Poco después de que el señor Bin nos diera unos consejos para mejorar nuestra técnica, Hino-san se nos acercó con un par de adolescentes que parecían ser gemelos. Nos explicaron que habían acabado apiñados con otros alumnos en una única habitación y, claro, eso les había hecho dormir de cualquier manera. Sonreí con algo de ternura al escuchar la historia, ignorando que tan solo nos diferenciaban tres años, y asentí con la cabeza cuando uno de ellos nos preguntó por las pasantías, procurando aguantar la risa que el comentario del otro me quiso provocar. —¿Qué dices, Thi? Parece que los dos necesitan un masaje tailandés, ¿no? —le pregunté al rato, en voz algo más baja para que los hermanos no nos escucharan. —Yo también lo creo... —me contestó, asintiendo un par de veces con la cabeza—. En cuyo caso deberíamos asegurarnos antes de que no tengan otras lesiones, como nos ha enseñado Bin-san. Dicho y hecho, nos volvimos a acercar a los niños tras nuestra breve reunión. >>Antes de empezar, ¿podéis confirmarnos que no tengáis problemas articulares severos o alguna otra lesión importante, por favor?