Y para enamorarse, hay pay de queso

Tema en 'CLAMP' iniciado por Fanny Hilfiger, 3 Octubre 2007.

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  1.  
    Fanny Hilfiger

    Fanny Hilfiger Entusiasta

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    Y para enamorarse, hay pay de queso

    Bueno, este es mi primer fanfic de Syaoran y Sakura. A decir verdad mi trayectoria como escritora de fanfics no es muy extensa, sin embargo, esta vez me animé a escribir algo.

    Espero les guste. Es algo light para leer y no utilicé una forma altamente descriptiva al escribirlo como suelo hacer ^^U Aunque creo que eso le da algo de "chispa"

    El fic fue inspirado por un pay de queso, unas vueltas en el foro Cz, y una pizca de canciones romanticonas.

    Bueno, sin más, les dejo con el primer capítulo.. ¡¡Disfrútenlo!!



    Y para enamorarse, hay pay de queso



    Capítulo 1

    Chocolate


    Soy torpe. Lo sé. Pero no sabía hasta qué punto.​

    -Una chica que no sabe cocinar, no es una chica.​

    Sí, lo dijo mi hermano, ¿qué podría saber él sobre mujeres? Nada. O todo…​

    Ya me amargó el fin de semana, y yo que estaba muy contenta porque iba a ir con Tomoyo a comprar ropa y más ropa sin parar. Con esto, ya me empecé a preocupar. ¿Y si en realidad nunca llego a casarme porque no sé cocinar ni una pasta? Me entró el miedo, y todo por culpa de ese estúpido grandulón, con una cabezota dura y un hocico grande. Ah, que por cierto, le llamamos Touya. ​

    Recuerdo que inmediatamente después de ese “gran consejo de hermano”, fui corriendo con mamá a preguntarle si era verdad lo que aquel dulce familiar me había sugerido. Sólo con recordar la sonrisa lastimosa que ella dibujó en su bello rostro, me hace vomitar.​

    -Eh… hija, -dudaba mientras hablaba. Si dudaba de lo que quería decir, ¿por qué seguía hablando? Me hacía sentir peor su tranquilidad fingida-. No es que sea completamente necesario que una chica sepa cocinar. Tú eres una niña muy linda, puedes cautivar a cualquier chico, pero… bueno, saber cocinar refleja que feminidad… y denota si serás buena esposa o no… mmm… a lo que quiero llegar es que… bueno, con respecto a tus habilidades en la cocina… pienso que, no estaría de más si tomaras unas clases…​

    Aún sigo meditando qué habrá querido decir realmente mi madre.​

    Sin embargo, aún no descarto la posibilidad de traducirlo a “eres una torpe en la cocina, enséñate o no tendrás marido jamás, ser linda no te bastará”. Qué conmovedor ¿no creen?​

    Definitivamente no iré con Tomoyo, aunque me duela en lo más profundo de mi corazón. Mango y Von Dutch, los echaré de menos, no pude ir esta semana, prometo que volveré pronto.​

    Hay algo de lo que me debo ocupar. Y el lugar que me puede ayudar está ya cercano. Sí, a unos metros. Ahí está.​

    Edificio blanco. 415. Cerezo, esquina con Puerto Clavel. Instituto de Enseñanza Culinaria.​

    ¡Qué bien! No fue difícil encontrarte, buen Instituto. Mi nombre es Sakura, y el tuyo ya me lo sé. Estoy parada frente a ti, (¡¡Mírame!!) y pongo en ti todas mis esperanzas para que me hagas una mujer hecha y derecha, que no sea torpe en la cocina y conquiste al mejor de los hombres que haya existido jamás. Confío en ti, Instituto.​

    Sólo tengo que entrar, hablar con el director, inscribirme y ya está.​

    Manos a la obra.​

    Tanta es mi emoción que corro hacia el edificio blanco, que se alza ante mí como un tío amable y emanante de esperanza. Casi siento que abre los brazos para abrazarme. A esta pobre chica hambrienta de saber.​

    Ya casi llego… sí. Pero creo que una piedra y el suelo no querían que llegara. De repente me encontraba dándoles un beso, nada apasionado. Cómo duele. Hacía tiempo que no sentía ese ardor en las rodillas. Mis manos… oh también llenas de tierra. Ahora con qué presentación llegaré al Insti… ¿chocolate? Veo chocolate. Huele bien. Y me ayuda a levantarme.​

    No, no es chocolate.​

    -¿Estás bien?​

    Y me quedo mirando esos ojos. Sí. Son color chocolate.​

    -Disculpa, te pregunté si estabas bien –vuelve a repetir.​

    Me quedo como hipnotizada, mas bien como idiota, sin poder contestar. Hasta que al final, me acuerdo de las lecciones que antaño me dio mi madre sobre cómo pronunciar la palabra “sí”.​

    -Sí…​

    Dije sí, ya contesté. El muchacho de ojos color chocolate no sonrío, pero juraría que sus ojos sí lo habían hecho.​

    -Bien. Ten más cuidado. Nos vemos.​

    Y se fue.​

    Se fue.​

    ¿Ya había mencionado que se fue?​

    ¡¡SE FUE!!​

    ¡¿POR QUÉ NO LO DETUVISTE SAKURA KINOMOTO?!​

    -¡¿POR QUÉ NO LO DETUVISTE SAKURA KINOMOTO?! –grita Meilin.​

    -Estaba demasiado atontada para hacerlo… el golpe fue algo fuerte.​

    -Pero aún así, podrías haberle preguntado su nombre, su teléfono, dónde estudiaba, ¡¡su estado civil!!​

