Historia corta ZERO ZONE: The Fallen December [Season 02]

Tema en 'Novelas Terminadas' iniciado por Zurel, 19 Agosto 2018.

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  1. Threadmarks: Capítulo 01: Pérdida.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

    Acuario
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    Título:
    ZERO ZONE: The Fallen December [Season 02]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    10
     
    Palabras:
    4566
    El día de hoy vengo por fin con la continuación de la historia de Zona Cero, antes que nada, quiero recomendarles que lean el último capítulo de Lost Years, no es necesario que lo lean completo, pero por lo menos la mitad, ya está en ustedes si deciden leer completo, eso se los dejo a su consideració. Por la falta de tiempo, no les dejaré el link, pero igual pueden buscarlo en mi ficha de autor y utilizando el índice de la historia para más facilidad, por lo que solo les tomára unos pocos segundos acceder al capítulo.

    Sin mas nada que decir, espero que este primer capítulo sea de su agrado, tanto como a mi lo fue escribirlo de principio a fin. Reydelaperdicion , gracias por tu apoyo que me has brindado todo este tiempo, y lo prometido es deuda, disfruta de este capítulo y espero tus comentarios, como siempre.


    [​IMG]

    Capítulo 01: Pérdida.

    Trudering-Riem, München, Baviera, Alemania.
    00:30/12:30 A.M.


    Tras desaparecer la enorme explosión que Zellene había desatado sobre todo el país de Alemania. Keith recuperó la conciencia treinta minutos después de lo acontecido, conforme volvía en sí escuchó multitud de ruidos, entre ellos las fuertes alarmas que se habían disparado en toda la ciudad. También escuchó algunas explosiones en la lejanía, supuso que se trataban de explosiones de gas, muy probable que se debiera por alguna fuga, pero los sonidos que en verdad le preocuparon fue el de los gritos desgarradores de las personas.

    Al recuperar el control de todos sus sentidos, Keith hizo a un lado algunos escombros que tenía encima. Una vez libre se reincorporó con algo de dificultad, vio a su alrededor y se sorprendió al ver la gran Luna llena que reinaba en los cielos nocturnos, su luz le permitió ver todo su entorno. Toda la casa estaba destruida, era imposible describir la destrucción de ese lugar. Keith abrió los ojos como platos al ver a Zelig a unos metros delante de él, el rostro de su amigo expresaba terror puro.

    Keith se acercó a él lentamente, conforme lo hacía se percató de una forma humanoide hecha de fragmentos metálicos, iguales a los que él intentó manipular tiempo atrás. Keith reconoció a esa persona, se trataba de Kathrin, la madre de Zelig. Al verla así, se dio cuenta que para ese entonces la mujer estaba muerta, de modo que solo se acercó a Zelig para hablarle.

    —Zelig, ¿estás bien? ¿Me escuchas? —Indagó Keith, al zarandear levemente a su amigo para hacerlo reaccionar.

    Zelig no respondió ni una palabra, Keith al verlo en ese estado decidió dejarlo, parecía que estaba traumatizado de tal manera, que le era imposible responder. El pequeño de cabellos negros giró media vuelta y decidió marcharse de ahí. Antes de irse, se percató que Zellene no estaba por ningún lado, la joven había desaparecido junto con la explosión. Keith maldijo en su interior al darse cuenta de ello.

    Al salir a la calle, Keith vio algunas luces de la ciudad que titilaban, al parecer la explosión de Zellene hizo estragos en el tendido eléctrico. El pequeño empezó a correr con dirección al centro de la ciudad, que no estaba muy lejos. Al correr por las calles, Keith vio a muchas personas heridas, muertas, y sobre todo con signos de lo que parecía ser un virus. Aquellas personas tenían algunos fragmentos metálicos muy pequeños sobre su piel.

    Cuando Keith los vio, logró reconocer esos fragmentos, eran los mismos en que se había convertido la madre de Zelig. Un escalofrío recorrió su cuerpo al saber que Zellene no solo dejó destrucción, sino también un virus muy extraño. Por primera vez, después de tanto tiempo, Keith entendió que el poder que Zellene le otorgó era un virus, y al parecer uno muy peligroso.

    Keith continuó corriendo, pero se detuvo al momento de ver como un hombre era consumido rápidamente por los fragmentos metálicos. Aquel hombre fue consumido y al poco tiempo su cuerpo se partió en dos como cristal, rápidamente se convirtió en polvo metálico que se esparció por medio de una brisa de aire. Sin tomarle mucha importancia, Keith prosiguió con su camino.

    Tras correr durante varios minutos, Keith empezó a escuchar el sonido de varios helicópteros, se detuvo por un momento para intentar verlos en los cielos nocturnos, pronto logró ver algunas luces que titilaban. Sonrió al ver que el ejército llegaría a brindarle ayuda a él y a todos aquellos que la necesitaran. Al ver el lugar donde los helicópteros aterrizarían, Keith corrió con todas las fuerzas que le quedaban.

    Finalmente, cuando llegó al lugar, varios helicópteros habían aterrizado y muchos de los soldados estaban recibiendo sus órdenes de buscar sobrevivientes. Un soldado se percató de la presencia de Keith, debido a la oscuridad el soldado le apuntó con su arma y en ese momento, Keith recibió un destello de luz proveniente de la linterna que estaba acoplada al arma del soldado.

    Sus compañeros imitaron sus acciones, los ojos de Keith se encandilaron al punto de no poder ver nada, cayó al suelo de rodillas al momento de escuchar a los soldados hablar entre ellos.

    C.C. 01, Trudering-Riem, München, Baviera, Alemania.
    6 Horas y 30 Minutos Después de El Diciembre Caído.
    08:00/8:00 A.M.


    Los soldados enviaron a Keith al Centro de Cuarentena 01. Lugar que se ubicaba en el centro de la ciudad, y eran donde residían todas las personas que presentaban signos del virus Infinity. Las personas que llegaban eran analizadas y se clasificaban según el nivel de infección que presentaran. Los de riesgo biológico más alto se mantenían allí, mientras que los de menor riesgo los enviaban a los hospitales más cercanos.

    Keith se encontraba en la recepción del Centro de Cuarentena, esperando a que alguien llegara a recogerlo, ya que horas antes se comunicó con uno de sus familiares. El pequeño estaba muy agradecido por los soldados que le brindaron su ayuda, gracias a eso logró dormir durante unas horas. Su cuerpo aun sentía las secuelas de semejante explosión, y debido al fuerte ruido del lugar, no logró dormir muy cómodamente, pero al final eso era mejor que nada.

    En esos momentos en donde veía decenas de doctores con pacientes yendo de un lado para el otro, Keith empezaba a preguntarse por su amigo Zelig, no lo había visto todavía en el Centro de Cuarentena y eso le preocupaba. Sin embargo, dejó de preocuparse al acordarse de que él se encontraba en buen estado, después de todo, cuando lo vio no parecía herido.

    Los minutos pasaban y Keith estaba por perder la poca paciencia que tenía cuando, de pronto, apareció la persona que esperaba ver, por desgracia, al postrar sus ojos azules en el recién llegado, se llevó una amarga sorpresa al ver que no era quien creía.

    —¿Qué haces aquí, tío? —cuestionó el pequeño, frunciendo el ceño en señal de amargura al ver a su tío. Un hombre de aspecto delgado, blanco, peinado a lo militar, ojos cafés y cabello negro. Vestido con saco, corbata, pantalón y zapatos negros.

    —¿Así es como agradeces mi preocupación? —respondió el hombre con un ligero aire sarcástico al ver a su sobrino.

    —Esperaba ver a mi padre, o por lo menos a mi mamá. Jamás imaginé que llegarías tú.

    —Sí, bueno, no tuvieron tiempo para venir... —Musitó.

    —Típico... —dijo el pequeño, molesto por la poca preocupación de sus padres.

    —¿Tienes algo más que hacer aquí? —Indagó su tío al ver fijamente a Keith.

    —No, nada.

    —Entonces, vámonos de aquí, ¿quieres? Me pone enfermo este lugar.

    El pequeño se marchó del lugar junto a su tío, aunque el adulto debía informar a los médicos que él era uno de los familiares del menor, decidió irse así sin más, después de todo, los médicos se encontraban muy ocupados para tener que lidiar con esas vanidades. Así que ambos simplemente se marcharon del Centro de Cuarentena.

    Al salir, Keith vio a muchas personas haciendo fila, esperando a ser atendidas en el lugar, a ambos lados de la enorme fila se encontraban los soldados del ejército asegurándose que todo marchara en el orden establecido. Ahora que era de día, Keith logró ver toda la destrucción que causó Zellene. Algunos edificios estaban en ruinas y otros con signos de venirse abajo en cualquier momento. Keith no le tomó mucha importancia, era lógico que todo el país se encontrara en las mismas condiciones.

    El pequeño y su tío subieron a una limusina negra con vidrios polarizados, que estaba estacionada el frente del Centro de Cuarentena, una vez dentro el conductor pregunto;

    —¿Adónde vamos, señor? —El conductor vio a su jefe por el espejo retrovisor.

    —A la casa de mi hermano. Toma la ruta más cercana, quiero llegar rápido. —respondió al cerrar la puerta de la limusina.

    —Entendido.

    Tras recibir las órdenes el conductor presionó el acelerador. No pasó mucho tiempo para que la destrucción de la ciudad fuera presente. La limusina tomó rutas alternas, siendo estas las rutas que atravesaban los barrios de la ciudad, a ambos lados de la calle se lograba ver escombros de los edificios que estaban a los lados.

    Un enorme edificio quedó recostado a otro creando un túnel dónde apenas un vehículo pequeño podía pasar, siendo la limusina uno de ellos. El pequeño que viajaba en el auto estaba muy sorprendido al ver todos los edificios destruidos, y aún más le sorprendía saber que él fue unos de los que presenciaron el origen que causó aquella destrucción en el país.

    Durante el trayecto, Keith ni su tío dijeron palabra alguna, ambos nunca se habían llevado muy bien, y aunque no existía una razón para ello. Los dos no se solían dirigir la palabra, al menos, que fuera necesario. El viaje no fue muy largo ya que las rutas más cercanas al lugar destinado siempre solían estar vacías de tránsito, y esta vez a pesar de la situación que afrontaba el país, no era la excepción.

    —Señor, Elster. Hemos llegado. —Informó el chófer como solía hacerlo.

    —Vamos, baja rápido, Keith. —dijo Elster con prisa.

    Ambos salieron rápidamente de la limusina. Keith vio una de las muchas casas de su padre, la que probablemente algún día sería de él por herencia.

    Sus padres no eran multimillonarios, pero sí tenían un trabajo más que decente. Eran empresarios de una de las aerolíneas más importantes a nivel mundial. La Deutsche Lufthansa. Y debido al importante trabajo de sus padres, solían mudarse de país en país cada cierta cantidad de años, sólo si era necesario.

    Ver la casa hizo que Keith recordara las veces que se había mudado, y si su memoria no fallaba, eran unas tres veces antes de llegar a vivir en Alemania. Anteriormente había vivido en Estados Unidos dónde nació, a los dos años se mudó a Canadá, después a los cuatro años vivió en Gales y ahora a los seis años en Alemania.

    No recordaba muy bien los primeros dos países donde vivió, pero lo sabía gracias a sus padres quiénes le habían hablado sobre ello. Además de que su madre le inculcó desde pequeño el idioma Inglés ya que ella provenía de los Estados Unidos, lo cual hizo que siempre recordara su país de origen.

    Keith y su tío entraron a la casa, y lo primero que vieron fue la sala que estaba amueblada por un juego de sofás muy cómodos de color marrón frente a una pantalla ultra delgada, en el comedor estaba el mueble de cristal conformado por la mesa y cuatro sillas a los lados. En la cocina estaba el refrigerador y a un lado la plantilla con seis comales, dos grandes y cuatro pequeños. Toda la primera planta era iluminada por las noches por una gran lámpara de color dorado en el centro del cielo, las paredes tenían un color blanco.

    Después en la segunda planta se ubicaban cuatro habitaciones. Dos grandes y otras dos medianas. Todas estaban amuebladas con un closet de madera barnizada con extraños diseños de algún diseñador de muebles famosos. Las camas tenían unas frazadas azules con almohadas del mismo color. Las cuatro habitaciones estaban pintadas de un blanco brillante, más fuerte que el blanco exterior de la casa.

    La tercer y última planta de la casa estaba ubicada la azotea, que estaba amueblada con un juego de estar hecho de madera y otro de acero inoxidable. En el espacio de ambos muebles se hallaba una gran barbacoa. Desde la azotea se lograba ver una enorme piscina con unos seis metros de profundidad y con un diseño de media luna.

    La casa era iluminada por luces LED de alta intensidad en forma de barras de unos veinticinco centímetros de largo, ubicadas en los bordes esquineros de cada una de las paredes que conforman la gigantesca casa.

    Keith logró notar que la casa estaba igual a como sus padres la dejaron, antes de irse a casa de su amigo Zelig. Era extraño que estuviera en su casa acompañado de su nada agradable tío. Elster vio a su sobrino quien veía a todos lados de la sala como si buscara algo.

    —Escucha, Keith. Tengo que decirte algo —dijo Elster con su típico carácter frío. Keith se giró para ver a su tío—. Tus padres han muerto.

    Las frías palabras de Elster causaron un doble impacto en Keith. Al escuchar a su tío sintió que su vida se partía en miles de pedazos, y escuchar su frialdad causó que sus sentimientos se hicieran presentes sin poder resistirse.

    —¿M-Mis padres? —dijo Keith al caer de rodillas al suelo, sus lágrimas se hicieron presentes y su vista se fijó al suelo ante la inesperada noticia.

    —El vuelo de Berlín a Múnich se estrelló a cinco kilómetros del aeropuerto. Tus padres estaban en él cuando sucedió El Diciembre Caído.

    Keith empezó a llorar sin consuelo alguno, no podía creer que sus padres murieran apenas cuando el vuelo había salido del aeropuerto. Estaba destrozado y sabía que su tío no le daría el consuelo necesario para salir de ese momento tan difícil para él.

    —No me gusta hacer de niñera, pero a partir de ahora, yo me haré cargo de ti —dijo Elster con frialdad al ver a su sobrino llorar en el suelo—. Te sugiero que superes rápido la pérdida de tus padres. Cuando lo hagas, hablaremos. Tengo algo que nos conviene a los dos.

    —¿A... los dos? — dijo Keith entre lágrimas al ver a su tío.

    —Sí, por ahora puedes hacer lo que quieras en esta casa, después de todo, ahora te pertenece por herencia. He contratado una empleada para que se haga cargo de la casa. Tú solo dígnate a ser lo que eres. Nos vemos en dos días.

    El pequeño Keith al ver que su tío no tenía nada más que decir, corrió a su habitación para llorar en silencio la pérdida de sus padres. Elster estaba a punto de salir de la casa cuando se acercó la empleada que había contratado.

    —No quiero que lo consientas. Hazte cuenta que él no existe. Dígnate a hacer solo tu trabajo. —Elster vio a la empleada por el rabillo del ojo antes de abrir la puerta para salir.

    —Sí, señor. —Asintió la empleada.

    Elster salió de la casa e inmediatamente subió a su limusina. La empleada cerró la puerta de la casa, ya que Elster la dejó abierta al momento de salir, una vez dentro del vehículo le ordenó al chófer que lo llevara a su casa, respiró aliviado al saber que había matado a dos pájaros de un solo tiro. Nada podía ir mejor, Elster sonreía de oreja a oreja al imaginarse como desarrollaría cada uno de sus planes, y estaba seguro que Keith le ayudaría a llevarlos a cabo.

    C.C. 02, Trudering-Riem, München, Baviera, Alemania.
    14 Horas Después de El Diciembre Caído.
    15:00/3:00 P.M.


    En el C.C. 02 eran enviadas todas aquellas personas que ya no podían atender en el C.C. 01, pero también se encargaban de atender a las personas que vivían en las zonas cercanas. El C.C. 02 se ubicaba en el lado Noroeste de la ciudad, a unos dos kilómetros del C.C. 01.

    Allí se encontraba un niño de cabellos rubios, sentado en una banquilla en las afueras del Centro de Cuarentena, el pequeño observaba fijamente el suelo con su mirada perdida. Un soldado lo custodiaba, ya que tenía órdenes de cuidar al niño, pues era el hijo de Edmund Schneider. Un gran científico del gobierno y mano derecha de Heinrich Schwartz.

    Eran las tres de la tarde y a pesar de no llegar todavía la noche, ya empezaba a hacer frío, el soldado estaba tranquilo con su uniforme, el cual evitaba que sintiera frío. El pequeño llevaba un abrigo negro con capucha, parecía estar muy tranquilo a pesar del frío. Sus ojos seguían fijos en el suelo.

    Finalmente, un auto Mercedez-Benz color blanco llegó al lugar, al detenerse salió un hombre de cabellos rubios con un peinado corto hacia atrás. Sus ojos azules eran como zafiros, vestía un saco, pantalón y zapatos color gris. Su corbata tenía rayas rojas, blancas y negras en diagonal. Los lentes negros que traía puestos hacían juego con su color de cabello y vestimenta, dándole al hombre una apariencia seria y hasta daba algo de miedo si lo veían fijamente.

    —Buenas tardes —Saludó el hombre de saco y corbata. Su voz demostraba estar un poco cansado—. Lamento el retraso, la autopista se ha vuelto un caos.

    —No se preocupe, señor. ¿Es usted el señor Edmund Schneider? —dijo el soldado con respeto, pues había escuchado algo del hombre frente a él.

    —Sí, así es. ¿Dónde está Kathrin? —interrogó, extrañado el hombre al no ver a su esposa.

    —Lo siento, señor. Su esposa ha muerto. Su hijo es el único que sobrevivió.

    Edmund sintió como su corazón se destrozaba. Al escuchar al soldado, no logró concebir la muerte de su esposa, jamás imaginó que ella sería una de las muchas víctimas de El Diciembre Caído. Sus lágrimas amenazaron con salir de sus ojos, pero se resistió para no mostrar sus emociones en público.

    —Eran tres pequeños, mi hijo, Keith y… —decía Edmund al imaginarse que quizás Zellene era la responsable de todo.

    —Lo lamento, solo su hijo Zelig fue quien sobrevivió. No encontramos rastro de nadie más.

    —Entiendo… —dijo el científico más que afectado. Luchaba con todas sus fuerzas para no llorar por su esposa.

    —Señor. Horas antes de su llegada, le realizamos un examen a su hijo en busca de indicios del virus Infinity en su sistema. El análisis indicó que está limpio. Su hijo ha sido muy afortunado —Informó el soldado al entregarle una hoja con los resultados del análisis—. Sin embargo, necesitará ayuda psicológica.

    Ambos adultos vieron a Zelig quien seguía mirando al suelo como si estuviera congelado. Su estado era terrible, estaba muy claro que necesitaba ayuda psicológica. Verlo en silencio, sin decir o expresar palabra, o sonido alguno, daba miedo, lastima y muchas otras emociones.

    —Gracias, soldado. Le agradezco todo lo que ha hecho por mi hijo.

    —No tiene que agradecerme, señor. Lamento mucho su pérdida, con su permiso me retiro.

    El soldado caminó a la C.C. Edmund observó a su hijo y conteniéndose las lágrimas. Se inclinó para hablarle, esperaba que le respondiera.

    —Zelig. Soy tu padre, ¿me recuerdas? —dijo Edmund, tratando que su voz no pareciera quebrantada por la pérdida de su esposa.

    —Pa… Papá... —dijo Zelig con voz suave y fría, aún seguía en el mismo estado. Viendo el suelo fijamente.

    —¿Qué te ha ocurrido? —interrogó el científico con tono suave.

    —N-No lo sé...

    —Vamos a irnos de aquí, Zelig. Dame tu mano.

    Edmund se reincorporó, Zelig le dio su mano derecha a su padre al momento en que preguntaba;

    —¿Adónde… vamos? —interrogó el pequeño, sin dejar de ver al suelo.

    —A un lugar lejos de aquí, donde puedas empezar una nueva vida.

    —Una… nueva… vida. —dijo Zelig para sí.

    Ambos caminaron al automóvil. Edmund abrió la puerta de atrás del auto para que Zelig entrara, después le abrochó el cinturón de seguridad. Posteriormente Edmund entró al auto, activó un interruptor para que todos los vidrios del auto que eran trasparentes se polarizaran.

    Fue entonces que el hombre estalló en llanto, por primera vez en su vida lloró por alguien, y no era para menos, amaba a su esposa como nunca antes había amado a alguien. Maldijo en sus adentros por no poder regresar el tiempo. Quería tener una sola oportunidad de volver a verla, pero Edmund sabía que eso era imposible, ahora debía seguir con su vida.

    Tras llorar varios minutos, Edmund se limpió el rostro con un pañuelo blanco, después encendió el auto y así presionó el acelerador con el que pondría marcha a la ciudad que había escogido para formar una nueva vida. Zelig seguía en el mismo estado en el asiento trasero del auto, donde Edmund podía verlo a través del espejo. El viaje a la nueva ciudad era largo, y tomando en cuenta la situación del país, durarían varias horas.

    Trudering-Riem, Müchen, Baviera, Alemania.
    16 Horas Después de El Diciembre Caído.
    17:00/5:00 P.M.


    El crepúsculo se acercaba cada vez más para dar oportunidad a la noche a darse a conocer. Keith continuaba encerrado en su habitación, sentado al filo de su cama. Sus ojos estaban rojos de tanto llorar la pérdida de sus padres. No podía creer que ellos se habían ido. Keith seguía llorando sin poder contenerse, ni siquiera se había molestado en cambiarse de ropa, la que estaba un poco rota y sucia, pero nada de eso le importaba ahora, deseaba poder sacar dentro de sí el dolor que sentía, y que mejor forma de hacerlo que llorar hasta no poder seguir llorando.

    Tomó una de sus almohadas para cubrir su rostro y así poder gritar con todas sus fuerzas, era la única forma de lograr desahogarse. Estaba claro para el joven que Zellene al desaparecer se llevó consigo también la vida de sus padres. No la odiaba por eso, no podía odiar a esa niña de la cual empezó a sentir una fuerte atracción, no podía explicarlo, simplemente le gustaba y no había otra razón fuera de esa.

    Quizás, la pérdida de sus padres era un precio que tenía que pagar por llevar una parte del poder de Zellene, un poder que era capaz de enviar a la destrucción total, todo cuando había sido creado por el hombre. Entre sus miles de pensamientos, recordó cuando una enfermera del Centro de Cuarentena le había realizado un examen. El propósito del examen, era descartar la posibilidad que estuviera infectado. El examen que le realizaron resultó ser negativo en todos los aspectos, según la enfermera, se encontraba limpio de alguna infección.

    Keith recordó que en aquel momento, la enfermera mencionó el nombre del supuesto virus, el cual llamaban virus Infinity. El pequeño fue capaz de usar la lógica, ahora lo entendía, el poder que Zellene siempre tuvo era en realidad un virus, eso explicaba el nivel de destrucción que había causado en todo el país. No entendía como los exámenes indicaban que estaba limpio, cuando sentía ese virus correr dentro de sus venas. Sin importar cuanto intentara pensar en ello, ahora lo único que deseaba, era dejar de sentir esa emoción de tristeza y pesar dentro de su ser. Tenía que seguir adelante. Sus padres murieron, pero eso no significaba que el mundo se detendría solo por él. Un nuevo grito de dolor fue el comienzo de una larga pena que Keith debía superar sin ayuda alguna, después de todo, su tío no haría el papel de niñera.

    Camino a Altstadt-Lehel, München, Baviera, Alemania.
    20 Horas Después de El Diciembre Caído.
    09:00/9:00 P.M.


    Debido a la gran destrucción de la ciudad de Múnich, Edmund debió tomar múltiples rutas alternas hasta la ciudad de Altstadt-Lehel, sabía muy bien que todos esos inconvenientes lo atrasarían. Si la autopista estuviera en condiciones óptimas, podría llegar a su destino en quince minutos aproximadamente, pero la situación lo impedía, de modo que la única opción era usando rutas alternas. Edmund estaba seguro que podría vivir tranquilo en el distrito de Altstadt-Lehel, ya que fue uno de los pocos que se salvaron de la destrucción total.

    Schneider había comprado una casa en aquel lugar, antes de recoger a su hijo, los trámites de vivienda y otras cosas se llevaban a cabo por medio de la red de internet, y solía ser tan rápido que en cuestión de minutos, podías ser dueño de cualquier casa o mansión que estuviera disponible a la venta. Todas las escrituras eran enviadas al correo electrónico en el momento preciso que al vendedor le llegaba el dinero. Edmund vio la casa por medio de internet, y al parecerle bonita, no dudó en comprarla, ya que al ver la situación del país, muchas personas con los fondos necesarios comprarían casas sin dudarlo, y eso sería un problema al no haber ya casas a la venta. De modo que se apresuró antes de tener que pasar por algo como eso.

    El científico vio a su hijo Zelig por el espejo y al verlo dormido volvió a ver al camino. Edmund presionó un contacto holográfico en una pantalla que proyectaba el tablero de su automóvil, pronto se escuchó un timbre que dejó de sonar al momento que la llamada de Edmund entrara al contacto destinado.

    —¿Hola? —dijo la persona al otro lado de la línea.

    —Hola, Ángela. —Saludó Edmund, mientras conducía.

    —Oh, qué sorpresa escucharte, Edmund. ¿A qué debo tan honorable honor? —dijo Ángela en son de broma. Edmund y ella siempre fueron amigos de trabajo y aunque no solían verse muy a menudo, las pocas veces que se veían solían entablar algunas conversaciones que iban desde asuntos de trabajo hasta sus planes a futuro una vez que se retiraran.

    —Necesito tu ayuda. —respondió serio, sin quitar su mirada del camino.

    —Claro. ¿En qué puedo ayudarte? —La voz de Ángela se notaba muy amable.

    —Necesito que ayudes a mi hijo, Zelig. Ha sufrido una especie de trauma desde que ocurrió El Diciembre Caído, y la mejor psicóloga que conozco, eres tú.

    —Por supuesto que te ayudaré, Edmund, y más al saber que se trata de tú hijo. ¿En dónde te encuentras ahora?

    —En estos momentos voy camino al distrito de Altstadt-Lehel. He comprado una nueva casa ahí, después del incidente la casa que tenía quedó destruida.

    —¡Santo cielo! —dijo impresionada la mujer—. ¿Cómo está tu esposa? Escuché que estabas trabajando cuando sucedió el evento.

    —Mi…—Edmund sintió un nudo en la garganta al recordar a su esposa— Mi esposa está muerta, ella es una de las víctimas. Solo mi hijo Zelig ha sobrevivido.

    —Lamento escucharlo. —dijo Ángela con pesar.

    —Yo también lo lamento. Te enviaré la dirección cuando lleguemos.

    —Está bien. Estaré atenta.

    —Nos vemos, Ángela. Cuídate, por favor.

    —Tú también, Edmund, ten mucho cuidado.

    —Lo tendré.

    La llamada terminó, Edmund hizo un cambio y presionó el acelerador al tope, aún faltaba mucho camino que recorrer. De algún modo el científico tenía la impresión que todo lo acontecido hasta el momento, era tan solo el principio. Se sentía pequeño en comparación al enigma que encerraba el meteorito que cayó hace años y al virus infinity que ahora reinaba en todo el país. Estaba seguro que todo aquello encerraba un enigma más grande de lo que su mente podía imaginar.
     
    Última edición: 31 Agosto 2018
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola, paso a comentar el capítulo. Debo decir que me gustó mucho, a pesar de tratarse de una introducción tranquila que sirve para establecer las nuevas ubicaciones de los personajes tras los acontecimientos. El capítulo no fue la gran cosa, pero creo que me gustó mucho debido a que muestra algo que en la versión anterior no se vio. En Z/N se pasó del final de LY a Extinction. Nunca vimos como los acontecimientos del final de LY afectaron a los personajes, y solo vimos un vistazo de la situación de Zelig. Ahora estamos viendo mejor lo que los personajes atraviesan.

    En primer lugar, Keith ahora tendrá que vivir con un insensible como Elster. Alven trató mejor a hijos de su amigo de lo que ese loco trata a su propio sobrino XD. Imagino que eso explicará mejor como es que Keith llega a donde llega en Extinction.

    Por otro lado, Edmund ha decidido cambiar de ciudad por el bien de su hijo, y es la primera mención que se le hace a Ángela. Me pregunto como el cambio de ciudad afectará a su trabajo, y como tener su trabajo afectado modificará su relación con Zelig. Tratándose de uno de los mejores científicos dudo mucho que el presidente lo deje así nada más. Sin dudas es algo que quiero ver.

    Y realmente estoy ansioso por seguir leyendo el resto de capítulos para ver como avanzan los planes de todos los personajes. Primero está la criatura que tiene a Ilgen en su poder, lo cual es un gran misterio desde la S0. Por el otro lado está el científico que conoce sobre la existencia de Ilgen y Liezel, y que claramente tiene algo planeado. Por otro lado está el presidente, que me imagino que ahora que ha visto lo que el virus puede hacer, seguro querrá aprovechar un arma como esa para su beneficio. No hay que olvidarse del tío de Keith, que vaya a saber dios que querrá XD. Y también están Rainhard y Zellene, que de seguro deben tener algún plan. Me gustaría ver donde está Rainhard a todo esto. Me pregunto a quien planea contactar ahora que vio lo que Zellene causó. En fin, muchas preguntas para que un capítulo solo las responda XD.

    Debo decir que la narración me gustó, pero sentí que las descripciones de la casa de Keith estaban como un relleno, salvo que jueguen un papel importante a futuro. Te marcaré un par de errores.

    He notado que tuviste varios líos con los puntos y las comas:

    Esta frase imagino que es incorrecta:

    Estos calculo que son dedazos.

    En fin, fue un gran capítulo. Por el momento será todo. La espera fue casi eterna, pero valió la pena. Quedo al pendiente de los próximos capítulos. Saludos
     
    Última edición: 19 Agosto 2018
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  3. Threadmarks: Capítulo 02: Trauma.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

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    Reydelaperdicion Muchas gracias por tu apoyo rey, espero que la historia siga siendo de tu agrado y que esta vaya enchandote más conforme avanzan los capítulos. No tengo mucho que decir, solo agredecer tu apoyo. Nos seguimos leyendo.

    Capítulo 02: Trauma.

    Altstadt-Lehel, München, Baviera, Alemania.

    13 de Diciembre del Año 2188…
    10:00/10:00 P.M.


