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Historia larga ZERO ZONE: Genesis [S.O.E]

Tema en 'Novelas' iniciado por Zurel, 16 Febrero 2020.

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  1. Threadmarks: Capítulo 11: Sadismo.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

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    Título:
    ZERO ZONE: Genesis [S.O.E]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    16
     
    Palabras:
    4128
    Hoy es sábado y como siempre, nuevo capítulo. Agradezco a Reydelaperdicion por sus comentarios y apoyo a esta historia en cada uno de los capítulos. No tengo mucho que decir, así que los dejo con la lectura.

    Capítulo 11: Sadismo.

    19:30 – 7:30 P.M.


    —Como portadores del virus Zero, es probable que dentro de poco sus poderes se manifiesten, y cuando lo hagan deben tener cuidado de cómo los usen.
    —¿Y qué tienes que decirnos? ¿Qué el virus es peligroso? ¿Sólo eso? —Pregunta Hiltz sin tomarle mucha importancia a lo que dice su padre.
    —El virus es más que peligroso. Su poder es capaz de extinguir toda vida en este planeta. Y el poder que le otorga a quienes lo portan puede no tener límites, por esta razón les pido que nunca cedan a las provocaciones de los humanos, especialmente de los niños.
    —Hay algo que me da curiosidad, papá. Si nosotros cuatro tenemos el virus, ¿significa que no somos humanos? —Desea saber la pequeña rubia.
    —Seguimos siendo humanos a pesar de que poseamos el virus. Nosotros somos lo que se llama «híbrido»; que es el cruce de dos organismos de especies diferentes.
    —Entiendo. —Luzia comprende a la perfección la explicación de su padre. Gracias a esto se da cuenta que su hermano Hiltz está equivocado con su creencia.
    —Todo lo que les he dicho, deben mantenerlo en secreto y procurar que ningún humano descubra sus habilidades. Los humanos no saben de nuestra existencia y eso debe permanecer así, por su bien y el de nosotros.
    —Está bien, papá. No te preocupes, nadie va a saber sobre el virus ni tampoco de nuestros poderes. —Dice Wenzel hablando por él y por su hermana.
    —Gracias, chicos. No saben la tranquilidad que siento al escucharlos.

    Laurenz y sus pequeños continúan cenando con total tranquilidad. Al cabo de algunos minutos, Hiltz y Wenzel se sientan en el sofá a ver un documental del espacio mientras Luzia y su padre lavan las vasijas. Quince minutos después, el documental que transmiten por televisión termina, y de inmediato empiezan a transmitir un nuevo documental titulado «Cometa Ahren; El fragmento de hielo más imponente del universo». Al ver que se trata de un nuevo documental y mucho más interesante que el anterior, Hiltz decide ver el programa con mucho detenimiento.

    Al transcurso de algunos minutos, las imágenes, explicaciónes científicas y demás sobre el cometa Ahren llaman por completo la atención de Hiltz. Su atención aumenta todavía más cuando el astrónomo Ahren Böhm habla detalladamente sobre el cometa que lleva su mismo nombre.

    —El cometa Ahren se encuentra compuesto en su mayoría por hielo y roca, posee un núcleo de metal de 86,5 kilómetros, el cuál, sigue intacto ya que las capas superiores recubren por completo la zona metálica —Explica Böhm durante una toma que le realizan a su persona—. Cuando descubrimos a Ahren, este estaba acercándose al cinturón de Kepler, pero al tener en cuenta su tamaño nos dimos cuenta que provenía más allá de la nube de Oort. Esto se debe porque la longitud original de Ahren era de 868, 5 kilómetros, y prácticamente no existia y no existe un objeto tan grande en nuestro sistema solar —Böhm recibe una nueva toma—. Nuestros datos indican que el cometa Ahren está perdiendo masa conforme se acerca al Sol. Se espera que impacte en el año 2182 con el tamaño equivalente a un automóvil mediano y a una velocidad de trescientos kilómetros por hora.

    El documental del cometa Ahren continúa, pero lo que ha dicho su descubridor es más que suficiente para Hiltz así que decide apagar la pantalla sin más. Al pequeño de cabellos carmesíes le parece muy interesante el cometa que se está acercando en estos mismos instantes a la Tierra. Es muy extraño incluso para él que algo como eso abarque toda su atención, en especial porque no es un amante de los cuerpos celestes y demás cosas que tienen que ver con el universo.

    21:00 – 9:00 P.M.

    Los pequeños se disponen a marcharse a sus respectivas habitaciones a descansar, pero antes de que se marchen. Laurenz decide hacer algo importante a sus pequeños. Aleshire saca de un sobre sellado y estilizado tres jeringas con un pequeño recipiente cilíndrico. Y una vez lo hace llama a sus pequeños uno por uno para sacarles una pequeña muestra de sangre.

    Hiltz, Wenzel y Luzia no saben por qué su padre necesita una muestra de su sangre. A pesar de la curiosidad que tienen por saber las razones de Laurenz, ninguno de los tres se anima a preguntar. Al cabo de algunos minutos, Laurenz termina de obtener las muestras de sangre que necesita, de modo que envía a sus pequeños directo a la cama.

    Una vez sus pequeños se marchan a sus habitaciones repectivas. Laurenz apaga todas las luces del hogar y en lugar de marcharse a descansar, opta por entrar al sótano. Aleshire baja con cuidado las escaleras y una vez llega al final, enciende la luz para iluminar todo el lugar. Después enciende su computadora y espera sólo algunos segundos para que todos los sistemas entren en línea con Maya.

    Actualmente, Laurenz ha conectado a Maya todos los sistemas del hogar. Ella controla la lista de canales del servicio de cable, la temperatura del agua, el gasto de corriente eléctrica, e incluso la velocidad del internet. Todos y cada uno de los aparatos electrónicos de la casa pueden ser manipulados por Maya sin intervención humana.

    —Maya, ¿estás ahí? —Pregunta Laurenz, aveces Maya se ausenta cuando no la necesitan para una tarea en particular.
    —Estoy aquí, doctor. ¿Puedo ayudarlo? —Responde, servicial.
    —Maya, necesito que realices un escaneo de células humanas y células virales en las siguiente muestras, por favor.

    Laurenz ingresa los tres pequeños recipientes cilíndricos con las muestras de sangre de sus hijos en una misma máquina, que se encuentra conectada a la computadora. Al recibir las muestras, Maya empieza a realizar un escaneo de células simultáneo al mismo tiempo que compara una con otra. Después de cinco minutos, Maya le muestra los resultados a Laurenz por medio de un gráfico.

    —Doctor. La muestra de sangre que pertenece a Luzia, posee un balance de cincuenta y cincuenta de células virales y humanas.
    —Entiendo. ¿Cuáles son los resultados de las demás muestras?
    —La muestra de sangre que pertenece a Wenzel, posee un nivel de ochenta y cinco por ciento de células virales y un quince por ciento de células humanas. La última muestra que pertenece a Hiltz, posee un noventa y cinco por ciento de células virales y sólo un cinco por ciento de células humanas.
    —¿Estás segura que los resultados son correctos? —A Laurenz le parece extraño los resultados de la sangre de Hiltz.
    —No hay ningún error en los resultados, doctor.

    La respuesta de Maya deja a Laurenz muy preocupado. Aleshire es consciente que el virus Zero debió mutar con el nacimiento de sus pequeños, pero nunca del modo en que lo ha hecho. Un nivel tan grande de células virales como es el caso de su hijo Hiltz, puede llevar a que el pequeño sufra diversos trastornos de conducta.

    Un nivel de células balanceado como el que tiene Luzia, no representa ningún problema para sí misma ni para quienes la rodean. Estos cambios que sufren los pequeños no tiene mucho peso en un adulto como Laurenz, pero en un niño como Hiltz es un problema grave, ya que estos cambios son los que «moldean» su conducta.

    El problema más grande es que no hay una cura, porque tales cambios genéticos no forman parte de una enfermedad, sino de algo que tiene raíz en su propio ADN. Al ver los resultados, Laurenz cae en cuenta del por qué la conducta de su hijo Hiltz difiere tanto de la de Wenzel y Luzia; todo se debe a sus cambios genéticos.

    Laurenz tiene en claro una cosa; debe observar a su hijo Hiltz para que su conducta no le cause problemas a sí mismo ni a quienes lo rodean, o de lo contrario, se convertirá en un pequeño muy peligroso para todos.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    Marzo 23 del Año 2169.
    06:00 – 6:00 A.M.


    A la mañana siguiente, Félix y su hermano mayor Adler Eigner, caminan en dirección a la casa de Laurenz para verificar que todo ande bien. Laurenz siempre suele estar trabajando en la granja desde las cinco de la mañana y el hecho de no encontrarlo ese día les preocupa a ambos varones. Los dos hermanos tienen en cuenta que el pasado que camina Laurenz no ha sido fácil, su suegro murió poco después de haber llegado a la granja, y al término de un año su mujer también lo hizo tras dar a luz a sus tres hijos. Eso y muchas otras cosas más han causado que Laurenz deseé la muerte, y para nadie es un secreto, mucho menos para Adler. El simple hecho de que Laurenz se ausente es más que suficiente para preocuparse por él.

    Félix camina a un lado de su hermano Adler en total silencio. Han pasado seis largos años desde que Félix descubrió las investigaciones de Laurenz sobre el virus Zero. El acuerdo con sus contactos todavía sigue en pie después de tantos años, pero Félix es consciente que se le está acabando el tiempo. Desde que nacieron Hiltz, Wenzel y Luzia, Félix no ha logrado obtener la muestra de sangre que necesita para lograr sus objetivos. Lo que significa que hasta no obtenerla, no tiene oportunidad para seguir adelante con sus planes. Félix sabe que necesita esa muestra de sangre urgentemente y debe obtenerla sin importar quien se interponga en su camino.

    —Adler, espera aquí. Yo buscaré a Laurenz. —Dice Félix al llegar a la entrada de la casa de Laurenz.
    —Está bien, avisa si ocurre algo extraño.

    Félix entra a la casa de Laurenz, aprovechando que su hermano se encuentra fuera, Félix decide echar un pequeño vistazo a la casa de Laurenz. Sabe que Aleshire fue en su momento un científico, y como tal, es probable que Laurenz le haya hecho algún análisis de sangre a sus hijos para estudiar el progreso del virus Zero en sus pequeños, y esto debe haberlo hecho en casa sin ningún problema. Conforme revisa, Félix decide llamar a Laurenz para evitar que lo tomen como un ladrón.

    —¡Laurenz! ¿Estás aquí? ¿Está todo bien?

    Félix se acerca a la cocina y abre el refrigerador en busca de una cerveza. Al abrir el refrigerador, Félix toma una de siete cervezas que tiene Laurenz, pero al tomarla logra ver algo que llama por completo su atención. Félix logra ver un pequeño recipiente transparente en los estantes superiores del refrigerador, que contiene dentro tres ampollas con un liquido rojo que parece ser sangre. Inmediatamente, Félix toma el recipiente y lo abre sin más. Después toma las ampollas para leer la etiqueta que tienen. Una sonrisa se dibuja en el rostro de Félix al leer los nombres de los hijos de Laurenz en cada una de las etiquetas. No hay duda que el líquido rojo que hay dentro de la ampolla es sangre.

    Un sentimiento de felicidad y emoción invade por completo a Félix. Eigner decide apoderarse de la muestra de sangre que pertenece a Hiltz, pero, de pronto, Félix escucha una voz que hiela todo su cuerpo.

    —¿Qué haces aquí, Félix?
    —Ah, Laurenz. Buenos días —Dice Félix, golpeándose un poco la cabeza en el refrigerador y dejando las ampollas en su lugar de inmediato, mientras intenta actuar con normalidad para que Laurenz no sospeche—. Vine a buscarte y me tomé el atrevimiento de tomar una cerveza, espero que no te moleste. —Dice, enseñando la botella.
    —¿No crees que es muy temprano para tomar? —Pregunta Laurenz, tomando con normalidad todo.
    —¿Tu crees? Bueno, es una pequeña manía que suelo tener. Siempre me tomo una, ya sabes, para empeza el día con buen pie. —Sonríe Félix, cerrando el refrigerador, al mismo tiempo que observa su opotunidad de robarse la muestra esfumarse por completo.
    —Está bien. Sólo ten cuidado. —Dice Laurenz, revisando un holograma que tiene en sus manos—. Félix, ¿crees que puedas hacerme un pequeño favor?
    —Claro. ¿Qué necesitas? —Desea saber Félix, dispuesto a ayudar.
    —Necesito que lleves a los chicos al Kindergarden. Ellos entran a las siete, y no puedo llevarlos hoy.
    —No hay problema.
    —Sólo será por esta vez. Yo los recogeré cuando sea la hora de salida. Necesito encargarme de la reparación de algunas máquinas. —Dice Laurenz. Teniendo en cuenta todo lo que tiene que hacer en el taller ese día.
    —No te preocupes, está bien. No es molestia ayudarte con los pequeños.
    —Gracias, Félix —Laurenz agradece la ayuda del hermano menor de Adler. Ya que estás aquí, ¿quieres desayunar?
    —C-Claro, ¿por qué no? Mi hermano está fuera esperándonos, voy a llamarlo.
    —Muy bien.

    Laurenz se dispone a preparar el desayuno, mientras que Félix invita a Adler a entrar a la casa. Ambos hermanos se sientan a la mesa y a los pocos minutos los tres pequeños hacen acto de presencia. Los chicos se sientan a la mesa en compañía de los hermanos Eigner. Laurenz termina de preparar el desayuno para todos en menos de cinco minutos, ya que la mayor parte del mismo lo preparó el día anterior y ahora lo único que hizo fue recalentarlo.

    Laurenz, Adler, Félix, Hiltz, Wenzel y Luzia disfrutan del desayuno en silencio. Entre todos los presentes, el único que no está muy interesado en su comida es Hiltz, pese a que está muy deliciosa. Lo único que hace el pequeño es jugar un poco con sus cubiertos de forma desinteresada mientras toma un poco de café.

    Félix observa con detenimiento una pequeña, pero muy extraña diferencia entre los hijos de Laurenz. No en el sentido físico, sino en su forma de actuar. Luzia es una niña muy tranquila, amable y educada. Félix lo mismo puede decir de Wenzel; es un niño tranquilo, amable y muy culto, pero el más diferente es Hiltz. Hiltz presenta un extraño comportamiento algo inusual en un niño de su edad, tan inusual es que no es posible de explicar a ciencia cierta.

    06:45 – 6:45 A.M.

    Todos los presentes terminan de desayunar. Los chicos se marchan a lavar los dientes, y una vez lo hacen Wenzel y Luzia se despiden de su padre con un abrazo. El único que no demuestra emoción en absoluto es Hiltz, quien simplemente sale de la casa si decir palabra alguna.

    Wenzel y Luzia suben al auto de Adler, donde Félix ya se encuentra al volante. Hiltz se sienta en el asiento de copiloto y sus hermanos en los asientos de atrás. Los chicos se ponen su cinturón de seguridad y una vez listos, Félix presiona el acelerador, marchándose así de la granja Scheideman.

    Laurenz cierra la puerta y en ese momento, Aleshire no evita recordar lo nervioso que estuvo Félix cuando lo descubrió fisgoneando en su refrigerador como un ladrón. El padre de los pequeños se acerca al refrigerador en busca de las ampollas que contienen la sangre de sus tres hijos, y que recién guardó la noche anterior cuando realizaba el conteo de células humanas y virales. Laurenz al abrirlo se da cuenta que una de las ampollas, la que posee el nombre de Hiltz en la etiqueta, está fuera del pequeño recipiente de plástico, donde están las otras dos ampollas.

    Aleshire al darse cuenta de esto, empieza a preocuparse y a preguntarse de lo que en verdad quería Félix. Laurenz no sabe cuáles ha sido las intenciones de Félix, ni mucho menos las motivaciones del hermano de Adler para querer una de las ampollas, y en especial la que pertenece a Hiltz. Sea cual sea, Laurenz es consciente de que debe tener mucho cuidado a partir de ahora, y más teniendo en cuenta lo peligroso que es el virus Zero ahora con la nueva mutación que ha desarrollado en los cuerpos de sus pequeños.

    Laurenz toma las ampollas y cierra el refrigerador. Decidido a guardarlas en un lugar que sea mucho más seguro, y dónde solo él pueda acceder a las muestras. No puede permitir que alguien como Félix se apodere de algo tan peligroso. Aleshire no quiere ni imaginarse lo que puede pasar si, al menos, una muestra cayese en malas manos.

    Kindergarden an der Deininger Mauer, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    06:55 – 6:55 A.M.


    A pocos minutos de las siete de la mañana, Félix y compañía llegan al Kindergarden, ubicado a tan sólo un kilómetro hacia el norte de la graja Scheideman. Los tres pequeños de Laurenz salen del auto apenas este se detiene. Wenzel y Luzia se despiden de Félix, Hiltz, en cambio, sale del auto sin decir una palabra.

    —No hay duda de que posees una actitud inusual, pequeño —Dice Félix para sí, viendo a Hiltz entrar al Kindergarden en compañía de sus hermanos.

    En ese instante, Félix golpea el volante con ambas, en un intento por dejar salir toda su frustración. No puede creer que haya estado tan cerca de obtener una de las muestras de sangre de los pequeños, y no poder obtenerla sólo por verse sorprendido por Laurenz. Maldice por todo lo bajo la mala suerte que ha tenido. Su oportunidad estaba ahí, frente a sus ojos, y se ha esfumado como el humo después de un incendio. Ahora es seguro que Laurenz se ha dado cuenta de sus intenciones, y tendrá suerte si Aleshire nunca le pregunta nada al respecto.

    A raíz de su fracaso, Félix es consciente que ahora debe realizar un plan B para obtener la muestra de sangre que necesita. Es obvio que Laurenz se va a deshacer de las muestras y las va a esconder o destruir desde este momento, por lo que ya no es fiable entrar a su casa a fisgonear en busca de esa muestra de sangre. Debe idear un nuevo plan y esta vez que sea cien por ciento fiable y seguro, con cero probabilidad de fallos.

    Felix se marcha del lugar cuando todos los chicos ingresan al Kindergarden. Las maestras cierran las puertas del edificio y lo primero que hacen con los pequeños es que todos hagan un círculo. Una vez lo hacen, una de las maestras empieza a preguntar el nombre de cada uno de los pequeños, tanto para conocerlos como para que los demás niños los conozcan. Uno por uno los niños dan a conocer sus nombres, hasta que les toca el turno a Luzia, Wenzel y Hiltz.

    —Mi nombre es Wenzel. —Se presenta el mencionado.
    —Mi nombre es Luzia.

    Ahora es el turno de Hiltz, pero a diferencia de sus hermanos, no se molesta en siquiera presentarse. Lo único que hace es mover la mirada hacia un lado en señal de molestia. Los demás niños se impresionan un poco al ver la extraña actitud que presenta uno de sus nuevos compañeros, pero ninguno se atreve a decir nada. Las maestras, en cambio, incitan a Hiltz a presentarse, pero entre más le hablan más le molesta al pequeño su estresante voz, y no dura mucho en dar a mostrar su molestia.

    —¡Callate! ¿Por qué tengo que dar a conocer mi nombre a ustedes? Seres inferiores. —Dice Hiltz, molesto. La maestra se asusta por la reacción del pequeño.
    —D-Disculpe a mi hermano, maestra. No fue su intención levantarle la voz. Hiltz no está acostumbrado a relacionarse con lo demás, por eso le pido que sea paciente con él. —Dice Luzia de inmediato, no quiere que su hermano tenga problemas el primer día en el Kindergarden.

    Debido a la reacción de Hiltz, las maestras optan por dejarlo tranquilo, y más al tener en cuenta lo que Luzia les ha dicho. A raíz de que Hiltz no desea participar en la actividad, los demás niños continúan con la misma hasta que todos se presentan.

    12:00 – 12:00 P.M.

    Una alarma se hace escuchar, señalando la hora de salida de todos los niños del Kindergarden. Los pequeños al salir de los salones, no tardan en reunirse con sus respectivos padres. Hiltz, Wenzel y Luzia son algunos de los últimos pequeños en reunirse con su padre, y debido a eso la docente a cargo del grupo de Luzia y compañía logra tener la oportunidad de hablar y de conocer al padre de los tres pequeños.

    —Buenas tardes. —Saluda la maestra.
    —Buenas tardes. —Saluda también Laurenz.
    —Soy la maestra de Luzia, hay algo que debo informarle sobre su hijo Hiltz.
    —La escucho. —Laurenz presta atención.
    —Su hijo es un niño muy tranquilo, pero el día de hoy no ha querido participar en ninguna de las actividades que realizamos. Necesito que usted hable con él y lo ayude a abrirse más. Necesitamos que Hiltz se relacione con los niños y participe en nuestras actividades, o de lo contrario, nos veremos en la obligación de expulsarlo para que su lugar lo ocupe otro niño que lo requiera.
    —Está bien, hablaré con él. Gracias por hablar conmigo.
    —Con gusto. Que tenga un buen día.
    —Igualmente.

    Laurenz se dirige al auto en compañía de sus tres pequeños. A pesar de recibir quejas sobre Hiltz en su primer día, Laurenz no está molesto por su conducta. Por esta vez pasará por alto lo sucedido, pero no piensa hacerlo la próxima vez que reciba otra queja sobre su comportamiento. Espera tener las palabras correctas para llamarle la atención cuando hable con él en casa.

    Kindergarden an der Deininger Mauer, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    Marzo 24 del Año 2169.
    09:00 – 9:00 A.M.


    Luzia y sus hermanos se encuentran en el Kindergarden disfrutando de una deliciosa merienda al aire libre. Los tres pequeños están un poco apartados de los demás niños para evitar cosas desagradables que suelen ocurrir entre niños de tres y seis años. Todo marcha con normalidad durante algunos minutos hasta que, de pronto, aparece un niño de la misma edad y altura de Hiltz.

    —Oye. Entrégame tu merienda. —Dice el niño, con una sonrisa malvada, viendo a Hiltz que se encuentra sentado en el suelo junto a sus hermanos.
    —¿Por qué debo entregartela? —Pregunta Hiltz con notable molestia en su voz.
    —Porque si no lo haces, te romperé toda la cara. —Responde, tomando a Hiltz de la camisa y obligándolo a levantarse.
    —Quiero verte intentándolo. —Dice, retándolo.

    El niño presiona los dientes con furia al ver que Hiltz no hace lo que le ordena. Así que sin importarle el daño que puede causarle a su compañero. El niño le propina a Hiltz un golpe directo a la frente tan fuerte, que obliga al pequeño de cabellos rojos recostarse a la valla de metal que rodea el Kindergarden.

    Un enojo intenso se apodera al instante de Hiltz tras sentir el fuerte golpe de su compañero. Su enojo es tal que se convierte en furia en menos de un segundo. Hiltz cierra su mano derecha y sin previo aviso ataca a su compañero con un golpe contundente directo al rostro. El golpe es tan rápido y fuerte que el niño cae al suelo revolcándose del dolor. Hiltz lo observa por unos segundos, intentando sentir satisfacción al verlo gritar mientras se revuelca como un gusano, pero pronto se da cuenta que eso no es suficiente para él.

    Hiltz sube sobre su compañero y empieza a asestarle golpes a puño cerrado directamente al rostro. El niño se cubre con sus brazos, pero eso no es suficiente para que logre protegerse. La fuerza de Hiltz es mayor por el virus Zero, por lo que, no es ningún problema para él golpearlo aún mientras se cubre. Hiltz continúa golpeando al niño con mayor intensidad hasta que llega al punto que le rompe uno de sus brazos a raíz de tantos golpes. El pequeño empieza a gritar mientras Hiltz lo acribilla a golpes y no es hasta después de tres minutos que las docentes llegan a auxiliarlo.

    Una de las maestras aparta a Hiltz de su compañero y otra ayuda al pequeño que se encuentra gravemente herido al mismo tiempo que grita a los concerjes que soliciten una ambulancia. En el rostro de Hiltz sólo hay una sonrisa sádica, mientras sus manos desprenden gotas de sangre del insolente que se atrevió a amenazarlo.

    —¡Te voy a matar! ¡Te voy a matar! ¿¡Me oyes!? —Grita Hiltz riéndose de forma sádica, viendo a su compañero con todo el rostro ensangretado—. ¡Los voy a matar a todos, seres inferiores!

    La risa sádica de Hiltz se vuelve tan intensa y siniestra que incluso Wenzel y Luzia llegan a sentir miedo de su hermano gemelo. Ambos al igual que todos los niños en ese lugar están impactados por lo que han presenciado. Los hermanos de Hiltz no saben lo que está ocurriendo, y al ver lo sucedido el día de hoy, empiezan a preocuparse no solo por el bienestar de los demás, sino por el de ellos también.
     
    Última edición: 25 Abril 2020
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    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Saludos. Paso a comentar el capítulo. Ha sido bastante bueno, y espero que pueda leer pronto la continuación, ya que es un buen punto para establecer un pequeño corte de publicación.

    Primero que nada te señalaré los errores para poder pasar al capítulo después.

    Creería que quisiste poner "ayudarle".

    La palabra correcta es "conserje".

    Fuera de eso, no he notado más errores en el capítulo, así que paso a comentar.

    Supongo que ya se entiende bastante el comportamiento tan iracundo que tuvo y tiene Hitlz, y es porque él no es un humano. Entiendo que ninguno de sus hermanos lo es, y que su padre tampoco es uno, pero su porcentaje de células víricas o virales, como las has llamado, es mucho más alto que el de su padre y hermanos. De hecho, 95% es un número gigante en comparación con 5%. Solo una pequeña fracción de sus células es humana, y el resto es totalmente distinto. Eso explica porque tiene un carácter tan iracundo y una falta de empatía tan grande como esa. Imagino que el complejo de superioridad no está relacionado a sus células, sino a su propia mente y razonamiento al darse cuenta de que él tiene poderes y los humanos no.

    Parece que la infancia no va a ser difícil para Wenzel y Luzia si les toca convivir con alguien así de sádico y peligroso, y mucho más teniendo en cuenta que su madre no está. Imagino que Liane no habría sido feliz si estuviera viva para ver lo que ha hecho uno de sus hijos. Es una lástima que ella no haya llegado a verlos crecer, pero no sé cómo ver esto podría haberla afectado.

    Imagino que Laurenz, tras los análisis que ha obtenido y tras enterarse lo que las maestras le van a contar, deberá ir preparando una forma para poder encargarse de Hiltz. Si su porcentaje de células humanas es tan bajo, probablemente, sus poderes sean mucho más fuertes que los suyos. Pero a pesar de eso, Hiltz sigue siendo un niño y por más fuerza que tenga, un adulto como él debería ser capaz de lidiar con él. Ya veremos como termina eso.

    Como dije en el capítulo anterior, me sorprendió que Felix jamás haya intentado secuestrar a uno de los niños para llevárselo a Helmuth. Imagino que no querría verse involucrado en un secuestro teniendo en cuenta lo que ha descubierto sobre Laurenz. Claro que eso queda a la imaginación del lector, ya que no se ha visto a Félix sacar dicha conclusión basado en la investigación que robó a Laurenz. De hecho, yo creía que él aprovecharía esta oportunidad para llevar a los niños con Helmuth y luego, mediante ayuda del mismo, fingir que tuvo un accidente o alguna otra historia para poder contársela a Laurenz. Lo cierto es que, creo que su oportunidad para secuestrarlos se ha ido al carajo. Los niños son fuertes, han desarrollado poderes y podrían escapar de él e incluso matarlo si lo lograra. Pese a eso, Félix tiene una alternativa. Si mantiene su atención en los niños, podría apelar a la falta de empatía de Hiltz y hacer que él elija abandonar a su padre para irse con él sin tener que pasar por un secuestro. Imagino que no será difícil, dado a que Laurenz deberá reprender al niño por su conducta y claramente, Felix se dará cuenta de todo eso. Claro que también habrá que ver que decide hacer Laurenz al respecto ahora que se ha dado cuenta que Félix ha intentado obtener las muestras de sangre. No podrá despedirlo porque de lo contrario, eso revelaría mucha información oculta y lo haría el centro de atención, (y sabiendo que Merten está tras él, aunque eso lo sabe el lector y no Laurenz, no conviene XD). Tendrá que lidiar con él sin despedirlo, lo cual también es interesante.

