Historia larga R.A. Revolución Artificial [Libro #2] (Pausada indefinidamente)

Tema en 'Novelas' iniciado por Kay Greenwish, 28 Enero 2016.

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  1. Threadmarks: Capítulo 0.- El Viajero sin Nombre
     
    Kay Greenwish

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    R.A. Revolución Artificial [Libro #2] (Pausada indefinidamente)
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    15
     
    Palabras:
    1954
    R.A. (Revolución Artificial) es la continuación/saga de Esbozando lo prohibido. Es recomendable leer o haber leído esta última. Advertencia: Contiene spoilers de EloP. Y si no deseas leer la antecesora, está al juicio del lector, pero es posible que no comprendas el actuar o no tengan el mismo efecto algunos recuerdos de algunos personajes.

    Sinopsis:
    Es el año 2160, en la ciudad Del Comienzo, una ley que fue abolida, una máquina del tiempo, la llegada de personas misteriosas, un plan en marcha, y la vida de un personaje que esta en juego; Belirio despierta una mañana, creyendo que su día sería igual que muchos otros, sin embargo, se dará cuenta que su muerte depende del futuro de la humanidad.

    Ver Ficha de Personajes (R.A. Revolución Artificial)



    R.A: Revolución Artificial


    Capítulo 0
    El Viajero sin Nombre

    «El deseo de un joven acarreó consigo el caos de la humanidad.»


    Siempre era igual. A pesar de intentar aparentar una vida normal y cotidiana imitando a las personas de su alrededor, se sentía roto. Insatisfecho. Vacío. Sin un propósito en… ¿sin ningún propósito? Ah, era verdad, tenía uno. Probablemente por esa misma razón se sentía de esa manera. Se llevó las manos a la cabeza y la apretó con fuerza, con tanta presión que literalmente deseaba aplastársela para que toda aquella agonía por fin finalizara.

    «¿Por qué?», era su pregunta constante, ¿por qué se sentía de esa forma? No tenía el derecho de hacerlo. Escuchaba con total claridad el bullicio que generaban las personas en aquel mercado. Miró a su alrededor, estaba en un lugar muy remoto, casi se podría decir que era un pueblo olvidado por Dios si no fuera porque en realidad, era todo lo contrario; a pesar de ser literalmente un oasis en aquellas tierras áridas, el sitio siempre se mantenía vivo gracias a las personas que vivían ahí.

    El joven de una apariencia de diecinueve años sintió que chocó con algo y al bajar su mirada se dio cuenta que con lo que se había topado fue con un pequeño robot con forma de basurero, no muy alto. El robot movió su enorme sensor, que daba la apariencia de un ojo grande hacia el rostro del viajero y, volviendo su vista al frente, retomó su camino.

    «Lo siento, pequeño.»

    Por su parte, el joven giró sobre su propio eje para ver cómo el robot se alejaba con aquellas bolsas que colgaban de sus extremidades, mientras las personas de alrededor se hacían a un lado para dejarlo pasar.

    —Usted, joven.

    El viajero detuvo su paso al escuchar una voz; se viró hacia donde provino la voz y observó a un hombre, sonriéndole, detrás de un puesto.

    —¿No le apetece comprar algo de mi mercancía? ¡Es de excelente calidad!

    Él levantó la mano para indicarle con ese gesto que no le apetecía.

    «No gracias.»

    Continuó con su camino. Transitó rápidamente por entre la multitud. No se sentía sofocado, al contrario, le gustaba estar rodeado de muchas personas, tal vez debido a su propia carencia. Sin embrago, debía irse de ese lugar, ya se había quedado mucho y si no proseguía a otros lados, el deseo de volver a aquella ciudad lo invadía por momentos y lo último que deseaba era regresar a esas tierras. Ya habían pasado muchos años y, ya no pertenecía a esa región. Debía olvidarse completamente de la vida que vivió ahí.

    Él volvió a detener su paso, pero esa vez porque algo había llamado su atención. Escuchó a lo lejos la voz de alguien gritando algo y no se equivocó. A lo lejos alcanzó a distinguir a alguien, con una máscara en la cara que ocultaba su identidad, correr a toda velocidad, llevando en su poder una bolsa oscura que se veía pesada, y era increíble que el individuo pudiera correr con semejante cosa. No obstante, lo que más llamó su atención fue que, detrás del individuo que corría, lo seguía un hombre con el característico traje de policía del lugar que gritaba a los cuatro vientos:

    —¡Alto ahí!

    Las personas, como si lo que presenciaban era algún acto, solo se quedaban viendo la escena, hasta algunas se hacían a un lado para dejar pasar al evidente ladrón, sorprendidos. El viajero, por su parte, se interpuso en el camino del enmascarado. Tal movimiento inesperado para el último, provocó que este disminuyera el paso hasta casi detenerse por completo y fue en esos segundos de sorpresa que el joven viajero lo tomó del cuello de su prenda de vestir, al momento en que se giraba para tirarlo al suelo y una vez el hombre cayó de espaldas al piso, el joven, en un abrir y cerrar de ojos sin darle oportunidad de descansar o defenderse, lo agarró del brazo derecho para obligarlo a que se pusiera boca abajo y en ningún momento lo soltó; lo inmovilizó por lo que a pesar del vano intento de pararse, el enmascarado no pudo hacer nada.


    —¡Su-suéltame! —gritó el ladrón entre gemidos de dolor.

    El joven levantó su vista hacia el oficial que se había acercado a ambos.

    —Gracias por la ayuda, forastero —agradeció el oficial con voz entrecortada. Se acercó al ladrón para esposarlo y luego levantarlo del suelo con un brusco movimiento. Le quitó la máscara que poseía al momento de expresarle con voz dura—: Quedas bajo arresto por romper la ley Ferrie.

    La Ley de Ferrie, dada su nombre por el diputado Isaac Ferrie quien dio la iniciativa de que se aprobara, era una de las leyes más significativas para ese tiempo; la prohibición más grande de esta ley era la fabricación de robots autónomas, con una vida artificial e inteligencia capaz de igualar o asemejarse a la de un ser humano. A raíz de esto, otro aspecto más de esta ley era la prohibición de venta de artículos robóticos a personas no autorizadas y sin licencia que pudiera presentar que tiene el derecho de portar y crear algo.

    —De nuevo gracias por la ayuda. —El hombre de la ley miró con una mueca de disgusto al hombre prensado para después, cambiando su semblante, mirar al joven viajero—. No sé qué es lo que está sucediendo, pero últimamente han estado robando piezas robóticas para venderlas clandestinamente.

    «¿Por qué?» se preguntó, más a pesar de que en verdad le intrigaba saber la respuesta, su garganta no formuló la pregunta, por lo que el policía, llevándose consigo al ladrón, dio media vuelta y se alejó de ahí, y él se giró para retomar su viaje. Pero no hubo avanzado ni un metro cuando sintió que alguien se le abalanzó, abrazándolo por la espalda. Unos brazos pequeños lo habían rodeado. Él volteó hacia atrás para ver de quién se trataba y vio a un niño de siete años de edad. El niño lo soltó una vez hubo llamado su atención, que era lo que en un principio quería.

    —¡Espera! Espera, espera, espera, viajero. —El muchacho, aunque cansado porque había recorrido una larga distancia, mostraba en su rostro una sonrisa contagiosa, y con voz agitada y cortante continuó—: ¡Eso fue alucinante! Ah, fue asombroso cómo lo derribaste... y como hiciste esa genial maniobra.

    El niño intento moverse como lo vio hacerlo a él.

    —Hiciste un ¡uch! Levantándolo, para luego hacer un ¡hach! Y por último un ¡pum! Sin siquiera mirarlo a la cara. —Parecía tan excitado que la falta de aliento se debía más a hacer esos extraños ruidos que por el recorrido que había hecho—. Fue increíble, ¿eres un luchador profesional?

    El joven viajero simplemente acarició la cabeza del niño.

    —Oye, oye, ¿cómo te llamas? Debes tener un nombre súper fabuloso, al estilo luchador o de un guerrero.

    «Así es, alguien me puso un nombre, pero no me gusta.» Él simplemente pensó en la respuesta, «Alguna vez fui conocido con un nombre, pero no soy digno de portarlo. Creo que no tengo uno. Y no pienso que la falta de uno sea importante porque desde un principio no debí existir.»

    El viajero sin nombre le sonrió al niño para posteriormente enfocar sus ojos azules a una adolescente que se acercaba a toda prisa.

    —¡Henry! Por favor, no molestes al hombre. —Ella alzó la vista para mirar con vergüenza al viajero—. Lamento mucho que mi hermanito le esté molestando. Como puede notarlo, es muy entusiasta y curioso y a veces algo inoportuno. —Observó con seriedad a su hermano y le reprochó estirándole la oreja, molesta ante el actuar de su hermano—. No vuelvas a correr de esa forma, Henry, ya te dije que no te separes de mí.

    —Ah… lo siento, no lo volveré a hacer. —Comenzó a quejarse el muchacho, sacando un par de lágrimas ante la estirada de orejas de su hermana.

    La adolescente soltó a Henry a la vez que volvía su vista al joven, apenada porque había visto tal escena.

    —Lamento las molestias causadas por él. —Se volvió a disculpar.

    «En verdad no me resulta una molestia.»

    —Pero yo solo quería saber un poco de él —informó el niño limpiándose las lágrimas y acariciándose la parte afectada—. Quiero que me enseñe a hacer ese movimiento que hizo para atrapar al ladrón. Sería bueno aprender para defendernos. —Miró a su hermana con ilusión—. ¡Sería genial, podría defenderte de los malos, ya no tendríamos miedo a nadie!

    —Deja de decir tonterías, Henry. Mejor vámonos. —La adolescente lo tomó del brazo y comenzó a arrastrarlo mientras miraba apenada al joven viajero por ver aquellas extrañas escenas.

    —¿Practicas una clase de arte marcial? ¿Boxeo, quizás? ¿Conoces a grandes luchadores? ¿Eres entrenador? —Resistiéndose a la halada de su hermana, Henry continuaba con el bombardeo de preguntas.

    —Henry, por favor —suspiró ella cansinamente, rendida ante la hiperactividad de él. Ni con un estirón de orejas hacía que su hermano fuera menos imprudente.

    —Debes serlo —proseguía él—, porque llevas un guante en tu mano derecha. —Se detuvo para meditar en eso, haciéndosele inusual que solo tuviera un guante en una mano y más aún estando en un clima tan caliente como el que hacía—. ¿Por qué solo en esa?

    El viajero dirigió su vista a la mano señalada por el menor y observó detenidamente el guante.

    —¿Y por qué llevas esa cajita amarrada en el cinturón? ¿Qué es lo que llevas allí?

    El joven viajero miró de nuevo al pequeño, quien ya estaba un poco más calmado, y le regaló una sonrisa al momento que abrió la boca para contestarle:

    —Debajo del guante tengo una marca de la guerra.

    Ambos presentes se asombraron al escucharlo, no solo porque había hablado pues pensaron que quizá era mudo o algo así, mas su voz era serena y llamativa, también su asombro se debía al escuchar que había ido a una guerra. Era muy joven como para haber asistido a un conflicto de esos; pero no se podía dudar. ¿Quién era aquel joven? Su semblante tranquilo daba mucha confianza, por lo que el hecho de que asistió a una guerra era lo último que cruzaría por sus mentes.

    —Y en esta cajita —continuó el viajero señalando el artefacto—, llevo el triunfo de esa guerra.

    —¿Qué es?, ¿qué es?, ¿qué es? —Los ojos de Henry se iluminaron ante tal anécdota, fascinado e interesado—. ¿Es una medalla?

    —Un par de ojos —concluyó mirándolos con un semblante por demás pasivo.


    Este capítulo vendría siendo la introducción de la historia, espero les haya gustadoy me regalen un voto o un comentario de lo que les pareció.
     
    Última edición: 1 Abril 2017
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  2. Threadmarks: Capítulo 1.- Apellido Fucus
     
    Kay Greenwish

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    Total de capítulos:
    15
     
    Palabras:
    1980
    Capítulo 1
    Apellido Fucus


    Es el año 2160, y la tecnología de nuevo estaba tomando importancia en el mundo después de estar estancada por culpa de las múltiples guerras que la humanidad sufrió en el pasado; especialmente en las dos posteriores guerras mundiales que dejaron en crisis al mundo. La Ciudad del Comienzo era próspera, los ciudadanos vivían satisfechos. Muchas empresas y negocios de ciencia en la tecnología emergieron en el transcurso de los últimos años. No obstante, solo una triunfó, levantándose para ser el rey de las demás; la empresa Fucus.

    En la madrugada, el sonido de llamada, proveniente de una Pantalla*, provocó que el dueño abriera los ojos. El joven adulto estaba completamente dormido y deseaba seguir en ese estado por un par de minutos más, sin embargo, el timbre de su Pantalla seguía insistiendo, privándolo que retomara su sueño. A Belirio le resultaba muy extraño recibir llamadas tan temprano, por ello, más con fuerza que con ganas, suspiró al momento que se movía inquietamente por debajo de las sabanas. Los gemidos emitidos por su garganta indicaban que estaba fastidiado del llamado. Fuera quien fuera la persona, era muy insistente. Belirio apoyó su espalda sobre la cabecera de la cama al momento que se preguntaba quién podía ser a esas horas de la mañana. Todavía adormilado, estiró el brazo para agarrar el comunicador que descansaba sobre el buró que decoraba la habitación. Bostezó por enésima vez mientras sus ojos azules observaban el nombre del remitente, el que se mostraba en holograma, y no evitó suspirar, era de esperarse que se trataba de él. Activó el modo manual antes de contestar, pues lo último que deseaba era ser visto por el interlocutor en el estado en que se encontraba.

    —Bueno. —habló con tono somnoliento.

    —Buenos días, hijo —escuchó la potente y enérgica voz que tanto caracterizaba a su padre—. Tan solo hablaba para recordarte que hoy se celebra la exposición de Tecnología en el centro de la ciudad Del Comienzo, ¿me vas a acompañar, verdad?

    El joven acarició su rostro en una forma de despertarse. Estaba decidido a contestarle que no deseaba ir. No se sentía con los ánimos de asistir a un evento de tal magnitud. Por el contrario, su padre, desde el otro lado de la línea, continuaba:

    —No te preocupes por el horario, comenzará al mediodía. Ahora mismo puedo mandar a alguien a que te recoja, si te es un inconveniente manejar hasta acá. Por lo mismo hablé temprano, espero en verdad que me puedas acompañar. Y sobre el regresó, si no deseas quedarte, una vez se termine la expo, puedes regresar.

    El hijo único del empresario Fucur vivía en una pequeña pero acogedora localidad por nombre Lago Azul, un lugar que quedaba a poco más de dos horas en vehículo. Por lo que, el rubio se sorprendió de notar lo organizado que estaba su padre.

    —Lo siento, no podré ir. —se apresuró a contestar antes de que continuara hablando y por él mismo diera por sentado que lo acompañaría—. Este día estoy muy ocupado, las personas de la localidad necesitan de mis servicios, así que no podré acompañarte.

    Escuchó el sonido de desilusión de parte de su progenitor. Y la mirada azul de Belirio se sintió un terrible hijo.

    —¿Y no puedes dejarlos para otro día? —preguntó el hombre.

    —Les prometí que iría hoy.

    —¿De verdad? Pues es una lástima, de verdad deseaba que me acompañaras. Me encantaría que conocieras un poco de las cosas que hago, para cuando heredes la empresa.

    «¿Por qué tienes que sacar ese tema en este momento?» pensó molesto.

    En verdad que no le gustaba que metiera ese asunto de la empresa cada vez que intercambiaba palabras con su padre. Precisamente por esa razón se distanció de él y se volvió más frío. Era como si al señor no se le ocurriera otra clase de conversación; y eso que, él ya le había dicho a su padre que no quería heredar ni encargarse de la empresa familiar porque no le gustaba ese trabajo. Mas el señor Fucus negaba eso y olvidaba sus palabras porque siempre le decía que algún día heredaría el negocio. ¿Acaso eso se ganaba por ser el hijo del empresario Fucus?

    Era cierto, la semana pasada el señor Fucus le estuvo recordando sobre la exposición de Tecnología. Beliro, por su parte, estuvo meditando en ir con él, recordando que tenía muchos años sin tener un momento de padre e hijo, específicamente desde que se mudó a Lago Azul donde vivía su madre. Y eso había sido cuando tenía doce años de edad; ahora acababa de cumplir los veintitrés. Sin embargo, su padre siempre le recordaba por qué no le gustaba pasar tiempo con él; por su gran insistencia de que debía entrenar y aprender a llevar el negocio Fucus. No hablaba nada más que del negocio. Estaba obsesionado con el trabajo. Esa fue la principal causa por la que evitaba relacionarse con él y la que lo hizo mudarse con su madre.

    Honestamente, a Belirio no le importaba cómo le fuera a la empresa, o a la fábrica, ¿era mal hijo? Quizás. Mas no le gustaba nada lo relacionado con la robótica, la tecnología y esas cosas, y a eso se dedicaba la empresa.

    —No podré ir. Tal vez otro día te acompaño —contestó secamente para que su padre se diera cuenta de la resolución a la que había llegado—. Hoy no se podrá, padre.

    —Pues me parece mal de tu parte dejarme plantado. Y dudo mucho que tu madre te haya educado de esa forma. Te dije sobre la expo con anterioridad para que no hicieran planes, y ahora me vienes a decir que estarás ocupado.

    Era evidente que Fucus se encontraba decepcionado por el tono de voz que empleaba en la contestación. Y no era de extrañar, llevaba la razón. Un silencio incomodo invadió el ambiente y fue el señor Fucus quien terminó por decir:

    —Entonces otro día será, si no me vienes con más excusas. Cuídate. —Colgó.

    Belirio se recargó en la almohada y observó la hora que marcaba el reloj digital de su Pantalla, eran las 7:10 a.m. Sí que había llamado temprano. Y no era para asombrarse, de verdad quería que lo acompañara. No obstante…

    No le gustaba ir a esa ciudad porque le parecía muy deprimente.

