Colectivo de Pokémon - Pokémon Mundo Misterioso: Las aventuras de la dama y el verdugo [Cazadores de Recuerdos]

Tema en 'Fanfics de Pokémon' iniciado por DoctorSpring, 5 Febrero 2018.

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  1. Threadmarks: Capítulo 2 Parte 1 (Doc)
     
    DoctorSpring

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    Pokémon Mundo Misterioso: Las aventuras de la dama y el verdugo [Cazadores de Recuerdos]
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    Género:
    Aventura
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    5
     
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    Buenos días gente. Acá esta la primera parte del segundo capítulo del colectivo.

    Así como lo oyen, las aventuras de Bartimeo y Susana Darling han vuelto. Por ahora debido a que nuestro amigo Morde advierte que va tardar un poco (o mucho, en mordonés)

    En fin, como diría un incomprendido poeta de nuestro tiempo: Yo no sé mañana, yo no sé mañana, si estaremos juntos, si se acaba el mundo.

    Sin más dilación, disfruten de la historia.

    Advertencia: Los chistes en este episodio no tienen la intención de ofender a ningún colectivo ni a ningún país. Todos los personajes de este fic son ficticios (duh) y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

    Tómense
    la vida con humor pues en el día de nuestra muerte, ella es la que se va reír de nosotros.

    Ahora que estamos, Pokémon pertenece a Satoshi Tajiri, aunque debería ser obvio para ustedes.


    Capítulo 2

    Primera parte

    I

    No tardamos demasiado en volver a nuestra cutre guarida en casa del señor Bartimeo; lo primero que hicimos fue guardar la gema en el fondo del sótano, no sin antes enseñársela al siempre diplomático hydreigon. Sus tres cabezas lo revisaron con atención, turnandolas para soltar murmullos pensativos exageradamente ruidosos para que su hijo los oyera.

    Las cabezas decapitadas también miraban al tesoro con un interés morboso.

    —No esta nada mal—concluyó.

    Al día siguiente, en la habitación del dragón, temprano en la mañana, mientras anotaba los sucesos importantes en los papeles baratos que mi padre accedió a costearme (incluyendo la perdida de pico del señor Frank), Barti desplegó los mapas encima de la cama. En cuanto terminé, me levanté del viejo escritorio y fui a escuchar sus conclusiones, las cuales no fueron muy satisfactorias.

    —¡No me acaba de convencer ninguno!—dijo el joven deino al borde de una crisis emocional.

    —¡Qué sorpresa! Dejame ver a mí.

    Pasé mis ojos por los pergaminos. Ninguno me convencía por diferentes razones a las del dragón hasta que una pequeña inscripción con letra morada me llamó la atención.

    Me contaba sobre un slowking que regentaba el pozo, según ellos, bastante sabio. Siempre me ha parecido fascinante la expectativa de hablar con un regio gobernante o al menos intentarlo con mis pobres habilidades sociales.

    Ya lo había decidido.

    Por mera cortesía, le enseñé el mapa a Bartimeo quien frotaba la pata contra el borde filoso del escritorio para intentar rasgarse las venas. A primeras, lo vio de una interesada hasta que el interés aumentó cuando pudo fijarse más en la ubicación del lugar. Una sonrisa apareció en su hocico y se abalanzó sobre mí para darme el abrazo menos consentido que me han dado en la vida, lo cual es un verdadero logro.

    Lo peor es que aprovechó para morderme el pecho de forma tan poco disimulada que a día de hoy, me pregunto si se excitó mas cuando azoté su cara contra la pared. Obviamente con cuidado para que los respetados clientes del señor hydreigon no se molesten.

    —Eres genial—dijo Barti sin disculparse—. Aun sabiendo que eso significaría nuestra muerte, quieres darme esta oportunidad. No te decepcionare.

    Tenía tantas ganas de gritarle…lo único que salió de mi boca fue un gruñido digno de un poochyena bebé.

    —Para llegar a ese pozo, necesitamos cruzar la granja de bayas de la familia de Ríos.

    ¿Como demonios pude olvidarlo? Los sucesos de los últimos días me han hecho olvidar cosas que sabía desde siempre.

    Ríos era una familia de pokémon de mayormente tortugas que se dedicaban al plantío de bayas, o al menos eso era puertas afuera. He leído montones de libros—la mayoría de autores que ahora están bajo tierra, si es que quedó algo de sus cuerpos—que contaban sobre el supuesto cultivo ilegal que vendían diferentes organizaciones, incluyendo los carteles.

    Es lo que se conoce como un secreto a voces.

    —¿Te imaginas lo que nos harán si nos encuentran en su propiedad?

    No estaba bastante segura si sería buena idea cortejar con la muerte de tal manera, aunque los otros mapas tampoco eran tan seguros que digamos. Además, solo tenemos que cruzar la propiedad con toda la velocidad que podamos hasta llegar al pozo del otro lado. Sin contar el hecho de que sería una buena experiencia para contar.

    —Esta bien. Solo prométeme que iremos rapi…

    Mis palabras fueron interrumpidas por un fogonazo que casi revienta la puerta, seguido de unos ruidos que no eran muy agradables. Parece que el hydreigon tiene algunos problemas.

    —Será mejor me quede para arreglar la casa—dice Barti—. Podemos ir mañana.

    II

    No tardamos demasiado en llegar frente a una cerca de alambre, la cual protegía la granja; un granero de un color rojo brillante corona el lugar, cerca de él esta la casa familiar que por lo que pude oír y leer, siempre tenía las cortinas cerradas. También hay un cobertizo con una azada tirada al pie de la puerta.

    Era cerca de las 9:30, el clima era fresco y agradable, debido a que había nevado en la madrugada. Se veían los cultivos cubierto de nieve, los cuales, estaban siendo resguardados por regadores automáticos hechos de barro en forma de magikarp mientras que un viejo carracosta estaba barriendo de forma casi autómata, intentando que las plantas no se echen a perder por el frío. Ambos sentimos la seguridad de que se trataba del más viejo de los Ríos.

    —Solo es un anciano—dijo Bartimeo decepcionado—. Puedo con él aunque no quiera.

    Ignorando esas palabras, caminé hacia la cerca al mismo tiempo que me acomodaba la fedora. Usando mis poderes psíquicos, retiré lo que estorbaba nuestro paso con sigilo para no llamar ninguna atención de nadie.

    —Te ordeno que dejes en paz al anciano.

    Por alguna razón me resultaba cada vez más fácil hablar con Barti. Seguro porque de lo tan estúpido que era, no podía considerarlo un ser pokémon.

    En esta ocasión, intenté usar la psicología inversa con la intención de que el deino hiciera el trabajo.

    —¿Desde cuando me das ordenes?—dijo Bartimeo ofendido—. Solo disfruta, a lo mejor después quieres morirte por verte tan humillada.

    Un pokémon normal procurará pasar desapercibido, así podría darle un buen golpe a la anciana tortuga, usando un par de Furia Dragón. No obstante, ustedes deben saber que el pokémon verdugo es de todo menos normal; una lopunny virgen es más normal que él.

    Imitando a un ponyta de un comercial de perfumes, Barti galopó por en medio del campo. La pobre tortugita tardó algunos segundos en darse cuenta del enemigo al que se enfrentaba.

    —No te lo vayas a perder—dijo Bartimeo con el poco animo que le caracteriza—. Furia Dragón.

    Escupió una llama azul que dio justo en el estomago del tipo agua y maldiciendo ese proceso natural que es envejecer, cayó debilitado.

    No lo podía creer, el cegato había acertado un ataque.

    —Lo que quería era darle en la cabeza para dejarlo ciego…igual sirve—dijo el dragón pisando a su rival.

    La dicha inundó nuestros corazones hasta que un caparazón volador impactó en su costado mientras otras tortugas de distintos tamaños y distintos géneros salían de los tres edificios visibles desde el lugar en el que nos encontrábamos. Antes de que pudiera levantarse, seis wartortle lo rodearon con miradas fieras, excepto una hembra que estaba extrañamente feliz.

    Quise salir huyendo pero diez squirtle me amenazaban con sus chorros de agua.

    Cuando estábamos rodeados, una gran tortuga salió del granero mientras una azumarill le seguía por detrás. Un Blastoise con una cicatriz que le atravesaba el vientre y unos cañones que tenían la apariencia de poder convertirte en una regadera por los agujeros que te iban a quedar después de un Hidrobomba.

    Sus ojos miraban con condescendía a sus nuevas presas. En cuanto abrió el hocico, pensábamos que diría una sentencia mortal.

    —¡Que andan haciendo aquí pendejos, váyanse a la verga!

    Aunque probablemente en unas horas nadie iba a saber de nosotros, no pudimos aguantarnos la risa por ese acento tan pintoresco que pretendía resultar amenazante. Por todo el rancho, las carcajadas se oían como si fueran transmitidas a través de altavoces.

    —¿¡De que pinches se ríen!?—gritaron todos al unisono.

    Los dos nos callamos en seco.

    —Mira nomas lo que tenemos aquí—dijo un wartortle con una gorra más grande que su cabeza—. ¡Dos putos machistas!

    —Es xenófobo…—dije ofendida por morir a manos de alguien tan estúpido.

    —¡Silencio!

    —Se ve que estos esquincles no saben con quien se meten—dijo el blastoise—¡Ándale José Alberto, vete por la cámara!, ¡Pidamos rescate por estos weyes!

    —¡No se vale!—dijo un squirtle jalándose el pañuelo alrededor del cuello—¡Yo quería preparar la sopa!

    —Eso luego, mijos. Sí va haber sopa.

    Recibe unos vítores como respuesta.

    —¿Sopa?—preguntó Barti.

    —Nos van a echar en ácido—aclaré.

    —¡Genial!

    Ahora el lector pensará que procesamos un plan super ingenioso para huir de varios inmigrantes enfurecidos, pero por desgracia, es más decepcionante.

    Un yunque cayó del suelo debido a la magia de las historias, sobresaltando a todos los presentes, sobre todo a la azumarill que no pudo evitar soltar un gritito. Ese yunque resultó ser nadie más ni nada menos que el señor hydreigon, intentando mantener sus cabezas frías pese a estar enojado.

    —¡Estos son mis protegidos, chicano!—dijo el padre de Bartimeo—¡Dejalos en paz!

    —¿¡Apoco!?—exclamó González el blastoise—¡No sabía que un puto sicario podía tener protegidos!

    —Amor…—susurró la señora González—¿No deberías revisar si mi padre esta bien?

    —¡Usted cállese, están hablando los machos!

    Esos segundos de distracción en maltratar verbalmente a su esposa, fueron aprovechados por el hydreigon el cual como un ariete aplacó contra la tortuga quien por su peso solo retrocedió unos pasos mientras trataba de empujar a la hydra.

    —¿¡En que demonios estaban pensando en elegir este lugar!?—dijo la cabeza derecha que es la que estaba libre—¡Rápido, al pozo, antes de que también les de una tunda por idiotas! ¡Y ni se les ocurra volver sin el tesoro!

    No tuvo que decirlo dos veces para que corriera como alma que lleva el yvetal, afortunadamente, la adrenalina hizo que el verdugo corriera junto a mí sin recordar sus tendencias autodestructivas. Hasta tal punto que casi nos olvidamos de saltar la cerca del otro lado; el cuerpo lleno de escamas de Barti se encargó de abrir paso, teniendo solo unos rasguños como consecuencia.

    Al final, en medio de un valle a unos metros de la granja, pudimos encontrar el pozo de piedra. Llegamos tan cansados que podríamos llorar por un poco de agua, al menos yo. Después de comprobar que mi sombrero seguía encima de mi cabeza, emprendimos nuestra segunda expedición, esta vez con el objetivo de llegar a lo más profundo.

    Antes de que a Bartimeo se le pasé la adrenalina e intenté tirarse dentro.

    III

    Primer Piso (P-1)

    El pozo al que entramos como si fuéramos Dante y Virgilio, era tan profundo que aunque la mitad estaba vacía, el resto inundando por el agua, bastaba para que los regadores automáticos se activaran cada tres horas sin faltar ni una sola vez. Nosotros teníamos que bajar por unas escaleras de caracol que un buen samaritano habrá puesto por algún motivo y mientras más descendíamos, más oscuro era, hasta que llegamos al punto donde no se veía nada. Unas tuberías oxidadas recorren las paredes repletas de moho.

    —¿No puedes prender una luz o algo?—preguntó Bartimeo—. Si no puedo ver, no puedo apuntar para caerme hasta el fondo.

    No me molesté en decirle nada.

    No podría contar los minutos que tardamos en encontrarnos con la primera plataforma del pozo, donde una especie de pared invisible nos impedía seguir bajando por los escalones. Sin mucha opción, recorrimos el piso, escuchando crujidos por pisar la madera vieja.

    Si se le hubiera ocurrido a Barti dar un salto, no sabría cuantos pisos caeríamos hasta acabar aplastados como manada de ditto siendo atropellados por una carreta que transporta lavadoras.

    —Haz el favor de ayudar en vez de quejarte.

    —¡Ahora mismo estoy más ciego que un zubat!—gruño el verdugo.

    —¡Yo tampoco soy una luxio!—repliqué para un segundo después, callarme—. Hay alguien más aquí…

    Esas palabras fueron una señal para que un chorro de agua a presión me diera en la cara, empujándome contra las piedras del pozo. Si no fuera porque el dragón estaba detrás de mí, hubiera caído desmayada o incluso muerta por un golpe en la nuca.

    —¡No le hagan daño a mi amiga!—exclamó Bartimeo dando un paso adelante—¡Si quieren matar a alguien, mátenme a mí!

    Nunca pensé que pudiera funcionar; un Rayo Hielo salido de la oscuridad le impactó en el cuello, provocando una lesión supereficaz.

