Ramo De Tres Flores

Tema en 'Relatos' iniciado por Gravity Snake, 19 Agosto 2012.

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    Gravity Snake

    Gravity Snake Iniciado

    Virgo
    Miembro desde:
    1 Diciembre 2004
    Mensajes:
    12
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Ramo De Tres Flores
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    4228
    Título: Ramo de Tres Flores​
    Autor: Alan Flores, en fanficslandia Gravity Snake​
    Capítulos: One-Shot especial para este sitio​
    Género: Escolar, Shojo ai​
    Sipnosis: Yuri pasa por el peor momento de su vida: su adolescencia. Pero al cumplir 15 años, descubre que en la vida siempre puede haber cosas peores.​
    Advertencia: Lenguaje soez​
    «Amo el canto del cenzontle,​
    pájaro de cuatrocientas voces​
    amo el color del jade,​
    y el enervante perfume de las flores​
    pero amo más a mi hermano el hombre.»​
    Netzahualcóyotl​
    Pétalo 1:
    Yuri
    Socorro Ramos era un hombre de gran estatura, bastante corpulento, y bastante velludo. Tenía el pelo negro largo, con una gran y espesa barba cerrada, y con unos profundos ojos café claro mostrándose a través de toda esa mata de pelo.​
    Su apariencia física, le daba un aspecto temible, como el de un oso salvaje dispuesto a dar una zarpada mortal a alguien que hubiera tenido la mala suerte de atravesarse en su territorio mientras estuviera comiendo. Pero nada más alejado de la realidad.​
    La verdad es que todos aquellos que lo conocían en su trabajo como enfermero en el hospital general de la ciudad, coincidían en que su apariencia no tenía nada que ver con su forma de ser, Socorro era con facilidad, el enfermero más amable y capacitado del hospital, superando por mucho, a todas las enfermeras.​
    Muchas personas en el hospital se sorprendían por el grado de entrega que este hombre ponía en su trabajo, tanto así que eran varios los que le cuestionaban sobre la razón por la que no había decidido ser un médico en lugar de ser solo un simple enfermero, pero él siempre respondía con su gruesa voz que muchos no dudaban en comparar con la de Barry White:​
    -No hay nada simple en ser enfermero. Con este modesto trabajo, siento que les doy un trato más humano a los pacientes, que si fuera un frío doctor.​
    Para muchos, Socorro era una persona ejemplar, que nunca había faltado a sus deberes ni tratado mal a uno de los pacientes durante todo ese tiempo que había laborado, solo había faltado en una ocasión, y fue con justa razón, pues fue el momento más triste de su vida, cuando su esposa, varios años antes y tras unos pocos años de matrimonio, lo dejó para sorpresa de todos los que conocían a la familia Ramos García.​
    En esa ocasión, Socorro se tomó el mes que su jefe amablemente le había dado de descanso, para que pasara tiempo con lo que quedaba de su familia, para sobreponerse a esa etapa tan dura de su vida, y además, acostumbrarse a lo que sería su nuevo estilo de vida.​
    Tras ese mes de descanso, Socorro regresó al trabajo, tan animado y lleno de vida como siempre, y así habría de ser por los siguientes 10 años.​
    El motivo no había sido muy claro acerca del porqué de que Matilde García, esposa de Socorro, había dejado a su familia, pero el pretexto oficial, según explicara Socorro tiempo más tarde, sería que Matilde veía a Socorro como muy poca cosa, pues ella ganaba más como maestra que él como enfermero.​
    22 de junio
    Esa mañana, Socorro se encontraba en la cocina de su pequeño departamento preparando el desayuno para él y lo que quedaba de su familia: Yuri, quien no solo justo ese día de mitad de junio estaría cumpliendo 15 años de edad, sino que además, ya habría terminado la secundaria justo el día anterior, ya listo para comenzar la preparatoria en unos días más. Aunque Socorro no le hubiera dicho a Yuri los planes para continuar con sus estudios a partir de ese punto pues sería una sorpresa, como lo que pasaría ese día, en cualquier momento.​