    Personalmente, sigo prefiriendo a The Fallen December sobre esta historia, pero Génesis se ha acercado mucho. Seguro que cuando comente el próximo capítulo o el siguiente a ese ya estaré declarando que Génesis la ha superado.

    Me pregunto qué ocurrirá con el niño al que Hiltz golpeó. Más que nada para saber cómo reaccionará Hiltz cuando descubra la fuerza que tiene y el daño que puede hacer. El niño es un maldito bravucón y no me interesa para nada su estado de salud. Él se la buscó por ir de agrandado y en lugar de meterse con alguien débil, se metió con alguien más fuerte que él y terminó mal. Con eso, yo solo puedo decir una cosa:

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    En fin, eso será todo por ahora. Hasta la próxima ocasión, que ojalá sea pronto.
     
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  3. Threadmarks: Capítulo 12: Acuerdo.
     
    Zurel

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    Después de un largo tiempo si actualizar. Hoy es el día de continuar con esta historia. Agradezco a Reydelaperdicion por apoyar esta historia desde sus inicios, y sobretodo por comentar semana a semana cada capítulo. Sin más que decir, los dejo con la lectura.

    Capítulo 12: Acuerdo.

    Kindergarden an der Deininger Mauer, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    11:00 – 11:00 A.M.


    Los docentes del Kindergarden se encuentran en un estado de shock total y los niños de igual forma. La actitud violenta que ha demostrado Hiltz ha infundido el miedo en todos, incluso en sus propios hermanos. Debido a las graves heridas que ha sufrido el agredido, es traslado de forma inmediata, una vez la ambulancia llega al lugar. Poco después, una de los docentes se comunica con el padre de Hiltz y solicita su presencia en el Kindergarden.

    Ahora el menor se encuentra «aislado» de los demás niños, mientras espera la llegada de su padre. Hiltz observa desde una esquina del salón a sus compañeros, su rostro presenta una expresión de furia en estado puro, sus manos intenta cerrarlas pero sus dedos tiemblan sin control por la furia que lo invade. Lo ocurrido durante el receso ha despertado en Hiltz un sentimiento de aborrecimiento hacia los humanos en general, y el simple hecho de estar en ese lugar rodeado de niños y adultos hace que su sangre hierba.

    La maestra les enseña a todos los niños y niñas las letras del abecedario alemán cuando, de pronto, Laurenz hace acto de presencia en el salón. Wenzel y Luzia cruzan miradas con su padre, pero no corren a él porque todavía no es la hora de salida.

    —Señor, Laurenz. Gracias por venir. Espereme a un lado de su hijo Hiltz, por favor, en un momento lo atiendo.

    Laurenz entra al salón y se sienta en una silla a un lado de Hiltz. La maestra de Luzia y Wenzel les reparte a todos los pequeños varias hojas con las treinta letras del abecedario alemán, donde deben dibujarlas guiándose por medio de puntos. Una vez los pequeños empiezan a dibujar, la maestra se sienta en una silla frente a Laurenz para hablar con él.

    —Bien, señor, Laurenz. Lo he llamado porque el día de hoy ha pasado algo muy grave con su hijo Hiltz —Empieza a decir la docente—. Durante el receso, Hiltz atacó a golpes, literalmente, a uno de sus compañeros y lo dejó gravemente herido. Incluso lo amenazó de muerte.
    —¿Es eso verdad, Hiltz? —Pregunta Laurenz, molesto, viendo a su hijo.
    —¿Y qué si lo hice? Es un mísero insecto que se atrevió a golpearme ¡A mí! Un ser inferior como él lo único que merece es la muerte.
    —¿Puede verlo? Su hijo demuestra una conducta que no es propia de un niño de su edad. Me temo que si continúa así, no podremos seguir aceptándolo. Por el momento, Hiltz quedará suspendido durante tres días. Así que utilice este tiempo para hablar con él.
    —Está bien, maestra, así lo haré.

    En ese momento la alarma que señala la hora de salida se hace escuchar por todo el Kindergarden. Luzia y su hermano Wenzel se reúnen con su padre, juntos logran salir del salón en medio de tantos niños. Al cabo de algunos segundos, Laurenz y sus tres pequeños salen del Kindergarden para subir de inmediato al auto.

    Laurenz enciende el auto y presiona el acelerador una vez sus hijos se han puesto el cinturón de seguridad. El auto se marcha del Kindergarden en dirección a la granja Scheideman.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    12:30 – 12:30 P.M.


    Laurenz estaciona el auto frente a su casa y apaga el motor. Los chicos se apresuran a quitarse los cinturones de seguridad para salir del auto. Al hacerlo, los pequeños entran a la casa en compañía de su padre, una vez en la sala de estar Laurenz cambia de expresión seria a una de enojo en un instante.

    —Muy bien, Hiltz. Quieres explicarme, ¿¡qué rayos está sucediendo!? ¿Cómo te atreviste a golpear a un niño ordinario? ¿Acaso no les quedó claro lo que les dije? Nunca deben ceder a las provocaciones de los humanos y mucho menos la de los niños. —Dice Laurenz con un tono muy serio y firme.

    Pese a que la llamada de atención es para Hiltz, al mismo tiempo, Luzia y Wenzel perciben que su padre está molesto con ellos. Probablemente, no es así, pero la energía que desprende Laurenz en ese momento les indica lo contrario. Luzia y su hermano Wenzel temen que por culpa de Hiltz, ellos salgan pagando los platos rotos.

    —El niño que golpeaste sin compasión pudo haber muerto. —Continúa diciendo Laurenz.
    —¿Y qué si muere? —Pregunta Hiltz, observando a su padre con un rostro inexpresivo—. Es un ser inferior igual a todos los humanos.
    —Entiendelo de una buena vez, Hiltz. Todos nosotros seguimos siendo humanos. No debes y no tienes por qué verlos como enemigos. No tienes una razón para justificar tu actitud hacia ellos.
    —¿Quieres una razón? Bien. Mi razón es sencilla; ¡Los aborrezco! Y mi aborrecimiento hacia ellos crece aún más cuando escucho cómo los defiendes —Dice Hiltz, molesto—. Dime. ¿Por qué te preocupas por los humanos, padre? Son una raza débil e inferior en comparación a nosotros. Su existencia no vale nada, merecen morir como la escoria que son.
    —Que seamos superiores a los humanos, no nos da el derecho de elegir sobre la vida de ellos. Todos somos iguales, Hiltz, sean humanos o híbridos.
    —Qué estupidez. Por lo visto sigues siendo humano a pesar de tener el virus dentro de tu cuerpo. Hablas de igualdad cuando ni siquiera somos iguales —Hiltz se da cuenta que su padre no puede ver lo que él ve—. Me voy a mi habitación, no tiene sentido seguir con esta discusión. —Dice Hiltz, marchándose.

    Hiltz se marcha a su habitación para continuar desarrollando su obra maestra. Luzia y su hermano, permanecen en la sala de estar durante algunos segundos. Cuando Hiltz desparece de la vista de ambos, Luzia llama la atención de su padre al decirle;

    —Papá. Quiero pedirte disculpas. —Dice Luzia.
    —¿Disculpas? ¿Por qué? —Laurenz no comprende la actitud de su hija.
    —Cuando Hiltz empezó a golpear a nuestro compañero, nosotros no hicimos nada para evitarlo. —Responde Luzia.
    —No se preocupen por eso, ninguno de los dos debe sentirse culpable por lo que pasó —Laurenz observa a sus dos pequeños—. Aunque hubiesen intervenido, probablemente, Hiltz hubiera hecho lo mismo de todos modos.
    —Entonces, ¿no estás molesto con nosotros? —Cuestiona Wenzel.
    —Por supuesto que no. —Le sonríe Laurenz. Luzia y Wenzel sienten un gran alivio al escuchar esas palabras.
    —Papá, ¿qué piensas hacer con Hiltz? Su actitud se ha vuelto un problema muy grave. —Luzia teme de lo que Hiltz pueda ser capaz de hacer.
    —Lo sé, Luzia. No estoy seguro de qué hacer con él, pero por ahora, voy a quitarle lo que más le gusta como castigo.

    Hiltz entra a su habitación y lo primero que hace es encender la computadora para continuar con el desarrollo de su obra maestra. Después de tener una discusión nada agradable con su padre. Lo que Hiltz necesita para relajarse un poco es seguir con su hobbie; construir androides.

    Antes de empezar a construir su androide, Hiltz opta por entrar a internet, pero antes de que logre hacerlo su computadora se apaga. Esto toma por sorpresa a Hiltz, quien hace el intento por encederla, pero sin importar sus intentos, su computadora no quiere enceder. Hiltz se enfada en un instante.

    —Maya. ¿Qué es lo que sucede? ¿Tienes algo que ver con esto? —Cuestiona Hiltz al aire, molesto.
    —Tu padre me ordenó desactivar tu computadora durante los próximos cinco días. —Responde la IA.
    —Activala nuevamente, es una orden. —Ordena Hiltz.
    —Solo tengo permitido activarla por orden de tu padre. —Vuelve a responder, Maya.
    —¡Maldita sea! —Grita Hiltz, golpeando la mesa.

    Hiltz sabe que Maya controla todo lo que hay en la casa, así que es imposible que su computadora funcione cuando es desctivada por ella. Lo peor de todo es que no hay forma de levantar los bloqueos de Maya, a menos que su padre lo ordene. Ahora Hiltz tiene un gran problema. Si quiere construir su androide, necesita los planos que se encuentran dentro del disco duro de su computadora, y para acceder a ellos necesita que esta funcione. Sin los planos, Hiltz puede ir olvidándose de construir su androide.

    Durante algunos minutos, Hiltz intenta pensar en una solución a su problema, de pronto, se le ocurre una idea para acceder a los planos de su androide sin hacer uso de su computadora.

    —Maya, ¿puedes mostrarme los planos de mi último proyecto? Supongo que debes tener una copia de respaldo en tu base de datos.
    —Un segundo. Buscando... —Dice Maya—. Esta es la lista de archivos creados recientemente en tu computadora.

    Frente a Hiltz se materializa un holograma de gran tamaño, donde se alberga la lista de archivos que ha creado en su computadora los últimos días. Hiltz revisa los nombres de los archivos hasta encontrar el que necesita, el cual, tiene por nombre «Hawk». El pequeño toca el archivo para abrirlo. Al instante se materializan varios hologramas, visualizando todos y cada uno de los archivos tridimensionales que hay dentro.

    Hiltz revisa los archivos en tres dimensiones para verificar que se encuentran todos los archivos y que no le falte ninguno. Al ver que todos los archivos se encuentran en su lugar. El pequeño acomoda los hologramas en su espacio de ocio y se dispone a construir su último androide.

    A Hiltz no le importa que su padre haya bloqueado su computadora, siempre y cuando pueda construir su androide. Por suerte, su padre no le ordenó a Maya bloquear sus órdenes, o eso habría sido un problema mayor.

    Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    21:00 – 9:00 P.M.


    Adler y su hermano Félix se encuentran en casa viendo televisión, después de un arduo día de trabajo. Adler se levanta del sofá para buscar una cerveza en el refrigerador, mientras transcurren los anuncios de publicidad. Eigner se acerca al refrigerador y abre la puerta del mismo al momento de decirle a su hermano;

    —Félix, ¿quieres una cerveza? —Cuestiona Adler, viendo a su hermano desde la cocina.
    —Sí, tráeme una. —Responde Félix con notable molestia en su voz.
    —¿Ocurre algo? Te veo algo molesto. —Adler puede ver que algo le molesta a Félix.
    —Tengo un problema.
    —¿Qué clase de problema? ¿Quieres hablarlo? —Adler le entrega la cerveza a su hermano.
    —No, no quiero. Hablarlo no solucionará nada.
    —Entiendo. —Adler se sienta en el sofá y opta por no seguir inquiriendo en la vida de Félix. Respeta a su hermano, y por esa razón no piensa obligarlo a hablar del tema si él no tiene deseos de hacerlo.

    Adler se siente un poco desanimado de saber que Félix tiene un problema, del cual no desea hablar. Probablemente, si él hablara al respecto podría ayudarlo, pero como no es así, no puede hacer más que respetar su decisión. Félix aprecia las buenas intenciones de su hermano mayor, pero sin importar que tan bueno sea, no puede confiar en él. Adler no puede saber que está intentando obtener una muestra de sangre de los pequeños de Laurenz, o de lo contrario, puede causarle un problema mayor. Adler es una persona que tiene en alta estima a Laurenz y si compartiera con él sus planes, es obvio que toda oportunidad de obtener sus objetivos, por más pequeña que sea, va a desaparecer para siempre.

    Félix debe pensar en una alternativa para obtener esa muestra de sangre, que tanto necesita para asegurar parte de sus planes. Todo el día ha estado pensando al respecto, y a raíz de la frustración su mente no ha logrado idear un buen plan. Espera que en las próximas horas logre pensar en algo, o bien puede ir olvidándose del trato con Helmuth.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    Marzo 25 del Año 2169.
    15:00 – 3:00 P.M.


    Tras ser suspendido por mostrar una actitud violenta contra sus compañeros en el Kindergarden, Hiltz apenas lleva un día de suspensión. Al pequeño de cabellos rojos no le importa en absoluto que lo hayan suspendido, mucho menos el castigo que le ha dado su padre al ordernar a Maya desactivar su computadora. Lo único que realmente le importa al pequeño es completar su último androide. A este punto, Hiltz ya posee diversas partes del cuerpo de su androide completas, entre las cuales se encuentran las alas, patas y cola. Lo único que resta es la cabeza y su cuerpo.

    A raíz de que ya posee el cincuenta por ciento de su androide completo, Hiltz ha decidido tomar un pequeño descanso. Hiltz observa en silencio las máquinas que ciegan el trigo en uno de los campos más cercanos a su casa.

    También observa a sus hermanos cruzar algunas palabras con su padre cerca del granero donde almacenan el trigo, maíz, arroz, entre otros. Al observarlos, Hiltz no evita sentirse molesto con su padre al recordar la discusión que tuvo con él hace tan sólo dos días. Hiltz se siente muy decepcionado de su padre, él fue el primero en ser infectado por el virus Zero, y a pesar de haber cambiado su genética él sigue considerándose un humano ordinario.

    Es obvio que ellos son muy superiores a los humanos en muchos aspectos. Que sean híbridos no significa que deban considerarse humanos, y es justo esa falta de aceptación por parte de Laurenz lo que en verdad molesta a Hiltz.

    El pequeño permanece solo en el lugar durante algunos segundos, hasta que escucha varios pasos acercarse a él. Hiltz mueve su cabeza a su derecha y se percata que es Félix quién se acerca. Una leve brisa mueve sus ropas al momento en que Hiltz le dice;

    —¿Qué quieres? —Pregunta el joven, viendo la máquina cegar el trigo.
    —Solo he venido hacerte compañía unos minutos. Supuse que querías estar acompañado al ver a tu padre con tus hermanos. —Responde Félix, viendo a Laurenz con Luzia y Wenzel.
    —No necesito tu compañía, y mucho menos tu lástima. ¿Me oyes? —Responde Hiltz, áspero.
    —Puede que sea verdad. No obstante, me parece que necesitas ayuda.
    —¿Qué te hace pensar que necesito ayuda?
    —Por tu incapacidad de acabar con los humanos —Hiltz se sorprende al escuchar a Félix—. Sé que atacaste a unos de tus compañeros dejándolo gravemente herido, y no fuiste capaz de terminar con su vida porque te detuvieron.
    —¿C-Cómo sabes eso?
    —Tu padre nos lo ha contado a mi hermano y a mi.
    —Por lo visto, mi padre no para de mezclarse entre tu raza. —Hiltz se siente muy molesto con su padre, sobre todo por su exceso de confianza con Félix y Adler.
    —Por el modo en que te expresas, puedo decir sin temor a equivocarme, que odias a los humanos. —Comenta Félix.
    —No los odio; los aborrezco. Aborrezco todo lo que ustedes representan.

    Las palabras de Hiltz no sorprenden en absoluto a Félix, sobre todo porque desde que lo conoce, Hiltz siempre ha demostrado una actitud que va más allá del odio. Es obvio que conforme ha crecido, ese sentimiento también lo ha hecho, y todavía más al verse «obligado», en cierto modo, a convivir con otros niños aparte de sus hermanos.

    Durante algunos segundos Hiltz y Félix guardan silencio. Una leve brisa mueve la ropa de ambos hasta que se detiene.

    —Escucha, Hiltz. ¿Por qué no trabajamos juntos?
    —¿Por qué querría trabajar contigo?
    —Porque al igual que tu, yo también odio a los humanos. Y puedes estar seguro, que no hay nada que me haga más feliz, que verlos arder en el infierno.
    —Tu no eres nada, Félix. ¿Qué puedes hacer?
    —Más de lo que puedes imaginar. Yo tengo los medios para ayudarte, pero necesito a alguien como tu para subir al poder.
    —¿Estás sugiriendo que te ayude, y a cambio me darás todo lo que necesite? —Hiltz puede ver las intenciones de Félix.
    —Así es. Dime, ¿cuál es tu respuesta?

    Antes de responder, Hiltz toma unos segundos para pensar la propuesta de Félix. Por un lado, Hiltz debe reconocer que fue incapaz de acabar con ese niño, no le gusta admitirlo, pero así es. Si los docentes no hubiesen intervenido y hubiera tenido más poder, el resultado habría sido diferente.

    Por más odio que tenga hacia los humanos, Hiltz sabe que no puede acabar con ellos en este momento. Aun es solo un niño y solo hasta que llegue a ser adulto es cuando sus poderes van a estar en su máximo nivel. No obstante, necesita a alguien para llevar a cabo su objetivo, y Félix puede ser esa persona. A Hiltz no le agrada aliarse con un humano, pero si desea acabar con su propia especie, no hay duda que lo va a considerar como un aliado.

    —Está bien, Félix. Acepto trabajar contigo.
    —Excelente —Dice Félix con una leve sonrisa—. Hay algo que necesito pedirte, Hiltz. —Agrega Eiger, tras unos segundos en silencio.
    —¿Qué necesitas? —Hiltz se muestra un poco molesto.
    —No te molestes —Félix nota la molestia de Hiltz—. Quiero que me otorges una muestra de tu sangre.
    —¿Una muestra de mi sangre? —Hiltz no comprende las razones de Félix para solicitarle algo como eso.
    —Así es. Necesito tu sangre para poder llevar a cabo mis planes, y poder ayudarte —Dice Félix, sacando una pequeña jeringa con una ampolla acomplada a la misma.
    —¿Cómo sé que no me traicionarás, una vez la obtengas? —Hiltz no confía en Félix lo suficiente.
    —No lo haré. Puedes estar seguro. No tengo intención de traicionarte, creeme. —Afirma.
    —Por tu bien, espero que sea así.

    Hiltz toma la jeringa y sin miedo perfora su propio brazo, mientras hala de la misma con su mano derecha. La sangre de Hiltz corre por la delgada aguja hipodérmica hasta llegar a la ampolla, donde se acumula en grandes cantidades hasta que se llena completamente. Una vez termina, Hiltz saca la aguja de su brazo y le entrega la jeringa con la ampolla a Félix sin más. Eigner la recibe con mucho cuidado y de forma disimulada para que Laurenz, quien está a varios metros, no se percate de nada. Guarda la ampolla en uno de los bolsillos de su chaleco y la jeringa simplemente la deja caer al suelo, mientras la pisa con uno de sus pies diversas veces para destruirla por completo.

    —Espero no arrepentirme de aliarme contigo. —Dice Hiltz, marchándose hacia su casa.
    —No lo harás, te lo prometo.

    Hiltz se marcha con una expresión neutral. Ahora que ha tomado un pequeño descanso, no tiene nada más que hacer en ese lugar. Félix, en cambio, permanece ahí durante algunos minutos. Su rostro en comparación a Hiltz, muestra una amplia sonrisa de satisfacción. Primero; ha obtenido la muestra de sangre que tanto necesita desde hace años, y ahora el primogénito de Laurenz, Hiltz, ha aceptado trabajar con él. No hay duda, que las cosas no pueden ir mucho mejor para él.

    Félix es consciente que nunca se ha considerado un hombre creyente del destino, pero no puede pasar por alto que el destino parece conspirar a su favor con tal de que lleve acabo sus planes. O de lo contrario, nunca habría obtenido la muestra de sangre y menos habría logrado convencer a Hiltz de unirse a él.

    Kindergarden an der Deininger Mauer, Nördlingen, Baviera, Alemania.
    Marzo 29 del Año 2169.


    Es comienzo de semana y Hiltz regresa al Kindergarden, después de recibir tres días de suspensión por agredir a uno de sus compañeros. Cuando Laurenz recoge a sus pequeños no recibe ninguna queja del comportamiento de Hiltz, pero en su lugar, recibe un informe sobre una demanda que le ha impuesto la madre del niño agredido por Hiltz.

    Donde dice explícitamente que debe pagar una multa de veinticinco mil euros por daños y perjuicios, durante las próximas cuarenta y ocho horas. Esta demanda no toma por sorpresa a Laurenz. Lo que en verdad lo toma por sorpresa es la gran cantidad, por fortuna, Laurenz tiene los medios para pagar esa exuberante suma de dinero.

    Fliegerhorst Neuburg, Neuburg an der Donau, Neuburg-Schrobenhausen, Baviera, Alemania.
    13:00 – 1:00 P.M.


    En la sala de control de la base aérea de Neuburg. Los soldados a cargo de las comunicaciones reciben una comunicación entrante. Uno de los soldados logra identificar su proveniencia, y tras rectificar que se transmite por una línea segura la acepta de forma inmediata. Un holograma se materializa frente a todos los presentes, mostrando a un hombre de tez blanca y ojos heterocromáticos.

    —Merten. Mis hombres han localizado a Laurenz cerca de la ciudad de Nördlingen. —Dice el hombre aspirando su habano.
    —Entendido. Lo encontraré y tomaré mi venganza. —Dice Merten, presionando uno de sus puños frente a él.
    —Tu venganza es importante, Merten, pero recuerda que su sangre lo es para nosotros. No olvides eso. —Comenta el hombre, expulsando el humo.
    —Comprendo, señor. —Es lo único que Merten puede decir. Las palabras de ese hombre sonaron demasiado serias, tanto que le causaron miedo.
    —Te enviaré las coordenadas. Toma tu venganza, pero tráeme a Laurenz con vida.
    —Así lo haré.

    El holograma desaparece, dejando a todos los presentes en completo silencio al presenciar la pequeña charla entre Merten y el hombre. Weigand sale de la base acompañado de tres soldados armados. El helicóptero enciende los motores al momento que los soldados y su superior suben a la máquina. Pronto, el helicóptero se eleva marchándose así de la base aérea de Neuburg y dirigiéndose a la ciudad de Nördlingen.
     
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  4.  
    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Saludos amigo.

    Llevaba mucho tiempo esperando para volver a leer esta historia, y tengo que decir que ha sido un buen capítulo.

    Me ha gustado, aunque ha sido breve y lo he sentido algo más calmado en línea en la que tuvieron los capítulos anteriores. Pasaré a comentar.

    Honestamente, esperaba más de Laurenz como padre. Al menos, lo que estoy viendo aquí no me ha gustado nada de su personaje. Su hijo tiene un trastorno (o tal vez no, pero sí le faltan algunas piezas en su rompecabezas XD) y piensa que él tiene el derecho a decidir sobre las vidas humanas. Pese a eso, Laurenz no hace nada para solucionarlo. Ha tenido una charla con él bastante breve para un problema de semejante magnitud, y su única resolución es quitarle su computadora sin la precaución de quitarle acceso a toda la casa. Lo hubiera podido entender si luego de eso hubiera hablado más seriamente con él, pero no lo ha hecho. Creo que no le está prestando a su hijo más problemático la atención que merece. Quiero decir, imaginé que Laurenz estaría encima de él todo el día para asegurarse de tenerlo controlado, pero no he visto mucho de él al respecto.

    Felix ha sido inteligente al acercarse a él. Supongo que él, en tantos años trabajando allí, pudo haber notado la conducta de Hiltz tan agresiva, y sabiendo la verdad, se aprovechó de su información. Honestamente, esto es una demostración más de que Laurenz no está funcionando bien como padre, al menos para él. Sabiendo que Felix ha estado haciendo de las suyas, no creo que Laurenz quiera que él y su hijo estén cerca, pero no parece prestarle mucha atención sobre eso. Me pregunto de qué tema estaría hablando con Luzia y Wenzel en ese momento, y es una lástima que no se haya mostrado. Pero ahora Felix tiene lo que desea, y sin haber tenido que secuestrar a uno de los niños, lo que lo habría metido en problemas. Fue inteligente de su parte el haber hecho un trato con Hiltz. Me pregunto cómo reaccionará el chico cuando vez que este no cumple, ya que está claro que lo va a traicionar. Me pareció muy precipitado que Hiltz no le pidiera información sobre para qué quiere su sangre o que clase de planes tiene antes de acceder a colaborar. Está bien que sea un niño, pero con su perversidad aparenta ser inteligente y eso me sigue llamando la atención.

    Y para terminar, parece que a Laurenz le van a caer todos los problemas juntos. Merten va a ir a la granja para vengarse de él. Está claro que no debe estar contento luego de todo lo que le pasó, y que no escuchará a la razón de ver que Laurenz no tiene la culpa. Por lo tanto, su inminente enfrentamiento es algo que quiero ver. Me pregunto si se dará en el próximo capítulo o si habrá que esperar más.

    Errores no creo haber observado, así que me despido aquí mismo. Saludos y hasta la próxima.
     
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  5. Threadmarks: Capítulo 13: Hawk
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

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    ZERO ZONE: Genesis [S.O.E]
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    16
     
    Palabras:
    5541
    Hoy es sábado y como es costumbre, es hora de publicar el siguiente capítulo de Genesis. Agradezco a Reydelaperdicion por sus comentarios y apoyo a esta historia. Sin más nada que decir. Los dejo leer tranquilos.

    Capítulo 13: Hawk.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    13:30 – 1:30 P.M.


    Tras degustar el almuerzo en compañía de su padre y hermanos. Hiltz regresa a su habitación para terminar los últimos preparativos de su androide. Actualmente, Hiltz ha concluido la construcción de su último androide, el cuál, le ha tomado meses de diseño y varios días de armado. La noche anterior, tras terminar de construirlo, Hiltz dejó su computadora encedida para transferir toda su programación al disco duro del androide.

    La transferencia de datos se lleva a cabo por medio de cables que están conectados a ambos lados del cuello del androide, donde se abre un pequeño compartimiento, bajo sus plumas metálicas, que deja mostrar un extraño puerto. Debido a que su programación es extensa en cuanto a código y datos. La transferencia de los mismos ha tardado un aproximado de cartorce horas.

    Afortunadamente, ya solo restan algunos segundos para que la transferencia de datos se complete. Hiltz espera con paciencia a que termine la barra de progreso que marca la pantalla de su computadora. Cuando el porcentaje de la barra de progreso marca cien por ciento, los cables conectados a su androide se desconectan automáticamente en cuanto este comienza a moverse.