    Se levantó de golpe. Ya no tenía caso seguir acostado; después de todo él siempre estaba levantado a eso de las ocho para comenzar con su jornada laboral. Se alistó, se encaminó a la cocina y llenó su estómago con algo ligero. Saludó a su madre una vez la vio levantada y tras conversar de un par de temas, salió para hacer su trabajo.

    El tiempo transcurrió como de costumbre en la villa Lago Azul. A eso del mediodía, Belirio se dispuso a visitar a una pareja ya de edad avanzada para ver sí podía reparar el fregador que según la mujer tenía varios días que no funcionaba correctamente. Él no se especializaba en plomería, electricidad u otros problemas hogareños, pero a la falta de uno en el lugar, Belirio se dio a la obligación de aprender un poco de eso para auxiliar a los que necesitaban de esa ayuda. Por lo que, su trabajo residía en eso.

    Esa localidad era bien conocida por no tener hombres y mujeres jóvenes; solo se podían encontrar con parejas maduras cuyos hijos ya habían dejado el nido. Una vez que los jóvenes cumplían los dieciséis años, edad en la que los hijos podían independizarse legalmente, si asimismo lo deseaban, para empezar a vivir solos, se iban deseosos de perseguir fortuna y sueños al mismo lugar; La ciudad Del Comienzo. También se podía ver a parejas ancianas, que, tras su jubilación, se iban a vivir a ese lugar pacifico, e incluso a niños de no más de doce años de edad, que eran nietos que visitaban a sus abuelos.

    El rubio llegó al hogar de la pareja, tocó la puerta, pero para su sorpresa quien lo atendió no fue la dueña, fue un EXRE; un pequeño robot hecho en las fábricas Fucus que tenía la finalidad de hacer algunas tareas domésticas; una de ellas era la de abrir y cerrar las puertas para recibir a los visitantes o servir de guardia.

    «¿Qué se le ofrece?» Salió una voz robótica de la máquina.

    Belirio sonrió sin gracias al ver al chaparro robot, sin nada de ganas de hablar con uno de ellos, después de todo solo eran máquinas.

    —Hola, Bel. —saludó energética la señora, asomándose—. Pasa adelante; sabes que estás en tu casa.

    —Muchas gracias —Bel se adentró cuando el robot domestico se hizo a un lado—. Veo que tiene un modelo nuevo.

    —Sí, ¿no es genial? —informó la mujer al momento que guiaba al joven a la cocina—. Mi hijo, el mayor, lo compró para nosotros. ¿Cómo se encuentra tu madre?

    —Ella está muy bien, gracias por preguntar.

    —¿Alguien vino? —Se oyó una voz masculina desde la sala. Se trataba del marido de ella.

    —¡Es Belirio, el hijo de Ámbar, cariño! —Alzó la voz la mujer, quien se detuvo una vez quedo frente la sala para asomarse y ver cómo estaba su esposo.

    El hombre sentado veía la televisión a un volumen alto.

    —¿El joven, Bel? ¿Viene a ver el programa de la exposición? Ahora está en televisión, a punto de comenzar.

    —No, cariño, solo viene a arregla el fregador. ¡No se te ocurra pararte! —advirtió la mujer al ver como su marido intentaba pararse del sillón—. ¡Ya no estás para sentarte y pararte! —Se dirigió a Bel al tanto que retomaba el camino y le susurraba—. Se está quedando sordo, uno tiene que gritarle para que le escuche y no le gusta usar el aparato auditivo, dice que le pica. Tampoco le gusta usar la dentadura, por lo mismo.

    Al llegar a la cocina le mostró el problema que tenía y si es que tenía alguna solución, después de explicarle, se fue de allí para acompañar a su marido a la sala. El programa que estaba en la televisión era nada más ni nada menos que la exposición que se efectuaba en la ciudad. Y aunque lo último que deseaba era estar al tanto de eso, Belirio no evitó escuchar lo que el presentador decía sobre lo que ocurría, ansioso porque comenzara el espectáculo. También alcanzaba a oír con claridad lo que la pareja hablaba, todo porque la cocina no estaba tan lejos de la sala, añadiendo que la mujer en vez de hablar, gritaba.

    —¿El joven Belirio no es pariente del señor Fucus? —preguntó el anciano.

    —No creo. —respondió ella.

    —¿No es Fucus, él?

    —Tienen el mismo apellido, pero creo que no tienen parentesco.

    —¿No es su hijo? Él es joven y el señor Fucus tiene un hijo, ¿no?

    —Si así fuera, ¿por qué él vive aquí? —terminó ella—. Es un joven talentoso, debería vivir en la ciudad.

    «Por qué vivo aquí, ¿eh?» meditó el rubio, sonriendo ante la peculiar discusión de los dos ancianos.

    La única contestación que tenía a esa pregunta era «por su propia voluntad». Aquella villa era muy tranquila, pacifica, con un entorno más puro que la ciudad Del Comienzo. Si bien era cierto que en ese plácido lugar había tecnología, todavía no la invadía por completo. Pero más que nada, no deseaba por nada en el mundo llegar a ser presidente de la empresa de su padre porque no deseaba ser conocido como Belirio Fucus el hijo de Natans Fucus, presidente de empresas Fucus, sino como simplemente alguien que hizo algo por el mismo. Tener una propia identidad.



    *Pantallas: Las Pantallas son teléfonos celulares holográficas y muy practicos porque son tan pequeñas como una microSD, siendo una facilidad colocarlas en pulseras o cualquier aparato con el que se pueda asociar.


    Los veo :)
    Gracias por leer.
     
    Última edición: 25 Marzo 2017
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  3. Threadmarks: Capítulo 2.- La Expo de la Tecnológica
     
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    Hola hermosa gente que lee esta historia. Pido disculpas por atrasarme un poco (mucho, en realidad) en actualizar; es que le estoy poniendo mucho empeño a esta historia, como lo fue con sus antecesoras: EloP, Peur y Punto Negro, pues esta es (en mis más egoístos pensamiento) mi obra maestra :D


    Capítulo 2
    La Expo de la Tecnológica


    Todas las calles principales Del Comienzo, tanto las calles del cielo como las calles al nivel del suelo, habían sido cerradas para prepararlas y efectuar el gran evento de la Exposición de la Tecnología. Aquel lugar poco a poco se llenaba de gente, de muchas personas que venían de diferentes sitios del país como espectadores de otros países. El evento se celebraba cada tercer año y era famoso porque competidores experimentados como novatos de la innovación robótica asistían para demostrar ante jueces la gran destreza y habilidad que tenían en ese ámbito.

    Muy cierto era que cada celebración mucha más gente acudían. Y para los que no podían ir en persona tenían la posibilidad de ver todo el programa mediante la programación especial que se transmitía en el canal oficial Fucus. No obstante, este año era diferente, había hasta el doble de personas puesto que se había informado que el mismísimo magnate empresario Fucus iba a asistir personalmente para ver a los participantes y si alguno de ellos llenaba su pupila, sin duda lo contrataría para que trabajara en la fábrica.

    El tan solo pensar en trabajar bajo el mismo techo que el señor Fucus era sin duda algo realmente increíble y un gran honor. El magnate siempre estaba pendiente de esa fecha junto con sus participantes pues no le gustaba perderse la oportunidad de contratar a un posible gran científico. Aquella exposición era sin duda el mejor lugar para ver el potencial de las mentes jóvenes o no tan jóvenes.

    Por el motivo de la llagada de la limusina de Fucus, los murmullos no se hicieron esperar, elevándose por todo el centro de la ciudad. Muchos decían que si no fuera por la gran publicidad que la empresa había dado a la expo, el evento pasaría de largo para la mayoría; primordialmente para todos aquellos que no les llamaba la atención el tema. El ambiente estaba mezclado con diferentes perspectivas y sentimientos. Por un lado, estaba el gusto por el tema de la robótica; otros por el simple hecho de ver quién sería el afortunado quien ganaría, y otros, que no eran pocos, eran negociantes que querían tener oportunidad para hablar con el magnate y dar a conocer su producto.

    Todo estaba en su respectivo lugar, las carpas que mostraban tanto nuevos como viejos productos de la empresa Fucus, otras que mostraban la evolución e historia de la tecnología. Todo estaba montado, tan solo faltaba que el evento diera

    Entre los diecisiete participantes, uno de ellos, cuyo nombre era Klaus Val, un joven adulto de 23 años de edad, volvió a dirigir su vista hacia la multitud que se alzaba frente a él. Sentado desde su posición, en el lugar donde todos los partícipes se mantenían y a quienes se les obligaba llegar muy temprano, esperaba que la exposición diera comienzo. Inhaló y exhaló. No estaba nervioso. No. O por lo menos nunca lo admitiría si es que alguien se lo fuera a preguntar.

    «Hey, Klaus, ¿ya estás allá?» leyó el mensaje que recibió de Riz. Sin darle importancia y sin intención de responderle, guardó de nuevo su Pantalla.

    Sabía muy bien que quedaría en una buena posición, tenía mucha fe en el robot que había construido.

    «¿Estás nervioso? Claro que no. Obvio que quedarás en primer lugar.» Volvió a leer el nuevo mensaje de su amigo. Klaus tan solo negó, regresando a guardar su móvil, nunca comprendería a Riz y su extraña manera de preguntar algo para después responderse él mismo. A veces se preguntaba porque se juntaba con aquel joven tan ruidoso.

    Y como si no bastara con lo que le había enviado, volvió a caerle otro mensaje.

    «Yo estaré ahí apoyándote de cualquier manera. Si es que llego antes de que empiece o que terminé la Expo.»

    «Estoy a pie, por si te lo preguntas.»

    No, en realidad no. Sin duda, le agradaba mejor cuando se ponía a trabajar en algo, solo de esa manera se mantenía callado y tranquilo.

    «Ah, el día me sonríe, Klaus, me encontré con alguien, ¿adivinas a quién?»

    «De todas formas te lo diré, a tu madrina. Ya estamos en camino.»

    A Klaus no le importaba para nada quedar el primer lugar. Ni la popularidad. Ni siquiera el prestigio. Siempre miró esos sentimientos como triviales. Para él solo existía él, si quieres hacer algo, no lo digas, solo hazlo y demuestra que puedes hacerlo. Por eso estaba ahí, para demostrar de lo que era capaz de construir.

    En un principio, ni siquiera tenía ganas de participar, sin embargo, al final optó por hacerlo al ver la gran oportunidad que tenía para hacerse notar. Aprovechando el gran impacto que ese evento tenía internacionalmente, se daría a conocer para cuando fundará su propia empresa lo reconocieran como el que había ganado la exposición de Del Comienzo, porque sí, deseaba convertirse en la nueva competencia de Fucus. Deseaba ser él quien le quitara el puesto de «única» corporación de tecnología.

    Y entre esos pensamientos, dio comienzo al verdadero plato fuerte del programa. Todos los participantes fueron participando uno a uno, teniendo un cierto tiempo para presentar un discurso de apertura y otro tanto para explicar el funcionamiento de su robot.

    El penúltimo competidor, quien era Val, subió al gran estrado para observar detenidamente a los cinco jueces —ninguno de ellos era Fucus, obviamente—, pero este último esperaba con ansias que terminara la competición pues a decir verdad, al ver con detenimiento cada trabajo, ya tenía el que más le agradó y ante su juicio era el que quedaría en el puesto número uno, difícil de alcanzar.

    El participante, observó detenidamente con sus ojos oscuros a los jueces, al poco tiempo, se viró para ver a la muchedumbre que se expandía por las calles y que lo miraban expectativos desde las pantallas. Eso es lo que buscaba, que aquella gente no olvidara ese rostro. Que ellos no olvidarán lo que estaba a punto de mostrar.

    —Buenas tardes, presentes. —habló mediante el micrófono que colgaba en su camisa—. Les presento a mi robot araña y que he nombrado Arr.

    Todos, tanto espectadores como cámaras, se dirigieron al pequeño robot en forma de una araña que no media más de cuatro radios de longitud y poco más de diez centímetros de altura; tenía la forma de una araña. Pero con solo cuatro patas, una cola de escorpión en donde la punta era una garra y las pinzas. Su estado no parecencia muy limpio o ni simulaba tener buena apariencia; notándose a lejos que estaba construido por diferentes partes.

    —Este robot tiene comando de voz; haciendo caso sólo a la voz del dueño, pero también tiene la función de controlarlo mediante una Pantalla, computadora u otro aparato similar. Su memoria puede guardar sin fin de conocimientos desde conexión a Internet; básicamente conoce todo.

    Acto seguido, Klaus arrojó un lápiz que tenía a la mano para la ocasión, eso provocó que todos estuvieran atentos y él ordenó:

    —Arr... —el robot reaccionó a la voz y girándose a su dueño pareció levantar la cabeza como modo de que lo escuchaba—...necesito un lápiz, ve y búscame uno.

    El robot dio una vuelta de 360 grados escaneando todo el terreno, y al detectar el lápiz, se movió hacia él y tomándolo con la garra de su cola, se volvió a donde su dueño. Ante eso, los jueces se miraron unos a otros, impresionados, asintiendo; por otra parte, el señor Fucus se levantó impresionado desde donde estaba, como si de esa manera pudiera ver mejor al joven de cabello oscuro, cosa que no logró ya que presenciaba todo por una gran pantalla de televisión.

    —Además, el escáner que tiene incrustado tiene un alcance de cinco metros, si no encuentra su objetivo, se mueve y se seguirá moviendo hasta que encuentre lo que le fue encomendado encontrar. Debemos recordar que, para hacerlo funcionar, se le debe poner un código o, llamado informalmente, un nombre. En este caso, su código es Arr. —El robot reaccionó al nombre, sin embargo, Klaus no dijo nada inmediatamente—. Si no recibe la orden en un plazo de 0,5 segundos, automáticamente se desactivará.

    Un grupito de tres, que habían concursado y ya habían pasado, observó a uno de ellos sorprendido cuando lo había escuchado decir que él iba a ganar la competición.

    —Espera, no hablas en serio ¿verdad?

    —Mira, Plat, lo tiene conectado a la red.

    —Pero mira el robot —indicó el primero, que se llamaba Marino White—, está fabricado por varias partes. No como el mío; para hacerlo compré partes pre-diseñadas.

    El veinteañero de nombre Plat chistó con la lengua para posteriormente agregar:

    —Y yo que pensaba que ganarías tú, Marino. ¿No será que es un profesional?

    Marino observó con gran sorpresa a su compañero.

    —¿Es que no sabes quién es él? Con solo escuchar su apellido supe que yo quedaría en segundo puesto. Bueno, eso no es tan malo.

    —¿Lo conoces? —preguntó interesado el tercero.

    —Más o menos. Había escuchado que un Val se había graduado con honores de la Escuela Versada.

    —No... Oh, ¿de la Versada? ¿De esa escuela?

    Ambos compañeros quedaron atónitos de saber eso, sabiendo que solo los más dotados se les permitía ingresar a esa escuela, ni siquiera los hijos de empresarios poderos ingresaban si no tenían lo que necesitaban para poder entrar. Plat continuó:

    —¿Y es de una familia reconocida? Es que no recuerdo haber escuchado ese apellido, pero me supongo que debe serlo para conseguir piezas, si dices que no son compradas.

    Vio a su amigo negar y luego agregar:

    —Me parece que es amigo del hijo de Calomela.

    —¿De ese tacaño? Un día fui a ver si tenía algo que me funcionara, pero me corrió al saber a lo que iba.

    No existía otro lugar en la ciudad con tesoros como aquel taller. El hombre coleccionaba las piezas más insólitas y viejas.

    —Con razón pudo construir su robot a pedazos —se escuchó en susurró mientras dirigía la vista para continuar oyendo la explicación de Val.

    —Ahora, ¿qué sucedería si este utensilio es borrado completamente de su conocimiento? —Maniobró la Pantalla y borró toda existencia de lo que es un lápiz—. Arr —El robot prestó atención—, necesito un lápiz, consígueme uno.

    El robot no hizo movimiento alguno, Klaus se volvió al auditorio.

    —El robot no podrá hacer nada si no conoce lo que le pidieron. Bien, ¿qué sucede si lo que se le ordenó es algo más pesado y grande que él? ¿Alguien tiene alguien mochila o portafolio?

    Entre el público cercano se acercó alguien a la plataforma y le prestó una mochila al joven, quien no esperó y la dejó cerca del robot para después mandarle:

    —Arr, necesito una mochila, tráeme una.

    Arr se movió y al analizar una mochila cerca, se acercó a esta, le dio media vuelta para posteriormente acercarse a Klaus, obviamente sin la mochila.

    —¿Qué sucedió? ¿Dónde está la mochila? Mándame la información por e-mail. —Klaus volvió a su Pantalla y tras maniobrarla ingresó a su correo electrónico para decirle a la audiencia y jueces, enseñando el correo por las pantallas para que todos vieran—. Si lo piden, recibirán una contestación del robot. En este caso, mandó la masa, altura y peso de la mochila, calculando la propia fuerza de él; la información de lo máximo que él puede cargar. En pocas palabras, no pudo con eso y lo dejó.

    El moreno dirigió sigilosamente la mirada a los jueces y dibujó una media sonrisa disimuladamente al verlos dialogar entre ellos. El magistrado estaba impresionado por el excelente trabajo de aquel joven adulto. Uno de ellos se levantó para preguntar lo que sería la fase final:

    —¿Cuáles serían los beneficios de este robot? ¿En que ayudará a la sociedad y a las personas?

    —Está especialmente diseñado para personas discapacitadas o muy ancianas que no pueden recoger algo que se les ha caído. Si ven, este es solo un pequeño robot que no puede hacer mucho, pero imagínense lo que lograría en un nivel mucho más grande. Realizarían diferentes trabajos, tal vez programándolos para equis circunstancias. Me atrevería a decir que un modelo pequeño sería excelente para el hogar u oficinas.

    Ese juez se dio satisfecho y tomó asiento para que ahora otro juez se levantara y continuara con otra pregunta.

