1.  
    BlackSheep

    BlackSheep Guest

    Título:
    Santa Ana
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Fantasmas
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1890
    Santa Ana

    Comenzar la relación de los hechos sabiendo que, forzosamente, habré de pasar por las muertes de María y todos los pasajeros del St Anne no es una expectativa muy alentadora. Aún con tan sólo recordarlo, tiemblo y acuden las lágrimas a mis ojos. ¿Por qué...? ¿Por qué, de cuantas mjeres hay en el mundo, fui a enamorarme de la viuda negra, la más terrible que haya pisado estas tierras? ¡Y aún si su veneno hubiera penetrado unicamente en mí, dejando libres a aquellos que, exentos de culpa, sufrieron mayor tormento! Pero no, no he de alterarme. Debo reproducir los hechos de la forma más objetiva posible; y para ello he de mantener la calma.
    Comenzare presentandome a mí mismo pues, de alguna manera, podría decirse que soy el protagonista de la historia que voy a referir. Me llamo Gabriel, y trabajo como farero en Rienburg, un pequeño pueblo costero bañado por las aguas del Atlántico. Soy el encargado de alumbrar el Faro del Coral para que los barcos lleguen a buen puerto; es esta tarea mía, pues mi padre, herido en la guerra hace diez años, fue operado de urgencia, resultando esto en la amputación de su pierna derecha. En cuanto a mi madre, que en paz descanse, corrió peor suerte. Carezco de hermanos o cualquier otro familiar.
    Como he dicho, hace diez años que hirieron a mi padre. Desde entonces, se me encomendó la tarea de iluminar cada noche el faro; y yo, cargado con esta responsabilidad, llevo cumpliendolo día tras día, mes tras mes, año tras año, sabiendo que era yo el encargado de mantenernos a mi padre y a mí, con el temor de no saber que sería de nosotros si fallaba una sola vez. Sabiendo que esto no bastaba para sustentarnos, hacía frecuentes visitas al puerto, por si había algún trabajo con que ganarme el pan. Vivía, como puede verse, con una fuerte y eterna presión; y sólo Dios sabe a qué miserias tuvimos que hacer frente en determinadas épocas. Toda esta situación me produjo una angustia tan inmensa que, en no pocas ocasiones, me hizo cuestionarme si no sería mejor ponerle fin junto a mi vida. Imaginense a un crio, de apenas unos once años, viendose encerrado en aquel oscuro y humedo calabozo, sabiendo el único responsable de su vida y la de su padre, en un monótono ciclo en el que no existía el descanso ni parecía haber fin.
    Pero, con los años, aprendí a resignarme a este estilo de vida. Le cogí cariño a mi faro, e incluso trabé amistad con ciertos marineros y gentes que frecuentaban el puerto. Sin embargo, notaba que me faltaba algo; el precio por acostumbrarme a aquella vida fue alto. Por más que quisiera, no podía ser feliz, ni aún en épocas de prosperidad. Y cada noche, una vez acabado mi trabajo, me acomodaba en mi cama y, bajo la luz de la luna, intentaba conciliar el sueño. Pero, sin poder evitarlo, la misma pregunta acudía una vez tras otra a mi mente: ¿Quién soy?
    Pasado ya el otoño del año en que cumpli los veintiuno, se acercaban las fiestas de invierno de Rienburg. Todo el pueblo estaba ajetreado con los preparativos, pues la celebración del año nuevo es una de las más importantes en el lugar. Me encontraba, en aquellos momentos, en el pueblo, ayudando a descargar la mercancía de un barco recién llegado cuando, por casualidad, escuché la conversación de unos compañeros acerca de dichas fiestas, que en pocos días tendrían lugar. Manifesté un cierto interes en el tema y, tras discutirlo un rato, estaba ya invitado a participar en ellas.
    Así que allí estaba yo, el 31 de Diciembre, vestido con mis mejores galas en una taberna del lugar. Sabía que tenía que estar de vuelta antes de que se pusiera el sol, más aún siendo el día que era. Pero para eso todavía quedaban muchas horas, y lo cierto es que aquella era la primera vez que salía de mi faro con el único fin de entretenerme. Así que bebí, quizá más de lo que debía, y charlé, tanto con los ya conocidos como con los que me iban presentando. Sin embargo, a partir de cierto momento, no recuerdo más que imagenes difusas, como si se tratará de un sueño por el que me desplazaba sin tener plena consciencia de ello. En un momento dado, alguien (no sabría decir quién a estas alturas, ni creo que fuera capaz de recordarlo) me presentó a una joven, María, cuyo aspecto ya de por sí bastó para llamarme la atención; pelo negro, lacio y largo hasta los omoplatos, rizado en las puntas; ojos de un azul intenso, que nada tenía que envidiar al más hermoso de los mares; la piel, algo pálido y de un tacto que, no siendo del todo suave, no podría describir sin referirla a ella. Si tan solo el contemplarla me había hechizado, el escuchar su voz me hizo completamente suyo. Comenzamos a hablar, mientras nos alejabamos progresivamente, casi sin darnos cuenta, de la multitud. En ella descubrí todo lo que hasta entonces me había faltado, y sólo a través de ella mi vida tenía sentido. Me dijo tantas cosas que jamás pude siquiera imaginar, encerrado en mi faro, alejado de cuanto ella había visto y vivido... Y, de alguna manera, descubrí una nueva parte de mí mismo a su lado. Tal fue la fascinación que sentíamos el uno por el otro (aunque no he de descartar que el alcohol hizo su parte) que en pocas horas nos encontrabamos en su cama, dando rienda suelta a nuestras pasiones. Todo un mundo de sentimientos y emociones, hasta entonces ignorados, se abrió ante mí. Sentí que ella era la pieza que le faltaba a mi vida, que había venido a llenar un gran vacío que toda mi vida había llevado en mi interior. Y, entonces, fui feliz.
    Sin embargo, parece que no haya dicha que no sea compensaba por una desgracia de las mismas proporciones; y si aquel día había descubierto la auténtica felicidad, el sentido de mi vida, lo que había de ocurrir la arruinó por completo.
    Me encontraba vistiendome de nuevo cuando, de pronto, creí escuchar un ruido proveniente del pasillo. No le dí mayor importancia; pero María comenzó a mirar a un lado y a otro con nerviosismo, como intentando escudriñar entre las sombras para discernir quién había sido el causante de aquel sonido. Intenet tranquilizarla pero, desgraciadamente, no tuve mucho tiempo para ello; escuché la puerta abrirse y, en cuestión de segundos, sentí un fuerte golpe en la cabeza. Sin que me diera tiempo a reaccionar, caí inconsciente al suelo.
    ¡Oh, Luna, que con tu haz de luz eres fuente de inspiración para los poetas! ¿Por qué no desviaste tu trayectoria en aquella fatídica noche, para servir de guía a aquellos a quienes yo fallé?
    Finalmente, tras un sueño tan largo como pesado, desperté. Era aún de noche y, según pude ver, me encontraba en la plaza del pueblo. En cuanto hube recobrado la consciencia, contemplé la escena que se me presentaba con asombro. Casi todos los habitantes del lugar se encontraban allí, unos llorando desconsoladamente, otros con la mirada ausente, otros tratando de animar a quienes tenían alrededor. Cuando me levanté y pregunté, desconcertado, que qué ocurría, las miradas de todos los presentes se centraron en mí, llenas de odio y desprecio. Finalmente, adelantandose a los demás, un conocido se acercó a responderme; lo que estaba por decir hizo que me fuera imposible contener las lágrimas.
    - Todos los pasajeros del St- Anne han muerto. Tú eras la luz que había de guiarles... Pero no estuviste para hacerlo.
    A partir de aquel día, comenzó una verdadera pesadilla. No sólo me habían arrebatado a la persona a quien amaba, sino que había sido el culpable del hundimiento de aquel barco, llevandose consigo las vidas de cuantos habían embarcado en él. Si bien las gentes del lugar me mostraban abiertamente la ira, el rencor y el desprecio que sentían por mí, este no podía, ni de lejos, al que me profesaba yo a mí mismo.
    Aquellos días se inició un proceso en mi contra. Se me acusaba de no haber guiado al St Anne hasta el puerto, provocando, con ello, la tragedia. Ni yo mismo ponía mucho empeño en defenderme; lo único que se podía decir a mi favor era que, estando inconsciente, no había podido cumplir mi deber; y, desde luego, no era culpa mía el haber perdido la consciencia. El juez no parecía muy por la labor de dejarme en libertad con un argumento como aquel; de hecho, habría sido declarado culpable de no haber ocurrido algo totalmente inesperado. Presentandose ante los Tribunales, un hombre declaró ser, en efecto, quien me había golpeado, desencadenando así la catástrofe. Pero no fue esto lo único que confesó; pues, admitió, asímismo, ser el asesino de María. Al preguntarsele por su identidad, se comprobó que aquel hombre era el marido de la mujer a la que había matado, harto, según él, de sus frecuentes infidelidades.
    Así que aqui me veo de nuevo, puesto en libertad. Sin embargo, lo que ocurrió no deja de atormentarme. He perdido a la mujer que amaba, he sido responsable de la muerte de decenas de personas, y cuento con el más profundo y sincero desprecio de los habitantes de Rienburg. Durante meses me ha atormentado esta pesadilla; me esi mposible ya dormir sin escuchar los gritos de aquellos inocentes, pidiendome ayuda, rogando que haga algo por salvar sus vidas. Pero, si he aguantado tanto tiempo, fue para acompañar a mi padre hasta su último día. Ahora que él no se encuentra entre nosotros, no tengo mótivos para seguir con vida. Escribo estas últimas palabras desde lo alto del Faro del Coral, contemplando mi pueblo, que tantos años fue como mi hogar, y que ahora me dispongo a abandonar, alumbrado por la luz de la luna. Dejo este legado por si, entre todos a los que llegue, hay una sola persona capaz de comprender el dolor que me llevó a tomar esta decisión.

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    Dejando a un lado este escrito, el joven se acerca a uno de los salientes. Mirando fijamente al mar, con una sonrisa en la cara, da un paso tras otro, mientras dice, en voz alta, sus últimas palabras, sin detener su marcha.
    - Pequeño faro mío, fuiste mi hogar, y ahora seras mi tumba. Ayudame a redimirme por todo el daño que hice, y aplacar su ira...
     
  2.  
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    Re: Santa Ana

    os..ti :eek:
    tengo los pelos de punta O__O
    es increible..
    uff.. no tengo palabras
    no exagero!!
    en serio, es una historia tan bella
    como escalofriante o.o
    me encantaa!!!!!!!!!! >/////<
    tu manera de escribir es fantastica
    ermanitoh.. n__n
    espero otro d tus tesoros prontito!
    nss vemos, loko!

    hiKari-chan
     

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