Una última canción.

Tema en 'Relatos' iniciado por Lady Kyros, 10 Septiembre 2010.

  1.  
    Lady Kyros

    Lady Kyros Usuario popular

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    Una última canción.
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    Una última canción.

    Me equivoqué, es un cuento corto. x3 [FONT=&quot]Palabras[/FONT][FONT=&quot]: 926 + título[/FONT]



    Una última canción


    Era ella hija ilustre de la alta sociedad, dueña de una voz maravillosa cuyo canto cautivaba hasta el corazón más frívolo. Su belleza y simpatía eran conocidas por todos; no había quién no quisiese estar a su lado, ya fuese para admirar sus múltiples y atractivas cualidades o disfrutar de una conversación fluida e interesante. Dotada de una sagacidad sorprendente, era continuamente nombrada como una verdadera niña prodigio.
    Poseía autos caros, limosina con chofer, le sobraban gemas raras; todo lo que quería lo podía tener. Elizabeth era el orgullo de sus padres, o al menos así se lo hacían saber mediante correspondencia: le escribían desde España para recordarle que compusiera más canciones; la llamaban desde Portugal para decirle que debía dejarse ver en sociedad y así dar a conocer su naciente carrera; desde Brasil le mandaban cartas para regañarla por no haber hecho gala de toda su gracia para conquistar al jurado del concurso, a pesar de que en la estantería de la mansión tomaba lugar otro reluciente trofeo que la nombraba ganadora.

    Rara vez veía a sus padres, siempre viajando por negocios, siempre preocupados de la carrera de su hija mas no así de ella. Le enviaban costosos regalos para atenuar su constante ausencia, y la joven siempre se los agradecía con una carta formal, anunciándole lo muy dichosa que era porque ellos se acordaban de mimarla. Luego de enviada la correspondencia proseguía a apilar su nueva adquisición junto a muchas otras que recibía constantemente. ¡Si tan solo aquellos objetos sirvieran para llenar el vacío que se generaba en el corazón de la joven con el pasar de los días!

    —Hija, algún día agradecerás todo lo que hacemos por ti —decía su madre cada vez que ambas se veían—. Tu padre y yo estamos muy orgullosos de ti, querida.
    —Quisiera que se quedaran más tiempo —rogaba ella.
    —Ya sabes que no podemos, Elizabeth —negaba su padre—. Tenemos que asegurar que los negocios van por buen camino, de este modo tú puedes tener todo lo que quieres, cariño... Durante nuestra ausencia debes enfocarte en ejercitar tu voz, muy pronto verás como tus canciones serán conocidas por todos.

    La joven deseaba decirle cuán poco le importaban sus posesiones, cuánto incluso aborrecía la música siendo el único lazo que la unía a ella el interés mostrado por sus padres cuando cantaba..., puesto que de esa manera se sentía cercana a ellos. No quería que le siguieran diciendo qué debía hacer, ni menos que decidieran qué era mejor para ella, porque todo lo que hacían por hacerla feliz sólo contribuía a hacer crecer una sombra densa en su corazón.
    Pero, como siempre, no dijo nada de lo que pensaba sino que se limitó a regalarles la más dulce de las sonrisas que pudo dibujar en su rostro sin que se viese demasiado forzada.

    —No tarden... —pidió con voz suplicante.
    —No lo haremos, mi vida —respondió su madre, acariciando la blanca mejilla de su hija.

    Los viajes se extendían, la ausencia se prolongaba, y pronto Elizabeth ya no cantaba. Su voz se había convertido en un murmullo apagado, su sonrisa había perdido el brillo que la había caracterizado siempre. No se le veía en fiestas sociales ni en concursos musicales, se dedicaba a pasar las largas horas del día caminando como un espíritu por los amplios corredores de su cárcel de oro, mientras el eco de sus pisadas resonaba incesantemente.

    Seguía recibiendo la acostumbrada correspondencia, seguía aborreciendo en secreto cada palabra escrita por sus padres indicándole qué hacer. ¿Era acaso mucho pedir que en lugar de presionarla le dijesen lo mucho que la extrañaban? ¿Era muy difícil escribir un ‘te queremos mucho, hija’ en lugar de preguntarle qué tal iban las composiciones? Lo único que Elizabeth pedía era una muestra de afecto entre las líneas rígidas de su padre y la fina caligrafía de su madre... Un te quiero, nada más...

    Elizabeth ya no comía, sus ojos habían perdido el brillo alegre que siempre cautivaba a quienes conocía, lentamente se fue transformando en el fantasma de su anterior resplandor, una sombra cautiva, que se desvanecía a medida que su soledad se volvía más impenetrable. La soledad carcomía su alma como una peste implacable, devorando hasta el último haz de esperanza, débil como los rayos de un sol invernal luchando por cruzar las densas nubes antes de la ventisca.

    Al volver de sus negocios los padres de Elizabeth subieron a la habitación de su hija para anunciarle que la próxima vez se marcharían juntos, de aquella manera podrían recuperar el tiempo perdido. Habían comprendido tardíamente que no habían vivido junto a su hija las etapas más importantes de su vida y ahora sentían un vacío indesmentible en sus corazones. Horrenda fue su sorpresa al encontrarse con los ojos avellanados de ella observándolos ya sin ver, mientras su pálido cuerpo reposaba en un charco de sangre. La mano de la joven aún aferraba el arma con el cual había abierto sus venas para dejar entrar a la muerte. Su madre lloraba amargamente y su padre se negaba a entender... mientras, la voz lastimera de su hija se alzaba desde la radio ofreciéndoles una explicación:

    ‘Era ella hija ilustre de la alta sociedad,
    Ocultaba su tristeza tras una máscara de cristal
    Mas que el tiempo pronto no tardaría en borrar
    Y fin a su tormento podría finalmente dar.

    Nadie podía entender el por qué de su proceder
    Mas solo una respuesta es la que se puede conocer:
    No le importaba dinero tener si por ello a sus padres no podía ver.’







    Este cuento fue escrito para un concurso llamado "Cuentos con Moraleja", la frase que escogí fue: El dinero no hace la felicidad.
     
  2.  
    Florentina

    Florentina Usuario común

    Aries
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    Escritora
    Re: Una última canción.

    Me encanto el cuento... me hiciste llorar ToT

    Pobre Elizabeth, suicidarse...

    Me encantó la forma en que narraste. Fue tan claro y fluido que me permitiste imaginar cada escena y cada sentimiento de la protagonista.

    Triste final pero muy buena historia.

    Atte:
    IO xD
     
  3.  
    Naila

    Naila Entusiasta

    Escorpión
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    Escritora
    Re: Una última canción.

    Te ha quedado muy bien la historia, coincido con Florentina en que es muy triste pero muy buena.

    Narras con mucha soltura lo cual failita la comprensión del lector, y también el poder imaginar las cosas detalladamente.

    Enserio que está genial ^-^

    Un saludooo :3
     
  4.  
    Lady Kyros

    Lady Kyros Usuario popular

    Acuario
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    Una última canción.
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    Re: Una última canción.

    Muchas gracias por sus comentarios. :)
     
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