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    Asurama

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    Drama
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    The Legacy

    The Legacy
    1. El Hanyou

    —¡Anda, ven acá, quiero conocer tu fuerza! —desafió al hanyou de cabello plateado.

    —¡Ven acá, oh todopoderoso príncipe Inuyoukai! —se burló el hanyou a su vez—. ¡Ven si tienes agallas!

    —Hanyou cobarde —lo provocó el joven príncipe, murmurando.

    —¡Youkai engreído!

    Se abalanzaron el uno contra el otro y comenzaron a empujarse, hacia delante, hacia un lado y hacia el otro.

    A pesar de ser un hanyou, a Kanta no le faltaba fuerza para pelear contra un youkai de más o menos su talla. Mientras se empujaban en violento juego, fueron moviéndose de lugar hasta que, sin darse cuenta, el hanyou cayó en el estanque bastante profundo y vio, sorprendido, cómo las brillantes carpas lo rodeaban para pasar nadando a su lado. Sacó la cabeza, escupió un chorro de agua y se sacudió como todo un perro antes de esbozar una enorme sonrisa.
    Parado junto a él, al borde del estanque, Akyoushi negaba con la cabeza, con el rostro serio, intentando no esbozar la sonrisa. Tenía que mantener la compostura, tenía que mantener la compostura, no podía permitir que su honorable padre le viera sonreírle a un hanyou. Y menos a un hanyou hijo de Inuyasha… que guardaba un acusado parecido con su fallecido abuelo.

    —Me he golpeado la retaguardia por tu culpa —escupió Kanta y extendió una mano—, anda, ayúdame a salir del agua.

    El joven Inuyoukai negó con la cabeza.
    —Sal solo.

    —Eres malo.

    —Ese truco no te funcionará —por supuesto que quería tirarlo al agua para no sentirse solo en eso de quedarse mojado, pero él no iba a dejarse tirar, no era idiota.

    Sorpresivamente y en un movimiento rápido incluso para un hanyou, Kanta salió del agua, salpicándolo y saltándole encima, para empujarlo hacia atrás.
    Nuevamente, ambos comenzaron a empujarse el uno al otro, intentando tirarse al suelo. A pesar de ser un hanyou, Kanta sabía que tenía una fuerza nada menospreciable y le encantaba medirla. Akyoushi se sentía poseedor de una gran fuerza aún a su edad y le encantaban los desafíos. A pesar de que siempre le ganaba a Kanta, le gustaba jugar con él y también reunirse en la tarde, a la hora del entrenamiento y despedirse cordialmente antes del crepúsculo y del toque de queda.
    Cuando eran pequeños, no había tenido muchas oportunidades de ver a Kanta, el chico vivía en una aldea humana, junto con su madre, una miko humana y su padre, un hanyou, como él. El primero en la línea de sangre que había logrado el prodigio de ser Inu no Taishou. Sin embargo, Inuyasha había renunciado tácitamente al cargo que le correspondía, prácticamente había rechazado de una forma deshonrosa el deber de la línea de sangre. Por eso vivía lejos, en una aldea al este de Musashino. Había elegido a su familia y a sus amigos. Había elegido a sus humanos.
    Una vez, su honorable padre había viajado allí para hablar con Inuyasha y se lo había llevado consigo. Fue así como conoció a Kanta y ambos trabaron amistad en el acto. A su padre aquello no le había hecho ninguna gracia, pero a Akyoushi no le costó nada hacerse el desentendido y ponerse a jugar con su primo recién descubierto, del que antes no había oído hablar siquiera. Kanta era un par de años mayor que él, pero era inmaduro y parecía menor. Aún así, Kanta era dueño de un gran corazón, fruto de su vida entre cálidos seres humanos.
    Akyoushi no podía comparar mucho. Su padre siempre había sido estricto, le había enseñado mucho y siempre le exigía tal vez más de lo que era capaz de dar. Pero nunca le había dado ni una sola muestra de afecto en su vida. De su madre no sabía nada, no la había conocido. Y se sentía abandonado, no quería conocerla. Aún así, el protocolo —el maldito protocolo— lo exprimía, obligándolo a parecer tan perfecto como un dios, nunca con una palabra, un gesto o una expresión fuera de lugar. Su lugar de príncipe le obligaba a ser completamente hierático, le gustase o no.
    Tal vez por eso estaba agradecido con Kanta. Con él, podía ser como quería, sin fingir nada. Por otro lado, Kanta se tomaba la vida muy a la ligera. Y así, se veía metido siempre en muchos problemas, dada su irresponsabilidad. El hanyou era apenas consciente de quien era, no se daba cuenta de que era parte importante del Clan. Tal vez, por eso y por algunas otras cosas, Akyoushi a veces no lo toleraba. Cuando podía, le daba alguna paliza… pero no era una paliza “en serio”, eran unos golpes jugando. Su tío no le hubiera permitido alargar la mano, le hubiera reventado la cabeza a golpes.

    Akyoushi, a pesar de saber que las cosas no eran realmente así, había aprendido que “Inuyasha y los suyos no son de la familia”. Por eso no le decía tío. Le decía simplemente “Inuyasha”. A Kanta, por otro lado, nadie le hubiera permitido que llamara “tío” a su padre, el líder del clan y señor de occidente. Por eso, le llamaba obligadamente como todas las personas ajenas a la familia: o-yakata-sama.

    Akyoushi tenía que reconocer que Kanta había crecido mucho en los años que habían pasado sin verse el uno al otro, les había costado reconocerse. Kanta había llegado a la edad en que los jóvenes del clan eran probados por sus padres, pero Inuyasha se había negado de plano a educarlo, así que su padre, el verdadero Inu no Taishou, se había cargado con la responsabilidad de Inuyasha, “tomándose la libertad” de admitirlo en las tierras de occidente para que entrenara, hasta el momento de ponerlo a prueba. Aquello, según el punto de vista, era una bendición… o una maldición.

    Kanta era bastante parecido a Inuyasha, con la misma tez morena, los mismos ojos oscuros y el mismo cabello plateado, de aspecto tan desarreglado. Tenía en el rostro dos líneas añiles que pasaban justo por debajo de sus ojos, demostrando que tenía sangre de Inuyoukai, aunque tan perdida debajo de un mar de sangre humana, tan perdida que no podría controlar sus instintos si estos alguna vez afloraban. Al ser un fenómeno desconocido para él e imaginarse a un Kanta perdido en sí mismo, Akyoushi tenía cierto temor. Era como escuchar un ruido en la oscuridad y no saber su procedencia. Sabía que su padre le odiaba por parecerse… por parecerse a su padre.
    Akyoushi miraba en silencio a su primo e intentaba imaginarse, sobre la imagen de su orgulloso padre, cómo habría sido su abuelo. Kanta comía las sobras de la servidumbre y dormía junto al establo. Vestía de una manera humilde y, ante la presencia de esos portentosos inuyoukais, permanecía en silencio y cabizbajo, humillado, como correspondía. Akyoushi sentía cierto dolor al apreciar aquello, pero el protocolo —el maldito protocolo— le impedía demostrar ese sentimiento. Ese o cualquier otro. Un príncipe Inuyoukai no debía, bajo ningún motivo, tener sentimientos.
    Por su parte, Kanta también se quedaba viendo a su obstinado primo con cierta admiración. Cabello largo casi blanco, y un bonito rostro perfilado, redondeado y suave y solo una marca de luna adornando su frente. Era increíblemente parecido a su padre, Sesshoumaru-sama pero… sus ojos tenían una curiosa mirada felina, bastante alejada de los ojos rasgados de su padre. Sus ojos eran muy claros, como los de su abuela —la abuela de Akyoushi—, a la que solo había visto a la distancia, porque le daba “cosa” acercarse y lo consideraba más que inapropiado. Solo era una vieja con maneras antiguas, que quería hacerse la jovencita. Pero decirlo le hubiera valido una reprimenda de los habitantes de la Casa.

    A Akyoushi le gustaba bastante llevar esos juegos con él, pero a veces, su paciencia se agotaba y se lo sacaba de encima con una manera muy bruta. El chico tenía unos catorce años, sí, pero no solo su talla era mayor, sino que sus actitudes lo hacían parecer más grande, incluso más grande que él, que tenía diecinueve.

    —Mi honorable padre no soportará tu olor a perro mojado —le soltó Akyoushi en un modo bastante cordial, o lo que era cordial para un youkai—. Mejor ve a bañarte antes de que él llegue a casa.

    —¿Ya no quieres seguir jugando?

    —A mi honorable padre no le hará ninguna gracia encontrarnos así —el príncipe tenía ganas de ahorrarse algunas reprimendas para cuando valieran la pena.

    —¿Y donde quieres que me bañe? ¿En el estanque, con las carpas nadando alrededor de mi cosa?
    Era verdad que, aunque ahora vivía en un palacio, andaba peor que un paria, como un pulgoso perro callejero.

    —Donde sea, no es mi problema.

    Era la forma de Akyoushi de decir “ni creas que te prestaré mi baño”. Es que no quería que apestara a hanyou. Y allí era donde cobraba importancia la educación que le habían dado su padre y su abuela. Además, si olía a hanyou, su honorable padre era capaz de rechazar su presencia sin más, porque no era nada contemplativo en asuntos como esos. Si su padre tenía que educar a Kanta, lo haría, pero también lo hacía sentirse una rata de pozo. Pobre Kanta.

    —Tú me tiraste al agua.

    Akyoushi lo miró con un gesto que, en su poco hablar, significaba “nos vemos luego, no te pierdas”. Y fue en dirección a la casa principal.

    Kanta lo siguió hasta la puerta, soltándole improperios.

    Akyoushi solo le contestaba “sí, sí”, sin escucharlo, metido en sus propios problemas. Kanta, como la regla lo marcaba, no podía poner un solo pie en la casa principal, así que siguió hablándole desde la puerta, hasta que su primo se perdió de vista por unas largas escaleras. El príncipe se paró en el pasillo y miró hacia abajo, a donde estaba su primo, el hanyou. Y luego, siguió con paso firme, aquel que requería el —maldito— protocolo. El mismo que le impedía entablar cualquier tipo de relación con cualquier otra cosa que no fuera un youkai de linaje puro. Sin embargo, apreciaba a su primo y no dejaba que los demás lo maltratasen y lo llamasen el mestizo (hanyou).
    Subió por las escaleras y recorrió los pasillos que le conducían a su habitación. Antes, paró frente a la habitación más oscura de toda la casa y miró a sus puertas rojas como la sangre. Allí dentro estaba la razón por la que él, a pesar de ser un youkai puro, jamás podría llegar a ser Inu no Taishou.
     
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    Pan-chan

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    Re: The Legacy

    Bueno aqui me tienes como siempre leyendo tus escritos ^^ esta nueva historia tuya promete cosas nuevas, diferentes...quizas ya me he acostumbrado al toque sombrío de tu historia "Colmillo sangriento" pero noté el inicio de este fic muy tranquilo, teniendo en cuenta que se trata de ti esperare a que avance un poco más la historia xD no vaya a ser que me lleve una gran sorpresa.

    Mas aun, me sorprende un poco que incluyas a Inuyasha tan rapido en tu historia, generalmente hubieses empezado por cualquier otro personaje (cof cof no quiere decir nombres cof cof) eso tambien me sorprendio un poco.

    Creo que este capitulo es de los mas cortos que te he leido, aún asi me parece interesante la idea, estare al pendiente del proximo capitulo ya que se que contigo puedo esperar lo que sea ;)
     
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    Hikari Azura

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    Re: The Legacy

    Hola oniii-chan

    Aqui me tienes como siempre siguiendo tus ffs, como tu hermana menor te admiro en como escribes!!. ultimamente no he podido seguir leeyendo colmillo sagriento ya que casi ni tengo tiempo de estar con la compu pero en una escapda que me de lo leeire todo eso tienes por seguro.

    Como dice Pan-chan es muy raro que allas empazado a relacionar tan rapidamente a inuyasha en el primer capitulo!, pero en fin este ff se ve un poco mas relajado y mas tranquilo, y creo que conociendote nos daras una sorpresa mas adelante eso creo.

    Me gusto en la forma de que habla de los hijos de sesshomaru y inuyasha ...quien lo diria! pero aun asi esta super interesante, pero me pregunto por que Akyoushi no llegara a ser un inu no taisho??, debera ser por algo de la madre y la desendencia el fin. pero se me hace injusto en como tratan al hio de inuyasha parese mas bien un arrimado alli...

    Bueno mejor me espero a que subas tu proximo capitulo. espero verte pronto onii-chan!!

    Bessos tu hermana menor ...

    Hikari Azura
     
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    Asurama

    Asurama Usuario popular

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    Re: The Legacy

    2. El medio hermano.

    Subió por las escaleras y recorrió los pasillos que le conducían a su habitación. Antes, paró frente a la habitación más oscura de toda la casa y miró a sus puertas rojas como la sangre. Allí dentro estaba la razón por la que él, a pesar de ser un youkai puro, jamás podría llegar a ser Inu no Taishou.

    Como todas las palabras en el idioma humano, “hanyou” significaba muchas cosas. Significaba “mestizo”, significaba “híbrido”, pero, principalmente significaba, de modo despectivo “solo una mitad de la magia”. Debía ser difícil ser la mitad de algo. Para Kanta debía ser difícil ser solo una mitad. Inuyasha era el medio hermano de su padre. También era muy difícil ser solo la mitad de la sangre y él lo sabía por ser “el medio hermano”.

    En esas dependencias, descansaba su honorable hermana mayor. Ella vivía encerrada allí, bajo once sellos, como si fuera una cárcel. Casi nunca la veía y nunca se habían hablado. Su hermana tampoco había conocido a su madre, pero, desde luego, no era la misma que la suya. Ella era la consentida de su padre y, a pesar de ser diferente, era a quien él había elegido para ser la sucesora como dueña de las Tierras y cabeza del Clan. Y sanseacabó. Había sido la decisión de su padre. Pero además, la decisión del líder. Y de sus decisiones no se discutía. Protestarle a su padre por una cosa así le valdría un memorable castigo que prefería no provocar. Intentar hacerle algo a su hermana para que la responsabilidad recayera finalmente en él… le valdría un castigo aún peor.
    Pero aparte, su hermana era como algo muy sagrado. Él la admiraba y sentía un gran respeto hacia ella. Se había sentido afortunado las pocas veces que la había visto y se lo demostraba con profundas reverencias, aunque ella no hiciera caso. Esas reverencias siempre iban cargadas de un profundo dolor. El dolor de saber que ella tenía algo que él no alcanzaría nunca y por lo que tampoco le estaba permitido luchar para, al menos, intentarlo. Era un dolor de sentirse rechazado aunque sabía que no lo era. Era por no entender cómo alguien diferente podía pasarlo por encima sin siquiera mirarlo, sin siquiera verlo.
    Ella era la otra razón por la que a veces, no toleraba a Kanta. Kanta miraba a su hermana con unos ojos… con unos ojos… ¡simplemente detestaba la forma en que su primo miraba a su hermana! Le daban las ganas, que antes no había tenido, de partirle la cara de un golpe. Su padre parecía pensar de modo similar. Digamos que a nadie de la familia le gustaba la idea de ver que ese mugroso hanyou hijo de Inuyasha se acercara a su hermana… el problema era que a ella no parecía molestarle en igual grado… no parecía molestarle en absoluto.

