[U/A] One-Short Milagro Navideño [KikxInu]

Tema en 'Fanfics Abandonados de Inuyasha Ranma y Rinne' iniciado por Aglicht, 28 Noviembre 2010.

Estado del tema:
No se permiten más respuestas.
  1.  
    Aglicht

    Aglicht Usuario común

    Leo
    Miembro desde:
    10 Octubre 2008
    Mensajes:
    444
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    [U/A] One-Short Milagro Navideño [KikxInu]
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    6612
    Hola ya se no he publicado mis caps y ya estoy con esto, sorry me metí a dos concursos gané el segundo lugar en relatar una tristeza mía, y bueno éste escrito es de otro concurso del q aún espero respuesta, espero les guste y ehm ya prometo q no me atraso más :D jejeje aún no es navidad pero me dieron ganas de publicarlo jeje aquí va extremadamente largo jeje

    Uhm los recuerdos o flash back están en cursiva y entre comillas :)

    Milagro Navideño​

    El mes decembrino se estaba acercando, con todo y su bullicio fiestero algunas tiendas anunciando pinos, esferas, ofertas de juguetes, ropa y hasta vinos para el gran día.

    Toda la ciudad se empieza a teñir de verde, rojo, blanco y colores brillantes alusivos a la fecha, hasta la misma naturaleza parecía ponerse de acuerdo con el mes...

    Diciembre...El mes más nostálgico para mí... Y no es que yo sea el Grinch en persona, simplemente no puedo evitar llenarme de melancolía.

    En mi trabajo medio mundo me pregunta ¿Pones árbol? ¿Cenarás con tu familia? Respondo que sí, cuando sé muy bien que la pasaré trabajando la mitad de ese día, y el resto viendo televisión o ahogándome en los recuerdos...

    Y es que sé muy bien que estoy sola, no tengo familia y la que tengo no llevamos una buena relación, debo admitir que ha sido culpa mía, desde que lo perdí me volví amarga y cerré las puertas a todo lo que me rodeaba.

    Miro su fotografía y me vienen a la mente todos tus recuerdos, desde el día en que te conocí hasta el día en que te perdí...

    10 de Diciembre un día más al trabajo, la misma rutina diaria, en un lugar en el que jamás pensé estar, pero en estos últimos cuatro años se ha convertido en mi refugio para huir de tus fantasmas...

    —Kikyo-Me dice la jefa—Hoy te presentaré un nuevo elemento, estará contigo por dos semanas para que lo instruyas.

    Asentí y ví al susodicho, un hombre joven de unos veintisiete años alto, y con apariencia fuerte-"Bien"-Pienso al verlo ya que al menos no será difícil que se adapte al trabajo rudo de ésta tienda.

    —Hola—Le digo y sonrío al ver partir a la jefa-Soy Kikyo, y bueno ¿Te llamas?

    —Onigumo—Me dice el chico.

    —Bien Onigumo, espero no se te haga pesado, ven vamos te enseñaré nuestra área...

    Si algo aprendí en estos medios fue que debía mostrar mi mejor cara cada día de mi vida, sin importar de qué humor viniera, ya que la atención a los clientes era primero, antes que nada.

    Faltando pocos días para el gran día, veía a todos mis compañeros comentar lo que gastarían en sus quincenas, regalos, cenas, vinos, árboles...reuniones familiares, ya estaba acostumbrada, cuatro años en el mismo ambiente...

    -Tú nunca dices nada sobre navidad-Me dijo mi "alumno"-¿Acaso no haces nada?

    —No, navidad es una fecha que no me agrada tanto...

    —Cálmate Grinch—Se rió de mí.

    —No porque me veas de verde me llames así—Le bromeé—En serio navidad es muy melancólica para mí...

    —¿Y eso?

    No sé en qué momento comencé a recordar sus palabras...

    "—Mi amor nuestra primer navidad juntos será la mejor—Me dijo al abrazarme y yo le miré confundida—Será la mejor porque estaremos debajo del muérdago y te daré un beso.

    —¿Necesitas el muérdago para besarme?—Dije sin comprender.

    —Ay mi vida, es que de donde vengo si estás debajo del muérdago debes besar a la persona que esté a tu lado, y eso será lo mejor para mí porque estarás tú—Me abrazó.

    —No necesitas el muérdago para besarme—Dije sonriendo mientras lo besaba..."

    —¿Kikyo, estás, estás...bien?—Dijo Onigumo.

    —Inuyasha—Susurré sin querer, reaccioné después tras el llamado de mi compañero, no me había dado cuenta yo tenía los ojos vidriosos.

    —¿Te sientes bien?—Me volvió a preguntar.

    —Sí, claro—Me repuse de mi recuerdo—Sigamos en lo del trabajo.

    —Claro—Me dijo mi ayudante.

    Seguimos trabajando en silencio hasta que acabó mi turno, y antes de irme...

    —Discúlpame—Me dijo Onigumo.

    —¿De qué?

    —No debí preguntarte de más—Apenado.