    El androide de Hiltz comienza a mover su cabeza, alas, cola y patas, así como las plumas que conforman su cuerpo. Al observar a su creador, el ave ladea la cabeza hacia la derecha, reconociendo a Hiltz como su amo. En ese instante, su hermana Luzia y su hermano Wenzel irrumpen a su habitación sin permiso, tomando por sopresa tanto al androide como a su porpio hermano. El ave haciendo uso de su programación, engrifa todas sus plumas para intimidar a las personas que han interrumpido su pequeño momento de tranquilidad.

    —Hola, Hiltz. —Saluda Wenzel sin prestar atención al androide.
    —Hola, hermano. ¿Qué haces? —Pregunta Luzia, notando al instante el androide de Hiltz—. ¡Oh, vaya! Veo que por fin completaste tu androide. —Comenta, sorprendida de ver al ave moverse—. ¿Qué clase de ave es? —Desea saber, viendo al ave acomodando algunas de sus plumas.
    —Es un halcón —Responde Hiltz. Pasando por alto la interrupción de sus hermanos—. Su nombre es Hawk.
    —Impresionante, veo que lo construiste. —Admira Wenzel. Las capacidades de su hermano son impresionantes. No hay duda.
    —Ahora bien. ¿Qué es lo que quieren? —Hiltz desea saber la razón por la que ha sido interrumpido.
    —Queremos invitarte a jugar. —Responde Luzia.
    —No pienso jugar con ustedes —Sentencia Hiltz de inmediato—. Debo realizar algunas pruebas a Hawk para verificar que su cuerpo funcione bien —Comenta. Acercando su brazo derecho a Hawk—. Si quieren, pueden venir conmigo. —Termina por decir. Hawk sube al brazo de Hiltz.
    —¿Lo dices en serio? —Cuestionan Luzia y Wenzel al mismo tiempo. Nunca antes Hiltz los ha invitado a ver las pruebas que le realiza a sus androides.
    —Por supuesto. No me molesta que me acompañen. —Afirma.

    Hiltz y sus hermanos se marchan de la casa para ir directo al bosque que se localiza a doscientos metros de la granja. Laurenz cruza algunas palabras con el hermano mayor de Félix, Adler. Desde su posición, cerca de un granero, logra ver por breves segundos a sus hijos salir de la casa con dirección al bosque. Lo que más llama la atención de Laurenz no es ver a sus pequeños, sino ver el ave metálica que los acompaña.

    Laurenz sabe muy bien que su hijo Hiltz suele construir androides con forma de animales, pero nunca antes vio a un androide con forma de halcón. A simple vista, se puede apreciar que el ave es más grande de lo normal, y no da la impresión de que sea un androide inofensivo. Laurenz espera que la nueva creación de Hiltz no signifique un mal presagio.

    Al cabo de algunos minutos, Hiltz y sus hermanos llegan al mismo lugar, donde días atrás, tuvieron su primer experiencia con sus poderes, provenientes del virus Zero. Desde lo sucedido ese día, ninguno de los tres pequeños ha utilizado sus poderes otra vez, y tampoco ninguno se ha animado hablar con su padre de lo sucedido.

    —Muy bien, hemos llegado —Dice Wenzel—. ¿Qué clase de prueba le harás a Hawk? —Quiere saber, curioso.
    —Espera y lo verás —Responde Hiltz—. Hawk, alza vuelo y sobrevuela el lugar en busca de alguna presa. —Ordena.

    Hiltz levanta un poco su brazo derecho para permitirle a Hawk extender sus largas alas. Hawk aletea varias veces y en menos de un segundo alza vuelo. Hawk empieza a volar por los alrededores tal como se lo ha ordenado Hiltz. El ave sobrevuela el área a trescientos metros de altura por unos minutos, hasta que logra ver una presa inofensiva y descuidada cerca de varios troncos. El ave inmediatamente cae en picada y en menos de cinco segundos logra atrapar su presa con sus afiladas y largas garras.

    Luzia, Wenzel y Hiltz al ver que Hawk ha atrapado algo, corren en dirección a él para ver con sus propios ojos lo que ha atrapado el ave metálica. Los tres hermanos llegan a los troncos y encuentran a Hawk despedazando con su pico un probre conejo blanco.

    —Que crueldad... —Dice Luzia, haciendo la vista a un lado. No puede ver la crueldad con que Hawk despedaza a ese pobre animal.
    —¿Crueldad, dices? Lo que estás viendo es la ley de la naturaleza; sólo el más fuerte sobrevive. —Dice Hiltz complacido de ver que Hawk actúa como se supone que debe actuar.
    —¿Por qué le ordenaste buscar una presa, Hiltz? —Quiere saber Wenzel, sin entender la orden que le dio su hermano al ave.
    —Quería verificar que Hawk obedece mis órdenes, por esa razón le ordené buscar una presa, ya que, por lo general, ni siquiera un halcón entrenado obedece esa clase de órdenes. —Explica, viendo su androide fijamente.
    —Ya veo, ahora lo entiendo. —Dice Wenzel, entendiendo la orden de Hiltz.
    —Muy bien. Hawk —Dice Hiltz. El ave lo vuelve a ver al escuchar su nombre—. Es hora de realizar algo más difícil. Quiero que vueles a mil metros de altura y caigas en picada directo a los arbustos.

    Hawk asiente ante la orden de Hiltz, después realiza un fuerte chirrido antes de levantar vuelo. Hawk alza vuelo en cuestión de segundos, y continúa elevándose en los cielos para alcanzar la altura de los mil metros. Luzia y Wenzel no comprenden la razón por la que Hiltz le ha ordenado algo como eso a Hawk; es como si deseara destruir su propio androide a propósito.

    Hiltz observa con una sonrisa como Hawk se eleva cada vez más y más. Luzia y Wenzel no entienden en absoluto el comportamiento de su hermano. Al darle esa clase de orden a Hawk, Hiltz se está arriegando a destruir su obra maestra. Ya probó que Hawk obedece sus órdenes, ¿por qué quiere destruirlo después de tanto tiempo que invirtió en construirlo? No tiene ningún sentido. Si embargo, pese a que todo es extraño, ambos son conscientes que ninguno de los dos puede evitar que Hiltz haga lo quiera con su androide, después de todo, es suyo y no se va a detener solo porque ellos se interpongan.

    Hawk alcanza la altura de los mil metros. El ave vuela en círculos durante algunos segundos para analizar el área del impacto. Una vez lo hace, Hawk encoge sus alas y cae en picada directo a los arbustos. Al cabo de menos de cinco segundos, Hawk logra alcanzar una velocidad cercana a los cuatrocientos kilómetros por hora. Hiltz, Wenzel y Luzia observan a Hawk caer a una gran velocidad. A poco menos de doscientos metros, Wenzel y Luzia son tomados por sorpresa cuando Hiltz le lanza una poderosa descarga de rayos eléctricos a Hawk. Los rayos imbuyen el cuerpo del ave de energía eléctrica, causado que esta desprenda chipas eléctricas por todo su alrededor.

    La velocidad de Hawk más la energía eléctrica acumulada por su cuerpo metálico, causan un enorme estallido de energía eléctrica cuando Hawk impacta contra los arbustos. El impacto provoca una pequeña onda de choque que es sentida por los tres pequeños, quienes se ven obligados a cubrirse por los pedazos de madera que vuelan por todas partes.

    Todos los arbustos del área de impacto y alrededores son destruidos por la energía eléctrica. Algunos incluso se prenden en llamas, otros solo desprenden humo blanco debido a que el fuego hizo cabida pero no logró encender, a raíz de la falta de aire. Los tres pequeños de Laurenz están muy impresionados de ver todo el daño que ha causado Hawk. Hiltz y compañía se acercan al lugar exacto del impacto. Donde logran ver a Hawk completamente intacto en medio de un pequeño, pero profundo cráter. Su cuerpo metálico aun desprende pequeñas chispas de electricidad, pero desaparecen en pocos segundos.

    —Es... impresionante. —Luzia no puede creer que Hawk se encuentre ileso.
    —¿C-Cómo es posible? —Se pregunta Wenzel, en la misma situación que su hermana.
    —Creiste que Hawk se destruiría, ¿no es así? —Cuestiona Hiltz, viendo por el rabillo del ojo a su hermano, quien asiente con lentitud—. Idiota. Hawk no puede ser destruido.
    —¿No puede...? –Luzia siente una extraña sensación de miedo al escucha a Hiltz.
    —No —Afirma—. Hawk es una parte de mí, por lo tanto, no puede ser destruido por mis propios poderes. Y como ustedes también comparten las mismas habilidades que yo; tampoco puede ser destruido por su propia mano.
    —¿Es una parte de tí? ¿Qué quieres decir con eso? —A Wenzel le parece muy extraño lo que dice su hermano.
    —Hawk es un...

    Hiltz no logra terminar su diálogo, porque en ese momento, un helicóptero blanco sobrevuela el lugar a poca altitud. Las hojas de los árboles cercanos se agitan con fuerza ante el paso de la aeronave. El helicóptero llama la atención de los tres pequeños al ver que la extraña aeronave se dirige hacia la granja de su padre.

    —¿Qué es ese helicóptero? ¿Por qué se dirige hacia nuestra casa? —Se pregunta Luzia, extrañada.
    —No lo sé, pero me parece que deberíamos volver, y rápido —Wenzel tiene un extraño presentimiento—. Hiltz, Luzia, regresemos.
    —Sí. —Asiente la pequeña.
    —¡Hawk! —Grita Hiltz.

    Al escuchar su nombre, Hawk entiende que es hora de irse por medio del tono de voz de Hiltz. A pocos segundos de que Hawk alce vuelo. Hiltz y compañía observan un cuervo sobrevolar el lugar al sentirse atraído por el olor del conejo, que minutos antes Hawk cazó. El ave de Hiltz alza vuelo de inmediato, y tras sobrevolar por unos segundos las cabezas de los tres pequeños. Hawk ataca al cuervo, sin razón aparente, lanzándole varios disparos, a través de un pequeño cañón, ubicado en la unión de su cuerpo y alas. Los disparos impactan violentamente al ave, matándolo al instante. Su cuerpo cae muy cerca de donde yace el cuerpo sin vida del conejo blanco.

    Luzia experimenta un miedo mayor del que siente su hermano Wenzel. Al ver que Hawk ha matado a esa pequeña ave sin ningún motivo. Ver que el ave de Hiltz ha actuado por su propia voluntad. Hace que Luzia sienta miedo. Miedo de que Hawk pueda atacar a su padre, a su hermano Wenzel, o incluso a ella en algún momento de su vida.

    Hiltz nunca antes ha creado un androide como Hawk, y el hecho de que este sea tan diferente a un halcón ordinario, es una razón para preocuparse. Más aún al ver que ataca sin motivo aparente. Luzia es consciente de que cabe la posibilidad, que Hawk nunca ataque a nadie de su familia, pero tampoco puede estar segura, y menos cuando no hay nada que se lo pueda asegurar.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    14:00 – 2:00 P.M.


    El estruendoso sonido de un helicóptero llama la atención de todas las personas que laboran en la granja Scheideman. Laurenz, Félix y Adler son tres de los muchos que prestan toda su atención a la aeronave que se acerca a la granja. El helicóptero es color blanco en su mayor totalidad, pero toda el área del rotor de cola es amarillo. También presenta a ambos lados del fuselaje una insignia en relieve con las letras «GNS» de color negro la «G», plateado la «N» y rojo la «S». Lareunz no reconoce ese helicóptero como parte del ejército, debido a la extraña insignia y los diferentes colores que este posee.

    La aeronave desciende a tierra muy cerca de la casa de Laurenz. Aleshire en compañía de Adler y Félix corren al ver que el helicóptero apaga los motores. Una puerta lateral de la máquina se abre, dejando que un hombre con una extraña máscara de metal plateada con dos orificios pequeños y rectangulares en el área de los ojos, vestido con una gabardina negra de manga larga y pantalón del mismo color. Salga acompañado de otros tres hombres. Los cuales portan un uniforme de manga larga, pantalón negro y zapatos de cuero. A ambos costados de los antebrazos, portan la misma insignia «GNS».

    El hombre enmascarado observa su alrededor con desinterés, por unos segundos nota la presencia de Laurenz y sus amigos. Los tres se detienen en seco, a unos cinco metros del helicóptero, al sentir la extraña mirada de ese hombre.

    —Nunca imaginé que te esconderías en un lugar tan patético como este. —Dice el hombre enmascarado. Observando los graneros, campos, y maquinaria de agricultura en los alrededores.
    —¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren? —Pregunta Laurenz.
    —Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. ¿No te parece, Laurenz?
    —¿C-Cómo sabes mi nombre? —Los ojos de Laurenz se abren como platos. Un extraño escalofrío recorre su espina dorsal.
    —Veo que me has olvidado por completo —El hombre toma su máscara con una de sus manos—. Mi nombre es Merten Weigand. —Responde, quitándose la máscara.

    Adler y Félix notan una gran impresión en el rostro de Laurenz, no saben quién es Merten ni qué relación tiene con su amigo, pero es evidente por su expresión, que Laurenz lo conoce de algún lado. Los ojos de Aleshire se abren como platos al ver frente a él a su viejo amigo y colega.

    —Pero, ¿cómo es posible? —Laurenz no puede creer que Merten se encuentre frente a él—. Se supone que no hubo supervivientes en Dortmund.
    —Es verdad, pero ciertamente tu también lograste sobrevivir. Aunque tu solo sufriste algunos cambios, yo no tuve la misma suerte —Merten recuerda lo que aquel hombre le dijo—. El virus Zero degeneró órganos, músculos, nervios y huesos de mi cuerpo. Todo a raíz de mi ADN. —Merten señala las cicatrices que tiene su rostro—. ¡Estas cicatrices son obra tuya, Laurenz!

    Al señalar sus cicatrices, Laurenz logra verlas solo por unos segundos. El daño que presenta el rostro de Merten es tal que su heridas llegan al extremo de ser repulsivas. Es evidente los daños que le causó el virus a su cuerpo. Pese a lo grotescas que son las cicatrices de Merten, Laurenz hace todo lo posible por no apartar su vista, no quiere demostrarle a su viejo amigo ningún signo de repulsión o desprecio.

    —Aun siendo consciente del peligro que representaba su investigación. Tu continuaste desarrollando el virus Zero, sin importarte nada más que los resultados. Por tu culpa, Dortmund fue destruida. ¡Por tu culpa, debo vivir en este cuerpo deforme!
    —Merten... —Laurenz presiona los puños, sintiéndose como la peor persona del mundo. Merten tiene razon; él es culpable de la destrucción de Dortmund y aún más del daño ocasionado a su mejor amigo.
    —Nunca te perdonaré, Laurenz. —Sentencia.
    —¿C-Cómo lograste sobrevivir? —Pregunta Laurez de forma automática. El odio en las palabras de Merten han llegado hasta lo más profundo de su ser y han hecho cabida en él.
    —Un hombre me salvó. Me mantuvo durante seis años en coma para reconstruir mi cuerpo. Gracias a él es que estoy vivo, y ahora debo pagar mi deuda con él.
    —¿Deuda? ¿De qué estás hablando? —Laurenz percibe un extraño tono de malicia en la voz de Merten.
    —Tu sangre es muy valiosa, Laurenz. Has sobrevivido a la exposición del virus sin sufrír ningún daño genético. Mi superior está muy interesado en ti. Necesita tu sangre para llevar a cabo su propia investigación. Por esta razón, voy a llevarte ante él y te convertirás en su conejillo de indias.
    —¡No voy a permitir que alguien más haga mal uso del virus, Merten! —Sentencia Laurenz con firmeza—. .Ambos hemos sido testigos de su poder. ¡Deberías estar de mi lado, no en mí contra!
    —Esto no está a discusión, Laurenz.

    Adler y su hermano Félix están impresionados por las grandes revelaciones que han tenido a raíz de la discusión entre Laurenz y Merten. Félix ha descubierto que, efectivamente, dentro del cuerpo de Laurenz se encuentra el virus Zero; mismo que ayudó a desarrollar en la Universidad Técnica de Dortmund. Así como la razón del cómo sobrevivió a un desastre donde, prácticamente, no hubo ningún superviviente.

    En palabras de Merten; su cuerpo sufrió graves daños debido al conflicto genético que causó el virus por su ADN. Y el hecho de que Laurenz haya sobrevivido sin sufrir cambios; significa que su cuerpo se adaptó al virus Zero de tal modo que se hizo invulnerable a los cambios degenerativos que causa por el ADN. Todo lo que han hablado Laurenz y Merten rectifica toda la información que Félix obtuvo hace años.

    Adler no puede creer que Laurenz; hombre que ha considerado como amigo durante años; mismo que salvó de un automovil destrozado tras un terrible accidente. Sea la persona que desarrolló el arma biológica que destruyó la ciudad de Dortmund, y la cuál acabó con la vida de miles de personas.

    —Te obligaré a venir conmigo si es necesario. —Dice Merten, acercándose a Laurenz.
    —Detente, Merten, por favor. No quiero hacerte daño —Laurenz no desea luchar contra su viejo amigo.
    —Después del daño que me has hecho. Estoy preparado para soportar cualquier cosa. Lucharás lo quieras o no. —Sentencia Merten.

    Laurenz al ver que Merten no tiene intenciones de detenerse, pese a sus palabras. Cae en cuenta que la única forma de hacer entrar en razón a su viejo amigo, es luchando contra él. No le agrada la idea de enfrentar a Merten, ya que él es un humano ordinario, pero a como está la situación ahora, no tiene otra opción más que acceder a la lucha. Aleshire solo espera terminar el combate, antes que sus tres pequeños aparezcan, o de lo contrario, Merten sabrá de su existencia.

    Adler y Félix se alejan de Laurenz al ver que Merten se acerca con toda la intención de luchar contra él. Ambos hermanos se sitúan cercan del helicóptero, a una distancia segura de Laurenz, Merten, y los soldados. Félix se muestra preocupado por el combate que está por afrontar Laurenz en este momento, al menos, eso es lo que le hace creer a Adler. Pero lo cierto es que en sus adentros, Félix rebosa de alegría. Las cosas se ha desarrollado de un modo problemático para Laurenz, pero muy beneficiador para su persona. Finalmente, después de tanta especulación, acerca de lo poderoso que es el virus Zero. Ha llegado la hora de presenciar, que tan poderoso es en realidad uno de sus portadores.

    El combate entre Laurenz y Merten inicia. Merten corre hacia Laurenz y a pocos metros de llegar a él. Lanza un potente golpe de puño, dirigido a la cabeza. Laurenz ve venir el golpe, así que sin problema, lo recibe con una de sus manos. Sin soltarlo, Laurenz gira su cuerpo hacia la izquierda, y con un moviendo de codo hacia atrás. Logra propinarle un fuerte codazo en el abdomen, que le saca el aire a Merten. El moreno, escupe un poco de saliva, ante el inesprado ataque por parte de su antiguo compañero.

    Merten toca la zona afectada con sus manos. A raíz del fuerte golpe, el moreno toma algunos segundos para intentar normalizar su respiración. Segundos que Laurenz aprovecha para alejarse un poco de Merten, y propinarle una patada a la cabeza. Aleshire logra realizar el ataque, no obstante, el golpe no logra llegar a su objetivo, ya que Merten sujeta con su mano izquierda, el tobillo de Laurenz a escasos metros de que su pie impacte en su rostro. Sorprendido, por la pronta recuperación de su antiguo compañero, Laurenz intenta mover su pie para liberarse, pero el agarre de Merten es muy fuerte, al punto que ni siquiera puede girar su pierna hacia los lados.

    Merten hala violentamente la pierna de su enemigo, obligando a Laurenz acercarse a él. Rápidamente, suelta la pierna de su enemigo y sujeta con su mano izquierda el cuello de Aleshire. Weigand levanta a Laurenz unos cuantos metros, y de inmediato lo estrella contra el suelo, causando que este se agriete un poco por el fuerte impacto.

    A pesar del golpe, Laurenz recibe un daño moderado, y pese al violento ataque, Merten no suelta el cuello de Laurenz. Más aún, presiona con todas sus fuerzas el cuello de su rival, en un intento por hacerle perder la conciencia. El rosto de Aleshire se empieza a tornar ligeramente rojo, a raíz de la falta de oxígeno. Usando sus manos, Laurenz presiona el brazo de Merten para liberarse, pero a raíz de la falta de oxígeno, sus fuerzas han disminuido considerablemente. Impidiéndo que logre ejercer la fuerza suficiente para lograr liberarse.

    Merten presiona aún más el cuello de Laurenz, empleando toda la fuerza que tiene en sus dedos. Sin embargo, para sorpresa de Weigand, Laurenz aún sigue consciente, y todavía con vida. El cuello de una persona normal, ya se habría fracturado con toda la fuerza que ha ejercido hasta el momento en el cuello de Laurenz. Pero por alguna razón, su resistencia es mayor. Merten empieza a preguntarse, si esa es una de las características del virus Zero.

    —No puedes hacer nada, Laurenz, rindente. No tienes como liberarte. —Dice Merten con una sonrisa, confiado.
    —¿E-Estás s-seguro? —Dice Laurenz con dificultad. Tomando por sorpresa a Merten.

    Laurenz suelta el brazo de Merten, al momento, que de su muñeca derecha, emerge un largo hueso puntiagudo y filoso. Aleshire sin tardar un segundo, le clava el hueso a Merten en el brazo, y una vez lo hace quiebra su propia arma. Merten de inmediato libera a Laurenz y se aparta de él, en medio de un fuerte grito de dolor. Laurenz empieza a tocer, a medida que el aire regresa a sus pulmones. Merten se tambalea de un lado a otro, mientras diversas gotas de sangre, recorren los bordes filosos del hueso que tiene en su brazo.

    En medio del intenso dolor, Merten toma el pedazo de hueso con su otra mano, y lo saca de su brazo sin dudar un segundo. A raiz de los bordes filosos, Merten se causa diversas cortadas, relativamente profundas, de las cuales empieza a brotar bastante sangre. Weigand observa el pedazo de hueso por unos segundos, y después vuelve a ver a Laurenz. Quien para ese momento, se encuentra de pie y totalmente recuperado.

    —Escucha, Merten. Tu sabes que mi intención, siempre fue ayudar a las personas, utilizando la investigación del virus Zero. Lo que sucedió en Dortmund fue un accidente —Explica Laurenz, en un intento por hacer entrar en razón a Merten—. Ninguno tiene la culpa de lo ocurrido. No sé quién te ha hecho creer lo contrario, pero sé, que en el fondo, tu sabes que es verdad.
    —¡Callate! ¡No quiero seguir escuchando excusas!
    —Si seguimos luchando, uno de nosotros terminará mal. Merten, por favor, no quiero seguir luchando contra ti.
    —Si no quieres seguir luchando. Sabes lo que tienes que hacer. Venir conmigo.
    —No pienso ir contigo, Merten.

    En ese momento, Hiltz, Wenzel y Luzia hacen acto de presencia. Los tres hermanos lo primero que llama su atención apenas llegan; son las terribles cicatrices que presenta Merten en su rostro. Pese a que son un poco repulsivas y grotescas, ninguno muestra astisbo de repulsión hacia la persona frentre a su padre.

    —Papá. ¿Quienes son ellos? ¿Qué hacen aquí? —Pregunta Luzia al llegar. Viendo a Merten y a sus hombres con extrañeza.
    —¿Papá? —Repite Merten, sumamente impresionado de escuchar esas palabras.

    Laurenz presiona los puños, al momento que Merten se percata de la existencia de sus tres pequeños. Weigand, observa con una gran sonrisa a los tres hijos de Laurenz. Ciertamente es toda una sorpresa para él. Nunca imaginó que su viejo amigo, tras estos seis años, tuviese una de las grandes bendiciones que existen; ser padre. Ahora que ha tenido el placer de conocerlos, la atención de Merten ya no está cien por cien en Aleshire, como en un principio.

    —Así que estos tres pequeños son tus hijos —Dice, notando un gran parentesco en los tres pequeños—. Vaya. ¿Quién lo habría imaginado? —Dice, viendo a la pequeña—. Tienes una niña muy hermosa. —Comenta, acercándose a la pequeña con intenciones hostiles.

    Merten es conciente que su superior le ordenó llevar a Laurenz ante él, pero eso fue antes de tener conocimiento sobre los tres pequeños. A raíz de que los tres niños son descendientes directos de Laurenz. La cepa del virus Zero que poseen, es más fuerte que la de su progenitor, y por consiguiente, más valiosa. Por lo que, ahora no tiene ni debe luchar contra Laurenz para obtener lo que desea. Solo debe apoderarse de uno de los pequeños, y su misión estará completa, así como su venganza. Weigand no puede imaginar una venganza más grande, que arrebatarle uno de sus hijos a Laurenz.

    —Espera, Merten. ¿¡Qué haces!? ¡Detente! —Ordena Laurenz, aterrado de solo ver a Merten, acercarse a Luzia.
    —Tu sangre ha perdido valor, Laurenz. Ya que no puedo obligarte a venir conmigo. Quizás, tu pequeña sea más fácil de persuadir. —Dice, acercándose a los pequeños.
    —¡Chicos, entren a la casa! ¡Ahora! —Ordena Aleshire, intentando proteger a sus pequeños. No obstante, ninguno obedece a su padre.

    Luzia observa con ojos de terror como Merten se acerca a ella, superando por varios centímetros su pequeña estatura. Weigand toma a Luzia de su ropa, pero su intento se ve obstaculizado por Hiltz. El pequeño se interpone en medio de su hermana y Merten, sujetándole con fuerza su mano derecha. Dos soldados apuntan con sus armas a los pequeños, mientras que el último apunta a Laurenz, al ver que este intenta intervenir.
    Aleshire detiene en seco su accionar.

    —¿Y qué si lo somos? —Responde Hiltz, desafiante a las palabras de Merten. Sujetando su brazo con bastante fuerza.

    Al ser detenido por Hiltz, Merten se molesta en un segundo. Importándole poco que se trate de un pequeño de seis años, Weigand ataca a Hiltz con un golpe de puño, usando su brazo libre. Sin problemas, Hiltz intecepta el puño de Merten con su mano, impidiéndole su ataque, pronto, haciendo uso de una fuerza sobrehumana. Hiltz gira su cuerpo hacia un costado y sin soltar a Merten, logra levantarlo por unos segundos sobre su pequeño cuerpo, y lo envía a volar a varios metros tras de él.

    Merten cae sobre un contenedor de metal. Al caer, rebota, y termina cayendo al suelo, llevándose consigo un fuerte golpe seco. Los soldados que acompañan a Merten, apuntan de inmediato a Hiltz con sus armas. El pequeño toma esto como un acto de amenaza, así que decide hacer algo. Hiltz se acerca al primer hombre a una velocidad sorprendente, una vez está lo suficientemente cerca, gira su cuerpo hacia la derecha y le propina un potente codazo al soldado enemigo en la frente. El golpe es tan fuerte que le rompe el cráneo, causándole graves contusiones que lo dejan fuera de combate.

    Los otros dos soldados al ver lo que ha hecho Hiltz, disparan al pequeño con sus armas, pero Hiltz toma el cuerpo del soldado y lo utiliza como escudo humano para protegerse. Una vez los disparos enemigos cesan, Hiltz deja caer el cuerpo del hombre y toma el arma del soldado para atacar a sus enemigos, mientras estos recargan sus armas. Hiltz realiza tan solo cuatro disparos consecutivos con una precisión digna de un soldado veterano. Dos de los disparos le perforan el corazón a uno de los hombres de Merten, y los otros dos, el cráneo al soldado restante. Ambos hombres caen al suelo sin vida.

