Historia larga Secretos del Corazón

Tema en 'Novelas' iniciado por Borealis Spiral, 12 Junio 2020.

Cargando...
  1.  
    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

    Libra
    Miembro desde:
    4 Mayo 2010
    Mensajes:
    1,185
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Secretos del Corazón
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    4154
    Marina ¡Master! Como siempre, agradezco mucho tu comentario e impresiones en cuanto al capítulo. Me alegra que te gustara. Sí, la ansiedad de Vidal no es buena, a ver si hace algo con eso. Mientras, hay que ver cómo avanzan las cosas. Y sí, Efraín seguro que está en la tienda y Lino, ¿qué Lino? ¿A ese quién lo quiere? Okey no. Gracias otra vez por comentar.

    Sin más preámbulos, dejo el siguiente capítulo. ¡Disfruten!


    El grupo de estudio y lo común de ambos

    Mariela De León llegó temprano a la preparatoria. Solía llegar con margen de tiempo para hablar con sus amigas o enterarse de chismes, pero esta vez había madrugado con la intención de encontrarse con Vidal. Sabía que era de los primeros en llegar y como quería hablar con él, hizo el esfuerzo de levantarse más temprano.

    Ahora mismo lo esperaba cerca de las escaleras que llevaban al segundo piso, que era donde estaban los salones de ambos. Si se ponía a pensar con objetividad, estaba actuando como una acosadora, pero no, ella prefería el término estratega. Tenía un plan que la ayudaría a pasar tiempo con él y estaba segura de que esta vez no diría ninguna estupidez. No esperó mucho tiempo porque el objeto de su anhelo se hizo visible por el pasillo.

    —Vidal, buenos días —lo saludó al verlo.

    —Muy buenos días —respondió, afable.

    Sin embargo, los nervios volvieron a hacer de las suyas y cuando Mariela intentó hablar, las palabras quedaron atoradas en su boca, limitándose a abrir la boca.

    —¿Puedo ayudarte en algo? —cuestionó él, deteniéndose al ver que quería seguir charlando.

    —Sí, sí puedes. —La lengua le volvió a funcionar, pero en cuanto comenzó a hablar, deseó haberse quedado muda—. Escuché que tienes un grupo de estudio y estaba esperando que fuera mentira porque, vamos, ¡qué clase de ñoñería es esa! Es tan de nerds. ¿Quién hubiese pensado que el chico más popular y cool de la escuela podría ser tan ñoño? ¿No te da vergüenza arruinar tu imagen de ese modo?

    —Ah, bueno, en realidad lo hago para ayudar a mis compañeros que tienen problemas con alguna materia.

    —¡Por supuesto! Ya decía yo que no podías tener un gusto de nerds. Lo haces para ayudar, claro. Tú siempre siendo el buen y considerado Vidal, ¿no? —Le palmeó el hombro con poca delicadeza—. Quisiera que hubiera un tú en mi salón que me ayudara en Química porque se me da fatal. ¿Lo sabías? Claro que no lo sabías. ¿Cómo ibas a saberlo si seguramente tu grupo de estudio es simplemente para los chicos populares como tú? Nosotros la plebe nos tenemos que aguantar a sufrir los dolores de cabeza de materias imposibles mientras que ustedes gozan de buenas calificaciones. Es injusto.

    —No es un grupo de estudio particular. Cualquiera puede venir cuando lo desee. Hoy mismo nos reuniremos en la biblioteca, a eso de las cinco. Si gustas, puedes venir y puedo ayudarte con Química —la invitó él, sonriendo condescendiente.

    —¡Bien, es una cita! O sea, no es una cita, cita, pero es una cita de estudio, así que igual es una cita; una cita no cita, pero cita… ¡Te veo allí, adiós!

    Y como alma que se lleva el diablo, Mariela subió las escaleras para ir a su salón y esconder su nueva humillación. ¡No podía creer que hubiese pasado de nuevo! Le contó lo ocurrido a sus amigas en cuanto llegaron.

    —¿Otra vez? —Jenny Aranda reventó a carcajadas—. ¡Por Dios, Mariela! ¿Cómo es posible?

    —¡No te rías que no le veo la gracia! —se enfureció la chica, echando los brazos en la mesa y escondiendo su colorado rostro entre ellos—. Es la peor humillación. Sólo iba a pedirle ayuda con la tarea de Química. ¿Por qué tengo que decir todas eses idioteces siempre que estoy con él? ¡Auh! Me quiero morir, me quiero morir.

    —Vamos, vamos. —Jenny intentó apaciguarla—. Tampoco tienes que irte a esos extremos. A mí me pareció que no lo hiciste tan mal como la vez pasada y estoy segura de que Vidal es comprensivo, ¿cierto, Thel?

    Jenny miró a Thelma Canto, quien había evitado participar mucho en la conversación, como siempre que tocaban el tema del enamoramiento de Mariela con Vidal.

    —Amm, sí, seguro que él entiende.

    Thelma estaba algo desilusionada de que a ella no se le hubiese ocurrido ir a pedirle ayuda a Vidal con alguna materia. Claro que si lo pensaba bien, habría sido extraño. Ella era conocida por ser de las mejores estudiantes; si de repente hubiese necesitado ayuda con las tareas habría sido sospechoso. A ella no le funcionaba esa excusa, por lo que con el pesar de su corazón, debía entregarle a Mariela esa pequeña victoria con su idea. No le gustaba, pero no podía hacer más.

    —¿Ves? —siguió diciendo Jenny en plan de animadora—. No pienses mucho en el oso que hiciste y mejor piensa en lo que lograste. Pasarás una tarde con Vidal. Digo, la idea de estudiar no es prometedora, pero peor es nada.

    —Eso sin contar a los demás que vayan a ir —intervino Thelma, más alentada al recordar eso—. Es un grupo de estudio, así que habrá más gente. No serán sólo ustedes dos.

    —Eso ya lo sé —replicó Mariela, irguiéndose y cruzándose de brazos, inconforme—. Quería pedirle que me enseñara en privado y apenas pude con lo del grupo. ¡Diablos! No importa, todavía tengo oportunidad.

    —Como va la cosa, lo dudo bastante —se burló Jenny, divertida—. De hecho, no aguanto por saber qué nos dirás mañana del ridículo que harás esta tarde. —Rio ante la posibilidad.

    —¡Deja burlarte de mí! —exigió la víctima, dándole un puñetazo a la butaca, iracunda—. ¿Quién te crees que soy? Ya pensé en eso también y es por eso que tú vendrás conmigo.