    —Descuida, cada quien guarda sus cruces—Sonreí y me fui a casa.

    No me urgía salir, el trabajo era mi desahogo pero no se permitía excederme de horario, llegaría a casa en 20 minutos, para después sumergirme en mi mundo rodeado de soledad y recuerdos, y aunque saliera a dar mis caminatas por la ciudad, su recuerdo me invadía...

    Llegué a la entrada vi a un hombre joven, alto de cabello castaño y ojos cafés—Buenas tardes ¿Va a entrar?—Pregunté puesto que vivo en un condominio de pequeños apartamentos.

    —Sí, gracias—Me respondió.

    Entré y dejé la puerta abierta, antes de entrar vería la correspondencia, más gastos agua, luz, teléfono...

    —Disculpa, ¿Conoces a ésta chica, se llama Kikyo Alcázar?—Me mostró una foto, que extraño era mi foto, donde yo tenía dieciséis años si no mal recuerdo, pero esa foto sólo se la di a...

    —Soy yo, ¿Quién eres?—Pregunté espectante.

    —Que suerte—Me abrazó, yo me quedé congelada pero lo aparté de mí.

    —¿Qué quieres?

    —¿Podemos hablar en tu casa? Debo decirte algo muy importante.

    —Que sea aquí—Dije desconfiada.

    —Por favor, es sobre Inuyasha.

    —Está bien, dime ¿Quién demonios eres de una buena vez ok?—Dije molesta y extrañada, para que un desconido me hablara de Inuyasha...

    —Soy Miroku Hyde, mejor amigo de Inuyasha y esposo de Sango, en verdad es importante y urgente lo que debo decirte de él.

    Lo hice pasar a la sala de mi pequeño apartamento—¿Qué pasa con Inuyasha?—Dije sin tacto.

    —Primero quisiera saber ¿Sientes todavía algo por Inuyasha?

    —¿Eso importa?—Dije extrañada.

    —Un poco.

    —No pienso contarte mi vida personal ok.

    —Bien—Sonrió yo no supe porqué hasta que vi que justo en medio del juego de entretenimiento puse varias fotos de Inuyasha y nuestro pasado.

    —Ya dime lo que tengas que decir ahora ok, no me gusta que invadan mi espacio.

    —Te pareces un poco a él en sus acciones, y palabras, no cabe duda no se acaba el amor sólo por decir adiós—Dijo sonriente.

    —¿Me dirás ya lo que tienes que decirme o seguirás con tus frases estúpidas?—Me molesté.

    —Ok ya es serio, Kikyo Inuyasha te necesita...

    Lo que me contó y me mostró me dejó helada, pero con una sola misión...

    —¿Podré contar contigo?—Me preguntó Miroku.

    —¿Cómo puedo irme? No tengo visa y sé que es un viaje largo, además mi trabajo, aunque eso yo lo puedo solucionar—Dije.

    —Ocúpate de tu trabajo, yo me ocuparé de la visa—Me dijo.

    Así lo hice, no esperé demasiado justo esa tarde me llevé los resultados clínicos de Inuyasha y se los mostré al jefe de recursos y después al gerente, por la gravedad del asunto dijeron que podría tomarme un mes completo para atender a mi enfermo, pero expliqué la ubicación.

    —¿Entonces quieres un traslado de tienda?—Me dijo el gerente.

    —Si se pudiera...—Dije mientras recordaba las veces que me ofrecían esas ofertas y yo las negaba.

    —El último traslado fue hace tres meses debemos esperar siquiera medio año—Me dijo—Es decir tres meses más...

    —Entiendo—Daría las gracias entonces...

    Di mi renuncia, aunque eso sí me dijeron que podría regresar cuando quisiera, no me preocupaba el desempleo, todo ese tiempo hice mi ahorro.

    Al día siguiente Miroku me dio la supuesta visa, y me dirigí a donde se supone estará Inuyasha, postrado en una cama y enfermo, ¿Cómo he sido capaz de renunciar a todo sólo por él? Si él no renunció a nada por mí...al contrario me sacrificó a mí por sus sueños...

    "—Volveré, ya lo verás, traeré mucho dinero para estar contigo y cumplir nuestros sueños—Me dijo al marcharse.

    —No necesito que ganes demasiado dinero, todo lo podemos lograr aquí y sin tantos riesgos yo no quiero perderte Inuyasha-Le dije pensando en los peligros que correría con el viaje, el desierto, el río y muchas cosas más.

    Me miró sintiéndose culpable conocía el porqué de esa mirada, suspiré profundamente—Te deseo mucha suerte—Fue lo último que dije—No te obligaré jamás a hacer algo que no quieras, y si eso quieres lo acepto entonces..."

    Llegamos a Montana, por suerte no hubo problemas en el aeropuerto, me preguntaba ¿Cómo Miroku sacó visa de un día para otro? Estados Unidos es un país muy estricto y el trámite de visa tarda meses o años.

    —Trabajo para un embajador muy importante, por eso no hubo problemas con tus papeles—Me dijo de repente, pero respondió mi pregunta.

