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Tus Pecados Están En Mi.

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por estefasellan, 24 Junio 2012.

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    estefasellan

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    Escritora
    Título:
    Tus Pecados Están En Mi.
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2418
    SOBRES NEGROS...


    El vuelo había sido lo suficientemente cómodo, como para permitirme dormir, la noche anterior la había pasado en vela, pensando. Mi mente aun no lograba asimilar todo lo ocurrido, porque nada parecía haber cambiado. la señora mackie, se hallaba levantada ya a las 6 de la mañana, caminando de un lado para otro, limpiando las vitrinas de la papelería improvisada en la pequeña sala de la pensión, barriendo los angostos pasillos, desempolvando viejas caras petulantes de personas desconocidas en los retratos, lo mismo de siempre.

    Me recibió con su cordial "buenos días", agregando aquella sonrisa cálida, que no había logrado plasmar en mi memoria, y que cada vez que la veía me hacia encoger el estomago. se acerco y me dio un abrazo, me tense incomoda, la señora mackie noto mi repentina tensión así que sin decir nada se separo.

    Nunca me he acostumbrado a las demostraciones de afecto, y no planeo cambiar eso, crecí en una familia bastante tranquila, era hija única, con padres amorosos, en exceso, había tenido una niñez feliz, era una chica madura y responsable, por lo que acostumbraba obtener lo que pedía. a la edad de 13 años mi madre enfermo y murió; papá nunca se recupero por la pérdida, y 1 año después murió en un accidente automolistico. Mi tío me adopto y aunque siempre tenía tiempo para mi, pase la mayoría del tiempo en la soledad de mi habitación, siempre entre libro y libro, viajando por el mundo en un mar de páginas, refugiada del mundo real que no ofrecía un futuro feliz, como el final de un cuento. Terminé el bachillerato sin problemas, sosteniendo solo un cartón en una mano y en la otra la incertidumbre.

    Debido a que no me decidí por ninguna profesión, me dedique a trabajar a medio tiempo en una cafetería, el horario bastante cómodo de 7:00am a 12:00 pm, me dejaba libre el resto de la tarde. Luego me entretenía en la única cosa repetitiva que no me molestaba, la biblioteca. Trabajaba de 2:30pm a 7:30 pm. El pago aunque mediocre, no disminuía el privilegio de tener a mi disposición miles de libros, así que digamos que era feliz. Con lo que ganaba me mantenía, y podía girarle algo de dinero a tío Lucas, el por supuesto no lo veía necesario, pero para mí, significaba la oportunidad de remunerarle en algo todo el esfuerzo empleado en criarme.

    Podría decirse que viví mi vida como una persona corriente y tranquila por tres años. Al cumplir 20, las cosas se tornaron extrañas. Empezaron a dejarme sobres negros bajo la puerta, no veía quien los dejaba y el sobre no tenía el nombre de quien lo mandaba. El primero que dejaron, llego el mismo día de mi cumpleaños, contenía un papelito color crema con una frase: “el capullo de sakura ha florecido”, cosa sin sentido para mí. Lo único destacable, era el exquisito aroma que desprendía el sobre. Los sobres continuaron llegando, a veces con dos días de diferencia, otros hasta con una semana de atraso, nunca estaba segura cuándo encontraría uno en la puerta; por lo que le reste importancia. Al final, se convirtió en una rutina, las frases nunca se repetían, pero fueron llenando poco a poco el pequeño neceser de mi sala, sin tener idea del porque nunca votaba ningún sobre a la basura, las frases decían: “brilla en todo su esplendor”, “la muerte no es una barrera, solo es otro camino”, “despierta lujuria, envidias y contiendas, pero sigue inocente de lo que provoca en su derredor”, “decidirá el futuro de todo aquello por lo que muchos han luchado”, “conocerá la dulzura del amor, la amargura de la traición, el placer de la venganza y el miedo a sus bajos instintos”, “la época de la magnánima a iniciado, el caos de la rebelión oscurecen el cielo”, “la maldad que la rodea no la mancilla, la suciedad de la matanza no la mancha, pero la mentira la hunde y la hipocresía la enferma”, podía leerlas una y otra vez, las escribía juntas a ver si de esa forma descifraba el mensaje, su significado, pero después de tantos intentos fallidos, me rendí y deje estar los sobres en paz, lo único que nunca dejaba de hacer era respirar hondo el perfume que los oscuros sobres desprendían, ¿qué perfume seria?, no lo podía identificar, ni siquiera comparar con ningún otro, solo sabía que era exquisito y que definitivamente debía pertenecer a un hombre.

