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Venganza (Crepúsculo)

Tema en 'Fanfics abandonados sobre Libros' iniciado por JR Sierra, 7 Agosto 2012.

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    JR Sierra

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    Renesmee

    Estaba temblando de emoción. Papá, aunque reticente, al fin me dejaba ir a la escuela. Tenía ya dieciséis, pero mi crecimiento se había detenido años atrás. De cualquier manera, mi controlador padre, quiso esperar hasta estar seguro, a pesar de que la tía Alice le dijo que ya no veía más cambios drásticos. Jacob estaba tan en contra de la idea como papá, decía que iba a aburrirme y que tarde o temprano nuestro tiempo se iría acabando. Trató de convencerme de que no fuera, que Esme podía seguir educándome en casa y que Carlisle podía enseñarme medicina. Pero yo quería una probadita del mundo real. Vivir en los bosques no era suficiente. Ya no.

    Así que bajo la mirada hazel llena de orgullo de mi madre, la acusadora de Jake y la recelosa de papá tomé el auto de la tía Rose y respirando hondo, me dirigí a la escuela.



    Alec

    Investigábamos cada movimiento que se hacía en Forks. Cada salida, cada entrada, cada inscripción en cualquier instituto. Las reservaciones en los restaurantes en ciudades circundantes y las de los vuelos en los aeropuertos más próximos. Estábamos al tanto de las cuentas de sus teléfonos celulares y de sus tarjetas de crédito. Teníamos espías por todos lados. La paciencia de Aro, que le había llevado tantos años de práctica, estaba por desmoronarse. Las muertes a manos de Cayo eran cada vez más frecuentes, incluso se podían ver líneas de tensión en el rostro imperturbable de Marco. Estábamos a punto de hacer un ataque sorpresa, desesperado, como patadas de ahogado. Hasta que tuvimos un punto de partida. La anciana de la recepción de la escuela de Forks nos hizo una llamada: un Cullen en la escuela. Luego de once años, a los Vultiri se nos hizo agua la boca. La anunciada venganza estaba ya a la vuelta de la esquina.

    Semanas antes de que comenzaran las clases, tomé un vuelo a Washington. Hice paradas caprichosas en centros comerciales para llenar el clóset de mi nuevo departamento. Hice cuanto pude para hacer un inicio normal de clases y que nadie notara la diferencia. Compré lentillas y un aparato que usaban los músicos y que hacía un tac, tac, similar al sonido de un corazón y puse su volumen al mínimo, de modo que sólo alguien con nuestros oídos pudiese escucharlo. Rozaba humanos todos los días para oler como ellos y me ponía lociones para contra restar mi olor. Incluso me teñí el cabello de negro

    Atraer miradas en un pueblecillo tan pequeño, no era algo complejo, así que el eché por la borda el plan de pasar inadvertido. Luché con todas mis fuerzas para no arrancar cabezas y beberme sus cuerpos. Peleé contra el impulso de llevarme a la cama a todas las chicas con sonrisa fácil y luego morder sus cuellos, tan pálidos por la falta de sol… La garganta me ardía de tal forma que me tomé la libertad de tomar un vaso de agua fría ¡Un vaso de agua fría! ¡Un vampiro! Como era de esperarse, no funcionó. La sed se redobló cuando el destello de un auto rojo se detuvo en el estacionamiento. De cabello castaño, casi rojizo y ojos color chocolate, con olor dulzón a sangre y una deliciosa nota de muerte, debía ser ella. Renesmee.



    Renesmee.

    Adaptarme no fue difícil. Todas eran muy amables conmigo, pero Rosalie me había mostrado mucho de la vida real como para creerme que eran dulces por simple cortesía. Sólo un par me parecieron sinceras y apenas tenía un poco del tono dulzón en la voz de las demás. Envidiosas, las llamó mi cerebro y me entristecí por no encajar con normalidad.

    Luego de la comida, de la cual traté de comer lo más posible para parecer normal y eliminar el ansia de sangre, entré a la clase de biología. Mamá me había contado varias decenas de veces cómo conoció a papá, por eso, en un momento de paranoia, olí muerte en el aula. Me puse en tensión y busqué un par de ojos rojos o hazel, pero no encontré nada. Excepto por el chico de cabello negro y ojos marrones al lado de la única silla libre. Era por mucho el chico más atractivo que vi en el día, reprimí una sonrisa y caminé hacia él.

    - Hola –dije consciente de que era preciosa y de que seguro él me adoraría como los demás-. Ah, ¿está ocupada esa silla?

    El chico me miró y sonrió como un niño insolente.

    - Sí, lo siento.

    Parpadeé dos veces, confundida. ¿Me acababa de negar algo? Abrí la boca para decir algo, pero no sabía qué. El chico ensanchó su sonrisa. Había algo familiar en él…

    - Era una broma, puedes sentarte.

    Sonreí tontamente, contenta de que no me hubiese rechazado, pero aún confundida. Me senté recuperando la confianza y le regalé una sonrisa radiante.

    - Me llamo Renesmee. Acabo de mudarme de… -algo en su boca me distrajo un segundo-. Arizona –dije casi en un murmullo.

    - Soy Ale… Alex, soy de Canadá –hizo un gesto de disgusto. Su corazón hacía un curioso e imperturbable tac, tac. Olía como a menta, el olor a su sangre era dulzón, con ese toque metálico que me hacía arder la garganta, pero era muy débil.

    - ¿Hay algo malo con Canadá? –pregunté con voz dulce.

    - Es terriblemente aburrido –suspiró-. Tú, por el contrario, pareces justo lo opuesto…

    Una sensación cálida me sube por el cuello hasta las mejillas. Madre mía ¿me estoy ruborizando? No sabía que pudiera hacer eso.

    - Bueno, tú no pareces salido de un lugar aburrido –tartamudeo. ¡Santo Cielo! ¡Estoy tartamudeando! ¡Yo!

    Sonrió y cambió de tema.

    - Asumo que ya te llenaron la cabeza con la basura del baile de bienvenida.

    - ¿Crees que es basura? –Alice y Rosalie provocaban que los bailes me hicieran ilusión, a Jake no le gustaban, pero solía fingir que estaba encantado cuando de más pequeña, le hacía levantarme en brazos para bailar y usar una corona. Alex levanta una ceja.

    - Creo que son sólo excusas para… -niega con la cabeza- Olvídalo. No están tan mal de todas formas.

    Melissa, una de las pocas chicas sinceras que encontré, me dijo que tal vez debería participar en la organización del baile.

    - ¿Irás? –pregunto notando una inesperada nota de timidez en mi voz.

    Abrió la boca para contestar. Tenía una cara adorable, como de un bebé, ¿pero podía un bebé ser sexy? Oh Jake, te vas a enfurecer. Antes de que pudiera mencionar palabra, el que parecía ser el maestro de biología entró en el aula. Suspiré frustrada.

    La presentación del maestro de biología y su clase no me entusiasmaron en lo más mínimo. Escuché que un papel se rasgaba a mi derecha. Resistí la tentación de mirar hasta que vi algo deslizarse sobre mi libreta: una hoja de papel rasgado. ¿Es ya muy tarde para invitarte al baile? Decía. Se me calentó la sangre. ¿Se molestaría Jake? Por supuesto que sí, pero lo entendería ¿verdad? Me descubrí sonriendo. Le regresé el papel con mi respuesta: No aún. El papel regresó a mis manos. Bien, ¿vas al baile conmigo? Los oídos me picaron cuando la sangre llegó a ellos. Sí, sí quería, pero ¿y si Jake se enfadaba? Imaginé a Rosalie en mi cabeza negando con desaprobación, diciendo: ¿Vas a dejar que ese perro se meta en lo que quieres? Sonreí divertida al imaginar a Jacob haciendo algún chiste de rubias. Le devolví el papel: contesté.
     
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    Venganza (Crepúsculo)
    Capítulo 2

    Alec

    Reprimí la sonrisa de satisfacción teñida de maldad hasta el final de la clase. Me salté el resto de ellas cuando me percaté de que ya no coincidiría con ella en ninguna. Tomé el teléfono e hice una llamada.

    - Jane –le dije al teléfono con voz suave.

    - No hables, llama a Félix, ya lo sabes –dijo con voz seca y luego colgó.

    Suspiré. Claro, la adivina estaba monitoreando a Jane también. Torcí los ojos pensando que bien podría ponernos a todos un rastreador como osos y dejar nuestro futuro en paz. Sonreí con ironía al darme cuenta de que eso era precisamente lo que nosotros estábamos haciendo.

    - Félix –dije esta vez.

    - ¿Ya vienes en camino? –preguntó. Noté un toque de excitación en su casi monótona voz. Me reí por lo bajo.

    - Cálmate, te dije que tardaría tiempo en ganarme su confianza. Pero dame dos semanas y se las llevaré.

    - Dos semanas, dieciséis años. Luego de tanto tiempo ¿cuál es la diferencia? –soltó antes de colgar.

