Historia larga ZERO ZONE: Genesis [S.O.E]

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Zurel, 16 Febrero 2020.

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  1. Threadmarks: Capítulo 01: Día Uno.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

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    ZERO ZONE: Genesis [S.O.E]
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    Ciencia Ficción
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    Hola a todos.

    Después de un año de haber estado ausente en el foro por diversas razones. Llegó la hora de publicar la siguiente historia de zero zone. Quiero aclarar que esta historia ocurre varios años antes de Zero Hour, pero los eventos que ocurrirán ayudará a comprender los eventos de las futuras entregas. Quiero agradecer a los usuarios, y en especial a Reydelaperdicion que han leído las demás entregas y han permanecido atentos al progreso y los cambios que ha sufrido ZZ a lo largo de todo este tiempo. Sin más nada que decir los dejo con el primer capítulo de Genesis.

    [​IMG]

    Capítulo 01: Día Uno.

    Afueras de Dortmund, Dortmund, Renania del Norte-Westfalia, Alemania.
    Marzo 27 del Año 2157.
    18:20 – 6:20 P.M.


    Estudiantes de la universidad tecnológica de Dortmund, aprovechan la oscuridad que se cierne sobre la ciudad para observar los astros celestres con sus telescopios en las afueras de la misma. A su cargo se encuentra la doctora Mallory Kerner, una de las científicas más jóvenes y privilegiadas con tan solo veinticinco años de edad.

    —Doctora, me alegra que nos pueda acompañar. —Dice una joven, sonriendo.
    —Siempre es un placer acompañarlos, chicos. —Menciona Mallory, feliz de poder estar en ese lugar.
    —¿Está segura de querer estar aquí, doctora? —Indaga un chico a un lado de la doctora, armando un telescopio igual que sus demás compañeros.
    —¿Qué quieres decir? —Mallory no comprende la pregunta del joven.
    —Bueno, usted debe ser una persona muy ocupada, y no creo que deba estar aquí perdiendo el tiempo con nosotros.
    —No es ninguna pérdida de tiempo, Michael —Afirma Mallory—. Observar los astros celestes es uno de mis pasatiempos preferidos, y de no ser por ellos muchas de mis investigaciones en la biogenética no serían posible. Así que no te preocupes, después de todo, alguien debe cuidarlos.

    Los jóvenes sonríen al escuchar a Mallory, pese a ser una de las científicas más jóvenes de la universidad, Kerner es también maestra y científica reconocida a nivel nacional por su amplio conocimiento y sus logros en la biogenética. Los cuales han hecho de Mallory una mujer respetada tanto por hombres como por mujeres de la rama científica.

    La doctora Mallory ayuda algunos de los estudiantes con sus telescopios, ya que conoce muy bien el procedimiento de armado de los mismos. Ella como muchos otros estudiantes, también observó en su momento los astros celestes en un intento por obtener las respuestas a muchos de los problemas que la humanidad ha debido afrontar a lo largo de la historia.

    —Doctora, Mallory, puede venir un momento, por favor. —Dice una joven, llamando su atención.
    —¿Qué ocurre? —Quiere saber Mallory, ayudando a uno de los estudiantes con el telescopio, pero con su vista fija en la joven.
    —Creo que debe ver esto —Responde la joven, señalando indirectamente el telescopio que utiliza. Mallory se acerca a ella después de ayudar al estudiante—. Hay algo extraño en el cielo.
    —¿Extraño? ¿A qué te refieres? —Mallory no entiende a lo que se refiere la joven.
    —N-No lo sé. —Termina por decir la joven estudiante, no tiene palabras para describir lo que ha visto por el telescopio.

    Mallory observa por el lente del telescopio el cielo estrellado por unos minutos, a simple vista todo parece normal, pero de pronto, logra distinguir una extraña estrella que se encuentra en pleno movimiento. Al principio Mallory cree que se trata de un cometa o bien una estrella fugaz, pero descarta ambas posibilidades al no ver ninguna estela blanca que deje a su paso.

    La doctora continúa observando por el lente del telescopio la peculiar estrella blanca, hasta que sin previo aviso son sorprendidos por un estruendoso estallido, todos cubren sus oídos inmediatamente al escuchar el fuerte sonido que termina en segundos. Los estudiantes, aturdidos, observan a su alrededor en un intento por encontrar la fuente de tan poderosa explosión, Mallory levanta la vista al cielo y en ese preciso instante, una bola de fuego sobrevuela su cabeza a una altura de poco menos de doscientos metros.

    La bola de fuego impacta a una distancia de ciento cincuenta metros al frente de donde se encuentra Mallory y los estudiantes, todos logran sentir la onda de choque pero esta no es tan poderosa para ser lanzados por ella. Asustados e Impresionados, Mallory y compañía se acercan con ímpetu al lugar donde se ha estrellado lo que parece ser un meteorito.

    Al llegar se percatan que el cráter tiene una profundidad de seis metros y un radio de doce metros, aproximadamente, el meteorito que se ubica en el centro es mucho más pequeño con una longitud de setecientos centímetros. Mallory y dos de sus estudiantes entran al cráter con mucho cuidado para observar más de cerca el meteorito, el cual presenta un peculiar color rojizo y severos daños de fundición a causa de las grandes fuerzas de fricción generadas por la entrada a la atmósfera terrestre.

    Mallory materializa un holograma rectangular por medio de un guante que posee en su mano izquierda para identificar el nivel de radiación que pueda contener el meteorito. Al escanear el meteorito el holograma señala que los niveles de radiación del objeto son muy bajos y que no presenta ningún peligro para la salud humana. El holograma aparte del nivel de radiación también muestra diversos resultados de las sustancias, químicos y compuestos que conforman el meteorito, uno de estos llama la atención de la doctora Mallory Kerner.

    —E-Esto no es posible. —Dice Mallory sin poder creer lo que muestra el holograma.
    —¿Qué ocurre, doctora? —Indaga el joven de nombre Michael, desea saber lo que ha descubierto la científica.
    —El meteorito presenta unión de aminoácidos. —Responde Mallory muy sorprendida.
    —¿Y eso qué significa? —Quiere saber el joven, no comprende lo que quiere decir la doctora.
    —Significa que el meteorito contiene un virus.
    —¿¡U-Un virus!? —Dice otro joven, asustado ante la idea de poder morir por estar expuesto al virus sin protección.
    —No te preocupes, pese a ser un virus, no parece ser muy infeccioso —Informa Mallory al ver el holograma—. Estarás seguro, siempre y cuando no toques el meteorito.

    La doctora Mallory puede ver por medio del holograma las células del virus que se encuentra sobre la estructura rocosa del meteorito, las cuales se regeneran a una velocidad muy superior a cualquier otro virus conocido. Mallory no es capaz de creer lo que ven sus ojos, está segura que un virus como el de ese meteorito puede beneficiar a la humanidad si es utilizado para fines médicos.

    Sabe que de poder integrar las células de ese extraño virus en los humanos, puede ayudar indudablemente a regenerar órganos dañados por enfermedades, accidentes e incluso malas formaciones. El futuro de la humanidad puede estar encerrado dentro de ese virus desconocido y Mallory está dispuesta a contribuir con todos sus conocimientos por el bienestar de las personas.

    Laboratorio, Technische Universität Dortmund, Dortmund, Renania del Norte-Westfalia, Alemania.
    Marzo 28 del Año 2157.


    Haciendo uso de sus grandes habilidades, Mallory logra extraer los genes del virus aislándolo de la estructura rocosa del meteorito, pronto, inicia sus experimentos intentando implementarlo en roedores, que presentan daños en sus cuerpos a raíz de problemas genéticos. La científica decide usar el virus tal cual en una de sus ratas que carece de una de sus patas traseras, quiere ver cómo reacciona su cuerpo sin que el virus sea alterado.

    Mallory inyecta el virus en su pequeño amiguito y lo deja en una jaula aislado de los demás roedores de su misma especie. Durante unos segundos, Mallory observa que el roedor muestras signos de regeneración donde hace falta su pata trasera, poco a poco, las células de su pequeño cuerpo regeneran la extremidad que le hace falta gracias al virus. La científica está muy sorprendida de ver que el virus parece haber funcionado, pero su alegría no dura por mucho tiempo, pronto, el roedor muere cuando su cuerpo genera los músculos de su pata faltante.

    La muerte del roedor deja a Mallory con un amargo sabor de boca, por un momento pensó que el virus funcionaría a la perfección, pero ahora cae en cuenta que aún hace falta mucho trabajo para poder implementarlo en cuerpos humanos. No obstante, los resultados, pese a no ser del todo óptimos, demuestran que el virus sólo necesita poca intervención en aspectos genéticos para poder alcanzar la meta de ayudar a la humanidad con él.

    Marzo 30 del Año 2157.

    Teniendo en cuenta que los resultados en roedores no son favorables para implementar el virus en humanos, Mallory decide realizar un pequeño experimento algo ortodoxo. Utilizando una de sus jeringas inyecta el virus en un órgano humano que suele presentar muchos problemas con el paso de los años; el hígado. Al inyectar el virus, los daños que presenta en su tejido son regenerados a tal punto que el hígado se repone completamente.

    Al paso de algunas horas el hígado parece no demostrar efectos secundarios al suministrar el virus, Mallory toma una pequeña muestra del tejido del órgano para estudiarla, la incisión que crea para obtenerla es regenerada casi al instante una vez logra sacar la muestra que necesita. La científica deja la muestra sobre un portaobjetos que acopla a su microscopio, e inmediatamente un holograma se materializa a su derecha, mostrando las células del órgano y del virus mismo actuando sobre ellas.

    Mallory se ve impresionada al ver que las células del virus mantienen una regeneración constante en el tejido del órgano a tal punto, que prácticamente el tejido es imposible que pueda llegar a degradarse en algún momento. Estos son descubrimientos muy grandes para Mallory, y son lo suficientemente evidentes para poder darse una idea de la clase de virus que ha llegado a descubrir.

    La científica Mallory Kerner nombra el virus llamándolo Virus Zero, al tomar en cuenta que su nivel de regeneración otorga cero probabilidades de que el tejido sea capaz de degradarse. A simple vista, el órgano parece aceptar al cien por ciento el virus, no obstante, pronto, empieza a experimentar una degradación muy rápida en comparación al nivel de renegación que tuvo horas antes. Al final, el resultado no evita que la joven científica se sienta decepcionada, pero sabe que los resultados no son culpa de ella ni mucho menos del virus, la verdadera raíz del problema radica en el mismo órgano.

    Mallory tiene en cuenta que las razones de la degradación del órgano y de la muerte de los roedores se encuentran en su propia genética. Lo que significa que si desea implementar el virus a los humanos, debe encontrar la raíz del problema, y evitar que este cause un conflicto genético en el virus que termine asesinando a quienes lo porten, o de lo contrario, va a ser imposible que el virus Zero logre ayudar a la humanidad.

    Aeropuerto Internacional de Dortmund, Dortmund, Renania del Norte-Westfalia, Alemania.
    Abril 30 del Año 2157.


    Un avión se aproxima poco a poco al aeropuerto internacional de Dortmund, en él viajan cientos de personas, entre ellos la doctora Mallory Kerner, quien se ha visto obligada a viajar a una conferencia internacional de ciencia realizada en el país de los Estados Unidos de América. Mallory está muy cansada por el estrés del viaje y lo único que desea en ese momento es llegar a casa para descansar.

    Ligeramente el avión se agita con fuerza a raíz de las fuertes turbulencias, los pasajeros se asustan pero pronto llega la calma cuando la turbulencia termina. Todos, incluyendo Mallory observan por la ventanas y se percatan que hay una fuerte tormenta azotando la ciudad, en ese instante un rayo impacta en el avión con tal fuerza que deja inutilizados todos los sistemas de la aeronave, y por si fuera poco, causa que los dos motores del ala derecha del avión exploten.

    La explosión de los motores es tan grande que destruye por completo el fuselaje del ala derecha, causando que el avión se precipite con velocidad hacia tierra. El pánico se desata entre los pasajeros ante los fuertes movimientos del avión, bolsos y maletas caen de los maleteros, gritos y llantos se escuchan por todas partes. Los pilotos en la cabina intentan todo lo posible por retomar el control de la aeronave, pero es prácticamente imposible que logren hacerlo con la falta de una de sus alas y sin los sistemas en funcionamiento.

    Después de una larga caída de más de un kilómetro de altura, el avión se estrella en las cernías del Aeropuerto Internacional de Dortmund. La explosión del impacto es tan grande que es vista por las personas del control aéreo en la torre del aeropuerto. Equipos de bomberos y ambulancias llegan al lugar lo más pronto posible, pero cuando lo hacen ya es demasiado tarde. Todos los pasajeros incluyendo los pilotos y la doctora Mallory Kerner han muerto, lo único que hay en el lugar son restos del avión y cuerpos de personas inertes desfigurados por el implacable impacto.

    Laboratorio, Technische Universität Dortmund, Dortmund, Renania del Norte-Westfalia, Alemania.
    Junio 20 del Año 2162. Cinco Años Después.
    16:45 – 4:45 P.M.


    Han pasado cinco años desde la muerte de la doctora Mallory Kerner, su investigación del Virus Zero continua ahora en manos del científico y maestro Laurenz Aleshire, quien ha decidido continuar con su trabajo en honor a una de las mujeres más respetadas de la ciencia. Gran parte de la investigación realizada por Mallory se ha perdido con el paso del tiempo, pero lo poco que ha logrado sobrevivir le ha concedido a Laurenz el conocimiento necesario para avanzar desde el punto muerto donde permaneció estancada la investigación de Mallory tras su muerte.

    El trabajo de Laurenz se realiza en uno de los muchos laboratorios que cuenta las instalaciones de la universidad técnica de Dortmund, muchos de los experimentos que realiza Laurenz en ese lugar se llevan a cabo bajo protocolos ultra secretos, ya que algunos actos son considerados inhumanos. El virus Zero, pese a las intenciones de Mallory por utilizarlo para beneficio de la humanidad, requiere de arduo trabajo para obtener resultados óptimos, los cuales no pueden ser obtenidos bajo circunstancias normales de investigación.

    —¿Tenemos resultados óptimos? —Indaga Laurenz dejando a un lado algunos informes al ver a su ayudante acercarse a él.
    —Negativo, los individuos cero cinco y cero seis han muerto —Informa el hombre—. Ambos han presentado nuevas degradaciones en sus cuerpos.
    —¿Qué clase de degradaciones? —Quiere saber el científico, viendo con seriedad a su ayudante.
    —Cero cinco presentó degradación cerebral y cero seis degradación pulmonar leve.
    —Entiendo —Laurenz entiende que los resultados no son buenos para la investigación—. Desháganse de ellos y reúnan a nuevos individuos para realizar más pruebas.
    —Muy bien, señor —Asiente el ayudante, tomando un teléfono para comunicarse con sus compañeros—. Reúnan a más individuos e incineren a cero cinco y cero seis, inmediatamente. —El ayudante cuelga el teléfono tras otorgar su orden.
    —Merten. ¿Qué hay del paciente cero? ¿Ha sobrevivido? —Quiere saber Laurenz.
    —Afirmativo, señor, pero me temo que su cuerpo aún rehúsa someterse al virus.

    Laurenz se siente muy decepcionado de escuchar las palabras de Merten, sobre todo teniendo en cuenta que han invertido mucho tiempo intentado que el Virus Zero logre adaptarse al cuerpo humano, pese a las carencias genéticas que este posee.

    —Si el virus logra adaptarse a su sangre, podemos tener la respuesta a todos nuestros problemas.
    —¿Qué haremos si muere? —Merten se siente preocupado por el futuro de la investigación.
    —Deberemos optar por la creación artificial. —Responde Laurenz con seriedad.
    —¿Está hablando de crear al ser primigenio? —Merten se sorprende por las ideas de Laurenz.
    —Efectivamente, utilizando embriones podemos lograr que el virus logre adaptarse a la genética humana.
    —Laurenz, ¿crees siquiera que tu teoría sea posible? —Merten duda de las palabras de su amigo.
    —Por supuesto, Merten. Sólo el ADN de un ser primigenio nos puede brindar la solución para adaptar el virus a nosotros los humanos. Su sangre es fundamental para nuestra investigación, y sin él no llegaremos muy lejos.

    La experiencia de los incesantes fracasos ha llevado a Laurenz al límite de intentar crear al ser definitivo basándose en una teoría llamada; El Ser Primigenio, creada a raíz de sus propias investigaciones. La teoría del ser primigenio establecida por Laurenz señala que para la creación de un ser como tal, se requiere que un individuo sea expuesto al virus en su estado puro. Al cumplirse la condición necesaria para su creación, el ser primigenio se convierte en el origen del virus, ya que este le otorga más poder por ser el primer individuo en ser infectado por el mismo.

    Estas condiciones implican que el ser primigenio puede poseer habilidades únicas que otros seres no pueden poseer, y por lo tanto, puede representar un peligro para todos los que lo rodean. Sin embargo, es un riesgo que Laurenz piensa correr, ya que de crear a un ser como tal, su investigación del Virus Zero puede tener grandes avances en menos tiempo.

    —No creo que sea posible crear al ser primigenio si continuamos por este camino. —Dice Merten sin estar convencido.
    —¿Por qué lo dices, Merten? —Laurenz no comprende las palabras de su ayudante.
    —Desde que iniciamos las pruebas en humanos, hemos estado utilizando sólo escoria, indigentes, violadores, estafadores, ladrones, asesinos y drogadictos. A decir verdad, no creo que el ser primigenio emerja por medio de uno de ellos.
    —El virus determinará por medio de su ADN su manifestación como tal. No debe importarnos su estatus social, después de todo, son sólo basura del mundo. Han nacido para ser escoria y morirán siéndolo.
    —Tiene razón, señor —Merten ahora comprende que lo importante de la escoria humana es su sangre, y no su estatus social.
    —Es hora de regresar a casa —Dice Laurenz al ver su reloj de pulsera que marca las cinco de la tarde—. Merten, quiero que mantengas vigilancia constante en el paciente cero, infórmame de cualquier cambio que presente.
    —Así lo haré, señor. —Asiente Merten, de acuerdo con las órdenes del profesor.

    Laurenz antes de marcharse toma su portafolio donde guarda gran parte de la información de la investigación. Merten permanece en el laboratorio para revisar algunos informes sobre el trabajo realizado por Laurenz una vez se marcha. Entre los informes, Merten encuentra uno donde Laurenz explica de forma detallada la teoría del ser primigenio y las bases científicas sobre las que se apoya la hipótesis.

    Merten lee ambos informes, y pese a ser un ayudante, logra entender a la perfección cada una de las anotaciones realizadas por el doctor Laurenz. Al leer el informe de la teoría del ser primigenio, Merten se percata de una observación importante realizada por el doctor, donde explica que el ser primigenio una vez creado, no puede ser destruido utilizando métodos convencionales. Según Laurenz la única forma de acabar con un ser como tal, es por medio de otro ser igual.

    Este problema es uno de los pocos que Laurenz categoriza en el informe como un daño colateral al llevar a cabo el experimento. Merten, pese a leer el informe no se siente asustado por la seguridad de su bienestar o el de sus compañeros de trabajo, ya que considera que es necesario tomar el riesgo si desean avanzar en la investigación.

    Puesto de Seguridad, Technische Universität Dortmund, Dortmund, Renania del Norte-Westfalia, Alemania.
    17:10 – 5:10 P.M.


    Laurenz realiza varias firmas en un holograma en el puesto de seguridad de la universidad, mientras espera la llegada de su automóvil. Al doctor no le gusta realizar muchas firmas, pero sabe que debe hacerlo si no desea tener problemas por no cumplir los protocolos de seguridad establecidos en las instalaciones. Después de realizar seis firmas, su automóvil llega al lugar, un guarda de seguridad sale del auto y le cede el permiso a Laurenz para que suba, después le cierra la puerta con mucha cordialidad.

    —Tenga cuidado de regreso a casa, señor. —Dice el guarda de seguridad.
    —No se preocupe, siempre tengo cuidado. —Laurenz agradece la amabilidad de ese hombre.
    —Que tenga una excelente noche.
    —Gracias, igualmente.

    Laurenz presiona el acelerador del auto una vez la aguja de seguridad del puesto se levanta, pronto, logra salir de las instalaciones de la universidad técnica de Dortmund. Al avanzar por la ciudad logra ver diversidad de autos transitando por las calles, en poco menos de dos minutos se topa con las presas, pese a ello, Laurenz toma sus minutos de espera con mucha tranquilidad, dado que no tiene prisa en llegar a casa.

    Durante unos minutos, Laurenz logra ver a cientos de personas caminar por las ceras de la ciudad realizando compras en los diferentes locales y edificios, este panorama es algo muy común en Dortmund teniendo en cuenta que es la octava ciudad más grande de Alemania con poco más de seiscientos mil habitantes. A simple vista, Dortmund parece un lugar como cualquier otro, pero no es del todo cierto, esta ciudad es el hogar de las pequeñas y medianas empresas de tecnología vinculadas a un programa local de la universidad tecnológica de Dortmund. La ciudad trabaja en colaboración con institutos de investigación, universidades privadas y empresas en iniciativas de comercialización de la ciencia.

    Dortmund, Renania del Norte-Westfalia, Alemania.
    18:00 – 6:00 P.M.


    Laurenz suspira profundamente al llegar a su hogar, cansado, deja su portafolio sobre la mesa de cristal que se encuentra en el centro de la sala, y sin esfuerzo se deja caer en el sofá para disponerse a ver las noticias de última hora. Al encender la pantalla puede ver que el noticiero aún no ha iniciado, por lo que aprovecha los pocos segundos que tiene para calentar la comida que preparó el día anterior.

    Pese a ser un científico que ha vivido toda su vida en soledad, Laurenz es uno de muchos hombres que disfrutan de una vida llena de lujos haciendo uso de pocos gastos, y a pesar de no tener esposa e hijos, vive felizmente soltero. No le importa llegar a casa a preparar sus alimentos, y mucho menos realizar los quehaceres del hogar, puesto que disfruta de poder hacerlo por su propia cuenta.

    Al calentar los alimentos, Laurenz se dispone a cenar mientras ve las noticias, no obstante, al ver que no informan nada de su interés, decide irse a dormir cuando termina de cenar. Laurenz entra a su alcoba y se dispone a descansar, sabe que tiene mucho trabajo que realizar si desea implementar con éxito el Virus Zero en humanos.

    Junio 21 del Año 2162.
    00:00 – 12:00 A.M
    .

    Las alarmas de la ciudad de Dortmund se disparan a media noche, Laurenz es uno de miles de ciudadanos que ve interrumpido su sueño a causa del fuerte ruido de la alarmas de la ciudad. El doctor ve por un momento el reloj holográfico que se encuentra a su derecha y puede ver que es media noche, Laurenz se levanta de la cama y camina hacia la ventana de su habitación que tiene vista hacia la ciudad. Sus ojos se abren ampliamente al ver que en el horizonte se aprecian gigantescas llamas de fuego surgir del lugar exacto donde se encuentra la universidad técnica de Dortmund.

    El miedo ataca a Laurenz cuando diversos helicópteros de bomberos sobrevuelan su casa con dirección hacia la universidad de Dortmund, en ese momento se siente preocupado ante la idea de poder llegar a perder todos los años invertidos en la investigación del Virus Zero. Laurenz cae en cuenta del peligro que se cierne sobre la ciudad si el virus logra escapar de los contenedores donde lo desarrollan, desconoce por completo la raíz del incendio, pero sabe que debe hacer algo al respecto, antes que sea demasiado tarde.
     
    Última edición: 17 Marzo 2020
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola, amigo. Hace tiempo que esperaba el regreso de la historia, y tengo que decir que fue agradable leer un capítulo tuyo después de mucho tiempo. Aunque esto es más una “precuela” por así decirlo, a los eventos que ya mostraste antes, puesto que transcurre unos veinticinco años antes de Zero Zone. Pasaré a comentar.

    De todas las 4 historias que he leído, esta ha sido la introducción menos emocionante a mi punto de vista. Quizá eso se deba a que en las demás historias ya hay problemas casi en el principio y los personajes que aparecen ya tienen que estar enfrentándolos. Aquí las cosas han estado muy normales, cosa que no está mal, siendo este el primer capítulo.

    Me ha sorprendido lo del meteorito con el virus que era capaz de ayudar a la humanidad. Me recuerda, básicamente, a la premisa de mi historia XD. Creo que fuimos a la misma tienda de ideas para las historias y el vendedor nos encajó una promoción de 2x1 XDDD.

    Algo que me sorprendió es que no hubo, o al menos no se mostró, mucha preocupación de las autoridades por el meteorito, salvo que no haya sido notificado.

    La muerte de Mallory me ha sorprendido por dos cosas. En primer lugar, se dice que fue un rayo lo que provocó la caída del avión. Teniendo en cuenta que hay aviones que son capaces de soportarlos hoy en día, creería que en 2157 ya deberían estar mejor equipados para esto. Eso me hace pensar que, si bien en la historia dice que fue un rayo, fue algo con una apariencia similar pero que no era un rayo. En segundo lugar, me sorprendió que la mataras para luego darle la investigación a otro personaje. No es que Mallory hubiera podido estar mucho tiempo como para que su muerte me importe demasiado, pero la mataste, impidiendo que siga con su investigación, y luego le diste la investigación a otro personaje. ¿Algún motivo por el cual matar a Mallory y cambiarla por Laurenz? Porque fue algo que yo no vería necesario. Lo único que encuentro es que Mallory hacía los experimentos en ratas, mientras que Laurenz es algo más frío y utiliza a gente real, lo cual es menos ético (esto visto desde un enfoque social, a mí me agrada la idea de que se use a criminales condenados en experimentos, y si se pudiera votar, lo haría a favor :v ). El caso es que es un detalle algo pequeño, o al menos, así se ve en estos capítulos. Quizá eso cambie en un futuro.

    Me pregunto cómo se habrá incendiado el lugar, y que es lo que Laurenz podrá encontrar cuando llegue. Imagino que algo de su investigación tiene que salvar, o de lo contrario, los esfuerzos de la fallecida Mallory y de Laurenz se perderán. Eso será todo por ahora. Nos veremos luego en la próxima ocasión, que ojalá sea pronto.
     
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  3. Threadmarks: Capítulo 02: Devastación.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

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    Es momento de publicar el segundo capítulo de Genesis. Agradezco a Reydelaperdicion por su comentario. Espero que este capítulo sea de tu agrado a ti y a todos los que lean esta historia en la sombras. Sin más nada que decir los dejo con la lectura.

    Capítulo 02: Devastación.

    Cuarto Experimental, Laboratorio, Technische Universität Dortmund, Dortmund, Renania del Norte-Westfalia, Alemania.
    Junio 20 del Año 2162.
    23:00 – 11:00 P.M.


    Merten ingresa al cuarto experimental, donde se encuentran todos los hombres que han raptado y utilizan para los experimentos del virus Zero. Un hombre de complexión delgada, tez blanca, amordazado de manos y pies es el que han decidido utilizar para implementarle el virus a su cuerpo en estado puro. A raíz de los efectos invasivos del virus, el hombre presenta dilatación en las pupilas, respiración agitada y temperatura corporal por debajo de treinta y cinco grados centígrados.

    También presenta degradación celular en las áreas del pectoral y abdomen, donde se aprecian algunos músculos y huesos degradados por los efectos secundarios del virus. Merten puede ver incluso los pulmones del individuo moverse al realizar el proceso de la respiración. El ayudante de Laurenz tiene en cuenta que en situaciones normales ese hombre estaría muerto, pero a pesar de los daños causados por el virus, es gracias a él que se mantiene con vida.

    No obstante, Merten está convencido que el hombre morirá dentro de poco, demostrando de este modo ser otro experimento fallido. Pese a ser Laurenz el que estableció la teoría del ser primigenio, Merten está convencido que es imposible que la creación de un ser como tal surja a través de la escoria humana. Debe existir alguien que posea los genes necesarios para que el virus Zero logre implantarse con éxito en su sangre, pero es consciente que si continúan utilizando escoria nunca lograrán crear al ser primigenio, no importa cuántas modificaciones realicen en las células del virus o en humanos, el resultado seguirá siendo el mismo.

    Alrededores, Laboratorio, Technische Universität Dortmund, Dortmund, Renania del Norte-Westfalia, Alemania.
    23:30 – 11:30 P.M.


    Dos guardas de seguridad realizan vigilancia constante en los alrededores del laboratorio donde trabajan en el desarrollo del virus Zero. Uno de los hombres saca un cigarro y le prende fuego, pese a que es estrictamente prohibido fumar en los alrededores de las instalaciones. Su compañero se percata de la satisfacción que tiene su amigo y al verlo no puede creer la poca disciplina que tiene en horas laborales.

    —¡Oye, tira ese cigarro! —Ordena su compañero, molesto.
    —¿Qué? ¿Por qué? —Indaga el soldado sin comprender lo que sucede.
    —Sabes que es prohibido fumar cerca de las instalaciones. Obedece o me veré obligado a informar sobre esto a nuestros superiores. —Amenaza.
    —Muy bien, muy bien. —Dice el hombre molesto por no poder terminarse su cigarrillo.

    El soldado tira el cigarrillo al suelo y continúa su labor de vigilancia junto a su compañero, ignorando que el cigarro continúa encendido. Una leve brisa mueve el cigarrillo por el suelo hasta llevarlo a una rendija donde cae por un conducto de aire subterráneo, el aire que absorbe el conducto mueve el cigarrillo hasta llevarlo a los contenedores donde se almacena gas inflamable. Una pequeña fuga de los conductos que transportan el gas a las instalaciones, se prende en llamas a causa del cigarrillo, e inmediatamente causa una explosión en cadena que destruye los conductos de gas que posee la instalaciones tanto internas como externamente.

    Cuarto Experimental, Laboratorio, Technische Universität Dortmund, Dortmund, Renania del Norte-Westfalia, Alemania.

    Merten realiza observaciones en el individuo que han utilizado para crear al ser primigenio, sin embargo, su trabajo se ve interrumpido cuando las alarmas se activan y las luces blancas se tornan de un color rojizo. Desconociendo lo que sucede, Merten sale del cuarto experimental encontrándose así con varios de sus compañeros científicos que corren por los pasillos de las instalaciones con mucha prisa.

    —¿¡Qué sucede!? —Indaga Merten al detener a uno de sus compañeros.
    —¡Los conductos de gas han explotado, debemos abandonar las instalaciones inmediatamente! —Responde el científico con mucha preocupación.
    —¿Qué hay del equipo de desarrollo? ¿Han logrado escapar?
    —¡No lo sé, señor! ¡Las comunicaciones entre los sectores se han visto afectadas por las explosiones, perdimos contacto con el equipo de desarrollo!
    —¡Entiendo! ¡Que el personal evacue el edificio, inmediatamente!
    —¡Sí, señor!

    Merten decide abandonar el cuarto experimental para adentrarse en las instalaciones en busca del equipo de desarrollo. Al caminar por los pasillos el revestimiento del cielo cae al suelo por la fuerza generada por las explosiones, que cada vez son más fuertes. Pese a los peligros, Merten continúa avanzado, pronto, logra ver diversos cables de alto voltaje guindando del cielo, los cuales desprende chispas eléctricas y que han tomado la vida de algunos científicos que descansan sobre el suelo sin vida.

    El ayudante de Laurenz toma los cuerpos sin vida de sus compañeros y los hala hacia él para quitarles las batas de científicos que tienen puestos, una vez con ellas las envuelve en sus manos para tomar los cables de alto voltaje en un intento por hacer tierra y evitar ser electrocutado por ellos. Al tenerlos en sus manos los aleja lo máximo posible de su cuerpo y sin pensarlo dos veces, cruza al otro lado rápidamente. Merten se quita las batas de sus manos y continua por el pasillo, esta vez corriendo para aprovechar el tiempo que tiene, antes que las instalaciones exploten.

    Centro de Desarrollo, Laboratorio, Technische Universität Dortmund, Dortmund, Renania del Norte-Westfalia, Alemania.
    23:45 – 11:45 P.M.


    Merten loga llegar al centro de desarrollo y lo primero que ve al entrar son seis estanques que se ubican al fondo del lugar, y que poseen dentro un líquido color carmesí muy similar a la sangre humana. El miedo se apodera de Merten al ver que diversas llamas de fuego rozan todos y cada uno de los estanques, aumentando considerablemente la temperatura que se indica en un holograma sobre estos.

    Al igual que todos los científicos en esas instalaciones, Merten sabe que el virus Zero se encuentra dentro de esos estanques, si la temperatura aumenta a niveles críticos los estanques corren el peligro de explotar, poniendo en riesgo no sólo a las personas que se encuentran dentro de las instalaciones, sino a todas las de la ciudad.

    Por un segundo, Merten observa en el suelo los cuerpos de los científicos que conforman el equipo de desarrollo en ese lugar. Rápidamente se acerca a uno de ellos con la esperanza de que siga con vida, no obstante, al revisarle su pulso se percata que está muerto. Muchos otros científicos se encuentran en el suelo, pero es evidente que están muertos al ver los serios daños en sus cuerpos a raíz de objetos que les han caído encima y quemaduras que presentan a causa de las llamas.

    Merten al ver que ninguno de los científicos ha logrado sobrevivir, decide verificar el estado de las computadoras para lograr respaldar toda la información del virus Zero por sus propios medios. Al verlas con detenimiento puede ver que han sufrido serios daños a causa de las explosiones, pero una de las máquinas parece funcionar a la perfección. Merten conecta una unidad de almacenamiento a la computadora e inicia el proceso de respaldo de toda la información de la investigación.

    Merten empieza a perder la poca paciencia que tiene al ver que la barra de progreso avanza con mucha lentitud, el porcentaje marca hasta el momento diez por ciento. Demostrándole que los datos de la investigación son muy numerosos y de gran tamaño. Al marcar la barra de progreso un quince por ciento, los contenedores donde almacenan el Virus Zero, empiezan a fracturarse a causa de las altas presiones internas por las temperaturas.

    El pánico se apodera de Merten al ver las diversas fracturas que presentan los contenedores, pronto, vuelve a ver el porcentaje de progreso que marca apenas dieciocho por ciento. Sabe que necesita tiempo para respaldar la investigación, pero el vidrio desafortunadamente no logrará soportar más de su límite. Una fuerte explosión azota el centro de desarrollo, causando que una gran viga de metal caiga muy cerca de los contenedores, amenazando con destruirlos.

    La viga, pese a caer a muy pocos centímetros de los contenedores, no logra siquiera golpearlos. Merten suspira con profundidad, sabe que eso ha estado realmente cerca, y no puede creer lo afortunado que ha sido de no morir en ese lugar. Sin embargo, es consciente que la suerte no siempre va a estar de su lado, aún necesita de mucho tiempo para que la barra de progreso que marca veinticinco por ciento logre terminar, y por si fuera poco los contenedores están muy cerca de alcanzar el punto máximo de presión y temperatura.

    Aunque intente negarlo, Merten sabe que tiene todas las de perder, dado que una vez el virus Zero escape de los contenedores de cultivo, nadie logrará sobrevivir a él. No obstante, pese a sus pocas probabilidades de salir con vida de ese lugar, no cree que sea correcto perder el futuro de la humanidad por salvar su mísera vida, prefiere morir antes que perder la investigación que les ha tomado una ardua labor de seis largos años.

    El porcentaje de la barra de progreso marca treinta por ciento, cuando el centro de desarrollo es agitado por una segunda explosión. Tal es su magnitud que pedazos de metal y concreto caen del cielo con violencia, uno de estos pedazos cae cercar de los contenedores con suficiente fuerza para causar una gran grieta en el cristal. Esto ocasiona que los seis contenedores que alberga el virus Zero exploten en cadena.

    La explosión es tan rápida que Merten es imposible que logre hacer algo, todo el centro de desarrollo termina por ser destruido. En medio de la destrucción el virus Zero ahora se esparce por medio del aire en forma de una sombra carmesí, avanzando silentemente por toda la instalación y eliminando a todo ser vivo que necesite aire para sobrevivir.

    Alrededores, Laboratorio, Technische Universität Dortmund, Dortmund, Renania del Norte-Westfalia, Alemania.
    23:55 – 11:55 P.M.


    La fuerte explosión de los contenedores es escuchada por los guardas de seguridad que vigilan el perímetro de las instalaciones, pronto, el pánico se apodera de los guardas al ver a los científicos salir de las instalaciones a toda velocidad. Uno de los guardas corre al puesto de seguridad para activar las alarmas y solicitar ayuda a los equipos de emergencia.

    Los científicos dejan en el suelo a sus compañeros heridos para intentar ayudarlos, muchos de ellos presentan serias heridas de segundo y tercer grado en el rostro, brazos, piernas y abdomen. Los guardas de seguridad voluntariamente ayudan a los científicos con sus equipos de primeros auxilios, no obstante, no poseen suficientes recursos para poder otorgarle ayuda a todos los heridos.

    Las personas en los alrededores observan impotentes como el fuego abrazador consume las instalaciones donde han trabajado por más de diez años. Los cristales del edificio explotan al momento que se crea una poderosa explosión de magnitud enorme, lentamente los científicos observan conmocionados como crece una gran nube de humo y fuego en forma de hongo frente a sus ojos.

    Sorprendidos por la gran explosión, pronto, se ven amenazados por el pánico al ver una extraña sombra de color carmesí surgir de la nube de humo y fuego. La sombra carmesí envuelve a todas las personas en los alrededores de las instalaciones, sin saberlo el virus Zero ingresa a sus cuerpos a través de los pulmones, e inmediatamente se esparce a su torrente sanguíneo y de ahí llega al corazón.

    Algunos científicos sufren convulsiones a causa del ataque al corazón producido por el virus Zero, otros gritan desgarradoramente a causa de las degradaciones celulares que sufren sus cuerpos, pedazos de piel y hebras musculares son carcomidos por el virus ante su incapacidad de implementarse al ADN humano. Todos los científicos y guardas mueren a causa del virus Zero, sus cuerpos de degradan rápidamente dejando sólo los restos de sus huesos podridos a raíz de los efectos del virus.

    Un total de cuatro helicópteros que pertenecen a los equipos de emergencia se aproximan a las instalaciones, pese a observar la gran explosión con forma de hongo. Los pilotos de las aeronaves logran ver una extraña sombra carmesí aproximándose a ellos a gran velocidad gracias a la luz de la luna que ilumina la ciudad de Dortmund desde las alturas.

    Las aeronaves atraviesan la gran sombra carmesí sin ningún inconveniente, no obstante, el virus Zero logra desintegrar el duro metal de la aeronave con velocidad e inmediatamente ataca a los pilotos del helicóptero y a todos que con ellos viajan. La sombra continua su camino con dirección hacia la ciudad de Dortmund, mientras deja atrás los restos del helicóptero que explotan con violencia al impactar en tierra.

    Dortmund, Renania del Norte-Westfalia, Alemania.
    23:59 – 11:59 P.M.


    El virus Zero llega a la ciudad de Dortmund espaciándose por medio de las corrientes de aire, su sombría apariencia carmesí cubre los edificios de la ciudad y los engulle al mismo tiempo que empieza a desintegrar toda su estructura sin importar lo resistentes que sean. El virus cubre a Dortmund en una penumbra de color carmesí, mientras se hace paso consumiendo todo lo creado por el hombre.

    Edificios, autos, tiendas, máquinas, árboles, todo y cada una de las cosas que conforman la ciudad de Dortmund es consumida por el virus Zero. Muchas personas caminan por la ciudad ignorando lo que sucede en los alrededores, pero pronto, escuchan el fuerte sonido del crujir del metal a sus espaldas. Hombres y mujeres voltean su mirada atrás y por un momento no logran concebir lo que ven sus ojos, un gigantesco edificio se viene abajo atrás de ellos.

    El pánico se apodera de todos e inmediatamente corren a toda prisa para intentar salvar sus vidas, el instinto de supervivencia en los humanos aumenta de forma considerable cuando estos observan una extraña sombra de color carmesí acercarse a ellos con velocidad mientras el gigantesco edificio se precipita al suelo. El edificio cae al suelo y levanta una gran nube de humo y escombros, muchas personas continúan corriendo pese haber salvado sus vidas de morir aplastados por el edificio, no obstante, la sombra carmesí los cubre a todos a una velocidad mucho mayor que la nube de humo y escombros.