    —¿Cual fue tú intención al crear a Arr?

    —Simplemente para participar y quedar en primer lugar.

    La corta pero directa respuesta del joven sorprendió a muchos.

    —Pues eres muy sincero —habló otro juez—. ¿Cuánto tiempo te llevo fabricarlo?

    —Un año y medio.

    «¿Un año y medio? Eso es poco.»​

    —Es relativamente poco, pues aparentemente lo has manufacturado desde cero, ¿verdad?

    —Todo hecho a mano. Ninguna pieza comprada o pre-fabricada.

    «¿Hecho desde cero? Ya quedó en primer lugar.»​

    —Gracias por tu participación, Klaus Val.

    Bajó de la plataforma y el último participante hizo su presentación, desanimado; ya sabía que no tenía oportunidad para ganar a Val. Una vez que los jueces dieron su veredicto, no se sorprendieron mucho al escuchar el nombre de Klaus Val con el puesto número uno. Val estaba dispuesto a dirigirse con su premio en manos a donde se encontraba Evel, su madrina y Riz su amigo, cuando el señor Fucus lo detuvo para hablarle y encomiarlo por su deslumbrante trabajo.

    Igualmente añadió que le agradó tanto su excelente trabajo que sería todo un honor que un joven como él trabajara a su lado, en su fábrica, innovando robots para la mejoría de la sociedad. Val se rehusó mencionándole que él tenía otros planeas; deseaba emprender un negocio enfocado al entretenimiento. Al terminar de hablar y despedirse, el señor Fucus suspiró un tanto desilusionado por la respuesta, sin embargo, deseaba ser testigo de la nueva empresa ya que, sin duda, el futuro de aquel joven iba a ser muy brillante.


    Mientras tanto, en la villa, Belirio había terminado con el trabajo que tenía planeado para ese día y se dispuso a terminar con lo último, caminó a su humilde hogar y al ver unas cuantas cajas que había sacado del almacén que se ubicaba cerca de la residencia al necesitar algunas herramientas de allí, las levantó y se encamino al depósito.

    —Hijo, qué bien que has llegado —Se asomó su madre desde la casa—, tu padre ha estado llamando diciendo que quiere hablar contigo.

    —¿Ahora? Dile que estoy ocupado, que marcaré luego.

    Ahora recordaba que había apagado su Pantalla exactamente para evitar esos contratiempos. Nunca le cruzó por la mente que su padre llamaría a su madre. Aunque tenía una ligera idea de para qué le marcaba; de seguro le contaría lo que vio o descubrió, le gustó o disgustó del a exposición.

    —Aunque le diga eso, él seguirá marcando. Ya sabes cómo es de terco. No dejará de marcar hasta que le contestes.

    —Lo sé. Está bien, dile que le marco en cinco minutos. Solo voy a dejar estas cosas.

    A pasos agigantados, el rubio se dirigió al depósito, se adentró para llegar a una estantería en donde dejando las cajas en el piso, comenzó a sacar algunas cosas de ellas para acomodarlas en el estante, deseoso de que los cinco minutos tardaran una eternidad. Entonces, sus oídos escucharon los pasos de alguien y como reacción, se volteó. Abrió los ojos, atónito, al ver a alguien extraño dentro de allí, en propiedad privada.

    —¿Quién eres? ¿Y qué haces aquí? —cuestionó él.

    Pese a ello, no obtuvo respuesta alguna de aquella persona, para su sorpresa, lo que obtuvo de ella y que lo dejo petrificado, fue un arma siendo alzada hacía él. Sin comprender nada, los anonadados ojos azules de él observaron los ojos verdes de su amenazador para descubrir en ellos las ganas de matarlo.



    Agradezco a los usuarios que se pasan y le dan una oportunidad a esta historia.
     
    Última edición: 26 Marzo 2017
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  4. Threadmarks: Capítulo 3.- Intermediario
     
    Kay Greenwish

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    Capítulo 3
    Intermediario

    Belirio retrocedió más que asustado al ver el arma siéndole apuntada, retrocedió hasta que chocó con el estante. Deseaba correr, pero desafortunadamente la salida se la tapaban; su corazón se aceleró. Aun incrédulo no dejaba de ver a la joven que sostenía el arma, estremeciéndose al escucharla decir con dureza.

    —¡No te muevas!

    Hizo lo ordenado. Bel intentaba pensar en lo que ocurría, pensó que quizá ella escapaba de algo, posiblemente su fugó de una cárcel y se escondió en el almacén y debido a que la descubrió pues ahora lo amenazaba para que no dijera nada, por lo que intentó calmarla y razonar con ella.

    —Escucha, podemos...

    —¡Te dije que no dieras ni un solo paso, Bel!

    El corazón de él dio un brinco al escucharla decir su nombre. Lo conocía. No evitó ponerse nervioso. Eso solo significaba que sabía quién era él y que iba por él, pero ¿por qué? ¿Quién era ella? Tragó saliva al momento que se daba cuenta que su pecho latía con tal rapidez que le parecía que su corazón saldría de él. Comenzaba a ser presa del pánico.

    —¿Me-me conoces? —preguntó, tartamudo. Pensó que tal vez ella estaba en ese lugar debido a un problema con la empresa de su padre, por ello continuó—. Mira, si tienes algún problema con mi padre, yo no...

    —Esto no tiene que ver con la empresa —respondió ella, callándolo—. Belirio, tú debes morir.

    Su mente quedo en blanco. Y por un instante quedó petrificado al ver que ella estaba a punto de accionar el arma, dispuesta a dispararle y él, como mera reacción de susto se cubrió el rostro con los brazos como si de esta manera fuera a protegerse del proyectil. En esos momentos toda su vida pasó por sus ojos. En eso, el sonido de las sirenas de la ambulancia se escuchó desde afuera, por lo que la reacción de ella fue de preocupación, de susto incluso, e impulsada por algo se acercó a la ventana más próxima deseosa de ver el vehículo.

    —No puede ser, ¿ya están aquí? —dijo sobresaltada.

    El rubio quedó anonadado y mudo ante la inusual reacción de ella. Por primera vez la vio mejor. Era una joven de tez blanca, sin duda alguna lo que en verdad resaltaba su belleza era la larga cabellera color rojiza amarrada en una coleta alta, siendo además dueña de unos encantadores ojos verdes esmeralda y aunque no lo supiera, tenía 21 años.

    Por esos cortos segundos, Bel quedó confundido, pasmado. Pero tan rápido como ella reaccionó al escuchar la ambulancia, él despertó de su embobamiento para correr a la salida al ver la oportunidad, no obstante, ella teniendo todos sus sentidos puestos en él, se dio cuenta de lo que tramaba y lanzó arriba de él tirándolo al suelo, quedando él boca abajo, sintiendo como su barbilla recibió la peor parte, y ella arriba de su espalda apuntó el arma a la cien de él. Bel tragó saliva nervioso al sentir la fría arma tocar su cabeza; su última oportunidad de escapar y pedir ayuda se fue al traste.

    —¡Te advertí que no te movieras! ¿Quieres perder rápido tu cabeza?

    —¡Escucha! —No podía dejar de tartamudear y temblar—. Hablemos sobre el tema, ¿quién eres? ¿Qué quieres de mí?

    ¿De qué hablaba? ¿De cuál tema quería hablar? No tenía ni idea, pero no deseaba morir, ¿quién lo quería?

    —¿Tie-tienes algo pendiente co-n mi padre? —En serio deseaba dejar de temblar, pero la sola idea de ser amenazado por un arma le impedía decir las cosas con claridad.

    No podía dejar de pensar que todo eso estaba en vuelto con su padre. Quizás se trataba de un grupo que lo quería secuestrar y pedir recate; una cuantiosa suma de dinero por su vida. Maldijo dentro de él por portar el apellido más popular y famoso de toda la ciudad. Sin embargo, todas las sorpresas que había recibido en esos pocos minutos no se compararían a lo que estaba por escuchar.

    —No, no la tengo. Lo siento....

    Él abrió los ojos tan grandes como se permitía hacerlo.

    —... pero tú...

    El tono en modo de disculpa y, pausadamente le indicó que no existía otra forma de desarrollo.

    —... debes morir.


    Por unos segundos dejó de respirar. Tensó todos los músculos, resignado a que toda lucha por su vida terminaría allí mismo; en esa sucia habitación.

    —¡Belirio, hijo!

    El nombrado apretó la mandíbula al escuchar a su madre desde afuera y como reflejo apoyó el rostro al suelo; lo último que deseaba era que su madre se involucrara y no deseaba que ella corriera riesgo o que fuera amenazada por su culpa.

    —¡Hijo, es tu padre en línea!

    —¿El señor Fucus está con vida?

    Aquella pregunta lo tomó por sorpresa al alcanzar a escucharla murmurar, y alzó la vista para verla un poco y ella al notarlo, ordenó:

    —Contéstale. Y que no entre.

    —¿Puedes soltarme y dejar de apuntarme con el arma? —cuestionó.

    —Hijo, ¿me escuchas?

    —Vamos, dile algo y que no entre ¿o acaso quieres que vea cómo mueres?

    Bel endureció su rostro, obviamente que no.

    —¡Ahora salgo, madre! ¿Puedo contestar la llamada de mi padre?

    Se le vio pensativa, como quien no quiere soltarlo pues lo observaba más tranquilo que al principio y eso no le agradaba nada, pero al final se quitó de encima y mientras lo veía levantarse no dejaba de apuntarle, le advirtió:

    —No hagas algún movimiento innecesario o disparare sin más, ¿de acuerdo? Al momento que vea que salgas corriendo al abrir la puerta, dispararé.

    Él asintió y abrió la puerta para encontrarse con su madre hablando con su padre por teléfono y una vez lo vio, le entregó el aparató y mientras hablaba con él, miraba de vez en cuando dentro del almacén, no se había alejado mucho. Se tranquilizó un poco al ver que su madre se alejaba para entrar a la casa. Meditaba si correr o no, decirle a su padre lo que le estaba sucediendo o no; se planteaba una y otra vez. Su mente decía que sí, que lo dijera, pero sus labios temblaban. Se limitó a escuchar como le contaba todo lo que vio y como conoció a un joven que se rehusó a trabajar y esas cosas. En realidad tenía la mente en otro lado.

    Al final no habló de lo que estaba viviendo, apagó el teléfono y suspiró decepcionado de sí mismo al meditar que perdió una oportunidad. Se giró un poco al escuchar a su amenazadora llamar su atención al chistarle.

    —Cambio de planes —susurró ella y él la miró con recelo—. Vamos a ver al señor Fucus.

    —¿Eh? ¿Qué has dicho? —Su rostro dibujó asombro.

    —¿Eres sordo? Iremos a hablar con el señor Fucus. —Sus ojos verdes lo observaron con frialdad suficiente como para petrificarlo.

    Belirio la miró detenidamente intentando descifrar lo que cruzaba por la mente de ella. ¿Qué era lo que planeaba? ¿Por qué ahora deseaba ver a su padre? ¿Acaso él era el intermediario y solo lo utilizaba para poder hablar con él? Suspiró largamente, ¿por qué presentía que hoy sería un largo, pero largo día? Esa mañana se levantó con dolor en su muñeca izquierda, debió haber sospechado que hoy no sería su mejor día.


    :) Cosas tan simples como un "me gusta" me haría súper, súper, pero rete-contra súper feliz. Agradezco a los lectores que han llegado hasta aquí.
     
    Última edición: 25 Marzo 2017
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  5. Threadmarks: Capítulo 4.- Tierra del Tesoro
     
    Kay Greenwish

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    Capítulo 4
    Tierra del Tesoro

    En la ciudad Del Comienzo, en el taller Calomela, el señor Caleb estaba revisando el primer modelo que la fábrica Fucus había sacado de un RV; un robot policía, este era muy robusto. El hombre desvió la vista hacia la entrada al sentir que alguien ingresaba, pero solo se trataba de su hijo, quien tomando una silla de madera la arrastraba hacia donde él.

    —¿Qué tal estuvo la exposición? —inquirió el padre volviendo su trabajo al RV.

    Riz se acercó a su progenitor y colocando la silla cerca, se sentó en ella y recargando los brazos en el respaldó, vio a su padre manejar el interior del robot policía, contestó:

    —Fue muy interesante, ¿por qué no fuiste? Te perdiste de proyectos interesantes además de la propaganda de nuevo material de Fucus.

    —Estoy muy ocupado y este RV es duro de reparar —observó fugazmente a Riz—. Tú solo querías que fuera para llevarte, lo bueno que te encontraste a Evel en el camino.

    El joven de dieciocho años se sorprendió:

    —¿Ella te lo dijo? ¿Qué me la encontré?

    —Sí y tú que querías ir hasta allá caminando, si está lejos. —Se levantó para estirarse un poco—. Ya vez lo que sucede por no querer aprender a manejar.

    —Pues me alegra haberla encontrado de paso. ¿Y dónde está?

    —Estaba cansada y se fue a su casa. ¿Y quién ganó?

    —Ya sabíamos el resultado.

    Riz observó con ojos inquisitivos lo que hacía su padre, desde que se fue en la mañana había estado con ese RV.

    —¿Ya intentaste ponerle la reserva del programa principal y reiniciarlo? Tal vez solo sea un fallo de programa.

    —Eso fue lo primero que hice. Es más, la memoria estaba limpia, al parecer la limpiaron pensando que tal vez tenía algún virus.

    —Ah, ya sé, debe tratarse de la codificación. Quizá se desplazó el cero. Leí en el manual que ese modelo tiene ese error. Es molesto y por ello se descontinuaron ya que necesitan de constante mantenimiento.

    —No creo que sea algo tan simple, Riz. Pienso que está en el sistema cableado.

    —Estaba en el manual, ¿no leíste el manual?

    —He leído muchos manuales, no puedo recordar todos, ¿sabes? No tengo memoria fotográfica como otros.

    —Yo no tengo memoria fotográfica, es solo que recuerdo casi todo porque los leo más de dos veces.

    Caleb sonrió al decir:

    —Qué bonito es tener tanto tiempo libre.

    —Esto me recuerda al famoso caso de la fórmula matemática que inutilizó a un barco de la marina de los Estados Unidos. Fue realmente divertido. ¿Alguna vez has intentado dividir cero entre cero en una calculadora o dividir doble cero entre cero?

    —El resultado es ERROR.

    —Pues la idea de dividir cualquier número dentro de cero te da 0. Pero en teoría debería de ser 1, espera. —Se detuvo para pensar en eso y después de sonrió al continuar—. Dividir cualquier número dentro de cero da error, incluido el mismo cero. —Rio divertido—. Pero el punto es que alguien de la marina se quiso pasar de listo e ingresó como valor de ecuación de prueba el número 0 en un barco «inteligente», ¿cuál fue el resultado? Pues que cualquier calculadora, hasta una de bolsillo, fue más inteligente que ese barco porque quedó totalmente inoperable después del incidente. Ni siquiera podías reiniciar la computadora. El barco quedó atorado perpetuamente en un dilema existencial.

    —Muy bien, pero ¿a qué quieres llegar con esta explicación, hijo?

    —Pues que las máquinas son muy delicadas; cualquier pequeño error en la programación las puede volver inútiles. Moraleja, algo simple e insignificante puede perjudicar a tu robot «inteligente».

    Y ambos Calomela hubieran empezado una discusión sino fuera porque los dos dirigieron su vista hacia la entrada al sentir que alguien entraba, se trataba de Klaus.

    —Hola, Klaus —saludó cordialmente el mayor—, escuché que te fue bien en la expo, felicidades.

    Los ojos oscuros del recién llegado se volvieron al robot policía.

    —Oh, es un RV modelo 3.2.1.1, un prototipo muy interesante, es una lástima que existan tan pocos y que el desplazamiento de su codificación sea un problema y por ello cortaron su venta. ¿Qué problema tiene este?

    —Un desplazamiento de cero —terminó de decir Caleb poniéndose de pie para ir a buscar su Pantalla para arreglar el problema evidente. Observó a su hijo quien sonrió satisfecho, casi adivinaba lo que su rostro decía «Te lo dije».

    Caleb estaba arreglando la configuración para volver a restaurarla y que así funcionara debidamente cuando recordó algo, por lo que preguntó:

    —¿Qué hora es?

    —Es tarde, pasan de las cinco —contestó Riz quien leía en su Pantalla la noticias de los nuevos productos de la empresa.

    —Por poco se me pasaba que tenía que ir al hospital para reparar un robot quirúrgico, me dijeron que estaba fallando.

    —¿Quieres que te acompañe? —preguntó excitado Riz, levantándose apresuradamente de la silla.

    Sus ojos miel miraron con brillo a su padre, ansiaba ir a ver como estaba hecho un robot quirúrgico en vida real; ya había leído varios manuales pero le apasionaba poder ver su funcionamiento. Sin embargo, borró toda alegría de su rostro al escuchar a Caleb decir:

    —Preferiría que te quedaras.

    El joven se dejó caer de nuevo a la silla decepcionado y al ver eso, el señor Calomela le hizo saber.

    —No quiero cerrar el taller, necesito que atiendas a los clientes.

    Ante eso, se despidió y partió al hospital.

    Entretanto, en el otro extremo de la ciudad, el automóvil que manejaba Belirio se dirigía a la oficina de su padre, discretamente miraba a su derecha, en donde la joven estaba sentada y que aún lo tenía como un rehén, sin dejar de apuntarlo con el arma. Él seguía sin poder adivinar la razón por la que ella quería hablar con el empresario. ¿Lo amenazaría? Si era eso, era una suicida pues hacerlo en territorio de enemigo era para temerarios.

    Al llegar al estacionamiento, se detuvo y ambos bajaron. La pelirroja se guardó el arma en una funda que colgaba de su cinturón, y este cinturón era ocultado por la sudadera larga que portaba. Ella miró con dureza a Bel al sentir su mirada. Él la desvió.

    —No piensas llevar el arma adentro, ¿o sí? —cuestionó el rubio mientras ella daba la vuelta al vehículo para acercarse a él.

