Vendrás con nosotros

Tema en 'Fanfics abandonados sobre Libros' iniciado por Nagini, 20 Febrero 2010.

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  1.  
    jucebeit

    jucebeit Entusiasta

    Leo
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    Pluma de
    Escritora
    Re: Vendrás con nosotros

    Hola... aqui yo otra vez (molestando como siempre)... me encanto... me gusto mucho el capitulo de hoy... me emocione pense que al momento de...
    Ponmela.... y tus ojos.. iba a suceder algo... pero nooo.... Demetri era tuya, tuya y la dejasste irrr, porqueee.. ???
    Bueno lo demas me gusto mucho... Espero conti...
    att.. una fieel lectora..
    a posdata que bien que te haya gustado Nagini_sama.... Ciao
     
  2.  
    crizty

    crizty Guest

    Re: Vendrás con nosotros

    uinssssssssssss jooo me encanto el capitulo, pero no dejes que Bella se convierta en Vulturi y por dios!!!! donde está Edward al final tienen que estar juntos porque no puede ser de otra manera....
    Me encanta tu fic hacia bastante tiempo que no me engachaba a uno de esta manera, pufff espero impaciente
    ;)
    Abrazos
     
  3.  
    WindGirl

    WindGirl Entusiasta

    Leo
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    Escritora
    Re: Vendrás con nosotros

    Muy bien!!!
    Estuvo genial!!!
    Me encantó la carta de Bella
    Y amo la relación que lleva con Demetri, me parece de lo más linda
    ¡De verdad me gusta mucho el fic!
    Lamento no dejar un post más largo pero ado escasa de tiempo e inspiración
    ¡Matta ne!
     
  4.  
    Nagini

    Nagini Iniciado

    Piscis
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    Vendrás con nosotros
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    Re: Vendrás con nosotros

    Capítulo 8

    Querido Jacob,

    He repetido tantas veces estas líneas que dejan de tener sentido para mi. Como estoy, si sigo viva, dónde me tienen… son preguntas que siempre trato de responder aunque ya no importen.

    Estoy a punto de hacer algo que quizá cargaré en mi conciencia durante mucho tiempo, y de nuevo, me veo obligada a ello. Cada paso que doy, cada decisión estúpida que tomo me lleva más y más cerca de ellos. Acabaré recorriendo su mismo camino, lo siento. He sido reclutada para una de sus misiones, por lo visto todos creen que ya es 'hora' de que vaya asumiendo nuevas responsabilidades. Solo se ha cumplido uno de los seis años del tiempo que le queda a mi humanidad, y ya comienzo a sentirme un poco ansiosa. Aunque debo confesar que… la tentación de hacer que todo termine antes de que llegue ese día… es muy grande. Los humanos de aquí no logro entender cómo, pero parecen ser capaces de ignorar lo que representan los vampiros. Matan a gente continuamente, se alimentan de ella sin remordimientos. O no soy capaz de hacer eso, y me horroriza la idea de ser yo quien algún día… sea quien se alimente así. No quiero ser un monstruo.

    Aun ahora sueño con sus ojos. Los de todos aquí. Un rojo intenso que palidece el color de la sangre. Yo no quiero ser como ellos siendo posible otra opción. ¿Pero qué puedo hacer? ¿Qué podré hacer cuando llegue el momento? Ahora de momento... nada.


    El ruido de la puerta de mi habitación de distrajo mientras escribía. Demetri había entrado sin llamar como ya era costumbre, pero me sobresaltó de todas formas porque llevaba unos días con los nervios a flor de piel. A un paso de la puerta, se erguía serio y calmado, mirándome fijamente. Impecable mente vestido con su traje oscuro y corbata roja, sin una sola arruga. Era extraordinario ver como todo cambiaba cuando él entraba. Todo parecía moverse a un ritmo distinto, a su ritmo. Veía como el viento y los bisillos, las cortinas e incluso mi pelo se balanceaban a su alrededor. Como si la habitación recibiera con los brazos abiertos su presencia.

    Como Edward.

    Suspiré desalentada. Decepcionada de lo poco que había hecho falta para que olvidase todo lo que estaba sintiendo mientras escribía. Los estaba odiando con el corazón en un puño, y unos momentos después Demetri hacía que se me olvidara que era un vampiro. Que voluntad tan débil. Que decepción. Me recordé la misión que teníamos por delante y mi humor cambió de oscuro a siniestro.

    Como si la habitación le recibiese con los brazos abiertos y el aire pelease por estar unto a él.

    -Es la hora.-dijo mientras devolvía mi atención a la carta sobre el escritorio.-Bella, por favor- Y se le olvidó decir el "no compliques más mi trabajo" que llevaba escrito en la cara. ¿Que sabía él lo duro que resultaba esto? Dejé la pluma sobre el escritorio y me levanté

    De nuevo la carta... volvía a no poder acabarla. De todas formas, pensé, si
    realmente tuviera la oportunidad de mandarla, no le explicaría esas cosas. No le haría eso a Jacob que ya tendía bastante con lo suyo. Sin duda sería una carta de é la mirada hacia la carta sobre mi mesa, la doblé y decidí que tan vez la acabaría al volver.

    Hoy se cumplían dos semanas desde la reunión, y ya habíamos tenido aquella conversación varias veces. No había forma de resistirse, no había nada que hacer. Pero a pesar de todo, Demetri casi me había convencido de que no había sido cosa suya. Estaba más atento que nunca aunque mi actitud no podía haber sido más arisca.

    -Todos consideran que es un error traerte.- Caminábamos por los pasillos, de camino al coche. Nos reuniríamos con el resto del grupo de vampiros en el aeropuerto, o eso había dicho Demetri. La verdad es que yo, poco sabía de todo lo que había más allá de los muros del castillo. Todo mi cuerpo me pedía a gritos que diese la vuelta y regresase a la tranquilidad de mi habitación. Pero no podía. - Y por una vez estoy de acuerdo con todos.

    Me abrió la puerta del coche, y cuando entré él ya se encontraba en el asiento del conductor. Mi puerta cerrada. Arrancó y nos marchamos. Fuera todavía duraba el atardecer, se puso unas gafas de sol sin mirar la carretera y se giró para mirarme.

    -Voy a explicarte como va a ir todo.- Aparté la mirada hacia adelante.

    -Mira a la carretera, por favor.- Sus ojos lanzaron una fugaz mirada a la carretera y me la devolvieron extrañados. Era un vampiro, no necesitaba hacerlo, tanto su vista como sus reflejos eran lo bastante buenos como para ello. -¡Finge hacerlo por lo menos!- Pero yo no podía evitar que me pusiera más nerviosa de lo que ya estaba.- por favor.

    Con media sonrisa, cumplió mi exigencia, y la opresión de mi pecho disminuyó. -¿Mejor así?-Le miré de reojo un poco angustiada todavía, y asentí levemente sabiendo que él lo vería.- Nos dirigimos a San Petersburgo. De allí iremos en coche a nuestro distino final.

    Íbamos a tanta velocidad que el paisaje se convertía en una gran nube borrosa donde se confundían los colores. Venía el resto de coches quedándose atrás rápidamente. Por lo menos ya no sentía sus punzantes pupilas sobre mí, y eso me permitió relajarme un poco.

    -¿Rusia?- pregunté sin darme cuenta.

    -¿Recuerdas que Aro te preguntó por el Aquelarre de Bregen? Allí es donde fuimos la última vez, a Noruega. Estuvimos buscando un libro por todo el país, pero no apareció.

    Noruega... que viaje tan largo para algo tan... pero prefería no saberlo, y quería decirle que no me interesaba, pero a decir verdad… me sentía un poco extraña al ver que la "misión" que tanto había temido se trataba de algo tan trivial como el ir a buscar un libro. Yo pensaba que… bueno, cosas mucho peores habían pasado por mi mente. Muertes, cacerías… en fin, algo violento.

    -Estamos seguros de que ellos tienen en su posesión del libro, pero ya no están allí. Por eso les seguimos.- ¿Porqué no les buscaron la primera vez? me pregunté

    -El libro que buscamos es más bien un registro, una especie de libro de familia con líneas sucesorias muy antiguas. Aro Asegura de que entre sus páginas aparece él, así que se trataría de una antigüedad y un recuerdo familiar muy valioso.

    ¿Eso era todo? Me sentí un poco avergonzada por haber imaginado... otras cosas. A fin de cuentas, ¿Cómo iban a llevarme a mí a una misión de esas? Me sentí bastante absurda, aunque no quise exteriorizarlo, no era el momento de bajar la guardia.

    -Cuando lleguemos allí, tú te encargaras de cogerlo.

    -¿Yo?

    -Lo más probable es que lleguemos de día, así que serás la única que pueda caminar libremente por las calles del pueblo.- No entendía muy bien el sentido de todo aquello. La única en poder caminar… ¿Qué prisa teníamos? ¿Por qué no esperábamos simplemente a la noche?

    -¿Quieres decir que tendré que buscar y encontrarlo yo sola?- dije sin poder creerlo. No sabía nada sobre el libro, ni cómo se llamaba, no cómo era, ni su aspecto…

    -No te preocupes por eso. Nosotros lo localizaremos.

    -Entonces no lo comprendo.-Fruncí el ceño en sospecha. Algo no me cuadraba en todo aquello. Si ellos lo localizaban, si Aro era el legítimo propietario y podían esperar al atardecer, no entendía en qué punto de la misión hacía yo falta. Pero tampoco quise insistir, solo tenía una última pregunta.- ¿Nos encontraremos con esos vampiros?

    Demetri estuvo unos segundos en silencio, y luego me contestó que "era posible". Y su tono de voz, aunque era el mismo de siempre, no me gustó. Le notaba más nervioso que de costumbre, intranquilo a pesar de que siempre era él quien trataba de infundirme serenidad. que no me miraba, aproveché para hacerlo yo. Algo en su rostro era distinto aunque no supiera muy bien el qué. En su frente normalmente límpida e impoluta, se vislumbraban unas arrugas a penas visibles. Sus cejas también estaban algo arrugadas en un gesto turbio y la comisura de los labios estaba tensa. Sus ojos rojos que eran para mi una interminable fuente de escalofríos, estaban fijos en el exterior y no reflejaban más que inseguridad cuando veía sus pupilas temblar.

    Algo, pensé, algo no me está explicando.

    Pese a todo, lo innegable belleza que le envolvía era sobrecogedor. Algo en él hacía que no pudiera dejar de mirar, a una velocidad extraordinaria sus pupilas se clavaron en mí. Todo rastro de inseguridad se había esfumando para entonces, eran otros ojos y otro Demetri. Pasó un segundo sin que puediera reaccionar, me vió observale, y era una tontería finir que no había pasado, pero no pude evitarlo, miré hacia otro lado.

    -No te preocupes. Será algo sencillo y rápido.- Eso temía.

    En unos pocos minutos más llegamos al aeropuerto, y junto con los demás vampiros, nos subimos al pequeño avión privado que nos llevaría hasta la ciudad rusa. Me sentí muy extraña durante todo el trayecto y sola. Demetri y el resto hablaban en su lado del habión, seguramente sobre la misión, y yo en el lado opuesto no hacía más que mirar por la ventana. Una hora más tarde volvió de nuevo conmigo, se sentó a mi lado y permaneció allí, callado, el resto del viaje.

    Al bajar del avión, los coches ya nos estaban esperando, y por desgracia, esta vez Demetri y yo no pudimos ir solos. Felix nos acompañaba y aunque era uno de los que menos me desagradaba, siempre me sentía violenta cuando estaba cerca. Él era mucho más alto y corpulento que Demetri pero mucho menos delicado.

    -Conduzco yo.-Dijo Demetri avanzándose.-Espera aquí Isabella, no tardaré.
    A las afueras del aeropuerto la noche era fría. No se podían ver casa alrededor, tan solo un par de hoteles con ténues luces de neón y con extrañas letras escritas. El viento era rápido y punzante, y el vapor de mi aliento se dispersaba en milésimas de segundo. Aferré mis ropas con fuerza a mi alrededor. Felix y yo nos habíamos quedado solos. Traté de no mirarle directamente, pero algo me empujó a hacerlo. Estaba de pié mirando como D se alejaba, invulnerable a el tiempo.

    -Hola Isabella.- Simplemente asentí no viéndome capaz de articular palabra. Caminó hacia mí y yo dí unos paso hacia atrás. Molesto, soltó un bufido y me cogió del brazo mas rápido de lo que alcanzaron mis ojos para acercarme a él. Estaba a punto de resistirme cuando noté que el viento había cesado. Me estaba haciendo de barrera, así que me quedé quieta.

    -¿Frío?- dijo en tono burlón.-Deberías ser más previsora.- No estaba siendo desagradable, nada en su tono de voz intentaba ser amenazador. Estaba erguido y me miraba fijamente con esos... ojos, pero sus hombros hacia atrás marcaban distancia. -¿Ya sabes lo que tienes que hacer?

    -Si.

    -Perfecto- Se rió mofándose de mí. - Veremos si vales lo que cuestas.
    Al final de la ancha calle apareció un deportivo de color oscuro a una velocidad desproporcionada, que siguió acelerando hasta cincuenta metros antes de llegar a nosotros. Clavó frenos en el alto y paró a nuestra altura. El vampiro se acercó a la puerta del copiloto y me hizo un gesto para que reaccionase. Abrí la puerta de atrás, entré en el coche y me senté detrás de Demetri.

    Después de un rato de conducción y de que ambos se mantuvieran en silencio, Félix se volvió hacia atrás y habló.

    -Señoríta Vulturi, ya va siendo hora de escucharla hablar. ¿Hasta cuando va a estar así?