    El virus Zero ingresa a los cuerpos de las personas e inicia a causar estragos internamente atacando todas las células tanto buenas como malas. La piel de las personas se derrite como si ácido los hubiera cubierto, algunas sufren convulsiones y mueren por asfixia, otros por la degradación de sus músculos y órganos. Todas las personas mueren indiferentemente de su género, incluso los animales sufren en carne propia los mismos efectos que experimentan los humanos.

    El virus continúa avanzando por la ciudad, consumiendo toda estructura creada por el hombre y todo ser vivo que se encuentre a su paso, no importa si es humano o animal, ni el más pequeño de los seres vivientes es capaz de sobrevivir.

    Junio 21 del Año 2162.
    00:00 – 12:00 A.M.


    A la media noche las alarmas de toda la ciudad de Dortmund se disparan ante la amenaza de la extraña sombra carmesí, los servicios de comunicación telefónica, televisión, radio e internet están fueran de servicio, por lo que las alarmas son el único medio que tienen los equipos de paramédicos y de seguridad pública para avisar a la población que deben abandonar la ciudad de forma inmediata, antes que la sombra carmesí cubra la ciudad por completo.

    Laurenz despierta de su plácido sueño a causa del fuerte ruido provocado por las alarmas de la ciudad, al abrir sus ojos los masajea con suavidad con la ayuda de sus dedos al mismo tiempo que fija su mirada en el reloj holográfico que tiene en la mesita a un lado de la cama, el cual marca la media noche. Suspirando, enciende la lámpara que tiene sobre esa misma mesita para poder ver con claridad su habitación, al encender la lámpara Laurenz se levanta de la cama y se acerca a la ventana para lograr encontrar la razón del por qué suenan las alarmas de la ciudad.

    Sin mucha dificultad, Laurenz logra ver en la lejanía un fuerte resplandor de color naranja, donde se ubica la universidad técnica de Dortmund, en ese momento, Laurenz lo ataca el pánico al pensar que pudo haber sucedido algún incendio en las instalaciones. Rápidamente toma su celular y decide marcar el número de Merten, no obstante, encuentra un inconveniente al no tener servicio telefónico.

    Laurenz al ver que su celular no cuenta con servicio telefónico, cae en cuenta que algo grave debe estar sucediendo en la ciudad, ya que es la única explicación posible para que su celular no funcione. El científico logra ver por la ventana a muchas personas salir corriendo de sus hogares, mientras que otros suben a sus automóviles para huir del lugar. Sin entender lo que sucede, Laurenz decide cambiarse de ropa para salir de su casa en busca de respuestas.

    Al salir de su hogar, Laurenz ve a muchos hombres huir del vecindario en compañía de sus esposas, hijos, e incluso mascotas. Pese a que intenta incontables veces que estas personas le expliquen lo que sucede, el pánico y el ruido de las alarmas impiden que Laurenz logre obtener respuesta alguna de estas personas. En ese momento, Laurenz piensa que lo mejor que puede hacer es ir a la universidad técnica para lograr encontrar a Merten, le preocupa su bienestar y sobretodo la investigación del virus Zero.

    Sin embargo, esa idea desaparece en un instante cuando Laurenz escucha con fuerza los gritos de pánico de diversas personas que se encuentran a varios metros a sus espaldas. Laurenz gira su cuerpo y ve a decenas de personas acercase a él con prisa, mientras intentan escapar de la extraña y gigantesca sombra carmesí que se acerca a ellos. Impactado ante lo que ve, Laurenz logra ver como la extraña sombra consume las casas, árboles, y vehículos del vecindario, incluso observa como las personas inocentes son consumidas al ser cubiertas por esa extraña sustancia carmesí.

    Sin poder hacer nada para evitarlo, la sombra carmesí en que se ha convertido el virus Zero cubre a Laurenz y a todas las personas del vecindario que aún se encuentran en el lugar. Laurenz al respirar, el virus entra a los pulmones y de ahí parte al torrente sanguíneo, minúsculas células infecciosas se adhieren a los glóbulos rojos convirtiéndolos en glóbulos de células triples, pronto, todo el sistema circulatorio se ve invadido por esos extraños glóbulos, que transfieren sus minerales y características a cada órgano, fortaleciendo al mismo tiempo todos los sistemas del cuerpo humano de Laurenz.

    En medio de la penumbra oscuridad de esa gigantesca sombra carmesí, Laurenz cae de rodillas al suelo mientras sufre dolores de una magnitud indescriptible, sus pulmones intentan rechazar el aire que respira lo que causa que este tosa con mucha fuerza y expulse grandes cantidades de ese extraño polvo tóxico. Laurenz cae completamente acostado en el suelo ante el incesante dolor que siente su cuerpo, en medio del dolor escucha sus propios gritos al sentir como los huesos de sus costillas, manos, pies y rostro sufren ligeros estiramientos y contracciones al mismo tiempo, intentando adaptarse al virus que ahora reside en su cuerpo.

    Finalmente, después de algunos pocos pero largos segundos para Laurenz, los dolores desaparecen, cansado, el científico logra levantarse en medio de la penumbra oscuridad de la sombra carmesí. Poco a poco la penumbra desaparece conforme la sombra avanza por la ciudad, Laurenz logra ver gracias a la luz de la luna su alrededor y se percata que ya no hay rastro alguno de que alguna vez existió un vecindario en ese lugar, ya que todo ha sido consumido por esa extraña sombra carmesí.

    Lo único que resta en ese lugar es su automóvil, el cual se encuentra parqueado en los restos de lo que fue su hogar. Afortunadamente, su automóvil se ha visto a salvo gracias a que posee un escudo que impide que el polvo toque la carrocería, esto por simple protección estética. Laurenz se siente afortunado que ese escudo que le ha costado varios miles de euros le haya salvado la integridad a su automóvil ante esa extraña sombra carmesí.

    Laurenz entra a su automóvil y lo enciende al presionar un pequeño interruptor, rápidamente presiona reversa e inmediatamente realiza el primer cambio mientras las llantas rechinan en el asfalto. Al avanzar por algunas calles de la ciudad, Laurenz se percata que todo está destruido y consumido a causa de esa extraña sombra carmesí, no hay rastro de ninguna clase de superviviente ya sea humano o animal. Es más que evidente para el científico que la ciudad de Dortmund ha desaparecido, por lo que es consciente que debe escapar, ya que no tiene sentido que permanezca por más tiempo en ese lugar.

    El virus Zero consume por completo la ciudad de Dortmund, pese a que se propaga por el aire no logra esparcirse a las ciudades fronterizas que la rodean, ya que mucho de su material genético ha desaparecido tras consumir a toda la ciudad, no obstante, aún existen algunos remanentes del virus en el aire, pero no son ninguna amenaza ya que mueren al no encontrar un cuerpo orgánico u objeto físico al que adherirse.

    Laurenz se aproxima poco a poco a una de las salidas de la ciudad de Dortmund, en su camino observa la gran devastación que ha provocado la extraña sombra carmesí a todo lo largo y ancho de la ciudad. Edificios, autos, casas, árboles, tiendas, parques, todo se encuentra completamente devastado. Lo peor para Laurenz es que sin importar el lugar, no hay rastro alguno de supervivientes, esto indica que todo humano en la ciudad ha sido exterminado con excepción de su persona. Al percatarse de ello, Laurenz detiene el auto en seco.

    —Maya, ¿puedes establecer comunicación con las instalaciones de la universidad técnica de Dortmund? —Pregunta Laurenz a la IA de su automóvil, desde hace algunos minutos tiene un extraño presentimiento.
    —Lo siento, doctor, pero es imposible establecer comunicación con las instalaciones en el estado actual de la ciudad. —Responde la IA con voz femenina.
    —Entiendo. —Laurenz se siente decepcionado, pero entiende que la situación que presenta la ciudad es imposible que los servicios de internet y demás funcionen a la perfección.
    —No obstante, puedo mostrarle los últimos momentos que grabaron las cámaras de seguridad de las instalaciones, antes que se desconectarán de la red. —Menciona la IA, reconoce que Laurenz desea saber lo que ha sucedido en ese lugar respecto al virus Zero.
    —Muéstrame los videos, por favor. —Solicita el científico, interesado en saber lo que puede llegar a ver en esos videos de seguridad.
    —El video que lo mostraré pertenece al centro de desarrollo. —Informa la IA.

    Maya le muestra a Laurenz por medio de un holograma el video que grabaron las cámaras de seguridad en el centro de desarrollo de las instalaciones. El video muestra algunas explosiones que azotaron ese lugar en particular poco antes de la llegada de Merten. Laurenz siente pánico al ver que Merten entra al centro de desarrollo, por medio del video puede ver que Merten intenta hacer algo en la computadora principal, pero Laurenz desconoce lo que intenta hacer con exactitud, en pocos minutos el científico logra ver como los contenedores donde se almacena el virus explotan con violencia y se pierde la señal de las cámaras.

    El video deja a Laurenz con evidencia indiscutible de que el virus Zero ha sido el causante de la devastación de la ciudad de Dortmund. Ahora comprende mucho mejor lo que ha sucedido, pero al mismo tiempo tiene algunas preguntas sin resolver, como por ejemplo la causa de las explosiones en las instalaciones, dado a que es un lugar de extrema seguridad le parece extraño que un incendio sea la causa principal de la liberación del virus.

    Laurenz aún desconoce las razones por las cuales ha logrado sobrevivir al virus Zero, pero sabe que permanecer en esa ciudad no le va ayudar en nada, debe encontrar un lugar que sea seguro para iniciar las investigaciones sobre sí mismo para intentar averiguar los efectos que ha tenido o puede tener su cuerpo por la exposición al virus. El científico presiona a fondo el acelerador y se dispone a marcharse de ese lugar lo más rápido posible.

    —Maya, necesito que localices una ciudad que posea una influencia militar completamente nula. —Solicita Laurenz conforme se acerca a las salidas de la ciudad de Dortmund.
    —Le sugiero la ciudad de Nördlingen, señor —Sugiere Maya.
    —¿A cuánto se encuentra la ciudad de aquí? —A Laurenz le interesa que esté lo más alejada posible de la ciudad de Dortmund.
    —Se localiza a cuatrocientos setenta y cuatro kilómetros de aquí. La ciudad posee prácticamente una nula influencia militar y teniendo en cuenta lo meticuloso que es usted, tiene un noventa y cinco por ciento de probabilidades de pasar desapercibido en ese lugar.
    —Entiendo, establece la ruta hacia esa ciudad. —Ordena Laurenz, dispuesto a ir hasta ese lugar.
    —Inmediatamente —A través de un holograma, Maya le muestra a Laurenz la ruta a seguir para llegar a la ciudad de Nördlingen—. Señor, informo que el viaje hacia la ciudad de Nördlingen tomará cinco horas y doce minutos, aproximadamente. ¿Quiere que conduzca por usted?
    —No, está bien, Maya, quiero mantener control manual durante algunas horas. —Laurenz agradece la ayuda que le ofrece su IA.
    —Comprendo, señor.

    Laurenz llega a la autopista principal y presiona al máximo el acelerador, a su mente llegan los recuerdos de todos los años que ha vivido en la ahora destruida ciudad de Dortmund. Es muy difícil para él tener que abandonar una ciudad en la que ha vivido prácticamente toda su vida, y aún más difícil es saber que todas las personas que conoció y convivió con él en la universidad técnica ahora están muertos a causa del virus Zero.

    Por primera vez en su vida se arrepiente desde lo más profundo de su corazón haber osado al creer que podían utilizar el virus Zero para ayudar a la humanidad. Lo sucedido esa noche del 21 de junio del año 2162 le ha demostrado que los riesgos de creerse dios son mayores que los beneficios que puede otorgarle a la humanidad. Ahora que su compañero Merten ha muerto, Laurenz está dispuesto a renunciar por completo a su vida de científico, ya no desea continuar en esa vida que sólo ha traído muerte y desolación al mundo por su afán de utilizar el virus Zero por el bien de los humanos.

    Lo único que desea ahora Laurenz es encontrar respuestas a los cambios que le ha causado el virus a su cuerpo para tomar las medidas de precaución necesarias, pero pese a lo que pueda descubrir, sea para bien o para mal, no está dispuesto a compartir sus descubrimientos y mucho menos sus conocimientos a la ciencia, no desea que otra catástrofe como la sufrida a la ciudad de Dortmund se vuelva a repetir.

    Desconociendo la clase de vida que le puede deparar en la ciudad de Nördlingen, Laurenz espera poder comenzar una nueva vida lejos de las obligaciones como científico, desea con todas sus fuerzas poder redimirse a sí mismo llevando una vida tranquila y pacífica en una ciudad donde nadie tenga conocimiento alguno sobre él. No obstante, sabe que el recuerdo de lo sucedido en la ciudad de Dortmund siempre va a estar presente en su mente y sobretodo la causa principal de la catástrofe, puesto que ahora el virus Zero reside dentro de su cuerpo en forma latente, recordándole los errores de la osadía por intentar creerse dios.

    Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    05:12 – 5:12 A.M.


    Laurenz conduce por las calles aledañas a la ciudad de Nördlingen, desde ahí puede ver el esplendor de la ciudad gracias a los pequeños y ligeros rayos del sol que se hacen presentes en el horizonte a tan solo cuarenta y ocho minutos para que amanezca. A simple vista la ciudad de Nördligen le parece hermosa a Laurenz, y no es para menos ya que la ciudad se ubica en medio de un cráter de meteorito caído hace quince millones de años, cuya extensión abarca casi veinticinco kilómetros de diámetro.

    La ciudad de Nördlingen es rodeada completamente por una muralla que cuenta con cinco puertas de entradas, once torres defensivas y una vieja bastilla. Los edificios de la ciudad están bien conservados en su aspecto medieval a pesar de los años, pero se pueden ver entre ellos algunos que han sufrido ligeros cambios para hacerlos más modernos en base a la época actual.

    Laurenz continúa conduciendo por las calles aledañas de la ciudad que cuentan con grandes curvas muy cerradas debido a que se ubican en algunas montañas y cerros cercanos al cráter donde se localiza la ciudad de Nördlingen. Desde ahí puede ver que hay diversas granjas en las cercanías de la ciudad, Laurenz cree que vivir en alguna de esas granjas puede ayudarle a comenzar su nueva vida lejos de la ciencia, de modo que decide dirigirse a una de esas granjas en busca de refugio.

    A causa del largo viaje y de las grandes curvas que se ha sometido el sistema de suspensión del automóvil de Laurenz, este empieza a lanzar una alerta en sus sistemas, indicándole al científico por medio de un holograma que presenta un serio problema en el eje de la rueda derecha delantera. Pese a las alertas que señala los sistemas del automóvil, Laurenz pasa por alto los avisos y se apresura en llegar a una de las granjas más cercanas, de este modo aumenta la velocidad, a pesar de que es prohibido hacerlo en las calles por las cuales conduce.

    Despues de avanzar por al menos seis curvas de extremo peligro por ser tan cerradas, el eje derecho delantero del auto de Laurenz no soporta más del daño sufrido, por lo que algunas piezas del auto se desprenden y salen volando. Laurenz pierde el control del auto cuando se acerca a una de las últimas curvas, pese a intentar por todos los medios recuperar un poco el control del automóvil, este no responde, y sin poder hacer nada se sale de la calle en una de las últimas curvas. El automóvil al romper la baranda de metal cae a un gran precipicio lleno de árboles.

    El auto de Laurenz realiza giros violentos y continua por una larga caída de más de trecientos metros de altura, llega a la calle y continua girando de forma violenta hasta que termina por estrellarse contra un gran árbol dentro del terreno de una de las granjas cercanas. El automóvil termina completamente destruido y lleno de abolladuras a causa de los golpes, Laurenz que aún se encuentran consiente gracias a los mecanismos de seguridad pierde el conocimiento en el momento justo que escucha las voces de algunas personas que llegan a su rescate.
     
    Última edición: 22 Marzo 2020
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola, paso a comentar el capítulo.

    La verdad es que es increíble como un cigarrillo acabó con toda una ciudad. Espero que nadie se de cuenta jamás de que todo eso pasó a causa del tabaco o seguro lo hacen desaparecer XD. Una razón más para no tocar un cigarrillo en mi vida

    El capítulo ha sido excelente, más que nada por la narración que hay. Recuerdo el capítulo final de Zero Hour, donde Ilgen atacó a los miembros del parque junto con su familia, donde la narración fue muy poca y se sintió muy acelerado. Esta vez, tanto el inicio del incendio, la forma en la que el centro de investigación explota y la forma en la que desaparece la ciudad de Dortmund fue muy bien narrada.

    Al final, me pareció sorprendente y casi irónico que Laurenz, que ha estado experimentando con gente para poder encontrar al ser primigenio sin éxito, se haya convertido en lo que buscaba. Por lo que se narra, podemos asumir que él es el único que ha logrado sobrevivir, aunque habrá que ver si no quedó nadie más con vida en la ciudad. Supongo que pronto se sabrá, pero no lo creo. Ciertamente me da curiosidad saber por qué él sobrevivió mientras que todos los demás han muerto.

    Y la verdad, debo decir que es el tipo con peor suerte del mundo, aunque lo suyo es más imprudencia que mala suerte. Pero fue a otra ciudad para pasar desapercibido y terminó teniendo un accidente y entrando en el terreno de otra gente. Yo me pregunto que tan bien o tan mal lo acogerán los residentes de aquel lugar. Te digo que el argumento podría ser bueno para una película de terror. Un científico escapa de un evento catastrófico y entra en una granja aislada con psicópatas, aunque lo de los psicópatas aún es incierto XD.

    No hay mucho más que comentar, puesto a que este capítulo fue más narración que otra cosa. Quedará esperar a ver qué cosas le sucederán a Laurenz en el futuro. Saludos y hasta l próxima.
     
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  5. Threadmarks: Capítulo 03: Segunda Oportunidad.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

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    ZERO ZONE: Genesis [S.O.E]
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
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    Ciencia Ficción
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    5729
    Hola a todos, hoy es sábado y ha llegado el momento de publicar el siguiente capítulo de Genesis. Por lo general suelo publicar los domingos, pero hoy haré una excepción. Agradezco a Reydelaperdicion por sus comentarios. Espero que les guste este capítulo y sin más que decir los dejo con la lectura.

    Capítulo 03: Segunda Oportunidad.

    Dortmund, Renania del Norte-Westfalia, Alemania.
    03:50 – 3:50 A.M.


    Un helicóptero sobrevuela la ciudad de Dortmund. Dentro se encuentra un total de seis hombres con armaduras hechas de carbono, en medio de ellos se materializa un holograma de un hombre de treinta a cuarenta años, tez blanca, cabello corto plateado, ojos heterocromaticos. Viste un saco negro y una camisa blanca ligeramente desabrochada, pantalón de vestir negro y zapatos del mismo color de punta pronunciada.

    —Su objetivo es encontrar cualquier rastro de información del virus Zero y sus investigadores —Dice el hombre, aspirando un habano que tiene entre sus dedos—. Es poco probable que encuentren supervivientes, pero si lo hacen, disparen a matar. Nadie debe saber de nosotros. —Termina por decir, expulsando humo blanco de su boca.
    —Entendido, señor.

    El holograma del extraño hombre desaparece por completo. Los soldados al recibir sus órdenes saben lo que deben hacer apenas aterricen. El helicóptero sobrevuela la ciudad hasta localizar la zona de aterrizaje. La aeronave disminuye la altitud y se prepara para el descenso.

    Technische Universität Dortmund, Dortmund, Renania del Norte-Westfalia, Alemania.
    04:00 – 4:00 A.M.


    El helicóptero aterriza a pocos metros del edificio de la universidad técnica de Dortmund, o al menos, lo que queda de ello. La puertas de la aeronave se abren a ambos lados, y del helicóptero salen los seis hombres, con su rifle de asalto en mano.

    Los hombres comienzan a explorar el epicentro del virus Zero. Ayudándose de la linterna que tienen acoplada a sus armas, los hombres logran ver en medio de la oscuridad, que todo está completamente destruido. Las explosiones de gas han destruido todo, no hay forma de describir la destrucción de ese lugar.

    Uno de los seis hombres logra ver en medio de la basta destrucción un agujero que conduce a las destruidas instalaciones. El grupo de seis hombres se divide en dos grupos de tres cada uno. Uno de los grupos va a permanecer en ese lugar en busca de supervivientes, mientras que el otro grupo va a entrar a las instalaciones en busca de supervivientes e información sobre el virus Zero.

    Tres hombres ingresan por el agujero y continúan por el único camino posible. Tras caminar algunos metros, los hombres se topan con un gran agujero sobre sus cabezas que conduce a un gran laboratorio. Los hombres suben por una columna de escombros que conecta al agujero, llegando así al laboratorio.

    Los soldados observan su alrededor y lo único que ven son cadenas con arneses unidas al cielo. Los arneses sugieren que en ese lugar tenían a humanos presos, probablemente, para experimentar con ellos los efectos del virus. Los tres soldados continúan avanzando hasta toparse con un largo pasillo. Varios escombros han obstaculizado una de las vías del pasillo, de modo que obliga al grupo de hombres a avanzar por el único que queda.

    Los hombres continúan su camino hasta encontrar varios cables de alta tensión, los cuáles, no tienen energía. Al ver que no representan ningún peligro, los hombres prosiguen sin problema. El grupo avanza sin detenerse por el único camino, una vez más se topan con varios escombros obstaculizando su paso, pero, por fortuna, hay una puerta a su izquierda por donde pueden seguir avanzando.

    La puerta presenta varios daños, así que uno de los soldados decide golpear la puerta con una patada para destruirla y poder avanzar. La puerta se destruye y el grupo continúa avanzado, pero se detienen al ver que han llegado al lugar exacto donde se desarrollaba el virus Zero. Los tres soldados observan los restos de los tanques de cultivo que albergaban el virus Zero y el daño que provocó su explosión a todo el lugar.

    Uno de los hombres se acerca a los tanques de cultivo en busca de una muestra del virus, pero tras observar detenidamente los tanques, estos no muestran signos de albergar siquiera una pequeña muestra del mismo. Los otros dos hombres se acercan a una gran consola, donde encuentran una unidad de almacenamiento conectada. A raíz de que la consola no tiene energía, uno de los hombres desconecta la unidad y se apropia de ella.

    La unidad de almacenamiento es lo único valioso que hay en ese lugar. El grupo decide marcharse de ahí en busca de más información del virus Zero, pero justo antes de salir escuchan un ruido extraño que pone en alerta a los tres soldados. Los hombres deciden revisar el lugar una vez más, solo para estar seguros de que no han pasado nada por alto. Uno de los hombres retoma su búsqueda por los estanques de cultivo, otro soldado busca entre algunos escombros y el último busca cerca de la consola. Este soldado alumbra con su linterna la gran consola y se da cuenta de que hay un cuerpo humano debajo de la misma.

    —¡Soldados, por aquí! —Grita el hombre, llamando la atención de sus compañeros.

    Los demás soldados al escuchar a su compañero, se apresuran en acercarse a él, pronto, se dan cuenta que hay un hombre debajo de la consola. Inmediatamente, los tres soldados toman al hombre y lo sacan de su escondite.

    Al instante los soldados notan los graves daños que le ha producido el virus en su cuerpo. El hombre presenta degradación celular en el rostro, cuello, brazos, torso y muslos, de las cuales, en muchas de esas partes se aprecian músculos, huesos, y hebras de tejido.

    A pesar de todo el daño que le ha ocasionado el virus, el hombre aún sigue con vida a duras penas. Los soldados al ver que aun hay rastro de vida en él deciden llevárselo de ese lugar. Ya que es el único «espécimen» del cuál pueden obtener información sobre el virus Zero y sus efectos.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    Junio 21 del Año 2162.
    09:45 – 9:45 A.M.


    Laurenz abre los ojos con lentitud, cubre su vista con su mano izquierda debido a la molestia que le causa la fuerte luz que entra por la ventana a su derecha. Lentamente, observa su alrededor y se percata que se encuentra en una habitación totalmente desconocida para él, donde lo único que hay es una mesita de madera a un lado de la cama donde descansa. El científico se sienta en el borde de la cama al momento que siente un dolor muy agudo en su abdomen, Laurenz se ve a sí mismo y se da cuenta que tiene algunos vendajes en su cuerpo.

    Desorientado y sin saber que ha pasado, Laurenz se acerca a la ventana para ver el lugar en donde se encuentra. Al acercarse, puede ver que está en una granja y es más que evidente al ver maquinaria especializada en agricultura. Un leve rayo de luz solar deslumbra sus ojos por unos segundos, permitiéndole a Laurenz recordar el por qué se encuentra en ese lugar. A su mente llega el recuerdo de haber perdido el control de su automóvil, cuando se encontraba a pocos kilómetros de llegar a las granjas que rodean a la ciudad de Nördlingen.

    También recuerda las razones por las cuales decidió viajar hasta esa ciudad, su mente le muestra recuerdos de lo sucedido en la ciudad de Dortmund, y ante esos recuerdos, un sentimiento de nostalgia y tristeza invade su ser al saber que todas las personas de ese lugar han muerto, incluyendo a Merten Weigand, su ayudante en la investigación del virus Zero. Ahora que tiene en claro el por qué se encuentra en ese lugar, es más que suficiente para que su extraña desorientación desparezca.

    —Veo que has despertado. —Dice una voz, amable. Entrando a la habitación.

    Laurenz al escuchar esa voz tan amable, no evita sentir un poco de desconfianza, cree que el ejército alemán lo ha descubierto de alguna forma por lo sucedido en Dortmund, por lo que no evita sentirse amenazado. El científico rápidamente gira su cuerpo para ver de quien se trata, no obstante, su paranoia desaparece al ver que no es más que una hermosa y sencilla joven, la cual trae en su manos una bandeja con algunos alimentos.

    —¿Quién eres tú? —Indaga Laurenz, desconfiado, pero ahora un poco más tranquilo al ver que es un civil común.
    —Discúlpame por haber entrado sin tocar antes la puerta —Se disculpa la joven al dejar la bandeja sobre la mesita que está a un lado de la cama—. Mi nombre es Liane Waltz. —Se presenta la joven.
    —Mucho gusto en conocerte, mi nombre es Laurenz Aleshire. —Se presenta el científico.
    —El gusto es todo mío —Sonríe Liane.

    A simple vista, Laurenz le parece que Liane es una joven como cualquier otra, pero al verla con detenimiento, puede ver que es muy hermosa. Liane es una joven de veinticinco años de edad, tez blanca, cabello largo hasta la cintura color rubio, y ojos azules. Lleva un vestido amarillo con bordes floreados en las mangas, cuello y parte inferior del mismo, además de un listón blanco en la espalda, por último trae puestos unos zapatos de tacón pequeño del mismo color del vestido.

    Liane también tiene una impresión igual al ver a Laurenz, no evita sonrojarse levemente al ver lo apuesto que es ese hombre. Laurenz es un hombre de treinta años de edad, tez blanca, cabello negro a lo militar y ojos grises. Debido a la falta de su camisa, sus brazos y abdomen se muestran bien esculpidos, lo único que trae puesto es un pantalón largo color negro y zapatos del mismo color.

    —S-Supongo que aun debes sentirte un poco adolorido. —Dice Liane, nerviosa, viendo a Laurenz tocar su abdomen con su mano derecha.
    —Sí, aun siento una leve molestia. —Comenta Laurenz, puede sentir un poco de dolor en la zona afectada.
    —Es natural, tuviste un accidente muy violento. —Liane intenta desviar la mirada para no ver tan fijamente a Laurenz, siente vergüenza de estar en un lugar sola con un hombre.
    —¿Dónde se encuentra mi auto? —Quiere saber Laurenz ahora que Liane menciona el accidente, recuerda que en el auto se encuentra algo muy valioso para él.
    —Lo hemos guardado en uno de los graneros que tenemos disponibles, te puedo llevar si lo deseas, pero primero sugiero que comas algo. Debes tener hambre, come un poco y nos vemos en unos minutos. —Dice Liane, sonriente.

    Liane se marcha de la habitación, dejando así a Laurenz completamente a solas. El científico se sienta en el borde de la cama con cuidado y se dispone a comer algo de lo que Liane le ha traído con tanta amabilidad. Laurenz muerde un emparedado y mientras mastica los alimentos se da cuenta que ese lugar donde se encuentra es muy tranquilo, casi no se escuchan ruidos provenir del exterior, pese a haber grandes máquinas en las cercanías de esa casa. Tras lo sucedido en Dortmund, Laurenz piensa que no es mala idea permanecer en un lugar como ese, quizás ahí pueda iniciar una vida pacífica y tranquila, lejos de la ciencia.

    —Adelante. —Dice Laurenz al escuchar la puerta sonar tras pocos minutos de terminar su desayuno.

    Laurenz observa a Liane entrar a la habitación con algunas prendas de vestir en sus manos, y acompañada de un hombre de sesenta y siete años, tez ligeramente morena, cabello largo color blanco, ojos verdes y con una barba blanca en forma de candado. Vestido con un sobrero estilo vaquero, camisa blanca de manga larga y encima un chaleco de cuero color marrón, pantalón largo color azul oscuro y botas vaqueras de color negro.

    —Espero que hayas disfrutado el desayuno, amigo mío —Dice el hombre de sesenta años con amabilidad—. Mi nombre es Reynald Scheideman—Se presenta—, y ella es mi hija Liane Waltz. —Ofrece Reynald su mano para saludar al hombre que tiene al frente.
    —Gusto en conocerlo, señor. Laurenz Aleshire. —Saluda el científico al corresponder el saludo.
    —Debes tener al menos siete vidas para salir ileso de un accidente como el que tuviste, has tenido mucha suerte, amigo. ¿Cómo te sientes? —Reynald desea saber el estado de Laurenz.
    —Estoy bien, sólo tengo una pequeña molestia en el abdomen, pero en algún momento se curará —Laurenz observa a Reynald y a Liane fijamente—. Les agradezco lo que hicieron por mí, de verdad. Han salvado mi vida y no tengo como agradecérselo. —Laurenz agradece encarecidamente lo que han hecho esas personas por él.
    —No tienes que agradecérnoslo, necesitabas ayuda y no íbamos a dejarte dentro de ese pedazo de chatarra. —Sonríe Reynald.
    —¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? —Quiere saber Laurenz, le preocupa que hayan pasado muchos días desde lo sucedido.
    —No mucho, cerca de cuatro horas. —Responde Liane con una leve sonrisa.
    —Ya veo. —Laurenz observa el suelo de la habitación con una mirada perdida.

    La respuesta de Liane no alegra demasiado a Laurenz, dado que sólo han pasado pocas horas desde lo sucedido en la ciudad de Dortmund y su accidente. Por alguna razón, Laurenz deseaba que hubieran pasado al menos tres días, ya que así sería más fácil para él sobrellevar la muerte de sus amigos y compañeros, pero darse cuenta que solo han pasado horas, causa en él un gran dolor emocionalmente.

    —Papá, Laurenz desea ver los restos de su automóvil. —Comenta Liane al ver a su padre.
    —¿De verdad? ¿Estás seguro que te sientes bien? —Indaga Reynald al ver al joven, le preocupa que pueda tener una recaída—. Puedes descansar todo lo que necesites, eres bienvenido en nuestro hogar.
    —Le agradezco su preocupación, señor, pero creo que caminar un poco le hará bien a mi cuerpo.
    —Entiendo, debo admitir que eres un hombre muy resistente —Elogia Reynald, le parece que Laurenz es un hombre muy fuerte físicamente—. Si deseas caminar no te detendré, pero quiero que seamos claros en algo, no pienses en marcharte de aquí hasta que estés recuperado al cien por ciento —Aclara Reynald con voz autoritaria.
    —Señor, Reynald, agradezco su hospitalidad y espero no causarles muchas molestias. —Laurenz desea curarse pronto para marcharse y no ser una carga para esas personas tan amables.
    —No eres ninguna molestia, hombre. Puedes quedarte aquí todo el tiempo que necesites hasta que tu cuerpo se recupere. —Insiste Reynald.
    —Gracias de todo corazón, señor. —Laurenz decide aceptar la oferta de Reynald para no ofender su amabilidad.
    —Aquí tienes esta ropa, Laurenz, es de mi padre, pero me parece que puede quedarte bien. —Liane se acerca para entregarle las prendas a Laurenz.
    —Gracias, Liane.

    Liane y su padre Reynald se marchan de la habitación para concederle a Laurenz privacidad, una vez cerrada la puerta, el científico se levanta de la cama y se acerca a la ventada para observar el hermoso día. Al ver el cielo despejado y la intensa luz del sol le hacen pensar, que quizás la decisión de iniciar una nueva vida no parece ser una mala idea. Aún no ha decidido permanecer en ese lugar, pero hasta el momento, todo parece indicar que es el lugar más indicado para realizar un cambio de vida.

    Laurenz se quita lo poco que trae puesto y utiliza la ropa que Liane amablemente le ha entregado. La ropa que ahora utiliza el científico está conformado por una camisa de vestir color blanco y un pantalón largo de color negro con diversas bolsas a ambos lados. Una vez listo, Laurenz sale de la habitación con mucho cuidado por si sufre alguna recaída. Tras bajar algunas escaleras, Laurenz llega a la primera planta donde Reynald se encuentra tomando una taza de café en la mesa de la sala y Liane sentada en el sofá, lista para acompañar a Laurenz al granero donde han guardado los restos del automóvil.

    —Veo que mi ropa te sienta bien. —Reynald puede ver que su ropa le luce a la perfección a Laurenz.
    —S-Supongo —Dice Laurenz un poco nervioso, se siente extraño al utilizar ropa que no es suya.
    —Conservarla, te luce. ¿No deseas un poco de café? —Ofrece Reynald al enseñar ligeramente su taza blanca a Laurenz.
    —No gracias, no suelo tomar esa clase de bebidas. —Responde Laurenz, nunca le ha gustado el sabor del café.
    —Oh, está bien. —Reynald continua tomando su café con mucha tranquilidad, lamenta que Laurenz no tome café, esperaba poder compartir algunos minutos de una buena charla con él.
    —¿Estás listo, Laurenz? —Desea saber Liane, espera que Laurenz no tenga problemas al caminar algunos metros.
    —Sí, claro, vamos.

    Laurenz y Liane salen de la casa de Reynald, apenas lo hacen el científico se sorprende al ver que el terreno que pertenece a la granja es enorme, posiblemente mide alrededor de mil quinientos metros cuadrados, posee un total de seis huertos de gran tamaño y más de ocho graneros distribuidos por diferentes partes de la granja, además de tres graneros de gran envergadura donde guardan y reparan la maquinaria agrícola.

    Ambos adultos emprenden su camino hacia uno de los graneros que se ubican un poco lejos de los graneros principales donde Reynald tiene a los animales. Durante el camino, Laurenz observa que en dos huertos cercanos a la casa de Reynald los están preparando para cultivar alimentos, mientras que en los otros huertos un poco más lejanos están próximos a ser cosechados.

    —Dime, Liane, ¿vives aquí sólo con tu padre? —Indaga Laurenz, deduciendo que es así, dado a que no ha visto a la esposa de Reynald.
    —Sí —Asiente levemente—. Llevo viviendo aquí con mi padre desde que nací.
    —¿Qué hay de tu madre? —Desea saber Laurenz, le parece extraño no haber conocido todavía a la madre de Liane.
    —Mi madre murió cuando yo tenía doce años. —Responde la joven, viendo el cielo azul con melancolía.
    —Lo lamento, no fue mi intención… —Laurenz lamenta haber preguntado.
    —Descuida, sé que no tenías intenciones de causarme daño —Liane le sonríe a Laurenz en señal de que todo está bien—. Dime, Laurenz. ¿Tienes familia? —Indaga Liane, curiosa, ahora ella desea saber sobre Laurenz.
    —A decir verdad, no tengo a nadie, Liane. —Responde Laurenz con mucha naturalidad, no le parece que deba ocultar ese hecho y menos sentirse triste por ello.
    —¿De verdad? —Liane se sorprende al escuchar a Laurenz.
    —¿Te sorprende? —Indaga Laurenz con tono de sorpresa y no de reproche.
    —Un poco —Afirma la joven—, no me malinterpretes. —Menciona Liane, no quiere que Laurenz se ofenda.
    —No te preocupes —Laurenz sonríe levemente—, es natural que te sorprendas.
    —¿Has considerado alguna vez tener una familia? —Desea saber la joven, quiere saber qué piensa un hombre como Laurenz respecto a un tema como ese.
    —He llegado a considerar la idea, pero con mi trabajo es imposible que tenga tiempo para algo así. —Responde Laurenz, viendo algunas máquinas trabajar en los huertos conforme camina a un lado de Liane.
    —¿A qué te dedicas? —Liane cree que Laurenz es un hombre muy ocupado e importante.
    —Soy científico, trabajo en la universidad técnica de Dortmund. —Responde el científico, cree que debe actuar con normalidad, pese a lo sucedido en la ciudad.
    —Impresionante —Liane está muy sorprendida—. ¿Y qué te trajo por estos lugares? —Supone que Laurenz debe tener un motivo para estar en ese lugar.
    —Es algo difícil de explicar, Liane. —El rostro de Laurenz se torna triste y Liane logra notarlo.
    —Entiendo. —Dice la joven, viendo la expresión en el rostro de Laurenz, por alguna razón siente que debe abstenerse de continuar hablando del tema.

    Liane observa fijamente la mirada de Laurenz y puede sentir una extraña tristeza provenir de su persona, no sabe con exactitud lo que ha debido de sucederle en el pasado, pero sabe que sea lo que sea, no debe entrometerse en sus asuntos, al menos que Laurenz decida hablar con ella al respecto. El científico cambia su expresión triste por una neutral, es difícil para él asimilar tan pronto la muerte de sus amigos y compañeros, pero a pesar de ello, sabe que debe mantenerse tranquilo e intentar olvidar su pasado.

    Durante su camino, dos hombres se acercan al ver a la hija de Reynald. Uno de ellos es un hombre que responde al nombre de Adler Eigner, de treinta y cinco años de edad. Ojos verdes, tez blanca, cabello corto color negro, viste una camisa de color blanco y un pantalón de mezclilla color azul, además lleva unas botas negras que llegan al nivel de la rodilla. A su lado, se encuentra su hermano menor Félix Eigner, de treinta años de edad, ojos azules, tez blanca, cabello corto color rubio, viste una camisa roja de manga larga, pantalón blanco, botras y guantes negros.

    —Buenos días, Liane. —Saluda Adler, amable.
    —Buenos días. —Responde Liane al ver a ambos hermanos.
    —Veo que ya te encuentras mejor. —Dice Félix, viendo fijamente a Laurenz.
    —S-Sí… —Laurenz no comprende a que se refiere Félix. Le parece extraño sus palabras.
    —Laurenz, ellos son Adler y Félix, ambos son hermanos. Ellos te ayudaron a salir del auto cuando sufriste el accidente. —Explica Liane, viendo a Laurenz.
    —Entiendo, les agradezco la ayuda que me brindaron. Mi nombre es Laurenz Aleshire.
    —Mucho gusto, Adler Eiger.
    —Félix. —Dice el rubio.
    —¿Me necesitabas para algo? —Quiere saber Liane, ya que Adler no suele buscarla simplemente porque sí.
    —¿Puedes firmar estos papeles? —Adler le entrega a Liane los papeles en un folder y Félix un bolígrafo.
    —Veamos… —Liane abre la carpeta y lee rápidamente los papeles antes de firmarlos.

    La hija de Reynald firma los papeles y se los entrega a Adler al terminar, después ambos hermanos se marchan, dejando a Laurenz y a Liane, quienes continúan su camino hacia el granero. Durante el camino, Liane comenta que Adler y Félix son dos de los empleados a los que Reynald estima demasiado, ya que Adler lleva trabajando con él por más de diez años. Félix, en cambio, solo tiene cerca de tres años, pero de igual modo lo estima por ser hermano de Adler, y sobretodo porque es una persona muy responsable con sus labores.