    Ella tenía razón. Siempre la tiene. ¿Qué clase de chica se encuentra con ese tipo de chico, se queda como estúpida mirándolo, luego balbucea una estúpida palabra y deja estúpidamente que se vaya sin decir más?​

    -¡Sakura!​

    Una chica de cabello negro y piel blanca como la nieve se acerca trotando alegremente.​

    -Hola Tomoyo.​

    -¿Qué pasa? ¿Por qué esa cara? –pregunta ella, con su dulce voz.​

    -Lo que pasa es que Sakura dejó escapar al amor de su vida.​

    -¡Meilin! Apenas y lo vi una vez. ¿Cómo puede ser él, el amor de mi vida?​

    Meilin siempre tiene la razón. Meilin siempre tiene la razón. Meilin siempre tiene la razón.​

    -Oh, ¿en serio? ¿Y cómo era él? –preguntó Tomoyo mirándonos con diversión.​

    Chocolate.​

    -Era muy serio, -respondí-. Alto, de ojos y cabello de un oscuro café. Era guapo, creo…​

    Meilin lanzó una carcajada sonora.​

    -¿Por qué dudas de ello? Si hacía rato que llegaste con un: MEILIN HE CONOCIDO AL MUCHACHO MÁS GUAPO QUE HE VISTO EN MI INSIGNIFICANTE VIDA.​

    -Oye, nunca dije la palabra “insignificante” –reclamé.​

    -Se oye más dramático –replicó Meilin con una sonrisa perversa.​

    -Y ¿qué paso? Lo dejaste ir así, ¿sin decirle nada?​

    (…)​

    -Ya sabes cómo es Sakura de tímida –exclamó Meilin, lanzando un suspiro de resignación-. En fin… tengo hambre, Sakura ve por unas patatas fritas.​

    -¿Por qué yo?​

    -De castigo por ser torpe y cabezona.​

    Anda. Hasta mis propias amigas me lo confirman.​

    Sin embargo, a pesar del incidente que me pasó, pude inscribirme al Instituto. No estaba nada mal. Era elegante, los salones estaban climatizados, y contaban con un equipo muy completo. O al menos eso me dijo la directora del Instituto. Sin embargo, mi nombre (y mi dinero) yacen en algún sitio de ese respetable lugar donde…​

    -La comida es sinónimo de pasión. Bienvenidos sean alumnos, a una clase más en este su Instituto de Enseñanza Culinaria, al que cariñosamente nombramos Yecu. Ahora daremos la bienvenida a una nueva alumna que nos acompañará en este curso… su nombre es Sakura Kinomoto.​

    Miré a todo el salón con timidez. No podía evitarlo, ser tímida era algo que se me daba innatamente. No vi caras conocidas, todos eran nuevos para mí. Supongo que estaba bien, si alguien de la preparatoria se enteraba que estaba cursando en este Instituto…​

    Caras deformadas se ciernen ante mí, y risas y comentarios burlones invaden mi cabeza.​

    -¿SAKURA KINOMOTO EN UN INSTITUTO DE COCINA? ¿¿ES VERDAD??

    -NO HAY PORQUE DUDARLO TODOS SABEN QUE ES MALÍSIMA PARA COCINAR.

    -YO OPINO QUE NINGUNA ESCUELA DE COCINA PODRÁ SALVARLA.

    -SAKURA, ¡TRAEME MIS PATATAS!

    Un momento, ¿qué hace Meilin en mi ilusión de baja autoestima?​

    -Bueno, también les tengo una noticia -La directora, una señora alta y… ¿cómo decirlo más sutilmente? Fornida, sí. Abarcaba casi la mitad del salón caminando con pasos de gigante y observando con una mirada de ave rapaz-. Debido a que la maestra Ariadna está en incapacidad, he de introducirles a un nuevo profesor. Es algo joven y no parecería su maestro, sin embargo ha ganado varios famosos premios por ser un excelente cheff, viene de Hong Kong y su nombre es… bueno, que se los diga él mismo. Pase, por favor.​

    Y cuando entró, otra vez vi y olí el chocolate.​

    -Buenas tardes. Soy Li Syaoran, y a partir de hoy seré su nuevo maestro.​


    Continuará (!)
     
  2.  
    Pami

    Pami Guest

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    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    OMFG!
    Yo me muero, como lo he hecho en otros fics xD, si Syaoran llega de improviso y me ayuda a levantarme.
    Me encanto como relataste el beso al suelo (?), lo de su dificultad por la cocina, mira que yo no sé cocinar y la comprendo, y me fascino Meiling.
    Me agrada la manera en como nos relatas las situaciones desde el punto de vista de Sakura, es algo torpe y sus pensamientos causan bastante gracia.

    Por cierto, es Meiling.
    Y... yo quiero aprender con un profesor así T_T!
     
  3.  
    Ying Fa

    Ying Fa Entusiasta

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    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    Pami y yo nos tenemos que apuntar esas clases.
    Bueno, si admiten canijas de 12 años xD.

    Realmente graciosa la manera de la que relatabas las situaciones desde el punto de vista de Sakura y las frases de Meiling.
    Me gustó mucho.
     
  4.  
    merlina

    merlina Guest

    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    me encanto como relataste!
    y que amorosas las amigas de sakura ^^'
    en especial Meiling.. xD

    me encantaria que existiera un profesor como el, en mi colegio -.- !!!
    en fin me encanto!!!
     
  5.  
    sakura-shan

    sakura-shan Guest

    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    kawai!!!!!!!!!!!!!!
    yo se cocinar, bueno lo esencial pero...
    con un profesor asi creo que se me olvida todo y le digo a mi mami que me apunte en clases
    aunque, pensandolo bien creo que no aprenderia nada por estar viendo al profe jajajaja
    pero bueno PAMI si sabes donde me puedo apuntar a las clases con un profe asi hay me avisas porfa
    jajaaja
    te felicito Fan tu fanfic esta super
    me dejaste muy intrigada
    espero la conti *_*
    bye
     
  6.  
    Fanny Hilfiger

    Fanny Hilfiger Entusiasta

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    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    Hola de nuevo, después de la caída de Cemzoo por unos días, no pudimos postear ni hacer nada de nada, y aproveché para continuar con el fanfic. Quiero agradecer bastante sus comentarios y el hecho de que lean la pequeña obra de esta humilde escritora ^^

    Aquí les va el segundo capítulo :D espero les agrade!!




    Y para enamorarse, hay pay de queso



    Capítulo 2


    Pepinillos



    -Y apuesto a que ni le dirigiste la más mínima palabra.

    Una de las preguntas que quisiera hacerle a Dios en el momento que muera y llegue a Su Presencia será el por qué Meiling siempre tiene la razón en todo, y por qué siempre sabe todo.

    -Interpretaré tu silencio –me dijo con voz malhumorada, mientras se abanicaba con las manos la frente.

    Hacía un calor de los mil demonios y Meiling, Tomoyo y yo habíamos concertado un picnic en el parque, y precisamente el día que pensábamos pasar el día al aire fresco y bajo la sombra de los árboles, ese mismo día tenía que ser el más caluroso de todo el año.

    -Tomoyo, pásame uno de tus refrescos, por favor.

    Obediente, Tomoyo se lo dio. Meiling bebía como si llevara tres días en el desierto del Sahara.

    -Bueno, pero debo admitir que este “club sándwich” está riquísimo Sakura… ese Syaoran hace milagros. Debo conocerlo y felicitarlo.

    -Pueden ir visitas de vez en cuando, para evaluar el trabajo de los estudiantes –dije-. Pero creo que todavía no, hasta que haya avanzado un poco más el curso y sea el tiempo de evaluaciones…

    -¡Perfecto! Entonces, yo estoy más que puesta para ir… si se te ocurre olvidar invitarme, juro que iré a tu clase cuando menos lo esperes y soltaré a todos que amas a tu…

    -Sakura –interfirió Tomoyo con una de sus sonrisas más dulces- ¿entonces no has intentado hablarle a Syaoran?

    Me pregunto, ¿por qué las dos lo llaman por su nombre? ¡¡Es mi maestro!! Además ni lo conozco. Hablan de él como si fuera un amigo que todas conocemos.

    -Mmm… lo he intentado pero lo único que he logrado es acercarme a cuatro pasos de distancia de él.

    Meiling me miró con preocupación.

    -Tuj situajción esh grave, Shakura, debesh actuar rápido. –me dijo con la boca llena de pan con pollo.

    Actuar rápido, actuar rápido… pero si soy yo, Sakura, posiblemente la chica más tímida que haya en el mundo entero. Además, ¿qué diablos le puedo decir?

    “Hola soy Sakura, soy tu alumna en la clase de cocina y estoy perdidamente enamorada de ti.”

    ¡Obviamente no! ¿Qué podría decirle? Urgh, siento que mi cabeza se agrieta en pensar las opciones. ¿Hablar sobre la cocina? ¿Sobre lo eficiente que son las estufas hoy en día? ¿El amargo sabor del vinagre? ¿La enorme barriga de la directora?

    ¡¡AUUUCH!!

    -¿Estás bien? –preguntaron Ying Fa y Pami, mis compañeras del curso, que acostumbraban situarse en las estufas de al lado.

    Me había pinchado el dedo con uno de los filosos cuchillos que había adquirido en el supermercado el día de ayer.

    -Eh, sí… creo que sí. Gracias –murmuro apenada. Luego dirijo mi mirada al arma en potencia que tengo frente a mí y de golpe, los recuerdos vienen a mí.

    Sí, ayer, domingo. Me había levantado muy temprano por la mañana. Todo indicaba que iba a ser un excelente día. Me bañé, me vestí, desayuné y salí de mi casa en camino al supermercado.

    Todo marchaba a la perfección. Era un día soleado y poco caluroso, el día que habíamos deseado para el picnic mis amigas y yo.

    Llegué al supermercado, tomé un carrito y a través de los diferentes pasillos, busqué aquél que albergaba los utensilios de cocina.

    -Y PARA LA PRÓXIMA CLASE NECESITAREMOS CUCHILLOS, CUCHILLOS. CUCHILLOS DE GRAN FILO. ¡NO LO OLVIDEN!

    Aún retumbaban en mis oídos los gritos de la directora. Ese día, mi príncipe de ojos color chocolate había salido de clase temprano y había pedido a la directora que nos dijera los utensilios que ocuparíamos la próxima clase.

    Cuchillos… cuchillos. Y allí estaban.

    Me coloqué frente a ellos y me quedé examinándolos medio minuto, concentradamente. Elegí los que me parecieron mejores (y que estuvieran dentro de mi presupuesto) y los coloqué en el carrito.

    Todo iba bien. Excelente día. Cero contratiempos. Ya había encontrado lo que buscaba. ¿Qué podía salir mal? Nada. Todo era perfecto.