    Me encogí en mi asiento y le miré mal. -No tengo nada que decirte.- Pero quise demostrarle que podía si quería. Iba a volver a hablar, pero no fuí yo quien le hizo callar. Enfrente suyo, Demetri le lanzaba un aviso.

    -Oye, ¡no me mires así! ¿No puedo hablarle?

    -Ya sabes a qué me refiero. -le advirtió sin volver a apartar.

    -No tienes ni una pizca de humor. ¿Y que haces con la carretera?- Se impacientó al ver que mantenía al frente.- No es tan interesante.

    -Tú compórtate.- Se hizo el silencio mientras cruzábamos la ciudad. Cerca de una zona comercial se detuvo el coche y Demetri cedió el volante a su compañero. Salió del coche y me indicó que hiciera lo mismo. -Toma, cómprate algo de comida, el viaje va a ser largo. Yo vuelvo enseguida- Puso dos mil rublos en mi mano y se marchó.

    Hice lo que me pidió y entré en un local. Una parte de mí llegó a pensar en escapar y eso casi me provocó una carcajada. Le vi regresar a través de las ventanas y me dí prisa en salir. Abrió la puerta para mí y dentro había una manta y un cojín. El coche arrancó y continuamos el camino. Traté de dormir durante el camino y aunque duró un día y medio, no tuve mucho éxito.
    Llegamos a un pueblucho durante la mañana del segundo día y nos acercamos con el coche. Aparcamos cerca de un restaurante de carretera y subimos a unas habitaciones del motel de al lado. Cuando entramos, tres vampiros más nos esperaban.

    -¿Están todavía aquí?- preguntó el mas bajito. A penas un joven de quince años.

    -Sí- Asintió Demetri- y no creo que sepan que estamos aquí, no se mueven. Avanzaos como dijimos, cuando los encontréis llamadme.

    Todos desaparecieron y secretamente me pregunté cómo lo harían para poder burlar el sol. Me acerqué a la ventana con la esperanza de verles correr a refugiarse a la sombra, pero no vi nada. Demetri y yo volvimos a quedarnos a solas al fin.

    -¿Estás bien? -preguntó a mis espaldas, y susurré un tímido sí.- ¿Lo tienes todo claro? Bella...

    -Ya hemos discutido esto, no hace falta que lo repitas.
    -Quería asegurarme de que va a salir todo bien.- Escuche su voz acercándose y luego su mano en mi hombro. No pude evitar estremecerme. Me aparté de la ventana y me senté en la banqueta junto a la cama, no soportaba la espera.

    -Haré lo que me has pedido. Deja de insistir.

    Demetri volvió a acercarse a mí y clavó una rodilla en el suelo para estar a mi altura. Su mano izquierda se acercó a mi mejilla y levantó mi cara hasta que no tenía otra salida que mirarle. De nuevo sus intensas pupilas en mi. - Si algo ocurriese, que no tiene porqué ocurrir, yo estaré cerca ¿de acuerdo? Y de todas formas solo tienes que pensar que a la luz del sol estarás a salvo.
    Asentí, todavía más preocupada que antes. Estaba cerca, tan cerca que podía oler su perfume, pero la misión era todo lo que ocupaba mi mente, eso y el extraño comportamiento de Demetri. Todo lo demás, vendría más tarde.

    Media hora más tarde, el teléfono sonó pero ni siquiera se molestó en descolgarlo. Me cogió de la mano y salimos del edificio con mucho cuidado entre la gente. Me indicó hacia dónde ir, y mientras yo caminaba él se alejó para avanzar entre sombras. Llegamos a una plaza que era lo único que parecía estar construido con piedra entre tantos edificios de madera roída. Nos detuvimos cuando estuvimos a cubierto bajo el techo del mercado. Todavía era temprano pero ya había gente montando sus pequeños puestos de madera. Vi a Demetri llegar a mi lado como si tal cosa, nada de raro en él. Mientras la luz no le diese directamente, parecería como yo un humano, pálido, pero humano. Le seguí y nos condujo hasta donde estaban los demás. Los cuatro Volturis eran fácilmente distinguibles por las largas ropas, pero habían tres vampiros más que no había visto. Eran dos mujeres morenas y un hombre rubio que se mantenían muy juntos, vestía ropas normales de calle pero ataviados también con gafas, guantes y pañuelos para protegerse de la luz. No me dió tiempo a verles más de cerca, Demetri me indicó dónde debía ir. Más allá del seguro techo de piedra, habían un montón de muebles y maletas, seguramente listos para ser transportados, a un lado de la plaza. El sol caía a plomo sobre ellos y allí debía estar lo que buscábamos.

    -Ve- susurró a la vez que se ponía unas gafas de sol y se ajustaba las ropas a su alrededor- Nos veremos al atardecer.

    El resto de vampiros me echaba una mirada de desconfianza para nada agradable, pero les ignoré. Caminé hasta que el sol entró en contacto con mi piel y una cálida sensación fue infundida en mi cuerpo. Hacía tiempo que no lo sentía deslumbrarme y por un momento casi se me olvidaba qué debía hacer. Recuperando la noción del tiempo, llegué hasta una montaña de libros amontonada en el suelo. Los repasé uno a uno todos ellos, pero no había ni rastro del que yo buscaba. Aparté unas maletas de en medio y abrí un baúl que estaba sin cerrar. Más libros y documentos aparecieron, y entre ellos... bingo! Se podía leer "Napli Registrazione" seguidos de unos números de serie en la polvorienta cubierta. Era grande, pesado y viejo, pero podía con él. Me pareció escuchar algo a mis espaldas, y después de una tímida mirada atrás comencé a caminar. Sabía que caminando recto, saldría del pueblo, así que ni lo pensé. Anduve siempre bajo el manto dorado, con un sol deslumbrante que me cegaba. A medida que me alejaba pensaba que los nervios se disiparían, pero no fue cierto. Me parecía ver sombras donde no las había y mi oído mantenía la atención a mi espalda, pero después de cuatro horas caminando el cansancio hizo que perdiera la concentración. Comí algo en una terraza de una cafetería dos pueblos más adelante, pero no me detuve más de veinte minutos. Solo quería seguir caminando, allí donde nadie me encontrase, y por un momento me imaginé que nadie lo hacía.

    Más allá del mediodía comenzaron a dolerme los pies y mis brazos se agarrotaban por el peso. Se hizo eterna la llegada del atardecer en el que tal y como me había dicho Demetri, entré en un hostal y pagué una habitación. Dejé el libro donde pudiese verlo y esperé.



    Demetri

    -¿Que estáis haciendo?-Gritó una de las mujeres. Se plantó delante de los otros dos.

    -Volvemos a encontrarnos. -A Félix le gustaba dar el primer paso cuando podía. Su naturaleza física le incitaba a iniciar el contacto. Normalmente me hubiese molestado en detenerle, pero hoy era distinto. Tenía Isabella al lado y ya no era seguro que lo estuviera.

    -Ve- le dije. Bella avanza hacia el centro de la plaza, con un titubeo casi despreciable y empieza a buscarlo. Hacía tiempo que no veía un espectáculo como aquel. El sol acariciaba su piel y dejaba a un lado el color pálido que había tenido entre los muros de Volterra para coger un tono más dorado, más propio de la rosada piel humana.

    -¡No podéis hacer esto!- Vuelve a protestar la vampira- ¿Porqué nos habéis seguido? ¿Qué...

    -Parece que deberíais saber eso mucho antes que nosotros, nos mentisteis la última vez que nos vimos.-Félix comenzó con unas gafas. Se las quitó a la líder del aquelarre que observaba inquieta como Bella iba hacia sus preciosos libros. El resto del grupo se había encargado de disponerlo todo, no había ninguna salida más que no fuera a través de la luz y pronto no tendrían esa tampoco. Todos avanzamos a continuar el trabajo de Félix.
    Pañuelos y guantes fueron retirados. Casi no pusieron resistencia, estaban demasiado confundidos. Y entonces vieron como el libro era encontrado por nuestra humana. -¡Es nuestro!

    -Me temo que hubiese sido más conveniente haber zanjado eso la última vez que nos encontramos.- Dije sin dejar de observar a Bella, y acabé de quitarle el pañuelo que le cubría parte del rostro. -Teníais el registro.- Nos habían dado información falsa sobre él para quedárselo, y habíamos perdido mucho tiempo por ello.

    -¿Qué esta haciendo esa humana? ¡Gabriela!-La otra joven se había dado cuenta, y todos sonreímos. Ya no podían hacer nada. En cuento pusieran un pié fuera de aquél mercado, eran vampiros muertos. Tendríamos la escusa que necesitábamos y todos lo estábamos esperando.

    Bella comenzó a alejarse a través de las calles, siempre bañada por el sol como le había dicho. Cruzó por delante de la iglesia y salió del pueblo. Y luego siguió caminando.

    -¡Devolvédnoslo!-Gritó otra vez la más joven con una mezcla de firmeza y estupidez y mientras tanto Gabriela trataba de hacerla callar. -Es nuestro… y lo recuperaremos.- Salió corriendo y vi a Félix sonreír antes de salir a su caza. Eso provocó una reacción parecida en sus compañeros y comenzó la persecución. El buen nombre de los Vulturi no podía mancharse fácilmente, así que nos veíamos forzados a no castigar a inocentes pero... no podrían seguir el libro. O por lo menos no sin seguir siéndolo. Así que solo teníamos que vigilarlos y esperar a la llegada de la oscuridad. Para entonces, Isabella estaría lo bastante lejos como para estar fuera de su alcance y solo podíamos desear a que fueran lo bastante ineptos como para perseguirla.

    Durante toda una mañana trataron de perdernos de vista, pero el pueblo era pequeño y el espacio sin sol reducido. Se plantearon hacernos frente al verse acorralados pero la líder se negó. Tras lanzarnos miradas asesinas, decidió que no quería poseer nada que quisieran los Vulturi y sobre lo que hubiesen puesto sus manos. El nombre salió de sus labios como veneno y fue una lástima, porque tendríamos que escuchar los reproches y remilgos de Félix toda la vuelta. Yo di las gracias porque lo último que quería ver era a aquellos despreciables persiguiendo a Bella.

    No les quitamos el ojo de encima hasta que el día llegaba a su fin, y para entonces, ellos mismos optaron por desaparecer. Les seguí para asegurarme de que no trataban de encontrar el rastro del libro, y cuanto me hube asegurado… me faltaron piernas para salir corriendo.

    El resto sabía qué hacer, yo, resguardado por la inmediata puesta de sol fui en su búsqueda. Tuve que pasar de largo cuatro localidades hasta que encontré el pueblo donde estaba. Con mi sentido era sencillo, pero a las afueras ya no hacía falta, su olor lo impregnaba todo a mí alrededor. Subí a la habitación en la que se encontraba y entré sin avisar.

    Sentí un increíble alivio cuando la ví durmiendo sobre la cama sin deshacer. El libro sobre una mesa. Lo había hecho. ¡ESTABA HECHO! Me sentí muy orgulloso de ella, pese a sus reparos personales, había cumplido la misión perfectamente y aquí estaba, sana y salva. Aro estaría muy contento.

    -Bella, despierta. –Zarandeé con cuidado su hombro, y enseguida uno de sus ojos estaba abierto, mirando confundido a su alrededor. –Bella, todo ha acabado. ¡Has estado magnífica! - No pude evitar sonreír, y noté su sorpresa al verme. Sin esperar a que lo hiciera ella, la incorporé en la cama.

    -¿Ya está? ¿Nos vamos?

    -Sí, podemos irnos ya. Puedes seguir durmiendo en el coche si quieres. –Ella asintió todavía sorprendida por mi humor, peor no hice ni quería hacer nada para cambiarlo. Bella era de los nuestros ya, por mucho que quisiera negarlo o resistirse. Cogiéndola en brazos la saqué de la cama, y tuve la tentación de llevarla así hasta el coche, pero como siempre se resistía al contacto físico. Fue pensar eso y sentir unas ganas irrefrenables de tocarla.
    Siempre lo había evitado, o casi siempre la tocaba donde había ropa por en medio, pero el tacto de su cálida y suave piel, como la de sus mejillas, se me antojó irresistible en ese momento. La dejé en el suelo como me pedía, pero no la solté. Con suavidad, subí la manga de su camisa hasta el codo y mis dedos se deslizaron con suavidad por su antebrazo. No quería asustarla, pero a la vez no podía dejar de hacerlo. Cogí su mano con la mía y llevé el dorso a mis labios para besarlo, estaba ardiendo y el olor de la sangre era suave y dulce. Le dí la vuelta a la mano ante su sorpresa y observé con detalle las venas y arterias azuladas que conducían ese delicioso líquido vital por todo su brazo y su cuerpo. Inspiré y besé su muñeca lánguida bajo mis manos. Ni por un momento había sentido la tentación de morder… ella era mucho más valiosa que su sangre. Mucho más.

    -Estoy orgulloso de ti.- Sonreí y la besé dos veces más, cada vez subiendo un poco hacia el hueco de su codo.- Muy orgulloso.- La miré un segundo y ví que tenía los ojos cerrados, así que continué. Un último beso y dejé ir su brazo que cayó lentamente a su lado. Me acerqué a ella hasta que nuestros cuerpos se tocaban. La tomé de la cintura con una mano y la otra fué a acariciar su rostro y su pelo. Sus ojos se abrieron asustados por la súbita cercanía. Estaban vidriosos e inquietos. Coloqué mi rostro junto al suyo, disfrutando del tacto de su mejilla contra la mía. Mis labios junto a su ojera -Shhhhh, tranquila. - La calmé.- Ya nos vamos.- Y le dí un beso en la mejilla, muy cerca de su oreja.

    Dí un paso para atrás y nos retiramos.