    Ambos jóvenes llegan hasta el granero donde Reynald ha guardado los restos del automóvil de Laurenz, el granero es igual de grande que todos los demás y son del mismo color rojizo, pero este en particular presenta serios daños a raíz de los años, la madera que tiene posee algunas abolladuras, descoloración y degradación por culpa de las termitas. Aun con los serios daños que presenta, el edificio da señales de poder mantenerse en pie durante un par de años más.

    Liane entra al granero en compañía de Laurenz, una vez dentro del edificio el científico se da cuenta que ese granero lo ha utilizado Reynald como depósito de chatarra, y es evidente que esa ha sido su función ya que hay diversidad de piezas de maquinaria agrícola por todas partes, muchas de ellas presentan signos de oxidación pero la mayoría se encuentran en perfecto estado. En una esquina del granero, Laurenz logra ver los restos de su automóvil, el cual se encuentra en un estado irreparable debido a los serios daños y golpes que ha sufrido a raíz del accidente.

    No obstante, a pesar del estado en que ha terminado su automóvil, Laurenz decide echar un vistazo en busca de algo importante, que de seguro aún permanece intacto, pese al violento accidente sufrido hace tan pocas horas. Laurenz se acerca a los restos de su automóvil por el lado del conductor, con dificultad logra entrar al auto a pesar de las pésimas condiciones en las que se encuentra.

    El científico inspecciona una pequeña área que se ubica en la parte de atrás de la palanca de cambios, tras presionar un interruptor que se encuentra a un costado del mismo, logra que se abra un pequeño compartimiento, mostrando dentro un pequeño disco conectado a diversas bandas de cables que pertenecen a los sistemas del automóvil. Una vez con el disco en su poder, Laurenz sale del auto, ahora que posee una de las partes más importante de su vehículo no le importa en lo más mínimo los demás restos.

    —¿Qué es ese aparato? —Desea saber Liane, ha visto diversos aparatos informáticos, pero nunca uno con forma circular, pequeño y además tan extremadamente delgado.
    —Es un disco duro —Responde Laurenz, inspeccionado el estado del mismo—. Dentro contiene una inteligencia artificial que se encargaba de mantener los sistemas del vehículo en estado óptimo —No le parece que el disco posea daños a pesar del accidente—. Necesitaré una computadora y algunos adaptadores especiales si quiero acceder a su información. —Comenta el científico.
    —En nuestra casa tenemos algunos aparatos informáticos, quizás puedan serte útiles, te los mostraré cuando regresemos. —Menciona Liane, recordando la cantidad de aparatos que su padre suele guardar en casa.
    —Te lo agradezco. —Sonríe Laurenz.

    Laurenz y Liane se marchan del granero para regresar a la casa de Reynald, cuando entran al hogar ambos perciben un fuerte olor que proviene de la cocina. Laurenz puede ver que Reynald se encuentra preparando el almuerzo mientras escucha algunas noticias por medio de la pantalla que se ubica en la sala principal.

    —Hola, papá. —Saluda Liane al entrar a la casa.
    —Hola, Liane, espero que tengan hambre, dentro de poco estará la comida. —Informa Reynald, que pese a su edad disfruta encargarse de la cocina.
    —Papá, ¿aun guardas los aparatos informáticos? —Indaga Liane, cree que quizás su padre se deshizo de ellos.
    —Sí, están en el sótano, ¿por qué? —Desea saber Reynald, le parece extraño que su hija pregunte por esos aparatos.
    —Por nada, papá, gracias. Acompáñame, Laurenz, te llevaré al sótano. —Dice Liane con una sonrisa al ver al mencionado.
    —B-Bien. —Dice el científico, casi no logra escuchar a Liane por prestarle atención al noticiero. Espera que no transmitan nada sobre lo sucedido en la ciudad de Dortmund.

    Liane guía a Laurenz hasta el sótano, el cual se accede por una puerta ubicada muy cerca de la puerta que conduce a la parte de atrás de la casa. Ambos entran al sótano y empiezan a bajar algunos escalones, después de bajarlos, llegan a una habitación de considerable tamaño, Liane se acerca a una pared para activar el interruptor que enciende las luces del lugar. Al encender las luces, Laurenz puede ver diversos aparatos electrónicos sobre tres mesas de madera de gran tamaño ubicadas a su izquierda, frente y derecha de su posición.

    Entre los aparatos se encuentran enchufes, cables, baterías, procesadores, proyectores holográficos, memorias de computadoras, sensores de movimiento, cámaras de vigilancia, entre otros. Hay muchas piezas sueltas de diversos tamaños esparcidas por todas partes, así como aparatos completamente armados. Laurenz logra ver incluso un soldador de piezas eléctricas y algunas herramientas adicionales como pinzas, alicates y destornilladores, entre muchas otras. La cantidad de aparatos son tan números que le hace pesar a Laurenz que el señor Reynald es un acumulador, lo cual le resulta extraño tratándose de un granjero.

    —I-Impresionante. —Dice Laurenz sin poder creer la gran cantidad de piezas y aparatos que hay en ese lugar.
    —¿Crees que algo de aquí te sea útil? —Liane espera que Laurenz pueda sacarle provecho a todo ese montón de chatarra informática.
    —Es muy probable, en cualquier caso, puedo diseñar algunas piezas de ser necesario, creo que las herramientas que hay aquí son más que suficientes —Responde Laurenz, puede ver que hay mucho potencial entre toda esa chatarra.
    —Ya veo. Puedes hacer uso de lo que necesites, después de todo, sólo es chatarra que mi padre ha ido acumulando con el tiempo y no creo que piense hacer algo con ello. Será mejor que le saques provecho, antes que se estropeen por estar aquí guardados.
    —¿Cómo llegó tu padre acumular tantos aparatos? —Laurenz tiene curiosidad por saber, le parece extraño que un hombre como Reynald acumule todos esos aparatos.
    —Mi padre suele ir a las ciudades aledañas a Nördlingen en busca de alimentos para los animales, y le gusta aprovechar la oportunidad para buscar artilugios abandonados, o que simplemente la gente piensa tirar —Explica Liane—. Le he insistido incontables veces que se deshaga de toda esta chatarra, pero asegura que piensa utilizar sus partes en las máquinas agrícolas para mejorar su desempeño.
    —¿Y lo ha hecho? —Laurenz cree que Reynald es de esa clase de hombre que dice hacer algo y nunca hace nada.
    —No, nunca los ha siquiera tocado. Simplemente recoge aparatos y cuando llega a casa los guarda aquí, por esa razón se han acumulado.
    —E-Entiendo. —Ahora Laurenz entiende mejor a Reynald, todo parece indicar que tiene un extraño complejo.

    La conversación entre Liane y Laurenz se ve interrumpida al escuchar a Reynald llamarlos para almorzar. Ambos se marchan del sótano e inmediatamente se dirigen a la sala, Laurenz decide sentarse en uno de los laterales y Liane en el otro, Reynald se sienta en el costado de la mesa. Una vez en sus lugares, cada quien se sirven sus alimentos, los cuales se encuentran en platos diferentes sobre la mesa.

    Durante la comida, Reynald, Liane y Laurenz observan las noticias que trasmiten a esa hora del día. En el noticiero se muestran diversas noticias, desde asesinatos, condenas, problemas políticos, deportes y hasta noticias sobre ciencia e informática. Laurenz se encuentra muy tranquilo porque no parece haber noticia alguna que muestre lo sucedido en la ciudad de Dortmund, no obstante, su tranquilidad se desvanece en un segundo cuando trasmiten la noticia en vivo de lo sucedido en esa ciudad.

    Reynald sube el volumen al noticiero a leer en pantalla «Catástrofe en Dortmund». La toma que realiza el equipo del noticiero es por medio de vía aérea, donde se aprecia los incontables edificios, casas, parques recreativos, estadios, puentes y demás que han sido destruidos por la gran catástrofe que ha azolado esa gran ciudad alemana.

    —Autoridades militares han restringido las fronteras de la ciudad por motivos de seguridad, y la única forma de presenciar la destrucción es por aire. Se especula que la causa de esta catástrofe se debe al escape de un peligroso y silencioso virus desconocido que desarrollaban en la universidad técnica de Dortmund, no obstante, pese a que hemos intentado hablar con las mayores autoridades militares para aclarar estas especulaciones, ninguna se ha dirigido al tema —Dice la reportera—. Hasta el momento los militares son los únicos que han podido acceder a la ciudad, por ahora se desconoce la cantidad de muertos y si hay supervivientes.

    El reportaje termina, dejando a la población alemana conmocionada y expectantes de las verdaderas causas que han llevado a la ciudad de Dortmund a la completa destrucción. Reynald y Liane son los más sorprendidos, esta última lo es todavía más al saber que la universidad técnica de Dortmund puede estar involucrada en el desastre según las especulaciones. Liane se siente preocupada de que Laurenz se encuentre involucrado en el desarrollo de ese extraño virus, porque de ser así, significa que su padre ha salvado a un asesino, a pesar que la joven desea respuestas, opta por pasar por alto lo que han mencionado en el noticiero, no quiere precipitarse a sacar conclusiones sin antes hablar con Laurenz sobre lo sucedido.

    —Laurenz, tu ciudad ha sido… —Dice Liane, mostrándose sorprendida e impactada por la destrucción de Dortmund.
    —S-Sí —Laurenz se muestra impactado ante la noticia, baja su mirada en señal de sentirse muy afectado emocionalmente por lo sucedido.
    —Un momento, Liane. ¿Qué quieres decir? —Quiere saber Reynald, no comprende las palabras de su hija.
    —Laurenz vivía en la ciudad de Dortmund, pero ahora la ciudad ha sido completamente devastada. —Responde Liane, viendo a su padre a los ojos.
    —¿Es eso verdad, Laurenz? —Reynald fija su mirada en el mencionado, se encuentra sorprendido de saber que ese joven proviene de esa ciudad.
    —Así es, señor —Asiente levemente—. Ahora que Dortmund ha sido destruida, no tengo adónde ir. —Laurenz observa a Reynald.
    —¿Tienes idea de lo que piensas hacer ahora? —Liane quiere saber lo que planea hacer Laurenz ahora que Dortmund se encuentra en ruinas.
    —He pensado en vivir en Nördlingen, pero aún no estoy seguro. Todo esto ha sido muy repentino para mí. —Laurenz no sabe qué hacer exactamente.
    —Sugiero que te quedes con nosotros, hasta que decidas donde quieres vivir —Sugiere Reynald—. Aquí puedes tomarte todo el tiempo que necesites para pensar y asimilar lo que ha sucedido en Dortmund.
    —Le agradezco su hospitalidad, señor, pero me parece que ya les he causado muchas molestias.
    —No eres ninguna molestia, Laurenz, te lo aseguro.
    —Laurenz, me contaste que sabes sobre ciencia, ¿verdad? —Liane ve a Laurenz asentir—. Entonces debes tener conocimiento sobre químicos y demás, ¿no es así?
    —Sí, pero, ¿qué tiene que ver eso con todo esto? —Laurenz no comprende al punto que quiere llegar Liane.
    —Podrías ayudar a mí padre con el desarrollo de químicos que beneficien el crecimiento de las plantas, así no te sentirás mal por permanecer aquí sin hacer nada. De ese modo ambos se beneficiarán. ¿Qué te parece?
    —Es una gran idea, Liane —Reynald apoya la idea de su hija—. ¿Tú qué piensas, Laurenz? —Reynald vuelve a ver al mencionado con una gran sonrisa.
    —Supongo que está bien. Gracias por ofrecerme refugio en su hogar, señor, Reynald.
    —No me lo agradezcas, es un placer tenerte en nuestro hogar, Laurenz.

    Por un pequeño momento Laurenz goza de felicidad por estar rodeado de dos personas tan amables como lo son el señor Reynald y su hija Liane. No obstante, los recuerdos de lo sucedido en Dortmund aun rondan por su mente, causando que su conciencia sienta culpa por la osadía de sus acciones. Y aunque no fue su culpa la liberación del virus Zero, sabe que tiene parte de culpa ya que él fue el encargado de desarrollar el virus y multiplicar sus genes con el fin de poder investigarlo más a fondo. De no haber hecho eso, posiblemente nunca habría sucedido ese desastre y Dortmund no se encontraría en el estado que se encuentra actualmente.

    Laurenz es consiente que ha tenido mucha suerte que el virus Zero le haya permitido seguir con vida tras ser infectado por él, y espera poder hacer buen uso de esa segunda oportunidad para emendar sus errores llevando una vida digna, pacífica y tranquila en ese lugar. No sabe qué clase de sorpresas le deparará el futuro, pero sin importar cuales sean, sabe que el momento de iniciar una vida desde cero ha llegado.
     
    Última edición: 22 Marzo 2020
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    Hola. Paso a comentar el tercer capítulo. Debo decir que para ser tan largo, yo lo he sentido bastante corto. Realmente ha sido un capítulo muy agradable, tanto así que la lectura pasó demasiado rápido. De los tres, ha sido el que más me ha gustado.

    Nuevamente, como pasó en el anterior, la descripción de los acontecimientos y los lugares me parece que es la adecuada para una historia como esta. Ni muy corta ni muy larga, tal como me gusta. Me pude imaginar los escenarios en donde transcurre el capítulo junto con la forma de moverse de los personajes.

    Tengo que decir que me intriga el inicio del capítulo. Quiero decir, un grupo de seis militares se dirigen hacia el centro tecnológico de Dortmund bajo las órdenes del mismísimo Hombre Ilusorio XD. No me malinterpretes, es uno de mis personajes favoritos del Mass Effect, y espero poder verlo de nuevo en esta historia. Me sorprende que tenga conocimiento del Virus Zero, y que quiera que su presencia pase inadvertida al matar a la gente. Yo tenía el presentimiento de que Merten podría estar vivo, aunque pensé que estaría en un buen estado, al igual que Laurenz y no con su cuerpo tan degradado. Me pregunto que tipo de planes tenga esa gente para él.

    Sobre Laurenz, te quiero hacer una pregunta. ¿Cuánto tengo que pagar y a quién para que me pase lo mismo que a él? La verdad es que a mi me gustaría mucho tener un accidente y terminar en una granja para ser adoptado por un hombre coleccionista de tecnología y una hija que esté buena XD. No, en serio, yo daría todo lo que tengo (que no es mucho) para que me pasara algo similar, incluso si tuviera que pasar por el accidente de auto, es mejor que la vida que tengo hoy en día.

    Con gusto sufriría un accidente de auto si pudiera cambiar mi vida diaria de atender gente en el negocio por irme a una granja para trabajar con cultivos XD.

    Ahora sí, dejando de lado el deseo de una vida que no voy a tener jamás, tengo que decir que Laurenz tiene una suerte fantástica. Incluso tiene un sótano en el que podrá realizar sus investigaciones sobre su cuerpo si logra fabricarse un par de herramientas con todos los restos que hay ahí, sin mencionar que tiene la fortuna de que su disco duro parece no presentar daños externos, sumado al plus de que los militares podrían no encontrarlo nunca en la granja (aunque esto probablemente esto pueda ocurrir).

    Recuerdo que en el comentario del capítulo anterior, te dije que era el tipo con menos suerte, pues ahora retiro lo dicho. Diría que lo único negativo que le pasó fue la muerte de sus amigos, pero ahora tiene la posibilidad de empezar una nueva vida sin pagar absolutamente nada. Lo único que lo atormentará será el recuerdo de sus seres queridos y conocidos, y la culpa, pero eso es algo con lo que cualquiera tiene que lidiar sumado a estar preso en una cárcel u algún otro establecimiento.

    Me llama la atención que Liane quiera hablar sobre el accidente con él para ver que tan involucrado está con la destrucción de la ciudad. Imagino que para Laurenz no será difícil convencerla de que, a pesar de ser algo culpable, tiene su rastro de inocencia. Me pregunto si el virus podría llegar a afectar a Liane o a Reynald, dado a que Laurenz no tiene idea de cómo funciona del todo bien. Claro que, él y Merten no parecían verse afectados mientras estudiaban a los presos, pero en ellos el virus causaba estragos. En cambio, a Laurenz lo ha dejado intacto, e incluso tengo la teoría de que lo ha ayudado a resistir el brutal accidente que ha sufrido. Quizá actúe diferente ahora.

    Solo encontré este detalle nada grave:

    Lo mejor sería poner "viste una camisa blanca" o "viste una camisa de color blanco". Imagino que fue un pequeño despiste por escribir tarde, sé lo que se siente XD.

    Será hasta la próxima.
     
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  7. Threadmarks: Capítulo 04: Cometa Ahren.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

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    Hola a todos. Llegó el momento de publicar el cuarto capítulo de Genesis. Agradezco a Reydelaperdicion por hacerme notar la falla que ya ha sido corregida. Sin mas nada que decir los dejo con la lectura.

    Capítulo 04: Cometa Ahren.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    Junio 21 del Año 2162.
    18:15 – 6:15 P.M.


    La incandescente luz del crespúsculo cae sobre la ciudad de Nördlingen y sus alrededores, acercándose así poco a poco a la penumbra de la noche. Pequeñas estrellas empiezan aparecer en diversas partes del firmamento acompañadas de la lumbrera menor, que cada vez se vuelve más intensa su luz conforme el sol desaparece. Laurenz Aleshire se encuentra en el sótano de la casa del señor Reynald Schneideman, un hombre que le ha ofrecido refugio en su hogar tras enterarse que su ciudad natal, Dortmund, ha desaparecido a raíz de una catástrofe que se presume ha sido viral.

    Laurenz busca entre la gran variedad de aparatos informáticos que Reynald ha ido acumulado con el tiempo en el sótano, algunas bandas de cables y conectores especiales que necesita para poder acceder a la información del disco duro que ha encontrado entre los restos de su automóvil. Al encontrar el aparato que cree puede serle útil, toma algunas herramientas para empezar a desarmarlo y así sacar las partes que necesita. Unos minutos después, Laurenz escucha unos pasos que resuenan en la escalera del sótano, pero se encuentra tan ocupado desarmando el aparato, que no se molesta en siquiera prestar atención a la persona que ha entrado.

    —Laurenz aquí tengo esto para ti. —Dice Liane, dejando un maletín negro sobre la mesa en que trabaja Laurenz, la cual se encuentra libre de aparatos ya que los ha movido todos hacia otra mesa.
    —¡M-Mi maletín! —Laurenz se sorprende al punto que deja de hacer lo que se encuentra haciendo para tomar su maletín y verlo con detenimiento en busca de algún daño que haya sufrido por el accidente—. ¿Cuándo lo encontraste? —Desea saber Laurenz, le parece extraño que hasta ahora Liane se lo entregue.
    —Mi papá lo encontró poco después de haberte rescatado. Lo guardó en su habitación para evitar que se perdiera. Ahora que has recuperado la conciencia, preferí devolvértelo ya que parece importante. —Responde Liane, sonriente.
    —Gracias por devolvérmelo, Liane. —Laurenz agradece encarecidamente a Liane por devolverle el maletín y a Reynald por guardarlo.
    —No tienes que agradecérmelo. Dentro de unos minutos estará la cena. —Avisa Liane, sonriente.
    —En unos minutos estaré con ustedes, sólo permíteme terminar esto.
    —Bien.

    Liane sube las escaleras y se marcha a continuar ayudando a su padre con la cena, mientras Laurenz continua desarmando el aparato, una vez lo hace, puede ver que posee diversas bandas y enchufes conectados a su placa de circuitos que son exactamente iguales a los que necesita, por lo que decide desconectarlos con mucho cuidado para que no sufran algún daño. Una vez logra desconectarlos, Laurenz decide conectarlos a su disco duro y se percata que los enchufes encajan a la perfección.

    Laurenz hace a un lado su disco duro para tomar su maletín, el cual deja sobre la mesa, pronto un holograma se materializa solicitándole una contraseña que consiste en diez dígitos. Sin problemas, el científico toca los números holográficos e ingresa la contraseña «1201202188», al ingresarla correctamente los seguros metálicos en los costados del maletín se abren. Laurenz al abrir por completo el maletín, encuentra todos los informes de la investigación del virus Zero, incluyendo discos duros, muestras y utensilios científicos, entre otras cosas.

    En ese momento, Laurenz escucha a Liane indicándole que la cena está lista, el científico cierra el maletín y se marcha del sótano. Al llegar a la sala se sienta en el mismo lugar donde se sentó al medio día, Liane sirve los alimentos y una vez lo hace, todos se disponen a cenar tranquilamente. Reynald, Laurenz y Liane observan el noticiero mientras cenan, muchas de las noticias que trasmiten son las mismas que trasmitieron al medio día, esto les hace pensar que no hay nada nuevo referente a lo sucedido en Dortmund, no obstante, pronto se percatan que están equivocados al ver la retransmisión de la noticia, ahora con nueva información al respecto.

    —Los militares han realizado investigaciones en las últimas horas, y ha declarado que la destrucción de la ciudad de Dortmund se debe, efectivamente, a la liberación accidental de un virus que era desarrollado en los laboratorios de la universidad técnica de Dortmund, tal y como se especulaba horas antes. Hasta el momento no se han encontrado cuerpos de supervivientes ni tampoco de personas afectadas por esta catástrofe. —Informa la reportera en las cercanías de la ciudad—. El general Hans Landmesser a cargo del equipo científico del ejército, ha informado que no hay motivos para evacuar las ciudades aledañas a Dortmund, dado que el virus, afortunadamente, no se ha extendido. Esto señala a Dortmund como la única ciudad afectada por este virus desconocido que ha sumido esta hermosa ciudad en la completa destrucción.
    —Es bueno saber que el virus no se ha extendido a otras ciudades. —Menciona Reynald, tranquilo por lo que ha escuchado en el noticiero.
    —Sí —Asiente Liane—, pero lamentablemente, Dortmund ha sido completamente destruida. —Liane lamenta mucho el estado de la ciudad.
    —Por desgracia, la destrucción de Dortmund sólo nos demuestra, que ni aún con toda la tecnología, nosotros los humanos no podemos compararnos al poder de dios. Pensar siquiera que podemos controlar el clima o las enfermedades son una osadía ante la presencia de nuestro creador. Estos sucesos ocurren para que aprendamos de nuestros errores.
    —«Tiene razón» —Piensa Laurenz en sus adentros, está de acuerdo con las palabras de Reynald. Desafortunadamente, esa lección la ha debido de aprender por las malas.

    La cena de Reynald, Liane y Laurenz continúa con mucha tranquilidad mientras escuchan con mucha atención las noticias del noticiero. Una vez la cena termina, Liane recoge las vasijas y Laurenz se dispone ayudarla para demostrarle a ella y a su padre en señal de agradecimiento por brindarle refugio y sobretodo alimento. Reynald se sienta en el sofá a ver la televisión, mientras Laurenz y Liane lavan todas las vasijas.

    Sala de Observación, Observatorio Karl Schwarzschild, Tautenburg, Thüringen, Alemania.
    20:00 – 8:00 P.M.


    El astrónomo Ahren Böhm entra a la sala de observación del observatorio Karl Schwarzschild en compañía de su ayudante Derek Berg. Ambos se preparan para iniciar a observar el cielo estrellado de esa noche de junio. Derek se sienta en su cómoda silla para encender los sistemas de las computadoras y del telescopio, que tiene una altura de dos metros de alto. Böhm en cambio se prepara una deliciosa taza de café para deleitar un trago de esa deliciosa bebida antes de postrar sus ojos en el firmamento.

    —Señor, Böhm, todos los sistemas están en línea, puede proceder. —Dice Derek, prestando atención a las múltiples pantallas holográficas con forma panorámica que tiene frente a él.
    —Entendido —Böhm toma su taza de café y algunas galletas en sus manos, después se acerca al telescopio—. Veamos si logramos encontrar algo inusual el día de hoy.

    Desde pequeño el astrónomo Ahren Böhm siempre tuvo una gran pasión por los astros celestes, pasión que aun hoy en día no ha desaparecido y que lo ha conducido hasta donde se encuentra el día de hoy. Siempre que ve una estrella, planeta, galaxia, meteoro o cometa se emociona como si fuese la primera vez que logra ver uno. Uno de sus grandes sueños desde que era niño y que aún no pierde la esperanza de poder cumplir a pesar de todos los años que ha trabajado como astrónomo, es poder descubrir un cometa el cual pueda llevar su propio nombre.

    Los cometas son los astros favoritos del señor Böhm entre la gran variedad de astros que existen en el universo. Las estelas de hielo que dejan los cometas a su paso desprenden una belleza inigualable ante sus ojos, espera algún día poder cumplir uno de sus sueños más anhelados desde que era niño.

    El señor Böhm deja su taza de café en una mesita a un lado de él para acercar lentamente su rostro al lente del telescopio. Al observar diversidad de estrellas en el cielo, decide moverse a otro sector del firmamento, muy cerca del cinturón de Kepler, pronto, el astrónomo logra ver algo extraño que llama su atención.

    —Derek, realiza un acercamiento al cinturón de Kepler, cerca de las coordenadas donde se encuentra Plutón en este momento. —Ordena Böhm al ver a su ayudante frente a las computadoras.
    —En seguida, señor. —Obedece Derek.

    Derek presiona algunos comandos en la computadora para que el sistema realice un acercamiento al cinturón de Kepler, utilizando como coordenada de referencia la ubicación de Plutón en ese momento. Las pantallas de la computadora muestran en unos segundos el cinturón de Kepler y su innumerable cantidad de asteroides. Derek realiza una nueva combinación de comandos para que los sistemas hagan un escaneo en busca de meteoros o cometas cerca las coordenadas actuales, pronto, la computadora logra identificar un cometa que se encuentra a poco menos de cinco kilómetros del borde exterior del cinturón de Kepler.

    —Señor, observe esto. —Derek busca entre los registros información sobre el cometa.
    —Un cometa. —Los ojos del señor Böhm brillan con solo ver ese hermoso astro celeste y su larga estela de hielo.
    —No hay información alguna sobre este cometa en los datos de registro —Derek revisa diversas bases de datos en busca de información—. Esto quiere decir que es un astro completamente nuevo para nosotros. —Dice al girar sobre su silla para ver al astrónomo.
    —Entiendo —Böhm puede ver una oportunidad para cumplir su sueño más anhelado—. ¿Qué información muestra la computadora acerca del cometa? —Desea saber el astrónomo con gran interés.
    —Un momento, señor —Derek revisa los datos que le muestra la computadora—. El cometa tiene un diámetro de 868,5 kilómetros, y se compone en su mayoría por hielo, roca y metal, este último elemento se encuentra presente en un diez por ciento de su estructura; 86,85 kilómetros para ser precisos.
    —¿Cuál es su velocidad? —Desea saber el astrónomo con gran interés.
    —Su velocidad es de cien kilómetros por hora y sigue en aumento. Espere un segundo. —El ayudante de Böhm intenta rectificar los datos que le indica la computadora.
    —¿Qué sucede, Derek? —Böhm se siente un poco asustado al ver el rostro nervioso y preocupado de su ayudante.
    —Según la computadora, teniendo en cuenta el curso actual del cometa, hay un noventa y nueve por ciento de probabilidades de que impacte en la Tierra.
    —¿Estás seguro? ¿Tienes el tiempo estimado de llegada del cometa?
    —No hay ningún error en los resultados, señor, Böhm —Derek no encuentra errores en los resultados que la computadora le indica—. El tiempo estimado del cometa es dentro de veinte años.
    —¿Veinte años? Entonces no debemos alarmarnos, sea que impacte en nuestro planeta o siga su curso, conforme se acerque al sol perderá masa. Además, en veinte años pueden ocurrir muchas cosas, así que mantén la calma, Derek —Sugiere Böhm con mucha tranquilidad—. Por el momento, quiero saber de dónde proviene.
    —Discúlpeme, señor —Derek se siente muy apenado por haber perdido la calma tan rápido—. Teniendo en cuenta su tamaño, velocidad, y trayectoria. Puedo decir con toda seguridad que el cometa proviene del exterior de la nube de Oort.
    —Interesante, eso quiere decir que no forma parte de nuestro sistema solar. —Saberlo emociona a Böhm aún más.
    —Así es, señor.

    El astrónomo Ahren Böhm está muy emocionado de saber que el cometa recién descubierto proviene de algún lugar más allá del sistema solar, y pese a sus características, lo más inquietante para el astrónomo es que su trayectoria tiene como destino la Tierra, alcanzando una taza de probabilidad del noventa y nueve por ciento de que impacte con el planeta terrestre.

    No obstante, el cometa se encuentra muy lejos del planeta, y el astrónomo sabe que hasta que llegue deberán transcurrir veinte años, tiempo en que pueden ocurrir muchas cosas, desde que el cometa se desvíe de su curso, hasta llegar a desintegrarse por completo a raíz de su velocidad en su acercamiento al sol.

    —Debemos mantener un estudio exhaustivo del cometa, procede a guardar información desde este momento. —Ordena el astrónomo.
    —Entendido, señor. —Obedece Derek.

    Después de tantos años trabajando en ese lugar, el astrónomo finalmente logra cumplir su gran y anhelado sueño de poder concederle su nombre a un astro celeste. El señor Böhm nombra a partir de ese momento el cometa llamándolo «Ahren» en honor a su persona. Como hombre en su momento perdió la esperanza de cumplir su sueño, pero en el fondo de su ser sabía que algún día podía llegar a realizar su meta, y ese día por fin ha llegado.

    El señor Böhm y su ayudante Derek establecen una ardua investigación del cometa Ahren desde ese preciso instante, esperanzados en poder descubrir algún secreto que pueda esconder sobre la composición del universo, a raíz de su largo viaje por el cosmos.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    21:45 – 9:45 P.M.


    Laurenz y Liane terminan de lavar las vasijas y de ordenar todo en la cocina, ambos se dirigen a sus habitaciones respectivas cuando notan al señor Reynald durmiendo plácidamente en el sofá y con la pantalla encendida. Liane toma el control de la pantalla y la apaga, posteriormente decide marcharse a su habitación a descansar en compañía de Laurenz quien también se dispone a dormir.

    En el camino a sus habitaciones, Liane no puede dejar de pensar que Laurenz pueda estar involucrado en la investigación del virus que llevó a Dortmund a la destrucción, desea poder dejar de pensar en esa posibilidad, pero su mente no se lo permite, últimamente ha habido demasiadas coincidencias. Primero; rescatan a un hombre desconocido, después descubre que es un científico que trabaja en la universidad técnica de Dortmund, y por último se enteran de la terrible catástrofe que ha sumido esa misma ciudad en la completa destrucción.

    No importa cuántas veces intente negar la realidad, todo apunta a que Laurenz es uno de los culpables de que la ciudad de Dortmund haya terminado en el estado actual. Liane desea con todo su corazón que Laurenz sea inocente, pero mientras este no hable, no podrá creer lo contrario, por esa razón está dispuesta a hacerlo hablar con tal de saber la verdad, no importa cuán difícil pueda ser asimilarla.

    A pocos metros antes de llegar a la habitación de Laurenz, Liane se interpone para bloquearle el camino. Laurenz observa a la joven con una expresión confusa, no comprende que está sucediendo. No obstante, puede ver que Liane lo observa con una mirada seria pero que al mismo tiempo expresa enojo, en ese instante Laurenz empieza a sentirse un poco nervioso.

    —¿Q-Qué sucede, Liane? —Indaga Laurenz, sintiéndose un poco nervioso por la mirada de la joven.
    —Quiero que me digas la verdad. —Responde Liane, directa.
    —No sé de qué verdad me hablas. —Laurenz dirige su mirada a un costado para intentar no ver los ojos de Liane.
    —¿Eres uno de los científicos responsables de lo sucedido en Dortmund? —Liane no deja de ver a Laurenz fijamente.
    —Es un poco complicado de explicar. —Laurenz hace a un lado su mirada, no quiere hablar del tema. Sólo recordar lo sucedido estremece su corazón.
    —Dímelo, Laurenz, por favor, necesito saberlo. —Suplica Liane, quiere saber la verdad detrás de lo sucedido en Dortmund.
    —¿Crees que eres la única? —Liane se sorprende por un segundo, Laurenz aún sigue con su mirada hacia un lado—. Yo también quiero saber la verdad. Liane, frente a mis ojos vi morir a mucha gente, incluso mi mejor amigo murió en ese lugar. ¿Crees que es fácil para mí asimilar todo esto? —Laurenz vuelve a ver a Liane con seriedad—. Si piensas que fui yo quien liberó el virus, te alegrará saber que no es así. Lo que sea que haya liberado el virus en Dortmund es completamente desconocido para mí.
    —Laurenz, yo… —Liane se siente arrepentida de haber intentado obligar a Laurenz a decirle la verdad.
    —Cuándo me sienta preparado, tú serás la primera en saber todo sobre mí pasado, pero por el momento, lo único que deseo es asimilar lo sucedido e intentar continuar con mi vida —Laurenz se acerca a la puerta de su habitación—. Buenas noches, Liane. —Dice al entrar a su alcoba al mismo tiempo que cierra la puerta.
    —Buenas noches…

    Liane es invadida por un terrible sentimiento de culpa una vez Laurenz cierra la puerta, no puede creer el grandísimo error que ha cometido. No puede negar que está muy interesada en saber el pasado de Laurenz, pero obligar a alguien hablar de su pasado es algo que por lo general no suele hacer. Por un momento no logra comprender por qué actuó de esa forma tan extraña, ahora por culpa de su actuar se siente mal por lo sucedido, y sabe que deberá pedirle disculpas a Laurenz para poder sentirse bien consigo misma nuevamente. No obstante, para ello deberá esperar hasta el día siguiente porque es evidente que Laurenz no abrirá la puerta de su habitación otra vez, y menos por lo sucedido.

    La joven se marcha a su habitación mientras se echa en cara una y otra vez lo tonta que ha sido por obligar a Laurenz hablar con ella, espera que sea de día lo más rápido posible para poder disculparse de la mejor manera con el científico. Laurenz por su parte, se acerca lentamente a la ventana de su habitación para observar el hermoso cielo estrellado, en un intento por reflexionar sobre lo sucedido en la ciudad de Dortmund, espera que eso le pueda ayudar de alguna forma superar todo lo ocurrido con mucha más facilidad. A su mente llegan las palabras dichas por el señor Reynald durante la cena, las cuales hieren profundamente su espíritu al saber que ha cometido graves errores intentando ayudar a la humanidad con algo tan peligroso como lo es utilizar un virus, del cual no poseía total conocimiento sobre sus efectos tan devastadores.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    Junio 22 del Año 2162.
    06:25 – 6:25 A.M.


    A la mañana siguiente, Laurenz se encuentra en la sala de la casa tomando un refresco de naranja, pronto, escucha unos pasos provenir de las escaleras, el científico voltea a ver de quien se trata y se da cuenta que es Liane. Laurenz al verla adopta una posición seria, los recuerdos de la discusión que tuvo la noche anterior con la joven, aun rondan por su cabeza y al recordar lo sucedido le disgusta en gran manera. No le ha agradado para nada que la joven haya intentado obligarlo a hablar sobre lo sucedido en la ciudad de Dortmund, dado a que es muy difícil para él, saber que por causa de su trabajo, ahora la ciudad se encuentra prácticamente devastada.

    —Buenos días, Laurenz. —Saluda Liane, un poco nerviosa, a un lado de la mesa en donde Laurenz se encuentra tomando el refresco de naranja.
    —Buenos días. —Saluda Laurenz, seco y sin prestarle mucha atención a la joven.
    —Laurenz, quiero pedirte disculpas. Reconozco que cometí un error, por favor, perdóname. Mi intención no era meterme en tu vida y mucho menos obligarte a hablar sobre lo sucedido —Liane guarda silencio un segundo—, es sólo que me preocupa que hayas sido responsable de lo sucedido en la ciudad de Dortmund.
    —Acepto tu disculpa, Liane —Laurenz vuelve a ver a la joven a los ojos, y esta se sonroja levemente—. Lo cierto es que yo estuve a cargo de la investigación del virus que arrasó con la ciudad de Dortmund, pero te puedo asegurar que lo sucedido fue tan solo un accidente. El virus que desarrollábamos en ese lugar, fue desarrollado con el fin de ayudar a la humanidad, no para destruirla. Al igual que para muchos, también estoy sorprendido por cómo se han desarrollado las cosas.
    —Entonces, ¿eres inocente? —Liane se siente un poco mejor al saber que Laurenz ha aceptado su disculpa, y que además parece ser inocente de lo sucedido a Dortmund.
    —En cierto modo lo soy, pero también soy culpable por lo ocurrido. Independientemente de mis acciones, sean buenas o malas, la verdad es que algún día pagaré por todos mis errores. —Laurenz fija su mirada en sus manos, las cuales tienen sujeta la taza con refresco.
    —Todos cometemos errores, Laurenz, somos humanos. Lo importante aquí es que sin importar lo que hayas hecho en el pasado, ahora aproveches la oportunidad que tienes para redimirte a ti mismo, y hagas lo que creas correcto.
    —Gracias, Liane, por tus palabras. —Las palabras de Liane han hecho que Laurenz se sienta mucho mejor. Recordar lo sucedido en Dortmund hace que su mente divague y le haga pensar cosas terribles sobre sí mismo.
    —No me lo agradezcas, Laurenz. Somos amigos, ¿verdad? —Liane sonríe con un leve sonrojo en sus mejillas al ver al científico directo a los ojos.
    —Sí. —Sonríe Laurenz.

    El tiempo parece detenerse por unos pocos pero largos minutos cuando Laurenz y Liane se miran a los ojos, ambos sienten una extraña pero poderosa atracción el uno por el otro, y al darse cuenta de ese sentimiento ocasiona que ambos se sonrojen intensamente, no obstante, ese momento se ve interrumpido cuando el señor Reynald entra a la casa con paso apresurado.

    —Laurenz, ¿estás listo? —Quiere saber Reynald con ligero interés.
    —Sí, señor. —Responde el científico.
    —¿Qué ocurre? —Desea saber Liane al ver que su padre parece tener una ligera prisa con Laurenz.
    —Laurenz se ha ofrecido en ayudarme a realizar las entregas del día de hoy. —Contesta Reynald con una amplia sonrisa.
    —Pienso que me vendría bien un pequeño cambio de aires, además, quiero aprovechar la oportunidad para conocer un poco más sobre la ciudad de Nördlingen, eso me ayudará a poder adaptarme un poco más al lugar. —Dice Laurenz, un poco nervioso al sentir la mirada de Liane sobre su persona.
    —Ya veo, me alegra que quieras adaptarte, Laurenz. Te gustará mucho la ciudad de Nördlingen, te lo aseguro. —Liane sonríe, se siente muy feliz de que Laurenz quiera continuar con su vida, pese al difícil pasado que carga sobre sus hombros.
    —Bueno, es hora de marcharnos, vamos —Dice Reynald al abrir la puerta de su hogar—. Liane, volveremos dentro de algunas horas.
    —Está bien, papá, procuraré tener la comida lista antes de que lleguen. —Comenta la joven al ver a su padre y a Luarenz subir a un pequeño camión de color rojo.

    Una vez Laurenz se acomoda y cierra la puerta del camión, Reynald presiona el acelerador, marchándose así de la granja con destino hacia la ciudad de Nördlingen. El viaje no es muy largo pero tampoco muy pequeño, sin embargo, los pocos kilómetros que deben de recorrer se vuelven casi eternos para el padre de Liane, ya que Laurenz se mantiene en total silencio, dignándose a simplemente observar el paisaje por la ventana. A Reynald no le gusta para nada la atmósfera que ronda entre ambos, él en su momento había llegado a pensar que Laurenz era una persona que le gustaba conversar, pero al parecer se ha equivocado por completo. Aun así, el hombre de sesenta y siete años intenta de alguna forma crear algún tema de conversación para que el viaje sea más llevadero.