    Edmund y su hijo Zelig llevaban en su nuevo hogar tan solo un día. Edmund le envío los datos de ubicación a Ángela poco antes de haber llegado. Esperaba a que llegara lo más pronto posible, su hijo necesitaba ayuda urgente. Los pocos días que llevaban en su nuevo hogar a Edmund le parecieron toda una eternidad. Su hijo Zelig no respondía en absoluto cuando le dirigía la palabra, y mucho menos cuando le preguntaba algo.

    El pequeño se mantenía en silencio con su vista en el suelo, sus ojos no desprendían brillo alguno. Edmund empezaba a preocuparse, pensaba que si no recibía ayuda rápido, Zelig permanecería así toda su vida.

    Ambos estaban sentados en el sofá de la sala, acompañados de un silencio extraño, incómodo y sobretodo, terrorífico. Finalmente, el timbre resonó en toda la casa. Edmund se levantó del sofá para abrir la puerta, estaba seguro que era Ángela, después de todo, nadie más conocía su dirección.

    —Hola, Edmund. —Saludó Ángela al momento en que Edmund abrió la puerta.

    —Hola, Ángela. Me alegra que hayas llegado, adelante pasa, por favor. —Le ofreció Edmund al señalar con su mano la sala.

    —Gracias. —Agradeció ella, por el gesto tan amable de Edmund.

    Ángela era una joven de tez blanca, cabello rubio y ojos del mismo color, el cuerpo que tenía le hacía parecer una chica de 18 años, pero su verdadera edad rondaba los 25 años. Vestía un suéter negro de cuello ancho, falda blanca ligeramente corta, medias largas de color negro y zapatos de tacón pequeño del mismo color que sus medias. Toda su vestimenta hacía resaltar todos sus atributos femeninos, convirtiéndola en una mujer casi indomable.

    —Has llegado rápido, pensé que durarías unos días. —dijo Edmund al cerrar la puerta y daba media vuelta para quedar frente a Ángela.

    —No puedo darme el lujo de hacer esperar a mis pacientes, y mucho menos tratándose del hijo de uno de mis compañeros de trabajo. —dijo Ángela al ver a Edmund con una sonrisa.

    —Técnicamente, no somos compañeros de trabajo... —replicó el científico al ver ligeramente a su derecha, pues sabía que lo dicho por Ángela no era verdad, al menos hasta cierto punto.

    —¿De qué hablas? —Frunció el ceño—. Ambos trabajamos para el gobierno, eso nos convierte en compañeros de trabajo.

    —Lo que tú digas... —dijo Edmund tras rendirse sin siquiera luchar. Siempre estaba convencido que Ángela y él no eran compañeros, aunque la joven osara decir lo contrario.

    —Y bien, ¿dónde está tú hijo? —interrogó, curiosa la rubia.

    —Detrás de ti. —respondió, seco.

    Ángela dio media vuelta al escuchar las palabras de Edmund. Se impresionó de sobremanera al ver a Zelig sentado en el sofá que estaba detrás de ella. Su impresión fue mayor al ver el estado del pequeño, parecía una estatua.

    —Lleva así desde El Diciembre Caído. —dijo Edmund al ver la impresión de Ángela.

    —¿Habla algo? —Dirigió su vista a Edmund.

    —Ni una palabra. Sólo lo hizo una vez cuando lo recogí en el C.C. 02. Desde entonces se ha mantenido en silencio.

    Ángela se acercó a Zelig y se arrodilló frente a él para estar a su misma altura, la joven vio los ojos del pequeño y se asustó. Los ojos de Zelig no tenían brillo alguno y los tenía levemente abiertos, una señal clara de lo que tenía. Sin embargo, antes de dar a conocer la situación del pequeño, decidió intentar cruzar algunas palabras con él.

    —Hola, pequeño. Mi nombre es Ángela, ¿cuál es tú nombre?

    Ángela demostró gran amabilidad ante Zelig, pero sin importar sus palabras el pequeño seguía igual. La joven suspiró algo resignada, esperaba que reaccionara y no fue así. La rubia se levantó y fijó su mirada en Edmund, ambos adultos se alejaron un poco de Zelig para hablar más a gusto.

    —Y bien, ¿cuál es el veredicto? —Interrogó Edmund ligeramente interesado.

    —Edmund, ¿qué le ocurrió a Zelig exactamente? —respondió con una pregunta, Ángela necesitaba saberlo para realizar un ligero diagnóstico.

    Ante la pregunta de Ángela, Edmund no sabía que contestar, lo ocurrido no era fácil de explicar. Ángela al ver como Edmund se acariciaba el cabello en señal de sentirse nervioso le obligó, literalmente, al decirle;

    —Necesito saberlo, Edmund. —dijo la joven, firme y con su vista fija en el científico.

    Edmund respiró profundamente para pensar con claridad sus palabras. Estaba seguro que cuando le dijera a Ángela la verdad, esta le preguntaría todos los detalles.

    —Ángela —dijo en tono serio—. El ejército encontró a Zelig en el epicentro de El Diciembre Caído.

    —¿¡En el epicentro!? —Abrió los ojos impresionada—. Según los noticieros, el epicentro se ubicada en el centro de Trudering-Riem.

    —Es correcto —Afirmó—. Sin embargo, el verdadero epicentro no se encuentra en el centro de la ciudad. El lugar donde se originó El Diciembre Caído fue en mi casa.

    Ángela quedó en shock ante las palabras de Edmund, tras un pequeño momento de ensimismamiento la joven volvió a la realidad, respiró y exhaló para lograr calmar su impresión.

    —Espera, no logro entender. ¿Cómo es posible que todo este desastre se originara en tu casa?

    Edmund le explicó a Ángela sobre su hijastra Zellene, quién resultó ser la causante de toda la destrucción que reinaba en Alemania. El científico solo le explicó lo fundamental para que así, Ángela logrará entender la situación de su hijo Zelig. Tras una larga charla de veinte minutos aproximadamente, Ángela comprendió todo.

    —Nada de lo que hemos hablado, debe salir de estas cuatro paredes, Ángela.

    —No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo, es impresionante todo lo que me has dicho. ¿Cómo logró sobrevivir Zelig? —No podía creer todo lo que Edmund le había explicado.

    —Aún no lo sé, yo mismo me he formulado la misma pregunta. Ángela, te he dicho lo que necesitas saber para comprender la situación de mi hijo. Ahora, ¿cuál es tu diagnóstico? —interrogó el científico, serio. Quería saber el diagnóstico de Ángela, esperar lo carcomía por dentro.

    —La situación de Zelig es grave. —respondió la joven al cruzar sus brazos.

    —¿Qué tan grave?

    —Lo que vivió Zelig ha causado un gran trauma en él. Su mente está bloqueada de tal manera que repite lo vivido una y otra vez.

    —¿Tiene cura?

    —Tiene muchas probabilidades de recuperarse. Los niños tiene una taza muy baja de sufrir traumas de por vida. Estoy segura que con esfuerzo y algo de paciencia, Zelig logrará salir del trauma en que está prisionero.

    —Me alegro escucharlo, Ángela... —Sonrió levemente, aliviado. Su celular empezó a sonar de pronto—. Discúlpame un momento, por favor.

    —Claro, adelante. —Sonrió, amable.

    —Gracias.

    Edmund contestó la llamada, esperaba que no fuera algo grave y mucho menos que su presencia fuese necesaria. El científico escuchó atentamente lo que le decían, Ángela logró ver algunas expresiones de Edmund, que le señalaban lo fastidiado que estaba ante lo que escuchaba. Tras unos minutos la llamada terminó. Schneider volvió con Ángela, y esta al ver la cara de Edmund logró saber con más certeza de que trataba la llamada.

    —Déjame adivinar, trabajo. —dijo la joven, sarcástica, sus manos las puso en su cadera en señal de sentirse molesta.

    —Sí, es urgente —Confesó—. Necesito que te hagas cargo de Zelig. —dijo, directo y sin rodeos. Sus ojos azules se clavaron en los ojos dorados de la joven frente a él.

    —Está bien, venía preparada de todos modos.

    —Gracias por ayudarme, Ángela. —Edmund de verdad agradecía la ayuda que le otorga la rubia.

    —No tienes que agradecerme, este es mi trabajo después de todo.

    —Lo sé, y te agradezco por ello, eres una de las mejores psicólogas del país. Zelig no pudo haber estado en mejores manos.

    —Vamos, vamos, no me hagas sonrojar —La joven sonrió coqueta—. Vete antes que me arrepienta. —dijo en son de broma.

    —Ángela, mantenme informado del progreso de Zelig. —dijo Edmund al tomar su portafolio que estaba encima de la mesa para después abrir la puerta de la casa, dispuesto a salir.

    —Lo haré, no te preocupes. —Sonrió.

    Edmund salió de su casa tras despedirse de Ángela, subió a su automóvil y se marchó a su trabajo ya que era sumamente necesario su presencia. Ángela por su parte, vio levemente a Zelig quién seguía en el mismo lugar, sentado en el sofá con su vista fija en el suelo. La rubia optó por ir a sacar su maleta de la cajuela del auto en que llegó. Su experiencia le indicaba que estaría allí durante una larga temporada, por suerte, venía preparada. Una vez entró a la casa con su maleta en mano, escuchó la voz de Zelig, quién con sólo escuchar su voz, la joven sintió un extraño escalofrío que recorrió su cuerpo.

    —¿Quién eres? —interrogó el pequeño, frío y con su vista fija en la joven rubia.

    —Mi nombre es Ángela, soy amiga de tu padre... —respondió la joven, mientras giraba levemente para ver al pequeño, nerviosa.

    —¿Dónde está mi papá?

    —Tú padre fue solicitado en su trabajo, hace algunos minutos se marchó.

    Zelig no dijo nada, sin embargo, su silencio de alguna manera delató sus emociones, pues el pequeño se sentía triste por la ausencia de su padre.

    —P-Pero no te preocupes —dijo Ángela, nerviosa—. Yo cuidaré de ti, Zelig.

    —¿Cuidarme? —Se extrañó—. No deberías estar aquí. —dijo, directo.

    —¿Por qué? ¿Por lo que hay en tu cuerpo? Tranquilo, tu padre me habló de ti, solo quiero ayudarte, Zelig.

    —¿No tienes miedo?

    Ángela se acercó a Zelig y se inclinó para estar a la misma altura del pequeño, Ángela vio que los ojos de Zelig aún seguían sin brillo alguno, esto le indicó que era un comportamiento inusual, el cual no debería suceder y mucho menos al tratarse de un pequeño de seis años, aun menos al saber la clase de trauma sufrido.

    —Es posible que tenga algo de miedo, pero no me importa nada de eso, solo quiero ayudarte, Zelig y estoy dispuesta a hacerlo sin importar el riesgo.

    A pesar que la mente de Zelig aún seguía encerrado en aquel momento fatal, logró sentir el verdadero apoyo que le ofrecía Ángela, quien a pesar de no conocer nada de ella, le era muy familiar su actitud. La rubia decidió preparar algún aperitivo para lograr de algún modo, interactuar con Zelig más a gusto, quizás así tuviera más posibilidades de trabajar con él. Tras algunos minutos, Ángela preparó dos emparedados que dejó en la mesa de la sala a un lado de un vaso con refresco de naranja.

    Cuando terminó los dos se sentaron juntos en sus respectivos lugares. Ángela le dio algunos mordiscos a su emparedado, pero vio que Zelig no lo había siquiera tocado. La rubia empezó a sentirse mal ya que creía que al pequeño no le gustaban, ya que en ningún momento le pidió su opinión antes.

    —¿No te gustan? —Inquirió Ángela, nerviosa.

    —No es eso... —Negó levemente con la cabeza, observó fijamente el vaso con fresco a un lado del emparedado.

    —Entonces, ¿qué ocurre, Zelig? —cuestionó la joven con tono extrañada y no como reproche.

    —Te pareces mucho a mi mamá... —dijo al ver a Ángela con sus ojos sin brillo.

    —¿Está mal que me parezca a ella? —Ángela quería saber si el recuerdo de la madre de Zelig causaba algún trauma secundario en su paciente.

    —No, ninguno. —Negó otra vez.

    —¿Recuerdas qué pasó con ella?

    —Mi madre murió, logré sentir sus últimos segundos de vida antes de que muriera.

    —¿Cómo te sientes respecto a su muerte?

    —Mal —respondió seco—. Pero sé que está bien ahora.

    —¿Recuerdas cómo era tu madre contigo, Zelig?

    —Era muy buena, me amaba con toda su alma. Siempre demostró el amor que sentía por mí.

    —Zelig, ¿sabes si había alguien más viviendo con ustedes? —Ángela no le gustaba realizar demasiadas preguntas, pero estaba claro que al ver a Zelig abrirse de repente en una conversación, debía aprovechar el momento para analizar más a fondo el caso del pequeño rubio.

    —Sí, solo éramos tres personas, mi mamá, Keith y yo.

    —¿Estás seguro? —La joven notó algo interesante, levantó media ceja al percatarse de ello.

    —Sí. —Asintió.

    Ángela se percató que Zelig no recordaba a Zellene, lo cual le resultó algo interesante en el trauma del pequeño. Tal parecía que su mente bloqueaba el recuerdo de aquella pequeña.

    —¿Estás totalmente seguro que eran tres? —Indagó la rubia, ligeramente interesada.

    —Sí, lo estoy. Solo éramos tres. —Afirmó.

    —Entiendo. —dijo al darle un leve mordisco al emparedado.

    —Pero... —Zelig fijó su vista en la mesa.

    –¿Pero? –dijo Ángela al momento en que veía a Zelig dirigir su vista a la mesa.

    —Creo que había alguien más en aquél lugar, no estoy seguro... no sé quién podría ser. —El cuerpo de Zelig empezó a temblar como si tuviese frío.

    Ángela al presenciar el comportamiento de Zelig se acercó al pequeño, y lo abrazó al momento de mover su mano derecha de arriba a abajo sobre la espalda de Zelig. El pequeño al sentir esas caricias de Ángela, sintió como si su madre estuviera ahí.

    —No te preocupes, Zelig. Yo estoy aquí para ayudarte y apoyarte, no debes tener miedo.

    Zelig se sintió bien ante las caricias y palabras de Ángela, sonrió en señal de sentirse feliz por tener a alguien que lo ayudara en ese momento, pues su padre no estaba ahí para apoyarlo. Tras recuperarse, el pequeño empezó a comer su emparedado, una leve sonrisa se dibujó en su rosto al sentir el delicioso sabor que tenía.

    Hogar de los Wetzel, Trudering-Riem, München, Baviera, Alemania.
    12:00 P.M.


    Keith había pasado toda la noche llorando hasta el punto de terminar dormido, los rayos del sol que entraban por su ventana y el agobiante calor que hacía en su habitación, hizo que se despertara tras pasar una noche de dolor. El pequeño bajó de su cama, se acercó a la ventana y la abrió, al recibir los rayos del sol sus ojos sintieron una molestia por haber llorado tantas horas.

    El joven aun sentía un enorme vacío dentro de él y estaba seguro que lo sentiría durante bastante tiempo hasta que olvidara a sus padres. Keith tomó el teléfono que estaba sobre la mesita a la derecha de su cama, marcó el teléfono de su tío y esperó a que contestara.

    —¿Qué quieres, Keith? —Indagó su tío, serio, reconocía perfectamente el número.

    —Quiero que vengas a mi casa, inmediatamente. —respondió con el mismo tono el pequeño.

    —¿Quién te crees que eres? —dijo, molesto—. Eres solo un niño mimado, no eres nadie para hablarme así.

    —¿Te sientes muy grande por ser el vice-canciller de este país, verdad? No seas cretino, solo eres un peón más de un juego de ajedrez.

    Elster no supo que contestar, Keith no parecía el mismo, tenía agallas para hablarle así. Tomó aire por un momento para pensar sus próximas palabras, no quería comenzar una discusión con un niño de seis años.

    —Déjate de tonterías, ¿cuál es la razón de tu llamada, Keith?

    —Ya te lo dije, ven a mi casa, ahora mismo.

    Keith cortó la llamada, causando que su tío quedara impresionado, algo le pasaba a ese niño, no parecía ser el mismo del día anterior. Elster se marchó de su oficina rápidamente y al salir del edificio donde se encontraba, subió a su limosina con prisa, sin perder tiempo le ordenó al chofer que lo llevara a la casa de su hermano, donde ahora residía su sobrino.

    El pequeño de cabellos negros dejó el teléfono encima de la mesita, respiró y exhaló despacio para despejar todos sus nervios, era la primera vez que le hablaba a su tío de esa manera, de hecho, era la primera vez que hacía algo como eso. Keith se machó de su habitación para irse a duchar, cuando llegó a la cocina la empleada le preparó un desayuno sencillo por orden del mismo joven. La empleada se dignó a prepararlo en silencio, cuando vio a Keith, lo notó diferente, algo cambió, algo que se notaba a simple vista, pero no sabía que era.

    La limusina de Elster se detuvo al frente de la casa de Keith, el tío salió sin perder preciados minutos y entró a la casa de su sobrino sin tocar antes, no necesitaba esos formalismos. Cuando entró a la casa vio a Keith esperándolo de pie en la sala, fue en ese momento que Elster le asestó al pequeño un fuerte golpe en el lado derecho del rostro. El golpe fue tan grande que el mismo Keith cayó al suelo, se tocó su rostro con una leves lágrimas en su rosto.

    —¡Escúchame! —Gritó molesto Elster—. ¡Si vuelves hablarme del mismo modo, no pienso contenerme la próxima vez! ¿Qué es lo que quieres?

    —¡Dímelo tú! —respondió con ira el pequeño, al ver a su tío a los ojos.

    Elster notó que los ojos de Keith cambiaron por un momento de azul a rojos, pero ese cambio no duró por mucho tiempo, ya que después de unos segundos volvieron al color original. El tío del pequeño sintió miedo por primera vez en su vida, así que decidió calmarse por un momento.

    —¿Has superado la muerte de tus padres? —Indagó Elster con su tono frío.

    —¿Crees que es fácil? —Cuestionó en tono sarcástico el pequeño—. Por supuesto que no, pero lo superaré con el tiempo. —dijo Keith al levantarse del suelo, al mismo tiempo que sacudía su ropa, que se conformaba por una chaqueta negra de capucha, camisa, pantalón largo, y tenis del mismo color.

    —Muy bien, antes de que hablemos, quiero saber algo. ¿Estás dispuesto a renunciar a todo? —Elster vio a su sobrino directo a los ojos.

    —¿Qué significa eso? —A su edad, Keith no comprendía exactamente las palabras de su tío.

    —Necesito personas que estén dispuestas a trabajar conmigo, sin importar los riesgos. Lo que haremos nos puede conducir a la misma muerte.

    Al escuchar a su tío, Keith entendió a qué se refería Elster, no sabía con exactitud los planes que tenía, pero ahora con la muerte de sus padres, no había nada que le importara en la vida. Es verdad que todo el dinero que produjeron sus padres a raíz de negocios, le pertenecía a él por herencia, pero no tenía la intención de pasar una vida de ricos.

    Keith no sabía si en algún momento de su vida volvería a reencontrarse con su amigo Zelig, pero de llegar el momento, quería estar listo para demostrarle a él y a todos sus verdaderas capacidades. Si los planes de Elster le ayudaban a mejorar, estaría dispuesto, incluso hasta venderle el alma al diablo con tal de ser mejor que su amigo Zelig.

    —Claro que sí, no es necesario que lo preguntes. —respondió Keith, sin dudar.

    —Perfecto, entonces, vámonos.

    Elster dio media vuelta para salir de la casa de Keith, este lo siguió en silencio, ambos subieron a la limosina y el chofer una vez recibió las órdenes, se marchó del lugar. Durante el camino, Keith se sentía nervioso, no sabía el lugar al que se dirigían, pero se controló a pesar de todo. Si dejaba que sus nervios lo controlaran, nunca podría llegar a ser mejor, debía empezar primero por controlarse a sí mismo, antes que nada.

    Komplexe S.O, Neubiberg, München, Baviera, Alemania.

    Tras un viaje de treinta minutos, la limusina en que viajaba Keith y su tío llegó a la ciudad de Neubiberg, ubicada en el lado Sureste de Múnich. El vehículo transitó por las calles de la ciudad hasta llegar a un enorme edificio que conformaba el Complejo de Operaciones Especiales, junto a la Universidad Bundeswehr de Múnich. Al salir de la limusina, Keith se sorprendió al ver cuán grande era ese edificio, que tenía un aspecto planeado ya que toda su estructura estaba hecha de paneles tan grandes como una casa de tamaño mediano.

    La luz del sol le daba un brillo muy incandescente, así que decidió dejar de verlo, porque de no hacerlo, podría tener problemas con su vista en el futuro. Elster se puso sus antejos negros, y al ver esto Keith, hizo un gesto de desagrado, odiaba la actitud engreía de su tío. Sin tomarle mucha importancia, ambos entraron al edificio.

    Al entrar se toparon con una gran sala que al único lugar que conducía era un elevador. Elster presentó su identificación al guarda de seguridad, que no tuvo la necesidad de pedírsela al tío de Keith. Ambos continuaron hasta llegar al elevador, Elster presionó un número holográfico que señalaba el número siete. Esperaron unos segundos para que las puertas se abrieran una vez llegaron al piso destinado.

    Lo primero que vio Keith fue a varios jóvenes disparándole a un blanco a varios metros de distancia, todos ellos estaban siendo supervisados por un adulto que les ordenó detenerse al ver a Elster. Los jóvenes se detuvieron al recibir las órdenes de su superior, Keith se sorprendió al ver que todos esos chicos tenían una edad muy similar a la de él.

    Aquel supervisor respondía al nombre de Arman Bartram, un hombre de 30 años, tez blanca, ojos azules y cabello negro. Vestía un uniforme militar de color negro, conformado por una chaleco de manga larga, a la derecha del nivel del pecho tenía una pequeña bandera de Alemania, pantalón largo con diversas bolsas a los lados y zapatos negros.

    —Señor, Elster. ¿Quién es el nuevo? —Indagó Arman, vio al pequeño fijamente.

    —Su nombre es Keith, formará parte del Equipo Negro.

    —Ya veo, entonces, él será quien liderará al equipo, ¿correcto? —Arman se veía muy emocionado.

    —Así es.

    —¿Qué es el Equipo Negro? —Indagó Keith, intentando ocultar su nerviosismo.

    —Es equipo al que estás asignado —respondió Elster al ver a su sobrino—. Entrenarás en este lugar durante los próximos cinco años. Al final, solo un equipo quedará en pie, quien gane trabajará conmigo. Así que ven preparándote, Keith, no saldrás de aquí al menos que ganes —Eslter volvió a ver al supervisor—. Lo dejo en tus manos, Arman.

    —No se preocupe, señor.

    Elster se dio media vuelta para marchase, a pocos metros Keith se interpuso, miró a su tío con el ceño fruncido.

    —¿Acaso estás loco? ¿Piensas encerrarme aquí durante los próximos cinco años? —Keith no se esperaba eso de parte de su tío.

    —Claro que no, Keith —Replicó Elster—. Saldrás de aquí una vez se cumplan los cinco años, y apruebes, lógicamente.

    —¿Qué pasa si no logro aprobar? —Keith se preocupó en gran manera por su vida.

    —Morirás, así de simple. La basura debe permanecer en la basura, si no apruebas, no me sirves de nada.

    Keith se estremeció al escuchar a Elster, había firmado su sentencia de muerte al llegar a ese lugar, ahora que había entrado, ya no saldría hasta que pasaran cinco años. Maldijo a su tío como nunca antes, su odio hacia él creció a niveles críticos.

    —¿Y qué ganaré con todo esto?

    Elster se acercó a su sobrino y se inclinó levemente hacia adelante para decirle al oído suavemente;

    —Si apruebas, te daré todo lo quieras, armas, aviones, misiles nucleares, soldados, todo eso y más. Utiliza el odio que sientes contra Zelig para salir de aquí, te aseguro que volverás a verlo algún día, después de todo, él también posee el poder del virus Infinity dentro de su cuerpo.

    —¿C-Como sabes eso? —Keith sintió un escalofrió en su cuerpo, nunca le reveló esa clase de cosas a su tío.

    —Sé muchas cosas, Keith, más de las que puedas imaginar. Así que, buena suerte, sobrino.

    Elster se marchó de allí, dejando a un Keith sumamente asombrado, su cuerpo temblaba sin control, no entendía cómo demonios Elster sabía todas esas cosas, nunca le habló sobre Zelig y mucho menos del poder que él tenía. Ahora debía permanecer con vida durante cinco años si quería encontrar las respuestas a sus preguntas.
     
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  4.  
    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola. El capítulo me ha gustado mucho realmente. Vemos como Keith y Zelig van superando (gradualmente) la experiencia que han vivido en el final de la temporada anterior.

    Debo admitir que me pasó por alto el hecho de que el tío de Keith era el mismo vice-canciller. Lo había olvidado casi por completo. Como no hizo la gran cosa y solamente tuvo un par de menciones, no fue hasta que leí esto que realmente lo recordé. Veo que ese tipo está muy bien informado, aunque me gustaría saber mucho más sobre sus fuentes de información. Debe tener a algún espía trabajando para él o algo, dado a que no veo como puede saber lo de Liezel y lo de Zelig. Junto con Edmund, es de los personajes que mas me intriga ahora mismo. Es un tipo realmente cruel, dado a que Keith pasará 5 años entrenando para luego formar parte de una prueba de vida o muerte. Pero estoy seguro que es aquí donde se irá superando a él mismo, a sus compañeros y luego al propio Zelig en el manejo del virus.

    Por otro lado, vemos a un Zelig muy afectado por haber sufrido el trauma al final del capítulo final de LY. Nuevamente, diré que este reinicio me parece un acierto. En Z/N, Zelig queda traumado porque creyó que Zellene lo estaba rechazando después de decirle que lo amaba, cosa que no es muy lógica en un niño de su edad. En esta ocasión, vio como la niña a la que empezaba a querer (más no amar del todo) estaba luchando contra su mejor amigo, y como se convertía en una especie de "monstruo", sumado al hecho de que su madre murió en frente de él. El trauma se ve muchísimo más lógico en esta versión de lo que se veía en la anterior, así que nuevamente te felicito por el capítulo.

    Imagino que esta parte se tratará de Zelig y de Keith, mostrando a los adultos alrededor de ellos como personajes de apoyo para la trama. Pero realmente tengo la esperanza de ver a Zellene, a Rainhard, a Ilgen, o a un nuevo personaje (si es que piensas añadir a alguno) en esta parte. Pero no me quejaré si solamente vemos a estos dos niños. Debo decir que tengo interés en el tratamiento que Ángela llevará con Zelig y del entrenamiento al que se verá sometido Keith.

    Errores no creo haber encontrado. Por el momento, eso será todo por ahora. Saludos.
     
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  5.  
    Sonia de Arnau

    Sonia de Arnau Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
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    Escritor
    Bueno, aquí pasando ahora por The Fallen December, temporada dos. Y por lo visto es la continuación de la anterior y bueno, lo positivo es que estoy completamente fresca pues recientemente que acabé de leer la temporada anterior. Este comentario es solo del capítulo uno. El dos todavía no leo.

    Debió ser un trauma para Zeig ver a su madre en ese estado a tal punto en que no puede hablar bien. Y la aparición de Ángela, ahora comprendo un poco sobre ella y el papel tan importante que desempañará. Y la nueva vida que su padre tiene para el pequeño rubio. Y por ello, al recordar la otra versión, en la que se nos mostró a un Zelig ya grande y que por lo que recuerdo no tenía memoria, me pregunto si se deba a que le hicieron algo pues debió quedar completamente traumatisado por tal experiencia y ahí es donde entra la mejor psicóloga.

    Lo que me gustó de este capítulo fue que la mitad de él se centró en Keith, de esta forma vemos más acerca de su vida como por ejemplo que no se lleva bien con su tío y que su madre era estadounidense. Y bueno, el saber la muerte de sus padres fue un momento muy desgarrador. Pero en serio, que horrible familia tiene, a tal punto que su tío le dijo a la mucama que no lo consintiera y que pasará de él. Ahora comprendo porque tanto rencor y odio guarda ese niño, perder a su familia y luego vivir con alguien tan frívolo, no es fácil. A comparación de Zelig, quien su padre lo ama y está haciendo lo mejor para ayudarlo. Y bueno, me gustaría saber cual es ese plan que tiene Elster.

    Me pregunto que pasó con Zellene y deseó saber lo que ocurrirá con ella y si hará alguna aparición en esta temporada o hasta las próximas.

    Eso sería todo de mi parte, después leo el capítulo 2.

    Edito para evitar hacer doble post en esta nueva entrega: Zurel

    Capítulo dos:

    No solo Zelig demuestra tener un traumatismo por lo ocurrido, tanto así su trauma que olvidó a Zellene, lo que indica que lo hizo como una protección a saber que fue la causante Del Diciembre Caído. Aunque también me imagino que no es del trauma tal cual, sino que se deba a un causante mayor, que su memoria haya sido borrada apropósito. Aunque es solo una teoría. Y creo que el hecho de que él esté relacionando a Ángela con su madre sea otro síntoma; como si negara que la haya perdido. Aunque siento que el hecho de que Edmund no esté con él en esa difícil etapa, le perjudicará. Y en cierto, es solo un niño de seis años y no todavía no llega a comprender que su padre tiene trabajo y que a pesar de eso, nunca lo ha dejado desamparado pues conseguirle la mejor psicóloga del país dice mucho del padre, pero seguro él resentirá eso en un futuro.

    Sobre Keith, igual que a él, me sorprendió la actitud que demostró con su tío cuando habló con él, sin contar que hasta el mayor llegó a tenerle miedo al niño. No obstante, más adelante ver que Elster no es hombre fácil de intimidar y que todavía tiene el control. Me quedé con realmente sorprendida de leer que sabe que odia a Zelig. Ahora entiendo porque en el primer capítulo se había mostrado tan confiado y hasta aseguró que en sus planes Keith estaría de acuerdo. Aun así, me gustaría saber cómo es que sabe todo eso, sobre el virus, Zelig y todo.

    Ahora me pudo dar una idea de a donde estará dirigida esta entrega y me gustaría saber más acerca del crecimiento de ambos chicos; los dos luchando de una u otra forma, pero todo a raíz de lo que ocurrió. The Fallen December era lo que hacía falta para comprender Extintion.


    Por fin estaré al parejo con las publicaciones, así que me toca esperar el próximo capítulo.
     