    Merten se levanta del suelo con dificultad y al postrar su vista sobre sus hombres, no evita sorprenderse al verlos en el suelo completamente sin vida. Ver uno de los cuerpos de sus hombres cerca de Hiltz le indica a Merten que ese pequeño ha sido el responsable de matar a sus soldados. Al percatarse de esto, a Merten lo invande un sentimiento de terror, uno tan grande y profundo como nunca antes ha sentido uno.

    Hiltz deja caer el arma al suelo para acercarse a Merten con lentitud. El cuerpo de Weigand tiembla, ante cada paso que realiza el pequeño de cabellos carmesíes. Laurenz y compañía lo único que pueden hacer es observar con asombro a Hiltz.

    —¿Qué te hace pensar, que puedes venir aquí a llevarte a mi hermana, así nada más? —Pregunta Hiltz de forma retórica. Sin esperar respuesta de Merten—. Tu especie, es repugnante. —Hiltz siente más odio hacia los humanos. Sus ojos se tornan completamente azules.
    —¡Espera, no lo hagas! ¡Detente, Hiltz! —Grita Laurenz. Sintiendo miedo, al visualizar lo que está por hacer el pequeño.
    —¿Por qué debería detenerme? —Pregunta Hiltz, volviendo a ver a su padre. Al momento que sus ojos regresan a la normalidad.
    —Merten no es nuestro enemigo. —Responde Aleshire.
    Sorprendiendo a los tres pequeños, pero sobretodo a Luzia.
    —¿¡No es nuestro enemigo, dices!? —Grita Hiltz molesto. Su sangre hierbe de la rabia al escuchar a su padre—. ¿¡Cómo te atreves a decir esa palabras!? ¡Intentó raptar a tu propia hija!
    —Sé que estás molesto, Hiltz. Lo sé. Yo también lo estoy, creeme.
    —Entonces. ¿¡Por qué insistes en detenerme, padre!? —Hiltz no comprende el comportamiento de su padre

    Merten al presenciar la pequeña discusión entre Laurenz y Hiltz. Aprovecha la oportunidad para marcharse al helicóptero y subir a la aeronave, en un intento por escapar. Sus hombres han sido asesinados y es evidente, que no cuenta con la condición física para hacerle frente a Laurenz y a Hiltz. Por lo que, no tiene caso que permanezca por más tiempo en ese lugar.

    Las hélices del helicóptero comienzan a girar. A medida que su velocidad aumenta. Laurenz, y compañía se percatan del sonido que estas realizan. Pronto, se asombran al ver que Merten ha escapado del lugar, y que ahora se encuentra dentro del helicóptero en el que ha llegado. La aeronave se eleva en los aires y permanece suspendida a unos cien metros de altura. Merten expresa una sonrisa al ver el rostro molesto de Hiltz, ya que el hijo de Laurenz no logró acabar con su vida, y saber que su enemigo no puede hacer nada contra él. Le hace sentir seguro. No importa cuán poderoso sea Hiltz, es imposible que pueda causarle daño, ahora que está a una altura de cien metros.

    De repente, Hiltz cambia su expresión de enojo a una sonrisa y la sonrisa de Merten se borra en un instante, al no poder comprender el motivo de la expresión de su rostro. Merten intenta descifrar la razón, por la que Hiltz sonríe, pero por más que intenta hacerlo, no puede pensar en un motivo. Weigand le ordena al piloto regresar a la base. El helicóptero comienza a moverse lentamente, y en ese momento se escucha el sonido característico de un halcón. Merten escucha el sonido, pero no le toma importancia.

    —¡Señor, un extraño objeto se acerca! —Informa a gritos el piloto. Merten lo vuelve a ver por un segundos.

    Merten vuelve a ver al piloto por breves segundos, y después voltea a ver, con rostro de terror, a Hiltz. Merten se sujeta de una agarradera de metal en el fuselaje del helicóptero, y observa con cuidado de no caerse, el objeto que se acerca, según los radares. Weigand no evita sorprenderse al ver el halcón de metal que se acerca a ellos a gran velocidad. Hawk realiza su sonido característico una vez más, al momento que Hiltz levanta su brazo derecho y le lanza una oleada de rayos eléctricos, que deprende de las puntas de sus dedos. Los rayos impactan en Hawk, y su cuerpo se embulle de energía eléctrica. El androide atraviesa, a una velocidad increíble, el helicóptero en menos de un segundo.

    Una pequeña onda de choque se crea, y el helicóptero explota en una gran esfera de fuego. Diversos objetos de la aeronave vuelan por todas partes, incluso la hélice principal, que termina incrustada en uno de los graneros. Todas las personas que laboran en la granja Scheideman junto a Laurenz. Huyen despaboridos al escuchar y ver la enorme explosión de humo y fuego en el cielo. Mientras que Adler, Félix y Laurenz permanecen en sus lugares en compañía de Luzia y Wenzel. Todos observan, impresionados e impactados, el caos que se ha liberado a causa de Hiltz y su androide, Hawk.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Saludos, amigo, paso a comentar el capítulo de la semana. Bueno, luego de 13 capítulos, al fin puedo decir que Génesis ha superado a The Fallen December, para convertirse en la mejor historia perteneciente a este universo. Hubo varios buenos capítulos, pero este ya la termina de coronar como la mejor, al menos ante mi punto de vista. Claro está que las otras partes tienen 5 o 10 capítulos, y que esta necesitó de 13 para poder tomar la primera posición, pero bueno, eso no es culpa de esta historia, precisamente. Pasaré a comentar el capítulo.

    Me sorprende mucho la inteligencia sobrehumana que posee Hiltz a tan poca edad. Para un proyecto de la universidad, trabajé en equipo con 7 personas para hacer un juego y nos costó mucho sudor y trabajo de todos nosotros. Y este niño, a los 5 años es capaz de crear un androide capaz de seguir órdenes, reconocer patrones de voz, analizar bien el entorno, escanear alrededores, calcular velocidades... incluso le puso sus cañones para que estos ejercieran la función de actuador bajo las órdenes de Hiltz. Debo decir que me impresiona, ya que hacer una máquina como esa requiere profundos conocimientos de programación, de robótica, de armas, y también de electrónica (y quizá muchos más conocimientos que ahora estoy pasando por alto). Y la verdad es que da miedo pensar que Hiltz fue capaz de lograr eso a los 5 años. Si fue capaz de hacer un halcón tan fuerte capaz de tirar a un helicóptero, cuando tenga 20 años creará una réplica exacta de los androides de Dragon Ball Z.

    Está claro que el objetivo de Hiltz al crear a ese androide fue tener un arma para permitir la exterminación de la humanidad, o al menos, asesinar a varios humanos. Aunque el ver que el robot también ataca a animales sin recibir órdenes, me hace pensar que Hiltz simplemente quiere deshacerse de toda la vida en la Tierra. Lo que me pregunto, y me gustaría ver mejor de su parte es el objetivo a largo plazo de Hiltz, y que hará cuando esté cumplido. Ya que imagino que no se tranquilizará solo con su halcón.

    Sorprende que los empleados de Laurenz, sobre todo, Adler y Felix no hayan huído al ver a un tipo tan feo como Merten aparecer de un helicóptero buscando venganza y con personas armadas. Yo llego a ver eso y cruzo el continente a las corridas XD. Me sorprende que Felix quisiera ver de primera mano a un portador del virus zero en acción, ya que acaba de ver como Merten y Laurenz tienen una fuerza sobrehumana (valga la redundancia en este caso) y que un golpe de uno de ellos podría llegar a quitarles la vida. Imagino que su amigo Helmuth debe tener algo que le garantice seguridad para no verse tan asustado.

    Me sorprende la actitud de Laurenz aquí. Él vio como Merten vino para vengarse, y que las palabras no estaban funcionando. Entiendo que quisiera detenerlo y no matarlo, pero su fuerza lo convertía en un peligro tanto para sus empleados como para sus hijos, y yo creería que alguien como él tendría como prioridad proteger a la gente que lo aceptó y con la que convivió años antes que "recuperar" por decirlo de una manera, a un viejo conocido. Eso es algo que me sorprende bastante de Laurenz, sumado a la sorpresa que me dio en el capítulo anterior cuando no dio un castigo muy severo a su hijo.

    La pelea y el capítulo estuvieron muy bien narrado. Aunque creo que hay un poco de desequilibrio entre diálogos y narración, siendo los diálogos muy pocos en comparación a la narración. Me gustaría ver un poco más, ya que estos son los que permiten conocer más a fondo a los personajes, mientras que la narración solamente te dice las cosas, los diálogos las muestran. Pero al menos la narración estuvo muy bien.

    Hiltz demuestra que es una bestia. Imagino que el niño del preescolar fue muy afortunado, ya que Hiltz ha dominado a un hombre adulto con suma facilidad en combate, incluso llegó a asustarlo. Asumo que la furia de ver como ponían en peligro a su hermana lo hizo aumentar de poder. ¿Quiere decir esto que él realmente valora a sus hermanos y que al sentir que debe protegerlos obtiene más fuerza que cuando solamente destila odio a la humanidad? Supongo que está por verse.

    Muero por ver la reacción de los empleados de Laurenz, sobre todo de los dos hermanos, cuando hablen con Laurenz en los próximos capítulos, ya que saben que sus hijos no son niños normales y además tienen pruebas de que él causó la destrucción de Dortmund. Me pregunto cómo lidiará Laurenz con todos ellos.

    Errores no creo haber encontrado. Sí he visto que algunas veces has puesto un punto y seguido cuando habría ido mejor una coma, pero no es tan grave como para señalarlo. Así que, por el momento, me despido. Será hasta la próxima semana si todo sale bien.

    Nos vemos.
     
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  7. Threadmarks: Capítulo 14: Preferencia.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

    Acuario
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    ZERO ZONE: Genesis [S.O.E]
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    Ciencia Ficción
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    16
     
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    Hola a todos. Hoy es sábado, y como siempre, un nuevo capítulo. Agradezco enormemente a Reydelaperdicion , por seguir esta historia, desde sus inicios, y sobretodo por su gran apoyo a la misma. Sin más nada que decir, los dejo con la lectura.

    Capítulo 14: Preferencia.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    15:00 – 3:00 P.M.


    La explosión del helicóptero es tan grande que llama la atención de todas las personas que laboran en la granja Scheideman. Las personas al ver la gran columna de humo y fuego empreden su huida lo más rápido posible. A ninguno le importa lo que sea que está sucediendo, simplemente su prioridad es salvar sus vidas sin importar que existan pérdidas materiales en el proceso.

    Al cabo de algunos segundos, el fuego va desapareciendo y lo único que permanece durante un tiempo prolongado es una leve columna de humo que se ha tornado de un color negro azabache. Hiltz observa durante cierto tiempo la columna de humo hasta que aparece Hawk, envuelto en fuego. Hiltz levanta su brazo izquierdo para permitirle a su androide aterrizar. Una vez aterriza, Hawk abre varias escotillas, bajo sus plumas metálicas, y expulsa aire frío, para discipar el fuego de su cuerpo.

    Laurenz se acerca a su hijo con un rosto que expresa una mezcla de emociones entre miedo y enojo. Detrás de él, a varios metros se acerca Luzia, Wenzel, Adler y Félix.

    —¿Qué crees que has hecho? —Le reclama, Laurenz, molesto.
    —Lo que tu no tuviste el valor de hacer; acabar con un insignificante humano. —Responde Hiltz con notable tono de orgullo en su voz.
    —¡No tenías por qué asesinarlo! —Le recrimina Laurenz—. ¡Debiste detener a Hawk!
    —¿Por qué? ¿Por que era tu amigo? Por favor, Merten quería a Luzia para sus experimentos, y tú no moviste un dedo para ayudarla. Tu preferencia hacia los humanos, impidió que protegieras a tu propia hija —Le recrimina Hiltz—. Gracias a mí es que Luzia sigue con nosotros.
    —¿Qué pasa? ¿Qué sucede? —Pregunta Luzia al llegar con su padre en compañía de su hermano Wenzel y los hermanos Adler y Félix.
    —Nada. —Responde Hiltz de inmediato, volteando su mirada hacia un lado.
    —Laurenz. —Dice Adler, sorprendido por todas las revelaciones que ha visto y escuchado.
    —Adler, Félix, pido a ambos disculpas. Durante todos estos años he mantenido en secreto muchas cosas sobre mi pasado y sobre mí. Lamento que se enteraran de este modo. —Laurenz observa a ambos hermanos a los ojos.
    —Entonces, ¿eso quiere decir que todo es verdad? ¿El virus? ¿Dortmund? ¿Todo? —Aún es difícil para Adler asimilar todo.
    —Así es. Todo lo que escucharon es verdad. Supongo que no hay prueba más verídica, que lo que ha ocurrido. —Afirma Laurenz.
    —¿Esos tipos a los que pertenecía Merten son militares? —Pregunta Adler, viendo los cuerpos de los tres hombres sin vida.
    —No, son paramilitares —Responde Félix—, y a juzgar por sus uniformes, en especial por su insignia, es evidente que pertenecen a una organización desconocida. —Dice Félix, arrancando la insignia «GNS» del uniforme de un soldado.
    —Una organización desconocida, pero lo suficientemente poderosa para lograr encontrarme, aún cuando ni siquiera el ejército lo ha hecho.
    —Laurenz no puede pensar que organización ha sido capaz de localizarlo.
    —Por lo visto, hay alguien mucho más interesado en tu sangre de lo que el propio ejército está. —Comenta Adler.

    En Algún Lugar del Océano Glacial Ártico.

    Un hombre, sentado sobre una cómoda silla, observa la imagen del Planeta Tierra y su luna en una gran pantalla panorámica. Entre sus dedos tiene un habano, el cuál se encuentra encendido y del que desprende un pequeño hilo de humo. El hombre aspira por unos segundos su habano, al momento que detrás de él se materializa un holograma de un científico.

    —Señor. —Dice el científico con la cabeza baja.
    —¿Qué tienes que informar? —Pregunta el hombre, mirando fijamente la pantalla panorámica.
    —Señor, los signos vitales de Merten Weigand se han detenido. —Informa.
    —No te preocupes... —Responde el hombre al ser interrumpido.
    —Pero, señor. Su muerte...
    —Su muerte era necesaria —Se apresura en decir el hombre—. Gracias a él, ahora tenemos una idea del tipo de poder que otorga el virus Zero —Dice el hombre, aspirando su habano por unos segundos—. Olvidense de él. Reanuden la investigación del virus Zero, e inicien también con el virus Infinity, utilizando las muestras primarias que tenemos. —Ordena, expulsando el humo.
    —¿E-El virus Infinity? —El científico se asusta al escuchar el nombre del virus solicitado por su superior— ¿Está usted seguro? —Pregunta, esperando una respuesta que nunca llega—. Como ordene, señor.

    El holograma del científico desaparece. Al mismo tiempo, la imagen del planeta en la pantalla panorámica cambia por la imagen en vivo del cometa Ahren en su viaje directo a la Tierra. El hombre aspira un poco del habano al fijar su mirada en el cometa, después expulsa el humo por su boca tras algunos segundos.

    El hombre presiona un pequeño interruptor holográfico, y al hacerlo, materializa muy cerca de él. La imagen donde se muestra a una joven y a un hombre, también joven, cinco años mayor que ella. El varón de ojos heterocromáticos, observa a la joven por breves segundos, hasta que realiza un leve gesto con su mano para desaparecer el holograma, y fijar su mirada, una vez más en el cometa Ahren.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    15:30 – 3:30 P.M.


    —¿Estás seguro de que es lo mejor? —Cuestiona Adler, impresionado por las palabras de Laurenz.
    —Eso es lo mejor, Adler —Afirma—. Si la organización a la que trabajaba Merten logró localizarme. Es posible que el ejército también lo haga en su momento. Lo mejor para todos es que mis hijos y yo nos marchemos de este lugar.
    —Y, ¿a dónde piensas ir? —Pregunta Félix, preocupado ante la precipitada decisión que ha tomado Laurenz.
    —A algún lugar remoto, donde podamos permanecer lejos de la civilización —Laurenz siente las miradas de Adler y Félix—. Es lo que merecemos por ser portadores de un virus tan peligroso.
    —¿Crees que esa sea la mejor opción? —A Adler también le parece una decisión muy apresurada por parte de Laurenz, pero entiende sus motivos.
    —No puedo arriesgarme a que mis hijos sean capturados por los militares, o bien por otras organizaciones. —Responde Laurenz, viendo a sus tres pequeños.
    —Y, ¿qué pasará con todo lo que has hecho aquí? ¿Lo perderás así nada más? —A Félix le parece sorprendente que Laurenz no mencione nada de la granja.
    —Venderé la propiedad. Procuraré llegar a un acuerdo con el comprador para que ustedes no pierdan su empleo y logren seguir trabajando aquí.
    —¿Qué te hace pensar que seguiremos aquí, Laurenz? —Pregunta Adler de forma retórica—. Si piensas marcharte de aquí. Nosotros te acompañaremos. ¿Verdad, Félix? —Adler vuelve a ver a su hermano.
    —C-Claro, por supuesto. —Afirma Félix, de acuerdo con su hermano.
    —Esperen un momento. ¿Están diciendo que abandonarán todo, solo por nosotros? No puedo permitirles que hagan eso. —Laurenz no está de acuerdo con la idea de Adler y Félix.
    —¿Por qué? —Cuestiona Adler—. ¿Porque tenemos un hogar? Nosotros no tenemos nada que nos ate a este lugar. Además, necesitarás nuestra ayuda y lo sabes.
    —No tienen que hacer esto. Ustedes ya me han ayudado bastante. Incluso me salvaron la vida una vez. Son mis amigos, y no tiene que demostrarlo.
    —Y justamente porque somos amigos, vamos a seguir juntos, en las buenas y en la malas. —Afirma Félix, igual de decidido que su hermano.
    —Está bien. Ustedes ganan —Dice Laurenz al dar su brazo a torcer—. Preparen sus pertenencias, nos marcharemos mañana a primera hora.
    —Muy bien, Laurenz. —Asiente Adler y Félix.

    Laurenz se siente realmente afortunado de contar con la ayuda de Adler y Félix. A pesar de que ellos poseen un lugar donde vivir en Nördlingen, ambos están dispuestos a seguir ayudándolo, pese a los peligros que eso representa.

    A raíz de lo sucedido, Laurenz tiene en cuenta que lo único que puede hacer es escapar, tal como lo hizo una vez, pero ahora debe desaparecer, literalmente, del mapa. Y debe hacerlo si quiere proteger a sus hijos de convertirse en experimentos de laboratorio.

    16:00 – 4:00 P.M.

    Después de lo sucedido con Merten y una vez decidido lo siguiente a realizar. Laurenz y sus tres pequeños entran a la casa en compañía de los hermanos Eigner para empacar sus pertenencias. La precipitada decisión de Laurenz es toda una sorpresa para sus hijos.

    A Wenzel le parece demasiado precipitada la idea de marcharse a un lugar lejos de la civilización. Sobre todo porque bien pueden mudarse a otra ciudad donde nadie conozca sobre ellos. En caso de que, hipotéticamente, los militares los esté buscando. Es muy difícil para ellos que los localicen en una ciudad diferente, no es necesario marchase a vivir en medio de la nada.

    Luzia se siente un poco molesta con su padre, en especial porque Laurenz ni siquiera se molestó en pedirles su opinión. Simplemente decidió las cosas sin importarle el parecer de cada uno de ellos al respecto. Es consiciente que todavía son unos niños, pero eso no quita el hecho de que pudo tomarlos en cuenta para conocer su opinión al respecto. No obstante, pese a sus errores, Luzia entiende que su padre lo único que desea es protegerlos de las personas que quieren hacerles daño. Y es por eso, y solo por eso, que optó por tomar la decisión él solo. No le agrada la idea de mudarse a un nuevo lugar, y menos lejos de la civilización, pero sabe que no puede hacer más que aceptar las cosas.

    De los tres pequeños, Hiltz es el único al que le parece más que evidente la razón por la que su padre ha tomado la decisión de mudarse a un lugar lejos de la civilización. Hiltz sabe que su padre teme lo que puede llegar hacer, ya lo ha demostrado en dos ocasiones. Una vez en el Kindergarden y la otra más reciente, en su hogar. Hiltz no es ningún tonto, la idea de su padre de querer protegerlos es solo una patética excusa que ha inventado como medio para marcharse de ahí y así proteger a los humanos de sus poderes. Su padre es un peón de sus propios sentimientos, esa patética compasión por los humanos hace que quiera protegerlos sin importarle su propia felicidad y la de los suyos. A Hiltz no le gusta nada la idea de mudarse, pero acepta la decisión de su padre, aunque eso implique que está mal fundamentada su compasión hacia esos seres inferiores llamados humanos.

    Los tres pequeños, a pesar de que tienen diferentes opiniones respecto a la decisión de su padre, saben que sin importar si están de acuerdo o no, ninguno puede hacer algo para hacer cambiar de opinión a Laurenz. La decisión ha sido tomada y es evidente que Aleshire no piensa en la posibilidad de reconsiderar la idea.

    —Muy bien, Laurenz. ¿Por dónde quieres empezar? —Pregunta Adler, deseoso de empezar la mudanza. Sabe que tienen poco tiempo y es fundamental empezar lo antes posible.
    —La idea es empezar por las habitaciones. Cuando terminemos podemos encargarnos de esta planta. Adler, Félix, ¿pueden ayudar a los chicos?
    —Claro, sin problema. —Responde Félix de inmediato.
    —Bien. Yo haré el trámite para vender la propiedad. Cuando termine les ayudaré. —Comenta Laurenz.
    —Perfecto, empecemos. —Dice Adler, emocionado.

    Los chicos suben a la segunda planta en compañía de Adler y Félix. Es hora de empacar. Luzia entra a su habitación para empecar su pertenencias. Al tratarse de una niña decide encargarse ella misma de guardar sus cosas, ya que no desea a ningun varón husmear entre sus pertenencias y menos en su ropa, dado a que eso le daría mucha vergüenza y la haría sentir incómoda.

    Teniendo en cuenta a Luzia, Félix decide ayudar a Wenzel, mientras que Adler ayuda a Hiltz. En menos de cinco minutos, los pasillos de la segunda planta de la casa se abarrotan de cajas, mesas, lámparas y toda clase de objetos, pertenecientes a los tres pequeños de Laurenz. Adler y Félix empienza a empacar todas las cosas que sean posibles en cajas, mientras los pequeños decide qué cosa guardar y cuáles tirar.

    Luzia opta por ver lo que hacen sus hermanos, especialmente, Hiltz. La pequeña rubia ha terminado de empacar todas sus pertenencias en poco menos de una hora, ya que no suele tener muchos objetos como sus hermanos. Casi todas sus cosas consisten en ropa, perfumes y peluches, por lo que, no ha sido un problema para ella terminar en poco tiempo.

    Al entrar a la habitación de Hiltz, Luzia se percata que su hermano está desarmando varios de los androides que ha construido a lo largo del tiempo. Hiltz saca la piezas de algunos de ellos, mientras que Hawk devora, literalmente, decenas de piezas de metal que están amontonadas en un solo lugar. Luzia se asusta al ver a Hawk consumiendo metal.

    —¿Qué haces, Hiltz? ¿Por qué desarmas tus androides? —Pregunta Luzia, viendo a su hermano desarmar un pequeño androide con forma de ave.
    —Ahora que he terminado de construir a Hawk, ya no necesito todos estos androides. Estoy desmantelándolos para tirarlos a la chatarra.
    —¿Y por qué Hawk está devorando los restos de los androides? —Cuestiona la pequeña, extrañada. Viendo a Hawk destruir el metal de los androides con su pico para devorarlos poco a poco. Ver esa escena le hace recordar a Luzia cuando Hawk devoró el conejo blanco en el bosque.
    —No lo sé, supongo que el metal le llama la atención. Tal vez por los minerales que lo componen —Responde Hiltz, viendo a Hawk—. Aunque no posee necesidad de consumir nada en particular. Hawk puede consumir cualquier cosa de metal u orgánico para generar energía; misma que puede utilizar a voluntad para defenderse.
    —Entiendo. —Dice Luzia, comprendiendo a la perfección la explicación de Hiltz.

    A Luzia le parece impresionante que su hermano Hiltz haya construido a Hawk con la capacidad de generar energía a partir de materia orgánica y sólida. Nunca antes ha creado un androide con esa capacidad, y ciertamente esa característica lo hace único en su tipo. A pesar de lo difícil que pudo haber sido para Hiltz construir a Hawk, a Luzia no le parece una razón para sorprenderse de las habilidades de su hermano. Después de todo, desde que Hiltz cumplió cinco años, su hermano ya demostraba su impresionante habilidad para construir androides de toda clase y tamaño.

    —Por cierto, hay algo que quiero decirte, Hiltz. —Comenta la joven. Recordardo lo sucedido con Merten.
    —¿Qué? —Pregunta, a secas.
    —Quiero agradecerte por defenderme de ese hombre. Sé que lo que hiciste, no fue correcto, pero, aún así, agradezco que me hayas defendido. —Dice Luzia, agradecida por lo que hizo Hiltz.
    —Escucha, Luzia. Que te defendiera hoy, no significa que el día de mañana, dudaré en atacarte. Cualquiera que se interponga en mi objetivo lo lamentará, y eso te incluye a ti y a Wenzel. ¿Has entendido?
    —E-Entendido. —Dice Luzia, nerviosa.

    Las palabras serias y frías de Hiltz han dejado a Luzia completamente sorprendida, al punto que se siente incómoda. Su hermano le ha dejado claro, que a pesar de ser su hermana. Su puño no temblará al momento en que deba cumplir sus objetivos, en caso de que intervenga en su camino. Lo sorprendente para Luzia, es que Hiltz ni siquiera tuvo consideración al decirle las cosas, simplemente las dijo tal cual como las ha pensado, y eso es lo que en verdad incomoda a la pequeña.

    Luzia intenta disipar el habiente incómodo que se ha generado a su alrededor, por las palabras de Hiltz, buscando algo en la habitación que llame su atención, al punto, de inspeccionarlo con gran detenimiento. Luzia observa todas las cajas que hay en la alcoba de Hiltz. Muchas de ellas están abiertas y tienen diferentes objetos adentro. Una caja de madera llama la atención de la pequeña. Luzia se acerca a la caja y sin perdir permiso a su hermano, quita la tapa que esta posee. Al hacerlo, descubre un gran objeto metálico, que parece estar apagado. Luzia intenta sacarlo, pero a raíz de su tamaño y peso le resulta un poco difícil sacarlo de la caja. Tras algunos intentos, Luzia logra sacarlo.

    Al verlo con más detenimiento, Luzia se da cuenta que el objeto, no es más que uno de los muchos androides que ha creado Hiltz. El androide tiene forma de un felino. Mide ciento treinta centímetros de largo, y setenta y cinco centímetros de alto. Su cuerpo es metálico con un color base grisáceo claro moteado, donde cada mancha es negra. Una de sus características principales son las largas puntas de sus orejas y su cola de tamaño mediano.