    De nuevo entraba la ansiedad y la curiosidad, ¿Quién sería su escritor secreto?, ¿Por qué dejaba sobres sin destinatario, y nunca decía nada coherente, que era en si lo que quería conseguir de mi con los mensajes?

    Solo estaba preocupándose por tonterías, la verdad era que aunque nada malo me había sucedido, sabía bien que nadie de mi familia enviaba cartas eso ya estaba pasado de moda, con la tecnología y la facilidad de conseguirla, escribir había sido relegado a los autores de grandes novelas y películas. Pero el no saber la obligaba a ser más cauta de lo que nunca había sido, no dejaba la puerta sin llave jamás cuando salía y al dormir no solo cerraba la puerta con seguro, sino que además pasaba doble pestillo y ponía la cadena, se encerraba con llave en su pequeña habitación y dejaba la luz encendida, pero a pesar de todo, sentía muy en el fondo que el autor de esos mensajes sin sentido el día en que desease entrar en su casa e irrumpir en su habitación mientras dormía, no tendría dificultad en hacerlo. Pedir ayuda a la policía estaba fuera de plan, no le había sucedido nada, las cartas no tenían sentido alguno y solo había sido amenazada una vez en la vida, cuando tenía ocho años, por una compañera de clase, porque no permitió que golpearan a un niño de un grado menor. Pero obviamente no podía existir un rencor durante años por algo tan tonto, y por encima de todo el perfume era masculino.

    Suspire por doceava vez el perfume y me explayé en la comodidad de mi sofá color crema. El sentimiento de perdida permanecía. Hacia 3 semanas había abandonado el país, mi tío, aquel que fue mi figura paterna y cuido de mi desde que había perdido a mis padres, había fallecido después de una rara enfermedad respiratoria. El agotamiento y el dolor de ver como en unas pocas semanas mi brillante y enérgico tío Lucas se convirtió en un hombre frágil y sin ganas de nada, me estaba pasando factura. Después de dos semanas de sufrimiento, tuvo un descanso, murió mientras dormía. Antes de marcharme, su abogado y amigo de toda la vida, John nicholson, me había pedido que esperara a la lectura del testamento. Pero, yo, deprimida me había negado a quedarme. No necesitaba más de lo que él ya me había dado. Aunque no dejaba de ser egoísta, me sentía herida, porque él me había dejado sola.

    Tenía que parar de divagar, fui al refrigerador y tome el ultimo ponqué de chocolate; lo mejor sería tomar una ducha, tal vez así, lograría despejar un poco la cabeza. Recogí de la cama mi toalla y de un tirón me quite los zapatos, le di el ultimo mordisco a mi ponqué y entre al baño. Justo cuando colgaba la toalla en el gancho, sentí que alguien estaba al otro lado de la puerta. El subidon de pánico me golpeo como un muro. Cerré mis manos en puños y después de abrir la llave de la ducha, para ocultar cualquier ruido, me acerque con cuidado a la puerta y reconocí el mismo olor penetrante de los sobres. Estaba aterrada, ¿Cómo había logrado entrar? ¿Debía llamar a la policía? Entonces note que mi celular no estaba en mi bolsillo, lo había dejado encima del comedor ¡simplemente genial! ¿Qué debía hacer? No tenía ningún arma para defenderme, pero no podía quedarme toda la vida metida en mi cuarto de baño esperando hasta que el desconocido en mi apartamento decidiera si robar, o aguardar a que yo saliera del baño, para atacarme. No lo escuchaba caminar, pero sentía su presencia en el apartamento, entonces, le sentí frente a mí, estaba al otro lado de la puerta. Las palmas empezaron a sudarme, ¿sería un asesino? ¿Echaría la puerta abajo para llegar hasta mi? Escuche como una uña raspaba la puerta y sentí como si esa uña se estuviese deslizando por mi espalda. ¡Suficiente! Tome la tapa del inodoro y tome aire. Saldría y le partiría el mármol en la cara.

    Apreté mi improvisada arma entre mis heladas manos y abrí la puerta de un golpe. Para mi sorpresa, no había nadie hay. ¿Habría sido mi imaginación? Entonces, el delicioso perfume me acaricio el rostro. ¡Maldición! , salir había sido una mala idea, tenía que salir del apartamento y tratar de llegar al vigilante. Sin soltar la tapa del inodoro, corrí hacia la puerta y dejando bajo el brazo el trozo de mármol, intente girar la perilla, que ante mi creciente temor, no giro.

    -lo que tiene en las manos debe pesar. Sentí que perdí todo el aire. Con el nudo en la garganta, me gire y con toda la fuerza que tenía trate de golpearlo. Pero el detuvo el viaje de la tapa de mármol contra su cara sin ningún esfuerzo. A pesar del terror, sentí como él me quitaba la tapa con suavidad y la dejaba en el piso, yo, sabía que debía aprovechar para huir, pero estaba fija al suelo. Cuando volvió a levantarse, sus ojos me recorrieron inquisitivamente. Su cabello era negro y desordenado, sus ojos grises, tristes e intensos. Tez amplia y cejas gruesas y arqueadas al final, su boca era firme y sus labios herméticos, su cara cuadrada y salvaje y de un color aceitunado. En general tenía un aspecto sofisticado, macizo y corpulento, debía medir 1.97 m.
    -no huyas, lo que tengo que comentarte no tomara mucho tiempo…… ¿quieres sentarte? Le mire confundida, ¿Qué diablos estaba pasando? calculaba la distancia que tendría que recorrer para llegar hasta mi teléfono celular. el se quito los guantes de cuero negro y los guardo en el maletín.-no seria muy sensato llamar a la policía, sin tener ninguna razón y ademas, no quiero tener que atarla a la silla, si planea generarse a usted misma problemas. ¿atarme a la silla?

    -¿tiene idea de lo que ha hecho? El ya se acomodaba en el sofá grande de la sala, se comportaba como si estuviese en su casa. Me miro divertido y me señalo el sofá, invitándome educadamente a sentarme. ¿Qué pasaba con este tipo?

    -sí, le he invitado a sentarse, es mi intención conversar ampliamente con usted. Sin alejarme de la puerta, deje mi estrés, el miedo y el mal humor fluir hacia él. ¿Era o no una amenaza para mí?

    -creo que no comprende, se ha metido en mi casa, no sé cómo, ni porque, a rondado por mi apartamento sin mi permiso, ¿de verdad cree que no tengo ninguna razón para llamar a la policía, sabia usted que el allanamiento de morada es ilegal? Su rostro permaneció inexpresivo ante mi reclamo. Solo se puso de pie e inclino la cabeza.

    -espero pueda perdonar, mi ortodoxa manera de darle una importante información, pero es urgente que me escuche. ¿Acaso se estaba burlando de mí? Y ¿ese acento de donde era?

    -no creo que eso valla de que le perdone, si no quiere que llame a la policía, le recomiendo que salga de mi apartamento ahora mismo, espero no volver a verle. Bueno, eso de no volver a verle me hizo sentir lástima, era una verdadera tragedia no volver a ver un rostro como el suyo. ¿pero en que estaba pensando?

    -si eso es lo que desea, así será, preví que algo como esto pasaría, así que deje para usted todo lo que vine a comunicarle por escrito, el sobre esta encima de la despensa en su cocina, si tiene preguntas, no tiene que comunicarse conmigo, en esta tarjeta hay un numero y una dirección en donde gente de confianza aclara lo que usted necesite saber. Deslizo la discreta tarjetica por la mesa de estar. Su intensa mirada pareció fluctuar a una mas ausente. Sin darme tiempo a reaccionar, se acerco y deposito un posesivo y hosco beso en mi mejilla. Y salió rápidamente de mi apartamento.

    ¡¿Qué se suponía que acababa de pasar?! Tuve que resistirme a caminar tras de él y alcanzarle. ¿Porque me sentía tan atraída y quien era él? ¿Qué pasaba con mi sentido de auto conservación? Había irrumpido en mi hogar y había dejado que me besase. No entendía nada. ¡El sobre, eso era! De seguro explicaba quien era él y a que había venido. Corrí hacia la cocina, pero me detuve a medio camino, el se había ido y ¿la puerta no estaba asegurada? Regrese a la entrada de mi apartamento y efectivamente estaba cerrada con llave. ¿Cómo había entrado sin forzar la puerta? Las llaves, tome mi bolso y seguían en el bolsillo delantero, donde siempre las dejaba. ¿El tenia una copia, como la había conseguido? No había pasado el pestillo. Solo tenía llave. Pase rápidamente el tubito trancando mas la puerta y me dirigí a la cocina. Tal y como había dicho, el sobre, negro igual que el montón de sobres en mi mesita de noche, estaba sobre la despensa. Al tomarlo el exquisito perfume inundo la cocina. Lo abrí con cuidado a pesar del afán y me encontré con un fajo grueso de hojas juntas por un gancho. " Querida Nathalie, lamento no poder explicarte esto en persona, pero estoy enfermo y los doctores dicen que no tiene cura, en si es una enfermedad algo mañosa, me e sentido terriblemente mal durante varias semanas, pero hoy...bueno, hoy me siento como si tuviera 20 años de nuevo, y quise aprovechar para explicarte sobre lo que e hecho durante toda mi vida y sobre quien es Bastian y Markuz Dietricht...." Esto... tomaría tiempo.
     
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