    —¿Qué? —Jenny la miró como si hubiese perdido la cabeza—. ¡Estás loca! Yo no quiero ir.

    —Me vale, vas a venir sí o también. Tú te encargarás de evitar que haga el ridículo frente a Vidal. Además, te estoy haciendo un favor. Tu también apestas en Química.

    —Eso no tiene nada que ver. A mí me da igual ser mala en Química, no me sirve para nada.

    —Pues no debería, Jenny —volvió a meterse Thelma, teniendo una idea—. Tener calificaciones decentes es necesario si quieres seguir en el equipo de básquet.

    —Pero si me va mal en una no importa —se defendió.

    —No, pero Matemáticas tampoco se te da bien, ni Inglés y Biología tampoco es tu fuerte.

    —¿Por qué estás en mi contra tan de repente? —Jenny miró a Thelma con incredulidad.

    —No lo estoy, pero creo que es buena idea que vayas con Mariela —confesó, seria.

    —¿Qué? —se impactó más que antes; eso no lo vio venir.

    —¡Allí está! Somos dos contra una. No te queda de otra, Jenny, vas a venir conmigo quieras o no. —Fue el ultimátum de Mariela.

    —Oh, bien, hagan lo que quieran.

    Jenny se echó sobre su respaldo, hundiéndose en el asiento y cruzándose de brazos, indignada de que cuando se unían, las dos pudieran contra ella. Llegó el profesor de la primera clase, por lo que no pudieron conversar más, pero Jenny quedó bastante pensativa en cuanto a por qué Thelma insistió en que acompañara a Mariela. No pudo interrogarla al respecto sino hasta el final del día escolar y cuando se despidieron de Mariela. Ese era su último día de descanso debido a su tobillo herido y no se quedaría a practicar, por lo que tuvo oportunidad de acompañar a Thelma buena parte del trayecto a casa. Fue allí que Thelma le explicó por qué le pidió ir al grupo de estudio.

    —Quiero que evites que Mariela se acerque mucho a Vidal.

    —¿Qué? —La miró con una mezcla de decepción y desconcierto—. Thelma, no. Te dije claramente que no te ayudaría en esto. ¿Quieres que saboteé los esfuerzos de Mariela? ¿En serio?

    —¡Claro que no! No te lo pediría jamás —se escandalizó la otra.

    —Es lo que me estás pidiendo.

    —No es cierto. —Thelma sacudió la cabeza, vehemente—. No te estoy pidiendo nada que Mariela no te haya pedido. No vas a ayudarme más de lo que vayas a ayudarla a ella. Si quisiera sabotearla te diría que no evites que haga el ridículo enfrente de Vidal y la dejes decir tonterías, pero no quiero eso. Evita que pase vergüenza, pero también evita que surja algo más entre ellos.

    —Agh, Thelma —rezongó, desganada.

    —Por favor, Jenny —suplicó y la voz se le hizo un hilo—. Estoy asustada, ¿sí? Dijiste que no debía preocuparme de que a Vidal le guste Mariela, pero no dejo de pensarlo y sigo creyendo que es así y me asusta, ¿de acuerdo? No quiero perderlo.

    —Si tanto miedo tienes, tú deberías ir en mi lugar —declaró, mirándola con desaprobación.

    —Lo sé. —Thelma cerró los ojos, regañada—. Me falta decisión… Tampoco quiero perder a Mariela.

    Jenny suspiró profundamente, apenada. Thelma ya le había dicho que prefería mantener su enamoramiento oculto porque sabía que Mariela haría un melodrama y conociéndola, quizás fuera así. Si acaso, Thelma estaba prolongando el momento en que ambas tuvieran una fuerte discusión. Sentía mucha lástima por ella, en verdad que sí, pero no podía aprobar su actitud.

    —No voy a hacerlo, Thel.

    —También sabía que dirías eso —confesó, sonriendo con tristeza.

    Jenny le pasó el brazo por lo hombros, cariñosa, intentando consolarla en lo que seguían su rumbo, pero Thelma se mantuvo taciturna el resto del camino y cuando se separaron para ir cada quien a su hogar, Thelma pensó que le haría una visita a Efraín. Cada que estaba intranquila y no lograba hallar paz interior con Jenny, optaba por buscarlo. Su presencia lograba serenarla y él siempre tenía las palabras adecuadas cuando necesitaba consuelo. Fue buena idea porque después de la visita, ya no estuvo tan desanimada y después de mucho meditarlo, decidió que la próxima vez le preguntaría a Vidal si necesitaba ayuda con su grupo de estudio, pues apoyarlo en su plan de tutor era algo que sí podía hacer dadas sus buenas notas.




    Se hizo la hora de que Jenny y Mariela cumplieran con la cita en la biblioteca. Llegaron y antes de entrar al edificio, Mariela se retocó el maquillaje por vigésima vez.

    —Listo, estoy perfecta —se halagó, guardando el estuche y espejo en su bolso.

    —Sí, sí, eres hermosa. ¿Podemos acabar con esto de una vez? —Jenny no estaba feliz.

    —Pero qué mala compañera eres —acusó, rodando los ojos.

    —No estoy aquí por gusto, ¿qué esperabas?

    —Ya sé, ya no empieces con tus quejas otra vez. Andando y ya sabes qué hacer si empiezo a actuar como una idiota.

    —Yo me encargo, descuida. —Jenny le mostró un pulgar arriba.

    Ambas ingresaron a la biblioteca y descubrieron que Vidal ya se encontraba allí junto con otras cuatro muchachas; reconocieron que dos eran del mismo salón de Vidal y las otras dos no se les hicieron familiares, por lo que debían ser de primer año. Por un momento Jenny se sorprendió de que hubiera sólo chicas, pero luego recordó que él era el popular de la escuela y que todas estaban enamoradas de él. No tenía nada de raro. Se acercaron al pequeño grupo.

    —Ya vine —se anunció Mariela.

    Vidal González dejó de hablar con sus compañeras con la intención de darle la bienvenida, pero sus ojos marrones se enfocaron de lleno en Jenny. ¿Por qué estaba ella allí? Lo último que quería era encontrarse con ella nuevamente. Jenny también lo miró y notó apenas perceptiblemente que su expresión se teñía de perplejidad, antes de fugazmente cambiar el gesto a uno que le pareció de desagrado.

    —Torciste el gesto —señaló antes de pensarlo y se arrepintió apenas las palabras salieron de su boca.

    —¿Qué? —Mariela la miró, extrañada—. ¿De qué hablas tú ahora?

