Chūō Salón Cristal [Salón de eventos]

Tema en 'Ciudad' iniciado por Gigi Blanche, 20 Febrero 2026.

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    Zireael

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    Asentí a su preguntar de reconfirmación del significado de mi nombre y reí al escucharla decir que parecía un sol y que éste bañaba los árboles. Me dio la sensación de ser pura asociación libre, la verdad, y la dejé ser. Me dijo el significado del suyo y lo siguiente fue un poco sobrado. Pero bueno, todas teníamos momentos, ¿o no? No opiné al respecto, sencillamente le dediqué una sonrisa. Al mostrarle las uñas dijo que había sido víctima de la música y volví a reírme. No me consideraba una víctima como tal. Como fuese, mi risa mutó a sonrisa por el comentario del contraste y negué con la cabeza a su siguiente pregunta.

    Además, si mal no recordaba, el último tour de Britney había sido en Estados Unidos en 2018, ¿no? Para entonces ya estaba aquí en Japón. De todas formas, incluso antes de eso era muy pequeña como para imaginar ir a un concierto siquiera, quería decir, mis padres posiblemente no accederían a llevarme porque potencialmente tendríamos que salir de la ciudad y demás y estábamos con el asunto de los ahorros para migrar y una larga lista de etcéteras.

    —En realidad nunca he ido a un concierto de ninguna clase —admití cuando ella terminó de hablar.

    Cuando me mostró la foto de Pai pequeñito tuve que llevarme una mano a la boca para cubrir físicamente la risa que se me habría querido escapar, porque no me habría esperado que su expresión hubiese cambiado tan poco con el paso de los años. Igual daba ternura, la verdad, pero me reservé el comentario. Su contestación a lo que yo le respondí me hizo apartar la vista de la foto un momento y solté el aire por la nariz.

    —No es sencillo, supongo —reflexioné en voz baja teniendo presente nuestra charla de hace un momento—, pero se hace lo que se puede.

    La nueva voz que se abrió paso con firmeza quiso tensarme, pero logré atajar mi reacción a tiempo y al notar que incluso Alika había apaciguado su personalidad, en mi rostro suspendí una expresión bastante neutral y al recibir sus ojos esta no cambió en ninguna dirección. La conversación que abrió con su hijo frente a mí me pareció la clase de tema que no se habla en una fiesta ni frente a una invitada, pero yo qué sabía, ¿no?

    Pasé saliva al oírla decirle que no era negociable y forcé a que la molestia que se había instaurado en mi garganta bajara al estómago y se quedara allí. Había que ser muy idiota para abrir la boca en un asunto familiar como ese. Alika lo alcanzó con su tacto y él entonces me habló a mí, de forma que le dediqué una sonrisa suave.

    —Tómate tu tiempo. Te espero —le dije con calma a pesar de lo que sentía y al verlo alejarse detrás de su madre solté el aire por la nariz antes mirar a Alika—. Por ahora quedo en tus manos, supongo.

    Podría haber preguntado más por su madre, pero me parecía muy abrupto. Si el asunto se tomaba un rato, entonces vería la posibilidad de mapear un poco más, aunque con lo que iba viendo... Bueno, no me estaba formando la mejor de las opiniones.

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    Mi comentario lo hizo reír y me di por servido. Si justamente hacía lo que hacía y me mandaba las cagadas que me mandaba porque sabía que no lucía peligroso ni raro ni nada, digamos que era sencillo acercarse a las personas si tenía esa intención. La tontería que dije iba apuntando más hacia otra cosa, pero eso sólo yo lo sabía, ¿verdad? Al menos era la sensación que me daba.

    Como fuese, al llegar a la mesa me di cuenta que los postres eran distintos e incliné un poco para husmear antes de decantarme por alguno o de tomar una botella de agua. Él había tomado un mochi y había girado el rostro para atender a mi respuesta antes de decirme algo en consecuencia, sus palabras me hicieron sonreír y negué suavemente con la cabeza, como si así decretara que no tenía remedio. Había mencionado a la chica porque ella le había entregado los chocolates frente a mí y yo pues le había regalado uno de los que llevaba conmigo a ella, así que era obvio que al menos nos tratábamos.

    —Los suficientes dice, como si me estuvieran haciendo la caridad —dije con molestia impostada y ya luego suavicé la voz para darle una respuesta honesta—. No me di cuenta cuándo me hice un grupito de amigas, si te soy sincero, pero bueno me regalaron más de los que esperaba.

    Más de los que merecía, también.

    Todavía recordaba la caja de chocolates de Vero envuelta en la chaqueta.

    Me tomó por sorpresa ver que me ofrecía del mochi que había mordido, preguntándome si me gustaba el lychee, el dejo de extrañeza se me debió notar en los ojos pues fui consciente de que no pude filtrarlo a tiempo. Para cuando forcé a la emoción a retroceder ya había chocado con otra y recordé toda la mierda del invernadero y pensé que justo por lo desdibujado y borroso de todo lo que rodeaba a Craig, quizás lo decente fuese trazar alguna clase de límite. Algo que no había hecho en los meses anteriores. Quizás no fuese tanto el límite... si no tratar de arrojar luz sobre el asunto, al menos desde su lado.

    Por consecuencia, no cedí al impulso por el que me habría guiado y en su lugar usé la mano libre para tomar el mochi de la suya. Me comí el dulce, me quité cualquier resto de los dedos con la lengua y solté suavemente su brazo con la excusa de tomar una botella de agua. La abrí sin prisa y aunque no diera esa sensación, permanecí atento a sus posibles reacciones ante el camino por el que me había decantado, por llamarlo de alguna forma.

    —Me gusta —afirmé y me pregunté si sólo a mis oídos habría sonado así de ambiguo, ¿seguíamos hablando del lychee o yo estaba loco? Lo segundo era perfectamente posible—. Y por lo que veo tú estás dispuesto a comerte todos los postres de Japón.

    Lo dije en tono de broma, por supuesto, y ahora sí le di par de sorbos a la botella de agua que me vinieron bien para ordenar ideas o eso quise pensar. La dejé en un borde de la mesa y pesqué una porción de cheesecake, pues porque uno tenía sus favoritos después de todo. Tenía su cuchara, obvio, así que tomé un poco y me lo llevé a la boca. Elegí tampoco ceder a la otra tontería que había pensado y en su lugar, ni idea, seguí tratando de sacar algo en limpio. ¿Todos los hetero eran así de complicados? En mis recuerdos no.

    —Me consuela no haberme quedado entre el tumulto de chocolates ánimos ya que estamos —comenté un poco al aire, antes de comer un poco más y le eché un vistazo albino—. Habría sido tristísimo, ¿no crees? Aunque igual fue muy patético darte galletas de la cafetería.
     
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    Alika Paimon.

    Ya imaginaba que esto pasaría. Orn no solía responderle el celular a mamá, la tenía bloqueada por casi todos los medios, y la presencialidad era casi -por no decir-, nula. Me daba un poco de pena el hecho de que justo, cuando había invitado a alguien, ese alguien tuviese que presenciar situaciones que a ojos de él eran bochornosas y fuera de lugar. Quise pensar que ella, era tan buena gente como lo parecía, y que no lo comentaría con nadie que pudiese causar incomodidad en él.

    —Eso parece —me mantuve ligera, echando un vistazo por el espacio—, ¿has comido algo? Es decir, ¿quieres probar lo que han preparado en la mesa de snacks? Hay dulces y algunas entradas saladas, también agua. Si quieres igual puedo pedir que te den una soda —pestañeé, como cayendo en cuenta de al—, ¿eres mayor de edad o...?

    Depronto quería algo con licor y yo ofreciendo bebidas azucaradas o simples; preferí curarme en salud y preguntar para no verme o muy aburrida, o muy irresponsable. Aunque sabía que en sí, se tenía la percepción de que todos los presentes lo eran, a fin de cuentas ya habían repartido licor. Bueno, nada qué hacer.

    —¿Y qué tal Japón? ¿Te ha gustado más que estados unidos? —hice una pausa, invitándola a caminar conmigo por el espacio, esquivan algunas personas que estaban por ahí—. Estás en tercer año con Orni, ¿cierto? Por eso fue lo del tour que mencionaste, supongo. ¿Has pensado qué estudiar en la universidad, O tienes proyectos que no incluyen academia? —pregunté debido a que mencionó que le gustaba la música, era un nicho muy difícil y demás si hablabamos de ganar dinero en ello pero pues mejor preguntar qué asumir.

    [​IMG]

    Mencionó que había terminado haciendo un grupo de amigas, lo cual era positivo para no andar sólo por la escuela, y más que eso, una red extra de apoyo o simplemente personas con las que se tenía gustos a fines, o conversar sin más, me alegraba por él. Como fuese, noté la extrañesa en sus orbes ante mi ofrecimiento y fui consciente de la incomodidad que había causado, se soltó por sujetar alguna botella de agua y yo regresé la vista a los postres, los colores eran de tonalidades pasteles, pero preferí no probar ninguno más, y en su lugar lo escuché, respondiéndole:

    —El azúcar y yo tenemos una relación algo dependiente —pestañeé con liviandad, y volví a mirarlo, porque no a diferencia de otros no solía ser nada evitativo para excusarme si lo creía viable—, creo que te incomodé de alguna manera, si es así discúlpame.

    Estiré la mano también por una de las botellas de agua y recosté la cadera en el borde, la abrí con parsimonia y di un par de sorbos. Agradecía el aire acondicionado del lugar, pese a ser de noche el aire caliente del ambiente se sentía fuera, digamos que era una complicación adicional al estar acostumbrado a tierras muy frías desde que tenía consciente.

    Me sonrí y negué con la cabeza. Era el más feliz entre "tumultos" de caramelos, aunque bueno, los compartía en casa, y en parte había guardado en el cajón de la alacena unos tantos para cuando mi hermana llegase a casa, imaginaba que se pondría contenta por ello.

    —Japón ha sido mi resguardo de caramelos. En Rusia se come muy fermentado y salado, así que estoy aprovechando el tiempo que permanezca aquí. Tienen mejores cosas en chocolates y helados, bueno, es mi percepción —asentí, dándole la razón con respecto a las galletas, por tontear más que nada—, bueno, a mamá le gustaron tus galletas de la cafetería, le compartí por si acaso.

    Saqué el móvil del bolsillo al vibrarme, vi un mensaje de mi madre preguntándome si estaba bien y demás, le respondí, preguntándole por ahí derecho si quería que le llevase algo de acá. Me salí de la app y vi mi fondo de pantalla, estiré el móvil para que Cayden tuviese visual.

    —No te había mostrado fotos de Copito —hice referencia al gato que estaba conmigo en la imagen del fondo de pantalla—, comparte el mismo nombre que la mascota de Vero —hice el apunte porque se me vino a la cabeza aunque eso él ya lo sabía—, parece que los albinos pensamos medio igual, quién sabe —no lo decía enserio. Regresé mi mano a mi bolsillo con el aparato—, ¿y tus gatitos cómo están?
     
    Última edición: 7 Abril 2026
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    Zireael

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    Que hubiese hablado con Orn no significaba que eso aliviara de alguna forma la sensación de extrañeza e incomodidad que sentía con este asunto en particular. No creía que fuese lo suficientemente cercana a él para que me correspondiera estar en medio de esto e incluso de serlo, la verdad era que a nadie le gustaba que viesen sus embrollos familiares. Eso y que yo era un tipo de idiota. Puede que de hecho no fuese la única.

    Quería ofrecerle la mano a quienes quizás me hundirían consigo.

    ¿Y para qué?

    ¿De qué quería salvar a la gente? ¿De sí mismos?

    La idea me hizo mantener la esquina de la mirada en dirección a donde Pai había desaparecido con su madre y también, al mover los ojos fuera de allí, busqué la mata de cabello roja de Cayden. No lo encontré a él ni a Suiren por ninguna parte y aunque me pregunté dónde se habrían metido, la verdad fue que tampoco le di mucha importancia. Este era un espacio grande y para no aburrirse había que moverse.

    —Ah, no. Estuve conversando con Orn afuera un rato, recién volvíamos —respondí a lo de la comida—. Algo salado estaría bien y... Bueno, quizás una soda. La verdad es que cumplo los dieciocho a finales de año.

    La suerte de confesión la hice sin que me pesara ni un poco en la moral haberme bebido lo que ya me habían servido. Como ya había dicho, no era que fuese a intoxicarme ni nada por un inocente trago en una fiesta elegante. Si acaso aceptar la bebida venía con la etiqueta, pero no mucho más.

    —¿Japón? No está mal ni nada, pero no. En Estados Unidos no vivía en la ciudad, era de un pueblo, así que no me acostumbro a... pues a la jungla de concreto. El aire es denso, la vida acelerada y ruidosa —contesté luego de pescar mi cartera de donde la había dejado para seguirla como me instó a hacer—. Y sí, soy de tercero. En la universidad...

    Una risa me sacudió el pecho.

    —El último día de clase antes de vacaciones bromeaba con un amigo sobre qué elegiría ser si... Si pudiese adoptar la forma y papel que quisiera y pues en comparación a elegir algo de gente poderosa y eso, mi respuesta fue un poco simplona. Me gustaría ser actriz o compositora y cantante. —Mira nada más cómo había resumido yo lo de los reptilianos con tal de no sonar como una loca—. He pensado en estudiar Artes Dramáticas, ya que lo de la música es como que muy complicado.

    Tomé una pausa antes de continuar.

    —Eres mayor que Orn, ¿vas a la universidad? ¿Qué estudias?

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    Lo vi regresar la vista a los postres y me quedé recalculando cómo interpretar eso. El comentario del azúcar me hizo reír por bajo, pues lo mismo me pasaba a mí, aunque la verdad era así con varias cosas. Azúcar, cafeína, hierba. Lo cierto era que había sido una estupidez meterme pastillas si ya de por sí tenía una tendencia ridícula a caer en exceso de cualquier clase, pero no hacía falta mencionarlo ni nada. No esperé que, bueno, nos enfrentáramos al asunto de una vez.

    No supe bien qué contestar de inmediato así que, sorpresa, no lo hice. Bebí más agua y lo noté apoyar la cadera en el borde de la mesa; lo imité, tomé otro mochi, lo comí y cuando tuve la mano libre de nuevo me puse a darle vueltas al dije que me caía sobre el pecho. Me limité a oír lo siguiente que tenía para decir y volví a reír, me hacía algo de gracia. Había oído opiniones de otras personas de que los caramelos, postres y cosas azucaradas en Japón y en países asiáticos en general no eran tan dulces en verdad. Era un poco relativo, suponía.

    —Supongo que si al compararlos con fermentados, pues claro que es un paraíso —contesté por la tontería y antes de darle otro sorbo al agua atendí a lo de las galletas—. Si hago algo casero te comparto. Aunque no sé cuándo vuelva a cocinar.

    La repartija atropellada, desgastante y fallida de la White Week me había dejado agotado, no quería ni pensar en preparar nada complicado en un rato. Eso y que cocinar solo para mí era tremendamente aburrido. Así fueran unos nuggets, siempre tenía más sentido si era para otra persona. Hombre, si viviera solo quizás me marcaría un Arata y me la pasaría a punta de ramen instantáneo. Era un poco deprimente.

    Todavía seguía dando vueltas en qué diablos contestarle a este hombre cuando se puso a mostrarme fotos de su gato y me tragué la amargura que se me quiso atorar en la garganta a la mención de Vero. Que justo apuntara al tema de los albinos tampoco ayudó mucho, pues ya lo había pensado al llegar, como que no estaba ampliando mucho mis horizontes ni nada. No opiné sobre eso ni de chiste y a tientas pesqué otro mochi.

    He's so cute —comenté respecto a su mascota y después contesté su pregunta sobre los míos—. Están bien. Siendo los mismos vagos de siempre.

    Lo cierto era que Nyx había estado tanqueando como una campeona, desde que llegaba a casa no me soltaba. En la cama, el sillón, en la cocina, hasta en la ducha. La conocía lo suficiente para saber que notaba mi estado emocional, incluso si yo me percibía tranquilo. La pobre criatura había quedado espantada del sábado pasado y no la culpaba, vaya numerito me había montado. Como siempre.

    Guardé silencio y frené mis pensamientos. No era que estuviese pensando muy rápido ni nada, era que seguía tratando de llegar a alguna parte.

    —No me incomodaste —dije en voz baja y solté el collar que había vuelto a girar entre los dedos luego de comerme el otro mochi. Mis ojos estaban suspendidos en cualquier lugar del espacio—, pero no estoy muy seguro de que darle cuerda a algo como eso sea... necesariamente correcto. No desde mi posición.

    ¿Debía entrar en ese terreno? Por un lado yo me lo encontraba sangrando solo, por otro él había visto mi reacción del otro día y también habíamos tenido algunas conversaciones algo densas. Por otro lado, tampoco era como que lo escondiera mucho. Si lo sabía el pueblo entero en el Sakura seguramente, al menos si me habían visto doblarme como silla de playa. Aunque, bueno, estaba el asunto de Vero paseándose con mi chaqueta también. Era todo confuso que te cagas visto de fuera (y desde dentro también).

    Despegué la cadera de la mesa, dejé la botella allí y ocupé la mirada en los postres. ¿Quizás se lo debía? En plan, para qué él también eligiera si con sus cosas debía sentirse incómodo o no. Lo cierto es que nunca había estado en esta suerte de predicamento. Mis amigos eran bastante homosexuales, si debíamos ser sinceros, y los que no eran un poco muy varoniles como para tontear de esta manera y obligarme a pensar en límites. También era cierto que no pensaba mucho en límites en ciertos casos y por eso las cosas estaban como estaban.

    Yo también había hecho lo que había querido, sin más.

    —Hasta donde yo sé, lo tuyo son las mujeres —escupí entonces, no fue brusco ni incómodo, fue más como... si estableciera un hecho objetivo.
     
    Última edición: 11 Abril 2026
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    Alika Paimon.

    —¿Salaro? Ah, sí, sé que prepararon trocitos de carne, son muy delgadas y están bien condimentadas —la fui guiando en lo que continuabamos hablando. No podría ocultar que estaba preocupada, no sabía realmente cómo iría la conversación con mi hermano y mi madre, pero esperaba que papá también estuviese presente.

    Orn no era un hombre que se callaba cuando las cosas no iban acorde a lo que esperaba, o cuando no estaba de acuerdo en algo que lo afectara de alguna manera, y mi madre... era demasiado difícil de llevar, y más cuando Orni no quería verla ni en pintura, a diferencia de mí que estaba buscando ocasionalmente su atención así fuese por whatsapp, aunque solía dejarme en visto y cuando estaba en Rusia no me visitaba en realidad. No era su favorita por decirlo de alguna manera, y a diferencia de mi hermano mis notas no eran perfectas, ni destacaba a gran escala en alguna cosa que ella considerase valiosa. En fin, me di cuenta que me quedé pensativa, escuchando con eco las palabras de Ilana atrás de mí. Asentí para que se viese escuchada aunque me quedé con la mitad de lo que dijo.

    —¿Un pueblo? —giré el cuello para mirarla sobre el hombro por rebote—, ¿cómo es vivir en un pueblo? —era curiosidad genuina. Nunca había conocido a alguien que viniese de un pueblo.

    Acostumbrarse a las grandes ciudades era consecuencia de ello, y el privilegio lo acrecentaba aún más. Me dediqué a ponerle atención auditova, barriendo la preocupación, o al menos, forzándome a hacerlo.

    Habló de arte, mencionó ser cantante o compositora y de repente causó disonancia con nuestra familia, no es que fuese algo negativo, tan solo sonaba...

    —Te escuchas muy libre, Ilana —no pude evitar decirlo, aunque fue más como un susurro que se perdía inmediatamente con las voces de fondo. Se escuchaba libre y soñadora, y no recordaba un momento en el cual yo me hubiese escuchado igual. Sentí algo de envidia llegando a la mesa de comida.

    Con esta información no sabía si sentirme preocupada o tranquila de que Orn la hubiese conocido...

    >>Mira, ahí están los trocitos de carne, ah, también hay caviar, si quieres comerlo te recomiendo una cuchara chiquita con un poco de crema agria —señalé con el dedo la crema que estaba apartada en una esquina—, pruebas primero un poco de la crema y luego un poquito del caviar, para que sepa mejor —recomendé por si quería degustar.

    Por mi parte sujeté un trozo de bocadillo con queso añejo, comiéndolo con calma. Tragué y sujeté otro pedacito, sin llevarlo aún a mis labios.

    —Sí, dos años. Tengo veinte, actualmente estudio negocios internacionales en Rusia, no era lo que quería pero —suspiré—, tocó por dilemas familiares —forcé una risa para no hacer tenso el ambiente.

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    Mencionó que si hacía luego algo casero me lo compartiría. Sonreí más para mí mismo, como agradeciendo que me tuviese en cuenta para algo así, aunque quién sabe si sucedería en algún momento en realidad, o siquiera si lo recordase él en un futuro. Por mi parte, solía cocinar bastante en casa, en sí, mi madre y yo nos repartíamos las tareas al igual que las cenas cuando ella no se encontraba en el trabajo, de lo contrario por rebote debía prepararme algo. No compraba mucho en la calle, y ya era una rutina que tenía establecida. No lo parecía, pero solía ser apegado a las rutinas, era una forma de control simple para sentirme en el presente y metas cortas, "fáciles" de cumplir. Aunque para lo de la semana de chocolates no había preparado nada, más bien había comprado en una chocolatería.

    Era gracioso, preparar dulces o pasteles, postres en sí, no me nacía en absoluto, pese a ser mis platos favoritos de degustación.

    Giré el cuello apenas para volver a mirar los mochis, sujeté uno y lo comí, traía trozos de pistacho en el relleno y crema pastelera, por fuera era tan solo verde pastel. Tomé otro sorbo de agua para pasarlo y me decidí llevarle un par de esos a mamá. Más tarde le diría a Paimon para que me hicieran el favor de empacarlos en alguna cajita.

    —Ya que hablo de la gastronomía de mi país, ¿qué tal es el tuyo? ¿qué suelen comer allá normalmente?

    Ya tomándome el tiempo para mostrarle fotos de Copito, donde en algunas tenía puestas mis gafas negras mencionó que era Cute, y pues sí, mi compañero de vida era bastante fotogenico, parecía que el destino lo había llevado a mi puerta cuando chiquito para dedicarme medianamente también a los reflectores, aunque hacía ya semanas que no había regresado por indicación médica. Debía conseguir otro trabajo de medio tiempo para suplir mientras me daban el alta para regresar. Pagaban bien, y era lo que necesitaba para ayudar en casa, pero por el momento no me limitaría más que a esperar.

    Retomó lo que pensé que había dejado de lado, por lo que regresé mi atención visual a él. Se recostó en la mesa, como había hecho yo hace unos segundos. Mencionó que no veía el que le diese cuerda a algo como esto, y me pregunté a qué se refería, y entonces recordé como le compartí del mochi que había mordido antes de extendérselo. Lo apunté en mi cabeza, para no volver a hacerlo. Guardé silencio, más porque estaba esperando si decía algo más y no quería interrumpirlo; y así fue, tajó con mis preferencias sexuales y miré su perfil.

    Era homosexual, o es lo que estaba entendiendo con esto. Digamos que lo pensé, o sospeché, pero a la vez con el trabajo tenía varios compañeros que se paseaban entre espectros que uno podría determinar a vista pero en ocasiones me daba cuenta que me equivocaba. Si bien era cierto que estaba midiendo límites, no me había sentido incómodo con él, aunque me lo hubiese dicho desde el principio o más adelante, no concebía lugar en que me fuese a comportar diferente.

    Era una persona a fin de cuentas, y como persona me agradaba. Me reí entonces, con suavidad y sutileza, sin intención de ofenderlo, claro, fue más algo natural al no esperarme que me lo dijese así, tan directamente.

    —Supongo que así es —solté el aire por la nariz con liviandad—, me recordasta la cena que tuve con una amiga, habíamos hecho preguntas de asociación libre para conocer más uno al otro —lo contextualicé del por qué mi reacción. Ya había pasado tiempo de la salida con Sash, pero de una u otra manera me había recordado las preguntas que nos hicimos, y bueno—. ¿Y lo tuyo son...?
     
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    Le di las gracias cuando me dijo que había carne entre los aperitivos aunque mi mente siguiera en otras divagaciones, en las conversaciones ajenas incómodas, en lo que me correspondía o no o lo que esperaba hacer por otros. A la chica obviamente le llamó la atención lo del pueblo y sonreí para mí misma, pues no podía ser de otra forma. Igual era un poco gracioso porque suponía que cuando decía que venía de Estados Unidos todos imaginaban las grandes ciudades, no las montañas ni las zonas de menos de trescientos habitantes a la orilla de una carretera.

    —Más tranquilo que vivir en la ciudad —resolví con simpleza—. Y se siente más... humano. Es sencillo conocer a todos y hablar con la mayoría.

    La oí decirme que sonaba muy libre y no supe si para ella eso era algo malo o algo bueno, mucho menos porque fue en realidad un murmuro que quiso acabar perdido entre las conversaciones a nuestro alrededor. Suponía que lo era por mucho que siguiera atada, como todo adolescente, a las decisiones de mis padres y por eso estuviera aquí. Agradecía que mis padres no quisiera inculcarme el mismo estilo de vida que ellos tenían. Mamá no me impulsaba a seguir su rama de estudio y papá me dejaba claro los peligros o desventajas de ser un servidor de la justicia. No me imaginaba a mí en una carrera de nombre complicado ni usando una placa de policía.

    No respondí a su comentario que parecía pensamiento en voz alta y al llegar a la mesa de comidas, pesqué primero un trocito de carne. Después de masticar le agradecí la recomendación para el caviar, pero prefería no ponerme a jugar de fina con las cosas que probaba. Mi paladar no estaba necesariamente acostumbrado a este nivel de lujo ni nada, así que tampoco quería pretender que sí. Podía actuar hasta cierto punto.

    Cuando pasé la carne, la imité con un trozo de queso y la escuché con atención. Tenía veinte y estudiaba... lo que le habían encomendado. Pensé en lo terriblemente limitante que sonaba esta familia y en sí lo asfixiantes que debían ser estos legados importantes y demás. No podía imaginar a mis padres diciéndome lo que debía estudiar ni lo que debía generar en las personas tener que entrar en ese molde. Alika había forzado una sonrisa, pero tampoco era que hubiese servido de mucho.

    —No es la vida familiar más sencilla —tanteé, tomando otro trozo de carne—. Mi libertad debe parecer otro mundo, supongo. Sabes si... ¿Qué es lo que quiere Orn?

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    —¿El mío? —reboté algo extrañado—. Mi país es este, no nací en Irlanda. Aunque a los japoneses les gustan las cosas irlandesas, por eso los pubs son relativamente comunes. Anyway, a mamá la gusta sentirse cerca del hogar que dejó atrás preparando lo que pueda, que yo sepa la comida irlandesa comparte similitudes con la de otras partes de Europa. Estofados, carnes, papas, quesos madurados... Por eso supongo que soy fan de todo lo que tenga papas.

    El desvío a las mascotas fue temporal antes de regresar a lo otro y llegué a preguntarme, bueno, a qué conclusiones estaría llegando este muchacho en su cabeza. Me daba un poco igual compartir comida con las personas, la verdad fuese dicha, era más bien el underlying context del asunto por todas las estupideces con las que bromeábamos previamente. Que lo de preguntar qué éramos, lo de quedarnos solos, lo del bailecito y tal. Mejor quedar como un loco que cagarla, llegados a este punto.

    Lo noté mirar mi perfil, pues yo seguía con la vista al frente y preferí no seguir pensando en lo que le estaría cruzando la cabeza con tal de no caer en ninguno de los espacios de mi miedo. Recordaba la angustia que había sentido cuando, sin querer, había terminado confesándome con Hubert... En este caso no era tan importante, porque Suiren no era una persona cercana todavía, pero pues de nuevo, mejor prevenir que curar.

    Su risa fue suave y de alguna manera me quitó algo de preocupación de encima. Me contestó que suponía que era así lo que me pareció extrañamente ambiguo, pero cada loco con su tema, suponía. Dijo también que le había recordado a la cena que tuvo con una amiga y me arriesgué a asumir que quizás se trataba de Sasha, pues no era que este chico tuviera un gran círculo de amistades. Igual me hizo gracia que asociara esto a eso.

    —¿Lo mío? —Por salir de dudas imaginaba que la pregunta no estaba fuera de lugar. De todas formas, tomé aire y lo solté lentamente—. Hombres, la mayoría del tiempo, pero agradezco todavía poder apreciar y disfrutar la belleza femenina, ¿sabes?

    Lo dije con un tono jocoso, porque era un poco surreal estar teniendo esta charla junto a la mesa de la gala de los Paimon y con Suiren de toda la gente posible. Quedaba para una anécdota futura, claro, tipo "¿Te acuerdas cuando hablamos en la fiesta de tu mejor amigo sobre cuáles son nuestras preferencias?". Hombre, qué circo era esto.

    Actually, conocí a un muchacho hace poco, aunque es un rollo casual nada más —conté pues medio como dato de color y me reí—. Me estaba mensajeando cuando venía de camino, pero pues yo ya tenía una cita para hoy.

    ¿Y eso a cuento de qué venía?
     
    Última edición: 12 Abril 2026
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    Alika Paimon.

    La verdad fuese dicha, vista desde esta perspectiva se veía más atractiva de una u otra manera su vida, o al menos la libertad de soñar con ser lo que le placiera, o al menos tener la oportunidad de decirlo en voz alta. En lo que llevaba el segundo trocito de queso a mis labios volví a buscar a mi padre con la mirada, sutil, como si tan solo recorriera el espacio para mirar a los invitados presentes, pero no lo ubiqué, de nuevo.

    —Se escucha ¿divertida? No sé si es la palabra, creería que no, pero espero me entiendas a lo que quiero hacer referencia —murmuré correspondiente a lo de que su vida parecía de otro mundo. Preguntó por Orn, y bueno, creía que era un poco obvio por lo que no vi el por qué no decirle—. Culinaria, como nuestro padre —miré entonces los bocadillos—; lo que estamos comiendo lo planeó papá, y él ayudó en ello. Suele quedarse hasta tarde para asegurarse de que papá descanse en algún punto, se hace cargo del restaurante familiar cuando papá está de viaje, se exige en sus tiempos libres al estar bajo la supervisión de los Chef y bueno, lo apasiona la gastronomía.

    Y mamá quería arrebatárselo.

    —No habla mucho, pero cuando cocina... se nota su amor. Imagino que nunca te ha dado nada preparado por él, es egoísta, cínico, y sarcástico —ennumeré sus defectos sin siquiera notarlo—, pero si te llega a preparar algo en algún momento, siéntete afortunada —solté porque veía realmente imposible que le obsequiara algo. Me acerqué un poquito más a ella, para terminar de chismearle—. Aquí entre nos, solo nos prepara platillos o postres a mi padre y a mí.

    Una pareja de invitados que pasó cerca nos saludaron. Me incliné ligeramente al identificarlos, preguntaron por papá y me sonreí con elegancia, mencionando que posiblemente estaría ocupado en este momento, que en cuanto lo viese le informaría que estuvieron preguntando por él. Se alejaron sin más.

    >>¿Para ti este escenario se ve muy postizo? —tanteé, ubicando a papá salir entre la gente.

    [​IMG]

    Había creído que de una u otra manera se había criado como yo, en su país original, pero estaba equivocado y me lo hizo saber. Mencionó algunas similitudes que no tuve como comparar al no conocer realmente mucho, por no decir nada de Irlanda, más que imaginarlo con paisajes envidiables. Me dejó saber también sobre sus gustos en la comida, las papas y demás. No era algo que comiese muy seguido ya que poco mi madre preparaba algo que llevase dichos tubérculos, y lo otro, las típicas de paquete tampoco solía consumirlas de a mucho.

    Ya luego de mi respuesta le regresé la pregunta, y sus palabras no evitaron el que me causara cierta sorpresa que mitigué sin mucho problema; digamos que por el mundo del modelaje, la normalización de actuar en automático ante ciertas exigencias sociales, y la anhedonia había conseguido simplemente ser, no me consideraba extremista en cuestiones sociales de género, posiblemente porque no había representado importancia en mi vida realmente, la incertidumbre y demás ya ocupaban el espacio suficiente en cuanto a mi salud.

    —Eres bisexual entonces —murmuré más para interiorizarlo que para señalarlo en realidad—. En donde trabajo hay varios chicos que tienen ciertas "características", por decirlo de alguna manera, que me hicieron pensar en su momento que les atraían los varones, pero luego estaba equivocado al verlos con su novia luego de terminar sesiones fotograficas y demás.

    Tampoco iba por ahí preguntando que les gustaba, ya que prefería mantenerme fuera de la vida personal del resto. De igual manera, no lo culpaba por preguntar, imaginé entonces que quizá, al ceder de mi parte a ciertas cuestiones lo hiciera preguntarse sobre mis preferencias sexuales, y bueno, mencionó que conoció a alguien recién, aunque dejó claro que era algo casual.

    —Me siento adulado de ser elegido sobre la casualidad —respondí, jocoso de igual manera. Supuse que no estaba mal seguir la dinámica que llevábamos, las dudas ya estaban resueltas por lo que esperaba y si se fastiaba con algo me lo dijese—. ¿Y cómo lo conociste? Ya que estamos.

    Recordé entonces a mi madre preguntándome cuándo llevaría una novia a casa, y bueno, mi pensamiento seguía intacto. Luego de la universidad posiblemente.
     
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    Zireael

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    Ilana.png

    Su opinión me arrancó una risa baja que no cargó malicia ni nada consigo. Volvíamos a lo mismo, en comparación a esta rigidez, a esta falta de identidad propia o más bien la forma en que era pisoteada, lo mío era casi hilarante. El salir de un pueblo y poder ser lo que quisiera ser, como Barbie.

    —Supongo que sí —acoté.

    Ella me contestó lo de Pai y suspiré con cierta pesadez, no entendía por qué su madre quería encasquetarlo en Derecho si esto lucía bastante fructífero y a él le gustaba. Estaba pensando en eso cuando ella apuntó a que la comida había sido planeado por él y su padre y bajé la vista a la mesa, sintiendo algo de frustración ahora sí por la forma en que la madre había estropeado todo. El code y toda esa cosa me daba igual, pero Orn le había dedicado mucho tiempo.

    ¿Por qué se lo quería arrebatar?

    Ella siguió hablando y a mí me fue entrando más coraje con la madre de estas criaturas. Claro que no opiné nada y cuando ella me chismorreó, recordé el regalo.

    —Yo... —Ya había abierto la boca y respiré, tomando otro cubo de queso. Mi vista se quedó suspendida en la mesa, pensé y pensé y al final continué—. Me regaló chocolates porque en la escuela hicieron un evento tipo White Day aunque fue una semana completa.

    Y dale con estas señales mezcladas.

    ¿Eran todos los hombres iguales?

    No le resté importancia, pero su otra pregunta me ayudó a desconectarme un poco de lo que me había dicho y mis ojos recorrieron el salón. No sabría si postizo era la palabra.

    —Parece una casa de muñecas —confesé—, pero como la de Barbie, ya sabes, sé lo que quieras ser. En sí no me parece postizo. Es... rígido. No me siento capaz de ser yo a plenitud aquí, es como estar contenida.

    Cay2.png

    We could say, yes —confirmé respecto a mi inclinación y se me escapó una risa nasal al oírlo hablar sobre sus compañeros de trabajo los gay baiters, por llamarlos de alguna forma. Los heterocuriosos también debían contar en esa categoría, pero por motivos distintos—. Bueno, tampoco se te puede culpar. Los hombres hetero suelen ser algo... Ya sabes, machos alfa pelo en pecho, según, y cuando uno no es así por default se puede dudar. Igual asumo que esas cosas de género tan dicotómicas en tu trabajo se desforman bastante.

    Había asumido por los mensajes que le leí en el observatorio que el chico trabajaba a medio tiempo o por contratos como modelo o alguna cosa así. Normal, tenía la cara para ello, y el cuerpo... suponía, no que me hubiese fijado demasiado en ello. El traje le quedaban bien, pero eso era asunto de los trajes en sí. ¿Había hombre que se viera mal en traje? Quizás algún desgraciado, pero a la mayoría de cabrones los vestías como muñequitos de torta y bastaba para querer comérselos. Easy peasy o yo era muy homosexual, ni idea.

    La tontería de sentirse halagado por encima de lo casual, es decir, encima del pobre Yuno me sacó una risa que se quiso convertir en carcajada. Con todo, quería pensar que era un hombre de palabra... o que podría volver a serlo. La idea colisionó de formas extrañas y me supo algo amarga, pero no lo dejé ver. Antes de contestar su pregunta, bebí agua de nuevo y de muerto de hambre me puse a comer otro mochi.

    —Me fui a Roppongi una noche y el amigo con quien estaba se fue a casa antes. Como me quedé solo, una cosa llevó a la otra. Noté al chico mirándome, lo invité a un trago y demás —conté sin entrar en tanto detalle—. No soy muy partidario de enrollarme con la primer alma que se me cruce, pero tampoco soy de piedra ni nada. The boy is pretty and I like pretty boys so yeah, that was it. Aunque creo que tiene mal carácter.

    Volví a reír al acordarme de cómo me mandó a callarme y tomé más agua.

    —Y tú, Mr. Handsome, ¿tienes algo que quieras compartir con la clase? —lo molesté—. Ya que estamos, también.
     
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    Insane

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    Alika Paimon.

    Cuando Ilana mencionó que le había regalado chocolates a ella por un evento de la escuela no supe muy bien qué sentí más allá de la sorpresa. No es que fuese algo negativo, pero lo veía así por mamá, porque sabía que a diferencia de lo que quería hacer conmigo -que era relativamente nada, nisiquiera el determinarme le parecía útil de alguna u otra manera-, a Orn lo solía tener encasillado en sus deseos egoístas, y bueno, una chica como ella no creía que fuese -a sus ojos- una buena influencia... supuse que se trataba de lo que alguna vez descubrí pero él aún no sabía, y consideraba que lo mejor es que él nunca lo supiese.

    Miré el perfil de Ilana. Aún todos éramos muy jovenes, o a eso me apegaba para creer que este tipo de situaciones podrían llegar a un punto donde no se repitiesen, pero no estaba segura, porque el secreto que tenía mamá podía estropear toda la estructura familiar.

    Sentí el vestido ajustado cuando noté a mi padre. Su mirada parecía distante en lo que veía el reloj de su mano; pasó cerca a nosotras pero no pareció notarlo, tampoco hice el esfuerzo de que nos fijara, ya imaginaba como estaría su cabeza como para ponerle más peso encima al decirle que mamá estaba con mi hermano. Recosté la cadera en la mesa en lo que escuchaba que parecía una casa de muñecas, moviendo ligeramente las uñas sobre el mantel.

    —Un poco lo es, aunque siempre he pensado más en un teatro —me reí con suavidad y elegancia—, como esta risa de recién —negué suavemente con la cabeza—. ¿Cómo eres tú plenamente? Me causa curiosidad el cómo Orni se fijó en tí —me encogí de hombros—, a que fueses su amiga, me refiero.

    [​IMG]

    Me hizo saber que comprendía mi falta de esperticie de identificación con respecto a este tema así que no hablé más de ello, no porque no hubiese tema de conversación ahí, sino porque no lo veía pertinente, el preguntarle cuándo se dio cuenta o cómo de que le gustaban también los varones se me hacía invasivo y algo... que creía y le sería repetitivo. Como fuese, mi apunte jocoso le sacó una risa, tomé un sorbo de agua con una sonrisa apenas acentuada en mi rostro.

    Me contó sobre cómo lo conoció. Fue algo medianamente breve, un bar, unos tragos, una conversación. Le pareció simpático y aquello completó la brecha superficial, imaginaba.

    —Mmm a ver —murmuré echando el cuello hacia atrás para mirar sobriamente el techo, pensando pero realmente no tenía ninguna historia similar o que le hiciera competencia honoraria a la suya, por lo que le regalé un dato general de mi persona—: la verdad es que suelo necesitar alguna conexión emocional antes de enrollarme con alguien. Ya sabes, saber de su vida, que su personalidad me sea agradable, y logicamente que haya química, más allá de si es o se considera atractiva la persona.

    En el Sakura habían muchas chicas bonitas, pero no había estado más que con una, y aquella era suficiente. La estimaba, podía decir que la quería como alguien cercana a mi persona y por el momento no tenía esa atracción con alguna otra. Enderecé mi cuello, mirándolo luego en lo que me despegaba de la mesa para tirar la botella de agua vacía a un cesto cercano, enterrando las manos en los bolsillos.

    —¿Bajamos? Posiblemente no demoren en dar el detalle del evento.
     
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    Zireael

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    Ante las palabras de Alika no supe muy bien qué hacer con mis propios pensamientos o ideas, de nuevo. Creí ser consciente que esta sensación, esta sorpresa o digamos desconcierto, la había sentido también con otros de los obsequios que había recibido en mayor o menor medida. No sabía si el hecho de que su gesto hacia mí no fuese común era mejor o peor, menos luego de nuestra conversación de antes. De la nada todo se me antojaba complejo, enrevesado y se revolvía con esta casa de muñecas.

    No sabía bien qué sentir al respecto.

    ¿Estaba bien querer huir?

    Mis ojos buscaron la figura de Cayden de pronto, pero seguía sin estar allí, y me sentí un poco mal por pensar en él en la misma línea que la noción de huida, pero... Era el referente más cercano que tenía, de alguna manera, en su evitación y su distancia incluso si no estaba dispuesto a soltar nada del todo. Todo era demasiado lioso y ahora, de pronto, la emoción más intensa que yo sentía era similar al miedo. No me gustaba.

    Percibí al padre de los Paimon pasar cerca de nosotras, pero el hombre siquiera reparó en mí y en su hija y me descubrí a mí misma tensando la mandíbula. Pasé la saliva para disimuladamente relajar la quijada y escuché a Alika. Mi noción del teatro era distinta a la suya, para mí el teatro se trataba de ser muchas otras personas, muchos otros papeles... Aquí se reducía a ser lo que la mano mandaba. Siempre un papel, siempre la misma máscara.

    —Estar atado al mismo papel todo el tiempo no es propio del teatro, diría —murmuré y tomé aire al escuchar su pregunta—. Soy...

    ¿Cómo era a plenitud?

    —Inquieta. Por lo general siempre estoy haciendo algo y disfruto de hablar con la gente, hablo mucho. Me gusta investigar sobre casi cualquier cosa. La música, el baile y la naturaleza. Soy... supongo que libre. —Me reí por lo bajo, algo resignada. Muchas de esas cosas se habían perdido cuando llegué aquí, era más cohibida y demasiado consciente de mí misma—. Si se me da la oportunidad puedo adaptarme a los demás y por eso tengo facilidad para hacer amigos, desde pequeña. Acompaño a las personas en tanto me lo permitan y les tomo afecto rápido si confían en mí. No termino de entender por qué Pai me aceptó, si él es tan serio y tal, pero pues así funcionan las amistades.

    Cay2.png

    Mi curso de acción con Yūnosuke no coincidía con los otros a excepción de uno y lo sabía, pero tampoco iba a darle un speech al respecto a Suiren. Al final era sencillo y cierto, el mocoso apareció, me tentó y yo caí como imbécil, algo que tampoco era ninguna sorpresa en verdad. Se había sentido bien, me había divertido y descargado sin caer en los peligros e irresponsabilidades anteriores. Sin reventar hilos que nunca debí siquiera rozar. Igual eliminar el requisito de conexión no era tan trágico y como el chiquillo me seguía escribiendo, pues no era tampoco todo tan frío y superficial.

    —Mi historia de antes no fue el mejor ejemplo, pero soy más del equipo de la conexión que de la falta de ella —secundé, permitiéndome una inhalación algo pesada—. O confianza es la palabra, creo. Comodidad, familiaridad, whatever it is. Hay algo reconfortante en eso, pero también lo vuelve más complicado. Bueno, lo hace si uno no es... sincero. Así que como todo, tiene sus pros y sus contras.

    Me quedé mirando la botella con apenas un trago de agua restante en el fondo. El lío de este chico con Sasha al menos estaba bien definido o eso asumía, teniendo en cuenta la existencia de Arata, pero pues eso finalmente era asunto de ellos, no mío y tampoco era yo de violentar la privacidad de las personas o sus tiempos.


    Quizás eso también era un problema.


    Me bebí el agua restante, también deseché la botella y antes de contestarle nada pesqué un último mochi, pues tenía estómago de balde sin fondo. Mientras masticaba, asentí con la cabeza a su pregunta. No es que tuviésemos mucha más opción, ¿verdad?

    Yeah, podemos volver —dije despegando el cuerpo de la mesa también y le eché un vistazo a Suiren, con una sonrisa ligeramente divertida en el rostro—. Gracias por el baile. ¿Vamos a repetirlo~?

    Ni modo, a veces sí era un poco tocahuevos.
     
    Última edición: 26 Abril 2026
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    Insane

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    Alika Paimon.

    Ya se sabría con el tiempo lo que sucedería, por lo que traté de no darle más vueltas al asunto aunque me era poco posible. Así funcionaba cuando se preocupaba uno por alguien, y bueno, a tratar de manejarlo de la mejor manera. Ilana me contestó que teníamos ideas diferentes del teatro y asentí; no era realmente cercana a las artes, y tan solo quise hacer alguna similitud para ver si le causaba gracia, pero no había sido el caso.

    Sonaba muy bonito lo que decía ser; sin darme cuenta relajé las facciones hasta suavizarlas ligeramente.

    —Me alegra tu percepción sobre ti misma —concedí con honestidad—. Probablemente le permites ser sin juzgarlo por su indiferencia, es por lo mismo que lleva tanto años de amistad con Craig; no finge ni decora quién es, simplemente es, y sé que le agrada quienes él percibe y también son, sin fingir ni aparentar.

    A fin de cuentas lo conocía desde que había nacido, así que sí, me había dado cuenta que su grupo de amigos en Rusia se habían formado apartir de quienes no cambiaban su esencia sin importar si el círculo social cambiaba. La cuestión era que, con las niñas de aquel colegio anterior no interactuaba pese a que en varias ocasiones noté que algunas si querían acercarse a él, y cuando le pregunté en casa por ello había dicho que le parecía que las niñas eran fastidiosas, y hablaban mucho, lo hacían sentir agobiado, pero viendo a Ilana ella no parecía ser de las que hablaban poco...

    Bueno, Orn ya lo descubriría por si mismo; por mi parte, me tomaría el atrevimiento de pensar que en lo que llevaba conociéndola mi hermano en el instituto, ya regalándole chocolates e invitándola aquí, le gustaba lo suficiente. Noté entonces que los meseros se desplegaban con las bandejas por la gente, pero en este caso con el detalle de la noche. Empezaron a repartirlos sin estorbar entre los que conversaban o fingían bailar al ritmo del piano, se acercaron a nosotras, le sonreí al chico el cual me identificó como la hija del dueño, haciendo una referencia para saltarme y entregar el suyo a Ilana.

    >>Si lo bebes o se lo das a tus padres te recomiendo acompañarlo de frutos como nueces o almendras.

    [​IMG]

    Asentí para que se supiese escuchado. No estaba juzgándolo ni mucho menos, que me costara a mi disfrutar de cosas que consideraba superficiales no lo veía más que como una característica de lo aburrido que solía ser; la imposibilidad de despegar el pensamiento de los malos ratos, y el estar fabricando una amabilidad banal no era más que una contradicción constante ante lo que según yo no me representaba.

    —Posiblemente —le respondí, mirándolo de perfil en lo que bajaba las escaleras—, aunque para esa ocasión me gustaría que me invites un par de tragos, ya que estamos.

    Al alcanzar el piso de abajo eché un vistazo general, algunos invitados se encontraban bailando, otros bebiendo de alguna copa mientras reían a gusto, fue entonces que al mirar hacia la mesa que habíamos ocupado en un inicio noté a Ilana y Alika; Paimon no se encontraba con ellas, supuse que se había ocupado con algo y la cuestión se disipó en el instante que salió de una de las puertas del fondo, con su madre atrás. La mujer se quedó mirando unos instantes la espalda de su hijo y luego fue a la puerta principal, saliendo del lugar.

    Terminé de bajar con normalidad, siendo interceptados por una de las meseras. Nos sonrió con prudencia, entregando el obsequio de la noche. Murmuré un "gracias", sus ojos dieron nuevamente con los míos y sus mejillas se tiñeron levemente, entregándole luego el detalle a Cayden para después retirarse rumbo a la cocina, trayendo un par más para otros de los presentes. Fue entonces que el moreno pareció divisarme, acercándose.

    —¿Qué tal los postres de arriba?

    Giré el cuello, dando con el negro de las pupilas de Paimon.

    —Estuvieron bastante bien, ¿no, Cay?

    Observó a Cayden sin emoción particular, parecía más el que estuviese preguntándose nuevamente porque había decidido llevarlo a él. Esperó su respuesta con tranquilidad para luego comentar:

    —Iré con Rockefeller, ¿vienen?

    Esperé a que Dunn decidiese, pues la gente del lugar comenzaba a retirarse luego de recibir el detalle.

    Edit: El detalle:

    [​IMG]
     
    Última edición: 26 Abril 2026
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    Zireael

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    Ella manifestó alegrarse por mi autopercepción y pensé que era natural si había censurado aquello que me hacía sentir menor como yo misma. La sensación de vacío, la falta de emociones que me atravesaran en realidad y la preocupación constante de incomodar a los otros siendo como era. Hablando hasta por las orejas, tomándome confianzas de más o siendo demasiado pegajosa en general. Pensé en mis amigas, que nunca se molestaban por ello en realidad. Pensé en las personas que me prestaban su compañía y las sonrisas y palabras sinceras que me regalaban.

    Y en cómo mis alas rotas me seguían haciendo dudar de la fuerza con la que alguna vez había volado.

    Sonreí ante la suerte de retroalimentación de Alika y no supe bien qué añadir, atascada como seguía en las aristas de esto. De las verdades que podían habitar en algunas de ellas y la manera en que, como cualquiera habría sabido notar, eran problemáticas. Más allá de eso, quizás iba siendo hora de que me sentara a tener una conversación más seria conmigo misma, ¿cierto? Y también de convocar al consejo, bien le había dicho a Cayden medio broma, medio en serio el día que lo encontré trepando por las paredes mentales por enviar un mensaje.

    Además, por mucho que Alika dijera una cosa, lo cierto es que venía saliendo de la charlita de "no siento que pueda comunicarme contigo" y eso, para variar, era otra cosa que tenía que sopesar. No se emparejaba a dejarlo simplemente ser, ¿pero entonces qué? La verdad era que de pronto me sentí terriblemente abrumada como por cuatro cosas distintas y quería... ¿Qué quería? Irme a casa, quizás, o sentarme en un parque y respirar el aire de la noche en vez de la tensión que existía en este salón.

    No sabía si debía haber venido.

    De cualquier forma, sonreí como si nada, le brindé un asentimiento ligero y allí dejé morir el tema por mi propio bien. Pronto los meseros se pusieron en marcha de nuevo y esta vez repartieron lo que asumí era una suerte de recuerdo de la velada. Recibí una caja que asumí albergaba una botella en su interior y, de nuevo, me pregunté si deberían darme esto siendo que yo tenía todavía diecisiete años, pero lo dicho no era que pensara salir de aquí e intoxicarme o algo así. Ya había pensando en un destino u objetivo para parte de la botella cuando Alika me habló de nuevo.

    —Lo tendré en cuenta, Alika, muchas gracias. —Mi sonrisa se ensanchó—. Disfruté la charla contigo, por cierto.

    Digamos que era verdad en cierto porcentaje, porque me había angustiado de varias maneras también.

    Cay2.png

    Mi suerte de acotación no fue más que eso, un añadido. No lo dije porque me sintiera juzgado ni nada, es porque era una verdad y ya estaba, sin embargo, también era cierto que había abusado de la confianza de las personas más de una vez. De mi familia, de Yuzu, de Vero, de Ilana y, para ponerle la guinda al pastel, de Ko. La versión de mí que veía en los fragmentos rotos de espejo de a ratos era irreconocible, la mirada ambarina era fría y resentida a la vez , y llegué a preguntarme si podía cambiar esto.

    Si podía domar a la bestia que, herida, decidía morder y no soltar hasta que era demasiado tarde.

    ¿Era un maltratador como el viejo Flanagan? ¿Un abandonador indiferente como el hijo de puta de Liam? Las dudas existían en los ojos que veía en los cristales rotos. No era algo que pudiese responder ahora ni algo que fuese a contarle a Suiren. Mira que arruinar una noche de fiesta de gala con temas que eran dignos de terapeuta no iba conmigo. Dejé el asunto rebotar en mi cabeza hasta que acabó medio extinguido y me desentendí de ello.

    —Ah, que entonces sí vas a aceptar que te invite a los tragos —reboté, entretenido, y sonreí al sentir su mirada en mi perfil mientras bajábamos las escaleras.

    Al llegar abajo repasé el espacio y noté a Ilana con una joven de cabello negro que tenía suficiente parecido con Paimon para asumir que era hermana suya. Me extrañó que él la hubiese dejado, pero pronto lo noté salir seguido por su madre. La mujer salió sin más y yo me quedé recalculando por qué toda esta situación se sentía como cuando Suiren se había comido mi encontronazo con Liam en la entrada principal.

    Total, que cuando quise acordar nos estaban entregando el obsequio de la noche y me di cuenta de inmediato que era licor. Se agradecía, la verdad. Ya lo compartiría con mi familia. En fin, que el chico reparó en su amigo y se nos acercó, preguntó cómo estaban los postres de arriba y Craig contestó. Me reservé cualquier estupidez que hubiese podido decir más para bromear con el albino que otra cosa, porque percibía que no era el momento ni el lugar ni el público correcto.

    —Estaban muy ricos, sí —secundé, tranquilo.

    Anunció que volvería con Ilana, preguntó si iríamos y asentí con la cabeza dispuesto a seguir sus pasos. Todo lo que supe fue que al acercarnos, la chica pareció relajar el cuerpo de forma extremadamente sutil. Ni idea de qué fue lo que noté, pero algo en ella pareció liberarse de cierto peso y recibí una sonrisa de su parte. Me dio la sensación de que verme aparecer la había calmado un poco, también ver a su acompañante retornar.

    —Bienvenido de regreso —le dijo a Paimon antes de volver a reparar en Craig y en mí—. Se desaparecieron un rato ustedes también.

    El apunte me estiró una sonrisa, pero no dije nada.
     
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    Insane

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    Aún no procesaba.

    Basicamente escuché lo que consideré y debía saber, o al menos darle el espacio a ella para que hablase, pero no me sentía cómodo cuando se tomaba la potestad de actuar como una madre cuando nunca lo había sido, mucho menos en que se metiese sobre lo que debía hacer o no con respecto a mi futuro profesional. No me considera un idiota que tomaba malas decisiones, si algo tenía era lo centrado que me había forjado mi padre, como para que viniese ella con un discurso absurdo.

    En un punto reclamé por su presencia, y hoy que decidía estar la quería más lejos que nunca.

    La densidad se perdió cuando mi padre apareció, intercambió un par de palabras con ella en lo que miraba el móvil; había pasado un rato prudente por lo que no demoraban en repartir el obsequio de conmemoración. Me liberé de estar más tiempo aprovechando la presencia de mi progenitor, a lo que mi madre se despidió en un murmullo y la miré solo para hacerla sentir escuchada, no salió mucho después que yo. Caminé por el espacio en lo que me quitaba el saco, quedando con la camisa blanca de fondo. Entregué el saco a una de las camareras, la cual se ofreció a llevarlo al auto y no intervine en ello.

    Fue entonces que el destello blanco me hizo subir la mirada hacia las escaleras, dando por rebote con el otro chico de la clase. Pregunté por los postres y respondieron lo que esperaba, les comenté a donde me dirigía y se terminaron sumando.

    —Yo igual —respondió mi hermana, aunque no supe con respecto a qué—. Llegó el secuestrado, ah, y con dos caballeros más —agregó con una sonrisa amable hacia Cayden. A Suiren ya lo conocía y ya habían hablando un rato así que basicamente se hizo a un lado—. Bueno, fue un placer pero me despido —hizo una leve reverencia, desapareciendo entre la gente.

    Imaginaba que iría a buscar a papá.

    —¿Probaste lo de la mesa? —le pregunté al acércarme a ella, esperé con calma su respuesta luego de notar que ya le habían entregado el recuerdo de la noche.

    [​IMG]

    —Supongo que cumplo los requisitos para esa invitación —le molesté de regreso, por lo que me había comentado de que el chico del bar era un tipo -en sus palabras-, lindo, y bueno, la gente me decía comunmente que también lo era, por lo que me causó gracia el hilo de esto.

    Al llegar abajo y encontrarnos con Orn, Cay secundó mi afirmación; terminamos siguiéndolo hasta donde Ilana, la saludé con una sonrisa suave, negando levemente sobre el que nos habíamos desaparecido un rato, pese a que fuese cierto. En lo que el moreno se acercó a ella me giré hacia Dunn, preguntando para saber si nos servía el mismo trayecto o si definitivamente pediría algo individual.

    >>¿Te queda cerca Shinjuku?

    Poco sabía que vivíamos en el mismo barrio. Habían casualidades de la vida, y ésta terminaría siendo una de ellas.
     
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    Zireael

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    Sonreí al oír la respuesta de Alika, claro, y esperé por si Suiren presentaba al que después todo era su acompañante, pero la chica básicamente se retiró y desapareció entre la gente. Ver aparecer a Cayden de alguna forma me tranquilizó, porque a mi saber la criatura tenía experiencia con emociones algo desorganizadas, pero tampoco era que pudiese sentarme a hablar al respecto ahora mismo ni nada. Aún así, de alguna manera, digamos que podía encontrar validación ahí.

    De la manera que fuese, despedí a Alika con un movimiento de mano y una sonrisa. Como si la tensión que sentía no existiera ni me atravesara el cuerpo de ninguna manera. Respecto a Orn, bueno, no iría a preguntarle nada respecto a su madre frente a Sui y Cay, así que sencillamente recibí su pregunta y asentí con la cabeza primero, recogiendo la cartera de donde la había dejado en algún punto.

    —Estaba muy rico. Me gustó el queso —amplié entonces, dedicándole una sonrisa—. Y el detalle de la noche también se ve muy cuidado. Seguro a mis padres les encanta.

    Cay2 (1).png

    La contestación de Suiren me hizo arquear una ceja y me quedé recalculando a cuáles requisitos se referiría hasta que me acordé de mis propias palabras. Claro, por la boca moría el pez, ¿no? Me sonreí, entre incrédulo y divertido, porque quizás nadie le había hecho la salvedad de que bonito no era lo mismo que guapo. Al menos para mí no lo era y lo que me atraía era a veces mortalmente específico. De todas formas, quizás podríamos decir que este chico se encontraba más cerca de un punto muerto en las categorías que otros.

    —Supongo que los cumples —concedí en voz baja.

    Al llegar al piso inferior, la retirada de la hermana de Paimon fue algo rápida a decir verdad, ni me presentaron ni me presenté, pero tampoco es que fuese importante. No era lo que se dice un invitado de honor ni tenía por qué serlo.

    Suiren tampoco contestó en sí el apunte de Ilana más que con una negación de la cabeza y el asunto murió allí. Ella se puso a hablarle a Paimon y yo enfoqué la atención en Suiren cuando me preguntó si me quedaba cerca Shinjuku. Me reí por lo bajo.

    —Vivo en Samoncho, cerca de la estación de bomberos de Yotsuya y la policía, así que sí —contesté pensando en lo ocurrente que había sido siempre vivir allí teniendo en cuenta mis... negocios—. ¿Eres del barrio entonces? Alguien puede pasar por mí y podría llevarte.

    Me quedé recalculando unos segundos.

    —¿Eres un niño de bien que se irá a casa ahora o aceptas propuestas?

    Yo, bueno, eran vacaciones así que no me mataría quedarme fuera un rato más.
     
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    Insane

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    Respondió que le había gustado el queso, y aduló el detalle que se dió por parte de nosotros. La sombra de una sonrisa se acentuó en mis labios.

    —Me alegra —murmuré con la tonalidad usual, enterrando las manos en los bolsillos del pantalón—. ¿Quieres tomar algo? Me refiero a que te prepare algo de beber —pregunté. Era consciente que lo único que había tomado hasta el momento era la copa de entrada, y de resto habíamos bailado, había caminado conmigo por el salón gran parte de la noche, y sobre la mesa solo reposaban botellas de agua, por lo que se me hacía insípido que no pudiese degustar algún tipo de soda italiana o algo similar más a fin.

    Esperé su respuesta. Desconocía si tenía una hora en que la recogieran, de lo contrario pensaba hablar con mi padre para que el chofer la llevase hasta su casa. Era algo más seguro, y bueno, de aquí debía salir al aeropuerto pero aún me quedaba algo de tiempo.

    [​IMG]

    Estaba con la vista en el móvil en lo que lo escuchaba. Especificó lo que quedaba cerca a su casa y alcé las cejas ligeramente, girando el cuello en su dirección en lo que una sonrisa suave me surcaba los labios. Era entre incredulidad y gracia lo que sentía en este momento.

    —Vives más cerca de lo que creía —regresé a la pantalla deslizando el pulgar por el maps. Estaba a unos minutos de mi casa, por lo que podría dejarlo a él y luego seguir el camino, sin embargo mencionó que alguien podía pasar y llevarnos.

    Bueno, me había preocupado porque se fuese solo pero a la final ya tenía hasta quién lo recogiese. Iba a responder pero preguntó algo más,a lo que me guardé el celular. Basicamente la noche era el único horario seguro en el que podía andar en la calle, al menos en el verano como se lo mencioné en una de las tantas conversaciones de hoy, así que mis vacaciones a diferencia de las suyas serían entre las más caseras del mundo, por lo que negar una propuesta adicional sería tonto de mi parte.

    —Escucho sugerencias —murmuré—, realmente no tengo a nadie esperándome en casa ahora.

    Mamá estaba en turno nocturno, así que no la vería sino ya en la mañana.
     
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    Zireael

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    Ilana.png

    Cuando él me preguntó si quería beber algo caí en cuenta de que por seguir hablando, al final Alika no había recordado que le había dicho que podía beber una soda o algo así. No lo traería sobre la mesa tampoco, era un despropósito, y como yo lo había olvidado tampoco tenía mucho sentido.

    —Me gustaría, sí —concedí con algo de entusiamo—. Más si lo preparas tú.

    Al decirlo le dediqué una sonrisa amplia. Todo lo que había ocurrido en el espacio de tiempo anterior me seguía dando vueltas en la cabeza y ahora... Creí que lo único que podía hacer por él era distraerlo, así que con el cuento de la bebida se mataban dos pájaros de un tiro, porque sí tenía sed. Más allá de eso, la verdad era que no tenía una hora de llegada específica, papá me había dicho que si necesitaba que fuese por mí se lo dijera y él tomaba un desvío en sus rutas.

    —¿Qué vas a prepararme? —Busqué saber, curiosa.

    Así como nosotros, Cayden y Suiren estaban en su propio asunto. Parecía una amistad algo extraña, pero quizás ambos, en sus propias distancias, pudieran entenderse.

    Cay2 (1).png

    Recibí la sonrisa de Craig y me reí de nuevo al oírlo decir que vivíamos cerca. No estaba en la bingo card que fuésemos vecinos, pero este mundo a veces parecía demasiado pequeño y este era uno de esos ejemplos. Por demás, quizás fuese una necedad mía querer robarle más tiempo, pero entre que eran vacaciones y el imbécil se la tiraría encerrado cuando hubiese luz natural afuera, pues mejor aprovechar el tiempo, ¿no? Igual contemplé la posibilidad de que se negara, claro.

    No fue el caso, afirmó que nadie lo esperaba en casa a esta ahora y se me ocurrió que quizás su madre trabajara tarde, contrario a la mía que se había quedado esperándome hasta que se cansó de ello. Por ahora, lo importante era que yo siguiera el acuerdo: avisarle si llegaría más tarde o si no aparecería. Ya me encargaría de eso en un rato. Por ahora tenía cierto margen de error con el dinero que me había pasado el viejo hijo de puta y lo que había recaudado de los viciosos.

    —Tenemos dos posibilidades entonces —dije con una sonrisa en el rostro y alzando dos dedos de la mano izquierda—. Un simple paseo nocturno, para tomar aire en mi siempre confiable parque Hibiya. Podríamos comprar algo de beber en algún lado, claro. Lo otro sería ir directamente a algún bar... Asumo, claro, que Mr. Handsome ya tiene dieciocho años o que en caso contrario, servirás tanto rostro que a nadie le importará eso.

    Como venía siendo toda la noche, digamos.
     
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    Insane

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    Salir de ahí para otro lugar lo veía bastante viable, ya luego con alcohol en las venas, o cansado de tanto caminar; con lo que fuese llegaría a dormir profundo a casa. Era claro que no estaba siguiendo al pie de la letra las recomendaciones médicas, pero tampoco me martirizaría por resquebrajarlas una noche, no me iría a morir por eso. Cay propuso dos opciones, siguiendo entre tanto el levantar de ambos dedos, y para que mentir, ambas se escuchaban bien para estas vacaciones de verano.

    —Justo los cumplí en enero —murmuré como dato random a tener en cuenta—, así que bueno, un bar, con buena música —lo segundo fue medio en broma; mientras pudiésemos conversar estaba bien.

    Iba a decir algo más pero Paimon se acercó a nosotros con Ilana, o al menos la invitó a ella a pasar primero a nuestro espacio.

    [​IMG]

    —Vamos entonces —murmuré estirando la mano para ayudarla con lo del detalle. Era una caja de madera con el brandi dentro, por lo que medio le estorbaría ya con el bolso y los tacones para despedirse de Craig y su amigo, atendiendo la pregunta depués—, estoy entre dos opciones, ya te las comento.

    Aproveché también para acercarme al par. Craig se le veía tan tranquilo como siempre, nos recibió a ambos con la parsimonia usual, dejando suspendida su conversación entre tanto al susurrarle a Cayden "Discúlpame un minuto" Turnó sus pupilas azules entre los dos, se sonrió con liviandad -como solía hacerlo-, intuyendo que pasaba a despedirme, pues la gente seguía filtrándose hacia la salida, incluyendo el pianista que parecía hablar con un encargado cerca a la puerta principal.

    —Parece que acabó la noche —comentó el albino referente a la reunión. Un poco se acercó a mí -al permanecer atrás de la rubia- dejando unos minutos a Rockefeller con Dunn al terminar distanciándonos unos cuantos pasos—. ¿Todo en orden?

    —No.

    —Lo supuse... ¿Es de nuevo por lo de la universidad?

    —En parte sí, pero siento que me oculta algo y no sé qué es —llevé la mano libre atrás de mi nuca; me sentía extraño, no creía en absoluto en las estupideces de los presentimientos, pero podía decir que tenía uno desde la conversación con esa mujer—. Según ella mi padre no tiene ni voz ni voto en apoyarme ni el sustento económico para cubrirme la carrera, y bueno, ya has visto la gente que la rodea... no es del todo íntegra.

    Sentí la mano de Suiren sobre mi hombro, como una palmada suave, murmurando:

    —Recuerda que es tu vida, Orn, no la de ella —retomó los pasos que nos distanciaban del otro par—. Estamos hablando entonces —miró a Ilana, despidiéndose de ella al extender la mano en su dirección, esperando que la recibiera para darle un beso en la mejilla, regresando al lado de Dunn después—. Vamos.

    Con mis orbes negros seguí el chispazo blanco del cabello de Craig hasta desvanecerse. Supuse que compartiría carro con el chico o pediría el taxy fuera, por lo que ya le escribiría al otro día que estuviese en Francia con mi familia.

    >>Vamos entonces a la cocina, Rockefeller. Ya debe estar libre.

    Puedes arrastrarte a Sui <3
     
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    Zireael

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    Cay2.png

    Mi plan tampoco era ponernos hasta las orejas de alcohol ni nada, era sencillamente cambiar de ambiente y ya, justo como habíamos hecho Arata y yo luego de la reunión con Zárate. Ese día ni había bebido casi nada en verdad, por eso mis decisiones del momento tampoco eran cosa de una borrachera ni nada. Volví a acordarme de Yuno y su oferta, pero pues no me quitaba el sueño. No es como que tuviera dónde citarme ni nada, ¿o sí? Who knows.

    Alcé las cejas al oír que había cumplido los dieciocho en enero también y solté una risa floja. Mira, ya el asunto se estaba poniendo un poco raro y todo.

    Winter kid as well y otro capricornio —dije en voz baja, picoteando entre sus palabras—. Yo soy del diecinueve de enero.

    Volví a reír y asentí cuando tomó la opción del bar. Complicaba un poco el asunto, pues tenía que pensar, pero tampoco demasiado. Iba a sacar el móvil para llamar a Mad Wolf cuando Paimon se acercó con Ilana.

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    Agradecí cuando extendió la mano para ayudarme con la caja de la botella y se la di con delicadeza, pues la verdad no me daban las manos para todo aunque fingiera que sí y sonreí cuando me dijo que me diría después las opciones que tenía para las bebidas. Después de eso nos acercamos a Cay y Sui, que tenía pinta de que como muchos de los demás invitados, ya se iban a ir. Craig se excusó con Cayden y así, mientras ellos mantenían su conversación, yo me quedé con el pelirrojo. Lo repasé con la vista, creí que se dio cuenta por la forma en que se sonrió y me dio un toquecito en el brazo para darles incluso más espacio a los otros dos.

    —¿Estás bien? —Me preguntó en voz baja y el ámbar de sus ojos chocó conmigo.

    ¿Era así de obvia?

    I was worried, just that. Pai tuvo que hablar con su madre y el asunto es como… complicado —contesté luego de un suspiro.

    Just that?

    ¿Tan pushy de pronto?

    —Hablé otras cosas con su hermana y con él y… Ni idea, siento que estoy dando vueltas en mi cabeza —añadí después de meditarlo unos segundos, Recordé las comparaciones, recordé los regalos y traté de… ¿De qué? De leer mis propias emociones—. Yo… En cierto punto quise irme. Quise huir, you know. Me sentí abrumada y confundida.

    Pero no sacaba nada en limpio.

    Su sonrisa fue resignada, casi melancólica. No me contestó de inmediato, se quedó pensando y lo vi jugar con la cadena que asomaba por la camisa, el movimiento me pareció ansioso. No sabía yo si él era la persona a la que debía decirle todo eso, por obvios motivos, pero en verdad por cómo habíamos definido las cosas tampoco creía que fuese tan importante a la larga. De por sí sostener contacto con él era complicado, era intermitente y distante a pesar de la calidez de su carácter, así que incluso nuestra amistad, algo atropellada, daba la sensación de avanzar despacio.

    —¿Quieres irte a casa? Alguien vendrá por mí, podemos tomar un desvío.

    Pasé saliva y negué con la cabeza.

    Maybe… I don’t know, he needs company or something. Me quedaré a tomar algo con él y quizás mi padre pase a buscarme, I’m okay, I promise. Gracias por preocuparte, Cay.