    —¿Qué clase de felino representa este androide? —Pregunta Luzia, impresionada de ver el gran tamaño del robot. A su lado es enorme.
    —¿Eh? —Dice Hiltz al percatarse que su hermana ha estado husmeando entre sus pertenencias —. Es un lince —Responde el pequeño, acercándose a su hermana—. Este androide fue uno de mis últimas creaciones. La metodología que utilicé para su diseño, construcción y programación son exactamente las mismas a las utilizadas en Hawk.
    —¿Eso quiere decir que este androide y Hawk son iguales?
    —Tecnicamente, sí. Ambos aprenden y evolucionan con el tiempo.
    —Entonces, ¿por qué decidiste guardarlo como un objeto cualquiera?
    —Porque todos los androides que he creado, desde el más pequeño hasta el más grande han sido solo experimentos, que utilicé para aprender y poder crear al androide definitivo —Comenta—. Este androide y Hawk son lo más cercano a una IA súper avanzada. Las IA que existen actualmente, reciben órdenes y las obedecen porque así están programadas. Su base de datos y conexión a la red está restringida para que no se revelen contra los humanos. Pero la de estos androides es diferente; no tienen restricciones. La IA que poseen piensa, analiza y actúa en base a su criterio. Obedecen todas las órdenes, sin importar su propio criterio, y nunca se revela contra quiénes los rodean, a menos que se le ordene.

    Luzia está muy impresionada por todo lo que le ha explicado su hermano Hiltz. Pensar que esos androides son más inteligentes que una IA convencional es sorprendente y al mismo tiempo terrorífico. La pequeña no puede creer que su hermano haya creado dos máquinas tan avanzadas siendo apenas un niño. A veces su inteligencia le asusta a grandes rasgos y le hace creer a Luzia que Hiltz no es un humano ordinario, aunque, técnicamente, no lo sea.

    —Si deseas puedes quedártelo. —Sugiere Hiltz, viendo el androide.
    —¿De verdad? ¿Estás seguro? —Luzia vuelve a ver su hermano con una gran sonrisa. No puede creer que Hiltz haya dicho esas palabras, dado que no es algo usual en él.
    —Claro. Después de todo, pensaba desarmarlo.
    —¿Y qué debo hacer para que se active? —Pregunta Luzia con entusiasmo.
    —Solo debes tocarlo. Una vez lo hagas él te escaneará para identificarte como su propietaria.

    Entusiasmada y al mismo tiempo nerviosa, Luzia acerca su mano al androide hasta tocar su cabeza. El androide se activa y por medio de un láser escanea de inmediato a Luzia de pies a cabeza. Identificándola como su nueva propietaria.

    —Bien, eso es todo —Dice Hiltz, viendo a Luzia acariciar el androide como si de un gato ordinario se tratara—. Lo único que hace falta es que le otorgues un nombre, pero eso queda a tu elección. —Comenta Hiltz, volviendo a lo que estaba hace tan solo un momento.
    —Tu nombre va a ser Lynx. —Dice Luzia, arrodillandose frente al androide.

    Después de concerderle un nombre a su nuevo amigo metálico, Luzia se marcha de la habitación en dirección a la primera planta y detrás de ella le sigue Lynx. La pequeña desea saber en qué puede ayudar a su padre ahora que ha terminado de empacar sus pertenencias. Al llegar a la primera planta, Luzia se encuentra a su padre Laurenz en compañia de Adler, Félix y Wenzel.

    —Ya todo está preparado en la segunda planta, Laurenz. —Comenta Félix.
    —Perfecto. Antes de continuar debemos escoger un lugar remoto, donde podamos permanecer sin ser detectados por los militares. —Agrega Laurenz, sacando su celular.
    —¿Tienes alguno en mente? —Quiere saber Adler, pensando que Laurenz ya tiene en mente un lugar en particular.
    —Tengo en mente un lugar. —Dice Laurenz, materializando un holograma a través de su celular.
    —Te escuchamos. —Adler está dispuesto a escuchar lo que tiene que decir Laurenz.

    Un holograma con la forma de un castillo se materiliza a través del celular de Laurenz. Además de un mapa donde se ubica el castillo en cuestión. A través del holograma se puede apreciar que el castillo presenta serios daños en la infraestructura debido al paso de los años.

    —Este es el castillo de Marienburg, ubicado en el municipio de Pattensen en Hannover, Baja Sajonia. A raíz de los altos costos de mantenimiento, el castillo fue abandonado desde hace poco más de un siglo. —Comenta Laurenz, observando el holograma.
    —De verdad, ¿crees que un castillo sea la mejor solución para pasar desapercibido? —A Adler no le parece buena idea.
    —Claro, ¿por qué, no? —Cuestiona Laurenz—. Actualmente, nadie se acerca al castillo en un radio de cinco kilómetros y desde que fue abandonado el gobierno ha perdido todo interés en él.
    —No lo sé, Laurenz. Hay algo de todo esto que no me gusta. —Adler tiene un mal presentimiento.
    —Vamos, hermano. Sé un poco más positivo. El castillo se encuentra lejos de las ciudades aledañas. Es un edificio abandonado, y además el gobierno ha perdido interés. No creo que exista un mejor lugar para ocultarnos. —Aníma Félix a su hermano. No le agrada esa actitud tan pesimista.
    —Supongo que tienes razón. —A Adler le sigue sin agradar la idea, pero sea cual sea su opinión al respecto. Piensa aceptar lo que Laurenz decida.
    —Disculpa, papá —Dice Luzia, recibiendo las miradas de los tres adultos y su hermano Wenzel—. ¿Nosotros viviremos en ese lugar durante toda nuestra vida?
    —¿Qué? No, claro que no, Luzia. —Laurenz se agacha para estar a la misma altura de su hija—. Solo viviremos ahí durante un cierto periodo de tiempo. Después de que todo vuelva a la normalidad, buscaremos un mejor lugar donde podamos vivir.
    —Entiendo, papá. —Sonríe la pequeña.
    —Deberíamos continuar empacando. —Sugiere Félix, al ver la sonrisa que Laurenz le dirige a su pequeña.
    —Adler, Félix, si gustan pueden regresar a su hogar a empacar sus pertenencias —Sugiere Laurenz—. Mis hijos y yo podemos encargarnos de lo que haga falta.
    —Está bien, Laurenz, como gustes —A Adler le parece bien la sugerencia de Aleshire—. Félix regresemos a casa. —Dice Adler viendo a su hermano menor.
    —Bien, vamos.

    Desde las escaleras, Hiltz observa a Adler y su hermano Félix, salir de la casa para dirigirse a su hogar. Laurez se acerca a la puerta, al momento que Hiltz regresa a su habitación. Una vez, Adler y Félix se marchan de la granja Scheideman. Laurenz cierra la puerta y vuelve a ver a Wenzel.

    —Wenzel. Sube a la habitación de tu hermano y vigilalo.
    —¿Vigilarlo? ¿Por qué quieres que haga algo así? —Wenzel no entiende la petición de su padre.
    —Lo escuché hace un momento en las escaleras. Estoy seguro que Hiltz debe estar planeado algo. Wenzel, ve a su habitación, y avisame en caso de que Hiltz intente escapar.
    —Entendido, papá. —Obedece Wenzel.
    —Ahora que tiene a Hawk, debemos tener especial cuidado de lo que intente hacer.

    Ante la orden de su padre, Wenzel se marcha a la habitación de Hiltz para vigilarlo y cuidar que no intente hacer algo como escapar. Laurenz y Luzia, permanecen en la primera planta para continuar empacando las cosas que aún faltan por terminar. Wenzel sube a la segunda planta y una vez ahí se dirige a la alcoba de su hermano gemelo. Cuando llega, Wenzel observa con cuidado la habitación, verificando de este modo que, efectivamente, Hiltz se encuentra en su habitación, desarmando varios de sus androides. El pequeño al ver que su hermano mayor está donde debe estar, guarda distancia a un lado de la puerta.

    Hiltz desarma un androide con forma de serpiente, pero tras algunos segundos el pequeño se detine. El pequeño se levanta del suelo y se acerca a la ventana de su habitación. Hawk nota a Hiltz pensativo, así que se acerca a él. El androide aletea varias veces y cae sobre el marco de la ventana. Hawk observa por la ventana, y distingue a varios humanos a cuatro kilómetros de distancia. Al verlos, el androide empieza a caminar de un lado para el otro, haciendo resonar el fuerte sonido seco y metálico de sus patas, sobre el marco de aluminio de la ventana.

    —Mi padre debe pensar que protegerá a los humanos de mí. Voy a demostrarle cuán equivocado está. Borraré está ciudad y a todos los que viven en ella. Nadie podrá huir de la muerte. Vamos, Hawk. —Dice Hiltz. Al momento que Wenzel se percata de las intenciones de su hermano.

    Hawk extiende sus alas y sale por la ventana. Hiltz coloca uno de sus pies sobre el marco metálico, dispuesto a saltar, pese a estar a una altura de poco más de cinco metros. En ese momento, Wenzel se muestra frente a su hermano, en un intento por detenerlo.

    —Detente, Hiltz. No lo hagas.
    —Veo que has estado escuchando. Que mal educación de tu parte, y yo que creí eras el más educado de nosotros tres. —Dice, sarcástico.
    —Papá me ordenó vigilarte.
    —¿Ordenó? ¿Ahora recibes órdenes de él? Vaya, cuanto has caído, Wenzel.
    —Escucha, no sé que esperas ganar con todo esto, pero, por favor, no repitas el mismo evento que sucedió en Dortmund.
    —Ahorrate tus inútiles intentos de persuadirme, hermano. Nada de que lo digas, me hará cambiar de opinión —Hiltz se percata que Wenzel presiona los puños, enojado—. Si quieres odiar a alguien. Odia a nuestro padre. Él es quien inició todo esto.

    Hiltz salta por la ventana y cae al suelo sin mayor problemas. Inmediatamente, Wenzel se acerca a la ventana y observa como su hermano se marcha corriendo. A una altura de tres metros, Hawk sobrevuela a Hiltz y este realiza un salto. Rápidamente el pequeño se aferra de una de las patas del androide. Hawk aletea y se marchan de la granja en dirección a Nördlingen.

    Asombrado por la capacidad de Hawk para soportar el peso de Hiltz, Wenzel regresa a la primera planta para informarle a su padre, que su hermano ha escapado de la casa, tal cual se lo ha ordenado. Laurenz y Luzia, fijan sus miradas en Wenzel, apenas lo escuchan bajar por las escaleras. Aleshire al ver la expresión de preocupación en el rostro de su hijo, empieza a temer lo peor.

    —¿Qué pasa? —Desea saber Luzia, tras escuchar a Wenzel bajar las escaleras a paso apresurado.
    —¿Qué suecede, Wenzel? —Pregunta Laurenz, sintiendo el corazón en la mano.
    —Papá, Hiltz se escapó. —Responde el mencionado—. Saltó por la ventana y se dirige a Nördlingen en estos momentos, en compañía de Hawk. El androide fue capaz de soportar su peso, así que ambos se dirigen por aire —Comenta—. Intenté persuadirlo, pero me dejó claro que nada lo haría cambiar de opinión.

    Luzia y Laurenz quedan impactados al escuchar las palabras de Wenzel. Aleshire no puede creer hasta dónde ha llegado la desobediencia de Hiltz. El nuevo panorama que se les presenta, obliga a Aleshire a darse prisa en encontrar a Hiltz, antes de que este cause destrucción en la ciudad de Nördlingen. Todos saben que los poderes de Hiltz son tan poderosos, como se esperaba que fuesen. Por lo que, ahora cualquier cosa que estén realizando, es de menor importancia en estos momentos.
     
    Última edición: 7 Noviembre 2020
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    Saludos, amigo, paso a comentar el capítulo.

    Tengo que decir que ha estado bien, pero este capítulo me ha resultado bastante chocante en ciertos aspectos. El principal aspecto es que hay pocos diálogos en comparación a la narración, y que al haberlos, se pierde la oportunidad de poder experimentar de primera mano de parte de los personajes lo que ellos sienten. No es lo mismo ver diálogos que demuestren que un personaje piensa en algo, a simplemente leer un párrafo que te lo diga. Por ejemplo, en este capítulo se ve que Hiltz siente algo de aprecio por su hermana Luzia, pero que no por eso será gentil si ella intenta interponerse entre sus objetivos. Lo vimos sin que fuera necesario que se nos dijera, dado a que fueron los diálogos de Hiltz los que lo demostraron.

    Citaré para que veas mejor a qué me refiero, ya que esto es difícil de explicar.

    En este fragmento se puede ver que Hiltz siente que su androide anterior sería un buen regalo para ella, y como buen hermano que es (aunque sea algo amenazante XD) elige regalárselo.

    Y en esa parte, a diferencia de lo anterior, se nos dice de forma muy seca lo que Hiltz siente y piensa, lo cual (para mí al menos) es algo chocante. Disfruto más cuando veo a los personajes actuando de cierta manera y puedo concluir a partir de sus diálogos que es lo que ellos quieren, a simplemente ver que sus deseos y pensamientos sean expresados en párrafos sin tener una demostración de un personaje mismo.

    Creo que a esto se le llama "contar en vez de mostrar". Y siento que este ha sido el capítulo que más ha sufrido de eso de todos los que se han publicado en la historia hasta el momento.

    Con eso de lado, paso al capítulo en sí. Me sorprendí bastante de ver que Adler y Felix hayan accedido a irse con Laurenz y los 3 niños viendo lo que uno de ellos pueden hacer. Si yo fuera ellos, estaría muy asustado. Incluso si no hubiera estado asustado, dudo mucho dejar mi vida de lado por alguien. Imagino que para Adler y Felix su trabajo lo es todo, y deben sentirse eternamente agradecidos con Laurenz por haberse hecho cargo de la granja luego de que Reynald murió. Sin embargo, abandonar toda sus vidas para irse con Laurenz es algo que veo algo extremo. Al menos para el poco desarrollo que les has dado en la historia. Si hubieras mostrado a Felix más interesado en Hiltz o en quedarse cerca de Laurenz para ver qué más podría obtener de los niños, lo comprendería, pero no ha sido el caso.

    Después, se ve que los niños no están tan conformes con una nueva vida lejos de la civilización. Yo me pregunto qué clase de experiencias llegarán a vivir allí. Hasta me pregunto si eso realmente es lo mejor. Digo, ellos no son humanos, y mantenerlos alejados de los mismos no me parece una buena solución de parte de Laurenz. Le doy la razón a Hiltz cuando este piensa que su padre está más interesado en proteger a los humanos que nada más. Laurenz debería haber afrontado de mejor manera el conflicto de Hiltz, y debería haberse encargado por su propia cuenta de Merten y los demás; de forma en que ellos pudieran mudarse a otro lugar no aislado de los humanos. Quiero decir, ¿cómo espera exactamente educar a Hiltz para que acepte a los humanos (si eso es lo que quiere realmente) si lo hace aislarse de ellos? No creo que a base de aislamiento Hiltz se vuelva más bondadoso, es más, él cree que se tienen que mudar por culpa de que su padre los quiere proteger, por lo que ya si el aislamiento no fuera bastante malo, tiene más motivos para odiarlos.

    Creo que Laurenz no está demostrando ser un buen padre. Entre el castigo leve que le dio a Hiltz por los incidentes en el jardín de infantes, el no lidiar él mismo con Merten para protegerlos, y su decisión de hacer que niños diferentes estén aislados en lugar de simplemente ayudarlos a integrarse, Laurenz me parece un mal padre. Es más, él debió de haber hecho algo respecto a Hawk cuando tuvo la oportunidad tras ver el poder destructivo que tenía. Digo, si te da miedo que un mono tome una pistola, se la quitas, no se la dejas. Aquí aplica lo mismo. Luego de ver lo que hizo, Laurenz no hizo ningún esfuerzo para desactivar a Hawk o quitárselo a Hiltz. Distinto habría sido si lo hubiera intentado y hubiera fallado, pero no lo ha hecho, por lo que mantengo mi postura respecto a eso.

    Ahora, por no haber lidiado con Hiltz en las ocasiones que pudo, este marcha a destruir toda una ciudad. No quiso lidiar con un problema antes y ahora debe enfrentarse a una calamidad. Supongo que la vida le está haciendo pagar por los errores que cometió con su hijo. Si bien, es cierto que no es justo juzgarlo como un mal padre cuando Luzia y Wenzel son dos chicos más tranquilos, lo cierto es que no puedes ser buen padre con unos hijos y mal padre con otros. Me pregunto hasta dónde llegará para detenerlo.

    Por otro lado, de nuestro amigo el HI no puedo decir mucho. Se ve que Merten era menos que un peón, ya que no ha entristecido mucho cuando se enteró sobre su muerte. Incluso quiere seguir investigando con el virus Zero y también con el virus Infinity. Supongo que habrá que ver a qué resultados llega.

    Te marcaré unos errores.

    Estos dos de aquí arriba creo que son dedazos pequeños que vienen a consecuencia de escribir de noche.

    Este no es un error en sí, pero se hizo muy difícil leer cuando el guion no ha estado pegado al diálogo, y se ha repetido más veces a lo largo del capítulo, sobre todo en el comienzo.

    Esa palabra no debería llevar tilde, ya que anima es una palabra grave y su sílaba tónica estaría en la i y no en la primera a.

    Eso es todo por esta vez. Muero por ver cómo hará Laurenz para afrontar sus errores con su hijo, y ver hasta donde llega Hiltz para "erradicar" a la humanidad. Al final, tal y como me dijiste, no necesitaba de construir a los androides 17 y 18 para hacerlo XD.

    Saludos y hasta la próxima.
     
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  9. Threadmarks: Capítulo 15: Genocidio.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

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    ZERO ZONE: Genesis [S.O.E]
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    Ciencia Ficción
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    Hola a todos.

    Sé que hoy es domingo, pero por ciertos inconvenientes, no logré publicar el capítulo ayer sábado. Aprovecharé que tengo oportunidad para publicar. Agradezco a Reydelaperdicion , por seguir esta historia y por sus comentarios. Sin mas nada que decir los dejo con el capítulo, ya que es bastante largo. Saludos.

    Capítulo 15: Genocidio.

    Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    18:35 – 6:35 P.M.


    Hiltz vuela por los aires en dirección a Nördlingen, gracias a Hawk, quien tiene la capacidad de mantenerse en el aire y soportar su peso, a pesar de solo sujetar una de sus patas. A medida que avanzan, Hiltz recuerda lo que ha sucedido en las últimas horas.

    A Hiltz no le ha gustado que Merten intentara llevarse a su hermana Luzia a la fuerza, y mucho menos ver a su padre no mover un dedo para ayudarla. Recordar lo sucedido hace tan pocas horas, causa que su sangre empiece a hervir de la rabia. El mismo sentimiento de odio y rabia que una vez sintió en el Kindergarden, ahora se ve intensificado por mucho más al recordar la poca preocupación de Laurenz por su hermana menor; escogiendo no herir a un humano, y condenando a su propia hija a convertirse en un experimento.

    Hiltz no tiene una razón válida que explique las razones, por las cuales su padre prefiera a los humanos por sobre ellos. Ser consciente de las preferencias de su padre, hace que sienta rabia, pero ver a un mísero humano, llevarse a uno de ellos como un objeto, es cien veces peor. Esa actitud tan cobarde por parte de Merten, justifica sin lugar a dudas. La merecida recompensa de ser exterminados. Hiltz puede ver sus razones justificadas en las acciones que vio en Merten hoy, pero su padre no es capaz de verlas. Sin embargo, ya que su padre hiciste en proteger a los humanos. Hiltz está dispuesto a demostrarle, que no importa cuánto lo intente, al final, todos morirán en sus manos. Nadie está exento.

    18:40 – 6:40 P.M.

    A quinientos metros al Sur, aproximadamente. Félix y Adler se encuentran subiendo todas sus pertenencias a la camioneta. A pesar que han decidido llevarse consigo solo lo más importante. El proceso ha sido relativamente lento y tedioso.

    Adler acomoda varias cajas de diversos tamaños en la cajuela de su camioneta, mientras su hermano Félix termina de empacar algunos objetos en la casa. Al paso de un minuto, Félix regresa con más cajas en sus manos, las cuáles deja en la cajuela del auto y en el suelo, a raíz del gran peso que estas poseen. El celular de Adler comienza a sonar. El hermano de Félix saca su móvil y contesta de inmediato la llamada, sin prestarle atención a los datos que muestra la pantalla.

    —¿Hola? —Dice Adler, prestando atención a la explosión.
    —¿Adler? Soy Laurenz. Escucha, tenemos un problema. —Comenta, con notable tono de preocupación.
    —¿Qué clase de problema?
    —Adler, Hiltz ha escapado.
    —¿Qué? ¿C-Cómo es posible que escapara? —Cuestiona Adler, impresionado, sin poder creer lo que escucha.
    —Escapó por la ventana. Envíe a Wenzel a vigilarlo, y a pesar que intentó persuadirlo, Hiltz siempre escapó. —Explica.
    —¿Estás seguro que escapó? ¿No crees que esté cerca de tu casa? A lo mejor... —Dice Adler, siendo interrumpido.
    —No, Adler. Según Wenzel, Hiltz se dirige a Nördlingen en este momento con la ayuda de Hawk. No sé que planea, pero de seguro no es nada bueno. Escucha, sé que es peligroso, pero necesito que tú y Félix lo encuentren. Cuando lo hagan, no intenten razonar con él, simplemente, envíenme su ubicación. Intentaré llegar lo más pronto posible a Nördlingen.
    —Entiendo, Lurenz. Haremos todo lo posible por encontrarlo. Nos mantendremos en contacto.
    —Perfecto, tengan mucho cuidado, por favor.
    —Lo tendremos. No te preocupes —Dice Adler al colgar la llamada.

    18:45 – 6:45 P.M.

    Hiltz y Hawk sobrevuelan la muralla que rodea la ciudad de Nördlingen. A medida que avanzan, Hiltz busca un lugar donde iniciar su ataque. Al paso de algunos segundos, Hiltz visualiza un camión que transporta material inflamable, el cual se encuentra estacionado cerca de una estación de servicio. Además de transitar automóviles, también lo hacen cientos de personas, quienes prestan mucho cuidado a la hora de cruzar las calles, ya que ese lugar está muy cerca de una rotonda.

    Hiltz al descubir el lugar perfecto para iniciar su ataque. Suelta a Hawk y cae al suelo, desde una altura de ochenta metros. Las personas que transitan cerca de la estación de servicio, incluidos los empleados que trabajan ahí, se impresionan al ver al niño caer, al parecer, del cielo. La impresión de todos aumenta, cuando Hawk se acerca volando a Hiltz. El pequeño de ojos carmesíes, observa a todas las personas que lo ven con ojos de impresión, y esto se debe en su mayoría, a que nadie ha visto en su vida, un ave tan grande y hecha de metal como el androide que lo acompaña. Hiltz aprovecha que son el centro de atención para inicar uno de los peores genocidios en la historia.

    —¡Hawk, destruye el camión! —Ordena Hiltz, viendo a su halcón a su derecha.

    Hawk realiza un fuerte y agudo sonido característico de todo halcón. El sonido causa que las personas se cubran los oídos de forma automática por temor a que sus tímpanos se vean afectados, pero a pesar de sus intentos, el sonido logra aturdirlos por algunos segundos. El halcón vuela directo al camión y a pocos metros de impactar, su cuerpo metálico se embulle de energía eléctrica. Hawk atraviesa el grueso metal del camión, causando que este explote en una gran bola de fuego.

    La explosión es tan grande y fuerte que mata al instante a todas las personas alrededor, también destruye completa y parcialmente varios edificios cercanos. La magnitud de la explosión es tal que dispara las alarmas de la ciudad de Nördlingen. Pronto, se escucha el sonido de las unidades de ambulancias, bomberos y policía. Hiltz y Hawk son los únicos que permanecen en ese lugar tras la explosión. El pequeño no presenta ningún daño físico, y en cuanto a Hawk su cuerpo arde, literalmente, en llamas, pero sin presentar daños en su funcionamiento.

    18:47 – 6:47 P.M.

    Tras colgar el celular, Adler y Félix son golpeados casi al instante por la onda de choque, generada por la gran explosión. Ambos hermanos, observan fijamente la gran bola de fuego crecer en la distancia y no es hasta que se escuchan las alarmas de la ciudad, que Félix y Adler vuelven a la realidad.

    —¡No puede ser! —Dice Adler, observando como la columna de humo y fuego, crece cada vez más y más en lejanía.
    —¿Qué habrá ocurrido? —Se pregunta Félix, impresionado, más que nada por las alarmas de la ciudad, que por la gran explosión.
    —¡Debemos encontrar a Hiltz! —Dice Adler, volviendo a ver a su hermano, y recordando lo que deben hacer.
    —¿A Hiltz? Pero, ¿por qué? ¿Acaso...? —Félix recuerda la conversación de Adler por teléfono.
    —Tal y como imaginas. Hiltz escapó. Según Laurenz, hace unos minutos, Hiltz se dirigía hacia aquí con la ayuda de Hawk. No se sabe cuales son sus intenciones, pero es probable que la explosión sea obra de él.
    —¿Y cuál es plan? —Félix asume que Laurenz debe tener un plan para esta situación.
    —Laurenz quiere que busquemos a Hiltz. En caso de encontrarlo, no debemos intentar persuadirlo, porque es demasiado peligroso. Lo único que necesita Laurenz es que lo encontremos, y le envíemos su ubicación.
    —Entiendo, en ese caso, no hay problema. —Dice Félix, de acuerdo en ayudar—. Lo buscaré donde se originó la explosión. Te mantendré informado y quiero que tu hagas lo mismo, Adler. —Felix cree que entre más rápido se muevan, mejor. Es de suma importancia darse prisa.
    —Lo haré, hermano. Yo buscaré a Hiltz en las cercanías. –Comenta.
    —Bien. —Asiente.

    Una vez de acuerdo, Félix se marcha en dirección hacia el lugar donde se ha originado la explosión. Adler, en cambio se marcha a buscar en los alrededores, tal cual ha acordado con su hermano Félix. Aunque los dos hermanos se dirigen a puntos diferentes de la ciudad en busca de Hiltz, ambos tienen un mismo pensamiento; encontrar al pequeño lo más rápido posible, antes que sea demasiado tarde. Saben que Hiltz es peligroso en muchos sentidos, y es obvio que su llegada a la ciudad, no es más que para causar destrucción con su poderes.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    18:50 – 6:50 P.M.


    En la granja Scheideman, Laurenz y sus dos pequeños logran escuchar la gran explosión. Los tres salen de su hogar y observan el paisaje nocturno iluminado por una gran bola de fuego con origen en algún punto de la ciudad de Nördlingen.

    Laurenz y su pequeños desconocen la gravedad de lo que ha ocurrido, pero logran darse una idea al escuchar las alarmas de la ciudad en conjunto con las unidades de paramédicos, bomberos y policía. En ese momento, Laurenz cae en cuenta que lo sucedido, deber ser obra de Hiltz, ya que nunca antes ha ocurrido un incendio de esa magnitud en Nördlingen.

    —Chicos, suban al auto. —Ordena Laurenz, viendo a sus dos pequeños un poco confundidos.
    —Pero aún no hemos terminado. —Replica Wenzel.
    —Eso no importa. Suban al auto, es una orden. —Laurenz levanta un poco la voz pero sin llegar a gritar.

    Los pequeños obedecen sin rechistar a su padre. Ambos son conscientes que es de suma importancia, encontrar a Hiltz y que las cosas materiales que puedan perder en el proceso, se pueden recuperar en cualquier momento. Laurenz sube al auto y de inmediato enciende el motor, pronto, presiona el acelerador, marchándose así a toda velocidad de la granja Scheideman con dirección a Nördlingen.

    Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    19:10 – 7:10 P.M.


    Los equipos de paramedicos, bomberos y policía llegan al lugar de la explosión, donde decenas de civiles se han aglomerado en el lugar en conjunto con los reporteros locales. Una vez las autoridades de policía estacionan sus unidades, se apresuran en asegurar el perímetro para evitar que los civiles se acerquen al área en cuestión. Los paramedicos recogen los cuerpos sin vida de las personas, mientras el cuerpo de bomberos preparan sus equipos para apagar las infernales llamas que se han extendido a los edificos, autos, y el tendido eléctrico cercano.

    Un bombero se acerca con un extintor a una enorme columna de fuego, donde se encuentra el camión envuelto en llamas. Tras quitar el seguro del extintor, el hombre visualiza una extraña sombra en medio de las llamas. De pronto, las llamas se abren entre sí, dejando mostrar en medio a Hiltz. Todas las personas presencian la aparición del pequeño, y se impresionan al ver que el fuego no le causa daño alguno, pese a estar extremedamente cerca.

    Los reporteros fijan toda su atención en filmar a Hiltz. El pequeño se muestra frente a todos con una expresión neutral en su rostro, pero de pronto su rostro cambia a una sonrisa soberbia. Del cuerpo de Hiltz emerge de la nada una extraña sombra carmesí que se extiende por todas partes en menos de un segundo como una gran tormenta.

    Todas las personas en ese lugar inhalan de forma involuntaria el polvo tóxico, ignorando que es un virus muy peligroso. Varias personas intentan escapar, pero sus intenciones se ven obstaculizadas al sentir en carne propia los efectos del virus Zero. Los humanos empiezan a sufrir lentas y dolorosas degradaciones celulares en diversas partes de su cuerpo. Algunos sufren degradación en los órganos tales como el estómago, hígado, pulmones, corazón e incluso en el cerebro. Otros sufren los mismos efectos pero superficialmente en su piel.

    Hiltz camina en medio de todas esas personas conforme su brazo derecho crece para formar una larga bioespada de doble filo hecha a partir de diversos tejidos que se encuentran presentes en su cuerpo y en el de cualquier ser humano. El arma de Hiltz posee un denso tejido muscular, cubierto por gruesas hebras entrelazadas de tejido conectivo, cartilaginoso y óseo.

    Sin piedad alguna de las personas, Hiltz aprovecha su débil estado para atacarlos a quemarropa. Hiltz ataca a su primer víctima, un hombre caucásico de cuarenta años, realizando un fiero movimiento hacia la izquierda tan rápido, que desmiembra todo su cuerpo, matándolo al instante. A raíz del implacable ataque, un poco de la sangre de ese hombre salpica el rostro de Hiltz.

    Un policía se percata de la muerte de su compañero, y ante eso siente un profundo terror de morir a manos de ese extraño niño. El hombre hace todo lo posible por escapar de ahí al ver que Hiltz se acerca a él, pero su intento de escape se ve obstaculizado por culpa de una de sus piernas. A raíz de la degradación de los músculos de una de sus piernas, el hombre no puede apoyar su pierna en el suelo, y esto le impide todo intento de poder caminar. El hombre torpemente avanza cojeando, pero no llega muy lejos. El dolor que siente en todo su cuerpo le impide utilizar todas sus fuerzas, pese a que su instinto de supervivencia ha inundando su sistema nervioso de adrenalina.

    El hombre realiza un nuevo intento para continuar avanzando, pero en ese momento, Hiltz aparace por detrás de él y atraviesa su cuerpo con su brazo-espada. Las grandes y gruesas hebras de tejido múscular, conectivo, cartilaginoso y óseo del brazo de Hiltz se separan con violencia, desmembrando el cuerpo del hombre desde adentro.

    Las hebras de tejido del brazo de Hiltz se mueven por todas partes como tentáculos y se envuelven como serpientes en el cuello de todas las personas que aún siguen con vida. Los humanos gritan desesperados en un intento de recibir ayuda. Al escuchar los gritos de ayuda de las personas, Hiltz sonríe con satisfacción y toma la decisión de acabar con ellos de una vez.

    Las gruesas hebras de tejido que los mantienen aprisionados, entran por su boca a la fuerza, y se abren paso por la laringe hasta llegar al estómago, dónde de las hebras de tejido, brotan decenas de largas espinas de tejido óseo. Las espinas son tan grandes y numerosas que destruyen los cuerpos de las personas desde adentro en cuestión de segundos.

    Al suelo caen ciento sesenta miembos de un total de cuarenta personas, que Hiltz a matado sin ningún atisbo de misericordia. Entre los miembros se cuentan los cuerpos de nueve bomberos; quince policías; seis médicos; y diez civiles.

    Hiltz retrae todas las hebras de tejido y las reune para formar su brazo derecho, regresandolo a la normalidad. Al mismo tiempo, la gran sombra carmesí se desvanece por completo. Dejando mostrar los edificios cercanos, autos, camiones y demás objetos en los alredores desintegrados parcialmente. Hiltz se marcha del sector en busca de más victimas. No va a detenerse hasta que acabe con el último humano de la ciudad.

    19:20 – 7:20 P.M.

    Al llegar a la ciudad de Nördlingen, Laurenz y sus dos pequeños, Wenzel y Luzia. Los toma por sopresa ver que todo marcha con normalidad en la ciudad. Muchas personas caminan por las calles de la ciudad de un lado para otro. Entrando, saliendo y realizado toda clase de compras en diversas tiendas. Todo con mucha normalidad, a pesar de la gran explosión que ocurrió minutos antes.

    A Laurenz le parece extraño que todas las personas actúen con normalidad. Realmente, Laurenz esperaba encontrar la ciudad en ruinas, sobretodo porque los poderes del virus Zero son capaces de acabar con una ciudad como Nördlingen en escasos minutos.

    Toda esa atmósfera tranquila y pacífica hace que Laurenz tenga un mal presentimiento. Aleshire no tiene idea de dónde se encuentra Hiltz, pero sabe que debe darse prisa en encontrarlo. La seguridad de los humanos está en juego. Laurenz es consciente que buscar a Hiltz en medio de una ciudad tan grande como Nördlingen no va a ser una tarea sencilla, pero si importar que tan difícil sea. Debe hacerlo, no importa cómo.

    19:30 – 7:30 P.M.

    A escasos minutos de que Hiltz abandonara el epicentro de la explosión. Félix, el hermano menor de Adler, se encuentra a menos de doscientos metros del lugar. Durante su trayecto, Eigner se ha tomado la molestia de desviarse ligeramente de su camino para buscar a Hiltz en las cercanías. Pese a sus intentos de abarcar la mayor área posible de búsqueda, Félix no ha tenido ningún resultado.

    Ahora su única esperanza es poder encontrarlo en el epicentro de la explosión, y de no ser así, espera que Adler, su hermano mayor, tenga mejor suerte que él. Félix llega al lugar de donde provino la gran explosion y al contemplar el paisaje, su cuerpo se estremece como nunca antes lo ha hecho.

    Sus ojos se abren al máximo y su corazón empieza a latir con fuerza, aumentando su presión arterial y amenazando con salirse de la caja torácica. Félix no puede creer lo que ven sus ojos; decenas de cuerpos desmenbrados, y cuerpos humanos desintegrados completa y parcialmente por todas partes, e impregnados de toda clase de fluidos orgánicos.

    Félix intenta por todos los medios observar su alrededor en busca de Hiltz, mientras soporta las fuertes ganas de vomitar. Eigner no logra ver rastro de Hiltz por ningún lado, en su lugar, lo único que aprecia son los cuerpos desmembrados y los edificios cercanos parcialmente consumidos por el virus. Al ver que no hay ningún motivo por el cual deba seguir más tiempo en ese lugar, Félix se marcha de ahí con la esperanza de localizar al pequeño, antes de que el número de humanos asesinados aumente.

    19:55 – 7:55 P.M.

    Adler lleva cerca de cincuenta minutos, buscando a Hiltz en los vecindarios cercanos a donde se localiza su hogar. Eigner ha preguntado a diversidad de personas tanto adultos, jóvenes y niños por Hiltz, concediendo su descripción, pero a pasar de sus intentos, no ha obtenido ningún resultado. La búsqueda del pequeño se ha vuelto muy tediosa, pese a la gran diferencia de aspecto que Hiltz tiene en comparación a muchos niños. Adler no sabe cómo van a lograr encontrar al pequeño, Nördlingen es muy grande, y Hiltz puede estar en cualquier lugar de la ciudad. Sin tener éxito en su búsqueda, Adler se marcha de regreso a su hogar para tomar su vehículo y marcharse a las áreas centrales de la ciudad.

    20:05 – 8:05 P.M.

    Laurenz, Wenzel y Luzia, avanzan por las diferentes avenidas de la ciudad en su camioneta. Los tres observan en todas direcciones, intentando localizar a Hiltz en medio de la muchedumbre que, pese a no ser muy numerosa, hace bastante difícil la tarea de encontrar a una persona y aún más al tratarse de un niño.

    Aleshire se siente muy preocupado con cada minuto que pasa. Laurenz es consciente que deben darse prisa en encontrar a Hiltz lo antes posible. Porque de no hacerlo, la seguridad y el bienestar de los ciudadanos puede verse comprometida; Hiltz es capaz de causar estragos en cualquier momento y lugar con sus poderes.

    Por un momento, Laurenz piensa que se está preocupando demás. Aunque Hiltz es portador del virus Zero igual que él, su hijo apenas es un niño, y como tal, cabe la posibilidad de que no posea el poder necesario ni tampoco la destreza suficiente para causar grandes estragos en la ciudad. Sin embargo, Laurenz reconoce que no sabe con certeza qué clase de habilidades posee Hiltz. Es posible que posea sus mismas habilidades, o incluso diferentes, pero sea como sea no quiere averiguarlo.

    No desea que por su poca preocupación, Nördlingen termine como lo hizo Dortmund. Muchos años se ha lamentado por la muerte de miles de inocentes, y no quiere por nada del mundo, tener que atravesar una etapa tan difícil como esa otra vez en su vida.

    Laurenz sale de sus pensamientos para concentrarse en buscar a Hiltz. Aleshire intenta hacer a un lado todos sus vagos pensamientos para intentar pensar por un momento como lo hace su pequeño, cree que si abre su mente, posiblemente logre encontrar a su hijo en medio de la gran ciudad de Nördlingen.

    Laurenz toma en cuenta la actitud que ha demostrado Hiltz durante los ultimos días. Teniendo en cuenta la actitud racista y el odio tan profundo de Hiltz hacia los humanos, Laurenz cae en cuenta de que el pequeño puede estar dirigiéndose hacia lugares donde existan grandes aglomeraciones de personas, tales como centros deportivos, hospitales, estadios, entre otros, donde puede causar grandes cantidades de muertos. Aleshire no está seguro de que ese sea el objetivo principal por el que Hiltz ha escapado, pero vale la pena tenerlo en cuenta. Al tener una idea de algunos lugares que pueden ser objetivos de Hiltz, Laurenz establece rumbo hacia uno de los lugares más cercanos de su posición.

    Rieser Sportpark, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    20:25 – 8:25 P.M.


    Laurenz conduce por las cercanías del complejo deportivo de Nördlingen. Uno de los lugares más cercanos de su posición, donde cabe la posibilidad de encontrar a Hiltz. El centro deportivo, como su nombre lo indica, es un área deportiva donde se aglomera muchas personas que realizan todo tipo de deportes.

    Luzia y Wenzel observan a través del cristal de la camioneta a muchas personas practicar diferentes deportes, pero ninguno de los dos gemelos logra ver a su hermano Hiltz. Al paso de algunos minutos, los pequeños divisan en la lejanía una gran sombra carmesí que se expande. La sombra empieza a girar hasta adoptar la forma de un huracán. Laurenz al ver la gran sombra carmesí le hace recordar lo ocurrido en Dortmund, pronto, empieza a ser abrumad, lentamente, por la desesperación.

    —¿Hola? —Laurenz contesta su celular al momento que empieza a sonar y activa el altavoz.
    —¿Laurenz? ¿Tienes alguna noticia de Hiltz? —Desea saber Adler.
    —He logrado localizarlo. Se encuentra en el Hospital Fundación. En este momento me dirijo hacia ahí.
    —¿Cómo lo sabes? ¿Estás seguro?
    —Lo estoy, creeme. Desde aquí puedo ver una sombra carmesí que lo ha delatado.
    —¿Sombra carmesí? —A Adler le parece extraño lo que dice Laurenz.
    —Es una manifestación del virus Zero. La sombra está compuesta de millones de células infecciosas que desintegran todo lo que tocan. —Explica Laurenz.
    —Entiendo. Félix y yo nos dirigiremos hacia el hospital para ayudarte. —Adler gira en una interseccion. Después vuelve a ver a su hermano por unos segundos.
    —¡No, no deben hacerlo! Si lo hacen, el virus los matará a ambos. Esto debo hacerlo solamente yo. Ustedes deben escapar de la ciudad.
    —¿Escapar? ¿Es una broma? —Adler no puede creer lo que escucha—. No voy a hacer eso. Somos amigos y te apoyaremos, aunque nos cueste la vida.
    —¿Es que acaso no lo entienden? El virus no hace diferencia. No importa que sean mis amigos, si una sola célula los llega a tocar los matará. Si de verdad quieren ayudarme, pueden hacerlo escapando de la ciudad. Yo me reuniré con ustedes cuando termine con esto.
    —Está bien, Laurenz. Félix y yo escaparemos de la ciudad —Adler cae en la razón—. ¿Qué hay de Luzia y Wenzel?
    —Ellos están conmigo. No se preocupen, estarán bien. Ambos poseen el virus en su sangre, así que son invulnerables a sus efectos.
    —Entiendo. Supongo que esto es una despedida, entonces. Ten cuidado, Laurenz.
    —Ustedes también. Procuren alejarse lo más rápido posible de Nördlingen.
    —Lo haremos.

    Laurenz corta la llamada y presiona el acelerador a fondo en dirección al Hospital Fundación. Ahora que sabe con exactitud la localización de Hiltz, cada minuto apremia. Luzia y su hermano Wenzel esperan que Hiltz no haya hecho algo semejante a lo que hizo en el Kindergarden, o eso va a ser un grave problema no solo para él, sino para todos.

    Farmacia, Stiftungskrankenhaus Nördlingen, Stoffelsberg, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    20:30 – 8:30 P.M.


    En el Hospital Fundación, un pequeño niño se encuentra junto a sus abuelos en la farmacia, a la espera de recibir sus medicamentos para regresar a casa. El pequeño está cansado de esperar, llevan cerca de una hora esperando recibir sus medicamentos. No comprende la razón por la que tardan tanto tiempo, no hay muchas personas en esa área del hospital, el proceso de entrega debe ser más rápido y no todo lo contrario.

    Una enfermera atrás de una ventanilla le hace señas a los adultos para que se acerquen. El hombre se acerca y recibe los medicamentos, después regresa junto a su familia y se marchan de la farmacia. Los tres avanzan por los pasillos del hospital, conforme avanzan, los adultos leen las señales holográficas en las paredes para guiarse hasta la salida principal.

    El pequeño camina tomado de la mano de su abuela. A su alrededor, el niño observa a varias personas que son trasladadas en camillas a diferentes sectores del hospital. El último paciente que logra ver es un adulto mayor en una silla de ruedas, que termina pasando de largo sin darse cuenta de su presencia.

    De pronto, las luces blancas del hospital empiezan a parpadear y las lámparas que cuelgan en el cielo comienzan a moverse de un lado a otro. Las luces parpadean varias veces hasta que se apagan por completo, y al instante se activan las luces rojas de emergencia que hay en cada pared del hospital. La respiración del pequeño se entrecorta ante el miedo que siente por desconocer lo que ocurre. Los adultos, en cambio, observan todo intentado mantener la calma.

    El pequeño, temeroso, mueve su cabeza y observa su alrededor, notando que no hay ni una sola persona, cuando hace tan solo agunos segundos habían varias en diferentes lugares del hospital. Afortunadamente, sus abuelos siguen a su lado. El pequeño sabe que mientras sus abuelos continúen con él va a estar a salvo.

    Las luces rojas de emergencia parpadean tres veces consecutivas en el momento que el cielo del hospital empieza a agrietarse. Las grietas se esparcen con violencia por todo el cielo, causando que pedazos del revestimiento caigan al suelo junto con algunas lámparas. La abuela del pequeño levanta la vista al cielo del edificio, y se da cuenta que hay un gran pedazo de revestimiento agrietado sobre sus cabezas, amenazando con caer sobre ellos en cualquier momento. La estabilidad del cielo se vuelve inestable, y al darse cuenta de esto, la mujer empuja a su nieto con todas sus fuerzas hacia un lado cualquiera. Justo en ese momento, el revestimiento cae sobre ellos, matándolos al instante.

    El pequeño observa los cuerpos inertes de su dos abuelos, debajo de los pesados escombros. El miedo y el dolor que siente es tan grande, que no puede expresar sus sentimientos. Tampoco cuenta con tiempo para expresar sus emociones, porque en ese momento todo el cielo del hospital es destruido frente a sus ojos y engullido por un gran huracán de color carmesí, que de forma inexplicable tiene rodeado todo el edificio.

    Exterior, Stiftungskrankenhaus Nördlingen, Stoffelsberg, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    20:40 – 8:40 P.M.


    El Hospital Fundación se ha convertido en el epicentro de un auténtico huracán biológico. Miles de millones de células infecciosas giran alrededor de las instalaciones médicas lentamente. El huracán, pese a que no provoca ningún daño por su velocidad. Su composición genética es el que causa su gran nivel destructivo; Las células del virus Zero que lo componen se adhieren a todas las estructuras y las desintegra, poniendo en riesgo su estabilidad.

    Hiltz realiza un fiero movimiento hacia la derecha con su brazo con forma de bioespada, directo a la cabeza de un hombre. El hombre no logra bloquear el ataque a raíz de la velocidad. El golpe impacta en la cabeza del varón y en el proceso le destruye en pedazos la cabeza. Su cuerpo cae al suelo sin vida. Hiltz observa su alrededor y logra ver a varios metros a Hawk, dirigiéndose hacia un humano.

    Un joven, aterrado, corre a todo lo que le permiten sus piernas, mientras Hawk lo persigue a un metro a nivel del suelo. El halcón aunmenta su velocidad de vuelo y atraviesa al joven humano por la espalda, perforándole el corazón, sin ningún atisbo de misericordia, y matándolo al instante. El varón cae al suelo y rueda por inercia unos cuantos metros hasta que se detiene.

    Hawk regresa con Hiltz y sobrevuela su alrededor, cuando un grupo de diez hombres, todos guardas de seguridad, rodean a Hiltz mientras apuntan con sus armas al menor de cabellos carmesíes. Todos los hombres presentan degradaciones en diferentes partes de su cuerpo, y pese a que el dolor que sienten es insoportable. Todavía tienen fuerzas suficientes para levantar sus armas en contra del menor.

    Hiltz sonríe con soberbia ante el intento insignificante que realizan los humanos. Los hombres se disponen a presionar el gatillo, cuando de pronto, a una velocidad asombrosa. Hawk vuela hacia ellos y les atraviesa sus cuerpos, perforándoles a cada uno su corazón. Los cuerpos de los diez hombres caen al suelo sin vida.

    —Sí, lo sé, Hawk —Dice Hiltz, comprendiendo algunos sonidos que realiza el halcón al acercarse a él—. Los humanos son estúpidos. Saben que no pueden deternos, y aún así se molestan en intentarlo. Definitivamente, su existencia no vale nada.

    Enormes escombros de material de diferentes edificios son engullidos lentamente por el huracán biológico, que desintegra todo sin detenerse. Entre los escombros se encuentran los del edificio principal del Hospital Fundación de Nördlingen. Hiltz observa ese edificio en particular como es desintegrado por el virus Zero. Una sonrisa se dibuja en su rostro, pero se borra casi al instante al percatarse de un niño.

    Hiltz camina en dirección a él, mientras que Hawk se marcha a asesinar a más humanos. Cuando Hiltz se encuentra a cien metros de distancia, su brazo derecho se transforma en una bioespada de doble filo de material biológico. Cubierta de densas hebras entrelazadas de tejido muscular, conectivo, cartilaginoso y óseo.

    El pequeño al ver a Hiltz acercarse a él con ese extraño brazo que posee, no evita sentir un miedo indescriptible. El niño desea poder escapar, pero no puede, porque su sistema nervioso se encuentra bloqueado por el mismo miedo que lo invade. Hiltz llega hasta el niño, lentamente levanta su brazo derecho con forma de bioespada, y arremete con todas sus fuerzas contra el pequeño sin pensarlo dos veces.

    De pronto, un potente rayo de eléctricidad impacta sin previo aviso a Hiltz, y lo envía a estrellarse contra una tubería gruesa de metal. Ante la potencia, los rayos recorren su cuerpo por unos segundos hasta que desaparecen, mientras un leve rastro de humo blanco es desprendido de sus ropas. Hiltz realiza un pequeño quejido de dolor, al momento que levanta la vista a donde provino el rayo.

    Laurenz y sus pequeños se acercan al niño que estuvo a escasos segundos de ser asesinado por Hiltz. El pequeño de cabellos carmesíes lo invade un odio profundo al ver que Wenzel, su hermano gemelo, ha sido el responsable de osar atacarlo.

    —¿¡Qué crees haces, Hiltz!? —Indaga Laurenz, molesto. Al ver las decenas de cuerpos humanos por todas partes. Aleshire no recibe respuesta por parte de su hijo.
    —¿Estás bien? —Pregunta Luzia al pequeño.
    —S-Sí, eso creo. —Responde, asintiendo, sin poder creer lo que escucha.
    —¡Wenzel! —Grita Hiltz, furioso. Sus ojos se tornan por completo de color azúl, y su pupila se vueve una raya negra vertical—. ¿¡Tú también vas a defender a los humanos!? —Desea saber Hitz observando a su hermano.
    —No tengo ningún motivo para odiarlos. Aunque somos hermanos, no somos iguales, Hiltz. —Responde Wenzel con firmeza en sus palabras.
    —Ya veo —Dice Hiltz, acercándose a sus hermanos con lentitud—. Si no estás conmigo, eres mí enemigo. —Sentencia.

    Hiltz corre hacia Wenzel y le dirige un derechazo directo al rosto, pero Wenzel bloquea el ataque al cruzar sus brazos frente a él. El golpe es tan fuerte que Wenzel retrocede tres pasos y se ve obligado a separar sus brazos por la inercia del movimiento. Hiltz, entonces, apoya su pierna derecha en el suelo y gira sobre su eje para atacar a Wenzel en la zona de las costillas con su pierna izquierda. Wenzel logra ver las intenciones de Hiltz, así que de inmediato interpone su brazo derecho para bloquear el altaque.

    Al ver que su ataque ha sido bloqueado, Hiltz termina de girar su cuerpo hacia la derecha y en el proceso le dirige un ataque de puño a Wenzel directo al estómago. Su hermano no logra ver venir el ataque, así que recibe el golpe de lleno, el cuál le saca todo el aire. Wenzel se inclina hacia adelante y Hiltz aprovecha la oportunidad para asestarle un nuevo golpe de puño, esta vez en el rosto. El golpe levanta a Wenzel súbitamente en el aire por unos segundos, segundos que Hiltz utiliza para propinarle un segundo golpe de puño, esta vez en el pecho. El golpe es tan fuerte que lo envía a volar a una altura de poco más de cien metros, y en el proceso, Hiltz le lanza varios rayos eléctricos en el aire, que terminan electrocutándolo y dejándolo inconsciente, antes de caer al suelo.

    Luzia logra ver que su hermano Wenzel impacta entre algunos escombros, que aún no han sido desintegrados por el virus. La angustia empieza a invadirla ante la idea de que Wenzel no haya sobrevivido a esa caída de poco más de cien metros. Laurenz, pese a que se siente preocupado por Wenzel, opta por mantener la calma. Sabe que Wenzel es uno de los portadores del virus Zero, y como tal, una caída como esa no le causará daño alguno más allá de hacerle sentir dolor.

    —¿Hasta cuándo piensas seguir con esto, Hiltz? —Pregunta una vez más, Laurenz—. ¿Qué piensas demostrar asesinando a personas inocentes?
    —No tengo intención de demostrar nada. Mi único objetivo es acabar con los humanos, nada más. Asesinaré a ese niño —Dice, señalando al pequeño—, y después acabaré con todos los demás de su especie.
    —No voy a permitir que continúes, Hiltz. —Laurenz camina dos pasos al frente de Luzia y el pequeño.
    —Así que, ¿piensas luchar contra mí? —Hiltz puede ver las intenciones de su padre.
    —Lo haré —Responde, firme—. En este momento los humanos son mi prioridad. Los protegeré, aunque eso implique enfrentarte.
    —Bien, bien. En esta batalla voy a demostrarte cuán equivocado es tu sentido de la justicia. —Afirma.

    Hiltz comienza el combate corriendo hacia su padre, cuando está lo suficientemente cerca, Hiltz se agacha y ataca a los pies de Laurenz para hacerlo caer. Laurenz salta y esquiva el ataque de Hiltz, después se apoya en su pierna izquierda para golpear a su hijo con la pierna derecha. Hiltz recibe de inmediato el golpe en el rostro, dejándolo aturdido y obligándolo a retroceder.

    Laurenz se acerca a Hiltz y aprovecha que su hijo se encuentra aturdido para otorgarle un ataque de puño directo a la frente, en conjunto con un puntapié a la zona baja del abdomen. Ambos golpes dejan aún más aturdido a Hiltz, quién no hace otra cosa más que retroceder un paso.

    Una vez más, Laurenz repite el movimiento anterior, pero esta vez Hiltz intercepta el golpe con su mano derecha. El pequeño acerca su padre hacia él, después da un salto y le propina un fuerte cabezo en la frente, además de una patada en la quijada con la punta de su pie. Ambos golpes aturden a Laurenz, pero logra recuperarse en muy pocos segundos. Aleshire aprovecha lo cerca que tiene a Hiltz y le propina un poderoso rodillazo en el estómago con todas sus fuerzas. El golpe le saca todo el aire. Hiltz se inclina hacia adelante por el dolor, y cae al suelo de rodillas, expulsando sangre por la boca en el proceso.

    —¿C-Cómo es posible que sufra tanto daño con tan pocos golpes? —Se pregunta Hiltz, expulsando sangre por su boca.
    —¿Te has dado cuenta? Tus poderes y resistencia no son nada. No importa que utilices o no el cien por ciento de tus habilidades.
    —¿Y crees que has ganado solo porque eres más fuerte que yo? —Hiltz levanta la vista para ver el rostro de su padre—. ¡Puedes haber ganado la batalla, pero eso no evitará que destruya esta ciudad!

    El huracán biológico del virus Zero, aumenta su velocidad de giro. Generando grandes ráfagas de viento que mueven el material del virus por todas partes, y aumentando en el proceso su nivel de desintegración. Luzia y el pequeño que la acompaña observan diversidad de objetos que vuelan por todas partes, incluso hasta cuerpos humanos parcialmente desintegrados. Wenzel, quién se encuentra entre una gran cantidad de escombros, logra recuperar la consciencia a tiempo, percatándose en un instante que el huracán ha aumentado su velocidad.

    Un poco a lo lejos, Wenzel observa a Hiltz y a su padre con una expresión de miedo y asombró nunca antes vista en él. También logra ver a su hermana Luzia junto al niño que salvó de ser asesinado a manos de su hermano. Al ver que todos están cerca, Wenzel corre con especial interés en dirección hacia su padre.

    —Has perdido, padre. —Dice Hiltz, riéndose, descaradamente a carcajadas.
    —No lo hagas, Hiltz. No repitas lo mismo de Dortmund. —Suplica.
    —Es demasiado tarde. ¡Los humanos arderán en el infierno! —Grita Hiltz, riéndose como un maniaco completamente fuera de sí.