    Última edición: 25 Agosto 2018
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  6. Threadmarks: Capítulo 03: Nucronio.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

    Acuario
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    Escritor
    Título:
    ZERO ZONE: The Fallen December [Season 02]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    10
     
    Palabras:
    4052
    Reydelaperdicion Muchas gracias, como siempre, por tu gran apoyo. Hay algunas sorpresas por mostrar en esta temporada, pero no te desesperes, que pronto llegaran cuando menos te des cuenta. Y, sí, es tal y como imaginas, la historia estará centrada en ellos dos (en parte) para darle importancia a ambos y no que todo recaiga solo en Zelig.

    Sorel Rodriguez Oh, que sorpresa, no te imaginas lo mucho que me alegra saber que estás al día con Zona Cero, Sorel. Te agradezco infinitamente tus opiniones, respecto a cada uno de los capítulos. Estoy contento al enterarme que te impactó el final de Lost Years, aun después de conocerlo por la versión anterior. Es algo muy grato saber que el reinicio ha sido todo un éxito, y claro que me anima mucho para continuar esforzándome en la escritura de esta historia.

    Quiero decirte que aprecio mucho el tiempo que te has tomado para leer y dejarme tu opinión de cada capítulo, eso es algo nunca podré pagarte ni con todo el dinero del mundo. Muchas, muchas gracias, de verdad. Y no te preocupes el tiempo que te tomes para ponerte al día, tus comentarios hacen valer la espera, créeme que sí. Te deseo lo mejor, Sorel, y una vez más te doy mis más sinceras gracias, desde el fondo de mi corazón.

    Hola a todos.

    Procederé inmediatamente a publicar el siguiente capítulo de Zona Cero. Les agradezco de todo corazón los que se han pasado a leer esta historia y espero que este nuevo capítulo, sea de su completo agrado. Sin más que decir, los dejo con la lectura.

    Capítulo 03: Nucronio.

    Tras marcharse Elster del Complejo de Operaciones Especiales. El supervisor Arman Bartram acompañó al pequeño a través del complejo hasta llegar al lugar donde residiría con los demás jóvenes que conformaban el presunto Equipo Negro. Al abrirse la puerta, todos los jóvenes ahí presentes se alinearon para saludar al supervisor con el típico saludo militar.

    —¡Descansen! —dijo Arman con autoridad.

    Keith se sorprendió al ver a esos chicos que estaban ahí, todos tenían su misma edad, dos de los cuatro eran mujeres y el resto varones. El joven no dijo nada, solo se dignó a escuchar las palabras de Arman.

    —Chicos, este será su nuevo compañero, preséntate. —Le dijo Arman a Keith al verlo fijamente por unos segundos al mismo tiempo que volvía a ver a los otros chicos.

    —Mi nombre es Keith, Keith Wetzel. —Se presentó el pequeño, ligeramente nervioso.

    —Keith será el líder de este equipo, quiero que se conozcan por hoy, mañana comenzará el entrenamiento.

    Arman se marchó de aquella sala, dejando a Keith con los demás. Antes de poder decir algo, Keith observó toda la sala. El lugar medía cerca de unos cien metros cuadrados, alrededor del área había una cama para cada integrante del equipo, y lo único que las dividía para tener un poco de privacidad, tan solo era una pared delgada de color blanco que estaban separadas unos tres metros entre cada una. Las habitaciones no tenían puertas ni paredes, excepto las de los lados, así que cada integrante podía acompañarse entre ellos tan solo pasando de una habitación a otra.

    Todo el piso estaba hecho de cerámica blanca y el cielo en su totalidad lo conformaban centenares de luces LED, en el centro de la sala se encontraba todo el equipo de ejercicio, el cual podían utilizar cuando los jóvenes obtuvieran masa muscular con el paso del tiempo.

    —Hola, mi nombre es Manfred. —dijo uno de los varones al darle su mano a Keith en señal de saludo. Manfred era un niño de tez ligeramente morena, cabello negro a lo militar y ojos verdes. El uniforme que tenía puesto era igual al de Arman, pero de color blanco y hecho a su medida.

    —Yo me llamo Astrid —Agregó una de las niñas de tez blanca, cabello largo de color azul hasta la cintura y ojos del mismo color. Vestía un uniforme conformado por una blusa de manga larga, falda y una licra, todo en un conjunto blanco.

    —Y yo soy Maike. —dijo otra pequeña de tez blanca, cabello largo de color rubio y ojos verdes, vestía el mismo uniforme de su compañera.

    —Así que tú serás el líder de nuestro equipo, ¿eh? No pareces gran cosa. —dijo el último de los varones al ver a Keith como si lo analizara de pies a cabeza. Su uniforme también era igual al de Manfred. Este pequeño era de tez blanca, cabello castaño y ojos verdes.

    Keith estrechó su mano con la de Manfred, al mismo tiempo que Maike empujó al pequeño que miraba a Keith con recelo, causando que cayera sentado en el piso.

    —¡Cállate, Evian! Tú tampoco eres la gran cosa, perdedor. —Le recriminó la pequeña, molesta.

    —No le hagas caso, es un engreído. —Le dijo Astrid a Keith, refiriéndose al de cabellos castaños.

    —Tranquila, no pasa nada. —dijo Keith, serio.

    Evian se levantó del suelo y se sacudió su uniforme, después miró a Maike con el ceño fruncido. La pequeña tan solo le hizo un mohín de enojo al mismo tiempo que miró a otro lado en señal de sentirse muy molesta.

    —Quiero que sepas algo, Keith —dijo Evian al acercarse a Keith a tal punto de casi tocar sus frentes entre sí—. Yo quiero el liderazgo de este equipo, y no permitiré que alguien como tú venga a quitarme lo que merezco por derecho.

    Keith dejó a un lado su nerviosismo y confrontó a Evian seriamente al decirle;

    —¿Quieres el liderazgo? Muy bien, tienes cinco años para quitármelo, veremos si eres capaz, cretino.

    Evian le escupió a Keith en la cara antes de marcharse a su cama a escuchar música. Keith se limpió el rostro y observó a Evian con mucho desprecio, a tal punto de convertirse en el más odiado de su lista, muy por arriba de Zelig. Keith nunca quiso ser el líder de nadie, pero si debía serlo en ese lugar, estaba dispuesto a seguir las reglas.

    Manfred, Maike y Astrid se sentaron en el suelo formando un círculo, invitaron a Keith a unirse a ellos, así que sin dudarlo decidió aceptar su invitación, los cuatro empezaron a platicar un poco para conocerse mejor.

    C.C. 00, Base Aérea de Ramstein, Kaiserslautern, Alemania.

    Edmund había llegado a la base de Ramstein desde hace algunas horas. El científico apenas llegó a la base, fue informado por un soldado que debía ir al Centro de Cuarentena, ya que necesitaban de su presencia. Al llegar al lugar, vio a decenas de soldados en camillas, muchos de ellos con fragmentos metálicos en sus cuerpos. Algunos estaban por ser consumidos totalmente, otros solo tenían fragmentados sus pies, brazos, abdomen, o parte del rostro.

    Sin analizarlos, Edmund fue capaz de dar por sentado que los fragmentos metálicos que tenían todas esas personas, poseían la misma estructura celular del meteorito que analizó días atrás. Decidió extraer un pequeño fragmento de uno de los pacientes, y al momento de extraerlo, otro fragmento se regeneró en su lugar. Al ver eso fue más que suficiente para rectificar sus sospechas.

    Schenider se percató que esas personas se habían convertido, literalmente, en rocas de donde se podrían extraer metales, se detuvo a pensar por un momento. ¿Serían capaces los humanos de extraer minerales utilizando individuos de su propia especie? ¿Los usarían como rocas para extraer metales infinitamente hasta que murieran? Edmund creía firmemente que sí serían capaces.

    Entre los propios humanos creían que su raza era la peor de todas sobre la faz del universo, si no les importaba matarse entre sí creando guerras y utilizando armas nucleares. ¿Utilizarse entre ellos para extraer metales sería diferente? Claro que no, la raza humana tiene fama de ser asesinos, crueles, violentos, egocéntricos, destructores, malhechores, amantes del poder e incluso, inhumanos, siendo este el que los describe como especie.

    Edmund conocía muy bien hasta dónde podría llegar el gobierno teniendo a Heinrich Schwartz como presidente, y estaba seguro que ese hombre al ver que tenían un recurso de donde podrían extraer metales infinitamente, no dudaría en usar a esos pobres seres desdichados para explotarlos como si de animales se tratara.

    Cuando Edmund obtuvo la muestra, se marchó del C.C. para ir directo a su laboratorio, a poco metros de llegar fue detenido por una fuerte voz. Schneider la reconoció sin problemas, se trataba del presidente.

    —Profesor —dijo Schwartz con un tono de voz ligeramente alegre—, veo que ha obtenido una muestra, perfecto, eso me ahorrará tiempo.

    —Le pido que sea breve, por favor. Tengo mucho trabajo que hacer. —Le dijo directo y sin rodeos.

    —Eso no lo dudo, profesor, estoy seguro que usted es un hombre muy ocupado —decía el presidente—. No quiero quitarle más tiempo, así que iré al grano. Como sabe, el virus Krytus fue totalmente destruido tras El Diciembre Caído.

    Edmund estaba por decir algo, pero decidió guardar silencio, deseaba que ese hombre terminara de una buena vez para irse a su laboratorio, y así reanudar sus investigaciones.

    —Y debido a la destrucción que dejó, ese extraño virus ahora reina en todo el país provocando muertes a cada minuto que pasa. Necesito de todo su conocimiento para que desarrolle una cura lo antes posible.

    —No se preocupe, eso es justo lo que pienso hacer, por eso necesitaban de mi presencia, ¿no es así? —Indagó Edmund, viendo fijamente al presidente.

    —La vida de todos los habitantes de este país están en sus manos, profesor.

    —Haré lo que esté a mi alcance.

    Dicho esto el presidente siguió su camino, Edmund entró rápidamente a su laboratorio antes que fuera interrumpido por alguien más. Al entrar a su laboratorio, todos los vidrios se polarizaron automáticamente. La inteligencia artificial de Edmund sabía que el científico necesitaba total privacidad, así que polarizó los vidrios sin tener que pedirle su consentimiento.

    El científico dejó la muestra del fragmento que extrajo anteriormente en la mesa donde se encontraban todos sus instrumentos científicos. Después hizo un gran suspiro en señal de sentirse un poco estresado, primero debía construir un arma biológica y ahora debía crear una cura para todas las personas infectadas. A veces odiaba su trabajo pero al mismo tiempo le encantaba, era extraño, sin duda.

    Cuando Edmund se disponía analizar el fragmento, su celular empezó a sonar, al ver el número no lo reconoció, pero decidió contestar de todos modos.

    —¿Diga? —dijo Edmund esperando saber quién le llamaba.

    —Profesor. —Mencionó la persona al otro lado de la línea.

    —Rainhard… —Musitó Edmund, reconoció su voz sin mucha dificultad. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que habló con él personalmente.

    —Veo que piensas desarrollar una cura para el virus Infinity.

    —Así es, las cifras de muertos no se ha detenido desde que ocurrió El Diciembre Caído. —Por un momento le pareció extraño que él supiera sobre la cura, pero guardó silencio para no desviarse de la conversación.

    —Temo decirle que será imposible crear una. —Las palabras de Rainhard demostraron seriedad al máximo.

    —¿Q-Quieres decir con imposible? —Edmund se estremeció al escucharlo.

    —El virus Infinity no tiene cura, desde su creación hace miles de años, se intentó crear una pero fue imposible.

    Edmund intentó articular palabra pero le fue imposible, no podía creer lo que escuchaban sus oídos. La palabras de Rainhard causaron temor en él, si no existía una cura, entonces, eso significaba que la humanidad estaba condenada a extinguirse.

    —¿Me estás diciendo que nos extinguiremos, sin importar los esfuerzos que hagamos? —Edmund empezó a sentirse acorralado al no encontrar una salida para curar a los infectados.

    —Yo no he dicho eso, profesor —dijo el joven, seriamente—, es imposible erradicar el virus ahora que se ha propagado por todo el país, pero aun así, todavía tienen esperanzas de sobrevivir.

    —Si es así, te pido que me ayudes, por favor. —Suplicó Edmund, empezó a tener una pequeña esperanza al escuchar a Rainhard.

    —Los fragmentos metálicos pueden disminuir hasta un cincuenta por ciento de su tamaño, si al infectado se le inyecta una sustancia química.

    —¿Qué clase de sustancia química? —Edmund prestó mucha atención a lo que decía el joven.

    —Una sustancia conformada en su mayoría por zirconio, titanio, platino y otros metales que pueden ser letales para el cuerpo humano.

    —Entiendo, ¿qué materiales necesito para crearla?

    —He dejado un archivo encriptado en la base de datos de la base aérea. La IA que posees debe ser capaz de encontrarlo, se encuentra en los informes del meteorito.

    Rainhard no dijo nada más, ya que sabía perfectamente que Edmund conocía esos informes. El científico le dijo a su inteligencia artificial que buscara un archivo encriptado entre los informes que tiempo atrás le mostró. Tras unos minutos la IA le mostró a Edmund un archivo con el nombre clave; Nucronio.

    —Muy bien, lo tengo. —Informó Edmund, no dudó al momento de abrirlo.

    —Al abrirlo encontrarás una lista de metales y químicos, según la equivalencia a los que existen en la Tierra —decía Rainhard—. La unión de todos los materiales se encuentran en una piedra llamada Nucronio, que no existe en este planeta. Deberás crearla utilizando sus equivalencias.

    —Entendido.

    —Debes tener en cuenta que el Nucronio solo funcionará en los infectados de nivel dos o inferior.

    Edmund se sorprendió en gran manera, todo parecía indicar que el Nucronio solo sería capaz de ayudar a ciertos infectados. Esto hizo que se preocupara por las demás personas que tenían un nivel muy alto de infección.

    —Si intentas utilizarlo en los infectados de nivel más alto, solo provocarás una reacción en cadena aun peor de la que tienen.

    —¿Algo más? —Edmund tenía la impresión de que aún faltaba otro dato por saber.

    —El Nucronio no eliminará el virus del cuerpo humano, solo lo retendrá. Si quieren seguir viviendo, deberán utilizarlo durante toda su vida, o hasta que el virus se haga inmune.

    Eso sí que impresionó de sobremanera a Edmund, desde que descubrió el virus, siempre creyó que su capacidad de mutar constantemente solo aumentaba su letalidad, pero no pensó que fuera capaz de ser también inmune.

    —No te sorprendas —Rainhard fue capaz de darse cuenta de la impresión de Edmund—, la inmunología tan solo es una de las capacidades del virus Infinity. Existen otras que te sorprenderían aún más, créeme, no eres capaz de imaginarte cuan aterrador es en realidad.

    —E-Entiendo… —Edmund no tenía palabras para decir algo más, lo dicho por el joven le sorprendió de tal manera que su mente no fue capaz de pensar algo más.

    —Buena suerte, profesor. —Le deseó el joven, despidiéndose.

    —E-Espera, por favor. ¿Quién eres tu realmente, Rainhard? ¿De dónde vienes? ¿Por qué intentas ayudarme? —Indagó el profesor, queriendo tener las respuestas a muchas de sus preguntas.

    —Le aseguro que algún día tendrá las respuestas a sus preguntas.

    Rainhard cortó la llamada, dejando así a un profesor muy confundido, si antes tenía dudas de que ese joven fuera un extraterrestre, ahora no existía ninguna. El hecho de conocer un método para frenar temporalmente el virus Infinity, era una prueba irrefutable de que provenía de otro mundo. Edmund empezó a realizar la búsqueda de los materiales que necesitaba, debía darse prisa antes de que la cifra de muertos se volviera incontable.

    Altstadt-Lehel, München, Baviera, Alemania.
    05:00/5:00 P.M.


    Tras comerse el aperitivo que Ángela le preparó a Zelig, este terminó dormido en el sofá de la casa. La rubia dejó que durmiera tranquilo en ese lugar, después de todo, no tenía caso llevarlo hasta su habitación. Mientras el pequeño dormía, Ángela se dispuso a escribir una lista de los síntomas traumáticos que presentaba hasta el momento el hijo de Edmund.

    Por suerte, solo presentaba tres síntomas emocionales y uno físico, esto ayudaba en gran manera a Ángela, ya que al presentar tan pocos síntomas, era más fácil poder ayudarlo. Aunque no descartaba la posibilidad de que presentara otros con el paso del tiempo.

    Una vez Zelig despertó, Ángela le sonrió en gran manera, el pequeño no expresó ninguna emoción, lo único que hizo fue sentarse en el sofá al mismo tiempo que fijaba su mirada en el suelo de la casa. Ángela se alegró que Zelig fuera capaz de dormir, muchos de sus pacientes solían tener dificultad para hacerlo, y parecía que el pequeño no era uno de ellos.

    —¿Cómo dormiste? —Indagó la rubia, queriendo saber la respuesta del pequeño.

    —Bien, eso creo. —Musitó sin volver a verla.

    —Me alegro. —Le sonrió nuevamente.

    Ángela se levantó del sofá para buscar algo que traía en su maleta, estuvo buscando por algunos minutos y una vez lo encontró le preguntó a Zelig;

    —¿Quieres armar un rompecabezas? Tu padre me ha dicho que eres muy bueno armándolos. —decía la joven al sacar la caja de un puzzle clásico con la fotográfica de un paisaje.

    Un recuerdo llegó a la mente de Zelig tan rápido que desató su ira al ver el rompecabezas que Ángela estaba por entregarle. Zelig lanzó la caja con un golpe, causando que cayera al suelo y todas las piezas se esparcieran por todos lados. Los gritos que causaba el pequeño sorprendió en gran manera a la rubia, que a cómo le fue posible lo abrazó para que este no se hiciera daño a sí mismo.

    —¡Zelig, tranquilízate, por favor! —decía Ángela al abrazarlo.

    —¡Suéltame! ¡Suéltame! —Gritaba Zelig, forcejeando para librarse de Ángela.

    Tras pocos minutos, Zelig empezó a tranquilizarse, Ángela le dio un leve beso en la frente al pequeño, después se separó lentamente de él. La rubia vio el suelo donde todas las piezas del rompecabezas estaban regadas, pronto empezó a recogerlas al mismo tiempo que las contaba para verificar que estuvieran completas.

    —L-Lo siento. —dijo Zelig, sintiéndose culpable. Vio a Ángela recoger las piezas.

    —No te preocupes, Zelig, no fue tu culpa. —La joven no se sentía molesta por lo que hizo Zelig, en realidad todo fue culpa de su estado traumático.

    Ángela continuó recogiendo todas las piezas del rompecabezas, en esos pocos minutos la psicóloga se percató que Zelig presentaba dos nuevos síntomas. Estos eran la ira y el sentimiento de culpa, que junto con la negación, confusión y estado de shock formaban un total de cinco síntomas emocionales. Si bien, esto no cambiaba mucho el panorama para Zelig, Ángela sabía que eso aumentaba un poco la dificultad en su intento de ayudar a superar su trauma, en especial si el pequeño no se dejaba ayudar.

    Komplexe S.O, Neubiberg, München, Baviera, Alemania.

    Keith y sus nuevos amigos charlaban entre ellos para conocerse un poco mejor, Evian simplemente escuchaba música a alto volumen para no escuchar las tonterías que hablan sus compañeros de equipo. No le interesaba en absoluto conocer a sus futuros camaradas, lo único que deseaba era empezar rápidamente con el entrenamiento para quitar a Keith de su camino.

    —Y bien, ¿qué te trajo hasta este lugar? —Indagó Manfred, queriendo saber más de su compañero y futuro líder de equipo.

    —Quiero demostrarle a alguien que puedo llegar a ser mejor, por esa razón estoy aquí. Perdí a mi familia durante El Diciembre Caído, y ahora quiero dedicar mi vida a la milicia. —dijo Keith seriamente, vio a sus compañeros a los ojos.

    —Lo siento, de verdad, no sabíamos que perdiste a tus padres. —Maike se sintió mal por Keith, no tenía idea de lo que vivió durante ese evento.

    —No te preocupes, no debes sentirte mal por eso. —Le dijo Keith a su amiga, sonriente.

    —¿Fuiste traído aquí por voluntad propia, o te obligaron a venir? —Astrid tenia curiosidad, le parecía muy extraño la actitud tan tranquila de Keith.

    —Vine por mi propia voluntad, ¿por qué la pregunta? —Keith no entendía por qué su compañera preguntaba algo como eso.

    —Hay algunos rumores que dicen haber traído niños en contra de su voluntad. Al parecer, piensan entrenarlos para un proyecto especial, desconozco de qué se trate. —respondió Manfred a la pregunta.

    —¿Crees que nosotros estaremos involucrados en ese proyecto? —Astrid se preocupó, su mente imaginó cosas tan horribles que empezó a sentir miedo.

    —Eso no pasará, nosotros pertenecemos a un proyecto diferente. Seremos entrenados para estar bajo las órdenes del vice-canciller. —Comentó Keith, al ver fijamente a la joven de cabellos azules.

    —¿Cómo lo sabes? —Maike se sorprendió de lo que escuchaba del joven.

    —El vice-canciller fue quien me trajo hasta aquí, él fue quien me lo dijo.

    —¿Sabes quién es él en realidad?

    —Por supuesto, su nombre es Elster Wetzel, es mi tío.

    Los tres pequeños quedaron en shock al escuchar a Keith, no podían creer que su futuro líder sería el sobrino del vice-canciller. Eso significaba que si estaba ahí con ellos, era por algo más que por ser familiares y fue el mismo Keith quien rectificó ese hecho al decirles;

    —Yo no estoy aquí por ser el sobrino del vice-canciller, estoy por algo más grande que un simple vínculo familiar. Así que les pediré un trato igualitario, el Suboficial no me tratará mejor y no quiero que ustedes lo hagan. ¿Entendido?

    —C-Claro. —respondió Maike, nerviosa, esa fue la primer orden de su futuro líder y fue mejor de lo que esperaba.

    —Entendido. —dijo Manfred con respeto, sabía que Keith tomaría el rol de líder, y debido a eso tenía que acostumbrarse a responderle con respeto.

    —Por mí no hay problema. —Musitó Astrid, sonriente.

    Los chicos continuaron platicando durante algunos minutos, hasta que entró una mujer soldado a la sala donde se encontraban los pequeños, rápidamente todos se levantaron del suelo y saludaron a la militar con el saludo característico. Evian al verla, se quitó los audífonos y se puso en fila, esperando no recibir una reprimenda por lo ocurrido.

    Esa mujer no estaba allí para darles órdenes, ni mucho menos, sino para llevarlos al lugar donde cenarían los pequeños antes de irse a dormir. Todos salieron de la sala y caminaron por algunos pasillos hasta llegar a un comedor de tamaño mediano. La comida ya estaba servida en una mesa rectangular.

    Los chicos se sentaron para disponerse a cenar, de izquierda a derecha estaba Keith, Maike, Astrid, Manfred y por último Evian. Maike no podía negar que le parecía muy extraño no ver a nadie más en el lugar, pero mejor guardó silencio para cenar tranquilamente. Después de algunos minutos, los cinco fueron llevados de vuelta a la sala. La mujer soldado se marchó, dejando a los pequeños solos.

    —¿No les parece muy extraño? —Indagó Maike sin poder contenerse.

    —¿Qué cosa? —Astrid quería saber a qué se refería su amiga.

    —Aquí hay muchos soldados y también niños como nosotros. ¿Por qué nos aíslan de los demás?

    —Eso es muy lógico —decía Evian—. No quieren que nos relacionemos con otros niños. Su meta es que convivamos entre nosotros y nos centremos en nuestro entrenamiento, eso es lo único que les importa.

    —¿Eres psicólogo? —Indagó Astrid con gran sarcasmo.

    —Claro que no —respondió molesto Evian ante el sarcasmo de su compañera—, pero mi padre sí que lo es, y gracias a eso conozco muy bien la forma de actuar de algunas organizaciones.

    A Keith le parecía que todo estaba muy bien planeado, era lógico pensar que al tomarse tantas molestias para aislarlos de los demás, significaba que los entrenarían para ser unos completos asesinos, esa era la única explicación que se le ocurría al joven de cabellos negros.

    Un holograma se materializó en una de las paredes de la sala para indicar la hora actual, al parecer faltaban quince minutos para las siete de la noche. Al mismo tiempo se escuchó una fuerte voz que resonó en toda la sala, la cual les informó a los pequeños que las luces serian apagadas a las siete en punto.

    A ninguno le gustó ni siquiera un poco lo que escucharon, pero debían irse a dormir sin importar su opinión. Los cinco niños se acostaron en sus respectivas camas para esperar la hora y una vez el holograma marcó las siete en punto, las luces fueron apagadas, dejando ver tan solo oscuridad total.

    Keith tenía claro que al día siguiente empezaría el entrenamiento, y debía estar preparado tanto física como mentalmente, ya que tan solo sería el primer día de cinco largos años en ese lugar. En su mente aún rondaba el recuerdo de su amigo Zelig y sobretodo el de Zellene, quería saber en dónde se encontraba ella y si aún seguía con vida en algún lugar.
     
    Última edición: 21 Septiembre 2018
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  7.  
    Sonia de Arnau

    Sonia de Arnau Let's go home Comentarista empedernido

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    Así que Keith por fin conoció al nuevo grupo que comenzará a liderar, a las personas que de grande nos mostraron (si no mal recuerdo), un par de nombres se me hicieron familiares, pero no sé si es coincidencia o si recuerdo. Es que batallé un poco en recordar los nombres de los que salieron anteriormente, en la temporada Extincion Y también vemos que hay alguien que no está del todo contesto de que este nuevo muchacho sea el líder, Evian. Pero me alegró que Keith fuera directo y en vez de intimidarse, se confrontará de esa manera. Que importa que fuera porque quiere superar a Zelig. Y hablando de este último, vemos que no la tiene nada fácil, cada momento el pequeño rubio demuestra más síntomas.

    Ahora entiendo el título del capítulo, el nombre de Nucronio ya me decía que era algo que no existía, y no te miento, hasta lo google para ver que me salia xD Después me entero que es un material extraído de una piedra de ese nombre y que Edmund es quien hará esa vacuna con materiales terrestres que se acerquen al Nucronio. Y una lástima que solo pueda ayudar a ciertas personas, pero lógico que solo ésta sirva para inmunizar el virus y no destruirlo completamente.

    Buen capítulo. Mi parte favorita fue la conversación de Edmund con Rainhard.
     
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  8.  
    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola. Paso a comentar el capítulo. Debo decir que me va gustando mucho el rumbo de esta temporada, aunque el segundo capítulo me gustó más, este se pondría detrás del mismo.

    Por un lado está Keith junto a los otros chicos, que me alegro que se hayan presentado en esta parte. Supe que serían sus compañeros en el momento en que se mencionó que eran dos chicas, ya que coincidía con el número que se mostró en Extinction. Lo que me gusta de que fueran ellos es que en Extinction no tuvieron casi nada de desarrollo, y se los trató como si fueran personajes de sobra. Ahora podrán tener un desarrollo apropiado y ser personajes más importantes y entrañables. El que no aparece es Evian, lo cual me da curiosidad. ¿No aparece porque se retira de la misión, por qué decidió separarse del grupo, o por qué murió? Hay muchas teorías, pero yo tengo una.

    En Extinction, Evian no existe pero en su lugar se encuentra Liz. Eso podría significar que Evian podría morir asesinado y ser reemplazado por Liz. Incluso puede que Liz forme parte de otro equipo y que ella misma tenga un rendimiento tan alto que haga que se la deje vivir para formar parte del equipo de Keith. Salvo que sea reclutada después, la veo como una teoría con sentido.

    La escena de Zelig y Ángela no me terminó de gustar. Fue muy breve, y solo se ve una sola cosa. No digo que haya sido mala, pero tampoco fue buena.

    Y una escena que me gustó fue la charla entre Edmund y Rainhard. Rainhard es uno de esos personajes que tienen pocas apariciones, pero que cuando aparecen es para algo especial. Y por el momento, me gustaría que se quedara de esa forma. Cada vez que aparece es para algo especial, como ahora, que le ha proporcionado una forma de contrarrestar el virus a Edmund. Me pregunto cómo es que Rainhard sabe tanto, y por qué no interviene por su cuenta. Con todas sus habilidades, debe haber algo inhibiéndolo para evitar que lo haga.

    Una cosa que me llama la atención es lo que Evian menciona acerca de que su padre es psicólogo. No recuerdo otro psicólogo en la versión anterior, por lo que es posible que dicho psicólogo apareciera en el futuro. No creo que se lo mencione solo por mencionar, y estoy seguro de que será un detalle importante.

    Te marcaré estos errores que encontré.

    La primer coma no debería ir.

    Deberías haber puesto que la prueba era irrefutable en el contexto en que lo dice.

    Por ahora es todo. Esperaré el siguiente con ansias.
     
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  9. Threadmarks: Capítulo 04: Entrenamiento.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

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    ZERO ZONE: The Fallen December [Season 02]
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
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    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    10
     
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    Sorel Rodriguez
    Me alegra mucho que hayas logrado ponerte al corriente de las publicaciones, Sorel, efectivamente, los chicos mostrados en el capítulo anterior son los mismos que se mostraron en Extinction ya de grandes, con excepción de Evian, claro está.

    Me da gracia que hayas intentado buscar lo del Nucronio, el nombre que posee el mineral se presta para realizar alguna búsqueda e investigación en Google, pero obviamente es imposible encontrar algo al respecto porque no existe. Yo alguna vez hice algo así en algunas historias, y al poco tiempo de leer me enteraba del significado del título. Muchas gracias por tu apoyo y espero que sigas disfrutando de esta historia.

    Reydelaperdicion
    Gracias por tu apoyo, Rey, bueno, como te dije antes, deberás esperar cual es destino que le depara a Evian en todo esto y sobretodo, rectificar cuan cerca o lejos te encuentras de tus teorías, te digo que me han parecido muy interesantes. No sabes lo mucho que me agrada lo que piensas de Rainhard, no lo había visto desde tu punto de vista, pero sí, es un personaje que tiene pocas apariciones y cuando aparece es para algo importante. Y descuida, Rainhard seguirá siendo Rainhard durante un largo rato, el misterio que lo envuelve seguirá ahí por bastante tiempo, te lo aseguro. Por cierto, los errores que me has marcado todos los capítulos anteriores, ya los corregí, así que gracias por tomarte el tiempo para señalármelos.

    Procederé a publicar inmediatamente el próximo capítulo de esta historia. Muchas gracias a todos aquellos que se han pasado a leer por aquí, espero que disfruten de este capítulo. Nos vemos la próxima oportunidad.

    Capítulo 04: Entrenamiento.

