Comedia Sosonia: Un pueblo singular

Tema en 'Novelas Terminadas' iniciado por Sonia de Arnau, 18 Mayo 2011.

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    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

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    Oh, wow xDDD
    Ese reloj era minero xD
    Aunque no hay mucha descripción de él, me imagino un reloj pequeño, no de pulsera, sino tal vez de buró y lindo, por su antiguedad. Tan fácil que era callarlo al quitarle las pilas xDDD Pero es obvio que un reloj que no da la hora, no sirme para nada, así que era lógico que todos lo quisieran funcionando, además de que debía tener hermosa apariencia, destacando esto porque logró atraer de esa manera a la reina de las cosas bellas, Dulce.

    Lindo cap. Me gustó también. La aventura del reloj minero y sobre todo, me gustó imaginarme la llegada de éste a las manos de Redy muajajajajaja

    ¿Cocoyo? Sinónimo de...?
     
  2. Threadmarks: El misterioso
     
    Sonia de Arnau

    Sonia de Arnau Let's go home Comentarista empedernido Edwin Rules es chido Lectora empedernida del 2022

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    Sosonia: Un pueblo singular
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    Comedia
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    16
     
    Palabras:
    1975
    Cocoyo sinónimo de cabeza o coronilla.

    Bien, después de mucho tardar, lo que lamento, les traigo la continuación de Sosonia. Gracias por leer y comentar.

    No hay descrimpción de personajes nuevos.

    8.- EL MISTERIOSO

    ¿Será real? ¿O un producto de su imaginación?

    Una mañana muy alegre, Coletas salió a… ¡un momento! Siempre comenzamos o con una mañana muy alegre o con Coletas, pero ¿qué tal si cambiamos un poco esta historia?

    Era una noche muy tenebrosa y desde hacía unos días, no dejaba de llover. Podían escucharse los truenos tan fuertes que hacían estremecerte hasta los huesos, y los relámpagos podían verse con toda claridad. Sí, era una gran tormenta, muy inusuales en Sosonia, pues nunca se daban este tipo fenómenos naturales.

    En casa de Triple, él y sus secuaces estaban aburridos, esperando que la lluvia cesara.

    — ¿Por qué no se acaba esta tonta lluvia?— preguntó Triple enojado.

    —Sí— concordó un secuaz—, que se acabe ya para ir a jugar.

    — ¡No, idiota! Que se acabe para vengarme de Coletas— le gritó Triple.

    —Ah, sí. Para eso también— le dijo el secuaz asustado.

    A la mañana siguiente, gracias a la lluvia, estaba haciendo mucho pero mucho frío. Triple se levantó, se estiró un poco y dio un gran bostezo, mientras decía:

    —La lluvia se ha acabado y es una mañana perfecta para vengarme de Coletas… Uy… está haciendo mucho frío, ya me congelé.

    Él y sus secuaces se fueron a Sosonia y fueron a desayunar al restaurante. Al entrar, Triple vio a Coletas comiendo tamales con un gran vaso de atole. Él y sus secuaces se sentaron, pidieron su orden, esperaron mientras llegaba la orden y al llegar los secuaces empezaron a comer; pero Triple no le quitó la mirada de encima a Coletas y muy enojado agarró el puré de patata y se la arrojó con gran fuerza a Coletas; éste, enfadado, fue hacia él y agarrando el atole, se lo arrojó en el estómago. Triple, con rapidez se levantó y dijo:

    — ¡Falta! Eso está muy caliente… Auch… Auch.

    Triple, más enfadado que nunca, agarró más puré de patatas y volvió a lanzárselo a Coletas, con esto, empezó una guerra de comida entre los dos. En eso, salió Jefe de la cocina y al verlos les gritó:

    — ¡Basta ustedes dos! ¡Basta, ya dejen de pelear! ¡Están espantando a toda mi clientela!

    Y sin más, los echó del restaurante. Una vez afuera, Triple le iba dar un golpe a Coletas, pero antes de que lo hiciera el pelinegro le dijo:

    — ¡Alto!... Primero hay que desayunar, ¿no?

    Triple olió algo sabroso provenir del restaurante y estuvo de acuerdo. Entraron, desayunaron, pero al acabar, Coletas se fue y al ver esto Triple dijo:

    —Sí, siempre salen corriendo los cobardes.

    Al decir esto, Fea salió de la nada y lo saludó:

    —Hola, Triple.

    Al verla, Triple gritó y corrió como niña asustada. Caminaba hacía su cabaña, mientras se hablaba:

    —Sí, eso fue. Ella salió de repente, ¿quién no se asusta al…?— se quedó mudo al ver su casa desordenada. Las camas por allá y por aquí, hojas por todos lados, bueno, era un caos total y al mirar afuera, vio a una persona vestida de negro y salió corriendo para preguntarle por qué rayos le estropeó la casa. Sin embargo, el sujeto extraño, al verlo, salió corriendo. Triple golpeó a un secuaz y le dijo:

    —Tontos, que no se vaya, atrápenlo.

    No obstante, sus secuaces no hicieron nada porque no vieron a nadie.

    — ¿Acaso tengo que hacerlo todo, ¡yo!?— y salió detrás de él.

    Triple le lanzaba piedras, pero él misterioso las esquivaba con facilidad, por lo que no podía pegarle.

    En el bosque, se encontraban Coletas, Rojita, Hijo y Flor, vieron a Triple gritando:

    — ¡Detente! ¡Detente!

    Hijo al verlo, dijo:

    —Y ahora, ¿qué le picó?

    —Yo creo que está entrenando su voz, ¿no?— dijo Flor extrañada.

    —No lo sé, pero hay que irnos— dijo después Coletas.

    Triple se detuvo al llegar a la plaza y muy cansado, empezó a mirar a su alrededor y notó que ese misterioso entró al restaurante, así que entró él al restaurante también.

    — ¿Dónde? ¿Dónde está? ¿Dónde se metió?— se preguntaba.

    Todos los que estaban en el restaurante dejaron de hacer lo que estaban haciendo por ver a Triple, quien estaba bastante raro, él movía las mesas y las sillas y al ver que no había nadie, dijo:

    —Si yo lo vi entrar, ¿dónde estará?

    Triple miró a sus alrededores y se dio cuenta de que todos lo veían extrañados.

    —Hola— saludó—. Este… no se preocupen, no es nadie… que se coma la comida— con esto, salió deprisa.

    Al ir a su casa, de nuevo decía:

    —Yo lo vi entrar, ahora la gente me cree loco. ¡Genial! Lo que me faltaba.

    Era de noche, todos estaban dormidos, excepto Triple, que se levantó al escuchar un ruido que provenía del baño. Cuidadosamente, se asomó y descubrió que allí se encontraba el misterioso, que estaba esculcando en su botiquín y al ver a Triple, nuevamente salió corriendo.

    —Oh, no— le dijo Triple—. No vas a huir de nuevo.

    Así que iniciaron una nueva persecución. Otra vez entraron al bosque y allí Triple empezó a arrojarle piedras; mas, al igual que la vez anterior, no logró darle con éstas. Entonces, en una de esas, logró darle en la cabeza, por lo que cayó al suelo. Triple sin ninguna demora, se acercó a él, se hincó, lo tomó por el cuello del traje y empezó a decirle mientras lo zarandeaba:

    — ¿Quién rayos eres tú? ¿Qué quieres de mí? Acaso…

    Una luz lo encandiló y lo interrumpió. Cuando logró recuperar su vista, vio a Fea, Jumbo y Payaso. Jumbo traía la linterna que lo encegueció momentáneamente y le preguntó:

    — ¿Jefe? ¿Qué está haciendo aquí, a media noche y en medio del bosque?

    —Yo sólo estaba…— fijó su vista en la mano que tenía sujeto al misterioso, dándose cuenta que no había nadie, se levantó y miró a todos lados—. ¿Dónde está? ¿Dónde se metió?

    Los tres se miraron y Payaso preguntó:

    —Jefe, ¿de quién está hablando?

    —De… de nadie, este… sólo sigan con… con lo que estaban haciendo… eh… eh… adiós.

    Cuando Triple se hubo retirado, Fea les dijo:

    —Ya oyeron, vámonos— pero lo dijo muy extrañada de la actitud del ojiverde.

    A la mañana siguiente, Triple caminaba sin rumbo alguno, preguntándose de lo que vio ayer y sin darse cuenta chocó con Coletas, pero no se paró a buscarle pleito, siguió como si nada. Al ver esto, Coletas, se detuvo intrigado.

    —Y ahora, ¿qué pasó?— pues se le hizo raro que no le dijera nada y con la duda, siguió su camino.

    Triple seguía caminado, hasta que se detuvo y se dijo:

    — ¿Estaré loco? A lo mejor sí… ¿Pero qué estoy diciendo? ¡Claro que no! Aunque mi papá es un loco, sí pero yo soy yo y él es él. Ya no sé… mejor voy con alguien. Un Psicólogo o algo.

    Se fue y después de mucho preguntar, le recomendaron a alguien que era muy bueno para este tipo de situaciones, por lo que Triple fue con el especialista y al llegar le contó todo. Al terminar el especialista le dijo:

    —Dime, ¿no escondes algo? Algún secreto, un robo o tal vez quieras vengarte o…— Triple lo interrumpió, diciendo:

    — ¡Sí! Me quiero vengar de alguien.

    —Pues creo que por eso ves cosas. Porque tú subconsciente te hace ver eso. Lo único que quieres es tener atención.

    Al escuchar esto, Triple se levantó y sorprendiendo al señor, gritó:

    — ¡Tiene razón! Sí. ¡Tiene mucha razón!

    Triple se fue de allí y una vez sola la persona que lo atendió, susurró al viento:

    —Pobre loco.

    Al anochecer, Triple se dispuso a dormir y lo hizo, pero sólo fue por unos momentos pues se despertó al escuchar, de nuevo, un ruido. Se levantó descubriendo a Coletas.

    — ¡¿Tú?! ¿A caso quieres volverme loco? Pues felicidades, ¡ya lo lograste!— le gritó cuando lo vio y se abalanzó contra él. Coletas salió corriendo de la casa, pero Triple lo detuvo y empezó a golpearlo. Coletas se defendió y quiso explicarle por qué estaba en su casa, pero Triple no lo dejó.

    Estaba Coletas en su casa y se iba a dormir cuando escuchó que tocaron la puerta, se dirigió a ella y la abrió. No había nadie. Cerro la puerta, se fue a la cama y cuando por fin iba a quedarse total y completamente dormido escuchó ladrar a Reloj, por lo que, muy asustado, se levantó a ver qué sucedía y vio que alguien corría dentro de su casa y que luego se salió. Coletas lo persiguió hasta llegar a la casa de Triple. Vio que el misterioso entró a la casa de Triple por lo que Coletas decidió entrar también. Allí empezó a buscarlo, pero escuchó a alguien detrás de él y al voltear vio que era Triple.

    Coletas y Triple aún peleaban, pero se detuvieron al escuchar un ruido dentro de la casa.

    —Shhhh, ¿qué es ese ruido?— preguntó Triple.

    —Te digo que yo no…— Triple volvió a callar a Coletas y los dos entraron a la casa viendo que todos los secuaces de Triple estaban regados en el suelo.

    — ¿Qué pasó aquí?— inquirió Triple asombrado.

    —No lo sé— contestó Coletas igual que Triple.

    El misterioso buscaba algo por todos lados y al parecer era muy importante pues no dejaba de buscar, hasta que escuchó a Triple decir:

    —Sí. Yo sabía que era real, no estoy loco… ¡Hey tú!— señaló al misterioso y éste volvió a correr— ¡No huyas, cobarde!— gritó Triple y volvió a seguirlo.

    —Si ya no hay más, me voy a casa— dijo Coletas cansado.

    Triple siguió persiguiendo al sujeto y de nuevo entraron al bosque, allí él despertó a Fea, Payaso y Jumbo.

    —Ayúdenme.

    Con esto, los cuatro salieron tras el misterioso, pero no lo atraparon pues de manera misteriosa, igual que él, desapareció. Sin más remedio, todos se fueron a sus casas y Triple se preguntó ¿quién era ese sujeto y que es lo que quería? Desde entonces nunca volvieron a ver al misterioso. Hasta que…

    ¿Quién era él?

    ¿Qué quería de Triple? O ¿Con quién trabaja?

    Nadie lo sabe.

    Otra vez gracias por leer. Nos vemos luego.
     
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    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

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    Oh, wow, ese misterioso también me ha intrigado. ¿quién es y que quiere de Triple? Por un momento pensé que Triple finalmente había perdido la razón xDDD, pero veo que en verdad existe ese misterioso, pues Coletas también lo ha visto. Ahora quiero saber que es ese tal misterio y como se relaciona con las vidas de los residentes de Sosonia. Mmm, pero se nota que algo de valor busca ese tal misterioso. ¿Qué será?
    Espero la conti y en esta, espero que se resuelva lo del misterioso xDDD
    Buen capítulo, me gustó el comienzo, es decir, eso de comenzar con alguien diferente a Coletas, aunque si lo vemos bien, comenzó con él xDDDD
    Nos vemos mi querida amiga.
     
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    Ladron de Musas

    Ladron de Musas Usuario común

    Cáncer
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    Muy buena la variacion,je je je ,dime melancolico y mas pero yo adoro los dias lluviosos y de tormentas,bueno con respecto al cap,estuvo muy intrigante,quien es ese? que busca de Triple? sera su conciencia que le viene a cobrarse por ser tan envidioso? bueno eso queda descartado pues tambien Coletas lo vio,y ya que Marina lo menciona ese sujeto tambien queria algo con Coletas pues primero entro a husmear en su casa
     
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    Borealis Spiral

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    Libra
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    Hello! Pues aqui, siendo fiel a esta historia tan maravillosa. Ok, ok, dejame explicarle a Ladron de Musas lo de Coletas, si? Bueno, lo que a mi me parecio que sucedio fue esto: Debido a que el misterioso no podia buscar lo que tenia que buscar en casa de Triple con tranquilidad porque este siempre terminaba descubriendolo y por ende, siguiendolo< entonces el misterioso tuvo que creear un distraccion para Triple. Y quien mejor que su enemigo, Coletas? Bueno, eso creo yo que paso.

    Fuera de eso, jejeje, Marina tiene razon, aunque quisiste dar un inicio diferente terminaste por dejarlo con Coletas XD Pero en si, el capitulo estuvo genial, no sabes lo mucho que me gusto. Espero ansiosa el siguiente. Te cuidas.

    Hasta otra.
     
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  6. Threadmarks: El círculo del amor (Parte 1)
     
    Sonia de Arnau

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    En efecto, Hana, eso fue lo que paso con el misterioso y Coletas.

    Me encantan sus comentarios. Gracias a todos por leer. Bien, les traigo ahora el siguiente capitulo el cual, aclaro, sera colgado en dos partes. Disfruten.

    9.- EL CÍRCULO DEL AMOR (Parte 1)

    Se supone que esta historia comienza con Coletas e Hijo que están sentados en las escaleras que llevan a la entrada del restaurante Los Mil gustos; pero no, esta vez no comenzará así, sino más bien con una visita que llega inesperadamente a Sosonia. Llegó en el camión de la mañana, que pasa cada de vez en nunca, y es una jovencilla de más o menos la edad de Rojita. Pero llegó tan temprano que sólo sus parientes supieron de su llegada y no es por mucho mencionar que esa jovencilla sorprende a todos después; pero ahora sí ubiquemos a Coletas e Hijo sentados en las escaleras que llevan al restaurante Los Mil gustos.

    —Estoy aburrido— le dijo Hijo a Coletas—. Hay que hacer algo, ¡ya sé! Vamos a jugar al básquet para que veas que bueno soy, mejor que tú.

    Coletas asintió con la cabeza a la vez que contestó:

    —Está bien, pero querrás decir para que yo te derrote.

    Haciendo un puchero de incredulidad, Hijo habló:

    — ¡Claro! ¿Tú? ¡Vamos a ver quién va a perder!

    Y los dos se fueron a jugar. Más tardaron en llegar a la cancha pública que en regresar a las escaleras en donde se sentaron justamente en el mismo lugar; sin embargo, Hijo se encontraba muy enojado. Del restaurante, salieron Flor y Rojita y muy sonrientes, saludaron a Coletas e Hijo.

    — ¿Por qué estás enojado, Hijo? ¿Qué te pasa?— preguntó Flor.

    —Por nada— contestó Hijo más enojado.

    —Está así porque le gané en el baloncesto— informó Coletas.

    — ¡No es cierto!— se defendió Hijo.

    — ¡Ah!— exclamó Flor— Pero yo no creo que haya sido por mucho, ¿o sí?

    — ¿Por cuánto fue?— interrogó también Rojita, muy curiosa.

    —No por mucho— contestó Coletas—, no fue tanto.

    — ¿Por cuánto fue?— insistió Rojita.

    —Por unas dos a treinta o treinta y dos. Ya por tantas canastas que metí se me fue la cuenta, pero eso fue más o menos.

    Todavía no terminaba de hablar cuando a Rojita y a Flor les ganó la risa y tuvieron que taparse la boca para reprimir las carcajadas. Coletas continuó diciendo:

    —Y que conste que yo le dejé ganar los dos primeros tiros.

    Hijo parecía un rosal rojo. Con el rostro completamente del color de éste, dijo avergonzado:

    —Ya te dije. Me ganaste porque, porque estaba… Ah… estaba… distraído, sí, por eso, ya sabes, por eso y por aquello.

    —No, no sé— dijo Coletas divertido como las chicas.

    —Sí, sí sabes— terminó Hijo colérico.

    Con un supremo esfuerzo, porque se perderían esta divertida charla, Flor dijo:

    —Bueno chicos, nosotras ya nos vamos. Tenemos que ir con papá porque nos necesita. Adiós.

    Cuando se fueron, Hijo dijo:

    —Tú has hecho que me diera vergüenza.

    —No te preocupes— contestó Coletas—. Yo también me sentí avergonzado.

    Hijo lo miró sorprendido y muy serio, Coletas continuó:

    — ¡Pude haber metido cien canastas! ¡O doscientas!

    — ¡Tú! ¡Mal amigo!— y se fue contra Coletas enojado, lanzándole golpes a diestra y siniestra.

    — ¡Hey! ¡Es una broma!— se defendió Coletas.

    Pero Hijo no le hizo caso y pelearon hasta que llegó Todd y trató de separarlos, diciendo:

    — ¡Chicos! ¡Chicos! ¡Hey chicos!

    Coletas e Hijo detuvieron su pelea para prestarle atención a Todd, quien les dijo:

    —No peleen, ustedes son amigos, ah, ¡pero qué chicos! Oigan, ¿han visto a Flor y Rojita?

    —Sí— respondió Hijo—. Se acaban de ir, dijeron que las necesitaba.

    —Así es— asintió Todd—. Recuerda Hijo, voy a acompañar a tu papá a unas entregas a la ciudad.

    — ¡Oh, sí!— exclamó Hijo—. Es que mi papá hace esas donas tan ricas, que todas las ciudades quieren de esas deliciosas y ricas donas… ¡Todo el mundo… no… todo el universo…!

    —Ya Hijo— lo calmó Coletas dándole un codazo—. Vas a dejar a tu papá sin trabajo. Si todo el universo comiera de sus donas, se acabaría toda la harina…

    —Bueno, bueno— interrumpió Todd— Hijo, tu papá quiere que te quedes a cuidar la tienda mientras él no está.