    Vaya pero qué groseros ¿qué ya nadie decía adiós? Bueno, en parte era mi culpa, yo no saludé.



    Renesmee.

    Llegué a casa dando saltos. Jake me esperaba sentado en los escalones de la casa. No me molesté en meter el coche al garaje, corrí como no pude hacerlo en la escuela y me lancé a sus brazos. Sonrió y me rodeó también, levantándome del piso y haciendo girar. De pronto sus brazos se tensaron y se quedó quieto. Me puso con cuidado en el piso. Me examinó de pies a cabeza.

    - Hueles demasiado dulce –dijo entre dientes.

    Me encogí de hombros.

    - Seguro es por el auto –le dije.

    - No, es…diferente –se le dilataron las aletas de la nariz.

    - Es porque nadie ha usado este coche en mucho tiempo –volví a encogerme de hombros y le sonreí-. O tal vez sea la sangre de los humanos. Oh Jake, la escuela es maravillosa…

    Lo oí suspirar. Eso no debió ser audible para un humano y me di cuenta de que realmente no quería escuchar mi parloteo, aunque de todas formas lo iba a hacer. El haría cualquier cosa por mí. Le sonreí disculpándome.

    - De verdad es muy emocionante –me corté.

    - ¿Sí? Avísame cuando se acerquen tus exámenes finales.

    Puse los ojos en blanco y lo dejé pasarme el brazo por los hombros. No llevaba playera, por supuesto. La usó durante un periodo, cuando nací, como una promesa a mi padre de que se portaría bien, pero a partir de que cumplí los catorce en años humanos él comenzó a olvidarse de la promesa. Y yo, como era de esperarse, no me quejaba: combinar hormonas de humano con hormonas de vampiro era una pésima idea, sobre todo cuando un metamorfo que te hace babear estaba cerca. Escuché a mi papá gruñir desde el interior de la casa cuando escuchó mis pensamientos. Si no te gusta sal de ahí papá. Un suspiro. Sonreí satisfecha.
     
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    Venganza (Crepúsculo)
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    1959
    Venganza (Crepúsculo)
    Capítulo 3

    Renesmee

    Las dos semanas siguientes las pasé con Alice y Rosalie buscando en catálogos de vestidos y peinados. Jacob decía que hacía mucho alboroto por un baile de bienvenida y mamá concordaba, pero no lo decía en voz alta para no herir mis sentimientos. Sinceramente, yo estaba más que encantada: encajes, seda, satén, rosa, azul, rojo, verde, escotados, recatados…Un sinfín de probabilidades… Y luego me di cuenta de que tal vez preocuparse de cosas tan triviales, que pasar dos semanas eligiendo un vestido y un peinado era más que ridículo. Pero teniendo la inmortalidad por delante, con dinero inagotable, sin posibilidad de enfermedades y sin otro familiar humano más que los abuelos por quién velar, no tenía mucho margen para las preocupaciones que afrontaba el mundo real… Ese al que a veces me gustaría pertenecer.



    Alec

    Se hizo una compra con tarjeta a nombre de Alice Cavanaugh (el nombre que usaba ahora en sus papeles Alice Cullen para no levantar sospechas) de un vestido en una boutique de Nueva York. El vestido fue enviado el lunes antes del baile y recibido el jueves. Se compraron perfumes caros con olor a flores, unos zapatos en Portland y brillos de labios en el mismo lugar con la misma tarjeta. Un bolso fue traído de Seattle y llegó el miércoles antes del baile pagado con la tarjeta de Rosalie Royce (ella solía usar ese nombre para muchos de sus papeles). Se usó una tarjeta a nombre de Isabella Cullen para comprar productos de cabello también en Portland.

    Los Cullen se tomaban muy en serio los asuntos triviales, me pregunté si lo hacían para sobre llevar de algún modo los asuntos triviales de la inmortalidad.

    El martes no me miró para nada, se le veía nerviosa, casi temerosa. Reprimí una carcajada, ella no debía creer que debía tenerme miedo, aunque si supiera lo que yo pensaba seguro me lo tendría. El insípido profesor de biología salió por una “emergencia”. Estrellé su auto quitándole el freno, de modo que pudiera hablar con ella, ganármela. Sin embargo, apenas salió el maestro, cuando ella salió disparada a la mesa de enfrente para hablar con una chica. El chico que compartía mesa con la muchacha le pasó el brazo por los hombros a Renesmee y discretamente le acarició el cabello, aspirando casi imperceptiblemente. Alcé los ojos al cielo, pero yo también inspiré con cuidado. El olor de su sangre humana, combinado con el azúcar y la canela de vampiro más la nota melancólica de la muerte la hacían…sencillamente irresistible. Por un segundo me permití envidiar al humano, quería ser yo quien la tomara del cabello, halarlo hacia atrás y pasar los labios por su cuello hasta encajarle los dientes en la piel tan clara…que parecía tan vulnerable, pero no me engañaba, clavarle un diente a su piel sería como hacerlo con una piedra.

    El miércoles me impedí perder el tiempo. Pasé los dedos por debajo de su silla para jalarla hacia mí, tomando extremas precauciones para no tocar su muslo. Me acerqué un poco, permaneciendo seguro y viéndola como una presa.

    - Hueles delicioso el día de hoy –murmuré, teóricamente no era mentira. Ella se tensó de inmediato. Pude ver un temblor rápido, invisible a ojos humanos. Cuadró los hombros y sonrió maliciosa. Todo en un segundo. Me miró con ojos juguetones.

    - Es una frase poco adecuada para una clase de biología ¿no crees? -Se toco el labio inferior con el dedo índice. Reprimí el impulso de morderla.

    - Eso no me importa –le lancé una mirada lasciva que ella notó, se encogió en una milésima de segundo-. ¿Tienes ya un vestido? –pregunté aunque ya sabía que sí.

    - No –mintió perfectamente. Si no la estuviera acosando le creería, se acercó un poco. A mí no me engañaba, yo sabía que el hombre lobo estaba tras ella, sinceramente era un poco intimidante, después de todo, uno de esos podía arrancarme el brazo de una mordida. Y de todas formas ahí estaba yo, coqueteando con la muerte y ella estaba en el mismo sitio, creyendo que jugaba conmigo mientras fingía olvidar al lobo y aparentando una vida normal. ¿Eso era lo que quería? Pobrecilla, ojalá supiera que yo no era lo que parecía-. Pero si quieres –agregó en voz sedosa-, puedes ayudarme a escoger uno.

    Le sonreí, la sonrisa tan lasciva como la mirada.

    - Ojalá pudiera –me acerqué un poco más-, pero si supiera que estás semidesnuda detrás de una cortina, lo último que haría sería ver un vestido.

    Sus ojos se agrandaron en una centésima de segundo y luego regresaron a su tamaño al tiempo que sus vasos sanguíneos se dilataban, dándole por una deliciosa milésima de segundo, ese tono rosado que hacía que me ardiera la garganta.

    - Señor Blake, señorita Cullen, ¿les molestaría prestar un poco de atención a la clase?



    Renesmee

    El miércoles llegué a casa hecha un manojo de nervios. Oculté mis pensamientos tanto como pude, no quería que papá supiera nada de lo que hice ese día. Aunque yo sabía que le alegraría que coqueteara con cualquiera que no fuera Jacob. Hacía varios días que no comía más que en la escuela. En cuanto llegué a casa, me salté la parte de darle un informe a mi madre y corrí al bosque. Podía oler a Jake, estaba como a dos kilómetros…desnudo.

    - ¡Ponte algo encima si no quieres que mi padre te asesine! –grité a un kilómetro y medio.

    Cuando lo encontré, estaba tirado cuan largo era, moviendo la cola un con una oreja vuelta hacia mí. Di un salto de cinco metros y le caí encima. Soltó un gemido y dio una vuelta para que yo quedara sobre su panza.

    - Hola cariño –le di un beso en la nariz. Estaba húmeda, arrugué la nariz y me limpié los labios-. Algún día aprenderé a no besarte cuando seas un lobo.

    Jacob resopló y se incorporó tirándome al piso. Caminó unos pasos y luego aceleró el paso. No lo seguí. Volvió trotando como un humano, con unos shorts de mezclilla desgarrados.

    - ¿Qué tal como humano? –me dijo rodeándome la cintura con el brazo. Se inclinó hasta que sus labios rozaron los míos. Ya había superado el olor a perro mojado, ahora incluso me parecía que olía bien, a bosque.

    - Si papá se entera…

    - Ya lo sabe –murmuró con voz ronca-. Y más le vale que se acostumbre, porque no pienso parar.

    Me besó casi con hambre saboreando mis labios, me dio un mordisco en el labio inferior cuando me separé para respirar. Sonreí. ¿Y si lo provocaba? Me alejé unos pasos y lo miré con ojos juguetones.