    —Ah...

    —Inuyasha me dijo que eres muy alegre—Me dijo mientras conducía a la casa de Inuyasha supuse no le pregunté a dónde iríamos—Pero creo que la gente cambia con el tiempo ¿Verdad?

    —Lo fui Miroku—Le dije—Pero fue mientras era joven.

    —Aún lo eres—Me dijo-Si no mal recuerdo me contó Inuyasha de cuando te conocío, así que debes tener unos veinticinco o veintiséis años.

    —Veintitrés—Dije con pesar.

    —Vaya, ves no eres tan grande aún.

    —No, pero la soledad y el tiempo te hacen madurar antes de—Le dije para acortar ese tema.

    —Eso o una decepción—Me dijo—Hemos llegado—Mostró una sonrisa preocupada.

    Entramos, lo recibió una chica de cabello castaño claro y ojos grandes color avellana, era bonita, su esposa seguramente pues estaba embarazada y la besó al llegar...

    —Que bueno que hayas aceptado venir, Inuyasha te nombra demasiado—Me dijo la mujer, y después vi como un pequeño de unos tres o dos años de edad le tomaba la mano, "Sí que se apuraron a encargar" pensé.

    Me llevaron a su habitación y sí lo vi en cama, debilitado por esa enfermedad, algo relacionado con los pulmones según me explicó Miroku. Me desplomé por dentro al verlo así, no era como lo recordaba ¿Cómo pudo suceder eso en 4 años? Pero me mantuve firme ante los demás, yo no soy de esas personas que muestran sus sentimientos abiertamente.

    —Kikyo—Me dijo al verme—Gracias por venir.

    Eso no lo pude soportar fue demasiado para mí, quizá no estaba lista para un reencuentro, no así—A ti por llamarme—Dije intentando mantener la compostura.

    Sango y Miroku me dejaron sola con él, nos avisaron que estarían en la sala...

    —¿Qué fue lo que pasó Inu?—Pregunté con voz quebrada.

    —Pulmonía querida—Me dijo—Uno de esos días en que la lluvia te cae por horas y eso es peligroso más aquí que es un clima muy frío y peor cuando dejas pasar todo por mucho tiempo creyendo que es una simple gripe.

    No comprendí del todo ¿Qué tenía él que estarse mojando tanto? De por sí su medio hermano Sesshomaru es asmático y también lo fue su padre, excepto él, debía cuidarse, pensaba yo.

    —¿Y porqué me has llamado? Sé que es grave tu situación, pero Inu no entiendo—Le dije—Ha pasado tanto tiempo sin que sepamos nada el uno del otro.

    —Kikyo necesito una que por favor me perdones por mis estúpideces, fue un completo error alejarme de ti así, y más el no llamarte, créeme que pensaba buscarte, hablarte pero se cruzaron demasiadas cosas en el camino—Me dijo.

    —¿Podrías ser un poco más directo?—Pregunté.

    —Bien, Kikyo es que en realidad yo...

    Me contó lo ocurrido en ese tiempo, y gracias a ello comprendí algo que no había notado al entrar a su casa.

    —¿Tienes un hijo?—Sorprendida.

    —Sí, es el chico que por ahora Miroku y Sango me hacen el favor de cuidarme—Me dijo-Se llama Keitaro—Me sorprendí por el nombre, ese era el nombre que ambos acordamos ponerle al primer hijo que tuviéramos si era varón—Lo sé nena, yo nunca te saqué de mi mente y no lo hago aún.

    —Pero tienes un hijo—Murmuré—¿Dónde está la madre?—Espeté.

    —Aome murió cuando él nació, era una jovencita y su cuerpo no aguantó—Aclaró su garganta—Tenía dieciséis años.

    Me quedé boquiabierta, ¿Inuyasha con una chica varios años menor que él? Eso lo entendía de Sesshomaru, siempre supe que era un asalta cunas por no decirle pedófilo, ya que su esposa Rin es menor que él por doce años.

    —¿Estuviste con una niña, diez años menor que tú?—Dije, pues si bien tenía la cuenta él me llevaba cinco años de diferencia. Ok debía quedarme claro que sí es un asalta cunas, pero siempre han dicho que no es tan malo llevarse por unos cuatro o cinco años con la pareja...

    —Fue una confusión—Me dijo—Sólo fue un simple encuentro en una noche de antro, ¿Cómo iba a saber que tenía esa edad? Y para cuando lo supe ya era demasiado tarde y tuve que hacerme responsable.

    Necesitaba tomar un respiro, no comprendía ciertas cosas, y aparte ¿Qué papel jugaba yo contándome todo esto?

    —¿Podrías ya decirme qué quieres de mí?—Le dije—¿En qué se supone que me necesitas?

    —Kikyo el doctor ha dicho que no pasaré al siguiente año, y aunque sé que esto es cruel y quizá inaceptable de parte mía—Me miró fijamente—¿Quisiera saber si estarías dispuesta a criar a Keitaro?