    Pasó casi todo el viaje de vuelta en silencio y durmiendo, tan solo la desperté para que comiera y para que entrara en el avión bien en descansar, cuando llegásemos, tendríamos reunión.


    Bella

    Demetri... había estado a punto de besarme, y no era algo que podía fingir que ingnoraba. Le había visto tan contento que bajé la guardia. Creo que había sido la primera vez que había visto una sonrisa sincera abrirse paso por sus labios, y había sido realmente bonito. Entonces... besó mi mano y una cruel sensación alcanzó mi estómago recordando a... Estar tan cerca de un vampiro me daba miedo. No me refería a cerca de distancia si no que sabía que nos estábamos acercando como personas, ya no l temía tanto y podía decir que confiaba en él, pero no podía ignorar los recuerdos que me traía y a los que hacía tiempo había renunciado. Volverán a engañarte pensé Volverán a hacerte daño y estas siendo lo bastante idiota como para no ponerle freno. Pero sus dedos y sus labios helados me ponían la piel de gallina acallando la voz de mi mente.

    Salí de mi ingenua ilusión cuando le sentí junto a mi, pegado a mi, y su rostro acortaba las distancias con el mío. Mi corazón saltó y mis ojos se abrieron para ver su expresión con mayor emoción que yo jamás había visto en más de un año. Ahora era él quien se dejaba llevar y estaba segura de que iba a... Pero no, juntó nuestras mejillas y dejó que el momento se perdiese. Suspiré aliviada de no haber hecho algo a lo que mi propia estupidez me empujaba. Eran demasiados contras, demasiados recuerdos dolorosos que debería soportar. Edward siempre estaría allí... frustrando la posibilidad de amar. Además, era un vampiro y yo le odiaba por eso, aunque... mi odio había pasado a ser una costumbre y una parte de mi... creo que seguía esperando romper las cadenas de ese rencor enfermizo besándome.

    Dejé que me sacara de allí sin prestar atención, y me pasé el resto del viaje en silencio y fingiendo que dormía. De vuelta en Volterra, se había convocado una reunión a nuestra llegada. Aro recibió congratulado el libro que le entregué e insistió en que no dejase su lado en toda la reunión. Cogió mi mano como siempre y la sostuvo mientras me hablaba. Estaba contento, muy contento del resultado, y que no parase de felicitarme por el trabajo hecho solo hacía que me sintiera más culpable de lo que acababa de hacer.

    -Caballeros. Podemos dar por iniciada una nueva etapa, con Isabella de nuestra mano.- Y alzó mi mano junto a la suya para mostrarme ante todos, exhibiéndome cual trofeo. Al fondo de la sala, entre el resto de vampiros, Demetri también me miraba con ojos orgullosos.

    -He aquí una de nuestras mejores promesas de futuro.- Acabada la reunión, Aro me había retenido para que me quedase con él, y me seguía halagando con dulces palabras- Y se te tratará como tal. Muchas cosas van a cambiar a partir de este momento, ya lo verás. Dime pequeña, ¿fué tan dificil como pensabas?

    No supe que decir. La dificultad no radicaba en lo que tenía que hacer, sino en el cargo de conciencia. Pero no podía decirle eso a Aro, no si quería despertar en él ánimos que prefería mantener dormidos.

    -No Aro.

    -¿Tuviste miedo?-Vi en sus ojos la intención de hacerme hablar, pero no estaba de humor para complacerle.

    -...No.

    -Fabuloso.-Aun así, jamás perdía la sonrisa para mí. Ni una sombra de disgusto ni un ápice de reproche.- Ahora quiero que descanses, pero primero ve con Demetri. Creo que tiene algo para tí.

    Agaché la cabeza mientras me daba un frío beso en la frente para despedirse se mí y me marché de la sala. Fuera ya me estaba esperando él, iluminando el pasillo con su presencia. Cómo había añorado su presencia durante aquellas largas horas caminando, sin saber qué era lo que me esperaba..

    -Bella.- me había quedado anonadada.

    -Sí, disculpa. -Me froté los ojos con fuerza para poder volver a enfocar la vista. Lo hacía con tanta fuerza que él mismo tuvo que detenerme.

    -Vas a hacerte daño- sonrió -Ven, tengo algo que enseñarte.- Me llevó por unos pasillos que siempre supe que estaban allí, pero por los que nunca había ido. Continuamos escasos minutos y se detuvo. -Toma.

    Me entregó una pequeña cajita de terciopelo oscuro, y extrañada, lo abrí muy poco a poco. La luz no abundaba, así que una vez abierto, tuve que tocarlo con los dedos para asegurarme de que era lo que parecía. Una llave de metal pesado. Una de esas que tenían nuestras abuelas para abrir grandes y pesados baúles del altillo... La cogí y la miré detenidamente a la luz de la vela más cercana.

    -Cuando supe que ibas a venir a la misión... fui a hablar con Aro y Marco, y les pedí un favor.- Le miré a los ojos ¿un favor? ¿qué clase de favor? - Les convencí Bella. Aunque el mérito es mas tuyo que mío, te lo aseguro.
    -¿De qué estás hablando? ¿De dónde es esta llave?

    Él solo sonrió y dió un paso hacia un lado, dejando al descubierto a sus espaldas una escalera de mano que no había visto antes.

    -Descúbrelo tu misma.

    Mi curiosidad hizo el resto. Sin pensarlo dos veces, me acerqué a la escalera y comencé a trepar por ella, pero antes de lo que esperaba encontré el final, la trampilla que se parecía a la tapa de una alcantarilla, solo que más refinada y cuidada... y con una cerradura... No podía ser. No podía ser que me estuviese regalando... lo que yo creía. Con la mano temblorosa acerqué la llave y conseguí introducirla por el ojal. Giró perfectamente sin ninguna resistencia. Abrí la trampilla y el viento de la noche se coló a través de ella. El corazón se me había parado dentro del pecho. No podía describir la emoción que sentí cuando seguí subiendo y saqué la cabeza a uno de los callejones de Volterra.

    Lágrimas se amontonaron en mis ojos y yo había dejado de respirar, pero nada importaba. Estaba fuera. Era un acceso a la calle, y yo tenia la llave. ¡Qué Felicidad! Aunque una felicidad incompleta hasta que no supiese que aquello no era un sueño. Era dificil de creer que de repente yo era, al fin, dueña de mi libertad. A mi alrededor la ciudad de piedra se abría camino, iluminada tan solo por cuatro farolillos que llegaban hasta el final de la calle. Di media vuelta para ver a Demetri que ya había subido también.

    -¿Es... esto cierto?- Mis manos no era lo único que temblaba por lo visto. Casi no pude reconocer mi voz que temblaba entre mis dientes y parecía más un lamento que un estallido de alegría. Miré de nuevo la llave y le devolví la mirada.

    Él asintió con un único gesto firme, y yo no fuí más dueña de mis acciones. Mi cuerpo respondió solo comenzando a sollozar, y el temblor de mis manos y labios, se extendió a todo mi cuerpo. Las lágrimas saltaron solas mientras apretaba con fuerza la llave en mi puño.

    -¿Estas bien?- Con voz algo afligida, Demetri trataba de calmarme con una mano en mi espalda. Yo me lancé hacia él y le abracé con todas mis fuerzas sin miedo a que perdiese el equilibrio. Sorprendido aceptó mi abrazo, y yo seguí desahogándome contra su ropa. -¿Es esto lo que llaman llorar de alegría?

    Asentí contra su pecho que era duro como una roca, pero hora nada de eso importaba. Yo... recuperaba mi libertad. Podría salir del castillo... pero ¿cuando? Dándome cuenta de lo poco que sabía sobre las condiciones, me aparté lentamente de él. Como despertando de un sueño. Carraspeé como pude y recuperé un poco la voz.

    - ¿Podré salir? -Asintió con media sonrisa- ¿Cuando yo quiera? -Asintió de nuevo con una sonrisa mayor y más completa.
    -Y sin vigilancia.
    -¿En serio?- No podía creerlo. Me estaba dando total libertad. Me libraba de... de él mismo. No porque fuese su presencia mi retuviera, si no por el propio sentido de libertad. Ninguna atadura. Ninguna.
    -Te echaré un vistazo de vez en cuando... pero podrás ir sola. Está prohibido cazar en Volterra, así que es un buen lugar para tí.

    Le abracé de nuevo susurrando mil veces gracias.

    No se cuanto tiempo pasamos así, pero comenzaban a dolerme los brazos cuando decidí que ya era suficiente. Entramos de nuevo y me acompañó hasta mi abitación. Me dejé caer en la cama con el recuerdo de los últimos días borrosos en mi cabeza. Un torbellino de emociones que me hundían en el sosiego del sueño mientras miraba por última vez a Demetri que todavía estaba allí.

    -Buenas noches...


    Demetri

    Se caía rendida a la narcosis mucho más rápido de que jamás había visto a nadie. A su vez, pensé, no había visto a muchos humanos dormirse, pero era lo de menos. Un segundo estaba allí, y al siguiente estaba muy lejos donde no podía alcanzarla. Sabía que en su inconsciencia podía haber un mundo entero en ebullición hecho de sueños que yo no alcanzaba ni a comprender ni a recordar.

    Tan débil, tan indefensa... ignorante de su propia fragilidad. Sonreí. Las mismas palabras venían a mí desde mi memoría de hacía un año, cuando la conocí, que había pensado lo mismo de ella, pero con un matiz distinto. La intensidad de lo que sentía ahora no era la misma, jamás hubiera pensado que yo... por una humana... Sin embargo allí estaba. Inclinado sobre la cama, acercándome a su figura dormida para poder robarle un beso furtivo... cuando me detuve. Había algo que debía hacer antes de aquello.

    No quería que nada saliera mal.

    Salí de la habitación como un rayo perseguido por su mismo sonido, y fuí a la sala de los tronos. Me aseguré de que no había nadie cerca, no quería ser interrumpido ni escuchado, y cuando estuve seguro hice notar mi presencia.

    -Adelante Demetri.- La voz de Cayo me otorgó el permiso que necesitaba y me presenté delante de los tres hermanos.
    -¿Qué te trae por aquí?-Quiso saber Aro.- Le ha gustado a Isabella su regalo.
    -Creo que no podíamos haber acertado más, mi señor. Está extasiada y estoy seguro que vendrá a agradeceroslo en persona cuando se recupere de la sorpresa. Ahora mismo está descansando.
    -Bien, bien. -Dijo Marco mirando a sus hermanos.- Puede que empiece a dar frutos...
    -Pero Demetri no ha venido por eso.- Interrumpió Cayo mientras me escudriñaba con la mirada -Habla.
    -He venido para haceros una petición.

    Estaba a punto de hacer mi demanda cuando me interrumpió la risa pausada pero profunda de Marco. Sus hermanos le miraron sin dejar ver su desconcierto, pero él siguió mirándome a mi.

    -Comenzaba a preguntarme cuanto más tendríamos que esperar para este momento.- Extendió la mano para que Aro la tomase y de golpe éste se volvió también hace mí.
    -¡Quieres cortejarla!-dijo él sorprendido, y yo lo confirmé.
    -Así es.
    -Qué curiosos acontecimientos se suceden...- Aro hablaba claramente ufano con la situación- No hace mucho nos preguntábamos qué podíamos hacer nosotros para asegurarnos de que Isabella quisiese quedarse. Y resulta... que la solución se nos presenta sola. Por supuesto Demetri, tienes nuestra mejor bendicion a tu servicio.

    Ni siquiera había hecho falta que lo discutieran, ni se habían mirado. Lo cual me agradó mucho. No solo tenía campo abierto, si no que contaba con todo el apoyo de los Vulturi en mi cometido. Ahora solo dependía de mí, y a la eternidad ponía por testigo que haría todo lo posible para hacerla mía.

    -Pero ten cuidado. No querrás lastimarla. -Y por su tono de voz supe que me advertía de los horrores que me esperaban si así era. Pero nada podría convencerme de lo contrario ni disuadirme.

    Corrí de vuelta a la habitación para terminar lo que había empezado. Estaba mal, sabía que no tenía su permiso, pero ya no podía seguir sin saber qué eran sus labios sobre los míos. Necesitaba sentirlo una sola vez y después resistiría. Aguantaría y esperaría todo lo que hicise falta hasta arrancarle un segundo beso, pero el de ahora lo necesitaba. Por fin llegué, y mi impaciencia se desvordaba, los últimos momentos de una espera siempre eran los peores. Me senté en la cama con cuidado y me acerqué a Bella todo lo despacio que pude, viéndola inspirar profundamente por la nariz y expirar el aliento por la boca. Era tan lento que era imposible negar que estaba dormida. Instintivamente yo también retuve aire en mis pulmones y avancé la distancia que nos separaba.

    Sentí sus labios cálidos rozar los míos con una ínfima caricia, y decidí tentar un poco más a la suerte. Los apreté solo un poco más contra los míos y me dejé cautivar por ellos. Fueron unos instantes para cualquier humano, pero para mí era suficiente. Inspiré su perfume y saqué fuerzas para alejarme. Guardaría ese recuerdo hasta que hiciera falta.
    Me convencí a mi mismo que debía marcharme, que ella quería y necesitaba intimidad. Siempre había sido un bueno convenciendo a los demás, pero yo mismo era hueso muy duro de roer. Estuve allí media hora más hasta que logré decidirme, pero antes de salir algo llamó mi atención. Sobre el escritorio había una carta. Nunca había visto ninguna. Aunque sabía que solía escribir, siempre se deshacía de ellas. Su papelera siempre estaba llena de cenizas.

    Dudé unos segundos y luego la cogí para leerla sin saber que aquello me ayudaría a comprenderla mucho mejor de lo que había hecho hasta ahora.
    -------------------------------------------------------------------------------------------

    Se que parece que haya avandonado la historia porque tardo mucho en actualizar, pero no. Prefiero tomas las cosas con calma y no "quemarme" con esta historia.
    Muchas gracias como siempre. Ma dáis muchos ánimos del primer al último comentario.
    Espero de verdad que os guste. He dado lo mejor de mi aunque no estoy del todo satisfecha. Pero si tardo más para volverlo a revisar creo que un día u otro rodará mi cabeza.
    Argggg. Me costó mucho escribir esto, y no tuve decidido lo que haría D hasta ultimísimo momento. Pero no es encantador? Creo qe me he enamorado de él a medida que iba escribiendo la historia ^^

    Un saludo!

    PD: si quereis que os avise cuando actualice decidmelo, vale?
     
  5.  
    MareBlack

    MareBlack Entusiasta

    Tauro
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    Re: Vendrás con nosotros

    Wow....... Como siempre me encanto de verdad me facino ....como siempre
    creo k yo anciaba mas el beso k demitri y bella por fin se decidio y la va a tratar de enamorar ooo k bello. Super espero tu conti
    de verdad la espero
    avisame
    besitos
     
  6.  
    Nagini

    Nagini Iniciado

    Piscis
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    Re: Vendrás con nosotros

    Veloz como el viento! siempre está ahí MereBlack! la primera!
    Ni siquiera me ha dado tiempo a dejarte un mensage!! xDDD Me sorprendes.

    Muchas gracias de verdad. Sin el apoyo de las respuestas, no hubiese escrito la historia.
    Nos vemos (esta vez más pronto, ya verás)
     
  7.  
    Rainbow

    Rainbow Entusiasta

    Piscis
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    Re: Vendrás con nosotros

    Me leí todo de una sola estocada y quedé algo schokeada, pero igual estuvo muy bueno, todos los capitulos.
    Además el beso de Dimitri me dejo PLOP! estuvo bien bueno.

    ojala sigas escribiendo!

    Ja ne!
     
  8.  
    Nagini

    Nagini Iniciado

    Piscis
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    Re: Vendrás con nosotros

    Me alegro que os haya gustado. Enseguida me pongo con el siguiente, lo prometo.
    Un saludo y muchas gracias
     
  9.  
    pamevals

    pamevals Guest

    Re: Vendrás con nosotros

    hola nagini!!! ^^
    acabo de leer tu fic, aun no se como lo encontre jeje XD pero me encanto demetri es tannnnnn lind yo quiero uno asii *.* porfis pon la contin uacion pronto ya me muero por saber como la corteja ahy que emocion porfas pon conty pronto ^^
     
  10.  
    Nagini

    Nagini Iniciado

    Piscis
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    Re: Vendrás con nosotros

    Capítulo 9

    -¿Es realmente posible?- murmuraba Aro entre dientes sin poderse sacar de la cabeza lo que acababa de ocurrir. Miró a sus hermanos de reojo y siguió dando vueltas por el enorme salón -¿Puede esto acercar a Isabella a nosotros?- Se preguntaba una y otra vez.-Cuando llegó aquí tenía el espíritu hecho trizas aunque todavía ignoramos el porqué. Puede que esto tense demasiado la cuerda de la que pende nuestra suerte.

    -No has errado en tu decisión- Le dijo Marco cansado de su indecisión-
    puedes estar seguro.- Se miraron unos segundos y supo que su hermano no tenía suficiente con esa explicación.

    -No has errado en tu decisión- Le dijo Marco cansado de su indecisión- puedes estar seguro.- Se miraron unos segundos y supo que su hermano no tenía suficiente con esas palabras y se preparó para convencerle- En el fondo que tuviese la voluntad de vivir destruida no fué malo, nos permite volverla a levantar a nuestro alrededor.

    -Pero su voluntad no estaba destruida del todo.-intervino Cayo- ¡Se enfrentó a nosotros!

    -Cierto...cierto. Pero de alguna forma esperaba no seguir viviendo un nuevo día, ¿no? El suicida puede demostrar una gran valentía acercándose al precipicio puesto que no teme caer por él. No nos temía, temía seguir viviendo eternamente.-Aro asentía frente a las palabras de su hermano que siempre había sido muy sabio en lo que refería a sentimientos y angustias del alma. Era siempre un consejero excelente.- Ahora que vuelve a sentir la ganas de vivir, vuelve a sernos muy valiosa. Un amorío sería lo que su corazón necesita para acabar de despertar.

    -¿Y resultará efectivo? ¿Puede sernos de utilidad?- Preguntó su hermano sin acabar de estar convencido. La experiencia le decía que el camino al éxito pasaba por cuestionarlo todo. No dar nada por sentado.

    -Dale amor a una mujer... y traicionará a su país. ¿Por qué no a su raza?

    Y Aro pensó que tenía razón.

    -Entonces... nada de esto podía haber sido más oportuno.- dijo un jovial Aro sentándose satisfecho en su trono- ¿Puede ser esta la solución? ¿Así de sencillo?

    Aquel problema había supuesto un verdadero rompecabezas, un reto, para los vampiros. Como conseguir que aquella humana sin ganas de vivir que había llegado hacía poco más de un año... les jurase lealtad. Con ella no servían los mismos trucos que con el resto. Los poderes de Chelsea no surtían efecto, así que no era posible manipular sus sentimientos.

    -Puede que no sea tan sencillo, hermano mío- dijo Marco desde su asiento -Hablas como si todo estuviese hecho.

    -¿Y es que no lo está? -Interrumpió Cayo- Demetri es perfecto para ese trabajo, y se ha ofrecido él mismo. No creo que nos debamos preocupar más por este tema.

    Marco estaba atónito con la facilidad con la que su inseparable hermano emitía juicios de valor. Parecía no ver la complejidad de los sentimientos de los que se estaban hablando, pero él... él los comprendía mejor que nadie, siempre había sido así. Tan solo Marco entendía la fragilidad emocional de la humana, pues lo veía continuamente. Analizaba día a día cómo se sentía ella; hacia los Vulturi y hacia Demetri. Era cierto que en los últimos meses su comportamiento había mejorado mucho, y los sentiemientos que la unían a la comunidad vampírica habían pasado de un miedo aterrador a una inconfortable tolerancia, y aunque en el caso de Demetri la diferencia era mucho mayor... todavía distaba mucho del amor que sus dos hermanos daban por sentado.

    Isabella confiaba en él, eso era cierto, y también veía como apreciaba su compañía y su consejo, pero no era suficiente, todavía no. Además había algo... algo que les separaba más allá de la falta de amor, lo mismo que separaba a Isabella de todo cuanto la rodeaba. Algo parecido a un muro que la alejaba de todos. Quizá, pensó, era todavía su miedo a los vampiros, el rencor por tenerla allí encerrada, o la añoranza que tenía hacia su hogar. Las posibilidades eran muchas, pero una de ellas hacía que la muchacha no se entregase completamente a sus sentimientos. Y era un problema.

    -No es tan sencillo.- Marco advirtió que aunque Cayo se mantenía al margen, su otro hermano sí era capaz de dislumbrar el problema, así que le alargó la mano para ayudarle. Vió la realización en sus ojos de que al fin comprendía la profundidad del problema. El amor era una ilusión que podía crearse facilmente, Demetri solo necesitaría un poco de tiempo y paciancia. Pero lo que Marco veía podía ser una barrera dura y resistente que podía, o no, resistir sus esfuerzos y el paso del tiempo.

    -¿Qué podemos hacer?- Preguntó Aro algo desconcertado, y sabía muy bien que en esos temas, Marco llevaba la voz cantante.

    -Me temo- dijo lentamente con una soberana calma- Que todo lo que está por hacer, está en manos de Demetri.

    A Aro no le gustaba lo más mínimo dejar el resultado de sus planes dependieran tanto de otros, por lo menos de los planes importantes, pero no tenía más remedio y eso le frustraba inmensamente. Grandes planes de futuro que debían dejarse en manos de alguien que seguramente no alcanzaba a comprender la magnitud de cada pequeña decisión.

    Isabella Marie Swan, o Bella como permitía que la llamase Demetri, era una buena adquisición. En las últimas décadas se había producido un fuerte cambio alrededor de los Vulturi. Muchos vampiros habían dejado de estar a su lado, solo la guardia y un par de excepciones permanecían con ellos, y es que hacía mucho tiempo que no se encontraban buenos vampiros. Aquellos que por alguna razón han sido agraciados con algo que les distinguía, sin ser necesariamente un poder. Carlisle Cullen era un buen ejemplo de ello. Por muy atentos que habían tratado de estar, las oportunidades como esa escaseaban. En cambio ella... Oh! que maravilla. Una protección contra el resto de poderes. ¡La anulación de todos los demás! No simplemente un burdo guardaespaldas físico como Renata. Si todo salía como él creía, el poder de Isabella sería de mucho más refinado y más útil.

    Aro por fin volvió a sentir la vieja y casi olvidada sensación de la exquisita emoción en su frío cuerpo. Y eso hizo que la quisiera todavía más.



    Bella

    Subí las escalerítas de metal nuevo y pulido y me enfrenté con la cerradura de la trampilla. Con un mágico `clíc` mi corazón dió un salto. Empujé la pesada tapa para abrir el camino, no acababa de creérmelo pero seguí subiendo como avanzando en un sueño y salí. La cerré detrás de mi y me puse en pié. Respiré profundamente del viento que me golpeaba la cara, miré a mi alrededor y ví que Volterra me esperaba esperando. Una gran alegría surgía desde mi pecho y ¡me hizo temblar de emoción! De pies a cabeza todo me gritaba que riese o que saltase sin control pero intenté detenerme lo mejor que pude. Aún así, estaba casi segura de que alguna parte de mí se había agitado sin mi permiso. Avancé hasta el final de la oscura calle. Fuera del callejón, el son de la mañana iluminada la plaza del reloj.

    Decir que estaba contenta era decir poco, no hacía justicia al júbilo desmesurado que sentía en mí mientras paseaba mirando las tiendas y viendo a la gente pasar a mi alrededor. Me encontraba rodeada de hombres y mujeres, ancianos, niños y jóvenes, no podía cansarme de ver caras distintas e indiferentes que seguían con sus vidas ajenas a todo. Era increíble ver la belleza de todas esas pequeñas cosas y aquel día no me iba a perder ninguna de ellas.

    Con una sonrisa de entusiasmo estampada en mi cara cual reluciente sello nuevo, devoré la ciudad como si fuera mía. Recorrí y visité cada uno de sus rincones de piedra sin dejar escapar un solo detalle. No recordaba con claridad la última vez que había sentido una emoción como aquella, pero a medida que pasaban las horas y me calmaba, supe había sido hacía mucho tiempo, años incluso, pero no quería volver a esos pensamientos, el tiempo era breve, el día se hacía corto y las horas parecían dulces minutos, así que sacudí con fuerza esos pensamientos de mi cabez y me dediqué a disfrutar. Después de pasear, saltar y jugar con el agua, después de haber hecho todo lo que el cuerpo me había pedido hacer, me senté rendida hacia media tarde en una terraza para tomar algo. Entre copas, terrazas y camareros pasó el resto de la jornada y poco a poco llegó el atardecer.

    Casi sin darme cuenta, las sombras se extendieron y pronto cubrirían del todo el cielo. No me veía con valor de volver todavía, así me quedé a cenar en el mismo bar en el que me había pasado las últimas horas. Pedí comida de la carta y seguí contemplando la plaza a mi alrededor sin cansarme. Al otro extremo de de ella, pude ver como alguien me observaba. La figura se mantenía inmóvil mirándome, demasiado inmóvil para ser humano, pero nadie a su alrededor se fijaba en eso. Yo sabía que tarde o temprano aparecería pero no me importó, si no todo lo contrario. Solo imaginaba el compartir un poco de la excitación que todavía sentía. Le sonreí y fué como un permiso para que se acercase. Demetri avanzó caminando por la plaza hasta llegar a mí y me sonrió también.

    -¿No crees que va siento hora de regresar?

    No pude mas que reir, para mi ese momento no llegaba nunca pero cuando él lo decidiese, le seguiría. -Iva a cenar ¿me acompañas?- Y señalé la silla que había frente a mí. Asintió y se sentó. Cuando el camarero me trajo mi comida se ofreció a servirle algo a él también, pero lo rechazó con un perfecto italiano. Hablaba con gran elegancia y tenía el carisma de un lider. Conducía la conversación con gracia y me hacía participar con sutileza. Todo un verdadero arte. Demetri, me dí cuenta, se acercaba en muchos aspectos a la perfección. Y esa perfección sentía que le hacía menos humano, que le alejaba de mi, y le acercaba a ... él.

    -¿Bella?- Me alegré de que me sacase de mi ensoñación y me devolviese al mundo que tenía delante. Sonreí y continuó la velada a la luz de las farolas, con el frío de la noche devolviéndome a la vida, y sentía que volvía a estar en el mismo sueño de aquella misma mañana.

    Regresamos ya con la noche cerrada sobre nosotros, me acompañó hasta la habitación y se despidió de mí reluctante con un casto beso en la frente.
    Los días que siguieron a ese, fueron muy parecidos. Salía por la mañana y regresábamos los dos por la noche después de una intensa jornada fuera. Mis mejillas recuperaban poco a poco el color y mi cara la sonrisa. Esa liberación me dejaba exhausta y aliena a todo a mi alrededor, no me di cuenta de lo que se estaba gestando detrás. Fue una de estas noches, que algo volvió a interponerse entre la calma y yo...

    Era el quinto… o quizá el sexto día que salía, pero como si hubiese sido el primero… ¡qué día! Emborrachada de aire fresco habían tocado ya las doce de la noche y no me quedaban fuerzas para moverme. A medio camino de mi habitación, mis piernas me fallaron y me deslicé torpemente hasta el suelo donde me quedé sentada, con una media sonrisa de satisfacción. Demetri me miró con cierta burla pero no logró que me importase. Me cogió en brazos mientras murmuraba algo así como ‘Todavía no sabes cuidar de ti misma’ y continuó caminando tranquilamente. Con delicadeza me dejó sobre mi cama. Cada centímetro de almohadón se hundía lentamente a mí alrededor, bajo mi peso, como si temiera dejarme caer de golpe. Cansada como estaba, me sentía flotando sobre nubes de algodón. Mi cuerpo estaba agotado, pero ya no podía escuchar sus quejas por el dolor, solo dejarme llevar al delicioso olvido del descanso.

    -¿Eres feliz?-Demetri me sobresaltó con su pregunta. Todavía estaba allí, y yo me había quedado dormida durante unos segundos. Entreabrí un ojo para mirarle y me sorprendió su seriedad, pero volví a cerrarlo.

    -Es una pregunta difícil.

    ¿Qué decirle? Era cierto que la última semana había sido increíble aunque todavía estuviese allí, entre vampiros. ¿Era esta libertad suficiente para olvidarlo todo? Sin pensar, solo sintiendo. ¿Era feliz? Si callaba y me dedicaba a escuchar, mi agotado cuerpo solo sabía gritarme que sí, que mi vida, sin pensar en mañana, se sentía satisfecha durante este eterno instante. Sin pasado ni futuro...

    -Yo encuentro que es clara y sencilla- Vi en su rostro la angustia escondida detrás de la pregunta. Intentaba disimularlo mirando distraído hacia un lado, y aunque no acababa de comprender el motivo de aquel cambio, quise disiparla. -Con solo dos respuestas posibles.

    -Ahora sí lo soy- contesté segura- quien sabe mañana...- miré en su misma dirección esperando que no quisiera seguir hablando del tema.

    -¿Quien sabe? ¿Quién mejor que tu? ¿Si eres feliz hoy... porqué no mañana?

    -Demetri por favor...-Me había enderezado pero sentí ganas de volver a tumbarme dándole la espalda ¿Porqué quería hablar sobre eso? - Lo sabes muy bien. Las cosas... cambian.- Y demasiado iban a hacerlo. Mi vida humana... tenía caducidad.

    -No tienen porqué hacerlo.-casi me reí cuando escuché eso.

    -¿Es eso cierto?-Pregunté con una nota de sorna para que él mismo se diese cuenta de que no era cierto.

    -Todo puede seguir igual. Todo...igual que esta semana.

    Hice chasquear la lengua contra los dientes burlándome de él. Sabía que quería consoloarme y aliviar las penas que ensombrecían la felicidad de estos días, pero no tenía ningún sentido. Y yo lo sabía muy bien, y también los malos tiempos que me esperaban. Negarlo era absurdo.

    Yo haré que sean igual. -Sonrió con inocencia. ¿Cómo una criatura capaz de demostrar tamaña crueldad... ¿podía iluminarme con una sonrisa tan sincera? Mi mano alcanzando su mejilla, iniciando yo un contacto por primera vez desde que nos conocíamos. Conmovido por este gesto, tomo mi mano con la suya y la retuvo allí.

    -Entonces ojalá dependiese de ti.-Pero sabía muy bien que no era así. Dejé caer la mano sobre los cojines, igual que antes pero sin su delicadeza.

    -Tu vida de vampiro... no tiene porqué ser como tu te la imaginas. Yo puedo ayudarte.- Le miré unos segundos desconcertada. Aquellas palabras me cogían desprevenida ¿De qué estaba hablando?

    -No tienes que alimentarte de personas.- Se inclinaba hacia mí para dar más fuerza a sus palabras. Sus intensos ojos convirtiéndose en puro fuego- Sé que eso es lo que te preocupa, y tienes que saberlo... hay otras opciones.

    -¿...Qué?-Sabía a qué se refería. Claro que sabía que había soluciones para ese problema, lo había aprendido con los Cullen pero no pensaba que la solución me la plantease Demetri, un Vulturi. Pensaba que no aceptaban aquel modo de vida.

    -Leí la carta. Sé que ese es el motivo de que no quieras convertirte. Pero tiene solución. -Con esas palabras algo se heló dentro de mí.

    -Que leíste... ¿qué carta leíste?- Mi voz era un suspiro. No sería... supliqué equivocarme, pero sus ojos lanzaron una breve mirada al escritorio. -Mi carta...

    -estaba sobre la mesa, yo estaba preocupado por... -Recuperé mi mano bruscamente.

    -¡Leíste mi carta!-mis pensamientos dirigidos a Jacob, la despedida que nunca tuve con él... profanada. -¡pero era privado! y no esta dirigida a ti! - Me sentía estúpida y avergonzada, todas aquellas cosas escritas... para desahogarme. Mis sentimientos más débiles y pueriles plasmados para alejarme de ellos... y todo eso... para nada. Demetri estuvo mas de tres segundos sin palabras y yo no tenía paciencia en ese momento. -¿Cómo has podido...? no tenías ningún derecho.

    -solo es una carta- quiso quitarle importancia. No parecía enfadado pero claramente no estaba tan sereno como antes, si no me hubiese sentido tan enfadada por todo eso, me hubiera sorprendido ese cambio.

    -No, no era solo una carta...

    -Basta ya. -Me miró severamente. -No sigas con eso. Solo. Era. Una. Carta…

    -¡PERSONAL! ¡Era una carta persona!- Estaba fuera de mis casillas. Gritaba con aire que le faltaba a mis pulmones y mi enfado me cegaba.

    -Que estaba sobre la mesa del escritorio.-Se defendió- ¡Todavía es mi deber vigilarte! - Me dejó de piedra. Le volví a ver por un segundo como el vampiro del principio, los aterradores ojos rojos que me seguían de noche. Me libré de ese pensamiento asustada. Debió leer algo en mi expresión, porqué se dio cuenta de lo que acababa de decir y su cara cambió también.

    -No.

    -¿Es eso todavía? –dije antes de que pudiese rectificar -¡¿Sigo siendo todavía TU prisionera?!- Estallé enrabiada. Sabía que el "tu" no le haría mas que daño, que era lo que quería provocarle en ese momento, hacer todo el posible, como me lo hacía él. Cogió aire con fuerza aunque no lo necesitaba y me cogió con fuerza del brazo, exhalando con lentitud. Parecía que iba a gritar o zarandearme o...

    -No quería decir eso.

    -Ya veo- dije sin creerle.

    -¡Bella! Haz el favor- trataba de calmarse delante mío pero estaba claro que estaba enfadado! ¡Muy enfadado! nunca había visto a Demetri de esa forma. ¿Pero qué sentido tenía que él lo estuviese? ¡Era yo la ofendida! -Todavía es mi deber cuidar de tí.

    -¿Así es como le llamas ahora?-Le miré con recelo, pese a todo, con los párpados medio abiertos, estaba... demasiado agotada y esto no hacía más que agotarme más, esto era un paso hacia atrás. Mi rostro se contorsionó del dolor. No le creía. No podía creerle, o más bien no quería hacerlo.

    Me sentía engañada y necesitaba poder culparle a él, completamente.

    Siento algo frío contra mi frente. Me doy cuenta de que había cerrado los ojos, los abro y veo a Demetri contra mí. Frente contra frente. Su mano corrió hasta mi nuca antes de que pudiese separarme para inmovilizarme donde estaba.

    -Es absurdo que no te lo creas. -Exhalaba cada palabra con dificultad- Día a día, todos mis esfuerzos son para conseguir que te sientas mejor. ¡Para averiguar QUÉ te falta!

    Miro su labios moverse mientras habla por no mirarle a los ojos. Todo es verdad, pero no quiero escucharle.

    -Hago todo lo posible por facilitarte la vida aquí, aunque no te gusten mis métodos.

    Siento como mi cuerpo se agota, cada vez más rápido. por un segundo casi pierdo las fuerzas. No podía más, toda mi energía huía de mi con las últimas palabras y ya no me sentía con fuerzas ni de seguir enfadada. Mi vista se volvía turbia con rapidez, mis manos temblaban y mi voz desaparecía, áspera en mi cuello. Lágrimas de frustración brillaron en mis ojos aunque no acabaron de caer. Creo que Demetri se dio cuenta porque la discusión terminó ahí. Me dejó aire para que pudiera respirar, caminó por la habitación y estuvo a punto de hablar un par de veces pero desistió de hacerlo.

    -Vete- murmuré sin fuerzas. Un segundo después ya no estaba conmigo.

    No me gustaban, no quería que conociera esa parte de mí. Jacob era una de las pocas cosas buenas que quedaban en mi recuerdo, que había sido estable en mi vida. Eran dos mundos que prefería mantener separados. Y fuera porque se habían creído mi mentira o que les daba absolutamente igual, los Vulturi no habían hecho nada al respecto, o así por lo menos lo creía, y estaba agradecida de ello. Los quileutes estaban solos y a salvo.

    Pero qué podía saber Demetri sobre mis razones… Era como un niño dando palos de ciego y estaba en lo cierto de que yo no pondría nada de mi parte para ayudarle. Cuanto menos supiera de mis motivos… mejor. No podía decirle lo que sentía. No podía hablarle de un amor no correspondido con un vampiro que casi destrozó mi vida ni de un amor mártir que había abandonado para poder salvar. Si bien era cierto que consideraban horrible el alimentarme de personas, me horrorizaba más haber de pasar una eternidad lejos de ellos. Siempre echaría de menos a los Cullen y a Edw… pero el recuerdo de su abandono con la cruel calidez de su amor disipado, era algo que no quería tener toda una eternidad.

    Ese era el verdadero motivo.



    Demetri

    Salgo de la habitación irritado. Quería dar un portazo al cerrar la puerta, pero como siempre que estoy cerca de Bella… me controlé a tiempo. Me llevé la mano a la frente tratando de sosegar mis nervios.

    A penas comprendía cómo había podido salir todo tan mal. Tan sumamente MAL. Solo había hecho falta un comentario fuera de lugar para que todos mis esfuerzos se evaporasen. Igual que el viento, como si no existieran. ¿Cómo podía haber dicho eso? Que yo la trataba como si aun… ¿Es que estaba CIEGA? ¿No veía todo lo que hacía por ella? Si no fuera porque había leído aquella carta aun estaría preguntándome porqué no quería ser un vampiro. No se daba cuenta de lo difícil que estaba haciendo mi trabajo, y lo difícil que me ponía el poder acercarme. Siempre barreras, siempre miedos, recelos y desconfianza.

    Estuve a punto de golpear la pared pero pude retenerme otra vez. Me quedé unos minutos junto a la puerta sin decidirme a marchar, pero tampoco atreviéndome a volver a entrar. Por fin resolví a irme no sin antes haber mirado dos veces hacia atrás mientras recorría el pasillo. Estaba siendo demasiado impaciente. De eso quise convencerme para callar mi frustración.

    Me alejo sin que mis pensamientos la dejen a ella. Tenía que buscar algo que ocupara mi mente, algo para dejar de darle vueltas y dejar de preguntarme qué había fallado. Porque lo sabía, sabía lo que era, su maldita confianza quebrada, pero… tenía que entenderlo, había cosas más importantes.

    Continué repitiéndomelo durante los tres días siguientes. Viéndola pasear sin la alegría de los días anteriores, sin risas ni juegos. Caminaba melancólica y volvía a su habitación antes del atardecer. No quería verme. Me quedaba detrás de su puerta escuchándola respirar, pero respeté su deseo. Nada bueno saldría de otra discusión en un momento como ese.

    Fue por fin el cuarto día que esperó. Llegó el atardecer para mi sorpresa y todavía estaba fuera. Sentí una punzada de alivio al darme cuenta, y me faltó tiempo para ir a verla. Igual que lo había hecho hacía unos meses, cerca de la muralla exterior de la ciudad estaba sentada en el suelo, parecía pensativa en una postura recogida apoyando su mentón sobre las rodillas flexionadas.

    -Bella.- me miró -¿estas bien?- había cogido, no sabía muy bien porqué, la costumbre de preguntárselo a menudo. Ella asintió retirando de mí su mirada.

    -Siento haber leído tu carta.

    No imaginaba otra manera de poder empezar. Una manera de hacerla hablar.

    -No debiste hacerlo. –dijo con la cabeza todavía gacha. Le costaba hablar, notaba la misma amargura que había sentido en mí días atrás.-Pero… yo no debí comportarme como lo hice.

    Aquello no era lo que me esperaba, pero también era un buen comienzo. Me senté a su lado y dejé que hablase.

    -No quería que leyeses… son cosas privadas, que me avergonzaría decirlas en voz alta… no… -apretó sus manos contra su cara con mucha fuerza, incluso con rabia y me di cuenta hasta qué punto había valorado ella su intimidad. La detuve antes de que se hiciera daño y volví a disculparme.

    -Lo siento- pero esta vez era de verdad.- tragó con fuerza y escuché el nudo que se formaba en su garganta. Pronto lloraría y no quería que eso pasara aunque estuviera ya fuera Demi control.

    -Se que tu no eres así. Todo lo que dije… estaba enfadada.

    -Está bien. Pero quiero que sepas… que mi oferta sigue estando en pié. Yo puedo ayudarte.- Me arriesgo a que vuelva a enfadarse, pero acallo las voces dentro de mí y continuo, porque necesito que lo sepa. Necesito que lo acepte y que comprenda que puedo ayudarla a dejar esta locura de seguir siendo humana, porque su sufrimiento no tiene sentido.- te ayudaré a no tener que matar personas. Será como seguir…

    -Por favor…Demteri… basta.- Hundía la cabeza en su regazo. –T…te agradezco el gesto, pero n… no quiero convertirme. No quiero. Y si llega el día en que... no tenga más… remedio…-No vi ni escuché gemido alguno, pero en su cara escondida estaba seguro que había lágrimas y pode oler el salitre.- Prefiero pensarlo lo menos posible.