    Haciendo un gesto de inconformidad, Hijo exclamó:

    — ¡¿Que me tengo que quedar en la tienda?! ¡Siempre yo! ¡Siempre yo! ¿Por qué yo?— e hizo un berrinche aún sabiendo que era sólo él porque era hijo único—. ¡Ni modo! Vas a tener que apoyarme en esto, Coletas.

    —Si— aceptó Coletas.

    Así pues, los tres se fueron a la tienda del papá de Hijo. Cuando llegaron, el señor Braket estaba empacando las ricas donas para ir a la ciudad. El señor Todd fue a inspeccionar su negocio de jugos donde ya estaban Flor y Rojita, quienes cuidarían el negocio en ausencia de Todd. De esta manera, los dos papás se fueron a la ciudad.

    Después de un rato de cuidar la tienda, ya sumamente aburridos, porque a esa hora del día ni las moscas entraban a la tienda, Hijo le dijo a Coletas, de improvisto:

    —Coletas, si a ti te gusta Rojita, ¿por qué no te le declaras?

    La granada se vería verde en comparación del rostro de Coletas, quien se permitió no contestar.

    —Vamos, Coletas. Contéstame…

    —Yo… pues… yo no…— balbuceó Coletas.

    —No me digas que no. Estoy al tanto de lo que sientes por ella; además, se nota que te gusta y mucho. ¿Por qué no le dices lo que sientes? ¡Y así serás más feliz!

    —Yo…- Coletas, incómodo, inventó—: ¡Mira, un cliente!

    Pero Hijo no vio a ningún cliente por lo que dijo:

    —No ha entrado ningún cliente…

    —Por eso digo que un cliente entró al puesto de jugos.

    —Mira, Coletas, no tengas miedo de declararle tu amor a Rojita.

    —No sé— habló al fin, Coletas—. ¿Y si me dice que no?

    — ¿Cómo crees? Mírame a mí— presumió Hijo— Yo le dije a Flor lo que sentía y mira, ¡ya somos novios! Tengo un plan. Déjame ayudarte a hacerte novio de Rojita. Claro, tú no estás tan guapo como yo, pero sí tienes oportunidad con ella, además, si no le dices lo que sientes, nunca va a saberlo y, etc., etc., ya sabes lo que sigue. Puedes imaginarte el final de la historia.

    Coletas iba a responder a eso, pero Hijo no se lo permitió pues continuó diciéndole:

    —Déjame ayudarte ya que soy tu amigo. Hagamos un picnic. Tú no vas a hacer más que presentarte al picnic. Yo iré e invitaré a las chicas, es más, voy a invitarlas ahora mismo.

    Y sin darle oportunidad de nada, Hijo salió de la tienda y se dirigió al puesto de juegos.

    —Mira— dijo Rojita—, allí viene Hijo.

    Flor, completamente enamorada, miró acercarse a Hijo y suspiró. Hijo llegó al mostrador y, apoyando los codos en éste, puso su barbilla en las manos y se le quedó mirando a Flor sin decir nada. Ambas aguardaron a que Hijo dijera algo, pero como no lo hizo, Rojita habló:

    —Hola, Hijo. ¿Cómo va el negocio?

    — ¿Eh? ¡Ah, sí! Coletas y yo queremos invitarlas a un picnic cuando cerremos el negocio. ¿Aceptan?

    — ¡Claro que sí!— aceptaron gustosas las chicas.

    —Entonces, nos vemos en el parque.

    Hijo regresó a la donería Braket y le informó a Coletas:

    —Ya estuvo. Ponte guapo porque hoy conquistarás a la segunda chica más bonita de Sosonia. Hay que aprovechar este día. ¿Te has dado cuenta? Hoy no te has encontrado con el molesto de Triple. ¡Por fin un día que te deja en paz!

    Pero se equivocaba.

    En su cabaña, Triple planeaba (como siempre) un plan que fuera perfecto para vengarse de Coletas. En eso, tocan la puerta. Al abrir, dice:

    — ¡Ya era hora de que regresaras! Tardaste tan… to…

    Se calló, porque quien tocó no era su secuaz, a quien había mandado a espiar a Coletas, sino Fea, quien con su voz más dulce saludó:

    —Hola Triple.

    Triple, cerrando un poco la puerta, contestó:

    — ¡Ah! Hola… ¿sabes qué? Estoy… este… yo… eh… estoy un… muy… ¡ocupado!...— y cerró más la puerta, sin dejar de excusar—: ¡Sí, eso! ¡Estoy muy ocupado!

    Sin embargo, antes de que cerrara por completo la puerta, Fea le informó:

    —Te traje unas galletas.

    La palabra “galletas” fue mágica. Triple abrió y dijo:

    — ¡Ah, bueno! Dámelas pues, si quieres pasa.

    Ni tarda ni perezosa, Fea aceptó la invitación y pasó a la caballa. Tomando de la canasta que colgaba de su brazo una caja de galletas, Fea habló:

    —Las hice especialmente para ti.

    —Sí, como sea.

    Triple comió una galleta. Apenas la probó, la escupió poniéndose verde.

    — ¿Qué es esto?— preguntó a punto de vomitar—. ¿Me quieres matar? ¡Que asco! ¿Sabes qué? Pensándolo bien, sí estoy muy ocupado, así que vete— Triple la empujó a la puerta sin dejar de decir—: Estas con las galletas más horribles que he probado en mi vida.

    Mientras sacaba a Fea, llegaron sus secuaces, quienes al ver la caja de galletas en el suelo comenzaron a comer y todos las escupieron, al igual que Triple, excepto uno que dijo:

    —Mmmm… son las galletas más ricas que he probado.

    Al escucharlo, Triple y los secuaces, corrieron al baño tapándose la boca, tan verdes como la vegetación del campo cuando llueve.

    — ¡Fuera de mi baño!— gritó Triple sufriendo mucho—. ¡Ni se les ocurra entrar a mi baño!

    Con esta orden, los secuaces no tuvieron más remedio que salir de la cabaña. Unos por la puerta y otros aventándose por la ventana.

    Sin darse cuenta de la conmoción que había dejado, Fea se internó en el bosque llegando a su morada. Sentíase muy triste y sus subordinados, o sea Jumbo y Payaso, se dieron cuenta de eso, por lo que Payaso preguntó:

    — ¿Qué pasó, Fea?

    Fea suspiró y contestó:

    —A Triple no le gustaron mis galletas.

    — ¡Ay, Fea! El jefe es un escandaloso. ¿Cómo no le gustaron las galletas que pasaste toda la mañana haciendo? ¿Me das una para que las pruebe yo?

    Fea sacó la última caja que le quedaba y se la dio a Payaso. Al probarla, al pobre lo ocurrió lo mismo que a Triple, y a la primera oportunidad que tuvo, las escupió sin que Fea se diera cuenta. Mirando el resto de la galleta con sospecha, dijo:

    —No entiendo porque no le gustaron al jefe. Están… bien buenas.

    —A ver— pidió Jumbo— déjame probarlas.

    Antes de que pudiera apoderase de una, Payaso las escondió entre sus ropas y habló:

    — ¡No! Están tan buenas que las quiero sólo para mí.

    —Por eso no entiendo por qué no le gustaron a Triple— se preguntó Fea—. A toda mi familia le gustaban.

    —Pues yo las quiero probar— reclamó Jumbo emberrinchado—. ¿Tienes la receta, Fea? Me haré unas ya que Payaso no me quiere dar.

    —Claro— Fea buscó la receta—, aquí la tienes.

    Jumbo comenzó a leer la receta en voz alta:

    —Harina… huevos… azúcar… ¿qué?

    En esta parte, le mostró la receta a Payaso y éste se estremeció de horror y le preguntó a Fea:

    — ¿También le ponen… eso?

    —Sí— contestó Fea—. Es el ingrediente secreto.

    — ¿Sabes, Fea? Mejor luego me hago las galletas, recordé que ahora tengo que hacer… ¡Tenemos que hacer lo que siempre hacemos!

    — ¡Ah, sí! ¡Es cierto!— concordó Payaso y comenzó a caminar, seguido de Fea y Jumbo. Los tres fueron a las hamacas, que amarradas de los árboles, los recibieron para ayudarlos a hacer lo que siempre hacían… es decir, nada.

    Mientras tanto, en la cabaña de Triple, por fin llegó el secuaz que había sido mandado a espiar a Coletas y éste informó:

    —Jefe, su peor enemigo se va a reunir en el parque con sus amigos. Se van de picnic.

    — ¡Ajá! Con que un picnic, ¿y por qué no me invitaron? ¡Ah! Pero me vengaré de esto también. ¡Me vengaré! ¡Y por fin voy a triunfar! Jajaja.

    Y rió tanto que por poco se ahoga, pero sus secuaces se le fueron encima manoteándolo en la espalda para ayudarlo a respirar, sin embargo, como todos lo hicieron al mismo tiempo, Triple fue a parar al suelo molido a manotazos. Desde el suelo, miró a sus secuaces y pidió:

    —La próxima vez… ¡sólo uno ayúdeme!

    Se levantó para irse al parque, donde ya llegaban Coletas e Hijo.

    —Mira, Coletas— le explicó Hijo—, el plan es este. Invitaré a Flor a dar un paseo alrededor del lago para que tú te quedes solo con Rojita y así puedas declararle tu amor, ¿ves? Es un plan sin fallas.

    En el parque, ya los esperaban Flor y Rojita. Entre los cuatro, extendieron una manta que las chicas habían llevado, así como las cansaste con comida. Flor preguntó:

    — ¿Ustedes que trajeron para comer?

    Coletas e Hijo se miraron y el ojiazul respondió:

    —Trajimos lo más importante. ¡Nuestra presencia!

    —Yo traje dos donas— informó Coletas, enseñando una bolsa de papel.

    — ¿Dos donas?— inquirió Flor.

    —Sí, una para Hijo y otra para mí.

    — ¡Uf!— resopló Flor—. ¡Hombres!

    Con esto, se sentaron a comer. Cuando terminaron, Hijo le dijo a Flor:

    —Flor, vamos a caminar alrededor del lago.

    Extrañada, Flor miró a su alrededor y preguntó:

    — ¿Cuál lago?

    Mirando también su alrededor, Hijo se dio cuenta que el lago quedaba muy lejos de allí, así que corrigió:

    —Bueno, vamos a dar un paseo nada más.

    Levantándose, Hijo y Flor se fueron a dar el paseo. Una vez solos, Coletas habló:

    —Rojita… tú eres mi mejor amiga, pero me gustaría que… es decir… quiero— guardó un instante silencio para tomar el cucharón de la sopa, con el cual empezó a jugar con nerviosismo, dándole vueltas—. Yo quiero… quiero…

    Y se distrajo aún más cuando, en el cucharón se reflejó una figura que estaba detrás de él, más la voltear, no vio a nadie.

    — ¿Qué ibas a decirme, Coletas?— preguntó Rojita, emocionada.

    Coletas ya no dijo nada. Había visto una silueta esconderse detrás de un árbol, así que se levantó para dirigirse al árbol. Cuando estuvo cerca del árbol, Triple lo sorprendió saltando sobre él, pero Coletas lo esquivó echándose a correr. Triple lo siguió, entonces, Coletas se montó en una bicicleta que se encontró apoyada en un árbol y sin preguntar de quién era, pedaleó, alejándose del lugar. Triple detuvo su carrera para quitarle la bici a un niño que paseaba en el parque y sin importarle que el niño se quedara llorando, siguió a Coletas que ya andaba en las calles, fuera del parque.

    Llegaron al lago MC y de pronto, Coletas detuvo la bici y tomado por sorpresa, Triple pasó a su lado y aún pedaleando, Triple se volvió para averiguar por qué Coletas se había detenido. Al querer detenerse, descubrió que una gran piedra estaba delante de él y también descubrió que esa bici no tenía frenos, por lo que dijo:

    — ¡Oh, no! ¡Esto me va a doler!— y lo peor era que ¡iba de bajada!

    Al chocar con la piedra, Triple salió volando y fue a parar dentro del lago MC. Ya en el agua, gritó:

    — ¡Me vengaré de ti, Coletas!— seguido de un—: ¡Auxilio! ¡Me ahogo! ¡No sé nadar!— después—: ¡Juro que me vengaré, Coletas!— para después gritar—: ¡Que alguien me ayude! ¡Agh! ¡Socorro! ¡S.O.S.!

    Coletas sonrió y se regresó al parque. Cuando llegó, Hijo, Flor y Rojita estaban recogiendo todo para irse. Así que no le quedó más remedio que acompañarlos y cada quien se fue a su casa. Fue de esta manera como concluyó este día.

    Una vez mas, gracias por leer. Nos vemos.
     
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  7.  
    Borealis Spiral

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    Hay, que dia tan problematico resulto ser para ellos. Ejem, me creeras si te digo que me pico el bichito de la curiosidad por saber que es exactamente lo que le hecha Fea a las galletas que hace. Aunque, por la expresion de Payaso, mejor ni enterarme. Ese trio es de mis favoritos n.n

    Rayos, Triple, llegaste en un momento inoportuno, Coletas estaba por declararsele a Rojita y lo interrumpiste, puf. A veces no sabes cuando aparecer. Ni modo, eso pasa cuando sucede, espero que alguien te ayudara a salir del lago, es peligroso no saber nadar.

    Ok, espero la segunda parte ansiosa. Sin mas me despido.

    Hasta otra.
     
  8.  
    Marina

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    Oh, wao, este capítulo estuvo muy divertido... Y misterioso al principio. ¿Quién es esa chica nueva que llegó a Sosonia? ¿Cómo se verá liada con nuestros queridos personajes? Uuu, ya quiero saber quien es y también leer la segunda parte.
    ah, Coletas parece un muchacho muy seguro de sí mismo, ¿por qué batalla tanto en cuestión del amor? Mira que no pudo decirle a Rojita lo que siente por ella, un día llegará otro y se la quitará xDDD Eso sucede siempre cuando los chicos no se animan a declararse. Rojita puede cansarse de esa situación xD
    Y para empeorar, cuando ya se le iba a declarar, llega Triple. Jajaja, pobre chico, siempre le pasa lo peor. Es muy lindo Triple, pero es también muy distraído, por eso todo le sale mal xD
    ahahaha, lo de las galletas fue genial. Pobre Fea. Otra que no encuentra la manera de conquistar a su amor, pero Triple le tiene un poco de miedo... bueno, no a ella exactamente, ya vimos que puede hacer mucho por ella en otro capítulo, le teme a su... ¿fealdad? Pero tal vez un día Triple desscubra que lo físico no lo es todo xDDDD Fea tiene un gran corazón.
    Por otro lado, me quedé con la intriga de ese ingrediente secreto ¿¿Qué será para que las galletas sepan tan horrible?
    Y la actitud de Payaso fue preciosa. Sacrificó su malestar físico al probar las galletas para no herirla xDDD Ah, de verdad en este capítulo se leyó el amor xDDD

    Genial capítulo. Espero la conti.
     
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  9. Threadmarks: El círculo del amor (Parte 2)
     
    Sonia de Arnau

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    Oh, muchas gracias por sus comentarios y por seguir pasándose por aqui. Ahora, para que no digan que soy mala. Les dejo la segunda parte ya.


    9.- EL CÍRCULO DEL AMOR (Parte 2)


    Al día siguiente, estos cuatro estaban en el restaurante comiendo sus comidas preferidas. Coletas comía pescado; Rojita saboreaba unos ricos mariscos; Hijo, chile, mole y pozole, aunque por lo general pedía una cosa, había ocasiones en que pedía los tres juntos (y no estaba gordo), con un poco de carne de res; Flor por su parte, comía ensalada de verdura y fruta.

    Mientras ellos disfrutaban su comida, alguien entró al restaurante, fue a sentarse junto a su mesa, de espalda a ellos. La persona vestía de blanco. Un chef la atendió solicitando su orden. Todos escucharon cuando ella dijo:

    —Tráigame pescado con un poco de mariscos, mole y chile con carne de res, un plato chico de pozole y una ensalada de verduras con un poco de fruta, gracias.

    — ¿Escucharon lo que pidió? ¿Quién será esa persona?

    — ¡Quién sabe!— contentó Hijo sin dejar de comer.

    En eso, Rojita se levantó y fue a donde la persona. Rojita y la persona se abrazaron mientras Coletas, Hijo y Flor las miraban sorprendidos.

    —Creo que me perdí de algo— dijo Hijo.

    —No te preocupes— comentó Coletas—, Flor y yo también estamos perdidos…

    —Ella es Lin-Lin, mi prima— les explicó Rojita—. Vino de visita ayer en el camión tempranero. Vive en la ciudad.

    Todos saludaron a Lin-Lin y cuando terminaron de comer, los cinco se encaminaron al parque para pasear un rato. Al poco tiempo de llegar al parque, llegan Fea, Payaso y Jumbo. Fea saludó y dijo:

    —Hola, ¿cómo están?

    Todos contestaron el saludo y añadieron que estaban bien. Luego, Fea se presentó a Lin-Lin.

    —Yo soy Fea— y tiende la mano a Lin-Lin, quien la ignora diciendo:

    — ¿Eres Fea? ¿Por qué será? ¡Y mira esos trapos!

    — ¡Ay, sí! ¡Cómo si tú superas mucho de moda!— contestó Fea, herida y con furia. Así, empezó una discusión de moda entre las dos, por lo que Payaso tiene que intervenir.

    —Chicas, dejen de discutir…

    No fue necesario que dijera más. Lin-Lin calló de pronto y no prestó atención a nada ni nadie más que a las campanadas de su corazón que parecían decir: “Qué bonita voz”, “Qué bonita voz” y sus ojos miraron a Payaso y su visión le dijo: “Qué hermoso joven”, “Qué hermoso joven”. Después de esto, la voz de Fea rompió el encanto pues dijo:

    —Tienes razón, Payaso. No debo discutir con esta sujeta… ¡vámonos!

    Se fue, llevando con ella a Payaso y Jumbo. En el camino, Payaso le dijo a Fea:

    —Yo no creo que seas fea.

    Sin embargo, Fea estaba tan molesta que pareció no escucharlo, tampoco lo que le dijo Jumbo a Payaso en voz baja:

    —Tienes razón, Payaso, Fea no está más fea que sus galletas.

    En el parque, Lin-Lin les dijo a todos:

    —No me cayó muy bien Fea, es muy… mandona…

    Y su voz llegó también a Triple que entre los árboles, espiaba a Coletas. Le dijo a uno de sus secuaces que estaba con él.

    —Mira a Coletas, lo voy a sorprender, pues ayer él me sorprendió, pero hoy seré yo quien lo sor… prenda…

    Pero el sorprendido fue él cuando miró a Lin-Lin que pasó cerca de él.

    — ¿Qué es eso que va allí?— se preguntó boquiabierto—. ¿De dónde salió?

    —Eso— contestó el secuaz—, es una chica y salió de su mamá…

    — ¡Ya sé eso, tonto! Quiero decir, ¿quién es? ¿Por qué no la había visto antes? Me hace sentir raro, es algo que nunca había sentido, algo que no sabía que existía… Creo… ¡Creo que estoy enamorado!

    Así, por primera vez en su vida, Triple dejó pasar a Coletas sin buscarle pleito. Al irse alejando, Lin-Lin preguntó:

    — ¿Quién es él?

