Long-fic Pokénronpa 2: el Resurgir de la Desesperación

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por GalladeLucario, 8 Julio 2018.

  1.  
    GalladeLucario

    GalladeLucario Game Master

    Capricornio
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    Escritor
    Título:
    Pokénronpa 2: el Resurgir de la Desesperación
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    6
     
    Palabras:
    3811
    Prólogo: Bienvenidos a la Desesperación.

    Mi nombre es Pyro Re… Re… uh. Dejémoslo en Pyro. Desde que sucedió… algo que no recuerdo muy bien, he tenido una única preocupación en mi vida: derrotar a la desesperación, enfrentarme a los Seguidores de la Desesperación. Y, para ello, decidí unirme a… a…

    ¿A qué? Recuerdo… que debía tener algún tipo de talento, que solo escogían a los mejores. Pero, ¿por qué a mí, entonces? Soy tan normal, tan… poco talentoso. En serio, ¿qué era lo que pretendía hacer para luchar contra la Desesperación? ¿Por qué… mis recuerdos están tan borrosos?

    Cuando fui retomando poco a poco la conciencia y mi mente dejó de viajar hacia su interior, perdiéndose en un vasto mar de recuerdos mal entrelazados, me di cuenta de dónde estaba. Mis ojos anaranjados, poco a poco, pudieron adaptarse a la luz, y observé, frente a mí, una mesa llena de sabrosos alimentos, alargada y con mucha gente sentada a mi alrededor… gente que me era completamente desconocida. La mesa, rectangular, desembocaba, en uno de sus laterales cortos, en un magnífico trono elevado un par de metros por encima del resto de sillas. Sobre ese trono había… un oso de peluche.

    —Vaya, al fin te levantas, dormilón —me dijo, de pronto, la chica que se sentaba frente a mí, cabellos morados, llevando gafas y mirándome de forma extraña a través de ellas. Había ocho personas en un lado de la mesa, y ocho personas a otro—. Eres el último en despertar.

    —¿D-Dónde estoy? —pregunté, confuso, mirando a mi alrededor. Quise levantarme de la silla en la que me encontraba sentado, pero no pude. Con horror, observé que mis manos estaban sujetas por grilletes unidos a la silla—. ¡E-Estoy atrapado! ¡Socorro!

    —No montes un numerito —me espetó un chico, sentado a mi lado, en una silla distinta al resto, pues tenía ruedas—. No eres el único que está sujeto a estas sillas, ¿sabes? Así que deja de quejarte, y adáptate a la situación.

    Algo alejada de mí se sentaba una chica de cabellos rosados, con una flor en el pelo.

    —Aún no nos hemos presentado debidamente, ¿verdad que no~? —su tono de voz era… relajante. Hablaba con una paz indescriptible, con una serenidad impresionante.

    —No es el escenario ideal para unas presentaciones, sin duda —frente a la chica de pelos rosados, un hombre con un sombrero oscuro y algo de barba, visiblemente mayor al resto de los presentes, habló con un tono serio y formal—. Pero, dada la situación en la que nos encontramos, creo que lo más acertado es saber quién es el prisionero que tenemos al lado.

    —¿P-P-Prisioneros? —la joven que dijo aquello, vestida con un grueso abrigo y bufanda, tembló al escuchar aquella palabra—. ¿Crees que… estamos secuestrados?

    —¡Pues oye, tiene tooooda la pinta! —el que dijo eso… no era más que un niño con pelos castaños revueltos y ojos verdes, grandes y, pese a parecer inocentes en un primer vistazo, visiblemente llenos de picaresca—. Estamos secuestrados —y sonreía, casi como si aquello no le importase.

    —En una situación así, y rodeados de gente totalmente desconocida… no podemos confiar en los demás —argumentó un tipo serio y de cabellos negros, sentado en una de las esquinas—. Sin embargo, es un hecho que, de momento, debemos tratar de obtener la máxima información posible. Parece ser que los recuerdos de todos, por algún motivo, están algo difusos.

    >> Soy Hubert. Se me conoce como el Super Ajedrecista.

    —Ah, ¿juegas al Ajedrez? —inquirió de nuevo el hombre del sombrero—. Interesante. Estaría bien poner a prueba tu título con una partida.

    Hubert sonrió, mirando al tipo con orgullo.

    —Si logramos salir de esta, estaré encantado de enfrentarme con usted —le dijo, con respeto en sus palabras, pero, al mismo tiempo, en tono desafiante—. No soy un ultimate en vano.

    —Je —sonrió el otro—. Me quitaría mi sombrero para saludar, pero estos grilletes me lo impiden, tristemente; mi nombre es Stock. También yo llevo tiempo siendo considerado un ultimate, pese a que mi edad no sea comparable a la de ninguno de los presentes. Mi título es el de Super Empresario. Controlo gran parte de las empresas de Galeia.

    —Uh —habló entonces un jovencito, intentando hacerse notar entre el resto, con cabellos azules y ojos igualmente celestes, hermosos y delicados—. Yo me llamo Bubbly. Me llaman el Super Buceador. E-Encantado, pero…

    Fue interrumpido bruscamente por la joven sentada a su lado, de cabellos alborotados y morenos.

    —¡Bah! ¿Buceador? Seguro que no eres más que otro de esos jóvenes que terminan dejando sus estudios para hacer deporte.

    —Eh, no, yo… —de nuevo, la misma chica volvió a interrumpirle.

    —¡Respeta a tus profesores! ¡Interrumpir mientras otros hablan está mal!

    —¿U-Uh? L-Lo siento, yo…

    —¡Shh! —chistó ella, interrumpiéndole nuevamente. Algo me dice que debería aplicarse un poco sus propias palabras—. Qué falta de educación. Hmpf. Mi nombre es Gea, y soy la Super Profesora. De ahora en adelante, espero que te comportes, ¡si no quieres ser castigado!

    —¡Eek! —gimió Bubbly, encogiéndose en su silla, asustado—. Lo siento, lo siento…

    Pronto, alguien más decidió intervenir, alzando su voz sobre la del resto. Venía del otro lado de la mesa, y era una joven de cabellos lisos, rosados, y recogido en coletas.

    —No peleéis, ¿sí? —sonreía, transmitiendo paz con su rostro angelical. Realmente lograba calmar el ambiente con esa sonrisa—. Si pudiese moverme, pondría un incienso aromático la mar de relajante. ¡Solo con olerlo, notaréis que toda vuestra ansiedad decrece de forma exponencial!

    Y sonrió una vez más, antes de presentarse.

    —Mi nombre es Ixie. Soy la Super Naturópata. ¡Si alguna vez sentís alguna dolencia de cualquier tipo, acudid a mí! Tengo remedios naturales y alternativos para casi todo.

    La jovencita de gafas y cabellos morados reaccionó al instante al oír aquel título.

    —Bah, eso es un engañabobos. ¿”Naturópata”? Yo lo llamaría, más bien, timadora.

    —¡Ay, qué brusca! —reaccionó ella, algo conmocionada—. Querida, no se trata de ningún tipo de timo. ¡Hay muchas prácticas naturales con efectos mucho más eficaces que los fármacos! Cuando quieras, puedo demostrártelo, ¡la primera consulta es gratis!

    —Tsk —susurró la otra, molesta—. No necesito esos tratamientos inútiles —luego, miró al resto por encima de sus gafas—. Haced el favor de no creer en esos “remedios alternativos” y acudid a un médico de verdad si tenéis alguna dolencia. Y, si esa dolencia es emocional o psíquica… podéis contar conmigo. Soy Oxy, la Super Psicóloga.

    —¿Psicóloga, eh? —rio Ixie, de forma dulce y adorable, pero con algo distinto en su mirada. Era casi como si estuviese tremendamente resentida por dentro, pero se mostrase en todo momento alegre—. Y luego soy yo la timadora…

    —¡La psicología es una ciencia! —escupió Oxy, ante lo que Ixie respondió con una sonrisa inocente.

    —Tee-hee-hee —rio el niño, divertido—. ¡Los adultos os comportáis peor que muchos niños! Estáis secuestrados y atados a una silla y no se os ocurre otra cosa que poneros a discutir sobre estupideces. ¡Pfff! ¿Es que no veis que podéis morir de un momento a otro? No sé, lo mismo aparece ahora un asesino y ¡pam!, nos pega un tiro a todos.

    —¿T-Tú crees…? —susurró, aterrorizado, Bubbly. Y el niño, impasible, asintió con una enorme sonrisa dibujada en su rostro.

    —Uhm, aunque bueno, si fuese un tiro a todos, sería más que un “pam”, un… ¡Ra-ta-ta-ta-ta-ta-ta! Con una ametralladora y todo eso. ¡Sangre por todas partes! ¿Os imagináis?

    —Niño impertinente —recriminó Oxy—, ¿¡de dónde sales tú!? Esas ideas no son propias de un chico tan joven, ¿sabes? Esa frialdad en tu mirada y esas palabras tan fuertes me preocupan. Es un comportamiento disocial clarísimo.

    —Pfff, ¿vas a psicoanalizarme ahora? —se burló el chiquillo—. Preocúpate más por analizar la situación en la que te encuentras, ¿quieres? Porque, y si… no sé, ¿y si es Liza White la que nos ha secuestrado?

    —¿L-L-Liza White…? —tembló la joven del abrigo y la bufanda—. ¡N-No, por f-favor!

    —L-La Diva de la Desesperación —susurró Bubbly—. N-No, por favor, ¡ella no!

    —¿Creéis que puede tener algo que ver con todo esto…? —pregunté, preocupado.

    Estaba asustado, lo reconozco. Sabía que Liza White era la esencia de toda la desesperación, como parecían saberlo todos los presentes, cuyos rostros se tornaron preocupados al escuchar las palabras del niño. Sin embargo, por algún motivo… mis recuerdos estaban difusos. Recordaba ese nombre, Liza White, y sabía que era un nombre que debía hacerme temblar, un nombre que debía suscitar en mí poco menos que odio y terror, pero… tenía una especie de pálpito, como si hubiese algo que se me escapaba. Como si Liza White significase algo mucho más para mí, algo mucho más personal.

    —Liza White está muerta —espetó, de pronto, calmando el pánico, un joven taciturno, de ojos oscuros y cabello a juego, con la mirada seria e inexpresiva fija en la mesa—. Ella no puede estar detrás de esto.

    —… ¿y quién eres tú? —preguntó el niño, molesto, mirándolo con clara irritación en la mirada. Parecía molestarle que hubiese cortado de raíz la tensión y ansiedad que sus comentarios habían generado.

    —Soy Dante. El Super Guardián —alzó la mirada, severo—. El Guardián de la Esperanza.

    —Pffff. Patético talento —bufó el chiquillo, encogiéndose de hombros—. ¿Qué clase de habilidad te da ese talento? ¡Ninguna! Nada que ver con mi talento, el del gran Orm, ¡el Super Prodigio! —sonrió de forma cínica—. Soy un avanzado a mi edad, ptché. Mi Coeficiente Intelectual es de 175. ¡Y estoy seguro de que tengo más, pero esos imbéciles de los examinadores se sentían demasiado humillados por mi inteligencia como para reconocer que es aún mayor de lo que dijeron, ptché!

    Abrí mucho los ojos, impresionado. A-Aquel niño… ¿tenía semejante CI? ¿N-No era… muchísimo, más aún para alguien tan pequeño? Wow.

    —Y-Yo soy Frida —terminó por presentarse la joven del abrigo—. Soy la Super Sastre… h-hago mi propia ropa y puedo c-crear cualquier prenda de vestir q-q-que se me pida. P-Pero no soy nada valiente… y he de reconocer q-que estoy muy asustada. ¿P-Por qué creéis que nos están haciendo esto?

    —No hay duda de que fueron los Seguidores de la Desesperación —afirmó un joven de cabellos blancos y ojos rojizos, con una trenza cayendo bajo sus cabellos—. ¡Yo, mi nombre es Arie, y soy el Super Arquitecto! Si os soy sincero, no sé muy bien qué hago aquí… mis recuerdos están un poco difusos, ¿los vuestros no? … lo único que tengo claro es que pretendía enfrentarme a los Seguidores de la Desesperación, ¡y para eso iba a unirme a… a algún grupo que no recuerdo, damn! Y buscaban a los mejores, a los ultimates.

    —Sí, es cierto —asintió Hubert, reflexivo—. Yo recuerdo algo parecido. Tenía la misión de luchar contra la Desesperación, pero… hay algo… que no encaja. Es como si me hubiesen arrancado algunos recuerdos de raíz.

    —… —Dante guardaba silencio, observando a la nada, con la mirada perdida. Pero, por un instante, pude notar cómo sus ojos se desviaban mínimamente para mirar a Hubert, como si lo estuviese analizando. Casi como si le conociese bien. En su mirada había… una mezcla de desconfianza y familiaridad, de algún modo.

    De pronto, una jovencita menuda y con apariencia de adolescente habló, con un tono de voz jovial y bastante estridente.

    —¡Sea como sea, tenemos que salir de aquí! Quiero ver a mi familia, ¡seguro que me echan de menos!

    Y, al decir eso, la joven de cabellos rosados que no era Ixie reaccionó, alzando la mirada serena.

    —Oh… cierto, nuestras familias~. Qué contrariedad. Me he olvidado de ellos.

    Lo dijo con una calma infinita, pero, al hacerlo notar, fue como si todos pensásemos por un momento en ellos, en nuestros seres queridos, y… a juzgar por las caras de los presentes, a todos les sucedió como a mí. N-No éramos capaces de recordar. ¡Ni siquiera recordaba mi apellido! ¿P-Por qué? ¿Quién… era?

    —Ngh —el chico que se sentaba a mi lado, en la silla de ruedas, parecía molesto—. Seguro que el secuestrador ha hecho algo para manipular nuestra memoria. Parece que todos tenemos amnesia selectiva, huh. En cualquier caso, mi nombre es Ryu. Soy el Super Entrenador. Sí, soy un entrenador inválido, pero no necesito caminar para ser el mejor —sonrió con egocentrismo.

    No pude evitar mirarle, admirado. Entrenador… en silla de ruedas. ¿Habría sufrido algún accidente? Tenía un cuerpo musculado, sobre todo en la parte superior, pues sus piernas se veían algo atrofiadas por la falta de uso. Tenía aspecto de ser un gran deportista… pero, sin embargo, se encontraba privado de la facultad de caminar.

    —Tranquilo, Ryu —bufó Oxy, sarcástica—. Estoy seguro de que nuestra amiga la naturópata tendrá algo para curarte, ¿verdad?

    Ixie la miró entonces con una sonrisa inquietante. S-Suerte que la chica joven que habló antes interrumpió la discusión, pues la Super Naturópata no tenía aspecto de querer decir nada amable.

    —M-Mi nombre es Bezzy. Soy la Super Violinista. No tengo ningún talento especialmente destacable, yo solo… sé tocar el violín. Eso es todo.

    —… y yo soy Spok —he de decir que ni siquiera noté la presencia de aquel hombrecillo vestido de negro, con cabellos oscuros cubriendo sus ojos, silencioso y misterioso—. Se me conoce como el Super Ladrón.

    Sus palabras causaron, de pronto, una breve conmoción entre los presentes. ¿¡U-Un ladrón…!?

    —Ladrón, ¿eh? —dijo Orm, sonriente, divertido—. ¡Qué interesante, eh! Un delincuente entre nosotros.

    —¿Q-Qué clase de talento es ese? ¿Cómo puedes llevar por título, con toda la honra, de un delincuente? —preguntó, ceño fruncido y dientes apretados, Bezzy, la Violinista.

    Spok, sin embargo, se limitó a encogerse de hombros, indiferente.

    —Es lo que he hecho toda mi vida, a lo que me he dedicado. Fin.

    Ceño fruncido, le miré, curioso. Parecía reservado, con la mirada perdida… como si estuviese todo el tiempo pensando en algo diferente, como si no estuviese preocupado realmente de lo que sucedía a su alrededor. Casi como si estuviese en otra parte.

    Entonces, una de las pocas personas que faltaba por presentarse, la otra chica de cabellos rosados con flores sobre su cabeza, con rostro siempre tranquilo, habló.

    —Mi nombre es Leaffy…~. Soy la Super Jardinera, nada más que eso —sonrió, alegre—. Quería hacer una observación. O, bueno, más bien dos. La primera es… parece que todos somos ultimates, ¿no? ¿A qué se debe eso?

    El dato llamó la atención de varios de los presentes. A decir verdad, yo llevaba un tiempo dándole vueltas a ese hecho. ¿Por qué todos éramos ultimates? O-O bueno… yo… yo era la excepción, ¿no? Quiero decir, no tengo ningún talento… o, al menos, no puedo recordarlo. Si todos son ultimates, ¿por qué yo… soy el único que no lo recuerda? ¿Acaso soy la excepción, el normal dentro de un grupo de gente extraordinaria?

    —Es cierto, todos parecemos serlo —meditó Hubert—. Por algún motivo… todo esto me hace estremecerme. Tengo la sensación de que he olvidado algo muy importante.

    —Todos tenemos esa sensación —observó Ixie, susurrando.

    —Eh, el rubito —dijo Oxy, mirando sobre las gafas, con gesto pícaro—. ¿Tú también eres un ultimate, guapo? ¿Cuál es tu talento?

    … era cierto. Aparte de mí, solo faltaba un chico por presentarse. Un joven de más o menos mi edad, rubio, de ojos claros y aspecto bastante débil estaba encogido en su silla, apartado, en una de las esquinas. Alzó la mirada por un momento, y, cuando fue a responder agachó otra vez la cara.

    —… Chisp. Super Informático.

    —… oh —Oxy parecía interesada en el joven. Desde el principio pareció fijarse en su físico, pero, al ver que no hablaba mucho y que parecía ser muy callado e introvertido, fue como eso suscitase más interés aún. Sus ojos brillaron, y su sonrisa lo decía todo. Tal vez, como psicóloga, le interesaban enormemente ese tipo de personas, ¿no? —. Interesante…

    —¿Y tú? —me preguntó Orm, mirándome con malicia, con interés—. No nos has dicho aún tu talento, ¿eh? ¡Venga, tengo mucha curiosidad! ¡Suéltalo ya!

    —Oh, y-yo… —aparté mis ojos anaranjados, tenso. ¿Qué dirían si dijese que no tengo talento…? ¿O que ni siquiera sé si lo tengo? —. Soy Pyro, y… la verdad es que…

    Pero, por suerte para mí, no tuve que decirlo, pues fui interrumpido súbitamente por el oso que estaba encima del trono, que, para sorpresa e impresión de todos, comenzó a hablar.

    —¡Upupupupu! ¡Ya está bien! ¡Se acabaron las presentaciones, pesados! —sorpresivamente, se levantó de un golpe, colocándose de pie sobre el trono—. ¡Estáis aburriéndome! Se supone que deberíais estar confusos y desesperados, no así, hablando tan felices.

    —¡U-Un oso de peluche que habla!—exclamó Bubbly, asustado.

    —¡U-Uah! —gritó Frida.

    —¡Cómo mola! —exclamó Orm, sonriendo.

    Cute~—dijo Leaffy, sonriendo también.

    —¡No soy un oso de peluche! —exclamó el oso, mientras saltaba sobre la mesa y comenzaba a andar—. Soy Monokuma, ¡y seré vuestro director a partir de ahora! ¡Oficialmente, va a empezar el Segundo Juego de Asesinato Mutuo! Upupupu…

    Fruncí el ceño, confuso y, al mismo tiempo, curioso. ¿Juego… de asesinato mutuo?

    —¿Por qué me suena tanto ese concepto…? —susurró Hubert.

    —Ptché —Dante apartó la mirada, sin más.

    Pero Monokuma solo rio.

    —Upupupu. ¡Os lo mostraré! Todos recordáis aún a los Seguidores de la Desesperación, ¿verdad?

    Oh. Eso… eso sí que lo recordaba. Recordaba La Pérdida, la destrucción del mundo por la Desesperación, y a los Seguidores, que se infiltraron en Galeia, la última urbe donde residían los supervivientes de la catástrofe de la extinción de los pokémon y tomaron el control, a espaldas de la sociedad. Por algún motivo, sabía todos esos datos, pese a que era consciente de que la gente vivía en Galeia, engañada, pensando que la Desesperación ya se había extinguido. Y era consciente de que Liza White, una chica joven de ojos rojos, fue la que hizo manar la desesperación, la esencia de la misma. Con ella nació, y de ella surgía.

    Pero… según Dante, estaba muerta. Debía estarlo.

    Por eso, cuando el osito rio y apareció un monitor detrás de él, sentí un escalofrío. Pronto apareció un rostro sonriente, con una sonrisa macabra, ojos rojos y dos coletas sujetas por coleteros con forma de osos similares a Monokuma. Ella era… era… Liza White.

    Monokuma alzó los bracitos.

    —¡Dejemos que os explique en qué consistirá el juego la propia Desesperación en persona.

    Y, ante el rostro atónito de todos los presentes, Liza comenzó a hablar, al otro lado de la pantalla.

    —¡Hola, hooooola! ¡La Diva de la Desesperación está aquí, con vosotros! Ah, sé que me echabais de menos, lo sé, lo sé, ¡pero vuestra tediosa espera terminó! Ahora bien, dejad que os explique, ¿sí?

    La imagen cambió, pero su voz era la que seguía resonando. Ahora, mostraba a dieciséis chicos despertando en un aula. Pudimos identificar a Hubert y a Dante entre ellos con total claridad… y eso hizo que sintiésemos un escalofrío. Incluido el propio Hubert, que abrió mucho los ojos.

    —¿Q-Qué…? ¿Qué hago ahí?

    —¡El Primer Juego de Asesinato Mutuo! —exclamó Liza, feliz—. Yo misma fui parte del juego, para supervisarlo —y la cámara se enfocó en una Liza con un aspecto alegre, muy distinto al real—. ¡Porque mi misión era acabar con todos, claro! Pero… algo salió mal, y, en fin… fui derrotada. ¡Pero la desesperación nunca muere!

    Pronto comenzaron a sucederse imágenes: una chica siendo golpeada por un oso de peluche y muriendo en el acto, un chico muriendo en una explosión de… ¿cola?, luego dos jóvenes siendo empalados en una estatua con una espada, una chica siendo chamuscada por un extraño aparato, una joven siendo apuñalada por otro, un chico siendo cortado en tres trozos de una sentada, y un joven siendo tiroteado en una pista de tiro policial. Muerte tras muerte, las imágenes pasaron muy rápido, pero eran muy reales… eran, sin duda alguna, muertes auténticas. Esa gente… se estaba matando.

    —… ¿q-qué es eso…? —susurró Ixie, afectada por las duras imágenes.

    —¡Whoa! —Orm parecía estar disfrutando—. ¡¿Eso pasó de verdad?! ¿No son efectos especiales?

    —Upupupu —Monokuma rio—. ¡Claro que no! ¡Son reales, muy reales!

    —Exacto —habló Liza, guiñando un ojo—. Y ahora… vosotros… vais a…

    Entonces, sucedió. Por un instante, la imagen de Liza comenzó a difuminarse, a perderse, al tiempo que Monokuma parecía quedar apagado, sin reaccionar. Tras unos segundos, la imagen de Liza desapareció, y apareció, en su lugar, un chico con un gorro, cabellos negros y un brazo robótico. La imagen no era estática, como tampoco lo era el audio, pero pudo escucharse brevemente lo que quería decir.

    —¡… no podré aguantar mucho tiempo interfirien…! ¡Tenéis… correr! Desactivaré… podáis iros, ¡ahora, venga, no hay… que perder!

    De pronto, los grilletes que nos agarraban y mantenían atrapados se abrieron. Quedé inmóvil por un momento, y la imagen del monitor quedó en negro. Monokuma, poco a poco, comenzó a moverse. Fue cuando Hubert habló cuando reaccioné, y, de hecho, todos lo hicimos. El Ajedrecista se levantó y exclamó:

    —¡C-Corred, antes de que vuelvan! ¡Tenemos que salir de aquí!

    Y, como si fuese una estampida, todos salimos corriendo de allí.

    Pasó demasiado deprisa. Casi no me di cuenta de por dónde avanzaba… solo sé que atravesamos un pasillo, cruzamos un par de puertas, y… finalmente, llegamos a un gran portón de metal. Sin embargo, por más que lo golpeamos y tocamos, fuimos incapaces de abrirlo.

    Pronto, detrás de nosotros, la puerta por la que habíamos entrado se cerró, las luces se apagaron, y la única luz que iluminó la sala fueron las de los monitores que nos rodeaban por todas partes. En todos ellos apareció Liza White, sonriente, macabra, con los ojos rojos abiertos de par en par.

    —¿A dónde creéis que vais, eh? ¡Si ni siquiera hemos empezado!

    >> El Segundo Juego de Asesinato Mutuo… sucederá. Y no hay nada que podáis hacer para evitarlo.

    Sentí cómo el vello se me erizaba y el corazón me latía. Estábamos atrapados, por algún motivo. Obligados a participar en un… “juego”.

    Nuestra pesadilla… empezaba ese día.

    Lista de alumnos:
    1- Pyro: ???

    2- Ryu: Super Entrenador

    3- Chisp: Super Informático

    4- Frida: Super Sastre

    5- Hubert: Super Ajedrecista

    6- Dante: Super Guardián

    7- Bubbly: Super Buceador

    8- Leaffy: Super Jardinera

    9- Ixie: Super Naturópata

    10- Oxy: Super Psicóloga

    11- Orm: Super Prodigio

    12- Stock: Super Empresario

    13- Gea: Super Profesora

    14- Spok: Super Ladrón

    15- Arie: Super Arquitecto

    16- Bezzy: Super Violinista

    No pude resistirme >< (?)

    Lucas Diamond Nekita Liza White Amane Juanjomaster Gold-Kun SweetSorrow Graecus Bruno EVF Nami Roronoa
    No sé si me falta alguien. En cualquier caso, ¡hola de nuevo! Vamos a vernos por aquí bastante más a menudo ewe
     
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    GalladeLucario

    GalladeLucario Game Master

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    Mensajes:
    2,268
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Pokénronpa 2: el Resurgir de la Desesperación
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    6
     
    Palabras:
    852
    Interludio 1: Femme Fatale

    Llegó a la puerta del edificio al que debía entrar, caminando a paso ligero, pero seguro. Llevaba unos tacones negros, de manera que debía calcular sus pasos, ¡sería patético caerse, mucho menos con las prendas tan divinas que llevaba puestas! Ni por asomo permitiría que se ensuciasen por andar con más prisas de las debidas. Bah, por supuesto que no… es cierto que tenía que llegar a la “reunión”, pero, ¡que la esperasen, demonios! Las verdaderas estrellas se hacen esperar, ¡hmpf!

    Y, por supuesto, es cierto que tenía que guardar las apariencias y no dejarse ver… ¡pero eso no tenía por qué ir reñido con la elegancia, obviamente! Su sombrero negro, sobre el cabello rubio y vivo que ella tenía, tan hermoso, tan envidiable, le quedaba genial, al tiempo que era discreto. Llevaba un traje también negro a juego con su sombrero y sus tacones, llevando un lazo blanco en el pecho, y unas gafas de sol de último modelo.

    … ser considerada como miembro de una banda terrorista por la sociedad no tenía por qué ir reñido con ir a la última, ¿verdad?

    —S-Señorita Honda, suerte que llega —le dijo un hombrecillo larguirucho y mediocre, nervioso. Estaba junto a un grupo de unos seis o siete personas más, todos ellos vulgares en apariencia… esos debían ser los mercenarios que había contratado, sin duda —. Estábamos esperándola para dar el golpe. ¿Está preparada…? Es decir, ¿lo hacemos ya?

    Ella, con elegancia, se quitó las gafas de sol y las guardó, y subió un par de peldaños de las escaleras de aquel edificio. Luego, giró su rostro levemente, para mirarles, y sonrió de forma algo perversa.

    [​IMG]

    —… nací preparada —dijo, ególatra, confiada, sonriendo con rostro ladino.

    Ah. Se sentía genial siendo la líder, a quién quería engañar.

    La panda de mercenarios pronto se movió, algo confusa, quizá, por la actitud de la jefa, y la siguió conforme ella entraba en el edificio. En un banco.

    No era la forma más ortodoxa de conseguir dinero, desde luego, pero, de nuevo, ¿a quién quería engañar? Se sentía viva. Y cualquier cosa de dinero tendría que llevarla ella, ¿no? La Super Millonaria. Por eso es que Emily confió en ella para conseguir recursos para el equipo. Y le dio completa libertad para decidir cómo lograrlo.

    … los bancos en Galeia los dirigía el Gobierno. Y el Gobierno estaba controlado por los Seguidores de la Desesperación. Atacar a un banco, ¿no era, entonces, atacar a la Desesperación? Bah. Quizá era una excusa barata para poder desahogarse, pero, si el mundo los iba a considerar erróneamente “terroristas”… al menos ella daría motivos para que les llamasen así.

    Con un chasquido de sus dedos una vez estuvieron dentro del banco, los mercenarios comenzaron el show.


    —¡Arriba las manos, esto es un atraco! —gritó el cabecilla mientras todos daban tiros al aire con sus pistolas. Sí, fue una buena inversión gastar los recursos en contratar a esos paletos. Servirían como una buena forma de conseguir el dinero y, al mismo tiempo, de carne de cañón por si tenía que escapar. Los Seguidores estarían demasiado ocupado deteniéndolos a ellos como para prestarle atención a ella.

    El pánico se sucedió a su alrededor: la gente se agachó, se ocultó tras mesas, tras sillas, cobardes todos. Y ella, sin temblarle el pulso ni un instante, se dirigió hacia una de las cajeras del banco.

    —Hey, seré breve —le dijo mientras sacaba la pistola que le habían dado y la movía en el aire de forma errática, amedrentando a la chica—. No vamos a hacerle daño a nadie, siempre y cuando te portes bien, ¿sí? Dame, digamos, ¿500000?, y mételos en un par de maletines, ¿sí? En billetes grandes, por favor, no quiero cargar con vulgares monedas.

    La empleada asintió, temerosa, y rogó por su vida, al tiempo que obedecía. Ante esa reacción, Mimiko Honda dio media vuelta por un instante, y, hastiada, suspiró.

    [​IMG]

    —Ay… estos pobres. Seguro que en este banco no hay ni la mitad de fortuna que una vez tuvo la familia Honda. Pero bueno, qué remedio, una propinilla es todo cuanto puedo pedir en un lugar tan mediocre.

    Volvió a girarse, y, al poco tiempo, vio de frente a la cajera, cargando un maletín y con otro sobre el mostrador. Sonriente, Mimi se recolocó sus gafas, cogió ambos maletines y, antes de dar media vuelta de nuevo y marcharse indiferente mientras los mercenarios seguían reteniendo a los clientes y trabajadores del local, le dijo a la cajera:

    —Muy bien. Y recuerda, cuando la policía llegue, dile a los agentes de la “justicia”... que la esperanza nunca se rinde.

    Y se marchó, con una sensación de satisfacción manando por cada una de las extremidades de su cuerpo.

    Si es que ella tenía madera de mafiosa, hombre. Claro que sí.
     
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  3.  
    GalladeLucario

    GalladeLucario Game Master

    Capricornio
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    Escritor
    Título:
    Pokénronpa 2: el Resurgir de la Desesperación
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    6
     
    Palabras:
    6348
    ¡Buenas! En fin, ¡vamos a empezar ya con el primer capítulo, que ya es hora! Como en Pokénronpa 1, en este fic se seguirá la misma estructura: 3 capítulos de vida diaria, 1 de investigación y 2 de Clase de juicio por "Capítulo" o, si preferís llamarlo así, "caso". El punto es que, en tanto que seguirá la misma estructura, mantendré el método de elección de los free-time events. Es decir, si comentáis en este fic o me lo decís por privado, podéis decirme cuál de los personajes queréis que interactúe con Pyro en un free-tim event en el segundo capítulo de vida diaria... es decir, el capítulo que seguirá a este. Así las cosas, ¡ya sabéis como funciona! Espero que disfrutéis. Upupupu (?)

    Capítulo 1 – “Despair” rima con muerte.
    Vida Diaria, parte 1.

    Estábamos atrapados. No había forma de escapar. Por un momento, cuando aquel chico del brazo mecánico nos liberó del agarre de las sillas, pensé que podríamos escapar, pero… nada más lejos de la realidad. No iba a ser tan sencillo, claro que no. No si era Liza White, la Diva de la Desesperación la que estaba detrás de todo.

    Pero, ¿cómo era posible? Ella debía estar muerta. Eso fue lo que Dante afirmó con rotundidad, y, por algún motivo, dentro de mí palpitaba un recuerdo, el recuerdo de que, en efecto, estaba muerta. Liza White se acabó, Liza White murió, para siempre. ¿O no? ¿Por qué estaba allí? ¿Por qué aparecía su rostro al otro lado de la pantalla, rodeándonos con cientos de monitores que salían de todas partes? ¿P-Por qué… a nosotros?

    —Bueno, bueno, será mejor que dejéis de correr, ¿sí? —dijo ella, sonriendo de forma realmente siniestra, al otro lado de las pantallas. Su voz sonaba desde cada uno de los monitores al unísono, fusionándose todas las ondas sonoras en un solo eco sordo que lograba hacer que mi vello se erizase—. Es decir, no es como si no fuese a abriros las puertas, ¡pero primero tenéis que escuchar las reglas del juego, chicos!

    —¿N-Nos abrirás… las puertas? —susurró Bezzy, esperanzada por un momento.

    No way —dijo Arie, dientes apretados—. ¿Tan fácil? Solo tenemos que escucharte y nos abrirás el camino, right?

    Liza White asintió.

    —Yup. Así es. ¡Abriré la puerta del edificio tan pronto como termine mi explicación, os lo prometo!

    … algo no cuadraba. Y, a juzgar por el rostro de Hubert, Dante, Stock, Ryu y Chisp, no era el único que pensaba que no podía ser tan fácil. Los cinco tenían un aspecto completamente desconfiado, y esa desconfianza se reflejaba en sus miradas. Si bien Chisp y Dante no eran demasiado habladores, era cierto que tenían algo en común con los otros dos, y era algo que pude notar con facilidad: los cuatro eran ese tipo de personas… quienes lo analizaban todo, sopesaban bien las opciones y pensaban concienzudamente antes de actuar. Personas inteligentes, calmadas y con gran capacidad de adaptación y de análisis.

    —Está bien, habla —dijo Oxy, mirando a una de las Liza White por encima de las gafas. S-Siempre miraba por encima de ellas, ¿es que acaso le hacían falta? —. Tengo genuina curiosidad por saber qué es lo que planeas.

    —Sí… —susurró Ixie, preocupada, pero con un brillo especial en la mirada—. Explícanos tu “juego”. Solo si sabemos las reglas podremos actuar, supongo.

    Luego estaban esas dos… desde casi el momento en que se presentaron, comenzaron a llevarse mal por sus diferentes ideas, pero lo cierto es que ni Ixie ni Oxy eran muy diferentes, al menos no a primera vista: las dos eran también inteligentes, pero mostraban una temeridad impropia de los otros cinco. Oxy se dejaba mover por la curiosidad; era el tipo de persona que es capaz de llegar muy lejos con tal de satisfacer su ansia de conocimiento, que actúa siempre sin pensar mucho en las consecuencias, únicamente pensando en “qué sucederá a continuación”. Mientras que Ixie, bueno… sencillamente parecía ser algo más despreocupada. Cierto era que en su mirada y su expresión detectaba una capacidad de análisis muy fuerte, pero era como si… no estuviese tan preocupada como el resto, eso desde luego.

    —S-Solo sácanos de aquí… —sollozó Bubbly, tembloroso, agachado en cuclillas en el suelo y con las manos en la cabeza—. L-L-Liza White… e-esto no puede estar pasando.

    —¿Q-Q-Qué va a ser de nosotros? —comentaba Frida, abrazada a sí misma, en una esquina.

    Bezzy se pegó a ella, abrazándola, pero también visiblemente asustada, con los ojillos vivos mirando alrededor.

    Esos tres… eran otro tipo de persona, sin duda. Inocentes, asustadizos y vulnerables. Distaban mucho de tener la mirada fría de Oxy o la despreocupación de Ixie, y el miedo les nublaba la mente. Eran personas dependientes, sin duda. Personas que en una situación de riesgo, necesitaban resguardarse en otros.

    —Bien, bien, comenzaré a explicar las re-

    —… hey, no me dejastéis decir la segunda observación que quería hacer~ —intervino de pronto Leaffy, interrumpiendo a la propia Liza sin ningún tipo de pudor.

    Ella… no era capaz de leerla en absoluto. Permanecía en un estado de serenidad absoluto, tan grande, tan intenso, que me era difícil saber qué pensaba o cómo se sentía. ¿Era realmente así, o… su serenidad era una coraza para ocultar sus verdaderos pensamientos?

    —¡C-Cómo osas interrumpir a la Diva de la Deses-¡

    —¡Ostras, es cierto! Dijiste “quería hacer una observación. O bueno, más bien dos”. ¡Y nunca dijiste la segunda! —Orm interrumpió con todo descaro a Liza White por segunda vez, y la Súper Desesperación se mostró totalmente irritada por ese hecho—. No es nada personal, Lizzie, pero ella estaba antes que tú, tee-hee. ¿Y bien, Leaffy? ¿Qué es esa segunda cosa de la que ibas a hablar?

    Orm tenía las manos en la nuca y se mecía de un lado a otro, totalmente despreocupado. Era… era un caso muy especial, sin duda. Al igual que Leaffy, me era difícil leerle, pero… no era por los mismos motivos que a la Super Jardinera. Orm… era demasiado inteligente, incluso pese a ser un niño. Se mostraba despreocupado, sí, pero la malicia brillaba en cada uno de sus ojos, con un fuerte resplandor. Era como si estuviese constantemente maquinando algo. Como si cada una de las palabras que decía fuesen todas parte de un plan, perfectamente calculadas. Aunque sonase infantil y errático, era como si… como si supiese perfectamente qué, cómo, cuándo, por qué y a quién le estaba diciendo cada palabra. Y no dudaba que así fuese: no en vano era el Super Prodigio.

    —Es sobre las pulseras que llevamos en nuestras muñecas. Todos tenemos una, ¿cierto~?

    La pregunta de Leaffy hizo que todos nos percatásemos de que, en efecto, teníamos… una pulsera negra en nuestro brazo. Todos y cada uno de nosotros teníamos una pulsera de aspecto metálico, negra, ancha y simple, adherida a nuestro brazo. Y, cuando intenté tirar de ella, me fue imposible quitarla.

    —E-Es verdad —susurró Arie—. Damn. ¿Qué es esto, Liza?

    —¡Más te vale dar una explicación! —gritó Gea, señalando al monitor que tenía más cerca—. ¡Seguro que esto es obra tuya!

    Gea y Arie… otros dos completamente diferentes al resto. Eran enérgicos, impulsivos y más próximos al estereotipo de “actuar antes de pensar”. A su manera, cada uno de ellos parecía moverse más por impulsos que por la lógica, desde luego.

    Y… por último, estaba él. Spok. Era tan sigiloso, tan silencioso y tan poco destacable que casi tenía la sensación, a veces, de que no existía, de que no estaba allí. A veces se me olvidaba su presencia, a decir verdad. Y lo cierto es que es probable que esa fuese su intención: pasar desapercibido. No en vano era el Super Ladrón. Alguien así debía guardar siempre las distancias. Tenía la sensación de que Spok trataba de evitar a toda costa el contacto humano, quién sabe si por la naturaleza de su talento o… por una especie de mecanismo de defensa. La cuestión es que saltaba a la vista que no era una persona hecha para vivir en sociedad.

    —Es lo que pretendía hacer, explicarlo todo —gruñó Liza, ojos rojos enfocados en nosotros—. Ejem. Como parte del Segundo Juego de Asesinato Mutuo, ¡lo que tendréis que hacer es muy simple! Para lograr ganar el juego, tendréis que matar a uno de vuestros compañeros, ¡así de fácil! … bueno, pero no sería divertido si fuese solo así, ¿verdad que no? Por eso, ¡necesitaréis matar sin ser descubiertos! Una vez que matéis a alguien, el resto de supervivientes tendrá que averiguar quién fue el asesino. Si aciertan, ¡el asesino será castigado y ejecutado! Pero si fracasan y seleccionan como culpable a alguien inocente… ¡todos salvo el asesino serán ejecutados, y el asesino se coronará como ganador del juego! ¡Upupupu! ¿Verdad que es emocionante?

    Hubo un silencio breve que se apoderó de todos nosotros. “Juego de asesinato mutuo”. El nombre era bastante explicativo por sí mismo, pero, al conocer los detalles, fue como si fuésemos conscientes de que no era ningún tipo de broma. Como si, al fin, nos diésemos cuenta de que aquello iba muy en serio.

    —¡Por eso, mientras estéis participando en el juego, tendréis a vuestra disposición los Monolojs! Bueno, el nombre comercial es MonoWatch, pero a quién le importa cómo le llaméis.

    —¿E-Esta pulsera es ese… “Monoloj”? —dije, confuso, mirando mi pulsera. ¿Qué era eso de “Monoloj”? ¿Para qué se supone que servía?

    —Puhehehe —rió Liza—. Yup, esos son los Monoloj. Veréis, tienen una función básica de reloj, por supuesto, ¡de ahí el nombre! Pero hay mucho más en él. Si pulsáis los botones que hay debajo del brazalete, veréis que se activan diversas funciones. ¡Curiosead vosotros mismos!

    Con desconfianza, llevé mi mano a la parte trasera del brazalete, todo para, en efecto, darme cuenta de que había una serie de botones. Al pulsarlos, una especie de holograma se proyectó delante de mí, sobre la pulsera.

    —¡W-Wow! —exclamé, sorprendido. Lo cierto es que no me esperaba que un holograma saliese de aquella pulsera.

    En efecto, mostraba un reloj digital frente a mí, indicando la hora. Eran… las 11:23 de la mañana. Con curiosidad, seguí pulsando botones, y el holograma empezó a cambiar. Comenzó entonces a mostrar una serie de… “Reglas”. Empecé a leerlas, con un nudo en la garganta, en voz baja:


    Regla 1: ¡los actos de violencia contra Monokuma y su hermano están totalmente prohibidos! El participante que viole esta regla será inmediatamente castigado.

    Regla 2: del mismo modo, Monokuma y su hermano no podrán interferir en los asesinatos; además, toda la información que den sobre los mismos deberá ser fiable y cierta.

    Regla 3: se darán anuncios por la mañana, a las 8:00 AM, para despertar a los participantes. Una vez dado el anuncio, el participante tendrá 2 horas para salir de su dormitorio. ¡Nada de vaguear, el juego está para participar!

    Regla 4: igualmente, se dará otro anuncio a las 10:00 PM para indicar el comienzo del tiempo nocturno. Durante este tiempo, varias dependencias podrán permanecer cerradas y varios caminos permanecer cortados.

    Regla 5: en cualquier caso, entre las 1:00 AM y las 8:00 AM se considerará que transcurre el tiempo de sueño, y la entrada a las dependencias principales quedarán cerradas; no se podrá entrar, pero sí se podrá salir de ellas. Si decides permanecer fuera durante el tiempo de sueño, es bajo tu responsabilidad, ¡pero recuerda descansar lo suficiente!

    Regla 6: cuando se cometa un asesinato, se dará un anuncio tan pronto como tres personas o más descubran el cadáver. En ese momento, comenzará el tiempo de investigación, tras el cual empezará la clase de juicio.

    Regla 7: durante el tiempo de investigación, no aplicará ninguna regla concerniente a la restricción de acceso a ninguna dependencia, salvo excepciones que Monokuma o su hermano podrán valorar según el caso.

    Regla 8: en la clase de juicio, se votará al culpable, eligiéndose este por mayoría de votos. Cada participante tendrá un voto, que no podrá ser cambiado una vez realizado.

    Regla 9: si el elegido como culpable fue el asesino, dicha persona será castigada. En caso contrario, todos serán castigados salvo el asesino, y este habrá ganado el juego.

    Regla 10: en caso de que se produzca un empate en las votaciones entre dos o más personas, se repetirán las votaciones, pudiendo elegirse como posibles candidatos para ser votados únicamente a quienes empataron. Los que hubiesen empatado no podrán votar en esta segunda votación.


    … t-todo esto… era una broma, ¿cierto? De verdad nos iba a hacer matarnos unos a otros… las reglas estaban encaminadas, en su mayoría, a regular ese hecho. Clases de juicio, investigación, votos… ¡todo eso era una locura!

    —Uhm —meditó Ryu, en su silla de ruedas, mirando su holograma—. En esas “reglas” se habla del “hermano de Monokuma”. ¿Quién es ese? Que yo sepa, solo hemos conocido a un oso parlante.

    —Puhehehe —rio Liza White—. Tiempo al tiempo, ¡lo conoceréis llegado el momento! Reversekuma estará encantaaaado de veros, estoy segura!

    N-No entiendo nada. ¿Por qué las reglas hablaban siempre de Monokuma y su hermano, en primer lugar?

    —Pensaba que tú, Liza White, eras la artífice de este juego —le dijo, finalmente, Hubert, ceño fruncido, adelantándose a mis pensamientos—. ¿Cómo es entonces que siempre hablas de Monokuma y su hermano?

    —¡Vaya, vaya, no esperaba menos del Super Ajedrecista, conocido por sus increíbles capacidades lógicas! —se burló, más que alabar—. No te preocupes por los detalles. Monokuma y Reversekuma son mis símbolos, después de todo. Hablar de ellos es hablar de mí, ¿no crees?

    —… hmpf —Dante no parecía muy convencido, desde luego.

    —… hay más —susurró Chisp entonces, pulsando una vez más uno de los botones

    En efecto, había algo más. Una nueva pantalla holográfica. Esta vez, había dos páginas que podía alternar, como si fuese una suerte de documento de texto. En una, el título decía “Global”. En la otra, “Individual”.

    Leí con atención la frase que aparecía debajo del título “Global”: “1 – Vuestra identidad”. ¿Q-Qué era esto? Debajo de esas palabras, había más… “Instrucciones de misión actual: comenzad la primera investigación”. ¿¡Que dem…!?

    —¡Oh, lo habéis visto vosotros solos! ¡Estoy taaaan orgullosa de mis pequeños, aprenden tan rápido! —dijo Liza, con un tono irónico claramente hiriente—. Habéis descubierto las misiones, eh. Veréis, ¡es el nuevo atractivo de este Segundo Juego de Asesinato Mutuo, huh! Como habréis podido notar, tenéis dos misiones: una global y otra individual. Cada uno de vosotros puede ver la misión global, y será la misma para todos, ¡pero la misión individual es privada y exclusiva de cada participante!

    —¿M-Misiones? —preguntó, dubitativa, Bezzy, que miraba con terror su Monoloj.

    —¡Wow, cómo mola! ¡Es como un juego de rol sci-fi en la vida real! —Orm estaba… perturbadoramente emocionado, diría yo.

    —Yup —asintió Liza, divertida—. Vuestros recuerdos están un pelín borrosos, ¿no? Hay muchas cosas que no sabéis, ¡incluso de vosotros mismos! Por eso, las misiones os ayudarán a ir descubriendo más cosas sobre vosotros. En total, cada uno de vosotros tiene hasta tres misiones individuales que le revelarán datos importantes a cada uno de los jugadores sobre sí mismos o que le sean interesantes. Pero por otro lado… las misiones globales revelarán datos relevantes para todos vosotros. ¡Así que intentad cumplirlas, porque solo si cumplís una misión, obtendréis el dato en cuestión! ¿¡No es super cool!?

    —Pero, ¿por qué? —preguntó Oxy—. ¿Qué ganas dándonos esa información? ¿Es por diversión?

    —… principalmente —reconoció, despreocupada, Liza—. Pero no es la única razón. Pensad en las misiones como… motivos permanentes.

    —¿M-Motivos…? —dije, abriendo mucho mis ojos naranjas.

    —¡Exacto! Necesitáis motivos para mataros entre vosotros, claro. ¡De modo que, al margen de los motivos que os vaya dando, las misiones son un aliciente continuo, ¿no creéis?!

    E-Estaba loca. Estaba completamente loca. De modo que las misiones no eran más que un modo de incitarnos a jugar su juego. Su enfermizo juego de sangre y muerte. Por eso la misión global… implicaba, directamente, matar a alguien e iniciar una investigación, ¿no? De modo que las misiones individuales debían ser también… para incitarnos.

    Irritado, apagué el Monoloj sin siquiera pararme a mirar mis misiones individuales. Y, enfadado, miré a Liza y dije:

    —¡Ya está bien! Hemos escuchado tu explicación del juego. ¡Ahora, cumple tu parte del trato y abre la puerta! No tengo intención alguna de participar en esto, ¡quiero salir de aquí!

    Su sonrisa entonces… fue realmente maliciosa. Pero luego se encogió de hombros.

    —Está bien. Como quieras. Nos veremos pronto… ¡recordad que aquí tenéis un dormitorio por si lo necesitáis! Segunda planta. Upupupu.

    Y, sin más, los monitores se replegaron y se alzaron hasta perderse de nuestra vista. Liza White desapareció, al fin, y nos dejó tranquilos a todos.

    Parecía mentira, pero… nos iba a dejar salir. Sí, ¡nos iba a dejar salir! La enorme puerta de metal hizo un extraño clic, y, cuando Gea y Arie la empujaron, se abrió.

    Correteé, intranquilo, hacia el exterior. Y miré a mi alrededor, confuso por la vista que tenía ante mí. Aquello… era una ciudad, pero… no era Galeia. Cuando mi vista se enfocó en el cielo, pude ver que era oscuro, sin vida, negro. Pero, ¿no eran las 11? ¿C-Cómo era posible…?

    Parecía ser que estábamos en lo alto de una especie de meseta. Varias carreteras derivaban desde el edificio en el que nos encontrábamos y se dirigían hacia el horizonte. Y edificios podían apreciarse a lo lejos, mirases hacia donde mirases… todos negros y lúgubres, eso sí. No obstante, cuando miré alrededor, me di cuenta de que todos esos edificios quedaban separados por una verja enorme de la suerte de meseta en la que nos encontrábamos. Una verja gigantesca y aparentemente imposible de cruzar… y había seis enormes puertas, cada una con un rótulo muy grande sobre ellas, que decía: “Sector A”, “Sector B”, “Sector C”, y así hasta llegar al “F”. Y la única puerta abierta… era la del Sector A, ubicada justo frente a nosotros.

    —¿Qué es… esto?

    —Parece una ciudad, pero… no es Galeia, ¿verdad que no? —susurró Ixie, mirando a su alrededor con curiosidad y con un dedo sobre su labio inferior.

    —¡Whoa! —exclamó Orm, sonriente, con los brazos extendidos—. ¡Q-Qué pasada! ¿¡Qué es este lugar!?

    —¡Es Despair City! —gritó de pronto alguien, con una voz estridente, justo detrás de mí. De la impresión, caí hacia delante, pudiendo amortiguar la caída con los brazos. Luego, miré hacia el foco del sonido: era Monokuma—. ¡¿Os gusta la ciudad?!

    —¿T-Tú o-otra vez…? —susurró Frida, asustada, escondiéndose bajo su bufanda.

    El oso rio, al tiempo que dio un salto en el aire, girando sobre sí mismo y cayendo perfectamente de pie frente a nosotros.

    —¡Bienvenidos a la ciudad que ha sido construida por y para vosotros, los participantes del Segundo Juego de Asesinato Mutuo! Upupupupu… estamos ultimando los detalles del resto de sectores, pero ¡tenéis completa libertad para visitar el Sector A en su totalidad! Upupu… aseguraos, eso sí, de que volvéis al Hotel Despair tras el anuncio del tiempo nocturno, ¡a partir de la 1 de la madrugada, todas las verjas se cerrarán, y vuestros dormitorios están aquí dentro!

    C-Claro… a eso se debía referir aquella regla cuando hablaba de que el acceso a nuestros dormitorios quedaría cerrado.

    Pero entonces, esto quería decir que… que…

    —¿S-Seguimos atrapados? —dije, con la voz temblorosa. Sabía que tenía que haber algún truco—. Estamos… encerrados en esta ciudad, ¿verdad? Vamos a tener que jugar este absurdo juego sí o sí, ¿cierto?

    Da hell?! —exclamó Arie, sorprendido y con el puño cerrado, como si estuviese concentrando toda su ira en su mano—. ¿¡Que seguimos encerrados!?

    —¡Upupupu! ¡Muy bien! Pyro tiene toooooda la razón. Esta ciudad va a ser vuestro nuevo mundo a partir de ahora, ¡sí, señor! El único modo de salir de aquí es… ganar el juego.

    G-Ganar el juego… matar a alguien sin ser descubierto. ¿Estaba diciendo que no podríamos abandonar esta ciudad de ningún otro modo? ¿Qué no había… otra salida?

    —Upupu… de momento, os dejaré que exploréis la ciudad. ¡En un rato seguiremos nuestra conversación! Aún tengo que presentaros a mi hermano, en cualquier caso. ¡Ciao!

    Y, con esas palabras, Monokuma correteó carretera abajo, perdiéndose en el interior del Sector A.

    Todo lo que quedó fue una conmoción. La mayoría de nosotros estábamos completamente confusos y consternados… con un par de excepciones, claro.

    —¿Habrá algún jardín en este sitio~? —dijo Leaffy, mientras caminaba en dirección al sector A.

    —¡Hasta luego, pringaos! —exclamó Orm, que hizo lo propio.

    Pero… los demás… los demás no sabíamos muy bien qué hacer.

    —No es posible, ¿cierto? —exclamó Bezzy, con la mirada enfocada en el suelo, preocupada—. Tiene… tiene que ser mentira. Debe haber una salida, ¿verdad que sí? ¿¡Verdad que la hay!? —exclamó, ojos llorosos, mirando a todos los presentes.

    Pero nadie supo contestarle.

    Tuvo que ser Ryu, el Super Entrenador, quien, montado en su silla de ruedas, avanzó un poco y dijo:

    —Estando aquí parados no vamos a descubrirlo, eso seguro. Así que… yo seguiré el ejemplo de esos dos e iré a investigar. Quizá exista una forma de marcharnos de este sitio.

    Tras decir eso, se perdió, avanzando a una increíble velocidad carretera abajo con su silla, mientras todos lo mirábamos, atónitos por su entereza y su decisión. Fue Hubert, entonces, el que alzó la voz sobre el resto.

    —No sé de qué va todo esto, pero… Ryu tiene razón. Tenemos que movernos y explorar ese sector. Tal vez haya alguna pista o alguna forma de salir, o haya alguien en la ciudad que pueda ayudarnos. Si cooperamos entre nosotros… lo lograremos, estoy seguro.

    Y… así lo hicimos. Poco a poco, fuimos recuperando un poco de la esperanza que nos habían robado, que habían pisoteado delante de nuestras narices, que habían partido en pedazos. Y, con decisión… nos adentramos en el Sector A, y allí nos separamos para abarcar más zonas en menos tiempo. Tal y como dijo Hubert… teníamos que cooperar.



