Rokushu

Tema en 'Guerras Genpei' iniciado por Amelie, 28 Enero 2026.

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    rapuma

    rapuma Maestre

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    Kenzaburo



    El samurái sintió el tacto en su hombro y Kenzaburo lo entendió sin que nadie lo dijera: la prueba había tomado sus ojos... pero no dijo nada. Simplemente dio un paso hacia adelante, recordando con verguenza la primera vez que había visto sus ojos; le había parecido demasiado joven, demasiado... reflexivo para un mundo que solo respeta la violencia. Que necio había sido, confundiendo prudencia con debilidad, confundiendo paciencia con falta de carácter.

    Ahora, en medio de un infierno que probaba el temperamento, veía con claridad lo que antes no quiso admitir: Takeda no era débil, era flexible como el bambú que se inclina antes de romperse. Se colocó al costado de Takeda, de modo que su cuerpo interceptara cualquier caída, como si fuera la columna que sostiene un templo sagrado.

    Avanzaron en silencio hasta encontrar otro ente para la segunda prueba. Una prueba que a Kenzaburo le tomó desprevenido, creyendo que quizá fuera más física. El temblor del Reino no se comparaba al que le recorrió el pecho al oír la pregunta.

    "¿Guardas desprecio hacia la decisión que tomé con Mao?"

    Sus ojos permanecieron fijos en Takeda, aunque él no pudiera verle, pero antes de hablar escuchó a Kuroki. Las palabras del chaval no sonaban a excusas vacías; miedo, vacío, resignación... la aceptación final de un destino sin redención. Kenzaburoi no dijo nada, pero pensó en Mao, en cómo no vio la grieta de su alma, en cómo creyó que simplemente enseñándole a usar la espada era suficiente para enseñarle sostener su espíritu... y ahora Kuroki hablaba de vacío. ¿Había sido el vacío lo que consumió a Mao? No lo sabía, pero tampoco lo externalizó. Porque esta vez no era tiempo de juzgar, era momento de responder a su señor.

    Alzó la mirada hacia las luciérnagas. Recordó otras noches. Recordó una niña sosteniendo una espada demasiado grande para sus manos. Recordó promesas hechas bajo techos humildes, cuando el clan era más un refugio que el emblema que simbolizaba ahora.

    —Sí, sentí desprecio. —se arrodilló frente a su señor, aunque no lo pudiera ver. —Pero no hacia ti, sino hacia mí. Tú eres mi líder, mi señor... mi amigo... has podido transformar a un grupo de espadas dispersas en un propósito, incluso... que yo dejara de verme como un error que sobrevivió tanto tiempo —respiró hondo, necesitaba aire para las palabras que estaba por desenvainar —El desprecio que existió aquél día en Shizuoka fue hacia mi. Yo la entrené, yo la protegí... yo debí ser quién viera aquella sombra de duda en su mirada. Creí que bastaba con disciplina, creí... que darle un propósito, un hogar, era suficiente. Y cuando traicionó comprendí que no supe leerla. Un samurái debe anticipar el filo antes de que corte y no lo hice. —respiró hondo, intnetando centrar las emociones que estaban surgiendo de su interior. —Tú haz hecho lo que yo jamás habría podido hacer. —levantó el rostro ligeramente. —Yo habría dudado, habría intentado salvarla, habría intentado ver otra salida... y en esa duda, en un momento de debilidad, quizá habría condenado a más personas. —sus ojos se endurecieron por la aceptación que estaba teniendo al fin su alma. —Ése día, Takeda, me demostraste determinación y vi el peso del liderazgo; el peso de cargar con decisiones que otros no pueden soportar.

    Bajó la mirada mientras la mancha oscura que llevaba en su espíritu se diluía como la pintura con la lluvia.

    —Pensé que eras débil, hace años. Que tu mirada era demasiado honesta para este sucio mundo, creí que eras un hombre que dudaría cuando llegara el momento de decidir entre el corazón y el deber. —una pequeña risa ronca de aceptación. —Me equivoqué. Si algo ganaste ese día fue mi respeto absoluto. El desprecio lo sentí hacia mí por no haber sido capaz de hacer lo que debía, por no haber visto antes. Tú hicsite lo que corresponde a un líder y yo... yo fallé como guardián. —alzó el rostro una vez más, esta vez hacia los ojos de Takeda. —Si volviera a suceder... confiaría en tu juicio otra vez.

    No añadió nada más, tampoco justició otra vez. La lealtad no necesita discursos largos, solo la verdad y en esa verdad el desprecio nunca estuvo dirigido hacia Takeda, jamás lo estaría. Y Kenzaburo siempre estaría allí, como un faro en medio de la oscuridad, el hielo, la tierra o el fuego.
     
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    Amelie

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    Mara no contestó a Kuroki; pero Kuroki entendia, Mara tampoco sabía el por qué de los temblores.

    Takeda no había tomado demasiado tiempo en formular sus preguntas, eran algo que ya cargaba a cada paso; y no sólo eran preguntas para Kenzaburo y Kuroki; cargaba dudas en silencio, dudas que él no creía que debía hacer.


    "No temo en lo que me convertí"

    Takeda creía que el verdadero mal no teme en convertirse en malvado. Y si la respuesta de Kuroki hubiera quedado sólo allí; lo habría dejado solo; porque el alma que teme en convertirse en malvada, ya está a un paso del perdón.

    "Temo morir, y quedarme en la nada"

    Pero el temor a la muerte era algo genuinamente humano. La palabras de Kuroki eran arrepentimiento.

    "No temo lo que soy, lo acepto...temo el resultado"

    Takeda sonrió, porque para él no era que Kuroki le pidiera perdón, que Kuroki le dijera que tenía confianza en él; esos vínculos fue el mismo Kuroki quién los rompió, y a toda acción había consecuencia.

    "Nosotros no somos los mismos de ayer; renacemos cada día"

    Takeda escuchó en silencio. El sonido del alma cuándo se queda sola. Era una pelea contra el ruido del mundo. Hablar no era más importante que comprender. Las voces eran más fuertes, voces que condenaban las acciones de Kuroki, y entre ellas estaba la suya, era consciente de ello. Los vínculos eran eco y las palabras paredes que rebotan. Takeda sonreía en silencio absoluto porque las acciones de Kuroki en esos momentos no eran arrebatos o berrinches; no. Esta vez sus pasos avanzaban hacia ayudar a alguien más, no as sí mismo. Eso era la búsqueda de la justicia. Una propia. Y recordó las palabras que le dijo a Kohaku hace unos momentos atrás:

    "Nada me promete nada, mi fe es ciega; avanza conmigo. Pero sobre todo me elijo mí. Pero al "yo" que aun cuida de los demás; no al que dice que la indiferencia al dolor es verdadera libertad. Si nada me es prometido, me rehúso a volverme vacío, elijo la misericordia no porque gano con ella, sino porque me mantiene humano. Los Dioses deben también creer en su creación. Kuroki sigue siendo mi responsabilidad porque no ha escapado de mi juicio"

    Takeda no respondió a Kuroki, no le correspondía; esas palabras que Kuroki ahora decía eran las que el mismo Kuroki debía escuchar. El silencio no es ausencia, es una respuesta tan profunda que pocos están preparados para escucharlo. El silencio también habla, porque el alma no necesita ser escuchada, sólo comprendida. Takeda entendió que no era su turno de hablar, de reprochar más. Kuroki ya no era más su responsabilidad, ese era su juicio final; ver cómo Kuroki avanzaba a un camino más justo, pero tristemente no a su lado, y el no tenía ningún derecho a retenerlo más con sus palabras. Kuroki se había vuelto su propio líder, ya no lo necesitaba a él.

    Las piedras en los pies de de Takeda comenzaron a quebrarse; pero no lo suficiente para liberarlo, aun debía escuchar a Kenzaburo.

    "Ése día, Takeda, me demostraste determinación y vi el peso del liderazgo; el peso de cargar con decisiones que otros no pueden soportar."

    Cargar con el odio de sus aliados, ser responsable de éste a pesar de romper sus principios. Porque Takeda no era un héroe, no era un redentor; debía ser un líder. Los héroes no son los que gobiernan porque su más grande virtud también es su más grande debilidad: dudan; pesan el bien y el mal y sólo buscan hacer el bien.

    "Creí que eras un hombre que dudaría cuando llegara el momento de decidir entre el corazón y el deber"

    Un héroe, no sacrifican su ser por nadie más; su honor es superior. Así era Kenzaburo; pero así no podía ser Takeda, así tampoco era Kuroki, ellos ya habían sacrificado lo que eran.

    "Si algo ganaste ese día fue mi respeto absoluto."

    Takeda debía tomar las decisiones a pesar de no parecer las más justas. Para subir a lo más alto, un líder sacrifica mucho de lo que es; pero no lo que representa. Takeda lo entendió, por eso... las acciones de los suyos eran su responsabilidad, su bagaje sobre sus hombros. El dolor de Kenzaburo, a diferencia de el de Kuroki; seguía siendo suyo también. Y Takeda lo cargaría junto a Kenzaburo por el resto de sus días. Porque eso era la lealtad.

    "Si volviera a suceder... confiaría en tu juicio otra vez"

    Y con esas palabras; la roca a los pies de Takeda se quebró por completo dejando frente a él un arma de extraño aspecto.

    Kenmyōren.png

    Las palabras de ambos habían quebrado una coraza que Takeda había impuesto; su ojo aun humano comenzó a llorar, rápidamente Takeda limpió el agua con la muñeca de su brazo, y el mala se empapó de esa agua; iniciando el ciclo nuevamente. El agua alimentando la madera.

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    "El cielo no pide permiso para llover"

    —La tierra —inició el ente — nos entrega el metal — dijo levantando el arma a pies de Takeda —Takeda Minamoto ha pisado este mundo para demostrar que es digno de los cinco elementos. Madera atada a su brazo; el fuego de su corazón; la tierra que ha aprendido a cultivar; el metal con el que defiende a los suyos; el agua que derrama al perderlos —extendió el arma ante Kuroki.

    La mente de Mara abrió en Kuroki una verdad que el Dios ocultaba con fuerza para no dañar aquel resultado. Esta era su prueba en los seis reinos; y es por ello que este reino no poseía a ningún Shin Tenma.

    —Este mundo es para espíritus en su lucha; permanecer aquí por mucho tiempo más, arrancaría la vida de un mortal. Tus acciones —dijo señalando a Takeda — Han convencido al verdugo.

    Mara.

    "Aquí está mi mayor secreto" Dijo molesto, pues si iba a revelar un secreto con un humano, hubiera preferido a Rengo sobre Kuroki "Es momento de que devuelvas a este humano y a su siervo más preciado"

     
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