    Con una gran sonrisa de satisfacción recuerdo que giré el carrito y estaba a punto de empujarlo cuando de pronto miré al final del pasillo y mi corazón dio un brinco digno de una medalla de oro en las Olimpiadas.

    Allí, al final del pasillo estaba él, él, ÉL.

    Syaoran.

    Li Syaoran.

    Mi maestro de cocina.

    Mi príncipe de ojos color chocolate.

    Syaoran.

    Mis manos, que asían el mango del carrito, comenzaron a sudar y mi corazón parecía estar bailando la rumba. Me quedé congelada como los altos icebergs del Antártico por unos cinco segundos.

    5.
    4.
    3.
    2.
    1…

    Reversa. Reversa.

    Ahora mis piernas parecían que también querían unirse al desenfrenado ritmo con el que latía mi corazón. Seguía retrocediendo con la mirada fija en aquel ser tan inexplicablemente hermoso, cuando de repente, mi espalda chocó contra algo suave y mi visión fue cegada por la caída de un montón de paquetes con olor a manzanilla.

    Sí. Aún recuerdo cuánto había batallado uno de los empleados para sacarme de aquella montaña de paquetes de papel sanitario. Por un momento sentí que no volvería a ver la luz.

    En fin. Nunca, en mi corta vida había experimentado una situación más ridícula que ésa. Esa noche, rogué a Dios que Syaoran no hubiera visto nada, porque cuando logré salir, él ya no estaba.

    Suspiré.

    -En la clase del día de hoy comenzaremos con las ensaladas.
    Syaoran hablaba y la sangre comenzaba a invadir mi cabeza. Bajo la mirada y vuelvo a admirar los cuchillos como si se trataran del tesoro más valioso del mundo.

    Escucho cuchicheos animados y miro hacia mi lado. Pami y Ying Fa habían empezado a murmurar mientras se comían con la mirada al príncipe de ojos color chocolate.

    Tenían razón para hacerlo. No había maestro más guapo que él.

    -Este día comenzaremos con una ensalada sencilla. –sigue hablando Syaoran-. Ensalada de pepinillos. Como ustedes verán, he puesto en el pizarrón una lista con los ingredientes que necesitan y que están en el cuarto refrigerador, así que, les pido que vayan a tomarlos ordenadamente. Hay suficientes para todos.

    Posiblemente, la palabra “ordenadamente” no existía en el vocabulario de mis compañeros de clase. Como una estampida, todos se abalanzan en el cuarto refrigerador y comienzan una pelea que bien podría igualar a la de una manada de hienas hambrientas. Decido esperar hasta que la guerra termine y todos tomen sus ingredientes.

    Mientras, el pesimismo me invade.

    Jamás lograría hablar con él. ¿Por qué demonios tenía que ser tan tímida? ¿Acaso no habría alguna cura? ¿Alguna hierba o sustancia milagrosa que pudiera tomar y hacerme valiente, como las espinacas hacían fuerte a Popeye?

    Hay momentos en la vida que uno debe admitir que no puede. Y supongo que este es uno de esos momentos.

    Acabó la guerra. Y me dirijo arrastrando los pies hacia el cuarto refrigerador, que estaba desolado. Tomo los ingredientes de la lista y regreso a mi lugar correspondiente.

    Definitivamente tenía que rendirme. Una torpe y tímida como yo jamás podría hablar con él.

    -Oye, se te cayeron los pepinillos.

    Jamás. Jamás de los jamases. Nunca.

    -Oye.

    Nunca jamás.

    -¡Oye!

    -¿Sí? –miro a quien me estaba llamando y mis ojos se encuentran con una mirada castaña.

    Me paralizo. Syaoran me había llamado y tendía hacia mí un frasco de pepinillos.

    -Se te cayeron los pepinillos. Toma.

    Alzo un brazo de forma robótica y tomo el frasco. Peligro. Comienzo a sentir calor en el rostro…

    -Gracias –murmuro.

    -No es nada –sus ojos otra vez parecían sonreírme-. Tú eres aquella muchacha que ayudé a levantarse afuera del Instituto ¿verdad?
    Un momento. ¡¡Se acuerda de mí!!

    -Eh… sí, soy yo.

    -Bien. Ehm, ¿no te lastimaste ayer? Pareces presentar una tendencia a sufrir accidentes. Lamento no haberte ayudado ayer, le pedí al empleado que lo hiciera en mi lugar porque tenía prisa por irme. Pero, estás bien, ¿cierto?

    A ver, a ver, a ver. ¿Cómo? ¡No puedo procesar tanta información tan rápido! ¿Me recordaba? ¿Ayer? ¿Accidente? ¿Pidió que me ayudaran?

    Todos los pensamientos se atascan en mi cabeza, que olvido cómo usar la función del habla. Sólo logro asentir con torpeza.

    -Ten más cuidado, Kinomoto. –sus ojos me sonríen de nuevo, sin embargo, su rostro sigue serio. Luego da un aplauso-. Bien, alumnos, comencemos a preparar la ensalada.

    Definitivamente, ya no hay comentarios.


    Continuará (!!)
     
  7.  
    Satoshi

    Satoshi Usuario común

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    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    me encanto... me gusto mucho que este relatado por el lado de Sakura y que pareciera que nadie es su mundo estuviera cuerdo...

    sigue adelante y no afrojes...
     
  8.  
    Ying Fa

    Ying Fa Entusiasta

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    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    Yay, siempre quise ir a clases de cocina con Pami~!
    Okay, no, pero con ese profesor creo que nos pondríamos mucho más locas de lo que podrías imaginar :3.