    - Por cierto, eso de la escuela ya me divierte ¿no notaste el sabor de alguien más en mis labios?

    Una ráfaga de furia pasó por sus ojos pero cuando vio mi sonrisa burlona sonrió, casi aliviado.

    - Pagarás por eso. -Y comenzó a correr hacia mí.

    Yo también corrí, tanto como pude. Si él seguía como humano yo llevaba la ventaja, era rápido, pero después de todo era humano y yo mitad vampiro. Me adelanté tres kilómetros en unos segundos. Agucé el oído para oírle. Uno, dos, tres, diez pasos corriendo y ¡Bum! Cuatro patas sobre la hierba. ¡Mierda! Corrí tanto como pude, le llevaba ventaja, pero él era un lobo ahora y corría más que yo, después de todo, él era tan rápido como un vampiro y yo sólo era la mitad de uno. Salté a la copa de un árbol perdiendo un segundo, pero gané altura. Salté de copa en copa. Estaba tan cerca… Y luego lo oí debajo de mí y ¡zas! La sorpresa me impidió saltar y el piso se acercaba cada vez más rápido. Algo me empujó cuando estaba a seis metros del suelo. El cuerpo infinitamente pesado del lobo me golpeó sofocándome y tirándome al piso. Apretó mis manos con sus patas, pesaba mucho y me hacía daño. Gemí. El lobo esbozó lo que me pareció una sonrisa de victoria.

    - Oh, ya basta Alex –en cuanto dije eso me arrepentí, mis ojos representaron el terror que sentí y luego sonreí tímida.

    Jake se quitó de encima, huyó a los árboles y luego regresó como humano hecho una furia. Torcí los ojos sabiendo que podía verme. Igual y podía hacerle creer que lo dije a propósito.

    - ¿Qué has dicho? –se veía un poco enojado, parecía debatirse entre la idea que de lo hubiera dicho apropósito y que hubiese sido un accidente.

    Fue un accidente. ¿Por qué había pensado en Alex? ¿Por qué pensaba en él todos los días? El martes me mostré distante porque me sentía un poco incómoda, después de todo iba a ir al baile con alguien que no era mi Jacob. A medida que se acercaba se veía aún más furioso.

    - Nessie ¿qué has dicho? –exigió con voz hosca. Sentí una punzada de culpa y varias de dolor. Nunca me había hablado con la voz tan fría.

    Aproveché la duda que tenía para evitar un cataclismo. Le sonreí como le sonríes a alguien cuando finges estar herido y luego rematas el chiste riendo.

    - ¡Te lo creíste! –intenté. Era una buena mentirosa, tenía que serlo si vivía con papá y de todas formas, a veces no era lo suficientemente buena. Solté una carcajada como si me riera de él por creérselo.

    Durante dos segundos sus ojos se mantuvieron impasibles, furiosos, luego la furia asomó entre ellos. Finalmente sonrió malicioso. Aliviada como estaba casi no vi venir sus brazos que me tomaron por la cintura y me cargaron sobre su hombro. Me tenía bien sujeta así que lo único que podía hacer era patalear y gritar.

    - Te dije que pagarías por eso.

    Podía oler el río. Estaba cerca. Mucho, demasiado y de pronto… Yo estaba en el río. El agua me entró por la nariz, sobresaltándome salí hecha una furia y empujé a Jacob con todas mis fuerzas para que cayera también. Lo hizo y salió empapado. Creí que seguiría pero no lo hizo. Se acercó mucho, pensé que me besaría pero tampoco lo hizo, se limitó a susurrar en mi oído:

    - La próxima vez que digas el nombre de alguien más, iré yo mismo a matarlo. De pronto sus shorts explotaron y él desapareció entre los árboles. Con la conmoción olvidé que no había comido. Torcí los ojos pensando en su amenaza y regresé al bosque.
     
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    Venganza
    Capítulo 4

    Alec

    Algo estaba muy mal. Realmente mal. La pequeña híbrida me estaba causando problemas. Me estaba preguntando si debía aplazar el plan, para…ganarme su confianza un poco más. Para verla un poco más. Y eso era lo que estaba mal. Tenía que llevar al cabo el plan, no podía permitir que me pasara lo que le había pasado al lobo. A pesar de que ya estaba en marcha.

    Renesmee

    Me había guardado para mí y para mamá (obviamente papá también lo sabía, pero yo me esforcé para no pensar en su rostro nunca, si se iba a enterar de los detalles, lo haría de mi boca, no quitándome pensamientos) que ya tenía una cita para el baile. Me las había arreglado para mantener el misterio de si tenía o no una pareja. Finalmente el viernes por la tarde, antes del baile, me atrevía contárselo a Alice y a Rosalie mientras me peinaban, sabiendo que posiblemente Jake estaría escuchando. Pero, honestamente, no me atrevía a decírselo de frente. Agradecí que Alice me leyera la expresión.

    - Y bien… -dijo expectante-. No puedes decirnos que vas sola al baile.

    - Y no vas a llevar a ese perro, ¿le dijiste que sí a alguien? –supe que fue un comentario agresivo hacia Jake, que seguro podía oírnos.

    Tomé aire profundamente y les solté:

    - Hay un chico…

    Me interrumpieron con un gritito y comenzaron a dar saltitos. Escuché a Jake contener la respiración y ponerse de pie violentamente. No se movió más.

    - ¿Cómo se llama? –gritó Rosalie y me dieron ganas de encogerme y callarla.

    - Alex –murmuré.

    Escuché a Jacob caminar tres pasos hacia la puerta, me tensé, al igual que Alice. Rosalie esbozó una sonrisa y se preparó. Pero Jake se detuvo. Pude escuchar un suspiro y el crujido de la madrera del piso cuando se relajó y luego corrió hacia la puerta y se convirtió una vez afuera. No me había dado cuenta de que estaba conteniendo la respiración, Alice también. Rosalie soltó una carcajada.

    - Estará bien –me consoló Alice.

    - No puedes saberlo –murmuré sin ánimo de ofender.

    - Seguro que el humano huele mejor que él –terció Rose-. ¿Segura que no quieres cambiarlos?

    - ¡No! –le dije horrorizada-. Y no quiero que piense que puedo querer a alguien como a él. Digo, sólo me estoy divirtiendo…

    Pero yo sabía que eso no era cierto del todo. Alex tenía algo… Me asustaba que lo que yo acababa de decir no fuera real.



    Alec

    No iba a pasar por ella a su casa, ya se lo había dicho. Nos veríamos en la escuela a las nueve. A las nueve y cinco me puse nervioso ¿y si no llegaba? ¿Y si me habían descubierto? ¿Y si ella me odiaba? Sacudí la cabeza, estaba siendo paranoico, además, ¿había formulado la última pregunta? Al final iba a odiarme y tenía que hacerme la idea.

    Estaba a punto de volverme loco e ir a buscarla yo mismo, cometiendo un error imperdonable, cuando ella apareció. Un Mercedes blanco Salió de la nada y se detuvo en un puesto del aparcamiento. Me tensé buscando un olor que no fuera el suyo, pero sólo estaba ella. Bajó del auto, con un vestido blanco y largo hasta el piso, al estilo de una diosa griega y el cabello estaba recogido en una alta coleta. Definitivamente una diosa griega. Me di cuenta de que estaba conteniendo la respiración. Sacudí la cabeza para despejarme e inhalé lo que sirvió únicamente para embriagarme de su olor peculiar. Una llamarada me subió por la garganta.

    Cuadrando los hombros caminé hacia ella. Era difícil caminar a ella con una velocidad humana, irritante, considerando que estaba preciosa y que podía ver la sangre subiendo por una vena en su cuello desnudo…

    Le rodeé la cintura con un brazo sin darle tiempo de verme, aunque seguro que ella ya me había oído venir.

    - Te ves preciosa –murmuré cerca de su oído, conteniendo el ansia de besarle el cuello, sobre aquella arteria…

    - Gracias –contestó con voz sedosa.

    Miró de un lado a otro, preocupada. Oh, no ¿creía que alguien de su familia vendría? ¿Me había descubierto? Más me valía actuar rápido.



    Renesmee

    Tenía la fotografía, tenía el ramillete, el vestido y estaba bailando con ese chico, que me volvía la cabeza un lío. Su mano se posaba en la parte más baja de mi espalda, sin llegar a un sitio impropio. Mis brazos descansaban sobre sus hombros. Me sentía increíblemente relajada y feliz. La noche ya estaba avanzada y le había permitido servirme varios vasos de ponche con alcohol. Estaba un poco mareada, de hecho, tan cerca como ahora estábamos, su olor se hizo más intenso, más dulce, más…

    Me puse tensa y me aparté un paso, lo miré con los ojos bien abiertos, creo que me temblaron los labios.

    - Tú… -tartamudeé.

    Sonrió burlón, las lentillas estaban derritiéndose con el veneno de su iris rojo.

    - Sorpresa –murmuró.

