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Personas reales Sin remedio

Tema en 'Otros Fanfiction' iniciado por Andrea Sparrow, 16 Enero 2015.

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    Andrea Sparrow

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    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    15
     
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    629
    Este fic está basado en varias canciones de Camilo Sesto y su personaje estará presente aunque no llevará el mismo nombre. Espero les guste.

    SIN REMEDIO
    [​IMG]
    Capítulo 1 Sueños infantiles

    - ¡No corras tanto, Onasis!- gritó la pequeña Melina, sintiendo cómo su corazón se agitaba demasiado con la carrera.

    - Eres muy lenta, Melina- señalaba Onasis, deteniéndose a respirar el aire puro.

    Melina corrió y se cayó sobre el césped. Onasis corrió a encontrarla y la ayudó a levantar.

    - ¿Estás bien?- preguntó tiernamente.

    Melina se levantaba con cuidado. Onasis le sonrió.

    - Qué susto me diste.

    La chiquilla se limpió la carita. Algunas lágrimas rodaron por sus mejillas pero Onasis sacó un pañeulo y las borró de su faz.

    Una sonrisa cómplice acompañaba sus juegos.

    De pronto, un grito sonó no lejos de ahí.

    - ¡Melina! ¡Melina!

    El chico dijo a la niña.

    - Si no vas se enfadarán…

    - No quiero ir…papá no me deja jugar- respondió la pequeña.

    El padre de la niña se acercó.

    - Aquí estás…

    - Se cayó pero está bien- dijo el niño.

    De pronto, el padre de la pequeña dijo:

    - No tienes nada que hacer con mi hija. Sabes que no quiero saber que te acercas o que hablas con ella.

    - Pero yo…

    - Ya lo dije y no pienso repetirlo, Onasis. Así que es mejor que dejes a Melina en paz.

    La niña se despedía llorando. El pequeño Onasis se quedaba triste, sabiendo que el padre de la niña no lo quería cerca de ella.

    Melina preguntó a su padre.

    - ¿Por qué?

    - Porque es pobre…porque él no es de tu clase. Es un inmigrante y esa gente no tiene futuro. Él no te conviene como amigo. Y no quiero que me desobedezcas porque me enojaría mucho contigo.

    Melina se secó el llanto.

    - Prometo obedecer, papá…



    Sin embargo, la siguiente semana, a la hora del recreo, Onasis se asomó a un costado de la reja de la escuela.

    - Te traje dulces- dijo Onasis.

    - Papi no quiere que te vea- contestó Melina.

    - ¿Y tú?

    - Yo no quiero que te vayas…-añadió la niña.

    Onasis sonrió. Y así, cada tarde se veían a escondidas hasta que el recreo terminaba.



    2 años después…

    Melina salía de la secundaria. Corrió hacia la reja justo a la hora de partir.

    El rostro de un muchacho pobre se acercó. Melina le dijo:

    - Onasis…creí que no vendrías…necesito hablar contigo…y tiene que ser hoy mismo…por favor.

    - ¿Qué quieres decirme?- preguntó Onasis.

    - Mi padre…quiere llevarme lejos…

    El muchachito comenzó a llorar desconsoladamente.

    - Entonces…¿ya no te veré más?

    - No- dijo Melina, llorando también.- No sé si pueda regresar…ni cuándo.

    Onasis continuó.

    - Entonces…debes venir conmigo ahora.

    La ayudó a trepar la verja de la escuela y se la llevó corriendo hasta un jardín.

    Estando ahí, Onasis le dijo:

    - Quiero que sellemos una promesa…

    Tomó su mano y le entregó una hermosa flor de oro.

    - Yo tengo una igual…mira. Si tú la guardas, cuando nos volvamos a encontrar, nos reconoceremos…

    - ¿Y si cuando vuelva, te encuentro con alguien más?

    Onasis le pidió.

    - Vamos a prometernos que cuando nos volvamos a encontrar, uniremos la sangre de nuestras manos y luego nos casaremos…entonces, nadie podrá separarnos.

    Melina sonrió.

    - Te lo prometo…jamás me uniré a nadie más que no seas tú…

    Y el primer beso selló aquella primera promesa de unión…

    Horas más tarde, Melina partió en un avión, lejos de su patria. Y los ojos de Onasis la despidieron con llanto tratando de no morir de dolor.
     
    Última edición: 16 Enero 2015
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    Capítulo 2 Amor…amar

    Yo no tengo alas para decirte mis heridas…

    Y en el cielo pasan nubes del pájaro de nieve,

    Amor, si tu dolor fuera mío y el mío tuyo,

    Qué bonito sería, amor, amar… (Camilo Sesto)

    [​IMG]


    Canturreaba Onasis, quien ahora era un artista famoso. La vida lo había llevado a encontrar a gente capaz de ayudarlo a lograr su más anhelado sueño.

    Tenía fama, fortuna, era un muchacho con talento. Su familia estaba orgullosa de él.

    Aquella noche cantaba esa canción tratando de conquistar con ella el corazón de muchas chicas que habían ido a escucharlo. Pero dentro de él, el corazón que más le interesaba era el de otra mujer…

    Habían pasado ya diez años…ahora él tenía 22 y Melina debía tener 20. ¿Cómo estaría? ¿Sería feliz?

    Terminó de cantar y volvió al camerino. Ahí lo esperaba su tío paterno.

    - Tío…¿has venido?

    - Sí, te esperan en la casa.

    - Me alegra verte.

    - Te escuché cantar. Lo hiciste muy bien.

    - Gracias…¿quieres que nos vayamos ya?

    - Si ya estás listo.

    - Por supuesto. Vamos.

    Se preparó para salir del lugar y al llegar una hermosa recepción alegró su corazón.

    Luego se dedicó a saludar a los miembros de su familia.

    - Me siento tan alegre de estar con vosotros- dijo al fin.- Sois lo mejor que me ha pasado en la vida.

    - A partir de ahora todo será alegría, Onasis.

    El muchacho sonrió. Pero sí había algo que mortificaba su sensible corazón…



    Una chica descendía de un lujoso auto.

    Ya dentro de la casa, se sentó y se sintió abrumada.

    - Por fin, de vuelta.

    Su padre le dijo.

    - ¿Cómo te sientes?

    - Algo agotada…sabes que no estaba segura de querer volver…

    - Sí, lo sé pero era prudente volver. Dime, ¿quieres descansar?

    - Sí, por favor…déjame sola un momento, papá.

    El padre se marchó. Luego sacó de entre su ropa una flor de oro y se dijo:

    - ¿Cómo no iba a querer volver para verte, Onasis?
     
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    [​IMG][/URL][/IMG]
    Capítulo 3 Mendigo de amor

    La luz de la tarde

    Venía de ti

    Cuidabas las flores

    Y al viejo jardín…

    Yo andaba despacio

    Simulando no mirar

    Y tú me llamabas

    Y me dabas de tu pan…


    Soy pobre del mundo

    Mendigo de Dios

    Manchado de amores,

    Ladrón de calor

    Y vivo en tu puerta

    Por robarte un solo mirar

    Soy pobre del mundo

    Un mendigo de amor…




    Onasis componía esa canción. Las notas llegaban solas a él…un sueño lo ayudaba a crear. Sus ojos cerrados le permitían ver a la mujer a quien esperaba.

    La canción le había concedido imaginar que tenía a Melina junto a él…que podía ser mendigo de su amor aunque fuera unos momentos. Como si él pudiera acercarse a su reja y cantarle…y decirle lo mucho que la amaba.

    Pero el tiempo había pasado y no había señales de ella.

    Su tío se acercó.

    - Onasis…es hora de ir al centro nocturno.

    - Sí, tío, gracias, ya casi terminaba de arreglarme. En un momento estaré listo.

    Guardó su guitarra, fue por su traje a la habitación, se arregló a fin de salir y se decidió a dar lo mejor de sí aquella noche…

    Cuando llegó, el lugar estaba repleto de chicas. Había también hombres importantes. Estaba un tanto nervioso, como si fuera a encontrar algo nuevo, como si aquella noche algo lo pudiera sorprender.

    Salió al escenario y su voz comenzó a resonar en el lugar:

    Tan sólo una mirada


    Y ya te comprendo


    Tan sólo un pensamiento nos une a los dos…


    Una palabra y ya te siento,


    Por ti he llorado por fuera y por dentro,


    Me basta pensar en ti y ya te tengo…


    Yo tengo un alma blanca que está envejeciendo


    Y tengo tanto que darte y todo se está perdiendo,


    Mi vida camina sobre un alambre


    Yo he nacido para sufrir…


    Porque he nacido para ti…


    SI VOLVIERA A NACER, VOLVERÍA A QUERERTE SIN REMEDIO,


    SI VOLVIERA A NACER, VOLVERÍA A PERDERTE SIN REMEDIO…


    NO HAGAS CASO DE LO QUE DIGO,


    DEJAME QUEDARME UN RATO O SIEMPRE CONTIGO…


    Si vas buscando amor por otros caminos…


    Acuérdate de mí, soy tu mejor amigo…




    Ahí descubrió que sus palabras llegaban a la persona correcta. La encontró al fin…y ella estaba radiante de felicidad.

    Cuando terminó de cantar, ella lo fue a saludar al camerino.

    - ¿Onasis?

    - Melina…

    Él sonrió pero no se atrevió a tocarla.

    - Buenas noches…¿cómo estás?- preguntó ella.

    - Bien, gracias. Como ves, cantando en este sitio. ¿Y tú? ¿Has vuelto de verdad?

    - Sí, Onasis…quizás para siempre.

    El padre de Melina estaba cerca. La muchacha sonrió y dijo.

    - Me voy…me busca mi padre. Pero te escucharé cantar en un rato más.

    Onasis respondió.

    - Voy a cantar algo que te hará muy feliz, ya verás…
     
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    702
    Capítulo 4 Melina

    La canción flotó al aire:

    Eres fuego de amor, luz del sol, volcán y tierra

    Por donde pasasa dejas huella,

    Mujer, tú naciste para querer

    Has luchado por volver

    A tu tierra y con tu gente.

    Has vuelto, Melina…

    Alza tus manos hacia Dios

    Que él escuche tu voz,

    Has vuelto Melina…

    Tus ojos reflejan el dolor

    Y tu alma el amor…

    La huella de tu canto echó raíces

    Y vuelve a reír tus ojos grises, Melina…

    Larararararaira

    Tu vida y tu razón es tu país

    Donde el mar se hizo gris

    Donde el llanto ahora es canto

    Has vuelto Melina…

    Ella sonreía al saber y entender que esa canción era sólo para ella.

    Onasis sabía lo que estaba causando en el corazón de Melina. Volvió al camerino. Melina no fue a donde él.

    Cuando volvió a cantar, Melina ya no estaba.



    Aquella noche la pasó componiendo. No había podido dormir un segundo. Si ella volvía tenía que hacerle saber lo que tanto deseaba.

    Ella, por su parte, había pasado el tiempo con unas amigas y luego decidió ir de compras.

    Pero dijo a su padre que iría con una de ellas para quedarse en su casa.

    - Mañana me dejarán de nuevo en la casa.

    - No me gusta que hagas eso, Melina- respondió el padre.

    - No te preocupes, todo estará bien. Seré buena chica.

    - Está bien, compra todo lo que quieras. Podrás divertirte mucho. Es lo que mejor puedo hacer por ti.

    Cuando su padre se marchó, Melina se dijo.

    - Tú no puedes darme el amor, papá…



    La hora de volver al centro nocturno llegó.

    Onasis se preparó para cantar. Estaba sumamente nervioso. ¿Cómo saber si Melina volvería?

    Se asomó. Melina aún no llegaba. Tenía que hacerle saber lo que tanto deseaba.

    Se colocó sobre el escenario y las notas apasionadas comenzaron a brotar:

    Decir te quiero y decir amor no significa nada,


    Las palabras sinceras, las que tienen valor son las que salen del alma,


    Y en mi alma nacen, sólo palabras blancas,


    Preguntas sin respuesta llenas de esperanza.


    Un amor como el mío no se puede ahogar como una piedra en un río


    Un amor como el mío no se puede acabar, ni estando lejos te olvido


    Y no se puede quemar porque está hecho de fuego,


    Ni perder, ni ganar, porque este amor no es un juego.


    SUEÑOS QUE SON AMOR,


    SUEÑOS QUE SON DOLOR,


    YO NECESITO SABER


    SI QUIERES SER MI AMANTE.


    Es bonito reír, amar y vivir todo por alguien


    Y si es preciso sufrir, llorar o morir por ese alguien


    Yo necesito saber, si quieres ser mi amante,


    Yo necesito saber si quieres ser mi amante.


    SUEÑOS QUE SON AMOR,


    SUEÑOS QUE SON DOLOR,


    YO NECESITO SABER


    SI QUIERES SER MI AMANTE.


    Terminó la canción.

    Bajaba las escaleras hacia el camerino, cuando una mujer lo alcanzó.

    - Onasis…

    El muchacho apenas pudo reparar en el espacio, que se llenó inmediatamente con el cuerpo de Melina que deseaba sus abrazos y ofrecía sus labios en un tierno y profundo beso.

    Onasis no se pudo resistir.

    - Melina…te amo tanto…

    - Yo…yo sólo he vuelto por ti…sí, quiero ser tu amante. Llévame contigo…por favor. Quiero estar contigo, esta noche.

    - Melina…yo también te necesito. Ha sido demasiado tiempo sin ti…pero tengo miedo por ti.

    - No te preocupes. Mi padre cree que me voy a quedar con una amiga. Pero en realidad…voy a quedarme contigo…quiero ser tuya.

    La alegría no cabía en el corazón de Onasis a causa de aquella próxima entrega.

    - Te prometo hacerte feliz…- dijo mientras la besaba apasionadamente.- Te prometo que esta noche vamos a soñar juntos…vamos a comernos a besos…vamos a olvidarnos del mundo…vamos a fundirnos sin espacios…

    Otro largo beso encendió la hoguera del amor.

    - Ven…voy a dar la indicación para irnos juntos a mi departamento. Nadie nos molestará, lo prometo.