    A la mañana siguiente, el supervisor Arman Bartram entró a la sala donde Keith y sus compañeros residían, al encender las fuertes luces los pequeños lograron despertarse un poco, pero aun así querían seguir durmiendo. Arman les gritó a todos para que se levantaran rápido, no había tiempo que perder.

    Los pequeños al no poder soportar los gritos del supervisor, se levantaron sin rechistar y se alinearon en fila, siendo Keith el primero de derecha a izquierda según el punto de vista de Arman. Todos saludaron a su superior con el saludo característico, antes de escuchar a Bartram decirles;

    —Muy bien. ¡Tienen cinco minutos para alistarse! ¡Los espero en la sala de entrenamiento, y el llegue tarde recibirá un castigo severo! ¿¡Entendido!? —preguntó Arman al ver a todos seriamente.

    —¡Sí, señor! —Afirmaron todos.

    Arman se marchó de la sala dejando a los cinco niños solos, Manfred se acercó a una pared y presionó un sector específico que abrió una puerta. Keith se impresionó pero no le tomó mayor importancia. El joven vio que las niñas hicieron lo mismo en otra pared, así que se marchó con los de su género.

    Cuando Keith entró a ese lugar, vio que se trataba de un baño bastante amplio con cinco lugares disponibles. El joven se dispuso a bañarse sin pensarlo dos veces, ahí mismo también tenían sus uniformes de entrenamiento, que era iguales a los blancos que tenían puestos pero hechos totalmente de cuero negro. El uniforme de las chicas también estaba hecho del mismo material.

    Todos los jóvenes se ducharon rápidamente y una vez listos se marcharon al comedor para disponerse a desayunar. Un soldado los esperaba afuera del comedor, tenía órdenes de llevarlos a la sala de entrenamiento sólo la primera vez, después ellos mismos serían capaces de llegar por su propia cuenta. Cuando terminaron, fueron llevados por el soldado a la sala donde los esperaba Arman. Los jóvenes hicieron fila frente a él, mientras el otro soldado se marchaba del lugar.

    Arman observó el reloj que tenía en su muñeca izquierda, sonrió al ver que los cinco pequeños llegaron con apenas un minuto de sobra. Nuevamente los volvió a ver con seriedad.

    —El día de hoy iniciará su entrenamiento. Aquí aprenderán a utilizar toda clase de armas y explosivos. También aprenderán toda clase de técnicas en defensa personal y sobretodo lo más importante; seguir órdenes.

    —¿Con cuál arma iniciaremos, señor? —Indagó Evian, deseoso de iniciar.

    —Utilizarán el arma que ustedes prefieran.

    Una compuerta rectangular se abrió del suelo al momento que una mesa con gran cantidad de armas emergía. Los cinco jóvenes tomaron el arma que más les llamaba la atención. Keith optó por el rifle francotirador Barrett M107, Manfred escogió una M60, Astrid tomó la AK47, Maike la UZI y Evian escogió el AWSM, otro rifle francotirador.

    En la misma sala a unos cien metros de distancia emergieron del suelo varios blancos con forma humana y con un punto rojo en el centro. Los pequeños escogieron uno y se pararon en la posición donde debían ir gracias a una equis en el suelo. El supervisor le explicó a cada uno de los jóvenes, cómo debía sujetarse las armas que cada uno había tomado, su explicación fue muy detallada. Les enseñó el tipo de balas que usaba cada una de las armas, cómo se recargaban, y también cómo se debía apuntar para dar en el objetivo.

    Cuando el supervisor terminó de explicarles le entregó a cada uno de los niños audífonos y anteojos protectores para evitar alguna lesión que pudieran sufrir durante el entrenamiento. Una vez estuvieron listos, los pequeños presionaron el gatillo. Arman logró ver que los niños tenían algo de dificultad tras recibir el golpe seco que provocaba el arma al momento de disparar, pero sabía que eso mejoraría con el pasar del tiempo.

    Naturalmente, los chicos no lograron acercarse ni siquiera un poco al punto rojo del blanco, solo Keith fue capaz de acercarse un poco. Arman lo vio y lo felicitó por su primer intento, Evian al escuchar que su líder fue capaz de dar casi en el blanco, decidió practicar con más ímpetu, no permitiría que Keith lo superara. Le demostraría al supervisor y a todos sus compañeros que él podía ser el líder del Equipo Negro.

    Tras pasar algunas horas practicando en el campo de tiro. Los cinco jóvenes empezaron a tomarle el truco a las armas. Bartram se impresionó al ver el progreso tan rápido del equipo en tan sólo algunas horas, sin duda, estaban motivados y eso se notaba con bastante facilidad. El supervisor les ordenó a los jóvenes que dejaran las armas y tomaran en su lugar las granadas. Igual que al principio, les enseñó cómo debían utilizarse y una vez con el conocimiento, empezaron a practicar.

    Al principio lanzaban las granadas con demasiada fuerza y pasaban de largo el objetivo, otras veces ni siquiera se acercaban, pero poco a poco empezaron a medir la fuerza del lanzamiento. Cuando fueron capaces de destruir el blanco más cercano, este desaparecía y emergía otro del suelo a una mayor distancia, lo que requería de más fuerza.

    Arman tan solo veía el progreso de los jóvenes en total silencio, si el equipo aprendía todo lo que debían enseñarle a esa misma velocidad, serían capaces de estar listos para la prueba final antes del tiempo establecido.

    Laboratorio, Base Aérea de Ramstein, Kaiserslautern, Alemania.

    Edmund se encontraba en su laboratorio trabajando en el Nucronio, un extraño mineral conformado por múltiples compuestos metálicos que no se encuentra en la Tierra, pero que poseen su equivalencia con los minerales del planeta. Schneider había logrado conseguir todos los materiales que se mostraban en la lista que Rainhard le había otorgado.

    En el archivo se encontraba todo el conocimiento para lograr crear el Nucronio, las fórmulas tenían extraños símbolos científicos que Edmund era capaz de comprender con facilidad. Le fue muy sencillo conseguir todo lo que necesitaba en menos de veinticuatro horas, después de todo, el país se encontraba en una crisis post-apocalíptica y si el mejor científico de toda Alemania necesitaba algún material, las autoridades militares debían conseguirlo lo más rápido posible si querían detener la cantidad de muertos, que aún seguían en aumento tras El Diciembre Caído.

    Una Semana Después…

    Tras muchas horas de desarrollo, Edmund logró crear el Nucronio, gracias a la información que le otorgó Rainhard. A diferencia del Nucronio original que se encontraba solidificado en una piedra, el creado por Edmund era en estado líquido y su aspecto tenía un color azul perlado.

    Schneider fue capaz de crear dos Nucronios, uno sería utilizado para la producción masiva, y el otro para ser utilizado en un paciente. Edmund se marchó al Centro de Cuarentena, acompañado por el presidente y dos soldados del ejército.

    C.C. 00, Base Aérea de Ramstein, Kaiserslautern, Alemania.

    Cuando Edmund llegó al Centro de Cuarentena, le dijo a un doctor que necesitaban a un paciente que presentara signos de nivel dos del virus Infinity. El doctor los llevó hasta una habitación aislada de las demás, al llegar vieron a un paciente que descansaba en una camilla con todo su torso solidificado por fragmentos metálicos, algunos de los fragmentos se esparcían lentamente hacia los brazos.

    —Sujétenlo —Ordenó Edmund a los soldados—. Tengan cuidado con los fragmentos de su cuerpo.

    Los soldados sujetaron al hombre de ambos brazos y piernas con una cadena, la cual encadenaron a los tubos inferiores que tenía la camilla a los lados. Esto para evitar que el paciente se moviera ante alguna reacción que pudiera tener al Nucronio. El hombre al ver eso se asustó en gran manera, pronto empezó a forcejear para liberarse, pero por más que lo intentaba le era prácticamente imposible.

    —¿¡Q-Qué hace!? —Indagó el hombre al ver que Edmund empezaba a llenar una jeringa con el Nucronio.

    —No se preocupe. —Musitó Edmund, inyectándole el Nucronio en el brazo izquierdo al hombre.

    —¿¡Q-Qué demonios!? M-Me duele todo el cuerpo —dijo el hombre al sentir al instante el Nucronio recorrer por todas las venas de su cuerpo.

    El presidente y los soldados observaban en silencio lo que ocurría, pronto, los fragmentos metálicos que tenía el hombre, empezaron a contraerse poco a poco, a tal punto de llegar a desaparecer. Nadie en esa habitación podía creer lo que veían, ni siquiera el propio Edmund era capaz. El doctor que estaba ahí presente se hallaba en completo shock, mientras que el hombre comenzó a sonreír al ver que su cuerpo ya se encontraba libre de fragmentos.

    —¿C-Cómo se siente? —Indagó el médico al salir de su trance.

    —M-Me siento, perfectamente. —respondió el hombre, si creer lo que veía.

    El médico revisó al paciente para verificar que todo marchaba bien y al ver que así era le informó a Edmund. El presidente al ver que todo estaba bien y que el paciente no presentaba una reacción negativa, felicitó al científico por su gran trabajo.

    —Ha hecho un excelente trabajo, profesor. Muchas felicidades. —dijo el presidente al darle la mano a Edmund en señal de alago.

    —No es necesario las felicitaciones, señor. —Le dijo Edmund, negándose a estrechar la mano del presidente.

    —¿Qué quiere decir? —El presidente se extrañó mucho por la actitud de Edmund.

    —Señor —dijo Edmund al ver al presidente—. El Nucronio no elimina el virus del cuerpo humano, tan solo lo retiene.

    —Acaso, ¿no estoy curado? —Cuestionó el hombre, asustado de escuchar al científico.

    —Entonces. ¿Qué sugiere que hagamos, profesor? —Schwartz vio seriamente a Edmund.

    —Sugiero que el paciente se mantenga en control —decía Edmund—. Verá, el Nucronio permanecerá en la sangre durante dos meses, aproximadamente. Una vez que el Nucronio desaparezca, no habrá nada en la sangre que pueda detener el virus. Si desea vivir, deberá someterse al Nucronio durante toda su vida.

    —Comprendo —Heinrich cayó en la razón de que no había otra forma para lograr sobrevivir, que sometiéndose al medicamento—. Supongo que una droga es mejor que la muerte.

    Edmund y el presidente salieron del Centro de Cuarentena, mientras los soldados le quitaban las cadenas al hombre para dejarlo libre.

    —Señor, hay algo que debo informarle —dijo Edmund, una vez salieron del C.C.

    —Lo escucho.

    —Aunque el Nucronio es capaz de detener el virus, solo funcionará en las personas del nivel dos o inferior. Lamento decirlo, pero todos los que presenten un nivel más alto, morirán.

    —No se preocupe por ello, profesor. Tenemos reportes de millones de personas que presentan el nivel dos del virus. Muchos sobreviran, estoy seguro de eso, por el momento le pido que inicie con la producción masiva del Nucronio.

    —Así lo haré, señor.

    —Muy bien, profesor.

    El presidente se marchó del lugar sin saber que Edmund, había dado la orden de producir el Nucronio desde hace días, y la razón para hacerlo era porque confiaba en Rainhard. Gracias a él muchas personas sobrevivirían al virus que dejó Zellene tras su desaparición. Todo parecía indicar que su trabajo finalmente había terminado, pero Edmund sabía que sólo era el principio de una larga batalla.

    Aun debía mejorar el Nucronio para que fuera capaz de hacerle frente al virus Infinity, cuando este se volviera inmune. Edmund lo tenía claro, era muy difícil luchar contra algo que solía evolucionar a cada segundo que pasaba. Sin duda, el virus le hacía honor a su nombre.

    Komplexe S.O, Neubiberg, München, Baviera, Alemania.

    Keith y sus compañeros llevaban una larga semana de entrenamiento en el Complejo de Operaciones Especiales. Durante ese poco tiempo les habían enseñado armar y desarmar toda clase de armas, así como explosivos. También les enseñaron algunas técnicas de pelea para mejorar su flexibilidad, y les obligaron a realizar diferentes clases de ejercicios para que todos ganaran masa muscular.

    Todos los días los pequeños llegaban a la sala donde residían y lo único que hacían era buscar sus camas para caer en ellas y entregarse a los brazos de Morfeo. Tan difícil se convirtió sus rutinas que no tenían tiempo, ni siquiera para seguir conociéndose entre ellos.

    Al pasar el tiempo, sus cuerpos se acostumbraron a los entrenamientos, y cada vez menos les dolía sus músculos tras los ejercicios y prácticas que realizaban durante el día.

    Keith se encontraba en la sala de tiro, ese día el supervisor Arman Bartram le otorgó el día libre a todo el equipo, por su buen rendimiento durante los entrenamientos. Sus compañeros Manfred, Maike, Astrid y Evian se encontraban descansado en la sala donde residían. Sin embargo, Keith no quería perder el tiempo.

    El joven de cabellos negros practicaba sus disparos con las diferentes armas que tenían disponibles para su uso en el complejo. Aunque para ese entonces, Keith tenía una habilidad de disparo envidiable, aún seguía practicando arduamente.

    Keith estuvo sólo en ese lugar durante algunos minutos, hasta que escuchó el sonido de la puerta automática abrirse. Miró de reojo a la persona que había entrado, era Manfred, Keith siguió disparando hasta que se le acabaron las balas al revólver.

    —¿Te importa si te acompaño? —Cuestionó Manfred al tomar un rifle de francotirador.

    —No, claro que no. —dijo Keith al acercarse a la mesa donde estaban todas las armas para recargar el magacín del revólver.

    —Pensé que descansarías el día de hoy. —decía Manfred al recargar su rifle que apenas tenía una bala.

    —No necesito descansar. Lo único que necesito es entrenar y nada más.

    Keith presionó un botón de un panel holográfico que se materializó cerca de donde se encontraba la mesa con las armas. Al accionarlo, el objetivo que tenía como blanco fue cambiado por otro, ya que el anterior lo tenía todo agujerado. Después empezó a disparar rápidamente, Manfred lo vio detenidamente y logró darse cuenta que ninguno de los disparos de Keith fallaba. Las balas del magacín se terminaron y Keith simplemente lo volvió a recargar.

    —Impresionante, no has fallado ninguno de tus disparos. —Manfred estaba impresionado.

    —Eso no es nada, se consigue practicando. —Musitó Keith al tomar varias balas para recargar cuatro magacines iguales.

    —Y vaya que lo has hecho. —dijo Manfred, impresionado.

    —Manfred, ¿por qué estás en este complejo? —Quiso saber Keith para cambiar un poco el tema de conversación, ya que Manfred estaba ahí, era el momento perfecto para conocerlo mejor.

    —Mi padre fue militar durante la mayor parte de su vida, y desde que tengo uso de razón, siempre me inculcó la disciplina de un militar. Estoy aquí porque quiero ser igual que él.

    —¿Qué rango tenía? —Keith tenía curiosidad de saber.

    —General del Ejército.

    Keith hizo un leve silbido en señal de impresión, el padre de Manfred sí que era un soldado, tenía el rango más alto del ejército, exceptuando a los de la marina. Sin embargo, Keith fue directo con Manfred al decirle:

    —Manfred, en este lugar no entrenas para ser un soldado del ejército. Nos entrenan para ser auténticos asesinos. Si piensas ser un soldado como lo fue tu padre, no creo que este sea el lugar más indicado para ti.

    —Eso lo sé, Keith. Nunca dije que quería ser un soldado del ejército, solo quiero seguir los pasos de mi padre, si nos entrenan para ser asesinos, es lo que menos me importa. No me importa manchar mis manos.

    —¿Qué piensa tu padre sobre eso?

    —No sabría decirte, él también fue víctima del desastre, igual que mi madre.

    —Lamento escucharlo, Manfred. —Se sentía mal por su amigo.

    —Lo mismo digo, Keith, por tus padres. —dijo Manfred.

    —No te preocupes.

    Los pequeños se sintieron muy identificados el uno con el otro, ya que ambos experimentaron el trágico suceso de la pérdida de sus padres. El Diciembre Caído se había llevado las vidas de muchos inocentes, pero a pesar del dolor, podían contar con el apoyo del otro. La amistad de ambos chicos creció ese día en gran manera al conocerse un poco mejor.

    Base Aérea de Ramstein, Kaiserslautern, Alemania.
    Un Mes Después…


    La producción masiva del Nucronio, marchaba bien para la fortuna de todos, los laboratorios al nivel nacional lograron crear cientos de antídotos en algunos días, y pronto se convirtieron en miles en pocas semanas.

    Decenas de helicópteros transportaron toneladas de Nucronio a las diferentes regiones del país. Millones de personas fueron afortunadas al recibir ese extraño antídoto, que ahora debían usar como una droga más para lograr sobrevivir. Mientras muchos sonreían al saber que seguirían con sus vidas tras El Diciembre Caído, otras personas en niveles más altos del virus Infinity, morían sin oportunidad de sobrevivir.

    Aquello parecía convertirse en la Selección Natural, donde sólo los más fuertes, aquellos con signos de nivel dos, sobrevivían. Mientras que los más débiles, todas las personas de niveles más altos, morían sin misericordia.

    Lentamente, Alemania recuperaba su esplendor, y conforme los ciudadanos se recuperaban, también lo hacían las ciudades del país, dónde iniciaron con la reconstrucción de todas las estructuras destruidas ante aquel evento, que sin duda, permanecería en la mente de todos durante muchos años.

    Altstadt-Lehel, München, Baviera, Alemania.

    Ángela había convivido durante varias semanas con el hijo de Edmund, todo parecía ir bien, Zelig poco a poco recuperaba su actitud normal y daba muchos indicios de que tendría una pronta recuperación, aunque eso no significaba que se debía bajar la guardia. El trauma que sufrió el pequeño era muy grande, y siempre existía la posibilidad de que sufriera una recaída.

    La joven psicóloga le había programado algunas tareas a Zelig durante el día, que se conformaban en juegos, obligaciones y charlas para analizar el estado metal del pequeño. Saber su opinión respecto a cómo se sentía al realizar los juegos, o incluso algunas obligaciones sencillas como recoger su ropa, eran cosas que servían para conocer su estado mental.

    El estado mental era una de las partes más importantes, y preocupantes en el estado de un pequeño como Zelig. Una mente traumatizada de por vida podría llevarle a pensamientos suicidas cuando fuera mayor, cosas como esas debían ser tratadas desde una edad temprana para evitar problemas mayores en el fututo. Ángela conocía la mente humana muy bien y por eso era una especialista en su profesión de psicología.

    La joven rubia se encontraba hablando con el padre de Zelig por medio de una video llamada. El pequeño veía fijamente un programa de televisión que trataba sobre la ciencia de las células que conformaban los animales, y como influyó en ellos la evolución con el pasar de los años.

    —¿Cómo va el progreso de Zelig? —Quiso saber Edmund.

    —Va a paso lento, pero seguro. —respondió la joven con una sonrisa.

    —Me alegra escuchar eso, ¿crees que recuerde lo ocurrido en El Diciembre Caído, o algo sobre Zellene?

    —No quiero hacerle recordar momentos que vivió durante el desastre, Edmund. —dijo la joven, al ver al científico con el ceño fruncido.

    —Lo siento, Ángela, sólo era una pregunta. —Se disculpó el científico, arrepentido.

    —Sin embargo, puedo decirte que Zelig es capaz de recordar a Zellene.

    —¿De verdad? —Edmund se impresionó al escucharla.

    —Bueno, no del todo —Corrigió ella—, solo recuerda que alguien más estaba con él cuando ocurrió el evento.

    —¿No crees que se trate de Keith?

    —No, Zelig sabe que Keith estaba con él, incluso es capaz de reconocer que su madre murió en el lugar. A la única que no recuerda muy bien es a Zellene, cree que alguien más estaba ahí con ellos, pero no sabe quién es exactamente.

    Edmund le pareció muy extraño el caso de su hijo Zelig, se preocupó que algo como eso le causara problemas mayores cuando fuera mayor de edad. Y es que no era un comportamiento normal de un caso traumático, algo había en Zellene que la mente de Zelig trataba de bloquear su recuerdo, dudaba mucho que Ángela fuera capaz de descubrirlo, algo como eso se encontraba fuera de sus manos, y de cualquier otra persona.

    —¿Crees que el recuerdo de Zellene cause problemas mayores en el futuro?

    —A decir verdad, no lo creo, la mente de los niños como Zelig funcionan diferente a la de los adultos, con el paso del tiempo, el recuerdo de Zellene quedará en lo más profundo de su mente. Incluso, es posible que su propia mente bloquee el recuerdo como un método de seguridad.

    —Pero siempre cabe la posibilidad de que algún evento desate esos recuerdos, ¿no es verdad?

    —Cabe la posibilidad, sí, pero si algo como eso llegara a ocurrir, estoy segura que no provocaría daños mayores a su mente.

    Había cosas que no eran capaces de ocultar para siempre, y Edmund lo sabía, tarde o temprano los recuerdos de Zelig volverían a su mente, sin importar cuan enterrados estuviesen en lo profundo de esta. Zellene había desaparecido, sí, pero eso no quería decir que nunca volvería.

    —Ángela, has lo posible por enterrar los recuerdos que tiene Zelig sobre Zellene. —Le pidió Edmund, seriamente.

    —¿Enterrarlos? —A Ángela le pareció muy extraña la petición de Edmund, parpadeó consecutivamente sin entender.

    —Sí, es peligroso que Zelig posea los recuerdos de ella.

    —Edmund, pero, ¿acaso ella no ha muerto?

    —No estoy seguro, Ángela, en estos momentos, Zellene es uno de nuestros problemas menores, quien realmente me preocupa es Zelig.

    —¿Cómo piensas que haga algo como eso? Zelig es un niño, no estoy trabajando con un adulto. —Replicó la joven, ligeramente molesta.

    —Tú eres la psiquiatra, no importa lo que tengas que hacer.

    En ese momento, Edmund recibió un aviso de su IA. La cual le informó sobre una investigación que había sido asignada a él, bajo la orden del presidente Heinrich Schwartz.

    —Ángela, debo irme, tengo trabajo que hacer.

    —Está bien, Edmund, no te preocupes. —Le dijo la joven con una leve sonrisa.

    —Has lo que puedas con Zelig, por favor, y perdóname por obligarte.

    —Tranquilo, no pasa nada, haré lo que pueda.

    —Gracias, Ángela.

    Edmund cortó la llamada, Ángela suspiró profundamente sintiéndose algo presionada con la petición del padre de Zelig. Si quería hacer algo como enterrar los recuerdos del pequeño en lo más profundo de su mente, debía esperar un tiempo antes de poder hacerlo. La joven caminó donde Zelig para sentarse a su lado a ver la televisión, su experiencia le había enseñado que todo lo que vieran los niños podía servir para ayudarlos en su recuperación, y ayudaría a Zelig sin importar cuán difícil podía llegar a ser.

    Dato Curioso:
    AWSM Significa: Arctic Warfare Super Magnum.
     
    Última edición: 21 Septiembre 2018
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola. Paso a comentar el capítulo. Debo decir que se trató de un capítulo "normal" de la historia. Me ha gustado, pero no tanto como los tres anteriores, lo cual no quiere decir que este capítulo sea malo.

    Veo que Edmund ya ha encontrado la forma de contrarrestar el virus para aquellos pacientes con un nivel 2 de exposición al mismo. Debo decirte que, cuando Edmund le dijo al presidente que necesitarían del nucronio para toda su vida, creí que el mismo presidente iba a entrar en modo capitalista para cobrárselo bien costoso a la gente XD. Aunque quien sabe, tal vez sí lo haga en un futuro. Tal parece ser que Rainhard verdaderamente tiene buenas intenciones al ayudar a Edmund, y me pregunto cual será su objetivo y si estará haciendo algo por su cuenta. Aunque me agrada que sea un personaje misterioso, sería bueno que una vez revelara sus verdaderos planes. Pero sería algo que yo me guardaría para el último capítulo.

    Parece que Zelig lo está llevando bien, al menos por ahora. Con esta parte ya se entiende como es que le llegó a tener un gran aprecio a Angela y cierto odio a su padre. Su padre está trabajando siempre, mientras que Ángela (que se parece a su madre de cierta forma) lo está cuidando como si fuera su propio hijo. Me gusta ver este detalle antes del inicio de Extinction, dado a que ayuda mejor a comprenderlo todo. A decir verdad, si Extinction se hubiera publicado antes, yo no tendría ningún interés en leerme esta historia, dado a que ya sabría de antemano como podría terminar.

    Por último está Keith. Debo decir que esa parte de la historia no me ha gustado demasiado. Creí que se aprovecharía para desarrollar un poco más a sus compañeros mientras participaban del entrenamiento. No me quejo, dado a que aún quedan capítulos para que se vea, pero sí me esperaba algo más. Aunque se puede ver que Evian siente por Keith lo mismo que este sintió por Zelig. Y sé que ambos empezarán una competencia el uno con el otro. Y creo hacerme una idea de como terminará. Vemos un poco más sobre la historia de Manfred, que es similar a la de Keith, pero aún no es suficiente para que le tome demasiado cariño.

    Te señalaré un par de errores:

    No está del todo mal, pero yo no pondría la coma allí.

    Creo que "nos" debería ser reemplazado por "no".

    Ahí seguro quisiste poner "vieran".

    Por ahora será todo. Estaré esperando por el siguiente. Saludos.
     
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  11.  
    Sonia de Arnau

    Sonia de Arnau Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
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    A mi me gustó la parte de Keith, sobre el entrenamiento. Se nos mostró como el grupo va avanzando, además de dejarnos bien en claro que Evian quiero superar a toda costa a Keith y demostrar que puede ser mejor líder del equipo negro que su compañero. Sin embrago, si estoy de acuerdo que se hubiera aprovechado esta parte para conocer un poco más a los demás del equipo, no solo a Manfred. De esa forma, esa parte no se hubiera sentido tan incompleta. Por lo que a pesar de llevar el título de “entrenamiento” lo que resaltó más fue la demostración de la vacuna, la interacción de Edmund con el presidente y la conversación de Ángela y Edmund.

    Sé en la posición importante en la que Edmund se encuentra y lo difícil que debe ser para él dejar a su hijo solo, aunque en buenas manos, él es su padre. Por lo menos debería hablar con Zelig, no solo con Ángela e igualmente, Ángela debería decirle a Edmund lo importante que es que ambos mantengas comunicación, en especial por la condición en la que se encuentra el niño. Seguro que Ángela lo sabe, así que me preguntó la verdadera razón por la que no le ha dicho. Tal vez por el trabajo de él, aun así, hacer una luchita. Aunque ya sabemos la relación final que Zelig y su padre tendrán.

    Y bueno, quise destacar un poco eso sobre este capítulo. Ya sabíamos que Edmund lograría crear la vacuna, después de todo hablamos del mejor científico, sin contar que recibió con la ayuda de Rainhard. Lo único que añadiría es la sorpresa del Edmund al ver que los fragmentos del paciente se contrajeron, esfumándose, indicando que ni él estaba tan seguro de que fusionaría, pero a aun así, confió en Rainhard y ya había mandado ha hacer la vacuna.

    Creo que eso sería todo de mi parte. Nos estamos leyendo.
     
    Última edición: 9 Septiembre 2018
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  12. Threadmarks: Capítulo 05: Proyecto Null Heer.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

    Acuario
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    ZERO ZONE: The Fallen December [Season 02]
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
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    Ciencia Ficción
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    10
     
    Palabras:
    5643
    Reydelaperdicion , Kay Greenwish Muchas gracias a los dos por sus comentarios, espero que la historia siga siendo de su agrado ahora que ya estamos a la mitad de la misma.

    Antes de dejarlos con la lectura, quiero informarles que a partir de aquí empiezan haber cambios en cuanto al tiempo en que transcurren los eventos. Los primeros cinco capítulos, incluyendo este, muestran un poco de todo para ubicar los eventos tras acabar Lost Years, pero del capítulo 06 en adelante preparan el escenario para darle la bienvenida a la siguiente temporada. Espero que no sientan los cambios tan radicales, ya que a partir de la segunda parte solo se reúnen los eventos que consideré importantes.

    También quiero decirles que este capítulo es un poco largo, dado a que cambie algunas cosas de última hora, por lo que su extensión se vio ligeramente extendida hasta las 11 hojas, tres hojas más de las que tengo establecidas para cada capítulo. Sin más nada que decir, los dejo leer con toda tranquilidad.

    Capítulo 05: Proyecto Null Heer.

    Komplexe S.O, Neubiberg, München, Baviera, Alemania.
    Dos Meses Después…


    Keith y sus compañeros de equipo, habían cumplido dos meses de entrenamiento en el Complejo de Operaciones Especiales. El Suboficial Arman Bartram decidió otorgarles un día libre al mes, siempre y cuando los integrantes del equipo mostraran buen desempeño durante los entrenamientos.

    En esos dos mes el equipo completo mejoró en muchos aspectos, tanto en el uso de armas, como en el entrenamiento de artes marciales para defensa personal, gracias a eso Arman les otorgó su tan merecido día de descanso por el grandioso rendimiento que presentaron.

    Keith había tomado la costumbre de utilizar ese día libre para practicar en el campo de tiro, y Manfred, como buen amigo, le acompañaba en sus sesiones de entrenamiento. Los jóvenes se sentían muy identificados el uno con el otro, ya que ambos compartían el dolor de haber perdido a sus padres en El Diciembre Caído.

    Ambos estuvieron practicando en el campo de tiro hasta las tres de la tarde, al caer esa hora Keith decidió dejar de entrenar para irse a descansar el resto del día. Manfred se marchó junto con él hacia el lugar donde residían con sus demás compañeros de equipo. Al llegar, vio a Maike y a Astrid sentadas en el suelo, platicando, los dos chicos decidieron unírseles un rato. Los cuatros entablaron una larga platica hasta que a Keith se le vino la idea de conocer un poco más de sus amigas y futuras compañeras de equipo.

    —Por cierto, Maike, ¿qué haces en un lugar como este? —Indagó Keith, curioso, sabía que era algo tarde para saber sobre ella, pero no perdía nada con intentarlo. Siempre era bueno saber información de sus camaradas.

    —Antes de venir aquí, Astrid y yo estuvimos en un orfanato. —respondió la joven, sonriéndole a Keith.

    —¿Un orfanato? —Manfred se sorprendió al escucharlas, técnicamente, no sabía nada de ellas.

    —Sí —Asintió Astrid—, estuvimos en ese lugar durante algunos años, hasta que un día llegó alguien del gobierno. Nunca supimos quien era, pero trabajaba bajo las órdenes del vice canciller.

