de Inuyasha - Sweet Sacrifice [One-shot]

Tema en 'Inuyasha, Ranma y Rinne' iniciado por Rukia, 17 Mayo 2008.

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    Rukia

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    Sweet Sacrifice [One-shot]
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    Sweet Sacrifice [One-shot]

    Bien, este es una One-shot que escribí hace poco para un concurso, no creó que gane xD.Además de que hace bastante tiempo no escribo sobre InuYasha; bueno tiene faltas de ortografía y errores varios, aun así me gustaría que me dieran su opinión sobre él. No tengo la costumbre de decir de que pareja es y no la perderé xDDDD,sólo diré que un de los personajes es Sesshomaru, en un Universo alterno pero dentro de la época del Sengoku.

    -------------------------



    Sweet Sacrifice
    [AU]

    Siempre estuvo solo. Desde que recordaba nunca había tenido compañía o algo parecido a un amigo. Nunca pudo contar con apoyo o con algo de esa índole, así se volvió frio y distante, siempre pensado que alguien con su valía no necesitaba rebajarse a sentir y que el poder y el honor lo eran todo. “Las emociones llevarán siempre al odio”, sabía a la perfección lo que significaba. Las pasiones siempre desencadenaban desastres, lo había visto tantas veces, un poderoso ser, rendido a los brazos de una criatura insignificante, arrasando reinos, creando guerras y destruyéndose a si mismo…. Siempre excusándose de esa baja pasión.

    Su padre mismo… El poderoso Taiyoukai** del Oeste… Había sucumbido al hechizo de una…

    Aun así… a pesar de sus afirmaciones sobre el poder y sus perjuicios sobre las emociones, él guardaba un secreto que desmentía su soledad. Un gran pecado oculto tras las paredes de su helado corazón, conservado y resguardado por ese mismo hielo.

    Kagomesusurró al silencio del paraje de verano. Cerró los ojos reprendiéndose, ¿en qué estaba pensado?, ¿en ella?, que absurdo, ¿cómo podía pensar en esa…? Kagome sólo había sido…ella… sólo…

    —Sesshōmaru-sama…--interrumpió una mujer vestida con una armadura oculta entre las sombras—Es el momento su alta sacerdotisa está presente, la maldita que ha matado a tantos de los nuestros… es el momento de terminar con esos asquerosos humanos…

    Al escuchar la última frase Sesshōmaru se giró violentamente a ver a la mujer, ella perpleja y aterrada comenzó a temblar mientras él se acercaba lentamente, sólo pudo bajar la cabeza en señal de disculpa, aunque no comprendiera del todo porque se tenía que disculpar, y esperar a que él no tomará su vida.

    —Avanzaremos—musitó mientras la sobrepasaba—Está noche todo terminará…






    La alta sacerdotisa era temida y odiada por todos los youkai*, tenía un poder jamás visto y había terminado con la vida de un sin fin de criaturas malignas, sin embargo, era piadosa, cualidad que enervaba a los seres más poderosos, ¿cómo una simple humana se atrevía a perdonarle la vida a un youkai?, ¿a quitarle su honor? Pero, así como los youkai la aborrecían los humanos la enaltecían y amaban, tomándola como estandarte y símbolo en las batallas contra los youkai…

    El odio hacia aquella mujer había dado como consecuencia una guerra descarnada entre las dos razas, una guerra que había sido reprimida durante años, pero que tomando como excusa a esa sacerdotisa había salido a flote.

    Era odiada y amada al mismo tiempo… Y los humanos y youkai tan sólo coincidían en una cosa: el conocimiento de su nombre. La alta sacerdotisa de llamaba… Kikyō.







    El gran ejercito youkai había avanzado hasta las afueras de una apenas austera villa, que no contaba con otro lujo más que un templo, lugar que precisamente buscaban. Ranas, lobos, aves diversas y criaturas indefinidas pero con forma monstruosa avanzaron por las discretas calles del lugar, destruyendo todo a su paso. La madera crujía al romperse, la piedra palidecía… nada, como era de esperarse la aldea estaba vacía, ya estaban preparados.

    Algunos youkai protestaron molestos y una voz de mando se escuchó diciendo: ¡Destruyan todo y avancen hacia el templo! En pocos instantes la pequeña comunidad quedo reducida a escombros a garras de aquellos seres.

    Las tropas se enfilaron hacia el templo pero antes de comenzar la invasión un haz violeta fulminó como rayo a una docena de ellos. Miradas furibundas se dirigieron hacia el origen de la luz y algunas voces exclamaron: ¡Esa maldita sacerdotisa!

    Los youkai subieron por la escalinata que daba al templo, ahí, una cuadrilla de mujeres con arcos los esperaba. La verdadera batalla comenzó…

    Hombres son espadas y lanzas, mujeres con arcos y alabardas, sacerdotisas, monjes, la gente del templo y la aldea se había reunido dispuesta a dar batalla, todos a excepción de su verdadero objetivo, Kikyō. ..




    La muerte fue llegando para ambos bandos, youkai y humanos iban cayendo. Sesshōmaru se abría paso entre la confusión y la sangre, esperando encontrar a la sacerdotisa causante del deshonor de los youkai… de su propio deshonor, pues no sólo por culpa de ella lo que más amaba se había ido, si no que también a él le había perdonado la vida.

    Llegó a la entrada del edificio principal, sus grandes puertas de madera estaban cerradas, pero por el olor a sangre youkai en el interior dedujo que aquella mujer estaría adentro, después de todo, una sacerdotisa siguiendo el camino de la sangre olería a ella. Levantó la mano y en un rápido movimiento destruyó la entrada, el recinto estaba vacio.

    Un escalofrió recorrió su piel, al mirar atrás encontró a una mujer, con la cara cubierta apuntándole con un arco. Después un resplandor violeta.

    Apenas pudo esquivar la flecha pero no demoró en contraatacar, sacando un látigo verde de la punta de sus dedos quebró la flecha con la que lo atacaría nuevamente. Intentó golpearla con aquel hilo venenoso sin embargo ella logró esquivarlo fácilmente con el arco. Acto seguido ambos desenfundaron sus espadas, ambas tan contradictorias como los dos. La de él era de una blancura capaz de opacar la nieve mientras la de ella era de un negro exquisito.

    Las hojas de hierro chocaron y ambos retrocedieron…

    Las peleas a su alrededor se aminoraban, no había ganador fijo pero la cantidad de youkai y humanos, vivos, había disminuido, tal vez… aquella batalla decidiría la victoria de la guerra…

    Aun así no importaba. Sesshōmaru estaba ahí para vengar su honor, sólo eso, razón por la que estaba completamente concentrado en la batalla. Ella, en cambio, se estaba distrayendo con facilidad y de vez en cuando dejaba escapar algunas flechas como ayuda para los demás.

    Fue así que en una de aquellas distracciones, Sesshōmaru logró golpearle de lleno con la espada. La sacerdotisa no lo vio venir y el impacto fue tal que su arco se redujo a cenizas, había quedado inmóvil sobre el suelo, ya no tenía la capucha que cubría su rostro y su ropa estaba hecha jirones.

    La había derrotado pero aún estaba viva. Se acercó lentamente a ella disfrutando de verla tendida apenas respirando, él no tendría piedad como ella… Él la mataría…

    Se quedó parado a su costado unos instantes, aquella mujer apenas si respiraba; su cabello negro le caía sobre la cara y sus ojos color madera apenas eran visibles. Alzó la espada… Pero antes de concluir el golpe se detuvo, la mujer se había movido bruscamente y el cabello se le había retirado del rostro mostrando una extraña luna azul sobre su frente.

    Sesshōmaru pudo sentir como su corazón se detenía, aquella marca, esa luna, ¡era su gran pecado!, la muestra de que había amado y de que ese amor había sido correspondido. Era la marca de una reciprocidad de sentimientos, la luna que sólo él y su Kagome tenían…

    Recuerdos desordenados pasaron por su mente… Esa sacerdotisa… El día que la conoció… El día que Kagome se fue…

    Era imposible… Kikyō no podía ser ella…

    Con cuidado la tomó entre sus brazos, al verla a la cara no supo que pensar pues sus ojos chocolate lo miraban mientras sonreía.

    —Kagome…—susurró—Yo…

    La joven posó los dedos en sus labios y los calló.

    —No soy Kagome…

    El taiyoukai abrió los ojos desmesuradamente…

    —Nunca lo fui…—musitó, respiró profundo y continuó—Mi nombre es Kiky…

    —No lo digas…—interrumpió. No soportaba la idea de que la persona que más odiaba fuera su amada Kagome—No lo hagas…

    —Me fui de tu lado… porque desde un principio jamás debí estarlo… No podíamos… Mi deber era matarte para detener la guerra… Kagome… Nunca existió…—Con la mano rodeó su rostro y acarició su cara—Pero no pude, yo…yo…me enamore de…


    Sesshōmaru la interrumpió tomado su mano y acercándola más a su cuerpo para poder robarle un beso, cuando se separó de ella, la observó tan hermosa y tan frágil que no pudo más que apretarla a su pecho.


    —Perdóname…perdóname…—suplicó mientras los ojos de la joven se anegaban—Perdóname…


    La separó de su cuerpo y movió la cabeza negativamente, no tenía nada que perdonarle…

    En ese momento la joven sacó de su túnica una daga y estiró el brazo para poder clavarla en el corazón del youkai… Después una voz murmuró: Te amo...




    La daga cayó al suelo… Su brazo lánguido también lo hizo… La joven había dejado de moverse… Ya no respiraba…

    El youkai cerró los ojos y la abrazó con fuerza. Esa daga los hubiera separado si ella hubiera conseguido clavarla en su pecho… No era para darle muerte al cuerpo, si no para darle muerte al amor… Ella quería morir sola, romper sus lazos… Pero no lo había logrado…

    Alrededor todo era silencio, no había nadie… No quedaba nadie… La guerra había terminado… No había ganador…

    Era mentira por fin se había dado cuenta, el poder y eso que llamaba honor era lo que destruía y no el amor, ¿cómo pudo ser tan ciego…?

    Ya no importaba… Estaría con ella aun después de la muerte…

    Sujetándola con firmeza depositó un suave beso en sus fríos labios… Las lunas brillaron y la luz los envolvió…


    La acompañaría a la muerte… Estarían juntos donde el poder no existe y la guerra… Se extinguió… Juntos… Para siempre…


    FIN




    *Apariciones, espíritus o demonios, son una clase de criaturas en la cultura japonesa.
    **Taiyoukai, literalmente: gran demonio.
     
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