    Y luego todo se oscureció.
     
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    Venganza
    Capítulo 5

    Alec

    Llamar a Jane, Demetri o Félix sería una idea estúpida, seguro la adivina estaba monitoreándolos también. Había dejado ciega y sorda a la chica, le puse dos dedos en el cuello hasta que perdió el conocimiento, pero no el tiempo necesario como para que hubiese un daño serio. Tomé el teléfono.

    - Chelse –la llamé acortando su nombre con fingido cariño-, querida, adivina qué.

    - ¿La tienes? –preguntó con voz seca, ligerísimamente teñida de esperanza.

    - Claro, muñeca –cargaba a Renesmee con un brazo y sostenía el teléfono con otra. La puse en el asiento del copiloto de mi Audi. Cerré la puerta de un golpe-. Ahora, escúchame con cuidado –dije subiéndome al auto-. No hay tiempo para que vengas a Forks, no sirve de nada. Compra dos boletos a Vancouver, Canadá, ya. Haz que un auto esté en Pisa, Italia de preferencia dejen el auto, mientras menos mejor. Ahora, que nadie sepa nada, no puedes decirle nada a nadie hasta que yo lleve a Renesmee, mejor que la adivina no sepa nada.

    Hice una pausa. Les había pedido dos semanas, pero con una me bastaba, había que moverse pronto.

    - ¿Dónde está Heidi? –exigí, mientras conducía al aeropuerto.

    - Está en Olympia desde que llamaste a Félix.

    - Bien, quiero el auto y pon la mente en blanco, hasta que vuelva a llamarte –le advertí.

    Me detuve en la carretera, era ya tarde, así que no había carros a la vista. Bajé volviendo a mi velocidad habitual, la de un vampiro. Saqué el short y la playera de la cajuela. Abrí la puerta del copiloto, le arranqué el vestido y las joyas. Madre santa. Ahora entendía qué le veía el lobo, aunque bueno, era mucho más que un cuerpo. Sacudí la cabeza quitándome la imagen de la chica semidesnuda en una cama con el cuello abierto. Le puse los shorts y la playera y volví a cerrar la puerta. Me puse unas lentillas nuevas, las otras se derritieron. Le puse a la chica una peluca: ahora tenía cabello negro y liso.

    - Heidi –dije al teléfono una vez más-. ¿Ya tienes a los neófitos?

    - Sí, ¿es hora?

    - Se te está haciendo tarde.

    Fingí en el aeropuerto que mi hermana estaba dormida, que íbamos a ver a mis padres el fin de semana. Le dije que íbamos Vancouver. Ella recuperó el conocimiento cuando estábamos llegando a Canadá. Casi se pone a gritar.

    - Buenos días dormilona.

    Abrió mucho los ojos, los labios le temblaban de temor.

    - No sirve de nada que hagas ruido, vamos a Francia –le mentí.

    - ¿A Francia? –tartamudeó.

    - Sí, pero tranquila, haremos un trato con tu familia y nadie saldrá herido –me encogí de hombros-, cosa de niños ¿no te parece?

    - Nunca es así de fácil –dijo ella con la voz firme-. ¿Crees que no sé que tu hermana orquestó a un ejército para asesinar a mi familia?

    Ahora se oía molesta, pero segura de sí misma, como si creyera que tenía una oportunidad. Y es que ella no sabía el plan completo, que me había tocado pensar a mí. Siempre había sido considerado un títere de mi hermana, pero ahora que ella era inútil, incapaz de hacer algo sin ser advertida por los Cullen, la oportunidad era mía.

    - Discúlpame –dije fingiendo indignación-, pero no fue mi hermana, sino la pelirroja quién armó ese escándalo.

    Ella entrecerró los ojos, como diciendo: “Déjate de estupideces”. Le sonreí.

    - Bien, sí fue ella. Ahora te saco de Forks para que no te maten a ti también.

    Abrió los ojos como platos, los divinos ojos color chocolate…

    - ¿Qué van a hacer? –susurró al borde de las lágrimas.

    Le sonreí.

    - Vamos a ajustar cuentas.

    Y la volví a dejar sin sentidos.
     
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    JR Sierra

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    Venganza
    Capítulo 6

    Jacob.

    Si tu novia no aparece a las once de la noche es una cosa, está en una fiesta bailando con un imbécil. Si a las doce, la hora a la que prometió llegar, no está en casa, debes darle unos minutos. Pero si se hacen las doce cuarenta y cinco, algo está mal.

    - Muy bien Alice –pregunté impaciente pero tratando de no parecer un idiota-. Dijiste que estaría aquí a las doce cinco y yo no la veo por ningún lado.

    La vampira a la que hacía tiempo le había tomado cariño torció el gesto. Bella y la sanguijuela se habían ido a su cabaña a las diez, como siempre. Nessie había acordado llegar a la casa de los Cullen para hacer una pijamada con la sanguijuela rubia y con Alice. Pero no había llegado. Ya se me hacía mucho dejarla ir al baile con un tipo que no iba a recogerla a su casa, bueno, se me hacía mucho dejarla ir con alguien. Estaba celoso, sí. ¿Por qué no podía llevarla yo?

    - Bien, tengo que hacerte una confesión.

    Ay, no.

    - No he visto su futuro desde hace cinco años.

    Entré en pánico. ¿Qué no había qué? Debía estar loca, o bromeando, o ambas.

    Mi proceso de envejecimiento había disminuido al mínimo y en los últimos dieciséis años realmente sólo había envejecido un año. Renesmee había parado de crecer también. Pero se suponía que la sanguijuela adivina veía su futuro (o alrededor de él) para evitar problemas. ¿Por qué diablos había parado de hacerlo?

    - ¡¿Qué hiciste qué?!

    - Se lo prometí –alegó-. Estará bien…

    - ¿Segura? ¡Porque yo no la veo por ningún lado!

    - Bueno, ya es suficiente –terció su novio rubio-. Si estás tan preocupado ¿por qué no vas a buscarla?

    - ¡Jasper! –Gritó Alice- ¡Arruinará su fiesta!

    - ¿Crees que me importa? –Pregunté tratando de mantener bajo el volumen de voz, no quería que el militar se alterara-. Es casi la una y Nessie no está aquí, a pesar de que hace una hora debía haber llegado. Al diablo la fiesta, voy a buscarla.

    A pesar de que trató de detenerme, yo tomé uno de los autos y fui a la escuela. Unos metros antes me di cuenta de que algo iba muy mal, incluso peor de lo que yo creía. Apreté la mandíbula y llegué a la escuela. Escuché gritos desde el interior y entré en pánico.

    - ¡Mierda! –exclamé cuando me percaté de que las puertas estaban cerradas. Forcé una hasta romperla.

    El interior del gimnasio era un baño de sangre, algunos aún corrían, pero había muchos muertos en el piso y había un neófito enloquecido en el centro devorando a una chica rubia. Perdí el control convirtiéndome en lobo cuando no vi a mi Nessie por ningún lado.



    Alec

    Si lo ponías en perspectiva, no era un plan tan complicado. Heidi convertía a dos humanos, de algún lugar distinto a Italia. Francia ¿por qué no? Los traía a América en uno de nuestros barcos, tiempo durante el cual se completaba la transición. Los escondía en algún lugar de Canadá y los alimentaba con humanos que conseguía de Alaska. Pero ella sólo tenía contacto con un neófito y hacía que éste engañara al otro haciéndole creer que él lo había convertido. De modo que cuando soltáramos al neófito engañado en una fiesta llena de niños y asesináramos al que tenía contacto con Heidi, el engañado hablara de alguien totalmente desconocido, que desapareció y dejara un callejón sin salida.

    Los Vulturi no sabían dónde estaba yo, creían que estaba en Francia, por lo tanto, cuando la adivina buscara en las mentes y en los futuros de los más importantes no encontraría nada. Y no iría por mí, era un títere después de todo y estaba en Francia. Mientras un chico de cabello oscuro, viajaba a destinos distintos a penas se le ocurrieran con su preciosa Renesmee. Es difícil seguir a alguien que cambia de destino cuando se le ocurre. Lo último era sólo para ganar tiempo y desesperar a los Cullen para que aceptaran cualquiera de nuestros tratos.

    Bueno, después de todo, quizá si era complicado.
     
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    JR Sierra

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    Venganza
    Capítulo 7

    Jacob

    Todos estaban muertos, o habían huido antes de que yo me convirtiera. Tenía al neófito entre los dientes y Nessie no estaba por ningún lado. Corrí por el bosque hacia la casa de los Cullen con el vampiro en la boca. No paraba de gritar. Alice me esperaba en la puerta con los demás (exceptuando a Edward y Bella) en la entrada. Solté al vampiro e intentó correr pero Emmett y Jasper lo detuvieron estrellándolo en el piso. Me convertí omitiendo la parte de ponerme pantalones, no era importante. Alice me lanzó unos shorts.