    Tu manera de escribir me encanta, detallas de una manera muy cool.

    Ojalá lo continues pronto ;)
     
  9.  
    Pami

    Pami Guest

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    Pluma de
    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    WTF! Estoy dentro de un fic, que raro.
    Hazle caso a Ying Fa, no tienes idea de que haríamos si fuera nuestro profesor, sobre todo en la alacena :silbar:.

    Bueno, al tema, me pareció interesante éste capítulo, de hecho fue bastante bueno la forma en como Sakura piensa que Syaoran ni la ve, y su torpeza, me encanto xD!
     
  10.  
    merlina

    merlina Guest

    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    jajaja!!!xD...como se pudo caer en el supermercado?..*verguenza*
    pero que verguenza que te diga Shaoran que tengas una tendencia a sufrir accidentes..pobre sakura.
    te quedo muy buena esta conti siguela pronto porfavor..
     
  11.  
    Fanny Hilfiger

    Fanny Hilfiger Entusiasta

    Aries
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    Y para enamorarse, hay pay de queso
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    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    Después de mucho tiempo, les traigo la continuación del fanfic x_X

    Pido perdón, hubo demasiadas cosas qué hacer, proyectos y demás que no me permitían continuarlo, aunque ya tenía la idea sólo faltaba plasmarlo en letras.. espero que les guste, aunque el capítulo que sigue es aún mejor..

    De hecho, al principio era un sólo capítulo pero decidí dividirlo, para más comodidad.

    Ahí les va. Disfrutenlo.



    Y para enamorarse, hay pay de queso


    Capítulo 3


    Pollo [parte 1]



    No sabía por qué razón accedí a hacer eso.

    Me observé en el espejo. ¡Qué fachas! Toda despeinada y aparte en pijamas, y esas ojeras… pensaba en hacerme un lifting facial.

    Cuando vi mi reflejo, me di cuenta que en una mano sostenía una bolsa de patatas y en la otra… una lata de cerveza.

    A lo lejos podía escuchar los potentes ronquidos de mi amiga Meiling.

    Recordaba el por qué había accedido a hacer eso.

    Yo me encontraba en shock, sentada en el asiento del salón, cuando llegaron Meiling y Tomoyo estrepitosamente y se plantaron a mi lado.

    No tuve tiempo de interrogar la razón de su aparición repentina, porque resonaron en mis pobres tímpanos los gritos de mi linda y sensata amiga Meiling.

    ¿CON QUE SYAORAN TE HABLÓ? ¡ESTO DEBE DE SER CELEBRADO! ¡FIESTA EN MI CASA ESTE VIERNES!

    Definitivamente, ya sabía que en realidad nunca accedí a hacer esto. Más bien fui obligada.

    -¡CERVEZA Y PATATAS! –había exclamado Meiling cuando Tomoyo y yo depositamos nuestra presencia en la habitación-. ¡¡¡A CELEBRAR!!!

    Supuse, por el tremendo ánimo que poseía ya, que había estado tomando desde antes que llegáramos.

    Películas. Patatas. Cerveza. Más patatas. Más cerveza. Más películas.

    Terminé exhausta y me tiré en un rincón de la alfombra. Meiling ya estaba roncando y Tomoyo yacía sentada al lado de la cama cubierta por un suéter.
    Mis piernas me temblaban. Tal vez había tomado mucho, aunque no más que Meiling: hacía una hora que había bautizado la alfombra.

    Me levanté y tomé una lata de cerveza con la que casi resbalaba. Y me dirigí al espejo. Al momento siguiente, mi corazón daba un brinco al escuchar un sonido repentino.

    Era mi celular.

    -¿Sí?

    La voz de mi madre surgía de los orificios del aparato.

    -Hija, ¿todo bien? –decía con preocupación.

    -Sí, mamá, todo está bien. Meiling y Tomoyo ya están dormidas, y me disponía a hacerlo yo. ¿Tú cómo estás?

    Mi madre soltaba un “También estoy bien” con un tono no muy convencido. O probablemente era mi imaginación.

    -Mañana estaré allí temprano, no planeo quedarme más que esta noche. Te veré en unas horas ¿de acuerdo? –decía algo adormilada.

    -De acuerdo, hija, cuidate. Te quiero.

    Cuando colgó, sentía el inexplicable impulso de llamarle de nuevo, y me preguntaba por qué. Al día siguiente habría de saber la razón: en el momento en que abría la puerta de la casa y justo al lado de la mesita donde yace el teléfono, encontraba el cuerpo de mi madre, lánguido e inerte.

    Sentía cómo de repente una especie de puño oprimía mi corazón con una fuerza dolorosa, y sentía un vértigo. Se me venía a la mente una espeluznante pregunta que no quería que sea respondida.

    Temblando me dirigía a donde estaba el cuerpo de mi madre. Pensaba en Touya, pensaba en mi padre. Ninguno de los dos estaba en la ciudad para auxiliarme, ambos estaban en un viaje de estudios.

    Presionaba más mi cabeza para pensar a quién recurrir.

    Piensa Sakura, piensa… me repetía.

    Un rostro entraba de golpe en mi mente y un número telefónico, que marcaba sin titubear y esperaba hasta que sonara el tono de espera.

    -Residencia Doudouji –contestaba una voz familiar.

    -Señora Sonomi, soy… soy… ¡Tiene que ayudarme! –soltaba con la voz quebrada.

    -¡Sakura! ¿Pasa algo malo?

