Explícito Una vez más [FSN | AU | JoeyxJez]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Zireael, 26 Octubre 2019.

  1.  
    Zireael

    Zireael Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Leo
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    Escritora
    Título:
    Una vez más [FSN | AU | JoeyxJez]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    3472
    Me uno al club amiwis. Es una suerte de continuación para el fic que subió Gigi hace poco de estos dos uwu
    Me aventé 3k, oh sí.

    Me: hmm, creo que me gustan los explícitos con backstory.
    Also me: *hace este fic*

    Btw, do what I say and not what I do. Protection is important, kiddos.












    Una vez más






    Llevaba evitándolo desde entonces, incapaz de sacarse la mente aquellos siete minutos. Su tacto cálido, la suavidad de sus labios y la humedad de su boca, las poderosas reacciones de su cuerpo y las que ella, incluso con su torpeza, había provocado en él.
    Tragó grueso y sus muslos se tensaron ante el recuerdo, a pesar de que intentaba mantenerse centrada en la lectura. Había leído el mismo párrafo unas tres veces ya.


    —Jezzie, ¿necesitas algo de la tienda? Iré a comprar cosas para la cena. —La voz de Daichi la sacó de sus pensamientos de golpe, haciéndola dar un respingo—. Mierda, ¿dónde dejé las llaves?


    La albina reajustó su posición en el sillón mientras soltaba un pesado suspiro.


    —Las puse en la mesita de tu habitación, Dai —dijo casi en un murmuro que aún así fue escuchado por el muchacho—. Y no necesito nada, gracias. ¿Qué quieres que cenemos?


    —No lo sé, ya veremos. —Lo escuchó caminar por el pasillo, hacerse con las llaves y volver sobre sus pisadas para luego dirigirse a la puerta principal—. Iré a hacer algunas cosas más, no te preocupes si tardo, ¿vale, cariño?


    Su tono alegre le sacó una sonrisa.


    —Vale.


    Daichi le dedicó una brillante sonrisa antes de salir, cerrando la puerta tras de sí, y ella regresó la vista a su lectura; sin embargo, sus pensamientos se desviaron una vez más, haciendo su rostro arder ligeramente al recordar lo que había pasado en ese armario.

    Los labios de Joey contra los suyos.

    Su respiración se tornó pesada, sus muslos volvieron a tensarse y de nuevo dejó de prestar atención a las palabras sobre las páginas.

    Sus manos colándose bajo su falda.

    Cerró el libro, se lo colocó sobre el regazo y suspiró, mientras se enjuagaba los ojos dorados con algo de fuerza.

    De repente, alguien tocó la puerta y ella se levantó de su lugar.


    —¡Ya voy! —anunció mientras tomaba el libro de su regazo antes de levantarse, pensando que podría tratarse de Daichi que habría olvidado algo y, demasiado flojo para sacarse las llaves del bolsillo, prefería que ella le abriera la puerta. Volvió a golpear—. ¡Si tienes prisa usa tu maldita llave, Nishimura, por Dios!


    Abrió la puerta de golpe, congelándose de inmediato al ser recibida por los ojos oscuros del chico que había estado evitando tanto tiempo y el libro cerrado se le cayó de las manos. Se agachó rápidamente para levantarlo, intentando también ocultar el violento sonrojo que le había teñido el rostro.


    —J-joey, creí que eras Dai, acaba de salir a hacer la compra.


    —Ah sí, lo vi en la acera. Me dijo que estarías en casa.


    —¿Que hizo qué? —Levantó la vista y fue recibida de nuevo por los orbes del moreno.


    —Sé que me has estado evitando, Jezzie, te conozco. —Entró sin siquiera pedir permiso y ella lo siguió con la vista, aferrando el libro contra su pecho. Eran pocas las veces en que él la llamaba de esa manera, en general cuando estaba preocupado por ella, pues era más común que fuese Daichi quien usara ese apodo—. Está bien que no quieras hablar de lo que pasó, pero eres mi amiga y extraño hablar contigo.


    Lo vio rascarse la mejilla, de espaldas, como si esperase que ella lo siguiera. Jez cerró la puerta antes de seguirle los pasos y dejó el libro sobre una de las mesitas del pasillo.

    No hacer nada.

    La saliva se le tornó espesa en la boca y permaneció allí, de espaldas.