    —Oye, Laurenz, has pensado, ¿cuáles son tus planes ahora que Dortmund se ha visto destruida? —Indaga Reynald, desea saber qué piensa Laurenz al respecto.
    —He pensado en alejarme de la ciencia. Quiero iniciar una nueva vida, redimirme de algún modo y corregir mis errores. —Responde Laurenz, volviendo a ver a Reynald quien se encuentra conduciendo.
    —Te felicito, Laurenz, es una sabia decisión la que has tomado. Redimirte te convertirá en una mejor persona —Reynald detiene el camión en una pequeña intersección y después prosigue su camino—. ¿Sabes? Me gustaría que mi hija Liane llegara a tener un buen hombre como tú, no me lo tomes a mal, pero tú serías un excelente hombre para ella.
    —No creo que un hombre con mi perfil sea el más indicado para Liane. —Laurenz reconoce que él no es el más indicado para una chica como Liane.
    —¿Por qué lo dices?
    —Yo no soy la inocente paloma que usted y su hija creen que soy. Como científico me he visto obligado a cometer ciertos actos que podemos considerar inhumanos, y esos son errores de los cuales me arrepiento a tal punto que he llegado a pensar que no merezco estar vivo. ¿Cómo podría yo ser la persona indicada para su hija sabiendo que mis manos están manchadas de sangre?
    —No debes culparte por el pasado, Laurenz. Es verdad que nosotros los humanos no somos perfectos, pero debemos tener en cuenta que es gracias a nuestros errores, que aprendemos a ser mejores personas. Laurenz, tú tienes una oportunidad que no muchos tienen y que algunos aun teniéndola, no saben aprovecharla. Lo único que puedo decirte es que aprendas de tus errores, y continua adelante con tu vida, por tu propio bien. Tú eres una buena persona, aunque no quieras aceptarlo.

    Laurenz se sorprende mucho por las palabras que Reynald le ha dicho, realmente le impresiona la sabiduría que tiene ese viejo hombre de sesenta y siete años. A simple vista Reynald puede ver que sus palabras no han hecho cabida alguna en Laurenz, pero lo cierto es que esas palabras han llegado hasta lo más profundo de su ser, tal es su profundidad que Laurenz se acordará de las palabras de ese viejo hombre durante muchos de sus largos años de vida. Probablemente no lo reconozca en ese momento, pero lo cierto es que esas palabras le han dado mucho qué pensar.

    La constraseña que ingresa Laurenz en su maletín es "1201202188". Aquí los ceros cuentan como líneas diagonales entre números, por lo que si son cambiados a simbolos el resultado es "12/12/2188". Fecha que se lee como Diciembre 12 del Aaño 2188, referencia al evento provocado por Zellene y que es conocido como "La Caida de Diciembre".
     
    Última edición: 22 Marzo 2020
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  8.  
    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola, paso a comentar este capítulo número 4. Ha sido bastante tranquilo a decir verdad, pero no por eso ha sido malo. Me ha gustado mucho, pero menos que el anterior, que sigue siendo mi favorito hasta este momento.

    En primer lugar, yo sabía que la contraseña de Laurenz tenía que ser el número para una fecha importante, e iba a ponerme a buscar en el resto de historias para ver cual era, pero tú ya lo aclaraste en el final de la historia, por lo que ya no hace falta. Es un buen guiño XD.

    En otro lado, se ha revelado el nombre de un general como Hands Landsmesser (que nombre tan complicado XD) y creo que él viene siendo nuestro Hombre Ilusorio, claro que eso está por verse, pero estoy seguro de que es así, puesto a que no creo que tú digas su nombre sin que sea importante para el futuro (ya te conozco bien XD).

    Algo que he olvidado respecto a ZH es la caída del cometa Bohm, aunque no me culpes, ya que leí esa historia hace dos años ya y he pasado mucho tiempo sin leer nada más sobre el universo de ZZ. Lo que sí me da curiosidad es que en ZH, Bohm descubre el cometa cuando está a solamente 15 días de impactar con la Tierra, siendo que aquí se descubre cuando faltan más de 20 años para que suceda. Otra cosa que me llama la atención es que en ZH dicen que el cometa es muy grande y que podría eliminar la vida en la Tierra y que no será destruido ni por misiles, mientras que aquí se dice que podría ir perdiendo masa al acercarse más. Se nota que has hecho ese cambio respecto de lo que ocurrió con ZH, y creo que tendré que leerme la nueva versión cuando salga, ya que es uno de los muchos que piensas realizar XD.

    Luego de eso pasamos al campo. Me sorprende que él haya decidido "rendirse" y ya no dedicarse más a la ciencia. Entiendo el peso de la culpa por lo que causó, pero él ha sobrevivido al virus, y tendría que estudiarlo para ver que no sea peligroso. Puedo entender su convicción de que ya no quiere jugar a ser dios, pero si el virus que trae ahora mismo en su cuerpo llegara a resultar en ser peligroso para la gente que lo rodea, debería saberlo.

    Por otra parte, me ha sorprendido que Reynald haya dicho que Laurenz parece ser un buen hombre para su hija. Quiero decir, Laurenza habrá pasado apenas un día con ellos, y según las palabras de Reynald, él mismo estaba algo decepcionado por pensar que él sería alguien conversador. Cuesta creer que él, que apenas haya sostenido alguna charla de más de media hora en esas 24 horas que ha estado con ellos pueda pensar que ese hombre sería alguien bueno para su hija.

    Liane, por su parte, es algo más realista pero también me ha sorprendido. Quiero decir, se vio invadida por la culpa por la pregunta que le hizo a Laurenz, pero no tiene nada de malo eso. Es decir, Laurenz es un extraño y ella ve en las noticias que podría estar relacionado en la destrucción de la ciudad. No lo conoce de nada y Laurenz tampoco ha hablado con mucha profundidad sobre el tema. Laurenz debería entender los motivos de ella para preguntar y no molestarse tanto, y ella debería no sentirse tan apenada por lo que preguntó. Es algo lógico, y creo que no va con ellos. Ya luego, su reconciliación es algo que sabía que iba a pasar, pero pensé que sería luego de un par de charlas más, y no de inmediato. Se nota que Laurenz y Liane se ven con atracción, y que va a llegar más lejos en el futuro.

    En fin, errores no creo haber notado, así que me despido hasta la otra. Bye bye.
     
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  9. Threadmarks: Capítulo 05: Recuerdo Incesante.
     
    Zurel

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    Hola a todos. Ha llegado la hora de publicar el quinto capítulo de Genesis. Agradezco a todos los que siguen esta historia y a Reydelaperdicion por sus comentarios. Sin más espero que le guste este capítulo tanto como a mí me gustó escribirlo.

    Capítulo 05: Recuerdo Incesante.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    11:45 – 11:45 A.M.


    Laurenz y el señor Reynald regresan a la granja después de una ardua labor realizando entregas en los diferentes puntos de la ciudad de Nördlingen. El padre de Liane estaciona el camión a un costado de su hogar, una vez apaga el motor ambos hombres salen del vehículo. Laurenz al cerrar la puerta del camión siente un intenso dolor en un costado del abdomen, precisamente en el área donde se encuentran las costillas. El dolor es de tal magnitud que Luarenz cae de rodillas al suelo mientras realiza fuertes gritos de dolor, Reynald al escuchar a Laurenz lo ataca el pánico al no saber qué es lo que ocurre exactamente, pronto, corre a él en un intento por ayudarlo.

    —¿Qué ocurre, Laurenz? ¡Vamos, dime algo! —Grita desesperado Reynald, sin recibir respuesta alguna del joven—. ¡Liane, llama a una ambulancia! —Solicita Reynald a su hija con un fuerte tono de voz, en un intento de que Liane logre escucharlo.
    —¡No, no es necesario una ambulancia! —Dice Laurenz con los ojos cerrados, intentando soportar el dolor que siente en su interior.
    —¡Pero, Laurenz… no sabemos lo que te ocurre, es mejor que te llevemos a un centro médico! —Insiste Reynald sin creer lo que le está solicitando Laurenz.
    —¡He dicho que no es necesario!

    Laurenz vuelve a ver al señor Reynald y este logra ver con gran asombro que los ojos del joven científico ahora son completamente azules en su totalidad, y lo único negro es la pupila, la cual se ha convertido en una línea negra vertical, muy similares a los ojos de un felino. Reynald al ver ese cambio tan radical en los ojos de Laurenz siente un gran miedo en su interior, pero ese sentimiento pronto desaparece cuando este termina inconsciente. El padre de Liane, pese al miedo que siente hacia Laurenz, intenta hacerlo reaccionar dándole algunos leves golpes en su rostro, pero sin importar sus intentos, ninguno tiene el resultado de hacerle recuperar la consciencia.

    En Algún Lugar del Océano Glacial Ártico.
    14:30 – 2:30 P.M.


    Diversos científicos mantienen con vida a un hombre del cual desconocen toda información sobre él. Lo único que saben es que ha sido presa de los efectos del virus Zero. Una máquina escanea el rostro desfigurado del hombre a partir de un rayo láser, al mismo tiempo que compara la geometría, color, y textura del rostro con una gran base de datos de diversos gobiernos. Después de una intensa búsqueda, la computadora manda un resultado. Justo en ese momento, se materializa un holograma de un hombre de cabello plateado y ojos heterocromáticos con un habano en su mano derecha.

    —¿Han identificado su identidad? —Pregunta el hombre.
    —Así es señor. —Dice un científico. Materializándose un holograma frente al hombre con toda la información.
    —Merten Weigand —Dice el hombre, observando con detenimiento la información del holograma y aspirando el habano.

    Frente a los científicos se encuentra el cuerpo de Merten Weigand, científico y ayudante de Laurenz Aleshire en la universidad técnica de Dortmund. Su cuerpo presenta serios daños a raíz de haber estado expuesto al virus Zero, pero a pesar de todo, aún continúa con vida. Las máquinas que están conectadas a él son el único medio que lo mantienen vivo, así como la innumerable cantidad de sustancias que han inyectado en su cuerpo. Todo con el fin de usarlo como objeto de estudio.

    —¿Hemos recabado suficiente información del virus? —Pregunta el hombre una vez más, interesado en saber sobre el avance de la investigación. Expulsando un poco de humo por su nariz.
    —Ha sido difícil, pero lo hemos logrado, señor. La información que poseemos es más que suficiente para llevar acabo nuestra propia investigación del virus Zero —El científico observa a Merten—. Señor, si me permite decirlo, este hombre ya no es necesario para nosotros.
    —Es posible —Comenta, aspirando el habano—, pero aún puede sernos muy útil. —Dice, expulsando humo por su boca. Pensando en un nuevo propósito para Merten.
    —¿Qué hacemos con él? Señor. ¿Cuáles son sus órdenes?
    —Quiero que inicien el proceso de reconstrucción, inmediatamente. —Ordena.
    —Entendido, señor.

    El hombre da media vuelta antes de que su holograma desaparezca por completo. Los científicos al recibir las órdenes de su superior, inician el proceso de reconstrucción. El cuál consiste en utilizar injertos de piel sintéticos para reconstruir las partes del cuerpo que se han visto afectadas por el virus. Un holograma indica los signos vitales de Merten Weigand, al momento que los científicos inician el procedimiento correspondiente.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    17:50 – 05:50 P.M.


    Laurenz poco a poco logra escuchar extrañas voces, que no logra interpretar en algo entendible para él, abre los ojos y sólo puede ver destellos de luz por doquier, y dos extrañas sombras de dos seres que se mueven de un lado para el otro, muy cerca de él. Las sombras que puede ver parece que se comunican entre sí, pero lo que dicen no logra entenderlo de ningún modo, es imposible hacerlo en la situación que se encuentra.

    —Es muy peligro que continúe con nosotros, Liane. Sus ojos cambiaron, nunca antes vi en un hombre los ojos que vi en Laurenz, en estos momentos estoy dudando que sea humano siquiera. —Dice Reynald, asustado, aún recuerda esos intimidantes ojos azules que vio en Laurenz.
    —Vamos, papá, cálmate, posiblemente lo que hayas visto se debe al momento, lógicamente te sentiste asustado, preocupado, y sin saber qué hacer. A lo mejor todo es obra de tu imaginación, no debes tomar medidas precipitadas, esperemos a que Laurenz despierte y que sea él quien nos explique.
    —Está bien, esperaré a que Laurenz nos explique lo que está pasado, y más vale que tenga una buena respuesta, o de lo contrario, deberá marcharse de aquí.
    —Tranquilízate, papá, verás que todo esto se va a solucionar —Liane se percata que Laurenz ya ha despertado—. ¿Laurenz, te sientes bien? —Indaga la joven al acercarse al sofá, donde se encuentra el científico acostado.

    Laurenz mueve la cabeza hacia todas partes y lo único que logra ver son diversidad de destellos, además escucha que alguien intenta decirle algo, pero los sonidos que escucha no logra interpretarlos. Durante algunos minutos, Laurenz permanece desorientado, pero de pronto, el sentido de la vista y el oído se normalizan al punto que logra ver las personas que se encuentran a su lado. El científico al ver que se encuentra en el hogar del señor Reynald, decide levantarse del sofá para sentarse, cuando lo hace Laurenz siente un abrumador dolor en ambos costados del abdomen.

    —¿Te encuentras bien? ¿Quieres que te llevemos a un hospital? —Liane se siente muy preocupada por Laurenz, y más todavía al ver la expresión de dolor que hace su rostro cuando logra sentarse en el sofá.
    —No, no hace falta, estoy bien. —Responde, al realizar un leve quejido por el dolor que siente en su interior.
    —¿Estás seguro? Me preocupa mucho tu estado de salud, Laurenz.
    —Estoy bien, tranquila. —Afirma.
    —Entiendo, si te sientes muy mal, no dudes en decírnoslo, nosotros te ayudaremos, ¿verdad, papá? — Dice la joven al ver a su padre que se encuentra a su lado.
    —S-Sí. —Reynald responde muy nervioso, ahora que Laurenz ha despertado, no sabe si realmente debería ayudarlo.

    Laurenz observa directamente a Reynald y puede ver que este no parece el mismo hombre que conoció al principio, ahora es una persona seria, fría y distante. Es evidente que Reynald se encuentra asustado por lo ocurrido, y Laurenz no lo culpa por ello ya que tiene sus buenas razones para estarlo, incluso él también se siente asustado por los cambios que está sufriendo su cuerpo.

    —Supongo que tienen muchas preguntas qué realizar. Adelante, realicen todas las preguntas que deseen, están en todo su derecho de hacerlo. —Dice Laurenz, viendo fijamente a Reynald y a su hija.
    —Laurenz, deberías descansar, después podremos hablar de lo sucedido. —Liane quiere que Laurenz se disponga a descansar, y no en responder preguntas que pueden esperar.
    —No, Liane, es momento de responder sus preguntas, no puedo soportar más este peso que llevo sobre mis hombros. No es justo que siga ocultando la verdad, y mucho menos a personas tan buenas como ustedes. —Replica Laurenz, viendo con seriedad a Liane.
    —Muy bien, entonces yo seré el primero en preguntar —Dice Reynald con un tono de voz muy serio—. Laurenz, dime, ¿qué está sucediéndote?
    —Lo cambios que mi cuerpo está sufriendo se deben a la exposición de un agente viral llamado; Virus Zero. —Responde Laurenz.
    —¿Virus Zero? —Liane se sorprende, es la primera vez que escucha un nombre como ese.
    —El Virus Zero es un agente viral que fue encontrado por la doctora Mallory Kerner en un meteorito que cayó en las cercanías de la ciudad de Dortmund, hace cinco años —Explica Laurenz—. La doctora Mallory descubrió que el virus encontrado en el meteorito era capaz de regenerar las células de diversos seres vivos, incluyendo las células del cuerpo humano. Su meta como científica era implementar las características del virus en las células humanas para ayudar a la humanidad en general, pero en especial a aquellas personas con enfermedades cancerígenas. Sin embargo… —Laurenz toma un segundo para continuar—, pese a sus buenas acciones de ayudar a la humanidad, su investigación sobre el virus terminó estancada tras su muerte.
    —¿Y tú continuaste con su investigación? —Desea saber Reynald, interesado.
    —Así es —Asiente Laurenz—. Tras la muerte de Mallory el gobierno estuvo dispuesto a financiar la investigación del virus Zero. No obstante, una de sus condiciones para llevar a cabo el trabajo, era que un científico de la misma Universidad Técnica de Dortmund se hiciera cargo, de este modo fui asignado a dicha investigación.
    —Supongo que ese virus es la causa principal por la que Dortmund se encuentra destruida, ¿no es así? —Laurenz asiente ante la pregunta de Reynald—. Si el gobierno te encargó la investigación del virus, supongo que debían tener medidas de seguridad estrictas. ¿Cómo es posible que destruyera la ciudad?
    —Lamentablemente, no tengo la más remota idea de qué sucedió. Yo me encontraba en casa cuando ocurrió el desastre. Lo único que sé es que los contenedores de cultivo donde desarrollábamos el virus fueron destruidos, causando que el virus se esparciera por el aire.
    —¿Y cómo lograste sobrevivir? Porque según los noticieros, no hay supervivientes. —Indaga Liane, no logra entender por sus propios medios cómo Laurenz sobrevivió a tal desastre.
    —Ni siquiera yo mismo lo sé, frente a mis ojos vi a las personas morir a causa del virus, todos presentaron diversos síntomas desde problemas respiratorios, hasta degradación de tejidos musculares, independientemente de las causas, todos murieron —Laurenz recuerda lo que vivió cuando fue infectado por el virus Zero—. Yo de igual manera fui infectado por el virus Zero, pero por razones que aún desconozco, el virus me ha permitido seguir con vida. Los cambios que mi cuerpo está sufriendo, es muy posible que se deban a los efectos del virus, pero no deben preocuparse, lo que me ocurre no les afectará de ningún modo a ustedes.

    Reynald y Liane se encuentran muy sorprendidos por todo lo que les ha comentado Laurenz. Ahora que saben un poco más de su pasado, todo empieza a tener sentido, desde lo sucedido a la ciudad de Dortmund hasta las razones que llevaron a Laurenz viajar hasta la ciudad de Nördlingen. Liane agradece encarecidamente que Laurenz les explicara lo sucedido, es evidente que Laurenz no es culpable por lo sucedido de la destrucción de Dortmund, ya que él solo era un científico a cargo de la investigación del virus.

    Reynald, por su parte, comprende que ha hecho mal en juzgar a Laurenz por los cambios que sufre su cuerpo, dado a que él no es más que una víctima del desastre de Dortmund. Sin embargo, cuesta creer que un virus sea capaz de destruir toda una ciudad completa, y aún más sorprende que una sola persona de entre tantos miles sobreviviera a tal desastre, es obvio que Laurenz es un hombre muy afortunado, y que la vida tiene un propósito para él.

    —Al saber todo lo que te ha ocurrido, Laurenz, me siento mal por haberte juzgado y quiero pedirte que me disculpes. —Dice Reynald, reconociendo su error.
    —No se preocupe, señor, Reynald. Usted tenía todo su derecho en desconfiar de mí.
    —Yo también te pido disculpas, Laurenz. A causa de lo que dijeron en las noticias, yo llegué a pensar que eras culpable de la destrucción de Dortmund, y me siento mal por eso. —Liane no se siente bien al haber pensado mal de Laurenz.
    —Tranquila, Liane, es normal que pensaras así y la verdad no te culpo, pero descuida, no ha pasado nada. —Laurenz le sonríe a Liane y esta se sonroja.
    —Ahora que todo está claro, puedes quedarte aquí con nosotros todo el tiempo que quieras, Laurenz. Nuestra casa, es tu casa.
    —Gracias, señor, Reynald. —Laurenz se siente muy agradecido con Reynald y Liane, por comprenderlo y por ofrecerle un lugar donde permanecer.

    Después de tener una larga y complicada conversación, Liane se marcha a la cocina para preparar algunas bebidas para los tres. Al cabo de algunos minutos la joven regresa a la sala para entregarle a su padre una taza de café y a Laurenz un té de manzana, ella, por su lado disfruta de una tacita de chocolate caliente. Los tres se sientan a la mesa para disfrutar de las bebidas con algunas galletas. Reynald aprovecha ese momento para encender la pantalla, y una vez lo hace se percata que están transmitiendo una importante noticia por el canal de noticias que dejó la noche anterior antes de terminar dormido en el sofá.

    —Muchas gracias, compañeros. Mi nombre es Mariene Giesler y me encuentro junto al astrónomo Ahren Böhm, quien ha hecho uno de los más grandes descubrimientos en la actualidad —Dice la reportera al volver a ver al astrónomo—. Profesor, ¿qué sintió al momento de finalmente poder cumplir su gran sueño desde que era un niño? —Indaga la reportera, interesada.
    —Debo decir que ha sido toda una sorpresa, y me siento muy emocionado, a decir verdad. —Responder Böhm, sonriendo para aliviar un poco los nervios que siente en ese momento.
    —En estos momentos vemos en pantalla el cometa que el profesor Ahren ha descubierto en el observatorio Karl Schwarzschild —La reportera observa un holograma en sus manos con algunas preguntas para el astrónomo—. Señor, Böhm, ¿qué datos han recopilado hasta el momento sobre el cometa Ahren?
    —Bueno, Mariene, en estos momentos hemos recopilado diversidad de datos, entre los cuales podemos destacar su tamaño, velocidad, dirección y procedencia —Responde Böhm—. Tras descubrir a Ahren, deducimos precipitadamente que era un cometa procedente del cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, pero descartamos esa posibilidad una vez analizamos su tamaño. Ahren tiene una medida de 868,5 kilómetros, medida equivalente a la cuarta parte de la Luna —Explica Böhm mostrando hologramas para ilustrar a los televidentes—. No existe objeto alguno con ese tamaño, por lo que su procedencia se ubica más allá del cinturón de Kepler y la nube de Oort.
    —¿Eso quiere decir que el cometa proviene de otro sistema?
    —Así es, Mariene. A raíz de su tamaño su velocidad oscila entre los cien y quinientos kilómetros por hora, evidentemente su velocidad aumentará una vez ingrese al sistema solar y se acerque a nuestra estrella.
    —Hace unos instantes mencionó que han logrado recabar datos de su dirección. —Dice la reportera, dando oportunidad a Böhm de que prosiga.
    —Los datos recopilados indican un noventa y nueve por ciento de probabilidades de que Ahren se dirija hacia nuestro planeta. Su llegada está prevista para dentro de veinte años —Böhm puede ver la reacción de miedo que expresa la reportera.
    —¿Cree que debamos hacer un llamado a la población para tomar medidas de precaución desde este momento?
    —En este momento tomar medidas de precaución es irrelevante. Ahren aún está muy lejos de la Tierra y debemos tener en cuenta que existen muchas variantes que pueden causar una disminución del riesgo de impacto, por ejemplo la pérdida de material e incluso, Ahren puede ser atrapado por la fuerza gravitacional de algún planeta como Júpiter. Evidentemente, mantendremos un estudio exhaustivo sobre el cometa y cualquier anomalía o peligro que pueda representar lo daremos a conocer a los medios.
    —Entiendo, profesor, muchas gracias —Dice la reportera volviendo a ver a la cámara—. Este ha sido un reportaje de Mariene Giesler para ZDM noticias.

    Al terminar el reportaje, Reynald apaga el televisor, Liane recoge las tazas y se marcha a la cocina para lavar todo. Reynald vuelve a ver a Laurenz, quien parece estar completamente en otro mundo.

    —Laurenz, ¿te encuentras bien? —Indaga Reynald, preocupado, puede ver a Laurenz mirando fijamente su manos.
    —¿Eh? S-Sí, no se preocupe, estoy bien. —Responde, sonriendo, intentando disimular. El reportaje del cometa le ha parecido muy interesante y hasta impresionante.
    —¿Crees que ese cometa realmente se dirija hacia aquí? —Reynald es un hombre muy escéptico, duda mucho sobre lo que han dicho en ese reportaje, cree que todo es un montaje para subir los rating de la televisora.
    —No veo razones para desconfiar de la palabra de ese hombre. A simple vista parece un astrónomo muy serio, no creo que se preste para crear toda un farsa, y menos teniendo en cuenta que con sus palabras puede desatar el pánico. —Laurenz puede ver que Reynald desconfía del reportaje.
    —Sí, tienes razón —Reynald está sorprendido de ver que Laurenz pudo ver más allá de sus palabras—. Aun así, cuesta creer que un cometa se dirija hasta aquí.
    —No es difícil de creer, tomando en cuenta la cantidad de meteoros que han caído a la Tierra —Dice Laurenz, recordando que el virus Zero fue encontrado en un meteorito que llegó a la Tierra—. Señor, Reynald, si me necesita estaré en el sótano. —Informa.

    Laurenz se marcha hacia el sótano para continuar armando los circuitos que necesita para acceder a la información del disco duro de su automóvil. Reynald, en cambio, se marcha a los graneros para darle de comer a sus animales antes de que sea demasiado tarde. Liane, por su parte, decide preparar todo para la cena.

    18:30 – 06:30 P.M.

    Después de una ardua labor intentando desarmar aparatos para encontrar las piezas necesarias, finalmente Laurenz logra tener todo lo necesario para acceder a la información que albergan los discos duros que posee. El ex-científico toma su maletín e ingresa la contraseña «1201202188», tras hacerlo los seguros metálicos del maletín se abren, y una vez lo hacen Laurenz empieza a sacar todas sus pertenencias. Al dejar vacío el maletín, Laurenz mueve hacia un lado una pequeña solapa, dejando al descubierto un lector de huellas dactilares. Laurenz presiona con su pulgar derecho el lector de huellas y una vez identifica sus huellas, un compartimiento secreto del maletín se abre.

    De tal compartimiento, Laurenz saca una computadora portátil muy delgada, inmediatamente decide encenderla al mismo tiempo que conecta los cables a los puertos USB. Laurenz toma el disco duro que encontró anteriormente en su vehículo y lo conecta a su computadora, en poco menos de un minuto los sistemas inician.

    —Bienvenido, doctor, Laurenz. Me alegra volver a verlo. —Dice la inteligencia artificial dentro del disco duro, observando al mencionado por la cámara que posee la computadora arriba de la pantalla.
    —Hola, Maya. ¿Qué tal te encuentras? —Indaga Laurenz, deseando que Maya le informe de algún daño que pudo haber sufrido con el accidente.
    —A pesar del violento accidente, mi base de datos se encuentra en estado óptimo, doctor.
    —Me alegra saberlo.

    Laurenz busca entre las pertenencias de su maletín un pequeño aparato el cual utiliza para punzar la punta de uno de sus dedos. Tras hacerlo, conecta el aparato a la computadora al mismo tiempo que conecta los discos duros donde almacena la información del virus Zero.

    —Maya, quiero que analices la muestra de sangre del lector de ADN, y la compares con el ADN humano. —Ordena Laurenz.
    —Entendido. Analizando muestra de ADN —Dice la IA—. Muestra de ADN analizada.
    —¿Y bien? ¿Hay alguna diferencia? —Laurenz siente un sudor frío por todo su cuerpo.
    —La muestra de ADN analizada solo comparte un cuarenta por ciento de similitud con el ADN humano.
    —¿Cuarenta por ciento? —A Laurenz le parece muy extraño el porcentaje. Nunca antes se reflejó un porcentaje tan bajo en los sujetos de pruebas que utilizaron con el virus Zero—. ¿Es posible que ese nivel disminuya con el tiempo?
    —Es posible que el nivel disminuya, pero una vez el virus Zero alcance el nivel máximo de mutación, sólo podrá continuar mutando a través de las próximas generaciones.

    Ante las palabras de Maya, Laurenz decide tomar unos segundos para analizar la información ofrecida por su inteligencia artificial hasta el momento. A su mente llega el recuerdo de todos los resultados que tuvo al experimentar con individuos, ciertamente, nunca antes uno de los individuos reflejó un porcentaje de células humanas tan bajo, ni siquiera el paciente cero que era candidato a convertirse en el ser primigenio.

    Todo parece indicar que el hecho de que su sangre cuente con un nivel tan bajo de células humanas, es una prueba contundente de que el virus lo ha convertido en el mismo ser primigenio que intentaba crear en la universidad técnica de Dortmund. Ahora todo empieza a tener sentido, los dolores en su cuerpo y las contracciones que sentía en sus huesos, tan solo han sido pequeños efectos secundarios causados por el virus, en su intento por adaptarse al ADN de su cuerpo.

    —¡Laurenz! ¿¡Puedes venir un segundo, por favor!? —Pregunta Liane, desde la entrada al sótano, sacando a Laurenz de sus pensamientos.
    —¡Voy en un momento! —Responde el mencionado—. Maya, guarda la información recolectada hasta el momento con el nombre «Efectos Primigenios» y codifícalo con un nivel cuatro de seguridad.
    —Entendido, doctor, Laurenz.

    Una vez Maya guarda la información con el nombre solicitado por Laurenz, este se marcha del sótano casi de inmediato. Al llegar a la sala de la casa, el señor Reynald le solicita a Laurenz que lo acompañe a realizar un pequeño mandado a una ciudad de nombre Aalen a unos veintiocho kilómetros de la ciudad de Nördlingen.

    —No obstante, si no puedes a causa del dolor que sientes en tu cuerpo, lo entenderé. —Dice Reynald, le preocupa que Laurenz pueda sufrir otra recaída a causa del virus de su cuerpo.
    —No se preocupe, mi cuerpo ha vuelto a la normalidad, al menos por el momento. Así que no tengo ningún inconveniente para no poder acompañarlo. —Responde, Laurenz, agradece que Reynald se preocupe por su salud.
    —Me alegro escucharte decir eso, Laurenz —Sonríe—. Si no tienes ningún inconveniente, vamos. —Reynald abre la puerta de su casa para salir.
    —Vamos. —Laurenz sigue a Reynald.
    —Tengan cuidado. —Dice Liane, al cerrar la puerta.

    Laurenz y Reynald se acercan al mismo vehículo que utilizaron para ir a Nördlingen la vez anterior, antes de subirse el padre de Liane decide echar un vistazo en el motor para verificar que todo se encuentre en orden. Al ver que todo parece estar en perfectas condiciones, ambos suben al vehículo. Reynald enciende la máquina y tras acelerar en neutro varias veces para calentar el motor, realiza el primer cambio, pronto se marchan de la granja Scheideman.

    Aalen, Ostalbkreis, Baden-Wurtemberg, Alemania.
    21:00 – 09:00 P.M.


    A las nueve de la noche, Laurenz y Reynald llegan a la ciudad de Aalen, capital del distrito de Ostalbkreis, ubicada en el estado de Baden-Wurtember. Toda la ciudad se encuentra completamente iluminada por los postes de luz, y a causa de las altas horas Aalen se encuentra parcialmente vacía, no obstante, es posible ver gran cantidad de personas caminar por las ceras de las calles.

    —No vamos a tardar mucho tiempo, solo debo firmar algunos contratos y después nos podremos ir. —Dice Reynald, teniendo cuidado de no sufrir un accidente mientras está al volante.

    Laurenz escucha las palabras del señor Reynald, pero no se molesta en responder, su mente se encuentra vagando en los recuerdos de la ciudad de Dortmund. Es difícil para Laurenz olvidar lo sucedido, sobretodo, porque ahora que ve a las personas que viven en la ciudad de Aalen, le hacen recordar que todo inició una noche igual de tranquila como esa. ¿Cómo se supone que va olvidar el desastre en Dortmund, cuando parece que el destino insiste en recordarle una y otra vez lo ocurrido?

    Tras recorrer varias cuadras de la ciudad de Aalen, Reynald y Laurenz llegan hasta un pequeño local de maquinaria, ubicado cerca del antiguo ayuntamiento de la ciudad. Reynald estaciona el vehículo al frente del local, e inmediatamente toma aalgunos documentos de la guantera.

    —Espérame aquí, Laurenz. No tardaré mucho tiempo. —Dice Reynald, abriendo la puerta.
    —Entiendo. —Responde Laurenz sin más.

    Reynald cierra la puerta del vehículo y se marcha, mientras Laurenz observa como el padre de Liane ingresa al local. Por alguna extraña razón, Laurenz tiene el presentimiento de que esa espera se volverá muy larga, sin embargo, opta por esperar pacientemente, ya que no tiene caso apresurarse.

    22:45 – 10:45 P.M.

    Una leve llovizna empieza a caer sobre la ciudad de Aalen, cuando Laurenz observa que el reloj marca las 10:45 P.M. Suspirando profundamente, el ex-científico logra despejar un poco el cansancio que siente por la gran espera. No entiende cuáles son las razones para permanecer esperando por cerca de dos horas. Es evidente que Reynald ha tenido algunos contratiempos, porque de no ser así, posiblemente ya estarían devuelta en casa. La poca paciencia que le resta a Laurenz tiene sus frutos, porque de pronto observa al padre de Liane acercarse al auto. Reynald abre la puerta y rápidamente sube al vehículo.

    —¡Por fin! —Es lo que dice Reynald, tras haber terminado..
    —Disculpe la pregunta, señor, Reynald, pero, ¿por qué tardó tanto?
    —Debía llenar algunos formularios para poder recibir un cargamento que llegará dentro de poco.
    —¿Qué clase de cargamento? —Indaga Laurenz, sin querer inquirir mucho en el tema.
    —Maquinaria, pienso remplazar la maquinaria vieja. Necesito nuevas herramientas para poder continuar con la producción y responder ante la gran demanda.
    —Entiendo.

    Reynald enciende el vehículo y en menos de un segundo presiona el acelerador para poner rumbo a Nördlingen. A causa del tiempo invertido, saben que llegarán muy tarde a casa, Reynald espera que su hija no se preocupe por la tardanza, no le gusta preocupar innecesariamente a su pequeña Liane. Sin embargo, para poder regresar a casa sanos y salvos, es necesario que conduzca con cuidado, ya que la leve llovizna ha aumentado su intensidad.

    23:23 – 11:23 P.M.

    A poco menos de las once y treinta de la noche, Reynald y Laurenz llevan aproximadamente quince kilómetros de camino recorrido. Lo que un principio parecía una simple llovizna se ha convertido en una auténtica tormenta, el camino de vuelta a Nördlingen se ha vuelto muy peligroso. La neblina se ha hecho presente y la visibilidad de la carretera no es más de diez metros, Reynald tiene encendidos los alójenos con los que cuenta su vehículo, pero ni siquiera eso le ayuda a poder ver entre la espesa neblina que los rodea.

    Al avanzar en el camino la neblina se vuelve cada vez más densa a tal punto que la visibilidad disminuye a menos de cinco metros, Laurenz está por sugerirle a Reynald que se detenga a un lado de la autopista, pero en ese preciso instante los alójenos del vehículo se apagan, tomando por sorpresa a ambos hombres. Reynald presiona consecutivamente el interruptor de encendido de los alójenos, pero sin importar su intentos estos no parecen responder.

    Durante uno de sus intentos, Reynald se descuida y sin darse cuenta mueve el volante hacia la izquierda, dirigiendo el vehículo en que viaja al carril contrario. De pronto, escuchan el fuerte sonido de un camión acercarse, y no es hasta que el furgón está lo suficientemente cerca que Laurenz logra verlo, inmediatamente el ex-científico toma con su mano derecha el volante y lo gira hacia ese mismo lado, intentado redirigir el vehículo.

    Las llantas del vehículo patinan con fuerza en la húmeda autopista, a causa del intento de Laurenz el vehículo es redirigido, sin embargo queda atravesado en medio de la autopista y completamente a merced del furgón que se acerca. En cuestión de segundos el furgón impacta el lado donde viaja el conductor con tal fuerza que la embestida envía el vehículo a volar mientras gira sin control por la autopista, el vehículo continúa girando cerca de cien metros, hasta que finalmente termina por detenerse.
     
    Última edición: 22 Marzo 2020
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    Hola, paso a comentar el capítulo.

    Tal parece que el virus zero finalmente está iniciando a causar estragos en Laurenz, y parece que se trata de algo bastante grave si es que Reynald vio sus ojos cambiar de esa forma. Honestamente, pensé que iba a terminar mutando en ese momento XD. Aparentemente, no fue así, pero sin duda está iniciando con sus efectos. Habrá que ver a dónde lo terminan llevando en el futuro. Me llama la atención que su IA haya arrojado el resultado del cuarenta por ciento de similitud con el humano. Eso es, ciertamente un número que puede ser bastante alarmante. Me pregunto si fue alguna falla en la muestra o si verdaderamente el ADN de Laurenz está mutando demasiado.

    Por otra parte, el Hombre Ilusorio de ZZ ya parece tener lo que necesita, y ya puede comenzar con su proyecto. Es bastante curioso que estén intentando reconstruir a Merten, ya que me recuerda bastante a cuando HI intentó resucitar a Shepard en Mass Effect 2 XD. Aunque esto es diferente, ya que Merten no murió, sino que su cuerpo quedó al borde de la muerte. A pesar de eso, es muy parecido al juego. Y me agrada, porque el Hombre Ilusorio es de mis personajes favoritos de la saga XD.

    Luego, vino el fin del capítulo cuando Laurenz y Reynald van a cerrar los contratos. Tengo que decir que, desde que vi a Laurenz bastante pensativo en el auto, supe que algo malo le iba a pasar. Por unos segundos pensé que alguien iba a intentar robarles el auto, pero eso no ocurrió. Supongo que la vida que llevo en mi ciudad me llevó a pensar en cosas como esa XD. Lo que sí acerté es que iban a tener un accidente. Lo supe desde que se mencionó que la lluvia había comenzado. Lo predije todo XD. Sabía que si chocaban contra alguien, el impacto se iba a dar mayormente en el lado del conductor.

    No creo que haya forma en que Reynald sobreviva, dado a que el impacto fue directo justo donde se encontraba. Laurenz es el protagonista y se sabe que no morirá todavía XD. Lo que no se sabe es qué tanto sufrirá su cuerpo al tener otro accidente en tan poco tiempo ni si el virus zero influirá en las heridas o en su recuperación del accidente. Me intriga saber qué es lo que hará Liane ahora que su padre morirá. La granja es de su padre, pero ella podría buscar alguna forma para hacerse cargo de ella. Incluso si no puede, tiene a Laurenz y a los dos empleados que se vieron en el capítulo 2, sin mencionar que la maquinaria ya fue comprada y que ellos pueden o bien utilizarla o venderla. Y en el peor de los casos de que la granja no prospere, imagino que ella tendrá estudios en algo que le permitan conseguir trabajo, además de que puede contar con la ayuda de Laurenz, quien es un científico y no debería tener problemas en conseguir trabajo en alguna otra ciudad. En fin, no creo que haya problemas para que Laurenz y ella puedan sobrevivir, dado a que tienen opciones. Lo que me interesa es la forma en la que ella va a reaccionar cuando se entere de esto.

    Supongo que ya se verá.

    Encontré estos pequeños detalles:

    Creo que la palabra correcta es rating y no rankin.

    En esta parte de la historia, el nombre de 'Reynald' aparece escrito como 'Raynald'.

    Allí aparece escrito como 'Reyanld'

    No han sido errores graves ni tampoco molestos para la lectura, pero vale la pena marcarlos.

    Eso será todo por el momento. Hasta la próxima semana.
     
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  11. Threadmarks: Capítulo 06: Pasión.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

    Acuario
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    9 Abril 2016
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    Título:
    ZERO ZONE: Genesis [S.O.E]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    20
     
    Palabras:
    5163
    Hola a todos.

    Hoy es sábado y como siempre hay nuevo capítulo. Agradezco a Reydelaperdicion por sus comentarios y hacerme notar las faltas que he pasado por alto. También a los usuarios que leen esta historia en la sombras. Sin más nada que decir los dejo con la lectura.

    Capítulo 06: Pasión.

    El furgón al impactar con fuerza el vehículo, este sale desprendido mientras gira incontrolablemente en el aire, el vehículo, ahora hecho pedazos, rebota diversas veces en el asfalto de la autopista hasta detenerse a uno doscientos metros del furgón.

    Junio 22 del Año 2162.
    00:00 – 12:00 A.M.


    Laurenz recupera la conciencia en pocos minutos, al abrir los ojos observa su alrededor y sin importar a donde sea que ve todo se encuentra empañado a tal punto, que no logra distinguir casi nada, no es hasta después de unos segundos que su vista se ajusta. Una vez lo hace se da cuenta que ha sufrido un accidente muy violento, y el vehículo en que viajaban ha terminado volcado. Al mover su cabeza a su izquierda, Laurenz abre los ojos súbitamente aterrado al ver a Reynald gravemente herido, y además prensado por la puerta metálica del vehículo.