    - ¡¿Qué diablos?! –preguntó.

    - Rosalie, llama a Bella y a Edward –ordené mientras me ponía los shorts, en ese momento, no me iba a replicar-. Estaba en el baile, hay muchos muertos, nadie me vio transformarme… ¡No lo maten! –Le grité a Jasper que ya buscaba un encendedor-. No sé dónde está Renesmee, y él nos lo va a decir –gruñí.

    Edward y Bella llegaron más pálidos de lo habitual. Seguro él ya me había leído la mente y explicado a Bella todo, o tal vez me escucharon en el camino.

    - ¿Dónde está? –exigió Edward.

    - Oh, así que no escucharon la historia completa –dije con cierto sarcasmo, ya estaba desesperado, no tenía tiempo para explicaciones-. Este imbécil hizo un caos y no sé dónde diablos está Renesmee, ahora ¡Sáquenle la información de una buena vez o lee su mente! –grité, pero Edward ya negaba con la cabeza visiblemente molesto.

    - No sabe nada, un tal Jean lo convirtió y lo abandonó en la escuela.

    - ¡Pues busquemos al tal Jean! –rugí.

    Edward les lanzó a Emmett y a Jasper una mirada que me resultaría aterradora si no estuviera tan alterado, tenía el corazón latiendo tan rápido que me dolían las costillas.

    - Ocúpense de él, no nos sirve de nada –miró hacia la puerta, los que estaban ahí no se habían movido-. Alice, Carlisle… -hizo un gesto para que lo siguieran a la casa.

    - ¿Conocemos a Jean? –preguntó Alice una vez en el comedor.

    - No -contestó Edward cortante-. Podría ser cualquiera, pero es una coincidencia enorme que se apareciera en la fiesta donde, precisamente, estaba mi hija.

    Carlisle alzó la cabeza.

    - ¿Crees que son…? –pero Alice negó con la cabeza antes de que él terminara la pregunta.

    - He estado vigilando las decisiones de Aro, Marco, Cayo, Jane, Félix y Demetri. Si hubiesen planeado algo lo sabríamos. Ellos lo sabrían.

    - Eso pensamos la última vez –terció Bella, alterada-. Y Jane estaba a cargo de todo.

    Un olor dulzón a quemado me inundó la nariz, Jasper y Emmett entraron al comedor.

    - Si el tal Jean y el neófito tienen algo que ver con la desaparición de Nessie y los Vulturi están involucrados –conjeturó Jasper-, entonces debió hacerlo alguien inteligente, con autoridad y a todos ellos los vigila Alice.

    - Es un buen punto, pero dieciséis años son suficientes para que cualquier inútil piense en un buen plan…

    - Sí, ya lo que sea –corté a Edward-. Lo que hay que hacer, es peinar el país, el continente entero y encontrar a ese Jean…

    - No, Jake –dijo Bella con los ojos vidriosos, y yo que creía que los vampiros no podían llorar-. Es posible que Jean haya asustado a Renesmee y que ella venga a casa justo ahora, o incluso que siga escondida en la escuela… ¡Edward hay que buscarla ahí!

    Edward se puso de pie.

    - Bella y yo buscaremos en la escuela y los alrededores. Emmett, Jasper peinen el bosque, Forks, Washington, ¡el país entero! Encuentren al tal Jean, si no lo encuentran búsquenlo en Canadá, eso estaba en la mente del neófito. Alice, busca algo en los Vulturi, ¡todos ellos! ¡Maldición! ¡Ojalá pudieras verla! Jacob, ve con quién quieras.

    Quería buscarla, por supuesto. Si regresaba a la escuela tal vez podía rastrearla por el olor. Sí. Salí corriendo como un lobo, luego de atarme los shorts a la pierna, por supuesto y cuando estuve cerca del pueblo regresé a ser humano, cosa que no me servía de mucho. Me acerqué a Bella que había llegado segundos antes.

    - ¿Hay algo?

    - No la encuentro…

    Se refería a su olor, y yo tampoco podía olerla, eso me volvía loco, pero me tranquilizó en cierta medida. Si no podía olerla o su olor era muy débil era porque se había ido hacía tiempo y había escapado del neófito.

    - ¿Edward? –pregunté con voz temblorosa.

    - ¡Lo tengo! –gritó desde el interior del gimnasio. Suspiré aliviado y evité contener la respiración una vez dentro, la policía aún no había llegado y dentro olía a muerte.

    También olía un poco a ella, debajo de una de las canastas de baloncesto y seguía saliendo por la puerta trasera hasta convertirse en el olor de un auto. El mercedes estaba en el estacionamiento, por lo tanto se había ido en otro auto y junto a su olor, estaba otro, dulce, quizá demasiado…

    Un vampiro.
     
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    Venganza
    Capítulo 8

    Renesmee

    La siguiente vez que pude ver y oír, estaba en la habitación de un hotel. Estaba sobre una cama y seguía usando los shorts y la playera que no tenía idea de donde habían salido. No vi a Alec cerca. Pensé en saltar por la ventana. Debíamos estar en un piso muy alto, pero no me pasaría nada aunque me golpeara en la cabeza, eso en caso de que no pudiera caer parada. Estaba a punto de romper el vidrio cuando algo enorme llamó mi atención: El Cristo Redentor. Madre mía. Estaba en Río.

    - Sorpresa –dijo una voz tras de mí.

    Me di la vuelta con lentitud.

    - Se está volviendo tu palabra favorita –le dije secamente.

    - Me atrapaste –llevaba una copa de vino tinto en la mano. Dos-. ¿Quieres?

    - No, gracias –le espeté-. Ahora, ¿vas a matarme de una vez o me torturarás un poco primero?

    Se llevó una al “corazón” fingiéndose ofendido.

    - Perdona, pero si te saqué de Forks fue para que no te asesinaran.

    - No te creo –siseé entrecerrando los ojos.

    - Es justo –dio un trago a la copa-. Pero piénsalo, si te quisiera muerta, ¿no estaríamos en Volterra?

    Cierto, pero no iba a darle el beneficio de la duda. Si no íbamos a Volterra, seguro era porque había algo o alguien ahí. Alguien que no debía saber que yo estaba con ellos. ¿Mi familia? No, tal vez no quería que Aro supiera que me tenía, para que Alice no supiera nada, pero si mi familia no sabía dónde estaba yo estaba ahí entonces yo no servía de cebo… ¿Me querían muerta? No tenía mucho sentido.

    - ¿Cuál es el plan? –murmuré desafiante.

    - Ya te lo dije, te saco de Forks para que no te maten.

    - ¿Van a matar a mi familia? –susurré de pronto alterada. Recordé que Aro me prometió que no le haría daño a mi familia aquella vez que nos enfrentamos-. Pero Aro prometió…

    - No, ya te dije que van a negociar con ellos, sólo evito que las cosas se pongan feas si tú estás ahí.

    Entonces vi el punto.

    - ¿Negociar? Esto es… ¿algún tipo de secuestro?

    - Vaya, que lista, diste en el blanco.

    Entré en pánico, no tenía experiencia en la vida real, pero había visto por televisión algo sobre los secuestros y las víctimas no siempre tenían finales felices.

    - ¿Qué vas a hacerme? –susurré.



    Alec

    Cuando vi sus ojos color chocolate representando el terror puro, lo supe. No iba a poder hacerle daño. Ahí estaba ella, al borde de las lágrimas y temblando de miedo. Yo era la serpiente y ella el ratón. Yo podía matarla ahí mismo si quería, pero no lo hice. Porque no era parte del plan, sí, pero había algo que me impulsó a hacer lo que hice. Me acerqué lentamente, tanteando el terreno como si ella fuese un pajarito al que temía asustar. Y cuando estuve muy cerca la rodeé con mis dos brazos. Ella se revolvió un poco.

    - Por favor –susurré-. No voy a hacerte daño.

    Ella se echó a llorar.

    - Él prometió que no le haría daño a mi familia, Alec.

    Sus palabras eran patadas de ahogado, se sabía perdida, por eso estaba llorando. Me causó una curiosa punzada en la garganta. Y aún sabiendo que las cosas sólo podían salir mal para ella, suspiré de alivio.

    - No tienes una idea –murmuré, mi voz estaba extrañamente ronca-, de cómo me alegro de haber sido yo quien vino por ti.

    Rio con amargura y sin un atisbo de humor.

    - ¿Querías ser tú personalmente quien me torturara?

    - No –la corregí-. Pero alguien que no fuera yo te lastimaría y de no haber venido no te hubiera conocido y… -apreté los ojos antes de continuar-. Y sinceramente esas dos ideas ahora me resultan inconcebibles.

    Me echó los brazos a los hombros y dio rienda suelta a los sollozos. Lloró hasta que sus piernas no la pudieron sostener. Me moví con cuidado para cargarla, ella se dejó hacer. La puse sobre la cama y me recosté a su lado. Supliqué que no pareciera demasiado. Ella soltó un suspiro cortado.

    - Si lo que dices es verdad –dijo tan adormilada que creí que lo decía en sueños-, ¿por qué no me dejas ir?

    La pregunta me provocó una punzada en el pecho.

    - Ojalá pudiera, Renesmee, no sabes cómo desearía poder hacerlo.

    Ella se quedó dormida al instante.
     
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    JR Sierra

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    Venganza
    Capítulo 9

    Jacob

    Dos días ya eran demasiados. Me había vuelto totalmente loco. Habíamos seguido el rastro del auto hasta el aeropuerto. Edward buscó en las mentes de todos buscando a Nessie, pero no encontró nada. Había muchos adolescentes. Y ninguna de cabello del precioso color casi rojizo de Renesmee. Habíamos encontrado a dos chicos en la mente de una recepcionista que parecían sospechosos. Pero eran dos hermanos que iban Río con sus padres. No había un solo vuelo que fuera a Italia ni con escalas donde hubiera subido alguna adolescente. Si no eran los Vulturi ¿quién era? ¿Dónde estaba mi preciosa Renesmee? Si no la encontraba pronto, me hundiría.

    Estaba con Bella, buscando a Renesmee cerca de la frontera cuando sonó su teléfono.

    - ¿Alice? –La voz de Bella, cansada y teñida de lo que parecía sus últimas esperanzas, me rompió el corazón-. ¿Qué has visto qué? –Hizo una pausa-. Los veré en el aeropuerto –me lanzó una mirada-. Lleva algo de ropa para Jake.

    Resoplé para llamar su atención. Moví la cola con impaciencia.

    - La encontró –dijo con una sonrisa bellamente esperanzada. Comenzamos a correr-. La tiene Alec, pero Alice no sabía que era él porque llevaba una peluca, además han cambiado constantemente su destino. Los vio en Río, ahora tomaron un vuelo a Pisa –su voz se oía casi rota, estaba destruida.

    La rabia me subió a borbotones por el pecho.

    - Llama a la manada, tenemos que estar en el aeropuerto. Iremos todos juntos si queremos ganar.



    Renesmee.

    De pronto ya no estaba ciega ni sorda, pero algo me cubría los ojos y no había casi nada de ruido. Un dolor agudo me atravesó todo los huesos. Solté el grito más alto y agudo que jamás había proferido.

    - ¡Jane! –la voz de Alec llenó la estancia, llevándose el dolor. Ni siquiera le oí venir-. Déjala en paz.

    Jane soltó una risita que me puso la piel de gallina.

    - ¿Qué? –Preguntó con insolencia en la voz-. ¿No puedo divertirme con la prisionera?

    - Sólo lárgate –le espetó, se oía genuinamente molesto.

    Los pasos de Jane se alejaron y una puerta se cerró de golpe. Luego de un suspiro en la estancia lo que me cubría los ojos se fue. Era un pañuelo de seda, Alec me miraba preocupado.

    - ¿Estás bien? Siento tanto que…

    - ¿Además de que fui secuestrada? Sí, estoy bien –le corté.

    Me miró angustiado, buscando algo que decir. Pero a estas alturas no podía saber si lo que decía sentir era cierto y no le quería creer.

    - ¿Dónde estoy? –exigí.

    Estaba sobre una cama inmensa, de sábanas blancas y suaves con cabecera y base de caoba, tallados con figuras curiosas. Había una puerta frente a la cama. Era inmensa, oscura, con tallados como los de la cama. Aterradores y fascinantes.

    - En Volterra –dijo mirando hacia abajo, derrotado.

    Hasta ese momento no se me había ocurrido incorporarme, pero al intentarlo, sentí las manos y los pies atados ¿en serio? Casi torcí los ojos y con todas mis fuerzas intenté abrir los brazos y las piernas para romper lo que sujetaba. Pero no ocurrió nada. Entré en pánico mientras miraba hacia atrás para ver mis manos atadas con… Parecían esposas de cristal, pero brillaban.

    - Diamante –me explicó con la más triste de las sonrisas. Por poco siento lástima-. Sé que no puedes romper el granito… No sin mucho esfuerzo. El diamante es el material más duro de la tierra…

    Desvié la mirada. Ya lo sabía. Odié por un segundo ser mitad humana.

    - Renesmee lo siento tanto…

    - No –le corté-. No hagas esto.

    Vi en sus ojos que no comprendía. Incluso vi algo de desolación que decidí ignorar.

    - Alec, no sirve de nada que finjas, de verdad, de todas formas haré lo que me pidas si no lastimas a mi familia.

    El horror en su expresión fue palpable.

    - ¿Crees que miento? –dijo con un susurro apenas audible, incluso para mí.

    - No, sé que mientes –corregí.

    Abrió la boca para decir algo, pero frunció el ceño y la cerró. Me sentó en la cama, doblé las piernas, sujetas por los tobillos. Se sentó a mi lado y tomó mi rostro entre sus manos. Reprimí el impulso de apartarme.

    - Por favor –suplicó- Mírame a los ojos.

    La pintura de su cabello se había caído, me pregunté cómo lo hizo. Sus ojos eran rojos, tan intensos como la sangre. Me hubiesen dado asco de no haber visto a mi madre con ese color en su mirada. Pero en sus ojos estaba la muerte de muchas personas, en la de mi madre no. Podía ver tanto odio en sus ojos, y había más. De todas formas lo miré.

    - No sé que me hiciste –susurró, esta vez fue un susurro normal-. Quería traerte, y no me importaba lo que ellos hicieran contigo…pero ahora apenas si puedo permitirles que te miren. Aro no te ha visto.

    Eso me sorprendió. No parecía mentir, pero debía tener mucha experiencia haciéndolo.

    - Es que no te creo –dije bajando la mirada.

    Gimió. Madre mía, Alec gimió. Tomó mi barbilla y me hizo mirarle.

    - Renesmee, por favor…

    - Si lo que dices es cierto, me dejarás ir.

    Entonces me miró y era la viva imagen de un niño desconsolado. Si los vampiros pudieran llorar… Esta vez, sí me rompió el corazón.

    - ¿Crees que no lo he pensado? –Susurró como cuando quieres contener las lágrimas-. Renesmee, si yo no hubiese ido por ti, alguien más lo hubiera hecho. Si te dejo ir ahora, no sólo me asesinarán a mí, sino a toda tu familia… Incluyendo a los lobos.

    Se me heló la sangre. Y fue entonces que acepté que todos estábamos perdidos. Que si mi familia no hacía todo lo que decían los Vulturi, todos moriríamos. Y Jake no se sometería. Gemí al imaginarlo rodeado de vampiros, perdido. Ahora todo sólo podía empeorar. Me di cuenta de que las lágrimas corrían por mis mejillas porque Alec me quitó una con su pulgar. Quise quitármelas con dignidad, con mis propias manos, pero era imposible.

    - Por favor perdóname –suplicó-. Entiende que las cosas pudieron haber sido peores, por favor, no me odies, te prometo hacer lo mejor para ti de ahora en adelante. Juro asegurarme de que tu familia salga ilesa de esto. Pero, Renesmee, por favor…

    No quería compadecerlo, quería odiarlo, todo esto era su culpa. Pero no podía. Él tenía razón, era cínico que lo dijera pero las cosas sí pudieron ir mucho peor. Y se le veía arrepentido y parecía que sufría, sin embargo bien podría estar mintiéndome. A pesar de todo me decidí a creerle. De todas formas lo mejor que podía pasarme en este punto era no morir y terminar con todos mis miembros. Si tenía a alguien que por lo menos fingía quererme, no me sentiría tan sola.

    - Ya basta Alec –susurré-. Yo…no sé si pueda creerte –en sus ojos vi desesperación- pero –hice una pausa sólo para ver alivio en su rostro-, a estas alturas del partido preferiría no estar sola.

    Me di cuenta de que él estaba conteniendo el aire porque lo soltó de golpe, dejándose caer hacia adelante y apoyando su frente en la mía. Estaba tan sumida en la desesperación y melancolía, por saber que todos estábamos perdidos que no pensé en lo que pasó después. Muy despacio, Alec se movió hasta posar sus labios fríos sobre los míos. Estaba acostumbrada a la piel fría, pero no sobre mis labios, en ellos siempre había calor. Me aparté disculpándome y echándome a llorar. Jacob, mi Jacob tan altanero, por culpa de ese defecto iba a echar todo por la borda y los Vulturi no tendrían piedad. Lloré desconsoladamente hasta que una figura irrumpió en la habitación.
     
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    JR Sierra

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    Venganza
    Capítulo 10

    Jacob

    Estaba hecho. Ya todos nos íbamos. Sabíamos que estaríamos en desventaja, después de todo, jugaríamos de visitantes. No los conocía a todos, pero sabía que eran por lo menos quince sanguijuelas de ojos rojos y sonrisas poco amables, además tenían a Nessie. Suficientes razones para arrancarles la cabeza. Nuestro número (con toda la manada y las primas de los Cullen de Denali, que estaban sedientas de venganza) rondaba los veinte, tendríamos el factor sorpresa… Pero era obvio que nos esperaban. Bueno, la sorpresa seríamos los lobos. Aunque tal vez eso ya lo tenían contemplado…

    Nos quedaba pedir que el deseo de salvarla, a ella que me había salvado a mí, fuera lo suficientemente fuerte como para evitar que nos mataran a todos.

    Y lo era. Debía serlo, porque de lo contrario ya nada tenía sentido.



    Renesmee

    Yo debí haberlo oído venir, pero no lo hice y no me di cuenta de nada porque Alec no se había inmutado en lo más mínimo. Así que cuando Aro irrumpió en la habitación con su risa cínica, di un salto incorporándome en un una milésima de segundo.

    - Oh, querida, perdonen, no quería importunarlos –dijo insinuando cosas con el tono de voz.

    Hice una mueca de asco que hizo poner a Alec una de dolor. Quise explicarle que mi mueca no era por él, que yo no podía hacer nada con nadie que no fuera Jake. Pero no lo hice.

    Debía tener los ojos hinchados y rojos por el llanto, casi deseé ser un vampiro para no tener que llorar. Aro pareció saborear mis lágrimas con la vista. Tragué saliva y lo miré a través de las pestañas, con los ojos entrecerrados, desafiándolo. Si tuviera un poco de ese ponche que me envalentonaba…

    - Te aseguro que no interrumpes absolutamente nada –dijo Alec con la intención de no verse débil.

    - Por supuesto –replicó Aro incrédulo-. ¡Oh, Santo Cielo, Alec! ¡Tener a nuestra invitada atada! Eso no da buena imagen a nuestra hospitalidad ¡Suéltala ahora mismo! De todas formas, la señorita no irá a ninguna parte ¿verdad? –agregó amenazante.

    Bajé la vista, impotente. Así era.

    Con un suspiro de alivio y resignación, Alec me arrancó las esposas de diamante. En un momento de humor antes de la muerte, me imaginé usando parte de esos diamantes en mi anillo de bodas.

    - ¡Excelente! –Exclamó Aro dando una palmada-. Debes estar hambrienta querida, ¿me permites invitarte una copa?

    En efecto, no había comido en más de un día y el estómago y la garganta me lo recriminaban. Pero en una situación así ¿cómo podría probar bocado? Y estaba bastante segura, de que con “una copa” no se refería al vino tinto.

    - No, gracias, Aro –respondí con una diplomacia que me sorprendió.

    - Oh niña pero si no es molestia…

    - De verdad, Aro, gracias.

    Hizo una mueca de disgusto y juraría que pensó: “Entonces muérete de hambre”.

    - Disfruta tu estadía –dijo con desdén y salió.

    Alec se relajó visiblemente, bajó los hombros y soltó los músculos y la mandíbula. Suspiró. Se levantó y atravesó una puerta delgada a la derecha de la cama sin decir palabra. Entré en pánico por unos segundos ¿a dónde iba? Agucé el oído y reprimí el impulso de salir tras él. Escuché una puerta abriéndose, a él revolviendo bolsas y objetos que se golpeaban entre sí y luego la puerta cerrándose. Otra puerta abriéndose y cerrándose y un pitido. Un horno. Suspiré de alivio y me dejé caer en la cabecera. Tenía marcas en las manos y en los pies por las esposas. Alec regresó cuando el horno paró de dar vueltas.

    Me dio un pan caliente con mantequilla. Inhalé.

    - No tenemos mucha comida –murmuró-. A veces Jane trae humanos para… -se interrumpió- Bueno, ya sabes, antes de… -parecía debatirse entre decir palabras como “sexo” y “muerte”. Sí, tal vez eran un poco fuertes en este contexto. Suspiró rindiéndose, parecía tan cansado, apagado-. La comida es para ellos –dijo con un encogimiento de hombros. La idea no parecía agradarle mucho.

    Le di una buena mordida al pan. Y le miré agradecida, de verdad. Y entonces me di cuenta de que bien pudo envenenar el pan. Pero no, no lo hizo. Me sonrió con amargura, como cuando ves a un diente de león precioso antes de que el viento se lo lleve.

    - Gracias –dije después de pasarme el pan.

    - No es ni lo mínimo que podría hacer. Ya sé que no tomas sangre humana.

    Nos quedamos en silencio mientras yo me terminaba el pan. Un día vi con Jasper una película, en la que un hombre comete un crimen. Era una película que contaba una historia situada en el pasado, hacía mucho tiempo. Por eso, cuando la policía atrapó al hombre lo encerraron, porque al día siguiente iban a llevarlo a la guillotina. Pero era un hombre valiente y a pesar de que no quería morir, las piernas no le flaquearon en ningún momento. Yo me sentía justo como él. Estaba atrapada en mi celda, no tenía escapatoria y todo se terminaba ahí. La diferencia era que yo sí tenía miedo. Muchísimo. Y no sólo por mí. Sino por todos los que, yo sabía, vendrían por mí.
     
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    JR Sierra

    JR Sierra Iniciado

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    Venganza (Crepúsculo)
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    Venganza
    Capítulo 11

    Alec

    Los Vulturi tenían ese pensamiento de victoria inminente que no debían tener. No me incluía porque ya no me sentía parte de ellos. Ciertamente, me había convertido en un traidor, e iba a hacer algo imperdonable. Lo había decidido cuando vi el agradecimiento en los ojos de Renesmee, si ella podía expresar aquello en su situación entonces yo debía darle razones. Se había quedado dormida y estaba hecha un ovillo en la cama. Se veía tan pequeña…

    El estallido ocurrió antes de lo previsto. Con toda claridad escuché cuando una de las paredes se cayó a pedazos. Renesmee se levantó de un salto, casi pude ver cómo ponía todos sus sentidos alerta. Las aletas de su nariz se dilataron y sus ojos se cuajaron de lágrimas cuando supo que su familia acababa de irrumpir en una de las salas. Me miró vacilante, como preguntándome si debía ir con ellos, si debía unirse a la batalla que estaba cociéndose, si debía quedarse… Si estaba soñando.

    Negué con la cabeza: una respuesta a todas sus preguntas. Creí que no me haría caso, que saldría corriendo. Sin embargo, para mi sorpresa, bajó la cabeza y se quedó ahí. Suspiré, no debían tardar en encontrarnos. La dejé sin sentidos, pero ella no se movió, la cargué en brazos y la saqué de ahí.



    Jacob

    Las sonrisas condescendientes, la amabilidad fingida, los intentos de que los Culle se les unieran, las sugerencias de que la manada se sacrificara por Renesmee… Todo se coaccionó y explotó en una lucha encarnizada. Nuestro mayor temor era que Alec apareciera y traspasara las defensas de Bella, pero sin él, y con un escudo que no podían pasar, los Vulturi estaban a nuestra merced. Pero claro, el escudo tenía sus desventajas. A Bella se le dificultaba rodearnos cuando nos acercábamos a atacar y cubrirnos a nosotros en lugar de ellos.

    Cuando Félix, estuvo en el suelo y los Cullen tuvieron más o menos controlada la situación, cuando el rostro de Aro se volvió una mueca de terror al ver a Jane entre las fauces de Leah, me acerqué a Bella y le dije que tenía que buscarla. Era de esperarse que quisiera venir conmigo, pero de sobra estaba decir que era imposible.

    Podía olerla, no estaba muy lejos. La habitación de donde provenía el olor estaba rente a mí, pero estaba vacía, lo supe antes de abrir la puerta. Pero eso sólo quería decir que la habían sacado de ahí y que la habían llevado a otro lugar.

    Ya era tarde, casi medianoche, no había nadie en las calles. Corrí a tal velocidad que nadie podía haberme visto. Y de todas formas a estas alturas no me importaba que alguien me viera. Quería a Renesmee, la necesitaba. Ya.

    Más que oírla y olerla, la sentí. Estaba en la azotea de un edificio, y Alec estaba con ella. Estaban hablando pero no distinguí palabras, subí usando las casas como escaleras. Iba a destrozarlo.

    - Tenía que sacarte de ahí. Cuando Aro se sintiera perdido te buscaría para no hundirse solo. Iba a asesinarte. No podía permitir…

    Salté sobre el techo y le mostré los dientes a la sanguijuela. Me sentía obligado a ver al chupasangre, pero mis ojos bailaron hasta encontrarse con Renesmee. No tenía su brillo habitual, se veía desolada, perdida y eso me causó una punzada en el pecho. Cuando levantó la vista y me vio, abrió un poco los ojos, como si creyese que estaba soñando; pero al ver al chupasangre tensarse, sonrió y se le volvieron a iluminar los ojos.

    - Jake –susurró anhelante. Voz baja, sí, pero parecía un grito.