    Quería gritarle algo como.
    “¡Hanyou inepto, deja de mirar a mi hermana!”

    Akyoushi entendía que, si incluso a él le estaba prohibido faltarle el respeto o acercársele demasiado ¡qué decir al irresponsable de Kanta!

    Era una cosa de…
    “Te acercas a mi hermana y mi honorable padre te mata. Te despelleja vivo. Y yo no pienso impedirlo”.
    “Es más, hasta le ayudo”.

    Pero no era solo por capricho. Es que Kanta la miraba de una manera que no le gustaba nada. Le entraban unos deseos de tener el don de la telepatía para poder golpearlo con motivos.

    Y es que su hermana era demasiado hermosa. Podía ser youkai, pero más bien parecía un ángel. Un ángel todo blanco y puro. Un ángel pequeñito, pero muy poderoso. Un ángel bondadoso y cálido…

    “¿Pero qué estás haciendo parado en frente de la habitación de tu hermana, mirando una puerta como estúpido?”

    Y siguió caminando, hasta llegar a un balcón, mirando al cielo oscurecido de rojo fulgor, era como ver un incendio a la distancia, era como ver un océano de sangre. Desde el horizonte, venía aquello que calmaba toda esa oleada de confusión que tanto malestar le causaba, reemplazándola por un océano de paz y de seguridad.
    __________________________
    Pan-chan.
    Sé que te has acostumbrado al toque sombrío de Colmillo Sangriento... pero no debes nunca olvidar que Luchy es netamente una romántica soñadora, así que no todas mis historias serás oscuras... aunque tampoco sean de color de rosa, claro está.
    Fic diferente de los que he hecho, sí, cosas nuevas, sí... y cosas viejas también. No olvides que soy lo más conservadora posible. Sorpresas, sí. Spoiler, no.
    Es verdad, ahora que me pongo a pensar, que todos mis fics siempre los inicio con Rin. Sin embargo, no debe de extrañarte que esta vez empiece por Inuyasha, después de todo, esta serie es INUYASHA, jeje.
    Es verdad, es de los capítulos más cortos que he escrito hasta el momento, en todos mis fics.
    Si quieres, puedes tomarlos como las pequeñas viñetas de drabbles de sessxrin. Serán tramas cortas, concisas, algo autoconclusivas, de capítulo a capítulo y se entrelazarán todas en una sola historia.

    Hikari Azura
    Me alegra verte, y me alegra que te sigan gustando los Asuras.
    :amano: ejem.
    Volviendo a mi fic, me alegra que lo estés leyendo. Sé que Colmillo Sangriento es de esas historias que tienes que agarrarlas con tiempo, por eso, en mis fics actuales me dedico a subdividir capítulos para gente con poco tiempo, como he dicho. Es mi placer escribir cientos de páginas, pero leerlo no es igual de fácil para todos xD
    Los hjos de Inuyasha y Sesshoumaru traen sorpresas, no puedo hablar mal de ellos, al menos no aún...
    En fin, sobre el "misterio de Akyoushi"... hay varias razones por las que él no podrá ser Inu no Taishou. Aquí, una de las razones. Las demás las conocerás al avanzar la historia. Y sí, tratan mal al hijo de Inuyasha, y sí, el pobre es un arrimado, pero todo tiene un motivo y ya lo verás.
    Aquí, te habrás dado cuenta de que la relación entre los chicos es suave, agradable y llevadera. ¡Qué ironía! Y pronto, más sorpresas.
     
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    Pan-chan

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    Re: The Legacy

    Ya veo, asi que cada capitulo será relativamente corto. Bueno, me gustó como expresaste los primeros parrafos, es verdad que Inuyasha solía molestarse cuando Kikyo le llamaba Hanyou, para ellos esa palabra es despectiva.

    La narración está bastante bien, pero recuerda no juntar tanto los párrafos, es el único detalle que veo que se te escapa a veces de las manos, de resto todo me ha gustado, que mas puedo pedir? te estoy leyendo más que de costumbre xD

    Espero ver un poco más sobre Akyoushi, me llama la atención este personaje en particular :cool: no es que no me agrade Kanta, pero el primero tiene ese "no se que" o tal vez resulte ser el malo y como siempre me fijo en los personajes locos?? xD (complejo_satsuki_on)
     
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    Asurama

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    Re: The Legacy

    3. Inu no Taishou

    El cielo rojo fue oscureciéndose poco a poco y un fuerte viento comenzó a soplar. A lo lejos, divisó la majestuosa silueta del portentoso youkai. Las campanas de aviso comenzaron a sonar incesantemente y los guardias, soldados y demás sirvientes comenzaron a correr de aquí para allá, buscando regresar pronto a sus puestos. Akyoushi corrió hacia la puerta principal de la Casa y se paró junto a ésta, en lo alto de la escalera, a esperar.
    Kanta conocía ya de memoria aquel barullo. En los últimos meses lo había presenciado días de por medio. Justamente, había acabado de bañarse con el agua de fregar los pisos que había sobrado, así que corrió a la plaza de armas que estaba frente a la Casa y se ocultó en un rincón de la misma, a esperar en silencio.
    Era como si un relámpago entrara, imponente, a través de las puertas.
    Inu no Taishou levantó la vista y, de un modo hierático, miró a Akyoushi. Todo mundo se inclinaba a su paso para saludarlo, llamándolo O-yakata-sama, como antaño habían llamado a su padre. En u rincón, el hanyou Kanta murmuró algo. Él siguió pasando sin mirar a nadie. Llegó hasta la Casa, subió los pocos escalones y, una vez estuvo parado junto a Akyoushi, lo miró desde lo alto.
    Al joven príncipe se le infló el pecho. Le dedicó la reverencia más profunda que le salía.
    —Honorable padre.

    —¿Se encuentra todo en orden?

    —No hay nada fuera de lugar —Akyoushi solo bajó la cabeza. Siempre estaba bien para los demás, no podía estar mejor.

    —¿Y su hermana mayor?

    —No ha salido de sus dependencias —se disculpó con una reverencia aún más profunda que la anterior.

    Akyoushi consideraba un poco indigno que la futura Inu no Taishou no saliera ni siquiera para recibirlo, pero estaba acostumbrado, después de trece años. Era él quien recibía a su padre, por eso sentía gran orgullo. Su padre era, por mucho, el Youkai más fuerte que jamás antes había existido. Era orgullo de todos los habitantes de aquella casa. Su padre era casi como un dios viviente y tenía un porte majestuoso.
    Más de una vez no había podido sostenerle la mirada y había terminado postrándose en el suelo.
    Kanta también solía saludarlo postrándose, las pocas veces que lo había tenido frente a él.

    —El Maestro Sesshoumaru —anunció un youkai que estaba debajo de ellos, llamando la atención de todos los presentes—. Lider del Clan Inuyoukai y Señor de las Tierras del Oeste.

    Seguidamente, el youkai indicó a Akyoushi.

    —Su alteza, Akyoushi-sama, joven príncipe del Clan Inuyoukai.


    Pasada la presentación, a la que Sesshoumaru conocía más por el nombre de “escándalo”, se retiró a sus dependencias. Akyoushi esperó algunos minutos antes de seguirlo con disimulo. Cuando ambos se perdieron de la vista de los sirvientes, éstos comenzaron a dispersarse nuevamente: el toque de queda les obligaba a refugiarse rápidamente. A la décima campanada, no debía haber ni un alma suelta. De haberla, moriría. La única persona que tenía permitido salir luego del toque de queda, aparte de Inu no Taishou, era la Dama. Rin.

    —Akyoushi —soltó Kanta.

    —¿Kanta? —preguntó él confundido, acercándose a la balaustrada—. Ha pasado el toque de queda —susurró—. No deberías estar aquí.

    —Está bien. Solo quería despedirme.

    —Adiós —fue todo lo que dijo el joven príncipe, antes de perderse en el interior de la Casa.
    Y Kanta corrió hacia el establo antes de que alguien lo viera y lo atacara.

    Se quitó la última pieza de sus armaduras, mientras esperaba que los cortos pasos se acercaran a las dependencias.
    —Entra.

    Akyoushi entró con lentitud y se paró a varios metros de distancia. Su padre volteó a verlo y el joven sintió que la vista se le nublaba.

    —¿Ha entrenado el flojo hijo de Inuyasha?

    —No lo ha hecho.

    —¿Con qué escusas esta vez?

    —No hay excusas, padre.

    —Dile que se vaya.

    —Pero padre —protestó confundido—. Ha pasado el toque de queda, no puede hacerlo salir, lo matarán.

    —No me importa.

    —¿Está usted enojado con Kanta?

    —Solo sirve para molestar ¿No le has visto durante la presentación?

    —Claro que le he visto.

    —Deshonra al clan con su flojera, es un pésimo ejemplo. Nunca esperé demasiado de un vástago de Inuyasha.
    Soltó un chasquido y, al instante, aparecieron varios guardias. En vista y considerando que Akyoushi no pensaba sacar a Kanta por sus medios, lo haría él. Ordenó el exilio inmediato.


    Kanta arrugó los ojos y los abrió. El olor a youkai invadió su nariz y se dio cuenta de que estaba rodeado de más de cuarenta.
    —Pero miren nada más qué tenemos aquí —dijo uno, relamiéndose.

    —Es el pequeño vástago de Inuyasha.

    —Tiene la sangre más sucia que la de él.

    —El amo ordenó que lo echáramos, pero creo que no lo lamentará si nos lo comemos aquí.

    Todos comenzaron a reír y a rodearlo en un círculo cada vez más pequeño, mientras él se ponía de pie y tomaba una posición defensiva, preparando las garras y colmillos para atacar.

    —El niño cree que nos derrotará —se burló alguien.

    —Idiotas, puedo con todos ustedes a la vez.

    Saltó y ellos saltaron encima de él y comenzaron a golpearlo, rasguñarlo y morderlo. Él los empujaba, en un inútil intento de quitárselos de encima.
    —¡Basta! —gritó alguien detrás de ellos y se metió en medio de la pelea, interponiéndose entre Kanta y sus agresores, sirviéndole de escudo—. Déjenlo, no lo ataquen.

    —Tenemos que deshacernos del hanyou —se excusó alguien.

    Ella se abrazó a él. Él intentaba quitársela de encima, para que no quedara atrapada en la trifulca.
    —Pasen sobre mi cadáver —los desafió sin un poco de miedo.

    Todos temblaron y comenzaron a retroceder. No podía atacar a Rin. A no ser que quisieran que el amo los borrara del mapa.
    Akyoushi y Sesshoumaru, que habían estado observando desde el balcón del último piso, se asomaron y miraron sorprendidos. Sesshoumaru golpeó en el pasamano con tanta fuerza que rompió un trozo. Su hijo retrocedió, sorprendido por su reacción. Sesshoumaru salió corriendo, para sacar a Rin de la pelea. Llegó en segundos e hizo retroceder a todos por el solo acto de mirarlos.
    Rin acudió a su don de intercesora en un intento de cambiar el feo curso que estaban tomando las cosas, aún cuando Sesshoumaru le estaba dando la espalda.

    —Sesshoumaru-sama, no puede permitir que ellos ataquen al chico, el no tiene la culpa de nada.

    No tenía la culpa de ser hijo de Inuyasha, tampoco tenía la culpa de ser hanyou, ni de parecerse al antiguo Inu no Taishou. El youkai la miró por sobre el hombro, y escuchó.

    —Sesshoumaru-sama, por favor, perdónelo, dele una oportunidad.

    Kanta sintió que tenía un Déjà vue. Era exactamente lo que le había pasado tiempo atrás, cuando había llegado a las Tierras del Oeste. Un enorme grupo de youkai se había reunido para vengarse de él, Rin se había metido en medio, Sesshoumaru había aparecido para evitar que los youkai la atacaran, ella había pedido piedad, él le había concedido asilo. Todo empezaba de nuevo.
    —Largo de aquí —murmuró el Inuyoukai

    Ella se separó de Kanta y comenzó a retroceder.
    —No te lo estoy diciendo a ti. Es al hijo de Inuyasha.

    —Sesshoumaru-sama, el hijo de Inuyasha tiene nombre —murmuró confundida.

    A él, por supuesto, no le interesaba aquello. El mocoso no se iba a quedar lo suficiente como para que él necesitara aprenderse su nombre.
    —¡Largo!

    Kanta, sobresaltado, se metió al establo.

    —Ve a tus dependencias —le dijo el youkai a Rin con suavidad.

    Ella se le quedó mirando por unos momentos y luego, fue a buscar a Kanta, lo sacó del establo y se lo llevó a la cocina, aunque Sesshoumaru se quedase regulando por su desobediencia. No era buen ejemplo para todos esos youkai. Así que los echó de su presencia:
    —¿Y ustedes qué miran?
    Y todos huyeron.


    —¿Kanta, te encuentras bien? —volvió a preguntar Rin por quinta vez, mientras lo llevaba hasta la mesa de la cocina, para que se sentase.

    —Sí, claro que estoy bien —le apenaba tener que agradecerle, pero si no hubiera sido por ella, él probablemente habría terminado como papilla de hanyou, lo sabía—. No entiendo por qué me atacan —se empequeñeció, no tenía la culpa de ser hanyou.

    Rin le puso una taza de agua en frente y se le quedó mirando en silencio. Lo sabía. Pero no iba a decirle a Kanta que parecerse a su abuelo era prácticamente como un pecado mortal. Era una cuestión moral, por eso callaba todas las cosas que sabía y que creía “importantes”. No quería herir susceptibilidades.
    Por ese silencio que tenía últimamente, algunos la consideraban estúpida. Otros tantos, la consideraban una bruja. Y la gran mayoría no entendía por qué ella tenía que seguir viviendo, cuando se suponía que debía estar muerta. A ella no le importaba nada de eso. Solo Sesshoumaru le importaba. Y claro, la seguridad de los inocentes era también algo importante. Cuando alguien estaba metido en problemas graves, ella se veía a sí misma en los otros, clave principal de la compasión al prójimo.
    Para evitarles problemas futuros, tener compasión venía ya incluido en el paquete de educación de los jóvenes príncipes. Al menos de Akyoushi. Tener esa previsión era algo que debía reconocerle a Sesshoumaru. Porque era un gesto que su padre definitivamente no había tenido.
    Kanta bebía el agua muy lentamente, tratando de prolongar su tiempo con Rin. Ella era agradable y su presencia era como una medicina para el alma. Cuando la tenía cerca —en muy raras ocasiones—, sentía que no era verdaderamente rechazado y que ser un hanyou no tenía por qué ser una experiencia traumática, que se cargara como un peso.
    Kanta no sabía si ella era consciente del modo en que hacía sentirse a los demás, pero de todos modos, se lo agradecía profundamente.