    —Debe estar confundida —replicó Vidal, con su amabilidad de siempre—. No tendría razones para hacer algo así. Debiste ver mal, ¿no es así, amiga?

    Jenny no supo cómo, pero la aparente cálida cordialidad de Vidal le supo helada y entendió perfectamente la advertencia detrás del adjetivo.

    —Sí, no pasa nada —se apresuró a corregir.

    —Traje a mi amiga porque también es mala en Química, espero que no sea un problema —le informó Mariela a Vidal.

    —Para nada. Entre más seamos, mejor. Vamos, tomen asiento, señoritas.

    Ellas lo hicieron, así que Vidal se vio en medio de dos chicas a cada lado, entre ellas Mariela, en lo que una de las chicas de primero y Jenny quedaban sentadas en el otro extremo, frente a ellos. Jenny quedó delante de Mariela, por lo que podía patearla por debajo de la mesa en caso de que comenzara a hablar disparates, tal como habían acordado. No obstante, como Vidal estaba a un lado de Mariela, también fue fácil para ella notar que la evitaba.

    Algo le decía que no le caía muy bien, aunque era comprensible dadas las circunstancias. Después de todo, ella sabía algo de su secreto; era natural que estuviera tan alerta en su presencia. O quizás no, quizás sólo era paranoico. Al fin y al cabo, ella había prometido que no diría nada de lo que había visto. Aunque el hecho de que se le hubiera salido comentar lo de su gesto torcido tampoco le daba puntos de confiabilidad, pero eso fue sin querer. No buscaba delatarlo ni nada.

    Mas así como él parecía no prestarle más que la necesaria atención, como cuando debía explicarle algo, así mismo ella no podía dejar de observarlo. Todavía le resultaba fascinante todo el asunto con él. Conociendo ya que su porte de príncipe perfecto no era más que una fachada, era más sencillo para ella notar cómo la mayoría de las cosas que hacía y decía eran tremendamente rebuscadas. Era como si no sólo ensayara de antemano su lenguaje y etilo, sino que cuidaba tanto sus modales que eran casi antinaturales.

    No entendía cómo los demás no podían notarlo, aunque si era honesta, ella tampoco lo había hecho. Sospechaba que mucho tenía que ver cómo lo idealizaban todos; lo ponían en un pedestal tan alto que realmente lo creían mejor de lo que era, negándose a aceptar cualquier desperfecto. Pero para todo su supuesto perfeccionismo y atractivo, ella encontraba curiosamente encantador al Vidal con el que había conversado el otro día, incluyendo defectos y todo. Le había parecido más natural, genuino y desenvuelto.

    Había transcurrido un buen tiempo de la sesión de estudio, cuando Mariela se fastidió de tener que pelear por la atención de Vidal con las otras cuatro chicas; las de primero eran más reservadas, pero las compañeras de Vidal eran unas resbalosas.

    —Pero bueno, Vidal, ¡qué raro que nada más hayamos chicas aquí! —exclamó, mirando con desdén a las otras—. ¿No me digas que en secreto eres un perr…

    Jenny supo que su amiga iba a decir una estupidez, por lo que se apresuró a asestarle una patada por debajo de la mesa. Lo malo fue que erró el tino.

    —¡Auch! —se quejó Vidal, dolorido, pegando un brinco.

    —Ups. —Jenny se encogió de hombros, abochornada.

    «¿Ups? ¡¿Ups?!», pensó él, reprimiendo sus ganas de fulminarla con la mirada. «¿Acaso intenta arruinar mi imagen? ¿Quiere que las demás me descubran? ¿Quiere vengarse de mí por alguna razón? ¿Qué rayos pretende?».

    —¿Qué pasó? —cuestionaron todas.

    —Lo siento. Lo pateé por accidente —confesó Jenny.

    —¿Que hiciste qué? —Mariela y las demás la miraron con indignación.

    —Fue un accidente, ¿sí? Uno que no hubiese pasado si no me hubieras pedido ya sabes qué —se defendió, mirando a su amiga con reproche.

    —¿O sea que es mi culpa? —se ofendió ella.

    —Señoritas, señoritas —intervino Vidal antes de que se desatara la guerra—. No peleen, por favor, no tiene caso. No pasa nada si fue un accidente, a cualquiera le pasa. Estoy seguro de que nuestra compañera aquí presente será más cuidadosa la próxima vez, ¿verdad?

    Le sonrió de una forma que a Jenny se le antojo amenazante por muy gentil que pareciera.

    —Sí, tendré cuidado —convino antes de retomar el tema del que hablaba su amiga—. Pero lo que Mariela decía sí es curioso. ¿Sólo invitas a chicas a estas juntas?

    —Ay, claro que no, tonta —respondió una de las compañeras de él—. Solían venir chicos de nuestro salón, pero de pronto dejaron de venir.

    —Es obvio que estaban celosos de que Vidal supiera más que ellos y para no quedar en ridículo frente a él dejaron de venir —completó la otra, colgándose del brazo de Vidal, descarada, ganándose una mirada fulminante por parte de Mariela—. Igual ni los queremos aquí.

    —Tampoco es tan así. Hoy no tocó, pero ellos vienen de vez en cuando —informó Vidal—. También he invitado a gente del equipo de fútbol. Hoy invité a Lino. He escuchado que tiene problemas con varias materias y eso no es bueno si quiere seguir en el equipo.

    Ante el nombre, Jenny se tensó y apretó la libreta que tenía en sus manos, las que comenzaron a sudar y temblar, en lo que sus facciones se llenaban de terror, sintiendo que el corazón le latía a mil. Su momentáneo despliegue de terror pasó desapercibido por las chicas que seguían peleando por el interés de Vidal, pero él lo advirtió.

    —Claro que Lino siempre me rechaza. No hay forma de que se aparezca por aquí —respondió Vidal a la muda interrogante que sintió en el aire.

    Sus palabras fueran una curación para Jenny, quien logró mantener la compostura, pero sintió que necesitaba ventilarse.

    —Tengo sed, iré a comprar algo de beber —anunció, levantándose de su asiento.

    —Traeme un agua mineral —le pidió Mariela.

    Jenny salió de la biblioteca, presurosa. Cerca de allí, por la misma cuadra, estaba un pequeño bulevar peatonal adornado con árboles, jardines y bancos. Ella se sentó en uno, levantó las rodillas, las abrazó contra su pecho y escondió el rostro entre ellas, en lo que se tocaba el lóbulo desgarrado. No era posible que aun después de tanto tiempo y de todo lo que había hecho para olvidar la pesadilla de su pasado, la simple mención del nombre de Lino tuviera tanto efecto en ella.

