Historia larga Secretos del Corazón

Tema en 'Novelas' iniciado por Borealis Spiral, 12 Junio 2020.

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    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

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    4 Mayo 2010
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    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Secretos del Corazón
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    4
     
    Palabras:
    3634
    Ni siquiera voy a decir nada... Sólo que es más una novela juvenil y espero la disfruten.

    Sinopsis:
    Todo el mundo tiene secretos. Los hay grandes, pequeños, importantes y triviales; también los hay temporales, eternos, de rutina y los de una vez en la vida. Están los secretos privados y los secretos a voces. Hay unos que hieren, lastiman y duelen; hay otros que son buenos, divertidos y dan felicidad. Los secretos bien pueden darle sazón a la vida o bien pueden destruirla. Todo depende de la reacción y las acciones que se toman ante ellos.

    Jenny Aranda no es la excepción. Es una chica normal que tiene una familia amorosa, buenas amigas y que escoge mantener una actitud jovial ante la vida. Pero tiene un secreto que abarca una época oscura y dolorosa de su niñez; una etapa que prefiere mantener en el olvido y oculta de los demás. Sin embargo, su secreto se ve amenazado cuando Lino Padilla aparece nuevamente en su vida, quien con su simple presencia pone en peligro la paz interior que Jenny ha logrado alcanzar con tiempo y esfuerzo.

    Por si fuera poco, cuando se entera de que a sus dos grandes amigas, Thelma y Mariela, les gusta el mismo chico, también deberá mantener el secreto de una de ellas con tal de evitar que la amistad entre las tres se perjudique. A esto se le suman después los secretos respectivos de Efraín y Vidal, dando como resultado un festín de emociones y situaciones donde las sorpresas, las decepciones, los temores, las peleas y las soluciones están a la orden del día.

    Jenny y compañía tendrán que aprender que cuando se trata de secretos del corazón, los colores que pintan la vida se multiplican, porque nada se define por ser blanco o negro, sino que las experiencias, relaciones, actitudes y creencias otorgan matices diversos a las personas y es importante aprender a verlos todos.

    Las tres amigas, los afamados y el normal

    Aquella fresca mañana, Jenny Aranda se apresuró a subir las escaleras del segundo piso de las instalaciones escolares para llegar a su salón, en lo que botaba su balón de baloncesto en cada escalón, con su entusiasmo de siempre. Cursaba el segundo año de educación media superior y tenía 16 años. Llegó a su destino y se encaminó a su asiento, el que estaba situado al fondo del aula y entre sus dos amigas: Thelma Canto, que se sentaba frente a ella y Mariela De León, que se sentaba a su derecha. En esos momentos sólo Thelma estaba a la vista.

    —Buenos días, Jenny —la saludó Thelma al verla.

    —Buenos, Thel. Sí terminaste la tarea de mates, ¿verdad? —preguntó, sentándose y dejando el balón bajo el pupitre.

    —Sí, ¿tú no?

    —Sí, pero necesito comparar respuestas. Hubo un par en las que creo que fallé horrores.

    —Ay, Jenny, por un par no vas a reprobar. —Thelma rio con ligereza en lo que buscaba su tarea de Matemáticas para prestársela a su amiga.

    —Estaba limitando la cantidad. Esta vez la tarea estaba muy difícil. —Soltó un profundo suspiro—. ¿Por qué no pude ser un genio como tú?

    —No soy un genio, Jenny, pero me gusta estudiar.

    —Y se te da bien.

    Jenny comenzó a comparar respuestas y cambiar las que estaban mal. Se detuvo un momento para mirar a su alrededor al reparar en la ausencia de la otra amiga.

    —¿Mariela no ha llegado todavía? Es raro que llegue tarde.

    —Sí, ya está aquí, pero dijo que de camino al salón oyó un chisme muy bueno, así que dejó sus cosas y salió a ver si se enteraba de los detalles. —Thelma miró las pertenencias de Mariela en su respectiva butaca.

    —Ah, esa Mariela y sus chismes. —Jenny rio con diversión—. Son prácticamente su pan de cada día.

    —Cierto —asintió Thelma—. Aunque nunca lo hubiese imaginado de alguien como ella. A veces no sé ya ni cómo catalogarla. Fíjate que ayer se perforó las orejas otra vez.

    —¿Qué? ¿Otra vez? —Jenny se sorprendió—. ¿Cuántas veces van ya? ¿Tres?

    —Cuatro. —A Thelma la recorrió un escalofrío—. No sé cómo puede.

    Jenny y Thelma se conocían desde secundaria, por lo que tenían más historia juntas y habían sido afortunadas de haber estado en el mismo salón en preparatoria. A Mariela la conocieron justo el año pasado y congeniaron muy bien desde el principio, pero era verdad que a veces su forma de ser las descolocaba.

    Antes de que las dos pudieran seguir hablando, llegó la que faltaba y acercándose a ellas les informó su descubrimiento.

    —Chicas, ¿a que no saben de qué trata el chisme de hoy? —quiso dar intriga al asunto.

    —¿De qué? —Jenny estaba curiosa, aunque no paró con su labor y escuchó mientras trabajaba.

    —Ayer hubo una pelea en el receso entre dos tipos, uno de primero y uno de tercero y parece que los suspendieron a los dos el resto de la semana.

    —¿En serio? —Thelma alzó las cejas y acomodó sus anteojos—. ¿Algún conocido?

    —Nah. —Mariela se sentó en la mesa de su escritorio y cruzó las piernas—. Pero el chico de primero se ha estado ganando fama por ser agresivo y respondón con los profesores. Hasta donde sé, ya ha ido varías veces a la prefectura por su mal comportamiento. Es un tal Lino.

    Jenny se tensó al oír el nombre, ejerció presión en el portaminas que usaba y rompió la punta del grafito. Sus manos temblaron, se le atoró la saliva en la garganta y en un acto de puro reflejo se tocó la oreja izquierda, la que tenía el lóbulo rasgado.

    Sabía de qué Lino hablaba Mariela y por lo mismo ya no le sorprendía la noticia. Lo había visto alguna que otra vez desde que iniciara el curso escolar. Se había desconcertado sobremanera al enterarse de que había ingresado a ese instituto. No sabía por qué estaba en primer año en lugar de segundo como ella, pero no le importaba. ¿Por qué había tenido que ir a parar precisamente en ese lugar? Lo último que quería era tener que andar con miedo y paranoia el resto de sus días como estudiante.

    —Qué feo —se lamentó Thelma, ajena a la reacción de Jenny—. Ojalá que nunca me toque presenciar una pelea así. No me gustan los abusivos.

    —No te preocupes, Thel. Jenny y yo te cuidamos. Que alguien intente meterse conmigo para que vea cómo se arrepiente después. Y con la altura de Jenny no hay quién le haga frente.

    —Igual, también creo que es mejor cambiar de tema —se apresuró a interceder Jenny, haciendo un gran esfuerzo por suprimir el quiebre de su voz—. Mariela, ¿Thelma dijo que te perforaste las orejas otra vez?

    —Síp. —La joven se enderezó, orgullosa, y haciendo a un lado el cabello mostró sus nuevos aretes, los que conformarían el cuarto par—. Me quedan bien, ¿verdad? Es puro estilo.

    —Pues a veces no sé si lo haces para seguir tu tendencia o es puro desacato a la autoridad. —Jenny rio de buen humor.

    —Es cierto, si algún profe te ve con esos harán que te los quites —asintió Thelma.

    —Soy consciente y por eso hago esto. —Mariela se acomodó su suelto cabello negro de tal forma que escondió sus orejas—. Listo. Asunto resuelto y ni siquiera tengo que arriesgar mi atractivo. Me veo bien hasta con el pelo en toda la cara.

    Y era verdad. Mariela era una joven muy bella. El que ella cuidara tanto su aspecto personal y fuera tan segura de sí misma influía mucho en su atractivo, sin contar que era de las pocas personas que Jenny había conocido que tuvieran ojos claros, en un tono que mezclaba el verde con el café de un modo curioso, por lo que dependiendo de lo que vestía se veían de un color, del otro o combinados.

    —Pues igual eres muy valiente —dijo Thelma, cubriéndose las orejas—. Yo nunca me haría más perforaciones a parte de las de mis dos aretes.

    —Yo no me llevo bien con los aretes —sentenció Jenny, volviendo al trabajo y tocándose de forma distraída el lóbulo rasgado.

    Hubo un tiempo en el que mostró mucha inseguridad por aquella cicatriz que la marcaba e intentó por todos los medios ocultarla haciendo lo que Mariela de soltarse el cabello y ponerlo frente a las orejas. El problema era que su ondulado cabello castaño era más rebelde y le estorbaba mucho porque como deportista, tener el cabello suelto era una gran molestia a la hora de jugar baloncesto, que era el deporte que amaba. Conocer a Thelma la ayudó a ser menos consciente de sí misma y lo que la marcaba.

    Thelma tenía estrabismo, por lo que su ojo izquierdo nunca se alineaba con el otro y se desviaba hacia afuera. Era bastante pronunciado y siempre le ocasionó problemas de autoestima, tanto así, que cuando Jenny la conoció, Thelma rara vez levantaba la cabeza para mirar a las personas a los ojos. Su deseo de ayudarla cuando se hizo su amiga la impulsó también a ser más segura de sí misma con su problema. Al final, ella dejó de temer mostrar su lóbulo desgarrado y Thelma dejó de bajar la cabeza, pero decidió usar anteojos sin aumento para simular su ojo bizco.

    Antes de que pudieran seguir conversando, el timbre sonó y se apresuraron a tomar sus lugares a esperar al profesor de turno. Las clases trascurrieron con normalidad y llegó la hora del receso. Las tres amigas salieron del salón dispuestas a disfrutar su almuerzo.

    —Hoy no te toca jugar básquet después de almorzar, ¿verdad, Jenny? —le preguntó Mariela.

    —Hay práctica después de clases, así que no —negó la aludida—. Prefiero guardar energía.

    —¡Perfecto! Entonces vamos a almorzar cerca de la cancha de fútbol. Vengan.

    Mariela tomó el liderazgo y las llevó a la parte izquierda más alejada de los edificios, donde estaba una amplia zona de césped acondicionada para servir como cancha de fútbol; allí había algunos chicos jugando un partido. Se sentaron a una distancia prudente, lo preciso para ver bien a los jugadores, pero sin entrar de lleno al terreno de peligro por algún balón desviado.

    —Oye, Mariela, últimamente has querido almorzar aquí todo el tiempo —apuntó Jenny, dándole un mordisco a su comida—. ¿Por qué tanto interés en el fútbol tan de repente? Creí que no te gustaban los deportes.

    —Y no le gustan —se metió Thelma—. Creo que yo sí sé por qué lo hace. Te gusta alguien, ¿verdad?

    —¿Qué? —Jenny abrió los ojos con incredulidad y miró a Mariela, quien se había colorado intensamente—. ¿En serio? Pero si todo el tiempo dices que ni siquiera crees en el amor.

    —Pero mira cómo se puso. —Thelma rio divertida—. Es un hecho, le gusta alguien.

    —Está bien sí, lo admito. Me gusta alguien —chilló la víctima, roja hasta la médula, cubriéndose el rostro con las manos—. Ni siquiera yo me lo creo pero es verdad. Por fin he encontrado el amor. Cupido me ha flechado y no he dejado de pensar en él y sólo quiero verlo.

    —Eso es genial, Mariela. —Jenny se sintió feliz por su amiga—. ¿Y? ¿Quién es el afortunado?

    —El ser más perfecto que haya pisado la escuela… no, el país… no, el mundo… Es apuesto, inteligente, popular, amable con todos, trabajador. ¡Es que es todo, es todo! Y ni me lo van a creer porque creo que ni siquiera es de mi tipo, pero es que es tan… Ah, perfecto. —Suspiró enamorada.

    —¿Quién? —cuestionó Thelma en un susurro, teniendo un muy mal presentimiento.

    —Vidal González.

    —¿Don Perfecto? ¿El más popular de la escuela?

    Jenny no lo pudo creer. Dirigió su atención a los jugadores, enfocándola en Vidal. Cierto que era guapo y hasta donde sabía tenía la mejor reputación de todos, pero no parecía alguien en quien Mariela pudiera fijarse, aunque suponía que en el corazón no se mandaba. A su lado, Thelma había quedado muy callada, sintiendo que el paladar se le amargaba, quitándole las ganas de seguir comiendo.

    —¿Y cómo pasó eso? —inquirió Jenny, curiosa—. Hasta hace poco preferías ignorar todo lo que tuviera que ver con él y hasta tú misma nos dijiste que estabas celosa de toda la atención que le dan.

    —Sí, pero eso fue antes de tratarlo. Ah, lo recuerdo como si hubiese sido ayer. —Le brillaron los ojos—. ¿Recuerdan que un par de semanas atrás el profe Domínguez me mandó por un reporte por usar el celular en clase? Bueno, pues ese día él se apareció por allí y pues conversamos un poco ¿y a que no saben qué? Me dijo que le gustaba mucho mi estilo, que resaltaba mucho incluso con el uniforme de la escuela y con eso me ganó. Fue tan lindo. —Volvió a suspirar.

    —O sea que te enamoraste de él sólo porque halagó tu estilo —concluyó Jenny.

    —Fue más que eso, ¿bien? Tuvimos una conexión especial. Somos almas gemelas —argumentó la otra, contundente.

    —Lo que tú digas. De momento te daremos por tu lado, ¿cierto, Thel? —Jenny rio con buen humor y miró a su callada amiga.

    —Sí —dijo ella, insegura—. Necesito ir al baño.

    —Te acompaño. —Jenny se levantó—. ¿Vienes, Mariela?

    —¿Y perderme un segundo del juego de mi amor? ¡Nunca!

    Jenny rodó los ojos, divertida. Las dos llegaron al baño y en lugar de entrar a un cubículo, Thelma se apoyó en el lavamanos, cabizbaja.

    —¿No ibas a entrar? —indagó Jenny, extrañada, viendo que la otra sacudía la cabeza—. ¿Estás bien? —Thelma volvió a sacudir la cabeza y Jenny se preocupó—. Thel, ¿qué pasa? ¿Estás bien?

    —Es que… —Guardó silencio unos momentos antes de soltar la bomba—. Jenny, a mí también me gusta Vidal.

    —¿Qué? —Las sorpresas del día no parecían tener fin—. ¿Cómo? ¿Por qué…? ¿Desde cuándo?

    —Desde siempre. —Thelma apretó el lavabo con fuerza—. Jenny, tienes que ayudarme con Vidal, tienes que ayudarme a acercarme a él o a que se fije en mí. Los dos coinciden de vez en cuando en las prácticas aunque estén en deportes diferentes, ¿no? Podrías hablarle de mí allí.

    —Sí, Thel, pero no puedo. Yo…

    —¡Sí puedes! Jenny, por favor. —Se desesperó—. ¿No lo entiendes? ¿Qué probabilidades tengo yo en contra de alguien como Mariela? Si no hago algo seguro que Mariela gana, siempre consigue lo que quiere y los chicos prefieren a las de su tipo: extrovertidas, bonitas y con carácter. Yo no soy competencia. Por favor, Jenny. Soy tu amiga, ¿no?

    —Lo eres, Thel, la mejor que tengo, pero Mariela también lo es.

    —¡Pero a mí me conoces desde hace más tiempo que a ella!

    —¡Thelma!

    Jenny la miró con reprensión por intentar usar su largo historial de amistad como chantaje. Thelma se encogió de hombros, como si su simple nombre la hiriera al ser pronunciado con tal severidad.

    —Lo siento —se disculpó, abochornada de su actitud—. No sé qué me pasó, perdona. Olvida lo que dije.

    —Thel…

    —No, es cierto. No es justo ponerte a elegir a una de nosotras. Yo sólo… Olvida lo que dije, ¿sí? Me adelanto con Mariela.

    Y sin darle oportunidad de decir nada más, Thelma salió de los baños, dejando a Jenny inquieta. Ese era un escenario que nunca había previsto: sus dos grandes amigas enamoradas del mismo chico. Eso sólo podía suponer problemas entre todas ellas. Suspiró con abatimiento. Hizo sus necesidades, se lavó la cara para despejarse y regresó a su lugar con ellas. Mariela siguió expresando su adoración hacia Vidal mientras que Thelma no opinó nada al respecto, lo que aumentó la preocupación de Jenny.

    El resto del día escolar transcurrió normal hasta que concluyó. Jenny se despidió de las chicas porque todavía se quedaría a practicar junto al equipo de baloncesto femenil. Su práctica trascurrió de manera fluida. Se despidió de sus compañeras y regresó a casa a paso calmado con su inseparable balón en mano. En el vecindario antes de llegar al suyo, optó por pasar a una de las varias tiendas de abarrotes que había y que era propiedad de la familia de un amigo suyo de secundaria: Efraín Soto.

    Thelma, Efraín y ella habían hecho buenas migas desde que se conocieron en secundaria y era usual verlos a los tres juntos en todo momento. Las dos habían quedado un poco decepcionadas de que Efraín no fuera a la misma preparatoria que ellas después de graduarse, pero siempre que tenían oportunidad iban a verlo, pues era seguro que estuviera atendiendo la tienda.

    Dicho y hecho, al ingresar al establecimiento se encontró a Efraín sentado detrás del mostrador, trabajando en lo que seguramente era la tarea del día. Cuando él sintió su presencia, levantó la vista de la libreta y la enfocó en el sonriente rostro de su amiga.

    —¿A qué se debe el milagro de que te acuerdes de los pobres? —saludó él, lacónico.

    —¿De qué hablas? Si yo te visito a cada rato —se defendió ella sin dejar de sonreír, dejando el balón en una esquina y yendo por un agua del refrigerador.

    —Cuando te conviene —sentenció él y movió la cabeza señalando la botella.

    —Soy buena amiga y ayudo a la economía de tu familia, ¿cuál es la queja? —Jenny le pagó el agua y tomó un sorbo—. ¿Cómo te va?

    —Normal. —Le devolvió el cambio.

    No se notaba porque seguía sentado, pero Efraín era alguien alto, pasando el metro ochenta. Cuando lo conoció en secundaria, Jenny se sorprendió de que le sacara varios centímetros, pues estaba acostumbrada a ver a los chicos a la misma altura o por debajo de ella. Ahora ella medía el metro setenta y cuatro, así que él le ganaba con siete centímetros.

    —¿Sí? Qué bueno. ¿Y cómo está Nancy?

    —Imagino que bien.

    —¿Cómo que imaginas? —Ladeó la cabeza, extrañada—. Es tu novia, ¿no? Deberías estar seguro de si está bien o no.

    —¿Hm? Ah, sí. No lo sabes. —Efraín volvió a su tarea—. Terminamos.

    —¡Qué! —Era definitivo, las sorpresas no iban a detenerse ese día—. ¿Cuándo pasó eso?

    —En las vacaciones de verano.

    —¿Qué? ¿O sea que hace más de dos meses que rompieron?

    —Ajá.

    —¿Cómo puedes quedarte tan campante? ¿Cómo pasó algo así? Si eran la pareja perfecta.

    —Ni tanto. Ya era puro compromiso —explicó, desinteresado.

    —No me lo creo. Y tanto que nos esforzamos en secundaria para que se juntaran. —Jenny se puso triste; Nancy le caía bien y le gustaba como novia de su amigo—. Ay, qué cosas. Parece que los problemas del corazón no le dan tregua a nadie. —Suspiró, abatida.

    —¿Tuyos? —Efraín lo dudó.

    —No, de Mariela y Thelma.

    —¿De Thelma? —La indiferencia del chico dio una vuelta de ciento ochenta grados al oír el amado nombre—. ¿Por qué? ¿Qué le pasó? ¿Está bien?

    —Sí, pero resulta que a ella y Mariela les gusta el mismo chico.

    —¿A Thelma le gusta un chico? —Enterarse de eso no le agradó nada y no evitó poner una mueca de disgusto—. ¿Sabes quién?

    —Se llama Vidal y es súper popular en la escuela y de los más guapos. Lo quiere todo el mundo; los profes lo adoran, los chicos lo respetan y se llevan bien con él, y casi que todas las chicas están enamoradas de él.

    —Tiene que ser un fraude —decretó, agrio.

    —No digas eso. Que sea más sociable y agradable que tú no lo hace el enemigo.

    —No existe nadie tan bueno y perfecto como me describes que es ese sujeto. Algo más debe haber tras su fachada y como su amiga tienes que hacerle ver a Thelma que no puede enamorarse de alguien simplemente por su aspecto o cosas superficiales.

    —Ay, no, no me pongas en más aprietos de los que ya tengo —se quejó Jenny—. Hace rato Thelma también me pidió que la ayudara a que se fije en ella.

    —No lo hagas —se opuso, tajante—. No te involucres es ese tipo de cosas. Si va a intentarlo que lo haga ella misma y si no puede, pues mejor.

    —No seas tan maldito. Yo le dije que no iba a ayudarla, pero no sé, como que sí siento que se lo debo por los años que la conozco.

    —No lo hagas —repitió Efraín, firme—. Si te inclinas por cualquier lado de la balanza en este asunto vas a dañar la amistad entre las tres.

    —Igual siento que va a haber un cambio —repuso Jenny, decaída—. Quiero decir, les gusta el mismo chico, Efraín.

    —No importa. Sé neutral.

    Jenny no lo sabía, pero el consejo de Efraín era bastante egoísta. No quería que Thelma tuviera posibilidades extras en caso de que en verdad pretendiera acercarse al dichoso Vidal. Obviamente no podía detenerla y aun si estuviera en la escuela con ella, no evitaría que lo intentara, pero podía manifestar su opinión al respecto. Esa había sido su forma de hacer las cosas desde que habían despertado en su interior esos sentimientos de afecto por Thelma, sentimientos que aunque no buscaba ocultar, ella no terminaba por reconocer. Suponía que era su castigo por ser tan apático a veces.

    —En fin, dime cómo avanza el asunto, ¿quieres? —le pidió al final a Jenny, volviendo a su tarea—. Pero si Thelma decide venir a contarme por ella misma no me molestaré.

    —Descuida, le diré que venga un día de estos —prometió ella recogiendo su balón—. Bueno, otro día vuelvo. Cuídate y saludos a todos en casa.

    —Adiós.

    Jenny salió de la tienda y se encaminó a su hogar. Hizo un recuento de todo lo experimentado hasta ahora y concluyó que ese día había sido de los más sorpresivos que había tenido en toda su vida. Se preguntó qué otras sorpresas le depararía el futuro.


    ¡Gracias por leer! Hasta otra.
     
    Última edición: 20 Junio 2020
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    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

    Tauro
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    ¡Holaaa! Cuánto tiempo ha pasado. Bueno, ya leí y para ser sincera, lo que me atrajo a leer fue la sinopsis. Está muy interesante, sin duda que atrapa. En este primer episodio nos mostraste a tres chicas que son amigas y ya desde aquí, se vislumbra que su amistad va a ser puesta a prueba. El que a dos de ellas les guste el mismo chico, es para Jenny una preocupación que se suma a esa carga emocional que mostró cuando se habló de Lino. Este personaje me parece oscuro, es decir, algo le hizo a Jenny, ¿no?, pues pensar que podría vivir sus días de estudiante en esa preparatoria con miedo, escondiéndose, no da para pensar nada bueno del chico, pero ya se verá.

    En cuanto a Efraín, ¿qué puedo decir de él? Siente celos por Thelma, pero su apatía le impide mostrarle lo que de verdad siente por su amiga. Entonces aquí tenemos también a los tres chicos. El popular que por su "perfección" pone a todo el mundo a sus pies, el apático que prefiere vivir en su burbuja de aislamiento y el bélico rebelde que siempre va contra las normas establecidas. De pronto sentí que Mariela empareja bien con Lino en cuanto a carácter, pero no sé, sorpréndenos. Es un buen capítilo, sigue así. No vi errores de ortografía, quizás sólo este:

    Me parece que esa palabra es sin acento. Hacia, de ir, no de hacer.

    Me gustan esas condiciones en los personajes, lo del ojo de Thelma, la cicatriz en la oreja de Jenny y la inclinación de Mariela a horadarse varias veces las orejas, son detalles que hacen a los protagonistas reales.

    Nos vemos en el que sigue. TQM
     
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    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido Crítico Crítico del mes

    Leo
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    Antes que nada, gracias por pasar a Solicita un Crítico y confiar en mí para hacer la critica. Así que, aquí estoy:

    Como se dijo en el último párrafo, Jenny tuvo un día lleno de sorpresas nada agradables. No solo se enteró que sus dos amigas están enamoradas del mismo chico, se ve tentada a inclinarse hacia Thelma, pero es muy cierto que si ella se inclina por alguien de sus amigas, la amistad se verá en apuros, aunque ya de por sí cuando a amigas les gusta un mismo chico es problemático. Lo que me intriga aquí es la reacción que tuvo Jenny al escuchar y recordar el nombre de Lino. ¿Quién es él? ¿Qué sucedió en el pasado para que ella reaccionara de esa forma?

    Este primer capítulo fue la introducción de los personajes, por lo que no hay mucho que agregar. Un dato que siempre he admirado de tus escritos es el aspecto imperfecto en el físico de tus protagonistas, cosa que no muchos se atreven, ya que temen crearles una imperfección, cuando esos detalles hacen que uno como lector empatice con los personajes. Ahora recuerdo a Ax. Y por lo que se muestra, estos detalles no solo son de "adorno" sino que serán una pieza clave para el desarrollo de los protagonistas.

    Si bien, tiendo a ser muy crítica ante la presentación de muchos personajes en el primer capítulo, si debo ser honesta al decir que los llevaste muy bien, por lo menos no me perdí al identificarlos, cosa que no muchos suelen manejar bien ese aspecto y terminan mareando al lector más que hacer que nos interesen, cosa que no vi aquí pues todos los personajes presentados de forma física o al ser nombrados tienen sus características bien definidas:

    • Jenny, la deportista y quien tiene un trauma.
    • Lino el chico rebelde y problemático.
    • Thelma, la que se les desvía el ojo y amiga de infancia de la protagonista.
    • Mariela, la chica perforada que le gusta cierto estilo.
    • Vidal, el chico popular y,
    • Efraín, el normal.
    Por lo que en ese aspecto no diré nada. Eso sí, para conocer un poco más sus personalidades se necesitara que la historia avance más, pues por lo poco solo sabría describir a Efraín, cuya presentación y sus acciones me describieron como es; al igual que Mariela. Sus personalidades son las que más destacan en este primer capítulo (siendo ambos, por ahora, mis personajes favoritos). Tu narración y ortografía como siempre impecable.

    Quizá lo único negativo que veo sería que a pesar de ser solo el primer capítulo, nos contaste todo de forma muy abrupta. Como que hubo cosa tras cosa, sorpresa tras sorpresa, que no hubo un respiro para el lector, para que degustara lo que estaba sucediendo cuando venía otra cosa. Por lo menos así lo sentí, todo de forma muy rápida. A pesar de eso, sé que ésto a penas es el iceberg y que vendrán sorpresas más grandes. Así que esperaré a la próxima entrega.

    Sin más que agregar, me despido. Saludos.
     
    Última edición: 15 Junio 2020
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    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

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    Marina ¡Master, siempre me encanta leer tus comentarios! Gracias por recalcarme ese errorcillo, créeme que no lo vi. Espero que la historia siga gustándote y ahora sí iremos conociendo un poquito más a los personajes. Te quiero *u*
    Kay Greenwish Gracias por aceptar mi petición y estoy totalmente de acuerdo, el capítulo fue bastante apresurado, pero en parte así lo quería porque quería establecer bien el argumento general de la historia. Creo que a partir de ahora las cosas irán con más clama y conoceremos más a los personajes. Agradezco tu punto de vista en cuanto al uso de mis personajes, no sabes lo bien que me hace leer eso. ¡Gracias!

    A los demás que se pasaron a leer, también se los agradezco y sin más, dejo el siguiente capítulo. ¡Disfruten!

    El chico que lucha contra todo

    Si algo había aprendido Lino Padilla desde que decidiera auto-reformarse y ser una mejor versión de sí mismo, era que su vida implicaba una lucha constante; una lucha contra todo y todos. Una guerra que no sólo empezaba en el interior de él, sino que se extendía hasta su familia. Aunque eso siempre lo supo, mas era hasta ese específico momento que comprendía a plenitud la extensión de su pelea.

    —¡¿Qué tanto estás haciendo allí adentro, Lino?! —Escuchó los gritos de su madre del otro lado de la puerta junto a los bruscos golpes—. ¡Apúrate o vas a llegar tarde! ¡Como si tuvieras poco con que te suspendieran, ¿ahora también piensas llegar tarde?! ¡Si es que parece que no tuvieras madre! ¡Apúrate!

    —¡Ya te oí y ya voy! ¡Ya no estés gritando a lo bestia! —aulló él, terminando de vestirse, malhumorado.

    —¡Pues deja de hacerte oídos sordos y hazme caso para que deje de gritarte!

    —¡Que ya voy!

    —¡Ya déjalo, que no te va a hacer caso! —Oyó los lejanos gritos de su padre—. ¡Si ese inútil no tiene remedio! ¡No causa más que problemas todo el tiempo! Te digo que hay que sacarlo ya de la escuela que nomás nos hace perder dinero y no aprende nada. Mejor ponerlo a trabajar para que tan siquiera aporte algo.

    Lino salió de su habitación abriendo la puerta con violencia, hizo a un lado a su madre con poca delicadeza y se dirigió a la cocina donde estaba su padre tomando el desayuno. Golpeó la mesa con las palmas de las manos, airado, y lo enfrentó.

    —Ándale, sácame de la escuela y ponme a trabajar si quieres, pero ya para cualquier trabajo piden de mínimo la prepa, así que si quieres que lo que aporte te convenga mejor me dejas seguir estudiando.

    Y en un rápido movimiento, le arrebató el pan tostado con huevo que tenía en su plato, alejándose de él.

    —¡Devuélveme eso que es mío, gorrón de porquería!

    Lino apenas alcanzó a esquivar el salero y el servilletero que le arrojó el hombre.

    —¡Ya déjalo que se tiene que ir ya! Ahorita te hago otro —se metió la madre, irritada.

    —No, pues si por eso es como es. Por tus estúpidos mimos es un maldito bueno para nada que cree que puede hacer lo que se le plazca. Se pelea y según tú los otros tienen la culpa por meterse con él. Lo suspenden por pelear y dices que los profesores exageran. Pide un saco de boxeo y se lo das. Ustedes hacen todo lo que se les da la gana y a mí me ignoran de plano.

    —Ay, no. No empieces con tus quejas de maricón que ya me tienen hasta la coronilla. Si tantas ganas tienes de sacar tus frustraciones, ¿por qué no vas y te consigues a una zo…?

    Lino salió de la casa no queriendo seguir escuchando las discusiones de sus padres. Él sería el primero en admitir que su familia daba asco y lo peor era que los genes eran fuertes. Sus dos progenitores eran unos neuróticos con temperamentos explosivos e irascibles, por lo que era normal que él mismo heredara una naturaleza agresiva que se encendía con facilidad; como el rojo vivo de un volcán que erupcionaba al instante. Por lo que no sólo debía luchar contra el ambiente que lo rodeaba en casa, sino que con su propio carácter. Era difícil, muy difícil, pero él creía que en el último par de años había estado haciendo un trabajo decente.

    Había aprendido a no pasar tiempo innecesario con los conflictivos de sus padres. Estar con ellos implicaba recaer en un círculo vicioso que no sólo era dañino, sino agotador. Para ello se apuntó a actividades extracurriculares durante sus años de secundaria, sobre todo las que tuvieran que ver con deportes, quedándose con el fútbol como predilecto. Su padre le había exigido que jugara baloncesto como él lo hizo en su juventud, pero no contaba con la altura suficiente.

    No era extremadamente bajo con su metro sesenta y seis, pero siempre había tenido un complejo con su estatura y que su procreador le dijera que ni para ser alto había valido su nacimiento no ayudaba mucho. Nunca prestaba atención a los insultos del hombre porque le valían un soberano cacahuate, pero el tema de la altura era delicado para él, pues le provocaba un complejo de inferioridad ridículo; uno contra el que también tenía que luchar.

    Algo más que lo ayudaba al manejo del mal carácter era sacar su lado violento de una forma que no dañara inocentes y por eso se había inscrito a un gimnasio donde se practicaba lucha cuerpo a cuerpo; por eso mismo le había pedido a su madre que le comprara ese saco de boxeo que tanta discordia había levantado en casa. Mas independientemente de las tensiones provocadas por dicho artículo, creía que había sido una de las mejores inversiones que pudieran haber hecho por su causa. Era liberador tener algo para golpear cada vez que sentía su cólera a punto de estallar.

    Por si fuera poco, también tenía que luchar contra la discriminación y negligencia de las que era víctima en la escuela. Como alguien que se ganaba mala fama, era natural que los profesores lo dieran por perdido y no esperaran mucho de él, dejándolo de lado y prestándole menos importancia a alguien de su clase, quien seguramente tendría un futuro menos prometedor que otros estudiantes brillantes. No ayudaba que en realidad era bastante malo para concentrarse y por ende terminaba con malas notas, otro tema con el que también tenía una batalla constante, pues deseaba terminar la escuela media superior, conseguir un trabajo decente y hacer que su padre se tragara sus palabras cuando le decía que no hacía más que ocupar espacio.

    Y a pesar de todo contra lo que tenía que enfrentarse día tras día, creía haber estado haciendo un buen trabajo reformando sus innumerables desperfectos y malas actitudes. Eso fue, claro, hasta que entró a la preparatoria. Fue a partir de allí que sus intentos y cambios hasta ese punto se vieron probados de la forma más cruel; donde la mayor de sus guerras dio inicio y donde las contradicciones gobernaron cada hora de su existencia.

    Ni en sus sueños más lejanos pensó ver a Jenny Aranda de nuevo, no después de todo el mal que le hizo. Quizás alguna vez fantaseó con encontrársela por la calle y disculparse por aquellas terribles cosas que él causó, de las que ella fue víctima y que sin duda no merecía. Pero siempre imaginaba que eso pasaría muchos años en el futuro, como adultos, cuando ambos fueran maduros y tuvieran bien dictado su destino en la vida. Jamás pensó que la casualidad fuera tan despiadada con él y la colocara nuevamente en su camino, en el mismo entorno. No había intercambiado palabras con ella, claro que no, ni siquiera se atrevió a llamarla al ver que ella ni lo notó. ¿Con qué derecho? Pero esa breve mirada que tuvo de ella fue suficiente para poner su vida y sentimientos de cabeza. No supo qué hacer, seguía sin saberlo.

    Ardía en deseos por hacerle frente y desbordar la enorme culpa que albergaba desde que comprendió la magnitud de las heridas y el sufrimiento que le provocó; culpabilidad que no hizo más que aumentar con los años. Deseaba pedir disculpas desde lo más profundo de su ser, pero al mismo tiempo no se atrevía a hacerlo, no por falta de valor, sino porque en el fondo sabía que no merecía su perdón. De hecho, estaba seguro de que ella no lo perdonaría, lo que estaba perfecto para él, pero también sentía que no merecía siquiera tener la oportunidad de disculparse. El peso de la culpa eterna sería su justo castigo; las disculpas no iban a borrar meses de maltrato y abuso.

    Sin saber cómo actuar, hizo la estupidez más grande de su vida, quizás incluso más grande que todas sus ofensas contra ella: comenzó a observarla todos los recreos en secreto, desde la distancia. La contemplaba con detenimiento cuando jugaba baloncesto y se alegró muchísimo al saber que su agresión no le robó el amor por el deporte; siempre le había gustado y siempre había tenido un talento innato por él, así que agradecía enormemente que siguiera practicándolo. También detalló el enorme contraste de la actual Jenny con la de sus memorias. Ya nada quedaba de la chica larguirucha y sin chiste de primaria. Ahora era una joven bien desarrollada y segura de sí misma que gozaba su elemento.

    Se volvió su rutina verla desde el anonimato. Los momentos que más disfrutaba era cuando estaba con sus amigas y sonreía a plenitud, con ojos iluminados y llenos de esperanza, pues mostraban otra clara diferencia entre la Jenny de sus recuerdos, cuyo rostro era teñido por el terror y sus ojos vacíos gritaban angustia. Mas así como gustaba de percibir su felicidad, así mismo le era una tortura, pues saber que él había sido el responsable de arrebatarle aquella felicidad por tanto tiempo era su condena.

    Y conforme pasaron los días, su tormento aumentó cuando comprendió por qué su nueva costumbre había sido tan mala idea: comenzó a desarrollar fuertes sentimientos de afecto por ella. Sentimientos que le eran prohibidos, impropios y de los que era totalmente indigno. Por eso había intentado dejar ese mal hábito, en espera de que dichas sensaciones murieran, pero sólo tuvieron el efecto contrario cuando la ausencia de su presencia se acentuó y su mente se rehusó a olvidarla ya como era ahora, como la Jenny vivaz y radiante del presente y no como la chica triste y sin vida que tanto plagaba su atormentada conciencia.

    Justamente este conflicto interno lo había mantenido más irritable en los últimos días, por lo que cuando tuvo un encuentro desagradable con un grupo de tercero —de esos que se creen los reyes de la escuela por estar en el último año y saber todo lo que había que saber del lugar—, e intentaron meterse con él, no pudo suprimir su temperamento impetuoso y ocurrió la afamada pelea que le dio más mala reputación de la que ya se estaba ganando, además de nuevos problemas en casa. No que le importara del todo, pero tampoco quería volver a ser lo que fue. En verdad tenía que aprender a controlarse.

    Su día en la escuela después de la suspensión fue como esperó que fuera: con el cuchicheo, chismes y rumores habituales de la dichosa pelea. Algunos eran muy exagerados y ridículos, pero no iba a gastar saliva para corregirlos. Recibió el sermón de varios profesores incluido el prefecto, otra vez. Y su popularidad decayó, por lo que si antes era un lobo solitario, ahora lo fue más. Llegó la hora del receso y se debatió entre ir o no adonde estaría Jenny. Creía que lo mejor era seguir alejándose de ella, pero dada su actuación de la semana pasada no estaba tan seguro de que fuera buena idea. Al final fue a verla, haciendo que los sentimientos conflictivos y contradictorios en su pecho resurgieran, mas también pudo sentir cómo una inmensa calma apaciguaba a su monstruo interior. Era muy, muy débil. Daba vergüenza.

    El resto del día trascurrió normal y al llegar la hora de la salida, Lino se alistó para ir a la práctica de fútbol con sus compañeros, los que seguro tenían más de una queja contra él, pero solían no expresarlas porque no querían estar en su lista negra y porque era bastante bueno; hasta el entrenador le concedía ciertas libertades, haciendo la vista gorda en caso de que llegara a sacar su mal genio contra los demás. En temas de habilidad estaba casi al nivel de Vidal. Y hablando del rey de Roma, notó que el tipo se le acercaba.

    —¡Lino! Qué bueno verte por aquí otra vez —lo saludó con buena vibra y una sonrisa condescendiente—. Escuché lo de tu pelea y sé que hay exageraciones por allí, pero me alegra ver que estás mejor. ¿Cómo pasaste tus días sin venir? Espero que todo esté bien en casa.

    —¿Me ves con cara de querer contarte la historia de mi vida, bastardo? —masculló él, fulminándolo con la mirada.

    —Es obvio que no —reconoció Vidal, con aparente buen humor—. Pero debo decir que aquí nos hiciste mucha falta cuando no pudiste venir. El trabajo en equipo que haces conmigo y Richi es de lo mejor y yo me la paso genial jugando contigo.

    —Me enferma oírte. Hazme un favor y quédate mudo, bastardo —lo insultó, retirándose de él para ir con los demás.

    Vidal González era alguien a quien Lino simplemente no soportaba. No sólo era el único subnormal que se atrevía a hablare en los peores momentos, sino que aun cuando lo callaba groseramente o lo amenazaba, seguía insistente. Era como si quisiera quebrar sus muros defensivos para volverse su amigo, su confidente o alguna estupidez de esas. Como si él necesitara de la lástima de otros, sobre todo la de un bastardo simplón y con falta de personalidad como ese. Su actitud benevolente, soltura y credulidad lo desquiciaban. Era como si le restregara en la cara que él no tenía todos los problemas con los que Lino tenía que lidiar.

    En realidad, su odio hacia él era puro resentimiento mal fundado basado en su complejo de inferioridad, porque donde el sujeto era perfecto, él era lo contrario y tener a alguien que constantemente le hacía resaltar lo peor de sí mismo era malditamente frustrante.



    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
    Última edición: 29 Junio 2020
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    Holyaria

    Holyaria Entusiasta

    Escorpión
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    Escritora
    Me llamo la atención el titulo y aquí estoy, creo que puede ser una historia muy interesante una trama amorosa donde el drama el peligro los celos y otras cosas harán mella en estas chicas,mucho animo!!!! Solo decirte que me ha gustado tu historia, así que aquí estaré al pie del cañón ;)
     
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    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

    Tauro
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    ¡Ay, pobrecito Lino! Mmm, lo digo porque desde mi punto de vista, como madre que soy y aunque no soy perfecta, lo peor que uno le puede decir a sus hijos es que son unos inútiles. No hay mérito en esas palabras porque lejos de fortalecer, destruyen. El tachar de eso a los muchachitos gradualmente llega a convencerlos, o cuando menos a la mayoría, de que sí lo son. Comienzan a desarrollar la creencia de que no sirven para nada, de que son malos hijos, de que no merecen nada y de que otros deben pagar por su amargura, su tristeza y su estima que está por los suelos. Seguramente también lo ha marcado ser testigo de cómo se tratan sus padres entre ellos, las personas que más debe amar.

    ¡Wow, qué fuerte! Si enfrenta así a sus padres, me imagino a los demás ewe... aunque si su madre le consiguió ese costal de boxeo, no se atreverá jamás a darles a sus padres uno bueno, aunque lo impacienten así. Ya tiene donde darlos, qué bueno que su madre hace cuanto puede por él.

    El típico discursito. La mamá siempre tiene la culpa de cómo es el hijo. A ver señor papá, muéstrame cómo has ayudado a tu hijo para evitar que este se convierta en alguien que detestas tanto. ¿Sabes tú, señor papá que a los hijos no sólo se les debe dar alimento físico, sino también alimento emocional y espiritual? Un alimento que los nutra en los tres sentidos.

    Bueno, mejor sigo con el comentario. A ver... ¡ah, sí! Me ha gustado mucho la forma en la que Lino está luchando para cambiar lo que es. Eso es una tarea titánica porque no es fácil dejar los malos hábitos y mucho menos adquirir amor por sí mismo. En Lino hay una culpa que lo hace sentir terrible, pero parece que está yendo por buen camino. Quizá sepa que nada es imposible cuando se quiere hacer algo bueno, pero...

    ¡Oh! Me ha sorprendido mucho que él espíe así a Jenny y que haya llegado a disfrutar del cambio que también se ha operado en ella, verla sonreír de esa forma tan diferente a como la recordaba... que ella siga conservando algo tan bueno como el deporte que ama y que no le permitió quitárselo. Quiero pensar que esas van a ser cosas buenas que tal vez le ayuden a él mismo después.

    Ahahaha, esa escena final me sacó una sonrisa por vidal. Después de leer sobre la triste vida de Lino, fue como algo refrescante leer toda esa simpatía que Vidal le arroja a Lino por todos lados. Su carisma, su empatía, su interés, su buen humor, el minimizar el trato rudo que Lino le dispensa, me encantó.

    ¡¡Ánimo, Vidal! Sigue así y de veras podrás conquistar la amistad de Lino.

    Ahora, si me permites, un consejo para dar:

    «Si había algo que Lino Padilla aprendió desde que decidiera auto-reformarse y ser una mejor versión de sí mismo, era que su vida es una lucha constante; una lucha contra todo y todos. Una guerra que no sólo empezaba en el interior de él, sino que se extendía hasta su familia. Aunque eso siempre lo supo, en ese específico momento es que comprendía a plenitud la extensión de su pelea.

    Bueno, aunque en realidad no sé mucho de esto, pero de repente como que esas palabras repetidas en el mismo párrafo me dieron en los ojos. De cualquier forma está bien y este ha sido un capítulo hermoso. Me gusto mucho. Nos vemos en el que sigue. TQM
     
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    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido Crítico Crítico del mes

    Leo
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    Hola, de nuevo por aquí, un poquito tarde, pero aquí estoy.

    Déjame decirte que este capítulo me gustó mucho y por varias razones. La primera es que, a diferencia del primero, este si estuvo más calmado, se nos mostró e hiló las escenas y sentimientos de Lino detalladamente; y por cierto, no me esperaba que este capítulo se enfocara en él. Me imaginé que sería de alguien más, quizá de Efraín o de una de las amigas de Jenny. Pero no, fue de Lino, y debo decir que me sorprendió mucho saber su vida, que no la tiene muy fácil a decir verdad con esos padres, y más por su padre quién lo insulta a diestra y siniestra. Nunca entendí ni entenderé que ganan esos progenitores diciéndoles eso. ¿De verdad piensan que van a hacero cambiar a su gusto? No, que va, no es culpa de los hijos, ese problema ya es de ellos en sí, pues te a seguro que hiciera lo que hiciera, siempre se sentirá disconforme con lo que sus hijos hagan.

    Debo decir que me sentí, hasta cierto grado, identificado con él, en lo que respecta el deseo de cambian su carácter, y no lo digo porque yo lo sea, no, pero si en otras cosas, como por ejemplo en mi carácter, desearía ser un poco menos enojona y temperamental, aveces ahuyento a la gente, y es muy difícil de lograrlo. ¿Pero sabes que lo vuelve más difícil? Que uno puede pensar que por lo menos a cambiado un poco, pues es algo que tarda, y venga la gente a decirte que no lo has hecho, que no has cambiado nada. Eso no te ayuda mucho. En lo que respecta a Lino le falta mucho, pues debe aprender a ser más tolerante con sus compañeros y no ser tan respondones. Y debe ser más paciente (una virtud que, hoy en día, poco poseen). Pero por lo menos allí tiene las ganas de cambiar.

    Es muy triste que sus padres se comporten de esa forma delante de él, sin pensar en si su hijo le pueda perjudicar verlos discutiendo de esa forma. Desconozco su historia de porque están así, pero me imaginó que debieron quedar juntos porque la señora quedó embarazada, por lo que se vio en la obligación de contraer matrimonio. Aun así, si la cosa va mal deberían separarse. Y aunque es cierto que cuando un muchacho crece en un entorno tan disfuncional, maltratador o donde los integrares de la familia sean tan irrespetuosos uno con otro (especialmente cuando los padres no se respetan nada), los hijos vayan creciendo con pocos valores morales y sean muy agresivos. Aunque eso no les da el derecho de comportarse de la forma en la que se comportó cuando más joven. Eso sí, dice mucho de su personalidad su gran arrepentimiento que demuestra por lo que le hizo a Jenny. Que por cierto...

    Una cosa que me causó mucha sorpresa, pues no me lo esperaba, es saber por los sentimientos que él tiene o comenzó a tener por Jenny, aunque por lo descrito parece ser más bien su acosador personal. Me gustaría saber más a cerca de lo que sucedió porque aún no me ha quedado claro si él fue el causante directo de lo que sufrió Jenny o solo ocasionó que le sucediera eso. También estoy ansiosa de saber cómo reaccionará Jenny cuando lo vea en persona o cómo reaccionara él ante la reacción de ella.

    No hay mucho que decir sobre Vidal, pero si que me intrigó y quisiera saber cómo es él en realidad. Aquí se le vio como un buen tipo.

    Excelente capítulo. En lo que respecta ortografía o gramática, como siempre, impecable.

    Espero el próximo con ansias.
     
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    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

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    Escritora
    Título:
    Secretos del Corazón
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    4
     
    Palabras:
    2719
    Holyaria ¡Muchas gracias por tus amables palabras! Ha sido una sorpresa agradable verte por aquí y saber que te ha gustado la historia. Espero que sigas pasándolo bien leyéndola. Gracias en verdad.
    Marina Es totalmente cierto lo que dices de los padres; yo agradezco que los míos, aunque no perfectos, siempre me han demostrado cuánto me quieren y me han apoyado en todo. Me alegra que te gustara el capítulo y que haya logrado mi objetivo de provocar lástima en Lino. También agradezco el consejo en redacción, ya lo arregle. Espero que la historia siga gustándote.
    Kay Greenwish Gracias por tu comentario, me ha gustado mucho, de veras. Por desgracia, en esta vida hay personas tóxicas y relaciones tóxicas y así clasificaría a los padres de Lino, una pena en verdad; pero me alegra que vieras que el chico se esfuerza y que te sintieras un poco identificado con él; mi objetivo con él es que la gente empatice con él, creo que lo he logrado. Espero que la historia siga siendo de tu agrado.

    A los demás que pasan a leer, se los agradezco. Sin más, el capítulo. ¡Disfruten!

    La determinación de una chica de bajo perfil

    Thelma Canto contempló ante ella su actual dilema: la tienda de la escuela estaba a reventar de gente. Normalmente, si a ella o a alguna de sus amigas se le antojaba un dulce o una botana, iban allí poco antes de que el recreo terminara, cuando la multitud había aminorado bastante y era más sencillo hacerse oír. En ese instante, sin embargo, sería imposible que los vendedores la escucharan o la vieran siquiera, pues su metro cincuenta y tres se perdía de vista fácilmente.

    Normalmente preparaba su almuerzo en casa, pero ese día se le había hecho tarde y cuando le pasaba eso, casi siempre podía contar con la ayuda de Jenny, quien el ser alta tenía más oportunidad de que la atendieran haciéndose paso entre todos con facilidad. Mas eso también le salió mal porque Jenny había quedado de hablar con un profesor. Mariela se negó a acompañarla porque le parecía un incordio todo el caos que se formaba y Thelma la comprendía totalmente porque era una fastidio.

    Así que sin más opciones, siguió en su lucha por llegar al frente, empujando y siendo empujada, gritando y siendo gritada; hasta que por fin llegó al alcance de los vendedores y pidió un sándwich junto a algo de beber. El emparedado no era del tipo que le gustaba, pero a esas alturas le daba igual de qué fuera, sólo quería terminar con aquel martirio. Se los dieron, los pagó, le dieron el cambio y su siguiente tarea titánica fue la de salir de allí a base de más empujones.

    Para su desgracia, apenas alcanzando a salir de la aglomeración, su pie se atoró entre los de alguien más y cayó de bruces al suelo, soltando un agudo grito de sorpresa, en lo que su cosas escapaban de su agarre, rodando un par de metros lejos de ella. Las risas burlonas de los espectadores llenaron sus oídos y ella se sintió morir de vergüenza.

    —¡Oh, cielos! ¿Estás bien? Esa fue una caída dolorosa.

    Una voz cálida la envolvió, en lo que el dueño se apresuraba a inclinarse a su lado para revisarla y ayudarla a levantarse. Thelma levantó la vista y sus descolocados ojos miraron con incredulidad a ningún otro que el objeto de su amor secreto: Vidal González.

    —¿Estás bien? ¿Te lastimaste? —volvió a preguntar él, poniéndose de pie junto con ella.

    —No, no, estoy bien —se apresuró a negar ella, roja hasta la médula ósea. ¿Por qué tenía que pasar semejante vergüenza frente a él?

    —¿Segura? Creo que te heriste la rodilla. Deberías lavarla o se infectará.

    Vidal se inclinó un poco para ver mejor el raspón que empezaba a sangrar. Turbada, Thelma se bajó la falda para que dejara de mirar, de pronto demasiado consciente de sus piernas descubiertas. ¿Por qué había decidido usar precisamente hoy el uniforme de gala?

    —Lo siento. —Vidal se irguió y un destello de pánico cruzó sus facciones—. ¿Me excedí? No quería incomodarte. No era mi intención. Lo siento.

    —No, no —se apresuró a rectificarlo y se ruborizó más—. Agradezco que te preocupes por mí y tienes razón, debería lavarlo cuanto antes.

    —¿Es así? Me alegra. Por cierto, aquí tienes tus cosas. —Le tendió su sándwich, su jugo y le mostró sus gafas—. ¿Estas son tuyas?

    Thelma dejó salir un grito ahogado. ¿Cómo se le fue a pasar el gran detalle de no llevarlas puestas?

    —¡Oh, por Dios! —Con las manos ocupadas, no le quedó más que cruzar los brazos sobre el rostro para ocultarlo, sintiéndose incinerar de humillación—. No me mires, por favor.

    —¿Qué? ¿Por qué? ¿Estás bien? —Vidal hizo ademán de acercarse, pero se quedó quieto—. ¿Qué pasa?

    —Sólo no mires mis ojos, por favor —suplicó, aturdida.

    —¿Tus ojos? —Algo hizo clic en la memoria de Vidal—. Ah, tu ojo.

    —¡Lo viste! —Thelma se descubrió el rostro, mirándolo espantada.

    —Perdona, no pretendía ofenderte, pero no pude evitarlo. En realidad me gusta —se sinceró, afable.

    —¿De verdad? —Thelma lo miró con sorpresa.

    —Claro. Pareces tener complejos por él, pero no creo que tenga nada de malo. Es cuestión de perspectiva. Me encantan las diferencias de la gente. A ti puede no gustarte tu ojo, pero yo creo que te da un toque especial y te hace única entre miles. O quizás sea mi pensar desatinado. Veo tanto que solemos pasar desapercibido todo a nuestro alrededor por ser siempre lo mismo y darlo por sentado, que cuando hay algo que puede capar la atención por ser diferente me parece fascinante. —Miró las gafas—. Es una pena que necesites lentes…

    —No los necesito —lo interrumpió ella, susurrante.

    —¿Perdón?

    —No los necesito —repitió con más firmeza y lo miró a los ojos—. No tienen aumento, los uso para disimular mi estrabismo.

    —¿Es así? Ya veo. Eso es bueno. Luces muy bien sin ellos.

    —Gra-gracias.

    Thelma bajó la mirada, mas esta vez no fue debido a la inseguridad. Miró el emparedado en su mano, notando la tierra en el envoltorio.

    —Ya no se antoja comerlo con toda esa tierra, ¿verdad? —Vidal también lo miró—. Yo iba a comprar mi almuerzo también. Si me esperas un rato puedo cambiarlo por el tuyo.

    —Oh, no, no hace falta.

    —¿Segura? Porque no hay problema.

    —No, de verdad, no hace falta —rechazó con seguridad y sintiéndose renovada, volvió a cruzar miradas con él, sonriéndole tímidamente—. La verdad es que ya has hecho mucho por mí.

    —¿Es así? Es bueno saberlo.

    —Sí, está muy bien. Debo irme que mis amigas deben estar esperándome. Muchas gracias por todo.

    —De nada. Cuídate.

    Thelma se alejó de la tienda, manteniendo una gran sonrisa en el rostro. Era tanta su alegría que pensó no cabría en su pecho, pero sabía que debía calmarse o Jenny y Mariela se darían cuenta de que algo había pasado y no estaba dispuesta a compartir ese momento tan maravilloso que vivió con Vidal, al menos no con su rival; no quería iniciar una disputa. Ya le contaría a Jenny a solas. Por eso, cuando llegó a donde la esperaba Mariela y donde ya estaba Jenny, se limitó a echarle la culpa al montón de gente por su tardanza.

    Tal vez debía sentirse mal por tener que esconder algo tan importante de Mariela, pero sinceramente no lo hacía. Ella siempre había sido alguien de bajo perfil, lo que venía desde casa. Era la menor de una familia de cinco hijos y de lejos era la consentida; en realidad, sus padres batallaban mucho para darle atención completa a todos, por lo que era inevitable quedar en el olvido. Que ella hiciera todo lo posible por parecer invisible dada su inseguridad a causa de su ojo bizco no ayudaba mucho a imponer una fuerte imagen. Además, ser alguien dispuesta a escuchar primero antes que a criticar le había evitado grandes dolores de cabeza. Si pudiera darle un color a su personalidad, diría que era como el azul tranquilo de un mar en calma.

    Mas aunque nunca le había molestado ser de bajo perfil y le gustaba trabajar discretamente, también era cierto que siempre le echaba todas las ganas del mundo; se esforzaba por hacer sus labores lo mejor posible y a veces hasta trabajaba más que otros aunque no se dieran cuenta, como en los asuntos escolares. Era verdad lo que le decía a Jenny de que no era una genio ni tenía gran talento para el estudio, pero se mataba analizando e investigando lo aprendido en clases. Después de todo, en casa ella y sus hermanos siempre se las ingeniaban para atraer la atención de sus padres de una u otra forma. Y era precisamente esta faceta en su personalidad la que parecía haber tomado las riendas con el asunto de su enamoramiento.

    Vidal le gustaba, realmente le gustaba mucho. Desde el momento que lo vio aquel primer día de clases el año pasado, su corazón quedó cautivado. Fue en el recreo y de entre tantos nuevos rostros, de entre tantos desconocidos, de entre tantos chicos, él resaltó para ella como un faro maravilloso. Apenas cruzaron caminos, no hubo contacto visual, no hubo palabras, pero ella quedó impactada con su imagen y mera presencia. La invadió una calidez plácida, se quedó sin aliento, su pulso enloqueció y ella agradeció al cielo haber optado por asistir a esa preparatoria, pues así tendría más oportunidades de verlo de las que podría tener si lo hubiese conocido en la calle u otro sitio.

    En realidad, si le preguntaran qué vio en él que la fascinó tanto, no sabría explicarlo. Porque aunque era cierto que era bien parecido, no era ni de lejos el único chico atractivo al que había visto. Estaba Efraín, por ejemplo, quien era muy atractivo desde su perspectiva. Lo cierto era que no sabía con exactitud qué vio en Vidal, sólo sabía que lo que fuera no lo había experimentado con nadie más. Había vivido de forma directa lo que se conocía como amor a primera vista.

    Un amor que mantuvo guardado en su interior por mucho tiempo, escondido hasta de Jenny, a quien consideraba su mejor amiga. Su discreción era en gran parte responsable de que decidiera callar, pero también lo hacía por su realismo. Sabía que no había manera de que alguien como ella tuviera alguna oportunidad con él. Ya se lo había dicho a Jenny: los chicos preferían a chicas más seguras de ellas mismas y extrovertidas. No obstante, sabiendo ahora que Mariela también gustaba de Vidal, las cosas cambiaban. Ya no se conformaba con hacerse a un lado y ser espectadora.

    No entendía por qué el que Mariela fuera su rival la hacía actuar, pero estaba dispuesta a luchar y eso fue precisamente lo que le dijo a Jenny en cuanto terminaron las clases y se despidieron de Mariela. Jenny tenía práctica de baloncesto, por lo que Thelma se quedó con ella un rato antes de que empezaran, para contarle lo que había pasado en la tienda escolar y de su resolución por ganarse el corazón de Vidal.

    —Así que por eso tardaste tanto en volver. Mira que hasta yo te gané —comentó Jenny Aranda en cuanto terminó de escucharla—. No puedo creerlo, Thel. ¿Por qué no nos dijiste antes?

    —No quería que Mariela se enterara, Jenny, sabes cómo es. Si se lo hubiera dicho se hubiera desatado una guerra civil.

    —No, pues eso que ni qué. —Jenny sonrió de imaginarse la posibilidad—. ¿Y qué vas a hacer ahora?

    —Ya te lo dije. Me despojaré de cualquier rastro de inseguridad, timidez y pasividad. Pienso tomar la iniciativa igual que Mariela. No quiero que me gane sin antes yo haberlo intentando, Jenny. Vidal me gusta y voy a pelear por él.

    La determinación en la voz de Thelma asombró en gran medida a Jenny. Nunca la había oído hablar con esa firmeza y confianza. La verdad era que le daba mucho gusto por ella y se lo dijo.

    —Me alegro mucho por ti, Thel. Se ve que sí te movió el tapete. Mira que hasta te hizo dejar los lentes cuando ni Efraín ni yo pudimos convencerte de hacerlo. Pero la verdad es que también son buenas noticias para mí porque eso significa que no tengo que ponerme del lado de ninguna de ustedes, ¿verdad?

    —No activamente ni directamente —asintió, seria—. Pero Jenny, todavía necesito que guardes todo esto en secreto de Mariela y voy a necesitarte como confidente.

    —¿Pero no crees que no decírselo es como si tuvieras una ventaja injusta sobre Mariela? Tú ya sabes que a ella también le gusta Vidal.

    —Yo no lo veo como una ventaja injusta. —Thelma se cruzó de brazos y frunció el ceño—. Yo tengo que luchar contra mis malas tendencias y titubeos. Yo digo que estamos a mano. Además, bien dice el dicho que en la guerra y el amor todo se vale y no debes olvidar que de momento, Mariela y yo somo rivales.

    —No me lo tienes que recordar que no se me olvida. —Suspiró, agobiada—. Eso sigue preocupándome. No quiero que terminen peleadas por esto.

    —Tranquila. Ser rivales no nos hace enemigas.

    —Igual, ten mucho cuidado. —Jenny miró el cielo, pensativa—. Es curioso, ¿sabes? Que Mariela fuera la que te motivara. Quiero decir, las tres hemos visto o escuchado rumores de chicas que se le han declarado a Vidal y todo eso, lo que no tiene nada de raro porque es súper popular, ¿sí? Pero se me hace curioso que aun después de eso tú no hayas tomado cartas en el asunto sino hasta que Mariela lo hizo. Me hace preguntarme por qué. ¿Acaso muy en el interior la odias o te cae mal?

    —Claro que no. —Thelma sonrió por la ocurrencia de su mejor amiga—. Siento un gran respeto por Mariela, tú lo sabes. Después de que nos contó lo que pasó con su hermano y lo que hizo ella por cambiar y todo eso, mi respeto y admiración por ella creció y en general también me cae bien, pero… no sé… es complicado. No sabría explicarlo, la verdad. Quizás es porque la conozco a un nivel más personal.

    »Que otras chicas intenten acercarse a Vidal no me afecta porque en sí, lo que ellas hagan o dejen de hacer no me importa mucho. Ellas son ellas y si lo hacen, pues bien por ellas. Pero Mariela es diferente. Mariela me importa, es mi amiga y alguien a quien podría ver al mismo nivel, así que si ella puede hacerlo, entonces yo también puedo. Creo que es algo como eso. Algo parecido pasa en casa y en realidad, si lo pienso bien, creo que soy algo competitiva gracias a mis hermanos, ¿sabes?

    —Entiendo.

    Jenny sonrió, feliz de escuchar lo mucho que Thelma apreciaba a su otra amiga. Eso le daba un poco de esperanzas de que su amistad no se viera afectada en demasía y si lo hacía, que no fuera para mal.

    —Bueno, mejor te dejo antes de que tu entrenador venga a regañarte. —Thelma decidió que había sido suficiente cotilleo por un día—. Que te vaya bien en la práctica. Nos vemos mañana.

    —Gracias, hasta mañana —se despidió Jenny y la vio alejarse.

    Sintiendo que una extraña energía positiva la envolvía, Jenny regresó con el resto de sus compañeras dispuesta a practicar. Se la pasó de lo más bien jugando y cuando terminaron, se sintió más satisfecha con su desempeño que en días normales. Fue al baño a refrescarse un poco en lo que las demás se iban y cuando estuvo lista, se dispuso dejar el centro educativo con balón en mano.

    Sin embargo, en cuanto atravesó el portón de rejas, toda la buena energía y complacencia que sintió en la práctica, fueron drenadas de su interior para ser suplidas por el terror y el pavor que sólo la asaltaban cuando rememoraba aquellos meses de tortura y suplicio. Terribles recuerdos que ahora se materializaban frente a ella como el que creía su único verdugo y peor pesadilla: Lino Padilla.



    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
    Última edición: 29 Junio 2020
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    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido Crítico Crítico del mes

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    Hola de nuevo :)

    Así que ahora nos enfocamos en Thelma, fue un capítulo muy calmado, por fin habló con Vidal, también me alegra que ella se haya animado a ser un poco más segura de sí misma. Fue bueno que haya tenido esa conversación con él.

    Y wow, con ese final, aunque si me lo llegué a imaginar y es que ya me daba una sensación de que algo va a pasar y que esa felicidad que Jenny tenía iba a terminar, y mira que sí, ver al mismo chico de sus traumas delante de ella… ya quiero seguir leyendo para saber lo que va a pasar. Sea cual sea el resultado, ya sentí un poquito de pena por Lino.

    Debo decir que cuando se nos presentó a Vidal, en el primer capítulo, como el chico perfecto y popular, pero después, en el segundo capítulo, cuando habla con Lino me pareció curioso que fuera tan amable con él a pesar de obviar que le desagrada a Lino. Y ahora en este capítulo, bueno, ¿qué puedo decir de él? Me llamó la mucho la atención y ahora quisiera conocerlo más. No sé, me pareció un chico muy interesante, como que lo sentí muy diferente a lo que sería un típico chico "popular". Parece un chico muy amable. A raíz de este capítulo, me pregunto si él terminará hablando o interactuando con los próximos personajes antes de que lo presentes a él formalmente. Por lo menos me dio esa sensación, aunque puede que para la próxima actualización se centre en él (aunque me decanto más por el de Jenny por como terminó el capítulo).

    Noté algo que me llamó mucho la atención y me gustó, es esta parte:
    Me gustó mucho ese pensamiento, por que la "belleza" o el gusto es muy subjetivo. Pero eso no es todo lo que me gustó de esa escena, o conversación, por esta razón:
    A Vidal le gustan las cosas diferente, extrañas o poco "normales", por eso se detuvo a hablar con ella aquel día. También me hizo pensar que quizá por esa razón Mariela se horadó la oreja de nuevo. Por lo menos ese cruzó por mi mente.

    Y pues nada, eso sería todo de mi parte, nos estamos leyendo. Saludos.
     
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    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

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    Me encanta esto de Thelma. Es como dice el proverbios: "Muerte y vida estás en el poder de la lengua".

    Awww, qué lindo encuentro. No me lo esperaba. Noto que Vidal tiene una frase que lo distingue y esa es: "¿es así?" Y ese gesto suyo de ayudarla a levantar sus cosas y mostrar ese interés, wow. Yo creo que ni en sus sueños Thelma se había visto así, intercambiando toda esa linda plática con él, además, Vidal elogió su ojo, ¡qué lindo! ¡Y hasta le dijo que era una lástima que usara esas gafas para disimular su defecto, awww, ¡qué bello! Con esto, me pregunto qué cosas le molestan a Vidal. ¿Qué piensa de él mismo? Si tiene a las personas en tan alta estima, ¿cómo es él en el fondo? ¿Es real? ¿Es una fachada? ¿De verdad es como se muestra? ¿Hay algo que lo hace ser así? ¿O es que así es simplemente?

    De ninguna manera quiero imaginarme que ese azul tanquilo se vuelva gris o negro, un mar en medio de la tormenta. ¿Habrá algo que pueda llegar a poner a Thelma así?

    Guao, la competencia en casa es dura. Pero me gusta de Thelma que haga todo cuanto está de su mano para ir adelante. La persona constante es la que llega a sus metas.
    Muchas personas prefieren la belleza interior, aunque aquí Thelma se ha fijado en alguien que es lindo por dentro y también por fuera.

    ¡Eso es Thelma! Demuéstranos que tus batallas en casa para ocupar un buen lugar te ha hecho una buena guerrera. ¡Ah! Vislumbro no una guerra civil, sino una batalla entre dos chicas que saben lo que quieren. ¿Quién va a ganar?

    Aw, Jenny, no sé si llamarte ingenua. Aunque no quieres, vas a quedar atrapada en medio y es posible que tus amigas te tomen de referi. Ellas tienen un buen asunto que batallar y tú estás ahí, así que no creo que te zafes tan fácil... así lo creo, porque mira esto Jenny:

    ¿Ves? Ya tienes que callarle a quien dices que es tu amiga algo importante para ella y ¿cómo crees que se sentirá cuando lo sepa, que tú lo sabías? ¿Y qué haras, Jenny si Mariela también te quiere como su confidente? Aunque bueno, quizás te salves de serlo, supongo que Mariela no necesita confidentes, ella es abierta y dice siempre lo que piensa, por lo que he notado.

    Entiendo eso. Con las otras chicas no había problema, pero sabiendo cómo es Mariela, tenía qué preocuparse y hacer algo. No se engaña y sabe que Mariela sí podría tener éxito ahí donde las otras chicas no lo tuvieron.

    Por la conversación entre Jenny y Thelma, parece que algo importante le ocurrió a Mariela para que ella sea como es, así que aún falta para conocer mejor a Mariela. Lo que me intriga es cómo tomará el asunto cuando se entere de que a Thelma también le gusta Vidal. Ahora, el capítulo se ha quedado en una parte muy interesante. Un encuentro entre Jenny y Lino. ¿Podrá vencer ella ese pavor que la invadió apenas lo vio?

    Otro interesante capítulo, aquí nos vemos en el que sigue. TQM Me divertí leyendo. Gracias.
     
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    Borealis Spiral

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    Kay Greenwish Como siempre, agradezco tus impresiones y opiniones. Es interesante el punto de vista que tienes de Vidal en sus pequeñas apariciones, me gusta. También veo que parecemos tener conceptos diferentes de lo que es alguien popular, pero eso está bien, sobre todo si pudo sorprenderte un poco. De nuevo, gracias por tu comentario.
    Marina Me ha encantado tu comentario, sobre todo la manera en que desglosaste algunas características de Thelma, aunque mucho tiene que ver que es mi chica favorita xD Y sí, las cosas entre las amigas van a ponerse complicadas con todo este asunto de la batalla por el corazón de Vidal. Espero que la historia siga gustándote, Master. TQM

    A los demás que se pasan a leer, también se los agradezco mucho. A ustedes el capítulo. ¡Disfruten!

    Una disculpa malograda y el admirador secreto

    Lino Padilla no lo hacía porque creía merecer su perdón. Por supuesto que lamentaba enormemente el terrible daño que le había hecho a Jenny por su conducta infame durante la primaria, pero sabía que una disculpa no borraría el pasado y quizás ni siquiera lo ayudara a dejar de sentirse miserable o a apaciguar su conciencia. Y ultimadamente eso no era lo que quería. No se disculparía por él ni por la esperanza de un beneficio y tampoco por el deseo de saber si sufriría su rencor eterno.

    Al final del día, lo que le dio el coraje necesario para ir a plantarse ante ella de una vez por todas y buscar redención, fue Jenny misma. Pensar en sus sentimientos y comprender que fuera cual fuera su respuesta, ella merecía una buena disculpa de su parte fue el catalizador faltante que lo hizo ir a pedir perdón. Por el respeto que le tenía debía hacerlo sí o sí. Por eso decidió esperarla afuera de la escuela después de su práctica y hacerle frente. Realmente pensó que era lo mejor.

    Sin embargo, ahora que la tenía ante él, observando casi en cámara lenta cómo su contento semblante se desfiguraba por el terror absoluto, se dio cuenta que quizás no fue tan buena idea.

    —¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres? ¿Me quieres hacer más daño? —preguntó ella con gran esfuerzo, su voz ahogada por el pánico.

    Jenny se tocó el lóbulo izquierdo, aterrada, y pensó que debió sospecharlo. No podía ser posible que después de todo lo que había pasado, ella y Lino estuvieran en el mismo entorno y que él no se metiera con ella. Se había estado tardando.

    —Jenny. —Lino dio un paso en su dirección—. Escucha…

    —¡No! ¡Aléjate de mí! —gritó distanciándose de él, su mente fuera de sí, remontándose años atrás a un lugar oscuro y doloroso.

    —¡Espera! Tengo que hablar contigo.

    Su desesperación por hacerse escuchar, explicarse y verter toda su culpa, mezclada con su fuerte carácter, lo dominaron, así que echando a un lado el buen juicio, actuó con imprudencia y la sujetó del brazo con poca delicadeza para que no huyera, dispuesto a forzarla a oírlo aunque no quisiera.

    —¡No! ¡Suéltame! —Jenny forcejeó, sintiendo que la histeria la hacía su presa.

    —Primero escúchame…hsss. —Un fuerte pisotón lo interrumpió y aflojó su agarre, por lo que Jenny pudo zafarse de él—. Esper…¡agh!

    Ahora lo interrumpió un balonazo en pleno rostro. Jenny le había lanzado su balón con fuerza en un último intento por protegerse de él y funcionó. Lino se desorientó por el fuerte golpe y ella aprovechó para huir con prontitud, dejando atrás a su tormento y su balón.

    Lino se recuperó del golpe apenas lo suficiente, pues la nariz le dolía horres; quizás se le había lesionado. Enfocó su vista hacia donde corrió Jenny. Era rápida, pues ya no alcanzaba a verla, o quizás decidió dar vuelta en alguna esquina y confundirlo en caso de que decidiera seguirla, lo que podría hacer si quisiera, pero todas las energías pasadas y la impulsividad que siempre terminaban por quitarle más de lo que le daban se habían esfumado. Ahora sólo le quedaban la decepción, una herida en el corazón, otra en su amor propio y cólera. Siempre cólera. Esa nunca lo abandonaba.

    Apretó los puños con fuerza, sintiendo que las uñas se clavaban en sus palmas. ¿Cómo podía ser tan estúpido? ¿Cómo pretendía disculparse con una actitud tan arrogante? ¿Obligarla a escucharlo cuando era obvio que no soportaba su presencia? ¿Cómo podía ser tan imbécil? Estaba furioso consigo mismo; furioso por haber desperdiciado su oportunidad ahora que finalmente había decidido encararla; enfurecido con su temperamento del demonio que no pretendía darle tregua jamás. Pero sobre todo, estaba airado de albergar en lo más profundo de su ser la diminuta ilusión de esperar algo más de ese encuentro; algo diferente al fracaso y la amargura. Era en verdadero idiota.

    Con la imperiosa necesidad de descargar su ira, Lino se dirigió a casa procurando ignorar las riñas de sus padres. Se encerró en su habitación y liberó sus frustraciones y decepciones contra el saco de boxeo, avivando su rabia al recordar la mirada llena de espanto de Jenny en cuanto lo vio y la maniató; una expresión idéntica a la que mostró en el pasado y el causante de ambas seguía siendo él, el estúpido de siempre.

    Asqueado de ser el responsable de borrarle la sonrisa, Lino le dio un último fuerte golpe al saco antes de sujetarlo con fuerza para que dejara de moverse. Apoyó la frente en el costal y cerró los ojos con fuerza, intentando calmar su respiración, empapado en sudor. Ya no quería hacerle daño. Tenía que hacer algo. El desastre de hoy no podía desalentarlo por siempre. Todavía tenía que disculparse propiamente. Si no podía acercarse a ella sin que se pusiera frenética entonces encontraría otra manera, pero no iba a darse por vencido. Iba a enmendar lo que estropeó así se le fuera la vida en ello.




    Un par de días después del incidente con Lino, Jenny Aranda, Thelma Canto y Mariela De León volvían al salón después del receso junto con sus compañeros. Entre conversaciones y risas, las tres tomaron su respectivo lugar y cuando Jenny abrió su mochila para sacar los útiles que necesitaría en la próxima clase, se sorprendió de ver un sobre rosa. Lo sacó, extrañada.


    —¿Y eso qué? —Mariela apuntó el sobre. Thelma también lo miró con confusión.

    —No sé, estaba en mi mochila. Tiene mi nombre. —Jenny volteó ambos lados del envoltorio y su nombre era lo único escrito. Lo abrió—. ¡Es una carta!

    —¡No es cierto! —exclamó Thelma, tan sorprendida como ella y se le acercó en confidencia, igual Mariela—. ¿Es una carta de amor?

    —Yo creo que sí —se burló Mariela cuando Jenny sacó una flor a medio marchitar junto a la carta.

    —Pero, pero ¿cómo? ¿De quién es? —Jenny no lo podía creer.

    —Pues leela para ver si dice quién la envió —la animó Thelma, emocionada, acercándose más para poder ver lo que estaba escrito.

    Jenny leyó.

    «Querida Jenny:

    ¿Tienes algún secreto del que no puedas hablar con nadie?
    Entonces no estás sola, porque todos tenemos uno. Tú eres mi secreto mas callado.
    He intentando confesarte de frente lo que siento por ti, lo que he querido decirte desde que te vi aquí, decirte lo mucho que pienso en ti, pero no he podido.
    Por eso me limito a verte desde la distancia con la promesa de que siempre que vea tu sonrisa yo estaré bien.
    Y tal como yo elijo tenerte como secreto, de momento elijo permanecer como un secreto para ti.


    Siempre pensando en ti:
    Tu admirador secreto».

    —¡Qué romántico! —chilló Thelma, ilusionada—. Tienes un admirador secreto, Jenny. ¿No es emocionante?

    —Pues yo no lo creo tanto —repuso Mariela tomando la carta para leerla—. Dice que te ve desde la distancia. ¿Quién dice que no se trata de un acosador enfermo? Mira que hasta saber cuál es tu mochila y todo. Hm, hm. Podría enviarte estas cartitas para que bajes la guardia, te confíes y cuando te pida conocerlo a solas se aproveche de ti.

    —¡No, Mariela, basta! ¿Por qué dices esas cosas tan feas? —se escandalizó Thelma, aterrada de sólo imaginarlo.



    —Podría pasar —insistió ella, regresando la carta a su dueña.

    —Podría —consintió Jenny, pensativa, mirando la carta y la flor con recelo.

    —No tú también. —Thelma hizo un puchero de decepción—. ¿Entonces? ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a tirarlas?

    —Ni loca —negó con presteza, guardándolas—. ¡Es un detallazo! Quienquiera que la escribiera se lució y tuvo que arriesgarse. Acuérdense que el prefecto no nos deja estar en los salones a la hora del receso; si lo hubieran atrapado se habría metido en problemas. Sería una grosería tirarlas y de todos modos no creo que pase nada si me las quedo. Además, aunque tengo curiosidad por saber quién la escribió, no soy tan tonta como para aceptar verlo a solas.

    —A lo mejor ni revela nunca quién es. A lo mejor es muy tímido —opinó Thelma.

    —Si quieres puedo averiguar quién fue —ofreció Mariela—. Con mis dotes de investigación y radar de chismes seguro lo encuentro en un santiamén. Capaz y es alguien del salón, si no, seguro que alguien de aquí lo vio o del grupo de al lado.

    —Déjalo así —rechazó la oferta—. Él no quiere dejarse ver, respetemos su deseo. Aparte es la primera vez que tengo un admirador secreto, déjame disfrutar la novedad completa, con todo y anonimato.

    —Como quieras, pero si decide presentarse en persona, hazme caso en esto. Si es guapo lo dejas como admirador y si es feo lo acusas de acoso —sugirió, ladina.

    —Eres terrible —acusó Jenny sin fuerza, pues el comentario la hizo reír, así como a Thelma.

    No pudieron seguir hablando más del tema porque el profesor entró al aula. Todos fijaron su atención en las próximas clases, pero a veces Jenny se desconcentraba al recordar el dichoso admirador secreto. Le había picado la curiosidad, pero si el chico no quería mostrarse tampoco podía hacer mucho. Tampoco sabía si esto sería algo de rutina o si sólo había sido cosa de una sola vez, así que optaría por no darle muchas vueltas al asunto.

    Las clases finalizaron y las tres amigas se dirigieron al centro de la ciudad porque era día de tianguis. Como Jenny no tenía práctica ese día, aprovechaban para ir juntas y pasar un rato agradable viendo los remates y rebajas. En esas estaban, haciéndose paso entre la multitud, cuando Jenny distinguió a Efraín Soto a lo lejos; por su altura era fácil reconocerlo.

    —Mira, Thelma, quién está allí. ¡Efraín! ¡Hey! ¡Efraín! —Silbó para llamar su atención y él las miró.

    —¡Thelma! —exclamó al reconocerla, en lo que se le iluminaba el rostro y se les aproximaba.

    —¡Efraín! —Thelma se alegró muchísimo de verlo porque tenía rato de no hacerlo y sin pensarlo dos veces, se le echó encima en un afectuoso abrazo—. ¡Qué gusto verte!

    —Lo mismo digo —reconoció él, feliz, devolviendo el gesto.

    Jenny sonrió al verlos. Le parecía divertido cada que se juntaban porque la diferencia de estatura daba risa. Efraín le ganaba con casi treinta centímetros, así que Thelma parecía una niña a su lado. En realidad, en secundaria muchas veces los llamaron a ambos los guaruras personales de la pequeña chica y no era para menos. Teniendo a uno a cada lado, Thelma lucía imponente. Fueron buenas épocas.

    Echaba de menos a Efraín y sus interacciones con Thelma. Siempre le había parecido que a pesar de las obvias diferencias, ambos sacaban lo mejor del otro. Dada su timidez, Thelma siempre estaba en alerta al tratar con los demás, sobre todo con los chicos y no dejaba que se le acercaran mucho, pero con Efraín era más abierta, segura de sí misma y no podía evitar actuar de acuerdo a lo que sentía. Por otro lado estaba Efraín, quien casi siempre era serio y apático, mas con ella era más expresivo y siempre se le veía feliz.

    —Por si no lo notaste, nosotras también estamos aquí —replicó Mariela, molesta de que no reconociera su presencia de alguna forma.

    —Las vi y estaba ignorándolas —confesó él, mirándola con fastidio.

    Mariela le devolvió la mirada y Jenny rio sin disimulo. Efraín y Mariela no se conocían mucho, lo que tenía sentido porque no iban a la misma preparatoria, y si tuvieran que definir su relación el uno con la otra, seguro dirían que eran el amigo de un amigo. No obstante, en las pocas veces que habían cruzado caminos era obvio que no se caían del todo bien, pero estaba bien. Así y todo, Jenny los quería a los tres.

    —Vamos, no se peleen —los apaciguó Thelma, resguardada bajo el brazo protector de Efraín y sus palabras fueron milagrosas en el caso de él, pues volvió a cambiarle el semblante.

    —Por cierto, es raro que andes por aquí, Efraín —comentó Jenny, sorprendida—. Con lo antisocial que eres.

    —Necesito ropa y mi presupuesto es limitado.

    —Ah, ya decía yo que no era por gusto. —Jenny rio, divertida—. ¿Ya acabaste? Nosotras apenas estábamos viendo los puestos. ¿Nos acompañas?

    —Sí, ven con nosotras, anda —pidió Thelma, deseosa de pasar tiempo con su amigo.

    —Con gusto —aceptó él de inmediato, sonriente.

    De ese modo, los cuatro se concentraron en ver, buscar y comprar aquello que necesitaran o quisieran, siempre teniendo en cuenta el límite de sus gastos. Todo el tiempo Efraín mostró una clara diferencia en su trato con Thelma, pues con ella siempre era más atento, haciéndole favores, apresurándose a protegerla con su cuerpo de la muchedumbre, comprándole algún detalle que quisiera y no pudiera costear, y hasta llevándole un agua fresca en cuanto se quejó del calor. Para Jenny eso no era nuevo, estaba acostumbrada a ese cambio en la actitud del chico, pero a Mariela ya le había levantado algunas sospechas y ese día quedaron cimentadas, por lo que cuando las parejas se separaron un poco, pudo hablarle a Jenny de sus deducciones.

    —A Efraín le gusta Thelma —declaró sin más, tomándola desprevenida.

    —¿Qué? —La miró, incrédula—. ¿De dónde sacas eso?

    —¡Por favor! Ni se te ocurra decir que no lo sabías. —Mariela la miró con impaciencia y los ojos llenos de asombro de la otra hicieron que ahora ella fuera la incrédula—. ¿No lo sabías? ¿En serio? Si es más claro que el agua. Cómo sonríe, cómo la trata, cómo le habla, cómo la mira. ¡Todo!

    —Pero que yo recuerde siempre ha sido así con ella. Es su amiga. Es lógico que la trate bien, ¿no?

    —A ti no te trata como a ella, ¿o sí? —Mariela colocó las manos en la cintura, exasperada de su lentitud.

    —No, pero yo soy yo. Siempre asumí que es normal tratar a tus diferentes amigos de diferentes maneras.

    —Cierto, pero Efraín la trata claramente como alguien a quien quiere más que como amigos.

    —No puedo creerlo. —Jenny se llevó una mano al rostro, pasmada—. Nunca lo sospeché. ¿Cómo es posible?

    —Eres lerda, no hay novedad en eso.

    —Eso no me consuela —se quejó, molesta.

    —No intentaba consolarte —confesó pícara, ganándose un empujón por parte de Jenny, haciéndola reí.

    —¿Y? ¿Qué hacemos con lo de Efraín? —cuestionó Jenny con incertidumbre.

    —No sé. —Mariela se encogió de hombros—. Yo te lo dije porque es buen chisme, pero si se lo ha tenido guardado por algo será.

    —Sí, tienes razón. Por ahora no digamos nada, sobre todo a Thelma.

    Las dos volvieron con el otro par y después de un rato más de andar por el tianguis, terminaron de comprar y se despidieron para ir cada uno a su casa. Como vivían por la misma dirección, Efraín y Jenny se fueron juntos. Ya estando solos, ella se atrevió a confrontarlo por aquella verdad de la que acababa de enterarse.

    —¿Por qué no me dijiste que te gusta Thelma? —Fue su reproche.

    Efraín se detuvo y la miró. Ella lo imitó y le devolvió la mirada. Un tenso silencio los envolvió y Jenny se puso nerviosa porque no supo qué expresaban los ojos de él. De pronto le parecieron que no decían nada y a la vez lo decían todo.

    —¿Quién te dijo? —cuestionó él, rígido.

    —Mariela.

    —Menos mal. —Efraín suspiró aliviado y retomó su camino—. Ya me había asustado de que lo descubrieras por tu cuenta.

    —¿Eso qué se supone que significa? —Jenny se sintió ofendida, yendo tras él.

    —Que eres lerda —dijo y al instante sintió que ella lo empujaba por la espalda con fuerza a manera de venganza, haciéndolo ir más a prisa—. Está bien, está bien. Lo siento, lerda.

    —¡No me digas lerda! —ordenó, enojada, y lo empujó con más fuerza.

    —Ya pues, ya pues. Perdona.

    Jenny dejó de empujarlo y lo miró con irritación. Si había algo que compartían él y Mariela era que ambos amaban fastidiar a la gente.

    —No me has contestado todavía —insistió ella.

    —¿Qué cosa?

    —Si es cierto que te gusta Thelma o no.

    —Es cierto —reconoció, honesto.

    —¿De verdad? —Tener la afirmación de su parte la impactó todavía más—. ¿Por qué no me lo dijiste?

    —¿Para qué? ¿Para que quisieras hacerla de Cupido como pasó con Nancy? Mira cómo terminamos por eso. Gracias, pero no, gracias.

    Jenny se sintió mal al recordar aquello. Ella y Thelma se habían emocionado tanto de saber que Nancy gustaba de su amigo que simplemente no pudieron contenerse de querer ayudarla a que él aceptara salir con ella; sí se habían impuesto mucho y habían cruzado la línea con tal de hacerlo posible. Ante las memorias, surgió una pregunta.

    —¿Entonces ya te gustaba Thelma cuando empezaste a salir con Nancy?

    —¿Hm? No estoy seguro. La verdad es que ni yo sé exactamente en qué momento mis sentimientos por Thelma cambiaron, sólo sé que lo hicieron.

    —¿Por qué lo mantuviste en secreto tanto tiempo?

    —Tampoco era mi intención. Eso también es algo que pasó y ya.

    —¿Pero crees que está bien tener secretos de romances? —curioseó Jenny, pensando en el secreto de Thelma para con Mariela y hasta de su propio admirador.

    —¿Por qué no? —Se encogió de hombros—. Por algo serán secretos. Y total, todo el mundo tiene uno.

    —Sí, eso es justo lo que me dijo mi admirador secreto.

    Efraín volvió a detenerse para mirarla, mas esta vez su expresión fue de pura estupefacción.

    —¿Tienes un admirador secreto? ¿Tú? ¿En serio?

    —Lo tengo, ¿cómo la ves? —Jenny alzó los hombros, ufana—. Me dejó en la mochila una carta y una flor medio marchita. Impresionante, ¿verdad?

    —Más bien insólito, inaudito, extraordinario, fuera de este mundo, de la galaxia…

    —Tampoco exageres —lo silenció ella, indignada, retomando el paso y chocando su hombro con el brazo de él en venganza.

    —Es que intento imaginármelo y no puedo. Seguro y da miedo.

    —Eso mismo dice Mariela. Dice que si un día se da que lo conozca en persona, que lo acepte si es lindo y que lo acuse de acosador si es feo.

    —No es mala idea.

    Los dos llegaron al lugar en el que partían caminos y se despidieron con la promesa de verse pronto cuando ella pasara por la tienda. Jenny siguió con su camino a casa, reflexionando en todo lo que había descubierto ese día. Lo que más ocupó sus pensamientos fue el dilema en el que se vio metida sin quererlo. ¡Estúpida Mariela! ¿Por qué tenía que decirle que a Efraín le gustaba Thelma?

    Había estado dispuesta a apoyar la decisión de su amiga de rivalizar contra Mariela por el afecto de Vidal González, no de forma directa, pero sí en espíritu y moral; lo mismo haría con Mariela. Pero ahora que era consciente de los sentimientos de Efraín, ya no se sentía a gusto apoyándola. Sentía lástima de que él tuviera que aguantar todas las pláticas que seguro le hizo Thelma sobre Vidal, hablando las mil maravillas de él y todo eso. Debía estar sufriendo mucho en silencio y se sintió mal por él.

    Pero Efraín ya le había dicho que no se inmiscuyera en asuntos del corazón, mucho menos que la hiciera de Cupido y como ya sabía los malos resultados que eso podía ocasionar, tendría que mantenerse al margen deseando lo mejor para cada uno de sus amigos. Mas sabía que independientemente de sus buenos deseos, al final sería inevitable que uno de ellos terminara siendo rechazado y sufriera un corazón roto. Cuando eso pasara, ella estaría allí para apoyar al que necesitara su ánimo y consuelo.



    Por ahora es todo. ¡Gracias por leer!
     
    Última edición: 9 Julio 2020 a las 8:18 AM
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  1. Holyaria
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