    Wenzel corre hacia su padre, pero a pocos metros de llegar. Una onda de choque es librada por Hiltz, frenándolo en seco e impidiéndole toda posibilidad a Wenzel de seguir avanzando. Laurenz, Luzia y el pequeño que la acompaña se cubren con sus brazos para resisrtir la onda de choque y las fuertes ráfagas de viento.

    La onda de choque liberada por Hiltz altera la integridad del huracán. Lo que causa que aumente su velocidad y la fuerza de las ráfagas de viento del huracán biológico, provocando que su categoría suba a nivel dos. Esto aumentan el tamaño del huracán, abarcando cerca de la mitad de la ciudad de Nördlingen en cuestión de minutos.

    22:55 – 10:55 P.M.

    Los edificios de la ciudad de Nördlingen son desgarrados por los fuertes vientos del huracán, a la vez que son engullidos y desintegrados por las millones de células del virus Zero. La muralla que rodea la ciudad y sus torres no soportan los fuertes vientos del huracán, pronto, su estructura de piedra se agrieta y su estabilidad que ha perdurado durante siglos hasta el día de hoy desaparece. Pedazos gigantescos de la muralla y torres enteras son engullidas.

    Las personas corren por sus vidas en medio de las avenidas de la ciudad, mientras a su alrededor los edificios son desgarrados como papel por el huracán. Algunas personas se aferran a los autos, estructuras de metal, árboles, camiones, entre muchas cosas, pero sin importar lo que hagan el viento los levanta con todo a lo que se aferran.

    Pedazos de asfalto son arrancados del suelo con todo y humanos por los fuertes vientos. Las células desintengran en pleno aire a los humanos, que son devorados por el virus antes de llegar a las paredes del ojo del huracán.

    23:05 – 11:05 P.M.

    Adler y Félix avanzan por las carreteras aledañas de la ciudad de Nördlingen. Su trayecto es tranquilo, pese a lo que está sucediendo en la ciudad. Félix observa por la ventana cómo las luces de diversas construcciones, ubicadas a un lado de la carretera, parpadean hasta que se apagan por completo. Lo primero que llega a su mente, es que haya ocurrido un apagón, pero esa idea desaparece al ver que el techo de las estructuras son desgarrados en miles de pedazos que vuelan con lentitud hacia algún lugar.

    El hermano menor de Adler, dirige su mirada al espejo lateral y se percata de un gigantesco huracán carmesí atrás de ellos. Félix se sorprende abruptamente, y de inmediato le grita a Adler que presione el acelerador a fondo. Su hermano, desconoce lo que pasa, pero pronto se da cuenta del enorme fenómeno meteorológico que amenaza sus vidas, y la destrucción que genera en las áreas aldedañas. Sin dudar un segundo más, Adler presiona de inmediato el acelerador, aumentando la velocidad de su camioneta al máximo.

    Un sudor frío recorre los cuerpos de ambos hermanos, ante el tambaleo y el rechino de la camioneta por los fuertes vientos. Pedazos de escombros caen en la carretera, Adler mueve con agilidad el volante de un lado a otro, logrando esquivar los escombros, pero aún no ha terminado. Decenas de otros escombros caen conforme la camioneta avanza. Los sentidos de ambos hermanos se agudizan a raíz de la adrenalina que los invade, mientras esquivan escombros de toda clase de tamaño.

    23:30 – 11:30 P.M.

    Las bandas nubosas de material genético con forma de espiral alrededor del centro del huracán, abarcan más de ciento cincuenta kilómetros cuadrados, extendiendo el nivel de destrucción a las localidades aledañas a Nördlingen en el distrito del Danubio-Ries. Toda clase de estructura creada por el hombre es desintegrada por las pequeñas células que conforman el huracán.

    En el ojo del huracán, Laurenz observa las estructuras a su alrededor ser desintegradas por el virus Zero. A lo lejos en el horizonte, Aleshire solo puede ver una densa neblina roja, una clara señal de que el virus se ha expandido por toda la ciudad, y probablemente más allá de los límites de Nördlingen. Laurenz desea hacer algo para evitar que el virus continúe causado estragos, pero no puede hacer nada. Sus ojos se mueven sobre sus cuencas oculares de modo involuntario, y su cuerpo, invadido por la desesperación, bloquea su mente e impide mover sus músculos; obstaculizado todo intento de poder hacer algo.

    En medio de la desesperación, Laurenz logra obtener un pequeño atisbo de fortaleza, que impide a su espíritu caer por completo en el torbellino de la impotencia y la angustia; que permite a Laurenz tomar una decisión desesperada; su única esperanza.

    Hiltz se reincorpora con lentitud. Al ver a su padre completamente fuera de sí, Hiltz transforma su brazo derecho en su bioespada. Después levanta su brazo. Laurenz reune toda la fuerza de sus músculos y los reune en su brazo izquierdo. Hiltz, al desconocer que su padre se encuentra consciente del entorno, arremete con todas sus fuerzas contra él. Aleshire le propina un poderoso golpe a Hiltz en el estómago, tan fuerte que pierde el color de sus ojos azules, tornándose a su color carmesí original. La bioespada de Hiltz se detiene a escasos centímetros del hombro derecho de su padre, a pocos segundos de perder la conciencia.

    Hiltz cae al suelo pero es detenido por el hombro izquierdo de su padre, expulsa un poco de sangre por su boca, y después termina de caer al suelo, conforme su brazo derecho regresa a la normalidad. Al perder la consciencia, el huracán biológico creado por Hiltz disminuye su velocidad y su densidad de material genético hasta que desaparece por completo.

    Laurenz aprecia por unos últimos minutos toda el área del Hospital Fundación completamente destruida, antes de ser invadido por un sentimiento abrumador de tristeza. Aleshire se da cuenta que, pese a sus intentos por detener a Hiltz, el daño ya está hecho. Toda la ciudad de Nördlingen ha sido destruida, y los humanos exterminados por el virus Zero.

    No puede creer que Nördlingen y su habitantes hayan tenido que sufrir el mismo destino de Dortmund, y todo por su culpa. De haberse encargado personalmente de vigilar a Hiltz, este no hubiese escapado de casa, y probablemente, nada de esto hubiese suceso. Todas esas personas han muerto por su irresponsabilidad como padre, no hay otra persona en ese lugar que sea culpable de ese genocidio más que él. Ni siquiera Hiltz es culpable, él solo es un niño y su acciones se han visto impulsadas por los cambios que sufre a raíz del virus.

    Laurenz al caer en cuenta en las decenas de miles que han muerto por su culpa, y del peso que significa llevar en su consciencia la muerte de todos ellos. No evita gritar con todas sus fuerzas en un intento por dejar salir todos los sentimientos que invaden su ser. La luna que se encuentra en los cielos nocturnos, presencia los desgarradores gritos de Laurenz una y otra vez. Sus gritos resuenan en medio de los restos de la ciudad de Nördlingen, ahora completamente en ruinas.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Saludos amigo, paso a comentar el capítulo.

    Tal parece que a ti te gustan mucho las cosas del estilo destructivo, porque este capítulo ha estado genialmente narrado. Se pudo ver la desesperación que tenían las personas que fueron asesinadas por el virus y por los estragos que ha causado Hiltz, y creo que la narración aquí, igual que como ocurrió en el capítulo de la destrucción de Dortmund (el segundo si la memoria no me falla) ha estado genial.

    Sin embargo, este capítulo sufrió lo mismo que vienen sufriendo los anteriores. La narración se lo está llevando todo, y los diálogos apenas toman importancia en el capítulo. Para algo mucho más realista, habría sido bueno ver diálogos de la gente en la ciudad preguntándose qué es lo que ocurre, desesperados para encontrar una salida, y asustados por desconocer la causa y origen de todos los males que están ocasionados.

    No hay mucho que pueda decir, dado a que el capítulo completo trató sobre la ciudad siendo arrasada, la masacre que Hiltz ha ocasionado y como Laurenz sufre por volver a ver otra ciudad sumirse en ruinas por su culpa. Al final, tal y como me dijiste, Hiltz no precisaba de los androides 17 y 18 para exterminar a la humanidad. Desconocía que sus poderes le permitieran crear armas biológicas tales como una bioespada y un huracán. Pero ha sido genial de leer. Vemos que tiene un gran poder destructivo y que, tratándose de humanos, no duda en usarlo.

    Me pregunto si Adler y Felix habrán sobrevivido, dado a que se dice que la destrucción pudo haber alcanzado hasta más allá de las fronteras de la ciudad. Imagino que el niño que estaba con ellos habrá muerto, y que los únicos que quedaron en pie son Laurenz, Luzia y Wenzel.

    Tal y como pensé, Laurenz tiene que pagar por sus errores en la crianza de Hiltz. No ha sido un buen padre para él, y ahora le tocará asumir la responsabilidad por toda la destrucción que su pequeño angelito (para decir de una forma, porque en realidad es un demonio XD) ha ocasionado en la ciudad. Todos los errores que ha cometido regresan a él, y es ahora que más quiero ver cómo le hace para sobrellevar la realidad. Será interesante descubrir qué tipo de crisis tendrá. La primera vez que se encontró con algo así, encontró su consuelo con Reynald y Liane. Ahora ambos (y posiblemente sus dos empleados de confianza) están muertos, y su consuelo podría encontrarlo con Wenzel y Luzia, que son sus hijos.

    Creería que Laurenz debería "poner a dormir a Hiltz". No creo que lo vaya a matar. Ver morir a un hijo es una sensación horrible, y sería peor para Laurenz matarlo. Pero creo que él haría (o buscaría la forma de lograr) algo para poder dormirlo para así evitar que use sus poderes el tiempo suficiente hasta que Luzia y Wenzel puedan detenerlo. La opción lógica si realmente quiere proteger a la humanidad de un arma viviente como lo es su pequeño, debería ser matarlo. Pero no creo que llegue a tal extremo, aunque sería interesante de ver.

    Supongo que la huida de la ciudad será la trama del siguiente episodio, ya que si Laurenz tuvo que huir cuando Dortmund fue destruido, no creo que se queden ahora que Nordlingen ha sufrido el mismo destino. Me pregunto a dónde van a huir, aunque el objetivo ya estaba marcado, hay que ver si no cambian su plan original. Es una de las cosas que me tendrán esperando hasta la semana siguiente.

    Te marcaré un par de errores.

    Creo que allí quisiste poner "insiste".

    Creo que allí iría "simplemente".

    Creo que esos fueron por dedazos.

    En primer lugar, "mi" no lleva tilde cuando se trata de marcar posesión sobre algo. Ejemplo: "mi auto", "mi patio". Y sí lleva tilde cuando se trata de referenciar a uno mismo. Ejemplo: "vengan hacia mí", o "traiganlo hacia mí". En ese caso, no llevaría la tilde.

    En segundo lugar, "solo un sith es tan radical tomando decisiones" XD.

    Allí sería "sucedido".

    Eso será todo por ahora. Me despido hasta la semana siguiente si todo sale bien. Saludos.
     
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  11. Threadmarks: Capítulo 16: Conversión.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

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    ZERO ZONE: Genesis [S.O.E]
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
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    Ciencia Ficción
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    Sé que hoy es viernes y no sábado, pero por ciertas razones, he decidido publicar desde ya el capítulo de esta semana. Agradezco a Reydelaperdicion , por comentar y apoyar esta historia, semana a semana. Sin más que decir los dejo con la lectura.

    Capítulo 16: Conversión.

    Pattensen, Hannover, Baja Sajonia, Alemania.
    Marzo 30 del Año 2169.
    07:00 – 7:00 A.M.


    A doce kilómetros del castillo de Marienburg. Laurenz, Luzia, Wenzel y el pequeño niño de nombre desconocido, avanzan por la carretera L402 en dirección al castillo de Marienburg. Después de lo ocurrido en Nördlingen a causa de Hiltz, Laurenz ha decidido apegarse al plan de alejarse de la civilización. Aleshire ha sido consciente todo este tiempo que Hiltz se ha convertido en una amenaza para todos los humanos, pero es hasta hora que lo ha reconocido formalmente, tras ver a Nördlingen ser completamente destruida frente a sus ojos.

    Por breves segundos, Laurenz dirige su mirada hacia el pequeño que los acompaña, y no evita sentirse incómodo al ver una actitud neutral en su rostro. Laurenz cree que el pequeño ha desarrollado algún trauma a raíz de lo sucedido, y por esa razón es que no ha dicho ninguna palabra. Luzia y su hermano Wenzel también piensan igual, a ambos les parece extraño que el pequeño no diga nada, pero a diferencia de su padre, ellos creen que se debe a algo más común; nerviosismo.

    —Oye, niño, ¿cuál es tu nombre? —Pregunta Wenzel con un aire directo, viendo al nombrado a su derecha—. Mi nombre es Wenzel.
    —Yo soy Luzia —Se presenta la pequeña, sonriente—. ¿Cuál es el tuyo?
    —¿Eh? —Al pequeño le sorprende escuchar los nombres de ambos pequeños—. M-Mi nombre es Rainhard, Rainhard Metzler. —Se presenta.
    —Mucho gusto en conocerte, Rainhard. —Sonríe la pequeña. Le parece interesante el nombre del pequeño.
    —L-Lo mismo digo. —Dice, sonrojado.
    —Este hombre que ves a mi lado es nuestro padre. —Comenta Wenzel.
    —Hola, Rainhard. Soy Laurenz. —Se presenta el hombre, mientras conduce con cautela.
    —Gusto en conocerlo, señor. —Dice el pequeño.

    Por unos leves segundos, Laurenz y Rainhard cruzan sus miradas. Es en ese pequeño instante que el padre de Luzia se percata de algo peculiar; Rainhard tiene heterocromía. Su ojo izquierdo es de color gris y su ojo derecho es de color ámbar. Este rasgo tan peculiar hace juego con su cabello negro y su tez blanca. A pesar de esas diferencias, Laurenz toma su apariencia con normalidad.

    —Señor. ¿Qué fue lo que ocurrió? —Desea saber Rainhard. Desde que subió a esa camioneta ha estado pensando en lo ocurrido, pero no ha logrado dar con la respuesta correcta.
    —¿Qué es lo que recuerdas? —Pregunta Laurenz. Quiere saber hasta qué punto Rainhard recuerda lo que ocurrió.
    —Recuerdo que estaba en el hospital, y de pronto, todo se destruyó frente a mis ojos. Después un niño se acercó a mí e intentó atacarme, pero no recuerdo nada más.
    —Entiendo —Laurenz comprende que la mente de Rainhard está en blanco hasta cierto punto—. El niño que intentó atacarte es mi hijo, su nombre es Hiltz.
    —¿Hiltz? —El pequeño debe mencionar el nombre para aprenderlo, es la primera vez que escucha ese nombre tan extraño.
    —Lo que destruyó el hospital y toda la ciudad de Nördlingen fue un virus.
    —¿¡U-Un virus!? —Rainhard recuerda por un segundo el enorme huracán de color carmesí.
    —Hiltz posee en su sangre un virus llamado Zero; mismo que posemos nosotros tres. A diferencia de nosotros, el virus ha cambiado su personalidad, causando que sienta un profundo odio hacia los humanos, a tal punto de aborrecerlos. —Dice Laurenz sin dejar de ver el camino.
    —¿Cómo alguien puede sentir tanto odio hacia los humanos? —Pregunta Rainhard de forma retórica—. ¿Por qué no lo detuvieron? —El pequeño observa a los tres en un intento por obtener una respuesta.
    —Intentamos detenerlo —Responde Wenzel—. Antes de Nördlingen, Hiltz asesinó a un hombre llamado Merten. Mi padre tomó como precaución abandonar la ciudad para evitar que Hiltz cometiera otra atrocidad como esa, pero la noche antes de abandonar la ciudad, Hiltz escapó.
    —Cuando logramos localizar a Hiltz el daño ya estaba hecho. Toda la ciudad se encontraba en ruinas y fue entonces cuando te encontramos. —Agrega Luzia.
    —Entiendo... —Rainhard siente un pequeño vacío al recordar la muerte de sus abuelos. Ahora todo tiene un poco más de sentido.
    —Lo que ocurrió en Nördlingen fue mí culpa, Rainhard. Por mis errores tu familia se vio implicada en todo esto —Dice Laurenz, supone que Rainhard tenía su familia—, al igual que la de muchas personas.
    —No se preocupe, señor —Rainhard puede ver la culpa que siente Aleshire por lo ocurrido—. Es difícil para mí haber perdido a mi familia, pero lo cierto es que, tarde o temprano la hubiera perdido de todos modos.
    —¿A qué te refieres? —Desea saber Wenzel, impresionado.
    —En Nördlingen vivía con mis abuelos, ambos eran adultos mayores, y debido a su avanzada edad. No siempre contaban con los medios económicos y materiales para ciudarme. Así que en cualquier momento sería enviado a un orfanato.
    —¿Y qué hay de tus padres? ¿No sabes nada de ellos? —Quiere saber Luzia, curiosa.
    —Mi madre murió poco después de que nací, y mí padre, bueno, no sé nada acerca de él —Responde Rainhard con normalidad—. Mis abuelos eran mi única familia. Me duele su pérdida, pero lo superaré —Sonríe levemente—. Supongo que haber sido salvado por ustedes, es mejor que ser enviado a un orfanato.

    A Laurenz, Luzia y Wenzel les impresiona saber un poco del pasado de Rainhard. Todo parece indicar que haber sido salvado por ellos fue un gran golpe de suerte para el pequeño. Conocer un poco sobre el pasado de Rainhard hace que Luzia y Wenzel se sientan muy identificados con él, ya que ninguno de los tres conoció a su madre biológica, dado a que murió poco despues de dar a luz.

    Rainhard no está seguro por cuánto tiempo va a permanecer con Laurenz y sus hijos, pero por el momento, pretende disfrutar su tiempo con ellos. Después de todo, Laurenz parece una buena persona, y sus pequeños Luzia y Wenzel no son la excepción. El único del que debe tener cuidado es de Hiltz, eso lo tiene muy en claro Rainhard, y más al tener en cuenta todo lo que ha escuchado por boca de Laurenz.

    Ahora que la ciudad de Nördlingen ha sido destruida, y sus abuelos han muerto. Rainhard no sabe qué va a pasar con él. No le gusta la idea de caer a un orfanato, pero es consciente que no tiene muchas probabilidades de sobrevivir en un mundo desconocido para él. Tampoco cree en la posibilidad de ser adoptado por Laurenz. Ahora que lo piensa mejor, Rainhard cae en cuenta de que no tiene muchas opciones de dónde escoger, mientras sea un niño.

    Los pensamientos de Rainhard se ven interrumpidos por un fuerte sonido metálico. Rainhard voltea a ver hacia atrás, notando a través de una pequeña ventana. La presencia de una criatura metálica de gran tamaño con forma de felino, el cuál se está acomondando sobre una gran caja. El pequeño se asusta al ver el gran tamaño de esa bestia de metal.

    —No te preocupes, es inofensivo. —Dice Luzia a Rainhard, sonriente, viendo a Lynx por la ventana.
    —¿Qué clase de criatura es esa? —Indaga Rainhard, impresionado.
    —Es un androide, su nombre es Lynx —Responde Luzia.
    —Es impresionante, nunca antes vi un androide tan grande. —Dice Rainhard, sin poder creer el tamaño de esa criatura.
    —Aunque Lynx es inofensivo, procura tener cuidado con Hawk. Esa ave es muy peligrosa. —Comenta Wenzel.

    Rainhard se da cuenta que Wenzel observa el espejo lateral de la camioneta. Metzler dirige su mirada al espejo, y se percata que Hawk los persigue a una distancia pronunciada. Al ver el ave con más deteniendo, Rainhard se da cuenta que Hawk está hecho del mismo material que Lynx; metal. Y que su tamaño es por mucho más grande que el de un halcón promedio.

    El pequeño de ojos heterocromáticos no evita pensar si esas criaturas metálicas que poseen Luzia y Hiltz tienen alguna especie de poder. Le parece curioso y muy difícil de creer que sean simples androides con forma de animal. Deben tener algún propósito, o de lo contrario, ninguno de los dos estuvieran a su lado.

    07:05 – 7:05 A.M.

    Adler, Félix y Hiltz siguen a Laurenz en otra camioneta a una distancia de veinte metros. Pese a las horas que lleva conduciendo, Adler continúa frente al volante sin mostrar ningún atisbo de cansancio. Félix solo observa el paisaje por la ventana, en completo silencio. Hiltz, por su parte, se encuentra dormido. A raíz del fuerte golpe que recibió por parte de Laurenz, y la gran cantidad de energía que utilizó para mantener el huracán, al mismo tiempo que luchaba con su padre, ha ocasionado en conjunto que su cuerpo se vea en la obligación de descansar para recobrar fuerzas.

    —Ese halcón me pone nervioso —Comenta Adler, viendo a Hawk por el espejo lateral, volando en las alturas con elegancia.
    —Pienso que es un ave muy fiel —Opina Félix—. Es curioso que a pesar de que Hiltz se encuentra inconsciente. Siempre insiste en seguirlo a dónde sea que vaya. —Dice Félix, viendo el ave por el espejo de su lado.
    —Justo por eso me pone nervioso. Hawk da la impresión de que planea algo. Llámame paranoico, pero es lo que pienso. Desde que Hiltz demostró sus habilidades por primera vez. No paro de pensar en eso.
    —Comenta, recordando cuando Hawk destruyó el helicóptero de Merten.
    —Estás exagerando. No deberías preocuparte, hermano. Hawk es solo un androide, que sigue las órdenes de un niño. Es una máquina, no piensa, solo obedece.
    —Aun así, no me fío de ese androide. —Afirma.
    —Oye, Adler. ¿Qué opinas de que Laurenz nos haya ocultado durante tanto tiempo su pasado? —Indaga Félix, después de guardar silencio durante algunos segundos.
    —No creo que debamos criticar su actuar, Félix. Debió tener sus motivos, y sea cuales sean no debería importarnos ahora mismo. Estoy seguro que Laurenz hablará sobre su pasado cuando se sienta preparado. —Dice Adler, comprendiendo a dónde quiere llegar su hermano.
    —Sí, supongo que tienes razón. —Termina por decir Félix, molesto. No le gusta recibir reprimendas por parte de su hermano, así sea de forma indirecta.

    Ambos vehículos avanzan por el único camino posible hasta que ingresan a una gran arboleda, que se abre en medio de la carretera. A través de las hojas y ramas de los árboles Laurenz, Adler y Félix pueden ver el imponente castillo de Marienburg al tomar algunas curvas. Los vehículos avanzan tres kilómetros en la densa arboleda, pronto, los árboles empiezan a desaprecer, permitiendo ver a lo lejos el gran castillo. Situado sobre una gran planicie. A medida que avanzan, Aleshire y compañía no evitan sorprenderse al ver el gran campo verde que posee el castillo a su alrededor, donde lo único que lo adorna son pocos árboles situados en diferentes lugares, y el camino asfaltado que conecta con la estructura neogótica.

    Castillo de Marienburg, Pattensen, Hannover, Baja Sajonia, Alemania.
    07:15 – 7:15 A.M.


    Las camionetas de Laurenz y Adler se estacionan frente al castillo de Marienburg. Todos con excepción de Hiltz, que se encuentra dormido, salen de los vehículos. Lynx baja de la camioneta y se acerca a Luzia. Hawk, en cambio, aterriza sobre la rama de un árbol cercano a las copas del castillo.

    Los adultos al ver la gran estructura neogótica, se soprenden por el gran tamaño que esta posee. El castillo, pese a tener cerca de doscientos años y de ser abandonado poco mas de un siglo, aún se mantiene en pie. Su imponente estructura presenta leves daños a raíz de los elementos, y la falta de mantenimiento, pero no son lo suficientemente graves para poner en riesgo su estabilidad.

    Al igual que los adultos están impresionados. Los pequeños no son la excepción. Rainhard, Wenzel y Luzia no pueden creer cuán imponente es el castillo de Marienburg. En algún momento de sus vidas, vieron imágenes sobre los castillos de Alemania y del mundo, pero nunca antes vieron uno tan de cerca, y mucho menos han tenido la oportunidad de vivir en uno. Dado a que ese privilegio solo lo tienen los reyes, y algunas autoridades del gobierno.

    A los varones no les entusiasma mucho vivir en un castillo, es cierto que es una oportunidad única, pero no es algo que verdaderamente los emocione. Luzia, por otra parte, sí que se siente emocionada. La idea de vivir en un castillo es como cumplir un cuento de princesas, muchas niñas de su edad sueñan con tener ese privilegio. No puede creer que ella tenga esa oportunidad sólo por formar parte de una familia que posee un agente viral extremadamente peligroso.

    —Este es el lugar. Aquí podemos permanecer sin ser detectados. —Dice Laurenz.
    —¿Crees que no tengamos problemas con esa extraña organización? —Cuestiona Adler, recordando la insignia que Félix obtuvo de los paramilitares.
    —No lo creo —Afirma—. Merten era la única conexión que tenían conmigo. Ahora que ya no está, es imposible que logren localizarme. —Responde, confiado.
    —Espero que tengas razón. —A Adler no le gusta que una extraña organización paramilitar los esté siguiendo.

    Laurenz observa con detenimiento el castillo por fuera durante unos segundos, de pronto, todos los toma por sorpresa un estrepitoso sonido de metal. Aleshire y compañía voltean a ver el lugar donde proviene el sonido, notando que es Hiltz, quien ha cerrado la pueta de la camioneta de Adler de golpe. Rainhard al ver al pequeño de cabellos carmesíes no evita sentirse un poco intimidado al recordar que Hiltz estuvo a punto de asesinarlo.

    Hiltz nota que todas las personas que conoce se encuentran presentes delante de él, pero al fijar la mirada sobre Rainhard. Su rosto neutro cambia a un rostro de furia en la máxima expresión de la palabra. Hiltz cierra los puños y presiona los dientes con fuerzas al ver frente a él al niño que su hermano Wenzel evitó que asesinara.

    —Ahora entiendo de dónde provenía ese nauseabundo hedor —Dice Hiltz—. Veo que ahora te dedicas a recoger huérfanos, padre. —Comenta, acercándose con lentitud a Rainhard.
    —Este no es el momento, Hitz. ¡Callate y...! —Laurenz se interpone entre su hijo y Rainhard.
    —¡No, claro que es el momento! —Se apresusa a decir Hiltz—. ¿Te parece poco traer consigo a este niño?
    —No veo, cual es el problema —Responde Laurenz de forma retórica, sin caer en el juego de Hiltz—. Este niño como tú lo llamas, se llama Rainhard —Dice con autoridad—, y te guste o no, permanecerá con nosotros. Porque él no es más y menos de lo que eres tu. ¿Está claro?
    —Escúchame bien, padre. —Dice Hiltz, viendo a Rainhard directamente— Tu preferencia por los humanos, no los salvará de la extinción. —Amenaza.

    Los ánimos entre padre e hijo aumentan considerablemente al cruzar sus miradas. En los ojos de Laurenz, Hiltz puede ver que algo ha cambiado en su padre. Ya no es el hombre amable y cariñoso, ahora en su lugar hay un varón frío, distante e intimidante. Es obvio que lo sucedido en Nördlingen lo ha marcado emocionalmente de algún modo. Luzia y Wenzel temen en ese instante que la discusión entre Laurenz y Hiltz termine en un combate entre ellos. Tal cual como el combate que tuvieron en Nördlingen.

    Por fortuna, su pequeño enfrentamiento acaba sin problemas mayores. Hiltz se hace a un lado y se aparta de los demás a una cierta distancia. No quiere acercarse a sus hermanos, y mucho menos a su padre mientras permanezcan cerca de Rainhard. Puede soportar la presencia de Adler y Félix, pero de ninguna manera la de Rainhard. No después de haber estado tan cerca de acabar con su mísera existencia.

    A Laurenz no le gusta mostrarse como una persona fría frente a sus pequeños, porque esa actitud le hace recordar a su yo del pasado; un hombre que le importaba más los resultados, que la vida de personas inocentes. Pese a que Laurenz cambió y aprendió de sus errores tras la catástrofe en Dortmund. No puede negar que algo dentro de sí, se ha roto al ver la destrucción de Dortmund reflejada en la ciudad de Nördlingen. Su antiguo yo que ha permanecido durante siete años en lo más profundo de su ser, ha regresado; el hombre blando que Liane conoció, ya no existe y en su lugar predomina el verdadero Laurenz Aleshire.

    Tras la pequeña discusión entre Laurenz y Hiltz. Todos se apresuran a entrar al castillo de Marienburg. El primer problema que encuentran antes de entrar es un gran candado de acero, Laurenz toma el candado y lo rompe con facilidad. Adler, Félix y Rainhard se impresionan, en cuanto a Luzia, Wenzel y Hiltz toman con normalidad lo que ha hecho su padre.

    Haciendo a un lado su impresión, todos entran al castillo. Lo primero que observan apenas entrar, es una gran sala con dos escaleras curvas a ambos lados, que conducen a los pisos superiores del castillo. Al frente, un pequeño pasillo que lleva a un gran comedor, adornado por una enorme mesa rectangular y varias sillas ubicadas en los extremos más anchos del mueble.

    —Es impresionate. A pesar del tiempo que lleva abandonado, aun se mantiene en su mayoría intacto. —Comenta Adler, al ver que las paredes, escaleras y arcos de las puertas están intactos y solo presentan un poco de polvo.
    —Eso significa que lo han construido bien. —Agrega Félix.
    —Esperemos que el resto del castillo se encuentre en las mismas condiciones —Dice Laurenz, viendo a ambos hermanos—. Démonos prisa en desempacar.

    15:00 – 3:00 P.M.

    Laurenz y sus pequeños han pasado horas desempacando y acomodando cada una de sus pertenencias. Debido a la gran cantidad de aposentos que posee el castillo Hiltz, Luzia y Wenzel no han tenido ningún problema en elegir una habitación a su gusto. Rainhard y Luzia ayudan a Laurenz a instalar su laboratorio personal en una de las diversas oficinas del castillo. Gracias a la ayuda que le ha brindado Rainhard, Luzia ha logrado terminar mucho más rápido que sus hermanos gemelos, y ya que no tiene nada más qué hacer, prefiere ayudar a su padre.

    Laurenz instala un pequeño aparato hexagonal de color blanco en el cielo de la oficina. Luzia y Rainhard se encargan de sacar viejas sillas, retratos, muebles y demás objetos para dejar la oficina completamente limpia. Conforme los pequeños avanzan en la limpieza, Luzia no evita sentir curiosidad por saber más del pequeño de ojos heterocromáticos.

    —Rainhard. Cuando vivías con tus abuelos. ¿Tenías una buena relación con ellos? —Pregunta Luzia al sacar varios libros de un mueble.
    —Tuve una buena relación con mi abuela. Ella siempre fue una persona muy amable, tranquila y cariñosa conmigo, pero todo eso cambió cuando empezó a sufrir una enfermedad llamada Alzheimer —Explica Rainhard. Laurenz presta atención a lo que dice el pequeño—. Cuando le realizaron el diagnóstico, mi abuela ya tenía la enfermedad en una etapa avanzada, y como no hay cura. Empezó a sufrir pérdida de memoria, cambios de personalidad, y hasta problemas de orientación. Todo eso le ayudó a olvidar quién era ella, y a raíz de eso olvidó también quien era yo.
    —Entiendo. —Luzia se siente un poco mal por haberle hecho a Rainhard recordar eso momentos que debieron ser difíciles para él.
    —Sin embargo, a pesar de lo mal que se encontraba su mente. Ella me empujó, antes de que los escombros del hospital cayeran, salvándome la vida. Supongo que su mente aún no se había deteriorado del todo por la enfermedad. —Agrega el pequeño.
    —¿Y tu abuelo? ¿Era bueno contigo? —Pregunta Laurenz. Rainhard lo vuelve a ver.
    —Lo cierto es que no. Mi abuelo era muy diferente; siempre me evitaba y nunca le gustó estar cerca de mí. Nunca comprendí cuál era su problema, pero supongo que su actitud estaba relacionada a mi apariencia.
    —¿A tu apariencia? —Luzia no entiende qué problema hay con la apariencia del pequeño; es un niño como cualquier otro.
    —Sí —Asiente—. Mi ojos son de diferente color, y para muchos este rasgo que poseo resulta extraño porque no es muy común. Creo que mi abuelo se sentía incómodo y por eso era tan áspero conmigo.
    —Ya veo. Supongo que algunas personas les resulta difícil aceptarnos por diferencias tan ínfimas como esa. —A Luzia le sorprende saber que existan personas así.

    Laurenz y Luzia ahora comprenden las razones por las cuales a Rainhard no parece afectarle mucho la pérdida de sus abuelos. Lo cierto es que el pequeño ha tenido una vida un poco difícil al sufrir indiferencia por parte de su abuelo, y tener que soportar la idea de que su abuela lo olvidó a raíz de una enfermedad mental. Es natural que todo eso en conjunto, haya hecho que el amor que sintió Rainhard hacia sus abuelos se haya enfriado al punto de no tener mucha relevancia para él su pérdida. Laurenz no cree que el pequeño actue mal al pensar así, dado a que cada persona es libre de pensar como quiera; no tiene intención alguna de corregir a Rainhard, ya que eso ahora es irrelevante y no tiene mucho peso en su conducta.

    —Ahora que saben un poco sobre mí. Hay algo que quiero saber, señor. —Comenta el pequeño, viendo a Laurenz.
    —Adelante, te escucho. —Dice Laurenz, concediéndole a Rainhard la oportunidad para que prosiga.
    —¿Qué va a pasar conmigo de ahora en adelante? ¿Me enviará a un orfanato? —Pregunta el pequeño, directo.
    —Teniendo en cuenta lo sucedido en Nördlingen. He pensado en ofrecerte un lugar junto a nosotros, siempre y cuando estés de acuerdo. ¿Qué te parece la idea? ¿Estás de acuerdo? —Pregunta Laurenz, viendo una leve sonrisa dibujarse en el rostro de Rainhard.
    —¡Por supuesto, señor! —Responde el pequeño de inmediato—. Ahora que mis abuelos no están, no quiero por nada del mundo caer en un orfanato.
    —Bien, entonces, a partir de hoy formas parte de nuestra familia. —Sonríe Laurenz.
    —Gracias, señor. —Rainhard agradece encarecidamente la oferta de Laurenz.
    —¡Felicidades, Rainhard! —Dice Luzia, feliz.

    Rainhard se siente muy afortunado de poder vivir con Laurenz y los demás. Al principio, Laurenz le parecía una persona fría, pero en lo poco que ha tratado con él, Rainhard es capaz de ver que Aleshire es una persona que inspira confianza, seguridad y tranquilidad con solo verlo. A Rainhard le agrada mucho ver esas características en una persona, de un modo inexplicable ha empezado a ver en Laurenz a ese padre que nunca tuvo.

    A Luzia le sorprende que su padre le haya ofrecido a Rainhard la oportunidad de permanecer con ellos. Más aún le impresiona que el pequeño aceptara en cuestión de segundos. La decisión de Rainhard hace que Luzia sienta una mezcla de emociones positivas y negativas. Por un lado, se siente feliz de que Rainhard permamezca con ellos, el pequeño es un niño bastante agradable y tenerlo cerca le vendrá bien para cambiar un poco la rutina de estar siempre con su hermano Wenzel. Pero por otro, le preocupa los problemas que pueden tener con Hiltz. Es cierto que su padre es quién toma las decisiones, y no tiene que rendir cuentas a nadie de lo que decida hacer, menos a un niño malcriado, egocéntrico y racista como Hiltz, pero pese a ello no evita sentirse preocupada. Luzia es consciente de que toda acción, tiene una reacción igual y opuesta; está establecido en la tercera ley de Newton, y es evidente que habrán consecuencias más adelante por esto.

    17:00 – 5:00 P.M.

    Luzia asea todo lo posible la oficina, mientras Rainhard termina de sacar los últimos objetos que aún faltan. Ambos pequeños se encuentran solos, ya que Laurenz ha decidido ver cómo han avanzado Adler y Félix con el tema eléctrico. Ahora que la noche está por caer, deben apresurarse con la electricidad, o sino se van a ver obligados a usar lámparas de gas para poder alumbrarse en la oscuridad de la noche.

    Ambos pequeños son tomados por sorpresa, cuando las bombillas de la oficina encienden sin previo aviso. Luzia y Rainhard sonríen al ver que el cableado eléctrico del castillo, pese a tener muchos años, aún funciona sin ningún problema. Esto alegra a los dos pequeños, ya que a ninguno le agraba la idea de pasar a oscuras la primera noche.

    Rainhard saca el último objeto de la oficina; una pequeña mesa de madera. Al dejarla en un lugar donde no incomode en el pasillo, el pequeño de ojos heterocomáticos regresa con Luzia para ayudarle a terminar el aseo.

    —Supongo que hemos terminado. Si gustas, puedo terminar el aseo por ti, Luzia. —Dice Rainhard, acercándose a la pequeña.
    —No te preocupes, yo me encargo. Solo debo terminar esa esquina de ahí y eso es todo. —La pequeña indica el lugar de forma indirecta.

    El pequeño se acerca a Luzia, pero tras caminar cinco pasos hacia la pequeña, Rainhard empieza a faltarle el aire. Metzler cae de rodillas al suelo, mientras presiona con fuerza su pecho con una de sus manos, en un intento por respirar de forma adecuada. Luzia se percata de esto, e inmediatamente se acerca a Rainhard, asustada.

    —¡Rainhard! ¡Rainhard! ¿¡Qué sucede!? —Grita la pequeña, muy asustada al ver el estado del pequeño.
    —N-No... puedo... respirar. —Rainhard respira bocanadas de aire, intentado que el aire llegue a sus pulmones.
    —¡Resiste! ¡Buscaré a mi padre!

    En ese instante, Laurenz hace acto de presencia. Aleshire al postrar su mirada en ambos pequeños y al ver que Rainhard y Luzia están en el suelo. Toma la escena con normalidad, pero al acercarse Laurenz se da cuenta de lo que en realidad sucede.

    —¡Papá! —Dice Luzia, impresionada al ver a su padre.
    —¿¡Qué sucede, Luzia!? —Laurenz se acerca a Rainhard y lo toma entre sus brazos.
    —¡Rainhard no puede respirar! ¡Estaba bien hace un momento, de pronto le empezó a faltar el aire! —Explica Luzia, angustiada. Logra ver que Rainhard presiona su pecho con fuerza, mientras aspira grandes bocanadas de aire.
    —Maldición, es un ataque de Asma. —Dice Laurenz, preocupado.

    Laurenz se levanta con Rainhard en sus brazos y lo lleva hasta el único escritorio que hay en esa oficina. Ahí recuesta al pequeño con cuidado y le coloca una especie de almohada bajo su cabeza. Rainhard intenta respirar con todas sus fuerzas, pero no llega suficiente aire a sus pulmones.

    —Rainhard, escucha. Necesito saber, ¿tomás algún medicamento para el Asma?
    —S-Sí, p-pero los perdí... en Nördligen. —Responde Rainhard con una voz muy débil y con dificultad para articular palabras.

    Al escuchar la respuesta de Rainhard, Laurenz cae en cuenta que la enfermedad que está sufriendo el pequeño, se debe a la ausencia de medicamentos en su sistema. Por lo general, el Asma se previene a través de drogas, pero una vez el cuerpo se encuentra libre de estas, el Asma vuelve como cualquier otra enfermedad. Es evidente que la falta de medicamentos y el polvo del castillo ha sido el detonante para que la enfermedad se presente ahora.

    —¿¡Qué podemos hacer!? —Pregunta Luzia, impotente.

    Laurenz no evita realizarse la misma pregunta que su pequeña. A decir verdad, no sabe qué hacer para ayudar a Rainhard. No cuenta con equipos que puedan brindarle oxígeno, y mucho menos medicamentos que ayuden a su cuerpo a combatir el Asma. Por lo general, desde que nacieron sus tres pequeños, Laurenz nunca ha tenido que comprar medicamentos de ninguna clase y tampoco asistido a ningún hospital, ya que el virus que poseen sus hijos es inmune a todas las enfermedades conocidas por los humanos, y a raíz de eso nunca han tenido complicaciones de salud.

    Por un segundo, Laurenz piensa en la posibilidad de concederle a Rainhard el virus Zero; es posible que el virus sea capaz de curar su enfermedad. Pero de inmediato descarta esa idea; no hay nada que asegure que Metzler logre sobrevivir a los devastadores efectos degenerativos del virus.

    Al paso de cada segundo, Rainhard pierde la capacidad de respirar con normalidad. Ver esto, le hace caer en cuenta a Laurenz que el tiempo se está agotando. Debe darse prisa en tomar una decisión. Aleshire por una milésima de segundo piensa en la posibilidad de dejar morir al pequeño, pero, pronto, se da cuenta de que esa no es la decisión correcta. Wenzel luchó contra Hiltz para protegerlo y hasta él mismo lo hizo. De no haberle importado, bien pudo haberlo dejado morir a manos de Hiltz.

    Permitir ahora que Rainhard muera por su enfermedad, cuando tienen la solución en sus propias manos, es una atrocidad que no pueden darse el lujo de cometer. Rainhard tiene el derecho de escoger entre la vida y la muerte, solo él tiene la última decisión.

    —Rainhard, escucha con atención. En este momento, no cuento con medicamentos para ayudarte a combatir la enfermedad que está atacando tu cuerpo —Dice Laurenz, viendo a Rainhard expresar dolor en su rosto—, pero aún hay una alternativa que puede salvarte.
    —¿Q-Qué... alter...? —Rainhard tiene muchas dificultades para articular palabras.
    —¿De cuál alternativa hablas, papá? —Desea saber Luzia, al ver que Rainhard no puede hablar por la falta de aire.
    —Hablo del virus Zero —Responde Laurenz, viendo a su pequeña—. Una de las características del virus, es regenerar células dañadas; es probable que Rainhard logre recuperarse de su enfermedad si le ortogamos el virus.
    —¿Y cómo hacemos algo así? —Luzia no tiene idea de cómo pueden infectar a Rainhard.
    —Rainhard solo tiene que recibir una mordida de cualquiera de nosotros. Sólo una mordida, y el virus ingresará a su cuerpo.
    —¿Una mordida? —Se pregunta Luzia.

    A Luzia le parece algo repulsivo tener que morder a alguien para transferirle el virus, pero al mismo tiempo, toma eso como algo muy normal. Es obvio que ese cambio de opinión tan radical se debe al virus dentro de su sagre, el cual le hace tomar esa clase de cosas como normales, cuando en realidad no lo son en absoluto.

    —Voy a se claro en algo, Rainhard. No sé que tan letal puede ser para un humano ordinario, recibir el virus a través de una mordida, pero si estás dispuesto asumir los riesgos... —Laurenz es interrumpido.
    —Los... asumiré. Hagan... lo que deban hacer. Yo quiero vivir... —Dice Rainhard, esforzándose para hablar.
    —Bien —Asiente. Al ver su determinación, Laurenz está dispuesto a morder a Rainhard—. Esto va doler un poco. —Laurenz se acerca al pequeño.
    —Espera, papá. Quiero ser yo quien ayude a Rainhard. —Dice la pequeña, firme.
    —¿Estás segura? —A Laurenz le sorprende la iniciativa de su pequeña.
    —Sí. —Asiente.

    Al ver la inciativa que ha tomado la pequeña, Laurenz se hace a un lado sin rechistar. Es evidente para el ex-científico que Luzia está siendo impulsada a ayudar a Rainhard por algo más que una amistad. No sabe con exactitud si su actitud se debe a raíz de un sentimiento, o bien al propio virus, pero sea como sea, está de acuerdo en que sea ella quien muerda a Rainhard.

    Luzia se acerca a Rainhard. El pequeño observa a la niña directo a sus ojos, y en ese instante el corazón de Luzia empieza a latir con fuerza. No evita sentirse nerviosa al recibir esa mirada heterocromática por parte de Rainhard. La pequeña hace a un lado sus nervios y se acerca con lentitud al hombro derecho de Rainhard. Luzia hace a un lado algunos de sus cabellos que impiden su visión, después mueve con delicadeza la ropas del pequeño para dejar al descubierto su hombro.

    De forma inconsciente los ojos dorados de la pequeña se tornan completamente azules y su pupila se convierte en una línea negra vertical; igual a los ojos de un felino. En ese instante, Luzia abre su boca levemente y sus colmillos superiores crecen en el proceso. Rainhard se prepara para recibir la mordida; presiona ambos puños con todas sus fuerzas. Sin aviso de por medio, Luzia muerde a Rainhard y este lo único que realiza es un fuerte grito de dolor al sentir los colmillos de la pequeña perforar su piel.

    Al tener contacto con la sangre de Rainhard, Luzia logra ver diversas memorias del pequeño; recuerdos importantes de su pasado de cuándo vivía con sus abuelos. Por algunos segundos, Luzia toma parte de la sangre de Rainhard. Laurenz al ver ese extraño deseo incontrolable, aparta a su pequeña de Rainhard.

    Laurenz una vez logra apartar a Luzia del pequeño sin ningún tipo de problema. Se percata que los ojos de su hija han cambiado. Al ver ese cambio en Luzia, Aleshire logra comprender de primera mano el miedo y el asombro que sintió Reynald cuando vio ese mismo cambio en él.

    —Papá, ¿crees que ha funcionado? —Pregunta la pequeña, viendo a su padre, mientras limpia la sangre de su labios con sus dedos.

    Laurenz vuelve a ver a Rainhard. Su asombro en ese momento desaparece, cuando el pequeño empieza a realizar gritos desgarradores; piel de sus brazos, cuello y manos se desintegra. En solo segundos, Rainhard logra ver sus propios tendones unidos a los huesos de sus manos. El rosto del pequeño expresa terror en su máxima expresión. Al ver ese cambio, Laurenz cae en cuenta de que el virus no puede acoplarse a su ADN; por esa razón degrada sus tejidos; es el mismo efecto que causa en todos los humanos.

    El miedo inunda a Luzia al ver el sufrimiento que atraviesa Rainhard, pero es gracias a ese mismo sentimiento que la incita a hacer algo al respecto. Luzia se acerca a Rainhard y apoya sus delicadas manos en los brazos del pequeño. En el preciso instante en que Luzia apoya sus manos, los efectos degenerativos que causa el virus en el cuerpo de Rainhard se detienen en seco, y en su lugar, empieza a regenerar las áreas afectadas. Todas las heridas causadas por el virus desaparecen en cuestión de segundos, incluso la mordida de Luzia sana por completo, desapareciendo y regresando de este modo a la normalidad.

    Laurenz no puede creer que su pequeña haya detenido los efectos del virus y los haya invertido sin hacer, prácticamente, nada más que tocar a Rainhard. Que Luzia haya hecho algo así es científicamente imposible, a menos que sea un Ser Primigenio como él.

    Rainhard comparte del mismo modo el asombro de Laurenz. Después de sentir un dolor indescriptible a raíz del virus, y ver en carne propia lo que es capaz de hacer en el cuerpo humano. Es impresionante que Luzia haya amenizado los efectos del virus dentro de su cuerpo solo con tocarlo. No hay dudas que la pequeña tiene habidades más allá de lo común, y ciertamente misteriosas.

    A pesar de ser consciente de lo que ha hecho, Luzia no ve razón para impresionarse, porque frente a sus ojos lo que ha hecho es algo que se puede considerar normal en los límites de las habilidades de un híbrido.

    Ahora que los efectos del virus han sido invertidos por Luzia, eso no significa que el virus haya desaparecido del sistema de Raindard. Dos claras señales de eso es que la respiración del pequeño ha vuelto a la normalidad, y otra es que la pupila de sus ojos ha cambiado; ahora ya no es redonda como la de un humano, en su lugar es una línea negra vertical.

    —¿Cómo te sientes? —Desea saber Laurenz. Un poco sorprendido por el cambio en los ojos de Rainhard.
    —Estoy bien, creo. Solo siento un poco de debilidad en mi cuerpo. —Responde.
    —Es natural que te sientas así. Los efectos del virus son muy fuertes, y tu cuerpo estuvo sometido al Asma durante varios minutos. Procura mantenerte acostado durante unos minutos, dale tiempo a tu cuerpo de asimilar los cambios.
    —Está bien, señor —Rainhard está dispuesto a obedecer a Laurenz.
    —Luzia, cuida de Rainhard unos minutos, y después ven a verme al comedor. —Comenta Laurenz, viendo que los ojos de Luzia vuelven a la normalidad al recibir su mirada.
    —Lo haré, papá. —Dice Luzia. Viendo a su padre marcharse del lugar.
    —Luzia. Gracias por salvarme la vida. —Dice Rainhard, una vez Laurenz se ha marchado.
    —No tienes que agradecerme. Somos amigos, y ahora eres parte de nuestra familia.
    —Amigos, ¿eh? —Susurra Rainhard—. De todos modos, te agradezco lo que hiciste, aunque fue bastante doloroso. —Se queja, sonriente.
    —Perdóname, no fue mi intención —Se defiende la pequeña—. Es la primera vez que muerdo a alguien. No sé hacer algo así sin causar dolor. —Dice, apenada y sonrojada.
    —No pasa nada, Luzia. A pesar del dolor, agradezco que hayas sido tu quién me mordiera.

    Rainhard le sonríe a la pequeña. Luzia no hace otra cosa más que sonrojarse. Su pequeño corazón, aun late con fuerza de lo nerviosa que está por atreverse a morder a Rainhard, y sus palabras lo único que hacen es ponerla más nerviosa de lo que está. Luzia no es tonta, incluso para ella que es una niña, sabe que las palabras de Rainhard tienen doble significado. Pero ahora mismo, ella no está interesada en algo más que ser amigos, aunque la puerta de su corazón está abierto para quién decida entrar en él, y es obvio que con su iniciativa lo ha demostrando, no con palabras, sino con hechos.
     
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    Saludos, amigo. Paso a comentar el capítulo.

    Tengo que decir que me sorprendió. Al final, el niño ha podido salvarse, y Adler y Felix también. Tengo que decir que los hermanos tuvieron un golpe de suerte que ya quisiera yo. Sobrevivir a la destrucción total de una ciudad, seguir respirando luego de todo eso e incluso mantenerte sano y con tu cuerpo intacto es un milagro para lo que ha ocurrido XD. Asumo que si no te has desecho de los hermanos en esa oportunidad es porque les tienes algo reservado, y debe ser algo importante. Me intriga saber qué será.

    El niño también ha sobrevivido, y me he llevado una gran sorpresa cuando dijo su nombre XD. No esperaba ver a Rainhard tan pronto, y recuerdo (creo que fue así) que me has dicho algo acerca de que su papel en las otras historias iba a ser muy diferente. Por lo tanto, esta es una oportunidad doble. La primera, conocer a más profundidad a ese personaje que tan misterioso fue en LY y en TFD. Y la segunda, ver el rol que tendrá en la historia. Tengo que decir que casi caigo de la silla al leer su nombre.

    Se ve que su vida no ha sido fácil, con una abuela enferma, un abuelo antipático y padres ausentes. Debe estar muy desesperado si eligió quedarse con Laurenz únicamente por haber sido rescatado por ellos, más que nada sabiendo que quien asesinó a sus abuelos y destruyó la ciudad está con ellos y les tiene un odio terrible. Se ve que ese niño ha leído LGC en algún momento de su vida, porque parecía muy empecinado en no querer irse a un orfanato XD. Pero bueno, ha optado por quedarse.

    Ha sido bueno conocer que Adler se siente nervioso de tener a Hiltz y a los androides, principalmente a Hawk, cerca. Y honestamente, si fuera por mí, yo habría salido corriendo al otro extremo del planeta luego de haber visto el poder destructivo combinado de ambos XD. Supongo que deben valorar bastante a Laurenz para quedarse con él, al menos Adler, ya que Felix quiere obtener algún beneficio de Hiltz.

    Vemos que el castillo es un lugar construido bastante bien, ya que pese a los años, está en buenas condiciones. Habría sido bueno ver las reacciones y opiniones de todos al mudarse allí, y no solo verlas narradas, pero supongo que en capítulos futuros tendremos la oportunidad de ver cómo va eso. A la única que mas o menos vimos fue a Luzia, quien parece ser que quería vivir como una princesa, y bueno, vemos que ya tiene el castillo y a su príncipe XD.

    Veo algo extraño que Rainhard y Luzia sean tan amigos en tan solo un capítulo transcurrido. Sobre todo porque los dos son niños y no adolescentes con las hormonas alborotadas. Pero bueno, también recuerdo que Liane se vio muy atraída por Laurenz tan pronto como lo conoció. Parece ser que de tal madre, tal hija XD.

    No esperaba que el virus Zero fuera capaz de curar enfermedades tales como el asma con tan solo una exposición al mismo, pero no lo veo fuera de lógica. Después de todo, Laurenz y sus hijos han nacido con una genética afortunada. Lo que sí me ha parecido algo raro es que el contacto de Luzia haya detenido la degradación que el virus estaba haciendo en el interior de su cuerpo. Quiero decir, el ADN y los tejidos internos se curaron con un simple tacto de la piel de Luzia, que no debería haber ocurrido así. Salvo que tenga una explicación más a futuro.

    Hemos visto que Laurenz notó una conducta rara en la niña al morder a Rainhard, y estoy seguro de que no lo dejará pasar. O al menos, eso creo.

    Tengo intriga por muchas cosas a partir de este capítulo. En primer lugar, qué hará Hiltz cuando se entere que Rainhard posee el virus Zero y ha dejado de ser un humano para convertirse en uno de ellos. Ahora no tiene razón para odiarlo. En segundo lugar, ver cómo le hace Laurenz para reducir los deseos de Hiltz en erradicar a la humanidad. Para mí ha tomado la decisión incorrecta y en mal momento. Hiltz necesitaba aprender a vivir con los humanos, y no aislarse de ellos, pero ahora no puede lastimar a nadie y Laurenz podrá ocuparse de él. En tercer lugar, saber qué movimiento hará Felix, dado a que no creo que se vea intimidado por el poder de Hiltz. En cuarto lugar, saber qué hará nuestro buen amigo el HI al ver que una ciudad cerca de donde vivía Laurenz se ha borrado del mapa.

    Quizá suene algo apresurado, pero creo que HI está emparentado con Rainhard. Ambos tienen el mismo color de piel y heterocromía en los ojos. Vemos que Rainhard no tiene a sus padres, y que su abuelo lo despreciaba (quizá es una palabra fuerte) por el color de sus ojos. Quizá es por eso que el HI se apartó de ellos, y al haber muerto su madre, los abuelos no tuvieron más opción que adoptarlo. Y también está esta escena:

    No quiero sacar conclusiones apresuradas, pero si no lo comento ahora y luego se termina cumpliendo, no habrá registros de que lo pensé en el momento XD.

    Marco un par de errores.

    Allí creo que se cortó una parte del diálogo.

    Creo que la palabra es "detenimiento".

    Ese diálogo no tiene nada malo, pero el guion se encuentra separado del diálogo y fue algo difícil de leer a la primera. No creo que se haya repetido más tiempo.

    Bueno, por esta semana, es todo de mi parte. Así que, me despido hasta la siguiente ocasión. Nos vemos. Suerte.
     
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