sabia cuanto bien le hacian a su hermana sus visitas, dado que nunca podía salir del palacio, su hermana era la unica ventana que ella tenia al exterior.

    durante la cena Sofía uso su uniforme militar, a pesar de los ruegos de su hermana por intentar suavizar su apariencia, soltó su cabello solo para complacerla, se había convertido en una mujer muy hermosa, pero su actitud era un repelente para cualquiera que intentara conquistarla, solo aquellos que la conocían realmente podían sentir afecto hacia su persona, era muy popular en el pueblo, pero era solo porque le tenían lastima dada su condición de ciega.
    -¿donde esta Kuro, acaso ya no tiene permitido cenar con ustedes?- pregunto Sofía al no sentir la presencia de su tutor
    -Se disculpo y salio, tenia cosas importantes que hacer- dijo Brandon
    Kiyoshi entro al comedor examinando el lugar con su fria mirada -lamento llegar un poco tarde, tuve un inconveniente, nada grave- dijo mientras ocupaba el lugar que Brandon habia designado para el, a su derecha, justo al lado de Leonora.
    -Bienvenido, podemos empezar a cenar- diciendo esto llevo una copa de sangre a sus labios y bebió un sorbo.
    -Pense que no se quedaria a cenar su alteza- dijo Leonora para acabar con el silencio incomodo
    -No podia rechazar tan amable invitacion- respondio kiyoshi fríamente
    -Vaya, deberiamos traer a alguien para que toque una marcha funebre, me perdi de algo o ¿estamos velando al pato?- dijo sofia mientras que con una mano alcanzaba un muslo del pato en cuestion
    -Sofía, si tienes alguna idea para avivar la conversación podrías empezar a hablar y dejar los sarcasmos, tenemos un invitado- dijo su padre.
    -Tengo entendido que durante su juventud pertenecio al ejercito ¿no es asi? su alteza- dijo sofia de mala gana
    -Al morir mi padre como su único hijo debía ocupar el trono por lo tanto le di mi lugar como general a un familiar cercano
    -¿cuantos años tiene usted?- dijo sofía sospechando que por su voz debia ser casi de la edad de su padre.
    -Tengo 30 años
    -¿Cual es el mas joven de todos los emperadores?- dijo Leonora un poco mas interesada en la conversacion
    -Creo que es ichibaru, el emperador del sur
    -Se equivocan, es el emperador de occidente, narciso- dijo su padre- ¿por que hablamos de estos temas tan triviales?
    -¿Debemos hablar de algo importante? ¿tienes algo que decir padre?- podía leer su pensamiento, su padre tenia a su invitado sentado al lado de Leonora y a su diestra por alguna razón en especial, Sofía era una chica analítica que no dejaba pasar detalles.
    Brandon tosió y siguió comiendo intentando ignorar a su hija, Kiyoshi no separo sus ojos de Sofía en toda la cena y asi transcurrió la misma, en completo silencio.
    Leonora se aferro con fuerza al brazo de su hermana rogando que pasara la noche en el palacio, Sofía accedió, el cuartel podía esperar, su hermana menor la necesitaba, en su habitación habían dos camas, siempre habían compartido recamara y Leonora no permitía que la cama de su hermana fuese retirada a pesar de que desde hace 4 años ella ya no vivía en el palacio, Kuro acompaño a las hermanas a su habitación para poder conversar con Sofía a quien ya no veía con frecuencia.
    - ¿Que hacia ese hombre cenando con nosotros?- interrogo Leonora a Kuro mientras cepillaba su melena
    -No van a sacarme una sola palabra- dijo kuro divirtiendose al hacer sufrir a sus pupilas
    -Sino vas a decir nada lárgate de nuestra habitación, hace tanto que no me ves y no eres capaz de complacernos en eso- dijo Sofía acercando su rostro al suyo- su corazón late muy fuerte hermanita, lo estamos consiguiendo nos lo dirá pronto.
    -Solo les diré que ese hombre vino a cerrar un contrato con su padre-Dijo Kuro alejándose de Sofía, su presencia le ponía incomodo, porque la quería en secreto, su corazón siempre iba a latir descontroladamente frente a ella, aun cuando no ocultaba nada- ya es hora de que duerman-Dijo levantandose.
    -Te escolto al pasillo, ciervo asustadizo- dijo Sofía sonriendo maliciosamente


    Estando lejos de la habitación de su hermana Sofía hablo con mas libertad - Papa pretende casarla con ese hombre, no necesito tus habilidades para darme cuenta- hablaba de la habilidad de algunos habitantes del sur para leer la mente de los demas.
    -No se te escapa nada
    -Es increíble, tenias que haber estado en la cena, que hombre tan apático y sin gracia, destruirá la felicidad de mi hermana con tanta amargura.
    -¿quieres escuchar algo gracioso? Le dicen el toro, es su apodo, nadie cree que sea buena persona, yo no he tratado con el directamente, pero si es una persona un tanto antipática.
    -No haré aspavientos con esto, pero si mi hermana no lo desea, impediré esto.
    -Vaya pero que veo... Sofía estar con humanos te ha convertido en una persona sensible- dijo Kuro burlándose de ella
    Sofía se limito a sacar su dedo medio en la cara de Kuro, este la envolvió en sus brazos sonriendo
    -Es bueno tenerte de vuelta en el palacio, aunque sea por unos momentos- le dijo con suavidad al oido.
    Sofía le devolvió el abrazo sorprendida- hasta mañana, querido amigo- sonriendo
     
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  2.  
    BladeDraco

    BladeDraco El dragón que le susurra a la luna

    Piscis
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    Escritor
    Hola, pff lamento el retraso pero si algo no me sobra es tiempo, bien veamos. La historia por si misma me llama la atencion, es interesante a mi parecer. Ammm nunca he sido fan de las historias de vampiros y hombres lobos pero me atrae la tematica de 4 tipos de criaturas distintas aun que no se que es un Doppelgangers -.- no salio nada en google. Escritura, ahi se te ha ido bastante el uso de comas, principalmente en los "más", igualmente siento que se te ha ido un poco a la hora de la cambiar de personajes y escenas, afecta un poco aun a si es entendible. Como te dije no soy fan de las historias de Vampiros y Hombres lobos pero la tuya me ha atraido con gusto leere tu siguiente capitulo.
     
  3.  
    NGN

    NGN Guest

    Empece a escribirla hace mucho, gracias por leerla, confieso que mis conocimientos acerca del uso de signos de puntuación es poco; nunca he estado acostumbrada a ellos. La próxima vez se la enviare a mi editor antes de publicarla, así sera casi perfecta. Me siento honrada con tu critica, acerca de Doppelganger, hacen parte de la mitologia germanica, son nuestros dobles, viven en nuestra espalda imitando cada uno de nuestros movimientos, solo tu mismo puedes verlo pero son muy rapidos para la vista humana, en otras palabras son tu copia exacta. Adoro las leyendas y mitos paganos, si tienes alguna que compartir conmigo estaré encantada de oírla.
     
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  4.  
    Ziello B

    Ziello B Entusiasta

    Escorpión
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    Hola... Me ha complacido leer este primer capítulo, pues para ser el primero esta realmente muy bueno; narración, trama, diálogos y los personajes ni se diga.
    La actitud de Sofía me agrada; su forma de hablar y facilidad para analizar los pequeños detalles, a pesar de ser siega.
    Leonora, alguien sin duda peculiar entre los suyos.
    Kiyoshi es un tipo de cuidado,o al menos esa fue la impresión que me dio, también creo que tiene cierto interés por Sofía.
    Kuro parece ser un buen amigo y el típico mejor amigo enamorado.
    No tengo mucho que opinar sobre el padre de Sofía, prefiero esperarme al próximo capitulo.
    Tuviste varios errores con los ostiantes verbos en pasado, recuerda que por lo general la mayoría de estos se tildan, en caso de que quieras que te los marque avisame y a partir del proximo capi lo hago. Bueno, creo que sería todo por ahora, nos leemos luego, chao!
     
  5.  
    NGN

    NGN Guest

    Gracias por leerlo, pronto subiré el siguiente capitulo, confío menos errores que en el primero. Me siento muy honrada al saber que mis personajes son de tu agrado.
     
  6.  
    NGN

    NGN Guest

    Título:
    Zin Zin
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    2955
    CAPITULO II


    Inicia un nuevo día en el palacio imperial del Norte. Todos sus habitantes permanentes son vampiros, todos menos uno, el tutor de la princesa heredera. Éste despierta como de costumbre a las 4:00 am, da una ronda por el castillo verificando que todo funciona con normalidad para luego presentar su informe al emperador cuando fueran exactamente las seis de la mañana.

    –Sin novedades, su alteza –dijo Kuro inclinando la cabeza en actitud de despedida.
    –Vaya... sé que vivir entre nosotros no debe ser extraordinario ni divertido, pero hoy tu informe ha sido más reducido que de costumbre –dijo Brandon levantando una ceja
    –Lo siento, pero el nuevo chef está esperando a que le dé las respectivas indicaciones
    –Ah... Por fin lo has contratado ¿Es humano?
    –En efecto, su majestad. Su nombre es Mark. Ahora, si me disculpa…–dijo Kuro intentando escabullirse.
    –Antes de que te vayas –dijo Brandon mientras sacaba un sobre del cajón de su escritorio– .Envía esto al cuartel. Hazlo antes de que Sofía se marche.

    Kuro recobró el ánimo y sus ojos se llenaron de luz al saber que Sofía aún estaba en el palacio. No podía ocultar la felicidad que aquello le producía, ya que todo el tiempo maniobraba cualquier excusa para verla. Incluso el chef podría esperar, el hambre no es oponente para el deseo de ver a quien se ama. Tomó el papel con las dos manos e inclinó la cabeza.

    –¿A quién se dirige la carta? –Kuro tenía permitido entrometerse un poco en los asuntos del imperio dada la confianza que existía entre él, el emperador y sus hijas. De hecho, Brandon había afirmado en más de una ocasión que le podía confiar su vida a este hombre.
    –Al general Murdock. Es importante que Sofía no se dé cuenta. Ya puedes retirarte –se limitó a decir el monarca.
    Kuro se marchó caminando a toda prisa por los pasillos del palacio mientras Brandon se burlaba en su despacho. “Humanos... siempre con tanta prisa. Jajaja”.



    Kuro preguntaba a todo empleado que se cruzara en su camino por el paradero de las princesas. Llevaba más de media hora buscándolas por doquier, pero ninguno de los tantos criados que tenía el castillo parecía siquiera tener una pista. “Es imposible que tantos ojos y oídos sobrehumanos sean capaces de ignorar la ubicación de Sofía y Leonora. ¿Es que acaso no quieren decírmelo? Pero, ¿por qué?”. Ofuscado, entró en las cámaras de fabricación de vino. Observó a los criados descalzos que aplastaban las uvas para obtener el zumo, a los cuales se unía a veces una que otra empleada doméstica en pos de algún descanso y distracción. Otros recolectaban el jugo resultante de la labor y los vertían en el enorme recipiente donde se llevaría a cabo la fermentación.

    –¿Alguno de ustedes sabe dónde está la princesa Leonora? –inquirió Kuro a los que estaban en la bodega.
    –Bueno, sé que la princesa Leonora vino aquí hace veinte minutos y se fue con el chef. Iba dándole indicaciones acerca de su desayuno –respondió una de las mucamas.
    –Dios... ¿venía con la coronel?
    –Sola, señor.

    Kuro se dirigió de inmediato en dirección a la cocina. Allí encontró a Leonora, ayudando a acomodar los cubiertos en las bandejas, y a una aburrida Sofía que bostezaba y jugueteaba con un cuchillo. Se acercó a la primera y le dijo:

    –Parece que he tardado un poco, has tenido que hacer mi trabajo.
    –¡Vaya, vaya! Hasta que apareció. Demos gracias –dijo Sofía con una risita burlona en su rostro –Hemos tenido el placer de conocer a tu chef.
    –Debo confesar que la cocina era el último lugar donde esperaba encontrarlas, princesas.

    Kuro hasta ese momento no había notado la presencia de una cuarta persona en el lugar. Dirigió su mirada a las grandes mesas que ocupaban los platos que serían llevados al comedor y allí estaba un muchacho de apariencia joven al lado de la mesa de los postres.

    El joven sonreía autocomplaciente por su creación mientras ladeaba su mano a forma de presentación de los platos. “Por favor, espero que disfruten de mis recetas. Es un honor trabajar aquí” dijo.

    En el comedor, Kuro tomó su asiento frente a Sofía. Leonora se aproximó a la mesa y ayudó a la joven criada a llevar la comida al comensal.

    –¿Quieres fruta? –le preguntó a Kuro mientras le dirigía una sonrisita burlona.
    –No creo que a tu padre le guste ver a su hija jugando a la mucama –le devolvió Kuro–. Solo quiero un poco de fruta…
    –Un café, un jugo de mango y un sándwich de pavo –lo interrumpió Sofía–. Por una vez en la vida sorpréndeme tomando algo diferente.
    –Déjame adivinar: la coronel quiere un vaso de O+ esta vez. ¿O vas a sorprenderme bebiendo A+? –le contestó Kuro sarcásticamente.

    A Leonora se le escapó una carcajada.

    –Es una lástima que solo vayas a tomar esto, hay tanta comida aquí que es un desperdicio.
    –Dásela a los pob... –Sofía cortó su comentario al notar que su hermana aprovecharía la ocasión para pedirle que…

    Leonora se acercó alegremente a ella y le comentó:

    –¿Podrías llevarla tú? Diles a los soldados que la repartan por ti, ¿si? ¡Por favor, por favor, por favor…!

    “Lo que precisamente quería evitar…” lamentó en su mente Sofía.

    –Oh Dios, hoy estoy ocupada –pero su hermana no aceptaba ninguna excusa, simplemente seguía suplicándole–. Está bien. Enviaré a alguien por ella más tarde.

    Leonora se sentó satisfecha en su asiento para terminar su bebida.

    –Leonora tiene razón, Mark. Únicamente cocinarás para ti y para mí, así que no es necesaria tanta comida.

    Sofía se incorporó de la mesa.

    –Ya es hora de que me marche. Entre más demora, peor –dijo.
    –No estamos en guerra, pero tú siempre tienes que estar de servicio en el cuartel –le espetó Leonora.
    –¿Has desayunado por lo menos, Sofía?- inquirió Kuro, en un intento por alargar la despedida
    –Claro. O+, siempre fiel a mis gustos- respondió ella cándidamente. Luego, se dirigió a su hermana –. Dile a mi padre que lamento no haberme despedido. Y ve pensando en qué deseas para tu cumpleaños, hermanita. Nos vemos –y dicho esto salió del comedor con paso ágil.

    El pequeño sacrificio que suponía para Sofía visitar el palacio imperial solo era justificado por el placer de la compañía de su hermana y Kuro, estar con ellos era un poco liberador. Sonrió pensando en qué regalarle a su hermana: qué podría desear la princesa del Norte que ya no tuviera… Ordenó a uno de los sirvientes que le preparara el auto. Mientras, se sentó a esperar en las escalinatas del pórtico central, apoyó su cabeza en el borde de un escalón y disfrutó del buen clima que hacía, el cielo estaba nublado y una brisa helada bajaba de las altísimas montañas al valle del palacio.



    “Buenos días, coronel”. Una voz masculina le dio la bienvenida a Sofía a la oficina. Se trataba del mayor Fitzwilliam Stein, un vampiro puro, de cejas pobladas, labios delgados y mirada adusta. Luego de que el Concejo le aprobara la concepción de un hijo, su esposa no soportó el embarazo y murió. Tal circunstancia no era usual en los vampiros, pero sucedía con más frecuencia que en los embarazos humanos. A pesar de la reciente pérdida de su amada (hacía apenas tres años), jamás parecía triste. Incluso, era la persona más alegre que Sofía había conocido. Aunque ese día estaba más animado que de costumbre.

    Era la oficina más pequeña de todo el cuartel, un notable contraste con los amplios despachos donde administraban los otros oficiales de rango superior. La sala de espera apenas se distinguía de los espacios destinados a los escritorios de los secretarios, y estos se sentaban muy próximos a los enormes armarios y casilleros: en un futuro próximo tendrían que cambiar de lugar, porque tendría más apariencia de depósito de archivos que de oficina. Como era de esperarse, la decoración era casi inexistente, únicamente hacía presencia aquella que cumpliera propósitos prácticos: algunas materas pequeñas, ventanas, luces, las placas de las oficinas, los cuadros de los comandantes del Ejército. Sofía estaba agradecida con el mayor cuando éste decidió ser solidario con ella y compartir aquel mundo compacto. No importaba que en algunos momentos, sobre todo en las horas de alta circulación de personal, el calor hiciera que los presentes desearan tumbar las paredes, Sofía sabía soportarlo sin demostrarle a nadie incomodidad alguna y gran parte de eso era gracias a la agradable compañía de Fitzwilliam.

    –Lamento llegar un poco tarde –dijo Sofía mientras buscaba el teléfono en su escritorio.

    El mayor Stein dio un aplauso sonoro mientras que todo su cuerpo se interpuso entre la coronel y su escritorio. Constituido el obstáculo para ella, procedió a hablarle:

    –¡Sofía! Querida, es un placer tenerte de vuelta en nuestro cuartel. Y veo que has traído contigo un cargamento de viandas para los más necesitados. ¿Debo suponer que la intervención de la princesa Leonora acompaña tu generosa diligencia?
    –Supones bien, Fitzwilliam. El nuevo chef del palacio superó las expectativas de todos en cuanto a desperdiciar los alimentos. Sin embargo, Leonora encontró propicia la circunstancia para ocupar a nuestros soldados en tareas harto menos propias y peligrosas.
    –Un ángel, sin duda, es su hermana. Nos encargaremos de distribuir vuestra donación con celeridad y eficiencia. ¿Le enviaste mis recuerdos a nuestra excelsa majestad y a la princesa Leonora?
    –Claro que sí, fue un placer. Mi padre desea que vengas pronto al palacio, ¡hace tanto no nos honras con tu presencia allí! Mi hermana echa de menos tus imitaciones de los habitantes de los cuatro reinos.
    –Jojojojo, un talento sobrestimado de este humilde servidor. Vivir en otros países me permitió observar ciertas cosas que cualquiera encontraría evidentes.
    –¿Estás loco, amigo? ¡Eres un genio! Y aquella imitación que hiciste de un humano estreñido fue de lo más gracioso que recuerde en la vida. ¡Pobres criaturas! ¡Jajajaja! Me dijeron que la cara que mi padre tenía en la mesa no tenía precio.
    –Sí… recuerdo que la princesa Leonora no paraba de reír. Se tiró al suelo y se revolcaba con la cara roja y las manos sobre su estómago. Creo que habíamos bebido demasiado ese día.
    –No lo creo, es que de verdad fuiste muy gracioso. Afortunadamente, nuestra raza excreta sus impurezas de una forma mucho más sutil y para nada dolorosa.
    –Sin embargo, coronel, el estreñimiento es un trastorno digestivo, una enfermedad. No es una condición que comparten todos los humanos y en todos los momentos de su vida. Fuera de eso, ellos aseguran que experimentan un grato placer en la evacuación de las sustancias enojosas. Nosotros no experimentamos absolutamente nada cuando nuestros organismos transpiran los desechos.
    –¿Placer? Interesante… Un tema para conversar con Kuro. Aunque él, siendo fiel a su naturaleza cuadriculada y tímida, evitó nuestras preguntas sobre el asunto cuando mi hermana y yo se las hicimos. Fitzwilliam, déjame hacer una llamada telefónica y seguiremos conversando…
    –¡Sofía! –chilló el mayor–… Quería contarte… Hace mucho tiempo no me cuentas sobre vuestro tutor. ¿Ha envejecido mucho?
    –¿Por qué no vas la próxima semana al palacio y lo compruebas por ti mismo? Deberías ir. En serio. Mira, solamente espérame un minuto a que haga mi llamada. Luego hablaremos de lo que tú quieras, ¿vale?

    El mayor trató de articular una nueva demora, pero se tropezó con los brazos cruzados y la ceja levantada del coronel.

    –¿Mayor Stein? –dijo Sofía.

    El vampiro contempló el suelo unos instantes y después miró a Sofía a los ojos. “Astuta, directa, hábil y sagaz. Un verdadero encanto”. Luego sonrió cortésmente y respondió:

    –Nada, señora. Espero.

    Sofía pasó a su oficina y le ordenó a su secretaria:

    –Comuníqueme con el capitán Thomas, por favor.

    Esperó unos segundos a que le hicieran la transferencia de llamada.

    –Buenos días, capitán. Me encuentro bien de salud, gracias. Sí, recibí su reporte de la semana pasada, buen trabajo. No quiero quitarte mucho tiempo, así que iré al grano.

    Instantes después de decir esto, el tono calmado de Sofía dio paso a un silencio que parecía agregarle al aire toneladas de presión. Sus cejas se arquearon sombríamente y sus labios adquirieron una expresividad de furia contenida.

    –Venga a mi oficina en cuanto sea posible. Hasta pronto.

    Sofía colgó con cierta violencia. Sus ojos brillantes y su voz perpleja le hablaron al mayor Stein:

    –Acaban de darme la semana libre. No lo puedo creer...

    –Mírale el lado positivo –dijo Stein, mientras le daba palmaditas en la espalda–. Pasado mañana será el cumpleaños de tu hermana, tendrás estos dos días para hacerle un buen regalo ¿Has pensado ya que darle?

    Sofía trataba de concentrarse en la conversación, pero aún le hervía la sangre.

    –Eh... No lo sé. Hace mucho no tengo una semana libre, alejada del cuartel. ¿Cómo voy a enterarme de lo que pase en Larzt? –dijo Sofía rascándose la cabeza.
    –No te preocupes. Ya te lo dije, mira el lado bueno de todo, te hará bien salir por unos días de esta porquería de oficina –Stein soltó una carcajada.

    La puerta se abrió de golpe y un presuroso pero impecable capitán entró acompañado de dos soldados. “lamento la demora”, dijo el oficial. Era Thomas, uno de los subordinados de Sofía.

    –Empieza a leer, Thomas –dijo Sofía.

    Thomas desplegó una hoja de papel color amarillento con caracteres en cursivas. En la parte posterior estaba estampado el sello del Ejército y la heráldica de la familia imperial. Luego de leer las fórmulas retóricas concernientes a la cortesía –algo que siempre impacientaba un poco a la coronel en cualquier lectura de informe–, se enfiló al dato puro y duro:

    –“El comandante en jefe de la operación Arpía será el general Adolf Murdock, actualmente de servicio en el cuartel de Narshe. La conformación de los batallones, estrategia y reclutamiento del personal será responsabilidad absoluta del comandante a cargo…”

    –Debiste decirme eso inmediatamente entraste. ¿Dónde está la orden de mi reclutamiento, capitán? –preguntó Sofía calmadamente.

    Pero Stein ya sabía la respuesta. “Creí que podría cambiar las cosas en este corto lapso de tiempo. Si hubiera tenido la oportunidad, mover mis influencias en la cúpula militar, hablar con el emperador en persona, lo que sea. En últimas, influenciar lo más positivamente posible el ánimo de Sofía. Ni modo”. Respiró hondo y decidió contarle a ella todo:

    –Murdock ha decidido dejarte de lado, Sofía. Se quería que esta información no llegara a ti sino después de que te marcharas a tu semana libre.

    Sofía sonrió con amargura. “Algo me lo decía. ¿Por qué fui tan ingenua de creerle al emperador? Siempre termino así, apartada al rincón de la inutilidad. Pero no me han hecho caer todavía”.

    –Ya veo, mi padre tiene las manos en esto. Iré a hablar con Murdock –resopló la coronel, y se encaminó hacia la salida. Pero Stein impidió que se fuera colocándole una mano en el hombro.
    –La orden procede del mismísimo Consejo. Aunque hay una buena noticia, además de tu tiempo libre: me han reclutado a mí.

    Un gesto de sarcasmo se formó en el semblante de Sofía.

    –¿En serio, Stein?, ¿es la buena noticia?
    –Tu buen amigo estará allá para limpiar el camino. Prepararé todo para tu llegada. Y ustedes dirigiéndose al capitán y sus hombres –prepárense para cuando su señora los llame.
    –Señor, sí señor –respondió Thomas. Él y sus hombres hicieron un saludo militar y dijeron “con su permiso coronel, mayor”. Luego se marcharon.

    –Voy a volar en mil pedazos la cabeza de cada uno de los malditos del Consejo –estalló Sofía al fin.

    Stein sacó de su bolsillo una pequeña esfera de chocolate cubierta por un papel dorado:

    –Mira lo que he conseguido, un chocolate. A los humanos les encanta, podemos compartirlo –dijo esto y lo cortó a la mitad–. Abra la boca, coronel.
    –No quie-

    Demasiado tarde: los dedos de Stein ya estaban dentro de su boca depositando el chocolate. Sofía comentó:

    –Mmmmm, qué delicia. Dicen que comerlos es igual a ser feliz.
    –No sabe mal, ¿cierto? Por si acaso, te dejé una caja de chocolates en la gaveta de tu escritorio. No te contengas.

    Sofía hizo frunció los labios para disimular una sonrisa.

    –¿Cuándo parten a Larzt?
    –Mujer, creo que en cinco días. ¿Podrías dejar todo en mis manos?
    –¿Puedo hacer algo más? Jajajaja… Ya sabes.
    –Seeee…

    El mayor Stein ya marchaba a la salida.

    –Oye, Fitzwilliam.
    –¿Huh? –Stein se dio media vuelta.
    –¿Qué puedo regalarle a mi hermana? –preguntó Sofía mientras se ponía su abrigo.
    –Mmmm, no lo sé. Yo ya le compré un regalo, después de pensarlo bastante, obvio. Tú la conoces mucho más que yo. ¿Sabes de algo que desee fervientemente?
    –Creo que sí. Gracias, me has dado una idea. ¿Irás... hoy a mi casa? –Sofía hizo la pregunta escondiendo su boca con el cuello del abrigo.
    –Lo siento, tengo una cita. Nos veremos en la fiesta de tu hermana. Disfrute de sus vacaciones, coronel.

    Stein se despidió con un gesto y salió de la oficina.

    Pasado un rato, Sofía también salió del edificio. Iba comiendo la caja de chocolates que Stein le había obsequiado. A pocos pasos de la puerta encontró a Thomas conversando con sus dos guardaespaldas. Cuando la vio, el capitán se acercó a ella y le dijo:

    –Si usted nos lo indica, no aceptaremos el permiso. Nadie se ha marchado. Esperamos sus órdenes.

    El ánimo de la coronela no hacía más que mejorar: al menos sus subordinados eran leales y muy capaces. Le respondió a Thomas:

    –Tomaremos la semana libre. Escuche muy bien mis indicaciones, capitán: nos han sacado de la misión a Larzt a propósito, pero no lo toleraré. Quiero que todos vayan a casa y firmen el permiso, pero estén atentos a mi señal. Puedes retirarte –y levantó su mano derecha para despedirlo.
     
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  7.  
    Kagomecita

    Kagomecita Entusiasta

    Piscis
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    52
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    Me gusto tu historia en especial por todos los personajes mitológicos es lo que
    me gusta en una historia que tenga personajes mitológicos
    y muchas gracias por invitarme espero que me avises cuando este la conti.

    ATTE: Kagomecita
     
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  8.  
    NGN

    NGN Guest

    claro, no lo dudes :)
     

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