    Melina sonrió. Iba a pasar su primera noche con el hombre a quien tanto amaba.
     
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    Capítulo 5 Fresa Salvaje

    La noche sorprendió a aquellos jóvenes amantes a los que la ropa comenzaba a estorbarles y las caricias y los besos les fluían de las manos y los labios…

    Onasis acariciaba por primera vez el cuerpo de Melina, saboreando cada centímetro…Melina temblaba mucho por la novedad de aquel amor.

    Los labios de Onasis devoraban su piel y sus ojos escudriñaban su tierna desnudez…ella lloraba de emoción y sentía que el alma se le salía del cuerpo, al tiempo que él se llenaba del sabor de su cuerpo.

    - Me muero por ti, Melina- susurraba.

    Melina gemía sin control. Pero el temor también la dominaba.

    - ¿Me harás tu mujer?

    - Sí- dijo él mientras buscaba el espacio para hundirse ferviente en su ser.- Mía…mía para siempre.

    Y al ritmo de una vieja canción, sus cuerpos se mecían una y otra vez deseándose y ardiendo de placer.

    - Melina…apenas puedo creer que estoy en ti…lléname de ti por favor…

    - Onasis…te siento…me invade tu calor…soy tuya…nunca pensé que se pudiera amar así…

    - Si tu dolor fuera mío y el mío tuyo…qué bonita sería, mi amor…-musitó mientras sentía que la vida se le escaba en un estremecimiento ideal y apasionado.



    La siguiente noche en el centro nocturno, Melina escuchaba una canción que le decía lo que él tanto le había demostrado en el amor:

    Fresa salvaje, con cuerpo de mujer,


    Hay vida en tu vida


    Pero hay algo que no ves…


    Fresa salvaje…yeah…


    Fresa salvaje, agua de manantial…


    Río sin cauce…dime dónde vas…


    Ohh, ohh…


    Tus pasos seguiré…


    Sobre tus huellas caminaré


    Y como un perro fiel ama a su dueño yo te amaré…


    Quizás, así sabrás, que sólo vivo por ti…


    Ohh…yeah, yeah…


    Fresa salvaje,


    Con cuerpo de mujer,


    Hoy me has dado tu vida


    He vuelto a nacer…yeah, fresa salvaje, ohh…




    Melina entendía mucho más de lo que Onasis quería decirle. Pero se entendían con sólo mirarse.

    Y aquella noche, se miraron y el amor se fue desprendiendo de su cuerpo.

    Hoy como mañana y como siempre


    Y de enero a diciembre


    Una cama blanca como la nieve


    Será nuestro refugio de 6 a 9


    De 6 a 9…


    Tiempo de amor, amor a oscuras


    Que tan sólo un cigarrillo


    De vez en cuando alumbra


    Ese amor que vive en penumbra


    Que vive en penumbra…


    A escondidas, tengo que amarte


    A escondidas, como un cobarde


    A escondidas, cada tarde,


    Mi alma vibra, mi cuerpo arde,


    A escondidas, cada tarde,


    Te siento…piel de angel.




    Y el estallido de sus cuerpos les reveló que se amaban más de lo que imaginaban. La tranquilidad les llegó y pudieron encontrar un sueño de amor entre los brazos de Morfeo.



    La madrugada los despertó para encontrar un momento en el cual conversar.

    - ¿Qué hacías lejos de mí?

    - Extrañarte cada día, anhelar estar entre tus brazos.

    - Yo también soñaba con tu cuerpo…con tus besos…con tus palabras. Quería sentirte tuyo y sentirte mía…y a partir de ahora, no te dejaré ir. Nos casaremos…tu padre no podrá negarte a mí.

    - No sé qué pensará, pero por ahora…sólo quiero pensar en nosotros…en lo que estamos sintiendo.

    - Yo también pienso así. No quiero pensar en nada que no sea amarte como un loco.

    Un beso apasionado los ayudó para poder unirse de nueva cuenta sin espacios.

    Durante los momentos en que se poseían una canción sonó en el corazón de los dos:

    Amor de mujer…


    Es como un juego de azar


    Que da la buena suerte o te la puede quitar…


    Amor de mujer,


    A veces fuego y a veces hielo,


    Salvaje y tierno, mezcla de infierno y cielo.


    NO ME DIGAS ADIOS JAMÁS


    NO TE QUIERO PERDER JAMÁS, JAMÁS…


    NO ME DIGAS ADIOS JAMÁS, JAMÁS


    NO ME DEJES DE AMAR…


    - Jamás dejaré de amarte, Onasis- contestó Melina.

    - Yo pensé que todo el tiempo que no estuvimos juntos te iban a apartar de mí- explicó Onasis, mientras acariciaba su piel entre las sábanas.

    - Eso es imposible. Si cada noche soñaba con tus besos…con sentirte como ahora. Me soñaba a tu lado, tratando de emular tu presencia. Y apenas me enteré que estabas cantando, convencí a mi padre para que volviera.

    - ¿Cómo lo convenciste?- preguntó de nuevo Onasis entre besos cortos.

    - Le dije que quería estudiar de nuevo acá. Que quería formar una carrera aquí, que no se preocupara por mí. Y me entendió. De hecho, él no sabe para nada que te iba a ver acá.

    Onasis la estrechó contra su cuerpo.

    - Eres tan hermosa…y confiaste en mí durante estos años. Yo sólo te imaginaba…soñaba con verte convertida en mujer para vivir juntos estos instantes. Te amo demasiado, Melina.

    - Yo estoy feliz de volver acá y de saber que voy a ser útil a mi patria. Pero más porque vamos a cumplir la promesa que nos hicimos de niños.

    Él le preguntó.

    - ¿Aún la recuerdas?

    - Sí, Onasis…claro que la recuerdo…es el baluarte con el que he crecido. Lo que ha sostenido tu ausencia durante estos años. Tú tampoco la has olvidado, ¿cierto?

    - No…claro que no. Tengo la flor de oro guardada entre mi ropa…y no pienso dejar de cumplirla. Y esta noche…no te apartarás de mí. Te enviaré a casa con cuidado.

    - No te preocupes. Iré con una amiga y mi padre irá por mí allá. Pero no será ésta la única vez que nos vemos. Quiero que estemos juntos todo el tiempo…que nos encontremos para estar juntos, aunque se así, por ahora…a escondidas…

    - Tal vez pronto ya no sea necesario, mi amor- susurró Onasis sobre sus labios y le regaló un momento apasionado al que ella no pudo resistirse…
     
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    Cap. 5 Has nacido libre

    Aquella noche, Melina sintió que las fuerzas la abandonaban. Sólo quería escuchar la respiración de Onasis junto a ella mientras dormía. Sus brazos la acorralaban. Se sentía segura. Pero sabía que aquella situación no iba a durar por siempre. ¿Qué hacer, si su padre se daba cuenta que aquél muchacho había vuelto a su vida y ahora era más que una ilusión?

    Onasis de vez en vez paseaba sus manos por la piel de Melina y besaba sus labios furtivamente. Ella sonreía entre sueños y despertaba para decirle un te amo colmado de pasión.



    Clareaba. Despertó…apenas podía creer que estaba con el hombre que amaba. Lo miró dormir. Sonrió. Se veía realmente bello. Él entreabrió los ojos con lentitud. Cuando se dio cuenta, ella ya estaba vestida.

    - ¿Qué haces?- preguntó Onasis.

    - Vestirme para irme…es hora, amor…

    Onasis se incorporó y le evitó ponerse de pie.

    - No te vayas…todavía no es tiempo.

    - Onasis…tengo que volver allá para poder regresar contigo…es lo que por ahora podemos prometernos.

    - No puedo dejar que te vayas. ¿A qué hora irá tu padre?

    - No lo sé…entre más tiempo pase es mejor…

    Onasis le pidió que le contara.

    - Dime…¿acaso tu padre te trata mal?

    - No exactamente. Lo que sucede es que…realmente creo que no le importo…

    Onasis negó.

    - Me parece extraño…¿cómo es que no te pone atención? Te cuida, ¿cierto?

    - Sí…pero más bien, me vigila. Sólo quiere tener la razón. Cuando él quiere estar con las mujeres con las que sale, yo ya no le hago falta. Me la paso encerrada.

    Onasis besó su mano.

    - En cuanto le pida tu mano, le haré ver que está equivocado.

    - Tengo miedo, Onasis- dijo, abrazándolo con fuerza.

    Onasis sonrió y le besó los labios un segundo.

    - Dime, ¿por qué tienes miedo? Tú no eras miedosa cuando éramos niños. Te recuerdo valiente, decidida…no puedes haber cambiado tanto.

    Ella comenzó a llorar. Entonces Onasis le cantó una canción:





    Ella sonrió la letra era muy hermosa.

    - Nuestro amor es prohibido porque así lo ha querido mi padre.

    - Sí…para él tú y yo no somos de la misma naturaleza. Pero sabes que no es cierto y que yo he triunfado sólo para poder estar contigo.

    - Me alegra tanto tu triunfo. Estoy muy orgullosa de ti.

    - Venga, ya no llores. Ven…¿quieres que yo te consuele?

    Ella sonrió entre lágrimas y dejó que él la cubriera de besos para olvidarse de los temores.



    Cuando llegó la hora de marchar, ella le pidió.

    - ¿Cuándo nos veremos?

    - Cuando tú quieras…búscame en el centro nocturno cuando puedas. Sólo no te arriesgues porque no quiero que te pase nada. Y en cuanto sea posible, iré a hablar con tu padre. Lo prometo.

    - Tengo miedo de que no te acepte tan sólo por tener la razón.

    - No te preocupes…no creo que sea así. Tu padre sabrá que ya soy un hombre y que puedo cuidar de ti y hacerte feliz. Debe aprender a confiar.

    - A él no le importa eso…es capaz de hacer lo que sea con tal de que yo obedezca sus órdenes.

    - Entonces…si fuera posible…¿te irías conmigo en la próxima gira?

    - Onasis…no sé.

    - Por favor…dime si estarías dispuesta a seguirme aunque tu padre no me aceptara…

    Melina asintió perdiéndose en los ojos de Onasis.

    Él sonrió y la besó.

    - No te preocupes. Tu padre entenderá.

    Se prepararon para salir. Melina esperaría a su padre en la casa de su amiga.



    Al día siguiente, Melina y él volvieron a ponerse de acuerdo para verse a solas.



    - El tiempo se me hizo eterno hasta el momento de poder volver a verte.

    - Para mí también ha sido muy duro aguardar tanto sin tenerte entre mis brazos.

    - ¿Vas a cantar?

    - Sí, un par de canciones nada más. En cuanto pueda nos iremos directo al departamento. Por cierto, ¿qué excusa fue esta vez?

    - El cumpleaños de una amiga. Pero no le importó mucho que me fuera. Está con…una amiga suya…

    - Ya veo y…¿de cuánto tiempo disponemos?

    Melina sonrió maliciosamente.

    - Toda la noche…-guiñó el ojo.

    Onasis le dirigió una mirada traviesa.



    Una canción para ella y a poco rato, estaban juntos danzando al ritmo que les marcaba el amor y la pasión.

    NO IMPORTA LA LUZ

    SOBRAN PALABRAS

    ACARICIA MI ESPALDA…ASI…

    BESAME DESPACIO

    PALMO A PALMO LA PIEL

    AHOGUEMOS JUNTOS EL PLACER

    LIBÉRATE Y ENTRÉGATE

    LIBÉRATE Y OLVÍDATE

    TODO ESTO ES AMOR…

    AMOR SIN BARRERAS…

    AMOR SIN FRONTERAS…

    AMOR LIBRE…

    RESPIRA PROFUNDO

    YO CALMARE TU SED

    OLVIDATE DEL MUNDO, DE TU TIMIDEZ…





    Melina giraba en círculos alrededor de él buscando la posición correcta para hacer de aquel momento algo interminable.

    Onasis apretó sus manos por las palmas mientras saboreaba sus labios y su cuerpo se sumergía en un río de emociones candentes y dulces que su corazón apenas podía soportar.

    - Siento que estallo…no puedo contener el amor que siento por ti. Quisiera poder expresarlo con palabras.

    Ella sólo gemía dulcemente y arqueaba su cuerpo sintiendo que su corazón hablaba por su boca.



    Volvieron del primer éxtasis y sólo podían mirarse uno en la otra. Onasis acariciaba su cuerpo mientras ella reposaba sobre la almohada cubriéndola con dulces lágrimas.

    No hubo palabras…sólo sonrisas, abrazos, suspiros…cigarrillos compartidos.



    La mañana los sorprendió con la tenue luz que se colaba por una cortina.

    Onasis acarició el rostro de Melina. Él se había levantado un poco antes.

    - El desayuno está servido, mi princesa…

    Ella se incorporó. La mesa estaba decorada de una forma muy agradable y bella.

    - Está preciosa…

    - Es poco para lo que tú te mereces…-musitó.

    Desayunaron juntos. Pasaron la mañana entre las canciones de Onasis y luego salieron hacia la casa de la amiga.

    - ¿Cuándo te veré de nuevo?

    - No te preocupes…veme mañana en el centro. Nos pondremos de acuerdo para hablar con tu padre.

    - Me alegra tanto…estaré esperando ese día…te amo.

    - Y yo a ti, Onasis.

    Tras despedirse, el corazón del muchacho quedó pletórico de inspiración.





    Mientras estaba en casa de su amiga, entre las risas y la celebración, antes de que su padre regresara, una de ellas dijo.

    - Vamos a escuchar una canción de un chico que canta divino, ya verán.

    La música comenzó a sonar. Era un disco de Onasis.

    Melina tembló.