    El miedo se apodera de Laurenz al ver que el padre de Liane corre peligro, rápidamente el ex-científico logra quitarse el cinturón de seguridad, y una vez lo hace cae con fuerza al suelo, pese al dolor que siente en su cuerpo por el golpe y el violento accidente, Laurenz intenta salir por la ventana. Afortunadamente, Laurenz logra salir del vehículo, y tras hacerlo, lo primero que hace es verificar su estado. Laurenz observa que sus brazos presentan algunas cortadas, las cuales comienzan a cerrarse con lentitud frente a sus ojos; una señal de que el virus Zero se ha unido a la perfección a su ADN. Aleshire se asombra al ver esto, pero hace a un lado su impresión para centrar toda su atención en lo que verdad importa en ese momento.

    La neblina para ese momento ya se ha disipado casi en su totalidad, y gracias a la luz de la luna, Laurenz observa sin problemas el estado del furgón que los ha impactado, el cual presenta serios daños en la estructura del cabezal como arrugas, grietas, vidrios rotos, y faros agrietados. Es evidente el daño que ha sufrido el furgón con solo verlo, pese a que Laurenz desea verificar el estado del conductor del furgón, sabe que su prioridad es Reynald. Unas chispas eléctricas que son desprendidas del vehículo llaman la atención de Laurenz, al percatarse de ello sabe que debe darse prisa, ya que cabe la posibilidad de que exista una fuga de combustible.

    —¡Reynald, Reynald! ¿¡Puedes escucharme!? —Dice Laurenz al acercarse al lado del conductor, intentado que Reynald le responda, no obstante, no recibe respuesta.

    Laurenz intenta ver el estado de Reynald con más detenimiento, al fijarse mejor se percata que al parecer la puerta no parece tenerlo prensado como en un principio creía, por lo que cree que no debe ser ningún problema para él sacarlo de ese pedazo de chatarra. El científico hace lo posible por abrir la puerta del conductor, pero esta se encuentra atascada debido al fuerte impacto, Laurenz intenta diversidad de veces abrirla, sin embargo, no tiene ningún resultado.

    En un intento de furia, Laurenz golpea con fuerza la puerta con su pie derecho, al intentarlo varias veces consecutivas, logra aflojar la puerta. Laurenz intenta una vez más abrirla, y tras forcejar un poco, finalmente logra abrir la puerta. El científico toma a Reynald, quien se encuentra inconsciente, sin embargo, al intentar sacarlo, Laurenz se percata que Reynald está en una situación mucho peor de la que se imaginó en un principio.

    Las piernas de Reynald se encuentran prensados por el automóvil, de modo que es imposible para Laurenz lograr sacarlo de ahí, a menos que logre levantar el automóvil y al mismo tiempo hale el cuerpo de Reynald para sacarlo. Pese a que Laurenz tiene todas las de perder, intenta halar al padre de Liane, pero no importa cuántas veces lo haga o el cuidado que pueda tener para no lastimarlo, es sencillamente imposible sacarlo de ahí, a menos que cuente con la maquinaria indicada.

    Por un segundo, Laurenz deja el cuerpo de Reynald inmóvil, mientras intenta pensar en algo. El miedo que siente ante la idea de que el padre de Liane pueda morir en ese lugar le asusta demasiado, sabe que no puede levantar el vehículo y al mismo tiempo halar el cuerpo de Reynald. La incertidumbre que siente Laurenz causa que sus sentimientos salgan a flote, sus lágrimas empiezan a recorrer su rostro, mientras el ex-científico se ahoga en un llanto que nadie puede escuchar más que él.

    Ante la incertidumbre, el miedo, y el no saber qué hacer en ese lugar, Laurenz pierde lo poco que le queda de cordura, pronto, empieza a gritar de desesperación. A pesar del estado de Laurenz, este se acerca al vehículo e intenta empujar con todas sus fuerzas, creyendo que puede usar el sentimiento de desesperación que lo invade en ese momento, pero se equivoca. Pese a que no logra hacer nada, Laurenz intenta una y otra vez empujar el vehículo, pero sin importar sus intentos, ninguno tiene resultado.

    A pesar de que sus intentos no tienen un resultado alentador, la determinación de Laurenz por salvar a Reynald se fortalece a niveles impresionantes con cada intento fallido, y es gracias a esa determinación que algo en el cuerpo de Laurenz provoca que el virus Zero reaccione.

    En ese momento, Laurenz siente una fuerza indescriptible recorrer todo su cuerpo, sabe que el virus Zero le está otorgando la oportunidad de salvar a Reynald, así que decide darse prisa, antes que sea demasiado tarde. Laurenz empuja el vehículo con ambas manos y al ver la facilidad con que lo hace, opta por mantenerlo con su mano izquierda a un nivel adecuado para sacar a Reynald. Rápidamente, usa su mano libre y toma el cuerpo inconsciente de Reynald por la camisa y lo hala hacia él. Al ver que las piernas de Reynald están libres, Laurenz usa todas sus fuerzas y empuja el vehículo.

    A causa de esto el vehículo sale volando hasta caer a una distancia de trecientos metros atrás del furgón. Laurenz al ver lo que acaba de hacer queda en shock. No puede creer que él haya hecho algo como eso, no importa qué clase de habilidades posea un ser primigenio, simplemente no puede creer que el virus Zero le conceda tal nivel de fuerza a un individuo como él. Laurenz sale del pequeño trance en el que se encuentra, e inmediatamente opta por revisar a Reynald para verificar que se encuentra en buen estado, primero decide tomar su pulso para saber si aún sigue con vida, al tocar con dos de sus dedos uno de los costados del cuello del padre de Liane se da cuenta de que, efectivamente, aún sigue con vida. Laurenz suspira con alivio al saber que Reynald sigue vivo.

    No obstante, ese pequeño alivio que siente Laurenz se desvanece en un segundo al ver que Reynald, aparte de tener diversas heridas en ambos brazos y piernas, también tiene un pedazo de metal atravesando su abdomen en diagonal. Laurenz con solo ver el trozo de metal puede deducir que el fragmento de metal ha atravesado diversos órganos como el estómago, hígado, intestino grueso y pulmones. El hecho de que Reynald siga con vida es un milagro, pero no continuará siéndolo si no recibe ayuda médica urgente.

    Laurenz, cree que debería cargar a Reynald hasta donde se encuentra el furgón, pero le parece que es muy peligroso mover su cuerpo con ese objeto metálico dentro de su cuerpo. Así que decide dejarlo en el suelo, mientras intenta buscar algún tipo de ayuda. Laurenz, corre en dirección al furgón, el cual se encuentra ligeramente destruido a causa del accidente. Utilizando la fuerza que le concede el virus, Laurenz arranca la puerta del conductor, topándose con el cuerpo inerte de la persona que conducía el camión.

    Laurenz busca en la cabina del camión algún celular, pero no encuentra objeto alguno, de modo que decide buscar entre las ropas del conductor. Al buscar en los bolsillos de lado izquierdo del pantalón, encuentra un celular que aún se encuentra en perfectas condiciones, y lo mejor de todo en funcionamiento. Una vez se apropia del aparato, Laurenz sale de la cabina del camión y regresa con Reynald, quien aún continua inconsciente, rápidamente, decide marcar a los números de emergencia, tras esperar unos segundos la llamada entra.

    —Habla al departamento de emergencia, mi nombre es Jakob Fuchs, ¿cuál es su emergencia?
    —Mi nombre es Laurenz Aleshire, me encuentro con un hombre de nombre Reynald Scheideman de unos sesenta y cinco años, se encuentra en estado inconsciente, pero presenta heridas superficiales en brazos y piernas, además, tiene un objeto metálico atravesando su cuerpo.
    —¿Qué clase de accidente sufrió el paciente?
    —Accidente de tránsito.
    —¿Hay más heridos?
    —Hay un segundo hombre, un conductor de furgón. No tiene signos vitales.
    —¿Dónde se encuentra?
    —Desconozco la ubicación, pero enviaré de inmediato las coordenadas del GPS. —Laurenz envía en un segundo las coordenadas desde el celular.
    —Muy bien, ya cuento con las coordenadas, enviaré un helicóptero inmediatamente. Los compañeros trasladarán al paciente al hospital más cercano. Intente mantener la calma y si el paciente despierta, procure mantenerlo inmóvil hasta que llegue la ayuda.
    —Entiendo, muchas gracias. Por favor, dense prisa.

    Laurenz corta la llamada y tras hacerlo, lo único que hace es sentarse a un lado de Reynald para esperar la ayuda. Desea que los equipos de emergencia se den prisa en llegar al lugar, porque no sabe por cuánto tiempo más el padre de Liane se mantendrá en ese estado y no quiere que despierte con ese fragmento de metal dentro de su cuerpo. Ya ha tenido suficiente con ver a Reynald en el estado en que se encuentra, y no quiere continuar viviendo experiencias desagradables, no después de todo lo sucedido últimamente.

    00:35 – 12:35 A.M.

    Al paso de varios minutos, Laurenz empieza a creer que la ayuda jamás va a llegar, no obstante, ese pensamiento cambia cuando escucha y observa un helicóptero acercarse. En ese instante, Laurenz sonríe al ver que la ayuda finalmente ha llegado, y que gracias a eso, Reynald tiene altas probabilidades de salvarse, tras el terrible accidente que han sufrido. El helicóptero aterriza muy cerca de su posición, y de él sale un grupo de cuatro hombres, los cuales corren donde se encuentra Reynald y Laurenz.

    Laurenz lo único que puede hacer en ese momento es hacerse a un lado y dejar que los paramédicos hagan su trabajo. El científico observa como los paramédicos hacen uso de sus habilidades para ayudar a Reynald, quien aún continua inconsciente. Laurenz espera que no sea demasiado tarde, y que los paramédicos puedan ayudarle lo suficiente, para que los doctores logren salvarle la vida. No puede imaginar cuán difícil puede ser para Liane, si su padre llega a morir.

    Stiftungskrankenhaus Nördlingen, Stoffelsberg, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    06:50 – 6:50 A.M.


    Tras llegar al hospital el señor Reynald es ingresado al área de cirugía en condición crítica, Laurenz lleva desde entonces, cerca de seis horas esperando alguna noticia del doctor. Espera que la tardía respuesta de los doctores se deba a que están realizando su mejor esfuerzo por salvarle la vida. Laurenz observa el reloj holográfico que se proyecta en una de las paredes del hospital, y se da cuenta que ya son cerca de las siete de la mañana.

    Laurenz se levanta de su lugar y camina a paso lento hacia un teléfono público, que se encuentra cerca de la entrada principal del hospital. Al llegar, toma el aparato y al disponerse a marcar el número de la casa de Reynald se detiene. No quiere hablar con nadie en ese momento y menos con Liane, pero sabe que debe hacerlo tarde o temprano. Liane debe estar muy preocupada y lo menos que puede hacer Laurenz, es tranquilizarla aunque sea un poco. Laurenz marca el número y mientras espera a que la llamada entre, piensa con cuidado las palabras que está por decir.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    07:00 – 7:00 A.M.


    Liane se encuentra viendo la televisión. A raíz de la preocupación de no ver llegar a Laurenz y a su padre, no ha logrado dormir ni siquiera un poco en toda la noche. La joven cambia de canales una y otra vez, intentando encontrar algún programa que le pueda ayudar a distraerse un poco, no obstante, a esas horas de la mañana no transmiten nada que sea de su interés. Liane espera que Laurenz y su padre se encuentren bien, posiblemente, se encuentren de camino en estos momentos, pero esa idea desaparece una vez escucha el teléfono sonar.

    El estrepitoso sonido del teléfono asusta por unos segundos a Liane. La joven se dispone a tomarlo, pero en ese instante un extraño temor se apodera de su cuerpo, sin embargo, toma el teléfono sin pensarlo ni un segundo.

    —¿Hola? —Articula Liane, con un tono nervioso.
    —Liane, soy Laurenz. —Dice el mencionado, con un tono de voz serio.
    —¿Laurenz? ¿Dónde están? Me han tenido preocupada desde hace horas... —Liane se detiene al ser interrumpida.
    —Escucha. Lo que tengo que decirte es serio, y te ruego, que por favor lo tomes con calma.
    —¿Qué sucede, Laurenz? Me estás asustando. —Liane siente un nudo en la garganta.
    —Tú padre y yo tuvimos un accidente de tránsito.
    —¿¡Un accidente!? ¿¡Cómo se encuentra mi padre!? —Indaga de inmediato la joven, su padre es la primera persona que se le cruza por la mente.
    —Lo único que sé es que tu padre ingresó a cirugía en estado crítico. De entonces, no he sabido nada más de él. —Cada palabra que Laurenz dice aumenta la impotencia que siente, desea ayudar a Reynald, pero sabe que no puede hacer más que esperar a que los doctores hagan su trabajo.
    —¿En qué hospital te encuentras, Laurenz? —Quiere saber la joven.
    —Me encuentro en el Hospital Fundación.

    Laurenz es tomado por sorpresa cuando Liane corta la llamada sin aviso previo, es evidente para el científico que la joven se encuentra muy preocupada por la situación de Reynald, y la verdad no la culpa, cualquier persona actuaría de la misma forma al saber que un ser querido se encuentra entre la vida y la muerte.

    Stiftungskrankenhaus Nördlingen, Stoffelsberg, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    07:20 – 7:20 A.M.


    Laurenz cuelga el teléfono y regresa a su lugar en la sala de espera, suspira profundamente en un intento por relajarse un poco, la preocupación invade su ser, pero sabe que por más preocupado que pueda sentirse por Reynald. Lo único que puede hacer es sentarse a esperar alguna noticia de los doctores, si embargo no le agrada ni un poco la idea de estar ahí sin hacer nada. Aunque es muy difícil para el ex-científico mantener la calma, sabe que debe tranquilizarse un poco, o de lo contrario, el próximo que atenderán los doctores va a ser él.

    Un detective acompañado de dos oficiales de policía ingresan al hospital fundación y se dirigen al área de recepción en busca de una persona. Ahí el detective comparte algunas palabras con la recepcionista del hospital y esta señala a Laurenz, quien se percata de todo. Los tres oficiales se acercan al lugar donde se encuentra Laurenz, el detective revisa algunos datos en un pequeño holograma que tiene en sus manos, antes de disponerse articular palabra.

    —Buenos días, disculpe. ¿Su nombre es Laurenz Aleshire? —Indaga el detective, mirando fijamente al mencionado.
    —Sí, soy yo —Suspira por un momento—. ¿Puedo ayudarlo en algo?
    —Soy el detective Raymond Werner. Encontramos sus huellas en el automóvil que se vio implicado en el accidente de la ruta L1080. ¿Puede acompañarnos? Queremos hacerle algunas preguntas, le tomará solo unos minutos.

    A Laurenz le parece extraño que un detective se encargue de investigar un accidente de tránsito, cuando le corresponde a la policía de tránsito encargarse de esa clase de asuntos. Sin embargo, procura no pensar mucho en esa clase de asuntos, y simplemente se digna a obedecer. Laurenz se levanta de su lugar para acompañar al detective Werner. Pese a que no es necesario los oficiales escoltan a Laurenz hasta la salida del hospital, y ante ello las personas que observan lo que sucede se asustan al ver la clase de medidas de seguridad que toman contra el científico.

    Al salir del hospital, Laurenz y el detective Werner entran a una patrulla, los dos oficiales restantes se sitúan en ambos costados del vehículo para mantener vigilancia, mientras su superior somete al sospechoso a un interrogatorio.

    —¿Por qué se ha tomado la molestia en escoltarme? —Laurenz no comprende la actitud de los oficiales.
    —Seguridad. —Responde el detective, buscado los datos de la investigación en el holograma, antes de iniciar el interrogatorio.
    —¿Seguridad? ¿Desde cuándo un detective se encarga de asuntos que competen exclusivamente a oficiales de tránsito?
    —Por lo general, nos encargamos de la investigación cuando hay ciertos patrones, que se pueden clasificar como anomalías. Supongo que usted debe saber a lo que me refiero. —Werner vuelve a ver a Laurenz con una mirada muy seria.
    —¿A qué se refiere exactamente?
    —Quiere explicarme, señor, Laurenz. ¿Cómo es posible que un automóvil de poco más de mil kilos haya terminado atrás del furgón una distancia de trescientos metros? Cuando se supone que debería terminar al frente y no atrás, teniendo en cuenta la fuerza del impacto.—Indaga Raymond, pasándole el holograma a Laurenz donde se muestran las imágenes del accidente.

    Laurenz toma el holograma y observa con mucho detenimiento las imágenes, donde se muestra el estado del furgón y del vehículo en que viajaba Reynald y él. Los daños que se aprecian en el vehículo son tan terribles que es imposible describirlos, sin embargo, a simple vista da la impresión de que hubiera caído de una altura de poco más de dos kilómetros, ya que el metal se encuentra parcialmente comprimido hacia abajo debido al impacto.

    —Quiere decirme. ¿Qué sucedió exactamente durante el accidente? —Raymond observa a Laurenz y no le quita ni por un instante el ojo de encima.
    —¿Qué quiere que le diga, detective? El accidente fue muy rápido, nos encontramos camino hacia Nördlingen cuando un furgón nos envistió, el auto giró por los aires y debido al movimiento. Tanto yo como el señor Reynald, salimos despendidos. Lo único que recuerdo, después de eso es que estaba en el suelo y a unos pocos metros de mí, estaba Reynald inconsciente. —Dice Laurenz, ocultando diversos hechos que ocurrieron. Sin importar los problemas que puede tener, no puede decirle toda la verdad al detective.
    —Ya veo, ahora entiendo lo del accidente. —Comprende Raymond—. No obstante, señor, Laurenz, aun no me queda claro, ¿por qué hay rastros de sus huellas dactilares en la estructura del vehículo, y sobre todo la marca de su mano izquierda moldeada en el metal? —Raymond le muestra la imagen donde se ve claramente la mano izquierda de Laurenz moldeada en la estructura de metal—. ¿Cómo explica eso?
    —¿Qué sugiere? ¿Cree que yo tomé el auto y lo lancé a varios metros de distancia, usando una fuerza sobrehumana? —Indaga Laurenz de forma retórica—. Por favor, detective, ni usted ni yo somos unos niños para creer en superhéroes, ¿no le parece?
    —No creo que estemos muy lejos de la ficción, señor, Laurenz, o, ¿cómo explicaría usted que haya sobrevivido al desastre de la ciudad de Dortmund? —Raymond revisa un informe en el holograma.
    —No sé de lo que habla, detective. —Niega Laurenz. Le sorprende al saber que el detective Raymond tiene conocimiento de lo sucedido en Dortmund, pese a ello, no demuestra ningún atisbo de asombro de su parte.
    —¿Está seguro? La información que señala este informe indica que su nombre es Laurenz Aleshire. Científico a cargo de la investigación del virus Zero en la Universidad Técnica de Dortmund. Graduado con honores en la Universidad de Múnich. Estado civil; soltero. Edad; treinta años. Profesion; científico y maestro con conocimientos en anatomía, microbiología, biología celular y genética. ¿Estoy en lo correcto? —Raymond vuelve a ver a Laurenz, que guarda silencio—. Miles de ciudadanos desaparecen sin dejar rastro en una ciudad aniquilada totalmente por un accidente, aparentemente, desconocido. Y sólo un hombre sobrevive de forma misteriosa. ¿No le parece demasiada coincidencia?
    —Detective. ¿Qué espera ganar con este interrogatorio? ¿Cree que soy responsable, es eso? Si es así, entonces, adelante, arrésteme —Dice Laurenz seriamente, está harto de ese interrogatorio sin sentido—. No obstante, si no cuenta con ninguna prueba contundente, no me haga perder el tiempo. —Laurenz sale del vehículo al abrir la puerta.
    —Antes que se vaya, señor, Laurenz. Quiero que me responda una última pregunta, ¿por qué escapó de la ciudad? —Desea saber Raymond.

    Laurenz cierra la puerta del vehículo y se marcha de regreso al hospital sin responder la última pregunta de Raymond. No le ha gustado en lo más mínimo el interrogatorio que el detective le ha hecho. «¿Quién es realmente ese tipo?» Se pregunta Laurenz, el hecho de que cuente con información sobre lo sucedido en Dortmund, le convierte en un sujeto de cuidado. A pesar de ello, Laurenz decide pasarlo por alto, al menos por el momento. Ahora mismo tiene cosas más importantes de qué preocuparse.

    El detective Raymond observa a Laurenz ingresar al hospital, por unos segundos vuelve a revisar el informe donde tiene toda la información del científico. Un holograma de un hombre de ojos heterocromáticos y cabellos blancos se materializa a un lado de él, sentado sobre el asiento y con un habano entre sus dedos.

    —Raymond. ¿Qué es lo que tienes? —Pregunta el hombre con interés en lo que tiene que decir el detective, mientras aspira el habano por unos segundos.
    —He localizado a Laurenz Aleshire en el Hospital Fundación. —Informa.
    —Bien, eso demuestra que Laurenz ha sobrevivido a la catástrofe de Dortmund. ¿Cuáles son tus órdenes, Raymond?
    —Por el momento, mantener una exaustiva vigilancia sobre él y buscar más pruebas que lo relacionen con el accidente. Evidentemente, seguiremos interrogándolo para obtener más información.
    —Entiendo —Dice, expulsando el humo—. Sugiero que cierres el caso del accidente, de inmediato.
    —¿Qué? ¿Por qué?
    —Tu investigación interfiere con mis planes, Raymond. —Responde el hombre. No tiene intenciones de decir más al respecto.
    —No puedo hacer algo así. —Afirma Raymond. Hacer algo así significa que ha perdido el tiempo en vano.
    —Por supuesto que puedes. No intentes engañarme, Raymond —Dice el hombre con un tono muy serio—. Recuerda que sé muchas cosas sobre ti. —Amenaza.
    —Está bien. Lo haré, pero voy a necesitar fondos de por medio.
    —¿Cuánto quieres? —Pregunta el hombre.
    —Seis millones. —Responde Raymond a secas.
    —Los recibirás cuando acabes el trabajo, no antes. —Dice el hombre con el mismo tono.

    El holograma del hombre desaparece, dejando a Raymond rechinando los dientes. Pese a su intento por aprovecharse de la situación, no tuvo posibilidad alguna de manipular a ese hombre. Ahora debe cerrar la investigación sobre Laurenz y el accidente para recibir su dinero. Los hombres de Raymond suben al vehículo. Uno de ellos enciende el auto y presiona el acelerador, marchándose así del lugar en un segundo.

    07:45 – 7:45 A.M.

    Liane entra al hospital con los nervios a flor de piel, la preocupación y la angustia han inundado su alma desde que habló por teléfono con Laurenz. Inmediatamente al ingresar al edificio, se dirige a la recepción, en un intento por obtener información del estado de su padre, más no logra encontrar a nadie atendiendo en ese preciso momento. La impotencia se apodera de su cuerpo, pero en ese instante escucha una voz familiar.

    —Liane. —Dice Laurenz con una voz un poco apagada.

    La joven se voltea para ver a la persona que menciona su nombre, al darse cuenta que es Laurenz, Liane corre abrazar al científico, tomándolo por sorpresa, no obstante su asombro desaparece cuando Liane empieza a llorar desconsoladamente. Laurenz sin saber qué decirle, se digna a simplemente abrazar a Liane, en un intento por consolarla, es más que evidente la preocupación que siente por su padre.

    —Tranquilízate, Liane, por favor. —Laurenz siente que su alma se parte en dos al ver que la joven no para de llorar.
    —No puedo, Laurenz. No sé qué haría si mi padre llega a morir. —Responde, cubriendo su rostro en el pecho de Laurenz, intentando desahogar la pena que siente en su alma.
    —Ten fe mi… —Laurenz se detiene en seco al darse cuenta de lo que está por decir—. Tienes que ser fuerte por tu padre, Liane.

    Liane se sonroja al percatarse de las palabras de Laurnez, aunque no le toma demasiada importancia. Pronto, ambos escuchan a la recepcionista del hospital decirle;

    —¿Puedo ayudarlos en algo? —Desea saber la recepcionista, tomando con normalidad la escena de Laurenz y Liane.
    —Señorita, ¿qué información tiene del paciente Reynald Scheideman? —Indaga Liane, esperanzada en poder saber alguna noticia de su padre.
    —Ingresó al área de cirugía a las doce y cincuenta de la madrugada. —Agrega Laurenz, cree que entre más datos posea la recepcionista, más fácil debe ser que lo encuentre en el sistema del hospital.
    —El paciente Reynald Scheideman ha sido traslado a la habitación L40 en condición delicada, hace tan solo cinco minutos. Le aconsejo buscar al doctor Ewald Küster, quien se encuentra a cargo del paciente, ya que no cuento con más información en el sistema.
    —Entiendo, muchas gracias. —Liane agradece encarecidamente a la recepcionista por la información.

    Laurenz y Liane se marchan en busca de la habitación L40, donde se encuentra Reynald y posiblemente también el doctor Ewald. Tal habitación se ubica en el tercer piso del edificio, así que para llegar lo más pronto posible, ambos optan por subir las escaleras, debido a que los asesores del hospital están muy saturados.

    Afortunadamente, logran llegar al tercer piso del hospital fundación en poco menos de un minuto. Ambos caminan por los pasillos, intentando ubicar la habitación donde se encuentra Reynald, Laurenz logra ubicarla en uno de los pasillos a su derecha y se lo hace ver a Liane. Inmediatamente, ambos se apresuran en llegar y a tan solo escasos segundos de abrir la puerta, el doctor Ewald hace acto de presencia, tomando por sorpresa tanto a Laurenz como a Liane.

    —Doctor, ¿cómo se encuentra mi padre? —Desea saber Liane, sintiéndose angustiada por estar a tan solo algunos centímetros, donde se encuentra Reynald descansando.
    —El paciente se encuentra en condición delicada. Su cuerpo sufrió múltiples heridas a raíz del violento accidente, y aunque hicimos todo lo posible por saturar las heridas internas, me temo que su cuerpo no logrará resistir por mucho tiempo. Le suministraremos antibióticos durante las próximas semanas para ayudar a su cuerpo a sanar las heridas, pero es muy probable que caiga en coma debido a su edad.
    —¿Quiere decir que…? —Liane siente un nudo en la garganta.
    —Les aconsejo que se preparen para lo peor. —Dice el doctor al fijar su mirada sobre ambos.
    —¿Podemos pasar a verlo? —Quiere saber Laurenz.
    —Pueden pasar, pero solo unos minutos.
    —Entiendo, gracias, doctor.

    El doctor Ewald se retira y tras alejarse, Liane gira con mucho temor la manilla de la puerta, Laurenz decide acompañarla, así que ambos ingresan a la habitación donde se encuentra Reynald. Cuando ambos fijan su mirada sobre él, Liane se rompe como un cristal, la joven cae en un amargo llanto, que de no ser por Laurenz, caería al suelo de rodillas. Laurenz al ver a Reynald, siente su alma partirse en miles de pedazos, y es que la escena no es para nada agradable.

    Reynald se encuentra completamente inconsciente, pero está conectado a tres máquinas diferentes, una de ellas le suministra oxígeno a través de una manguera que tiene en su boca y que llega hasta la tráquea. La segunda máquina mantiene un escaneo de los signos vitales y sus niveles de presión sanguínea, y la última pero no menos importante, le suministra suero y otras proteínas a través de diversas mangueras conectadas a ambos brazos.

    Laurenz entiende a la perfección por lo que pasa Liane, ya que ninguna persona en su sano juicio se puede sentir bien al ver a un ser querido en esa situación. A pesar que Reynald no forma parte esencial en la vida de Laurenz, este se siente terriblemente mal al verlo en esa camilla, conectado a máquinas y mangueras. El poco tiempo que ha estado conviviendo con Reynald, Laurenz le ha ganado mucho aprecio, no tanto por la ayuda que le ha brindado, sino por su humildad y desinterés. Ya que le ofreció ayuda cuando más lo necesitaba, y sin ninguna clase de interés de por medio.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    20:50 – 8:50 P.M.


    Laurenz y Liane regresan a casa, después de estar varias horas en el hospital. Una vez tuvieron la oportunidad de ver a Reynald, ambos decidieron quedarse a esperar alguna nueva noticia sobre su condición. Sin embargo, el estado de Reynald se mantuvo sin ninguna novedad durante el día. Laurenz acompaña a Liane hasta su habitación, y una vez entran le prepara su cama para que esta pueda descansar.

    —Muchas gracias, Laurenz. —Dice Liane, sentándose en el borde de la cama.
    —Intenta descansar. Buenas noches. —Laurenz se acerca a la puerta.
    —Espera un momento, Laurenz. Quiero pedirte algo. —Dice la joven, acercándose a Laurenz y deteniéndolo para que no abra la puerta.
    —T-Te escucho. —Laurenz se sonroja al tener tan cerca a Liane.

    Sonrojándose al máximo, Liane toma por sorpresa a Laurenz al besarlo, el beso dura tan solo algunos segundos, pero suficientes para dejar a Laurenz totalmente sorprendido y sonrojado.

    —Quédate conmigo esta noche, por favor. Te necesito.

    El tono de voz de Liane es tan suave y delicado, que Laurenz no puede resistirse. Liane es tomada por sorpresa al recibir un beso en los labios por parte del científico, sorprendida por el actuar de Laurenz, esta le corresponde sin negarse. Los besos entre ambos aumentan con rapidez a tal punto que su pasión los enciende, pronto, Liane le quita la camisa a Laurenz y este empieza a desabrochar los botones del vestido de Liane.

    Al quitarle el vestido a Liane, Laurenz continua besándola sin control, hasta que ambos caen en la cama, pero en ese momento, Laurenz decide detenerse, esto toma por sorpresa a Liane quien no deja de verlo al rostro.

    —¿Qué sucede? —Liane no entiende por qué Laurenz se ha detenido.
    —¿Estás segura de esto?
    —Lo estoy, no te preocupes. Tú me gustas, no, te amo, Laurenz, y quiero estar contigo.

    Laurenz al ver que Liane está segura de lo que hace, continúa besándola hasta llegar al cuello, al sentir los besos de Laurenz, Liane se enciende cada vez más en una pasión descontrolada. En minutos, llegan al punto más íntimo del acto, y ambos se entregan tanto en cuerpo y alma, olvidándose por completo de todo lo que les rodea.
     
    Última edición: 21 Marzo 2020
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    Hola. Paso a comentar el capítulo 6.

    Tengo que decir que estoy asombrado por varias cosas. En primer lugar, el hecho de que Laurenz pudiera despertar una super fuerza a causa del virus Zero. Esperaba que el virus mejorara su ADN, células del cuerpo, el funcionamiento de sus órganos y sus sentidos, pero me pregunto qué demonios le hizo a las fibras musculares de Laurenz como para que pudiera ganar tanta fuerza siendo capaz de levantar un auto de varias toneladas XD. Literalmente, Laurenz se convirtió en Gokú, al menos en el Gokú niño del Dragon Ball clásico. Me pregunto si esa fuerza será su límite o si irá creciendo a medida que pase el tiempo. Definitivamente tendría que hacérselo ver, o podríamos tener a un Super Saiyajin en proceso XD.

    Desde que apareció ese detective supe que nuestro amigo el Hombre Ilusorio estaba detrás de su aparición. Me pregunto si Merten, ya restaurado, habrá abierto la boca y habrá contado al respecto. Dado a que los militares que tomaron su cuerpo ni lo conocían. Además, aunque hayan investigado en los informes, sería imposible para ellos descubrir que Laurenz estuviera involucrado en el experimento y también estuviera en ese accidente.

    Sin dudas, el Hombre Ilusorio debe ser pariente de Eltzer, o de lo contrario no me imagino cómo mierda le hace para estar tan informado y al tanto de todo lo que ocurre. Quizá sean amigos, o quizá HI sea padre, tío, o al menos padrino de Eltzer XDDD. Es algo que me intriga y me da curiosidad, no lo puedo negar. Me siento mal por Laurenz, dado a que ese tipo ya ha demostrado que tiene poder, dinero e influencia para muchas cosas. Enfrentarlo, teniendo en cuenta su poderío militar no va a ser sencillo, pero Laurenz ahora cuenta con una fuerza descomunal. El problema es que, al tener a Merten, ellos podrían tener a alguien con sus mismas cualidades. Su propio comandante Shepard mezclado con Gokú XD.

    Me sorprendió bastante que el otro conductor haya muerto y que Reynald haya sobrevivido. Aunque vaya a morir pronto, eso no quita que haya resistido a un impacto tan fuerte. Quizá, por estar mucho tiempo junto a Laurenz, el virus Zero se haya transmitido como si fuera el Covid 19, pero en lugar de matarlo, lo haya mantenido con vida. Supongo que ya lo veremos.

    Me dio algo de lástima por Liane, ya que su padre es todo lo que tiene, y se ve que él la ha cuidado con mucho cariño. No es que me sienta mal por Reynald, porque apareció por poco tiempo como para ganarse algo, pero está claro que esa situación es jodida.

    Algo que me sorprende en gran medida es la forma en la que Liane ha reaccionado al llegar a la granja otra vez. Quiero decir, cada ser humano enfrenta la pérdida de forma diferente y de eso no hay dudas, pero me cuesta creer que alguien pudiera estar con calentura cuando tu único familiar está herido en el hospital XD. Y mucho más porque Liane y Laurenz se conocen hace un día y nada más. Digo, ni yo en mi plena adolescencia donde era un (para decirlo vulgarmente) "pibe calenturiento" habría hecho eso. Y se supone que ellos dos son adultos. No niego que la atracción física a primera vista pueda existir, pero ellos apenas llevan un día de conocerse. No solo eso, estoy seguro de que no han mantenido ninguna especie de charla de más de dos horas seguidas. Por eso me sorprende.

    En fin, esto solo reafirma lo que dije cuando hago referencia a que Laurenz es el tipo con más suerte del mundo. Nadie lo puede negar:

    • Escapó a la destrucción de Dortmund sin un rasguño, y las personas que saben este detalle no tienen evidencia en su contra
    • Sufrió una mutación que le ha permitido sobrevivir a dos accidentes de tránsito en menos de 3 días.
    • En lugar de ser encontrado por una secta, o por una familia de locos, fue encontrado por un granjero amable que tiene una hija guapísima
    • Lo dejan quedarse sin obligarlo a pagar alquiler
    • Ganó una superfuerza con la que sería capaz de mandar a la mierda al propio Mcgregor de un golpe limpio
    • El hombre que lo tomó en su casa está por morir. Lo cual psicológicamente no es agradable, pero él podría heredar su granja
    • La chica guapa con la que vive está locamente enamorada de él
    ¿Alguna vez habías visto a alguien cargar esa suerte? Es decir, él no se ganó nada de esto. Tuvo suerte de que su colega Mallory haya muerto, y de que el virus que investigó tras su muerte lo haya dotado con características especiales y de que su auto se averiara justo en el lugar correcto XD. Fue todo un golpe de suerte inmenso.

    Estoy seguro de que no es gratis, y que en algún momento le irás quitando todo poco a poco. Sin embargo, ahora le toca disfrutar, y parece que está disfrutando bastante bien XD. Envidio a la gente así.

    Te marcaré un par de cosas.

    La palabra correcta es "llanto". Ya que "yanto" es una palabra en desuso para "comer".

    Ahí te faltaron los signos de interrogación en ese diálogo.

    Eso no es un error en sí, pero en una historia como esta es algo raro leer "ahorita" XD.

    Eso será todo por ahora. Me pregunto qué tipo de suerte le deparará a Laurenz la próxima semana. Saludos.
     
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  13. Threadmarks: Capítulo 07: Fruto.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

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    ZERO ZONE: Genesis [S.O.E]
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    Ciencia Ficción
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    Hoy es sábado y como siempre hay nuevo capítulo. Agradezco a Reydelaperdicion por sus comentarios y a todos los que lee esta historia en las sombras. Los dejo con la lectura.

    Capítulo 07: Fruto.

    Junio 23 del Año 2162.
    09:00 – 9:00 P.M.


    A la mañana siguiente, los rayos de luz que entran por la ventana despiertan a una Liane que duerme plácidamente. La joven al abrir los ojos se percata que Laurenz no se encuentra a su lado. Liane se viste y rápidamente sale de la habitación, al llegar a la cocina se lleva la agradable sorpresa de encontrar Laurenz preparando el desayuno. Sin que este se percate de su presencia, Liane se acerca lentamente y abraza a Laurenz por la espalda tomándolo por sorpresa.

    —Buenos días. No debías molestarte. —Dice Liane, apreciando el lindo gesto de Laurenz.
    —No es ninguna molestia preparar el desayuno. —Responde Laurenz.
    —¿Te puedo ayudar en algo? —Liane acerca su rostro al de Laurenz para darle un beso en los labios, pero Aleshire aparta su rostro para evitar el beso—. ¿Qué sucede? —Desea saber, extrañada.
    —Tenemos que hablar, Liane. —Laurenz deja de hacer lo que esta haciendo para volver a ver a Liane.
    —¿Hablar? —Liane le preocupa el tono de voz serio que percibe de Laurenz.
    —Liane —Dice Laurenz, nervioso—. Lo de anoche, estuvo mal.
    —¿Estuvo mal? ¿Por qué? —Liane no comprende el punto de Laurenz.
    —Porque nos aprovechamos de la situación. Liane, tu padre se encuentra con la vida pendiendo de un hilo. No es correcto que hayamos tenido relaciones en un momento así. Lo que hicimos es una falta de respeto a tu padre, a esta casa y hacia ti.
    —¿Quieres decir que no puede existir nada entre nosotros?
    —No, lo que quiero decir es que nos demos tiempo. Escucha, hace muy poco nos conocimos. No es necesario que apresuremos las cosas, menos en un momento así.
    —Tienes razón, Laurenz —Liane baja la mirada, apenada—. Perdóname por lo que hice. N-No sé lo que me pasó —Afirma—. Debes estar pensando que soy una cualquiera; una chica febril.
    —No te preocupes. Reconozco que yo también soy responsable de lo que pasó, debí detenerme y no lo hice. Ambos caímos en un momento de debilidad.
    —Aún así, no evito sentir vergüenza de mí misma. Te pido que me perdones, Laurenz. —Suplica la joven, avergonzada por lo que hizo.
    —Tranquila, Liane. Mejor, olvidemos lo que pasó, y centrémonos en lo que importa ahora, ¿está bien?
    —Sí, está bien. —Asiente con suavidad, aún apenada.

    A pesar de su conversación y de haberle rechazado uno de sus besos, Liane no se siente molesta con Laurenz. De hecho, está de acuerdo con cada una de sus palabras. Lo mejor es que ambos se tomen las cosas con calma y utilicen el tiempo para conocerse mejor. Después habrá oportunidad para entablar una relación amorosa si así lo quieren, pero acelerar las cosas de un día para otro nunca es buena señal, y menos para una relación sentimental.

    A Laurenz le invade un poco de tranquilidad saber que Liane ha tomado con calma su palabras. Pese a que su momento de intimidad con ella fue muy placentero y significó mucho para él. El simple hecho de saber, que le ha faltado el respeto al señor Reynald metiéndose con su hija en un momento tan difícil, ha sido más que suficiente para no poder conciliar el sueño en toda la noche.

    A Liane se le cae la cara de vergüenza por lo que hizo, pero de igual forma que Laurenz, reconoce que ha hecho mal en acostarse con alguien que apenas conoce. Es cierto que se siente fuertemente atraída por él, pero eso no es una razón válida que justifique lo que hizo. Ahora lo que debe hacer es sentarse a pensar en lo que en verdad importa en ese momento; evitar que la granja Scheideman caiga en bancarrota.

    Laurenz lleva los platos a la mesa y se sienta junto a Liane para disponerse a desayunar. Durante algunos minutos el silencio y la incomodidad reinan. Laurenz y Liane no evitan sentirse extraños de estar sentados a la mesa sin que Reynald esté presente. Liane toma los cubiertos y haciendo caso omiso de la ausencia de su padre se dispone a desayunar, Laurenz también hace lo mismo.

    —Debemos continuar con el trabajo de mi padre. —Dice Liane, un poco triste al saber que Reynald se encuentra internado en el hospital.
    —No te preocupes. Yo me haré cargo de la granja, mientras tu padre se recupera. —Comenta Laurenz, espera que sus palabras logren tranquilizar un poco a Liane.
    —¿Estás seguro que quieres encargarte de la granja? —No subestima las capacidades de Laurenz, pero ella puede hacerlo sin ningún problema.
    —Sí —Asiente levemente—, lo mejor que puedo hacer por tu padre en este momento, es encargarme de la granja. Quiero devolverle todo lo que ha hecho por mí desde que llegué, y este es el momento más indicado para hacerlo.
    —Está bien, si eso quieres no te voy a detener. Yo me haré cargo de la contabilidad. ¿Te parece? —Sonríe Liane.
    —Me parece bien. —Responde Laurenz.

    Al cabo de algunos minutos, ambos terminan de desayunar. Laurenz se despide de Liane y se marcha para empezar sus labores en la granja. Lo primero que debe hacer Laurenz antes que nada, es comunicarles a todos los empleados de Reynald su situación, para ello, decide buscar a dos de los empleados más queridos y respetados por el padre de Liane. Afortunadamente, Laurenz logra encontrarlos sin mucha dificultad en uno de los huertos, cercano al único granero que se encuentra en mal estado.

    —¡Adler, Félix! —Grita Laurenz. Los mencionados al escuchar su nombre voltean a ver a la persona que los llama—. ¿¡Pueden venir un momento, por favor!?

    Ambos hermanos al ver que es Laurenz, deciden ir a toda prisa, creen que el señor Reynald los necesita para alguna tarea, y por esa razón envió a Laurenz a buscarlos. Los dos hombres se acercan a Laurenz y una vez llegan a él, lo saludan con un apretón de manos.

    —¿En qué podemos ayudarte, Laurenz? —Indaga Felix, con ligera curiosidad.
    —Necesito informarles algo.
    —Lo escuchamos. —Adler presta mucha atención.
    —El señor Reynald se encuentra en el hospital. —Dice Laurenz, un poco nervioso.
    —¿¡En el hospital!? ¿¡Qué fue lo que ocurrió!? —Adler no puede creer lo que escucha.
    —Ayer viajamos a la ciudad de Aalen para firmar algunos papeles, y cuando veníamos de regreso un furgón nos envistió. Yo sufrí algunas heridas superficiales, pero Reynald no tuvo tanta suerte.
    —¿Y cómo se encuentra? —Felix quiere saber la situación de Reynald, al igual que su hermano le preocupa su salud, en especial por ser un hombre de tercera edad.
    —Por el momento, su condición es delicada. Él se encuentra internado en el Hospital Fundación, por si gustan ir a visitarlo.
    —Que tragedia. —Adler aún no logra asimilar lo que escucha por boca de Laurenz.
    —Supongo que Liane debe estar muy mal. —Félix no se imagina cómo debe sentirse Liane con todo lo que está pasando.
    —Por esta razón, quiero informarles, que mientras el señor Reynald se recupera, yo me haré cargo de la granja, y necesito de toda su cooperación.
    —Claro, cuenta con todo nuestro apoyo. ¿Verdad, hermano? —Felix mira a su hermano a su izquierda.
    —Por supuesto. —Afirma Adler.
    —Me alegro escucharlo. Antes que nada, necesito que reúnan a todos los empleados para informarles la situación. Después, nos encargaremos de los trabajos que debamos realizar.
    —Muy bien. —Dicen ambos hermanos.

    Adler y Félix se marchan en busca de todos y cada uno de los empleados que trabajan para Reynald. Laurenz, por su parte, entra al granero donde piensa informarles a todos la situación en la que se encuentra el padre de Liane. Al paso de algunos minutos, los empleados empiezan a llegar, Laurenz simplemente decide esperar a estén todos para comenzar, espera que después de informarles la situación los empleados tengan la misma confianza para continuar trabajando, tal como cuando Reynald estaba al frente de la granja.

    10:30 – 10:30 P.M.

    Liane se encuentra en casa realizando oficio para intentar mantener la mente ocupada, y así evitar pensar consecutivamente en su padre. Pese a que es muy difícil para ella sobre llevar todo lo que está pasando, sabe que debe ser fuerte y mantenerse tranquila, ya que no va a lograr nada dejándose llevar por la angustia.

    A simple vista, la joven se siente un poco intranquila porque no está muy segura de que su padre logre recuperarse, sobre todo al recordar las palabras del doctor Küster, y es que a veces los doctores pueden ser crueles con lo que dicen. Sin embargo, muy dentro de su corazón tiene la esperanza de que ante todo diagnóstico, su padre logre recuperarse satisfactoriamente y que dentro de poco, pueda regresar a casa junto a ella.

    10:50 – 10:50 P.M.

    Adler y Félix logran reunir sin problema a todos los empleados que trabajan para Reynald en la granja. Una vez que todos están reunidos en el granero, Laurenz les informa a todos la situación de salud por la que se encuentra a travesando el padre de Liane. Muchos de ellos al escucharlo se sorprenden y temen perder sus empleos, pero Laurenz les promete que ninguno perderá su empleo sin importar lo que suceda, y ante ello muchos se tranquilizan.

    Laurenz lo único que les solicita a los empleados, es que continúen trabajando como lo han hecho hasta hora, y que el trabajo que realicen se haga lo mejor posible, por el bien de la granja y sobre todo por Reynald, ya que algo que le ayudaría al padre de Liane en su recuperación, es saber que su granja se encuentra en óptimas condiciones.

    Los trabajadores se alegran de saber que Laurenz desea lo mejor por bien del señor Reynald, y es gracias a esa hermosa acción de bondad, que todos los empleados están de acuerdo en trabajar de la mejor manera posible. Finalmente, después de algunos minutos, todos se marchan a sus respectivos puestos. Laurenz se reúne con Adler y Félix para iniciar y continuar los trabajos que Reynald ha dejado pendientes.

    Julio 6 del año 2162.
    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    15:30 – 3:30 P.M.


    Durante los últimos días, Liane ha tenido ligeros mareos, náuseas y vómitos. Liane piensa en ir al médico, pero cree que no es necesario, ya que a lo mejor es algo pasajero y que probablemente se debe al estrés que ha tenido últimamente. Debido a que la condición de su padre aún no ha cambiado, pese a que han pasado ya doce días desde el accidente.

    Liane tiene la ligera sospecha de que los mareos, náuseas y vómitos se deben a que puede estar embarazada, pero el simple hecho de pensar en esa posibilidad le asusta. No sabe cómo puede reaccionar Laurenz, cuando se entere que está embarazada. Liane sabe que el único método posible para descartar esa idea es afrontar los miedos y realizarse la prueba sin más.

    En su habitación, Liane se encuentra muy nerviosa. Su corazón late con fuerza y en su cabeza se formulan miles de pensamientos negativos. Sus dedos acarician los bordes de la prueba de embarazo que tiene en sus manos. Liane clama a los cielos que no esté embarazada, mientras espera con paciencia el resultado.

    Después de esperar el tiempo establecido en las instrucciones de la prueba, Liane decide revisar el resultado, pero antes suspira profundamente para intentar tranquilizar los nervios, y una vez lo hace revisa el resultado de la prueba. Sus ojos se abren ligeramente, sorprendida, al ver que la prueba muestra dos rayitas rojas, indicando que el resultado es positivo.

    Una mezcla de toda clase de emociones negativas invaden a Liane, a tal punto que su mente empieza a divagar en la posibilidad de abortar el bebé que está formándose en su vientre. Liane en ese instante pone un alto a sus pensamientos; por nada del mundo piensa hacer algo así. Lo que debe hacer es afrontar las consecuencias de sus actos y para eso debe hablar con Laurenz. Tiene que darle la noticia, le guste o no. Desafortunadamente, para bien, o para mal, Liane no debe esperar mucho. Pronto, escucha a Laurenz llamándola desde la primera planta. Desde ese momento, Liane empieza a pensar las palabras que va a utilizar para darle la noticia a Laurenz.

    Liane se apresura en bajar a la primera planta al escuchar que Laurenz la llama con insistencia. Cuando la joven está por bajar las escaleras, logra ver a Aleshire a punto de subir. Laurenz al verla decide esperar a que Liane baje para no subir de forma innecesaria. A cada paso, Liane piensa una y otra vez las palabras más indicadas para darle la noticia a Laurenz.

    —¿Dónde estabas? —Desea saber Laurenz. Le parece extraño no haber encontrado a Liane en la sala de estar.
    —En mi habitación, ¿necesitabas algo? —Responde Liane con normalidad. Sin darse cuenta acaricia con suavidad la mejilla izquierda de Laurenz para quitarle un poco de polvo que tiene.
    —Sí, necesito que me acompañes. Acaba de llegar la maquinaria que tu padre encargó, y solicitan la firma de alguien cercano a él. —Laurenz toma la acción de Liane por normal.
    —Entiendo. —Liane entiende la razón por la que Laurenz la buscaba con tanta insistencia— Necesito decirte algo importante. —Informa. Siente un ligero temor con solo pensar lo que debe decirle a Laurenz.
    —Está bien, hablaremos cuando terminemos. ¿Te parece?
    —Sí, no hay problema.
    —Muy bien, vamos.

    Ambos salen de la casa para reunirse con la persona encargada de entregar la maquinaria al señor Reynald, al reunirse con él, Liane recibe los documentos y tras leerlos rápidamente los firma sin más, terminando de este modo el trámite en poco menos de un minuto. Laurenz encarga a Adler y a Félix el trabajo de reubicar la maquinaria nueva en los graneros correspondientes, mientras él y Liane regresan a casa para conversar.

    Una vez en casa, Liane y Laurenz se sientan en el sofá. Ahora que ha llegado el momento, la mente de Liane queda completamente en blanco, mientras un miedo abrumador invade su cuerpo al punto de hacerla temblar.

    —¿Estás bien? —Laurenz toma a Liane de las manos—. Estás temblando. —Dice, sintiendo el temblor de Liane.
    —Tengo algo importante que decirte. —Liane mira a Laurenz directo a los ojos.
    —Dime, te escucho.
    —Laurenz… —Los nervios la invaden—. E-Estoy... —Liane cierra los ojos y suspira levemente para tomar la valentía que necesita para decir lo que tiene que decir—. Estoy embarazada.

    La noticia sorprende a Laurenz a tal punto, que por un momento su expresión seria cambia a una sonrisa, y en segundos vuelve a la expresión anterior. El miedo de Liane se intensifica al ver que Laurenz no dice nada, y empeora cuando Aleshire se levanta, al mismo tiempo que empieza a caminar de un lado para el otro.

    —E-Esto es algo que no me esperaba. —Laurenz toca una figura de cristal de un mueble, mientras intenta asimilar la noticia.
    —Yo tampoco —Dice Liane, sincera—. ¿Qué vamos hacer? —Sus nervios están a flor de piel.
    —Vamos a afrotar las consecuencias de nuestros actos. —Laurenz se acerca a Liane con lentitud y acaricia con suavidad su rostro.
    —Perdóname, todo esto ha sido mi culpa. —Liane se siente culpable.
    —No, no digas eso —Laurenz mueve algunos mechones de Liane hacia atrás de su oreja—. Un hijo es una bendición. Liane, tú me has hecho el hombre más feliz.
    —¿D-De verdad? —Liane no puede creer lo que escucha. Una leves lágrimas emergen de sus ojos.
    —Por supuesto. Ahora, no tengas miedo. Disfrutemos de este momento sin que nos importe nada más.

    Ambos acercan sus rostros lentamente hasta unir sus labios en un suave y cálido beso. Después de unos segundos, Laurenz abraza a Liane y esta se acurruca en su pecho. Ese momento es especial y debe serlo por varios minutos para que perdure en sus mentes durante el resto de sus vidas.

    Liane ahora se siente mucho más tranquila. Todo el miedo que antes sentía se ha desvanecido por completo al escuchar las palabras de Laurenz. Tras recibir la noticia, Liane esperaba que Laurenz explotara en un momento de ira al enterarse que estaba embarazada, pero en lugar de eso, se mostró sumiso, tranquilo y sereno. A tal punto que aceptó hacerse responsable, eso es algo que dice mucho por parte de él, y que sorprende a Liane. Esas pequeñas diferencias hacen que Liane se sienta mucho más atraída hacia Laurenz, que por su aspecto físico.

    Laurenz se siente el hombre más afortunado de todo el mundo. Es cierto que desde su punto de vista, su vida no ha sido la mejor. Ha cometido muchos errores en el pasado, de los cuales el más notable es el desarrollo de un virus que resulta mortal para el cuerpo humano, pero a pesar de ello el destino le ha deparado una de las mejores oportunidades; ser padre. Ahora no le importa en absoluto los errores que haya cometido. La oportunidad de ser padre es lo mejor que pudo pasarle en su intento de redimirse, porque gracias a eso, podrá criar a su hijo o hija y evitar que cometa sus mismos errores.

    Septiembre 24 del Año 2162.


    Tres meses han pasado desde el terrible accidente ocurrido en la autopista L1080. Laurenz ha aprendido a trabajar en la granja del señor Reynald. Gracias a la ayuda y el esfuerzo brindado por Adler y Felix, Laurenz ha hecho de la granja Scheideman, una de las productoras de alimento más grandes e importantes del país.

    El señor Reynald ha caído en coma tal y como el doctor Ewald Küster explicó meses atrás. Las máquinas que están conectadas a su cuerpo, son el único medio que lo mantiene con vida. Debido a que ha tardado en despertar, los doctores tienen pocas esperanzas de que Reynald logre salir del coma, y a raíz de ello han aconsejado a su hija Liane la posibilidad de desconectarlo. No obstante, Liane se ha negado a dar la orden, ya que eso implica la muerte inminente de su padre, y sin importar lo que digan o piensen los doctores, ella aún tiene la fe y las esperanzas de que su padre despierte del coma en que se encuentra prisionero.

    Stiftungskrankenhaus Nördlingen, Stoffelsberg, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    11:25 – 11:25 A.M.


    Laurenz y Liane, después de recibir la gran noticia de que serán padres, finalmente ha llegado la hora de que a Liane le realicen la primera ecografía, para verificar el estado del bebé que tiene en su vientre. Ambos esperan con paciencia a que llegue su turno para ser atendidos por la doctora.

    —Me siento nerviosa, amor, tengo miedo de que algo salga mal. —Dice Liane, nerviosa, viendo a Laurenz a los ojos. Es la primera vez que deben realizarse el ultrasonido, y no se siente para nada tranquila.
    —No te preocupes, todo va a salir bien, yo voy a estar contigo. —Dice Laurenz, dándole un beso en la frente, intentando tranquilizarla.
    —Te agradezco que estés aquí conmigo. Me gustaría que mi padre estuviera aquí con nosotros. —Liane siente un gran dolor de saber que su padre aún no ha despertado del coma.
    —Si tu padre estuviera aquí, probablemente me mataría. —Laurenz sonríe ligeramente en plan de burla.
    —¿Por qué dices eso? —Liane no comprende por qué Laurenz dice esas cosas.
    —Me mataría por meterme con su hija.
    —Bueno, en ese caso nos tendría que matar a ambos —Sonríe—, porque yo también tengo parte de la culpa.

    Ambos se besan al momento que escuchan por el altavoz el nombre de la próxima persona en ser atendida. Al cabo de algunos minutos, Liane es la siguiente en ser nombrada y de inmediato se dirige al consultorio en compañía de Laurenz. Ambos entran al consultorio de la doctora, quien le explica a Liane lo que debe hacer para llevar a cabo la prueba del ultrasonido.

    Liane se acuesta en la camilla, y una vez lo hace la doctora le aplica el gel en toda el área del abdomen. La doctora acerca un poco el ecógrafo y una vez lo enciende, toma con una de sus manos el transductor, en ese momento los nervios de Laurenz y Liane están a flor de piel.

    —¿Están listos para ver a su bebé? —Desea saber la doctora, esperando una respuesta afirmativa de parte de ambos padres.
    —Sí… —Responde Liane, viendo a Laurenz que está a su lado.
    —Queremos verlo. —Laurenz tiene una sonrisa en su rostro, nunca imaginó que podría tener la oportunidad de llegar a ver a un hijo suyo, no después de todo lo que ha vivido.

    Apenas la doctora toca el vientre de Liane con el transductor, un holograma se materializa sobre el ecógrafo, mostrando a través de imágenes en tres dimensiones el bebé que se encuentran en el interior del cuerpo de Liane. Una gran felicidad invade a Laurenz y a Liane al momento que empiezan a observar el bebé, pero sobre todo al escuchar los latidos del corazón. Sin embargo, la sorpresa llega cuando la doctora, observa algo que cambia su expresión sonriente a una mirada seria.

    —¿O-Ocurre algo? —Liane se asusta al ver la expresión de la doctora.
    —No, por supuesto que no, al contrario, es una muy buena noticia. Observa con cuidado las imágenes.

    Liane vuelve a ver el holograma, pero esta vez con mucha más atención. Al hacerlo, pronto logran ver no sólo a un bebé, sino a tres pequeños en perfectas condiciones, cada uno con su propio saco amniótico y placenta. La felicidad de ambos padres se multiplica por tres al ver que la vida les ha concedido la oportunidad de ser padres de trillizos.

    —¿Son niños o niñas? —Laurenz quiere saber el sexo de los pequeños.
    —Un momento —La doctora observa las imágenes con detenimiento—. Uno de los bebes es una niña. —Responde, mientras revisa los demás bebes.
    —¡Una niña…! —Exclama Liane extremadamente feliz de saber que tendrá a una pequeña..
    —Los otros dos bebes son niños. Todos ellos se encuentran en perfecto estado, felicidades a los dos. No cabe duda que tendrán unos bebés muy saludables, pero ahora más que nunca debes cuidarte, Liane.
    —Lo haré doctora.—Asiente Liane, completamente de acuerdo con la doctora.
    —Yo me encargaré de cuidarla doctora, no se preocupe. —Afirma, Laurenz.

    Al finalizar la ecografía, ambos padres se marchan del consultorio con una gran sonrisa en sus rostros, ninguno de los dos imaginaba que tendrían trillizos. A pesar de que las cosas no están del todo bien con el tema de salud de Reynald, el destino les ha sonreído a ambos, otorgándoles una oportunidad llena de felicidad.

    11:55 – 11:55 A.M.


    Laurenz y Liane se encuentran en la habitación de Reynald, donde el tiempo parece haberse detenido, ya que todo está exactamente igual desde hace dos meses. Reynald aún tiene las mismas máquinas y mangueras conectadas a su cuerpo. Los antibióticos que le suministraban para ayudar a su cuerpo a sanar han finalizado desde hace tiempo, y a pesar de que su cuerpo ha eliminado del sistema todo rastro del tratamiento, por razones que desconoce los doctores, su cuerpo no ha querido despertar del coma.

    —Papá, por favor, despierta —Suplica Liane con un tono de voz sereno—. Necesito que estés a mi lado, necesito compartir esta felicidad contigo. Desde el accidente, Laurenz se ha convertido en una persona fundamental en mi vida. —Laurenz abraza a Liane y ella recuesta su cabeza sobre su hombro—. Yo a él lo amo, y es gracias a ese amor, que ahora espero tres pequeños. Sí, papá, ahora eres abuelo...

    En ese momento, el cuerpo de Reynald empieza a convulsionar de forma violenta, mientras el monitor cardíaco muestra irregularidades en los signos vitales del paciente. Ante lo que sucede, Liane se asusta y empieza a llorar desconsoladamente, temiendo lo peor. Laurenz presiona un pequeño holograma a un lado de la camilla de Reynald para llamar a los doctores, que no tardan en llegar.

    —¡Está sufriendo un ataque! —Dice uno de los doctores al entrar a la habitación—. ¡Preparen el desfibrilador! —Ordena.
    —¡Papá, reacciona, te lo suplico! —Grita Liane completamente angustiada al ver lo que ocurre.
    —Deben abandonar la habitación. —Informa una doctora, amable. Apartando a Liane de la camilla.

    Laurenz toma a Liane de las manos y se marcha con ella a duras penas, pero antes de salir de la habitación, ambos logran escuchar cómo el monitor cardíaco hace un pitido extenuante, el mismo que indica a los doctores que el paciente ha fallecido. Liane empieza a gritar desesperada, mientras Laurenz hace todo lo posible por tranquilizarla. Desde fuera de la habitación, Laurenz puede escuchar sin problemas cada vez el shock que realiza el desfibrilador, y no evita estremecerse al escuchar ese estrepitoso sonido una y otra vez. Al término de cinco minutos, el doctor sale de la habitación para dar la noticia a los familiares del señor Reynald. Liane lo vuelve a ver con ojos llorosos.

    —Lo sentimos, hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance. —El doctor no le gusta tener que dar la mala noticia.
    —¡No, esto no puede ser, mi papá no pudo haber muerto! —Liane siente su alma destruirse en pedazos.

    Liane se destroza entre los brazos de Laurenz, quien no puede hacer otra cosa, más que intentar tranquilizar a su mujer por el bien de los bebés. La noticia de la muerte de Reynald ha caído de improviso en uno de los días, que se supone era el más feliz para la pareja. Ahora deben afrontar la realidad y hacerse a la idea de que Reynald se ha ido, pero que la vida continúa sin importar nada.

    Una leve lágrima recorre el rostro de Laurenz, perder a Reynald es un gran golpe para él, y es que gracias a ese hombre es que él sigue vivo. Sus consejos y su sabiduría son lo que le han hecho entrar en razón en todos esos momentos cuando pensaba en la opción del suicidio, al creer que no merecía vivir a causa de sus faltas. A decir verdad, tiene tan poco pero al mismo tiempo tanto por lo que agradecerle a ese hombre, que le tendió la mano cuando más lo necesitaba, sin siquiera pedirle algo a cambio. No hay duda que ese hombre se ha convertido en un padre para él, y perderlo ahora cuando más lo necesita Liane le duele profundamente en el corazón.

    Septiembre 26 del Año 2162.
    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    19:00 – 7:00 P.M.


    Al ponerse el sol, todas las personas que tuvieron el placer de conocer al señor Reynald Scheideman, se han reunido en la parte de atrás de su casa para darle el último adiós. Entre las personas se encuentran principalmente sus trabajadores, además de Adler, Félix y Laurenz, también su hija Liane. Todos los presentes, se acercan en fila para dejar una flor sobre el cuerpo de Reynald. El último de ellos es Laurenz, quien además tiene los honores de encender el fuego para la cremación.

    Laurenz le enciende fuego a una rosa negra que tiene en sus manos y después de algunos segundos observándola decide lanzarla donde está el cuerpo de Reynald. La rosa negra cae en medio de las demás rosas y el fuego se extiende a cada una de ellas, y de ahí se esparce a la ropa que tiene Reynald, dando así inicio a la cremación.

    Laurenz regresa con Liane y la abraza con fuerza, mientras esta llora sin consuelo alguno la pérdida de su padre. Ambos en compañía de los trabajadores, observan el cuerpo de Reynald que es consumido poco a poco por el fuego. Aunque todos han sufrido un fuerte golpe por la muerte de Reynald, Laurenz sabe que la vida continúa. Ahora que el padre de Liane no está, su intención es continuar trabajando en la granja que tanto esfuerzo le ha costado al señor Scheideman, pero sobre todo hacer feliz a Liane amándola y respetándola hasta el último día de sus vidas.
     
    Última edición: 28 Marzo 2020
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola. Ya he terminado de leer el capítulo. Realmente me ha gustado, y mucho.

    Si te doy una opinión totalmente subjetiva, creo que hay algunas escenas que debieron haber mezclado tanto diálogos y narración, y no estar compuestas por solamente narración. Principalmente, la última escena y la escena donde Laurenz, Adler y Félix reúnen a los empleados para contarles sobre el estado de salud de Raynald. No me malentiendas, no digo que estén mal narradas o que sean malas escenas, pero haber puesto diálogos le habría dado un mejor toque a las mismas. Más que nada en la escena de despedida de Raynald. Siento que a esa escena, teniendo en cuenta lo importante que era Reynald para Liane, Laurenz, Felix, Adler y el resto de los empleados, se habría beneficiado de tener diálogos de estos despidiéndose de él. Entiendo que no quisieras darles diálogos a personajes secundarios o extras, pero creo que esas dos escenas los necesitaban.

    Por el contrario, las escenas donde Liane se hace la ecografía y donde los médicos le informan a la pareja sobre la muerte de Reynald, las cuales sí tuvieron diálogos de personajes no principales, estuvieron muy bien escritas y llevadas. Los diálogos en esas escenas acompañaron bien a la narración, que como en todo el capítulo fue bastante buena, además de darle un toque más realista a las mismas.

    Claro que esto es una opinión mía. No es una crítica, solo una observación. Pero quería remarcártelo, para que veas que las escenas donde se mezclan tanto la narración con los diálogos funcionan bastante bien en la historia.

    Con eso de lado, pasaré al capítulo. Tengo que decir que viendo el título del capítulo ya tenía una idea de por donde iba a tirar. Supuse que Liane y Laurenz habrían tenido relaciones sin haber usado protección, después de todo, el capítulo había contado que apenas se habían desvestido, ya se habían metido con todo a este asunto XD.

    Me sorprendió bastante que Laurenz y Liane hayan recapacitado de lo que hicieron el día después. Ciertamente, yo no aprobaría lo que hicieron, sobre todo habiendo ocurrido el mismo día en el que Reynald se accidentó. Entiendo que Liane no se quisiera sentir sola y que Laurenz probablemente sea una reencarnación de Brad Pitt XD, pero pudo haberle pedido que simplemente se recostara a su lado y le hiciera compañía por las noches en lugar de simplemente ceder ante la pasión. Lo que dice Laurenz sí que me hizo pensar. Él no tenía la culpa de que Reynald se accidentara, y ciertamente, en el capítulo anterior yo no pensaría en él como alguien que le faltó el respeto a Reynald y a lo que hizo por él al acostarse con su hija. Pero después de que él llegó a esa conclusión, me ha hecho pensar en retrospectiva y siento que tiene razón en parte.

    La verdadera sorpresa que no pude predecir fue que van a ser padres de trillizos. Eso sí no lo imaginé. Creí que sería solamente un niño, pero la sorpresa de trillizos me la llevé yo también. Debo decir que, en el mismo día (y con media hora de diferencia), recibir la noticia de que serías madre de tres hijos y recibir la noticia de la muerte de tu padre, con quién querrías compartir la felicidad y decirle todas esas cosas debe ser un golpe duro. Me da algo de lástima más por Liane que por Reynald, de quién no me llegué a encariñar.

    Me ha sorprendido bastante que Reynald fuera capaz de sobrevivir tanto tiempo. Una parte de mí pensó que quizá, por haber estado en contacto con Laurenz, podría tener el virus Zero en su cuerpo y llegar a salvarse. No fue así, pero mis opciones eran que él o se salvaría o que moriría pronto.

    Han pasado tres meses, y no han habido noticias de nuestro amigo el Hombre Ilusorio. No sé si eso es bueno, porque no haya podido localizar la granja al no ser Laurenz el dueño; o malo, porque podría estar buscando una forma para llegar hasta él y/o eliminarlo. Supongo que ya se verá, pero espero que nada malo le pase a Laurenz.

    Te marcaré algunas cosas.

    Allí debería ir "tomándolo".

    Creo que "tan mucho" no es algo correcto de decir. Lo tendría que investigar, pero no me ha sonado bien al leerlo. Yo pondría algo como "tan poco pero al mismo tiempo tanto por lo que agradecerle a ese hombre".

    Poner las horas antes de empezar la escena hace que ya no haga falta repetirlo en la narración. Podrías reemplazarlo por algo como "al ponerse el sol" ya que asumo que es ahí cuando comenzó la cremación de Reynald.

    En fin, de momento eso es todo. Como siempre, el capítulo me ha gustado mucho. Saludos.
     
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  15. Threadmarks: Capítulo 08: Gen N-A7B.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

    Acuario
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    ZERO ZONE: Genesis [S.O.E]
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    Ciencia Ficción
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    20
     
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    Bien, hoy es sábado y como siempre hay un nuevo capítulo. Agradezco encarecidamente a Reydelaperdicion por sus comentarios y por hacerme notar los pequeños errores que he pasado por alto. También agradezco a todos los que siguen esta historia en la sombras. Sin más los dejo con la lectura. Feliz fin de semana.

    Capítulo 08: Gen N-A7B.


    Octubre 26 del Año 2162.
    Scheideman Farm, Nördlingen, Baviera, Alemania.
    06:30 – 6:30 A.M.


    Un mes ha pasado desde la muerte del señor Reynald, Liane ha superado la pérdida de su padre gracias a la ayuda y apoyo que le ha brindado Laurenz, aunque ha sido muy difícil para ella, ya que su salud física y mental está estrechamente ligada a la salud de sus bebés, finalmente ha dejado a su padre en el pasado y se ha centrado en el presente. Laurenz, en cambio, se ha mantenido al frente de la granja Scheideman con la ayuda de Adler y Félix, quienes se han convertido en su mano derecha.

    Laurenz se encuentra en el sótano de la casa, reanudando su investigación del virus Zero. Debido a todo lo sucedido en los últimos meses, no ha tenido el tiempo suficiente para continuar con su investigación. Ciertamente, Laurenz se ha alejado bastante de la ciencia, pero eso no significa que haya dejado a un lado las preguntas que aun rondan por su cabeza sobre su teoría del ser primigenio, y sabe que la única forma de obtener respuestas es continuar su investigación sobre el virus.

    —Maya, quiero que realices un nuevo análisis a partir de la nueva muestra de ADN. Necesito saber si el virus Zero ha cambiado en estos últimos meses. —Laurenz punza uno de sus dedos con el lector de ADN y después lo conecta.
    —Nueva muestra de ADN analizada —Dice Maya—. No hay cambios a destacar, doctor, Laurenz. —Informa de inmediato la IA.
    —¿No hay ningún cambio en comparación a la muestra anterior? —A Laurenz le parece extraño que su sangre no haya cambiado en nada desde la última vez que realizó la prueba de ADN.
    —Negativo, ambas muestra poseen un parentesco del cien por ciento. No hay ningún cambio que deba informar.
    —Es extraño —Laurenz no comprende lo que sucede—. ¿Es posible que como ser primigenio, el virus dentro de mi sangre haya alcanzado el nivel máximo de mutación?
    —Es una posibilidad, doctor. El paciente cero que estaba previsto a convertirse en el ser primigenio, sólo mostró cambios superficiales en su ADN —Menciona Maya, mostrándole a Laurenz su ADN y el del paciente cero al mismo tiempo que los compara—, pero en comparación a su ADN, este posee un nivel de mutación muy superior, el cual, un organismo por sí solo le tomaría, aproximadamente, cien años o más de evolución. A este nivel, me parece que el virus Zero ha llegado a su nivel máximo de mutación, no obstante, es posible que continúe mutando a través de las próximas generaciones.
    —Supongo que eso estará por verse en los próximos años, Maya. Mis hijos nos entregarán la respuesta a esa teoría. —Dice Laurenz, pensando en sus pequeños que aún se encuentran en formación.
    —Doctor, hay algo que debo informarle. —Comenta Maya, mostrándole a Laurenz una imagen del ADN del virus Zero y otra con su ADN.
    —¿Qué cosa?
    —Me tomé la libertad de comparar las muestras de ADN del virus con la información del archivo «Efectos Primigenios», y he descubierto un extraño gen denominado N-A7B que se encuentra presente en ambas muestras, y del cual, no cuento con información relacionada. No obstante, lo comparé con otros virus conocidos y he llegado a la conclusión de que se trata de un gen mortífero si se transfiere al ADN de un humano ordinario.
    —¿Cuál virus utilizaste para realizar la comparación, Maya? —Desea saber Laurenz, muy intrigado e interesado en los descubrimientos de su IA.
    —Utilicé los datos del virus VIH, el cual se encuentran dentro del archivo codificado «Pandemias».
    —Entiendo, continúa. ¿Qué has descubierto? —Laurenz le parece bien que Maya haya burlado la seguridad de sus archivos con tal de llevar a cabo la investigación.
    —El gen descubierto en el virus Zero aunque se mantiene acoplado al ADN, este actúa por su propia cuenta como una bacteria una vez ingresa al torrente sanguíneo de un individuo. Este gen ataca el sistema inmunitario de la persona y disminuye el número de plaquetas de la sangre. Así mismo, invade los glóbulos rojos y los vuelve contra el organismo, destruyendo así los órganos y desintegrando a nivel celular la piel del individuo.

    La explicación de Maya deja a Laurenz en shock durante algunos segundos, descubrir a estas alturas un gen como ese dentro del virus Zero, y que cause tanto daño en el cuerpo humano le asusta demasiado. El miedo que siente se convierte en terror al creer en la posibilidad de que Liane ya se encuentre expuesta al Gen N-A7B, peor aún es la idea de que sus hijos corran el peligro de morir.

    —Maya, ¿es posible que el Gen N-A7B afecte de manera directa a un bebé en formación? —Quiere saber Laurenz, mientras un sudor frío recorre por su cuerpo.
    —Negativo, los niños al adquirir el virus Zero son completamente inmunes a los efectos del Gen N-A7B —Responde Maya, Laurenz se tranquiliza por un momento—. Sin embargo, su madre sí se verá afectada, ya que esta no posee el virus en su organismo.
    —Es imposible —Dice Laurenz, escéptico—, Liane debió quedar infectada por el virus cuando tuvimos intimidad la primera vez, por lo tanto, debe ser inmune de igual forma al gen. —Laurenz empieza a perder la tranquilidad ante el miedo de que la vida de Liane corra peligro.
    —El único método de transmisión del virus Zero es a través de una mordida de un individuo infectado —Explica Maya—. Aunque hayas tenido intimidad con Liane, los espermatozoides la única función que cumplen es transmitir el código genético del virus al nuevo ser. No transmiten el virus a la madre. Incluso aunque tenga contacto directo con el esperma, este no posee un nivel de infección lo suficientemente alto para transmitir el virus.
    —Esto no puede ser, Maya —Laurenz se levanta y golpea la mesa con ambas manos—. ¿Quieres decir que no me queda otra opción más que morder a Liane para transmitirle el virus? —No puede creer que deba actuar como una bestia salvaje.
    —A estas alturas, transmitirle el virus a Liane es irrelevante. Su organismo ya se encuentra completamente infectado por el Gen N-A7B, el cual, ha sido transmitido a su cuerpo por medio de los bebés.
    —¿L-Los bebés? —Los ojos de Laurenz se abren súbitamente al escuchar a Maya.
    —La sangre sin oxígeno que es transferida por el cordón umbilical del feto a su madre, ya se encuentra infectada por el gen, por lo tanto, es… —Explica Maya al ser interrumpida.
    —Maya, ¿Cuáles son los primeros síntomas y el tiempo para que se efectúen los mismos? —Indaga Laurenz, completamente preocupado por la salud de su mujer.
    —Es imposible determinar el tiempo de los síntomas, ya que el Gen N-A7B puede activarse en cualquier momento, o bien, mantenerse inactivo durante el tiempo de gestación. Es recomendable mantener una exhaustiva observación en la madre, ante cualquier dolor o molestia que pueda tener, ya que es posible que la raíz del problema se deba a dicho gen.
    —Entiendo, estaré muy pendiente de Liane ante cualquier cambio en su salud.

    Una leve tranquilidad invade a Laurenz, por un momento, el miedo se apoderó de su cuerpo por un instante al pensar que Liane corría serio peligro al estar expuesta al Gen N-A7B, no obstante, las palabras de Maya le han dado una pequeña tranquilidad. La posibilidad de que el gen se active y empiece a causar estragos es muy grande, pero Laurenz sabe que si Liane tiene especial cuidado, probablemente el gen nunca se active y pase a ser una amenaza inofensiva, sin embargo, para que eso ocurra debe mantenerse pendiente de su mujer y evitar que realice actividades que puedan causarle algún daño a su cuerpo.

    07:30 – 7:30 A.M.

    Laurenz se marcha del sótano y al llegar a la sala de la casa percibe un olor muy agradable, el científico camina hasta la cocina y se encuentra con su mujer realizando el desayuno con mucha dedicación. Laurenz se acerca con cuidado a Liane y la toma por sorpresa al abrazarla por la espalda, Liane se asusta por un segundo, pero al mismo tiempo logra tranquilizarse al ver que se trata de Laurenz.

    —Amor, me asustase. —Dice Liane tras besar a Laurenz por un segundo.
    —Lo siento, cariño, es que no pude resistirme —Alega Laurenz, inocente—. Estás… Estás… no sé... como decirlo… deberían inventar nuevos adjetivos —Termina diciendo al no encontrar las palabras indicadas para describir a su esposa.
    —¿Quieres decir que estoy gorda y fea? —Indaga Liane en son de broma, haciéndose la molesta solo para molestar a Laurenz.
    —¿Qué? No, claro que no —Responde inmediatamente—, eres la mujer más hermosa del mundo. ¿Lo sabías? —Se defiende, dándole un nuevo beso a su mujer.
    —Bueno, te perdonaré solo por esta vez. —Sonríe Liane, al recibir un nuevo beso por parte de Laurenz.

    Liane se dispone a llevar todos los alimentos del desayuno a la mesa, pero Laurenz decide ayudarla para que ella no se moleste en hacerlo. Al cabo de algunos minutos, ambos se sientan a la mesa a desayunar, el silencio entre ambos no dura mucho tiempo.

    —Sabes, amor, ya he elegido el nombre para nuestra pequeña —Menciona Liane, viendo en Laurenz un especial interés en saber el nombre que llevara la única niña—. ¿Has pensado en algún nombre para nuestros pequeños?-
    —Sí, he pensado en algunos nombres para los niños —Responde Laurenz al comer un pedazo de pan—. ¿Cuál nombre has escogido para nuestra pequeña? —A Laurenz le parece bien que Liane piense en el nombre de la niña.
    —Ha sido muy difícil escoger un nombre apropiado para nuestra pequeña, pero al final he decidido que su nombre será; Luzia. ¿Te parece bien? —Liane desea saber la opinión de su pareja.
    —¿Luzia? Es un nombre muy bonito, es el más indicado para nuestra hija. —Laurenz le gusta mucho ese nombre.
    —¿Verdad que sí? —Liane se siente emocionada de saber que a Laurenz le ha gustado el nombre que ha escogido para la niña—. ¿Qué nombre has elegido para los niños, amor?
    —He pensado que el primogénito de los niños se llame; Hiltz, y su hermano; Wenzel.
    —¿Hiltz y Wenzel? —Liane menciona ambos nombres para escuchar como suenan con su voz—. Me gustan. Luzia, Hiltz y Wenzel —Liane cada vez le gusta más los tres nombres que han escogido para sus pequeños—. Esos serán sus nombres a partir de hoy. —Dice, acariciando su vientre con su mano derecha.

    Liane vuelve a ver a su pareja y ambos sonríen, felices. Ahora que han escogido los nombres para los pequeños, ninguno de los dos puede esperar a que nazcan, ambos desean tenerlos en sus brazos para besarlos y entregarles todo el amor que puede entregar un padre, o una madre, a sus hijos. Después de algunos minutos, el desayuno termina y Laurenz como siempre se despide de su mujer con un beso, antes de marcharse a trabajar.

    Laurenz se marcha de la casa y Liane no puede evitar sonreír al darse cuenta que su pareja ha cambiado mucho desde la primera vez que llegó a la granja Scheideman. Ese hombre que se lamentaba por el pasado, ahora ya no existe, en su lugar, hay un hombre completamente nuevo que ha sabido adaptarse a un nuevo estilo de vida y que ha dejado de vivir en el pasado para centrarse en el presente. Ahora que lo piensa, ambos se parecen, y es que no puede negarlo, ella de igual forma tuvo que dejar de vivir en el pasado para poder superar la muerte de Reynald, y de no ser por Laurenz, probablemente esta sería la hora en que todavía lloraría a su padre.

    A decir verdad, ambos han sabido ayudarse, y cada uno ha debido de superar las diferentes pruebas de la vida para poder ser lo que son hoy; una pareja. Liane está dispuesta a hacer muy feliz a Laurenz junto a sus hijos, ya que es la única forma de devolverle todo el apoyo, amor y felicidad que le ha dado.

    11:45 – 11:45 A.M.

    Laurenz, Adler y Félix se encuentran revisando el estado de las hortalizas que han sembrado en uno de los huertos cercanos a la casa del señor Reynald. A pesar de que el trabajo no es muy difícil, el sofocante calor del día y el fuerte sol los ha agotado, a tal punto que obliga a los tres varones a tomarse un leve descanso en la sombra de la única casa en toda esa granja.

    —¡Que calor! —Dice Adler quitándose el sombrero para ventilarse un poco con él.
    —Ni que lo digas, hermano. —Comenta Félix, desabrochándose la camisa de manga larga para refrescarse un poco.
    —Ya falta poco para el medio día. —Laurenz puede ver que falta poco para el medio día al ver las sombras de los graneros.
    —Laurenz. Las hortalizas parecen estar listas para la cosecha. ¿No te parece? —Indaga Adler viendo a los ojos al mencionado.
    —Sí —Asiente Laurenz, de acuerdo con Adler.
    —¡Por dios, que calor está haciendo! —Exclama Félix, intentando refrescarse con su sombrero—. Me gustaría tomarme un poco de agua fría.
    —Iré por unas bebidas, espérenme aquí. —Dice Laurenz al darse media vuelta para entrar a la casa.
    —No te preocupes, no iremos a ningún lado. —Responde Félix, sentándose en el suelo.

    Liane observa las noticias desde la cocina mientras prepara el desayuno, pronto, nota a su esposo entrar a la casa, quien se acerca a ella para darle un beso en los labios. El beso dura varios minutos hasta que la joven se aparta un poco, ya que teme que por estar descuidada se le queme algo.

    —Hola, amor. No pensé que vendrías tan temprano, dentro de poco estará listo el almuerzo. —Le dice Liane, moviendo con el cucharon algunos alimentos.
    —No te preocupes, solo vine por unas bebidas para Adler y Félix. —Dice Laurenz, abriendo el refrigerador para sacar algunas bebidas.
    —¿Por qué mejor no los invitas a almorzar con nosotros? —Sugiere la joven.
    —¿Sabes? Es una buena idea, les diré que entren. —Laurenz vuelve a guardar las bebidas en el refrigerador.

    Laurenz besa a Liane otra vez y esta corresponde el beso de su pareja, pero, de pronto, siente un gran dolor que se esparce desde el costado derecho de su vientre hasta abarcar todo el lado izquierdo. El dolor es tan grande que deja a Liane completamente en blanco. Laurenz aleja su rostro de Liane y se percata que su mujer expresa temor en sus ojos.

    —¿Qué sucede? —Indaga Laurenz, sin saber lo que pasa.
    —L-Laurenz…

    Sin previo aviso, Liane se desmaya dándole solo algunos segundos a Laurenz de reaccionar, afortunadamente, gracias a sus reflejos, Laurenz logra reaccionar a tiempo lo que le permite sujetar a Liane de la cintura y así evita que esta caiga al suelo. El miedo se apodera de Laurenz ante la idea de que Liane y los bebés corran peligro.

    —¡Ayuda! ¡Necesito una ambulancia! —Grita Laurenz con todas sus fuerzas.

    Adler y Félix, quienes se encuentran descansando, escuchan los fuertes gritos de Laurenz. Ambos hermanos entran sin dudar a la casa y conducidos por los gritos llegan hasta la cocina. Donde se llevan la desagradable sorpresa de ver a Liane desmayada en los brazos de Laurenz. Adler al ver la escena actúa de inmediato, ofreciéndole su auto a Laurenz para llevar a Liane hasta el hospital. El ex-científico ni tardo ni perezoso, acepta su ayuda sin dudar, Laurenz carga a Liane en sus brazos y junto a Adler se marchan de la casa en dirección a su auto.

    Ante todo lo sucedido, Félix queda en un trance, y no es hasta que escucha el auto de su hermano estacionarse frente a la casa de Laurenz y Liane, que logra salir del pequeño limbo en que se encuentra. Félix corre hasta la salida de la casa, pero cuando lo hace ya es demasiado tarde, Laurenz ya se ha subido al auto y cerrado la puerta, pronto, nota como el auto de su hermano Adler patina en el polvoroso suelo antes de marcharse a toda prisa con dirección al hospital.

    Al ver que su hermano se ha marchado sin oportunidad de poder acompañarlos, Félix decide marcharse de ahí, pero antes opta por echarle un leve vistazo a la casa que era del señor Reynald y que ahora pertenece a Liane por herencia. Félix observa con mucha atención los muebles y cuadros que tiene la casa de Liane, a simple vista le parece una casa muy hermosa.

    Félix camina por la sala, continúa por el comedor y de ahí se dirige a la cocina, siempre observando todo con mucho detenimiento, por un segundo piensa lo afortunado que sería si tuviera una casa tan grande como la de Liane. No le molestaría pasar el resto de sus días en una casita tan acogedora como esa. Felix continúa observando todo su alrededor hasta llegar a la entrada del sótano, donde se topa con la puerta abierta, desde su posición puede ver que algo brilla en el interior del sótano. Atraído por la extraña luz, Félix decide bajar las escaleras para descubrir lo que la produce.

    Félix baja las escaleras y se da cuenta que el aparato que genera esa extraña luz no es más que una computadora, la cual, muestra diferentes gráficos científicos en la pantalla. Ayudándose con la luz de la computadora, Félix busca el interruptor para encender las luces y una vez lo encuentra lo presiona, encendiendo así las luces del sótano. De inmediato Félix se percata de la presencia de decenas de papeles por toda la mesa donde se encuentra la computadora, al acercarse y observarlos con cuidado, Félix empieza a leer todo lo que hay escrito en ellos.

    La información escrita en los papeles llama mucho la atención de Félix al leer en algunos de ellos palabras como «Teoría», «Ser Primigenio», «Creación», «Virus Zero», «Dortmund», «Destrucción», diversas veces subrayadas en diferentes hojas. Toda esa información ayuda a Félix a atar algunos cabos sueltos sobre quién es Laurenz en realidad.

    —Así que Laurenz Aleshire. Nunca imaginé que fueras un científico, y menos que estuvieras involucrado en la destrucción de Dortmund —Dice Félix al aire, impresionado—. Ahora todo empieza a tener sentido.

    A Félix le sorprende saber que la persona que una vez salvaron él y su hermano, resulta ser un científico de gran conocimiento en genética, y es evidente su nivel de conocimiento, ya que las descripciones escritas en las diferentes hojas detallan a la perfección todas y cada una de las modificaciones realizadas por Laurenz tanto al virus Zero, como a los sujetos de prueba.

    —Es impresionante el trabajo que has realizado, supongo que tu investigación puede serme útil en algún momento. —Félix esboza una sonrisa maquiavélica al ver las diferentes notas escritas en los documentos de Laurenz.

    Félix decide llevarse consigo toda la información que se encuentra escrita en los documentos de Laurenz, y para que este no sospeche nada, opta por utilizar su celular con el cual, escanea todo los documentos, almacenando de este modo la información física de los papeles en un solo archivo de texto virtual. Una vez termina, Félix cree que en la computadora de Laurenz puede albergar mucha más información sobre sus investigaciones, pero es probable que los archivos se encuentren encriptados, lo que le puede impedir que acceda a ellos. Así que, teniendo en cuenta que solo va a perder el tiempo al intentar descifrar las contraseñas, decide marcharse de ese lugar con la esperanza de que la información escaneada sea más que suficiente para llevar a cabo sus planes.

    Stiftungskrankenhaus Nördlingen, Stoffelsberg, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    13:00 – 1:00 P.M.


    Adler y Laurenz esperan pacientemente alguna noticia sobre el estado de Liane. Apenas llegaron al hospital, la joven fue ingresada a emergencias, y desde eso ha pasado poco más de una hora. La espera preocupa cada vez más y más a Laurenz, el simple hecho de no saber nada sobre el estado de su mujer y de los bebés, le preocupa sobremanera. No comprende por qué los doctores han durado tanto en dar alguna noticia.

    —Mantén la calma, Laurenz. —Dice Adler al ver al mencionado levantarse para ponerse a caminar de un lado para el otro, preocupado.
    —No puedo, Adler. Esta espera me está matando. Llevamos poco más de una hora esperando, deberían habernos dicho algo. —Laurenz se lleva las manos a la cabeza, sintiéndose preocupado y estresado al no saber nada de su mujer.
    —Tú sabes cómo son estas cosas —Comenta Adler, suponiendo que Laurenz ha estado alguna vez en un hospital.
    —Todo esto es mi culpa —Laurenz se sienta en su lugar y fija la mirada en el suelo—. Yo… yo debí morir en Dortmund. De haberlo hecho, nunca hubiera conocido a Liane —Dice, balbuceando tales plabras en voz baja—. ¡Maldición! —Grita, desesperado. Laurenz mira sus manos—. ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué tuve que sobrevivir!? —Se pregunta, y sin darse cuenta lo que acaba de decir.
    —Escucha, Laurenz. No sé qué está pasando por tu cabeza en estos momentos, pero no ganarás nada culpándote —Dice Adler, pasando por alto las palabras de Laurenz. Supone que se refiere al accidente con Raynald—. Debes ser fuerte por Liane y por tus hijos. Estoy seguro que ninguno de ellos les gustaría verte en esa condición. —A Adler no le gusta ver a Luarenz en ese estado.
    —Lo sé, Adler, créeme que lo sé. Es sólo que…

    Laurenz guarda silencio al percatarse de un doctor que se acerca dónde está él y muchas otras personas, esperando noticias de sus seres queridos.

    —Familiares de la paciente Liane Waltz. —Dice el doctor al ver a todas las personas que esperan en ese lugar en particular.
    —Doctor, mi nombre es Laurenz Aleshire, ¿cómo está mi mujer? —Indaga el mencionado, levantándose de su lugar inmediatamente al escuchar el nombre de Liane.
    —La paciente se encuentra en condición estable, pero me temo que tengo malas noticias. —Responde el doctor con un tono de voz serio.
    —¿Qué sucede? —Desea saber Laurenz, preocupado ante las palabras del doctor.
    —Hemos realizado algunos exámenes y los resultados no son nada alentadores. La paciente presenta una extraña enfermedad que está atacando todo su cuerpo. Su sistema inmunológico está por los suelos y los niveles de plaquetas se encuentran en niveles críticos. También algunos de sus órganos ya están presentando problemas.
    —¿Y cómo se encuentran los bebés? —Indaga Adler, al ver que Laurenz no parece estar en condiciones de preguntar al escuchar al doctor.
    —Afortunadamente los trillizos se encuentran en perfecto estado de salud, y hasta el momento no se han visto afectados por la enfermedad que presenta la madre.
    —E-Esto no puede estar pasando. —Laurenz recuerda su conversación con Maya, es evidente que el Gen N-A7B ha comenzado a hacer estragos en el cuerpo de Liane.
    —Le hemos suministrado antibióticos para ayudar al sistema inmunológico enfrentar la enfermedad, de modo que la paciente permanecerá internada hasta que la enfermedad sea erradicada, o bien… —El doctor decide guardar silencio, pero no le ayuda en nada.
    —¿Qué pasa, doctor? Por favor, hable. —Laurenz quiere que el doctor sea lo más sincero posible con él.
    —Voy ser sincero con usted, señor, Laurenz. La enfermedad que presenta su mujer se encuentra en un nivel muy avanzado, y sinceramente no sabemos cómo tratarla. Aunque le estamos suministrando antibióticos para ayudar a su cuerpo a combatir la enfermedad, me temo que nuestros esfuerzos serán en vano.
    —¿¡Quiere decir que mi mujer va a morir!? —Laurenz empieza alterarse.
    —Cálmese, por favor. Nosotros haremos todo lo que se encuentre a nuestro alcance para salvarle la vida a su mujer, pero quiero que tenga en cuenta una cosa —Dice el doctor, tomando un segundo para continuar—. Es posible que llegue el momento, donde usted deberá escoger entre la vida de Liane y la vida de sus hijos.

    Laurenz no puede creer lo que está escuchando, quiere creer que todo lo que está viviendo en ese momento sea solo parte de una pesadilla, un sueño, del cual quiere despertar y no volver acordarse nunca más en su vida. No obstante, Laurenz sabe que esa es la más cruda realidad de la cual no puede escapar, más que simplemente aceptar las cosas como son.

    Desde un principio, en lo más profundo de su ser, tuvo el presentimiento de que la salud de Liane iba a empeorar, pero jamás imaginó que sería tan pronto. Ahora debe hacerse a la idea de que en algún momento debe tomar la decisión de salvar la vida de su mujer, o bien la de sus hijos, pero la idea de tener el peso de cuatro vidas sobre sus manos le asusta en gran manera.
     
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  16.  
    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola. Paso a comentar el capítulo.

    Todo parece indicar que la suerte infinita de Laurenz se ha terminado, y que ha comenzado no una racha de mala suerte para él, sino una auténtica pesadilla.

    En primer lugar, descubrir que su esposa podría correr peligro. Imagino que, pese a que la probabilidad sea baja, no debe ser agradable que te digan que existe un gen que podría ocasionar la pérdida de alguien querido, mucho menos si ese alguien querido te ha dado casa y una familia cuando lo has perdido todo. Supuse que las cosas saldrían mal desde que su IA le dijo los peligros de la vida de Liane, ya que, cuando las cosas pueden ir mal, es más que seguro que irán mal XD. No recuerdo el nombre de eso. Lo que no esperaba era que fuera en este capítulo, me lo imaginaba para el capítulo próximo, pero no ha sido una sorpresa mala. Aunque habría sido más chocante que la suerte de Laurenz hubiera terminado aquí, y se hubiera comenzado a revertir en el siguiente, teniendo a este capítulo como un "techo".

    No sé si ha sido intencional o no, pero el avance del virus zero en su ADN se detuvo, al punto de que ya no hace efectos en él. De la misma forma que su suerte. Ambas cosas que le traían beneficios han cesado. Eso ha quedado bien si se trata de algo intencional.

    Los nombres que Liane y Laurenz eligieron para los niños no me llaman mucho la atención, excepto el de Luzia. Ese nombre me llama mucho la atención, sobre todo porque contrasta con los nombres de Liezel y de Liz. Quizá sea por eso que me llama la atención. Los nombres que eligió Laurenz me parecen algo "feos" para los niños. Aunque Wenzel suena mejor que Hiltz.

    Lo segundo, y algo que me llama la atención es para qué mierda Félix quiere los datos de la investigación de Laurenz. Creí que se trataba de un simple agricultor y que no entendería nada de ciencia. Sin dudas, es algo que me tiene bastante intrigado. Quizá lo quiera solamente para usarlo como chantaje. Ya se verá que termina pasando con eso. Me sorprendió mucho también que el tipo se paseara así nada más por la casa que pertenecía al hombre que le dio trabajo por tantos años. Es decir, Reynald lo empleó por 3 años si no me equivoco, y es gracias a Laurenz que no perdió su empleo. A mí me da vergüenza pasar en frente de una carnicería cuando voy a comprar carne a otro lado, y ese tipo con la cara más rota del mundo, pasea como perro por su casa. Me pregunto que le tendrás preparado en el futuro.

    Y por último, lo que sentencia a Laurenz a una total pesadilla. Está claro que él ama a Liane y que ella podría ser su máxima prioridad, pero también está claro que perder a los trillizos, sobre todo a la niña, le destrozaría el corazón a ambos. Creo que, en el caso de que Liane sobreviva, solamente la niña será capaz de hacerlo junto a ella. Pero no estoy seguro de si Laurenz quiera tener que atravesar esa situación. El mismo capítulo dice "4 vidas están en sus manos". Creo que las ganas de ser él ya se me fueron XD.

    En fin, lo único que le falta a Laurenz es que ahora se aparezca el hombre ilusorio junto con un Merten con el cerebro lavado para hacerlo enfrentarse a él. XD. Me pregunto en qué clase de cosas estará nuestro amigo de Mass Effect ahora mismo.

    No creo haber encontrado errores, pero estoy recién despierto. Así que, aquí termina mi comentario. Saludos y hasta la próxima.
     
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  17. Threadmarks: Capítulo 09: Última Voluntad.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

    Acuario
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    ZERO ZONE: Genesis [S.O.E]
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    Ciencia Ficción
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    Hola a todos. Llegó el momento de publicar el siguiente capítulo de Genesis. Agradezco, como siempre, a Reydelaperdicion por sus comentarios y apoyo a esta historia. Espero que este capítulo sea de su agrado y el de todo aquel que lee esta historia en la sombras. Saludos y hasta la próxima.

    Capítulo 09: Última Voluntad.

    Habitación, Stiftungskrankenhaus Nördlingen, Stoffelsberg, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.


    Tras darse una idea de lo enferma que se encuentra Liane. Laurenz recibe el permiso del doctor para poder verla durante algunos minutos. Laurenz ingresa a la habitación donde se encuentra su mujer y al verla siente un gran dolor en su interior al ver a su mujer conectada a diversas máquinas.

    Liane tiene diversas mangeras en sus brazos conectadas a diferentes máquinas, algunas le suministran antibióticos, otras le suministran sangre para aumentar el número de plaquetas en su cuerpo. También tiene una máquina a su lado que muestra a través de un holograma su ritmo cardíaco y otra que le suministra oxígeno.

    La piel de Liane muestra un ligero brillo a causa del sudor que transpira su cuerpo, debido a que los anticuerpos están intentado combatir la enfermedad. Liane despierta al sentir las suaves caricias de Laurenz en su rostro.

    —Hola, mi amor. —Dice Liane con una leve sonrisas.
    —Hola —Saluda Laurenz, intentando mantener la compostura—. ¿Cómo te sientes?
    —Me duele un poco el cuerpo, pero estoy bien. —Responde Liane un poco débil—. Lamento todo esto, no era mí intensión preocuparte.
    —No te preocupes, no ha sido tu culpa.
    —¿Que te ha dicho el doctor? —Desea saber Liane.
    —Dice que te van a suministrar antibióticos para combatir una enfermedad que tienes. —Reponde Laurenz, acariciando el cabello de Liane.
    —¿C-Cómo están los bebés? —Liane le preocupa la vida de sus pequeños.
    —Tranquila. Los bebés se encuentran bien, no te preocupes.
    —Me alegra saberlo.

    El doctor ingresa a la habitación para revisar los signos vitales de Liane y el nivel de los antibióticos.

    —Señor, Laurenz. Debo pedirle que abandone la habitación. Su tiempo ha terminado. —Informa el doctor.
    —Entiendo, permítame un segundo para despedirme. —Dice Laurenz al doctor.
    —¿Q-Qué sucede? —Pregunta Liane, asustada.
    —Los doctores ha decidido que lo mejor es que permanezcas internada por el bien de los bebés. Ellos sabrán cómo tratar tu enfermedad si permaneces aquí. Mañana volveré a verte, así que no te preocupes.
    —Está bien, amor. Ten cuidado.

    Laurenz le otorga un beso a Liane antes de salir de la habitación. Después se marcha del lugar y se reúne con Adler en la sala principal del hospital. Ambos salen del hospital de regreso al auto. Laurenz le explica a Adler un poco la situación de Liane, y este no puede hacer otra cosa más que preocuparse por su salud y la de los bebés. Adler espera que Liane se mejore por el bien de todos, no puede imaginarse lo que Laurenz haría si ella llega a morir. El simple hecho de pensar en siquiera la idea le hace sentir un miedo indescriptible.

    Ambos suben al auto y pronto se marchan del hospital con dirección a la granja. Durante el camino, Laurenz comienza a sentirse intranquilo. La consciencia lo carcome al darse cuenta que le ha mentido a su mujer de la peor forma posible. Es cierto que los doctores pueden intentar tratar la enfermedad que tiene, pero la realidad es que no tienen el conocimiento exacto para tratar el problema de raíz, y de hecho, nadie lo tiene, ni siquiera él.

    Laurenz es consciente que la enfermedad que tiene Liane proviene del Gen N-A7B y como tal, es imposible erradicarlo a través de medicamentos y menos utilizando procesos convencionales como quimioterapias. Ni siquiera una transfusión de sangre le puede ayudar. Lo cierto es que Liane va a morir, no importa lo que hagan los doctores. El destino lo ha querido así y Laurenz sabe que lo único que puede hacer es aceptar las cosas como son. Aunque sea difícil de asimilar, debe hacerse a la idea de que el tiempo que le resta con Liane es muy limitado.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    15:00 – 3:00 P.M.


    Al llegar a la granja, Adler estaciona el auto cerca de la casa de Liane. Ambos salen del auto al momento que son recibidos por Félix. El hermano menor de Adler al ver la caras largas de ambos varones da por hecho que las cosas no están muy bien para Liane. No obstante, Félix aún así decide preguntar por su estado y el de los bebés, no quiere que Laurenz piense mal de él.

    —Laurenz, ¿cómo se encuentra Liane? ¿Está todo bien? —Pregunta Félix.
    —No está nada bien —Responde Laurenz con frialdad—. Su cuerpo está siendo atacado por una bacteria que ha contraído. Los doctores le han suministrados antibióticos, pero no tienen esperanzas de que sobreviva.
    —¿Una bacteria? —A Félix le sorprende lo que escucha—. ¿Qué hay de los bebés?
    —Ellos están bien. La bacteria no los ha afectado, al menos, por ahora.
    —Entiendo —Félix guarda silencio por un momento—. Liane es una chica muy fuerte. No te preocupes, seguro que se recupera dentro de poco. Solo hay que ser positivos.
    —Te agradezco lo que intentas hacer, Félix, pero hay que ser realistas... —Laurenz no puede continuar hablando. La idea de perder a Liane le atormenta enormemente.
    —Tranquilizate, Laurenz. Debes ser fuerte, recuerda que no estás solo. Puedes contar conmigo y con mi hermano para lo que necesites. —Alienta Adler, no le gusta ver a Laurenz en ese estado.
    —Gracias a los dos, de verdad. Ahora, disculpenme, quiero estar a solas.

    Laurenz se marcha hacia la casa, dejando a ambos hermanos solos. Adler no quiere dejar a Laurenz solo en ese momento, pero por más arriesgado que sea dejarlo a solas, Adler es consciente de que Laurenz necesita su espacio para poder sobrellevar la situación por la que está pasando. Félix, en cambio, no ve nada de malo en dejar que Laurenz quiera pasar tiempo a solas. Es seguro que si necesitara de su compañía y la de su hermano se lo pediría sin más.

    Laurenz entra a la casa y lo primero que hace es dejarse caer sobre el sofá. Después toma un momento para meditar sobre lo sucedido. Aún no puede asimilar que Liane se encuentre internada por su culpa. De haber tenido conocimiento del Gen N-A7B y de los riesgos de transmisión, no hubiese tenido relaciones con Liane desde un principio. Sin embargo, los descubrimientos y la información que recabó Maya llegaron muy tarde. Cuando Laurenz comprendió los peligros el daño ya estaba hecho y la enfermedad ya se encontraba muy avanzada.

    Laurenz es consciente que no hay nada que logre salvarle la vida a Liane, y aunque exista una alternativa, no puede salvar la vida de su mujer sin poner en riesgo la vida de los bebés que tiene en su vientre. Sea que exista o no una alternativa, no puede salvar la vida de uno sin poner en riesgo la vida del otro. Al final, el resultado va a ser el mismo y solo un milagro puede ayudar a que tanto Liane como los pequeños sobrevivan, pero algo así está muy lejos de la realidad y Laurenz lo sabe. Su mente está hecha un completo caos en estos momentos y no está muy bien para creer en milagros.

    Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    23:00 – 11:00 P.M.


    A altas horas de la noche, Félix aprovecha para analizar con más detenimiento la información que ha logrado obtener a partir de las anotaciones de Laurenz. Félix transfiere a su computadora todos los archivos que ha escaneado con su móvil. Una vez lo hace, Eigner empieza a leer cada archivo en un intento por comprender el tipo de investigación que llevaba a cabo Laurenz.

    Al cabo de algunos minutos, Félix logra darse una idea de la clase de investigación que realizaba Laurenz en la ciudad de Dortmund. A pesar de la gran cantidad de información escaneada, a Félix sólo le llama la atención dos cosas; «Ser Primigenio» y «Virus Zero»; palabras que se mencionan diversidad de veces en múltiples archivos. Félix comienza a leer toda la información relacionada al virus Zero.

    Poco a poco, el hermano menor de Adler logra comprender la clase de investigación que desarrollaba Laurenz en la universidad técnica de Dortmund. Todo indica que Laurenz trabajaba intentando crear a un ser denominado «Ser Primigenio» en base a una teoría que él mismo ha establecido.

    Al observar con cuidado las notas de Laurenz, Félix se da cuenta de las numerosas modificaciones que Laurenz le realizó al virus Zero en su intento por crear al ser primigenio. A juzgar por las diversas alteraciones, es evidente para Félix que Laurenz tuvo muchos problemas para crear a tal criatura. Lo más extraño de todo es que Laurenz no continuó realizando anotaciones después del vigésimo intento. Esto hace pensar a Félix dos opciones; una; Laurenz se rindió y optó por usar otros medios para crear al ser primigenio, o dos; Laurenz tuvo éxito y logró crearlo después de tantos intentos fallidos.

    Un vistazo más de cerca a las anotaciones de Laurenz hace que Félix se percate de algo importante y que ha estado pasando por alto. Según las anotaciones, Laurenz describre que el virus Zero al acomplarse a su ADN tras lo sucedido en la ciudad de Dortmund. Disminuyó el nivel de células humanas en su sangre, pero aparte de eso, no hubo más cambios a destacar; tales cambios nunca ocurrieron en los sujetos de pruebas, candidatos a convertirse en ser primigenio.

    —Así que Laurenz se ha convertido en el mismo ser primigenio que intentaba crear —Dice Félix al aire, sorprendido—, pero, ¿cómo es posible? —Se pregunta.

    No hay duda que los cambios que ha sufrido la sangre de Laurenz son producto del virus Zero, pero para que hayan tales cambios la sangre debe tener algo diferente, no obstante, Félix no tiene el conocimiento ni la información suficiente en este momento para siquiera poder realizar una hipótesis o especulación al respecto. Sin embargo, el hecho de que la sangre de Laurenz haya tenido una disminución de células humanas es algo que debe tener muy en cuenta Félix.

    Félix es consciente que si la información de Laurenz es correcta y el virus Zero muta a través de las generaciones. Los pequeños que espera deberán presentar un nivel igual o incluso mucho menor de células humanas que el de su padre, pero esto no va a ser posible saberlo hasta que Laurenz le realice un examen de sangre a los pequeños y Félix logre hacerse con una copia de los resultados.

    Pero para ello, es necesario que pasen años para lograr obtener nueva información respecto al virus y los cambios sufridos en el ADN humano. Félix es consciente que debe tener un plan de respaldo si en verdad desea invertir años a la espera de algo, que bien puede no llegar a ningún lado. Tiene que tener un as bajo la manga para obtener su objetivo sin depender cien por ciento del virus Zero.

    Félix se recuesta sobre su silla mientras intenta pensar con presición su plan B. Tras varios minutos, Félix logra dar con un plan perfecto que no tiene puntos ciegos según su parecer. El hermano menor de Adler toma su móvil y marca un número en particular, después de esperar algunos minutos la llamada entra.

    —Cuánto tiempo sin escucharte, Helmuth. Sí, soy yo —Dice Félix por el celular—. ¿Qué por qué he llamado? Quiero hacer negocios, sólo eso. He escuchado que buscan a un científico llamado Laurenz Aleshire que está envuelto en la investigación de un virus denominado Zero. Sé dónde está y puedo entregárselo, pero para que eso ocurra necesito hablar contigo personalmente —Félix toma un segundo para escuchar lo que tiene que decir la persona al otro lado de la línea—. Me parece bien, ahí estaré tenlo por hecho.

    Félix cuelga la llamada y se recuesta sobre su silla con notable felicidad en su rostro. Ahora que el encuentro con sus contactos ha sido determinado, sólo debe esperar a encontrarse con ellos y saber manejar la fichas con cuidado para que todo vaya según sus planes.

    Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    Octubre 27 del Año 2162.
    02:00 – 2:00 A.M.


    En el centro de la ciudad de Nördlingen, Félix espera con paciencia reunirse con sus contactos. Afortunadamente, no debe esperar mucho tiempo en medio de la fría noche. Una limusina de color negro se estaciona en un punto en particular del centro de Nördlingen. Desde su posición, Félix nota que la limusina enciende y apaga los faros, indicándole que se acerque.

    Félix observa a su alrededor para verificar que no haya nadie viéndolo. Al ver que no hay nadie en las cercanías, Félix se acerca a la limusina y entra sin más. Ahí se encuentra con un hombre vestido de saco y cobarta con un peinado a lo militar.

    —Empieza a hablar. ¿Qué tienes que decir? —Pregunta el hombre.
    —Antes de decirles dónde está Laurenz. Quiero saber algo. ¿Qué es en realidad el virus Zero? —Desea saber Félix.
    —No estoy autorizado para responder a tu pregunta, Félix. Recuerda que ya no eres parte del ejército. —Responde el hombre, serio.
    —Yo voy a responder a tu pregunta, Félix. —Dice un hombre.

    En los asientos que están frente a Félix se materializa un holograma de un hombre de cuarenta años, tez blanca, cabello corto color negro, ojos verdes. Viste un uniforme militar de color negro. Félix al ver a este hombre no se sorprende en lo más mínimo.

    —Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, Félix. ¿Cuántos años han pasado ya? —Pregunta el hombre al aire.
    —Tres años. —Responde Félix con rabia. Le molesta la actitud de ese hombre.
    —¿Tres años? Vaya, como vuela el tiempo. —Dice el hombre, sorprendido.
    —Dejate de tonterías, Helmuth. Vayamos al grano de una vez. ¿Qué es el virus Zero? ¿Y cómo Laurenz se involucró en todo esto? —Pregunta Félix una vez más, viendo fijamente a Helmuth.
    —El virus Zero es un agente infeccioso que posee la capacidad de regenerar daños a nivel celular en diversos organismos. —Responde Helmuth.
    —¿Regenerar? —Félix se sorprende al escuchar eso por parte de Helmuth.
    —El virus posee un gran nivel de regeneración, pero al unirlo al ADN humano causa conflictos genéticos a nivel celular. Mallory Kerner fue quién descubrió el virus, pero tras su muerte la investigación quedó inconclusa —Explica Helmuth —. Así que tiempo después elegimos a Laurenz Aleshire para que continuara la investigación de Mallory. Su trabajo consistía en encontrar una solución a los problemas ya descubiertos, pero en su lugar malgastó recursos en una ridícula hipótesis que él mismo estableció. —Dice Helmuth con aparente molestia.
    —La teoría del Ser Primigenio. —Comenta Félix, recordando que la hipotesis se mencionaba diversas veces en los documentos de Laurenz.
    —En efecto —Helmuth se da cuenta que Félix tiene mucho conocimiento del trabajo de Laurenz, pese a que la misma nunca se ha vuelto pública.
    —Sin embargo, a pesar de que la teoría del Ser Primigenio resulta ser algo ridícula. Laurenz ha demostrado que es verdad. O de lo contrario, ¿cómo explicas que haya sobrevivido al desastre de Dortmund?
    —No podemos asegurar que la teoría de Laurenz se haya vuelto realidad. Al menos, no hasta que analicemos su sangre.
    —En este momento, la sangre de Laurenz es completamente inútil para sus investigaciones. —Comenta Félix, cortante.
    —¿Qué quieres decir? —A Helmuth le parece extraño lo que dice Félix.
    —Según la información que poseo. El virus Zero se hace más fuerte a través de las generaciones; Laurenz dentro de poco tiempo será padre de tres pequeños. Esto significa que el virus que sus hijos poseen ahora mismo es mucho más fuerte que la cepa que él posee.
    —¿E-Estás seguro de lo que dices? —Helmuth no puede creer lo que escucha.
    —No me cabe ninguna duda —Afirma Félix—. Aunque Laurenz sea un ser primigenio, el virus Zero no está respetando en absoluto lo que ha establecido.
    —Si lo que dices es verdad. Laurenz ya no es indispensable para nuestra investigación. —Helmuth se muestra preocupado. Por un segundo medita en las palabras de Félix.
    —Si en verdad desean avanzar en su investigación. Yo puedo ayudarlos, a cambio de una generosa recompensa, claro está. —Félix emboza una sonrisa.
    —¿Recompensa? ¿Qué clase de recompensa? —Desea saber Helmuth.
    —Recobrar mi posición en el ejército, obviamente. A cambio, obtendrás la sangre de uno de los hijos de Laurenz.
    —¿Eres consciente de lo que estás diciendo? Deberán pasar años hasta que logres tu objetivo. ¿Estás dispuesto a esperar todo ese tiempo?
    —No tengo problema en esperar el tiempo que sea necesario. Sin embargo, si tienes algún inconveniente, Helmuth, este es el momento de hablar.

    A Helmuth le parece muy tentadora la propuesta de Félix, pero la idea de tener que esperar varios años para reanudar la investigación del virus Zero no le gusta para nada. No obstante, es consciente que el tiempo de espera de algunos años, puede ser recompensado en cuestión de meses si logran obtener una muestra de la sangre de los hijos de Laurenz.

    —No tengo ningún inconveniente, Félix. —Responde Helmuth al pensar durante varios minutos en la propuesta de Félix.
    —Muy bien. Me alegra hacer negocios contigo.
    —Procura no fallar, Felix. No quiero que se repita lo de hace tres años.
    —No se repetirá. Te lo prometo. —Dice Félix, entre dientes, molesto. Le molesta recordar su pasado.

    Félix sale del auto una vez termina de hablar con Helmuth, poco después la limusina se marcha del lugar, dejando al hermano menor de Adler a solas en las oscuras y frías calles de Nördlingen. Félix al ver la limusina desaparecer en la lejanía no evita embozar una sonrisa maquiavélica.

    Stiftungskrankenhaus Nördlingen, Stoffelsberg, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    Octubre 26 del Año 2162.
    15:00 – 3:00 P.M.


    A pasado un mes desde que Liane cayó al hospital a raíz de la extraña enfermedad que ataca su cuerpo a causa del Gen N-A7B. Hasta el momento, los doctores desconocen lo que está provocando la enfermedad de Liane. Lo único que saben con exactitud es que desde el primer día la enfermedad ha avanzado más rápido que cualquier otra enfermedad conocida hasta la fecha.

    Pese al nulo conocimiento de los doctores, estos han tomado la decisión de aislar a Liane para evitar que la enfermedad que posee afecte, de cierto modo, la integridad de los demás pacientes del hospital. Esto ha causado que Liane se vea obligada a permanecer en una amplia habitación, rodeada de diversas máquinas y de cuatro paredes de cristal que la aislan del las personas que la visitan.

    Laurenz ha llegado al hospital para visitar a su mujer, tal cual ha hecho desde el primer día que Liane cayó a ese lugar. A diferencia de los doctores, Laurenz posee un cierto nivel de conocimiento sobre el Gen N-A7B que está atacando el cuerpo de su mujer, pero a pesar de ello, no tiene el conocimiento suficiente ni los medios para poder realizar una investigación exhaustiva del Gen y poder encontrar una cura a los diversos problemas que causa en el cuerpo humano.

    Laurenz ingresa a la habitación donde se encuentra actualmente su mujer, pero debido a las paredes de cristal que la mantienen aislada, solo puede hablar con ella y observarla. Laurenz observa a dos enfermeras entrar a la habitación de aislamiento con un traje especial para pandemias.

    Al observar a su esposa, Aleshire siente su espíritu partirse en miles de pedazos, es muy doloroso ver a su mujer en el estado en que se encuentra. Liane presenta algunos daños en su piel, más precisamente en la zona de las mejillas, cuello y parte del pecho, donde su piel se ha desintegrado por completo a nivel celular, mostrando tejido muscular y huesos.

    —Hola, mi amor. ¿Cómo te sientes? —Pregunta Laurenz, aunque sabe que la pregunta sobra. Intenta hablar con un tono de voz neutral para que Liane no se altere.
    —He estado mejor —Liane espera que las enfermeras salgan de la habitación—. Los doctores dicen que los bebés se encuentran bien y que su vida no corre peligro. —Informa Liane de inmediato, teniendo en cuenta que la vida de sus bebés es más importante que cualquier cosa.
    —Lo sé, amor. Ya me han informado sobre ello, no te preocupes. —Dice Laurenz, recuerda lo que el doctor le dijo antes de entrar a la habitación.
    —Laurenz, hay algo que quiero preguntarte.
    —Dime, te escucho. —Laurenz escucha atentamente la voz de su mujer por un intercomunicador, ya que es imposible escuchar con normalidad la voz de Liane debido al grosor de los cristales de aislamiento.
    —T-Tu sabes lo que está atacando mi cuerpo, ¿no es así? —Liane observa que Laurenz no se anima a responder—. Te pido que me respondas con la verdad.
    —Sí. Lo sé, Liane... —Laurenz no sabe cómo responder a la pregunta de su mujer, es muy difícil para él decirle la verdad—. Tú cuerpo está siendo atacado por un gen llamado N-A7B que se encuetra presente en el virus Zero. Aunque forma parte del virus, este gen actúa como una bacteria disminuyendo el nivel de plaquetas e infectando los glóbulos rojos de la sangre volviéndolos contra el organismo.
    —¿H-Hay alguna cura? —Pregunta Liane con dificultad.
    —No hay cura, Liane —Reponde Laurenz, sintiendo su corazón destruirse en pedazos—. L-Lo lamento, todo esto es mi culpa —Laurenz cae al suelo de rodillas mientras sus lágrimas corren por su rostro sin control—. N-No tengo los medios para crear una cura ni tampoco el conocimiento necesario.
    —L-Laurenz...
    —Y-Yo debí morir ese día, Liane —Dice, viendo a su mujer a los ojos—. De no ser por lo que hay dentro de mi cuerpo, nada de esto estaría pasando.
    —No vuelvas a decir esas palabras, Laurenz —El mencionado no evita sorprenderse al escuchar las palabras serias de Liane—. Desde que caí a este hospital, creeme que a pesar de todo lo que he pasado, no me arrepiento de haberme entregado a ti. Amor, yo me entregué a ti porque te amo, y lo hice aún siendo consciente de lo que había en tu cuerpo y de los riesgos que eso implicaba.
    —L-Liane... —Laurenz no puede creer lo que escucha.
    —Por esa razón, te pido que no te culpes.

    Laurenz al escuchar las palabras de Liane se siente mal. Su forma de pensar y hablar lo único que ha demostrado es egoísmo, siempre ha pensado que su destino debe ser la muerte y que la oportunidad de seguir viviendo no es algo que merezca, pero escuchar a Liane le ha hecho ver lo egoísta que ha sido. Es verdad que las cosas no han resultado muy bien, pero sin importar lo malo, Laurenz es consciente que si hubiese muerto en la ciudad de Dortmund, nunca hubiese conocido a Liane y nunca habría tenido la oportunidad de ser padre.

    —Laurenz. Hay algo que quiero pedirte. —Dice Liane con ligera agitación.
    —¿Qué cosa?
    —Aunque mi vida corra riesgo, quiero dar a luz a nuestros pequeños.
    —Liane, pero... —Laurenz no logra continuar porque es interrumpido.
    —Es lo único que te pido. —Suplica Liane.
    —Está bien, amor, si eso es lo que quieres, voy a respetar tu decisión.

    Laurenz es consciente de que Liane desea dar a luz a los pequeños sin importar las consecuencias. Pese a los riegos de que Liane pueda morir en el parto, Laurenz pretende respetar hasta el último momento la decisión de su mujer, porque es posible que esta sea su última voluntad, y no quiere ser él quien le niegue ese deseo.

    El tiempo avanza y Laurenz es consiente que desde este momento debe empezar a prepararse tanto física como mentalmente para lo peor. No es fácil, no, nunca lo es, pero debe hacerlo.

    Stiftungskrankenhaus Nördlingen, Stoffelsberg, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    Marzo 22 del Año 2163.
    16:45 – 4:45 P.M.


    Laurenz ingresa al hospital con notable preocupación en su rostro. Después de recibir una llamada de emergencia por parte de los doctores del hospital, Aleshire abandonó sus obligaciones en el campo para marcharse al hospital. La llamada que recibió se debe a una sola razón; su mujer está por dar a luz a los pequeños. Al ingresar al hospital una enfermera logra reconocerlo, e inmediatamente lo conduce a la sala de parto del hospital. Una vez llega a la sala de parto se encuentra con la doctora que llevará a cabo el parto de Liane, pero antes que nada debe cruzar algunas palabras con Laurenz.

    —¿Cómo está Liane, doctora? —Pregunta Laurenz, preocupado.
    —La situación de su mujer es complicada. La enfermedad que sufre la paciente ha causado demasiados estragos en su cuerpo, y me temo que si procedemos con el parto, su vida correrá riesgo. No sabemos por cuánto tiempo podrá seguir con vida, pero cabe la posibilidad de extender su tiempo si se practica una cesárea. Si está de acuerdo, necesito que usted firme la autorización ya que su mujer no se encuentra en condiciones para hacerlo. —Dice la doctora, mostrándole a Laurenz un holograma donde debe escribir su nombre para dar la autorización.
    —Lo siento, pero no pienso dar la autorización. Mi mujer desea dar a luz de forma natural, y no pienso negarle ese deseo. Es una decisión que hemos tomado ambos, pese a los peligros que representa.

    Sala de Parto, Stiftungskrankenhaus Nördlingen, Stoffelsberg, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.

    Laurenz y la doctora entran a la sala de parto, donde se encuentra Liane en compañía de algunas enfermeras. La mujer se alegra al ver a Laurenz, agradece encarecidamente que su pareja le acompañe en ese momento tan especial para ella. La doctora se prepara y se pone en posición para dar inicio con el parto, Laurenz se acerca a Liane y la toma de la mano para ayudarla. Es momento de iniciar.

    Durante varios minutos, la doctora empieza a darle las indicaciones necesarias a Liane para que logre dar a luz. Tras diversos intentos, Liane logra dar a luz a su primer bebé, el primero en nacer es un niño. Las enfermeras lo toman en brazos y lo limpian con una toalla mientras proceden con el parto. Liane logra dar a luz a su segundo bebé poco después del primero, el segundo es otro niño. De igual forma, las enfermeras lo toman mientras proceden con el último bebé que falta.

    Laurenz sujeta con fuerza la mano de su mujer, mientras siente como Liane presiona su mano al mismo tiempo que empuja para dar a luz a su último bebé. Los sentidos de Laurenz en ese momento están a flor de piel, se siente feliz de ver a su bebés y sobretodo ver a su mujer dando a luz de forma natural. Es impresionante lo valiente que ha sido Liane, a pesar de los problemas que su cuerpo ha tenido a raíz del Gen N-A7B.

    Liane empuja una última vez conforme recibe la indicaciones de la doctora, finalmente tras casi una hora, Liane da a luz a su último bebé que es ni más ni menos que una niña. Las enfermeras toman a la niña y la limpian con una toalla, después una de ellas le entrega a Laurenz al primer bebé que nació. Laurenz toma a su bebé en brazos y lo acerca a Liane para que lo vea y acaricie.

    —Es un niño. Ha sido el primero que ha nacido. —Dice Laurenz.
    —Su nombre será Hiltz. Hola, pequeño. —Dice Liane, acariciando el rostro de su primer niño.

    La enfermera le entrega a Laurenz los dos bebés restantes y este los toma con ambos brazos. Laurenz acerca a los pequeños a su esposa y una sonrisa se dibuja en el rostro de Liane.

    —Él es el segundo niño.
    —Wenzel va a ser su nombre... —Dice Liane con dificultad.
    —Ella es la niña, nuestra pequeña. —Laurenz le entrega a Liane la bebé y él toma en su brazos al pequeño Hiltz y a Wenzel.
    —Luzia... —Susurra Liane, feliz de ver a su pequeña y única niña—. Son hermosos, amor. Son los bebés más hermosos que he visto en toda mi vida —Liane empieza a cerrar poco a poco los ojos por el cansancio—. E-Estoy feliz de haber dado a luz... a nuestros pequeños. Perdoname por no poder... estar más tiempo... a tu lado. Me has hecho... muy...

    En ese instante, Liane empieza a sufrir convulsiones. La doctora y las enfermeras se asustan y de inmediato actúan para lograr estabilizar a la paciente. Laurenz toma con algo de dificultad a sus tres bebés en brazos y se hace a un lado para que las enfermeras logren hacer su trabajo. Una enfermera acerca el desfribilador y lo utilizan de inmediato, ante el primer intento Liane no parece reaccionar, así que aumentan la potencia del desfribilador y lo utilizan. El cuerpo de Liane se mueve con violencia ante el shock, pero aún no reacciona.

    Las enfermeras realizan diversos intentos hasta que la potencia del desfribilador llega al máximo. El cuerpo de Liane se mueve con violencia una última vez, pero sin importar lo intentos Liane no reacciona. El estrepitoso sonido del marcador cardíaco les indica a todos los presentes en la sala de parto que Liane ha muerto. Laurenz se acerca al cuerpo sin vida de su mujer, sus lágrimas emergen de sus ojos y sin poder controlar sus sentimientos, empieza a llorar amargamente con sus tres pequeños en brazos.

    —Mi amor, perdóname. Aún con todo mi conocimiento, yo no tuve los medios para ayudarte... —Dice Laurenz, acariciando el restro de Liane.

    Liane ha cumplido su última voluntad dando a luz a sus hijos a costa de su propia vida. Laurenz no puede creer que todo haya terminado así. Aunque hizo todo lo posible para prepararse física y mentalmente, es muy difícil mantener la compostura cuando ves a un ser querido tan cercano morir frente a tus ojos.

    El dolor que siente Laurenz por perder a su pareja es terrible, pero es aún peor saber que sus tres pequeños nunca van a conocer a su madre.
     
    Última edición: 11 Abril 2020
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola. Paso a comentar el capítulo.

    Tengo que decir que estoy sorprendido. No creí que el parto de Liane fuera a realizarse en este capítulo. Creí que sería un suceso que tendría lugar en al menos uno o dos capítulos más adelante. Pero pese a eso, el capítulo ha estado bastante bien. La narración y los diálogos estuvieron muy bien mezclados a lo largo del capítulo, y eso fue lo que hizo que me gustara.

    Ya, con este capítulo y varias cosas que han ido pasando, voy a colocar a Génesis como mi segunda historia favorita de este universo. Estando por detrás de The Fallen December. Por lo tanto, mi orden de preferencia vendría siendo:

    1. The Fallen December
    2. Genesis
    3. Lost Years
    4. Zero Hour
    Claro que, eso es al día de hoy. A esta historia le quedan varios capítulos más, por lo que me has dicho, y tiene mucho por delante, lo que podría hacer que suba al puesto 1 en poco tiempo. Quizá solo baste un capítulo más para que suceda.

    Fuera de esto, empezaré a comentar lo más destacado del capítulo. La suerte de Laurenz finalmente se terminó por completo en el capítulo anterior, pero parece que la pesadilla también. Su esposa y su suegro han muerto, pero ahora tiene a tres niños que, según las palabras de los médicos, parecerían estar bastante sanos y no presentar absolutamente ningún problema en su sangre o sus cuerpos. Eso quiere decir que, la enorme suerte que Laurenz ha estado teniendo se ha equilibrado con la mala suerte de haber tenido que perder a su esposa a raíz de su relación con ella. Si eso es verdad, entonces, el equilibrio en la vida de Laurenz se ha restaurado, al menos por ahora.

    Me pregunto si él elegirá quedarse en la granja ahora que sus niños han nacido. Quiero decir, teniendo a tres niños pequeños, es probable que no le sea suficiente con el simple hecho de vivir en ese lugar tan alejado de la ciudad. Quizá le convenga mudarse a una ciudad para poder estar más cerca del hospital y además, poder llamar a una niñera para que cuidara de dichos niños. Después de todo, él tomó la granja porque estaba enamorado de Liane y se sentía en deuda con Reynald. Ahora, ambos están muertos, e imagino que ese lugar no le traerá buenos recuerdos. Por otro lado, sus hijos serían objetos de estudio (me siento algo mal por referirme así al hablar de unos bebés, pero ya me entiendes XD) y podría ver qué clase de efectos tiene el virus zero en ellos. Tomando en cuenta que él es un científico, tendría sentido que se marchara del lugar. Imagino que le dejaría o vendería la granja a Adler y a Félix si es que decide hacer eso.

    Hablando de Félix, es bueno tener algo de trasfondo de él. Resulta que era militar, y por lo que se ve, cometió un grave error en el pasado, que coincide justamente con el momento en el que empezó a trabajar para Reynald. Cuando llamó a Helmuth, creí que se trataría de nuestro amigo el Hombre Ilusorio, pero veo que no es así. El hombre ilusorio (el de aquí, no el de Mass Effect) tiene cabello plateado y ojos heterocrómicos, mientras que este tal Helmuth tiene ojos verdes y cabello negro). Me decepcioné un poco, pero luego me di cuenta de que ahora se agrega otro personaje a la ecuación. Podría ser un competidor para HI, o podrían estar trabajando juntos. Sea como sea, Félix es un tipo bastante perverso. Hablar así de entregarle a uno de los bebés de Laurenz hace que me de asco, sin duda alguna. Para decirlo como lo diríamos en Argentina: "ojalá Laurenz lo cague a trompadas" XD.

    Al final, los tres hijos de Laurenz y Liane han nacido y han llevado los nombres que eligieron para ellos. Ahora queda saber que destino les deparará en el futuro a esos pequeños.

    Te marcaré estos errores:

    Allí no deberían ir los signos de interrogación, salvo que la pregunta fuera retórica, pero no vi indicios en el diálogo de que así fuera.

    Debería ser "hecho".

    Escribiste "hambre" en vez de "hombre".

    Allí te faltó un signo de interrogación.

    Creo que eso fue todo. Por ahora, yo me despido hasta la próxima semana.
     
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  19. Threadmarks: Capítulo 10: Soberbia.
     
    Zurel

    Zurel —Vuestras historias han terminado.

    Acuario
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    ZERO ZONE: Genesis [S.O.E]
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    Ciencia Ficción
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    4399
    Hola a todos.

    Hoy es sábado y como siempre, hay nuevo capítulo. Igual que siempre agradezco a Reydelaperdicion que sigue al tanto ZZ en cada una de sus publicaciones y por sus comentarios respecto a la misma. Sin más que decir los dejo con la lectura.

    Capítulo 10: Soberbia.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    Marzo 22 del Año 2169. Seis Años Después.
    14:00 – 2:00 P.M.


    Laurenz continúa trabajando la tierra en la granja Scheideman. Tras la muerte de Liane, la propiedad que era del señor Reynald pasó a manos de Laurenz y desde que eso ocurrió, aumentó en tamaño los campos y el número de estos, así como la producción de alimentos en un noventa y cinco por ciento más de lo usual.

    Los pequeños y frágiles bebés que Liane dio a luz hace años, actualmente tienen seis años de edad. Hiltz, primogénito de los varones es un niño de tez blanca, dueño de una cabellera con un inusual color carmesí y ojos del mismo color. Wenzel, segundo y último de los varones es un niño de tez blanca, cabello color azul y ojos del mismo color. Por último, está Luzia la primogénita de las niñas y única en su género, posee una tez blanca, cabello rubio y ojos del mismo. Esta pequeña es la hermana menor de Hiltz y Wenzel por sólo algunos segundos de diferencia.

    Los tres están a casi nada de ingresar al Kindergarden, un jardín de infancia donde los niños ingresan a la edad de entre tres y seis años. Mientras su padre trabaja, los tres pequeños se entretienen en casa realizando ciertas actividades según su gusto. Hiltz busca piezas mecánicas y cables entre los aparatos viejos que su padre tiene acumulados en el sótano. Lo que para sus hermanos es chatarra, para él son tesoros, con esas piezas suele crear androides, por lo general con forma de animales. En su habitación tiene androides con forma de hámsters, palomas, pericos, perros, gatos, escorpiones, arañas e incluso serpientes. Todos hechos con piezas que encuentra en el sótano y otras en el granero donde realizan mantenimiento a las máquinas del campo.

    Wenzel suele pasar su tiempo leyendo libros, le encanta leer historias de toda clase de género y aunque no le agrada que sus hermanos gemelos le molesten cuando lee, siempre está abierto ante la idea de jugar con sus hermanos a algún juego que se les ocurra, siempre y cuando le llame su atención.

    Luzia, en cambio, por ser una niña tiene gustos un poco más femeninos de los que una niña de su edad suele tener. Su pasatiempo mientras su padre trabaja es arreglar sus uñas y su cabello siempre que puede. También le encanta ver recetas de cocina en la televisión o por medio de internet e intentar relizarlas a la perfección. Ella es la única de los tres que le gusta incitar a sus hermanos a jugar cuando se le antoja.

    Luzia se encuentra peinando su hermoso cabello rubio, y una vez termina decide buscar a su hermano Wenzel en su habitación. Al llegar a la puerta de Wenzel, Luzia entra sin antes pedir permiso. Wenzel al escuchar la puerta de su habitación abrise hace a un lado su libro para ver a la persona que ha osado interrumpir su lectura.

    —Hola, Wenzel. ¿Qué estás haciendo? —Pregunta Luzia, curiosa.
    —¿Qué estoy haciendo? —Pregunta Wenzel para que Luzia sea quien se responda a sí misma.
    —Umm... ¿Leyendo un libro? —Responde la pequeña, moviendo los ojos a un lado para evitar la vergüenza que siente.
    —Entonces si sabes, no tiene sentido que te responda. —Termina diciendo Wenzel, volviendo a su lectura.
    —Vamos, Wenzel. Hagamos algo divertido —Incita Luzia—, ¿no te aburre estar aquí encerrado en medio de estas cuatro paredes?
    —Y a ti, ¿no te aburre estar durante horas frente al espejo? —Vuelve a preguntar Wenzel sin dejar de leer su libro.
    —¡Deja de responderme con preguntas! —Grita Luzia, molesta.
    —Bien, bien. ¿Qué es lo que quieres? —Pregunta una vez más Wenzel, dejando su libro a un lado.
    —Vayamos los tres al bosque a jugar un rato. Respiremos aire fresco. No nos hace nada bien estar encerrados aquí.
    —¿Crees que papá esté de acuerdo? —Wenzel no cree que su padre les conceda el permiso de ir al bosque.
    —Siempre lo hace, no será diferente esta vez.
    —Si tu lo dices. Busquemos a Hiltz. —A Wenzel le agrada la idea de Luzia.

    Wenzel y Luzia se marchan a la habitación de Hiltz. Ambos no debe caminar más de tres metros para llegar. Wenzel y su hermana gemela entran a la habitación de Hiltz sin dignarse a tocar la puerta. Ahí se topan a su hermano sentado en una silla frente a una gran mesa, donde se encuentra una computadora con tres pantallas holográficas. Al acercarse un poco más a él, Wenzel y Luzia se dan cuenta que Hiltz está diseñado los planos de un nuevo androide con forma de ave.

    Hiltz ha diseñado en la computadora los planos del cuerpo, cabeza, alas, plumas, patas, garras y cola del ave. Todo de forma muy meticulosa, tal es su diseño que están dibujados los planos de las piezas internas y cómo van construidas. En otra pantalla, Hiltz tiene imágenes de la topología del ave a construir para saber cómo debe diseñar las piezas que le darán vida al androide.

    Sus dos hermanos se sorprenden bastante al ver los planos, en especial porque Hiltz nunca ha hecho unos planos tan bien diseñados en el sentido gráfico. Es obvio que el ave que piensa construir va a ser su obra maestra.

    —¿Quién les dio permiso de entrar a mi habitación? —Pregunta Hiltz a sus hermanos, dejando de diseñar los planos para volverlos a ver.
    —Nadie exactamente. Sólo hemos venido a buscarte para que nos acompañes al bosque a jugar un rato. —Dice Wenzel.
    —Está bien, iré. —Responde de inmediato el pequeño.
    —¿Qué, así de fácil? —Luzia se sorprende bastante al ve lo fácil que convencieron a su hermano.
    —Sí, ¿qué tiene de malo? —Hiltz no comprende el asombro de su hermana.
    —Porque, por lo general, sueles hacerte el rogar siempre que te invitamos.
    —Sólo iré para buscar algo que me sea útil para construir mi obra maestra, nada más. No tengo pensado perder mi tiempo jugando con ustedes.
    —Típico, siempre eres un aguafiestas. —Suelta Luzia, no le agrada que Hiltz sea así con ellos.

    Los pequeños se marchan de la habitación y rápidamente salen de la casa. Una vez fuera, se topan de sorpresa a su padre, el cuál se dirige a casa en busca de algo importante que necesita. Laurenz ahora tiene treinta y seis años de edad, y pese a que aún está joven. El color de su cabello ha cambiado de negro a blanco completamente.

    —Hola chicos. —Saluda Laurenz a sus pequeños.
    —Hola, papá. —Responden Wenzel y Luzia.
    —¿Adónde piensan ir? —Es evidente para Laurenz que sus pequeños se dirigen hacia algún lugar.
    —Queremos ir al bosque que hay aquí cerca. ¿Nos das permiso? —Pregunta Luzia, espera que su padre no tenga problema en darles permiso.
    —Está bien, pueden ir, pero procuren volver pronto. No me gusta que pasen mucho tiempo lejos de aquí.
    —No te preocupes, papá. Sólo jugaremos un rato y después volveremos. —Afirma Wenzel.
    —Bien.

    En Algún Lugar del Océano Glacial Ártico.
    14:10 – 2:10 P.M.


    Un hombre abre los ojos lentamente, su vista opaca vislumbra diversas luces brillantes en el cielo de una extraña habitación. A su alrededor escucha a varios hombres hablar en su mismo idioma, pero no les presta antención a lo que hablan. El hombre aún con su vista opaca, intenta levantarse de la camilla en la que se encuentra, pero al hacerlo, siente el frío metal de los grilletes que presionan sus brazos y piernas a la camilla.

    Asustado y desorientado, el hombre observa a su alrededor al mismo tiempo que intenta forcejar para liberarse de los grilletes que lo tienen atado. De pronto, su vista vuelve a la normalidad en el momento exacto que se matearializa el holograma de un hombre de ojos heterocromáticos y cabellos plateados con un habano en su mano izquierda.

    —Libérenlo. —Ordena el hombre a sus científicos.
    —¿¡D-Dónde estoy!? ¿¡Qué es este lugar!? —Pregunta el hombre, al levantase de la camilla. Observa su entorno, asustado.
    —Tranquilo. Estás a salvo —Responde el hombre con su característico tono serio—. Has estado inconsciente durante mucho tiempo, tómate unos segundos para orientarte —Dice el hombre—. ¿Sabes quién eres?
    —Mi nombre es Merten Weigand. —Responde, viendo el hombre holográfico frente a él.
    —En efecto —Afirma el hombre. Complacido de ver que Merten parece estar bien mentalmente.
    —Pero, ¿cómo? —Merten no puede creer que se encuentre vivo—. Yo estaba en laboratorio de desarrollo cuando explotaron los contenedores de cultivo —Recuerda—. ¿Cómo llegué aquí? —Se pregunta.
    —Después de lo sucedido. Envíe a uno de mis equipos a la ciudad de Dortmund. Cuando llegaron no encontraron a ningún otro superviviente más que tú. Desde entonces, has permanecido inconsciente en este lugar, durante los últimos seis años.
    —¿S-Seis años? —Merten no puede creer que haya pasado tanto tiempo.
    —Cuando llegaste aquí recuperaste la consciencia por breves segundos, pero te inducimos a un estado de coma, a raíz de tus heridas.
    —¿Mis heridas? —Se pregunta Merten, sin quitar su mirada del hombre frente a él.
    —Tu exposición al virus Zero creó diversos conflictos en tu genética. Lo que produjo que las células de músculos, órganos, huesos y nervios de tu cuerpo se desintegraran —Dice el hombre al aspirar su habano por unos segundos—. Utilizando implantes sintéticos, logramos reconstruir todo tu cuerpo. El resultado ha sido satisfactorio, no obstante, no se puede considerar perfecto. —Termina por decir, expulsando el humo.

    Al escuchar las palabras de ese hombre, Merten toma una bandeja plateada con diversos instrumentos médicos que terminan cayendo al suelo y la utiliza como espejo para ver su propio reflejo. Los ojos de Weigand se abren súbitamente al ver que su rostro tiene varias cicatrices, que se extienden por su cuello. Merten deja caer la bandeja de metal al darse cuenta que las mismas cicatrices están presentes en su torso, brazos, manos y pies. Las cicatrices son tan grotescas y repulsivas, que no puede sentir otra cosa más que repulsión hacia sí mismo. Merten al ver lo repulsivas que son sus cicatriecez siente un intenso odio hacia ese hombre por causarle tales otrocidades no solo a su rostro, sino a todo su cuerpo.

    —¡Me has convertido en un mounstruo! —Grita Merten.
    —Laurenz Aleshire es el que te convirtió en un monstruo —Comenta, tomando unos segundos para aspirar su habano—. Es él quién continuó el desarrollo del virus, aún siendo consciente del peligro que representa para los humanos. —Agrega, expulsando el humo.
    —¿Laurenz sigue con vida? —Desea saber Merten al escuchar el nombre de su viejo amigo.
    —Laurenz fue el único superviviente al desastre de Dortmund, pero nadie, a excepción de nosotros, sabe de su existencia —El hombre nota a Merten molesto—. Merten. Unete a mí y reclama tu venganza contra tu viejo amigo.
    —¿Qué te hace pensar que me uniré a ti? —Merten no cree necesitar su ayuda para tomar venganza contra Laurenz.
    —Yo te he devuelto a la vida, Merten. Lo quieras o no; ahora tu me perteneces.

    Pese a que Merten se ha revelado contra ese hombre, este no muestra ningún atisbo de molestia por su rebeldía. Su actitud y su tono de voz serio, además de su palabras y vestimenta hace que Merten sienta un miedo indescriptible hacia él. A simple vista, parece que ese hombre tiene todo bajo su control, y ciertamente es así.

    Merten es consciente de que se encuentra en una instalación desconocida, dónde no tiene idea siquiera de que exista una posibilidad de escapar. El exceso de confianza de ese hombre le hace sospechar, nunca antes vio en una persona una confianza tan firme como la de ese hombre. Esto le hace pesar a Weigand, que durante su reconstrucción, ese hombre ha ordenado instalar alguna clase de dispositivo dentro de su cuerpo para evitar que escape.

    Sea, o no real esa posibilidad, Merten no quiere averiguarlo. Ha estado muy cerca de la muerte por culpa del virus Zero, y no quiere verse en esa misma situación otra vez. Por el momento, Merten cae en cuenta de que no tiene otra opción más que unirse a ese hombre; reclamar su vengaza contra Laurenz; y después, sólo después, el tiempo va a decidir lo que debe hacer.

    —Muy bien. Me uniré a ti, pero sólo lo haré para cobrar mi venganza contra Laurenz, nada más.
    —Es una decisión sabia la que has tomado, Merten —Dice el hombre, aspirando su habano—. Te enviaré a la base aérea de Neuburg —Expulsa el humo—. Ahí te informaré sobre la ubicación de Laurenz cuando sea el momento más oportuno.
    —Entendido.

    El hombre de ojos heterocromáticos se da media vuelta al momento que desparece su holograma. Merten es guiado por un científico a un lugar específico de las instalaciones, donde debe prepararse, antes de que ese extraño hombre lo envíe a la base aérea de Neuburg.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    14:20 – 2:20 P.M.


    Los tres pequeños se marchan en dirección al bosque que se encuentra situado a doscientos metros de la granja. El bosque no es muy grande pero tampoco muy pequeño, y gracias a que no posee una amplia cantidad de árboles, es prácticamente imposible perderse en él. Al cabo de cinco minutos, los pequeños logran llegar al bosque y de inmediato Hiltz empieza a buscar cualquier cosa que sea chatarra y que pueda ser de utilidad para su androide.

    Este comportamiento de «ave de rapiña» que tiene Hiltz no le agrada en absoluto a Wenzel ni mucho menos a Luzia. Ninguno de los dos comprende el afán de su hermano por buscar chatarra a donde quiera que va, cuando su padre tiene un granero con miles de cosas de metal que bien puede utilizar para crear los androides que se le plazca.

    —Vamos, Hiltz. Juguemos un rato los tres, después puedes seguir buscando lo que sea que busques. —Dice Luzia, molesta.
    —No pienso jugar con ustedes. Sabes muy bien la razón por la que vine aquí. Así que ni te molestes en convencerme.
    —No seas así, Hiltz. No te hará ningún daño jugar con nosotros un rato. Somos niños, ¿no? —Inciste Wenzel.
    —Ustedes son los niños. Yo soy mayor, que no se les olvide.
    —Por segundos, nada más. Ambos tenemos la misma edad y nacimos el mismo día. Que hayas nacido primero no te hace más que nosotros. —Defiende Luzia, no le gusta que su hermano la haga ver menos que él.
    —Digan lo que quieran. Nada cambiará el hecho de que soy mayor que ustedes.
    —Sólo un niño discute por el hecho de quién es mayor a quién —Dice Wenzel. Hiltz siente como si le hubiese caído agua fría—. Aunque no lo quieras admitir, eres un niño como nosotros y eso no va a cambiar antes.
    —¡Callate! —Grita Hiltz, molesto.

    Hiltz presiona con fuerza sus dos puños y la fuerza ejercida en sus manos es tal que el virus dentro de su cuerpo reacciona por primera vez. La energía que genera sus células es tan grande que al instante su cuerpo empieza a expulsarla por medio de diversas chispas eléctricas de color azul intenso que recorren por su alrededor.

    Luzia y Wenzel se sorprenden al ver el cambio tan extraño que ha sufrido su hermano. Hiltz está igual de impresionado, nunca antes ha visto un cambio tan drástico y ciertamente desconoce a qué se debe el cambio que ha sufrido. Una pequeña hoja cae sobre Hiltz y antes de que lo toque es desintegrada por la energía eléctrica que desprende su cuerpo.

    A raíz del asombro, los tres hermanos olvidan por completo la razón por la que discutían hace tan solo unos segundos. Luzia y Wenzel se acercan a Hiltz un poco, pero siempre mantenimiento una distancia prudente. Ninguno de los dos quiere terminar electrocutado por la energía que expulsa su hermano.

    —¿¡C-Cómo has sufrido ese cambio!? —Pregunta Wenzel, sumamente impresiono al ver a su hermano Hiltz.
    —N-No lo sé —Responde Hiltz, observando sus propias manos en señal de estar impresionado—. Solo presioné mis manos con fuerza y de pronto, mi cuerpo reaccionó por sí solo.
    —Es impresionante —Afirma Luzia—. Wenzel, ¿crees que nosotros podamos hacer lo mismo que Hiltz? —Luzia siente una extraña emoción en lugar de sentir miedo por la reacción de su hermano.
    —No lo sé, pero si hacemos lo mismo que Hiltz, probablemente, tengamos la misma reacción. Lo único que podemos hacer es intentarlo. —Responde Wenzel, siendo optimista.
    —Bien, si ese es el caso. Lo intentaré yo primero. —Dice Luzia, emocionada.

    Luzia adopta una posición recta, después extiende un poco sus brazos y presiona con fuerza sus manos en forma de puño. Esta acción por parte de Luzia, hace que el virus de su cuerpo reaccione del mismo modo que en Hiltz. Diversas chispas eléctricas de color azul empiezan a recorrer todo su cuerpo. Esta vez son Hiltz y Wenzel quienes se impresionan al ver la reacción de su hermana.

    —¡Bien, lo he logrado! —Sonríe Luzia—. Ahora es tu turno, Wenzel.

    Al tener en cuenta lo que han hecho Hiltz y Luzia. Wenzel lo único que hace es imitar sus mismas acciones. Al hacerlo, el virus Zero reacciona del mismo modo, mostrándose a través de chispas eléctricas que empiezan a reacorrer su cuerpo. Luzia y Hitz al igual que el mismo Wenzel están muy impresionados de ver que los tres parecen tener la mismas habilidades. Los tres gemelos se acercan entre ellos, dándose cuenta que el nivel de poder que tienen los tres en ese momento difiere uno del otro. Las chispas eléctricas en Hiltz son más constantes y numerosas que su dos hermanos. Wenzel tiene un nivel menor que el de su hermano Hiltz, pero es mucho más grande que el nivel de Luzia, siendo esta la que tiene un nivel de poder más bajo que el de sus hermanos.

    —Hah, soy más fuerte que ustedes dos. —Dice Hiltz, soberbio y con una sonrisa engreída.
    —Eso no significa nada. Ambos tenemos los mismos poderes, y es muy poca la diferencia de poder. —Afirma Luzia, molesta.
    —Luzia tiene razón. No eres más que nosotros, pon los pies en la tierra, Hiltz. Nunca has sido y nunca serás mejor que nosotros. Somos humanos, y como tal todos somos iguales. —Dice Wenzel, molesto. No le agrada para nada la actitud de su hermano.
    —¿Humano? Nosotros no somos humanos. ¿Acaso los humanos tienen habilidades como las de nosotros? Ellos son criaturas inferiores y algún día te lo demostraré, tenlo por hecho. Incluso ustedes son inferiores y te lo demostraré aquí mismo.

    Sin previo aviso, Hiltz ataca a su hermano Wenzel, asestándole un fuerte golpe de puño directo hacia la frente. El golpe es tal que envía a Wenzel a estrellarse contra un árbol de gran tamaño y grosor, quedando incrustado en su corteza. Al ver esto, Luzia se asusta demasiado por el violento golpe que ha sufrido su hermano. A simple vista, es evidente para Luzia que las habilidades que poseen están más allá de un humano ordinario.

    Hiltz se acerca a paso lento hacia Wenzel, mientras que este cae al suelo muy adolorido por el golpe. Luzia se percata que su hermano Hiltz se dispone a atacar a Wenzel una vez más, Luzia estira su mano derecha hacia su hermano Hiltz como si con eso lo fuese a detener. En ese momento, sin saber cómo, Luzia expulsa un rayo de energía eléctrica con dirección a Hiltz. Hiltz se percata del rayo a tan sólo centímetros de que impacte en él, pero debido a la cercanía no tiene los medios para esquivarlo a tiempo. De modo que el rayo impacta con tal fuerza que lo envía a estrellarse contra varios árboles, los cuales Hiltz atravieza de lado a lado.

    Luzia, preocupada, se acerca a Wenzel y le ayuda a levantarse. A pesar del fuerte golpe que Hiltz le propinó a Wenzel, no tiene ninguna clase de herida ni en su rostro y tampoco en su cuerpo.

    —Wenzel, ¿estás bien? —Luzia le preocupa que su hermano se haya roto algún hueso o algo.
    —No te preocupes, estoy bien, pero ese golpe ha sido extremadamente fuerte. —A Wenzel todavía le duele la zona donde Hiltz lo golpeó.

    Hiltz se reincorpora después del fuerte choque eléctrico que recibió por parte de su hermana Luzia y también por los golpes contra los árboles. Pese a los golpes sufridos, Hiltz no se siente molesto con su hermana, al contrario, se siente feliz. El pequeño enfrentamiento le ha demostrado la clase de daño y dolor que puede sufrir cuando combate con alguien que comparte sus mismas habilidades.

    Hiltz se acerca a sus hermanos y estos al verlo adoptan una posición de defensa. Tanto Luzia como Wenzel esperan algún ataque por parte de Hiltz, pero este no hace más que observarlos con una mirada fija.

    —Me haré de cuenta que nunca me atacaste, Luzia. —Dice Hiltz con una extraña sonrisa.
    —Somos hermanos, Hiltz. No importa que tengamos estas habilidades, esto no debe causar disputas entre nosotros. —Dice Luzia.
    —Luzia tiene razón. Pasaré por alto el hecho de que me golpearas, pero la próxima vez no va a ser así. —A Wenzel no le agrada que Hiltz lo haya golpeado.
    —Hemh, digan lo que quieran. Sus tontas creencias de igualdad no valen nada para mí. Ustedes son mis hermanos, pero eso no evitará que los vea como enemigos si se meten en mi camino. —Setencia.
    —No sé a qué te refieres con eso, Hiltz, pero ante todo, debemos hacer un acuerdo. —Comenta Luzia.
    —¿Qué clase de acuerdo? —Pregunta Hiltz.
    —No debemos decirle nada sobre esto a papá. Sería muy peligroso si papá descubre nuestros poderes —Responde la joven.
    —Por mí está bien. Yo no hablaré nada de esto con papá. —Wenzel está de acuerdo con su hermana.
    —A mí me tiene sin cuidado, pero está bien. —Hiltz no tiene miedo de que su padre se dé cuenta de sus poderes.

    La salida que se supone era para jugar un rato entre los tres, ha terminado convirtiéndose en el inicio de un conflicto entre hermanos. Los tres hermanos ponen rumbo de regreso a su hogar. A pesar de lo sucedido, Hiltz, Wenzel y Luzia retoman su actitud normal. Al llegar a casa, cada uno de los pequeños se marchan a realizar sus actividades usuales. Hiltz retoma la creación de los planos de su último androide. Wenzel continúa su lectura. Luzia sigue viendo recetas de cocina y peinando su cabello rubio.

    Scheideman Farm, Nördlingen, Danubio-Ries, Baviera, Alemania.
    16:30 – 4:30 P.M.


    A treinta minutos para las cinco de la tarde, Laurenz regresa a casa para concluir un día más de trabajo. Lo primero que hace apenas entra a casa es dirigirse directo a la cocina para preparar la cena, afortunadamente, Luzia ya ha avanzado bastante en la preparación de la misma, por lo que, Laurenz sólo debe terminar algunos aperitivos.

    Laurenz agradece la ayuda que su pequeña le otorga en la cocina, a pesar de ser una niña pequeña, sabe muy bien cómo preparar los alimentos y el cuidado que debe tener al cocinarlos. Por un momento, Luzia le hace recordar a Liane, es impresionante la similitud que tiene su pequeña con su madre. A raíz de los recuerdos, Laurenz no evita reflexionar un poco.

    Ya han pasado seis años desde su muerte y ahora los pequeños a los que dio a luz ya tienen esa misma edad. Laurenz no evita pensar lo feliz que pudo haber sido Liane junto a los pequeños si nunca hubiese muerto por la complicaciones que le causó el Gen N-A7B. La causa de muerte de su mujer le hace recordar a Laurenz el hecho de que sus tres hijos poseen el virus Zero en forma latente, y antes de que este empiece a reaccionar a sus órdenes.

    Debe explicarle a los tres pequeños lo que hay dentro de sus cuerpos y el peligro que representa utilizar todo su poder. Laurenz es consciente que el momento más indicado para hablar con sus hijos sobre ello es desde este momento. Hablar con ellos antes de que ingresen al Kindergarden es fundamental para evitar problemas en un futuro.

    19:00 – 7:00 P.M.

    Laurenz y sus tres pequeños se sientan a la mesa para disponerse a cenar. Los cuatro empiezan a comer y al cabo de algunos minutos, Laurenz decide aprovechar la oportunidad para hablar con sus hijos sobre uno de los temas más difíciles que debe tratar como padre y como progenitor del virus Zero.

    —Chicos, hay un tema del cual debo hablar con ustedes. Es un tema un poco difícil y aunque son unos niños, sé que es imposible que se comporten como adultos, pero les pido que tomen lo que les voy a decir del modo más serio posible. —Dice Laurenz viendo a sus pequños que cenan en silencio.
    —Está bien, papá. ¿Qué tienes que hablar con nosotros? —Responde Luzia, hablando por los tres.
    —Te escuchamos. —Dice Wenzel, notando que su padre tiene algunos problemas para hablar con ellos.
    —Hace seis años la ciudad de Dortmund fue destruida por un brote viral a gran escala. Un virus llamado Zero que fue desarrollado en la Universidad Técnica de Dortmund fue liberado accidentalmente. El virus destruyó todo cuanto fue creado por el hombre y asesinó a miles de personas, dejando la ciudad completamente destruida y sin supervivientes —Laurenz toma un segundo para continuar—. Yo me vi envuelto en ese desastre y fui el único superviviente.
    —¿Cómo lograste sobrevivir? —Pregunta Hiltz, interesado en lo que su padre explica.
    —No lo sé con certeza. Al igual que muchos, el virus Zero ingresó en mi cuerpo, pero con la diferencia de que se unió a mi ADN sin causarme la muerte. Ahora, después de seis años. Ustedes, hijos míos, tienen dentro de su cuerpo el mismo virus que hay en mí y que detruyó la ciudad de Dortmund a raíz de un accidente.

    Los tres pequeños están muy impresionados por la revelación de su padre. Ahora los tres entienden de dónde proviene los poderes que experimentaron horas antes en el bosque. Al parecer, lo que resulta ser un puñado de chispas eléctricas de color azul es en realidad un virus muy poderoso capaz de destruir ciudades enteras.
     
    Última edición: 18 Abril 2020
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola. Paso a comentar el capítulo. Primero que nada, te marcaré este pequeño error.

    Poniendo que han pasado seis años en el contexto, ya no sería necesario hacerlo otra vez en la narración. No creo haber visto más errores en el capítulo, por lo que paso a comentar el mismo.

    Partiendo de este tema, me asombró el hecho de que hayan pasado 6 años. Pensé que habría un salto temporal, pero no creí que sería tan inmediato. Creí que veríamos como Laurenz se acoplaba a su nueva vida en la granja con los niños siendo bebés, y que el capítulo iría haciendo avanzar el tiempo poco a poco. Supongo que Laurenz no ha tenido problemas en el manejo de la granja, dado a que incluso llegó a expandir el terreno de la misma.

    Algo que sí me sorprende es que Félix no se haya decidido a "secuestrar" a uno de los niños de Laurenz cuando eran bebés. Teniendo en cuenta lo que dijo en el capítulo anterior, creí que querría aprovechar para tomar a uno de los niños cuando estaban más "débiles" por así decirlo, teniendo en cuenta que un bebé no podría hacer absolutamente nada para defenderse de un secuestro. Ahora mismo, teniendo en cuenta que tienen 6 años, creo que le sería más difícil hacerlo. A saber qué es lo que hará en ese aspecto.

    Tal parece que los niños han crecido bastante sanos, pero por alguna razón, se ven aislados uno del otro. Cada uno es diferente del otro, al menos, en gustos por el momento, y eso me ha agradado dado a que así serán fáciles de identificar y diferenciar en el futuro. Me sorprende bastante la arrogancia que tiene Hiltz respecto a sus otros dos hermanos menores, sobre todo cuando solamente hay segundos de diferencia entre ambos. Me parece algo exagerado que siendo un niño de seis años tenga un complejo de superioridad tanto con la humanidad como con sus hermanos. Diría que es el niño que menos me agrada por el momento, incluso reaccionó bastante salvaje atacando a su hermano menor. Si no fuera por el virus, pudo haber hecho que se golpeara la cabeza y lo pudo lastimar bastante. Incluso ellos solo estaban siendo amistosos con él.

    Su secreto no parece que vaya a durar mucho, dado a que su padre sabe que ellos tienen el virus dentro de ellos y seguro los estudiará en un futuro. Nuevamente, me sorprende que Laurenz no les haya hecho pruebas cuando eran bebés. Me pregunto si no se habrá dado la oportunidad para hacerlo, pero no lo creo.

    Por otro lado, luego de un par de capítulos y 6 años, Merten ha despertado. Claramente, él no tuvo la suerte que tuvo el buen comandante Shepard cuando fue resucitado. Su rostro y cuerpo están llenos de cicatrices al punto de que él mismo se ve como un monstruo. Yo también tengo curiosidad por saber si nuestro amigo el Hombre Ilusorio le hizo algo para forzarlo a obedecer, porque Merten parece tener ganas de vengarse de Laurenz cuando él no fue quien incendió el lugar. Pero bueno, eso derivará en un enfrentamiento, eso es seguro.

    Laurenz ahora no tiene mala suerte precisamente, pero parece que tiene amenazas a sus espaldas. Félix tiene pensado secuestrar a uno de sus hijos para Helmuth, y Merten irá a vengarse de él en favor del hombre ilusorio (ojalá pronto sepamos su nombre XD). Ya se verá como responde.

    Eso es todo por ahora. Hasta la próxima semana.
     
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