    El Sector A era bastante grande, a decir verdad… tendría, aproximadamente, el tamaño medio de un barrio de Galeia. Estaba constituido de varias calles paralelas y otras tantas perpendiculares a las primeras y paralelas también entre sí. Como si hubiesen sido perfectamente trazadas, formando una cuadrícula.

    El primer lugar en el que paré… fue una especie de supermercado. Sin duda, el lugar estaba lleno de todo tipo de productos alimenticios con excelente aspecto: desde carne y pescado, hasta frutas y verduras de todo tipo, pasando por cereales, leche, galletas, legumbres… había realmente de todo.

    —¡Qué rico! —comentó Bubbly, que andaba por la zona, mientras miraba la sección de frutas—. Realmente hay de todo aquí. Pero, ¿no es un poco… raro?

    —¿Huh? —le pregunté, acercándome a él—. ¿A qué te refieres con “raro”?

    —Hum… no he visto que haya nadie aparte de nosotros en esta ciudad —es cierto… yo tampoco había visto a nadie de momento. De hecho, los pocos edificios que parecían ser viviendas estaban cerrados y parecían estar completamente deshabitados. Y era extraño que hubiese muchos más comercios y otros establecimientos que casas en una ciudad, ¿no? —. ¿Cómo mantienen los productos? Es decir, si no se reponen, la fruta, la verdura, la carne, todo, se acabará poniendo malo, ¿no?

    Ese era un buen punto. De modo que… alguien debía estar encargándose de eso, ¿eh? Debía haber alguien que reponía los productos del supermercado.

    —En cualquier caso —dije, reflexivo—, la comida tiene muy buen aspecto, desde luego. Además, hay todo tipo de productos de higiene y limpieza, también, de manera que podemos usar este supermercado para subsistir si… si no encontrásemos una salida.

    —S-Sí… —al Súper Buceador no pareció gustarle demasiado el hecho de que, probablemente, no pudiésemos salir de allí. Recordarlo hizo que agachase la cabeza, frustrado y apenado.

    —¡Upupupu!

    La aparición repentina de Monokuma hizo que me sobresaltase. Aunque he de decir que me asustó más el grito que dio Bubbly que su aparición en sí… ese chico definitivamente era asustadizo, ¿eh?

    —¿Q-Qué quieres tú ahora…?

    —¡Este es el Supermercado Despair! —… ¿¡es que aquí todo se llama “Despair”!? —. Como bien ha dicho Pyro, podréis tomar lo que queráis de aquí gratuitamente. ¡Si dejáis una lista de la compra, el staff se encargará de transportar lo que solicitéis todas las noches al hotel! Así no tendréis que cargar con las bolsas todo el camino. Además, dicen que las bolsas de plástico son peligrosas para el medioambiente. ¡Y soy uno oso ecológico!

    Y, sin más, tras decir eso, el oso desapareció.

    —… con que el “staff” —dije en voz baja.

    Sí… definitivamente, estaba claro que había alguien controlando el supermercado. Sin embargo, no había rastro de esa persona ni de ninguna otra en ninguna parte. ¿S-Sería… Liza White…? No, no puede ser. Estaba muerta. ¿V-Verdad?


    El siguiente lugar que visité, cerca del supermercado, fue una suerte de farmacia. Tenía todo tipo de medicinas, incluso algunas que nunca había visto. Igualmente, había vendas y otro tipo de utensilios de primeros auxilios. Parecía… parecía estar perfectamente preparada para cualquier tipo de emergencia, desde luego. ¡T-Tenía hasta desfribiladores!

    —Vaya, vaya… —había dos personas allí… la parejita, como no. Oxy fue la que habló, acercándose a la otra, Ixie, que estaba analizando los productos que había en la farmacia con mimo—. La Super Naturópata, en una farmacia. ¿Es siquiera posible algo así? No sé, “farmacia” y “timadora” deberían ser conceptos incompatibles, ¿no? ¡Uy, perdona! ¿Dije timadora?

    La otra chica, la Super Naturópata, trató de mantener su sonrisa… pero, por mucho que su expresión no lo mostraba, su enfado seguía siendo claramente visible. Y el hecho de que sonriese mientras hablaba de esa forma tan evidentemente irritada… no servía para más que para hacerla ver… s-siniestra.

    —Precisamente estaba aquí para contemplar los horrores que es capaz de crear el hombre, no por otra razón. Porque supongo que os interesará saber que esta estantería está llena de venenos, ¿o acaso no?

    —¿Qué…? —exclamé, preocupado—. ¿V-Venenos?

    —Uhm —Oxy pareció suavizar un poco el tono en el que hablaba, siempre sarcástico cuando se dirigía hacia su eterna enemiga, y tomó uno de los frascos de supuesto veneno entre sus manos, analizándolo, una vez más, por encima de sus gafas—. Ya veo. Deben de estar aquí para que alguien los utilice si desea comenzar el juego, ¿eh?

    —… —no supe qué responder. Así que… era verdad. Ese lugar estaba preparado para que nos matásemos entre nosotros. Había hasta venenos en una farmacia. Venenos de todo tipo, de todos los colores, al alcance de cualquiera de nosotros… listos para matar.

    —Aunque he de decir que me sorprende —siguió Oxy. El hecho de que regresase a su tono anterior me hizo darme cuenta de que la guerra entre ellas no había terminado, ni mucho menos—. ¡Una estafadora como tú, sabiendo distinguir un veneno de fanta de limón, eh! ¡Sorprendente, sí, señor!

    Sonriente siempre, Ixie contraatacó.

    —¿Verdad que sí? Es casi tan sorprendente como pensar que sigue habiendo gente que cree que una estafadora… digo, psicóloga, va a solucionar sus problemas, como si sirviese para algo lo que hace, ¿no crees?

    Y a-al oír esas palabras supe que era mejor salir de allí… si no quería acabar herido por el fuego cruzado.


    ¿Qué más habría en aquel sector? Era algo abrumador encontrarse con tantos lugares que investigar… más aún cuando, dentro de mí, la sensación de que no encontraríamos ninguna forma de salir aún seguía palpitando.

    … como fuese, entré en lo que parecía ser una tienda de ropa. Había telas de varios tipos y multitud, multitud de prendas, desde faldas hasta camisetas. También había otros textiles, como alfombras, cortinas…

    Tal vez la enorme variedad de productos era lo que tenía a esa persona tan emocionada.

    —¡Kyaaaaaah! ¡E-E-E-E-Es s-s-seda de la b-buena! ¡Ah! ¡Y-Y esto e-e-es… n-no me lo creo, qué m-maravilla! ¡Mira q-qué suave! —¿t-tenía que tartamudear incluso cuando estaba emocionada…?

    —Frida está realmente entusiasmada con esto —dijo Bezzy, que se aproximó a mí al verme entrar—. Supongo que es normal… ¡es la Super Sastre, al fin y al cabo! —sonrió de forma amable. Su sonrisa… de algún modo, era muy pura. Dulce, amable, cálida. Todos esos adjetivos podrían describirla, pero se quedarían cortos incluso si los combinases. La Super Violinsta transmitía una paz encantadora, desde luego—. ¿Has encontrado algo, Pyro? ¿Algo… que nos permita salir de aquí?

    Negué con la cabeza.

    —No —respondí al final—. Pensaba dirigirme cuando terminase de explorar las calles al fondo de la ciudad. En los laterales hay verjas enormes, como las que separan el hotel de los sectores… y al otro lado continúa la ciudad, imagino que en otro sector. Pero no puede cruzarse, en todo caso, así que pensé que igual fuese buena idea continuar hacia el fondo de este sector. Quizá haya algún camino más allá, ¿no?

    —Pero, hum… —susurró—. ¿No debería estar todo allí fuera…? Ya sabes. Destrozado. La Desesperación provocó que todo salvo Galeia se arruinase, ¿no es así? ¿Cómo es posible que esta ciudad exista, entonces? Si está en el exterior de Galeia, debería de estar contaminada y destrozada, ¿no crees?

    … Bezzy tenía un muy buen punto. ¿Cómo era posible que estuviésemos en otra ciudad, si solo quedaba Galeia? N-No podíamos estar en el exterior… ¿verdad? Además, este cielo oscuro… era deprimente. Era casi como estuviésemos dentro de un edificio, pero, al mismo tiempo, en el aire libre.


    Con esa sensación de desazón e intranquilidad, seguí caminando hacia el fondo del sector… hasta que me topé con una tienda extraña, con un letrero luminoso muy llamativo, que parpadeaba en varios colores. La tienda tenía como logo el rostro de Monokuma, y el rótulo brillante de la puerta decía: “Tienda Despair”. … cómo no, ¿eh?

    Curioso, decidí entrar. Pero lo que encontré dentro… fue absolutamente desesperante, sin duda. Aquella tienda era… una tienda de armas. Armas de todo tipo. De fuego, cuchillos, espadas, katanas, porras, martillos, sogas, y un largo etcétera. Había todo tipo de utensilios para asesinar en aquel sitio, sin duda.

    Y… quienes estaban allí eran…

    —Curioso —Ryu tenía un enorme martillo en una de sus manos, y lo alzaba sobre él sin ninguna dificultad. ¡Caray! Debía tener, definitivamente, mucha fuerza en los brazos. Yo no podría levantar esa cosa ni con las dos manos—. Todo está, definitivamente, preparado para el juego.

    —… quieren que nos matemos a toda costa —wow, Spok también estaba allí. Ni siquiera había notado su presencia.

    —¡Mira, tienen katanas! ¡Y-Y pistolas! ¿¡Esto es un revólver!?

    El Super Prodigio iba cogiendo armas sin ton ni son, soltándolas aquí y allá sin ningún tipo de orden. ¿C-Cómo podía un niño como él mostrarse tan emocionado ante armas de ese tipo? Un niño normal estaría verdaderamente asustado, sin duda alguna. Claro que… el concepto “niño normal” difícilmente aplicaría a Orm.

    —Este sitio es horribla —sentenció Hubert, que también estaba por allí—. Es una clara provocación… Monokuma y Liza White quieren mostrarnos que matar, en Despair City, es muy fácil. Quieren que lo hagamos a toda costa… por eso… —miró su Monoloj con los dientes apretados, y pronto apartó la mirada, se cruzó de brazos y se tornó serio. Pero, por un momento… había mostrado una preocupación que no era propia de alguien como él. ¿Acaso habría visto sus misiones…?—. En cualquier caso. Cuando terminéis de explorar la ciudad, reunámonos en el gimnasio que hay al fondo del Sector. Gea y Stock ya están allí, explorándolo… allí podremos hablar tranquilamente sobre lo que hemos descubierto, ¿sí?

    Estaba actuando como un líder… se mostraba todo lo fuerte que podía, y trataba de dirigir al grupo y mantenerlo como tal. Sin duda, Hubert era una persona muy sensata. Tras avisar de la reunión, se marchó, con esa mirada seria que no podía esconder la preocupación que sentía. No pude evitar seguirle con la mirada mientras se marchaba.


    Así, continué cruzando calles, avanzando hacia el fondo del sector. Era posible que, como teoricé en un principio, la ciudad tenga algún camino que llevase hacia el exterior, ¿no? De modo que caminé y caminé, hasta que, de pronto…

    —¿¡Huh…!? E-Esto es…


    Cuando miré hacia arriba, mis ojos quedaron completamente atónitos. Estaba frente a un muro. Era un muro enorme, un muro que se extendía hacia arriba y parecía no tener fin. Un muro oscuro, tan oscuro, que se confundía con el horizonte. Casi parecía… que fuese una pared invisible.

    Horrorizado, observé cómo el muro se extendía hacia los lados, llegando más allá de los otros sectores. E-Era como si la ciudad… estuviese completamente rodeada por aquel impenetrable muro. Como si… como si Despair City…

    … fuese más una cárcel que una ciudad.

    Reglas del juego:

    Regla 1: ¡los actos de violencia contra Monokuma y su hermano están totalmente prohibidos! El participante que viole esta regla será inmediatamente castigado.

    Regla 2: del mismo modo, Monokuma y su hermano no podrán interferir en los asesinatos; además, toda la información que den sobre los mismos deberá ser fiable y cierta.

    Regla 3: se darán anuncios por la mañana, a las 8:00 AM, para despertar a los participantes. Una vez dado el anuncio, el participante tendrá 2 horas para salir de su dormitorio. ¡Nada de vaguear, el juego está para participar!

    Regla 4: igualmente, se dará otro anuncio a las 10:00 PM para indicar el comienzo del tiempo nocturno. Durante este tiempo, varias dependencias podrán permanecer cerradas y varios caminos permanecer cortados.

    Regla 5: en cualquier caso, entre las 1:00 AM y las 8:00 AM se considerará que transcurre el tiempo de sueño, y la entrada a las dependencias principales quedarán cerradas; no se podrá entrar, pero sí se podrá salir de ellas. Si decides permanecer fuera durante el tiempo de sueño, es bajo tu responsabilidad, ¡pero recuerda descansar lo suficiente!

    Regla 6: cuando se cometa un asesinato, se dará un anuncio tan pronto como tres personas o más descubran el cadáver. En ese momento, comenzará el tiempo de investigación, tras el cual empezará la clase de juicio.

    Regla 7: durante el tiempo de investigación, no aplicará ninguna regla concerniente a la restricción de acceso a ninguna dependencia, salvo excepciones que Monokuma o su hermano podrán valorar según el caso.

    Regla 8: en la clase de juicio, se votará al culpable, eligiéndose este por mayoría de votos. Cada participante tendrá un voto, que no podrá ser cambiado una vez realizado.

    Regla 9: si el elegido como culpable fue el asesino, dicha persona será castigada. En caso contrario, todos serán castigados salvo el asesino, y este habrá ganado el juego.

    Regla 10: en caso de que se produzca un empate en las votaciones entre dos o más personas, se repetirán las votaciones, pudiendo elegirse como posibles candidatos para ser votados únicamente a quienes empataron. Los que hubiesen empatado no podrán votar en esta segunda votación.

    Misiones globales:

    1- Identidades: comenzad la primera investigación.

    Lista de alumnos:

    1- Pyro: Super ???
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???

    2- Ryu: Super Entrenador
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    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    3- Chisp: Super Informático
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    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    4- Frida: Super Sastre
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    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    5- Hubert: Super Ajedrecista
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    6- Dante: Super Guardián
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    7- Bubbly: Super Buceador
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    8- Leaffy: Super Jardinera
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    9- Ixie: Super Naturópata

    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    10- Oxy: Super Psicóloga

    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    11- Orm: Super Prodigio
    [​IMG]

    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    12- Stock: Super Empresario

    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    13- Gea: Super Profesora
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    14- Spok: Super Ladrón
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    15- Arie: Super Arquitecto
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    16- Bezzy: Super Violinista
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???
     
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    Lucas Diamond

    Lucas Diamond Rolero

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    Maldito, ya me tienes fangirl de nuevo :c

    Omg, me gusta mucho el tinte que está cogiendo está segunda parte, la verdad. Cierto es que no tenemos el mismo apego a los personaje, pero al igual que en el danganronpa original, poco a poco se les va cogiendo cariño. El dúo de Oxy e Ixie me resulta entrañable, sinceramente (??) Y Bezzy me parece idk como súper cute o algo así. Me cae bien ya (?)

    De los demás no tengo nada resaltable que decir. Todos tienen sus particularidades, como buen elenco de candidatos a matarse (?) No me imagino sinceramente quién puede matar/morir ahora mismo, solo sé que sea quien sea, no me lo voy a esperar. Todos parecen tan inocentes... (con sus excepciones, obvio). Spok me recuerda a Crowd, por algún motivo xD

    Well, la ciudad despair es realmente deprimente (? Yo me suicidaría ahí dentro, la verdad. Todo oscuro y con cosas pa matarte. Qué poco cuidado tienen de los inquilinos, a este paso ese hotel se va a quedar sin huéspedes... Oh, wait.

    Algo más que añadir, ¿en serio fueron tan estúpidos de pensar que podrían salir de ahí? En fin, me ahorro mis comentarios a Pyro and co (?)

    Estoy deseando ver cómo empieza todo esto y a quién matan primero, god. Qué sádico soy.

    Para el free time event, elegiré a Bezzy, porque me ha caído muy bien. Quería escoger a Hubert por ver si tenía algo que contar, buut... Bueno, él ya tuvo su momento de brillar, mejor dar pie a los nuevos.

    Eso es todo, tate. Enhorabuena una vez más, estoy seguro de que nos tendrás enganchados por mucho tiempo. Te amo <3

    Sigue así,

    Lucas Diamond~ <3
     
    Última edición: 18 Julio 2018
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    Título:
    Pokénronpa 2: el Resurgir de la Desesperación
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    6
     
    Palabras:
    11100
    Bueno, por motivos de espacio, este capítulo me quedó demasiado largo y no pude hacer los 3 free-times (?) Por ello, he pensado que esta vez haré 4 free-times, dos en este capítulo y otros dos en el siguiente. Los que han votado ya no podrán votar de nuevo, obvio, pero si alguien más quiere votar, ¡adelante! De momento, en este capítulo haré los free-time de Orm y Bezzy, votados por Liza White y Lucas Diamond. El resto de votaciones están así:

    Oxy: 1 (Kurone)
    Spok: 1 (Bruno EVF)
    Ixie: 1 (juanjomaster)

    En ese orden. En caso de seguir en empate, tendrán prioridad los dos primeros (Spok y Oxy) por ser anteriores en el tiempo.

    Capítulo 1: “Despair” rima con muerte.


    Vida Diaria 2.

    Poco a poco, todos nos reunimos en el gimnasio, tal y como Hubert había propuesto. Al llegar, me encontré allí con Gea, Stock y Chisp, quienes parecían haber llegado antes que yo; y el resto fue llegando poco a poco, cada uno a su ritmo.

    En cualquier caso, mientras esperábamos, no pude sino fijarme en la extraña estructura del gimnasio del fondo del Sector A: para empezar, el suelo no parecía estar preparado precisamente para hacer ejercicio… de hecho, estaba compuesto por losetas pequeñas, cuadradas, que parecían estar mal conservadas, hasta el punto de que algunas se tambaleaban un poco al pisarlas, como si estuviesen sueltas. Asimismo, el techo era inusualmente bajo para un gimnasio, y había un par de vigas de acero a mitad de camino, a poco más de dos metros del suelo. Por lo demás, se suponía que aquellas losetas y el grueso en sí del gimnasio constituían una pista multiusos bastante extraña, donde parecían tener cabida todo tipo de deportes, desde fútbol, rugby, baloncesto, tenis… había redes extensibles, canastas, porterías, ¡hasta había aros de criquet en el suelo! Por curiosidad, tiré de uno de ellos, y, además de levantar por accidente una de las losetas del suelo, pude sacar el aro completo, como si este fuese de quita y pon.

    Al margen de la extraña, mal cuidada y poco práctica pista multiusos de losetas, el gimnasio contaba con un puñado de escalones que llevaban a una zona un poco más elevada, donde había una especie de asientos (probablemente con el objetivo de servir de “gradas” para el público), y una puerta que parecía conducir a un almacén, donde se guardarían las pelotas, raquetas y demás utensilios deportivos.

    —¿Estamos todos? —preguntó Hubert cuando vio entrar a Orm, con aspecto despreocupado y brazos sobre la nuca, en el gimnasio. El Ajedrecista llegó poco después de mí, y el Prodigio, sin embargo, fue el último en cruzar la puerta del gimnasio—. Bien. Recapitulemos un poco lo que hemos encontrado, ¿sí?

    —Hay un supermercado bastante práctico —dijo, sonriente e inocente, Bubbly. Su sonrisa insegura era verdaderamente adorable, a decir verdad. Como si estuviese totalmente asustado, pero, aun así, quisiese sonreír. Como si de verdad se esforzase por hacerlo—. Tiene muchas cosas, y parece que podemos tomar las que queramos de forma gratuita. También hay un servicio de envíos al hotel: solo tenemos que dejar preparada una lista de la compra, y lo enviarán, o eso nos dijo Monokuma.

    —Yo me he encargado de eso —dijo, de pronto, Dante, brazos cruzados—. He dejado una lista con productos para desayuno, almuerzo y cena. Ese oso… Monokuma me dijo que mañana por la mañana llegaría al hotel. Así tendremos provisiones.

    Dante parecía… tan callado, tan misterioso. Hasta su talento era misterioso: Super Guardián. Decía que era el Guardián de la esperanza, pero, ¿a qué se refería con eso?

    —D-De modo que tendremos que pasar la noche aquí, ¿no…? —intuyó Bezzy, alicaída.

    —Eso parece —dijo Ryu, con su cabeza apoyada sobre su mano, y el codo apoyado a su vez en el brazo de su silla de ruedas, indiferente e inexpresivo. Me fijé entonces en que llevaba unos curiosos guantes sin dedos, como esos que solían utilizarse para levantar pesas. N-No me extraña que parezca tan musculado en el tren superior—. No hay ninguna salida, claro. No iba a ser tan fácil. De hecho, este sector, el único que se nos ha abierto, tiene todas las comodidades necesarias para sobrevivir. Como si estuviese todo específicamente pensado para que desde el principio tuviésemos suficientes provisiones.

    —¿Habéis visto el muro? —susurró Hubert, preocupado. Los demás se miraron entre ellos, algunos con miradas preocupadas, otros desconcertados. Yo… yo sí lo había visto—. Es como si todo este lugar, toda esta ciudad… estuviese rodeada por un muro. Efectivamente, no parece que haya ninguna salida. De hecho, ni siquiera podemos ver el cielo. Está como apagado, difuso… oscuro.

    —Es que no es un cielo —comentó Orm de pronto, mientras curioseaba las losetas, levantándolas como si fuese un juego de niños. Todos volteamos repentinamente a mirarle—. ¡Es obvio, por favor! Estamos bajo tierra. Lo que veis no es el cielo, es un techo. Es el suelo. Visto desde abajo, claro. Lo cual lo convierte, a su vez, en suelo y en techo. ¡Toda una paradoja! —y sonrió, despreocupado y, de alguna forma, hiriente.

    —¿U-U-Una ciudad e-en el subsuelo…? —preguntó Frida, pálida de la impresión.

    —¡Inaudito! —vociferó de repente Stock, mano en el sombrero, ejerciendo un poco de presión sobre este, de manera que le tapaba ligeramente el rostro al inclinarlo hacia abajo—. ¿Cómo es eso siquiera posible? ¿Una ciudad… debajo de la tierra?

    —Tiene todo el sentido si lo piensas —siguió hablando Orm, que, esta vez, daba saltitos infantiles entre aro y aro de criquet, al tiempo que respondía sin el más mínimo ápice de preocupación en su tono de voz—. Fuera de Galeia está todo contaminado; no podríamos estar fuera, o seguramente no sobreviviríamos. Dentro de Galeia, sin embargo, no hay ningún barrio ni nada que se parezca a esto. Y debido a la enorme extensión de este sitio, es bastante complicado pensar que pueda ubicarse dentro de algún edificio de Galeia. Así queeeee...

    —… solo queda la opción del subsuelo —meditó Chisp, silencioso, mirando hacia el suelo—. Estamos bajo Galeia.

    B-Bajo Galeia…

    —¡Bingo! —gritó Orm, sonriendo ampliamente—. ¡Wow! ¡Os ha costado, eh!

    —U-Una ciudad subterránea… —los ojillos de Arie brillaban de emoción. Lógico… él era el Súper Arquitecto, después de todo—. Amazing…

    —No puede ser, ¿no? —susurró, pensativa, Bezzy, con rostro afligido—. Una ciudad de estas características… tan grande, tan bien estructurada… y sin que nadie en Galeia lo supiese. ¿Cómo iba a poder construirse una urbe así debajo del suelo?

    —Es fácil si eres un Seguidor de la Desesperación —Orm cogió una pelota de fútbol que había en el suelo y comenzó a darle toques al balón mientras hablaba, más atento al balón que al resto de los presentes. En un momento dado, dejó de darle toques y comenzó a hacerlo girar con uno de sus dedos. C-Ciertamente era muy habilidoso. ¿También se le daban bien los deportes? —. Si los que nos han encerrado aquí son miembros del Gobierno, entonces son Seguidores de la Desesperación. Todos recordáis eso, ¿no? Recordáis que los miembros de ese grupo, el grupo causante de la extinción de los Pokémon y del caos del mundo, eran quienes dirigían Galeia a espaldas de la sociedad, ¿no?

    Asentí con lentitud. Sí… recordaba eso. Y también recordaba que mi único deseo en el mundo era acabar con ellos. Pero el resto de recuerdos al respecto comenzaban a hacerse más y más difusos conforme más me alejaba de la base, de los Seguidores. Cuanto más intentaba profundizar en los detalles de mi memoria, más confuso se me hacía todo.

    Y fue Arie el que habló.

    I said so. Los Seguidores de la Desesperación son los que nos han hecho esto, pretty clear.

    —Tiene toda la pinta, más aún teniendo en cuenta que Liza White es la que está detrás de todo —meditó Ixie—. Al fin y al cabo, ella es la Desesperación en sí, ¿no?

    Ajá. Ese era otro dato que tenía claro; que Liza White era una muchacha que encarnaba la mismísima esencia de la desesperación.

    Despair —susurró Arie—. Como el nombre de esta ciudad y de todos los edificios.

    Sí, era verdad… la Desesperación era una especie de virus. Surgió un buen día, como prototipo para un arma biológica, desarrollado por los miembros de los Seguidores. Lo llamaron “Proyecto Omega”. La Desesperación empezó a “infectar” a gente, y se iniciaron terribles guerras que conllevaron la destrucción de la mayoría de ciudades y la muerte de una grandísima parte de la población. Atentados, asesinatos, masacres enteras, todos esos atroces crímenes estaban a la orden del día. Poco a poco, fue afectando a los pokémon. Los humanos los utilizaban, presas del “virus”, como armas, como instrumentos, y poco a poco empezaron a ser destruidos por los humanos, infectados también. Los pokémon iniciaron su propia guerra, y, con la destrucción de la mayoría de los llamados “legendarios”, entidades protectoras y garantes del equilibrio natural, también la naturaleza comenzó a deteriorarse, a destruirse… a morir. Las plantas se marchitaron, el aire se contaminó, la tierra se agrietaba, los mares se secaban. La Pérdida supuso, definitivamente, el fin del mundo… salvo por la pequeña Galeia, el refugio de los humanos que logramos escapar.

    Y todo eso comenzó con Liza White. No se sabe cómo, no se sabe por qué. Pero sé, de algún modo, que ella causó que la desesperación se expandiese. Como si su misma existencia supusiese la existencia del virus. Como si ella fuese el virus, sin más.

    —Pero Liza White murió, ¿no? —cuestionó Bubbly, preocupado y asustado.

    —Creo recordar que sí —respondió, reflexivo, Stock, mano en el mentón—. Es más una suerte de presentimiento, pero… algo me dice que debe estar muerta.

    —Y, con todo, seguimos viéndola en los monitores. Qué contrariedad~ —comentó Leaffy, relajada, sonriente… ¿n-nunca variaba su expresión?

    —Estúpidos —siguió Orm, que colocó el balón en el suelo y lo mantuvo pisado con uno de sus pies, el izquierdo, mientras nos prestaba atención por primera vez, mirándonos cara a cara. Aun así, su mirada era extraña… casi como si se estuviese burlando de cada uno de los presentes, como si nos mirase por encima del hombro—. ¡Está claro que esa no puede ser Liza! De ser ella, se habría mostrado físicamente… y, sin embargo, no hace más que mostrarse a través de los monitores del hotel. Está claro que debe ser algún tipo de programa informático.

    —… una IA, probablemente —sospechó Chisp, siempre apartado y silencioso. Me di cuenta entonces de que Spok se encontraba detrás de él, casi escondido, aún más apartado que el resto. E-Ese tipo tenía tendencia a pasar tan, pero tan desapercibido, que era casi invisible. La mayoría de las veces ni siquiera recordaba que estaba ahí.

    —Oh, una inteligencia artificial, ¿eh? Un programa de ordenador con capacidad de interaccionar como si tuviese cerebro —susurró, reflexiva, la Super Psicóloga, Oxy, mientras miraba a Chisp con aires lujuriosos por encima de sus gafas.

    —En cualquier caso, poco podemos hacer para averiguar la identidad de nuestros captores ahora mismo —cortó de pronto Hubert, caminando en pequeños círculos, con las manos a la espalda y la mirada enfocada en el suelo—. Necesitamos más información… y eso es algo de lo que no disponemos. Lo máximo que uno puede llegar a deducir a raíz de las pistas que tenemos ahora mismo es que estamos atrapados sin posibilidad de ningún tipo de salida y que toda esta ciudad parece un decorado pensado para que nos matemos los unos a los otros.

    —¿De veras que esa es la única información que tenemos, Hubert? —la voz de Orm se tornó ladina, como si supiese ya la respuesta del Ajedrecista y solo quisiese jugar con él. Por eso, tal vez, Hubert reaccionó abriendo los ojos con sorpresa y mordiéndose el labio inferior con frustración, ceño fruncido.

    —¿A qué se refiere Orm, Hubert? —terminé preguntando, curioso, pero el niño volvió a intervenir.

    —¡Oh, oh, Pyro! ¡Casi olvidaba tu existencia! Ay, al fin y al cabo, tu presencia es más inútil e indetectable que la de Spok, es lógico que no me acuerde de que estás ahí.

    —¿H-Huh? —pregunté de pronto, sintiéndome atacado. Fue un ataque sin previo aviso, desde luego. ¿P-Por qué decía aquello con ese tono de desprecio patente en su sarcasmo?

    En cualquier caso, no hubo tiempo para seguir debatiendo sobre aquello: repentinamente, cayendo desde el techo, Monokuma apareció, provocando el sobresalto de Bubbly, que volvió a gritar de la misma forma en que lo hizo cuando el oso apareció en el supermercado.


    —¡Upupupu! ¡Hola, hola, queridos participantes! —exclamó el oso, manos alzadas y rostro feliz—. ¿Qué tal estáis? ¿Os gusta Despair City? ¡Es un lugar taaaan genial!

    —¡E-Es horrible! —exclamó Bezzy, furiosa, con los brazos en jarra—. ¡Es como si estuviésemos en la guarida de unos asesinos!

    —¿Upupu…? Bueno, es más o menos así. ¡Os recuerdo que esto es un concurso y que vuestro objetivo es, precisamente, mataros entre vosotros! Es natural que haya un par de venenos, algún cuchillo, pistolas, ¡todo tipo de utensilios! El Sector A está lleno de comercios con lo indispensablemente indispensable para vivir… ¡y para morir! Upupupu.

    —¡Esto es inaudito! —exclamó de pronto Gea, alzando la voz por encima del resto y con la mirada iracunda—. ¡Exijo, aquí y ahora, que se nos libere de este sitio!

    —Debes de ser imbécil si crees que será tan sencillo —bufó Orm, encogiéndose de hombros

    —¡J-Jovencito! —Gea parecía alarmada —. ¿¡Q-Qué forma de hablar a los profesores es esa…!?

    —Wow —Oxy miró por encima de sus gafas —. Realmente eres un caso digno de estudiar.

    —Oh, pero no dejes que lo haga, Orm —intervino, sonriente pero con tono hiriente, Ixie —. Seguro que te cobra. Es psicóloga, ¿no? Eso es lo que hace, cobrar por nada.

    —Habló “doña homeopatía”. O, mejor dicho, “agua sucia”, ¿no? —contraatacó ella.

    Monokuma comenzó a aclararse la voz, en un claro intento por captar nuestra atención. Sacaba ligeramente las garras, visiblemente molesto… pero, a decir verdad, todos estaban más pendientes de la disputa interna que del oso.

    —Más te vale no enfermarte aquí —susurró con desprecio Ixie, refiriéndose a su eterna enemiga —. No será mi “agua sucia” la que te cure, desde luego.

    —No contaba con ello, igualmente —Oxy se encogió de hombros, ladina.

    —Ejem… —susurró Monokuma, muy, pero que muy irritado.

    Pero la cosa seguía.

    —¿Podéis calmaros? —intervino Bubbly, con sudor frío recorriendo su frente, que se acercó a Ixie con cuidado, poniendo una mano en su hombro —. N-No es bueno que peleemos, ¿sí?

    —Estáis comportándoos como niñas —susurró, brazos cruzados, Stock —. Hasta el chiquillo muestra más saber estar que vosotras dos.

    —Oh. Mr. Monokuma parece enfadado. Adorable~ —intervino Leaffy, sonriendo y mirando al oso. Parecía la única que reparó en él.

    —¡Ya basta! —exclamó Monokuma, con un tono tan elevado que mis oídos chirriaron. Todos los presentes, salvo Chisp, tuvimos que taparnos los oídos. Su “basta” se extendió enormemente en la última sílaba, y por cada segundo que duraba su grito, más estridente se hacía. Era insoportable, pero a Chisp no pareció importarle en absoluto.

    —… ¿huh? —dijo de pronto, llevando un dedo a su oreja y sacudiéndolo con suavidad.

    Tras el grito, el silencio reinó. Monokuma dio un hondo suspiro, y fue entonces cuando volvió a su tono normal, chocando las dos garras entre sí.

    —Bien. Ahora que tengo vuestra atención, ¡es hora de presentaros a mi hermano! ¡Reeeeeversekuma! —sus garras apuntaron a la puerta del gimnasio, y todas nuestras cabezas se enfocaron en ese punto. No obstante, un par de minutos pasaron, y seguía sin aparecer nadie —. Ejem… ¡Reeeeeeversekuma! —gritó de nuevo.

    No fue hasta que una voz grave se escuchó justo detrás de nosotros cuando volvimos a girarnos, y Monokuma miró hacia arriba, preocupado.

    —Puhehehe.

    Pronto, un oso similar a Monokuma pero completamente blanco y con el ojo rojo de Monokuma de color azul apareció justo sobre él, cayendo desde alguna parte y aplastando al oso. ¿D-De dónde habían salido?

    —¡H-Hermano! —gritó Monokuma, aún aplastado, mientras su “hermano” estaba de pie sobre él—. ¡¡Se suponía que debías llegar por la puerta!! ¡Esto no es lo que acordamos!

    —¡Puuuuuhehehe! ¡No sigo tus normas, Mono-cosa! ¡Reversekuma sigue sus propias leyes!

    —¡Ngh! ¡Sabía que no era buena idea invitarte al juego! ¡Ya me estropeaste el de la otra vez! —exclamó Monokuma, al tiempo que se incorporaba, mandando por los aires a Reversekuma. Mientras estaba en el aire, el primero le apuntó con una de sus patas, sacó las garras, y, para sorpresa de todos, su puño salió disparado como si fuese una bala, impactando en Reversekuma, que seguía en el aire, y clavándose en su cuerpo—. ¡Toma eso! ¡El Golpe Mortal Budokai Tenkaichi-kuma!

    —Agh… tus fuerzas son mayores de lo que recordaba, hermano —Reversekuma cayó al suelo, malherido, mientras que un nuevo puño surgía en las manos de Monokuma. De pronto, el oso de ojo azul abrió su boca, y una especie de cañón salió de ella—. Pero… ¡yo también he mejorado! ¡Prepárate! Omae wa… mou shindeiru!

    Un haz de luz salió disparado del pequeño cañoncito, al tiempo que la voz de Monokuma se oyó como en un eco.

    N-Nani?!

    Tras el estruendo, una nube de polvo cubrió toda la zona. Cuando, al cabo de unos segundos, pudimos volver a ver, era, sorprendentemente, Monokuma el que estaba intacto, mientras que Reversekuma yacía en el suelo, bajo sus pies.

    —… me subestimaste, hermano. Ese fue tu primer y último error.

    Tras esas palabras, Monokuma se sacudió las manos y dio un saltito. El cuerpo de Reversekuma quedó tras él, bocabajo, magullado y lleno de golpes.

    —En fin… no ha sido como esperaba, pero, ¡al menos la habéis conocido a mi hermanito! ¡Upupupu! Bueno, tendré que seguir con esto yo solo. ¿Por dónde iba?

    —¿D-De qué iba todo eso? —exclamó Hubert, enfurecido—. ¿¡Es esto una especie de espectáculo absurdo para reíros de nosotros!?

    —Para nada, para nada. Son solo… peleillas fraternales. Pero tranquilos, ¡Reverse-como-se-llame —¿y-ya ha olvidado el nombre del que se supone que es su hermano? — no volverá a molestar!

    Pero entonces, Chisp, distraído, inclinó su cabeza hacia un lado y frunció el ceño.

    —Tengo mis dudas —dijo, de pronto, señalando tras Monokuma.

    El osito se giró, solo para ver que su hermano estaba de pie, con los ojos llenos de números, casi como si fuese la pantalla de un ordenador estropeado. Pronto comenzó a hablar de forma completamente robótica.

    —Error. Detectado acceso no autorizado al sistema. Tratando de reestablecer. Tratando de reestablecer. Tratando de… ¡bip! Iniciando reinicio. Modificando personalidad. Cambiando centro de mando del sistema. Cargando… cargando…

    —¿Q-Qué le pasa? —exclamó Oxy, confusa. Pronto se deslizó hasta colocarse detrás de Chisp, y le colocó ambas manos en los hombros, pegándose bastante a éste. Con todo, el chico pareció no inmutarse—. Ey, tú eres informático, ¿no? ¿Sabes qué está pasando?

    —… huh —susurró él, pensativo—. Diría… que alguien lo ha hackeado a distancia y está modificando su sistema.

    —… está siendo poseído —dijo, de pronto, Spok, apareciendo justo detrás de Bubbly, que en seguida gritó por el susto.

    Pero nuestra atención estaba centrada en el nuevo oso, que seguía emitiendo sonidos y pronunciando palabras robóticas. Finalmente, tras un rato así, momentos en los que Monokuma no supo cómo reaccionar, Reversekuma comenzó a cambiar de aspecto lentamente… su piel empezó a degradarse, adquiriendo tonos grisáceos y marrones; sus ojos comenzaron a normalizarse, y su sonrisa macabra comenzó a desaparecer. Parecía… un oso de peluche mucho más normal y menos inquietante, sin duda. Y, cuando terminó por volver a la normalidad… su forma de actuar y hasta de hablar distaba mucho de ser la normal.

    Monokuma.png

    —Phew —suspiró Reversekuma, con su nuevo aspecto y un tono de voz mucho más suave y amable—. ¡Me ha costado, pero aquí estoy! ¡Lo he logrado!

    —¡¿Q-Quién eres… y qué le has hecho a mi hermano?! —gruñó Monokuma, confuso y furioso.

    El otro oso se encogió de hombros.

    —Nada. Solo he modificado el programa y he sustituido su inteligencia artificial por un módulo de control remoto. ¡Oh, my! P-Pero si soy un oso de estos, necesito una risa característica —se quedó pensativo por un momento, mirando hacia arriba con la patita en la barbilla—. ¡Ya sé! ¿Qué tal “ñihihi~”? Suena adorable, ¿verdad? —llevó una manita a la nuca, sonrojado.

    —N-No estoy entendiendo absolutamente nada —susurró Bezzy.

    —¿Qué ha pasado? ¿Ahora es otro oso…? —se preguntó Bubbly.

    —Diría que ahora está siendo controlado por alguien —observó Dante.

    Chisp, tras mirar por un momento a Reversekuma con gesto sereno pero pensativo (y todo eso mientras Oxy seguía abrazada a su espalda) terminó diciendo:

    —… control remoto, ¿huh? … así que Reversekuma ante era una IA y dicha IA ha sido borrada…

    —¡Bingo! Wow, Chisp, ¡se nota que eres el Super Informático! —alabó el oso—. Pero no me llames Reversekuma. Ese nombre me trae malos recuerdos. Llámame, mejor… —agachó la cabeza, como si estuviese pensativo. Y, cuando la alzó, tenía la mirada decidida, y, al mismo tiempo, alicaída. Como si estuviese recordando algo doloroso, como si el nombre que iba a decir tuviese algún tipo de simbología para la persona que ahora controlaba a ese oso de peluche—. … Teddy. Llamadme Teddy.

    —… debes de ser alguien muy habilidoso si has sido capaz de hackear desde lejos a Reversekuma, borrar su IA e instalar un módulo de control remoto —observó el Informático—. … ¿quién eres?

    —¡Ñihihi~! ¡Me alegro de que me hagas esa pregunta! Duh, soy, uhm, cómo decirlo… ¿H-Hubert? ¿Dante? ¿No reconocéis… mi voz?

    —¿Eh? —susurró Hubert, alarmado al ver que le hablaban a él directamente. Confuso, miró a Dante. Si bien su expresión era mucho más estática y no parecía mostrar signos de sorpresa, era obvio que no se esperaba tampoco aquello—. ¿C-Cómo dices? ¿Se supone que debemos conocerte…?

    —Tu voz no me suena de nada —contestó Dante—. ¿… debería?

    —Ñiiii… —suspiró Teddy—. Supuse que os habrían borrado la memoria. Está repitiéndose de verdad, ¿eh? —luego, alzó la cabeza, y, frunciendo el ceño con seriedad, dijo—. ¡Escuchadme bien! ¡Aguantad! No comencéis la matanza… intentaré ayudar todo lo que pueda mientras llegan los demás. Aún soy incapaz de rastrear vuestra ubicación, pero lo lograré. ¡En cuanto ella regrese y averigüe dónde estáis, podremos hacer frente a los Seguidores y…!

    Pero, de pronto, Monokuma saltó sobre Teddy, tapándole la boca y agarrándole por detrás, al tiempo que le arrastraba. Teddy pataleaba sin cesar, intentando liberarse, pero era inútil.

    —¡C-Chicos, se suspende la reunión! —vociferó, tenso, Monokuma, mientras se marchaba junto con su “hermano” —. M-Mi hermano y yo tenemos un compromiso familiar, a-así que… ¡id a vuestros dormitorios y aseguraos de dormir bien! ¡Pronto será de noche! Tenéis que tener fuerzas para mataros, upupu…

    Y, sin más, ambos osos desaparecieron.

    Así, la escena extraña nos dejó a todos consternados, confusos y desorientados. Lo que en un principio se suponía que iba a ser una reunión para aunar información y tratar de hallar una forma de salir se convirtió en un mar de desilusión, al darnos cuenta de que no solo era imposible marcharse, sino que… definitivamente, estábamos en las manos de ellos. De los Seguidores de la Desesperación.

    De modo que, cuando el anuncio sonó y Monokuma apareció en pantalla, con Teddy amordazado detrás de él y bebiendo lo que parecía ser una copa de vino, nadie reaccionó con incredulidad, sino que simplemente, asumimos que era verdad. Que todas esas absurdas reglas iban a ser aplicadas desde el día de hoy. Que todo ese juego macabro donde nos mataríamos unos a otros se llevaría a cabo… y que estaríamos encerrados hasta que alguien lo ganase.

    —¡Son oficialmente las 10:00 PM! A partir de ahora comienza el tiempo nocturno. ¡Recordad descansar bien, chicos! ¡No queremos que el cansancio os impida matar! ¿Verdad, hermanito?

    —¡Mnfgh! ¡Nghfnm! —trataba de balbucear el amordazado Teddy.

    —¡Eso, di que sí, hermanito! Buenas noches…

    Y la pantalla se apagó, sin más. Nadie cuestionaba ya lo inverosímil que lucía todo aquello. Simplemente, lo habíamos aceptado. Habíamos aceptado que estábamos encerrados y que ese oso tenía el control. Bueno, o, al menos, casi todos… seguía habiendo quienes se empeñaban en no desistir de su búsqueda. Arie y Gea, tozudos, habían decidido permanecer fuera del hotel, empecinados en lograr encontrar una salida.

    Pero… por mi parte, no tenía energías para nada más. Mi cuerpo exhausto se dejó caer sobre la cama, la misma que había en el pasillo de la primera planta del hotel, lleno de habitaciones con carteles con nuestra imagen pixelada en la puerta, habiendo un dormitorio para cada uno de nosotros.

    Y, sin embargo, por más cansado que estaba mi cuerpo, mi mente no lograba descansar. Mi mente seguía dándole vueltas a la situación.

    Y fue entonces cuando lo recordé. Mi mano se alzó sobre mi vista, y, con un extraño pálpito en el pecho, pulsé el botón de mi Monoloj y me dirigí a la pantalla de “Misiones individuales”. No había comprobado cuáles eran las mías, de hecho… ¿habría alguien que hubiese completado alguna? ¿Qué revelarían esas “misiones”? ¿Y… por qué jugar así con nosotros? Algo me olía muy mal, pero… la imagen holográfica delante de mí era tentadora. El título de la misión, supuestamente una pista de lo que me revelaría completar aquel objetivo, me dejó ciertamente perturbado; decía: “El talento de Pyro”. ¿H-Huh? ¿M-Mi talento? ¿Monokuma sabía cuál era mi talento? P-Pero… honestamente, no destacaba en nada. Y un talento no es algo que pueda olvidarse fácilmente, ¿no? Por mucho que desaparezcan mis recuerdos sobre mi talento, si algo se me da especialmente bien, seguiría siendo bueno en ello, ¿verdad? Y yo… no era bueno en nada. Era el mejor ejemplo de la mediocridad.

    … sea como fuere, probablemente Monokuma logró lo que pretendía: que mi curiosidad se despertase. Pulsé la misión, y las instrucciones, claras, aparecieron delante de mí. Y dichas instrucciones solo sirvieron para que el pálpito en mi pecho se intensificase aún más.

    Descubre al participante con talento falso”.


    *Ding, dong, bing, bong*

    —Ejem, ejem —Monokuma volvió a aparecer, en la misma tesitura del día anterior. No supe muy bien cuándo me quedé dormido… la noche anterior se me hizo confusa, casi como si no hubiese sucedido. Pero, con todo, mi Monoloj seguía en mi brazo, y el recuerdo de aquella perturbadora misión era patente en mi cabeza. El participante con talento falso…—. ¡Buenos días! ¡Son oficialmente las 8:00 AM! ¡¡Saluda, hermanito!!

    —¡Nghmfpf! ¡Mmhmfgh!

    —¡Aw, qué adorable eres! ¡Ya sabéis, chicos! ¡Hacedle caso a las elocuentes palabras de mi hermano, y no dudéis en aprovechar el día! ¡Estoy seguro de que será un día muuuuy próspero para todos!

    La confusión era grande. Desperté con un amargo sabor en la boca, y un fuerte dolor en la cabeza. Realmente era como si… no supiese bien dónde estaba. La habitación se me hizo extraña, y con esfuerzo logré incorporarme de la cama. No fue hasta que estuve sentado con los pies sobre el suelo cuando me di cuenta de la realidad. Cuando asimilé, de nuevo, lo que estaba sucediendo, quién era ese oso y por qué estábamos aquí.

    Y, entonces, su voz sonó, y su imagen apareció en el monitor que había en mi cuarto.

    Liza White. Otra vez.

    —Eh, Pyro, ¿a qué esperas, huh? —decía, frívola, ladina, con un tono sarcástico y cargado de desprecio—. ¡No tenéis todo el día! La idea es que te levantes rápido y vayas de una vez a desayunar o algo, ¡pero quiero ver movimiento! No ponemos el anuncio a las 8 de la mañana para que pululéis por la habitación, ¿sabes?

    “Ponemos”. Así que eran más de uno… y Liza era uno de “ellos”. Pero, ¿no era, simplemente, una IA? Entonces, ¿quién era Monokuma? ¿Y Reversekuma? ¿Y quién modificó a este último y lo convirtió en Teddy? ¿Dónde estábamos encerrados? ¿Dónde estaba Ciudad Despair? ¿Por qué a nosotros? ¿Qué pretendían los que nos habían encerrado? ¿Realmente eran los Seguidores de la Desesperación?

    Todo era… confuso. Preguntas y más preguntas. Sin ninguna respuesta.

    —… veo que el ánimo está decaído hoy —susurró Hubert tiempo después, en la mesa del restaurante. Habíamos acudido al desayuno, y, sorprendentemente, el Ajedrecista se había ocupado, de forma servicial y desinteresada, de preparar varias tostadas, croissants, bacon, huevos fritos, cereales y todo tipo de productos para que todos pudiésemos comer. Debía haberse levantado con mucho tiempo para preparar todo eso—. No podemos perder la esperanza, chicos —dijo, severo. Sus ojos siempre me parecían severos—. Es lo que quieren.

    —Si seguís con ese aspecto de derrota, acabaréis desesperándoos, y sucumbiréis al asesinato. Porque os parecerá la vía fácil. La única vía. Eso es lo que pretenden los Seguidores de la Desesperación —sentenció Dante, en una esquina, cruzado de brazos y con la mirada enfocada en la pared que tenía frente así.

    Pero… era más sencillo decirlo que hacerlo. Además de ellos dos y yo, en la sala estaban Bubbly, Spok, Stock, Gea, Chisp, Frida, Ixie, Oxy y Arie. Bezzy, Leaffy, Ryu y Orm no se presentaron. Y, a decir verdad, ninguno de los que escuchamos las palabras de Dante y de Hubert parecimos reaccionar demasiado. Todos estábamos demasiado alicaídos.

    No fue hasta que la voz de Arie se alzó cuando el silencio volvió a romperse.

    —B-Bueno, puede que sí haya algo de esperanza, ¿no? I mean, Teddy fue reprogramado mediante control remoto, ¿verdad, Chisp? —el informático, tras un momento de abstracción durante el cual le miraba en silencio, terminó por asentir lentamente.

    —Eso parecía, al menos —dijo, en tono monocorde y en voz baja.

    —Entonces… es nuestro aliado, right?! S-Si antes era aliado de Monokuma y ahora que ha sido reprogramado es su enemigo, eso quiere decir que de verdad está con nosotros. ¡Debe ser así! —parecía forzarse a sí mismo a ser optimista.

    Pero pronto Oxy, con manos sobre sus gafas, rompió ese optimismo.

    —No tiene por qué —dijo, seria—. Puede ser todo una treta de los enemigos. O puede que sea un enemigo de Monokuma y quienquiera que le controle, pero también enemigo nuestro.

    —Ella tiene razón —afirmó Stock, brazos cruzados y mirada agachada. Su sombrero cubría parte de su rostro, dándole un aire enigmático—. No podemos confiar así como así. Podría tratarse de una trampa.

    —E-Entonces, ¿en quién podemos confiar…? —Bubbly dijo aquello con lágrimas en los ojos, temblando de miedo.

    Y volvió el silencio. Un silencio pesado, tenso. Cargado de desesperación.

    —Estoy seguro de que Teddy está a nuestro favor —concluyó, finalmente, y tras un tiempo que pareció ser de meditación, Dante—. Quienquiera que le controlaba se refirió a nosotros, a Hubert y a mí, y nos preguntó si reconocíamos su voz.

    —¿Y qué tiene eso que ver? —dijo Gea, irritada—. ¡Puede seguir siendo mentira! Volveríamos a la conclusión del principio.

    —… el punto es… que puede no serlo —Dante se cruzó de brazos una vez más, y su mirada enfocó al centro de la mesa. Cuando le miré a los ojos, sentí algo extraño en mi interior. Mi corazón, por algún motivo, latió con más fuerza. Como si estuviese notando una energía intensísima manando de sus pupilas—. ¿Recordáis el video que nos mostraron, donde aparecía Liza White en el que pareció ser el Primer Juego de Asesinato Mutuo? Hubert y yo aparecíamos en ese video. No obstante, no lo recordábamos. Es como si… hubiésemos sido participantes del primer juego. Supervivientes del mismo. Como si hubiésemos pasado por esta situación anteriormente. Y eso, de hecho, explica la sensación de familiaridad que he tenido todo este tiempo.

    —… —Hubert no decía nada, pero su mirada lucía tensa, como si la incertidumbre le invadiese.

    —¿Y bien? Eso es cierto, pero, ¿cómo se conecta ese hecho con Teddy y la persona que ahora le controla? —preguntó Stock, mano en el mentón, en gesto reflexivo.

    Fue Dante el que prosiguió con su argumento.

    —… en los videos, además de Hubert, Liza White y yo… aparecía alguien más a quien posteriormente pude volver a ver. Yo y todos nosotros.

    —¿Huh? —exclamé, al aire. Un pálpito me invadió. Y la escena de aquel momento, el día anterior, cuando estábamos todos encadenados a la misma mesa en la que ahora nos sentábamos, comenzó a recrearse poco a poco en mi mente. ¿A qué persona se refería el Guardián?

    —¿De quién hablas? —terminó por inquirir Ixie, curiosa.

    Dante se tomó unos segundos para contestar, y comenzó de forma pausada. De hecho, siempre solía hablar así. Quizá era su forma de expresarse, pero lo que lograba era parecer aún más misterioso de lo que ya era.

    —… el chico que nos liberó, claro. Su imagen apareció en el monitor, sustituyendo a Liza White, ¿no? Ese mismo chico apareció en el video, también, como uno de los participantes. Si él era otro participante superviviente, y nos había salvado en aquel momento desactivando el sistema que nos había mantenido sujetos a las sillas y había logrado infiltrarse en el monitor… ¿no parece lógico que sea él el que reseteó a Teddy? Alguien que desde el principio está intentando ayudarnos, con capacidad y conocimientos suficientes como para interceder desde fuera hackeando dispositivos… y que claramente nos ayuda. Alguien relacionado con Hubert y conmigo, supervivientes del otro juego, porque todos fuimos supervivientes. Alguien así solo puede estar contra Liza. Y estoy bastante seguro de que ese alguien es Teddy.

    —¡Coooorrecto! ¡Ñihihihi~!


    Teddy apareció entonces de la nada, saltando justo sobre la mesa. Su expresión parecía inusualmente feliz.

    —¡Waaaah! —gritó Bubbly, asustado por la repentina aparición del oso—. ¿¡D-De dónde sales tú!?

    —¡Uf! Me ha costado mucho librarme de las garras de Monokuma, y probablemente esté a punto de atraparme de nuevo. El maldito ha reconfigurado a este robot para que no pueda decir cierta información. Si lo hago, explotaré. Con todo, ¡he logrado mantener el control sobre el aparato! ¡Ñihihihi! Ahora solo necesito averiguar vuestra localización, y podré salvaros.

    —… ¿quién eres? —preguntó Dante—. ¿Cuál es tu nombre? ¿Eres… nuestro amigo?

    El oso asintió, sonriente.

    —Me alegro de que lo recuerdes, Dante. No puedo decirte mi nombre ni nada de eso, porque duh, las malditas reglas de Monokuma me lo impiden. ¡Ya os digo que explotaré y perderé toda posibilidad de contacto con vosotros si eso sucede! E-En todo caso, permaneced firmes y con esperanza, ¿sí? ¡No caigáis en la desesperación! Es lo que ellos quieren.

    ¿Las reglas? Como por instinto, al oír esas palabras, llevé mi mano al Monoloj y comencé a desplegar los menús holográficos, hasta llegar al panel de reglas. Efectivamente, había dos nuevas reglas incorporadas al mismo:


    Regla 11: ¡el hermano de Monokuma no podrá revelar ningún tipo de información sobre el exterior, sobre las identidades de los participantes de ninguno de los dos juegos, ni sobre nada que comprometa el equilibrio de este juego de asesinato mutuo!

    Regla 12: en el caso de que el hermano de Monokuma incumpla una regla, explotará en el acto, destrozando todo cuanto le rodee. Incluidas personas.


    U-Uh… p-parecía ser que decía la verdad: quienquiera que fuese el que ha logrado hackear a Reversekuma y transformarlo en Teddy ha estado a punto de ayudarnos, pero… Monokuma y los que están detrás de todo se han asegurado de que no pueda interferir. Si lo que dicen las nuevas reglas es cierto, Teddy no podrá ayudarnos, o no solo él explotará y su controlador perderá el contacto con nosotros, sino que nosotros mismos correremos riesgo de muerte.

    Si… todo parecía ser como dijo Dante. Teddy solo quería ayudarnos. Pero… no podía hacerlo.

    —¿Qué me he perdido? —Ryu irrumpió de pronto en la sala, con guantes negros que cubrían sus manos pero no sus dedos, tirando de las ruedas de su silla. Leaffy venía tras él, sonriente y serena como siempre—. Oh, ese oso de felpa ha vuelto —observó con desgana al ver a Teddy. Me fijé en que sus ya de por sí prominentes ojeras habían aumentado muchísimo de tamaño. Como si hubiese pasado una mala noche.

    Leaffy, por su parte… se veía radiante. Siempre se veía radiante.

    —Buenos días, Teddy-kun~. Buenos días, chicos.

    —¡U-Uwa! —Teddy, de pronto, se cubrió los ojos y se puso rojo—. ¡L-Leaffy me ha l-llamado Teddy-kun! ¡Q-Qué adorable!

    Esos dos… llegaban tarde, y a ambos parecía no importarles en absoluto ese detalle. Fue Gea la que hizo hincapié en esa observación, de hecho:

    —¿Cómo es que os levantáis tan tarde? ¡El anuncio sonó hace una hora! ¡Es una desfachatez semejante tardanza!

    —Ñeh… —Ryu agarró un croissant con una mano y con la otra agarró una de sus ruedas. Para sorpresa de todos, logró hacer una especie de trompo, girando sobre sí mismo y colocándose en su hueco de la mesa a una velocidad impresionante. Sin duda, tenía un gran manejo de su silla y una gran fuerza en sus brazos—. Quería seguir durmiendo, pero esa zorra mala no me dejaba. Aparecía en la pantalla una y otra vez, diciéndome que me marchase de mi dormitorio, y no se callaba, la muy pesada.

    —¿H-Hablas de Liza, verdad? —susurré, con un nudo en mi garganta, y Ryu asintió con indiferencia—. A mí también se me apareció. Es como si estuviese en todas partes… pendiente de nosotros.

    —¡Y así es! —su voz se hizo eco en la sala. El gran monitor apareció de nuevo, mostrando los ojos rojos de Liza. Su rostro angelical, y, a la vez, endemoniado, estaba muy cerca de la pantalla. Tenía los ojos de par en par. Fuese una IA o no… lo que estaba claro es que daba verdadero miedo—. Os tengo perfectamente controlados. Al fin y al cabo, la desesperación anida en todos… o, bueno, casi todos los corazones, ¿no es así? ¡Mientras haya desesperación, yo, Liza White, la Diva de la Desesperación, seguiré existiendo!

    —¡E-Eeeek! —gritó Teddy, agachándose y ocultándose tras las piernas de Leaffy—. E-Ella está aquí…

    Dante, apretando los dientes, alzó la mirada con furia y quedó mirando a aquella pantalla. Dio un golpe contundente sobre la mesa, y eso me sobresaltó. Cuando me fijé en la misma, la madera estaba rota y resquebrajada por el golpe. ¡C-Caray, menuda fuerza…!

    —¡¡Ya está bien!! ¡Desaparece de nuestra vista! ¡No lograrás lo que pretendes, me oyes! ¡¡No nos harás pasar por esto otra vez!! —los ojos de Dante resplandecieron de un modo que me resultó completamente hipnótico. De pronto me fijé. Fue como si, por un instante, sus iris se tornasen rosados… quizá fue solo una alucinación mía—. Tú provocaste nuestro sufrimiento en aquel otro “juego”… aunque hayas borrado mis recuerdos, sé que fue así. Siento algo dentro de mí que me lo dice. Y también siento dentro de mí que logramos vencerte. Que la esperanza triunfó aquella vez. ¡De modo que triunfará esta! —su voz se elevó entonces en aquel preciso momento aún más de la que ya lo hacía, resultando en un grito que provocó un estruendo en la sala—. ¡¡¡Esfúmate!!!

    Y, como si hubiese habido un cortocircuito en el aparato, la pantalla volvió a su estado apagado, completamente negra. Sin Liza White cerca. Sin la desesperación atormentándonos.

    —D-Dante, eso ha sido… —Ixie quedó impresionada, con la boca semiabierta.

    —… espectacular —Oxy estaba enrojecida, como si la actuación del Super Guardián hubiese despertado en ella algo más que admiración.

    —… hmpf —fue todo lo que susurró Dante, enrojecido también, pero más bien por la vergüenza.

    —¡Dante, tu talento resplandece como siempre, eh! —Teddy se volvió a mostrar, sonriente, saltando una vez más sobre la mesa—. ¡El Super Guardián! ¡El Guardián de la Esperanza!

    El chico apartó la mirada, avergonzado por todos los piropos que estaba recibiendo. Pero pronto la brevísima atmósfera positiva que Dante había generado fue destrozada por la llegada de cierto Ultimate.

    —Vaya, vaya. Conque dando discursitos de esperanza desde bien pronto en la mañana, ¿eh? —Orm llegó con las manos sobre la nuca, despeinado y aún en pijama. Desde luego, no parecía preocuparse en absoluto por arreglarse o siquiera vestirse. No era el tipo de persona que se preocupase por la opinión de los demás, desde luego—. Tiene gracia que hagáis de líderes y de salvadores de la esperanza cuando uno de vosotros dos está, precisamente, ocultando información a los demás, ¿eh? ¡Si tanta confianza y esperanza queréis transmitirnos, que sea de verdad!

    Orm dio un saltito hacia una de las dos sillas que quedaban libres, se sentó en forma holgada y despreocupada, como el niño que era; pero, al mismo tiempo, su tono de voz y su mirada ladina distaban mucho de ser las de un niño normal y corriente.

    —… ¿a qué demonios te refieres? —aún quedaba algo de ira en la mirada de Dante, de eso no cabía duda… pero estaba mucho más relajado.

    —No hablo de ti —dijo, con la boca llena, Orm, mientras mascaba una tostada—. Hablo del otro. Del tipo del Ajedrez.

    Hubert, entonces, alzó la cabeza, alarmado.

    —No pongas esa cara —se encogió de hombros Orm, con un claro deje hiriente en la voz—. Sabes de sobra de lo que hablo. No soy el único que se ha interesado por sus misiones individuales, ¿eh? La información tan jugosa que te han revelado te tiene ciertamente intranquilo, ¿verdad, Hubert?

    —… pequeño mocoso, ¿¡cómo sabes tanto!? —exclamó él, visiblemente enfadado.

    Pero a Orm solo pareció divertirle su reacción. Con la mano bajo su nariz, hizo un gesto infantil, como mofándose de él. Y eso solo provocó que Hubert se molestase aún más. De forma brusca, se levantó de golpe, y comenzó a caminar sin mirar a nadie directamente a los ojos. Como si estuviese huyendo. Como si no quisiese enfrentarse a la realidad.

    —H-Hubert… —trató de llamarle Frida, extendiendo la mano hacia él, pero fue rápidamente rechazada por el Ajedrecista. No hubo forma de frenarle.

    —¡Hubert, no te vayas así, ay! —Teddy, de forma torpe, correteó detrás de él.

    Pronto todas las miradas se enfocaron en Orm. La mayoría de las mismas, con aspecto acusador. La de algunos, llenas de indiferencia. Otros tantos las tenían cargadas de curiosidad.

    —¿Qué? —dijo él, mirando a todos como si no supiese bien qué era lo que había hecho mal—. ¡Yo no he hecho nada! He dicho la verdad. Se supone que eso es lo que hay que hacer, ¿no? ¿Acaso ninguno de los presentes ha mirado sus misiones individuales?

    Y las miradas dejaron de enfocarse en él. La escena, más bien, se convirtió en un cruce tumultuario de miradas, unas con otras. Como si todos sospechásemos del prójimo.

    Esas acciones individuales… si todas eran como la mía… no me extrañaba que pudiesen generar discordia entre nosotros. Mi misión revelaba que había alguien con un talento falso. Y, si averiguaba quién era ese alguien, recibiría información sobre el mío propio. De modo que… tal vez las otras misiones individuales revelaban información sobre el resto. Tal vez alguien más supiese algo que le haría sospechar de otro. Quizá… quizá Orm resolvió alguna de sus misiones y averiguó algo sobre las misiones de Hubert. Y puede que este último descubriese a raíz de estas algún dato que le perturbaba.

    … agh, ¿qué demonios estaba haciendo? Yo mismo estaba comenzando a dudar sobre los demás. A dudar de Hubert, de Orm, de todos. Eso… eso era justo lo que pretendía Monokuma. Lo que pretendía la gente que nos estaba haciendo esto.

    Por eso sentí una sensación de desolación cuando, poco a poco, la gente fue marchándose del lugar, tensa y llena de dudas. Fui el único que permaneció en el restaurante… junto con Orm, que no paraba de comer. Me había quedado obnubilado mirando mi Monoloj, leyendo una y otra vez aquella frase.

    Descubre al participante con talento falso”.

    Y, una vez más, fue él el que me sacó de mis pensamientos.

    —¿Qué? —dijo el Super Prodigio—. ¿Preocupado por tus misiones individuales? Deberías intentar resolver alguna, ¡te irán dando más! Es como un juego de rol, pero en versión cutre. Más bien… parece que todo esto sea una aventura gráfica, supongo, ¿eh? De esas en las que… ya sabes, es casi todo leer y leer y leer, y aparecen sprites de los personajes y cuadros de texto. ¡Y al final hay que resolver algún misterio presentando pruebas que contradigan testimonios y gritando “te equivocas” o “protesto”!

    Su sonrisa despreocupada e infantil… llegaba a perturbarme. Era un niño muy, pero que muy inquietante. Pero, al fin y al cabo, estaba solo con él en aquella sala, y había sido él mismo el que dio pie a la conversación… así que quizá podría aprovechar para intentar conocerlo mejor. Para intentar averiguar lo que pasaba por su cabeza.

    Free-time event: Orm.

    —Sí… supongo que eso me tiene un poco preocupado —dije, respondiendo a su pregunta de la forma más sincera pero evasiva que pude. Y pronto quise desviar el tema de conversación.

    Quería saber algo sobre él, pero… no era un chico precisamente fácil de tratar. Por eso, supe que, quizá, la mejor forma de conseguir obtener algo de alguien como Orm era a través de la adulación. Así que tomé aire y dije:

    —Hey, recuerdo que, cuando te presentaste, dijiste que tenías un CI de 175, ¿no? ¡Eso es impresionante! Yo nunca me hice una de esas pruebas, a decir verdad, pero me consta que 130 es ya ser superdotado...

    —Tú seguro que sacabas 100 puntos.

    —¡Wow, gracias!

    Orm comenzó a reír.

    —¡Esa es la media, imbécil! Tener esa inteligencia implica que serías tremendamente normal. Y ser normal es aburrido, ¿sabes?

    —¿A-Aburrido?

    —Claro —Orm tomó un croissant y comenzó a masticarlo. ¿C-Cuánto comía ese niño? En cualquier caso, no se preocupó demasiado por tener la boca llena, y siguió hablando. Desde luego, sería muy inteligente, pero no era precisamente educado—. La gente normal es muy aburrida. Si eres normal, eso quiere decir que no tienes nada destacable, nada que te diferencie del resto. Nada en lo que destaques. Y si no destacas en nada, estás condenado a ser superado por los demás en todo. A ser invisible.

    Pude percibir… un cierto tono de rabia y, a la vez, frustración en sus palabras.

    —Ya veo… entonces, para ti, tener un talento lo es todo, ¿no?

    —… tener un talento te define como persona. Los demás te valoran si tienes un talento, ¿sabes? Si no lo tienes, pasas a ser parte del montón. Empiezas a ser tratado como si fueses invisible.

    —Orm, hablas como si… no sé. Como si hubieses sido víctima de eso que acabas de describir. Como si hubieses sido invisible para alguien en algún momento.

    A juzgar por cómo varió su expresión, había dado en el clavo.

    —Qué sabrás tú —me escupió—. Eres precisamente el menos indicado para decirme eso.

    —¿H-Huh? ¿Q-Qué quieres decir? —sus palabras sonaron especialmente hirientes. Más aún de lo que era habitual en él. Sin duda, había dado en la fibra sensible.

    Cruzado de brazos, apartó la mirada.

    —A veces, incluso aun siendo talentoso en casi todo, nadie se fija en ti —susurró él, cabizbajo, con un aire sombrío, al tiempo que se levantaba—. Por mucho que destaques en todo lo que te propongas, por mucho que desarrolles tus cualidades innatas hasta el extremo… puede aparecer alguien que, sin hacer nada, capte toda la atención. Solo porque es especial. Sin esforzarse. Sin mover un dedo. Pft.

    Con manos en la nuca, se marchó de allí, visiblemente molesto. Casi parecía como si… estuviese teniendo una rabieta. Como si estuviese celoso de alguien, igual que un niño se pone celoso de su hermano menor.

    Bueno… no logré sacar mucho de él, pero supongo que tuve la ocasión de ver su lado más humano, dentro de lo que cabe. Por muy especial que fuese, no dejaba de ser un niño, ¿eh?

    El nivel de amistad con Orm ha subido.


    Estuve a punto de marcharme, cuando apareció la única persona que aún no había llegado. Estaba sudando, agitada, y tenía aspecto preocupado.

    —Bezzy, no tienes buena cara. ¿Todo bien?

    Ella tardó en responder. Parecía angustiada.

    —N-No, tranquilo… es solo que… me he agobiado un poco. Tengo un poco de claustrofobia.

    —¿Huh? ¿Y? ¿Te has quedado encerrada en tu dormitorio o algo…? —traté de preguntar con el tono más suave que pude.

    Ella asintió, algo confusa.

    —Bueno, olvídalo. Siento haber llegado tarde —se excusó, haciendo una ligera reverencia. Wow. Menuda diferencia con Orm… ella sí que era una chica con modales—. ¿Queda algo de desayuno? Lo cierto es que tengo mucha, mucha hambre.

    Señalé entonces a la mesa.

    —Aún queda algo de comida, sí. Hubert ha cocinado todo esto para nosotros. Pero ahora estará frío, claro, es la única pega.

    —Oh, no importa —dijo, tomando asiento y colocando en un plato una de las tostadas, poniendo sobre ella un huevo frito y una loncha de bacon—. Me gusta la comida fría, no es un problema para mí.

    Y, mientras canturreaba, abrió el bote de la mermelada de fresa y comenzó a untarla. Horrorizado, seguí viendo lo que hacía con su desayuno… lo próximo que cogió fue una lata de paté, que untó en otra rebanada. Posteriormente, alargó el brazo hasta la caja de cereales de chocolate, y, en lugar de echarlos en la leche, vertió una generosa cantidad de estos sobre la otra rebanada de pan. Así, unió ambas tostadas en lo que pasó a ser uno de los sándwiches más raros que había visto en mi vida: mermelada, bacon, huevo, paté y cereales, todo dentro del pan.

    … por no hablar de que lo remató mojándolo todo en su taza de café frío. V-Vaya asco.

    No pude evitar quedar algo conmocionado ante el desayuno de Bezzy. Quizá por eso quedé mirándola con cara extrañada, y ella no tardó en darse cuenta.

    —¿Pasa algo? —dijo, justo antes de darle el primer bocado a aquella barbaridad culinaria. ¡S-Se lo estaba comiendo de verdad!

    —Oh, n-no… nada, nada.

    Avergonzado, decidí disimular… y, de paso, aprovecharía para charlar con ella un poco. De otro modo, las horas en aquella maldita ciudad se me harían insufribles.

    Free-time event: Bezzy.

    —Hey, Bezzy, ¿cómo es que te convertiste en la Super Violinista? Yo es que soy bastante negado para la música… me parece algo muy complicado.

    —¿Complicado? —dijo ella, sorprendida, limpiando las migas de pan con delicadeza de su boca, con una servilleta. L-La finura y elegancia con la que hacía todo no cuadraba con la contundencia de su desayuno, pero bueno—. Oh, a mí no me resulta nada complicado, de hecho. La música… creo que es algo que uno tiene que sentir, sin más.

    —¿Sentir…?

    Asintió, sonriente. Llevó una mano al pecho, con dulzura, y cerró los ojos.

    —La música tiene que sentirse. Hay que interiorizarla, como si los latidos de tu corazón fuesen al compás del ritmo de la canción que vas a tocar. Cuando oído una canción, todos mis sentidos se vuelcan en ella. Por eso, quizá, soy buena con el violín, ¿no? Porque tengo esa capacidad, supongo. La capacidad de sentir la música.

    —¿Y por qué precisamente el violín?

    De pronto, se sonrojó.

    —… fue porque alguien me dijo que creaba magia con él.

    —¿M-Magia?

    Bezzy asintió.

    —Lo cierto es que puedo tocar casi cualquier instrumento de música. Desde pequeñita, estuve en conservatorios. Tenía un talento natural, como digo, para la música: jamás fallé una sola nota. Llegué a tocar la flauta, el piano, la trompeta, todo tipo de instrumentos, todo lo que puedas imaginarte. Pero un buen día… durante uno de mis conciertos… toqué delante de gente bastante importante. No recuerdo muy bien los detalles de aquel evento, pero sé que en primera fila se encontraba alguien… alguien a quien ahora tampoco puedo recordar bien. Ni siquiera soy capaz de visualizar su rostro.

    Las lágrimas empezaron a brotar por los ojos de Bezzy. Apurado, no supe muy bien qué hacer para consolarla… parecía ser que no recordar a aquella persona tan especial le había afectado mucho.

    —T-Tranquila, Bezzy. Estoy seguro de que es todo culpa de Monokuma. Él ha hecho que olvidemos parte de nuestros recuerdos. Y-Yo ni siquiera recuerdo bien a mi familia. Demonios, ni siquiera recuerdo mi apellido.

    —… oh. No es mi caso —agachó la cabeza—. Recuerdo bien mi apellido. Me llamo Bezzy Hoffe.

    —Oh —aquello me dejó un poco contrariado—. V-Vaya.

    —… supongo que simplemente he olvidado a esa persona. Quizá sea culpa mía, y no de Monokuma, ¿eh?

    Negué con la cabeza.

    —No sé qué sucedió en ese concierto, Bezzy, pero seguro que, si has olvidado algo o a alguien importante para ti, no ha sido culpa tuya. Toda la culpa la tiene Monokuma —la miré de frente, sonriente, y ella, al alzar la cabeza y mirarme, me devolvió la sonrisa. Ella… transmitía muchísima paz. Como si se respirase ternura en cada uno de sus gestos.

    —Tienes razón.

    —¿Y bien? —le dije, curioso, apoyándome sobre la mesa—. ¿Qué sucedió en ese concierto? ¿Qué hizo aquella persona que estaba en primera fila?

    —… mirarme —dijo ella, sonrojada—. Me miraba… de una forma muy extraña. Y-Yo nunca había sentido el cosquilleo que sentí entonces, pero, cuando me di cuenta de que me estaba mirando así… mi corazón empezó a palpitar con fuerza —vaya… eso sonaba a un flechazo, sin duda—. Y fue entonces cuando fallé mi única nota. La única que fallé en toda mi carrera. Todo porque estuve nerviosa durante el concierto.

    —¿Y era el violín el instrumento que tocabas?

    Ella asintió.

    —Cuando el concierto acabó… se acercó a mí. Me dijo que le había fascinado mi forma de tocar… y que, con el violín, uno de los muchos instrumentos que toqué aquella velada, había logrado despertarle fuertes sentimientos. Como si crease magia con él.

    >> Desde ese momento… decidí que era el violín el instrumento que quería seguir tocando toda mi vida. Todo con tal de seguir creando magia para… para…

    Las lágrimas invadieron su rostro. N-No era capaz de pronunciar el nombre de la persona a la que más quería… debía ser muy doloroso para ella.

    El nivel de amistad con Bezzy Hoffe ha subido. El nombre de Bezzy ha sido actualizado.


    … y, tras eso, un día más pasó.

    Arie, incansable, seguía tratando de buscar una salida. Era el único que, empecinado en lograr encontrar algún recoveco en la ciudad, seguía insistiendo en esa posibilidad, después de que el resto la hubiésemos desahuciado por completo. Era un chico particular, muy enérgico y altivo, cargado de energía, y parecía demasiado tozudo como para aceptar una verdad que no le gustaba. Aunque, sinceramente, ojalá el resto tuviésemos parte de su coraje.

    No vi a Hubert ni a Dante en todo lo que quedaba de día. Era como si se hubiesen escondido de nosotros. Tampoco hubo rastro de Teddy. Por un momento, pensé que los tres, como viejos amigos que se suponía que eran, estaban intercambiando información. Al fin y al cabo, gracias a Orm descubrimos que Hubert sabía algo que le había inquietado, y… aunque no les recordase, Dante y el chico que controlaba a Teddy eran los únicos amigos que tenía allí. Seguramente, querría confiar en ellos antes que los demás.

    Ixie, Oxy, Leaffy, Ryu, Stock y Gea pasaron el resto del día intentando explorar más a fondo el Sector A, tratando de llevar la estancia en el lugar que habían aceptado ya como su prisión particular lo mejor que podían. Por su parte, Spok y Chisp pasaron la mayor parte del tiempo estáticos, pululando por el hotel, el primero como una sombra, y el segundo como una coraza vacía. Sin duda, ambos eran personas ciertamente particulares. Frida, Bubbly y Bezzy, por su parte, estaban asustados, tremendamente asustados, y pasaban juntos la mayor parte del tiempo. De algún modo, habían aunado fuerzas, quizá precisamente porque eran los más débiles, los más asustadizos, los más vulnerables. Tres palos juntos son más difíciles de quebrar que uno, por más quebradizos que sean individualmente.

    Y luego… estaba Orm. Nunca supe muy bien qué esperar de él, a decir verdad. En mis paseos por las calles de Despair City, tratando de hacer que el tiempo avanzase y el día acabase cuanto antes, pude cruzármelo en alguna ocasión… y siempre parecía estar analizándolo todo, como si su mente procesase cosas que nosotros ni siquiera alcanzábamos a entender. Como si viese, dedujese y concluyese respuestas y soluciones en cada una de las esquinas. Su sonrisa ladina y picaresca me inquietaba, y se preocupaba de dirigirme una todas y cada una de las veces que nos encontrábamos. Casi como si supiese que me inquietaba. Y quisiese, en efecto, inquietarme.

    Al pensar en todo eso, me di cuenta de que tenía miedo. Temía por mi vida. Por primera vez, durante la estancia en Despair City, consideré como una verdadera opción el hecho de que alguien pudiese matarme. Hubert guardaba secretos, Frida, Bubbly y hasta Bezzy lucían tremendamente asustados, personas como Stock, Ryu u Oxy parecían ser lo suficientemente fríos y calculadores como para poder trazar un plan de asesinato… hasta Orm, que no era más que un niño, me parecía extraordinariamente peligroso. Todos ellos podían serlo. Todos lucían como posibles asesinos.

    Por eso, cuando el anuncio sonó, yo ya estaba en mi cama. Temblando.

    —¡Son oficialmente las 10:00 PM! A partir de ahora comienza el tiempo nocturno. ¡Recordad descansar bien, chicos! ¡No queremos que el cansancio os impida matar! ¿Verdad, hermanito?

    —¡Mnfgh! ¡Nghfnm! —al parecer… Teddy había sido atrapado de nuevo.

    —¡Bien dicho, hermanito! Tú siempre tienes grandes palabras para nuestros participantes.

    … y, con la voz aguda y estridente de Monokuma penetrándome en mi oído, me dormí.


    A la mañana siguiente, ni siquiera presté atención al anuncio. El cansancio psicológico que sentía era tal que mi cuerpo no se despertó, por mucho que mis oídos hubiesen percibido el sonido del aviso y la voz de Monokuma. Solo di la vuelta en mi cama, y quise seguir durmiendo. En la calidez del sueño, al menos no estaba allí. Al menos… mi conciencia no me torturaba. Al menos podía desconectar de todo aquello por un instante.

    Pero por supuesto, ella no iba a permitirte.

    —Pyro, Pyro, Pyro —la voz de Liza White me crispaba los nervios. Tenía una especie de don para lograr molestarme, una forma de hablar y un tono de voz que me causaba angustia y rabia. Probablemente, lograba molestar a todo el mundo. Al fin y al cabo, ese era su poder, ¿no? Ese era el motivo por el que existía. Para lograr esparcir la desesperación—. No pienso funcionar como tu alarma personal todos los días, ¿sabes? El anuncio de Monokuma está para algo. Haz el favor de levantarte.

    Dijo aquello último con un forzado tono de madre molesta con su hijo vago. Mi respuesta, no obstante, se limitó a mirarla con desdén, agarrar uno de los cojines de mi cama y lanzarlo contra el monitor. Luego, logré balbucear algo, casi ininteligible:

    —Lárgate… pensaba que Dante ya te había echado para siempre.

    —Más quisieras —bufó ella. Así que había logrado entenderme… y mis palabras no le gustaron en absoluto. Sus ojos rojos se iluminaron con un destello cargado de desesperación. Casi podía sentirla al otro lado de la pantalla—. Esa esperanza tan patética no podría conmigo ni en mil años. Solo porque un destello de esperanza haya logrado alejarme un instante no significa que me vaya para siempre.

    Cogí la almohada y la puse sobre mi cabeza, apretando con fuerza. No quería verla. No quería escucharla. Solo quería que me dejase en paz.


    —… vale, ya veo que la desesperación está pudiendo contigo, ¿eh? —dijo ella, insistente—. Eso me gusta. ¡Eso me encanta! Ahora el toque final es que suceda el asesinato de una vez por todas. ¡Claro que sí! Y viendo cómo están las cosas… ¡será dentro de muy poco! ¡Sí, señor! Upupupu. Puhehehe.

    —¡Cállate! —le grité, aún debajo de la almohada—. N-No habrá ningún asesinato. ¡No vamos a jugar tu estúpido juego!

    —Oh, ya lo creo que sí. Y si sales de esa cama hedionda de una vez por todas y sales fuera… entenderás por qué el comienzo del juego va a ser inevitable.

    Eso último logró despertar un escalofrío en mí. Lentamente, saqué mi cabeza de debajo de la almohada, y mis ojos anaranjados observaron a Liza, sonriendo de forma maniática. Cuando fui a preguntarle por lo que acababa de decir, ella se limitó a reír en voz alta, y, poco a poco, su imagen fue desapareciendo.

    Reglas del juego:

    Regla 1: ¡los actos de violencia contra Monokuma y su hermano están totalmente prohibidos! El participante que viole esta regla será inmediatamente castigado.

    Regla 2: del mismo modo, Monokuma y su hermano no podrán interferir en los asesinatos; además, toda la información que den sobre los mismos deberá ser fiable y cierta.

    Regla 3: se darán anuncios por la mañana, a las 8:00 AM, para despertar a los participantes. Una vez dado el anuncio, el participante tendrá 2 horas para salir de su dormitorio. ¡Nada de vaguear, el juego está para participar!

    Regla 4: igualmente, se dará otro anuncio a las 10:00 PM para indicar el comienzo del tiempo nocturno. Durante este tiempo, varias dependencias podrán permanecer cerradas y varios caminos permanecer cortados.

    Regla 5: en cualquier caso, entre las 1:00 AM y las 8:00 AM se considerará que transcurre el tiempo de sueño, y la entrada a las dependencias principales quedarán cerradas; no se podrá entrar, pero sí se podrá salir de ellas. Si decides permanecer fuera durante el tiempo de sueño, es bajo tu responsabilidad, ¡pero recuerda descansar lo suficiente!

    Regla 6: cuando se cometa un asesinato, se dará un anuncio tan pronto como tres personas o más descubran el cadáver. En ese momento, comenzará el tiempo de investigación, tras el cual empezará la clase de juicio.

    Regla 7: durante el tiempo de investigación, no aplicará ninguna regla concerniente a la restricción de acceso a ninguna dependencia, salvo excepciones que Monokuma o su hermano podrán valorar según el caso.

    Regla 8: en la clase de juicio, se votará al culpable, eligiéndose este por mayoría de votos. Cada participante tendrá un voto, que no podrá ser cambiado una vez realizado.

    Regla 9: si el elegido como culpable fue el asesino, dicha persona será castigada. En caso contrario, todos serán castigados salvo el asesino, y este habrá ganado el juego.

    Regla 10: en caso de que se produzca un empate en las votaciones entre dos o más personas, se repetirán las votaciones, pudiendo elegirse como posibles candidatos para ser votados únicamente a quienes empataron. Los que hubiesen empatado no podrán votar en esta segunda votación.

    Regla 11: ¡el hermano de Monokuma no podrá revelar ningún tipo de información sobre el exterior, sobre las identidades de los participantes de ninguno de los dos juegos, ni sobre nada que comprometa el equilibrio de este juego de asesinato mutuo!

    Regla 12: en el caso de que el hermano de Monokuma incumpla una regla, explotará en el acto, destrozando todo cuanto le rodee. Incluidas personas.

    Misiones globales:

    1- Identidades: comenzad la primera investigación.

    Lista de alumnos:

    1- Pyro: Super ???
    [​IMG]
    - Misiones individuales: Talento: descubre al participante con talento falso.
    - Datos obtenidos: ???

    2- Ryu: Super Entrenador
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    3- Chisp: Super Informático
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    4- Frida: Super Sastre
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    5- Hubert: Super Ajedrecista
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    6- Dante: Super Guardián
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    7- Bubbly: Super Buceador
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    8- Leaffy: Super Jardinera
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    9- Ixie: Super Naturópata

    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    10- Oxy: Super Psicóloga

    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    11- Orm: Super Prodigio
    [​IMG]

    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos:
    1. Orm detesta a la gente sin talento, por considerarlos simples, normales, y carentes casi de un rasgo distintivo que les haga diferentes. Odia la normalidad, y parece obsesionado con destacar en algo. Al parecer, aparentemente hay alguien en su vida que recibía toda la atención simplemente por ser "especial", mientras que él insistía en seguir esforzándose en ser el mejor en todo para lograr destacar.


    12- Stock: Super Empresario

    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    13- Gea: Super Profesora
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    14- Spok: Super Ladrón
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    15- Arie: Super Arquitecto
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    16- Bezzy Hoffe: Super Violinista
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos:
    1. Bezzy es una virtuosa con todos los instrumentos, pero parece ser que fue gracias a una persona muy especial para ella, aparentemente su interés romántico, que se comenzó a especializar e interesar por el violín en específico. Solo ha fallado una nota en toda su vida.
     
    Última edición: 3 Agosto 2018
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  6.  
    GalladeLucario

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    Escritor
    Título:
    Pokénronpa 2: el Resurgir de la Desesperación
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    6
     
    Palabras:
    5998
    Capítulo 1: Despair rima con "muerte".
    Vida Diaria parte 3.


    Bajé las escaleras del hotel con desgana y con pocas energías. Aquella situación estaba agotándome psicológicamente… y Liza White y sus indirectas no ayudaban en absoluto, así como tampoco servía para paliar esa desagradable sensación la incertidumbre e intranquilidad que me causaba el pensar en mi misión individual… el talento falso. Las misiones de los otros. La posibilidad de que alguien pensase que era una buena opción matar a otro para sobrevivir. No podía confiar en nadie.

    En nadie. En nadie.

    … en nadie.

    No mejoró absolutamente nada cuando entré al comedor y vi que no había absolutamente nadie allí. Miré el reloj de la pared, extrañado. Ya era tarde, debía haber gente desayunando, ¿por qué no estaban? Mi corazón, sin motivo aparente, comenzó a palpitar con fuerza. Y entonces, oí la voz de Bezzy detrás de mí.

    —Oh, ¡Pyro! Estás aquí —me dijo, preocupada. Pude notar que llevaba un papel en su mano izquierda. Se la veía especialmente nerviosa—. ¿No hay nadie más? T-Todos deben estar en el gimnasio, entonces.

    —¿Huh? —pregunté, confuso. ¿Por qué estarían allí tan temprano? Era inusual… y una mala sensación se apoderó entonces de mi cuerpo. Las palabras de Liza White resonaron en mi cabeza: “si sales de esa cama hedionda de una vez por todas y sales fuera… entenderás por qué el comienzo del juego va a ser inevitable.” —. ¿Por qué crees que están allí?

    Tragué saliva, instintivamente, cuando extendió el papel que tenía en la mano frente a mí para que pudiese leerlo. Y mis ojos recorrieron rápidamente las palabras que allí había escritas.

    “Monokuma nos ha convocado a todos para que vayamos al gimnasio. Dice que es muy urgente. Te escribo esto para que lo sepas, ya que no sales de tu cuarto”. Bajo aquellas palabras, la firma de “Frida” aparecía grabada.

    —No pude salir de mi dormitorio, otra vez. Es como si la puerta se quedase atascada —susurró Bezzy, confusa—, así que, cuando sonó el anuncio de Monokuma, me quedé un rato más en mi cama. Pero luego vi que alguien pasaba esta nota por debajo de la puerta, y me sobresalté. Pude abrir la puerta poco después y vine aquí corriendo. Parece que todos se han ido ya, ¿eh?

    … mientras Bezzy decía eso, no pude evitar apretar los dientes con algo de rabia. ¿P-Por qué la avisaban a ella pero… nadie me había avisado a mí?

    Con todo, no pudimos siquiera desayunar. Es más, Bezzy y yo fuimos prácticamente corriendo hasta la zona de encuentro. No queríamos, ninguno de los dos, que nuestra ausencia supusiese un problema para el resto, por mucho que la semilla de la desconfianza estuviese sembrada en mí, y hubiese comenzado a germinar por el hecho de que nadie me avisase de aquella reunión.

    —Vaya, ya creíamos que habíais muerto, upupupu —Monokuma, sobre un escenario que había en mitad de aquel excéntrico gimnasio, aplaudía con sus patitas redondas, pisando a un Teddy atado y amordazado que había bajo sus pies—. ¡Es una lástima, si uno de los dos hubiese muerto, esta reunión no sería necesaria! Aunque por otro lado, ¡me molestaría mucho haberme tomado la molestia de convocar la reunión para nada! Así que, ¡supongo que no pasa nada, lo contaré como una falta excusable, upupupu!

    —¡Habla ya, maldito oso de felpa! —exigió Oxy, señalándole con un dedo—. Que esos dos tortolitos estuviesen teniendo relaciones íntimas y llegasen tarde no le interesa a nadie, ¿sabes?

    —… a mí sí —dijo Spok, para sorpresa de todos.

    Noté cómo mis mejillas ardían de pronto, y Bezzy rápidamente hizo ademanes con la mano, al mismo tiempo que negaba vehementemente con la cabeza.

    —¡N-No es lo que creéis, es solo que…!

    —Dejemos eso para luego —zanjó Hubert, cruzado de brazos. Pude fijarme en que tenía un aspecto más desgastado de lo habitual, como si estuviese especialmente cansado: las ojeras profundas y oscuras se dibujaban firmemente debajo de sus ojos—. Antes deberíamos escuchar lo que Monokuma quiere decir.

    —A-Algo me dice que no será n-nada bueno —tartamudeó Frida, agarrada al brazo de un tembloroso Bubbly.

    —Claro que no será nada bueno —suspiró Orm, hastiado—, ¿eres imbécil o qué? Como si Monokuma fuese a darnos una alegría.

    —Tal vez nos va a decir que todo era una broma y que podemos irnos~—dijo con suavidad Leaffy, sonriendo e inclinando ligeramente la cabeza hacia un lado.

    —… esta llega a ser más tonta y no nace —sentenció Oxy.

    —Entonces tú no habrías nacido —cortó Ixie, de pronto.

    —Y tú no habrías llegado ni a embrión —respondió su archienemiga.

    —¡Silencio! —espetó la Super Profesora—. Si no respetamos el turno de palabra, esta discusión se hará eterna.

    Monokuma asintió con lentitud, y dio un saltito hacia delante, dejando al pobre Teddy respirar por un momento. Luego, comenzó a hablar mientras daba lentos paseos alrededor de su “hermano”.

    —Veréis, veréis. Ya que no habéis matado a nadie todavía, me dije: “¡qué aburrido es esto! Están al límite de la desesperación, ¡pero no se matan! ¡Tienes que hacer algo, Monokuma! ¡Tienes que motivarles para que se maten!” Y entonces, en la soledad de mi alcoba… —cogió por la cabeza a Teddy, mirándole de frente, y, de pronto, lo lanzó por los aires—. Dije: ¡BINGO! ¡Un motivo!

    Con brazos extendidos a los lados, Teddy cayó al suelo después de ser lanzado, y comenzó a toser, ya libre de la mordaza que le cubría la boca.

    —¿U-Un motivo? ¿V-Vas a dar el primer motivo?

    —¡No un motivo cualquiera, querido personaje-de-relleno-sin-importancia! ¡Es el motivo! ¡El mejor, más original, más desesperante, más innovador motivo de todos los tiempos!

    ¿Motivo? ¿D-De qué hablaba? ¿Pretendía… instigar los asesinatos dándonos alguna razón para fomentar que nos matásemos? Pero, ¿cómo pretendía lograr eso? ¿Qué motivo podía ser tan fuerte como para hacer que alguien quiera matar a otro, más allá del motivo principal que era salir de allí?

    Lo entendí tan pronto como comenzó a hablar. Era un motivo cruel. Cruel, letal y… ciertamente, muy efectivo. El pánico corrió como la pólvora en aquel gimnasio cuando dijo aquellas palabras.

    —¡Sabed, queridos alumnos, que si no aparece un cadáver en el transcurso de dos días… todos vosotros moriréis! ¡Ese es mi motivo! ¡Un motivo único y genuino!

    —… pues a mí me suena familiar, como si lo hubiese visto en alguna parte —dijo Teddy, pero fue rápidamente acallado por el pie de Monokuma, que le pisó directamente en la boca.

    —¿N-nos matarás a todos? —palidecí tan pronto como escuché eso. ¿N-Nos daría dos días de margen y… si nadie moría, todos lo haríamos? ¡E-Eso era cruel! Era horriblemente cruel.

    Las miradas cargadas de miedo, sospecha, desconfianza y recelo comenzaron a entrecruzarse de pronto. Nadie confiaba en los demás, mucho menos después de oír eso. Si todos íbamos a morir, está claro que alguien, con tal de salvar su vida, mataría a otro para que solo fuese una la víctima. Y su acto, en cierto modo, estaría justificado: era justo lo que Monokuma quería, hacer que tuviésemos un motivo claro por el que matar. Forzarnos a matarnos, más que nunca.

    Fue la voz contundente de Dante la que rompió el silencio.

    —Miserable —susurró, para luego alzar la voz—. ¿Crees que esto es un juego? ¡Estás usando vidas humanas a tu antojo! No estoy dispuesto a participar en algo así, ¿me entiendes? Pretendes que decidamos entre una muerte u otra, ¡pero las dos son muertes, sea una persona o dieciséis quienes mueran! Y lo que quieres hacer es obligarnos a convertirnos en asesinos, ¡a ser como tú! ¡Me niego a ser parte de algo así!

    —… ¿es mejor entonces no hacer nada y dejar que muramos todos? —severo, Stock cubría su mirada con su sombrero.

    Dante apretó los dientes.

    —No soy un asesino.

    —Oh, pues yo creía que sí —dijo Monokuma, mano en el mentón, reflexivo—. Recuerdo que Dante Miles intentó matar a toooodos sus compañeros con un sucio truco que, encima, implicaba a su amada. ¿Eso no es ser un asesino?

    —… —Dante quedó mudo—. ¿Q-Qué dices? ¿¡De qué hablas!?

    —¡N-Nada! —gritó Teddy, apurado—. ¡No está diciendo nada, Dante, no le hagas caso!

    Pero, de pronto, le pegó una patada Monokuma, tan fuerte que salió disparado por los aires. Luego se envolvió Monokuma de un aura rojiza, y saltó, colocándose a la altura de Teddy. Antes de pegarle un golpe que le diese desde arriba para lanzarlo contra el suelo, dijo:

    —¡Kaio-ken!

    Y se colocó bajo Teddy, extendiendo el brazo hacia arriba y cayendo Teddy sobre su mano, magullado y herido. En sus últimos estertores antes de desmayarse, dijo:

    —¡I-It’s over 9000…!

    Respiré hondo, frustrado. La bizarra escena no había hecho que no me percatase de lo que había sucedido. Monokuma hizo una insinuación sobre los actos de Dante que el chico no pareció recordar, y Teddy trató de evitar que Dante se enterase de aquello. ¿Sería, entonces, verdad eso que Monokuma dijo? ¿Tendría alguna relación con el hecho de que Dante aparecía en aquellos videos del otro juego de asesinato mutuo…?

    Sin embargo, pronto se acabó olvidando aquella intervención, y comenzaron las primeras muestras de pavor. Solo Dante parecía seguir contrariado por aquella escena.

    —E-Entonces… no tenemos otra que matarnos —susurró, apesadumbrado, Bubbly.

    —Sugiero que elijamos a una persona para ser asesinada —comentó, de forma fría y serena, Ryu. Sus palabras parecieron causar un gran revuelo, pero él se encogió de hombros—. ¿Qué? ¿Qué problema hay? Si todos vamos a morir, es mejor que alguien sea ejecutado en pos de la superviviencia, ¿no? Por eso, votemos a alguien para ser la víctima y a otra persona para que haga de su ejecutor. Luego votaremos por el asesino como el culpable y todos los demás podremos salvarnos de morir.

    —Lo secundo —sonrió Orm, con manos sobre la nuca.

    —¿H-Habéis perdido la cabeza? —exclamó Bezzy, ojos muy abiertos—. ¡N-No podemos sacrificarnos así, sin más! Debe haber otra solución.

    —Sí, seguro que la hay~ —sonriente, Leaffy unió las dos palmas de su mano, en gesto esperanzado.

    —No seais ridículas —esgrimió Ryu—. No hay forma de salir de aquí, ¿lo habéis olvidado?

    —¡E-Entonces acabemos con Monokuma! —sugirió Arie, apretando el puño—. ¡Si le damos caza y acabamos con él, todo esto terminará!

    —No funcionaría —susurró, inexpresivo, Chisp—. Las reglas lo impiden.

    —¡Al carajo con las reglas!

    —Monokuma tiene el control de este sitio, hacer eso sería un suicidio —sentenció Stock.

    M-Mi… cabeza… duele…

    —¡Yo la voto a ella, entonces! —Ixie señaló, nerviosa, a Oxy. Por supuesto, le fue devuelto el gesto.

    —¡Y yo a ella! —exclamó—. Nadie necesita de su pseudomedicina inútil, después de todo.

    —Y-Yo no quiero q-que nadie muera… —susurró, entre lágrimas, Frida.

    —… puedo matar a alguien, si queréis —se ofreció Spok—. No me importa…

    —Perfecto, ya tenemos un candidato a asesino, ¿alguna víctima se ofrece voluntariaaaaa? —preguntó, divertido, Orm.

    M-Me pesa todo… n-noto como me mareo…

    —Mantened la calma… ¡no podemos comenzar a ponernos en contra los unos de los otros! —exclamó Hubert, tratando de hacerse oír entre el caos—. Es justo lo que quiere Monokuma.

    —¡Exacto! —secundó Dante—. ¡Esa no es forma de luchar contra él!

    —¿Y bien? ¿Cuál es la situación entonces? —preguntó Ryu.

    —No la hay —suspiró Chisp.

    Y fue entonces cuando todo se volvió negro. No sé si fue la tensión del momento, el cúmulo de cansancio, o quizá otra cosa, pero… supongo que me desmayé. Todo lo que recuerdo antes de caer es oír de fondo un murmullo, y, de fondo, una risa siniestra que rezaba “upupupu”. Y, cuando abrí los ojos… oí a dos personas discutiendo.

    —¿Y pretendes ayudarle con esa mierdicina tuya? ¡Quita, anda! Hasta yo, que soy psicóloga y no médico, podría atender a un enfermo mejor que tú.

    —Grrr. Haz lo que quieras. Con suerte tiene algún virus mortal y se te pega.

    —Ten cuidado al salir, bonita, no vayas a caerte por las escaleras.

    No hacía falta ni abrir los ojos para saber quiénes eran las dos chicas que estaban discutiendo. Todo lo que diré es que una de las dos abandonó la sala, y cuando abrí los ojos, quien estaba frente a mí era la de ojos morados.

    —Ah, despertaste. Te desplomaste de pronto, y tuve que venir en tu auxilio. Temía que las mierdicinas que esa timadora quería darte fuesen peores que el cianuro.

    Oxy siempre era… muy irónica, sin duda.

    —Uh… —susurré, con esfuerzo, incorporándome poco a poco—. No sé qué me ha pasado. De pronto, me comenzó a doler mucho la cabeza. Supongo que por la tensión…

    —No es de extrañar. Estamos siendo sometidos a una situación de vida o muerte extrema, y no es fácil para todos mantener la sangre fría. Era cuestión de tiempo que la mente de alguno colapsase y acabase cayendo como tú. Solo que esperaba a Frida o a Bubbly en tu situación, siendo sincera. Parecías más duro, y resultas ser un debilucho, ¿eh?

    … esa mujer era demasiado sincera, sin duda. No estoy del todo seguro de hasta qué punto eso era una cualidad buena en una psicóloga.

    Pero, tras un profundo suspiro, me decidí a preguntarle un poco sobre ella. Supongo que… lo único que quería era despejar un poco la mente, en medida de lo posible.

    Free-time event: Oxy

    —Oye, Oxy… tu enemistad con Ixie, ¿se debe a algo en concreto? Quiero decir, ¿hay algo que te haga odiar tanto como la haces las prácticas que ella realiza?

    Oxy elevó las gafas con el dedo, dándole un aspecto sombrío al reflejarse la luz de la sala en ellas.

    —Supongo que podemos decir que… tengo fobia a lo acientífico.

    —¿Huh? —honestamente, con eso me había perdido.

    —Sí, lo que no puede ser estudiado, comprobado, analizado… aquello que no se puede predecir, sin un procedimiento lógico y estructurado según unos estándares… me aterra. Detesto no entender cosas. Detesto la incertidumbre de no poder determinar si algo se desarrollará de un modo u otro por desconocer las reglas por las que se rige ese algo o porque estas sean incomprensibles y abstractas, ¿sabes? Por eso detesto lo que ella hace… porque no tiene un razonamiento lógico.

    y, por tanto, no puede deducir qué resultado se obtendrá o si funcionará o no, ¿eh? De modo Oxy era una persona tan metódica como para necesitar que todo cuanto la rodease fuese estructurado y entendible, ¿eh?

    —Por eso elegí la psicología —dijo ella, sonriente, prosiguiendo su monólogo—. Porque la psique humana, desde mi punto de vista, es una de las cosas más difíciles de predecir. Las reglas por las que se mueve una persona, lo que hace que reaccione de una u otra manera ante uno u otro estímulo, el proceso por el que unas personas se emocionan o se ríen al ver una película y otras no… para mí, era aterrador, porque no alcanzaba a entenderlo. Y por eso, me dediqué en cuerpo y alma a lograr entenderlo, y me hice experta psicóloga.

    >> Desde entonces, he llevado todo tipo de casos. Casos imposibles, incluso, y he podido solucionar muchos de ellos. Me produce una indescriptible sensación de satisfacción lograr desentrañar los misterios de una mente, lograr estructurar las reglas por las que se rige. Por ello, siempre busco casos más y más complicados, que desafíen de verdad mis capacidades y me obliguen a aprender algo nuevo, a descubrir nuevas reglas.

    Me quedé reflexionando por unos instantes. En cierto modo, sentía empatía con ella… porque yo también me sentía así, o eso creía. Yo también quería intentar entenderlo todo, desmenuzarlo todo. Pero su forma de verlo era… un poco obsesiva. Y, desde mi punto de vista, flaqueaba en algo.

    —Pero entonces, ¿por qué odiar a Ixie? Ella es la Super Naturópata, experta en un tipo de medicina alternativa que no está demostrado que tenga propiedades curativas, pero tampoco desmentido totalmente. Entonces, ¿no deberías interesarte por sus prácticas, más que odiarlas? ¿No debería de ser un reto para ti desentrañar sus misterios?

    —Es distinto… —meditó ella—. No creo que nunca pueda entender eso, porque no puede entenderse. Y es por eso que lo odio, porque me asusta que no pueda ser entendido. Es como hablar de una religión y pretender desentrañar la lógica que hay detrás de ella. No se puede, sencillamente; es una creencia que no puede ni probarse ni desmentirse lógicamente.

    … ya veo. Comenzaba a entender a Oxy. En el fondo, lo que Oxy tenía era miedo al fracaso. Miedo a todo lo que no pudiese explicar, no ya porque le tuviese “fobia a lo ilógico”, sino porque temía no ser capaz de buscar una explicación.

    —… no me gusta la sonrisa que estás esbozando, Pyro —dijo ella, siniestra, al ver reflejados mis pensamientos en mi rostro—. Me haces querer ahondar en ella, y no te conviene que yo, Oxy Gehirn, te interrogue.

    —¡N-No, no es nada, no te preocupes! —así que ella también recordaba su apellido, ¿eh?

    S-Supongo que ahora que entendía mejor a Oxy, mi relación con ella había mejorado un poco.

    El nivel de amistad con Oxy sube a 1.

    Y, tras eso… el día pasó, sin más. En el aire palpitaba la amarga sensación, el triste sentimiento de que todo se iba a desmoronar de forma inminente. Ryu y Orm seguían insistiendo en escoger a una víctima y a un asesino para ejecutarla, asegurando que era lo más práctico, en lugar de esperar a que alguien tomase acciones por su cuenta. Y había otros, especialmente Hubert y Dante, que insistían en que lo último que debíamos hacer era enfrentarnos entre nosotros.

    Ni siquiera podíamos ponernos de acuerdo, ¿cómo íbamos a salir de aquella situación? No, estaba claro que acabaríamos cayendo… y yo ya no tenía energías para hacer frente a aquella desesperación. Hubo un punto en el que casi me habría dado igual morir. Estuve a punto de ofrecerme como voluntario para ser asesinado, de hecho, pero… supongo que el miedo aún seguía haciendo mella en mí. Ni a eso me atrevía.

    Esto no era vida.

    Y oí el anuncio al abrir los ojos, tumbado en mi cama.

    —Ejem, ejem. ¡Buenos días! ¡Son oficialmente las 8:00 AM! ¡¡Saluda, hermanito!!

    —¡Nghmfpf! ¡Mmhmfgh!

    —¡Muy bien dicho, hermanito! Qué sabio eres, sí señor. ¡Hacedle caso a Teddy, chicos! ¡Estoy seguro de que será un día muuuuy próspero para todos!

    Otro día más, cargado de vacío. Cargado de desesperación. Aunque habría preferido quedarme en la cama sin hacer absolutamente nada, no me apetecía en absoluto dejar que aquella chica, que Liza White, volviese a aparecer para atormentarme con sus palabras crípticas y sus mofas. De modo que no me quedó otra que, con todo el peso de mi cuerpo, levantarme con esfuerzo y salir del dormitorio.

    Encontré a un cansado Hubert sentado en la parte superior de las escaleras, somnoliento, y no tuve más remedio que pasar por su lado. Traté de ignorarle, porque no me apetecía hablar con nadie, a decir verdad, pero… fue él el que me detuvo.

    —Eh, Pyro.

    Tras un suspiro apesadumbrado, me giré y quedé mirándole. Mis ojos naranjas debían hablar por sí solos: lo último que quería en ese momento era hablar. Pero a Hubert no pareció importarle.

    —¿Cómo te encuentras? Quedé preocupado después del… incidente de ayer.

    Me encogí de hombros por toda respuesta. Realmente, no habría sabido articular palabras que definiesen mejor mi estado de salud y de ánimo que aquel gesto. Hubert, enfocando la mirada en el escalón que pisaban sus pies, me dijo:

    —Todos están confundidos y desesperados. Y he de decir que yo soy el primero que se encuentra así… extremadamente confuso. No sé qué hago aquí, no sé cuál es mi papel en todo esto, a decir verdad. No sé por qué yo.

    Fruncí el ceño. ¿A qué hacía referencia Hubert? Daba la impresión de saber más que el resto sobre nuestra situación. Con todo, siguió hablando.

    —De modo que estos días he estado pensando justo sobre eso. Sobre mi papel. Quizá… tenga un objetivo mucho más importante que cumplir.

    >> Es por eso que no puedo dejar que muramos aquí, ¿me entiendes? No puedo. No debemos perder la cabeza, no debemos empezar el juego.

    —¿Y qué solución propones, entonces? —suspiré, hastiado—. No la hay. Es morir o morir.

    —La encontraremos juntos —Hubert apretó el puño—. En eso consiste la esperanza, ¿no? Algo… algo dentro de mí me impulsa a creerlo. Siempre hay una salida, siempre hay una forma de vencer a la desesperación. Siempre hay una cura. Tenemos que colaborar, ¡somos Ultimates! No podemos rendirnos así como así.

    H-Hubert… de algún modo, sus palabras eran sinceras, profundas. Sentía de verdad la esperanza, ¿eh? Entre toda aquella desesperación, él aún mantenía un poco de esperanza dentro de la misma. El Super Ajedrecista… de algún modo, me transmitió esa esperanza con sus palabras. Y no pude evitar sonreír.

    Tras el desayuno, vino el almuerzo. Y, cuando este terminó, todos procedieron a regresar a sus quehaceres habituales… y yo, que no tenía idea siquiera de qué hacer, decidí pasear por los alrededores del Sector A. Fue allí donde, de pronto, me vi sorprendido por una voz susurrante a mi espalda, tan siniestra, que no pude evitar sobresaltarme.

    —… Pyro.

    —¡Aaaaaaagh! ¡S-Spok, eres tú! M-Me asustaste —el tipo quedó mirándome, encorvado, con el pelo cubriendo la mayor parte de su rostro. E-Era ciertamente inquietante. Un tipo extraño y siempre, siempre inquietante—. Uhm. ¿Querías algo?

    —… —Spok, con una posición extraña, con los brazos cayendo como si colgasen de su cuerpo, me miró fijamente, sin articular palabra.

    Qué… perturbador.

    Free-time event: Spok

    —… un ladrón solo quiere robar.

    —¿E-Eh? —sonreí de forma preocupada. Noté, de hecho, que me temblaba el labio inferior—. P-Pero no tengo nada que puedes robar.

    —Siempre se puede robar algo —y, entonces, me señaló. Observé con confusión el punto de mi cuerpo que estaba señalando, y me di cuenta de que el botón de mi pantalón había desaparecido. Algo enrojecido, sujeté mi pantalón con las manos y exclamé—. ¡H-Hey, ¿dónde…?!

    Pero al mirar de nuevo a Spok, vi que tenía el botón en las manos, sujetándolo y mostrándolo con indiferencia. Lo dejó caer al suelo, y yo me arrastré para recuperarlo. Él comenzó a hablar entonces.

    —Soy el mejor ladrón de toda Galeia, de todo el mundo. Puedo robar… lo que sea, cuando sea, como sea. Pero…

    Mientras intentaba colocar mi botón en su sitio, pregunté:

    —¿Pero…?

    pero no me gusta robar.

    —¿Huh? —inquirí de pronto, confuso. Para no gustarle, se le daba genial.

    —… vivir robando no es agradable para mi. Pero se convirtió en mi único modo de vida después de que mis padres se marchasen y quedé solo.

    Aquello hizo que mi rostro se mostrase más serio. Por algún motivo, ese tipo estaba abriéndose conmigo, así que lo menos que podía hacer era ser agradable con él.

    —Tus padres murieron, ¿no? —asintió con lentitud, inexpresivo—. Debió ser duro perderles.

    —… no, no lo fue. Nunca los perdí. Murieron, pero no les perdí.

    Aquella última frase me produjo un escalofrío.

    —¿C-Cómo que no los perdiste? ¿No murieron?

    De pronto, Spok sonrió.

    —La muerte dista mucho de ser un adiós. Y los muertos me fascinan… los muertos… son los únicos seres a los que no puedo robarles, después de todo.

    —¿¡P-Pero qué dices!? E-Empiezas a asustarme.

    —… bah. No lo entenderías.

    Y, sin más, se marchó. ¿De qué iba todo eso, en serio?

    El nivel de amistad con Spok ha subido.

    Con el tiempo… llegó la cena. Todo transcurrió con aparente normalidad, hasta que el sonido de la silla arrastrándose al mismo tiempo que alguien se levantaba abruptamente me hizo sobresaltarme.

    —Chicos… —susurró Hubert, serio y con aspecto decidido—. Reunámonos mañana por la mañana en el gimnasio. Necesito que vayáis allí.

    —¿H-Hubert? —preguntó Dante, alzando una ceja, confuso.

    —¿Para qué, eh? —Ryu le miraba con desconfianza.

    —… porque vamos a acabar con Monokuma. Todos juntos. Evitaremos que el juego comience. Tengo un plan.

    —¿Un plan? ¿Y no podrías exponerlo ahora~? —cuestionó Leaffy, sonriente.

    Hubert tomó aire por unos instantes antes de contestar.

    —No, ahora no. Debe ser mañana. Tengo la forma de evitar que esto termine de la peor manera posible. La forma de lograr que nos salvemos. Pero debe esperar… no puede ser aquí, no puede ser ahora.

    Miré a Hubert con las cejas enarcadas, curioso. ¿Qué era lo que pretendía? De algún modo, confiaba en él. Sabía que si él decía que podríamos vencer a Monokuma, era porque de verdad existía esa posibilidad. Por primera vez en mucho tiempo, asentí con confianza, y mi voz se alzó en la sala.

    —Iremos, Hubert.

    —¿Huh? —dijo Orm, con la mano en el rostro—. ¿Qué dices? ¿Quién eres tú para decidir qué haremos los demás, don No-Tengo-Talento?

    Aquellas últimas palabras me afectaron especialmente. ¿Q-Que…? ¿Qué no tengo… talento? ¿Cómo sabía aquello Orm? Ya insinuó algo parecido en un par de ocasiones, pero esta vez estaba siendo directo e hiriente. Dijo claramente que no tenía talento, y las miradas de todos los demás se centraron en mí.

    No pude hacer mucho más que agachar la cabeza. N-No era cierto… tenía que tener algún talento, ¿verdad?

    No obstante, el silencio fue cortado por Stock.

    —Está bien, Hubert —dijo—. Iré.

    —Yo también. Creo que podemos confiar en ti —sonrió Ixie.

    —Si esa imbécil va, yo también, supongo —comentó Oxy—. Así vigilaré que no envenena a nadie.

    —Yo no hago venenos —sentenció la naturópata.

    —Claro que lo haces, todas tus mierdicinas son venenos, en el mejor de los casos —se encogió de hombros la otra.

    —… bien —Hubert sonrió—. Entonces hagámoslo. Mañana… mañana acabará todo.

    Así, el día terminó de forma agridulce. Amarga, porque las palabras de Orm perforaron mi mente y me mantuvieron dando vueltas en la cama durante un buen tiempo. Y dulce, porque por fin el sabor de la esperanza invadía mi paladar. Por pequeño que fuese, la más mínima posibilidad de poder salir de allí, de Despair City… era música para mis oídos.


    Y llegó la mañana.

    —Ejem, ejem. ¡Buenos días! ¡Son oficialmente las 8:00 AM! ¡¡Saluda, hermanito!!

    —¡Nghmfpf! ¡Mmhmfgh!

    —¡Vaya, qué profundo! ¿Es un proverbio chino, o algo? ¡Ya sabéis, chicos! ¡Reflexionad sobre esas palabras y… que tengáis un buen día!

    Por primera vez desde que me encerraron en aquel sitio, me levanté de la cama casi de un salto, emocionado, con el corazón a mil por hora. No tenía ni idea de qué sería lo que iba a suceder, de qué plan habría pensado Hubert, pero, ¡sabía que podía ser la llave que abra la puerta de mi libertad! Por eso me apresuré a reunirme con el resto a la salida del hotel y, juntos, caminamos hasta el gimnasio.

    —¿Estamos todos? —pregunté al ver llegar a Bubbly y a Leaffy, que parecieron ser los últimos. No obstante, tenía la sensación de que seguía faltando gente.

    —Ni Orm, ni Dante, ni Bezzy están aquí —observó, con tono preocupado, Chisp.

    —Hubert tampoco —hizo notar Gea—. Habrán madrugado y estarán ya en el gimnasio.

    —Supongo que no lo sabremos hasta que vayamos —comentó luego Ixie.

    —… vayamos, entonces —dije. Por algún motivo, el pecho me ardía, como si estuviese tratando de advertirme de algo.

    Las puertas del gimnasio estaban semiabiertas y abolladas cuando llegamos. La puerta estaba formada por dos hojas de metal correderas, y estaban terriblemente golpeadas, casi como si alguien hubiese forzado su entrada allí.

    —¿Q-Qué ha pasado? —dijo, curiosa e inquieta, Frida, con una mano en el pecho.

    El pálpito de mi pecho comenzó a aumentar en velocidad más y más y más. Tragué saliva, y fue como tragar una gruesa bola de lana. No pude sino apretar los dientes y, con ahínco, dije:

    —¡T-Tenemos que entrar!

    Y me apresuré al interior del local. Allí, todo lo que vi… fue a Dante, a Orm y… y…


    La sangre estaba por todas partes, y había hasta huellas sangrientas en la zona, de la puerta hasta el cadáver. Un cuchillo se clavaba en el estómago del fallecido, y su garganta estaba completamente rajada, como si quien lo hubiese hecho hubiese cortado varias veces la misma zona con tesón. Estaba tumbado en el suelo, y sus manos, colocadas encima de su cabeza, estaban atadas con una cuerda gruesa y firme. Sobre él, además, varias letras decoraban el suelo, pintadas con sangre. Se podía leer “DESPAIR”, escrito en mayúscula y abarcando gran parte del suelo.

    Hubert, el super ajedrecista, estaba muerto. Y había muerto de la peor forma posible. Quien hubiese hecho aquello… no tenía corazón, sin duda. Quien hubiese hecho eso, de hecho, había roto todas nuestras esperanzas. Las esperanzas que nos dio Hubert.

    —¡Pim, pom, pam, poooom! ¡Un cadáver ha sido encontrado! ¡Después de una cierta cantidad de tiempo de investigación, comenzará la clase de juicio!

    N-No… no podía ser real. El juego de asesinato mutuo comenzó, y nuestras posibilidades de salir de allí todos juntos se marcharon.

    Alguien… había matado a Hubert.


    Reglas del juego:

    Regla 1: ¡los actos de violencia contra Monokuma y su hermano están totalmente prohibidos! El participante que viole esta regla será inmediatamente castigado.

    Regla 2: del mismo modo, Monokuma y su hermano no podrán interferir en los asesinatos; además, toda la información que den sobre los mismos deberá ser fiable y cierta.

    Regla 3: se darán anuncios por la mañana, a las 8:00 AM, para despertar a los participantes. Una vez dado el anuncio, el participante tendrá 2 horas para salir de su dormitorio. ¡Nada de vaguear, el juego está para participar!

    Regla 4: igualmente, se dará otro anuncio a las 10:00 PM para indicar el comienzo del tiempo nocturno. Durante este tiempo, varias dependencias podrán permanecer cerradas y varios caminos permanecer cortados.

    Regla 5: en cualquier caso, entre las 1:00 AM y las 8:00 AM se considerará que transcurre el tiempo de sueño, y la entrada a las dependencias principales quedarán cerradas; no se podrá entrar, pero sí se podrá salir de ellas. Si decides permanecer fuera durante el tiempo de sueño, es bajo tu responsabilidad, ¡pero recuerda descansar lo suficiente!

    Regla 6: cuando se cometa un asesinato, se dará un anuncio tan pronto como tres personas o más descubran el cadáver. En ese momento, comenzará el tiempo de investigación, tras el cual empezará la clase de juicio.

    Regla 7: durante el tiempo de investigación, no aplicará ninguna regla concerniente a la restricción de acceso a ninguna dependencia, salvo excepciones que Monokuma o su hermano podrán valorar según el caso.

    Regla 8: en la clase de juicio, se votará al culpable, eligiéndose este por mayoría de votos. Cada participante tendrá un voto, que no podrá ser cambiado una vez realizado.

    Regla 9: si el elegido como culpable fue el asesino, dicha persona será castigada. En caso contrario, todos serán castigados salvo el asesino, y este habrá ganado el juego.

    Regla 10: en caso de que se produzca un empate en las votaciones entre dos o más personas, se repetirán las votaciones, pudiendo elegirse como posibles candidatos para ser votados únicamente a quienes empataron. Los que hubiesen empatado no podrán votar en esta segunda votación.

    Regla 11: ¡el hermano de Monokuma no podrá revelar ningún tipo de información sobre el exterior, sobre las identidades de los participantes de ninguno de los dos juegos, ni sobre nada que comprometa el equilibrio de este juego de asesinato mutuo!

    Regla 12: en el caso de que el hermano de Monokuma incumpla una regla, explotará en el acto, destrozando todo cuanto le rodee. Incluidas personas.
    Misiones globales:

    1- Identidades: comenzad la primera investigación.
    Lista de alumnos:

    15 vivos


    1- Pyro: Super ???
    [​IMG]
    - Misiones individuales: Talento: descubre al participante con talento falso.
    - Datos obtenidos: ???

    2- Ryu: Super Entrenador
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    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    3- Chisp: Super Informático
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    4- Frida: Super Sastre
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    5- Hubert: Super Ajedrecista [MUERTO]
    Hubert.png
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    6- Dante: Super Guardián
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    7- Bubbly: Super Buceador
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    8- Leaffy: Super Jardinera
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    9- Ixie: Super Naturópata

    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    10- Oxy: Super Psicóloga

    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos:
    1- Oxy tiene fobia a lo ilógico, a aquello a lo que no puede dar explicación. Afirma que se hizo psicóloga porque la mente de las personas es una de las cosas más difícil de explicar de todas. Desde que se convirtió en psicóloga, llevó los casos más difíciles, siempre buscando lo más complejo de todo, porque afirma que encontrar explicación a cosas que parecen no tenerla es su especialidad. Por ello, parece que, más que fobia a lo ilógico, tiene miedo al fracaso, a no ser capaz de encontrar una explicación para ciertas cosas.


    11- Orm: Super Prodigio
    [​IMG]

    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos:
    1. Orm detesta a la gente sin talento, por considerarlos simples, normales, y carentes casi de un rasgo distintivo que les haga diferentes. Odia la normalidad, y parece obsesionado con destacar en algo. Al parecer, aparentemente hay alguien en su vida que recibía toda la atención simplemente por ser "especial", mientras que él insistía en seguir esforzándose en ser el mejor en todo para lograr destacar.


    12- Stock: Super Empresario

    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    13- Gea: Super Profesora
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    14- Spok: Super Ladrón
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos:
    1- Aparentemente, Spok es el mejor ladrón de toda Galeia, del mundo entero, pero detesta ser ladrón; afirma que sus padres murieron y que por eso tuvo que comenzar a robar. De hecho, dice que, pese a que murieron, nunca le dejaron. Dice que los muertos le fascinan, porque, en palabras del propio Spok, son los únicos a los que no puede robar.


    15- Arie: Super Arquitecto
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    16- Bezzy Hoffe: Super Violinista
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos:
    1. Bezzy es una virtuosa con todos los instrumentos, pero parece ser que fue gracias a una persona muy especial para ella, aparentemente su interés romántico, que se comenzó a especializar e interesar por el violín en específico. Solo ha fallado una nota en toda su vida.
     
    • Fangirl Fangirl x 4
  7.  
    Lucas Diamond

    Lucas Diamond Rolero

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    Oh, shit, no me lo puedo creer, QUÉ ACABA DE PASAR, CÓMO ES POSIBLE.

    ¡Pyro se ha desmayado!

    Qué fatalidad, pobrecito. Espero que se ponga bien y que estos desmayos no sean algo recurrente :c

    A ver, a ver; vamos al capítulo. Pues la verdad es que, para empezar, el motivo me ha resultado curioso. En la edición pasada Lady Lizzie no podía matar a nadie, ya que era la directora, pero ahora... ¿por qué de repente Monokuma sí tiene poder para matarlos? Cierto es que no están en la academia, pero idk, que yo sepa Monokuma no debería poder interferir... solo se dio el caso de que amenazase con matar en Danganronpa V3, pero porque eso es un caso especial (?) No sé, quizás es una tontería, pero es algo que me preocupa.

    Por otra parte, sobre los free times... No sé con quién relacionar a Oxy, la verdad. Me gusta su forma de pensar, es una tipejotote agradable (menos con Ixie (?)). Y me encanta el concepto de "mierdicinas". No obstante, me parece que está demasiado empecinada con Ixie (?) I mean, solo habla para insultarla, y viceversa, qué la pasa xD En nada que una muera, la otra se queda sin material, a menos que se marque un Himiko (y por eso mi teoría del rol de Oxy e Ixie (?)). Con respecto a Spok, hey, what the fuck. Is this Elisa 2.0? No sé si es lo que nos quieres hacer creer, o que realmente tenga algo que ver, pero es imposible no relacionarlos con lo que acaba de decir.

    Por último, el cadaver... me esperaba algo así, la verdad :( Imaginaba que Hubert o Dante se marcarían un Twogami, tras mucho reflexionarlo. Sobrevivir a dos juegos es mucha suerte. Aunque bueno, Dante técnicamente no ha sobrevivido al primero, pero eso son nimiedades (?) Y sabía que sería en el gimnasio el crimen e.e Ahora falta ver quién es posible sospechoso y por qué narices Bezzy siempre se queda encerrada en su cuarto :<

    Anyway, lejos de esto, no tengo mucho más que comentar, salvo que Orm y Ryu me han hecho mucha gracia con eso de elegir un asesino y una víctima xD Cuando Spok se ofreció fue como is this Ryoma? (?? El único apunte que te hago es que bizarro no significa extraño, sino valiente >:( Muy mal, te llevas una zurra. Pero con amor :c

    Y eso es todo, excelente capítulo, y espero que no nos dejes mucho tiempo con la intriga :'D

    Sigue así,

    Lucas Diamond~ <3
     
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  8.  
    GalladeLucario

    GalladeLucario Game Master

    Capricornio
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    Escritor
    Título:
    Pokénronpa 2: el Resurgir de la Desesperación
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    6
     
    Palabras:
    6359
    Un cadáver estaba frente a nosotros… el cadáver de uno de nuestros compañeros, Hubert Mattsson. No pude creerlo. Ni siquiera pude impactarme por lo grotesco de aquella imagen, porque la impresión, el shock, era demasiado fuerte.

    Poco a poco, el gimnasio se fue llenando de gente. Algunos reaccionaron con mayor brusquedad, desmayándose en el caso de Bubbly y Frida, y teniendo que retener las náuseas en el caso de Arie, Ixie y Bezzy. Otros parecieron indiferentes, hasta interesados; era el caso de Oxy, Stock, Orm y Ryu. Pero fue una persona la que caminó hasta el cuerpo, quedó mirándole, y cayó sobre sus rodillas, dientes apretados y mirada ensombrecida.

    Bezzy, tras recomponerse, quiso acercarse a él para animarle, colocando su mano en el hombro del Super Guardián… pero este, apartando la mano de un golpecito, se levantó, aún sin alzar la mirada, y dijo:

    —Él y yo fuimos amigos, aunque ninguno de los dos lo recordásemos. Y… y estaba dispuesto a todo para evitar que empezase el juego por segunda vez. Con todo, ha muerto. Alguien le ha matado, y… y si tengo claro algo —miró hacia atrás con los ojos cargados de energía. Por un momento, volvieron a brillar con ese tono rosáceo.


    >> … es que no dejaré que el que le ha hecho esto se salga con la suya.

    —P-Pero, ¿qué se supone que debemos hacer ahora? —inquirió Ixie, confusa y alterada.

    Chisp dio un paso adelante.

    —Investigar —suspiró—. Averiguar quién le mató.

    Dante asintió, puño apretado.

    —Si Hubert hubiese estado en mi lugar, habría hecho de tripas corazón por descubrir la verdad, habría dirigido la investigación, y habría aparado a un lado los sentimientos para desenmascarar al asesino. Así que no pienso ser menos. Tomaré su testigo.

    —¿En serio uno de nosotros fue el asesino? —se preguntó Bezzy, alicaída.

    —No cabe otra posibilidad —dijo Ryu, reflexivo—. Ya has oído a Monokuma en el anuncio.

    —¿No pudo haber sido el propio Monokuma el que le mató? —teorizó Arie—. U-Una muerte tan atroz…

    —Lo dudo~ —sonrió Leaffy, siempre indiferente—. Monokuma claramente quería nuestras muertes… y, con el motivo que nos puso, todos habríamos muerto en cuestión de horas, ¿no?

    —Cierto —asentí—. Le habría convenido, probablemente, dejarnos vivos para, así, dejar pasar el tiempo y acabar con todos a la vez —¿o quizá no le interesaba tanto aquello? No sabíamos si el oso tenía… otros planes. Quizá deseaba que el juego empezase, deseaba que nos matásemos entre nosotros… así que tal vez era el primer interesado en que el motivo no llegase a cumplirse, ¿no?

    Pero, de momento, la teoría de Leaffy era la que más debíamos valorar. Si uno de nosotros era el culpable de esto, debíamos descubrirlo… si queríamos sobrevivir.

    —Bien, propongo que nos dividamos —sugirió Dante—. Si uno de nosotros es el asesino, podría aprovechar si está solo para manipular evidencias… por eso, haremos grupos de tres personas. Somos quince, así que podremos hacer cinco grupos.

    —Está bien —asintió Stock—. ¿Quién viene conmigo?

    —Será mejor que te acompañe alguien de tu nivel —afirmó Gea—. Sería terrible que una persona tan importante como tú se viese rodeada de ineptos y tuvieses que cargar con ellos.

    —¿Y-Yo puedo ir con vosotros, también? —preguntó Bubbly, asustado.

    —¿Ves lo que te decía?

    Luego, Bezzy se acercó a Frida, y dijo.

    —Nosotras iremos juntas, y…

    —Yo os acompañaré —asintió Oxy, dando un paso al frente—. Si no me meto en algún grupo, al final acabaré con la mascahierbas, y eso sería peor que ser la víctima.

    —“¿Mascahierbas?” —repitió, incrédula y molesta, Ixie—. Tché. Yo iré con Leaffy, es una persona que transmite paz.

    —Tiene sentido, ella te da hierbas y tú las conviertes en agua sucia, ¿no? —criticó Oxy.

    Pero Ixie no tuvo tiempo de responder, porque pronto Orm les interrumpió.

    —¡Me uno al grupo! —dijo, sonriente, despreocupado y entusiasmado. Extrañamente entusiasmado.

    —¿Quién viene conmigo…? —susurró Arie, aún algo contrariado ante lo violento de la escena del crimen.

    —Supongo que me toca a mí —suspiró Ryu—. Y el silencioso viene con nosotros, también.

    —… —Spok, sin mediar palabra, se deslizó hasta la espalda de Arie, lo cual pareció provocarle un fuerte escalofrío.

    Miré entonces a Dante y a Chisp, quienes ya estaban examinando el cuerpo. Con la mano en mi cabeza, algo incómodo, dije:

    —Supongo que… nosotros tres hacemos grupo, entonces.

    Así las cosas, Bezzy, Frida y Oxy se marcharon a examinar la habitación de Hubert, deseosas las dos primeras de perder de vista toda aquella sangre; Arie, Spok y Ryu se encaminaron hacia el almacén del gimnasio; Stock, Gea y Bubbly fueron al exterior, al Sector A, a examinar los alrededores… y solo mi grupo y el de Orm, Ixie y Leaffy permanecimos en la escena del crimen, encargándonos nosotros del cuerpo.

    Me di cuenta de que Chisp estaba curioseando su Monoloj, con gesto serio. Alcé la cabeza para observar qué era lo que estaba mirando, y el informático, sin desviar la mirada, dijo.

    —… en tu Monoloj también debería haber aparecido este archivo, ¿sabes? No tienes por qué fisgonear el mío.

    —¿Uh? Eh, oh… yo solo estaba… —algo avergonzado, me aparté e inicié mi propio Monoloj, curioso por saber qué era lo que estaba mirando Chisp.

    Efectivamente, ahora, en la base de datos del cacharro, había un nuevo archivo: informe de Monokuma #1, era su título. Cuando lo abrí, el holograma se desplegó delante de mí, mostrando una figura virtual del cuerpo de Hubert, con varias líneas marcadas en rojo sobre su cuello, así como un gran punto rojo decorando su estómago. A su lado, un texto explicativo enumeraba los detalles a saber sobre la imagen.

    Comencé a leer en silencio: “la víctima es Hubert Mattsson, el Super Ajedrecista. Su cuerpo apareció en mitad del gimnasio del Sector A. Murió aproximadamente a las 6:00 AM. Tenía las muñecas atadas con una cuerda y múltiples heridas cortantes en su garganta, hasta el punto de que la cubrían por completo su cuello. Todas las heridas parecen haberse realizado con el mismo utensilio. La víctima murió poco después de recibir el primer daño mortal. También recibió una herida punzante en el estómago con el mismo utensilio, que fue definitivamente posterior al resto y post mortem”. Aquello parecía una especie de informe de autopsia, ¿no?

    —Según leo aquí —susurró Chisp, casi como si estuviese hablando para sí mismo—, deduzco que la mayoría de las heridas fueron post mortem. Hubert murió “poco después de recibir el primer daño mortal”, lo que hace pensar que la primera herida ya le mató.

    —¿Por qué ensañarse tanto, entonces? —pregunté, reflexivo, y mis ojos se centraron en el cuerpo. Allí estaba, con un aspecto tan lamentable, tan… vulnerable. Sus manos atadas, el cuchillo en el estómago, su garganta tan maltratada… casi parecía que le hubiesen torturado.

    Me agaché junto a Dante, que estaba observando de cerca el estado del cuerpo, visiblemente afectado. Y, cuando me quise enfocar en el cadáver, mis ojos se deslizaron y se escaparon de él, analizando en su lugar las letras pintadas sobre su cabeza.

    En efecto, la pintada en el suelo estaba hecha con sangre, con letras grandes y en mayúsculas, bastante separadas y bastante amplias, cada letra ocupando una baldosa distinta. La pintada era deforme, como si las letras no encajasen unas con otras, como si fuese aquella palabra un manojo de trazos de diferentes tipografías. Sin duda, encajaba con lo que tenía en mente de un mensaje a las puertas de la muerte… un mensaje escrito con tus últimas fuerzas, con poca coordinación, con el último estertor de vida.

    Pero entonces, ¿por qué el mensaje que había dejado era ese?

    —“Despair” —leí en voz alta, como si estuviese asimilándolo—. Desesperación —sin duda, parecía una broma de mal gusto. ¿Había sido Hubert el que había escrito aquello? Y de ser así, ¿por qué? ¿Qué quería decirnos?

    —Es extraño, ¿verdad? —me dijo Dante, con la mirada abstraída. Parecía completamente inmerso en la situación. Era como si hubiese bloqueado todos sus pensamientos y su mente solo procesase lo relacionado con la investigación de la muerte de Hubert—. La punta de su dedo índice de la mano derecha está ensangrentada, y todo apunta a que él mismo escribió el mensaje, pero… tiene las manos atadas con una cuerda. ¿Cómo pudo escribir entonces?

    Esa era una buena pregunta. El mensaje estaba sobre su cabeza, un poco hacia la izquierda desde su posición, y tal y como se encontraba y con las manos atadas, le habría sido imposible escribir ese mensaje. Con la mano en mi mentón, reflexivo, concluí:

    —Solo se me ocurren dos posibilidades… o él no escribió el mensaje, o le ataron después de escribirlo.

    —La segunda opción parece inverosímil —intervino, mirada adormilada, Chisp—. No me parece plausible que el asesino estuviese presente mientras escribía el mensaje y luego le atase.

    —Claro… en ese caso, no dejaría el mensaje escrito y lo borraría —sopesé.

    —O quizás quería que escribiese el mensaje. Puede que le estuviese obligando a escribirlo… o que simplemente le fuese beneficioso —meditó Dante.

    —En cualquier caso, ¿qué es lo que quiere decir el mensaje? “Despair”… a mí me suena más como a una especie de advertencia o amenaza dirigida hacia nosotros que como un mensaje dejado por la víctima, ¿no os parece? —sugerí.

    Dante y Chisp parecieron meditarlo por un momento, pero no volvieron a pronunciarse sobre el tema. Supongo que con tan poca información no íbamos a sacar nada en claro de aquello, y antes que dar vueltas y vueltas a lo mismo era más rentable seguir investigando. Había mucho que analizar, en cualquier caso.

    Por ejemplo, el cuchillo que estaba clavado en el cuerpo de Hubert.

    —¿C-Creéis que es el arma del crimen? —pregunté, con algo de aprensividad.

    —Tiene toda la pinta —dijo Dante—. El informe de Monokuma dice que todas las heridas fueron provocadas por un mismo instrumento, así que lo más plausible sería que el cuchillo sea lo que mató a Hubert.

    Asentí, en silencio, mientras de reojo no pude evitar notar a Chisp ciertamente reflexivo, como si hubiese percibido algo extraño en todo aquello. Y, como si fuese un destello, yo también noté algo fuera de lugar en ese mismo momento, sobre todo al oír a Dante hablar del informe de Monokuma.

    —Oh, ¡m-mirad! ¡El Monoloj de Hubert no está en su muñeca! —señalé, al fijarme en sus muñecas. En ninguna de las dos estaba aquel aparato.

    —¿Se lo habrá quitado alguien…? —meditó Chisp, en silencio.

    Me quedé mirando a Hubert por un instante, con la mente dispersa, pensando en otras cosas. Chisp y Dante parecían igual que yo, dispersos, pero… probablemente, por motivos distintos. Dante parecía estar bastante afectado, mientras que daba la sensación de que Chisp seguía notando algo raro.

    Desvié la atención por un momento hacia atrás, y pude ver las huellas ensangrentadas que llegaban hasta el cadáver. Hasta entonces no me había fijado, pero…

    —H-Hey, las huellas de sangre…

    Dante se giró hasta mirar también las citadas huellas. Eran de un par de zapatos normales, aparentemente de hombre, y lo más curioso de todo era que…

    —Oh, es cierto —susurró el Guardián—. Las huellas no van desde el cadáver hacia la puerta, sino desde la puerta hacia el cadáver.

    —P-Pero eso no tiene sentido, ¿verdad? —reflexioné—. Si mataron a Hubert dentro del gimnasio, la sangre acabaría aquí dentro, justo como puede verse. Entonces, si alguien pisó esa sangre, ¿no deberían de estar las huellas en sentido completamente inverso? Deberían ir desde Hubert hacia la salida, no desde la salida hacia Hubert.

    —Uhm —meditó Dante, reflexivo. Pero pronto su meditación se vio interrumpida, al fijarse en Chisp, que miraba hacia el techo con gesto intrigado—. ¿Qué sucede? —inquirió Dante, mirando también al techo, curioso.

    Pero Chisp tan solo bajó la mirada lentamente, con gesto despreocupado y ojos entrecerrado, y se encogió de hombros por toda respuesta. Ese tipo era… curioso, cuanto menos.

    —En fin —musitó el Guardián—. Creo que deberíamos hablar con Ixie y los demás. Llevan un rato dando vueltas alrededor del lugar, quizá han obtenido algo.

    Miré a lo lejos, en el gimnasio, y pude ver cómo, efectivamente, Ixie, Leaffy y Orm seguían por allí. Asentí decidido, y mi grupo se encaminó hacia el suyo.

    —¿Qué tal la investigación? —les pregunté. Fue la Naturópata la que tomó el papel de portavoz.

    —No hemos descubierto mucho —suspiró ella—. Hemos estado revisando si hay alguna pista o alguna mancha más de sangre por el gimnasio, pero no parece que haya nada especial. Todo cuanto hay en este sitio son baldosas y más baldosas… y además, se van a salir en cualquier momento. Tendríamos que dejar que Arie remodelase este sitio, desde luego.

    —... —Chisp parecía estar meditativo.

    —No sé yo si Arie mejoraría mucho esto… —susurré, con algo de sudor frío recorriendo mi frente. Arie era tan partidario de la “arquitectura moderna” que me daba miedo lo que pudiese hacer con el gimnasio, a decir verdad—. ¡Oh, Orm, por cierto! —recordé entonces, dirigiéndome al niño prodigio—. Tú y Dante fuisteis los primeros en llegar, ¿cierto? Recuerdo que cuando entré estabais los dos dentro ya.

    Dante se cruzó de brazos, reflexivo. Fue Orm el que me respondió.

    —Así es —se llevó los brazos a la nuca, en un gesto de excesiva falta de preocupación para mi gusto—. De hecho, yo llegué segundo… Dante ya estaba aquí cuando llegué.

    —… —Dante parecía estar meditando profundamente; tanto era así que tardó unos segundos en darse cuenta de que estábamos aguardando su declaración—. Oh, sí. Fui el primero en llegar. Me encontré la puerta cerrada, como bloqueada. De hecho, tenía un candado por dentro… tuve que golpearla hasta romperla al ver que no podía abrirse.

    A-Así que la puerta estaba abollada por eso, ¿eh? W-Wow, pero, ¿¡qué clase de fuerza tenía Dante!? Había roto él solo una maldita puerta de metal con candado…

    —E-Entonces, según tu testimonio, Dante, ¿la puerta estaba cerrada por dentro al llegar? —el chico asintió con lentitud—. Eso quiere decir que…

    —… que este crimen se convierte en un misterio de habitación cerrada~ —comentó Leaffy, con una sonrisa ciertamente perturbadora—. ¡Qué interesante se está poniendo esto!

    Palidecí al escuchar aquello. U-Un misterio de habitación cerrada, donde la víctima de un crimen aparece dentro de un escenario en el que, aparentemente, no pudo entrar ni salir nadie. Una escena que hacía que todo se complicase mucho más. Sin una vía de huida para el asesino, ¿cómo pudo escapar? ¿Cómo hizo para no estar dentro cuando Dante y Orm llegaron?

    Con aún más dudas en mi mente, mi grupo terminó saliendo a las calles de Despair City, en busca de más pistas, esperando reunirnos con los demás.

    Nuestros pasos nos terminaron llevando a la armería. Dante insistía en que podía haber algo de utilidad allí, ya que era el lugar donde más posibilidades había de encontrar los utensilios utilizados en la escena del crimen.

    … y así fue. El grupo de Stock, Gea y Bubbly se encontraba dentro, rastreando toda la tienda.

    —¿Habéis descubierto algo? —pregunté, dirigiendo la pregunta al aire.

    Bubbly estaba pálido… definitivamente, rodearse de armas no era lo ideal para él. Fue Gea la que me respondió, pues.

    —Falta un cuchillo de caza, que asumimos que es el arma del crimen…

    —Y también algunas cadenas y candados —observó Stock—. Como los que había junto a la puerta abollada.

    —Los que yo rompí —comentó Dante.

    —T-También falta una soga —dijo Bubbly, con aspecto de estar mareado—. La que usaron p-para atar a Hubert, seguramente.

    —En resumen, que todos los utensilios externos al gimnasio que aparecieron en la escena del crimen vinieron de aquí, de la armería… —pensé en voz alta.

    Sin embargo, el mayor del grupo, Stock, el Super Empresario, tomó la palabra, mano en el sombrero, con un aire sombrío que pronto se tornó egocéntrico. La sonrisilla que esbozó debajo de aquel gorro se me hizo tremendamente presuntuosa. Iba a disfrutar lo que iba a decir, y él lo sabía bien.

    —Pero esa no es la única pista que tenemos. Gracias a mi inestimable intelecto, tenemos otro dato extremadamente relevante para este caso: en esta armería entraron, en la noche de ayer, tres personas distintas.

    La declaración tan inesperada de Stock me tomó por sorpresa, sobre todo porque lo dijo de una forma muy convincente. Sin duda, estaba seguro de lo que decía, y se regocijaba en cada sílaba al declararlo.

    —¿Cómo? —preguntó Chisp, inexpresivo, inclinando la cabeza a un lado—. ¿Cómo puedes saber eso?

    —Je —la sonrisa orgullosa que esbozó el empresario era inmensa—. Así —con orgullo, apagó la luz de la armería pulsando el interruptor, y Bubbly no pudo evitar sobresaltarse, emitiendo un gemido agudo y breve.

    Lo curioso fue que en la oscuridad de la sala, en el suelo había múltiples puntos brillantes. La voz de Stock se alzó entre la oscuridad.

    —He aquí las huellas de quienes entraron en esta armería. Si las analizamos, veremos tres tipos de huellas distintas… dos que se dirigen hacia dentro de la armería y hacia fuera, y un tipo que solo se dirige hacia dentro —¿uh? ¿Solo hacia dentro? Entonces… ¿nunca salió de allí?

    —¿Cómo conseguiste que se dejasen estas huellas? —inquirió Dante, curioso—. ¿Es tinta luminiscente?

    Pulsando de nuevo el interruptor de la luz, las huellas desaparecieron de nuestra vista, y vimos a un Stock orgulloso y engreído, asintiendo.

    —Encontré varios tipos de pintura entre las cosas de la tienda de ropa tan extraña que hay en este Sector. Pinturas que, al parecer, según la modista —debía referirse a Frida…—, son especiales para tejidos, para decorar. Una de ellas era pintura transparente que solo brilla en la oscuridad —¿q-qué tipo de persona hacía ropa que brillase en la oscuridad con pintura? —. El caso es que vi en ella una oportunidad única para otorgarnos pistas una vez que un crimen sucediese. Sospechando que el potencial criminal querría venir a la armería, vertí la pintura en el suelo, junto a la entrada, justo la tarde de ayer… y el resultado ha sido el que veis.

    —Brillante, señor Stock —piropeó Gea, genuinamente sorprendida, con un tono de admiración sincera. Aquella profesora estaba completamente fascinada por Stock, sin duda—. Su plan nos ha permitido obtener valiosos datos… ¡ahora está claro que tres son los culpables! ¡Este crimen fue cometido por varias personas!

    —No es tan fácil —susurró Chisp, brazos cruzados. Tras eso, solo hubo silencio. Él desvió la mirada, pensativo, como si no estuviese con nosotros.

    Ese chico era… particular. Pero, en cualquier caso, yo sabía cómo completar la observación que Chisp había comenzado.

    —Que hayan entrado tres personas aquí no implica que tres personas participasen en el crimen. Tenemos el dato de que dos personas entraron y salieron, y una tercera solo entró… y las huellas no son lo suficientemente nítidas para distinguir el calzado —crucé también yo mis brazos, meditando—. Pero eso no quiere decir que los tres matasen a Hubert. Ni siquiera podemos saber qué objetos cogió cada uno, o si cogieron siquiera algún objeto utilizado en la escena del crimen. Y además… seguimos con la duda de esa persona que solo entró. ¿Por qué no hay huellas hacia fuera y solo hacia dentro?

    —Hum —susurró Bubbly—. T-Tal vez si comprobamos si en el gimnasio hay huellas luminiscentes de estas sepamos cuánta gente entró en la escena del crimen con los pies manchados… ¿no?

    La idea de Bubbly era buena, pero… Stock pronto negó con la cabeza. Agachó la mirada. Ya no se sentía tan orgulloso de su plan.

    —La tinta no duraría tanto… se desprende con facilidad. Dudo mucho que haya huellas en la escena del crimen, unas cuantas pisadas limpian el zapato —susurró, alicaído.

    Hmmm. La tinta luminiscente, ¿eh? Si era así de volátil, no serviría para determinar si existe relación entre las personas que entraron a la armería y el crimen de Hubert. ¿Y qué sentido tenían las huellas que solo iban hacia dentro del lugar?

    Cada vez teníamos más dudas, cada vez surgían más incógnitas. No tenía claro cómo había sucedido el crimen… no sabía cómo había podido entrar el asesino y luego salir de la escena estando la única entrada bloqueada; no sabía quiénes eran y qué hicieron las tres personas que entraron en la armería; no sabía qué había motivado al asesino a matar a Hubert y robarle su Monoloj. No sabía nada.

    Algo apesadumbrado, me encontré siguiendo como un zombi sin energía a Chisp y a Dante, que parecían mucho más centrados que yo en la investigación. Yo había entrado ya en una espiral autodestructiva… y cada vez que pensaba en la solución a alguno de los enigmas de este caso terminaba con más preguntas nuevas que soluciones.

    Así las cosas, Chisp había propuesto ir a los dormitorios, a buscar al grupo de Bezzy. Quizá allí encontrásemos algo, o eso creía el informático. A decir verdad, estaba sorprendido, gratamente sorprendido: Chisp parecía tan callado y tan ajeno a todo cuanto le rodeaba, que nunca hubiese dicho que tendría esa capacidad de liderazgo y esa determinación a la hora de tratar un asunto tan serio como era el que nos ocupaba.

    —Hola, chicos —saludé al ver a Bezzy, Frida y Oxy pululando por los pasillos de los dormitorios. La puerta del dormitorio de Hubert estaba abierta y ellas estaban frente a la misma, cuchicheando—. ¿Habéis descubierto algo?

    —Oh, Pyro, chicos —saludó Bezzy, algo pálida. Ella y Frida se notaban aún algo temblorosas y conmocionadas por la situación. Y, la verdad, no las culpaba—. Hemos investigado el dormitorio de Hubert, pero… no hemos encontrado nada especial.

    —No hay ni rastro de su Monoloj en su dormitorio —apuntó Oxy, mano en las gafas, en gesto intelectual—. Y dado que en la escena del crimen no estaba presente, todo apunta a que, en efecto, se lo han robado.

    —¿Nada más? —preguntó Dante, brazos cruzados.

    Frida, agarrada al brazo de Bezzy, negó con la cabeza, siempre con esa expresión de nerviosismo y preocupación.

    —No, nada… H-Hubert tenía u-una libreta en su escritorio, pero… estaba v-vacía, ¡no había nada escrito!

    —¿Ni siquiera páginas arrancadas? —inquirió Chisp, con rostro adormilado—. Es probable que alguien arrancase las páginas escritas.

    Bezzy meditó por unos segundos.

    —No me pareció notarlo. ¡Tomad! Cogí la libreta para que la vieseis… como veréis, está totalmente vacía. Comprobadlo vosotros mismos.

    Hmmm. Cuando Chisp cogió la libreta y la abrió, todo lo que pudimos ver fueron páginas en blanco. Y, en efecto, no había rastro de que alguien hubiese arrancado una página. Salvo, claro… por una parte en concreto.

    —Oh, ¡eso…! —exclamé. Sí, podía apreciarse algo muy curioso si se observaba con detenimiento. Y parecía ser que Chisp y Dante también se dieron cuenta.

    —Las costuras de la libreta están algo deshechas…—susurró Dante. Era cierto: la libreta estaba cosida con unos hilos gruesos, pasados por los agujeros de la libreta, que unían la cubierta y la contracubierta con el resto de páginas, todas ellas agujereadas con el mismo patrón.

    —… alguien ha podido tomar hojas de la libreta —corroboró Chisp. De pronto, comenzó a pasar páginas de forma rápida, delante de sí, mientras miraba con suma atención—. Pudo descoser la sujeción de la libreta y luego volver a meter los hilos. Pero se aprecia en la forma en la que está agarrado el hilo que alguien lo hizo y no lo dejó perfectamente pulido —al terminar de pasar hojas, comenzó a hacer lo mismo pero del revés, desde el final hasta el principio. Sin apartar su atención de aquellas páginas vacías, preguntó—. ¿Frida?

    —¿Uh? ¿S-Sí?

    —¿Cómo lo ves? —comentó el informático—. Como modista que eres, sabrás de costura. ¿Crees que es posible que alguien lo haga? ¿Que saque los hilos de la libreta, extraiga hojas sin dejar ni un solo rastro, y luego lo vuelva a unir todo?

    —Uhm —meditó ella, llevando el dedo pulgar a su labio en un tierno gesto meditativo que casi parecía infantil—. M-Mm-hm. Creo que s-sí se podría. Habría que hacerlo con mucho cuidado, p-pero, dado que la costura no es m-muy fina ni tiene un punto demasiado delicado, eh... diría que cualquiera podría hacerlo. A-Aunque ahora que lo señalas, es cierto que la costura no es perfecta, y eso es e-extraño.

    —… sí, entonces no hay duda —Chisp cerró de pronto la libreta y se la lanzó a Oxy, que reaccionó abruptamente, recogiéndola en el aire por los pelos—. Alguien se ha llevado seis páginas.

    —¿Cómo sabes que son seis? —preguntó Bezzy, curiosa.

    —… hay doscientas noventa y cuatro páginas. Y las libretas y cuadernos suelen tener un número redondo de páginas… así que apuesto porque tenía trescientas originalmente.

    —¿C-Cómo has podido contarlo? —e-estaba pasando las páginas a toda velocidad, ¿y tuvo tiempo de contarlas? ¡Wow! El Super informático no dejaba de impresionarme.

    —Vaya, vaya —Oxy se acercó pícaramente al chico, pasando sus manos por su hombro, ante lo que él no se inmutaba—. No solo eres guapo, sino hábil e inteligente, ¿eh?

    La libreta de Hubert tenía páginas faltantes, ¿eh? Hmmm… ¿era un dato realmente relevante? ¿Fue alguien el que las tomó, o fue el propio Hubert? ¿Y por qué, en todo caso? ¿Qué había escrito en ellas? ¿Tenía relación con su muerte?

    Fuese como fuere, los seis nos encaminamos al gimnasio de nuevo, dispuestos a reunirnos con el resto de participantes. Chisp y Dante coincidieron en cuál debía ser el último movimiento: dirigirnos al almacén del gimnasio y hablar con Arie y los demás, los únicos que habían estado allí. Pero… algo sucedió en ese momento.

    —¡Ejem, ejem! —se oyó, como un eco, la voz de Monokuma, retumbando en todo el Sector A—. Me estoy aburriendo, así que, ¡se acabó el tiempo de investigación!

    —¡Ngh-hm! ¡Nfghh! —la voz de Teddy, luchando por liberarse de su mordaza, podía oírse de fondo.

    —¡Exacto, hermanito! Tal y como ha dicho él, ¡dirigíos a la puerta roja que hay en la planta baja del hotel! Es un ascensor, y si os subís ahí, iréis a la zona donde se llevará a cabo la clase de juicio. ¡Mucha suerte! Oh, y no os demoréis más de cinco minutos, ¡os lo advierto! ¡Puedo enfadarme mucho!

    —… aún faltan cosas que debo comprobar —gruñó Chisp, mordiéndose el labio.

    —No te preocupes —le dijo Bezzy—. Arie, Spok y Ryu han estado en el almacén, ¡ellos podrán contarnos lo que vieron!

    —S-Sí —susurró Frida—. Lo mejor será que v-vayamos ya al sitio que dice Monokuma.

    Y dimos media vuelta, de nuevo rumbo al hotel… hasta la puerta roja. Chisp tenía un gesto disconforme todo el tiempo, una expresión cargada de malestar. Como si le irritase enormemente que le hubiesen interrumpido en mitad de su investigación. Como si tuviese la certeza de que debía ver en persona aquel lugar.

    ¿Había, acaso, algo que sospechase…? A veces, la mente de ese tipo se me hacía imposible de leer. O, más bien… siempre.

    Con todo, los quince nos reunimos dentro del ascensor. Algunos asustados, otros con gesto divertido en su mirada, y otros con determinación en sus ojos.

    Allí dentro, en Despair City, todos nosotros éramos, al fin y al cabo, compañeros…y, a la vez, rivales. Y la clase de juicio sería la primera de las batallas que libraríamos. Y ojalá la última. Una batalla entre los supervivientes y el culpable… una batalla por la supervivencia. Las amistades que hubiésemos formado, la confianza que tuviésemos los unos en los otros… todo eso no valdría nada en aquel lugar al que estábamos apunto de entrar. Era vivir o morir. Ganar o morir. Encontrar al culpable o morir. Morir… siempre morir. Y, si queríamos sobrevivir, no teníamos más remedio que dudar los unos de los otros.

    Así, la primera clase de juicio, la escena en la que los participantes de este sádico concurso de dolor, sangre y muerte se enfrentarían…

    … había dado comienzo.

    Reglas del juego:

    Regla 1: ¡los actos de violencia contra Monokuma y su hermano están totalmente prohibidos! El participante que viole esta regla será inmediatamente castigado.

    Regla 2: del mismo modo, Monokuma y su hermano no podrán interferir en los asesinatos; además, toda la información que den sobre los mismos deberá ser fiable y cierta.

    Regla 3: se darán anuncios por la mañana, a las 8:00 AM, para despertar a los participantes. Una vez dado el anuncio, el participante tendrá 2 horas para salir de su dormitorio. ¡Nada de vaguear, el juego está para participar!

    Regla 4: igualmente, se dará otro anuncio a las 10:00 PM para indicar el comienzo del tiempo nocturno. Durante este tiempo, varias dependencias podrán permanecer cerradas y varios caminos permanecer cortados.

    Regla 5: en cualquier caso, entre las 1:00 AM y las 8:00 AM se considerará que transcurre el tiempo de sueño, y la entrada a las dependencias principales quedarán cerradas; no se podrá entrar, pero sí se podrá salir de ellas. Si decides permanecer fuera durante el tiempo de sueño, es bajo tu responsabilidad, ¡pero recuerda descansar lo suficiente!

    Regla 6: cuando se cometa un asesinato, se dará un anuncio tan pronto como tres personas o más descubran el cadáver. En ese momento, comenzará el tiempo de investigación, tras el cual empezará la clase de juicio.

    Regla 7: durante el tiempo de investigación, no aplicará ninguna regla concerniente a la restricción de acceso a ninguna dependencia, salvo excepciones que Monokuma o su hermano podrán valorar según el caso.

    Regla 8: en la clase de juicio, se votará al culpable, eligiéndose este por mayoría de votos. Cada participante tendrá un voto, que no podrá ser cambiado una vez realizado.

    Regla 9: si el elegido como culpable fue el asesino, dicha persona será castigada. En caso contrario, todos serán castigados salvo el asesino, y este habrá ganado el juego.

    Regla 10: en caso de que se produzca un empate en las votaciones entre dos o más personas, se repetirán las votaciones, pudiendo elegirse como posibles candidatos para ser votados únicamente a quienes empataron. Los que hubiesen empatado no podrán votar en esta segunda votación.

    Regla 11: ¡el hermano de Monokuma no podrá revelar ningún tipo de información sobre el exterior, sobre las identidades de los participantes de ninguno de los dos juegos, ni sobre nada que comprometa el equilibrio de este juego de asesinato mutuo!

    Regla 12: en el caso de que el hermano de Monokuma incumpla una regla, explotará en el acto, destrozando todo cuanto le rodee. Incluidas personas.

    Misiones globales:

    1- Identidades: comenzad la primera investigación.

    Lista de alumnos:

    15 vivos


    1- Pyro: Super ???
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    - Misiones individuales: Talento: descubre al participante con talento falso.
    - Datos obtenidos: ???

    2- Ryu: Super Entrenador
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    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    3- Chisp: Super Informático
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    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    4- Frida: Super Sastre
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    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    5- Hubert: Super Ajedrecista [MUERTO]
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    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    6- Dante: Super Guardián
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    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    7- Bubbly: Super Buceador
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    8- Leaffy: Super Jardinera
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    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    9- Ixie: Super Naturópata

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    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    10- Oxy: Super Psicóloga

    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos:
    1- Oxy tiene fobia a lo ilógico, a aquello a lo que no puede dar explicación. Afirma que se hizo psicóloga porque la mente de las personas es una de las cosas más difícil de explicar de todas. Desde que se convirtió en psicóloga, llevó los casos más difíciles, siempre buscando lo más complejo de todo, porque afirma que encontrar explicación a cosas que parecen no tenerla es su especialidad. Por ello, parece que, más que fobia a lo ilógico, tiene miedo al fracaso, a no ser capaz de encontrar una explicación para ciertas cosas.


    11- Orm: Super Prodigio
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    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos:
    1. Orm detesta a la gente sin talento, por considerarlos simples, normales, y carentes casi de un rasgo distintivo que les haga diferentes. Odia la normalidad, y parece obsesionado con destacar en algo. Al parecer, aparentemente hay alguien en su vida que recibía toda la atención simplemente por ser "especial", mientras que él insistía en seguir esforzándose en ser el mejor en todo para lograr destacar.


    12- Stock: Super Empresario

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    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    13- Gea: Super Profesora
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    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    14- Spok: Super Ladrón
    [​IMG]
    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos:
    1- Aparentemente, Spok es el mejor ladrón de toda Galeia, del mundo entero, pero detesta ser ladrón; afirma que sus padres murieron y que por eso tuvo que comenzar a robar. De hecho, dice que, pese a que murieron, nunca le dejaron. Dice que los muertos le fascinan, porque, en palabras del propio Spok, son los únicos a los que no puede robar.


    15- Arie: Super Arquitecto
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    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos: ???


    16- Bezzy Hoffe: Super Violinista
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    - Misiones individuales: ???
    - Datos obtenidos:
    1. Bezzy es una virtuosa con todos los instrumentos, pero parece ser que fue gracias a una persona muy especial para ella, aparentemente su interés romántico, que se comenzó a especializar e interesar por el violín en específico. Solo ha fallado una nota en toda su vida.

    Balas de la verdad:

    - Informe de Monokuma #1: la víctima es Hubert Mattsson, el Super Ajedrecista. Su cuerpo apareció en mitad del gimnasio del Sector A. Murió aproximadamente a las 6:00 AM. Tenía las muñecas atadas con una cuerda y múltiples heridas cortantes en su garganta, hasta el punto de que la cubrían por completo su cuello. Todas las heridas parecen haberse realizado con el mismo utensilio. La víctima murió poco después de recibir el primer daño mortal. También recibió una herida punzante en el estómago con el mismo utensilio, que fue definitivamente posterior al resto y post mortem

    - Motivo de Monokuma: Monokuma estableció como motivo que, si nadie moría y llegaba el final del día en que murió Hubert, todos serían asesinados.

    - Pintada en el suelo: pintada con sangre, sobre Hubert había un mensaje, diciendo, con grandes letras situadas en distintas baldosas del suelo "DESPAIR". Además, Hubert tenía el dedo índice de la mano derecha manchado de sangre.

    - Cuerda: Hubert apareció con las manos atadas con una gruesa cuerda, aparentemente conseguida en la armería.

    - Cuchillo: aparentemente, el arma del crimen. Se deduce que fue obtenido en la armería. Apareció clavado en el estómago de Hubert.

    - Monoloj de Hubert: el Monoloj de Hubert ha desaparecido, no encontrándose ni en la escena del crimen ni en su dormitorio. No obstante, Pyro recuerda haberlo visto mirando su Monoloj el día antes de la muerte. ¿Dónde estaría?

    - Huellas ensangrentadas: en el gimnasio, la escena del crimen, había una serie de huellas ensangrentadas. Sin embargo, las huellas iban de la puerta al cadáver, y no a la inversa.

    - Baldosas: el suelo del gimnasio está hecho de baldosas en su totalidad. Muchas de ellas están sueltas y pueden sacarse sin demasiados problemas de su sitio.

    - Testimonio de Dante: Dante afirma que la puerta del gimnasio estaba cerrada con un candado por dentro, y que él, que fue el primero en llegar, la tumbó de un golpe, provocando el estado abollado en el que se encontraba.

    - Utensilios de la armería: en la armería faltaban una cuerda, un cuchillo y un candado, justo los objetos encontrados en la escena del crimen.

    - Plan de Stock: Stock vertió tinta transparente luminiscente en la entrada de la armería para analizar quién entraba en la armería la noche anterior. Tres personas diferentes entraron, pero solo había indicios de que dos de ellas saliesen.

    - Tinta luminiscente: la tinta usada por Stock para delatar a quienes entrasen en la armería es volátil y poco adherente, por lo que no duraría más de unos segundos en los zapatos de quien la pisase, dejando huellas por un breve periodo de tiempo. La tinta, además, es invisible a simple vista, y solo puede verse en la oscuridad. Fue extraída de la sastrería.

    - Libreta de Hubert: al parecer, Hubert tenía una libreta de la que alguien extrajo, con sumo cuidado, seis páginas. El resto de páginas estaba completamente vacía. La libreta fue encontrada en el dormitorio de Hubert por Frida, Bezzy y Oxy.
     
    Última edición: 3 Noviembre 2018
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    Omggg, el capítulo ha estado bien intenso ¿eh? Chisp es mi nuevo ídolo, sabía que tendría mucho carisma <3 Aún no soy capaz de ubicar a la waifu, espero que sea Chisp, fangirlearía mucho (??)

    No entiendo nada ahora mismo, lo cual supongo que será normal xD Me ha extrañado mucho el hecho de que tanto en el gimnasio como en el almacén hubiera huellas de entrada y no de salida. ¿Será que hay algún pasadizo debajo de alguna baldosa? También he pensado que esas hojas pudieran estar escondidas en alguna baldosa de algún modo, idk. Y CHIPS CONTANDO es como omfg lo amo. Para lo de las huellas pensé que Ryu pudiera andar y utilizase la silla solo para evitar dejar huellas.

    En cualquier caso, creo que el asesino será Dante, por algún motivo xD Es como si quisiera hacer un Kaede y dedicar el juicio a dar esperanza a todo el mundo... Lo único que me descuadra mucho es el mensaje de despair, wtf.

    A parte de eso, debo decir que la banda sonora me puso mucho en contexto esta vez xD No sé, creo que estaba con mono de capítulo, he disfrutado mucho. La muerte en sí me perturba mucho porque yk, no me gusta el cuello (?) Pero ha estado genial todo <3

    Muchas gracias por el capítulo y enhorabuena, nuevamente. Sigue así,

    Lucas Diamond~ <3
     
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