    —¿Alguna vez dejarán de molestarme?

    —Ellos tienen que entender que no importa lo que somos, sino lo que hacemos. Son ellos los que están mal, no tú —le acomodó un mechón de cabello—. Te pareces mucho a tu papá.

    —Gracias por el cumplido —se sonrojó.

    —Ellos creen en ti, por eso te han dejado venir aquí y permanecer.

    Kanta pensó mucho en esas palabras. Ta vez, sus padres y los amigos de la familia sabían que no sería bien recibido y que Sesshoumaru le maltrataría. Aún así, pusieron algo de confianza en él para dejarlo ir a un lugar tan lejano y desconocido, donde estaría rodeado de desconocidos. Por suerte, encontró a alguien como Rin.

    —A veces tengo miedo de que las cosas salgan como no las espero.

    —Al amo le sucedió muchas veces, y estoy segura de que dudas tuvo muchas, pero no por eso dejó de luchar.

    —Pero él es un daiyoukai.

    —Sin embargo no lo fue siempre.

    —Pero siempre ha tenido la sangre pura.

    —Pero eso no evitó que tuviera problemas.

    Kanta no veía el motivo por el que un poderoso y portentoso youkai como Sesshoumaru hubiera tenido que sufrir vicisitudes alguna vez, pero si Rin lo decía, era mejor creerla. Ella tenía, cuando lo necesitaba, una lengua filosa que nunca mentía. Era mordaz, extrovertida y valiente, y eso le gustaba. Curiosamente, eran cosas en las que ella se parecía un poco a su madre. Pero, sin dudas, Rin era mil veces más valiente y fuerte. La prueba estaba en que acompañaba a Sesshoumaru. Para lograr eso, seguramente era necesaria una enorme fuerza de espíritu… que Kanta no creía poseer.
    Esa fuerza sí la tenían Sana, Akyoushi y Rin.

    Sana. La futura Inu no Taishou. Y tan igual al mismo Inu no Taishou ¿Interesante, verdad?

    —¿Quieres preguntar algo? —le dijo Rin con una sonrisa, al ver que él se le había quedado mirando.

    —¿Cómo es Sana?

    —Es gentil. Me sorprende que la llames por su nombre, cuando ni siquiera el Príncipe lo hace.
    Kanta se crispó y bajó la vista, con el rostro enrojecido como un tomate. Ella rió con ganas.
    —No vayas a salir de la cocina hasta que acabe el toque de queda.

    Él asintió.

    —Ahora debo irme —agregó ella—. O-yakata-sama debe de estar esperándome.

    Kanta volvió a asentir con la vista baja y esperó a que ella saliera, para ir a sentarse en un rincón y quedarse allí escondido, pensando.

    Su padre no solía hablarle mucho de Sesshoumaru, no lo consideraba su hermano y no demostraba apego hacia su recuerdo.
    Sin embargo, Kanta sabía que su padre realmente sentía afecto por Sesshoumaru, que, a su modo, le admiraba y se preocupaba por él. Que a su modo le agradecía y le rendía el respeto que se da a un hermano mayor.
    De su padre, había aprendido que Sesshoumaru era, sin lugar a dudas, el youkai más fuerte y más poderoso de todos. Y el más engreído. Había aprendido que Sesshoumaru llevaba consigo la Bakusaiga, una espada de fuerza ominosa y Tenseiga, una herramienta mágica con la capacidad de regenerar la vida, aunque con un poder aparentemente limitado. Su padre le había enseñado también que Tenseiga había sido aún más poderosa y difícil de controlar, aunque nunca había querido entrar en detalles, por mucho que él le insistiera. Pero lo que importaba entre los youkai era el poder. E Inu no Taishou, en cualquier generación, sin duda era el de mayor poder. Lo que llevaba a que su padre y su tío tenían exactamente las mismas fuerzas, aunque tuvieran sangre distinta. Y eso llevaba a lo que había dicho Rin momentos antes:
    No importa lo que somos, sino lo que hacemos
    De su madre, Kanta había aprendido que Sesshoumaru era compasivo y generoso, aún detrás de su aparente apatía. Que defendía a todo aquel que creyera importante, aunque no tuviera lazo alguno con esa persona —por lo tanto, le protegería a él— y que era capaz de matar a quienes se metieran con los suyos. Su madre también le había enseñado que Sesshoumaru era terco y obstinado y a veces, hasta impredecible, su orgullo le jugaba en contra en algunas oportunidades… pero no por eso era malo.
    De Kohaku, había aprendido que Sesshoumaru era valiente y solícito, que transmitía seguridad a sus protegidos y que lograba cualquier cosa que se propusiera. Que no importaba cuánto se impusiera a sí mismo… porque, cuando había peligro, hacía primar a los otros y pasaba a comportarse entonces como lo que realmente era: un excelentísimo líder de manada.
    De Akyoushi, había aprendido que Sesshoumaru era estricto, exigente, perfeccionista, pragmático, meticuloso y muy conservador. Era objetivo, realista, duro, regio y nada contemplativo. Objeto de devoción, respeto, agradecimiento y confianza. Que era un ejemplo a seguir para cualquier inuyoukai y que era el modelo al que cualquier inuyoukai debía apuntar sin vacilación.
    De Rin, había aprendido que él era lo más parecido a un dios.
    Por todo eso, Kanta le admiraba y no podía resistir acercarse a la plaza de armas para observarlo, sin importarle que el imponente youkai lo tratara como una mierda en el suelo. Sabía que Sesshoumaru no lo hacía a propósito, sino que, probablemente, se debía a un instinto más fuerte que él mismo. El de proteger a los suyos, primero. Y entonces, recordó lo más importante de todo: al igual que él, tenía sangre de perro.
    Eso los hacía a todos ellos altruistas y nobles, pues no existían inuyoukais egoístas, ese supuesto egoísmo era puro mito.
    Esa era la verdad. Cuando preguntabas por un tal “Inu no Taishou”, un tal “Inuyasha”, un “Sesshoumaru”, un “Akyoushi” o una “Sana”, la respuesta, invariablemente, era la misma: es bueno y gentil.
    Kanta se miró en “el espejo de su padre” y se sintió bien.


    —¿O-yakata-sama? —preguntó en un tono muy suave la voz de Rin.

    Él volteó apenas, dando a entender que oís sus inquietudes.

    —¿Cómo es posible que la guardia mala haya acatado a Kanta? —volvió a preguntar.

    Ella sabía cómo habría de sentirse Kanta, puesto que tiempo atrás, ella también había sido víctima de la “guardia mala”. Guardias que supuestamente le debían obediencia al grandioso Inu no Taishou pero que, a sus espaldas, hacían de las suyas y sometían a todo ser que consideraran inferior o de quienes no soportaban su presencia dentro de la Casa.
    A pesar de que Sesshoumaru había diezmado a muchos de ellos, no podía evitar que siguieran surgiendo de entre las escuadras que le “obedecían”. Eran, en su mayoría, youkais con un ego demasiado grande, muy orgullosos, al punto de someter a todo ser “inferior”. Su autoridad hacía aguas respecto de eso, pues él mismo, de joven, había sido un youkai en extremo intolerante, que también sometía por el miedo a humanos, hanyous y todo lo que considerara escoria. No podía, entonces, exigirles a los sirvientes algo de lo que él había carecido, algo que antes no había mostrado. Cuando él estaba presente, reinaba el orden, pero en su ausencia, Kanta y cualquiera que estuviera con él sería presa del caos.

    —No ordené que atacaran a Kanta —se limitó a expresar.

    Tan solo había ordenado que lo sacaran, no que le mataran. No quería peleas inútiles con Inuyasha, ni quería privarle de la vida de un hijo único, en lo posible. Si le protegía mientras estaba allí, el chico no podía, ni debía ser atacado.
    Sin embargo, Rin también estaba bajo su protección… y también había sido molestada por la “guardia mala”, que era como los llamaban los sirvientes que les temían.

    —Morirán.

    —No los mate.

    —No permitiré la insurrección.

    Ella se inclinó.
    —O-yakata-sama, lo entiendo.

    Él volteó de lleno a mirarla.

    —Pero no entiendo por qué ha decidido echar a Kanta, si antes le había ofrecido tan amablemente su protección.

    —Kanta ha estado flaqueando –arguyó él impasible.

    —Disculpe, me refería a la verdadera razón.

    Y claro, a ella era imposible mentirle. Veía con ojos agudos, fuera de este mundo.
    —No soporto su presencia cerca de Akyoushi y de Sana. Solo falta que les pegue sus costumbres de hanyou y me los eche a perder. Me quedaré sin herederos. Me quedaré sin poder.

    —Alteza —ella miró nerviosa en todas direcciones—, que no se le escuche en la Casa. Sus sirvientes flaquearán.

    —De mis decisiones no se discute.

    —Se discuten si no parecen convenientes.

    —¿A mis espaldas? —preguntó él, confundido—. ¿Hay alguien que conspire a mis espaldas? —y se acercó a ella.

    —No que yo sepa, jamás lo permitiría.

    Eso no quitaba, sin embargo, que él tuviera enemigos. Aparte de eso, también temía tener enemigos ocultos. No era extraño, entonces, que temiera por el destino de sus hijos. No obstante, tenía que hacer planes. Planes que no incluyeran sus posibles muertes. Planes, decisiones que no fueran brutales… o lo menos dolorosas posibles.
    Sabía que, a pesar de todo, ellos sufrirían en algún momento y él sería incapaz de evitarlo, sin importar cuánto los protegiera… pero si estaba en sus manos hacer que las cosas fueran llevaderas, lo haría. Además, las cosas en la vida nunca eran sencillos, cuando uno comenzaba a crecer, las cosas dejaban de ser sencillas y ellos se verían obligados a aprenderlo… pero al menos si pudiera hacerlas lo menos difíciles posibles…
    Pedía piedad a su padre.
    La piedad no solo era para los débiles. También eran para las personas que se encontraban en aprietos.

    —O-yakata-sama, disculpe que me entrometa —reverenció—, pero en ese caso ¿No podría enviar a Akyoushi-sama con su madre, a las montañas?

    —No —saltó él antes de dejarla terminar y ella volvió a reverenciarle—. Su madre lo ha rechazado y él no quiere verla. Y no voy a obligarlo a ir si no es esa su voluntad —él debía ser uno de los pocos que daba algo de voluntad a sus hijos, aunque eso no estuviera bien.

    —¿Y a Sana-sama no la sacará de aquí?

    —No quiere salir.

    —Pero, o-yakara-sama, no puede vivir encerrada.

    —No quiere vivir libre.

    —O-yakata-sama, ¡qué gran ironía!

    —Un día saldrá —pero él no exiliaría a sus propios hijos sólo porque un hanyou insignificante fuera a vivir allí. Un hanyou no los desplazaría. Jamás caería tan bajo. Ellos tendrían su derecho a como diera lugar.

    _________________________________
    ¿Qué sería una de mis historias sin un personaje loco? Ya los habrá...
    Akyoushi llamará bastante la atención y recordará bastante a Sesshoumaru. Con esto no estoy diciendo que será igual, puesto que habrá marcadas diferencias. Al avanzar, verás que no me contradigo.

    Luchy saluda.
     
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    Re: The Legacy

    Vaya, este capitulo ha estado muy interesante.

    Me da algo de lastima Kanta, de no ser por Rin creo que lo habrian hecho trizas, incluso por un momento pensé que Sesshomaru se pondría furioso con ella por entrometerse pero veo que a ella la trata de manera especial.

    Tambien me agradó tu manera de describir a Sesshomaru, no es completamente bueno, tampoco es completamente malo, solo actua segun sus propios criterios, es fuerte y decidido...y los sentimentalismos no existen en su vocabulario, obviamente xD

    Así que Akyoushi será un personaje interesante, mm por algo te dije que me llamaba mucho la atencion, creo que incluso mas que Kanta. Y el hecho de que digas que será "relativamente parecido" a Sesshomaru solo aumenta mi curiosidad.

    Buen capitulo, como siempre. Estare esperando el siguiente.
     
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    Asurama

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    Re: The Legacy

    No puedo estarme quieta, es algo que va en contra de mi naturaleza. Soy bipolar y mi humor y personalidad cambia, como las fases de la luna. Sube y baja, como la marea. A veces, me pregunto cuánto tiempo, cuántos segundos de vida he desperdiciado por algo que jamás dio ni dará fruto. Tal vez, cuando este foro muera, me pueda dar cuenta de qué es lo que pretendía lograr al seguir escribiendo. No es que sea pretenciosa, solo trato de ser un poco coherente. Tal vez, yo sea el tipo de Ficker que todo el mundo pasa por arriba, porque no se dedica a escribir una historia cliché, igual a la anterior, con exceso de romance y de dulzura, hasta el punto de volverse vomitivo.
    Si tengo que vomitar algo, han de ser todas las verdades que tengo que dejar salir: que no siempre gana el bien, que no todo es color de rosa y que los príncipes azules que nos hacen eternamente felices no existen. El mundo es muy cambiante y lleno de sorpresas. Si nos quedamos estancados en algo, el problema no es del mundo… tal vez, somos nosotros.