    —Él es Triple— respondió Rojita.

    —No, ese no. El otro, el que anda con Fea, el guapo.

    — ¿El guapo?— repitió Rojita y volteó a ver a Coletas. El más guapo era él.

    —Sí, sí. El que anda con Fea.

    — ¡Ah, ese!— Rojita dejó de mirar a Coletas— Ese es Payaso.

    —Payaso— recalcó Lin-Lin—. Él es tan… tan… tan… ¡wow! No hay palabra para describirlo.

    Así, llegaron a una calle donde los amigos se despidieron sin saber que sus sentimientos eran un revoltijo; pues Payaso quiere a Fea; pero Fea quiere a Triple; luego, Triple quiere a Lin-Lin y ésta última, quiere a Payaso.

    ¡Vaya círculo!

    Mientras tanto, en su cabaña, Triple le dijo a uno de sus secuaces:

    —Mañana sin falta, quiero que me investigues quien es esa belleza. ¿Cómo se llama? Quiero su nombre… ¡ah! Debe tener un nombre muy bonito, así como ella.

    Y transformado por completo, Triple tomó una almohada y la abrazó, luego, mirando a su secuaz, le dijo muy serio:

    — ¿Qué esperas? ¿Ya me traes su nombre?

    —Mañana, jefe. Ahorita es muy noche— respondió el secuaz, retrocediendo.

    —Ah, sí, mañana— dijo Triple, mirando afuera, por la ventana.

    Así que, muy temprano, otro día, el secuaz fue al pueblo a investigar sobre Lin-Lin. Afortunadamente, la encontró con sus amigos. Ella les decía:

    —Voy a estar una larga temporada en Sosonia, así que necesito encontrar trabajo. Ya sé que contigo, Rojita, no me falta nada, pero tengo que cooperar, ¿no crees?

    —No lo creo, pero si quieres trabajar, puedes ir al restaurante, están ocupando una mesera.

    —Sí, Lin-Lin— dijo Coletas—, vamos al restaurante.

    Y todos se dirigieron a éste, excepto el secuaz que regresó a la cabaña de Triple, anotando en un cuadernillo el nombre de Lin-Lin.

    Mientras tanto, los cuatro jóvenes (Coletas, Rojita, Hijo y Flor) esperaban a Lin-Lin afuera del restaurante, pero la muchacha se tardó en salir. Fue mucho, mucho, mucho más tarde que vieron salir a Lin-Lin y fueron con ella, bombardeándola con preguntas:

    — ¿Qué sucedió? ¿Por qué tardaste tanto? ¿Te dieron el empleo?

    —Bueno, primero me hicieron una prueba de chef, luego me pusieron a cantar, después me mandaron a limpiar los baños y de allí me iban a mandar a lavar los platos, pero alguien se acordó que el empleo era de mesera y sí, me lo dieron.

    Los amigos, muy contentos, se fueron a festejar a la donería Braket. En tanto, el secuaz llegó a la cabaña de Triple y le enseñó el cuadernillo. Triple leyó el nombre y preguntó sorprendido:

    — ¿Seguro que así se llama?

    —Sí. Yo escuché su nombre— contestó el secuaz.

    —Bueno… nadie es perfecto.

    Con esto, Triple salió de su cabaña y se dirigió al pueblo. Allí, comenzó a buscar un regalo para la dueña de su corazón, sin embargo, no encontró nada. Se metió en una ferretería con la esperanza de encontrar el regalo “perfecto”. Inseguro, se preguntó que regalarle. El dueño de la ferretería lo miró ir y venir para acá, después de un rato, el señor le preguntó:

    — ¿Qué busca, joven? ¿Un regalo para su novia?

    —Sí, ¿cómo lo supo?

    —Porque se ve asustado. Aquí no va a encontrar un regalo para su novia. Vaya a una dulcería y cómprele chocolates o si no, cómprele flores, pero en la florería.

    —Tiene razón— respondió Triple y salió de la ferretería para ir a la dulcería y también a la florería para comprarle lo sugerido; luego, fue a buscar a Lin-Lin, a quien encontró caminando sola por allí.

    — ¡Ay! ¡Que bueno que no anda con sus guardaespaldas!— murmuró Triple contento y, aclarándose la voz, dijo poniéndose a su lado—: Hola, Nin-ning.

    Pero Lin-Lin lo ignoró y siguió caminando. Triple volvió a repetir:

    —Hola, Nin-ning.

    — ¿Me hablas a mí?— inquirió ella, deteniéndose.

    —Sí.

    —Pues yo no me llamo Ninning. Soy Lin-Lin.

    — ¿Lin-Lin?— repitió Triple—. ¡Lo sabía! ¡Eres perfecta! Mira, te quiero regalar estos chocolates.

    — ¡Que bonitos!— exclamó Lin-Lin—; pero soy alérgica al coco.

    —Son de fresa.

    — ¡Lástima! No me gusta la fresa.

    —Bueno… mira, entonces te regalo estas flores.

    — ¡Ay! Fíjate que soy alérgica al polen.

    Así, con tal rechazo, Lin-Lin siguió con su camino y dejando a un triste Triple. En el camino, la joven se topó con Payaso. Ahora es el turno de ella de detenerlo.

    — ¡Payaso!— le habla—. ¿Puedo caminar a tu lado?

    —Claro, si quieres…— contestó el pelirrojo encogiéndose de hombros, despreocupado.

    Caminaron en silencio por un buen rato, cuando Lin-Lin lo rompió al comentar:

    — ¡Mira Payaso! ¡Que bonita puesta de sol! ¡Y mira esas flores! ¡Que bonitas están! A mí me gustan las flores.

    Payaso mira las flores de un jardín y dice:

    —Ah, sí, las flores… son muy bonitas, pero ¿sabes? Tengo que irme rápido… Por esta calle… ¿Tú vas por aquella?

    Y se fugó de Lin-Lin, dejándola triste. Ella siguió su camino sin notar que Payaso fue al jardín que momentos antes contemplaba, para cortar unas flores, mientras se decía con voz alegre:

    —Estas flores le van a gustar a Fea… ¡Ah! Fea.

    Triple en cambio, corrió a la ferretería. El dueño ya la estaba cerrando, así que le dijo cuando lo vio:

    —Ya estoy cerrando, vuelve mañana.

    —No quiero comprar nada, pero quiero su consejo.

    — ¿Es sobre tu novia? Mira chico, a mí ya se me olvidó todo ese rollo, ¿por qué me molestas? Bueno, mira, llévale serenata. A las mujeres les gusta eso.

    — ¡Tiene razón!— luego, Triple se fue a la casa de Rojita, que era donde vivía Lin-Lin, mientras se regañaba—: ¿Por qué diantres le pido consejo a ese señor? ¡Ni siquiera lo conozco!

    Al llegar a la casa de Rojita, la cual se ubicaba en el segundo piso, pues abajo estaba el puesto de jugos, Triple comenzó a cantar:

    Lin-Lin
    Bella Lin-Lin
    Asómate a la ventana
    Olvida que te dije Ninning
    Sal a tu balcón
    Y mira mi corazón
    Ninning…
    Que diga… Lin-Lin
    ¡Ay! ¡Ya me hice bolas!...

    Lin-Lin se asomó al balcón y gritó:

    — ¡Es horrible! ¡Cállate Triple!

    Pero Triple siguió cantando, hasta que Lin-Lin tomó una maseta que adornaba el balcón y se la aventó, pero Triple la esquivó y cantó:

    No importa, Lin-Lin
    Que quieras matarme
    Con una maceta
    No importa que hagas
    ¡Estás en mi cabeza!

    Arriba, Lin-Lin murmuró:

    — ¿Con qué estoy en tu cabeza, eh? Ahora verás lo que va a estar en tu cabeza…

    Se metió y volvió a salir, pero con un montón de zapatos, los cuales comenzó a aventárselos a Triple. Pero aún así, el empeño de Triple por darle serenata no paró:

    ¡Ay, ay, ay, ay!
    No importa si quedas descalza
    Tus zapatos serán para mí
    Prenda que me regalas

    — ¡Dios! ¿Qué hago para callarlo?— se preguntó Lin-Lin ya muy avergonzada—. ¡Ah, ya sé!

    Y vuelve a meterse, regresando nuevamente, pero con un potente juguete parecido a una arma de fuego, pero en vez de balas, arrojaba pintura y lo hace con una extraordinaria velocidad que cuando te toca, duele. Al verla, Triple cantó:

    Dispárame si quieres
    Dale a mi corazón
    Pero no olvides que te quiero
    Y acepto todo tu amor.

    —Sí, claro— refunfuñó Lin-Lin—. Bueno, no tendrás mi amor, pero si tendrás esto. Toma, toma, ¡ya cállate!

    ¡Ay, ay, ay!
    Me iré ahora
    Pero te prometo una cosa
    Volveré, volveré, volveré.

    Así, bombardeado por fuertes tiros de pintura, Triple se alejó corriendo a la vez que Lin-Lin exclamó:

    — ¡Qué bárbaro! ¡Qué feo canta!

    Ya lejos de la casa de Rojita, Triple se dijo:

    — ¡Qué bárbara! ¡Qué difícil resultó ser! Pero no le hace, estoy seguro que me quiere… muy, muy, muy en el interior.

    No muy lejos de la casa de Rojita, Fea salió de entre unos arbustos. Estaba muy celosa por la serenata y se dijo:

    — Sí a mí me llevara serenata, no lo trataría así.

    Triple llegó a su cabaña y se pasó el resto de la noche bañándose para quitarse la pintura que lo había pintado por todos lados, pero aún así, muy temprano se dirigió al restaurante porque sabía que allí estaba trabajando Lin-Lin. Sin embargo, Fea llegó también y estaba tan enojada, que llegó buscándole pleito a Lin-Lin.

    — ¿Qué te pasa?— le preguntó ella cuando Fea la empujó.

    —Tú ya sabes que me pasa— le respondió Fea.

    —No, no lo sé— contestó Lin-Lin, enojada también porque Fea podía ver a Payaso todo el día y ella no.

    Por lo tanto, ambas se trenzaron en una lucha titanesca. En eso llegaron Coletas, Rojita, Hijo y Flor.

    — ¿Y éstas? ¿Por qué pelean?

    — ¡Quien sabe!— contestaron los chefs que habían tratado de separar a las chicas —. Ayúdanos, Coletas, a separarlas— pidió uno de ellos, pues no se animaba muy bien a acercase a la chicas pues ellos les temían a los golpes.

    Sin embargo, Coletas lo ignoró porque Triple, al verlo, se le fue encima y ahora también los dos comenzaron a pelear. En eso, hicieron su aparición Jumbo y Payaso, comentado:

    —Ya sabemos que Coletas y el jefe siempre se pelean, pero, ¿por qué se están peleando esas dos?

    —No sabemos — contestó la morena—. Desde un principio se cayeron mal.

    —Pues eso no está bien— dijo Payaso muy decidido, interponiéndose entre Fea y Lin-Lin, esta última dejó de pelear el verlo y se volvió la cosa más linda y dulce. Le dijo a Payaso con entusiasmo:

    — ¡Payaso! ¡Aquí estás!

    —Sí, aquí estoy— respondió volviéndose a Fea—, Fea, aquí estoy…

    —Ya lo noté— respondió ella sarcástica—. Ahora quítate para darle su merecido a esta bruja.

    Al escucharla, Triple dejó de pelear con Coletas y dijo:

    — ¡Fea! No insultes a mí… a Lin-Lin. Además, ¿por qué estás peleando con ella?

    Fea se ruborizó y turbada, balbuceó:

    —Porque… yo… ella… tú… ¡Ella me dijo fea!

    — ¿Nada más por eso?— gritó Triple—. ¿Por qué te enojas por la verdad?

    Sus palabras pusieron muy triste a Fea. Con voz cansada, les dijo a Payaso y Jumbo:

    —Vamos, chicos, vámonos de aquí.

    Sus subordinados la siguieron sin entender porque peleaban Fea y Lin-Lin.

    Lin-Lin miró irse a Payaso y dio unos pasos como para seguirlo, pero la voz de Triple la detuvo:

    —Lin-Lin…

    La joven se volvió a verlo y gritó:

    — ¡Déjame en paz! ¡No te quiero volver a ver! Tu voz me sigue convirtiendo mis sueños en pesadillas….

    Lin-Lin se fue a la cocina y Triple gritó con alegría:

    — ¿Oyeron? Le gustó mi serenata… mi voz la sigue… mi voz la sigue…

    Y repitió eso hasta que todos se fueron. Al fin, él también se fue.


    . . .​


    Lin-Lin: Ella es bonita e inteligente, un poco ruda, pero excelente para los deportes, ella es prima de Rojita, ella no vive en Sosonia, vive en la Ciudad. Pero la conocen por que visitó un tiempo a su prima en vacaciones de verano y llegaron a encariñarse mucho con ella. A ella le encanta el color blanco, tanto así, que viste totalmente de blanco y cuando no usa blanco, usa colores muy tenues. Tiene 17 años. (Lin-Lin Cervantes).
     
    Última edición: 24 Diciembre 2021
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    Borealis Spiral

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    Ah, me encanto, me encanto. No puedo creer que Triple cayera en las garras del amor. No, no, lo leo y no lo creo... ah, no es cierto a cualquier tonto le pasa XD Vaya, parece que la chica nueva en verda ha causado impacto para varios de nuestros personajes. Jejeje, es genial. Ahora entiendo lo del circulo del amor. En verdad que este tipo de situaciones son muy liosas o como se diga o escriba.

    Triple, todo un romantico al llevarle serenata, la cual, fue improvsada lo vi XD Pero le quedo genial, aunque, si canta feo, no creo que me gustaria escucharla XD Lin-Lin fue cruel con el. Cada vez me gusta mas esta historia, es definitivamente mi favorita. Tiene un algo que no se. Me mata. Espero el siguiente capitulo. Te quero.

    Hasta otra.
     
  11.  
    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

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    Ahaha, que genial capítulo. Estuvo muy divertido. Debo decir que hasta ahora, este capítulo, con sus dos primeras partes, es mi favorito. Me ha gustado mucho. La serenata, wow, pude imaginarme cantándole a Lin Lin y no creo que cante feo. A la chica no le gustó porque Triple no le gusta, pero seguro que si hubiera sido Payaso, aunque cantara peor que una rana, le hubiera encantado xDDD Así son las cosas del amor.
    Y mira que Triple de veras quedó hechizado por la chica xDDD
    Ah, y esa pelea en el restaurante. Pobres chef con esos chicos, pero no deja de ser divertidas esas escenas.
    Espero leer el próximo capítulo. En serio no puedo imaginarme qué nos traerás. Sólo sé que lo que sea, sera lindo y divertido.
    Saludos.
     
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  12. Threadmarks: Las vacaciones
     
    Sonia de Arnau

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    Wow, ya tengo dos painas, que feliz soy. De no haber sido por ustedes mis lectores y por sus comentarios, esto jamas hubiese sido posible. Gracias. Les dejo el siguiente capitulo.

    10.- LAS VACACIONES

    Coletas e Hijo caminaban por las tranquilas calles de Sosonia, muy de mañana. No obstante, los dos chicos mantenían una discusión y no pararon ésta ni siquiera al toparse con Rojita, Flor y Lin-Lin, quienes, obvio, notaron la disputa entre los amigos.

    — ¿Ahora qué pasó?— preguntó Flor.

    —De seguro otra vez te ganó Coletas en otro juego, ¿verdad, Hijo?— quiso adivinar Rojita.

    — ¡Clarín! Otra vez le gané— afirmó Coletas.

    Hijo se sonrojó notablemente por la vergüenza que nuevamente estaba pasando. Por lo que se defendió diciendo:

    —Sí, pero como ya te dije, estaba distraído.

    —Sí, claro— dijo Coletas de manera sarcástica y lanzando una risilla—. Dime Hijo, todas la veces que juguemos a algo, ¿te vas a distraer?— y ante este comentario todos se carcajearon sin poder evitarlo.

    —Coletas es muy bueno en los deportes, ¿verdad?— le preguntó Lin-Lin a su prima al recordar que algo así le había mencionado ésta.

    —Así es, él practica cualquiera y sabe jugarlos muy bien.

    —En ese caso— siguió diciendo Lin-Lin, dirigiéndose a Coletas—, hay que jugar baloncesto, ¿te parece?

    —Claro, ¿por qué no? Pero que el partido dure sólo una hora.

    Así, los cinco amigos se dirigieron a la cancha donde Coletas y Lin-Lin iniciarían un juego bastante reñido. Después de la hora transcurrida, el último en meter una canasta fue Coletas y el tiempo se acabó.

    —Buen juego— lo felicitó Lin-Lin con la respiración entrecortada. El chico asintió agradeciendo sus palabras mientras limpiaba el sudor de su frente.

    —Pobre de ti, Coletas, jajaja— se burló Hijo de su amigo—. Tú metiste tres canastas y ella cinco jajaja.

    — ¿Qué tal si jugamos tú y yo, Hijo?— le preguntó Lin-Lin con maldad, sabiendo de antemano la respuesta.

    —Ah… no, no lo creo— contestó el chico de manera sonriente haciéndose el desatendido.

    — ¡Lin-Lin!— la llamó Flor muy sorprendida—. ¡Qué buena eres para el baloncesto!

    —Bueno, en la ciudad practico mucho los deportes— le mencionó la joven—. Fútbol soccer, baloncesto, ping-pong, fútbol americano, béisbol, vólibol, tenis y algo de golf… aunque también soy buena en el box.

    — ¡Vaya, vaya, vaya! ¡Es genial!— exclamó Hijo más que sorprendido, luego se dirigió a su mejor amigo—. Oye, Coletas, deberías intentar practicar el box.

    — ¡Oh, no!— se defendió el chico—. Ya tengo suficiente con los golpes que me da Triple— y todos volvieron a lanzar una risa divertida. Hasta que Lin-Lin observó su reloj y comentó preocupada:

    — ¡Oh, no! Se me va hacer tarde para ir a trabajar. Tengo que irme.

    Sin embargo, los cuatro restantes del grupo le dijeron que con gusto la acompañarían a su trabajo y así lo hicieron. Una vez llegaron al restaurante, los amigos decidieron aprovechar el hecho que ya estaban allí y entraron a comer algo; al instante, Lin-Lin pidió su orden y una vez estas estuvieron listas se las llevó. Mientras hacía esto, Triple ingresó al restaurante y tomó asiento. Tres de sus secuaces eran su compañía. En el momento en que Triple vio a Lin-Lin, la saludó con entusiasmo.

    — ¡Ay no!— respingó la joven mesera con fastidio—, ya llegó la plaga— sin embargo, sabiendo que tenía que ir a atenderlo se dirigió al joven de mirada verde y soltó con dureza—: ¿Qué quieres?

    —Un beso— contestó con simpleza, ganándose una bofetada por parte de la camarera. Sin embargo, controlándose, la chica volvió a preguntar:

    —No, de verdad, ¿qué quieres?

    Triple pidió lo que deseaba ordenar, mientras se masajeaba la dolorida mejilla. Sus secuaces también pidieron la comida que deseaban. Tiempo después, Lin-Lin recogió los platos de sus amigos, que ya había terminado de degustar sus alimentos, y de Triple, pero éste aún no terminaba su comida.

    — ¡Hey! ¡Todavía no acabo!— reclamó al ver como le retiraban su plato, para después cambiar la conversación y su humor de manera drástica—. ¿Quieres salir conmigo?