    Socorro se encontraba terminando de arreglar un pastel que el mismo había preparado para esa fecha tan especial, pues si bien su pasión era la enfermería, él no le hacía nada feo a la repostería.​
    Yuri criticaba mucho a su padre, pues para tener una apariencia tan temible, era alguien bastante afeminado: era enfermero, sabía cocinar, zurcir, elegir ropa y encargarse de los deberes del hogar como toda una ama de casa.​
    Socorro había terminado de colocar la frase “feliz cumpleaños” en la superficie del pastel y miró con algo de pesar las letras. Suspiró y luego se dijo.​
    -Hoy cumple 15 años, “eso” ocurrirá hoy. Debí habérselo dicho antes, pero… nunca tuve el valor. En fin, lo descubrirá tarde o temprano.​
    En ese momento, un sonoro grito desde el baño del pequeño departamento se escuchó.​
    Socorro sonrió un poco amargamente y se encogió de hombros.​
    -Ya pasó –dijo, y sin ninguna prisa salió de la cocina para dirigirse al baño.​
    La puerta estaba cerrada, y se escuchaba el chorro de la regadera caer con fuerza. Sin ninguna prisa, tomó una llave de la mesita que estaba al lado de la puerta y con ella abrió la puerta del baño, entró al pequeño cuarto y se acercó a la regadera y ahí, encogida en una esquina, miró a una muchacha de cabello negro que estaba siendo empapada con todo y pijama con el chorro de agua caliente.​
    Sus senos desnudos eran visibles a través del pijama, que estaba abierta en el área del pecho.​
    Con terror y con sus ojos casi desorbitados por la sorpresa, Yuri miró a su padre y entre tartamudeos, solo pudo expresar una única frase.​
    -¿Qué… qué me pasa?​
    Unos días antes…
    Era una agradable mañana de domingo de inicios de junio, en la ciudad de Escobedo, una tranquila ciudad mediana en la zona oeste de la republica mexicana.​
    El municipio de Escobedo no se diferenciaba mucho de otras ciudades mexicanas de su mismo tamaño. El centro de la ciudad estaba coronado con varios edificios de gran tamaño, en su mayoría, hoteles o conjuntos de oficinas, mientras que era rodeado por varios edificios más pequeños, en su mayoría, viviendas, las cuales se juntaban en barrios, colonias o fraccionamientos. Y claro, estas viviendas más pequeñas eran de vez en cuando intercaladas con otros edificios grandes que eran, igual que en el centro, hoteles u oficinas.​
    La economía de la ciudad estaba fuertemente sustentada por dos ramas: el turismo, pues Escobedo poseía varias zonas dentro de su territorio y circundante a ella catalogadas como parques naturales, mientras que alrededor de ella, había varios terrenos que las personas emprendedoras habían convertido en terrenos de cultivo que les habían hecho personas bastante acaudaladas, y en cuestiones de exportación de productos, habían ayudado a la economía de la ciudad creando fuentes de trabajo.​
    Todo podría parecer bueno en la ciudad, pero ninguna sociedad es perfecta, así que Escobedo también tenía sus problemas de crimen, y de vez en cuando ya no era noticia para sus habitantes encontrar notas sobre peleas entre carteles del narcotráfico, o notas sobre la corrupción de sus gobernantes, pero eso no detenía a las personas honestas que trataban día de ganarse la vida dignamente en esa ciudad que fue construida en base de sueños hace más de 400 años.​
    Y era en esta ciudad de sueños, donde el personaje principal de esta historia se encontraba, sin saber el gran giro que pronto daría su vida.​