    —¿Qué?—Dije asustada, digo esperaba todo menos eso.

    —Kikyo, yo no quiero que Keitaro se vaya con Sesshomaru o lo manden a una casa hogar, ya sabes yo tuve una infancia difícil estando en esos lugares—Melancólico.

    Yo sabía a lo que se refería, lo conocí gracias a una misa, él formaba parte del coro, pues era lo que los chicos de la casa hogar debían hacer en esa institución, entre otras labores, él tenía diecisiete años cuando lo conocí, y fuimos amigos del alma hasta que yo cumplí los dieciocho, para ese entonces yo sabía gran parte de su vida y él de la mía, ambos con una vida dura de infancia, él por el hecho de no tener madre y que su padre nunca lo registró, lo fue conociendo hasta cumplir veinte años, ya que el viejo andaba próximo a morir y quería pedirle perdón a todo mundo, como suele suceder con todos cuando estamos a punto de ir al más allá con una conciencia más sucia que una sartén.

    —Inuyasha ¿Miroku y Sango no podrían?—Me interrumpió.

    —Es mi segunda opción, pero Kikyo en verdad me gustaría que lo pensaras, yo sé que no lleva tu sangre y que estoy mal por pedirte esto, después de tanto tiempo, y que te he lastimado demasiado, pero cuando él nació siempre anhelé que él fuera tuyo y mío...

    "Pero no lo es" pensé tristemente—Si me disculpas quiero salir un rato a asimilar todo esto, hay muchas cosas que aún no puedo digerir—Le dije y él asintió.

    21 de Diciembre, ya tenía yo dos días pensando en lo que Inu me había dicho, y conviviendo un rato con Keitaro, ya que Sango se lo llevaba por las tardes para que Inuyasha descansara bien. Casi no hablaba con ella, excepto cuando me preguntaba si todo estaba bien, o sobre la salud de Inuyasha pues al final de cuentas no me atreví a dejarlo en ese estado y terminé por ser su enfermera.

    Por su puesto él no mejoraba, y por lo poco que sabía de medicina era caso perdido. Yo si quería que se compusiera, no sé aunque fuera un supuesto milagro, yo no era devota de una religión ni en creer en cosas así espirituales, pero realmente quería pensar que la fe mueve montañas, al menos eso decían seguido en las misas, mi familia es católica pero yo sólo iba por no hacer enojar a mis padres y familia.

    —¿Quieres organizar algo para navidad?—Me preguntó Miroku.

    —No lo sé, no siento ánimos del todo—Le dije.

    —Comprendo pero quizá sea la última...—Lo interrumpí.

    —Lo sé, bien ¿Qué sugieres?—La sola idea de perderlo justo en el transcurso del mes, me aterraba.

    Miroku me dijo que cenaríamos los cinco, él y su esposa se harían cargo de comprar las cosas, yo sólo me haría cargo de poner adornos en la casa y tratar de que Inuyasha no lo supiera, al menos era afortunado de tener amigos así, sin duda si yo no aceptaba la custodia de Keitaro, resultarían ser excelentes padres para él ya que yo soy un completo fracaso con los niños.

    —I help you?—Me dijo el pequeño, me sorprendí ¿Un bebé de esa edad hablando inglés? Bueno es el idioma del país pero para su edad se me hacía avanzado, no sé imaginaba que hablaría como un niño mimado que sé yo...

    —Yes, please—Le dije, aún recordaba mis viejas lecciones de inglés, le dije que me pasara todos los adornos que tenía en una bolsa, creo no estoy tan errada en el idioma porque sí me entendió.

    Bien mi mente comenzó a jugarme sueños, paré de inmediato, me estaba encariñando con el niño y eso no podía pasar, pero de repente me llené de unas escenas enternecedoras viendo como iba por su hoja para escribirle al mentado Santa Claus, me preguntó que si era posible que Santa le trajera como regalo la salud de su padre, yo sé bien que eso del viejo gordo, barbón y vestido de rojo es una vil mentira pero le dije que si era lo que deseaba pedirle entonces estaba bien.

    Sonrió ampliamente y me pidio que le ayudara a escribir, ¿Recordaré todavía mis clases de gramática inglesa?

    No tuve mucho para pensar, en cuestión de minutos el pequeño me dictó su pedido la salud de su padre y un perrito aunque poniendo enfásis en que su padre mejorara, ojalá los milagros navideños ocurrieran, me dije mentalmente al ver como corría animado a poner la carta en su bota.
    Después se dirigió a mí y me pidió que lo llevara a ver a su padre, y después quería salir según, sonreí de momento si bien es cierto no lleva mi sangre, pero es demasiado organizado y es un defecto que yo poseo.

    Inuyasha sonrió al vernos juntos, por unos instantes me imaginé que él podría mejorar y ¿Porqué no? Yo hacer mi ego a un lado y tratar de formar parte en la vida de ellos dos, si me lo permitían...

    —Espero no te agobie con el inglés, habla demasiado y bueno quizá veas que está muy avanzado para su edad.

