DC Say it LOUD!

Tema en 'Fanfics sobre TV, Cine y Comics' iniciado por Sylar Diaz, 3 Agosto 2019.

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    Sylar Diaz

    Sylar Diaz Iniciado

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    3 Agosto 2019
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    1
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Say it LOUD!
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2466
    Tres personas estaban en la vieja van familiar, se dirigían a la universidad de Michigan para atender una conferencia, que como muchas otras, fue organizada exclusivamente para esa familia.
    El silencio flotaba entre los tres. Tal vez si la radio estuviera conectada podrían disfrutar un poco más el viaje, aunque para ella no parecía ser un problema. Llevaba casi todo el viaje haciéndole pequeños arreglos al aparato que descansaba en sus piernas.
    Después de intentarlo todo, y de utilizar todos sus recursos finalmente lo había conseguido, tanto esfuerzo ininterrumpido había dado como resultado esa pequeña máquina que ahora sujetaba entre ambas manos con devoción. No se veía tan impresionante como las otras cosas que estaban en su habitación, pero sabía y se había encargado de que todos lo supieran qué de todos sus logros, este era por mucho el más importante.
    –Por favor, deja tu bendita maquina en paz –pidió su hermano mayor.
    –Hermanito, puedo hacer lo que quiera –exclamó con desdén la más pequeña.
    –Yo sé que sí, pero te pido que pares –Lincoln lucía nervioso-. Sabes que Leni no puede perder la concentración.
    –Ya lo habíamos hablado, nada de distracciones en lo que llegamos –Leni tenía la frente perlada de sudor-. Hazlo por mi Lisa, sabes que aún no me siento cómoda conduciendo.
    –En ese caso me detendré, lo siento.
    El sonido de manoteo fue reemplazado por pequeños murmullos y una mirada fija.
    –Lisa, no creo que esto cuente como "detenerse" –La actitud de Lisa durante todo el viaje había irritado bastante a Lincoln.
    –Lo siento, es que aún no puedo creer que lo logré –Mencionó con plena satisfacción-. Esto revolucionará el mundo.
    –Yo pienso, como que, lo vas a terminar descomponiendo con la vista –comento amistosamente Leni tratando de relajar el ambiente-. Además tienes muchos otros logros por los que puedes sentirte orgullosa.
    Una pequeña mancha en la carcasa llamó la atención de la niña genio, con un poco de saliva y la manga de su suéter intentó quitarla.
    –Además por lo poco que me enseñaron en clases de física lo tuyo parece imposible ¿segura que tomaste los datos correctamente?
    Una sonrisa de suficiencia se formó debajo de los lentes de la niña.
    –Lincoln estoy segura, los tomé tres veces, tengo la certeza de que acabo de violar la segunda ley de la termodinámica –respondió mientras seguía frotando la zona sucia-. ¿Si sabes lo que significa, cierto?
    – ¿Qué le hiciste algo horrible a alguien y estás en problemas legales?-comentó Leni con la mirada fija en el camino.
    – ¡¿QUÉ?! ¡NO! -Lisa tomó airé para tratar de explicarle a su hermana mayor la idea básica de lo que acababa de decir-. Leni las reglas de la termodi...
    – ¡Ya sé! –Leni se sonrió satisfecha por su broma-. Te entendí, a veces sí hacía mi tarea, incluso sin tu ayuda.
    El chiste consiguió relajar bastante los ánimos, ahora Lisa sonreía tanto como su hermana, incluso el muchacho recuperó algo de su buen humor.
    –Tal vez ahora no parezca la gran cosa, pero ¿qué te parece si después de esto les invitó a ambas un helado? ya saben, para celebrar –dijo el peliblanco viendo a su hermanita por el espejo retrovisor-. ¿Qué dices?
    –Un pensamiento noble, accedo gustosa al veredicto.
    En el rostro de Lincoln se dibujó una pequeña sonrisa, su hermana menor no decía palabras rimbombantes desde los cinco años, ese pequeño y simple gesto le decía que se había emocionado bastante con la idea "niña genio pero niña después de todo" dijo para sus adentros.
    A Lisa le estaba costando más de lo previsto quitarle la mancha a su aparato, por lo que en un último y desesperado intento procuró tallar con más fuerza pero ahora con su mano izquierda ya que, según la pequeña; tenía más fuerza en esa mano.
    Talló con tanta fuerza que uno de sus dedos resbaló por la superficie pulida y llana de la máquina, accionando el botón de encendido; un pequeño rayo salió disparado desde la bobina e impactó directamente en la radio apagada de la van, encendiéndola a máximo volumen por un instante.
    -¡OH DIABLOS! –Leni luchaba por controlar la van y una vez lo logró rio nerviosamente-. Buena forma de probar mis habilidades al volante Lisa, pero sería increíble que no lo hicieras otra vez.
    – ¡Lisa, por el amor a Ace! ¡APAGA ESO! –Gritó Lincoln, irritado por el accidente.
    Al asomarse por el espejo retrovisor vio a la pequeña niña recostada contra el respaldo del asiento, con los parpados apretados, abrazando con todas sus fuerzas su prototipo.
    –Ya, ya. Lo lamento. Supongo que ya no habrá helado gratis –Leni hizo un puchero al decir esto último.
    Por la ventana, Lincoln ya podía distinguir la torre de la universidad a la distancia, soltó un suspiro, llegarían en cualquier momento.
    –La oferta sigue en pie Leni, Lisa ¿Estas bien?
    –Si. Creo que no se dañó –respondió Lisa con alivio.
    Al comprobar que todos estaban bien Lincoln se relajó completamente. Recordaba que debía ser un día feliz, el nombre de su hermana aparecería en los periódicos, saldría en la televisión, le daría la mano al presidente naranja, el hilo de sus pensamientos se interrumpió por el ruido de lo que parecía ser el motor de un gran vehículo justo a su izquierda, a un lado de Leni.
    -o-
    ¿Cómo se puede dar una noticia como esta con delicadeza? Seguramente esa es una de las partes feas de ser policía.
    El apellido de esa familia era muy conocido en la comisaría, nunca pasaban desapercibidos, un día una queja de ruido, otro día una infracción, un vecino quejándose de algún vidrio roto o por apagones causados deliberadamente.
    A pesar de ser la familia con más quejas en todo el pueblo, cualquiera podría asegurar que no eran malas personas, cualquiera diría que no merecían esto, pero era el deber del oficial Highsmith informales de la realidad inevitable.
    Nunca le gustó alargar la espera en estos casos, al final nunca hay un "momento oportuno" para dar tales noticias. Así que, con calma bajó de la patrulla y caminó hacía la puerta principal, notando el agradable escándalo que rodeaba la casa. Se podía sentir la alegría de todos los habitantes del lugar a través del ruido, y él sería el encargado de reemplazarla por tristeza.
    Justo cuando estaba frente a la puerta roja respiró profundamente un par de veces para armarse de valor.
    Dio exactamente cuatro golpes, con un ritmo que seguramente le resultaría familiar a cualquiera de las personas que estaban adentro.
    No pasó ni medio minuto cuando atendieron el llamado, la puerta se abrió revelando una jovencita de cabello corto, de todas las hijas a ella la conocía mejor. La chica rebelde colocó una expresión desagradable cuando vio al policía.
    –Oh, excelente. Escucha ‘PK’, esa cerveza de raíz no tenía alcohol ¿Ok? Sólo era refresco.
    –Buenas tardes Luna, me temo que vengo por otros asuntos... este... ¿puedo pasar?
    La roquera rodó los ojos sin molestarse en aparentar.
    –Supongo que sí, hombre –se volteó para encarar a varias de sus hermanas-. ¡Ustedes a sus habitaciones, ahora!
    Ninguna de las niñas que se encontraban en la sala dijo nada, más por ver al policía que por respeto a la autoridad de la tercera de la casa, en silencio subieron a la segunda planta.
    – ¿Dime ‘PK’, ahora quién hizo qué?
    El tonó de la joven ni siquiera incomodó al uniformado, no era la primera vez que se encontraban; y de hecho, esta vez le estaba agradecido por quitar a las menores de la ecuación, le facilitaba el trabajo.
    –Luna, creo que esto es mejor hablarlo con sus padres.
    –Pues disculpe oficial, pero mis viejos aún no llegan a casa, y para serle franca no creo poder ser de mucha ayuda si de reprender por mal comportamiento se trata, así que solo dígame lo que pasó y...
    El oficial la interrumpió tomando su mano, el gesto la sorprendió pero logró que ella lo viera directo a los ojos.
    –A eso voy –dio un gran suspiro antes de continuar-. Hubo un accidente de auto y tus hermanos... ellos... estuvieron involucrados.
    Esas tres últimas palabras le helaron la sangre.
    -o-
    Lisa recuperó el sentido poco a poco. Todo el cuerpo le dolía, estaba recostada en el suelo, a un lado de la van familiar completamente destruida; al ver la escena sus ojos se abrieron completamente, o en este caso su ojo. Solo podía ver por el ojo derecho pues el izquierdo se negaba a abrirse, lo único que sentía era un picor muy extraño de ese lado de la cara. Quiso sentarse, pero su intento de moverse agravó en gran medida el dolor.
    La incapacidad de mover su cuerpo y no poder ver a nadie le dio la sensación de estar sola, atrapada en una caja muy pequeña por lo que empezó a llorar tan alto como pudo.
    –Herma... hermano... hermanito –la voz le salió en un susurro quedito. Ignorando el dolor levantó una de sus manos tanto como pudo, quería que él apareciera y la tomara de la mano. Quería que la consolara, justo como cuando era más chica y tenía pesadillas.
    El rostro de su hermano mayor apareció en su rango de visión. El rostro del muchacho tenía manchas de sangre fresca, y algunos golpes menores.
    –Estoy aquí Lis. Estoy aquí. Tranquila.
    –No fue mi intención –sollozó-, no quería que sucediera esto, Lincoln ¿Dónde está... dónde está Leni?
    El rostro del joven se torció en una mueca. Había imaginado que sería otra su primera pregunta. Se secó una lágrima que apenas se asomaba y utilizó todas sus mañas para poder demostrar fortaleza.
    –Leni está bien, sólo está un poco asustada. No te preocupes por ella. Nuestra hermana está... bien.
    La cabeza empezaba a dolerle, más específicamente le dolía su ojo izquierdo. Todos sus pensamientos se mezclaban en su mente, sólo pudo decir una sola frase coherente.
    –Linc... yo solo quería ayudar al mundo... Quiero decirle a Leni que sólo deseaba ayudar... Déjame verla Linc.
    –La verás después –exclamó con rostro serio mientras los paramédicos, que acababan de llegar, preparaban una camilla-. Esto no fue tu culpa. No te mortifiques.
    Uno de los paramédicos le movió un poco la cabeza para poder hacer una inspección a sus pupilas con luces muy brillantes, el cambio de posición le dolió.
    – ¡Li... Lincoln!
    –Ya pasó, ya pasó.
    Al terminar ambos camilleros se alejaron de ella unos pasos, llevándose a Lincoln con ellos. Lisa los oía hablar pero no pudo entender nada. Al terminar regresaron a donde estaba ella y la cargaron para colocarla en la camilla. Entonces empezó a moverse hacía una ambulancia, pero Lincoln no la seguía.
    – ¿A dónde me llevan? ¿Lincoln? –Utilizando sus últimas fuerzas alzó la voz-. ¿¡Lincoln, dónde estás!?
    Sin importar cuanto le dolía todo, volvió a intentar sentarse, ponerse de pie, escapar junto a sus hermanos.
    – ¡Tranquila Lisa! Calma, estarás bien.
    – No me dejes sola, hermano.
    Otra mueca de Lincoln.
    –Tengo que hacerlo.
    –Pero yo...
    –Debo ir a calmar a Leni. ¿Si? Tú eres más fuerte y sabrás hacer lo que los doctores te digan para que te cures pronto y puedas volver con todos nosotros, ella no.
    Con un nudo en la garganta soltó la mano de su hermanita y Lisa no volvió a manotear, aunque seguía llorando.
    Lincoln se sintió asqueroso por utilizar esa excusa, tampoco es que tuviera muchas opciones para escoger. Miró como el equipo de camilleros se alejaba llevándose a su hermanita, hasta entrar en la ambulancia.
    En cuanto los perdió de vista, quiso entrar en la otra ambulancia. Pero se sintió sin fuerzas al pensar en lo que vería al entrar "¿Cómo es que un día feliz se había convertido en una horrible pesadilla?"
    -o-
    El doctor Enríquez Marín, acababa de terminar su formación profesional, era el cirujano más joven en el hospital regional de Royal Woods, cualquiera que lo viera lo confundiría con un practicante cualquiera, sin saber que el joven hombre que tenía enfrente era en realidad el jefe de cirugía. Generalmente sólo se limitaba a operar, pero al enterarse de las circunstancias que envolvían a las jóvenes heridas, quiso también ser él quien se encargara de informar a la familia.
    Tan pronto salió por la puerta de la sala de emergencias su atención se vio atraía por un grupo de personas; los cuatro parecían muy preocupados, lo que no es extraño en un hospital donde todos están esperando alguna noticia de sus familiares internados, lo que llamó su atención fue que entre los tres adultos reunidos había un joven con cabellera blanca y varios vendajes en el rostro. Por su complexión delgada quizá tuviera unos 13 años. Fue él quien después del choque sacó como pudo a sus hermanas de los fierros deformados de lo que quedó de la camioneta familiar, incluso intentó ayudar al conductor del tráiler que los impactó, sin embargo, para ese pobre sujeto ya era muy tarde.
    Al ver al médico, todos se pusieron de píe y caminaron un poco para interceptarlo.
    –Tengo noticias de sus hijas señores Loud.
    – ¿La cirugía ya terminó? ¿Cómo están mis bebés? –Rita tenía los ojos rosas y el maquillaje corrido.
    –Ambas salieron del quirófano –el doctor luchaba por encontrar un tono para dar las noticias-, pero primero hablemos de la menor; Lisa Loud salió bien librada del accidente, al igual que su hermano, con algunas contusiones y cortes menores, pero su ojo izquierdo... sufrió mucho daño... –fue interrumpido por un lamento de la madre- hicimos todo lo que pudimos al intentar salvar el órgano, no lo logramos.
    Los padres se abrazaron, tratando de mantenerse centrados y calmados. El silencio dominó por unos instantes, y justo cuando parecía que la muchacha disfrazada de Joan Jett diría algo fue interrumpida por el chico de los vendajes.
    –Gracias por intentarlo... pero ¿Cómo está mi otra hermana? ¿Qué pasó con Leni?
    Era el tema escabroso que el doctor deseaba evitar.
    –Leni Loud, es una historia diferente... ella...
    – ¿Diferente? ¿Entonces está bien? –Los ojos del padre brillaron al sentir por un instante esperanza.
    El doctor se mordió la lengua, ahora se arrepentía de su decisión "¿En qué pensaba? nunca se me había dado eso de hablarle a la gente" empezaba a tartamudear una excusa hasta que el albino volvió a tomar la iniciativa de hablar.
    – ¿Está tan grave? –su voz reflejaba la perdida de todo consuelo.
    La pregunta fue el detonante que necesitaba la mente del médico para volver a funcionar de forma lógica.
    –Surgieron algunos inconvenientes imprevistos. Pero ya está estable aunque... yo... lo siento.
    – ¿Lo siente? ¿Siente qué? ¡¿SIENTE QUÉ?! –Por fin habló Luna, molesta por la actitud evasiva del doctor-. Escuche 'doc', no nos venga con jueguitos, quiero ver a mi hermana.
    Ya no había escapatoria.
    –A pesar de nuestros esfuerzos... no pudimos ayudarla mucho... ella está en coma.
     
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