    Asurama.
    4. Rin
    Rin era diferente de los demás. Era buena, compasiva, amable, amistosa, alegre, hermosa, solícita, dulce, delicada, inteligente, emocionalmente fuerte, hermosa, agradable, paciente, tierna, cálida… ¿ya dije hermosa?
    Akyoushi le tenía una admiración poco común, pese a que los demás pasaban a su lado y no decían nada. Akyoushi la miraba con verdadera devoción, cuando pasaba a su lado, se sonrojaba, suspiraba y se imaginaba cerca de ella. Más de una vez había tenido que escuchar de otras bocas que tenía una imaginación voladora. Rin no le prestaba más atención de la que debiera.
    La Rin que él conocía era perfecta, increíblemente perfecta, como un ángel. Pero en varias oportunidades había oído que Rin no siempre había sido tan perfecta como él se la imaginaba. Hubo un tiempo en que ella les resultaba insignificante, hubo un tiempo en el que ella había sido humana. A pesar de tener una imaginación voladora, el joven príncipe no concebía aquella imagen apagada y pobre de quien era su objeto de adoración. Pero efectivamente, así había sido, porque así constaba en el pasado. Lo decían los textos, lo mostraban las pinturas, se sentía en su aroma distante.
    Rin aparentemente había sido humana hasta sus veinte y pocos años. Hubo una emboscada en la Casa del Clan y ella resultó mortalmente herida, o algo así —nadie nunca se lo explicaba en detalle—. Si Rin llegaba a morir, no podría jamás regresar a la vida, así que, al parecer, ella agonizó por días, pero se resistió a morir. Era por eso que tenía esencia de youkai… por eso y porque había sido terriblemente contaminada por el youryoku de la criatura que le había atacado.
    A partir de ese momento, ella cortó definitivamente todos sus lazos humanos y jamás volvió a ver a la cara a los humanos que la habían cuidado cuando era una niña. Tampoco volvió a ver a Inuyasha.
    Cuando salía de la Casa, llevaba siempre cubierto el rostro, pero no porque se avergonzara de su condición, sino porque prefería que esas personas la recordaran tal y como había sido. Tampoco era como si se pareciera a un monstruo.
    Su piel era tan blanca como la porcelana y tenía un aura muy fría, sus ojos castaños eran vidriosos, con un brillo poco común y una mirada fija y su cabello negro era tan brillante que, a la luz, brillaban como la plata. Su voz era más suave que la seda y su toque era reconfortante, aún así, tenía la fuerza esperada en un youkai y los poderes espirituales humanos “comunes” no le hacían efecto.

    Pero Akyoushi no la juzgaba por lo que era, sino por cómo era.

    Como en un millón de ocasiones había tenido oportunidad de espiar las dulces maneras en las que ella trataba a su padre. A veces, eso lo incomodaba un poco, pero no le importaba que después lo regañaran hasta dejarlo sordo —su padre no acostumbraba golpearlo— o que le impusieran algún trabajo de castigo.

    A veces, la mirada de Rin se cruzaba con la suya y él solo trataba de fingir que no la había estado mirando.

    Akyoushi no terminaba de comprender que esa diferencia, que tanto le gustaba, provenía del corazón humano que latía en el interior de Rin, porque a él nadie le había enseñado a venerar a los humanos.

    En algunas ocasiones, lograba escaparse de sus entrenamientos y entrar a las dependencias de Rin, aún sabiendo que hacer algo así estaba terminantemente prohibido y era muy mal visto. Era divertido colarse en las habitaciones de una dama. El problema era colarse en la habitación de la dama de su padre. Generalmente, lo hacía para buscar cualquier tema de conversación o preguntarle cosas, debido a que ella sabía mucho —era cronista, es decir, escribía las memorias del Clan—. A veces, le gustaba recostar su cabeza en el regazo de Rin e imaginarse que era la madre que nunca había tenido. Ella era como la madre perfecta que se imaginaba, no le faltaba ninguna cualidad.
    Además, esas demostraciones de afecto las hacía un poco en venganza contra su hermana. Por lo que sabía, a su hermana mayor también le gustaba ponerse en el regazo de Rin, escuchar cuentos de su boca y recibir caricias de sus manos. Si no podía competir con ella por el liderazgo del Clan, al menos competiría por la atención de Rin —algo era algo—.

    En so estaba una noche cuando su padre entró en las dependencias y los vio. Se quedó congelado en la puerta, con los ojos muy abiertos.

    —O-yakata-sama, no es lo que parece… —intentó excusarse ella.

    Pero Sesshoumaru no pareció haber oído, puesto que solo prestaba atención a Akyoushi.
    —Príncipe —murmuró, ya que él no los llamaba por sus nombres, a no ser que fuera un caso grave—, más te vale darme una buena explicación.

    Aunque Akyoushi estaba demasiado avergonzado como para poder admitir lo que sentía. Y no quería tampoco parecer débil y hacer notorio que tenía cierto vacío. Después de todo, su padre y su abuela tenían una relación cortante. Era casi como si desear tener una madre fuera un pecado. Solo se apresuró a salir de las habitaciones, empequeñecido.
    La única explicación que dio fue:
    —Pensé que podía hablar con ella —esa, claro está, no era una buena explicación.

    Y se le alejó por algún tiempo. Su padre solo se limitó a mirarlo entre sorprendido y confundido.

    En cierta oportunidad, Rin y su honorable hermana habían estado jugando con una moneda en el piso de arriba y ésta se les había escapado. Él pasaba justo por debajo y atrapó la moneda en el aire. De un salto, subió los pisos que lo separaban de ellas y les devolvió la moneda de un modo gentil. Esa fue la excusa suficiente como para poder verlas de cerca. A Rin, que era perfecta y a su hermana mayor, que parecía un ángel… y que, curiosamente, se parecía mucho a Rin… salvo por el color de su cabello.


    Bellísima Rin. Antes de entrar al Palacio, Kanta tenía muchos deseos de conocerla, porque decían los rumores que era increíblemente hermosa. Claro que acercársele mucho le hubiera traído serios problemas… con Inu no Taishou. No estaba seguro de si él celaba más a la hija o a la dama. Celaba a las dos. Por eso quería sacarlo a patadas cuando lo encontraba mirándolas mucho. Con Akyoushi el tema era otro: era el hijo, posiblemente no representaba peligro alguno. O eso creía Inu no Taishou. Akyoushi se pasaba mucho tiempo espiando a Rin, él lo había pillado con sus propios ojos.
    Los dos tenían algo en común, soñaban demasiado. Y si tenías muchos sueños, te los podrían romper.
    Aún así, soñar con alguien como Rin valía la pena… era como estar viendo ángeles… porque los ángeles bailaban a su alrededor y cantaban junto con ella.

    —Pellízquenme… —murmuraba Kanta dormido, entre ronquidos— …me morí… estoy en el Cielo…

    —Al Cielo vas a ir si no dejas de soñar cochinadas —lo despertó Akyoushi al alba y ambos fueron a jugar.

    —Tú también debes soñar.

    —No sueño cochinadas, menos con mi madre.

    —Eso quisieras. Rin no es tu madre, bastardo.

    —Cállate, hanyou apestoso.

    —No me digas apestoso, me he bañado.

    —Ni con el baño se te quita…


    Rin no era tonta, como pensaban algunos. Ella se dedicaba a mirar en silencio las cosas y analizarlas. Había cosas que no comprendía, como el hecho de que los youkai que servían a su amo siguieran discriminando a familiares o allegados solo por el hecho de pertenecer a razas diferentes. Las cuestiones de cultura no eran para ella unas excusas aceptables. No había excusas para maltratar a los otros. La ley del más fuerte —si es que algo así existía— tampoco la convencía, ya que ella había sobrevivido aún siendo débil hasta que, finalmente, consiguió su fortaleza… aunque para ello, debiera renunciar primero a su naturaleza humana y regalar el alma que tenía a su amo. Porque así era, en el momento en que había cambiado, había regalado todo lo que tenía a los demás: se regaló a Sesshoumaru, a los hijos que él tuvo, a los sirvientes, a Inuyasha y los demás. Dejó de ser para ella misma y comenzó a Ser para los otros.
    Entonces, pudo comprender con total claridad a su amo, pudo comprender todas las razones que él tenía, pudo comprender por qué era tan exigente consigo mismo y con los demás y pudo comprender también por qué él renunciaba a sí mismo para darse a los otros. No era egoísmo: era parte de su naturaleza diferente, una naturaleza que no todos los youkai parecían tener, sino aquellos que habían tenido alguna vez contacto con el corazón humano.
    Así era, tan solo su corazón “humano” había quedado intacto. Lo demás era historia.
    Si sentía dolor, alegría o enojo, tendía a ocultarlo aunque no quisiera y debía ser un ejemplo para todas las Damas youkai que la veían. Incluso la Dama, la madre de su amo, que antes parecía tenerla en menos, ahora le guardaba respeto y le daba su espacio. Incluso la Dama había admitido que renunciar a su naturaleza humana había sido un gran sacrificio que merecía reconocimiento.
    Solo algunos “cabezas duras” seguían llevándole la contra. A ella no le molestaba, su amo seguía protegiéndola. Y la protegería por la eternidad.
    Siempre había sabido que estaría junto a él para siempre, no sabía cómo, pero tenía esa seguridad. Ahora, sabía que siempre había tenido la razón, aunque algunos se hubieran burlado de ella. Hacía mucho, mucho tiempo desde que Jaken ya no se burlaba ni aludía a su supuesta inferioridad, ni demostraba celos o envidia. Era como si todas esas riñas hubieran quedado completamente enterradas en el pasado. El futuro era prometedor y el presente era casi perfecto.

    Pero la perfección no existía.

    Había pinceladas grises en aquella pintura de su vida. Veía cómo trataban a Kanta y no lo comprendía del todo. Veía que Akyoushi, por muy fuerte que pretendiera ser, vivía con un profundo sentimiento de vacío y soledad, por eso estaba junto a él cada vez que tenía una oportunidad, convirtiéndose así en la madre que él tanto deseaba y no había podido tener.

    —No es malo que desees tener una madre —le dijo ella una vez—, un deseo así no es algo por lo que debieras avergonzarte y tampoco te hace ver débil. Sé cómo debes sentirte, puesto que yo perdí a mi familia cuando aún era pequeña. No debes sentirte solo. Tu honorable padre, tu honorable hermana y yo estaremos siempre a tu lado para apoyarte en todo lo que necesites. Todos somos como uno. Un Clan verdadero.

    Y el chico le creía, porque ella nunca le mentía.

    Cierto día, se lo encontró en una habitación que nadie usaba. Cuando ella era más pequeña, utilizaba las paredes de esa habitación como un gran lienzo en el que iba pintando historias. La pintura que el chico estaba mirando era una de Kagura.
    —¿Príncipe? —llamó con tranquila voz.

    Él, lentamente, volteó a mirarla, al tiempo que posaba la mano sobre la pintura perfecta de la hanyou fallecida.
    —¿Quién es ella? —era obvio que no era aquella la primera vez que entraba en esa habitación y que no era la única vez que se quedaba contemplando aquella pintura en la pared.

    Rin sabía que lo peor que podía hacerse era romper en pedazos la ilusión de un niño. ¿Pero era mejor mentir y que luego la confianza rota se convirtiera en motor de un rencor sin causa? ¿No era eso lo que le había pasado a Sesshoumaru-sama con su padre y sus tutores?

    —Era una hanyou llamada Kagura, que vivió muchos años antes de que tú nacieras —contó con voz suave, con la delicadeza que él ameritaba.

    —¿Era? —preguntó sorprendido.

    —Sí —admitió Rin con pena—, porque murió hace muchos años durante una larga y ardua batalla contra un hanyou de poderes oscuros, que era su padre.

    —Mi padre nunca me habló de tal batalla. ¿Era ella real? ¿Mi honorable padre la conocía?

    —Llegó a verla, sí. Ella tuvo una vida corta. Murió luego de ayudarlo.

    Era claro que no era aquel el tipo de respuesta que él esperaba, pero sin embargo, era la verdad. Rin no sabía qué hacer al respecto, cabía que no podía hacer nada. Solo podía quedarse allí y esperar.

    —Tuvo un final feliz —agregó Rin.

    —No sabía que eran posibles las muertes felices.

    —Cuando amas a alguien, no importa qué tan dura sea la vida, todas las dificultades son capaces de superarse y todas las heridas pueden sanar, incluso aquellas que parecen incurables.

    —Mi padre nunca dijo algo así.

    —Eso no significa que no lo sepa. Que una persona no pueda darte todo lo que esperas no significa que no te esté dando todo lo que tiene.

    Él asintió.
    —Creo que siempre me ha dado mucho más de lo que espero. Y eso es más que suficiente.

    Los inuyoukais siempre reían para sus adentros, aunque sus sonrisas no llegaran a dibujarse en sus rostros. Tenía a su padre, tenía al Clan, tenía a su primo también. y encima, tenía a Rin. Pedirle a su padre que le diera más hubiera sido algo muy egoísta.
    —Me alegra haber crecido aquí, donde ustedes están siempre que los necesito.
     
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    Re: The Legacy

    Fue un lindo capitulo, me agrada que hayas descrito un poco más Rin y la forma en que todos la ven en ese lugar, ¿Quien no amaria a Rin? xD lo que si me sorprendio fue saber que ya no era humana, al menos no envejecera como los humanos, pero es triste que ya no vea a sus amigos que la cuidaron antes.

    Akyoushi es muy maduro, pero hay ciertas ocasiones en las que lo noto mas infantil que de costumbre, no en el mal sentido, mas bien con un toque inocente dificil de creer para alguien de su especie. Aún así me gusta (y ahora que lo has dibujado creo que me gusta mas xD lastima que yo siga viendolo con el cabello oscuro :rolleyes: algun dia estaremos de acuerdo en algo)

    Esperare tu proximo capitulo, por cierto, muy ciertas las palabras que escribiste antes del capitulo.
     
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    Re: The Legacy

    La youkai

    Los youkais rara vez se reunían en grandes grupos para jugar, puesto que era factible que todo terminara en tragedia. Pero en ciertas épocas del año, la Casa donde habitaba Sesshoumaru se llenaba de gente. El aniversario de la muerte del general era algo de suma importancia y youkai de todos los puntos se reunían para conmemorar la grandeza de aquel avatar youkai, que había sido uno de los primeros en el Clan.

    En una de esas fiestas, Rin conoció a la youkai. Su naturaleza había cambiado para aquel entonces, pero aún no era muy aceptada entre aquellos grupos.

    La youkai era alta, con piel blanca y tersa, cabellos verdosos, casi rubios y sus ojos felinos eran azules profundos. La youkai era en verdad hermosa. Tenía una belleza perfecta e inigualable, casi como una diosa, pero parecía cruel.

    Cuando ambas se cruzaron, en aquel salón de fiestas, la youkai le sonrió con malicia. Rin le sonrió de una forma amable y cordial, pero la youkai sólo se burló de ella en silencio. Rin, a pesar de darse cuenta, no dijo nada.

    Cada vez que podía, la youkai pasaba cerca de ella y la pisaba “por accidente” o derramaba sake sobre los hermosos vestidos de Rin. Ella, que supuestamente debería estar todo el tiempo cerca de Sesshoumaru, tuvo que hacerse a un lado y ocultarse en un rincón, como si no fuera más que un sirviente inútil más, una sombra. Y esa youkai la eclipsó.

    A Rin no le molestaba dejar de ser el centro de atención, pero sí se molestó mucho cuando ella se sentó cerca de Sesshoumaru, le sirvió una copa de sake y le pasó una mano por el hombro. Sesshoumaru pareció salir de sus pensamientos, volteó hacia ella y la miró con cierta complicidad. En ese instante, Rin supo que todo estaba perdido, sin embargo, no hizo nada y no se atrevió a salir de su rincón.