    —Eso lo noté, pero no por nada tomé cursos de inglés y francés en un centro de idiomas—Le dije.

    —Vaya—Me miró asombrado, me preocupé al ver que sus manos estaban algo azules, más bien las uñas.

    —¿Tienes frío, necesitas más calefacción?—Dije de inmediato—Por cierto en media hora debes tomarte tus medicinas-Le dije al ver mi reloj.

    —No tengo frío—Me dijo. No me convencí, terminé por ponerle dos mantas más, al menos el azul de sus uñas estaba desapareciendo.

    Poco después salí a dar un paseo con Keitaro, estaba impaciente por salir, diciéndome un montón de cosas que sólo Dios sabe qué quiso decir. Me llevó a conocer según un parque que a él le encanta. ¿Quién diría yo la anti niños cuidando a uno que casi está por convertirse en mi hijo?

    Estuvimos un par de horas afuera hasta que sentí que se bajó la temperatura y regresamos, ya entonces Miroku y Sango andaban con las cosas de la cena. No soy experta en cocina ahí si soy un desastre total, pero le ayudé a picar verduras y cosas así.

    Poco después Miroku dijo que había olvidado el muérdago, así que salió a comprarlo...

    —Éste hombre, no pudo esperarse a mañana—Dijo Sango en forma de reproche—Así es para todo, un impaciente-Suspiró.

    Y seguimos con lo de la cena, hablamos un poco pude conocer que ella fue la mejor amiga de Aome, la madre de Keitaro, me habló un poco de ella.

    —Era una gran chica—Dijo con unos ojos de tristeza.

    Suspiré, todo el mundo es un santo cuando muere, y el mejor en todo, claro que no se lo dije sonaría demasiado tosca, grosera y pesimista.

    —¿Y tú qué eres de Inuyasha?—Me preguntó de repente—Debes ser alguien importante como para que te nombrara demasiado ahora que anda enfermo, hasta deliraba.

    Me sonrojé un poco, ¿Qué se supone que soy ahora para él?—Una vieja amiga de infancia—Le dije.

    —Debe quererte demasiado, nos ha dicho a Miroku y a mí que quiere que tú cuides de Kei, pero si no puedes no te preocupes, Miroku y yo amamos a Kei como si fuera nuestro, con él aprendí a cambiar pañales—Me sonrió.

    —No tengo experiencia en niños—Le dije—Pero lo estoy pensando.

    —No nacimos sabiendo—Me dijo y me guiñó el ojo.

    Claro que pensaba en la posibilidad de hacerme cargo, era un niño muy listo, el tipo de hijo que yo soñaba tener cuando era una niña, ya que después de eso me dije que nunca sería madre, hasta que llegó Inuyasha y hasta que se fue de mi lado.

    —Es la primer navidad que paso con él—Le dije de repente.

    —¿Cómo? Si se conocen de años ¿Apenas la primera?—Sorprendida.

    —Me la pasé cambiando de ciudad en cada fiesta—Le dije.

    —Oh ya...pues ojalá esto para ustedes dos y más para él sea inolvidable—Me sonrió.

    —Lo será-Susurré por lo bajo.

    23 de Diciembre, en verdad que si pudiera dar algo por tal de verte sano lo haría, hasta sacrificar mi vida si fuera necesario, pienso al verlo todavía ahí en cama, a veces se levanta pero ya es más difícil que esté de pie...
    Me desespero de no poder hacer nada, de ver que todo lo que quiera hacer resultará inútil, una vez más el doctor nos dijo-Son sus últimos días, vayánse despidiendo de él.

    Sango lloró al escuchar eso, Miroku la abrazó, y yo solo dirigí la mirada a Keitaro que se dirigió a la ventana, ¿Qué pensaría él? Es sólo un bebé, un bebé que comparte nuestro mismo pasado, Inuyasha huérfano de madre a los seis años pero claro con un padre que nunca vio por él y críado en el orfanato, y yo sin madre a los cuatro años aunque con mi padre me bastó por un tiempo hasta que se casó de nuevo, y ahora Kei al nacer muere su madre y ahora a sus tres años perderá a su padre, ¿Porqué la vida será tan injusta? Fue entonces que lo decidí.

    —Está bien acepto quedarme con su custodia—Le dije al entrar a su cuarto.

    —¿En serio?—Me miró ilusionado.

    —Sí, lo haré—Sonreí.

    —Gracias Kikyo en serio, eres la mejor—Me sonrió. Y yo recordé que esa era la frase que más me decia Eres la mejor mi amor por eso te amo

    —Inuyasha, lo hago por él, y por la amistad que tuvimos años atrás, de acuerdo AMIGO—Dije poniendo enfásis en lo última palabra que dije.

    —Claro amiguita—Me bromeó—Aunque espero me dejes ser algo más—Lo miré con enojo hasta que vi que le dio un ataque de tos.

    Hice lo necesario para que el ataque no lo asfixiara—¿Estás bien?—Le dije cuando mejoró.