    — ¡No!— gritó Lin-Lin ya molesta.

    — ¡Mujeres! ¿Quién las entiende?— exclamó Triple una vez Lin-Lin se retiró de su mesa. Sin embargo, al poco tiempo, la chica regresó y le habló.

    —Triple— él se vuelve a verla—, ¿quieres un pastel?

    —Claro…— y se interrumpió al recibir es su rostro el tan anhelado pastel, sabiendo quién fue el que lo lanzó.

    Mientras se limpiaba el rostro con una servilleta, todos los presentes en el restaurante comenzaron a reírse, enfureciéndolo. Así que, levantándose de su silla, dijo iracundo:

    —Regresaré, Lin-Lin, a conquistar tu corazón; y tú…— señaló a Coletas con su dedo índice—, regresaré a vengarme— con esto, salió por la puerta… más tardó en caminar a ésta que en lo que volvía a entrar y decía: — ¡Ah! una cosa más, aquí está el dinero de la comida. Ahora si, me voy— dio la vuelta y se marchó del lugar para ahora sí no regresar.

    El tiempo dentro del restaurante transcurrió hasta que se hizo la hora en que Lin-Lin terminó con su día de trabajo. Al salir del restaurante se dio cuenta de que Coletas, Hijo, Rojita y Flor se encontraban frente a éste y hablaban de algo. Con curiosidad se acercó a ellos y les preguntó:

    —Hola, ¿de qué hablaban?

    —Verás, iremos de vacaciones— le respondió Hijo.

    —Sí— confirmó Flor con alegría, para después continuar: — Pensamos ir a Alisa, ¿quieres ir?

    — ¡Claro que sí!— respondió sin bacilar, muy emocionada—. Pero primero tengo que pedirle permiso a los chefs. Dejen voy a preguntarles.

    Lin-Lin dirigió sus pasos de nuevo al restaurante, un rato después salió de éste y dice muy contenta:

    — ¡Sí me dejaron ir!

    —Pues empaquen todo— recomendó Coletas—, porque mañana mismo nos vamos.

    De esta manera, se fueron a sus respectivos hogares a empacar sin saber que uno de los secuaces de Triple había estado escondido por allí escuchado toda la conversación; por lo que cuando tuvo todo lo que, supuso, Triple querría, fue corriendo a la cabaña a deferírselo:

    —Jefe, jefe, se va ir de vacaciones.

    — ¿Quién?— inquirió él, confundido por un momento.

    —Coletas y sus amigos.

    — ¡Ah! Conque de vacaciones, ¿eh? Pero, ¿a dónde?

    —Se van a ir a visitar a… a una Alicia y mañana temprano salen— respondió el secuaz.

    — ¿A visitar a una Alicia?— inquirió Triple extrañado mientras se rascaba la cabeza—. ¿Cuál Alicia?... Bueno… como sea, mañana salimos de vacaciones también, así que alisten todo.

    A la mañana siguiente, todos estaban listos para ir a Alisa, con equipaje en mano y toda la cosa. Quienes irían del grupo de buenos amigos eran Coletas, Rojita, Hijo, Flor, Lin-Lin, Mio N., Feliz y por supuesto Gordo, que era el único con la edad suficiente para manjar el auto que el padre de Hijo les había prestado. Todos pusieron sus maletas en la cajuela y se acomodaron en el auto, listos para partir.

    Mientras tanto, Triple estaba con un señor viendo unos últimos detalles, ya que habían acordado que a él rentaría su auto. Y quienes acompañarían a Triple en este viaje lleno de aventuras serían tres de sus secuaces, Fea, Payaso y Jumbo.

    — ¿Quién sabe manejar?— inquirió el líder.

    — ¡Yo!— contestaron Jumbo y Payaso al unísono.

    — ¡Pues lástima! Yo voy a manejar. ¡Todos a bordo!

    Así, una vez todos subieron al auto, Triple siguió el carro que conducía Gordo y que tenía a su peor enemigo a bordo. Después de un poco de trayecto, todos lo que estaban con Triple, excepto él, claro, empezaron a cantar la típica canción de “un elefante se columpiaba…”

    —Setenta y siete elefantes se columpiaban sobre la tela de una araña. Como veían que resistía, fueron a llamar a otro elefante…

    — ¡Ya cállense!— gritó Triple furioso, teniéndolo ya hasta la coronilla—. ¡Tontos elefantes! Ya se terminó. Llegó Jumbo, se rompió y fin.

    Todos guardaron silencio. Durante toda la mañana Triple estuvo conduciendo. No obstante, un enorme letrero atrajo su atención y comentó:

    —Coletas va a ir a Alisa, ¡no a visitar a una Alicia!

    Siguió el camino adentrándose en una carretera en donde su auto y el de Coletas eran los únicos que transitaban por allí. En tanto, en el otro carro, Gordo se dio cuanta que un carro los seguía, por lo que preguntó:

    — ¿De quién es ese carro?

    Coletas se volvió, en su mismo lugar de asiento y al reconocer al que manejaba suspiró.

    —Ah… es de Triple.

    — ¡Triple!— exclamó Lin-Lin con desazón—. ¡Genial! Mis vacaciones están arruinadas.

    —Las de Coletas, sí— comentó Rojita.

    Lo que ninguno de ellos notó fue que Triple estaba deteniéndose poco a poco, pues del cofre comenzó a salir humo. Triple se detuvo por completo y bajó del auto.

    — ¿Qué? ¿Cómo? ¡Ah!— se emberrinchó todito— ¡Rayos! Yo sabía que este pedazo de chatarra nos iba a fallar, ¡genial!— fúrico, pateó el auto, sin embargo, resultó más duro de lo que pensó porque el pie le dolió muchísimo—. ¿Quién sabe reparar motores?... O lo que sea que tengan los carros— preguntó, quejándose por el dolor en el pie evitando apoyar éste.

    —Pues…— comenzó a decir Payaso, pensativo— en el circo reparé una máquina.

    — ¿Y funcionó?— cuestionó Jumbo al pelirrojo.

    —Bueno, como a los diez minutos explotó y…todavía no la prendíamos.

    Triple dejó de prestar atención a sus acompañantes para dirigirse al cofre, cojeando y molesto mientras replicaba:

    —Tengo que hacerlo todo yo, ¿verdad? ¡Porque nadie funciona aquí! ¡Nadie!

    Triple abrió el cofre y al momento una gran nube de humo lo asaltó, por lo que tosió continuamente. Se retiró y le dijo a Payaso:

    —Ya sabes lo que dicen, la segunda es la vencida, así que repara el motor.

    —Claro, pero necesito herramientas.

    Triple fue a la parte trasera del auto y trató de abrir la cajuela para ver si de casualidad había alguna herramienta. No obstante, la cajuela no cedió.

    —Esta chatarra no funciona, ¡porquería!— gritó el jefe enfadado golpeando la cajuela y, de improviso, ésta se abrió y golpeó a Triple en el mentón tirándolo al suelo—. ¿Por qué veo estrellas?— se preguntó el joven medio noqueado.

    — ¿Estás bien?— le preguntó Fea muy preocupada, mientras ella y compañía lo ayudaban a levantarse.

    — ¡Miren! Una caja de herramientas— les dijo Payaso desviando la atención de todos hacia él por lo que soltaron a Triple y el pobre volvió a dar al suelo.

    — ¡Ya basta!— gritó levantándose—. Payaso repara el motor, ¡pero ya!

    Asustado de lo que su jefe pudiera hacerle, Payaso corrió al auto y “reparó” el motor. Al terminar sin esperar un segundo más, subieron al auto, excepto Payaso, pues mientras Triple trataba de encender el auto él veía si había alguna falla. No, el auto no se prendió.

    —Jefe, a ver si yo puedo hacerlo funcionar— le pidió el pelirrojo

    Triple bajó del auto y entró en su lugar el ex cirquero; al igual que con Triple, sus intentos fueron fallidos.

    — ¿Por qué no va a empujar, jefe? A lo mejor así arranca— sugirió Payaso.

    Triple suspiró y caminó a la parte de atrás del auto y comenzó a empujar, cosa que no le resultó nada fácil teniendo en cuenta que todos estaban dentro del carro. Más unos segundos después, el vehículo prendió de la nada tomando por sorpresa a Triple, que cayó al suelo, de nuevo.

    — ¡Espérenme!— gritó y corrió detrás de ellos.

    Ya dentro del auto, Triple le pidió a Payaso, que iba en el asiento del copiloto:

    —Fíjate si hay algún mapa en la guantera.

    Payaso hizo lo ordenado y, efectivamente, allí había un mapa; al saberlo, Triple detuvo el móvil y bajándose usó el cofre como apoyo para ver el mapa y con una pluma marcó la ruta que más conveniente les era tomar. En una de esas, la pluma se le escabulló de las manos y fue a parar entre las bisagras del cofre.

    — ¡Ah! ¡Tonta pluma! ¿Cómo la saco? ¿Cómo abro el cofre?— se preguntó molesto tratando de abrir el cofre, sin éxito. Así que intentó sacarlo metiendo los dedos índices entre la angosta abertura, más no funcionó.

    Adentro, Payaso vio una mini palanca. Y una gran curiosidad por saber para qué servía lo incitó a jalar de ella. Miró ambos lados y la jaló, descubriendo así para que funcionaba y después…

    — ¡AAAAAA!— escuchó el grito de Triple.

    Triple siguió manejado, más su humor era de los mil demonios. Tenía los dedos índices vendados y Payaso dijo para tratar de animarlo:

    —Al menos, sacamos la pluma…

    — ¡Cállate!— fue la respuesta del jefe.

    Y como había perdido valioso tiempo se les anocheció y por allí encontraron un hotel, se registraron y decidieron descansar. Mañana sería otro día.

    Muy temprano se levantaron y nuevamente, volvieron a la carretera; pero lo que no les había pasado el día anterior, hoy sí. Una patrulla los detuvo. El oficial salió de su vehículo y se encaminó al de lo jóvenes.

    — Me permite su licencia de manejo— no era una pregunta lo que el oficial decía, era una orden.

    — ¿Mi qué?— preguntó Triple, confundido.

    —No estoy para bromas— dijo el oficial no muy contento—. No tiene licencia, me temo que tendré que multarlo y puede que llevarlo a la comisaría policial y después…

    — ¿Qué? ¿Prisión?— se exaltó Triple imaginando lo que diría el oficial—. Pero yo… este yo…

    — ¡Espere, oficial!— lo interrumpió Jumbo mientras sacaba algo de su pantalón—. Yo le estaba enseñando a manejar. Mire, aquí está mi licencia— se la mostró.

    —Está bien— siguió el oficial—, sólo los voy a multar, pero que sea la última vez que un menor de edad o una persona sin licencia maneja, ¿ok?

    El oficial les estregó la multa y como siempre, Triple sacó su billetera y la pagó. El oficial se marchó y en el auto se cambiaron las posiciones. Jumbo donde Triple, Triple donde Payaso y el último donde estaba Jumbo. Ahora sí, de nuevo al camino.

    Mientras, una vez había llegado a Alisa, que era una montaña nevada en donde a sus alrededores había un pueblito, Coletas, Rojita, Hijo, Flor, Lin-Lin, Mio Natán, Feliz y Gordo, estaban muy felices poniéndose el equipo necesario para poder esquiar. El único que no quería ponérselo era Hijo, por lo que, curiosa, Flor preguntó:

    — ¿Por qué no te has puesto tu equipo?

    —Bueno… yo… este… yo prefiero…— balbuceó el chico, cuando Lin-Lin lo interrumpió:

    —Hijo, no le hagas al cuento. Ponte tu equipo y vámonos. Se va a derretir la nieve.

    —Vamos, Hijo— lo animó Flor—, sin ti no voy a poder disfrutar esto.

    — ¡Pues ni modo!... está bien, es que no sé esquiar— admitió apenado.

    —A ver, Hijo— se metió Coletas—. ¿Quién quería venir a Alisa a esquiar?— le preguntó sabiendo que fue él el de la idea.

    — ¡Ya basta!— lo interrumpió Hijo con enojo.

    —Hijo— fue el turno de Rojita hablar—, mira a Mio. Él tampoco sabe andar en esquíes, pero trata.

    Y se observa a un Mio muy feliz, diciendo:

    — ¡Yupi! ¡Yupi! Qué divertido… ¡Ay! Me caí.

    —Tienen razón. Soy valiente. Soy el mejor— se animó a sí mismo, levantándose.

    —Bueno, pero tampoco exageres— le dijo Coletas.

    Hijo se puso su equipo y junto a los demás, se fue a esquiar. En este caso Flor era su maestra, ya que le enseñaba a andar por la nieve sin caerse. Al lograrlo, Hijo comenzó a deslizarse por la montaña de bajada.

    —Esto es divertido— dijo contento para después percatarse de algo y gritar—: ¡¿Cómo me detengo?!— y ¡puf!, el pobre de Hijo fue a estrellarse en árbol.

    —Jajaja ¡Hijo, al menos te detuviste! Jajaja— le gritó Gordo burlesco.

    — ¡Cállate!— lo reprendió Flor—, se pudo lastimar.

    No muy lejos de allí, Triple y compañía había arribado, claro que con mucho frío.

    — ¿P-por qué r-rayo-os no t-trajimos e-equipo?— se preguntó Triple titiritando de frío—. ¡Ah, ya sé! P-por-que alguien me dijo q-que iban a visitar a una ¡Alicia! ¡No que iban a venir a las montañas Alisa!— gritó mirando a un secuaz, molesto. Por lo que mejor se fueron a comprar equipo de esquiar.

    Todos esquiaban de manera tranquila, cuando de la nada, alguien empujó a Coletas. Todos se asombraron y más cuando descubrieron a Triple. Fue entonces cuando Coletas empezó a esquiar con todo lo que daba, mientras Triple lo perseguía, por lo que los dos dejaron a los demás atrás.

    Los dos iban tan rápido, que no se dieron cuanta de un letrero que decía “Peligro, no esquiar aquí”. Triple hizo una maniobra, una vez alcanzó a Coletas, con su palo de esquí e hizo que su enemigo perdiera el equilibrio rodando cuesta abajo en la nieve. Al ver esto, Triple rió tanto que perdió el equilibrio y también cayó.

    Coletas se levantó muy adolorido y miró a su alrededor, descubriendo que se habían alejado mucho del pueblo de Alisa. Triple se levantó de igual manera y mirando su entorno también, inquirió:

    — ¿Dónde estamos?

    —No tengo ni la más mínima idea… lo único que sé, es que fue tu culpa.

    — ¿Qué? ¿Mi culpa?— se enfadó Triple—. Sí, claro, échale la culpa al burro. Sí, siempre es mi culpa. La culpa tiene que ser mía y…— se calló cuando vio que Coletas lo ignoró y comenzó a alejarse de allí—. ¡Hey! ¡Espérame!

    Los dos habían caminado por largas horas y ya cansados decidieron detenerse a tomar un merecido descanso y Triple rompió el silencio al comentarle a Coletas muy seguro:

    —Pues yo no sé tú, pero mis compañeros están ahorita llamando a la ambulancia, ¡no! A la guardia, ¡no! Al ejército para venir a buscarme.

    En tanto, en un departamento, un secuaz hablaba por teléfono:

    —Sí… quisiera una pizza de champiñón, queso, salchicha y chispas de chocolate y la otra a la mexicana.

    Todos los que iban con Triple en el auto estaban en el departamento viendo la televisión, tomando chocolate caliente y siendo cobijados por la calidez que emanaba el fuego de la chimenea. Todos excepto Fea, que miraba por la ventana, diciendo:

    —Triple no ha llegado. ¿Estará en problemas? Hay que llamar a alguien… ¡es mi programa favorito!— y fue a sentarse y disfrutar junto a los demás.

    Triple y Coletas estaban congelados debido a que el frío que hacía era tremendo, un frío ártico. Se frotaban las manos para tratar de calentarlas. En eso Triple se quitó los guantes para hacer un testamento, el cual decía así:

    “Amo a Lin-Lin.
    Les dejo todas mis pertenencias a mis tontos secuaces.
    Amo a Lin-Lin.
    Le agradezco a Fea por ser tan… tan… ¡ya le encontraré algo!
    Le agradezco a Payaso por apoyarme siempre.
    Le agradezco a Jumbo por ser tan… tan Jumbo.
    P.D. Amo a Lin-Lin.”

    Después que terminó de escribirlo arrugó el papel y lo arrojó por allí y le dijo a Coletas:

    —Yo no sé tú, pero yo me voy a buscar una salida.

    —Sí yo fuera tú, me quedaba. Es mejor quedarse donde estás cuando te pierdes…Espera— a Coletas se le prende el foco—. ¿No tienes aun celular o algo? Para llamar a alguien y venga a rescatarnos.

    —No los traigo y eso que tenía dos…

    — ¿Y qué les pasó?

    —Uno se me perdió y el otro no lo encuentro. Ahora, si tú quieres quedarte, quédate, pero yo, Triple Júnior de Lizaldy. Buscaré una salida.

    — ¿Junior? ¿Te llamas Júnior?

    —Sí, ¿por qué?

    —No, por nada.

    Y con esto, Triple va a buscar una salida. Mientras caminaba se volvió a ver a Coletas y con un tono de burla se dijo:

    —Pobre Coletas, yo me salvaré y él quedará como una paleta humana, jajaja.

    Pasó un rato después de que Triple dejó solo a Coletas, llegó un helicóptero en donde estaba el moreno. En éste estaban Rojita, Hijo y Flor, quienes lo había estado buscando sin parar. De esta manera, recogieron a su amigo y se fueron al hotel.

    A la mañana siguiente, alguien tocó la puerta del departamento donde se encontraban Fea, Payaso, Jumbo y los secuaces. Abren la puerta y observaron a Triple todo mojado, que gritó:

    —Estas… ¡fueron las peores vacaciones de toda mi vida!

    Una vez en Sosonia, todos contaron sus divertidas experiencias, excepto Triple, quien en su casa se mantenía en la cama con un resfriado.

    —Me vengaré, achu, de Coletas achu, achu, a como, achu, dé, achu, lugar, achu, achu, achu, achu. Tonta gripa, achu, achu.

    Es todo por ahora. Otra vez gracias.
     
  13. Threadmarks: El regreso del Misterioso
     
    Sonia de Arnau

    Sonia de Arnau Let's go home Comentarista empedernido Edwin Rules es chido Lectora empedernida del 2022

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    Sosonia: Un pueblo singular
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    Para todas las edades
    Género:
    Comedia
    Total de capítulos:
    16
     
    Palabras:
    3589
    Hola otra vez. Gracias por seguir fieles a mi historia. En esta ocasión les traigo el capítulo siguiente. Espero lo disfruten.

    11.- EL REGRESO DEL MISTERIOSO

    El manto oscuro que se posaba sobre Sosonia indicaba que la noche había llegado al pueblo, y en el bosque misterioso se encontraban un par de sombras cuya negrura era mucho más profunda que la de las mismas tinieblas. Una de las siluetas habló, al parecer la de mayor rango.

    —Ve y consígueme eso que necesito; ¡pero esta vez no falles!