    La youkai comenzó a hablarle a Sesshoumaru, pero éste al principio no parecía oírla. Después de varios minutos, se encontraron entablando conversación de una forma amena, demasiado amena. Pronto, se encontraban a solo centímetros de distancia y no parecían darse cuenta de que había muchas personas alrededor, observando, las mujeres, con envidia y los hombres, con verdadero recelo.

    La youkai podía pasearse de aquí allá, haciendo gala de sus muchas cualidades, pero rechazando a todos los que se le acercaban y le proponían algo, pero cuando se sentó junto al actual Inu no Taishou, pareció sufrir un cambio brusco de personalidad, volviéndose atenta y humilde. Sin embargo, no podía ocultar esa sonrisa maliciosa que tenía y de vez en cuando, volteaba hacia el rincón en donde Rin se había escondido y se le burlaba en silencio.

    La conversación de los dos se volvió íntima y Sesshoumaru sentía que esa youkai, un poco excéntrica, le entendía. Increíblemente, ella, sin apenas conocerlo, lo entendía. Le habían llegado miles de propuestas para casarse con mujeres y unificar territorios, pero él las había declinado todas, no solo por orgullo, sino también por Rin. Nadie nunca le había presentado a esta youkai y ahora, lamentaba que no lo hubieran hecho. Ambos siguieron hablando, él de una manera más profunda y ella de una forma bastante seductora. Cada tanto, volvía a tocarle el hombro. Finalmente, él le respondió el gesto.

    En algún momento, ambos se levantaron y caminaron por la plataforma exterior, mientras seguían hablando. Rin se atrevió a salir de su rincón ante la mirada de todos y se paró junto a la puerta por la que la youkai se había llevado a Sesshoumaru. Ambos estuvieron un rato allí y luego, se fueron. Rin miró anonadada.

    De pronto, la youkai volteó hacia ella y le sonrió de una manera despectiva y cruel. Movió los labios sin hablar. “Te he pasado por encima”. Rin no respondió y se quedó allí parada. No le importó que Jaken la empujara, la obligara, le gritara… simplemente no iba a hacer nada. Se mordió los labios.

    —Jaken, no voy a hacer nada.

    —Pero no puedes dejar que una cualquiera…

    —Deja que haga lo que quiera. Tengo orgullo.

    —Si tú no vas a hacer nada, lo voy a hacer yo.

    —A Sesshoumaru-sama no le gustará —y la discusión acabó allí aunque, ciertamente, Rin no sabía lo que decía, porque seguía en estado de Shock. Entró a la Casa y volvió a su rincón.

    Después de eso, no le importó lo que le dijera Jaken, no le importó lo que le dijera Kohaku. Simplemente no los escuchaba y no hacía más que responder con monosílabos. Los youkai pasaban junto a ella y el grupo y murmuraban. A Jaken le molestaba, a Kohaku también. Rin ni siquiera se daba cuenta o no quería darse cuenta.

    Kohaku era el único que había tenido posibilidad de ver el rostro de Rin después de lo que le había acontecido, él creía fervientemente que entre amigos no debía haber secretos. Ella ahora era hermosísima. A sus ojos, era incluso más hermosa que la youkai esa… pero lucía tan triste…Sin embargo, se tragó sus quejas, no era nadie para opinar, tan solo un débil humano que estaba en un lugar que tal vez no le correspondía ¿Estaría su amiga sintiendo eso? No era verdad. Ella era muy importante.

    Finalmente, Jaken se retiró a dormir. Algún tiempo después, Kohaku se fue también y Rin se sintió más sola que nunca. Los youkai invitados también fueron retirándose de a poco, hasta que solo quedaron unos cuantos.

    De pronto, desde un pasillo, apareció la youkai caminando con paso grácil y sin dejar de sonreír. Notó la presencia de Rin en aquel rincón y no dudó para caminar directamente hacia ella. La joven, dándose cuenta, se puso de pie de inmediato y se dispuso a caminar en otra dirección. Pero la youkai fue más rápida.

    —¿Que tú no eres la cortesana de Sesshoumaru?

    Las palabras hirientes la partieron cual rayo, pero respiró profundamente, intentando ocultar su enojo.
    —Soy su Dama —respondió cortante y con altura.

    —¿En verdad? ¡No parece! —se burló la youkai con cinismo—. Es que, disculpa, nunca hubiera esperado tanto de una simple mocosa humana que tuvo un accidente. Qué pena que no te murieras, yo hasta podría ser Dama.

    —Nunca podrías, eres tan vulgar, tan superficial.

    —Bueno, tú eras solo una campesina huérfana que tuvo demasiada suerte ¿no lo crees?

    Rin seguía soportando el dolor y conteniendo su enojo. No iba a rebajarse.

    —Además —continuó la youkai—, tu vidas parece estar signada por la desgracia. He hablado mucho con Sesshoumaru, nos hemos conocido bastante bien. ¿Sabes que piensa que eres inútil? Que ni siquiera sirves para darle hijos ¿Qué? ¿Que nunca te lo dijo? ¡Ah! Y también me he enterado que hace poco tuviste una hija… ¡y además inválida!

    Rin la tiró al suelo de una bofetada.
    —Escúchame tú, puedes decirme lo que quieras, pero no vuelvas a insultar a mi hija o no respondo de mí.

    En seguida, mucha gente comenzó a reunirse alrededor de ellas.
    —Y encima estás loca. Eres un espécimen de circo, deberían matarte. A ti y al engendro que tuviste. Y además, sabes que pronto serás historia… —la tiró contra una pared y se le acercó para burlarse— cuando tenga para Inu no Taishou lo que tú no pudiste —y se fue riendo escandalosamente.

    Rin nunca olvidaría a la youkai.


    Cierta noche, ella y su maestro estaban cenando cuando Jaken interrumpió y anunció una visita. Salieron los dos al mismo tiempo…

    …y encontraron a la youkai en la puerta principal.

    Ella, al ver a Rin y a Sesshoumaru juntos, montó en cólera.
    —¡Tú, maldito! —le gritó con odio— ¡me abandonaste!

    Sesshoumaru la miró impávido.
    —¿Alguna vez dije que regresaría por ti?

    —¿No recuerdas el aniversario de tu padre? —lo aguijoneó—. Esto es tuyo —en brazos, traía una manta. Era un bebé de pelo blanco, que aparentaba tener poco tiempo de nacido.

    Sesshoumaru lo miró con ojos muy abiertos.
    —Cuídalo hasta que cumpla los dos años y luego tráelo aquí.

    —¿Hasta los dos años? No hace más que llorar y morder, no lo soporto, lo odio, no lo quiero ni un segundo más —y lo arrojó al suelo como si tirara la basura.

    El bebé, asustado y lastimado, comenzó a llorar. Rin se arrojó al suelo sin pensarlo y lo levantó.
    —¡Bruja! ¡Eres una bruja maldita! ¡A un hijo no se le abandona! —lo envolvió rápidamente con la manta y lo acunó, intentando calmar su llanto.

    —¡Tú cállate, puta! —le contestó la youkai.

    Rin ya había tenido más que suficiente.
    —¡La puta eres tú!

    —¡Lárgate de mi casa ahora, perra! —le gritó Sesshoumaru, furioso.

    —¡Me largo! ¡Y no pienso regresar nunca!

    Sesshoumaru la persiguió hasta sacarla por sí mismo de las inmediaciones del palacio. Cuando regresó, aún estaba furioso. El bebé había dejado de llorar. Rin lo abrazaba como si fuera su propio hijo y parecía en verdad desconsolada. Ambos entraron.

    —¿Lo nombrará, oyakata-sama?

    Él negó con la cabeza.
    —No puedo pensar, no ahora.

    Rin no quería pensar en algo triste o doloroso y tampoco quería acomplejar al niño. Trató de imaginar cómo se habría sentido Sesshoumaru aquella vez del aniversario. Por eso…

    —…por eso te llamaré Akyoushi. Serás como mi hijo, yo no te abandonaré nunca.

    El bebé la miró… y pareció guardar la imagen de Rin para siempre.
     
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    Re: The Legacy

    ToT no puedo creerlo, sin duda alguna este capitulo fue dificil para mi. Nunca pensé que Sesshomaru haria esas cosas, pero supongo que despues de todo es un hombre ¬¬

    todos son iguales -.-

    Por otro lado, ya sabemos de donde viene Akyoushi, la mismisima Rin le dio ese nombre y lo protegio cuando su verdadera madre simplemente lo lanzo al suelo como basura, con razon el chico siente algo extraño cada evz que ve a Rin, me gustó mucho esa frase de "El bebé la miró… y pareció guardar la imagen de Rin para siempre." fue un momento tierno.

    Este capitulo, a pesar de causarme un severo trauma emocional (xD) me ha gustado, lo describiste de manera sencilla y llevadera...casi pude sentir la tristeza de Rin en carne propia ToT, amiga esperare tu conti, que no sea tan triste como esta o me mataras de un infarto XD es broma. Sigue asi ^^
     
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    Re: The Legacy

    La pelea nuestra de cada día

    La vida en la Casa era sencilla y casi rutinaria. Sesshoumaru era el primero en ponerse en pie y dedicarse a vigilar. Incluso algunas veces se encontraba vigilando desde mucho antes del amanecer.
    Comenzaban a sonar las campanadas que anunciaban el final del toque de queda y todos los sirvientes comenzaban a despertar y a moverse. La guardia nocturna cambiaba lugares con la de la primera hora y, nuevamente, todo en aquellas tierras comenzaba a llenarse de ruidos y movimientos.
    Al principio, cuando apenas había arribado al Palacio del Clan, Kanta permanecía dormido hasta mucho después del toque de queda, hasta que alguien lo despertaba, gritándole cuán flojo era o hasta que le tiraban una cubeta de agua fría, aludiendo que, además de despabilarlo, eso le quitaría la peste a hanyou que desprendía.

    Era normal que los youkai de diferentes especies no se soportaran los olores de unas a otras —mecanismo de defensa—, pero esa no era excusa para mojarlo, tan solo lo hacían para fastidiarlo o eso creía él. Por otra parte, Akyoushi no soportaba el olor “a perro mojado”, siendo que él era un inuyoukai. Irónico.
    Kanta había tardado en acostumbrarse a aquel movimiento tempranero —el alba despuntaba mucho después—, ya que en la aldea no acostumbraba despertar tan temprano, a veces, sus padres le permitían dormir hasta tarde y si no había alguna tarea por hacer —que casi siempre la había—, podía pasar el día libre, jugando en el bosque.

    En estas tierras extrañas, en cambio, no podía siquiera poner un pie en el bosque, porque se vería rodeado de inmediato de youkais con ánimos de destriparlo, y allí Rin no iba a poder salvarle el pellejo, como otras veces, ni su prima tampoco. Tendría que pelear solo y tendría todas las chances de perder. De modo que su nueva rutina consistía en permanecer encerrado entre aquellos muros, salvo que su venerable tío ordenara otra cosa y entrenar con lo que tuviera a mano.

    Ni bien despertarse, se limpiaba el rostro, bebía agua y hacía algunos ejercicios —luego del toque de queda, podía correr por todo el palacio, salvo en las habitaciones “prohibidas”—.

    Generalmente, estaba listo en segundos para recibir la mirada de su Superior. Raras veces era Sesshoumaru quien se dignaba a acercarse. Quien solía acudir a buscarlo era su primo. Akyoushi, cuando lo veía, soltaba unos saludos tan sutiles como “cada vez estás más rotoso”, “apestas”, “te estás pudriendo” y cosas similares. No podía pedirle que fuera amable, ya que su padre no lo era y no se había molestado en enseñarle modales. Rin aparentemente tenía algunos intentos infructuosos al respecto.
    Después del toque de queda, Sesshoumaru bajaba a las habitaciones de los príncipes para buscarlos. Ellos solían estar ya despiertos y listos antes del toque de queda, puesto que habían sido acostumbrados a ello desde que tenían uso de razón. Los príncipes acataban todas las órdenes necesarias y luego, comenzaban sus entrenamientos. El príncipe, en la espesura y la princesa, siempre encerrada.

    Todos se reunían cada mañana en la plaza de armas y tenían extensos entrenamientos, vigilados cuidadosamente por Inu no Taishou. Muchas veces los entrenamientos se producían incluso en su ausencia, con una férrea disciplina.

    Akyoushi gustaba de entrenar con Kanta… y a Kanta también le gustaba. Muchas veces, eso había causado el surgimiento de chistes por parte de los sirvientes más confiados.

    Sesshoumaru se ausentaba varias veces al mes, para hacer recorrido de vigilancia, lo cual era costumbre y tradición entre los Guardianes. Como su hija sería algún día guardiana, solía llevársela con él, para enseñarle. Los entrenamientos de la muchacha se llevaban a cabo en secreto y por eso ella seguía siendo el gran misterio.

    Tres veces al mes, se realizaba La Cacería, casi siempre de noche. Sesshoumaru salía a cazar para alimentarse y se llevaba consigo a sus hijos. Sólo llevaba a uno por vez, ninguno de los dos jamás se cruzaban en la cacería. Otras veces, él prefería que algún sirviente cazara por ellos y les llevara la comida en un plato. Generalmente, eso sucedía cuando se declaraba algún estado de alerta —no iba a poner en riesgo a sus hijos— o si les preparaba algún entrenamiento especial. Como su hija le sucedería, en ella invertía más tiempo. No le importaba lo que fuera a ser de Akyoushi.

    Kanta solía apreciar la preferencia desde lejos y sentía deseos de vomitar. Él apreciaba a sus dos primos por igual… pero los dos eran muy diferentes. Una vez, intentó comentárselo a su venerable tío y lo único que recibió en respuesta fue un golpe. Eso le dio la pauta de que ni siquiera los príncipes se quejaban, puesto que algo ordenado por su venerable tío era semejante al mandato de un dios. Y no obedecer merecía castigo. Se preguntó si eso habría sido así ya en época de su padre. De ser cierto, tal vez Inuyasha habría sufrido mucho… había tenido suerte en desertar y encontrar un acogedor hogar en una pequeña aldea humana. En realidad, todas las personas que conformaban la aldea se hallaban en la misma situación: las construían en lugares ocultos y habían llegado allí huyendo de las guerras y de situaciones opresivas. A veces, algunas aldeas tenían la mala suerte de ser encontradas por grupos de bandidos o de samuráis, otras, tenían a Inuyasha para que las defendiera.

    Pensando en todo eso, muchas veces Kanta tenía deseos de regresar a casa, pero sentía que estaba traicionando a los suyos ¡había ido allí para volverse fuerte! Y eso no era todo. Su tío solía avergonzarlo frente a los demás y le recriminaba lo débil que era por ser un miserable hanyou. Él no estaba dispuesto a entrenar a un llorón.
    El orgullo de Kanta era fácilmente herido, de modo que intentaba auxiliar a su amor propio y se prometía a sí mismo seguir aguantando los arduos entrenamientos, hasta el fin. Haría sentirse orgullosos a los suyos y también ¿por qué no? Al Clan del Inuyoukai.


    Kanta se pasaba el día entero bajo el régimen de su tío, sin mayores sobresaltos hasta que un día, la campana comenzó a sonar y todo el mundo comenzó a reunirse en la plaza de armas, frente al palco en el que su venerable tío se paraba para hablarles, allá, en lo alto de esas escaleras.
    Kanta miró al horizonte, pero aún era muy temprano como para que se tratara del toque de queda.
    ¿Se trataba entonces de una alerta? Pudiera ser que hubiera ocurrido algo grave y que su tío tuviera que salir acompañado de los dos príncipes para resolver algún dilema. Trató de recordar si había visto acaso a los informantes de Patrulla y Reconocimiento llegar hasta su tío aquella mañana. Kanta creía que sí, estaba casi seguro.
    Se apresuró a buscar a su primo con la mirada y, mediante señas, le preguntó qué estaba pasando.
    Akyoushi, desde lo alto junto a su padre, lo miró y disimuladamente le contestó, también por señas, que una visita había llegado a las Tierras del Oeste, y no sólo eso, sino que además, se estaban acercando al campo de energía que rodeaba al palacio.

    —No abran las puertas —fue la orden rotunda de Inu no Taishou y un silencio sepulcral reinó en toda la Casa y sus alrededores. Todos los sirvientes lo reverenciaron y esperaron allí como si fueran estatuas de piedra, vigilantes.

    Sesshoumaru bajó los veinticuatro peldaños que lo separaban de sus sirvientes y caminó hacia la puerta. Todos le abrieron el paso y lo siguieron con las miradas, hasta que llegó a la puerta principal.
    La décima campanada sonó, las puertas se abrieron.
    Y Kanta se impresionó de ver a sus padres. Sus amados padres. Pero oyakata-sama estaba ahí, no podía correr hasta ellos.

    —¿Mis padres? —preguntó ilusionado, como un niño pequeño, como si su vista y olfato lo estuvieran engañando.

    Había estado lejos de la aldea por tanto tiempo que no podía creerse que sus padres y sus amigos estaban realmente allí.

    Pero los seres humanos, como la Ley marcaba, no podían entrar al Palacio del Clan, ni siquiera cuando fueran familiares directos. Eso significaría que ellos deberían quedarse afuera, en las praderas.

    —Inuyasha —pronunció Sesshoumaru con un cinismo que hacía mucho tiempo no usaba— ¿Así que has traído tu peste a estas Tierras de las que desertaste?

    —¡Keh! ¡Cállate, grandísimo idiota!

    —¡Inuyasha! —le recriminó Kagome, al tiempo que le aba un codazo.

    —El idiota eres tú, por si no lo sabías —Inuyasha iba a ladrarle, pero Sesshoumaru prosiguió en su venenoso ataque—. Kanta, aunque flojo y débil, muestra tal compromiso que me cuesta creer que es hijo de ustedes.

    Inuyasha, Kagome y los demás quisieron explotar, pero se mordieron las lenguas y aguantaron en silencio.

    —¿Y se puede saber a qué se debe su desagradable visita a mi Casa?

    Kagome no sabía qué contestar. Sesshoumaru parecía haber olvidado que habían sido ellos los que habían cuidado a Rin cuanto él no había podido, aún siendo un daiyoukai… ¿y así se los agradecía?

    —Kagome-sama sintió una presencia salir del norte y venir hacia aquí —rompió el silencio Miroku—. Vinimos por Kanta, aunque Inuyasha y Kagome-sama confían en tu fuerza, sabemos que no les sucederá nada… pero no podemos evitar preocuparnos.

    Sesshoumaru guardó un largo silencio y dirigió su mirada al norte. Luego, volvió a mirar a sus inesperadas visitas.
    —Así que lo han sentido —se limitó a decir. Entonces, miró de lleno a Inuyasha—. ¿Y qué vas a hacer? ¿Llevarte a tu vástago mientras declaro estado de alerta? —espetó en un tono que dejaba en claro que los consideraba cobardes a todos ellos, aún cuando sabía que eso no era cierto.

    —¿Tienes ahí adentro a mi hijo?

    Sesshoumaru levantó la mano en una señal y un grupo de guardias en el interior agarraron a Kanta, lo sacaron a las rastras y lo lanzaron afuera de la gigantesca muralla.
    Inuyasha miró horrorizado. Pues sí. Iba a llevárselo.

    —Papá, no, no quiero irme —le pidió mientras Inuyasha lo ayudaba a levantarse por un brazo, sujetándolo con tanta fuerza, que era obvio que no iba a soltarlo.

    Kanta miró hacia adentro, buscando ayuda, esperando la clemencia de alguien, que alguien exigiera que se quedara. Ya se había acostumbrado a vivir allí y le había gustado, a pesar de que no todos fueran amables.
    Sesshoumaru ya había entrado, dándoles deliberadamente la espalda y aparentemente había hablado tan solo por unos segundos con Akyoushi antes de que éste saliera volando hacia la puerta principal.
    Kanta se alegró ¡su primo venía a buscarlo!
    Pero la puerta se cerró en la cara del príncipe. Se escuchó un fuertísimo golpe desde adentro, pero el enorme portón de piedra ni siquiera se movió un poco.

    —Encerraron a mi primo…

    —¿Tu primo? —preguntaron sus padres, que tampoco lo recordaban muy bien.

    —Es Akyoushi, es el hijo pequeño de oyakata-sama.

    Kagome, conmovida por darse cuenta de la alegría con la que Kanta hablaba de él, decidió que podían buscar la otra entada al palacio, para intentar hablar con el chico. Fue así que rodearon el enorme predio.
    El otro ala no tenía un portón, sino una enorme reja de gran resistencia.

    —¡Kanta! —Akyoushi se arrojó contra la reja, pero quedó pegado a ésta, ya que tampoco pudo abrirla a los golpes.

    —Akyoushi —Kanta se agarró a las rejas desde el lado de afuera y miró de cerca de su primo—. ¿Qué pasa? —preguntó confundido.

    —Mi padre ha declarado estado de alerta, algo muy malo sucede —miró con ojos muy abiertos hacia atrás, hacia donde lo llamaban con insistencia—. Van a encerrarme con mi hermana.

    —¿Qué? ¿Por qué?

    —No lo sé —el chico vio que los guardias se le venían encima e intentó trepar velozmente por la reja, para salir del lado de afuera… pero una fuerza lo golpeó y lo hizo caer nuevamente al suelo.

    —Akyoushi ¿estás bien? —era evidente que estar con su hermana le inquietaba, le aterraba… pero no podía evitarlo. El impulso de Kanta y también el de Inuyasha era intentar protegerlo, aunque no fuera de sus asuntos.

    El chico se agarró a la reja como si se aferrara a su propia vida. Diez guardias portentosos lo agarraron de atrás, intentando separarlo de la reja.
    —Tengo miedo.

    Kagome se acercó y se atrevió a tocarle el rostro. El joven inuyoukai la miró a los ojos por menos de un segundo.
    —No te preocupes, todo va a estar bien, nosotros nos quedaremos aquí…

    Antes de que terminara de hablarle, los guardias ya se llevaban al chico hacia dentro.

    —¡Déjenlo! —les exigió Kanta y se arrojó contra la puerta con violencia, intentando inútilmente derribarla— ¡Déjanlo!

    De pronto, una Fuerza lo repelió hacia atrás. Un campo de energía se había erigido.

    —Tranquilízate, hanyou —le gritó Sesshoumaru.

    Kanta instintivamente retrocedió hasta donde estaba su padre.
    Miró hacia el horizonte y vio cómo el sol se ocultaba.


    Cuando la puerta se cerró, él abandonó toda esperanza, pues pudo sentir los once sellos activarse del lado de afuera. Esos sellos podían ser rotos solo por su padre o por Sana, si es que ésta deseaba salir. Él no tenía la menor idea de cómo hacerlo, nadie lo había instruido al respecto.
    La oscuridad, el silencio y el frío de esa habitación eran alarmantes. Cerró los ojos y trató de percibir algo. Sus ojos tardaron en acostumbrarse a la oscuridad. Su hermana era ciega desde el nacimiento, por eso no necesitaba de ninguna luz, tampoco parecía sufrir el frío, debido a su relativa insensibilidad.
    Lentamente, Akyoushi fue girando la cabeza para mirar por sobre el hombro y la vio como una silueta inmóvil. Le aterraba, realmente le aterraba.

    Ella abrió los ojos y éstos resplandecieron. Entreabrió la boca y, como un susurro, pronunció su nombre.
    —Akyoushi.

    Él tragó saliva y fue acercándose muy lentamente a ella, primero con movimientos casi imperceptibles y luego, un poco más animado. Ella no se movió en ningún momento. Akyoushi jamás había estado tan cerca de su hermana.

    —Honorable hermana —pronunció—. Ane-ue.

    —Acércate más —le susurró ella.

    Ya estaban muy cerca. Él se atrevió a acercarse y ella le sopló en el rostro.
    —Te veo —le susurró. Ella, sintiendo el movimiento del aire a su alrededor, podía adivinar las formas de los objetos y calcular la distancia que le separaba de ellos. Era su modo de “ver”. También podía sentir las energías y diferenciarlas. Al sentir el youki, sabía con certeza quién era el youkai que estaba frente a ella.

    Akyoushi se sorprendió y no podía dejar de mirarla a los ojos a pesar de saber que era una completa falta de respeto. Los ojos de Sana eran oscuros, como los de su primo Kanta, pero eran completamente vidriosos y fijos. Tenían una aureola celeste, como cualquier Inuyoukai recién nacido. Los ojos de Sana eran exactamente iguales a como debía de haberlos tenido al momento de nacer. Sana había quedado como “paralizada” en el día de su nacimiento.

    —Siento tus pensamientos —le susurró ella—. No tienes por qué estar inquieto. Tú eres mi hermano.

    Él se sobresaltó al darse cuenta de que ella lo reconocía.

    —Tú eres mi hermano —repitió ella—. Yo debo protegerte. Es lo que me ha enseñado padre.

    —Tú nunca me ves —replicó él, confundido.

    —Yo me aíslo para no sentir afecto.

    —No entiendo.

    —Hubo un tiempo en el que yo corría libremente por los bosques, como tú debes de hacerlo. Pero al enterarme de la Prueba decidí permanecer aquí. Si durante mi prueba siento apego hacia alguien, esa persona puede quedar involucrada y sufrir terriblemente. No quiero que nadie sufra y no quiero sufrir a causa de eso. Por eso me he estado endureciendo dentro de esta habitación y no salgo a menos que sea necesario. ¿Lo entiendes?

    Él no llegaba a comprenderlo del todo, pero asintió.

    Aún se preguntaba cómo ella podía “sentir” sus pensamientos.

    —Tú y yo somos hermanos —susurró ella, impasible—. Tú y yo tenemos la misma sangre, estamos conectados, podemos sentirnos el uno al otro. Padre puede sentirnos y nosotros a él. Si nos perdemos, podemos encontrarnos los unos a los otros, sin dificultad.

    Pero además, ella había aprendido a “sentir” a los otros para poder defenderse, independientemente de si eran o no de su familia. Aquel era el mejor modo de proteger a los demás. Su padre le había enseñado que el deber de Inu no Taishou no era solo tener poder sobre el Clan, sino también poder dirigirlo y protegerlo, como hace un verdadero líder. Ella obedecía a su padre en todo y creía que su hermano, al que no conocía muy bien, hacía igual.

    Akyoushi aún miraba el rostro de Sana. Ella nunca cambiaba de expresión, no sabía hacerlo.
    Para poder expresarse con gestos, antes debía de haberlos aprendido viéndolos en alguien más. Se dio cuenta de que ella giraba por completo hacia donde estaba él, no movía los ojos ni la cara. Una muñeca de porcelana hermosa, pero también terrorífica.

    —Sé que serás una gran Inu no Taishou.

    —Tú serás un gran daiyoukai.

    —Te lo agradezco, ane-ue.

    —Solo te digo la verdad. Rin me ha enseñado que solo hay que decir la verdad. O no decir nada.

    Él se rió con ganas por primera vez.
    —A mí me ha dicho lo mismo.

    —No sabía que hablabas con Rin —murmuró ella, curiosa.

    —Sabes cómo es Rin, habla hasta por los codos.

    Y ella rió, aunque inexpresivamente.

    Y ambos rieron.

    Por fin el hielo se estaba rompiendo. No parecía que hubiera algo qué temer.
    —¿Y qué más te ha enseñado Rin? —preguntó él.

    —Me ha enseñado cosas muy curiosas de la forma de vida de los humanos —se inclinó hacia él—. ¿Sabes, por ejemplo, que los humanos duermen todos los días?

    Él abrió mucho los ojos.
    —¿Es broma?

    —¿Y sabías que las humanas llevan un embarazo durante nueve meses y medio?

    —Debe ser extenuante. ¿Todo ese tiempo habrá tardado Kanta en nacer? Con razón está medio retrasadito.

    Y los dos volvieron a reír.
    —¿Sana-sama, alguna vez has “visto” a Kanta?

    —No, no lo he visto, pero puedo sentirlo. Parece muy bueno.

    —¿Y has visto a Inuyasha?

    —No, tampoco lo he visto, pero me gustaría conocerlo. ¿Y tú?

    Él suspiró.
    —Tenía la esperanza de que lo conocieras, raramente lo he visto. Hace algunas horas lo he visto.

    —Espera… ¿me estás diciendo que Inuyasha está aquí? ¿Aquí, en la Casa?

    —No en la Casa, está en los alrededores, junto con los humanos… ¿y cómo es que no lo has sentido?

    —No lo conozco, no puedo sentirlo. Y ahora, ¿me hablas de Rin?

    Akyoushi se sorprendió de que ella pudiera pasar de un tema a otro con tanta facilidad. Rin solía hacerle lo mismo cuando mantenía una conversación con ella. Era algo divertido, pero frustrante.
    Hablaron de temas variados por un largo rato y pronto él había olvidado que le temía.

    Sana ignoraba que había dejado entrar a su refugio a aquello que más temía: un gran afecto.
    Sin embargo, Sesshoumaru sí lo sabía y se hallaba complacido.
    Sana tampoco había aprendido aún que, un día, debemos dejar de huir de nuestros temores y hacerles frente, para así poder crecer. Que es la valentía la que nos vuelve grandes, sin importar lo que seamos.
    ___________________________________
    ¿Y sabías que las humanas llevan un embarazo durante nueve meses y medio? Está contado en meses lunares. Calendario de aquella época. Además, el día se dividía en doce horas, que se correspondían con los signos del zodiaco chino: rata, buey, tigre, dragón, serpiente, caballo, oveja, mono, gallo, perro y cerdo.

    Pan-chan. Me alegra que te haya gustado. Sí, todos los hombres son iguales. Sí, te dije que ese sería un capi difícil. hasta el siguiente.
     
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    miko kagome

    miko kagome Usuario común

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    Re: The Legacy

    hola!!!!!!
    muchas gracias por invitarme a leer tu fic, me tarde un poco leyendolo desde el inicio pero por fin termine de leer este ultimo capitulo ^^
    me gusta mucho tu manera de narrar y la trama de tu historia es muy interesante
    tienes un gran talento, me alegra poder haber leido tu fic!!!
    espero que cuando pongas continuación me avises para poder leer el siguiente capitulo!!!
    por cierto en este ultimo capitulo me gusto mucho cuando Inuyasha y los demás van a llevarse a Kanta para protegerlo
    y me asombro que Sesshomaru fuera así de mal agradecido con ellos, porque todos le hicieron grandes favores alguna vez y Sesshomaru todo se los paga co desprecio de su parte, pero en fin así es él.
    además mi parte favorita fue cuando Akyoushi dice que Kanta es un poco retrasado, si que me diverti mucho en esa parte fue muy graciosa XD
    pero por sobre todo si me entristece un poco la vida de Sana debe de ser muy dificil llevar su vida, pero al menos su hermano ya no le teme y eso me alegra mucho!!!
    y por cierto estoy muy intrigada cual es la presencia maligna que se acerca??
    en fin espero la contiiiiiii
    PD: por cierto, aunque esto va aparte n_nU
    quiero agradecerte por tus consejos sobre el fic al que te invite, nos ayudas mucho a mejorar, espero que cuando publiquemos el siguiente capitulo también puedas pasar a leerlo y poder seguirnos ayudando, de verdad muchas gracias!!!
    espero la contiiiiii
    bye n_n
     
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  14.  
    Aome tenshi

    Aome tenshi Guest

    Re: The Legacy

    Hola!!
    Me da mucho gusto que me hayas invitado a leer tu fic y sabes.... esta genial!!!
    Tal vez el comentario te suene redundante pero debo resaltar que en realidad me encanta tu forma de narrar y describir, me parece sincera y sencilla de entender y aun asi con mucho que decir, la verdad es muy interesante y sobretodo desarrolla un buen tema.
    Me gusta la relacion entre los personajes y la forma tan descomplicada en que interactuan, pienso que esa es una habilidad que demuestra habilidad y confianza en lo que se escribe.
    PD: Te agradezco mucho que hayas leido nuestro fic, la verdad me hacen falta muchos consejos y el tuyo me sirvió de mucho, sabes, me encanta escribir pero eso no significa que lo haga muy bien por eso me esfuerzo en intentarlo...
    Gracias por tu ayuda, espero seguirla teniendo...
    Bye, sayonara n_n!!
     
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  15.  
    Hikari Azura

    Hikari Azura Usuario común

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    Re: The Legacy

    hola!

    Ahora si he podido terminar de leer lo que me faltaba, es facinante la historia!
    bueno si akyoushi es hijo de otra youkai, por inersia sana es hija de rin ..no?
    claro esa es mi imaginacion, pero lo que no me explico es por que sesshomaru los tiene apartados del mundo exterior¿, en fin se que me lo aclararas despues!!

    bessos
    nee-chan
     
  16.  
    Pan-chan

    Pan-chan Fanático

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    Re: The Legacy

    Tienes razon, este capitulo me ha gustado mucho, ahora tengo una mejor imagend e Sana, ya entiendo un poco mas su estilo de vida y la razon por la cual se comporta tan ...extraña. Me sorprendio que pudieras explicarlo en pocas palabras, creí que por la complejidad de Sana tendrias que dedicarle mas parrafos a su personalidad.

    Akyoushi es tierno XD nose como explicarlo pero siempre me parece tan lindo (o tal vez se deba a que ya vi su foto), me agrada que haya podido reunir valor para hablar con su hermana, despues de todo son familia.

    Me gusta ccomo incluso Sana habla bien de Rin, la chica es una buena influencia en ese mundo de locos xD
     
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    Asurama

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    Re: The Legacy

    Tardaré un poco en la publicación debido a un problema de mi PC. Ruego a las lectoras tener un poco de paciencia y no hacerme vudú. Si son buenas, prometo que festejaremos Halloween junto a Ashurama Amano-san
     
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    Asurama

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    Re: The Legacy

    Sesshoumaru, seguido de un gran escuadrón salió rumbo al Este en una maniobra suicida, como era su costumbre. En ningún momento pudo dejar de pensar en sus dos hijos, que estaban encerrados bajo la fuerza de once potentes escudos… y Rin también estaba allí dentro. Rin. ¿Por qué no había pensado antes en eso? ¿Por qué no la había protegido antes? Ella hubiera seguido viviendo. No, ella no seguiría sobreviviendo.
    De haberla protegido antes, ella jamás habría tenido que cambiar, jamás habría llegado a ser youkai, tendría la vida feliz de humana que se merecía… ¿y habría muerto de forma natural? Sí. Habría muerto. Pero todo ello era obra de Akuma. ¿Habría entonces de agradecerle u odiarlo?

    Era Akuma otra vez. Había llegado por millonésima vez a aquellas tierras. Nadie sabía qué era lo que buscaba con tanta insistencia, salvo Sesshoumaru. Akuma lo odiaba a muerte y, cada vez que aparecía, le hacía la vida imposible, le causaba problemas. Se había llevado a Rin cuando ella todavía era humana, había atacado a Inuyasha desprevenido y por la espalda y le había hecho caer enfermo… y finalmente, consiguió matar a Rin. O eso pareció.
    Lo único que Sesshoumaru podía hacer era ocultar a su familia para que Akuma no pudiera encontrarlos ni en un millón de años. Así ellos no sufrirían, o sufrirían lo menos posible.

    Las Sombras que no pertenecían al mundo de los vivos se alimentaban de las almas de cualquier cosa que encontraran a su paso. Asolaban la tierra, envenenaban el aire y el agua… eran incluso capaces de quemar el mismo aire. Las almas devoradas pasaban a engrosar las filas de los ejércitos de Sombras. Al paso de las Sombras, nada quedaba en pie. Los kageyoukai pertenecían al meikai y no eran verdaderos youkai, sino algo mucho peor.
    Casi llegando al bosque que colindaba al Este, Sesshoumaru y sus sirvientes les perdieron el rastro.

    —Sesshoumaru-sama, conseguimos amedrentarlos —intentó festejar un soldado.

    Pero Sesshoumaru no le respondió y permaneció mirando hacia las pesadas nubes del Este.

    —Sesshoumaru-sama ¿Han huido? ¿O acaso…?

    —No bajen la guardia —fue su única advertencia. Luego, les ordenó regresar.

    Si Akuma había vuelto, no se iría así como así, no con las garras vacías. Lo más seguro era que quisiera devorar poderes. Él no estaba dispuesto a entregarle los suyos. Pero no podía opinar. La única persona que había visto a Akuma a la cara era Rin.
    Al llegar al Palacio, ordenó preparativos de guerra, mas no levantó el Estado de Alerta. De algún modo, sabía que esa Sombra seguía allí.

    En la entrada, lo recibió Inuyasha, que ya había oído rumores y noticias.
    —¿Todavía sigues aquí? —preguntó extrañado e incómodo por la peste a hanyou. Había pensado que se marcharía tan pronto como diera la orden de estado de alerta, por eso le había devuelto a su hijo.

    —Kagome y yo creemos que podrás cuidar bien de Kanta. Confiamos en ti, pero además…

    —¿Además?

    —Además no podíamos marcharnos, estamos preocupados por tu hijo.

    —Mi hijo está perfectamente bien —era un modo diplomático de decir “métete en tus asuntos”.

    —Pues por su rostro no me lo parecía. Kanta no se irá hasta verlo.

    —Poco me importa lo que te parezca o no. Tampoco me importa lo que decidas hacer con tu hijo.

    —Tampoco me iré hasta ver al niño.

    Sesshoumaru valoró la situación y, por supuesto, consideró que tener a Inuyasha y a un grupo de humanos allí le causaría más problemas de los que ya tenía que enfrentar. Hacía mucho tiempo desde que no protegía seres humanos en sus tierras, sus vidas podrían perderse. Además, nadie en su Casa querría tener que lidiar con seres humanos, cuando ni siquiera había podido soportar a Rin. Aquel no era un buen momento para tener internas por causas tan triviales y no deseaba meter en el pleito a personas que nada tuvieran que ver. Kanta era otra historia: había renunciado a sus padres para pertenecer a la honorable Casa del Clan Inu. Y como miembro del Clan, gozaba de la protección del líder. Además, había otras razones. Pero había decidido que Inuyasha y los demás quedarían fuera de todo eso.

    —Si eso es lo que quieres.

    Inuyasha no comprendió sus palabras sin tono, pero lo siguió hasta el interior de la casa y a través de largos e intrincados pasillos y muchas escaleras. Kanta se mostró sorprendido por se la primera vez que se le permitía poner un pie allí dentro. Pararon frente a una habitación de puertas rojas y Kanta supo que se trataba de la habitación oculta que ocupaba su prima.

    —No siento ninguna presencia, se quejó Inuyasha.

    En ese momento, Sesshoumaru anuló todos los escudos que sellaban la habitación y un youki casi tan fuerte como el suyo se hizo evidente. El aire quemaba y todos, excepto Sesshoumaru, debieron retroceder.
    Con sus poderes, él abrió la puerta y encendió las llamas de varias velas apagadas a lo largo del enorme, frío y oscuro recinto.
    Fue una sorpresa encontrar a Akyoushi tranquilamente dormido en el regazo de su hermana mayor, mientras ésta le acariciaba el cabello, pero no fue la única sorpresa. Todos estaban mudos.

    Kagome fue la primera en intentar hablar.
    —Ella se parece a…

    Sesshoumaru le tapó la boca con el dorso de la mano y la miró con el ceño fruncido en una clara señal de que allí eso no se sabía y no debía saberse.

    —Honorable padre —murmuro la chica— Hay otras personas contigo aquí —muchas presencias le eran desconocidas y no entendía qué hacían seres humanos allí—. Puedo leer sus intenciones, son buenos —pero eso no explicaba qué hacían en su restringida habitación, la Ley estaba siendo peligrosamente quebrantada.

    Su primer impulso fue el de echarlos a golpes, pero Sesshoumaru puso un escudo entre las visitas y ella. Sana entendió el silencioso mensaje.
    A Inuyasha y los demás les costó entender que la chica no podía verlos.

    En ese instante, Akyoushi se despertó, se levantó y los miró tan sorprendido como ellos a él.
    —Inuyasha, ¿cómo te atreves a entrar aquí? —le espetó en un tono severo que le recordó mucho a Sesshoumaru.

    —¡Keh!, mocoso, estábamos preocupados por ti.

    —No necesito que un inútil hanyou se preocupe por mí.

    —Veo que eres igual de amable que tu padre.

    Akyoushi le bufó.

    —¿Estás bien? —balbució Kanta.

    —Pues claro —le contestó Akyoushi.

    —¿Y qué tal tú, Sana-sama?

    Ella asintió en silencio y le dedicó una sonrisa, de esas extrañas.

    —Bien, es suficiente, ahora lárguense de aquí —dio por terminada la visita Sesshoumaru.

    A ellos no les gustó su brusquedad, pero ya estaban acostumbrados.

    —No sé cómo hace Rin para aguantarlo —murmuró Inuyasha.

    Sesshoumaru cerró la puerta de la habitación de Sana, no sin antes permitir la salida de su hijo y luego, guió en silencio a Inuyasha y los otros hacia la salida. Inuyasha podría tener buen olfato, pero él seguía considerándolo torpe y —un tanto— incompetente.

    —¿Qué pasó con la presencia maligna que vino en esta dirección? —preguntó Inuyasha.

    —Escapó en dirección al Este, luego de que lo persiguiéramos —le explicó Sesshoumaru—, pero no llegó a pasar el límite de las montañas. Es lo que pudimos observar.

    —Estaremos atentos —asintió Inuyasha. También estaba dispuesto a participar en una batalla para defender a su hermano si es que éste lo requería, así ese orgullo de youkai se lo permitiera o no.

    Sesshoumaru se sintió inexplicablemente incómodo aunque lo ocultara. Inuyasha parecía repentinamente haber olvidado quién era Akuma y lo que quería, como si…
    —…como si le hubiera borrado la memoria.

    —¿Qué dijiste? —se volvió para preguntar Inuyasha.

    —Nada —respondió Sesshoumaru y le dejó marchar—. Entra —le ordenó segundos después a Kanta.

    —Si, oyakata-sama —obedeció el joven hanyou en el acto, haciendo una reverencia profunda.

    Luego, la puerta principal se cerró y Sesshoumaru subió a la plataforma, viendo así cómo Inuyasha y los demás se perdían en la distancia, rumbo a la aldea que habían elegido para vivir. Si Akuma y sus Kageyoukai llegaban a ocupar esas pacíficas tierras, no quedaría nada de ellas, salvo un suelo de cenizas y un aire envenenado. Nadie lograría sobrevivir a ese veneno, salvo Kagome con sus asombrosos poderes espirituales…
    …pero lo haría convertida en youkai, igual a como le había pasado a Rin.

    —¿Estás listo para soportar un horror como ese? —desafió a Kanta.

    Pero él, en estado de shock, no se movió, ni levantó la cabeza siquiera. Como un muerto viviente, huyó de allí, incapaz de hacerse a la idea y se refugió, como siempre lo hacía, en el establo de los mononoke.


    Akyoushi asomó por la puerta y pudo ver a su padre parado junto al enorme ventanal que daba hacia el palco y la plaza de armas. Todo era tan alto que, desde allí, podían divisarse sin dificultad todas las Tierras del Oeste hasta sus límites. Él soñaba con pararse allí algún día, aunque supiera que nunca tendría el privilegio.
    Caminó hacia él y se quedó de pie a varios pasos de distancia. Incluso desde dentro de la habitación el viento mágico que soplaba en esos territorios podía sentirse sin dificultad alguna.
    Desde que había hablado con ella, su honorable hermana, tenía una duda.
    —Padre, deseo hacerle una pregunta —inquirió.

    Sesshoumaru, con la mirada perdida en las lejanías, ni le contestó ni volteó a verlo, peo de todos modos, el muchacho sabía que era escuchado, así que prosiguió.
    —¿Por qué dejó a Rin en una aldea humana?

