Shakespeare Two is Better than One [Hamlet]

Tema en 'Fanfics sobre Libros' iniciado por Kyouko Kiryuu, 8 Marzo 2016.

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    Kyouko Kiryuu

    Kyouko Kiryuu Adicto

    Sagitario
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    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Two is Better than One [Hamlet]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1852
    Título: Two is Better than One
    Capítulo: Único. (1)
    Autora: TheAlmightyPotatoLord
    Sitios del autor: TheAlmightyPotatoLord
    Fandom: Hamlet
    Géneros: Angst/Drama.
    Advertencias y/o notas: Se insinua violencia pero ya está implícito en la obra de Shakespeare. Nosotros sólo nos hemos encargado de traducir su obra, con el respectivo permiso.
    Disclaimer: ¿Qué pasaría si Laertes atacara a Hamlet un poco antes, y sin el plan de Claudio? Mientras contempla una puesta de sol, Hamlet es repentinamente atacado por un furioso Laertes. ¿Puede Hamlet calmarlo y convencerlo de que comparten un enemigo? O morirá por la espada de Laertes, con el secreto del asesinato de su padre perecer con él.
    Colaboradores:

    Two is Better than One

    Hamlet estaba en una colina justo a las afueras del castillo, esa a la que algunas veces iría solamente para escapar de Claudius. La brillante puesta de Sol que podía verse desde ahí siempre lo distraía de todo lo demás. Se giró para encarar a la persona que le había llamado solamente para encontrarse con la sensación de una fría punta de metal presionando su cuello. “Una espada”, pensó Hamlet.

    Sus ojos se encontraron con los de su atacante, una figura cubierta detrás de una capa oscura. Reprimió un gemido.

    ¿A quién había engañado Claudius esta vez para que tratara de matarlo? ¡Y de una manera tan directa! Considerando que ese atraco provenía de un hombre que había sido lo suficientemente sutil para lograr matar un rey y después engañar a todo un reino, aquello era una verdadera sorpresa. Ese intento de asesinato era patético en comparación. Claudius debía estar realmente desesperado por deshacerse de él. ¿O quizá estaba perdiendo su toque?

    —¡Pon atención, asesino cobarde! —ordenó el hombre bajo la capa. Hamlet salió de sus cavilaciones: patético o no, estaba en desventaja. Su atacante podría matarlo en cualquier momento bastando con un rápido movimiento de su muñeca. Tendría que ser cuidadoso si quería salir vivo.

    Hamlet levantó lentamente sus manos por encima de su cabeza y con voz calmada dijo:
    —Por favor… no soy una amenaza… ¿Quién eres? ¿Qué asuntos tienes conmigo?

    —Me sorprende que todavía no te hayas dado cuenta —se mofó la figura. Al oír el sonido de una perversa diversión oculta en la voz del hombre, Hamlet casi podía imaginar la sonrisa que tendría en sus labios. Conocía demasiado bien la voz como para no saber cuándo esa expresión de engreído estaría ahí.

    La figura empezó a quitarse la capucha de su capa con la mano, pero Hamlet ya sabía quién era: Laertes.

    —Hola, Hamlet. Ha pasado mucho tiempo. ¿No lo crees, viejo amigo? —Laertes sonrió con locura, lleno de rabia, presionando la espada más profundamente en la garganta de Hamlet con cada palabra que decía—. El tiempo de verdad pasa muy rápido, ¿no es así, Hamlet? Parece que fue ayer cuando tú y mi hermana estaban juntos, cuando iba a ir a Francia. —Laertes se detuvo y su sonrisa desapareció, dejando una expresión de absoluta furia mientras hablaba, con voz temblorosa—, ¿o el tiempo en el que tu padre estaba vivo, Hamlet?, ¿no parece que fue ayer?, ¡¿o cuando mi hermana no era un cuerpo por culpa de un desgraciado medio loco que le dijo que no la amaba, que mató a su padre y la volvió loca?!, ¡¿te acuerdas de eso?!

    Antes de que Hamlet abriera la boca, Laertes sacudió su mano y la espada se hundió en la carne de su cuello. Hamlet empezó a respirar con desesperación, superficialmente, sintiendo la aguda punzada del dolor y un hilo de sangre corriendo por su piel…

    La inquietante sonrisa de Laertes reapareció mientras bramaba:
    —¡Voy a matarte! ¡Quiero que implores y ruegues por piedad! ¡Quiero ver el miedo en tus ojos cuando los saqué de sus malditos orificios!

    Rápidamente retrajo su espada, preparándose para dar el golpe final, pero Hamlet se agachó y se lanzó contra sus piernas. Laertes dejó salir un grito de sorpresa al sentir que sus piernas se derrumbaban debajo de él. Su espada cayó de sus manos y, con un suave golpe, terminó en la hierba a unos metros de él. Hamlet se levantó y pateó su estómago mientras seguía en el suelo, usando a su favor la sorpresa de Laertes por el ataque, rápidamente fue por la espada y la agarró con fuerza. Al oír cómo se movía la hierba detrás de él, Hamlet giró y levantó la espada amenazadoramente encima de su cabeza, listo para atacar. Laertes, que estaba tirado de rodilla con una expresión aún más feroz que la anterior, se congeló ante la silenciosa advertencia.

    Hamlet suspiró, mas no se atrevió a relajar su postura. —¿De verdad quieres matarme sin saber lo que pasó en verdad? Te engañaron, te usaron como a un simple peón, como a mí cuando asesinaron a mi padre...

    Laertes dio un suspiro entrecortado. Luego escupió, —¡Mentira! ¡No me compares contigo, psicópata lunático! ¡El único que quiere engañarme eres tú! ¡No mataron a tu padre, murió de causas naturales mientras dormía!

    —¿A pesar de que estaba completamente sano? —refutó Hamlet—. No. Laertes, ¡aquí hay más de lo que se ve! ¡El reino entero está en peligro a causa del autor de todo esto!

    La expresión asesina de Laertes se suavizó. Abrió su boca para responder, luego la cerró, rechinando sus dientes, antes de mirar al suelo.

    —Entonces... ¡¿Quién es el responsable de todo esto?! ¡¿Qué se supone que debo saber?! —exigió Laertes, con los nudillos en blanco de apretar tanto sus puños.

    —Su majestad, el rey Claudius —contestó Hamlet, el sarcasmo prácticamente goteaba de sus palabras—. Quería la corona y mató a mi padre para conseguirla. Sabe que lo sé y por eso me quiere muerto, así que manipuló tus emociones para que tú me mataras. Los cadáveres no hablan después de todo. —Con estas últimas palabras, Laertes se tensó.

    —¿Cómo podría ser él el responsable de todo esto? ¿Qué evidencia había ahí? —espetó Laertes.

    —¿No crees que la reacción de Claudius hacia "La ratonera"* fue extrema? Había un asesinato sorprendentemente similar al de mi padre. Fue por eso que reaccionó tan mal.

    —¡Quizá fue porque es un hombre sensible, Hamlet! ¿No lo consideraste antes de llegar a la conclusión de que el rey Claudius es un asesino como tú? —Laertes replicó.

    —Laertes, piénsalo. ¿Cuándo Claudius se mostró a sí mismo con un hombre sensible? ¡Actúa como si ni siquiera le importara su propio hermano! ¡Se casó con la reina justo después de que mi padre muriera! ¿Eso te parece sensible? —Hamlet ni siquiera se había percatado de que su voz iba subiendo de volumen, y ahora le gritaba a Laertes.

    Hamlet respiró profundamente para calmarse antes de continuar. No sería bueno verse aún más como un loco. —¡No tengo mucha evidencia que presentarte, Laertes, pero cualquiera se hubiera dado cuenta que aquí pasa algo más! ¡Claudius no es quien parece ser, y te está engañando para que hagas su trabajo sucio!

    —Digamos que decido creerte ¿cuál es entonces tu explicación para la muerte de mi padre?” gruñó Laertes, "¿Y mi hermana? ¿Qué le pasó a ella?