    —¿Estas bien?—pregunté recargada en el muro.

    —Por desgracia—tosió—…sí.

    Mi cuerno solo me permitía (y me permite) enterarme de que hay pokémon escondidos debido a las diferentes emociones que ellos pueden sentir. En pocas palabras, no era capaz de encontrar donde estaban. Mis ojos rojos pasearon por toda la habitación, intentando ver a alguien, pero ni siquiera una sombra o bulto se mostraba.

    Otra estela helada estuvo a punto de darme en mi entrecejo, esquivándolo con un movimiento de cabeza.

    —¿Tienes alguna idea de como salir de esta situación?—pregunté sin muchas esperanzas.

    Unos cuatro rayos se dispararon de cuatro diferentes direcciones; uno de ellos dio en la pata de Barti.

    —¡Ay!

    El grito de dolor vino acompañado de una llamarada azul, la cual nos dio un poco de luz, logrando ver por el tiempo suficiente a unos psyduck que nos rodeaban en circulo, quienes se habían apartado un poco para que no notara que estaban ahí. Les debió haber ganado la desesperación pues todos decidieron disparar al mismo tiempo desde sus picos.

    Posteriormente, a esta estrategia la llamé «El Carrusel de los Patos».

    Bartimeo se había estampado contra la pared que nos impedía seguir avanzando y yo fui detrás de él, esquivando de nueva cuenta los disparos de hielo de los patos tramposos.

    IV

    Segundo Piso (P-2)

    Seguíamos ingresando a lo más hondo del pozo, mientras mi reciente compañero de aventuras comenzaba a contarme cosas que aunque en un principio sin importancia, terminó ganando mi atención en cuanto habló de otra manera de suicidarse.

    Sacudiendo los escombros sobre su cabeza, murmuraba sus estupideces.

    —Susi, encontré una nueva forma de llegar a mi muerte

    —No me llames así—murmuré.

    —¿Sabes? Desde que usé mi cabeza para romper muros y cercas, empecé a tener síntomas de una contusión cerebral.

    Aunque no pregunté cuales, prosiguió a responderme una pregunta que no le hecho.

    —Siento la vista borrosa, casi no veo nada…creo que con unos golpes más quedaré como un vegetal y al no haber una maquina cerca, moriré por fin.

    A la única que le iba dar una embolia es a mí, si quería comprender la lógica retorcida de este maníaco.

    Nos quedamos en silencio hasta que llegamos a la siguiente plataforma; estaba iluminada por un foco moribundo pegado en la pared, revelando apenas las caras de los cuatro pokémon que en ese momento andaban celebrando una especie de reunión.

    Un slowpoke se encontraba acostado en el suelo, mirando fijamente unas bayas enlatadas. Al lado, un chinchou quien nadaba sin agua por alguna razón, usaba su chispazo para cocer la comida de una forma inverosímil que me niego a explicar mientras que una azurill meneaba la cola al ritmo de la guitarra de un magikarp.

    Teníamos que atravesar la habitación para llegar al siguiente tramo de las escaleras.

    —Don’t worry, be happy—canturreaba el magikarp—. Dont worry, be happy now.

    En ese instante, Bartimeo se paró en seco y cuando procurábamos seguir bajando sin molestar a nadie, movió su cuello hacia atrás al mismo tiempo que corría contra el pez guitarrista. Usando la cabeza como un bate, le da un fuerte golpe a los bigotes de la carpa.

    O al menos eso le gustaría a Barti que escribiera, pero no fue así.

    La pokémon bebé quedó inconsciente después de ser azotada contra la pared. Si vemos el lado positivo, al menos así aprendió a no ofrecerse desde tan pequeña. Por supuesto que el resto de pokémon en la fiesta no pensaron así.

    El primer ataque fue el slowpoke que con sus pocas fuerzas psíquicas, le aventó la lata de bayas crudas al pobre dragón. La única recompensa que recibió ante tan valerosa acción, fue ser rostizado por su amigo; el cocinero del mar.

    —¡Casi lo tenía listo!—exclamó el pokémon de las antenas.

    —¡Tú provocaste eso!—le recriminé—¡Solucionalo!

    —No tengo ganas—sentencio sentándose sobre sus patas traseras—. Usa esa sombra tuya.

    —¡No hay suficiente luz para que proyecte sombra!

    —¡Ah, esta bien!—dijo Bartimeo incorporándose—¡Voy a acabar con esa carpa!

    Soltó otro Furia Dragón que dio justo dentro de la boca del chinchou, saliendo disparado mientras soltaba humo por la boca. Barti chasqueo la lengua de coraje y al intentarlo de nuevo, rompió en mil pedazos la guitarra del magikarp.

    —Eso me sirve.

    Soltando un suspiro, acabé con el cantante de un Confusión.

    —¿Por qué atacaste a esos pokémon? Por más que odie las reuniones, no nos han hecho nada.

    Ante la pregunta, los ojos del deino casi se salen de sus órbitas como si fuera un lililup rabioso.

    —Odio esa canción. Mi padre un día mató a la deidad de los mares, un feebas mafioso que era famoso por traficar sal en todo el continente.

    —¿Y?

    —Estaba tan orgulloso que lo mandó a disecar y no conforme con eso, le metió un mecanismo para que cantará esa canción de forma tan chistosa por solo pulsar un botón. El maldito me obligó a escucharla desde la boca de un cadáver cuarenta veces seguidas.

    —He leído cosas peores…

    Tuvimos un descanso donde disfrutamos del delicioso sabor del pescado asado, hasta invitamos a la azurril que tras recuperar la conciencia tenía demasiada hambre. Ahí la vimos como arrancaba a mordiscos la carne ahumada del cantautor.

    —Por cierto—preguntó la niña sentada en su propia cola—¿Donde esta Fernando?

    —Esta más cerca de lo que crees—dijo Bartimeo—. Susana, ¿estas segura que no es mala idea cocinar en llamas de dragón?

    —No creo.

    La realidad es que mucho después de esa aventura, tuve que ir al baño más veces al día ¿Por qué creen que tardo tanto en escribir esto?




     
    Última edición: 1 Septiembre 2018
    • Gracioso Gracioso x 3
  2.  
    Asael Martinez

    Asael Martinez Persona Imperativa

    Tauro
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    Holaaaa ¿como están amigos? Espero que bien y tranquilos, sean feliz :cref: pueden demorar el tiempo sea necesario, por x o y cosa, todos tenemos inconvenientes para escribir ustedes relajense y no se sientan presionados :cookie::cookie::cookie:

    Ahora muy bien hablando del capítulo en si, esta aventura que ahora tienen nuestros protagonistas me está agradando mas que las anteriores, siento que es más dinámica y rápida, sumandole el papi del dragón suicida que OMG es un sicario que se encargara de todo lo que intenté dañar a su hijo, en el fondo lo quiere LOL.

    Las risas no faltaron :chespin: el tipo de humor se a mantenido sólo que aquí veo que tuvo una ligera mejora (o soy yo que ya me acostumbré a ella xD)

    A este paso estoy pensando seriamente que nuestro amiguito "ciego" va a evolucionar no se porque tengo esa corazonada. Y que gracias a eso dejará sus instintos suicidas, es un pensar mio quien sabe porque.

    El capítulo me pareció muy entretenido y divertido, cada vez estos personajes tienen más quimica entre ellos y son un dúo casi invencible en las pocas aventuras que han tenido y las que les faltan xD.

    El objetivo de los tesoros es para poder disfrutar todo el mundo, para meterse en problemas con pokemon ¿Mexicanos? ¿What? Jaja estuvo bien esa implementación de las tortugas de agua/iniciales de kanto modo Mexicano, y... OMG crei que sólo en la vida Real ponían ponían prostituir a menores pero en el mundo Pokemon también que mala onda.

    Y bueno... eso a sido todo por mi parte, se han lucido en este capítulo la verdad sigan así chicos!!! Salu2!!!
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  3.  
    DoctorSpring

    DoctorSpring Disgregrador Crítico

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    Muchas gracias por tu comentario we :3.

    La verdad es que pensaba que este capítulo iba ser un poco más impopular por lo de las tortugas mexicanas, al final salió a pedir del Doctor
    :bulbi:

    Y no sé en las barbaries en las que estarás pensando, la muchacha estaba bailando por voluntad propia, aca en las industrias del Doctor Dragón no apoyamos esos actos tan viles. Al menos de momento.

    Saludos.

     
  4.  
    Gold

    Gold Equipo administrativo Beta-reader

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    Vengo desde lejanas tierras, después de mucho, mucho tiempo a comentar el cap (?).

    Debo decir que el cap me sacó varias sonrisas y una que otra risa. La verdad es que las tortugas ninjasnarcotraficantes fue muy lol, aunque me hubiera gustado que tuvieran más foco de atención, resta de puntos porque el Blastoise no tenía un grueso bigote mexicano para acentuar lo iletrado y machista.

    Fue un cap rápido, la verdad se me pasó como agua por los diferentes cambios de escenario, pero no por ello lo sentí tosco o malo. Otro punto a favor fue cuando Deino se lanza hacia los pobres indigentes solo porque no le gusta una canción xD aunque no lo culpo, escuchar esa canción 40 veces y desde la boca de un cadáver no debió ser algo muy lindo...

    Y para rematar a la pobre pequeña le hacen comer a su amigo muerto, eso es crueldad y maltrato infantil (?). Pobre, cuando sea mayor no tardará en conectar los puntos y tendrá traumas xD.

    El único error ortográfico que note fue "ojos rubias" y no pude evitar imaginarme a los ojos de Susana con una larga y abundante cabellera rubia (?). But de resto todo bien, no vi nada más.

    Me gusta mucho el tono tranquilo y casual con que se narra todo, casi sin tomarse en serio en algunas partes y para mí eso lo vuelve una lectura relajante. En fin, espero el siguiente cap Doc, Morde.
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  5.  
    DoctorSpring

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    Muchas gracias por el comentario, doradito.

    Usted comprenderá que los chistes xenofobos tienen un limite y si nos pasamos de eso acabaremos en la calle, vendiendo nuestros fics gracias a nuestra fiel Epson. Estoy seguro de que no quiere eso.

    Nosotros dijimos que en la industria del Doctor Dragón, el maltrato y prostitución infantil son aborrecidos, salvo si son pequeños boleros en la plaza de Talpa, esos son muy monos.

    Todos los errores son para desorientarte.
    En realidad no, aunque si nuestros personajes fueran rubios serían DI-VI-NOS.
    :shani:

    Muchas gracias por pasarte por aquí y perdón por tardarme, acabó de entrar a clases y vaya que va a doler mucho :,v

    Saludos.
     
    • Adorable Adorable x 1
  6.  
    Plushy Berry

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    Sgagsasfahs juraría que mínimo había comentado sobre la segunda parte del prólogo pero ni eso :c

    Me he leído hasta el primer capítulo y he sonreído bastante con la ironía y el cinismo de los personajes y la historia. Pobre barti, quiere matarse para no ser un granuja matón como su padre y en su camino suicida ya masacró a un montón de familias... lo peor es que ni siquiera se le ve mínimamente arrepentido, lo que me hace preguntar si en el fondo no será igual de sociópata que su padre D:

    Me preguntaba cómo era que el señor Darling siendo tan estricto iba a dejar a Susana salir de viaje con un pequeño suicida, pero teniendo a todo un matón disponible fue un buen uso de recursos. ASgshajfshajsa el Braviary gringo que más que un Frank era todo un Chad sgfahsfahjsfaghsahs y la respuesta de Bartimeo fue tan lololololol aunque al final se la pellizca de todas formas xD

    Pollas calientes... no wait.... xD

    Le sigo a la lectura a ver si más adelante encuentro qué fina hierba se mete el Scafty xD
     
    • Fangirl Fangirl x 2
  7.  
    Plushy Berry

    Plushy Berry PokéWriter Usuario VIP Comentarista destacado

    Acuario
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    Ese feel cuando la división de los capítulos para comentar te sale mal por no revisar primero el índice... bueh al menos así comento más a fondo del cap.

    OMG torturgas norteñas y narco!!! bueno, si pueden ser ninja por qué no narcos lol y cuando creían que ya se los iban a subir a la troca aparece un Draconian ex machima, me encanta que los personajes sean autoconcientes de que esto ocurre una narración aunque por lo que entiendo esto es en realidad un recuento escrito de Susy años después... so meta (?)

    Pinche Barti que en el fondo no puede negar ser hijo de quién es al grado de no tener reparo alguno por llevarse entre las patas a otros a su viaje de muerte o a aquellos que le quieran hacer lo que le resta de vida un poco más incómodo. Y respecto al momento pervi (?) ya los shippeo hard... lo peor es que hasta me vino a la mente una idea toda WTF para r34 pero mejor que ahí se quede pudríendose junto con mis ilusiones de terminar un longfic ;_;
     
    • Fangirl Fangirl x 1
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  8.  
    DoctorSpring

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    Muchas gracias por tus comentarios, Plushy :3.

    A mí también me gusta que Barti, en su viaje por la muerte, la haya encontrado para otros pokémon pero no para si mismo xd.

    Saludos.
     
  9. Threadmarks: Capítulo 2 Parte 2 (Morde)
     
    Morde

    Morde Dragón con caverna

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    Pensabais que este fic había muerto... ¡pero no! ¡Estaba de parranda!

    Vale, quiero disculparme por haber tardado cinco meses en publicar. Me gustaría decir que intentaré que el próximo tarde menos pero no puedo asegurar nada, y menos en época de exámenes que voy a entrar pronto. Pero bueno, en cualquier caso espero que os guste y vamos allá

    PD: Plushy Berry como siempre te invoco para que me pongas esto bonito :bulbi:

    Capítulo 2. Segunda parte

    - I -

    Tercer piso (P-3)

    En el lugar se podía aún distinguir algo gracias a los restos de la luz del foco del piso anterior. O eso habría dicho un Pokémon que no hubiera tenido un pelaje denso cubriéndole los ojos. La realidad era que para mí llevaba viéndose igual de mal desde el mismo momento en que entramos al pozo. Sin embargo, sí que podía notar una pequeña corriente de aire que no era normal a aquella profundidad. Seguidamente, Susi susurró:

    — Noto muchas presencias.
    — ¿Pueden ser quienes provocan este aire?
    — Quizás. Será mejor pasar en silencio por este piso.

    Pero entonces mi instinto suicida actuó y grité:

    — ¡Los que causáis ese aire, salid!
    — ¡¿Qué estás haciendo, Bartimeo?!
    — ¿No es obvio? Si les asusto atacarán y me matarán.

    Y justamente eso fue lo que ocurrió. La corriente de aire se convirtió en algo mucho más fuerte y pude notar el ruido de un número indeterminado de Zubats, quizás centenares de ellos, que revoloteaban hacia nosotros.

    — ¡Sal de ahí, Bartimeo! —gritó Susi.
    — No quiero.
    — Tsk. Tendré que sacarte yo.

    De mi boca salió un Furia Dragón que era completamente involuntario y que, además de impactar contra varios de los Zubats y dejarlos así fundidos, permitió iluminar brevemente el lugar y corroborar que eran demasiados en principio como para poder derrotarlos a todos. Seguidamente, mi cuerpo fue transportado unos metros hacia atrás hasta dar con la pared. El ruido del aleteo era ensordecedor y estaba deseando morir allí. Pero Susi no estaba por la labor y se teletransportó justo detrás de ellos llevándome consigo. Y por si no hubiera sido suficiente con escapar de ellos, me hizo lanzar otro Furia Dragón que mató a otros tantos.

    Sin embargo, seguía habiendo muchos y seguíamos sin salir de allí del todo.

    — No te voy a dejar que te quedes quieto mientras yo huyo.

    Las palabras de Susi terminaron por frustrar mi enésimo intento de suicidio, así que decidí dirigirme hacia ella.

    — Sube. Iremos más rápido.

    Susi lo hizo y salí corriendo tan rápido como pude, hasta llegar a perder de vista a los Zubat. Claro que, primero, ello requirió una considerable cantidad de ataques psíquicos para terminar de ahuyentarlos y algunas instrucciones para evitar que mi ceguera nos hiciera chocar contra alguna pared.


    -II-

    Cuarto piso (P-4)

    La escalera se detenía ante una especie de lago, o al menos en un lugar con agua que no lograba distinguir entre mi propia ceguera y la oscuridad reinante. En cualquier caso, no parecía haber forma de pasar al otro lado salvo cruzando por el agua. Hice un intento de meterme y, en cuanto vi que era bastante profundo, me adentré con la intención de morir ahogado. Lástima que Susi había previsto que ocurriría y me hizo volver a la orilla.

    — ¿No podrías usar eso para teletransportarte al otro lado?
    — No. Es mucha distancia y estoy agotada. Debe de haber una forma de cruzar…
    — Por encima de los Lotad.
    — ¿Qué Lotad?
    — Los que he visto flotando en el agua.
    — No. ¿Qué pasa si se molestan y nos empiezan a atacar?
    — Que la muerte sería bonita.

    Hice ademán de empezar a avanzar saltando de Lotad en Lotad pero me di cuenta enseguida de que Susi tendría que estar de acuerdo, u ocurriría como antes.

    — ¿Se te ocurre otra forma?

    Susi suspiró.

    — No parece haber otro camino… —respondió. Se la notaba ligeramente frustrada—. Pero vas a ir delante, y ni se te ocurra tirarte al agua.
    — ¿Por qué debo ir delante?
    — Porque no pienso moverme si no.
    — Genial, moriremos aquí de hambre.

    En ese momento recibí un violento empujón que me llevó hasta la cabeza del primer Lotad. Traté de retroceder pero no podía apenas moverme allí encima y además el Lotad empezó a desplazarse. Abandoné entonces la idea y seguí saltando de uno a otro.

    — No tienes que saltar entre nosotros —se oyó decir a alguien.
    — ¿Has dicho tú eso? —pregunté a Susi.
    — Yo no he dicho nada.
    — ¿Entonces?
    — Mira abajo, dragón.

    Entonces me di cuenta de que quien había hablado era el Lotad en el que estaba subido.

    — ¡Somos la Patrulla Caronte! —dijo otro Lotad.
    — ¡Llevamos a Pokémon de un lado a otro de este lago! —continuó el primero.
    — ¡Y lo hacemos a cambio de compañía! —terminó un tercero.
    — ¿No vais a querer matarnos? —pregunté.
    — ¡Para nada! ¡Somos Pokémon altruistas!

    Agaché entonces la cabeza decepcionado y quedé en silencio hasta que llegamos al otro lado del lago.

    — ¡Pasad un buen día! —dijeron todos los Lotad al unísono.

    Cuando los Lotad se fueron, y en un último intento por sumergirme en el agua para siempre, me encontré con dos brazaletes flotando. Parecían convenientemente preparados para que los usara para ahorcarme, cosa que agradecí al destino, así que los cogí. Tardaron muy poco tiempo en volar a manos de Susi.

    — Sé que vas a intentar matarte con esos brazaletes, así que mejor me los quedaré yo.

    No hubo más remedio que seguir adelante.

    -III-

    Último piso (P-5)

    Habíamos llegado ya al fondo del pozo y la luz era sorprendentemente cegadora. Aunque a alguien ciego por naturaleza como yo, eso le daba igual. Una gran cantidad de Slowpoke llenaban el lugar y daban una sensación de agobio. Enfrente, subido en una roca, un Slowking observaba aparentemente hacia la nada, mirando hacia la entrada.

    Fuimos sorteando los Slowpoke, que estaban tan embobados que ignoraban nuestra presencia, hasta llegar ante el Slowking, quien al vernos bajo sus pies nos habló:

    — Saludos, niños. Mi nombre es Shoko. ¿Qué os trae por aquí?
    — Queríamos… —empezó Susi antes de ser violentamente interrumpida.
    — ¡Buh!

    De aparentemente ningún sitio salieron muchos Wimpod que salieron huyendo del lugar en cuanto Shoko gritó. En muchas ocasiones pasaban por encima de los Slowpoke que, atontados, no se daban cuenta de que estaban siendo pisados.

    — Son muy molestos —dijo el Slowking—. Se comen la comida de los sermones. ¡Y eso no se puede permitir! ¿Verdad, hermanos?
    — Verdad —repitieron todos los Slowpoke al unísono
    — ¿Y qué os trae por aquí?
    — Queríamos… ¡¿pero no se habían ido ya los Wimpod?!

    En realidad, esta vez lo que Shoko hizo huir fueron unos cuantos Dewpider.

    — Sí. Pero los Dewpider se meten en el agua sagrada. ¿Verdad, hermanos?
    — Verdad —volvieron a repetir los Slowpoke.
    — ¿Y qué os trae…?
    — Venimos a por el tesoro —interrumpí—. Y seguro que no quieres dárnoslo así que, ¿podrías matarnos, por favor?
    — ¿Qué tesoro?

    Susi y yo nos miramos.

    — ¿Cómo que qué tesoro? —preguntó Susi.
    — Aquí no hay ningún tesoro. ¿Verdad, hermanos?
    — Verdad.
    — Pero, según esto —prosiguió Susi—, hay un tesoro ahí debajo —y señaló hacia una pequeña cascada de agua.
    — ¿Debajo del agua sagrada? ¡A-ahí no hay nada!
    — ¿Te importaría vaciarlo con tus poderes psíquicos? Nos gustaría comprobarlo.
    — ¡Hermanos! ¡Atacad a estos infieles!
    — Matar… infieles…
    — ¡Bartimeo, volvamos a la entrada! Allí no podrán atacarnos todos a la vez

    Aunque Susi parecía urgida a ello, yo no me moví ni un milímetro, queriendo morir a manos de aquellos Slowpoke. O más bien aquellos zombis.

    — No quiero —respondí—. Este sitio es perfecto para morir.

    Por desgracia, Susi nos teletransportó a ambos a la entrada y allí, sin quererlo, lancé un Furia Dragón en más direcciones de las que creía que existían y durante más tiempo del que me creía capaz. Jadeé. Pude distinguir una gran cantidad de cadáveres pero aún había muchos Slowpoke dirigiéndose hacia nosotros… a su velocidad. La suficiente para que a Susi le diera tiempo a mandarlos a volar hacia el agua sagrada, empezar a vaciar aquello como consecuencia, tomarse un café, romper la taza y herirme hasta desangrarme con los fragmentos. Claro que, a partir de lo del café, nada de eso ocurrió.

    — ¡Seguid atacando, hermanos! ¿Hermanos? ¿Qué os pasa?

    Para desgracia del pobre líder sectario, ya no quedaban más Slowpoke. Pero ambos estábamos cansados, lo cual por otro lado era bueno.

    — Tendré que ocuparme yo de vosotros entonces.

    Y así fue como Shoko finalmente decidió atacar. En cuestión de segundos el suelo había quedado congelado. De hecho, yo también habría sido congelado de no ser porque el Rayo Hielo había sido desviado por Susi, aunque no lo suficiente para evitarme la sensación de frío.

    — ¿Por qué no le has dejado que me congele? —pregunté sin obtener respuesta.

    Lo siguiente fueron dos ataques psíquicos chocando, pero fue Susi quien salió mal parada.

    — Escucha, Bartimeo —dijo aún en el suelo—. ¿Quieres morir rápidamente?
    — Claro que quiero —respondí con una sonrisa mientras no evitaba otro Rayo Hielo.
    — ¿Ves la…? —se interrumpió y luego prosiguió—. Es decir, ¿sabes que Shoko tiene un Shellder mordiéndole la cabeza? A él no le afecta, pero es tóxico. Si lo muerdes, tardas cinco segundos en morir.

    Al oír eso, me acerqué a Susi, la levanté del suelo y le dije:

    — Gracias por decirme eso. No hace falta que me eches de menos si no quieres.

    A lo que prosiguió una heroica carrera hacia Shoko para encontrarme con mi inevitable y mortal destino. O eso habría dicho de no ser porque resbalé por el hielo y de no ser por Susi y sus poderes psíquicos me hubiera caído. Que en realidad sí caí, pero no donde me hubiera tocado caer. Entretanto, el Slowking me golpeó con un Hidropulso que me desvió de mi objetivo. Pero no solo eso…

    — Oigan, ¿dónde han metido la droga? Quiero drogarme…

    Lo dije mientras me tambaleaba confuso.

    Lo que ocurrió luego de eso fue lo que bastante tiempo después me contó Susi que pasó. Susi me siguió la corriente e intentó decirme que la droga estaba en la cabeza de Shoko, a lo que yo entendí que me mordiera la cabeza despacio. ¿Pero cómo iba a morderme mi propia cabeza? Así que me puse durante un rato a intentar morder el suelo, casi quedándome sin dentadura por ello.

    Después Susi recibió un fuerte ataque Psíquico que la llevó otra vez a caer, aunque, en un último esfuerzo y mientras yo mordía el suelo, logró llevarme hasta la cabeza de Shoko, a la que seguí mordiendo pensando que seguía siendo el suelo.

    En ese momento retomé la conciencia y pude ver que lo que estaba mordiendo era el Shellder de la cabeza del Slowking, quien de repente dejó de lanzar ataques y se quedó atontado.

    — Bien hecho, Bartimeo.
    — ¿Por qué no he muerto ya? —respondí mientras seguía mordiendo.
    — Porque te he engañado y no vas a morir con eso.

    Al oír eso, me solté e intenté caer al suelo de una forma que me hiciera daño, cosa que no conseguí por culpa de los poderes psíquicos de Susi.

    — Señor Shoko, ¿podrías vaciarnos el agua sagrada? —se notaba que Susi estaba fingiendo su educación al preguntar.
    — Agua… sagrada… vaciar… no… es decir… sí…

    Shoko se dirigió entonces a la pequeña cascada a su velocidad. Es decir, mientras iba llegando daba tiempo a salir del pozo, coger un cubo y empezar a sacar agua. Cosa que, desde luego, no hicimos.

    Tras un rato muy largo, le bastó con lo que me pareció un pequeño ataque psíquico para hacer que la cascada dejara de echar agua y que la que había se evaporara.

    — Pasad… tesoro… abajo… usad… bien…

    Miré hacia donde estaba antes el agua y había una escalera que llegaba hasta el fondo.

    — No —dijo Susi cuando hice ademán de tirarme.

    Retrocedí resignado y le dejé pasar delante por un motivo que cualquiera podría imaginar y que tampoco es conveniente exponer. El espacio era estrecho y apenas se podía avanzar sin rozar con la pared. Estuve todo el camino tratando de rasgarme las escamas con la roca, sin conseguirlo. Finalmente llegamos al fondo y lo que encontramos fue algo extraño.

    — ¿Una esfera negra? —preguntó Susi—. ¿Eso es todo?
    — ¿La dejamos aquí? No parece ser tan valiosa.
    — No quiero ver a tu padre enfadado —otro intento de morir fracasado—. Mejor nos la llevamos.

    Y justo cuando Susi cogió el orbe, se oyó desde arriba la voz de Shoko. Aunque ya parecía haber vuelto en sí:

    — Ese orbe tiene en su interior un poder que no podéis imaginar. Guardadlo bien.
    — ¿No quiere matarnos por secar el agua sagrada? —pregunté.
    — Los Slowpoke están todos muertos y el agua ya volverá a salir. Lo único que me preocupa es volver a reunir al culto.