    Sesshoumaru no se sorprendió de oír la pregunta. Varios años atrás la había oído también de la boca de su princesa y había tenido que contestarle la verdad, puesto que, al leerse las mentes —y las emociones—unos a otros, las mentiras en el clan no existían.
    De todos modos, sabía que esa pregunta, sin importar de quién viniera, iba siempre más allá de la simple curiosidad. Más bien, era un reclamo solapado, una queja.

    —¿Por qué dejó a Rin en una aldea humana cuando ella aún era una niña? —especificó el príncipe.

    A los ojos de un youkai, la idea de dejar a un niño en una aldea llena de humanos se parecía a arrojar un pajarillo en la jaula de un gato. El niño no tenía modo de saber que, al principio, Rin también había visto la situación de esa misma manera, al menos durante un buen tiempo, hasta acostumbrarse a que no todos los humanos eran malos… solo la mayoría de ellos—. ¿Padre?

    El daiyoukai volteó a mirarlo en silencio.
    —Porque me estaba obsesionando con ella. No podía tenerla por más tiempo.

    —¿Pero por qué?

    Sesshoumaru volvió a mirar hacia fuera.
    —En ese entonces, yo estaba creciendo. Necesitaba tomar el control de mis espacios y de mis tiempos. Rin también estaba creciendo. Comencé a preocuparme por ella: qué cosas tendría, qué le faltaría, si estaría a salvo… las mil formas en que podría morir… Si hubiera permanecido más tiempo a mi lado en aquel entonces, mi obsesión habría sido tanta… —pensó en el pasado de su padre—, no la hubiera dejado crecer y yo tampoco hubiera podido seguir creciendo —todas las cosas tenían un límite, incluso la cordura de un daiyoukai.

    Sesshoumaru volvió a mirar a su hijo y se dio cuenta de que no le comprendía. No lo culpaba, a esa edad, él tampoco llegaba a comprender muchas cosas —la suicida obsesión de su padre por esa princesa humana, el deseo de proteger a Inuyasha con esa espada llamada Tessaiga…— no comprendía muchas cosas y las consideraba ilógicas. Sabía que podía llegar a confundir a Akyoushi más de lo que ya estaba. Pero la crisis era un paso importante en el crecimiento de cualquier criatura ¿Verdad? Ese era el tipo de sufrimientos que no podría evitarle.

    Akyoushi sabía que no podía cuestionarle, puesto que las órdenes de un padre eran siempre sagradas y debían obedecerse, le gustase o no.
    —¿Y no temía que algo malo le sucediera?

    Sí. Claro que temía.
    —Rin eventualmente moriría. Era humana, moriría en cualquier segundo y de cualquier manera y yo no podría evitarlo. Como mucho, podía evitar adelantar el momento de su muerte. A medida que pasaba el tiempo, me di cuenta de que había muchas cosas que iban más allá de mi control y que intentar evitarlas, intentar romper esas leyes era una pérdida de tiempo y de energía. Cuando entendí eso, dejé de mortificarme.

    —Padre…

    —Rin no tenía por qué sufrir más de la cuenta. Si hubiera permanecido por más tiempo, ya no hubiera podido dejarla. Eventualmente sucedió. Jamás pensé que tuviera una fuerza de voluntad tan grande como para ganarle incluso a la muerte.

    —Es un milagro —quiso pensar el chico.

    —No seas idiota. No creas en los milagros hasta que no puedas hacer uno.

    —¿Cómo?

    —Las cosas siempre suceden cuando han de suceder. Y no siempre tendrás el control, ni siquiera cuando seas un daiyoukai.

    Akyoushi se paró junto a su padre y miró al cielo estrellado. ¡Cuán grande era su padre, que llegaba hasta esas estrellas! Y aún así había cosas que incluso para él eran imposibles.

    —No somos dioses. Tan solo somos youkais que reinamos en el viento, con su misma libertad. Por eso, si quieres, preocúpate por las cosas, pero no te mortifiques por ellas.

    —Cuando sea un daiyoukai como usted, tendré mucha fuerza. No deberé preocuparme.

    —Nunca subestimes a los demás. La sobreconfianza es un error muy parecido a la soberbia —lo miró—, mientras más alto quieras volar, más dura podría ser la caída.

    El chico lo pensó por largo rato.
    —Aún así me levantaría.

    —¿En verdad? —volvió a mirar hacia las estrellas—. Mira lo lejos que llegan esas estrellas, a todos nos falta mucho como para poder llegar tan lejos. Esto recién está comenzando, nunca dejes de levantarte, nunca dejes de correr hasta poder alcanzarlas.

    —¿Pero cómo he de hacerlo?

    —Lo descubrirás. Algún día.
     
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    Asurama

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    Re: The Legacy

    La prueba
    La noche oscura era tan solo iluminada por la brillante luz de la luna.
    Los aldeanos salieron a observar, al haber sentido una presencia extraña cerca de la aldea. Por precaución, salieron con antorchas, lanzas, espadas y herramientas de labrar la tierra. Temblaban del miedo, comprendiendo que algo sobrenatural estaba sucediendo allí. De pronto, cerca del bosque, vieron moverse una silueta plateada, que resplandecía como la misma luna. Tenía forma humana, pero, evidentemente, no se trataba de un ser humano.

    —¡Youkai!

    Comenzaron a gritar alarmados, al tiempo que sonaban las campanas y los niños y mujeres iban al refugio. Los hombres se reunieron en seguida y corrieron hacia el youkai. Éste, en menos de un segundo, apareció flotando en el aire, por encima de ellos. Su cabello casi blanco fue mecido por el viento. Extendió ambos brazos a los costados y, mostrando las garras, asesinó a todos en un movimiento limpio. Lo que antes era una aldea, ahora era un mar de sangre y carne.
    Unos pasos inseguros se adentraron en la aldea. Una mujer salió a su encuentro con un cuchillo en la mano, pero antes de que pudiera hacer nada, estaba decapitada en el suelo. Las demás mujeres asomaron desde la puerta del refugio. El youkai plateado hizo crujir los nudillos y asesinó a todas de un golpe limpio, pero dejó vivos a los niños, que huyeron, aterrados.


    —Otra vez —comentó el monje Miroku con cara de preocupación, mientras negaba con la cabeza al tiempo que leía una carta.

    Sus cuatro hijos bailaban a su alrededor, intentando averiguar qué pasaba.
    Inuyasha partió el último trozo de leña, lo acomodó en el montículo, se secó el sudor de la frente y caminó lentamente hacia él.
    —¿Otro más? —preguntó incrédulo.

    Sango asomó de detrás del árbol en donde estaban colgando las ropas recién lavadas.
    —Debe ser el quinto caso en el mes.

    —O el sexto —respondió en tono grave su esposo.

    —¿Qué pasó? —preguntó Kagome, al oír los comentarios, saliendo de la cabaña.

    Inuyasha volteó hacia ella.
    —Nos han traído otra carta. Nuevamente una aldea muy cercana fue atacada —movió las orejas—. Es lo mismo de las otras veces. Matan a las mujeres y a los hombres, pero dejan a los niños. Quien lo hace es alguien inexperto en batalla, porque mata de un modo horrible.

    Kagome se llevó la mano a la boca.
    —Debe ser el sexto caso en el mes.

    —¿Qué opina, Kagome-sama? —inquirió Miroku—. ¿Deberíamos ir a ver? He podido trazar en un mapa la dirección que posiblemente tomará el culpable. Es como si se estuviera acercando.

    —No será nada bueno que llegue a la aldea —intuyó Sango.

    —¡Keh!, le mataré ni bien ponga un pie aquí —se jactó Inuyasha.

    —Es mejor prevenir —le recordó Kagome—. Vayamos a ver qué sucede. Les diré a los aldeanos que nos retiraremos por medio día. Encontraremos al culpable y lo detendremos.

    Dicho eso, se pusieron a hacer rápidos preparativos de viaje, reuniendo dinero, algo de comida y armas buenas.
    Salieron poco después del mediodía y siguieron la ruta que Miroku había trazado en su mapa.

    —Llegaremos al anochecer —advirtió—. Debemos darnos prisa si queremos llegar antes que el asesino.

    El viaje no estuvo, como antaño, plagado de conversaciones y chistes. Tan solo había silencios y caras de preocupación. Cuando el sol comenzó a ponerse, ellos comenzaron a temer el no poder llegar a tiempo. Pronto, la luna llena alumbró en lo alto y un poder sobrenatural invadió el territorio. Y apestaba a youkai.
    Cuando llegaron a la entrada de la aldea, se horrorizaron al ver por lo menos cuarenta cadáveres despedazados y esparcidos por doquier.

    —Es espantoso —coincidieron con el corazón acongojado.

    En medio de la masacre, un youkai vestido de blanco les miraba en la sombra.

    —¿Sesshoumaru? —preguntó Inuyasha confundido.

    Desenvainó a Tessaiga y lanzó un poderoso Kaze no Kizu. El inuyoukai evadió el ataque flotando en el aire. No obstante, Inuyasha no le dio tiempo, saltó y volvió a lanzar otro Kaze no Kizu que, si bien no le hirió, le hizo perder el equilibrio, lo suficiente como para que el Hirai Kotsu y una flecha de Kagome lo derribaran al suelo.
    Él se levantó en el acto y se abalanzó sobre Kagome, con las garras abiertas para destazarla, cuando un golpe de Inuyasha lo tomó por sorpresa y lo hizo volar.
    Kagome disparó una flecha e invocó un campo de energía alrededor del youkai, que comenzó a golpear en todas direcciones, tratando de escapar de la pequeña, rígida y dolorosa burbuja azul en la que había sido encerrado. Le gruñó a Kagome con odio y entonces, la reconoció.

    —¿Kagome?

    Todos quedaron desconcertados, mirándolo con los ojos dilatados y la boca abierta.
    —¿Akyoushi? —preguntaron todos a su vez.

    —¿No es ese el hijo de Sesshoumaru? —inquirió Inuyasha, olisqueándolo.

    —Inuyasha —murmuró el pequeño youkai.

    Todos se acercaron y se sentaron alrededor de la burbuja de energía.

    —Sácame de aquí —le exigió a Kagome.

    —Te sacaremos cuando te tranquilices —le amenazó Kagome, al tiempo que le mostraba un rosario kotodama idéntico al que llevaba puesto Inuyasha.

    —¿Qué haces aquí? —le preguntó Inuyasha, confundido— ¿No deberías estar entrenando en las Tierras del Oeste? Estás muy lejos de casa.
    Akyoushi bajó la mirada.

    —Ay, no —concluyó Kagome—. No nos vas a decir que escapaste de casa.

    Nuevamente, el niño no contestó.
    —No deberías estar aquí —le explicó Miroku con su típica tranquilidad—. No conoces estas tierras y no sabes cómo sobrevivir en ellas. Invades territorio ajeno y, encima, atacas a los humanos y alborotas a todos.

    —Ellos me atacaron primero.

    —Ellos intentaban defenderse —le explicó Sango.

    —Yo intentaba defenderme también —murmuró Akyoushi mientras miraba los cadáveres de los humanos que acababa de matar. No sentía especial afecto por los humanos y si tenía que desmembrarlos, lo haría. Pero no atacaba a los niños, puesto que él también era un niño y se sentía identificado con ellos.

    —¿Por qué huiste de casa? —le preguntó Kagome.

    —No huí de casa —intentó ponerse de pie, pero el campo de energía le golpeó la cabeza y se vio obligado a sentarse una vez más.

    Todos lo miraban como si fuera totalmente obvio lo que había hecho.
    Les contó que su padre había decidido que era el momento de ponerlos a prueba a él y a su hermana. Él lo había oído entre pasillos y la idea no le agradó.

    —Entonces te asustaste y decidiste escapar de tu padre —concluyó Inuyasha.

    —No estoy escapando de mi padre —nuevamente iba a ponerse de pie de forma violenta, pero recordó el duro campo de energía.

    La sorna de Inuyasha lo hizo sentirse enojado. No le gustaba que lo tacharan de cobarde, puesto que no lo era. Solo que había cosas para las que aún se sentía inseguro… solo que no quería demostrarlo.
    Su estómago soltó un fuerte ruido.

    —Veo que tienes hambre —le dijo compasivamente Sango.

    —¿Quieres venir con nosotros a la aldea y acompañarnos en la cena? —ofreció amablemente Kagome.

    El chico, con la cabeza baja, negó en silencio.

    —No pensamos dejar que vuelvas a atacar un solo humano de estas tierras —le dijo Miroku en tono severo—. Si no puedes acompañarnos, te quedarás encerrado en ese campo de energía.

    —No —se desesperó y al intentar levantarse, se golpeó la cabeza de nuevo.

    No quería ir con ellos, pero era el único modo de que lo sacaran de allí, así que aceptó. Tan pronto como se le presentara la oportunidad, volvería a huir… es decir, a viajar. Los youkai no huyen.

    Akyoushi llevaba casi un mes sin comer, porque no sabía dónde encontrar la cena y no quería comer la carne humana. Rin había sido humana y comer carne humana sería como una terrible blasfemia contra ella, que Akyoushi no iba a permitirse.
    Kanta siempre se le burlaba al respecto “porque sueñas con que ella pueda ser tu madre, bastardo”.

    En la casa, el olor a comida recién cocinada lo mareó y le dio náuseas, razón por la que debieron conseguirle algo crudo para comer. Ni bien tuvo la liebre frente a él, el hambre pudo más y se la comió en pocos bocados. Recién al acabar agradeció por la comida. Se acomodó en la blanda y suave cama que antes era de su primo Kanta y no le importó el olor a hanyou. Estaba cansado, así que se durmió en seguida.
    Inuyasha, Kagome y los demás se quedaron murmurando acerca de cuánto este chico se parecía a Sesshoumaru.
     
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    Pan-chan

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    Re: The Legacy

    Vaya, dos excelentes capitulos. No puedo creer que no me hayas dicho que actualizaste -.-

    El primero me agradó mucho, mostraste un pequeño fragmento de lo que le ocurrió a Rin y la forma en que terminó convertida en "youkai", además me gusto mucho la conversacion que tuvieron Sesshomaru y Akyoushi, mostraste a un Sesshomaru mucho más maduro e inteligente, cabe destacar que amé sus razones para dejar a Rin en una alde ade humanos cuando aun era niña...realmente me flechaste XD

    El segundo capitulo me tomó por sorpresa, no creí que fuese Akyoushi el causante de esa masacre, me dio la impresion de que Inuyasha y los demás se lo tomaron muy natural, pero bueno, en cierta forma él solo se estaba defendiendo. Me pregunto cual sera esa prueba que Sesshomaru deseaba hacerle a sus hijos XD el pobre Akyoushi ni siquiera quiso esperar para averiguarlo, creo que Sesshomaru se molestará mucho cuando sepa que escapó....en fin.

    Espero el proximo capitulo con ansias, cada vez me gusta mas Akyoushi ^^
     
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