    —Ese hombre andaba en busca de niños con ciertas capacidades, y como Astrid y yo somos muy buenas con aparatos informáticos, nos trajo hasta aquí para formar parte de este proyecto. —Completó de decir Maike, viendo a sus dos amigos fijamente.

    —Impresionante, entonces, ¿ustedes han estado aquí durante más tiempo que nosotros? —Keith estaba impresionado al escucharlas.

    —Sí —respondió Maike, asintiendo—, pero no hemos estado solas, Evian nos ha acompañado.

    —Aunque no ha sido muy agradable su compañía. —Terminó de decir Astrid, quien elevó su tono de voz para que el castaño la escuchara a propósito.

    Evian estaba leyendo un libro tranquilamente, pero al escuchar las palabras de Astrid, cerró el libro y lo lanzó contra una pared. Después se levantó y se acercó donde sus amigas, frunciendo el ceño a más no poder.

    —Deberías estar agradecida y honrada de que un caballero como yo, esté velando por su seguridad. —dijo el castaño, molesto.

    —¿Caballero? Ni en tus sueños, prefiero que sea Keith quien me cuide. —dijo Astrid, sonrojándose levemente.

    —Sí, yo también. —Comentó Maike, sonriente.

    —Desagradecidas. —Musitó, obstinado.

    —Y tú, ¿por qué estás aquí? —Indagó Keith, estaba interesado en las razones de Evian para estar ahí.

    —Mi familia siempre se ha caracterizado por ser personas de renombre. Mi padre es un gran especialista en el área de la psicología humana, y mi madre es una de las mejores abogadas de este país. Yo preferí ser un soldado, quiero ser el mejor y por esa razón pienso quitarte de mí camino, Keith. Me importa poco si eres el sobrino del vice canciller.

    La respuesta de Evian fue muy clara, Keith odiaba esa actitud de engreído que tenía. Siempre decía que deseaba ser el mejor y que lo eliminaría de su camino, pero nunca mostraba con hechos sus palabras. Además, siempre tuvo malos resultados en los entrenamientos, como por ejemplo, en el campo de tiro, Evian duró varios días en poder dar un disparo certero, mientras que Keith fue capaz de disparar en el centro del blanco al día siguiente.

    Incluso, no era muy bueno con algunos movimientos de combate, mientras que los demás, incluyendo las chicas, eran capaces de realizarlos sin mayor problema. Keith sabía que Evian no servía para nada, y lo único que hacía en el Equipo Negro era estorbar como no tenía idea.

    —Tú eres solo basura, Evian. —dijo Keith, cerrando los ojos al ver a Evian, sin interés de verlo.

    —¿¡Qué dices!? —Evian se acercó a Keith y lo tomó de la ropa, dispuesto a golpear a su líder en cualquier momento.

    —Lo que escuchaste, no sirves para nada. Dices que me quitarás de tu camino, pero nunca demuestras nada con hechos.

    —Eres un… —Evian estaba muy molesto, las palabras de Keith lo enfurecieron a niveles que jamás llegó a sentir

    Las chicas observaban a ambos jóvenes en completo silencio, temían que si intervenían alguna de ellas podría salir lastimada, por lo que decidieron mejor no hacer nada. Manfred, en cambio, vio que los ánimos de Evian estaban por explotar en cualquier momento, de modo que se le ocurrió una idea para acabar con esa enemistad que se tenía el castaño con su líder.

    —Espera un momento, Evian. Si deseas arreglar esto de buena manera, lo mejor es que luchen.

    —¿Luchar? —Evian se sorprendió por la propuesta, vio al moreno muy asombrado.

    —Es una buena idea —dijo Keith en tono sarcástico—. Así podré dejarte en ridículo —Keith quería provocar a Evian para que se animara a luchar contra él.

    —El único que terminará en ridículo eres tú. —Evian soltó a Keith y lo empujó en señal de sentirse muy fastidiado.

    —Entonces vamos al campo de batalla —dijo Keith—. Manfred, busca al Suboficial, quiero que él esté presente para no tener problemas después. —Ordenó.

    —Entendido. —Manfred hizo el saludo militar antes de marcharse.

    Los cinco jóvenes salieron de la sala en la que se encontraban y se marcharon hacia el campo de batalla. Manfred se marchó a buscar al Suboficial Arman tal y como se lo ordenó Keith. Mientras el resto de jóvenes continuaron su camino al lugar destinado. Durante el camino, Evian iba muy mentalizado en lo que debía hacer para ganarle a Keith, algo que tenía muy en claro es que Keith dijo lo que dijo para molestarlo y quitarle la concentración de alguna manera, pero no se dejaría influenciar por ello y le daría su merecido por su osadía.

    Keith, por su parte, estaba muy tranquilo, la idea de Manfred le pareció de lo mejor, porque gracias a eso podía dejar a Evian en su lugar y demostrarle que no servía para nada. Al principio no le agradaba mucho la idea de luchar contra una basura como Evian, pero ahora se sentía emocionado por acabar con él y dejarlo en ridículo ante todos. Las chicas, no apoyaban la idea de la batalla, pero tampoco les parecía mal, algo como eso era algo que se veía venir desde que Keith llegó a ese lugar, por lo que no había mejor forma para acabar con esa estúpida rivalidad que se tenía Evian contra Keith por el liderazgo del Equipo Negro.

    Tras unos minutos, llegaron al campo de batalla, el lugar en cuestión donde lucharían Keith y Evian, medía veintiocho metros de largo por quince metros de ancho. Ambos jóvenes se posicionaron en sus respectivos lugares dentro del campo, estuvieron ahí mirándose fijamente por unos segundos, hasta que apareció el Suboficial Arman. Maike, Astrid y Manfred se sentaron en una banquilla a un lado del campo de batalla.

    —Veo que planean luchar. —dijo Arman al llegar, vio a sus dos soldados que estaban preparados para la batalla.

    —Señor, no intente detenernos. —dijo Evian, esperanzado en que Arman no impidiera la batalla.

    —Descuida, Evian, no planeo hacerlo —comentó el soldado—. Estaba seguro que este momento llegaría, pero jamás pensé que fuera tan pronto. Lo único que les pido es que si piensan luchar, háganlo como si sus vidas dependieran de ello. —dijo Arman, ligeramente contento con la idea de la batalla, así vería cuanto habían mejorado sus soldados con los entrenamientos.

    —Señor, quiero que esta batalla sea sin reglas, pero además, quiero que se le conceda un premio al ganador. —dijo Keith desde su lugar, viendo al Suboficial fijamente.

    —Me parece bien —Arman le parecía bien las condiciones de la batalla—. ¿Cuál será el premio del ganador? —Quería saber si Keith había pensado en algo.

    —Evian quiere el liderazgo del Equipo Negro, por lo tanto, ese será el premio para el que resulte ganador.

    Ninguno de los chicos se sorprendió en lo más mínimo, después de todo, esa era la razón principal del enfrentamiento y a raíz de ello era la enemistad de Evian. Arman se impresionó un poco por ello, pero después cambió su rostro a uno inexpresivo.

    —No creo que Elster vaya a estar de acuerdo, pero supongo que puede respetar una apuesta de este calibre, así que, adelante. La batalla será sin reglas, y el que resulte ganador, será el nuevo líder del Equipo Negro. —dijo Arman, tomando el papel de árbitro y sentenciando las condiciones de la batalla.

    Keith y Evian se pusieron en posición de batalla, este último al escuchar que podría convertirse oficialmente en el líder del Equipo Negro, se sintió mucho más motivado por hacer que Keith mordiera el polvo. Ambos jóvenes estaban separados por unos cinco metros, Keith decidió darle oportunidad a Evian para atacar, el castaño al ver que su líder no atacaba, decidió empezar la batalla con su primer movimiento.

    Evian corrió hacia Keith y al estar lo suficientemente cerca, le envió un derechazo directo al rostro, Keith lo vio venir y lo esquivó al mover su cabeza hacia la izquierda, al fallar, Evian atacó con su otro puño pero Keith detuvo el golpe al recibirlo con su mano derecha. Al recibir el golpe, presionó con fuerza el puño de Evian y aprovechó la oportunidad de tenerlo cerca para darle una patada en el muslo derecho, además de un golpe de puño en el rostro. Ambos golpes obligaron a Evian a retroceder ligeramente adolorido, el castaño veía a Keith con el ceño fruncido, mientras que su líder no mostraba expresión alguna.

    Una vez Evian se recuperó, corrió hacia Keith y se agachó rápidamente para atacar a Keith a los pies, el líder lo vio venir así que simplemente dio un salto, al poner ambos pies en el suelo, Keith giró hacia atrás y le otorgó un golpe muy seco en la parte inferior de la quijada a Evian con la punta de los pies, el cual lo dejó bastante aturdido.

    Ahora era el turno de Keith, el joven se acercó un poco a Evian y se apoyó rápidamente sobre su pierna derecha para atacar a su rival con una patada de izquierda a derecha. Evian apenas lo vio venir, así que inclinó su cuerpo un poco hacia atrás para esquivarlo. Sin embargo, Keith giró sobre su eje y apoyó en el movimiento la pierna izquierda en el suelo para atacar a Evian de inmediato con la pierna derecha.

    Evian no lo vio venir, así que recibió un fuerte golpe en el rostro, causado por la pantorrilla del pie derecho de Keith, el golpe lo dejó bastante aturdido, lo que causó que retrocediera dos pasos. Keith aprovechó el momento para acercarse a él y propinarle un derechazo en el abdomen. El golpe le sacó el aire a Evian y lo obligó a inclinarse por el dolor, el joven castaño se tocó la zona afectada con ambas manos al mismo tiempo que caía al suelo de rodillas.

    —¿Eso ha sido todo? ¿Acaso es lo único que puedes hacer? —Keith veía a Evian toser por la falta de aire, se desilusionó al ver que no era muy bueno luchando cuerpo a cuerpo.

    —D-Desgraciado… —Alcanzó a decir Evian con dificultad al tomar un poco de aire.

    —No hay duda que tienes una gran boca, lástima que no te sirva para nada.

    Keith no quería seguir perdiendo el tiempo, así que prefirió terminar rápido con el enfrentamiento, aprovechando que Evian no se había recuperado del todo, lo tomó del cuello con una sola mano y lo levantó unos centímetros del suelo sin ninguna dificultad. Todos los demás al ver aquello quedaron muy sorprendidos, pero ninguno hizo nada para detener la batalla. El joven de cabellos negros al tenerlo sujeto con una mano, lo soltó por unos segundos y rápidamente se apoyó en su pierna izquierda para propinarle una patada en el costado izquierdo a Evian, el ataque fue tan fuerte que envió al joven a estrellarse contra una de las paredes del campo de batalla, quedando incrustado por completo.

    A los pocos segundos, el cuerpo de Evian cayó al suelo y rebotó un poco antes de terminar por completo en el frío suelo del lugar. Keith caminó lentamente hacia Evian, sabiendo que la batalla había terminado, cuando Keith estuvo cerca, Evian lo volvió a ver con dificultad.

    —Te sugiero que no te levantes, porque si lo haces te va a ir muy mal.

    Evian terminó inconsciente cuando Keith terminó de decir esas palabras. Arman declaró al ganador de la batalla, a pesar de que no era necesario. Al ver que Keith resultó ganador le felicitó por su buen rendimiento, y también lo hicieron sus amigos quienes estaban muy sorprendidos. Keith no le tomó importancia a las felicitaciones, porque esa batalla no fue la gran cosa para él. Al haberle dado una lección a Evian, Keith decidió marcharse a descansar de una vez por todas, esperaba que cuando Evian despertara, reconociera que no era rival para él y que cayera en cuenta que él era el líder del equipo negro le gustara o no.

    Manfred, Maike y Astrid siguieron a su líder, ya que no tenía caso seguir en ese lugar. Arman vio a Keith y compañía salir del campo de batalla, y se sintió verdaderamente orgulloso del Equipo Negro en general. Hasta el momento, eran los mejores soldados que había entrenado desde que el Complejo de Operaciones Especiales inició con los entrenamientos de alto secreto.

    Muchos de los soldados que estuvo entrenando a lo largo de los años, fueron enviados a servir de apoyo a los ejércitos de los países que conformaban la Unión Europea, lamentablemente, o por desgracia, muchos de ellos morían tan solo dos meses de terminar su entrenamiento. Sus muertes tan tempranas no era señal de que Arman fuera un mal entrenador.

    Al contrario, Arman es muy bueno en su trabajo, quizás es uno de los mejores instructores de todo el complejo. Sus soldados, sin embargo, no eran los mejores, y aunque el entrenamiento estaba diseñado para convertirlos en excelentes soldados, no se podía hacer mucho si no existía fuerza de voluntad de por medio.

    Keith llegó a la sala que compartía con sus compañeros y lo primero que hizo antes de disponerse a descansar fue ducharse, mientras lo hacía meditó un poco en la batalla, realmente Evian no resultó ser ningún reto para él, estaba más que claro que el castaño no servía como soldado y aunque deseaba que este se marchara del equipo, Keith era consciente que aún no tenía la autoridad total sobre el Equipo Negro para decidir a quién dejaba dentro y a quien fuera. Decisiones de ese tipo solo le incumbía al Suboficial, quien evaluaría los resultados de cada uno con el pasar de los años, por lo que, Keith solo podía respetar su papel como futuro líder del equipo y nada más.

    Laboratorio, Base Aérea de Ramstein, Kaiserslautern, Alemania.

    Edmund aún continuaba trabajando en el desarrollo de un nuevo Nucronio para utilizarlo, una vez que el virus Infinity se volviera completamente inmune al Nucronio que había creado recientemente tan solo un mes. Por fortuna, aún no se presentaban casos donde se informara sobre alguna inmunología que sufriera el virus ante el Nucronio, pero Edmund no quería dormirse en los laureles.

    El virus cuando se mantenía inactivo era una alarma para preocuparse, y no quería que algo como una reacción masiva de inmunología lo tomara desprevenido. Tenía que mantenerse al tanto y estar preparado ante cualquier situación que se presentara.

    Afortunadamente, Edmund no hacia su trabajo solo, contaba con el apoyo de su IA para ayudarle en la creación de un nuevo Nucronio. Durante el proceso de creación, Edmund le otorgó toda la información sobre ese extraño mineral, y gracias a eso su IA podía ser capaz de analizar la estructura donde se podía mejorar, ya que, extrañamente, el Nucronio compartía una similitud muy grande con la estructura del meteorito.

    A tal punto que contaba con una cadena de doble hélice en su estructura, muy similar a la cadena de ADN de los humanos. Porque sí, el Nucronio contaba incluso con extrañas células que le hacían la guerra a las células del virus Inifinty, pero no por eso significaba que ya todo estaba solucionado. Mientras el virus evolucionaba solo, el Nucronio debía ser desarrollado, y eso formaba una gran brecha que disminuía brutalmente las posibilidades de acabar con el virus.

    Edmund fue interrumpido cuando su IA le informó que había dos soldados buscándolo en la puerta de su laboratorio, el cual tenía todos los vidrios polarizados y debido a eso, era prácticamente imposible que lograra escuchar los llamados de los militares.

    —Continua analizando el Nucronio, debemos modificarlo antes de que el virus se haga inmune.

    —Entendido, señor. ¿Quiere que realice un respaldo de todo el progreso? —Indagó su computadora con una voz femenina.

    —Sí, guarda la información en mi disco duro, por favor.

    —Muy bien.

    —Infórmame si encuentras algo.

    —Entendido.

    Edmund salió del laboratorio y se encontró con dos soldados.

    —Profesor, el presidente requiere de su presencia. —dijo uno de los soldados.

    —Empaque sus cosas, será traslado a la instalaciones NGene en el distrito de Hadern. —Le informó el otro soldado.

    —¿Traslado? ¿Qué significa eso?

    —El presidente le explicará personalmente cuando llegue al lugar. —respondió el primer soldado.

    El profesor no entendía en absoluto lo que ocurría, su experiencia le había enseñado que órdenes eran órdenes, así que simplemente guardó todas sus herramientas en un maletín y dejó a su IA a cargo de la investigación del Nucronio.

    Después fue acompañado por los dos soldados hasta las afueras de la base aérea, donde lo esperaba un helicóptero de color negro. Una vez Edmund entró en la aeronave, la máquina se elevó en las alturas con dirección al distrito de Hadern, situado en el lado Suroeste de Múnich.

    Instalaciones NGene, Grosshadern, Hadern, München, Baviera, Alemania.

    El helicóptero llegó rápidamente a la ciudad destinada, conforme se acercaba al lugar que Edmund desconocía, vio un enorme edificio que se encontraba a medio construir. Ubicado a unos doscientos metros del lado Sur del Hospital Grosshadern, el más grande de Múnich.

    El hospital tenía un acabado ligeramente plateado que lo hacía brillar al recibir la luz del sol, pero ese edificio no se comparaba ni un poco al que estaban construyendo a un lado de él. Aquel edificio a medio construir eran las Instalaciones NGene, un edificio que se convertiría en el pilar central de un proyecto alemán de alto secreto.

    La aeronave aterrizó al frente de las instalaciones, Edmund salió del helicóptero acompañado por los dos soldados. El científico logró ver que a la derecha del edificio realizaban los trabajos de construcción, se impresionó al ver cuánto habían avanzado, pero les faltaba aún mucho camino para terminar. Los soldados llevaron al científico al interior de las instalaciones, las cuales poseían un color blanco en su totalidad, entraron a un elevador que empezó a bajar una vez presionaron un botón del panel holográfico que materializaba a un lado.

    Cuando las puertas se abrieron, llegaron a otra sala de color blanco, donde Heinrich Schwartz esperaba a Edmund. Atrás del presidente, se lograba apreciar cerca de treinta contenedores con forma cilíndrica, todos con un líquido ligeramente blanco, y al frente una computadora conectada a cada uno de los cilindros.

    —Bienvenido, profesor Edmund. —Le dijo Heinrich dándole la bienvenida.

    —¿Qué es este lugar? —Edmund estaba impresionado, se parecía mucho al lugar donde realizó los últimos preparativos del virus Krytus.

    —¡Este lugar, profesor, es donde nacerá el nuevo ejército de este país! —dijo Schwartz con gran emoción.

    —¿Un nuevo ejército? —Debió repetir las mismas palabras para verificar que escuchó bien al presidente.

    —Así es—Asintió—. Estas instalaciones fueron creadas con solo un propósito; Otorgarle vida al proyecto Null Heer. El cual consiste en la creación de humanos genéticamente desde cero.

    —Quiere crearlos con el único fin de que posean el virus Infinity en sus cuerpos. ¿No es así? —Edmund logró dar en el clavo, era lógico pensar que deseaban hacer algo como eso, no fue muy difícil para él deducirlo.

    —Es correcto, me impresiona su perspicacia, profesor —dijo Heinrich, como si fuera la gran cosa—. La creación del virus Krytus solo fue el primer paso de este gran proyecto.

    Krytus fue tan solo un experimento para ser implementado en humanos. Si el virus habría resultado letal. Los humanos que hubieran sido creados genéticamente a base de él, serían igual de letales por su características. Sin embargo, Krytus fue destruido y en su lugar se dio a conocer el virus Infinity, que fue más letal en todos los aspectos posibles. Teniendo como principal característica la solidificación de sus víctimas. Humanos con esa clase de poder serían imparables, a tal punto que nadie tendría la capacidad de detenerlos.

    —Profesor. Quiero que usted se encargue de este gran proyecto, estoy seguro que será capaz de llevarlo a cabo, y le puedo asegurar que contará con todo el equipo necesario. Sus palabras serán órdenes en este lugar.

    —¿No cree usted que me está otorgando demasiada autoridad sobre este lugar? —Edmund no era capaz de creer lo que escuchaba.

    —En absoluto, no hay otro científico mejor que usted. Estas instalaciones estarán mejor en sus manos.

    —Creo que su confianza es demasiado grande, señor.

    —Lo sé, profesor —Sonrió—. Incluso, quiero demostrarle mi confianza con un trato.

    —¿Qué clase de trato?

    —Una vez lleve a cabo con éxito el proyecto. Le otorgaré todas estas instalaciones a usted, siempre y cuando mantengan la producción de humanos, claro está.

    —Suena muy tentador, señor, pero ambos sabemos que usted no tiene la autoridad para hacer legal algo como eso.

    —Lo haré legal —Reafirmó el presidente—. Dígame. ¿Cuál es su decisión?

    Edmund lo pensó durante algunos minutos, sonaba muy tentador la propuesta del presidente, pero ese hombre aspiraba a algo muy grande con la creación de humanos. ¿Qué le aseguraba que funcionarían sus planes? En esos momentos llegaban a su mente las palabras de Rainhard, que poco a poco se cumplían al pie de la letra.

    —Muy bien, acepto. —A Edmund le agradaba la idea de poseer esas instalaciones para él solo, así podría trabajar más a gusto que en una base militar.

    —¡Excelente!

    Heinrich sonrió ampliamente al escuchar a Edmund, pero Schneider fue inteligente. Le dijo al presidente que no iniciaría con el proyecto hasta no tener toda esa instalación bajo su propiedad. Lo que borró por completo la sonrisa de triunfo que tenía. Edmund le aseguró que tendría resultados, pero primero debía hacer lo que él decía.

    El presidente se sorprendió al escucharlo y aunque no le gustaba dejarse manipular por alguien como él, sabía que debía seguir sus órdenes, porque de no hacerlo, podía ir olvidándose del proyecto. Edmund era el único científico capaz de llevar a cabo un trabajo de tal magnitud, y no lo decía él propiamente, su experiencia lo demostraba a grandes rasgos.

    En el largo historial que Edmund tenia de experiencia, se apreciaba el hecho de que alguna vez logró crear animales genéticamente utilizando tan solo las células de ambos géneros. Edmund creó un pequeño contenedor donde logró crear las mismas características del útero de un hámster. Aquel animalito nació sin problemas cuando se cumplió el tiempo determinado.

    Todos sus conocimientos sobre ese tema, aun eran desconocidos para los demás científicos, quienes intentaron alguna vez replicar los logros de Edmund sin llegar a tener resultados positivos. Edmund tenía el título de ser una leyenda viviente en la rama científica, muchos lo admiraban y odiaban en partes iguales por no compartir sus conocimientos.

    Fue así que Heinrich tuvo que realizar múltiples trámites bajo la autoridad del canciller para otorgarle esas instalaciones a Edmund, y una vez las tuvo a su nombre. Schneider inició con el tan afamado proyecto Null Heer.

    Mientras Edmund trabajaba en el proyecto del gobierno. Keith y su equipo entrenaban para convertirse en los mejores de su clase, al mismo tiempo que Zelig se recuperaba poco a poco del trauma sufrido tras El Diciembre Caído.

    Así, pasaron cuatro largos años donde todos continuaron con sus vidas, tras un evento que destruyó parcialmente la mayoría de las ciudades de toda Alemania. La ley marcial no parecía levantarse y no lo haría durante mucho tiempo, solo permitieron los vuelos para que todos los extranjeros regresaran a sus países de origen, mientras que los nacionales, no tenía permiso para salir del territorio. El futuro del país y de sus ciudadanos era incierto.

    4 Años Después de El Diciembre Caído…
    16 de Agosto del Año 2192…
    Nürnberg, Baviera, Alemania.


    Ángela regresó a su hogar en la ciudad de Nürnberg, cada cierta cantidad de meses solía regresar a su ciudad natal para recoger algunas de sus pertenencias, y aprovechar la oportunidad para visitar a su hija Evelyn, quien para ese entonces tenía diez años de edad.

    La pequeña se sentía muy orgullosa de su madre, ya que les brindaba ayuda psicológica a niños que sufrían traumas psicológicos por causa de algún desastre o evento similar. A raíz de eso Ángela nunca se encontraba en casa, y había muchos eventos importantes a lo largo de la vida de su hija que perdió por causa de su trabajo.

    Evelyn no se sentía triste por ello, amaba a su madre y entendía perfectamente su difícil posición, en especial durante los últimos años donde Ángela había estado ayudando a un niño que sufrió uno de los peores eventos de la historia.

    La madre de Evelyn se encontraba en su hogar recogiendo algunas de sus pertenencias, para después volver a la ciudad de Múnich. Zelig ya tenía diez años de edad y era lo suficientemente capaz de cuidarse solo, sin embargo, Ángela no quería dejarlo solo por mucho tiempo. Evelyn miraba a su madre guardando algunas prendas de ropa en una maleta de color rosa.

    —¿Cómo va la recuperación del niño que estás cuidando, mamá? —Indagó la joven, deseaba saber cómo le iba a su madre con su trabajo.

    —Afortunadamente, su recuperación va por buen camino, al principio tenía ataques de ira y pánico, pero con el tiempo su personalidad ha vuelto poco a poco a la normalidad.

    —Me alegro mucho por él —Evelyn se sentía muy feliz por ese niño—. ¿Cómo es que se llama? —Evelyn vio al cielo de la habitación, pensativa, su madre alguna vez le dijo el nombre, pero ella no era muy hábil recordando esa clase de cosas.

    —Su nombre es Zelig —respondió la madre, algo preocupada de que su hija olvidara tan fácilmente los nombres—, es hijo de Edmund Schneider.

    —Zelig… —La joven repitió el nombre para asegurarse de aprendérselo—. ¿Eh? ¿¡Es hijo del mejor científico de este país!? —Evelyn abrió los ojos ampliamente, impresionada.

    —El mismo.

    —¡Increíble! —Había escudado algunas cosas sobre Edmund por boca de su madre, pero no tenía idea que el niño que cuidaba Ángela era su hijo—. Me gustaría tener la oportunidad de conocer a Zelig, pero también me gustaría conocer al señor Edmund, él es una leyenda en cuanto a la ciencia, eres afortunada mamá.

    —¿Afortunada? No es para tanto, Evelyn. Edmund es una persona como cualquier otra, y no creo que él mismo se considere una leyenda, créeme, no le gusta que le hagan esa clase de comparaciones.

    —Ya veo. —Evelyn estaba impresionada que a pesar de todo el reconocimiento que tenía Edmund por ser el mejor científico, este no se considerara a sí mismo una leyenda, cuando muchos otros lo consideraban como tal.

    —Si quieres conocer alguna vez a Edmund, primero deberás esforzarte en tus estudios, y en cuanto a Zelig, estoy segura que tendrás la oportunidad algún día.

    —¿Por qué no traes alguna vez a Zelig? Pienso que le vendría bien un cambio de aires. —Sugirió la pequeña, ya que su madre solía regresar a casa en algunas ocasiones, sería una oportunidad perfecta de conocer al hijo de Edmund.

    —Bueno, eso sería un poco difícil, Evelyn. A Zelig no le agrada mucho salir de casa, de hecho, es un problema cuando le pido que me acompañe a realizar compras, por lo que no creo que le agrade venir hasta aquí, y menos tirándose de otra ciudad completamente diferente a la que está acostumbrado.

    —Vaya… —No podía creer que Zelig fuera esa clase de chicos, pero Evelyn supuso que eso podía deberse a su estado mental, de modo que lo más probable es que su madre aun tuviera que trabajar en ese aspecto—. Y dime, ¿cuándo volverás a Múnich?

    —Hoy mismo, solo he venido a recoger algunas cosas. —respondió su madre, guardando sus pertenencias sin detenerse por un momento.

    —Vamos, mamá, nunca estás en casa. Quédate por esta noche, por favor. —Le dijo su hija, suplicándole.

    —Evelyn —Ángela vio a su hija—. No puedo hacer eso, tú sabes que Zelig necesita de mi ayuda.

    —Lo sé, mamá, pero no te estoy pidiendo que lo abandones. —Replicó su hija en un intento por convencerla.

    —Ya lo hemos hablado muchas veces, Evelyn, por favor.

    Ángela terminó de empacar sus cosas en la maleta, y una vez lo hizo salió de la habitación para dirigirse a la salida de su hogar, Evelyn vio a su madre con tristeza. La rubia vio a su hija y se le partió el corazón al verla triste, deseaba pasar tiempo con ella, pero no podía darse ese lujo, al menos, no ahora.

    —No estés triste, Evelyn, sabes que no me gusta verte así.

    —No puedo evitarlo, nunca estás en casa, mamá.

    —Lo sé, mi pequeña, pero te aseguro que todo esto lo hago por una buena causa.

    Evelyn abrazó con fuerza a su madre al momento que algunas lágrimas corrían por su rostro, Ángela correspondió el abrazo de su hija.

    —Te aseguro que recuperaré todo el tiempo perdido, Evelyn.

    —Prométemelo. —Le rogó su hija con una leve sonrisa.

    —Te lo prometo.

    Ángela se despidió de su hija antes de salir de su casa. La abrazó con fuerza al mismo tiempo que le daba un beso en la frente, sin importar cuantos años tuviera, siempre sería su pequeña. La rubia guardó su maleta en la cajuela del auto y antes de subir a él, le dijo adiós con su mano. Después subió a su auto para regresar a Múnich.

    Instalaciones NGene, Grosshadern, Hadern, München, Baviera, Alemania.

    En las instalaciones NGene, Edmund y muchos de sus colegas científicos llevaban cuatro largos años de arduo trabajo. Tras muchos accidentes al intentar mezclar el ADN del virus Infinity con el ADN humano. El proyecto Null Heer empezó a dar resultados satisfactorios.

    Los científicos monitoreaban el progreso de cada uno de los fetos que había en los tanques cilíndricos. Edmund veía aquellos seres con una sonrisa, nunca antes había hecho algo como eso, era sencillamente hermoso. Crear un roedor en un tanque artificial era una cosa, pero la creación humana tenía una complejidad aún mayor. Se sentía afortunado al ser el primer científico capaz de crear no solo un feto humano, sino a tres decenas de ellos.

    Al crearlos, debieron retrasar un poco su metabolismo para poder identificar algún problema genético que pudieran llegar a tener, y así no repetir el mismo error en las siguientes pruebas. Edmund tenía claro que el crecimiento de los fetos solo sería lento la primera vez, ya después podrían aumentar la velocidad de su metabolismo para que no duraran demasiado tiempo en crecer hasta una edad entre los dieciocho y veinte años.

    Técnicamente, los primeros treinta fetos se consideraban prueba y error, así que todos los errores que pudieran llegan a tener, serían solucionados para los siguientes humanos a crear. A pesar de que el proyecto Null Heer avanzaba poco a poco a la perfección, ninguno se imaginaba el grave error que estaban haciendo.

    Datos Curiosos:
    1: Null Heer significa: Ejército Nulo.

    2: Cuando Edmund le dice al presidente que él no tiene la autoridad necesaria para darle legalmente las Instalaciones NGene, en cierta forma lo es porque en Alemania es el canciller el que posee la mayor autoridad. El presidente solo cumple un papel político mucho menor que el canciller, por lo que Heinrich se aprovecha de eso para mover los hilos en las sombras
     
    Última edición: 21 Septiembre 2018
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola. Paso a comentar el capítulo. Hasta el momento, ha sido mi capítulo favorito de la historia. Me alegra que se haya producido un salto en el tiempo, y que no nos quedáramos con los protagonistas siendo niños por el resto de la historia. Supuse que habría un salto temporal, y me alegro que haya tenido lugar en el centro de la historia.

    Pasaré a comentar el capítulo. En primer lugar, sentí muchos recuerdos de un capítulo de mi historia al leer sobre la pelea que tuvieron Keith y Evian (tú sabes perfectamente cual es XD). De hecho, involucró varios aspectos similares a los que yo tomé. Tal vez sea por eso que ese haya sido mi segmento favorito del capítulo. Si no me equivoco, es la primera vez que narras una pelea de cuerpo a cuerpo desde que reiniciaste esta historia, y te ha quedado muy bien, no me he perdido en ningún momento. Imagino que debes sentirte igual cuando lees mis capítulos (espero XD). Me ha gustado mucho esa escena, pero me hubiera gustado que Evian pudiera haber puesto un poco en dificultades a Keith, que lo tuvo muy fácil para hacerlo morder el polvo. Con la determinación que mostraba, yo me esperaba que fuera una pelea más pareja. Lo que también me gustó es que tuvimos oportunidad de conocer un poco más sobre Astrid, Maike y Evian, a diferencia del capítulo anterior.

    Tal parece que a Edmund lo tienen de proyecto en proyecto, y ahora lo están haciendo crear humanos que podrían ser máquinas de guerra imparables si es que tienen éxito. Me pregunto que tanta sería la diferencia de fuerza entre un humano creado con el virus, y un humano normal que lo adquirió, pero imagino que pronto habrá tiempo para eso. Edmund realmente merece el reconocimiento que tiene, dado a que está trabajando en un proyecto nada sencillo. Sin embargo, esa última frase del final me dice que las cosas van a salir mal.

    Y por último está la escena entre Ángela y su hija Evelyn. Es la primera vez que se la menciona a la niña en este reinicio, y la verdad me da algo de lástima. Zelig sufre, pero tiene a alguien que le está haciendo compañía, en cambio, parece que Evelyn no tiene a nadie. Nunca se menciona a su padre, e imagino que podría tratarse de alguien que no se hizo cargo, o que murió en el diciembre caído. Imagino que Evelyn estará estudiando para poder trabajar con Edmund (es decir, no porque tiene 10 años, pero cuando que ese es su objetivo) dado a que lo admira demasiado. Pero eso se verá a medida que avance la historia.

    Me gustaría saber si los saltos en el tiempo seguirán apareciendo a medida que avancemos o si seguiremos con la línea actual hasta los capítulos finales. Me gustaría saberlo si es que no son spoilers para la trama.

    Encontré algunos errores con las tildes y algunas comas, pero no han sido nada graves. Además, estoy desde mi notebook y me cuesta señalarlos. Por ahora será todo. Saludos.
     
    Última edición: 14 Septiembre 2018
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    Sonia de Arnau

    Sonia de Arnau Let's go home Comentarista empedernido

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    Y abro este comentario diciendo que me gustó mucho la pelea cuerpo a cuerpo que tuvieron Keith y Evian, estuvo muy bien narrada, aunque si concuerdo con que éste último debió haber hecho un poquito más. Aunque, eso solo demostró que Keith tenía razón:
    Pero como lo mencioné, me gustó mucho más que las escenas de acción pasadas, ésta estuvo más detallada, quizá por el hecho de que fue una pelea uno a uno. Buen trabajo en esa parte.

    Y bueno, continuamos viendo como Edmund está investigando y que ahora lo pasaron a otro sector para ver como comienzan a crear lo solados “perfectos”, de guerra.

    Algo que quisiera resaltar es la ironía de la relación entre Ángela y su hija, que me recordó mucho a la relación que tienen Edmund y Zelig. Cada adulto, por estar centrados y dedicados a su trabajo, descuidan a su hijos. Aun así, lo más irónico sobre esto, es que Ángela esta haciendo más “madre” de su paciente que de su propia hija. Pero fíjate que es algo muy común en esta clase de oficios; los psicólogos y psiquiatras no suelen perduran (o se les dificulta mucho balancear) sus relaciones familiares y, o, de pareja.

    Por cierto, una cosa:
    Tal vez suene cruel pero esa parte no evité reírme porque me la imaginé tan serie de anime que me pareció graciosa la reacción de Evian al arrojar el libro.


    Me gustó mucho este capítulo y se nota porque no se me hizo nada pesado de leer a pesar de lo largo que es.
    Esperaré ansiosa el próximo. Saludos.
     
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  15. Threadmarks: Capítulo 06: Prueba Final.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

    Acuario
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    ZERO ZONE: The Fallen December [Season 02]
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
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    Ciencia Ficción
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    10
     
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    Reydelaperdicion , Kay Greenwish Muchas gracias a ambos por sus comentarios, me alegro que les gustara la batalla de Keith y Evian, a decir verdad tenía mis dudas, pero ahora me alegro mucho de haberla incorporado en el capítulo. Espero que este nuevo capítulo sea también de su agrado.

    Por la falta de tiempo les informaré rápidamente que este capítulo es uno de los más grandes hasta el momento, dado a que es muy largo, no quiero atrasarlos más de la cuenta, así que los dejaré con la lectura, no sin antes agradecerles por el apoyo.

    Capítulo 06: Prueba Final.

    Helipuerto, Komplexe S.O, Neubiberg, München, Baviera, Alemania.
    16 de Agosto del Año 2193…
    Un Año Después…


    El Equipo Negro había concluido los cinco años de entrenamiento, ahora estaban listos para realizar la prueba final contra los integrantes del Equipo Blanco. Sólo uno de los dos equipos trabajaría bajo las órdenes del vice canciller.

    Los integrantes del Equipo Negro observaban fijamente a su superior con una postura completamente recta, en el centro de ellos estaba Keith con su uniforme. Keith había sufrido cambios considerables, su cuerpo era un poco más robusto pero siempre mantenía su aspecto delgado. Su cabello lo llevaba un poco largo, llegando a unos seis centímetros por debajo del hombro. El uniforme seguía siendo el mismo a pesar de los años, pero con la diferencia de llevar una gabardina larga que le llegaba hasta la pantorrilla. Dicha prenda lo identificaba como el líder del equipo.

    Evian compartía rasgos muy similares a los de su líder, con la diferencia que su cabello lo tenía con un corte a lo militar. Manfred era el único varón con rasgos más robustos que todo sus demás compañeros, su cabello seguía el mismo corte militar que el de Evian.

    Las chicas en cambio, apenas desarrollaban sus cuerpos a la edad de once años. Si bien, no tenían un cuerpo tan robusto como los varones, sí se notaban algunos de sus músculos bien desarrollados por los entrenamientos. Lo que más las caracterizaba a ambas era que su cabello lo llevaban más largo, llegando muy cerca de la cadera.

    —¡Equipo Negro! —gritaba Arman con autoridad—. ¡El día de hoy se llevará a cabo la prueba final! ¡Se enfrentarán contra los integrantes del Equipo Blanco! ¡Antes de comenzar, el vice canciller tiene unas palabras que decirles! —Arman se hizo a un lado para darle espacio a Elster.

    —Solo uno de los dos equipos trabajará conmigo —decía Elster viendo a todos los integrantes, pero en especial a Keith—. Quiero que demuestren todo lo que han aprendido en estos últimos cinco años. Les deseo buena suerte.

    —¡Gracias, señor! —dijeron todos, realizando su saludo militar al mismo tiempo.

    —La prueba final se realizará en la Base Aérea de Wittstock al Noroeste de Berlín. La base se encuentra abandonada desde hace más de un siglo, el Equipo Blanco los espera.

    Keith y sus compañeros vieron un helicóptero de color negro aterrizar en el helipuerto. Los cinco jóvenes subieron a la aeronave que se elevó rápidamente con dirección a la base destinada a ser utilizada como el campo de batalla.

    Vuelo Hacia la Base Aérea de Wittstock…

    El equipo de Keith preparaba todas las armas que utilizarían en la batalla, algunos de ellos recargaban los magacines y otros ajustaban las miras con cuidado. Maike, quien se encargaba de la parte tecnológica, utilizó una computadora holográfica que se materializaba por medio de una pequeña esfera transparente que flotaba. La joven revisó que todo el sistema de comunicación que compartían funcionara a la perfección. Una vez que verificó todo, revisó el mapa de la zona donde lucharían contra el Equipo Blanco, al ver el mapa los sistemas de su computadora le mostró información adicional sobre la base.

    —¡Vaya! —dijo Maike, impresionada al ver algo que encontró.

    —¿Qué ocurre? —Indagó Astrid, quien estaba a su lado.

    —Hay informes que señalan sobre un sismo que se produjo hace once años en la base aérea.

    —¿Cuál fue su magnitud? —Quiso saber Manfred, le parecía extraño que algo como eso estuviera en archivos militares.

    —Según parece, fue de siete grados en la escala de Richter. —respondió la joven de cabellos rubios.

    —¿Hay algo más a destacar? —Indagó Keith, sintiendo algo de curiosidad.

    —No, nada, lo cual resulta extraño. No entiendo por qué hay información sobre algo así en archivos militares. La base de Wittstock lleva más de un siglo abandonada, no tiene sentido que resalten algo como un sismo.

    —Quizás no fue un sismo ordinario —dijo Keith al ver a sus amigos sorprenderse—. El sismo pudo ser provocado por la caída de un meteorito, un impacto a alta velocidad puede ser capaz de generar ondas que se pueden confundir muy fácilmente con ondas sísmicas. —dijo Keith, recordado que aquello se lo enseñó Zelig.

    —¿Crees que sea posible algo como eso? —Astrid no creía que Keith mintiera, pero ella pensaba fielmente que se trató de un sismo ordinario y no uno provocado por el impacto de meteorito.

    —No lo sé, pero es posible. Nosotros los humanos, aun con toda nuestra tecnología, solo somos capaces de ver el diez por ciento de los astros celestes, por lo cual, un meteorito dentro del noventa por ciento restante, puede pasar completamente desapercibido. Quizás los militares nunca se molestaron en investigar más a fondo al tratarse de un sismo en una base abandonada. —Explicó Keith.

    —Puede que tengas razón. —Astrid estaba de acuerdo con las palabras de Keith.

    Todos los jóvenes dejaron el tema del meteorito y el sismo de lado para centrarse en lo que debían hacer; preparar sus armas. Keith recargaba sus armas y en algunas ocasiones le pasaba a sus compañeros de equipo algunos magacines. Manfred repartía algunas granadas y Astrid hacia algún intercambio de armas con sus compañeros. Keith le otorgó un rifle a Evian, cuando este lo tomó, Keith forcejeó levemente para no soltarlo, Evian se le acabó la paciencia en un segundo.

    —¿Me darás el maldito rifle? —Indagó obstinado el castaño.

    —Cuando estemos ahí fuera, quiero que sigas mis órdenes, ¿entendido? —Le dijo Keith con un tono de voz muy serio.

    —Me importa poco tus órdenes de pacotilla. Yo lucharé a mí manera, no necesito una niñera.

    Keith terminó por darle el rifle a Evian, tras todos esos años de entrenamiento el joven castaño no había cambiado esa actitud tan obstinada, y menos tras haberle ganado en la única batalla que tuvieron hace ya algunos años. El líder del equipo no podía negar que Evian al paso de los años mejoró en sus técnicas de batalla, pero esa actitud que caminaba le sacaba de sus casillas. Keith solo esperaba que nadie de su equipo fuera a morir por culpa de las estupideces de Evian, si uno de sus compañeros resultaba herido lo haría pagar muy caro.

    —¿Alguien sabe quiénes conforman el Equipo Blanco? —preguntó Manfred, que había estado en silencio desde que entraron al helicóptero.

    —Eso no lo sé —Le dijo Maike, sincera—, pero deben ser buenos, ¿no creen? Hemos entrenado durante cinco años y no sabemos quiénes son.

    —Seguro que son unos perdedores. —Comentó Evian.

    —Tú eres un perdedor, Evian. —dijo Astrid, cortante. Sus palabras callaron al castaño.

    —Sea como sea, no quiero que ninguno se confié. —dijo Keith seriamente.

    Todos los chicos menos Evian, asintieron ante las palabras de Keith. El joven de cabellera negra vio por las ventanas el hermoso paisaje de Alemania, podía ver en algunas ciudades que aún continuaban las construcciones. El Diciembre Caído aún continuaba teniendo algunas de sus secuelas, muchas ciudades todavía no se recuperaban totalmente del desastre provocado hace cinco años.

    A la mente de Keith llegó el recuerdo de su viejo amigo Zelig, se preguntaba que había sido de él tras esos largos años desde lo acontecido, pero quien realmente le importaba era Zellene. No volvió a saber nada de ella, y desconocía por completo si la joven seguía con vida en algún lugar.

    Base Aérea de Wittstock, Wittstock, Brandenburg, Alemania.

    Keith y su equipo observan por las ventanas del helicóptero una enorme área boscosa, y en medio de esta la gigantesca base de Wittstock. Algo que se podía apreciar con facilidad y que era digno de impresión, era ver un enorme agujero en medio de algunos edificios de la base, los edificios cercanos al agujero estaba comprimidos hacia abajo, cómo si una fuerza de gravedad los hubiera obligado a comprimirse hacia el suelo.

    Keith y compañía no le tomaron importancia, se impresionaron, sí, pero no estaban en ese lugar para realizar un tour por la base aérea, de modo que se concentraron en lo que tenían que hacer; luchar contra el Equipo Blanco. El helicóptero aterrizó cerca de algunos hangares de la base, Keith y su equipo salieron de la aeronave, que poco después se elevó para marcharse de ahí.

    Cuando dejaron de escuchar el sonido del helicóptero, Keith y su equipo observaron todo su alrededor. La base estaba conformada por muchos edificios, hangares y otras estructuras irreconocibles por el deterioro del tiempo. El Equipo Blanco debía estar en el otro extremo de la base, así que no había tiempo que perder, Keith empezó a dar sus órdenes como buen líder.

    —Muy bien —Todos lo volvieron a ver—. Maike, quiero que busques un lugar seguro, localiza a todos los miembros del Equipo Blanco, rastreando la señal de sus equipos de comunicación.

    —Entendido, jefe. —dijo Maike. Se supone que debía decirle “Señor”, pero “Jefe” sonaba más amigable y de acuerdo a su personalidad cariñosa.

    —Astrid, tu busca un edificio alto y mantente ahí con el rifle francotirador.

    —¡Sí, señor! —Astrid hizo su saludo militar en señal de aceptar la orden.

    —Manfred, quiero que vayas por el lado Este de la base.

    —Recibido. —dijo Manfred, asintiendo.

    —Y tu Evian, irás por el lado Oeste, procura no hacer ruido, mantengamos el factor sorpresa de nuestro lado.

    —Como tú digas, “Jefe” —dijo Evian haciendo las dos comillas con sus dedos.

    —Si ven algún enemigo, quiero que disparen sin dudar.

    —¡Entendido, señor!

    Una vez Keith dio las órdenes, su equipo se puso manos a la obra. Todos se desplegaron por los diferentes sectores de la base, Maike buscó un lugar seguro, algo así como un hangar o cualquier lugar pequeño donde podía estar segura, caminó por algunos edificios hasta que logró encontrar uno que servía como dormitorio, y era evidente que esa era su función cuando entró al edificio. Maike vio muchas camas viejas y sucias adentro del edificio, sacudió un poco el suelo con una sábana de las camas para después sentarse. Rápidamente preparó su equipo tecnológico para ayudar a sus compañeros.

    Astrid corrió entre algunos edificios, teniendo la prioridad de cubrirse por cualquier enemigo cercano. Levantó un poco la vista y vio una torre a lo lejos que tenía una escalera para subir a lo más alto, corrió hasta el lugar y cuando llegó, se aseguró que la escalera de metal soportara su peso. Al ver que no tendría problemas mayores empezó a subir lentamente por seguridad.

    Manfred caminaba con mucho cuidado por el lado Oeste de la base, todos los edificios cercanos se encontraba en ruinas. Así que lo único que podía hacer, era cubrirse entre esas ruinas para evitar ser alcanzado por algún disparo. Observaba a todos lados, pero no había rastro de los miembros del Equipo Blanco. Decidió adentrarse más en busca de algún enemigo, su entrenamiento le enseñó que los momentos silenciosos, eran los más preocupantes de todo enfrentamiento armado.

    Mientras Manfred se encontraba buscando a sus enemigos en el lado Oeste, Evian lo hacía en el lado contrario. El joven de cabellos castaños empezaba a impacientarse, llevaba varios minutos revisando todo los edificios que se encontraban en buen estado, y a pesar de eso, todavía no mostraban señales de vida los miembros del Equipo Blanco. Salió de un hangar que estaba vacío y prosiguió su camino, cuando estaba cerca de una especie de dormitorio militar, logró ver algo que brillaba en el suelo, se acercó y lo tomó lentamente con su mano derecha, mientras verificaba que ningún enemigo lo fuera a detectar. Al tomar el objeto, Evian vio que se trataba de un fragmento, pero no uno metálico, sino uno que se parecía mucho al cristal. Su color blanco opaco y brillante le daban un aspecto muy hermoso, decidió guardarlo en uno de los bolsillos de su chaleco para continuar buscando a sus enemigos.

    Keith logró entrar a unas instalaciones de la base aérea, todo lo que se encontraba en ese lugar estaba destruido, no se podía saber con exactitud la clase de objetos que fueron en el pasado, ya que eran irreconocibles por el deterioro del tiempo. Keith avanzó más adentro de las instalaciones, llegando así a un pasillo, continuó caminando por el pasillo hasta llegar a una puerta metálica que estaba destruida y que conducía a otro pasillo, al parecer subterráneo. El joven continuó caminando a paso lento por el pasillo mientras iluminaba su camino con la ayuda de la linterna que tenía acoplada a su arma, pendiente ante cualquier enemigo que pudiera aparecer por sorpresa.

    El líder del Equipo Negro continuó adentrándose en las profundidades del pasillo hasta llegar a un lugar donde se apreciaban algunos rayos de luz solar. Keith observó su alrededor y no pudo evitar sorprenderse al ver que se encontraba justamente donde se hallaba el enorme agujero que él y su equipo vieron cuando estaban en el helicóptero. Al ver hacia arriba, logró ver la estructura de los edificios que estaban doblados hacia abajo, como si una enorme presión los hubiera obligado a doblarse hacia las profundidades de la tierra en lugar de destruirse.

    Keith observó su alrededor y logró ver extraños símbolos de lo que parecía ser un lenguaje extraterrestre, grabado en algunas vigas de metal y pedazos del mismo material que estaban por todas partes de ese extraño lugar, el cual podía medir cerca de unos cincuenta metros cuadrados ahora que lo veía mejor. Al apreciar los símbolos, pronto, su vista se fijó en un extraño objeto que había en el centro del lugar y que estaba incrustado en el suelo. Keith se acercó un poco al objeto y apreció que tenía forma de esfera, la tocó levemente para quitar la tierra y la suciedad que cubría el objeto con una de sus manos, al hacerlo, toda la suciedad se desintegró al caer al suelo.

    A causa de ello se levantó una pequeña cantidad de polvo que obligó al joven a toser por unos segundos, tras recuperarse, Keith fijó su mirada en el objeto y quedó congelado por un largo momento, sin poder creer lo que veían sus ojos azules. Su cuerpo empezó a transpirar un sudor frío y su presión arterial se elevó a tal punto que sentía su corazón latir en su cuello.

    Exterior de la Base Aérea de Wittstock…

    Manfred continuaba caminando entre los edificios de la base aérea, aun no tenía rastros del enemigo por ningún lado, desde su posición fue capaz de ver donde se encontraba Astrid con su rifle francotirador. Confiando en que su amiga le cubriría la retaguardia, continuó caminando con un poco más de prisa, quería encontrar a los enemigos rápido para terminar con la prueba final.

    El joven entró a un lugar donde habían muchos edificios cercanos entre sí, al entrar ahí salió completamente del alcance de Astrid. Sin embargo, cuando Manfred vio ese lugar donde apenas se veía con claridad el lugar, debido a los múltiples edificios cercanos que obstaculizaban la luz solar. Su cuerpo de repente se estremeció como nunca antes lo había hecho al presenciar ese lugar tan macabro.

    Frente a sus ojos se encontraban los cuerpos de todos los miembros del Equipo Blanco. Uno de los cuerpos varones estaba decapitado, el segundo cuerpo de una chica fue cortado en dos al nivel de la cintura, el tercero que era un varón tenía un enorme agujero en el abdomen. El cuarto cuerpo siendo el de la última chica de ese equipo, fue cortado por completo con un ataque vertical, y el último de todos los varones fue el más letal de todos. Tenía un gran hueco al nivel del pecho, donde antes estaba su corazón.

    Manfred se llenó de valor para revisar el cuerpo de ese último joven, caminó entre los cuerpos mientras se cubría la nariz para no respirar el extraño olor que abundaba en ese sector. Detenidamente revisó la herida que tenía al nivel del pecho, y pudo deducir que alguien le había arrancado el corazón mientras seguía con vida, lo que cambió por completo su sospecha de que le habían hecho eso post mortem.

    El joven no era capaz de creer lo que veía en ese lugar, se formulaba muchas preguntas en su cabeza que no tenían una respuesta lógica, de pronto, Manfred salió de su trance al escuchar algo caminar en ese lugar ligeramente oscuro. Un sonido de cristal empezó a resonar, Manfred agudizó sus sentidos y logró ver en esa oscuridad un ser con forma humanoide, muy similar a los humanos.

    Lo que los hacia diferente a los humanos, es que su cuerpo no era de carne como los terrestres. Su cuerpo parecía estar conformado totalmente de cristal de un color blanco ligeramente opaco. Manfred se estremeció por un momento al sentir la mirada de los ojos azules de esa criatura, los cuales brillaban intensamente. El joven decidió no disparar para salir corriendo de ese lugar.

    Astrid vio a través de la mira de su rifle como su amigo salía corriendo, no entendió por qué actuaba de esa manera tan extraña, por lo que se comunicó con él.

    —¡Manfred! ¿!Qué ocurre!? —Indagó la joven por el intercomunicador, preocupada.

    —¡H-Hay una cosa en ese lugar, todos los del Equipo Blanco están…! —Informaba Manfred sin detenerse.

    Manfred no logró continuar debido a varios disparos que escuchó venir del lado Oeste de la base, supuso que su compañero Evian se encontraba en peligro, de modo que corrió al lugar donde proveía la fuente de sonido. El joven no sabía cuántas cosas de esas habían en los alrededores, pero estaba consiente que debería luchar contra ellos, o escapar si no querían terminar como los miembros del Equipo Blanco.

    Área Subterránea de las Instalaciones…

    Keith al tocar el objeto con su mano, causó que el mismo reaccionara y la extraña esfera se abriera de par en par, dejando mostrar dentro del extraño objeto una esfera de cristal transparente llena de un líquido celeste y dentro de aquella esfera una joven de tez blanca y cabellos negros en posición fetal.

    El joven estaba impactado por lo que había descubierto dentro de esas instalaciones, al ver que la chica se encontraba en esa esfera de cristal y al notar la destrucción del cielo del lugar, fue más que evidente que esa extraña joven provenía de otro mundo. Lo más inquietante para Keith fue ver que la joven dentro de esa esfera tenía una edad muy similar a la de él.

    —N-No puede ser…

    De pronto, a un lado de Keith se mostró lo que parecía ser un hombre de avanzada edad, el cual se proyectaba por medio de un haz de luz que provenía de un punto en particular de la estructura esférica que protegía a la joven. El cuerpo de ese ser holográfico parecía estar hecho de cristales, y lo único que llevaba puesto era una bata de científico.

    —Nuestro planeta fue consumido por los Zoners —dijo el holograma—, en ella reside nuestra única esperanza…

    —¿Zoners? —Keith le pareció muy extraño esa especie de nombre—. ¿Quién o qué son? —Indagó, al momento de ver el holograma.

    —Los Zoners crearon el arma definitiva, consumieron los planetas de nuestro Sistema Solar, incluyendo el nuestro.

    —Anciano. ¿Quiénes son ustedes? ¿De qué arma estás hablando? —Keith no entendía nada.

    —La destrucción es inminente. El universo se acerca a la extinción, los Zoners deben ser detenidos, o todo estará perdido.

    Keith no lograba comprender nada, todo parecía indicar que los archivos de información que contenía ese holograma se encontraban dañados. Las cosas que decía no tenían un sentido lógico, al menos, no uno que fuera capaz de comprender por su cuenta.

    El holograma desapareció lentamente, dejando a Keith con muchas preguntas sin respuestas. Al desaparecer el holograma, el líquido dentro de la esfera de cristal inició a cristalizarse como si hubiera entrado en un proceso de congelación, de pronto, la esfera en sí explotó violentamente, desprendiendo miles de fragmentos de cristal y hielo por todas partes.

    Keith se cubrió con sus brazos para protegerse de los fragmentos, a causa de ello algunas heridas se produjeron sobre su piel debido a los pedazos de cristal, pero gracias al virus Infinity su piel se regeneró casi al instante. El joven dejó de cubrirse, logrando ver a la chica en el suelo junto algunos escombros de vidrio y hielo. Keith se acercó a ella y la tomó en brazos, intentó consecutivamente hacerla reaccionar al darle algunos golpecitos en el rostro.

    Al pasar algunos minutos, Keith empezó a perder las esperanzas, pero cuando lo hizo la joven en sus brazos comenzó a reaccionar. Abrió los ojos poco a poco, hasta que finalmente los abrió por completo. Keith se asombró al ver los hermosos ojos rojos que la joven tenía, los cuales hacían juego con su cabello negro.

    —¿Te puedes levantar?

    La joven asintió levemente, al momento en que Keith la ayudaba a reincorporarse por completo, la chica vio al joven de pies a cabeza y se vio un poco sorprendida al ver a alguien tan diferente a ella. Keith por un momento cayó en cuenta que la joven estaba desnuda, así que inmediatamente se quitó la gabardina que traía puesta para que se cubriera, la joven la recibió con algo de pena pero al mismo tiempo con gratitud por el lindo gesto.

    —Mi nombre es Keith, Keith Wetzel —Se presentó—, ¿cuál es tu nombre?

    —No lo sé, no sé quién soy. —respondió la joven, sincera.

    Keith se extrañó mucho al escuchar a la joven, pero en parte entendió su situación, siempre estuvo encerrada en esa extraña esfera, seguramente fue creada a base de algún experimento, por lo que era natural que no supiera nada de sí misma, y mucho menos su nombre, Keith pensó por unos segundos un nombre que le fuera a gustar a la joven, cuando se le ocurrió uno indagó:

    —¿Qué te parece el nombre Liz? ¿Te gustaría llamarte así? —Quiso saber Keith, creía que un nombre corto y que sonara bien le quedaría mejor a la joven.

    —¿Liz? —Ladeó la cabeza a la derecha—. Creo que sí, me gusta ese nombre. —Sonrió.

    —Entonces, así te llamarás —dijo Keith con una sonrisa—. Necesito que me acompañes, Liz. ¿Crees que puedas seguirme?

    —Sí —Asintió levemente—, no hay ningún problema.

    —Muy bien, vamos.

    Keith y la extraña joven de nombre Liz, se marcharon de ese lugar rápidamente, cuando estaban por salir de las ruinas de esas instalaciones. Keith se detuvo para comunicarse con Maike, sin embargo, antes de poder hacerlo, escuchó varios disparos consecutivos por medio del intercomunicador.

    —¡Muere, maldito! ¡Muere! —gritaba Evian.

    —¡Evian! ¿¡Qué ocurre!? ¡Evian! —Indagó Keith, quería saber lo que ocurría.

    —¡Muérete! —gritaba Evian sin prestar atención a las palabras de su líder.

    —¡Maldición! —dijo Keith, molesto.

    Keith cortó inmediatamente la comunicación con Evian, no tenía caso intentar hablar con él. Manfred entabló comunicación con su líder para informarle la situación.

    —Habla, Manfred, te escucho. —Le dijo Keith, quería saber lo que ocurría.

    —Señor, el Equipo Blanco fue asesinado. —Informó el moreno.

    —¿Asesinado? —No era capaz de creer lo que escuchaba.

    —¡Así es, señor, unas extrañas bestias con forma humanoide fueron las culpables! Su cuerpo está hecho de fragmentos de cristal y son demasiado fuertes. —decía Manfred, disparándole al ser que enfrentaba Evian. Keith fue capaz de escuchar sus disparos.

    —Entendido, iré de inmediato, resistan —Keith cortó la comunicación con Manfred para hablar con Astrid—. Astrid, ¿tienes a la vista el objetivo?

    —Afirmativo, señor, he disparado consecutivamente, pero son inmunes a las balas, es la primera vez que veo algo así. —Informó la joven, preocupada. Había intentado dispararle en la cabeza al ser que enfrentaban sus amigos, pero las balas no funcionaron contra esa bestia.

    —Sigue disparando, es imposible que sean indestructibles. —Ordenó el joven.

    —Sí, señor.

    En ese momento, Keith cortó la comunicación con Astrid y se comunicó con su compañera Maike, que estaba en uno de los dormitorios de la base, más segura que cualquier otro del equipo.

    —¡Maike, necesito que me envíes tu posición! ¡Ahora!

    —E-Entendido. —Maike no entendía lo que pasaba, pero obedecería a su líder sin importar nada.

    Maike al escuchar el pedido de su líder, empezó a preocuparse de que algún miembro del equipo hubiera sido lastimado, así que sin perder tiempo valioso, le envió la ubicación a Keith al brazalete que portaba en su brazo derecho, el cual materializó un mapa señalando la ubicación. Tras recibir la ubicación, salió corriendo junto con Liz de ese lugar para dirigirse hacia donde se encontraba Maike.

    Ambos jóvenes corrieron por diferentes partes de la base aérea, en el camino escucharon varios disparos a lo lejos, pero Keith no se detuvo a pesar de ello, el joven siguió el mapa que mostraba el holograma hasta que llegó a la habitación donde se encontraba Maike. La rubia se sorprendió al ver a la joven que acompañaba a su líder.

    —¿Quién es ella? —Indagó Maike inmediatamente, le pareció linda la nueva chica.

    —Su nombre es Liz —Keith vio a la mencionada—. Aquí estarás a salvo, iré ayudar a los demás.

    —Espera, jefe. ¿Qué es lo que ocurre? —La joven se preocupó mucho, no sabía que ocurría.

    —No lo sé con certeza, pero todos los miembros del Equipo Blanco fueron asesinados. Ahora hay unas cosas por ahí con la intención de matarnos a nosotros también. Necesito que te mantengas aquí y protejas a Liz.

    Keith se marchó del lugar y fue corriendo a toda velocidad a la dirección donde provenían los disparos. No sabía qué clase de ser enfrentaban sus compañeros, pero los protegería sin importar nada. No permitiría que fueran asesinados en la primera batalla real. Keith continúo corriendo por la base hasta llegar al lugar donde se encontraban sus dos compañeros enfrentando al enemigo.

    El joven de cabellos negros se impresionó al ver el ser del que le habló su amigo Manfred, era muy similar al viejo que vio en aquel holograma, pero sin duda, un poco más altos, quizás de dos metros y medio, además de tener una complexión más robusta.

    Lo que dejó a Keith helado en ese preciso instante, no fue ver a ese extraño ser humanoide, sino ver como el enemigo tomaba a Evian del cuello utilizando solo su mano derecha hasta levantarlo a casi a su misma altura. A Evian le empezó a faltar aire, con dificultad fue capaz de presionar el gatillo de su arma con una de sus manos. El arma disparó toda una ráfaga de balas en la cara del enemigo, pero a pesar de la poca distancia, los disparos no le hicieron daño alguno.

    El enemigo tomó el arma de Evian con su mano izquierda y la lanzó a un lugar cualquiera, en ese momento, su brazo izquierdo se transformó en una extraña espada de cristal totalmente lisa. Manfred, que se encontraba en una posición favorable, escondido entre algunos escombros, apuntó con su arma al brazo-espada del enemigo y presionó el gatillo con la esperanza de destruirla, para así evitar que lastimaran a Evian.

    Sin embargo, los disparos de Manfred fueron en vano, no le hacían nada al enemigo por más disparos que le asestara. Evian intentó forcejear para liberarse, pero por la falta de aire era imposible que se liberara. El enemigo sin tardarse más tiempo, incrustó su brazo con forma de espada en abdomen de Evian y antes de que muriera, hizo un movimiento hacia arriba, montándolo al instante. El cuerpo del castaño cayó al suelo con un corte vertical que iniciaba desde su abdomen hasta la cabeza, el suelo se llenó de múltiples fluidos que emergieron sin control de su cuerpo.

    Al ver esto, Keith y Manfred se estremecieron al máximo, el enemigo al matar a Evian giró su cabeza a su izquierda, percatándose de Manfred que estaba escondido entre algunos escombros. El extraño ser caminó con toda tranquilad hacia el moreno, mientras este disparaba cada cierto tiempo, intentando acabar con esa cosa.

    El extraño ser llegó donde Manfred, y en cámara lenta, Keith vio como el extraño ser tomaba a Manfred del cuello con su mano izquierda, al mismo tiempo que transformaba su brazo derecho en una espada de cristal igual a la anterior. Manfred al ver las intenciones de su enemigo, esperó simplemente su final, porque era consciente que no podía hacer nada en esa situación, no importa lo que intentara.

    Justo en ese momento, Keith dejó caer su arma al suelo, y por primera vez en una batalla real, su poder reaccionó a sus órdenes. Varios rayos eléctricos de color negro se hicieron presentes al momento que empezaron a recorrer su cuerpo con gran velocidad. Una onda de energía fue expulsada del cuerpo de Keith, la onda fue tan fuerte que destruyó por completo algunos edificios cercanos.

    Algunos rayos metálicos aparecieron y empezaron a girar alrededor de su cuerpo junto a los eléctricos. El extraño ser se percató de la onda y sin soltar a Manfred volteó su mirada a Keith. Al ver los rayos metálicos y eléctricos a su alrededor, el misterioso ser con forma humanoide pronunció palabra, una palabra que Keith fue capaz de entender en su propio idioma, a pesar que esa criatura tenía un dialecto muy diferente al de los humanos.

    —Zoners…

    Alrededor de Keith se materializaron pequeños fragmentos metálicos que empezaron a girar a su alrededor junto a los rayos metálicos y eléctricos. Keith estiró ambos brazos a los lados y justo en ese momento, todos los fragmentos que giraban a su alrededor empezaron a formar dos espadas en sus manos. Aquellas espadas al principio tenían un aspecto muy irregular, pero los fragmentos comenzaron a unirse entre ellos hasta formar dos espadas lisas de metro y medio con un color negro puro.

    El enemigo soltó a Manfred, dejándolo caer en el suelo y llevándose consigo un golpe muy seco. El de ojos verdes empezó a toser conforme el aire regresaba a su cuerpo, levantó la vista y no podía creer lo que veía, nunca antes vio algo así en Keith.

    Keith sujetó ambas espadas con fuerza y se inclinó levemente hacia adelante, a una velocidad sobrehumana se acercó a su enemigo y le asestó un poderoso golpe con el puño derecho en la zona del pecho, su enemigo salió volando hasta estrellarse contra un edificio pequeño.

    El joven recibió su espada al momento en que cayó del cielo, ya que en el último segundo antes de impactar a su enemigo, lanzó la espada derecha hacia arriba para poder atacar a su enemigo con el puño cerrado. Manfred al ver esto se impresionó, sus ojos no fueron capaces de ver esos movimientos por parte de su líder.

    —¿Estás bien? —Indagó Keith al ver a su compañero, su voz fue muy seria.

    —S-Sí… —Manfred se sintió intimado al ver que los ojos de Keith habían cambiado a un color dorado, y ya no tenía el azul que lo caracterizaba.

    Keith escuchó a su enemigo que se levantaba de entre los escombros, el joven corrió a él y sin perder tiempo le lanzó la espada que tenía en su mano derecha con la intención de atravesarlo, justo en ese momento dio un salto y se precipitó a su enemigo teniendo la espada restante sujetada con ambas manos al nivel de su cabeza. Sin embargo, Keith no contaba con que su enemigo se haría a un lado para esquivar la espada que le lanzó anteriormente, y mucho menos que la tomaría con su mano derecha, segundos antes de que pasara de su lado.

    El enemigo interpuso la espada en posición horizontal, a poco antes de que Keith lo atacara con su espada. Ambas espadas gemelas impactaron con gran fuerza, Keith se impresionó de ver que su enemigo estaba usando su propia espada para protegerse, no cabía duda que esa criatura era inteligente. El choque de ambas espadas desprendió chispas al rojo vivo, además de hacer un extenuante chirrido al rosar ambos filos entre sí.

    Keith se separó un poco de su enemigo para después atacarlo con una estocada, pero su enemigo lo vio venir, así que simplemente utilizó su espada y le dio un pequeño golpe en la punta al arma de Keith de izquierda a derecha para obligarlo a alejar su arma. Al hacerlo, el extraño ser se acercó a Keith y le propinó un golpe muy fuerte en el abdomen, que lo envió a estrellarse contra algunos escombros de la base.

    El joven de cabellos negros se levantó con algo de dificultad tras haberse dispersado la pequeña nube de polvo que se creó al momento del impacto, fue entonces que Keith vio a su enemigo soltar el arma que tenía en sus manos. El arma al caer al suelo despareció en un puñado de rayos metálicos. Keith no entendía lo que trataba de hacer, pero pronto se dio cuenta de las intenciones de su enemigo.

    El extraño ser movió su brazo derecho de izquierda a derecha y frente a él se materializaron diversos fragmentos de cristal de unos cincuenta centímetros de largo con puntas extremadamente afiladas y peligrosas, al crearlas las envió hacia Keith a gran velocidad. Keith al verlas venir, cruzó ambos brazos frente a él, al mismo tiempo que giraba la espada que tenía en su mano izquierda de tal manera que la hoja quedara ligeramente recostada en el brazo izquierdo. Las púas volaron hacia Keith a gran velocidad, a pocos metros antes de impactar en él, varios rayos metálicos empezaron a girar a su alrededor en un intento de protección.

    Las púas impactaron en los rayos metálicos, lo que provocó varias explosiones consecutivas, que enviaron a Keith a estrellarse contra algunos edificios de la base. El impacto causó una nube de polvo, Keith logró reincorporarse con algo de dificultad, pero cuando lo hizo se llevó la sorpresa de tener a su enemigo frente a él. La criatura tomó a Keith del cuello con su mano derecha y lo levantó casi a su misma altura, al joven pronto le empezó a faltar el aire.

    —¿¡Q-Qué es lo que quieres!? —Indagó Keith con gran dificultad por la presión que ejercía su enemigo en su cuello.

    —Los Zoners deben desaparecer... —respondió la criatura.

    La criatura al tener a Keith sujeto con su mano derecha, empezó a asestarle golpes de puño en el estómago, una y otra vez con más intensidad. Keith sentía como sus fuerzas desaparecían con rapidez ante cada ataque recibido y eso sumándole la falta de aire, aumentaba de forma exponencial la disminución de sus fuerzas.

    Keith sabía que en pocos minutos perdería la conciencia, no podía creer que no pudiera liberarse de esa bestia de cristal humanoide, después de tantos años entrenando, parecía que nada había dado resultado, al final siempre seguía siendo el mismo débil de siempre. Estaba seguro que su amigo Zelig era más fuerte que él en ese preciso momento, ese pensamiento en verdad lo hacía enfadar mucho. Sin embargo, ese pensamiento le ayudó a Keith a no darse por vencido, su sangre empezó a hervir y fue aquello lo que le permitió que su cuerpo recuperara las fuerzas perdidas.

    Keith aún tenía el arma en su mano derecha, así que al recuperar su fuerzas presionó la empuñadura con fuerza, pronto, levantó la espada para después blandirla hacia abajo, la criatura logró ver en cámara lenta como la espada de Keith le cortaba el brazo derecho arraz del hombro. Keith cayó de pie al suelo mientras tosía, pero eso no fue un impedimento para asestarle un poderoso ataque de puño directo al abdomen a su enemigo. La bestia humanoide se inclinó hacia adelante por el fuerte impacto, momento que aprovechó Keith para asestarle un golpe con su rodilla derecha en el torso, el golpe fue tan fuerte que el enemigo se elevó en los aires.

    El joven levantó la vista y vio cómo su enemigo se elevaba en los aires por el fuerte impacto, rápidamente dio un gran salto que le permitió aparecer sobre su enemigo, Keith tomó su arma con ambas manos y le asestó un ataque vertical a su enemigo de arriba hacia abajo. El impacto fue tal que desprendió una onda de aire. La criatura humanoide impactó en el suelo con demasiada fuerza, tanta que hizo que su cuerpo rebotara, de modo que la criatura terminó acostado en el suelo boca arriba.

    Keith al ver que su enemigo tardaría en levantarse, desmaterializó su arma y se precipitó a tierra a gran velocidad, con la intención de terminar esa batalla de una vez por todas. El joven hizo su brazo derecho hacia atrás y cerró el puño, justo en ese instante miles de fragmentos metálicos se materializaron en su brazo de modo que se acumularon entre sí para crear una especie de garra curva muy afilada y con bordes irregulares, similar a una daga.

    Finalmente, después de una larga caída de más de doscientos metros, Keith incrustó su brazo derecho en el abdomen de su enemigo con todas sus fuerzas, causándole un gran agujero, la criatura solo hizo un leve quejido de dolor al momento en que todo su cuerpo de cristal empezaba a agrietarse. Keith sacó su brazo convertido en garra del cuerpo del enemigo, sabiendo que esa batalla había terminado con su victoria. Los fragmentos metálicos de su brazo se contrajeron para volverlo a la normalidad, fue en ese momento en que Keith escuchó las últimas palabras de esa criatura.

    —Los Zoners pagarán con su extinción, algún día… el universo será liberado de la amenaza que representan…

    Dichas aquellas palabras, el cuerpo del extraño ser de cristal explotó, miles de pedazos volaron por todas partes. Keith aun no era capaz de comprender nada, no tenía idea qué clase de raza era esa criatura y menos qué relación tenían ellos con los supuestos Zoners. Al parecer, su planeta fue consumido por ellos, pero no sabía más que eso, por lo que era imposible darse una idea de lo que realmente debió ocurrir en aquel mundo tan lejano.

    Lo más inquietante de todo era Liz, Keith lo sabía desde el momento en que la vio, ella no era una humana y por como la llamó aquel holograma, parecía ser una especie de arma, la última esperanza de esa desdichada raza tan extraña. Keith quería respuestas, pero estaba seguro que no había más información en ese lugar, por lo que lo mejor era marcharse de esa base antes de que se vieran amenazados por otras criaturas similares.

    Keith regresó con su compañero Manfred, quien ya se encontraba mejor y que además mostraba un rostro lleno de impresión por lo que había presenciado. Sin embargo, a pesar de todo, decidieron no hablar nada sobre ello por el momento, así que ambos se marcharon del lugar al mismo tiempo que se comunicaban con sus compañeras para reunirse en el lugar donde los había dejado el helicóptero en primer lugar.

    Una vez reunidos en el lugar en cuestión, el líder habló con el piloto de la aeronave para que los recogiera, mientras esperaban. Keith, Manfred, Astrid, Maike y Liz fueron capaces de ver a varias de esos seres de cristal humanoides entre los edificios, quienes los veían con odio, sin embargo, para suerte de todos, ninguno se acercó.

    El helicóptero llegó al lugar en pocos minutos, todos subieron a la aeronave para regresar al Complejo de Operaciones Especiales. Durante el vuelo, todos menos Keith lamentaron la muerte de Evian, es cierto que era un estúpido engreído bueno para nada, pero al final era uno de sus compañeros con el que convivieron durante cinco largos años, y a pesar de todo era lamentable su muerte. Keith no le tomó importancia la muerte de Evian, nunca le agradó y más de una vez llegó a desear asesinarlo con sus propias manos, pero ahora que ya no estaba, era un problema menos del que preocuparse.

    Ahora que ya no estaba Evian el Equipo Negro tenía un espacio disponible para integrar un nuevo soldado, y Keith tenía las intenciones de incorporar a Liz en su equipo, estaba seguro que la joven sería una ayuda mayor de lo que podría haber sido Evian, así que no desperdiciaría la oportunidad que tenía en sus manos para integrar a Liz en el equipo.

    Keith decidió tomarse unos minutos para pensar en todo lo ocurrido, no entendía por qué aquel extraño ser había dicho «Zoners» cuando lo vio utilizar sus poderes. Acaso, ¿reconoció sus poderes cuando lo vio? ¿Tenía algo que ver sus poderes con los supuestos Zoners? Si era así, ¿quiénes eran? ¿De dónde provenían? ¿Por qué consumieron otro mundo? ¿Cuáles eran sus razones para haber hecho tal cosa?

    Había muchas preguntas que Keith se formulaba en su mente, y hasta ahora ninguna tenía una respuesta clara para él, pero de algo si estaba seguro el líder del Equipo Negro, y eso era que las respuestas podrían estar en Liz, aun había muchas cosas respecto a ella que desconocía y tenía la impresión de que la joven estaba muy relacionada con lo que debió ocurrir en aquel mundo devastando de dónde debía provenir. No había duda que el enigma que lo rodeaba se hacía cada vez más grande con el paso del tiempo.
     
    Última edición: 21 Septiembre 2018
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Saludos Zurel. Tal y como me habías dicho al hablar, este capítulo realmente ha sido el mejor que has hecho hasta el momento, hablando tanto de TFD como de ZZ en general. Me ha encantado de principio a fin ya que no solo es un capítulo con acción, sino que también incorpora bien el misterio y el suspenso.

    Pasaré a comentar lo más destacado, aunque estoy tan emocionado que no sé por donde empezar XD. Empezaré desde el principio.

    Estaba deseando ver un enfrentamiento entre el equipo Negro y el equipo Blanco, y me dio lástima que no se diera, pero como no conocía al equipo Blanco, no es que me disgustara.

    Todo en este capítulo me ha resultado muy misterioso y llamativo. Desde que el equipo Blanco fue asesinado, los fragmentos de cristal, las esferas que encontró Keith... creo que ha sido genial. Ya veo por qué este capítulo te recordaba tanto a un capítulo de mi historia XD.

    Me llama mucho la atención lo que el científico ha dicho. En primer lugar, el misterio que rodea a los Zoners. ¿De dónde vienen? ¿Qué son? ¿Qué quieren? Ahora me llegan miles de teorías a la cabeza. Pero la más sólida que veo es que los Zoners han sido los encargados de devastar Zenón, y que ahora han elegido a la Tierra como su nuevo objetivo. No sé si creer que Rainhard y el científico que habló con Keith fueran de la misma especie, pero por ahora no me lo creeré, dado a que, de serlo, Rainhard habría mencionado algo sobre eso. Digo, si fue capaz de contactar con un humano, no debería darle problemas el contactar con alguien de su misma especie.

    Por un momento pensé que esa criatura de cristal eran los zoners, pero veo que me equivoqué. De hecho, esas criaturas parece que han venido a la Tierra para exterminarlos. Lo cual me deja varias dudas. ¿Acaso los humanos y los Zoners tienen apariencias similares? Eso podría explicar por qué atacaron al equipo Blanco y posteriormente al equipo Negro. En fin, varias preguntas me surgen.

    Pasaré ahora a algo que me encantó, y eso fue la aparición de Liz, que finalmente se incorporó al reboot. No solo apareció, sino que finalmente confirma al 100% que ella y Zellene son dos personas diferentes. Mi reacción cuando Keith la nombró de esa forma fue la siguiente:


    Y tal y como pensé, Evian no seguirá formando parte del equipo Negro y es Liz quien ocupa su lugar, aunque ocurrió de una forma diferente a la que había pensado. Otra cosa que predije y se cumplió fue que Keith controlaría sus poderes en la misión final (aunque tampoco ocurrió como yo creí). Parece que mis teorías se van cumpliendo a medias XD. Si te soy sincero, el momento me gustó, pero hubiera estado mejor si se hubiera mostrado algo más del odio que Keith sentía contra Zelig, ya que fue ese odio el que despertó sus poderes. En cierta forma, me recuerda a Vegeta en Dragon Ball XD.

    El combate estuvo muy bien, aunque me gustó más el del anterior capítulo, el cual fue más fácil de seguir. Pero este capítulo también ha estado bien. La muerte de Evian ha sido como casi cualquier muerte en ZZ, creo que le ha faltado un poco más de descripción (y tal vez algo de gore) a su muerte. Además de que Evian no estuvo un largo tiempo como para que me pueda sentir feliz/triste por su muerte. Pero aún así, creo que ha estado bien.

    Te marcaré los errores:

    Allí Manfred debió haber dicho "equipo Blanco".

    Esos errores fueron pequeños. También hay un par de errores con los puntos y comas, pero nada grave. Ahora me despido con una serie de preguntas que no me dejarán dormir.

    1. ¿Qué son los Zoners?
    2. ¿Por qué atacan planetas?
    3. ¿La criatura que llegó en ZH y tomó el control de Ilgen es un Zoner?
    4. ¿Rainhard sabe sobre la existencia de los seres del cristal y de Liz?
    5. ¿Por qué Liz es la última esperanza si el planeta del que proviene está destruido?
    6. ¿Eltzer sabía sobre la existencia de esas criaturas de cristal en el lugar?
    7. Si lo sabía, ¿por qué envió a los grupos a enfrentarse allí?
    8. Si no lo sabía, ¿por qué no investigó?
    9. ¿Los seres de cristal saldrán de su "nido" en algún momento?
    10. ¿Qué le dirá Keith a su tío respecto al equipo Blanco, Evian, Liz y las criaturas de cristal?
    11. ¿Cómo llegaron las criaturas de cristal a la Tierra?
    12. ¿Por qué las criaturas de cristal no atacaron a Liz?
    13. ¿Por qué llamaron "Zoner" a Keith?
    Y estas son mis teorías pendejas XD:

    1. Una raza extraterrestre que debe alimentarse de algún material contenido en algún planeta, y al finalizar, lo destruyen.
    2. Justamente por el motivo que puse en la pregunta 1 XD.
    3. Probablemente.
    4. Si supo sobre Zellene, me imagino que lo sabe. Probablemente no lo haya contado porque no confía del todo en Edmund, o porque necesita más información de los mismos.
    5. Probablemente ella pueda restaurar a su raza con sus genes o algo similar.
    6. Lo dudo. Sé que tiene buenas fuentes de información, pero no creo que pueda saber sobre esto.
    7. No lo sabía, y fue por eso que los envió.
    8. Probablemente no lo creyó necesario, pero parece raro en alguien como él.
    9. Tal vez, no lo sé. Tal vez sean exterminados antes de tener esa oportunidad.
    10. Eso no lo sé, y es lo que más intriga me da para el siguiente capítulo y lo que queda de esta parte.
    11. Pensé que había sido con el segundo meteorito que cayó en ZH. Aunque el segundo meteorito cayó en la isla de Rügen, y este capítulo tuvo lugar en Wittstock. Aunque nada impide que se hayan movilizado, después de todo, pasó tiempo XD.
    12. Probablemente sean de la misma raza y su objetivo era protegerla. Eso explicaría por qué no la mataron a ella y sí a ambos equipos. Además de por qué se veían enojados cuando los humanos se marchaban.
    13. Porque tiene los fragmentos metálicos en su cuerpo. Eso convertiría a Zellene, Zelig, Keith y cualquiera que se haya expuesto en Zoners. Probablemente porque los Zoners y los humanos compartan características físicas y sean los fragmentos metálicos los que convierten a humanos en Zoners.
    Como puedes ver, tengo varias preguntas que espero sean respondidas en el futuro. Por ahora eso es todo. Esperaré con mas ansias que nunca el capítulo 7. Saludos.
     
    Última edición: 21 Septiembre 2018
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    Sonia de Arnau

    Sonia de Arnau Let's go home Comentarista empedernido

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    Hola, por fin terminé de leer y, me gustó el capítulo. Debo decir que lo sentí muy denso en algunas partes, pero fue bueno.

    Yo pensé que durante estos años, el odio/ rivalidad entre Keith y Evian iba a menguar, pero veo que no xD sigue como siempre.

    Debo decir que desde el principio a Evian lo odie, aunque eso me dio risa, no pude evitarlo.
    Cuando se mencionó que el equipo Negro iba a luchar contra el Blanco, me imaginé una escena épica donde todo se desenvolvería con estrategia militar y estaba ansiosa de ello y aunque no fue así, me gustó el desenlace que tuvo el equipo Blanco. Me tomó por sorpresa.

    Respecto a Keith encontrándose con esa muchacha, me quedó más que claro que ella no es Zellene. En cierta forma eso me gusta, pero en otra, como que sí lo esperaba.

    Es que todavía me intriga dónde puede estar. Sobre la muerte de Evian, bueno, no fue muy buena y tuvo una muy deshonrosa. No cabe duda que ese personaje solo nació para eso, morir y demostrar el poder de esos humanoides.

    Debo añadir que me emocionó saber que Keith dio, por fin, rienda suelta a su poder. Esperaba ese momento con ansias.
     
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  18. Threadmarks: Capítulo 07: Aprobación.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

    Acuario
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    Título:
    ZERO ZONE: The Fallen December [Season 02]
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    Ciencia Ficción
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    Reydelaperdicion
    Me alegra que te gustara el capítulo, me sorprende mucho que te parezca el mejor capítulo hasta el momento, dado a que yo no lo considero así, es cierto que es uno de mis capítulos preferidos, pero no lo veo como él mejor de toda la historia hasta el momento. La aparición de Liz es una de las razones que convierte al capítulo en un mis favoritos, y me siento feliz al aclarar que Liz y Zellene son dos personas diferentes. Espero que este nuevo capítulo venga a ser de tu agrado. Te agradezco el apoyo, Rey.

    Kay Greenwish
    Qué bueno que te gustara el capítulo, la verdad es que la idea original de ese capítulo era que el equipo Blanco y Negro se enfrentaran, pero la idea cambió por completo cuando me di cuenta que necesitaba incorporar a Liz, así que por esa razón el resultado ha sido que el que se mostró. Aunque ambos equipos nunca se enfrentaron, te aseguro que llegará el momento en que se vean batallas donde la estrategia militar va a ser muy importante, pero todavía no es la hora para eso. Gracias por el apoyo Kay.

    Hola a todos, es momento de publicar el capítulo 07 de TFD, sé que debí publicar ayer, pero estuve muy ocupado realizando algunas cosas, pero hoy me he tomado un pequeño tiempo para poder traer este capítulo. Agradezco a todos los que han llegado hasta aquí, y sin nada más que decir, los dejo con la lectura.

    Capítulo 07: Aprobación.

    Helipuerto, Komplexe S.O, Neubiberg, München, Baviera, Alemania.

    Elster y el Suboficial Arman esperaban en el helipuerto del Complejo de Operaciones Especiales al equipo ganador. Elster no tenía idea cuál de los dos equipos había ganado el enfrentamiento, pero estaba seguro que quienes fueran los ganadores, serían los más indicados para trabajar bajo sus órdenes, no había duda de eso.

    El helicóptero donde viajaba Keith y su equipo aterrizó en el helipuerto, una vez se abrieron las puertas los miembros del Equipo Negro salieron. Elster se sorprendió al ver a Keith vivo, creyó que moriría con todo su equipo, pero se equivocó en gran manera. Sin duda, eso demostró su valía, lo cual le pareció muy bueno tratándose de su sobrino.

    El Suboficial Arman Bartram vio que faltaba un varón entre los integrantes del equipo, y le pareció muy sospechoso ver entre el equipo a la joven de cabellos negros y ojos rojos, por lo que no tardó mucho tiempo en preguntar al respecto.

    —Keith, ¿dónde está Evian? —Indagó el Suboficial al no ver al mencionado.

    —Murió. —respondió el líder a secas.

    —¿Y quién es ella? —Arman vio detenidamente a Liz, que estaba a la derecha de Keith.

    —Su nombre es Liz, formará parte de mi equipo desde este momento —respondió el líder al ver a la joven.

    —Así que Liz... —Arman vio detenidamente a la joven que estaba cubierta con la gabardina de Keith.

    Arman intentó acercarse a Liz para verla mejor, Keith logró ver que la mirada del Suboficial daba señales de perversión en estado puro. Bartram intentó tocarle su cabello, pero Keith se interpuso entre ambos y le sujetó el brazo con su mano derecha antes de que hiciera algo.

    —Le tocas aunque sea un cabello, y te juro que te cortaré ambas manos. —Le dijo Keith, seriamente, sus ojos cambiaron de azul a dorado en segundos.

    —Pedazo de engreído. —decía Arman, molesto.

    El Suboficial utilizó su mano libre para asestarle un puñetazo en la cara a Keith, pero el joven no hizo nada para evitarlo, el golpe dio de lleno en su rostro, al ver esto Arman se sorprendió en gran manera, su golpe ni siquiera movió un centímetro a Keith. Todos sus compañeros, incluyendo Elster se sorprendieron.

    Arman sintió un fuerte dolor en su mano tras golpear a Keith, su dolor aumentó a tal punto que llegó a creer que se había roto todos los huesos de la mano. No podía creer que el rosto de Keith fuera tan duro, parecía que estaba hecho de un metal muy fuerte. Keith respondió ahora, le asestó un derechazo bien centrado en el rostro al Suboficial.

    El golpe fue tal que lo mandó a volar, afortunadamente, cayó donde antes estaba Elster, quien se hizo a un lado en el momento oportuno. Cuando Arman cayó al suelo, logró escuchar como todos los huesos de su nariz se fracturaban tras el golpe de Keith, pronto terminó inconsciente.

    —Espero que no te moleste. —dijo Keith con gran sarcasmo.

    —No te preocupes —Le dijo Elster al ver a su sobrino—. Necesito que hablemos, Keith.

    —Muy bien —Asintió—. Maike, búscale ropa a Liz, por favor. —Le dijo al verla de reojo.

    —Entendido. —respondió la rubia.

    —Una vez guarden todo el equipo, quiero que se reúnan conmigo en el campo de batalla. —Ordenó.

    Todos los presentes en ese lugar entraron al complejo, llegados hasta cierto punto Manfred, Maike, Astrid y Liz se separaron de Keith. Elster y su sobrino caminaron por el complejo hasta llegar a la sala de interrogatorio, antes de entrar Elster le ordenó a dos soldados que recogieran Arman, que se encontraba en el helipuerto. Los soldados se marcharon a recogerlo para después llevarlo a la enfermería.

    Keith y su tío terminaron por entrar a la sala de interrogatorio, el joven de cabellera negra vio que solo había dos sillas y una mesa, por lo que decidió sentarse en una de las sillas a esperar lo que su tío tenía que decir.

    —¿Qué tienes que decirme? —Indagó Elster, sentándose en la única silla disponible.

    —¿Qué quieres decir? —Keith no entendía a qué se refería su tío.

    —Vamos, Keith, sabes muy bien de lo que hablo. ¿Quién es esa niña? ¿De dónde la has sacado?

    —¡Eso no te importa! —dijo Keith, molesto.

    —¡Claro que sí me importa! —Gritó con ira Elster—. Muere uno de tus compañeros, y justo ahora traes a una chica para incluirla en tu equipo, ¿no crees que es demasiada coincidencia?

    —¿¡Estás insinuando que yo maté a uno de mis compañeros, es eso!?

    —No me extrañaría, la verdad. Tú nunca te llevaste bien con Evian, Arman me informó la rivalidad que se traían ustedes desde hace años. —Afirmó el joven.

    —¿Y qué si lo hice? —Keith acercó su rostro al de su tío para confrontarlo—. Tú me diste al Equipo Negro, me diste el liderazgo mucho antes de formar parte de él. Ahora, yo soy el que decido quien vive y quien muere, ¿me oyes?

    —Me importa poco si eres el líder, ¿olvidaste que fui yo quien lo formó? Yo soy quien te eligió parte de él, y puedo eliminarte cuando yo quiera. —Amenazó.

    —Entonces, hazlo —Le respondió Keith, retándolo—, vamos, si es que tienes las agallas.

    Elster se levantó de la silla para sacar de su saco un revolver calibre 22, y con el arma en sus manos apuntó a Keith en la frente, dispuesto a jalar del gatillo. Keith solo veía a su tío directamente a los ojos, esperando a que Elster tuviera las agallas de dispararle, sin embargo, no fue así. Wetzel guardó su revolver en su saco al momento de respirar hondo en un intento por calmarse.

    —¿Quién lo diría? —Se preguntó Keith con sarcasmo—. El vice canciller no tiene las agallas suficientes para jalar del gatillo.