    —Sí gracias, serás una excelente madre—Sonrió.

    Salí de ahí y me puse a llorar, hace mucho que no lloraba, al menos no desde que mi padre falleció a causa de su diabetes y eso fue hace tres años y medio.

    Pronto sentí que alguien me abrazaba por las rodillas, era Kei me decía que no me sintiera triste, que Santa le devolvería la salud a su padre. Lo cargué y lo abracé para llevarlo a su dormitorio ya era un poco tarde, y me di cuenta que ya tenía sueño.

    24 de Diciembre Navidad al fin, los mini preparativos no quedaron tan mal, pienso al ver la casa arreglada y lo de la cena, Miroku compró un aro de muérdago que puso afuera en la puerta.

    Lo único que me faltaba era conseguir un perro, para Kei, no quería que su fe en Santa Claus se apagara a tan corta edad, pero claro todas las veterinarias y centros de mascotas no abrieron ese día, me sentí fatal, ¿Porqué no lo compré antes? Lo pude haber escondido en algún cuarto para que Kei no lo viera, ¡Pero que idiota fui!

    Total terminé comprándole una pista de carreras, esperaba que le gustara su regalo...Después le compré un reloj de mano a Miroku y un juego de maquillajes a su esposa, y claro el traje para el futuro bebé. A Inuyasha no sabía qué regalarle, hasta que recordé lo mucho que él había anhelado unas botas, bien sólo le quedaría mal a mi hijo...

    Ya estando a unas horas de la cena Miroku ayudó a salir a Inuyasha de su habitación, se sorprendió con los arreglos de la casa, aunque no podría probar todos los platillos de Sango...

    —¡Feh! ¿Voy a morirme no?—Dijo riendo—Entonces al diablo con la receta medica, quiero morir feliz—Sonrió.

    Lo miramos con algo de angustia pero después sacó otra broma para animar el ambiente—Eres un inmaduro—Le dije.

    —Ya lo sé Kikyo pero no me soportarán por mucho así que debo aprovechar—Se burló.

    Acabamos de cenar y le pidió a Miroku que lo ayudara a salir—Quiero ver el alumbrado de las calles, aunque sea desde mi casa—Nos dijo.

    Después lepidió a Miroku y Sango que lo dejaran a solas conmigo—Si necesitas ayuda Kikyo háblame—Me dijo Miroku.

    —¡Feh! no molestes Miroku ¿Ayuda para qué?—Dijo Inuyasha.

    —Para que estés de pie idiota—Le dijo como si fuera obvio.

    —Ni que fuera un anciano—Cruzó los brazos, estaba recargado en un muro de la entrada.

    —Suerte con el berrinchudo—Me dijo Miroku.

    Me reí de ellos dos, parecían niños peleando, no me imagino cómo se llevaría Inuyasha con él estando sano.

    —Y bien, estamos aquí ya puede ver su alumbrado Señor—Le dije sarcásticamente—¿Qué tal nos quedó?

    —Uhm...para ser la primer vez que haces algo así no está mal, bien para un principiante—Me dijo.

    —Si no fuera porque estás débil yo ya te estaría correteando por la calle—Le dije.

    —Hazlo—Me dijo.

    —No es necesario, no podrías.

    —No me retes—Me dijo mirándome como antes con esa mirada que me dejaba sin habla.

    De repente miró hacia arriba—Ya viste lo que hay arriba de nosotros—Sonrió triunfalmente.

    —¿Qué?—No entendí.

    —Un muérdago tontita—Me dijo.

    —¿Y eso qué?

    —¿Ya no recuerdas mis palabras o qué?—Me dijo.

    —Ah...pero...

    —Kikyo—Me miro seriamente-Jamás me declaré contigo cuando salimos ¿cierto?

    Cierto sólo escribió en una hoja ¿Quieres ser mi novia? 1.- Sí, 2.-Tal vez 3.-No y yo puse que sí...

    —No, sólo tu pedazo de pergamino más viejo que las tablas de los picapiedra—Le repetí esa broma que le hice después de un tiempo que cumplíamos el año. Y es que ambos estábamos acostumbrados a bromear así.

    —Era un inmaduro—Se rió.

    —Aún lo eres—Le dije.

    —Ok Srita Madurez—Sarcástico—Quisiera decirle hoy en éste día que tanto tiempo soñé, y aunque no es como lo esperaba que usted es una mujer muy preciosa y valiosa, y aunque hemos sido amigos por muchos años me encantaría que me diera la oportunidad de conocerle de otro modo, más que un amigo.

    —Inuyasha...

    —Eso era lo que te iba a decir y tanto soñé en aquellos años—Me dijo.

    —Ah...—Suspiré.

    —Pero ahora—Me volvió a mirar—Kikyo en todo el tiempo que estuviste conmigo créeme nunca hubo nadie igual a ti, sólo tú eres mi primer y único amor, fuiste de las pocas personas y la única en aquel tiempo que se acercó a mí para tenderme la mano, escuchar mis boberías, y perder el tiempo a mi lado, coincidimos en algo querida, ambos fuimos ermitaños de muy chicos, por las cosas que vivimos, los maltratos, humillaciones, cambios y tú sabes a loq ue me refiero—Hizo una pausa—Quizá por eso me sentía fuertemente ligado a ti, y durante ese tiempo y el tiempo que estuve aquí, creí que eras como dicen de todos los amores, son sólo pasajeros, lo creí porque tenía miedo de hacer todo mal, nunca nadie estuvo así conmigo en las buenas, y en las peores.

    —Para eso están los amigos—Susurré.

    —Lo sé, pero Kikyo la vez que yo me fui de ti no fue que no te amara, te di la excusa más boba que pude encontrar, tú no me pedías riquezas ni nada por el estilo y a mí no me importaba del todo tener grandes cosas ya que yo sabía que juntos tú y yo en donde fuera saldríamos adelante pero...—Suspiró pesadamente, yo lo miraba esperando su respuesta, esa razón que tanto había buscado, no me conformé nunca con eso de ganar dinero para realizar nuestros sueños—Toda mi vida ha sido una completa porquería, hasta que llegaste tú, y como siempre todo lo he echado aperder temía perderte por culpa mía, por mis errores y no sentirme merecedor de tu afecto, yo sé que conoces gran parte de mi vida, pero no es tan fácil que te digan que no sirves de nada, y que esa se convierta tu realidad y cuando menos lo esperas hay alguien que sí cree y espera lo mejor de ti.

    Nos quedamos unos instantes en silencio, yo no sabía qué pensar...

    —Tuviste miedo de decepcionarme ¿Cierto?—Le dije y asintió-No fuiste el único que lo sintió—Suspiré—Yo también tenía ese miedo pero jamás me habría atrevido a dejarte, aunque pasara por mi mente, ya sabes yo siempre he huido de todo.

    —No es cierto, eres muy valiente—Me dijo—Sólo que nunca dejamos las etiquetas con las que llevamos viviendo desde niños-Me tomó la mano-Has hecho cosas que solo una mujer valiente haría...

    Lo miré con cariño como antes, me sentí un poco frustrada de saber que todo lo que intentaba esconder saliera a la luz justo en ese momento, mi corazón volvía a latir como antes, y por un momento el orgullo, enojo, tristeza y amargura que llevaba años sintiendo contra él, se iban desvaneciendo. Por fin lo había perdonado y a la vez yo también me perdonaba a mí misma...

    —Quizá sea un poco tarde decirte que aún te amo, y que nunca dejé de hacerlo, a pesar de todo lo que he vivido, la llegada de Aome y la de Kei, siempre pensé en ti, tú eres el verdadero amor de mi vida y el único hasta la muerte—Me abrazó—Y eso que no falta mucho para que me lleve la condenada—Se rió.

    Lo miré con tristeza, él nunca perdería esa alegría aunque le dijeran "En una hora morirás" por eso lo admiraba y lo sigo admirando...

    —¿Sería tan tarde para pedirte que seas mi novia por lo que me resta de vida?—Me preguntó. Lo abracé fuertemente y lloré al abrazarlo.

    —No, nunca es tarde—Le dije entre sollozos—Te amo Inuyasha, y siempre lo haré.

    Después de eso nos besamos, al fin habíamos cumplido esa promesa de besarnos bajo el muérdago en plena navidad.

    Minutos después le hablé a Miroku para que me ayudara a meter a Inuyasha, eso por que ya el frío se estaba sintiendo más brusco.

    Y la noche transcurrió con la entrega de regalos, Kei quería esperar todavía elr egalo de Santa, pero le gustó la pista de carreras que le regalé y los demás regalos que le fueron dando. Miroku le regalo a Sango unos aretes que ella había mirado en un día de compras, y ella le regaló a él un juego de herramientas.

    —Para cuando tengas que arreglar algo de la casa—Lo besó.

    Miroku y Sango se sorprendieron por mis regalos, pero estaban contentos, de ellos recibí un bolso de mano...bueno no estaba de más no sabían mis gustos sonreí—Gracias en serio—Les dije al abrazarlos.

    A Inuyasha lo sorprendí con las botas—¿Aún lo recuerdas?—Me sonrío.

    —Claro—Le dije—No de balde te soporté varios años—Bromeé.

    —Bien mi regalo—Me dijo Inuyasha—Mi amor mi regalo sería darte mi vida entera pero ya me queda muy poco—Rió—Así que guardé esto para ti—Sacó una caja pequeña, bueno más o menos pequeña y al abrirlo vi que era un collar de esos que años atrás yo intentaba hacer, con las mitades de un corazón pero era de oro y tenía la foto de ambos.

    Claro que los chicos y hasta yo nos sorprendimos pero después vi que Sango y Miroku sonrieron—Gracias mi amor—Lo abracé.

    —Me alegra que te haya gustado-Me susurró—Para la otra le diré a Sango que no usas bolsa de mano—Me besó rápidamente.

    —Vaya así que éste condenado no se va al más allá sin amor ¿eh?—Dijo Miroku.

    —¡Feh! No molestes Miroku—Le dijo Inuyasha.

    —¡Qué! solo decía-Dijo-Uhm a ver si no me sales con qu eno te quedarás sin tu Noche buena—Rió pervertidamente, mientras Inu y yo estabamos completamente rojos, pero un manotazo de Sango lo calló.

    —Miroku no digas tus barbaridades enfrente de Kei—Le dijo su mujer.

    —Sí mi amor.

    Kei ni se daba cuenta de lo ocurrido estaba más entretenido jugando con sus regalos.
    Así pasó la noche hasta que cada uno se fue a descansar, Miroku se quedó en la sala y yo puse una colchoneta en el cuarto de Inuyasha para estar pendiente con las medicinas. Eso sí, tuve que soportar las bromitas de Miroku...

    25 de Diciembre Sentí que dormí demasiado, vi el reloj ¡Demonios! No me levanté a darle las medicinas a Inuyasha, me paré de golpe hasta que lo vi frente a mí. Ya no se veía pálido, ni debilitado.

    —¿Qué demonios haces de pie? No ves que estás enfermo—Lo regañé.

    —¿Yo enfermo? Pero si me siento bien mi amor—Me dijo.

    —Inuyasha—Lo miré enojada—Acuéstate ahora mismo y voy a llamar al doctor ok, olvidé darte tus medicinas.

    —Amor estoy bien—Me dijo.

    —No, llamaré al médico.

    —No creo que te conteste—Burlón.

    No le presté atención, hice que se acostara y me fui a llamar al médico, minutos después el médico llegó—Vine porque es paciente grave—Me dijo.

    —Ok muchas gracias—Lo conduje a la habitación y lo revisó.

    —¿Que extraño?—Dijo el médico.

    —¿Pasa algo doctor?—Dije preocupada, mientras Inuyasha me tomaba la mano.

    —Pasa que éste joven está completamente sano y no entiendo ¿Cómo? Si hace pocos días la enfermedad ganaba terreno—Nos dijo.

    —¿Entonces estoy bien?—Dijo Inuyasha emocionado.

    —Eso parece, pero te espero en mi consultorio el día veintiocho a las nueve de la mañana sin falta, te haré unos exámenes y si todo resulta bien podrás volver a tu vida normal—Sonrió.

    Al menos dijo que podría levantarse si quería y caminar un poco, Keitaro sonrió al ver a su padre de pie y fuerte, terminó diciéndonos a todos que Santa le había cumplido su deseo, y más cuando nos mostró un cachorro de un mes color café con tres patitas blancas y una café.

    ¿Coincidencia, milagros, fe? ¿Santa Claus o Dios? Ninguno de los adultos podíamos asimilar lo que pasó, pero estábamos felices de lo sucedido, Inuyasha salió bien de sus análisis y ésta vez si pudimos formar la familia que tanto queríamos.

    Pero eso sí, Navidad pasó a ser una de nuestras fechas favoritas, aunque terminé quedándome en Montana, pero con Inuyasha y mi hijo no importaba el lugar, mandé unas cuantas cartas a mi familia reconciliándome con ellos y pidiendo perdón por mi forma de ser, al menos volví a comunicarme con algunos tíos, y primos, Inuyasha y yo prometimos pasar la navidad con ellos el próximo año, aprovechando que conocerían a su sobrino y claro a mi ya ahora esposo, pues nos casamos pocos días después de Año Nuevo.

    Pasado el año viajamos a México y le pedí a mi esposo que fuéramos a mi antiguo trabajo, pregunté por mis ex compañeros en especial por Onigumo, me sorprendió saber que ya era jefe del área de ferretería, al verme me dijo—¿Piensas hacer algo para navidad o te sigue trayendo tristes recuerdos?

    Sonreí, y le presenté a mi pequeña familia, se asombró pero nos felicitó, terminamos por desearle un feliz navidad—Pedí que te guardaran en personal una botella, búscala—Le dije antes de partir.

    —Gracias—Sonrió.

    Y ahora sí a festejar Navidad con la familia...

    FIN​
    --​
    N.A: Bueno si fue muy largo es k solo pudo ser de un cap y el one-short me cuesta por k no se me extiendo muxo yo jeje, y bueno espero les haya gustado, tenía pensado q Inu muriera pero ya saben cuentos navideños xD bye​
     
  2.  
    Idaly

    Idaly Usuario común

    Virgo
    Miembro desde:
    4 Septiembre 2005
    Mensajes:
    367
    Pluma de
    Escritora
    me encantó fue muy conmovedor, jeje los sueños de los niños hacen milagros es por eso que siempre hay que alentarlos a seguir soñando y sobre todo a luchar por sus sueños, tu historia me parecio muy buena.... gramatica, ortografia, redaccion?... sinseramente no me fije, la historia me atrapo tanto que, si tuviste algun error ni lo note.
     
Estado del tema:
No se permiten más respuestas.

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso