One-shot Restart

Tema en 'Vocaloid' iniciado por Liza White, 7 Agosto 2018.

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    Liza White

    Liza White Crítico Maratonista Marida ❤

    Acuario
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    Escritora
    Título:
    Restart
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    3066
    Un ruido sordo, un golpe seco.

    La sangre tiñó el pasto a su paso, pude sentir varias gotas mancharme el rostro en el proceso. El cuerpo me pesaba, no me salía la voz. La sensación de impotencia me oprimía el pecho, me ardía la garganta por todas aquellas palabras que estaba gritando, aquellas que morían en mi boca. La sombra de alguien cayó al suelo, justo frente a mis ojos, y a pesar de no distinguirla, la presión en mi pecho me indicaba que era ella.

    Grité, pataleé, lloré. O al menos, lo intenté. Quise levantarme y echar a correr, aferrarme a su cuerpo e implorar que nos dejasen en paz. Pero las fuerzas habían abandonado mi cuerpo, y solo me quedaba ver cómo aquellas sombras atemorizantes rodeaban su cálida aura, apagándola por completo. Mi corazón sabía que estaba sufriendo.

    Mi corazón sabía que estaba llorando por mí.

    Por favor... Por favor, dejadla. No... No la toquéis...

    Otro golpe. Otro grito de dolor. El arma entre sus manos brillaba ante la luz de la luna, las tonalidades rojizas del metal brillaban más que nunca.

    Ella no... No podrá soportarlo... Por favor, parad...

    Se estaban riendo. Riéndose del sufrimiento en sus ojos. De sus gritos de dolor.

    Es suficiente... Por favor...

    ...

    —¡¡Basta!!

    —¡Aoki! —la voz de un hombre a sus espaldas hizo que abriese sus ojos, asustada y agitada. Colocó una mano en su hombro, con evidente preocupación en la mirada—. ¿Ocurre algo? ¿A qué ha venido ese grito? Los clientes se han asustado.

    Aoki parpadeó, confusa y desorientada, su pecho subiendo y bajando con fuerza con cada bocanada de aire que tomaba. Se abrazó a sí misma, palpándose el cuerpo, notando que estaba sana y salva. Ya no había ningún tajo cruzando su estómago, ningún rastro de sangre en su lívida piel. Pero la sensación de peligro, el ardor en su garganta... Seguían ahí. Todo se había sentido tan real.

    Pero entonces, ¿dónde estaba...?

    —¿Aoki? ¿Necesitas que llame a-?

    —¡J-jefe! —para su sorpresa, la joven de cabello y ojos de un profundo azul se dirigieron hacia él, apremiantes, como si su vida dependiese de ello—. ¿Qué hora es? ¿A qué día estamos hoy?

    —Hoy es siete de agosto... Son las seis y media —confirmó el hombre, guardando de nuevo su reloj. Volvió a mirar a la joven, notándola más nerviosa y pálida que nunca—. ¿De verdad que te encuentras bien? Estás muy pálida.

    Siete de agosto... Juraría que hacía apenas unos instantes se encontraba disfrutando de la noche de aquel siete de agosto, y ahora, de repente... Volvía a ser de día. Agitada, necesitó comprender que todo aquello estaba siendo bastante real.

    Entonces, lo que acababa de sentir... ¿Había sido un sueño?

    —Estoy... bien, jefe. No necesita preocuparse de mí —le aseguró la joven, volviendo en sí con cierta dificultad. Alzó la mirada para verle, sonriendo con esfuerzo; el hombre parecía mostrarse escéptico ante ello—. Supongo que... me encargaré de atender las mesas cuanto antes, n-no vaya a ser que haya problemas.

    Y ante la aprobación del hombre, la joven tomó su bloc de notas y salió de aquella cocina, intentando ordenar las ideas en su mente. Sí, Aoki Lapis trabajaba desde hacía tiempo en aquel popular antro para ganarse el sueldo mientras estudiaba. Todos los días hacía su turno correspondiente, siempre puntual y eficaz, y nunca tuvo problemas en su empleo. Sin embargo... Aquel día se sentía extraña. Hacía semanas que había esperando a que aquel día llegase, dado que había planeado una salida con su mejor amiga Gumi. Normalmente no lograban sacar tiempo para quedar, pero habían logrado ajustar sus calendarios para dejar aquel día libre para ambas.

    Sin embargo... Juraría que ese encuentro ya había llegado. Que su turno de aquel día había acabado, y que finalmente lograron encontrarse. Pero en el momento en el que decidieron hacer un picnic en uno de los parques de la zona, sentadas en el suave pasto, algo...

    ...algo ocurrió.

    Una punzada de dolor recorrió su cabeza, y necesitó sujetarla debido a la impresión.

    —¿Señorita? —una pequeña niña tiró de su falda con suavidad, y tuvo que agachar la mirada para atenderla. Al verla a los ojos, sintió una fuerte sensación de dejavú recorrer todo su cuerpo—. Me gustaría pedir un poco más de...

    —...¿Ketchup? —completó, con un hilo de voz, la joven camarera. Al ver los ojos de la pequeña ensancharse de la sorpresa, su temor comenzó a crecer.

    —¡Hala! ¿Cómo lo has sabido? —exclamó la pequeña, tomando el condimento de sus manos. Aoki intentó formar una sonrisa.

    —Magia —y agitó su cabello, antes de despedirse para continuar con su trabajo. De nuevo aquella sensación: sentía como si todo aquello ya lo hubiese vivido. Como si todas sus acciones fuesen una constante repetición, una detrás de la otra.

    Cada vez se sentía más y más confusa y aturdida. El estómago le daba vueltas, y supo que iba a vomitar. Corrió hacia el baño, recargándose en el lavabo para mirarse a través del cristal. Una mirada agitada y asustada le devolvió la expresión al otro lado del espejo.

    Si todo aquello estaba sucediendo de nuevo, si todo había sido vivido una vez, entonces...

    —¡Gumi!


    ***​

    —Oye, Aoki. ¿Crees que este será un buen lugar para ver la lluvia de estrellas? —la joven me dirigió una mirada curiosa, mientras lanzaba sus mochilas sobre el pasto bajo sus pies. Reí con suavidad.

    —¿Por qué me preguntas si ya has lanzado todas tus cosas al suelo? —le respondí, con cierta diversión en mi voz. Me agaché con cuidado, depositando mis pertenencias junto a las suyas con tranquilidad; lo que menos deseaba era llamar la atención—. Sí... Creo que este es el lugar perfecto.

    —Todo lo que hago es perfecto, admítelo —se elogió entre risas, tomándome del hombro con energía y cayéndome sobre el pasto en el proceso. Sabía que era tímida y no deseaba armar mucho escándalo, ¡pero nos veíamos tan pocas veces...! ¡Qué más daba un día al año!

    —¡G-Gumi! —exclamé, mas me dejé llevar por la contagiosa energía de mi amiga, y ambas quedamos boca arriba, observando el manto de estrellas en el cielo. Cerré los ojos, disfrutando de la brisa nocturna en compañía de mi mejor amiga—. ¿Sabes? Te he... te he echado de menos. Hacía tiempo que no disfrutábamos de estar un rato juntas. Cuando éramos niñas se sentía más... fácil.

    —Awww, ¿la pequeña Aoki admite que me echa de menos? —Gumi se aproximó hacia mí, abrazándome hasta quedar mejilla con mejilla, a pesar de que me estaba aplastando con tanta fuerza—. ¡Vamos, admítelo! No puedes vivir sin mi.

    —¡E-en serio, me estás asfixiando! ¡Si no te separas me mori...!

    Y en medio de unas carcajadas, la chica se separó, quedando tendida a su lado.

    —Dejando ese casi asesinato que cometo... Sí, yo también te eché de menos. Desde que ambas empezamos la universidad todo se siente más difícil, pero siempre nos quedarán los recuerdos de cuando éramos niñas, ¿eh? —dijo, girándose hacia mí con cierta nostalgia en la mirada.

    Asentí, sonriente. Prácticamente, habíamos vivido toda la infancia y adolescencia juntas. Éramos uña y carne. Por ello, lográbamos continuar viéndonos a pesar de las circunstancias.

    —Sí, y me alegra que continúe siendo as... —mi voz dejó de salir cuando noté que la joven miraba con preocupación hacia una zona en particular. Le seguí la mirada, notando a un grupo de personas acercarse a la zona—. ¿Gumi?

    —Aoki, vámonos de aquí.

    —¿P-por qué? ¿Qué ocurre? —inquirí, atemorizada. Me aferré a su espalda, buscando el origen de su temor. Pero antes de poder un paso más, algo me noqueó por la espalda, antes de siquiera entender lo que estaba por pasar.

    Lo último que recordaba sentir fue el frío pasto acariciando mi pálida piel, acompañado por los gritos de mi mejor amiga.



    ...​

    Aquel antro había sido su segundo hogar durante varios años. Debido a las horas que realizaba allí al cabo de las semanas, la dirección del lugar y los trabajadores ya eran casi como una familia. Por ello, las horas allí dentro solían pasarse en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, la preocupación que asolaba el rostro de la jovencita aquel día no pasó desapercibido ante el resto de los presentes. Y a pesar de ofrecerle el resto del día libre, ella optó por continuar trabajando.

    Las horas pasaban, y la fecha se acercaba. Retazos de lo que fueron vivencias pasadas volvían a su mente y hacían que una inmensa punzada la recorriese a cada instante. A pesar de esto, no dejó de intentar comprender lo que estaba pasando.

    Intentó llamar en numerosas ocasiones a Gumi, pero no lo cogía. Aquello la aterraba, puesto que el lugar al que habían quedado era, precisamente, en un parque no muy lejos de allí. El recuerdo del pasto sobre su piel la atemorizaba, y le hacía suponer que precisamente fue allí donde todo había ocurrido.

    Mientras limpiaba unas mesas, un pensamiento asoló su mente. Sus agresores. ¿Quiénes... quiénes las habían atacado durante la noche? Si al menos supiese eso, podría ir a la policía y lanzar un llamado de atención...

    ...No, nadie creería en sueños y visiones. La tacharían de loca, probablemente. Frustrada e impotente, depositó el paño sobre la mesa y alzó la mirada hacia la puerta de aquel antro, la cual acababa de abrirse en aquel instante.

    Un grupo de jóvenes algo más mayores que ella se adentraron en el recinto, con sonrisas de autosuficiencia decorando sus rostros. Y Aoki sintió cómo las fuerzas la abandonaban, y sus piernas comenzaban a temblar.

    Esas sombras... estaban aquí.

    ***​

    —¡Aoki! ¿¡Estás bien!?

    Mi cabeza... Todo me daba vueltas. Intenté palpar la zona herida, notando cómo aquel tono carmesí teñía la palma de mi mano. Al alzar la mirada, mi corazón se encogió al ver a mi amiga rodeada por un grupo de jóvenes que nos miraban con no muy buenas intenciones. Parecían intentar ocultar algo entre sus manos, pero qué... Agh, dolía demasiado.

    —Por favor, déjenos marchar. No queremos tener ningún problema y...

    —Y claro que no habrá ningún problema, zorra —uno de los chicos tomó a Gumi del mentón, aprisionándola frente a mis ojos—. Simplemente pedimos algo a cambio. No es mucha cosa, menos siendo unas niñas como vosotras.

    —¡Gumi, no!

    Pero otro golpe volvió a acallar mis gritos y súplicas. Al parecer, no era la única que estaba rodeada.

    La chica me miraba asustada, pero a pesar de las lágrimas que recorrían su rostro, intentó infundarme ánimos. Para que escapase de allí, ahora que su atención estaba en ella. Pero yo no podía dejarla ahí, jamás me lo permitiría.

    Intenté avanzar a tientas, desesperada. Arrastrándome sobre el pasto, dejando un rastro de sangre a mi paso. Estiré mi brazo, en un intento vano por alcanzarla.

    Pero en aquel instante... ellos sacaron su arma.


    ...

    Cuando fue consciente de sus actos, estaba delante de aquel grupo. La adrenalina al ver a las personas que le hicieron algo tan horrible a su amiga no le dejó pensar con claridad, y allí estaba. Encarándoles con la mirada a pesar de que su cuerpo entero temblaba del miedo. Podía ver cómo empezaban a reírse ante aquella escena.

    —¿Y tú eres...?

    —¡S-Salvajes! Vosotros... ¡Vosotros no merecéis estar aquí! —las lágrimas comenzaron a surcar con fuerza su rostro, mientras intentaba mantenerse en pie ante tantas emociones—. ¡Asesinos! ¡Ella no...! ¡Ella no se merecía nada de eso!

    Las personas en el antro guardaron silencio ante aquella repentina escena. El dueño del antro salió con rapidez a ver lo que estaba ocurriendo. Jamás se esperó ver a la tímida y educada Aoki encarando a un grupo de chicos como esos.

    —¡Aoki! ¿Qué estás...? —se acercó corriendo hacia su lado, dirigiendo una mirada confusa hacia el grupo—. ¿Qué está pasando aquí?

    —Viejo, esta muchacha empezó a gritarnos de un momento a otro, cuando no la conocemos de nada —se defendió con indiferencia uno de ellos, manteniendo aquella repugnante sonrisa en su rostro—. Ya veo qué clase de servicio tiene este lugar...

    —¡Jefe, por favor! ¡Tiene que creerme! —Aoki se volvió hacia el hombre, implorándole entre lágrimas algo que no terminaba de comprender—. Esos chicos... ¡Son muy peligrosos! ¡P-pueden llegar a hacerle daño a alguien! ¡Pueden... llegar a matar a alguien!

    —¿Pero qué estás...? —uno de los jóvenes comenzó a gruñir, frunciendo el ceño—. Maldita mocosa...

    —¿Qué? ¿A qué viene todo esto, Aoki? Tú no eres as...

    —¡Por favor! ¡Mire en sus bolsillos! —Aoki alzó la mirada hacia el hombre, más decidida que nunca, y les señaló con toda la valentía que su cuerpo escondía—. ¡Todos llevan armas! ¡Son muy peligrosos!

    —¿Es eso cierto? —el jefe, sorprendido, dirigió una mirada analítica hacia los jóvenes. Uno de ellos bajó la mano hacia su bolsillo, y fue en ese momento en el que alzó la voz, entendiendo la situación—. ¡Seguridad, registren a estos individuos! ¡Que nadie salga de aquí hasta próximo aviso!

    >>¡Aoki, rápido! ¡Vuelve a la cocina! ¡Bien hecho!

    La joven, obediente, echó a correr hacia la estancia, sintiéndose desfallecer. Apoyada en la puerta cerrada de la cocina, se dejó caer hasta estar sentada en el suelo, oyendo el estruendo ocasionado en el exterior. Se llevó ambas manos a su pecho, sollozando. Sin embargo, se sentía en paz de alguna forma u otra...

    Como si hubiese detenido una nube oscura que asolaba su futuro, borrándola por completo de la faz de la tierra.


    ***​

    Todo se había vuelto blanco. Ya no había nadie allí, o al menos, yo no podía escucharlos. Me encontraba asustada. Acurrucada, siendo incapaz de moverme del suelo, escuché una voz en mi cabeza.

    ¿Estás dispuesta a todo por revertir la situación?

    Confusa, intenté seguir el sonido de aquella voz, pero efectivamente, allí no había nadie. Solo mis pensamientos y yo.

    Aquella voz... ¿Había salido de mi cabeza?

    —¡Sí! ¡Por favor, se lo ruego! —grité casi por inercia. No me hizo falta pensarlo dos veces, estaba dispuesta a todo por revertir aquella situación—. ¡Sálvela!

    Por un instante, aquella voz guardó silencio. Atemorizada, quise llamarla otra vez, pero mi voz no se escuchaba. Desesperada, traté de ponerme en pie otra vez, pero cuando el sonido de aquella voz volvió a aparecer en mi cabeza, todo volvió a sentirse bien.

    ...Tus súplicas fueron escuchadas, Aoki Lapis.


    ...​

    Gumi nunca llegó a aparecer ese día.

    A pesar de que la esperó durante horas, con la convicción de volverla a ver de nuevo. A pesar de la apremiante necesidad que tenía de abrazarla y saber que todo estaba bien.

    Todo había sido revertido, entonces... ¿Qué es lo que faltaba?

    Los días pasaron, y a pesar de que intentó comunicarse con ella, nunca atendía su llamada. Empezaba a asustarla. Pasó los días intentando buscar contactos, personas que fuesen cercanas a ella, que pudiesen decirle, al menos, que se encontraba bien. No fue sino hasta que un día, caminando de vuelta a casa, una cabellera verde hizo que su atención se volviese hacia ella. El alma se le cayó a su pies, y sintió cómo su corazón daba un vuelco en su pecho.

    ¡Era... Era ella, no había duda! Echó a correr, y depositó su mano sobre su hombro, apremiante. La sonrisa en su rostro creció al ver el rostro de su mejor amiga frente a ella.

    —¡Gumi! ¡No sabes lo mucho que te he extrañado! —exclamó, sintiendo sus ojos aguados. Las manos le temblaban de la emoción, ya no le importaba que llamase la atención. Estaba ahí, con ella. Al fin—. ¿Estás bien?

    La joven se volvió hacia ella lentamente, pero la expresión de Aoki comenzó a tornarse en una de evidente confusión al ver que la joven no le sonreía.

    —¿Quién... eres tú?

    Tres palabras. Aquellas tre palabras habían hecho que su mundo cayera a sus pies. Las lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas sin poder detenerlas, y la joven frente a ella se asustó. ¿Qué le ocurría a aquella chica?

    Pero Aoki ya no la escuchaba. Todo había dejado de tener sentido.

    ***​

    ¿No lo entiendes? Aceptaste las condiciones, Aoki. Harías cualquier cosa por revertir la situación. Si vosotras no os conociéseis, no habrías quedado en aquel lugar. Por ende, eso haría que el daño causado sobre tu amiga se desvaneciese.

    Como si nunca hubiese ocurrido.

    Una parte de mí se sintió morir. Todos mis recuerdos, todas aquellas vivencias, eran una parte importante de mi vida. Que se desvaneciesen como si nada de los recuerdos de Gumi, que solo yo fuese capaz de recordarlos de ahora en adelante...

    Dolía, mucho.

    Pero, por otra parte... Me sentía feliz. Feliz de haber recibido una oportunidad como esta. Que Gumi se encontrase sana y salva.

    Pero, ¿cómo decírselo sin que pareciese una loca?

    Esto va a sonar increíble, pero a cambio de salvar tu vida, todas tus memorias sobre mí han sido borradas. De esta forma... se evitaría la tragedia.

    Pero siempre podemos empezar de nuevo.


    ...​

    —¿Chica? ¿Te encuentras bien? —Aoki sintió la mano de Gumi limpiar las lágrimas que recorrían sus mejillas, con una evidente preocupación en su mirada. Sin embargo, incluso con una desconocida, guardaba la calidez y amabilidad que la caracterizaban—. ¿Te has hecho daño?

    A pesar de que sus lágrimas no dejaban de salir, se permitió sonreír. Verla ahí, frente a ella, era todo lo que necesitaba. Dolía, dolía mucho no poder abrazarla como antes, pero eso no significaba que estaba todo perdido.

    —S-sí... Estoy... Estoy bien. Eres muy amable —logró decir entre sollozos, limpiándose con el brazo sus húmedas mejillas. Sus ojos de un profundo azul se centraron en ella, y trató de infundarle confianza en sus palabras; no parecía muy convencida—. Solo fue un desliz, no te preocupes.

    —Uhm... No me quedaré tranquila dejándote marchar así —sentenció la joven, ladeando la cabeza sin dejar de mirarla, tratando de decidir su próxima acción. Dio una palmada cuando encontró la respuesta perfecta, regalándole una sonrisa, y le tendió su mano con simpatí—. Ya sé, ¿te gustaría venir a una cafetería a tomar algo? Si quieres, puedo intentar ayudarte con tu problema. Quiero ser psicóloga de mayor, así que puedo ir practicando.

    Y rio, y sintió su risa la más pura del mundo. Contagiada por su energía, no pudo evitar sonreír. Y con lentitud, sintiendo su mano temblar, tomó la mano que le ofrecía con suavidad.

    —Me encantaría.
     
    Última edición: 7 Agosto 2018
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    Primordial Kaos

    Primordial Kaos Las estrellas se alinean para decidir tu destino

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    Holy moly, me encanto leer esto, muy buen trabajo amiga.
     
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    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista empedernido Crítico NEKO#ΦωΦ

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    He amado este escrito, Andrea, de una manera que ni te imaginas. Cuando he ido a preguntarte si te habías basado en una canción o en un original era porque iba a comentarte que si esta idea es original, me parece impresionante. Y sí, me has dicho que lo del reseteo está muy repetido pero aun así, es una idea a la que yo no habría llegado, hazme caso.

    Y es que, otro punto que tiene a favor, es que parece totalmente algo de Vocaloid. Me recuerda un poco, de hecho, a Life reset button, porque ambas tratan ese tema de vivir algo de nuevo. Por eso pensaba que te habías basado en una canción para hacerlo, y es que lo parece perfectamente.

    La pobre Aoki pasa un día confuso pues tiene esa sensación de que ya ha vivido ese día, no, sabe que ha vivido ese día y lo va recordando poco a poco, dándose cuenta cada vez más de que algo terrible ha pasado, o va a pasar. Por fortuna, logra evitar que los hombres hagan algo más, pues aunque luego se descubre que Gumi y ella están a salvo, ese grupo podría querer hacerle daño a otra persona, y ella lo evita.

    Sea como fuere, es muy triste descubrir al final que a cambio de salvar sus vidas, Gumi olvidaría todo lo relacionado a Aoki y su amistad y uf, es que pienso que algo así me pasa con Paula y me da un algo. Claro que merece la pena, seguro que Aoki también lo piensa, porque al fin y al cabo ha salvado su vida, yo también lo pensaría. ¡Y bueno! Me imaginaba que lo último pasaría. Sabía que Gumi haría algo por el estilo, querría hablar con ella y seguro que vuelven a ser amigas. No sería lo mismo, aunque Aoki supiese cosas que Gumi no, pero recuperarían el contacto y seguramente eso sea suficiente. ¿Quién sabe? Igual con el tiempo Gumi se daría cuenta también...

    Me ha encantado este one-shot, te lo repito, lo he disfrutado mucho, sobre todo por cómo has plasmado las diferentes partes y cómo el lector va descubriendo la verdad al mismo tiempo que Aoki. Además, ya lo sabes, narras con mucha fluidez y no tienes fallos, así que la lectura es super entretenida y fácil de disfrutar. Espero leer más cosillas tuyas de Vocaloid <3 Y también pásate por anime

    ¡Sigue así!
     
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