Retrato de un asesino

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Cut My Neck, 19 Agosto 2010.

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    Cut My Neck

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    Retrato de un asesino

    Titulo: Retrato de un asesino
    Resumen: En la tranquila Ciudad Central se están cometiendo una serie de asesinatos cada vez más sádicos, el agente Glenn y sus compañeros tienen que pararle los pies antes de que haga daño a más personas. Empieza una lucha desesperada por descubrir la verdad y el tiempo juega en contra de los agentes. ¿Quién ganará la partida?
    Género: Thiller, policiaca, drama, paranormal.

    --------------------------------​




    Prólogo


    Aquella mañana no se escuchaban los pájaros ya que habían huido hacía un año. Eso tendría que haber hecho yo, huir lejos.

    Me encontraba en el setecientos veinte de King Street en Ciudad Champiñón, aquella era una calle regentada por prostitutas y drogadictos. Los periodistas se aglomeraban a la entrada del callejón, malditos insensibles siempre sedientos de noticias brutales para subir audiencia.

    Entre varias bolsas de basura yacía el cuerpo de un chico joven bocabajo, sus ojos estaban abiertos y su expresión daba verdadero miedo. El pobre parecía que había visto al mismísimo diablo y así era.

    Mi nombre es Glenn.

    Llevaba en el cuerpo de policía más de veinte años persiguiendo ladrones, traficantes de drogas pero nunca me había topado con algo así. Dos o tres asesinatos cada noche, todos chicos jóvenes con toda su vida por delante. Era detective.

    Siempre seguía un ritual, después de seducirles los llevaba a un sitio apartado y los mataba de dos maneras: un corte seco en el cuello llevándose por delante cualquier vena o arteria o estrangulándolos con un cable o usando sus propias manos.

    La prensa le había apodado “el asesino del hospital” ya que había protagonizado dos incidentes en dicho edificio.

    Me encontraba mirando el cadáver.

    — ¿En qué piensas?

    Era Getxa, mi compañero en aquel tiempo.

    —Solo estaba pensando en lo que ha tenido que sufrir este chico antes de morir a manos de “ese”. Toda su vida truncada de la noche a la mañana.
    —Sí, es una pena que muera gente tan joven.

    Un policía joven con el pelo marrón llegó corriendo al lugar.

    —Señor, han encontrado otro cadáver a trescientos metros de aquí.

    Corrimos a toda prisa hasta llegar a una calle muy transitada a esas horas de la mañana, una mujer yacía en el suelo desmayada mientras que todos los agentes miraban con cara de asombro.

    —Dios santo, ¿Qué coño es esto?

    Colgado de la pared estaba el cuerpo de un chico clavado con lo que parecían ser clavos, sus ojos también estaban abiertos y vacios de vida como los demás.

    En su pecho se veía sangre ya seca. Desde mi posición podía ver la gran brecha que segó la vida del chico, le llegaba de oreja a oreja simulando una gran sonrisa. El asesino se estaba riendo de nosotros pero no lo íbamos a permitir nunca.

    —El corte significa que se está riendo de nosotros por eso lo ha hecho con forma de sonrisa.
    —Ese cabrón nos lleva mucha ventaja. —Getxa estaba disgustado y no era para menos.
    —Le pillaremos ya verás.

    Esas palabras fueron lo más tonto que he dicho en mi vida. Cuatro meses, más de una treintena de asesinatos cada vez más sangrientos. Despellejados, degollados, estrangulados, clavados en puntas… parecía algo sacado de una película de terror tipo “Viernes 13”.

    Nuestro Jason particular era humano tan humano como nosotros.

    Después de acabar mi turno fui al cementerio a rezar por mi familia, murieron en un incendio cuando yo me encontraba trabajando para sacarlos adelante. Fue lo más duro que recuerdo hasta ahora.

    —Os quiero, nos veremos pronto.
    Todavía no había superado la depresión y soñaba con morir para reunirme con ellos. Recuerdo que cogí el arma y me apunté a la cabeza.

    Los árboles crujían y se movían culpa del viento, me dejé caer hasta tocar el frío mármol. Mi mujer, mi adorada mujer no hubiera querido que acabara así.

    —No puedo morir, tengo que atrapar a ese cabrón.

    Guardando el arma me levanté y caminé. El móvil sonó.

    —Ven a la central, tienes que ver esto.
    — ¿Qué pasa?
    —Ese cabrón nos ha dejado una “dedicatoria”.

    Pensé en Jack el Destripador y las cartas que mandó a la policía, ¿Qué dedicatoria habría dejado? Estaba ansioso de saberlo.

     
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    The Makoto

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    Aries
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    Re: Retrato de un asesino

    Pues honestamente la idea no esta mal, lo veo bien estructurado en algunos rasgos como el orden de los hechos que deja un aire de suspenso.
    Pero no me gusta mucho que, al menos en el prólogo, todo sucede demasiado rápido, es muy corta la narración lo que no me da una buena impresión; pese a esto espero que sigas escribiendo, la historia es prometedora.
     
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    leshlyperez

    leshlyperez Guest

    Re: Retrato de un asesino

    Vaya, me ha gustado bastante :O
    Síguelo, es genial. Yo soy bastante rara y estas cosas me gustan xDD
    Yo pienso lo mismo que m@go oscuro, la historia es prometedora :P
    Suerte :)
     
  4.  
    Sora Seoane

    Sora Seoane Guest

    Re: Retrato de un asesino

    También me ha gustado mucho :)
    Tiene suspense y además está muy bien estructurado. Me encantó de verdad.
    Quizás la pega es que esto debería ser mejor el primer capítulo y no el prólogo.
    Aun así espero ver la continuación.
     
  5.  
    Cut My Neck

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    Re: Retrato de un asesino

    Me alegro que os haya gustado, aquí va el primer capítulo.

    --------------------------------​



    Capítulo I


    Llegué pronto a la comisaría central y bajé a la morgue donde estaba Getxa con Stephen, el forense.

    — ¿Qué ha dejado ese loco?
    —Le dibujó algo en el pecho.

    Pasamos a la sala, el olor a productos químicos me mareó de veras. El hombre descubrió el cuerpo del chico que estaba morado, en el vientre tenía letras grabadas con un cúter.

    “Jaque mate, polis”

    — ¿De qué murió?
    —Eso es lo más raro, al mirarle por el cuerpo no presenta ni una herida al abrirle la cabeza vi algo raro. Murió de un ataque cerebral.
    — ¿Ataque? O sea que no lo mató.
    —Lo intentó antes de que se muriera posiblemente en sus brazos, ese chico tenía un tumor del tamaño de una pelota de golf en la cabeza.

    Getxa puso una extraña mueca y sacó un folio de papel.

    —Se llamaba Max White, veintidós años. Sus familiares han dicho que estaba metido en líos de drogas. Era cocainómano desde los dieciocho años, pasó por tres centros de rehabilitación pero terminó escapándose de los tres.

    Se tocó la cabeza.

    —Hace tres años le dieron varios desmayos, fue al hospital y le diagnosticaron un tumor cerebral. —Continuó Stephen.

    En la pantalla luminosa de la sala estaba puesta una radiografía de la cabeza de Max.

    —Getxa, tienes muy mala cara. Vete a comer algo, acompáñale Glenn.
    —Claro.

    A veces se le iba la vista, como el joven muerto él tenía un tumor cerebral maligno en su cabeza.

    Salimos por la puerta y entramos a la cafetería que estaba enfrente del edificio. La dueña era una chica gótica muy guapa, recuerdo su pelo negro y con mechas moradas.

    Miré hacia atrás donde un grupo de chicos reían seguro que con algún comentario del gracioso de turno. A mi lado se sentó un joven con un cigarrillo en la mano.

    —Ponme un café.

    Pude ver como la chica le miró pícaramente.

    Su voz era curiosa y su cara aún más. Tenía los ojos grises claro y la nariz extremadamente larga. Miró hacia nosotros.

    —Getxa…
    — ¿Qué tal estás?
    —Como siempre, ya sabes, sin un puto duro en la cartera.
    —Eres muy joven, puedes buscar un trabajo. —Dijo Get con una sonrisa.
    — ¿Y dónde lo encuentro? La vida en esta ciudad es una mierda.

    El chico no cambiaba la expresión de su cara, estaba realmente enfadado. La mujer le puso el café, vi como buscaba en sus bolsillos posiblemente alguna moneda suelta.

    —Mierda, mañana te lo pago ¿te importa?
    —Claro que no, cariño. —Sonrió la chica.

    Seguramente era su novia, hacían muy buena pareja. Los dos góticos abrazándose y mirando el anochecer desde los acantilados. Muy romántico.

    Por la puerta entró un chico de pelo negro largo y ojos azules. Vestía de negro y con una camiseta de un grupo de metal. Cosas de jóvenes.

    Se acercó al joven de la nariz aguileña y se sentó a su lado. Miraron hacia la televisión, los malditos reporteros ya sabían lo de los dos asesinatos.

    —Hijos de… —Murmuré por lo bajo.
    —Quien coño pone los motes a los malditos psicópatas. —Dijo el de pelo marrón.
    —Ya verás como ese cabrón se carga hasta el último habitante de la ciudad.
    —No si hacemos algo. Patrullas vecinales, llamar al ejército o cosas así. El puto alcalde se gasta nuestro dinero en putas cuando tendría que llamar a los JEOS o algo de eso.

    El de pelo negro le miró raro, él ni se inmutó.

    —Llevas razón, mucha razón.
    —Cada vez nos parecemos más a los yanquis, siempre con asesinos en serie en nuestras calles cuando tendríamos que… —Puso las manos como si fuera una pistola— ¡PUM! Y se acabó el problema.

    Nos bebimos el café los cuatro casi a la vez. El joven no paraba de fumar.

    —El tabaco mata ¿lo sabes?
    —Qué más da, lo que iba a ganar el mundo si yo palmara ahora mismo.
    — ¿Y eso?
    —Es la puta verdad, creo que solo lloraría él. —Señaló al chico de pelo negro— Mí vida es una completa mierda.

    Se levantó encendiendo otro pitillo y se alejó con el chico de pelo negro que pagó su café. Antes de salir se escuchó toser al de pelo marrón.

     
  6.  
    Sora Seoane

    Sora Seoane Guest

    Re: Retrato de un asesino

    Sigue así!! :)
    Has utilizado el mismo estilo con la forma de hablar cordial entre los personajes, me ha gustado mucho, y el suspense se va multiplicándose.
    Solo espero que todos los ciudadanos no se mueran antes de que acabes de contar la historia ;)
     
  7.  
    Cut My Neck

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    Re: Retrato de un asesino

    Capítulo II

    Desde hacía varias horas notaba un pequeño dolor en el costado que cada vez aumentaba más.

    —Ahora vengo, voy a casa a coger una cosa.

    — ¿Dónde vives?
    —Allí. —Señalando al edificio que teníamos delante— bajo enseguida.

    Subí al ático y pasé al gran salón de treinta metros cuadrados, la ventana daba al exterior y había un terrado para mí solo donde tenía miles de plantas y una máquina de oxigeno estropeada descansaba en un rincón.


    Anduve hacia mi habitación la cual cerré, esta era enorme también y estaba adaptada a mi vida. La cama se movía con un mando, al lado izquierdo unas pantallas de ordenador conectadas a una máquina y al derecho un portasuero con dos bolsas y debajo de la cama una máquina de oxigeno.


    Me senté en la cama y miré por la ventana donde se veía el mar tan cerca que casi se podía tocar.


    —Un buen sitio para morir. —Pensé.


    Nací con los pulmones más pequeños de lo normal pero me recuperé y llevé una vida totalmente normal hasta que un día empecé a fumar. Me daban ataques de asma dos o tres veces por semana.


    Aunque toda la parafernalia de mi habitación no era precisamente para el asma, me estaba muriendo pero me ayudaba una combinación de analgésicos y drogas. O sea que trabajaba dopado.


    Poco a poco la dichosa enfermedad iba minando mi cuerpo. Me tumbé y me puse las gafas nasales que me aliviaron el terrible dolor que sentía en aquel momento. Cerré los ojos y me conecté el suero al Port A Cath.


    El móvil me hizo abrir los ojos de nuevo, lo cogí.


    — ¿Si?

    — ¿Qué te pasa? Vamos, el comisario quiere decirnos algo. Creo que es algo relacionado con la matanza en el colegio San Sebastián.
    —Ahora bajo.

    Totalmente recuperado me levanté, apagué las máquinas y miré unos segundos mi demacrado rostro y recordé cuando era un crio pálido pero rubio como el trigo.


    Bajé por el ascensor y salí hacia donde estaba Getxa.


    —Siempre haces lo mismo, ¿Qué haces ahí arriba?

    —Cosas…
    —Se que te pasa algo pero no quieres decírmelo.

    Es muy difícil decirle a tu mejor amigo que te estás muriendo por hacer el tonto con los cigarrillos, decirle que el tumor que tienes en el pecho no se puede operar y que ningún tratamiento hace efecto. Solo había que esperar a lo inevitable.


    —Vamos, baja de las nubes. —Sonrió.


    Al entrar vimos a muchos periodistas y al comisario que nos hizo un gesto con el dedo.


    — ¿Qué está pasando aquí?

    —Vamos a dar una rueda de prensa urgente.
    — ¿Qué pasa con lo de la matanza?
    —Los muertos, el asesino y los otros chicos que nos avisaron estaban en una macro orgía con sexo, drogas y demás. Stephen dice que solo hubo un asesino.

    Dos semanas antes hubo un asesinato en masa donde murieron diez chicos inocentes y varios heridos por pisotones o caídas mientras huían del psicópata.


    Miré por la ventana hacia el parque que había delante, con mi visión de halcón pude ver al chico de pelo marrón con el otro de pelo negro juntos sentados en un banco.


    —El asesino es un asqueroso homófobo, solo mata chicos gays. —Insultó el jefe.

    — ¿Y si él es gay? —Pregunté sin dejar de mirar.
    — ¿El tarado ese? No creo para nada que sea gay. Puede que se haga pasar para captarles pero un marica que mata maricas es improbable.
    —Ya pero ¿y si tiene un trauma? Puede que uno le pegara una ETS* o el VIH.
    —Claro que puede ser. —Me animó Getxa— ¿Qué miras?
    —Una pareja del parque.

    Los tres miramos por el ventanal que daba al gran parque, era un bajo así que teníamos visión de los bancos que estaban al lado de la fuente.


    —Biden… —Dijo Getxa.

    — ¿El de pelo marrón?
    —Sí, es un amigo mío. Se llama o apellida Biden, siempre está cabreado porque no tiene ni un duro.
    —Quiero saber todo de él hasta el tipo de gallumbos que usa.

    No veía tan animado al jefe en mi vida.


    --------------------------------

    Glosario del capítulo

    ETS: Enfermedad de Transmisión Sexual.
     
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    maFFer susin

    maFFer susin Usuario común

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    Re: Retrato de un asesino

    hola que tal acabo de leer tu historia, muy buena tematica, sale de lo normal. En verdad narras de maravilla y la idea es estupenda, espero que lo continues pronto, seri una lastima si no lo hicieras es una gran historia (;
     
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    Re: Retrato de un asesino

    Capítulo III

    Buscamos el nombre completo de Biden en los archivos policiales con un avanzado programa de ordenador pero no salió nada.

    —No tiene antecedentes, está limpio.
    —Tengo algo. —Dijo Fleming, el experto en informática de la comisaría.

    Ese era su apellido pero le llamábamos así.

    Fuimos hacia donde estaba, era una ficha de un hospital psiquiátrico.

    —Ese tal Charles Biden fue ingresado cuando se intentó suicidar. Estuvo dos meses encerrado porque tenía muchas posibilidades de suicidio, estando allí se cortó el cuello con un saliente de la cama que estaba roto.
    —Una vez cuando estaba en su casa vi que tenía todos los brazos llenos de cicatrices superficiales pero profundas. —Dijo Getxa.
    —El pobre era un adolescente parasuicida como muchos otros. —El chico me daba pena.
    —Aquí hay otra ficha de un ingreso en el mismo centro. Tenía dieciocho años, ingresó por un ataque donde cayó al suelo y se golpeó contra la esquina de una mesa. El acompañante dijo que al darse el golpe empezó a convulsionar y a echar espuma por la boca. El paciente se quejó de que le iban a quitar el piso por no poder pagar la mensualidad de la hipoteca. Cuando ingresó tenía fiebre de treinta y ocho grados y fuertes convulsiones. Diagnostico: Ataque epiléptico grave.
    —No sabía que había estado así. —Dijo Getxa bastante triste.
    —Unos mucho dinero y otros nada.
    —El último ingreso fue a los diecinueve años por una presunta intoxicación de setas o sea de amanitas muscarias ingresó con fuertes alucinaciones que no se le pasaron hasta pasados tres días por lo que los médicos negaron la intoxicación como causa. Le estudiaron cinco psiquiatras y le dieron un diagnostico definitivo: Esquizofrenia paranoide. Le recetaron varios medicamentos antipsicóticos.
    —Voy a pedirle al jefe permiso para interrogarle aunque no creo que sea el pero hay que tener controlados a los jóvenes.
    —Aunque la mayoría de los psicópatas nunca han sido diagnosticados de nada por cierto con la medicación tiene que estar muy relajado. Puede que no le entendamos bien. —Getxa era listo.

    Fui al despacho del comisario a explicarle todo lo que habíamos avanzado, salí con una autorización en la mano para interrogar a los dos chicos.

    Bajamos Getxa y yo hacia el parque, al vernos ni se inmutaron.

    — ¿Podéis acompañarnos?
    — ¿Para qué?
    —Queremos haceros unas preguntas sencillas, ya se las hemos hecho a varios chicos ¿os importa?
    —No, claro que no.

    Se levantaron, pude ver la altura del tal Charles. Mediría más de dos metros de altura.

    Fuimos a la sala de interrogatorios.

    —Sentaos.

    Los chicos se sentaron, al más joven el pelo le tapaba un ojo. Pronto lo puso hacia atrás. Salí hacia la sala que había detrás del espejo.

    — ¿Qué creéis?
    —No creo que hayan sido ellos aunque el alto me da escalofríos. Getxa, fíjate en la cara del chico de pelo castaño, no tiene expresión.
    —Entremos.

    Entramos al a sala con varios folios en una carpeta. Nos sentamos, empecé yo.

    — ¿Eres Charles Biden?
    —El mismo.
    — ¿Cuántos años tienes?
    —Veintiuno.

    Lo apuntaba todo.

    —Veo que eres muy alto ¿Cuánto mides?
    —Creo que ya llego a los dos con veinte. No se engañen, es una enfermedad.
    — ¿Gigantismo?
    —Sí, creceré hasta que me muera me dijo el médico que puedo llegar a medir tres metros. Si viviese hasta los ochenta podría superar esa altura.
    —O sea que vas al cine y no dejas ver a nadie.
    —Muchas veces me han echado algún que otro piropo.
    — ¿Sois pareja?
    —No sé cuánto durará pero sí, estamos juntos.
    —Según hemos visto has estado en el psiquiátrico ¿verdad?
    —Varias veces, la adolescencia que he tenido no se la deseo ni a mi peor enemigo si lo tuviera.
    —También sabemos que te diagnosticaron esquizofrenia paranoide ¿tomas medicación?
    —Claro, si no la tomara estaría que me subiría por las paredes ¿no crees?
    —Llevas razón.

    Getxa cogió una hoja y apuntó algo. Él iba a hacer el interrogatorio al chico moreno.

    — ¿Cómo te llamas? —Al joven moreno.
    —Seth Lione Turilli. Tengo diecisiete años.

    El chico parecía tímido ya que hablaba bajo mientras se tocaba el pelo que le llegaba por la cintura. Desde mi posición pude ver que tenía las pupilas dilatadas.

    — ¿Tomas drogas? —Mi compañero me miró raro.
    —Por favor, me pueden traer un vaso de agua. —La pregunta le había puesto nervioso.
    —Claro, ahora mismo.

    Salimos los dos.

    — ¿Por qué le has preguntado eso? —Gritó Get.
    —Tiene las pupilas dilatadas.
    —No creo que esté drogado.

    Un compañero entró a la habitación.

    —Siento decir que Glenn tiene razón, este chico ha estado en tres clínicas de desintoxicación de las cuales se ha escapado.
    — ¿Qué droga consume?
    —No lo pone.
    —Canta que no veas, si te fijas en su movimiento facial verás que a veces arruga la nariz. Blanco y en botella, en este caso sería blanco y en polvo.

    Volvimos a entrar con la botella de agua fría.

    — ¿Desde cuándo consumes droga?

    No contestó.

    —Respóndeme, sabemos que te has escapado de las clínicas de desintoxicación.
    —No me acuerdo de la primera vez.
    — ¿Qué droga consumes habitualmente?
    —De todas pero el problema lo tengo con el polvo blanco.
    —Eres muy joven, puedes recuperarte de tus adicciones.
    —No creo que pueda.

    Mis ojos miraron hacia la cruz invertida que llevaba colgada del cuello, tenía los ojos pintados por debajo pero nada comparado con el otro chico. Seguí yo con el interrogatorio al joven alto.

    — ¿Por qué te pintas así?
    —Es mi seña de identidad, representa lo que siento. La sociedad se está muriendo poco a poco culpa de cuatro chalados.
    — ¿Sería mucho pedir que te quitaras la pintura?
    —Como quieras pero llevará su tiempo. Es difícil de quitar.
    —Spike, acompáñale al baño.

    Tardó casi un cuarto de hora, entró a la sala sin el maquillaje algo que nunca tendría que haberle dicho que se quitara. Mi corazón se aceleró enseguida. En su “tétrica” cara tenía unos grandes arañazos recientes desde la mejilla hasta el final de la cara.

    — ¿Y esas marcas?
    —Ayer fuimos a un concierto donde todos nos empujamos y algunos acabamos así, aunque otros quedaron peor.
    —En mi juventud no pasaba eso. Con lo bonito que es bailar agarrados y no arañarse así. ¿Habéis ido algo raro estas últimas noches por el barrio gay?
    —Un tío que gritaba a todos los que pasaban a su lado “hijos de puta” y cosas así.
    —Varios chicos denunciaron a un tipo así. —Afirmó Getxa.
    —Cuando pasé por su lado me dijo que me iba a matar, ese cabrón no está bien de la azotea. Bueno nadie está cuerdo, sé lo que es pensar que todos se ríen de ti cuando no lo hacen, pensar que te van a agredir en cualquier momento y correr a toda velocidad.

    El interrogatorio había llegado al final.

    —Bueno, podéis iros. —Les di una tarjeta.

    Salieron por la puerta mientras nosotros escribíamos en el ordenador las preguntas y respuestas del interrogatorio. Se descartaron como sospechosos al instante de que el jefe lo vio.

    El que tenía todas las papeletas de ser el asesino en serie era el tío que insultaba a los gays.

     
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    Re: Retrato de un asesino

    Capítulo IV
    Analizamos lo que nos habían dicho siete de los chicos que interrogamos sobre el tío que insultaba a los gays.

    —El tipo parece que es el típico vagabundo con problemas mentales.

    —Pero puede haber sido él. Ir al barrio “floreado” para insultar a los chicos es muy raro. —Dijo Getxa concentrado.
    —Hasta que alguno se lo tome mal y le pegue una buena ostia. No hay nada más malo que un gay cabreado.
    — ¿Cómo lo sabes?
    —Se nota que no has oído la historia de uno que le puso los cuernos a otro y este último se lió a puñaladas con el ex. Al final se cargó al que era su novio y al amante de este.

    Uno de los policías de la entrada entró a donde estábamos nosotros.


    —Hay un tipo abajo con un ataque que dice algo de un asesinato o no se qué.


    Como siempre bajamos Getxa y yo donde un hombre mal vestido se cubría la cara con las manos.


    — ¿Qué le pasa? ¿Se encuentra bien?

    —Esos maricones han muerto en mi casa…
    — ¿Los has matado?
    —En mi casa hay dos maricones muertos.
    — ¿Dónde está tu casa?
    —Mi casa está llena de sangre, hay dos cuerpos tirados en el suelo.
    —No vas a sacarle nada.

    Por suerte tres chicos entraron a la comisaría rápidamente.


    —Por favor, ayudadnos. En los lavabos públicos del parque hay sangre, no sé que habrá pasado.

    —Seguro que es donde vive el vagabundo, vamos.

    Corrimos hacia el baño público del parque y entramos, efectivamente había sangre por el suelo.


    —Aquí ha pasado algo chungo. —Dijo Getxa, que gracioso.

    —Creo que sé de dónde viene toda esta sangre. Salid.

    Los chicos salieron y nos acercamos a sendos baños donde había dos cuerpos con la cabeza metida en el retrete. La pared estaba llena de gotas de sangre al igual que el inodoro.


    —Vaya muerte más cruel y asquerosa en todos los sentidos.

    —A ver quien los mueve ahora de aquí.
    — ¿Por qué lo dices?
    —El puto rigor mortis, te puedo asegurar que no van a poderlos mover.
    —Parece que los intentaron ahogar pero como no morían les cortó el cuello.
    —Además les cortó los dedos, las gotas de sangre llegan hasta la puerta y desaparecen. O sea que el asesino se llevó los dedos de los chicos. Pero ¿Por qué?
    — ¿Sadismo? ¿Canibalismo?

    Los pensamientos no me dejaban pensar, un fuerte dolor de estómago hizo doblarme.


    — ¿Y si lo miramos desde otra perspectiva?

    — ¿Cómo?
    —Puede que uno de los chicos se defendiera del ataque usando las manos.
    —Es verdad, puede que le quisiera pegar.
    —No, otra cosa. Al ver el cuchillo el chico le pegó una patada quitándole el cuchillo…

    Tenía toda la escena en la cabeza, a veces me metía en la misma mente del psicópata.


    —Al ver que le quitó el cuchillo el homicida le agarró del cuello aplastándole contra la pared pero él no quería morir así que le dio un arañazo tan fuerte que…


    Me agaché y saqué las pinzas.


    —Se le partió una uña.

    —Impresionante… —La cara de Getxa era un poema.
    —El psicópata se apoyó contra el lavabo donde sangró, se lavó la cara mientras su furia crecía.

    Tomé una muestra de sangre que había en el lavamanos.


    —Este chico seguro que lo pilló cuando lo estaba matando y lo asesinó para que no se chivara. Ahora lo que hay que hacer es saber que concierto de Heavy Metal había ayer.

    —El de Calabria 666, así acabé yo. —El chico tenía un moretón en la mejilla.
    — ¿En esos conciertos se pegan?
    —También se empujan y hasta se arañan.

    Cuando estábamos esperando a los forenses una fuerte explosión nos hizo tirarnos al suelo como toda la gente que estaba agolpada a las puertas de los baños.


    La gente gritaba así que miramos hacia delante, aquello era el apocalipsis. La principal iglesia de la ciudad ardía sin control.


    — ¿Que mierda está pasando en esta ciudad?

    —Parece ser que un niño tocó una caja que había fuera de la iglesia y le reventó en la cara. Después de esa explosión hubo otra en el interior.
    —Si creyera en Dios pensaría que esto es obra de Satanás. Pero ahora hay que usar la lógica y no la fe.

    Yo, ateo de toda la vida empezaba a creer en la posibilidad de una secta satanista.


    Todos sabíamos que iba a ser una lucha épica del bien contra el mal, de la luz contra la oscuridad.


     
  11.  
    Cut My Neck

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    Retrato de un asesino
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    Re: Retrato de un asesino

    Capítulo V

    La gente se agolpaba a las puertas de la iglesia que estaba totalmente quemada por fuera mientras que los bomberos enfriaban el interior desde fuera.

    —Malas noticias, el niño ha muerto. —Nos comunicó uno de los agentes.


    Una sensación de impotencia invadió mi cuerpo.

    —Los otros heridos están muy graves y uno ha perdido el oído culpa de la explosión. Cuando estaban operando al niño encontraron clavos.


    Era una bomba fabricada con clavos para matar a más gente.

    —Además parece que la dinamita “goma dos” es casera.
    — ¿Goma dos casera? Es muy difícil hacer explosivos seguro que el tío tiene algún título en química.
    —No creo que haya sido una persona sola creo que debe haber más asesinos y no solo uno como pensábamos.
    —Ya podéis pasar, la estructura no tiene daños pero tened cuidado ahí dentro.

    Pasamos a dentro no sin antes ponernos una mascarilla y coger una linterna. Todo estaba oscuro, las luces no alumbraban culpa del humo acumulado dentro.

    Anduvimos por toda la iglesia que estaba calcinada, en una zona en concreto el suelo estaba pegajoso. Getxa se agachó, tomó una muestra y la olió.

    —Es acelerante para barbacoas. Parecido a la gasolina pero más inflamable.

    Fuimos hacia el altar.

    —Oh, mierda…

    Tumbado sobre el mismo yacía un cuerpo carbonizado y clavado de manos a dos tablas.

    La imagen del santo estaba en el suelo le habían cortado los dedos como a los chicos de los lavabos públicos. En la pared había algo escrito con lo que parecía ser sangre, seguramente del pobre hombre.

    “La iglesia más bonita es la que arde”

    Escuchamos un fuerte crujido y nos tiramos detrás del altar.

    —Malditos malnacidos. Joder…

    El ruido dejó de sonar y nos levantamos pensando en un derrumbe. La enorme cruz de la pared se había puesto bocabajo.

    Señalaba al cuerpo del hombre.

    —Glenn, ¿crees en Dios?
    —Ahora no es momento de pensar en eso. Seguro que lo han hecho para despistar, diles a los forenses que pasen. Yo me voy a casa que estoy muy cansado, tu tendrías que hacer lo mismo.
    —Claro, vete.

    Salí del templo y muy fui directamente hacia casa. Timoty, el enfermero que me cuidaba hacía la comida.

    Me senté a la mesa cuando la preparó.

    —Que día de perros he tenido… Timoty ¿crees en Dios?
    —A veces. Ya he oído lo que ha pasado hoy, ha sido terrible. Desde aquí he visto como ardía la iglesia y yo sin poder hacer nada.
    —Ceno esto y me voy a la cama enseguida. Estoy rendido.
    —Cuando quieras.

    El chico se sentó y comimos en silencio. Tenía miedo por él, vivía en el barrio floreado con su novio y tenía miedo de que acabara como los demás chicos.

    —Me gustaría que te quedaras esta noche aquí.
    — ¿Y eso?
    —No quiero que te ocurra nada.
    —Si es lo que quieres vale, me quedaré.

    Después del postre me tumbé en el sofá e hice un poco de zapping, si, me encantaba ver la tele. En todas las cadenas hablaban de los asesinatos así que puse los dibujos animados.

    Empecé a recordar cuando veía la tele con mi niño al cual no había visto desde hace varios meses. Gracias a Dios el fuego no me lo arrebató pero sí al amor de mi vida.

    Marqué su número y como siempre una voz de contestador me dijo que estaba apagado o fuera de cobertura. Estaba preocupado pero sabía que él era fuerte y que le plantaría cara a cualquiera.

    Cuando los ojos se me empezaron a cerrar apagué la televisión y me fui a mi habitación. Me puse el pijama y me acosté, el chico me puso todos los artilugios.

    —Gracias hijo, gracias.

    La última vez que hablé con mi niño fue cuando le comuniqué que los médicos me habían dicho que mi enfermedad nunca se me iba curar, le tuve que decir que estaba en estado terminal y que iba a durar apenas un año.

    Me dijo que iría a visitarme pero eso nunca sucedió.


    Dejé la mente en blanco y dormí de un tirón, cosa rara en mí.

    Extrañamente estaba en paz.

     
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