    Se suponía que ya había superado su trauma, para eso había ido a terapia. ¿Por qué reaccionaba así entonces? Y no era ni siquiera que el simple nombre la descompusiera, era la mera idea de estar en el mismo entorno. No había podido evitarlo, por mucho que intentara relajarse, la verdad era que todos los días vivía temerosa de que la pesadilla se repitiera. No tenía por qué hacerlo; ya no era una niña desvalida ni la misma ingenua, pero no podía evitar que su mente reviviera con detalle aquellos negros días.

    —Veo que no soy el único con un secreto.

    La voz de Vidal la sobresaltó y levantó la cabeza para verlo, alarmada. Él la miró unos instantes antes de darle la vuelta al banco para sentarse en el otro extremo, donde colocó los codos sobre los muslos para revolverse el cabello un par de veces antes de darse masaje en la frente. Suspiró con cansancio.

    —Supongo que no debería sorprenderme —dijo después de un rato, mirando el cielo—. Todos tenemos secretos.

    —¿Qué haces aquí? —Jenny bajó los pies, acomodándose de lado para verlo mejor.

    —Cuando dijiste que irías a comprar algo, las demás también quisieron algo y me ofrecí ir a la tienda. En realidad fue un buen momento, necesitaba un descanso. Lidiar con todas ellas es un dolor de cabeza y no es por nada, pero tu amiga es la peor. ¿Es así todo el tiempo?

    —No es tan mala. —Jenny rio con ligereza—. Tiene un fuerte carácter, pero como contigo se pone nerviosa es un poco más intensa que de costumbre.

    —Pues sus nervios no ayudan a los míos. Es eso o tal vez eres mejor que yo tratando a las personas.

    —O quizás estás perdiendo tu toque —sugirió ella como quien no quiere la cosa.

    —Ja, ja, muy graciosa. —Vidal la miró mal y ella volvió a reír, ahora más abiertamente—. Veo que estás mejor, así que ya cumplí aquí. —Se puso de pie—. Ya te devolví el favor y como también sé algo de tu secreto podemos decir que estamos a mano.

    —Oh, así que eres interesado, ¿eh? —Jenny también se puso de pie y lo miró, risueña.

    —Me gusta lo equivalente —se defendió y extendió la mano—. Anda, no tiene caso que los dos vayamos a la tienda si yo traeré la mayoría de los encargos. Acepta mi caballerosidad, dame dinero y dime qué quieres.

    —¿No debería un caballero ofrecerse a comprar de su propia billetera? —Jenny alzó las cejas.

    —Soy tacaño.

    —¿Eso sí lo aceptas?

    Ella volvió a reír y Vidal hizo una mueca llena de pánico. ¿Qué rayos estaba haciendo? ¿Cómo pudo decir aquello? Por eso mismo no quería estar cerca de ella; se confiaba y bajaba la guardia al saberse descubierto, lo que era muy peligroso. ¿Qué pasaría si alguna de las chicas lo escuchaba o lo veía actuando fuera de papel? Miró en dirección a la biblioteca, alterado. No había nadie a la vista, pero ¿y si el testigo ya había regresado para contarle a las demás de su desliz? Ahora sí iban a chantajearlo, ¿verdad? ¿O iban a delatarlo de frente? ¿Cómo iba a manejar la escuela mañana con su secreto revelado? ¡Oh, Dios! Sus tíos iban a decepcionarse tanto que ahora sí iban a abandonarlo. La ansiedad comenzó a hacerlo su presa y la respiración se le aceleró.

    —Oye, oye. —Jenny tomó la mano que le había ofrecido y el contacto fue como un ancla para él; la miró—. No estás filtrando bien tu ansiedad. ¿Ves por qué te digo que deberías relajarte un poco? Si sigues así va a darte un ataque o algo.

    —No estás en posición de aconsejar —refutó él, mirando las manos enlazadas—. Todavía estás temblando.

    Jenny se liberó del agarre y bajando la mirada, abochornada. Un incómodo silencio los envolvió.

    —Bien, si no quieres aceptar mi caballerosidad sólo compraré lo de tu amiga —dijo Vidal dispuesto a irse.

    —¿Por qué? —La interrogante de Jenny lo detuvo y la miró, extrañado.

    —Porque al menos sé que ella quiere un agua mineral.

    —No, eso no. —Jenny se impacientó—. ¿Por qué? ¿Por qué no preguntas qué fue eso, lo que pasó hace rato? Lo que pasa con… —Se le atoraron las palabras.

    —¿Lino? —completó él y ella asintió, angustiada. Vidal suspiró, mirando los árboles y jardines—. ¿Serviría de algo? ¿Me lo contarías?

    —No —confesó en un hilo de voz.

    —Y es obvio. Nadie le diría cosas personales a un desconocido cualquiera, mucho menos si son desagradables. Sé mejor que nadie lo que significa ocultar las cosas detrás de una sonrisa esperando que nadie se entere ni haga preguntas.

    Jenny frunció el ceño, de pronto desconcertada con ella misma, porque eso era precisamente lo que había estado haciendo desde que supo que Lino asistía al mismo instituto. Fingía que todo estaba bien y sonreía sin reparo cuando el miedo y la paranoia la consumían por dentro. También entendió por qué no tenía derecho de reprocharle nada a Vidal por presionarse tanto al querer ser perfecto todo el tiempo.

    —Pero que no te diga nada no quiere decir que dejarás de preocuparte, ¿o sí?

    La pregunta fue más para ella que para él, pues no había forma de que dejara de inquietarse por el estilo de vida que llevaba él a pesar de no conocer los detalles. Insistía en que debía ser muy agotador; además, la ansiedad que le había visto tampoco podía tomarse a la ligera.

    —No, supongo que no —reconoció él, viendo la verdad detrás de la interrogante—. Pero siempre puedo preocuparme en silencio.

    Jenny sonrió, entendiendo la indirecta. Vidal se dispuso ir a la tienda.

    —Espera. —Jenny lo siguió—. Iré contigo.

    —A ti de veras no te gusta mi caballerosidad, ¿verdad? —La miró con recelo.

    —No es eso. Es que si fueras tú solo a la tienda se preguntarán cómo fue que me alcanzaste y sería sospechoso. Si regresamos los dos parecerá que nos encontramos allá y que decidimos volver juntos.

