[UA] Las alas perdidas [CCS][TRC]

Tema en 'CLAMP' iniciado por Lady Kyros, 12 Septiembre 2010.

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    Lady Kyros

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    [UA] Las alas perdidas [CCS][TRC]

    Título: Las alas perdidas.
    Summary: Sakura escucha de labios de su padre una antigua leyenda sobre la Guerra Mágica, donde las hadas dejaron de existir. No sospecha que aquella historia lejos está de ser un simple mito...
    Fandom: Tsubasa RESERVoir CHRoNiCLE & CardCaptor Sakura
    Tipo: Long-Fic
    Clasificación: K



    Pami y Sandritah, con mucho cariño para ustedes. :3

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    [FONT=&quot]Las alas perdidas
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    Prólogo

    Hace mucho tiempo humanos y seres mágicos convivían en completa armonía, disfrutando de una época de esplendor y prosperidad; sin embargo, el corazón de las criaturas mágicas está tan lejos de la perfección como el de los humanos. Algunas de ellas, cegadas por la envidia de que los hombres estuviesen en su misma categoría sin poseer poder alguno, planearon someterlos y reclamar el dominio del mundo humano.
    Demonios y brujas atacaron sin tregua las ciudades, devastando todo lo se hallaba en su camino, cobrando lo que aseguraban les pertenecía por derecho. Tras su paso sólo quedaban poblados incendiados, cultivos destrozados y lamentos sin consuelo.

    Al enterarse de la barbaridad cometida por los seres oscuros, ángeles y hadas acudieron en auxilio de sus hermanos humanos, entablando así la guerra más devastadora que el hombre pudiese concebir.

    Conscientes de que la fuerza de ambos bandos estaba en igualdad de condiciones, las hadas decidieron tomar una decisión que acabaría con todo el conflicto: sacrificar sus vidas para sellar los oscuros y tenebrosos poderes de sus enemigos.

    Fue así que aquellos seres de alas multicolores concentraron toda su magia en su reina, quien encerró el poder demoníaco de sus adversarios dentro de su hermoso cuerpo. Sin embargo, el esfuerzo que requería realizar ese encantamiento era demasiado para aquellas bondadosas criaturas, y su emperatriz era consciente de que no podría ser capaz de vivir y mantener bajo control aquel poder devastador.

    Con el último acoplo de sus fuerzas destinó su magia para encerrar el poder de la oscuridad en sus alas, convirtiéndolas en una hermosa estatuilla multicolor. Si un hada pierde sus alas no tiene más opción que morir, y su soberana no sería la excepción.
    A su vez, las hadas sin su reina pierden la magia, y terminan pereciendo... Presintiendo el final de su raza, los seres multicolores concentraron sus últimas fuerzas en borrar de la memoria de los humanos todo aquello relacionado con los seres mágicos o la Guerra Mágica.

    ¿Cómo podrían vivir las demás criaturas si los hombres ya no confiaban en ellas? ¿Y cómo podrían los humanos vivir tranquilamente cerca de seres que en cualquier momento podían volver a protagonizar otra terrorífica guerra? Lo mejor era vivir en el anonimato, lejos de miradas acusadoras, lejos de muestras de temor y hostilidad.

    Y así, cuando los mortales respiraron aliviados al olvidar la guerra, las hadas soltaron su último exhalo de vida.
















    Cantidad de palabras: 399


    Subiré el primer capítulo el viernes; luego seguirán cada fin de semana. Espero que sea de su agrado. =)
     
  2.  
    Pami

    Pami Guest

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    Re: [UA] Las alas perdidas [CCS][TRC]

    Awwww, se me había pasado venir a dejarte un comentario.

    Amo esta historia, en serio. Me encanta tu manera de explicar las cosas, la descripción y toooooodo <3!

    Espero nuevo capítulo, porque la verdad es que ya olvidé de qué iba realmente y este prólogo es UN prólogo *w*!
     
  3.  
    Lady Kyros

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    Re: [UA] Las alas perdidas [CCS][TRC]

    Gracias por el comentario, Pami. Se me había olvidado subir el primer capítulo, aquí va.
    Palabras: 1,201



    [FONT=&quot]I[/FONT][FONT=&quot]

    La luz del sol se filtraba por las blancas cortinas de lino, besando sus párpados. La joven, incómoda ante aquella furtiva caricia, le dio la espalda al amplio ventanal que poseía su cuarto y se dispuso a seguir con su sueño interrumpido: seres de alas multicolores revoloteaban por un verde bosque, criaturas que jamás habría llegado a imaginar deambulaban por doquier, todo parecía ser un feliz escenario... hasta que la sombra cubrió el verdor de los árboles y opacó la luz del sol; entonces aquellos personajes alados habían dejado de brillar, desvaneciéndose en la penumbra.

    —Sakura...

    La chica se cubrió la cabeza con la almohada, intentando hacer caso omiso de aquella voz amable que la llamaba. Sabía que le pediría algo que no quería hacer.

    —Sakura, cariño, despierta —insistió la voz.

    ¡Despertar! ¡Qué cosa más horrible cuando uno está acostado entre mullidos cojines y cálidos cobertores!

    —Cinco minutos más... —masculló la joven, aovillándose sobre sí.
    —Hija, te he dejado más de quince —respondió la voz, soltando una risita —. ¿O es que planeas faltar a tu primer día de escuela?

    Al parecer aquellas palabras realizaron el efecto que deseaban sobre Sakura, quien, apenas terminó de oír la frase, se levantó de su cama con una prisa excesiva. Comenzó a revolotear por la habitación como si de un canario se tratase, buscando entre sus maletas el uniforme que debía vestir y que no lograba recordar dónde había dejado. Finalmente su padre, sin dejar de esbozar una sonrisa divertida, le entregó lo que buscaba.

    —Lo tomé para plancharlo, no creo que hubieses querido ir a la nueva escuela con toda tu ropa arrugada.
    —¡Gracias, papá! ¡Eres un ángel! —exclamó la adolescente, besando a su padre en la mejilla.
    —Un ángel, ¿eh?...

    Una sombra de tristeza recorrió el semblante de aquel hombre, cuyos ojos almendrados miraban la puerta tras la cual su hija había desaparecido. A juzgar por el ruido proveniente del baño, Sakura estaba haciendo todo lo posible por recuperar el tiempo perdido y poder arreglarse para ir a la escuela.
    Cuando por fin salió del baño, su padre la miró con un nudo de emoción formándose en su garganta. Su hija se veía preciosa, bueno, en realidad siempre había sido una niña hermosa, como su madre: había sacado sus ojos, aquellas dos esmeraldas resplandecientes en su piel nívea, coronados por largas pestañas negras. Le costaba creer que sólo hace unos años la había tenido entre sus brazos por primera vez, había escuchado su llanto fuerte diciendo “¡estoy viva, papá!, ¡aquí estoy! ¡Soy tu hija!”.

    —¿Papá?

    El hombre volvió en sí ante la mirada extrañada de su hija. Ciertamente le costaba creer que ya estaba a un paso de convertirse en una adolescente, aunque su cuerpo ya lo manifestara desde hace mucho tiempo antes.

    —Touya te está esperando en el auto, él tiene sus almuerzos. ¿Podrás volver sola o quieres que te vaya a buscar después de clases? —preguntó acariciando la mejilla de su hija.
    —No te preocupes, puedo volver sola —respondió la joven con una sonrisa.
    —Si así lo quieres... —La besó en la frente—. Que tengas un buen día, cariño.

    Sakura le dedicó una tierna sonrisa a su padre antes de girar sobre sus talones e ir al encuentro de su hermano, quien ya hacía sonar impaciente la bocina.

    El trayecto a la escuela fue silencioso: los hermanos no acostumbraban a pasar mucho tiempo juntos y menos socializar cuando tenían la oportunidad. Touya era un joven de veinticuatro años que trabajaba como policía en la Jefatura Del Bosque, además de pertenecer a la Guardia de la Ciudad. Tenía el cabello negro, una piel tostada por el sol y unos ojos chocolate que hacían que las mujeres de la jefatura prácticamente se derritieran. Sakura no podía entender cómo su hermano era tan popular entre el público femenino si siempre tenía en su rostro aquella expresión dura que parecía decir que no lo molestaran.

    Touya la dejó en la puerta de la nueva escuela para luego dirigirse a su trabajo, donde le esperaba un largo día de perseguir criminales.
    Sakura sentía que su corazón dejaría de latir con cada paso que daba mientras atravesaba el umbral del Instituto Tomoeda: decenas de miradas curiosas se clavaban en su nuca sin disimulo alguno. Si no fuera porque su padre fue trasladado por cosas de trabajo, no tendría que estar viviendo junto a su hermano ni estar asistiendo a una escuela donde todos la observaban como a una extraña.
    Odiaba haber dejado su ciudad, a sus amigos, su vida... pero nunca querría que su padre se angustiase por la infelicidad que le causaba tener que abandonarlo todo por su trabajo. Finalmente, no existía un mejor padre que él y ella no quería preocuparlo.
    Y con esa mentalidad inspiró profundamente para mezclarse con los cientos de estudiantes que regresaban felices a la escuela.

    El instituto era mucho más amplio que su anterior establecimiento, los corredores estaban iluminados por los brillantes rayos del sol, el patio contaba con hermosos jardines para pasear y una enorme piscina para las clases de natación. Tal vez, después de todo, terminase gustándole la nueva escuela.




    —Bienvenidos al nuevo año escolar, durante el cual seré nuevamente su maestro tutor —anunció un joven de mirada amable y cabellos plateados.

    Los alumnos aplaudieron de felicidad al saber que seguirían bajo la tutela del profesor Yukito, gracias a quien el año anterior había estado muy lejos de ser un tedioso período de clases normales. Se preguntaban qué tipo de actividades tendría planeado realizar para el primer semestre.
    En el rincón de la sala y ajenos a todo el bullicio alegre que hacían sus compañeros, dos jóvenes entablaban una conversación en voz baja.

    —¿Qué tal tus vacaciones, Syaoran? —preguntó una chica de larga cabellera oscura y ondulada, con voz cantarina.
    —Lo de siempre, Tomoyo, entrenar sin tregua —respondió el aludido—. ¿Y tú?
    —Algo parecido... ya sabes, tengo que practicar mucho para...
    —Lo sé, lo sé. —La hizo callar llevándose el dedo a los labios—. ¿No sabes que es un secreto? Nadie debe saberlo... —le recordó.
    —Perdón, a veces lo olvido... Se llevarán una gran sorpresa, ¿verdad?

    La joven esbozó una amplia sonrisa que no logró contagiar al chico. ¿Por qué debían de entusiasmarle esas cosas?
    Volvió a su asiento justo cuando el profesor les pidió que tomaran orden. Cuando todos sus alumnos estuvieron en silencio, anunció la llegada de una nueva integrante a la clase. Al abrir la puerta todos quedaron boquiabiertos al ver a la hermosa flor de cerezo que había ingresado al salón.

    —Mi nombre es Sakura Kinomoto, mucho gusto —saludó la joven, con las mejillas sonrojadas.
    —Sakura se unirá a nosotros a partir de este momento, y espero que todos la traten bien, ¿de acuerdo? —Luego de la aprobación general de su curso, prosiguió—. Te sentarás al lado de Li, el chico que está en la esquina.

    La joven asintió y avanzó lentamente seguida por las miradas hipnotizadas de todos los chicos; sin embargo su compañero no parecía sentir lo mismo que ellos. Sakura se detuvo frente a él, inmovilizada ante la hostilidad de aquellos ojos avellanados. ¿Quién era ese sujeto? ¿Y por qué la miraba con tanto odio?

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    Lady Kyros

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    Re: [UA] Las alas perdidas [CCS][TRC]

    [FONT=&quot]II[/FONT][FONT=&quot]

    La flor de cerezo permanecía inmóvil, no sabiendo si ignorar aquella mirada de odio o salir corriendo del salón y rogarle a su padre que volviesen a casa. ¿Qué le había hecho ella a ese muchacho como para que deseara matarla con la mirada? Porque eso era claro: los ojos de Syaoran parecían estar ardiendo por deseos de matarla.
    Finalmente, el joven apartó la mirada de las asustadas esmeraldas de Sakura, seguramente al tomar conciencia del débil temblor que se había apoderado de las rodillas de la chica. Sólo le dirigió una última mirada de reojo cuando tomó asiento a su lado para luego volver el rostro contra la ventana y no desviar la vista del patio hasta que hubo terminado la clase.

    Sakura jamás había sido tan dichosa de oír el timbre que anunciaba la hora de recreo; el primer bloque de clases le pareció una eternidad... Tenía la necesidad de salir al patio a respirar aire fresco y sacar de su cabeza el tenso ambiente que existía entre su compañero y ella.

    —Te llamas Sakura, ¿verdad?

    Una voz cantarina la hizo voltearse. La pregunta la formulaba una chica de piel clara y lisa, su cabello era abundante, oscuro y ondulado, dueña de ojos amatistas. La belleza y fineza de sus facciones le recordaban a las de una muñeca de porcelana.

    —Sí, Sakura Kinomoto, encantada —respondió la flor de cerezo, dedicándole una breve reverencia.
    —El placer es mío, mi nombre es Tomoyo Daidouji. —Se presentó la amatista, dedicándole una amable sonrisa—. Eres una joven muy linda, Sakura.
    —Gracias... —La chica se ruborizó por aquellas palabras—. Tú también.
    —No como tú. Es que posees un aura tan... ¿cómo decirlo?...: ¡Brillante!
    —¿Brillante?
    —Así es, irradias pureza, brillo y bondad.
    —Tú también tienes un aura así, te ves como una chica pura e inocente.

    Tomoyo le sonrió a modo de respuesta, para luego dirigirse a Syaoran.

    —¿Tú no vas a presentarte? —Le inquirió, tomándolo por el brazo.
    —No —respondió secamente, sin apartar la mirada de la ventana.
    —Vamos, no seas tan descortés... —insistió la amatista.
    —Déjalo, no vaya a enfadarse... —pidió Sakura, temiendo que el chico volviese a dirigirle una mirada asesina.

    El joven apartó la vista de la ventana y volvió a posarla sobre el rostro de la flor de cerezo, pero esta vez, en lugar de reflejar hostilidad, parecía que inspeccionaba minuciosamente cada rasgo de la chica. Las mejillas de la adolescente rápidamente tomaron un tono rojizo que no pasó desapercibo a los ojos avellanados de Syaoran. El joven desvió la mirada de la nerviosa chica y se dirigió a Tomoyo.

    —¿Por qué debería presentarme si el profesor ya lo hizo por mí? Además, estoy seguro de que si le dirijo la palabra a esta joven, se desplomará del miedo.

    Sakura sintió como si le hubiesen arrojado un balde de agua fría y luego le hubiesen tirado la cubeta vacía sobre la cabeza.

    —No seas tonto, ¿por qué debería tenerte miedo? —rió la amatista—. Aunque si fueses un poco más caballero...
    —Soy Syaoran Li.

    La flor de cerezo quedó boquiabierta al ver la mano extendida del joven dirigida hacia ella. Fue entonces que por primera vez reparó en lo apuesto que era: ojos avellanados, piel levemente tostada, cabello chocolateado peinado en todas direcciones, y facciones varoniles que seguramente habían cautivado a más de alguna chica. Estrechó su mano torpemente, e inmediatamente sintió una corriente eléctrica recorrer su brazo y acelerar los latidos de su corazón.

    —Sakura Kinomoto —balbuceó, soltándole la mano—, encantada.

    El sonido del timbre anunciando el fin del recreo distrajo a la chica de la extraña sensación que tuvo al tocar la mano de Syaoran. A pesar de que el joven no le dirigió la palabra durante la siguiente hora de clases, el ambiente entre ellos se estaba relajando: Sakura podía respirar sin temer molestar al chico.

    Al recreo siguiente, tres chicas se acercaron a conversar con la flor de cerezo, haciéndola sentir gratamente acogida; ya no le parecía tan terrible haberse cambiado de escuela. Naoko, una chica de cabello corto y que usaba grandes gafas, fue la primera en acercarse; en seguida Rika, de cabellera corta y rostro soñador, y Chiharu, de rizos prominentes y cortos tomados en coletas, rápidamente entablaron una animada conversación con la estudiante nueva.
    Le contaron qué actividades se desarrollaban cada año, las fechas de los festivales escolares, algunos de los clubs deportivos y escolares, un poco sobre el carácter de los profesores que les hacían clases y le previnieron de ciertos compañeros que tenían fama de coquetear con cuanta chica linda se le pasase por delante. Sakura se rió un buen rato al oír las anécdotas que Chiharu le contaba acerca de las situaciones en que su novio, Yamazaki, la ponía en ridículo. Al parecer, él era uno de los chicos sobre los cuales la habían puesto alerta.
    Pero por mucha información que le entregaran del colegio, ninguna de sus nuevas amigas supo decirle algo sobre su enigmático compañero de puesto.

    —Él no suele hablar mucho... —comentó Naoko en voz baja—, lo único que sé es que practica algún tipo de arte marcial y es un gran deportista.
    —Desde que ingresó al Instituto ha ganado todas las competencias interescolares deportivas —informó Rika, haciendo memoria.
    —Con la única persona que parece tener más contacto es con Daidouji —dijo Chiharu—, llegaron juntos a la escuela. Li habla con nuestros compañeros sólo lo justo y necesario, aunque jamás ha dejado de responder cuando alguien quiere conversar con él, pero...
    —¿Pero qué? —Quiso saber Sakura, esperando que la chica no dejara la frase en el aire.
    —Pero es difícil entablar una conversación larga e insustancial con él —concluyó—. Verás, hay algo en su forma de ser que deja muy claro que no le gusta que lo molesten por cosas sin sentido.

    La flor de cerezo tuvo que reprimir una sonrisa al percatarse del parecido que guardaban su hermano y su compañero... Tal vez fuese por esa misma actitud que eran tan populares entre las mujeres.
    Siguieron conversando durante el resto del descanso sobre los demás compañeros de clase, así supo que Tomoyo era conocida por poseer un gran talento por el canto y la ejecución de varios instrumentos musicales, pero que su debilidad era la ropa de última moda. Su madre era la dueña de una famosa línea de ropa, además de ser una reconocida modelo internacional y su padre era un exitoso director de cine.

    Al terminar la jornada de clases, la joven flor de cerezo se marchaba a casa con una amplia sonrisa dibujada en los labios. Había hecho buenas amigas aquella mañana y ya tenía planes para salir con ellas a conocer la ciudad. El cielo estaba despejado, el sol brillaba en lo alto, una brisa cálida rozaba sus mejillas: era un día perfecto, ¿qué más podía pedir?

    —¿Te molesta si te acompaño?

    El corazón de Sakura pareció responder más rápido que sus pensamientos al oír aquella voz varonil. Giró sobre sus talones para quedar cara a cara con Syaoran... ¿A qué se debía aquella repentina petición? El lobito la observaba con el semblante inexpresivo, como si de sus labios no hubiese salido palabra alguna. La joven tragó saliva con dificultad, ¿de verdad él le había hecho esa pregunta?






    Cantidad de palabras: 1,213
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    Sandritah

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    Re: [UA] Las alas perdidas [CCS][TRC]

    Te aseguro que el recuerdo que tengo de esta historia es tan leve que seguramente me sorprenderás de nuevo.

    Pienso que está de más decir que adoro cuando Syaoran es así, frío e inexpresivo, que sólo dice lo justo y extremadamente necesario. Ahora bien, como siempre, cuando se le cae esa venda de frialdad es un auténtico tesoro, de esos que ya no quedan. Me gusta el comienzo, aunque espero sobre todo volver a ver el camino de regreso a casa :).
     
  6.  
    Lady Kyros

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    Re: [UA] Las alas perdidas [CCS][TRC]

    III

    Sakura permaneció en silencio, esperando algún indicio que le diera la certeza de que lo que había escuchado no fue producto de su imaginación.

    —¿Y? —preguntó el lobito algo incómodo—. ¿Puedo acompañarte a tu casa o aún me tienes miedo?

    La flor de cerezo volvió en sí al momento en que su rostro cobraba un tono escarlata.

    —Yo no te tengo miedo... —balbuceó.
    —Oh, ¿en serio? Estaba seguro de que querías salir corriendo cuando te sentaste a mi lado —se mofó.

    Sakura abrió la boca para protestar pero ningún sonido salió de ella, así que la cerró inmediatamente. ¿Por qué aquel chico se le acercaba tan amistosamente? La joven volvió a tragar con dificultad al pensar que tal vez él quería acompañarla a casa para que en el camino pudiese empujarla frente a un coche en movimiento.

    —¿Y? —volvió a preguntar, algo incómodo.
    —No me molesta en absoluto —respondió mecánicamente.
    —Bien, ¿vamos?

    Antes de que la joven pudiese protestar, el lobito había tomado los bolsos de ambos y caminaba frente a ella. Sakura apresuró el paso para alcanzarlo y caminó a su lado en silencio.
    Decenas de veces intentó romper el incómodo silencio que los envolvía, pero cerraba la boca al no encontrar algún tema de conversación que no fuese insustancial. Se preguntaba de qué hablarían él y Tomoyo, o quizás...

    —¿Tomoyo es tu novia?

    Syaoran se detuvo bruscamente, con los ojos como platos. Sakura caminó un par de pasos antes de comprender que la pregunta la había formulado en voz alta y se giró sobre sus talones para observar el rostro perplejo del lobito.

    —¿A qué viene esa pregunta? —inquirió, aún extrañado.
    —Yo... ¡Perdona! —La chica bajó la cabeza en modo de disculpa—. Sólo me preguntaba por qué siempre están juntos, o al menos eso es lo que me dijeron... —balbuceó, con las mejillas encendidas.

    Entonces presenció algo que jamás esperó ver: a Syaoran estallando en carcajadas. El corazón de la flor de cerezo comenzó a latir rápidamente al oír aquella risa cristalina y al observar aquella sonrisa deslumbrante que se apoderaba del hermoso rostro del chico.

    —¡Qué inocente eres! Tomoyo y yo sólo somos amigos desde hace tiempo.
    —Ah. —Fue lo único que pudo articular la joven, aún encandilada por la sonrisa del lobito.

    Prosiguieron con su trayecto en silencio, pero ya no era tan incómodo. Syaoran todavía seguía pensando con diversión en la pregunta de la chica, mientras ella no se explicaba cómo había sido tan tonta como para decirla en voz alta.
    Y esta vez fue Sakura quien se detuvo bruscamente. El chico se volteó para encontrarse con el pálido rostro de la joven.

    —¡No vayas a pensar que te lo pregunté porque me gustas o algo así! —exclamó, pálida del susto.

    El joven parpadeó extrañado antes de esbozar una sonrisa triste.

    —¿Eso no sería verdad? —preguntó con voz aterciopelada, acortando la distancia entre ellos—. ¿Yo no podría gustarte?

    La flor de cerezo podía sentir el cálido aliento del lobito en su mejilla, perdida en sus ojos avellanados a escasos cinco centímetros de su rostro. Él acarició su mejilla, transmitiéndole una nueva descarga eléctrica que recorrió todo su cuerpo... Ella se sentía desfallecer, estaba perdiendo la noción de dónde estaba, de quién era; el tenerlo tan cerca opacaba sus sentidos, tan sólo quería estar un poco más cerca y así poder...

    —¡Aléjate de ella!

    Aquella voz tan familiar la trajo de vuelta a la realidad. Touya se encontraba a un par de metros de ellos, clavándole una mirada asesina a Syaoran, quien se la respondía con igual fiereza. A Sakura le entró un ataque de pánico al comprender qué es lo que su hermano había visto y cómo lo había interpretado. Ambos jóvenes se miraban con completa hostilidad, y la adolescente temió que fueran a abalanzarse el uno contra el otro. Para detener lo que ella preveía como un desagradable encuentro, se dirigió hacia el lobito, quitándole su bolso de las manos.

    —Gracias por acompañarme, nos vemos mañana —se despidió, besándole la mejilla.

    Syaoran quedó de una pieza ante el gesto de la joven, mientras el rostro de Touya pasó del odio a la alarma.
    La flor de cerezo se reunió con su hermano y lo jaló del brazo para sacarlo de la escena del conflicto, deseando con todas sus fuerzas que olvidara el incidente.
    ***​


    —¿Dónde te habías metido?

    Tomoyo lo interceptó apenas avanzó un par de cuadras camino a su casa. Parecía realmente molesta.

    —¿Estuviste molestando a Sakura? ¡Sabes que no...!
    —No la molesté, ¿está bien? —La cortó con irritación—. Tú querías que fuera más caballeroso y lo fui, ¿feliz?

    Syaoran prosiguió con su camino sin tomar en cuenta las protestas de la amatista. ¿En qué estaba pensando al haber acompañado a aquella chica? ¿Por qué jugó a seducirla sin motivo alguno? Estaba actuando de un modo que no era común en él, pero que igualmente le salía natural... Tal vez, pensó, se debiese a que ella había sido la primera persona que le dijese que no le tenía miedo; la primera persona que lo trataba como a alguien normal.
    “Yo no quiero ser normal”, masculló para sus adentros, mientras apretaba los dientes con fuerza. Quería convencerse de que sólo se había tratado de un momento de debilidad, pero que no volvería a suceder... ¿qué importancia podía tener lo que esa niña pensara de él? ¡Que le tuviera miedo si así lo quería!

    Ya en su cuarto se arrojó sobre su cama para intentar alejar de sus pensamientos lo que había ocurrido aquél día... Aunque no podía olvidar la sensación de alerta que inundaba sus sentidos cuando aquel hombre apareció para separarlo de Sakura. Sonrió. Tal vez, si seguía cortejando a la chica, tuviese una oportunidad de pelear con él. Se moría de ganas de clavarle el puño en la cara.






    Cantidad de palabras: 971
    ¡Qué pocas! x,D

    El próximo es más largo, creo. =/
    Por si acaso, al inicio de la historia las personalidades de Syaoran y Sakura serán como los de CCS. :3 Luego cambiarán, jejeje.
     
  7.  
    Sandritah

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    Re: [UA] Las alas perdidas [CCS][TRC]

    AMO la parte en que Sakura le dice que no le gusta, pálida del susto, y él se lanza a seducir sin pensarlo. No es que me gusten los hombres dominantes y eso, pero Syaoran tiene algo que te llama la atención y que te hace quererlo pese a todo. Además, terminará convirtiéndose en un terroncito de miel, lo sé :o!
     
  8.  
    Lady Kyros

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    [UA] Las alas perdidas [CCS][TRC]
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    Re: [UA] Las alas perdidas [CCS][TRC]

    Cantidad de palabras: 1,097




    IV

    Una vez en su casa, Sakura subió como un rayo las escaleras y se dirigió a su habitación. Quería evitar a toda costa las preguntas que su hermano seguramente iba a formularle, aunque era consciente de que no podría huir por siempre. Touya no le había dirigido la palabra en todo el trayecto a casa, pero aún conservaba la expresión de odio grabada en el rostro... ¿Tan grave había sido lo que ocurrió como para que su hermano reaccionara de esa manera?

    La flor de cerezo se desprendía de su uniforme nerviosamente sin dejar de echar miradas furtivas en dirección a la puerta cerrada de su dormitorio, deseando con todas sus fuerzas que Touya no decidiera ir a cuestionarla fuera del alcance protector de su padre. Al menos él podría detener el interrogatorio al ver lo incómoda que se sentiría Sakura.

    El ruido de un motor deteniéndose bajo su ventana le indicó que su padre ya había regresado del trabajo y, lejos de sentir el alivio esperado, el pánico se apoderó de ella. ¿Y si Touya le contaba lo que había visto? ¿Qué diría su padre? Seguramente se alarmaría al creer que su niñita había sido sorprendida coqueteando con un desconocido.





    —¿Estás seguro de lo que me dices, Touya?

    El semblante del señor Kinomoto reflejaba preocupación ante lo que acababa de escuchar. El apuesto policía asintió lentamente. Aquello que temían desde hacía ya bastante tiempo parecía haberse materializado frente a ellos de manera silenciosa y sorpresiva... El tiempo estaba en su contra, y ahora factores con los que contaban los habían abandonado.

    Fujitaka Kinomoto suspiró abatido, ¿cuánto tiempo más podrían seguir fingiendo? ¿Cuándo la verdad sería revelada? Se estremeció sólo al pensar que Sakura se enterase de su secreto, no creía que pudiese perdonarlo por su traición; sin embargo, debía ser capaz de seguir con la farsa durante algún tiempo más, y evitar a toda costa que alguien la lastimase... Su hija, su hermosa flor de cerezo...

    —Tranquilo, la protegeremos. —Sintió la mano de su hijo apoyarse en su hombro derecho, mientras su voz profunda intentaba darle consuelo—. No dejaré que nadie le haga daño.

    Su padre le dirigió una mirada cansada, inundada de un enorme pesar. Touya podía ver su rostro reflejarse en aquel iris almendrado de su padre, sintiendo que a él también se le acababan las fuerzas para seguir sosteniendo todo aquel montaje de su vida.

    —Lo estamos haciendo por su bien, ¿verdad?

    La voz de Fujitaka se oyó débil y quebradiza, como si estuviera a punto de romper en llanto. Touya tardó unos momentos en contestar, haciendo acoplo de las fuerzas que le quedaban para fingir serenidad y no alarmar a su padre.

    —Sí, todo es por su bien.

    O al menos eso era lo que quería creer.




    Sakura bajó las escaleras con el mayor sigilo posible, deseando con toda su alma que no hubiese nadie en la cocina a esas horas de la noche. Se había rehusado a bajar a cenar cuando su padre la llamó, no se sentía capaz de afrontarlo en aquellos momentos...; pero ahora su cuerpo clamaba por alimento, así que no le quedó más alternativa que bajar y comer lo que encontrase en la cocina.

    Caminaba lentamente, poniéndose en estado de alerta ante cualquier sonido extraño en el piso de arriba, pero para su alivio no parecía haber despertado a nadie. Suspiró ya más relajada al alcanzar la puerta de la cocina y encendió la luz para no tropezar con alguna silla. Entonces una voz masculina habló a sus espaldas, erizándole el vello de la nuca:

    —¿Son éstas horas de merodear por la casa como una ladrona?

    Touya estaba sentado detrás de ella, seguramente esperándola. Sabía que su hermana no había comido desde que llegó de vuelta del colegio, y eso había ocurrido hacía más de diez horas. Sakura nunca había sido buena para permanecer largos períodos sin comer, especialmente cuando se trataba de una cena cocinada por su padre.

    Los ojos esmeraldas de la chica se clavaron en el suelo, como si esperara que dibujada en las baldosas de la cocina se hallara una respuesta adecuada que darle a su hermano. Se sentía como un imputado antes de ser interrogado por un fiscal. La voz profunda de su hermano volvió a romper el silencio de la noche.

    —¿Qué sabes de ese mocoso?
    —¡No llames a Syaoran así! —exclamó la joven sin poder contenerse. Touya sonrió triunfante.
    —¿Así que el nombre de ese niñato es Syaoran? Mañana le pediré a los del cuartel que investiguen su hoja de vida y la de su familia —mencionó con malicia—. Así tal vez encuentre alguna excusa para ponerle las manos encima.

    Sakura abrió los ojos como platos al mismo tiempo que sentía que le arrojaban un balde de agua fría. Su hermano la miraba con una sonrisa burlona dibujada en sus labios, mientras en sus ojos color chocolate se asomaba un brillo de malvada diversión. Su hermana se había quedado de una pieza, olvidándose incluso de respirar; el color había abandonado sus mejillas dándole el aspecto de quien acaba de ver un fantasma.

    —Tranquila, respira. —La flor de cerezo obedeció en el acto, pero aún lucía extremadamente pálida—. No le haré daño, sólo quiero asegurarme de con quién te juntas...

    La niña parpadeó perpleja; era la primera vez que su hermano daba muestras de preocuparse por ella. Siempre se la pasaba empujándola y poniéndole sobrenombres o burlándose de sus fallidos intentos de cocinar. Nunca antes lo había visto actuar como lo estaba haciendo ahora, y era consciente de que a él le resultaba tan incómodo hacerlo como a ella aceptarlo.

    —Hay algo que debo decirte —confesó por fin el policía—. Algo que mi padre no se atreve a decirte, pero yo creo que ya es hora de que lo sepas... —añadió, removiéndose nervioso en su silla.

    Si antes se había sorprendido de la actitud de su hermano, ahora se encontraba boquiabierta ante la repentina confianza que parecía haber despertado en aquel joven moreno.
    Estudió cada una de sus facciones, desde la amplia frente cubierta por mechones de cabellos despeinados, bajando por aquellos ojos chocolates que la miraban con una expresión indescifrable, hasta su firme mandíbula, que ahora permanecía tensa. ¿Se trataría todo aquello de una broma? ¿Qué podría decirle que su padre no se hubiese atrevido?

    Touya seguía observándola con el semblante inexpresivo, a la espera de alguna reacción por parte de su hermana; sin embargo, al no haberla, decidió romper el incómodo silencio que había caído sobre ellos.

    —No queremos que te juntes con ese chico.
     
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    Sandritah

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    Re: [UA] Las alas perdidas [CCS][TRC]

    Y yo no quiero que me dejes así. Siempre, siempre dejas los capítulos en la mejor parte, ¿y sabes lo mucho que me frustra no poder recordar qué va a pasar? Ahora quiero volver a leer la historia de Syaoran, una y otra vez, y otra vez, y seguir sorprendiéndome con lo que tengas que mostrar :3.
     
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    Pami

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    /me la aferra de los hombros y la sacude con fuerza.

    ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué no debe de juntarse con Syaoran?!
    Explícanos ;__;!

    Estuve leyéndolo nuevamente y, joder, que debes de sacarnos de nuestra miseria y conocer el porqué le esconden algo y el porqué todo.

    Lady, te perseguiré con un hacha en la mano :D
     
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    Lady Kyros

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    Quería reescribir este Long-Fic como un original, pero hasta que no tenga la idea y los personajes diseñados subiré los capítulos que llevo en cuanto les eche una miradita.

    No deben juntarse porque él es sólo de Pami. °-°
     
  12.  
    Lady Kyros

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    Título:
    [UA] Las alas perdidas [CCS][TRC]
    Total de capítulos:
    6
     
    Palabras:
    1238
    V

    La mente de Sakura funcionaba a mil por hora. ¿Por qué Syaoran despertaba tanta desconfianza en su hermano? El tono que había empleado para decirle que se alejara de él jamás lo había oído en sus labios. Una voz cargada de odio, de rencor... ¿Qué era lo que su compañero le había hecho?

    —¿Perdón? —preguntó con tono burlón, intentando parecer calmada—. No tienes derecho a decirme con quién puedo estar o no.
    —Sakura, ese chico es peligroso...: ¡sólo mírate! —bramó encolerizado.

    La joven aún no podía comprender de qué hablaba su hermano. ¿Ahora era culpa de ella que no pudiese acercarse a Li?
    Touya se levantó de su asiento y comenzó a dar vueltas alrededor de la cocina, como si intentara calmarse. La flor de cerezo se encogió ante la ferocidad de su mirada; nunca le había visto tan enojado.

    —¿Es que no entiendes? —inquirió al fin, tratando de controlar el tono de su voz—. Papá se niega a aceptarlo, pero ya es tiempo de que te des cuenta de lo que pasa. Ese mocoso te buscó para que tú le entregues algo que él quiere..., ¡algo que todos los chicos quieren de ti, Sakura!
    —N-no entiendo... —La chica ya comenzaba a inquietarse al ver así a su hermano
    —Ya no eres una niña... ¡Ya no te miran como a una niña!

    Los ojos de Touya se encontraron con las esmeraldas de su hermana, y Sakura sintió que se le encogía el corazón al ver cuánta angustia se reflejaba en ellos.
    El policía la aferró por los hombros y la acercó más a sí, como si quisiese darle a entender que no permitiría que algún chico se le acercase. En una fracción de segundo su apuesto rostro se transformó en el vivo reflejo de la desesperación.

    —No quiero que nada malo te pase... —Su voz era ahora apenas un susurro—. Ni te imaginas cómo me duele pensar que algún día vendrá algún mocoso impertinente que te hará sufrir...
    —Touya...
    —No digas nada, no puedes entender cómo me siento... Soy tu hermano —comentó con una risa amarga—, pero te he cuidado durante... toda tu vida.

    Sakura sintió repentinamente un gran afecto por su hermano; lo amaba tanto como a su padre, tanto como amaría a su madre si aún viviera. Pero no podía permitir que la alejara de sus compañeros simplemente porque fueran hombres; tenía claro que no sería sólo con Syaoran aquella antipatía, sino con cualquier otro chico.

    —Touya, tú sabes que sé cuidarme bien, ¿no? —Tomó suavemente el mentón de su hermano y lo obligó a levantar la vista para mirarla a los ojos—. Tú me enseñaste a protegerme, ¿lo recuerdas?

    Le regaló una sonrisa llena de gratitud, y luego lo abrazó con ternura. Touya permaneció inmóvil al principio, pero luego cedió ante la conmovedora escena y le devolvió el gesto a su hermana.

    —Eres un monstruito que me va a volver loco, ¿lo sabías? —Sakura soltó una risa traviesa—. Lo digo en serio.
    —Pero... ¿me dejarás seguir conversando con Syaoran? —preguntó, sin atreverse a mirar a su hermano.
    —De acuerdo —respondió tras unos segundos de incómodo silencio—, pero debes prometerme que me dirás si te hace daño o te presiona o...
    —Tranquilo, tranquilo —lo cortó soltando una nueva risita—, te mantendré informado si me prometes no montarme un espectáculo.

    El policía le acarició la cabeza, despeinando los cabellos castaños de su hermana. Acto seguido la alejó suavemente de sí y le recalentó la cena que había cocinado su padre. Sakura la devoró como si no hubiese probado antes algo tan delicioso: amaba la comida preparada por su padre.

    —Y ahora te vas a dormir, trata de no levantarte tarde y luego de la escuela debes venir directo a la casa. —La flor de cerezo puso los ojos en blanco—. No lo digo por el mocoso ese, sino porque hay una sorpresa que quiero mostrarte. Mía y de papá. Buenas noches.

    Touya subió las escaleras antes de que Sakura pudiese preguntarle más acerca de la misteriosa sorpresa, por lo cual dudaba conciliar rápidamente el sueño: su mente vagaría por rumbos desconocidos para intentar descubrir qué se traían entre manos su padre y su hermano.




    Syaoran se comportó al igual que el primer día: sin dirigirle siquiera un cordial “buenos días”. Sakura se sentía realmente estúpida al recordar la cercanía que habían tenido la tarde anterior; secretamente –y se maldecía por ello- albergaba la esperanza de que aquel encuentro volviese a repetirse aquel día, sin interrupciones. Sus nuevas amigas le informaron que el profesor Yukito había planificado una excursión a la playa para festejar el inicio del nuevo año escolar; a ninguna de ellas le pasó desapercibida la repentina emoción que iluminó el rostro de la flor de cerezo cuando le aseguraron que su compañero de puesto jamás se perdía ese tipo de actividades.
    La jornada transcurrió tranquila y repleta de risas al conocer a Yamazaki, quien estuvo a punto de convencerla de que el Parque Pingüino de la ciudad se llamaba así en honor a su diseñador: un pingüino real que era mascota del alcalde.
    Al finalizar la escuela Sakura se puso unos patines que había sacado de su casa para no perder el tiempo en regresar. Tan deprisa salió que no se percató del fallido intento de su enigmático compañero por interceptarla como el día anterior. Syaoran golpeó la pared con su puño: aquel día no podría provocar al hermano de la chica para tener una pelea..., necesitaba descargar la energía acumulada en su cuerpo.

    Tenía que pelear con alguien.



    —¡Ya llegué! —gritó Sakura entre jadeos.

    El camino de regreso le había parecido eterno, sin embargo logró recorrerlo en breves minutos. Estaba ansiosa para ver de qué sorpresa la hablaba Touya.

    —Sí que estás animada, monstruo.

    La flor de cerezo levantó la vista hacia su hermano, sorprendiéndose de hallarlo en casa cuando se suponía que estaba de guardia.

    —Pedí permiso para salir —explicó al ver la expresión de perplejidad de su hermana—. Hoy es un día muy especial.
    —¿Todos listos? —preguntó Fujitaka bajando las escaleras.

    Sakura se sorprendió al ver a su padre ataviado tan elegantemente, con traje de tela negro, deslumbrante camisa blanca y corbata azul marino; nunca vestía de esa manera, siempre optaba por ropa cómoda pero formal. Ninguno de los dos le dio tiempo de preguntar y antes de que se diese cuenta ya estaba en el auto rumbo a quién sabía dónde.
    Viajaron alrededor de un cuarto de hora antes de detenerse frente a lo que parecía ser una pintoresca cafetería fuera de la cual se congregaba un grupo de unas quince personas, algunas de ellas con cámaras.

    —¿Qué sucede? —preguntó la flor de cerezo sin entender nada de lo que ocurría fuera del auto.
    —Voy a realizar uno de mis sueños —respondió su padre, conteniendo el entusiasmo—. Te presento el nuevo Café Clow.

    La joven apenas podía creer lo que veía y oía: ¡su padre al fin se había decidido a abrir una cafetería! Sakura costosamente podía respirar por la emoción mientras acompañaba a su padre y hermano hacia la puerta del establecimiento, la cual estaba antecedida por un gran lazo rojo. El flash de pares de cámaras sonó casi al unísono cuando la cinta fue cortada por la mitad por el orgulloso dueño del Clow.
     
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  1. Lady Kyros
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