    Lo sentí mirarme, fue como si buscara… como si tratara de encontrar la mentira o el punto de quiebre. Antes no había sido tan consciente de su forma de mirar a los otros como ahora, a excepción del día de la piscina. Observaba, sacaba una emoción y trataba de contemplar qué hacer con ella. Lo hacía a una velocidad estrepitosa además. Fallaba en su reacción a veces, pero no en la lectura.

    Call me if you need anything, okay?

    Asentí despacio y cuando quise acordar, estiró las manos ofreciéndome un abrazo a los ojos de Dios y el diablo. Fue vergonzoso, pero de cierta forma también me resultó algo cute y cedí como una idiota. Me acerqué, colé los brazos bajo los suyos y él me envolvió, balanceándonos suavemente de un lado al otro. Estaba tibio y olía a colonia y un poco a frutas. Este chico era bastante delgado, pero sus abrazos de alguna forma albergaban más afecto de lo que podía parecer. El gesto fue reconfortante.

    Thanks —murmuré muy bajito.

    —Estás muy guapa con ese vestido —susurró a un volumen parecido y a mí se me encendieron las orejas.

    Said the man with the suit —refunfuñé—. Black looks good on you.

    Oh, dear, I know what looks good on me —bromeó y al irme soltando le dejé ir un golpe con la cartera en el pecho. La gracia le arrancó una risa y se contagió a mí—. Me han dicho que debería cerrar la boca, do you agree?

    I agree! Eres muy bocón si te dan media pizca de confianza.

    Se rio una vez más, de hecho estuvo a punto de carcajearse, y de alguna forma me alegró verlo más… despierto. Menos sedado, también. Dudaba haber visto a Cayden completamente bien en algún momento, incluido este, pero ya era una mejoría luego de aquel día. Le habría preguntado cómo estaba él de no ser porque Suiren y Pai volvieron a acercarse, de forma que tuve que dar nuestra charla por concluida. Me despedí de Suiren aceptando mano y el beso.

    —Nos vemos, Sui.

    Despedí a los dos con un movimiento de mano también y asentí en dirección a Orn, dispuesta a seguirlo.

    Cay2.png

    Ilana era tozuda, empezaba a darme cuenta de qué tanto, pues incluso en su amabilidad, energía y dulzura, daba poco el brazo a torcer. En mi opinión si estaba incómoda tendría que haber contemplado mejor la opción de irse a casa, pero también entendía que no quisiera dejar solo a Paimon. Que me lo dijera ella me hizo cuestionarme si alguno de los idiotas que existíamos a su alrededor merecíamos en verdad esa clase de afecto y dejé el asunto morir.

    Le ofrecí el abrazo por si servía de algo, ella lo aceptó e hicimos un poco el tonto. En la nariz me quedó el olor de su perfume y cierta inquietud por ella, no porque se quedara con Paimon, fue simplemente… Me preocupaba la angustia, por pequeña que fuese, que había percibido en su cuerpo y sus palabras. De cualquier forma, mientras caminaba con Suiren hacia el exterior saqué fui sacando el teléfono.

    —Dame un momento —avisé antes de marcarle a Mad Wolf.

    Me llevé el móvil a la oreja, la línea timbró varias veces y finalmente el hombre atendió. Lo escuché toser, pero pronto me preguntó si había pasado algo o si lo necesitaba. Algo me rebotó en el pecho, no supe el qué, y al hablarle lo hice con relativa suavidad.

    —Vine a una fiesta en Chūō con un amigo y quería saber si alguien puede venir a buscarnos en coche, Nozomu.

    —Yo ahora mismo estoy ocupado, pero puedo mandar a alguien. ¿No habría sido más fácil que llamaras directo a los chóferes que suelen llevarte a ti y a tu madre?

    —Ah, supongo que sí. Lo siento, te llamé en automático.

    —No pasa nada, niño, de verdad. En un momento te mando a alguien, ten cuidado y eso. No quiero borrachos que cuidar otra vez.

    I’m fine —murmuré, avergonzado.

    You sure are. En fin, te cuelgo y te mando un chófer, alguno estará cerca.

    Hice un sonido afirmativo y guardé el teléfono en cuanto me colgó la llamada con tal de enviarle la ubicación como bien había pedido. En cosa de un instante reaccionó al mensaje, me dijo que lo había reenviado y ya alguien le había contestado. Me pasó la matrícula del coche.

    —Pues estamos listos —dije hacia el albino—. Nada más tenemos que esperar unos cuantos minutos.
     
    Última edición: 2 Mayo 2026
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    Insane

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    Había notado la confianza del amigo de Suiren con Rockefeller, o más bien, no me era indiferente, pero tampoco era extraño. Es decir, la chica era tan amable con la gente que dudaba que no hubiese un par más que tuviese esa cercanía con ella, y bueno, la idea me resultó ajena simplemente. Quizá no fuese el momento de preguntar ni nada, tampoco me nacía hacerlo, ya eran muchas cosas las que tenía en la cabeza para estarme preguntando sobre la sensación de extrañeza que posiblemente no era más que una tontería.

    Como fuese, al despedirme de ambos la guié hasta la cocina, no estabamos realmente lejos, la puerta estaba justo atrás de la mesa de snacks que ya estaba casi vacía. Sostuve la puerta con mi antebrazo libre para dejarla pasar primero, ya después el impulso hizo rebotar el material un par de veces con un sonido sordo. Así solían ser las puertas de restaurantes, y ésta no era la excepción. Dejé el presente por su asistencia sobre la superficie, me recogí el cabllo en el moño que acostumbraba y luego comencé a remangar la camisa blanca en mis antebrazos hasta los codos.

    —Alika suele hablar mucho, ¿te sentiste cómoda o fue rara? —tanteé; mi hermana solía hablar de más y bueno, mejor preguntar que asumir. La miré luego, bajé a sus tacones y luego subí a sus ojos—, ¿quieres sentarte, Rockefeller? —no había sillas ni nada, pero ya no había nadie del servicio y la verdad es que nadie nos regañaría por esto—, puedo ayudarte a subir al mesón en lo que me ves preparar las bebidas.

    También tenía algo de sed, así que haría una para mí también.

    Cocina:
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    Le di su tiempo en lo que él hacía alguna llamada, aprovechando para dejarle un mensaje a mi madre:

    No llevaré nada a casa madre ya que saldré con un amigo y la comida de acá se echará a perder con el calor de fuera. Mañana te preparo algo, que sigas teniendo un buen turno en el trabajo. Te amo.

    Había dejado medio en el aire algunas de sus anotaciones, por lo que al regresar las retomé con naturalidad, en lo que salíamos y el aire caliente de una noche de verano se deslizaba por la piel de mis mejillas. Era como salir de una burbuja de cristal, de un mundo repleto de lujos con ciertas cuestiones cuadrículadas a un viento natural. No me disgustaba nunguno de los dos para ser sincero, simplemente no podía evitar reflexionarlo cada que acompañaba a Paimon en algún evento familiar.

    —Yo soy del tres de enero. Ya sería extraño si cumpliéramos el mismo día —retomé, soltando una risa floja por la nariz—. Mi hermana le gusta leer sobre los signos, recuerdo que mencionó que los capricornianos solemos tener cautela para confiar pero cuando formamos amistades suelen ser de larga duración. Dato random de la noche. Aunque un día más y pasas a ser acuario.

    Observé las luces de los vehículos que pasaban por la carretera, y algunos edificios que permanecían -igualmente-, con vida nocturna. Fue entonces que pensé que ya había mencionado a Violet un par de veces, y desconocía si él -como yo-, tenía a alguien así de importante en su vida.

    —Aún no te he preguntado. ¿Tienes hermanos?
     
    Última edición: 3 Mayo 2026
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    Zireael

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    Ilana.png


    Seguí los pasos del muchacho con calma, ya más tranquila luego de haber podido externalizar lo que había estado sintiendo hace un rato. Me guió a la puerta tras la mesa de comidas y la sostuvo, de forma que pasé primero al murmuro de "gracias" y una sonrisa.

    Dejé la cartera cerca de la caja del regalo y vi a Pai recogerse el cabello para luego recorrer el espacio con la vista. Estaba en eso cuando su voz me alcanzó de nuevo y me reí por lo bajo.

    —Recuerda que yo también hablo mucho. Estuvo bien, me gustó conocerla —respondí.

    Su siguiente pregunta me hizo más consciente de mí misma y lo cierto era que llevaba un buen rato de pie, por mucho que lo hubiese ignorado hasta ahora. La oferta fue un poco graciosa, pero volvíamos a lo mismo, yo un poco siempre hacía lo me que me daba la gana y ya que me lo ofrecía, sinceramente sí quería sentarme.

    —De hecho sí, así que te agradecería si me ayudas —contesté regresando la vista a él.
     
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  20.  
    Insane

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    Me recordó que ella también hablaba mucho, como si fuese capaz de olvidar ese pequeño detalle. Me hizo gracia la cosa y todo por lo que terminó alcanzándome la sombra de una sonrisa al escucharla. Mencionó también que le agradó conocerla y bueno, en parte me había tranquilizado que se quedara con ella al no ver a Craig cerca, que ahora que lo pensaba se había perdido bastante tiempo, era algo atípido en él, de por sí cuando me acompañaba a estos eventos solía estar con Alika conversando.

    Como fuese. Rockefeller estuvo de acuerdo con mi propuesta por lo que le extendí la mano, atrayédola al mesón para luego esperar que posicionara sus manos ya fuese en la superficie o mis hombros y ayudarla al sujetarla con suavidad por la cintura, subiéndola con la mirada perdida en el collar que tenía puesto, siendo consciente nuevamente de que al menos así sus pies descansarían un rato, apartándome. Caminé hasta los cajones del sitio contrario, trayendo conmigo dos copas anchas, luego ubiqué unos limones, fresas, arándonos y moras.

    —¿Alguna vez has preparado sodas Italianas? —pregunté dejando los ingredientes a su lado, pues sería el espacio que yo ocuparía. Busqué luego una vasija pequeña de metal, colocándola a fuego bajo con algo de azúcar y después algunas de las frutas prepadas anteriormente, dedicándome luego a cortar dos limones, dejándolos ahí.

    El ruido exterior aquí dentro era minímo, imaginaba que en parte porque ya no había mucha gente y lo agradecía, había sido una noche por demás... extraña.
     
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