Long-fic de Pokémon - Pokémon Rainbow: Johto.

Tema en 'Hall de la fama' iniciado por Paralelo, 4 Noviembre 2012.

  1.  
    Kyoya Trujillo

    Kyoya Trujillo Un Blayder perdido en el Universo de Pokémon

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    ¡Por fin te alcancé! después de mucho tiempo de seguir a Rainbow por Kanto lo he alcanzado ya en Johto n_n y bueno que te puedo decir, jamas me decepcionas, me gusta mucho este fic debido a su historia y su trama, es gracioso, impredecible, emocionante y emotivo. Creo no ser el único que se quedo con la duda de ¿Qué paso con Aurora? D: no nos puedes dejar así :c bueno al menos no estamos acercando mas y mas a la liga, estoy emocionado por saber que pasara bueno y ahora lo siguiente:
    1.- ¿Rainbow no tendrá un pokémon tipo fantasma en esta región cierto? El único introducido en esa generación fue Misdreavous pero su evolución es de Sinnoh así que dudo que Rainbow atrape a Misdreavous y si lo llega atrapar seria para Sinnoh al igual que Sneasel y Togepi ¿no?
    2.- Como el único dragón de esta generación es Kingdra dudo también que llegue atrapar uno, ya que debió haber atrapado a un Horsea por Kanto, aunque creo que ya habías dejado claro que seria su Larvitar x)
    Para rematar los errores *lo cuales no hay o yo no veo ._.* pues ya te lo habían dicho anteriormente solo revisa bien como sueles escribir los nombres de los pokémon ya que sueles equivocarte en unos.
    Me gusto este capitulo sinceramente no me pareció aburrido, fue emocionante y por mas indiferente y mala persona que sea Rainbow muy en el fondo es todo un sentimental y un entrenador muy noble jajajajajajaj eso ultimo se escucho muy Aurora(?)
    Bueno, saludos. Espero con ansias las continuaciones :D
     
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  2.  
    Paralelo

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    Título:
    Pokémon Rainbow: Johto.
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    Género:
    Aventura
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    Palabras:
    7667
    ...Continuando

    Capítulo 48: Vs Clair.


    “sólo viste al pokémon en el estado en el que estaba, no en el estado que podría tener”
    Rainbow




    El amanecer en ciudad Endrino era uno de los mejores espectáculos naturales de Johto, casi comparable al del anochecer en las islas remolino. Era verdaderamente alucinante ver como las sombras de las montañas poco a poco iban cediendo paso a la luz del sol, el cual se levantaba tras ellas con solemnidad, y las montañas parecían hacerle una respetuosa reverencia mientras se alzaba en el cielo. Es casi una pena que tal espectáculo sea tan común para los habitantes del lugar que sean muy pocos los que se detengan a contemplar aquel espectáculo natural que ofrecía la ventajosa posición de su ciudad, sino que eran los foráneos y algunos otros entrenadores de renombre en la zona los que apreciaban con orgullo aquella salida del sol.

    Entre esos entrenadores se encontraba Clair*, líder del gimnasio de Endrino, miembro valioso del famoso clan de doma dragones, y por consiguiente, especialista en pokémon de dicho tipo.

    Durante los últimos días había estado habiendo una cantidad inusual de entrenadores que buscaban desafiarla, especialmente otros doma dragones de otras partes del mundo, todos queriendo probar la destreza de la mejor representante del clan doma dragones más famoso del mundo. A causa de eso, Clair se veía obligada a permanecer casi todo el día en su gimnasio desde el amanecer, ya que los contendientes eran muchos, pero al menos podía jactarse de no haber perdido contra ninguno hasta ese momento. Y mientras esperaba pacientemente a que los contendientes llegaran, solemnemente meditaba a la luz del nuevo sol que había salido tras las montañas.

    —Señorita Clair —interrumpió un ayudante—, el primer contendiente ha llegado, ¿le hago pasar ahora?….

    —¡Ja! Así que tú eres la gran domadora dragón —interrumpió un joven Domadragón, entrando precipitadamente al recinto—, vengo desde Hoenn sólo para retarte, y no me importa tu prestigio, te voy a derrotar…

    Diciendo eso, sacó de su pokéball a un Salamance, que de un rugido se preparó para luchar.

    Ante esa violenta interrupción, Clair no se inquietó, sino que sonrió con seguridad y encaró a su contrincante, sacando a un pequeño Dratini de su pokéball. La diferencia de tamaño entre los dos pokémon que se encaraban era enormemente dispareja, y el Domadragón no pudo evitar reírse de eso.

    —¿Vas a enfrentar a mi Salamance con un pequeño Dratini? —se burló sin dejar de reír.

    Clair le sonrió con arrogancia.

    —Es todo lo que necesito para bajarte los humos —contestó engreídamente.

    El Domadragón no se dejó intimidar por eso.

    —Pues si así es como lo quieres… ¡Carga dragón, Salamance! —ordenó con voz potente.





    —¡Qué! ¿Por qué no puedo pasar? —preguntó Rainbow al ayudante a la entrada del gimnasio.

    —La líder Clair, ahora mismo se encuentra en combate con otro entrenador —contestó el ayudante—, podrás entrar cuando hayan terminado… lo cual no creo que tarde demasiado.

    —Hmmm, esto es extraño —reflexionó Rainbow—, esta es la primera vez que voy a un gimnasio y hay alguien más antes de mí… ¿o no, chicos? —le preguntó a sus pokémon en su cinturón.

    Estos tampoco recordaron que algo similar haya sucedido en todo su viaje, pero lo que le preocupaba a Rainbow era otra cosa.

    —Espero que sus pokémon no se debiliten mucho —dijo con cierta preocupación—, no sería una humillación completa si sus pokémon no están al máximo —añadió con un repentino aire arrogante.

    —No te preocupes, eso nunca pasa —contestó el ayudante—, nuestra líder es tan talentosa que ha combatido con tantos entrenadores seguidos sin que ninguno haya podido siquiera hacerla sudar —dijo orgulloso.

    —¿Ah, sí?... pues conmigo no sólo va a sudar —comenzó a decir Rainbow apretando el puño con arrogancia—, haré que llore lágrimas de rabia por cada poro de su cuerpo hasta que pierda la razón de su existencia.

    Y diciendo eso, se rió malévolamente en voz baja, aterrando bastante al asistente.

    En ese momento, se escuchó un fuerte ruido dentro del gimnasio, como si se hubiera efectuado un ataque muy poderoso.

    —¡Ay, no! —gritó fuertemente la voz del joven Domadragón, con voz lastimera.

    —Creo que eso quiere decir que ya han terminado —comentó el ayudante con orgullo—, la líder siempre es así de rápida.

    —Entonces ahora es mi turno —exclamó Rainbow mientras subía corriendo las escaleras energéticamente.

    —¡Espera! Se supone que debo avisar de tu llegada —exclamó el ayudante, el cual fue corriendo tras él.


    Al llegar a la arena, Rainbow se detuvo bruscamente, y observó en el centro de la arena a un enorme Salamance, mientras el Domadragón se lamentaba a su lado. Al fondo, Clair lo observaba con soberbia.

    —Aún te falta mucho por aprender —le dijo ésta con tono autoritario—, será mejor que entrenes más si quieres aguantar al menos un minuto.

    Rainbow observó por un momento la escena, y vio también al Dratini que Clair había usado para luchar, el cual se veía sin ningún rasguño y lleno de energía. Un momento después, el ayudante llegó por detrás.

    —Líder Clair, un nuevo retador ha llegado —dijo con voz algo cansada.

    —Creo que me puedo presentar yo sólo —contestó con rudeza—, soy Rainbow, el entrenador definitivo, y estoy aquí para humillar, aplastar y despedazar a la líder de este gimnasio.

    La actitud insoportable de Rainbow ya hacía tiempo que fastidiaba a sus pokémon, pero al menos sabían que iba a ser la última vez que hiciera eso en Johto.

    —Oye, no te confíes demasiado —le dijo el Domadragón aún bastante impresionado por su derrota, regresando a su Salamance —, es muy poderosa y yo la subestimé también —dijo comiéndose su orgullo.

    Rainbow se acercó a la arena desafiante.

    —¿Qué parte de entrenador definitivo no te quedó claro? —preguntó con arrogancia— Mejor hasta a un lado y observa cómo se humilla a un líder.

    Bastante sorprendido por esa actitud, el Domadragón se hizo a un lado de la arena para observar.

    Durante todo ese tiempo, Clair no dejaba de tener su aire soberbio y creído, y al encontrarse frente a frente con Rainbow, le sonrió con gran seguridad. Pero un momento después, se fijó en su cinturón de X que llevaba Rainbow, y sus ojos de repente parecieron reconocer a ese entrenador engreído, haciendo que su rostro pusiera un semblante de enojo y algo de ira.

    —El entrenador Rainbow —dijo con rudeza—, el entrenador que lleva a todos sus pokémon en un cinturón con forma de X.

    —¿Nos conocemos de algo? —preguntó Rainbow algo intrigado— ¿Te he humillado alguna vez? No recuerdo haber despedazado a ninguna entrenadora con ropa de Vulpix como la tuya —añadió insolentemente.

    Clair se irritó un poco por eso, pero en seguida sonrió con arrogancia.

    —Engreído, grosero, impertinente y sin tacto… tal y como me lo contó mi hermano, Lance —contestó.

    Al oír ese nombre, Rainbow se sorprendió bastante, pero en seguida recordó que cuando estuvo en Kanto, en efecto, averiguó que Lance era miembro del clan de Domadragones de Johto, y con una sonrisa maliciosa en su rostro, recordó la gran batalla que tuvo contra él y su ejército de dragones contras sus pokémon de Kanto.

    —¿Hermano? —preguntó Rainbow sin dejar de sonreír— No se parecen mucho, cuando mucho será tu primo o algo… qué pequeño es el mundo, un día despedazo al mejor Domadragón del mundo, y al siguiente voy a hacer lo mismo con una de sus familiares…

    De repente, el agudo sonido de un látigo inundó todo el gimnasio, y estremeció un poco al ayudante, al Domadragón, e incluso a Rainbow.

    Del otro lado de la arena, Clair había sacado un látigo y con enojo cortó el aire con él.

    —No hables así de él —le contestó enojada.

    Al verla así de irritada, Rainbow sonrió aún más maliciosamente.

    —Dime, Clair, ¿te dijo Lance algo más de mí? —preguntó con malicia.

    —Dijo que un día podría encontrarme con un entrenador con un cinturón sobre su pecho —contestó empuñando firmemente su látigo—, y que podría venir a retarme.

    —¿Sólo eso? —preguntó Rainbow— ¿No te contó sobre cómo lo humillé? ¿No te dijo que era el entrenador definitivo?... Seguro que no, Lance no me nombraría de ese modo, es un mal perdedor y además tramposo por hacer a tantos pokémon luchar contra mí del modo en que lo hizo…

    El látigo de Clair de nuevo cortó el aire, y resonó de nuevo en las cabezas de todos.

    —No importa lo que haya pasado entre ustedes —dijo Clair de nuevo con soberbia—, si estás aquí ahora tu batalla es conmigo.

    —Hmmm, ¿te parece que podrás derrotarme a mí después de que pude derrotar a Lance? —preguntó Rainbow sujetando la pokéball de Hitmontop con una mano, y el cronómetro con la otra.

    Clair se tranquilizó un poco, y volvió de nuevo a una actitud confiada.

    —Tal y como te dijo el otro Domadragón, no deberías subestimarme —contestó.

    Rainbow entonces liberó a Hitmontop.

    —Tal y como es mi costumbre, me arriesgaré más —dijo con seguridad—, si derrotas a uno sólo de mis pokémon, me daré por derrotado, pero yo sí voy a derrotar a todos los tuyos.

    —¡Estás loco! —exclamó el Domadragón— Ni siquiera yo con mi Salamance pudimos hacerle daño a su Dratini.

    —Pero yo no soy un patético ridículo como tú —contestó con rudeza—, mira y aprende.

    Diciendo eso, comenzó el cronómetro.

    De inmediato, Hitmontop se lanzó a atacar con Patada giro.

    —Velocidad extrema —ordenó Clair sonando su látigo en el aire.

    De ese modo, el Dratini evitó el ataque y de inmediato remató fuertemente a Hitmontop.

    —Velocidad extrema… muy raro de aprender para un Dratini —observó Rainbow.

    —Es lo mismo que yo noté —dijo el Domadragón.

    Clair sonrió con orgullo.

    —Es que este Dratini no es cualquiera —respondió—, como todos mis demás pokémon, han sido entrenados por nuestro clan en la Guarida dragón.

    —Donde se encuentran pokémon tipo dragón más poderosos de lo usual, ¿verdad? —preguntó el Domadragón.

    —Así es —respondió Clair—, estos dragones no hay que subestimarlos, e incluso es todo un reto para un miembro del clan domar a uno.

    El Dratini se veía también preparado y soberbio, como su entrenadora. La situación preocupó bastante a Rainbow, ya que esa velocidad era demasiada, aún para el entrenamiento que le había dado a Hitmontop.

    —De nuevo, Hitmontop —ordenó Rainbow.

    Una vez más, Hitmontop atacó con Patada giro, pero de otro latigazo Claire ordenó a su Dratini hacer la misma técnica, de modo que, una vez más, eludió rápidamente el ataque y contra atacó antes de que Hitmontop tuviera tiempo de defenderse. Intentaron lo mismo unas cuantas veces más, pero Hitmontop era el único que salía lastimado cada vez sin poder hacerle daño a su rival.

    —Ese es el problema que te decía —dijo el Domadragón—, ese Dratini es demasiado rápido.

    —No me digas que te derrotó sólo usando Velocidad extrema —contestó Rainbow.

    —Bueno… ese es un problema, pero luego se pone peor —contestó nervioso.

    Clair sonreía viendo la batalla, y como Hitmontop era incapaz de siquiera atinar con sus ataques.

    —Ya basta de juegos —dijo de repente—, hoy es un día ocupado, así que terminemos de una vez…

    Entonces, dando otro latigazo, el Dratini comenzó a rodearse de un aura roja muy brillante, mientras su semblante se volvía sombrío.

    —Enfado —pensó Rainbow seriamente—, no permitas que te ataque primero, Triplepatada.

    Hitmontop no esperó un segundo para efectuar el ataque, pero un segundo antes de tocar al Dratini, este desapareció rápidamente de su vista, y antes de que se diera cuenta, recibió tres Enfados consecutivos, que lo golpearon por la espalda y los flancos con una increíble potencia, tanto así que Hitmontop salió volando varios metros en el aire, y cayó pesadamente en la tierra.

    Tal movimiento tomó por sorpresa a Rainbow, pero afortunadamente Hitmontop aún no estaba debilitado.

    —Eso fue un ataque combinado de Velocidad extrema con Enfado —analizó Rainbow.

    —Fue el mismo ataque que derrotó a mi Salamance —recordó el Domadragón con verguenza—, no hubiera imaginado que ese pequeño Dratini tuviera tanta fuerza.

    El entrenamiento de Hitmontop le había dado una gran resistencia, la suficiente para resistir aquel ataque, aunque no se encontraba en las mejores condiciones.

    —Impresionante —dijo Clair al ver al pokémon de pie—, no muchos pokémon han resistido antes ese ataque y han seguido de pie, ni siquiera aquellos que cuadriplican el tamaño a mi Dratini.

    A pesar de que el Dratini había efectuado el ataque con éxito, éste no estaba confundido como usualmente ocurriría después de usar Enfado, Rainbow dedujo que era por la misma razón por la que sabía Velocidad extrema.

    —Has entrenado bien a ese Dratini —dijo arrogantemente—, le has enseñado a no quedar confuso tras usar Enfado… qué sorpresa.

    —La resistencia de tu pokémon también es una sorpresa para mí —contestó Clair con soberbia—, pero no perdamos más el tiempo…

    En seguida, lanzó otro latigazo al aire, y Dratini volvió a enfadarse. Rainbow por su lado, habiendo visto la combinación que planeaban usar, pensó rápidamente en un plan.

    —¡Patada giro de nuevo! —ordenó entonces.

    Riéndose por dentro de que estuviera a punto de caer en su misma trampa, Clair volvió a sonar su látigo.

    —¡Ahora! —ordenó.

    Tal y como la vez anterior, el Dratini esquivó el ataque antes de ser tocado, pero esta vez, Hitmontop no detuvo su Patada giro cuando se dio cuenta de que falló, sino que continuó girando cada vez más rápido sobre el cuerno de su cabeza. Casi de inmediato el Dratini atacó con su ataque combinado de Velocidad extrema con Enfado, sólo que esa vez, al estar girando Hitmontop a gran velocidad, al momento de hacer contacto con él una de sus patadas lo alcanzó en la cabeza, haciendo que ambos resultaran heridos por el ataque del otro, saliendo ambos repelidos el uno del otro.

    —¡Qué! —exclamó Claire al ver a su Dratini rodando en el suelo a causa de la potente patada que recibió.

    —¡Ahora A bocajarro! —ordenó Rainbow.

    Sacando fuerzas por dentro, Hitmontop se apresuró a atacar a Dratini antes de que éste se recuperara, y ya que esta vez la fuerza física estaba de su lado fue un movimiento fulminante para el Dratini, y quedó debilitado antes de que pudiera hacer algo para evitarlo.

    La sorpresa fue general para todos los presentes, sobre todo para Clair, quien no se esperaba que ese pequeño cambio sentenciara toda la batalla. El cronómetro marcaba 3:47.

    —¡Ja, muy bien! —exclamó el Domadragón engreídamente— ¿Cómo te quedó el ojo, Clair? Tu truco resultó no ser infalible.

    —Ya cállate, ni que estuvieras luchando tú —contestó con rudeza—… pero tiene razón —continuó encarando a Clair con arrogancia—, la velocidad de tu Dratini estaba de tu lado, y aún más con esa combinatoria de movimientos tan buena… pero al parecer tiene una defensa muy mala, todo era cuestión de lograr aturdirlo el tiempo suficiente para poder efectuar un ataque potente.

    —Y haciendo que no dejara de girar garantizó que Dratini recibiera al menos un golpe —interrumpió Clair analizando lo que había pasado.

    —¿Entonces qué dices? —preguntó Rainbow regresando a Hitmontop— ¿Aún crees poder vencerme?... Acéptalo, no eres mejor que Lance.

    Al oír eso, Clair lo miró con desprecio, pues aunque sabía que era verdad, no soportaba que se lo recordaran, y menos de una manera tan arrogante. Regresó entonces a su Dratini y preparó otra pokéball.

    —No creas que eso ha sido lo mejor que tengo —dijo aún demostrando soberbia en su rostro—, Dratini es bueno, pero en comparación con los otros, todavía es un novato.

    Entonces sacó a un Kingdra a la arena, a lo que Rainbow contestó liberando a Tyohlosion.

    —¿Pero qué demonios haces enfrentándola con un tipo fuego? —exclamó el Domadragón.

    —Tranquilo, perdedor, no es la primera vez que lucho con desventaja de tipo —se jactó irreverentemente—, de hecho, así la humillación es peor para el líder.

    Oír eso enojó un poco a Clair por dentro, pero también se sintió muy segura de que esa vez la balanza estaba de su lado.

    —¡Hidrobomba! —ordenó de repente.

    Typhlosion evitó el ataque apenas, y la fuerza del chorro de agua fue tan fuerte que incluso Rainbow se tuvo que apartar para no salir lastimado.

    —¿Por qué tanta violencia, Clair? —preguntó Rainbow sin dejar de sonreírle con arrogancia— ¿Ya te enojaste conmigo?

    Sin dejarse molestar por sus palabras, Clair volvió a empuñar su látigo con fuerza.

    —¡Ataca! —ordenó dando otro latigazo al aire.

    Entonces el Kingdra comenzó a lanzar todo tipo de ataque de tipo agua a una gran velocidad, desde Pistola agua, hasta Rayo burbuja y Cascada, apenas dándole la oportunidad a Typhlosion de esquivar todo y dejando todo el ambiente húmedo.

    —¿Qué sucede? ¿No puedes atacar? —preguntó Clair con soberbia.

    Era sorprendente cómo ese Kingdra podía lanzar tantos ataque seguidos sin tener que descansar, sin duda otro secreto del clan de los Domadragones, pero de ese modo Typhlosion no podría acercarse sin recibir algún daño. Rainbow pensó seriamente qué tanto el entrenamiento que le había dado para eliminar su debilidad natural al agua podía salvarlo de debilitarse, pues le preocupó que la potencia de esos ataques sumado a la velocidad descontrolada con la que se efectuaran fueran demasiado.

    Durante un rato, el Kingdra continuó de esa manera mientras Tyohlosion sólo esquivaba sin poder acercarse, mas de repente, el Kingdra se detuvo.

    —Estallido —ordenó Rainbow en su mente.

    Tyohlosion cargó rápidamente contra el Kingdra con el poderoso ataque de fuego, y a causa de que se encontraba en buen estado hubiera causado mucho daño, pero el tipo agua del Kingdra evitó que se lastimara mucho.

    —¡De nuevo! —ordenó Clair después de unos segundos.

    De nuevo como si nada, el Kingdra continuó con sus veloces ataques de agua, y al encontrarse Tyohlosion demasiado cerca, una Hidrobomba lo golpeó de lleno. Pudo resistir el ataque y no debilitarse, mas fue mucho más fuerte de lo que esperaban, y Rainbow lo sintió en su carne también.

    —Tiene un increíble ataque especial —dijo el Domadragón—, el Typhlosion logró resistir bien un ataque, pero no creo que resista mucho más si no le puede hacer daño.

    A Rainbow le intrigó ese pequeño lapso de descanso que tuvo que tomar el Kingdra, el cual aprovechó con poco resultado para atacarle, y vio como Clair parecía no haberse preocupado de eso.

    —Cada vez que se detenga a descansar es cuando le puedo atacar —pensó tratando de idear una estrategia—, pero si lo hago el daño que le produciré será muy poco, y luego contra atacará y me dañará mucho más…

    Typhlosion trató de asegurarle que para ese momento se alejaría de inmediato, para así no recibir otro ataque, y decidieron arriesgarse a eso.

    Cuando el Kingdra tuvo que descansar después de toda esa ola de ataques, Typhlosion de nuevo le atacó con Estallido, obteniendo el mismo efecto que la vez anterior, pero antes de que el Kingdra se levantara para atacarlo se alejó rápidamente de ahí, apenas a tiempo para seguir esquivando.

    —Con eso va a funcionar —dijo Rainbow con seguridad—, de ese modo en tres turnos más estarás acabada.

    Clair, sin preocuparse, volvió a empuñar su látigo.

    —Danza lluvia —ordenó dando otro latigazo.

    Entonces, sin dejar de efectuar sus ataques, efectuó el ataque, haciendo que de repente el cielo se nublara, y las pesadas gotas de agua comenzaron a caer en todo el gimnasio, lo cual era malo para Typhlosion que ahora se veía rodeado de agua por todos lados y le costaba trabajo esquivar los ataques.

    —Tranquilo, amigo —pensó Rainbow—, recuerda el entrenamiento en el Lago de la furia, esto es lo mismo.

    En el momento en el que Kingdra tuvo que descansar, Typhlosion de nuevo atacó con Estallido, mas esta vez el Kingdra sorpresivamente se había movido de ahí a gran velocidad, y antes de que se dieran cuenta Typhlosion recibió otra Hidrobomba, mucho más potenciada a causa de la lluvia, lastimándolo bastante.

    —Hmm, creo que esta vez ya no podrá ganar —dijo el ayudante—, esa combinación es mortal para los pokémon de tipo fuego, y el Nado rápido de Kingdra le hace moverse rápidamente en la lluvia.

    Rainbow estaba preocupado, pensando en lo que debería hacer, y Typhlosion, empapado y cansado, se resistía a perder. En su esquina, Clair sonreía con malicia.

    —¿Aún no te rindes? —le preguntó— No hay manera de que tu pokémon de tipo fuego pueda salir de esta.

    Rainbow contestó sonriéndole con arrogancia.

    —Tal y como te dije desde el pricipio —dijo quitándose su gorra empapada, dejando que su cabello se refrescara con la lluvia—, no eres mejor que Lance, y si en verdad te habló de mí debió decirte que siempre tengo una salida para todo, y esta situación no es la excepción.

    Diciendo eso, Clair volvió a sonar su látigo, y Kingdra siguió atacando como siempre, pero antes de eso Typhlosion juntó fuerzas, y rápidamente dio un enorme salto hasta las nubes bajas de las cuales salía la lluvia, lo cual todos observaron con asombro. Una vez ahí, usó un potente Infierno justo donde la lluvia salía, ocasionando que repentinamente todo el lugar se llenara de un intenso vapor al evaporarse violentamente el agua de la lluvia con el fuego.

    —¿Pero qué ha pasado? —preguntó el Domadragón.

    —El vapor es como una bruma que no deja ver nada —respondió el ayudante.

    Repentinamente se escucharon fuertes sonidos de lucha dentro del vapor, y Clair sólo pudo ver como la borrosa figura de Typhlosion atacaba a su Kingdra.

    —¡Ataca otra vez! —ordenó inmediatamente.

    El pokémon volvió a usar sus ataques como siempre, pero esa vez el vapor le hacía ver muy borrosamente a su adversario, por lo que Typhlosion aprovechó de atacarlo rápidamente antes de que el vapor se dispersara. Afortunadamente el vapor lo protegió por bastante rato, y cuando se hubo dispersado mucho más, el Kingdra ya estaba debilitado. El cronómetro marcó 7:24.

    —¿Qué? —exclamó Clair al ver a su pokémon sin fuerzas.

    —¡Ja! Lo hizo otra vez —exclamó el Domadragón.

    —Tu pokémon anterior tenía muy buena velocidad pero una mala defensa, mientras que este tenía un incréible ataque especial, pero una precisión muy mala —dijo Rainbow regresando a Typhlosion—, esa es la razón por la que le enseñaron a atacar tan desenfrenadamente, para asegurarse de que alguno de sus ataques atinara… es lo malo de sobre especializarse en algo, lo mejor es entrenar todas las características de un pokémon —dijo mirándola desafiantemente.

    Con algo de rabia dentro de ella, Clair regresó a su Kingdra y tomó su última pokéball, y miró a su pokémon con seriedad.

    —Hace mucho tiempo que no me veo obligada a sacar a éste en una batalla de gimnasio —dijo seriamente sacando a un Dragonair.

    El Domadragón miró impresionado al majestuoso pokémon.

    —Hmmm, no quiero imaginarme cómo me habría ido a mí si hubiera llegado hasta ese pokémon —dijo nerviosamente.

    —No te preocupes, amigo —le contestó Rainbow—, probablemente nunca llegues tan lejos.

    Diciendo eso sacó a su último pokémon, Pupitar, el cual se vio diminuto en comparación con el Dragonair.

    —Ni se te ocurra decir nada estúpido ahora —le dijo con rudeza al Domadragón.

    Clair vio que en ese momento se encontraba en la misma situación que antes con el Domadragón, sólo que esta vez era ella la del pokémon grande, y tomando en cuenta lo que ya había pasado, decidió no confiarse esa vez.

    —¡Hiperrayo! —ordenó inmediatamente.

    Entonces el Dragonair lanzó el ataque, y al mismo tiempo, Puputar reaccionó con el mismo ataque, de manera que ambos chocaron y provocaron una explosión en medio. Entonces del humo salió rápidamente Pupitar, y atacó al Dragonair con Enfado, mas éste lo eludió.

    —Usa Danza dragón —ordenó Clair.

    Así Dragonair se subió el ataque y la velocidad.

    —Ahora Carga dragón —volvió a ordenar.

    El ataque fue tan fuerte que Pupitar salió disparado varios metros hasta estrellarse en la pared con violencia.

    —Así que ahora ese Dragonair es bueno en el ataque —analizó Rainbow, ya que Pupitar era muy bueno en defensa, y se sorprendió de que ese ataque le hiciera más daño del que pensaba.

    —De hecho, mi Dragonair también es bueno en velocidad y defensa —contestó Clair con orgullo—, pero sobre todo es mi mejor pokémon, así que esta vez ya no lo tendrás tan fácil.

    Diciendo eso volvió a sonar su látigo, y el Dragonair volvió a atacar con Carga dragón, pero esta vez Pupitar lo esquivó, haciendo que el ataque destruyera el muro tras él, y de inmediato contra atacó con un potente Golpe cabeza, que hizo tambalear a su rival.

    No queriendo perder más tiempo, Clair decidió utilizar su arma secreta antes de que Rainbow planeara algo mejor que eso.

    —Bien, Dragonair, usa la combinación que practicamos —ordenó sonriendo maliciosamente.

    Antes de que se dieran cuenta, Dragonair había sujetado fuertemente a Pupitar con su largo cuerpo, y de inmediato salió volando hacia el cielo.

    —¿En serio va a usar ese ataque? —preguntó el ayudante sorprendido.

    —¿Qué tipo de ataque es? —preguntó el Domadragón.

    —Creo que nunca antes lo había usado en un combate real, pero si resulta es casi seguro que ganará —contestó el ayudante.

    En el aire, Pupitar trató de zafarse, pero antes de que se diera cuenta ya estaba cayendo en picada hacia el suelo a increíble velocidad, mientras el Dragonair se cubría de un aura roja.

    —Eso es… Vuelo, más Velocidad extrema, más Enfado —analizó Rainbow con preocupación.

    —Y aún falta la mejor parte —se jactó Clair con soberbia.

    Y al decir eso, ambos pokémon impactaron contra el suelo con violencia, y al tocar el suelo un Terremoto surgió de ahí, con el epicentro justo donde se encontraba Pupitar. Todos tuvieron que sujetarse de algo para no caer, pero Rainbow no pudo evitar perder el equilibrio y cayó por la sacudida del suelo.

    Por un momento todo quedó en silencio, y miraron ansiosamente si el Pupitar de Rainbow aún continuaba en pie, y para sorpresa de todos lo logró, aunque estaba a punto de debilitarse.

    —Vaya, tu Pupitar tiene una defensa increíble —dijo Clair con algo de asombro—, pero no creo que vaya a durar mucho más.

    Rainbow miró a su pokémon con preocupación, y éste lo miró a él, tenían que pensar en algo rápido, ya que un ataque similar lo sentenciaría todo para ellos.

    Viendo Clair que tardaban en hacer algo, lanzó otro latigazo al aire, y antes de que se dieran cuenta el Dragonair de nuevo sujetó a Pupitar y comenzó a subir con él al cielo. Rainbow miró a Clair irritado.

    —¿Pensabas que te iba a dar tiempo para pensar? —preguntó ésta con malicia.

    Aún mostrándose arrogante, Rainbow se levantó poco a poco, sin dejar de mirarla mientras Dragonair subía cada vez más alto en el cielo.

    —¿Crees que eres la única que sabe usar trucos? —preguntó con arrogancia— No, sólo eres una novata en eso… ¿sabes? En el tiempo que llevo entrenando pokémon me he dado cuenta de algo, y es que las derrotas en general son el resultado de no poder ver lo que hay en frente de tus ojos… ¿qué viste al ver a mi Pupitar? —preguntó con seriamente.

    Clair se sorprendió por esa pregunta, pensando que era algo de poca importancia.

    —Sólo otro pokémon más para tratar de vencer —contestó ella—, pero eso no importa, no quieras distraerme para darte la oportunidad.

    Al decir eso, dio un último latigazo que cortó el aire tan fuerte que se escuchó hasta el cielo, y de inmediato Dragonair comenzó a caer envuelto en enfado, para rematar a su oponente.

    —Pupitar —escuchó el pokémon en su mente mientras sentía como caían casi sin fuerzas—, saca un poco más de fuerzas, espero que hayas aprendido bien al sentir ese ataque una vez…

    Pupitar sonrió al oír eso, y se concentró cerrando los ojos.

    —Démosles a todos una pequeña sorpresa —finalizó Rainbow.

    En ese momento, el Dragonair comenzó a sentir un enorme peso que creía cada vez más, y eso comenzó a descontrolarlo.


    En tierra, todos esperaban a ver que los pokémon cayeran, ya que esta vez habían subido muchísimo más que la vez anterior, y entonces comenzaron a divisarlos en lo alto.

    —Ahí vienen, y se acercan a gran velocidad —dijo el ayudante divisándolos.

    —Espera un momento, ¿qué es eso? Es enorme —exclamó el Domadragón.

    Entonces Clair también los divisó en el cielo, y observó sorprendida lo que pasaba, mientras que Rainbow sonreía con orgullo. Pupitar había evolucionado en Tyranitar en el aire, y ahora él se encontraba sujetando fuertemente al Dragonair y ambos se preparaban para caer al suelo, y al igual que su oponente lo había estado, ahora él se encontraba rodeado del aura roja del Enfado.

    —Caballeros… y dama —dijo educadamente Rainbow mientras se dirigía a la salida del gimnasio—, si yo fuera ustedes me alejaría de aquí ahora mismo…

    Al ver la inminente caída del enorme pokémon, los demás también se alejaron de ahí lo más rápido que pudieron.

    Un momento después, los pokémon impactaron violentamente en el suelo, sólo que esa vez, el Dragonair fue el que recibió todo el peso de tyranitar, y como la vez anterior, también generó un terremoto pero más potente, haciendo que todo el gimnasio temblara y varias de sus paredes caigan, quedando la arena prácticamente destruida. Al detenerse el terremoto Rainbow detuvo el cronómetro.


    Cuando regresaron al lugar, vieron un gran agujero donde antes estaba la arena, y adentro de él, al debilitado Dragonair con un orgulloso Tyranitar a su lado.

    —No puedo creerlo —dijo el Domadragón asombrado—, evolucionó a mitad del vuelo.

    —La diferencia de peso fue enorme para el Dragonair —continuó el ayudante—, en general ese ataque es para oponentes que están en tierra.

    —Pero decidió llevárselo consigo aprovechando que en ese momento aún era pequeño —observó el Domadragón—, ¡ja! Pero no contaba con que de repente fuera a evolucionar.

    —Ya terminaron de decir las obviedades —se quejó Rainbow sentándose en el suelo con cansancio, y regresando a su nuevo Tyranitar—… ¡Ah! Definitivamente la batalla más difícil de Johto… 12:30, ese fue tu tiempo… estuvo bastante bien en general, aunque como dije, Clair, no le llegas a Lance.

    Clair estaba incrédula por todo eso, y de rodillas en el suelo se tragó su coraje por su primera derrota desde hacía mucho tiempo.

    —Cuando te pregunté sobre qué veías cuando viste a mi Pupitar creíste que era algo absurdo, ¿verdad? —preguntó Ranbow ya más relajado— Pero era más importante de lo que creías, sólo viste al pokémon en el estado en el que estaba, no en el estado que podría tener… cuando yo lo envié, no lo vi sólo como un Pupitar, sino como en un Pupitar que podría ser un Tyranitar en el momento justo… bueno, ya has aprendido algo nuevo hoy.

    Esas palabras enojaron mucho a Clair, a causa de su orgullo, y miró con desprecio a ese impertinente entrenador.

    —Pero bueno, supongo que todo ha terminado… dame mi medalla para que me pueda ir —exigió sin levantarse del suelo.

    El ayudante y el Domadragón vieron con asombro como aquella mujer tomaba la medalla entre sus manos, ésta la miró con rabia y vergüenza, y su orgullo le hizo regresarla del bolsillo de donde la sacó.

    —No —contestó severamente.

    Esta respuesta sorprendió a todos.

    —¿Disculpame?... ¿dijiste que no? —preguntó Rainbow arrogante.

    —No pienso darte la medalla —contestó.

    —Líder Clair, ¿qué está haciendo? —preguntó intrigado el ayudante.

    —¡Ja! ¿Ahora resulta que el clan de Domadragones de Johto no sabe perder? —preguntó el Domadragón.

    —No pienso darte la medalla porque aún no me rindo —continuó Clair acercándose a su Dragonair, el cual comenzaba a recuperarse poco a poco del golpe.

    Sin levantarse, Rainbow la observó maliciosamente y vio como se subía en su pokémon.

    —No me hagas tener que ir por ella —la amenazó.

    Clair lo miró desafiante.

    —Eso es precisamente lo que quiero que hagas —contestó.

    Y dando un rápido latigazo al aire, Dragonair usó una Hidrobomba sobre Rainbow, el cual rápidamente trató de evitarlo, pero no pudo, y el chorro de agua lo lanzó contra una pared.

    —Si quieres la medalla, ve a la guarida Dragón —dijo Clair antes de irse volando rápidamente de ahí.

    —Vuelve aquí, maldita Vulpix —dijo con rabia tratando de levantarse.

    —¿Te encuentras bien? —preguntó el Domadragón acercándose a él.

    —Sólo déjame que le ponga las manos encima a esa… —exclamó sacando a Xatu disponiéndose a seguirla



    Continuará...

    *Clair en los videojuegos se llama Débora.
     
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    Bien muy buena pelea y combinaciones jeje, parece que te inspiraste mucho en esta y no sé sí seguiste mi consejo de hacer que todo sea más intenso e interesante o lo planeaste, bueno fue un capítulo épico y bien hecho sin fallas que haya visto muy importantes. Aunque bien no es creíble que se controle la evolución, pero bueno en sí muchas cosas no son muy creíbles y es un fanfiction, espero con ansias la liga pokémon y no sé como le harás sí es la misma que la de kanto, solo espero ello. Sigue escribiendo así y nos vemos en un universo paralelo
     
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    Pokémon Rainbow: Johto.
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    ...Continuando


    Capítulo 49: La guarida dragón.
    “uno no llama a sus amigos para resolverle problemas que uno mismo puede resolver, y ellos son amigos, no herramientas”
    Rainbow




    Sin perder un segundo, Rainbow salió volando tras Clair, la cual gracias a la gran velocidad de su Dragonair ya se encontraba muy lejos, y Rainbow la seguía con una mirada iracunda en su rostro.

    —¡Espera! —gritó detrás de él el Domadragón siguiéndolo con su Salamance.

    Al darse cuenta de él, Rainbow volteó a mirarlo con irritación.

    —¿Y ahora qué demonios quieres? —preguntó con rudeza.

    —Yo también quiero ir a la guarida dragón —contestó sonriéndole.

    Rainbow sólo le apartó la mirada despreciativamente y continuaron volando.

    Sólo un momento después habían llegado a la entrada de la guarida dragón, una enorme cueva que se adentraba en la montaña, la cual por dentro estaba casi totalmente llena de agua excepto por algunas zonas de tierra firme. Rainbow y el Domadragón se detuvieron en la entrada, y Rainbow se disponía a entrar ahí sin demora.

    —Espera un momento —lo detuvo el Domadragón.

    —¿Y ahora qué es lo que quieres? —preguntó Rainbow cada vez más enojado.

    —No puedes entrar con esa actitud a la guarida Dragón —contestó el Domadragón—, es un lugar sagrado, donde los mejores pokémon de tipo dragón viven… si entras con un corazón enojado y lleno de ira ellos lo sentirán y no confiarán en ti, y en consecuencia te atacarán, y son mucho más poderosos que los dragones comunes.

    Rainbow echó un vistazo al interior de la cueva, y observó el lago cristalino y a algunos pokémon dragón que asomaban levemente por la superficie del agua, pero no podía dejar de estar enojado por tener que ir a reclamar la medalla que limpiamente había ganado, y sus ganas de vengarse de Clair fueron más grandes.

    Inmediatamente sacó a Feraligatr y se subió en su espalda sobre el agua.

    —Mírame intentarlo —dijo con arrogancia.

    Entonces comenzó a avanzar hacia el interior de la cueva, mientras que el Domadragón, con algo de miedo, dudaba entrar o no a la cueva, a pesar de lo animado que se sentía al principio.


    La cueva era enorme y alta por dentro, el agua tan cristalina que se podía ver el fondo, varios cristales que se habían formado de manera natural decoraban el interior por todos lados. Pero Rainbow estaba muy enojado para prestar atención a todo eso, y por alguna razón no sentía rastro alguno de Clair. También le sorprendía no haberse topado con algún pokémon dragón hasta entonces, sino que la cueva parecía tranquila y desierta. Llegaron entonces a una enorme sala casi totalmente cubierta por agua, en varios lugares del lago había varios peligrosos remolinos, y al fondo había un majestuoso templo con la escultura de un Dragonite encima.

    El ambiente ahora era mucho más tranquilo y silencioso, salvo por los remolinos que alborotaban el agua, y no había más que algunos Magikarp nadando tranquilamente lejos de ellos, pero no había señal alguna de nada más dentro de aquella fresca cueva, y Rainbow miró con desconfianza aquel templo.

    De repente sintió un fuerte aleteó por detrás, y tomando la pokéball de Ampharos, volteó de repente amenazando a lo que fuera que provocara el sonido con ella echando chispas de electricidad, con su dedo listo para liberarla.

    —¡Ah, espera! Soy yo —exclamó el Domadragón algo intimidado por aquel pokémon eléctrico. Su Salamance, sobre el cual se encontraba, se detuvo también en el aire por eso— Como vi que no pasaba nada decidí venir también.

    Por un momento Rainbow tuvo ganas de liberar a Ampharos y lanzarle un Rayo, pero se controló, y guardándola en su cinturón X, continuó observando el lugar.

    —Qué extraño, ¿no crees? —siguió hablando el Domadragón con calma— ¿A dónde se habrán ido todos los pokémon dragón? Y la líder Clair también.

    Rainbow seguía observando con desconfianza aquel templo, y al Domadragón le extrañó la actitud tan reflexiva que tenía entonces, tomando en cuenta que salió hecho una furia.

    —Lo más seguro es que Clair se encuentre en el santuario dragón —dijo de nuevo el Domadragón observando el templo—, ¿por qué no simplemente vas ahí? —preguntó con interés.

    Rainbow lo reflexionó un momento, había algo en todo eso que no le daba buena espina.

    —¿Y si te callas de una vez? —contestó con rudeza, pero con una actitud tranquila.

    Entonces Feraligatr comenzó a nadar hacia aquel lugar lentamente, como se lo ordenaba su entrenador. Luego, volteándose levemente, le arrojó su mochila al Domadragón.

    —Cuida eso con cuidado, no te muevas de ahí —le dijo con voz severa.

    Éste decidió mejor no llevarle la contra entonces, sólo lo observó irse poco a poco.

    A medida que se iban acercando, el agua se volvía cada vez menos cristalina, hasta llegar a un punto donde estaba casi completamente oscura, pareciendo que nadaban sobre un abismo sin fin. La fuerza de los remolinos también comenzó a sentirse con más fuerza, siendo un poco más difícil mantenerse estabilizado por el movimiento de las corrientes. Rainbow no dejaba de prestar atención a todo lo que sucediera alrededor, y miraba con gran desconfianza tanta calma.

    Mas cuando estaban a medio camino, repentinamente se escuchó en algún lugar de la cueva un latigazo, lo cual alertó inmediatamente a Rainbow, pero antes de que pudieran hacer nada una poderosa Hidrobomba surgió frente a ellos, desde la profundidad del oscuro abismo sobre el cual nadaban, y casi no logran esquivarlo.

    Cuando la Hidrobomba hubo pasado, una leve risa arrogante inundó toda la cueva, haciendo eco por todos lados.

    —¿Creías que iba a ser tan fácil llegar al santuario dragón? —preguntó la voz de Clair, cuyo eco resonó por toda la cueva, haciendo al Domadragón ponerse nervioso.

    —¿Por qué no sólo sales tú de donde te escondes? —contestó Rainbow enojado.

    —¿Qué ocurre? Entrenador definitivo, ¿no puedes ni siquiera llegar al santuario? —respondió Clair riendo.

    Luego todo quedó en silencio de nuevo, y Rainbow observó de nuevo el santuario, que ya se encontraba mucho más cerca.

    —Rainbow, parece ser que sólo quiere que llegues al santuario —gritó el Domadragón—, vamos, sólo tienes que avanzar un poco más.

    Todavía sin estar satisfecho, Rainbow trató de avanzar lentamente una vez más por otro lado, dando un pequeño rodeo a por donde la Hidrobomba anterior había salido. Pero de nuevo un latigazo de Clair hizo que algún pokémon que se ocultaba en el fondo del lago lanzara otra poderosa Hidrobomba desde el fondo, impidiéndole pasar.

    —Bueno, sólo tendremos entonces que ir un poco más rápido —dijo acomodándose la gorra firmemente.

    Entonces, retrocediendo un poco para tomar algo de carrera, salieron nadando rápidamente, al oírse el latigazo la Hidrobomba salió muy tarde, por lo que la pudieron pasar casi sin problemas. Pero un nuevo latigazo hizo que una corriente apareciera en el lago, justamente por donde se encontraban. Feraligatr intentaba con todas sus fuerzas ir contra aquella corriente que cada vez se hacía más y más intensa.

    La destreza de Feraligatr casi estuvo a punto de hacerlos tocar la otra orilla, mas cuando estaban a punto de hacerlo, un enorme Gyarados emergió del fondo justo en frente de ellos, y de un coletazo los derribó haciendo caer a Rainbow al agua, y la corriente les hizo retroceder hasta donde habían comenzado.

    —¿Qué sucede, entrenador? ¿Por qué no luchas más para poder llegar? —dijo Clair con arrogancia.

    Sintiéndose retado, y con muchas ganas de terminar con todo eso de una vez, Rainbow ideó algo.

    De inmediato volvieron a intentarlo, nadando velozmente hacia el santuario, y de nuevo varias Hidrobombas comenzaron a salirle al paso, acompañadas de una poderosa corriente que le impedía avanzar. Con mucha dificultad, Feraligatr esquivaba los ataques a la vez que luchaba contra la corriente.

    —¿Eso es todo lo que tienes? —se burló la voz de Clair— ¿Vas a insistir haciendo lo mismo? Sí que eres testarudo.

    Rainbow no prestó atención, sino que se mantenía concentrado. Y entonces, para sorpresa del Domadragón, Rainbow comenzó a dirigirse hacia uno de los peligrosos remolinos, dándose cuenta que entre más se acercaran a él, las Hidrobombas se detenían, quizás a causa de la peligrosidad del remolino los pokémon que atacaban desde abajo no se acercaban a él.

    —¡Idiota, te vas directo hacia un remolino! —gritó el Domadragón.

    Sin prestar atención, se siguieron acercando hacia él, hasta que su corriente atrapó a Feraligatr. Entonces, sorprendentemente lanzó una pokéball directamente al interior del remolino, la cual rápidamente se hundió hasta el fondo a causa de la fuerza.

    —Remolino —ordenó Rainbow antes de caer por el mismo.

    De ese modo, Feraligatr cerró el remolino, pudiendo pasar sobre él sin problemas.

    Sólo un momento después de haber sido cerrado el remolino, un enorme destello surgió desde el fondo del oscuro lago, tornándolo dorado por un momento el profundo abismo, e iluminando brevemente la enorme sala, haciendo que el Domadragón se tapara por un instante los ojos.

    Luego, poco a poco comenzaron a subir flotando los cuerpos debilitados de decenas de pokémon dragón a la superficie, completamente electrificados, incluido entre ellos el Gyarados que no les había dejado pasar hacía un rato. Junto con ellos salió también Ampharos del fondo del lago, la cual al mismo tiempo empujaba su propia pokéball sobre la superficie, y se acercó nadando hacia su entrenador.

    —Muy bien, Ampharos —la felicitó regresándola a su pokéball—, aguantaste bien estar en el fondo del agua y hacer ese ataque eléctrico… ¿Cómo te quedó el ojo, Clair? —preguntó con arrogancia.

    La cueva sólo quedó en silencio total, pero Rainbow se imaginaba que se estaba muriendo de rabia. Y luego, campantemente, se dirigieron muy tranquilamente hacia la orilla del santuario como si nada.

    —Esto fue muy fácil, la verdad esperaba mucho más de la guarida dragón —continuó diciendo con arrogancia mientras se acercaba poco a poco.

    Mas antes de que lograran llegar, se escuchó otro latigazo, que resonó de nuevo por todo el lugar.

    Entonces varios pokémon tipo dragón comenzaron a aparecer desde lo alto del techo, Dragonair y Dragonite, los cuales comenzaron a atacarlos con Hiperrayos. Sobre uno de esos Dragonites se encontraba Clair, la cual se dirigía hacia ellos muy enojada.

    Al pasar sobre ellos, un Hiperrraryo casi los hace caer, y Clair encaró a Rainbow desde su pokémon.

    —¡No voy a dejar que nadie se burle de mí! —exclamó enojada.

    Rainbow la encaró malévolamente.

    —¿Qué pasa? ¿Ya tan rápido invocas a todos los dragones? —preguntó engreído— Lance hizo algo similar cuando luché contra él, parece que ser tramposo y un mal perdedor es cosa de familia.

    Entonces Clair, enojada, dio otro latigazo y de inmediato todos los dragones se lanzaron contra Rainbow. Éste de inmediato liberó a Ledian, Noctowl y Crobat, y dando un salto, ayudado por el impulso que le dio Feraligatr, sacó a Xatu y se subió en él.

    Los dragones de Clair comenzaron entonces a intentar atacarlo, pero estos eran detenidos por los pokémon que acababa de sacar. Rainbow entonces se dirigió de inmediato hacia Clair, notando al acercarse que su medalla la tenía colgada en su pecho. Al darse cuenta de eso, Clair lo esquivó justamente cuando Rainbow estaba a punto de arrebatársela de su pecho, pasando volando rápidamente junto a ella.

    —¡Oye! ¡Cuidado con lo que tocas! —exclamó irritada.

    Rainbow se volteó hacia ella y la encaró.

    —Me estás obligando a ir por ella aún después de haberla ganado —contestó severamente—, ¿qué clase de líder se supone que eres?

    Y diciendo eso, se lanzó de nuevo contra ella, intentando recuperar su medalla cada vez.

    Durante un rato, Clair intentó atacarlo con su Dragonite, pero Rainbow esquivaba todo rápidamente empeñándose en arrebatarle la medalla. Mientras tanto, los pokémon de Rainbow se habían encargado de los dragones, y sólo lo miraban todo a la espera de más órdenes.

    —Qué extraño —dijo el Domadragón observando todo—, ¿por qué no hace que sus pokémon lo ayuden?

    Observó entonces cómo seguían los dos con su batalla aérea, y se sintió inútil por no estar haciendo nada.

    —Deberíamos ir a ayudarle —le dijo a su Salamance—, después de todo, esa mala perdedora se lo merece, ¿o no?

    Y diciendo eso, salió volando directamente hacia ellos. De inmediato voló a atacar al Dragonite de Clair con Garra dragón, y aquella intromisión sorprendió a Rainbow y a Clair, de manera que esta se encontró entre ambos, y no pudo evitar el ataque a su pokémon por parte del Domadragón.

    El golpe fue tan contundente que el Dragonite se desmayó, y tanto él como Clair comenzaron a caer al lago, pero Xatu de inmediato pasó la caída de Clair con sus poderes psíquicos, quedando ésta colgando boca abajo en el aire.

    —¿Pero qué haces? Suéltame ahora —se quejó con violencia de su situación.

    —Ya deja de ser tan berrinchuda —contestó Rainbow—, acepta que perdiste con algo de dignidad, si es que aún tienes algo de eso.

    —Cierto, acepta que has perdido —continuó el Domadragón algo cínico—, fuiste una cobarde al usar a tantos pokémon de ese modo.

    —¿Y a ti quién te pidió ayuda? —le rebatió Rainbow— Estaba a punto de conseguirlo por mí mismo.

    —Oye, perdona, entrenador definitivo —contestó el Domadragón—, perdón por venir a ayudarte cuando sólo estaban persiguiéndose sin llegar a nada y tú sin usar a tus pokémon para ayudarte.

    A pesar de todo, Clair aún no estaba dispuesta a aceptar su derrota, y aprovechando que los dos discutían le dio un fuerte latigazo en la cara a Xatu, y por causa de la cual la hizo caer, pero eso era justamente lo que quería.

    —¡Xatu, la medalla! —exclamó Rainbow sin pensar muy bien lo que decía.

    Obedeciendo a su entrenador, Xatu usó sus poderes psíquicos para sujetar la medalla, pero al estar ésta sujetada de la ropa de Clair ésta quedó colgando pesadamente en el aire de su propia medalla, haciendo que su ropa se estirara en el área del pecho por su propio peso. Ella miró la medalla sujetada por la fuerza psíquica con nerviosismo.

    —¿Pero qué haces? —preguntó nerviosa— Suéltame ahora, o mi ropa se va a romper…

    Y como si sus palabras tuvieran poder, toda su ropa a la altura del pecho se rasgó completamente haciéndola caer al agua. Rainbow apartó la mirada y refunfuñó con indiferencia mientras que el Domadragón abrió grandemente los ojos, muy sonrojado. La medalla Dragón quedó flotando en el aire aún enganchada al enorme pedazo de tela de la ropa de Clair, y Xatu la subió de inmediato.

    —Sabía que algo como esto podría suceder si hacía eso desde el principio —dijo Rainbow tomando la medalla.

    Y luego le arrancó con indiferencia el pedazo de tela a la cual estaba adherida y lo arrojó al agua como si fuera basura, cayendo lentamente hasta el agua.


    Un momento después las puertas del santuario dragón de repente se abrieron, y de ahí salió un anciano muy pequeño, de ropas extravagantes que parecían de samurái con un pequeño dragón de metal en la cabeza, junto a él iba un ayudante de lentes que parecía un mayordomo. En ese momento Clair llegó nadando hasta aquella orilla, y tratando de esconder su vergüenza miró al anciano con temor.

    —No puedo creerlo —dijo el Domadragón emocionado—, es el anciano mayor del clan de los Domadragones de Johto.

    —Ajá, qué interesante —contestó Rainbow con desinterés, mientras guardaba su medalla en su caja de medallas.

    El viejo de repente comenzó a balbucear unas cosas ininteligibles para todos, pero Clair se veía temerosa.

    —Su abuelo, el mayor, dice que está decepcionado de usted, señorita Clair —comenzó a decir el ayudante como si tradujera lo que decía—, su ayudante del gimnasio ya nos ha notificado que un entrenador le ganó esta mañana, pero que se ha reusado a entregarle la medalla como indica el reglamento, ¿es eso cierto?

    Ante eso, Clair no pudo evitar bajar la cara de vergüenza.

    —Sí, es correcto —contestó sin mirarlo.

    El viejo siguió balbuceando.

    —El mayor dice que una miembro del clan no puede rebajarse a comportarse de ese modo —tradujo el ayudante—, más tarde decidirá cómo la disciplinarán, pero por ahora quiere hablar con el entrenador que la ha vencido.

    —¿Cónmigo? —preguntó Rainbow asombrado.

    El anciano volvió a balbucear.

    —El mayor dice que quiere que entres al santuario —dijo el ayudante—, le ha interesado mucho lo que has hecho y quiere hacerte miembro honorario del clan de los Domadragones de Johto.

    Esa respuesta sobresaltó a Clair y al Domadragón.

    —Lo siento, pero no me interesa —contestó Rainbow fríamente.

    —¡Pero qué estás diciendo, idiota! —exclamó el Domadragón muy exaltado, zarandeándolo con violencia de un lado al otro— No puedes rechazar un honor tan grande como ese, todos los más grandes Domadragones del mundo quisieran ser aceptados por este clan, ¡no desperdicies esta oportunidad!

    Algo aturdido por la violencia del Domadragón, Rainbow lo detuvo irritado.

    —Está bien, está bien —contestó apartándose de él—… de todos modos, supongo que es conveniente para el entrenador definitivo, o sea yo, que los mejores me reconozcan como lo que soy —añadió arrogantemente mientras descendía con soberbia.


    Unos minutos después ya se encontraban en el interior del santuario, un lugar con estilo japonés antiguo, suelo y paredes de madera, pinturas y fotografías antiguas de anteriores miembros del clan adornaban las paredes, toda la habitación era iluminada por centenares de velas que le daban al interior un aspecto místico y sereno. El mayor se dirigió al fondo el recinto, donde había una lujosa silla ante un gran altar en honor a los pokémon dragón. El Domadragón miraba alrededor ilusionado y contento, mientras que Clair sólo observaba a su abuelo con respeto sin decir nada. El viejo se sentó entonces sobre la silla, y comenzó a balbucear de nuevo.

    —El mayor dice que está muy impresionado por su victoria, señor Rainbow —tradujo el ayudante.

    —No me malinterprete, pero tengo algo de prisa —contestó Rainbow—, ¿podrían ahorrarse las formalidades e ir al grano?

    El mayor volvió a balbucear.

    —Antes de decidir si debe ser un miembro honorario de nuestro clan, debe responder unas preguntas —contestó el ayudante—, por cada una de ellas se te darán tres opciones, si te equivocas al menos una vez, no serás digno de ser miembro honorario.

    —Bueno… no es que me interese mucho… pero está bien, comiencen —contestó algo aburrido.

    El viejo balbuceó otra vez.

    —Primera pregunta, ¿qué son los pokémon para ti? —preguntó el ayudante— ¿Herramientas, aliados, o amigos?

    Rainbow lo pensó por un momento con seriedad, observó a sus compañeros en su cinturón, y pareció hablar algo con ellos.

    —Como todo en la vida, en primera instancia todo en el mundo no es más que una herramienta convenenciera —contestó tranquilamente, haciendo que el Domadragón tragara saliva—… pero después de eso, cuando comienzas a tener más conocimientos sobre algo, y logras entenderlo y a trabajar a su lado, se convierte en tu aliado, y después, cuando has generado un vínculo que no puedes romper, comienza a ser todo algo más que sólo eso, y se vuelve un amigo inseparable de tu vida… Así que la respuesta es todo eso, sólo que cada uno en diferentes etapas del crecimiento personal, en este momento mis pokémon son mis amigos —contestó todo eso con una actitud muy engreída.

    Tal respuesta, aunque conmovedora, intrigó bastante a los presentes.

    —Segunda pregunta —dijo el ayudante—, ¿qué te ayuda a vencer en combate? ¿La estrategia, la fuerza, o el coraje?

    Rainbow se rió fuertemente con irreverencia al oír esa pregunta.

    —Esa pregunta es muy fácil—, contestó aún riéndose—, es todo eso junto… si no tenemos una buena estrategia no se gana, si no se tiene fuerza la estrategia no podrá ejecutarse correctamente, y si no tenemos coraje nunca lo intentaríamos siquiera, y por consiguiente no ganamos.

    Diciendo eso, volteó a ver de reojo a Clair, y le sonrió con arrogancia, irritándola por dentro pero conteniéndose por lo sagrado del momento, el cual Rainbow parecía tomárselo como si no fuera nada.

    —Tercera pregunta —continuó el ayudante—, ¿Contra qué clase de oponentes prefieres luchar? ¿Los entrenadores fuertes, los entrenadores débiles, o eso no hace ninguna diferencia?

    Una vez más, Rainbow se rió mucho más fuerte que antes.

    —¿Qué clase de pregunta es esa? —contestó— Para mí son todos débiles… así que en términos generales es con cualquiera… aunque gusta cuando mejoran con el tiempo, de manera que me hagan esforzarme un poco más.

    El viejo pensó un poco después de eso, pero casi en seguida volvió a balbucear.

    —Cuarta pregunta —prosiguió el ayudante—, ¿Qué es lo más importante para mejorar un pokémon? ¿El afecto, la sabiduría, o la violencia?

    Esta vez, Rainbow se lo tomó un poco más en serio antes de responder.

    —Creo que es una mezcla de todo eso —contestó meditativo—, uno debe tener afecto para ganarse el corazón de sus amigos y generar la confianza, violencia para tener el valor de intentarlo todo sin importar el costo o el dolor, y sabiduría para saber balancear todo eso de manera que funcione… creo que yo lo hago bien —añadió arrogante.

    El viejo balbuceó otra vez.

    —Quinta pregunta —tradujo el ayudante—, ¿Qué es lo más importante en un pokémon? ¿Fuerza, lealtad, o inteligencia?

    A esta pregunta, Rainbow se volvió a reír.

    —Volvemos a las preguntas fáciles —contestó—, lo importante es un pokémon que tenga la suficiente fuerza para serle leal a un entrenador, e inteligencia para decidir a qué entrenador merece la pena serle leal.

    De esa manera terminaron las preguntas de la prueba, o al menos eso era lo que todos creían, pero de repente el mayor volvió a balbucear algo.

    —El mayor tiene una última pregunta para ti —dijo el ayudante.

    —¿Abuelo? —preguntó Clair— Ya han sido las cinco preguntas oficiales.

    —De todos modos, el mayor desea hacer una última pregunta —contestó el ayudante—, ¿Por qué no le pediste ayuda a tus pokémon, cuando estos terminaron de luchar contra los dragones, para recuperar tu medalla?

    Esa pregunta sorprendió un poco a Rainbow, pues no creía que se hubiera dado cuenta.

    —Es verdad, yo también quiero saber —exclamó el Domadragón.

    Clair lo cayó de un fuerte golpe en la nuca.

    —Silencio, nadie habla si no lo permite el mayor —le dijo con severidad.

    Rainbow se puso un poco serio al principio, y miró al anciano algo desafiante, mas después sólo se rió un poco y se relajó.

    —Tal y como dije en mi primera respuesta —contestó—, mis pokémon no son sólo herramientas…. En esa situación estaba seguro que lo podía manejar todo yo sólo… uno no llama a sus amigos para resolverle problemas que uno mismo puede resolver, y ellos son amigos, no herramientas.

    —Excepto que yo te ayude… —dijo en voz baja el Domadragón antes de que Clair lo callara de otro golpe.

    —Gracias por tus respuestas —dijo el ayudante—, ahora déjenos sólo mientras el mayor piensa si aceptarte o no.



    Mientras el mayor tomaba su decisión, Rainbow, el Domadragón y Clair se encontraban afuera contemplando el lago. Rainbow muy despreocupadamente se relajaba de todo eso mientras Clair le daba pequeñas miradas de ira.

    —¿Cómo puedes tomarte una situación tan importante con tan poca seriedad? —preguntó Clair enojada.

    —Pues porque para mí no es tan importante, ¿no es obvio? —contestó Rainbow despreocupado.

    —Yo creo que aún está avergonzada por lo que ocurrió allá arriba…—dijo el Domadragón antes de ser golpeado de nuevo por ella.

    —¡No menciones eso de nuevo! —exclamó.

    —Por favor, ni que fuera algo tan interesante, he visto cosas mejores —contestó el Domadragón.

    —¿Entonces sí me viste? —preguntó Clair enojada y con vergüenza.

    Mientras ambos discutían ruidosamente, Rainbow sólo miraba la hermosa cueva por todos lados. A pesar de que hace sólo un rato lo único que le interesaba era conseguir su medalla e irse de ahí, se sintió bien de que al menos tal innecesaria y ridícula situación le diera tiempo para relajarse un poco y disfrutar de la belleza de la cueva.



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    Golda

    Golda Iniciado

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    Acabo de registrarme y no me había fijado aún en el subforo de pokémon, así que me he llevado una alegría monumental al saber que mi fic favorito estaba también en este foro. Lo sigo al día más o menos desde el capítulo 43 de Johto, y no tengo más que palabras buenas para él.

    Es increíble como amoldas todos los sucesos de videojuegos, manga y tu propia historia para que funcione en una mezcla tan bien hecha (como el hecho de que Blue vuela con su Blastoise gracias a Rainbow, por ejemplo), y como desarrollas un personaje de tan difícil carácter como Rainbow, lo que además es un punto a favor por distanciarse de lo que normalmente son estos protagonistas, como Red o Gold.

    La narrativa de los combates siempre fue buena y vistosa, y permite al lector imaginarse la situación perfectamente, más aún al conocer seguramente la mayoría de escenarios en los que se da la historia. No hay faltas de ortografía notables nunca, aunque en este capítulo vi un par de erratas, errores menores, como Hodrobomba en lugar de Hidrobomba, y una repetición en la frase <<acepta que perdiste con algo de dignidad, si es que aún tienes algo de eso>>. Yo quitaría uno de los dos 'algo', para evitarla, pero es una tontería sin importancia.
     
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    Paralelo

    Paralelo Viajero dimensional

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    Pokémon Rainbow: Johto.
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    ...Continuando

    Capítulo 50: Cielo naranja.
    “no voy a huir más de mis problemas”
    Aurora




    Era una agradable tarde en pueblo Azalea, había estado lloviendo gran parte del día, pero ahora la lluvia había pasado, el ambiente era un tanto bochornoso y húmedo, el cielo estaba lleno de nubes levemente cargadas acompañando al cielo naranja de la tarde, y el aroma de la madera mojada del bosque le daba al pueblo un ambiente muy natural. La humedad y el calor del ambiente no eran ciertamente muy agradables, pero no impedía que los habitantes de la ciudad siguieran ocupados en sus propios asuntos.

    En la casa del anciano artesano, Kurt, tampoco había mucho descanso, éste se encontraba ocupado en la fabricación de sus famosas pokéball a partir de bonguris; acompañado de su fiel compañero, un Shukle, se esforzaba en su mesa de trabajo por crear una Rapid ball, con todo el esfuerzo que la calidad de su trabajo demandaba.

    En una mesa cercana a él se encontraba Aurora, leyendo unos documentos y anotando algunas cosas en su computadora. A pesar de su apariencia ocupada y seria, se veía que algo la preocupaba profundamente, y no era para menos, hacía un tiempo atrás había ocurrido el incidente de la torre de radio de ciudad Trigal, y, a pesar de lo provechoso de la experiencia, no se sentía del todo contenta por obvias razones. Esos pensamientos, esos recuerdos, de cuando decidió abandonar la ciudad sin siquiera despedirse de Rainbow, la mortificaban enormemente, al punto de cometer varios errores al teclear, y al darse cuenta de eso mejor decidió cerrar la computadora y pensar en otra cosa.

    —¿Qué pasó, Aurora? —preguntó Kurt con curiosidad sin dejar de trabajar— ¿Has encontrado algo interesante?

    —¿Eh? Ah, sí, la verdad es que sí —reaccionó con una sonrisa algo nerviosa—, gracias de nuevo por prestarme todo esto, las costumbres y creencias de Johto son en verdad interesantes.

    Diciendo eso, ordenaba aquel cúmulo de papeles que se encontraban sobre la mesa con algo de torpeza.

    Sólo un momento después Kurt había terminado aquella ball, en la cual había estado trabajando todo el día, y levantándola en alto contempló su trabajo.

    —Otro trabajo bien hecho —dijo con algo de orgullo.

    —Sí, otro trabajo bien hecho como siempre, supongo — contestó Aurora aún algo distraída.

    —Hmmm, ¿sucede algo, Aurora? —preguntó algo preocupado— Te noto algo nerviosa.

    —¿Eh? No, no me sucede nada —contestó apartando la mirada—, ¿no tiene calor? ¿Por qué no salimos un rato a tomar aire fresco?

    Diciendo eso comenzó a caminar hacia la puerta, mas de repente tropezó con la alfombra y cayó pesadamente al suelo.

    —¿Estás bien? —preguntó Kurt acercándose a ella con preocupación.

    Aurora no respondió, ni se levantó, sino que permaneció en esa posición, boca abajo, como si tratara de ocultarse, y entonces comenzó a sollozar levemente, tratando de no hacerse oír lo más posible. Al verla en ese estado, Kurt sintió algo de lástima por ella.

    —Ya, tranquila —le dijo calmadamente—, ¿qué te sucede?

    —No me sucede nada —contestó levantando la cabeza levemente.

    Viendo Kurt que parecía un asunto delicado, decidió tener un poco más de tacto.

    —Bueno, si no quieres decirme qué te sucede no tienes que hacerlo —contestó—, sólo levántate, por favor.

    Diciendo eso, le ofreció su mano para ayudarla a levantarse. Aurora dudó por un momento, pero al verlo de ese modo, le dio la mano para levantarse, y al hacerlo, lo miró como si estuviera mirando a un padre amoroso.

    —Lamento las molestias, señor Kurt —dijo con algo de vergüenza—, no tenía que verme así.

    —No digas esas cosas —contestó Kurt sonriéndole—, hace ya mucho que nos conocemos, se puede decir que incluso he llegado a verte como a una nieta.

    Eso alegró un poco a Aurora, ya que, como huérfana, nunca había experimentado el cariño de una familia.

    —Muchas gracias —contestó más tranquila—, eso significa mucho para mí, en serio… pero, creo que debo seguir con mi trabajo.

    Dijo regresando a la mesa con su computadora.

    —¿Tiene algo que ver con tu amigo Rainbow? —preguntó entonces Kurt.

    Aurora por un momento no supo qué decir, entonces miró a través de una de las ventanas, observó el hermoso cielo naranja y las nubes, y comenzó a recordar con nostalgia:

    Era la época en la que Rainbow y Aurora todavía vivían en Almia y asistían juntos a la escuela Rangel. Como ya se ha dicho antes, ambos se habían vuelto muy unidos por un lazo muy especial, ambos habían crecido prácticamente sin muestras de afecto, Rainbow gastó toda su infancia en sus viajes, durante los cuales se llevó tanto experiencias agradables como desagradables, pero todas prácticamente desde una soledad interior, mientras que Aurora había sido huérfana desde bebé, no era buena haciendo amigos y con frecuencia la molestaban por su carácter débil. Aunque ambos no lo notaran conscientemente en aquel entonces, ambos llenaban ese espacio faltante el uno al otro, llegando a verse como si fueran hermanos, pero eventualmente el afecto comenzó a crecer.

    En una ocasión, se encontraban juntos a la orilla del mar, en la pequeña isla en la que se encontraba la escuela Rangel; ese día había llovido bastante, y en ese momento el cielo se había tornado en un hermoso naranja brillante, ambos se encontraban sentados sobre una roca en la playa. Extrañamente, Rainbow se encontraba calmado y observando el mar en silencio.

    —¿Sucede algo, Rainbow? —preguntó Aurora preocupada.

    —Mañana salimos a otra misión —contestó serenamente—, a mi grupo lo enviarán a Johto de nuevo.

    Aurora bajó la mirada con cierta tristeza.

    —Y el mío irá a Hoenn —respondió en voz baja—… no nos veremos en algún tiempo.

    Rainbow continuó mirando el mar, y en su mirada también se sentía algo inquieto por eso, pero trataba de disimularlo.

    —Ya quiero que todas estas misiones terminen —dijo algo enojado—, ya quiero empezar con mi viaje de entrenamiento, como debe ser —continuó hablando con seguridad—, cuando tenga la oportunidad, me escaparé, compraré un boleto de barco a pueblo Paleta en Kanto para comenzar de una vez.

    A pesar de que a Aurora le gustaba ver a Rainbow tan animado, la idea de que se fuera de esa manera la entristecía bastante por dentro.

    —Cuando estés en tu viaje, entrenando pokémon como dices… ¿no te olvidarás de mí? —preguntó nerviosa.

    Ante esa pregunta, Rainbow se sintió conmovido por dentro, pero se mantuvo frío y serio por fuera.

    —Nunca podría hacerlo —contestó mirando el mar con indiferencia.

    Aurora se alegró de esa respuesta, a pesar de lo fría que fue, y sin vergüenza alguna, se acercó a él y lo abrazó tiernamente, sabiendo que a partir del día siguiente no lo vería en mucho tiempo. Rainbow, por su lado, pasó su brazo por su hombro tímidamente.

    —Te quiero, Rainbow —dijo tiernamente, casi sin pensar bien lo que decía.

    —No te pongas cursi, Aurora —contestó Rainbow nervioso, intentando distanciarse emocionalmente—, ya nos volveremos a ver muy pronto.

    Aurora sonrió infantilmente sin dejar de abrazarlo, y continuaron viendo el atardecer.

    Desafortunadamente, su reencuentro tendría que esperar, pues Rainbow, al volver de su último viaje a Johto, el mismo día se embarcó a Kanto para comenzar su viaje, y cuando Aurora fue a buscarlo a su casa, emocionada pensando que ya había llegado, se encontró con la sorpresa de que ya no estaba, sin siquiera decirle adiós.


    Mientras contemplaba en silencio las nubes desde la ventana, Aurora no pudo dejar de pensar que, de una u otra manera, ella le había hecho lo mismo a Rainbow, pero ella lo había hecho por un arranque de enojo, mientras que Rainbow sólo pensaba en protegerla. Silenciosamente sacó la pokéball donde tenía a su Meganium, y lo miró con tristeza, éste también comprendió lo que sentía su entrenadora, y entonces Aurora se arrepintió de haberlo abandonado como lo hizo.

    Tal vez para los ojos de Kurt, o cualquiera que viera aquella situación, le parecería una situación un tanto melodramática, pero no es tan fácil para unos jóvenes que están entrando en la adolescencia afrontar esas experiencias, donde uno está constantemente lastimando a y huyendo de la única persona que le ha demostrado afecto en su vida.

    —Hoy es su cumpleaños —dijo de repente—, cumple trece años hoy…

    —Deberías llamarle para felicitarlo —contestó Kurt.

    Sin esperar nada, Aurora sacó su teléfono y marcó su número. Por desgracia, en ese momento Rainbow se encontraba en la ruta Helada, y la recepción no podía llegar ahí.

    —No conecta la llamada —contestó con algo de tristeza, colgando su teléfono.

    —No te preocupes, Aurora —contestó Kurt sonriéndole—, ya en su momento podrás incluso verlo cara a cara y resolver los problemas que tengan, es parte de crecer, no andar huyendo de los problemas.

    Aurora lo miró tranquilamente, y en su interior le dio la razón.

    —Entonces, creo que aún tengo algunas cosas que hacer —dijo Aurora, y en seguida comenzó a guardar sus cosas en su mochila.

    —¿Estás segura de que estás bien? —preguntó Kurt.

    —No se preocupe —contestó Aurora sonriéndole—, tal y como usted dijo, no voy a huir más de mis problemas.

    Kurt se alegró de verla animada de nuevo, como el día que la conoció.

    —Pues ya sabes —respondió—, si necesitas algo puedes venir aquí de nuevo.

    —Pues muchas gracias —dijo Aurora—, en serio me será útil lo que me dio sobre el encinar, el santuario y otras cosas… incluso lo de la G.S ball, ¿planea construir una alguna vez? Estoy segura de que para un artesano tan bueno como usted no sería un problema.

    —Ejem… no estoy seguro de querer hacer una —contestó con seriedad—, sólo si algún hubiera necesidad, pero no creo que eso suceda… confío en ti y en que no revelarás su secreto.

    —No se preocupe —contestó Aurora saliendo por la puerta—, sólo la mencionaré en mi libro, no hay problema.

    Y despidiéndose de nuevo, sacó a su Fearow y alzó el vuelo, despidiéndose de Kurt con la mano.

    Arriba el aire estaba un poco más fresco, y el cielo se veía mucho mejor, pero entonces Aurora ya sabía lo que tenía que hacer, ir a buscar a Rainbow, pero antes de eso aún le quedaba un asunto que hacer, y para eso se encaminó hacia pueblo Primavera.




    No mucho después, luego de haber salido finalmente de la guarida Dragón, Rainbow se dirigió como si nada hacia la ruta 45, completamente indiferente del asunto de lo de ser miembro honorario del clan después de ese test. En ese momento lo que más le interesaba era entrenar en aquella ruta, pero antes de poder adentrarse lo suficiente en ella su teléfono comenzó a sonar.

    Rainbow miró extrañado que el número que llamaba no era de Aurora.

    —¿Hola? —contestó.

    —Hola, Rainbow —contestó del otro lado la voz del profesor Elm—, tengo algo muy importante que decirte.

    Obviamente aquella llamada sorprendió a Rainbow, pues hasta donde él sabía, él no tenía su número.

    —¿Pero cómo es que tiene mi número? —preguntó algo enojado—, no recuerdo habérselo dado.

    —Eso no importa ahora —contestó Elm algo irritado—, verás… hace un rato llamó el profesor Oak por telecomunicador.

    Esa respuesta sorprendió un poco más a Rainbow, ya que ya hacía mucho tiempo que no sabía nada de él, y eso obviamente le sorprendió.

    —¿Ah, sí? ¿Y cuál es el problema? —preguntó con tono desinteresado.

    —Dice que él mismo quiere decírtelo —contestó Elm—, dijo que algo importante ha ocurrido y es algo que te concierne mucho… ya que tienes una pokédex.

    —¿La pokédex? —preguntó cínicamente— ¡Ah, sí! Este aparatito —dijo sacándolo y jugueteando con él—, bueno, supongo que no puedo ser tan cruel como para decepcionar a un pobre viejito que ha puesto el futuro de su investigación en mis manos.

    —Creo que es de eso precisamente de lo que quiere hablarte —contestó Elm.

    —Bueno, en ese caso estaré ahí en poco tiempo —dijo con un tono perezoso, e inmediatamente colgó el teléfono.

    Entonces sacó a Noctowl y se preparó para volar.

    —Nuestro entrenamiento tendrá que esperar un poco —dijo con fastidio—, vamos a ir a ver a un amigo viejo…. Digo, un viejo amigo.



    Continuará...

     
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    Capítulo 51: Una noticia en pueblo Primavera.
    “hagamos de cuenta que es la primera generación de pokedex holders”
    Rainbow




    Ya casi había sido un año desde que Rainbow estuvo en el pueblo Primavera por primera vez, y las cosas no parecían haber cambiado, no es como que le importara fijarse en esas cosas, pero no pudo evitar sentir algo de nostalgia por estar ahí de nuevo, sobre todo cuando había salido de ahí con su pequeño equipo de pokémon, y ahora volvía con ocho medallas y un potente equipo de diecisiete compañeros, además de varias experiencias nuevas que le había brindado la región.

    Por supuesto, esa situación se la tomó con su habitual arrogancia, y mientras se acercaba al laboratorio del profesor Elm desde el cielo, montado en su Noctowl, pensaba sólo en qué tipo de situación había ocurrido como para que el profesor Oak lo necesitara con urgencia.

    —De seguro es una tontería, como siempre —dijo con tono fastidiado mientras descendían con tranquilidad.

    Mas antes de entrar, la puerta se abrió desde el interior, y para gran asombro por parte de Rainbow del otro lado salió Aurora, quien al ver a Rainbow se quedó también paralizada en la entrada, sujetando la puerta. Por un momento ninguno supo qué hacer, y un silencio incómodo reinó entre los dos. A pesar de que sus miradas se cruzaron, ninguno se atrevió a desviarla, y sólo se miraban con una mezcla de sorpresa y vergüenza. Rainbow recordó lo que había pasado la última vez que se habían visto en Trigal, y al verla de nuevo desde entonces le hizo sentir extraño, no había manera de alguien dijera algo para romper el silencio. Mas un momento después, Aurora sonrió tímidamente, sonrisa que, para sorpresa de Rainbow, rápidamente se volvió más tranquila, y finalmente su rostro volvió a ser alegre, el mismo de siempre.

    —¡Hola, Rainbow! —saludó Aurora alegremente.

    Rainbow estaba un tanto desconcertado, ¿así lo saludaba después de lo que había pasado? ¿Se había olvidado o sólo lo estaba ignorando todo? Pero a pesar de que esas preguntas invadieron su mente, al final no les prestó mucha importancia, pues después de todo, él no podía enojarse con ella de ningún modo, tal vez lo mejor era fingir que nada pasó, o en su defecto actuar como si no hubiera sido nada.

    —¿Tú de nuevo, Aurora? Comienzo a pensar que me persigues a donde sea que voy —contestó con arrogancia.

    Aurora se rió un poco de esa actitud, y un momento después se acercó a él.

    —Tu cabello ha crecido bastante —continuó diciendo con tono infantil—, deberías despejarte un poco la cara, se te cae mucho frente a los ojos.

    Diciendo eso, apartó los mechones de cabello que pasaban levemente por el rostro de Rainbow, y éste le sonrió amigablemente. Al verlo sonreír, Aurora se alegró aún más.

    —Oye… no estarás enojado por lo de Trigal ¿verdad? —preguntó alegre, pero ocultando un leve gesto de nerviosismo en su rostro.

    —¿En Trigal?... ¿Qué pasó ahí? —preguntó haciéndose el tonto.

    —Pues que… me fui de ahí sin decirte nada —contestó Aurora un poco más nerviosa.

    —¿Te fuiste de ahí?... Fíjate que ni me di cuenta —contestó apartando la mirada arrogantemente— Me concentré tanto con esos criminales que me olvidé de ti por completo… espero que no te moleste —añadió con un leve toque de nerviosismo.

    Esa respuesta hizo sonreír de nuevo a Aurora, pues era como si, de algún modo, ambos se hubieran puesto de acuerdo para tomarse lo ocurrido con humor y olvidarse de los problemas.

    —En absoluto —contestó ella jovialmente—, me alegra volver a verte, y con más pokémon.

    —Ah, sí, hablando de eso…—dijo de repente Rainbow, sacando de su pokéball a Togepi.

    Al verlo, Aurora se emocionó como nunca, y Togepi también se sintió contento, después de todo, al haber sido cuidado por ella por mucho tiempo cuando era un huevo, había adquirido algo de ella, como si fuera su madre de algún modo.

    —¡Qué adorable! —exclamó Aurora abrazando al pequeño, y éste le devolvió el abrazo cariñosamente también— Hola, ¿cómo estás? Soy Aurora, algo así como tu mamá… digo —se retractó—, soy amiga de tu entrenador…

    Era algo conmovedor ver esa escena, Aurora encariñándose con el que había sido un huevo una vez. Rainbow había visto a Togepi toda su vida, y sabía que había adquirido mucha de su personalidad, pero también había tenido la influencia de Aurora en las etapas vitales de su formación antes de su nacimiento, tal vez por eso tenía un carácter más dulce y jovial, al mismo tiempo que arrogante y decidido, era una manera en que los dos se combinaban de algún modo. Rainbow sonrió al hacer esa observación.

    —Lo has cuidado muy bien, Rainbow, felicidades —dijo Aurora sin dejar de abrazarlo.

    —Bah, para el entrenador definitivo es pan comido —respondió presumidamente.

    —¡Ah! Es verdad, yo también tengo algo que mostrarte —dijo soltando a Togepi con suavidad.

    Entonces sacó de su pokéball a un Meganium, el mismo con el que había combatido en Trigal contra los criminales. Al verlo, Rainbow se sorprendió, en verdad era un Meganium fuerte y bien entrenado, lo tocó levemente en el lomo, y al sentirlo mejor, no pudo creer que hubiera sido entrenado por Aurora.

    —¿Es el pokémon que dijiste que no podías entrenar en Azalea? —preguntó sorprendido.

    —Así es, tal y como te lo dije, cumplí mi promesa y no me dejé desanimar para entrenarlo —contestó orgullosa.

    —Ya veo… —dijo Rainbow soltando al pokémon, y en seguida se aproximó a ella lentamente—, honestamente me has sorprendido, felicidades, lo hiciste muy bien —continuó con voz arrogante.

    A pesar de que todo estaba saliendo bien, había algo que faltaba, y ambos lo sintieron. En su interior, estaban de algún modo acostumbrados a recibirse con un abrazo, de lo cual Rainbow ya se había quejado de eso medio en broma, pero en ese momento, en el que sólo querían alejar las preocupaciones, pareciera que ambos pensaron lo mismo. Un momento después, Rainbow se quitó su cinturón con todos sus pokémon en él y se lo dio a su Noctowl, luego, mirándo a Aurora tiernamente a los ojos, extendió levemente los brazos con algo de timidez, y al ver eso, Aurora sonrió alegre.

    Entonces, con un movimiento un tanto tímido, Aurora se acercó a él y ambos unieron suavemente sus cuerpos con ternura, abrazándolo Aurora por encima de los hombros, y Rainbow por la espalda.

    —Es bueno volver a verte, Aurora —dijo Rainbow en voz baja.

    Sin embargo, Aurora no dijo nada, lo que le sorprendió a Rainbow, de hecho, lo abrazó con más fuerza y no parecía querer soltarlo.

    —Rainbow… tengo que decirte algo —dijo con voz baja y algo temblorosa—, no quiero seguir huyendo de esto, tengo que decírtelo...

    El corazón de Rainbow dio un vuelco al oír eso, Aurora le hablaba cerrando los ojos fuertemente con vergüenza, pero tratando de tener valor para hablar. En su voz se reflejaba una gran seriedad en lo que quería decir, y su cuerpo permanecía firmemente sujeto al suyo.

    —Claro, Aurora, puedes decirme lo que quieras —contestó Rainbow muy nervioso.

    Aún con mucha timidez, Aurora volteó ligeramente su cabeza hacia la oreja de Rainbow, de manera que él casi pudo sentir el roce de sus labios cerca de su mejilla. Tomó algo de valor, pero aún así ella no se atrevía a abrir los ojos. Era como si el tiempo se detuviera.

    —Rai… Rainbow —tartamudeó nerviosa. Rainbow quedó paralizado entonces como si le hubieran atacado con un Paralizador en él, y también cerró los ojos nervioso—, yo… tú siempre me has… te quiero decir que…

    —¡Ya era hora de que llegaras! —interrumpió súbitamente el profesor Elm por detrás.

    La violenta interrupción los sorprendió tanto que ambos cayeron al suelo. Repentinamente todo el aire anterior había vuelto a la normalidad, y el profesor Elm los miraba extrañado.

    —¿Eh? ¿Interrumpí algo? —preguntó intrigado.

    —No, no es nada, profesor, ¿cómo está? Hace ya mucho tiempo que no nos vemos —dijo levantándose y ayudando a Aurora a levantarse.

    —Lo siento, profesor, sólo salí a recibirlo y creo que se me fue la mano —se disculpó Aurora con timidez.

    —Bueno… eso no importa ahora —dijo Rainbow—, ¿no decía que el profesor Oak tenía algo que decirme y que era muy importante?

    —Sí, exacto… esté, estaremos en contacto con él en unos minutos, será mejor que entren —contestó Elm algo nervioso por aquella escena tan extraña.

    —Sí, luego podemos terminar de hablar —dijo Rainbow mirando a Aurora con más tranquilidad, y al verlo así, ella sonrió levemente—, bueno, veamos cuál es esa noticia tan importante.



    Un rato después, ya dentro del laboratorio, se pusieron en contacto en directo con el profesor Oak por el telecomunicador enorme que había en el laboratorio, y al verse después de tanto tiempo, éste les sonrió amigablemente.

    —Hola, Rainbow, Aurora, ¿cómo han estado? Es la primera vez que los veo juntos a los dos —saludó alegre.

    —Hola, profesor Oak —saludó Aurora también alegre—, ¿cómo ha estado? Tanto tiempo sin vernos.

    —¿Cómo han ido los misterios? —preguntó Oak.

    —De maravilla —contestó ella—, esta región me ha enseñado mucho, tengo muchísima información que he obtenido a lo largo y ancho de la región.

    —Me alegro —respondió Oak—, ¿y tú, Rainbow, qué tal? Puedo ver que ya tienes muchos otros pokémon, espero que te haya estado yendo bien.

    —Sí, sí, lo que sea —dijo Rainbow con pesadez, aunque también se sentía algo contento por volver a verlo—, bueno, profesor, debe saber que esta noticia inesperada me está interrumpiendo de mi entrenamiento, así que más vale que sea algo verdaderamente importante y de suma relevancia sin la cual nuestras vidas no puedan avanzar.

    —¡Vaya! Veo que no has cambiado nada —contestó Oak—… profesor Elm, no le ha dado problemas este muchacho ¿verdad?

    —Pues… ya sabe, se le olvida ponerse en contacto y no parece tomarme muy en serio —contestó pensativo.

    —Oigan, dejen de hablar de mí —se quejó Rainbow—, mejor digan de una vez cuál es la importante noticia que me está haciendo perder el tiempo.

    Viendo el profesor Oak que con Rainbow no se podía, decidió ir directamente al grano.

    —Pues bien, Rainbow, el caso es que ya tienes nuevos compañeros —contestó sonriente.

    —¿Compañeros? —preguntó intrigado— ¿A qué se refiere con que tengo compañeros?

    Oak se acomodó mejor en su silla y se puso un poco más serio.

    —¿Recuerdas que te di un prototipo de mi pokedex cuando estuviste aquí? ¿Y de hecho tienes otro ahora? —preguntó.

    —Sí claro, esto —contestó Rainbow sacando la pokedex—, si no fuera porque puede detener las evoluciones sería el objeto más prescindible de mi aventura… pero no importa, igual se la sigo llenando.

    —Es por eso que te tengo que informar —prosiguió Oak—, hace sólo unos días, mi nieto, Green, volvió de su entrenamiento desde Johto, justo cuando logré terminar la versión final de mi pokedex, y el caso es que él ahora tiene una…

    —¿Green?... Claro, ya me acuerdo de él, lo conocí cuando fui a ciudad Orquídea —contestó Rainbow recordando ese viaje—, bueno, no le veo lo importante a eso…

    —Es que todavía hay algo más —contestó Oak—… también le di la pokedex a otro joven de aquí, de pueblo Paleta, su nombre es Red…

    Ese nombre sorprendió enormemente a Rainbow, y forzando un poco su memoria recordó a aquel niño que había conocido apenas al comenzar su viaje de Kanto, y se intrigó tanto como se fascinó.

    —¿Ese niñito? ¿En serio? ¿Qué hizo para ganarse su confianza? —preguntó cada vez con más interés.

    —Pues me demostró que los pokémon pueden confiar en él —contestó Oak—, a pesar de tener un carácter algo impulsivo y testarudo, es un chico confiable y es buen entrenador.

    —Hmmm, entonces sólo me llamó para decirme que ya hay otros que tienen una pokedex —dijo Rainbow—, uno que es su nieto y otro chico…

    —Bueno… técnicamente hay otro más —continuó Oak—, verás, unos días antes alguien entró en mi laboratorio y se robó la otra pokedex, además de un Squirtle…

    —No me diga —respondió Rainbow—… hmm, qué gran coincidencia que a dos de esos chicos me los haya encontrado yo en el camino… esa persona que se robó al pokémon y la pokedex, no será de casualidad… esa niña que encontré en el camino bicis… tenía pinta de ladrona… no, para nada, eso sería demasiada casualidad.

    —Bueno, pues sea como sea —siguió Oak—, el caso es que pensé que sería bueno que lo supieras… y me preguntaba, ¿aún sabiendo esto todavía quieres tener la pokedex?

    Esa pregunta intrigó un poco a Rainbow.

    —¿Piensa que por el hecho de que ya haya otros que hagan este trabajo por mí iba a querer renunciar? —preguntó extrañado.

    —¿No siempre decías que era algo inútil la pokedex? —preguntó Elm.

    —Sólo a veces, pero debo reconocer que su función para detener la evolución me es muy útil —contestó Rainbow—, debo admitir que aún no he entrenado mi Viridian mind para poder hacer lo mismo, así que, después de todo, requiero un poco de ella… y no se preocupe, profesor Oak, el hecho de que haya nuevos no quiere decir que me vaya a descuidar yo.

    Oak todavía no acababa de entender muy bien por qué Rainbow aún insistía en seguir teniendo la pokedex, ni siquiera Elm y Aurora parecían entenderlo muy bien, pero aquella idea no le molestó en absoluto.

    —Bueno, en ese caso, te seguiré apoyando —contestó Oak—, aunque sea podría mantenerte informado sobre lo que ocurra con tus nuevos compañeros.

    —Bueno, pues como quiera —contestó Rainbow con algo de fastidio—, pero no les diga nada de mí, no me gustaría que supieran que tienen a un superior a ellos, aunque sea el entrenador definitivo —añadió arrogantemente comenzando a dirigirse hacia la salida—, hagamos de cuenta que es la primera generación de pokedex holders, ¿vale?

    —Está bien… pero ¿ya te vas? —preguntó Oak.

    —La liga pokémon será dentro de poco tiempo —contestó Rainbow en la entrada—, y aún me queda algo de entrenamiento que hacer.

    —¿A dónde irás ahora? —preguntó Elm.

    —Bueno, ya que estoy de camino… podría comenzar a dirigirme hacia la liga por la ruta 26, pasando las cataratas Tohjo —contestó.

    —Estarías prácticamente regresando a Kanto —observó Aurora.

    —Pues sí, pero ni modos, si hay que volver a la meseta añil —contestó Rainbow encogiéndose de hombros—… una cosa más, profesor Oak, cuando haya acabado con todo lo que tenga que hacer en Johto, mi siguiente región he decidido que será Hoenn, así que, pues, ya sabe…

    —Sí, entiendo, Rainbow —contestó Oak—, si tanto insistes en seguir teniendo un prototipo de la pokedex en cada región, me aseguraré de que mis colegas se encarguen de ti… pero sigo sin entender algo, ¿si algún día logras detener la evolución de tus pokémon a voluntad dejarías de tener la pokedex?

    Rainbow lo miró con malicia.

    —Quién sabe —contestó tajantemente.



    Un rato después, Rainbow se disponía ya a irse del pueblo para continuar con su viaje, y junto con Aurora, se despidieron del profesor Elm.

    —Pues, buena suerte, Rainbow —se despidió Elm.

    —Como si la necesitara —contestó secamente—… es usted el que la necesita…

    Diciendo eso comenzó a caminar.

    —Espera un momento, Rainbow —exclamó Aurora acercándosele—, yo voy a ir contigo.

    Ante tal proposición, Rainbow sonrió contento, y Aurora le devolvió la sonrisa, no había manera de que se pudiera negar a ella. Entonces volvió a sacar a Togepi, y como si fuera por instinto, Aurora lo levantó y comenzó a caminar con él en sus brazos.

    —Estos chicos son algo extraños —dijo Elm mirándolos irse.

    En las mentes de ambos, aún estaba el recuerdo de lo que había pasado antes de que Elm los interrumpiera. Con algo de vergüenza lo recordaron, pero Aurora aún tenía que decirle a Rainbow lo que sentía, y no seguir huyendo más, pero ambos se dieron cuenta de que sacar de nuevo el tema haría de nuevo incómodo aquel momento en el que podían estar juntos, y tal y como acostumbraban hacer, fingieron que nada había pasado para disfrutar mejor de su mutua compañía, sin dramas ni vergüenza, sólo alegría, una sonrisa jovial y una mirada arrogante en sus rostros respectivamente.



    Continuará...


     
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    ...Continuando

    Capítulo 52: De regreso a Kanto, las cataratas Tohjo.
    “Así que es para “capturar el tiempo”… una idea un bastante incómoda”
    Rainbow




    Al ser Johto y Kanto dos regiones que compartían el mismo continente, era obvio que sus territorios eventualmente se encontrarían de manera directa, y al no haber un control tan estricto de las fronteras, prácticamente todos podían ir de una región a otra sin problemas. Sin embargo, la ruta 27, ubicada al este de pueblo primavera, era considerada una de las fronteras naturales más extraordinarias del mundo. Pero la ruta en sí misma no tenía nada de especial, en general no era más que pequeñas zonas de tierra que se alternaban entre pequeñas zonas en las que el agua del mar formaba pequeños lagos de agua salada, bordeando una enorme montaña de riscos escarpados. Lo interesante era que dentro de una de las cuevas de esta montaña se encontraban las cataratas Tohjo. Dichas cataratas, eran la división natural que se había decidido representarían las regiones de Kanto y Johto; de hecho, su nombre no era más que una combinación de los nombres de dichas regiones, juntando la última sílaba de Kanto con la primera de Johto, aunque a los habitantes de Johto les gustaba más ver el nombre como un completo anagrama de dicha región.


    Subidos sobre Feraligart, Rainbow y Aurora alcanzaron la primera orilla de la ruta 27, ésta no había soltado al pequeño Togepi desde que habían salido, y por su expresión de felicidad parecía que no lo haría por mucho tiempo.

    —Es un poco extraño que la liga pokémon de Johto se lleve a cabo en el territorio de Kanto, ¿no crees? —preguntó Aurora con extrañeza.

    —Supongo que se les terminó el presupuesto o les dio pereza construir su propia liga —contestó Rainbow como si nada.

    —Pero de todos modos, es algo nostálgico volver ahí, ¿no te parece? —preguntó Aurora sonriéndole infantilmente.

    Rainbow le apartó la mirada con algo de pena.

    —Lo único que me molesta es que podrían reconocerme si vuelvo —contestó—, pero ya he tomado mis precauciones… sólo me falta inventarme un nuevo nombre…

    Aurora rió levemente.

    —Sí, claro, no queremos que nadie te recuerde… Roinbei —dijo echándose a reír.

    Al recordar aquello, Rainbow sólo bajó la cara de vergüenza y se echó a andar, seguido de Aurora y su Feraligatr.

    —Vamos, tómatelo con humor, para mí fue un nombre genial —dijo Aurora.

    Rainbow la volteó a ver, y no pudo evitar de nuevo sentirse conmovido por su rostro jovial, que tanto tiempo había extrañado aunque no lo admitiera, y le devolvió la sonrisa amistosamente.

    —La próxima inventaré uno mejor —contestó con tranquilidad.



    Cerca de ahí se encontraba precisamente la entrada a las cataratas Tohjo, y a pesar de que era un camino que no interesaba mucho a Rainbow seguir, las insistencias de Aurora eventualmente lo convencieron. Quería tener más recuerdos buenos con ella, a fin de que se olvidaran de los malos.

    Sólo bastaba observar el interior de aquella cueva para darse cuenta de por qué se insistía en que fuera una frontera natural entre ambas regiones. La cueva era grande y espaciosa, y estaba dividida en dos secciones de manera natural por una estructura de roca que se elevaba hasta el techo de la cueva. Estas secciones, a la izquierda y a la derecha de la cueva, eran respectivamente la sección de Johto y la sección de Kanto, en cada sección había una zona inundada por completo con pequeños espacios de tierra, y las dos enormes cataratas, que daban fama al lugar, caían con violencia desde lo alto de la sección superior de la cueva, y en lo alto las aguas de ambas cataratas se mezclaba, de algún modo simbolizando la unión de ambas regiones.

    Aquella escena de enormes cataratas en una cueva de agua cristalina era sin lugar a dudas algo hermoso, pero también muy peligroso, pues debido a la caída del agua y la corriente era muy fácil que ocurriera un accidente, en especial si uno trataba de ir de un extremo al otro de la cueva.

    Cuando entraron, Aurora se quedó maravillada por el espectáculo visual que ofrecía la cueva, Rainbow también la contempló, y la comparó en alguna medida con la guarida dragón, y sobre todo, con la cueva Oscura, en la que había ocurrido el lamentable incidente del Sentret de Sabino, comparación que tomó fuerza con la visión de la violenta catarata que hacía un ruido ensordecedor, y a su caída liberaba gran cantidad de espuma en el agua.

    Aquel recuerdo rápidamente le borró la sonrisa del rostro, y en su lugar una tristeza apareció. Aurora se dio cuenta de eso, y la sonrisa también desapareció de su boca.

    —¿Qué te sucede, Rainbow? —preguntó preocupada— ¿Sucede algo malo?

    Su voz le hizo reaccionar.

    —No… no es nada —contestó intentando calmarse—, es sólo que… me parece una pérdida de tiempo estar en este lugar —contestó volviendo a un estado engreído—, muy bonito y todo, pero deberíamos seguir.

    Verlo así de nuevo alegró a Aurora.

    —No seas tan apurado, aguafiestas —le replicó amistosamente—, deberías apreciar un poco más la belleza natural de las regiones que visitas.

    —Ajá, ahora ya es tarde, pero te prometo que lo haré en la próxima región —contestó acercándose al agua.

    Entonces, para sorpresa de Aurora, liberó a Donphan justamente en el agua, el cual se hundió rápidamente. Esto la hizo reaccionar un poco, pero en seguida Donphan salió a la superficie y comenzó a nadar como si nada.

    —¡Vaya! Le enseñaste a un pokémon de tipo tierra a nadar —exclamó Aurora sorprendida.

    —Eso es más que obvio, si soy el entrenador definitivo —contestó con arrogancia subiéndose al lomo de su pokémon.

    —Vamos, ¿qué esperas? —le dijo mientras le ofrecía la mano presumidamente, para ayudarla a subir al pokémon.

    —¿Estás seguro que no es peligroso? —preguntó algo preocupada.

    —Sólo hay un modo de saberlo —bromeó Rainbow.

    Y en seguida tomó la mano de Aurora y la subió rápidamente al pokémon, el cual comenzó a nadar lentamente hacia la catarata.

    A pesar que desde abajo la catarata se veía muy bien, la caída y el potente chorro de agua que azotaba abajo era bastante intimidante.

    —Espera, Rainbow, ¿qué es lo que planeas hacer? —preguntó Aurora con algo de miedo al ver que se acercaban a la catarata.

    —Algo verdaderamente surrealista —contestó Rainbow sonriéndole.

    En el momento en el que estaban a punto de llegar a la caída del agua, Rainbow se concentró profundamente en silencio, y un momento después, sorprendentemente Donphan comenzó a remontar la cascada hacia arriba. La sorpresa por aquel movimiento hizo que Aurora instintivamente se sujetara con fuerza a Rainbow con una mano, ya que con la otra seguía cuidando de Togepi, y Rainbow al sentirla, también por instinto pasó su brazo alrededor de su cintura para no dejarla caer.

    —Le enseñaste Cascada —exclamó Aurora mirando cómo se iban elevando poco a poco.

    Pero Rainbow parecía seguir muy concentrado, y no respondió nada. Aurora se dio cuenta de que ejecutar tal movimiento en ese tipo de pokémon debía darle mucho trabajo a su Viridian mind, y al verlo en ese pequeño estado de concentración, lo miró con felicidad, y entonces lo sujetó aún con más fuerza. Su rostro se sonrojó levemente al sentirse sujetada por él, y aquello la puso algo nerviosa, pero también la hizo sentir muy bien.

    Un momento después, ya había llegado a lo alto de la catarata, por lo cual tanto Rainbow como Donphan se relajaron un poco, viéndose ambos algo cansados. Ya que la corriente de la cascada seguía siendo muy fuerte, y si se descuidaban podría arrastrarlos y hacerlos caer, decidieron descansar un momento en un pequeño pedazo de tierra que se encontraba en la cima, desde la cual se podía ver toda la caída hasta el fondo de ambas secciones de la cueva, una vista maravillosa, pero intimidante.

    —¿Estás bien? —preguntó Aurora algo preocupada por verlo agotado.

    Rainbow ya estaba algo más calmado, aunque no podía negar que ese movimiento fue bastante difícil de lograr, pero de todos modos le sonrió con arrogancia.

    —Fue pan comido —contestó—, esto no es absolutamente nada.


    Abajo del todo, las dos cascadas seguían precipitándose ruidosamente, y algunos pokémon acuáticos retozaban en las aguas. Desde lo alto, Rainbow y Aurora contemplaban todo con tranquilidad. Aurora observó a Rainbow de perfil, recordando lo que ocurrió en pueblo Pirmavera, o más bien, lo que estuvo a punto de ocurrir antes de que el profesor Elm los interrumpiera; tomando algo de valor, decidió que era momento de terminar aquello, y decirle sus sentimientos a Rainbow, o así hubiera sido, si no fuera porque de repente éste se puso de pie.

    —Ya fue mucho descanso —dijo pretendiendo sonar arrogante, aunque se notaba que solamente quería evitar esa situación.

    Entonces se volvió a subir a su Donphan, y le tendió de nuevo la mano a Aurora.

    —Sí, creo que tienes razón —respondió algo intrigada, dándole la mano para subir.


    Con mucho cuidado, comenzaron a dejar que la corriente los empezara a arrastrar hacia la otra cascada, la que se encontraba en la sección de Kanto.

    —Será mejor que guarde a Togepi por ahora —dijo con seriedad mientras lo hacía.

    —¿Por qué? —preguntó Aurora.

    —Esta es la parte difícil de la Cascada —contestó Rainbow—, Donphan debe lanzar un chorro de agua que vaya paralelamente a la caída del agua de la cascada con la suficiente potencia como para que logre mantenernos elevados, pero irlo debilitando poco a poco para que podamos descender. Si es demasiado fuerte la fuerza de ese chorro nos empujará muy fuerte contra el agua de la cascada, y si es muy débil la fuerza de la cascada nos hará caer, aquí necesito de mucha concentración… —dijo cerrando los ojos de nuevo.

    Viendo que inminentemente se dirigían hacia la catarata, Aurora abrazó fuertemente a Rainbow por detrás con algo de miedo.

    —No tengas miedo, Aurora —dijo Rainbow con un tono inusualmente alegre—, esto será pan comido para mí.

    Esas palabras tan confiadas, le dieron seguridad a Aurora, aunque no dejó de preocuparse por completo, y de todos modos, abrazó más fuerte a Rainbow y cerró los ojos.

    Un momento después ya estaban al borde de la catarata, y Donphan utilizó el movimiento anteriormente descrito por Rainbow. Hubo una pequeña sacudida en el instante en el que comenzaron a descender con lentitud, y al sentir que no caían, Aurora abrió los ojos, descubriendo que el pokémon efectuaba el movimiento como si fuera lo más natural.

    Entonces se sintió aliviada, y sintiendo de nuevo la concentración de Rainbow para lograr tal proeza, lo miró con cariño. Sus manos alrededor de su pecho se cruzaban justo por el centro de su cinturón de X, pudiendo los demás pokémon observar sus manos rodeando con ternura a su entrenador. Sintió su diafragma subir y bajar a causa de su respiración, e inconscientemente comenzó a sincronizar su propia respiración con la de él, se apoyó tiernamente sobre su espalda y cerró los ojos, su rostro sonrojado sonreía de felicidad.

    —Rainbow —murmuró muy suavemente, con una voz muy tierna y conmovedora, pero con un atisbo de vergüenza también.

    Oír esa voz de nuevo, como la que había sido en pueblo Primavera, casi exalta a Rainbow, pero se logró controlar para no perder la concentración. Desafortunadamente, en ese momento Aurora estaba demasiado distraída en sus pensamientos que no se daba cuenta de que todavía no era buen momento.

    —Rainbow —repitió abrazándolo aún más fuerte, —, yo… quiero que sepas que yo… te…

    En ese instante, la concentración de Rainbow se quebró completamente, y el chorro de agua de Donphan aumentó casi a la potencia de una Hidrocañón, haciendo que de repente todos fueran catapultados con violencia hacia el techo de la cueva. La fuerza fue tal que Aurora no se pudo sujetar a Rainbow y se separó de él en el aire una gran distancia. Cuando comenzaron a caer, Rainbow se dio cuenta de que Aurora iba a caer justamente a los pies de la catarata, y como reacción inmediata liberó a Crobat, el cual voló rápidamente a salvarla antes de caer, pero por desgracia no hubo tiempo de hacer nada más, Rainbow estaba tan preocupado por ella que se olvidó de sacar a otro de sus pokémon para sí mismo, y para cuando se dio cuenta de que Aurora ya estaba bien con Crobat, él ya estaba a punto de estrellarse violentamente en aquella agua turbulenta, hundiéndose rápidamente en ella.

    —¡Rainbow! —exclamó Aurora aterrada.



    Afortunadamente Donphan logró rescatar a su entrenador antes de que algo peor sucediera, pero el golpe le hizo perder el conocimiento durante un largo rato. Cuando despertó, se encontraban ya del lado de Kanto de la cueva, con Aurora a su lado cuidándolo.

    Está de más decir lo que sucedió después, Aurora se disculpó con lágrimas con él por romper su concentración y provocar todo eso, Rainbow reaccionó excusándola de toda culpa y culpándose a sí mismo con una actitud arrogante. Del mismo modo, como toda experiencia similar en el pasado, ambos reprimieron sus verdaderas emociones, Rainbow de nuevo se mortificó porque la vida de Aurora de nuevo estuvo en peligro por él, y lo mismo sintió Aurora, además de volver a sentir que su presencia le hacía peor a Rainbow más que un bien. Ambos jóvenes estaban donde comenzaron, de nuevo, y estaban cansándose de repetir lo mismo una y otra vez.


    Varias horas después, ambos ya se encontraban fuera de la cueva preparándose para dormir en la ruta 27, muy cerca de la ruta 26. Ya que Rainbow tenía la costumbre de guardar las cosas importantes en unas bolsas de plástico y nylon bien cerradas sus cosas importantes no se mojaron.

    Ambos se mostraban felices el uno al otro como si nada hubiera sucedido, Aurora siguió jugando con Togepi como una madre, y Rainbow se alegraba de verlos así. Únicamente fingiendo que lo que ocurrió no les afectó en nada, pero como siempre hacían, olvidaban todo para tener un momento agradable que no les pusiera tristes.

    Ya en la noche, Rainbow contó a Aurora lo que había vivido en su viaje desde que se separaron en Azalea, recreando con su arrogancia y cinismo las peleas de gimnasio que había tenido, la gente, para él absurda y patética, con la que se había encontrado, y no podía faltar mencionar sobre las proezas de su entrenamiento. Todo eso mientras Aurora sonreía alegrándose de que no hubiera cambiado.

    —Y creo que eso es todo —dijo finalmente Rainbow tumbándose en su saco—, ¿y qué hay de ti? ¿Cómo van los misterios? ¿O al menos has encontrado algo interesante? —preguntó simulando desinterés.

    —Bueno… la verdad sí que he tenido una estancia provechosa —contestó sonriente—, supongo que sí te puedo mostrar algo interesante…

    Diciendo eso, sacó de su mochila unos apuntes y se los dio.

    —¿Qué es esto de la G.S. ball? —preguntó Rainbow al leer el informe.

    —No seas impaciente —lo regañó Aurora tiernamente—, sigue leyendo y lo sabrás.

    Rainbow entonces siguió leyendo aquel informe con algo de interés, que conforme leía iba aumentando.

    —Así que es para “capturar el tiempo”… una idea un bastante incómoda —dijo con seriedad.

    —Ah, por cierto, Rainbow —interrumpió Aurora—, hasta ahora lo había olvidado, pero… ¿recuerdas a aquellos criminales que nos hemos encontrado antes? —preguntó con seriedad.

    Rainbow se intrigó un poco por el cambio de tema, pero recordó ese asunto que tampoco estaba del todo concluido.

    —Sí, los recuerdo, y están casi destruidos —contestó.

    —Bueno, ese día, cuando los enfrentaste en Trigal… yo logré derrotar a un grupo de ellos, y conseguí que uno de ellos me diera más información —dijo con una sonrisa algo malévola.

    Al oír eso, Rainbow bajó las notas de Aurora y prestó más atención.

    —De seguro recordarás que unos tenían unas extrañas máscaras plateadas, ¿verdad? —preguntó Aurora.

    Rainbow recordó entonces aquellas que había agarrado en la torre de radio, cuando derrotó a Keane y Chermaine.

    —Sí, las recuerdo —contestó Rainbow.

    —Pues bien, logré hacer que uno de los soldados hablara, y me revelara algunos de sus secretos —continuó con una mirada un tanto maléfica, sacando de su mochila una carpeta con unos documentos.

    Rainbow se acercó un poco más a ella con mucho más interés.


    —¿De qué se trata? —preguntó algo con algo de emoción, y sonriendo levemente.


    Continuará...

    Un aviso, ya que se acerca la liga, he decidido que ustedes, los lectores, sean los que propongan qué nombre falso se pondrá Rainbow. Escríbanme sus propuestas en mi perfil y los demás votarán con "me gusta" las opciones, el que tenga más será el nombre que usaré. Los espero, y recuerden, se supone que Rainbow está inventando ese nombre, así que no olviden que él es malisimo para inventar nombres.
     
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    Un pequeño error, pusiste que Donphan era tipo roca
    Pues algo un nombre, sería Kami (Divino) para asentuar su arrogancia, sin embargo sí quiere pasar desapercibido sería Brian, un semi-anagrama de Rainbow
     
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    ¡Al fin! Logré leer todo el fic desde que lo dejé por Ciudad Iris (que se dice pronto), y, como siempre, magnífico es poco. Veo que Rainbow va mostrando un poco al menos sus sentimientos poco a poco... y casi me creí que Aurora iba a contarle lo que sentía, ¿cómo hubiese reaccionado él?
    Escenas que más me han gustado, son muchas, muchísimas, pero te recalco:
    La escena del "casi-beso" de Luna y Rainbow fue muy peculiar, ver así, entre la espada y la pared a Rainbow me hizo cierta gracia.
    Me encantaron las batallas de gimnasio contra Fredo y Débora (Pryce y Clair, si no recuerdo malo). Especialmente la batalla Delibird-Delibird, me fascinó la estrategia, realmente me quedé prendado con el combate. Y en el de Clair por un momento pensé que Rainbow iba a perder, creí que Hitmontop se podría debilitar... pero nah, él no perdería menos contra un Dratini.
    Luego, la escena del Sentret fue, para mi gusto, la más conmovedora que hasta ahora he leído de Rainbow.
    Me he fijado en que el número de pokémon voladores que tiene Rainbow en esta región es elevado: Xatu, Noctowl, Ledian, Crobat, Delibird. En fin, es un detalle que me ha llamado la atención, simplemente.
    En cuanto a errores, solo te marco uno: sueles poner mucho "habían" cuando corresponde "había". Me explico, habían solo se escribe cuando es un tiempo verbal (habían dicho, por ejemplo). Cuando es el impersonal (del verbo haber, imperfecto de hay) SIEMPRE se escribe había, nunca habían. Esto es porque el verbo concuerda con el sujeto, y en este caso no hay sujeto, sino complemento directo. Tu fallo es que lo concuerdas con el complemento directo. Ejemplo:
    "Habían grandes árboles", está mal. Grandes árboles es el CD, por lo cual no influiría en la concordancia del verbo (solo lo hace con los sujetos) Lo correcto sería: "había grandes árboles".
    Por lo demás, casi impecable, de vez en cuando se te escapa algún acentillo o se te cuela alguna letra rebelde, pero vamos, lo típico, yo tengo cien mil veces más fallos de ese estilo que tú.
    Oh, y me he fijado en que tienes, digamos, una muletilla al escribir: "eventualmente". Me he encontrado esa palabra cientos de veces entre Kanto y Johto jajajaja, pero no problem, es solo que me llama la atención.
    Nada mas que añadir, ya sabes que soy fan del entrenador definitivo, me encantan sus aventuras, sus pensamientos... esas cinco preguntas y respuestas en la Guarida Dragón simplemente recalcaron el por qué Rainbow es digno de admirar. Y tú, como su creador, eres más digno de admirar aún. Sigue así, compañero ;)
    Y publica pronto, ¡que ya tengo una curiosidad tremenda por saber qué es eso que descubrió Aurora sobre el Neo Team Rocket!

    GL.
     
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    ¡Wow! creo que sí que me he excedido con este capítulo, recomendaciones para mejorarlo bienvenidas.


    ...Continuando

    Capítulo 53: La casa de la ruta 26.
    “la cosa no es sólo amar, sino saber cuándo hacerlo”
    Luna





    Faltaba solamente una semana para que diera comienzo la liga pokémon de Johto, y aquella ruta 26 era la recta final en el viaje de Rainbow. De dicha ruta poco valdría la pena decir, salvo que en ella se veía un número de entrenadores relativamente alto en comparación a los que se había encontrado Rainbow en su viaje; todos, aparentemente, con la misma intención de triunfar en la liga de Johto.

    Mas en ese momento a Rainbow no le importaba eso en absoluto, se encontraba con Aurora, la cual seguía cuidando del pequeño Togepi como si de una amorosa madre se tratara. A parte de eso, ella le había prestado unos cuantos documentos, producto de sus investigaciones, los cuales él leía atentamente mientras caminaban tranquilamente por la ruta. El tiempo estaba ligeramente nublado, y el viento estaba inusualmente fuerte, tanto así que Rainbow se vio obligado a quitarse la gorra para que no se volara, y sujetaba firmemente los documentos para que el viento no se los llevara.

    —¿Qué te parece, Rainbow? —preguntó Aurora contenta, viéndolo leer.

    Aquellos documentos en cuestión contenían, principalmente, información sobre ciudad Iris, más específicamente sobre aquellos dos pokémon legendarios que una vez vivieron en sus torres. Mencionaba también las plumas de dichos pokémon, y Rainbow leyó esa parte con especial detenimiento.

    —Ahora me arrepiento de no haberme informado mejor cuando tuve la oportunidad —contestó con seriedad.

    —Oye, ahora que recuerdo… nunca supimos cuál era el nombre de aquel grupo criminal —dijo Aurora.

    Rainbow dejó de leer un momento, y lo reflexionó un poco.

    —Supongo que no, pero supongo que tampoco es algo muy importante, ¿o sí? —contestó arrogante.

    —Bueno, sea como sea, ¿ya te has dado cuenta de la conexión de sus planes con esos pokémon? —preguntó Aurora.

    Rainbow siguió leyendo en la parte en la que se había quedado, y su mirada se clavó en la imagen de un pequeño pokémon de color verde, junto al cual se encontraban los dibujos de dos plumas, una roja y una plateada, a su izquierda y derecha respectivamente.

    —Me parece que sí —contestó con una sonrisa maliciosa.

    En ese momento una pequeña gota de agua cayó justo sobre el dibujo del pokémon verde, y de inmediato, le siguieron otras que un momento después se convirtió en una ligera llovizna. Rainbow guardó entonces los documentos para que no se mojaran y observó con fastidio el cielo que se había vuelto nublado con bastante rapidez.

    Ambos chicos entonces se refugiaron bajo un enorme árbol que había cerca, pues, poco a poco, aquella llovizna comenzaba a arreciar, hasta que un rato después se convirtió en un fuerte aguacero. Sólo un momento después, las nubes bloquearon casi por completo la luz del sol, tornándolo todo oscuro y frío al nivel del suelo, y el viento comenzó a aumentar su velocidad con rapidez, pero no había rayos o truenos, sólo una intensa lluvia acompañada de un intenso viento. A pesar de que Rainbow estaba algo acostumbrado a las inclemencias del tiempo, le preocupó que Aurora estuviera expuesta a ese clima también, pues aquel aire húmedo y viento helado comenzaban a hacerle mal.

    —Hay que buscar un refugio —le dijo en voz fuerte, ya que el ruido del viento aumentaba cada vez más—, este parece ser un huracán.

    —Pero ¿a dónde vamos a ir? —preguntó Aurora.

    —Creo que sé de un lugar que está cerca de aquí —dijo sujetándola firmemente de la mano, mientras que ella todavía continuaba cuidando de Togepi.

    Entonces comenzaron a caminar entre los árboles y la hierba alta, observando en el camino a muchos pokémon que intentaban refugiarse del huracán, pero Aurora no tenía idea de hacia dónde la llevaba Rainbow. A decir verdad, ni siquiera él sabía muy bien, únicamente comenzó a caminar mientras cuidadosamente observaba a su alrededor, como si estuviera buscando algo a través de toda la ruta. Un momento después, divisó muy oculto entre los árboles verdes, el techo rojo de una casa en medio del bosque, y sujetando a Aurora con firmeza, comenzaron a caminar hacia allí.

    Al llegar a ella, Rainbow tocó fuertemente la puerta una y otra vez, pero al no recibir respuesta alguna, y preocuparse porque el huracán parecía hacerse más fuerte, tomó la perilla de la puerta para intentar forzarla, pero para su sorpresa, la puerta estaba, y sin esperar nada más, entraron.

    Tal como parecía en un principio, aquella casa se encontraba vacía, y era extrañamente grande para una casa ubicada en medio de un bosque.

    —¿Qué es este lugar? —preguntó Aurora.

    —Si no me equivoco, es la casa de unos conocidos —respondió Rainbow deshaciéndose de su mochila, y quitándose su cinturón de X—, pero no es nada, sólo nos quedaremos hasta que pase el huracán.

    A pesar de que ahora se encontraban bajo techo, el aire continuaba siendo frío, y tener la ropa húmeda por la lluvia no ayudaba mucho, Rainbow entonces sacó a Thyplosion para que calentara un poco el ambiente con su fuego, y de paso iluminar un poco, ya que no había electricidad, entonces ambos se ubicaron en medio de la sala y se sentaron junto a aquel fuego. Pero a pesar del fuego del pokémon, el aire frío aún se colaba dentro de la casa, y Aurora comenzó a temblar por el frío, abrazándose levemente del pequeño Togepi.

    —¿Te encuentras bien? —preguntó Rainbow.

    —Sí, no es nada—dijo Aurora tiritando de frío todavía.

    Viéndola de ese modo, Rainbow se acercó a ella lentamente, y entonces, sujetando otra pokéball, sacó a Ursaring para que su cuerpo les brindara un poco más de calor.

    —Acércate a ella —le ordenó Rainbow.

    El pokémon obedeció y se aproximó a ella, ésta al principio se sintió un poco intimidada por aquel enorme pokémon.

    —Vaya que has cambiado bastante, ya no pareces ese pequeño Teddiursa que conocí hace tiempo —le dijo amablemente.

    Mas en la mirada algo arrogante del pokémon, se dio cuenta de que sí era el mismo, y que había adquirido mucho de su entrenador también. Togepi se acurrucó entre los brazos de Aurora con ternura, aparentemente tratando de dormir.

    En el exterior el huracán aún seguía con fuerza, en varios lugares del bosque se escuchaban varios árboles caer, y el zumbido del viento llenaba toda la ruta de sonidos un tanto tétricos. Dentro de la casa al menos el calor de los pokémon los reconfortaba a todos, y poco a poco comenzaron a entrar en calor.

    En silencio, Rainbow contemplaba aquel lugar iluminado por el fuego de su pokémon, y de algún modo, aquella combinación de luz y sombras que los rodeaba comenzó a verse un tanto romántico. Rainbow miró a Aurora por un momento, y al verla sonreír jovialmente bajo aquella luz romántica con esa tranquila oscuridad de fondo, se sintió extraño, sintió que su corazón comenzaba a latir fuertemente y un escalofrío le recorrió la espalda, así que rápidamente desvió la mirada hacia el fuego, con vergüenza.

    —¿Te sucede algo? —preguntó Aurora algo preocupada.

    —Veo que te llevas muy bien con Togepi —dijo sin mirarla a los ojos, queriendo sacar otro tema—, parece que contigo saca su lado más tierno y tranquilo… es obvio, digo, tiene algo de ti.

    —¿Te parece? —preguntó Aurora sonriendo.

    Verla sonreír así le devolvió el ánimo, y pensando una cosa, sonrió levemente, aunque con cierta inseguridad, y volvió a contemplar el fuego.

    —¿Te gustaría llevártelo? —preguntó tranquilamente.

    Esa pregunta sorprendió a Aurora, y a los pokémon que iban con ellos.

    —¿Qué? —respondió Aurora incrédula.

    —Se ven tan felices cuando están juntos —contestó Rainbow con un poco de tristeza—, además, una parte de él eres tú… si se fuera conmigo, eventualmente acabaría siendo más y más como yo, y quizás… podría acabar perdiendo esa parte de ti, esa parte que lo hace parte de nosotros dos… mitad tú, mitad yo, como si fuera un…

    La palabra “hijo” se reusó a salir de su boca, en parte porque en su mente le pareció ridículo que estuvieran pensando en esas cosas a esa edad incluso, pero es que aquella relación no podía ser más exacta de lo que era Togepi.

    Luego, con lentitud, Aurora se acercó a él con Togepi todavía un poco despierto.

    —No, Rainbow —contestó tranquilamente—, no voy a quitarle a este pokémon la oportunidad de convertirse en un pokémon definitivo algún día.

    —¿Estás segura? —preguntó Rainbow mirándola a los ojos.

    Ella asintió levemente con la cabeza, y ambos miraron al pequeño pokémon dormir tiernamente.

    —Confío en que lo entrenarás bien, cuando llegue su momento —continuó acariciándolo suavemente.

    —Así lo haré —respondió Rainbow tranquilamente, también acariciándolo suavemente en el estómago.

    Un momento después, sus manos se encontraron encima del durmiente pokémon, y sus ojos se encontraron de nuevo, con una mirada sonrojada por parte de ambos.

    En aquel momento, bajo la luz de Typhlosion y el sonido del huracán en el exterior, el mundo dejó de existir para ambos. Inconscientemente, sus manos se entrelazaron sobre el pequeño Togepi con suavidad, y al sentir el contacto con la piel del otro no pudieron pensar en nada más; sus corazones bombeaban con fuerza, un escalofrío recorrió sus espaldas de arriba abajo, y sus rostros se llenaron de sangre bajo su piel, entonces, un ligero temblor sacudió levemente sus cuerpos, y comenzaron a respirar agitadamente.
    ¿Qué era aquello? ¿Qué escena era esa? Aquel Togepi de alguna manera era la unión de esos dos chicos, y en aquel momento, cuando ocurrió algo similar antes de entrar en la cueva Unión, tal vez Rainbow no supo verlo del todo, cuando Aurora se refirió a sí misma como madre de Togepi, pero ahora, con sus manos juntas sobre aquel retoño, de algún modo símbolo de la unión entre ellos, sus mentes quedaron en blanco por completo. Ya no eran más el entrenador definitivo, ni una investigadora de misterios, eran sólo dos chicos más con sentimientos que necesitaban desesperadamente expresar.

    Sin vergüenza alguna, Rainbow dirigió su mano libre hacia el rostro de Aurora, con ella retiró hacia atrás los pocos cabellos que le impedían observarla bien, entonces ella, como por instinto, sujetó su mano cuando ésta le retiró el cabello, y de este modo evitó que ésta se alejara de ella. Luego, con un movimiento lento, que pareció durar una eternidad, sus rostros se comenzaron a acercar el uno al otro, con los ojos suavemente cerrados y respirando agitadamente, así hasta que sintieron el cálido aliento del otro en sus bocas. Aquel momento, que consciente o inconscientemente ambos habían estado esperando durante tanto tiempo, finalmente había llegado, y parecía que esta vez nada podía salir mal. Pero las cosas, desafortunadamente no siempre resultan como uno las esperaba, y la cruel o sabia realidad pareció decidir que no sería esa vez.

    Mientras ocurría todo eso, el ojo del huracán pasaba precisamente sobre ellos, y a causa de eso, un pequeño grupo de personas se dirigió rápidamente hacia aquella cabaña.

    —Vamos, no hay mucho tiempo antes de que pase el ojo —gritó una chica.

    —Si no fuera porque a Vicky se le ocurrió salir con ese clima no hubiéramos tenido que ir a buscarla —exclamó un chico.

    —No fue mi culpa —se defendió la chica—, Josué me dijo que el curso del huracán había cambiado.

    Cuando llegaron a la casa, el ojo del huracán ya estaba pasando, por lo que entre todos se apresuraron a meterse al mismo tiempo, provocando que todos se precipitaran ruidosamente sobre al interior. En esta repentina interrupción, Rainbow y Aurora se sobresaltaron violentamente, alejándose de inmediato y despertando a Togepi, y luego observaron con vergüenza a los recién llegados, los cuales también los observaron con algo de intriga.

    —¡Miren, es Rainbow! —exclamó el más joven de ellos.

    Rainbow se llevó la mano a la nuca con vergüenza.

    —Este… hola, Sabino… vaya momento para venir de visita —contestó algo nervioso—, y a todos ustedes también… vaya, todos juntos se ven muy curiosos.

    —¿Los conoces a todos ellos? —preguntó Aurora.

    —Pues sí, me los he encontrado en el camino durante todo mi viaje… me gusta llamarlos hermanos semanales —contestó sonriendo.

    —¿Semanales? —exclamaron todos algo intrigados.

    Un momento después, el ojo del huracán hubo pasado por completo, y el viento y la lluvia volvieron a azotar la ruta con toda su potencia, y de nuevo afuera todo se volvió caos.



    Ya instalados bien en el interior de la casa, los nueve chicos se sentaron alrededor de la mesa del comedor con Typhlosion a lado para iluminar y dar calor. Marta, una de los hermanos, hizo un poco de té para entrar en calor. Pero a pesar de todo, la situación era todavía algo incómoda para Rainbow y Aurora, los cuales apenas alzaban la mirada.

    —Bueno, es genial volver a verte de nuevo, Rainbow —rompió el silencio Miguel.

    —¿Cómo sigue tu viaje? —preguntó Marta— ¿Ya has conseguido todas las medallas como me dijiste?

    —¿Pero qué estás preguntando? —interrumpió Vicky— Un entrenador tan hábil como él de seguro que ya las reunió todas muy fácilmente.

    Por un momento Rainbow se sintió avergonzado, y observó de reojo a Aurora, la cual intentaba mostrarles un rostro amigable, así que él decidió tranquilizarse un poco y actuar normalmente.

    —Sí, así es, fue pan comido conseguir todas las medallas —contestó arrogantemente, y en seguida sacó su caja de medallas, y con un enorme ego se las presentó a todos.

    —¡Increíble! —exclamó Miguel al verlas— No recuerdo que a ningún entrenador que haya reunido todas en un tiempo relativamente corto.

    —Eso es algo básico —contestó Rainbow—, de hecho, deberían hacerlo un requisito para entrar en la liga pokémon.

    —De hecho, es ahí hacia donde nos dirigíamos —contestó Aurora—, pero el huracán nos tomó por sorpresa… supongo que deberíamos haber visto las noticias.

    —Disculpa, creo que no nos hemos presentado —dijo Luna sonriéndole amablemente.

    Al hablarle ella a Aurora, Rainbow se sintió un poco nervioso, y apartó la mirada de ellas rápidamente, lo cual extrañó un poco a Aurora.

    —Pues… me llamo Aurora —contestó algo apenada—, soy una buena amiga de Rainbow.

    Al oír eso, Luna la miró fijamente, y adquirió una actitud un poco más seria.

    —¿Sólo una amiga? —preguntó apoyando la cabeza sobre su mano.

    Eso volvió la situación un poco más tensa para todos, pues los demás hermanos sabían lo de la ruta 40. Aurora se mostró algo inquieta también, tomando en cuenta lo que iba a ocurrir hacía sólo unos minutos.

    —¿Todavía siguen frecuentando sus lugares favoritos cada día de la semana? —preguntó de repente Rainbow para cambiar el tema.

    —¡Ah! Sí, cada uno de nosotros va a un lugar diferente cada día de la semana —contestó Domingo amigablemente.

    —Es por eso que nos llamaste hermanos semanales, ¿verdad? —preguntó Sabino.

    Al oír a Sabino, Rainbow recordó lo que había pasado en la cueva Oscura, y eso le bajó un poco los humos.

    —Sí, por eso mismo —contestó tranquilo.

    —Pero… tengo curiosidad, recuerdo a Vicky, de la ruta 32, pero ¿de dónde conoces a los otros? —preguntó Aurora con curiosidad, ya que le sorprendía el hecho de que Rainbow tuviera tantos amigos.

    —A mí me salvó de una manada de Houndoom en la ruta 29 —contestó Marta.

    —Él me ayudó cuando vi un árbol extraño en la ruta 36… resultó que sólo era un Sudowoodo —contestó Josué.

    —Yo pude presenciar un espectacular entrenamiento suyo —dijo Domingo.

    —Mi historia ya la conoces, lo que pasó en la ruta 32 —continuó Vicky.

    —Yo le salvé la vida en el lago de la furia —contestó Miguel con algo de orgullo.

    —¿En serio? Vaya, Rainbow, parece que después de todo has logrado hacer buenas amistades —le dijo Aurora alegremente—, ¿y tú dónde lo conociste? —preguntó a Sabino.

    —Creo que mejor hablamos de otra cosa —propuso Rainbow algo nervioso de tocar ese tema, pues se veía que el niño aún estaba triste por eso, y de hecho todos lo notaban.

    —Sí, como por ejemplo… de cómo lo conocí yo —dijo Luna con una tranquilidad algo inquietante.

    La manera en la que la miró incomodó un poco a Aurora, y sonrió nerviosamente.

    —Claro, me muero por saber —dijo intentando parecer amable.

    Luna sonrió amigablemente al oír eso, y miró a Rainbow con cierta ternura, haciendo que este mirara hacia otro lado con pena.

    —Estaba en la playa de la ruta 40, como todos los lunes —comenzó a contar—, entonces llegaron unos brabucones que se pusieron a molestar a todos sin consideración alguna, y al intentar enfrentarlos me secuestraron e intentaron llevarme mar adentro… no quiero imaginar lo que me hubieran hecho si lo hubieran conseguido —dramatizó un poco—, pero afortunadamente, él llegó para salvarme, y sobrevolando el cielo, arriesgando su vida, puso en su lugar a esos cretinos y me regresó a tierra…

    —¡Vaya! Eso suena bien —dijo Aurora—, Rainbow puede parecer muy rudo y malvado, pero cuando se necesita ayuda siempre da lo mejor de sí.

    —No exageres, Aurora —contestó Rainbow con arrogancia.

    Luna sonrió con un poco de malicia al ver esa situación, y el resto de los hermanos se mostraron también bastante incómodos.

    El huracán fue amainando poco a poco conforme la tarde avanzaba, y ya bien entrada la noche, se había detenido por completo. Los hermanos muy amablemente les ofrecieron pasar la noche con ellos, dándoles para dormir los sofás de la sala. Sin embargo, cerca de la una de la madrugada, Rainbow decidió salir un rato de la casa, y a su paso, sin quererlo despertó a Aurora.

    —¿A dónde vas, Rainbow? —preguntó intrigada.

    —Quiero algo de aire fresco —contestó sin voltear a mirarla.

    Un momento después, salió de la casa y se dirigió hacia uno de los árboles cercanos, sobre el cual subió a una de las ramas, y en compañía de sus pokémon en su cinturón comenzó a contemplar la oscuridad del bosque melancólicamente.

    Desde dentro de la cabaña, Aurora lo miró preocupada a través de una ventana, y en su interior también se puso a meditar en lo que había pasado en aquel momento antes de que llegaran los hermanos. El pequeño Togepi era el único de los pokémon de Rainbow que permanecía durmiendo en el sofá, ya que solía dormir junto con Aurora todas las noches.

    Mas en ese momento, Aurora estaba bastante preocupada por lo que había pasado y por lo que fuera a pasar en el futuro, se había hecho una promesa a sí misma, y hasta ese momento cada vez había pasado algo que arruinara el momento. Meditó sobre eso durante un rato junto a la ventana.

    —¿Qué ocurre, Aurora? ¿No puedes dormir? —preguntó de repente la voz de Luna desde atrás.

    Al voltear a verla, ésta se encontraba de pie junto al aún durmiente Togepi, y suavemente se sentó junto a él, sonriéndole como una amiga.

    —No, no es nada —contestó Aurora—, es sólo que Rainbow salió y quería ver si estaba bien.

    —Te preocupas mucho por tu amigo, ¿verdad? —preguntó Luna amistosamente.

    —Pues, lo conozco desde hace mucho tiempo, y es mi mejor amigo, es lógico que quiera que esté bien —contestó.

    —Sí, claro —dijo Luna—, pero creo que hay algo más, ¿o me equivoco?

    Aurora la miró con algo de pena, pero en seguida volvió a ver por la ventana.

    —Eso no es asunto tuyo —contestó con vergüenza.

    —¿Entonces está libre? —preguntó Luna contenta.

    —¿Qué? ¡No! —exclamó Aurora encarándola algo enojada— ¿Por qué estoy hablando de esto contigo siquiera? Digo, no es como si tú quisieras algo con él, ¿verdad?

    Luna sólo bajó la mirada sonriendo con vergüenza, y su cara se sonrojó un poco. Esa fue una respuesta incómoda para Aurora, y por primera vez en toda su vida, sintió lo que eran los celos.

    —Pero eres mayor para él —replicó tratando de calmarse.

    —Solamente un par de años —contestó ella como si nada.

    —Aún así, ¿no prefieres a alguien de tu edad? —preguntó Aurora extrañada.

    —Eso no es lo importante, esperaré a que Rainbow cumpla con lo que se proponga, para entonces de seguro ya habrá crecido mucho más —contestó sin inmutarse.

    Esa respuesta sorprendió a un poco a Aurora.

    —¿Cómo que vas a esperar? —preguntó con más seriedad.

    Entonces, Luna se levantó lentamente para no despertar a Togepi, y se acercó lentamente hacia la ventana junto a Aurora, y también observó hacia el árbol donde se encontraba Rainbow.

    —¿Crees que es buen momento para que Rainbow esté involucrado en una relación sentimental? —preguntó Luna con calma— Digo, piénsalo, se está aventando a un proyecto muy ambicioso, ser el entrenador definitivo, estar yendo de una región a otra, entrenando con un entrenamiento especial que nadie más en el mundo posee en su totalidad, enfrentando peligros y asegurándose de siempre estar a la altura y sobre todo, con la gran presión sobre él de que nunca debe perder… ser el mejor, es mucho menos glorioso de lo que parece, según veo yo.

    Aurora casi no podía creer que supiera tanto sobre Rainbow.

    —¿Cómo sabes todo eso? —preguntó sospechando.

    —Hace tiempo se quedó con mi hermano Miguel en el lago de la furia —contestó sonriéndole amigablemente—, a él le contó gran parte de todo eso… es curioso, me dijo que estaba a punto de irse y de repente se dio cuenta de que aún estaba en ropa de dormir… pero luego de eso comenzó a hablar un poco más de todo eso antes de irse, por alguna razón, parece actuar como si no quisiera que nadie supiera de él, pero luego no deja de hablar de sí mismo, ¿no es curioso?

    —No importa —contestó Aurora con algo de rudeza—, no conoces a Rainbow tan bien como yo.

    —¿Entonces me equivoco? —preguntó Luna— Entonces ¿por qué has esperado tanto tiempo para decirle lo que sientes?

    —Yo… yo nunca dije que… —tartamudeó Aurora.

    —Vamos, se nota mucho que para ti es más que un amigo —continuó Luna sin perder la tranquilidad—, y la razón por la que no le has dicho nada es precisamente porque sabes que lo que digo es verdad… ¿o qué esperabas que pasara si no hubiéramos llegado? Tal vez al principio habrían sido una bonita pareja… pero luego, cuando Rainbow tuviera que proseguir su viaje, ya no sería lo mismo, y además de seguro que tú también tienes tus propios sueños y ambiciones, ¿o me equivoco?

    —No, no te equivocas —contestó Aurora—, yo voy a ser la mejor investigadora de misterios pokémon, ese es mi sueño.

    —Pues ya ves —continuó Luna—, no tienes por qué apresurarte, aún tienes mucha vida por delante, no estanques tus sueños por otra persona, mucho menos a tu edad.

    Aurora se acercó tristemente a la ventana, y vio a Rainbow de espaldas sentado en la rama. En su interior había muchos conflictos, pues ella le daba la razón a Luna en muchas de las cosas que decía, pero se negaba a aceptarlo, todas las cosas que había temido con respecto a eso de repente cobraron fuerza frente a ella. De hecho ella misma había ido a Johto como una manera de independizarse emocionalmente de Rainbow, y si bien lo logró en gran parte, también le ayudó a quererlo más de algún modo, quizás esa experiencia fue lo que le hizo decidir lo que haría entonces.

    —Creo que entonces debo irme —dijo entonces.

    —¿Irte? ¿A dónde? —preguntó Luna un poco sorprendida.

    —Supongo que lejos de él —contestó con algo de tristeza.

    Luna la miró con sorpresa, pues no pensaba que llegaría para tanto.

    —¿Alguna razón en específico? —preguntó.

    —Tal y como dijiste, aún somos muy jóvenes —contestó mirando por la ventana—, cada quién tiene su camino que seguir, y no podemos seguirlos juntos… es decir, lo que siempre supuse desde el principio.

    —Pero no es para que lo abandones… —dijo Luna.

    —No lo voy a hacer —contestó Aurora—, simplemente voy a hacer lo mismo que tú… esperar a que sea el momento, sin apresurarme sólo porque mis sentimientos así lo quieren.

    Entonces, se dirigió lentamente hacia el sofá donde dormía Togepi, y lo miró con melancolía, luego se arrodilló y le acarició suavemente la cara una vez más, haciendo que este sonriera tiernamente.

    —¿Tienen una puerta trasera? —preguntó Aurora con seriedad, tratando de ocultar su tristeza.


    En la mitad de la oscura noche del bosque, Aurora se preparó entonces para irse de ahí en su Fearow.

    —¿Segura que no quieres despedirte de él? —preguntó Luna.

    —Segura —contestó Aurora con tristeza—, ni siquiera le digas que hablaste conmigo.

    En su interior, Luna se sintió un poco mal por hacerla tomar esa decisión de algún modo.

    —Perdón si te di la impresión equivocada —le dijo con seriedad—, no quería intimidarte en realidad, sólo quería conocer un poco mejor a mi rival…

    —¿Rival? —preguntó Aurora— Te equivocas conmigo, Luna, no eres rival para mí. Yo he vivido cientos de cosas con él, hemos vivido momentos divertidos y tristes juntos, hemos arriesgado nuestras vidas, hemos reído y hemos compartido grandes momentos… tú no tienes más que una breve impresión de él en comparación, él para ti todavía no es más que un buen chico…y tú no eres para él más que una chica que salvó un día… pero yo estoy segura de que significo mucho más para él, aunque no puedo hablar por él, pero con respecto a mí, con toda seguridad puedo decir que amo al entrenador definitivo.

    Luna escuchó todo eso atentamente, y como cualquiera que oyera tal cosa, se sintió algo intrigada por oírla hablar tan seguramente, o más bien era curioso escuchar a alguien tan joven hablando así..

    —Si estás tan segura de eso, entonces cuando llegue el momento se lo podrás decir —contestó apartándose un poco—, la cosa no es sólo amar, sino saber cuándo hacerlo.


    Un momento después, Aurora partía de ahí volando en su Fearow, y por el momento no iba en ninguna dirección en específico, pues aún seguía tratando de aclarar su mente. En realidad, ¿por qué se iba? ¿Porque eran demasiado jóvenes para una relación? ¿Porque necesitaba más independencia emocional? ¿Porque sabía que una relación así no podría funcionar? ¿Una mezcla de todo eso junto? A pesar de todo lo expuesto, a pesar de todo lo que se habló y se pensó anteriormente, de nuevo ni ella misma tenía muy clara la respuesta.

    Continuará...


    No se olviden proponer sus nombres para Rainbow, vamos, sólo queda un capítulo más para la liga.

     
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    Gold-Kun

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    Muy buen capitulo, errores no es facil de encontrar por lo que no vi ni uno.
    El rumbo que esta tomando la historia yo lo tengo mas claro que un Pokemon brillante (shiny), tengo claro porque Rainbow esta dejándose la razon es Johto es la región mas tranquila y por eso se estimula mas su lado sensible con lo que terminara en (·3·) al final
    Bueno eso es todo nos vemos y espero el proximo capitulo
     
  13.  
    xpokemaster

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    Te noto tosco en los momentos románticos, necesitas no resaltarlo tanto, ya que se entiende el momento, no repitas tanto los derivados de "romance" que eso ya es algo más serio que un simple momento así, también en esos momentos repites mucho la letra "y" lo cual queda un poco mal. Sin embargo después te redimiste y la narrativa fue a la perfección, aunque te alargaste un poco con lo de Luna, en parte le da su toque, lo de no apegarse le da más solidez a la trama, bueno espero lo que sigue de esta historia pacientemente
     
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    Paralelo

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    Título:
    Pokémon Rainbow: Johto.
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    61
     
    Palabras:
    4146
    ...Continuando

    Capítulo 54: La liga pokémon de Johto.
    “no necesito cambiar”
    Rainbow





    Faltaba un día para que diera comienzo la liga pokémon. Desde hacía varios días, los entrenadores de diversas partes de Johto se habían apresurado a registrarse, y con optimistas y ansiosas miradas daban a sus pokémon sus últimos entrenamientos antes del momento de demostrar al mundo de qué estaban hechos.

    Sin embargo, en ese momento Rainbow se encontraba en la calle Victoria, que, como recordarán, hacía más de un año había sido víctima de un derrumbe accidental que había dejado la mayor parte inservible. Pero una pequeña porción de la gran cueva aún podía ser utilizable, claro, no era ni la mitad de larga o difícil de recorrer que antes, pero de todos modos ofrecía un lugar bastante estable para entrenar. Tal vez a causa de su simpleza, ya no llamaba tanto la atención entre los demás entrenadores, por lo que, a causa de su abandono, Rainbow encontró sobre todo un lugar solitario para permanecer lo más que pudiera.

    Casi una semana permanecieron ahí, fuera del contacto con la gente, precisamente antes de que tuviera que salir para volver a estar entre los demás. La inesperada partida de Aurora, quizás, fue lo que le orilló a tener que alejarse de nuevo del mundo, al menos por un tiempo.

    Sentado sobre una roca junto a todos sus pokémon mientras descansaban, pensaba sobre Aurora y lo que había pasado. Sus pokémon, al notarlo más triste que de costumbre, intentaron consolarlo un poco.

    —No sé de qué hablas, Ledian, no tengo tiempo para pensar en esas cosas —le contestó a su pokémon con indiferencia—, la liga comienza mañana, y lo que menos necesito es estar pensando en eso.

    La pokémon de tipo bicho no se contentó, después de todo, Rainbow la había ayudado a mejorar desde que era una tímida y asustadiza Ledyba, y sabía que en ese momento su entrenador sólo trataba de ignorar los hechos.

    Umbreon se dio cuenta de que su entrenador se aferraba fuertemente a un cuaderno, pero no era su guía para ser entrenador definitivo, era en realidad otra cosa.

    —No pienses cosas raras —le contestó Rainbow—, sólo es una información útil que me dio.

    Diciendo eso, observó nostálgicamente aquel cuaderno detenidamente por un tiempo, y mientras lo hacía, recordaba con cierta tristeza.

    No mucho tiempo después de que Aurora se hubiera marchado de la cabaña de los hermanos semanales, Rainbow se despertó con los rayos del sol después de haber pasado la noche sobre la rama del árbol, y ya que el observar el sol de nuevo le reconfortó, quiso invitar a Aurora a que lo contemplara con él, pero al entrar en la casa no vio más que a Luna en el sofá donde Aurora había estado la noche anterior, pretenciosamente abrazando a Togepi. Al escuchar a Rainbow entrar por la puerta, Luna se despertó lentamente.

    —Hola, Rainbow —le saludó bostezando— ¿Dormiste bien?

    Rainbow la observó con algo de recelo, incómodo de que su Togepi se encontrara en sus brazos.

    —¿Dónde está Aurora? —preguntó extrañado.

    Luna se sintió algo incómoda con esa pregunta, pues sabía que saber la verdad podría afectarle, y a pesar de que Aurora le había dicho que no dijera que habló con ella, sentía que no podía tampoco mentirle. Dejando de lado a Togepi cuidadosamente, se le acercó mirándolo con algo de compasión.

    —Ella se fue —dijo tranquilamente.


    Esas palabras resonaron en la mente de Rainbow por un rato, y sin decir nada, ojeaba las páginas de la libreta, y al hacerlo, en su mirada se notaba su tristeza reprimida, pero no podía dejarse llevar por ella, y mucho menos en ese momento.

    —Ya debemos irnos —dijo entonces poniéndose de pie—, vamos a inscribirnos de una vez.

    De ese modo, su actitud confiada y arrogante salió de nuevo a la luz, regresó a sus pokémon, y con paso orgulloso salió de la cueva, y luego se dirigió a la meseta Añil.

    —¡Vamos por el segundo campeonato! —exclamó fuertemente sin dejar de caminar, olvidándose por el momento de todo.
    Enfrente de la enorme entrada de la meseta Añil, se encontraba un señor chaparro de peinado extravagante, quien con una sonrisa daba la bienvenida a los entrenadores que confiadamente llegaban con la ilusión de alzarse con el título.

    —Hmmm, este año los entrenadores de Johto parecen venir muy confiados —dijo a uno de sus ayudantes.

    —No se ve del todo contento por todo este espíritu, señor presidente —comentó su ayudante.

    —No, no es eso, es sólo que me parece que de nuevo tiene que ver la ausencia de campeón —contestó el presidente—, ¿recuerdas que hace un año fue algo parecido?

    —Sí, lo recuerdo —contestó el ayudante—, los entrenadores parecían algo aliviados de que no hubiera un campeón final para derrotar, y este año es igual… ¿cuál es el problema? Sólo hay que esperar a que alguien resulte campeón y podremos volver al sistema de siempre.

    —Me temo que eso no sucederá… si viene la persona que estoy esperando —contestó con seriedad.



    Mientras Rainbow se acercaba a la liga, de repente comenzó a buscar algo en su mochila, pero a pesar de hurgar por todos lados parecía no encontrar lo que buscaba.

    —Qué extraño —dijo preocupado—, estoy seguro de que la había guardado bien… ¡esperen, aquí está!...

    —Rainbow, ¿eres tú? —interrumpió una voz antes de que pudiera sacar lo que buscaba.

    Al voltear a ver, vio al presidente de la asociación pokémon sonriéndole amigablemente, pero él le devolvió una mirada un tanto indiferente.

    —Vaya, veo que has crecido un poco —le dijo alegremente.

    —Pues usted no lo ha hecho nada —se mofó Rainbow con indiferencia.

    El presidente no se sorprendió con esa respuesta, y se la tomó con humor.

    —Veo que no has cambiado nada —dijo riéndose levemente.

    —¿Y eso se supone que deba ser gracioso? —contestó rudamente.

    —¿Pero qué te sucede? ¿Por qué la rudeza? —preguntó sin perder el sentido del humor.

    Rainbow sólo le apartó la mirada con arrogancia.

    —Si sólo me quiere recordar nuestra “apuesta”, sepa que no la he olvidado —contestó cruzándose de brazos—, como sabe, voy a ganar, de eso no hay duda.

    —Eso ya lo sé, lo interesante será ver cómo lo consigues —diciendo eso, se dio media vuelta y dio unos pasos hacia el prado.

    Esa respuesta le pareció un poco extraña a Rainbow.

    —Ahora resulta que no duda que voy a ganar… ¿por qué seguir entonces con eso de que si pierdo perderé mi derecho a volver a inscribirme? No le veo sentido a hacer una apuesta si ya sabe que no va a ganar —contestó algo intrigado.

    El presidente lo miró con extrañeza, y Rainbow lo miró con desconcierto.

    —¿Por qué no me acompañas un rato? Sólo quiero caminar por aquí y disfrutar del campo —ofreció tranquilamente.

    Diciendo eso, comenzó a caminar hacia el prado que se encontraba junto a la liga. Por un momento, Rainbow simplemente decidió ignorarlo y seguir su camino, sin embargo, tal vez algo arrepentido de su rudeza ante una persona que en el pasado le había ayudado, decidió seguirlo.

    Rainbow y el presidente caminaron un rato por aquel campo abierto, se alejaron bastante de la liga, y a lo lejos, pudieron contemplar todo el edificio y a todas las personas que junto a él se reunían, ya sea como competidores o como espectadores, pero todos con una actitud alegre y ansiosa por que todo comenzara. Ambos se sentaron en el prado, desde donde podían verlo todo.

    —¿Qué sucede, Rainbow? —preguntó el presidente— Te noto muy enojado, no veo el espíritu de cuando ganaste la liga anterior.

    Rainbow intentó calmarse ante eso.

    —No es nada grave —contestó tranquilo—, sólo un poco de las presiones del viaje.

    —Lo supongo —interrumpió el presidente—, ser el entrenador definitivo te debe presionar un montón.

    Rainbow bajó la cabeza y suspiró.

    —Bastante —contestó.

    —Pero bueno, tus asuntos personales no son de mi incumbencia —continuó el presidente—, únicamente quería seguir informándote sobre lo todo lo que debes saber.

    —¿Y hay alguna novedad? —preguntó Rainbow.

    —En parte sí, y en parte no —respondió el presidente—, como te prometí, se te permitirá inscribirte bajo un nombre falso, además de poder irte apenas ganes y mantener tu identidad bajo secreto, y también poder hacer lo mismo en otras regiones… claro, siempre y cuando no falles.

    —Eso ya lo sé —contestó Rainbow algo fastidiado—, ¿dónde está lo nuevo?

    —La verdad es que no hay mucho de nuevo —contestó el presidente—, lo único que sería nuevo es que esta vez no habrá un alto mando al que te enfrentes.

    Rainbow continuó mirando a la muchedumbre pensativamente.

    —Siempre me pregunté por qué nadie había formado un alto mando en Johto —comentó tranquilamente.

    —Probablemente por lo mismo que la liga pokémon de Johto es compartida con la de Kanto —dijo el presidente—, no es que sea tan importante para ti, pero debes saber que en las próximas regiones a las que vayas muy probablemente si habrá alto mando, y también campeones, esta región será la más fácil para ti.

    —No lo creo —contestó Rainbow con una mirada seria—, después de la liga tengo un asunto pendiente con alguien más, y si no me equivoco, será tan difícil como enfrentar a un alto mando real.

    El presidente notó que hablar de eso pareció animar un poco a Rainbow, pero en lugar de decir algo, sólo continuaron observando a la gente a lo lejos.

    —¿Quiso que lo acompañara sólo para hablar de estas cosas tan innecesarias? —preguntó Rainbow.

    —Hmmm… ¿no te parece interesante la gente, Rainbow? —preguntó entonces— Es decir, míralos, tan contentos y emocionados por que empiece el torneo, después de todo, cada campeón representa esperanza para todos y un modelo a seguir.

    —Debí suponer que sólo quería tratar de convencerme para no dejar el puesto vacante —dijo Rainbow fastidiado—, ¿Qué pasó con todo eso de que el mundo no está preparado para tener a alguien como yo como un modelo a seguir?

    El presidente lo miró seriamente.

    —Pues tienes razón, todavía no parece ser el momento —respondió.

    Rainbow lo miró sospechosamente.

    —Espere un momento, ya sé lo que está haciendo —respondió rudamente levantándose del suelo—, está vigilándome en cierta manera, ¿verdad? Esperaba que de algún modo mi viaje me hubiera cambiado algo para que se adapte mejor al modelo de un campeón.

    —Haces que suene muy feo —dijo el presidente sin perder la calma—, ponte en mi lugar, le estoy dando privilegios a un chico con un talento excepcional que no quiere tomar ningún tipo de responsabilidad por su talento, ¿estoy mal por querer esperar algo más de ti y tu habilidad para entrenar pokémon?

    —Yo soy el que decide lo que hace con mis habilidades —contestó Rainbow—, si no quiero estancarla en un puesto como el de campeón no me pueden hacer cambiar de opinión.

    —Lo sé —dijo el presidente—, es por eso que estoy apostando por ti.

    —¿Apostando por mí? —preguntó extrañado— Querrá decir contra mí…

    El presidente se puso de pie con un semblante más severo.

    —Se ve que no entiendes nada —respondió algo enojado—, esa apuesta que hicimos no es sólo para presionarte ni para molestarte, sé bien que serás capaz de pasar por todas las regiones sin perder una sola liga, y es por eso que te doy todos esos privilegios, estoy apostando porque algún día el haberte encubierto como demandabas haya valido la pena, tal vez no sea cuando ganes esta liga, ni la de Hoenn, o a donde sea que vayas, pero apuesto porque algún día encuentres tu lugar en el mundo del entrenamiento pokémon, más allá de ser sólo el mejor porque sí, sólo porque tienes el talento. La verdadera apuesta siempre ha sido para ayudarte a que encuentres una razón para ser lo que eres, y si debo romper las reglas lo haré, sin importar cuánto tiempo lleve, y a cambio tú tendrás que demostrar que lo mereces. Pero créeme, eres alguien por quien vale la pena apostar, o al menos así lo creo.

    Rainbow escuchó todo eso con atención, aunque con una mirada enojada y orgullosa, sin embargo, de nuevo sabía que en parte tenía razón el presidente, no había sido capaz de darse a sí mismo una respuesta al porqué de su viaje más allá de que podía hacerlo, y en el fondo le estuvo agradecido al presidente por ayudarlo tanto a pesar de su actitud, y la poca esperanza de que su apoyo valiera la pena. Con serenidad, volteó a ver el sol que poco a poco se ponía tras el enorme monte Plateado, el cual se veía desde su posición.

    —Creo que debería ir a inscribirme —dijo calmadamente.

    —Sí, las inscripciones cerrarán dentro de un rato —contestó el presidente.

    Rainbow comenzó a irse de ese lugar, dejando solo al presidente. Pero un momento después, se detuvo y lo miró desafiantemente.

    —Sólo una cosa más, señor presidente —le dijo con voz segura—, no necesito cambiar.

    El presidente lo miró con algo de severidad, pero no dijo nada. Rainbow inmediatamente se fue de ahí.

    No entendía por qué le había dicho eso, quizás quería dar la imagen de que, sin importar que lo que le dijeran fuera algo bueno para él, él tenía la última palabra cuando se trataba de él mismo. Se sintió cansado de que todos quisieran cambiarlo de algún modo, o al menos esperar su cambio. Pero la única persona que siempre lo aceptó como era ya no estaba con él. Inconscientemente, apretó en su mochila el lugar donde se encontraba aquella libreta, y recordó una vez más.

    Ya salido el sol, Rainbow se preparó para dejar la cabaña de los hermanos semanales, y dirigirse al norte a entrenar los días faltantes para la liga, ya con Togepi dentro de su pokéball. Era tan temprano que los demás hermanos no se habían levantado siquiera, solamente Luna estaba ahí para despedirlo.

    —¿Seguro que quieres irte ahora? —preguntó preocupada.

    Rainbow observó tristemente el bosque. Luna le había dicho que Aurora se había ido por causas relacionadas a su investigación, pero ni ella misma creyó que Rainbow se lo tragara.

    —Sí, será mejor que no pierda el tiempo —contestó sin mirarla a los ojos.

    —Espera un momento, Rainbow —interrumpió Luna, y de inmediato le entregó una libreta, la cual Rainbow tomó, y en ella reconoció la letra de Aurora—, se le olvidó cuando se fue, creo que será mejor que tú la tengas.

    Rainbow observó la libreta y la ojeó, en su interior contenía la información de aquellos documentos que le había prestado durante el camino, acerca de aquellas aves legendarias y el pokémon del tiempo. Sonrió un poco al cruzarle la idea de que tal vez la había dejado a propósito para él, pero esa sonrisa se volvió una cara triste, que intentaba retener a toda costa las lágrimas, pero al no poder retenerlas se volteó, dándole la espalda a Luna, y sin poder evitarlo comenzó a sollozar levemente.

    Al verlo de ese modo, Luna se sintió bastante mal, después de todo, en parte era su culpa que se hubiera ido, y lo que menos hubiera querido era lastimar a Rainbow. Se le acercó entonces un poco por detrás.

    —Lo siento, Rainbow —dijo con voz un poco lastimera.

    —No pasa nada —respondió levantando un poco la cabeza, tratando de controlarse—, siempre ha sido así, y estoy seguro que nos volveremos a encontrar en otro momento… y cuando eso suceda, como siempre, nos encontraremos con un… abrazo.

    Esa última palabra tardó un poco en salir de su boca, con la voz un tanto temblorosa. Al verlo así de triste, Luna no pudo evitar acercársele más, y sin decir nada lo abrazó por la espalda. La diferencia de estatura era un poco notable, siendo ella mayor, pero eso no le importaba en absoluto. Rainbow se quedó paralizado al sentirla de ese modo, y muy incómodo también.

    —Pero en caso de que no la encuentres… yo estoy aquí —dijo con ternura.

    Sin ánimos para lidiar con eso, todavía triste por lo de Aurora, Rainbow ordenó a Xatu usar teletransportación, y de ese modo, se teletransportaron de sus brazos hacia otro lugar del bosque lejos de ahí, dejando a Luna desconcertada.

    —Algún día, Rainbow —dijo en voz baja, con una leve sonrisa en el rostro.



    Sin embargo, ese no era el momento para ponerse tristes, se estaba dirigiendo directamente hacia inscribirse a la liga pokémon, y ese pensamiento poco a poco comenzó a nublar todos sus demás recuerdos, olvidándose de todo lo triste, y concentrándose en su entrenamiento, en todas las aventuras que había vivido, pero sobre todo, que él era el entrenador definitivo, y que iba a darles a todos una paliza monumental para ahogar sus penas. Pensando eso, volvió a sonreír con una gran arrogancia, como no lo había hecho en mucho tiempo.



    —Bienvenido a la liga pokémon… —dijo la recepcionista, pero en seguida se interrumpió con una exclamación al ver al chico que tenía ante ella.

    Era el turno de Rainbow para inscribirse, y para hacerlo, se había puesto ese enorme antifaz azul que había comprado en ciudad Iris hacía ya tiempo. Era verdaderamente hilarante verlo sonreír de oreja a oreja con ese antifaz tan brillante, lleno de escarcha y estrellitas con ridículas sonrisitas, tomando en cuenta que el resto de su ropa era la de siempre, lo cual lo hacía todo mucho más contrastante, hasta el límite de lo ridículo.

    —Quiero registrarme para concursar —habló con gran arrogancia—, ya verá cómo todos se arrodillan ante mi maestría —añadió riéndose en voz alta.

    La recepcionista se sintió muy incómoda ante aquel desconcertante entrenador, pero continuó con su amable sonrisa.


    —Desde luego, ¿cómo te llamas? —preguntó nerviosa.


    Continuará...


    Última oportunidad para proponer un nombre, no tengan miedo, simplemente golpéense la cabeza contra un muro mientras piensan en la palabra Rainbow una y otra vez, luego, cuando todo rastro de originalidad haya sido embarrado contra la pared, digan el primer nombre que se les ocurra.


     
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    Golda

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    Ho-oh es el nombre xD. Es el pokémon arco iris, como Rainbow, y tiene los documentos de Aurora que hablan sobre él.

    Sublime el capítulo. Me ha dado mucha pena la marcha de Aurora y como se queda Rainbow, pero sé que lo encaminarás todo hacia un genial reencuentro. Y le estoy cogiendo un poquito de tirria a Luna :/

    Por cierto, viendo (y recordando) que a Rainbow le gusta el anonimato...y ahora que estoy jugando otra vez la edición Esmeralda...me acuerdo de ciertos reporteros muy pesados que salen algunas veces en el juego...no quiero decir nada, pero lo digo todo xD.
     
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    Paralelo

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    Capítulo 55: Vs. Will.
    “ese sólo era un payaso”
    Rainbow




    La liga pokémon finalmente había comenzado. Al terminar la ceremonia de inauguración, en la cual los aficionados sin contemplaciones lanzaban sus gritos de aliento a los participantes, las imágenes en video de la competencia del año anterior eran mostradas en una pantalla gigante, conmemorando los mejores y más emocionantes momentos de las batallas de los campeones anteriores. Y adentro todo era júbilo y entusiasmo, la gente se olvidaba de sus problemas, de sus preocupaciones, las intrigas del mundo no eran del interés de nadie, dentro sólo había la emoción por ver a un nuevo campeón y la espectacular manera en la que conseguiría dicho puesto. Se veían desde los rostros emocionados de los jóvenes, a causa de la emoción de tener a alguien a quién admirar después de eso, alguien que, en el fondo de sus mentes, representaría un ejemplo a seguir y una meta a superar; pero también se veían los rostros analíticos y serios de los entrenadores más veteranos, los cuales observaban a los nuevos contendientes con ojos críticos.

    La gran pantalla comenzó a mostrar entonces fragmentos de la gran batalla que había tenido Rainbow hacía un año contra Janine, y entre aquellos que habían sido testigos de aquella batalla quedó la decepción de que tal campeón no se hiciera presente. Pero eso no era un problema para Rainbow, ya que, habiendo previsto aquello, se había provisto de aquel antifaz de colores chillones y diseño ridículo, en gran contraste con la máscara negra y sombría de hacía un año, también tomando la precaución de no salir al público portando su cinturón en forma de X, sino que limitándose a ponerlos en su cinturón y mochila, como el resto de los entrenadores. Mas si aun así no fuera suficiente para no ser reconocido, decidió en aquella ocasión adquirir una actitud mucho más ridícula y jocosa, tan opuesta a su actitud normal que, cualquiera que lo conociera, diría que no es él mismo, sino un niño ruidoso e inmaduro que no dejaba de sonreír estúpidamente a carcajadas por nada. Su nuevo alter ego era la más absoluta falta de seriedad posible, en cada batalla riéndose infantilmente de sus enemigos derrotados y haciendo chistes que a nadie hacían gracia.

    Pasó en esa actitud tan cansina la primera y la segunda ronda, siempre derrotando a sus oponentes pero sin olvidar que tenía que dejarse ganar de vez en cuando para no ser tan sospechoso, y eso sí, nunca olvidándose de representar su ridículo teatro, de ese modo la gente tendría esa imagen de campeón, y después, cuando fuere a otras regiones, nadie le hiciera resemblanza.

    Era ya el penúltimo día de la competencia y sólo quedaban cuatro participantes, Rainbow incluido obviamente, y en ese momento Rainbow esperaba su turno para luchar contra su siguiente oponente pensando algo curioso, su oponente sería un joven muy extraño, un chico que, por alguna razón, estaba vestido que asemejaba al de un bufón, con todo y antifaz, y su actitud durante la competencia había sido semejante a la suya.

    —Qué curioso —pensó Rainbow mientras esperaba a que anunciaran su nombre para salir—, otro que se ha puesto en el mismo plan que yo, ¿será que también quiere ocultar su verdadero yo?

    Mas en ese momento la pelea finalmente fue anunciada.

    —Y ahora dará comienzo la primera batalla para determinar al primero de los finalistas —anunció el cronista—, el primer contendiente, a la derecha, el entrenador Ruinboy…

    Diciendo eso, Rainbow se asomó por su salida, volviendo a su actitud teatral, y les sonrió a todos con una sonrisa de oreja a oreja, saludándolos efusivamente con la mano.

    —¡Gracias a todos, amigos! —exclamó con una voz exageradamente alegre.

    Y con una actitud típica de un niño que se siente súper estrella, caminó hacia la arena lanzándoles besos a todo el mundo, y al llegar a su lugar, siguió animándose a sí mismo. Mientras tanto, la gran pantalla mostraba fragmentos de sus victorias anteriores en esa liga, mientras la gente le animaba fuertemente.

    —¡Vamos, vamos, vamos, sí se puede…! —exclamaba infantilmente dando pequeños saltos.

    De tanto en tanto, observaba alrededor de reojo para verificar que la reacción que provocaba en la gente fuera la deseada.

    —Y del lado izquierdo, el entrenador Will* —anunció el cronista entonces.

    Hizo su aparición entonces el otro contendiente, aproximándose rápidamente con una mirada un tanto arrogante levemente ocultada por una máscara de bufón; asimismo, la pantalla mostraba los momentos de sus respectivas victorias. Una cosa interesante de este retador era que todas sus batallas las había logrado con sólo dos pokémon, en gran diferencia con el resto de los competidores cuyo límite era de tres por batalla.

    Al llegar a su posición, ambos entrenadores se encararon, Rainbow sin dejar si actitud infantil, y aunque Will se veía menos payaso a pesar de que sus vestimentas eran más de ese estilo, el efecto en general era bastante curioso para la tribuna.

    —Hola, Will, yo soy Ruinboy, te deseo mucha suerte —dijo alegremente Rainbow con esa actitud tan infantil, aunque internamente se sintió algo asqueado por eso.

    —Suerte a ti también, Ruinboy —le contestó Will con una leve risa.

    —¿Estás seguro que sólo vas a usar dos pokémon? —preguntó Rainbow fingiendo una exagerada preocupación.

    —Mejor preocúpate de los tuyos —contestó Will con una sonrisa arrogante.

    —Ambos competidores, ¿listos para comenzar? —preguntó el réferi.

    —¡Pues claro que sí! ¡Vamos, qué comience, qué comience! —exclamó ridículamente Rainbow dando leves saltos.

    Siguiendo su costumbre de utilizar a todos sus pokémon al menos una vez también durante la liga, Rainbow sacó a Hitmontop, uno de los que no habían luchado todavía. Will sonrió al ver eso, y de inmediato sacó a un Xatu.


    En una parte de la tribuna, los hermanos semanales observaban el evento. De antemano Rainbow les había contado acerca de lo que planeaba hacer para que no fuera reconocido, y con entusiasmo, aunque también con algo de pena, lo animaban con su nombre ficticio.

    —Ha escogido un pokémon de tipo lucha para combatir a un tipo psíquico —dijo Marta—, deberá planear una buena estrategia para ganar.

    —De seguro tiene alguna sorpresa planeada —contestó Vicky.

    —Pues yo no estoy del todo seguro —dijo Domingo algo preocupado—, aunque sea un buen entrenador hay que tener cuidado para combatir con desventaja.

    —Sí lo logrará —interrumpió Luna con seguridad, la cual observaba todo entusiasmada.

    Esa actitud entusiasta puso algo nerviosos a sus hermanos, pero decidieron mejor no decirle nada.


    No había tampoco tiempo para conversar, pues rápidamente, sonó la alarma y la batalla comenzó.

    —¡Xatu, Psíquico! —ordenó Will.

    —¡Esquiva, Hitmontop! —ordenó Rainbow efusivamente antes de que el ataque le afectara—, ¡Ahora Triplepatada!

    Antes de que pudiera ordenar algo, el Xatu de Will recibió las tres patadas del ataque, pero no se detuvo ahí sino que siguió girando más y más aumentando su potencia, aunque cada ataque no le hacía mucho daño.

    —¡Confusión! —ordenó Will.

    El ataque hizo que Hitmontop saliera disparado hacia atrás, terminando con su ataque de patadas. La gran resistencia de Hitmontop ante los ataques fuertes contra él hizo que no recibiera tanto daño, observando arrogante a su enemigo.

    Viendo Will que, a pesar de todo, su Xatu había recibido sorprendentemente una gran cantidad de daño, y que si no eludía a un pokémon tan rápido otros dos ataques de esos podían acabar con él, decidió usar una estrategia más segura.

    —Xatu, Conjuro —ordenó entonces.

    El pokémon ejecutó el movimiento, envolviéndose por unos segundos en un aura morada, quedando de ese modo protegido durante un rato de golpes críticos.

    —Ahora, Píquico —ordenó de nuevo.

    Pero antes de que el ataque tocara a Hitmontop, éste de nuevo lo eludió y atacó otra vez con aquella Triplepatada, pero con más fuerza y velocidad. Para sorpresa de Will, a pesar de tener el Conjuro activo, la fuerza de los golpes de Hitmontop no disminuía.

    —Teletranspórtate —ordenó antes de que fuera muy tarde.

    Entonces el pokémon se teletransportó a cierta distancia de ahí, al otro lado de la arena, viéndose claramente cansado.

    —Parece ser que el Conjuro no sirve para que Hitmontop deje de efectuar ataques críticos —comentó Miguel—, ese debe ser otro de los trucos que Rainbow ha logrado.

    —¿Anular los efectos de los ataques especiales? —preguntó Josué.

    —Exacto, de ese modo prácticamente anula cualquier fortaleza del enemigo —contestó Miguel.

    Mientras tanto, Rainbow le sonreía amigablemente a Will con inocencia.

    —¿Qué sucede? ¿Te comió la lengua el Meowth? —se burló infantilmente.

    Sin perder la calma, Will lo miró sonriendo.

    —Interesante habilidad, Ruinboy, se ve que has tenido que entrenar de un modo muy especial a tu Hitmontop —le dijo con sospecha.

    El tono en el que dijo esas palabras desconcertó un poco a Rainbow, de algún modo, sonaba como si lo Will lo conociera, y por un momento lo miró con seriedad, observando su máscara de bufón y su actitud un tanto burlesca.

    —Tal vez —respondió inocentemente, volviendo a su teatro—, pero eso no es nada, ¡Hitmontop, Patada giro! —ordenó.

    Conociendo la fuerza de ese pokémon, sobre todo sabiendo que superaba su natural debilidad al tipo psíquico, Will usó una estrategia más defensiva.

    —¡Xatu, Teletransportación! —ordenó rápidamente.

    El ataque hizo que eludiera por poco al pokémon de lucha, transportándolo al otro lado de la arena.

    —Persíguelo hasta que le des —ordenó Rainbow.

    De ese modo, Hitmontop comenzó a perseguir rápidamente al Xatu por toda la arena, teletransportándose éste cada vez que estaba a punto de ser golpeado, y parecía que la fuerza de Hitmontop aumentaba con cada revolución que daba.

    —Si lo toca una vez más es todo —exclamó Sabino emocionado.

    —Pero se me hace muy sospechoso que sólo se dedique a esquivar —observó Marta.

    Desde la tribuna, observaron como ambos pokémon iban de un lado al otro, y a Hitmontop, que si bien cada vez su fuerza aumentaba, tantos giros acabarían por cansarlo.

    —Así que eso es lo que planea ese rival —observó Miguel—, mientras siga esquivándolo estará a salvo, si lo logran atacar habrá perdido, pero si logra esperar a que Hitmontop se canse le será fácil contraatacar.


    Mas Rainbow no parecía darse cuenta de eso, sino que infantilmente animaba a su pokémon a que girara cada vez más y más rápido. Eventualmente la velocidad de sus giros comenzó a disminuir y a perder fuerza, viéndolo Will como el momento para atacar.

    —¡Ahora Psicorrayo, con todas tus fuerzas! —ordenó fuertemente.

    El cansado y mareado Hitmontop no logró esquivar el potente ataque psíquico, saliendo disparado de nuevo por el aire. Hubo una exclamación general en el público, y todos creyeron que tal fuerza iba a acabar con el pokémon tipo lucha; pero a pesar de todo, Rainbow aún continuaba como si nada, sólo que en ese momento una leve sonrisa malévola surcó su rostro.

    —¡Giro bola! —ordenó potentemente mientras Hitmontop aún estaba en el aire.

    Sacando fuerzas después del ataque recibido, Hitmontop sorprendentemente efectuó el movimiento en el aire, y cayó poderosamente sobre su contrincante, cuyo entrenador se sorprendió demasiado para ordenarle que se apartara. La sorpresa fue aún mayor al ver que el Xatu estaba debilitado, a pesar de que Hitmontop era un pokémon de gran velocidad, lo que normalmente habría hecho poco efectivo el ataque.

    —Esa fue una sorpresa —exclamó Vicky al ver aquello.

    —Es otra de sus estrategias —continuó Miguel—, lograr que las limitantes de los ataques sean anuladas.

    —Pero para eso él tendría que disminuir a voluntad la velocidad de Hitmontop para hacer al movimiento más efectivo —observó impresionado Josué—, ¿es posible lograr eso de algún modo?

    Luna no decía nada, sólo lo contemplaba con admiración.


    Mientras tanto, todos esperaban a que Will sacara a su siguiente pokémon, el cual no dejaba de sonreír burlonamente.

    —Me rindo —contestó en voz baja.

    —¿Qué? —preguntó Rainbow sorprendido.

    Will alzó levemente la mirada, sin borrar esa sonrisa de su cara.

    —He dicho que me rindo —contestó en voz alta.

    La sorpresa fue general en todo el estadio, y los murmullos y cuchicheos inundaron todo el lugar, hablando cosas sobre aquel entrenador que se rendía.

    —¿Estás bromeando, verdad? —preguntó Rainbow enojado, olvidándose de su teatro— Todavía te queda un pokémon, ¿qué demonios haces?

    Will regresó a su Xatu y comenzó a retirarse de ahí, pero un momento después lo volteó a ver.

    —Impresionantes habilidades, “Ruinboy” —contestó haciendo especial énfasis de comillas con sus dedos.

    Ese gesto preocupó a Rainbow por un momento, se preguntaba qué sucedía con ese payaso tan extraño, y con algo de consternación, lo observó irse por donde vino.

    —Ya que el entrenador Will se ha rendido, el ganador del encuentro y primer contendiente para la final es el entrenador Ruinboy —anunció el cronista.

    Las exclamaciones en el estadio estuvieron algo divididas, por un lado no les gustaba que el otro se hubiera rendido después de perder una vez. Incluso los hermanos semanales parecían inconformes con eso. Pero por otro lado, todos felicitaban a Rainbow por su victoria, aunque él no podía dejar de preguntarse por qué se había rendido así de la nada.

    —¡Eso fue muy fácil! —exclamó alegremente acompañándose de una risa, pues tenía que regresar a su actitud inicial.

    De ese modo tan poco habitual, el combate terminó y Rainbow salió de la arena, dando saltitos infantiles y enviándoles saludos a la gente, la cual no terminaba de sentirse algo avergonzada de aquella actitud.


    Con el ánimo de la batalla un poco más calmado, todos se prepararon para el siguiente encuentro para seleccionar al segundo finalista, una batalla entre una chica llamada Karen y un entrenador Guay.

    Desde una de las salas, Rainbow observaba la batalla en un televisor, viendo como aquella chica de cabello rubio, y mirada algo coqueta y maliciosa, derrotaba a un Girafarig con el Lanzallamas de su Houndoom, declarándola la ganadora, y por consiguiente su última contendiente en la liga pokémon. Pero a pesar de eso, no podía dejar de pensar en Will, y en su repentina decisión de rendirse.

    —Tal vez lo asusté mucho —pensó con arrogancia—, creo que debo ser más bondadoso, o si no haré que esa chica también se rinda… pero, ¿por qué parecía como si supiera quién soy? —se preguntó recordando aquel gesto de comillas que hizo con las manos antes de irse.

    Sabía que no era alguien a quién hubiera visto en algún punto de su aventura en Johto, pero algo en él, no sabía si su ropa, o su actitud, le parecían familiar de algún modo.

    —Pues sea lo que sea… —dijo como si nada—, ese sólo era un payaso.

    Diciendo eso, se retiró del lugar directamente a su dormitorio, queriendo evitar a los hermanos semanales que, seguramente, lo irían a buscar para felicitarlo, y demás cosas para las que no tenía ganas después de tener que actuar como un niño idiota toda la batalla.



    Un rato después de que el estadio se vaciara, aquella chica, Karen, se había quedado un rato más contemplando el lugar, aunque en su mirada se veía que el estadio era lo menos interesante para ella. Entonces escuchó unos pasos detrás de ella, y al voltear a ver observó a Will, quien le sonreía con esa sonrisa malévola, ella le devolvió la misma sonrisa.

    —Interesante tu batalla, Will —le dijo Karen con arrogancia.

    —Hice lo que tenía que hacer —contestó Will acercándose con una actitud un poco desinteresada—, ese chico en serio tiene una habilidad especial…

    —Y estoy segura de que no lo ha mostrado todo —interrumpió Karen.

    —¿Crees que el jefe tenga problemas con él? —preguntó Will.

    Karen rió en voz baja por un momento, con un semblante malvado.

    —Eso quisiera averiguar —respondió.



    Continuará...

    *En los videojuegos Will se llama Mento.
     
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    ¡Por fin! Tenía muchísimas ganas de ver al fin el combate de la Liga, la curiosidad por saber quienes serían los oponentes de Rainbow me mataba. Claro, no pensé en Will y en Karen, de hecho esperaba encontrarlos junto a Máscara de hielo en el final. En fin, la batalla me ha resultado interesante aunque... corta. Después de todo, se rindió. Creo que eso molestó más a Rainbow que si hubiese perdido.
    ¡Oh! Al final usaste el nombre que yo te dije, Ruinboy. Realmente, nunca me esperé esa actitud de Rainbow, ni siquiera para fingir. Se me hace tan... raro. Es de hecho algo hasta... incómodo (?). Me da más miedo actuando así que con su actitud normal.
    En fin, esperaré con ganas la batalla contra Karen y el final de esta segunda entrega. ¡Y ganas tengo también de ver al fin "Pokémon Rainbow: Hoenn"! Tengo una idea de qué quince pokémon usará allá Rainbow. ¿Acertaré?
    Bueno, como siempre genial, no vi fallos de ortografía, tan solo un detalle:



    —Y ahora dará comienzo la primera batalla para determinar al primero de los finalistas —anunció el cronista—, el primer contendiente, a la derecha, el entrenador Ruinboy…



    —Y del lado derecho, el entrenador Will* —anunció el cronista entonces.




    Pues eso, que has dicho las dos veces que están en el lado derecho. Ah, y pusiste "videojugos" al final.
    Por lo demás, impecable.
    Un saludo, ¡y sigue escribiendo!

    GL
     
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    Paralelo

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    ...Continuando

    Capítulo 56: Vs. Karen.
    “rendirse es jugar sucio en la vida”
    Rainbow





    La multitud ovacionaba con entusiasmo a los dos contendientes que se preparaban para luchar. Encarados el uno frente al otro, Rainbow examinó a la chica que, con una mirada pícara y sonriente, lo observaba desafiante. La gran pantalla del estadio mostraba imágenes de sus batallas anteriores, acompañada por el ruidoso sonido de los aficionados reunidos ahí.

    —Damas y caballeros, el combate final de la liga pokémon de este año está a punto de comenzar —anunciaron el presentador por el micrófono—, hemos visto muchas y emocionantes batallas, pero esta batalla es la decisiva, sólo uno de nuestros contendientes se alzará con el título de campeón… del lado izquierdo, la entrenadora Karen.

    Ésta se mostró bastante indiferente a los gritos de la muchedumbre que la animaba.

    —… y del lado derecho, el entrenador Ruinboy —continuó el presentador.

    Rainbow saludó efusivamente a la gente con aquella actitud infantil tan fingida.

    —¡Gracias a todos! —agradeció a viva voz, aunque por dentro se moría de vergüenza.

    Desde sus asientos en la tribuna, los hermanos semanales también lo animaban, y en diversas ciudades de todo Johto la gente sintonizaba el evento por televisión o radio, esperando con emoción la gran batalla.

    Rainbow seguía sumido en su ridículo papel, pero Karen parecía mirarlo con sospecha.

    —¿No te has cansado de andar fingiendo? —le preguntó de repente.

    Rainbow se sorprendió por un momento, y algo nervioso miró a aquella chica.

    —¿Pero qué demonios dices? —contestó alegremente lanzando una jocosa risa, la cual se escuchó un tanto nerviosa— Así es como yo siempre soy

    —Yo no lo creo —contestó Karen con seguridad.

    Eso preocupó a Rainbow, ya que, al igual que con Will, ella era una persona a la que no conocía, o al menos no recordaba haberla visto. Sin embargo, se reservó la discusión para otro momento, puesto que era momento de la batalla y no podía permitirse descuidar su teatro.

    —¡Qué chica tan rara! —exclamó con una ridícula actitud— Lo que pasa es que tienes miedo de mí, ¿verdad? —continuó mientras, infantilmente, daba unos saltitos en su sitio apuntándola con el dedo índice.

    Ésta sólo lo miró con soberbia, quitándose el cabello de la cara con un movimiento de su cuello. A través de su disfraz, Rainbow la miró tratando de no demostrar su inquietud.

    —Ambos oponentes, liberen a su primer pokémon —ordenó el réferi.

    De inmediato, Rainbow liberó a Ledian, pero Karen no parecía apurada por hacerlo.

    —¿Ocurre algún problema, señorita? —preguntó el réferi.

    —Si no es mucha molestia, me gustaría que pudiéramos usar a todos nuestros pokémon de una vez —contestó mirando a Rainbow con malicia.

    Tal petición fue una sorpresa para todos los ahí reunidos, ya que las peleas siempre habían sido de uno contra uno.

    —¿Esa chica quiere una batalla triple? —preguntó Marta sorprendida.

    —Así parece —contestó Miguel con interés—, al parecer esta batalla será mucho más interesante que las anteriores.

    —Y probablemente sea también bastante corta —continuó Vicky—, si Rainbow lucha con tres pokémon supongo que será también más fuerte.


    Mientras la gente hablaba en el estadio, el réferi consultó con el presidente de la asociación pokémon acerca de si era posible que las reglas lo permitieran, ya que no había regla en contra de batallas múltiples hasta entonces, pero hasta entonces nadie había pedido algo similar. Un momento después regresó.

    —Al parecer no hay problema alguno con que sea una batalla triple —le dijo a Karen—, así que puedo permitirlo.

    —Eso está muy bien —contestó Karen mientras fríamente liberaba a sus tres pokémon, un Umbreon, un Murkrow, y un Houndoom.

    Esa era la primera vez que Rainbow tenía una batalla triple oficial, y tal novedad le hizo sonreír con su particular sonrisa maliciosa, lo cual Karen notó a pesar de la distancia.

    —En ese caso, ¡ahí va el resto! —exclamó Rainbow liberando a Ampharos y a Delibird, los cuales se posicionaron frente a él, encarando a los rivales.

    Entonces la alarma para comenzar sonó, y Rainbow inició su cronómetro al mismo tiempo.

    —Umbreon, Ataque rápido, Murkrow, Ataque ala, y Houndoom, Lanzallamas —ordenó Karen de inmediato.

    —¡Esquiven, y luego, combinación A1! —ordenó.

    Entonces, al eludir los ataques los tres pokémon, atacó Ledian con Megapuño a Umbreon, Ampharos a Murkrow con Puño trueno, y Delibird a Houndoom con Presente, el cual explotó al hacer contacto con él. Si bien los movimientos no fueron muy contundentes, fueron los suficientemente fuertes para hacerlos retroceder un poco.

    —¿Combinación A1? ¿Qué se supone que es eso? —preguntó Josué intrigado.

    —No tengo idea —respondió Miguel—, debe ser algo nuevo…

    Tras haber efectuado aquel contra ataque, Rainbow continuó comportándose con su actitud inmadura.

    —¿Qué te pareció eso? A que no te esperabas algo como ese contra ataque, ¿verdad? —se burló de ella infantilmente.

    Karen no se dejó intimidar.

    —Ataquen de nuevo, pero a toda velocidad —volvió a ordenar.

    Una vez más, sus pokémon se apresuraron a realizar los ataques.

    —¡Combinación A2! —ordenó Rainbow enérgicamente.

    Esta vez, al eludir los ataques, Ledian atacó con Puño cometa, Ampharos con Golpe cuerpo, y Delibird con Rayo hielo a los mismos pokémon. Pero todavía no les hicieron gran daño con aquellos ataques, retrocediendo una vez más.

    —Ahora es combinación A2 —observó Domingo—, debe ser una especie de código secreto.

    —Es lo más probable —contestó Luna con orgullo—, se pierde mucho menos tiempo así que ordenar los tres ataques a la vez.


    La tribuna esperaba con impaciencia para ver quién de los dos haría el siguiente movimiento, puesto que ambos entrenadores igual permanecían inmóviles, esperando Karen que Rainbow atacara primero, viendo que si ella atacaba directamente él haría un contra ataque similar.

    —¿Por qué no atacas? —preguntó ella al ver que Rainbow no ordenaba nada.

    Rainbow la miró con una sonrisa maliciosa.

    —¿Para qué? ¿No te gusta este juego de atacar y ser contra atacada? —preguntó alegremente— Hasta ahora sólo he estado yendo despacio, pero si me obligas a ir por ti esta pelea acabará de inmediato —continuó con entusiasmo.

    Viendo Karen que no pensaba Rainbow hacer un ataque directo, decidió hacer lo que mejor saben hacer los expertos en pokémon de tipo siniestro.

    —Pues si no haces nada… ¡voy a tener que jugar sucio! —exclamó fuertemente.

    Entonces, sus pokémon atacaron con Juego sucio, el cual los pokémon de Rainbow esquivaron por instinto, pero los pokémon de Karen no dejaron de atacarlos.

    —Combinación A3 —ordenó Rainbow con algo de seriedad.

    —Vendetta —ordenó Karen antes de que los pokémon de Rainbow efectuaran sus ataques.

    Con la Vendetta, los pokémon de Rainbow recibieron algo de daño al atacar éstos antes.

    —Ahora Juego sucio otra vez —ordenó inmediatamente.

    Esta vez, Ledian no logró esquivar el movimiento, recibiendo un golpe contundente potenciado por sus grandes estadísticas en el ataque, quedando bastante lastimada.

    —Ese Juego sucio puede ser un problema si los pokémon de Rainbow tienen un ataque muy potente —observó Miguel.

    —Es como si el poder de sus pokémon se regresara a ellos mismos —observó Vicky algo inquieta.

    Karen no perdió el tiempo, y continuó ordenando a sus pokémon usar Juego sucio por un rato, combinándolo ocasionalmente con otros ataques como Tajo umbrío o Buena baza, provocando algo de daño en los pokémon de Rainbow, mas éste parecía estar pensando en otra cosa.

    Mientras tanto, el profesor Elm observaba la lucha por televisión.

    —Es muy extraño —se dijo al ver lo que ocurría—, su alto ataque en este caso es su debilidad… ¿pero por qué no lo aprovecha para atacar?

    Los hermanos semanales, y más gente en el estadio, se preguntaban lo mismo, ¿por qué Rainbow no simplemente hacía un contra ataque más poderoso? Con la fuerza de sus pokémon en unos pocos turnos acabaría todo, sólo teniendo que eludir sus ataques para no ser debilitados por el Juego sucio. Pero no, Rainbow meditaba algo con inquietud, y observó más detalladamente a su contrincante, bajando la mirada con un rostro sombrío, como si se acabara de dar cuenta de algo muy importante.

    —Así que Juego sucio… —murmuró en voz baja apretando el puño.

    Miró entonces a Karen con malicia, una auténtica expresión maniática, totalmente olvidándose de la actitud que debía fingir para el resto del mundo.

    Hacía un momento que los pokémon se habían detenido, los pokémon de Rainbow estaban algo cansados después de sólo limitarse a esquivar mientras su entrenador parecía haber tenido una revelación transcendental, la cual lo hacía sonreír malévolo como si estuviera en frente de una criminal que tanto odiara.

    —¿Por qué ahora ni siquiera contra atacas? —preguntó Karen desafiante— ¿No te das cuenta de que así tus pokémon estarán a punto de debilitarse si no les ordenas nada?

    A través del antifaz, Rainbow le clavó una severa mirada, sintiéndose ésta algo asustada por eso.

    —Podría fácilmente ordenarles un ataque combinado a los tres —contestó con dureza, pero una actitud muy tranquila—, quizás un Trueno combinado con Zumbido y Ventisca… ¿te imaginas eso? Un viento congelante cargado de electricidad acompañado de un potente ataque sónico, todo eso al mismo tiempo sería fatal… pero creo que hoy mejor iré por lo difícil…

    Diciendo eso, su rostro se puso mucho más serio y concentrado, entonces ya no dijo nada más, y cerró los ojos con fuerza. Sus pokémon también se tranquilizaron poco a poco, uniéndose a su entrenador en su concentración.

    La duda comenzó a inquietar a todos, nadie tenía previsto qué es lo que iba a hacer aquel chico que se negaba a atacar por alguna razón que nadie conocía, y también se preguntaban por qué su actitud había cambiado tan de repente. Incluso el profesor Elm, desde pueblo Primavera, estaba inquieto ante lo que fuera a pasar. El cronómetro indicaba 6:00.


    Tras esperar unos instantes, Karen se cansó de esperar, y decidió terminar de una vez dado que ninguno de sus pokémon parecía preparado para contra atacar.

    —Ya es suficiente, ¡otra vez Juego sucio, con todas sus fuerzas! —ordenó.

    Los tres pokémon rápidamente se apresuraron a atacar con todas sus fuerzas, y todo el público tragó saliva al ver que los pokémon de Rainbow no se molestaban en eludirlos, sino que los recibieron como si nada.

    Pero grande fue la sorpresa cuando los pokémon de Rainbow, permanecieron inmóviles a pesar de tan potentes ataques, que debían ser mucho peor a causa del gran nivel de ataque de ellos, pero los resistieron casi sin ningún problema. Karen también miró como esos pokémon encaraban a los suyos como si no hubieran recibido daño alguno.

    —¿Qué sucedió ahora? —preguntó Sabino— El Juego sucio antes era efectivo contra ellos, ¿por qué ya no?

    —El Juego sucio toma como base el ataque del oponente —contestó Miguel—, ¿qué tan bajo debe ser el ataque de un pokémon para que ese ataque no surta apenas efecto?

    —Cero —contestó Luna, mirando contenta a Rainbow.

    Éste abrió los ojos lentamente al ocurrir aquello, y a sus oídos llegaban los murmullos de la gente que se preguntaba como un ataque que antes había sido muy efectivo contra él, de repente no servía de nada.

    En uno de los lugares más alejados de la tribuna, Will observaba todo el combate, y puso especial atención a ese momento.

    —Así que hizo algo como eso de nuevo —murmuró algo inquieto—, no creo que esta pelea dure mucho más…

    Sin embargo, por alguna razón, Karen se veía enojada, mas no tanto impresionada por aquello.

    —¿Qué fue lo que hiciste? —preguntó algo molesta.

    —Me fui por el camino difícil, así tal vez aprendas a no ser tan sucia —contestó con arrogancia.

    Entonces, de repente, Ampharos comenzó a brillar fuertemente, cada vez más y más, y varios rayos comenzaron a rodear su cuerpo sonando un fuerte sonido de electricidad; Delibird comenzó a generar una densa nube helada alrededor de él, tan fría que hasta la gente cerca de la arena comenzó a sentir el frío; y Ledian comenzó a emitir un extraño ruido de su boca, que resultaba molesto a los oídos, y que parecía querer escapar de su boca. Estaban, respectivamente, preparando un Trueno, una Ventisca, y un Zumbido, inexplicablemente potenciados, y los pokémon de Rainbow se mostraron en todo su esplendor amenazante, alterando bastante a la gente que presenciaba el evento.

    Incluso Karen no se esperaba todo eso, y se veía muy peligroso enviar a sus pokémon a atacar.

    —¿Y ahora qué será eso? —preguntó Vicky con algo de miedo— ¿De dónde ha salido todo ese poder?

    —Si lo que dice luna es verdad, y Rainbow redujo todo su ataque a cero… esa experiencia debió haber ido a alguna parte —contestó Josué.

    —Al ataque especial —contestó Luna ilusionada.

    Sus hermanos la miraron desconcertados, si eso era verdad, entonces aquellos pokémon habían sacrificado todo su ataque por incrementar su ataque especial, quedando de esa manera unos ataques que, de efectuarse al mismo tiempo, serían prácticamente letales.

    Will miraba todo a lo lejos sorprendido, pues eso no era comparable a lo ocurrido durante su pelea.

    —¿Sabes una cosa? —dijo Rainbow engreídamente— Ahora ya estoy de humor para contra atacarte.

    Karen no estaba segura de qué hacer, con ese nivel de ataque especial un ataque combinado acabaría con ella, y aunque les lograra hacer algún daño éste no sería suficiente y de todos modos la contra atacaría. Aún si planeaba alguna estrategia usando ataques de tipo siniestro sólo era cuestión de tiempo para que los pokémon de Rainbow atacaran, simple y sencillamente no podía contra esa combinación que Rainbow estaba preparando. A lo lejos, divisó a Will entre la tribuna, y éste la miró seriamente, dando a entender que ya era suficiente.

    —Me rindo —dijo Karen sorpresivamente.

    Rainbow la miró con sorpresa, y con una tremenda contrariedad.

    —Réferi, dije que me rindo, ya detenga la pelea —dijo con indiferencia, como si de nada se tratara.

    Por un momento, el réferi quedó confundido, pero de inmediato ordenó que sonara la alarma. Por instinto, Rainbow detuvo su cronómetro y sus pokémon se comenzaron a calmar hasta que su actitud amenazante desapareció.

    —La entrenadora Karen se ha rendido —anunció el réferi—, por lo tanto, el vencedor del combate, y nuevo campeón de la liga pokémon, es el entrenador Ruinboy.

    Por un momento hubo un silencio general, pues la contrariedad de que, de nuevo, alguien se rindiera, era bastante decepcionante. Pero un momento después, quizás por reflejo, los aplausos de la gente comenzaron a salir, luego las exclamaciones, y poco a poco, hasta que el estadio completo estalló en emoción al ver que ya había un nuevo campeón, que si bien no había logrado efectuar el esperado ataque, logró al menos hacer que la oponente se rindiera.

    Rainbow no miraba ni saludaba a nadie como anteriormente lo había hecho al ganar un combate, ni siquiera por haber ganado el del campeonato, en lugar de eso, miró a Karen con enojo.

    La gente entonces comenzó a aclamar a Ruinboy, y Karen regresó a sus pokémon.

    —Ya nos veremos luego —se despidió de él con una sonrisa arrogante, y se dio la vuelta con una actitud indiferente, comenzando a caminar hacia la salida.

    Rainbow apretó su cronómetro con bastante rabia, ganar un campeonato por rendición no le pareció una victoria muy honrosa.

    —8:30 es lo que duró —murmuró entre dientes—, aunque haya perdido, rendirse es jugar sucio en la vida —añadió alzando la mirada antes de que Karen saliera de su vista.

    Rápidamente, regresó a sus pokémon y salió de la arena, ya sin su patético teatro de niño ridículo, sino que, con paso enojado y apurado, se dirigió hacia su habitación evitando a la gente para que no lo molestara.


    Al llegar ahí, se sorprendió de ver que la habitación estaba abierta, y al entrar, vio sobre una silla una carta. Lentamente la tomó, y en la superficie del papel se encontraba escrito: “Para el campeón de la liga pokémon”. Y al darse cuenta de lo que era, sonrió con malicia.


    Continuará...
     
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    ¿Qué será? ¿De quién será? Puedo imaginármelo...

    Aparte de esto, simplemente me encantó la estrategia. Rainbow ha sido sorprendente, nunca imaginé que haría algo así... simplemente brillantw.

    En fin, otra vez campeón, y otra vez se irá pasando de todo. Así es "Ruinboy".

    Perdóname que no te escriba más, pero no sé porque, voy escribiendo con efecto retardado ; escribo cinco líneas y comienzan a aparecer las letras poco a poco, y tarda años en salir.... y es irritante. Así que mejor me despido. ¡Sigue escribiendo! GL
     
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    Pokémon Rainbow: Johto.
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    ...Continuando

    Capítulo 57: El último entrenamiento.

    “Ya veremos qué sucederá”

    Rainbow




    —Recientes reportes informan sobre las apariciones de un misterioso grupo en la región de Kanto —era lo que anunciaban los noticiarios por televisión, en algunos televisores de la meseta Añil—, según algunos rumores, este grupo criminal estaría realizando experimentos ilegales con los pokémon para razones desconocidas. Hay reportes de entrenadores cuyos pokémon han sido secuestrados por dicho grupo, y algunos de ellos, aseguran, habían cambiado radicalmente su personalidad en los casos en que los pokémon regresaran. El jefe de la policía de ciudad Azulona, declaró que los actos vandálicos que se han suscitado en varias partes de la región podrían estar relacionados con el Team Rocket, un grupo criminal que logró pasar desapercibido durante mucho tiempo, y hace más de un año se creyó desmantelado después de un ataque fallido a la oficinas centrales de Silph S.A, aunque el líder de dicho grupo nunca fue atrapado y su identidad sigue siendo desconocida. Se teme que, quizás, el Team Rocket haya sido restaurado, seguiremos informando.


    El televisor que anunciaba esa noticia fue de repente sintonizado en el canal que debía transmitir la clausura de la liga pokémon, en la que los aficionados, gritando de emoción, no podían esperar a que el nuevo campeón fuera oficialmente presentado.


    Sentado en una de las sillas de aquella sala, Rainbow, ya sin su máscara y con su cinturón de X, desconfiadamente fingía leer un periódico. Sabía que era el momento de escapar de ahí antes de que comenzara la ceremonia, para no tener que soportar el chasco que se llevarían todos al saber que, de nuevo, el campeón había huido.


    Aún algo temeroso de que alguien lo reconociera en todo el trayecto que le quedaba hacia la salida, el nuevo bicampeón se puso de pie, y comenzó a caminar con desconfianza hacia la salida.


    —Espera, muchacho —lo interrumpió un hombre mayor que lo había estado observando.


    Rainbow se detuvo en seco, y por un momento creyó que había sido reconocido.


    —¿No vas a ver la clausura? —preguntó extrañado— Todo el mundo está esperando para ver de nuevo al campeón Ruinboy.


    Al darse cuenta Rainbow de que no era más que alguien que se sorprendía de que alguien se fuera antes de la fiesta, suspiró aliviado.


    —No, gracias —contestó con arrogancia—, tengo cosas más importantes que hacer.


    Dicho eso, salió del edificio, apartando con confianza el periódico a un lado. Justamente al salir, pasó junto a un bote de basura, y como si nada tiró ahí el periódico. Pero un momento después de hacerlo, su mente reaccionó, y se dio cuenta que en aquella página que había estado fingiendo leer durante un rato había algo que le resultaba familiar. Extrañado por ese sentimiento que despertaba en su memoria regresó al papelero y sacó el periódico del interior, entonces se dio cuenta de lo que se trataba: era una noticia que cubría un combate pokémon en el gimnasio de ciudad Plateada, encargado del líder Brock. Al leer el nombre del ganador, y ver su fotografía, sonrió con extrañeza, y un raro sentimiento de perplejidad lo invadió.


    —“El joven entrenador, llamado Red, venció al líder Brock, ganando así la medalla Roca” —leyó desconcertado—, “un día antes, otro entrenador, llamado Green, también logró ganar la misma medalla…”


    Leído eso, no pudo evitar reír levemente. Recordó a aquellos niños que él se había encontrado, casi por accidente, y no pudo dejar de pensar en aquel giro extraño que el destino había hecho para ellos.


    Siguió caminando un rato más mientras seguía leyendo la noticia, riéndose con buena intención al enterarse de cómo el Onix de Brock había sido literalmente despedazado.


    —Yo lo aflojé un poquito —se rió con arrogancia—… bueno, dejemos ya de perder el tiempo —añadió dejando de leer de repente, y de inmediato sacó a Noctowl.


    —¡Rainbow! —exclamó una voz por detrás antes de que alzara vuelo.


    Al voltear, observó a los hermanos semanales, los cuales se acercaban a él a través del verde prado con prisa.


    —Menos mal que te alcanzamos antes de que te fueras —dijo Domingo al llegar.


    —Tu batalla estuvo excitante —exclamó Sabino—, es una lástima que la chica se rindiera.


    —Sí, es verdad, me quedé con ganas de ver aquel movimiento final —interrumpió Vicky.


    —¿Se puede saber qué es lo que quieren? —preguntó Rainbow fastidiado de que esos hermanos no pararan de hablar.


    Por un momento, todos quedaron en silencio, como si algo les diera vergüenza, pero casi de inmediato lo miraron con tranquilidad.


    —Felicidades por tu victoria —dijo Miguel con solemnidad—, en verdad es una lástima que no te quedes como campeón oficialmente.


    Los demás hermanos también lo felicitaron, pero Rainbow no sabía si sentirse avergonzado u orgulloso de eso, ya que eran las primeras personas con las que se había abierto tanto en todo su viaje, hasta el punto de contarles sobre su huída cada vez que ganara una liga. Miró por un momento al pequeño Sabino, y vio que, a pesar de que había fallado con su Sentret, en su mirada aún se veía la admiración que sentía por él, mirada que vio en casi todos los demás hermanos. Aquello le produjo un sentimiento que no pudo explicar, en el fondo, se sintió, de algún modo, honrado por aquella muestra de admiración, un sentimiento agradable y solemne, de que a pesar de que había renunciado a su puesto como campeón justo después de ganarlo, aún había gente que lo admirara. Se preguntó si así se sentía ser un campeón, y que quizás, aquellos siete hermanos pudieran ser cientos, o miles de personas, y el imaginar eso extrañamente no le produjo ganas de mirarlos con arrogancia y con la cabeza en alta, presumiendo de sus habilidades ni nada de eso, sino que bajó la cabeza con humildad, tratando de ocultar su incertidumbre.


    —Fue pan comido —respondió en voz baja, con un extraño gesto humilde.


    —Sabemos que tienes que irte —dijo entonces Marta—, irte a otras regiones y ganar en todas, es lo que el entrenador definitivo tiene que hacer.


    —Todos te deseamos suerte —dijo Josué—, donde sea que vayas.


    Rainbow los miró con tranquilidad, y hasta ese momento, no había pensado en realidad lo que aquellas personas habían significado para él en su viaje, salvando a unos, siendo salvando por otros, y con algunos de plano sin hacer nada importante, o hasta fallando, pero todos habían sido una experiencia en conjunto, una experiencia que, al final, había valido la pena en una extraña manera.


    —Gracias a ustedes, hermanos semanales —contestó con solemnidad.


    —Te esperaré, Rainbow —dijo Luna de repente, con mucha seguridad —aquí estaré cuando regreses, no importa cuánto tiempo pase.


    Sus hermanos se distanciaron emocionalmente de aquel asunto que no era de su incumbencia. Rainbow la miró algo sonrojado de vergüenza, recordando después de todo lo que había pasado por ella, y al igual que con el asunto del campeón a quien admiraban, no supo qué sentir ante una chica que no ocultaba abiertamente sus sentimientos por él. Se acomodó entonces sobre Noctowl con la cabeza baja.


    —Ya veremos qué sucederá —contestó Rainbow en voz baja y nerviosa.


    De inmediato, Noctowl alzó el vuelo, y los hermanos se despidieron vivazmente de él, mientras lo veían volar hacia el oeste con el bello cielo del día de fondo.


    Si lugar a dudas Rainbow había experimentado algo nuevo, algo que le habría encantado analizar mejor, desafortunadamente, otro asunto de mucha más importancia había surgido, algo que iba a requerir de toda su energía. Agarró de nuevo la carta que había encontrado en su habitación y la leyó de nuevo, en el interior de la nota estaba escrito: “Cima del monte Plateado, al medio día, dentro de tres días”. Al leer eso de nuevo, su lado asertivo salió de nuevo a flote, recordando lo que sabía que le esperaba en aquel lugar, algo que desde hacía mucho tiempo había deseado que sucediera. Con su sonrisa arrogante surcándole el rostro, se acercó hacia el enorme monte plateado, el cual a lo lejos se imponía con su blanca y hercúlea figura como la montaña más alta de Johto.




    El clima comenzó a hacerse más y más frío conforme uno se acercaba a la montaña, el camino no era muy largo, pero sí era algo difícil a pie a causa del terreno irregular. Durante los tres días siguientes, Rainbow permaneció en aquella ruta entrenando casi sin descansar. Tanto él como sus pokémon presentían lo que se avecinaba, y por eso querían estar preparados. Recordó el entrenador, con algo de nostalgia, que aquella iba a ser la última batalla con sus pokémon en Johto. Después de tanto tiempo y desafíos, después de haberlos entrenado durante tanto tiempo y con tanto esfuerzo desde que no eran más que pokémon comunes, ahora estaban ahí, preparándose para la que prometía ser una gran batalla.


    En aquello tres días se enfocaron en pulir los detalles finales del método definitivo de Rainbow, y esos tres días parecieron eternos para todos, sintiendo con nostalgia el inminente fin y la consiguiente separación. Rainbow en ningún momento les había ocultado sus planes futuros, nunca les ocultó que llegaría un día en que tendría que dejarlos para comenzar desde cero en otra región, pero aún así, habían seguido con él fielmente hasta el final. Desde el enorme e imponente Stelix, hasta el pequeño y elegante Umbreon, todos sus pokémon recordaron sus vivencias anteriores con su entrenador, lo mucho que habían sufrido juntos en su entrenamiento, y lo mucho que había valido la pena. Los pokémon más veteranos, Crobat, Stelix y Umbreon, recordaron aquella gran batalla contra el alto mando de Kanto, de la cual ellos sólo fueron testigos, y ahora se les aproximaba su gran momento, en el que estarían a la altura de sus antiguos compañeros de Kanto. Esto fue lo que motivó a pensar a Togepi y a Sneasel que valdría la pena esperar una región más antes de que llegara su turno, y eventualmente serían de nuevo requeridos por su entrenador. Mas para el resto significaba una despedida indefinida, no estaban muy contentos con eso, pero la promesa de un reencuentro final con decenas de otros compañeros prometía mucho.


    A pesar de todos aquellos sentimientos de nostalgia, todos daban lo mejor para no dejar que eso afectara su entrenamiento final. Para aquellos que observaran la escena, no verían más que a un chico acompañado por diecisiete pokémon, sin que ese muchacho dijera una sola palabra durante tres días, ya que las palabras sobraban en aquel momento, cuando sabes que la despedida es inminente, pero al fin y al cabo hay que afrontarla.



    Al amanecer del tercer día, Rainbow y su grupo finalmente habían llegado a la falda del monte Plateado, montaña rocosa de grandes acantilados, cubierta de nieve en la parte más alta, pero en sus faldas podían localizarse algunas lagunas de aguas termales, las cuales decían que tenían propiedades curativas.


    Al encaminarse subiendo la montaña por las laderas, el joven entrenador pensó que sería buena idea relajarse en aquellas aguas antes de continuar, junto con todos sus pokémon.


    Mas de repente, en el momento en el que Typhlosion se acercó a ese manantial, una pequeña explosión salió del agua, provocada por alguna extraña reacción química del agua. Rainbow, sobresaltado, observó con curiosidad ese fenómeno.


    —Hazlo otra vez —ordenó al pokémon de fuego.


    En el momento en que volvió a acercarse, de nuevo el agua reaccionó violentamente con el fuego que emanaba. Rainbow pensó un momento sobre tan curioso fenómeno del cual él no sabía nada hasta ese momento, y rió con arrogancia.


    —No importa, Typhlosion, sólo cambia a otro tipo y métete —dijo mientras muy despreocupadamente se relajaba, sumergiéndose hasta el cuello.


    De ese modo, los diecisiete pokémon también se relajaron un poco en aquella agua, o al menos eso era lo que parecía que hacían, pero por alguna razón, Rainbow parecía reírse internamente de aquel fenómeno que acababa de presenciar con el agua.




    Nada más interesante ocurrió durante un rato, al terminar de relajarse, como no lo habían hecho en mucho tiempo, Rainbow sabía que había llegado la hora. Saliendo del agua y cambiándose, regresó a todos sus pokémon menos a Noctowl, en el cual se subió para llegar a la cima lo antes posible.


    El recorrido fue algo difícil, mientras más se acercaban a la cima el frío comenzaba a helarlo todo, y fuertes ráfagas de viento los sacudían por todos lados, llegando un momento en el que la altitud era tanta, que no era normal que un pokémon volador cualquiera pudiera llegar hasta ahí. Pero un momento después, finalmente lo consiguieron.


    En aquella helada cima, desde la cual podía apreciarse una gran vista de las regiones Johto y Kanto, no había nadie, nada más que un enorme montículo cubierto de nieve que parecía una plataforma helada. Cerca de ahí, una entrada al interior de la montaña, hecha artificialmente por los primeros exploradores en subir hasta ese lugar.


    Rainbow regresó a Noctowl, mirando hacia todos lados algo desconcertado. Se acercó hacia aquella plataforma natural cubierta de nieve, y al subirse en ella, dio un largo vistazo hacia el precipicio que se abría en frente de él, sin decir ni una sola palabra, y permaneció en aquella posición por un rato.


    —Así que has llegado temprano —dijo de repente una voz por detrás, a cierta distancia—, hace tiempo que he estado deseando verte cara a cara.


    Rainbow escuchó sonriendo aquella voz grave, áspera y severa, una voz malvada pero segura y auto confiada de alguien que tiene deseos de venganza.


    Lentamente, Rainbow volteó a ver a aquella persona, y al hacerlo, una mirada macabra surgió en su rostro, y riendo entre dientes, observó a aquel misterioso ser, cubierto por una larga capa negra, expeliendo una neblina helada, y largo cabello blanco; pero lo que más llamó su atención, fue su extraña máscara, la cual era la de un rostro malévolo y diabólico, bastante perturbadora, y completamente hecha de hielo.


    A los lados de este extraño ser, aparecieron entonces Will con Karen, y Keane con Chermaine, a su derecha e izquierda respectivamente, y observaron a Rainbow con malicia.


    Rainbow los miró, pero no les hizo caso, sino que se concentró en el extraño ser de hielo.


    —Yo también quería conocerte —respondió con voz desafiante y severa—… o más bien dicho… volver a encontrarte, Mask of ice —añadió apretando fuertemente el puño.


    Continuará...
     
    Última edición: 13 Agosto 2013
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