    —Siempre y cuando pagues lo tuyo —murmuró él entre dientes.

    —¡Vaya! En serio eres tacaño. —Y volvió a reír, divertida.

    Se enfrascaron en un intercambio de palabras que para Jenny fue de lo más estimulante; no importaba que la relación de ambos no fuera más que la de un par de sujetos que tenían en común el aparentar ante la gente. La complicidad que compartían era refrescante, pues al menos entre ellos podían ser un poco más abiertos; al menos entre ellos podían dejar de usar una máscara todo el tiempo. De momento era suficiente y justo lo que necesitaban.



    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
    Última edición: 29 Agosto 2020
    • Me gusta Me gusta x 1
  2.  
    Sonia de Arnau

    Sonia de Arnau Let's go home Comentarista empedernido Crítico Crítico del mes

    Leo
    Miembro desde:
    19 Diciembre 2010
    Mensajes:
    2,045
    Pluma de
    Escritor
    Wow, dos capítulos y la verdad es que me da hasta vergüenza dejar un comentario tan corto y sencillo; hay mucho jugo que sacar de estos últimos capítulos. Sin embargo, aunque no tenía ganas de dejar comentario, algo dentro de mí me decía que dejara por lo menos mi saludo :D Así que aquí estoy.

    ¿Así que el chico popular Don perfecto en realidad sufrió un colapso nervioso? A decir verdad me imaginé de todo menos eso. Aunque con toda esa presión que él mismo se ejerce, ¿quién no sufriría uno así de grande? La verdad no me gustan las personas así, que ocultan su verdadero ser, mintiéndole a la gente tan descaradamente. Siendo doble cara. Creo que, lo de Jenny ocultando algo no es igual a lo de Vidal, que no es solo ocultar sino que pretende aparentar ser otra persona. Por supuesto, aún no lo conozco del todo bien por lo que no sé sus motivos, ni sus traumas por lo último que leí, se me a figuró que fue abandonado por sus padres¿? Por alguna razón. Por un momento eso me lo pareció.

    Eso sí, me gustaría conocerlo más, saber por qué llegó a esa conclusión. Desde cuándo comenzó a ponerse una mascara. Cuál es su secreto. Pero lo pregunat más importante... ¿esta historia tendrá final? Okay, no, deliré con esa última... ignórala.

    Jenny no lo sabe pero tiene una ventaja muy grande y es que ya conoce al verdadero Vidal. Hay que recordar que ambas amigas; Thelma y Mariela se enamoraron de un chico “ficticio”, de un personaje, de alguien que no existe. A su vez, Jenny está conociendo al verdadero Vidal y por lo visto eso, no le desagrada ese Vidal, al contrario, lo siente más humano. Ah, y con esto no estoy diciendo que ella se esté enamorando de él, ni nada, pero de que se ha acercado más a él que sus enamoradas, sí. Eso me hace preguntarme, ¿qué va a pasar cuando él no pueda más y se quiebre y todos sepan cómo es? ¿Que sucedería si ambas amigas se enteran o comienzas a sospechar que Jenny habla mucho con Vidal?

    Por cierto:
    Está más que claro que Mariela no tiene oportunidad.

    Muy buenos capítulos y de nuevo, hay tanto de que hablar y expresar pero a la vez mis dedos como mi cabeza solo desean descansar. Sin más qué decir, me despido. !Hasta la próxima!
     
    • Ganador Ganador x 1
  3. Threadmarks: 9
     
    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

    Libra
    Miembro desde:
    4 Mayo 2010
    Mensajes:
    1,185
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Secretos del Corazón
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    2955
    Sonia de Arnau ¡Gracias por tu comentario! Quizás fue breve, pero has tocado cosas interesantes y muy ciertas, sobre todo ese detalle de que Thelma y Mariela se ha enamorado de, por decirlo así, una ilusión. Me alegra que quedara claro. Y bien es cierto que Vidal es, con todo el significado original de la palabra, un hipócrita, como bien has dicho. Y procuraré que la historia tenga fin, descuida xD Gracias otra vez.

    A los demás que se pasan a leer, lo agradezco mucho. Sin más, dejo el siguiente capítulo. ¡Disfruten!

    El infortunio del admirador secreto

    La paciencia no era una virtud de la que Lino Padilla pudiera presumir; no era una persona paciente y la situación actual no hacía más que recordárselo. Sentía que estaba llegando al límite con sus sentimientos de culpa y arrepentimiento, pero no podía hacer mucho al respecto. Por si fuera poco, su enamoramiento también se estaba saliendo de control y cada vez que tenía oportunidad, maldecía a Cupido por errar la flecha en su caso.

    Él no había pedido enamorarse de Jenny, no después de todo el daño que le había causado. Aceptaba sin objeción que era culpable de las injusticias que le ocasionó y por lo mismo también abrazaba el deseo inmenso de enmendarse. Pero no podía admitir esas otras pasiones que estaban despertando en él porque no las merecía, no después de cometer semejantes errores contra alguien tan buena e inocente como Jenny; errores que terminaron siendo una espada de doble filo porque no sólo la lastimaron a ella, sino que acabaron por herirlo a él.

    Cada vez que la veía desde lejos, su prohibido afecto aumentaba y su interior ardía en ganas de volver a plantarse ante ella e intentar hablarle nuevamente, pero haciendo gala de todo el autocontrol que había desarrollado en los últimos años, lograba dominarse y no hacerlo. Era consciente de que en cuanto se hallara frente a ella, aquella sonrisa que adornaba sus labios desaparecería y no podía permitirlo. Esa sonrisa no sólo iluminaba su rostro haciéndola más bella, sino que movía el mundo de él; por esa sonrisa era que él podía seguir adelante con su plan y armarse de una paciencia que no poseía, así que la cuidaría como el tesoro más valioso que existía.

    Había decidido dejarle cartas anónimas cuando comprendió que no podría acercarse a ella sin evocar malas memorias. No era un plan de acción al que estuviera acostumbrado porque él era de los que atacaban de frente y sin ocultarse, mas entendía que las circunstancias no le permitían mucho más, así que se limitó a tomar el papel de admirador secreto. La idea era que al tiempo debido, Jenny sintiera la curiosidad suficiente como para desear saber quién era su misterioso admirador y quedar con él algún día para hablar. Sabía también que no era el mejor plan del mundo, pero fue el único que se le ocurrió en el momento.

    La principal desventaja de su idea era él mismo. El proyecto era lento e iba a tomar mucho tiempo en llegar a su objetivo y a veces sentía que no sería capaz de aguantar, mas de una u otra manera lo conseguía. También estaba la posibilidad de que no funcionara por causa de Jenny. Quizás a ella nunca le interesara saber quién era su admirador secreto o tal vez, si quedaban de verse en el futuro, ella lo repudiara de inmediato y mandara por la borda todo su esfuerzo. Esa era la posibilidad más grande y aunque no tenía derecho, era a la que más temía.

    Sin embargo, estaba resuelto a no dejar de intentarlo y arriesgarlo todo; por ella estaba dispuesto a arriesgarlo absolutamente todo, sin importar cuál fuera su reacción final ante su empeño. Él aprobaría cualquiera que fuera su respuesta porque iba a merecerla; fuera buena, mala o neutral, iba a merecerla. Si al final terminaba por perder toda esperanza de una reconciliación o un perdón, él se resignaría. Después de todo, la vida siempre le había mostrado que no podía tenerlo todo y últimamente se empecinaba en usar a Jenny para recordárselo. Mas si era honesto con él mismo, esa era la única vez que le afectaba de verdad lo que la vida se negaba a darle.

    Lino miró la carta que tocaba darle ese día. Según su estrategia, era el momento de que hubiera algún intercambio entre ellos. Hasta el momento, él no sabía en realidad qué pensaba Jenny de los detalles que le dejaba. Había esperado a que algún rumor llegara a sus oídos, pero no se había hecho gran escándalo al respecto. Necesitaba saber su opinión y por ello, en la misiva de hoy, le proponía que también le escribiera alguna nota en respuesta y la dejara debajo de una de las porterías que estaban en el campo de fútbol.

    Había pensado mucho en el mejor lugar para recibir las cartas de ella sin levantar sospechas. Obviamente no podía encargárselas a alguien, no sólo porque no confiaba en nadie, sino porque ni siquiera tenía amigos. Se le cruzó por la mente pedirle el favor a Vidal, pero fue apenas un pensamiento fugaz; primero muerto que pedirle ayuda a ese insufrible bastardo. Entonces se le ocurrió que bajo las porterías sería una buena idea. Tal vez le daría una pista de quién era su adepto secreto, pero no creía que fuera muy evidente. Si Jenny llegaba a sospechar de alguien del equipo, eran muchos los integrantes y estaba convencido de que jamás imaginaría que él fuera el responsable.

    Llegó la hora del receso y esperó a que todos lo salones se vaciaran. La regla que impedía que hubiera estudiantes en las aulas estaba a su favor, pues le facilitaba las cosas para no verse descubierto antes de tiempo. Se arriesgaba a ser atrapado por el prefecto, pero eso era lo de menos; ya su fama de rebelde rompe reglas no se la quitaría nadie. Se adentró al salón correspondiente, buscó la mochila de Jenny, la que tenía muy bien memorizada y se dispuso dejar el sobre. Si todo iba bien y ella aceptaba intercambiar notas con él, podría saber su opinión sobre las segundas oportunidades y si estaría dispuesta a perdonar a alguien sinceramente arrepentido por muy mal que hubiese hecho. Dependiendo de su parecer, él sabría cuándo revelarse ante ella.

    Eso era lo que Lino pensaba, pero olvidó que tenía una suerte maldita y que la vida parecía odiarlo desde el nacimiento, pues indiferente a sus planes y sacrificios, decidió que ese día era el adecuado para estropearlos, pues justo ese día, a Jenny Aranda se le ocurrió volver al salón por algo que había olvidado y que había prometido entregarle a una de sus compañeras de equipo. Lo primero que notó al entrar fue que alguien buscaba entre sus pertenencias.

    —¡Oye! ¿Qué haces? ¿Me quieres robar o qué? —reprendió al sujeto.

    Se apresuró a él con la intención de agarrarlo con las manos en la masa. No por nada habían puesto la regla de que nadie entrara a las aulas en el recreo; ya se habían dado casos de robo. No obstante, cuando el tipo se dio la vuelta, Jenny lo reconoció, detuvo sus pasos y quedó paralizada en su sitio, en lo que el aliento se le escapaba y el terror la envolvía. Sus ojos se dilataron en completo pánico y se sintió temblar. ¿Por qué estaba Lino en su salón? ¿Qué le hacía a sus cosas?

    Desde su lugar y sin mover un músculo, Lino también la miró con sorpresa mezclada con temor. ¿Por qué estaba ella allí? Se suponía que hoy le tocaba jugar, lo había calculado bien para evitar errores de este tipo. ¿Qué decirle ahora? Si se le acercaba seguro que huiría de él como la vez pasada, por lo que decidió permanecer pasivo y permitir que ella hiciera el primer movimiento, lo que hizo poco después.

    —¿Qué haces aquí? —lo cuestionó con voz trémula y la vio tragar saliva para controlar el tono—. ¿Por qué esculcas mi mochila? ¿Piensas gastarme otra de tus bromas? ¿Vas a arruinar mis cosas con refresco otra vez? ¿Vas a hacerlas pedazos de nuevo? ¿Vas a botarlas a la basura como la última vez? ¡Eh! ¿Qué piensas hacerme ahora?

    Cada pregunta, cada reclamo, cada recuerdo mencionado fue como una despiadada daga que se incrustó en el corazón de Lino, la que se hundió más en su pecho cuando notó que ella se llevaba la mano a su oreja izquierda. Apretó el sobre en sus manos, el que todavía no dejaba en la mochila. No era así, quiso decirle, no estaba allí para causarle más daño; tenía que decírselo, decirle que si estaba allí era para pedir perdón y nada más. Dio un paso en su dirección.

    —Jenny…

    —¡No te acerques! —gritó ella, frenética, retrocediendo el paso dado, haciendo que él quedara inmóvil—. No te me acerques.

    Lino obedeció; era mejor así. Si accedía a hacer todo lo que ella le pidiera, se daría cuenta de que sus intenciones no eran hostiles. Pero estaba siendo demasiado optimista. Jenny detalló el sobre que sostenía y lo distinguió como los que su admirador secreto solía dejarle. Algo hizo clic en su mente y lo miró con clara indignación e incredulidad.

    —Eres tú. —Ni siquiera fue una pregunta—. Tú eres el de las cartas. ¡Tú eres mi admirador secreto! —Que él no se molestara en negarlo lo confirmó—. ¿Por qué? ¿Por qué sigues haciéndome esto? ¿Es otra de tus tantas burlas contra mí?

    —Jenny…

    —¡No! ¡Estoy harta de tus humillaciones! Este iba a ser el mejor de tus juegos, ¿verdad? Ibas a ilusionarme nada más para reírte de mí, como siempre lo has hecho, como lo hiciste en la primaria cuando me ponías en ridículo frente a todos.

    —¿Quieres calmarte y dejarme explicarte? —Lino empezaba a impacientarse y la histeria de ella no ayudaba a su humor.

    —¿Para qué? Si para ti no soy más que una tonta de la que puedes aprovecharte, pero ya no me voy a dejar. ¡Ya no soy la misma ingenua de antes!

    Expresado lo deseado, Jenny se dio la vuelta y se apresuró a salir.

    —¡Espera!

    Lino la siguió. Esta vez no iba a dejarla escapar sin antes haberle dicho todo lo que tenía que decirle; ella ya había expresado sus pensamientos, por lo que le tocaba a él. Le dio alcance en medio de las escaleras y la sujetó del brazo como en su último encuentro.

    —¡Suéltame! —exigió ella, intentando zafarse igual que la vez anterior.

    —Escúchame, por favor —pidió él en medio del forcejeo.

    —¡Suéltame!

    Estuvieron tan concentrados en la lucha que no se fijaron por dónde andaban y cuando Jenny perdió el equilibrio al pisar mal un escalón, los dos cayeron gradas abajo, pues Lino no la liberó en ningún momento. La caída fue dura para ambos, pues ella se golpeó todo el costado y Lino cayó de pura frente. No obstante, la determinación de Jenny por estar lejos de él no disminuyó ni con el dolor y arrastrándose, comenzó a apartarse de su lado, sin importarle que el escándalo de ambos atrajera a varios estudiantes curiosos.

    Lino observó el empeño de ella en huir y la desesperación se apoderó de él. No iba a acceder escucharlo por los medios normales; no quería ni verlo siquiera. Tenía que hacer algo ya. Y lo que se le ocurrió fue despojarse de todo el orgullo que tenía. En un último acto desesperado, se arrodilló y ante todos los presentes se inclinó hasta que su magullada frente tocó el piso, importándole poco presentar un cuadro denigrante para los demás.

    —¡Lo siento mucho! —gritó con potencia, silenciando a la chusma.

    Jenny quedó quieta en su lugar al oírlo y con la mirada descolocada por el desconcierto, lo miró en aquella posición humilde.

    —¡Lo siento muchísimo! —repitió él, sentido—. Por favor, perdóname por todo lo que te he hecho. Fui un idiota por hacerte sufrir cuando no lo merecías; fui un niño estúpido al que cegaron la envidia y la inseguridad. Sé que eso no excusa lo que hice y que nunca podré compensar todo el dolor que te causé, pero quisiera intentarlo porque de veras estoy arrepentido; no sabes por cuánto tiempo me ha remordido la conciencia. Tienes que creerme.

    »No podría volver a jugar con tus sentimientos otra vez y antes que pensar en humillarte más prefiero humillarme yo, antes que dañarte más prefiero que me lastimen a mí. Si pudiera regresar el tiempo borraría todo lo que te hice, pero no puedo y tampoco puedo curar tus heridas porque ya lo que te quedan son puras cicatrices injustas, pero al menos puedo mostrarte cuánto lo siento. Haré lo que sea que me pidas que haga. Seré tu sirviente si quieres, pero déjame saldar la deuda que tengo contigo, por favor.

    Después de que Lino vertiera su corazón y sus más profundos sentimientos ante una alterada Jenny y un público indeseado, un tenso silencio se apoderó del ambiente, uno que pareció durar una eternidad en lugar de un mero instante. El mutismo fue tal, que para cuando Jenny dio a conocer su respuesta, fue sonora y formidable a pesar de ser un murmullo.

    —No… No puedo perdonarte.

    Y con ese ultimátum, se levantó y corrió al baño buscando esconderse de las miradas indiscretas de los demás estudiantes, avergonzada de tener que ser parte de otro desagradable espectáculo por culpa de Lino.

    Por su parte, Lino quedó en aquella posición de lo más bajo, sintiendo que empezaba a temblar de cólera, frustración y dolor por el rechazo de la única persona que le importaba en toda la maldita preparatoria, en toda la maldita ciudad. Apretó los puños con ira que no contuvo, pues la descargó al darle puñetazos al suelo, violento, en lo que gritaba de puro coraje.

    —Oye, ¿estás bien?

    Uno de los mirones quiso acercarse para ayudarlo a levantarse, pero él le lanzó una mirada asesina.

    —¡Lárguense de aquí, malditos! —les gritó, fúrico.

    —Pero…

    —¡Que se larguen! —Su tono fue verdaderamente intimidatorio—. ¡Esto no es un maldito espectáculo, así que déjenme en paz! ¡No se me acerquen, no me toquen, no hagan nada y váyanse al diablo! Si no desaparecen de aquí voy a romperle los dientes al primero que se cruce en mi camino, ¡así que largo!

    Con las amenazas y la mala fama que tenía de por sí, la multitud no lo pensó mucho y comenzó a irse. Lino rechinó los dientes intentando hallar un poco de control en su tormenta de emociones, pero supo que era inútil; no iba a poder serenarse. Por eso se levantó, fue por su mochila y se fugó de la escuela, importándole un pepino meterse en problemas por saltarse el resto de las clases. De hecho, en ese instante no le importaba nada. Lo único que quería era llegar a casa y descargar su furia.

    Una furia desmedida que no tenía por qué sentir pero que sentía, una que estaba mezclada con un desconsuelo que lo lastimaba como el demonio. Una parte de él acababa de morir en ese momento, una parte importante que le había dado ilusiones efímeras. Siempre había sabido que la posibilidad de que Jenny no lo perdonara era alta y la más viable. Nunca se había cerrado al hecho, nunca lo había negado y según él, se había preparado mentalmente para afrontarlo, pero estaba equivocado. No había estado listo y el rechazo acababa de asesinarlo emocionalmente.

    Por lo que ya en la seguridad de su habitación, sin ser capaz de evitarlo y por primera vez desde que comprendió lo mal que había actuado al abusar de ella y desde que nació su deseo de disculparse, Lino lloró con amargura. Entendió entonces que no era que Cupido errara el tino, sino que con toda la intención de hacerlo sufrir, había usado la flecha dorada con él y la de plomo con Jenny, así que no le quedaba más que resignarse a su desprecio.

    Descargó todas sus emociones en el saco de boxeo entre lágrimas y gruñidos, tanto de ira como de desilusión, maldiciendo todo en su existencia. Sin embargo, como para demostrar que no todo estaba en su contra, la vida le otorgó en ese momento un respiro a su dolor, uno que tendría un gran impacto en su proceder de ahora en adelante, uno que se presentó como el distante sonido de una melancólica melodía.

    Lino dejó de golpear el saco y lo detuvo con sus manos para que no hiciera ruido, agudizando el oído. Se acercó a la ventana, la que siempre tenía cerrada para no escuchar la bulla de afuera, y la abrió, por lo que la sinfonía entró con mayor claridad. Era un violín. Era la primera vez que escuchaba un solo de violín. En realidad, era la primera vez que escuchaba una melodía que parecía describir perfectamente su angustia. También era la primera vez que algo tan simple como la música lograba llegar a lo más profundo de su ser y darle una gran calma.

    Fue algo casi milagroso, pues no era que olvidara su desdicha ni su infortunio, pero las notas provenientes de aquel instrumento fueron como un consuelo, uno que necesitaba y que probablemente no habría aceptado si alguien se lo ofreciera. Pero nadie le estaba ofreciendo aquel alivio melódico, ese se había presentado por su cuenta, invadiendo su cuarto en el momento preciso, así que no tenía por qué rechazarlo. Fue así como en ese instante, la música se convirtió en su salvadora involuntaria.


    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
  4.  
    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

    Tauro
    Miembro desde:
    10 Diciembre 2010
    Mensajes:
    2,077
    Pluma de
    Escritora
    Hola, por fin te comento:
    Comienzo por capítulo "El grupo de estudio y lo común de ambos".

    Wow, sé lo que significa hacer el esfuerzo para levantarse más temprano cuando algo de verdad te interesa, así que eso demuestra que a Mariela cada vez le interesa más Vidal. También desee que no echara a perder la situación por hablar de más cuando se lo encontrara, pero simplemente los nervios la traicionan en contra de su voluntad. Cuando leí que primero se quedó muda y después dijo toda esa barbaridad de que Vidal era un ñoño por tener un grupo de estudio, me hizo preguntarme si Mariela no va a lograr controlarse nunca ante Vidal, o quizá sólo sea cuando se de cuenta de que el chico "perfecto" no está destinado para ella. Sin embargo, por el momento, me pareció genial de qué forma logró integrarse al grupo de estudio y más, cómo inmiscuyó a Jenny para que la acompañara.

    Ya reunidos todos, me sorprendió esa mirada que Vidal le lanzó a Jenny. Pude sentir que él no le daba la bienvenida a ella. Su preocupación de que Jenny pudiera revelar su secreto me dio ternura. ¡Ese momento fue muy difícil para él! Luego me causó mucha gracia esa patada que le dio Jenny por equivocación, pero después me sorprendió que estuviera tan pendiente de la chica, pero no supe cuánto sino hasta que la alcanzó cuando ella se fue a la tienda para comprar bebidas. ¡Qué perspicaz Vidal al notar su miedo tan sólo por mencionar el nombre de Lino! Ese encuentro fuera del grupo me encantó. Ese intercambio de palabras que tuvieron tan propias de sus verdaderos "yo" fue muy linda.

    Eso es, una complicidad que quizá, más adelante convenza a Vidal de que con Jenny no tiene por qué preocuparse, sino ver en ella un apoyo, uno que tanto necesita para reposar su careta.

    El Infortunio del Admirador Secreto:

    Este sin duda fue un capítulo intenso, emotivo y creo que mi favorito hasta ahora. Yo siempre me siento inclinada por las personas que antes fueron de cierta forma, hiriendo a los demás por su modo de ser, pero en algún momento, por alguna razón logran ponerse en los zapatos de sus víctimas y llegan a comprender todo el daño que les hicieron. Su conciencia dormida despierta y desean resarcirse. Es cierto que ya con nada se quita ese dolor que causaron, pero su arrepentimiento y atreverse a pedir perdón es algo que los hace estar más conscientes de que ellos también tienen esa bondad en sus interiores y aceptarlo no es de personas débiles, sino de personas fuertes, mucho más cuando se está luchando contra el fuerte carácter que se poseé. La persona que se atreve a despojarse de su orgullo para hacer lo que es correcto, merece mi admiración y no sé si ya te lo había dicho, pero me encanta Lino. Su persistencia a vencerse a sí mismo me fascina y de verdad espero que lo logre, que llegue a adquirir esa paz que tanto necesita para que aprenda a hacer a un lado eso malo que la vida le otorga y ser feliz con las cosas buenas que le sucedan aunque estas sean pocas.

    Leer de qué forma le pidió perdón a Jenny me conmovió hasta las lágrimas. Considero que fue una escena preciosa y aunque Jenny no quiso perdonarlo, pues es lógico que no lo hiciera por lo dañada que la dejó, él por fin logró gritarle sus verdaderos sentimientos. También me pareció mejor que ella ya supiera que él era ese admirador secreto, pues que se tardara más le otorgaría más puntos negativos a Lino. Jenny piensa que él sólo quiere seguir jugando con ella, lo expresó bien al decirle que esa era su intención al dejarle esas cartas, ilusionarla y después burlarse de ella. Comprendo que ese sea su pensamiento, pues ¿cómo se puede creer en alguien que siempre te ha hecho daño? La desconfianza y el miedo hacia esa persona no son fáciles de erradicar.

    En cuanto a Lino, creo que le esperan cosas buenas. Que se sintiera aliviado por la melodía del violín me hizo tener otro momento de emotividad, quizá potenciado porque en el momento en que estaba leyendo esa escena, escuchaba una melodía con violín. ¡Animo, Lino! Sé que tienes el potencial para hacer cosas buenas en la vida que te beneficiarán. No te rindas, que el rechazo de Jenny no te haga retractarte de ser una mejor persona. Creo que eres de esas personas que a pesar de todo, siguen en el camino que se han trazado.

    Lo más difícil ya lo hizo, pedirle perdón a Jenny y además fue con público y de una manera impensada. ¿Qué más peor hay que eso? Desde luego que no es aceptar algo de otros, así que Lino tendrá qué darse cuenta que aceptar cosas de otros para propio beneficio no es algo para avergonzarse.

    Buenos capítulos, este último como dije, mi preferido. Por aquí andaré, así que nos vemos en el que sigue. TQM
     
Cargando...
Cargando...
Similar Threads - Secretos Corazón
  1. Holyaria
    Respuestas:
    6
    Vistas:
    163

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso