DC Say it LOUD!

Tema en 'Fanfics sobre TV, Cine y Comics' iniciado por Sylar Diaz, 3 Agosto 2019.

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    Sylar Diaz

    Sylar Diaz Sei mir gut Sei mir wie du wirklich sollst

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    3 Agosto 2019
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    Say it LOUD!
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    7
     
    Palabras:
    3347

    01-. Origen


    Tres personas estaban en la vieja van familiar, se dirigían a la universidad de Michigan para atender una conferencia, que como muchas otras, fue organizada exclusivamente para esa familia.

    El silencio flotaba entre los tres. Tal vez si la radio estuviera conectada podrían disfrutar un poco más el viaje, aunque para ella no parecía ser un problema. Llevaba casi todo el viaje haciéndole pequeños arreglos al aparato que descansaba en sus piernas.

    Después de meses de intentarlo todo y de utilizar todos sus recursos finalmente lo había conseguido, tanto esfuerzo ininterrumpido había dado como resultado esa pequeña máquina que ahora sujetaba entre ambas manos con devoción. No se veía tan impresionante como las otras cosas que estaban en su habitación, pero sabía y se había encargado de que todos lo supieran qué de todos sus logros, este era por mucho el más importante.

    —Por favor Lisa —la voz de Lincoln, sentado en el asiento del copiloto sonó áspera y llena de irritación, después de todo se había desvelado casi durante una semana completa para ayudar a su hermana menor—, deja tu bendita maquina en paz de una buena vez.

    —Hermanito, puedo hacer lo que quiera —exclamó con desdén la más pequeña.

    — ¡Oh, yo sé que sí, pero…! —Por un breve momento, la mirada de Lincoln se posó en su hermana rubia al volante, un par de gotas de sudor le escurrían por la frente—, pero te pido que pares… sabes mejor que yo que Leni no puede perder la concentración.

    —Ya lo habíamos hablado Lis, nada de distracciones en lo que llegamos —aprovechando que tuvo que reducir aún más la velocidad al tomar una curva, Leni soltó la palanca de cambios y se limpió el sudor de la frente—. Hazlo por mí, chica… sabes que aún no me siento tan cómoda conduciendo.

    —En ese caso me detendré, lo siento.

    Obedeciendo a sus hermanos mayores, el sonido de manoteo se detuvo casi instantáneamente pero apenas pasados los primeros segundos, el interior de la van se llenó por el ruido incesante de murmullos felices; sin poderlo evitar, y contra cualquier recomendación para las personas detrás del volante, Leni cerró los ojos, esperando la reacción de su hermano.

    —Lisa, no creo que esto cuente como "detenerse" —la voz de Lincoln sonó aún más áspera que la vez pasada. Ya no quedaba nada de su legendario buen humor.

    — ¡Lo siento! Lo siento —la expresión de Lisa pasó de forma fugaz de mostrar una satisfacción plena al nerviosismo para volver finalmente a mostrar una satisfacción plena—, es que aún no puedo creer que lo logré. ¡Esto revolucionará el mundo!

    —Yo pienso, como que, lo vas a terminar descomponiendo por mirarlo tanto —comentó amistosamente Leni tratando de relajar el ambiente—. Además tienes muchos otros logros por los que puedes sentirte orgullosa… cómo ese detector de mentiras, o el robot que siempre empapa a Lori en salsa…

    —Además, por lo poco que me han enseñado las clases de física en la escuela, lo tuyo parece imposible ¿segura que tomaste los datos correctamente?

    Una sonrisa de suficiencia se formó debajo de los lentes de la castaña.

    —Lincoln, estoy absolutamente segura que esto sirve… además, el que registró los datos fuiste tú… y lo hiciste tres veces ¿no es cierto? —Sonriendo burlonamente como una niña normal, Lisa siguió tallando la mancha que había llamado su atención—, tengo la certeza de que acabo de violar la segunda ley de la termodinámica ¿Sí sabes lo que significa, cierto?

    — ¿Que… que le hiciste algo absolutamente horrible a alguien y estás en problemas legales realmente serios? —comentó la rubia con la mirada fija en el camino.

    — ¡¿Q-QUÉ?! ¡ABSOLUTAMENTE NO, LENI! —evitando sentir nauseas por la imagen mental que creía su hermana comenzaba a formarse, Lisa tomó airé para tratar de explicarle a la rubia la idea básica de lo que acababa de decir—. Escucha Leni… las reglas de la termodi...

    — ¡Ya sé, Lis! —Leni se sonrió satisfecha por su broma—. Sí te entendí, a veces sí hacía mi tarea ¿sabes?, incluso sin tu ayuda.

    El chiste consiguió relajar bastante los ánimos, ahora Lisa sonreía, con las mejillas rojas, tanto como su hermana mayor, incluso el muchacho en el asiento de copiloto recuperó algo de su característico buen humor.

    —Tal vez ahora no parezca la gran cosa, pero… ¿qué les parece si después de esto les invito a ambas un helado? ya saben, para celebrar que Lisa rompió una vez más los límites de la ciencia —dijo el peliblanco viendo a sus hermanas—. ¿Qué dices Leni, Lisa?

    —Accederé gustosa a la generosa oferta, unidad masculina fraterna mayor. Una crema helada de fragaria ananassa resultaría realmente vigorizante dado el aumento en la temperatura local…

    En el rostro cansado de Lincoln se dibujó una pequeña sonrisa y Leni supo inmediatamente por qué; Lisa ya no decía palabras ostentosas y complicadas desde los cinco años, ese pequeño y simple gesto le decía a cualquiera que la conociera bien que la pequeña se había emocionado bastante con la idea "niña genio pero niña después de todo".

    Pero el buen humor de Leni se perdió cuando, al fijarse en el espejo retrovisor, Leni vio como el rostro de Lisa se coloreaba de rojo por tallar cada vez con más fuerza la carcasa de su máquina en busca de limpiar la imperfección en la carcasa… su mano se movía cada vez más cerca del botón de encendido.

    Entonces, justo antes de que pudiera decir algo, pasó lo inevitable; uno de los dedos regordetes de la niña resbaló por la superficie pulida y llana de la máquina accionando el botón de encendido; un pequeño rayo salió disparado desde la bobina en uno de los extremos e impactó directamente en la radio apagada de la van, encendiéndola a máximo volumen por un instante, sorprendiendo a Lincoln y a Leni y provocando que la rubia perdiera por un breve instante el control del vehículo.

    — ¡OH DIABLOS! —Dando un volantazo brusco y provocando que los neumáticos chirriasen sobre el asfalto, Leni logró controlar nuevamente la van. Sintiendo como todo su cuerpo temblaba al igual que sus manos, la rubia rio nerviosamente—. Buena forma de probar mis habilidades al volante Lisa… pero sería increíble que no lo hicieras otra vez.

    — ¡Lisa, por el amor a… a las supremas cartas de Ace! ¡APAGA ESO! —Gritó Lincoln tras apagar finalmente la radio y a un paso de sufrir un ataque cardiaco... por el miedo y por coraje.

    Sorprendida por la forma histérica en la que su hermano se aferró con uñas y dientes a su asiento y por la forma en la que su cara se negaba a abandonar el tono rojizo para volver al normal, Leni se esforzó por relajarlo… por suerte tenía un método secreto para relajar incluso a Lori en su peor día.

    —Ya, ya. Lo lamento Linky —inflando un poco sus mejillas y haciendo puchero, Leni volteó a ver a su hermano—. Supongo que ya no habrá helado gratis…

    Y como ya esperaba, sus ojitos de cachorrita triste lograron que el estrés abandonara a Lincoln en un instante y que lentamente sacara las uñas del relleno de su asiento.

    Por la ventana, ya se podía distinguir la torre de la universidad a la distancia, llegarían al campus en cualquier momento. Soltando un único suspiro, Lincoln volvió a recuperar su tono de voz dulce y suave.

    —La oferta sigue en pie Leni, Lisa ¿estás bien?

    —Si. Creo que no se dañó el prototipo —respondió Lisa con alivio, provocando que el albino moviera los ojos con fastidio y que Leni volviera a sonreír.

    Al comprobar que todos estaban bien, Lincoln se relajó completamente. Recordaba que debía ser un día feliz; el nombre de su hermana aparecería en los periódicos, saldría en la televisión, le daría la mano al primer presidente de color y… el hilo de sus pensamientos se interrumpió por el ruido de lo que parecía ser el motor de un gran vehículo justo a su izquierda, a un lado de Leni.

    -o-

    ¿Cómo se puede dar una noticia como esta con delicadeza? Seguramente esa es una de las partes feas de ser policía.

    El apellido de esa familia era uno de los más reconocidos en la comisaría. Nunca pasaban desapercibidos por más de una semana; un día una queja de ruido, otro día una infracción vehicular, un vecino quejándose de algún vidrio roto, del ruido constante o por apagones causados deliberadamente.

    A pesar de ser la familia con más quejas en todo el pueblo, cualquiera en la comisaría podría asegurar que los Louds realmente no eran malas personas, cualquiera diría que no merecían esto, pero era el deber del oficial Highsmith informales de la realidad inevitable.

    Nunca le gustó alargar la espera en estos casos, al final nunca hay un "momento oportuno" para dar tales noticias. Por lo que con calma bajó de la patrulla y haciéndole una seña a su compañera para que permaneciera dentro del vehículo, caminó hacía la puerta principal del hogar, notando el agradable escándalo que rodeaba la vieja casa. Se podía sentir la alegría de todos los habitantes del lugar a través del ruido que hacían, y él sería el encargado de reemplazar esa vitalidad por tristeza.

    Al llegar frente a la puerta roja, el hombreton respiró profundamente un par de veces para armarse de valor.

    Dio exactamente cuatro golpes, con un ritmo que seguramente le resultaría familiar a cualquiera de las personas que estaban adentro.

    No pasó ni medio minuto cuando atendieron el llamado, la puerta se abrió revelando una jovencita de cabello corto, de todas las hijas del matrimonio a ella la conocía mejor. La chica rebelde colocó una expresión desagradable cuando vio al policía.

    —Oh, excelente. Escucha PK, si bienes por lo del centro comercial déjame decirte que esa cerveza de raíz no tenía alcohol ¿Ok? Sólo era refresco.

    —Buenas tardes Luna, me temo que vengo por otros asuntos... este... ¿puedo pasar?

    La roquera rodó los ojos sin molestarse en aparentar.

    —Supongo que no puedo negarme, ¿o sí, hombre? —La rockera se volteó con el ceño fruncido para encarar a sus hermanas—. ¡Ustedes, a sus habitaciones, ahora!

    Ninguna de las niñas que se encontraban en la sala dijo nada, más por ver al policía que por respeto a la autoridad de la tercera de la casa, en silencio subieron a la segunda planta.

    — Muy bien. Ahora dime PK, ¿quién hizo qué esta vez?

    El tonó de la joven ni siquiera incomodó al uniformado, no era la primera vez que se encontraban; y de hecho esta vez le estaba agradecido por quitar a las menores de la ecuación, le facilitaba el trabajo.

    —Luna, creo que el asunto por el que vine es mejor hablarlo solo con sus padres.

    —Pues disculpe “oficial” pero mis viejos aún no llegan a casa, y para serle franca no creo poder ser de mucha ayuda si de reprender por mal comportamiento se trata, así que solo dígame lo que pasó y yo veré porque la responsable del destrozo tenga su merecido...

    El oficial la interrumpió tomando su mano, el gesto la sorprendió pero logró que ella lo viera directo a los ojos.

    —A eso voy —dio un gran suspiro antes de continuar—. Hubo un accidente de auto y tus hermanos... ellos... estuvieron involucrados.

    Esas tres últimas palabras le helaron la sangre a Luna y a todas sus hermanas que espiaban la conversación desde las escaleras.

    -o-

    Lisa recuperó el sentido poco a poco. Todo el cuerpo le dolía. Estaba recostada en el suelo, a un lado de la van familiar y de un tráiler, ambos vehículos completamente destruidos. Al ver la escena, sus ojos se abrieron completamente, o en este caso su ojo, pues solo podía ver por el ojo derecho ya que el izquierdo se negaba a abrirse, lo único que sentía era un picor muy extraño de ese lado de la cara. Quiso sentarse, pero su intento de moverse agravó en gran medida el dolor que sentía en todo el cuerpo y del que sólo entonces se volvió consciente.

    La incapacidad de mover su cuerpo y el no poder ver a nadie le dio la sensación de estar sola, atrapada en una caja muy pequeña por lo que empezó a llorar como cualquier niña tan alto como pudo.

    —Herma... hermano... hermanito —la voz le salió en un susurro quedito. Ignorando el dolor levantó una de sus manos tanto como pudo, quería que él apareciera y la tomara de la mano. Quería que la consolara, justo como cuando era más chica y tenía pesadillas.

    El rostro de su hermano mayor apareció en su rango de visión. El rostro del muchacho estaba hinchado y bañado en sangre.

    —Estoy aquí Lis, estoy aquí. Tranquila.

    —No fue mi intención —sollozó la pequeña—, no quería que sucediera esto, Lincoln ¿Dónde está... dónde está Leni?

    El rostro del joven se torció en una mueca que a causa de la sangre y de la hinchazón Lisa no supo interpretar. Lincoln había imaginado que sería otra su primera pregunta por lo que tomado por sorpresa, se secó una lágrima que apenas se asomaba por uno de sus ojos y utilizó todas sus mañas de “hermano mayor” para poder demostrar fortaleza.

    —Leni está bien, sólo está un poco asustada. No te preocupes por ella. Nuestra hermana está... bien.

    El dolor en la cara comenzó a crecer, más específicamente en su ojo izquierdo, hasta resultarle insoportable a Lisa. Todos sus pensamientos se mezclaban en su mente por lo que sólo pudo decir una sola frase coherente.

    —Linc... yo solo quería ayudar al mundo... quiero decirle a Leni que sólo deseaba ayudar... déjame verla Linc.

    —La verás después —exclamó Lincoln mientras que un par de paramédicos que acababan de llegar, preparaban una camilla al lado de la pequeña científica—. Esto no fue tu culpa, Lis. Por favor, no te mortifiques.

    Uno de los paramédicos le movió un poco la cabeza a Lisa para poder hacer una inspección rápida a sus pupilas con una luz muy brillante antes de subirla a la camilla. El cambio de posición le dolió.

    — ¡AY! ¡Li... Lincoln!

    —Ya pasó, ya pasó Lis. Todo estará bien

    Al terminar, ambos camilleros se alejaron de ella unos pasos, llevándose a Lincoln con ellos. Lisa los oía hablar pero no pudo entender nada de los que se dijeron, parecía que intentaban convencer a su hermano de hacer algo, pero el peliblanco se mantuvo firme en no abandonar aún a su hermana. Tras una corta discusión, los paramédicos regresaron acompañados por Lincoln a donde estaba ella y casi sin moverla la cargaron hasta la camilla. Entonces empezaron a moverse hacía una ambulancia que esperaba cerca. Pero para horror de la pequeña, Lincoln no la seguía.

    — ¿A dónde me llevan? ¿Lincoln? —Utilizando sus últimas fuerzas alzó la voz—. ¡Lincoln, ¿dónde estás!?

    Sin importar cuanto le dolía todo el cuerpo, Lisa volvió a intentar sentarse, ponerse de pie, escapar junto a su hermano mayor.

    — ¡Tranquila Lisa! —La cara de su hermano volvió a llenar su campo de visión, al tenerlo tan cerca, la pequeña pudo notar que la nariz del chico estaba rota—. Calma hermanita, estarás bien.

    —No me dejes sola, hermano.

    Lincoln soltó un suspiro, permitiendo que la pequeña descubriera que también le faltaban algunos dientes, entre ellos sus característicos dientes frontales.

    —Tengo que hacerlo.

    —Pero yo...

    —Debo ir a calmar a Leni, ¿sí? Tú eres la persona más lista que conozco y sé que sabrás hacer todo lo que los doctores te digan para que te cures pronto y puedas volver con nosotros, ella no es así.

    Con un nudo en la garganta, Lincoln se alejó de su hermanita y Lisa no volvió a manotear o a intentar levantarse. Aunque la pequeña seguía llorando se dejó llevar hasta la ambulancia.

    En cuanto perdió de vista a su hermanita tras las puertas del vehículo de emergencias, Lincoln tuvo que ceder a la insistencia de los paramédicos que ya lo habían estado atendiendo desde antes de que despertara Lisa y entró en la última de las tres ambulancias que habían llegado al lugar del accidente. Quiso volver a preguntar por el estado de su hermana mayor pero se sintió sin fuerzas al recordar cuál era el estado de la rubia en el momento en el que se la llevaron.

    ¿Cómo es que lo que se supone sería un día feliz se había convertido en una horrible pesadilla?

    -o-

    El doctor Enríquez Marín, había acabado su formación profesional apenas hace un par de meses por lo que era el cirujano más joven en el hospital regional de Royal Woods. Cualquiera que lo viera por los pasillos lo confundiría con un practicante más, sin saber que el hombre que tenía enfrente era en realidad el cirujano en jefe del área de emergencias. Generalmente sólo se limitaba a operar, pero al enterarse de las circunstancias que envolvían a los jóvenes heridos, quiso también ser él quien se encargara de informar a la familia.

    Tan pronto salió por la puerta de la sala de emergencias, su atención se vio atraía por un grupo de personas; cuatro personas que parecían muy preocupados, lo que no es extraño en un hospital donde todos están esperando alguna noticia de sus familiares internados, lo que llamó su atención y permitió que los identificara como la familia Loud fue que entre los tres adultos reunidos había un joven con cabellera blanca, con un brazo enyesado y varios vendajes en el rostro y cuerpo. Por su complexión delgada le sería muy difícil adivinar su edad, pero según el expediente, el chico tenía trece años. Había sido él quien después del choque sacó como pudo a sus hermanas de los fierros deformados de lo que quedó de la camioneta familiar, incluso intentó ayudar al conductor del tráiler que los impactó, sin embargo, para ese pobre sujeto ya era muy tarde.

    Al ver al médico acercarse, los Loud se pusieron de píe y caminaron un poco para interceptarlo.

    —Tengo noticias de sus hijas, señores Loud.

    — ¿La cirugía ya terminó? ¿Cómo están mis bebés? —Rita tenía los ojos irritados y el maquillaje corrido.

    —Ambas ya salieron del quirófano —el doctor luchaba por encontrar un tono para dar las noticias sin afectar aún más a los padres—, pero primero hablemos de la menor; Lisa Loud salió mayormente bien librada del accidente, le pequeña sólo sufrió de una contusión y algunos cortes menores, pero su ojo izquierdo... sufrió mucho daño... y a pesar de que hicimos todo lo que posible para intentar salvar el órgano, no lo logramos.

    Los padres se abrazaron, tratando de mantenerse centrados y calmados en medio de aquel infierno. Un silencio tenso, y sólo interrumpido por el llanto de los padres, dominó por unos instantes y justo cuando parecía que la muchacha disfrazada de Joan Jett diría algo fue interrumpida por el chico de los vendajes.

    —Gracias por intentarlo doctor, pero… ¿cómo está mi otra hermana? ¿Qué pasó con Leni?

    Ese era el tema escabroso que el doctor deseaba evitar mientras le fuera posible.

    —Leni Loud, es una historia diferente... ella...

    — ¿Diferente? ¿Entonces está bien? —Los ojos del padre brillaron al sentir por un instante esperanza.

    El doctor se mordió la lengua, ahora se arrepentía de su decisión «¿En qué estaba pensando? ¡Nunca se me ha hecho fácil eso de hablarle a la gente!» Sintiéndose muy nervioso, el doctor comenzó tartamudear una excusa y a alejarse, ya mandaría a una enfermera para que fuera ella la que tratara con la familia, hasta que el albino volvió a hablar deteniéndolo a medio escape.

    — ¿Su condición es tan grave? —su voz reflejaba la perdida de todo consuelo.

    La pregunta fue el detonante que necesitaba la mente del médico para volver a funcionar de forma lógica.

    —Surgieron algunos inconvenientes imprevistos. Pero su condición ya es estable aunque... yo... lo siento…

    — ¿“Lo siente”? ¿Siente qué? ¡¿SIENTE QUÉ?! —Por fin habló Luna, molesta por la actitud evasiva del doctor—. Escuche “doc”, no nos venga con jueguitos, quiero ver a mi hermana.

    Ya no había escapatoria.

    —A pesar de nuestros esfuerzos por remediarlo... no pudimos ayudarla mucho... la joven Leni Loud está en coma.
     
    Última edición: 12 Septiembre 2021
  2. Threadmarks: 02-. Situación incomoda
     
    Sylar Diaz

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    Una situación sin precedentes en la que una van familiar, ese vehículo que había pertenecido a tres generaciones; quedó hecho pedazos al costado del camino, igual que la familia a la que pertenecía.

    Muchas preguntas llenas de culpa empezaron a acosar a los Loud e inconscientemente empezaron a buscar culpables; quizá la culpa era del camionero que, por querer trabajar doble turno no estaba en sus cinco sentidos, quizá si la camioneta estuviera en buenas condiciones o si la chofer hubiera estado alerta... quizá nada de esto hubiera pasado ¿Pero qué importaban ya aquellas recriminaciones? El "hubiera" no existe, y al final la peor parte de todo se lo llevó la que era una hermana dedicada y amorosa.

    Las visitas a Leni en el hospital siempre fueron terribles para las chicas, pues ver a su hermosa hermana en ese estado rompía el corazón.

    El chico albino se negó a recibir intervención médica mayor puesto que sólo tenía algunos cortes en el rostro y en las manos, algunos doctores le insistieron tratando explicarle que le quedarían marcas de por vida pero él fue firme; no cargaría más la limitada billetera de sus padres con una cirugía plástica.

    A Lisa no le fue tan mal, después de algunas semanas sus cicatrices, que no eran tan profundas como las de su hermano; se habían desvanecido, y el ojo de vidrio que le dieron sus contribuyentes más cercanos como un regalo pasaba casi completamente desapercibido; era necesario poner mucha atención para percatarse que uno de sus ojos era apenas más opaco que el otro.

    Sin embargo y a pesar de no tener secuelas físicas, quizá Lisa fue la que se resintió más ya que se responsabilizaba por toda la tragedia; su actitud huraña y apática empeoró a tal grado que rara vez salía de su cuarto o le dirigía la palabra a alguien. Volvió a trabajar día y noche buscando una forma para ayudar a su hermana y después de meses de trabajo incansable sin resultados favorables... se rindió. Pronto se hizo obvio que ya no hacía nada en todo el día puesto que después de unas semanas sus aparatos empezaron a acumular polvo.

    Su último logro fue ese sistema perfecto de producción y transmisión inalámbrica de energía completamente libre de perdida.

    La actitud hermética y la eventual falta de higiene de la niña orilló a los padres a cambiar de cuarto a Lily, como esperaban fue Lincoln quien saltó como voluntario para cuidar a su hermanita y por falta de espacio en el suyo terminó por mudarse al cuarto que alguna vez fue de las hermanas mayores.

    Los padres tuvieron que extender sus jornadas laborales para cubrir el gasto extra en el hospital. Sus hijas ya casi no los veían en casa y, cuando los veían, ambos estaban muy cansados y estresados. Ya no les quedaba tiempo ni dinero para su familia. Lori estuvo a punto de dejar la universidad para tratar de ayudar, pero entre Bobby y sus padres la convencieron de terminar la carrera, al fin de cuentas solo le quedaban 3 semestres.

    Luna, nunca aplicó para ninguna universidad puesto que empezaba a dar pequeños conciertos y presentaciones en bares y restaurantes en los que recibía buena paga y Luan, después de excelentes presentaciones en los mismos restaurantes y bares familiares, sólo que en horario familiar, terminó por forjarse una reputación sólida como comediante amateur.

    A falta de una figura materna para las hijas menores del matrimonio, Lynn se autoproclamó como la nueva figura de autoridad pero pronto su falta de tacto se convirtió en el problema más grande dentro de la casa. La deportista a duras penas funcionaba dentro de su rol como líder, pero lo que las menores realmente necesitaban era a una persona que ejerciera como ejemplo y apoyo sentimental, no a alguien que les gritará que hacer así que Lincoln volvió a ser la solución. Ponía el ejemplo a las menores y reforzaba las decisiones de las mayores. Arreglaba los problemas y discusiones entre sus hermanas restantes; incluso logró, bajo sus perseverantes cuidados y atenciones; que su hermana genio volviera a abrirse a su familia, extrañamente ahora buscaba más a Lucy que al resto, y retomara una rutina moderada de trabajo e investigación.

    Lily pasaba todo el tiempo libre que podía con su hermano. Con el tiempo se había vuelto tan apegada al joven peliblanco que terminó por verlo como una figura paterna e incluso materna en ciertas ocasiones.

    Pasó un año completo y las cosas mejoraron notoriamente para la familia, pero a pesar de los considerables ingresos extra que aportaban las dos nuevas hijas mayores, quedaban muchas cosas que pagar como lo eran la electricidad, el agua, gas y sin contar lo más importante y costoso, la comida.

    Lincoln volvió a sentirse obligado a ayudar, después de semanas de pláticas y preparativos logró instruir a Lynn lo mejor que pudo para que tomara su puesto como cabecilla del hogar, la deportista aceptó feliz y sorprendentemente logró aproximarse bastante a lo que se necesitaba en casa. Y cuando Lincoln empezó a llevar algunos billetes a su hogar nadie se sorprendió realmente, al fin de cuentas él era un chico astuto con bastantes amigos en la secundaria, nadie indagó, pero ¿cómo podía ayudar Lincoln a pagar las cuentas? Bueno, a tiempos desesperados corresponden acciones desesperadas.

    El chico llevaba una segunda vida fuera de la escuela, oculto de su familia y amigos; el muchacho se dedicaba a comprar productos de segunda mano o falsificaciones que vendía como auténticas piezas de colección, organizaba apuestas en los pocos eventos que aún realizaban sus hermanas, y como era de esperar todas ellas estaban arregladas a su favor. Algunos días incluso simplemente robaba, claro que no era de los que arrebatan y corren, de haber escogido esa táctica hubiera sido descubierto desde el inicio ya que era fácilmente reconocible por su cabello blanco y por esas cuatro horribles estrías que recorrían su rostro.

    No, él tenía un plan a prueba de error. Era abiertamente reconocido por todos los que lo conocían que la astucia y facilidad de palabra de Lincoln Loud eran atributos legendarios, el chico era capaz de vender basura como si fuera oro, así que no le era difícil distraer a un adulto cansado y confiado. En un día cualquiera lograba obtener veinte dólares, acompañados de alguna que otra cartera no muy usada para revender, y en los pocos y extraños días donde lograba obtener más, simplemente guardaba en secreto el sobrante y entregaba a sus hermanas mayores el resto. No repetiría el error que le costó la confianza y cariño de su mejor amigo.

    Quizá conservaría a Clyde a su lado si nunca le hubiera contado de donde salía todo el dinero que de repente tenía, o si no le hubiera dicho como le escondía a su familia una pequeña parte, o si se hubiera controlado un poco cuando su amigo le reclamó. Claro que no quería pelear con él, pero cuando amenazó con delatarlo simplemente no quiso medirse. En su defensa, Lincoln le dio el primer derechazo cuando Clyde no llevaba sus lentes puestos. No, en definitiva las cosas no hubieran terminado tan mal para Clincoln Mcloud si lo hubiera dejado ganar la pelea, claro que terminaría golpeado y no se hablarían por algunos días pero terminarían perdonándose, lo habían hecho todas las veces anteriores. Sí, ahora que veía las cosas en otra perspectiva debió dejarlo ganar, en lugar de romperle la nariz y astillarle un diente. Visto desde el lado bueno, Clyde aún mantenía su promesa de guardar el secreto.

    Resumiendo el cuento, Lincoln se convirtió en delincuente, aunque él prefería llamarse a si mismo “carterista”. Después de todo, sólo hacia esto para ayudar a su familia, y aún tenía una reputación que salvar con los pocos amigos que le quedaban en la escuela.

    Pudo haber continuado así de forma indefinida, estafando y mintiendo para obtener una miseria como ganancia personal; de no ser por una incómoda casualidad…

    Era el cuarto y último viernes del mes de noviembre, Lincoln se preparó para salir a las calles, en esas fechas abundaban los adultos distraídos y cargados de dinero. Escogió una gorra para cubrir su cabeza del frio y para esconder su pelo blanco y la colocó encima de la cama, mientras buscaba en el amplio armario un abrigo que disimulara su complexión. Oyó una risita detrás de él.

    Se volteó tan rápido como pudo para sorprender al intruso, pero todo lo que vio fue un cuarto que aparentaba estar vacío. Ciertamente Lucy conseguía asustarlo más y con menos esfuerzo con cada intento, nervioso, tomó el primer suéter que encontró "La vida es mejor con una abuela", aún conservaba grabado el suéter rosa chillón que le había regalado Myrtle, ya le quedaba chico, tenía bastante sin verla a ella y al abuelo. Sacudió la cabeza para despejar su mente, tenía que salir del cuarto antes de que su hermana gótica le causara un infarto, se volteó para tomar su gorra de las sabanas de su cama pero su mano no la encontró. La vocecita volvió a reír y está vez Lincoln la pudo reconocer.

    Su ritmo cardiaco de tranquilizó de golpe mientras una sonrisa se formaba en su boca.

    —Pequeña, te advierto que soy experto encontrando niñas traviesas —una carcajada se oyó debajo de la cama más cercana a la ventana.

    Muy lentamente, Lincoln caminó hacia la fuente del ruido y cuando estuvo lo suficientemente cerca, con un movimiento rápido, se dejó caer hasta quedar pecho tierra. Para su sorpresa ahí no estaba Lily, sólo estaba un viejo walkie talkie morado. Muy bien, el juego se haría un poco más largo.

    — ¿Dónde está? ¡Desapareció! ¿Acaso se hizo invisible?

    Esperaba que la niña volviera a reírse y le diera otra pista, pero lo que oyó en cambio, fue a la niña llorar en otra habitación. Sus instintos de hermano mayor despertaron de golpe. De un salto se puso de pie. Y gritó al ver a un pequeño esqueleto parado sobre la antigua cama de Lori, por reflejó lo golpeó y el pequeño cuerpo salió volando por la ventana abierta.

    Lincoln se quedó estático en ese lugar, el puño le dolía bastante y se había levantado muy rápido por lo que tardó unos instantes en digerir lo que acababa de hacer; había empujado a su hermanita bebé, disfrazada de calaca, por la ventana. Si no le había roto algo con el golpe, era muy seguro que la hubiera lastimado de gravedad al hacerla caer desde la segunda planta. Con lágrimas en los ojos corrió a asomarse a la ventana.

    Vio al cuerpecito descansando rígidamente sobre la nieve en el jardín delantero, por el golpe la máscara se había movido de su lugar revelando el rostro de una de las muñecas de Lola, con una mezcla de alivio y furia Lincoln salió de la habitación, cruzó el pasillo y abrió de una patada el cuarto de Lucy, ahí estaban las tres mujeres destornilladas de la risa, por el intenso rubor en su rostro parecía que Lynn iba a sufrir un infarto, Lily se retorcía en el suelo igual que su hermana deportista y Lucy se limitaba a dejar salir algunos "ja, ja" con toda la emoción de un muerto.

    Con evidente disgusto, Lincoln entró al cuarto a reclamarles, pero fue interceptado por Lily quien luchaba por recuperar su respiración normal.

    —Lo siento papi Lincoln —la niña lo abrazó, envolviendo su cintura y dificultándole el seguir avanzando—, pero fue divertido, además, Lucy me dijo que sería una buena idea.

    La discreta sonrisa de la pelinegra desapareció junto con sus débiles carcajadas al recibir la mirada seria de su hermano.

    —Oh vamos Lincoln, sabes que fue una buena broma —Lynn por fin había recuperado su color natural—, además ¿quién sabe?, quizá por fin tengamos un nuevo campeón de las bromas… además que tú saber que nos conviene que sea Lily, apestoso —se había acercado hasta estar suficientemente cerca de su hermano como para susurrar en su oído—, nadie sale herido con las bromas de la pequeña.

    La deportista tenía un punto, por lo que decidió dejarlas tranquilas por esta vez.

    Juguetonamente revolvió el pelo rubio de la más pequeña de sus hermanas, la niña sonrió por la caricia y alzó el rostro.

    —De verdad lo siento, Linc, no quería molestarte —con vergüenza le devolvió la gorra que había tomado para atraerlo.

    —Yo nunca me enojaría contigo bebé y sé que todo esto fue idea de las locas de tus hermanas —tosió para silenciar las quejas y puso una expresión sería, no había nada que hacer con las dos hermanas del cuarto pero a ella no la dejaría irse sin más—, pero lo que hiciste no está bien, sabes que pudiste matarme del susto.

    La tomó de la mano y con cuidado la llevó de regreso a la habitación que compartían, sin quitar su expresión severa volvió a encarar a la niña.

    —Lily ¿sabes dónde está mi abrigo café?

    — ¿Con el que Lola dice que pareces un "agresor de señoritas"?

    —... Sí, ese —más tarde también regañaría a Lola por decir esas cosas cerca de su bebé.

    Lily se metió debajo de su cama, la que antes era de Leni, y un instante después salió sosteniendo el abrigo de su hermano.

    —Gracias hermosa, intentaré conseguirte el juego de pinceles que me pediste la otra vez, para tú cumpleaños.

    — ¿Y qué me darás para navidad? —la niña hizo ojos de perrito, una maña que sin dudas había aprendido de su hermana deportista.

    —Lily, sólo hay cinco días de diferencia entre tu cumpleaños y navidad —tenía que reconocer que los ojos de perrito eran una táctica eficaz contra él—, pero quizá para navidad te lleguen las pinturas para que pintes con los pinceles.

    -o-

    Caminaba entre los escaparates del centro comercial buscando con la vista a alguien que estuviera lo suficientemente distraído como para poder bolsearlo sin que se diera cuenta de inmediato.

    Recorrió toda la plaza de punta a punta por lo menos tres veces sin encontrar ninguna víctima fácil, ya estaba por darse por vencido y volver a su casa cuando vio a un hombre gordo y de color retacado de bolsas de regalos, algunas le cubrían la cara por lo que no veía claramente por donde caminaba, hablando por teléfono celular. No podía desear un objetivo más fácil.

    Lincoln siguió al hombre hasta el estacionamiento y adelantándosele se escondió en una esquina. Ya dominaba la técnica, sólo tenía que chocar "por accidente" con el sujeto, verlo a los ojos y mientras lo distraía con alguna disculpa sin sentido le vaciaba sus bolcillos, por ultimo cuando estuviera algunos metros alejado tendría que correr y esconderse para revisar el botín.

    Cerró los ojos desde su escondite y contó los pasos del hombre acercándose, tenía que toparse con él en el momento oportuno. Respiró profundamente un par de veces y practicó su cara de "lo siento viejo". El gordo ya estaba muy cerca aunque ahora ya no seguía hablando por teléfono.

    Uno.

    Dos

    ¡TRES!

    Lincoln salió de un brinco al encuentro con el hombre y ambos chocaron, las bolsas salieron volando y Lincoln con un movimiento rápido de manos le arrebató la cartera del bolsillo del pantalón, cuando se preparaba para dar su excusa genérica y alejarse a toda prisa se quedó congelado.

    —... Hola... señor McBride.

    El rostro del hombre de color atravesó una mezcla extraña de emociones: primero lucía atento y despabilado, sin duda ya sabía que era lo que le estaba sucediendo, luego parecía enojado y listo para actuar de forma violenta, y al último se había relajado completamente al reconocer al mejor amigo de su hijo.

    – ¡Oh! ¿Cómo has estado chico? ¿Disfrutando de las rebajas?

    —Algo así —avergonzado Lincoln lo ayudó a recoger sus cosas del suelo—, lo siento por cierto, andaba con prisa.

    Cuando ya casi acababan de guardar todo fue cuando Harold reparó en que Lincoln tenía su billetera en una de sus manos, no había notado que no la llevaba encima. Su rostro se tensó al ocurrírsele una idea inquietante, acaso el mejor amigo de su amado hijo intentó... no, Lincoln no era esa clase de persona, su hijo no saldría a jugar nunca con un criminal, aunque por otra parte esos dos ya no eran tan cercanos como antes. Es más, no recordaba que los dos salieran juntos a hacer nada durante los últimos meses.

    —Señor McB, creo que se le cayó esto —dijo el albino ofreciéndole la cartera al hombre negro—, hay que ser cuidadoso con estas cosas, ¿sabe? últimamente anda un ladrón suelto por ahí.

    El rostro de Harold volvió a iluminarse al descubrir que después de todas sus sospechas, el chico Loud seguía siendo un muchacho ejemplar.

    — ¡Muchas gracias hijo! —Harold McBride agradeció abrazando a Lincoln y tomando la billetera—. Sabes, hoy fue día de pago así que todo mi dinero está aquí dentro, no sé qué hubiera hecho si la hubiera perdido... es más, sé que te vas a negar, pero déjame regalarte cinco dólares por salvarme la vida.

    Su teléfono volvió a sonar, distrayéndose un minuto se fijó en la pantalla, era un mensaje de su esposo, sin despegar la mirada de la pantalla mientras escribía una respuesta le habló al amigo de su hijo.

    —Oye Lincoln, se me ocurre algo, ahorita voy a reunirme con mis chicos ¿Qué te parece acompañarnos a comer algo? Y así nos platicas como te ha ido en la escuela, Harold y yo ya llevamos mucho tiempo sin hablar contigo ¿Qué dices Lincoln? ... ¿Lincoln?

    Al alzar la vista de la pantalla descubrió que estaba hablando solo.

    Era como si el universo se burlara de Lincoln Loud.

    Cada palabra amable que el hombre le había dicho rebotaba en su cabeza provocándole una migraña. El parloteó en su mente continuó hasta que apenas y podía pensar. Irá, frustración, angustia... tristeza, todo se mesclaba en un remolino turbio de emociones. Simplemente había perdido su norte moral hacia bastante tiempo y ahora sólo sentía culpa, por eso escapó corriendo hasta la parada de autobús más cercana.

    — ¡DIABLOS! —Lincoln estalló, golpeando la tabla metálica de rutas del autobús. Por el sonido que hizo su mano era seguro que algo se había roto.

    El niño estaba paralizado, apenas y sentía el dolor en su mano. Ambos, su mente y su cuerpo estaban abrumados. Lentamente Lincoln volvió a poner sus pensamientos en orden y entonces fue capaz de sentir el dolor en los nodillos de su mano derecha.

    Se quedó quieto en la estación de autobús, esperando que se le ocurriera un plan que solucionara todos sus problemas. El día, como si respondiera a las emociones de Lincoln; se hizo más desagradable mientras rayos y gotas de lluvia caían desde el cielo. Entonces cuando nada podía estar peor, por casualidad pisó un charco de agua a punto de congelarse que le heló hasta los calzones. Seguramente ahora se veía tan miserable como se sentía.

    Tomando una bocanada de aire se subió al primer autobús que pasó por la estación, no sabía a donde iba y no le importaba mucho, no quería estar solo ahora que le era claro que le había fallado a su familia y a si mismo al actuar como actuó, en realidad no estaba haciendo nada por ayudar a sus hermanas, sólo se buscaba problemas.

    —Yo... no quería llegar a esto, soy un fracaso.

    Lincoln sintió el pesó de sus acciones sobre su cabeza, otra clase de gotas de agua comenzaron a mojar su rostro. Después de pagar su pasaje y caminando entre las dos hileras de asientos vacíos del autobús se sentó solo en la parte posterior y dejó que la tormenta lo enterrara en una tumba de dolor y vergüenza mientras su mente se repetía "No fui justo, no soy digno de mis seres queridos".

    Entonces entre sus lamentos las luces del bus se apagaron, la lluvia y los truenos se detuvieron casi simultáneamente. Cuando cayó nuevamente un relámpago, Lincoln notó que ya no estaba en el mismo autobús.

    Ahora Lincoln estaba completamente solo, sentado en los asientos de hasta atrás en una réplica del autobús. El lugar parecía estar esculpido a la antigua en piedra y mármol. Una voz que reflejaba autoridad se oyó en toda la habitación.

    "YO TE CONVOCO, LINCOLN LOUD; CANDIDATO A CAMPEÓN"
     
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    Sylar Diaz

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    Al abrirse las puertas, Lincoln pensó que la misteriosa luz que lo recibió era el sol, pero esa curiosa luz se había hecho presente en el momento exacto en que había llegado a esa habitación-replica de autobús. Sin más opción, salió y empezó a caminar.

    Delante de él sólo de desdibujaba lo que parecía una iglesia. La luz que había allí hacía aparecer con suficiente precisión los contornos de las paredes, pero no parecía venir de ningún lado o mejor dicho, provenía de todas partes. Porque las largas sombras que se proyectaban delante del peliblanco iban en todas direcciones.

    Los pasillos por los que pasaba Lincoln estaban vacíos, no sólo de gente, también de animales y objetos. Todo estaba inmóvil, ni el más mínimo sopló de aire. La quietud le hizo pensar que ese lugar estaba debajo del suelo.

    El niño se asustó al ver que un tigre, como esos que estaban en los zoológicos o en “International Geography”; se acercaba a él. Cuando quiso darse la vuelta y gritar descubrió que no podía moverse ni oír su voz.

    «Cállate» la voz, profunda y seria, muy parecida a la de un profesor; sonaba en la cabeza de Lincoln, «y sígueme.»

    Después de algunos minutos de caminar en silencio, recorriendo un laberinto de pasillos y pequeñas salas blancas como la nieve completamente vacías. El tigre giró en una esquina, Lincoln lo siguió… y se detuvo sorprendido. Este pasillo era completamente diferente a todos los anteriores.

    En realidad era mucho más estrecho, las salas que se alineaban a derecha e izquierda parecían pequeñas exposiciones en un museo, muestras de plantas, representaciones de animales, objetos de colores suaves y brillantes.

    Este pasillo los llevaba a una sola puerta, que les cerraba el paso. Era verde del mismo color que adquiere el cobre cuando se oxida y estaba decorada con pequeños gravados.

    Al detenerse a contemplar, Lincoln no había perdido más que unos segundos, sin embargo el tigre ya estaba muy lejos, casi al final del estrecho pasillo, delante de la puerta.

    —¡Espérame, no me dejes! —gritó pero seguía sin oír su propia voz.

    El felino, en cambio, pareció haberlo oído porque se giró a mirarlo y se sentó. Lincoln quiso seguirlo, pero entre más se acercaba a la puerta era como si de repente caminará en lodo, el cuerpo le pesaba demasiado y con cada paso se sentía más débil. Se agarró de donde pudo y por fin avanzó, a ratos. A medio camino tuvo que continuar en cuatro patas, tratando de no apoyarse demasiado en la mano lastimada.

    —¡No puedo! —Gritó finalmente, el tigre seguía sentado al extremo del pasillo—. ¡Ayúdame!

    El tigre le habló por medio de su mente.

    «Niño, deja de juzgarte injustamente, abre tu mente a la memoria y muestra lo que eres.»

    Lincoln lo intentó, dejó de pensar en todo, y cuando consideró que había descansado lo suficiente, se irguió y caminó. Para su sorpresa, esta vez logró andar sin ningún esfuerzo pero algo muy extraño ocurrió, mientras avanzaba, el pasillo se iba haciendo más amplio y el techo se iba elevando.

    Por fin llegó al final, se encontraba ante la última puerta, la que cerraba el camino. Se asustó pues vista desde cerca, la puerta de metal verde era gigantesca.

    «¿Podré abrirla?» Pensó dudoso, sabiendo que su voz no sería oída.

    «Siempre puedes intentarlo» La voz de su misterioso amigo respondió.

    Y tan pronto como Lincoln apoyó la mano en su superficie, la puerta se abrió la puerta doble, invitándolos a pasar.

    Lincoln se quedó parado, todo lo que acababa de pasar le resultaba muy extraño. Recorrió un sinfín de pasillos en penumbra acompañado por un tigre que habla, para atravesar un portón gigante y hermoso.

    «Carajo, estoy muerto.» Su misterioso acompañante se rio por el comentario y entró sin esperarlo.

    Lincoln se decidió a seguirlo cuando la gran puerta empezó a cerrarse. Apenas y tuvo el tiempo justo para pasar.

    Se hallaba ahora en un pasillo muy alto y aún más largo. A su izquierda estaban, en tramos regulares, siete estatuas humanoides de piedra, que parecían soportar el techo. Una pequeña brisa golpeó su rostro seguido de un suspiro de alivio. Su suspiro de alivio.

    Lincoln caminaba junto al felino hacía unas escaleras dobles que los llevarían a lo que parecía una nueva sala, por encima de donde se encontraban justo ahora.

    «Has llegado, Lincoln Loud» El animal se detuvo en seco, «yo no te acompañaré más allá, está última prueba la afrontarás solo.»

    Lincoln respiró profundamente, y empezó a subir las escaleras. Cuando se acercó al final pudo oír un ronquido acompañado por un susurró casi musical, a muchas voces.

    -o-

    Un grupo de niñas estaba en la sala de la casa Loud

    —¿Estas segura de esto Lisa? No creo que esto te interese realmente.

    —No digas eso Darcy, las pesadillas y los problemas de mis amigas siempre serán un tema de interés para mí.

    —De acuerdo Lis, lo que tú digas pero… ¿Qué hace ella aquí?

    La gótica no cambió su gesto impasible por el comentario, simplemente se permaneció sentada en la misma esquina del sillón, parecía que era parte de los muebles, una decoración que siempre había estado en la sala.

    —Ella sólo me ayudará a tomar notas, por como he estado un poco distraída se me escapan algunas cosas, y esto es algo de lo que quiero tener sumo detalle.

    —… De acuerdo chica —la niña morena tomó airé y comenzó a recordar.

    —Pasó el miércoles, hasta entonces era un día normal, y tenía que dejar mi proyecto en el gimnasio, ya sabes, para la feria de ciencias. No estaba haciendo nada especial hasta que me encontré con Irwing, ¿Lo conoces no? Es uno negrito medio gordo—. Al no recibir respuesta intentó dar una imagen más detallada—. Siempre usa un moñito rojo y una playera amarilla “derrite pupilas”.

    —Darcy, vuelve al tema de interés, por favor.

    —Bueno… como decía, todo iba bien hasta que el inútil me bañó de vinagre. Era mi vestido nuevo Lisa, en ese momento quise gritarle y mucho; pero al verlo tan asustado no le hice nada. Molesta llevé mi electromagneto, se me olvidaba agradecerte por ayudarme; a mi espacio asignado.

    —Entonces me fui al baño a tratar de limpiarme… fue cuando las cosas empezaron a ponerse feas. Apenas se cerró la puerta tras de mí las luces se apagaron y volvieron segundos después, pero ya no era la misma habitación. Digo, aún estaba en un baño, pero parecía de esos baños que aparecen en las películas de castillos y dragones. Me asusté bastante hasta que la puerta se abrió, pero no se abrió hacía la escuela, era otro lugar… y ahí es cuando se me dificulta recordar.

    —¿Dices que no puedes recordar lo que pasó después? —el rostro de Lucy por fin se deformó en una mueca de decepción mientras tomaba algunas notas en una libreta rosa.

    —No, lo que digo es que se me dificulta, creo que había un anciano… ¿o era un muchacho?... no puedo recordar bien, pero estaba sentado en un trono y me gritó que no era digna… entonces las luces volvieron a apagarse y cuando abrí los ojos estaba de vuelta en el baño de la escuela.

    —¿Y eso fue todo lo que pasó? —Lucy se acercó unos pasos a la amiga de su hermana—. ¿No hubo algún símbolo o alguna palabra que no hayas visto o escuchado antes?

    —Lisa… ¿qué ocurre? Les digo que fue una especie de sueño con los ojos abiertos. Cosas como ser teletransportada a otro lugar sólo ocurren en las malas historias. ¿Cierto?

    —Ciertamente, gracias por contarme, estas cosas ayudan a desarrollar mis habilidades sociales. ¿Aún necesitas ayuda con tu tarea de matemáticas? Porque me sobra tiempo, sólo déjanos subir y guardar la libreta, estaré contigo en un dos por tres.

    —De acuerdo Lis.

    Darcy se fue a la cocina a servirse un vaso con agua, mientras que las hermanas Loud empezaron a cuchichear entre ellas tan pronto como entraron en el cuarto que antes compartía con Lily.

    —¿Qué opinas Lisa? ¿Crees que mienta?

    —Hermana, ya llevamos treinta y siete casos documentados, de personas en diferentes de diferentes partes del mundo y TODOS cuentan lo mismo; un día normal, entonces de la nada terminan transportados a otro lugar… un lugar extraño.

    —Sí, estaba contigo cuando esas personas aceptaron contarnos por video llamada sus “experiencias”, pero lo que no entiendo es tú interés en todo esto, escuchar en silencio las tragedias de los demás es lo que hago yo, o quizá Lincoln si se tratara de nuestras preocupaciones banales.

    Lisa le enseñó un viejo comic que había tomado de la nueva habitación de su hermano.

    —Hace años hubo una especie de héroe, no hablo de esas cosas ridículas que lee Lincoln de hombres que atrapan a payasos psicóticos usando simplemente cartas… no, este héroe era uno de verdad —Lucy tomó la historieta de mala gana, el titulo decía “SHABOOM”—. Un hombre normal hasta que un día, al salir del trabajo, se encontró en una fortaleza mágica entre las nubes. Este hombre fue bendecido con increíbles mejoras físicas pero después de salvar al mundo de una tercera guerra mundial simplemente desapareció.

    Lucy no quitaba su expresión de incredulidad, hasta que su hermana le pasó unos reportes policiacos “clasificados” y copias a mano de algunos símbolos que Lucy conocía muy bien.

    —Hermana mayor, estos son los reportes que involucran un “misterioso borrón rojo” que evitaba tragedias y salvaba a las víctimas de accidentes o catástrofes, todos ellos fueron desestimados por las autoridades al considerarlos inverosímiles, y estos otros son símbolos que salen repartidos por todo el comic, algunos se parecen a los que están gravados en el marco de tu puerta.

    —Reconozco las runas, algunas de ellas son de protección, otros son para ocultar… espera ¿Y porque tienes de pronto tanto interés por las cosas místicas? Eso es también lo que yo hago.

    —Pasé este último año buscando una forma de ayudar a mi familia, pero la ciencia no está tan avanzada como para ayudarme en mi objetivo, por eso te necesito. Leni necesita un milagro, y creo que la magia puede ser ese milagro.

    —Entiendo… al menos creo entender… quieres encontrar la forma en la que este “SHABOOM” obtuvo sus poderes, para curar a Leni… suspiro.

    -o-

    Lincoln estaba en el salón más grande que jamás hubiera imaginado. Era tan alto que el techo apenas se vislumbraba sobre su cabeza y tan amplio que sus ojos sólo alcanzaban a ver tres de las cuatro paredes, parecía que la habitación era infinitamente larga. No había ventanas. La tenue luz dorada que bañaba todos los objetos en todas las habitaciones de ese lugar provenía de incontables velas que estaban regadas por todos lados, Lincoln se fijó en la que tenía más cerca y descubrió que esta estaba pintada al igual que las otras, y aun así se movía como si ardiera con normalidad.

    Casi todo el ruido que había oído Lincoln al subir por las escaleras provenía de innumerables objetos y seres de todos los tamaños y formas. Algunos mapas de lugares desconocidos estaban exhibidos sobre grandes mesas, relojes de arena del tamaño de elefantes, soldaditos de plomo y bailarinas de papel, un guantelete dorado incrustado de pedrería brillante, todo eso y muchas cosas más estaban en estantes y vitrinas interminables. De las dos paredes que delimitaban la anchura de la habitación colgaban un sinfín de cuadros y pinturas, las imágenes que se conservaban intactas por el paso del tiempo se movían como si estuvieran vivas. La pared restante era menos impresionante, sólo había una escalera de caracol que subía hasta que se perdía en la oscuridad del techo, una antorcha de fuego vivo y un anciano delgado y frágil dormido en un trono de piedra… eran de él los ronquidos que Lincoln oyó al llegar.

    No le pareció raro que el anciano pudiera dormir tan bien rodeado de tanto ruido, eso no era lo más raro que le había ocurrido en el día, ya que no era un ruido desagradable, a su oído llegaba como un susurro constante, como el sonido del mar o el que provoca el viento al pasar por las ramas de un árbol.

    El agradable sonido tranquilizó a Lincoln, y al ver que nada pasaba empezó a curiosear por la extensa sala.

    Sostenía con su mano sana un pequeño terrario dentro de una botella de cristal, en el cual sólo podía ver a una pequeña oruga regordeta, estaba por regresarlo a la mesa de donde lo tomó cuando oyó un rugido. La botella resbaló de entre sus dedos y se hizo añicos contra el suelo. Antes que pudiera recoger los pedazos de vidrio oyó la voz que le había hablado en el autobús.

    —¡Tawny! ¿Qué haces aquí? ¡Debías recoger al próximo candidato!

    El anciano se había puesto de pie y discutía con el tigre. Llevaba una túnica blanca, con pequeños detalles rojos en las mangas y un rayo dorado bordado en el pecho, Lincoln había visto ese símbolo antes en uno de sus comics.

    El tigre le contestó algo que sólo el viejo pudo oír, sorprendido y con las mejillas rojas miró a su alrededor, encontrando al adolescente con la vista casi al instante.

    En cuestión de segundos el anciano se dirigía hacia Lincoln con mirada sería y una mano extendida. Mientras se acercaba, tanto el anciano como el traje iban cambiando casi imperceptiblemente. Cuando se paró delante de él, le estrechó la mano lastimada y Lincoln sintió, además de un gran dolor; una pequeña descarga eléctrica, ahora el sujeto parecía tener treinta años, ser instructor a tiempo completo en un gimnasio y usaba un traje ceñido y rojo.

    El apretón duró unos minutos, tiempo en el cuál Lincoln recordó, como si estuviera obligado a hacerlo, todas sus acciones con sus amigos y su familia. No se olvidó de nada. Al finalizar el hombre le sonrió al peliblanco.

    —Niño, has sido probado y has pasado las pruebas, puedo ver que tienes un enorme potencial para cumplir con la tarea que he de asignarte —Entonces hizo un gesto que Lincoln adivinó había practicado bastante frente a un espejo; sacó el pecho y flexionando ambos brazos hacía arriba como si fuera fisicoculturista habló con una voz más gruesa, que obviamente fingía.

    —¡Bienvenido! —exclamó alegre—. A nuestra fortaleza, la “Roca de la Eternidad”. Permíteme presentarme, yo soy el último de los campeones, mi nombre es “SHAZAM” pero tal vez tú reconozcas el nombre de “Capitán Maravilla.” —La quijada de Lincoln cayó hasta el suelo, ese era el nombre de un superhéroe casi olvidado de la era dorada de los comics.

    Las manos del musculoso empezaban a refulgir con descargas eléctricas. Su voz se hizo legítimamente muy profunda, tanto que parecía que quien hablaba en realidad era la tierra misma.

    —Lincoln Loud, yo te concedo los dones de los antiguos héroes de la humanidad, te concedo la sabiduría de Salomón, la fuerza de Hércules, la resistencia de Atlas, el poder de Zeus, el coraje de Aquiles y la velocidad de Mercurio. —Con gran esfuerzo, como si estuviera separando dos objetos muy pesados, el capitán abrió ambas manos haciendo la pantomima de recibir con una reverencia a alguien importante—. Debes decir nuestra palabra mágica, decirla con propósito y buena fe… Lincoln di mi nombre.

    Como si estuviera en trance, el niño cerró sus ojos, sentía las manos del adulto y de otras seis personas apoyarse en sus hombros, su mente quedó en blanco, un único pensamiento recorrió su mente: su hermana Leni en una cama de hospital.

    —…shazam…

    Una explosión de rayos y relámpagos golpearon a Lincoln, su mente se abrió a un sinfín de temas nuevos y que, hasta entonces le eran desconocidos, su cuerpo se llenó de energía a tal punto que creyó que iba a explotar.

    Cuando la nube de polvo se disipó enfrente de Lincoln volvía a estar el hechicero, viéndolo con una sonrisa, sólo que ahora era Lincoln quien debía inclinar la cabeza un poco para poder ver al anciano de frente.

    —¿Qué fue lo que pasó? Espere… ¿Me hice más alto? —se llevó una mano a la garganta al oír su voz mucho más grave—. No… me hice más viejo ¿tú me hiciste envejecer?

    —No, sólo te he transformado en tu mayor potencial… —La sonrisa en su rostro se hacía más grande conforme volvía a rejuvenecer—, se puede decir que te puse en tú mejor forma física posible.

    Lincoln empezó a flexionar sus músculos y a hacer poses ridículas, el hechicero, ahora con el aspecto de un niño apenas mayor que el mismo Lincoln, se rio de buena gana de las ocurrencias del peliblanco, quien parecía que disfrutaba teniendo un cuerpo de adulto.

    Un pensamiento llegó a la mente del nuevo campeón, si tenía ahora un cuerpo adulto quizá fuera posible que… con el corazón en la palma de la mano buscó desesperadamente un espejo, cuando lo encontró su sonrisa se desvaneció. Llevaba un trae parecido al del Capitán Maravilla, sólo que este era naranja, su cabello continuaba siendo blanco y las cuatro cicatrices seguían en su lugar, quizá un poco más tenues pero aún lo acompañaban.

    —Bueno, nuevo campeón, espero que esto no te asuste pero antes de que hagas nada debo llevarte a entrenar, sé por experiencia que lo necesitarás. Tranquilo, también estoy seguro que te gustará la experiencia.

    Tomándolo de la mano, el hechicero condujo a Lincoln a la sala inferior, esa donde se encontraban las siete grandes estatuas. El tigre los siguió al bajar las escaleras pero se quedó al pie de las mismas, negándose a acercarse nuevamente a los curiosos pilares.

    En medio de esa sala, ahora había un gran círculo gravado en la piedra del piso, Lincoln estaba seguro que antes no estaba ahí, el mago le hizo una seña indicándole al campeón que se colocara en el centro.

    —¡Por favor, da lo mejor de ti!

    Lincoln no esperó nuevas indicaciones, pues empezaron a aparecer diferentes seres que se veían amenazantes y que sin esperar lo atacaron, se sorprendió al descubrir que era capaz de hacer maniobras y bloqueos, que incluso a Lynn se le dificultarían, sin el menor esfuerzo. Lo realmente extraño era que entre más se esforzaba, todo el cansancio y sopor lo abandonaban. Cuanto más peleaba, más le gustaba la sensación, Creía que podría seguir así por siempre.

    El hechicero-niño lo miraba atento y satisfecho, después de todo le estaba haciendo un favor, que él hubiera agradecido enormemente cuando también era un iniciado.

    Finalmente, y después de lo que le parecieron días de lucha Lincoln quedó agotado, mientras perforaba con un rayo el pecho del último monstruo de piedra, miró de reojo a su anfitrión y se preguntó quién pudo haber sido en su propia vida mortal.

    —¿Por qué…? –preguntó recuperando el aliento—, ¿por qué me has invocado a este lugar?

    —Te he estado buscando, mi nuevo campeón, durante algunos años —respondió serio el hechicero, al tiempo que envejecía un poco—. El mundo necesitará muy pronto al campeón para salvarse, y después de milenios de aislamiento creo que quedé algo tocado de la cabeza. Verás, el tiempo en este lugar es diferente al del mundo humano, me da la sensación de que juega con la mente. Sé que no podré protegerlos una vez más.

    —¿De qué se supone que deba proteger al mundo?

    —De ellos —dijo el anciano señalando a las estatuas-pilares que soportaban el techo—, los siete enemigos del hombre, seres temibles y poderosos.

    —Pero esos tipos están hechos de piedra, encerrados en lo que tú mismo dijiste que es una “fortaleza” —el mago, envejeciendo aún más, negó con la cabeza.

    —No, su verdadera esencia o lo que tu llamarías su conciencia está encerrada en esas estatuas, pero su influencia sigue presente entre los hombres. Cada pecado mortal les da poder. Sólo esperan una oportunidad para volver a asolar al mundo.

    —¿Entonces el poder que me heredaste los retiene aquí?

    —Tampoco, simplemente te temen —Explicó el hechicero—, porque les has hecho lo peor que se les puede hacer.

    —Yo no les he hecho nada.

    –No tú como individuo, el campeón ha logrado incontables veces purgarlos del mundo mortal —un poco de alegría volvió a su voz junto con un poco de juventud a su cuerpo—, supongo que después de tantas palizas aprendieron la lección.

    Lincoln y el hechicero continuaron el entrenamiento de una forma más teórica, juntos se pusieron a leer todos los libros de secretos y hechizos que pudieron. El peliblanco aprendió a utilizar el rayo y otros de sus poderes a la perfección, el tiempo que pasaron juntos resultó muy agradable. Luego de lo que parecieron ser días o quizá semanas llenas de risa y camaradería, el mago se puso de pie y le pidió a Lincoln que lo acompañara una última vez al trono de piedra.

    —Ahora tú eres el campeón, la magnitud de tus poderes y magia dependerá únicamente de tú fe y buena voluntad. Recuerda que eres el protector de la fuente de toda la magia, lo único que se interpone entre el mundo mortal y los horrores del caos.

    El tigre se transformó en un gatito y ronroneando se trepó al hombro del hechicero. «Al entrenarte te ha dado una oportunidad que no había recibido nadie antes de ti, aprovéchala muy bien» la voz del tigre Tawny también parecía haber rejuvenecido. «Todo lo que necesites está aquí, en la Roca de la Eternidad.»

    —Y una cosa más Lincoln, un consejo entre niños con pésimas relaciones sociales —dijo el mago guiñándole un ojo—, deja de actuar como un patán y discúlpate con Clyde.

    La mención de ese nombre le dolió, más ahora que nunca antes pues el tiempo que compartió con Billy Batson le recordó a las experiencias que compartía con su mejor amigo. Mientras el niño y su gato se sentaban en el trono de piedra, Lincoln comprendió que no los volvería a ver.

    —¿No van a darme una palabra de despedida? —El gato tomó la palabra y con una voz muy correcta y sería dijo:

    «De hecho si, aunque sólo una ¡SHAZAM!»

    Después de la explosión, el trono quedó vacío y la antorcha a su lado apagada.
     
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    —Muy bien… ¡ESO FUE EPICO! —Exclamó maravillado Lincoln ante la maniobra escapista. Gracias a la inteligencia aumentada del cuerpo del campeón, él sabía que el trono estaba conectado con uno de los muchos reinos espirituales que existían, así que lo que acababa de ver se trataba realmente del suicidio con más estilo en la historia de los suicidios.

    Ahora que sabía cómo utilizar los poderes del campeón y tenía el resto de la tarde libre, se formaron en su mente dos prioridades: la primera era presumir sus habilidades a algún amigo y la segunda era buscar un nuevo nombre que no le perteneciera a ninguna casa editorial… uno apto para el mejor superhéroe de la historia y que no le acarreara ninguna demanda por violar derechos de autor.

    El problema estaba en que su mejor amigo ahora lo odiaba y no tenía una relación tan buena con los demás como para confiarles un secreto tan serio como este. Un solo nombre se dibujó en su mente, tenía la certeza que una visita a Ronnie Anne serviría para cumplir ambas prioridades, además aprovecharía la ocasión para impresionar a su “amiga especial”.

    Siguió las instrucciones que le había dejado el hechicero:

    «Lincoln, siempre podrás viajar desde cualquier lugar a la Roca de la Eternidad cuando quieras, sólo recuerda que primero debes estar bajo suelo. El atajo también funciona para viajar de la Roca al lugar que desees… pero siempre llegarás al lugar bajo tierra más próximo.»

    Así que se concentró en su amiga, en su casa, en su familia… en su rostro. Cerró los ojos y gritó “¡SHAZAM!” cuando los abrió era un niño otra vez. Estaba dentro de un vagón de metro a una estación de llegar al edificio de Ronnie Anne. Para su sorpresa estaba solo en el vagón. Miró su reloj de muñeca, ¡sólo habían pasado diez minutos desde su escape del centro comercial!

    ¿Cómo sería la mejor forma para mostrarle sus poderes a Ronnie? ¿Podía llegar transformado y tocar a su ventana para invitarla a volar por la ciudad? no, esa idea era demasiado cliché además que seguramente la pondría incomoda si llegaba muy de repente y sin avisar a su casa. También estaba la opción de presentarse en el departamento de su amiga como él mismo, relajar el ambiente un poco y cuando estuvieran en confianza convertirse delante de sus ojos, ¡sí! seguro que ella tendría un montón de ideas buenas y originales para un nombre de superhéroe nuevo. Estaba decidido entonces.

    Preparó en su mente una frase halagadora para saludarla cuando la viera abriéndole la puerta, Ronnie siempre decía que esos detalles no le gustaban pero Lincoln estaba muy al pendiente de esos pequeños rubores que trataba de ocultar cada vez que le hacía un cumplido, recordaba que la señora Rosa llamaba a eso chivear.

    Con un poco de trabajo logró bajar en la atestada estación de metro que lo dejaba a unas pocas cuadras de la casa de su nov… amiga. Frente a un anuncio que funcionaba como espejo trató de peinar su mechón rebelde. Y justo al salir por las escaleras le compró a un vendedor ambulante un paquete completo de chicles.

    Caminaba confiado por la banqueta, mascando dos barras de chicle sabor menta y repitiendo en su mente su saludo “Hola Ronnie, andaba cerca y quise verte…” cuando a su nariz llegó el olor a plástico quemado y humo, con cada paso que daba la peste a fuego se acentuaba más. Su corazón subió a la garganta cuando pudo ver sobre los edificios una columna inmensa de humo negro, corriendo el último tramo del camino se topó con el edificio donde vivía su amiga envuelto en llamas. Con la boca abierta sintió como su cabello recuperaba su distribución original, casi como si de un resorte se tratase.

    —¡Alguien pida ayuda! —gritó desesperado en coro con otras personas mientras ayudaba a los comerciantes de la planta baja a escapar de sus locales, estaba tan asustado que casi se olvidó que él era la ayuda que tanto se necesitaba.

    Retrocediendo algunos pasos, se escondió en un callejón cercano, y gritó su palabra. Un gran relámpago lo golpeo justo en el pecho, el niño volvió a sentirse lleno de poder, era tanto que se sentía reventar.

    Corriendo en su nueva forma volvió en un santiamén al lugar en llamas, si alguien reparó en su apariencia no se detuvo mucho tiempo para hacerle preguntas. Su primer impulso fue entrar por alguna puerta o ventana y ayudar a los pocos residentes a salir uno a uno, justo como en las películas. Por suerte la inteligencia de Salomón actuó antes que el instinto.

    Con sus manos desnudas partió en dos al manojo de cables que proporcionaban energía eléctrica a la construcción.

    Después, siendo esta la primera vez que volaba, se elevó hasta llegar a la azotea, golpeando con sus manos y pies hizo algunos hoyos repartidos por todo el techo, después de quitarse algunos escombros que se atoraron en sus piernas y antebrazos cargó sobre sus hombros el gran tinaco que surtía de agua al edificio entero y derramó con cuidado su contenido, tratando de combatir las llamas desde arriba.

    Las maniobras improvisadas funcionaron muy bien; gran parte de las llamas se habían apagado o reducido, ahora sí podía dedicarse a sacar a los inquilinos que habían quedado atrapados.

    Sólo encontró a seis personas todavía dentro: cuatro sujetos con smokings negros y lentes de sol que Lincoln no había visto antes, el primo con síndrome de Ronnie Anne y la madre de su amiga. Con lágrimas en los ojos la dejó directamente en una de las ambulancias que acababan de llegar, puesto que la señora Santiago se veía muy mal, cuando Lincoln la encontró estaba inconsciente y parte de su cuerpo estaba en llamas. Su sobrino apenas y había sido tocado por el fuego, el niño se había encerrado en el baño con todas las llaves de agua abiertas.

    Estaba buscando con la vista a su amiga entre los cientos de rostros que se habían reunido en la calle para ver o llorar la tragedia, hacerlo era difícil con tantas personas moviéndose continuamente. Al final logró reconocer algunos rostros, algunos de los cuales eran los tíos y la prima pero no había señales de la niña que le importaba más.

    Se hubiera quedado a buscarla de no ser por una pregunta que le había lanzado CJ y habían retomado las demás personas, quienes la repetían cada vez en voz más alta y rodeándolo en un estrecho círculo humano “¿Quién eres?”

    Repetían cada vez con más insistencia la misma pregunta, hasta que Lincoln se vio obligado a responder, a lo lejos alcanzó a ver un espectacular de proteína y suplementos deportivos.

    —Díganme… “Thunder”.

    -o-

    Al final tuvo que huir volando de la escena antes de poder encontrar a Ronnie, puesto que los bomberos y la policía le dieron más importancia a interrogarlo y arrestarlo a él en lugar de terminar de apagar el incendio o ayudar a los heridos.

    Sin dudas la tarde no la había imaginado así, en la mañana sólo planeaba quitarle algo de dinero a un sujeto… quizá a dos, comprarle un regalo a su hermanita bebé y ya. Ni en sus más locos planes figuraba nada de obtener superpoderes y salvar a todo un edificio el mismo día.

    El cielo ya empezaba a oscurecerse cuando Lincoln llegó a la avenida Franklin, estaba cansado tanto física como mentalmente. Quizá se recostaría un rato antes de preparar una cena para ocho hermanas.

    Escondiéndose entre dos contenedores grandes de basura, dijo la palabra del hechicero y regresó a ser el mismo.

    Mientras desabrochaba su abrigo tocó a la puerta con una tonadita que su abuelo le había enseñado, un minuto después Lucy le abrió la puerta únicamente para cerrársela inmediatamente en la cara. Molesto por la grosería de su hermana menor volvió a tocar, esta vez sin tonada.

    Nadie le abrió.

    Casi al borde de una rabieta, Lincoln se disponía a tirar la puerta abajo a toquidos de ser necesario cuando su hermana Luan se asomó por el borde. El peliblanco casi le golpeaba la frente por accidente.

    —Hola Link, pasa —con una sonrisa abrió completamente la puerta mientras se giraba para regañar a la gótica—. Lucy, no había ningún hombre temeroso en la puerta, sólo nuestro hermano.

    —Lo siento hermano, me pareció ver a otra persona… por favor discúlpame —se despidió Lucy soltando otros de sus suspiros emblemáticos.

    Con un suspiro literal y agradecido, Lincoln cruzó el pórtico y entró al cálido hogar. Por fin, un poco de paz, podría disfrutarla al menos por unos minutos hasta que sus hermanas le dijeran que tenían hambre. Dejó la gorra y las botas de nieve a un lado de la puerta, colgó el abrigo en su espacio asignado del perchero y cuando ponía un pie descalzo en el primer escalón, su hermana bromista lo detuvo.

    —Lincoln, ven a la cocina un momento, Luna y yo queremos hablar contigo.

    —Lu, estoy un poco cansado ¿podemos hablar después? —El peliblanco ya imaginaba que era otra plática sobre recortes y privaciones monetarias, estaba muy cansado de esas charlas.

    —¡VEN A LA COCINA, AHORA! —El grito de Luna cortó la respuesta de Luan, el problema debería ser más grave si la siempre permisiva y relajada Luna le estaba gritando así.

    Sin perder más tiempo, ambos hermanos se dirigieron a la cocina. Antes de que Lincoln cruzara el comedor, se dio cuenta que ellos tres eran los únicos en el primer piso de la casa.

    Nervioso, Lincoln se acercó a la pequeña mesa circular que estaba en la cocina y se sentó junto a Luan, la hermana mayor de ambos estaba de pie con ambas manos apoyadas en el fregadero.

    —Lincoln, ¿qué hiciste el día de hoy? —Preguntó la rockera aparentemente al aire.

    —¿Hoy? Pues fui un rato al árcade —Lincoln se puso un poco más nervioso al tratar de recordar la excusa que les había contado a sus hermanas mayores para salir esta vez—, ya les había dicho que saldría con Clyde a ver…

    —Sé que no te hablas con Clyde desde hace bastante —Su hermana seguía sin mirarlo—. Me lo dijo Howard hace unos meses, no le habíamos puesto mucha importancia al comentario.

    —Es cierto —Secundó Luan—, entonces pensamos “¿Qué más da? Ha de ser por una nueva amiga que Linc no quiere presentarnos aún”.

    —A bueno… verán… este… —las hermanas lo habían tomado por sorpresa, y su mente estaba fallando a encontrar un pretexto.

    —Hoy te vi en el centro comercial… —Por primera vez Luna volteó a verlo—. Y sé que era lo que estabas haciendo, o al menos lo que trataste de hacer.

    Los ojos de la castaña estaban irritados y llorosos, parecía que lloraría en cualquier momento. Asustado, Lincoln volteó a su lado para ver a su otra hermana, y aunque Luan no había hecho ruido alguno, dos lágrimas ya se escurrían por sus mejillas, provocando que el corazón de Lincoln se estrujara al verla así.

    —Escucha niño, no sé qué es lo que estabas pensando en ese momento, o tal vez no estabas pensando, no lo sé y ya no interesa —Luna estaba luchando para no quebrarse—, pero como la autoridad en la casa te prohíbo que vuelvas a intentarlo, no nos ayudas en nada al buscarte problemas robándole a la gente.

    Luan no habló, pero para mostrar que apoyaba esa decisión asintió varias veces en silencio.

    —No quería buscarme problemas, eso que viste en el centro comercial es algo que hago muy de vez en cuando… pero tienen razón, ya no volveré a hacer esas estupideces.

    Y lo decía en serio, ya no volvería a robar. Ahora tenía una forma más segura para obtener dinero; como superhéroe pediría algunos billetes después de ayudar en alguna emergencia o simplemente vendería fotos de sí mismo una vez que consiguiera cierto nivel de reconocimiento y admiración popular.

    Luan, quien había estado todo el rato con las manos cruzadas sobre el pecho soltó un suspiro de alivio y aflojó las manos al oír las palabras de su hermano. La expresión de Luna se relajó levemente antes de permitirse un momento de debilidad e ir a abrazar a su hermanito. Después de todo, el chico sólo hizo esas estupideces porque trataba de ayudar.

    Un olor ácido y penetrante llegó a su nariz tan pronto como envolvió los hombros de Lincoln entre sus brazos. Otra vez nerviosa, Luna sujetó con ambas manos la cabeza de su hermano para oler su cabello.

    —Apestas a humo… chico ¿cuántos cigarrillos te fumaste?

    —¡¿Que yo qué?! —La mano de Lincoln apretó inconscientemente la cajetilla de tabaco que descansaba oculta en el bolsillo del pantalón—. No Luna, yo no hago eso, soy muy joven para fumar.

    —Oye tampoco te sobre extiendas en tu papel de hermana responsable —Bromeó Luan—, recuerda que compartimos cuarto y ya perdí la cuenta de las veces que cubrí tu espalda cada vez que haces cosas mucho peores que fumar.

    —No es eso, Luan ven a oler, Lincoln apesta y bastante.

    Luna no había soltado la cabeza de su hermano, la presión de los dedos sobre el cuero cabelludo del chico empezaba a dolerle, con algunos golpecitos en el dorso de la mano; pidió que dejara de apretarlo. Luna no lo soltó hasta que vio sus yemas volverse blancas por la fuerza con la que sujetaba a Lincoln, a modo de disculpa intentó acomodar con sus manos el cabello de su hermano.

    Luan no necesitó acercarse tanto para percibir el olor a humo.

    —Iugh… no es a cigarrillo a lo que tú hueles, tú apestas como a chimenea Lincoln —Luan soltó una risa nerviosa antes de ver a los ojos a su hermano menor, la cara del muchacho se notaba levemente más pálida en los lugares libres de cicatrices—. Quizá… quizá algún vago haya encendido un fuego en la calle y Lincoln sólo pasó cerca ¿verdad que sí?

    El albino aprovechó la creciente duda de Luan para salvarse del regaño. Logrando que Luna lo soltará finalmente, comenzó a caminar de regreso hacia el comedor y hacia las escaleras.

    —La abuela de Liam me pidió ayuda para limpiar su chimenea… como soy delgado no fue muy difícil —dijo Lincoln mientras se tronaba el cuello tratando de regresarle la circulación a su cabeza—. Yo… creo que tomaré un baño.

    —Vale, pero que sea uno rápido, nos morimos de hambre bro.

    Mientras subía las escaleras, Lincoln escuchó a Lucy discutiendo con Lisa. Últimamente era muy común ver a esas dos pasando tiempo juntas; se habían vuelto muy unidas, casi tanto como las gemelas después de que Lori se fuera a la universidad.

    Al llegar al segundo piso pudo, por primera vez en años, ver a Lucy escabulléndose detrás de la puerta medio cerrada de la habitación de Lisa, la esquina obscura que se formaba entre la pared y la puerta era el escondite ideal para asustarlo. La niña pelinegra se agazapó, aguantó la respiración y como si fuera un gran felino saltó desde su escondite para asustar a su hermano mayor.

    A pesar que ya la había visto, Lincoln no pudo ahogar el grito, puesto que por un momento le pareció ver a su hermanita envuelta en un humo gris e intenso, con la piel completamente negra, cómo si la que acabara de salir de un incendio fuera ella.

    —Clásico —comentó Lisa asomando solamente su cara por el marco de su puerta con una sonrisa antes de que con cierta vergüenza, alzara una mano, para que Darcy, quien estaba detrás de ella se la chocara. Poco después Lucy se les unió en el festejo de la broma.

    Lincoln parpadeo varias veces para tratar de alejar esa extraña visión. Un olor a azufre golpeo su nariz, según le había dicho el hechicero esa era una señal inequívoca de magia residual.

    — ¡Lucy! — Lincoln utilizó toda su fuerza de voluntad para no regañarla delante de la visita por casi provocarle un ataque cardiaco— ¡Harás que me empiecen a salir canas!

    Las hermanas y la niña morena rieron de buena gana del comentario de Lincoln, mientras que en la mente del albino sonaba la voz de Luan «Siempre debes dejar a tu publico riendo.»

    -o-

    Con un poco de culpa Lincoln salió del cuarto de baño, se había tardado un poco más de lo usual pero realmente necesitaba una ducha. El agua caliente golpeando su espalda le dio un sentimiento de seguridad y paz, trataría quedarse con él el resto del día.

    —¡LINCOLN! —El grito de la diva local explotó su burbuja de armonía, al igual que sus tímpanos. Por la sorpresa casi suelta su toalla.

    Un poco irritado por el tono agudo que su hermana se empeñaba en seguir utilizando al hablar, se dio media vuelta para encarar a la rubia.

    Lo que descubrió ciertamente era una sorpresa ya que además de ver como siempre a la amenaza rosa de brazos cruzados y ceño fruncido, también estaba ahí Lily para al lado de su hermana mayor. Ambas niñas rubias compartían expresión y pose molesta.

    —Fueron veinte minutos dentro del baño Lincoln, eso rompe nuestro acuerdo con respecto a las duchas ¿No es así Lily?

    Lily al sentirse parte de los juegos de su hermana mayor dejó escapar una sonrisa feliz antes de asentir efusivamente, nuevamente con el gesto fruncido.

    —Así que si queremos evitar el castigo por infringir las normas estipuladas en la última reunión de hermanos, recomiendo que le ayudes a una cierta encantadora niña rubia a acabar su tarea de biología o si no…

    Lincoln ya tenía preparadas algunas trampas para cuando su hermana se pusiera insoportable, aunque no tenía nada planeado para ganarse el silencio de Lily. Tendría que improvisar con ella.

    —Estoy de acuerdo Lola, sería muy desafortunado que le llegaran a la señora Teodora los dibujos que “cierta encantadora niña rubia” hizo burlándose de ella —La sonrisa de Lola se retorció un poco.

    —Tú no tienes pruebas… no existen esos dibujos.

    —¿Quieres ver las fotos? Guardo algunas en mi celular, aunque tendrás que esperar un poco para ver las que realmente enfurecerán a tu maestra porque esas están respaldadas en la nube —Lola pareció encogerse ante la idea. No arriesgaría su reputación, al fin de cuentas acababa de entrar al cuarto grado, apenas llevaba cuatro meses en el grupo y no quería ponerse a la maestra en contra los próximos ocho.

    —Yo… no vi nada, Lincoln…

    —Fue bueno que nos entendiéramos mujer, y tranquila me aseguraré que Lana le ayude a esa encantadora niña rubia con su tarea de biología —Le dio un pequeño golpe en el hombro—, ¿qué clase de hermano sería sí no me preocupara por mis hermanas?

    Lola le dedico una sonrisa tímida mientras se dirigía nuevamente a su habitación. Bueno ese era un problema menos, ahora tendría que asegurar el silencio de Lily.

    —Y tú pequeño escarabajito ¿en serio acusarías a tu hermano mayor favorito? —Lincoln juntó sus manos e hizo ojos de cachorro regañado, Lily no cambio su expresión.

    —¡Si, te tardaste mucho en el baño! —Cruzando sus bracitos regordetes enfrente de su cuerpecito, Lily le dio la espalda a su hermano mayor. Estaba molesta por el pequeño cuchicheo que compartieron sus hermanos mayores excluyéndola.

    —Pequeña no seas así conmigo, tal vez un regalito te convenza… —Lincoln se encontró con la espalda de su hermanita. Lily le estaba aplicando el hombro frio muy bien—, por favor nena…

    Lincoln comenzó a sentir su garganta cerrarse. Le dolía más la actitud indiferente que estaba tomado su hermanita con él que la posibilidad de que lo delatara, se sentía a punto de llorar por perder el amor de su bebé.

    —… Tal vez no diga nada si ayudo a mi papá a preparar la cena…

    —¡Oh por supuesto, lo que sea para mi solecito! Primero déjame cambiarme y comenzaremos enseguida —Lincoln recuperó la sonrisa y un poco de su tranquilidad al descubrir que los ojitos azules de su hermanita volvían a mirarlo—. Dime ¿Qué quieres para cenar?

    —Tus macarrones son muy ricos —Con su manita, Lily limpio una lagrima de la mejilla de su hermano mayor favorito— y también son baratos.

    -o-

    —Muy bien Lily, aquí tenemos ya el agua hirviendo para nuestro platillo especial —La nenita le pasó dos cajas de pasta que había sacado de la alacena—, que será… ¿coditos? Lily me pediste…

    —Papi, ya utilizamos la última caja de macarrón —Lily mordisqueaba golosamente una galleta, realmente no ayudaba mucho en la cocina, pero le fascinaba oír la forma en la que su “papi” hablaba sólo cuando se concentraba en algo.

    —Bueno… supongo que puedo aún puedo improvisarte algo rico —le tomó apenas unos segundos el adaptar la receta de su padre en su mente—. De todas formas a veces cocino de más.

    Las hermanas, y Darcy que había pedido permiso para quedarse a dormir, se habían reunido en la planta baja para ver al chico cocinar. Lincoln realmente sabía retener la atención al hablar, casi como si estuviera dentro de un show popular.

    —Le ponemos un toquecito de sal a la pasta y la dejamos hervir sólo por cinco minutos —aunque no era consiente de tener publico seguía hablando en voz alta, siempre hablaba solo—, después le quitamos toda el agua, debes tener cuidado, esto está muy caliente ¿sí?

    —Sí, tendré cuidado papi –Lily, al igual que todas las chicas escondidas en el comedor; estaba al borde de su asiento, salivando con anticipación.

    —Preparamos otra olla con un poco de mantequilla… bueno somos bastantes así que utilizaré una BUENA cantidad —exclamó Lincoln vaciando todo el paquete de 500 gramos en la cacerola grande—, yo recomiendo utilizar de la que no tiene sal, a Lisa no le gusta que comamos cosas muy saladas.

    El vapor y un agradable aroma llenó tanto la cocina como el comedor, Lincoln realmente se estaba dando vuelo.

    —A Luna le fascina la salsa inglesa así que ahí va un chorrito —Lincoln vació casi media botella en la olla mientras la mantequilla seguía derritiéndose a fuego lento—, y le agregamos… ¿Qué haces Lily? Bueno… supongo que bastará sólo una taza de Leche.

    Lily había querido acompañar su galleta con un poco de leche, y aunque apenas le había estado dando traguitos ya había vaciado casi medio envase.

    —¿Qué es lo que estás haciendo ahora?

    —¿Esto? Es un truco que le aprendí a papá, esta cucharada de harina ayudan a espesar nuestra base y la hacen más manejable, aunque ahora debo revolver todo muy bien para evitar grumos —agarrando la cacerola con una mano envuelta en un trapo y con la otra agarrando firmemente una pala de cocina, se puso a batir por casi diez minutos.

    Un poco cansado y casi sin aliento cargó a Lily para que viera la mezcla resultante.

    —Iugh, Linky parece engrudo —Lincoln sonrió y bajó a la niña.

    —Y por último, vaciamos nuestros “macarrones” junto con el queso en la misma olla —Lincoln soltó un suspiro, que hizo sentir mal a todas las hermanas—, lo siento Lily, el queso debería ser cheddar, pero no hay así que intentaré con queso rallado, a fin de cuentas es una combinación de diferentes quesos ¿me perdonas?

    La niña tuvo que abrazar a su hermano para regresar su mente a la cocina. Ambos dejaron caer algunas lágrimas, Lincoln por sentirse tan limitado y Lily por verlo tan afectado.

    —Y ya, sólo debes sazonar a gusto…

    —Si… recuerda que a Luan y a Lynn les gusta bastante la pimienta.

    -o-

    La cena había sido deliciosa, las diez personas reunidas en la mesa se olvidaron momentáneamente de los problemas monetarios por los que pasaban así como de la silla vacía que no debería estarlo.

    Una por una, cada hermana se fue retirando de la mesa para dirigirse a su cuarto y prepararse a dormir; al final fue Lynn la que tuvo que quedarse al último para lavar los trastes tras perder en piedra-papel-tijeras contra Luan.

    Lincoln ya había arropado a Lily, asegurado que Lisa, Lana y Darcy se cepillaran debidamente los dientes, que Lola no se acostara con sus aretes puestos y que Luna y Lucy se desmaquillaran adecuadamente.

    Cuando regresó finalmente a la habitación que compartía con Lily, el peliblanco descubrió que la pequeña ya estaba dormida. Por primera vez desde que salió del baño se permitió expresar todo su cansancio, el cuerpo le dolía y sentía las articulaciones rígidas.

    Harto de las limitaciones que vivían, se acostó en la cama sin meterse en las cobijas.

    Escuchó a sus hermanas restantes subir por las escaleras.

    —Estoy segura que haces trampa cada vez que jugamos.

    Una risa enérgica fue la respuesta a la ya no tan enérgica deportista.

    —Lynncienta, es imposible hacer trampa en piedra-papel-tijeras. Lo que sucede es que yo soy buena en el juego.

    El silencio característico de la noche volvió a imponerse a los pocos minutos en el hogar Loud.
     
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    Sylar Diaz

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    Say it LOUD!
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    Fantasía
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    Aquella noche, Lincoln tuvo dificultades para conciliar el sueño. Era cierto lo que todos le decían: se preocupaba bastante. Quizá fuera muy joven para tener una úlcera, pero lo cierto es que ya sentía cierto escozor en el estómago al pensar en el peso abrumador de una responsabilidad que debería ser ajena a él y sin embargo insistía en llevar sobre su espalda. Realmente sufría por ser tan perceptivo.

    Una vez Lori le había contado que él siempre había sido así, incluso le mostró una foto de cuando él tenía sólo seis años: desde entonces su mirada tenía un ligero toque de ansiedad. Sus ojos azul obscuro siempre estaban inquietos buscando al rededor algo en que ayudar. Su expresión permanentemente preocupada la causaba gracia a Luan y a su papá, pero ninguno de los dos se había percatado que aquella mirada se había intensificado con el tiempo.

    Durante el último año, Lincoln resintió todo el peso del accidente. Tardó en convencerse a sí mismo que no era culpable de nada de lo que había sucedido. Sin embargo no era muy difícil el sentir rabia ante la situación. Los cambios de humor de Lynn, los ecos de las pisadas que lo despertaban a media noche cada vez que sus padres regresaban del trabajo, las extrañas botellas que se acumulaban en la habitación de las hermanas mayores… todas esas cosas no tardaron en sobrepasar su límite. Al final, Lincoln terminó siendo un insomne a la edad de catorce años.

    Algunas noches mataba el tiempo con su teléfono y el wi-fi de su vecino, el señor Grouse. Otras noches, abría la ventana y fumaba, tratando que el humo no entrara en la habitación y molestara a Lily; mientras contemplaba todo lo que la noche tuviera que ofrecer… justo como hacía ahora.

    Él, quien representaba la esperanza en su casa esperaba siempre ansioso la noche. En ese momento mágico del día revelaba a los sonidos nocturnos sus metas y sueños a los que estaba renunciando por el bienestar de su familia, no eran cosas graves y mucho menos secretas, sólo eran pensamientos privados y egoístas que prefería esconder de las chicas.

    Claro que ahora las cosas eran diferentes. Hasta hace unas horas el mundo estaba desprovisto de monstruos y héroes, ahora Lincoln podía ayudar realmente no sólo a su familia sino al mundo entero, podría deshacerse de las burlas en la escuela, no más “cara cortada” no más “frente en remodelación”

    Está demás decir que no le gustaba la escuela, siempre tenía que estar en guardia contra los posibles problemas, siempre buscando las palabras adecuadas para embaucar a los profesores o para distraer a los abusivos. Claro que el problema con los últimos se agravaba día con día ya que Lincoln nunca respondía a las provocaciones de los bravucones por una promesa que le había obligado a hacer Lori el mismo día de su cumpleaños: “no buscarse problemas”.

    Lincoln se sentía bien cuando estaba con sus hermanas, la extraña combinación que hacían entre ruido y silencio le permitía pensar. En cambio Lori era demasiado perfecta, observadora y manipuladora, sus exigencias, aunque bien intencionadas; eran ridículas e imposibles de cumplir.

    En esos momentos de privacidad y meditación que sólo conseguía al caer la noche, Lincoln pensaba en el futuro. Era seguro que nunca volverían a ser como la familia que fueron en el pasado. Estaba claro que eso no era posible. Pero aún quedaba una pregunta inquietante ¿Cuánto podían empeorar las cosas?

    Y la respuesta, inevitablemente lógica, era: “pueden empeorar y mucho”.

    Tenía la esperanza que al menos ahora, gracias a los poderes de Thunder, él podría tomar las riendas de la familia y por lo menos asegurar un buen futuro para sus hermanitas y una jornada laboral más llevadera para sus hermanas mayores y sus padres.

    El tercer cigarrillo de la noche se consumió hasta la colilla, Lincoln se sacudió las cenizas de la ropa. El amanecer aún no estaba cerca de llegar pero Lincoln ya se sentía cansado. La sensación le gustaba, se sentía arrullado y no necesitaba esforzarse para dormirse.

    Ya se estaba quitando la ropa para acostarse al fin cuando por el rabillo del ojo vio algo, al principio lo confundió con un poste… un poste mucho más enano que los demás y que antes no estaba ahí. Curioso, se asomó una última vez por la ventana y vio a una chica de espaldas a la casa, descalza sobre la banqueta. Sólo usaba un ligero vestido verde aguamarina en aquella noche tan fría.

    Tenía una palidez lechosa, su piel blanca reflejaba el brillo de la noche. Era evidente que había tenido una figura envidiable para cualquier mujer, pero la mala postura dificultaba bastante el poder definir su talla con exactitud.

    El pelo de un color dorado intenso ondeaba ligeramente con el aire helado, pero la mujer no parecía sentir las bajas temperaturas. Estaba completamente tranquila, así que la opción de ser la víctima de una violación quedaba descartada, aunque también pudiera tratarse de una drogadicta que estaba perdida.

    La pálida mujer permaneció estática varios minutos frente a la casa, dándole la espalda a Lincoln, el chico pensó en llamar a la policía, pero eso alertaría a sus hermanas, y quería ocultarles que él tenía insomnio, no las preocuparía con un problema sin sentido.

    Por fin la muchacha se movió, sus brazos estaban relajados a sus costados y por su pecho caído y quieto, Lincoln supo que no respiraba.

    Siguiendo el movimiento del viento se dio la vuelta, y por un momento breve sus miradas chocaron. Lincoln ahogó un grito y se apartó de la ventana, asustado por la aparición.

    Conocía ese atractivo rostro. Pero ¿acaso era posible?

    No podía tener miedo, acababa de obtener poderes que dejaban en ridículo las historias ficticias que tanto le gustaba leer. Temblando, Lincoln volvió a acercarse a la ventana, ahora la avenida Franklin estaba vacía; su hermana mayor había desaparecido.

    La ausencia de la rubia lo asustó en lugar de tranquilizarlo, Leni realmente había estado frente a la casa. Ahora el cadáver podría estar en cualquier lado. Podía estar entrando en la casa en ese momento, Leni sabía que la ventana de la cocina no tenía seguro. Subiría lentamente las escaleras con ese caminar suave y rítmico que la caracterizaba apenas y haciendo ruido.

    Lincoln necesitaba adelantársele y enfrentarla antes que esa aparición llegara a la segunda planta y atacara a alguna de sus hermanas. ¡Sí, Lincoln cruzaría el pasillo con el viejo bate de baseball que Lynn le había regalado en su cumpleaños pasado y luego…! ¿y luego qué? Temía escuchar la voz de su preciada hermana, enfrentar esa carcaza muerta.

    A lo mejor y sólo creyó haberla visto debido a la falta de sueño, ya estaba acostumbrado a desvelarse pero a lo mejor y estaba finalmente excediéndose con la privación del sueño; ¿y si su hermana de pie en la banqueta era una alucinación suya y salía al pasillo a enfrentarse a un monstruo imaginario? igual alertaría a sus hermanas de su sonambulismo.

    ¡No! Realmente había visto a Leni parada frente a la casa.

    Su mente armó rápidamente un plan; tomó el viejo y torcido bate de baseball del interior del armario, se sentó en la vieja cama de Leni teniendo mucho cuidado de no aplastar los pies de su hermanita Lily y esperó viendo fijamente a la puerta, si no oía nada en los próximos minutos se acostaría a dormir y dejaría de ver películas de terror con Lucy.

    -o-

    Lincoln se despertó al resbalársele el bate de la mano, adormilado revisó su reloj de muñeca: eran las 6:20 am, sus padres acababan de salir a iniciar su jornada laboral y él tendría que iniciar la suya en otros diez minutos, aprovechando que le había ganado al despertador decidió pararse de una vez.

    Ya estaba vestido y se había bañado antes de dormirse, por lo que sólo le quedaba preparar el desayuno para sus ocho hermanas y la amiga de Lisa, tendrían que conformarse con un par de huevos por persona y quizá un poco de pan tostado.

    El extraño sueño de Leni asechando en el patio delantero volvió a su mente al acomodar el bate en su lugar. ¿La había visto realmente? Eso era imposible… como lo eran el obtener unas habilidades increíbles de un anciano con el poder de rejuvenecer.

    Procurando que sus pisadas no hicieran ningún ruido, Lincoln salió de la habitación y avanzó por el pasillo. Ya estaba a la mitad de las escaleras cuando la fantasmal imagen que se empeñaba en olvidar volvió a aparecer frente a su campo de visión; su hermana mayor estaba sentada en el sillón de la sala, viendo fijamente la televisión apagada. Con la frente sudorosa Lincoln trató de regresar a la segunda planta. No se arriesgaría a darle la espalda a esa cosa con apariencia de Leni, con cuidado intentó caminar de espaldas pero tan pronto se movió hacia atrás el escalón crujió, alertando inmediatamente al ser pálido en el sillón.

    La cosa se giró para poder mirar hacia la escalera. Hasta ese momento Lincoln no la había visto directamente de enfrente, en la habitación sólo le había alcanzado a ver la espalda y por un brevísimo momento parte del rostro, pero esta vez no había aire que moviera su largo cabello y ahora estaban más cerca el uno del otro. Lincoln pudo ver claramente la cara inexpresiva, la ceja izquierda estaba atravesada por una enorme herida abierta que no sangraba.

    Sus ojos completamente grises y secos estaban enmarcados por un par de ojeras tan marcadas que parecían círculos negros. Lo peor era la expresión del rostro, la cara siempre dulce y relajada que caracterizaba a Leni se había endurecido a tal punto de parecer una máscara tallada en un seño de apatía constante.

    Aquellos ojos muertos empezaron a llenarse de una ansiedad frenética, se concentraban en él, mirándolo indudablemente.

    Ambos se quedaron atrapados en esa incómoda situación por lo que pareció una eternidad, hasta que de pronto las alarmas de las hermanas empezaron a sonar en cada cuarto, la casa se llenaría de movimiento en unos instantes. Lincoln oyó un flap-flap-flap en el pasillo, el ruido de unas pantuflas sobre la alfombra se hacía más intenso, alguien se acercaba.

    Atragantándose con su propio miedo, Lincoln se forzó a actuar, necesitaba encargarse de proteger a su familia así que cerrando con fuerza ambos ojos pegó un salto desde el escalón donde estaba hasta el sillón, a mitad del aire estiró ambos brazos y se preparó para gritar su palabra de poder tan pronto tuviera a esa cosa parecida a su hermosa Leni entre las manos.

    —¡SHAZA…! —El rostro del muchacho impactó limpiamente la mesita de noche, había atravesado a la criatura en lugar de taclearla.

    Sin embargo la adrenalina aún corría a tope por sus venas, por lo que tan pronto como cayó se giró para no darle la espalda al espectro. Un hilo de sangre corría desde su nariz hasta su mentón, ya juntaba aire para exclamar su hechizo cuando ocurrió lo menos pensado.

    —Lincoln ¿estás bien? —a pesar de ser muy diferente a la Leni que él conocía la voz era idéntica, quizá sólo un poco más sería.

    —Yo… creo que si —Bien, tal vez la criatura con la apariencia de su hermana no fuera necesariamente malvada pero ¿por qué se parecía justamente a su hermana en coma?

    —Oh por dios… ¿puedes verme? ¡PUEDES VERME! —por el rostro seco y vacío de Leni pasó fugazmente una ráfaga de felicidad. De repente, como si supiera desde siempre quien era la hermana que había bajado, la cosa-Leni se dio la vuelta para encarar nuevamente las escaleras—. ¡LUCY, ÉL PUEDE VERME!

    La gótica veía la escena con la boca abierta, tan grande había sido la sorpresa que la niña se había olvidado de ocultar sus emociones, Lincoln estaba tan sorprendido como su hermana pues nuevamente veía un aura similar a un humo gris saliendo del cuerpo de su hermana menor.

    La niña pelinegra al sentirse descubierta se sorbió los mocos, aspirando junto con ellos el aura mágica que la cubría. Con un dedo sobre los labios, Lucy le dio a entender a su hermano mayor que guardara silencio.

    —¡¿Qué fue ese ruido?! —La ronca voz de Luna llegó desde arriba y Lincoln ya estaba por responder cuando la gótica le cerró la boca. Aunque Lincoln no podía verle los ojos a Lucy, adivinó lo que quería darle a entender con la mirada.

    —Lo siento chica, me tropecé con Cliff mientras bajaba las escaleras —Lucy le dio un pañuelo rosa con un bordado de “I luv la Princesa Pony” para que se limpiara la sangre del rostro—. No te preocupes no me pasó nada.

    Los hermanos se quedaron en silencio, hasta que oyeron el ruido en las habitaciones volver a la rutina normal.

    Presintiendo que lo peor ya había pasado, Lucy jaló débilmente una manga del pijama de Lincoln y sin cruzar palabra guio al peliblanco al sótano, dejando a Leni sola en la sala. Con mucho cuidado de no hacer ruido, la pelinegra abrió la puerta y ambos hermanos entraron sin molestarse en encender la luz. En medio de la oscuridad absoluta Lincoln podía sentir la respiración acelerada de su hermana, una mano delgada aferró su brazo con fuerza.

    El sonido de un chasquido llegó a los oídos del peliblanco y una débil lucecilla flotadora se formó al instante sobre su cabeza. Al volver la luz a los ojos del muchacho, Lincoln se percató de dos cosas; la primera y que llamó al instante su atención fue que su hermanita parecía estar furiosa, y la segunda era que a pesar que habían dejado en la sala a la cosa-Leni ella estaba ahí con ellos, viéndolos impasible con una mirada atenta.

    Haciendo un gran esfuerzo, Lucy consiguió dominar sus emociones y recuperó en una mayor medida su expresión estoica, muy parecida a la que tenía el espectro Leni. La niña gótica tomó aire y habló utilizando su tono frio y monótono.

    —Escucha hermano, sé que tienes casi tantas preguntas como yo en este momento, así que propongo que hablemos de esto después, con calma y en un lugar más privado. ¿Te parece?

    Su hermano mayor no tuvo más opción que asentir.

    Después de un incómodo desayuno, donde Lucy se empeñó en ignorar completamente a su hermano y este a su vez trataba de no reparar mucho en la presencia de su hermana Leni quien merodeaba a su antojo el comedor y la cocina ignorando a sus otras hermanas que no podían verla.

    Las gemelas subieron a su habitación; Izzy tendría crías pronto y Lana le había pedido a Lola que la ayudara a preparar un nuevo terrario para recibir a la futura familia. Darcy y Lily tenían un combate pendiente de MonsPocket y tan pronto terminaron de comer corrieron escaleras arriba, arrastrando a Lisa con ellas; para terminar con el juego. Sólo quedaban sentados a la mesa las hermanas mayores y Lucy todas tomando una taza de café, Lincoln tenía un vaso de jugo en la mano.

    —Y bien… ¿Se puede saber qué les sucede a ustedes dos? —Lucy alzó el rostro de su taza para encontrarse con la mirada sería de Luan. Al igual que Luna y Lynn, la comediante parecía estar muy preocupada por la actitud que la gótica tenía con Lincoln.

    Los hermanos de en medio hablaban muy seguido. Al menos una vez al día Lucy o Lynn buscaban a Lincoln para platicarle acerca de su día o para preguntarle por el suyo, los tres eran muy cercanos y pasaban bastante tiempo de calidad juntos, por lo que ver a dos de ellos evitarse mutuamente era algo muy raro.

    —No sucede nada —respondió Lucy con su acostumbrado tono sepulcral—, sólo que Lincoln me aplastó al caerse de las escaleras y ni siquiera me ha pedido disculpas.

    Lincoln no se defendió, no había oído la pregunta de Luan o la respuesta de Lucy por estar distraído viendo como Leni atravesaba una de las paredes del comedor, sin notarlo siquiera, para desaparecer por fin de su vista. Un codazo de Jr. lo regresó a la conversación en la mesa.

    —¿Qué?... —la expresión de las hermanas fue suficiente para que Lincoln interpretara el silencio expectante—. Ah sí, ¡eso fue tu culpa! Dejaste una frazada a mitad de la escalera para que el gato durmiera.

    —Las noches son frías —Lucy comprendió el juego de su hermano al instante—, Cliff ya es viejo y le duelen las articulaciones cuando hace frio.

    —¡¿Pero dejarlo dormir en las escaleras?! ¡Pude morir mujer! —exclamó Lincoln con la mejor voz de anciano que ninguna de las hermanas hubiera oído en su vida antes de asotar, a modo de juego, su vaso de vidrio contra la mesa.

    —¡Pídeme disculpas! —vociferó Lucy intentando imitar ella misma la voz de un anciano.

    —¡OBLIGAME! —exclamó Lincoln, exagerando aún más la voz de abuelo que había aprendido a imitar durante las visitas a pop-pop en el acilo para ancianos.

    La escena le sacó una sonrisa a las tres hermanas mayores, en especial a Luan. Logrando pasar las dudas iniciales, ambos hermanos lograron aparentar mejor. Aún tenían que hablar para aclarar sus dudas correspondientes pero sabían que no sería posible hacerlo dentro de la casa sin que alguna de sus hermanas los escuchara por lo que cada uno avisó por su cuenta que saldrían el resto del día. Lucy no tuvo problema, a fin de cuentas era sábado por lo que tenía todo el día libre, solo tuvo que decir que Lisa le había pedido un libro de la biblioteca y ella saldría a conseguirlo para que las dos hermanas mayores la dejaran en paz. En el caso de Lincoln las cosas no resultaron tan fáciles, Luna y Luan aún tenían muy fresco el recuerdo de ayer por lo que se negaron casi inmediatamente a dejarlo salir.

    —¿Qué vas a hacer Lincoln? —Preguntó de repente Luna-. ¿Algún plan especial por el que quieras volver a salir tan pronto?

    —No es nada importante —a pesar de que estaba nervioso, su mano volvió a buscar inconscientemente la cajetilla que permanecía escondida en el bolsillo de su pantalón, tanto la voz de Lincoln como su expresión corporal sólo reflejaron una apatía muy bien fingida—. Nada importante… solo unas cosas de las que aún necesito encargarme.

    —Ah ya veo, hermano…

    —Yo diría que lo mejor sería…

    —Bueno, no me tardo —Lincoln sabía que intentar engañarlas le sería imposible en las circunstancias actuales por lo que simplemente no lo intentó. Con la sonrisa que tanto había practicado se despidió del trio de las mayores y sin esperar una respuesta comenzó a prepararse para salir a las calles frías. El plan de Lincoln era simplemente alejarse de casa sin darles el tiempo necesario a sus hermanas para que lo detuvieran.

    —Espera niño, no voy a permitir que te conviertas en tu pa… —Luna lo detuvo agarrándolo firmemente de un brazo, parecía estar luchando por encontrar las palabras pero al final suspiró derrotada y lo soltó, apartando la mirada apenada.

    —Sabes que te queremos, ¿no? —Luan aprovechó el silencio de su hermana—. Lo que te dijimos ayer sólo… sólo fue porque nos preocupamos por tu bienestar y quiero decirte que… que confiamos en ti, sabemos que lo del centro comercial no se repetirá.

    Había algo extraño con el tono de Luan y en la expresión de Luna, parecían estar resignadas, como si ambas supieran que Lincoln las desobedecería tan pronto saliera por la puerta.

    Una sensación acida y desagradable creció en el interior del único hermano varón al verlas así, la necesidad de reconfortarlas lo obligó a sincerarse, aunque fuera sólo en parte.

    —Escuchen, tengo guardado un poco de dinero y quiero comprarle a Lily un regalo para navidad —dijo mientras seguía envolviéndose en suéteres, bufandas y su abrigo—, ha estado insistiendo con unos pinceles pero no quiero que sepa que sí se los voy a comprar… así se sorprenderá más cuando se los regale como sorpresa.

    Sus palabras lograron calmar a sus hermanas, pero a la vista de Lincoln no fue suficiente. Manteniendo la sonrisa, acaricio el rostro de Luna y le dio un beso en la mejilla a Luan.

    —Saben que las quiero mucho, y no haré nunca nada que les moleste... les prometo que no me meteré en problemas ¿de acuerdo?

    Al oír las palabras de su hermanito, Luna logró volver a hacer contacto visual con el peliblanco. En los ojos de la rockera había una expresión culpable ¿cuándo le había dado Lincoln un motivo para dudar de su palabra? ¿Qué perdiera tan fácil la confianza en él tras un único tropiezo la convertía en una mala hermana? Ya estaba por disculparse y abrazar a su único hermano cuando un grito desde la cocina la interrumpió.

    —¡¿QUÉ, NO HAY PALABRAS BONITAS PARA TU HERMANA FAVORITA?! —el grito de Lynn alcanzó a Lincoln justamente cuando ya estaba saliendo por la puerta.

    —¡Oh es cierto! ¡Pero que torpe soy! —Haciendo uso de una voz solemne el albino respondió—, díganle a Lily que la amo y que no me tardo.

    Lincoln cerró rápidamente la puerta mientras oía a sus dos hermanas mayores reír a costa de Lynn. «Siempre debes dejar a tú publico riendo» exclamó la voz de Luan en su mente, provocándole una sonrisa sincera.

    Pero a medida que se acercaba a la estación de autobús de la esquina, esa sonrisa fue deshaciéndose lentamente. Lincoln sentía una plasta de emociones que no quería y ya no podía soportar. Necesitaba liberar presión. A pesar de las miradas que recibió de las pocas personas que estaban esperando en la parada y de los letreros cercanos que lo prohibían, encendió un cigarrillo.

    «No voy a permitir que te conviertas en tu padre» cantó burlona la voz de Luna en la mente y en el alma de Lincoln.

    -o-

    El punto de encuentro que habían acordado era un café en el centro del pueblo, a tan sólo media hora de camino desde su casa.

    El lugar en cuestión era un edificio grande de ladrillo rojo de cuatro pisos, según le había explicado Lucy había sido construido a mediados del siglo XVIII y diseñado como cárcel militar para los condenados durante la guerra de independencia. Ahora era el lugar favorito para las reuniones del club de lectura y del club gótico a los que pertenecía Lucy.

    Sólo el primer piso funcionaba como cafetería, en las ventanas de la segunda planta había algunos anuncios de “se renta”, en el tercer y último nivel estaba un bar de poca monta que sólo abría de noche y dónde supuestamente dormía el dueño del lugar.

    Tan pronto Lincoln entró al Local, se sorprendió al ver la clase de clientes que concurrían el café; un grupo no muy nutrido de adolescentes mal encarados, todos ellos vestidos con todas las tonalidades posibles de negro.

    Su hermana estaba sentada en uno de los sillones más apartados, casi hasta el fondo del lugar. De entre todas las Loud, Lincoln apreciaba mucho a Lucy, no por tener gustos afines en cuanto a poesía y filosofía, no… ¡obviamente no por eso! Sino porque Lucy siempre tenía un consejo oportuno y sabía escuchar como nadie. Lincoln más que considerarla como una hermana, la veía como una gran amiga.

    Justo lo que necesitaba, una amiga amable y que sabía podía ayudarlo.

    —Hola Luz —Lincoln se sentó en el sillón de enfrente, algunos centímetros alejado de ella. Desde que cumpliera diez años, ella insistía en mantener un amplio espacio personal cada vez que estuviesen en cualquier lugar donde pudiera encontrarse con alguno de sus amigos y miembros de club… lo que incluía prácticamente todas las ocasiones en que salían a la calle.

    —Buenas tardes… hermano —Lucy no levantó la vista de su pequeña libreta rosa, en la cual estaba escribiendo—. Te vez más miserable que de costumbre.

    —Pues… gracias, no fue una mañana muy común.

    —Debo reconocer que los eventos recientes también me tomaron por sorpresa —la áspera voz que Lucy siempre fingía tembló un poco—. No pensé que fuera posible obtener tanto poder tan rápido… ¿o es que siempre tuviste ese don y lo mantuviste en secreto de mí?

    Lincoln reparó un poco más en la apariencia de su hermanita. Por fin había dejado de escribir y había levantado su pálido rostro un poco, sus manos descansaban en forma de puños sobre sus delgadas piernas, tenía también los labios tan apretados que su boca se había transformado en una fina línea pálida. La pequeña pelinegra estaba claramente molesta.

    Lincoln no era el chico más listo que jamás hubiera existido, ni siquiera era capaz de dar consejos tan buenos como los de su amiga Haiku. Pero siempre, si algo ocurría, si Lucy lo necesitaba o si tan sólo quería platicar, ella solo debía llamarlo y él la escucharía, estaría a su lado para ayudar. Era agradable saber que alguien como su hermano mayor siempre estaba cuidándola.

    Y por eso, que Lincoln le escondiera algo tan importante para ella resultaba doloroso. Tanto que un par de lágrimas amenazaban con abandonar sus parpados.

    Al ver a su hermana a punto de llorar, y rompiendo la regla acerca de mantenerse alejado de su espacio personal impuesta por la gótica, Lincoln se sentó tan cerca de ella como pudo para envolver sus hombros en un abrazo y tomar sus dos de sus manos delgadas entre la suya, su única prioridad era consolarla.

    —Estoy tan sorprendido como tú, Luz, no sé bien cómo o por qué obtuve eso que tu llamas “don”, y es justo por eso que quiero tú ayuda. De todos a los que conozco tú eres la única persona a la que se me ocurriría acudir para lidiar con todo este asunto —Las ganas de llorar abandonaron a Lucy al tiempo que sus mejillas comenzaban a encenderse al escuchar las palabras de su hermano—. Además tú también me escondiste tus habilidades para crear luz de la nada con sólo chasquear los dedos.

    —Yo nunca te escondí nada. Pero admito que hace tiempo aprendí a aceptar que cualquier esfuerzo por demostrarles a ustedes la veracidad de la magia era un esfuerzo vano.

    Lincoln no pudo evitar reírse de las palabras de su hermanita y los ojos de Lucy se posaron con una intensidad renovada en el rostro de Lincoln cuando la pequeña volvió a hablar.

    —Lincoln dime ¿Cómo obtuviste tu magia? ¿Acaso fue con algún elixir? ¿O usaste algún entrenamiento secreto a mis espaldas?

    —Nada de eso Luz, no me lo creerás pero un anciano muy extraño me la regaló —al ver como la mirada de su hermanita buscaba la suya, Lincoln se permitió presumir un poco para asombrarla aún más—, lo que sea que ves cada vez que te fijas en mí no es más que una pequeña parte del poder que me otorgó.

    La reacción que obtuvo de Lucy no fue la que él había esperado; verdadera furia podía distinguirse en la expresión aparentemente indiferente de la pelinegra a pesar del espeso flequillo que ocultaba la mitad de su rostro.

    —Yo… yo me maté leyendo y practicando para llegar a donde estoy… y a ti sólo te lo regalan…

    La niña quería llorar y su hermano lo sabía, Lincoln se tomó un momento para pensar sus palabras.

    —Créeme, yo estoy más perturbado por todo esto de lo que tú puedas imaginar, es un cambio inesperado, es algo para lo que nunca me preparé y comprendo que te sientas incomoda…

    —Tú sabes que yo no me pondría celosa nunca ¿no?

    La voz de Lucy había perdido esa monotonía susurrante y ronca que simulaba cada vez que hablaba en voz alta y ahora era la voz de una niña normal; una voz aguda, vulnerable, llena de miedo y confusión.

    —Por supuesto que lo sé, Luz. Pero también soy consciente que aún te queda mucho por vivir. Tu fascinación con lo tétrico te ayuda a esconderte detrás de una máscara de desinterés, pero sé que eres tan vulnerable a las emociones como Lola o Luna, esa inquietud que tienes al sentirte traicionada es normal.

    —Pero yo no soy normal, yo renuncié a esas emociones.

    —Lucy —Lincoln apretó un poco más sus manos, una sonrisa tranquilizadora comenzó a formarse en sus labios—, eres muy madura si, tanto como lo son Lisa o Lori. Pero en el fondo, todos somos iguales, con miedos e inseguridades.

    —Pero…

    —Te pido ayuda, no lo hago porque tú sabes de esto… bueno, si es una gran ayuda que seas una experta en el tema de magia y de las auras… pero quiero que me ayudes a comprender lo que me acaba de pasar porque sobre todas las cosas, aún antes que mi hermana menor, eres mi amiga.

    Lucy no estaba convencida, tan sólo la semana pasada Lincoln le había dicho algo en extremo parecido a Lola durante uno de sus berrinches. Se preparaba para ponerse de pie e irse sin ayudarlo cuando el brazo de su hermano envolvió con más fuerza sus hombros, juntando sus cuerpos y acunándola contra su cuerpo casi como si fuera una bebé. A pesar que trataba mantener su expresión imperturbable, un leve rubor comenzó a mostrarse con mucha más intensidad en su rostro pálido.

    —Bien te ayudaré, sólo si prometes ayudarme tú a mí —apoyando ambas manos en el pecho de su hermano, Lucy se deshizo del abrazo cuando sintió una pequeña oruga caer dentro del cuello de tortuga de su suéter—, además también quiero que me muestres ese “potencial oculto” del que me contaste.

    —Te diré algo, si accedes a contarme lo que has estado haciendo secretamente con Lisa tienes un trato.
     
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    Sylar Diaz

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    Say it LOUD!
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    Fantasía
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    Sin darle muchos detalles le contó de los planes de Lisa sobre ayudar a Leni a recuperarse completamente utilizando únicamente la ciencia, sin mencionar nada sobre los experimentos con magia que la pequeña castaña planeaba realizar a futuro. Ahora que sabía de las nuevas habilidades de Lincoln, le resultó obvio a Lucy que él era la nueva pieza clave para resolver el misterio de cómo acceder a la fuente de la magia en el mundo.

    Lincoln escuchó atentamente toda la historia que Lucy trataba de contarle como verdadera. Cualquier otra persona se hubiera impacientado después de veinte minutos de habladurías sin sentido, pero él se quedó sereno, sin reclamar cada vez que escuchaba una incongruencia en el relato ni apurarla cuando la gótica se perdía en sus propias mentiras.

    —Es por eso que Lisa pide últimamente mi ayuda —dijo al fin la gótica, creyendo que había logrado engañar a su hermano para que le confiara sus secretos.

    Lincoln la veía a los ojos, de repente parecía que ni el espeso flequillo o las expresiones disimuladas podían evitar que él viera directamente su alma, descubriendo las mentiras al instante.

    —Ya veo, realmente se interesan en ayudar a mejorar la situación de Leni —dijo el adolescente, buscando algo en una de las bolsas del pantalón.

    Con gesto serio sacó la cajetilla y un encendedor, el labio inferior de Lucy tembló al ver a su hermano mayor encender un cigarrillo y darle una larga calada.

    —… Lincoln ¿qué estás...?

    —Ya que no fuiste completamente sincera conmigo te propongo un nuevo trato —la interrumpió Lincoln a media oración—, aún te ayudaré a llegar a mejorar un poco en cuanto a tus habilidades mágicas… y no le contaré a nuestra “Dexter morbosa” que delataste su plan secreto tú sola, sólo si le cedes a Lily todas las galletas que escondes en el ático y prometes practicar conmigo eso de los hechizos… además, claro, de no contarle a ninguna de nuestras hermanas que me viste fumando ¿aceptas?

    Toda la respuesta que Lincoln pudo obtener de Lucy fue un ligero movimiento de la cabeza asintiendo casi imperceptiblemente, Lincoln volvió a sonreír y apagó el cigarrillo tras darle un par de caladas más.

    Tan pronto como cerraron el trato con un informal apretón de manos fue cuando la cabeza y el cuello le empezaron a doler a Lucy, inició como el piquete de una abeja en la garganta, pero la sensación pronto se transformó en un ardor punzante que le recorría desde la base del cuello hasta la sien. Se trataba de una sensación palpitante y dolorosa, casi incapacitante.

    Tras los primeros agonizantes segundos, el dolor se transformó casi imperceptiblemente en un hambre voraz. Lucy ya estaba por pedirle a su hermano que la acompañara de regreso a casa para dar buena cuenta de su colección secreta de golosinas, cuando la campana que sonaba cada vez que la puerta principal del café se abría o cerraba salió volando despedida.

    Un grupo de tres enmascarados entró al local; sólo dos de ellos portaban unas pequeñas pistolas, el más fornido del grupo y quien parecía ser el líder empuñaba una palanca grande de metal, de esas que usan los ladrones en las películas y caricaturas para abrir cajas.

    Lincoln le dirigió una sonrisa de complicidad a Lucy, quien empezaba a sobarse el cuello en un fallido intento por aliviar las molestias que empezaban a parecerle insoportables, la niña no comprendía el cambio de humor de su hermano.

    —Supongo que aún quieres ver mis poderes en acción —una sonrisa infantil se dibujó en sus labios, le guiñó un ojo—, no parpadees si no quieres perderte del espectáculo.

    Los hombres armados amenazaron a los clientes que tenían más cerca con guardar silencio o atenerse a las consecuencias, mientras que el líder discutía con la empleada que cobraba y daba el cambio.

    Los hermanos que estaban sentados en la parte de atrás del café, en un pequeño salón, que les daba cierta privacidad, formado por las paredes laterales de un inmenso reloj de péndulo y un estante cargado de libros polvorosos, se encontraban semi-ocultos a la vista de los asaltantes. Por lo que no fue muy difícil para Lincoln ocultarse detrás del sillón dónde estaba sentada su hermana.

    Un relámpago perforó el techo, impactando directamente a Lincoln. Preocupada por el estado de su hermano, Lucy se puso de pie, tirando al hacerlo una jarra decorativa que estaba apoyada en una mesa enana muy cerca de su asiento.

    El sonido de los vidrios rompiéndose, así como de la pequeña explosión eléctrica alertaron al instante a los atracadores. El fulano de la palanca le hizo una seña a uno de sus cómplices para que fuera a investigar el alboroto.

    Una peste intensa y penetrante a huevo podrido llenó la nariz de la niña, un instinto hasta entonces desconocido le ordenó aspirar el aroma y algo extraño sucedió: Lucy experimentó una sensación casi balsámica en la garganta mientras que el hambre disminuía.

    La sensación de alivio le ayudó a volverse plenamente consciente que estaba en peligro, haciéndola girar el rostro lo más rápido posible para encarar a los malhechores. Sabía que en su estado hacer un movimiento brusco le provocaría mucho sufrimiento pero al contrario de lo que esperaba, el malestar en los músculos del cuello y la mandíbula se redujo a un simple hormigueo, aunque no desapareció por completo.

    —¡DIJE QUE SE QUEDARAN QUIETOS! —Con el arma apuntando al pecho de Lucy el enmascarado empezó a acercarse—. ¡NIÑA, DILE A TU NOVIO QUE NI INTENTE HACERSE EL HÉROE!

    Lucy vio por el rabillo del ojo como un hombre adulto se levantaba detrás de ella, justo del mismo lugar dónde momentos antes estaba escondido su hermano. El musculoso vestido de naranja caminó tranquilamente hasta quedar entre el cañón del arma y la gótica, volteó por un instante y Lucy pudo verle la cara surcada por cuatro cicatrices que ya le eran conocidas.

    Lincoln avanzó con rapidez, mucho más rápido de lo que es capaz cualquier ser humano, y hundió su hombro en el tórax del delincuente, derribándolo antes que pudiera reaccionar. Su cabeza, cubierta únicamente con un pasamontañas, chocó limpiamente con el piso de madera y por un momento, después de aquel golpe seco, todo el lugar quedó en silencio.

    El primero en reaccionar fue el otro hombre con el arma, quien disparó tres veces antes que Lincoln lo alcanzara con un brazo extendido y lo sujetara con firmeza por el cuello, utilizando el dedo pulgar, el índice y el medio de la mano derecha apretó la mandíbula del enmascarado hasta que todos oyeron un crujido apagado. El sujeto cayó al suelo con la mandíbula ligeramente más estrecha, un grito en extremo agudo, como de chiquilla en navidad, brotó de su boca abierta y rota pero lo que llamó más la atención del jefe de los asaltantes fue la expresión de sorpresa absoluta en los rostros de todos los presentes. El creía imposible que algo así fuese posible.

    Sólo entonces supo que algo extraño había ocurrido, y seguía ocurriendo; pero no podía saber exactamente qué. Lo único de lo que era consiente era que tenía que actuar si no quería terminar haciendo el ridículo frente a todos como sus compañeros caídos.

    Agarrando la palanca de metal desde un extremo y utilizando toda la fuerza de ambos brazos el asaltante se la arrojó en la cara a Lincoln, pero no se quedó a ver el resultado de su táctica desesperada pues tan pronto dejó de sostener su arma se giró y echó a correr hacía la puerta. El pedazo de hierro forjado rebotó en el rostro de Thunder como si de un juguete de plástico se tratase. Antes que el malhechor pudiera alcanzar el pomo de la puerta de vidrio, fue golpeado en la nuca por una taza blanca que Lincoln había tomado de una de las mesas.

    El cuerpo inconsciente del criminal se desplomó inerte en un charco tibio de “café grande descafeinado, con leche de soya, con un shot de té chai y crema extra-batida”. Justo entonces, y ante la mirada atónita e incrédula de casi todos en el local, el hombre grande y fuerte que había reducido sin ayuda a los tres asaltantes armados al mismo tiempo hizo algo imprevisto; sonriendo, arrodilló una pierna e hizo un dab antes de hacer un bailecito festejando su victoria.

    —Este… ¿Cómo puedo agradecerte por ayudarnos señor…? —la gerente del local, aún en la caja para pagar, se acercó lo más que le permitió el mostrador, él podía haberles ahorrado un asalto pero justo por eso era más que lógico que tenía que guardar las distancias.

    —Por favor, dígame “Thunder”, todos lo hacen —un sonrisa fresca floreció en el rostro del héroe un gesto que contrarrestaba bastante con lo que uno esperaría de alguien con su compleción, haciéndolo ver inocente y más atractivo de lo que ya era—, y si quiere devolverme el favor, le confieso que últimamente ando algo corto de efectivo, señorita.

    Lucy se quedó quieta al lado del reloj de péndulo, una de las balas perdidas había impactado en el estante, a unos centímetros de su cabeza. Su hermano terminó de contar los billetes que la gerente le había entregado y dejó la cafetería antes que llegaran los policías.

    Después de que Lincoln saliera por la puerta principal, la sensación de alivio fue aterradoramente breve. La tensión volvió a hacerse presente en el cuello, los oídos se le taparon y el hambre regresó con una intensidad aún mayor; se había convertido en una necesidad insaciable.

    Desesperada, Lucy corrió a la salida a buscar a su hermano, avanzó algunos pasos por la banqueta hasta que la voz de Lincoln la llamó desde un callejón, no necesitó que la llamaran dos veces para entrar al oscuro lugar. Al lograr acostumbrarse a la penumbra volvió a ver a su hermano en su forma normal.

    —¿Qué te pareció el acto? —Sonriente, Lincoln le puso a escasos centímetros del rostro algunos billetes—, porque a esa chica le pareció que valía cincuenta dólares ¡YO INVITO HOY LAS HAMBURGUESAS ERUCTO!

    El peliblanco se le acercó a Lucy algunos pasos para darle los billetes, pero junto con su hermano un sonido llegó a los oídos de la gótica; un zumbido… y parecía provenir del interior de su hermano.

    Obligada a moverse por la sensación en su garganta, Lucy cortó la distancia que los separaba con dos pasos rápidos, acercó su oreja al pecho de Lincoln para oír mejor. El muchacho, sorprendido por el extraño gesto, retrocedió hasta que su espalda chocó con la pared del callejón. Lucy trataba de mantenerse tranquila, pero el esfuerzo empleado en aparentar serenidad le empezaba a colorear el pálido rostro de rojo.

    Malinterpretando el rubor de su hermana, Lincoln se puso nervioso. Tragó saliva e intentó sacudírsela, pero Lucy no cedió ni un poco, sujetando al albino firmemente contra la pared cuando intentó apartarla.

    Lincoln volvió a intentar apartarla sin ser muy brusco y el sonido dentro su pecho se hizo más intenso, todo lo que Lucy podía escuchar en ese momento era un shuiz-shuiz-shuiz. Sí, definitivamente el sonido venía desde dentro de él. Sonaba como agua fluyendo dentro de una cañería. Una voz dentro de su cabeza le dijo que ese era el sonido de la magia en su estado más puro fluyendo dentro de un cuerpo vivo. Su hermano intentó alejarla amablemente una última vez, Lucy afianzó su agarré y acercó su rostro un poco más al de su hermano, el cálido aliento del muchacho le hacía cosquillas en las mejillas.

    —¿Lucy?

    Al último momento recuperó el control en su actuar.

    —Yo… no… Lincoln no sé qué me pasa.

    —Está bien —Los nervios del chico se suavizaron un poco con la mirada desesperada que adivinaba a través del flequillo de su hermanita, lo primordial en ese momento era calmarla—. ¿Te parece hablar en otro lugar? ¿Quizá con un poco de comida? Te invito un helado de zarzamora… las chicas no tienen por qué enterarse.

    Aunque aturdida por el malestar que parecía crecer con cada segundo, los ojos de Lucy brillaron con sorpresa. Siempre que Lincoln salía con cualquier hermana a algún lugar, era con un propósito en específico, algún favor para las mayores o para cuidar a las menores… siempre había un motivo.

    Pero salir para comer y hablar, esa era una oportunidad que ninguna de las Loud había tenido. Tener una cita con su hermano era una novedad que ella tendría que declinar.

    —No creo que sea buena idea —Lucy agradeció que tuviera medio rostro escondido por el flequillo, de lo contrario le sería imposible aparentar indiferencia—. Me encantaría salir contigo, simplemente hoy no me siento bien… no me siento yo...

    —¿Quieres que te lleve a casa? Podemos pasarla bien, estas nuevas emociones que estas experimentando son algo normal… no dejes que estos cambios te incomoden.

    Esa gentil perseverancia, que normalmente despertaba fuertes emociones en ella, ahora solo generó rabia.

    —Lincoln, ya no soy una niña y puedo tomar mis malditas decisiones sola. Quiero y puedo ir a casa por mi cuenta.

    Sin detenerse a ver el efecto que sus palabras habían tenido en Lincoln, Lucy se alejó aguantando las lágrimas, hablarle de forma tan golpeada a su único hermano le dolió casi tanto como la cabeza.

    Una vez en la parada de autobús más cercana, Lucy no esperó mucho tiempo puesto que el autobús que la dejaba en la esquina de su casa llegó adelantado unos minutos. Tras pagar su pasaje, la gótica se sentó al lado de la puerta de entrada, sumida en una especie de estupor.

    Varías horas después, Lucy azotaba cajas en el ático, las herencias de la Bisabuela Harriet, los mismos libros que días atrás trataba con mucho cuidado ahora salían volando o perdían algunas hojas, sus manos subrayaban y anotaban algunos apuntes a gran velocidad en una libreta grande con forro de piel negra autentica, un regalo de Lori por su onceavo cumpleaños, tan cambiada estaba que incluso vandalizó los libros que acababa de traer de la biblioteca.

    -o-

    —¿Qué diferencia habrá entre el de pelo de camello a uno de cerdas sintéticas? —Lincoln se había perdido en el área de papelería del centro comercial—. ¿Y quién demonios es “Marta Kolinsky”?

    Frente al albino descansaban tres paquetes diferentes de pinceles. Trataba de estar seguro de que el paquete que escogiera sería la opción ideal para una artista novata, el problema con su táctica de comparación estaba en que las tres opciones se veían igual para él. Armado de valor, y llevando consigo sólo dos de los tres paquetes, Lincoln se acercó a la dependienta más cercana, dispuesto a quedar como tonto delante de la bonita pelirroja a cambio de poder responder sus dudas.

    —¿Cristina? —Y ahí quedó todo el valor que había logrado juntar—. Yo… este… quería preguntarte sí sabes cuál es mejor o cuál es más cómodo ¿si el sintético o el natural?

    Uno de los paquetes que Lincoln sostenía en ese momento, el de cerdas de camello, tenía forma cilíndrica. Intentando luchar con sus nervios al volver a hablar con su amor de primaria, se había puesto a agitarlo inconscientemente en un continuo movimiento de arriba y abajo. Cuando su mente detectó el malentendido que sus palabras habían provocado en conjunto con el vaivén del paquete ya era tarde.

    Los ojos de la castaña pelirroja se abrieron como platos, tensó el cuerpo en clara señal de incomodidad. Nerviosa y con el rostro completamente rojo se alejó sin responder.

    —Doy pena —Lincoln se quedó parado en medio del pasillo, con una sonrisa torcida en el rostro. Primero Lucy descubre lo que las hormonas alborotadas de la adolescencia son capaces de hacer y ahora había incomodado a la chica más bonita de la escuela… otra vez. ¿Acaso el día podía empeorar aún más?

    Después de deambular un poco más por el área de papelería, buscando cosas que pudieran servir como regalos para sus otras hermanas: un juego de dos lapiceras que simulaban una princesa y un sapo abrazados para las gemelas, una trampa china atrapa dedos para Luan, una pelotita anti estrés para Lynn, unos aretes de clave de sol para la rockera, una propipeta verde para Lisa y para Lucy… ¿sería mucho un collar de la princesa pony? En otras circunstancias lo llevaría sin dudar pero ahora estaba consiente que podía malinterpretarse su regalo. No, no podía dudar y hacerle pensar a la más insegura de las Loud que la odiaba, hablaría con ella, después de darle su collar.

    Llevó todo y algunas golosinas a la caja, y las pagó junto con algunas chucherías que vio antes de llegar, pero cambio a último momento varías veces de opinión sobre cómo pagar, no lograba decidirse si pagar con monedas o con billetes. Lincoln contó cuidadosamente las monedas, mientras la chica que estaba detrás del mostrador lo apresuraba sin dejar de mascar chicle, el muchacho se ponía cada vez más nervioso, contaba las monedas con más rapidez y cada tanto cometía algún pequeño error, finalmente el puñado de cambio se cayó al piso, abochornado no paraba de pedir disculpas mientras las recogía. Después cambio nuevamente de opinión y sacó un billete enrollado muy estrechamente. De repente parecía muy perdido, a punto de llorar. La mujer de la caja le dio el vuelto del billete y después cogió el cambio que él le ofrecía, luego devolvió algunas monedas. Lincoln estaba tan nervioso que tartamudeaba, las cicatrices le dieron un aspecto demacrado y frágil, era un pobre niño desvalido a causa de heridas graves y prematuras que limitarían para siempre su capacidad de disfrutar del mundo.

    Tras casi veinte minutos de que aquella escena se repitiera, y con una sonrisa discreta, Lincoln salió finalmente del cálido centro comercial. Afuera su aliento sacaba nubes de vapor.

    Caminando mucho más tranquilo que momentos antes, se dirigió a la estación del bus cargando dos bolsas negras, ahora era diez dólares más rico que cuando entró a la tienda.

    Sí, no debió de haber hecho nada de eso, pero seguía siendo emocionante y un poco de emoción era justo lo que necesitaba para dejar de pensar en la situación de Lucy.

    Varios copos de nieve cayeron y se derritieron en sus pies después de unos segundos.

    Una vibración en el bolsillo de su chaqueta lo distrajo, sorprendido porque nadie lo llamaba, Lincoln sacó su celular y al ver quién era el que le estaba llamando casi deseo que el equipo de seguridad del centro comercial lo hubiera descubierto. Desbloqueó la pantalla, respiró hondo y con el mejor tonó posible saludó.

    —Hola Lori —justo la persona con quien menos se le antojaba hablar—, ¿cómo está todo en la gran ciudad?

    Un sollozo apagado fue su respuesta.

    —Lori? ¿Qué ocurre?

    —Lincy… pasó algo, es sobre Ronnie Anne.

    -o-

    Luna estaba en el sillón viendo la televisión cuando tocaron a la puerta, ya habían pasado algunos minutos después de las seis de la tarde, era la hora de su documental de rock que había esperado toda la semana. Si era un vendedor de puerta en puerta él que la había interrumpido lo mataría y escondería el cuerpo en el sótano… en pedazos.

    Abrió la puerta de golpe y todas sus ideas sobre buscar venganza en nombre del dios del rock “Valhallen” desaparecieron.

    Lucy estaba parada en el marco de la puerta, su rostro no reflejaba ninguna emoción… como siempre, sin embargo algo lucía extraño en ella.

    La niña no se movió y tampoco saludó, simplemente se quedó de pie en ese lugar.

    Luna le tocó un brazo, el bícep se sentía rígido y su piel estaba pegajosa y muy fría, demasiado fría. Preocupada la estrechó en un abrazo, tratando de regresar el calor a su cuerpo.

    Cuando la sintió removerse entre sus brazos la soltó, le retiró el cabello de la cara. Parecía que había llorado, los ojos estaban repletos de venas rojas, venas tan prominentes que la inquietaban. Luna se asomó a la calle ¿Quién la había traído?

    No había ningún bus en la estación de la esquina, no se oía ningún motor alejarse a la distancia ¿acaso había venido caminando?

    —¿Lucy? —fue lo único que la rockera atinó a decir ante la peculiar, incluso por encima de lo que había aprendido a considerar normal, actitud de la niña.

    Luna la llevó dentro y cerró la puerta. Lucy parecía estar en shock. Había mugre en sus manos y en las rodillas Cuando la mayor revisó con cuidado notó que en el vestido negro habían manchas de sangre “¿dónde has estado?” pensó al ver mugre y raspones en todas partes.

    —¿Qué te pasó Luz? —Preguntó sosteniéndole el rostro con ambas manos—. ¿Cómo te hiciste esto…?

    El aspecto de Lucy le recordó a Luna fugazmente a lo sucedido con Leni cuando la rubia era sólo era una nena de cinco años… una idea horrible se formó en su mente.

    —Lo bueno, Luz, es que ya estás en casa —una lagrima solitaria cayó detrás del espeso flequillo de la niña pelinegra—. Aquí estarás a salvo, lo prometo.

    La castaña tomó de la mano a su hermanita y la llevó a la cocina. Trataría de calmarla con comida y entonces… entonces llamaría a Luan, o a Lincoln… o a quien fuera, necesitaba toda la ayuda posible.

    La sentó a la cabecera de la mesa, la miró desde la barra de la cocina mientras le servía algunas galletas de avena, sus favoritas. La gótica permaneció sentada con las manos colgando a los lados, observando a su hermana mayor, ajena a todo lo que la rodeaba. Y por extraño que pareciese, Luna se sentía estudiada.

    Finalmente, después de dudarlo sólo un poco, Luna acercó nuevamente al comedor con el plato repleto. Se sentó al lado de Lucy, en la misma silla que antes usaba Leni.

    —Vamos spooky, come algo —le dijo con voz suave Luna, pero su hermanita no se movió. Entonces, la castaña tomó la galleta que estaba hasta arriba del montón en el plato y la mordió de tal forma que la hizo tronar de forma sabrosa, todo eso para estimular el apetito de la pequeña gótica, pero Lucy no reaccionó. Esa falta de respuesta provocó que la que quisiera llorar en silencio fuera Luna. Algo muy malo le había sucedido a la tétrica poeta, quizá incluso le ocurriera lo mismo que a Leni cuando… esta vez apartó con más trabajos la idea de su mente.

    —Ven.

    Lentamente, Luna llevó a la pequeña su habitación, ella entró primero esperando encontrar ahí la ayuda de Lynn pero ahí no había nadie, Lucy entró después sin reaccionar en lo más mínimo. Sus ojos miraron el cuarto sin que su rostro demostrara emoción alguna, pero no era como su apatía habitual, Lucy reaccionaba a su habitación de siempre como si lo que tuviera frente a ella fuera una imagen abstracta.

    La pelinegra mantuvo esa extraña expresión en blanco hasta que su mirada se topó con algunos libros regados sobre su cama. Con una sonrisa torcida, una que recordaba bastante a la de Lisa cuando finalizaba con sus experimentos, Lucy sacó los libros que traía en debajo del abrigo y volteó todo el cuerpo para ver a su hermana mayor.

    —Tú, deseo estar sola unos momentos.

    Las palabras y la voz ronca que salió desde la garganta de la niña le puso la piel de gallina a Luna, parecía que en lugar de su garganta, su hermana le hablaba desde una especie de tubo rígido «a lo mejor y se enfermó por venir caminando» la consoló su mente en un intento desesperado por buscar alguna explicación a la actitud de Lucy.

    —C-claro chica, más tarde te traeré una pastilla para esa garganta.

    Lucy no había cambiado la postura en lo más mínimo, la sonrisa se hizo más pronunciada.

    —Haz lo que quieras, pero antes quiero que llames a la inteligente y que le digas que venga… —lo dudo un par de segundos antes de agregar—, por favor.

    Quince minutos más tarde, Lisa no encontró a su hermana mayor en su habitación por lo que sin dudarlo subió al ático y ahí, justo en medio del desván con las luces apagadas vio a Lucy sentada en medio de un mar de hojas sueltas, escribiendo tan fuerte que parecía que la pluma que sostenía con la mano se iba a romper.

    —Deberías descansar un poco —La voz de Lisa sonó tímida y chillona, algo que al igual que con Lucy no sucedía muy a menudo—, me dijeron que tuviste un día pesado y que estas enferma de la garganta.

    Lucy volteó a verla, su cuello produjo un crujido sonoro que preocupó bastante a la científica. Su hermana no tenía un simple problema con la garganta, dudaba que las pastillas de paracetamol que llevaba con ella fueran de ayuda. Tras dos minutos de silencio sin que su hermana mayor le respondiera nada, Lisa se forzó a continuar hablando.

    —Este… ¿Quieres que te ayude con algo? —preguntó Lisa con la cabeza apenas asomada por el marco, apretaba firmemente la escalera con sus dos manitas.

    —Pronto te daré algunos diseños para que imprimas de forma imperecedera, llegaremos a la fuente muy pronto… y tráeme un poco de agua —la voz le salió algo extraña a Lucy al decir la palabra “fuente”, como si de tuviera una cigarra atorada en la garganta—, que sea dulce y tibia. Disuelve un poco de miel o lo que sea.

    Lisa se quedó quieta, mirando a su hermana sin saber qué hacer.

    —Creo que tengo algunas sustancias que serán de mucha más ayuda para tu garganta, quizá lo mejor sea que bajemos a mi cuarto y te haga algunos estudios…

    —Lisa… tráeme el agua que pedí ¡Después haz lo que quieras y aléjate de mí!

    Con lágrimas en los ojos la castaña con gafas bajó la escalera sin darle la medicina que había traído consigo a su hermana. Nunca, por peor que fuera el experimento o por más que violara la privacidad de sus hermanos… nunca le habían gritado así.

    Sentía, de repente miedo de la pelinegra.
     
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    Sylar Diaz

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    Lincoln se había sentado en la banca de la parada de bus, ignorando el aire frio que desde hacía medía hora chocaba con su cuerpo inmóvil. Había empezado a nevar ligeramente.

    Pero nada de eso le importaba en realidad. Su mente aún repetía la llamada de Lori…

    —Yo estaba con Bobby en la universidad cuando sucedió el incendio, fue ayer a mediodía. Hoy el seguro declaró la pérdida total, supongo que querían quedar bien ante los medios… o algo así, no sé, el edificio de departamentos ese era una especie de símbolo histórico —Lori se sonó la nariz por tercera vez durante la llamada—. Pero nadie pudo festejar, María; la madre de Bobby, sigue internada… no me quieren decir cómo está, pero creo que es grave.

    El corazón de Lincoln empezó a latir más rápido al recordar la parte siguiente de su plática con su hermana mayor. Sí, él ya sabía desde antes sobre el asunto del incendio, pero no conocía los detalles y Lori en el primer acto inconsciente de su vida se los estaba contando todos, sin ocultarle nada.

    —¿No has sabido nada de Ronnie Anne? Ustedes siempre fueron cercanos, estoy segura que si le ha hablado a alguien tienes que ser tú.

    —¿Qué? ¿Le pasó algo a Ronnie?

    —Yo… yo no sé sí esté bien decirte lo que ella hizo.

    —Lori, creo que ya es muy tarde para intentar ocultarme las partes feas —quizá podría ayudar a relajar a su hermana con algún comentario amistoso, algo que alejara la mente de ambos del horrible rumbo que estaba tomando la conversación, pero antes de que Lincoln pudiera abrir la boca para decir nada, Lori se le adelantó

    —La abuela de Bobby, doña Rosa… ella asegura que fue Ronalda la que inició el incendio…

    -o-

    Lynn estaba parada en el marco de la puerta al sótano, Luna y Luan se ocultaban detrás de ella, las tres estaban viendo fijamente a Lucy, quien sólo se movía ocasionalmente para arrancar una hoja de uno de sus viejos libros y copiaba su contenido en una libreta nueva. La niña estaba arrodillada escribiendo algunas notas y viendo de reojo la pared contaría; había dejado el vaso semivacío a su costado, la azúcar disuelta enturbiaba el agua.

    La menor de las castañas apenas reunía el valor necesario para bajar las escaleras cuando la gótica se puso de pie bruscamente ocasionando que las dos hermanas detrás de la deportista se estremecieran, Lynn meció el peso de su antiguo bate entre sus manos antes de retroceder un par de pasos.

    —Todo listo. Hermana mayor ¿Qué hacemos? —Lisa nunca pensó que diría esas palabras, ella que siempre era la que tenía las respuestas a todo ahora estaba orillada a hacer el papel de “apoyo técnico”.

    —Dibuja esto en aquella pared con los medios necesarios para evitar que se borre facilmente —Lucy se acercó a su pequeña hermana casi deslizándose por el piso liso de cemento del sótano antes de mostrarle una ilustración hecha a mano en su libreta negra—, y tráeme un poco más de agua.

    La pequeña sabelotodo obedeció la primera indicación de su hermana, y al recibir la señal del señalador laser de Lisa, una máquina apoyada en un trípode disparó un láser contra la pared que había señalado la gotica. Lentamente se empezó a imprimir en un intenso color negro sobre uno de los ladrillos del muro un extraño dibujo, la tercera runa que llevaban en la tarde, tenían planeado dibujar otras nueve.

    Lucy inclinó el cuello hacía atrás para poder beber lo que quedaba en el vaso de vidrío, el líquido turbio se deslizó por su garganta de forma entrecortada; a Lisa se le ocurrió que realmente se estaba obligando a tragar el contenido.

    —¿Lucy, No quieres descansar? Ya llevamos acá abajo algunas horas y aún no me dejas revisar tú garganta.

    Al escuchar las palabras de Lisa, la pelinegra escupió parte del líquido contra el suelo, los hombros de la niña genio temblaron mientras veía la mezcla opaca escurrir por el piso. El primer impulso de la sabelotodo fue correr a ocultarse detrás de sus hermanas mayores en la parte alta de la escalera, pero ya podía escuchar la voz de Lincoln: “No molesten a Lucy, necesitamos estar para ella, demostrarle que es importante para la familia”.

    —Niña… creo que nuestro propósito real es más importante —entre cada palabra dicha por su hermana mayor Lisa volvió a escuchar aquel castañeo de cigarra, el ruido se hacía cada vez más llamativo—, piensa, pequeña, estás tan cerca de obtener conocimiento invaluable, no te quiebres tan pronto.

    Haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, Lisa subió a la cocina y regresó al sótano con el vaso lleno nuevamente de agua azucarada y una servilleta de papel.

    Desde la comisura de la puerta, el teléfono de Luna vibró y al desbloquear el aparato la rockera se topó con una notificación de “Flipp's, Comida y Combustible” desde que el viejo Flipp aprendiera a usar el internet no pasaba un solo día sin saturar la red con sus molestos anuncios. Ya estaba por volver a apagar la pantalla cuando vio el icono de la aplicación Wassup iluminarse con un pequeño número “1” en color rojo brillante.

    Era un mensaje de su madre que decía:

    «No se queden despiertas hasta tarde. La pasta que hicieron estaba muy rica. Su padre y yo lamentamos llegar tarde.

    Los amamos, m y p».

    Luna había abierto el chat con su madre recién había recibido el mensaje, sabiendo que su madre aún no cerraba el chat y que seguramente había notado el doble check, no le quedó más opción a la castaña que responder.

    «No problema :D»

    Frunció el ceño mientras regresaba el aparato al bolsillo; el reloj digital del aparato indicaba que ya faltaban dos minutos para las nueve de la noche, sí Lincoln no llegaba en los próximos dos minutos tendría que salir a buscarlo.

    —¡Maldición! Luan, te quedas a cargo.

    —¿Pasó algo?

    —No Lynn, sólo irá a buscar a Lincoln —la comediante ni siquiera podía sonreír al ver el estado tan afectado de su hermana gótica, la pequeña parecía sufrir alguna especie de trauma profundo—, el cabecita de algodón dijo que sólo iba a caminar un poco y ya se tardó bastante.

    Entonces llamaron a la puerta, cuatro golpes secos, sin ritmo. Ninguna de las hermanas se movió, Las gemelas y la más pequeña de toda la familia llegaron corriendo desde la sala, Lily anunció con una vocecita.

    —Están llamando a la puerta ¿quieren que vaya a abrir?

    —Ya le dijimos que no —Lola hablo primero—, que primero debe de…

    —… saber quién es —Finalizó la rasposa voz de Lana—. Eso es lo que una persona responsable debe hacer.

    —¡YA LLEGUÉ! —La voz de Lincoln tronó desde afuera.

    Después de escuchar el grito, toda pizca de “responsabilidad” se esfumó del semblante de las gemelas. La primera en reaccionar fue la pequeña Lily, quien corriendo fue la primera en alcanzar la puerta de entrada, Lynn y Lana llegaron instantes después.

    La menor de las Loud abrió la puerta con el resto de las hermanas detrás de ella, peleándose entre ellas para poder ver a través del marco de la puerta.

    Frente a las muchachas un sonriente adolescente de pelo blanco sostenía algunas bolsas de plástico negras y tres inconfundibles cajas cuadradas, al verlas las cajas de pizza todas las hermanas empezaron a salivar con anticipación pero lo que llamó la atención de Lily no fue la promesa de una cena deliciosa o las extrañas bolsas que su hermano insistía en esconder detrás de su cuerpo, fueron las marcas debajo de los ojos de Lincoln, había estado llorado.

    —¿Ordenaron pizza chicas?

    Un grito de felicidad fue la respuesta general. Utilizando cada truco y maña que conocía logró llevar las cajas hasta la mesa, y solo entonces sintió la vista de reproche de Luna y Luan “¿De dónde sacaste el dinero?” le dijo Luna moviendo los labios, pero Lincoln le restó importancia al asunto encogiéndose de hombros. El peliblanco ya tenía un plan para evitar las preguntas de sus hermanas mayores.

    Todas las recriminaciones por llegar tarde o comentarios preocupados quedaron en el olvido en cuanto abrió la primer caja, nadie dudó en tomar una rebanada. Últimamente sólo hacían dos comidas al día, sin contar el pequeño almuerzo que todas tomaban en la escuela, en el caso de Luna era en la tienda de discos, por lo que siempre tenían hambre.

    Con comida en sus bocas, el humor grupal empezó a mejorar. Entonces, una vez estuvo completamente seguro que había logrado eludir a sus hermanss, Lincoln notó una nueva silla vacía y a Lisa llenando dos platos con tres rebanadas de pizza cada uno. Recordó la conversación con Lucy y supuso que ambas continuarían con sus investigaciones de su proyecto “secreto”, las ayudaría en cuanto se lo pidieran, su época de solucionar los problemas de sus hermanas a cambio de su dignidad se había acabado.

    Inmerso como estaba, oyendo como siempre las conversaciones que surgían de un extremo de la mesa y terminaban en el contrario, contemplado las paredes y muebles tan conocidos de su hogar y a sus hermanas devorando lo que tuvieran enfrente; Lincoln obtuvo lo que quería, un sentimiento de normalidad. Pero casi inmediatamente después descubrió que en cada cosa que contemplaba había algún cambio causado por el lento paso del tiempo: las gemelas tenían ahora una dentadura perfecta, a Lisa empezaban a crecerle algunos dientes propios y ni Leni ni Lori estaban comiendo con ellos… físicamente al menos pues Leni estaba muy ocupada saliendo al patio trasero para entrar segundos después y volver a salir; la ilusión de bienestar se rompió al fin cuando vio a Lily sonriendo y sacándole la lengua a modo de juego a Luan.

    Sus ojos se llenaron poco a poco de agua hasta que se comenzó a derramar el contenido sobre sus mejillas, en un último intento obstinado para no llorar mantuvo la sonrisa en su rostro y se limitó a guardar silencio. Quedándose quieto en la silla, al margen de todas las conversaciones.

    —Papi… ¿Por qué lloras? —La primera en darse cuenta del estado deprimido de su guardián, como siempre, fue Lily—, ¿te sucedió algo malo mientras estabas fuera?

    —¿Qué…? no, no me pasó nada —Cuando Lincoln alzó la vista se encontró con seis pares de ojos viéndolo atentamente, con una mano se limpió las pocas lágrimas de la cara aunque estaba por derramar más—, no me pasó absolutamente nada, mi nena Linda. Estoy llorando para desquitar el dinero que gasté en darles de comer… —se sorbió la nariz y continuó hablando entre su sonrisa fingida y un llanto que ya no lograba contener—, todos mis ahorros desperdiciados, en ustedes chicas.

    El llanto del muchacho se hizo más amargo pero la mayoría de sus hermanas ya no le prestaban atención, estaban todavía muy afectadas por el extraño comportamiento de Lucy como para notar la forma en la que su único hermano se esforzaba por no derrumbarse frente a ellas a causa de las noticias concernientes a su mejor amiga.

    -o-

    Lisa estaba entrando a la cocina, el bocado de su pizza de queso por fin comenzaba a enfriarse lo suficiente para poder masticarlo y tragarlo cuando oyó un ruido, una de las cajas del sótano se había caído.

    Lisa se quedó inmóvil al inicio de la escalera. Sin atreverse a bajar.

    Más que el ruido de las cosas cayendo al suelo, le asustó el silencio absoluto que le siguió a dicho escándalo.

    Nerviosa, Lisa volteó hacía el comedor, donde hace mucho tiempo estaba “la mesa de los grandes”, ahí, rodeado por un ambiente de relajación y disfrute, su hermano mayor con lágrimas en los ojos estaba haciendo un esfuerzo casi inhumano para mantener la sonrisa en su rostro mientras le servía al resto una segunda ronda de pizza.

    La pequeña científica regresó la mirada hacía el sótano, creyendo ver un par de ojos brillantes allí abajo, observándola con la atención de un depredador hambriento. Sin embargo la parte racional de su cerebro le recordó que realmente no podía ver nada, el lugar estaba a oscuras, algo extraño incluso para Lucy ya que cada vez que la gótica se internaba en lugares tenebrosos para leer a solas siempre llevaba consigo una linterna para poder ver libremente a su alrededor.

    Murmurando palabras, que bajo ninguna circunstancia exclamaría frente a su familia en voz alta, Lisa empezó su descenso al sótano. No quería volver la situación entre Lucy y ella más incómoda por lo que tampoco se molestó en encender la luz sin consultarlo antes con la pelinegra.

    A medio camino, en el descanso intermedio de las escaleras, Lisa se detuvo con el corazón palpitando a toda velocidad contra su pequeño pecho pues alcanzó a distinguir un cuerpo arrodillado contra la pared donde habían estado grabando con láser las runas. Era Lucy, su hermana mayor, la otra persona en la casa capaz de dejar de lado sus propias actividades para escuchar sobre sus problemas.

    La gótica parecía estar revisando los símbolos inscritos con su máquina laser… solo que lo estaba haciendo de manera peculiar, el brazo que no ocupaba para apoyarse, el izquierdo, estaba completamente rígido a un lado de su cuerpo, el brazo derecho estaba descansando escuetamente sobre la libreta forrada en cuero negro en la que había estado escribiendo de manera neurótica desde que regresó a casa, y parecía estar lamiendo la inscripción criptica gravada más recientemente pues tenía la boca demasiado cerca de la misma, por la extraña postura de la cabeza de su hermana mayor, y debido a que su imaginación infantil estaba demasiado excitada debido al miedo, a Lisa le pareció que Lucy estaba leyendo la inscripción con ojos que le salían desde la garganta.

    Estaba tan concentrada observando a su hermana, que Lisa no notó como uno de sus pies resbalaba por la superficie de uno de los escalones y caía al que le seguía debajo, ocasionando que la pequeña científica casi se cayera por las escaleras. Al oír el ruido a sus espaldas, Lucy cerró la boca, se dio la vuelta y vio a su hermana menor recobrando el equilibrio; Lisa la saludó con la mano, aún más nerviosa que antes.

    —Traigo comida, unidad fraternal mayor —dijo Lisa sintiendo vergüenza del miedo que reflejaba su voz—, no puedes negarte a cenar.

    Al terminar de bajar, la castaña dejó los platos sobre la lavadora y alcanzó el interruptor, sin preguntar por el permiso de su hermana mayor, como había planeado que haría, encendió las luces.

    Nada sucedió.

    Más nerviosa que antes lo intentó varias veces, obteniendo el mismo resultado en todos los intentos

    —Esta fase la tenemos que hacer a oscuras —como siempre, Lisa no sintió a su hermana acercarse pero esta vez el susto al notarla aparecer a su lado fue mayor—, por eso tomé la libertad de retirar la bombilla.

    El techo del sótano medía dos metros y medio de altura, ni siquiera Lynn podía brincar tan alto. La respiración se le empezó a acelerar a Lisa mientras extraños pensamientos empezaban a acosarla «mi cuarto no es el único lugar donde hay riesgos de resultar contaminada con algún químico peligroso o tenido contacto con un sobre-estimulante físico, y Lucy ha pasado últimamente mucho tiempo en mi cuarto... tendría que investigar, hacerle estudios, tendría que… ponerla en cuarentena.»

    —Usé la escalera —un solitario dedo pálido señalo una escalera plegable en el fondo de la habitación—, ni siquiera Lynn puede alcanzar el techo.

    Sin decir más, Lucy tomó uno de los platos que descansaban sobre la lavadora y se quedó viendo lo que contenía. Al ver la forma dubitativa con la que su hermana mayor miraba la comida, Lisa creyó, si hubiera sido una niña más normal lo llamaría “intuición”, que su hermana había olvidado o no reconocía las características de la pizza, parecía confundida ante el platillo.

    Después de unos inquietantes segundos, la gótica se metió una de las rebanas a la boca y masticó.

    —Discúlpame, entre que el cuarto está oscuro y el cabello sobre los ojos no puedo ver muy bien…

    El siseo de cigarra sonó levemente tan pronto como Lucy terminó de decir aquello.

    -o-

    Lincoln puso las bolsas negras con los obsequios entre los viejos peluches de Lola, hacía años que la pequeña princesa había dejado de buscarlos y a Lily no le gustaban tanto los muñecos de felpa como para meterse al oscuro armario de blancos a husmear por su cuenta.

    Sacó la cabeza por el marco de la puerta y al comprobar que no había muros en la costa cerró tras de sí el armario de blancos y avanzó hasta su nueva habitación, al abrir la puerta se topó con su hermana mayor de espaldas a la puerta; Leni estaba sentada en la antigua cama de Lori, viendo fijamente la avenida Franklin a través de la ventana. Con el rostro encendido, Lincoln cerró la puerta rápidamente

    —¡Lo siento Leni, no quise espiar! —había hablado sin pensar, Luna, que acababa de salir del baño, con una mirada entre preocupación y reproche se metió a su habitación sin molestarse por corregir a su único hermano.

    —Lo siento Lu, supongo que me ganó la costumbre —le dijo Lincoln a la puerta cerrándose de la habitación de sus hermanas mayores—, no… no importa.

    Otra vez sólo en el pasillo, Lincoln volvió a abrir la puerta del dormitorio, su hermana de cabello dorado ya no estaba en ningún lado. «¿Cómo se sentirá estar en su lugar?» pensó mientras se sentaba en su cama, la misma en la que estaba sentada hace unos momentos Leni.

    Un leve jaloneo en su manga sacó al peliblanco de su nube de pensamientos, al voltear hacia abajo vio a su hermanita bebé, Lily, quien le ofrecía una solitaria galleta amarilla.

    —Linky, mira lo que me dio Lucy — la pequeña tenía en el rostro y sobre los hombros algunas migajas—, antes eran bastantes galletas pero entonces ocurrió algo y…

    Mientras le quitaba las migajas de encima, Lincoln escuchó atentamente las excusas que le estaba contando Lily para explicar por qué no le había guardado más que una única galleta. Lincoln siempre se sorprendía al oírla hablar, la nena lo hacía tan claramente y con tanta naturalidad que estaba seguro que Lisa tenía algo que ver con ese pequeño logro.

    —… y es por eso que sólo quedó esta galleta, pero quiero que tú la comas, la guardé especialmente para ti, papi.

    Al escuchar esas palabras, Lincoln sintió como un calor agradable comenzaba a inundar su corazón. Con una gran sonrisa tomó la galleta de la manita de su hermana bebé, y al hacerlo sintió como uno de sus ojos temblaba y la sonrisa comenzaba a empequeñecerse; la galleta estaba fría y aguada, seguramente la nena la había tenido en la mano todo el rato mientras devoraba el resto y cuando descubrió que esa ya no estaba crujiente simplemente decidió que no la comería.

    Aun así, Lincoln colocó la golosina en su boca y masticó, al hacerlo el rostro de la niña rubia se iluminó con una alegría pura. Con un grito agudo, Lily se arrojó a los brazos de su hermano mayor, le llenó la frente y una mejilla de besos con sus labiecitos húmedos y viscosos. De repente la galleta ya no estaba tan mal e incluso la sonrisa volvió a su rostro con una intensidad renovada.

    Tras babear a su hermano mayor, Lily salió corriendo de la habitación con una sonrisa de oreja a oreja, al pasar por la puerta tuvo que tener cuidado puesto que Lynn Jr. estaba recargada en el marco de la misma. La deportista había visto toda la escena. Cuando ambos se quedaron finalmente solos le habló a su hermano.

    —¿Sabes? Recuerdo que papá hacía eso cuando alguna de nosotras no quería comer algo, claro que eso era cuando aún éramos unas bebés —la castaña tenía en el rostro una sonrisa cálida—, sabes… serías un gran padre.

    Los recuerdos de la incómoda escena con Lucy y de la llamada de Lori volvieron a la mente de Lincoln, atormentando su consciencia. De repente la mirada intensa que le dedicaba su hermana lo puso muy incómodo.
     
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