    No entendía su mentalidad. Dejar de pensar en ello no hacía que desapareciese, y los Vulturi solo esperarían, como mucho, cinco años más. Y aunque ese tiempo fuese despreciable, dudaba que Aro tuviera tanta paciencia ahora que la tenía aquí.

    -Eso no solucionará nada. Lo sabes.

    -Lo sé- contestó con ánimo derrotado. -¿Es estúpido verdad? Pero cuando dejo de pensar en ello… yo… puedo olvidarlo...

    -Es humano, supongo. -Era complicado entenderla. Pensaba que al saber que no tendría que alimentarse de personas la haría saltar de alegría. Sin embargo aquí estaba, rechazando lo que yo era con media sonrisa en la boca.

    -Gracias -Por lo menos ya no lloraba, y sus lágrimas se secaban rápidamente. Peor sigo preguntándome ¿por que? Retiro el pelo que se ha pegado a sus mejillas húmedas.

    Mi pequeña humana ¿qué pasa por tu cabeza? Si no es el matar a humanos... ¿qué es? ¿Qué te retiene todavía en tu sueño mortal? Se deja llevar por mis caricias mientras mi cabeza sigue dando vueltas. La luz del atardecer se apaga poco a poco pero ninguno de los dos quiere darle importancia. ¿No será... él? Aquel a quien dirigía las cartas, su última conexión con su anterior vida: Jacob. Él podía ser el motivo. Con su rostro entre mis manos siento una terrible punzada de celos. Jamás había sentido nada parecido, pero era un sentimito tan poderoso que temí poder hacerle daño.

    -¿ocurre algo?- mi mano se había detenido pero seguía sobre su mejilla, casi temblando.- Estas muy tenso, incluso para tí. -Su ingénua voz no arrastraba enfado.

    ¿Es tu anterior vida? ¿Es él? DÍMELO. Necesito saber qué te mantiene lejos de mí todavía. Surgió de mí un odio arrebatador contra el hombre sin rostro. Tuve ganas de destrozarlo entre mis brazos y eliminarlo de la tierra.
    -no es nada. solo...- Debía tener cuidado, no podía asustarla.-Todo ha cambiado mucho desde que estás aquí.

    No parece comprender el significado de mis palabras, porque permanece impasible mientras me acerco más a ella. Observo su rostro con detalle. El color había vuelto poco a poco a su rostro y sus labios empezaban a secarse por el tiempo del exterior. No es la faz de un vampiro, no es magnífica ni perfecta si no que está llena de marcas terrenales e imperfecciones con personalidad. Y eso la hacía muy interesante.

    -¿Para bien o para mal?-Siento su aliento en mi cara que huele a café de un par de horas atrás. Yo ya no recordaba cómo sabía pero su aroma era intenso y delicioso.

    -No me imagino ahora la vida aquí sin ti.- El aliento se le congeló en la garganta y estudié cómo se dilataban sus pupilas.

    -De... –Titubeó unos segundos. En un acto reflejo ella también miró mis labios. Su corazón aumentó de ritmo y sus ojos, instintivamente, se habían cerrado parcialmente. Eso me dio el valor que necesitaba para inclinarme y besarla. Me asaltaron las dudas justo antes de alcanzarla, pero sus labios eran cálidos contra los míos las disiparon por completo. Eran más suaves y tiernos de lo que recordaba de la última vez. La besé unos intensos segundos, y llegó a ser mía durante ese tiempo. Pero se movió entre mis brazos hasta que logró separarnos.

    Yo estaba demasiado deslumbrado como para reaccionar.

    -No- susurró girando la cara- no-… puedo hacer esto. Demetri.
    Sus mejillas estaban encendidas, y acabó apartándose de mí con la punta de sus dedos tapándose los labios. Vuelvo a sentir celos. Unos amargos CELOS que se abre paso desde mi pecho.

    -No puedo hacer esto. - ... pero los disimuló lo mejor que puedo, porque es algo contra los que no puedo luchar. Por que no está aquí, ÉL no esta aquí, y no puede uno enfrentarse al recuerdo de alguien.

    -¿Porqué no?- Le pregunté susurrando muy cerca de su oido, mientras mantengo el contacto con su mejilla. Intentaba seducirla y que cayera en mis redes, y estuve realmente muy cerca de conseguirlo.

    -Hay.... algo que.. -Algo que todavía la retenía lejos de mí.

    -¿Algo de tu pasado?- Asintió. Pero ahora su expresión era sombría y agria. No era un recuerdo dulce, tal vez... porque la separación no fue voluntaria -¿Alguien?

    Volvió a asentir. Y me sentí arder por dentro con una rivalidad inmensurable hacia...él.

    - Pensaba que a estas alturas... ya le abría olvidado, por completo. -Contuvo el sollozo en su pecho, pero pude ver como se debatía para mantener la compostura delante de mí- Juro que... quiero hacerlo, ¡que lo he hecho! Pero...- Había recuperado el control de si misma sin derramar una sola lágrima, pero estaba triste, muy triste, y eso no podía ayudar en nada a nuestra relación.

    Me levanté con calma y con cuidado la levanté a ella también. Se cogió a mi brazo y aunque hice el gesto de comenzar a caminar me seguía cogiendo con fuerza.

    -No quiero que te enfades conmigo. Por favor, eres lo único...

    -No estoy enfadado contigo.-Era la causa de mis tormentos. El pensamiento que nublaba mi juicio e hiciese que desesperase de celos. CELOS ¡yo! que a penas había llegado a sentir una leve contrariedad al haber yacido con otras tantas mujeres... era algo insólito e inaudito, ¿pero enfadado? No, pues lo único que sentía al mirarla a los ojos eran ganas de besarla de nuevo.-deja el pasado atrás. Solo así puedes tener un futuro aquí.- Me volví a inclinar hacia ella. Aunque creyó que iva a hacerlo no se movió ni un centímetro y sonreí interiormente. Con mucha suavidad y lentitud, le dí un beso tentador en la comisura del labio. -Cuando lo hagas, yo estaré aquí esperando.

    Quería que se fuera a dormir con esa sensación... y dejar que imaginase. Que fuera ella misma quien llenase su cabeza de lo que podría ser. Esa, podría ser una buena arma para mí. Comencé a caminar hacia el interior de la ciudad con Bella a mi lado, pues todavía no me había soltado el brazo y ahora incluso apoyaba su cabeza contra él.

    Me sentía alterado y un poco confundido por mis propios sentimientos. Pero continué caminando con la extraña sensación de que no estaba todo perdido e incluso, por que no, había ido todo bien.
    ---------------------------------------------------------


    Aquí estoy de nuevo y una vez más.
    Este cap. me ha didao muchos problemas para escribirlo. Sobretodo los conflictos emocionales de estos dos... ufff, espero que todo quede bien y no quede OoC. Si disfrutais la mitad de lo que lo hago yo escribiedo.... ya estoy contenta.
    Espero que os guste y enseguida me pondré con el siguiente...
    Un slaudo a toooooodo el mundo
     
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  11.  
    pamevals

    pamevals Guest

    Re: Vendrás con nosotros

    hola otra vez ^^
    ahy enverdad como me encanta tu fic jeje pobre demetri esta sufriendo pensando que bella piensa en jacob cuando enverdad piensa en edward, ahy porfis continualo pronto me esta encantando esta pareja insisto demetri es super lindo ahy yo que bella ya hubbiera aprovechado XD jaja no es cierto no me animo soy toda vergonzosa XD jaja bueno porfas continua la historia pronto
     
  12.  
    Nagini

    Nagini Iniciado

    Piscis
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    Re: Vendrás con nosotros

    Hola chicaaas^^
    Me alegro un montón de que os guste. Me quitáis un peso de encima... siempre estoy sufriendo de que "este cap. no me acaba de gustar como queda" "este cap. me parece más aburrido que los otros" no hay emoción.... Como examino frase por frase, las emociones que tiene que provocar al final se me escapan de tanto leerlo. Si os gusta, me quedo tranquila! (un saludo a la nueva^^)

    Demetri es un amor. No es tan calmado como quiere aparentar delante de Bella, pero siempre piensa que la puede asustar, así que se frena.
    Y otra cosa que me gusta mucho es lo que comentaba pamevals. El doble juego de que Bella miente y sufre "romanticamente" por Edward, y Demetri y los Vulturi piensan que es por culpa de Jacob y para proteger a los lobos. A Bella ya le estaba bien que eso sea así. POr una parte no quita la tapadera de los cullen y por otra, los vulturi dejan tranquilos a los quileutes.
    Ya veremos en qué acaba todo esto, jijijijijijijijijiiii. Pero aun queda mucho para eso y cada vez tengo menos tiempo para escribir.
    Os prometo que haré cuando esté en mi mano. Pro cierto, alguien conoce a alguien que haga de beta-reader? quiero evitar faltas de ortografía y quiero una mirada crítica para la historia
     
  13.  
    Arleet

    Arleet Fanático

    Aries
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    Re: Vendrás con nosotros

    Hola, mira si quieres yo te puedo decir cuando te falta o no una coma, hacento o es un error de ortografia para que poco a poco vayas siendo mas talentosa que dices? Esta en tus manos la decicion. Bye
     
  14.  
    DarkHinata

    DarkHinata Entusiasta

    Aries
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    Re: Vendrás con nosotros

    Mmm..tambien yo puedo servirte en la medida que pueda^^...asi como tambien el maravilloso "Microsoft Office Word" xD..jaja..es solo una broma, pero es buena idea que lo utilices para evitar un poco mas las faltas de ortografía, por supuesto que el programa no es perfecto y puede no admitir alguna palabra por que no está guardada en su diccionario, pero eso suele pasar más que nada si es algo inventado, por ejemplo "Renesmee" o "Emmet"..entiendes? en fin..te deseo lo mejor...y..que esperas para publicar conti!!? kieres que nos volvamos locas??! ^^..lo siento..es mi multipersonalidad..xD..cuidate--besos ^.^
     
  15.  
    Nagini

    Nagini Iniciado

    Piscis
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    Re: Vendrás con nosotros

    Bueno, si buscaba a un lector beta no era tanto para fallos ortográficos, si no para estructuras, descripciones... errores más profundos del texto.
    Que me diga que frases no le gustan, si algo no se entiende bien... ese tipo de cosas. Gracias por ofreceros ^^

    Por cierto, ya os aviso que me está costando avanzar con este capítulo, además de que trabajar de prácticas no ayuda nada. Mucho trabajo y poco sueldo.
     
  16.  
    jucebeit

    jucebeit Entusiasta

    Leo
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    Waaa... pense que no lo continuarias, (esque me quede en el cap 7 y como tardaste en subir la conti me habia hecho a la idea que no lo continuarias pero como dicen... mas vale tarde que nunca).... dejando un lado eso, me encanto definitivamente me tienes en un dilema... no se quien me gusta mas si Edwart, Jacob o Demetri (que porcierto me encanta la caracterizacion su forma de ser es unica por un lado amoroso, tierno, SEDUCTOR y lo celos ME ENCANTAN >3<) y sobre tu beta-reader, me encantaria formar parte en esta historia como critica.
    Bueno espero ansiosa la continuacion de esta maravillosa historia... ciao.... =)
     
  17.  
    Nagini

    Nagini Iniciado

    Piscis
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    Escritora
    Título:
    Vendrás con nosotros
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    12
     
    Palabras:
    4894
    Capítulo 10


    Se repiten, una y otra vez en mi cabeza. Malos recuerdos que trato de mitigar como sea a raíz de aquella noche. Pensamientos sobre Edward que seguían castigándome. Después de tanto tiempo… casi cuatro años se habían cumplido ya, y yo seguía patéticamente contando el tiempo después de su partida. De su abandono. Que idiota Bella… deja de pensar en él.


    Pero si no lo hacía, pensaba en Demetri. Demetri, Demetri, Demetri, Demetri… su nombre, de tanto repetirlo, perdía el sentido. Me sentía abrumada por lo que había pasado y los pensamientos revoloteaban sin cesar a su alrededor. En buena parte me sentía alagada por lo ocurrido aquella noche, pero mi sentido común se batía en duelo con mi cabeza reprochándome la idea de seguir por aquel camino. Odiaba es escalofrío que me producía a veces estar con él y hacía sentime culpable porque me resultaba adictivo. Ese vértigo hacía que solo pensase en volverlo a sentir otra vez.

    Era posible que para mi estas cosas no volverían a ser sencillas. Además, encerrada allí, no había nada que me distrajera. Nada que se llevase mi atención.

    ¿Qué podía haber hecho? ¿Cómo evitar lo que me pasaba? Dem… era como ellos, un vampiro al fin y al cabo. ¿Así que permitiría que todo volviera a empezar? ¿Así de simple? ¿Me dejaría tropezar y caer en los mismos errores del pasado? No. Bien sabía que no. Ya había renegado de lo que ocurrió en el entonces y bastante lo había sufrido como para no olvidarlo. Yo, ¿con un Vampiro?

    La pena del recuerdo me corroía por dentro como si fuera ácido. Estar con un vampiro, acercarme a él y dejarle que cambiara mi vida, era más de lo que mi corazón podía tolerar. Por otra parte Demetri era tan bueno conmigo, siempre tenía razón y muchas veces no se había merecido mi comportamiento hacia él. Había tenido la voz de la razón cuando a mi me había faltado, y aun siendo vampiro y Vulturi me había enseñado a vivir entre aquellas paredes con una paciencia que a menudo me costaba ver.