    Toda mi vida daría si pudiera abrir cada día

    Mi corazón al mundo y que vieran la luz, mis sentimientos más profundos

    Sabes lo bien que me siento cuando abro mis pensamientos…

    Y dejo escapar mi amor que se muere de ganas por ir a tu encuentro

    SOLO EL CIELO Y TU SABÉIS CUANTO TE QUIERO

    SOLO EL CIELO Y TU SABÉIS CUANTO TE QUIERO…CUANTO TE QUIERO…

    Solo el cielo y tú podéis entender mis palabras

    Sólo el cielo y tú compartís mis horas amargas…

    Cada vez que estamos juntos dejo entreabiertos mis labios

    Y dejo escapar mis besos para que cubran de amor todo tu cuerpo

    Siempre dejo para ti entreabierta la puerta de mi alma

    Para que entres en ella si te hago falta, si te hago falta

    SOLO EL CIELO Y TU SABÉIS CUANTO TE QUIERO

    SOLO EL CIELO Y TU SABÉIS CUANTO TE QUIERO…CUANTO TE QUIERO…

    Solo el cielo y tú podéis entender mis palabras…

    Sólo el cielo y tú compartís mis horas amargas…





    - ¿Paso algo, Melina?

    La muchacha apenas sonrió. La canción le había revelado lo que sabía desde que se reencontró con Onasis: que lo amaba profundamente.
     
  7.  
    Andrea Sparrow

    Andrea Sparrow Usuario común

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    Cap. 7 Háblame de amor

    - No pasa nada, Sandra- respondió a su amiga.

    - ¿Entonces? De pronto te pusiste pálida.

    - Es que no dormí bien…

    Su amiga no le dio importancia y añadió.

    - Qué bueno que pudiste venir. La verdad creímos que no querías reunirte con nosotras ahora que volviste. ¿Dónde te metiste?

    - En casa…sólo que mi padre se empeñó en que no saliera.

    - Ya veo, pero bueno, lo mejor es que viniste. Cuéntanos, ¿algún chico por ahí?

    Ella bajó ligeramente la cabeza.

    - Quizás…pero no algo que sea importante- dijo eso para minimizar, a fin de que su padre no se enterara de nada.

    - Nosotras tampoco pero ya tendremos tiempo de encontrar uno que sea un buen partido.

    Así siguieron charlando ellas de frivolidades, mientras Melina sólo sonreía y las veía beber y reír repetidamente.

    Cuando llegó la hora de marcharse, una de sus amigas le dijo.

    - Dile a tu padre que te quedas en mi casa para que podamos salir a algún lado.

    Melina pensó bien lo que iba a hacer.

    - Buena idea…háblale tú, dile que me quedo y en la noche vamos al centro nocturno que está de moda.

    - ¿El Zorba?

    - Ese mismo.

    - Bien, entonces lo llamo. La vamos a pasar muy bien.



    En la tarde Onasis preparaba el show para esa noche.

    Estaba un poco nervioso. Fumaba mientras esperaba. Su representante lo llamó para hablar con él.

    - ¿Qué sucede?

    - Onasis, tu gira comenzará pronto. Hay que hacer promoción. Necesito que te prepares para la obra de Jesucristo Superestrella también.

    - Lo sé…los ensayos…son varias cosas. – estaba distraído.

    Su representante continuó.

    - Me preocupas, Onasis. ¿Qué te sucede?

    - No, no es nada. Cansancio solamente. Por cierto, antes de irnos tengo que arreglar un asunto familiar.

    - Avísame cuándo será para poder arreglar las fechas.

    - Gracias. Tengo que dejar bien listo ese asunto.

    - Bien. Te dejo, ya vuelvo.

    Onasis pensó que antes de irse a la gira, tenía que hablar con el padre de Melina de forma definitiva.





    Llegó la noche. Onasis salió al escenario en el Zorba.

    Sandra y otras chicas llegaron con Melina. Ella esperaba la oportunidad de poder hablar a solas con Onasis.

    De pronto, él salió y la vio entre el público. Sonrió y comenzó a cantarle:

    Háblame de amor
    háblame de amor

    Ahoga tu llanto
    contra a mi pecho
    esperaba tanto
    este momento

    Háblame de amor
    háblame de amor

    Tuyo es mi tiempo
    tuyo es mi cuerpo
    y tuyo es mi techo
    hasta que salga el sol




    Melina lo escuchaba sintiendo que cada palabra iba dirigida a ella. Onasis volvió al camerino.

    Ella dijo a sus amigas.

    - Ahora vuelvo. Espérenme. Voy a retocarme.

    Se desvió hacia el camerino. Llegó a donde estaba Onasis y se besaron apasionadamente.

    - Fue una gran sorpresa, amor- dijo él.

    - Tenía que venir. Onasis…te amo tanto…

    - ¿Con quién viniste?

    - Con unas amigas…

    - Qué bien, ¿y tu padre?

    - Sabe que estoy en casa de mi amiga. Ella misma le habló para avisarle que me iba a quedar con ella.

    - Quédate conmigo…-invitó él.

    - Pero…

    - Anda…te necesito tanto. Tengo que hablar contigo. Como te dije…va a comenzar la gira y…es necesario que nos pongamos de acuerdo. Yo mismo te llevaré a tu casa esta noche.

    - Está bien…entonces cuando termines, le avisaré a mi amiga para que podamos irnos a tu casa.

    Onasis le dijo.

    - Dile que volverás a casa conmigo.

    - Bien.

    Pasado un rato, Melina dijo a sus amigas.

    - Chicas, me tengo que ir.

    - ¿A dónde? ¿No te ibas a quedar en mi casa?

    - No…verás…es que…

    - Estás muy rara, Melina. ¿Qué te pasa?

    - Sandra…el muchacho al que vinimos a ver…es mi novio.

    - ¿En serio?- dijo Sandra.- Con razón quisiste venir. Está guapísimo y canta precioso.

    - ¿Y tu padre ya lo sabe?- preguntó otra.

    - No…todavía no, pero…va a ir a hablar con él. Por eso me voy a quedar. Él me va a llevar a la casa.

    - Suerte entonces, amiga- dijo Sandra.

    - Gracias- respondió Melina- la voy a necesitar.

    Sus amigas se marcharon.

    Onasis todavía no terminaba el show. Entonces dijo a Melina.

    - Toma un juego de llaves del departamento. Vete en mi coche. Yo voy a llegar en un rato.

    - Bien- dijo Melina contenta.- Entonces…voy a…preparar algo para los dos.

    Onasis sonrió.

    - Eso lo quiero ver…

    Una sonrisa dulce era la promesa de una noche de amor.



    La noche tendió su manto. Melina había arreglado el departamento con velas aromáticas y un perfume muy sutil.

    Cuando Onasis llegó, abrió la puerta y llegó hasta la habitación.

    Encontró a Melina con un hermoso vestido rojo, que parecía más un manto.

    - Bienvenido, amor- dijo ella, al tiempo que lo destrababa para dejar su cuerpo completamente al descubierto.

    Las palabras sobraron. Onasis la tomó en sus brazos y comenzó a besarla ardientemente.

    - Estoy encantado- dijo él- ¿querías enloquecerme, verdad?- preguntó al tiempo que la besaba suavemente por toda la piel.

    - Sólo quería demostrarte lo mucho que te amo y te necesito- gimió dulcemente.

    Las horas comenzaron a devanarse al ritmo del placer. Ella no quería que el tiempo avanzara…él, sólo quería que el tiempo se hiciera eterno para seguirla amando…cada punto de su piel recibía besos distintos, siempre nuevos, repletos de amor y deseo.

    Melina se sostuvo de los hombros de Onasis para soportar la fuerza de su pasión. Echó ligeramente su cabeza hacia atrás al tiempo que gozaba sin control.



    te siento fragil
    como un cristal
    y te siento fuerte
    como roca del mar.

    por los caminos
    que haye en tu piel
    empece andar.

    nos conocimos soñando
    y nos amamos despiertos,
    saboriando los besos.

    boca a boca
    y cuerpo a cuerpo.

    "es que cada dia contigo
    es como un verso
    y cada noche contigo
    yo siento tus besos.

    y tu voz diciendome
    yo tambien te quiero
    te quiero, tequiero
    te quiero...

    te quiero
    como nadie te va querer.
    y al fin soy feliz."

    cuando estas en brazos
    y te refugias en mi pecho
    yo te busco y te encuentro

    mis sueños
    y mis pensamientos
    se visten de deseo.

    y si la vida
    si la vida
    es amor. ..

    yo quiero mas vida
    para poder
    seguir amandote
    .

    Melina se aferró a Onasis y le dijo al oído:

    - Amor…quiero tener un hijo tuyo…-gimió al tiempo que exhalaba un hondo suspiro de placer.

    Onasis la estrechó con fuerza contra su corazón sintiendo que derramaba su corazón en ella:

    - Yo también…quiero que me des un hijo…-susurró tiernamente…

    Abrazados sin palabras, dejaron pasaron un momento. Melina rompió el silencio.

    - Siento como si fuera la última vez que nos amamos.

    - No, amor, no será así. Pronto nos casaremos. De hecho…quiero hablar contigo de eso. Pronto viene la gira…quisiera que…-dijo sacando de entre su ropa una cajita. La hizo abrirla.- Quiero que seas mi esposa…

    Melina lo abrazó. Él se quedó un poco serio.

    - Claro que acepto pero…¿no estás contento?

    - Sí, mucho, porque me aceptas pero…no soy digno de ti.

    - ¿Por qué lo dices?

    - Soy sólo un artista…a los ojos de muchos sin futuro. No soy rico como tu padre…

    - No te preocupes, yo te amo como eres, tú sabes que jamás me ha importado el dinero. Yo siempre te he amado desde que éramos niños.

    Onasis la abrazó entre lágrimas.

    - Preciosa…te prometo que te haré sumamente feliz. Pediré a tu padre ahora mismo tu mano.

    - Mañana temprano me llevarás a casa…esta noche…yo no me separo de ti…

    Y ambos encontraron el sueño tras amarse intensamente.

    ----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

    Y en su casa, su padre pensaba que se había quedado en casa de su amiga.

    De pronto recibió una llamada de un amigo.

    Cuando colgó pensó.

    - Melina tiene que saberlo…es una excelente oportunidad para ella.
     
  8.  
    Andrea Sparrow

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    Cap. 8 Todo por nada



    La mañana llegó. Onasis fumaba un cigarrillo mientras Melina terminaba de vestirse.

    - ¿Lista?- preguntó.

    - Yo, sí. Dime, ¿tenías pendientes?

    - En un rato más pero…ahora no importa eso. Yo sólo quiero que tu padre comprenda que nos amamos y que queremos ser el uno del otro.

    - Espero que lo entienda.

    - Y si no…debemos estar juntos para afrontar lo que se venga…

    Ella asintió sonriendo. Ahora se sentía valiente.



    Salieron rumbo a casa de su amiga. Onasis fue con ella.

    - Hola, Sandra. ¿No ha venido mi padre?

    - No, pero llamó…no supe qué decirle…le dije que estabas dormida. Pero no sé por qué no me creyó.

    - Ya veo. Bueno, es la hora de la verdad.

    Onasis y ella llegaron a su casa.

    Melina preguntó a uno de sus criados.

    - ¿Dónde está mi padre?

    - En su despacho.

    - Gracias…

    Onasis entró con ella. Tocaron a la puerta del despacho.

    Su padre abrió.

    - Melina…llamé a casa de tu amiga y me dijo que estabas dormida. Debiste llamarme para…-se quedó en silencio. Luego miró a Onasis.- ¿Quién es usted?

    Onasis lo miró a los ojos.

    - Señor…soy…el novio de su hija.

    - ¿El qué…?- preguntó el padre.

    Melina intervino.

    - Es el amor de mi vida- dijo Melina.

    Su padre movió la cabeza.

    - Esto debe ser una broma, hija.

    Onasis le dijo.

    - Soy un cantante, he grabado discos…soy popular, pero todo eso no es nada comparado con el amor de su hija.

    - ¿Dónde lo conociste?- preguntó su padre molesto.

    Melina le preguntó.

    - ¿No te acuerdas de él, papá?

    El señor lo escudriñó. Onasis se sentía un poco incómodo.

    - No lo conozco…

    Onasis explicó.

    - Sí que me conoce…¿recuerda a ese jovencito que jugaba con su hija hace muchos años? Ese, al que usted humillaba siempre por no ser de su clase…pues bien, ese muchachito, ya creció y soy yo. Melina y yo nos encontramos después de tantos años de estar separados.

    - ¿Onasis? ¿Cómo fue que volviste a nuestras vidas?

    - El destino nos reunió. Y ahora, no vengo como el pequeño que tenía los bolsillos de los pantalones rotos. Ahora vengo como un hombre a pedirle la mano de su hija.

    El hombre movió la cabeza.

    - Estás loco…no le permitiría a mi hija que se casara contigo aunque fueras el último hombre sobre la tierra.

    - Dígame, ¿por qué me odia tanto?

    - Porque no perteneces al círculo de amistades de mi hija. Por eso…

    - No…debe haber algo más que usted no quiere contarme.

    El padre de Melina comentó.

    - ¿De verdad quieres saberlo? La madre de Melina se involucró con tu padre.

    - Eso no es cierto- replicó Melina.- No hables así.

    - Hablo como se me da la gana. Tu madre me engañó con el padre de éste. Por eso le odiaba tanto. Y le sigo odiando, así que…será mejor que te vayas de una vez de mi casa.

    - No pienso irme hasta llevarme a Melina. Ella y yo no nos separaremos nunca.

    Melina le pidió.

    - Así no, Onasis. Mi padre te ha pedido que te vayas. Te prometo que después hablaremos.

    - No le tengo miedo a tu padre. Él no nos va a separar.

    - Vete de una vez antes de que acabe contigo.

    - No me voy por sus amenazas sino por ella…si algo le sucede usted será el culpable.

    Onasis se marchó pero le dijo.

    - Ya sabes dónde encontrarme, amor. Te prometo que no te dejaré sola.

    - Mañana te veré…

    Se despidieron con un beso. El padre le gritó.

    - Melina…¿cómo te atreviste a desobedecerme?

    - Lo siento, papá, pero lo amo tanto…él me ha pedido que sea su esposa…mira el anillo.

    Su padre se molestó aún más.

    - Ese muchacho y tú no pueden casarse. Ya lo sabes. Pero…tengo otra opción para ti.

