Aventura Sōla: El país de los poderosos [Libro 1]

Tema en 'Novelas' iniciado por Kay Greenwish, 19 Septiembre 2018.

Cargando...
  1.  
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
    Miembro desde:
    19 Diciembre 2010
    Mensajes:
    1,911
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Sōla: El país de los poderosos [Libro 1]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    426
    No es una historia nueva, es más bien una vieja historia que saqué del baúl del olvido :o

    Sōla: El país de los poderosos

    Introducción

    Sōla, el país más extenso del mundo que cuenta con una superficie de 15, 026, 734 kilómetros cuadrados, y con una población de poco más de 295, 734, 100 habitantes. Tierra famosa por la tan variada cultura, su rica economía y sus variantes platillos tradicionales. Su clima es variado, dependiendo de la zona geográfica. Pero mayormente frío en el Norte y caluroso en el Sur.

    Lunā, a diferencia del primero país, es el reino más pequeño, contando con poco más de 360 314 de extensión y, con un aproximado de 9,780,000 habitantes. A pesar de lo insignificante que pueda parecer, era el único país que siempre se enfrentaba al imponente Sōla, dándole guerra durante muchas generaciones. Eso se debía a que sus habitantes poseen un inmenso poder, que hasta en la actualidad, se sigue considerando misterioso.



    Todos los reyes que alguna vez tuvieron la dicha de gobernar estas dos grandes naciones, aspiraban en convertirse en los reyes de la dinastía del contrincante. Dicho esto, tener bajo su poder el otro reino. Sin embargo, esos tiempos quedaron atrás cuando un buen día ambos monarcas se dieron cuenta que en vez de desarrollarse ante los enfrentamientos continuos; lo único que ganaban era destrucción, muerte, tristeza y mucha más pobreza.

    Al final, tomaron la sabia decisión de detener las absurdas guerras, de dejar en el pasado las riñas que sus antepasados tenían con el otro. Y para demostrar que ambos estaban de acuerdo, los dos reyes; el rey Craig Van Suna del país Sōla y Alec Diu Lunare del país Lunā, unificaron en matrimonio a sus primogénitos; Kristof Van Suna y Lena Diu Lunare respectivamente, sellando de esa manera el contrato a la unión y paz entre ambas naciones.

    Por fin habían sanjado sus problemas, existieron muchos años de verdadera paz. Lo que ninguna nación sospechó fue que, entre las sombras, nacería el más grande de sus enemigos.



    Llevar un título; solo se les denomina o conoce con dicho título a personas poderosos (personas fuertes) e influyentes (gente aristócrata, por ejemplo). Si un ajeno derrota a una persona con un título de poderoso, este título automáticamente pasará a ser del ganador, aunque hay casos en que la persona ganadora rehúse a ser llamado de esa forma, aunque suele ser extraño ya que se suele confrontar a alguien con un título para llevarse su título.
     
    Última edición: 19 Septiembre 2018
    • Me gusta Me gusta x 2
  2.  
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
    Miembro desde:
    20 Marzo 2012
    Mensajes:
    1,275
    Pluma de
    Escritor
    Saludos.

    Comenzaré con un par de errores que encontré.
    "... tristeza, y mucha más pobreza." La coma no va ahí y es mucha y no mucho.
    "... unificaron en matrimonio a sus dos primogénitos..." Veo innecesario poner dos en esa oración, ya que se habla sobre dos reyes y por lo tanto cada uno solo podía tener un primogénito, ya que es el/la hijo/a que nace primero que lleva ese título.
    "... fue que, entre las sombras, nacería el ..." Falta una coma.

    Y me queda una duda con la extensión de los países, ¿son kilómetros, millas, kilómetros cuadrados? Entiendo que lo normal es que al referirse a la extensión de un lugar se usen kilómetros cuadrados, pero como que se siente un poco vacío sin eso.

    Hasta ahora solo hablas un poco de los dos países que estuvieron en conflicto. Incluso das unos nombres, pero es muy corto, solo es un prólogo que no dice nada sobre lo que tratará el escrito. Pienso que deberías publicar el primer capítulo para ver de qué va este escrito.
     
    • Me gusta Me gusta x 1
  3. Threadmarks: Capítulo 1.- El legado Van Suna
     
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
    Miembro desde:
    19 Diciembre 2010
    Mensajes:
    1,911
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Sōla: El país de los poderosos [Libro 1]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    3133
    Dark RS Muchas gracias por las correcciones y sí, se habla de kilómetros cuadrados. Precisamente he colgado el primer capítulo.

    Capítulo 1
    El legado Van Suna

    Daryl Van Suna

    La espada se movía de manera magistral mientras el joven de cabellera plateada se deslizaba al son de aquí y allá ante el despampanante sonido que el metal de ambas armas hacían al chocar.

    El sudor caía de su frente y se deslizaba hacia el mentón para terminar en forma de gota que desaparecía al caer de su barbilla. Los ojos cafés del joven, que irradiaban la misma viveza, observaban a su oponente, a un hombre mayor cuyo cabello alguna vez fue completamente rojo oscuro, ahora era adornado por abundantes canas, dejando al descubierto los años que cargaban sobre él. Pero a pesar de la edad que aparentaba, el hombre no se movía nada mal, seguía demostrando ser un as en el esgrima.

    Los dos luchaban por derrotar al otro. Era un combate que parecía estar igualado. Se encontraban en uno de los tantos patios que poseía el palacio real, un lugar en el que los últimos diez años se convirtió en un sitio para enseñar el arte de la espada.

    Aquel sabio hombre mayor, que portaba el nombre de Christian Pierce y el título honorario de Coronel de la Guardia Real, era mentor desde la tierna infancia de su joven pupilo; no solo en el manejo del esgrima sino también en estudios y hasta en la misma crianza. El hombre evadió un corte de su contrincante, lo miró fugazmente mientras contraatacaba para ser testigo de como el joven, leyendo el movimiento, bloqueó el ataque con la espada.

    Christian sonrió orgulloso ante la destreza del príncipe a la hora de atacar y defenderse. Deseó felicitarlo como lo había estado haciendo esos años, mas en esa casación le sería difícil porque tenía que estar atento a los movimientos de su pupilo. Esquivaba, defendía y atacaba.

    El príncipe suspiró al esquivar un corte que vio caso no evitaba. Si aquella pelea no fuera una simple práctica, ese corte le hubiera quitado la vida. Frunció el ceño mientras su rostro se tornaba seria al por fin ver la oportunidad de derrotar a su maestro y atacó, no obstante, previendo, Christian movió su espalda como si fuera una finta y aquel movimiento lo sorprendió, provocando que perdiera el control, retrocediera asuntado al creer que el arma lo cortaría, como resultado, cayó de senton. No pudo ver el ataque, tampoco detenerlo porque le pareció que la espada había desaparecido. La práctica finalizó cuando Christian guardó la espada en la vaina.

    El joven se pudo de pie con la ayuda de su mentor sin poder dejar de admirar a su maestro. Por esa misma razón el príncipe todavía se consideraba un niño ante Christian Pierce, todavía mostraba ataques que nunca le había visto —considerando todo el tiempo que a estado con él.

    —Tienes que enseñarme ese movimiento sí o sí, Chris —dijo impaciente mientras recogía su arma, la guardaba y luego se limpiaba el sudor.

    —Será todo un honor para mí, príncipe —contestó Christian, sonriendo—. Pero todo a su tiempo. Todo a su tiempo.

    —Pensé que esta vez te derrotaría, pero me equivoque —Sonrió divertido ante esa fantasía—. No creo que te superare, me esfuerce y practique, no creo poder alcanzarte.

    —De que habla, Debo decirle que hoy me sorprendió mucho y que estaba a punto de ser derrotado. Después de todo me obligó a sacar esa técnica especial. Solo la utilizo cuando estoy en graves problemas.

    —Oh, así que fue una técnica especial —Se sorprendió y no evitó alegrarse de saber que lo obligó a usarla.

    —Además —continuó el mayor—, usted tiene una ventaja que lo ayudará en las peleas más difíciles —Se lo mencionó al haberlo estado examinando durante ese tiempo. Había estado notando una extraña anomalía en él.

    —Espero que esa “ventaja” de la que hablas no sea el hecho de que soy el príncipe —Rio ante su propio comentario.

    El mayor tomó el hombro del heredero Van Suna, acto que sorprendió al joven no porque nunca lo hiciera sino por la circunstancia dadas y mucho más sorpresa al escucharlo decir:

    —Continúe esforzándose y nunca desfallezca ante las adversidades.

    Por alguna razón aquella palabras le preocuparon al príncipe y no supo la razón por la que dijo eso, así que al final simplemente asintió. El mayor notó un poco la desubicación del menor y continuó:

    —Su fuerza de voluntad es admirable y mientras mantengas la calma y la mente tranquila en una batalla, terminarás derrotando a su enemigo, sea quien sea. Cuando se encuentre en una situación complicada, no se desespere; que mientras se tenga vida, todo se puede solucionar. Tenga en mente eso, siempre.

    —Gracias. —respondió sintiéndose avergonzado por las palabras dichas, Christian siempre sabía que palabras utilizar para animar a los demás y sus consejos siempre han sido muy buenos.

    —¿Alguna vez te has enfrentado con alguien al que no derrotaste? —sintió curiosidad. Le había preguntado muchas cosas, pero nunca esa pregunta porque hubo un tiempo en que nunca se le cruzó por la mente imaginar a Christian siendo derrotado.

    —Por supuesto —respondió sin pensárselo—. Fuera de estas murallas existen personas titánicas, tan poderosas que ni en mis días mozos les gané o les hubiera ganado.

    Era increíble escuchar eso, pero era lo más lógico.

    —¿Y como fue que pudiste salir de ahí?

    —Hay luchas en las que se puede vencer solo, pero muchas otras, la victoria depende de la cooperación. Pedir ayuda y colaborar con tus amigos o aliados, no te vuelve débil, al contrario, te vuelve más fuerte.

    El joven miró a lo lejos la gran muralla que separaba el palacio del exterior. Nunca ha dejado el palacio, por lo que no sabía que tan fuertes y poderosas personas existan del otro lado del muro. Un escalofrío lo invadió. Pensar en que pudiera haber personas más poderosas que Christian le parecía algo imposible e impresionante a la vez. En la actualidad, era la persona más fuerte del palacio. Se decía que ni el mismo rey podía ganarle, y eso que su padre era muy fuerte; derrotaba a cualquier soldado.

    Aunque claro, hoy por hoy, en Sōla reinaba la paz por lo que ya no era necesario pelear para solucionar los conflictos, o por lo menos eso era lo que él pensaba. Eso sí, nunca estaba de más volverse fuerte por si necesitaba defenderse de cualquier loco, después de todo, existiera paz o no, siempre había personas que pensaban que las cosas se solucionaban con golpes. Por eso mismo, su padre estuvo de acuerdo en que Christian le enseñara defensa a pesar de estar en una época pacifica.

    Los dos se envolvieron en una amena conversación, charlaron de varias cosas pues, a pesar de que eran maestro y pupilo, no es que se vieran tan seguido, porque además de entrenarlo a él, el título de Coronel de la Guarda Real demandaba entrenar a la guarda. Así que, aprovechaban ese pequeño espacio para hablar. No paso mucho tiempo cuando los dos escuchar los pasos de alguien acercándose. Ambos se dirigieron hacia el dueño de aquellas pisadas; se trataba de una de las muchas sirvientas con las que contaba la familia real Van Suna. Cuando ella se acercó a los dos, hizo una pequeña reverencia que mostraba respeto, y después informó:

    —Mis disculpas ante la interrupción, señor Pierce, pero su majestad el rey solicita de su presencia en la sala de reuniones.

    Solían reunirse en el salón de juntas los finales de cada dos meses para hablar sobre los gastos de administración, hablar sobre las atenciones del pueblo, las del palacio real y de otros temas semejantes. Por eso, el hombre no evitó fruncir el ceño porque reunirse en ese momento solo significaba que ocurría algo de gran importancia. Y su preocupación aumentó al imaginarse el tema del que hablarían; sobre escuadrón liderado por el capitán Haxor Pusset que fue al país Many-Islandking con quienes no han tenido contacto a excepción del cuando arribaron.

    —Muchas gracias —continuó Christian a la mujer—. Infórmele a su majestad que me dirijo hacia allá.

    —¿Y no ha dicho algo de mí? —preguntó Daryl.

    La sirvienta se dirigió a él con respeto al decirle:

    —Me temo que no, señorito, solo me ha pedido llamar al señor Pierce.

    Con esas palabras, la mujer asintió y tras hacer otra reverencia, se apartó de los dos para comunicar a su majestad el mensaje. Una vez solos, Christian se dirigió por última vez a su pupilo, y haciendo una reverencia, le comunicó:

    —Bueno, su padre necesita de mi presencia, me retiro por ahora, príncipe. Y le pido que no se preocupe por nada —Chris colocó su mano sobre el hombro del joven para transmitirle tranquilidad al ver la impaciencia reflejada en el rostro del menor—, no creo que se trate de algo muy grave y, seguro su majestad le hará saber a su debido tiempo lo que supone aquella reunión. Mañana seguiremos con la práctica.

    Pierce se encaminó hacia su destino dejando a un joven lleno de curiosidad. Daryl pensó en la razón por la que su padre no le permitiría asistir a esa reunión. ¿Qué diferencia había entre las anteriores y esa? Una vez que cumplió los dieciocho años de edad, su padre lo había estado llevando a todas las juntas para que aprendiera a administrar las tareas de cómo mantener la gestión del pueblo al igual que las del palacio y también para que comenzara a familiarizarse con el trabajo de lo que conllevaba ser rey. Entonces, ¿por qué a esa no?

    Cuando algo cruzó por su mente, sonrió con travesura y a paso veloz se dirigió al palacio para irse al “escondite secreto”—un lugar que frecuentaba antes de ser incluido en la reuniones bimestrales—; en realidad no era un sitio tan “secreto”, tan solo se trataba de ir a la habitación contigua de la del salón de reuniones. Dentro de esa habitación había un pequeño armario donde había una pequeña abertura en la pared, detrás de una pintura, desde allí podía escuchar la mayoría de la conversación.

    —¿Vas a cierto lugar, príncipe? —escuchó una voz femenina detrás de él cuando cruzó la puerta hacia la sala real.

    Daryl abrió los ojos tan grandes como un plato como quien siendo descubierto en medio de una travesura mientras un escalofrío invadió todo su cuerpo. Se giró para ver a la dueña de la voz; se trataba de una joven que estaba recargada en la pared con los brazos cruzados mientras lo miraba con expectativa, esperando la respuesta a su pregunta.

    Él la observó con mirada inocente mientras ella lo hacia con una seria.

    Charlot Pierce, nieta de Christian Pierce, era oficialmente la escudera y la guardaespaldas del príncipe Daryl Van Suna, tal como su abuelo lo fue del mismísimo rey. Su nombre fue dado a honor de su bisabuelo.

    —Ho-hola, Charlot, ¿qué tal va todo? —se dirigió a ella con voz nerviosa y tartamudeando porque la última persona a la que quería ver era precisamente a ella porque prácticamente, ella era la única que podía regañarlo sin temor a las consecuencias de ser el primogénito real, pues precisamente se le había concedido el permiso de hacerlo—. No voy a ningún lado, ¿y tú? ¡Por cierto, ¿y qué haces aquí?! Pensé que habías ido a la fortaleza del Oeste y que hasta mañana regresarías.

    —Llegué esta mañana —informó ella, mirándolo con severidad—. No tengo el lujo de separarme por mucho tiempo del príncipe.

    Conocía tan bien al príncipe que dudaba que las palabras a ningún lado” fueran reales, por eso, bajando sus brazos y apartándose de la pared, se acercó a él con paso lento, provocando que Daryl se pusiera nervioso ante la miraba recelosa que le lanzaba. A continuación, ella le hizo saber con autoridad:

    —Príncipe, sabes muy bien que está prohibido espiar las conversaciones ajenas, sobre todo si se trata de una reunión a la que no estás invitado a ir.

    Por unos momentos, él se tensó al escucharla decir eso, ¿lo conocía tan bien como para saber sus intenciones? Pero al instante borró toda duda de su rostro para dibujar una expresión de dureza al responder:

    —¿Y me lo dice la persona que por alguna extraña razón sabe lo que voy a hacer?

    Ella se sorprendió por un instante, pero volvió a su estado serio al recordar que con él no se podía titubear un poco:

    —Ese no es el caso —dijo, cruzando los brazos—. No evites cambiar el tema. Aunque seas el príncipe, si el rey no te ha llamado a esa junta es porque no te debe incumbir. Son las reglas y debes respetarlas seas quien seas, recuérdalo.

    —No lo comprendo, se supone que yo soy el príncipe y soy quien va a heredar el trono una vez que Padre no pueda hacerlo, ¿cómo desean que sea un buen gobernante si no me permiten saber lo que sucede en el país? Y él seas quien seas” no vale porque seré el Rey del país, necesito saber lo que está sucediendo; es mi derecho como futuro gobernante.

    Ella arqueó la ceja dubitativa y él simplemente suspiró.

    —Esto lo hago porque necesito tener referencias —continuó él—, necesito saber lo que Padre hace en ciertas situaciones, es primordial para aprender.

    —Solo quieres husmear —respondió ella.

    Daryl suspiró agotado, cerró los ojos mientras alzaba la cabeza. Bajó los hombros derrotado.

    —Bien, bien… tienes razón, Charlot, no iré… —Después abrió los ojos de golpe y regalándole una sonrisa pícara, terminó la oración con un predecible—… ¡si me atrapas!

    Y como si fuera un animal salvaje que estuvo en cautiverio una vez fue soltado, Daryl salió disparado como bala de cañón, y para cuando Charlot se dio cuenta de la treta, Daryl ya estaba con mucha ventaja.

    —¡Oye! ¡Espera! ¡Príncipe! —soltó a todo pulmón mientras iba detrás de él, enojada consigo misma por no predecir la acción de él.

    Daryl se dirigió hacia la habitación continua de la sala de reuniones, ingresó rápido al cuarto al sentir como Charlot, quien para su sorpresa corría más rápido desde la última vez que había utilizado ese mismo truco, ya le pisaba los talones. Él cerró la puerta casi frente a la joven, quien se detuvo frente a ésta parpadeando un par de veces y luego maldecir entre dientes al no alcanzarlo en el último segundo. Lamentablemente, no se le tenía permitido entrar a la habitación porque no era un cuarto cualquiera, era la habitación del hermano menor del príncipe; a pesar de tener libertad para muchas cosas, le era prohibido, si no era por orden de los dueños, ingresar a las habitaciones de los Van Suna.

    Desde su lugar, Conan Van Suna, hermano menor de Daryl, miró con sorpresa la repentina llegada de su hermano.

    —¿Se puede saber la dicha de tenerlo aquí, príncipe? —preguntó el niño.

    Al escucharlo, Daryl se estremeció, su piel se volvió piel de gallina y olvidando el suceso anterior, se apresuró frente a su hermano y tomándolo de los cachetes se los apretó para decirle en tono enojado:

    —No te dirijas a mí de esa forma que me da repelús. ¿Cuántas veces debo decirte que me digas hermano o me llames por mi nombre?

    —Lo siento, lo siento, Daryl —decía el pobre niño entre quejidos y poco entendible.

    Daryl lo soltó para mirar como su hermano se masajeaba los cachetes que ahora estaban colorados. Conan tenía el cabello color fuego, tal como su padre, sin embargo, tenía la figura delicada y delgada de su madre. Era diez años menor que Daryl, por lo que contaba con solo ocho años de edad.

    A pesar de ser familiares, los dos eran muy diferentes entre sí, tanto en carácter, en personalidad como en los gustos. Mientras Conan era un joven muy cortés —demasiado para el gusto de Daryl— e introvertido, teniendo como hobbie la lectura, Daryl era lo contrario, extrovertido e imperativo, teniendo como hobbie el meterse en problemas y el esgrima.

    —¿Está de nuevo esca…? —El niño guardó silencio al ver la mirada de su hermano, tragando saliva, volvió a re-formular la pregunta—: ¿Estás escapando de nuevo de Charlot?

    —Disculpa si te molesté, pero sí, escapo de Charlot —terminó de decir con una sonrisa.

    Desde el otro lado de la puerta, Charlot continuaba tocando la puerta mientras decía:

    —Príncipe Daryl, te pido que salgas de la habitación —decía con voz aparentemente calmada—. No debes molestar al príncipe Conan cuando hace su tarea. Cosa que tú deberías aprender de él. Príncipe Conan —Ahora se dirigió al menor al ver que no razonaría con Daryl—, si desea que me lleve al señorito para que no le perturbe, le pido que me de permiso de ingresar a la habitación.

    Daryl llevó su dedo indice a sus labios mientras miraba a su hermano en señal de que guardara silencio.

    —No digas nada, ¿de acuerdo? —terminó diciendo.

    —Lo lamento señorita —dijo Conan levantando la voz para ser escuchado por ella—. Para mí no es ninguna molestia tener al príncipe aquí, es todo un honor.

    Debería respondió ella del otro lado.

    —¿Le has hecho algo? —preguntó curioso el niño mirando a su hermano—. Se nota que la señorita está malhumorada por algo.

    —Claro que no —Se defendió el hermano mayor—. Charlot se pone histérica por todo. Es solo que hay reunión en la sala de reunión y quiero saber de qué va... ¿no quieres saberlo también?

    —No me gustaría importunar a Padre, y mucho menos enfurecerlo, así que desisto de tu oferta. Me dispondré a continuar con la lectura.

    Sin más, Conan volvió a su lectura mientras Daryl se encaminaba a la puerta que estaba al fondo de la habitación. Abrió ésta para entrar a un pequeño cuarto, allí había una pequeña puerta en la que apenas podía caber, gateó hasta por un pasillo hasta que llegó al final de una habitación vieja.

    Una vez allí, Daryl observó al fondo aquella pintura vieja que colgada sobre la pared; era el retrato del bisabuelo Van Suna. Con cuidado para no hacer ruido la quitó, la dejó en el suelo y vio por un pequeño agujero el otro lado de la pared, y aunque no tenía una vista muy amplia, podía ver algo, no pudo evitar preocuparse al ver a su madre sentada ahí.

    Que él supiera, a esas reuniones su madre no asistía y si estaba allí solo podía significar que existía un problema que afectaba a las dos familias —a los Van Suna y a los Diu Lunare—; un problema que no solo involucraba el reinado de Sōla, también el de Lunā, ya que Lena era la representante oficial de aquel país.


    Fin del primer capítulo
     
    Última edición: 30 Octubre 2018
    • Me gusta Me gusta x 2
  4.  
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
    Miembro desde:
    20 Marzo 2012
    Mensajes:
    1,275
    Pluma de
    Escritor
    Diré que la mayoría de tus errores se arreglarían releyendo antes de publicar.

    "... ser un as en el esgrima...."
    "... era mentor, desde la tierna infancia, de su joven pupila, no solo en el manejo de la espada, sino también en estudios y en la misma crianza." ¿Si es 'pupila' lo que quisiste poner?
    "—¿Te estás burlando de mí, Chis?..."
    "...superaré, por mas que me esfuerce y practique..."
    "...tiempo que ha llegado..."
    "...ganará! Seguirás siendo ..."
    "... palacio del exterior. Nunca ha dejado esas tierras, por lo que no sabe que tan ...."
    "...Ambos escucharon los..."
    "...solo me ha pedido..."
    "...pequeño armario donde...."
    "...rey no te ha llamado..."
    "...buen gobernador si no me..." No me convence la palabra 'gobernador' aquí, quizás dirigente o gobernante iría mejor.
    "...él simplemente suspiró."
    "...una vez fue soltado..."
    "...soltó a todo pulmón..."
    "... tú deberías aprender..."
    "... apenas podía caber..."

    No puedo dejar de pensar en Tales of the Abyss, principalmente el juego. El entrenamiento del príncipe, el instructor que es considerado el mejor (que luego resulta ser un traidor), la amiga que lo intenta corregir (amiga de la infancia que también está enamorada de él), la reunión misteriosa a la que no se le permite ir pero igual intenta escuchar todo al ir a un cuarto contiguo. Si una asesina mágica llega a intentar matar al Coronel de la Guardia Real y termina teletransportandose con todo y Daryl me preocuparé.

    Te recomiendo leas una o dos veces antes de publicar un capítulo, no creerías lo útil que resulta hacerlo. Veré cómo lo continúas.
     
    • De acuerdo De acuerdo x 1
  5. Threadmarks: Capítulo 2.- Alrededor de la mesa
     
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
    Miembro desde:
    19 Diciembre 2010
    Mensajes:
    1,911
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Sōla: El país de los poderosos [Libro 1]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    4038
    Dark RS De nuevo, muchas gracias por los errores y por dejarme tu impresión, la que valoro mucho. Respecto a lo que mencionas, no lo negaré, tomé mucha inspiración en series, libros y videojuegos para hacer ese comienzo. Aun así, a la historia le daré mi personalidad e intento que eso "típico o cliché", o se maneja de buena forma, o evitarlo completamente.


    Capítulo 2
    Alrededor de la mesa

    Minutos antes de la junta

    Un hombre, de unos setenta y cinco años de edad, se mantenía sentado con un libro de leyendas en sus manos. El hombre tenía la mirada hacia adelante, sin prestarle atención a las letras de aquel libro. Cualquiera al verlo pensaría que estaba meditando sobra la lectura. No obstante, la realidad era otra. La taza de té que se mantenía sobre la pequeña mesita que estaba a un lado, se había enfriado. Sus ojos, que en su tiempo de juventud reflejaban las mismas llamas del fuego, ahora estaban apagados, nublados. Una profunda tristeza lo embargaba.

    El hombre cerró el libro de golpe y luego miró a su alrededor para observar la enorme habitación abarrotada de incontables estanterías, cada una de ellas llenas de toda clase de libros. La biblioteca real, aquel sagrado lugar al que nadie solía pasar y que, al igual que él, estaba quedando completamente desapercibida por los del palacio.

    El hombre escuchó a alguien tocar la puerta.

    —¿Quién toca? —inquirió con voz apagada. Se imaginó que se trataba de uno de los tres Venerables.

    —Su humilde siervo, señor —contestó la voz.

    El hombre suspiró decepcionado, no eran ellos. Terminó por preguntar:

    —¿Qué te trae por aquí?

    La persona detrás de la puerta la abrió despacio para no perturbar la paz de su señor, y a pesar de que aquel anciano estaba de espaldas, el siervo dio una reverencia para luego hablar:

    —Disculpe por molestarlo, mi señor, pero el rey me ha pedido informarle que solicita de su presencia en la sala de reuniones.

    Él frunció el ceño extrañado ante la invitación porque desde que había dejado el trono en las manos de su hijo, no había vuelto a reunirse a esa sala, no porque no quisiera, más bien porque no había sido invitado a hacerlo puesto que ya no le concernía estar en aquel grupo. ¿Por qué esa vez era diferente? Aunque no estaba del todo seguro, se daba una ligera idea de lo que estaba ocurriendo y por ello, no evitó sentir rabia mientras apretaba con fuerza la mandíbula.

    Van Suna volvió a abrir el libro en la página donde había dejado la lectura.

    —Hágale saber esto a su majestad —habló con un tono despectivo—, que desde que bajé del trono, no corresponde a mí dar opinión alguna, y que todo problema venidero, sea solo a él y a su gente, encontrar la solución.

    —Pero su…

    —¿Quedó claro o te lo vuelvo a repetir? —alzó la voz, autoritario. A pesar de los años, su voz continuaba siendo de alguien que imponía respeto.

    —Ah, sí-sí, quedó claro, su señor. Le haré llegar el recado a su majestad.

    —Eso espero. Puedes retirarte.

    El siervo volvió a hacer otra reverencia y cerrando la puerta tras de sí, dejo a solas al ex-rey de Sōla. No ayudaría más a su estúpido hijo, y mucho menos quería estar en la misma habitación en la que estaba esa maldita hija de los Diu Lunare.

    Craig Van Suna era ahora un anciano, una simple sombra de lo que alguna vez fue en su pasado. Un hombre que añoraba sus días llenos de gloria y su juventud. Inhaló aire pesadamente y luego lo expulsó de la misma forma, volvió a retomar su lectura.



    * * *​


    El rey Kristof tomó asiento en la cabeza de la mesa. A su lado izquierdo estaba la reina. A su lado derecho, al próximo asiento, se encontraba vacío puesto era el asiento que le correspondía a su primogénito, el príncipe Daryl, aunque esa vez allí se sentaría su padre. Al siguiente asiento se encontraba Christian Pierce, el Coronel de la Guardia Real mientras que a la izquierda de la reina estaba Northon, el consejero real.

    —¿Se encuentran todos aquí? —preguntó el consejero al rey deseoso de que diera comienzo a la junta.

    —¿Dónde está mi padre? —preguntó el rey.

    —El siervo del señor Craig me notificó que su padre no podrá venir porque le corresponde al actual rey, y a su gente, tomar las decisiones de futuros problemas —informó Christian.

    El rey se recargó en el respaldo en un intento de calmarse, después de todo sabía que esa iba a ser la resolución de su padre. Aunque no mentiría que deseaba escuchar alguno de sus sabios consejos. No obstante, no podía obligarlo. De esa manera, la reunión dio comienzo.

    —Bueno, entonces demos comienzo a la junta.

    —Como sabrán —tomó a palabra Northon—, el capitán Haxor Pusset y su escuadrón, hace tres días, fueron a Many-Islandking. Lo preocupante de la situación es que no hemos recibido ningún reporte sobre cómo están, dónde o que está sucediendo. Me temo que ante eso debemos pensar en lo peor.

    Desde hace varios meses se sospechaba que Many-Islandking se estaba levantando en armas contra Sōla. Aunque esto solo era una sospecha escuchada por un rumor. Ese tema preocupó mucho al rey. Sobre todo porque lo último que deseaba era perder a excelentes hombre de batalla. Por eso, al principio él había decidido enviar solo a una persona y pensó en Corban, el hombre que encabezaba a los Venerables, quienes trabajaban bajo el poder de su padre. Craig se rehusó al decirle que ellos estaban ocupados en una misión mucho más importante. Al final, y ofreciéndose voluntario, Pusset junto a su escuadrón se dirigió al archipiélago.

    —Entonces —habló el rey—, ¿qué sugieres que hagamos, Northon? El que hayas solicitado que Pierce estuviese presente en la reunión me da a entender que deseas enviarlo a él para verificar el estado del escuadrón, ¿verdad?

    Daryl , desde su posición, se sorprendió al escuchar eso porque sabía que esa era una tarea muy arriesgada, y mucho más para una sola persona; peor aún, para una persona que no estaba especialmente capacitada para el espionaje.

    —Si así lo desea su majestad, estaré dispuesto a ir hasta Many-Islandking e intentar reunir toda información que pueda.

    —Sé que es muy arriesgado mandarlo a él —dijo Northon al ver el semblante del rey.

    Después de todo, Christian no solo era el guardaespaldas del rey, ni el coronel, ni el maestro de la espada, era su amigo y hasta lo consideraba como un segundo padre porque había sido también su mentor.

    —Pero —continuó el consejero—, como ahora mismo no tenemos a hombres capacitados y necesitamos saber el estado en que se encuentra el escuadrón de Pusset, me temo que es la única solución. No podemos atacar si no tenemos pruebas solidad de que ese país está encontrá de nosotros.

    —Pese a todo, —interrumpió Christian mientras meditaba en algo que le parecía extraño—, me parece raro que le haya sucedido algo a Pusset y a sus hombres, estamos de acuerdo en que él es uno de nuestros mejores hombres, próspero a convertirse en el próximo coronel. ¿Será posible que hayan sido derrotados? Mmm, no puedo concebir eso. No me malinterpreten, con esto no quiero descartar la idea de que puedan estar en peligro.

    —Probablemente no fueron derrotados —razonó el rey al encontrarle lógica a lo que expresó Pierce—. Tal vez fueron descubiertos y ahora se estén ocultando del enemigo.

    —También opino lo mismo, su majestad —secundó el consejero.

    —Si me disculpan, me gustaría expresar algo —Se hizo escuchar la reina Lena, quien se mantenía serena, siendo de espectadora entre la conversación. Todas las miradas se posaron a la hermosa figura de la dama—. Pienso que sería estúpido enviar a alguien más a ese lugar.

    Lena Diu Lunare era una mujer reservada y callada, por eso, cada vez que hablaba lo hacía de una manera muy directa y sin temor de decir lo que cruzaba por su mente, y precisamente en ese instante ella expresó su pensar sin tapujos.

    —No sabemos exactamente lo que está sucedido allá. Si Christian va, no solo será arriesgado para él, lo será para el escuadrón si es que se están ocultando y tienen planeado hacer algo. No hemos tenido información de ellos en solo tres días, ¿es tan malo eso?

    —Ahh, bueno… mi reina… —El consejero Northon no sabía que responder ante el razonamiento de la reina—. Vera, antes de mandarlos a Many-Islandking trazamos un plan, por esa ra…

    —Aun así —interrumpió la mujer, mirándolo—, no sabemos con exactitud lo que ocurrió una vez arribaron allá. Quizá por fuerzas mayores se vieron en la obligación de cambiar la estrategia original. ¿No lo ha pensado así? Frente su seguridad, están en su derecho de hacerlo. Si nos precipitamos a mandar a alguien puede resultar fatal no solo para los soldados, sino para el país entero, para el reinado, para la familia, para el rey porque Many-Islandking puede tomar ventaja de eso y decir, en todo su derecho, que el país de Sōla y su rey tienen desconfianza de ellos, a pesar de ser un país aliado. Debemos pensar cuidadosamente en lo que se debe de hacer.

    —Reina —habló Northon tartamudeando y con todo respeto—, eso es lo que estamos haciendo, estamos pensando cuidadosamente.

    —Yo no lo veo así —informó con aquella voz imparcial—. Solo veo desesperación y angustia en sus palabras. ¿No hay alguna otra manera de saber sobre ellos sin necesidad de enviar a alguien?

    Hubo un silencio sepulcral en toda la sala. Todos estaban meditando en las palabras sabias de la reina.

    —Creo que sí la hay —Christian rompió el silencio al recordar algo—. En la ciudad Inotrantsy de la prefectura Triko existe un hombre domador de aves. Se dice que de todo el país, tiene las mejores aves mensajeras. Éstas pueden viajar, cruzar kilómetros sobre el mar y encontrar a la persona precisa que debe recibir el mensaje.

    —Taran Usha —nombró el rey.

    —Efectivamente, ¿lo conoce usted, su majestad?

    —Sí. Así se presentó el hombre que lideraba al grupo de los Bade-soorajitas que vinieron hasta mí para pedir un permiso especial. Me pidieron que todos los Bade-soorajitas que viven aquí como refugiados se les permitiera viajar hasta su país para pelear por él, porque se encuentra en guerra.

    —Pero debió dejar a alguien a cargo del negocio —dijo el consejero al final, con esperanzas de que así fuera—. Podemos enviar a alguien a verificar. No se pierde nada con intentarlo, y hasta es posible que en el transcurso del viaje recibamos noticias de Pusset.

    Desde su posición, el príncipe Daryl estaba deseoso de participar en la platica. Frunció el ceño molesto y enojado con su padre por no haberlo dejado asistir. Estaba tan exhorto en la conversación que le tomó por sorpresa ver como su madre, quien estaba sentada exactamente frente a la pared de donde él observaba, miraba fijamente hacia él. ¿Desde cuándo ha estado mira hacia ahí? Su corazón palpitó a mil por hora al sentir la penetrante mirada de su progenitora e inmediatamente apartó la mirada del agujero mientras se llevaba la mano a su pecho para intentar calmarse. El agujero por donde miraba era muy pequeño, era imposible que se diera cuenta que miraba desde ahí. Debió tratarse de una mera coincidencia. Asintió varias veces al momento que volvió ha asomarse y darse cuenta que la mirada de ella seguía mirando fijamente hacia él.

    Era astuta, se había dado cuenta. No obstante, su alma volvió a su cuerpo y suspiró aliviado al ver como su madre se volteaba ligeramente para ver hacia otra parte. Daryl exhaló aire. Había sido solo una coincidencia.

    Por poco.”, pensó el joven, calmándose.

    —Entonces —continuó el rey—, enviaremos a cualquiera hacia prefectura Triko. Como no es una misión peligrosa, podemos enviar a quien sea.

    Desde su posición, Daryl no evitó abrir los ojos con susto al escuchar la voz de su madre decir:

    —Daryl, ¿tienes algo que decir u opinar?

    Y al igual que el príncipe, el rey como los demás presentes, se sorprendieron ante el nombre. ¿Daryl?

    —Daryl, ¿estás escuchando? —dijo Kristof con voz potente y disgustado mientras miraba a sus lados, buscándolo—. ¿Dónde estás? ¡Sal ahora, Daryl! ¡Te ordeno que salgas y te presentes frente a mí, ahora!

    Todos los presentes se mantuvieron callados, esperando a que el joven, que por cierto no sabían donde se mantenía, saliera de su escondite. Miraron por toda la habitación sin saber que Daryl, una vez se le dio el “permiso” que necesitaba para hablar, como la misma pólvora, salió corriendo de la habitación de su hermano para irse directo a la sala de reunión, y abriendo la puerta con fuerza e ingresando a la misma, habló con voz potente:

    —¡Sí! Tengo algo que decir. Pido permiso para ser yo quien se dirija a la ciudad Inotrantsy y desde allá mandar un ave mensajera hacia Many-Islandking.

    Todas las vistas estaban sobre el impertinente joven. Y fue entonces que Daryl meditó en la posición en la que se encontraba. Aquellas miradas lo pusieron un poco nervioso. Solía ser muy impulsivo, aunque muy pocas veces se arrepentía de ello, en esa ocasión... tampoco lo estaba. Al contrario, de todas aquellas impertinencias, esa era la que en verdad deseaba realizar y no desistiría hasta escuchar un "sí" del rey.

    Quería salir del palacio. Deseaba conocer el país que algún día reinaría.

    —Definitivamente, ¡no! —Fue la obvia respuesta del rey a Daryl. Su voz sonó dura para que su hijo comprendiera que un “no” era un “no”, por lo que no se valía dar excusas.

    —Pe-pero ¿por qué no? —se apresuró a decir Daryl, ignorando la compostura autoritaria de su padre—. Yo ya soy mayor y puedo cuidarme solo. ¿Cómo quieres que llegue a ser un buen rey si no me permites siquiera salir del castillo, o estar en esta clase de reuniones?

    Los dos se miraron, Kristof mirando a su hijo con seriedad, era la primera vez que le hablaba en ese tono y de esa forma tan directa. Frunció el ceño.

    —¿Crees que no entenderé la situación? —inquirió el joven disminuyendo la voz, un tanto decepcionado de pensar que tal vez su padre lo creía incapaz de comprender la situación.

    Northon, Christian se mantuvieron cayados, la tensión en el ambiente era palpable. La actitud desafiante de Daryl le costaría un severo castigo.

    —¿Por qué? —se escuchó la voz de la reina quien miró a su esposo—. Usted mismo lo ha dicho, ¿no es así, su majestad? Como ir a Triko no es una misión peligrosa, se puede enviar a quien sea, ¿no? ¿Por qué no enviar a su hijo?

    Northon y Christian no evitaron abrir la boca sorprendidos ante las palabras de la reina.

    —Será un viaje peligroso —dijo el rey continuando con su postura de no dejarlo ir.

    —¿Ahora lo será? —preguntó la mujer—. Entonces iré yo —sentenció ella levantándose del asiento.

    —¡Eso es una locura! —habló Northon rápidamente—. ¿Cómo podríamos dejar a la reina de Sōla hacer una misión como esa? Eso sería caer muy bajo, se mancharía la reputación Van Suna si llegaran a enterarse de eso.

    —Pero no tienen porque saberlo, iré en cubierto —insistía la mujer de mirada penetrante.

    —Aun así, no podemos arriesgarnos.

    La reina volvió a tomar asiento.

    —Ya veo. La reputación de la familia Van Suna es lo más importante. ¿Y por eso no dejarás ir a Daryl?

    —No es eso, reina —mencionó Kristof más relajado, por lo menos cuando se dirigía a ella—. Se han estado escuchando varias cosas respecto a las personas. No creo que sea el momento para dejar al príncipe salir, no sabemos si haya enemigos de otros países escondidos a esperar que el príncipe salga para atacarlo.

    Esto lo mencionaba porque era bien conocido que, como una tradición, cuando se cumplía la mayoría de edad, dieciocho años, todos los varones Van Suna viajaban por todo el país, para conocer las tierras en las que vivía, su cultura y su gente; así lo hizo su padre, sus hermanos y él. Así era, era una tradición del linaje Van Suna, mas Kristof ha estado posponiendo eso.

    —¿Y no está un rey para proteger a su gente? —continuó Daryl al ver la oportunidad, al notar que su padre pareció apaciguarse—. ¿No están para ser los primeros en ponerse en primera fila para pelear al lado de sus guerreros? —Estaba molesto de que él fuera el único que, tras cumplir los dieciocho años, continuara encerrado en aquel lugar. Tan solo leyendo libros sobre la nación. No solo quería conocer sus tierras de esa forma. Deseaba vivir la experiencia de ver como trabajaban y como vivían las personas.

    —¡Pero tú no eres rey! —levantó la voz con potencia, haciendo estremecer tanto a Christian a Northon y a Charlote quien apenas iba entrando—. La reina, tu hermano y tú se quedarán aquí.

    Daryl no estaba pidiendo tener ese viaje, solo pedía ir a Inotrantsy de Triko y enviar y se lo hizo saber a su padre. Más algo Nadie lo sabía, a excepción de los más allegados de Kristof Van Suna, la debilidad de su primogénito.

    —Puedo cuidarme solo —susurró. Miró a su padre de nuevo—. He mejorado con la espada, lo ha dicho Chis. Ahora puedo defenderme muy bien.

    —¿Eso es cierto? —El rey se dirigió a Christian.

    Por un momento Christian se tensó. Pero era verdad, se lo había dicho a Daryl, y no lo dijo solo para animarlo y porque era el príncipe. Daryl había mejorado mucho y ahora era muy diestro en ella. Además, él había notado algo peculiar en el joven. Chistian asintió.

    —Efectivamente, su majestad, se lo dije —añadió—. El príncipe ha mejorado a tal punto en que puede superarme y hasta puede permanecer en una batalla contra usted hasta el final. Daryl es ahora, sin temor a equivocarme, un gran guerrero. Es ágil y muy inteligente. Con todo mi respeto, pienso que debería creer más en él.

    A lo que más temía el rey era a la gran debilidad que su hijo tenía. Se trataba de una debilidad que solo las personas más allegadas conocía; Daryl nació sin un poder.

    El linaje limpio de las familia hacen que los predecesores nazcan con sus mimos poderes o con habilidades más poderosas. No obstante, cuando alguien de diferente clan tiene hijos con otro clan diferente, esa descendencia nace sin ninguno. Se cree que cuando dos linajes poderosos se unen, su descendencia portaría la fuerza de ambos padres, pero, no era así. Conan también parecía no poseer ninguno. Desconocían si eso se debía por herencia o por mala suerte.

    —¿Puede defenderse de un Poderoso?

    El rey entrecerró los ojos y con recelo esperó la respuesta de Pierce. El maestro del esgrima quedó mudo ante la pregunta. No supo que responder.

    —¡Claro que sí! —contestó el príncipe confiado de sí mismo.

    Aquella carencia de poder no iba a desanimarlo, no como lo hizo cuando era niño. Sobreviviría y se alzaría entre los poderosos que portaban un título fastuoso.

    —Yo lo acompañaré siempre —se interpuso la joven Charlot al llenarse del espiritual del joven.

    Había estado allí desde el principio porque había seguido al príncipe y sin desearlo, también se quedó absorta en la discusión. Se inclinó ante la presencia del rey y la reina antes de continuar:

    —Pido disculpas por mi atrevimiento, y también pido la palabra para decir que, nunca permitiría que dañarán o siquiera tocarán al príncipe, juro ante mi título de guardaespaldas que sacrificaría mi vida para el bienestar del heredero.

    —¡¿Y quién ha pedido que hables?! —expresó el rey, enojado ante la imprudencia de ella. Al estar centrado en su hijo, no la había visto.

    Ahora ya cualquiera podía hablar sin autoridad. Aunque se tratara de la nieta de Pierce, no tenía el derecho de opinar sobre temas familiares tan delicados como ese. A su vez, Charlot cerró los ojos y tragó saliva con dificultad. Comprendió la severidad de lo que había hecho, se había dirigido de esa forma tan descarada ante la presencia del rey, pero no estaba arrepentida de haberse expresado.

    —Yo le doy la autorización de hablar —respondió la reina. Se volvió a poner de pie y miró a la joven valiente con buenos ojos—. Levántate, Charlot. Soy muy consciente de tu gran capacidad y fuerza. Eres una mujer de las pocas que hay. Charlot Pierce, nieta del gran espadachín Christian, e hija del héroe Blas; tu sangre habla por sí sola, eres fuerte y digna del cuidado del nuevo sucesor. Por esa misma razón, ante el nacimiento de Daryl, se te encomendó ser su escudero. No hay nadie más en este palacio que pueda calzar ese título.

    —Es verdad, su señor —habló Christian, dirigiéndose a Kristof—. Mi nieta es una excelente luchadora, maneja bien armas punzantes y puede enfrentarse cuerpo a cuerpo con quien sea, y tiene un enorme conocimiento de su poder. Así que, mejor compañero en ese viaje para el príncipe no lo hay —concluyó Pierce mirando fugazmente a la reina para agradecerle internamente las palabras que le dirigió a su nieta.

    —Me siento alagada por sus palabras, reina —expresó Charlot en una reverencia, muy feliz—. No creo ser merecedora de tales halagos, agradezco sus palabras. Pero no cabe duda de que defenderé hasta la muerte al príncipe.

    —Aunque puedo defenderme solo —recalcó Daryl.

    —Su majestad —Lena se dirigió al rey—. ¿Por qué no dejar que Daryl conozca al país que algún día reinará? ¿Su padre no lo mandó a recorrer el país cuando cumplió los dieciocho años para que así, conociera las tierras que gobernaría algún día? ¿Por qué no hacer lo mismo con su hijo?

    —Esos eran tiempos diferentes —Kristof parecía no cambiar de parecer—. El país ha cambiado mucho desde mi reinado —Y era el primero en reconocerlo. Razón por la que su padre no le ha dirigido palabra desde hace años—. Ahora es más peligroso que antes —dijo esas palabras sonriendo con ironía porque en cierta forma, él contribuyó a que así terminara. Estaba consciente que una gran multitud le desagradaba como rey.

    —Y con mayor razón —dijo ella—. El país cambia, la gente cambia, el rey también lo hace. Llegará el momento en que Daryl estará sentado en el trono para gobernar, y qué mejor lo hará al tener conocimiento de lo que sus propios ojos vieron y sus propios oídos escucharon. De esa forma sabrá como ayudar a su gente.

    Kristof suspiró. Daryl se acercó a la reina, y haciendo una reverencia dijo:

    —Gracias, Madre, por confiar en mi. No te decepcionaré y haré mi tarea.

    La reina levantó la mirada para ver a Charlot y le hizo una señal de que se acercara. Ella así lo hizo y una vez estuvo a su frente, Lena terminó por decirle:

    —Charlot, te doy el permiso de refrenar de cualquier modo, las irrazonables decisiones que vaya a tomar el príncipe —La mujer dibujó una sonrisa al concluir con un—: No importa si es con una buena cachetada. La seguridad de él es primordial —Después los miró a los dos—. A ambos les doy mis bendiciones para el viaje. Cuídense. Ahora, vayan con el rey pues es él el que tienen la última palabra.

    Ambos jóvenes volvieron a hacer una reverencia y se acercaron al rey. Kristof miró a Lena, quien volvió a tomar asiento. Entonces, ¿estaba bien? Solo era ir y venir, ¿qué podría pasar si iban en cubierto? Tal vez solo estaba un poco paranoico.

    —¿Estás segura de qué ésto es lo mejor? —le preguntó.

    Ella asintió demostrando que confiaba en la fuerza de su hijo y de la protección de Charlot.

    —Muy bien. Mañana partirás a primera hora —El rey se dirigió a Pierce—. Chris, ordena que un jinete se prepare para el viaje. Daryl, Charlot, prepara sus cosas, que tendrán un viaje largo.

    Daryl sonrió con triunfo para después agradecer y retirase. A su vez, Pierce organizaba todo para el viaje; un chófer de la fuerza (pues a eso se refirió el rey al ´preparar a un jinete´, un carruaje y los demás preparativos.



    Fin del capítulo 2
     
    Última edición: 30 Octubre 2018
    • Me gusta Me gusta x 2
  6.  
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
    Miembro desde:
    20 Marzo 2012
    Mensajes:
    1,275
    Pluma de
    Escritor
    Saludos.

    Diré que la mayoría de tus errores son simples descuidos y no desconocimiento. Recomiendo releer con atención justo antes de publicar, se suele encontrar mucho si se lee buscando errores, incluso se termina teniendo nuevas ideas y haciendo cambios.
    "...voz apagada...."
    "...estar en la misma..."
    "...sus días llenos..."
    "...existen tres de ellos..."
    "...llegó al archipiélago..."
    "...los padres de familia de esas familias se..." Recomiendo que reformules esa parte, es muy redundante y no suena natural.
    "...era muy peligroso porque..."

    La reina parece ser una mujer muy perspicaz, mejor que la manden a ella a investigar.
    No creo que el peor caso sea que capturaran al grupo de Pusset, mas bien es que todo el grupo muriera.
    Supongo mandarás a Daryl a esa misión simple, que de seguro se complica. Quizás acompañado de Charlot.
    Por ahora son solo conjeturas que me hago mientras comienza la parte interesante de la historia.
     
    • Me gusta Me gusta x 1
  7. Threadmarks: Capítulo 3.- El comienzo de la gran aventura
     
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
    Miembro desde:
    19 Diciembre 2010
    Mensajes:
    1,911
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Sōla: El país de los poderosos [Libro 1]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    4458
    Debo decir que este capítulo me salió un poquito largo :D
    Dark RS De nuevo, gracias por las correcciones. Tiendo a pasarlas por alto a la hora de leer el capítulo repetidas veces, es como si éstas desaparecieran o yo, como se lo que viene, lea las palabras bien xD A veces me doy cuenta de esos detalles cuando publico el texto. Respecto a la trama, quizá estos primeros serán algo lentos porque son introductorios. Pero lo interesante ya llegará, todo a su tiempo :)


    Capítulo 3
    El comienzo de la gran aventura

    A primera hora del día, Daryl y Charlot salieron del castillo para dar comienzo a su viaje. Christian, el coronel de la Guardia, Kristof el rey, Lena la reina, Conan el príncipe y el chófer Dan, los estaban esperando ya afuera, a un lado del carruaje.

    —¿Qué le vaya…? Digo, ¿qué te vaya bien, Daryl? —dijo Conan, acercándose a su hermano.

    —Gracias —Sonrió—. Por cierto, Conan, te dejo aquí porque quiero que protejas a nuestros padres.

    El niño bajó la cabeza con un aire triste.

    —Yo no sería el más indicado para hacer eso —se sinceró—. No tengo fuerza alguna, no como el príncipe.

    Conan sintió el brazo de su hermano sobre su hombro.

    —Sé que los protegerás a tu manera y con tu propio poder. Confío en ti.

    —Solicito dar un abrazo —dijo Conan feliz, y luego cerrar los ojos al ver que Daryl levantó la mano, pensó que le pegaría por haber sido cortés, pero lo que hizo fue revolver sus cabellos. Después observó como Daryl abrió los brazos.

    —Eso no se pide, eso se hace.

    Conan lo abrazó y Daryl recibió con gusto el abrazo.

    Charlot subió al carruaje enseguida de Daryl. El carruaje era clandestino, o sea que no portaba el sello de la realeza para evitar llamar la atención. Los jóvenes también iban de la misma forma, vestían ropas civiles y una larga túnica los cubría. Una vez arriba, ni tardo ni perezoso el conductor subió y despidiéndose de su realeza comenzó a salir de los terrenos del castillo. De esa forma comienza la aventura del joven Daryl, y creyendo que solo se trataría de un simple excursión, en realidad desconocía por completo lo que ese viaje terminará significando para su futuro.

    Un par de minutos después.

    —Espero se sienta cómodo, príncipe —dijo el conductor—. Tardaremos en llegar en menos de una semana si solo reposo un par de noches. Estos caballos están acostumbrados a viajar por largo y tendido y yo también fui entrenado para ello.

    —No hay problema; podemos descansar en cuanto lleguemos a una posada, en algún pueblo, no creo que haya prisa en llegar —contestó Daryl, más que nada porque realmente deseaba conocer los lugares—. Y por favor, llámame solo Daryl, tu también Charlot, si ya estamos con eso de evitar llamar la atención, “príncipe” es algo muy llamativo.

    Charlot, quien estaba del otro lado del asiento, se acercó al joven para poner la capucha de la gabardina sobre su cabeza.

    —Entonces deberías de cubrir tu cabello. El color delata tu descendencia.

    —Tienes razón.

    El joven llevó la mano a su cabellera, después, quitándose la capucha, tomó un pedazo de tela y con ella se cubrió mejor el cabello. Nunca se imaginó que ocultaría de esa forma su hermoso color de cabello. Aunque en cierta forma ir de esa manera le entusiasmaba de gran manera. Dejar de ser el príncipe por una semana le emocionó.

    Daryl estaba mirando el panorama por la ventanilla mientras su rostro dibujaba un poco de tristeza al recordar la preocupante actitud que los últimos días había estado teniendo su padre.

    A veces pensaba lo que era ser un rey y no era una tarea fácil. Pensar en eso hacia que dentro de él nacieran dos sentimientos encontrados; por una parte estaba emocionado de subir al trono, pero a la vez, estaba temeroso de no poder con la gran responsabilidad que conllevaba hacer eso. Le aterraba la idea no ser un gran gobernante como lo fueron sus antepasados Van Suna.

    Si crees que ser rey es solo sentarse y decretar ordenes y leyes, no eres buen candidato para serlo.” Esas palabras dichas por su abuelo vinieron a la mente del joven Daryl. Recordó aquella escena: él estaba sentado frente una mesa llena de libros, a su lado, alzándose como una figura imponente, se encontraba su abuelo quien lo miraba con aquellos ojos sobrios y fríos.

    Siempre ha sido un chico extrovertido y no podía mantenerse en solo un lugar por eso su abuelo lo regañaba constantemente, por esa actitud. Le nacía el moverse, por eso le gustaba estar con Christian, porque con él entrenaba. Aunque nunca le dijo a nadie, le tenía mucho miedo a su abuelo. A él nunca le gustó estudiar con libros, por ello le dijo a su madre que ya no quería asistir a esas clases que su abuelo le impartía, desde ese día, dejó de verlo.

    El hombre casi no salia de su habitación o de la biblioteca. Algunas personas del palacio cuentan que el hombre dejó de ser lo que era antes. Era un hombre misterioso y extraño.

    —¿Estás bien? —No tardó en preguntar Charlot al verlo pensativo y con aire abatido.

    Daryl miró la preocupación de su compañera, se estiró mientras se movía inquieto en el asiento, contestó cruzando los brazos.

    —Uff, este viaje si que es aburrido. Me lo imaginaba un poco más divertido; lleno de aventura o algo así. ¡Pero mira!, ni siquiera me han dejado bajar del carruaje. La única oportunidad que tendré de conocer algo será cuando paremos a un pueblo a descansar.

    —Nuestra prioridad es llegar a Trik lo más pronto posible.

    Daryl bufó demostrando la inconformidad ante las palabras de la chica. De verdad se imaginaba el viaje algo más diferente. Estaba un poco decepcionado.

    —Quizás después de nuestra misión podemos visitar ciertos lugares —terminó diciendo Charlot, para animar un poco al príncipe.

    —¿De verdad? —Se emocionó ante la idea.

    Aquello levantó el animo a Daryl, aprovecharía aquella oportunidad para conocer las tierras más afondo. Realmente no recuerda cuando fue la última vez que salió de las murallas del palacio, desde que tiene memoria, nunca había salido tan lejos de la protección real.

    —Claro, si prometes no meterte en problemas. Mi responsabilidad está en protegerlo.

    —Pero yo puedo protegerme solo, recuerda. No soy un enclenque al que siempre se le debe proteger.

    Pero no se sentía ofendido de tener una escudera. Su padre lo tiene. Su abuelo lo tuvo. Conan seguro que tendrá uno. Todo Van Suna, aunque fueron siempre fuertes, tuvieron un escudero. Además, le agradaba mucho Charlot. La consideraba como un amiga antes que una guardaespaldas. Y estaba seguro que ella también sentía lo mismo.

    —¿Cuéntame algo? —preguntó Daryl para hacer un poco más ameno el trayecto.

    —¿Cómo qué? —inquirió la joven, mirándolo.

    —Lo que sea, alguno de tus viajes… oh, ya sé, ¿algunas vez has estado en esa prefectura?

    —Nunca he estado por mí misma, aunque he escuchado que es una prefectura muy animada —contó—. Está llena de muchos extranjeros y nunca está de más conocer un poco de sus culturas —continuó Charlot—. Como ese lugar colinda con los países del Oeste está repleta de variedad cultural. Aunque también está llena de malhechores, no se diga de la ciudad a donde nos dirigimos, se estima que es una de las ciudades más peligrosas del país. Tal vez por eso tu padre pensaba mucho en si dejarte viajar o no precisamente a ese lugar.

    —Creo que están exagerando. Y nunca entenderé la actitud de Padre, ¿cuándo comprenderá que he aprendido a defenderme? Añadiendo que vamos en incógnito. No hay de que preocuparse. Mejor gozar y disfrutar del viaje.

    Los dos jóvenes sintieron como el chófer comenzaba a disminuir la velocidad hasta que se detuvo completamente.

    —¿Sucede algo? —preguntó Charlot asomándose por la ventanilla.

    —Hay un hombre tirado a varios metros de aquí —respondió Dan.

    Charlot abrió la puerta y salió para verificar las palabras del chófer. Efectivamente, a lo lejos vio el cuerpo de ese hombre extendido a medio camino, por lo que ella comprendió la razón del conductor al detenerse. Charlot entrecerró los ojos, desconfiada, había escuchado que por los caminos habían ladrones que asaltaban los carruajes para robar el botín. Ella temía que fuera alguna trampa. Los alrededores parecían estar solos y tranquilos. Solo reinaba el silencio y aquello le pareció un mal agüero.

    —¿Ordenes, señorita Pierce? —preguntó el conductor.

    —¿Puedes seguir avanzando y pasar por un lado?

    —Mmm, me temo que sería imposible. Realmente no me gustaría involucrarme en ningún accidente, pero si esas son sus ordenes, lo intentaré.

    —¡No hagan una locura! —interpuso Daryl asomándose por la ventana—. No podemos solo pasarlo por alto y ya, ¿qué tal si está herido y necesita que un médico lo vea? Debemos… —Daryl intentó abrir la puerta para ir a su ayuda, pero Charlot lo detuvo al colocar sus manos en ella.

    —Lo apartaré a un lado —dijo ella.

    —Pero con eso no bastara.

    —Si veo que está malherido y no se mueve, te prometo que lo subiremos y lo llevaremos al pueblo más cercano —le dijo más que nada para que él permaneciera adentro—. No te mueva de aquí —Comenzó a caminar a paso lento hacía el hombre—. ¡Oiga, usted, ¿se encuentra bien?! ¡¿Está herido?! ¡¿Lo asaltaron?!

    Una vez que se acercó al cuerpo, Charlot estaba dispuesta a verificar si en realidad el hombre necesitaba ayuda o solo era una actuación. Se acuclilló para verlo mejor y fue entonces que para su sorpresa, el hombre abrió los ojos repentinamente, sorprendiéndola, y con un movimiento rápido, él levantó su mano y tomó a la joven del cuello.

    El hombre miró con lasciva a la chica al verla sufrir ante su agarre, y se sintió excitado al notar como los ojos de ella demostraban desconcierto. Él se puso de pie mientras ella hacia lo mismo.

    —Qué bien, qué suerte la mía, fue una niña quien se acercó a mi. Shh, calma, calma, preciosa —susurró lentamente mientras se lamia los labios, imaginándose mil cosas con ella—. No te preocupes que no te mataré, claro, mientras seas una buena niña, tan solo…

    El hombre guardó silenció extrañándose al ver como ella, como pudo, dibujó una sonrisa en su rostro y para la sorpresa del hombre, Charlot levantó la mano a la altura de rostro de él y de sus palmas salieron chispas y éstas quemaron su rostro. El hombre la soltó con brusquedad y gritó de dolor. Charlot comenzó a respirar aire.

    —¡Estúpida! ¡Maldita asquerosa! —gritó el hombre retorciéndose mientras se agarraba la quemadura de su rostro—. ¡Por poco me dejas ciego, maldita!

    No tenía ni idea de que ella poseía un poder.

    Ignorándolo, Charlot rápidamente se giró para advertir a Dan y al príncipe que, efectivamente, se trataba de una trampa. No obstante, fue demasiado tarde, seis saqueadores ya habían rodeado el carruaje. Maldijo a sus adentros y su preocupación aumentó todavía más al ver como uno de ellos se asomaba por la puerta para después entrar en su totalidad.

    —¡Prín...!

    Charlot intentó acercarse al vehículo para auxiliar a Daryl pero se detuvo al ver como el hombre que había entrado al carruaje fue arrojado afuera con brusquedad, y entre los quejidos del saqueador, todos los presentes miraron atónitos como Daryl bajaba del vehículo y con total tranquilidad observó a los restantes cinco saqueadores.

    —Al final solo se trató de una trampa —dijo decepcionado—. Es una lástima porque realmente pensaba que el hombre del camino necesitaba ayuda.

    —¡Maldito! —gritó uno de ellos enojado mientras se iba contra él.

    Daryl reaccionó con velocidad y desenvainando su espada cortó la ropa del hombre quien se detuvo sorprendido al ver tal hazaña. La mirada del saqueador demostró incredulidad al ver como el joven se puso en posición de ataque y luego decir con voz calmada:

    —No tendré ninguna clase de clemencia a bandidos como ustedes. ¡Iré a por todas, así que vengan a atacarme de igual manera!

    El bandido, cuya ropa fue cortada, frunció el ceño molesto y ante las desagradables palabras del joven se fue contra él con espada en mano, y todo eso mientras llamaba a dos de sus compañeros para que lo ayudaran. Los otros tres polizontes se fueron a luchar con Charlot quien iba a ayudar a Daryl.

    Tres de ellos se amontonaron contra el príncipe lanzándole estocada tras estocada. La visión de Daryl a penas era distinguible debido a los múltiples ataques, pero logró evadir todos, tomaría esa confrontación como una excelente práctica. Al ver que los tres estaban sorprendidos al no poder tocarlo, Daryl aprovechó para contraatacarlos moviéndose de una manera muy rápida y concisa, desviando tanto los ataques de los oponentes como atacándolos al mismo tiempo que los obligaba a retroceder más de dos veces.

    El muchacho era bueno, se movía magistralmente.

    Uno de ellos, el jefe del grupo, chistó al notar que el joven tenía una defensa impecable, podría decir que era casi perfecta; hiciera lo que hiciera, atacara cuanto atacara parecía no tener ninguna flaqueza, y eso que eran tres contra uno. ¡Era una locura! Arrugó su rostro, estaba enojado, y a su mente llegó la idea de hacerlo sufrir de mil maneras por burlarse de ellos con aquella carita de niño bueno. Su rostro no aparentaba ninguna clase de miedo, ni nada. ¡Se estaba burlando de ellos!

    Los tres se detuvieron mirándose unos a otros sin saber que más hacer.

    —¿Eh? ¿Ya se han cansado? Pero si acabamos de empezar —dijo Daryl en un tono de decepción y eso solo provocó que el jefe se molestara aún más y frunciera el ceño todavía más molesto.

    —Maldito hijo de… mocoso, me aseguraré de que no salgas vivo de ésta, ¿me oyes? Ni tú ni la niña de allá. ¿No tienes miedo de que le hagamos algo a ella? ¿Puede perder la…?

    —¡No sean ridículos! De nosotros dos, ella es la más fuerte y si hay a alguien aquí a quien podrían derrotar sería a mí. Aunque claro, eso será imposible. No por nada soy el pupilo número uno de Pierce.

    Daryl atacó obligando de nuevo al líder a retroceder.

    —Juro que te cortaré la cabeza y se la mandaré a tus padres como regalo —amenazó con voz temblorosa por la rabia—. ¡Te haré tragar tus palabras!

    —Menos palabras y más hechos —dijo Daryl invitándolo a continuar con la mano, provocándolo.

    Acabemos con esto, estúpido.” pensó el hombre mientras hizo una señal a los otros dos, y cuando ellos comprendieron el significado de dicha seña, asintieron. Uno de ellos se movió al lado izquierdo de Daryl, el jefe retrocedió un par de pasos, el tercero se movió al lado derecho. Daryl comprendió que lo estaban acorralando. Y así fue, enseguida, los tres al mismo tiempo se lanzaron hacia Daryl con la intención de embestirlo, de esa forma no existía una defensa “perfecta” para evadir el ataque porque Daryl solo podía detener un ataque.

    Ante la aparente inmovilidad, Daryl retrocedió un par de pasos hacia atrás al momento que desenvainaba una segunda espada, así que pudo detener el ataque de los dos bandidos que estaban a su lado, y como había retrocedido exactamente en el momento preciso, alcanzó a esquivar por casi nada al que estaba a su frente, así que este último cortó el aire.

    Daryl sonrió nervioso al ver como a penas había librado, y por nada lo tocaba, pero estaba asombrado de ver que el movimiento que le enseñó Christian funcionó. Se había jugado la vida, si no hubiera calculado correctamente la distancia, la espada no hubiera cortado el aire, le hubiera cortado a él.

    Nunca imaginó que haría ese movimiento en una batalla real. Su maestro sin duda alguna lo había entrenado para cualquier clase de movimiento y toda clase de estrategias.

    —Impresionante mocoso, conque sabes usar dos espadas —mencionó el líder, nervioso—, pero ¡no lograrás defenderte de nuevo porque las estás usando ahora! —gritó moviendo con rapidez su espada para tajar el estómago de Daryl.

    Pero no imaginó que Daryl tenía un as bajo la manga y, tras sonreír burlesco, empujó a los otros dos con fuerza y en otro veloz movimiento pateó al líder, haciendo que soltara la espada y que ésta cayera al suelo. El bandido en un vano intento de recoger su arma al agacharse Daryl blandió la espada verticalmente y lo cortó desde el pecho al estómago. El jefe tosió sangre. Había perdido.

    Y ante la impresión de ver a su jefe herido, los otros dos se quedaron inmóviles como piedra. No podían creer que un muchacho tan simplón hubiera derrotado a quien consideraban su líder por ser el mejor y más fuerte de ellos.

    —Pues estás muy equivocado si piensan que no podía defenderme —dijo Daryl observando desde su posición como el líder bandido retrocedía, agarrándose el estómago mientras de su boca salía mucha saliva mientras sentía su pecho y panza arder por el corte.

    Afortunadamente, la herida no había sido tan profunda, así que no lo mataría, después de todo Daryl no quería hacerlo.

    —Necesitas más entrenamiento —continuó Daryl—. Recuerden, nunca deben subestimar a su oponente, sea quien sea, tú lo hiciste y por eso fuiste derrotado —Daryl se giró para ver a los otros dos que todavía tenían sus espadas en mano y les preguntó—. ¿Alguien más quiere una cicatriz en el pecho?

    La seguridad en los ojos cafés de Daryl hicieron temerle y hacerse la pregunta de quién era él. No evitaron retroceder y se asustaron aún más al escuchar los quejidos de sus otros compañeros; de los que estaban enfrentando a la chica. Al girarse vieron como Charlot terminaba por derrotar al último hombre que estaba en pie. Tampoco la chica era débil.

    —¿Quienes son ustedes dos? —preguntó uno de los bandidos temblandole las rodillas.

    La joven, ignorando olímpicamente la pregunta, se apresuró al lado de príncipe y con voz preocupada le preguntó:

    —¿Te encuentras bien…? —recordó que no podía decirle “príncipe”—¿... Daryl?

    —Sí, estoy bien —Se sorprendió de ver a los hombre tirados en el suelo. Guardó ambas espadas y miró a la joven con seriedad—. Espero que no los hayas matado, Charlot.

    —No necesitan de tu compasión prín... Daryl, ellos son solo unos asquerosos bandidos. Se la pasan emboscando y robando a los carruajes que pasan por esta zona.

    —Lo sé, lo sé, pero no hemos venido a matar a nadie, lo sabes. Además, ellos no fueron una verdadera amenaza.

    ¿Qué no fuimos una amenaza?” pensó uno de ellos alucinante, ¿de que iba aquello? ¿Acaso no pelearon en serio? ¿Los habían subestimado?

    —No te preocupe, me aseguré de solo noquearlos —dijo Charlot en modo de suspiro.

    —Perfecto —respondió Daryl tranquilo—, menos mal. Bueno, prosigamos con el viaje.

    Daryl miró a Dan, a su vez, Dan simplemente sonrió. Él se limitó a ser solo un espectador, pero en el momento en que hubiera visto que el príncipe se encontraba en gran peligro, iría a su ayuda. Después de todo, Christian Pierce le dijo que el príncipe no debía de darse cuenta que alguien como él los acompañaba. En pocas palabras, Daryl desconocía que quien estaban ahí era Dan Grande, el Capitán que lideraba el segunda escuadrón más poderoso de la familia Van Suna, era el segundo mejor después de Haxor Pusset.

    De esa forma y como si nada de ese atraco hubiera ocurrido, los dos jóvenes se acercaron al carruaje, subieron a él y entonces Daryl volvió a bajar apurado al darse cuenta de algo.

    —¿Ahora qué? —se escuchó desde dentro la voz de Charlot.

    —Espera —Daryl se llevó la mano a la cabeza y al haber sentido la tela que cubría su cabello, la buscó a su alrededor y al encontrarla, la recogió para volver a ponérsela. Por el ajetreo debió caérsele.

    —Debes tener más cuidado —le advirtió ella una vez Daryl subió al carruaje y mientras el vehículo proseguía su caminó, se escuchó un largo “Sí.”

    Una vez que el carruaje se hubo ido, los dos únicos bandidos que estaban de pie y que no tenían una herida grave, se apresuraron a socorrer a su jefe, quien luchando contra su voluntad, permanecía de pie.

    —Esos muchachos son unos completos monstruos.

    —Sí, son muy fuertes —admitió el jefe sentándose en el suelo al ya no poder mantenerse en pie—. Y nos perdonaron la vida —suspiró—. No se quienes sean ellos pero, serían perfectos que estuvieran de nuestro lado, ¿no lo creen?

    —¡Ustedes son unos completos idiotas! —Una cuarta voz se les unió, los tres bandidos se giraron y se asombraron de ver a un hombre de negro, o correctamente decir, la sombra de un hombre.

    —Fa-Fazio, ¿qué está haciendo aquí? —cuestionó con palidez el líder de los bandidos mientras dibujaba una mueca en su rostro sin saber exactamente si fue por el dolor de la cortada o al verlo a él en ese lugar.

    Los tres bandidos comenzaron a sudar frío.

    —¿De verdad no quién era ese joven? No es nadie más que el primogénito del rey Van Suna y la reina Diu Lunar; Daryl Van Suna.

    El jefe miró con asombro dirección donde el carruaje había desaparecido. Ahora todo tenía sentido.

    —¿E-el príncipe? —Tragó saliva y luego miró a la sombra—. De haber sabido que era el heredero del reino hubiera puesto todo mi empeño para derrotarlo —Apretó el puño indicando malestar, aunque su nerviosismo incrementaba todavía más.

    —¿Haberlo sabido en qué te hubiera beneficiado? —inquirió Fazio—. Ser derrotados con esa facilidad.

    Fazio observó con repugnancia a los bandidos en pie. Lo que más odiaba el señor Vil era al incompetente rey Kristof. Su gobernación era pésima, el rey demostraba no ser un buen líder. Kristof no debería estar en la gobernación. ¡Ningún linaje Van Suna debería liderar Sōla!

    ¡Era imperdonable! ¡La gobernación de Kristof era aborrecible y una horrible burla al país más poderoso del mundo!

    Su señor deseaba que el país evolucionara a algo mejor, y no existía nadie más digno de traer eso que el mismísimo Vil. Fazio vio aquello como una perfecta oportunidad para que su señor comenzara a tomar cartas en el asunto. Por el momento, había ido a buscar a esos idiotas por otro asunto.

    —¿Sabes por qué estoy aquí? —preguntó al jefe.

    Los tres bandidos miraron a la sombra y se angustiaron porque se imaginaron la razón, sin embargo, intentaron disimularlo porque realmente no sabían si era por eso o por otra cosa. Se atrevieron a negarlo.

    —¿Creen que el señor Vil no se dio cuenta del trato que hicieron con el señor Thal?

    —¿Qué..? —El líder intentó sonreír. Su respiración se volvió pesada—. N-no, no conocemos a nadie con ese nombre. No sé a lo que se refiere, Fa-fazio.

    —¡Idiotas…! —continuó la sombra—. ¿Creen que confiaríamos en personas que han estado relacionándose con el enemigo?

    El líder se arrodilló al igual que sus compinches. Comenzaron a temblar. Si, era cierto, hablaron con el Conde Thal porque les había prometido dinero a cambio de información sobre el señor Vil. Se les prometió mucho dinero a cambió de ello, la propuesta fue tan tentadora que terminaron aceptando. Eso había sido la noche anterior. Ni siquiera habían pasado veinticuatro horas de eso cuando Fazio ya lo sabía. Pensaron que estarían a salvo pero fueron incrédulos. No podían burlar a quien era los ojos del señor Dago Ban Vil.

    —Por favor, por favor —comenzaron a rogar—. Ten clemencia de nuestras inútiles almas. Nos arrepentimos de haber aceptado el dinero. No dijimos nada en ese momento, de verdad. Solo dijimos que lo haríamos, pero no hablamos nada. En realidad deseamos estar del lado del señor Vil. Deseamos que haya un cambio en nuestro país. Confiamos en el señor Vil —El líder de la banda se puso de pie—. E-es más, sa-sabe que, podemos aprovechar ese "trato" para acercarnos a ellos.

    No sabían que pensar del inexpresivo rostro de la sombra. ¿Estaba de acuerdo? ¿En qué pensaba semejante ser?

    —El hecho de que ese mocoso les hubiera perdonada la vida, solo quiere decir que no la merecen —sentenció Fazio.

    Los tres hombres fueron testigos de como una espeluznante aura negra envolvió a aquella sombra, y ésta crecía como si se estuviera alimentando del mismo aire; al sentir el gran poder del hechicero los bandidos intentaron correr, después de todo sabían que no podían enfrentarse a él aunque lo quisieran, no solo porque era muy fuerte también porque su cuerpo físico estaba a miles de kilómetros de distancia.

    Era imposible hacerle daño.

    Esa sombra era simplemente una pequeña fracción del poder de aquel hombre. Se decía que venia del Nuevo Continente y rumoreaban que de allí venían los magos, hechiceros y chamanes más poderos del mundo. Todavía se desconocía a que magnitud llegaban sus poderes, pero lenguas contaban que podrían ser más peligrosos que los mismos de Lunā.

    Los tres bandidos intentaron huir mas su correr fue en vano, aquel humo los atrapó, acorralándolos, transformándose en un arma filosa los cortó por la mitad.

    El suelo se manchó de sangre y vísceras. Todo fue tan rápido que ni siquiera tuvieron la oportunidad de gritar, pero en sus rostros quedaron las muecas de horror. Sus ojos reflejaron el más puro terror.

    —El señor Vil no necesita a personas como ustedes. Los traidores deben morir —se dijo Fazio mientras levitaba sobre el humo negro que había creado y se acercaba a los bandidos inconscientes.

    —¿Qué es lo que sucedió? —preguntó uno de los desmayados que acababa de recobrar la conciencia.

    Él se estremeció al sentir el ambiente descender, tuvo mucho frío y cuando se giró, se encontró con su peor pesadilla. Se puso de pie y al ver los cadáveres de sus compañeros, tomó su espada e intentó defenderse con ésta de aquella figura negra que poco a poco iba acercándose, pero el humo se transformó en una mano gigante y le arrebató la espada y con la misma le arrebató la vida.

    Fazio terminó asesinando a los demás con la espada., al final la soltó, en realidad nunca necesito para asesinarlos.

    Fazio era, por decirlo de alguna manera, los ojos de Vil ya que literalmente usaba su poder para poder observar a los demás desde la distancia, de esa forma se mantenía informado de lo que estaba sucediendo alrededor del país, aunque solo lo hacía por poco tiempo porque esa técnica requería mucha energía. Observó el rastro que había dejado el carruaje. No perdería de vista al joven Van Suna. Aunque lo primordial era darle la buena noticia a su amo. El príncipe estaba fuera de la protección de la reina. Así que sin perder tiempo, aquella sombra comenzó a desvanecerse hasta desaparecer completamente.



    Fin del capítulo
     
    Última edición: 30 Octubre 2018
    • Me gusta Me gusta x 2
  8. Threadmarks: Capítulo 4.- El viajero
     
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
    Miembro desde:
    19 Diciembre 2010
    Mensajes:
    1,911
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Sōla: El país de los poderosos [Libro 1]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    4934
    Capítulo 4
    El viajero

    Dominic Bytheseasho

    Era pleno día. El cielo estaba completamente despejado y el clima era perfecto; ni hacia mucho frío ni estaba caliente. Para los habitantes de ese humilde y pequeño pueblo era un día de lo más normal; las amas de casa hacían sus quehaceres cotidianos mientras que los cabezas de familia se encontraban en sus respectivos trabajos. Algunos niños estudiaban en casa y otros jugaban afuera con sus vecinos.

    Entre las plácidas calles del lugar se avistó a un joven caminando en busca de cierto lugar. El joven de veintidós años de edad tenía por nombre Dominic Bytheseasho, aunque nadie lo conocía por ese nombre. Era de los Bytheseasho de la prefectura Trava, ubicada en el sur del país. Su cabello era más oscuro que la misma noche. Sus ojos color rojo parecían reflejar la misma intensidad del fuego. Era alto, midiendo el uno ochenta y cinco de altura, de apariencia delgada, mas no a tal punto de describirlo como un escuálido, todo lo contrario, no poseía un cuerpo musculosos pero si tenía uno que indicaba que hacía ejercicio.

    Dominic continuó con su camino, ignorando las miradas nada discretas que le lanzaban los pueblerinos a su persona, y no podía culparlos puesto que era muy raro que algún viajero pasara por aquel pueblo olvidado por Dios. Pero eso sí, aquellas miradas no eran nada moderadas, era como si no temieran que el viajero los notara y se vieran maleducados.

    Tal vez las personas no dejaban de mirarlo porque portaba una enorme espada zweihänder que cargaba sobre su espalda, o quizás fuera por la extraña vestimenta de guerrero que vestía. Aunque también podía deberse al llamativo casco de guerrero cuya forma no era la convencional: unos cuernos de carnero sobresalían y adornaban las partes laterales. Fuera por buenas o malas razones, aquel joven había ganado toda la atención de aquel que lo veía.

    Pero este joven no le daba importancia a aquello, y continuó su camino con vista firme. Había ido a ese olvidado pueblo en busca de alguien en especial. Por mucho tiempo había estado pendiente del paradero de Nian; El legendario guerrero. Hasta hace poco había escuchado un rumor que éste se encontraba en ese lugar.

    El plan de Dominic era simple. Localizar al legendario Nian y después terminar su cometido e irse de ahí lo más rápido posible. No tenía pensado quedarse en esa localidad ni una sola noche. Sus pasos lo detuvieron al llegar a la única taberna del pueblo. El mejor lugar para sacar información era en ese tipo de locales. Los cantineros se enteraban hasta de las más ínfimas y triviales cosas de los pueblerinos. El joven ingresó y haciéndose paso entre las mesas y sillas, se acercó a la barra donde el cantinero al verlo, lo escaneó de arriba y sin decir palabra alguna, su rostro evidenció que el personaje presente se trataba de un extranjero.

    —¿Se te ofrece algo? —preguntó.

    —Sí, estoy en busca de Nian, el Legendario —Fue conciso, no estaba para perder el tiempo—. ¿Sabes dónde lo puedo encontrar? Algunas fuentes dicen que ha estado rondando por estos lares del país.

    El cantinero dejó de hacer lo que estaba haciendo al escuchar semejante cosa, estaba asombrado de que nombrara al Legendario así sin más, a saber por las leyendas que se contaban de tal personaje. El cantinero bajó la cabeza como quien deseando que la conversación fuera lo más discreta posible. Era su lugar de trabajo y lo último que deseaba era que hubiera problemas.

    —Son solo rumores, nadie sabe con certeza si siquiera vive —soltó el cantinero con voz casi susurrando—. Muchacho, te lo digo, pierdes tu tiempo en buscar a alguien que solo es protagonista de sus leyendas.

    —Se dice muy poco de su origen —continuó Dominic, con rostro serio, no estaba dispuesto a darse la vuelta e irse si ninguna clase de información y mucho menos ante la reacción del cantinero quien dedujo que no era un buen actor—, pero siempre se ha hablado de él. No hay ni un año en el que alguien no haya dicho que lo ha visto.

    —Si eso es cierto, ¿qué edad podría tener ahora? Desde que tengo memoria las historias del Legendario han existido —El cantinero arqueó la ceja al notar la postura del joven—. ¿Para qué lo busca un niño como tú?

    —Tengo algo pendiente con él.

    —¿Y qué podría ser? —interrogó el hombre y Dominic sonrió siniestramente antes de concluir con un:

    —En realidad he venido a matarlo.

    El cantinero abrió los ojos con incredulidad, lo miró, y luego dibujó una sonrisa llena de burla como si aquel acto fuera simplemente el de un interprete en una obra de teatro.

    —No tengo ni idea de dónde se pueda encontrar —respondió el mayor limpiando la barra con un pedazo de tela—. Mejor vete a casa, muchacho. No tienes nada que ver aquí. No te metas con alguien sanguinario como ese monstruo. Tal vez sea un poco menos de lo que sus leyendas le atribuyen, pero sigue siendo un demonio. Hay que cuidarse de esa clase de tipos.

    Dominic entrecerró los ojos indicando con ese gesto su molestia. No soportaba que las personas, al ver su apariencia joven, lo juzgaran y lo menospreciaran de tal manera. Sin embargo, a él eso nunca le importó. No hacía lo que hacía para ser reconocido y mucho menos por personas tan simplonas y de mentes cerradas como el hombre a su frente. Él tenía una meta y estaba centrada en realizarla. Daría cualquier cosa para cumplirla, hasta su humanidad si fuera necesario. Así era, daría su propia alma al mismísimo demonio para realizar su cometido.

    —Vete antes de que te metas en un buen lío, muchacho —continuaba diciendo el cantinero al ver la expresión de él y su disposición de no irse.

    —No me voy de aquí hasta tener información de Nian, el Legendario.

    —¡¿Qué dice este mocoso insolente?! —se escuchó una estruendosa y potente voz desde el fondo de la habitación. Todos los presentes quedaron congelados al ver como el dueño de la voz, un hombre robusto y gigante, se ponía de pie y con mirada intimidante observaba a su alrededor hasta que sus orbes se posaron hacia la barra, hacia Dominic—. No crean que no escuché la conversación. ¿Quién ha osado manchar mi nombre al pronunciarlo?

    Dominic se giró para verlo y sonrió con dicha al por fin encontrar al Legendario.

    —Entonces, ¿tú eres el legendario Nian? —cuestionó con total falta de respeto, demostrando que no temía a semejante Goliat.

    —Así es, ¿qué es lo que quiere de mi un ingenuo niño? No te metas conmigo y mejor vete a beber leche con tu mamá.

    Dominic levantó la espada zweihänder que había descansado en el piso, la apuntó hacia el atemorizador adversario y le hizo saber con total seguridad:

    —He venido a matarte, Nian. No dejaré este pueblo hasta cortarte la cabeza.

    De la garganta de Nian salió una retumbante carcajada de burla.

    —Que buen chiste —dijo para luego mirarlo con seriedad.

    ¿Qué decía que venía a matarlo? ¡Ni siquiera podía cargar con aquella espada, cómo se atrevía a decir que lo mataría!

    —Inténtalo, mocoso.


    Mientras tanto, afuera de la taberna, un niño pequeño entró a su casa a toda prisa. Su rostro irradiaba alegría, y con pasos apresurados y algo torpes, ansioso de encontrar a su hermano mayor y contarle a quien había visto caminado por las calles del pueblo, se adentró al cuarto del último.

    —El señor Guardián del Bosque Oeste está en el pueblo. El señor Guardián del Bosque Oeste está aquí en el pueblo —gritó el pequeño con entusiasmo, moviéndose de aquí allá como si se tratara de algún tornado—. ¡Lo vi, lo vi con mis ojos! Está aquí en el pueblo.

    —¿Qué lo viste? —Su hermano no creyó en las palabras escuchadas—. Estás mintiendo.

    El hermano menor todavía entusiasmado tomó del brazo al mayor y jalándolo lo instó a que saliera.

    —Sal y velo por ti mismo. No miento. Es verdad. Él está aquí.

    Al hermano mayor se le hizo extraño que el Guardián del Bosque del Oeste estuviera allí. Ambos eran admiradores de él. Por esas regiones, aquel hombre era el símbolo de paz, fuerza y tenacidad, por lo que, se consideraba un héroe para los niños.

    —El Guardián del Bosque no puede dejar de proteger el bosque sagrado, es su trabajo. ¿Por qué abandonaría su posición para bajar a este pueblo olvidado por los dioses? —se dijo así mismo el mayor.

    —Pero te digo la verdad —insistía el menor—. Yo lo vi con mis propios ojo, aquel llevaba el mismo casco.

    —¿El auténtico?

    —Sí, el auténtico; ese casco que tiene cuernos de carnero.

    El casco que solo el Guardián del Bosque Sagrado podía portar; el que tenía forma de un carnero, simbolizando de esa forma su fuerza y su tenacidad.

    —Debe ser una equivocación... No lo puedo creer.

    El hermano mayor se separó de su hermano y corrió para dirigirse hacia donde el sabio del pueblo y preguntarle si en verdad el guardián del Bosque del Oeste estaba ahí, en su pueblo. La idea de que eso fuera real le alegraba mucho, pero también le parecía extraña.

    Al llegar, vio al anciano hablando con un adulto así que esperó, y cuando hubieron terminado y el anciano lo vio, le señaló que se acercara mientras le regalaba una sonrisa. El niño no tardó en preguntarle:

    —Sabio, ¿ha escuchado el rumor de que el Guardián del bosque del Oeste está aquí? ¿Eso es verdad?

    El hombre antes de contestarle algo, colocó su mano sobre el hombro del niño pues vio en sus ojos el deseo de que le dijera que sí, de que estaba ahí, mas el rostro preocupado que puso el líder le hizo saber al niño la verdad.

    —He escuchado el rumor, Anton —comenzó a decir el sabio—. Se me ha informado que alguien ha venido al pueblo y que se dirigía hacia la taberna —El anciano se apartó del muchacho y se encaminó hacia afuera para confirmar algo y antes de salir completamente se volvió a dirigir al menor—. Pero me temo que ese individuo no es el guardián del bosque Sagrado. Anton, dile a tu madre y hermanito que no salgan de casa hasta nuevo aviso.

    El sabio tuvo una corazonada de que algo terrible iba a ocurrir y sin pensárselo dos veces se apresuró a la taberna. Pasara lo que pasara, intentaría calmar la situación.

    Si en verdad el forastero recién llegado era quien sospechaba que era al escuchar la descripción de como iba vestido, y que además, se hubiera enterado que El Legendario había estado hospedándose allí, temía que el pueblo se transformara en un campo de batalla en la cual se efectuaría una pelea de proporciones inimaginables.

    Ya de por sí había quedado temeroso de la gran explosión que ocurrió en la montaña más cercana al pueblo. Aquello había sido muy reciente, la semana pasada en realidad. La tierra había temblado como nunca lo había hecho y luego, el cielo pareció rugir y romperse. Los pueblerinos comenzaron a ser más prudente debido a ese fenómeno.

    Y por si fuera poco, el comienzo de esa misma semana había arribado el Legendario Nian, sumándose otra preocupación más. Cuando El legendario llegó, se apresuró a negociar con él al prometerle que le darían cuanto desear con tal de que no molestara a los aldeanos, y no importunara la pacifica vida del pueblo. Nian aceptó el trato.


    El sabio estaba apunto de llegar cuando a tan solo pocos metros se detuvo impresionado mientras observaba con ojos tan grandes como un plato como la pared del local se rompió al momento que un enorme cuerpo salía volando para luego arrastrar en el suelo hasta detenerse. Se quedó petrificado como una piedra. Algunas personas gritaron asustadas.

    ¿Qué había ocurrido?

    Eso mismo se preguntó Nian quien, todavía en el suelo, observaba con sorpresa el delgado cuerpo del guerrero salir por la apertura de la pared, éste se iba acercando lentamente hacia él. Fue envestido de un solo movimiento, pero fue un movimiento muy rápido, ¿cómo había sido eso posible?

    —¿Quien demonios eres tú? —preguntó Nian con ojos turbados y sin poder creer que aquel muchacho, con un solo golpe, lo arrojó hasta esa posición. Ignoró el dolor de su estómago.

    No supo que fue lo que hizo, en realidad, no supo que había ocurrido; de acercarse al joven para golpearlo, en un abrir y cerrar de ojos, había roto la pared y había llegado a esa humillante postura. Pensó que quizá quien estaba a su frente era el famoso Theo quien vivía en Inotrantsy, al que llamaban el hombre más rápido de todo el país. Por un momento creyó que se trataba de él porque nunca lo había visto en persona. Eran pocas las personas que lo han visto.

    —Mi nombre es Dominic Bytheseasho —contestó Dominic a la pregunta de Nian—, aunque soy más conocido como...

    El Asesino de Poderosos —repitió el sabio al momento que miraba con pasmo al Legendario y luego al joven. Se acercó con cautela para hacerse notar a ambos. Se dirigió al joven para continuar—: Eres el hombre que viaja para asesinar a todo aquel que porta algún título del Más Fuerte o Más Poderoso, ¿cierto?

    Ya había escuchado de él, pero era inevitable no asombrase al ver que El Asesino de Poderosos era alguien tan joven. Ante los rumores y el temor que había estado ganando aquel personaje y su título, se había imaginado a un guerrero más robusto y con muchos años de experiencia sobre él.

    Sin embrago, no podía dudarlo. Era evidente que se trataba de él, lo podía descifrar por el casco que llevaba puesto; era del Guardián del Bosque, dos días antes le informaron de su repentina desaparición. Y otra prueba era la enorme espada Zweihänder que poseía; su verdadero dueño era de alguien que portaba el titular de “Los más fuertes”. Si él los llevaba era porque se trataba del Asesino. Se decía que siempre portaba lo que distinguía al poderoso que había asesinado; tal vez en una forma de demostrar su victoria, por buena suerte, simplemente porque le gustaban o para venderlas después.

    Dominic desvió la vista hacia el anciano y asintió a sus palabras. En contra parte, al saber esa verdad, aquel Goliat abrió los ojos tan grandes como pudo abrirlos y todavía más llenos de miedo al ver las intenciones de Dominic al acortar distancia entre él; terminaría con su vida.

    —Por lo que había estando escuchando —dijo Dominic—, pensé que el Legendario Nian me sería un gran obstáculo. Hasta pensé dos veces en si enfrentarlo o no. Pero, has sido la más grande de las decepciones.

    El hombre en el suelo retrocedió asustado de que aquella monstruosa espada terminara con su vida. En un solo movimiento rápido, el joven de mirada de fuego se acercó a él dejando atrás la espada y sacó un pequeño cuchillo que lo acercó a la garganta de su oponente y hubiera acabado allí mismo su vida sino fuera porque el hombre se apresuró a decir:

    —¡Espera! ¡Espera por favor! —rogó aquel Goliat al levantar las manos—. Mentí al decir que yo era el Legendario Nian. En realidad no lo soy. Yo soy simplemente un viajero. Un sucio vagabundo que no tiene hogar.

    Dominic detuvo su ataque y levantó la ceja. No le creyó... aun así decidió escucharlo porque su actitud no iba con el título tan poderoso que “portaba”.

    —Te escucho —ordenó.

    —Verás, en realidad robé su nombre —El supuesto Goliat intimidante tartamudeaba ante la explicación—. Quería el prestigio que el nombre Nian porta, y me funcionó. A donde iba, las personas me temían cuando me presentaba como Nian —Tragó saliva—. Me daban cuanto pedía. Sé que no debí hacerlo, pero para cuando me di cuenta ya me conocían con ese título.

    Dominic aborreció la patética actitud del individuo que rogaba por su vida mientras sus degradantes lágrimas salían de sus ojos cristalinos, y a raíz de ello, le creyó. Sé giró.

    —Asesino, te pido que dejes el pueblo ahora —se interpuso el anciano—. Quiero evitar cualquier problema. Ya lo has escuchado, no es a quien buscas.

    Dominic observó al líder del pueblo con frialdad, estaba molesto de haber perdido el tiempo con esa bazofia de personas. Se iría de ese mugriento lugar en ese instante. Aun así, ir allí no había sido un completo desperdicio, aprovecharía para preguntar un par de cosas.

    Dominic se encaminó hacia la espada mientras las miradas llenas de pavor de los testigos no dejaban de mirarlo. Se alejaron de él como si se tratara de un animal rabioso. Recogió la espada y una idea cruzó por su mente, buscó con la mirada al anciano.

    —Viejo, ¿dónde puedo vender esta cosa? No la necesito.

    El sabio del pueblo se enserenó. Inhaló en son de calmarse y después pidió de manera amable a los presentes que se retiraran y una vez concluyó, se volvió al joven para preguntarle.

    —Cuando la vendas, ¿prometes irte?

    —Sí, sí, lo prometo, yo solo venia por la cabeza de Nian, en ningún momento tenía la intención de pasar una noche aquí. Pero de poco me sirvió venir acá —Observó donde pocos segundos el Goliat había estado. Había corrido como el gallina que era—. Pero solo se trataba de un impostor. Si desean portar un título tan grande deben enfrentarse a las consecuencias que conlleva hacer eso.

    El sabio exhaló aire al decir:

    —Ya lo sospechaba —Obtuvo la atención de Dominic—. Desde un principio sospeché que él no era el Legendario Nian porque dudo que a estas alturas, y si es que vivió, estuviera aún con vida. No obstante, decidí negociar con él para que no perturbara la paz del pueblo, pensé que si se había auto-proclamado El legendario debía ser fuerte. Quise irme con cuidado con él para no molestarlo.

    —Pues vaya basura fue —respondió Dominic—, ni para digno rival sirvió. Ya vez, viejo, las apariencias engañan.

    El anciano lo miró y tenía razón; aquel hombre alto y robusto no había sido rival contra aquel joven. Cuando el mayor le dijo dónde vender la espada, Dominic recordó algo.

    —Por cierto, también escuché rumores de que algo extraordinario ocurrió cerca de este lugar. ¿Qué fue y dónde?

    —¿Hablas de la furia de los “dioses”?

    —No lo sé —Encogió los hombros.

    —Así se le denominó al suceso que ocurrió la semana pasada en la montaña de allá —El anciano apuntó la montaña que se alzaba frente al pueblo—. Ese día la tierra se movió, el cielo se oscureció y el viento plañó. Y por escasos segundos, una columna de fuego se elevó hacia los cielo, sorprendiéndonos a todos.

    —¿Qué fue lo que sucedió? —preguntó Dominic, mostrando gran interés en aquel suceso fantástico.

    —Nadie lo sabe con certeza. Pedí no ir a investigar, por seguridad.

    Dominic sonrió como si hubiera encontrado un gran tesoro. Era maravilloso, quizás grandes y poderoso personajes habían utilizado aquella montaña como campo de batalla. Si eso era cierto, debía encontrarlos y enfrentarlos, quien sabe, quizá uno de ellos era el autentico Legendario. Estaba decidido, iría a investigar.

    Tiempo después, con la respiración entre cortada debido a la larga caminata que había recorrido del pueblo a la montaña, Dominic había llegado por fin a la cima de la misma. Levantó la vista para observar como un montón de piedras se encontraban encima de otras dando la ilusión de ser un muro; media poco más de seis metros de altura.

    Estaba cansado por la prisa que tuvo en llegar. Se tomaría un merecido descanso en ese instante sino fuera porque en un par de horas anochecería y lo último que deseaba era que ocurriera eso.

    No le tenía miedo a los animales salvaje ni mucho menos a la oscuridad. Solía dormir en el exterior, siendo su único manto las estrellas del firmamento. Ni un animal lo ha molestado pues hasta ellos le temían. Sin embargo, si anochecía le sería muy difícil ver todas las pista que podrían descifrar de lo que sucedió bajo la “furia de los dioses” y para ello tendría que esperar hasta el amanecer.

    Estaba ansioso de saber lo que deparaba del otro lado del muro por lo que se dispuso a escalarlo, no obstante, al tocar las piedras, un frío recorrió su columna dorsal y un inexplicable sentimiento lo estremeció. Apartó la mano como si lo que hubiera tocado hubiera sido un cable eléctrico. Anonadado, se miró la mano y luego volvió a ver la pared. Se preguntó que pudo haber sido aquel sentimiento, nunca lo había experimentado.

    A su mente vino la preguntó de si en verdad aquel muro que se alzaba frente a él era producto de la naturaleza o si había sido construido por manos de alguien; y si fue eso último, ¿quién pudo haber sido? Con un poco de intranquilidad volvió a tocar las piedras pero esa vez no sintió nada. ¿Había sido su imaginación? O ¿había sido una advertencia?

    Escaló la pared y tras llegar a la cima sus ojos se abrieron llenos de sorpresa al observar lo que se mantenía del otro lado del muro. Su rostro reflejó incertidumbre al ver el desbastador desastre que aquella pelea había originado.

    El terreno estaba completamente muerto, como si un incontrolable incendio forestal hubiera sido el protagonista; arrasando con toda la vida, extendiéndose metros y metros de distancia: atacando indiscriminadamente toda clase de vegetación y animal. Mirara por donde mirara, la tierra estaba calcinada, ni siquiera había pista de que alguna vez hubo árboles o si quiera de que aquel lugar fue alguna vez un frondoso bosque. Todo estaba solitario; no escuchaba ruido alguno, ni el sonido del aire, ni pisoteadas de animal o el aleteo de las criaturas voladoras. Nada, simplemente silencio.

    De un salto, Dominic bajó para caminar al momento que miraba a su alrededor. No pudo pronuncias palabra alguna. Dudó de que existiera alguna clase de pista. Sin embargo, lo que más le impresionaba no era lo que observaba si no lo que sentía cada poro de su ser. Todavía percibía en el ambiente el catastrófico poder de aquellos que se enfrentaron.

    Sintió una presión en el pecho. Comenzó a sentirse nervioso. Sudó frío.

    Sus labios formaron una mueca, una sonrisa distorsionada en tanto caminaba. A su mente llegó la idea de que uno de ellos debía tratarse del verdadero Legendario, pero, ¿y su contrincante? Debía ser también alguien digno de portar un título. Y si así era, no tendría otra opción que enfrentarse a él o a los dos; lo necesitaba para poder volver a verlo.

    La oscuridad estaba cubriendo el cielo, debía parar y descansar. Buscó un lugar donde acampar. Alistó un sitio, encendió una fogata para calentar la comida y calentarse él mismo y, mientras terminaba de calentar una sopa de hongos, escuchó los pasos de alguien acercándose. Dominic miró a un anciano de quizá unos sesenta años de edad, éste le sonrió y saludó.

    —Uff —suspiró, cansado—. ¿Puedo sentarme aquí? —preguntó al joven que se estaba sirviendo el caldo.

    Al no obtener respuesta alguna, el mayor tomó aquel silencio como un sí, se quitó la enorme mochila que cargaba sobre su espalda y se sentó a un lado de la fogata para recibir calor.

    —Si fuera tú, yo no me comería esa sopa.

    Dominic prestó atención al mayor. Su voz era ronca pero firme. Su cabello era blanco grisáceo. Su piel blanca. Sus ojos; que compartían dos colores; violeta y verdoso, a pesar de la vejez, reflejaban jovialidad.

    —Esos hongos son tóxicos —concluyó sonriendo.

    —Me he aprendido todos los tipos de hongos venenosos mediante un libro —respondió el de mirada de fuego—. Este tipo no se encontraba en la lista.

    Dominic se había aprendido los tipos de hiervas y alimentos venenosos para evitar un envenenamiento. Como se la pasaba viajando por todo el país, debía comer de alimentos silvestres; era obvio que debía conocer la naturaleza que lo rodeaba. No obstante, ante la respuesta de Dominic, el anciano negó al responderle:

    —Vaya, eres un joven bien informado, eso es bueno. Ese hongo es originario de estas regiones. Y no es precisamente un hongo toxico cuyo veneno te mate en minutos. Es poco conocido por lo que muchos han muerto debido a eso. Cualquiera que lo ingiera le provoca una diarrea que literalmente puede matarle, aunque claro, eso depende de la cantidad ingerida. Te lo digo por experiencia propia —rio divertido y después mostró un par de pescados—. Toma uno, es mejor que eso. Están recién pescados.

    Sin negarse a la oferta, Dominic lo comió en vez de la sopa que había preparado. Hubo un silencio entre los dos, sin embargo, no era un silencio incómodo, en realidad, al joven no le incomodaba la presencia del hombre a pesar de ser un lobo solitario.

    —¿Qué está haciendo en este lugar? —preguntó, curioso.

    El anciano, antes de contestar, miró a su alrededor. La noche había caído completamente y ya estaba muy oscuro, y aunque ya no se podía ver casi nada, Dominic supo que el anciano miraba el actual panorama del bosque.

    —Era un bonito lugar. Tenía años viniendo a este bosque. Me gustaba pescar por un pequeño río que corría por allá, ahora ya no existe. Hoy tuve que ir hasta el otro lado solo para poder pescar algo. Mi delirio es la pesca.

    —¿Supo lo que sucedió? —inquirió.

    —Un incendio, hay muchos forasteros que suelen hacer fogatas y no las apagan.

    —¿Le parece que esto fue obra de un incendio?

    El anciano desvió la vista de él al pescado que tenía en su mano y después de darle una mordida contestó:

    —Bueno, en realidad no. He visto muchos incendios forestales en toda mi vida y está claro que ésto no fue un simple incendio. No vivo muy lejos de aquí y, obvio, noté las secuelas, aun así, no estoy seguro de lo que pasó en realidad. Pero, ¿qué está asiendo un joven como tú en un lugar como éste?

    —Estoy en busca de alguien —respondió—. Del legendario Nian.

    El anciano sonrió al escuchar eso.

    —He escuchado ese nombre —dijo—. Sino me equivoco le llaman así a alguien que peleó en la batalla de Beskonech, cuarenta años atrás; una de las masacres más grandes que este país tuvo contra Lunā. Se cuenta que el batallón del rey Van Suna se encontraba en graves aprietos, como los que nunca había sufrido, y que fue gracias a que hizo un trato con Nian que salió victorioso de esa guerra. En una sola noche, los cientos de guerreros de Lunā fueron asesinados, obligando su retirada. ¿Sabes la razón de por qué se le otorgó ese título al Legendario Nian?

    Dominic no respondió, desconocía completamente esa historia, así que como si fuera algún cuentista, el anciano carraspeó la garganta al contar:

    —Se cuenta la leyenda que es alguien que emerge una vez cada año, tal como la bestia oriental. Un ser que infunde terror a las personas ante su despertar y que ataca a diestra y siniestra a cualquiera, sin distinción de nadie, desde niños a mujeres hasta ancianos, pero también se rumoreaba que no es humano, que es un monstruo, hasta se dice que en realidad es un demonio que fue desterrado del mismo país de los dioses. Pero eso son meros cuentos y rumores. Nunca se sabe que tan ciertas son esas leyendas. Por cierto, por mera curiosidad y ya que estamos hablando de eso, ¿por qué lo buscas?

    —Porque así podre invocar a alguien.

    —¿Invocar? —repitió el hombre extrañado y sin evitar reírse a lo bajo—. He escuchado muchas cosas, pero nunca que al matarlo se pueda invocar algo o a alguien. Bueno, nunca se sabe con certeza lo que es realidad o no. Sé que no soy nadie para decirte esto, y tampoco sé tus verdaderos motivos, pero, te aconsejaría que no vayas tras él.

    Dominic no dijo nada y se limitó a darle una mordida al pan que tenía. No era la primera ni sería la última vez que le dicen eso.

    —Quizá nunca existió —murmuró el anciano mirando el cielo, pensativo—. Quizás vas detrás de varias personas y no de una sola.

    Dominic dirigió su vista al anciano y a su mente vino el recuerdo del hombre que se encontró en el pueblo. Cualquiera podía auto-proclamarse El Legendario, pero...

    —El verdadero existe y sigue con vida, lo siento —contestó al final Dominic, convencido de sus palabras.

    —Tus ojos… —habló el anciano y Dominic le prestó atención.

    —Si se refiere a eso, sí, soy mixto.

    —No me refería a eso. En realidad… —bostezó—. Estoy exhausto. Me recostaré y dormiré.

    El mayor se acostó mientras que Dominic hace lo mismo, se cobijó con solo una manta delgada, no necesitaba de más. Mañana madrugaría para volver a su viaje. Desafortunadamente, el lugar había quedado tan destrozado que no había ninguna clase de pista que le ayudara a buscar a las personas involucradas en aquel campo de batalla.

    A la mañana siguiente, Dominic se levantó y dirigió su vista donde el anciano pasó la noche; ya se había ido. Pero en el lugar donde estuvo, había una canasta repleta de hongos con alguna que otra fruta y en ella una nota que rezaba: “Éstos no son tóxicos. Ten un buen viaje.”.

    Dominic tomó la canasta, guardó la comida y levantando sus cosas, continuó con su viaje; su próximo destino era la capital de la prefectura Triko, la ciudad Inotrantsy: la cuna de los poderosos.
     
    • Me gusta Me gusta x 2
  9. Threadmarks: Capítulo 5.- El conquistador casanova
     
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
    Miembro desde:
    19 Diciembre 2010
    Mensajes:
    1,911
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Sōla: El país de los poderosos [Libro 1]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    3594
    Capítulo 5
    El conquistador casanova

    Zuliy Santa-Borja

    —Mis respetos, Conde Thal, por esta espléndida fiesta.

    Aquel hombre joven observó al anfitrión de aquella fiesta desde detrás de una peculiar mascara, extendió la mano para saludarlo cordialmente. Y aunque aquel hombre joven portaba unas elegantes vestimentas, el conde Thal conocía a la perfección las marcas de las más altas costuras y, juraría que aquel vestuario no era de esa calidad, por esa razón, mirándolo de pies a cabeza y con aire de desdén, exigió:

    —¿Se puede saber quién eres tú? ¿Y por que osas venir aquí con semejante vestimenta? ¡Acaso no has notado que ésta es una fiesta de etiqueta! —gritó fúrico, apartando a un lado la mano del hombre, con total desprecio—. Dime tu procedencia. ¿De qué familia eres?

    El señor Thal entrecerró los ojos. ¿Quién era él? ¿Qué estaba haciendo ahí y por qué su voz se escuchaba muy extraña?

    —Discúlpeme usted, su excelentísimo señor —El enmascarado hizo una reverencia y detrás de la mascara sonrió divertido, como quien burlándose de lo acontecido—. Mi apellido no es de importancia y de antemano, pido disculpas por las molestias causadas.

    Thal parpadeó varias veces extrañado al no comprender esas últimas palabras y su extrañeza aumentó todavía más al ver como el hombre levantaba la mano a lo alto para después, lentamente, apuntarlo. Sin saber que aquel ademán era en realidad una señal de muerte; las puertas del salón de fiesta fueron cerradas de golpe, y el lugar se llenó de pavor en tan solo cuestión de segundos cuando la mayoría de los sirvientes sacaron pistolas, espadas y cuchillos que apuntaron a todos los invitados.

    —¿¡Qué significa esto!? —dijo el anfitrión alterado, mirando a su alrededor, incrédulo de lo que era testigo.

    Luego, sonó el disparo de una pistola, y el señor Thal dirigió su vista por última vez a aquel hombre que le había disparado en el estómago, Thal cayó estrepitosamente al suelo para ser rematado con otra bala en la cabeza.

    Zuliy Santa-Borja sonrió satisfecho mientras guardaba el arma de fuego debajo de su prensa de vestir.

    —Mi trabajo aquí ha terminado —Dio media vuelta y se encaminó hacia la mesa del banquete.

    Comenzó a deleitar su vista de todo manjar exótico que había sobre la mesa, todo mientras escuchaba los gritos llenos de terror de los nobles al conjunto de los disparos.

    Muchos miembros de la nobleza habían ido al banquete del señor Thal con la mayor honorabilidad, seguro se habían sentido honrados de haber sido invitados por el conde Thal, no obstante, ahora estaban arrepentidos de estar en ese lugar. La fiesta se convirtió en una carnicería.

    Desconocían que la mayoría de la servidumbre presente alguna vez trabajaron con ellos; pero habían sido despedidos injustamente y no solo eso, fueron maltratados y humillados por sus anteriores jefes. Ellos habían guardado rencor de sus ex-jefes por tales daños, por creer que al ser gente “noble” podía tratan a los de condición humilde de esa forma. Ahora tuvieron la oportunidad de tomar su propia justicia al poder asesinarlos y se podía notar sus rabia con cada corte, tajada y disparos que efectuaban.

    Muchos de esos nobles intentaron correr hacia los pasadizos secretos de escape que la mansión, sin embargo, para su mala suerte y sin imaginarse que el atraco se planificó de manera perfecta, habían sellando con anterioridad toda rutas existente de escape. Un golpe de decepción los abofeteaba cuando llegaban a esos lugares y los veían custodiados por personas que bloqueaban las salidas y quienes a sangre fría los mataban allí mismo.

    Zuliy se quitó la mascara mientras caminaba de un lado a otro por la mesa, indeciso de que comida tomar, ¡ah!, qué gran dilema, ¿comer carne de becerro? Aprovechar para comer otras delicias? La noche era joven pero no eterna.

    Zuliy Santa-Borja era un joven hombre de veinticinco años de edad, alto y de alborotada cabellera rojiza claro. Tarareaba una canción con total despreocupación al son de los gritos y disparos de fondo. Seguía meditando que elegir de la abundante comida en el bufé. Había de todo, se llevó la mano a su cabeza y suspiró; que problema tenía, no sabía que escoger. Y de entre todo, tomó un pan horneado y lo comió.

    —Mmm, excelente calidad, de lo mejor que he comido —Se chupó los dedos y en seguida tomó una copa llena del mejor vino; lo olió y a continuación bebió de ella para degustar su calidad. Se giró dirección al cuerpo inerte del anfitrión y movió la copa en modo de salud—: Lo que esperaba de usted, Don Thal, todo de una extraordinaria calidad, si que se esmeró en que esta noche fuera perfecta, es una lástima que nadie de su gente la haya probado.

    Tomó una manzana verde para luego encaminarse a la salida, en donde un guardia, que también había contratado, le abrió las puertas mientras disparaba a las personas que con desesperación y suplica se acercaban para intentar salir. No dejarían a nadie vivo.

    Zuliy se despidió del guarda dándole una exuberante propina. Una moneda de oro.

    —Que pase una agradable noche —se despidió el guardia con una amplia sonrisa en su rostro.

    El hombre que había planeado aquella masacre caminó por un largo sendero hecho de piedras al momento que comía su manzana bajo la bella luz de luna y el cantar de los grillos.

    Zuliy Santa-Borja, conocido con el título del Conquistador, era en realidad el asesino clandestino más solicitado, esto porque efectuaba su trabajo al cien por ciento. Era un asesino que trabajaba en las sombras. Ocultaba su identidad bajo una mascara y un distorsionador de voz que él mismo fabricó.

    Para contratarlo se necesitaba pagar una copiosa cantidad de monedas de oro. No era nada barato, por ello, sus clientes solían ser personas de alto rango o de la realeza para poder pagarle lo que solicitaba.

    Tenía a su disposición a un puñado de personas que trabajaban con él porque lo que solía pagar era más que lo que se ganaban en una semana completa de trabajo. Añadiendo que sabía a que gente ir y convencer para que lo ayudaran.

    Al terminarse la manzana y haber caminado por varios minutos, llegó a donde dejó su caballo y dispuesta a montarse para irse de ahí, se detuvo al escuchar como una voz de mujer lo llamaba. Él se giró para observar a la dueña de tan dulce voz.

    —¿Qué estás haciendo aquí, mi querida Yarit? —preguntó a una joven de veintiún años y de una belleza envidiable.

    Ella se acercó para decirle con voz entre cortada.

    —Como me dijiste que esta noche partías, quise despedirme de ti. Ni siquiera fui a la fiesta de mi padre porque deseaba verte una última vez. No quiero que te vayas —rogó con tristeza mientras lo asía del brazo—. ¿No puedes quedarte a mi lado? Puedo convencer a mi padre de…

    —Shh —Tocó sus labios para que guardara silencio—. Mi dulce y bella dama, no solo es doloroso para ti, lo es más para mí. Mi corazón duele el solo pensar que no te veré por ¡Dios sabe cuanto tiempo! —La abrazó por las caderas para acercarla a él con delicadeza—. El no volver a sentir tu cuerpo. El no volver a ver ese rostro tan hermoso.

    Zuliy acarició el rostro de ella con ternura mientras Yarit cerraba los ojos excitándose de que las manos de él la tocaran, quien no evitó que un par de lágrimas surcaran sus ojos, sentía como la mano masculina bajaba hasta sus labios y los acariciaba.

    —Será difícil no volver a ver esa perfecta sonrisa. Esos sensuales labios...

    La besó apasionadamente para luego alejarse de ella, aunque ella no quería desprenderse de aquellos labios, deseosa de que aquel beso durara por toda la eternidad, que ese momento se congelara para siempre, pero aquellos ojos vidriosos lo vieron montar el caballo.

    —¡No te vayas, por favor! —suplicó tomándolo de la pierda, aferrándose a ese hombre que amaba. Él se inclinó para tomarla de la barbilla y levantando su rostro la vio a los ojos.

    —Mi destino ahora es partir. Mi madre, aquella mujer que me dio la vida y a la primera que he amado, está reposando enferma en su cama y desea verme, y yo, deseó hacer la voluntad de ella e ir a verla. Pero nunca lo olvides, Yarit, te amo y eres la única mujer en mi corazón —La alejó del caballo y mientras arreaba las cuerdas del animal, terminó:—. Prometo mandarte cartas, así que espéralas. ¡Volveré para estar juntos, Yarit!

    Y Zuliy se fue de allí, dejando a una enamorada suspirando por él, sin conocer que, en realidad, aquel hombre era el maestro del engaño y un asesino que, sin saberlo, solo había usado para acercarse a matar a su padre.

    Santa-Borja viajó hasta llegar con la persona que había solicitado asesinar al señor Don Thal. Por lo que llegó a saber, Don Thal había estado haciendo tratos con algunas personas de la zona noroeste del país, quienes se ha rumoreado desean independizarse y que quien lo mandó a matar fue alguien a favor del actual rey.

    Aunque a él no le interesaba mucho esa cosas porque no solía inmiscuirse en saber las razones concretas por la que sus clientes deseaban matar a susodicho. No obstante, no ignoraba el ambiente que el país ha estado teniendo ese último año. No se preocupaba del todo porque para cuando eso ocurriera, seguro que él ya estaba muy lejos de Sōla.

    Lo que a Zuliy le interesaba era el dinero, le había pagado cuarenta monedas de oro, era una barbaridad, y aunque todavía tenía que pagarle a los hombres con los que trabajó en secreto, además de pagar algunas deudas que tenía, todavía, descontando todo eso, le sobraba lo suficiente para ir a los bares, relajarse y tomar un poco.

    Amaba su trabajo, pero lo que más gozaba hacer era estar rodeado de bellas mujeres. Era considerado el hombre conquistador, cuyo título no se ganó solo por ganar batallas estratégicas, también porque conquistaba a toda mujeres, seduciéndolas con halagos y al ser extremadamente amables con ellas. Conquistando corazones tanto a vírgenes como a casadas, sin ser parcial con ninguna mujer. Y pese a ello, tenía un carisma para que los hombres lo estimaran como a un buen colega, un excelente amigo y un buen caballero digno a seguir.

    Dos noches después que recibió su paga al concluir la misión y por fin llegar a Inotrantsy, lo primero que hizo al pisar su tierra fue ir al bar que frecuentaba. Y el solo abrir la puerta, fue recibido calurosamente por una joven de nombre Alexa.

    —Zuliy, cariño, bienvenido.

    —Estoy de vuelta —dijo abrazando a la joven.

    —Has vuelto —dijo otra, un poco mayor que la primera y de nombre Anis, acercándose al varón para abrazarlo.

    —Oigan, todos —gritó alguien que estaba en el frente—, ¡adivinen quien llegó!

    —Zuliy, en hora buena.

    —¿Qué tal tu viaje, amigo?

    No tardaron en saludarlo y a ponerse contentos de volver a verlo.

    —¡Pero qué exagerados son! —levantó la voz Santa-Borja—. ¡Si no me fui por tanto tiempo!

    —¿Qué un mes no es tanto? Díselo a esas dos damas —dijo alguien entre risas.

    —Siempre que sales a hacer una de tus misión me preocupa no volver a verte más —dijo Alexa con rostro triste.

    —No seas tonta que mi Zuliy es muy fuerte —expresó Anis mirando a su compañera.

    —¿Disculpa, ¡tu! Zuliy? No seas zorra, él es mío —dijo Alexa mientras miraba a la otra con un aire de desdén.

    —¡Qué sucia! Él es mío, ¿quién es la zorra aquí?

    —Tranquilas, chicas, tranquilas —Zuliy las calmó—. Soy de ambas, recuérdenlo.

    Las dos sonrieron y como si esa afirmación fuera lo suficiente para zanjar la cuestión, cada quien lo besó en cada mejilla dando por finalizada la discusión.

    —Eres todo un amor —dijeron al unísono.

    —¡Qué suerte tienes Santa-Borja! —gritó un hombre desde la esquina, presenciando lo sucedido, levantó el vaso de cerveza en modo de saludo—. ¡A festejar por Santa-Borja, por ser un gran compañero!

    —Jajajaja —se escuchó alguien del publico—. Viejo borracho, tú solo lo alagas porque siempre te invita cerveza, barbero pordiosero.

    —Esta noche está para celebrar, no para pelear —gritó Zuliy levantando la cerveza que le habían servido—. ¡A celebrar como si no hubiera un mañana que hoy invito yo! ¡Cantinero!

    Y esa noche se animó todavía más. Transcurrió entre cerveza y más cerveza, entre risas, chistes pésimos de los que solo a los borrachos se les hacía graciosos. Con unas cuantas copas de más, Zuliy se encaminó a la salida de la taberna para irse a descansar.

    Antes de salir, sonrió con picardía a la guapa señorita que atendía el bar al verla guiñarle el ojo y mandarle un sutil beso. Él se despidió mientras susurraba algo que solo ella entendió: “nos vemos esta noche” había dicho él. Salió del local y comenzó a caminar mirando a su alrededor para cerciorarse de que nadie lo seguía.

    Era muy noche por lo que las calles a esas horas estaban vacías. Caminó hasta llegar a un barrio de mala muerte, nadie sospecharía que alguien como Santa-Borja pudiera vivir allí. Bajó por una calle hasta llegar a otra calle más estrecha, giró a su izquierda al llegar a la esquina y siguió todo recto para volver a girar esta vez a su derecha, y caminar un pedazo recto, deteniéndose cuando estuvo frente su casa.

    Era una casa de dos pisos, de su propiedad, la había comprado con el dinero que hubo ganando con las misiones y encargos. Vivía en ese solitario barrio porque siempre le gustó la tranquilidad, añadiendo que la mayoría de sus hombres rentaban o vivían ese ese lugar. En pocas palabras, ese suburbio estaba a su poder.

    Bostezó por demás cansado, se frotó los ojos y luego se golpeó levemente la cara para despabilarse un poco, entró a la casa. La noche apenas había comenzado y todavía faltaba gozarla al máximo. Se cambiaría de ropas para poder ir a visitar a la nieta del dueño de la taberna que frecuentaba, si es que el alcohol en su sangre le permitía hacer esa sencilla tarea.

    Sin embargo, cuando entró a la cocina para buscar el candelabro y encenderlo e iluminarse, sintió como un escalofrío se apoderaba de él. La temperatura en el ambiente había disminuido de forma abrupta. Encendió rápidamente la luz y se giró ante la presencia de alguien que estaba detrás de él.

    —¿Quien está ahí?

    Zuliy se asombró de no ver a nadie, o por lo menos, no a la persona física pero si su sombra, así que como mera reacción se giró al otro lado esperanzado de que el dueño de la sombra estuviera ahí, sacó la pistola de su funda y ya en mano la apuntó solo para darse cuenta que no había nadie.

    —Estaba observando correctamente, señor Zuliy Santa-Borja, o mejor dicho “Asesino de las Sombras; El conquistador” —dijo con voz de ultratumba.

    —Eres la sombra —Fue su única respuesta inmediata.

    Volvió su vista a la sombra y con la boca abierta continuó:

    —¿Quien demonios eres, o mejor dicho, qué eres? ¿Y qué quieres de mí? —Y entre tantas preguntas, había una a la que en verdad necesitaba una respuesta—: ¿De dónde has sacado ese título? Te estás equivocando de persona.

    La sombra pareció reír.

    —¿Reniega a su título, señor Conquistador? Soy alguien que puede estar en todos lados. No puede mentirme porque sé que es el asesino enmascarado.

    Aunque intentó no demostrar miedo, a Zuliy realmente le preocupó que lo reconociera por ese título: Asesino de las Sombras. Solo un par de personas del mercado negro conocían su identidad. Era muy cuidadoso a la hora de ocultar su persona.

    Zuliy Santa-Borja se había ganado ese título por ser un asesino en incógnita; nadie debía saber su identidad. No dejaba a nadie vivo que pudiera delatarlo. Al matar a alguien siempre planeaba todo para no dejar ni una pista ni nada que pudiera relacionarlo con Santa-Borja. Se supone que El Asesino entre las sombras y Zuliy el Conquistador eran dos personas diferentes.

    —Mi nombre es Fazio —se presentó la sombra—. Mi señor solicita de su trabajo, si acepta la encomienda se le pagará muy bien.

    —¿Quién es tu señor y dónde lo puedo ver? —preguntó, el hombre presente parecía saber de lo que hablaba por lo que se dio cuenta que no podía ocultar su identidad.

    —No se me permite decir.

    —No suelo hacer tratos sin estar frente a frente con quien solicita de mi trabajo, por confidencialidad —aclaró—. Tengo reputación.

    —Es comprensible. Se le promete que se guardará el secreto. Escuche primero la petición; verá, el príncipe heredero, hijo de Kristof Van Suna, está en un viaje y se tiene previsto que pasará por esta ciudad al rededor de de dos días.

    —¿El príncipe? —Se sorprendió aunque no era extraño, había escuchado que existía una tradición o algo así de los Van Suna—. ¿Y desean que yo sea su guardaespaldas o algo así? —preguntó en son sarcástico—. Mira, señor sombra, yo no hago ese tipo de trabajos, que eso lo hagan los perros muertos que yo me encargar de otro tipo de cosas.

    —Efectivamente, por eso he venido a ti.

    Zuliy quedó mudo, aunque debió imaginarse que aquella visita y aquella conversación iba a terminar de esa manera.

    —Asesinar al príncipe… —pareció más una pregunta así mismo que una afirmación.

    —Eso sería lo más lógico, ¿verdad? Pero no. —Zuliy prestó más atención a lo que estaba apunto de decir la sombra—. A quien queremos que asesine es a la joven que está viajando a su lado, y de paso al chófer. Al parecer la joven es su guardaespaldas y deseamos que el asesino enmascarado la mate. Sabemos que es de los mejores a la hora de asesinar en incógnito, se convertió en una leyenda. ¿Aceptará el trato o tiene miedo?

    Señor sombra —Para ese momento Santa-Borja se sentía mucho más cómodo, estaba acostumbrado a guardar la compostura en todo tipo de ambiente. Fazio intentaba meter presión con elogios y luego intimidación, Zuliy se dio cuenta de ello—. Tú te ves un ser súper poderoso. Lo “sabes todo” y entraste a mi casa sigilosamente, y no me di cuenta de tu presencia hasta que quisiste que lo hiciera. Matarías a la muchacha en un pestañeo, ¿por qué venir a mí a pedir hacer algo que tú bien podría hacerlo?

    Debía moverse cuidadosamente, algo no estaba bien. Eso podría ser una trampa y no estaba seguro si lo era o no, pero debía ser muy cauteloso. Fazio sonrió, tal y como lo esperaba.

    —Comprensible que desconfíe, y eso solo demuestra lo ingenioso y audaz que es y perfecto candidato para esa tarea. Tal vez me vea como alguien poderoso, pero en realidad no lo soy, tengo mis limitaciones. A decir verdad, no queremos que asesine al príncipe porque queremos acercarnos a él, y que mejor que hacer que viva una amarga experiencia al llegar aquí, ayudarlo, hacernos su amigo para conseguir su confianza. Te cuento esto para que se de cuenta de los planes.

    Se sentía con la libertad de no esconder nada porque Zuliy no estaba en condiciones de contar nada porque sabía su verdadera identidad, no obstante, el Conquistador sabía eso y sabía que estaba utilizando en su contra, algo así como una amenazas. Aunque saber eso, le hizo saber a Santa-Borja que aquel personaje estaba en el bando de Dago Vil o de Oss Si Klass.

    —Tu jefe es Dago Vil, ¿cierto? —cuestionó al descartar que Fazio estuviera con Oss Si Klass porque había terminado de asesinar a Don Thal. Sería ilógico que le pidiera ayuda a alguien que terminaba de matar a un colega.

    —No lo negaré. Así es, mi señor es Dago Vil.

    Zuliy tomó asiento. Ahora comenzaba a tener un amplio panorama de lo que estaba sucediendo y de las verdaderas intenciones de Fazio y Vil. Zuliy alzó la vista para hacer la pregunta del millón.

    —¿De cuánto estamos hablando?

    —Se le pagará doscientas monedas de oro.

    Aquella cantidad lo tomó por sorpresa, y para su mayor asombro, Fazio sacó una bolsa color marrón que arrojó a la mesa y de ella salieron a la vista unas cuantas monedas de oro.

    —Por adelantado se le darán las cien primeras.

    Zuliy tragó saliva mientras se acercaba a la bolsa y tocaba las monedas con manos temblorosas, nunca había tenido esa cantidad de dinero en su poder. Todo el alcohol que alguna vez estuvo en su cuerpo había desaparecido completamente, estaba más que espabilado. Sus ojos brillaron de emoción. ¿Qué no haría con ese dinero?

    —Entonces, ¿está dispuesto a hacer la tarea? —preguntó Fazio sonriendo al ver el hipnotizado rostro de Zuliy.

    Zuliy lo miró con expresión pensativa, las palabras ahora le sonaban tentadoras. Volvió su vista a la bolsa, a las monedas y después a Fazio y la propuesta le retumbó en su mente haciéndose más y más llamativa.

    —Solo debo asesinar al chófer y al guarda espaldas, ¿cierto? —Deseaba estar seguro del trato que estaba apunto de firmar.

    —Y tal vez darle un susto al príncipe, atacarlo pero no matarlo, para que el ataque parezca lo más real posible.

    El rostro de Zuliy dibujó una sonrisa y al final aceptó el trabajo y cerró el trato con un apretón de manos. Ya no había vuelta atrás, su próxima misión era: Asesinar al chófer y a la guardaespaldas.


    Fin del capítulo
     
    • Me gusta Me gusta x 2
  10.  
    JeshuaMorbus

    JeshuaMorbus Entusiasta

    Géminis
    Miembro desde:
    11 Octubre 2018
    Mensajes:
    154
    Pluma de
    Escritor
    En fin, dejando a un lado ortografía (a veces molesta, pero no interrumpe la lectura); creo que el mayor problema en este primer capítulo es el ritmo. Demasiadas veces te detienes a comentar detalles o que no son tan importantes o que podrían contarse de una manera algo más dinámica sin tener que detener la acción en ningún momento. Por un lado queda claro lo que cuentas; por otro, lo compartimentabilizas mucho.
    Acción - Pausa para descripción - Acción - Pausa para descripción... si fuese para describir algo realmente grande, importante o que no va a volver a mencionarse a pesar de su importancia, entonces, sí, asumiría este formato. Pero así sólo ralentiza la narración.
    Otro problema que encuentro es la conversación entre Daryl y Chris: es sólo un largo peloteo mutuo. Asumo que tanto uno como otro están lo bastante educados como para no caer en el juego de los halagos constantes. A menos, claro está, que esto oculte algo que ocurra en el futuro. No lo sé, ya lo leeré, pero sigue siendo incómodo de ver cómo este gran príncipe y este curtido guerrero se reducen a vanas palabras.
    Charlot es una carabina que queda por definir. Aparte de ser de manifiesto carácter, no sabemos mucho más de ella, aparte de ser obediente a quien tiene que obedecer. Ya se verá cómo se desarrolla. Por cierto, "Charlot" es masculino ("Pequeño Carlos" en francés). Supongo que querías decir "Charlotte" (se pronuncian igual, de ahí la confusión, supongo).
    Conclusión: bastante mejorable; pero es lo normal en la literatura.

    Escribe tres días.
    Corrige siete.

    Dale duro.
     
    • De acuerdo De acuerdo x 1
  11.  
    JeshuaMorbus

    JeshuaMorbus Entusiasta

    Géminis
    Miembro desde:
    11 Octubre 2018
    Mensajes:
    154
    Pluma de
    Escritor
    Hilvanas un poco mejor la narración convencional que en el anterior capítulo pero, cuando entras a comentar detalles de los diferentes países que conforman Solâ, vuelves a romper el ritmo: tan pronto como estabas hablando de una reunión de alto nivel en el reino, pasas a tocar un tema que poco o nada tiene que ver con la actualidad.
    Como crítico sólo puedo decir "eso ha roto el ritmo"; como beta que no soy diría "haz que el rey consulte sus documentos / informes previos sobre la mesa y que la narración continúe el tema desde ese punto".
    Se nota que el capítulo ha sido poco revisado: faltan letras aquí y allá; hay alguna falta ortográfica y, de cuando en cuando, no te aclaras de qué tiempo verbal estás usando XD
    Como, por ejemplo, aquí.
    También hay que tener en cuenta el momento que has elegido para revelar el nombre del lugar sobre el que gira la reunión. Ya que es tan importante, no sé por qué has esperado a la mitad del capítulo a soltar este detalle, a pesar de que el archipiélago ha sido mencionado un par de veces ya antes.

    Conclusión: Cierta mejora; fallos de ritmo; cierto desorden; necesita revisión.

    Ale, dale duro ^_^
     
    • De acuerdo De acuerdo x 1
  12.  
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
    Miembro desde:
    19 Diciembre 2010
    Mensajes:
    1,911
    Pluma de
    Escritor
    Por fin me dio tiempo de responder:
    Primeramente, JeshuaMorbus, muchas gracias por haber tomado mi pedido y dedicar el tiempo para leer, darme una crítica y tu opinión. Estoy completamente de acuerdo con muchas cosas que has mencionado, sobre todo la conversación entre Christian y Daryl; no lo había visto de esa forma hasta que lo mencionaste, la verdad. Fue una mala forma de hacer llegar al lector algunos puntos :D Pero ya estoy intentando arreglar ahora. Aunque no lo parezca, estoy trabajando en ello.
    Yo lo sé :) Y fue intencional ponerle un nombre masculino. Al principio pensé en utilizar un nombre unisex, pero al final me dije, "qué va, mejor le pongo uno masculino y ya." Con decirte que más adelante saldrá un varón con un nombre algo afeminado, no tendrá un nombre de mujer, pero si sonará algo femenino xD Así de loca estoy. Siempre he tenido esa maña.
    Bueno, ya que Sōla es un país de esa mundo, es imposible que un país esté conformado por otros países xD (Lunā, Sōla, Many-Islandking, Bade-Sooraj, ect. son países).
    Pero te doy la razón, leyendo ese capítulo desde otra perspectiva, me di cuenta que metí un sinfín de detalles y cosas que si bien serán importantes para el futuro y desarrollo de la historia, lo saturé con demasiada información, cayendo en el desorden y pareciendo (o mejor dicho, yéndome) que me fui por las ramas xD Estoy corrigiendo eso. Debí explicar la razón de la reunión desde cuando la sirvienta va ha avisarle a Christian sobre ella.

    De nuevo, muchas gracias por tomarte las molestias y el tiempo para hacerme ver mis errores. En verdad agradezco eso porque siempre me hacer volver a leer las historias desde otro punto y me ayuda a saber en que partes la regué.

    También me di cuenta que tiendo mucho a poner una pequeña oración de diálogo, describir muchas cosas y después de un párrafo completo, concluir con el diálogo en cuestión con otra pequeña oración xD Lol, eso se ve tan horrible (o por lo menos no utilizarlo tan constantemente como lo he estado usando yo).
     
    Última edición: 26 Octubre 2018
    • Me gusta Me gusta x 1
  13. Threadmarks: Capítulo 6.- El encuentro entre los asesinos
     
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
    Miembro desde:
    19 Diciembre 2010
    Mensajes:
    1,911
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Sōla: El país de los poderosos [Libro 1]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    3371
    Capítulo 6
    El encuentro entre los asesinos

    Abrió los ojos para percatarse que tenía un fuerte dolor de cabeza, también estaba un poco mareado. Se quedó mirando el techo que se elevaba sobre él y por un instante le pareció atractivo contar las manchas que adornaban el techo y ante ese pensamiento se espabiló y se levantó de la cama. Sentado se masajeó los ojos en un intento de despertar completamente, y como si estuviera confundido observó a su alrededor para notar que estaba en su hogar; en su habitación, sobre su cama; suspiró mientras bostezaba.

    Lo último que recordaba de anoche fue que salió de la taberna borracho y luego… con incertidumbre deslizó la mano bajo la almohada y cuando atentó algo, la sacó tan rápido como pudo; allí estaba la bolsa llena de las cien monedas de oro que le dio aquella sombra.

    —Es verdad… —se dijo con la boca abierta al recordar el suceso de anoche.

    Por poco había olvidado que fue visitado por una criatura sobrenatural, y ante el recuerdo de la misión encomendada se llevó la mano a los ojos, no evitó ponerse algo acongojado. Suspiró para luego echarse a la cama. ¿Qué tan difícil era asesinar al escudero del príncipe? No era tan difícil, en realidad. El verdadero reto de eso era que solo tenía dos días (o menos) para pensar una forma efectiva para atacar. Sin contar que necesitaba saber cual era su poder, porque sabía que debía tener alguna especialidad, además de usar una espada.

    Otra cosa era pensar en como separar a los tres; el guardaespaldas, el chófer y el príncipe y, dejar vivo al último. Sus labios dibujaron una mueca ante esa idea. Definitivamente no le gustaba la idea de que el Asesino Clandestino dejara vivo a alguien, pero si el señor Vil deseaba que pareciera un ataque hacia Van Suna, debía atacarlo sí o sí. Con solo herirlo sería suficiente.

    —Bueno, Zuliy, tú te lo has buscado —se dijo mientras se levantaba para arreglarse y salir.

    Mientras se vestía su mente continuaba en que debía hacer; qué si esto, qué si lo otro. Si lo más correcto era enviar a uno de sus tantos secuaces a atacar al príncipe, pero, ¿ellos aceptarían? Después de todo se trataba del príncipe, era un pez gordo, sería arriesgado para ellos.

    Ahora con la cabeza fría se preguntó por qué había aceptado tan tarea. A sí, su amor al dinero lo obligó a acepar. No pudo resistir imaginarle lo que podía hacer con semejante oro. A pesar de haberse dado cuenta que hizo un trato con el mismísimo demonio, sus labios dibujaron una sonrisa porque la diosa de la fortuna estaba con él. Siempre salía de cualquier problema.

    Se dirigió hacia la taberna. Por aquel barrio las personas lo conocían y lo saludaban. Aquel suburbio era el segundo más humilde de aquella ciudad, por lo que la gente se conocía toda y se apoyaba mutuamente.

    —Buenos días, Zuliy —saludó una mujer mayor, quien regaba las flores que decoraban la fachada de su humilde hogar—. ¿Cómo amaneciste hoy?

    —He pasado mejores noches, pero en general, muy bien, señora y que mejor al verla.

    —Pero que adulador eres.

    —Pero uno honesto. ¿Y cómo sigue sus caderas?

    —Mejor, mucho mejor.

    —Tan mejor como para sacarla a bailar.

    La señora rio mientras él se despedía y continuaba su camino.

    —¡Zuliy! ¿Cuándo regresaste?

    —Ayer por la tarde, Vic. Salude a su hijo de mi parte.

    —¡Siempre!

    —¡Santa-Borja!

    —¡Ey, Guill! Cuidado no te vayas a caer.

    La gente de ese lugar era agradable. Era una lastima que más temprano que tarde dejaría aquel país para irse a vivir a otro. Siempre buscaba lo mejor y como sabía como estaban las cosas en este país pues se movía entre lo más bajo, la cosa iba de mal en peor. Igualmente, formar una familia, aunque mucho más adelante, por ahora disfrutaría su libertad.

    A llegar a la taberna nada más entrar todos los pocos que estaban ahí le dieron los buenos días.

    —Deberían estar trabajando y no holgazaneando por aquí —les hizo sabe, en son de burla y por ende ellos rieron, unos apenados otros desvergonzados.

    Anis y Alexa salieron a recibirlo. Zuliy se acercó a su mesa, subió los pies y se puso cómodo mientras esperaba su comida, mientras sus dos mujeres, una en cada lado, le hacían compañía. Se sintió como digno rey. Los minutos iban pasando la taberna se iba llenando, vaciando y volviéndose a llenar.

    —Entonces, Zuliy —Alexa preguntó mientras él masticaba una manzana—, ¿quién de las dos es más atractiva?

    —¡Eres una tramposa, yo también iba a preguntarle eso!

    Zuliy se giró para ver a la joven Alexa y contestarle:

    —Cada una tiene su belleza propia. Por ejemplo, tu lunar bajo tus ardientes labios se ve apetecible y sensual —dijo mientras besaba aquel lunar.

    —¿Y yo? —no tardó en preguntar Anís, apartándolo de Alexa, obligando a que la mirara—. ¿Qué es lo que más te gusta de mí?

    Con sutileza, Zuliy bajó sus ojos a su busto, de las dos, Anís era la más dotada en eso.

    —Tus carnosos labios —terminó por decir con una sonrisa—. ¿Cuándo será el día en que entenderán que para mí ustedes dos son lo más apreciado que tengo? “Y la nieta del bar, la hija del barbero, las sobrinas del panadero” terminó pensando sonriendo ante la bendita suerte en la que vivía.

    Amaba a la mujeres. Era sin duda la mejor creación de Dios. Por esa razón le era imposible solo siéndole fiel a solo una.

    Las acercó abrazándolas; las adoraba por esas riñas que ambas hacían por él. Amaba su vida, era perfecta. Aun así, ese día ser uno como otro, pero no era así, continuaba pensando en su tarea. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de la más joven.

    —Por cierto, cariño, ¿te enteraste de lo que sucedió ayer en la zona roja?

    —No, creo que no, ¿qué sucedió? —preguntó sin mucha importancia.

    Anoche, por su llegada y estar en la borrachera nadie le informó nada.

    —Se dice que hubo una contienda entre el guerrero Temerario y un forastero. Glash perdió.

    —¡¿Perdió?! —se sorprendió el varón.

    —No solo perdió —tomó la palabra la otra al recordar la noticia que voló como pólvora—. Por lo que escuché, la contienda, a petición del forastero, fue de vida o muerte, osea que Glash murió.

    Zuliy rio como quien no creyendo que ese había sido el resultado de la pelea.

    —Eso es imposible. Ese viejo serio no es un oponente fácil. ¿Contra quien peleó?

    Las mujeres no supieron responder. A su vez, Zuliy se subió un poco la prenda para enseñarles una horrenda cicatriz de quemadura que decoraba la mayor parte de su tórax y continuó:

    —El Temerario me hizo esto. Cinco años atrás, cuando lo reté a un duelo para apoderarme de su título, terminé casi muerto al cocinarme los pulmones. Tenía pensado un día de estos tomar la revancha, desde entonces he mejorado, pero quien sabe, quizá la vejez lo hizo más lento y torpe y por eso perdió —Bebió agua—. Bueno, su título dejó de interesarme hace mucho.

    Entonces sus ojos se enfocaron al joven que ingresó al bar, quien se dirigía a la barra a paso calmado, ignorando las serias miradas puestas en él que los frecuentes clientes le lanzaban por mera intimidación y se diera cuenta que él, en ese lugar, era un simple forastero. A pesar de ello, el joven parecía no importarle.

    Santa-Borja no dejaba de seguirlo con la mirada.

    “Ese casco de carnero lo he visto en algún lado, ¿dónde fue?” se dijo Zuliy en un intento de recordar de dónde lo había visto, y no solo eso; “Oh, espera, la vestimenta también la reconozco” meditó, y entonces reconoció una insignia que colgaba de la ropa de recién llegado: era la insignia de la casa Carpio que se le otorgaba al general de la guarda, el hombre más fuerte de eso guerreros.

    Se levantó de golpe de la mesa, atónito y, tal acto sorprendió a Alexa y a Anis, quienes lo miraron.

    —¿Sucede algo, cariño? —preguntaron al unisono, preocupadas.

    Él no respondió porque sus ojos no dejaban de ver al forastero de cabello oscuro. Entonces se le vino a la mente un recuerdo de una conversación que tuvo el mes pasado.

    —Oye, Zuliy, ¿tú fuiste quien mató al general de la guarda de la casa Carpio? —le había preguntado el hombre que le conseguía los clientes en el mercado negro.

    —No, yo no fui —le respondió—. No suelo meterme con esos grandes, además, cuando me lo solicitan no suelen pagarme lo que les propongo, así que no acepto el trato.

    —¿Cuanto pides por sus cabezas?

    —Entre sesenta y setenta monedas de oro; dependiendo del rango y título.

    El hombre silbó asombrado. Ahora comprendía porque nadie le pagaba dicha cantidad; pero era lo normal, esa gente era fuerte, valía lo que pedía.

    —Esa es una suma abrumadora, hasta yo lo pensaría dos veces.

    —Pero, ¿por qué lo preguntas? ¿Pasó algo con el general? —interrogó Zuliy ahora interesado en la respuesta.

    —Lo preguntaba porque anteayer lo encontraron muerto, detrás del bosque. Pero ahora que lo pienso, seguro que quien lo mató fue Él.

    —¿Él? —Se extrañó Zuliy—. ¿De quién diablos hablas? ¿Quién es ese “él”?

    —¿No has escuchado de Él? —Se sorprendió el informante mientras lo miraba con incredulidad —. ¿Qué vives bajo un puente? Hablo del que apodan “El Asesino de Poderosos”.


    De esa forma es que conoció al sujeto que habían podado como “El Asesino de Poderosos” ¿Se trataba de ese extranjero? Lo negó, no podía tratarse de él, probablemente era una coincidencia que tuviera esa insignia. Tal vez el verdadero asesino vendió la insignia y ese muchacho la compró en el mercado negro. Era muy común hacer eso.

    —¿Zuliy… te encuentras bien?

    No fueron las voces de ellas quienes lo despertaron de sus pensamientos, fue hasta que lo tocaron. Él las miró.

    —Sí, estoy bien —respondió mientras se hacía a un lado—. Ahora regreso, debo saludar a alguien.

    Si bien pensaba que las cosas que llevaba dicho joven eran compradas, Zuliy se acercó deseoso de conformar eso. A paso lento se encaminó a la barra para detallar un poco mejor al recién llegado. Y efectivamente, dudó todavía más que fuera el asesino. No obstante, no pudo evitar asombrarse al reconocer el collar que el Temerario Glash usaba. Se giró al otro lado y tapó su boca con la mano para ocultar una sonrisa mezclada con sorpresa.

    Había escuchado hablar de él; del hombre que iba detrás de los más fuertes. El joven que se encontraba a tan solo un par de metros era el que se ganó el título del Asesino de Poderosos. Con una mezcla de escepticismo e ilusión se acercó a la barra y tomó asiento a un lado de Dominic.

    —Todo lo que él pida, corre por mi cuenta —dijo Zuliy a la muchacha cuando le llevó el vaso que había pedido—. ¡¿Agua?! —dijo al ver el recipiente lleno de ese liquido—. No amigo, estás en una taberna, ¡tráele una cerveza; la más buena que tengas, hermosa! —Lo miró—; ¿o prefieres un vino? No te miento cuando te digo que en esta taberna hacen el mejor vino de la ciudad, por esa misma razón es mi favorito.

    Dominic frunció el ceño, desconfiado.

    —Estoy bien con el agua —Le hizo saber.

    —No seas aguafiestas, amigo —Apoyó su mano sobre el hombro de Dominic, éste se apartó. Zuliy simplemente sonrió ante tal acto—. Esta bien, discúlpame por intentar ser buena persona. Pero es comprensible que desconfíes de un extraño... Gracias amor —dijo a la mesera cuando le llevó la cerveza—. Entonces me la beberé por ti. ¡Salud!

    —¿Quién eres? —terminó por preguntar el joven.

    —¿Yo? Nadie importante, simplemente un ciudadano más de esta sociedad. En realidad vine a saludarte porque me fascinó el casco que llevas. ¿Dónde puedo conseguir uno?

    —Este casco es único y el original; no creo que lo vendan en otro lado —respondió mientras Zuliy se mantenía serio porque en serio que la respuesta de él le pareció graciosa. El joven de mirada roja era extraño. Demasiado para ser quien pensaba era.

    —Es que como que sé que lo he visto en algún lugar, aunque ahora mismo no sé de dónde.

    —No lo compré, ni lo robé, me lo gané, por si te lo preguntas —Fue directo al grano.

    —Te preguntaría cómo, pero… la insignia que llevas y ese collar, ¿también te los ganaste? Tú no serás...

    —“El Asesino de Poderosos” —respondió Dominic—. Así es como me han estado llamando.

    Zuliy palmeó demostrando que tenía razón.

    —Escuché hablar de ti. ¿No crees que es un título muy pretencioso para que un joven como tú lo porte? Debes tener como dieciocho, veinte años.

    —¿Dudas qué en verdad sea él? —Lo miró con seriedad—. No es novedad. Y tampoco me importa si lo crees o no.

    Zuliy carraspeó.

    —No quise decir eso. ¿Por qué tendría que dudarlo? Por cierto, ¿puedo saber tu nombre?

    —Mi nombre es Dominic Bytheseasho.

    —¿Dices que eres Bytheseasho? —Zuliy meditó en el apellido—. No se me hace conocida esa familia. ¿Extranjera, quizá? Pero… mmm, no sé, no tienes cara de ser un asesino de poderosos. Y tampoco tu forma de ser o responder lo indica.

    —No fui yo quien se puso el título, la gente comenzó a llamarme de esa forma.

    —Tienes razón. La mayoría de los títulos que tienen los poderos y héroes son las personas quienes suelen nombrarles según sus obras. Así que me supongo que tú en verdad has asesinado a Poderosos. No sé a cuantos hayan sido pero para que comenzarán a reconocerte de esa forma supongo han sido ya varios.

    —¿Quieres algo de mí? Ve al grano porque tengo prisa —ordenó el joven con la intención de levantarse e irse.

    —Sí, sí, ¿por qué haces lo que haces? ¿Quieres demostrar ser el mejor? Es solo curiosidad, soy persona muy curiosa.

    —Lo hago por una meta banal —Su respuesta fue muy seca—. Lo hago para invocar a alguien.

    —¿Invocar? —Zuliy no comprendió a lo que se refería pero tampoco se encontraba ahí para conocer las metas de aquel individuo—. En fin, ¿es verdad que te enfrentarías a cualquiera que sea fuerte?

    —No. No me enfrento a fuertes; me enfrento a todo aquel que tenga un título que sobresalga de otros.

    —Mmmm, en pocas palabras solo te enfrentas a personas “famosas” o “populares” —Esa respuesta le pareció muy interesante y una que en verdad deseaba escuchar. En aquellos segundos su mente comenzó a maquinar un plan. por eso volvió a preguntar—: ¿Conoces al que lleva el título del Asesino Clandestino?

    —Sí, he oído hablar de él —contestó Dominic con recelo—. ¿Por qué?

    —Porque el tiene un título de poderoso y seguro que entra en tu categoría de caza porque a pesar de trabajar en las sombrar, es muy famoso. Es bastante inteligente y aunque muchos otros han intentado fingir ser el original pero a la hora de contratar a las copias no pueden igualar al real. Seguro que has escuchado que es difícil dar con él, con el original, y te sentirías muy mal si perdieras el tiempo luchando con una falso asesino, ¿verdad? ¿Y si te digo aquí y ahora que puedo darte una pista de cómo y dónde encontrarlo?

    —¿Qué es lo que quieres a cambio? —Aunque Dominic no conocía a todos los que portaban un título, si ha escuchaba hablar de muchos, iba, los buscaba y luego peleaba a muerte con ellos.

    Por otro lado Santa-Borja se alegró de por fin tener su completa atención.

    —Anoche fui visitado por un hombre extraño y me pidió que hiciera algo realmente absurdo, que asesinara a alguien. Obviamente le dije que no lo haría porque bueno, ¿quién soy yo para hacerlo? Soy simplemente una persona común que visita esta taberna porque no tiene más que hacer. Pero, esa persona me ofreció —susurró—, cien monedas de oro. Y terminé aceptando, y puedes preguntarte: “¿Por qué acepte esa tarea?” Porque soy hombre de carne débil. Mi debilidad en la vida son las mujeres y el dinero.

    Mientras narraba la historia, Zuliy miraba a Dominic de vez en cuando para leer su rostro y saber lo que podría pensar.

    —Tengo una madre muy enferma y como soy hijo único, soy su único apoyo. Estaba desesperado y terminé aceptando. Pero no puedo hacerlo, la verdad, no puedo porque no soy nadie... y mucho menos al razonar

    Así era él, Zuliy era muy perspicaz a la hora de mentirle a las personas; utilizaba palabras elocuentes, una historia realista y sobre todo, no olvidaba describirse como una persona tonta y débil que caía fácilmente ante los deseos más carnales y ante la desesperación de la vida diaria.

    —Y al aceptar y explicarme de quien se trataba… —Suspiró y luego agachó la cabeza en modo de arrepentimiento—. Me di cuenta de la realidad de ese asesinato. Solo deseaban encontrar a un chivo expiatorio, y caí, caí redondo en la trampa —Se llevó las manos al rostro—. Estoy arrepentido, me he metido con una mafia peligrosa y si no hago lo que me han pedido, seguro que seré asesinado y tampoco puedo hacer esa tarea porque seré asesinado. Ahora que sé que eres el Asesino de Poderosos, necesito de tu ayuda, puedo darte la mitad de las cien monedas.

    —Lo siento, pero no puedo aceptar —dijo Dominic—. Entiendo que quieras que mate a esa persona a cambio de información del Asesino Clandestino, pero me rehúso, yo solo me enfrento a los que portan un título poderoso.

    —Y afortunado fui, no te miento —respondió inmediatamente Zuliy al ver que se puso de pie—: Porque precisamente, el objetivo tiene un título. Sin duda, si es asesinado seguro que por todo el país se extenderá la noticia. Entonces, ¿podrías ayudarme?

    —¿Quién es, y qué título porta?

    —Ella es muy joven, oh, porque es mujer, espero que eso no importe, pero a pesar de eso, porta el título del general de la gurda de los Van Suna; porque sí, quien viene a esta ciudad es el mismísimo príncipe, y a quien me encomendaron matar fue a su escudera, la general. ¿No habías escuchado hablar de ella?

    Zuliy observó el rostro de Dominic, quería recalcar que se trataba de alguien de la nobleza Van Suna. Dominic se levantó con intención de retirarse del lugar pero antes de retirarse, miró al de cabello fuego:

    —Lo haré.

    —¿Quieres parte de la recompensa? —preguntó, entusiasmado ante la respuesta positiva del joven.

    —No necesito del dinero —dijo Dominic sonriendo—. A cambio, me darás la información sobre el Asesino Clandestino.

    —Dalo por echo, colega. —Concluyó mientras cerraban el trato con un apretón de manos—. Y por cierto, te veo mañana a medio día cerca de la fuente Victoria, para hablar un poco más.

    Dicho eso, Dominic salió del lugar mientras Zuliy dibujó una sonrisa de oreja a oreja, estaba cantando por dentro porque el resultado de aquella conversación había salido mejor de lo que había pensado.

    —Tráeme otra cerveza, cariño —dijo a la dama que atendía la barra.

    Eso merecía un festejo. El plan que pensó podía desenlazarse en dos finales y en cualquiera de los dos desenlaces, él saldría ganando.

    Dominic se encargaría de la escudera mientras que él del chófer. Después aparentaría salvar la vida del príncipe, de esa forma el joven lo convertiría en su su protector o guardián como forma de pagarle su ayuda. O quizá le darían algunas tierras o mucha más cantidad de oro.

    Sin embargo, si no podía aparentar ayudarlo, no importaba, nadie se daría cuenta si quiera que aquel ataque fue por el Asesino Clandestino sino por el Asesino de Poderosos, quien terminaría quemándose. Zuliy cobraría las otras cien monedas y huiría del país a otro lado.

    Por un momento sintió lástima por Dominic pues se dio cuenta que era una persona algo ingenua, o era eso o era muy temerario o muy, pero que muy estúpido puesto aceptó una propuesta sin antes cerciorarse de que lo que había dicho era verdad. Por ese día se relajaría, ya mañana sería otro.



    Fin del capítulo. Gracias por leer.
     
    • Me gusta Me gusta x 2
  14. Threadmarks: Capítulo 7.- La domadora de aves
     
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
    Miembro desde:
    19 Diciembre 2010
    Mensajes:
    1,911
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Sōla: El país de los poderosos [Libro 1]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    2651
    Capítulo 7
    La domadora de aves

    *Zoe Usha*

    La casa era pequeña. No había ninguna clase de muebles lujos. El hogar de los Usha ni siquiera estaba en un barrio de vida medía: el humilde hogar se encontraba en el barrios más modestos de la ciudad Inotrantsy. A pesar de eso, Zoe y su padre vivían muy bien y eran felices en ese lugar.

    Zoe Usha, una joven de diecinueve años de edad, de cabello castaño claro y dueña de unos grandes y bellos ojos color verde, y de piel morena, se levantó de la cama. Bostezó un poco somnolienta. Había amanecido y era un nuevo día. Salió de la pequeña habitación que era adornada por una estantería medio llena de libros y una sola cama, se encaminó a la cocina en donde se preparó un pan con mermelada y un vaso de leche.

    Algunas plantas decoraban las esquinas de la casa. Las paredes estaban completamente vacías, solo había un cuadro pequeño adornando la pared de la sala. Una vieja alfombra manchada cubría el piso de la misma.

    Zoe tomó asiento en la cabecera de la mesa y comenzó a comer. La casa nunca le pareció tan sola como esa última semana. Miró a su lado, exactamente el lugar donde su padre tomaba asiento cuando comían juntos. Su miraba se nubló ante el recuerdo. Lo extrañaba. Su padre era su única familia y su único compañero desde que se mudaron a Sōla.

    El país Bade-Sooraj, de donde eran, siempre estaba en constantes batallas civiles; por lo que muchos de sus habitantes se vieron en la obligación de inmigrar a otros lugares por su supervivencia y eso le pasó a los Usha. Zoe nunca fue buena haciendo amistades por lo que nunca intentó hacer amigos en la escuela.

    No papá, no tienes porque ir. —Recordó que le dijo en suplica cuando lo vio empacar su ropa.

    Su padre estuvo dispuesto a ir con el rey para pedirle permiso para luchar por su país porque la guerra que ahora Bade-Sooraj enfrentaba era diferente a las demás puesto que el país vecino lo quería invadir. Como Bade-Sooraj esa un país independiente y no estaba aliado con ningún otro, porque era un país muy orgulloso como para aliarse a otro país que el rey pidió ayuda a todos los Badesoritas que lucharan por su nación. El rey no permitiría que alguien más luchara por su nación.

    Después de todo, fuera como fuera su país, Tara Usha continuaba siendo Badesorita por lo que no dudó en ir a protegerlo. Por eso, junto al lado de otros Badesoritas, se encaminaron para ver al rey Kristof y pedir permiso para ir a luchar por su tierra.

    Su padre no estaba en la obligación de ir a esa guerra. Por ello, ella le recordó lo que le dijo al arribar a ese lugar.

    —¡Aquí estará hecha nuestra vida. Papá, por favor, recuerda lo que dijiste cuando llegamos! —intentó razonar con él, pero fue en vano.

    —Zoe, hija, sé que tienes miedo; yo también lo tengo —le dijo mirándola con ternura—. Pero el monarca nos ha pedido ayuda. No puedo abandonar a mi gente. Es cierto que nuestro país es peligroso, pero tengo que ir ahora.

    —Si vas a ir a luchar, en primer lugar, ¿por qué huiste de allí? ¿Por qué huimos?

    —Hija, te entiendo, y quiero que comprendas que esta vez, la guerra es diferente. El país vecino está atacándonos. Todos han dejado de lado sus diferencias para unirse y juntos confrontar al enemigo. Tal vez, solo tal vez —Realmente lo deseaba con todo su corazón, pero estaba consciente que probablemente soñaba como si fuera un niño—; la gente recapacite y entienda que pelear con nosotros mismos es estúpido. Qué el monarca comprenda que tener a la gente unida es mejor.

    —Si insistes tanto, ¡iré contigo! —Estaba dispuesta a acompañarlo.

    —Espera, hija —La detuvo—. Tú quédate aquí.

    ¿Por qué? —No lo comprendía, se negaba a hacerle caso—. ¿Por qué tengo que quedarme yo y tú no?

    —Porque es peligroso y...

    Si es peligros ¡¿por qué tú si tienes que ir?! —alzó la voz.

    Porque no quería perderla. Era su razón de vida. No soportaría perderla como a su esposa quien murió cuando Zoe tenía solo cinco años. Por desgracia, murió a causa de una bomba casera que lo rebeldes de un bando habían lanzado a su casa porque la gente se molestaba con los que eran neutrales que con los mismos rivales. Los odiaban por no estar a favor de un lado, tan to así que les deseaban la muerte, o intentaban hacerlos "recapacitar" a la fuerza. Igualmente, no podían salir a salvo debido a que muchas de la guerrillas se hacían cerca de su casa y terminaba sufriendo las consecuencias . Y fue demasiado tarde, hasta que su mujer murió que se dio cuenta que debían huir a otro lugar, por el bien de su hija.

    Te prometo que volveré —le garantizó para calmarla—. Necesito que estés aquí para que me recibas cuando vuelva. ¿De acuerdo?

    Eso es injusto —dijo Zoe con cara decaída—. Puedo hacer de mucha ayuda allá.

    Y también aquí. Puedes llegar a ser de buena ayuda aquí. Continúa estudiando y, sé alguien en esta país que nos dio un nuevo hogar.

    Más a fuerzas que con ganas Zoe desistió a la idea de acompañarlo y asintió. En secretó deseó que el rey Kristof se negara a su petición. Mas al ver que no volvió, la respuesta del rey había sido que sí. Zoe miró la puerta pensativa ante el recuerdo de ver a su padre atravesar la puerta. Solo rogaba que hubiera llegado con bien y que estuviera a salvo.

    Al terminar de comer, se levantó, recogió los trastes que ensució y los lavó para no dejar nada sucio. Estaba para irse a estudiar. Era un día nuevo, por lo tanto sería un día mejor que ayer, siempre se levantaba con ese pensamiento. Por eso lo empezaba con una sonrisa en el rostro.

    Antes de ir a la escuela, primero salió al pequeño patio que tenía la casa, enrolló sobre su brazo una tela, después se colocó un guante grueso y, al terminar, sopló un pequeño silbato que colgaba de su collar, lo sopló. A simples oídos aquel silbato parecía no emitir ningún sonido, mas la frecuencia que emitió solo fue escuchada por un ave especifica.

    Un azor se acercó a Zoe.

    —Hola, Nube —El ave se posó sobre el brazo protegido de ella.

    En realidad no estaba sola, si se podía decir de esa forma. Consideraba como amigos a las aves que su padre amaestró. Amaba los animales, especialmente a las aves y, todo gracias a su padre pues él, desde una corta edad, ha entrenado a estos animales para propósito de mensajería. La familia Usha era conocida, tanto en su país de origen como en Sōla, de tener las mejores aves de mensajería del mundo.

    —¿Cómo ha estado tu día?

    Nube gorjeó como respuesta al saludo de la joven y ella sonrió a la vez que acariciaba la cabeza del animal, Nube parecía disfrutarlo mucho.

    —Hoy será un grandioso día, ya verás. Tengo unos planes específicos para el día de hoy, claro, si es que todo sale bien. Primero iré a la escuela, después pasaré a ver a la doña de la casa de la esquina porque me dijo que necesitaba ayuda con algo y, quizá, si me da un poco de tiempo iré al mercado a comprar fruta y pan, se me está terminando el que tengo en casa.

    Zoe se mostraba con buenos ánimos. Después levantó levemente el brazo y Nube revoloteó elevándose al cielo hasta que se perdió de la vista de la joven y fue entonces que ella prosiguió su camino; dirección a la escuela. Ella tenía diecinueve años de edad mientras sus compañeros solo tenían dieciséis. Esto porque cuando llegó a Sōla, tres años atrás, lo primero que hizo fue estudiar el idioma, así que perdió dos años de estudio. No obstante, como deseaba superarse a sí misma, continuaba asintiendo aunque sus compañeros se burlaban de ella por su edad.

    Estaban en la hora de historia. La catedrática explicaba sobre el origen de algunas celebraciones que celebrara el país.

    —… y de esa manera es como en Sōla celebramos esa danza la última semana del mes quinto —concluyó la maestra, cerrando el libro—. ¿Alguna duda que tengan?

    Un muchacho levantó la mano y la maestra le concedió la palabra.

    —Si lo vemos desde esa perspectiva es horrible ver como la cultura de nuestro hermoso país se está contaminando y mezclando con otras. ¿No lo creen? Por lo que mi padre dice; esa danza ha cambiado mucho.

    —Es bonito compartir las culturas de los extranjeros —respondió una chica desde su posición con tono molesto ante las palabras de su compañero—. Es bueno conocer y expandirse.

    —Eso es muy cierto —concordó la maestra.

    —¿Qué es bonito, dices? —continuó el mismo chico—. ¿Estás de acuerdo con la tradición de los del país norte en donde cicatrizan a su hijos al cumplir los cinco años de edad porque es una honra a sus dioses? ¡Eso es horrible! En este país eso no se hace. ¿Estás de acuerdo?

    —Amm… bueno… no, no estaría de acuerdo y… me parece algo feo, pero… debemos respetarlos y tolerarlos.

    —Es como mi papá dice —continuó el joven—, si se fueron de su país es porque no les gustaba, y si quieren vivir en otro, que se acoplen a ese.

    —Pues tu papá está equivocado —dijo la joven—, porque no sabe la circunstancias de los que inmigraron aquí. Si les gustan sus tradiciones, pero ya no pueden vivir en seguridad en su país.

    Zoe simplemente escucha en silencio la discusión. Siempre se ponía nerviosa cada vez que hablaban sobre ese tema; sobre los inmigrantes del país. No mentiría, le nacía un poco de miedo. A pesar de que sabía que mucha gente los respetaba, también sabía que otros no y que los veían con resentimiento, con odio por invadir sus tierras. Era cierto que el rey recibía con gusto a los extranjeros, sabía que no toda la gente de Sōla estaba de acuerdo con ese estatuto.

    La maestra finalizó la discusión antes de que se agravara. Después de todo, su intención no era esa.

    —Bueno muchachos, es verdad que los extranjeros están a su derecho de practicar sus tradiciones, pero también saben que como están viviendo en otro lugar y no en su país de origen, deben respetar las leyes y normas de aquí. Mientras no rompan las reglas, se les de respetar sus creencias.

    Las clases finalizaron y la castaña se encaminó a su casa sin poder evitar sentir las miradas que muchas personas le lanzaban a su persona. Intentaba ignorarlas, siempre lo intentaba, pero había días en que no podía hacerlo. La miraban con rareza, quizá porque era físicamente diferente a ellos.

    —Oye, ¡regresa a tu país! —gritó un pequeño niño por la calle, deteniéndose de jugar al ver a Zoe caminar por ahí.

    —Jajajaja, que buena esa —apoyó su compañero riendo groseramente mientras un tercero, molesto, les decía:

    —No sean tan groseros.

    —No seas aguafiestas —abuchearon los dos mirando al otro, después uno de ellos continuó—: Ni nos ha de entender.

    “Ignorantes” pensó ella “entiendo bien el idioma.”

    Zoe los ignoró y prosiguió con su camino. Eran niños después de todo, no les prestarían atención. Al llegar a la casa de su vecina, tocó la puerta. Esperó a que la señora saliera y la recibiera con aquella sonrisa que tanto la caracterizaba, no obstante, esa vez quien la recibió fue alguien diferente, una señora más joven; la hija, lo supo porque físicamente se parecía a la doña.

    —Hola, buenas tardes —Zoe saludó amablemente la mujer.

    —¿Qué quieres? —preguntó ásperamente.

    —¿Se encuentra la señora de la casa? —No pudo evitar que su voz mostrara nerviosismo—. Ayer me pidió que hoy viniera…

    —A sí, sí… —Cortó tajantemente—, me lo dijo mamá esta mañana, pero ya no es necesario porque ya estoy aquí para eso.

    —Me alegra escuchar eso —respondió Zoe dibujando una sonrisa forzada, por una extraña razón la actitud de la mujer no le agrado, aunque quizá solo era su imaginación—. Me gustaría pasar solo a saludarla, si no es ningún inconveniente, porque quisiera preguntarle...

    —Si es inconveniente. Ella está descansando ahora, así que no la molestes. Y hazme un favor, ¿quieres? De ahora en adelante no vengas más. No será necesario que le hagas los favores que le hacías porque me quedaré a cuidarla yo. ¿Lo entendiste? O ¿hablé muy rápido?

    —No, no se preocupe, le entendí perfectamente —Fue lo único que atinó a contestarle.

    —Perfecto, entonces adiós. —Y con esas palabras cerró la puerta dejando a Zoe mirando detenidamente la puerta.

    Con mirada triste decidió regresar a su hogar. Estaba apunto de abrir la puerta cuando se estremeció al escuchar la voz peculiar de alguien para luego sentir como el dueño de la voz se acercaba a ella, acorralándola en la puerta.

    —Je-jeff, ¿qué haces aquí?

    Él se empezó a pegar más a ella sin respetar su espacio personal. Pidió que se alejara de ella un poco pero el no hizo caso.

    —Escuché que el anciano no está.

    Abrió los ojos con sorpresa y miedo. No sabía lo que pasaría con ella al saber que su padre se había ido. Zoe estaba consciente de que él la deseaba y si no fuera porque su padre su muy claro al principio con él cuando intentó llevársela. Jeff no perdería esa oportunidad

    —¡Aléjate, Jeff! —A. Era el momento de ponerse seria y dura con él. No podía depender de su padre para siempre, tenía que armarse de valor. Sin embargo…

    —¡¿Eres estúpida?! —gritó airado por la actitud de ella—. Puedo sacarte de está mugrienta casa. De está mediocridad. Solo tienes que darme una cosa, solo una… —intentó besarla a la fuerza.

    —¡No! ¡aléjate! —gritaría. Aunque sabía que sería en vano porque vivía en un barrio pobre, no se sentía querida ahí, sin añadir que Jeff era hijo de un adinerado.

    Una solución rápida a su vida era aceptar casarse con él, tendría lo que nunca ha soñador mas no deseaba convertirse en esa clase de mujer, no quería vivir con alguien a quien no amaba. Deseaba ser libre en amar a alguien y no forzada.

    Le abofeteó.

    —¡Estúpida, mujer! Vas a ser mía sí o sí —le dijo tomándola de la muñeca y apretándosela con fuerza. Zoe volvió a forcejear para soltarse del agarre masculina, sus ojos se llenaron de lágrimas al creer que de esta no se salvaría cuando escuchó el sonido de su salvación.

    El aleteo de varias aves hizo que Jeff levantara la vista para ver como había sido rodeado por pájaros, el las fincas, en el techo, las árboles. Jeff la soltó al momento que daba un paso hacia atrás al escucharlos gorgorear como si lo estuvieran amenazando, listos para proteger a su dueña.

    —Vete —advirtió ella, mirándolo con seriedad aunque moría por dentro—. No respondo por lo que puedan hacerte.

    Jeff chistó molesto mientras retrocedía más.

    —Me voy ahora, pero voy a regresar y cuando lo haga, te obligaré a ser mi mujer —Amenazó y luego se fue refunfuñando maldiciones.

    Zoe soltó todo el aire que había retenido en ese tiempo mientras intentaba calmarse. Sus piernas temblorosas no aguantaron su peso y terminó arrodillada, nunca había tenido tanto miedo como esa vez. Se secó una lágrima mientras observaba como Nube se acercó. Ella miró al azor, y dibujo media sonrisa. Si no fuera por los pájaros, ¿qué hubiera pasado con ella? Se estremeció al imaginarse.

    —Hoy no fue un día muy agradable, Nube —susurró con un nudo en la garganta.



    Fin del capítulo.
     
    • Sad Sad x 1
  15. Threadmarks: Capítulo 8.- La leyenda de Beskonech
     
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
    Miembro desde:
    19 Diciembre 2010
    Mensajes:
    1,911
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Sōla: El país de los poderosos [Libro 1]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    3553
    Capítulo 8
    La leyenda de Beskonech

    Daryl Van Suna


    Habían llegado a la estación de Glavny; la más grande y transitada de la ciudad Inotrantsy; la que día y noche está siempre transitada y trabajando. El joven de cabellera plateada salió del carruaje con una velocidad asombrosa, como si se tratara de un perro que tenía días sin ser sacado a pasear. El joven inhaló el aire mientras una sonrisa gratificante se dibujaba en sus facciones.

    Por fin habían llegado a la ciudad de Inotrantsy. Tardaron un poco más de lo previsto y el retraso fue por culpa de él porque a cada localidad o pueblo nueva al que arribaban, ante su capricho, se quedaban más del tiempo establecido. Sin embargo, disfrutó mucho del viaje.

    —¿Éste es el aroma de Inotrantsy? Huele delicioso —dijo al llegarle el olor de una de las tiendas de comida callejera que estaban sirviendo alrededor. Su estómago sonó indicando que tenía hambre. Sonrió avergonzado.

    —Hay que tener mucho cuidado —advirtió Charlot—. No sabemos que tan peligrosa es esta tierras —Miró a su alrededor para ver si no había alguien o algo sospechoso.

    —Charlot, no seas tan aburrida. ¿Qué puede pasar?

    —La joven tienen razón, Daryl —dijo el chófer bajando del carruaje mientras se estiraba un poco—. Deben ir con cuidado, como es una ciudad grande en ella viven mucha clase de gente; de todo tipo, y eso la vuelve una ciudad peligrosa. Si bien es famosa, también es verdad que su taza de mortalidad es una de las más altas del país.

    —Ya escuchaste, Daryl. Hay que caminar con cuidado —Charlot guardó silencio para mirar a sus lados y darse cuenta que el príncipe ya no estaba cerca—. ¡Daryl! ¡Daryl! —comenzó a gritar, miró a Dan quien le señalo a donde había ido.

    Daryl ya estaba cerca de un puesto de comida. Cahrlot respiró hondo y se apresuró al lado de él y al notar que estaba apunto de darle una mordida a una brocheta de carne, se la arrebató de las manos.

    —¡Oye! Eso fue de mala educación —gritó Daryl sin poder creer que Charlot hiciera algo como eso.

    —No te comas ésto, no sabemos lo que contiene.

    Daryl frunció el ceño a la vez que tomaba de nuevo la brocha de las manos de Charlot.

    —Deja de preocuparte tanto que dudo que esté envenenada, Charlot —Y le dio una mordida.

    —No me refiero a eso. Esto es un puesto al aire libre, sin duda, la comida debe estar llena de tierra y bacterias que pueden enfermarte del estómago. Añadiendo que no sabemos si la verdura está bien lavada y si quien preparó ésto tomó la limpieza necesaria; como lavarse las manos, cocinarla bien, utilizar verduras frescas...

    No se hizo esperar un tosido para llamar la atención de los jóvenes, ambos se giraron solo para darse cuenta que quien llamó la atención fue el dueño de aquel puesto de comida. Daryl sonrió avergonzado ante la mirada seria del hombre. Sin duda se sintió ofendido por las fuertes palabras de la pelirroja, pero ella no se retracto de lo que dijo.

    —Pi-pido disculpas por mi compañera, seguro que no se refería a eso —se apresuró a decir Daryl, nervioso ante la cara de malos amigos que puso el hombre.

    —Claro que sí —Charlot no ayudaba en nada—. ¿Lavó bien la verdura? ¿Tiene siquiera un certificado de que puede vender esto aquí?

    —No sabe de lo que habla —Mordió de nuevo la carne—. Mmm, está deliciosa, de calidad.

    —¡Paguen y luego lárguense de mi puesto, mocosos! —Se exaltó el hombre. Daryl y Charlot casi jurarían que vieron al hombre sacar humo de sus fosas nasales.

    Charlot pagó y luego decidieron irse antes de que el hombre se enojara más.

    —Ustedes no deben saber lo que es buena comida. Mi comida es la mejor de este barrio, ¿me escuchan? ¡La mejor, de buena calidad…! —Seguía refunfuñando el vendedor, sin duda, quedó resentido de escuchar esas cosas. ¡Su comida era de buena calidad!

    —¿Ves lo que has ocasionado? —dijo Daryl dándole otra mordida a la brocheta.

    —¿Te la vas a comer a pesar de lo que dije?

    —Es que está muy buena, deberías probarla —Le ofreció pero ella negó—. De lo que te pierdes, tiene un sazón que nunca había probado. Me pregunto como harán esa salsa, con la que está bañada. Si no fuera porque enojaste al hombre, le hubiera preguntado la receta para que los cocineros la hagan para que Padre, Madre y Connan la prueben.

    —Si tienes hambre es mejor que busquemos un restaurante. Por lo menos ahí la comida esta más regulada —Miró al joven por un momento, estaba actuando de una forma muy inapropiada en él y le pareció muy raro ese comportamiento—. Lo que estás haciendo no es digno de un príncipe.

    —Tal vez —respondió mirando el palo—. Pero que más da, ahora no estoy en el palacio, déjame ser libre por una vez en mi vida. Además, recuerda que en estos instantes no soy ningún príncipe, solo un visitante cualquiera.

    Por su parte, Charlot se detuvo mientras miraba como el príncipe continuaba su camino. Ahora que meditaba en sus últimas palabras, Daryl ha tenido una vida estricta, sobre todo por su abuelo, Craig, quien siempre estuvo diciéndole como se debía comportar un Van Suna.

    Recordó como un día, sin querer, ella vio al abuelo de Daryl golpearlo, el príncipe tenía solo siete años, ella deseó hacer algo pero no podía hacer nada. Lo había golpeado levemente, con el bastón que tanto caracterizaba al hombre, lo hacía cada vez que Daryl no comía o caminaba correctamente. Tal vez solo por ese tiempo no sería tan estricta con él y lo dejaría disfrutar un poco, después de todo, cuando regresaran al palacio volvería a tener que comportarse como alguien de la realeza.

    Los dos se despidieron de Dan el chófer, quien los esperaría en un hotel mientras terminaban su tarea. Antes de preguntar por el negocio de Tara Usha irían a comer a un restaurante.

    —Emm, ya que soy mayor de edad…

    —Olvídalo —interrumpió Charlot al imaginarse como terminaría la oración.

    La mesera se había acercado para pedirles lo que deseaban.

    —Tráiganos una jarra de agua fresca y lo de la casa, por favor —finalizó la joven.

    La joven mesera asintió y se fue, dejándolos solos de nuevo. El joven miró a la joven, decepcionado por no permitirle beber alcohol.

    —Tan solo quería un vaso de cerveza.

    —No quisiera que lidiar contigo borracho.

    Daryl se sintió ofendido ante el comentario, en pocas palabras se estaba diciendo que era débil al alcohol, pero no quiso discutir con ella así que simplemente se limitó a suspirar y a esperar la comida tranquilo.

    Daryl notó a un par de hombres que le daban la espalda, rieron mientras lo miraban como quien queriendo no ser descubiertos.

    —Charlot —susurró él—. Ya ves lo que ocasionas, se están burlando de mí.

    —Daryl, no creo que se estén burlando de ti.

    El joven no dejaba de prestarles atención y los miraba sobre su hombro. ¿Cómo podía ignorarlos cuando la mesera llegó y les dejó un par de cervezas sobre la mesa? Y para colmo, tomaron la garra y brindaron hacía él. Definitivamente se estaban burlando de él. Entonces observó que un tercer hombre, apresurado, se acercó y tomó asiento y antes de saludar lo primero que hizo fue preguntar:

    —¿Escucharon la noticia?

    —¿Cuál? —Ocurrían tantas cosas en ese lugar que todo era una noticia.

    —El Asesino Clandestino lo hizo de nuevo.

    —¿Quién fue su victima esta vez? —preguntó uno de ellos, sorprendido.

    —Nadie más que el conde Thal —informó éste.

    Los hombres se sorprendieron y comenzaron a hablar sobre eso. A pesar de todo su muerte significo algo porque era un reconocido y famoso conde, aunque la charla se centró más en el personaje que se ganó el apodo de Asesino Clandestino. Charlot no evitó prestar atención a la charla, frunció el ceño, un poco preocupada pues no era precisamente alguien a quien temer ya que si él se metía con algún Van Suna sería muy estúpido de su parte, sin tomar en cuenta que nadie sabía que el príncipe se encontraba en ese lugar.

    —¿Lo conoces? —indagó el príncipe al ver el rostro preocupado de la joven.

    —No directamente, pero he escuchado hablar de él —respondió, sin deseos de transmitirle preocupación. En eso la mesera llegó y dejo sus pedidos sobre la mesa—. Esto si tiene buena pinta. A comer.

    Ignoraría la conversación. Debía aprender del príncipe y relajarse un poco. Al terminar de comer comenzaron con la búsqueda del hogar Usha. Pasaban por los puestos y tiendas para preguntar por dicho negocio, al no tener suerte, continuaban hacia otra zona. La ciudad era enorme así que sabían que sería difícil dar con el negocio. Por lo menos en esa misma tarde.

    Daryl se separó de su compañera cuando algo llamó su atención, se acercó a un grupo de personas que estaba reunido en un punto especifico. Curioso se hizo entre la multitud como pudo hasta llegar al frente y no evitó abrir los ojos de emoción al percatarse que se trataba de esos famosos espectáculos callejero. Frente a él unas marionetas se movían al son del hilo que el marionetista maniobraba mientras que su compañero, en silencio, solo tocaba una guitarra para darle ambiente a la escena que interpretaban las marionetas.

    Las títeres hicieron una reverencia dando a entender que el acto había finalizado y ante ese gesto, el publico aplaudió y comenzó a soltar unas monedas a un sombrero que yacía cerca mientras el hombre agradecía. Daryl frunció el ceño, molesto, al darse cuenta que había llegado tarde a la historia y terminaba de acabar.

    Había escuchado de ese tipo de espectáculos, gracias a Christian, pero era la primera vez que veía uno en persona. Christian le dijo que mediante las marionetas se podía contar toda clase de anécdotas, desde leyendas hasta experiencias personales; todo aquello mientras aquella marionetas hacían de actores.

    —Ahora, señores y señoras. Estando muy agradecido por su humilde colaboración —continuó el hombre—. Continuaré con el segundo acto.

    Daryl expresó alegría ante esas palabras. Tendría el honor de ver una mini-historia contada de esa manera, y como si se tratara de un pequeño niño, prestó mucha atención. El marionetista carraspeó la garganta mientras que el ayudante comenzaba a tocar las cuerdas de la guitarra.

    Comenzó a contar el hombre:

    —Esta es la historia de un hombre poderoso. De un hombre que nació con prácticamente todo; en una cuna de oro, su nombre figuraba en lo más alto, era recocido y temido por todos. Sin embargo, ante las batallas con su enemigo del alma, todo aquello que tenía, le fue arrebatado. Su enemigo mortal, a aquel que odiaba con rabia, le quitó todo poco a poco. “Me vengare, ya os digo”, juró bajo el cielo un día de lluvia. “No os perdonare y cuando salga el sol, juro por mi nombre que está en lo más alto, daré muerte a toda vuestra prole.”

    ”No se dejaría vencer, ni humillar y mucho menos por su enemigo mortal. No obstante, se dio cuenta que aquel juramento que hizo bajo la lluvia, no podría cumplirlo porque toda la calamidad que prometió sería para ellos, se fue contra él como si las mismas estrellas estuvieran en su contra. Como si la diosa de la fortuna lo aborreciera. En ese lugar de devastación y que pasaría a posteridad, su culminación llegó. Tragó la humillación, la que le supo a tierra. Probó por primera vez lo que era el sabor de la desesperación y la derrota. Sus guerreros iba cayendo, no uno a uno, sino de cientos en cientos.

    ”Y acorralado y sin saber que hacer, invocó el mal sobre los hijos de su enemigo; lleno de locura, aquella noche hizo un pacto con un demonio, y aquel demonio le concedió la victoria que tanto había anhelado. Obtuvo una aplastante victoria. Ganó, sí, pero aquellos cánticos enmudecieron porque había obtenido el triunfo a cambio de un gran sacrificio. Y a esa matanza, a esa noche, se le conoce hoy en día como la batalla de Beskonech. Fin.”

    Los aplausos del público no se hicieron esperar cuando las marionetas cayeron al suelo dando a entender que el telón había bajado; el show había concluido.

    —Muchas gracias. Gracias por su generosidad buena gente —decía el titiritero mientras veía como su sombrero se llenaba de monedas.

    Daryl sintió la necesidad de darle un par de monedas por bella presentación, pero recordó que no tenía en su poder nada de dinero, quien lo tenía era Charlot pues sabiendo como era él, se podía gastar todo en curiosidades así que ella tenía el dinero. El titiritero recogió el sombrero para guardar lo que había ganado. Las personas ya se habían retirado, a excepción de Daryl, y el hombre al ver que no había dado nada, le acercó el sombrero para que cooperara. Era su forma de vivir.

    —Lo siento, buen hombre —dijo—, pero no llevo conmigo moneda alguna.

    El hombre suspiró.

    —Pues para ser un pordiosero, te expresar de buena manera, muchacho —dijo el hombre recogiendo sus cosas y luego guardaba las marionetas en una caja.

    —Disculpe, buen hombre —Daryl lo detuvo al ver que estaba listo para moverse a otra zona—. Su historia me ha parecido maravillosa, pero me gustaría saber cuál fue el sacrificio que ese guerrero hizo —Le pareció excelente la historia pero por alguna razón inconclusa pues le hubiera gustado saber que fue lo que ese guerrero poderoso tuvo que sacrificar ante tal victoria.

    —Muchacho, ¿es qué es la primera vez que la escuchas?

    —Sí, ¿por qué? ¿Es acaso real? —inquirió Daryl.

    —¿De verdad no la habías escuchado antes? —dijo el hombre, sorprendido—. Es una de las leyendas más conocidas de todo el país. Está basada en una historia real, aunque claro, con lagunas cosas de más, por ejemplo eso de que hizo un trato con el demonio. Eso son meros cuentos y dramas para mejorar el sabor de la historia. Además, se tiene varias versiones. Es cierto que ganó después de estar acorralado, pero supongo que lo hizo por sus tácticas militares y no por otra cosa.

    —¿Entonces nunca se supo lo que sacrificó?

    —Dependiendo que versión. Como lo mencioné, muchos dicen una cosa y otros otra; unos cuentan que perdió la cordura, otros dicen que vendió su alma a dicho demonio y que una vez éste perezca al inframundo irá, o que a cambio dio la vida de tres de sus hijas, y hasta otras se atreven a decir que dejó su trono y se lo heredó a su hijo antes de su muerte.

    —¿Su trono? Entonces, ¿ese guerrero era un rey?

    El titiritero sonrió divertido.

    —¡Claro! De su majestad Craig Van Suna, ¿qué de verdad no lo sabias? ¿Vives bajo una roca o algo así, muchacho? Como lo dije, esa historia está basada en la real masacre que se efectuó en la prefectura de Beskonech, hace cuarenta años atrás. Por eso se le conoce como la leyenda de la masacre de Beskonech. Como fuera, fue gracias a esa guerra que ambos reinos decidieron aliarse y, siendo la última gran guerra, llegaron los días llenos de paz.

    Al escuchar eso Daryl abrió los ojos llenos de sorpresa. ¿Su abuelo era protagonista de una leyenda? Desconocía completamente de ese suceso. De lo que si sabía era que de todos los Van Suna, su abuelo fue el segundo Van Suna más bélico, no porque quisiera serlo, sino porque en sus primeros años de reinado muchos países intentaron apoderarse del país. Se enfrentó a muchas fuerzas enemigas, además, el guerrero más destructivo, tenaz, valiente y ganador de la historia en ese país. El 20% del actual territorio de Sola, él lo ganó.

    —Daryl —escuchó a Charlot desde la distancia. Él se giró para verla—, mira, he podido conseguido información sobre el hogar Usha.

    Con esa información, los dos se fueron en busca de su destino antes que se volviera más tarde.


    ***​


    —Ella es la mejor espadachín de la guarda de soldados de la familia Van Suna —contestó Zuliy a la pregunta que le había formulado Dominic. Arqueó la ceja por quinta vez, ¿cuántas veces había dicho eso? Era como si la respuesta dada no le satisficiera. Bostezó. Estaba aburrido porque han estado toda la mañana en la estación Glavny—. A tan solo quince años se convirtió en la mejor —continuó el pelirrojo, agregando un poco más a la historia haber si así el hombre quedaba contento—, después de todo hablamos de la mismísima. Es toda una chica prodigio, imagínate, su apellido es Pierce.

    Tuvo toda la tarde y la noche del día anterior aprovechó para reunir información sobre la guardaespaldas del príncipe, pero no encontró nada relacionado con ella; ni su edad, ni su nombre, ni nada, sin embargo, era bien sabido que Christian Pierce era el verdadero Coronel de la guarda real, así que simplemente terminó diciendo que ella era Pierce, sin saber realmente que así se apellidaba.

    —Conoces el peso que lleva el apellido Pierce, ¿no? —preguntó mirando a su compañero

    El silencio de Dominic le dijo todo. No podía creer que estuviera al lado del Asesino de Poderosos.

    —¿Cómo es ella? ¿Físicamente?

    —Excelente pregunta, mi querido, Dominic, excelente pregunta. La verdad es que no tengo ni idea, pero es fácil ubicar al príncipe; y bueno, la chica que esté a su lado será ella.

    Las personas iban y venían mientras vendían y compraban, bajaban de los carruajes y los rentaban, era una estación muy movida y punto perfecto para encontrarse con el carruaje del príncipe. La misteriosa sombra le dijo al casanova de Santa-Borja que por esa dirección iba el carruaje del príncipe, por lo que llegarían a ese lugar sí o sí. A pesar de aquella información, por precaución, Zuliy mandó a unos cuantos de sus subordinados para que vigilaran las otras paradas, que eran menos concurridas pero posible que tomaran esa ruta.

    —¿Y cómo es el príncipe?

    Ante la increíble pregunta de su compañero, Zuliy desvió la vista y lo miró extrañado como si aquella pregunta estuviera fuera de lugar.

    —¿Estás preguntándolo seriamente? —contestó con otra pregunta.

    Dominic arqueó la ceja no muy contento de la reacción de Zuliy. Santa-Borja no evitó sonreír ante la reacción de él.

    —Ah, yo tampoco lo conozco en persona, obviamente. —El pelirrojo desvió la vista mientras se recargaba en la pared y cruzaba los brazos—. Pero sé que es irreconocible por el color de su cabello, viniendo se la nobles de los Diu Lunare; cabello blanco. El problema es que seguro estará en incógnito; con el cabello escondido, y por eso no vendrá en un carruaje real. Lo único que nos queda es buscar a un joven de entre dieciocho a veinte años de edad con un pañuelo cubriéndole la cabeza…

    Zuliy desvió su vista desganada hacia Dominic. Éste último dibujó muecas de disgusto, demostrando que no le agradaba el plan, o mejor dicho, ¿qué estaban haciendo en ese lugar?

    “Ahh, sí tienes un mejor plan, suéltalo” pensó Zuliy, pero no dijo nada. Volvió la vista al gentío y a los carruajes entrar y salir. Se acuclilló.

    Dominic era muy impaciente y cuando estaba buscando a alguien no solo esperaba a que cayera del cielo, se movilizaba, hacia algo para encontrar a sus oponentes.

    —Los Bytheseasho fueron inmigrantes y se establecieron en Trava hace muchos años, ¿no es cierto? —comentó Zuliy para matar el tiempo.

    —Parece que me has investigado —respondió Dominic, incomodo por ese hecho.

    —Claro, tengo que saber un poco sobre la persona con la que trabajaré —Lo miró de reojo—. Tú también deberías de hacer lo mismo. Hay muchas personas que engañan a gente despistada. Hay que tener mucho cuidado con quien andar. Yo soy muy precavido en ese punto.

    También había descubierto que de esa familia no se ha sabido nada más desde hace quince años, y que el padre de familia trabajó por muchos años como un secretario del señor Craig Van Suna, siendo eso lo más destacable y, lo único que pudo reunir de los Bytheseasho. No parecían ser una familia nada sobresaliente ni peligrosa. Su duda era, ¿cómo Dominic siendo de una familia sin destacar en nada se convirtió en un personaje tan fuerte?

    Por el contrario, Dominic frunció el ceño molesto, por esa misma razón no le gustaba trabajar con nadie; porque solían meterse en la vida ajena. Igualmente, se estaba desesperando de estar en ese lugar sin hacer nada, así que sin decir una palabra, se alejó del pelirrojo. Iría por su camino. Haría las cosas como él las hacia.

    Santa-Borja simplemente volvió a bostezar mientras le echaba una última mirada al viajero. Y a casi nada, el pelirrojo dio una señal a uno de sus hombres que se hacía pasar por un trascendente normal, pero vigilaba. El hombre se acerca sigilosamente y al quedar a una distancia prudente, Zuliy ordenó:

    —Vigilado, y mantenme informado de todo lo que haga.

    El hombre asintió y apartándose fue a seguir a Dominic. Lo último que deseaba era que Dominic metiera la mata, se quedó un rato más allí, tarareando una canción. Tarde o temprano darían con el príncipe. Volvió a bostezar, movió su cabeza para poder despabilarse.



    Fin del capítulo 8

    . . .
     
    • Me gusta Me gusta x 1
  16. Threadmarks: Capítulo 9.- El mensaje
     
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
    Miembro desde:
    19 Diciembre 2010
    Mensajes:
    1,911
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Sōla: El país de los poderosos [Libro 1]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    3967
    Capítulo 9
    El mensaje

    Daryl y Charlot se guiaron gracias al bosquejo, que la persona que le proporcionó la información, le dibujó a Charlot. Al poco tiempo que se acercaban a la dirección dicha, los dos se dieron cuenta que iban dejando atrás los opulentos distritos de la ciudad para adentrarse a las calles más humildes y entre más entraban aquel mundo, más se podía notar la pobreza. Algunas casa parecían estar cayéndose a pedazos, con las ventanas que carecían de barrotes de protección. Las calles estaban descuidadas y llenas de basura mientras que a los niños de alrededor, vistiendo ropas desgastadas y desteñidas, se les podía ver jugando con cualquier cosa para divertirse.

    Era un ambiente muy deplorable, y ver eso le afectó al príncipe.

    —No tenía ni idea que una ciudad tan grande y prospera como ésta tuviera rincones como éstos.

    Charlot lo miró un momento. Era cierto, era la primera vez que observaba un entorno de ese calibre por lo que comprendió un poco su asombro. Daryl había estado viviendo en un mundo embellecido.

    —Esta es una de las tantas caras que tiene está ciudad, pero no está tan peor que otros lugares.

    Daryl se detuvo por lo que Charlot hizo lo mismo y, extrañada le preguntó:

    —¿Sucede algo?

    Daryl frunció el ceño porque la respuesta de ella lo tomó desapercibido. No sabía exactamente que esperar de ella pero una respuesta tan fría como la que le dio no se lo esperaba.

    —¿Tú conocías esta clase de vida, Charlot? —interrogó al notar que a ella no le afectaba ver como los niños jugaban con piedras.

    —Daryl, a diferencia de ti, yo salgo mucho del palacio —se sinceró, ya estaba en ese lugar, el príncipe lo estaba observando en primera fila así que no había nada que ocultar—. Un día, cuando cumplí los quince años, mi abuelo me llevó a un barrio de mala muerte, en una ciudad grande, y me enseñó cada rincón podrido de ésta. Recuerdo que me dijo: “Nunca olvides tus orígenes, hija. La familia Pierce vivió en lugares como éstos, y fue gracias a su majestad que ahora vivimos mejor. Por esa misma razón le hemos jurado lealtad a los Van Suna.”

    Daryl no supo que decir por eso se mantuvo callado. No tenía ni idea y eso lo ponía muy triste a la vez que sentía como una rabia hacia sí mismo crecía en su interior; por considerarse un ignorante, pero prometió que haría algo al respecto cuando llegara al trono.

    Retomaron el paso en silencio. Habían llegado a la zona en que el mapa les indicó, lo que venía eran simples instrucciones por lo que desconocían si estaban por buen camino.

    —Preguntaré si vamos en la dirección correcta —dijo Charlot mientras se alejaba del príncipe, y antes de llegar a la esquina se volvió a Daryl para advertirle—: No te muevas que ahora vuelvo.

    Daryl volvió su vista de nuevo al mapa de las calles, leyó las indicaciones de nuevo, levantó la vista y observó a su alrededor, buscó una tienda de costura pero no había ninguna, según la dirección debían cruzar a la izquierda de dicha tienda, dio un par de pasos para notar que había un letrero que rezaba el nombre de una zapatería.

    —Disculpe —llamó él al ver que un señor salió de la tienda—. Estoy buscando una costurería, ¿me pude decir si hay una cerca?

    —Hasta hace poco aquí era una —informó—, pero la dueña se cambió a dos cuadras adelante.

    Daryl agradece la información, definitivamente iban por buen camino, se giró en busca de Charlot pero ella seguro que ya se había ido. Reconociendo que la zapatería era la costurería, comenzó a guiarse hasta que llegó al hogar Usha. El joven tocó la puerta y esperó a que la abriera mas nadie lo hizo. No estaba dispuesta a irse hasta que alguien respondiera, volvió a tocar pero nada. Dio un par de pasos hacía atrás, quizá no se encontraban, volverían mañana, por lo menos ya sabía donde quedaba la casa.

    Con aquella resolución, Daryl estaba apunto de irse cuando alcanzó a escuchar una dulce voz femenina de la parte trasera. El joven se asomó y distinguió que el patio estaba cercado, curioso y deseoso de ver el otro lado, acercó una caja de madera y subió en ésta. En tono de voz de la joven era melodioso y dulce a sus oídos, ¿quién cantaba? Se preguntó. Además, cantaba en un idioma desconocido para él. Al asombrarse y ver el otro lado se asombró de lo que sus ojos observaban; ante ellos vio lo que le pareció una imagen pintada en oleo; el panorama de una joven sentada en medio del patio mientras un sinfín de aves de diferente tipo, tamaños y colores revoloteaban a su alrededor, sin contar que la armoniosa voz de ella tarareaba una melodía solo resaltaba tal escena.

    Los ojos del joven brillaron con maravilla mientras su piel se enchinaba y su corazón daba un vuelco en su pecho; había visto a un ángel y estaba tan concentrado en ella que sin darse cuanta, al recargarse en la vieja y gastada madera de la cerca, ésta crujió pero como si sus oídos solo prestaran atención a la voz de la joven se recargó todavía más y no fue que despertó de su embobamiento cuando la madera se rompió y sentir como su cuerpo se iba hacia adelante, cayó de bruces al suelo llevándose no solo un susto él, también Zoe, quien rápidamente agarró un palo de madera que estaba a su alcance mientras las aves sobrevolaron con pánico.

    —Auch —se quejó Daryl, se levantó dibujando muecas de dolor en su rostro.

    —¡¿Quién eres tú y qué estas haciendo aquí?!

    La joven de mirada verde observó los ojos cafés del intruso.

    —¡Largo de aquí, ladrón! —Se exaltó y por ende los pájaros que seguían sobrevolaban, pero esta vez alrededor de Daryl, en un modo de intimidar al intruso.

    Daryl levantó los brazos al sentir que las aves lo picotearían en cualquier momento.

    —Espera… no, espera, puedo... —intentó defenderse pero no podía dejar de prestarle atención a los animales, asustado.

    —Te advierto que no tengo nada de valor —seguía diciendo ella al pensar que se trataba de un ladrón. A paso seguro se acercó a él, con el palo en mano y levantado para golpearlo si era necesario.

    —Es un mal entendido, no soy nadie sospechoso… o mejor dicho, no soy nadie con malas intenciones.

    Zoe entrecerró los ojos con desconfianza. Al verlo mejor, se dio cuenta que era un joven, quizá de su misma edad.

    —Muchachos, esperen —ordenó ella y ante las palabras los pájaros se alejaron del joven—. Si no tienes malas intenciones, como dices, ¿quién eres y por qué estabas espiando? —interrogó.

    Fuera de la amenaza de las aves, Daryl se puso de pie porque se había acuclillado como defensa. Se sacudió la tierra, se masajeó la muñeca porque se la había lastimado al caer y dirigiendo la vista hacia Zoe, dijo:

    —Primero que nada, quiero disculparme profundamente por haber espiado de esa manera. Una amiga y yo estamos buscando la residencia Usha; específicamente a Taran Usha.

    —Él es mi padre —contestó más calmada pero sin dejar de mirarlo desconfiada—. ¿Qué ocupan de él?

    Daryl se alegró de escuchar eso.

    —Bueno, he venido desde muy lejos para pedirle un favor, obviamente pagaré el trabajo. Es que hemos escuchado que Taran tiene a las mejores aves mensajeras de todo el país y necesito de sus servicios.

    Obviamente él sabía que el señor no estaba en ese lugar, necesitaba empezar con una amena y tranquila conversación para que ella se calmara totalmente, y por ello en todo ese rato evitó mirar el palo que ella continuaba sosteniendo.

    —Él no se encuentra en estos momentos —respondió ella.

    —¿Cuando llegará?

    Daryl deseaba que le dijera que ella podía ayudarlo, no deseaba presionarla pero era más que evidente que ella rehusaba cooperar.

    —No sabría decirlo. Te recomiendo que te vayas ahora…

    —Tú puedes ayudarme, ¿no? —cuestionó al final al ver la poca cooperación de ella. No estaba dispuesto a irse de ese lugar sin cumplir su misión—: Tienes domadas a las aves, lo vi; vi como éstas estaban alrededor tuyo.

    Para ese momento ella tenía el ceño fruncido.

    —Necesito que envíes un mensaje —continuaba diciendo, dio un paso hacia adelante a la vez que ella lo hacía hacia atrás.

    —¿Por qué tendría qué ayudarte? Ese no es mi trabajo.

    —En serio necesito enviar un mensaje…

    —Lo siento, pero Mensajería está temporalmente cerrada.

    —Es de vida o muerte —insistió Daryl decidido a no desistir, sin saber que Zoe se negaba porque se prometió algo una vez su padre se fue a la guerra; se juró a sí misma que no abriría el negocio hasta que él regresara sano y salvo de allá. Se hizo un duelo temporal.

    Zoe se sintió un poco mal por aquel joven porque se le veía desesperado por enviar un mensaje; desconocía de qué se trataba el asunto y por ello no pudo evitar sentir un poco de empatía. Tal vez necesitaba saber con urgencia cómo se encontraba cierto ser querido: fuera enviando o recibiendo un mensaje de esa persona.

    Ella, igualmente, anhelaba recibir y enviar un mensaje a su padre para saber como se encontraba.

    —El mensaje en cuestión —continuó él—, puede ser el mensaje más importante que cualquier otro que hayas enviado o recibido. Es posible que involucre la vida de muchas personas.

    —¡Daryl!

    El par de ojos se desviaron a Charlot quien acababa de llegar, entrando por la abertura de la cerca. Charlot se había preocupado al no ver al príncipe cerca y lo buscó por las cercanías, se tranquilizó al encontrarlo.

    —¿Estás bien, Daryl? ¿Te sucedió algo? ¿Te duele algo? —comenzó a interrogar tomándolo de los hombros y zarandearlo.

    —Estoy bien, estoy bien —dijo apartándose de ella.

    Le había dolido más esa sacudida que la misma caída.

    Charlot suspiró aliviada de escuchar eso, después se giró para ver a la castaña y preguntar:

    —¿Quién es ella?

    Zoe dibujó una mueca de disgusto, quién debió preguntar eso era ella.

    —Ella es la hija de Tara Usha.

    —Necesitamos que envíes un ave mensajera a Many-Islandking —dijo Charlot autoritaria como solo ella podía serlo.

    —Me niego —respondió Zoe cruzando los brazos molesta porque se sintió ofendida por la pelirroja. ¿Cómo se atrevía a llegar de la nada y ordenarle de esa manera? Ni qué fuera su jefa.

    —No puedes negarte —desafió Charlot—, el mensaje es…

    —“De vida o muerte”, ya me lo dijo él —repitió cansada de escuchar esa frase cada dos por tres.

    —Como dije; no puedes negarte —repitió Charlot con mirada desafiante.

    —¿Qué no puedo?, ¿y por qué no? —quiso saber Zoe—. ¿Por qué tendría que obedecer a un chico mirón que quién sabe cuanto tiempo ha estado mirándome desde las sombras?

    Esas palabras le fueron como un flechazo al pecho de Daryl, se sintió avergonzado de lo que había hecho. Por el contrario, Charlot hizo algo de imprevisto al tomar la franela que había estado ocultando el cabello de Daryl, jaló de ésta para dejar ver la plateada caballera de él y, finalmente finalizó con un:

    —Porque es una orden del heredero de Sōla; el príncipe Daryl Van Suna.

    —¡Oye! —Se sobresaltó el joven—. ¿Se puede saber lo qué estás haciendo? —Le arrebató la tela e intentaba ponérsela en la cabeza, pero a medio acto dejó el pañuelo al ver a la hija de Tara.

    Zoe miró con asombro al joven y con, literalmente, la boca abierta lo miró de pies a cabeza, anonadada e incrédula de que un personaje de tal magnitud estuviera en su hogar, frente a ella. Entonces se dio cuenta de lo grosera que había sido, y en modo de disculpa se arrodillo para decir:

    —Pido enteras disculpas por mi falta de respeto ante usted, príncipe —dijo, avergonzada en su totalidad al mismo tiempo que su voz temblaba—: Le suplico su misericordia para perdonar ha esta humilde esclava.

    Daryl se acercó a ella, colocó su mano sobre el hombro de ella.

    —Levántate —No se lo ordenó, se lo pidió como una persona más.

    Zoe levantó la mirada para ver a Daryl, el tono de voz que utilizó fue sincero y modesto.

    —Aún no he demostrado ni en hechos ni en valentía ser digno de recibir tu alabanza, así que, levántate porque ahora mismo no soy más que tú.

    Ella se puso de pie sin dejar de mirarlo a los ojos, sorprendida. En eso Charlot se interpuso para exigir:

    —¿Ahora estás dispuesta a enviar el mensaje o te seguirás negando?

    —Ay, Charlot… tú nunca cambiaras, ¿verdad? —dijo Daryl abochornado.

    —Ah… claro —respondió Zoe nerviosa, mirando a todos lados como huyendo de las mirada de ambos—, cualquier cosa por el príncipe.

    Ahora que sabía la identidad del joven no podía negarse a ella, a pesar de haber hecho un juramento a su padre, ante todo, antes de que su padre se fuera a la guerra, le prometió que sería de ayuda a Sōla y qué mejor ayuda que servir al príncipe heredero.

    —Síganme, por favor —invitó ella llevándolos adentro de su casa.

    —Lo siento —susurró el joven, ganándose una fugaz mirada de ella.

    —No tiene porque disculparse —No comprendió a que se debía su disculpa—. Soy yo quien debería disculparme por mi comportamiento.

    —Por cierto —continuó el joven—, ¿podrías dejar de hablarme por “usted”? Solo llámame por mi nombre. Me disculpo por haber invadido tu hogar y por —susurró—, la fuerte actitud de ella. Charlot puede verse tenebrosa pero es una buena amiga.

    Ahora Zoe comprendía porque nunca se le cruzó por la mente pensar que aquel joven fuera si quiera alguien de la realeza, era muy humilde y cortés. Para ser el mismísimo príncipe, se portaba mejor que los condes, duques o ricos de la ciudad.

    —Mi nombre es Zoe —se presentó formalmente.

    —Bueno, como ya lo sabes yo soy Daryl y ella es Charlot.

    Al entrar a la casa, Daryl se dio cuenta de lo pequeña que era. En lo que parecía ser el comedor, cocina y sala, solo había una pequeña mesa con dos sillas, un horno, una vela, una chimenea y tres puertas que Daryl pensó una llevaba a la habitación de Zoe, la otra a la habitación de su padre y la otra puerta no sabía a donde llegaba, pero en un par de segundos lo sabría porque era precisamente al lugar donde Zoe los dirigía, sin embargo, algo llamó la atención de Daryl, desviándolo al otro lado.

    —¿Daryl?

    Zoe se detuvo centímetros antes de llegar a la puerta al escuchar la voz de Charlot llamándolo y vio a Daryl admirando el único cuadro que adornaba la vacía pared de la casa. Era un cuadro hermoso. El dibujo mostraba un panorama bello, se podía notar en el paisaje que el autor había plasmado todo el sentimiento que sintió aquel momento porque Daryl pudo sentir que estaba en ese lugar.

    —Es un paisaje de Bade Sooraj —informó Zoe cortando distancia entre él—. Mi madre lo pintó. Dice mi papá que fue el regalo que me dio en uno de mis cumpleaños, aunque yo no lo recuerdo porque era muy pequeña. A ella le fascinaba la pintura.

    —Un regalo hecho a mano —se dijo a sí mismo y sintió un poco de envidia porque a él nunca le habían regalado algo similar.

    Bade Sooraj, uno de los países que tenía una fama privilegiada, tierras ricas y vegetación hermosa y dueña de animales extravagantes. Una verdadera lastima que dichas tierras fuera también tierras con la mayor riña de todos los países; siendo inundado y conocido por las guerras constantes. Daryl conocía un poco de la gastronomía, cultura y leyendas de varios países porque los había estudiado; su abuelo lo había obligado a aprender muchas cosas.

    Le parecía increíble que siendo una tierra fructífera tuviera la clase de gente que guerreaba por cualquier cosa. Daryl asintió, cuando subiera al trono definitivamente haría algo al respecto para ayudarlos. Por el momento, su prioridad era otra cosa.

    Una vez terminó de contemplar la pintura, los tres entraron a una habitación atiborrada de estanterías que a su vez estaban completamente llenas de libros, hojas y demás documentos. A pesar de que el cuarto estaba ordenado, a simple vista no lo parecía porque había muchas cosas en él. Las paredes, a diferencia de las demás de la casa, estaban arregladas por mapas; mapas de varias zonas del país como mapas de otros países.

    Y por si fuera poco, el lugar estaba decorado con algunas piedras medianas y pequeñas que estaban sobre montañas de papeles, funcionando como pisapapeles. Había una mesa en medio que no se salvaba de estar saturada de planos, varias velas, compases y brújulas. Sin embargo, lo que más sobresalía de esa habitación era la enorme ventana que abarcaba casi la mitad de la pared de enfrente. La ventana daba hacia afuera, al patio.

    —Aquí es nuestra biblioteca —dijo la morena—. Disculpen el tiradero —terminó de decir abriendo la ventana para que una refrescante brisa entrara al lugar, moviendo levemente las hojas de papel y comprendiendo porque estaban las piedras ahí—. ¿Qué mensaje quieren enviar, quién lo va a recibir y a dónde se va a mandar? —indagó.

    —Es información clasificada —No tardó en contestar Charlot—, pero como serás quien enviará el mensaje, serás una excepción. Pero ten en cuenta que lo dicho aquí, se quedará aquí.

    Zoe comprendió, en realidad ese era el trabajo de un mensajero, la confidencialidad.

    —Verás —continuó Daryl—, se envió a un escuadrón al archipiélago Many-Islandking, están en una misión importante pues se rumorea que ahí hay una brigada que se está preparando para atacar este país. Desde el arribo del escuadrón no hemos recibido nada de ellos, así que necesitamos saber algún informe sobre ellos lo más rápido posible, así que, ¿puedes enviar al ave mensajera más rápida?

    —Sí, sí puedo —contestó Zoe mientras abría un mapa del mundo y lo extendía sobre la mesa.

    Aquella respuesta hizo sonreír a Daryl, mas aquella sonrisa no le duró mucho porque Zoe prosiguió:

    —Pero… —Señaló la isla en el mapa—, no sería lo más conveniente e inteligente.

    —¿A qué te refieres? —preguntó Charlot, observando lo que apuntó Zoe.

    —La paloma es el ave mensajera más rápida que hay, por ello es el ave más utilizada. Pero si es verdad lo que dicen, que llevaron a un grupo en encubierto, supongo que lo último que desean es que el enemigo se entere que hay un ave mensajera y pueda hacerse con ella para leer el mensaje, o peor aún, descubrir el escondite de su escuadrón.

    —¿Entonces qué propones? —preguntó Charlot.

    —Enviar un ave muy común de Many-Islandking, de esa forma pasaría desapercibida. Es cierto que el mensaje tardará un poco más que si es envía con una paloma, pero los nativos no sospecharán nada.

    Ante la explicación, Charlot y Daryl se miraron con asombro. Sin duda alguna, ninguno de los dos había pensado en ese gran e importante detalle.

    Ambas miradas se dirigieron hacia Zoe, quien sin demora descolgó, de una especie de porta-llaveros que colgaba de la pared, un pequeño silbato de madera. En ese porta-silbatos se podía encontrar un sinfín de silbatos de diferentes tamaños, y cada uno de ellos estaba tallado a mano y cada cual era diferente a otro.

    Zoe se acercó a la ventana, se asomó un poco por ella y llevándose el silbato a los labios, lo sopló. Éste emitió un sonido imperceptible para el oído humano pero si para ser escuchado específicamente por un ave.

    Por esa misma razón ni Daryl ni Charlot escucharon nada y por ende arquearon la ceja en son de confusión, pero lo que a continuación sucedió los dejó completamente sorprendidos y con la boca chocando en el suelo.

    Descubrieron la verdadera ocupación del ventanal.

    Sus rostros reflejaron asombro cuando fueron testigos de como un pájaro color azul fuerte con el pecho color rojo intenso, de plumas, tanto primarias como secundarias, bañadas de un color azul claro que tiraban a blanco y con una cola larga del mismo color.

    Aquella ave majestuosa se había posado sobre el brazo de Zoe.

    Zoe los miró; Charlot y Daryl se dieron cuenta que estaban frente a una experta. Podían confiar en ella, sabía lo que hacía.

    —Entonces, ¿cuál es el mensaje? —preguntó la morena para llamar la atención de Charlot y Daryl pues no dejaban de ver la majestuosa ave.

    —Éste es. —Se apresuró Daryl despertando de su asombro mientras sacaba de una de sus bolsas un pequeño papel enrollado y se lo daba a Zoe. Ella lo tomó y lo colocó en el recipiente que tenía amarrado en el tarso del ave.

    —Una pregunta más —continuó Zoe—, ¿tienen algún retrato de la persona que debe recibir el mensaje?

    Daryl asintió al momento que sacaba del bolsillo dos hojas de papel dobladas. Desdobló una de ella, la que tenía el retrato del capitán Haxor Pusset y después desdobló la otra, en la que estaba el retratado el teniente Edwin Atwood. Se las entregó a la chica.

    —Las aves son criaturas increíbles —expresó Daryl mientras veía como Zoe le mostraba los retratos al pájaro.

    —Sí, lo son —Estuvo de acuerdo ella.

    Sus aves estaban entrenados para memorizar los rostros de las personas, de esa forma el animal sabrá a quien deberá dejar el mensaje y así evitar que cualquiera, sea del bando opuesto o no, la obtuviera. Tan solo se acercaría al capitán o al teniente una vez lo localizara. Igualmente, tenían un tiempo limite, por llamarlo de esa forma, en la que al pasar regresaba, en este caso al palacio real, y si aún llevaba el mensaje, significaría que no localizó al destinatario. Zoe sonrió, emocionada de ver que alguien más estaba interesado en esos magníficos animales. y luego comenzó

    —El cuervo, por ejemplo —comenzó a decir, entusiasmada—, es un ave extremadamente sutil y perspicaz, y de las aves más inteligentes. Otro tipo de pájaros pueden hasta aprender a hablar como lo hace un ser humano, y además, otras tienen la capacidad de aprender un sinfín de sonidos.

    ”En mi país existe una historia antigua que habla sobre un guerrero que comandaba un pequeño grupo de soldados, y que, a pesar de eso, ante la invasión de un grupo diez veces más grande, no temió. Se dice que utilizó el ave más común, les enseñó a hacer sonido de armas y de personas.

    ”Una noche, aprovechando que el rival descansaba, el pequeño grupo los rodeó y dando una señal, los pájaros empezaron a hacer ruido, todo tipo de ruido, desde gritos hasta aullidos de animales feroces. Los enemigos se despertaron anonadados, asustados y ante la confusión y miedo, huyeron dejando todas sus armas en el campamento. El pequeño grupo los embistió, derrotándolos a todos y obligándolos a retirarse. Los invasores creyeron que aquellas tierras eran peligrosas por los animales salvajes.”

    —Wow, es una historia impresionante —expresó el príncipe.

    Poco después, Zoe envió el ave. Los tres observaron el horizonte y como el cielo se tornaba naranja. Ya se estaba haciendo tarde. Miró a Zoe de reojo, era bastante bonita, además, se veía que era una persona muy agradable, amante de los animales y adoraba el acento que tenía al hablar, deseaba escucharla hablar todo el día.

    —¿Puedes ser nuestra guía?

    Aquella pregunta tomó por sorpresa a las dos jóvenes.

    —Daryl, ya que terminamos nuestro labor, creo que lo más conveniente sería irnos.

    —¿De qué hablas? Acabamos de llegar, no pienso irme de aquí hasta ver los lugares turísticos —Se volvió a Zoe—. Y me gustaría que fuera tú la que nos guiara, claro, si no te molesta y estás disponible.

    —Al contrario, será todo un honor.



    Fin del capítulo

    . . .​
     
    • Me gusta Me gusta x 1
  17. Threadmarks: Capítulo 10.- Malas noticias
     
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
    Miembro desde:
    19 Diciembre 2010
    Mensajes:
    1,911
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Sōla: El país de los poderosos [Libro 1]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    3177
    Capítulo 10
    Malas noticias


    Era muy de mañana y al palacio real llegó una paloma mensajera. Una de las damas que estaba en el patio, al ver al ave, se acercó para tomar el mensaje; el que era para la reina y el rey por lo que sin perder tiempo se dirigió a los aposentos de reina y le entregó dicho mensaje. Lena sonrió emocionada al pensar que era de Daryl avisando que estaba con bien. Sin embargo, las palabras escritas en la nota eran del príncipe Land Diu Lunare, uno de sus hermanos menores. Land daba la noticia de que iría a Sōla a visitar a su realeza.

    Lena mandó llamar a un mensajero para que notificara a su majestad, quien estaba en su cacería matutina, sobre la noticia, a su vez, él le hizo saber que estaba más que encantado de recibirlo.

    No era nada raro, menos para un matrimonio intercultural, que uno de los familiar visite a la familia de su conjugue como muestra de la paz que ambos países hicieron; siendo esa una muestra de que el acuerdo continuaba vigente, aunque era cierto que quien regulaba ir al otro país era alguno de los actuales reyes, o en su defecto el próximo candidato a reinar. A pesar de eso, también se podía mandar a un mediador y en ese caso sería Land. Tal vez por esa razón la reina no le agradó la idea, ¿por qué no mandaron a Char? Por lo que sabía ya estaban haciendo la ceremonia oficial que los Luunares efectuaban al siguiente soberano del país.

    ¿Sus padres estaban demasiado ocupados como para ir? Cinco años atrás, fue el mismo Kristof quien fue a representar a toda la nación.

    —Mandaré a traer el mejor vino y el mejor pan —dijo el rey a la reina una vez estaban juntos. Al hombre se le observaba entusiasmado.

    —Tampoco es necesario que te esmeres tanto —le hizo saber ella.

    Era cierto que se trataba de su hermano, pero como no se trataban del heredero no creía necesario que se festejara a lo grande. La reina continuaba inconforme porque sus padres habían enviado a Land.

    Aun así, debía admitir que tenía ganas de verlo ya que no lo ha visto desde hace mucho tiempo, en realidad a toda su familia, desde que se mudó a Sōla al casarse con Kristof no los ha vuelto a ver. Land era el menor de los varones y el quinto de seis hijos.

    —¿De qué hablas? Si es parte de los Diu Lunare, será tratado como se debe —comunicó el rey—. Espero que para ese momento ya haya llegado Daryl. No podemos recibir a tu hermano sin la presencia de nuestro primogénito. Por cierto, ¿no ha habido ningún mensaje de su parte?

    Le mujer negó. Sabía que su hijo se encontraba bien, después de todo iba acompañado de Charlote y de Dan. Al contrario que Kristof, quien era el que demostraba más preocupación. Y aunque la llegada del intermediario de los Diu Lunare sería dentro de cinco días, el palacio real ya estaba organizando los preparativos. Habían mandado la noticia al país para que se enteraran de esa gran noticia, pues recibir a alguien de un país aliado siempre era excelente noticia. Mas para algunos le era irrelevante, para otros esa llegada era desagradable; una de esas personas era el emérito Craig Van Suna, quien desde la biblioteca real, arrugó la hoja de papel tras leer la noticia.

    El hombre murmuró con rabia, aborrecía la sola idea de que otro Diu Lunare pisara su sagrado santuario. Había pensado que a la única Diu Lunare que tendría en su reino sería a Lena, apretó su mandíbula al sentirse impotente de hacer algo, inhaló y exhaló en son de tranquilizarse. El anciano desvió la vista hacía el enorme ventanal, en donde Corban se mantenía sentado mientras observaba el patio.

    Corban L'or era un hombre alto y esbelto, de cabellera rizada y negra y dueño de ojos azules. Notable por llevar un atuendo oscuro, exceptuando su corbata blanca, y un sombrero de copa.

    —¿Cómo se encuentra Layland? —preguntó Craig. Su preocupación por ella era más que nada para aparentar preocupación pero en realidad le da igual.

    —Aparte de que perdió el brazo, está estable, hace apenas una hora que despertó —comunicó Corban.

    Craig no evitó arrugar la frente porque era una verdadera lástima que el segundo más fuerte de los tres Venerables haya perdido un brazo. Fácilmente podría destituirla y poner a alguien más en su puesto, pero hasta el hombre sabía que mientras alguien no muriera o sea derrotado por alguien más para ganar dicho título.

    —Aun así ella podrá continuar luchando. Esa perdida no la hará más débil, es más, sé que esa lucha hará que su espíritu se eleve aún más —Le hizo saber el hombre vestido de ropas oscuras como si hubiera leído los pensamientos del mayor.

    —Parece que la estimas mucho a pesar de lo que te dijo días pasados —dijo al recordar el incidente—. Pero bueno —Craig desvió la vista hacía el libro que descansaba en su regazo—, como soy hombre de palabra, me temo que serás reclinado a segundo y ella será la nueva líder.

    En realidad Corban había ido a verlo no para contarle el estado de Layland sino para informarle otra cosa, de la que no estaría tan feliz, dejando esa noticia que recibió minutos antes en segundo plano.

    Todo había ocurrido algunos días atrás cuando Craig reunió en ese lugar, les habló de Deo Cyh y que Corban debía encontrarlo y darle muerte. La mujer del grupo y el líder se asombraron al escuchar ese apellido porque fueron conocidos por haber sido una de las familias más poderosas que Sōla, se habían convertido en una leyenda. Sin embargo, el último descendiente murió el siglo pasado. El primer y lógico pensamiento de ambos fue que tal vez ese hombre no era descendiente de ellos y había tomado el legendario apellido, ¿por qué? No lo sabían.

    —Se puede saber ¿quién es él? —preguntó Corban. Era imposible que alguien de ese linaje existiera. ¿Por qué Craig deseaba deshacerse de él?

    Craig no deseaba entrar en detalle pero sabía que si deseaba que Corban efectuara su próximo movimiento debía saber el verdadero poder de tan temible personaje.

    —Deo Cyh es el nombre real del que llaman Nian, el legendario.

    Los tres Venerables no evitaron quedarse boquiabiertos y mudos ante tal afirmación pues hasta el desinteresado Griffin conocía aquel mito que se elevaba por todo el país; añadiendo que conocían la famosa leyenda de Beskonech, cuya historia, como muchos otros, pensaban que era una exageración difundida por el pasar de las décadas. Nadie sabía con certeza lo que ocurrió aquel día; Craig Van Suna hizo un pacto para no contar lo que realmente sucedió en aquella batalla. No obstante, ¿cómo no creer cuando se los decía la misma persona quien, por el momento, ha sido la única que lo ha visto en persona? Debía ser cierto. El legendario Nian existía, era real y deambulaba por el país.

    —¿Entonces, e-es existe? —inquirió atónito Griffin, sin poder expresar su asombro, y por un momento estaba feliz de no ser el guerrero más reconocido de la casa Van Suna.

    Miró sin discreción a su líder y se aguanto una sonrisa burlona porque era la primera vez que lo veía con aquel rostro dubitativo, ¿qué iba a hacer ahora? De los tres, sin duda era el más devoto de la familia real. Al parecer habría una vacante en los Venerables.

    Y por primera vez, Corban L'or, tuvo miedo de enfrentarse contra alguien. Él había luchado contra muchos poderosos, había obedecido a Craig y asesinado a muchas personas, tanto a fuertes como a inocentes, todo por los caprichos de aquel hombre, pero ese iba a ser la primera vez que se rehusaría a obedecer una de sus ordenes.

    No deseaba enfrentarse a una leyenda, por lo que, enfrentándose a su señor, se negó a ir tras él.

    —¡¿Te niegas?! —Estalló en cólera el hombre levantándose de la silla. Ya no estaba en edad de exaltarse de esa forma—. ¡¿Cómo te atreves a desobedecerme!? Prometiste lealtad a nuestra familia, ¿cómo te atreves a desobedecer un orden…? —El hombre comenzó a dibujar una mueca de dolor al sentir que su pecho le dolía.

    —Que decepción —dijo Layland mirando con aborrecimiento a Corban. Respetaba a ese hombre porque había demostrado ser una hombre ingenioso y un buen líder de grupo. Lo admiraba —. Teniendo en cuenta que eres nuestro líder y rehusarse a ir tras él, que decepcionante resultaste ser —Miró a Craig—. Señor, seré yo quien acate esa misión y si llegó a asesinarlo, me convertiré automáticamente en el líder de los Venerables.

    Griffin no aguantó más y estalló de risa, ganándose la mirada de los presentes. Griffin MacCaa era una persona robusta, baja de estatura; midiendo solo un metro sesenta y seis, de piel morena, sus brazos eran cubiertos por vellos y sus dientes amarillos y manchados le hacían verse más grotesco.

    —Así que ahora admites que tu única intención es quitarle el puesto a Corban —susurró con la intención de ser escuchado—. ¿Por qué no te enfrentas duelo a duelo con él, limpiamente, si en verdad quieres ser nombrada líder? ¿Por qué tener que hacer una misión para poder ser llamada líder? Qué ser tan despreciable resultaste ser, mujer.

    —Griffin —Ella lo miró por lo alto—. El único ser despreciaba que hay aquí eres tú. No entiendo cómo eres alguien de los Venerables. Una simple y sucia rata como tú nunca llegará a ser tan fuerte, ¿o quieres ser tú quién vaya por la cabeza de Deo?

    —Te recuerdo que mi poder no será tan destructivo como el tuyo, pero si se sabe usar bien, puede ser letal.

    —Pues una pena que seas tú, un cabeza hueca, quien lo tenga y no lo use con discernimiento e inteligencia.

    Griffin amplió aún más su sonrisa, cosa que provocó que Layland se irritara mucho. Le irritaba mucho estar al lado de él y si no fuera porque Craig lo nombró como el tercer Venerable, desde hace rato que le hubiera derretido ese horrible rostro.

    —¿Quieres enfrentarte contra mí aquí y ahora? —sentenció ella.

    —¡Ustedes ya dejen de discutir! —dijo Craig, volviendo a tomar asiento e intentado calmarse. No podía creer que esos dos se comportaran de esa forma; ¿olvidaban el título honorable que portaban?—. Nunca pensé que Corban sería tan cobarde para rehusarse a tal hazaña, así que, te lo encomendaré a ti, Layland, y sí, acepto tu propuesta, si matas a Deo te convertirás en la nueva líder de los Venerables.

    Y así fue, ella comenzó a investigar e investigar hasta que dio con el dichoso Deo, le fu relativamente fácil encontrarlo porque Craig lo describió físicamente. Una semana después, Layland llegó hasta la casa donde se hospedaban los Venerables. A penas podía mantenerse en pie, estaba mal herida, y... había perdido casi todo su brazo izquierdo. Corban se sorprendió de verla en ese estado era un milagro que permaneciera en pie, pero antes de que el líder pudiera preguntarle cualquier cosa, ella se desmayó por lo que rápidamente la atendieron, permaneció inconsciente por muchos días. Todos conocían la fuerza destructiva de Layland Puscat de los Venerables, ella controlaba ni más ni menos que el fuego, el hecho de que llegara en ese estado deplorable solo indicaba que se había enfrentado contra un verdadero monstruo.

    —¿Cuál fue el resultado? —Fue la primera pregunta que le hizo Corban cuando ella abrió los ojos.

    Layland tardó en procesar lo que había sucedido y dónde se encontraba en esos momentos, a duras penas había podido escapar con vida. Luego abrió los ojos tan grandes como pudo al recordar el suceso y el impacto de dicho duelo en aquella montaña cerca de un pueblo olvidado por los dioses.

    Precisamente por esa razón Corban se encontraba ante el señor Craig, para informarle lo que le dijo ella.

    —Perdió. Layland no pudo derrotar a Deo Cyh —le dijo.

    Los labios de Craig comenzaron a temblar. Corban lo notó, aquel hombre poderoso quien fue denominado el más bélico del linaje Van Suna temblaba de miedo. ¿De qué se sorprendía? Craig debió imaginar que el resultado iba a ser de esa forma y admitir que aunque en el lugar de ella hubiera ido Corban, el resultado sería el mismo. No existía ningún mortal en la tierra digno oponente para semejante dios. Se arrepintió profundamente de haber osado mandar a alguien a matarlo. ¿Quién más que él quien observó en primera fila el verdadero poder de él en la batalla de Beskonech?

    —¿Es nuestro enemigo? —Lo que más le intrigaba a Corban era en que bando estaba.

    —Si no lo era —dijo el anciano mientras tragaba saliva con dificultad—, probablemente ahora lo sea.

    —¿Puedo saber por qué me pidió que fuera a asesinarlo?

    El anciano lo miró, y finalmente le contó toda la verdad, aquel pacto que dijo nunca contaría lo ocurrido, lo contó. Le dijo lo que ocurrió ese día y la razón de su petición. Ya era viejo y hace mucho tiempo que sus años mozos lo habían abandonado, ¿qué caso tenía llevarse a la tumba aquella verdad? Además, confiaba plenamente en Corban, si algo llegaba a pasarle, sería él quien podría asumir sus deseos de volver a convertir su nación en lo que era antes de la batalla de Beskonech.

    Una vez que Craig terminó, lo único que pudo hacer Corban fue volver su vista hacia la ventana. El día era maravilloso y se denotaba al ver al hijo menor de los Van Suna, quien leía bajo la sombra de un árbol.

    Él admiraba la sangre y el poder real de los Van Suna, por lo que aunque le costara su propia vida, protegería aquella descendencia y si necesitaba luchar o deshacerse de quienes deseaban estar en su contra, lo haría. Juró por sus antepasados que le sería leal a ellos y quizá más que el mismo Craig Van Suna, deseaba que la sangre continuara en el reinado.


    ***​

    Griffin lanzó una risa burlesca al ver a la pretenciosa Layland en ese estado, postrada en una cama sin una de sus extremidades. Se veía tan humillante que si pudiera guardar esa imagen por la eternidad lo haría. Tal risa desgarró los oídos de la mujer, quien dibujó una mueca de disgusto ante la presencia de semejante pordiosero.

    —Escuché que fuiste derrotada, Layland —rio más, sacándola de quicio—. ¿Dónde quedó tu valor, eh? ¿A ver, muéstrame la cabeza del Legendario? ¿Viste por qué nunca llegarás a ser una líder cómo Corban? Porque él si pensó en sus limitaciones, no como tú que presumías poder derrotarlo.

    —¡Ya cállate de una buena vez, bastardo! Tú ni siquiera hubieras podido aguantar un segundo.

    —¿Y tú sí? Yo no entiendo, no entiendo, no entiendo nada de nada, ¿por qué ir a pelear contra alguien que ni el propio Corban quiso enfrentar? ¿No era lógico pensar que si el nombrado más fuerte del país desistió en ir tras alguien era porque realmente está por encima de él? ¿No fue estúpido tu actuar?

    Layland apretó la sábana con fuerza, ¿por qué? Porque deseaba ser reconocida por él. Deseaba tener la aprobación de la persona que admiraba.

    —Y mientras tú iban a enfrentarte contra una evidente derrota —prosiguió el de fachas de vagabundo—, yo fui a hacer una misión muy importante a la que nuestro gran e inteligente líder me encomendó hacer.

    —Ve al grano Griffin, ¿ha qué has venido? —Se irritó al saber que solo le estaba presumiendo.

    —¡A decir que Corban está loco!

    —¡Deja de referirte así de él! —Levantó su mano con una llama de fuego—. Te estas ganando que te queme.

    —No, no, no debes alterarte —Sonrió burlón y luego volvió su rostro serio—. Se me hizo raro que me mandara a buscar a alguien.

    —¿Y?

    —A mi me pareció extraño. ¿Se te hace conocido el nombre de Elliot Gram?

    —No, no me suena de nada.

    —¡Exacto! Es un nombre y un apellido del vulgo, así que pensé que esa persona debía ser alguien muy importante o algo así para tener el interés de nuestro líder.

    —¿A dónde quieres llegar, Griffin? ¡Ve al maldito grano!

    —Corban está actuando por su propia cuenta, mira esto, lo que descubrí.

    Griffin le mostró una hoja que ella no tardó en ver y no pudo ocultar su asombro al descubrir la identidad Elliot Gram.

    —¿Y cómo sabes que Craig no le ordenó investigarlo?

    —¿Estás loca? ¿Es qué no has leído? —continuó en voz baja—. Imagina lo que puede ocurrir si alguien se enterara de que él existe. Si Craig le hubiera mandado investigar a esta persona, le hubiera dicho que mantuviera el secreto, pero como Corban me dijo que lo buscara, eso me da a entender que ni siquiera él sabe realmente quien ese Elliot y solo quiere hablar con él o algo así. Esto es solo lo que yo he conjeturado y cabe la posibilidad que me equivoque.

    Layland lo miró con recelo mientras su mente formulaba preguntar ante la actitud de Griffin. ¿Por qué se lo contaba? ¿Qué ganaba él al decirle eso? Griffin al descifrar el rostro de su compañera, le contestó:

    —No quiero quemarme solo y tenía ganas de contárselo a alguien ¡dios qué vive en los cielo! Es un notición. Y como sé que eres tan fiel devota a nuestro líder, sé que no meterás la pata en andar divulgando esta información —Golpeó el papel—. A menos, claro, que quieras estropear su dignidad para quedarte con su puesto. Ese ya no sería mi problema.

    Griffin no tardó en ir a decirle a Corban que había localizado a Elliot Gram. Una vez que Layland se quedó sola, se llevó la mano a la frente, comenzó a tener un dolor de cabeza debido a la taladrante voz de Griffin. añadiendo que empezaba a sentir el dolor fantasma. No estaba en momentos para meter en su mente basura, sin embargo, estaba dispuesta a estar al lado de él importara lo que hiciera.

    Lo que en verdad le preocupaba era Deo, recordar aquella confrontación solo hizo que un escalofrío la apoderara de su cuerpo al sentir esa extraña fuerza que la paralizó por unos segundos. Se llevó la mano al hombro tras recordar con la facilidad en la que perdió el brazo; había sido en un abrir y cerrar de ojos.

    Si aquella bestia disfrazada de humano deseara destruir a quien fuera, podría hacerlo, aun así, pudo estar casi a su altura, quitando el hecho de que cuando lo miró a los ojos, siendo esa fracción de segundos su perdición, lo había herido tres veces, así que sabiendo que Corban era mucho más fuerte y poderoso que ella, era posible que si Corban se enfrentaba a Deo, la batalla estaría reñida.

    No debía preocuparse por él. No por nada tenía el título del más poderoso de todo Sōla.




    Fin del capítulo.
    Si has llegado hasta aquí, gracias por leer.
     
    Última edición: 11 Enero 2019
    • Me gusta Me gusta x 1
  18.  
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
    Miembro desde:
    20 Marzo 2012
    Mensajes:
    1,275
    Pluma de
    Escritor
    Saludos.

    Capítulo 03:

    ¿En serio Daryl? ¿Acaso no es eso una trampa?

    Te lo dije Daryl.

    Charlot y Daryl demuestran que saben cómo pelear. Aunque eran unos ladrones, así que era posible que los vencieran sin problemas.

    Capítulo 04:

    Dominic, te va a encantar Sola, está lleno de poderosos que puedes eliminar y aumentar tu colección de trofeos.

    Me alegra que ese farsante no fuera Ian el Legendario, porque de legendario solo tuvo el miedo de morir.

    Capítulo 05:

    Eso es una fiesta de muerte.

    Zuliy es un genio, cumplió con su trabajo usando a los sirvientes que querían vengarse de los ricos sádicos. Y hasta enamoró a la hija de su objetivo, solo para acercarse a él. Y esa pobre chica, cuando se entere que su padre está muerto, suponiendo no la maten antes de enterarse.

    Y ese encuentro entre la sombra, o Fazio, donde le ofrece doscientos oros, en realidad me quedé más confuso porque eso fuera considerado mucho dinero, tomando en cuenta que le dio una moneda al que cuidaba la puerta. ¿Qué tanto le pagaron por matar al hombre de la fiesta? Y era de suponer que le pidiera atacar al príncipe, no sé que tan necesario es matar a Charlot, o al pobre cochero sin nombre.

    Capítulo 06:

    Lo que pensé cuando Dominic aceptó así sin más. ¿Tanto quieres enfrentar el príncipe?

    Aunque me parece que Zuliy está jugando con fuego, y va a terminarse quemando hasta los huesos. Y tener un harem no lo va a ayudar en nada.

    Capítulo 07:

    Oh, Zoe, en definitiva no fue un buen día.

    Esta chica en verdad que ha sufrido; perdió a su madre, tuvo que abandonar su hogar, la discriminan por su procedencia, pierde a su padre (muerte sin confirmar), hasta los niños la tratan como basura, la quieren violar (o casarse con ella, pero suena menos grave.

    Al menos tiene a las aves para protegerla, aunque temo que les vaya a pasar algo esos plumíferos animalitos. A ver cómo se desarrolla la historia de esta chica y sus aves.
     
    • Me gusta Me gusta x 1
  19.  
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
    Miembro desde:
    20 Marzo 2012
    Mensajes:
    1,275
    Pluma de
    Escritor
    Saludos

    Capítulo 08:

    Charlot debería dejar que Darryl se divierta un poco. El pobre lleva toda una vida encerrado en el castillo.

    Si pensamos así, jamás volveríamos a comer en los puestos de la calle. Que le dé la oportunidad a Daryl de enfermarse del estómago.

    O sea, cualquiera de sesenta años en adelante está bajo sospecha, XD
    Ya en serio, como que buscar a alguien que, seguramente está disfrazado, sin saber cómo buscarlo, no es muy listo de parte de ninguno de los dos.

    Capítulo 09:
    No seas tan crédula, Zoe. Ese sujeto te estaba espiando, rompió las maderas del muro, luego comenzó a pedir cosas como si no hubiera hecho nada malo. No confíes en él, solo por que tenga el pelo blanco no lo vuelve el príncipe, osea, si lo es, pero no es excusa.

    Y claro, que la domadora de aves sabría a qué pájaro enviar para no levantar sospechas. No me extrañaría si también lucha enviando a sus águilas y halcones como armas y escudos. Pero ya se verá después.
    Capítulo 10:

    Me suena a que ahí hay algo más que rivalidad fraternal, o el simple echo que sus padres no vinieran personalmente.

    Recuérdenme nunca contarle un secreto a Craig, porque se soltará a contarlo por más que jure que nunca lo hará.

    Osea, ¿puro chisme o intenciones ocultas?

    Y esto quedó interesante. Con el asesino de poderosos tras la pista de Daryl. Y un lindo paseo por la ciudad (esto no será tan emocionante como lo primero).
    Quizás se lleven a Zoe, igual no tiene mucho que la ate a ese lugar, está convencida del fallecimiento de su padre.
    Sully está tan cerca de cobrar la recompensa que casi la puede saborear. Y también muy cerca de ser asesinado por su propio título.
     
    • Fangirl Fangirl x 1
Cargando...

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso