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Shaman king: el torneo de los cuatro guerreros

Tema en 'Fanfics Abandonados de Temática Libre de Anime' iniciado por Juri Di Lammermoor, 16 Noviembre 2014.

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    Juri Di Lammermoor

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    Escritora
    Título:
    Shaman king: el torneo de los cuatro guerreros
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    820
    Sk: El torneo de los cuatro guerreros

    Prologo

    Habían pasado 100 años desde el último torneo de shamanes. Edmund caminaba resignado por la costa, las olas se quebraban en sus pies descalzos mojando su pantalón. Pero no le importaba.

    Había empezado desde pequeño con su entrenamiento de shaman, sabía que tendría que legar lo que aprendiera a su generación. Nada más se esperaba de él. Pero cuando las noticias llego a sus oídos fue más de lo que jamás pudo soñar. El caos había explotado en esos últimos cien años, guerras civiles, crisis económicas y pandemias habían sido algunos de los sucesos del último siglo. El hombre había destruido completamente cualquier balance entre el mundo físico y espiritual.
    En una emergencia nunca antes vista, el rey de los shamanes llamo a un torneo extraordinario, sus intenciones eran claras, encontrar a los cuatro shamanes más poderosos, cuatro guerreros, con los cuales Hao Asakura contaría para restablecer el equilibrio destruido por la humanidad.

    Y aquello había sido una enorme sorpresa para Edmund O´Brien. Su familia era un clan pequeño con un legado casi nulo en las artes espirituales. Sus antepasados se dedicaban a la magia y al espiritismo de forma modesta, se los consideraba descendientes de antiguos druidas, pequeños curanderos de pueblos rurales e ingenuos. Pero todo cambio en el último torneo de shamanes, cuando Wallas O´Brien decidió participar por ser el shaman King. Fracaso en la primera ronda, sin embargo, volvió a su tierra dispuesto a formar a sus próximos descendientes. Anhelaba que dentro de 500 años, un O´Brien pudiese participar dignamente en el siguiente torneo. Wallas había sido su abuelo paterno y recordaba bien las lecciones que este le otorgaba cuando era pequeño, siendo quizás la parte histórica la que el joven más apreciaba. En su bolso cargaba un lápiz, este era su objeto de posesión, su oráculo virtual y un libro escrito manual por su abuelo, en donde describía con detalla a los importantes clanes y las potencias shamanicas de aquel último torneo.

    —Deberías denunciar el robo—Alego serio su espíritu acompañante, un antiguo guerrero celta.
    —Sera peor—Hablo resignado.

    Esa misma tarde le habían robado la billetera. No era demasiado lo que tenía. Pero pretendía vivir el próximo futuro cercano con ello.
    Se sentía completamente fuera de lugar en aquella enorme y activa ciudad. La gente no era educada y no entendía su idioma. A veces se planteaba si aquello había sido una buena idea o no.
    Diviso un conjunto de palmeras algo alejadas de la gente que, pese a la alta hora de la noche que se encontraban, aún estaban en la playa bebiendo, bailando y divirtiéndose. Tomó asiento debajo de una de ellas para tomar una pequeña linterna y comenzar a re leer una vez más su libro.

    —¿No sería buena idea que te relaciones con alguien?—Hablo inseguro su espíritu-Todos los shamanes están formando grupos.
    De mala gana se mordió el labio, efectivamente habían sido un grupo de cuatro shamanes los que le habían robado su dinero.
    —Nada indica vaya a ser por grupos—Se quejó para seguir leyendo-Aunque en la segunda parte del torneo anterior…
    —Si me permites opinar—Hablo respetuoso-Lo obvio seria formar equipos.

    Más lo ignoro una vez más para continuar leyendo. En voz alta repetía una y otra vez las palabras para que se archivaran en su memoria. Aquel libro de historia seria su aliado en aquella batalla. Planeaba vencer aquella batalla con su inteligencia, cada cual tenía sus cualidades y debían tener la suficiente astucia para sacarle el provecho a sea cual sea.
    Leyó y leyó sin escuchar las suplicas de su espíritu hasta que Edmund cayó sumergido en un profundo sueño.
    Arturo lo conocía demasiado bien y temía profundamente que aquello que él creía su fortaleza le juegue en contra. Debía estar atento por él y conocer al enemigo. Y fueron horas las que le tomo decidir por hacerlo. Y así fue como marcho a buscar al contrincante.

    Cuando Edmund despertó se sintió exaltado, la arena cubrió su rostro entero y una mano cubrió su boca, para dejar sus gritos completamente ahogados. Podía sentir el filo del metal que le rozaba la garganta y con la fuerza que aquel cuerpo que no podía ver lo oprimía contra el suelo.

    —Te vas a quedar callado-Le hablo con seriedad—De verdad no tengo ganas de ensuciarme.

    Y con su espada comenzó a cortar lentamente el cuello de la víctima, la arena comenzó a teñirse de rojo y los gritos comenzaron a sentirse. Tenía su mano dentro de su boca, le mordía intentando liberarse, pero era en vano. Se tomó su tiempo en hacer el trabajo.

    Cuando Arturo volvió encontró la cabeza de Edmund colocada al lado de dos cocos que se encontraban tirados. Miro exaltado a su alrededor y no encontró nada. Impactado volvió a mirar la imagen. Encontraría al responsable y lo haría pagar por aquello.
     
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    Juri Di Lammermoor

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    Shaman king: el torneo de los cuatro guerreros
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
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    Aventura
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    2073
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    Caminaba cargando una pequeña bolsa de supermercado por el centro de la ciudad. Silbaba una rápida melodía mientras a su lado sus espíritus no paraban de hablarle el uno al otro.

    —¡Este lugar es horrible!—Se quejó el ave
    —Mentira, es genial—Replico la serpiente.

    Por algún motivo que el joven no entendía, ambos amaban discutir y llevarse la contra entre sí. Afortunadamente comprendía que aquello no era más que un entretenimiento para el día a día. Cuando era el momento de luchar, cada uno hacia la posesión de manera impecable y se encontraba orgulloso de poder decir que eran un equipo.
    Más era difícil el disimulo. Sabía en lo que se había metido. No quería estar solo, pero tampoco ser una presa fácil, es por ello que aquel joven no emitía comentario hacia los espíritus mientras pudiera estar expuesto. A veces le costaba controlar la risa por las discusiones de aquel par.
    Ahí se encontraba él, en el corazón de Rio De Janeiro, junto a sus espíritus sintiéndose más fuerte y seguro que nunca.
    Vivía en un pequeño pueblo, todos los días viajaba dos horas en autobús para impartir lecciones de historia a una ciudad cercana a la tarde entrenaba junto a su clan shamanico e intentaba impartir lecciones acerca de su ya olvidada cultura. Había derrotado a su padre en batalla, convenciendo así la idea para los de su clan de que él era ni más ni menos que la rencarnación de su antiguo rey. Tras aquella visión, orgullosamente el joven azteca cedió a cambiar su nombre y ser rebautizado como Cé Ácatl. Más aquello no fue suficiente para ellos, al enterarse del torneo, no pudieron evitar alabar a aquel hombre como su salvador. Y sí que era grande el peso que habían colocado sobre sus hombres, las esperanzas de todos aquellos con los que había crecido, de aquellos que le habían enseñado a ser lo que hoy eran estaban en él. No podía fallarles.
    Pero su trabajo había dado frutos. Siempre había sido cuidadoso y había ahorrado cada centavo por el que había ganado. No tenía grandes aspiraciones, una casa para compartir con su familia y ser felices. Afortunado fue al poder costearse todo y no estar durmiendo en la calle como tantos shamanes que había visto. Sobre todo por cómo se estaban poniendo las cosas de violentas. Sabía que ya de por si debía ir con cuidado, aquel lugar no era el más pacífico de la tierra, a ello había que sumarle aquel tremendo clima que se había formado. Era muy seguido que su oráculo chillaba con una de aquellas fatídicas noticias. Cada oráculo virtual consentía en el aparato que te era entregado una vez habías superado la prueba para poder ingresar a el torneo. Era un pequeño aparato con apariencia de teléfono inteligente, con él tendrías acceso a toda la información que los apaches publiquen, sabrías cuando y con quien sería tu siguiente pelea, mapas de la zona e ingresando el código de otro shaman, podrías escribirte con él. Fue en ese preciso instante que el aparato soltó un chillido. Ambos espíritus detuvieron su discusión acerca de la utilidad de las palmeras como árbol para dar sombra y se acercaron ágilmente a leer aquella pequeña pantalla.

    —¡Aparece shaman decapitado junto a unas palmeras!— Exclamo impresionada Quetzali. Serp, apodo que le había puesto Cé a la serpiente miro molesta.
    —Tenía que ser junto a aquellas plantas de mierda
    —¡Cállate! ¡Es obvio que no es culpa de las palmeras!
    —¡Seguro el muy tonto trato de esconderse detrás de aquellas porquerías inservibles!
    —¡Calla!

    Y tan seguido sucedía era como se repetían las advertencias de la ilegalidad de lo que estaba pasando, de que quien fuese descubierto no solo sería descalificado, sino que juzgado por el propio Rey de los Shamanes. Esa era la advertencia que los apaches daban. Más algo era claro, el rey si hubiera querido intervenir, ya lo hubiera hecho. Las hipótesis eran varias, no era un secreto que existían cuatro puestos, aquello ya había provocado diversas agrupaciones de todos los tipos. No era extraño ver a quienes ya iban formados juntos a sus espíritus en la calle, la playa, los restaurants. Nunca vio una reacción hostil, consideraba que muchos de ellos habían optado por aquello incluso por su propia seguridad. Acto que el joven pretendía imitar rápidamente. Muchos susurraban que era por culpa de aquello que pasaba lo que pasaba. Equipos de shamanes se juntaban e intentaban aniquilar a quienes aún estaban solos. No había ningún patrón que indicase que fuese un solo equipo. Y así fue como el miedo a los cazadores fue creciendo. Y para la desgracia de Cé, cada día sentía más lejana la posibilidad de poder relacionarse con alguno de ellos. Hoy su único medio de seguridad era no hablar con sus espíritus en la calle y mantenerse siempre alerta.

    Compro una botella de guaraná para tomar asiento en una plaza rodeada de recintos comerciales y comenzar a beber. Había escuchado historias de la anterior pelea de shamanes y nada indicaba que aquella haya tomado el actual grado de violencia.
    Se disponía a colocarse sus auriculares para escuchar algo de música, cuando unos gritos robaron su atención.

    —¿Dónde?—Pregunto sin pensarlo a los espíritus. Ambos buscaron hasta que localizaron a dos policías que tiraban al suelo a un joven en la puerta de una cadena de comida rápida.

    La gente comenzó a acercarse curiosa ante aquel espectáculo. Del propio restaurant salía la gente a mirar aquello. Indignado el joven los miro.

    —Esto es envidia de la más pura—Les grito a los policías—¡Todo porque en Estados Unidos serían unos pobres ilegales!
    —¡Y no vuelvas!—Le ladró la encargada del local mientras ambos dos policías la seguían.
    —¡¿Cómo se atreven a tratar de esta manera a Gastón?!—Grito indignada su espíritu.
    ¡Exacto Lucy! Aquí no saben quién soy—Miro molesto a su alrededor—¿Y ustedes que miran? ¡Tengo a un veterano de Vietnam que me va a proteger! ¿Verdad teniente Carlson? ¿Pueden decir lo mismo? ¿eh? ¿eh? ¿eh?
    —Me está haciendo pasar vergüenza, señor—Hablo serio el espíritu.

    Lentamente, Cé comenzó a acercarse a la discusión. Tímidamente le pregunto a una señora a su lado.

    —¿Qué paso?
    —Ese chico está loco. Habla solo a los gritos.

    Miro a sus espíritus, los cuales se reían de la reacción del teniente.

    —Ese tipo es genial—Hablo la serpiente
    —Es un pésimo espíritu acompañante, ¿Qué dices?—Refuto el ave.
    Mientras Ambos espíritus discutían, el joven mexicano opto por acercarse un poco más.

    —O se va o llamaremos a una ambulancia—Hablo de mala gana el segundo de los policías. A lo que Gastón se le acerco serio.
    —¿Sabe que cuando vuelva a Estados Unidos puedo quejarme personalmente con Ronald Mc Donald de lo que me están haciendo? ¿Cierto?
    —Quéjese—Le hablo el primero de los policías. La encargada ya se había marchado.
    —¡Yo si me hare cargo de ellos Gastón!—Hablo enojada Lucy—Eres demasiado adorable para que te traten de esta manera.
    —¡Es verdad Lucy, soy adorable!—Los policías comenzaron a reírse—¡Jamás se rían de un poderoso shaman siendo ustedes unos simples mortales!
    —Poderoso shaman-Se burló uno de los policías— Conozco un lugar con más gente como usted, se llama manicomio.
    —¡Vamos a enseñarle quienes somos Gastón!—Grito Lucy
    —¡Si, vamos Lucy!
    —En momentos como estos agradezco estar muerto—Hablo serio el teniente Carlson
    —Lucy, su amiga imaginaria, si.
    —¡Ya verán! ¡Lucy posesio…—Y sintió como alguien comenzaba a arrastrarlo—¿eh? ¿¡Que haces!?
    —Perdónenlo—Les grito Cé a los policías mientras lo arrastraba-Esta conmigo.
    —¡Mentira! ¡Me secuestran! ¡Auxilio!
    —¿Esta con usted?—Hablo serio uno de los policías acercándose.
    —¡No!—Grito desesperado Gastón y Lucy a la vez-¡Nos está secuestrando!
    —Sí, si está conmigo es mi amigo—Hablo dudoso Cé.
    —¡No es mi amigo, ayuda!—Chillo.
    —Debe la cuenta—Hablo serio el policía mirando al joven de piel morena—Si es su amigo páguela. Nos dijo que no tenía a nadie “en este país de mierda”.
    —¡Amigo!—Grito emocionado Gastón abrazándolo-¡Te extrañe! ¡Tantos años sin verte amigo mi Amigo Anacleto! ¿Qué es más bello que la amistad en estos momentos?
    —¿De cuánto es la deuda?—Hablo dudoso el joven
    —¡No se llama Anacleto!—Protesto Quetzali
    —Sí, lo que digas pájaro—El policía volvió a mirarlo raro.
    —50 reales—Hablo serio un policía—Y disturbios en el local.
    —¡¿50 reales!?—En aquel momento, Cé se lamentó profundamente por su buen actuar.
    —Veras Anacleto-Hablo con serenidad Gastón—No quisieron darme trabajo, asumí que me lo darían. Y bueno, soy hombre de buen comer.
    —¡Pero su estado físico es genial señor!—Alabo Lucy
    —Gracias linda—Hizo fuerza para marcar sus músculos— Créeme que lo sé.

    Molesto Cé tomo su billetera para sacar su dinero y disculparse de los policías. Tras el Gastón platicaba a los gritos con Lucy y sus dos espíritus. A su lado se encontraba el teniente.

    —Lamento por las molestias que le ha hecho pasar mi shaman, señor.
    —No te preocupes—Contesto una vez los policías y el tumulto se fueron—¡Gastón!—le llamo
    —¿Cómo rayos sabes mi nombre, Anacleto?
    —Por qué lo dijeron como 20 veces en la discusión—Hablo con paciencia—Y no me llamo Anacleto, me llamo Cé.
    —Anacleto, Cé, es todo lo mismo—Hablo sonriendo—Yo soy Gastón Franchi-amablemente Cé le sonrió.
    —Intenta ser más disimulado la próxima vez…
    —¿Por qué querría ser disimulado?—Habló acomodándose sus lentes—Soy genial, no veo por qué privar a los demás de mí.
    —¡Exacto!—Alego Lucy.
    —Está bien. Pensé que la gente estaba más cuidadosa con lo de las noticias del oráculo.
    —¿¡Las que!?
    —¿Acaso tú no tienes un oráculo?—Pregunto Serp
    —¡Obvio que si tiene idiota! ¡Sino no estaría aquí!—Protesto el ave.
    —Claro que Gastón tiene uno, pasamos la prueba heroicamente para conseguirlo—Añadió orgullosamente Lucy
    —Heroicamente-Agrego irónico Carlson con solo recordar lo que fue aquel enfrentamiento.
    —¿Y no lees lo que sale en él?
    —Aun no me ha anunciado una siguiente fecha de batalla, el oráculo no sirve para nada más. Me lo dijo mi abuelo que…
    —Da información, noticias mapas—Hablo Cé mostrándole el de él.
    —¡¿Qué!? El mío no hace eso… me dieron uno malo, me discriminan…—Desesperadamente comenzó a toquetear su oráculo, Cé se lo saco de las manos para tocar un botón. En la pantalla aparecieron todas las opciones-Wow.
    —Deberías estar ate…
    —¡¿Están asesinando shamanes!?-Grito Gastón histérico—¡¿Cómo nadie me lo dijo?! ¡Lucy, Carlson, son pésimos espíritus, deberían saber estas cosas!
    —¿Disculpe?—Agrego irónicamente una vez más el teniente.
    —¡Lo lamentamos Gastón! ¡Pusimos en riesgo tu seguridad!

    Cé se alejó un poco para llevarse las manos a la frente, mientras escuchaba discursos melodramáticos de la tragedia de la que pudieron ser víctimas.

    —¿Y van a seguir así para que todo el maldito shaman que halla a 500 kilometros a la redonda los escuche?
    —Es verdad-Habló Gastón—Cierren la boca, por su culpa pueden atraparnos.

    Los miro sonriendo, para despedirse y volver a caminar a su casa. Pero a medio metro le llamó.

    —Espera Anacleto.
    —¿Qué sucede?-Hablo paciente
    —¿De casualidad tienes dónde dormir?
    —Si—Contesto poco convencido.
    —¿Hay algún problema si te honramos con nuestra presencia esta noche?
    —Supongo que no…
    —¡Yuju!—Grito Frenético al unísono con Lucy—¡No dormiremos más en la maldita playa!
    —Oh…—Suspiro Cé
    —¡Oye Cé!—Le hablo alegre Gastón—Pagare la deuda. Lo prometo—Para susurrar por lo bajo—Algún día…

    Y así fue como Cé Ácalt conoció a Gastón Franchi, su primer compañero en aquella batalla. Si bien el joven mexicano temía por la extraña conducta de su nuevo compañero. Ya no se encontraba solo en aquello. Y el tiempo le demostraría que no se había equivocado en ayudarlo
     
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