    - No me interesan tus opciones.

    - Claro que sí. Mañana iremos a la embajada. Sabes que sería una oportunidad excelente.

    - ¿Qué es lo que quieres?

    - Que me acompañes al evento y que dejes de pensar en ese mequetrefe.

    Melina asintió.

    - Está bien…iré contigo.

    Pero sabía que después de eso tal vez se iría definitivamente con Onasis a su gira.



    Onasis se volvió a su departamento. La casa olía a ella. Puso orden como pudo. Luego llegó la empleada y él le pidió que dejara la casa en orden, que volvería en la noche.

    El muchacho fue donde su representante para ver los detalles de la gira y de la obra de teatro. Pero no estaba concentrado.

    - ¿Qué sucede, Onasis? ¿Ya resolviste tu problema?

    - Aún no…por favor…dame tan sólo unos días más…te prometo que en breve estará todo listo para la gira. Sólo un par de días.

    - Está bien…espero que no tardes mucho en resolverlo. Las fechas ya están comprometidas y no puedes quedar mal.

    - Te prometo que no lo haré. Por cierto, ¿podrías concertar en mi vuelo…un boleto de avión más?

    - ¿Otro más? ¿Para quién?

    - Para una persona que va a viajar conmigo. Y se va a quedar.

    - Onasis, ¿qué estás pensando hacer?

    - Tranquilo, no te preocupes. ¿Puedes hacerlo?

    - Voy a intentarlo. Pero por ahora necesito que te prepares. Hay un evento donde vas a cantar. Es esta noche en la embajada.

    Onasis no quería ir pero sabía que era necesario.

    - Me arreglaré enseguida.



    Melina se arregló para la reunión. Pero estaba muy triste porque su padre había sido intransigente.

    ¿Habían cambiado sus sentimientos por Onasis? No, al contrario, lo amaba más que nunca. Si su madre se había involucrado con el padre de él, eso no tenía nada que ver con Onasis. Él era un niño que no sabía nada. Y aquella confesión sólo provocaría más dolor al muchacho. Tenía que verlo, pero, ¿cómo? Tratar de llegar a él después del evento.

    Al poco rato, la llamó su padre.

    - ¿Lista?

    - Sí…

    Cuando llegaron a la recepción, había mucha gente importante, entre ellos empresarios, artistas, políticos y hombres prominentes de la sociedad.

    De pronto, se hizo silencio.

    - Señoras y señores…esta noche nos sentimos honrados por la presencia fresca y juvenil de un chico que ha conquistado el corazón de las chicas y el respeto de los varones por sus letras, su carisma y su voz; con ustedes…Onasis Blanes…

    Los aplausos se dejaron oír. El padre de Melina no estaba nada contento.

    - ¿A quién se le ocurrió invitarlo?

    - Al grupo de damas voluntarias- respondió alguien- Fue una excelente decisión.

    Melina estaba contenta. Aquella noche podría ver a Onasis y hablar con él.

    Cuando él salió al escenario, se sentía feliz de verla pero al mismo tiempo, tenía una cierta congoja…como si sintiera que pronto, muy pronto, la perdería de verdad.

    CUANTO ESPERÉ LO QUE NUNCA LLEGÓ…

    UNA CARICIA, UNA FRASE DE AMOR…

    COMO UN REGALO LLEGASTE A MI

    Y SIN ABRIRLO SIQUIERA TE PERDÍ…



    LA VOZ DESNUDA DE LA VIDA ME CAMBIÓ

    TODO POR NADA

    SE VAN LOS DIAS Y EN MIS NOCHES NO HAY CALOR

    NO TENGO NADA…

    NADA…

    SOLO UNA LÁGRIMA EN MIS OJOS

    QUE TE BUSCAN Y TU YA NO ESTÁS

    TODO TE ENTREGUÉ Y QUIZAS POR ESO TE PERDI

    Y LA VIDA ME CAMBIO…TODO POR NADA.

    TANTO ESPERÉ LO QUE NUNCA LLEGÓ

    QUE ME PREGUNTO EN SILENCIO

    SI ES QUE ALGO FALTO

    FUI COMO UN NIÑO CUANDO DA SU AMOR

    QUE SOLO ESPERA CARIÑO

    NUNCA UN ADIOS.





    Cuando terminó la canción, Onasis agradeció y marchó hacia la habitación de los artistas.

    Melina trataba de encontrarse con él, pero su padre la llamó.

    - Ven, necesito que te presente a alguien.

    Melina lo acompañó.

    Cuando llegó, un joven estaba junto a otro hombre. El padre de Melina le dijo.

    - Te presento a Walter, el hijo del gerente de una de las trasnacionales más importantes del país. Es mejor que se conozcan desde ahora y congenien, puesto que…pronto se celebrará su compromiso.

    Justo cuando decían eso último, Onasis estaba casi justo detrás de Melina. Había escuchado todas y cada una de las palabras.
     
  9.  
    Andrea Sparrow

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    Cap. 9 Algo de mí

    Onasis estaba destrozado. Se volvió hacia su camerino sin esperar a escuchar lo que Melina iba a responder.

    Subió las escalinatas que llevaban hacia su camerino con rapidez y cerró la puerta tras de sí.

    Se sentó y con el rostro oculto en el tocador, comenzó a derramar las lágrimas que quizás, en otras circunstancias jamás habría derramado.

    Se recostó un momento, hasta que lo llamaron.

    - Te requieren para otro número.

    - Ya voy…-respondió por dentro.

    Se secó el llanto y respiró hondamente.



    Mientras tanto, Melina respondía a su padre.

    - ¿Podemos hablar un momento, papá?

    - Claro…con permiso- se excusó.

    Cuando estuvieron a solas, su padre le preguntó.

    - ¿Qué es lo que quieres decirme? No tengo tiempo para tonterías.

    - No es tontería. ¿No te das cuenta? No pienso casarme con Walter.

    - ¿Y por qué no? Es hijo de un magnate, tú estarás trabajando en la embajada, así que todo se te da a manos llenas. Sólo tienes que aceptar.

    - Si acepto lo del trabajo de la embajada, ¿implica que estoy aceptando también el matrimonio con Walter?

    - Más o menos…una cosa depende de la otra.

    - Pues…prefiero no aceptar ninguna.

    - ¡No seas necia, Melina! No me digas que piensas que acepte tu relación con ese imbécil.

    - No lo llames así. Es un buen muchacho y lo amo.

    - No me contradigas…no sabes de lo que soy capaz.

    Melina sonrió.

    - No creo que tengas tanto poder…y no lo tienes sobre mí.

    Se apartó y se escabulló hacia donde Onasis cantaba. Entonces pudo escucharlo:



    Un adiós sin razones
    Unos años sin valor ...
    Me acostumbre
    A tus besos y a tu piel color de miel
    A la espiga de tu cuerpo
    A tu risa y a tu ser

    Mi voz se quiebra
    Cuando te llamo
    Y tu nombre
    Se vuelve hiedra
    Que me abraza
    Y entre sus ramas
    Ella esconde mi tristeza

    Algo de mi, algo de mi, algo de mi
    Se va muriendo
    Quiero vivir, quiero vivir
    Saber por qué
    Te vas amor

    Te vas amor
    Pero te quedas
    Porque formas parte de mi
    Y en mi casa
    Y en mi alma
    Hay un sitio para ti

    Se que mañana
    Al despertarme
    No hallare
    A quien hayaba
    Y en su sitio
    Habra un vacio
    Grande y muro como el alma

    Algo de mi, algo de mi, algo de mi
    Se va muriendo
    Quiero vivir, quiero vivir
    Saber por qué
    Te vas amor

    Te vas amor
    Pero te quedas
    Porque formas parte de mi
    Y en mi casa
    Y en mi alma
    Hay un sitio para ti

    Algo de mi, algo de mi, algo de mi
    Se va muriendo
    Quiero vivir, quiero vivir
    Saber por qué
    Te vas amor

    Algo de mi, algo de mi, algo de mi
    Se va muriendo ...




    Melina lloraba. Vio pasar a Onasis cuando terminó su presentación y con cuidado procuró seguirlo sin que su padre lo notara.

    Cuando volvió a su camerino, ella entró tras él.

    - Onasis…tenemos que hablar.

    - ¿Para qué? Acabo de escucharlo todo.

    - No digas eso, no escuchaste lo que yo le dije a mi padre.

    - ¿Qué le dijiste? ¿Qué aceptabas ese matrimonio?

    - No…claro que no. Él quiere que trabaje en la embajada pero quiere que acepte a ese hombre. Yo no puedo hacer eso.

    - ¿Acaso crees que él va a permitir que no lo hagas?

    - No me importa lo que piense. Él tiene que convencerse de que te amo.

    - ¿Y cómo piensas conseguirlo?

    - Que se dé cuenta de que…estamos juntos y que nadie nos puede separar.

    Onasis le preguntó.

    - ¿Qué es lo que estás dispuesta a hacer?

    - Todo…

    Onasis le acarició el rostro.

    - Por favor, Melina, no cometas una imprudencia. Yo no quiero que te pase nada malo. Si estás dispuesta a todo, yo daré la cara por ti hasta el final. Le explicaré todo a tu padre.

    - Por ahora…en cuanto termines, vámonos. No quiero estar un momento más aquí…

    Onasis asintió.

    En cuanto terminó el espectáculo de él, Melina y Onasis se marcharon juntos. Su padre no pudo evitarlo. Pero cuando se dio cuenta, ellos ya no se encontraban.



    En la madrugada, mientras todos dormían, ellos, entre besos y caricias, conversaban. Él le decía:

    - Apenas puedo creer que estés conmigo…me siento tan feliz cuando estoy en ti, cuando te amo de esta forma…

    - Y yo…disfruto tanto cuando te tengo así, tan mío…

    - Yo quiero que el tiempo sea nada entre nosotros…que no exista nada que no sea nuestro amor…

    Ambos lloraban de emoción por estar juntos, sin importar lo que pudiera pasar.

    Sus lágrimas se mezclaron entre sí…la fusión de sus almas era aún más hermosa que la de sus cuerpos.



    Y a la mañana siguiente, estaban en la casa de su padre.

    Éste, apenas si pudo contener la rabia.

    - No es necesario que expliques nada…es obvio lo que has hecho, Melina.

    - No importa…sólo sé que amo a Onasis y que…

    Su padre intentó darle una bofetada pero Onasis le detuvo la mano.

    - No la tocará mientras yo esté aquí.

    - ¿Te crees tan valiente como para impedirlo?

    - Por supuesto.

    El padre de Melina bajó la mano.

    - Te opones a mis decisiones…pero yo haré que Melina sea capaz de olvidarte a como dé lugar.

    - Eso no lo va a conseguir nunca, señor.

    Melina le dijo.

    - Papá…entiende, yo lo amo…

    - Será mejor que hablemos a solas. Vete, muchacho, que ya nos entenderemos tú y yo a su tiempo.

    Onasis dijo a Melina.

    - Toma…en esta carta- dijo mientras la guardaba en una bolsita que traía en su saco- están el boleto de avión que conseguí para ti y una carta…te estaré esperando…

    Melina se encargó de guardarla con sigilo.

    Su padre por fin le dio la bofetada que esperaba darle.

    - Con que…te enfrentas a mí por ése…

    - Ése es el hombre que amo.

    - Pues bien…yo puedo conseguir que tú te olvides de él definitivamente.

    - ¿Y cómo, si se puede saber?

    - Tengo contactos muy importantes, entre la gente que consiguió llevarlo a la embajada a cantar. Se ha ido de gira, ¿no? Pues yo puedo conseguir que jamás vuelva a cantar. Su carrera se va a la nada con sólo mover un dedo.

    - No harías eso…-replicó Melina.

    - Por supuesto que sí. Lo haré sin más. Aunque…tú eres quien tiene que decidirse. Aceptas el puesto en la embajada y a Walter, o hago que Onasis no vuelva a cantar nunca más. Y es más, puedo conseguir que no entre al país tampoco…

    Melina sabía que su padre podía hacer eso y más. Entonces con el llanto en los ojos respondió.

    - Está bien, padre…aceptaré…pero te pido que dejes a Onasis en paz…por favor…

    - Lo haré, no gano nada haciendo nada si tú haces lo que yo te digo.

    Melina entrecerró los ojos cuando sintió que su rostro se bañaba de llanto doloroso y desgarrador.



    A solas leyó la carta. Tomó el boleto en sus manos y lo rompió en pedazos. Luego dejó la carta que decía:

    “Melina…te amo con toda mi alma y quiero que te cases conmigo. Pero lo que más anhelo es que estés a mi lado en la gira…dime, ¿vendrás? Espero que aceptes. El boleto está a tu disposición. Te estaré esperando…Onasis.”

    - Lo siento, mi amor…no puedo ser tan egoísta y dejar que mi padre arruine tu vida. Prefiero este sacrificio.



    Onasis esperaba en el aeropuerto. El representante le dijo.

    - Necesito que abordes ya. No tenemos tiempo.

    - Espera…sólo dos minutos más…

    - Sólo dos minutos.

    El tiempo pasó. Melina jamás llegó.

    El último cigarrillo terminó y Onasis decidió abordar el avión.

    - Melina…entiendo…yo sabía que…esto no iba a funcionar…

    Se aclaró la garganta y se adentró al pasillo para abordar el avión que lo llevaría a la gira, muy lejos de ella…de aquel amor…



    La primera noche de presentación una canción enmarcó su debut en aquel escenario:



    Si me dejas ahora,
    no seré capaz de sobrevivir,
    me encadenaste a tu falda
    y enseñaste a mi alma
    depender de ti.

    Ataste mi piel a tu piel
    y tu boca a mi boca,
    clavaste tu mente a la mía
    como una espada en la roca

    Y ahora me dejas
    como si fuera yo
    cualquier cosa

    Si me dejas ahora,
    no seré capaz de volver a sentir,
    me alejaste de todo
    y ahora dejas que me hunda en el lodo

    Me cuesta tanto creer
    que no tengas corazón,
    que yo he sido en tu cadena de amor
    tan solo un eslabón

    Y en tu escalera un peldaño
    que no te importa pisar
    ni hacerle daño

    Estoy preso entre las redes de un poema,
    eres tú quien me puede ayudar o me condena
    Eres lo mejor de mi pasado
    eres tú quien aun me tiene enamorado.

    Eres tú, sólo tú....

    Si me dejas ahora,
    mi espíritu se irá tras de ti,
    cabalgará día y noche
    sintiéndose soñador y Quijote






    Los aplausos no servían para paliar el dolor que lo atormentaba.
     
  10.  
    Andrea Sparrow

    Andrea Sparrow Usuario común

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    Cap. 10

    El viaje fue fructífero para Onasis, pero no podía olvidarse de Melina fácilmente. Entre aplausos, conciertos y celebraciones el tiempo parecía hacerse corto. Pero para él el tiempo era eterno, puesto que ella no estaba para compartir sus triunfos.

    Su corazón le decía que el nombre de Melina estaba grabado a fuego en su interior. Así surgió la letra para una nueva canción:

    FUEGO



    (Fuego), fuego que abrazas mi voz, que de ternura abandonada
    Te busco entre mis sueños, (fuego)

    Tu que robaste mi silencio, (fuego)
    Que fuiste el amor de mis sueños, (fuego)
    Y tu calor mi compañero, (fuego)
    La lluvia al fuego apaga, cenizas que el viento arrastra
    Caminos que nadie siguió
    El mundo te olvida, todos, menos yo

    (Fuego), rociabas de calor mi cuerpo,
    (Fuego), tú piel quemaba como el fuego,
    (Fuego), y entre tus brazos, fui tu dueño
    (Fuego), yo guardo de ti, tu perfume tú olor,
    Te olvidaste pasar donde el tiempo, ardía
    Nuestro amor,

    (Fuego), el mundo te olvido, todos menos yo,
    El mundo te olvido, todos menos yo
    Y aunque el fuego se apago,
    Yo guardo en el corazón,
    Un poco de aquel calor, que me quemo

    (Fuego), donde estarán mis días,
    Mis días, aquellos de calor, de amor intenso

    (Fuego), rociabas de calor mi cuerpo,
    (Fuego), tú piel quemaba como el fuego,
    (Fuego), y entre tus brazos fui tú dueño
    (Fuego), solo guardo de ti, tu perfume, tu olor,
    Tú olvidaste en mi casa, con el tiempo ardía nuestro amor

    (Fuego), rociabas de calor mi cuerpo,
    (Fuego), tú piel quemaba como el fuego,
    (Fuego), y entre tus brazos fui tú dueño
    (Fuego),…





    Estaba ebrio de recuerdo y de nostalgia. Sólo quería sentirla.

    Los compromisos pasaron aquel día a segundo plano. Pidió permiso para salir a la playa. Necesitaba irle a gritar al mar que la extrañaba más de la cuenta.



    De cara al mar
    veo el amanecer
    y una gaviota
    me hace estremecer

    Mueve su cuerpo
    al compás del viento
    y con sus alas
    vuela mi pensamiento

    ... qué será de ti?

    Mis ojos vuelan
    hacia el horizonte
    mucho mas lejos
    donde el sol se esconde

    Alcé mi voz
    para gritar tu nombre
    pero nadie
    nadie me responde...

    ..qué será de ti?

    Cada amanecer
    tengo una cita aquí
    cada anochecer
    se muere un poco de mí

    Solo entre mis sueños
    pienso qué será de ti...

    Mis lágrimas se funden
    con la brisa gris
    cuando me pregunto
    si serás feliz

    Solo entre mis sueños
    pienso qué será de ti...

    El mar me envuelve
    con su canto amargo
    y cada vez
    los días son mas largos

    Y en mi rincón
    habita la tristeza
    en mi rincón
    tu imagen se refleja

    ...qué será de ti?

    Cada amanecer
    tengo una cita aquí
    cada anochecer
    se muere un poco de mí

    Solo entre mis sueños
    pienso qué será de ti...

    Mis lágrimas se funden
    con la brisa gris
    cuando me pregunto
    si serás feliz

    Solo entre mis sueños
    pienso qué será de ti...

    El mar me envuelve
    con su canto amargo
    y cada vez
    los días son mas largos

    Y en mi rincón
    habita la tristeza
    en mi rincón
    tu imagen se refleja

    ...qué será de ti?


    Cuando regresó, algo en su interior le hizo saber que Melina estaba bien pero que no era necesario por el momento.

    Así fue como se decidió a seguir adelante con sus pendientes.



    - Buen día, Onasis- dijo su representante al día siguiente.

    - Buenos días…-saludó cortésmente.- Ya tengo las letras que me encargaste.

    - Perfecto, vamos al estudio de grabación después. Ahora, es necesario que veamos los ensayos para la obra de Jesucristo Superestrella.

    - Estoy listo.

    A partir de ese día comenzaron los ensayos y se comprometió definitivamente con la obra. Quería que fuera todo un éxito y estaba dispuesto a hacerlo y demostrar que podía lograrlo. Lo haría por él solamente, por su gente, por sus admiradores. No por Melina. Hubiera querido que ella compartiera sus logros, pero MelIna había tomado una decisión. Él no quería sufrir por ella. Sabía que no iba a ser fácil aceptarlo pero realmente tenía que hacerlo por el bien de los dos.

    Los ensayos se prolongaron y eran extenuantes y agotadores, pero para él no importaba. Onasis estaba dispuesto a seguir adelante con sus proyectos y llevarlos a buen término.



    POBRE JERUSALEN

    Ni tu, Simon, ni todas esas gentes

    Ni romanos, ni judíos

    Ni Judas, ni los Doce, ni escribas, fariseos

    Ni Jerusalén condenada

    Comprendéis mi gloria,

    Comprendéis mi poder,

    Comprendéis mi destino…

    No lo comprenderéis…

    La obra iba a comenzar bien pronto. Onasis tendría que viajar para el estreno.

    Su representante le dijo:

    - En cuanto volvamos, vamos a estrenar la obra y luego celebraremos en Madrid. Habrá invitados importantes.

    - No sé si todavía estoy seguro de volver.

    - ¿Por qué no?

    Onasis guardó silencio.

    Su representante le dijo:

    - No te preocupes. Sólo te presentas y ya, espero no tengas inconveniente.

    Onasis respondió muy seguro.

    - No habrá problemas, todo estará bien, lo prometo.



    2 meses después…

    Melina estaba en su habitación. No se sentía bien.

    Su padre no se encontraba. Walter la había llamado por teléfono y le había dicho que no regresaría hasta la noche.

    Aún no se había casado con él. Todavía estaban comprometidos.

    Pero Melina no había hecho el menor esfuerzo por enamorarse de él, ni para olvidarse de Onasis. Todavía había guardado entre sus cosas la flor de oro que él le regalara.

    - Si hubiéramos realizado nuestro pacto, ya no tendríamos que sufrir por estar separados. ¿Por qué no pudimos estar juntos entonces?

    Luego recibió la llamada de alguien muy cercano a ella.

    - ¿Nana, eres tú? Sí, me alegra que ya estés aquí. Sube ahora mismo.

    En breve llegó la nana.

    - Mi niña Melina, ¿cómo estás?

    - Me alegra tanto verte, nana. Mandé traerte porque te necesito ahora más que nunca. Tengo que contarte un secreto muy grande. Algo que solamente tú por ahora puedes saber.

    - ¿Es tan importante, mi niña?

    - El más importante de mi vida, nana. – sonrió.

    Luego comenzó a contar.

    - Nana…ahora que sabes parte de lo que me preocupa, dime, ¿es cierto que…mi madre y el padre de Onasis se entendían?

    La nana respondió.

    - No…debo contarte esa historia como es. Tu madre y el padre de Onasis se querían. Mucho antes de conocer a tu padre, ella y el padre de Onasis fueron novios. Pero sus familias no se aceptaban. Tu abuelo, con tal de separarla definitivamente del padre de Onasis, la obligó a casarse con tu padre. Pero ella consiguió enamorarse de tu padre porque él era bueno con ella y siempre le fue fiel. Sin embargo, él siempre sintió celos del padre de Onasis y odiaba al niño. Por eso no quería que tú hicieras migas con él. Sin embargo, ellos jamás se entendieron a espaldas de tu padre.

    - ¿Por qué mintió mi padre?

    - Por odio y resentimiento.

    Entonces, Melina decidió contarle su gran secreto.
     
  11.  
    Andrea Sparrow

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    Cap. 11

    La nana estaba sorprendida.

    - Entonces, ¿tú…?

    - Sí, nana. Por ahora sólo tú y yo lo sabemos. Por eso quiero que me ayudes. Necesito que me guardes el secreto y que me ayudes, que me cuides y en su momento, avisarle a Onasis…

    - Claro, mi niña. Él más que nadie tiene que saberlo. ¿Cuándo te diste cuenta?

    - Hace unos días…fui con un médico de confianza y le pedí que me guardara el secreto. Pero necesito que me siga revisando a espaldas de mi padre y de Walter.

    - Por ahora no se darán cuenta pero…llegará un momento en que no podrás evitar que lo noten…

    - Lo sé, por eso necesito que me cuides. Tienes que quedarte conmigo.

    - Así lo haré. Y te prometo que tú y ese muchacho serán felices siempre.

    - Gracias, nana.



    En tanto, Onasis sentía que alguien lo llamaba algo lejos de él. Pero pensó que sólo se trataba de una sensación pasajera.

    Estuvo grabando en el estudio y dispuesto para la obra que comenzaría al día siguiente.

    - Todo saldrá bien- comentó su representante.- Los boletos ya están vendidos. Será un éxtio ya verás.

    Onasis sonrió. Era una manera de sacar todas las emociones que traía dentro.

    Así fue como llegó el día del estreno.

    Las actuaciones fueron magistrales.

    Y entre ellas, destacó una de las canciones de la obra consiguiendo que la gente se entregara completamente:



    Hossana, hey, sana, sana, sana oh

    Sana-he, sana ho sana!

    Oh, Jesús, Jesús, muéstrame tu luz

    Sana-ho, sana he, superstar.

    “No pretenderás al pueblo callar,

    Nadie podrá nunca detenerlos,

    Si todas esas lenguas pudieras arrancar

    Hasta las piedras querrían cantar…”



    Después del éxito rotundo Onasis se sentía feliz. Pero sabía que pronto tenía que volver a Madrid. Tenía que prepararse para lo que pudiera suceder.

    En tanto Melina contaba a su nana los pormenores de lo que sentía.

    - Es hermoso, nana, a pesar de lo que está pasando me siento feliz…quisiera que él ya lo supiera.

    - No será fácil, mi niña. Él debe estar muy dolido por lo que pasó.

    - Lo sé, pero él me entenderá. Sé que me ama y yo a él.

    - ¿Y qué vas a hacer con Walter?

    - Por ahora esperaré el momento oportuno.





    Onasis compuso una nueva canción:





    MI VERDAD

    Cegar mis ojos quisiera,

    Y en la oscuridad buscarte,

    Lacrar mi boca quisiera

    Y dentro de mí hablarte;

    Hablarte…

    Tapiar mis oídos quisiera,

    Y en el silencio escucharte,

    Cerrar mis manos quisiera,

    Y con mis puños destruirlo todo, todo…

    Cegar, lacrar, tapiar, cerrar todo esto quisiera…

    Para saber mi verdad…





    Su cabeza estaba llena de Melina. Pero no quería seguirla recordando. Tenía que luchar hasta sacarla de su corazón.

    Su representante le avisó.

    - Pasado mañana nos vamos de vuelta a Madrid.

    - Está bien…estaré listo.



    Melina se enteró.

    La nana la alertó.

    - Melina…va a regresar pero…tal vez no vuelva como se fue.

    - Lo sé, sé que tengo que estar preparada pero…voy a enfrentarlo como sea.

    Melina estaba decidida. Lo haría por un fuerte y gran motivo.
     
  12.  
    Andrea Sparrow

    Andrea Sparrow Usuario común

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    Cap. 12

    Los días transcurrían con nerviosismo para Melina.

    Se encontraba en una reunión en la embajada cuando se sintió un poco mal.

    Su rostro palideció y tuvo que entrecerrar los ojos para no perder el equilibrio.

    Walter estaba sentado junto a ella.

    - ¿Qué sucede?

    - Nada…sólo no me siento bien. Creo que no dormí bien.

    Luego se dirigió a los presentes.

    - Discúlpenme un momento. Tengo que salir. No me siento bien.

    Salió de ahí y tuvo que marchar hacia un privado a fin de recuperar el aliento.

    Walter abandonó la reunión para ir donde ella.

    - ¿Ya te sientes mejor?

    - Sí…tenía que venir por un agua mineral. Quizás comí algo que no me sentó bien.

    Walter la miró.

    - No me gusta verte así. Tu padre se preocupará.

    - No lo pongas al tanto. No tiene caso. Ya me sentiré mejor.

    - Está bien. Como digas…por cierto- dijo acariciando su cabello.- Creo que…ya es momento de que tú y yo…tengamos un momento a solas…hace unos días tuvimos una oportunidad y te negaste.

    Melina lo apartó con cuidado.

    - Discúlpame…no es nada…es que…prefiero que…suceda cuando estemos casados.

    - Pero no tiene nada de malo. Nos vamos a casar pronto, sólo quiero estar a solas contigo.

    Melina negó.

    - Lo siento, pero no puedo. Tienes que aceptar lo que te pido.

    Walter arqueó los labios.

    - Está bien, como digas…no quiero presionarte. Sólo no comprendo por qué me rechazas. Muchas mujeres quisieran estar en tu lugar.

    - Pues…antes de que nos casemos, dales la oportunidad, para que cuando estés conmigo, ya no te arrepientas de lo que dejaste pasar…-replicó.

    Melina se marchó. Walter fumó un cigarrillo. Luego regresó a la reunión.



    Melina fue a una sala. Encendió un momento la televisión y ahí pudo ver a Onasis cantando en un programa:



    No sé cuando sufro más

    Si amándote o queriéndote olvidar

    ¡Qué amargo es amar sin ser amado

    Y sentirse atado a los recuerdos de un pasado!



    Camino perdido entre dos aguas

    Sintiendo que ya no te importo nada…

    A solas te hablo y creo oír tu voz

    Hay veces que ya no sé ni quién soy yo.

    ES MI VIDA UN DESIERTO

    CON EL VIENTO A TU FAVOR

    ES MI VIDA UN INFIERNO

    PORQUE NO TENGO TU AMOR



    Melina comenzó a llorar. Sabía que aquella canción estaba compuesta por un corazón atormentado por los recuerdos, como el de ella. Ella también lo recordaba y pensaba que quizás él la había dejado de querer.

    - ¿Y si…te olvidaste de mí? No quisiera ni pensarlo, amor…tengo miedo- se dijo.- No lo hagas, por favor. Te estoy esperando…por mí y por alguien más…



    El viaje a Madrid se le hizo eterno a Onasis. Iba a regresar a su país pero al mismo tiempo, iba a tener que enfrentar a sus más bellos y a la vez, más amargos recuerdos.

    Posiblemente no la vería. SI eso sucedía podía sentirse tranquilo. Pero, al mismo tiempo, no podía sentirse feliz si la encontraba casada y menos si no volvía a verla. ¿Qué hacer?

    Su representante le informó.

    - Habrá una reunión importante después de la obra. Habrá gente de alto nivel social.

    - Bien…¿crees que…haga alguien de…la embajada?

    - Posiblemente. ¿Por qué?

    - No, por nada, curiosidad solamente. En fin, ya casi vamos a llegar.



    Horas más tarde, su avión arribaba al aeropuerto.

    Mientras tanto, Melina deambulaba por su habitación paseándose como león enjaulado.

    Su nana le decía.

    - Arréglate para la reunión.

    - Nana…tengo que ir a la obra.

    - No te darán permiso. Será mejor que aguardes en la recepción.

    - Está bien…pero no sé qué voy a hacer. Me muero de los nervios.

    - Te entiendo, mi niña, pero ya podrás hablar con él.

    Ella asintió. Su corazón estaba en un puño.

    El tiempo parecía no transcurrir para ella, hasta que lo vio llegar. Casi se desmaya de la impresión.

    - Es él, nana…

    - Lo sé…está más guapo que nunca, mi niña. Espera, no te precipites, yo me encargo de que puedas hablar con él.

    - Está bien…espero que eso no tarde mucho en suceder.

    Mientras tanto, él cantó una canción. Cuando se dio cuenta que estaba ahí su corazón sintió una daga que lo perforaba.

    Había una mezcla de dolor, rabia y amor mezclados. No sabía cuál de esos sentimientos era el más importante. Sin embargo, el amor que sentía por ella seguía siendo igual de grande.



    FUERON TANTOS SUEÑOS LOS QUE MATÉ

    POR TI…

    FUERON TANTOS LOS BESOS QUE RECHACÉ

    POR TI…

    FUERON TANTAS HORAS MURIENDO DE AMOR

    POR TI…

    SIN DARME CUENTA QUE NO ERAS PARA MÍ…

    FUERON TUS PALABRAS LAS QUE CEGARON MI LUZ

    FUERON TUS CARICIAS COMO CLAVOS EN MI CRUZ

    FUERON TUS CARTAS UN PUÑADO DE PAPEL

    SIN DARME CUENTA ME ARRANCASTE HASTA LA PIEL



    MIA, LA CULPA HA SIDO MIA

    CREYENDO QUE ALGUN DIA

    SERIAS TAN SOLO PARA MI

    MIA, LA CULPA HA SIDO MIA

    QUE LENTA ES MI AGONIA

    VACIA DE ESPERANZAS PARA MI,

    TANTO AMOR, TANTO AMOR,

    ME MATA Y ME DA VIDA A LA VEZ…

    TANTO AMOR, TANTO AMOR

    QUE YA NO SÉ QUÉ HACER…



    Melina terminó de escuchar aquella canción desde lejos y luego trató de acercarse pero Walter la llamaba.

    - ¿Qué haces? ¿A dónde vas?

    - Voy a…saludar al cantante.

    - No tienes que hacer eso. Él sólo vino a divertir a la gente.

    - Es que…cantó muy bien.

    - Olvídate, no me hagas molestar, por favor. Será mejor que vengas conmigo- dijo, mientras la abrazaba por la cintura y besaba su mejilla tratando de aparentar.

    Melina miraba a Onasis quien la miraba también de reojo, tratando de ignorarla, al tiempo que saludaba a algunas personas importantes y firmaba algunos autógrafos.

    Melina fue donde Walter y su padre.

    Éste le dijo a solas.

    - Ni siquiera te le acerques.

    - ¿Por qué permitiste que viniera?

    - Lo invitamos porque…quería que viera que ya no estás sola…que Walter es tu prometido y que tú y él están felices juntos, como debe ser.

    - Eres cruel…

    - No más que tú…para él, tú lo dejaste, tú lo abandonaste. ¿Crees acaso que te perdonará?

    - Lo hará…hay un motivo muy fuerte- comentó.

    Su padre le preguntó.

    - ¿De qué hablas?

    - Tú no comprendes…pero no tienes por qué preocuparte. Con permiso, papá.

    La nana se acercó a Onasis y le dijo.

    - ¿Te acuerdas de mí?

    El muchacho la reconoció.

    - Claro…¿qué hace aquí?

    - ¿Puedes venir conmigo?

    - ¿Para qué?

    - Por favor…- suplicó.

    La mujer lo llevó donde estaba Melina.

    Ella lo miró enamorada y sonriente.

    - Onasis…

    Él la miró dolorido.

    - Ah…eras tú…

    Melina se acercó a él sin temor.

    - Onasis…tenía tantas ganas de verte.

    - ¿Para qué?

    - Para decirte que…

    - No tienes que decir nada, te vi con él. ¿Quieres presumirme tu compromiso? ¿Echarme en el rostro que te vas a casar con él?

    - Claro que no, yo…

    - No pierdas tu tiempo- replicó él.- Si vine fue por un compromiso de trabajo, no por ti. Lo siento.

    - Espera…necesito decirte algo…yo no te he dejado de amar- dijo tomando sus manos.

    Pero él las apartó.

    - ¡Basta! No insistas. Tú decidiste romper con lo nuestro, preferiste aceptar tus conveniencias y alejarte de mí. No tienes que seguir fingiendo. ¿Para qué? ¿Quieres seguir con tu aventura conmigo? Olvídalo, ya no estoy interesado. Que seas…muy feliz…



    Melina lloró a solas.

    - ¿Lo viste, nana? No me quiso escuchar…

    - Lo lamento tanto…pero espera…todavía puedo hablar con él…

    - No, no lo hagas…él está resentido. No me perdona…creo que ya no me ama.

    - Ese hombre te sigo amando, mi niña.

    - Entonces, ¿por qué me trató así?

    - Porque te ama y le duele mucho verte con ese hombre. Tal vez antes de que se vaya podamos hablar con él.



    A poco raro volvió a escuchar otra canción:



    EN TUS OJOS HABLADORES

    PUDE VER OTRO AMORES

    MIENTRAS YO CALLABA…

    Y POR TUS BESOS SIN ENTREGA

    SE ME HIZO EL ALMA PIEDRA

    MIENTRAS YO CALLABA

    TU CUERPO COMO EL HIELO

    CONGELÓ TODO MI ANHELO

    MIENTRAS YO CALLABA

    PORQUE MI UNIVERSO AUN ESTABA EN TI

    LA DISTANCIA FUE CRECIENDO

    Y NUESTRO AMOR DISMINUYENDO SIN ESPERANZA…

    Y UN OCEANO DE NOCHES FUE AHOGANDO MIS REPROCHES

    MIENTRAS YO CALLABA

    HASTA QUE MI UNIVERSO DEJO DE ESTAR EN TI

    TU, INSACIABLE AMANTE, TU

    TE CREES MAS QUE NADIE, TU

    NO ERES LO UNICO EN EL MUNDO

    YA ME CANSE DE CALLAR

    TU, INSACIABLE AMANTE, TU

    DE AHORA EN ADELANTE, TU

    NO SERAS LO UNICO EN EL MUNDO,

    YA ME CANSE DE CALLAR



    Tras la canción, ella se quedó en su sitio, estática.

    Tuvo que atender a otras personas. Luego, supo que él se marchaba por unas escaleras traseras para abordar otro auto.

    - Voy a seguirlo, nana. Trata de cubrirme con mi padre y con Walter, por favor.

    - Ten cuidado…

    Vio pasar a Onasis que iba a bajar unas escaleras. Ella le gritó desde el comienzo de la misma.

    - ¡Onasis!

    Él la miró y siguió bajando sin inmutarse. Llegó al final a fin de alcanzar el auto. Ella bajó corriendo las escaleras pero por la prisa, tropezó y cayó estrepitosamente, desmayándose.

    Onasis corrió hacia ella.

    La nana había visto todo. Bajó donde ella y le dijo a Onasis.

    - Pronto…hay que llamar a un médico.

    - Quizás sólo esté desmayada- dijo él.- No se ve que esté herida…

    La nana movió la cabeza con tristeza.

    - No…ella está…está embarazada.

    - ¿Cómo?

    - Sí…está esperando un hijo tuyo. Eso es lo que ha tratado de decirte toda la noche.

    Onasis entreabrió los labios y palideció.

    - ¡Pronto, vamos al hospital!- dijo a quien manejaba el auto.- Venga conmigo, señora, por favor…



    Llegaron al hospital. Inmediatamente la atendieron.

    Onasis estaba afuera, desconsolado y arrepentido.

    El médico salió después de un tiempo.

    - ¿Cómo está, doctor?

    - Lo siento, joven…ella resistió la operación pero…perdió a su hijo.

    Onasis entrecerró los ojos tratando de contener las lágrimas que salían a borbotones de sus ojos.
     
  13.  
    Andrea Sparrow

    Andrea Sparrow Usuario común

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    Cap. 13

    Onasis se llevó las manos a la frente. La nana estaba junto a él.

    - Lo siento mucho…no sabes la ilusión que tenía por decírtelo.

    - Soy un imbécil, ¿por qué no la quise escuchar?

    - Era normal, ella se había despedido de ti…¿qué podías pensar?

    - Debí haber entendido que Melina había sigo obligada de alguna forma. Porque fue así, ¿cierto?

    - Sí- respondió la nana.- Su padre la obligó…porque la amenazó con acabar con tu carrera.

    - ¿Cómo fue capaz de hacer eso?

    - Sé que suena extraño pero ella lo creyó y prefirió apartarse de ti.

    Onasis movió la cabeza.

    - ¿Y ahora qué hago? Ella no me perdonará…nuestro hijo murió por mi culpa…por mi ceguera. Yo debí haberla escuchado- insistía.

    - No podías adivinar lo que quería decirte.

    - No…yo la amo y debí darle la oportunidad de decirme lo que quería. ¿Por qué me cegó el orgullo y el rencor?

    La nana lo abrazó.

    - ¿Podría quedarse con ella mientras aviso que voy a regresar?

    - Claro que sí.

    Onasis volvió a la reunión con su gente. Su representante le preguntó.

    - ¿En dónde te metiste?

    - Perdona…tengo un gran problema. Necesito que me permitas ausentarme.

    - ¿Se puede saber por qué?

    - No…es algo muy personal.

    Aquél respondió.

    - Está bien, pero mantenme al tanto. Trataré de evitar que te atosiguen con preguntas.

    Cuando se marchaba, el padre de Melina le preguntó.

    - ¿En dónde está mi hija?

    - Su hija…¿por qué pregunta por ella? ¿Acaso realmente le importa lo que le suceda?

    - ¿Qué le pasó?

    - Está en el hospital…

    - ¿En cuál?

    - No debería decírselo pero…aquí está la dirección- dijo anotándole la información.- Ella está bien…sin embargo, yo voy a estar con ella…y no me lo va a impedir.

    Walter se acercó.

    - ¿Alguien me puede decir qué sucedió con Melina?

    Onasis lo miró con odio.

    El padre de Melina le dijo.

    - Espera aquí, Walter. Necesito saber qué ocurrió con ella.

    - Yo tengo que saber. Ella es mi prometida y…

    - Olvídate de ese compromiso- dijo su padre.- Melina ya no va a casarse contigo.

    La respuesta sorprendió a Onasis. Walter miró a éste y le replicó.

    - ¿Se puede saber qué tiene éste que ver con Melina?

    - Ella es la mujer que amo- dijo Onasis.-

    - Estás equivocado. Por si no lo sabes, ella es mi prometida.

    - Ya no. ¿No te has dado cuenta que ella no te quiere y que la están obligando?

    Walter discutió con él. Trató de pegarle, pero Onasis le dio un fuerte golpe que lo dejó casi inconsciente.

    La gente de seguridad trató de detenerlo, pero el padre de Melina lo impidió.

    - Déjenlo tranquilo. Onasis…será mejor que te vayas…yo iré después a ver a mi hija.

    Onasis se marchó sin despedirse.

    Cuando llegó al hospital le permitieron ver a Melina.

    Entró despacio a la habitación.

    La miró dormir. Tomó su mano y la besó delicadamente.

    - Melina…fui un tonto, perdóname, mi amor. No sabes cuánto estoy sufriendo…quisiera estar en tu lugar, sufriendo lo mismo que tú.

    Entonces recordó aquella canción que le cantara hace tiempo.



    SI TU DOLOR FUERA MIO

    Y EL MIO TUYO,

    ¡QUÉ BONITO SERÍA, AMOR, AMAR!



    Cuando llegó su padre, le pidió.

    - Déjame un momento con ella…

    Onasis lo miró con dureza.

    - Ya lo sé todo…la nana de mi hija me lo contó.

    - Es muy doloroso…no tiene idea de lo que estoy sintiendo. Y no sé si ella me perdone…no quise hacerle daño…

    - Tú no tuviste la culpa…la culpa fue de mi ceguera…si yo no la hubiera lastimado así, ustedes estarían bien…perdóname, Onasis, estaba ciego.

    Onasis no podía creer lo que escuchaba.

    - ¿Acaso está…arrepentido?

    - Sí- dijo su padre.- Mi intransigencia y mi odio están causando esto…yo también tengo que pedirle perdón.

    Onasis respondió.

    - La verdad…estoy seguro que lo perdonará pero…a mí…

    - A ti también, muchacho…ella te ama…

    Pero él tenía mucho miedo de que Melina no quisiera volver a verlo.

    Cuando su padre se fue, Onasis se quedó cantando para ella:

    PERDONAME

    SI PIDO MAS DE LO QUE PUEDO DAR

    SI GRITO CUANDO YO DEBO CALLAR

    SI HUYO CUANDO TU ME NECESITAS MÁS…

    PERDONAME

    CUANDO TE DIGO QUE NO TE QUIERO YA

    SON PALABRAS QUE NUNCA SENTI

    Y HOY SE VUELVEN CONTRA MI…

    PERDONAME, PERDONAME, PERDONAME

    SI HAY ALGO QUE QUIERO ERES TÚ…PERDÓNAME…



    Permaneció un rato con ella, cabeceando y sintiendo que el cansancio lo vencía por momentos. Cuando despertó, miró en torno suyo. Onasis fue a llamar al doctor.

    - Ya despertó, doctor.

    Éste entró a revisarla.

    - ¿Puedo entrar yo?

    - Sí, sólo no la distraiga mucho. Con permiso.

    Onasis entró de nuevo. La miró con dulzura y con tristeza por lo que había sucedido.

    Melina lo miró. Él le preguntó.

    - ¿Cómo te sientes? Estaba muy preocupado por ti…

    Melina musitó.

    - Vete…por favor…

    Onasis trató de hablarle.

    - Perdóname, por favor…yo quiero decirte que me pesa mucho lo que sucedió.

    - Por favor…vete…no quiero verte.

    La nana se acercó.

    - Melina, hija…él tiene derecho de estar aquí, además, él te quiere mucho, no sabes lo triste que ha estado y lo preocupado. No se ha movido de aquí.

    Melina le pidió.

    - Nana…pídele que se vaya, por favor. No lo quiero ver…

    Onasis salió. La nana le dijo.

    - Por favor, hijo, entiéndela. Acaba de perder lo que más quería: un hijo tuyo.

    - Ya no me ama…me odia.

    - No- dijo la nana- ella no te odia. Está muy dolida. Dale tiempo.

    - Vendré todos los días a verla.- dijo Onasis- no pasará un día sin que venga a pedir su perdón.

    - Tranquilo, ya verás que todo se va a solucionar. Ahora…vete, por favor.

    - Está bien. Dele un beso de mi parte, por favor.

    - Hasta pronto.

    La nana regresó al poco rato y la encontró llorando.

    - No te pongas así…

    - No puede ser…estaba tan feliz…quería decírselo y mira…prefirió seguir con su orgullo. No puedo perdonarlo.

    - Hija…

    - Sí…no puedo perdonarlo…es demasiado.

    - Tú también lo amas.

    - Sí, nana, pero no puedo dejar de lado lo que sucedió. Por su culpa, nuestro hijo no se logró.

    - No digas eso. Tú lo abandonaste. Tú creíste en lo que tu padre era capaz de hacer. No confiaste en él. Hubieras dejado todo.

    - No podía, nana.

    - Cuando hay amor, todo es posible- dijo la nana.

    - Tienes razón- respondió Melina.

    - También tu padre tiene la culpa. Él, con su intransigencia, ha impedido que ustedes sean felices.

    - Por cierto, ¿dónde está?

    - No lo sé…estuvo aquí pero se marchó.

    - Debe estar muy molesto conmigo…

    - No lo creo…estaba preocupado.

    - Sí, tal vez porque no quería que se supiera nada.

    Aquel pensamiento la tuvo un poco triste hasta la hora en que su padre entró a verla.

    - Hija…

    - ¿Qué haces aquí?

    - Vengo a ver cómo estás. Tenía que verte ya…estoy…arrepentido.

    - Pero…

    - No digas más. Sé que me porté muy mal contigo. Fui capaz de dañarte tanto…yo…he sido un mal padre. Te debo una satisfacción por todo el daño que te he hecho.

    - No digas eso…tú sólo querías mi bien- comentó Melina.

    - Claro que no, sólo estaba satisfaciendo mi orgullo y mis absurdas decisiones. Ese muchacho, Onasis, siempre te quiso. Además, no es verdad que su padre y tu madre me engañaran.

    - Ya lo sé. La nana me lo contó todo.

    - ¿Lo ves? Tienes que perdonarme tantas cosas.

    - Estás perdonado- sonrió Melina.

    - Eso quiere decir que no me guardas rencor.

    - Claro que no. Sólo quiero que hagas algo por mí.

    - ¿Qué quieres hacer?

    - Quiero que…me dejes libre. No quiero seguir en la embajada. Ya no quiero vivir contigo, no quiero depender más de ti.

    - Pero, Melina…

    - Si en verdad me amas, me dejarás que encuentre mi camino sola…eso es lo que más quiero en este momento.

    - ¿Te irás con Onasis?

    - No…lo amo pero no voy a seguirlo. Sólo quiero ser yo misma. Mi amor por él seguirá pero por ahora no seríamos felices juntos.

    Su padre la comprendió.

    - Creo que estás haciendo lo correcto.



    Al día siguiente, Onasis fue a preguntar por ella. La nana le dijo.

    - Ella está bien…pero no quiere hablar contigo.

    - ¿Por qué?

    - No lo sé, sólo me pidió que te dijera que no. Discúlpame. Esta vez voy a respetar su decisión.

    - Quizás tiene razón…espero que pueda perdonarme…pero no voy a atosigarla. Será mejor que la deje tomar sus decisiones. Mañana vendré de nuevo para saber cómo está.

    Pero al día siguiente fue lo mismo y al siguiente igual. Hasta que dos días después, ya no encontró a nadie.

    - ¿Usted sabe si ya dieron de alta a la paciente Melina Mercouri?

    - No…no estuvo aquí…lo siento, no puedo darle información.

    Onasis sabía que habían ocultado todo eso. Pero ¿por qué? Ahora no había forma de averiguar más que en la embajada.

    Trató de llegarse al padre de Melina. Éste lo recibió a solas.

    - Onasis.

    - Señor…perdone la molestia pero…quiero saber dónde está Melina. Sé que usted me odia pero…

    - No, muchacho. Yo no te odio porque sé que amas a mi hija y ella a ti.

    - Entonces, ¿ella me ha perdonado?

    - Eso sólo puedes averiguarlo tú.

    - ¿Y dónde está?

    - No lo sé- dijo su padre.

    - ¿Cómo?

    - Sí- respondió el padre de Melina.- Ella se ha ido y no sé a dónde…no quiso decírmelo para que no la buscara. Y dijo que…tú tampoco lo hicieras.

    - Pero, ¿por qué?

    - Dijo que quería abrirse paso ella sola. Que no quería depender de mí y que no quería tampoco estar cerca de ti hasta que estuviera consolidada como persona ella sola. Y yo respeto su decisión. Tú también deberías hacerlo.

    - Pero no puedo vivir sin ella…

    - Dale tiempo al tiempo- dijo su padre.- Cuando sea oportuno, la encontrarás, ya lo verás.

    - Entonces…voy a esperarla el tiempo que sea necesario. Gracias, señor. Cuando eso suceda, le prometo que haré muy feliz a su hija.

    - Eso espero. Cuídate mucho y ojalá que tengas noticias de ella muy pronto.

    Onasis se despidió triste por no tener suficiente suerte. Pero pensó en llegar a ella como fuera, a través de su música.



    Meses después.



    SIEMPRE ME TRAICIONA LA RAZON

    Y ME DOMINA EL CORAZÓN

    NO SÉ LUCHAR CONTRA EL AMOR

    SIEMPRE ME VOY A ENAMORAR

    DE QUIEN DE MI NO SE ENAMORA

    ES POR ESO QUE MI ALMA LLORA

    Y YA NO PUEDO MAS

    YA NO PUEDO MAS,

    SIEMPRE SE REPITE ESTA MISMA HISTORIA

    Y YA NO PUEDO MAS

    Y YA NO PUEDO MAS

    ESTOY HARTO DE RODA COMO UNA NORIA

    VIVIR ASI ES MORIR DE AMOR,

    POR AMOR TENGO EL ALMA HERIDA

    POR AMOR NO QUIERO MÁS VIDA QUE SU VIDA,

    MELANCOLÍA…



    Los aplausos llenaron el escenario, pero no el corazón del muchacho, que cada día que pasaba se convertía en un hombre totalmente. Y en su recuerdo, viajaba el nombre de la mujer que amaba con toda el alma.



    En tanto Melina viajaba de nuevo por las costas griegas:



    Escuchaba aquella canción en su lengua natal. Qué agradable era volver a pisar su tierra como antes. Pero esta vez lo hacía como una mujer común y corriente.

    Era solamente una maestra de español que trabajaba en una escuela y había decidido pasar su tarde en la playa. Mas, de pronto escuchó una canción en español que estremeció su corazón.





    Y en otro lugar, en la playa también, alguien más también contemplaba el atardecer diciendo una y otra vez cada palabra de la canción:

    MIS LAGRIMAS SE FUNDEN CON LA BRISA GRIS

    CUANDO ME PREGUNTO SI SERÁS FELIZ

    SOLO ENTRE MIS SUEÑOS PIENSO QUÉ SERÁ DE TI…

    Entonces decidió escribir una nota para su casa.

    “Madre…me alegra tanto saber de vosotros por la carta anterior. No he podido escribir mucho por la agenda de trabajo. Pero siempre os llevo en mi corazón. Tengo muchas ganas de volver a reunirme con vosotros para cantar, para festejar, para disfrutar de una agradable fiesta y recordar otros momentos juntos. Da saludos a todos: a mis hermanos, a mi tío, a todos quienes han estado conmigo en todo momento. Y de paso, quiero pedirte algo.

    ¿Recuerdas que te hablé de Melina? Pues bien…pasó algo muy desagradable de lo que no quise hablarte en mi carta anterior. Ella y yo nos peleamos. Pasó algo muy triste entre los dos…ella no quiere perdonarme y la entiendo…quizás yo tampoco me perdono. Pero lo peor es que no sé de ella desde hace un tiempo. Me gustaría tanto saber qué sucedió con ella. Si, quizás, se le ocurriera volver a donde estáis vosotros, recíbela en mi nombre, dile que la amo y hazme saber que está contigo para reunirme con ella. Dile que la amo con toda mi alma.

    Que Dios os guarde. Onasis”.



    Y un día volvió a cantar esa canción en un evento en provincia:



    Con razón o sin razón

    Porque Dios así me creó

    Hoy tan solo un hombre soy

    Desnudo de amor.

    Con razón o sin razón

    Entre dos que se hablan de amor

    Uno quiere y el otro se deja querer

    Ese soy yo.

    PORQUE AMORES QUERIDOS

    LA VIDA ME LOS QUITÓ

    AMORES PERDIDOS

    QUE NADIE ME DEVOLVIÓ

    CON RAZON O SIN RAZÓN

    CON RAZON O SIN RAZÓN

    ME PREGUNTO DE QUE ME SIRVIO

    HABER QUERIDO COMO LO HICE YO

    QUIZAS FUE UN ERROR

    CON LOS AÑOS DE AYER

    Y LA EXPERIENCIA DE HOY

    YO QUISIERA EMPEZAR OTRA VEZ

    CON RAZON O SIN RAZON

    Onasis quería decir en cada palabra que deseaba que su vida volviera a empezar en una nueva oportunidad.

    Y aquella ocasión, decidió darse un tiempo para descansar y visitar a su familia para recordar viejos tiempos y recuperar energías.



    En aquel lugar, una maestra saludó y se hospedó en la casa de una familia que la acogió muy bien.

    - Mi nombre es…Magdalena…Martínez- refirió.

    - Bienvenida, Magdalena. Aquí se sentirá como en su casa. Aquí somos muy hogareños, siempre habrá gente en esta casa así que llegará a pensar que esto es como una especie de vecindad pero seguramente le encantará el ambiente.

    - No se preocupe…a mí lo que más me hace falta es sentir el cariño de una familia.

    - Verá, sólo falta aquí un hijo mío, pero él está un poco lejos…trabajando. Quizás pronto venga a visitarnos. Así que supongo que le dará gusto que la tengamos aquí como invitada.

    - Es usted muy amable, señora.



    Sus días transcurrieron en su alegría. Todos la mimaba y la llamaban cariñosamente Maggie. Ella se dejaba querer.

    Sólo que en una ocasión algo la hizo sentir triste.

    La dueña de la casa leía una carta de su hijo cuando vio a la muchacha llorar al mirar en la televisión cantar a Onasis Blanes la canción de Melina.

    La maestra trató de no llorar. Pero la dueña se acercó y la miró.

    - ¿Tú eres Melina, cierto?- preguntó la señora.

    - ¿Cómo lo sabe?

    - ¿Te dice algo el nombre de Onasis Blanes? Es mi hijo…y me ha mandado una carta…con una foto tuya.

    La joven la abrazó con fuerza.

    - Señora…no sé qué hacer…lo amo tanto…

    - No te preocupes…él también te ama y me ha pedido que te lo diga. Si quieres, lee su carta y te convencerás.

    Melina sonrió al ver aquellas líneas escritas por él.

    - Yo también lo amo con toda mi alma.

    - Pues no se hable más. Cuando venga, se lo haces saber y ya.

    - Pero…

    - Pero nada, nosotros nos encargaremos del resto. Tú sólo sigue queriéndole y procura estar contenta, niña. A ver esos ojos…ya está. Sonríe y todo estará bien.

    - Gracias, señora- sonrió Melina al fin.



    Dos días después, Onasis hizo una presentación en la municipalidad. Su gente lo ovacionó.