    El resto de los sucesos empiezo a recordarlos borrosamente, como si los viera a través de una cámara con un lente desenfocado. Siento náuseas al recordar los sonidos, no sé la razón. La ambulancia, los llamados entre los enfermeros, la gente que atestaba el hospital. Tal vez los recuerdos ya no son nítidos porque quiero olvidarlos. Sin embargo, todo lo recuerdo cada vez que la miro a ella. En su cama, en su habitación, tan apacible, tan tranquila.

    Todo acabó, me digo a mi misma. Ella está bien.

    -¿Sakura?

    -Buenos días, mamá.

    -Buenos días, hija.

    Coloco en su mesita de noche una bandeja con el desayuno. Una dieta especial que asignó el doctor. Pan tostado, sin mantequilla y una bebida de manzana.

    -¡El desayuno! Ya es la hora.

    -Muchas gracias, Sakura. ¿Lo preparaste tú?

    -Sí –contesto, aunque sin orgullecerme.

    A decir verdad eso es realmente fácil de hacer. Sin embargo, me preocupa el resto del menú. No habíamos avanzado mucho en las clases de cocina, apenas y comenzábamos la preparación del arroz y en el menú que había dado el doctor, contenía caldos y guisados que me parecían sumamente complicados.

    La verdad no sé qué hacer. Sin embargo, mi preocupación la disfrazo con una de las mejores sonrisas que puedo brindar.

    -Gracias, hija.

    Y a cambio recibo la sonrisa más amorosa que he visto en mi vida.


    *


    -¡¡SAKURA, PERDOOOOOOÓN!!

    Mi campo visual es obstaculizado por una masa corporal que se engancha a mi cuerpo.

    -Te pido una disculpa, Sakura, fui yo la que insistí en que vinieras a mi estúpida fiesta, y que no estuvieras en tu casa y… si no fuera por mi culpa, no hubiera pasado nada de esto! ¡Perdóname, Sakura!

    Me es imposible no soltar una carcajada.

    -Basta, Meiling, no tienes porque disculparte. No es tu culpa. Las cosas pasan pero mi madre ya está bien, no te preocupes.

    Los ojos de Meiling me observan radiantes, parece como si fueran a salir chispas de ellos. Tomoyo, que nos observaba divertida, dice:

    -Sakura, esta tarde iremos a comprar los materiales para la clase de arte, ¿quieres acompañarnos?

    ¡¡Clase de arte!! ¿Cómo se me había olvidado? Qué torpe soy. Bueno, así he sido desde el día de mi nacimiento. A veces me he preguntado por qué torpe no fue mi segundo nombre. Hice cara de puchero.

    -Me gustaría ir con ustedes pero hay algo urgente que debo hacer…

    Meiling me observó con ojos de sospecha.

    -¿Y se puede saber qué es eso “algo urgente” que debes hacer?

    -Mm… prefiero dejarlo en duda.

    Ambas me miraron sorprendidas. Sakura, la que siempre compartía y siempre comentaba cada acción de su vida. A quien le gustaba relatar cada detalle, qué comió y cuándo fue al excusado…

    Pero no. Esta vez no quería compartir con nadie lo que yo estaba planeando hacer, al fin y al cabo era algo que quería hacer sola, sin ayuda de nadie. Tal vez por cierta culpabilidad, tal vez por cierto orgullo. No lo sabía en verdad.
    Y por eso estoy aquí, en el Yecu, en la inmensa cocina. Sola.

    Hoy no es día de clase, por eso es que está el lugar tan solitario. Me parece escuchar el sonido de unos grillos a lo lejos. Ah, no, esos son en la noche. Pero también cantan en el día, ¿no?. Mm, bueno… eh, si… además traje lo que necesito para comenzar mi cometido.

    Sólo falta poner manos a la obra.



    Pero… ¿por qué paso debo empezar?

    Mi mente se queda en blanco. Tomo el libro de recetas que adquirí recientemente de la biblioteca. Veamos.

    Hervir agua. Ya. Lavar el pollo. Ya. Colocar el pollo en el agua hirviente. Ya. ¿Qué paso seguía…? Ah, sí. Poner en el guisado cuatro dientes de ajo. ¿O eran dos? Colocar el cilantro… ¡Un momento! Debía poner la cebolla hace diez minutos. Y, el cilantro ¡no lo lavé! Si pongo la cebolla ahora. ¡Demonios! Se me olvidó cortar la zanahoria. ¿Eh? ¿Qué es ese ruido? …

    ¡EL AGUA SE ESTÁ DESBORDANDO DE LA OLLA!

    Ya había llegado hasta el piso. De repente un impulso me ordena aventar el cucharón a la pared cercana, y lo obedezco. Mis rodillas se rinden y caigo al suelo, tapándome la cara con las manos.

    Definitivamente no soy buena para cocinar, ni siquiera para poder preparar el menú que necesita mi mamá. Torpe no debería ser mi segundo nombre, sino estúpida.

    Eh… no sé por qué me está saliendo una lágrima de mi ojo derecho. Y también de mi ojo izquierdo.

    Cierto.

    Me duele un poco el pecho, como si lo estuvieran oprimiendo fuertemente.

    Empiezan a salir más lágrimas, fluyen de mis ojos como si fueran fuentes.

    Es verdad. No había llorado por lo que había vivido hacía dos días. Me había guardado todo, no sé por qué. Tal vez por vergüenza, o por querer hacerme fuerte. Pero no era fuerte, claro estaba.

    Suelto un sollozo, que permite que todo ese dolor, y esa desesperación se alejaran un poco. Escondo mi rostro entre mis rodillas. No había caso en querer detenerme, no lo lograría.