    En una de las avenidas principales de Escobedo, se encontraba caminando una persona de agradables rasgos femeninos. Era una persona bastante delgada de 14 años, tenía el cabello largo de color negro, un poco erizado en las puntas que caía cubriendo su nuca, y con unas mechas cayendo sobre sus brillantes ojos azules. Su piel era blanca, y sus rasgos faciales eran finos, como los de una muñeca de porcelana. Vestía un pantalón holgado de mezclilla, y por el calor, solo una camisa naranja de manga corta.​
    Yuri, el cual era su nombre, estaba esa mañana de paseo, descansando de las presiones que significaba ser estudiante de secundaria, esperando pasar un buen rato en compañía de uno (y tal vez único) de sus mejores amigos.​
    Mientras caminaba, se detuvo frente a una tienda de videojuegos y miró con interés por el aparador, esperando encontrarse con el juego que tanto había estado esperando, o por lo menos, con alguna ganga que le conviniera comprar en ese justo momento.​
    Yuri miraba con tanto interés la mercancía de la tienda, que no se percató que un muchacho, bien parecido, alto, moreno, de pelo negro corto y con una barbilla partida, se había colocado a su lado.​
    -Hola chavala –le saludó el muchacho, colocando su mano sobre el cristal del mostrador y mirando fijamente a Yuri.​
    Yuri salió súbitamente de sus pensamientos, y miró al muchacho que estaba a su lado, que en ese momento se las arreglaba para sonreír y mostrar su blanca dentadura al mismo tiempo.​
    -¿Me hablas a mí? –preguntó Yuri con su suave voz, sin dejar de mirar al muchacho que trataba de cortejarla.​
    -Claro, ¿ves a otra linda señorita por aquí? –dijo el muchacho encogiéndose de hombros y haciendo una mueca de burla con su cara –hoy hace mucho calor, ¿no crees? ¿Qué te parece si te invito una nieve para que te refresques?​
    Yuri, ante las palabras del apuesto muchacho, dibujó una sonrisa burlesca en su rostro, y adoptó una postura sugerente.​
    -Disculpa, ¿me llamaste señorita? –preguntó Yuri con un tono coqueto en su voz.​
    El muchacho, creyendo que ya tenía una conquista en la bolsa, esbozó más su sonrisa, y dijo.​
    -¡Claro! –exclamó el muchacho como si eso fuera prácticamente obvió –usted es tan bonita, que debe ser señorita, ¿o me equivoco?​
    Yuri sonrió un poco más coquetamente, embelesando a su don Juan, pero en cuestión de pocos segundos, la expresión en el rostro de Yuri cambió de esa coquetería, a una expresión de molestia absoluta.​
    Apretó su puño con todas sus fuerzas, y con gran rapidez lo estrelló contra la nariz del apuesto galán, lanzándolo al menos un metro de distancia, de espaldas.​
    El confundido muchacho, se reincorporó, confundido por el golpe, y con su nariz sangrando.​
    -¡¿Qué… qué…?! –articuló el agredido mientras trataba de contener la hemorragia de su nariz, ante la mirada atónita de otros transeúntes, pero no fue capaz de continuar con su frase, no por su herida, sino por lo que veía.​
    La coqueta e inocente muchacha de hace unos segundos atrás, se había ido, y ahora frente a él, estaba algo que bien podría pasar por perro rabioso: los ojos de Yuri estaba desorbitados, y mostraba de manera amenazadora sus dientes, apretados con furia.​
    -Me llamaste señorita… ¡¿ME LLAMASTE SEÑORITA?! –bramó Yuri, y luego levantó su pulgar y lo apuntó a él mismo -¡Fíjate bien pendejo! ¡Soy un hombre!​
    Ante esta declaración, el alma del golpeado don Juan se fue hasta el suelo, no podía creer lo que le habían dicho; no había forma en que alguien que lucía tan “linda”, fuera del género masculino, pero sus dudas quedaron disipadas, cuando Yuri comenzó a golpearse el pecho y por el movimiento de este, el galán pudo constatar que ahí no había senos.​
    Mientras el galán trataba de recoger sus pedazos por la sorpresa, Yuri no le dio tiempo ni de reaccionar y lo tomó de su camisa, levantándolo con una fuerza sorprendente para alguien de su físico, y lo puso junto a él.​
    -No me molesta que me hayas confundido –dijo Yuri fuera de sí –me molesta que me hayas confundido con una asquerosa mujer. Voy a hacer que te arrepientas de esa estupidez.​
    El amedrentado muchacho ya comenzaba a sentir su final cerca, cuando algo pasó: alguien colocó su mano en el hombro de violento chico.​
    -Ay Yuri –dijo un muchacho rubio meneando la cabeza -¿otra vez te estás buscando problemas?​
    Yuri miró al recién llegado. Era más alto que él, delgado y de ojos verdes. Tenía el cabello largo, más que nada en el frente, donde una cortina de cabello le caía sobre su ojo izquierdo. Con la sola vista del recién llegado, Yuri soltó al galán y lo apuntó con su índice.​
    -No es mi culpa Cristian –dijo Yuri aun furioso, aunque ya un poco más controlado -¡Este hijo de puta me confundió con una mujer!​
    Cristian solo se limitó a suspirar.​
    -Lo mismo de siempre –dijo el rubio y luego miro al agredido con algo de pena antes de decirle.​
    -Oye galán, lárgate.​
    El agredido muchacho, asustado y confundido como estaba, solo se limitó a asentir, y con la cola entre las patas, salió corriendo del lugar, temiendo que ese andrógino cambiara de opinión y fuera tras él a terminar de golpearlo.​
    Yuri siguió con la vista al muchacho hasta que se perdió entre la multitud que aun anonadada veía la escena.​
    Seguía con el ceño fruncido, y muy fugazmente, evaluaba la posibilidad de perseguir a ese fulano y asegurarse de que no se olvidara de él para que no volviera a decirle señorita, pero Cristian fue más rápido, y empujándolo, le dijo.​
    -Vamos, tenemos que salir de aquí antes de que las cosas se compliquen para ti... otra vez.​
    Y tras decir eso, y casi arrastrándolo, Cristian sacó a Yuri de la escena, ante las miradas reprobatorias y escandalizadas de los chismosos que pasaban por ahí en ese justo momento.​
    Minutos más tarde, Yuri se encontraba sentado en la mesa de un Oxxo. Aun tenía esa mirada de furia en sus ojos, recargaba su cabeza sobre su puño y veía los autos pasar por el gran cristal que tenían por muro en el establecimiento.​
    Súbitamente, Cristian apareció frente a él, cargaba una charola con comida en sus manos.​
    El muchacho rubio acomodó la charola en la mesa, y acto seguido se dejó caer pesadamente sobre la silla vacía frente a su amigo.​
    Yuri vio la charola, había dos refrescos en ella, así como dos hot dogs.​
    -Así como estás de alterado, si vamos al torneo de duelo de monstruos lo más probable es que acabes con la vida de alguien, y no me refiero a sus puntos de vida –dijo Cristian mientras le acercaba un refresco a Yuri, así como un hot dog –aunque ya no lleguemos a tiempo para entrar al torneo, mejor ahorita cálmate y ya luego vamos a ver las rondas finales.​
    Yuri no dijo nada, solo tomó su hot dog y lo mordió con furia, mientras masticaba el pedazo como si lo odiara.​
    Cristian nuevamente suspiró, y comenzó a comerse su hot dog.​
    Los dos amigos siguieron comiendo en silencio, hasta que Cristian, al llegar a la mitad de su comida, volvió a hablar.​
    -Yuri, deberías controlarte. No es buena idea que quieras matar a todo aquel que te confunde con mujer.​
    Esta vez, fue Yuri quien suspiró.​
    -Es fácil para ti decirlo –dijo con pesar –a ti te ven, y te dicen “¡No mames, León Kennedy!”, a mi me ven y me dicen “Hola linda, ¿quieres salir conmigo?” Es frustrante.​
    Y tras decir eso, Yuri tomó un trago de su refresco.​
    -Igual sigo pensando que no deberías tomártelo tan en serio –dijo Cristian recargándose sobre su silla –un día de estos, alguien más cabrón que tú te puede confundir con una mujer, y por hacérsela de pedo, igual y ahí quedas.​
    Yuri no dijo nada, en su lugar, miró hacia afuera.​
    Cristian, pensando que su amigo ya no iba a comentar nada más, decidió continuar con su comida, pero cuando iba a tomar otro bocado, Yuri habló.​
    -Esto es una mierda, ¿sabes? Es casi como una broma divina. Yo odio a las mujeres, las detesto, ¡¿Por qué chingados tuve que lucir como una?! Te lo digo Cristian, Dios es un payaso con un muy oscuro sentido del humor. Imagina al diablo con un fetichismo por los murciélagos y adicción por los gadgets absurdamente complejos, y tendríamos un comic muy exitoso.​
    Cristian miró a Yuri, y recordó que por los traumas de su niñez, su amigo tenía ciertas tendencias misóginas.​
    Lo peor había sido que, al entrar a la pubertad, Yuri comenzó a tener cambios físicos algo “raros”, haciendo que se viera más como una chica, más que como un hombre.​
    Él sabía eso, pero no lo mencionaba por no hacer enojar al pobre muchacho.​
    -Sé que es una mierda –dijo Cristian, comprensivo –pero deberías aprender a vivir en paz con eso que no puedes cambiar, en lugar de estar buscando quien te mate.​
    -Me niego –contestó Yuri con seriedad –para mí es más fácil tirarle los dientes a quien se burle de mi, a quedarme callado ignorando lo que todos dicen de mí. Quedarme quieto sin hacer nada cuando alguien me busca pleito, ese no es mi estilo.​
    Cristian se encogió de hombros, y continuó comiendo. Tenía todo lo que iban de la secundaria tratando de convencer a Yuri de no golpear a todo aquel que le dijera chica, ya fuera por accidente o por el hecho de hacerlo enojar, pero en tres años, Yuri, terco como una mula, había hecho oídos sordos a las sabias palabras de su amigo y, saliera bien o mal parado, ya era costumbre en el muchacho buscarle pelea a todo aquel que cometería el ¡oh tan terrible pecado! de confundirlo con una niña.​
    Pero ya que Yuri amablemente elegía ignorar sus consejos, Cristian lo único que podía hacer era estar por ahí cerca para evitar que su amigo terminara mal por andar de peleonero.​
    Temiendo que insistir más en un caso perdido como tratar de que Yuri fuera menos violento terminaría por hacerlos pelear, Cristian astutamente cambió de tema.​
    -Ya estamos en junio. Un mes más y terminaremos la secundaria.​
    -Qué triste –dijo Yuri con algo de sarcasmo ya que por su carácter, él no era precisamente el más estimado del salón, y el sentimiento por sus compañeros era mutuo.​
    -¿Ya sabes que vas a hacer saliendo? –preguntó Cristian, aunque la respuesta era obvia, ya que como su amigo, él ya sabía los pormenores de la vida de Yuri. Aun así, el muchacho de cabello negro respondió.​
    -No lo sé –dijo mirando hacia el techo –mi papá no me ha querido decir nada de los planes a futuro, pero dice que ya todo está resuelto, que no me preocupe por nada.​
    -¿Crees que ya te haya inscrito al Cetis? –preguntó Cristian antes de darle un trago más a su refresco, refiriéndose al Cetis 57, la preparatoria más o menos decente de la ciudad.​
    -No creo –contestó Yuri mirando al techo –si así fuera, no se traería tanto misterio entre manos.​
    Ambos muchachos guardaron silencio por unos segundos, luego Cristian volvió a hablar.​
    -Y un día después de la clausura, es tu cumpleaños. 15 años, ¿te irán a hacer fiesta de XV años?​
    -Cállate –contestó Yuri molesto ante la broma.​
    -Solo era una broma –exclamó Cristian riendo –de todas maneras, habrá que hacer algo por tu cumpleaños, ¿no?​
    -Ya se nos ocurrirá algo ese día –dijo Yuri terminando su hot dog.​
    -Cierto –dijo Cristian y él también se apresuró a terminar su comida.​
    Mientras su amigo hacía eso, Yuri miró el reloj en su muñeca.​
    -Ya es tarde –dijo el pelinegro –dudo que lleguemos a ver algo bueno del torneo.​
    -Que mal –suspiró su amigo en tristeza.​
    -En fin, ya que estamos fuera, aun tenemos tiempo y nos ahorramos el dinero de la entrada al torneo, ¿Qué tal si vamos a ver una película? –sugirió Yuri poniéndose de pie.​
    -Vale –contestó Cristian también poniéndose de pie, pero a diferencia de Yuri, recogiendo su basura ¿y cuál quieres ver?​
    -Ya vemos llegando.​
    Más tarde ese día, y luego de ver una película, Yuri regresó solo a su casa. El muchacho vivía junto con su padre en un gran edificio de departamentos.​
    Era un edificio de 5 pisos, pintado de un horrible color café y con varios grafitis en sus paredes, tenía unas cuantas jardineras muy descuidadas, y un gran estacionamiento.​
    Yuri tomó las escaleras, y se dirigió al último piso, donde vivía.​
    En ese piso, él no tenía vecinos, y lo más cercano que tenía era una pareja de universitarios viviendo bajo su piso. Eran un muchacho y una muchacha. A ambos los detestaba: la muchacha por ser muchacha, y el muchacho porque parecía un insufrible.​
    Una vez llegar a la puerta, sacó la llave del bolsillo trasero de su pantalón, la introdujo a la puerta, y la abrió, para luego pasar.​
    El departamento no era la gran cosa, contaba con una sala comedor, dos habitaciones, un baño y una cocina que daba a un pequeño patio para lavar la ropa.​
    En la entrada estaban tres sillones acomodados en forma de sala, rodeando un mueble sobre el que descansaba una pequeña televisión de pantalla plana. Yuri se quitó la mochila, y la arrojó con desgano en uno de los sillones.​
    -Ya llegué –anunció el muchacho.​
    Yuri se quedó unos segundos, esperando una respuesta de cualquier tipo, pero al no recibirla, la costumbre le indicó lo obvio.​
    -Papá debe de estar trabajando todavía –dijo sin emoción y se dirigió hasta el refrigerador. Notó la poca comida en él, y tomó una lata de jugo, la abrió y la bebió.​
    -Si papá no está ahora en casa –dijo el muchacho recargándose en el aparato eléctrico –eso significa que me toca hacer la cena. La haré más tarde.​
    Yuri fue a su cuarto, una pequeña habitación que reflejaba el comportamiento de su dueño para con la vida.​
    En las paredes había posters de varios grupos musicales, en una esquina, estaba una cama destendida, y en la pared opuesta, un gran librero lleno de libros, aunque la mayoría no eran suyos, sino de su padre, y con una que otra figura de acción adornándolo. Junto al librero, estaba una gran caja de cartón que antaño había sido de una televisión, pero ahora servía para guardar todos los juguetes con los que Yuri había jugado desde pequeño, y al lado de esta, y junto a la puerta, había una gran cómoda color blanco, donde Yuri colocaba su ropa, y sobre esta, había una televisión conectada a un Play Station 2.​
    Yuri se lanzó en la cama, no por cansancio, sino por flojera, tomó una revista de música que estaba sobre la pequeña mesita que tenía a modo de buró, y se puso a leer un poco, aunque unos minutos después abandonó la idea y mejor decidió ver algo de televisión.​
    Cuando ya comenzó a anochecer, el muchacho salió de su cuarto y se preparó una pequeña cena solo para él, y tras devorarla, se fue a dormir temprano, después de todo, al día siguiente tendría que ir a la escuela, idea que como a todo estudiante, no le llamaba para nada la atención.​
    Y esa era básicamente la vida de Yuri, alguien que si bien no le iba tan mal en la vida, tenía sus problemas propios de la adolescencia, además de que era alguien que había decidido odiar a las mujeres por culpa de su madre, quien insensiblemente lo había abandonado a su suerte junto a su padre durante sus más tiernos años.​
    Yuri sabía que estaba mal odiar a todo un género por la estupidez de una sola, pero así era como Yuri había elegido vivir, y tratar mal al resto de las mujeres lo hacía sentir que se vengaba de su progenitora.​
    Pero esa vida tranquila y normal, tal y como Yuri la había concebido desde que tenía uso de razón, estaba destinada a cambiar pronto.​
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    ¡Una vez más, gracias por leer! Y cualquier comentario, bueno o malo, es bienvenido y se agradece.​
     
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