    Hamlet movió torpemente la espada de Lartes, con sus manos aún sudando, encima de su cabeza. Sus siguientes palabras fueron como un triste susurro. —Lo siento, Laertes. Lo siento muchísimo, de verdad. No se suponía que iban a morir. Sólo fueron malentendidos. Polonio y Ofelia cayeron en la trampa mortal de Claudius, al igual que todos los demás. Mira a dónde nos llevó a nosotros.

    Laertes se quedó en silencio por un momento, considerando las palabras de Hamlet en contra de su anterior juicio. Hamlet se sorprendió al ver cómo su ceño se relajó un poco, pasó de una mirada viciosa, a una combinación de tristeza y enojo. —Pero… Tú lo mataste. Yo… lo sé. Tú lo atravesaste mientras se escondía detrás de la cortina, tratando de espiarte.

    Hamlet suspiró antes de hablar. —Pensé que era Claudius. Eso no significa que sea menos terrible lo que hice, pero… no sabía que era él. —Laertes apretó los ojos. Hamlet sintió una aguda punzada de culpabilidad al verlo, pero suspiró un poco cuando se dio cuenta de algo—. Aguarda… ¿Cómo supiste que él me estaba espiando? —Hamlet no podía imaginar que Claudius le hubiera contado eso. Puso una triste sonrisa en su rostro y continuó. —Espera, espera, espera, espera… No me digas… Fue el fantasma de tu padre, ¿no?

    Lo dijo en tono de broma, así que no lo hizo sentir mejor ver la pena en la cara de Laertes. Oh, Dios mío, pensó Hamlet.

    Laertes se quedó viendo al pasto durante varios segundos, absorto en sus pensamientos. De repente, suspiró, sacudió la cabeza y se levantó lentamente. Hamlet lo observó con cuidado y bajó su espada.

    —No importa que tanto quiera matarte, lo que has dicho sobre Claudius de alguna forma retorcida tiene sentido. Él es el que me alentó a matarte, —Laertes agitó su cabeza de nuevo y miro sus botas—, tenía que haberme dado cuenta de que era muy sospechoso, animándome a matar a su hijastro a sangre fría. Solo asumí que él se preocupaba por mi padre tanto como yo lo hacía... Él no se preocupaba, no... —la última oración salió más como una afirmación que como una pregunta.

    —No puedo creer que esté diciendo esto pero... voy a ir detrás de Claudius y descubrir lo que pasa —Laertes le dió la mano joven príncipe, quién la contempló inquisitivamente—. ¿Tregua?

    Hamlet casi tiró la espada. Eso... definitivamente no fue lo que esperaba. Él esperaba que Laertes lo llamara de mil horribles maneras, que le dijera a él múltiples locuaces y vívidas amenazas de muerte, o por lo menos negarse a ver lo que le dijera, ¿pero confiar en él? ¡Su vida nunca funcionaba así! ¡No era tan fácil!

    Laertes dejó salir un fuerte, incómodo carraspeo, trayendo a Hamlet de vuelta a la realidad. Se dio cuenta que su boca estaba completamente abierta, la cerró, y entusiasmadamente apretó la mano de Laertes.

    —¡Sí! ¡Sí, por favor! ¡Gracias! —dijo Hamlet nuevamente, tirando accidentalmente el brazo de Laertes alrededor como una muñeca de trapo.

    —...Bien, entonces —Laertes dijo, quitando su mano de la de Hamlet—, así que ¿qué hacemos ahora?

    —Bien. —Una malvada sonrisa cruzó el rostro de Hamlet—, podríamos hacerle a Claudius una visita a medianoche.

    Laertes sonrió de nuevo hacia él. No sin antes preguntar. —Oh, y... ¿puedo tener mi espada de vuelta?

    Hamlet devolvió el arma a su dueño y los dos empezaron a alejarse caminando por la colina, en dirección al castillo. Todo el camino, susurraron planes mientras la puesta de sol lanzó un brillo rojo ensangrentado en sus alrededores.
     
    Última edición: 8 Marzo 2016
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