Viola sufrió un profundo escalofrío al escucharte. —E-El vacío de su interior... s-suena terrible... Posteriormente, te dirigiste a Flittle, intentando pedirle que echase un vistazo aprovechando su capacidad para flotar y su pequeño tamaño. El pokémon pareció entenderte al momento, y, predispuesto, miró a Dina como esperando una confirmación de su parte. La Audino asintió, aún "auscultando" la pared, y Flittle se dispuso a desplazarse entonces hacia lo alto de la muralla. Se perdió de vuestra vista por unos segundos, y esos segundos se hicieron extrañamente tensos. Segundos de silencio, incluso de frío. Hacía frío. O quizá esos fantasmas enfriaban el ambiente. Sin embargo, al poco tiempo notaste algo raro. Era como si un hilo invisible se conectase de repente a ti, uno que casi podías sentir; y en tu cabeza, al cerrar los ojos, aparecieron imágenes. Y lo viste: el interior de la aldea. Debía ser lo que Flittle estaba viendo; estaba usando sus poderes psíquicos para transmitírtelo. La aldea estaba muy mal. Se veían casas destrozadas, especialmente en el punto al que miraba Flittle, próximo al centro de la aldea. Lo que parecía ser un edificio más grande, quizá el ayuntamiento, hospital, o lo que fuese, se había llevado la peor parte, sin duda; la explosión aconteció justo ahí, muy cerca de vuestra posición, de hecho. El olor a quemado era intenso, y Flittle podía ver aún algunas llamas palpitantes, y cuerpos sin vida, o al menos aparentemente inertes, tirados por todas partes. Contabas unos once desde allí. No alcanzabais a distinguirlos por sus ropas, eso sí. Pero lo que Flittle pareció detectar con más ahínco, su atención centrada en eso, era a uno de esos Ferroespectro, que pululaba con una luz verde encendida por el borde de la muralla, justo al otro lado de donde estabais. Parecía estar haciendo una especie de "ronda" por el borde de la muralla, buscando a algo o alguien con mucho tesón. Y no era un Ferroespectro normal: era el plateado, el más grande. El que claramente hacía de líder, el que habló. Eso sí, ahora examinaba en silencio, en un silencio sospechoso. Flittle lo observaba mientras él estaba de espaldas, sin que pudiese ver al pequeño pokémon; y su sigilo daba a entender que el Ferroespectro jefe quizá no buscaba, necesariamente, nada. Quizá no estaba "buscando". Quizá estaba aproximándose sigilosamente hacia ese algo o alguien, intentando emboscarle. O eso era lo que Flittle parecía pensar, claro. El pokémon pronto vino de nuevo, haciendo un rápido arco sobre la muralla, y llegando apresurado hasta ti. Dio una vuelta alrededor de tu cabeza, como indicándote que su trabajo estaba hecho. Dina lo miró, preocupada. —¿Y-Y bien? ¿Ha visto algo el pequeñín? Flittle te miró, como esperando que fueses su voz, su traductora. *** Tancy escuchó tu pregunta, y tragó saliva. Asintió también, sobre todo por la primera parte de tu frase. En sus ojos, tras las gafas, se escondía una innegable preocupación, pero no solo eso: también extrañeza. —Sí, Ferroespectros —susurró antes de llegar al cruce donde os detuvisteis, tras el edificio—. Los escuchas por la noche porque es cuando se mueven. Son de la División de Limpieza, los más altos rangos, y, bueno... hacen eso: limpian aquello que detecten que debe eliminarse. Pero no... nunca... nunca habían aparecido de día, ni así. Nunca habían atacado. A decir verdad, sonaban más como verdugos que como "limpiadores". Tras llegar a la esquina, le dijiste silenciosamente a Encina que diese la señal, y él volvió a asomarse, esperando su oportunidad. Se pegaba a la pared con toda la espalda, brazos extendidos, de una forma, de nuevo, muy profesional. Que él liderase la avanzadilla, sin duda, daba cierta seguridad, o al menos a Tancy se la daba: la mujer no le quitaba el ojo de encima cada vez que el soldado se movía, imitando sus gestos en medida de lo posible, como si hubiese asumido solo por su actitud que imitarle y seguirle era su mejor oportunidad de supervivencia. —... ahora, contra la pared todo el rato, vamos —dijo de forma rápida y sigilosa Encina, mientras se movía con pasos laterales, doblando la esquina aún dándole la espalda al edificio. Entredientes, dijo—. ... no hagáis ni un ruido, como si no estuviese. Moveos rápido. Estabais pasando literalmente frente a aquel Ferroespectro, que justo en el momento en el que pasabais estaba con la espalda hacia vosotros, pero... estaba muy cerca. A seis, siete metros, quizá. Si se diese la vuelta en ese momento... No lo hizo, por suerte. En cuanto la casa se terminó, Encina correteó de cuclillas hasta refugiarse bajo la sombra de otro edificio. Os hizo un gesto, y todos os movisteis tras él, resguardándoos allí. El eco espectral del Ferroespectro siguió, y pudisteis ver la luz verdosa girando, señal de que se estaba dando media vuelta. Estaba cerca... muy cerca. Pero no os vio. —... mi taberna. Esta es mi taberna —susurró Tancy, manos contra la madera del sitio. Nikolah lo reconocía, sí: el lugar donde se tomó aquel caldo el día anterior, donde la conoció. Por fortuna, no había resultado muy dañado, al menos no que pudieseis ver; la explosión afectó más al lado este de la aldea, aparentemente. Pero eso no quitaba que algún tablón estuviese roto en el suelo, el menú de la entrada escrito en una modesta pizarra lanzado por los aires y las dos o tres sillas de madera de la puerta fragmentadas y arrojadas de lado. Encina miró a un lado, desplazándose unos segundos. Vio entonces la ventana, con solo un par de barrotes de por medio, sin cristal, y chasqueó la lengua. —Por aquí va a ser difícil entrar... no cabemos. Si no podemos pasar por dentro del local, tendremos que rodearlo. ¿Tienes una puerta trasera? Tancy negó con la cabeza. —¿Para qué, en esta aldeucha? La de delante era suficiente. —Sí, bueno, la de delante queda descartada con esa cosa ahí... —Miró en ambas direcciones. A vuestra izquierda, el Ferroespectro que acechaba. A vuestra derecha, la muralla norte de la aldea, muy próxima a la taberna de Tancy. Pasar cerca de ella, en el hueco entre los edificios y esta, podría ser seguro, probablemente; estaríais más resguardados. Atravesar la taberna era imposible por culpa de los barrotes... e ir por la derecha era una opción, pero no sin confrontar a ese monstruo. *** Desde fuera de la aldea no viste nada especial, más allá de aquellos robots destrozados. Así que te adentraste tras las murallas y fuiste en la dirección en la que se habían dejado aquellos robots estropeados. Buscaste mientras tanto algún indicio, algo que te permitiese saber si Nikolah, Tancy, alguno de los guardias, un robot, alguien o algo te daba una pista de en qué dirección dirigirte o no dirigirte, pero... no encontraste nada. Así que solo te quedó una opción, después de todo. Charcadet te tiró del pantalón, señalando en una dirección concreta. Pese al caos de la aldea, el humo que se veía por todas partes y el desorden, recordabas más o menos en qué dirección apuntaba, no tenía mucha pérdida: la Taberna, donde la propia Tancy tenía su local. De allí venías, ¿no? ¿Seguiría allí Constance? ¿Estaría... a salvo? Charcadet parecía querer comprobarlo, desde luego. Ibas a caminar entre dos edificios que, tras cruzar, te llevarían directo a la Taberna, pero en ese momento... el ruido. Ese cántico espectral. Y viste asomarse por el mismo hueco entre casas a uno de esos Dusknoir su luz verdosa reflejándose en las paredes. Lo evadiste por poco, pues un segundo más tarde, y habrías sido iluminado por esa luz tétrica, desde luego. Charcadet y Quaxly, a tus pies, parecían frustrados. El camino hacia la Taberna iba a ser más complejo de lo que parecía. Si querías ir allí, solo tenías una opción: aproximarte dando un rodeo, pues ahora que el espectro husmeaba demasiado cerca, solo bordeando la muralla por el norte, cubriéndote con casas y escombros, parecía ser seguro. Podías intentar una ruta más frontal, sí, pero se veía sumamente arriesgado. Y Charcadet estaba ansioso por saber si su entrenadora estaba bien.