    —Sí, porque tú vienes conmigo. Harás que el señor Fucus nos reciba. Y esto, —Tocó el bulto que mostraba el arma—, es para que evites hacer una estupidez, ¿queda claro o te explico con lentitud?

    Él frunció el ceño mientras era obligado a caminar a la entrada junto a ella. Ahora que la veía más detalladamente, ella no era muy alta, media poco más de un metro sesenta y cinco, de complexión delgada, no obstante sí sabía cómo defenderse y luchar. Lo notó cuando lo inmovilizó al intentar escapar e hizo que quedara inmóvil bajo ella, teniendo en cuanta que él era algo alto, media un metro ochenta.

    Miraba de vez en cuando su rostro, no evitaba ponerse nervioso ante la insistente mirada verde de ella. Y es que lo miraba sin despegarle la vista, observando detenidamente cada movimiento que hacía. ¿Quién era ella? ¿Cuál era su verdadero objetivo?
     
    Última edición: 25 Marzo 2017
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    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

    Tauro
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    La verdad, eso me dolió, porque sabes lo que me encanta esta historia. La idea está genial y esté mal o bien redactada, lo que me importa es la trama, el suspenso, el misterio, la calidad que le das a cada uno de tus personajes y seamos también sinceros, no leería esta historia si no la publicaras aquí o en cualquier otro lugar. Es un hecho que no sabría nada de tus ideas si no las compartieras aquí con los demás y cuando te doy mi opinión, te la doy exactamente como cualquier otro usuario y no como el familiar que soy. De veras me da mucha pena que pienses que porque Bore y yo somos tus familiares y las únicas que te comentamos, te hagas y nos hagas menos.

    Qué bueno que te guste escribir y lo hagas para ti, porque eso hará que no abandones tu historia porque otros no saben hacer comentarios o no los hacen porque no les gusta lo que leen, o simplemente son perezosos, mas si crees que por ser quien soy te leo, te comento y te digo que me gustó, estás muy equivocada. No leeré nada que me guste por muy mi hija que seas y para muestra mi propio hijo que anda también por ahí haciendo sus creatividades y jamás paso a ver porque sé que su trabajo no me gusta. Si eso no te convence que te leo y te comento como a cualquier otro user, entonces... ni hablar.

    Esa chica me parece muy extraña. ¿Para qué quiere ver al señor Fucus? El hecho de que no matara a Bel, ha cambiado la historia, pienso, porque si mal no recuerdo, en ese capítulo final de EloP, sí le disparó, pero ahora lo ha tomado como rehén y lo lleva a la fábrica Fucus a ver a su padre. Y la pregunta sigue en el aire: ¿Para qué quiere verlo? Por otro lado, esa escena en el taller Calomela, me encantó. Es genial ver de qué manera se llevan padre e hijo. Me parece genial conocer un poco más del señor Calomela. Caleb me recuerda al Riz de EloP xD Y bueno, me despido por ahora preguntándome lo mismo que Bel. ¿Quién rayos es esa chica?

    Saludos.
     
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  7.  
    EN Auditore

    EN Auditore La Hermandad de Asesinos

    Piscis
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    Interesante historia, me ha cautivado. Creo que el interés radica en la sencillez con la cual explicas lo detalles y eso me gusta. He visto un par de dedazos por allí, pero no me dio tiempo para nombrarlos. Sin embargo, me parece una buena historia, al menos su comienzo me parece genial y espero más de ella. Tengo muchas dudillas sobre lo que sucede, pero creo que esperar será lo mejor, espero que el tiempo las respondas (?)

    En fin, mucha suerte con la historia, realmente me ha gustado y espero más de ella ^^.
     
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  8. Threadmarks: Capítulo 5.- Fugitiva
     
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
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    @Marina Muchas gracias por tus comentario, sabes que estoy muy agradecida por ellos. A veces digo cosas sin sentido; por un desahogo, pero nah, solo son dichos de ese momento.
    @EN Auditore Me ha sorprendido tu comentario :) Muchas gracias por tomarte las molestias y gracias también por dejar los "me gusta". Me alegra que la sencillez allá sido lo que te cautivo. No soy muy profunda para describir cosas. Sobre los dedazos, tendré que esforzarme más en ellos y leer mis capítulos mucho antes de subirlos. Y por último, todas las dudas de iras disipando poco a poco, quizá en próximos capítulos o mucho más adelante.

    Gracias a los demás lectores y pues nada, dejo la próxima parte, disfrútenla.


    Capítulo 5
    Fugitiva



    Bel llamó a su padre para avisarle que estaba allí y que quería hablar con él; de esa forma todo quedó confirmado y tanto él como la joven se dispusieron a ingresar al edificio. Un trabajador amablemente los recibió y los guió a una sala privada pidiendo que esperaran, pues ahora el director se encontraba en una junta importante, pero que no tardaría nada. Al terminar su trabajo, el hombre se despidió y los dejo a solas.

    Ninguno de ellos tomó asiento; además, en esos largos minutos hubo silencio. No fue hasta que la puerta se abrió dejando ver al señor Fucus, quien estaba realmente contento de ver a su hijo.

    —Hijo mío, no sabes cuánto me alegra verte. Me sorprendió saber que estabas aquí.

    Bel se acercó a él sintiéndose un poco raro, tanto que por unos segundos no supo cómo reaccionar, así que su padre fue quien le estrechó las manos, lo acercó a él y le dio un fuerte abrazo, golpeando su espalda una y otra vez. Posteriormente se apartó de su hijo para tomarlo de los hombros y verlo a los ojos.

    —¿Hace cuánto que no te dejabas ver? Has crecido demasiado, eres todo un hombre ya, ¿qué edad tenías cuando te vi por última vez? Me hubieras dicho que vendrías y hubiera mandado a alguien a que te llevara. Ahora mismo estoy por ir a comer, ¿quieres acompañarme?

    —¿Qué tal va todo? —fue lo único se le ocurrió preguntar pues se sentía fuera de lugar.

    El hombre sonrió.

    —Muy bien, muy bien, pero dime ¿a qué ha venido esta cita? —Levantó la vista para mirar sobre el hombro de Bel y ver a la joven observadora y la sonrisa de él se amplió aún más—. ¿Son buenas noticias?

    —No... verás... —No sabía ni por qué había ido allí ¡Ah sí! Ya lo recordaba; fue amenazado por la mujer con la que compartían habitación en ese momento.

    —Señor Fucus —la joven se apresuró a acercarse.

    Bel se extrañó al notar como el rostro de ella se veía diferente. Cada rastro de seriedad y dureza había desaparecido y ahora observaba a Fucus con rostro lleno de admiración, como un niño viendo por primera vez cómo su héroe hacía algo realmente magistral. Irradiaba alegría, ¿alegría? ¿Alegría de ver al señor Fucus?

    —Dígame jovencita —Miró discretamente a su hijo, ¿era que acaso eran pareja? ¿Habían ido allí a presentársela? Bien por su hijo si era así y por ello no se contuvo al preguntar—. ¿No es más común que el novio pida la mano de la novia?

    —No se trata de eso —aclaró rápidamente Bel con tono serio.

    —No señor —continuó ella—, solo vengo a aconsejarlo que se cuide bien. Hágase constantes chequeos médicos, deje de presionarse tanto en el trabajo y cuide mejor su salud. Debe descansar, el problema de corazón que tiene es muy grave...

    Ante lo que escuchaba, el rostro de Fucus se tornó molesto, realmente molesto.

    —¿Cómo sabes todo eso?

    Bel observó a su padre con asombro al cuestionar:

    —¿Estás enfermo del corazón?

    Nadie sabía sobre eso; todo lo que esa joven decía era supuestamente un secreto. Si bien había comenzado a sentirse más cansado de lo usual, según el diagnóstico no padecía nada tan grave que arriesgara su vida. Esta se había transformado en una plática absurda.

    —Repito, ¿de dónde sabes todo eso? ¿Exactamente a qué has venido? Y Bel ¿quién es ella y por qué está aquí?

    El rubio se sintió oprimido ante la mirada de su progenitor, se le veía enojado, esperando respuesta alguna.

    —Señor, es “probable” que usted —Ella sabía muy bien que no era un “probable”, sino que sería un hecho—, vaya a morir.

    —¡Qué sandeces dices! —alzó la voz el hombre, iracundo, mirando a los dos presentes también confuso, esperando respuesta a todo lo que había ocurrido segundos antes.

    Entonces, ella tomó a Bel discretamente de la camisa para llamar su atención y así indicarle que salieran de allí, por lo que él se dejó encaminar por ella, quien se mantenía pensativa en lo que estaba haciendo. ¿Qué había sido todo aquello?

    Belirio se detuvo quedando bajo el marco de la puerta. La pelirroja al no sentirlo cerca se detuvo y giró su rostro, mientras sus facciones ocupaban un mar de desconcierto y desasosiego al presenciar como el rubio se giraba para encarar a su padre y soltar, sin más, la verdad:

    —Esta mujer me tiene como rehén. Me ha amenazado de muerte porque quería verte.

    —Maldición.

    Fue su respuesta instantánea al verse en un grave problema, así que se retiró de allí lo más rápido posible y corrió, corrió fuera de las instalaciones. Cometió un error, lo sabía; lo supo cuando no disparó en el depósito, cuando tuvo la oportunidad. Con la declaración de su hijo, Fucus ordenó inmediatamente por bocinas que detuvieran a la pelirroja, que no la dejaran escapar. Sin embargo, al escucharlo por la bocinas, ella se movió sigilosamente; escaparía lo antes posible del edificio.

    Se llamó inmediatamente a la policía en cuanto una cámara de vigilancia la grabó escabullirse de edificio, para que la buscaran y la encontraran. Cualquier persona que quisiera salirse con la suya de intimidar a cualquier miembro de la familia, no lo dejarían libre.

    En un abrir y cerrar de ojos se había convertido en una fugitiva. Se detuvo en un bloque a tomar un poco de aire; sonrió burlona mientras se mantenía pegada a la pared de una edificación y observaba a un par de uniformados pasar de largo. Luego, al ver el camino libre del otro lado, corrió hacia allí.

    De todos los escenarios posibles, no se imaginó que se convertiría en una prófuga y es que en ninguno de esos escenarios pensó o se le dio la idea de que iría a ver a Fucus. No estaba al tanto de que aun seguiría con vida, por lo que inconscientemente se emocionó al pensar que todavía estaba vivo. Se escondió al ver a un par de policías caminar por la zona con primitivos RV. Tal como pensó, al tratarse del poderoso señor Fucus, las autoridades se movían más rápido de lo normal.

    Al ver que estaba libre, observó a los lados y se apresuró por aquel camino al momento que apretaba la mandíbula y se decía lo idiota que había sido. Después de todo, debió haber ido al taller Calomela en primer lugar, pero ahora se dirigió a este. Volvió a detener su paso al divisar a lo lejos a una patrulla estacionada, se giró intentando ser desapercibida e ingresó a una de las calles más transitadas, pues por lo menos así estaría en ventaja al estar entre mucha multitud, o eso había pensado.

    —¿Es ella? —preguntó un encargado de monitorear las cámaras de vigilancia de las calles principales de la ciudad.

    Su compañero, quien se mantenía leyendo algo, se alzó un poco para verla.

    —Se parece —contestó al momento que dirigía la vista a otro monitor que estaba a su izquierda; en este se encontraba la chica cuando estaba en la empresa, las cámaras la captaron—. Sí, es ella —Terminó tomando asiento—. No la pierdas de vista, se puede perder entre tanto mar de gente. También identifícala mientras me comunico con la policía y doy su ubicación.

    El que maniobraba las cámaras asintió. En otro monitor usó un programa para escanear la imagen de ella y así poder buscarla entre la red de las personas que vivían en Del Comienzo. Todos y cada uno de los ciudadanos se mostraban a una velocidad sorprendente y a los minutos, el programa no pudo encontrar resultado. No existía alguien parecido físicamente.

    —Qué extraño.

    —¿Qué sucede? —preguntó su compañero una vez que terminó de hablar con el director de la comisaría, se acercó y observó el registro de datos de los ciudadanos—. ¿No la identifica?

    —No, pero ahora estoy sincronizando la red de las redes de ciudades continuas —Al hacerlo el resultado fue lo mismo. No había información de la mujer.

    Ella comenzaba a tener pánico y este incrementaba a un más al ver a hombres de la ley muy cerca, tapando posibles rutas de escape. Se volteó a otra calle al verla segura, no obstante, para su desgracia al momento de girar, un policía también lo hizo y ambos chocaron. Primero se observaron con sorpresa para posteriormente, ella correr al momento que él estiraba su brazo para detenerla.

    —En este momento se encuentra...

    No lo dejó terminar la declaración porque no la sujetó bien y con solo un estirón se zafó, corriendo lo más lejos de allí.

    —¡Oye! ¡Muchachos!

    Fue lo que escuchó decir entre los murmullos de las personas. Su corazón latía a mil, lo último que deseaba era ser capturada sin antes poder verla; necesitaba hablar con Evel Knoop. Ingresó a un callejón de mala reputación. Si la vigilaban por monitores, no tendría caso esconderse allí, pero ella sabía que por esos lugares no había vigilancia así que se apresuró a la puerta de la alcantarilla y la abrió. Estaba pesada, pero estaba acostumbrada a ese peso, por lo que la arrastró y sin perder tiempo, se metió a la alcantarilla, obviamente volviendo a cerrarla.

    El desagüe apestaba, pero era un olor al que también estaba acostumbrada. De su cinturón extrajo una bolita que cabía en la palma de su mano y la encendió, iluminando mucho camino. Miró el lugar, su territorio, dominaba la zona allá abajo, de pies a cabeza; la conocía mejor que la palma de su mano. El mundo debajo de la ciudad era el único lugar en donde se sentía segura. No obstante, no estaba allí para refugiarse, caminaría por los pasadizos y llegar a la calle donde estaba ubicado el taller Calomela.

    Desde las cloacas, con solo seguir ciertas secuencias de túneles y sabiendo dónde estaba cada pasillo sin la necesidad de un GPS o derivados —los que por cierto allá abajo no funcionaban—, podía llegar a cualquier parte de la ciudad. Las tierras subterráneas eran tan desconocidas que las autoridades podrían perderse. Hacía muchos años que esos lares habían sido completamente olvidados.

    Al estar segura de que había arribado a dónde quería llegar, subió por las escaleras y se dispuso a abrir de nuevo al alcantarilla, con fuerza, y antes de salir completamente se cercioró de que no hubiera alguien por la zona. Afortunadamente aquella parte de la ciudad no era tan transitada. Sin pensárselo dos veces, corrió hacia el taller.


    Si has llegado hasta aquí, gracias por leer. Nos vemos hasta la otra.
     
    Última edición: 25 Marzo 2017
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    Marina

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    Tauro
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    Auch, Bel, qué traidor, digo, tanto el padre como el hijo deberían sentirse honrados de que alguien desee tanto ver al señor Fucus para demostrarle su admiración y su respeto, además de advertirle que se cuide porque puede morir, pero no, gente desconfiada... oh, sí, ¿y cómo no verla como una criminal si amenazó a Bel con un arma. Pero que bueno que la chica pudo escapar, mas ahora lo que más me intriga, es por qué quiere entrevistarse con la señorita Evel. ¿Es que al igual que le comunicó al señor Fucus sobre esa noticia que sí es muy importante, la de su muerte, también tiene algo que decirle a Evel? ¿Pero qué será? Al parecer, con la presencia de esta joven, la paz que ha reinado desde aquellos sucesos con el Klaus malo (aunque eso nunca pasó en esta línea de tiempo), pero sí la épica batalla de Ruber y Andro, está por terminar, porque presiento que algo grande se avecina.

    Otro interesante, entretenido y emocionante capítulo. Ya quiero saber más sobre lo que se propone la fugitiva y si logrará llegar al taller Calomela.
    Nos vemos en el que sigue. TAM
     
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    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
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    Nuevo capítulo :) Muchas gracias a EN Auditore y Borealis Spiral por sus bellísimos "like" e igualmente gracias Marina por el comentario, lo aprecio mucho. También agradezco a los lectores "fantasmas" que por allí hay. Es extraño, pero el tiempo pasa muy rápido xD a penas me di cuenta que el 19 de Abril publique el anterior capítulo. Espero disfruten este capítulo. Saben que pueden opinar lo que deseen, son libres de decir lo que quieren y si lo desean.


    Capítulo 6
    Fundacional


    El taller estaba en completo silencio. Desde que se fue Caleb, ningún cliente había pisado esas tierras. Riz se mantenía ocupado leyendo desde su propia Pantalla algunos manuales de máquinas, mientras que Klaus observaba cuidadosamente algunas de las piezas que estaban en varios estantes. Poco después se dirigió al montón de pilas y pilas que engendraba el lugar; todo aquello que denominarían “chatarra”, pero para él como para el dueño, eso era más que chatarra. “Cualquier pieza puede llegar a necesitarse,” era el lema de Caleb.

    Cuando alguna pieza llamaba su atención, estiraba el brazo para tomarla y verla de cerca. Observó una con detenimiento, no le servía así que la arrojó sin más de vuelta al montón de chatarra. Aquel acto provocó que algunas piezas chocaran con otras por el impacto de la primera.

    —Oye, ten cuidado —Riz dejó de prestar atención a la lectura al escuchar el alboroto de metal siendo golpeado por otro metal—. Si mi papá se da cuenta que movieron algunas cosas será a mí a quien regañen.

    Klaus ignoró el quejido de joven, detuvo la atención al sinfín de montañas de chatarra, el sinfín de estantes llenos de motores viejos y nuevos, de todos los tamaños y de compañías que aún perduraban u otras que cerraron hacía mucho tiempo. No tenía ni idea de cómo, pero Caleb se daba cuenta cuando algo estaba fuera de lugar. Era un maniático obsesivo de esa chatarra. Y era mucho pedir porque él tenía el “privilegio” de tomar algunas para alguno de sus creaciones.

    —Klaus, ¿piensas hacer otra cosa? —cuestionó el castaño poniéndose de pie para acercarse al mayor.

    Él simplemente asintió. Nunca dejó de pensar en muchas cosas y en cómo innovar otras. Hacerlas más funcionales y más cómodas.

    —¿Y me dejarías ver el funcionamiento de Arr?

    Klaus vio como las manos de Riz se movían por inercia al tan solo pensar en abrir y escudriñar el mecanismo y funcionamiento de su pequeño robot. El funcionamiento no solo era la programación de este; para Calomela lo verdaderamente excitante y hermoso a sus ojos era desbaratar los robots o máquinas y ver como estaban hechas por dentro, pieza por pieza, engranaje por engranaje. Y lo comprendía, él también le gustaba desbaratar y volver a armar una máquina.

    —No —fue su contestación.

    Riz suspiró decepcionado, lo que más le molestaba era saber que no existía manual alguno que pudiera apaciguar sus deseos de ansiedad. Él observó que alguien entró al taller y se sorprendió de ver a una joven muy guapa, realmente guapa.

    —¿En qué puedo…?

    Ella ni siquiera le dio la oportunidad de ser recibida cortésmente cuando se apresuró a ir al grano:

    —Necesito hablar con Evel Knoop, ¿se encuentra aquí?

    Klaus la observó de reojo al momento que Riz le contestó:

    —No, ella no se encuentra. Amm... ¿para que la ocupas?

    —¿Quién eres? —Fue la pregunta de Klaus. Nunca la había visto.

    La joven ladeó su cabeza para ver detrás del joven al hombre que evidentemente reconoció al instante, abrió la boca en modo de sorpresa, sus ojos brillaron y esbozó una leve sonrisa. Entonces, obligándose a despertar de su ensoñación, volvió a mirar a Riz, quien se preguntaba qué había sido todo aquello.

    —No hay tiempo de explicar quién soy yo. Es urgente que vea a la señora Evel y hable con ella sobre algo muy importante. Si no está aquí, díganme, ¿dónde la encuentro? ¿Dónde vive?

    No sabía nada de la señorita Knoop, solo sabía que nombraba mucho ese lugar; que se la pasó mucho tiempo en ese taller toda su jubilación. Los dos varones la miraron inseguros, aunque podían ser testigos de la urgencia en la cara de ella. Sin embargo, no estaban seguros si debían decirle donde vivía. Riz no tenía ni idea de cómo reaccionar ante tal situación, por lo que miró nada discreto a Klaus, después de todo él era el ahijado y hasta donde sabía, el único “familiar” de ella.

    Sabiendo el verdadero significado de la nada prudente mirada del menor, Klaus miró detenidamente a la joven. La miró bien, definitivamente no era familiar de Evel y si ella se atrevía a decirle que sí lo era, no le creería, no tenía ningún rasgo parecido a ella, ni su color de cabello, sus ojos, la forma del rostro, la nariz... nada.

    —¿Eres conocida? —interrogó al final.

    Ella se molestó, pero no precisamente por el interrogatorio, la que sabía era natural. Más bien porque no le quedaba tanto tiempo, sabía que alguna cámara de seguridad la vio al venir aquí y también porque no la encontró allí.

    —Sí, lo soy —respondió.

    Lo dijo para zafarse de la situación y el de mirada oscura lo supo, pero la veía con tanta prisa que le terminó diciendo:

    —Mi madrina vive en la Colonia Nube.

    Realmente se alegró de que le dijeran, mas no fue lo suficiente porque estaba consciente de que la Colonia Nube era una residencia que contaba con una alta seguridad y nadie que no fuera residente o invitado especial, podía entrar, así que ¿qué caso tenía ir si no podría verla?

    —Si es tan urgente como dices —Habló Val—, puedo acompañarte. Me parece que será mejor así, para ambas.

    Escuchar esas palabras inevitablemente provocó que se llevara la mano a su pecho para respirar profundamente, se apresuró al ver como el moreno emprendía la caminata y Riz, sin comprender lo que acababa de ver, lo seguía para despedirlos en la puerta, demostrando lo buen anfitrión que podía ser. Un poco antes de llegar a la salida, los tres se extrañaron en sobremanera al escuchar mucho ruido provenir de afuera. Tanto el moreno como el castaño se miraron brevemente y apresuraron el paso para asomarse a la calle y llevarse una sorpresa.

    En un segundo, el taller se vio rodeado de patrullas. La mayoría se encontraba arriba, y algunas se habían estacionado; los uniformados de este último grupo se bajaron a una sorprendente velocidad que parecía que dentro de los automóviles se habían encontrado con algo escalofriante.

    —No se muevan y levantes las manos donde podamos verlas —fue la primera orden.

    —¿Eh? ¿Qué? ¿Cómo? —El rostro de Riz se tornó anonadado, miraba a los alrededores asombrado de ver tantos automóviles fuera del taller. Nunca había visto algo semejante, después, al reparar lo que ocurría, observó a Klaus para soltar lo obvio—. La policía va detrás de ella.

    Ahora los dos rostros miraron a la joven pelirroja quien haciéndose pequeña ante la cantidad de miradas, tan solo pudo pensar, “Que rápido.”

    —Creo que hay un error... —Riz intentó aclarar el mal entendido, sin embargo, rápidamente fue callado cuando no solo el que dio la orden, también sus compañeros apuntaron el arma hacia él y volvieron a repetir la orden.

    No tuvieron más opción que hacerles caso. La joven no. Miraba con el rabillo del ojo alguna apertura entre tantos hombres para poder huir. No podía ir a la cárcel y mucho menos ahora que por fin tendría la oportunidad de hablar con tal vez la única persona que le creería todo lo que estaba por suceder.

    —¡Alce las manos! ¡No nos haga disparar!

    Debía correr, escaparse. Pero ni siquiera dio un pequeño paso cuando dos oficiales la tomaron con fuerza para detenerla.

    —Cuidado, tiene un arma —dijo uno de ellos intentando detener el forcejeo de ella.

    —Necesito hablar con Evelina Knoop. ¡Tengo derecho a una llamada!

    —En este momento se encuentra bajo arresto, tiene derecho a permanecer callada, cualquier cosa que diga puede ser en su contra. Tiene derecho a una llamada y a un abogado. Ahora, venga con nosotros.

    Tras decir sus derechos, la subieron en la parte de atrás de una de las patrullas. Tanto Klaus como Riz, quienes fueron igualmente arrestados debido a estar junto a una sospechosa y después de decírseles sus derechos, también se les obligó a subir a las patrullas, cada quien en una diferente para evitar que entre ellos dejaran alguna cosa.

    La pelirroja, ya dentro de la patrulla, observó con abatimiento la dirección donde se encontraba la Colonia Nube. Perdió la vista una vez que el carro se elevó y se detuvo en el aire para partir.



    ***​

    —No señor, debe haber un error —siguió insistiendo Caleb Calomela al oficial que se encontraba sentado detrás de un escritorio mientras que él, parado, reposaba sus manos sobre este y mirando al hombre de la ley, esperaba una explicación más tangible del porqué su hijo estaba metido entre las rejas.

    Cuando recibió la llamada de parte de Riz, aparte de notarlo nervioso, le dio la desafortunada noticia de que estaban en la prisión

    —“¿Cómo?” —fue la primero que soltó. Posteriormente escuchó a Riz desde la línea reírse sin ninguna gracia para soltar:

    —“Jejeje, eso mismo. Así estoy yo.”

    Fue inmediatamente a ese lugar. Dejó lo que estaba haciendo —afortunadamente ya había terminado su trabajo original—y se dirigió directo a la comisaria a donde fueron llevados; sí, también le dijo que Klaus estaba allí—aunque todos en una celda diferente. No le dijo más nada. Una vez que llegó, exigió que lo dejaran ver, pero el oficinista no se lo permitió al soltarle incongruencias de que por ahora no se les permitía hablar con los arrestados hasta que tuvieran algún abogado. Ya un poco más calmado, Caleb preguntó por la fianza —si es que había—, la respuesta tampoco fue de su agrado. “Se tiene que investigar un poco más la relación que se tiene con el sospechoso.” había sido esa.

    —Según su registro, su hijo tiene la mayoría de edad, ¿o me equivoco?

    —Pues no, no se equivoca —Caleb intentó ver la pantalla que utilizaba el hombre para ver toda la información del joven—, los cumplió meses atrás.

    El oficial levantó la vista y con recelo inclinó la pantalla para que él no siguiera chismeando lo que observaba, ante eso Caleb se enderezó para cruzar los brazos.

    —Su hijo tendrá que esperar a ser juzgado. ¿Tiene algún abogado? ¿O desea que se le consiga alguno?

    Muy bien, muy bien, ahora que le diría a su esposa, ¿qué Riz estaba en la prisión? Sonrió de tan solo imaginarse si llegaba a hacerlo; sin duda ella haría un mayor escándalo. Pensándolo mejor, primero intentaría llegar a un acuerdo y luego se lo diría.

    —Mi hijo no es de los que suelen hacer “amigos” tan fácil —comenzó a decir mientras miraba inquisitivo todo el escritorio del uniformado. Distinguió una insólita arma; una que era de una marca que no había visto.

    —¿Tiene abogado o no, señor?

    —Esa es un arma, ¿cierto?

    El oficial suspiró mientras se acariciaba los párpados en son de rendimiento. Ya conocía el renombrado apellido Calomela; se decía que entablar conversaciones con ellos era algo muy difícil; pareciera que sus mentes estuvieran en cualquiero otro lado que no fuera este.

    —Sí, eso parece —informó. Entonces observó cómo Caleb dibujaba una sonrisa de oreja a oreja y hasta pudo adivinar su próxima pregunta.

    —¿Puedo verla?

    —No se me tiene permitido eso —respondió el hombre rascándose la cabeza, ya lo sabía—. Y lo vuelvo a repetir, ¿tiene abogado o no?

    No esperó a la respuesta, la que sabía que o llegaría tarde o nunca se la daría, sino que se levantó al ver que otro oficial entraba a la sala y el primero no aguardó y se acercó rápidamente a la puerta; ya estando a una distancia prudente cuestionó:

    —¿La identificaron?

    —No, es extraño que lo diga pero al parecer no está en la red —respondió el recién llegado.

    —¿Hablan del “sospechoso”... la joven? —No evitó entrometerse Caleb, se acercó a ellos para desviar su atención a una IV que el segundo oficial llevaba en las manos— ¿Esa es la identificación que llevaba ella?

    El oficial asintió mirando a su compañero.

    —El padre de uno de los que arrestaron. Calomela.

    —Oh, sí, he escuchado hablar de usted.

    Caleb sonrió para agregar:

    —Era de esperarse; ustedes son nuestra primordial fuente de ingresos. Siempre nos llevan RV defectuosos u otras máquinas. ¿Me la presta para echarle un ojito?

    —Claro.

    Una vez en sus manos, Caleb sacó de una de sus bolsas del pantalón una lupa de joyero y poniéndola sobre su ojo derecho y al ajustarla a su comodidad, comenzó a inspeccionar la IV. A los pocos minutos, se las devolvió al oficial.

    —Sin duda, la IV es auténtica —anunció.

    —Por eso es extraño que no la encuentre en el sistema.

    —Tal vez está codificada con una llave para evitar precisamente ser encontrada. Hoy en día eso ya es muy común entre las personas que hacen cosas malas y no desean ser identificados.

    —¿Y usted no puede descodificar? —indagó el primer oficial.

    —Lo siento, esa no es mi especialidad. Se me da fatal eso de las redes de computadora. Me temo que deben llamar a un especialista.

    —Si no se puede, entonces pasaremos a identificarla como antes lo hacían —dijo pensativo el segundo—, con las huellas dactilares.

    —Suerte con ello.


    Si has llegado hasta aquí, has ganado.... *redoblen los tambores*... nada, jejeje. Okay no, si han ganado algo; la satisfacción de saber como continua esta historia.

    Bueno, nos vemos hasta dentro de dos o tres semanas xD (O quizás menos, ¿no? Esperemos, ¿no? :D) Hasta la otra, camaradas.
     
    Última edición: 25 Marzo 2017
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    Marina

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    Aja, Caleb sí que supo irse por las ramas con eso de la identificación. Me encantó cómo dijo que tenía una llave y que eso hacían los que hacen cosas malas, uff, señor Calomela, por favor, no le eche usted más fango a esa pobre muchachita que lo único que quiere es protegerlos... o bueno, eso creo, pues me parece mucho riesgo de parte de esa joven, para que sólo quiera ver a la madrina de Val por nada. Creo que algo importante se trae y ya quiero saber qué es. Por otro lado, ¿cómo que Riz, mi Riz será juzgado? ¿Así como así? ¿Sin haber hecho nada malo? Ni siquiera conoce a la chica, ni él ni Val. De todos modos creo que Evel tendrá que ir a sacar a su ahijado de la cárcel o sólo que Caleb también se haga cargo de su caso ;D

    Buen capítulo, espero el que sigue, porque sabes lo que esta historia me encanta. Ya quiero ver todo el potencial de Val, porque ya lo conocí de una manera "a lo malo" y ahora debo conocerlo de la otra: "a lo bueno" o eso pienso xD

    Nos vemos. TAM
     
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  12. Threadmarks: Capítulo 7.- Los Archivos ANI
     
    Kay Greenwish

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    Capítulo 7
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    Los dos oficiales mantenían una conversación sobre la IV que poseían en su poder y sobre a quién podrían llamar para que la analizara si era necesario. Y esa fue la perfecta oportunidad que vio Caleb de acercarse al escritorio y echarle una vista al arma que había llamado mucho su atención, y solo diríamos que fue para verla, pero no tuvo con eso, así que la tomó para comenzar a examinarla con admiración.

    Se trataba de una excelente arma, aunque por unos momentos dudo que se tratara de una. Era un modelo que definitivamente nunca había visto, buscó la marca de la empresa pues sabía que no era algo de Fucus porque no vio algo similar en los catálogos, a menos que se tratara de algo nuevo que se dijo en la exposición de esa misma tarde.

    También vio que esta tenía en la parte de atrás, exactamente sobre la misma línea de la empuñadora, una pequeña pero visible pantalla que en esos momentos estaba apagada. Acto seguido movió de un lado el arma, a su derecha, a su izquierda, arriba, abajo y hasta su mano, pero la pantalla no hacía nada; era como si no reconociera nada y de verdad quería saber para qué era esa pantallita.

    Por lo que subiendo un poco la apuesta, apuntó cautelosamente el arma hacia uno de los oficiales que seguía la plática sin tener en cuenta que era apuntado por un arma; se sorprendió al ver por fin reaccionó, la pantalla se tornó de un color escarlata mientras códigos de números y letras aparecían. ¿Qué significaría ese color? ¿Que el arma estaba siendo apuntada a la presa? ¿Funcionaba con calor? Subió la apuesta, volvió a apuntarla y apretó el gatillo, el que no pudo. Se extrañó, volvió a apretarlo pero con más fuerza y con la ayuda de la otra mano, parecía que se había atascado.

    Ahora comprendía que el rojo no significaba que pensó que era. ¿Cómo funcionaba entonces? ¿Cuál era el propósito? La observó con decepción al dejarla de nuevo en el sitio de donde la tomó y a penas bueno porque los oficiales se estaban despidiendo. El segundo salió y el otro se giró para mirar a Calomela.

    —Señor Calomela, ¿qué le dije? —preguntó acercándose al verlo estirándose, suponiendo que iba a por el arma confiscada.

    —Lo siento, la curiosidad —respondió un tanto divertido al pensar que el hombre no sabía que le había apuntado con ella—. Sin embargo, esta arma es inútil e insensible. No funciona.

    Al escuchar la declaración de Caleb, el oficial antes de tomar asiento lo miró sin poder creer que la hubiese agarrado.

    —¿La agarró? ¿Sabe que eso es un delito? —Se dejó caer en el asiento—. ¿Y a qué se refriere con que no funciona? Entonces no veo el caso de que la tuviera consigo.

    —¿Ella amenazó a algún oficial? ¿A algún rehén? Bueno no sé, pero si yo fuera un fugitivo “peligroso” que huye de la policía y tengo en mi poder un arma, ¿no sería extraño que no la utilizara para defenderme? Aunque claro, puede que no la sacara al verse aprisionada ante tanto policía y, si la sacara sería peor para mí. Aunque puede también que sea pacífica

    El oficinista tosió para que Caleb dejara de soñar despierto y, al tener su atención, arqueó la ceja al preguntarle:

    —Señor Calomela, ¿por qué vino a la comisaría?

    —Ah, sí, ¿soltarán a mi hijo? —No necesitó respuesta, con la cara que ponía sabía la sentencia—. Necesito que alguien se quede vigilando el taller, tengo mucho trabajo fuera.

    —Siento escuchar eso, pero no podemos hacer nada hasta que identifiquemos a la sospechosa. Se rehúsa a decirnos su nombre y, lo único que sabemos es que ha llamado una y otra vez a una tal Evelina Knoop.

    —¿Cómo ha dicho? —Eso lo tomó por sorpresa eso.

    —Evelina Knoop. La estuvo nombrando antes de ser arrestada y mientras la llevaban a su celda gritaba que debía hablar sobre algo de un tal archivo ANI o algo así.

    Pausó al ver el rostro de asombro del hombre.

    —¿La conoce usted?

    —Sí, la conozco.

    —Haberlo dicho antes, tardamos un poco en investigar ese nombre y cuando la encontramos la hemos llamado —Encendió su Pantalla para poder ver la hora—. No creo que tarde, la llamamos no hace mucho.

    Caleb estaba conmocionado, muy conmocionado, a un punto anormal. Eso quería decir que la fugitiva había ido al taller a buscarla, ¿pero cómo era que Evel pudiera estar relacionada con ella? Y por fin preguntó algo que en realidad al principio no le tomó importancia.

    El hombre le entregó una imagen de ella para ver si la reconocía. Pero ante la vista de él, la joven no se le hacía nada familiar, ni siquiera recordaba haberla visto pasarse alguna vez al negocio. Negó.

    —¿Qué cargos tiene ella? ¿Quién la denunció?

    —Por amenaza. Amenaza al hijo del señor Fucus.

    ¿Belirio? Tan solo el nombre se formó en su cabeza; pues entonces ella estaba en problemas. En uno muy grande y ahora sí que estaba muy preocupado por su hijo y Klaus de que fueran marcados como sospechosos. Pero Evel, ¿Evel la conocería? Posiblemente; no lo dudaba pues sabía que ella trabajó para el ejército, en un proyecto ultra secreto, que según ella, al salir de allí después de jubilarse hizo la solemne promesa de que no hablaría de nada de lo que estuvo haciendo allí con nadie, o si no eso significaría la pena de muerte.

    Caleb tragó saliva. Y fue en ese instante en que la puerta se abrió dejando pasar al segundo oficial, el que guiaba a Evel, una mujer mayor de 63 años de edad. Le sonrió y sus ojos grises se sorprendieron al ver a Caleb allí.

    —Caleb, ¿qué estás haciendo aquí? —preguntó esperando respuesta.

    —Por Riz y tu ahijado.

    —¿Ellos? —Su rostro se mostró preocupado—. ¿Qué es lo que ha sucedido? A mí solo me han llamado porque alguien decía conocerme, ¿son ellos? ¿Pudieron llamarme por teléfono? Me asusté al recibir una llamada de la policía.

    —Tranquilícese, señora —dijo el segundo policía al verla alterada—. Solo la hemos llamado para que pueda decirnos si conoce a esta joven—. El hombre prendió una Pantalla y le mostró una de las imágenes que sacaron por las cámaras de seguridad.

    Evelina prestó mucha atención al rostro de ella. Meditó e intento recordar. Durante esos años había visto muchos rostros, pero no recordaba el de ella; era bonita y sería muy difícil olvidarla. Frunció el ceño, aunque se le hacía familiar de algún lado pero no; no sabría decir de dónde.

    —¿Están seguros que me nombro a mí? —preguntó levantando la vista para ver a los uniformados.

    —Así es. ¿Sabe su identidad?

    —No, lo siento —dijo al fin—. No la puedo identificar. No me es familiar. Nunca la he visto. No creo conocerla.

    Pero debía reconocer que al verla le daba la sensación de nostalgia. Mas no sabía por qué razón.

    Los dos hombres exhalaron larga y tendidamente. ¿Qué le dirían a su supervisor?

    —Puedo hablar con ella. Tal vez así pueda reconocerla.

    Los dos oficiales se miraron; en cierta forma si querían para terminar eso rápido, pero tenían una orden de arriba.

    —Es lamentable —habló Caleb al momento que cruzaba los brazos—, ni siquiera me dejan hablar con Riz.

    —¿Ella fue al taller? —preguntó la mujer.

    —Aparentemente. Además, ellos dicen que la joven hablaba sobre un archivo o documente nombrado ANI.

    Evelina miró con desasosiego a Caleb, su rostro pareció palidecer para después demostrar estar asustado. Caleb junto con uno de los policías trajeron una silla para que se sentara. No podía creerlo. En realidad no podía creerlo, no había nadie que supiera de eso, ¿quién era ella? Deseó saber. Impactada se dejó guiar a la silla y el oficial se fue a traer un vaso con agua para ella.

    —Qué pálida. ¿Estás bien? ¿Llamo a una ambulancia? —cuestionó Caleb.

    Ella negó lentamente, para posteriormente, preguntar con la voz temblorosa, como si estuviera haciendo mucho frío:

    —¿Quién la ha denunciado?

    —No lo creerás, fue un pez gordo. El señor Fucus.

    Ella cerró sus ojos y acarició sus palpados. Nunca creyó que este día llegaría; nunca se imaginó que alguien supiera del archivo ANI. Pero sin duda tenía sus sospechas y estas fueron acertando hasta que las comprobó con la respuesta de Caleb; que lo que se imaginaba tal vez fuera lo que imaginaba. Solo quizás. Y esperaba que solo fuera una confusión.

    Se levantó, decidida y Caleb se sorprendió ante su rápida recuperación y con la boca semi-abierta al verla acercarse a la salida a paso firme y veloz, le preguntó:

    —¿A dónde vas?

    Ella se giró para verlo y contestar con dureza.

    —A hablar con Fucus.


    Por hoy, ¡¡¡este es el capítulo ocho!!! Muchas gracias a los usuarios que siguen sintonizando esta historia. Les mando un enorme abrazo y besos.
     
    Última edición: 25 Marzo 2017
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    Marina

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    Por fin vuelvo a ver a la señorita Eva. Tanto misterio me ha intrigado. ¿Quién es esa joven? Mira que no he dejado de preguntármelo desde que salió en escena. ¿De dónde conoce a Evel? Pero toda esa sensación de nostalgia por parte de la mujer me dio más curiosidad, mucho más curiosidad. No la conoce, pero a la vez tiene esa extraña sensación de nostalgia, ¿por qué? Ay, esto está muy misterioso. Además ahora Eveline tiene algo por lo qué preocuparse, algo que desconozco, pero que se ha nombrado ahí. El archivo ANI. ¿Sera el archivo de Andro? Lo digo por las dos primeras letras xD Pero realmente no sé nada, sólo que esta historia comenzó súper interesante y se ha puesto mucho más.

    Espero con ansia el que sigue, porque esto se ha quedado muy interesante. ¿La recibirá Fucus? ¿Y qué le dirá Evelina? ¿Que suelte a la muchacha? ¿Que levante los cargos de contra ella? Qué lastima que no la dejaran verla. Pero aquí sigo, en espera del próximo, así que no te tardes.

    Nos vemos. TAM
     
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    Kay Greenwish

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    Ser hijo es dificil :)
    Bien, actualizo simplemente porque me obligan a hacerlo.

    Capítulo 8
    El Hijo

    Sin comprender la rara, pero no inusual actitud de ella, Caleb se decidió a acompañarla para llevarla hasta la empresa Fucus. Al llegar, se estacionó cerca del lugar y Evelina salió mas antes de partir se volvió a mirar a Caleb desde adentro y él aprovechando eso, le volvió a preguntar:

    —¿De verdad no quieres que te acompañe?

    —No, estaré bien. Esta vieja sabe defenderse, no te preocupes por mí —miró el edificio tenaz.

    —De acuerdo, pero estaré cerca, llama si necesitas algo.

    —Gracias por traerme.

    Nadie, a menos que tuviera una cita de antemano, podía entrar y hablar con el señor Fucus. Sería muy difícil dar alguna explicación para pedir verlo ahora.

    Observó su alrededor antes de comenzar a caminar a la enorme entrada de ese imponente lugar. Nunca en su vida había ingresado a tal edificación, aunque siempre había una primera vez para todo. Detuvo su paso al distinguir una solitaria figura a lo lejos. Entrecerró los ojos para poder enfocar mejor su vista. Sonrió al distinguir al dueño de tal figura. Sería más fácil de lo que imaginaba.

    Bel se mantenía absorto en sus pensamientos. Suspiraba una y otra vez y parecía que los suspiros nunca terminarían y cualquiera diría que estaba enamorado, pero no, esos suspiros que parecían que lo dejarían vacíos de aire era por lo contrario. Estaba en esa ciudad; cuidad que no le gustaba nada y ahora podía comprobar por qué no le gustaba ir a ese sitio. Aquel hermoso cielo azul, o que ahora debería mostrase lleno de estrellas debido a la oscuridad, no mostraba nada de esos encantos. Todo contrario, más que ser una ciudad contaminada, cosa que no lo era puesto que la mayoría de cosas estaban hechas con electricidad o la misma fuerza de magnetizo, pero los edificios y rascacielos era tan altos que tapaban casi todo rastro de cielo.

    Estaba consciente que dentro de algunos años más, este dejaría de apreciarse. Además, su padre estaba planeando —a decir verdad ya había prototipos y las autoridades podían poseer uno— distribuir vehículos electrónicos voladores para cualquier civil. Definitivamente era una ciudad depresiva. Poco después se giró al escuchar los pasos de alguien, siendo su dueña una señora de edad, la miró por unos instantes para después caminar e irse a casa, afanoso de que amaneciera para regresar a la localidad lo más rápido posible. Pero detuvo su paso al pasar al lado de la mujer cuando la escuchó pronunciar su nombre.

    —Bel.

    Él se volvió para mirarla. ¿Era reconocido tan fácil?

    —¿Puedo ayudarla en algo?

    —Mi nombre es Evelina Knoop, sé que no me conoces, pero he venido a pedirte un favor. A la joven que le pusiste una denuncia y que ahora está en prisión, necesito que quites la demanda y la saques de allí.

    Los ojos azules de Bel crecieron poco a poco, llenos de incredulidad ante las palabras de la mujer. ¿Qué le pedía? ¿Conocía a esa joven? ¿Era familiar? Sus labios esbozaron una media sonrisa incrédula.

    —No voy a hacer eso. ¿Quién es usted? No sabe lo que estuvo haciendo. ¡Me amenazó apuntándome con un arma! ¡Quería asesinarme!

    No solo podía creer lo que estaba escuchando, lo que en realidad le sorprendió fue observar como el rostro de la mujer mayor se endurecía y con la misma voz, le dijo.

    —¡Pero no lo hizo! ¿O sí?

    Él negó. No podía creerlo, ante sus oídos esa conversación se había vuelto absurda por lo que se volvió su camino, ignorándola, ese día fue largo, estaba cansado y se iría a dormir.

    —¡Bel, de verdad necesito hablar con ella...!

    —Pues hable con ella, ¿para qué ha venido aquí? —No detuvo su paso.

    —Sé que esto es repentino, pero todo tiene una explicación y yo se las voy a dar, tanto a ella como a ti —alzaba más y más la voz, retomando el camino para seguir al rubio—, porque ese problema tiene que ver contigo....

    El rubio se detuvo ocasionando que Evel también lo hiciera además de esperar a que le devolviera la mirada, pero no lo hizo, sino que le dijo con voz por demás agotada.

    —Creo que usted es quien no comprende mi posición, señora, me está pidiendo que saque de prisión a alguien peligroso.

    —A esa joven no la pueden encontrar —informó, más calmada—, no porque esté falsificando su Identificación de Vida, ni tampoco que haya bloqueado la misma, ella ni siquiera es de este tiempo.

    Bel no evitó reírse, aunque no lo hizo a carcajada viva sí que le dio risa lo que escuchó a tal punto que sus ojos comenzaron a crear lágrimas de ellos.

    —¿Qué es lo que está diciendo? —seguía riendo mientras negaba y se viró para ver a la mujer dándose cuenta de la seriedad que sus viejos ojos le lanzaban.

    Por primera vez desde que entabló conversación con ella, se calmó un poco, exhaló aire desganado para volver a girarse y contestarle.

    —Lo siento, pero...

    Volvió a ser interrumpido por ella al escucharla repetir su nombre, se giró para verla pero se sorprendió al verla muy cerca de él, ella había sacado su teléfono para maniobrarlo para mostrarle mediante la pantalla unos números, la anciana continuó:

    —En verdad necesito que la saques de allí, sé que suena difícil de creer, pero llámame cuando decidas estar listo para hablar conmigo y dejarla libre. Ese es mi número.

    Por unos momentos, Bel se quedó plantado allí, parpadeando desconcertado, intrigado, confuso, de todo en realidad. Aquel día fue verdaderamente extraño e inusual, comenzaba a sentirse agotado y lo único que quería era ir a su casa, la que por ahora era el hogar Fucus, una gran y lujosa mansión que estaba evaluada a 25 millones de dólares.

    Uno de los pocos lugares que a expansión de la colonia Nube que estaba decorada de arbustos, árboles e infinidad de flores, la mansión Fucus tenía consigo una amplio jardín, además de una enorme cochera que ahora funcionaba como un museo puesto que allí era donde el señor Fucus tenía la más enorme colección de autos de casi todos los años posteriores a las dos terribles guerras que duraron muchos años. Para el deleite de los ciudadanos ese museo se abría cada cierto tiempo.

    —Oh, señor Belirio, cuánto tiempo sin verlo —lo saludó el portero que custodiaba la entrada de la casa una vez que lo reconoció. Al principio no lo distinguió e iba a acercarse para preguntarle quien era y que buscaba en el hogar Fucus cuando se dio cuenta que se trataba de Belirio—. ¿Cuándo arribó a la ciudad? ¿Tiene mucho?

    —Buenas noches —saludó el rubio dibujando una sonrisa, se alegraba de ver que todavía el mismo portero de turno de noche seguía vigilando el terreno.

    —Mis disculpas, fui un maleducado. Buenas noches señor Belirio —rectificó el buen hombre al darse cuenta que ni siquiera le había saludado cortésmente.

    —No te preocupes, me alegra verte. Tienes razón, hacía tiempo que no nos veíamos, no tengo mucho aquí y no creo que me quede por mucho.

    —Me alegra escuchar eso —dijo el portero al momento que abría la puerta principal para dejar ingresar a Bel y así guiándolo al elevador que subía al verdadero hogar Fucus—. ¿Su padre sabe que está aquí? Estoy seguro que se pondrá feliz de verlo.

    —Sí, cuando llegué a la ciudad lo primero que hice fue verlo a la empresa —Una vez que las puertas del exclusivo ascensor se abrieron, el rubio ingresó—. Me gustaría descansar.

    —Usted no se preocupe. Que pase una excelente noche, señor.

    Ante esas palabras las puertas se cerraron y el elevador se dispuso a hacer su recorrido, al llegar arriba, se adentró a la mansión, recorriéndola con la mirada. Más que parecer una típica mansión daba más bien a un aire de un edificio. Los pasillos de lo que se podría decir el primer piso, conducían, desde su izquierda a un exclusivo bar y sala de juegos, en donde recordaba que su padre invitaba a muchas personas o amigos como familiares, pero que los últimos años en que vivió en esa casa, su padre ya no tenía tanto tiempo para reunirse con colegas. En el otro opuesto se encontraba la enorme cochera que ahora era una colección de autos para el público, la cochera exclusiva de Fucus, además de una pintoresca galería de varias artes de diferentes pinturas. Pues bien, al señor Fucus a pesar de lo que aparentaba ser un poderoso e ingenios empresario, era un hombre de un refinado gusto por las obras de arte; desde pinturas hasta esculturas de todo tipo.

    Y lo que vendría siendo el segundo piso era donde se encontraba la casa; cuartos, baños, salas, cocinas, comedor, etcétera. En la tercera planta, la última, se encontraba ubicada una playa artificial que tenía todo lo que una de verdad tenía: arena, una gran piscina que representaba el mar, mesas, hamacas, sillas de playa, duchas, solo por decir algunos ejemplos.

    Bel agotado por ese día exhausto no se detuvo siquiera a probar una merienda ya que más que tener hambre estaba cansado; se dirigió a su habitación y al llegar encendió la luz. En realidad no le sorprendió comprobar que su habitación seguía exactamente igual a como la dejo antes de ir a vivir con su madre. Los estantes seguían estratégicamente colgados en las paredes: llenas desde libros, cuentos pero más que nada de figuras coleccionables. Los tres pósters parecían estar intactos. El lugar era igual, a excepción de la colcha de la cama, la que era diferente pero era uno de los cambios para cuando tenían que lavar el anterior.

    Se acercó a la cama y se echó sobre ella cerrando los ojos para intentar dormir, sin embargo no podía, estaba inquieto. Todo aquel recorrido hasta la cama se había llevado consigo la imagen de aquella mujer. La convicción en su rostro, la seriedad, el contacto que le dejo para que se comunicara con ella si cambiaba de parecer. ¡Por supuesto que no lo haría! ¿Entonces por qué esa sensación de que debía hacerlo? Quizá era por lo que le dijo él, “¡Me amenazó apuntándome con un arma! ¡Quería asesinarme!” y la anciana convincente le contestó, “¡Pero no lo hizo!”

    Entonces rememoró lo sucedido con la joven pelirroja, sin duda la expresión en los ojos de ella le indicaron que iba a disparar, entonces ¿por qué no lo hizo? ¿Por qué fue a ver a su padre? ¿Por qué dijo aquello de su padre?

    Señor, es probable que usted vaya a morir”

    En el tiempo en que pensó eso, se levantó de un golpe de la cama y ese movimiento brusco provocó que le doliera un poco el cuello, lo frotó con la mano mientras se levantaba de la cama tras escuchar la puerta principal abrierse y después cerrase.

    —Bel, hijo, ¿estás aquí? —Era la voz de su padre.

    El rubio salió de la habitación para hacerle compañía, pero se limitó a quedarse callado. El hombre sonrió al verlo.


    —¿No tienes hambre? Compré algo en la tienda de paso— El hombre se fue a la cocina para tomar cubiertos y platos y giró para ver a su hijo—. Vamos, toma asiento, no tengas pena, estás en tu casa —Estaba realmente contesto, parecía un niño sonriente ante la presencia de un gran festival—. ¿Has pensado en volver a casa? Sabes que este lugar está abierto para ti, como para tu madre, por cierto, ¿cómo esta ella? Tengo tiempo sin verla y solo he tenido pocas oportunidades de hablar con ella.

    —Está muy bien. Es alguien muy importante.

    —Ya veo, es bueno saberlo. Y tú, ¿cómo te la has pasado en ese remoto lugar?

    Bel se encogió de hombros al momento que levantaba el tenedor que tenía servido comida y respondió antes de meterse la comida a la boca.

    —No puedo sentirme mejor. Ese lugar es perfecto para mí; tranquilo.

    —¿Cómo crees que se puede mejorar la vida en ese poblado? Por lo que he visto carecen un poco de tecnología, he hablado con la autoridad de allí y hemos quedado en acuerdo en que la empresa compre un terreno de allí. Lago Azul tiene un vasto pedazo de tierra en donde es posible construir una segunda fábrica...

    Bel no podía dejar de mirar a su padre mientras sentía como comenzaba a molestarse del tema de conversación. Ya había escuchado rumores sobre un posible comprador para venderle el pedazo de terreno. Sin embargo, el rubio no tenía ni idea de que ese comprador fuera su padre. No podía imaginarse lo ruin que sería una instalación de una factoría cerca de Lago Azul. Esto acarrearía que el poblado se llenara de muchas personas, de seguro de muchas familias de trabajadores y a su vez, esto ovacionaría que el tranquilo lugar dejara de ser hermoso, transformándose en una nueva ciudad Del Comienzo.

    Y aunque su pensamiento era contrario a lo que su padre planeaba con el futuro de Lago Azul; estaba consciente que no podía hacer nada al respecto. Quizá pudiera hacer algo si fuera una máxima autoridad de su padre, ya que bien sabía que su padre era un tanto terco cuando se trataba de negocios.

    —... seguimos proyectando la nueva fábrica. Va a ser un poco diferente a lo que habitualmente hacemos —proseguía el magnate—. Sé que es temprano para decir y, tal vez te sientas un poco incómodo al tratarse de trabajar en una empresa tan grande, así que pensé que tal vez deberías de emprender en la futura fábrica. Será más pequeña y fácil en lo que refiere cuidar a los empleados.

    —Padre, por favor —intentó detenerlo para que dejara de continuar, dejó la cuchara sobre el plato, ya sin ganar de seguir comiendo; se había ido todo rastro de apetito—. Padre, ¿cuantas veces tengo que decirte para que entiendas que no quiero trabajar en ninguno de tus proyectos?

    —Bel, hablemos más sobre ese tema. ¿Por qué no quieres heredar la empresa y fábrica? Después de todo tienes sangre Fucus.

    Se sentía presionado cuando lo escuchaba hablar de ese tema. En realidad nunca fue bueno en los estudios, aunque todos sus compañeros lo tachaban de que era tan inteligente e ingenioso como su padre. Era decepcionante que él también pensara lo mismo. Lo que más le desilusionaba era que su padre no pudiera ver que en realidad su hijo, Belirio, en realidad no era.... nada inteligente. No era quien creía o deseaba que fuera.

    —“Que envidia, quien quisiera ser hijo del señor Fucus.”

    Sus recuerdos se iban a cuando cursaba primaria. Tal vez exageraba, pero algunas frases que alcanzaba a escuchar de sus compañeros le marcaron la vida.

    —“Belirio es alguien inteligente, el sacará la mejor puntuación del examen.”

    —“¿Cuánto sacaste en el examen?”—preguntó alguien a otro.

    —“Ochenta y siete.” —respondió—“¿Y tú?”

    —“Setenta y seis.”

    Por otro lado, Belirio, escondiendo su examen sobre su pecho, lo alzó un poco para mirar el bajo número que había sacado: sesenta y uno. Sin embargo, sus compañeros lo miraban para no preguntarle cuando habían obtenido en la prueba sorpresa, ¡no!, lo hacían para confirmarle:

    —“De seguro tú sacaste la mayor calificación.”

    Y por si no fuera poco, pocos años después, sus compañeros comenzaron a insistirle que les ayudara a estudiar, o que les dijera qué hacía para obtener tan buenos resultados.

    —“Ya dejen de decir eso, yo no he tenido buenas calificaciones. A veces he reprobado y tengo que volver a hacer pruebas y trabajos.”

    Un día se atrevió a encararlos y decirles que realmente no era tan inteligente y estudioso como ellos pensaban, como su padre pensaba. Mostró el último examen en ciencias de computadora. Estaba cansado de que siempre pensaran cosas de él que en realidad no eran verdad. Hasta un día decidió estudiar como loco para poder alcanzar las expectativas que todos tenían de él. Pero aunque se esforzara; reconoció que tenía un límite. No alcanzó las expectativas de ellos.

    No obstante, la reacción de ellos fue completamente diferente a lo que se pudo imaginar. Los presentes lo miraron con furor para posteriormente responderle:

    —“Te estás burlando de nosotros, ¿verdad? ¿Piensas que necesitamos de tu compasión?”

    Fue una lucha perdida, Belirio lo comprendió de la peor manera. A veces las personas piensan algo de alguien de la manera equivocada, y aunque esa persona procure demostrar que no es cierto; las personas lo negarán. Ya estaba cansado de esa vida por lo que un día encaró a su padre y le dijo que quería vivir donde su madre; probablemente supo por qué ella un día se había ido de casa. No soportó la vida que llevaba la familia que portaba el apellido Fucus.

    Estaba en sus pensamientos cuando escuchó su Pantalla sonar. Extrajo su teléfono, confundido, ¿quién podría ser? Pensó que tal vez era su madre quien deseaba saber si estaba bien o no, o donde se encontraba o algo, no obstante se sorprendió al ver en el registro de llamadas que era un número desconocido. Se extrañó aún más y dudando un poco, al final contestó:

    —¿Diga?

    Hubo silencio.

    —¿Bueno? ¿Hay alguien allí? —Iba a colgar, no estaba para esa clase de llamadas extrañas, pero antes de hacerlo escuchó por fin al interlocutor.

    —¿Eres el hijo del señor Fucus?

    —¿Quién habla? —arqueó la ceja con un aire desconfiado; no reconoció la voz. Solo reconoció que era de hombre pese a que la recepción era pésima. Era extraño que se escuchara tan mal el teléfono.

    —¿Eres o no el hijo de Fucus? —La voz volvió a repetir la pregunta.

    —No, no lo soy, se ha equivocado de número. Voy a colgar —dijo al fin, molesto, sin tener una remota idea de lo que aquella persona estaba por contestarle. Algo que lo heló completamente a tal punto que lo obligó a colgar y con rostro asustado volteó a todos lados, paranoico.

    Lo sé, Bel, sé que eres tú. Iremos por ti muy pronto, así que espéranos.” Había sido esa oración que le produjo dolor de estómago.



    ¿Eh? ¿Eh? ¿Qué tal les pareció este capítulo? Mínimo, espero haberlos entretenido. Conozcan más a este atormentado personaje. No es su culpa (bueno un poquito) que sean tan... como es, muy seco y que no actúa por su propia cuenta. Por cierto, deseo honestidad, ¿qué les parece este personaje, Belirio Fucus? ¿Qué les pareció el señor Fucus, padre?

    Bueno, nos vemos hasta dentro de... cuando vuelva a recordar que tengo que actualizar aquí xD
     
    Última edición: 25 Marzo 2017
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    Marina

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    Pues mira, honestamente me gusta mucho el padre de Bel. Él es un hombre trabajador, emprendedor, progresista y se ve lo mucho que cuida su negocio y también empleados y eso supongo que en todo sentido. El Señor Fucus origina empleos y con ellos ayuda a que el desempleo no sea un problema en Ciudad del Comienzo. En cuanto a Bel, es alguien común, apático en cuanto a todo lo que se trate de su padre. Los polos opuestos. A su padre le gusta vivir la vida, tanto en el trabajo como socialmente, a Bel le gusta vivir la soledad. No quiere hacer nada, es inseguro a causa del peso de su nombre. No quiere llevarlo y por ello rechaza su herencia. Padre e hijo son por completo diferentes, con metas, aptitudes y deseos que nada tienen que ver unos con los otros. Siento pena por el señor Fucus, tanto que tiene qué ofrecer siendo su principal objetivo su querido hijo y éste tanto que tiene qué rechazar. La verdad, me da más pena el señor Fucus y aunque comprendo a Bel, que quiera vivir su vida como a él le gusta, siento mucha empatía por su padre. Pobrecito, ¿no querrá adoptarme el señor Fucus? :)

    Y wow, ese final tan misterioso. ¿Quién llamó a Bel? ¿Será algún compañero de esa chica? ¿Y por qué desean aniquilarlo? ¿Qué les hizo? ¿O qué hará Bel que parece dejará una fea consecuencia? ¿Estoy sacando conclusiones apresuradas? ¿Qué pasará con esa chica? ¿Querrá sacarla Belirio para conocer de qué se trata todo?

    Espero tener respuestas y también quiero ver a Riz y claro, también a Klaus. ¿Serán puestos en libertad pronto? Cuando menos ya sé que esa joven es de otro tiempo, cosa que me intriga más. Así que espero pronto o cuando te acuerdes, la actualización. Nos vemos. TAM
     
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  16. Threadmarks: Capítulo 9.- Familiaridad
     
    Kay Greenwish

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    Leo
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    Grachias a los que están leyendo :D
    Me dispongo a responder al comentario de @Marina porque me fascina hacherlo *-*
    Hola, Marinaaaa :D A precio mucho tus comentarios y lo sabes. No pude evitar que has descrito muy bien a Belirio (he igualmente al señor Fucus) en sus sentimientos, miedos y común. Aunque, lo defenderé en algo, sobre a él le “gusta vivir en la soledad”, es completamente lo contrario, teme a quedar solo y que las personas se decepcionen de él; o mejor dicho de lo que ellos mismos dicen que es él. El “no quiere hacer nada” en sí es incorrecto, si nos referimos a ser el nuevo presidente de empresas Fucus ya que no quiere saber nada de ello (y mucho más porque Bel tiene tecnofobia; aunque lo que sufre no es algo muy grande contando que vive en una época en donde todo es tecnología). Pero en otras cosas no. Por ejemplo, en el primer capítulo vemos que él fue a ayudar a una pareja a reparar algo de la cocina. Sin contar que los habitantes de allí lo conocen y lo parecían, eso significa que él es sociable. Ayuda a su madre en Lago Azul. Y por supuesto, respeto el hecho de que sientas pena por el señor Fucus y sí, es más que evidente que lo más importante para él es su hijo. Lo quiere mucho o, por lo menos eso dice él, ¿pero lo ha demostrado? (En el capítulo 6 se dice un poquito de la situación; "Has crecido demasiado, eres todo un hombre ya, ¿qué edad tenías cuando te vi por última vez?", son palabras del señor Fucus y recordemos que Bel se fue de casa a los doce años.)
    Más adelante profundizaré lo que es la relación de ambos Fucus. Se que esto es la primera impresión, pues no he hablado bien del tema, pero como dije, ya escribiré más sobre el mismo.

    Y la respuesta a la pregunta, “¿no querrá adoptarme el señor Fucus?”, a lo mejor sí, quien sabe, si se lo preguntamos quizás diga que sí :D

    Capítulo 9
    Familiaridad


    —¿Quién era? —inquirió el señor Fucus mirando con intriga el preocupado y ahora pálido rostro de su hijo, entrecerrando los ojos esperando con impaciencia la respuesta de él, sin embargo no obtuvo nada más que la vista llena de pánico mirando algún punto en el vacío y volvió a preguntar: —Hijo, entonces ¿quién era?

    Hasta ese punto fue que Belirio se dio cuenta de la pregunta de su padre por lo que todavía impresionado y solo escuchando el ya conocido sonido de una llamada ser terminada, miró a su padre y armando valor al tragar saliva intentando tranquilizarse, respondió:

    —Nadie. Número equivocado.

    —¿Algo involucrado con la joven de esta tarde? —Deseó indagar el hombre nada contento ante la falsa respuesta de su hijo—. Si hay alguien por allí molestando puedo hacer que un experto localice la señal de dónde provenía el llamado —Preocupado por la seguridad de su único hijo tomó su Pantalla para poder comunicarse con ese experto, pero cuando Bel se dio cuenta de las intenciones, una buena intención, lo detuvo.

    —No es necesario.

    Lo último que deseaba era hacer un escándalo, pero aun así la cuestión de quién era la persona que le hablo advirtiéndole que iría por él lo intrigaba. ¿Por qué la necesidad de hablarle y contarle lo que planeaban hacer? ¿Qué necesidad había de que se arriesgara de que lo localizaran? Después de todo era bien conocido que la tecnología de Fucus era la más avanzada y con facilidad podrían atraparlo.

    —¿Por qué dices que no es necesario? No sabemos quiénes sean esos tipos —Fucus estaba molesto—. Cómo se atreven a amenazar a la familia Fucus. Eso es algo imperdonable y esa gente no tenía el derecho de estar libre.

    Y aunque el señor nada contento y echando humos como lo echaría una vieja locomotora de vapor, seguía insistiendo en que se debía tomar medida al respecto, la mente de Belirio estaba en otro lado, más precisamente sería decir que recordaba más de lo que deseaba hacerlo, las palabras que había escuchado durante ese día.

    A esa joven no la pueden encontrar, no porque esté falsificando su Identificación de Vida, ni tampoco porque haya bloqueado la misma, ella ni siquiera es de este tiempo.” Cierto que al principio le pareció una frase descabellada, pero y si cabía la posibilidad...

    Señor, es probable que usted vaya a morir.” Esa convicción en sus palabras lo asombró, era como si en realidad...

    ¿Debía creer? La mujer se veía “confiable”, por lo menos no parecía ser de alguna mala organización. Y entre debate y debate en que sus pensamientos se encontraban debido a la situación actual, un recuerdo llegó a su mente, el rostro de la mujer, de Evel como se había presentado. La reconoció. Ya había visto a esa mujer hace mucho tiempo, exactamente una semana después de que se mudó con su madre a Lago Azul, esa mujer había llegado un día mientras él se familiarizaba fuera de su nueva casa.

    —“Eres un chico bueno, Bel.”

    —“¿Quien es usted?”

    En realidad no soy nadie —le había extrañado aquella respuesta pero no más que la sonrisa que dibujo al responder y continuar—. Siempre quise conocerte... el real tú. Al parecer vives en un lugar muy bonito y agradable; estuve esperando a que arribaras aquí para poder venir a verte. Creo que te pareceré alguien 'rara'. Bueno, me retiro, un placer conocerte Belirio.

    Espere, ¿puede decirme por lo menos su nombre?

    Era un rostro familiar, aunque más maduro. Esa mujer le era muy familiar, se había extrañado tanto de la conversación que habían tenido que ahora que meditaba bien, era increíble que no la hubiese olvidado pues era digna de permanecer siempre en su mente por la extravagante de la misma. También le había dicho su nombre aunque no lo recordaba.

    —Padre, ¿puedo pedirte un favor? —interrumpió el discurso que su progenitor se había armado.

    —Claro, sabes que mientras esté a mi alcance haré lo que sea. ¿Qué quieres?

    Y aunque el negociante sabía que no era nada referente al negocio familiar, todavía no rompía la esperanza de que fuera por algo relacionado a ese tema.

    —¿Puedes quitar la denuncia de la chica de esta tarde?

    El primogénito quería confiar en la mujer llamada mayor y deseaba retirar la denuncia de la joven, obviamente tenido como palabra que cualquier cosa que sucediera ella sería total responsable de los actos de la joven, como también poniéndole algunas condiciones bajo la misma ley en la que se regía la ciudad. Y él por su parte no podía quitar la denuncia puesto él no fue quien hizo la denuncia, sino su padre. Probablemente lo único que podía hacer era sacar a los supuestos dos inocentes que se habían involucrado, pero más allá no. Así que necesitaba del apoyo de su progenitor. No obstante al hombre no pareció hacerle gracia la pregunta que le formularon ya que más indispuesto, miró a su hijo como nunca creyó que lo vería. Lo observaba de manera muy seria, esperando a que rectificara las palabras dichas y al final terminara por decir que se trataba de una broma después de una risa demostrando que lo era, una simple broma.

    —Puedo hacerlo —Fucus contestó—, pero ¿quieres? ¿Por qué? ¿No habías dicho que..? —comenzó a interrogarlo.

    —Bueno, es una larga historia y para resumirla diría que se trató solo de un mal entendido.

    —¿Mal entendido en qué manera? —Quería saber más a fondo, después pasó sus ya notables agotados ojos al reloj digital—. No tengo ningún pendiente, tengo toda la noche para hablar sobre la situación y de ese “mal entendido”.

    Belirio frotó sus ojos al momento que suspiraba exhausto. ¡Genial! Su padre estaba dispuesto a pasar la noche hablando sobre el asunto pero él, por el contrario, lo único que deseaba era acostarse, dormir y descansar para mañana al despertar regresar a su hogar fuera de todo estrés que le generaba aquella ciudad. No cabía duda, el solo haber pisado tierras de Ciudad del Comienzo logró que su estómago le dolía por tanta preocupación.

    Algo que facilitaría sus problemas sería el olvidar el tema y volver a su vida normal, con todo no tenía pruebas que confirmaran confiar en la joven y la mujer. Suspiró al momento que tomaba asiento en la cabeza de la mesa del comedor maldiciendo por dentro lo que estaba a punto de hacer; convencer a su padre de que retirara toda denuncia a la joven. Confiaría en las palabras de la anciana.


    ***​


    En realidad no sabía cómo es que se encontraba en la casa Knoop. Aun se preguntaba por qué se había dejado convencer de tal manera que haya dejado en libertad a la joven pelirroja que lo amenazó. Y aunque reiteradas veces Evel le repitió que no pasaría nada, seguía con sus dudas. Y eso era de esperarse, todavía sentía la opresión en su pecho por la extraña llamada que recibió. Belirio se llevó la mano a su ceja e instintivamente la acarició con nerviosismo, y el problema o la incredulidad no terminaba allí; él se encontraba ahora en el departamento de la señora Knoop. Le había pedido en igualmente repetidas ocasiones que fuera a esa dirección porque, según ella, tenía algo muy, pero muy importante que decirle a tal grado que podría involucrar a más personas de las que pensaba.

    No tuvo más opción que hacerle caso y actualmente estaba sentado en el sofá de dos plazas que decoraban la sala del hogar Knoop, sus ojos azules pasaban de mirar al joven moreno, quien ocupado en su Pantalla se mantenía sentado en el único sillón individual, y a la persona más joven de la estadía, quien se mantenía sentado casi del otro extremo de la sala y lo miraba con intensidad, como si esperara algo de él. Bel estaba por demás inquieto ante la incomodidad que emanaba allí; con aquellas dos personas que desconocía y que además cada quien estaba en su mundo y más al recordar cuando llegó, Evelina le abrió la puerta y le dijo que se sintiera cómodo, para después ella salir e ir a recoger a la joven de la cárcel. También le había dicho al hablar con ella esa madrugada, que él hablaría con las autoridades para apelar por los dos inocentes involucrados—Klaus Val y Riz Calomela—, que sin ningún problema se les vio como inocentes y mientras iban a sacar a la cárcel a los dos su padre estaba haciendo su trabajo.

    —Entonces —Riz se hizo notar, dirigiéndose obviamente al rubio, quien después de tener la vista al reloj de su Pantalla, la puso en el joven castaño quien continuó—. ¿En verdad eres Belirio Fucus? ¿El hijo del señor Fucus? ¿De ese señor Fucus?

    Belirio lo miró con rostro tenso a la vez que asintió, sin decir palabra alguna y tal acción insignificante provoco en Riz que sus ojos brillaran intensamente, como si de un niño se tratara una vez que sus padres le dieron la noticia a que irían al parque de diversiones más famoso.

    —Eres diferente a como te imaginaba.

    Belirio no evitó moverse un poco a su derecha para poder bien a Klaus, quien fue quien digo eso, y alzó la ceja asombrado.

    —Ah, pues... lo siento —fue lo que atinó a decir, en realidad más que como una afirmación parecía una pregunta. Val simplemente bajó la mirada pare seguir con lo que hacía con su Pantalla.

    —Oye, oye —Volvió a llamar la atención Riz, quien en un cerrar de ojos de estar en un extremo de la habitación, ahora estaba tomando asiento a un lado de Belirio—. ¿Puedes entrar a la fábrica cuando lo desees, sin necesidad de tener un permiso? ¿Podrías decirle a tu padre un permiso para que yo pueda ir? Ah, me haría una ilusión poder poner un pie a esa instalación y poder ver como fabrican los robots y tal vez tener la suerte de poder charlar con algún especialista.

    —Ammm, bueno, en realidad nunca he ido.

    —¡¿Qué?! ¿Nunca? Que desperdicio. Pensé que por ser el hijo tendrías algunos privilegios.

    —Ya —Quería cambiar de tema lo más pronto posible— ¿No saben cuando llegará la señora?

    —Evelina —aclaró Klaus.

    —Sí, la señora Evelina, ¿saben algo al respecto? ¿La razón por la que nos reunió aquí?

    —A mi también me pareció extraño, después de salir de la cárcel me dijo que hoy me esperaba porque necesitaba algo muy importante que decirme. ¿Tú sabes algo al respecto, Klaus?

    —No —respondió el moreno un tanto indiferente—, no me explicó más de lo que saben.

    Y como si hubiera sido invocada, la dueña de la casa hizo aparición abriendo la puerta, saludando a los invitados y con una bolsa.

    —Disculpen la tardanza, pero pasé a la tienda por un poco de café —La mujer levantó la bolsa que sostenía en sus manos y se dirigió a la cocina en donde la dejó sobre la mesa—. ¿Gustan un poco de té o café? También tengo soda, ¿algo de comida? —La mayor actuaba muy normal moviéndose por la cocina en tonto buscaba por las alacenas, actuaba como si fuera una abuela teniendo la visita de sus nietos a quienes no había visto por días.

    —¿Disculpe? ¿Dónde se encuentra la mujer? —preguntó el rubio levantándose del asiento y asomándose hacia la puerta principal esperando verla en la entrada, pero no la encontró. Después de todo había salido para ello y él estaba allí por esa razón, aunque tampoco era cómo si ansiara ver a la persona que lo amenazó con un arma.

    Evelina hizo exactamente lo mismo que el rubio al dirigir su mirada hacia la entrada y descansando las manos sobre sus caderas, se preguntó dónde se encontraba y, a paso veloz se dirigió a la puerta dónde posteriormente se asomó e invitó:

    —Vamos, entra, no tengas vergüenza que ya todos están aquí esperando.

    Y por fin dando aparición, la pelirroja ingresó a la casa y tras la señal de Evel de que se sentara. Ella se acercó aun más ignorando las tres miradas sobre ella, decidió no tomar asiento más que nada porque no se sentía conforme de hacerlo. En realidad se había asombrado cuando Knoop fue por ella a la cárcel y le explicó que Fucus decidió retirar la demanda hacia ella y cuando se subió a su auto lo hizo más que dispuesta, ansiosa, de explicarle la razón por la que la buscaba, mas Evel se negó a escucharla, interrumpiéndola y diciéndole que esperara a llegar a casa porque lo que iba a decirle debían escucharlo tanto Klaus, Riz y Belirio. Esa era la razón mayor por la que se planteó si cruzar el hogar de Knoop o no; sintiéndose nerviosa y cuestionándose porque Evel lo había decidido así.

    —Estoy preparando agua para el té —se estuchó la energética voz de la anciana desde el interior de la cocina—. Qué muchachos tan tímidos. En mis días de juventud yo no dejaba de hablar y me gustaba entablar conversación con quien fuera. ¿Saben? Me gustaba conocer gente y por esa razón siempre deseé recorrer el mundo.

    La incomodidad era demasiado grande y todos la sentían, especialmente la joven pelirroja quien acariciaba su brazo como dando a entender la inconformidad de su presencia. Más que nada por Klaus y Riz, de quienes sabía que por su culpa habían ido a parar a la cárcel y aunque solo fue por un día, se avergonzaba de ese hecho ya que no tenía ningún problema con ellos. Quien alivió un poco la tensión fue Evel cuando minutos después se incorporó en la sala llevando consigo una bandeja que tenía cinco tazas; dos de té y tres de café, dejándola sobre la pequeña mesa que adornaba la estadía y estaba en medio de los sillones. Tomó asiento del otro extremo de sillón donde el rubio se mantenía y como si por fin descansara después de tener horas parada, se acomodo en el sillón y tomó una de las tazas de té.

    —Como nunca me respondieron qué querían, traje esto —Dio un sorbo al líquido que saboreó como si fuera el mejor té que en su vida había probado, dirigió su mirada a la joven quien se mantenía parada en la entrada de la sala y con total seriedad, dijo—. Ahora sí, puedes decirme lo que ibas a contarme en el auto.


    Chan, chan, chan.... esta bien no :( Jajaja, me pongo seria, este es el capítulo de la semana, ¿qué tal les pareció? Fue algo ¿corto? (o no) pero espero haya sido de su agrado. Hasta la próxima semana, compañeros :) Los quiero.
     
    Última edición: 25 Marzo 2017
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  17.  
    Zurel

    Zurel Camino a la Supremacía

    Acuario
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    Soy yo o la señora Evel, le dijo a Bel que hay algo que tiene él donde estan las respuestas?

    Estoy muy... ehh, como se llama eso?... mmm... ha sí, intrigado, ¡Muy intrigado!.

    Espero el siguiente cap, otra cosa me alegra saber que en esta parte del foro hay actividad, dentro de poco espero publicar una historia en la que he estado trabajando ^_^

    Saludos.
     
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  18.  
    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

    Tauro
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    ¡Ay! ¡Qué lindos! Reunidos los tres ahí, con Evel. Entiendo que ella tuviera muchos deseos de conocer al verdadero Bel y aunque se presentó de una manera extraña para él, ella cumplió con esa curiosidad. Qué bueno el señor Fucus retirara la denuncia contra la pelirroja, porque aunque parezca culpable, se nota que no lo es, pero ahora ansío saber qué les contará la chica. Por otro lado, la emoción de Riz me hizo gracias. En esas preguntas que le hizo a Bel se nota su intenso interés por la tecnología, por la robótica y quiere ir a la fábrica a ver cómo se lleva a cabo todo ese trabajo. Su ingenioso don quiere meter mano en cualquier cosa que sea robótica, supongo, así que me dio lástima que Bel le respondiera con esa verdad, que él no sabe nada de nada.

    Me encanta la actitud de Evel, tan tranquila, tan controladora de la situación ante el nerviosismo de Bel y la extranjera. De ninguna manera puedo perderme el siguiente capítulo y gracias por recordarme que en Lago Azul, Belirio es muy bueno en lo que hace y que ahí sí socializa con sus semejantes, como con ese matrimonio al que le reparó algo, por ejemplo. Es verdad, sólo no le gusta el negocio de su padre.

    Nos vemos en el que sigue. TAM
     
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  19. Threadmarks: Capítulo 10.- La Ley que fue Abolida
     
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
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    R.A. Revolución Artificial [Libro #2] (Pausada indefinidamente)
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    Género:
    Ciencia Ficción
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    15
     
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    1369
    @Darth Revan Muchas gracias por el comentario, Darth. Y efectivamente, la señora Evel le ha dicho que Bel que tiene algo que ver con ese caso y él es clave en lo que se viene adelante.
    @Marina Sí, que los tres estén reunidos en la casa de Evel es lindo. Allí se puede ver la madures que a tenido Eva, ¿cierto? Ahora es una mujer sabia. Que bueno que te guste.

    Agradezco a los demás que se pasan y leen.

    Capítulo 10
    La Ley que fue Abolida

    La pelirroja cerró los ojos y respiró profundo antes de hablar y preocupada de no saber cómo reaccionarían ante lo que iban a escuchar.

    —Voy a presentarme como es debido. Mi nombre es Rina Virta y vengo del futuro.

    Más que sorprenderse por lo último, Evel se sorprendió de escuchar el apellido Virta y con ojos brillantes de nostalgia no evitó preguntar:

    —¿Eres familiar de Antti Virta?

    —Sí, lo soy. Él es mi bisabuelo, tengo entendido que usted sirvió al lado de él. Por esa misma razón tengo información sobre usted...

    —A ver, esperen —interrumpió Klaus interesado en saber otra cosa—. Acabas de decir que vienes del futuro. Evel, ¿en verdad crees eso? Es imposible viajar en el tiempo.

    —Eso es una locura —secundó Riz con media sonrisa e incrédulo como los demás varones.

    La joven pelirroja volteó hacia el joven Kluas y sonriendo dijo en son divertida:

    —Pues es increíble que dudes eso cuando tú fuiste el que inventó la máquina del tiempo.

    —¿Entonces... sí funcionó? —se preguntó Klaus impactado de saber eso—. Lo que se tenía previsto era el posible viaje hacia el futuro, por un lapso corto de tiempo. La teoría era utilizar como base la teoría de Einstein sobre los agujeros negros. ¿Pude lograr hacer agujeros negros?

    —¿Has intentado crear agujeros negros? —cuestionó Riz impresionado de tan solo imaginar que eso fuera posible—. Pensaba que eso era imposible de lograr, pues tengo entendido que aún no se cuenta con la tecnología de eso.

    —Solo hipotéticamente. He estado haciendo un plano sobre eso y cálculos, muchos cálculos matemáticos. No obstante debido al tiempo en la escuela Versada que me consumió, no he intentado hacerlo práctico —contestó el moreno—. Pero sí, una de mis inventos sería el de hacer una máquina del tiempo —sonrió orgulloso de saber que pudo lograr eso—. Me supongo que esa “máquina del tiempo” está siendo utilizada moderadamente.

    —En realidad sí. Solo es una, lo dejaste bien en claro y está resguardada en tu empresa, solo utilizada para el uso de entretenimiento. Sin embargo, estoy aquí para advertirles sobre algo. Al principio del año 2182 comenzaron a escucharse rumores sobre algunas empresas extranjeras que planeaban crear robots autómatas para ayudar a los ciudadanos, aunque se decía que ya a finales del año anterior esas empresas habían comenzado con la elaboración de esos robots. Se deseaba avanzar a un nivel más alto en la robótica. Se decia que algunos científicos clandestinos, de otros países, habían estado comprando materiales de este país para la fabricación de robots autómatas. Entonces, ante esos rumores los patrocinadores de la empresa Fucus temieron que la empresa perdiera liderazgo en la tecnología, más que nada, perder cantidades de dinero por lo que comenzaron a presionar de Belirio —Los ojos verdes miraron nada discreta los ojos azules del nombrado—, lo presionaron tanto hasta que lograron su cometido y él permitió que la fábrica Fucus comenzara a diseñar tecnología de tal magnitud. Entonces, a mediados de ese mismo año, la ley implantada por Ferrie fue abolida. Dando comienzo una nueva era.

    —¡¿Qué?! ¿Y mi padre? —cuestionó Belirio en forma de excusarse. Le era imposible siquiera imaginar que pasara lo que pasara él aceptara el puesto de su padre.

    —Desafortunadamente, el señor Fucus murió. Perdió la vida por un problema cardiovascular. Había tiempo que estuvo sufriendo del corazón, no sé exactamente cuánto, pero no funcionó la operación del órgano, ni siquiera el transferirle uno nuevo. Al parecer la enfermedad que le dio dañaba su corazón cuantas veces fuera operado o tratado. Se hizo investigaciones, pero no aguantó por mucho tiempo hasta que... murió. Así que dejo todo el negocio a su único hijo. A ti Bel.

    Bel se recargó abatido en el respaldo del asiento, comprendiendo la razón de actuar de Rina cuando fue a ver a su padre. Entonces era verdad lo que había dicho.

    —Estamos seguro de que si el señor Fucus siguiera con vida para ese tiempo, es probable que él se rehusara a construir aquellas endemoniadas máquinas —continuó explicando la pelirroja con acidez al pronunciar las últimas palabras—. Él ya se había rehusado dos veces. Él nunca estuvo de acuerdo con la fabricación de autómatas independientes, fuertes e inteligentes. Sin embargo, su fuerza de voluntad fue en vano cuando su ¡hijo aceptó!

    —Si reaccionas de esa manera, quiere decir que... —Habló Klaus—, aquellas máquinas se revelaron y han atacado a los humanos.

    Era el temor más grande que Isaac Ferrie tenía para el futuro de la humanidad y por ello había escrito la ley de la prohibición de aquellos robot no solo parecidos a los humanos, sino que fueran más inteligente y fuertes que la raza humana.

    —¿Y por esa razón has venido a matar a Bel? —preguntó Riz bastante pensativo y con una pose que lo demostraba; tocando su barbilla—. Me parece incongruente, no quiero sonar pesimista ni nada, Rina, pero cualquiera que estuviera al frente de la corporación Fucus aceptaría esa propuesta. ¿O no es verdad?

    Rina bajó su mirada por unos segundos y como si estuviera meditando en algo, al final tragó saliva e intentó encontrar las palabras adecuadas para poder explicar la verdadera situación.

    —Es que el problema va más allá. El problema en sí no son esos robots o máquinas que se han revelado y ahora nos subyugan. Es su líder; aquel autómata apareció de un repente, sabemos que una vez que asesinó a Belirio, este cambió y fue él quien en realidad lideró a los robots y quien dio las órdenes. Pero afortunadamente fue detenido y el que estaba en segundo al mando se dio cuenta que sin él no podrían someter a los humanos, así que planearon venir en este tiempo. Cuando nos dimos cuenta de ese plan, vine hasta aquí para evitar que ese robot encuentre a Belirio —observó a Evel, quien cerró los ojos, había llegado la hora de explicar todo. Su verdad. Una verdad que sabía debía contar rompiendo la promesa que había hecho a la milicia una vez salió de allí—. Usted fue testigo en primera fila de la batalla que el mismo ejército peleó con aquel robot autómata.

    —Algo envuelto del archivo de ANI, ¿cierto? Creo que es mi turno de hablar sobre ese tema —la mayor miró detenidamente a cada uno de los presentes con seriedad, pues el tema que vendría era muy delicado como —. El expediente Autómata no Identificado o mejor conocido por sus siglas ANI, habla sobre un autómata pensante, cuyo parecido es similar al de un ser humano. Este sería completamente difícil de identificar por el parecido al humano. Su nombre es Ruber; Andro originalmente. Los militares estuvieron investigando sobre el suceso que acaeció en el año 2116 sobre ese ataque de la milicia. Un fenómeno desconocido. No obstante, tras el transcurso de los años, aquel rumor comenzó a ser olvidado o a ser contando como una leyenda.

    —¿Fue una creación de los mismos militares? —deseó saber el joven Calomela.

    —No, no lo fue. Y en realidad no fue uno, fueron dos: Uno se llamaba Ruber y el otro Andro. Ruber detuvo a Andro, quien en realidad era el malo.

    —Evel, ¿puede darnos más detalle sobre el ANI? —preguntó Klaus.

    —Los militares al principio quisieron aprovecharse de la tecnología de Ruber para poder avanzar en la suya, no obstante, Ruber desapareció sin dejar rastro y aunque Fumero estuvo por varios meses buscándolo, al final desistió—guardó silencio repentino, sus ojos grises se llenaron de nostalgia al recordad aquel tiempo que ahora le era muy distante—. En realidad, yo también viaje en el tiempo. Mi nombre real es Evarista Mohs.

    Todos, Klaus, Riz, Belirio y hasta Rina, se sorprendieron ante tal aclaración.
     
    Última edición: 1 Abril 2017
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    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

    Tauro
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    Nooo ¿y ahora quién es quién? ¿Andro resucitó? ¿O Ruber se hizo finalmente malo? ¿Quién lidera a los robots? Creo que ya me perdí. A ver, Rina está hablando de ellos, ¿no? Pero dice que el líder de los robots fue detenido. ¿Era Andro? Porque sí, Eva fue testigo de esa batalla que tuvo con el autómata rebelde, pero esa batalla ya pasó... pero sí, ya recuerdo, fue en el pasado de donde ella no volvió, de ahí que pudiera conocer de nuevo a Riz y a Klaus a quien adoptó. Entonces, aquí entiendo que a pesar de todo lo que hicieron, sí va a haber una rebelión, pero el líder fue detenido y por eso han decidido viajar al tiempo actual... ¡Ay! Esto de los viajes en el tiempo se me hacen difíciles de comprender, así que mejor me espero a ver cómo se sigue desarrollando esto, para poder comprenderlo.

    Y antes de irme, no quiero hacerlo sin dejar de decirte que también me entró nostalgia escuchar los nombre de Virta y Fumero. ¡Ah! ¡Qué recuerdos!
    *Se siente como Eva*

    Nos vemos en el que sigue. TAM
     
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  1. Kay Greenwish
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