    Unos momentos después, siento algo cálido en mi hombro, y al levantar mi rostro, observo unos ojos.

    Unos ojos de un dulce color chocolate.



    Continuará (!!!)
     
  12.  
    Pam

    Pam Usuario común

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    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    Te felicito!!! Esta excelente tu fic!!! La manera en que narras toda la historia esta buenisimo!!!
    Sakura como siempre preocupandose por todo, pero creo que su profesor adorado le va ayudar mucho justo en el momento más preciso!!!
    Esta bien gracioso y mas todavia la manera en que transcurren las cosas en su alborotada vida!!!
    Espero que lo continues pronto...
    Chaito...
     
  13.  
    Pami

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    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    Estuvo bien el capítulo pero en un punto no supe a quien te referías, ¿quién vomito? ¿Sakura o Meiling? Ahí no aclaraste bien, yo tome que había sido Sakura.

    En todo caso, lo de los ojos chocolate se me antoja comerlos :(.
     
  14.  
    Fanny Hilfiger

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    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    quien vomitó fue Meiling, por esto puse dos puntos después de su nombre xD
    pero lo siento si hubo confusión Pami

    muchas gracias por leer el fic :)
     
  15.  
    Ying Fa

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    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    Pobre Sakura.
    Me gustó mucho el capítulo, la manera de la que Sakura se despista siempre es graciosa.

    Ojalá lo continues pronto ;)
     
  16.  
    Fanny Hilfiger

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    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    Hola de nuevo!

    Aquí les traigo el capítulo 4, que he escrito en un tiempo "libre" después de esta marea de proyectos y exámenes.

    Espero les guste.

    Saludos.



    Y para enamorarse, hay pay de queso.


    Capítulo 4

    Pollo [parte 2]

    Dulce, el chocolate es tan dulce.

    -¿Qué te ocurre? ¿Por qué lloras?

    Dulce. El chocolate me habla y sus palabras son dulces también.

    -¿Kinomoto?

    Kinomoto. ¿Quién será ese tal Kinomoto? Qué importa. Soy feliz así, observando y escuchando tanta dulzura. Como me gustaría probarla…

    Un momento, siento mis rodillas mojadas.

    ¡Un momento! ¡TENGO TODO EL TRASERO MOJADO!

    -¡Kyaaaaaaaa! ¡Estoy empapada de agua!

    -Sí creo que lo pude notar.

    Al escuchar esta voz mi mente desfasada vuelve a situarse en su lugar y a percatarse de la situación. Mis engranes mentales comienzan a funcionar.

    ¿Qué estaba haciendo?

    Cocinaba.

    ¿Cocinaba qué?

    Caldo de pollo.

    ¿Qué me hizo detenerme?

    No puse la cebolla en el tiempo, se me olvidó lavar el cilantro, el agua de la olla se desbordó.

    ¿Qué pasó después?

    Me puse a llorar y a recordar lo que había pasado con mi madre.

    ¿Luego?

    El mundo que antes era frío, se volvió cálido al sentir… ¡Chocolate! ¡Apareció ante mí! De la nada… y yo…

    Miro a mi lado, y me quedo estupefacta al observar qué persona es la que estaba de pie, allí, observándome con preocupación.

    S-Y-A-O-R-A-N.

    Voces en mi cabeza:

    -¡MAYOR! HAY QUE ABANDONAR LA NAVE, ¡CREO QUE VAMOS A EXPLOTAR!

    -¡¡SÁLVESE QUIEN PUEDA!!

    5.

    4.

    3.

    2.

    1…

    Siento como el calor sube a mi cabeza a una velocidad superior. Mi rostro debe parecer un metal al rojo vivo.

    Mi situación no puede ser más ridícula. Una muchacha de 16 años, sola, empapada del trasero y las piernas, dentro de un salón de gastronomía sin permiso, con una olla desbordada a un lado, y el agua derramada por la estufa y en el suelo. Y además, con los ojos rojos por el llanto.

    -Perdón.

    Es lo único que se me ocurre decir, ¿cómo podría explicar todo aquél desastre? Definitivamente este era mi fin, ya no podría seguir asistiendo a clases. Después de este caos, merecía el destierro. Si quería darle una buena impresión a Syaoran, ya podía darme por fracasada.

    -¿Perdón? –pregunta Syaoran-. ¿Perdón?

    Su tono de voz me asusta. Debe estar muy molesto. Armar ese desastre en un salón, y estar allí sin permiso…

    -Pero, ¿qué…?

    -¡Lo siento! –exclamo-. Soy de lo peor, no debo estar aquí, no pedí permiso, y causé todo este desastre por mi torpeza… pero yo sólo… quería aprender a cocinar un caldo de pollo, porque el menú de mi madre…

    De pronto me veo envuelta en una calidez indescriptible. Los brazos de Syaoran son tan cálidos.

    Callo. Las palabras ya no pueden salir de mi boca. Me quedo muda del asombro.

    -¿Por qué diablos pides perdón? Estabas llorando desconsoladamente y pides perdón como si hubieras estado haciendo algo malo. Kinomoto, ¿qué es lo que sucede?

    Mis brazos lo rodean de manera impulsiva. Y ese llanto que había sido interrumpido y que aún se albergaba dentro de mi corazón, vuelve a emanar.

    Sin embargo, esta vez ya no me dolía, todo lo contrario, me aliviaba.

    No sé cuánto tiempo pasó. Podía haber sido una eternidad. Podrían haber sido sólo unos segundos. Pero, descubro que, hubiera querido estar así por siempre. Por siempre.

    *

    -Ya veo, así que es por eso que estabas tratando de cocinar ese caldo. Pues parece que no tuviste mucho éxito.

    Ríe. Era la primera vez que lo observaba reír.

    -Sí. Pero, aún me siento muy avergonzada porque me hayas encontrado así. Y sé que hice mal al no pedir el permiso… yo prometo que…

    -Sólo debes prometer una cosa.

    Miro sus ojos color chocolate con atención, y otra vez noto que me sonríen.

    -Promete que aprenderás a cocinar el caldo.

    Abro los ojos con sorpresa. Y asiento sin titubear.

    -Bien, manos a la obra, entonces.

    Y así, paso todo el resto de la tarde cocinando el caldo, pero ahora no lo estoy haciendo sola. Syaoran, mi príncipe de ojos color chocolate, está a mi lado, explicándome cada paso que debo tomar.

    Mi corazón desea que esa tarde no acabe jamás.

    Después de mucho esfuerzo, el caldo está listo.

    -Bien, ahora pruébalo –ordena Syaoran.

    -¿Eh? ¿Por qué yo? –lo miro con recelo-. Este, quién es el experto aquí.

    Y le tiendo una cuchara. Syaoran alza las cejas y observa la cuchara. Luego la toma con la mano izquierda y la hunde en el caldo. Después de soplarle, la introduce en su boca.

    Yo lo observo con atención, y espero su reacción.

    Sus ojos sonríen de nuevo.

    -¿Y bien? –pregunto con entusiasmo.

    -Perfeito.

    -¡YAHOOO!

    Impulsivamente, tomo sus manos entre las mías y comienzo a girar. Syaoran, sorprendido, gira al mismo ritmo, cuando de pronto, tropieza con una tapa y cae al suelo estruendosamente.

    -¡Syaoran! ¿Estás bien?

    Levanta la mirada y me mira con enfado. De pronto, suelta una carcajada. No sólo una, sino muchas. Syaoran estaba riendo, y riéndose con ganas.

    Lo observo, asombrada. Aquella visión no podía ser más que perfecta. Y esas carcajadas eran como un cántico celestial a mis oídos. A quien estaba viendo no era un simple ser humano, estaba viendo a un ángel.

    Me sonrojo de nuevo. Y empiezo a reír también. Esa risa era demasiado contagiosa.

    Así pasan los minutos, hasta que Syaoran se levanta, sacudiéndose la ropa.

    -Estoy bien.

    -Perdón.

    -No te preocupes. Es bueno ver que ya dejaste de llorar y vuelves a sonreír de nuevo.

    No respondo. Las palabras vuelven a atorarse en mi garganta. Y mi rostro arde de nuevo.

    -Vamos, es tarde, hora de que vuelvas a tu casa con ese sabroso caldo.

    Asiento con la cabeza. Syaoran me otorga un recipiente con mi guisado dentro, se da la media vuelta, con las manos en las bolsas y se dirige a la salida.

    -Syaoran…

    Se detiene, y me observa.

    -¿Sí?

    -Gracias.

    Y sus ojos color chocolate vuelven a sonreírme. A veces pienso que sólo yo puedo verlos sonreír.

    -Suerte.

    Y sale del salón.

    ¿Qué es este sentimiento tan cálido en mi corazón? ¿Me estaré enamorando?

    Continuará (!!!!)
     
  17.  
    Pami

    Pami Guest

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    Pluma de
    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    Yo quiero ver sus ojos sonreír... dan ganas de comerse a ese Syaoran :F!
    Por otra parte, quedó todo junto, debiste separarlo de alguna manera. En el caso de tu capítulo no es tan recomendable el separar los diálogos de los pensamientos/acciones/descripciones porque era una línea y una línea, pero si buscar alguna otra manera.
    Por otra parte, dudo de la palabra "Río", a mi me suena a uno río de manantial u_u
     
  18.  
    Pam

    Pam Usuario común

    Acuario
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    Pluma de
    Escritora
    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    Estuvo muy hermoso lo que Sakura vivió con su profesor ese día!!! Hasta yo quería pasar un día así...
    Con respecto a la narración, lo vi demasiado junto. Y ví un error con la palabra "río" que en este caso debía ser "rió". Es todo lo que puedo decirte con respecto a eso. Con lo demás te quedó muy bien, además de estar gracioso!!!
    Espero que pronto veamos que sucede con Sakura y su profe!!!
    Bye...
     
  19.  
    gatón

    gatón Usuario común

    Leo
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    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    Holaa, me leí tu Fanfic y me gustó demasiado.. ¡Qué linda manera tienes para escribir!.
    Me gustó mucho el título, y cómo es la historia... Ojalá continues pronto :D.
    Chao.
     
  20.  
    Fanny Hilfiger

    Fanny Hilfiger Entusiasta

    Aries
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    Y para enamorarse, hay pay de queso
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    Re: Y para enamorarse, hay pay de queso

    PERDÓN

    Pero tengo un comentario que hacer: tuve un ENORME problema para subir el post, me marca una serie de en todas partes, me volví loca, porque no se subía correctamente.

    Tuve que pasarlo a bloc de notas y pegarlo desde allí para que pudiera aparecer decentemente y sin letras enormes o anotaciones extrañas... pero apareció todo junto.

    Bueno, lo corregiré en el próximo capítulo. lol! xD

    Por lo de la palabra "río", nomas no la encuentro.

    Gracias por los comentarios.
     
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  1. Keilani
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