    Los días siguientes yo continué con mi ruina habitual, aunque mientras tanto seguía pensando en él. Aprovechaba mi libertad para tratar de distraerme y poco a poco funcionaba, pero cuando estaba cerca no podía evitarlo. Siempre intentaba observarle a cierta distancia. Mis ojos quedaban atrapados por sus gestos y sus palabras. Su cabello castaño y sus finos y pálidos labios.
    De nuevo un escalofrío.
    Una deliciosa pero breve sensación de placer que me recorre el pecho; me enturbia la vista y necesito recuperar el aliento. Es lo único que tengo ahora en esta nueva vida de cautiverio. Lo poco que podía hacer libremente entre los muros del castillo. Me conmovía por dentro y me hacía latir el corazón de emoción por algo. Necesitaba volver a verle y sentirlo una vez más. El recuerdo de su tacto frío y duro, la suavidad de sus manos cogiendo las mías se repitiera una y otra vez. Pero eso me devolvía a mi dilema, una vez más.

    Suspiré, hondamente. La cabeza me daba vueltas. No venía a mi el descanso, ni la solución a mis problemas, así que decidí segura de mí misma dejar pasar los días confiando en que se me pasase. Aunque sin mucho éxito.

    Tres semanas después todo continuaba igual, con un escalofrío de pies a cabeza cuando llamaba a mi puerta. Aguanté unos segundos odiando y bendiciendo a la vez que aquello ocurriese. ¡No lograría superar mi adicción de esa forma! Pero me encantaba. Como casi siempre entró sin esperar respuesta y me encontró todavía tumbada en la cama.

    -Buenos días.- Bajo las sábanas me retuerzo sobre mi misma tapando la luz que ya entraba por la ventana, y emitiendo en pequeño gruñido a modo de saludo. – ¿Estás despierta ya? Saldremos cuando estés lista.

    Me levanté haciéndome a la idea que hoy tenía de nuevo una misión. No me había molestado en saber dónde era ni qué pasaría, casi tenía tan pocas ganas de ir como a la primera, pero me levanté, me vestí obedientemente y puse sobre mí la capa. Demetri me esperaba fuera, alargó la mano y entre nerviosa y resignada la tomé con fuerza. Pese a todo, sabía muy bien que me dejaría guiar por él a donde fuera.

    Subimos al coche y Félix ya estaba allí, sentado en el asiento del conductor. Alto, fuerte con un humor jocoso que siempre intentaba ponerme a prueba.

    -Bienvenida de nuevo, Isabella. Vamos a lavar los trapos sucios de tus tíos.
    Le lancé una mirada irónica que pareció satisfacerle. – ¿Lista para otra escapada?- Entonces recibió un golpe de Demetri en las costillas. Todavía sentía un fuerte respeto (por no decir miedo) hacia él. Tenía un carácter con un punto salvaje y descontrolado que a mi parecer le hacía imprevisible. Era casi tan atractivo como Demetri, tenía algo, como todos los vampiros, que en algún sentido o en otro lo hacía ser irresistiblemente interesante.
    -Está bien- dije calmada dirigiéndome a Demetri, y luego me dirigí a Félix- Estoy preparada, vayamos de una vez.
    Durante el trayecto me di cuenta de que aquella parte del viaje no me desagradaba. Ir en coche se hacía muy interesante porque podía mirar por la ventana muchas cosas que ahora ya no podía en cámara rápida. Apareciendo y desapareciendo al instante. Como si fuera un resumen de la vida o del mundo que me estaba perdiendo.

    Lástima que teníamos que llegar a algún lugar.

    -¿Dónde Vamos? –Pregunté sin apartar la vista de la ventana –Esta vez no me habéis dicho nada.
    -Fort William.-dijo Demetri al instante- En el Norte de Reino Unido, así que es posible que llueva.
    A los vampiros les gustaba el Norte. Poca luz y mucha lluvia, eso supone pocas preguntas, imagino. Eso me recordó a Forks, y me pregunté si algún día iríamos de misión a los Estados Unidos. Me gustaría regresar algún día.
    -En total somos ocho, incluyéndote a ti. Es muy sencillo lo que vas a tener que hacer. Ya lo verás.

    Me duché por segunda vez y froté con fuerza la piel tal y como me habían pedido. Bajo la espuma, podía ver que empezaba a enrojecer y decidí que ya era suficiente. Me metí bajo el agua y dejé mis músculos relajarse mientras el jabón desaparecía. Me envolví con una toalla y traté de secarme cuando llamaron a la puerta de la habitación. Abrí con cuidado y apareció un trabajador del hotel con un paquete entre las manos.

    -¿Isabella Vulturi?- Asiento- Han dejado esto en recepción para usted.
    -Muchas gracias.

    Cerré la puerta y abrí rápidamente el paquete. Dentro había ropa y una pequeña nota que ponía "Una vez más". Así que me volví al cuarto de baño y me duché de nuevo. Mis dedos estaban ya totalmente blancos y arrugados como ciruelas pasadas, y el bote de champú amenazaba en acabarse pronto. En qué situaciones más bizarras me encontraba… cogí la ropa y me di cuenta de que era de segunda mano. Debí haberlo imaginado. Me puse los pantalones tejanos y la blusa y salí a la calle. Recordé las palabras de Demetri y me dí un buen paseo por el mercado impregnándome de los diferentes olores. Cualquier olor que no fuera el de vampiro, para que nadie se diese cuenta.

    El día se empezó a oscurecer muy pronto y con eso llegaba la hora de empezar. Cogí un taxi y antes de que me preguntase nada le entregué en papel con la dirección a la que quería ir. Bajé en una calle poco iluminada y algo lúgubre donde no había viviendas, parecía un recinto industrial lleno de naves pero supe enseguida hacia donde tenía que ir. De una de esas naves salía luz que iluminaba la calle y podía escucharse música. Fuera se formaba una pequeña cola de gente esperando para poder entrar, así que un poco nerviosa me uní a ella intentando pasar desapercibida. Uno a uno, todo el mundo fue entrando a la vez que gente se unía a la cola detrás de mí. Cuando estaba a medio camino ya pude ver que el tipo de la entrada era un vampiro aunque llevase unas gafas así que no me había equivocado. Era alto y con el pelo casi de color platino, me sonrió dulcemente cuando llegué delante de todo.

    -¿Nombre?
    -Alice White.-Respondí rápidamente con la identidad que me había preparado. Después de una rápida mirada a su carpeta, levantó la mirada y una ceja a la vez.
    - No estás en la lista.
    -Pierre me dijo que no haría falta. Que me dejaría entrar.- Intenté no parecer nerviosa mientras se tomaba un segundo para analizarme. Deseé con todas mis fuerzas que la información de Demetri no fuera errónea. Me miró de arriba abajo, inspiró profundamente seguramente para olerme y…
    -Pues la verdad es que no me ha dicho nada.
    -No es propio de él olvidarse. –Reí intentando disimular mis nervios. Me lanzó una última mirada interrogativa – Pasa, luego hablaré yo con él.
    -Gracias- murmuré y me escabullí hacia el interior a través de las puertas.

    Dentro, parecía una mezcla entre bar de ambiente y local de apuestas. La gente charlaba, bebía y se divertía con música de fondo. Si no hubiese visto al vampiro de la entrada y a dos más en la barra sirviendo copas, me hubiese gustado aquel lugar. Pedí algo y traté de buscar alguien con quien hablar, tuve que esperar más de una hora hasta que algo llamó mi atención. En el centro de la sala las mesas se ocuparon, y mucha gente empezó a acudir a su alrededor. Aumentaron el nivel de gritos, otros reían y aplaudían a la vez. En pocos minutos todo parecía muy diferente. A un lado los vampiros de la barra flirteaban con algunas chicas, a otro se apostaba en pruebas de fuerza y en la sala de al lado… había descubierto un ring de boxeo que pronto sería utilizado. Me resultaba extraña aquella forma de diversión, pero la gente parecía emocionada al ver como uno tras otro, los vampiros que participaban lo ganaban todo. Fue entonces que me di cuenta del tamaño de alguno de los hombres que circulaba por allí: grandes, fuertes y con cara de pocos amigos. Otros traían bolsas de deporte e incluso olían a sudor.

    Durante un largo rato no pude despertar de mi completo asombro. Cuando lo hice me pregunté si en el fondo todo aquello era tan importante como para que los Vulturi se preocuparan. Estaba clara la poca ética de ganar dinero con aquellos métodos, pero ¿eso era todo? La gente se divertía y no hacían daño a nadie… o eso pensaba yo.

    Pocos minutos después de plantearme estas cosas, oí voces a mis espaldas. Había gente discutiendo a gritos en algún lugar y me dirigí hacia allí sin preguntarme si era una buena idea.

    Dos tipos gritaban, otro estaba tumbado en el suelo sin moverse y por último uno en medio de piel blanca, muy quieto y callado. Ese, pensé, es un vampiro. De repente apareció uno a sus espaldas y antes de que me diese cuanta golpeó al vampiro con algo que provocó un fuerte estruendo mientras se rompía contra su cabeza. Él ni se inmutó, se hizo un gran silencio entre las personas que lo habían visto igual que yo y segundos después cogió al atónito hombre que lo había golpeado por la camisa y a uno de las que discutían y sin esfuerzo lo arrastró hacia una puerta al fondo de la sala. Otro vampiro apareció al momento y se llevó al inconsciente y al que faltaba.

    -¿Has visto eso Eveline?- Murmuró temblorosamente alguien a mi lado.
    -Vámonos de aquí- Susurró otra voz junto a la primera.

    Aquello no estaba bien, me acerqué al lugar de donde la gente retrocedía lenta y angustiosamente mientras el ruido de la sala de al lado parecía continuar con la normalidad que muchos de los que estaban allí querían recuperar. La gente se retiraba y fue más fácil ver el rastro de sangre y los restos de madera destrozados. Luego gritos y golpes amortiguados al otro lado de la pared que a mi alrededor se intentaban ignorar.

    Tragué saliva, había visto ya suficiente. Cogí el teléfono, marqué el 1 y llamé.

    -Hola cariño. ¿Has llegado ya a casa?- La voz de Demetri sonó al otro lado del teléfono mucho mas tensa de lo que debía ser. No pareció en absoluto real y temí que alguien escuchara la conversación.

    -No, mi amor - Dije yo también algo demasiado nerviosa.-Pero enseguida salgo hacia allá.
    -No, tardes.- Dijo él muy serio y colgó al momento.

    Me abrí paso a través de la multitud acompañada por otra gente que también parecía querer irse sin prisa, sin llamar la atención. Ya casi había llegado cuando las puertas se cerraron por dentro. Un vampiro de los Vulturi estaba en la puerta y no dejaba que nadie se marchase. Quise acercarme a él para que me dejara a mí, pero no llegué a tiempo y la gente empezó a protestar y precipitarse hacia las salidas de emergencia.

    Intenté llamar a Demetri otra vez y decirle que todavía estaba dentro pero a penas podía escuchar los tonos del teléfono mientras sonaban. Entendí enseguida ya habían empezado. Miré a mi alrededor. Todas las puertas estaban ya cerradas. A un lado, reconocí a Félix y otros tres vampiros rodeando a los vampiros del local. Yo tenía que salir de allí enseguida. Todos habían insistido en que saliera antes de que todo comenzase, pero se me hacía muy difícil avanzar entre el gentío, y más ahora que comenzaban a darse cuenta de que no había salido posible.

    Comenzaron los gritos junto a las puertas, al fondo, los vampiros discutían y se escucharon golpes. Algo había sido lanzado contra e techo y había abierto un hueco a través de él, así que la gente empezó a ponerse histérica. El ruido me ensordecía y a penas podía moverme de mi sitio. Intenté volver a llamar.

    Con el dichoso aparato en la mano intenté ponerme en contacto otra vez con alguien que me sacara de allí. Nerviosa y angustiada por mi situación dirigí la vista hacia la pelea y me la crucé con una conocida. El vampiro de la puerta, en medio de la disputa con los Vulturis, me miraba sorprendido. Se detuvo a pensarlo un momento, y luego corrió hacia mí inmovilizándome por la espalda. La gente se apartó de nosotros asustada y Demetri estaba ahora parado delante de mí con la expresión desencajada.

    -Mataré a vuestro contacto ahora mismo si no retrocedéis.- dijo detrás de mí a la vez que sostenía con la otra mano mi barbilla. ¿¡Cómo! ¿Cómo había sabido que…?

    Todos se quedaron quietos pero nadie retrocedió. Escuché un gruñido junto a mi oreja. –¡Atrás! -Gritó apretando un poco más. Exhalé aire con dificultad y Demetri finalmente lo hizo.

    El vampiro apretó mi mano que todavía sujetaba el teléfono y apretó destrozándolo entre mis dedos. Gemí por el dolor y eso creo que eso hizo reaccionar a todos. De repente todo se movía. Sentí un golpe muy fuerte y luego caí rodando al suelo. No se que había pasado, pero me arrastré y levanté en cuento pude, me acerqué a una puerta y un vampiro me cogió y me sacó de allí en pocos segundos.

    -¿Estas herida?- No le conocía y poco me importaba, solo quería salir de allí cuanto antes.
    -No.
    -Nos quedaremos aquí fuera hasta que pase todo.
    Las manos me temblaban y me costó más de lo normal ponerme de pié, pero solo podía pensar en que Demetri y el resto de vampiros todavía estaban dentro
    -¿Qué va a pasar? Hay todavía mucha gente dentro.-Pregunté.
    -Todo el mundo allí ha visto lo que han hecho.
    -¡Pero…!-El edificio a lo lejos parecía silencioso, no podía oir nada- ¡¿Detenéis a esos vampiros por matar a gente y ahora os proponéis acabar con todos?

    El vampiro soltó una carcajada.

    -No les detenemos por matar, si no por hacerlo descuidadamente. Dejaron escapar a gente, las vimos salir, y meses atrás hubieron denuncias… así es como dimos con ellos. Bueno… por eso y por Demetri, claro está.

    Yo seguí mirando el edificio, sin creer lo que estaba pasando dentro. Demetri también estaba allí. El frío parecía insensibilizarme porque no sentía nada.

    -Debíamos asegurarnos de que hacían algo incorrecto, por eso has venido tú. Pero ahora no pueden quedar testigos.
    ¡NO! Podía intentar hacer algo. Comencé a caminar y luego a correr, pero no tardó mucho en aparecerse delante de mi.
    -No vayas.- La luz directa de la calle le empalidecía todavía más de lo que era, y sus ojos como dos llamaradas de fuego me impedían el paso.
    -Pero… no podéis hacer ESO! ¡No podéis! Esas personas son víctimas, deberíais defenderlas y no castigarlas.
    -Defendemos algo mucho más importante que unas vidas.
    -¡Esta no puede ser vuestra justicia!-Grité.
    -El incógnito de los vampiros es lo único que salva al mundo de una guerra abierta. ¿Y que crees que pasaría? ¿Quién ganaría?

    Sus palabras me silenciaron de golpe. Tenía razón pero… no me parecía bien, y no estaría satisfecha conmigo misma si no me opusiera.
    Media hora mas tarde, volvieron todos ellos en grupo. Llegaron, acordaron que el trabajo había finalizaron, y se marcharon casi todos tan rápido como habían aparecido. Caminamos hacia el coche si que nadie dijera nada. Sabía que Félix callaba por petición de Demetri, pero él... estaba tenso y tampoco hablaba. Me había mirado de arriba a abajo un par de veces pero se mantenía en un silencio nervioso que yo compartía. Largo rato después de comenzar el camino en coche se dijeron algo entre ellos que no pude oir y al momento Demetri estaba sentado en el asiento de mi lado y subía una barrera que separaba los delanteros de los traseros. Nunca le había prestado mucha atención al coche, ni siquiera me había fijado que estaba allí antes.

    Demetri me miró con cara de cansancio.

    -¿Estas bien?- susurró y yo asentí apartando la mirada. –Siento lo que ha ocurrido. –No podía decir nada. Aunque abriese la boca, en ese instanto no hubiese podido articular ni una sola palabra. No podía dejar de pensar en las mujeres y hombres que había visto dentro. -¿Bella? Pensamos que ya habías salido, por favor... disculpame.

    Volví a asentir. Su mano buscó mi hombro intentando llamar mi atención para que le mirase.

    -Esta bien, Demetri.- tragué saliba intentando recuperar la fuerza de mi voz- No ha pasado nada.
    -He pasado miedo.- Me miraba fijamente con sus ojos rojos y pude ver sinceridad en ellos.
    -Yo también- dije- Pero toda esa gente...
    -Era...necesario.- Asentí de nuevo cerrando con fuerza los ojos, no quería volver a aquella conversación.
    La mano que estaba en mi hombro tiró de mi hacia él para que me apoyara. Ese gesto de ternura era lo que necesitaba para acablar de blandecerme, así que sin quererlo lloré un poco. Cuando se convirtió en un abrazo, tuve una sensación de escalofrío que me sacudió por sorpresa al tener sus brazos a mi alrededor. Llevaba un tiepo luchando contra ellos pero era dificil cuando se acercaban. Quería más y le abracé yo también, cuando me acarició el cabello sentí otro un poco mas débil.
    -Siento que lo hayas visto. Yo... no disfruto con esto, te lo aseguro.

    Por un momento nada me importó más. Solo quería abrazarle y sentir de nuevo esa emoción. Pero se había disipado. Luego vino la culpabilidad por disfrutar de un momento como ese, de modo que le solté y lentamente volví a mi asiento.

    -Ya se me ha pasado- mentí- gracias...
    Volvimos a casa y ya era de noche del día siguiente cuando llegamos. No habría reunión hasta el día siguiente, así que puede ir a mi habitación a tranquilizarme y estar sola por fin. Se Vulturi... significaba esto.
    Costaba acostumbrarse a la muerte.

    Demetri

    Día tras día esperaba ver algún cambio en ella. Algún gesto, un giro en su humor pero día tras día la veía observarme y nada mas. En contra de lo que yo había pronosticado, no había despertado en ella la pasión o el amor. Tan solo interés, pero nada más.
    Me sentía decepcionado cada vez que lo pensaba y comenzaba a perder la esperanza. Poco más se me ocurría. Le abría mi corazón… Ya no se me ocurría qué hacer.

    Ni siquiera después de una misión como la que tuvimos… Jamás pensé que volvería a sentir una sensación como la de total desesperación. Experimenté miedo, miedo a perderla y no estaba nada acostumbrado a ello. Hacía muchos siglos que no vivía algo parecido y tenía muy claro que no quería que volviera a pasar.

    La culpa había sido mía, la vibración de mi bolsillo me había delatado. No me di cuenta que Bella todavía estaba dentro, y que sonaba al mismo ritmo que un mismo aparato de la sala daba tono. Era la única persona con un teléfono en la mano, así que había sido muy sencillo para aquel desgraciado encontrarla. Demasiado tarde yo me di cuenta de mi error y Bella colgaba tal vez dándose también cuenta del suyo. Salté hacia ella pero ya era demasiado tarde. Nicolay la tenía sujetada por detrás. No tengo claro qué o quien tomó posesión de mi cuerpo, pero no recuerdo haber pensado nada de lo que hacía. Me moví sin pensar, por puro instinto. No creo recordar otro momento de mi vida como ese.

    Ahora, una vez que había pasado todo me daba cuenta de lo cerca que habíamos estado del desastre, sin contar que Aro nos hubiese matado probablemente a todos de haberle ocurrido algo grave. Pero no me importaba porque ella era lo más importante.

    Aun así, me encontraba en la misma situación que al principio, solo que más convencido de que la quería para mí.
    Perdía la paciencia con mucha rapidez, porque cada día que pasaba me desesperaba por dentro. No sabía bien qué era, pero me dejaba intranquilo y descentrado. Comenzaba a no ser dueño de mi mismo, así que fui a pedir ayuda.

    Solicité audiencia con los tres hermanos Vultiri y se me concedió enseguida.

    -Habla Demetri- comenzó Aro como siempre desde su trono- Nos interesa todo lo que tengas que decir.
    -Agradecido, mi señor- dije tras una pequeña reverencia.- El asunto que me trae aquí es…
    -Isabella, por supuesto.- Se adelantó. Alargó la mano y yo la tomé sin dudar. –Ya veo, así que no hay ningún cambio en ella.
    -No desde entonces, señor. Comienzo a pensar…
    -Nada. –Dijo Marco- No deberías pensar nada todavía. Estas pencando de precipitado. -Con diferencia, Marco era el más indicado para pedir consejo gracias a su poder. Así que todo lo que dijera sería de vital importancia. -Quizá te sea necesaria mi ayuda.
    -No me atrevía a solicitarla., mi señor.
    -Muchacho, este cometido casi nos interesa más a nosotros que a ti mismo. –dijo Aro- Pero no quiero interrumpirte, hermano mío, adelante.
    -Hay algo… algo en ella que está fuera de nuestro alcance. –Lo sabía, y escucharlo de boca de Marco lo hacía todavía más real.
    -Al principio pensaba que era el odio a nosotros, a los vampiros, pero creo que lo está superando. –aclaré.
    -No, es algo anterior a eso- murmuró él meditando- Creo que es su pasado. Todavía no ha pasado el suficiente tiempo como para que olvide su anterior vida.
    - Eso podría ser… -Comentó Cayo poco interesado.
    -O un antiguo amor. –Dije yo, y los tres me miraron sorprendidos- . Jacob.
    -¿Entonces lo sabes?- Preguntó sorprendido Marco- ¿Es seguro? -Estaba a punto de explicar de donde salía aquella cuando Aro se avanzó.
    -Si… Jacob, recuerdo ese nombre… y le recuerdo también a él. – No esperaba que pudieran confirmarme mis peores sospechas. Que quedé… sorprendido.- Un joven licántropo, podría ser... Se dieron un apasionado beso de despedida.
    ¡Un licántropo! Ahora si que no esperaba nada de aquello. Jacob era su antiguo amor y además era un lobo.
    -Cuando la encontramos en Forks apareció una manada entera de licántropos. ¿Los has visto alguna vez?- Negué con la cabeza. Jamás había tenido el "placer" -Criaturas fascinantes aunque desagradables en todos los sentidos. Fueron a nuestro encuentro a defenderla, pero heramos muy superiores. Finalmente ella aceptó venir con nosotros a cambio de que no les dañáramos.- Rió entre dientos recordando aquel momento.

    En pocos segundos estaba averiguando más cosas que en todo un año a su lado. Por fin sabía de dónde venía o por lo menos las circunstancias. Algo que hasta ahora ella no había sido capaz de contarme y que ya jamás había preguntado, eso también debía reconocerlo.

    Que tonto habia sido. Pensaba tenerlo todo pensado sobre mi táctica. Avanzar y conquistarla poco a poco, por su natural necesidad de relacionarse con alguien, que confiara en mi y seducirla con mis dotes de vampiro. Y ni siquiera me había molestado en averiguar su pasado. Me sentí un poco decepcionado conmigo mismo. Seré tonto!

    -¿De que lo conoces Demetri? Tu no fuiste a Estados Unidos. ¿Te ha hablado Isabella de él?
    -No. Todas las cartas que escribe están dirigidas a él, o eso creo. Solo he leído una.
    -Interesante… tenemos un problema interesante de nuevo. –Aro parece que disfruta con esto.- Podríamos dejarle que envíe las cartas, ¿tal vez?- Miró a su alrededor buscando la opinión y el apoyo de sus hermanos.
    -¿Y arriesgarnos a que se presente en Italia?-Saltó enseguida Cayo- No creo que no.
    -No creo que sea tan inteligente como para leer el matasello de la carta, y a la vez tan estúpido como para venir realmente aquí. Pero de todas formas creo que tengo una idea mejor. –Marco guardó unos segundos de silencio, cuestionandose si su idea era realmente buena o no- Dejémosla que vaya a verle.
    -¡Pero así la perderé!- ¡Marco no podía estar sugiriendo eso! Esa era la última de mis opciones.
    -Si quieres que sea tuya, no vayas por ese camino. Demetri. No creo que funcione.- Advirtió muy seriamente- Verás, el amor perdido o el no correspondido es muy goloso.- Aro y Cayo se miraron interrogativamente antes de volver su vista de nuevo hacia él, y me alegró no ser el único que no comprendió es frase.- Da a las jovencitas algo en que pensar, un sentimiento al que agarrarse. Además, la nostalgia, el dolor y la autolamentación la distráen, le da algo en qué entretenerse. El amor humano… se mata con costumbre, decepción y monotonía, pero jamás al revés. Las cicatrices de un amor arrancado de raíz pueden tardar mucho en curarse, pero si lo sanamos… tal vez pueda pasar página.
    -¿Entonces sugieres que la llevemos hasta allí?- Están locos, pensé. Voy a perderla definitivamente.
    -Estoy sugiriendo que tenga la despedida que no tuvo la última vez.
    No sabía muy bien qué hacer y en ese punto de la conversación yo ya no tenía ningún voto.
    -Además- añadió- nos estará agradecida.- Sonrió de una forma que enturbió vilmente su habitual gesto amable. Cruzaron miradas durante unos minutos sopesando segurmente todas las opciones. Finalmente Aro volvió a hablar.
    -Ya has oído. En cuanto Isabella esté lista, puede partir. Tu la acompañarás y esperarás a su regreso con Jane. Cuatro días serán suficientes.

    Hizo un gesto para hacer que me retira.

    Siento haber tardado tanto, pero he estado muy ocupada. Quiero seguir escribiendo! Pero no siempre puedo o tengo fuerzas... T_T
    Espero que os guste
     
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  18.  
    Arleet

    Arleet Fanático

    Aries
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    :O lo seguiste!!! siiii wiiii podre leer la continuacion de algo que en verdad me llego! te adoro! por cierto fue muy interesanta el cap de hoy! lo ame, la intriga, los nuevos amores que empezaron a florecer hace un tiempo vy que ahora se van poco a poco fortificando... kyaa!! (siento si no tiene mucha concordancia pero estoy corta de tiempo T-T)

    Atte. Kyoko Cullen.
     
  19.  
    MareBlack

    MareBlack Entusiasta

    Tauro
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    Pluma de
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    hola muchas grax por seguir escribiendo pense k no lo arias y hoy de casualidad entre i vi k ia escribiste wooooow espero la conti
    i como siempre m facino mucho mucho espero con ansias oki
     
  20.  
    Satya

    Satya Entusiasta

    Géminis
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    2 Octubre 2010
    Mensajes:
    79
    Lo primero: *o*! pero como te he extrañado!! desde el año pasado que esperaba la continuación del fic!! xD! pero de verdad me alegra que lo hayas seguido.
    En fin, me mata Demetri! siiiii! me encanta su forma de ser con Bella, aunque debo admitir que encuentro algo estupido el resultado a su petición, no me parece que lo vaya a ayudar mucho que Bella vaya a encontrarse con Jacob, al parecer fue por lana y salio trasquilado xD! pero bueno, de verdad espero que no ocurra nada muy malo (nose por que algo me dice que algo ocurrira y el romance se les irá a tierra xD) por que de verdad que amo esta extraña atraccion que existe entre ellos!
    Saludos y de verdad que bueno que hayas vuelto! estaré esperando la continuaciooon!!!!
    Satya =3
     

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