Long-fic Un Grotesco Romance

Tema en 'Vocaloid' iniciado por Yoko Higurashi, 24 Marzo 2013.

  1.  
    Yoko Higurashi

    Yoko Higurashi Usuario común

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    Un Grotesco Romance
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    1560
    Nota de la Autora: ¡Hola a Todos! ¿Cómo están? Yo ando bien, volviendo a este foro con un fanfic nuevo titulado "Un Grotesco Romance", creo con este titulo muchos ya se imaginan la base de mi inspiración, ¿No? Pues les dejo 3 segundos para pensarlo (1... 2... 3...) ¡Yeah! Esta basada en la canción, video músical, de Miku, la canción: Rotten Girl, Grotesque Romance.

    Esa canción es algo perturbadora, pero siendo honesta es de las pocas que me gustan de Miku y considero merece una historia, ya que me llama la atención, pero así mismo es la primera vez escribo un fanfic de este tipo, si saben a que me refiero, porque la protagonista pues es una desquiciada para los que han visto el vídeo, y pues es algo difícil para mi manejar su perfil, aún así aquí les dejo el fanfic y espero no los decepcione mucho (para los que conocen la canción) y que le den "Me gusta" y comenten algo, sino igual esta bien. ¡Gracias por leerlo!
    Atte:
    YokoHigurashi
    =X

    Un Grotesco Romance

    Capítulo I
    Día I
    “Un Grotesco Gusto”

    El día es fascinante, nada es más fascinante que la luz del sol tocando tu piel, el viento rozando tus mejillas, el cielo azul y las hermosas nubes blancas, tan esponjosas como las colas de los conejos, nada causa más ternura que un día como este… ¡Mentira!… es grotesco, lo odio.

    — ¿Has oído? —en el tren camino a casa las chicas de los demás colegios hablan emocionadas de su día.

    — ¿Qué? ¿Qué? —tan sonrojadas, tan despreocupadas, todas entre amigas, me preguntó que se sentirá tenerlas.

    — Maeda de la clase “B” se declaro hoy a Konishi de nuestra clase — ¡Oh! Es cierto… no me interesa tenerlas, nunca tienen nada bueno de que hablar.

    — ¡Mentira! ¡Mentira! —siempre sus temas son tan repetitivos, hablan de romance, de maquillaje, el artista de moda y chicos— ¿Qué le dijo?

    — Parece que le dijo que lo iba a pensar y mañana le va a dar una respuesta —son tan superficiales que me repugnan.

    — Entonces será rechazada porque… —el tren suena anunciando su parada y se abren las puertas, yo bajo lentamente para así dirigirme a casa a pie.

    El día de hoy es realmente asqueroso, ha estado demasiado solead, con un cielo demasiado azul y nubes blancas formando figuras, me parece que hace 2 horas había una en forma de corazón ¡Asqueroso! ¡Asqueroso!

    No se ve rastro de que vaya a llover, no hay rastro de truenos o de ventiscas, el desastre está muy lejos, es un día fastidioso, realmente… ¡Odio este día!

    Sacó las llaves de mi bolsa de escuela y abro la puerta, un chirrido agudo suena, un delicioso ruido irritante que hace que mi sonrisa brote, suena como la escena de la película en que el asesino entra por sus víctimas y una a una las acuchilla, ese tipo de escenas me encantan, me excitan demasiado.

    Relamo mis labios de solo imaginar toda esa sangre y esa expresión de miedo en sus ojos de las víctimas, que escena más maravillosa, esos asesinos que nos muestran sí que son artistas lástima que siempre los atrapan al final, con ese pensamiento aviento mi maleta en el sofá mientras me dirijo a la cocina.

    Recuerdo cuando mamá vivía aquí, recuerdo cuando papá vivía aquí, recuerdo la sonrisa de ella preparando la comida y mi padre en el sofá viendo la televisión, aún recuerdo sus voces, me preguntó que pensaba de niña, por más que intento recordar no logro conectar mi pasado conmigo.

    — ¡Bah! —me digo a mi misma mientras abro el refrigerador— ya no importa —tomo el envase de leche y un vaso, empiezo a verterla.

    Ese movimiento del líquido al llenar un vaso es realmente hipnótico, me gusta verlo, no puedo parar, si la leche fuera roja sería aún más atrayente para mi, si el vaso se rompiera y todo se derramara en el piso, en mi ropa, sería aún más interesante así mismo no puedo parar de llenar el vaso, aunque llegue a su tope la leche seguirá fluyendo, que siga fluyendo.

    Suena el timbre en ese momento, algo molesta pongo el envase de leche en la mesa que ahora esta empapada, me preguntó quién osa interrumpir este tan maravilloso momento para mí, me gustaría ahora mismo a esa persona escupirle en la cara.

    Saboreo la idea, no creo sea tan mala, ahora que abra la puerta tal vez lo haga, sería interesante ver la expresión de esa persona al hacer eso ¿Su cara estaría asqueada? ¿Sorprendida? ¿Llena de enojo? ¿De odio hacia a mi? Me preguntó ¿Cómo me insultaría esa persona? ¿Cuáles serían sus palabras? La sola idea de imaginarlo me estimula mucho.

    — ¿Quién es? —preguntó mientras espió por la mirilla, solo alcanzo a distinguir una camisa azul.

    — Soy tu nuevo vecino, he pasado para saludar —su voz era suave y calmada, una voz suculenta para algunas, a mí se me hacia irritante.

    Abro la puerta un tanto disgustada, pensaba en hacer realidad mis fantasías pero algo me detuvo, sus ojos eran azules, tan azules como la tranquilidad del mar que tantas nauseas me causan, su pelo era también azul, pero de un azul como el helado de menta que hace que quiera vomitar, su ropa igual era azul como el cielo que me repugna, todo él era grotesco y eso me estaba fascinando.

    — Hola… mucho gusto —decía mientras extendía su mano hacia mi —acabo de mudarme a esta colonia, mi nombre es Shion Kaito y parece ser seré su vecino de la casa de enfrente —su sonrisa también era fastidiosa.

    — Hola —trate de sonreírle de la mejor forma posible, espero haberme visto lo suficientemente perturbadora, sino mi objetivo ha fallado de nuevo— yo soy Hatsune Miku ¡Encantada de conocerte! —lo miro con cierta curiosidad, nunca pensé conocer a un ser tan grotesco como él, tan apetitoso.

    — Pareces algo cansada —empezó a reír escandalosamente— tal vez te molesto, sería mejor que fueras a dormir —sus ojos se posaron sobre los míos en un microsegundo universal que me marco.

    — Creo tal vez usted tenga razón —dije mientras me percataba de que aún él sujetaba mi mano, así que lentamente la quite y con discreción la acomodaba detrás de mí, podía sentir su sudor dejado en ella, cada vez mas asqueroso, por un momento relamí mis labios.

    — Entonces nos vemos Hatsune-san —empezó a alejarse de la entrada de mi casa mientras yo lo veía fijamente y empecé a sonreír.

    — ¡Que repulsivo hombre! —me dije a mi misma casi en una risa mientras con mi lengua lamia el sudor que había dejado en mis manos, un sabor realmente asqueroso que se derretía en mi paladar.

    El cielo es azul y el azul es puro, detesto ese color, él era como el azul, repulsivo, asqueroso, grotesco y a mí me gustaban las cosas así, es algo contradictorio, pero el hecho de parecerme grotesco hacia que me gustará, realmente…

    — Soy una chica podrida… —susurre para mi, mientras cerraba la puerta y apoyaba todo mi cuerpo en ella, pensando nuevamente en ese hombre.

    ¿Cuál era su nombre? Creo se llamaba Shion Kaito… Kaito… ya veo, incluso su nombre es horrible, incluso su nombre me gusta, pienso eso mientras con la mano que él agarro toco todo mi cuello imaginando su saliva, su lengua pasar ahí, que imagen tan grotesca.

    Con hermosos y horribles sueños duermo como bebé, imagino la sangre de él cubriendo mi cuerpo, me imagino lamiendo las pequeñas gotas que escurren cayendo en mi lengua, un sabor tan parecido al metal que me agrada y estimula, un deseo maravilloso.

    Me preguntó si lo veré mañana, si volveré a sentir su detestable olor y ver su molesta sonrisa, un deseo tan profundo en mi corazón que me llena de éxtasis, que hace me sienta muerta y estúpida, con esa idea mi corazón se llena de risa imaginando la cara de él llena de sufrimiento.

    CONTINUARÁ...
     
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    Sango Asakura

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    Interesante, realmente interesante. Tu fic tiene un lenguaje fluido y expresivo, realmente me gustó, me muero de ganas por leer otro capitulo con esta narrativa de la mente retoricida de Miku, (aunque en algunas cosas coinsidí con ella, definitivamente estoy loca).
    No noté faltas de ortografia, aunque creo que te comiste una letra en una palabra, pero, nah, es algo minimo.
    Felicidades y por fa no tardes en la conti.
     
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    Yoko Higurashi

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    Nota de la Autora: Hola a Todos!!!! Bienvenidos a un nuevo capitulo de este fanfic tan extraño y nuevo para mi "Un Grotesco Romance", ahora bien, dejando la historia que como verán esta abajo :D ya saben que en este rincón hago comentarios, el capitulo 2 revela un poco más la personalidad de nuestra protagonista Miku, que tan retorcida puede ser y pone en contraste con la realidad de las otras chicas, en si este capitulo solo relata uno de los casos que hacen de nuestra protagonista "una chica podrida", ahora bien... no se si quedo bien, puesto repito no estoy acostumbrada a esta clase de historias y es algo complicado tratar de entender la mentalidad de Miku, pero hago mi mejor esfuerzo, se aceptan sugerencias y comentarios y espero disfruten el capitulo. Como nota final hace poco (ayer) termine de leer el manga de "Pandora Hearts", debo decir una gran historia, me hizo llorar y realmente ame el manga, el anime esta bueno, pero el manga tiene un trama muy bueno y en parte explica detalles que se omitieron en el anime, en lo personal es un anime que recomiendo, así... sin más distracciones, he aquí el capitulo 2 de este fanfic. ¡Qué lo disfruten!
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    YokoHigurashi
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    Capítulo II
    Día II
    “Una Chica Podrida”

    Delicioso, hoy al despertar, en contraste del día anterior, estaba lloviendo terriblemente, una mañana escandalosa, llena de truenos y un cielo negro, que vista tan exquisita, esto hace que sonría al ver la ventana y me ponga el uniforme con alegría.

    La lluvia cae fuertemente, tan fuerte que pienso sería un desperdicio usar un abrigo o un paraguas, el frío de esta es demasiado intenso como para no sentirla directamente, así que apenas termino de vestirme tomo mis cosas, dispuesta a salir.

    — ¿Eh? —nuevamente nos cruzamos al salir de nuestras casas— Hola… —lleva puesto el uniforme de mi escuela, cosa que en primer instante me sorprende pero ahora que lo veía él tenía más o menos la misma edad que yo.

    — Hola… —digo mientras cierro la puerta— extraña coincidencia —veo que lleva una bufanda y un paraguas de color azul, parece que le gusta el azul, eso hace que sonría levemente ante la idea de que a las cosas asquerosas también le gustan las cosas asquerosas.

    — Si —empieza a reír mientras abre su paraguas— parece que vamos a asistir a la misma escuela —nuevamente el sonido magnifico de la lluvia se combina con el sonido irritante de su risa y las gotas que golpean con su paraguas.

    — Si, así parece… —me limito a decir solamente eso mientras empiezo a salir de mi entrada para por fin poder sentir la fría agua recorrer mi cuerpo.

    — ¡Ah! —dijo él en un tono de sorpresa— no llevas un paraguas, te vas a mojar —se apresuró a ponerme debajo del suyo, eso realmente me disgustaba, ya que iba en contra de mis deseos.

    — No necesito uno… —trate de alejarme de él, pero su asquerosa mano me tomo del hombro y su cara se acerco a la mía.

    — Te puedes enfermar… —yo solo lo vi fijamente, cada vez me parecía más grotesco y cada vez me fascinaba mas.

    Así caminamos al tren y al salir de éste, hacia la escuela, el día era esplendido, negro con sonidos estridentes, mi corazón bailaba con esos sonidos, estaba un tanto triste y disgustada de que aquella agua no pudiera tocar mi ropa y también algo extrañada con la actitud de esta persona, es a esto a lo que llaman amabilidad, ahora puedo decir que me causa nauseas.

    — ¡Hey! ¿Has oído? —recuerdo que entraba al salón después de haber ido a entregar unas copias cuando vi a estas chicas platicar.

    — ¿Qué cosa? —la conversación de las chicas siempre empiezan similar, a pesar de eso, no podía evitar escucharlas.

    — Hoy Hatsune venía acompañada de un chico guapísimo —decía ella, parece ser que ahora yo era motivo de sus chismes.

    — ¡Mentira! ¡Mentira! —siempre lo mismo, pero con la excepción de que ahora yo era el tema a tratar, que aburrido.

    — ¿Acaso no me crees? —solo me apoye en la pared de aquel salón tan vacío y las vi fijamente.

    — No puedo creer que sea Hatsune — yo era tan poco para ellas, que no notaban mi presencia— ¿Pero la has visto? No es por nada pero es una desadaptada — pero ahora yo era tanto que sus bocas se gozaban en hablar de mí.

    — ¡Lo sé! —decía esta chica mientras apoyaba las manos en el pupitre de su amiga— siempre esta desarreglada, con ojeras, no le habla a nadie y a veces huele realmente mal —ahora que lo veía su cabello era de color negro azulado, que color tan bellamente repulsivo, la belleza del negro con las sombras asquerosas del azul.

    — ¡Es por eso! Aparte has visto como mira y lo que hace —esa chica también tenía un cabello largo en una trenza, aunque el suyo fuera de color rojo, un rojo como la sangre, eso me agradaba.

    — También he oído que viene de una familia desastrosa — ¡Oh! Así que sabían eso, bueno no importa.

    — Pensé que vivía sola —su pelo de las dos me parece hermoso.

    — ¡Sí! Así es, pero nadie sabe realmente porque es así —me preguntó como peinarán su pelo en las noches— aunque rumores dicen que tiene que ver con su familia.

    — ¡Dios! Que mujer tan repulsiva —deben hacerlo con una bella sonrisa, una sonrisa que seguramente detesto.

    Me acerco sigilosamente a ellas mientras siguen rumoreando de mi, cada vez mas insulto, cuanta felicidad me dan, no recuerdo cuando fue la última vez que fui insultada tanto y tan maravillosamente, eso realmente me llenaba el corazón ¿Cómo debía devolverles el favor?

    Tome las tijeras de mi pupitre en el camino que me acercaba a ellas, se me había ocurrido la forma perfecta para agradecerles el hecho de llenar mi nombre de miseria, eso era un grato obsequio para mi, para ellas.

    — Hola chicas —dije por sus espaldas mientras con mi mano izquierda hábilmente tomaba la trenza de una y un gran mechón de pelo de la otra— ¿Saben que tienen un hermoso pelo?

    — ¡Hatsune! —gritó la del pelo rojo, sus mirada se veía asustada de solo verme, así que sonreí para calmarla pero creo solo logre alterarla más, eso me hizo aun más feliz.

    — ¿¡Qué haces anormal!? —la de pelo negro azulado fue la primera en insultarme en mi cara, ¿Cuánto más feliz quería hacerme? ¡Realmente una persona maravillosa!— ¡Suelta mi pelo! —pero al contrario de su pedido lo tome más fuerte.

    — ¿Qué pasa? —les dije tratando de sonreír más abiertamente— pensé que me llamaban, tanto mencionaban mi nombre que pensé que querían verme —acerque su pelo a mi nariz y aspire el aroma— tanto han hablado de mí que me han hecho feliz —sus cabellos juntos olían a una combinación de flores con moras… cuanto odiaba aquel aroma.

    — ¿Qué estás haciendo? —dijo la pelirroja con una voz temblorosa mientras seguía aspirando el olor del pelo de ambas.

    — Realmente me han hecho tan feliz —les dije nuevamente— estaba pensando como agradecerles.

    — ¡No tienes que agradecernos nada! —gritaba la pelinegra como si presintiera mis intenciones, aunque ninguna de mis palabras era mentira.

    — Insisto —dije pausadamente— su cabello es tan hermoso, no como el mío tan maloliente —lo empecé a acariciar suavemente con mi dedo pulgar, esa textura tan fina que hacia me diera cuenta cuan hermoso era el pelo de las dos— debo decir que les agradezco que a pesar de ser tan lindas hablen de mi —una de ellas trato de jalarse pero con mi mano la jale mas fuerte hacia mí.

    — ¡Ah! —gritaron las dos, consecuencia de que ambos cabellos estuvieran en mi mano.

    — Realmente se los agradezco —en un movimiento rápido con mi mano derecha a mi espalda hice uso de las tijeras cortando de un tajo el cabello que estaba en mis manos— ¡Gracias!

    — ¿¡P-pe-pe-pero que has hecho!? —gritaba la de pelo negro que había quedado dispareja ante mi corte.

    — ¿¡Por qué!? —la pelirroja sin su trenza ahora tenía el pelo corto y de un corte chueco, ver eso sacó de mi una amplia sonrisa.

    — Me sentí tan feliz cuando me insultaban —dije con una sincera alegría— que pensé en devolverles el favor —mis ojos se llenaron de luz al ver sus caras de miedo— su cabello era tan lindo que pensé que les estorbaba —ellas debían estar realmente dichosas de mi trabajo— porque lo grotesco es mejor.

    Un maravilloso día debo decir, estaba lloviendo y había sido insultada infinidad de veces hoy, mi grupo enteró supo lo que hice, me insultaron nuevamente “¡Que chica tan desagradable!” “¡Esta loca!” ¡No se acerquen a Hatsune!” “¡Hatsune es peligrosa!” “¡Es una chica podrida!”.

    Profesores y alumnos, todos hablan por igual y me hacen tan felices sus comentarios que quisiera agradecerles a todos, pero dudo pueda, hoy solo pude agradecerle a dos, quizás después le agradezca a mas, pero por hoy iré a la oficina del director que también se ha enterado de mi acción, me preguntó con que palabras me alagará también, me preguntó si deberé agradecerle también.

    Pasó entre los pasillos escoltada por una profesora, todos me ven con miedo, cada vez me siento más feliz, cada vez quiero hacer más cosas para esas personas, también él está ahí, me ve con curiosidad, me preguntó si también me tendrá miedo, espero que sí, sería suculento si así fuera, sería realmente esplendido que hacia pasará.

    Cuando el director habla es tan pesado, dijo tantas cosas “Eso no es correcto” “¿Quieres acaso ser una delincuente?” “¡Vas dirigida a ese camino!” “Eres una chica realmente incorregible” cada palabra es como un premio, tal vez debería hacer más cosas así, sería realmente dulce, con ese pensamiento vuelvo a lamer mis labios.

    Fui suspendida por una semana, supongo no está mal, mientras volvía a casa con un cielo nublado y más tranquilo sin lluvia, mire fijamente la lejanía, creo debía trabajar, aunque no me agradaba mucho hacerlo.

    — ¡Vuelva pronto! —una voz tan amigable de una cajera despidiendo al cliente mientras sonaba la campana al abrirse la puerta automática, salieron una madre y su hijos, increíblemente esa voz era la mía.

    Nunca había sido como las demás chicas y si lo fui ya no recordaba ¿Qué debía recordar? ¿Había realmente algo valioso para mí en esos recuerdos? Ante solo esa idea me llenaba de risa amarga y pensaba en la locura que estaba dentro de mí.

    — ¡Bienvenido! —dije con una enorme sonrisa y mis ojos notaron que era él, aquel repulsivo chicos.

    — Hola… no sabía que trabajabas ahí —cada coincidencia era mayor, aquella tienda de servicio no quedaba cerca de la escuela ni de la casa, no quería nadie me viera con esta estúpida sonrisa, pero parecía él era la excepción.

    — ¡Bienvenido! —volví a decir con la sonrisa de mi personaje.

    — ¿Eh? —por un momento el se veía dudoso, como si lo que viera no fuera real, pero de la nada, toda esa suculenta expresión desapareció para que el embozara una de sus estúpidas sonrisas — ¡Gracias!

    Así no siendo él, el único cliente del día atendí el lugar, como odiaba mi trabajo, siempre sonriendo como las demás chicas idiotas que conocía, repitiendo lo mismo una y otra vez, cada minuto me irritaba más pero no podía dejar al personaje.

    Al llegar a casa ya era de noche, todo estaba obscuro, ni una luz encendí, solo me limite a abrir el refrigerador y sacar todo lo necesario para un emparedado como cena, el día había sido lleno de emociones, alegrías y frustraciones.

    Verlo a él era el destino, pero su sonrisa arruinaba todo, cuanto deseaba, cuanto anhelaba verlo sufrir, verlo rogar, verlo llorar, esa imagen tan apetitosa me llenaba de júbilo, tanto que lamia mi labio ante tan dulce idea.

    Déjame decirte, déjame contarte que el hecho de pensar en ti hace que mi sangre se sienta pesada y grumosa, mi boca se reseque, mis ojos se hinchen con pupilas dilatadas, que sienta asco y sienta nausea, déjame decirte… “Me gustas”

    CONTINUARA...
     
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    VocaloidFanGirl

    VocaloidFanGirl Iniciado

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    Voy a hacerme adicta a leerte xD Es que, ¡eres muy buena!
    Ya me gustaría a mí poder describir con una personalidad así, es muy genial lo que tú haces >w< Todo en la historia me gusta, porque es bastante fiel a la propia canción, es un buen fanfic. Logras meterte en la piel de esa Miku (digo "esa" porque es la versión de la canción), logras sentir como ella, o al menos eso me pasa a mí cuando voy leyendo.
    Creo que la manera de ella está muy bien hecha y pensada, veo que prestaste atención hasta en la voz que tenía ella al cantarla; esa voz enfermiza y cruel, con un tono juguetón que tiene en la canción. Es muy genial todo, resumido xD
    Ya tienes a una fiel lectora owo/ Es que... Simplemente, yo soy medio sádica; y leer cosas así, me encanta xD
    A ver si pronto veo algún buen asesinato >3<
    Sayo!~
     
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    Sango Asakura

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    Debo de decir que te quedó bastante bien, me encantó la forma en que narraste todo, no me cabe duda, Miku está completamente loca, al igual que yo solo que cada quien a su forma.
    Me gustó la forma en que estructuraste u diste seguimiento a los hechos relarados, fue vastante buena, felicidades, sigué así y espero la conti :).
     
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    Yoko Higurashi

    Yoko Higurashi Usuario común

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    Un Grotesco Romance
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    Nota de la Autora: Hola a Todos!!! ¿Cómo están? Espero que bien, hoy les traigo el nuevo capitulo de este fanfic "Un Grotesco Romance", este capitulo es un tanto aburrido, incluso para mi, pero es como la introducción a lo que es la vida de nuestra Miku, ahora bien, dando Spoiler, el siguiente capitulo nos adentraremos un poco a la infancia de Miku y entenderemos porque es una chica podrida, la historia es corta, así que informo que dudo tenga más de 10 capítulos, ya que apenas llevo escritos 5 y voy entrando a más de la mitad de la historia que tengo planeada, si llegamos a más de 10 capítulos ¡Será un milagro! También quiero decirles que después de este fanfic (se que es algo apresurado) quiero escribir otro, obviamente tengo algunas sugerencias como "La Saga del Mal" (que la verdad muchos ya han escrito sobre ella), "Repulsive Foot Eater, Conchita", "Like, Dislike" o "Spice". Pero he decidido que en el transcurso de este fanfic hagan sugerencias y escogeré las 2 que más me agraden y en el penúltimo capitulo pondré las opciones para votar, obvio aún tienen historia con este fanfic, pero también me gustaría seguir escribiendo en este foro que siendo honesta es muy grato. Sin más por ahora me despido y les agradezco por tomarse un poco de tiempo para leerme.
    Atte.
    YokoHigurashi
    =X
    Capítulo III
    Día XI
    “Cuando te volví a ver”

    Ir a la escuela en las mañanas es tan agotador, después de mis pequeñas vacaciones es difícil volver al pasó de la vida de una estudiante, aunque me causa gracia, ¿Cuándo he tenido la vida de una estudiante?

    Esta mañana no es lluviosa, es una lástima, parece que el día de hoy será demasiado soleado… ¡Molesto! Detestaré el día de hoy, es seguro que lo odiaré, es seguro que lo acuchillare en mi corazón hasta que corra su sangre… lástima que los días no tengan sangre.

    Empiezo a cerrar la puerta de mi casa, no se para que la cierro si la debería volver abrir de regreso a casa, no creo alguien venga a asaltar a una estudiante de preparatoria, en realidad no tengo mucho, mi pelo enmarañado, grasoso, mi uniforme arrugado, mi piel tan blanca como la de un muerto, mis ojos llenos de ojeras, esta es mi adorada grotesca apariencia, y con ella… ¿Quién tendría interés en mi?

    — ¿Eh? ¿Miku? —esa voz… — ¡Hola! No te veía desde hace una semana —él se acerca a mí para tomarme del hombro… tan detestable como siempre— ¿Estás bien? Escuche que fuiste suspendida.

    — Si… —respondo pausadamente con una sonrisa algo forzada— nada interesante.

    — ¿Segura? —parece realmente preocupado ¿Es esto lo que las chicas llaman adorable en un chico? Ya veo que es más repugnante de lo que imagine.

    — Si… —digo mientras empiezo a caminar con mi portafolio en las manos— se hace tarde, es mejor avanzar hacia la escuela.

    — ¿Eh? —parece extrañado de mi actitud y algo ansioso, como si quisiera preguntar algo, un chico cobarde… — si, tienes razón —finaliza con una sonrisa y empieza a avanzar.

    Tomamos el tren en diferentes vagones, en realidad no esperaba compartir el vagón con esta persona y en parte me alegro de no haberlo compartido, eso me relajo para recargarme sobre las puertas del tren, sabía que no se abrirían en un par de estaciones, así que era seguro.

    Pero… ¿Qué tal si se abrieran? ¿Qué tal si cayera yo a los rieles? ¿Qué tal si el tren me pasará por encima? Mi sangre corriendo, salpicando las ventanillas de los pasajeros, sus caras llenas de horror por mi sangre y mis entrañas ¡Qué maravillosa idea! ¡Sería tan suculenta! Con solo imaginarla no puedo evitar sonreír, sin embargo, hay un problema, si yo hiciera eso, yo ya no podría ser testigo de sus caras y eso no me causaría gracia.

    No es la muerte lo que buscó, si fuera así hace mucho me hubiera matado, finalmente vivo sola, desde que mis padres se divorciaron y ninguno quiso hacerse cargo de mí, aún recuerdo sus palabras cuando peleaban sobre ese asunto.

    — Yo tengo una vida —hablaba mi madre, casi en un gritó a mi padre— no puedo desperdiciarla con una mocosa.

    — Yo también tengo trabajo Haruka —mi padre le contestaba a mi madre— tampoco tengo tiempo para la niña.

    — ¿¡Qué es más importante para ti!? —yo solo me hundía en el sillón mientras abrazaba mi oso de peluche— ¿¡Tu hija o tu trabajo!? —tengo tan clara la imagen, aunque no recuerdo que pensaba en ese momento.

    — La misma pregunta aplica para ti ¿No crees? —creo lloraba, no sé si sufría, solo sé que abrazaba muy fuertemente ese oso de peluche, mientras mis padres seguían discutiendo por mi causa.

    Una escena suculenta que me llevó a vivir sola, y de ahí a saber que no quería mi muerte, eso no me interesa, no me causaría ningún placer, no si la provoco yo, ya que mi placer es ver las expresiones perturbadas de las personas, llenas de tristeza, de odio, de dolor, de repugnancia, todas esas caras que tan deliciosas me son, ese es mi deseo.

    — “Próxima parada” “Próxima parada” —se oye la campana del tren anunciando que pronto se abrirán las puertas y pronto deberé bajar.

    Así lo hago y camino hacia la escuela, con una sonrisa en la cara de solo imaginar los rostros de mis compañeros, la mirada de las chicas a las que les corte el cabello, y de imaginar la expresión de horror de aquel chico de pelo azul.

    — Hoy será un buen día… —susurró para mí, mientras camino en dirección al portón de la escuela.

    — ¿Ya viste? —casi en un susurro podía escuchar las voces.

    — ¿Qué sucede? —un alboroto en sus mentes.

    — Es Hatsune… —y un nombre, mi nombre, como la última palabra en cada conversación.

    Los salones de clases nunca son callados, cuando hay cambio de profesor muchos se levantan de los pupitres para ir a hablar con sus amigos, se escucha el murmurar, las miles de conversaciones combinándose en un sonido espantoso.

    Yo solo me quedo sentada ahí, viendo a todos moverse, imaginando que la luz que entra en la ventana se convierte en obscuridad, una obscuridad demasiado absorbente, que te hipnotiza, que nadie pueda escapar, que sus voces alegres se conviertan en gritos desgarradores como si su piel fuera arrancada, que sus ojos brillosos salgan con dolor y sangren para que griten más, que su piel se pudra y esa tortura sea eterna.

    — Hatsune… —dirán mi nombre como una maldición— Hatsune… —como un conjuro— Hatsune… —como… — ¡Hatsune Miku! ¿¡Estás escuchando!?

    — ¿mmm? —levanto mi mirada, la señorita Kurmochi, la fastidiosa maestra de Literatura me estaba hablando y ante mi reacción solo vi que se ponía roja de la ira, una expresión agradable debo agregar.

    — Hatsune Miku, será mejor que ponga atención —lástima que prontamente calma su irá, y muestra una cara tan falsa de profesora que me causa repulsión— dejé de andar vagando y es mejor se esté atenta a la clase —cientos de risas se sueltan alrededor, como si se gozaran de que fuera regañada.

    — No solo es rara y antisocial —se escucha la voz de alguien.

    — También es realmente idiota —las voces no paran, rotando en lo mismo… esto es… ¡Una gran alegría!

    — Chicos… —la profesora empieza a hablar— silencio por favor —quiere calmar lo que tanto gozo me da— ¡Por favor chicos! —pero por más que intente no puede calmarlo por completo.

    — Disculpe profesora —levanto mi mano calmadamente para recibir la mirada llena de odio de la profesora, parece que le soy un fastidio, de ser así, me sentiría realmente muy feliz.

    — ¿Ahora qué quieres Hatsune? —la profesora se acomoda los lentes y acomoda sus manos en el pedestal de la clase, como si yo fuera el colmo de un desastre, su expresión enojada realmente me hace sentir satisfecha, pero… hay una expresión que me causaría aún más placer.

    — Me gustaría decir unas palabras a este alboroto… —me levanto lentamente, entre la multitud de mis compañeros se oyen los codazos “La estúpida de Hatsune va hablar” “Guarden silencio, el monstruo se ha levantado” “La maloliente de Hatsune quiere abrir su bocota” Sus palabras hirientes, no son más que dulces para mi pecado— en realidad lo sé, escucho lo que dicen… —toco mi pecho, mi corazón no para de saltar de alegría, realmente quiero agradecérselo— sé que soy una chica maloliente, sé que soy desarreglada y podrida, se que hablan a mis espaldas insultos… —mi voz empieza a acelerarse de la emoción— ¡Realmente! No sé que hice para merecer tantos… —algunos giraron la mirada, con rostros de culpa, las chicas a las que les corte el cabello parecían prepararse para defenderse de mi… ¡Qué alegría! ¡Qué gozo! — ¡Halagos! La alegría de sus palabras llenas de veneno me encanta, me fascina —todo se vuelve silencio, sus rostros se vuelven rígidos, como si fueran testigos de un delito— la mirada de odio, de desprecio, la profesora… —algunos empezaron a taparse los oídos, a pesar de que mis palabras eran sinceras— ¡Me alegra tanto! En verdad los amo a todos porque… —mi mirada se fija en todos lentamente con la mejor de mis perturbadoras sonrisas, incluso la profesora ha empezado a encajar las uñas en su pedestal— ¡Todos son repugnantes! —así termino mi discurso con una risa, maravillada de sus expresiones suculentas.

    — ¡Suficiente Hatsune! —en un jadeo, como si algo la sofocara, la profesora azota su libro en el pedestal en un acto desesperado, en un acto suculento— ¡Deténgase por favor!

    — Si profesora… —digo con una sonrisa mientras me siento nuevamente en mi pupitre— solo decía lo que sentía, disculpe por eso.

    A partir de ese segundo, todo el salón se volvió un silencio absoluto, solo se escuchaba la voz nerviosa de la profesora, curiosamente al cambio de profesor, todo siguió en absoluto silencio, nadie se levanto de sus pupitres, nadie busco a sus amigos, todos como hipnotizados, como atemorizados, tal cual como las presas antes de ser devoradas, todos… guardaban silencio.

    Una sonrisa falsa, no es algo que necesite, pero tampoco necesito una verdadera sonrisa, el chico de cabello azul, mi vecino, pasa por la puerta de mi salón, habla con sus amigos a la salida, solo quedo yo, sigo observando la ventana y recordando los rostros de mis compañeros cuando se fueron velozmente, como si en serio fueran a ser devorados.

    Yo salgo silenciosamente, paso a paso, me dirijo a la estación del tren, mi casa me espera con su acogedora imagen calmada, esa imagen que me permite imaginar, distorsionar y recrear la realidad, que me hace sentir cómoda, que me hace sentir enferma, repulsiva, grotesca, que me hace sentir yo.

    — ¡Miku! —su voz es como un canto de ave, como de un ruiseñor— ¿Tu también camino a casa? —detestaba su grotesca voz, y a la vez me encantaba.

    — Si… —dijo pausadamente mientras sus ojos azules estaban fijos en mí.

    — Me encantaría ir contigo —habla por sí solo, como si me importará— pero quede con unos amigos —no tenía necesidad de decirme eso, casi nunca hablamos— así que por favor cuídate —él es tan molesto.

    — Si… —todo el me era asqueroso y por esa razón lo deseaba tanto— tu igual cuídate —su sonrisa siempre era visible, su rostro siempre alegre.

    Subo al tren e imagino el rostro de él lleno de sufrimiento, de lágrimas, al punto de la locura. ¡Quiero ver ese rostro! Quiero verlo desesperado, sin salida, quiero verlo desesperanzado, y yo quiero ser la causa de ese sufrimiento, así me voy en el tren, viendo el cielo que se nubla con ese anhelo de ver ese rostro hermosamente lleno de terror… hasta que nos volvamos a ver.

    — ¡Oh! —digo alegremente en la ventana del tren— parece que va a llover —y no puedo evitar sonreír, esta soy yo, esta es mi alegría ¿Te gusta?

    CONTINUARA...
     
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    Yoko Higurashi

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    Un Grotesco Romance
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    2449
    Capítulo IV
    Día XIV
    “Un Agradable Recuerdo”

    — ¡Mamá! ¡Mamá! —una niña pequeña de pelo verde grita, buscando la sonrisa de aquella mujer de expresión fría, siempre tan seria.

    — ¿Ahora qué quieres Miku? —se muestra molesta mientras con su temblorosa mano con la que mantiene un cigarrillo se sostiene su sudorosa frente mientras con la otra mano mantiene un montón de papeles— ¿Acaso no ves que estoy ocupada?

    — Pero mami… —la niña sostiene un oso y entre sus manos lleva un dibujo— te hice esto —ella extiende nerviosamente su mano a aquella fría mujer, temblando, para que esa mujer la ignora— mami… mami… —la niña la sigue llamando— mami… ¡Mami!… —su voz suena una y otra vez, una y otra vez— ¡Por favor! Hazme caso —como un ruego, la llama nuevamente.

    — ¡Ya basta! —la madre agarra el dibujo bruscamente de la mano de la niña, lo mira con desprecio— ¿¡Solo por una cosa así vienes a molestarme!? —grita mientras se pone el cigarro en la boca y con sus dos manos destruye el dibujo en miles de pedazos.

    — Mami… —la cara de la niña se vuelve lagrimosa— mami… ¿Por qué? —la niña empieza a llorar.

    — ¡Ya cállate! —la mujer la abofetea con todas sus fuerzas— “Mami, mami” ¿¡Es todo lo que sabes decir!? —la mujer se exaspera— ¡Ojala pudieras cerrar esa bocota! Detesto escucharte… ¡Te detesto! —diciendo eso la mujer vuelve a sus documentos— vete de aquí.

    La niña se va caminando de ahí con su osito de peluche en mano, camina fuera de los pasillos ¿Se siente solo? Una pequeña deambulando sola, triste, sin nadie a su lado ¿Su padre? está trabajando todo el día y nunca está en casa mientras que su madre siempre está ocupada y nunca tiene tiempo para ella, sus padres pelean apenas se ven, su familia se está desmoronando, y en toda esa crueldad… la niña… se está pudriendo.

    — ¡Ah! —mis ojos se abren repentinamente, mi muñeca derecha está en mi frente y empiezo a ver el techo— llevaba mucho tiempo que no tenía ese sueño— empiezo a sonreír, mientras me tapo los ojos, estoy llorando de alegría de solo recordar el rostro de odio de mi propia madre, sus palabras “te detesto”, su boca furiosa, y su actitud desinteresada, realmente la admiro, mostrar esa crueldad y esa actitud tan grotesca con su propia hija, ojala yo un día pudiera lograr hacer eso.

    Me levanto de la cama, ¿Qué hora es? ¡Oh! Son las cuatro de la mañana, realmente he dormido muy poco, pero es normal, hoy es el aniversario ¡Debo festejarlo! Hoy es el aniversario del divorcio de mis padres ¡Hoy es un gran día! ¡El mejor de mis recuerdos! Cuando mi familia ya agrietada, termino por destruirse.

    En realidad el sabor de ese recuerdo es amargo, alguna vez creo aquella mujer, aquel hombre sonrieron, pero fue hace tanto que la imagen es borrosa, alguna vez no fueron tan grotescos y en su momento los ame más que cualquier cosa, o por lo menos esa mocosa que yo solía ser, lo hacía, pero ahora al igual que ellos no siento nada por real, solo la repugnancia del placer de haber tenido una familia así.

    Con una sonrisa tomo una ducha mientras prendo unas velas, camino descalza y desnuda por toda la casa, estoy mojada, siento el frío de aquellos cuartos vacios en mí, de sus pisos, de sus paredes, de la noche, de mi existencia.

    Sonrió en la cocina, cuando llego ahí veo el cuchillo, es muy útil cuando se quiere hacer algún guiso, es realmente útil cuando se quiere cortar algo en una emergencia, es realmente útil cuando le miro brillar a la luz de la aún existente Luna y luego suspiro para completar mi alegría, para hacerme sentir cuan repulsiva soy.

    Con esa imagen corto la palma de mi mano, el dolor es leve y refrescante, me recuerda que vivo, pero no me responde el porqué vivo, me recuerda el odio de mi madre y me hace sonreír ante tal idea, me recuerda el desinterés de mi padre y me hace pensar cuan poco lo conocí, esa sangre escurriendo por mi muñeca y por mi brazo, me hacen recordar… ¡Cuan maravillosa ha sido mi vida!

    Empiezo a lamerla, su sabor es como metal, el sabor de mi propia sangre es como un caramelo amargo, me causa placer, pero… no el suficiente, entonces imagino cómo sería probar la sangre de alguien más, tal vez la de Kaito, mi vecino, mi compañero.

    Con esa imagen, saboreo mejor mi sangre, imagino que es la de él y empiezo a sonreír, mientras de mi rostro escurren lágrimas de alegría, mucha alegría, recuerdo una y otra vez las palabras de todos, de mis padres, de mis compañeros, de la gente que gentilmente me odia, sus palabras me hacen feliz, porque son tan desagradables, tan impuras que no puedo encontrar mejor alegría que esa.

    Si su odio pudiera llenar mi vacio, sería estupendo, pero nada puede llenarme, ni si quiera el sabor de mi sangre, ni la sonrisa en mis recuerdos de mis padres, ni los gritos de dolor de la pequeña niña que solía ser, nada puede curar la putrefacción de mi ser, ni detenerla, su odio solo me alimenta y me llena de placer, me hace estar más enferma y me hace sonreírle a la vida como me sonrío alguna vez a mí, me hace recordar las palabras tan dulces de mi madre y en mi mente abrazarme fuertemente, mientras con una sonrisa desgarro mi propia piel.

    Va a amanecer, yo aún no me he vestido para la escuela, sigo desnuda, desastrosa, y con mis ojos vacios miro la ventana, veo su casa, seguro él está por levantarse, me pregunto con que expresión se levanta… ¿Acaso cansado? ¿Acaso alegre? ¿Acaso malhumorado? Debo admitir que esa idea me causa curiosidad.

    Hoy tal vez debería faltar a la escuela, necesito ver un lugar, me pondré el uniforme para verla, le mostrare como ha crecido maravillosamente bien su niña sin ella, ya que gracias a ella, y también a él me volví quien soy ¡Le estoy realmente agradecidos a ambos! Un maravilloso padre podrido y una encantadora madre podrida dieron la grotesca creación de una chica podrida y de estos sentimientos que desgarran deliciosamente mi ser.

    Con esa idea empiezo a vestirme, mi uniforme tan arrugado como siempre, mi pelo enredado y mojado lo acomodo en dos coletas, mi boca reseca y llena del olor a sangre, mis dientes mal lavados y aun con residuos de mi sangre, mis ojos llenos de ojeras y un tanto rojos, realmente me encanta mi repulsiva apariencia.

    Me pongo la gabardina, y tomo una bufanda, giro lentamente la perilla de la puerta, como saboreando el frío de la misma, y salgo, al final se donde esta ella, se que se casó de nuevo, se que hace poco tuvo un hijo, se que ella es lo que muchos dicen… feliz.

    En cambio, ya no sé de él, es más… ¿Quién era él? Acariciaba mi cabeza cuando me veía y sonreía, pero siempre se ausentaba y me dejaba solo con ella, dio importancia mayor a su trabajo, se fue al extranjero y me dejo sola, aquel hombre desconocido que decían era mi padre.

    Ellos dos me hicieron quien soy, me dejaron pudrirme y me hicieron el favor, la bendición de convertirme en esta chica tan perdida, tan retorcida, con esa idea puedo sonreír, porque tengo unos maravillosos y nauseabundos padres, un ejemplo a seguir, a amar, una agonía a mi vida con un alegre recuerdo… sus rostros.

    Camino en dirección opuesta a mi colegio, lentamente, son muchos kilómetros a pie, me encanta caminar mucho, porque después de rato siento un delicioso y suculento dolor en los pies, como las venas fueran a estallar, para dejar correr mi sangre, para que así me desangre, y lo que salga de mi llene todo, dándome el placer de ver a la gente alrededor horrorizada, desahuciada, desalentada, asustada.

    Con aquella imagen de mi muriendo, viendo a otros sufrir, llenos de angustia y dudas, con esa imagen me alegro y relamo mis labios, es algo tan suculento, tan bello que no puedo evitar soltar una risa que llama la atención de la gente, que me mira como si estuviera loca, como si fuera peligrosa y tal vez no se equivocan, es probable, muy probable, sea esa la verdad y en realidad no me importa, me encanta vivir así.

    Si llego a la casa de esa persona, estaré de pie, tomare la cámara de mi celular y tomare algunas fotos de la repulsiva sonrisa tan sincera que nunca fue capaz de mostrarme, puedo decir ella es feliz mientras carga a su bebé en el aire y su ahora nuevo esposo le sostiene el hombro, debajo de un poste veo la escena, como queriendo borrar una cinta vieja, mis ojos están vacios, llenos de una dulce infelicidad o ¿Debería decir asquerosa felicidad? Me siento vacía y llena de agonía, una sensación tan encantadora que dejo domine mi ser.

    — Miku… —su mirada se ve perturbada apenas nota que estoy allí, pero no me muevo, solo la miro fijamente, ella le da su bebé al hombre que tiene a lado y sale rápidamente de la casa.

    — Hola… —le digo, mi aliento puede verse claramente por el frío, mientras le sonrío como tengo costumbre con mis compañeros, esa sonrisa que me ha dado la fama de locura y perturbación, esa hermosamente asquerosa sonrisa le muestro a mi madre.

    — ¿¡Qué haces aquí!? —dice furiosa, mientras su mano como en los viejos tiempos azota contra mi cara ¡Que placentero dolor!

    — Yo también me alegro de verte… —digo nuevamente con una sonrisa en el rostro— madre…

    — ¿¡No te dije que no quería saber nada de ti!? —su cara está totalmente roja de la irá— solo mírate… ¡Me repugnas! —el frío tocando mi piel, mi rostro golpeado, me hace sentir bien, casi un consuelo o más bien un anhelo antiguo, ahora en realidad solo la miro fijamente, bajo mi mirada con la misma sonrisa mientras acomodo mi bufanda, pienso en que ella nunca ha cambiado su actitud conmigo y eso sinceramente me alegra, una relación normal entre madre e hija, a estas alturas, con ella, conmigo… esa simple idea me causa asco.

    — Lo sé madre —vuelvo a sonreír— ¡Muchas gracias por el halago! Yo también pienso que soy repulsiva —empiezo a reír fuertemente, mientras ella se muestra perturbada y vuelve a golpearme, su mirada de odio fue suficiente para mi, para poder entender una vez más porque soy quien soy.

    Le vuelvo a sonreír y sostengo su mano suavemente, la estrujo con mis dedos como recordando cuando era muy pequeña y ella me sonreía, la toco mientras ella jalonea como queriendo alejarse de mí, como si fuera yo una plaga, yo entonces giro mi mano haciendo girar la suya en un descontrol rompiendo su muñeca, el crujir de sus huesos me causa placer, y vuelvo a reír descontroladamente.

    — ¡Ahhhhh! —ella empieza a gritar del dolor, por la ventana veo a su esposo reaccionar, rápidamente se le ve caminar quedando fuera de mi vista, eso me da a entender que pronto vendrá al auxilio de mi madre, la cual en un intento desesperado lanza un golpe, pero esta vez no le dejo acertar, lo esquivo para darla uno en la cara rompiéndole la nariz y con una sonrisa me despido.

    — ¡Gracias madre! —su nariz está sangrando sin control, mientras ella desesperadamente se la tapa con las manos— un regreso al amor que tanto me has dado —con esas palabras salgo corriendo, dejándola atrás arrodillándose del dolor.

    La mañana es fría, amo quien soy, amo sentir este asco y repulsión de mi misma, es tan suculento el sabor, amo el frío de mi vida, amo a mis inhumanos padres, amo este dolor y agonía de mi corazón, amo ser una chica podrida.

    Con esa idea camino de regreso a casa, con mis manos en los bolsillos del abrigo, mi madre jadeante atrás, gritando que no regrese nunca, una expresión que me llena de alegría “De tal palo, tal astilla” pienso para mi, ya que yo su odiada hija, anhela ser como ella, mi grotesca madre.

    CONTINUARA...
     
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    Yoko Higurashi

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    Un Grotesco Romance
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    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    9
     
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    2366
    Nota de la Autora: ¡Hola a todos! No se como estén, pero yo ando atareada porque estoy cerca de hacer exámenes de admisión para la universidad, en realidad he dejado abandonado el foro sin querer queriendo, pero realmente desearía tener tiempo para escribir más, incluso mi fanfic más largo de Inuyasha creo lo abandonaré un tiempo, este fanfic en cambio pues bien o mal sacaré sus capítulos ya que me son más fáciles de escribir, ahora bien hablando de este episodio, debo decirles que a mi parecer es de los más profundos que he hecho y aunque no es por alagarme ni nada, increíblemente mientras lo escribía estuve a punto de llorar ¿Por qué? Pues deben leerlo para comprender, pero en si, como un spoiler, habla nuevamente sobre Miku y sus sentimientos, también aparece Kaito, aunque obviamente ya saben que se apellida Shion, para que lo puedan reconocer fácilmente, de ahí, no puedo dar más detalles, y solo les doy una sincera disculpa y gracias por seguir leyéndome a pesar de todo.

    Atte.
    YokoHigurashi
    =X

    Capítulo V
    Día XX
    “Tú y yo Bajo la Lluvia”

    La mañana era fresca, parecía que iba a hacer calor en la tarde, vi el sol matutino, era de un amarillo intenso, como el vomito, tan atractivamente tentador, solo pensé para mí en que quizás hoy el día soleado no fuera tan malo.

    Las chicas caminan a la escuela hablando, sonriendo, me miran de reojo algunas, y murmuran, si me tienen miedo, eso me haría tan feliz, porque en el fondo, eso me haría a mí la dueña de su corazón.

    — ¡Buenos días Shion-kun! —oía a mis espaldas a una chica alegre, era tan común escuchar esos saludos en la mañana.

    — ¡Ah! —Hablo un chico— ¡Buenas Onohara-san! — ¡Su voz!

    — ¿Qué tal tu fin de semana? —estaba segura que era él, su voz tan repugnante era algo que no podía confundir.

    — Normal… —mire sobre mi hombro, solo para encontrarme con su sonrisa— ¡Ah! ¿Hatsune-san? —me mira con una mirada tan amigable, que no lo comprendo ¿Por qué no me tiene miedo? — ¡Buenos días!

    — ¡Buenos días Miku-chan! —dijo simultáneamente la chica a su lado, ella era compañera de mi salón, era tan extraño que ahora me viera con una sonrisa cuando varias veces había murmurado en mi contra y aún más extraño que me llamará por mi nombre— ¿Te la pasaste bien el fin de semana? —me tomo repentinamente del brazo, como si yo fuera su amiga.

    — Supongo que bien… —dije pausadamente, observando atenta su actitud.

    — ¿Bien? —soltó una risa— ¡Tienes que contármelo todo! —empezó a jalarme hacía ella— Vamos al salón ¡Nos vemos luego Shion-kun! —se despidió de él con muchos ánimos mientras me llevaba con ella, apenas nos perdimos de su vista dentro de la escuela, me soltó bruscamente para restregar su mano contra la ropa, con una desesperación tal, como si hubiera tocado algo sucio.

    Las personas son tan mentirosas, llenas de envidia y vanidades, son tan repugnantes y asquerosas, que al ver su verdadero ser no puedo evitar enamorarme de su cruel naturaleza, cuando ella me vio con esos ojos llenos de odio, cuando me golpeo en la cara, en aquel pasillo de la escuela y dijo “Conoce tu limite Hatsune-baka”, la ame tanto que quería agradecérselo, quería escupir en su cara, pero solo sonreí, para verla enrojecer de furia y correr hacia el salón.

    Después él apareció calmado, sosteniendo su maletín sobre su espalda, para ir al salón, el suyo estaba del otro lado del pasillo, pero lo vi pasar, él sonreía mientras yo solo lo observaba fijamente, mi mejilla estaba roja, ardía del hermoso recuerdo que había dejado mi compañera en ella, y cada vez ardía más ¿Cuál es mi limite? ¿Por qué existe? ¿Por qué existo? Lo pienso pero… ¡No hay respuesta!

    Entrar al salón y ver a la misma chica hablando con sus amigas, viéndome de reojo con repugnancia, mientras yo pongo mi maleta sobre el pupitre, miro hacia la ventana, el sol es cada vez más potente y la luz cubre todo el salón, esa asquerosa luz que siempre me muestra la repugnancia de nuestro ser.

    La campana suena y empiezan las clases, y así durante el transcurso del día, después de matemáticas, de literatura y geografía, entra la profesora de filosofía con su caminar tan engreídamente elegante que a veces me era fastidioso, puso su cosas sobre el estante y escribió un nombre en el pizarrón.

    — Hoy hablaremos de Nicolás Maquiavelo —no suena tan mal, había leído hace mucho sobre aquel filósofo moderno, el hablaba sobre la naturaleza del hombre y mientras la profesora hablaba de él, mis pensamientos volaban lejos.

    El ser humano tiene una historia, una vez alguien me la contó, todo empezaba con la creación de un ser perfecto, no necesitaba de nada o nadie para ser feliz, puesto ya tenía todo, era fuerte, era inteligente, era hábil, ágil, pero… era un ser vanidoso, engreído, cruel, egoísta y sumamente repugnante.

    Un ser tan perfectamente imperfecto caminaba en esta tierra, atacaba a otros, los lastimaba, puesto él pensaba que por ser perfecto todo debía ser suyo, no importaba la forma, o las circunstancias, nada se le podía ser negado, así que un día Dios se enojo y lo castigo, partiéndolo en dos, y cada mitad se pasaría buscando a la otra el resto de su vida.

    Muchos lo consideran una historia de amor, yo la llamo “La Naturaleza de la Humanidad”, esas dos partes, son el hombre y la mujer, seres crueles desde nacimiento que viven en un egoísmo total, buscando la propia perfección, que finalmente no existe.

    No importa que Dios haya dividido a ese ser tan perfecto en dos, porque no dividió sus defectos, ambas mitades se llevaron lo malo, su egolatría, su vanidad, su egoísmo, su crueldad, su mente retorcida que se cree merecedora de todo, esa actitud tan repugnante, tan asquerosa, tan grotesca que me hace babear de la emoción.

    Mi madre es un claro ejemplo de ese ser, como su marca tan dura que nunca podrá salir de mi corazón, mientras regreso a casa, camino lentamente y veo el cielo nublado, me preguntó él porque de ese cambio tan brusco en el día, siento el aire frío en mis mejillas, ya no hay dolor físico, y así empieza a llover.

    — Bueno chicos… —dijo la profesora al sonar el final de su hora— por favor hagan un ensayo sobre lo que piensan del pensamiento de Maquiavelo, nos vemos luego, espero sus tareas —con eso tomo sus cosas y se fue.

    La lluvia continuaba afuera, las pequeñas gotas y algunas marcas de granizo golpeaban las ventanas de la escuela, yo observaba la bella escena durante el almuerzo, sin levantarme de mi lugar y pensaba en cuan fatídico podía ser ese día, y ante esos pensamientos me sentía realmente alegre.

    — ¡Hey Hatsune! —se escuchaba la mano de alguien azotando contra mi pupitre mientras con voz retadora y mirada cruel se dirigía a mi— ya sabemos lo que has hecho.

    — Ya veo… —fue todo lo que dije mientras las miraba fijamente, eran 3 chicas de mi salón, la chica de la mañana, su pelo era negro como ébano, le llegaba a media espalda, otra chica era un poco llenita con pecas y pelirroja, un poco baja, la última era la que tenía su mano en mi pupitre, su pelo corto y castaño, sus ojos eran grandes y luminosos, como si supiera el triunfo en sí misma, las tres eran simplemente ridículas.

    — ¿¡Eso es todo lo que dirás!? —la chica de pelo castaño me tomo de una de mis coletas, alzándola y jalándola hacia ella, como queriéndome causar algún daño— ¿¡No sabes cuál es tu lugar aquí!? —yo solo guarde silencio mientras la observaba directo a los ojos, ella jalaba cada vez más fuerte, obligándome a levantarme, era difícil contener la risa.

    — Hoy en la mañana te estabas comportando muy amigable con Shion-san ¿No es verdad? —dijo la pecosa enana de pelo rojo— Y no intentes negarlo ¡Amaya-chan nos lo ha dicho todo! —yo seguía sin decir una palabra.

    — ¡Es cierto Hatsune! —habló por fin la de pelo negro— por eso Shion-san me ignoro a penas te vio —ya veo, ella estaba celosa de mi, un dulce sentimiento empezó a recorrer mi cuerpo.

    — ¡Vamos! —jaló más fuerte mi coleta— ¡Di algo! ¡Por un demonio! —yo solo tome su mano y la estruje fuertemente— ¡Ahhhh! —gritó, mientras se veía forzada a soltar mi cabello.

    — No quería decir nada porque quería disfrutar un poco más —dije con una leve risa, mientras la miraba aterrada— ¿Sabes? ¡Eres repugnante! Como un insecto, una cucaracha, apestosa y horrible, ¿Y sabes? Me gustas —dije eso lamiendo su mano con una sonrisa tal de pensar en la perturbación interna que se reflejaba en sus ojos.

    — ¿¡Qué le haces!? —grito la chica de pelo negro.

    — ¡Suéltala! —exclamó la pecosa, mientras me lanzaba una bofetada en la cara.

    Yo solo me sostuve la mejilla mientras las miraba con una sonrisa, ellas estaban aterrorizadas y me veían con enojo e ira, no podían soportar mi presencia, sabían que algo andaba mal, y sus acciones idiotas no terminaron ahí, lo supe cuando entre las tres me tomaron del brazo, por supuesto que no puse resistencia mientras me llevaban a través de los pasillos, y los demás observaban fijo mi expresión sonriente y ellas casi llorando.

    Abrieron la puerta del techo de la escuela, y me metieron ahí, recuerdo que dijeron algo como “No salgas de aquí nunca ¡Horrible Hatsune!”, yo me quede parada en la lluvia mientras cerraban la puerta y la atoraban, ahí vi fijamente por la pequeña ventana como bajaban corriendo los escalones y la lluvia aumentaba, un placer frío en mi piel.

    Me puse en cuclillas en el piso, y mire el cielo obscurecido que lanzaba truenos, pensaba que debía hacer mi ensayo de Maquiavelo y pensaba en algunas frases de él, ciertamente era mi filósofo favorito, porque pareciera que podía ver a través de mi, cuando hablaba del ser humano y su naturaleza, el decía: “En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que ven.”

    Yo pensaba que era así, les ciega sus pláticas sin sentido cada mañana, sus placeres, el trabajo, el amor, pero olvidaban lo realmente importante o simplemente no querían verlo, mi madre era así, nunca entendí porque me odiaba tanto, jamás entendí porque me abandono, solo sé que en el fondo todo eso me retorció, era consciente de que yo ya no era yo, yo ya no era Miku Hatsune, hace mucho que había dejado de serlo.

    — Miku ¿¡Por qué eres tan imbécil!? —yo era una pequeña niña cuando por accidente rompí la taza favorita de mamá, mi mano estaba sangrando por haber tratado de recoger los trozos— ¡Esa taza era importante! Fue de cuando me gradué ¡Idiota!

    — Mamá, yo… —decía nerviosa mientras lloraba, me agarraba mi mano que sangraba e intentaba calmar a mamá.

    — ¡No digas nada! —gritó mientras me abofeteaba la cara— ¡Me tienes harta! —dijo eso mientras salía del cuarto, yo solo me tiré al piso a llorar mientras metía la herida de mi mano en la boca, absorbiendo el doloroso sabor de la sangre, el calor de esta, el único calor que recibiría en aquel lugar, todo era tan frío, papá no estaba y mamá me odiaba, no tenía nadie en quien confiar o que me abrazara… tan solitario.

    — ¡Hatsune! ¡Hatsune! —escuchaba una voz y sentía unos brazos agitándome, me había quedado dormida en el suelo, bajo aquella lluvia.

    — Tst… —hice un quejido por el hecho de haber sido levantada de tan maravilloso sueño, y al abrir mis ojos me encontré con su cara preocupada.

    — ¿Estás bien Hatsune? —era aquel repugnante chico de pelo azul— ¡Estás ardiendo! ¿¡Cómo terminaste aquí!? —me era difícil verle, era borroso, pero estaba segura que era él.

    — Maquiavelo… —dije a penas con fuerza, fue lo primero que vino a mi mente— debo hacer un ensayo sobre él.

    — ¿Maquiavelo? —él parecía a punto de llorar, yo ya no podía mantenerme despierta, solo recuerdo sus brazos rodeándome por encima de mi ropa mojada y como estos empezaron a sostenerme.


    Tan amplios y grandes, parecían lo suficientemente fuertes como para sostenerme, y me daban un repugnante calor que nunca había sentido antes, una calidez horriblemente satisfactoria que innecesariamente me hacía sentir segura, algo que no entendía y no comprendía, pero de algún modo me hacía sentir… ¿Feliz?

    CONTINUARA...
     
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    Yoko Higurashi

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    Título:
    Un Grotesco Romance
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    1519
    Capítulo VI

    Día XXI
    “Cargas Putrefactas”​


    Yo antes no solía pelear con mamá, las cosas no siempre fueron así, aún recuerdo su sonrisa, sus mejillas se sonrojaban y sus ojos brillaban como dulces luces celestiales, yo era una niña demasiado inocente, creo que era feliz cuando mamá sonreía.


    Cuando yo me enfermaba o me lastimaba, ella estaba ahí, mi papá trabajaba constantemente y a veces no regresaba a casa pero no importaba, mamá estaba ahí, cantaba una canción, a veces la tarareaba suavemente mientras dormía, yo no decía nada pero la escuchaba, mamá era hermosa, o en ese entonces lo era.


    — ¡Idiota! —un espejo se rompe, la mano de ella azotaba contra su reflejo furiosa cuando entre a su habitación— ¡No te he dicho que no entres! Y menos cuando yo estoy aquí —recuerdo que quería dejarle una carta de regalo, pero no dije nada.


    — Lo siento… —en esa época tendría unos diez u once años, en esa época la relación de mis padres estaba deteriorada y yo ya estaba acostumbrada a verla enojada siempre.


    — ¡Sal de aquí! —gritó nuevamente mientras su mano sangraba— no me interesa verte —mis ojos se cruzaron con los de ella, tome la carta y la restregué en la sangre del piso— ¡Deja eso! ¡Vete!


    — ¿Sabes? —dije con seriedad mientras me acercaba a la puerta para salir— tu cabello esta tan repugnante como siempre —fue todo lo que dije, para ver que su cara se tornaba cada vez más furiosa.


    — ¡Que te vayas! —agarro un perfume de su tocador y lo aventó en mi cabeza— ¡Tu cara me asquea! Te pareces demasiado a tu padre —mi sangre empezó a fluir por los pedazos de vidrio que se habían incrustado en mi piel, así apreté más fuerte la carta cubierta en su sangre y sonreí.


    — ¡Gracias mamá! —dije y su mirada se mostró aterrada, fue en esa época cuando empecé a pudrirme.


    Si alguien se hubiera dado cuenta, antes de que toda la sangre y vida de aquella niña se hubiera extinguido y encerrado en una pequeña caja negra donde sería apuñalada una y otra vez, si alguien me hubiera ofrecido su calor, tal vez mi putrefacción no hubiera existido, tal vez sería capaz de sonreír y mirar el día, pero da igual, en realidad no lamento mi pasado, lo grotesca que soy es una exquisitez en mi pequeño mundo.


    — Hatsune-san… —no sabía exactamente qué hora era, pero al abrir los ojos mi cansada mirada se encontró con la suya, tan azul como la primera vez que la había visto, llena de vida y alegría.


    — ¿Tú? —dije irritada, ver a alguien cuando apenas despierto no era agradable, tampoco la luz que entraba por la ventana— ¿Qué haces aquí? —él sonreía, con unas lagrimitas en sus ojos, no de tristeza, sino más bien de cansancio, como si no hubiera dormido en toda la noche.


    — ¡Me alegro de qué estés mejor! —dijo, mientras tomaba una toalla que apenas percataba estaba en mi frente y la metía en agua fría.


    — ¿Qué hora es? —en ese momento empecé a sospechar de la situación, esa era mi casa pero… ¿Qué hacía él ahí? Lo último que recordaba era cuando estaba en el techo de la escuela, la lluvia era maravillosamente fría, me hacía sentir aquella maravillosa soledad que es imposible de ignorar, llena de los más hermosos recuerdos que pudiera tener.


    — Son las tres de la tarde —el exprimía aquella toalla para volverla a poner en mi frente— has estado dormida todo el día, realmente me preocupaste.


    — En serio… — ¿Qué era este sentimiento? Era algo extraño y desconocido.


    — Me lleve una sorpresa —él sonreía mientras hablaba— solo fui al techo de la escuela a despejarme y te vi tirada —se veía un poco nervioso, solo me levante un poco quitándome la toalla de la cara— realmente me asustaste.


    — ¿Por qué? —pregunté.


    — ¿Por qué? —saboreaba la pregunta mientras se veía que pensaba las cosas— yo vivo solo Hatsune-san —guarde silencio al ver que no respondía mi pregunta— eso es porque mis padres sufrieron un accidente automovilístico hace algún tiempo —toca su cara, echando su pelo hacía atrás— en realidad por eso me da miedo.


    — ¿Miedo? —era extraño, pero era la primera vez en mucho tiempo que una persona no me parecía repugnante.


    — No quiero que la gente siga muriendo —recargaba su mano en la cama mientras me ve— aparte que tu eres mi única amiga aquí.


    — ¿Amiga? — ¿Por qué? ¿Desde cuándo?


    — ¿Acaso no es obvio? —dice con una sonrisa mientras me ayuda a apoyarme— Hatsune-san ¡Realmente me agradas! —su sonrisa me parecía por primera vez tan grata, mientras me abrazaba— por eso quiero que nos llevemos bien —yo solo guarde silencio.


    ¿Cuánto hacía que una persona se preocupaba por mí? Era tanto tiempo que había olvidado el calor humano, este repugnante calor que poco a poco pervertía mi interior, sensaciones desconocidas naciendo y marchitándose, sangrando y vomitando todo tipo de deseos, esto es lo que llaman… ¿Amor?


    — Realmente… —musitó— ¿Podemos ser amigos?


    — ¡Por supuesto! — ¿Está bien aferrarme a alguien? ¿Está bien? Lo pienso un momento— yo pienso que estás sola Hatsune-san —su mano acariciando mi cabello, no puedo reaccionar— yo no puedo dejarte sola.


    — ¿Puedo realmente creer que siempre estarás a mi lado? —mis palabras fluyen y se retienen ¿Por qué tan amable? ¿Por qué tan brillante? ¿Por qué quiero aferrarme a él? — ¿No te arrepentirás después? — ¿Por qué quiero podrirlo? ¿Por qué quiero destruirlo?


    — No te preocupes —su sonrisa realmente era tan tontamente amable— no pienso arrepentirme.


    — ¿Aunque sea yo? —los pensamientos, las ideas y los deseos se combinaban y separaban, como las costras formándose mientras aún la sangre escurre y el dolor persiste.


    — ¡Realmente me agrada Hatsune-san! —cada vez me convencía más de esta sensación.


    Tanto tiempo estuve sola, tanto tiempo fui evitada y lastimada, poco a poco fui alejándome de todos y volviéndome lo que soy, una chica cruel, asquerosa y podrida, volviéndome repudiada y pisoteada, disfrutando el placer de lo repugnante, el placer del dolor, del asco, de odiarte.


    Me volví fría, me volví cruel, me volví orgullosa, y complaciente de mis propios deseos, todo es mejor si sufre, pensé, todo es mejor si me odian, musité, durante años, pero… ¿Por qué él es diferente? ¿Por qué no me odia? ¿Por qué me gusta? ¿Está esto realmente bien?


    Pienso que está loco, más aún… pienso que es idiota, ya no me parece repugnante, me parece puro, su sonrisa me gusta, su voz, su calor, todo de él me gusta, pero él no me gusta, creo que me he enamorado de él, por ello… ¡No puedo aceptar que sea puro!


    Si te pudres lentamente, si sufres, si solo eres mío, si piensas solo en mí, si solo me amas a mí, entonces creo que podría ser feliz, por ello, cuidaré de ti, te vigilaré, evitaré cualquier cosa que te aleje de mi, evitaré perderte, evitaré que pienses, mires o ames a otra.


    No me importa si nunca me amas, no me importa si me repudias, o te asqueo, eso ya no importa, no hay marcha atrás, porque lo que siento ahora es una gangrena que solo desaparecerá, matándome.


    ¿Serás capaz de romper tu palabra? ¿Serás capaz de dejarme atrás? ¿Realmente sabes lo que acabas de decir? Entre todas mis cadenas y pecados, creo que el amarte será el más putrefacto de todos.


    ¿Tienes dolor? ¿Te duele estar solo? Por eso te apoyas en mi, por eso me buscas y no me dejas caer en mi retorcida mente hasta morir ¿Tu me quieres? Bueno, en realidad no me importa.


    Quiéreme, ódiame, tenle lastima, o repúdiame, no me importa, nunca importará, si tratas de huir, te encontraré, si me lástimas, sonreiré, si me escupes, si me mateas, si me mutilas, siempre te veré con alegría, porque no quiero que nadie más me toque, acabe conmigo que no seas tú y cada vez que lo hagas, estarás más cerca de tu perdición, de podrirte como yo, sin nada.


    No me malinterpretes, no pienses mal, realmente lo que siento es algo fuerte, realmente quiero verte, todo momento y en todo lugar, decir tu nombre y rogar porque esto sea cierto, pero… a pesar de todo, no puedo evitar que soy, una chica sin nada, ni nadie, que no soporta la cursilería de las chicas frías, que solo soy una chica podrida.


    Tarareare canciones que te atemoricen en la noche, y marcaré en cada parte de este mundo que eres mío, lo que te guste lo tomaré para dártelo a ti, y lo que no te gusto lo ignoraré, consumiré tu interior y lo llenaré de pensamientos sobre mí.


    Tenme miedo, tenme pavor, lo disfrutare, cada centímetro de tu sudor de pánico, cada mirada furtiva y cada grito de terror que me ofrezcas, hoy me llamas tu amiga, lo acepto, pero no te arrepientas del futuro, porque pase lo que pase ya no me separaré de ti.


    No te dejaré escapar, eres mío, mío, mío, mío, mío… ¡Solo mío!

    CONTINUARÁ...
     
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    Yoko Higurashi

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    1251
    Capítulo VII

    Día 384

    “¿Nací para enamorarme de ti?”


    Ha pasado un año desde aquellos sucesos, vaya día que es hoy, a pesar de que es soleado, desde aquel momento para mí todo día es repugnante, llueva o no, haya o no tormenta, todo día está lleno de desgracias que me hacen sonreír.


    Tú me recuerdas a la pus que sale de las heridas infectadas, me recuerdas a la sangre coagulada, me haces pensar en la peste de un animal muerto, me haces sentir realmente feliz al levantarme.


    — ¡Mi tesoro! —digo felizmente al despertar y ver la pared de mi cuarto preferido, esta tan lleno de ti— ¡Buenos días! ¡¿Cómo están!? —fotos tomadas, tus envolturas vacías de paletas heladas, tus cartas, tu basura, todo tuyo y acumulado en este cuarto— ¡Ah! ¡Me hacen tan feliz! —Pegándome a la pared para saborear el olor de él, sonrío lentamente— Por favor… —susurró— ámame…


    Así empieza mi rutina de todos los días, mientras me arreglo para ir al colegio, es donde más puedo verte cariño mío, me pregunto qué vestirás hoy, me pregunto de tu aroma ¿Te abras lavado el cabello? Me preguntó si siquiera te habrás bañado hoy, con ese pensamiento relamo mis labios deseosa de verte pronto.


    Te veo desde la ventana de mi casa, saliendo camino a la escuela, salgo para alcanzarte y pararme a tu lado, vaya… ¡Me encanta tu aroma!


    — Miku-chan —me sonríes como de costumbre— ¡Buen día!


    — ¡Buenos días! —te digo fuertemente y con una sonrisa, realmente me haces muy feliz.


    Caminamos así hasta la escuela, paso a paso, hablas sobre tu salón, los partidos y tus amigos, a veces guardas silencio, a veces te rascas la mejilla cuando no sabes que decir, sueles aflojarte un poco la corbata, a veces estás mal vestido, con el cuello chueco, o un botón desabrochado o simplemente la cremallera abajo, a veces tienes residuos del desayuno en tu boca, a veces solo tienes restos saliva en la misma, todo eso… ¡Todo! Me fascina de ti.


    — Bueno Miku-chan —sonríes un poco— ¡Ten un buen día! —y así despidiéndote te vas a tu salón, mientras te observo fijamente alejándote.


    Las clases son aburridas y desesperantes, pero creo las tolero más que antes, desde aquel día deje siquiera de mostrar reacción alguna con la gente, creo prefiero prestar toda mi atención a ti, creo prefiero tenerte a ti.


    Porque cada mañana al levantarme se que ahora no estoy sola, porque te tengo a ti, porque tú eres mío, porque a nadie amo ni quiero más que a ti, porque ahora tú serás mi putrefacto mundo, tú serás aquello que más quiera, ame y lastime, eso he decidido.


    — Señorita Hatsune —llama la profesora de literatura— ¿Puede seguir leyendo?

    — Claro… —digo con una sonrisa, mientras tomo mi libro, me levanto y continúo la lectura de la clase.


    Las personas ya no me temen, pero tampoco me hablan, creo ahora son indiferentes y eso de verdad me agrada, desde ese momento deje de pensar en ellos como seres realmente repugnantes, solo los veo y sigo adelante.


    Casi siempre estoy sola, realmente sola, a la hora del almuerzo decido salir del salón hacia la azotea de la escuela, a veces me cuestiono el hecho de que no esté cerrada la entrada a la misma pero tampoco es como si realmente fuera muy importante saberlo, así que me siento a comer lentamente, a veces puedo verte desde ahí caminando con tus amigos y riendo, realmente es un pequeño placer que me doy.


    Nada puede ser mejor que esto, tú sabes que aún en la soledad siempre habrá una y miles de maneras para sonreír, a pesar de que las cosas no sean como queramos, con esa idea en mi mente continúo viviendo.


    Nunca tuve hermanos y mis padres siempre estaban ausentes en mi vida, así que no estoy acostumbrada a hablar con la gente, pero tú eres la excepción de la regla, aún cuando tu rostro se muestra difuso es un gusto para mi hablar contigo.


    — ¿Qué tal tu día Miku-chan? —preguntas cuando vamos de camino a nuestras casas.


    — ¡Muy bueno! —le digo con una sonrisa— ¿Y el tuyo Kaito-san?


    — Pues lo normal —y la vuelta que me daba en su gesto hacía qué pensará que no había una persona más valiosa para mí en este mundo que él.


    Desde ese entonces, desde nuestro primer encuentro en la semilla de este cándido y enfermizo amor he decidido que nadie te apartará de mi lado, he dado todo y cada segundo de mi tiempo, de mi vida, de mi repugnante y putrefacta alma a cuidar todo de ti.


    Si no soy yo nadie te puede amar, si no soy yo nadie puede verte, si no soy yo nadie puede tocar, si no soy yo, si no soy yo, ¡Si no soy yo! ¡Nadie! ¡Nadie! ¡Nadie! Tú no puedes amar ni querer a nadie… si no soy yo.


    ¿Tienes una nueva novia? No te apures amor que yo la asustaré, una nota de advertencia con sangre le enviaré, conjunto a fotos de ella con mi chico… “Si te atreves a seguir con él esta sangre será la tuya”, si eso no funciona, decapitaré aquello que le guste más… ¡Oh! ¿Tienes un perrito?


    Todo será por ti, este amor que siento que me pudre por dentro y me mata cada segundo será demostrado y transmitido, todo cuando pensaste y creíste, todo cuando fuiste amable y sonreíste, cuando hablaste y me viste, pagaremos el precio de este amor, cada segundo y cada mililitro de sangre ¿Lo entiendes verdad?


    Un cuarto cerrado donde habito, con mi pequeña colección de ti que aumenta cada día poco a poco, y mientras duermes observo desde mi ventana como cambias a veces con las luces prendidas por dentro de tus cortinas, ¿Qué se sentirá verte dormir? ¿Qué se sentirá tocar tu rostro? ¿Verte y besarte? Un sueño es mi amor.


    Pasarán las estaciones, algunas más repugnantes que otras, pasará el hedor repulsivo de los animales muertos que botan en la carretera, pasará mi cuerpo pudriéndose por dentro y tu sonrisa tan nauseabunda caerá en olvido, pero estos sentimientos nunca se quemarán, aún dentro de un ataúd de cementerio será grabado en mi corazón con tu última sonrisa, este sentimiento eterno.


    Si alguien puede amarte más que yo, me reiría, porque nadie puede amarte de la forma en que yo lo hago, nadie puede sentir esta suculenta quemazón de un grotesco y enfermo amor, porque a estas alturas en mi vida, llevar un romance normal, cursi y aburrido, es solo un sueño que no me satisface.


    Una chica de pelo rosa y bello rostro amable, sujeta tu brazo y un dulce beso en la mejilla antes de invitarla a tu casa, debo admitir que es muy linda querido, debo admitir que se ve tierna y dulce, lo suficiente como para pensar que es la más bella flor que hayas visto, una bella flor.


    ¿Te gusta? ¿La amas? ¿Por eso la besas aunque pueda verte desde la ventana? ¿Por eso la tomas con cariño y la miras así? ¡Dímelo! ¿Cuánto la amas? Porque ahora la tomaré y después la empacaré.


    Si este es nuestro destino, que se aten los nudos, si es nuestras penas algo más fuerte que ese amor, que todo se vaya al diablo, aún cuando dejes de sonreír o dejes de tener razón para vivir, tu eres mío y de nadie más… ¡Te amo!

    CONTINUARÁ...
     
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    Yoko Higurashi

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    Un Grotesco Romance
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    1771
    Capítulo VIII
    D
    ía 397
    “El amor es rosa”


    — ¿¡Por qué!? —mi voz resuena en las paredes de mi cuarto, rompiendo espejos y destrozando lo poco que queda de mi, jalo mi pelo y me revuelco en el piso mientras grito— ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!? —las palabras resuenan una y otra vez, y tu ventana queda abierta.


    Hace dos semanas que ya no me miras, tu sonrisa se volvió un desierto seco en que solo noto una mirada enferma de amor hacia alguien más, te hablo pero parece que mi voz ya no te afecta y pienso si realmente estamos en lo correcto, en este momento, en estos segundos… ¿No hay nada para mí?


    — Claro… —empiezo a reír, pensando que sería algo pasajero, pensando que la dejarías, pero veo con desesperación que eso no ocurrirá— ¿Por qué pensaría eso? —mi corazón se parte en pedazos y siento que no puedo respirar, realmente… ¿Era así como debía ser? ¿Nunca podré ser amada? Entonces empiezo a reír por tan tontos pensamientos y me siento en el rincón de la cama mientras cargo un peluche hecho a mano por mí de ti— tú eres mío ¿Verdad? —te sonrío y te beso, en mis sueños y en mi sangre.


    Estas dos semanas han estado agarrados de las manos, han hablado durante tres horas en promedio al día durante la escuela, ella te ha hecho el almuerzo esta última semana, y ha agregado helado de chicle, tu favorito, así mismo han ido al parque dos veces, han tenido citas seis veces, se han besado veinte veces y han estado en… ¡Odio!


    — ¡Esto es molesto! —mientras digo eso, agarro aquellas fotos tomadas por mi y empiezo a quemar su cara, tal vez sea infantil, pero es una forma de marcarte como mío— si lo quieres, si lo quieres —susurro para mi, mientras sonrío fríamente— te lo daré, pero deberás sobrevivir —después de ellos guardo las fotos en una caja y las dejo enfrente de su casa, donde ella pueda verlas, en ninguna esta ella, solo el rostro de mi amor, el rostro de él.


    Caminar en la noche es frío, pero me siento viva, siento que puedo ser yo y siento que pudiera llorar, aunque realmente no tiene sentido, solo puedo aferrarme a él, mi vida es de él y la suya es mía, porque yo no tengo nada y no puedo dar algo, solo este estancado y asqueroso amor que un día terminará por consumirnos, se llevará todo cuanto nos toque y nos quiera, en una cadena de malos sentimientos que harán que nuestra vida quede marcada en una sonrisa.


    — Hatsune… —una chica de apariencia desalineada se acerca— ¿Puedes permitirme tu informe de historia? —es la delegada, en realidad no es relevante, pero suele ser una chica muy callada y solitaria, no le prestó mucha atención.


    — Si… —trato de sonreír, pero sale una espina de la verdadera yo, lo cual hace que su expresión se atemorice mientras recibe de mis manos aquellas hojas.


    — G-gracias… —trata de mantener la compostura mientras las recibe, y casi en un arrebato las toma para caminar al siguiente pupitre.


    Llevaba tiempo que no me mostraba a mí misma, había olvidado lo bien que se sentía, el temor de la gente, su mirada tímida y fría, sus suplicas y sus ridículos llantos, había olvidado este sentimientos tan dulce, tan asqueroso, tan mío.


    — Vaya… —recargue mi frente sobre mi mano, cerré mis ojos mientras sonreía, esa sonrisa tan fea, que mostraba mi verdadero ser, reflejo del único amor que iba a ser capaz de sentir.


    — ¡Hey Miku! —una voz me llama a la salida, al verlo sonrío.


    — ¡Kaito-san! —corro con una sonrisa en el rostro, la cual se desvanece apenas deslumbro la persona que está a su lado.


    — Hola —una figura muy bella, bonita estatura, sonrisa perfecta y pelo limpio y fino, podría representar lo más repulsivo y putrefacto jamás visto en mi vida— Kaito-san me ha hablado mucho de ti — ¿¡Kaito!? ¿¡Ella lo está llamando por su nombre!?


    — Hola —mi voz se escucha seca, mientras una falsa sonrisa se dibuja— mucho gusto —hago una pequeña inclinación— mi nombre es Miku Hatsune, es un gusto conocerte… —y espero su nombre, sabía donde vivía y sabía lo que hacían, pero su nombre era algo ajeno, quizás solo sabía su apellido.


    — Ella es Luka Megurine —se apresura a hablar Kaito, con una sonrisa mientras la toma de la cintura— ella es mi novia, quería presentártela ya que para mi tu eres importante —aquellas palabras, aquello que ya sabía quebró mi corazón, casi en un grito que ahogue entre mi retorcida personalidad para fingir una sincera sonrisa.


    — ¡Felicidades! —“púdrete” fueron mis pensamientos en el fondo de mi ser, mientras me sentía perdida y era acompañada por estos dos camino a casa, me sentí realmente humillada.


    Mi voz no grito al llegar a casa, solo me senté en un rincón a observar desde la ventana como se abrazaban y se daban mimos, observe sus sonrisas y la apariencia de un apestoso y horrendo romance, entonces sentí pulsaciones y ascos, recuerdo que vomite y luego fui a la cocina a tomar algo de leche, en todo esta frustración avente el vaso con todo su contenido al piso, mientras se rompía en mil pedazos, y entre los destrozos camine, el dolor me hacía sentir bien, me hacía pensar que aún existía, que aún estaba ahí, que aún tenía esperanza, mi sangre que se combinaba con el blanco de aquel liquido me hacía recordar eventos pasados y me hacía saber que en el fondo seguía siendo aquella repugnante chica, aquella grotesca persona que no merecía ser amada por nadie, porque en el fondo ella misma sería un monstruo que destrozaría todo a su alrededor.


    — ¿Puedo hablar contigo Megurine-san? —incluso pronunciar su nombre me dificulta, me siento hastiada y molesta.


    — ¿Pasa algo Miku-chan? —su voz dulce y confianzuda, su mirada sincera y tierna… ¡Me repugna! ¡La odio!


    — Tengo algunas dudas y me preguntaba si podías ayudarme —intento fingir sinceridad, intento comportarme normal, al final es la única forma de alejarla de mi.


    — ¡Claro! —su cálida voz me hace pensar que realmente la quiero lejos, que no me toque, que no le toque, que no nos mire y que no ame a nadie, que desaparezca.


    Una persona tan pura, tan opuesta a mí, tan llena de paz y amor, de apariencia deslumbrante y amable, una sonrisa sincera y confiable, esa existencia que me hace pensar que yo no debería estar aquí, que yo no debería pudrirme como lo hago, ella que va en contra de todo lo que soy, que me mira fijo como si tuviera todas las cosas buenas del mundo, como si ella no dudará de nadie, como un amor sincero y puro, entonces pienso que realmente quisiera morir, pero dentro de este morir preferiría que ella desapareciera.


    — Megurine-san —de mis manos un filo acecha y la voy acercando a su última sonrisa, lo último que quede de ella.


    — Tú… —sus ojos se abren, parece que esta conectando los cavos sueltos de todo aquello que hice antes como advertencia hasta hoy, pero es demasiado tarde.


    Su sangre corre por el filo, su fino amor de rosa en sus cabellos se deshacen, descuartizo los trozos, piernas, brazos, dejándolo en cachos, decido enterrar lo que no necesito y el torso lo empaqueto, tuve cuidado de limpiar muy bien su pelo y maquillar su rostro para ti, que se viera tan hermosa como siempre, que fuera siempre tu amor, pero que recordarás que sin importar a quien ames, no iba a dejar que esa persona te amará y que solo te cerrarás.


    Mientras arreglo cada regalo y cada momento, mientras escucho tu risa a lo lejos e imagino la agonía que sentirás, tu corazón partiéndose en pedazos, lamo mis dedos con la sangre que quedo, antes de enviar aquel paquete, antes de escuchar tus gritos en la casa del frente, entro a la ducha y siento todo escurrir, sin quitarme la ropa todo el olor a hierro sale y me siento feliz, siento que quite un gran obstáculo entre nosotros.


    — Puede ser tan delicioso —digo a mi misma— puede ser tan asqueroso —me repito en un sinfín de palabras que suelo ver.


    Me quito las prendas y dejo que todo sea llevado por el agua, incluso las emociones que solía tener, los recuerdos buenos y los recuerdos dolorosos, el amor que ellos se sentían y su sonrisa, todo se va hasta quedar una simple imagen de lo que era, el reflejo de la cosa más horrible que este mundo pudiera tener, esa imagen que queda grabada en la mente de tus pesadillas, y me doy cuenta que realmente no hay nada para mí.


    — ¿Puede esto llevarnos a algún lugar? —deambulo por la casa con una toalla en los hombros, solo eso, mis pies descalzos que siguen rozando con pequeños trozos de vidrio que aún quedan en el piso, realmente no quisiera limpiarlos porque ese dolor me hace saber que existo, que no soy falsa.


    Camino y deambulo por la ventana, abro un poco la cortina, realmente no importa que me vean, no a estas horas en que me siento más cómoda, en que me pierdo a mí misma, y sin darme cuenta puedo dormitar, vuelvo a cerrarlas para mi disgusto, porque una imagen de una risa infantil pasó por mi mente, entonces camino un poco más y me siento en el sofá, dejando mi cuerpo fluir y hundirse, siento que todo mi peso y mi húmedo cabello me ahogan, y eso me lleva a un éxtasis en que siento agonía y siento placer.


    — Esto es lo que soy —muerdo un dedo hasta hacerlo sangrar y las pocas gotas en la obscuridad brillen mientras caen en mi lengua— no puedo negarlo.


    El amor es rosa, como el pelo de ella, es tan puro y suave como sus labios, es tan amable y tierno, lleno de esperanza que te hace desear seguir viviendo, te hace pensar que cada día vale la pena ver el sol y cada momento puede avanzar, ese tipo de amor me causa nauseas, porque no es algo que yo sea capaz de sentir.


    El amor es como una costra que se pudre, que nace de una herida, causando comezón e incomodidad, despegándose entre toda sanación, quedando algo repulsivo para los demás, pero quieras o no sigue siendo parte de ti, el amor es algo que cae y desaparece cuando esa herida sane, pero bien sabes que nuevas costras aparecerán y nunca se terminarán, ese tipo de amor es el que te ofrezco.

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    Yoko Higurashi

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    1679
    Capitulo IX
    D
    ía 428
    “Un grotesco amor”


    ¿He nacido para enamorarme de ti? Hace mucho tiempo esa pregunta nació de mi corazón, cuando supe que te amaba, cuando supe que tenías que ser mío, es por ello que a través de estas finas paredes, cuando miro tu ventana, cuando abrazo todo aquello que tengo de ti no puedo evitar susurrarlo.


    — Ámame… —entre suspiros de alegría y excitación salen aquellas palabras, se que si eres tú, se que tú, siempre, siempre, solo tú podrás amarme.


    ¿Cuándo fue la última vez que fuimos a la escuela juntos? ¿Lo recuerdas? ¿Lo sabes? Lleva un mes que no sales de tu casa, desde aquel día que te di tu pequeño obsequio, pensé que te gustaría, pensé que la atesorarías, pues claro… es a ella a quien amas después de todo.


    Siempre estaba recolectando información de tu vida amorosa, desde las chicas que estaban enamoradas de ti, hasta las chicas que te atraían… ¿Sabes cuánto me costó ahuyentarlas a todas, alejarlas de ti? ¿Qué derecho tenían de verte, de quererte? ¿Qué derecho tenían? Ellas no te necesitaban, yo sí.


    Desde esta habitación cerrada donde no entra la luz, donde nadie me necesita, donde nadie me quiere, donde fui abandonada por mis propios padres, donde soy objeto de burlas y palabrerías de personas vanas, solo tú llegaste y me buscaste, solo tú me quisiste cuando no había nadie para mi, entonces… ¿Por qué quieres volver a dejarme sola?


    Puedo arrinconarme en mi habitación, puedo ver todo lo que obtuve de ti, puedo pensar en el día en que te conocí y todo lo que vivimos para llegar a este punto, puedo saberlo, puedo sentirlo, cuando lloré en tus brazos y supe que te amaría siempre.


    Como desearía besar tu rostro en la agonía, que me vieras, que me digas, que soy la única para ti, que no pudieras mirar a nadie más y te pudrieras en mis manos, sólo para mí. Acariciar tu cabello, tus labios, tus parpados muertos, eso me haría sentir bien, una pareja formada en el infierno, tú y yo.


    Mi amor nunca será lo que tú esperas, no será lo que nadie espera, ¿Qué puede ofrecer una chica podrida como yo que nunca fue amada? ¿Qué cosa cursi puede darte? A mí los besos y abrazos, hace mucho dejaron de satisfacerme, ahora solo puede llenar mi vacío el dolor de mi corazón, sufrir y llorar, eso es todo lo que quedo en mí.


    ¿Crees que soy grotesca? ¿Es por eso que siempre tenías nuevas invitadas en tu casa? Aquella casa donde nunca me llevaste ni invitaste… ¿Son acaso más importantes que yo? Entonces… ¿Por qué? ¿Por qué? ¿¡Por qué!?


    Son tan hermosas, eran tan hermosas, no eran como yo, llenas de pensamientos repugnantes, de odio, de agonía, de placeres infernales, claro que no, ellas eran puras, dulces como flores de primavera, era por eso que las odio, que las detesto, que arrancaría nuevamente uno y cada uno de sus cabellos como pétalos sin dudarlo, después de todo, eso me dejaría ver tu rostro llorar de desesperación ¿No?


    ¿Cuánto amabas a la señorita Megurine? ¿Era realmente tan importante? Yo lo sabía, era por eso que la maté, que la empaquete y te la regale, así podrías tenerla por siempre, admirarla, perla podrirse lentamente y crear un desagradable olor, después de todo, en este mundo no hay nada que se pueda podrir.


    Hay quienes solo pueden hacerlo en muerte, querido, así como ella, que es necesario den el último suspiro para que su corazón deje de bombear y la sangre se vuelva densa y asquerosa, que el aroma atraiga a las moscas y las cucarachas para que se coman su carne lentamente mientras defecan en ella.


    Así mismo, hay gente como yo, que se puede podrir en vida y no es necesario su corazón se pare para crear el bello espectáculo de las descomposición, puesto ya no hay nada que descomponer, soy aquella cosa asquerosa que no importa cuántas veces muera, no puedo ser más asquerosa.


    Así que olvídala como yo lo hago, quema sus fotos como yo lo hago, ódiala, repúdiala, o mejor aún, ódiame a mí, no necesito tu cariño ni pureza, entiéndelo, quiero destruirte, acabar con todo aquello que te hace tú para hacerte mío, quiero quebrarte y volverte como yo, sin alma, sin espíritu.


    Cuando eso pasé, podrás hacer todo lo que quieras conmigo, podrás golpearme, escupirme o matarme, después de todo, quiero probar ese sudor de desesperación, de muerto viviente, combinarlo con mi sangre y saborearlo lentamente, quiero sea mi última cena, quiero sea lo único que me des.


    Porque te amo demasiado… quiero guardarte en paquetes… tener una colección… completa de ti.


    — ¿Por qué estas llorando? —me preguntó a mí misma mientras miro por la ventana, esa es tu linda expresión al ver mi regalo— ¡Oh! ¿Es por eso? —digo entre sonrisas mientras tomo un muñeco de ti que hice a mano y lo pongo en la pared, a lado del hacha cubierta en sangre de aquella chica de pelo rosa.


    Empiezo a clavar su cabeza con un martillo, saliendo lentamente todo el relleno, imagino que es tu sangre, imagino que cubre todo mi cuerpo, imagino que tus ojos se enchuecan por el dolor y salen, imagino tus sesos recorriendo mis dedos y eso me llena de éxtasis haciendo que esté a punto del clímax.


    Lo único que ahora oculto es la caja donde te pondré cuando sea tu funeral, se que pronto serás como yo, se que pronto de pudrirás como yo, ya estás cerca. Esa mirada que tienes es la misma que yo tuve cuando mi madre gritaba que no me quería, esa soledad que sientes es la misma que sentí cuando mis padres se divorciaron, entiendo ese dolor de perder a alguien, más aún, ellos me ignoraron y me negaron, me dejaron sola, pero no te preocupes… yo nunca te dejare solo.


    — Yo te consolaré —sonrío felizmente mientras cierro las cortinas de mi ventana, tu mirada está perdida mientras peinas el torso de la que alguna vez fue tu amada.


    Te gustan los gatos ¿Verdad? Recuerdo que una vez comentaste eso cuando íbamos de camino a casa, me hace feliz recordarlo que no puedo evitar aplaudir, no puedo evitar sonreír y llevarme al abismo de mis deseos.


    Buscó en las calles, de noche, miles de pequeños mininos y los llevó a mi casa, todos serán para ti, así que espero los disfrutes… ¡Oh! Pero sería un inconveniente en tu estado mental cuidarlos, seguro sufrirías más si te los doy vivos, así que…


    — ¡Miau~! —se escucha el grito de uno mientras le rompo las patas con un martillo y lo mato lentamente para decapitarlo, repitiendo el proceso con todos.


    — ¡Así que solo te daré sus adorables cabezas! —digo con una sonrisa y aplaudiendo, para cada día dejarte una de sus cabezas en tu puerta.


    Todo está llegando a su fin, lo sé, tu mente ya se ha quebrado, tus ojos me miran con esa locura… “Quiero matarte”, y eso me hace tan feliz, se que tu sabes que lo hice y me llena de placer ser la única en tu mente, aún cuando sostienes el cadáver de aquella mujer, cuando la peinas y la besas, el aroma de su muerte penetra tus sentidos e inevitablemente te recordara a mí.


    — ¿Quién será? —mis ojos se iluminan mientras escuchó el timbre de la puerta y me apresuro a abrirla.


    — Mi…ku —tu mirada es débil y tus manos tiemblan mientras que con una sonrisa me regalas un ramo hecho de puerros, me alegro que no sean rosas, sino las destrozaría.


    Ahora verte así, al punto de desaparecer, de que ya no exista aquel hombre puro del que me enamore, que poco a poco se está pudriendo y pronto llegará al final de todo mi trabajo, me hace pensar en el amor que sentías por aquella chica… ¿Eh? ¿Cuál chica? ¿Alguna vez existió esa chica? Nacen en mi mente aquellas preguntas.


    — ¡Pasa! —le digo con una sonrisa mientras acepto su regalo.


    Entramos a la casa, tus ojos son como los de alguien muerto y eso me satisface, si vinieras a mí de otra forma, diciendo “Te amo” o algo así, me sentiría furiosa, porque esas palabras ya no pueden hacerme feliz, nunca existieron en mi mundo, así que no sé su significado, esas cosas cursis y cliché no me dan felicidad, solo me causan repulsión.


    El hacha con que mate a Megurine está colgada, aún con su sangre y alguno de sus cabellos, en mi comedor, te quedas viéndola fijamente mientras yo solo acomodo los puerros en un florero, dándote la espalda, se lo que sucederá, tú lo sabes también ¿No es así? ¡Adelante! No me molesta.


    — ¡Tú! —escuchó a mis espaldas, como un tartamudeo, volteo al inicio sorprendida al ver que toma la misma hacha con que maté a la mujer que amaba.


    Al inicio me sorprende no que me vaya a matar, sino que esté dispuesto a combinar una sangre tan pura como era la de Megurine, con una sangre tan asquerosa como la mía, pero al final eso me hace sonreír, porque significa que él ha muerto, que le da igual sea quien sea, que él ahora es un chico podrido como yo, el chico que siempre anhele tener.


    Una sonrisa se dibuja en mi rostro cuando el encaja el arma en mi, mis ojos se llenan de lágrimas del placer, yo siempre soñé en morir, pero el suicidarme no me daría satisfacción, y no podía permitir cualquiera me matará, yo tenía que morir en manos de alguien como yo.


    — Debo confesar… —mis últimas palabras salen de mi boca—…que hasta la muerte… —lo miro fijamente, ya no le reconozco, parece solo un cuerpo vacío—… ¡Te amaré!


    Así todo se vuelve negro y soy absorbida totalmente, por fin me siento tranquila, por fin me siento en paz, muchas gracias Kaito Shion, te agradezco, por tomar mi lugar en este ciclo interminable de la putrefacción.

    FIN
     
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  13.  
    Syel

    Syel Extraña

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    Hola
    Pues primero que nada, gracias por la invitación. Me tomó un poco de tiempo leer todo, pero aún así lo hice.
    Debo decir que ver a Miku siendo una "chica podrida" me sorprendió tanto, en serio...Digamos que ella no es mi vocaloid favorito pero ver la manera en la que la manejaste en tu fic me deja sorprendido. La narración fue tan fluida y poco rebuscada que fue sencillo leer, los errores que tienes son casi nulos, donde si vi un par de incoherencias fue en este capítulo pero la verdad no se si fueron dedazos o así se escribía :/
    La cuestión fue que me gustó en general, fue tan perfecto el manejo de todos los personajes, aunque debo admitir que algunas cosas de las que hacía Miku me dejaban perplejo, por ejemplo en el primer o segundo capítulo (no recuero) cuando se lame la mano donde Kaito dejo su "sudor" o en este último donde mató al gato (no merecía morir D: )
    Sin embargo existieron otras partes en donde sentía lástima hacia ella, como lo que sufrió en su infancia, el odio y repulsión que sentían sus padres...La escena en la que ella va a ver a su madre y esta la recibe con un golpe, te juro que me dejo con una gran melancolía y un pensamiento de "¿por qué la tratan así?" Yo creo que eso tuvo GRAN repercusión en su personalidad. De verdad termine odiando a su madre.
    En cierta manera siento que Kaito también tuvo la culpa, sé que él solo le ofreció su amistad y ella lo malinterpretó por su daño psicológico que ya tenía pero si desde un principio él le hubiera aclarado su amistad pues...No sé, pienso de forma rara.
    El final, wow, no pensé que fueras a poner que la que moría era Miku, desde que escuché esta canción (ya tiene tiempo) siempre pensé que era al revés, que Miku mataba a Kaito y el que hayas puesto este final fue otra gran sorpresa que me lleve. Aún así, la "chica podrida" fue "feliz" de acabar en los brazos de "su" amado.
    Fue un enorme placer leer tu Long-fic ^^.
     
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  14.  
    VocaloidFanGirl

    VocaloidFanGirl Iniciado

    Libra
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    44
    Pluma de
    Escritora
    ¡Oh dios! Me ha encantado, muuuucho<3 No sé, me encantó como hiciste avanzar la historia, lo retorcida que es la protagonista... realmente yo me sentí muy dentro del personaje, narras muy bien y las descripciones de sus sentimientos, retorcidos y enfermos, te salen muy bien.
    De los mejores (por no decir el mejor xd) fics estilo, por así decirlo song-fic, de Vocaloid que he conocido. Dije song-fic porque, aunque cambia mucho la historia, sigue teniendo la escencia de la canción.
    ¡Machigerita-P estaría orgulloso de esto!<3
    Saludos, y espero me invites a leer más de ti pronto, tu trabajo es excelente.
     
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