Aventura Un lugar con mucha historia.

Tema en 'Relatos' iniciado por Amane, 9 Junio 2016.

  1.  
    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista empedernido Crítico de Oro Duende bloguero

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    Escritora
    Título:
    Un lugar con mucha historia.
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1377
    Bueno, pues aquí estoy (? Os contaré la historia de este relato (?

    En el lugar donde vivo, Granada, hay unas minas abandonadas con su correspondiente poblado y nosotros fuimos de excursión ahí. La profesora se enfadó con nosotros por no atender y nos mandó un trabajo: buscar información de las minas o hacer un relato del poblado abandonado. Yo elegí el relato, por cuestiones obvias (sí, cuenta más nota (?). Y aquí está, lo publicaré porque sí, porque puedo XD

    Lo hice en unos 40 minutos (?

    /1283 palabras/
    Un lugar con mucha historia.

    Era un día claro. El astro rey brillaba con intensidad desde la bóveda celeste, calentando el ambiente con fuerza. Cualquier persona pensaría que estaban en pleno verano, posiblemente en 20 de Agosto o alguna fecha parecida, pero lo cierto es que se encontraban apenas en Mayo. A 17 de Mayo para ser más exactos. Sin embargo, no resultaba extraño, temperaturas tan extremas a destiempo era muy habitual en un lugar como España.

    Una joven de apenas 22 años observó el cielo, con una mano tapándose los ojos para protegerlos así de los dañinos rayos del sol, y poco después bajó la mirada hasta su compañero de trabajo y amigo.

    —Mark, dime que no hace un día perfecto, ¿eh? El sol brilla, no hay apenas nubes, se respira tranquilidad en el ambiente… —la chica, que tenía su pelo rubio recogido en una coleta alta, sonrió mientras enumeraba las razones por las que aquel día le parecía especialmente bello.

    —Claro que se respira tranquilidad, esto está muerto. Literalmente.

    Mark, el nombrado, era un chico algo mayor que ella que poseía unos ojos de color esmeralda y el pelo castaño peinado como todos los jóvenes estaban por entonces: una cresta.

    Emily se encogió de hombros, acostumbrada ya a las respuestas de su compañero.

    —Muy bien, ¡avancemos! —Y como si aquello fuese una excursión infantil o algo por el estilo, la joven se alejó llena de entusiasmo del coche, adentrándose en el pueblo.

    Mark refunfuñó, porque claro, no era ella la que debía cargar con todo el equipaje que traían. Nunca era ella.

    Así es como el par de jóvenes periodistas de clara procedencia anglosajona —estadounidense, siendo más exactos. Afortunadamente habían estudiado español y ambos poseían un nivel bastante elevado— entraron al pueblo abandonado de Alquife, en Granada, dispuestos a hacer el reportaje que se les había sido asignado para la columna que poseían, dedicada a lugares abandonados y hasta tema paranormales. Y es que la más joven estaba realmente deseosa de poder apreciar algo sobrenatural, de hecho, estaba segura de que ocurriría. En un lugar como aquel, ¡las posibilidades eran del 100%!

    Su primer destino fue la iglesia, un edificio que a pesar de su estado desprendía el aire imponente que siempre desprendían los edificios religiosos. No tenía una forma definida y era bastante pequeña. No dudaron en entrar para poder tomar fotos y notas del lugar. Toda información recopilada era agradecida, pues cuanto más completo era un artículo, más gente lo leería.

    Poco a poco entraron en el hospital, el ayuntamiento y el teatro, los edificios más públicos. Aunque bien era cierto que el pueblo estaba totalmente abandonado, no era tan intimidante como ellos se esperarían. Más bien, las sensaciones que se respiraban en el ambiente eran de melancolía, desolación, tristeza.

    —Mira ahí, Mark. —La muchacha señaló hacia una casa de tono rojizo (como todo lo que había en ese sitio) a su derecha, con un deje de sonrisa—. ¿Ves? Ahí viven los integrantes una familia preciosa. La mujer cocina algo rico para recibir a su querido esposo quien vendrá destrozado tras una larga jornada en la mina. Está contenta porque lo echa de menos. Y mientras, los niños juegan en el patio, hablando de lo que han hecho en la escuela o de lo impresionante que es el trabajo de su padre… aunque realmente éste sea tan peligroso y arriesgado —. Explicó con tanta convicción lo que en su mente se recreaba que hasta Mark, alguien reacio a tanta imaginación, pudo ver lo que describía. Se le hizo una estampa familiar muy típica, pero a la vez, le despertaba sentimientos de ternura—. ¿Qué ves tú en esa casa? —El dedo de Emily cambió de dirección hacia otro domicilio.

    —Hum… veamos —. Pensó durante unos segundos con los ojos cerrados, dejando a su acompañante expectante—. Allí vive una familia muy simple, los padres y un chico adolescente. Él y su padre han vuelto de las minas hace un buen rato pero ahora están preparándose. Se arreglan porque esa noche piensan salir a ver una obra de teatro y comer fuera con otra familia de la que son amigos. Quieren pasar un buen rato… —cuando abrió los ojos vio una deslumbrante sonrisa por parte de la otra.

    —¡Muy bien! Me ha gustado como has dejado volar tu imaginación —dijo con voz cantarina, dando palmaditas—. Ahora sigamos, nos queda aún tiempo para visitar una casa. ¡Vamos!

    Así pues su expedición acabaría en una vivienda algo alejada.

    Al entrar debieron tener mucho cuidado, pues había cristales y escombros por todos lados. Revisaron cada esquina a fondo, no queriendo dejarse ningún detalle sobre cómo vivían en esa época.

    Sin embargo, cuando más felices y afortunados se sintieron fue cuando encontraron un papel bien doblado escondido debajo de un tablón del suelo que se había movido. Lo cierto es que no cabían en sí de emoción. En aquel papel podía haber toda clase de secretos nunca revelados, podía ser una carta de amor o… ¿quién sabía? Cualquier cosa les servía.

    Emily abrió el papel con extremo cuidado, temerosa de que se pudiese romper o desgarrar en algún momento debido al tiempo que había estado expuesto al aire libre sin protección.

    En el papel sepia había escrito con una letra pulcra una especie de carta.

    —“A quién encuentre esto: creo que estaré desaparecida o muerta cuando leas la carta, pero me gustaría que supieras que pasó aquí.

    No sé mucho del trabajo de mi padre, solo sé que pasa demasiado tiempo en las minas. Sin embargo, parece que este trabajo ya no es suficiente para vivir aquí. Muchas familias ya se han ido del pueblo, sin ni siquiera vender la casa. Han abandonado el lugar, seguramente yéndose a otro pueblo más próspero o a la ciudad.

    Creo que nosotros también nos iremos pronto, escuché a mis padres hablar de ello hace un par de noche.

    Según he ido en la escuela, dicen que el hierro se hace cada vez más difícil de extraer. Muchos padres piensan que ara el futuro de sus hijos es mejor irse e intentar buscar otro trabajo mucho más seguro y con más salario.

    Lo entiendo, las minas son demasiado peligrosas. A pesar de ello, echaré de menos el pueblo. He pasado aquí toda mi infancia y parte de mi adolescencia, tengo muchos recuerdos. Pero todos mis amigos ya no están, así que me será imposible disfrutar de más momentos que recordar yo sola.

    Si esta carta sobrevive hasta que alguien la lea espero que te resulte interesante descubrir porque el pueblo quedó abandonado a pesar de parecer tan próspero. ¡Hasta hotel tenemos! Pero bueno… supongo que las cosas cambian y nosotros también…

    María González.”

    Fue la chica quien leyó la carta en voz alta, emocionándose ante lo que ponía.

    —Que interesante… —murmuró, sin apartar la vista.

    Poco después guardó la carta en el bolsillo de sus pantalones y ambos amigos se miraron.

    >>Parece que uno nunca se espera lo que va a pasar, ¿no? Las personas que vivían aquí debían pensar que nunca se mudarían, que tendrían siempre una vida buena en este pueblo y no tendrían muchas preocupaciones, y sin embargo… aquí estamos.

    —Así es. ¿Quién sabe? A lo mejor, en un lejano futuro, hasta Washington podría estar abandonada…

    La chica asintió, curiosa por la imagen de una ciudad tan importante totalmente en ruinas.

    —Bueno, creo que aquí ya acabamos —sentenció mientras salían de la casa—. Vamos a pasar por las minas que aún nos queda artículo por redactar.

    Y así se encaminaron hacia su coche, ambos sumidos en sus pensamientos tras aquella visita. Ese pueblo abandonado… realmente tenía una gran historia detrás de él.
     
    Última edición: 9 Junio 2016
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    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

    Tauro
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    Pluma de
    Escritora
    Ya desde el título se desprende la melancolía. Fue una redacción muy buena, me hizo estar ahí con estos jóvenes periodistas, disfrutando del recorrido que hicieron en este pueblo fantasma, sintiendo también ese halo de abandono y de paz. Siempre que alguna comunidad queda deshabitada se respira ese ambiente, casi como si se esperara escuchar los ecos de aquellas personas que ahí vivieron, una atmósfera diferente a los lugares que están solitarios pero que nunca han sido poblados.
     
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