    ¿Por qué la había besado de aquella forma? Si era lo que quería, ¿por qué había esperado hasta entonces?

    Deseaba echar a correr, pero lo cierto es que ella también extrañaba su compañía y una parte de sí, a pesar de tener miedo de la respuesta, quería aclarar qué era realmente lo que había pasado en ese jodido armario.
    Cruzó los brazos sobre el pecho y con las lágrimas ardiéndole tras los ojos, abrió la boca, pero las palabras se le atoraron en la garganta.

    ¿Cómo se suponía que se hablaban esas cosas? Fue consciente, así como cuando los labios de Joey se habían presionado contra los suyos, que no tenía idea de nada.


    —¿Jez? —El moreno se volteó hacia ella por fin y al verla con las palabras atoradas, optó solo por dedicarle una cálida sonrisa—. ¿Y si mejor me cuentas qué estabas leyendo?


    ¿Leyendo?

    Su boca se movió por fin, para soltar una risa.


    —Lo olvidé —dijo sin más y al recordar el motivo por el que había sido incapaz de concentrarse, el color volvió a subir a su rostro. Sus labios, quizás por primera vez en su vida, articularon las palabras que hubiera optado por reservarse para sí misma—. Por lo que pasó no me pude centrar en leer.


    Lo vio perder balance un brevísimo instante; pero se le escapó una risa y soltó un suspiro inmediatamente después.


    —Supongo que lo hablaremos entonces —comentó mientras se sentaba en el sofá, dando un par de palmadas al asiento a su lado.

    La joven se sentó y colocó las manos sobre su regazo, aferrándose a la tela de su falda.
    Sí, definitivamente la fastidiaba que actuara con tal soltura cuando ella estaba por escupir sus tripas.

    ¿Por qué?

    ¿Cómo?

    ¿Cuándo?



    —¿Me dejarás besarte de nuevo? —De todas las preguntas que le daban vueltas en la mente esa fue la última y la única que salió sin permiso de su boca; ansiosa, confusa. La parte de sí que deseaba saber si podría volver a sentir la calidez de los labios de su amigo o no, si debía huir para nunca volver, había hablado por cuenta propia.


    A su lado, Joey soltó una risa estruendosa, pero que no tenía nada de burlona en ella. Era una risa relajada, genuina, que le recorrió todo el cuerpo, haciendo que deshiciera el agarre en torno al ruedo de su falda y volteara a mirarlo, expectante, con el rostro aún coloreado de rojo ligeramente.
    Una vez que terminó de reír, extendió una mano hacia ella y se hizo con un mechón de cabello blanco, que enrolló con delicadeza mientras le sonreía con ternura.


    —Creí que preguntarías otra cosa. —Volvió a reír suavemente—. ¿Eso quiere decir que disfrutaste esos siete minutos en el armario?


    El rubor que había ido mermando en el rostro de Vólkov recuperó fuerza en cosa de segundos, respondiendo por ella, quien estuvo por apartar la mano del muchacho con un golpe. Sin embargo, él la detuvo en el aire y antes de permitirle reaccionar, le estampó un delicado beso sobre los labios; apenas una caricia.


    >>Siempre que quieras, Bellabel.


    Una sola frase, eso fue todo, el abrumador deseo que había sentido en el maldito armario volvió a apropiarse su cuerpo como una llamarada, enviando su timidez a un lugar recóndito. Tomó el rostro del moreno con sus manos y lo atrajo hacia sí nuevamente, fusionando sus alientos.

    Ahora sí sabía qué hacer.

    Enredó los brazos detrás de su nuca, mientras un suspiro al sentir las manos cálidas de Joey en su cintura le permitieron acceder a su boca. La corriente eléctrica al sentir la lengua húmeda del moreno juguetear con la suya la hicieron estremecerse y presionar su nuca, profundizando el beso. Lo necesitaba, no se había dado cuenta de cuánto hasta ahora.

    Las manos del joven recorrieron delicadamente su cuerpo menudo, reconociendo sus curvas, despacio, con delicadeza, como si fuese una muñeca de porcelana. Su cintura, su espalda, sus hombros; pasando por su cuello hasta acunar sus mejillas ruborizadas. Sintió su cabello hacerle cosquillas en las manos.

    Jez se separó de él un instante, con el rostro ardiéndole, y sin mirarlo apenas, fue ella misma quien se sentó a horcajadas sobre su regazo antes de volver a besarlo.
    Los dedos cálidos de Joey volvieron a su cintura, rozando su piel suavemente por encima de la tela; los labios tibios de la albina viajaron entonces a su cuello, donde repartió varios besos y su cuerpo reaccionó, egoísta, de nuevo. Contuvo el suspiro que amenazó con salir de sus labios.


    —Jez. —La llamó con una voz que casi no pudo reconocer, grave, opacada por algo más. La muchacha se detuvo y lo miró por fin, con la cascada de velo blanco rodeándole el rostro y algunos mechones rebeldes fuera de las coletas; sus ojos dorados lo atravesaron de lado a lado—. Jezzie, ¿estás segura?


    Ella volvió a besarlo en respuesta, movida por el terrible calor que sentía en su vientre incluso desde antes que él llegara.
    Joey se aferró a su cintura, pegándola más a su cuerpo y deslizó sus labios a su cuello de piel nacarada, depositando varios besos húmedos en ella.

    Los adorables suspiros de Jez se hicieron presentes de nuevo, incapaces de ser contenidos, y él continuó haciendo camino por su delicada piel, embriagándose con el dulce aroma de su perfume.
    Cuando Vólkov sintió la lengua húmeda de Joey contra la sensible piel de su cuello, el suspiro casi se convirtió en un gemido, y su cuerpo reaccionó por cuenta propia, aflojando la tensión de sus muslos, haciendo que la distancia que los separaba prácticamente desapareciera.

    No tenían una sola gota de alcohol en el cuerpo, pero esta vez cuando la muchacha sintió el bulto presionarse contra su intimidad, apenas protegida por sus bragas, no encontró la cordura para separarse. Sus caderas se movieron, buscando aumentar el roce, y el sonido casi gutural que surgió de la boca del moreno aumentó la presión que sentía en su vientre.

    Él deslizó las manos a la cara externa de sus muslos, casi haciéndole cosquillas, y cuando empezó avanzar bajo su falda no lo detuvo. Sintió como besaba su clavícula y sus caderas reaccionaron nuevamente, moviéndose hacia él, quien presionó con cierta fuerza sus muslos.

    Jez se separó ligeramente, y bajo su mirada expectante, la vio empezar a quitarse la blusa lentamente, hasta deshacerse por completo de la prenda y dejarla junto a ellos. Se llevó los brazos al pecho, cubriéndose y frunció al ceño ligeramente al notar a Joey embobado observándola.

    ¿Qué le pasaba? ¿Por qué se comportaba como un adolescente?

    Recorrió las curvas de albina con la mirada, despacio, reparando en lo blanca que era su piel, aún más esa tímida línea que asomaba cerca del sostén antes de que se cubriera con sus brazos. Era la inocente Jez, su amiga, la que estaba semidesnuda sobre su regazo… y, ¿por qué de repente sentía el corazón latirle de aquella manera en el pecho?
    No era como si hasta ahora notara que, a pesar de todo, las curvas del cuerpo de Jez eran más que tentadoras, ¿pero entonces por qué?

    Tragó grueso, tratando de asimilar por qué sentía aquello, ¿eran nervios? ¿Y si la lastimaba sin querer? ¿Cómo lidiaría con la sola idea de hacerle daño aunque no fuera su intención?
    Tomó su rostro entre sus manos, depositó un delicado beso sobre sus labios, y luego con el mismo cuidado desató las coletas de su cabello níveo, liberándolo como una cascada sobre su espalda y hombros desnudos. Deslizó sus dedos por las curvas de su cuerpo, despacio, delineándola, hasta que llegó de nuevo a su cintura, donde afianzó su agarre, para levantar a la joven suavemente de su regazo y recostarla en el sofá.

    El largo cabello blanco rodeaba su rostro como un velo, aún ligeramente enrojecido; el moreno volvió a besarla y esta vez el tacto de sus labios hizo que ella aflojara sus brazos por fin, abrazándose a su cuello y rodeando su cuerpo con sus piernas. Sintió la calidez de sus pechos, suaves, al presionarse contra su cuerpo y ahogó un pesado suspiro en su boca.

    Se separó de ella un solo instante, para deshacerse de la camiseta y lanzarla en alguna parte de la sala de estar antes de volver a unir su boca con la de la albina, reiniciando la excitante humedad y roce de sus lenguas. Sus labios se movieron, despacio, tortuosamente, al cuello de Jez, repartiendo una serie de besos igualmente húmedos sobre su piel, también sobre su clavícula y, aún más lentamente, dándole tiempo de nuevo de cambiar de parecer, continuó su camino hacia la delicada piel de su escote.

    Otro de aquellos tentadores suspiros escapó de la boca de su amiga.

    Sonrió para sí, a pesar de la terrible presión que sentía también en la parte baja de su cuerpo, y deslizó lentamente su lengua cerca del borde de la tela que cubría la aún más delicada piel de la muchacha.

    Un nuevo suspiro que era casi a partes iguales adorable y excitante.

    Con delicadeza, colocó una de sus manos sobre uno de sus cálidos pechos y presionó suavemente sobre la prenda, arrancándole de los labios un delicado gemido.

    El cuerpo le quemaba, confundiendo sus sentidos ya de por sí incapaces de funcionar correctamente. Su cuerpo respondía al tacto ajeno, al calor de las manos de Joey y a la terrible presión que sentía en su vientre, aumentada por la del cuerpo ajeno contra su intimidad y aún así, la ebriedad que le causaba la excitación, le exigía más. Tanto que su cuerpo explotara por fin, liberando aquella presión que casi empezaba a tornarse dolorosa.

    El moreno sintió como ella separaba ligeramente la espalda de la superficie del sofá, no había que ser un genio para saber qué era lo que iba a hacer, y aún así cuando el pecho de Jez estuvo por fin libre de la prenda que se interponía entre ellos, no pudo hacer más que volver a unir sus cuerpos, que buscaban fusionarse entre sí. Tomó posesión de su boca de nuevo, quizás con más brusquedad de la que planeaba, y sintió las caderas de la albina pegarse a él.

    No lo soportaba más.

    Con prisa, se deshizo de sus vaqueros y de la falda de Jez, ambas cosas fueron a dar al suelo.
    El fuego que le recorría el cuerpo la dominó por completo, pues se deshizo también del único trozo de tela que la separaba de él y, con torpeza, los papeles se invirtieron. El menudo cuerpo de Jez, cálido y completamente expuesto, estaba encima.
    Tímida pero movida por el intenso deseo que no hacía más que crecer, sus caderas actuaron de nuevo, arráncandole un pesado suspiro al joven que, como acto reflejo, presionó los muslos desnudos de la joven.


    —Joey. —Lo llamó con un hilo de voz, tembloroso—. ¿Puedo?


    Sus ojos dorados opacados por el deseo hicieron que la saliva se tornara espesa en su boca, sobre todo al ver cómo su delicada mano se hacía con el borde de la tela de sus bóxer.
    No sabía si sentirse culpable o alegrarse por haber despertado la curiosidad en ella, pero ahora mismo, no era capaz de negar que su cuerpo necesitaba su tacto. El que había anhelado hace mucho tiempo.
    Dejó caer la cabeza hacia atrás, suspirando con pesadez y en cuanto habló sintió los muslos de Jez tensarse bajo su tacto.


    —Por favor y gracias —murmuró, apenas consciente de sus palabras, sin atreverse a mirarla.


    Parte de la presión que sentía desapareció en cuanto la última prenda fue retirada por las manos temblorosas de la joven; tragó grueso de nuevo y otro suspiro escapó de él en cuanto sintió la delgada y cálida mano de Jez rodearlo, antes de comenzar a moverla despacio, como si no estuviera muy segura de qué hacer, hacia arriba y hacia abajo.

    Antes de que se diera cuenta, se había inclinado sobre él de nuevo, ofreciéndole sus labios, sin detener el movimiento constante de su mano que no hacía más que aumentar el calor que le recorría todo el cuerpo.

    Tomó su muñeca, apartándola suavemente, para luego volver a sujetar a la albina de la cintura y colocarla debajo de su cuerpo. Sus labios recorrieron su cuello, hasta llegar de nuevo a la delicada piel de su pecho, donde depositó varios besos antes de continuar y permitirse jugar con los botones rosados, arracándole un gemido a la muchacha.

    ¿Cómo era que habían terminado así? ¿Importaba siquiera?

    Acarició sus muslos, deslizando su mano a la cara interna de estos, amenazando con rozar su intimidad varias veces, disfrutando de sentirla estremecerse bajo sus manos, y cuando por fin se permitió alcanzar lo que buscaba, las caderas de Jez volvieron a reaccionar, moviéndose hacia él, haciendo que sus dedos se apretaran contra el clítoris hinchado.


    —Por favor. —La dulce voz de Jez se había convertido en un ronroneo suplicante, justo junto a su oído.


    Un chispazo de cordura, porque de nuevo, no quería hacerle daño. Estuvo por abrir la boca para volver a preguntarle si estaba segura, pero sintió sus piernas rodearle las caderas, atrayéndolo hacia sí y esa fue la respuesta que necesitaba.

    Volvió a besarla, deslizando lentamente su lengua dentro de su boca, mientras reajustó su posición para fusionar sus cuerpos por fin, hundiéndose en ella lentamente. Sintió cómo ahogaba un gemido en su boca, lo que le hizo detenerse un momento, permitiendo que se adaptara a la intrusión en su cuerpo, hasta que fue ella quien, con un movimiento de caderas, indicó que podía continuar.

    Dolía, es cierto, pero de una forma que se le antojaba absurdamente deliciosa.

    Joey reinició el movimiento, despacio aún, aumentando el ritmo lentamente, sintiendo el interior de la albina presionarse a su alrededor, reaccionando a cada uno de sus movimientos.
    Los gemidos de Jez hacían eco en sus oídos, embriagándolo, aumentando la velocidad de sus embestidas.

    La calidez del cuerpo de la joven, la suavidad de sus pechos contra su piel, de sus muslos rodeando su cuerpo, de su cabello haciéndole cosquillas en las manos y sus caderas moviéndose a su ritmo, buscando desaparecer cualquier distancia entre ellos.

    La presión aumentaba, impidiéndole pensar en algo que no fuese el infinito placer que sentía cada vez que él se hacía paso dentro de su cuerpo nuevamente, cada vez con más rapidez.
    Una oleada de placer arrasó con ella y sintió que iba a derretirse bajo el peso del muchacho; su cuerpo se arqueó en respuesta, liberándose por fin en un climax compartido que le recorrió cada centímetro del cuerpo.

    El muchacho le estampó un beso en los labios, fusionando sus alientos agitados, dando las últimas estocadas profundas antes de separarse gradualmente de ella, dejando caer su peso a su lado.
    Extendió su mano hacia su rostro enrojecido y le colocó los mechones fuera de lugar detrás de la oreja.

    .

    .

    .

    Horas más tarde, el sonido de una notificación interrumpió el silencio en que se había sumido el apartamento.
    El moreno se levantó, con cuidado de no alertar a Jez, se colocó los vaqueros de nuevo y buscó en los bolsillos el celular para desbloquearlo.

    “Eh, ¿cómo salió todo? Dile a Jezzie que llegaré tarde, si le da hambre puede pedir algo de comer, hay dinero en mi habitación”.

    Una sonrisa se le formó en el rostro al leer el mensaje de Daichi, tipeó una respuesta y regresó el aparato al bolsillo. Justo después, vio que la albina se revolvía, abriendo ligeramente los ojos.
    Se sentó a su lado, extendió la mano hacia su rostro y acarició con delicadeza su mejilla.


    —¿Cómo estás, Bellabel?


    —Quiero seguir durmiendo —respondió con voz pastosa.


    —¡Qué no se diga más! —Joey buscó con la vista hasta que dio con su camiseta, la levantó del suelo y ayudó a la muchacha a incorporarse despacio, para luego colocarle despacio la prenda, que le quedaba algo grande. Aprovechó para recoger las demás cosas que habían quedado por allí, y cuando se volteó de nuevo hacia Jez la vio sonrojarse antes de clavar sus ojos adormilados en él.


    —¿Qué? No quiero que pilles un resfriado, no es que no quiera deleitarme la vista. —Una carcajada se le escapó al ver cómo el rubor de su rostro se intensificaba; le besó la frente justo sobre el flequillo desordenado y sin darle tiempo a reaccionar, la levantó del sofá, cargándola hacia su habitación. Ella se dejó hacer, a pesar de que el corazón se le había descontrolado en el pecho.


    Para cuando Daichi Nishimura abrió la puerta del apartamento, sus amigos habían vuelto a caer rendidos, porque Joey ni siquiera pensó en la posibilidad de decirle que no a la albina cuando esta le pidió que se recostara a su lado.
     
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  2.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master sixteen k. gakkouer

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    ya cuando leí esto supe que todo se iría a la verga (???

    first of all, OHMAIGAD JEZ Y DAICHI VIVEN JUNTOS THATS SO CUTE LIKE WTFFFF FRIENDOTP FTW. Imagino que Jez se habrá hecho amiwi de Daichi y luego de rebote conoció a Joey, que seguro era un amigote parrandero de Daichi y luEGO LOS TRES COMENZARON A HANGIN OUT e ir al cine y comer chatarra Y LA DE VECES QUE JOEY HABRÁ QUEDADO MUERTO EN EL SOFÁ y luego jez lo tapaba con una mantita antes de irse a la cama

    okay, me fui de tema.

    en su momento me dijiste la de tiempo que llevarían queriendo comerse la boca, y pos sí, gurl. entre lo del clóset y esto creo que podemos notar sus hormonas alborotadas destapándose cual olla a presión(?) I mean, creo que todo el asunto fue bastante más ¿revolucionario? para Jez que para Joey bc reasons, y por ende me hace pensar en cuánto debería pensar en él desde antes uwu Y y no sé, me los imagino como esa clase de amigos idiotas que se les notan a kilómetros las ganas que se tienen pero los imbéciles no hacen NADA, NADAAAAA y luego tú, o sea Daichi, estás ahí viéndolos ser estúpidos y suspiras porque oh well, ya moverán el culo. So, el lowkey support de Daichi gives me life, honestly. Como ahora, que el wey se cruzó a Joey en la calle y lo mandó directamente a donde estaba Jez JAJAJAJA this bitch. También fue él quien convenció a Jez de jugar al juego de la botella. Es un héroe sin capa, indeed. Deberían como mínimo invitarle una pizza (?

    y weno, todo escaló super rápido y pienso que es un gran paso en el develop de Jez porque woah, no era una chica que precisamente se la notara cómoda o resuelta en torno a esas cuestiones. Pero al mismo tiempo pienso que, u know, en esa clase de situaciones es super super importante quién sea la otra persona, cómo te haga sentir y cuánta confianza y seguridad te transmita, y creo que Jez siempre se sintió cómoda y segura con Joey (más allá de su nerviosismo and stuff) bc, u know, he's so soft for her. so yeah, en parte me sorprendió pero también se me hizo interesante y, no voy a mentirte, fue todo super cute but also sexy but also sweet but also hot and omg just get married already

    pero sí, chicos, siempre usen protección >:c

    y bueno como soy una bitch que se muere por soft and diabetic stuff lógicamente mE MORÍ con toda la última parte, donde él le acomoda el cabello y luego se despierta y le hace mimitos en la mejilla Y A MÍ ESAS COSAS ME PUEDEN DEMASIADO U KNOW y y entonces la ayudó a vestirse e ir a la cama Y SE DURMIERON JUNTOS AGAIN THEY R SO SOFT LIKE WTF AAAAAAAAAA son tan lindos. Ese "¡que no se diga más!" fue tan Joey que me morí

    y well, supongo que luego de toda esta wea serán novios, no? NO? *mira a Joey* But yeah, me encantan porque tienen este balance entre cuteness y sexyness que me puede <3 Kind of funny, but en el crossover que hice de mis pjs a Joey lo puse en una relación con Connie, y por eso me llama tanto la atención lo mucho que cambia al relacionarse con Jez, que son ambas tan diferentes xd Con Connie hasta maneja una relación super abierta y chill, cosa que no veo que suceda con Jez. A ellos los vería en un noviazgo mucho más tradicional and cute <3 Dunno gurl, pienso en cómo debe verse Jez a ojos de Joey y me vuelvo super gay, porque siento que el chabón se muere de amor con ella xd

    bueno este comentario está bastante raro i guess bUT SORRY NOT SORRY. Gracias por escribir esto y alkdjsjdadsa, ya lo dije mil veces pero ahí van la mil uno: son tan pinshi cutes ;-;

    cómo mierda debería llamarse su ship? tienen nombres demasiado parecidos los boludos estos. jobey? jozzey? jozebel? who knows
     
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