    —Escucha, Keith, sé que nuestra relación como familiares nunca fue la mejor, pero necesitamos trabajar juntos. —Elster se sentó en la silla nuevamente, decidió pasar por alto las palabras de Keith.

    —Estoy de acuerdo —Le dijo Keith, por primera vez estaba de acuerdo con su tío—. Nunca me has caído bien, así que hablemos solo lo que sea necesario.

    El ambiente en la sala de interrogación se calmó durante algunos segundos, Elster no quitaba su mirada de los ojos de Keith, y este hacía lo mismo, no se dejaría intimidar por su tío, tiempo atrás se dejó, pero ahora las cosas habían cambiado, ya no era el mismo.

    —Muy bien, empecemos desde el principio. ¿Qué ocurrió en la base de Wittstock?

    —Cuando llegamos al lugar, nos separamos en puntos estratégicos para encontrar al Equipo Blanco. Manfred fue quien me informó, treinta minutos después, que todos los miembros del equipo estaban muertos.

    —¿Muertos? ¿Quién los asesinó?

    —Unos extraños seres con forma humanoide, pero no eran humanos como nosotros, su cuerpo estaba conformado por fragmentos de cristal, al parecer de un cristal muy fuerte. Las balas no le causaban daño, sin importar que tan lejos o cerca se estuviera del objetivo.

    —¿Fragmentos de cristal? —Elster le pareció muy extraño lo que decía Keith—. ¿Estás seguro?

    —Sí, puedes preguntarle a Manfred, él te dirá lo mismo —Keith tomó un segundo para continuar—. Evian fue asesinado por uno de ellos.

    —¿A cuántos enfrentaron?

    —Solo uno, pero habían muchos más en ese lugar. Fuimos capaces de verlos antes de que el helicóptero llegara.

    A Elster le parecía muy extraño lo que vivió el equipo de Keith en ese lugar, no tenía idea que seres con forma humanoide rondaran por esa base, pero lo más intrigante era saber de dónde había salido esa chica llamada Liz. Keith era capaz de ver que su tío estaba muy sorprendido por lo que le decía, nunca antes lo vio así, ¿acaso desconocía la existencia de aquellos seres? Era muy extraño, Elster conocía muchas cosas que nadie más sabía, y ahora daba la impresión de estar totalmente desorientado.

    —¿Qué hay de la chica? ¿Quién es ella y de dónde la has sacado? —Elster creía que la joven podía ser la clave para entender lo ocurrido.

    —La encontré en unas instalaciones subterráneas dentro de la base, estuvo encerrada en una esfera muy extraña, desconozco cuánto tiempo estuvo ahí.

    —¿Estaba criogenizada? —Quería saberlo por curiosidad, después de todo, la criogenización era algo normal en esa época, no iría a investigar tecnología que ya conocían a la perfección.

    —No lo sé con certeza —respondió Keith, decidió tomarse un segundo de silencio para cambiar de tema—. Elster, tienes idea, ¿qué son los Zoners?

    —¿Zoners? ¿Dónde has escuchado eso? —A Elster le pareció muy extraño esa clase de nombre, nunca antes lo había escuchado.

    —Encontré un holograma que habló sobre ellos, pero la información que contenía estaba dañada a tal punto que solo dijo algunas cosas sin sentido. Además, la criatura con la que luché mencionó ese mismo nombre.

    —Entiendo. —Elster comprendió en dónde había escuchado Keith ese nombre—. Desconozco quienes sean, es la primera vez que escucho algo así.

    Keith analizó muy bien alguna micro expresión que pudiera delatar a Elster y que le demostrara que estaba mintiendo, pero a pesar de analizarlo detenidamente, parecía que su tío desconocía por completo quiénes eran los tales Zoners, por lo que era la primera vez que podía decir con toda seguridad que decía la verdad. Lo cual le pareció extraño a Keith, dado a que su tío conocía información que él nunca le reveló, era increíble que no conociera sobre la existencia de los Zoners.

    Al ver que Elster decía completamente la verdad, Keith entendió que no había caso seguir hablando de ese tema porque no llegarían a ningún lado, sin importar cuantas vueltas le dieran al asunto. Keith se levantó para irse de ese lugar al ver que Elster ya no tenía nada más que decir, antes de que el joven abriera la puerta de la sala, fue detenido por Elster al momento de decirle;

    —Escucha, Keith, si quieres incluir a esa chica en el equipo, te ordeno que antes le hagas una prueba, así sabrás que tan buena es luchando. —Ordenó Elster con tono autoritario.

    —Quiero dejarte en claro una cosa —Keith cambió su tono a uno muy serio—, a partir de hoy tendré la autoridad total sobre mi equipo. No necesito que me sigas dando órdenes, ¿está claro?

    —No te preocupes, Keith, no volveré hacerlo —Elster levantó ambas manos en señal de rendición—. Tienes razón, es tu equipo, puedes hacer lo que quieras con él.

    —Me alegra que lo entiendas —Keith abrió la puerta para irse, pero antes volvió a ver a Elster por el rabillo del ojo derecho—. Ah, otra cosa, te sugiero que cuides a Arman, porque la próxima vez que lo vea cerca de Liz, juro que lo mataré. —Keith dijo esas últimas palabras en un tomo muy frío y despiadado.

    —Está bien, se lo haré saber —Afirmó Elster, para después cambiar de tema—. Quiero informarte que tengo una misión muy importante para tu equipo, así que ve preparándote.

    —No hace falta que me lo digas, mi equipo está listo a toda hora.

    —Excelente. Te informaré cuando sea el momento.

    Keith se marchó de la sala, mientras que Elster se mantuvo unos minutos en la sala de interrogación, pensativo. Elster se tomó unos minutos para analizar su conversación con Keith, los descubrimientos del Equipo Negro eran impresionantes, no sabía con exactitud a qué raza pertenecían las criaturas de cristal contra las que lucharon sus hombres, pero el hecho de que el equipo de Keith sobreviviera, significaba que fue por algo más que suerte. Elster estaba seguro que la única razón por la cual los demás seres de cristal no atacaron al Equipo Negro, se debía a causa de esa extraña joven llamada Liz.

    Liz podría ser alguien importante para ellos y por esa razón fue que no se animaron a atacarlos, no había duda que la joven era una pieza importante en todo lo relacionado al virus Infinity y a su lugar de procedencia. Elster deseaba enviar equipos de investigación a la base de Wittstock para recabar más información sobre los seres de cristal y sobre la misma Liz, pero era consciente que la base era un lugar muy peligroso, ya que sus hombres podrían terminar como los miembros del equipo Blanco, así que prefirió mejor no hacer nada al respecto. Por ahora, dejaría de lado todo lo que tuviera que ver con Liz, y se centraría en sus objetivos.

    Keith se dirigía hacia el campo de batalla, el joven de cabellera negra decidió dejar de lado todas las preguntas que aun rondaban en su mente acerca de Liz, para así poder concentrarse en lo que verdaderamente importaba en ese momento. El líder quería incorporar a Liz a su equipo, ahora que Evian ya no estaba, Liz era la persona ideal para remplazarlo, pero no podría hacerlo sin antes probar hasta dónde llegaban sus capacidades en batalla. Keith estaba seguro que Liz debía tener algunos conocimientos de lucha, ya que al parecer, fue creada como una especie de arma, así que era lógico pensar que sabía defenderse, por lo que la única forma de saberlo era iniciando una batalla de entrenamiento contra ella.

    El líder del Equipo Negro llegó al campo de batalla, allí logró ver a todo su equipo de pie, esperándolo. El joven vio a Liz con el uniforme negro del equipo, y le pareció muy atractiva, ya que su cabello negro completamente suelto combinaba a la perfección con el uniforme, y sus ojos rojos color carmesí le daban un aspecto muy seria, a pesar de su apariencia frágil.

    Todos los jóvenes al ver a Keith hicieron su saludo militar, Liz al ver esto los imitó, no sabía por qué lo hacían, pero quiso hacerlo. Keith le hizo un ademán a su equipo para que dejaran de lado el saludo.

    —Me alegra que estén todos aquí, quiero informarles que a partir de hoy, Liz formará parte de nuestro equipo. —dijo el líder viendo a cada uno de sus compañeros de equipo.

    —¿Tomará el lugar de Evian? —Indagó Manfred al verla.

    —Así es —Asintió—. Antes de que Liz sea oficialmente parte del equipo, quiero someterla a un combate de entrenamiento. —Informó el líder.

    —¿Qué? ¿Estás seguro? —Astrid no creía lo que escuchaba.

    —Creo que eso es demasiado, jefe. —dijo Maike, ligeramente triste por Liz, sabía que no tenía oportunidad de ganarle a su líder.

    —¿Qué opinas, Liz? —Keith vio a la joven directo a los ojos, quería saber su opinión.

    —Está bien, supongo que puedo intentarlo. —Liz asintió ante la idea, no estaba segura si ganaría, pero quería ver si podía ganar.

    —Eso me gusta, Liz. — Sonrió el líder, alegre de que aceptara.

    Ambos jóvenes caminaron hasta el centro del campo de batalla, mientras que sus otros compañeros se sentaron en una banquilla a un lado. Maike se sentía mal por Liz, sabía que no tendría oportunidad alguna contra su líder. Astrid pensaba que era una idea muy tonta lo que hacía Keith, la pobre chica no podría siquiera defenderse. El único que no pensaba cosas negativas hacia Liz era Manfred, quien estaba muy atento al inicio de la batalla.

    —Muy bien, Liz. Las reglas de esta batalla son muy sencillas —decía Keith—; quien deje desarmado al oponente ganará, ¿te parece?

    —Sí. —Asintió la joven.

    —¿Desarmado? Pero, no tienen ningún arma, ¿cómo aplicaran las reglas? —cuestionaba Maike, desde la banquilla, no comprendía las reglas que estableció su líder para el combate.

    —Solo observa en silencio, Maike, cuando lo veas te impresionarás. —Le dijo Manfred, sin quitar su mirada de los dos jóvenes.

    —Entonces, iniciemos. —Keith sonrió levemente.

    Keith estiró su brazo izquierdo y al hacerlo dos rayos metálicos recorrieron su brazo desde el hombro hasta reunirse en la palma de su mano, donde se unieron para crear la misma espada negra que utilizó en la batalla anterior. Liz estiró también su brazo derecho y al hacerlo abrió su mano completamente, donde materializó diversos fragmentos de cristal que se unieron entre sí para crear una espada de metro y medio de color blanco opaco.

    El joven de cabellos negro se impresionó al ver la similitud de ambos poderes, la diferencia radicaba en que uno se conformaba por metales y otro en cristales. ¿Existía otra diferencia en la fuerza que les proporcionaba? La respuesta a esa pregunta la tendría en breve.

    Ambos jóvenes hicieron girar sus espadas alrededor de sus cuerpos con una sola mano, después se inclinaron levemente hacia adelante y corrieron el uno contra el otro a gran velocidad. Liz inició el combate con un ataque de espada vertical de arriba hacia abajo, Keith interpuso la espada en horizontal para bloquear el ataque de la joven, al hacerlo, el joven movió su espada hacia su izquierda con bastante fuerza para obligar a Liz a separar su arma hacia la derecha, de modo que una vez lo hizo, Keith aprovechó el momento para asestarle un puntapié a Liz en la zona inferior del abdomen.

    Liz retrocedió tres pasos adolorida por el golpe, pero rápidamente logró recuperarse, una vez lo hizo volvió a atacar a Keith con su espada, pero esta vez con un movimiento horizontal de derecha a izquierda, Keith lo vio venir así que sin problemas interpuso su espada en posición vertical para bloquear el ataque. El choque de ambas espadas fue bastante fuerte, de modo que expulsó una pequeña onda sónica que fue sentida por los espectadores.

    Durante el choque de espadas, Liz despareció de repente de la vista de Keith y apareció detrás de él para atacarlo con su espada con un movimiento horizontal, pero Keith bloqueó el ataque con su espada interponiéndola en posición vertical entre su espalda y el arma de Liz. Keith, entonces, dio un gran salto hacia atrás, cayendo de pie a espaldas de Liz, rápidamente le asestó un espadazo vertical de arriba hacia abajo, pero la joven lo bloqueó con su arma al momento de girar su cuerpo en el segundo preciso.

    Liz dio un pequeño salto hacia atrás para alejarse un poco de Keith, cuando lo hizo empezó a lanzarle espadazos en diversas direcciones, algunos hacia los costados, abajo y arriba, pero sin importar la dirección, Keith era capaz de bloquearlos todos sin problema. El joven aprovechó un segundo donde Liz se descuidó para lanzarle un golpe con el pie derecho en la zona del abdomen. El golpe no fue muy fuerte, pero fue lo suficientemente certero para que Liz cayera acostada en el suelo, Keith aprovechó eso para atacar a Liz con un espadazo vertical de arriba hacia abajo, sin embargo, la joven interpuso su espada en horizontal para bloquear el ataque de su enemigo.

    A pesar que Keith estaba de pie y tenía más fuerza, Liz no se dejaba vencer al estar totalmente en el suelo. Ninguno cedía en el choque de espadas, pero con astucia Liz fue capaz de mover su espada hacia su derecha a pesar de la fuerza que ejercía Keith. Wetzel no fue capaz de resistir la fuerza de Liz, esto causó que ambos perdieran sus espadas, las cuales salieron volando a la izquierda desde el punto de vista de Keith. Al perder ambos sus armas, Liz le golpeó el abdomen a Keith con ambos pies, esto hizo que Wetzel perdiera un poco de aire y retrocediera varios pasos. Liz se levantó del suelo con un salto, y cuando lo hizo se preparó para iniciar el ataque cuerpo a cuerpo. Liz se acercó a Keith para asestarle un nuevo golpe en el estómago con el puño derecho, pero Wetzel fue capaz de contrarrestarlo sin problema al recibirlo con su mano izquierda, teniéndola sujeta, Keith obligó a Liz a acercarse a él y en el momento oportuno le propinó un fuerte cabezazo.

    Liz quedó aturdida, así que por el golpe se vio en la obligación de retroceder varios pasos hasta quedar a una distancia de dos metros. Keith en ese momento estiró su brazo derecho para lanzarle diversos rayos de energía eléctrica a Liz, los cuales salieron de las puntas de sus dedos. Los rayos se acercaban a gran velocidad hacia Liz, pero la joven fue inteligente, recibió los rayos con una de sus manos y los manipuló para crear una bola de energía eléctrica con ellos, después la impactó contra el suelo, causando que todos los rayos se esparcieran por el campo. Keith dio un gran salto para esquivar los rayos y no terminar electrocutado por su propio ataque.

    Sin embargo, el joven no contaba con el siguiente movimiento que haría Liz, tras desaparecer todos los rayos eléctricos del campo, emergieron de forma violenta varios pilares de cristal por todas partes, los pilares de cristal a diferencia de los metálicos, estos eran completamente lisos y daban la impresión de ser muy preciosos. Uno de los pilares al emerger del suelo, impactó a Keith en la zona del antebrazo derecho, causándole una herida. Keith cayó de pie en el suelo y por un momento apreció la herida en su brazo, no era muy grande y tampoco muy profunda, pero podía ver que su cuerpo duraba bastante en sanar.

    Lo cual le pareció muy extraño, sobre todo porque su cuerpo se regeneraba casi al instante al sufrir daños. Aquello le hizo recordar las palabras dichas por aquel holograma «Nuestro planeta fue consumido por los Zoners, en ella reside nuestra única esperanza», recordar esas palabras le hizo entender a Keith que él era un Zoner, y a causa de ello, los poderes de Liz le causaban serios daños a su cuerpo. Por lo que no fue difícil para él deducir que Liz había sido creada con la única misión de erradicar a los Zoners, por esa razón sus poderes le causaban daños a su cuerpo, de alguna forma estaban diseñados para que afectara en la regeneración de las células.

    Keith al caer en la razón, se preocupó por sí mismo, pero al mismo tiempo se sentía tranquilo al saber que Liz estaba de su lado, el haberla encontrado en la base de Wittstock fue, sin duda, un gran golpe de suerte para él. Ya que en lugar de convertirse en su enemiga, la tenía como aliada, y estaba claro que con sus poderes podía ser capaz de enfrentarse contra otros Zoners como él sin ningún problema.

    El joven de cabellera negra dejó de lado la impresión para disponerse a atacar a Liz, Keith corrió a gran velocidad hacia Liz y cuando estuvo cerca de ella le dirigió un codazo directo a la zona del corazón, el ataque dio de lleno por lo que la joven se vio obligada a retroceder tres pasos. Keith aprovechó la oportunidad y se acercó a Liz para dirigirle un nuevo derechazo dirigido al rostro, pero Liz fue capaz de verlo venir así que inclinó la cabeza levemente hacia la derecha para esquivar el ataque.

    Liz, entonces, se apoyó en su pierna izquierda para asestarle una patada con su pie derecho en la zona izquierda del rostro a Keith. El joven no lo vio venir, así que el golpe lo terminó dejando muy aturdido. Liz rápidamente se agachó para atacar a Keith a los pies con una patada de izquierda a derecha y así hacerlo caer, pero Keith vio sus intenciones a tiempo, de modo que dio un pequeño salto para esquivar el ataque de Liz. Keith al poner ambos pies en el suelo dio un salto hacia atrás para alejarse de Liz unos pocos metros, al mismo tiempo que la joven de ojos carmesí hizo lo mismo. Pronto, Keith le envió un derechazo a Liz directo al rostro, pero la joven recibió el ataque de Keith con su mano izquierda y aprisionó su puño para no dejarlo escapar, después respondió también con un derechazo, el cual Keith también recibió con su mano izquierda.

    Ambos jóvenes se enfrascaron en un duelo de fuerza, pero Liz al saber que Keith tenía mucha más fuerza que ella por ser un hombre, decidió aprovechar la oportunidad que tenía para atacar al joven en el abdomen con su rodilla izquierda. Keith no logró ver las intenciones de Liz, por lo que el golpe lo tomó de improviso al momento en que le sacaba todo el aire, obligándolo a inclinarse hacia adelante por el fuerte golpe. Liz rápidamente le asestó un nuevo rodillazo a Keith, esta vez en la zona del pecho, el golpe lo hizo levantarse unos pocos metros, justo en ese momento, Liz se apoyó en su pierna derecha para atacar a Keith con su pierna izquierda. El golpe le dio de lleno en costado derecho a Keith, la fuerza fue tal que lo mandó volar y por si fuera poco, en su trayecto se estrelló contra tres pilares de cristal, los cuales volaron pedazos por todas partes del campo. Keith estaba a punto de salir del campo de batalla, pero el joven fue astuto al girar sobre su eje hacia atrás, para caer de pie en el campo, a pocos metros antes de salir del área reglamentaria.

    Keith no duró mucho en recuperarse del golpe y una vez lo hizo se reincorporó por completo, después su rostro serio cambió a una sonrisa, la cual le indicó a Liz que se detuviera, ya que la batalla había terminado. El combate de ambos terminó en un empate, dado a que ambos perdieron las espadas al mismo tiempo, así que en base a las reglas, ninguno resultó ser el ganador. Keith lo supo desde que él y Liz perdieron las armas, pero la verdad es que no le importó continuar con la batalla un rato más, después de todo, quería combatir con ella por más tiempo, así que el tiempo que invirtió adicional no fue para nada en vano.

    Manfred, Maike y Astrid estaban muy sorprendidos de haber visto la batalla entre ambos contendientes. Quizás, la batalla no fue muy enserio entre ambos jóvenes, pero no era necesario que lo fuera para ser impresionante. Las chicas le dijeron a Liz lo valiente que fue al enfrentar de esa manera a Keith, mientras que el líder no evitó sonreír al sentirse feliz de ver que la joven era capaz de defenderse por sí sola, no mostró muchas habilidades de sus poderes, pero eso se encontraba en segundo plano. Lo que le importaba fue que demostrara ser un miembro digno del equipo, y lo demostró con creces.

    —Felicidades, Liz, eres un miembro oficial del equipo. —Le dijo Keith, felicitándola.

    —G-Gracias, Keith —La joven le sonrió, estaba feliz de formar parte de ese equipo—. ¿Cómo está tu brazo? —Liz se preocupó al ver la herida en el brazo de Keith.

    —¿Eh? —Keith vio su herida sin preocupación—. No te preocupes, en algún momento sanará. —Sonrió.

    Todos los jóvenes sonrieron entre sí, Liz se sentía feliz de haber luchado contra Keith, aunque no ganó la batalla, el resultado fue muy satisfactorio para ella, demostró que estaba a la altura de cualquier miembro del equipo. Ahora era oficialmente un miembro más del equipo, y aunque la joven desconocía por completo a qué se dedicaba exactamente, estaba dispuesta a seguir a Keith donde él fuera.

    Altstadt-Lehel, München, Baviera, Alemania.

    El Diciembre Caído había causado estragos en la mentalidad de Zelig, pero gracias al apoyo que recibió de parte de Ángela durante los últimos años, el joven logró superar aquel momento tan fatídico de su niñez, poco a poco fue enterrando los recuerdos más importantes de aquel momento en la profundidad de su mente.

    En ese entonces, el joven de cabellos rubios ya se encontraba en la escuela a la edad de once años. Zelig estaba en la sala de la casa haciendo su tarea de la escuela, no le gustaba tener que hacerla, porque le quitaban valioso tiempo que podía utilizar en otras cosas, como por ejemplo; aprender cosas del universo, o leer informes de nuevos hallazgos científicos que fueran interesantes. Le gustaba mucho el tema de la ciencia, pero no lo suficiente como para convertirse en científico igual que su padre.

    Aun no tenía ni la más remota idea de la carrera que estudiaría cuando llegara al Nivel Terciario, después se preocuparía de eso cuando llegara el momento, mientras tanto debía preocuparse de sus quehaceres escolares. Ángela preparaba un pequeño postre, como tenía por costumbre hacerlo, esa mujer se había convertido en una madre para Zelig, verla a ella era como ver a su madre biológica, que ya llevaba cumplidos cinco años de haber muerto en aquel evento.

    Ángela ayudaba muy pocas veces a Zelig con sus obligaciones escolares, ya que el joven solía realizar las prácticas que le dejaban totalmente solo, Ángela lo único que hacía, era darle el visto bueno antes de que guardara todos sus útiles.

    —¡Por fin terminé! —Zelig se levantó y estiró ambos brazos hacia arriba para estirarse. Su voz demostraba placer al terminar la tarea tan complicada que le dejaron.

    El joven se acercó a la cocina, donde estaba Ángela preparando un pequeño postre con crema de chocolate, Zelig metió uno de sus dedos al momento que Ángela le daba un golpe en su mano derecha con una cuchara de metal.

    —¡Auch! —Exclamó el joven adolorido—. ¿Por qué haces eso, Ángela? —Miró a Ángela a los ojos.

    —Sabes que no me gusta verte meter las manos cuando estoy cocinando. —Le reprochó la rubia.

    —Vamos, no estás cocinando —Miró a la rubia con ojos de pocos amigos—. Lo único que estás haciendo es cubrirlo con dulce de leche, es muy diferente.

    —Claro que no, es lo mismo. —Replicó Ángela, molesta.

    —No, son dos cosas muy diferentes, busca el significado de cocinar y el de decorar, verás la diferencia.

    Ángela tomó su teléfono para buscar el significado de ambas palabras, al encontrarla se sorprendió que no eran lo mismo, vio a Zelig que le sonreía ampliamente al saber que tuvo razón.

    —¿Ves? Te lo dije. —Le reprochó el joven, feliz.

    —B-Bueno, pero eso no te da el derecho de meter las manos cuando estoy haciendo algo.

    —No seas mala, Ángela, solo regálame un poquito de chocolate. ¿Te estoy pidiendo mucho?

    —No me gusta que estés aquí cuando estoy cocinando.

    —Decorando —Le corrigió él—. Dame un poco de chocolate, y te juro que no me verás hasta que el pastel esté listo.

    —¿Lo prometes? —Arqueó una ceja, dispuesta a darle chocolate si se marchaba, aunque dudaba de su palabra porque otras veces hizo lo mismo y siempre seguía molestándola.

    —Prometido. —Afirmó él.

    Ángela le dio a Zelig una cucharada llena de chocolate, cuando la recibió le dio un beso en la mejilla a la joven en señal de agradecimiento. Después recogió todos sus útiles para irse directo a su habitación, mientras lamía poco a poco el chocolate. Ángela sonrió al verlo, parecía un niño de siete años.

    Todo ese tiempo que había estado viviendo con él, hizo que creciera una bella amistad entre los dos, Ángela tenía a su hija Evelyn a la cual amaba con toda su alma, pero a Zelig también lo llegó a amar con el pasar de los años. Lo quería como su hijo y se sentía feliz de ver, que su recuperación marchaba perfectamente, estaba segura que cuando fuera un adulto, sería una gran persona de bien.

    Datos Curiosos:
    Después del jardín de infancia, los niños ingresan a los 6 años de edad al Nivel Primario, donde permanecen por 4 años. A partir de los 10 años son dirigidos al Nivel Secundario y los separan en tres tipos de colegio, según el nivel académico que haya demostrado el estudiante. Hay ciertos colegios que integran los tres tipos.

    Gymnasium: Instituto que permite asistir a la Universidad.

    Realschule: Escuela media que permite ciertos aprendizajes.

    Hauptschule: Escuela media cuya finalización permite aprendizajes artesanales.

    En el Nivel Dos o Secundaria II, los niños tienen alrededor de 15 años de edad y pueden elegir entre el bachillerato (Gymnasium) o bien el bachillerato especializado (Gesamtschule), donde permanecen por 3 años.

    Deben finalizar el bachillerato para acceder al Nivel Terciario, donde se les ofrece el nivel de Universidades e Institutos Superiores Especializados, así como Escuelas Superiores. A partir de ese momento los años de estudio dependen de la institución, titulación y sobretodo del estudiante.

    Zelig tiene en este momento 11 años, de modo que se encuentra en el Nivel Dos o Secundaria II.
     
    Última edición: 5 Octubre 2018
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  19.  
    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola. Paso a comentar el capítulo. Debo decir que, el capítulo, pese a ser más largo que los demás, se me hizo bastante corto. Eso debe ser debido a que lo disfruté mucho.

    Vemos que Eltzer no tiene ni idea de lo que son los Zoners ni tampoco las criaturas de cristal que han aparecido en el campo de batalla. Si no me equivoco, esta debe ser la primera vez que no tiene conocimiento de lo que ocurre al rededor de su entorno. Para ser sincero, yo también estuve como Keith, creyendo que estaba mintiendo, pero aparentemente no es así. Me pregunto que clase de planes tendrá para afrontar una situación de la cual no sabe nada.

    Por otra parte, queda en claro que Liz está casi al nivel de Keith en la lucha. Keith ciertamente no fue con todo su potencial, pero estoy seguro que Liz tampoco. En cierta forma, ella será una incorporación para el equipo mucho mayor de lo que podría ser Evian, que ni siquiera logró dar un simple golpe a Keith. Creo que Evian es un personaje del cual tenía grandes expectativas pero al final terminó quedándose en nada. Aunque creo que eso se podía ver venir sabiendo que el ni aparecía en TFD.

    Vemos a Zelig superando su trauma y llegando a apreciar a Angela todavía más. Ciertamente, debo decir que Evelyn me da lástima. Zelig perdió a su madre y su padre se ausenta, pero él tiene a alguien. Evelyn, por su parte, está sola. Lo que me sorprende es que Angela realmente la deje sola, y que no contrate a una niñera, para ella. Estoy segura de que ella debería saber que a los niños les afecta estar tanto tiempo sin la compañía de sus padres. Y teniendo en cuenta que está trabajando para el científico número 1 del país, dudo que no tenga dinero para pagarle a alguien que la cuide. Realmente me gustaría saber un poco más sobre eso. Además, ¿Zelig no está lo suficientemente bien como para que Ángela pueda dedicarle algo más de tiempo a su hija? En el principio, Zelig estaba muy afectado, y Ángela debía estar con él 24-7. Ahora yo lo veo mucho mejor. No soy psicólogo ni nada, pero Zelig ya parece estar en mejores condiciones.

    La próxima semana no podré leer el capítulo si lo publicas el día viernes, pero calculo que el sábado sí lo podré leer. Si no me equivoco, quedan 3 capítulos. Imagino que Zellene no aparecerá. Rainhard podría aparecer en el capítulo 10, dado a que no creo que aparezca en los siguientes. Y bueno, estoy intrigado por ver que clase de destino le espera a Ángela, teniendo en cuenta que ella ha muerto en Extinction.

    Te marcaré estos errores pequeños que encontré:

    Estoy ansioso por leer el que sigue. Saludos.
     
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  20.  
    Sonia de Arnau

    Sonia de Arnau Let's go home Comentarista empedernido

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    Hola, Zurel, vengo a comentar.

    La confrontación entre Liz y Keith estuvo muy bien, me pareció algo densa en algunas partes pero interesante. Eso sí, me quedo con la anterior, me pareció mucho mejor.

    La verdad yo nunca sospeché que el tío de Keith supiera algo al respecto, no es como que el hombre tenga que saberlo todo. Es más, el no saberlo todo muestra que sigue siendo humano xD Sobre Zelig, bueno, su aparición fue muy breve pero nos explicó que está muy bien. Eso es bueno. Aun así, hay una cosa que me “molesta” de la actitud de Ángela. Más que intentar ayudar al pequeño rubio, me parece que lo está “chiqueando” o “acostumbrandolo a ella” como sí quisiera aparentar ser la madre de él cuando no lo es. Más que actuar como una psicóloga, me parece que intenta actuar como una madre; interfiriendo su profesionalismo con algo sentimental. Debe existir un espacio entre medico y paciente para evitar exactamente lazos cercanos. Y eso me choca de ese personaje pues se habla que es la mejor psicóloga y está asiendo las cosas muy mal.

    No veo a Ángela como alguien profesional.

    Bueno, eso sería todo de mi parte, lo sé, fue un comentario muy corto pero no supe que más agregar ya que a pesar de ser un capítulo largo, solo me mostraron tres puntos importantes; la conversación entre Elster y Keith un resumen de lo que se vio anteriormente, el versus de Liz y el líder del grupo Negro y, por último como sigue Zelig.

    Pero me gustaría agregar algo:
    La descripción aquí de “joven” desde la perspectiva de Zelig es mala, ya que como Ángela sea joven, no lo es para Zelig, pues sigue siendo mayor. Así que, quedaría mucho mejor si se cambia por “miró a Ángela a los ojos” o “miró a la mayor a los ojos”.

    Nos estamos leyendo.
     
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