    Y así fue como salí decepcionado del lugar.


    -IV-

    Ya fuera del pozo, la situación parecía haberse calmado. Era ya de noche, el combate de mi padre había terminado y salimos de la propiedad de los Ríos sin contratiempos. Pero al llegar a casa, la tranquilidad se esfumó de golpe.

    La puerta había quedado medio destruida aunque aún impedía ver el exterior desde dentro o el interior desde fuera, cosa que por otro lado no era tan inusual. Pero nos encontramos a mi padre gruñendo y maldiciendo en voz baja, como si estuviera discutiendo acaloradamente con sus cabezas. Cuando oyó la puerta abrirse, se giró hacia nosotros y nos fulminó con la mirada. No estaba contento de vernos de vuelta sanos, salvos y con nuevos tesoros, sino al contrario. Estaba muy furioso.

    — ¡¿Pero cómo se os ocurre meteros en la propiedad de los Ríos?! —rugió mi padre sin siquiera haber escudriñado el orbe—. ¡Me habéis hecho perder a los clientes que mejor pagaban!

    Ambos agachamos la cabeza mientras Timeo relataba con todo lujo de detalles algunos de los encargos que había realizado para aquella familia, incluyendo el asesinato del mismísimo jefe de la familia rival, por el que había recibido medio millón de pokédolares y cuya cabeza estuvo colgada durante meses en el salón de casa.

    Adelantó entonces hacia nosotros la cabeza derecha. Tragué saliva y quizás Susi hizo lo mismo; eso indicaba que iba muy en serio. Si hubiera sido cualquier otro Pokémon quien nos estaba apuntando, habría estado feliz porque iba a morir en aquel momento, pero sabía que mi padre nunca me hubiera matado.

    — Vais a quedaros sin los mapas dos meses por lo menos. Y en cuanto a ti, Bartimeo…

    No llegó a terminar la frase cuando se escuchó la puerta sonar. Normalmente me habría resultado indiferente o incluso me habría ido a mi habitación con cierta resignación. Pero en aquel momento el sentimiento de alivio fue tal que me senté en el lugar brevemente antes de dirigirnos Susi y yo a nuestra habitación…

    El nombre de Shoko está tomado de Shoko Asahara, el líder de una secta que la lió parda en Japón
     
    Última edición: 5 Enero 2019
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  10.  
    Cyndaquil

    Cyndaquil Wings of Snow

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    Adivinen quien volvió a comentar (?)
    Estuve ocupado con la universidad y no tuve tiempo de leer, pero aquí vengo para que Morde no diga que miento :T

    Leí los dos últimos capítulos, ahora si parece más mundo misterioso con los pisos y todo.

    ¿Comer otros Pokémon los convertiría en canívales? que feo eso de comerse al pobre Magikarp y además dárselo a la Azurril Dx

    Por otro lado, menos mal leí los dos capítulos de corrido, así no tuve que preocuparme por cliffhangers en el dungeon, aunque queda la intrigante de que es ese orbe negro y que importancia tendrá más tarde en la historia, y si no han posteado en mucho tiempo, supongo que queda mucho para averiguarlo...

    Respecto a los pisos, fue cada piso más peligroso que el anterior, y no me esperaba ese jefe final, yo hacía a un Slowking sabio y pacifista que les contaría alguna verdad oculta o algo por el estilo; que mal estaba.

    Me sentí un poco discriminado con los mexicanos y eso que ni lo soy.
     
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  11.  
    DoctorSpring

    DoctorSpring Disgregrador Crítico

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    Muchas gracias por tu comentario, Cyndaquil-chan.

    Si fueras de la misma especie que el pobre magikarp, sería canibalismo, pero en este caso no lo es, y aunque lo fuera; es magikarp. a nadie le importa magikarp.

    Es normal que te hayas sentido ofendido por los mexicanos, los países de latinoamerica tienen muchas similitudes entre sí, después de todo nos conquistó la misma gente. Lo de la secta fue idea del dragón, quéjate con él.

    Lo de los mexicanos si fue idea mía...

    Saludos
     
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  12.  
    Merinare

    Merinare Beta-reader

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    Puf. Que ganas de matarme. Sí, ahora también hago interpretaciones de personajes a pedido.

    Qué decirles! Las ganas de que de golpe me cayera un corchazo en la sien mientras pasaba los capítulos fueron constantes durante toda la lectura hasta casi al final. Es como querer tragarse una piña entera con cáscara y las hojas esas que pinchan en la parte de arriba? Dios mío.

    Desde las bromitas edgy de suicidios y drogas con las que arranca fuerte la historia, hasta los bichos mexicanos metidos con calzador con el disfraz de un acento. Uf. OOF.

    Hay muchos detalles que no ayudan. En las partes de doc, y lo noté muchísimo más que en las de morde, faltan signos de puntuación y tildes por todos lados. Mal uso de los tiempos verbales, saltando del pasado al presente inconscientemente. Hay palabras como "tortugita" mal escritas, y después tenés "condescendencia" auto-corregido a "condescendía". Cómo te pasan estas cosas? Cómo puede ser que no te haya corregido "tortuguita" con la "gui"? Android me lo corrigió solo las dos veces recién. No lo entiendo.

    Yyyyyy a pesar del triggereo y el venenito forrástico que OBLIGATORIAMENTE tenía que dejar por lo insoportable que estuvo Morde todo Enero con su spam en Discord, ¡si prestaron atención a todo lo que estoy escribiendo...! Dije "casi hasta el final".

    Y es porque me estaba trepando las paredes por nada, realmente. La historia no es que sea blanda, sino que es poco más que un combustible para seguir cargando la historia de memes. Los personajes no son sosos, sino que tienen la maleabilidad suficiente como para adaptarlos a las ideas más estúpidas que se les ocurran. No es que sean unos inútiles haciendo una historia, sino que literalmente se esfuerzan en todo momento en que nadie, ni siquiera la historia misma se tome en serio.

    Y adivinen quien leyó el 80% de sus capitulitos pensando que era algo en serio. Hacia el final del último capítulo, me estaba riendo sola de haberme triggereado y abandonado la historia para volver y triggerearme y abandonarla de vuelta. Por qué no me lo dijeron antes! Estoy segura que se estaban deleitando entre las sombras, "mirá Morde como la estúpida se enoja pensando que nos tomábamos esto como una historia en serio".

    Este fic no necesitaba en absoluto que le preste atención a los detalles, ni a los personajes, ni a la credibilidad de las situaciones. Lo que realmente necesita es poner la mente en blanco como quien se pone a ver la maratón de Futurama del hipno-sapo y ver que tan profundo uno puede introducirse en el huracán de shitposting y memes y chistes malos, esperando encontrar en el ojo de la tormenta, una situacion tan ridícula que supere todas las otras escenas que han ido sacándose de la cabeza. Claramente con ayuda de una combinación de al menos tres o cuatro drogas distintas enchufadas todas a la vez.

    Si, yo también hago chistes de drogas cuando me conviene.

    Un humor poco ortodoxo, un tanto experimental, pero humor al fin y al cabo. Sería una hipócrita por crucificar esta historia cuando me maté de risa leyendo esa abominación que mandó Plushy de Wattpad, y hasta la defendí por tratarse de un humor super regional, que yo sí estaba entendiendo y ella claramente no. Esta historia es el caso inverso: no es mi clase de humor - y evidentemente la razón por la que no me percaté hasta el último momento de la niebla de estupidez que rodeaba este fic fue que los chistes no me hacían clic en la cabeza, siendo reemplazados por un sentimiento creciente de "dios mío estos dos fantasmas tratando de hacerse los graciosos" -, pero seamos sinceros: ¿qué ganaría siendo la mala onda amarga aguafiestas chuuny del grupo y diciéndoles que sus chistes son malísimos y que deberían sentirse mal por ello? Ustedes se divierten, y hay gente a la que claramente le causan gracia sus tonterías. Eso es suficiente como para no tocar esta historia nunca más en mi vida, pero sin que se queden pensando si realmente hicieron algo mal al querer tomarse una historia con humor.

    Son como esas novelas donde el personaje principal va y le dice a la novia "no eres tú, soy yo" (pero en realidad es el guión barato e inmundo de la novela para que el galán se pueda ponchar a la sirvienta tranquilo, sin que las fans de la novia original se triggeren y le hagan caer el rating). En este caso, yo sería la fan de la novia despechada, Plushy y los otros serían los fans de la sirvienta, y ustedes los guionistas hijos de los dueños de la cadena de televisión, encargados de la novela de bajo presupuesto y los actores mal pagados.

    Y por último, Morde. Ay Morde, lo que vengo esperando este momento...

    Agarrá a Doc y al menos revisale los capítulos antes de que los publique. Como llegue a ver otro autocorrector escapándosele entre dos párrafos voy a ir a su long-fic y le voy a anotar todos y cada uno de los errores que encuentre en sus 85 capítulos.

    Ja! DoctorSpring no te esperabas que te terminara forreando a vos, no? Eso es lo que pasa cuando me pones entre los últimos en tus calificaciones. Mi historia era una bomba, no me importa lo que digas :P

    Forra fuera.
     
    Última edición: 2 Febrero 2019
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  13.  
    DoctorSpring

    DoctorSpring Disgregrador Crítico

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    Muchas gracias por tomarte el tiempo de leernos, dulce Meri. Se agradece de vez en cuando una critica negativa para colocar los pies en la tierra (aunque mejor no, porque me chingan con un terremoto).

    Ya he notado diversas fallas ortográficas y estoy tratando de mejorar en ese aspecto.

    En cuanto a la seriedad de la historia, la verdad es que esta fue fruto de una actividad en el que el objetivo principal era pasarla bien. Nos permitimos hacer algunas estupideces, aunque creo que nos hemos pasado un poco.

    En fin, gracias por tu hermosa critica, espero leer algo tuyo pronto.

    Saludos.
     
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  14. Threadmarks: Capítulo 3 Parte 1 (Morde)
     
    Morde

    Morde Dragón con caverna

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    Título:
    Pokémon Mundo Misterioso: Las aventuras de la dama y el verdugo [Cazadores de Recuerdos]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    5
     
    Palabras:
    1550
    Después de dos meses (tardé menos que la otra vez, ¡yay!), aquí va mi segundo capítulo con el cual no me siento del todo orgulloso pero que espero que disfrutéis más que yo. Los dos siguientes vendrán a cargo de Doc que seguramente tarde menos en publicar (?). Aprovecho también para disculparme con los mexicanos que se sientan ofendidos; la única intención es hacer humor y no buscamos molestar a nadie.

    Also, ahora al que hay que avisar para que arregle las cosas es a Gold, ¿cierto?

    Capítulo 3. Primera parte

    -I-

    Ni siquiera nos dio tiempo a movernos cuando la puerta reventó. Pero el Blastoise con una gigantesca cicatriz en el vientre que apareció no era el único problema que teníamos. Más tortugas habían tomado la casa, por lo que estábamos rodeados. Mi padre empezó a cargar un ataque pero entre varios Wartortle nos dejaron inmovilizados y Blastoise apuntó con sus cañones a nosotros.

    — No se mueva, pendejo, o les volamos la cabeza a los chamacos.

    Mi padre no tuvo más remedio que cancelar su ataque.

    — ¿Qué es lo que quieres, González?
    — Ajustar cuentas, wey. Los escuincles mandaron a la chingada el suministro de agua para los cultivos.

    La cabeza izquierda de mi padre se giró entonces hacia nosotros. Nos dirigía una mirada fulminante.

    — Nosotros no hemos hecho nada —respondió Susi—. Solo entramos, cogimos el tesoro y salimos.

    Mi padre lo discutió con sus cabezas y, finalmente, dijo:

    — Ellos no dejarían sin agua a nadie… al menos no voluntariamente. Vuestro problema es con…
    — ¡Nuestro pinche problema es que se metieron en nuestro rancho y luego de eso el agua dejó de salir! ¡Queremos que vuelvan allá y prendan esa madre!
    — Eso no va a poder ser —intervine.
    — No lo hagas más complicado, Bartimeo —respondió mi padre.
    — Pero es verdad…

    Y conté lo ocurrido en el pozo.

    — Susana, ¿ocurrió eso de verdad o se lo está inventando para que lo maten?
    — ¡Cállense, pendejos! —interrumpió González—. Hagamos esto, Timeo. Mañana cuando amanezca los chamacos volverán a nuestro rancho. Desde allá, los llevaremos a otro lugar. Deben ingresar a él y hacer que vuelva el agua a nuestro pozo. Si no, les volamos la cabeza. ¿Quedó claro?
    — ¿Y si me niego a permitirlo?

    González soltó unas carcajadas y respondió:

    — No estás en condición de negarte, mijo.

    Los Wartortle nos soltaron entonces. Mi padre y González se dirigieron unas palabras que no logré escuchar antes de que la invasión de tortugas se retirara del lugar.

    — En menuda me habéis metido —comentó mi padre una vez se hubieron ido. Estaba molesto.
    — ¿Qué hacemos entonces? —preguntó Susi.
    — Vais a ir. Creo recordar haber visto el sitio que dijo González en uno de vuestros mapas, así que además de arreglarle el agua traeréis el tesoro que haya allí dentro. Y ni se os ocurra volver a tratar con ninguno de mis clientes, ¿entendido?

    Ambos asentimos.

    — Y ya que vais —continuó—, aprovechad para labraros reputación. Al volver aquí me enteré de que hay un niño perdido en ese sitio. Sacadlo de ahí o haced con él lo que queráis. Aunque yo os recomiendo dejarlo secuestrado y pedir un rescate a su madre.

    Las tres cabezas de mi padre se rieron a coro en lo que resultó algo muy siniestro.


    -II-

    — ¿Y no pueden volarnos la cabeza ya? —pregunté nada más tuve delante a González.

    No obtuve respuesta salvo por un “está pendejo este güey” que dijo al Squirtle que debía acompañarnos hasta el lugar donde había que arreglarles el suministro de agua. Una vez hubieron arreglado todo, González cerró la puerta.

    — Me llamo Juan Diego —se presentó el Squirtle— y les acompañaré hasta el manantial. Pero no crean que quiero hacer esto.

    Caminamos un buen trecho en silencio hasta que Juan Diego volvió a hablar, esta vez en voz baja:

    — ¿Saben? No soporto a mi familia.
    — ¡Genial! ¿Nos matamos los dos? —respondí rápidamente.
    — No —mi ilusión había durado poco—. Pero desde el incidente con los Guzmán están bien pinche pendejos con la seguridad.

    Tragué saliva. Ese apellido me sonaba mucho.

    — ¿Eso no fue el altercado que causó diez muertos en Vaoris? —preguntó Susi.
    — Treinta —corrigió el Pokémon acuático—. A los otros los arrojamos al pozo y nadie encontró los cuerpos. Menos al de Joaquín. Creo que se lo llevó el sicario para no sé qué madre.
    — Tsk —ya había caído en quiénes eran y qué hizo mi padre con su líder—. No queráis tener un cadáver como reloj en vuestra habitación.

    Se hizo un largo silencio a partir de entonces hasta que llegamos a la entrada de una cueva.

    — Acá es —dijo Juan Diego—. Arreglen el suministro de agua si no quieren tener problemas con mi padre. Yo les esperaré acá en la entrada.

    Ambos asentimos, pero la tortuga siguió hablando con un tono mucho más bajo:

    — Tú, la Ralts. ¿Puedes comunicarte a distancia?
    — No.
    — ¿Y mover cosas?
    — Eso sí —lo demostró mandándome a volar después de que casi le toco una parte íntima.
    — Si necesitan ayuda, pueden mandarme una nota y les intentaré sacar del apuro.

    Ambos asentimos y entramos en el lugar…


    -III-

    Gruta Slipdrop, sección 1

    Si las escamas de alrededor de mis ojos me hubieran permitido ver algo, me hubiera maravillado ante el lugar. Se trataba de una cueva iluminada por una luz tenue, llena de estalactitas muy afiladas que amenazaban con caerse en cualquier momento. Una pequeña corriente de agua circulaba al lado del camino, lo que nos permitía saber dónde estábamos.

    — Sería genial que esas piedras se nos cayeran encima —comenté sin obtener respuesta.

    El lugar se iba poniendo aún más hermoso conforme íbamos avanzando y empezaban a aparecer muchos Morelull que brillaban y alumbraban el camino.

    — Cuidado —advirtió Susi cuando vio que me acercaba a uno de ellos—. No quieras que te dejen dormido con sus esporas.
    — ¿No pueden matarme?
    — No.
    — Pero si me quedo dormido, vendrán otros Pokémon a matarme mientras.
    — No vas a quedarte dormido.
    — Pero…

    En ese momento Susi estampó mi cabeza contra el suelo. Era una forma de callarme un tanto dolorosa pero efectiva.

    — Y la próxima vez te lanzo contra los Roggenrola —espetó.
    — ¿Qué Roggenrola?
    — Esos que tienes justo… —sin darme cuenta, choqué contra algo mientras avanzaba— … ahí.

    Entonces, se escucharon muchas voces al mismo tiempo. Eran tan desordenadas y altas que no se podía entender nada.

    — Estoy segura de que quienes hablan no son los Morelull —murmuró Susi.

    El ruido se iba haciendo cada vez más alto hasta que una voz, más profunda que el resto, logró imponerse:

    — ¡Silencio!

    De repente el barullo de voces se detuvo.

    — Ejem —volvió a hablar quien calló al resto—. ¿Podrían ayudarnos?
    — ¿Quiénes sois? —pregunté—. ¿Nos mataréis después?
    — Seguramente no —agaché la cabeza al oír la respuesta—. Somos los Roggenrola que tienen delante. Atrás de nosotros sigue esta cueva pero, como pueden imaginar, no pueden pasar. Nosotros no queremos problemas y les dejaríamos seguir adelante, pero nos hemos quedado atascados.
    — ¿Cómo ha podido pasar eso? —preguntó Susi—. Es decir, la abertura es muy grande como para quedaros así.
    — No lo sabemos. Lo último que vimos antes de atascarnos fue un Slowking.

    Susi y yo nos miramos. Acababa de llegarnos el mismo pensamiento a la cabeza:

    — ¿Shoko? —murmuramos al unísono.
    — ¿No hay ningún Pokémon acuático que pueda sacaros a presión? —siguió Susi.
    — No queremos salir así. El agua duele mucho.
    — Ya… veremos qué podemos hacer.

    Nos quedamos mucho tiempo en silencio sin saber cómo desbloquear el camino. Hasta que…

    — ¿No puedes sacarlos con tus poderes psíquicos uno a uno? —pregunté.
    — ¿Estás loco? Mis poderes son limita… dos —Susi se fue frenando conforme iba hablando. Parecía que se le había ocurrido algo—. A no ser… Bartimeo, ¿quieres arriesgar tu vida para salvar a los Roggenrola?
    — ¿Que si quiero? —respondí ilusionado—. ¿Qué pregunta es esa? ¡Como si me quieres matar aquí mismo!
    — Prepárate entonces.

    Mi cuerpo empezó entonces a elevarse poco a poco hasta que, llegada cierta altura, salí despedido hacia los Roggenrola, los golpeé y caí al suelo.

    — ¿Has notado que se hayan movido?
    — Un poco, sí.
    — Bien.

    Conté cuatro veces más que se repitió el mismo proceso. La sexta ocasión cambié mi respuesta:

    — Creo que he visto lo que hay detrás.
    — La última.

    Una última vez, mi cuerpo salió despedido hacia los Roggenrola, pero en esta ocasión el muro que formaban se rompió y salí rodando hasta golpear una pared que, esta vez sí, era de roca inerte. Mientras, el muro de Pokémon rocosos se derrumbó hasta que finalmente todos pudieron levantarse y caminar por su propio pie.

    — ¿Estás bien?
    — No —respondí—, sigo vivo.

    El líder de los Roggenrola se acercó entonces a nosotros.

    — ¡Gracias por sacarnos de ahí! Tomen esto, les será útil más adelante.
    — No es necesario… —respondió Susi.
    — Insisto, quédense con esto.

    Eran una baya Atania y otra Aranja que nos guardamos.

    — Y tengan suerte allá dentro.

    Ambos asentimos y seguimos nuestro camino. El ver a alguien agradecido con nosotros me había transmitido una sensación extraña y que hacía mucho que no sentía. Era… como si la vida fuera algo disfrutable. El pensamiento rápidamente se borró de mi cabeza en cuanto recordé qué había ido a hacer en aquella cueva, pero el solo hecho de que hubiera existido fue algo que me llamó mucho la atención.
     
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    DoctorSpring

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    Pokémon Mundo Misterioso: Las aventuras de la dama y el verdugo [Cazadores de Recuerdos]
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    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    5
     
    Palabras:
    4471
    Buenos días, con ustedes la ultima parte del capítulo 3. En esta ocasión no tengo mucho que decir salvo jurarle a Arceus que no vengan tipos en camionetas a meterme palizas que, aunque merecidas, prefefería evitarlas de ser posible.

    Ya en la siguiente actualización nos embarcaremos en el penultimo capítulo de este arco. Parece que fue ayer cuando estas aventuras comenzaron, aunque las palabras Morde y "ayer" no puedan ser usadas en una misma oración.

    Ya sin más que decir, disfruten el capítulo.


    Capítulo 3

    Segunda Parte

    I
    Segunda Sección


    —¿Eso era lo que estaba tapando el acceso del agua?—preguntó Bartimeo refiriéndose al tapón de los roggenrola, admirando con ojos brillantes los picos del techo.

    —No creo que sea tan fácil—respondí ajustándome el sombrero.

    Estábamos atravesando la segunda sección de la gruta Slipdrop mientras vigilaba que el deino no quisiera aplacar contra las paredes de la cueva para hacer caer las estalactitas. Lo intentó varias veces donde fracasó debido a los zubat que estaban saliendo de todos lados en una táctica de amedrentamiento. Si es que los pokémon salvajes pudieran hacer algo parecido a eso. Seguimos caminando hasta que llegamos a una especie de cortina que emanaba calor detrás de ella.

    —¿Tan rápido llegamos a la tercera sección?

    —Mantengo lo mismo que dije antes—insistí.

    La cortina era idéntica a la que podrías ver en un hospital salvo por algunas manchas amarillas, en cuanto toqué la tela tuve que retirar la mano de inmediato puesto que estaba ardiendo. Nos detuvimos un rato donde comencé a generar diferentes ecuaciones, diagramas y gráficos para poder sortear ese terrible obstáculo hasta que alguien salió de ella como si nada; una surskit que mostraba unas fuertes ojeras (los insectos pueden tener ojeras, véase “Biología Insectoide Para Tarados Vol. 30”) junto con un tapabocas amarillento. Los pequeños ojos de la zapatera temblaban dentro de sus pequeños órbitas que nos miraban como si nos estuviéramos apuñalando el vientre repetidamente.

    —Ustedes no pueden estar acá, váyanse—susurró la tipo bicho.

    —No es su problema—respondió nuestro querido dragón antes de que pudiera hablarle a esa maravillosa criatura.

    Bartimeo haciendo gala de su falta de cariño por la vida, cruzó la sucia cortina, aunque lo íbamos a hacer de todas maneras así que tampoco podía usarlo de excusa para golpearlo. Del otro lado vimos una especie de laboratorio llenó de hornos, tambos con contenidos sospechosos, paquetes apilados en la esquina, armarios de acero inoxidable, probetas en una estantería. Las empleadas, todas hembras, nos miraron asustadas. Claro que después dedujimos que ellas estaban más temerosas por nosotros que por ellas mismas.

    Agarré un cubrebocas mientras le colocaba otro a Barti que ya estaba aspirando el químico que flotaba en el aire. Escribí una nota mental sobre conseguir un sombrero y un colgante de repuesto.

    Nuestros compañeritos de exploración hubieran estado gustosos en este rincón de la gruta.

    —Lárguense de aquí, chamacos—dijo una sunflora marchita.

    —¿¡Quien les dijo que pararan, pendejas!? ¡Órale! ¡A chambear!

    La ridícula voz pertenecía a alguien que estaba parado en un rincón del laboratorio, vestía un pañuelo rojo que reemplazaba el tapabocas, un sombrero de vaquero cubierto de plástico. Un raro problema de nacimiento había causado que una parte del pelaje encima de la boca se tornara negro haciendo las veces de bigote. La poca autoridad que podía tener la voz de un emolga fue suficiente para que las jóvenes volvieran al trabajo, una de ellas terminó de meter al horno una bandeja de arena.

    —¿Están haciendo lo que creo que están haciendo?—preguntó distraído Bartimeo.

    —Pos claro, compadre—respondió la ardilla eléctrica girándose el sombrero.

    —Es sal—aclaré—. La materia prima cruza la frontera desde Iztlan.

    —¡Esa era mi línea, cabrona! ¡No soy nadie más ni nadie menos que Javier Guzmán, el capataz de estas rockruff!

    —¿Guzmán?—exclamamos ambos al unísono.

    —¡Me temo que ustedes han visto demasiado! No es quiera matar a niños, perooooo…—comenzó a reír—¡Esto es Iztlan, pendejos!

    —En realidad es…

    —¡Cállese!

    Ante nuestra estupefacta mirada, el emolga se convirtió en un rayo que se movía a través de la habitación a toda velocidad, matando a las empleadas involuntarias por involuntarios cortes en sus tripas. Yo misma sentí un ardor cuando esa estela realizó una gran cortada en mejilla. Mis ojos estuvieron a descubierto durante unos segundos debido a la corriente de viento que causó el tajo. Bartimeo estaba quieto sin hacer nada, pero no tenía ninguna emoción en su mirada, más bien parecía que sus pensamientos lo mantenían distraído.

    —¡Abajo!—exclamé tirando a Barti al suelo.

    Un corte que rebanaría su cabeza acabó cortando una probeta con un líquido morado que cayó sobre la cara de una sunflora, siendo la prueba definitiva de que eso no era jugo de uva. Afortunadamente no tuvo que sufrir demasiado pues Javier estuvo al pendiente de acabar con su trabajo; algo bastante caballeroso de su parte. La idea de salvar a estas señoritas ya no era prioridad por razones obvias, aunque de todas formas no podíamos estar agachados para siempre.

    ¿O sí podían?

    Un tanque de gas reventó, mandando a volar a otras dos pokémon. Una de ellas sobrevivió solo que tuvo la mala suerte de caer sobre el charco de ácido.

    —¡Que envidia!

    —¡Cállate!

    Unos segundos de silencio después, el empleado de los Guzmán notó la pesada sensación que causaba estar en una habitación con un montón de cadáveres, frenando en el instante en que se dio cuenta. Javier entrecerró los ojos en una mirada casi de picardía, ocultó sus pequeñas alas, luego dejó soltar un poco de electricidad mediante sus mejillas. Teniendo las pequeñas manitas ocultadas detrás de él, imitaba el sonido de un acordeón o más bien el de un acordeón enfermo terminal.

    —A ver, chamacos, no traten de hacerse los muertos. Al final los voy a encontrar…

    —¿¡Qué chingados pasa aquí!?

    Si no estuviera agarrada a Barti para que no quisiera descubrirse a si mismo, lo más probable es que nos hubieran encajado en el techo con la fuerza de esos pasos. La especie del recién llegado no era de las más agraciadas. Imagínense que un buneary perdió todo en la vida, se dio a la comida en exceso y al alcohol, entonces tendrán una imagen perfecta de lo que es un diggersby. En concreto este parecía estar desahuciado desde que apenas salió del huevo.

    —Menos mal que llegas, Joaquín—dijo Javier tembloroso—¿Me ayudas a buscar?

    —¿Qué es este desmadre que hiciste?

    —Es que dos intrusos se colaron y…

    —¿¡Y por eso las mataste a todas!? ¡Está bien que son esclavas, pero, no mames! Secuestrar tiene su chiste, no es solo agarrar a cualquier doña que camine por la calle y largarte, tienes que decidir bien porque luego salen las represalias.

    —No estamos en Iztlan, acá la probabilidad de que una muchachita sea de una familia criminal es escasa…

    El sudor en la frente de la ardilla voladora era clara señal de que estaba perdiendo la discusión. El conejo negó de manera energética al mismo tiempo que pateó del puro coraje uno de los cuerpos.

    —Ya la cagaste así que terminemos el trabajo—concluyó Joaquín—¿Dónde decías que estaban esos cabrones?

    —Tenemos que movernos—susurré—. Nos van a atrapar si seguimos aquí.

    —¿No sería mejor eso? Terminar con nuestro sufrimiento…

    —No—respondí—. Solo debemos pensar en algo que nos ayude a…

    —¡Tonto el ultimo!

    Antes de que pudiera decir nada, el deino corrió hacia la salida de la sección como una skiddo loca escapando de un caliente gogoat. Los dos criminales tardaron un poco de en darse cuenta de que uno de sus enemigos estaba largándose en sus narices hasta que el conejo decidió seguirlo desde debajo de la tierra. Aprovechando la distracción de Javier usé mis poderes psíquicos para aventarle una de las probetas en la cabeza. No fue suficiente para detener a la ardilla.

    —¿Así que ese era tu plan, cabrona?

    —Sí—respondí ocultando mi miedo.

    —¡No te va servir! ¡Moflete Estático!

    En un abrir y cerrar de ojos Javier frotó sus mejillas contra mi cara en una manera que podría considerarse acoso sin que apenas lo notara, luego cruzó sus pequeñas manitas mirando complaciente el resultado. Si piensan que voy a elaborar una metáfora ingeniosa de como se siente estar paralizado pues piensan mal, puesto que en lo único que podía pensar en ese momento era en la próxima muerte que me esperaba.

    —¡Adiós pendeja! ¡Corte!

    Un ataque tan vulgar como el usado para retirar pequeños arbustos del camino, podía volverse mortal si lo usabas mientras te movías a una tremenda velocidad. Afortunadamente, en cuanto un pokémon esta en el calor del combate, comienza a olvidarse del sentido común y grita sus movimientos antes de hacerlos. Alguien tan imbécil como mi contrincante no iba ser ninguna excepción, por lo que usé esa ventaja para teletransportarme a un armario, acción que me hubiera desintegrado de manera molecular si me hubiera equivocado por unos centímetros más.

    Aunque fueron apenas dos metros, una punzada en la cabeza me recordó que mis poderes psíquicos estaban limitados. Desde mi posición, seguía escuchando al emolga patear todo lo que encontraba.

    —¿¡Dónde chingados estas!?

    Tarde o temprano iban a encontrarme. Lancé un silbido.

    —¡Ja! ¡Tienes que estar bien pendeja para creer que iba a caer en esa trampa!

    La verdad es que no lo creía. Javier sonríe.

    —¡Impactrueno!

    El rayo cayo directamente sobre el casillero, envolviéndolo y haciendo de su interior un horno. La electricidad corre a través de la toda la superficie del metal. Solté un alarido de dolor.

    —¡Maldito hijo de….!—exclamé—¡A ver si vienes a rematarme!

    —¡Con mucho gusto, pendeja!

    En cuanto el ranchero tocó la pieza de mobiliario, retiró la mano en un acto reflejo. Después de chuparse el dedo unos segundos hasta que el dolor desapareció, chasqueó la lengua.

    —Pen…

    El miembro de los Guzmán no fue capaz de terminar su repetitivo insulto por culpa de una bandeja de acero azotada contra su cráneo, callando esa insoportable voz de una vez. Apreté mis manos contra mi cabeza mientras dejaba caer el instrumento. No todo en esa estrategia sucia fue actuación, el alarido que dejé salir en cuanto me teletransporte era de verdad. El dolor que sentía era muchísimo peor que el que sufrí durante nuestra estúpida batalla contra el pajarraco ese.

    Me dejé caer, tratando de aguantar las lágrimas de desesperación que se esforzaban en salir de mis ojos, los que cerré mientras apretaba mis pequeños dientes. Los abrí de nuevo para ver a una clon mía que me estaba mirando al igual que yo a ella. No comprendiendo bastante bien lo que pasaba, las dos asentimos al mismo tiempo antes de que desapareciera en el aire. Una señal inequívoca de que aprendí Doble Equipo. Un poco más de esfuerzo me permitiría usar Teletransporte sin apuñalarme el cerebro.

    Me quedé tan calmada que olvidé por completo a Bartimeo. Hasta que me volví a acordar.

    La segunda sección era más larga de lo que creía, ya llevaba algunos minutos siguiendo el rastro del diggersby, tantos que mi dolor de cabeza ya había desaparecido. La verdad es que esperaba encontrar el cadáver de Barti por cada paso que daba, pero parecía que el tipo era tan inútil que no podía morirse pronto. La idea de que Joaquín lo hubiera escondido en algún lado para darle nutrientes al suelo no dejaba de pulular en mi cabeza.

    En esto estaba pensando hasta que recordé las palabras del squirtle iztlaleño.

    —¡No puede ser que ese pendejo este aquí!

    —¿¡Tú que demonios haces aquí!?

    —Escuché un verdadero desmadre—explicaba Juan Diego ajustándose el pañuelo—. Eso vale verga ahora. Mi pedo es que ese tipo que vi pudriéndose entre un montón de cadáveres este tirado aquí con un chichón.

    —A lo mejor te confundiste, ¿¡yo que sé!? Si vas a seguirme mantente calladito y deja de decir estupideces.

    —¿Sabes con quien estás hablando?

    Me detuve de golpe mientras sacaba un folio en mi mochila, garabateé algunas cosas con rapidez y estampé el papel en su cara. El papel decía “CALLATE”.

    II​
    Tercera Sección

    En compañía de mi nuevo compañero caminé hasta que llegamos a una zona más profunda iluminada por unas antorchas que proyectaban las sombras en el suelo. Cuando nos acercamos lo suficiente, pudimos escuchar el impacto del metal contra la roca, junto con unos infantiles jadeos. Aunque había dejado que Juan se hubiese adelantado, no tuve problema en escuchar una exclamación de sorpresa que era un verdadero insulto a nuestro idioma.

    —¡A su madre!

    Un altavoz dejaba salir música de guitarra mientras un imbécil berreaba cosas sobre ponytas, guitarras, petates y demás hasta que estalló con un poco de mi fuerza psíquica. Los trabajadores ni siquiera notaron la falta de su pobre entretenimiento. No eran nada más que niños picando pedazos de mineral rosáceos, no muy felices, pero era complicado sonreír cuando te obligan a estar minando en medio de una cueva oscura con zubats ensombrerados vigilando.

    —¿¡Qué chingados hacen ustedes!?—exclamó uno de ellos tirándoles dos piquetas—¡Hay mucha chamba!

    —Ese mineral es sal—comentó Juan Diego—. La sal mineral está mucho más cabrona que la sal natural que sale de la arena.

    —Ya lo sé—dije levitando el pico.

    Los murciélagos ante ese claro intento de agresividad aplacaron contra mí, debido a que por fortuna no eran muy inteligentes. aproveché eso para hacer girar la herramienta a alta velocidad. Los pobres capataces terminaron estampados contra las paredes de la cueva y cuando me aseguré de que todos estaban muertos, solté el pico de golpe que acabó clavado en la superficie de piedra, haciendo derribar las piedras debajo de la zona del impacto.

    —Eso no estaba en los mapas.

    Reconocería esa voz desinteresada con un leve deje de estupidez en cualquier lado, me sorprendí captar cierta alegría en mí misma. Varias de mis neuronas explotaron como fuegos artificiales de baja calidad en cuanto volví a ver a Bartimeo. Sujetaba un pico con su hocico, un sombrero de minero corriente, aparte de haberse manchado de hollín para pasar desapercibido entre la mano de obra. Al lado de él había un poliwag que miraba la escena aburrido.

    —Ya encontré al niño secuestrado—dijo Barti orgulloso—. Ahora estoy en proceso de morir de extenuación.

    —¿Qué pasó con Joaquín?—pregunté con la voz inexpresiva.

    —Lo perdí. O sea, yo le perdí a él en vez de que él me pierda a mí.

    —¿Este tipo esta pendejo o algo?—dijo Diego.

    —Supongo que sí—respondió el chico secuestrado.

    —Bueno, entonces sigamos—dije—. Estoy segura de que esa muesca debe estar por aquí.

    —¡Ya busqué por aquí y no hay nada!—protestó Barti.

    —Ah cabrón, se supone que la llave del agua debería estar por aquí—interviene Juan.

    —¿No conocías sobre esa entrada oculta?

    —Ni madres. Nuestra familia tuvo esta gruta como fuente de agua desde hace un chingo de tiempo, lo debería saber.

    —Está bien—suspiró Bartimeo—. Hagan el favor de quedarse aquí ustedes.

    Los niños de la mina asintieron.

    III
    Tercera Sección (habitación oculta)


    Los tres entramos a la puerta oculta donde nos esperaba un larguísimo pasillo en el que apenas podíamos ver lo que había frente a nuestras napias debido a la asombrosa oscuridad anuladas solo por unas antorchas que proyectaban un poco de sombras. Nomás fueron suficientes unos cuantos murmullos para que averigüemos que ninguno conocía ni tenía posibilidades de conocer destello en ese momento. Seguimos avanzando con Bartimeo liderando la marcha, Juan Diego en el medio y yo atrás (ninguna hembra que se aprecie le daría la espalda a un macho en medio de un sitio oscuro) cuando el dragón detuvo sus pasos.

    —¿No escuchan ese sonidito de piano?

    —¡El piano es para jotos!—exclamó Juan Diego sin venir a cuento.

    —¡Joto tu vieja, pinche mocoso!

    —¡No te metas con mi jefa, pendejo.

    —¡Él no dijo nada!—exclamé antes de que el squirtle le pudiera dar un puñetazo a mi compañero.

    —¡Sí lo dije!—insistió Barti.

    —¡No, lo dije yo!

    Abrimos los ojos sorprendidos en cuanto vimos al pokémon que nos estaba dirigiendo insultos tan bonitos; estaba frente a un escritorio sirviéndose un vaso de tequila de un grifo pegado en la pared. En su cuello inexistente tenía un ornamento de Arceus bastante oxidado. Ahora que lo pienso mientras me dan ganas de ir al baño de nuevo, no sabría decirles cómo pasamos del pasillo oscuro hasta la oficina de ese mafioso que nos miraba con sus pupilas brillantes.

    —¡No mames! ¡Te chingaste el sistema de riego y lo llenaste de alcohol!—exclamó el menor de los Ríos.

    El feebas asintió.

    —¡Lo que haga con estas pichurrientas tuberías es mi problema! ¡Más bien, deberíamos hablar sobre su cabrona situación!—esbozó una asquerosa sonrisa digna de un tepig—¿Saben quién soy, no?

    —Usted es el señor de los Mares, al que siempre he odiado durante toda mi vida—explicó Bartimeo sonriendo complaciente.

    —Eso es bien pinche imposible—continuó Juan Diego compañero—-. Yo lo vi pudriéndose junto con los demás cadáveres.

    —Deja de decir pendejadas.

    Durante el tiempo donde los dos iztlaleños discutían, fui capaz de ver la extraña huesca en medio del papel de pared. Un cofre oxidado estaba encima del pez sonriente que seguía diciendo improperios. No quería sentir ese horrible dolor de cabeza otra vez por lo que me limité a usar mis nuevas habilidades para dejar un clon en mi lugar y escurrirme detrás del pescado. En ese momento, el famoso conejo salió de debajo de la tierra, sacudiendo la habitación entera, incluyendo una lampara de araña tambaleante.

    No fui capaz de resistir una exclamación de dolor cuando uno de los cuadros del jefe de la banda me cayó encima de la cabeza. Mi clon desapareció logrando que el feebas frunciera el ceño antes de lanzarme un fuerte Rayo Hielo que acabó conmigo tirada en la alfombra y alcé adolorida la mirada solo para ver como el pescado podía moverse de manera bastante ágil pese a estar en el aire. Joaquín también tenía la intención de atacarme antes de recibir un Placaje de Juan Diego.

    —¡Yo me encargo de este pendejo! ¡Ustedes chínguense al jefe!—exclamó antes de llevárselo a empujones a la mina.

    —¡A mí nadie me chinga!—respondió el susodicho deslizándose hacia donde estaba tirada—¡A ver quién termina pudriéndose primero, chavos! ¡Soy Giovanni, el señor de los mares!

    IV
    El primer movimiento del señor de los mares fue un extraño Cola Férrea que logré esquivar gracias a mi imperfecto teletransporte que, sirvió para alejarme esquivarlo por unos metros, a coste de una punzada en el cráneo. La parte de la alfombra en la que estaba se encontraba hundida en el suelo, lo que era digno de admirar para la cola de un pez.​

    Me levanté con un ágil salto (o al menos un intento de eso) para tratar de hablar con Bartimeo, pero Giovanni ya había hecho su movimiento. Unos segundos antes de recibir el golpe, apareció una onda en medio del suelo como las que causas cuando avientas piedras a un río, luego el resto fue historia. El impacto del Buceo acabó siendo tan fuerte que me aventó hasta chocar con un cuadro de un grupo de rockruff jugando al pokér. Me levanté como pude antes de que el mafioso volviera a sumergirse

    El deino seguía mirando.

    —¡Un poco de ayuda no me vendría mal!—dije sintiendo mi espalda zumbar por el dolor.

    El feebas volvió a atacar desde el otro lado de la habitación, dejé que un clon mío recibiera el ataque. Mi cabeza comenzaba a palpitar al igual que el resto de mi cuerpo.

    —¡Mis ataques son demasiado cabrones para ti!—exclamó el pescado nadando a través de la pared—¡Yo ya dominaba este ataque antes de estuvieras en los huevos de tu jefe!

    —¡Bartimeo!—exclamé desesperada.

    «Esto va doler» pensé mientras dejaba cuatro clones detrás.

    Ya conocía de antemano que no podía engañar al jefe de los Guzmán de manera tan sencilla por lo que justo antes de que me diera me había teletransportado unos centímetros, esquivando el ataque apenas. En mi huida hacia el pasillo trastabillé en cuanto sentí como si alguien golpeara mi cabeza con un martillo y luego lo dejará clavado ahí. Mis pequeños pies también estaban resentidos de tanto caminar. Unas lagrimas involuntarias corrían por mi cara.

    Estaba convencida de que era mi fin cuando de repente pensé en una estupidez.

    —Eso no va funcionar—dije en voz alta.

    Aunque me terminé convenciendo de que era mejor morir intentando algo que simplemente dejarte matar. Me paré en seco, exhalé concentrándome en el dolor de mis huesos y justo en el momento en que el señor de los mares me dio el golpe final, pronuncié unas ultimas palabras mientras una extraña aura aparecía alrededor mío.

    —¡Rabia!—exclamé antes de caer inconsciente.

    El resto se encargará de contarlo Bartimeo por razones obvias, es por eso que usando mis encantos femeninos lo atrajé hasta mi casa y se encuentra esperando detrás de mí para escribir como desquiciado.

    Algunas cosas nunca cambian.

    V
    El trance en el que estaba metido mi cabeza fue interrumpido cuando escuché el sonido de un trozo de carne estamparse con fuerza contra el suelo y a pesar de mi escasa vista noté que se trataba del señor de los mares que se suponía debería estar en mi casa cantando esa canción molesta mientras daba la hora. Mi sorpresa fue mayor viendo que mi improvisada compañera yacía desmayada boca arriba, sus iris de color rojo ocultas debajo de unos serenos parpados. Se veía tan hermosa, como si estuviera durmiendo, si ignoramos los obvios moretones. Estaba seguro de que si la rescataba no le molestaría que yo mismo reclamará un poco del “premio”.

    Giovanni me dirigió una tenebrosa sonrisa.

    —¡Aunque esa puta pendeja me haya quitado uno de mis ataques, con los que me quedan me basta y me sobra!

    —Supongo que sí…—dije bostezando.

    Mi indiferencia total aportó más rabia dentro del pequeño pescadito, tanto que, a través de sus limitaciones, pudo arreglárselas para deslizarse hacia mí. Lo que no pensaba es que yo también tenía mis limitaciones y podía arreglármelas…eso sonaba mejor cuando lo pensaba de camino a la casa de Susi. Mi rostro distraído cambió a algo parecido a la determinación al mismo tiempo que de mi boca saliera una solitaria llama azul que gracias a mis experiencias anteriores logré que cayera frente a las narices del tipo agua.

    El capo retrocedió asustado, pero supo recomponerse. Asentí hacia mí mismo para luego lanzarme al ataque con un cabezazo. Mi enemigo supo reaccionar lanzando un rayo hielo de su frente. Si ese movimiento no terminó matándome es que distraído en mis fantasías me desvié un poco sin darme cuenta, estrechándome contra el papel de pared de la habitación de Giovanni. En cuanto saqué mi cabeza de ahí el pez ya estaba preparándose para atacar de nuevo.

    «Es insistente el tipo» pensé «Tal vez no valga la pena»

    Mis pensamientos cambiaron al oír los ronquidos de Susana, la determinación volvió a mi cuerpo al igual que otros sentimientos indecorosos bastante asquerosos de describir. Revisé mi repertorio de movimientos hasta que recordé uno de los primeros ataques que me enseñó el infame hydreigon. Una brillante aura apareció debajo de mis patas. Traté de azotar al pescado que esquivó ridículamente fácil. Un Rayo Hielo rostizó las escamas de mi costado.

    No sentía dolor a causa de la testosterona bullendo. El problema es que olvidé cambiar de ataque así que las lucecitas seguían haciéndose cada vez más fuertes. Al final reventé y con un grito que haría explotar el cerebro de mi compañera, traté de pegarle al pescado sacando energía por todos mis foros. Giovanni esquivó de nuevo, o al menos eso me gustaría escribir, pero en realidad no lo necesitó. Tanto mi ceguera física como mental hizo que impactara el Golpe Cabeza contra una de las paredes de la cueva.

    Retiré mi cabeza de ahí para sentarme aturdido y vulnerable. Se podría decir que le hice un critico a la pared.

    —¡ajajajajaajajajajaj! ¡Pinche pendejo!—exclamó el feebas cargando un rayo helado justo en mi cabeza—¡No te preocupes, escuincle, pronto te vas a encontrar con tu…

    Las palabras finales le estaban quedando bastante bien en mi opinión, el problema es que no pudo terminarlas antes de que una lámpara de araña lo convirtiera en un montón de carne picada para los makigarp. Antes de que el candelabro pudiese soltarse, escuchó un extraño chirrido, que, aunque solo fue el sonido de la cadena al partirse, podría pasar por una risa sin ningún problema. Unos segundos después apareció nuestro nuevo amigo acompañado de los niños de la mina, entre ellos el aburrido poliwag.

    —¿¡Que chingados pasó aquí!?—exclamó Juan Diego mirando el panorama entero.

    —Es una larga historia.

    —Hemos decidido ayudar al señor González a arreglar las tuberías—dijo el niño perdido.

    Mientras una pequeña sonrisa asomó en mi hocico al pensar en la reacción de mi padre después de no haber seguido su sabio consejo, cargué a Susana sobre mi lomo a la vez que le dirigía una mirada desdeñosa al cofre oxidado encajado en la pared. En cualquier otro caso, no dudaría en arremeter para terminarme de matar, pero entonces no podría agarrar mi premio. Coloqué a la ralts para pararme encima de ella, un pequeño salto fue suficiente para echarle un mordisco a la cerradura del cofre.

    Me balanceé con cuidado hasta que caí junto al cofre. El tesoro salió propulsado en arco. Un anillo con una pequeña joya arcoíris como adorno. ¿A lo mejor tenía algo que ver con el tesoro de la Pradera GoldenHill?
    V
    En cuanto desperté, estaba sobre una montaña con el atardecer detrás de nosotros, una mirada de decepción en la cara de mi compañero fue lo primero que vi cuando me levanté. Por un segundo pensé que estábamos en el cielo y la tristeza de Bartimeo era porque existía vida después de la muerte pues eso era más fácil que creer que el dragón había hecho algo con su vida. La música romántica sonando a mi lado me daba una idea de lo que estaba pasando.

    —¿¡Qué esta pasando aquí!?—exclamé asustada.

    El deino no pudo responderme antes de que un fuerte golpe de mi sombra le mandara a volar de vuelta al pueblo. Ese día pude dormir como si la mismísima cresselia me estuviese acunando.







     
  16.  
    DoctorSpring

    DoctorSpring Disgregrador Crítico

    Tauro
    Miembro desde:
    3 Septiembre 2016
    Mensajes:
    268
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Pokémon Mundo Misterioso: Las aventuras de la dama y el verdugo [Cazadores de Recuerdos]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    5
     
    Palabras:
    3155
    Buenos días, fanaticos de las aventuras de Bartimeo y Susana, si es que queda alguno, aca hasta la primera parte de la cuarta exploración de nuestros amigos, con un extra de chistes racistas y sangre.

    No tengo mucho que decir salvo por reiterarlos que disfruten este capitulo porque sabe Arceus cuando Morde va a publicar el siguiente.

    Saludos.



    Capítulo 4

    Primera Parte

    I
    La noche había caído sobre la región de Astrelia mientras los dos volvíamos de la gruta con la cabeza meditabunda por las cosas que habíamos visto en nuestra tercera exploración. Yo hubiera jurado ver a esos iztlaleños en primera plana cuando salió la noticia de la masacre hace años, de la que no pudo saberse el verdadero impacto hasta que un desafortunado explorador como nosotros había encontrado los cadáveres, algunos tan destrozados que no puedo describirlos en una historia 13+. El punto es que mi mente racional hacía teoremas científicos sobre ese tema y explicaciones dignas de una novela mala de ciencia ficción en un intento desesperado de darle una razón lógica, pero, por otra parte, mi mente más instintiva gritaba la palabra “fantasmas” a todo pulmón. Mi compañero también parecía estar en el mismo dilema, incluso con la semilla de la estupidez enraizada en su cerebro. Ninguno de los dos hablamos durante el camino que llevaba a Villa Vaoris y cuando pisamos los limites del pueblo, una reconocible voz nos detuvo, aunque bien podría haberlo hecho antes puesto que nuestra reflexión causó que tardáramos casi una hora en llegar.

    —¡Chamacos!—exclamó el squirtle.

    —¿Juan Diego?—preguntamos los dos al unísono.

    —¿Dónde está tu padre, wey?—le preguntó a Barti.

    —En casa, supongo…

    La tortuga alzó la ceja.

    —¿Estás seguro?

    Los tres corrimos presurosos a la casa de Bartimeo que estaba a las afueras de la población. Lo primero que vimos fueron varios cuerpos de tortuga tirados en el pasto de los alrededores de hogar del dragón, uno de ellos (o una de ellas) estaba tirado encima de la puerta rota como si la hubieron usado para romperla.

    —¡Pendejo, no pises a Pancho!

    —¿Y si lo piso, qué me haces?—inquirió Barti.

    —Nada, pensándolo bien era un mamón.

    —¿No era tu hermano?—dijo el deino un poco decepcionado.

    —Sí, pero eso no le quita lo mamón.

    En la lúgubre sala pudimos ver más cadáveres aparte de los trofeos del hydreigon. Un wartotle estaba en la mecedora favorita del asesino al sueldo, con uno de esos artefactos para remover la madera de la chimenea clavado en el vientre. Manchas de sangre adornaban el aburrido papel de pared de color verde cactus, los restos de una televisión de pantalla plana estaban esparcidos por la mesa de centro, varios rasguños hacían asomar el hule espuma de los sofás mientras un olor a podredumbre llenaba la estancia. Nos pasamos un buen rato observando la habitación hasta que posamos los ojos en un cofre desvalijado. Los dos exploradores nos asomamos al contenedor, nos miramos el uno al otro con cara de frustración. El baúl donde habíamos escondido los tesoros había sido saqueado.

    No podía permitir que un inmigrante se quedara con el fruto de nuestro esfuerzo, tendríamos que hacer algo al respecto. Ya era demasiado tarde para construir un muro así que solo había una única alternativa

    —¡Eh!—exclamé dirigiéndome a González—¿A dónde se llevaron a ese tipo?

    —¿De quién chingados hablas?—preguntó Juan Diego.

    —Del padre de Bartimeo.

    —A la meseta Sturdson.

    —¡Ese es uno de los mapas!

    —¿En serio tenemos que salvarlo?—intervino Barti—. Nunca me he sentido con más ganas de vivir que ahora mismo.

    —Tu padre me da igual. Quiero recuperar lo que es mío, además, ahí también puse mis manuscritos y no merecen ser leídos por una bola de mugrosos.

    —¡Eh! ¡Sigo aquí, pendeja!—exclamó Juan.

    —¡Tú te callas!

    —No quiero—dijo el deino inflando las mejillas.

    —No te estoy preguntando. Vamos a ir.

    El dragón negó firmemente. Suspiré, tendría que atacarle por su otro lado.

    —¿Juan?—dije empezando a sudar—¿Nos puedes dejar solos?

    —Sí, claro….

    Cuando escuché los pasos del squirtle sobre el cadáver de la puerta, usé una pluma que tenía en el bolsillo para levantarme el pelo y dejar a la vista mis ojos. A continuación, mordí mi labio mientras me levantaba la falda ligeramente.

    —¿Me vas a dejar sola? Es una verdadera pena. Yo que quería tener a alguien para calentarme en las frías no…

    —¡Voy preparando la mochila! ¡Nos vemos afuera!

    —Sí, voy al baño por mientras, ¿tienes una bocina?

    —Sí. Voy a por ella.

    «El Heavy Metal ocultará el sonido de mis arcadas» pensé satisfecha yéndome detrás de él.


    II

    Después de que Bartimeo moviera unos cuantos hilos, terminara una bufanda para cada uno (incluyendo a Juan Diego) y contactara a los amigos de su padre, subimos a bordo de un carruaje, jalado por algunos mudsdale porque el presupuesto no alcanzaba para muchas cosas, llegando en apenas unos minutos al pie de la alta planicie. El libro que revisé en el bamboleante trayecto me reveló que la meseta de Sturdson era un famoso lugar de entrenamiento donde los pokémon más fieros (nosotros no) escalaban para formarse como unos verdaderos guerreros o como unos verdaderos difuntos, lo que pasara primero. No obstante, un mal día, el valiente John Méndez, un conocido machop que ha superado las más peligrosas adversidades, se dispuso a subir la montaña y en un momento de la escalada, estaba subiendo por una cuesta empinada con ayuda de una cuerda cuando esta comenzó a deshilacharse. La determinación del pequeño le ha valido evolucionar en ese momento crucial…el problema es que la diferencia de peso entre los dos estadios evolutivos era igual a la de fuerza y la soga terminó cediendo. El colosal machoke cayó como un bloque de cemento frente a una turba de fanáticos, desde entonces nadie volvió a subir.

    —Ya llegamos—dijo un alto salazzle sosteniéndose el sombrero—. No sé porque están interesados en esta montaña, pero solo tengan cuidado.

    Los hombres de la salamandra volvieron a subir al camión, dejándonos a los tres solos.

    —Ah cabrón, ¿no sé suponía que las salazzle solo podían ser hembras?

    Bartimeo le fulminó con la mirada.

    —No lastimes sus sentimientos.


    III

    Primer Piso

    La caída del machoke años antes había creado un conveniente sendero rodeado de unas rocas partidas donde todavía podías ver su sangre, un detalle que hubiera avivado las esperanzas suicidas del dragón, pero que no pudo ver por razones obvias. Alrededor de nosotros lo único que había eran helechos moribundos por la nevada de la madrugada, aparte de algunos mankey tirados en el campo que no parecían prestarnos ninguna atención. La razón de esta anormalidad es que los monos peleadores estaban demasiado ocupados estando muertos como para siquiera dirigirnos la mirada o al menos vernos.

    Una prueba del desastroso paso de la familia Ríos en el lugar. Los únicos pokémon que seguían vivos estaban aterrados como para hacer algo contra nosotros. Seguimos avanzando mientras tratábamos de ignorar el fatal olor del aire. Subimos la primera elevación sin mucho problema solo para encontramos con más cadáveres. Mi poca capacidad de impacto ya había desaparecido así que solamente los pasé de largo hasta que un movimiento que vislumbré con el rabillo del ojo me alertó, solté un suspiro de alivio al ver que solo eran cutieflys revoloteando uno de los cuerpos…llevaban sombrero por algún motivo.

    Los tres nos volteamos de golpe al notar esa peculiaridad, pero era demasiado tarde. Las cuatro pokémon ya habían ejecutado una formación imitando una “Z” y a la vez lanzaron un Brillo Mágico que aparte de cegarnos, nos hizo retroceder unos metros. Bartimeo estuvo a punto de caer por el borde, lo logré salvar con mi sombra para luego aventarlo lejos de ahí. En cuanto volví a mirar, las chicas estaban separadas para preparar su siguiente ofensiva, siendo apenas unos puntitos en las partículas de polvo iluminados al sol. Los genes del norte hicieron que fueran mucho más pequeñas que el promedio de su especie.

    —¡Son unas de las sicarias más fregonas de mi padre!—exclamaba Juan Diego acercándose adolorido—¡Ese maldito pendejo ya sabía que íbamos a venir!

    En vez de molestarme en responderle, comencé a pegarle al aire con la sombra con la esperanza de darle por pura casualidad.

    —¡Eso no va funcionar, pendeja! ¡Quítate!

    Una embestida de las cuatro sicarias me obligó a obedecer a la tortuga.

    —¡A ver que les parece esto!

    El hijo de González abrió la boca de la que salió una estela helada que impactó a las cuatro hadas. Los puntitos se estremecieron en el aire, luego cayeron, quebrándose en el suelo. Todas excepto una que debido al Efecto del ataque estaba brillando. Nos dimos cuenta más temprano que tarde que no era ningún efecto secundario del frío ni un efecto óptico; se encontraba evolucionando. La pequeña mosca aumentó su tamaño al igual que el de su sombrero porque la ciencia de la evolución tiene muchos misterios todavía. Ya convertida en toda una ribombee pudimos ver que llevaba un pañuelo rojo parecido al de Juan Diego, además de una especie de cinto que le cruzaba el pecho en diagonal y del que estaban colgados unos cilindros amarillos. Se limpió las lagrimas después de observar los pedazos de sus hermanas que eran llevados por el viento.

    —¡Ahora van a conocer lo que es bueno, hijos de su puta madre!

    —¡Den un paso atrás, chamacos!—nos gritó Juan Diego—¡Yo me encargaré de esta madre!

    —Ay mi madre… —suspiró Bartimeo sacudiendo la cabeza—. Supongo que tendremos que ver desde lejos.

    —No voy a dejar que te metas en medio—advertí yendo a su lado.

    —No lo iba a intentar.

    La tipo hada es la que realizó su primer movimiento, abalanzándose contra el iztlaleño quien entrecerraba los ojos y cuando estaba enfrente de él, sacó una especie de artefacto de metal que apuntó en la frente de la tortuga. Aunque casi no lo consiguió, logró ocultarse dentro de su caparazón a la vez que un fogonazo propulsó un proyectil que hizo un agujero en la concha de Diego. Se incorporó dando unos pasos hacia atrás mientras su rival ya estaba apuntándole de nuevo.

    —¿¡Qué es esa madre!?

    —¿Puedes dejar de usar la palabra “madre” en cada una de tus oraciones?—pregunté aburrida.

    —¿¡Qué te parece eso, puto traidor!?—exclamó la ribombee ignorándome.

    —¿Quién fue el atacó primero?—inquirió Juan Diego.

    —¡No se equivoque! ¡Usted fue quien trajo a estos mocosos acá! ¡No se crea importante, señorito Ríos, no es más que una tortuga más! ¡Con lo tanto que el señor González usa “Perforador”, tiene un montón de chamacos!—realizó una pausa para lamer el cañón de su arma de manera sugerente—. Uno menos no importa.

    —Lo mismo pasa con los sicarios—respondió la squirtle—¿Por qué cree que mi jefe tiene que contratar a ese dragón viejo? Ustedes son patéticos.

    —¿Ah sí? Si hablamos de cosas inútiles, mejor hablamos de esa azumarill. Nomas para que le sirva de empleada y para pegarle, ni siquiera le prende el boiler desde hace rato.

    —¡Con mi jefa no te metas, pedazo de mierda!

    —¿Eres tan ingenuo como para pensar que es tu vieja? ¡Ni siquiera pertenecen al mismo grupo huevo!

    —¡Te voy a matar, hija de perra!

    En un principio pensé que era una discusión sin sentido, pero la sicaria resultó ser más inteligente de lo que pensé y aprovechando el arranque de furia del squirtle, volvió a disparar. Me tapé los oídos esperando que los sesos de Juan Diego me mancharan el vestido, no obstante, el también supo ser inteligente. En el último momento realizó un Giro Rápido, recibiendo otro disparo en el caparazón y obligando a su rival a retroceder.

    La chica vuelve a disparar tratando de acertarle a la pequeña abertura, pero falló, dio un salto para ponerse de nuestro lado de la arena. Yo me teletransporté al otro lado porque no es tuviera mucha confianza de que nuestro nuevo compañero nos tuviera tanto cariño como para detenerse por el jueguito del rehén. Ante nuestra sorpresa, Juan sacó un machete oculto en su pequeño refugio mientras mostraba una sonrisa burlona. Lo raspó contra el suelo.

    —¡Ahora vamos a ver de cual miltank sale más leche!

    La insecto asintió, aceptando el desafío con una mirada determinada. Metió una de sus manitas dentro del pañuelo para después sacar un polvo a la vez que Juan Diego corría de nuevo hacia ella. Lanzó un fuerte estornudo, tanto que se hizo daño y trastabilló. En ese momento fue la ribombee quien aplacó contra él con el arma alzada, volvió a disparar, esta vez dando en el blanco. Un agujero apareció en el blanco vientre del anfibio, pero no parecía apenas notarlo, en cambió lo usó como aliciente a continuar.

    —¡Pistola Agua!—exclamó el iztlaleño expulsando un líquido a presión por uno de sus agujeros de la concha.

    Lanzó un tajo que la señorita no tuvo problema para esquivar. Un hilillo de sangre apareció en la boca del macho.

    —¿Qué te parece eso, amor?

    —Me parece bien.

    Aunque apenas imperceptible por el pequeño tamaño de la pokémon, Juan Diego le realizó una profunda herida en el vientre que le hizo escupir un liquido verde que era la sangre de los insectos.

    —Estamos parejos

    —No, no lo estamos. Adiós, pendeja.

    Un rayo de hielo salió del hueco que hizo la pistola en su estómago, dándole un tiro mortal en la cabeza. Después de que la sicaria haya caido muerta de la meseta, se volteó a nosotros mordisqueando una baya aranja.

    —¿Cómo hiciste eso?—pregunté genuinamente interesada.

    —Nuestra especie puede aventar agua de los agujeros de la concha porque almacenamos liquido dentro del estómago. Un Rayo Hielo es congelar el agua que lanzamos así que pude hacer ese truco bien mamón.

    —¿No necesitas ayuda?—intervino Bartimeo—. Tienes un pedazo de metal metido en el cuerpo, no creo que una baya pueda…

    —Voy a estar bien, chamacos. Continuemos.

    Los dos lo dudamos, pero asentimos sin rechistar. Tampoco es que nos interesara tanto.


    IV

    Segundo Piso

    En el segundo piso nos encontramos con algunos machop que se atrevían a tratar de detenernos, pero tratar era la palabra clave, porque un solo golpe fue suficiente para que acabaran fuera de combate. Seguimos avanzando, escalando algunas rocas, mientras seguíamos viendo los cadáveres que eran resultado del paso mortal de los Ríos. Un mankey estaba colgado del cuello en una rama, otras criaturas estaban aplastadas debajo de fuertes rocas que presentaban erosiones a causa de los disparos de agua.

    No dijimos ninguna palabra hasta que terminamos encontrando una caseta de seguridad abandonada o al menos eso es lo que pensábamos cuando alguien salió de ese pequeño edificio. Una alta braixen que vestía una gorra rosa repleta de bisutería. Nos miramos entre nosotros mientras la joven colocaba un estéreo en el suelo para después pulsar el botón de reproducción. Un horrible sonido (en otros lados conocido como música) comenzó a sonar mientras la zorra comenzó a bailar de forma provocativa.

    Retiré a Bartimeo de mi lado para que no me mojara la baba que empezó a brotar de su hocico. Aunque la verdad es que estaba empezando a hacer mucho calor a la vez que el baile subía de tono. En el momento donde dudé de mi sexualidad, la tipo fuego sacó la vara típica de su especie, salvo que esta era de metal para que condujera mejor el calor. Acabó con el paraíso de Bartimeo de un fuerte golpe en el cráneo que lo mandó a seguir con sus perversiones en el mundo de los sueños.

    —¿Qué estás haciendo, Juan Diego? Dispárale un chorro de agua.

    —Quiero aventarle un chorro, pero de otra cosa…

    —¡Juan Diego!

    La braixen volvía al ataque y la logré repeler con un golpe de la sombra para que el squirtle siguiera conmigo. Al parecer de ese combate me iba tener que encargar yo. Di un paso al frente al tiempo que saqué a la sombra y me di cuenta de la altísima temperatura que era causada por los pelos rojos de la zorra volando en el aire. En este combate tenía cierta ventaja porque mi sombra siempre iba a ser proyectada, pero no servía de nada si mi contrincante no dejaba de moverse.

    Me limpié el sudor de la frente a la vez que saltaba hacia delante, la joven hizo lo mismo y estuvo a punto dejarme inconsciente como a Barti, pero lo logré bloquear. En el momento que nuestros ojos se cruzaron lancé un Confusión y traté de darle un golpe en el vientre, no obstante, supo retroceder a tiempo y el palo que sostenía exhaló una llamarada de la que apenas me defendí. Sentía mi rostro arder por el calor en el ambiente y el acercamiento a las llamas.

    «La bocina» pensé de inmediato.

    Ignorando la punzada en mi cabeza, me teletransporté al lado del estéreo, pero antes de que pudiera alzar el puño, la chica ya me había dado un golpe en el estomago que me hizo doblarme sobre mi misma. Usé mi poder de levitar cosas para empujarme a mi misma y esquivar el impacto final en el cráneo. Me recuperé lo más pronto que pude para lanzarme al ataque de nuevo, esta vez preparando un as en la manga. Activé el Doble Equipo cuando estuve a pocos centímetros de ella.

    El problema es que ya tenía eso cubierto. Se reemplazó con rapidez con un muñeco verde y cuando voltee vi a mi clon ser derrotada. O al menos eso le hubiera gustado a la braixen que escriba. Me teletransporté debajo de mi clon (no pregunten) y cuando la sicaria de Gonzalez deshizo a la falsa en nubes, la verdadera apareció justo adelante. Una sonrisa de satisfacción apareció en mi rostro al ver como mi contrincante tragaba saliva frente a la sombra.

    —Chale—fue lo único que dijo.

    —¡ORA ORA ORA ORA ORA ORA ORA ORA ORA ORA ORA ORA ORA ORA ORA ORA ORA!—exclamé mientras la golpeaba sin parar por algún motivo que no conozco ni sé si quiero saber.

    El ultimo puñetazo mandó fuera de la meseta a la chica. Bartimeo se levantó mareado mientras que Juan Diego volvía en sí. Rompí el estéreo, deteniendo la música. El disco sobrevivió.

    —J Bibarel, Paz Mental—leyó el dragón.

    —Es una MT—intervino Juan Diego.

    —¿MT?—pregunté.

    —No preguntes mamadas y solo guardarla.

    Asentí a mi pesar. No es que estuviera muy interesada en los últimos éxitos de J Bibarel.

     
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