    La figura a la que fue dirigida la orden acató lo que se le dijo y de manera sorprendente, concisa y veloz llegó a la casa de Triple. Entró a ésta y de manera silenciosa y a la vez con ahínco, comenzó a buscar algo. No obstante, no contó con que el dueño de la choza tendría un sueño sumamente ligero ya que, descuidándose un poco, el intruso hizo un pequeño y casi sordo sonido suficientemente fuerte como para que Triple se levantara de su cama. Atónito, el castaño miró al sujeto frente a él e inquirió, sorprendido:

    —¿Tú?

    El misterioso echó a correr apenas escuchó la voz del otro, pero Triple logró detenerlo antes de que saliera por completo de su casa. En una lucha reñida estaban cuando el misterioso dirigió su vista al buró, que se ubicaba a un lado de la cama del ojiverde, y vio que sobre éste, bajo una lámpara de noche, se encontraba la caja de un Cd. Presuroso lo tomó y la reacción provocó que la lamparita cayera al suelo. Triple gritó de frustración y decidió despertar a sus secuaces.

    ¡Oigan, despierten! ¡Atrapen a ese sujeto! —Les ordenó molesto.

    Los secuaces se levantaron, pero como seguían semidormidos no hicieron más que chocar entre sí. Triple bufó descontento y no habiendo más remedio, salió detrás del misterioso que había raptado su disco.

    —¿Nomás por un disco entra a mi casa y la destruye? —Se lamentó sin dejar de correr. Y aparte, ese disco no me gusta nada, no sólo porque mi hermano me lo dio, sino que la música es aburridísima.

    El joven se detuvo al mirar que el misterioso arrojaba la caja del disco. Triple se acercó a ésta y la abrió encontrándola vacía.

    Por un disco… ¡Por un maldito disco! Y por si fuera poco era un disco que utilizaba ¡para mantener equilibrada mi lámpara! No entiendo a esta gente loca que sale de noche.

    A la mañana siguiente, Rojita y Lin-Lin caminaba tranquilamente mientras conversaban amenamente, en eso, Lin-Lin divisa a los muchachos y se lo hace saber a Rojita.

    Mira, Rojita, ahí vienen los chicos… pero están discutiendo de nuevo.

    Ay, esos dos siempre están peleando.

    Coletas e Hijo notaron la presencia de las primas a pocos pasos de ellos, por lo que detuvieron su andar.

    Ustedes siempre peleanacusó la pelirroja.

    Lo que pasa —comenzó a explicar Hijo—, es que Coletas no quiere admitir que el Señor del Espacio es mucho mejor que Dedos de Mantequilla…

    ¡No! Es mejor Dedos de Mantequilla —lo interrumpió Coletas reanudando la discusión.

    ¡Ya basta! —gritó Lin-Lin fastidiada haciendo que los hombres callaran. ¿Por qué se pelean por juguetes?

    Un momento, no son juguetes, son figuras de acciónintentó aclarar Hijo.

    Es igual, son juguetes —habló ahora la prima, en son de burla.

    ¡Hey! ¿Dónde está Flor? —Inquirió el ojiazul dejando de lado la disputa mientras miraba por todos lados notando la ausencia de su novia.

    Flor está enferma —informó Rojita.

    ¿Qué? ¿Enferma y no lo sabía? ¡Ay, qué clase de novio soy! Soy tan irresponsable…

    ¿Y apenas te das cuenta? —Lo interrumpió Lin-Lin.

    ¡Oye! ¿Qué tú no debería estar trabajando o algo así?

    —Mira, niño genio, los domingos no trabajo.

    Ante la respuesta de la mayor del grupo el niño genio se asombró y dijo lo obvio.

    —¡Órale! Hoy es domingo, con razón Coletas no fue a trabajar —Todos lo miraron sintiendo pena ajena—. Wow, el tiempo se pasa volando cuando peleas… Un momento, ¿por qué papá trabaja los domingos?

    Ante la pregunta todos le lanzaron una mirada de irritación para comenzar a caminar.

    —¿Qué? —quiso saber Hijo mientras los seguía—. ¿Qué hora es? Tengo un hambre que me comería una ballena.

    —Es bastante temprano, son las ocho y cuarto —respondió Rojita mirando su reloj que mantenía atado a su muñeca izquierda.

    — ¿Las ocho y cuarto? Es tardísimo— se quejó.

    — ¿Pues a qué hora comes?— le preguntó Lin-Lin igual de sorprendida que los demás.

    —Yo como a las ocho y media, ¿por qué?— Hijo no le dio gran importancia a la cuestión.

    — ¿Ocho y media? Eres increíble— argumentó sarcástica.

    — ¿Crees que soy increíble?

    —No te hagas ilusiones, Hijo— sugirió Rojita.

    Sin más que agregar a la conversación, los cuatro amigos se dirigieron al restaurante con la intención de comer algo. Cuando hubieron terminado, Coletas sugirió a su amigo que sería una gran idea bajar la comida con un partido.

    —No sé, quiero ir a ver a Flor, para saber cómo está.

    —De acuerdo, otro día será— comprendió el ojinegro.

    Antes de que Hijo partiera para saber del estado de su novia, le dio a Coletas una palmada en la espalda, éste se volvió a él y observó como señalaba a Rojita mientras movía los labios y aunque sus cuerdas vocales no emitieron sonido alguno, logró entender lo que decía.

    —Dile, dile que la quieres.

    Coletas le lanzó una mirada poco amable que hizo callar sus ideas antes de pronunciarlas.

    —Está bien— ahora sí habló—; pero estás advertido. ¡Ánimo, hombre!

    Una vez su amigo se hubo ido, Coletas se armó de valor y se acercó a Rojita.

    —Rojita, te quiero decir una cosa.

    Rojita y Lin-Lin posaron su completa atención al chico; empero Coletas se puso un tanto nervioso ante la presencia de la prima de su amor secreto, ya que si decía lo que tenía de decir ella también escucharía y el asunto era muy privado; ahora bien, no podía hacer más, ya había hablado y debía concluir.

    —…Yo… Lo que yo... te quiero decir es…— comenzó a balbucear incoherencias— Este… Decir que… Yo… Tú… ¡Tienes una bonita camisa!— y ante lo declarado echó a correr.

    Rojita miró extrañada el camino donde había desaparecido su amigo y luego dirigió su confusa expresión a Lin-Lin.

    —A mí ni me mires porque yo no sé nada— se defendió ésta.

    Coletas dejó de correr al percatarse de que había recorrido un buen tramo de camino.

    — ¡Ay, Hijo! ¡Cómo me metes en problemas!... ¡Qué cobarde soy!

    En casa de Triple, tanto él como sus adeptos se mantenían aún dormidos, sin que nada ni nadie pudiera impedírselos o pudiera interrumpirlos; bueno, eso creían, pues en ese momento se escucharon los toques que alguien daba a la puerta principal. Ni el dueño de la cabaña ni sus fieles tenían la intención de levantarse, mas los toques eran insistentes, ¡muy insistentes! Sintiéndose fastidiado de estar escuchando el repetitivo sonido, Triple se dirigió a abrir la puerta, cansado y somnoliento.

    — ¿Quién podrá ser?— se preguntó en el trayecto.

    Finalmente abrió la puerta y lo que vio detrás de ésta lo impactó sobremanera. Una persona, sonriente de cuyos labios salió un animoso:

    — ¡Hola, Triple!

    — ¡¿Fili?!— nombrarlo fue su única reacción en esos momentos. Después, como acto reflejo cerró la puerta en las narices del otro y volvió a su cama en donde se cobijó muy bien mientras se auto convencía a sí mismo—. Una fea y horrible pesadilla.

    El supuesto Fili insistió en querer entrar por lo que los golpes en la puerta se volvieron continuos y mucho más molestos.

    — ¿Por qué él? De todas las personas del mundo ¿por qué tuvo que ser precisamente él?— se quejó desde la cama antes de volver a levantarse y abrir la puerta.

    En esta ocasión Fili ingresó a la morada de manera veloz. No quería que le volviera a cerrar la puerta en la cara.

    — ¡Hola, hermano!— volvió a saludarlo— ¿Cómo has estado?

    — ¿Qué rayos quieres, Fili?— fue la “cortés” respuesta del castaño, mirándolo serio.

    —Nada realmente…

    Triple arqueó una ceja. Dedujo claramente que ese “nada” no era realmente nada.

    —De acuerdo— continuó Fili al notar que no logró convencer al menor—. Lo que realmente quiero… ¿Recuerdas el disco de música que te regalé hace unos… tres años?

    —Ah, sí. ¿Ese disco de los 70’s? ¿Ese disco aburrido que me regalaste a pesar de que sabías que no me gustan esas canciones viejas y tontas?

    —En efecto, ese mero. ¿Sabes? Necesito que me lo regreses.

    Triple tomó asiento en una caja de madera que solía usar como silla. Cruzó las piernas y respondió:

    —Claro. Dicen que lo que se regala ya no se regresa ni se quita, pero como esa música es por demás horrible, con mucho gusto te lo devuelvo— vio que la expresión de de su hermano irradió de contento; en eso, recordó algo—. ¡Oh, espera!... Creo que alguien se lo llevó. Si mal no recuerdo ten…

    — ¿Qué? ¿Quién? ¿Quién fue?— cuestionó Fili sorprendido e interrumpiendo a su hermano mientras lo tomaba del cuello de la playera y lo levantaba de la silla.

    — ¡No me toques! Y sí, se lo llevaron anoche.

    — ¡¿Pero quién fue?! ¡Nadie debía tener ese disco!

    — ¡No lo sé! Fue alguien vestido completamente de negro…

    —Bat…— susurró Fili al escuchar a su pariente.

    Sin dar más explicaciones salió de la casa, presuroso.

    — ¡Gracias por agredirme!— soltó Triple a la nada, fúrico. Luego, su expresión se tornó confusa— ¿Por qué todos quieren ese disco?— se preguntó de pronto sintiendo curiosidad.

    Así, con la duda, volvió a dirigirse a su cama y volvió acostarse. Bostezó.

    —Como sea, yo seguiré con mi siesta de belleza.

    En la tienda de donas, el dueño de ésta se encontraba limpiando cuando le habló a su hijo, quien se mantenía sentado frente al mostrador comiendo tacos.

    —Hijo, no seas malo y ayúdame a limpiar.

    —Pero… Pero… ¿por qué yo?— inquirió mientras hacía pucheros—. Estoy muy ocupado, papá.

    — ¡Hijo!— habló con autoridad y un tanto molesto—. ¡Ayúdame, ahora o…!— el sonido característico que indica que alguien está hablando por teléfono lo interrumpió.

    El hombre de la casa se dirigió al aparato para tomar el auricular y escuchar a su emisor, en ese momento hizo su aparición Coletas, quien preguntó sorprendido a Hijo:

    — ¿Todavía estás comiendo?

    —Sí— respondió lo obvio, con la boca llena de comida.

    —Hijo, si sigues comiendo así no llegarás a los cuarenta.

    —Tienes razón, no llegaré a los cuarenta, pero sí a los setenta u ochenta kilos— afirmó con deje de guasa.

    Coletas lo miró irritado e intentó cambiar de conversación.

    —Ya fui a…

    —Hijo— interrumpió Braket al ojinegro una vez hubo dejado de hablar por teléfono—, necesito que vayas a hacerme una entrega y, Coletas— le mira—, perdón por interrumpirte.

    —No importa, señor.

    Hijo se dio prisa y se comió el último taco que le quedaba y, algo enojado y fastidiado, cogió del mostrador unas cajas para poder ir a hacer la entrega pedida. En tanto, Coletas decidió esperar a su compadre por lo que se prestó a ayudar a Braket a limpiar y sacudir, mientras se pasaba el rato.

    En ese momento, Rojita y Lin-Lin se situaron frente a la tienda de donas haciéndole señas a Coletas para que se acercara. El joven notó aquello y salió del local yendo a donde las chicas, saludándolas. Ellas regresaron el saludo y Rojita, cuyas mejillas tomaron el color de su nombre, le dijo al varón presente:

    —Coletas, te tengo un regalo.

    El aludido sonrió mientras Rojita le entregaba una caja cuidadamente envuelta. En eso, Hijo hizo acto de presencia y al ver lo que estaba pasando entre esos dos, chilló emocionado.

    — ¡Mira! Te regalaron un regalo. Ábrelo, ábrelo. Quiero saber qué es.

    — ¡Hijo!— lo reprendió Lin-Lin poco contenta por la reacción del otro—. ¿A ti qué te importa lo que hay adentro? Eso es entre Coletas y Rojita, no entre Coletas, Rojita y tú.

    —Pero yo quiero saber…

    —Ya te dije, sé un lindo niño y lárgate, ¿ok?

    Seguidamente de toda la palabrería antes presenciada, Coletas abrió el dichoso obsequio. Sacó un lindo suéter y sintiéndose más contento que antes, brindando una sonrisa mucha más amplia que la anterior, reconoció:

    —Gracias, Rojita, es un bonito suéter.

    — ¿Un suéter?— inquirió Hijo poniendo una cara de asco—. Es el peor regalo que alguien pude darle a alguien.

    Lin-Lin se sintió furiosa ante el comentario del chico, por lo que decidió castigarlo dándole un zape, luego, lo tomó de la oreja y se lo llevó de allí halándolo de esa parte humana.

    —No es asunto tuyo, Hijo; ciertamente no es tu asunto.

    —Auch, auch— tan sólo se quejó de dolor.

    Una vez solos, que era la intención de Lin, Rojita pudo soltar una risa que había procurado aguantar.

    —Hijo es algo gracioso, ¿no?

    —No— Coletas pronunció la palabra prolongadamente mientras doblaba el suéter—. Yo diría que es un atrevido. Un muy irritante chico atrevido.

    Un silencio se hizo presente entre los dos, que fue cortado por Rojita.

    —Bueno, creo que me voy.

    Se dio media vuelta para retirarse del lugar, pero Coletas la detuvo al volver a hablar, con más nerviosismo.

    — ¡Espera, Rojita!— ella se volvió y lo encaró—. Verás… yo que-ría decirte… que… bueno… Yo, yo te… te…— la joven se encontraba más y más atenta—. Te… Te quiero invitar a comer a mi casa.

    Ante lo oído, Rojita sintió de pronto una decepción e iba a responderle, avergonzada, pero no consiguió hacerlo ya que Hijo apareció de la nada y alegre se acercó a Coletas para afirmar:

    — ¡Claro que sí! Es buena idea que los cuatro vallamos a comer a tu casa.

    —Lo siento, no pude detenerlo— se disculpó Lin-Lin colocándose tras su prima.

    —Está bien— soltó Coletas como un suspiro, decepcionado—, vamos todos.

    — ¡Sí!— gritó Hijo contento.

    —Espera, ¿no acabas de comer tacos?

    —Sí, pero eso fue hacer rato.

    Sin otro remedio, el cuarteto de amigos se encaminó a la casa de Coletas.

    — ¿Tú prepararás la comida?— demandó Hijo mientras pasaban por el puente.

    —Sí, ¿por qué?

    —Yo quiero probar la comida preparada por Coletas— murmuró Rojita tenuemente.

    — ¿Qué?— se dirigió a ella Hijo al no comprender lo que dijo.

    —Nada— se defendió turbada.

    Ya estando en casa de Coletas, Rojita, Lin-Lin e Hijo se encontraban esperando al dueño de la cabaña en el pequeño comedor. Desde la cocina no se podía escuchar más que el sonoro ruido de los trastes al impactarse en el suelo o golpeándose entre sí, además de uno que otro grito de Coletas.

    —Auch— exclamó Lin-Lin al imaginarse el porqué de los gritos y extraños ruidos—. ¿Por qué no lo ayudas, Rojita?

    — ¿Yo?

    —Sí, quién más— argumentó Hijo—. Ese chaval necesita urgentemente de ayuda y si no queremos que la comida quede salada, es mejor que Lin-Lin no le ayude.

    — ¿Qué?— gritó ésta al escuchar al muchacho sentado a un lado de ella mientras lo tomaba del pescuezo y lo ahorcaba—. Retráctate— se dirigió a Rojita—. Anda, ve a ayudarlo.

    Rojita se levantó de la silla y se encaminó a la cocina dispuesta a ayudar a su amigo.

    —Lo siento… Lo siento— se disculpó Hijo sin aire.

    Después de un rato, Rojita colocó en la mesa los platos, vasos y cubiertos que pudieran necesitar, mientras Coletas traía las ollas de la comida y la jarra de agua. Una vez todo listo y preparado, los cuatro comenzaron a servirse de lo preparado por dos de ellos. Todos se metieron a la boca el alimento, pero ya dentro de su cavidad escupieron rápidamente el alimento debido al desagradable sabor que éste tenía.

    —Retiro lo dicho, prefiero la comida salada de Lin— argumentó Hijo asqueado.

    —Esta cosa es horrible— aceptó Rojita.

    Coletas asintió dándole la razón.

    — ¿Y si mejor pedimos algo?— sugirió la mayor del grupo.

    Sin pensárselo un momento, Coletas tomó el teléfono y marcó al restaurante. Cerca de unos veinte minutos de espera, se escuchó que la puerta era tocada. Coletas se dirigió a abrirla y se sorprendió de ver a Iro, quien, como si nada, le entregó la bolsa con comida, agarró el dinero y desapareció. Coletas se quedó un momento pensando antes de dirigirse a donde estaban los demás.

    — ¿Qué pasó, Coletas?— le preguntó Lin-Lin al notarlo distraído.

    —Nada, sólo no sabía que Iro era el repartidor.

    — ¿Iro? ¿Ese extraño niño?— Hijo intentó ubicarlo bien en su mente. Lo consiguió—. Ese chico me da miedo… Pero bueno, hay que disfrutar de la comida real.

    Así, el grupo disfrutó del manjar aquella bella tarde.

    Triple y tres de sus secuaces se habían decidido a dar un paseo por su querido pueblo, pero Triple, en sus pensamientos más profundos, aún podía ver a ese misterioso sujeto que fue varias veces a su cabaña por la noche y aquello lo mantenía intranquilo. Lo que más se preguntaba era si ese sujeto estaba relacionado con el nombre que había mencionado su hermano.

    “¿Ese Bat era ese sujeto misterioso o sólo era un secuaz?”. Sus profundos pensamientos fueron interrumpidos por la voz de uno de sus secuaces.

    —Mire, jefe, ¿qué es eso?

    Triple puso su atención a lo que el otro le indicaba, notando unas huellas.

    —Es una huella, tonto.

    —No, es una huella tonta— le corrigió otro de sus secuaces.

    —No, tonto. Quiero decir que es una huella, coma, tonto.

    —Ah, es una huella que come tontos.

    Triple chocó la palma de su mano derecha con su rostro mientras susurraba, irritado:

    —Espero que se los coma… Escuchen, lo que trato de decirles es que… ¡Oh, qué rayos! ¡Olvídenlo!

    Triple observó detalladamente hacia dónde se dirigían las intrigantes y desconocidas huellas.

    —Qué raro… Las huellas se encaminan en la dirección donde se encuentra el bosque misterioso— con la curiosidad a flor de piel, Triple ordenó a sus secuaces—. Vamos a seguirlas.

    Pero antes de dar el primer paso, unos sonoros gruñidos se hicieron oír, declarándose culpables los estómagos de los cuatro.

    —Bien… Primero vayamos al restaurante.

    Espero les haya gustado.


    . . .

    Fili: Pelo negro y ojos verdes. Es el hermano mayor de Triple, es un “espía internacional” que busca trabajo y le encanta la música clásica, porque lo relaja. Es dos años mayor que Triple, por lo que tiene 19 años. (Fili Luu de Lizaldy).

    Bat: No se puede decir mucho de él porque es misterioso. Pero se rumorea que es una persona sin un jefe fijo, trabaja solo por dinero. Se desconoce su edad y hasta su verdadero físico.
     
    Última edición: 24 Diciembre 2021
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    Borealis Spiral

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    Ah, lamento mucho no haber comentado en el capitulo anterior. Pero realmente, me perdi por alli XD. Aun asi, te dejo esto:

    Las vacaciones: Jajaja, creo que aqui te pasaste con todo lo que le paso a Triple, es cierto que en todos los capitulos le pasa algo malo, bueno, se lo gana por malo, pero aqui, insisito, te pasaste. Lo hiciste sufrir de mas. De cualquier manera me ha encantado. Es super divertido, jejeje Me gustaria esquiar ^^

    EL regreso del misterioso: Ahora si se responderan a las preguntas del Misterioso? Espero que si, aun no encuento algunas, pero ya se que el misterioso ese se llama Bat, lo dijo Fili. Wow, hermano mayor de Triple y "espia internacional" ja, por que lo pondrias entre comillas? Jajaja, me ha encantado Fili :P

    Bien, es todo, espero ansiosa el siguiente capitulo.

    Hasta otra.
     
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    Muajaja, de nuevo el misterioso en acción xD. Pero aquí lo importante es el contenido de ese disco. ¿Que tiene y por qué lo desan tanto ese tal Bart y ese secuaz suyo?
    Y Hijo wow, no deja de sorprenderme ese chico con el voraz apetito que tiene xDD. Seguro sí llegará a los 100 kilos, no sólo a los 80. Y sobre eso, está su modo de ser tan divertida y sin verguenza, menos mal que Lin es ruda y le da sus jalones de orejas xD
    Ah, fili ¿leí que tiene los ojos verdes? Me lo imagino tan lindo como Triple xDD Y el final, jaja, bueno, debemos esperar que Triple desayune para seguirlo en seguimiento de esas huellas... come tontos jajaja. Bien, fue otro capítulo divertido, como el de la vacaciones, el que también leí pero no pude comentar.

    Espero el próximo capítulo para seguir leyendo la aventuras de estos divertidos chicos xDD

    Cuídate.
     
  16. Threadmarks: El Misterioso 2
     
    Sonia de Arnau

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    Sosonia: Un pueblo singular
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    Comedia
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    Ay, gracias, gracias por seguirme leyendo y por sus comentarios, lo crean o no, ya los extrañaba. Bien, les dejo el siguiente capitulo.


    12.- EL MISTERIOSO 2

    En la tienda de jugos, Todd se encontraba sentado esperando que alguien entrara a comprarle algo. En eso, el teléfono se escuchó y contestó. Una vez hubo terminado su charla, cruzó la calle dirigiendo sus pasos al puesto de su amigo y vecino.

    —Oye, camarada, ¿me acompañas a la ciudad a llevar unos jugos?

    —Claro, amigo, voy para allá.

    Con esto, el par de hombres abandonaron sus puestos, obviamente, no en el sentido estricto de la palabra, ya que dejaron encargados a sus hijos en su ausencia. Como era de esperarse, Coletas le hizo compañía a Hijo en su tarea de vigilar la tienda. Ambos se mantenían muy aburridos, por lo que, no teniendo nada bueno que hacer, empezaron a comer unas donas.

    — ¿Sabes?— habló Hijo después de un rato dirigiéndose a su compañero—. Estas donas están mega deliciosas, pero tarde o temprano debían salir. Voy al baño, ahorita regreso.

    Con esto, Hijo subió las escaleras para dirigirse a la oficina; coincidentemente, poco después de que el ojiazul hubiera desaparecido adentrándose en la casa, una persona llegó para comprar una dona y con ésta, muchas otras después, hasta el punto de que todo el local se llenó. Coletas estuvo despachando a toda la clientela, que poco a poco fue retirándose.

    Cansado de estar expendiendo a tanta gente, el pobre chico, que para colmo ni empleado era, se sentó en la silla que estaba frente al mostrador preguntándose dónde estaba Hijo. No quería dejar el puesto sin nadie que lo atendiera, pero la tentación pudo más que sus buenas intenciones y comenzó a subir poco a poco y de manera sigilosa las escaleras. Cuando llegó arriba, se dio cuenta que todo estaba tranquilo y calmado. Sin hacer ruido, fue inspeccionando los cuartos uno por una, hasta llegar al baño, mas no encontró a nadie. Se detuvo y se preguntó por qué la casa estaría tan sola.

    Se encaminó a las escaleras para seguir atendiendo el negocio, cuando escuchó un ruido proveniente del cuarto de Braket. Sospechando, Coletas volvió sobre sus pasos, un tanto nervioso, y al llegar al cuarto asomó simplemente la cabeza. Al asegurarse de que no había peligro inminente, se adentró a la habitación por completo. Divisó su alrededor mas no encontró nada, por lo que su pensamiento fue el de retirarse; no obstante, antes de hacerlo y para obtener mayor seguridad, decidió asomarse por debajo de la cama. Se hincó y alzó un poco la colcha de la cama para aclarar mejor su visión. No vio nada.

    En eso, alguien tuvo la osadía de asustarlo lanzando un “boo” mientras le picaba la espalda. Coletas se amedrentó tanto que saltó del espanto y ante la acción su cabeza golpeó con la base del colchón, pues aún tenía su cabeza bajo la cama. Se masajeó el casco intentado aminorar el dolor en éste mientras se ponía de pie. Observó a Hijo, quien no paraba de carcajearse, descubriendo que su asustador fue él.

    — ¿Qué rayos te pasa?— inquirió la víctima con voz iracunda.

    —Jajaja, nada. Lo que pasa es que… Jajaja… es que… Fue sólo una broma jajaja. Lo siento, lo siento— intentó explicar el otro entre risas—. Jajaja, ay, Coletas, hubieras visto tu cara… Bueno, realidad no la vi tampoco porque estabas debajo de la cama, pero me la imagino, jajaja…

    — ¡Ya basta, Hijo! Eso si dolió— lo reprendió Coletas—. Pero para la próxima me toca a mí. Vámonos ya.

    Con esto, los dos se dispusieron a regresar al despacho, cuando, al volverse, se toparon la linda sorpresa de que Rojita y Lin-Lin estaban allí. Los dos gritaron como un par de gallinas y corrieron a escudarse detrás de su guarida, su refugio, lo primero que se les vino a la mente como escondite: el sillón.

    —Ya, chicos, no exageren— les pidió Lin-Lin sintiendo vergüenza ajena.

    —Ah, chicas, son ustedes— dijo Coletas aliviado alejándose de su guarura.

    —Sí, no espanten así, ¿quieren?— mencionó Hijo todavía impresionado por lo sucedido.

    — ¿Ya llegaron el señor Braket y el señor Todd?— les preguntó Coletas más calmado.

    —No, aún no— respondió la pelirroja.

    — ¿Y quién cuida la tienda de jugos?— preguntó Hijo curioso.

    —Pues Flor— respondió Lin-Lin—. Pero la pregunta aquí debería ser quién está cuidando la tienda de donas.

    — ¡Oh, sí, la tienda! Sí papá se entera de esto me ahorca.

    Los cuatro bajaron al establecimiento y los hombres se quedaron allí mientras las mujeres se dirigían a la tienda de jugos.

    —Te digo, Coletas, las chicas nomás fueron a asustarnos. No fueron a saludarnos ni nada… Tengo que ir a ver cómo sigue Flor, ahorita vengo.

    Coletas asintió comprendiendo a su amigo y le dio la libertad de dejar el lugar unos momentos. El novio estaba por retirarse cuando giró sobre su eje y enfrentó la mirada de Coletas, una vez más, al momento de preguntar:

    —Amigo, ¿ya le dijiste a Rojita lo de ya sabes qué?

    —No, no sé de qué me hablas— se hizo el inocente.

    —Ay, no te hagas. Ya me voy.

    Hijo se alejó del sitio, pero antes de encaminarse directamente a donde trabajaba su pareja, fue a comprarle flores a ésta. Ahora sí, equipado, se dirigió a la tienda de jugos y saludo a las tres y, aparte, le dijo a la pelirroja:

    —Oye, Rojita, Coletas te quería decir algo importante. Será mejor que vayas.

    Extrañada, la aludida hizo caso a su amigo y, atravesando la calle, llegó al local.

    —Hijo me dijo que tenías que decirme algo.

    — ¿Yo? ¿Hijo?... Él… Yo…— comenzó balbuceado incoherencias—. Iba a decir que… que nada. Nada importante, sólo, sólo… Este, ah… Es un bonito día, ¿verdad?

    —Sí… bueno, si no vas a decirme más, este… Adiós— y Rojita salió presurosa de allí sintiéndose triste y decepcionada.

    — ¡Qué torpe soy! Era mi oportunidad. ¡Ay! ¿Por qué? ¿Por qué?— se cuestionó haciendo pucheros y un gran berrinche—. Ese Hijo me hizo ver un completo idiota frente a ella.

    No dejó de hacer rabietas hasta que lo vio conveniente y se calmó.

    Triple estaba muy a gusto sentado en su cabaña, cuando la voz de uno de sus secuaces preguntándole algo irrumpió su paz.

    —Oiga, jefe, ¿no íbamos a ir al bosque Misterioso?

    — ¡Oh, no! Era broma, yo al bosque Misterioso no entro ni de broma. La última vez— se estremeció—, fue algo tan perturbador que nunca olvidaré.

    Una vez entrada la noche, todos se fueron a dormir. A la media noche, Triple escuchó un ruido. Se levantó con pesadez de su cama para averiguar de qué se trataba aquello. Descubrió al, ya no tan poco común para él, misterioso, quien al verlo, se echó a correr.

    —Ah, no. Esta vez no te escapas— levantó a todos sus secuaces y les informó firmemente—: Vamos, vamos a atraparlo.

    Triple y compañía siguieron al misterioso, quien intentaba por cualquier medio perderlos, empero no lo logró. El sujeto adentró a sus seguidores al bosque Misterioso llevándolos a lo que parecía ser su guarida “secreta”. Al entrar, los perseguidores notaron que el misterioso se les había perdido de vista.

    — ¿Qué? ¿Dónde está?— inquirió Triple a sus secuaces mirando a ambos lados, luego, fijándose bien en la situación en la que se encontraba, gritó—: ¡¿Dónde estoy?!

    — ¡Aquí!— alzó la voz el misterioso que se encontraba en la parte alta del lugar, arrojándoles una enorme jaula, atrapando a los intrusos.

    Sintiéndose mal al verse atrapado como una inocente paloma, Triple frunció el entrecejo mientras observa abrirse una puerta de donde salió una persona que se acercó a él, mientras le hablaba cosas sin sentido, a su parecer.

    — ¡Tú! ¿Qué creías? ¿Qué me podrías descubrir? ¡Pues no! Yo te atrapé— y en esta parte una risa malvada brotó de su garganta.

    El sujeto extraño se alejó junto con el misterioso dejando solos a los siete encerrados en esa jaula. Los dos hombres se adentraron a una habitación. El que no poseía el traje negro se sentó y miró al otro con furia y explotó.

    — ¡¿Estás loco?! Bat, dime, ¿por qué rayos dejaste que te siguieran? ¡Por poco nos descubren!

    —Jefe, yo los quería perder, pero no pude y…

    — ¡No me importa! Te pedí solamente el disco. ¿Pudiste encontrarlo?

    —No…

    — ¡¿Qué?!

    El denominado jefe se alzó de su asiento y se dirigió al cuarto de mando donde había gran cantidad de computadoras y monitores debido a que cada cuarto tenía una cámara. El misterioso lo siguió. Los dos se colocaron frente a la pantalla que dejaba ver a Triple y sus secuaces.

    —Necesito que investigues sobre los presos— pidió el líder al otro.

    Sin vacilar, el misterioso acató lo ordenado e inició la investigación de ellos. Una vez terminada su misión, le entregó los archivos a su jefe, quien al terminar de leerlos, fue con los presos.

    —Veamos, ¿a quién tenemos aquí?— preguntó con seriedad para comenzar a llamar a cada uno por su nombre—: Salvador, Chon, Edwin, Luis, Billy, Lorenzo y, por supuesto, Júnior.

    — ¡Uy! ¡Qué no me gusta que me digan así!— se exasperó Triple al escuchar su segundo nombre.

    —Entonces, el hermano menor de Luu, ¿eh? Es por eso que has venido a mi lugar secreto. Pensabas que podrías detener mis planificados planes, ¿eh? Pero escucha bien esto, mocoso, tu plan fue el que resultó fracasado y ahora no podrás evitar la tragedia reina de todas las tragedias— como broche de oro, su risa malvada se volvió a escuchar.

    — ¿Eh?— Triple puso cara de que no sabía nada de lo que el otro estaba diciendo, porque… Bueno, así era—. ¿De qué estás hablando?

    —Oh, por favor. No te hagas el desentendido. Tú, al igual que tu hermano, quieres frustrar mi plan.

    — ¿Cuánto tomas? ¿Lo haces seguido?

    —Eres demasiado listo. Realmente aparentas muy bien el “no saber nada” — halagó el del plan perverso dada por concluida su plática yéndose de allí.

    — ¡Pero si no sé nada!— gritó por último el ojiverde, confundido.

    El cabecilla volvió al cuarto de mando y le dijo al ya famoso Bat, el misterioso.

    —Ahora sí, ya que tenemos a esos entrometidos aquí, será más fácil para ti encontrar ese disco. La información que hay allí deber ser sólo mía; pero claro, como lo ha probado, el sujeto ese es demasiado inteligente y por eso sacó el disco de la caja, para podernos confundir mientras lo escondía muy bien. Aún así, ya sabemos su plan así que vamos, ¿qué esperas? ¡Ve por él!

    —Sí, señor— así, se dirigió nuevamente a la cabaña.

    En la jaula.

    — ¿Qué está pasando aquí?— preguntó el castaño por enésima vez—. No entiendo nada. ¿Qué tiene que ver Fili conmigo?— Lo meditó bien y el foco se le prendió al no encontrar explicación más lógica—. Ahora entiendo. ¡Es clarísimo! Ese sujeto es un fanático de esa música vieja y quiere conseguir el disco a como dé lugar. ¡Rayos! Es por eso que odio esa música. Te mete en muchas polémicas.

    — ¿Hablando solo de nuevo?— Triple escuchó una voz detrás de él y al virarse para descubrir de quién se trataba, se encontró con Fili.

    — ¡Fili! ¡Sácame de este lugar!— le pidió-ordenó, colérico.

    — ¿Eh? ¿Por qué? Siempre quise verte tras las rejas— y con este comentario se fue.

    — ¿Eh?... ¡Luu!

    — ¡Júnior!— se oyó Fili desde el fondo de otra habitación.

    — ¡Rayos! ¡Me choca ese nombre! Me hubieran puesto Teodoro.

    —Mi primo se llama Tebaldo— mencionó un secuaz.

    — ¿Quién te preguntó?

    Fea se dirigía a la cabaña de su amor platónico. La chica se veía realmente muy contenta y con una canasta en su brazo derecho.

    —Espero que Triple no se moleste si voy a estar horas de la noche.

    Llegó a la humilde morada y descubrió que la puerta se mantenía abierta, mas no le dio demasiada importancia así que saludó contenta.

    —Hola, Triple…

    Al momento se movió a un lado porque un cuaderno salió volando en su dirección, casi golpeándola.

    —Creo que sí se enojó…

    Susurró acongojada ante lo que acababa de ocurrir. Se adentró un poco más a la casa, con miedo.

    — ¿Triple?— se sorprendió al ver a otro destruyendo la choza—. ¿Dónde está Triple?

    El misterioso no contestó, pero sus planes de escapar se vieron frustrados al percatarse que Fea bloqueaba la salida.

    — ¿Dónde está Triple?— volvió a preguntar ella, frunciendo más el ceño.

    El misterioso corrió hacia la ventana, viendo que era su única ruta de escape posible. Al verlo, Fea corrió a ésta, pero desde la parte de afuera y al momento en que el misterioso estaba a punto de saltar, Fea ya lo esperaba. Lo tomó del cuello de su uniforme y lo arrastró para quedar lejos de la cabaña. Volvió a hacer la pregunta.

    — ¿Dónde está Triple?

    —No te lo voy a decir— declaró el misterioso pronunciando las palabras tan lentamente que le dio a entender a Fea que era una retrasada.

    — ¿Qué?

    —No te voy a decir nada.

    Fea se limitó a sonreír y al hacerlo, le propinó un rodillazo en su parte masculina.

    — ¿Ahora me lo dirás?— mantuvo una sonrisa de niña buena.

    En el cuarto de monitoreo, se encontraba el tipo que había enviado al misterioso a casa del joven de Lizaldy. Observaba al dichoso joven desde la pantalla, concentrado, cuando escuchó que alguien tocó la puerta de hierro.

    — ¿Quién podrá ser?— se preguntó mientras se dirigía a ésta para abrirla, al hacerlo se sorprendió de ver al mayor de los Lizaldy.

    —Hola, “Shark” — saludó Fili con una gran sonrisa levantando su mano derecha a distancia de su mejilla.

    — ¿Luu? ¿Qué estás haciendo aquí? Es más, ¿cómo te enteraste de mi gran fortaleza (escondite)?

    —Gracias a mi hermanito, lo seguí.

    —Ya veo. Desde un principio tu plan fue ese.

    — ¿Eh? Bien, lo que sea. Detendré tu trágico plan, así que regrésame el disco.

    “Shark” se sorprendió al escuchar las palabras del otro.

    — ¿De qué hablas? Yo no tengo el disco.

    — ¿No lo tienes?— Fili se extrañó mientras recordaba las palabras que le había dicho Triple: “creo que alguien se lo llevó”.

    —No lo tengo— repitió el hombre—. Pero acabo de enviar a Bat para que lo consiguiera.

    Ante lo escuchado, Fili salió del lugar, aprisa, para dirigirse a la casa de su hermanito. Al quedar solo nuevamente, “Shark” volvió al monitor a seguir vigilando a los presos.

    —Es sumamente tarde, Luu. Te llevo mucha ventaja— y, una vez más, la risa malvada.

    En la casa de Coletas, el joven estaba profundamente dormido. Entre sueños escuchó toques en la puerta, que se escuchaban desesperados pues sonaban una y otra vez. Abrió los ojos con lentitud y se sentó en su cama. Se levantó de ésta y abrió la puerta de su habitación notando como Reloj se acercó de manera veloz a la puerta principal. Caminó a ésta y la abrió. Vaya sorpresa encontrarse con Bat frente y detrás a Fea, quien lo mira muy ansiosa y preocupada.

    —Necesito tu ayuda— le informó

    Después de que la joven le explicó todo lo que le había sacado al misterioso, Coletas junto a los otros dos se dirigieron al bosque misterioso, pero primero pasaron a casa de Hijo.

    Fili arribó a la casa de Triple. Entró cuidadosamente al ver la puerta abierta. Una vez adentro, miró todas las cosas desordenadas. ¡La casa estaba patas arriba! Se adentró aún más a la cabaña y al descubrir que no se encontraba nadie, pensó lo peor.

    — ¡Rayos!— exclamó mientras salía corriendo de la choza.

    — ¡No empujen!— gritó Triple ya desesperado de estar dentro de la celda y de ser empujado por uno de sus secuaces.

    —Lo siento, jefe; pero no cabemos— le dijo el que lo empujó.

    Los siete observaron que la puerta se abría nuevamente y entraba “Shark”.

    —Por fin mi plan se llevará a cabo. Una vez Bat me entregue ese disco.

    — ¿Aún con ese disco?— inquirió Triple irritado.

    —Ni tú ni tu hermano lograrán estropear este perfecto plan— rió malvadamente.

    Fuera de la guarida “malvada”, Coleta y compañía se encontraban en la entrada principal.

    — ¡Órale!— Hijo se sorprendió al ver la enorme fortaleza—. ¿Esto existe en este bosque? Es por eso que lo llaman “bosque Misterioso”. Es un verdadero misterio.

    —Sí, lo sé— concordó Coletas—. Hay que entrar para poder ayudar a Triple.

    —Sí— afirmó Fea. Empujó al misterioso—. Abre la puerta.

    Sin tener más remedio, éste abrió la puerta introduciendo un código secreto a la protección de la puerta. Entraron.

    — ¿Dónde está Triple?— volvió a preguntar Fea.

    —Por allí— el misterioso señaló una puerta y sin pensárselo dos veces, Fea corrió a ésta dejando de lado a su cautivo. Abrió la puerta y entró gritando el nombre de Triple, pero sin darse cuenta, quedó atrapada en una red.

    — ¡Ayuda!— gritó la pobre chica moviéndose dentro de la trampa.

    Coletas corrió a ella para ayudara y con esto, Bat aprovechó para escapar.

    — ¡Que no huya!— le gritó Coletas a Hijo.

    Así, Hijo persiguió al misterioso. Al tenerlo a una considerable distancia, el pelinegro saltó sobre él, cogiéndole de los pies, por lo que los dos se fueron al suelo.

    —Ni creas que te voy a dejar escapar— le dijo Hijo al levantarse él y al otro. El misterioso se quejó.

    —Maldito Fili. ¿Por qué no me sacaste de aquí?— se cuestionó irritado de haber pasado casi toda la madrugada encerrado en esa celda y, peor, con sus molestos secuaces que no hacían más que golpearlo cada vez que se movían.

    Escuchó abrirse la puerta nuevamente.

    —Es el loco ese otra vez— se quejó, pero se sorprende al ver a Coletas, Hijo, Fea y el misterioso—. ¡Rayos! Prefiero al loco. ¿Qué hacen aquí?

    — ¡Triple!— se acercó Fea a la celda—. ¿Estás bien, jefe?

    —No, no estoy nada bien— se sentía fastidiado por completo.

    Coletas abrió la celda y, sabiéndose libres, los siete salieron con la alegría pintada en su rostro.

    —Ahora, sí; vámonos de aquí— pidió Hijo al ver completado su cometido.

    —Sí, vámonos antes de que aparezca el loco— apoyó Triple, pero antes de poderse ir, frente a la puerta apareció “Shark”, quien obviamente ya se había enterado de todo el escándalo que se había formado debido a que vio todo en sus pantallas de monitoreo constante.

    —Vaya, vaya. Conque tratando de escapar, ¿eh?

    —Señor, estos tipos me obligaron a decir…

    — ¡Cállate!— lo interrumpió “Shark” —. Tú eres un completo incompetente. De seguro ni siquiera traes el disco.

    El misterioso bajó la mirada, avergonzado; Shark negó con la cabeza y continuó:

    —Ya no se pueden conseguir buenos secuaces.

    —Dímelo a mí— bramó Triple aún molesto cruzándose de brazos.

    —Como sea… Debido a que ustedes saben mucho de este lugar, de mi plan y de mí; no me queda más opción que deshacerme de ustedes.

    — ¿Qué?— inquirió Coletas sorprendido—. ¿Deshacerte…?

    — ¿…de nosotros?— finalizó Hijo

    —Así es— avaló Shark. Metió su mano en el saco del traje negro que ese día usaba y con el acto le indicó a todos que sacaría algo que no sería bueno para ellos; pero antes de hacerlo, un fuerte golpe en la espalda lo desequilibró y lo tiró al suelo.

    — ¿En problemas, hermanito?— le preguntó Fili a su pariente al haberle propinado una pata en la espada a su némesis—. ¡Corran, rápido! Este lugar se destruirá en cuestión de minutos— informó mientras señalaba la puerta de salida.

    Sin demora alguna, la lozanía comenzó a correr para llegar al exterior. Una vez sanos y salvos fuera del lugar, observaron cómo éste comenzó a desplomarse por completo, como cuando un temblor arrasa con un edificio. Todos mantuvieron la boca abierta, impactados por todo lo que habían vivido esa madrugada. Intercambiaron miradas, sorprendidos.

    — ¿Dónde dejaste el disco?— le preguntó Fili a Triple acercándosele.

    —Ya te dije...— se detuvo por unos momentos y recordó algo—. Ah, ya me acordé. Una vez me diste el disco y me enteré que era de esa música odiosa, abrí la caja, saqué el disco y lo tiré a la basura. Me quedé con la caja para usarla como soporte de mi lámpara.

    Al escucharlo, Fili sonrió con satisfacción y antes de irse le aseguró a su fraterno.

    —Eres demasiado problemático.

    — ¿Problemático yo?...

    — ¡Oigan! ¿Y esa otra persona que estaba con nosotros?— indagó Coletas al descubrir que el misterioso no es encontraba entre ellos, ya que, al verlos distraídos a todos, no desaprovechó la oportunidad para escapar.

    —Eso ya no me importa— se sinceró Triple.

    Con esto, el grupo apreció el bello amanecer desde el bosque misterioso.

    —Ni una palabra de esto a nadie— habló Triple.

    —Como si alguien fuese a creernos esta aventura— comentó Hijo.

    — ¿Y si nos vamos a casa? Ya está empezando a hacer frío, ¿no?— se quejó Fea.

    —Sí, vamos.

    Así, los diez chicos se encaminaron a sus respectivos hogares a descansar un poco, que bien merecido lo tenían ya que esa noche la habían pasado de lo peor. Guardaron todo como un secreto, pues era obvio que nadie les creería si lo contaban.


    Es todo por ahora, los dejo y que estén bien.


    . . .​

    Shark: Al igual que el misterioso, no se sabe mucho de su identidad, pero él es quien contrató al misterioso. Él mismo se auto nombró como Shark; a saber la razón. Es una persona muy avariciosa que desea tener un gran poder. Tiene 47 años edad.
     
    Última edición: 24 Diciembre 2021
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    Borealis Spiral

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    Woho, vaya aventura la que esos chicos pasaron, aunque comprendo a aquellos que la pasaron toda la noche en la jaula esa, jajaja. Pues no se supo para que era el disco ese, pero ese "Shark" no lo queria para nada bueno, eso es seguro. Menos mal que Fili logro detenerlo, ay me gusto mucho Fili. Y Coletas tan lindo, ayudando incluso a aquel que lo odio XD Tiene un gran corazon.

    Bien, espero ansiosa el siguiente capitulo para saber que sorpresas mas nos traeras.

    Hasta otra.
     
  18. Threadmarks: Dulces sueños
     
    Sonia de Arnau

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    Hola otra vez. Bien, agradezco enormemente que sigan leyendome. Ahora, lesd dejo el siguiente capitulo. Disfruten.

    13.- DULCES SUEÑOS

    Coletas y Rojita estaban tomados de las manos mientras paseaban en el parque. La vista era hermosa, el sol que cubría su piel se antojaba tónico y la brisa que ese día soplaba era refrescante. Se sentaron bajo la sombra de un árbol y se miraron a los ojos durante un largo momento que les resultó placentero. Se acercaron poco a poco y estaban a punto de darse un beso cuando…

    Unos insistentes y entrometidos toques en la puerta se hicieron oír. Coletas, por demás enojado, se levantó de la cama teniendo el entrecejo fruncido por la irritación que en él se hacía presente mientras se dirigía a la puerta. Quien fuera la persona que estuviera tocando su puerta se notaba desesperada por los fuertes golpes que propinaba a ésta. Abrió la puerta y con sorpresa, disfrazada de enfado, se dio cuenta que Hijo era nada más y nada menos que el interventor de sus lindos sueños. Se veía muy emocionado.

    — ¡Mira, Coletas, mira! Por fin tengo la película de “La venganza de la novia III” en mis manos. Dicen que está más terrorífica que la uno y la dos juntas. ¡Vamos a verla, vamos a verla, vamos a verla!

    —Hijo, es la una de la mañana. Tengo mucho sueño y estoy mega cansado— le respondió Coletas y su tono de voz verificó sus palabras.

    —Por favor, por favor, por favor. Quiero verla, ¿sí? Por favor. No te imaginas el trabajo que me costó convencer a mi papá de dejarme venir a estas horas para ver la película. ¡Por favor!— Hijo se hincó.

    —Levántate— pidió Coletas agotado—. Está bien, vamos a verla.

    Y sin esperar un minuto más, los dos tomaron asiento en el sillón de la sala del ojinegro y comenzaron a ver el filme.

    Triple estaba en su casa muy emocionado diciendo cosas como:

    — ¡Por fin tengo la película “La venganza de la novia III”! Y dicen que está más terrorífica que la uno y la dos juntas.

    Así que también hizo correr la película dispuesto a verla mientras se convencía a sí mismo de su valentía.

    —A mí nada me asusta.

    Una vez la película hubo terminado, Triple se ubicaba en su cama, acurrucado y muerto del susto.

    —No pasa nada. No existe nada de eso. Soy valiente, muy valiente.

    Un búho se escuchó en la oscuridad de la noche, entre la espesura del bosque y logró que Triple lanzara un grito poco digno de un hombre. El viento también hizo de las suya y se escuchó haciendo que a los oídos del chico fueran espeluznantes chillidos. Volvió a gritar levantándose de la cama, tomó a dos de sus secuaces y los sacó fuera del lugar y les ordenó:

    —Cuiden que nadie entre.

    El par de jóvenes asintieron, más somnolientos que nada. La mañana atrapó a un Triple desvelado, frustrado y ojeroso. Salió y se encontró con sus secuaces dormidos. Los miró con ojos cansinos aunque con un deje de molestia y les gritó:

    —Les dije que cuidaran la entrada, ¡no que se quedaran dormidos en ésta!

    Los secuaces se alzaron con velocidad y sonriendo, se adentraron a la casa.

    En Sosonia, Rojita, Flor, Lin-Lin y Coletas caminaban hacia la casa de Hijo, a quien no había visto en todo lo que llevaba la mañana y eso había extrañado a todos, por lo que decidieron ir a buscarlo. En el camino se encontraron con el buscado, aunque lo notaron develado y desaliñado. La playera la llevaba al revés, tenía calcetines de diferente color y en pie usaba un tenis mientras en el otro usaba un zapato.

    — ¿Qué te pasó?— le preguntó su novia atónita de ver su vestimenta.

    —Ya perdiste la cordura— aseguró Lin-Lin.

    —No, perdió más que eso. También perdió la dignidad— corrigió Coletas.

    —Jajaja— se burló Hijo sarcástico—. Lo que pasa es que ayer Coletas y yo nos trasnochamos viendo la película de “La venganza de la novia III”.

    —Oh, dicen que está más terrorífica que la uno y la dos— comentó Rojita.

    —Y juntas— completó Flor.

    —Ah, ¿no me digas que el valiente de Hijo se asustó?— se burló Lin-Lin.

    —Bueno yo… Este…— balbuceó Hijo sin tener nada bueno que decir, realmente. Bostezó—… Pues sí… la verdad es que… Mira, sí tú la hubieras visto también te asustabas, de verdad. Era tan terrorífica que… que… sólo de pensar en ella me dan escalofríos.

    —Pues, para que te dejara así, lo creo— Lin-Lin apuntó a Hijo—. Lo que no entiendo, es que si tú y Coletas la vieron anoche juntos, ¿por qué Coletas no está como tú de…desvelado?

    —Ah, eso es porque… ¡Espera un segundo! Es cierto. ¿Por qué tú no estás tan desvelado como yo, Coletas?— Hijo se interesó por el punto aquel.

    —Yo… bueno…— Coletas no sabía qué contestar, estaba en un gran lío. Menos mal que Rijita lo sacó de éste al decir:

    —Lo que sucedes es que Coletas es muy valiente y no se asusta tan fácilmente, ¿verdad?

    —Pues, ah… ¿Sí?— no estaba seguro. Recordó la noche anterior:

    Hijo y Coletas se encontraban sentados en el sillón y la película corría sin contratiempo alguno. Hijo se mantenía emocionado, en suspenso, asustado… En fin, tenía de todo. A su lado, Coletas posaba su cabeza en el respaldo del sillón… dormido.

    —Como sea… ¡Hijo! ¿Cómo se te ocurre salir así a la calle?— le preguntó Coletas intentado desviar el tema, señalando las fachas de su amigo.

    —Supongo que exageré, ¿no creen?

    —Sí, lo creemos y creemos más que eso, loco— sentenció Lin-Lin.

    —Hijo, vamos a tu casa, necesitas descansar. No te ves bien, nada bien— le propuso la amable morena.

    —De acuerdo. Yo también creo que debo descansar— se sinceró el chico lanzando otro bostezo. Así, los cinco amigos se dirigieron a casa de Hijo.

    En casa de Triple, él y sus secuaces estaban planeando qué hacer para que el castaño pudiera vengarse de Coletas; sin embargo, Triple no podía concentrarse en su objetivo debido al agotamiento de su cuerpo y mente.

    —Si no descanso un poco mi plan nunca funcionará.

    —Jefe, aún no tenemos un plan— informó un secuaz.

    —Tienes razón, es más correcto decir: Si no descanso un poco no podré realizar un plan, así que mejor iré a despejar mis ideas. Daré un paseo.

    Triple se dirigió a la puerta para salir, pero antes de hacerlo se detuvo en el umbral y pensó un poco. Se dijo:

    —Mejor me llevo a alguien… Por si las dudas— y tomó a dos de sus secuaces y se los llevó con él.

    Estaban por llegar a la plaza después de mucho caminar, cuando Triple no pudo dar más de sí y cayó rendido al suelo, dormido. Sus dos secuaces se dieron prisa para levantarlo. Lo zarandearon con fuerza en vano intento de avivarlo.

    — ¡Jefe, jefe, despierte! ¡Vamos, jefe! ¡Ya!

    Le gritaron sin resultados. Sólo se escucharon los claros ronquidos de Triple. Uno de los secuaces soltó a su líder y gritó, para ver así despertaba:

    — ¡Mire, jefe, su novia!

    El otro secuaz también soltó a Triple y éste volvió a dar al suelo. El secuaz le dijo a su compañero:

    —El jefe no tiene novia.

    —Claro que sí.

    —Claro que no. No seas torpe.

    —Sí, sí tiene. ¿Y Nin-ning qué?

    —No seas idiota, ella no es su novia.

    — ¿Ah, no? Yo creía que sí.

    —Pues no.

    —Uf, pobre del jefe.

    —Sí… ¿Y tú? ¿Tienes novia?

    —Bueno, he tratado de conquistar a una chica que la verdad me trae loquito de atar.

    — ¿Y es bonita?

    —La verdad es que sí, está muy bonita y… Oh.

    — ¿Qué?

    —Mira ese hormiguero que está allí.

    —Oh, mira, es cierto; y mira, las hormigas se están subiendo arriba del jefe.

    —Ah, sí, el jefe…

    Los dos secuaces se miraron y gritaron al unísono:

    — ¡Jefe!

    Corrieron a levantar a Triple, que no se dio por enterado. Rescataron a su mandamás sacudiéndole todas las hormigas.

    — ¿Le picaron?

    —No, creo que no.

    —Genial; oye, ¿dónde lo ponemos que ya me cansé de sostenerlo?

    —Pues… Ah, ya sé. En una banca.

    Estado de acurdo con esto, los dos secuaces dejaron a Triple en una de la plaza para que descansara sin interrupción alguna.

    —El jefe debe estar cansadísimo.

    — ¿Por qué lo dices?

    —Porque no se despierta con y para nada.

    —Tienes razón. Hey, ¿escuchaste que los muchachos jugarían a las damas chinas en la casa?

    —No, ¿en serio?— el otro asintió—. ¡Cool! Me encanta ese juego.

    — ¿Qué tal si vamos a ver el juego?

    — ¡Claro! ¡Vamos!

    Los dos secuaces se fueron a la casa y dejaron completamente solo a Triple; pero éste, ni cuenta se dio ya que soñaba algo realmente placentero. Soñó que por fin se vengaba de Coletas, que todos lo respetaban, lo querían y que era un gran héroe. Incluso soñó que se casaba con la chica de sus sueños; pero bueno, el caso es que estaba dormido y en toda la plaza no se escuchaba nada más que sus ronquidos.

    Coletas, Hijo, Rojita, Flor y Lin-Lin estaban en la habitación del Wills.

    —No sé, chicos, me late que no voy a poder dormir.

    —No digas tonterías, Hijo, y descansa un poco ya— le pidió Coletas.

    —En verdad siento que no podré dormir.

    —No te preocupes, Hijo, sólo inténtalo y te prometemos que no nos moveremos de aquí hasta que hayas quedado bien dormido— le prometió Flor.

    — ¿Me lo prometen?

    —Claro— aseveraron todos.

    Hijo se acomodó en su cama y como al cabo de cinco minutos, comenzó a roncar. Los demás, al asegurarse que ya no despertaría, se fueron de la casa en silencio para no despertar a su amigo. Ya afuera, Lin-Lin vio su reloj y notó la hora por lo que bramó:

    — ¡Maldición! Voy a llegar tarde al trabajo. Debo irme.

    —Nosotros te acompañamos— habló Rojita.

    — ¿Van a ir al restaurante a comer?— preguntó la mayor del grupo.

    —Yo no creo, quiero estar pendiente de Hijo— informó la pareja del mencionado.

    —Yo también quiero estar pendiente de él— advirtió Coletas y Rojita dijo lo mismo, pero añadió a su prima:

    —Podemos acompañarte tan sólo, ¿no?

    Todos asintieron estando de acuerdo y emprendieron el recorrido al restaurante. Mientras atravesaban la plaza lograron escuchar el sonido característico que alguien hace al estar roncando. Curiosos decidieron ir a investigar quien provocaba los ruidos. Caminaron por donde les pareció los ronquidos se hacían más fuertes encontrándose con Triple, que seguía acostado a lo largo de la banca.

    —Otro que perdió el juicio— declaró Lin-Lin al verlo.

    —Parece que hay epidemia de falta de sueño— comentó Flor con algo de sátira.

    —Bien, mejor para mí— Coletas se sintió aliviado—, hoy no me molestará.

    Todos soltaron la carcajada. Rojita recordó:

    —Será mejor irnos, si no, Lin-Lin llegará tarde al trabajo.

    Emprendieron el camino y cuando estuvieron a punto de salir de la plaza, se encontraron con Dulce y al verla, a Lin-Lin se le ocurrió una travesura.

    —Oye, Dulce, ¿traes maquillaje que me puedas prestar?— le preguntó ésta teniendo en sus labios una maléfica sonrisa.

    —Sí— afirmó la rubia y de su bolsa que traía colgado de su brazo sacó un estuche de considerable tamaño en el cual había pinturas, maquillajes, sombras, lápices labiales, etc.

    — ¿Siempre llevas eso contigo?— le preguntó Lin-Lin mientras tomaba el estuche.

    —Claro, no ves que una mujer no es mujer sin maquillaje y espejo. Por cierto, creo que te verías bien, maquillada.

    —No es para mí— decretó la chica aún con la sonrisa mientras se alejaba de todos a paso veloz.

    Los otros se miraron extrañados y, queriendo salir de la duda del porqué Lin-Lin actuó tan raro, fueron tras ella encontrándose con que la joven maquillaba a Triple.

    — ¿Qué? ¿Era para Triple?— indagó Dulce, ahora ella sorprendida.

    —Qué malos son— aseguró Flor sin molestarse en detenerlos.

    —Ay, Flor, tienes que tener sentido del humor— le dijo Rojita con cara divertida.

    —Ja, y tú peleándole al Hijo que es un niño— le recordó Coletas a Lin-Lin. Ella dejó su tarea de fastidiar a Triple y mirando al pelinegro le contestó:

    —No empieces; además, tienes que admitir que esto es divertido.

    Coletas pareció meditarlo un momento. Teniendo claras sus ideas, asintió y sonrió. En eso, Lin-Lin iba a ponerle labial al bello durmiente en un tono rosa pastel, cuando Dulce la detuvo.

    —Espera, a Triple no le queda ese color. Está mejor el rojo carmesí— y le entrego el lápiz.

    Lin-Lin terminó de embellecer a Triple y no pudo evitar reírse a carcajada abierta, provocando que los demás hicieran lo mismo. En eso, vieron que el durmiente estuvo a punto de despertar y todos corrieron del lugar para salvarse de lo que fuese, sin notar que Triple no hizo más que acomodarse mejor.

    —Qué divertido… ¡Rayos! Los chefs me van a colgar— anunció Lin-Lin mirando nuevamente su reloj—. Sólo tengo menos de cinco minutos para llegar. Y yo, puedo ser de todo, menos una irresponsable— y así se dirigieron al restaurante, que ya no quedaba lejos, excepto Dulce que siguió su camino.

    Hijo dormía en su cama, pero al contrario de Triple, él tenía una pesadilla. Soñaba que estaba en un lugar que él no conocía. En eso, vio a Coletas parar por allí; no obstante, Coletas tenía una mano rota, usaba un collarín y estaba todo moreteado. Hijo se acercó a él, mas éste, al verlo, se alejó de él, diciendo:

    —Aléjate. Eres una amenaza, tramposo. Nuestra amistad se terminó desde ese momento. Traidor, doble cara…

    Hijo retrocedió un par de pasos observando incrédulo como Coletas se alejaba de allí, de él. Entonces, apareció Rojita y le encaró propinándole una fuerte bofetada.

    —Eres un… un… ¡Malvado! ¿Cómo pudiste?

    En eso, Hijo divisó a Flor e intentó acercársele para preguntar qué sucedía; pero ella se alejó de él con el rostro transfigurado por el pavor, como el terror de alguien que tiene frente a sí a un asesino. Hijo logró alcanzarla y la tomó por el brazo. Ella empezó a gritar con histeria y él trató de calmarla diciéndole que le haría daño. Entonces, Coletas hizo acto de presencia nuevamente y con su único brazo funcional sujetó a Flor salvándola del agarre de Hijo. La puso detrás de él y le gritó al que se llamó su amigo alguna vez.

    — ¡Déjala en paz! No la molestes traidor.

    Y Coletas lo empujó con violencia reiteradas veces hasta que Hijo se acercó al borde de un precipicio. Sin evitarlo, cayo…

    Hijo se levantó de la cama muy asustado. Respiró hondo para tranquilizarse.

    —Fue sólo una pesadilla. Ah, no pasa nada— se dijo con alivio mientras se limpiaba el sudor de su frente y volvía a tumbarse en el colchón, pero esta vez no durmió.

    Los dos secuaces de Triple corrían con todo lo que deban a la plaza, mientras discutían.

    —Es increíble que hayas dejado al jefe solo— reprochó uno de ellos.

    —Ah, no; a mí no me eches la culpa. Tú empezaste con lo de las damas chinas y dijiste que fuéramos a ver el partido.

    —Bien pudiste haberme dicho que no y así nos hubiéramos ahorrado el lío en el que estamos.

    —Anda, sígueme echando la culpa que al cabo qué.

    Los secuaces llegaron a la plaza y se dirigieron a donde sabían habían dejado a Triple. Al verlo, no pudieron evitar reírse de él. La impresión de verlo maquillado fue demasiada para este par de tontos. Ninguno de ellos dejó de reírse hasta que notaron que Triple tenía un chapulín en el estómago.

    —Mira lo que tiene el jefe.

    —No te apures, yo lo mato.

    El secuaz se quitó el zapato y el otro le advirtió:

    —No le vayas a pegar al jefe.

    — ¿Qué me crees?

    El secuaz se acercó a Triple cuidadosamente para que el chapulín no se asustara y se fuera. Entonces… golpeó y golpeó a Triple por todos lados sin notar que el chapulín había saltado lejos de allí, por lo que el torpe del secuaz siguió golpeando a Triple, quien obviamente despertó ante la agresión y gritó:

    — ¡Oye… ¿qué?!... ¿¡Rayos!?... ¡Au, au, au!... Espera… ¡Torpe!...

    Y se movió y se movió. Tanto se movió que se cayó de la banca donde reposaba, boca abajo. El secuaz se asustó y le dio el zapato a su compañero, quien atinó a esconder la evidencia tras de sí. Recordó algo.

    —Espera un momento. El zapato es tuyo.

    Le entregó el zapato a su dueño que presuroso se lo puso. Los dos secuaces dieron un par de pasos hacia atrás porque Triple seguía en el suelo, gimiendo de dolor. Un momento más duró así antes de levantarse muy enojado y mirándolos con reproche les gritó:

    — ¡¿Cuál es su problema?!

    —Jefe yo… jajaja— los secuaces comenzaron a reírse.

    — ¿Qué? ¿De qué se ríen?— interrogó el ojiverde.

    —Jajaja, es que… jajaja— los secuaces simplemente no podía decirle que estaba maquillado porque la abundante risa no se los permitía. Los secuaces ya estaban rojos de tanta risa; ya hasta les dolía un costado de tanto reír. ¡El colmo! Se echaron sobre el suelo dejando escapar las carcajadas junto con ellas, las lágrimas.

    — ¡Están dementes!— les gritó Triple alejándose de la plaza dejando a sus secuaces allí.

    De camino a su casa, Triple observó que las personas se estaban riendo de algo, pero él no supo de qué e incluso notó que algunos jóvenes le daban el paso muy burlescos.

    —La gente está portándose muy amable y eso me asusta— se dijo con temor por lo que caminó más deprisa para llegar a su casa rápidamente.

    En la plaza los secuaces aún en el suelo, estaban tratando de calmarse pues ya no podían reír más.

    —Ay, ay, este dolor de costado es horrible— aseguró uno de ellos.

    —A parte de eso, vamos a morir.

    — ¿Ah, caray? ¿Por qué?

    —Por no decirle al jefe que estaba pintado y sí él se da cuenta, pues nos mata.

    —Ah… ¡Jefe, espere!— ambos gritaron y corrieron en busca de Triple.

    Buscaron un buen rato por los alrededores y al no encontrarlo, se encaminaron a su morada. Allí lo encontraron, pero fue muy tarde, Triple estaba casi adentro.

    — ¡No!— gritaron los dos sintiéndose ya en el féretro.

    Triple entró a la casa y el resto de los secuaces, al verlo, también soltaron la carcajada. Uno de ellos le preguntó, aún riendo:

    —Jefe, ¿pero qué le pasó? Jajaja, ¿quién lo puso tan bonito? Jajaja.

    Triple se preguntó de qué rayos hablaban todos, así que se dirigió al baño para verse en el espejo, descubriendo así, el lindo maquillaje que adornaba su rostro. El grito fúrico del castaño traspasó las risas de todos, haciendo que los secuaces se callaran. Triple comenzó a lavarse la cara mientras los dos secuaces que estaban afuera ingresaban a la casa. Una vez Triple hubo terminado de enjugarse, salió del baño y tomó a esos dos por la camisa y acercándolos a él, les inquirió furioso:

    — ¡¿Quién me hizo esto?!

    —N-No, no sabemos— respondió uno de ellos.

    — ¿Cómo que no saben? ¿Entonces para qué diantres los quiero si no saben hacer nada bien? ¡Díganme qué pasó! ¿Por qué no saben?

    —Es que nos fuimos cuando se quedó dormido.

    — ¿Qué? ¡Par de inútiles!— Triple los soltó—. ¡Ah! Un día de estos voy a despedirlos.

    Los secuaces se abalanzaron contra Triple, al escucharlo, mientras le rogaban:

    —No, jefe, por favor, no nos despida. Usted es todo lo que tenemos.

    Triple se los saca de encima empujándolos.

    —Está bien ya basta. Era sólo una broma.

    Los secuaces sintieron un enorme alivio ante las palabras escuchadas por su mayor. Triple, en cambio, se dijo a sí mismo:

    — ¡Rayos! ¿Ahora con qué cara voy a salir a la calle?

    —Pues con la suya, ¿no?— le dijo un secuaz.

    —No, idiota. No me refiero a eso— Triple respiró con profundidad para calmarse y llenarse de mucha paciencia—. Ahora, cada vez que la gente me vea…— Se imaginó a todos burlándose de él—. ¡Rayos! ¿Ahora qué voy a hacer?— piensa en un plan—. ¡Ustedes dos!— gritó a los dos secuaces que al principio lo acompañaron a la caminata—. Acompáñenme de nuevo al pueblo, pero esta vez hagan bien su trabajo, ¿entendido?

    — ¡Sí, jefe!

    Así, los tres volvieron al pueblo.

    Hijo seguía acostado sobre su cama, despierto, mirando el techo como si no hubiera un mañana. Entonces se levantó con toda la flojera del mundo, no porque fuera su deseo hacerlo, es más, si por él fuera se quedaba todo el día tumbado en su lecho, pero no pudo hacerlo así debido a que el hambre fue más poderosa que su ambición. Antes de salir de su habitación se arregló bien las ropas y, ahora sí, se dirigió a la cocina donde comió un par de donas, se tomó un vaso de leche y como postre engulló medio melón. Después de pasar otro rato, aburrido, decidió ir a buscar a sus amigos a ver si lo acompañaban al restaurante a comer. Antes de salir de su hogar, tomó una manzana para merendarla en el camino. No mucho después se encontró con sus amigos en el camino.

    —Hijo, ¿descansaste bien?— Flor fue la primera en saludarlo y preguntar.

    —No tan bien como yo quería, pero sí, algo.

    —Íbamos a tu casa, ¿a dónde vas tú?— fue el turno de Coletas interrogar.

    —Estaba buscándolos para preguntarles si me querían acompañar al restaurante a comer.

    — ¿Para qué? Si ya estás comiendo— indagó Coletas nuevamente.

    —Esto no es comer— se defendió Hijo—. Esto es sólo un aperitivo, la entrada; así como lo fueron el medio melón que me comí, el par de donas y el vaso de leche.

    —Típico en ti, Hijo— concluyó Coletas pensando que su amigo no tenía remedio.

    —Bueno, ya estuvo. ¿Me acompañan o no?

    —Está bien, vamos.

    De camino al restaurante, Hijo se terminó su manzana y poco después su estómago se escuchó, pidiendo más alimento. El dueño se quejó.

    —Ay, qué hambre tengo.

    —Tragón, ¿de verdad tienes hambre?— cuestionó Coletas. A veces simplemente no podía acostumbrarse a su amigo.

    —Tanta que me comería un elefante— aseguró éste.

    —Es increíble que no engordes— exclamó Rojita.

    —Es cierto, debe ser muy difícil mantener tu físico— concordó Flor con una risita incluida.

    —La verdad es que sí. Tú sabes, tengo que hacer mucho ejercicio— informó Hijo, presumiendo.

    —Jajaja, no me hagas reír, ¿quieres?— pidió Coletas burlándose—. Mira, Hijo, si dormir en exceso es ejercicio, entonces éste te fascina.

    — ¿Estás bromeando? Me encanta el ejercicio y el practicarlo me ayuda a ser un as en los deportes— volvió a presumir.

    —Uy, sí; por eso siempre te gano, ¿verdad?— los descubrió Coletas.

    Hijo ya no dijo nada y su rostro se tornó rojo de vergüenza. El resto del camino lo hicieron en silencio. Cuando llegaron al restaurante y entraron, tomando asiento, vieron a Lin-Lin tomar el pedido de los demás clientes, presurosa. Esperaron con paciencia a que la joven se acercara a ella, lo que sucedió un rato después.

    —Hola— saludo a todos, luego se dirigió a Hijo—. ¿Descansaste?

    —Un poco, ¿por qué?

    —No, nada más. ¿Qué van a pedir?

    Todos ordenaron su comida. Una vez lo hicieron, esperaron a que estuviera lista y llegó, los cuatro empezaron a degustar del manjar. Una vez terminaron, Hijo, satisfecho, vociferó:

    — ¡Ah, por fin! Creo que ahora sí podré descansar bien y podré soñar con algo rico. Coletas, vamos a mi casa, tengo algo que mostrarte.

    — ¿A mí?

    —Sí, quiero enseñarte el nuevo comic que salió del Sr. Espacio.

    — ¿En serio?— la emoción no pudo ocultársele—. ¿No les molesta que nos retiremos?— les preguntó a las chicas.

    —En absoluto, vayan— accedió Flor teniendo el respaldo de Rojita.

    Ambos les dieron las gracias y se fueron de allí. Una vez a solas, Flor comentó:

    — Qué chicos y sus cosas de hombres, ¿cierto?

    Al escucharla, la pelirroja lanzó una leve risa y con sus dedos hizo el además de las comillas, respondiendo:

    —Sí, “cosas de hombres”.

    Triple caminaba por la plaza. Bostezó y ante la acción uno de sus secuaces le preguntó:

    — ¿Aún está cansado?

    —Claro que sí, no he podido descansar bien.

    Repentinamente, Triple se detuvo provocando que sus subordinados lo imitaran. Observó con detenimiento como Coletas cruzaba la plaza mientras mantenía su conversación con Hijo.

    — ¡Tú!

    Coletas escuchó la inconfundible voz de Triple y viró su cabeza a donde supo, por la voz, que se encontraba su némesis. No le gustó para nada la apariencia fúrica del otro.

    — ¡Fuiste tú el que me pintó, ¿verdad?!— razonó Triple.

    — ¿Eh? ¿Yo? No, claro que no…— pero Coletas no pudo seguir defendiéndose porque, al ver que Triple se le lanzaría encima con todas la intenciones de hacerlo pagar por algo que no hizo, salió corriendo. Los secuaces corrieron detrás de patrón e Hijo detrás de los secuaces.

    —Ahora sí, Coletas. ¡Me las vas a pagar!— le gritó Triple, más que airado sin dejar de correr.

    El pobre Coletas nada podía hacer, salvo seguir huyendo. El pelinegro entró al parque, por lo que todos los integrantes de la fila india que se había formado sin querer, entraron también. Coletas estaba ya cansado de correr tanto y de tener que soportar al tonto de Triple que no quería escucharlo para poder explicarle el malentendido.

    Hijo, que era el de la cola, se detuvo y se dijo con respiración entrecortada, jadeando:

    —Lo siento… amigo… pero… ya… no… puedo más.

    Con esto, se sentó bajo la sombra de uno de los copiosos árboles y, sin darse cuenta, se quedó profundamente dormido. Después de unos minutos, Coletas pasó corriendo por allí y vio a su amigo dormido.

    — ¿Hijo? ¿Estás dormido?

    Se acercó al chico y, en efecto, dormía como un bebé. Lo miró unos instante más y un bostezo escapó de su boca. Las ganas de también dormir lo sorprendieron; pero no negándose el gusto tomó asiento a un lado del otro y cerró sus ojos. Momentos después, Triple, muerto de cansancio, llegó a donde estaban y al ver a Coletas, dijo:

    —Por fin… te tengo— se acercó a él y bostezó de manera prolongada—. Por fin… aquí y… ahora— volvió a bostezar—. Podré, podré…— se sentó a un lado del par, disfrutando de la sombra y sin darse cuenta, empezó a cabecear—. Podré… vengarme— fue la última palabra que salió de sus labios porque el cansancio previo y la fatiga de la carrera lo derrotaron, por lo que quedó dormido.

    Los dos secuaces pasaron por allí y vieron a los tres dormidos al pie del árbol, bajo la fresca sombra de éste. Los dos intercambiaron miradas. Se encogieron de hombros, se acercaron a la sombra, se acomodaron en un buen lugar y decidieron acompañar al trío en su reposo.

    —Dulces sueños— dijo un secuaz antes de perder por completo la inconsciencia.

    Una vez mas, gracias, gracias. Hasta el siguiente capitulo.

    Bye.
     
  19.  
    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

    Tauro
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    Ahahaha, estos chicos son cada vez más ocurrentes xDD. Leí el otro capítulo, pero no pude comentarte, ufff, pero aprovecho ahora para brevemente decirte que esa noche en la fortaleza del jefe y el misterioso fue de aventura xDD ¿Luu? Ah, me gusta que le digan Junior a Triple. Su molestia por ese nombre es graciosa. Yo pensé que sólamente yo odiaba mi nombre xDD

    Coletas y Hijo fueron muy amables con Fea por ayudarle a encontrar al amor de su vida. Lo que me hace pensar que Payaso y el otro, ¿cómo se llama el otro compañero? ¿Jumbo? no estaban disponibles para correr con ella esa aventura xDD
    Muy bien capítulo.

    Y este, ¡genial! Me ha hecho reír bastante. Dulces sueños le quedó muy bien. ¿La venganza de la novia III? Pude imaginarme una película llena de suspenso, terror y misterio. Seguro y lo era como para haberlos desvelado de esa manera... aunque Coletas ni la vio xDDD jajaja, pasó los minutos de la película dormido, por cierto, que lindo comenzó este capítulo. Es la primera vez que pones de esa manera a Rojita y a Coletas, me encantó aunque sólamente fuera en un sueño xDD

    Sin duda el final me divirtió bastante. Ahora puedo ver a esos cinco dormidos en pleno día en la plaza de Sosonia, jajaja, que lindo cuadro xDDD

    Espero el próximo capítulo. Gracias por entretenernos con tus ocurrencias plasmadas en estos lindos personajes que habitan este extraño pueblo llamado Sosonia xDD.
     
  20.  
    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

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    Ay, si me ah encantado el capitulo. Jajaja, yo tambien me imagine la pelicula si como que bien terrorifica. Uff, no, entiedo a aquellos que no durmieron por verla, de ninia tambien solia pasarme eso, jajaja. Al principio no entendia el titulo, pero al final me quedo claro y como dice Marina, el cuadro que conformaron los cinco se imagina lindo.

    Lin-Lin es por demas malvada, me encanta! Creo que penso: Triple me fastidia todo el tiempo, es mi turno de fastidiarlo un poco". Jajaja, bueno eso me parecio a mi, parece que no puede dejarlo en paz, eh? Ok, ok, no sigo con mis ocurrencias, solo pido el siguiente capitulo.

    Hasta otra.
     
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