    Algo Mas, Camilo Sesto, 1973 - YouTube

    QUISIERA RETENER

    EL SABOR DE TU AMOR

    Y GUARDAR EN MI ALMA EL FRESCOR

    ACOSTUMBRARME A NO VERTE

    A SER FRIO COMO TU

    DEJANDO UN LADO A LA GENTE

    SI TE HUBIERA CONOCIDO

    AYER EN VEZ DE HOY

    O MEJOR UNOS AÑOS ATRÁS

    TU MUNDO SERÍA MI MUNDO

    Y NO TE HABRÍA DEJADO MARCHAR…

    ALGO MÁS

    QUE UNA AVENTURA

    YO CONTIGO BUSQUE

    ALGO MÁS

    QUE NO SE PASE

    CUANDO LA VIDA SE VA

    ALGO MÁS…



    Días después, llegó Onasis a su casa.

    Su tío lo llevó.

    - Pero, hijo, ¿cómo es que llegaste sin avisar?

    Su tío respondió.

    - Hombre, que lo he encontrado casi por casualidad. Al parecer, no le dejaban venir.

    - Vendría de igual manera, tío. Ya quería estar aquí…os lo aseguro.

    Su madre le dio un gran abrazo.

    - Pues haremos una gran celebración para conmemorar tu regreso. Pero antes de eso…quiero que veas algo…

    - ¿De qué se trata?

    - Ya verás…te tenemos una sorpresa.

    De pronto, apareció antes sus ojos la figura de Melina. La sorpresa y el estupor de Onasis fue mayúsculo.
     
    Última edición por un moderador: 9 Febrero 2015
  14.  
    Andrea Sparrow

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    Capítulo 14

    Onasis la miró con un dejo de tristeza.

    Su madre dijo al tío.

    - Eh, tú…¿qué no ves que los muchachos tienen mucho que decirse?

    Se marcharon y los dejaron solos.

    Melina le dio la espalda.

    Onasis le preguntó:

    - ¿Qué haces aquí?

    - Vine porque…quería trabajar pero…no imaginé que se trataba de tu familia. Me acabo de enterar hace unos días.

    Onasis movió la cabeza.

    - ¿Por qué te fuiste sin decir nada? ¿Tanto me odias?

    Melina se volvió frente a él.

    - Claro que no…

    Su mirada hacia él estaba tan cargada de amor que Onasis se le acercó y estuvo a punto de besarla. Pero ella lo apartó.

    - No te odio…es sólo que quería estar lejos para cerrar ciclos…para dejar de lado a mi padre…para poder perdonarme y perdonar a todos…

    Onasis asintió.

    - ¿Y lo conseguiste?

    Melina lo miró de nuevo.

    - Sí…a ti te perdoné desde el primer día pero…quería sentirme libre…capaz de ofrecerte algo por mí misma.

    Onasis sonrió.

    - Pero si todo lo que yo quiero eres tú…

    Entonces, él se acercó y depositó un suave beso en sus labios. La ansiedad fue intensa. Se besaban apasionadamente cuando su madre gritó de dentro.

    - ¡Miren! Los chicos ya se han reconciliado.

    Onasis se apartó y rió.

    - Ya todos se han dado cuenta.

    La celebración comenzó en ese momento. La familia comenzó a llegar. Aquella noche se convirtió la casa en una romería. Todos llegaban de varias partes; hermanas de Onasis, tíos, primos.

    La fiesta continuó durante mucho tiempo. Melina convivió con algunas primas de Onasis.

    - Vaya que conseguiste convencer a ese cabeza dura- dijo una de ellas.

    - Sí, en ocasiones es muy terco pero es bueno- añadió otra.

    - Sois un amor- dijo Melina.-

    - Y dinos, ¿le quieres mucho?

    - Sí- respondió Melina.

    - ¡Qué tonta!- dijo otra prima a su hermana- ¿No ves los corazoncitos que le brotan a ésta de los ojos?

    Onasis conversaba con los hermanos y primos varones y de vez en cuando miraba a Melina y sonreía disimuladamente, aguardando el momento de hablar a solas con ella. Luego, jugaban en hablarse con señas.

    Uno de sus tíos le dijo:

    - Eh, tú, Onasis, déjala…que no se va a ir. Ya tendréis mucho tiempo para estar juntos. Ven, vamos a seguir bebiendo.

    - No mucho, tío- comentó Onasis- no puedo beber mucho. Ya sabes que le hace daño a la garganta.

    - Hombre, pero sólo un poco más. Despreocúpate, que esa voz privilegiada no se va a echar a perder. Yo te lo aseguro.

    Al fin de un rato, las primas comenzaron a reír.

    - ¿Y qué vais a hacer esta noche?- preguntó riendo.

    - No seas indiscreta- comentó otra- esas son cosas de novios.

    La mamá de Onasis intervino.

    - ¿Qué van a hacer esos dos esta noche? Dormir, ¿qué más? ¿ O creéis vosotros que los voy a dejar solos en una misma habitación? Claro que no, esos dos no van a estar juntos solos hasta que se casen.

    Melina sólo reía.

    Al fin Onasis se acercó.

    - ¿Ya terminaron de darle malos consejos?

    - Nada de malos consejos, si la estamos preparando para aguantarte a ti.

    - Ah, pero si eso es fácil. Voy a prepararla yo para aguantaros a vosotras.

    Las primas le dieron uno que otro bofetón o golpe de broma. Onasis se quedó al fin solo con Melina.

    - ¿Cómo lo estás pasando con ellas?

    - Muy contenta. Son fenomenales.

    - Sí…las quiere mucho. Y se ve que ya te quieren mucho a ti también.

    Melina bajó la cabeza.

    - No sé si lo merezca…yo no me he portado muy bien contigo…no deben estar muy de acuerdo con eso.

    Onasis movió la cabeza.

    - ¿Pero no ves lo felices que están de que yo sea feliz? ¿No te das cuenta de que ellas te quieren porque eres linda, porque saben que me quieres como yo a ti?

    - Entonces, ¿me perdonas?

    - Claro que sí, amor. Te amo tanto…

    Otro largo beso los mantuvo unidos un buen rato.

    Por fin, su familia le pidió que cantara:



    Como el humo de un cigarrillo

    Como un amor de chiquillos

    Como un sueño que no existe

    Así despareciste…

    ¿CUAL ES MI CAMINO DESPUÉS DE TI?

    ¿CUAL ES MI DESTINO DESPUES DE TI?

    MI SONRISA SE HA PERDIDO DESPUES DE TI

    MI ALMA SE HA DORMIDO DESPUES DE TI.

    Como se pierde una puesta de sol

    Como se marchita una flor

    Así te escapaste de mi vida

    Así terminó nuestro amor…



    Después de cantar, estuvieron compartiendo la velada todos como familia. Onasis y Melina seguían abrazados mientras charlaban, reían y bromeaban.

    Poco a poco todos fueron marchándose a descansar. Onasis abrazó a Melina y le dijo mientras la sostenía de la cintura.

    - ¿Estás cansada?

    - No tanto como pareciera. Sí tengo algo de sueño pero me siento tan contenta que creo que apenas voy a poder dormir.

    - Pues ya escuchaste a mamá…creo que esta noche no voy a poder estar contigo…pero no por falta de ganas- sonrió pícaramente.

    - No te preocupes…ya tendremos tiempo, ¿no crees?

    - Lo sé pero…es nuestra noche de reencuentro. Deberíamos pasarla juntos…

    - Vamos, travieso. Es la casa de tu mamá.

    - Por eso comprendo. No insistiré pero déjame decirte que te amo tanto y que te necesito.

    Le dio un nuevo beso cuando su madre se acercó.

    - Chicos, es tarde, es hora de que os vayáis a dormir.

    - Sí, madre, tienes razón. Melina tiene que descansar.

    - Sí, señora, voy a dormir. Estoy muy feliz por esta noche.

    - Esta es sólo una muestra, niña- sonrió la señora.- Vamos, hijo, a dormir que se hace tarde.

    - Sí, voy. Hasta mañana- dijo al oído a Melina.- Por cierto…mañana te daré una sorpresa.

    - Ya quiero que llegue mañana.

    La mamá se los llevó a habitaciones extremas.

    - ¿Por qué nos pusiste en lugares contrarios?

    - Ah, es que no quiero que os vaya a salir lo sonámbulo y nos deis sorpresitas.

    - Eres incorregible, madre- señaló Onasis.



    Al día siguiente, Melina se levantó entre el bullicio de la casa. Después de desayunar y mirarse en los ojos de Onasis, éste la llevó al campo.

    - Este momento será importante porque…haremos algo que debimos haber hecho hace tiempo.

    Sacó entonces la flor de oro. Ella tomó la suya. Luego, él sacó una pequeña navaja.

    - Yo…Onasis…quiero unirme a ti, Melina, completamente, en cuerpo y alma…hasta el fin.

    - Y yo, Melina, quiero unirme a ti, Onasis, por siempre…en cuerpo y alma…

    Entonces, él se cortó ligeramente la muñeca y luego cortó la de ella sintiendo dolor por eso. Mezclaron su sangre y tras un beso y varias lágrimas, él anudo la muñeca de ella apretándola con fuerza. Él hizo lo mismo con la suya y permanecieron un rato contemplando el trigal.

    Luego volvieron a la casa.

    Onasis le mostró algo que estaba en sus recuerdos más remotos.

    - Quiero que escuches. Era un muchachito cuando hacía esto:



    Melina sonrió.

    - Pero, ¿en serio, eras tú?

    - Por supuesto, ¿quién más?

    - Apenas puedo creerlo. Pero ¿sabes algo? Me encanta reconocerte a través del tiempo.

    Por fin, parecía que la felicidad empezaba a llegarles.
     
  15.  
    Andrea Sparrow

    Andrea Sparrow Usuario común

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    Cap. 15

    Durante días, Onasis y Melina lo pasaban juntos riendo y disfrutando de la estancia en el pueblo, hasta que él tuvo que volver a sus presentaciones.

    - En dos días estaré de vuelta en Madrid. ¿Vendrás conmigo?

    - Quisiera pero…no sé si pueda hacer ya si aún no estamos casados.

    Entonces, Onasis se apresuró.

    - Bueno, como quizás eso no pueda suceder…-dijo tomando una pequeña cajita y poniéndola en la mano de Melina- he decidido hacer esto. Ábrela.

    Melina abrió la pequeña caja y ahí encontró un anillo. Onasis lo tomó y lo colocó en uno de sus dedos y le dijo:

    - Acepta esta sortija en prenda de mi petición de mano. Dime, ¿aceptas ser mi esposa?

    Melina con lágrimas en los ojos y una sonrisa mal contenida, respondió afirmativamente.

    - Claro que sí…acepto ser tu esposa para siempre. Pero…quizás tengas que pedirle a mi padre mi mano.

    - Por supuesto. Ya le avisé que nos veremos mañana aquí para la fiesta de compromiso.

    Ella lo abrazó con fuerza. Onasis había pensado ya en todo.



    Aquella fiesta fue muy íntima. Solamente la familia de él y el padre de Melina, junto a su nana que se había encargado de ser su cómplice.

    Alguien pidió que Onasis cantara para la novia.



    Y CADA DIA CONTIGO ES TODO UN VERSO

    Y CADA NOCHE DORMIDO SIENTO TUS BESOS

    Y TU VOZ DICIENDOME

    “YO TAMBIEN TE QUIERO, TE QUIERO”.

    TE QUIERO COMO NADIE TE VA A QUERER

    Y AL FIN SOY FELIZ…



    Melina estaba verdaderamente feliz. Aquella celebración era el preludio de su amor.

    El viaje a Madrid duró muy poco, pero en cuanto llegaron buscaron a quien los casara. Ya no querían pasar un segundo más separados.

    La boda se celebró en una pequeña iglesia y la noche de bodas la pasaron en un pequeño hotel del centro.

    El lugar era hermoso y los ahora esposos apenas podían creer que ya estaban juntos definitivamente.



    “…deseada ternura, deseada locura de juegos prohibidos,

    Desatando placeres, descubriendo cómo eres a solas conmigo…

    Estrechamente enlazados llenos de paz, sintiendo por dentro una luz interior

    Que sólo tú me das.”

    Mi buen amor

    Del mundo yo me río

    Por hacer tu cuerpo mío

    Vale la pena vivir

    Mi buen amor

    Mi buen amor,

    Por alguien como tú

    Vale la pena vivir….



    Y aquella noche Melina permitió a Onasis que la sedujera lentamente. Él, con una rosa en la mano fue recorriendo a su mujer llevándola segundo a segundo a un punto de donde ya no podrían regresar. Ella lo miraba con dulzura en los ojos. Él, con ternura y fuego…sus cuerpos empezaron a temblar de emoción. Él cerró las cortinillas que colgaban de los bordes de la cama y ya dentro, estrechó a su mujer para poseerla tiernamente. Era un momento intenso y único.

    Las olas del placer chocaban furiosamente contra la playa de sus cuerpos y se estrellaban en intensos jadeos y susurros que los embriagaban de amor. Así, encontraron el momento ideal para gritarse lo mucho que se amaban.

    - Melina…te amo tanto…

    Se abrazaron sin tiempo y sin palabras. Ya eran definitivamente el uno del otro.



    Al contemplarla junto a él, acarició su piel y la miró dormir como un ángel. Así fue como nació una nueva canción:



    MI ANGEL

    MI HURACAN SENSUAL

    UN SENTIMIENTO ABIERTO A CUALQUIER FORMA DE AMAR

    ANGEL, SI NO LLEGAS A EXISTIR

    TE HABRÍA INVENTADO YO

    UNICAMENTE PARA MÍ.

    ME SALE DEL ALMA

    CUANDO DIGO QUE TE QUIERO Y DESEO

    Y AHOGAS MIS SUSPIROS CON TUS BESOS

    TU PERFUME DE NARDOS VA PRENDIDO A MI CORAZON

    LA LUZ DEL MEDITERRANEO NOS UNIO A LOS DOS.



    Y al despertar, la serenidad del cielo les mostraba que había una nueva oportunidad para ser verdaderamente felices, sin remedio.

    FIN
     

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