    Deseé con todas mis fuerzas volverme humano y abrazarla. Besarla, hacerla sentir segura y sacarla de ahí. Sin embargo, mi instinto me lo impedía. Debía tener los ojos en el vampiro. Los ojos inyectados en sangre me erizaban el pelo. No quería asesinar a nadie frente a Nessie, mucho menos desmembrar un cuerpo. Pero tenía que hacerlo, acabar con todo ello y sacarla de Italia. Así que gruñí por lo bajo y salté hacia adelante.

    - ¡Jacob, no! –el grito de terror me detuvo en seco. Eso y que Renesmee se puso entre ambos.

    No tenía sentido. Estuve por saltar sobre ella cuando alzó una mano como cuando quería mostrarme alguna imagen. Miré a la sanguijuela por encima de su cabeza.

    - Jake –me llamó, pero no la miré-. Jacob, por favor, mírame.

    Apreté los ojos y luego bajé la vista. Ella me miraba suplicante, extendiendo su mano hacia mí. ¿Por qué me detenía? ¿Por qué no me dejaba matarlo? ¿Qué quería mostrarme? Me daba más miedo lo que ella tenía para mostrarme que enfrentarme a todos los Vulturi. Bajé la cabeza, haciéndome el valiente y la miré a los ojos. Se veía angustiada. Como si estuviera a punto de confesar un crimen. Me puso las manos en lo que serían mis mejillas.

    Y entonces vi el crimen que temía confesar.



    Alec

    Casi me eché a reír cuando Renesmee se interpuso entre el lobo y yo. Me hacía feliz, a pesar de que un lobo estuviera a punto de matarme. Podría dejarlo son sentidos y salvarme, pero no lo hice. Esperé. Aunque si yo fuera él, asesinaría a todo aquel que besara a mi chica. Vi en sus ojos que estuvo a punto de hacerlo, pero clavó las patas en el suelo. Apretó los enormes ojos y se obligó a seguir viendo lo que ella le mostraba. Cuando terminó, Renesmee dejó caer la mano, bajó la vista, como apenada. El lobo la miró tratando de comprender lo que ella le había dejado ver. Me miró con asco evidente, sin embargo, no se me abalanzó.

    - ¿Lo entiendes ahora? –preguntó Renesmee en voz baja.

    El lobo dejó salir el aire que contenía en sus enormes pulmones y sorprendentemente bajó la cabeza. Se agachó y gruñó despacio. No lo entendí, pero Renesmee sí, era una orden y le pedía que subiera. Lo supe cuando ella bajó la cabeza y saltó su lomo. El lobo al que ella llamaba Jacob se incorporó, casi con orgullo, irguiéndose en toda su altura. Me miró examinándome, asintió con la cabeza y saltó del edificio.

    Me daba las gracias por sacar a Renesmee de ahí. Pero se iba sin hacer ninguna invitación y dejándome bien claro que nunca los volvería a ver.
     
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    JR Sierra

    JR Sierra Iniciado

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    Venganza (Crepúsculo)
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    Venganza
    Epílogo

    Renesmee

    Los meses siguientes no me pude quitar ni a mamá ni a papá de encima, pero no me molestaba. Los necesitaba cerca. Los Vulturi ya no eran una amenaza y yo no quise enterarme de los detalles.

    No había vuelto a ver a Alec; ni Jake ni yo no hablamos del tema. Dejé que papá lo viera todo, me miró con un poco de desaprobación, pero no hizo comentarios, él ya sabía cuán arrepentida estaba.

    Jasper y Emmett, acompañados de papá en muchas ocasiones, recorrieron el país entero en busca de amenazas durante varias semanas. Como era de esperarse, no encontraron nada. Alice se pasaba esos días con jaqueca, buscando cosas en mi futuro, o mejor dicho, alrededor de él.

    Un día, cuando todos estábamos en casa, Alice se puso tensa, pero se relajó en un instante. Papá no le preguntó nada, por lo menos no en voz alta. Horas más tarde golpearon la puerta. Y antes de que Carlisle abriera, yo ya sabía quién era.

    - Déjalo pasar, Carlisle –pidió papá.

    Carlisle no dudó, ni siquiera se veía reticente, en su cara había una sonrisa amable.

    Alec entró como un muchacho nervioso. Miraba al suelo y se retorcía las manos, casi me eché a reír por su aspecto de niño inseguro.

    - Hola Alex –bromeé para romper el hielo.

    Alec sonrió casi imperceptiblemente y levantó la vista hacia a mí.

    - Supongo que se estarán preguntando que hago aquí –los labios de papá dibujaron una sonrisa-. Excepto tú, por supuesto –Carlisle y Esme soltaron una amable y pequeña carcajada. Alec suspiró para darse valor y levantó la barbilla-. Quería disculparme. No es propio de mí, pero tenía la necesidad de hacerlo. Antes de venir, yo no tenía otra visión del mundo más que la que ellos me otorgaban. Era equivocada, por supuesto. Ahora, gracias a Renesmee puedo ver un poco más allá. Pero sigo en blanco. Y sé que no tengo derecho a pedirles nada pero…

    Se retorció los dedos y bajó la mirada. Papá reprimió una sonrisa.

    - ¿Me vas a obligar a decirlo en voz alta?

    - No –contestó papá. Se acercó unos pasos-. Pero tengo que hablarlo con mi familia, Alec.

    Él asintió. ¿Se refería a quedarse? ¿Con nosotros? Papá esbozó una sonrisa.

    - Una ventaja de leer mentes es evitarse las discusiones y votaciones. A excepción de Jacob, todos están de acuerdo, pero sólo si te adecuas a nuestras costumbres.

    Alec asintió con entusiasmo.

    - Lo que sea necesario.

    - Corre desnudo por todo el pueblo mientras yo te prendo en llamas –murmuró Jake por lo bajo. Torcí los ojos.

    Nuestra familia había crecido.



    Alec

    Tal vez era cosa mía.

    Los Cullen eran amables y me enseñaban con paciencia. Suavizaban las situaciones que nos ponían melancólicos con bromas. Pasábamos el tiempo interminable con deportes; deportes de verdad. Hacíamos cenas ostentosas y fiestas que le reventarían el cerebro a cualquiera. Y todos eran tan felices…

    Pero yo no pertenecía ahí. Aquellas sonrisas honestas que me regalaban estaban desperdiciadas. Yo no los merecía. Ellos, que sin condiciones me aceptaban en su vida y me envolvían como si hubiese sido un miembro de su familia durante milenios, eran mucho más de lo que yo tenía derecho a soñar.

    Yo había pasado mi existencia asesinando a humanos, que en su alma eran justo como los Cullen. Y la culpa me estaba destrozando vivo. No era remotamente posible que alguien acabara con una persona como ellos. Y de cualquier manera, yo lo había hecho. Me estaba volviendo loco.

    En el solsticio de invierno, se habría acabado todo.



    Renesmee

    A pesar de los celos de Jacob y su desconfianza, todo iba bien. Yo estaba feliz, sin ninguna amenaza que pusiera en riesgo la vida de mi familia.

    Y una mañana, la primera de invierno, me despertó un olor dulzón.

    Conocido, trayéndome recuerdos indeseados, se metía por mi nariz. El humo era inconfundible y ese olor, el de canela con azúcar, mezclado con el fuego, me llenó los ojos de lágrimas.

    Para cuando llegué a la hoguera en el claro ya todos estaban ahí.

    Quise culpar a Alice, a papá. Porque ambos pudieron saberlo, y debieron evitarlo. Por un momento creí que había sido su culpa. Y entonces recordé la noche anterior.

    - No deberías frustrarte –me había dicho Alec cuando lo alcancé en el claro-. Ni siquiera deberías intentarlo. Eres mitad humana, siempre iré más rápido que tú, supéralo –dijo burlón.

    Le enseñé la lengua y trepé a un árbol. Me siguió.

    - ¿Eres feliz? –me preguntó cuando mirábamos el sol escondiéndose entre los pinos.

    Le sonreí.

    - Sí.

    Alec seguía mirando el sol. Brillaba como gemas preciosas. Suspiré, llenándome los pulmones de su olor y los ojos de su brillo. Me grababa la escena en la mente cuando preguntó:

    - ¿Por qué?

    Yo me reí.

    - ¿Y por qué no iba a hacerlo? Toda mi familia está conmigo, Jacob está superando su recelo y tú estás aquí. Además, no hay ninguna amenaza a la vista.

    Él asintió.

    - Más vale que te vayas a casa si quieres que Jacob lo supere por completo –dijo casi melancólico.

    Le sonreí.

    - Cierto, te veré mañana.

    - Lo que verás es el invierno, querida –dijo divertido. Me dio un abrazo tan fuerte que casi me lastima-. Para que el lobo te huela –hizo una pausa casi imperceptible-. Y que me recuerdes.

    Y dejándome su olor y el invierno, se había ido.
     
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