Long-fic de Pokémon - Pokémon mundo misterioso: Exploradores del mar

Tema en 'Fanfics de Pokémon' iniciado por DoctorSpring, 7 Septiembre 2017.

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  1. Threadmarks: Capítulo 30
     
    DoctorSpring

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    Pokémon mundo misterioso: Exploradores del mar
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Aventura
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    46
     
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    Capítulo 30: Sir Larissa I

    Sebastian, un chico que siempre se ha considerado tranquilo y en total control de sus emociones, le tiemblan las cintas en cuanto intenta marcar los números de su madre. Para empeorarlo, Francis le mira fijamente, instandolo a llamar de una vez.

    Solo tiene pensar en que todo estará bien. Solo necesita pensar en que su madre le confirmará lo que él sabe, aunque en realidad no lo crea.

    Es capaz de conseguirlo por cinco segundos, los suficientes para poner los diez dígitos del teléfono de casa. El timbre suena tres vez y cuando empieza creer que no contestaría o una voz le iba a comunicar que el saldo es insuficiente, una fina voz sale por las bocinas del celular desechable.

    —Bueno, ¿quien es?

    Antes de decir nada, observa por el rabillo del ojo al umbreon quien parece estar esperando, impaciente por hacer lo que sea que quiera hacer luego de esto. Un suspiro sale de su morro para recibir como respuesta una voz animada.

    —¿Mi amor, eres tú?

    —Sí mamá, soy yo.

    —¿Como estas? ¡Tan solo te fuiste hace unos días y ya te extraño!—su voz empieza a sonar un poco preocupada—¿Estas bien? Te escuchas desanimado ¿Estas enfermo?¿Le pasó algo a Larissa?

    Su madre lo conocía bastante bien.

    —Lari esta perfectamente, no esta haciendo nada malo por si eso le preocupa a la señora Granat.

    —Últimamente he empezado a conocerla mejor y no es tan mala como pensaba.

    —Me alegro—dice Sebastian con una leve sonrisa—. En realidad no pasa nada importante, solo quiero preguntarte algo.

    Decide ir al grano de una vez.

    —¿Estas segura de que mi padre esta muerto?

    No espera ninguna contestación inmediata, es obvio que esa pregunta ha agarrado por sorpresa a la audino. Parece que esta a punto de contestar pero vuelve a callarse de nuevo. Contesta por fin, agarrándolo de sorpresa a él.

    —Querido, tu padre nunca fue buen pokémon. Era un macho un poco…temperamental—dice Juliette parándose en cada palabra—. Solía…nunca dude en que se hubiera metido en un grave problema y alguien le hubiera hecho algo.

    —¿¡Te hizo algo!?

    —No lo sé—eso significa que sí—…pero…no tienes nada que hacer con él…—suspira—. Esta bien, te voy a contar la verdad. Tu papá trabajaba en una empresa donde hacía cosas cuestionables, así que decidí que lo mejor para ti era alejarte de él.

    —¿Que tipo de cosas cuestionables?

    Entonces el llanto de su madre inunda el altavoz y tiene la paciencia de esperar hasta que termine de desahogarse. Se niega a ver en la cara a Francis quien de seguro estará burlándose desde su lugar frente a la puerta del hotel.

    —Francis…se dedicaba a…

    Un largo tono silencia a la señora Labelle, siendo reemplazada por una señorita sin alma, una grabación de una hembra que tal vez este bebiendo un té tranquilo mientras aun disfruta de las regalías que le dio su voz de robot.

    —Su saldo se ha agotado. Le sugerimos…

    Presiona el botón de colgar mientras mira al suelo.

    —¿Que se siente haber sido engañado?

    —Cierra el hocico—responde el sylveon—. ¿Que demonios le hiciste?

    Pese a lo ocurrido, conoce lo suficiente a mamá para saber que no sería capaz de hacer eso salvo algún motivo.

    —Tan solo darle unos cuantos consejos sobre tu crianza—contesta Francis con total tranquilidad—. Después de todo, si te seguía educando como lo estaba haciendo, te ibas a convertir en un marica llorón.

    Solo sigue mirando a los ojos carmesí del pokémon, sin comprender de que demonios estaba hablando.

    —Cuando había que disciplinarte, prefería usar palabras bonitas antes que hacerlo a la antigua y siempre hacías lo que querías sin limite alguno. Deberías estar agradecido de te haya abandonado, porque veo que te has convertido en un pokémon funcional y seguro de si mismo.

    —Me halagan esos cumplidos—dice Sebastian pasándose la cinta por los ojos mientras intenta mostrar una sonrisa—. Salvo si vienen de ti.

    Es capaz de imaginar a la perfección a alguien tan vulnerable como su madre, ser humillada por este idiota. La imagen de Frida abriendo la puerta con los ojos llorosos le destella en la mente, dejándole saber una verdad bastante triste.

    Si tan solo fuera alguien más idealista como Lari o incluso como su madre, pudiera pensar en que esos globos oculares irritados son producto de un mal sueño por las complicaciones del embarazo. Su mente le hubiera podido dar el falso consuelo de que en realidad Francis había cambiado.

    Lamentablemente, se consideraba cínico desde que un día con tan solo diez años, por primera vez en su vida pudo preguntarse porque no tenía padre. De ahí al ateismo solo fueron unos cuantos pasos, con ocasionales ayudas de las crías que iban a las comidas caritativas de Nereida. No podía creer que en una isla tan pequeña habría niños abandonados pero ahora puede creerse cualquier desgracia.

    —¿Qué piensan cuando su jefe se entere de que no han hecho nada?

    —Ya veremos.

    Si no seguía insistiendo en el trabajo o en las cosas que pudo haber sufrido mamá, es que prefiere no ponerse a la defensiva con este imbécil. Siempre es mejor guardar la pólvora para después como diría esa femme fatale en la película «El bidoof perdido».

    Mientras sigue pensando, la jynx sale de la posada de madera, sosteniendo una botella de cerveza en su mano izquierda. No hay ni rastro de Frida.

    El señor Durán saluda con la cabeza antes de volver a la posada.

    —¡Pobre chica, he notado lo controlada que esta por ese individuo!—dice Berenice—. Estuve a punto de intentar leerle la mente pero la verdad me parece muy poco ético en estos casos. Si fuera un pokémon malo, entonces lo haría, pero en este caso no quiero.

    —Ah sí, las jynx pueden leer la mente con su cabello—comenta Sebastian recordando un párrafo que leyó en la escuela.

    La tipo hielo abre la boca una vez más, tal vez para echarle la culpa de no haber cumplido con la misión, cuando el timbre del teléfono comienza a sonar. Una ligera canción tan alegre que hace un contraste enorme con la situación actual.

    Presiona el celular contra uno de sus oídos.

    No tiene que oír demasiado antes de que saliera disparado hacia Parie.



    Después de dejar a Berenice esperando en la entrada de la zona residencial, el sylveon llega a la puerta de la casa de señorita Bellerose, gracias a la guía de Magearna-005. Se despide mientras entra al hogar de la supuesta tutora.

    El piso de madera rechina en cuanto lo pisa y las cosas en la casa empiezan bien cuando ve una mancha de sangre en la alfombra, sobre la que esta la mesa de centro con un bol medio vacío de lo que parecen ser grageas. Nunca le gustaron pero comprendía porque a Larissa siempre le fascinaron.

    No nos olvidemos de mencionar el agujero en el sillón.

    Todas esas cosas son olvidadas cuando Larissa baja por las escaleras. Un olor a jabón de meloc inundan sus sensibles fosas nasales, antes dominadas por la sangre.

    Sus ojos sueltan un brillo que nunca han visto y cuando apenas cae en la cuenta de ello, la chica se abalanza hacia su cuello como una vampira. Salvo que en vez de recibir una mordida, solo recibe un fuerte abrazo.

    Piensa en preguntarle lo que pasa pero en vez de eso, le devuelve el abrazo. Pasan unos minutos así hasta que la brionne decide soltarse con las mejillas sonrojadas.

    —¡Me alegro de verte!—sonríe Larissa.

    —Yo también—dice Sebastian sin evitar desviar sus ojos a la alfombra.

    —¡Ah, esa mancha!—exclama Lari como si hablara de cosas superfluas—. Derroté a alguien por primera vez, ¿No estas orgullosa de mí?

    —Claro—susurra el sylveon.

    No entiende porque su amiga esta más risueña de lo normal, cuando a través de la mala calidad de las bocinas, podía oír la voz entrecortada. Ojala solo sean paranoias dignas de un mafugo y su amiga este feliz por descubrir su as.

    Esperará un poco para que se de cuenta de lo de la fiesta de gala sin tener que decírselo él.

    Por la puerta, entra el portero de la zona residencial y después de saludar con un simple gesto, se dirige hacia la chica para hacerle unas cuantas preguntas. Decide darles un poco de privacidad, aprovechando para echarle un vistazo al segundo piso.

    Ahí se encuentra con los famosos tres armarios y la concidencia quiso jugarle una pesada broma cuando abre uno de ellos. Desgraciadamente, sus emociones para este día se agotaron por lo que mira con triste indiferencia a la señorita Bellerose mientras Claire que acaba de llegar a su lado, la ve interesada, como si estuviera contemplando una estatua abstracta del arte New Age.

    —El artista esta atado en la cama de arriba, preciosidad.

    No quiso preguntarse más cosas mientras se dirigía a la recámara donde esta un furret con vendas por todo el cuerpo, atado a una cama con un cubrecolchón repleto de fresas. Mira al techo con una cara poética de resignación.

    Intenta mantener la compostura cuando el tipo normal le mira.

    —Ah, hola—dice el furret—. Mi nombre es Edward, mucho gusto.

    —Eres un cobarde como para intentar matar a dos señoritas que apenas pueden defenderse.

    Edward suelta una risilla.

    —No creo, tu amiguita dio bastante guerra, ¿Conoces a Le Chevalier de la Corde?

    Según recuerda, Le Chevalier de la Corde (El Caballero de la Cuerda en español) era un asesino serial que en su momento causó temor en ciudad Luz por allá de los años 60. Su nombre es debido a que solo estrangulaba a chicas jovenes, aparte de otra peculiaridad; solo actuaba en las zonas de la ciudad donde había un reporte de al menos una farola fundida.

    Por eso hasta nuestros días, esta la frase hecha de que cuando las farolas fallan, las señoritas son violentadas.

    Siguiendo con la historia, no fue hasta 1973 cuando el asesino fue arrestado y posteriormente ejecutado. Su verdadera identidad resultó ser un inspector de la calle llamado Clocher Latour quien para los estándares de la época, no era más que un padre en una familia normal y corriente.

    —¿No me iras a decir que tú eres Le Chevalier de la Corde?—dice el tipo hada asegurándose que sus colmillos sean visibles para Edward.

    —Ojala—admite el furret—. Yo siempre quise ser como él, ya hasta tenía mi nombre y toda la cosa. Empecé a asesinar el lunes pero me topé con un problema. Por más que expusiera mis crímenes, los de la policía se las arreglaban para ocultarlo a los turistas.

    «De repente escuché una voz» prosigue Edward «Me dijo que si alguien matará a esa chica , seguramente no pasaría desapercibido»

    —En pocas palabras, estas loco.

    —Probablemente.

    —WIU WIU WIU WIU—entona Claire sobresaltandolo—¡La policía viene en camino! WIU WIU WIU.

    Vuelve a la planta baja mientras sigue escuchando la simulación de sirena de la gliscord. Ya en el piso de abajo, el portero no deja de mirar el agujero del sofá, con Lari mirando por detrás.

    Unos segundos después, el tangrowth oficial de policía entra al hogar. Al ver a los muchachos, entorna los ojos y detrás de él aparece Gallaway quien seguro se habrá enterado por purita casualidad.

    —¿Otra vez ustedes?—pregunta el policía—. Tal vez deberían dejar de meterse en problemas.

    —Cierra la puta boca y haz tu trabajo—responde cortante el capitán—. Si quieres echarle la culpa a alguien, aquí me tienes.

    —Creo que lo mejor es que dejemos de buscar culpables—interviene Florece secándose el sudor de la frente con la aleta—. Esta muchacha necesita irse a descansar, debe estar bastante estresada.

    —No pasa nada—dice Lari.

    Por la cara del dewong, no parece que se lo haya creído.

    —Yo mismo serviré como testigo, deja que la niña se vaya.

    El tangrowth mira toda la escena, abarcando a los pokémon presentes.

    —Como tú quieras, portero de cuarta.



    Mientras todavía esta aguantándose las lagrimas, mira con unos ojos llorosos a los copos que caen al empedrado. El capitán camina delante de ellos con la cabeza agachada, removiendo la nieve con el pie, teniendo las manos guardadas en la chaqueta.

    —Unas disculpa, Lari—dice Gallaway mientras que se sonroja por tanta confianza—. Nunca pensçe que de todos los lugares el más peligroso sería este. Dime si puedo hacer algo…

    —De hecho sí puede—interviene Sebastian.

    Los dos miran desconcertados.

    —Me gustaría comprobar algo, visitando al psicotico a la cárcel.

    Después de un rato donde parece que su amigo esta a punto de arrepentirse, el capitán asiente.

    —Mañana temprano vamos si es lo que quieren. Deje a Ricardo solo con la Madam, nos vemos.

    Y así como si nada, el capitán se retira no sin antes fijarse en la pokémon autómata que hace fuertes de nieve con los niños. Luego desaparece entre las idénticas casas.

    —¿Qué quieres comprobar?—pregunta Lari.

    —Lo sabrás mañana.

    Asiente, jugueteando con su falda mientras acumula la valentía para pedirle lo que quiere pedirle.

    —Me gustaría hacer unos cuantos experimentos, ¿me ayudas?

    —Te refieres a tu as—decide Sebastian asombrosamente rápido—¿tiene un nombre?

    —Puede que tenga alguno. ¿Entonces me ayudas?

    —Claro—responde el sylveon—solo ten cuidado, ¿esta…

    Invadida por la felicidad, lanza un chorro de agua al aire que termina por empapar todo su cuerpo; el primer paso para activar su as.

    —¿¡Aquí!?

    —A ver…—comienza a decir Larissa ignorando a su amigo—. En términos prácticos, mi habilidad consiste en congelar el liquido que moja mi cuerpo.

    —¿Puedes esperar un…

    —Solo es una teoría—dice Lari acercando la cara a Sebastian quien se encuentra un poco asustado—, ¡pero si funciona sería magnifico!

    —¿De que se tra…

    —La mejor forma de intentarlo es en un combate.

    Como respuesta a todas las preguntas dichas, lanza una bola de nieve en la cara del tipo hada quien se quita la nieve de un estornudo.

    —Si me conocieras lo suficiente—inquiere la brionne sonriendole—, sabrías que no desaprovecharía la…

    Es interrumpida por otra bola de nieve en la frente que al impactar se deshace ensuciando sus ojos. En cuanto la tipo agua ha dejado de sacudir su cabeza, el tramposo del señorito Labelle se había escondido quien sabe donde,

    Forma otra bola con sus aletas, sintiendo esa adrenalina que buscaba cuando empieza su búsqueda.

    Mirando por todos lados con el arma en la mano, encuentra a Sebastian intentando formar una montaña de nieve. Esboza una sonrisa y lanza la bola de nieve en su nuca. Su cara de felicidad es reemplazada por una de pena cuando ve las pestañas postizas de una sylveon hembra, la cual la ve con mucho odio mientras se ajusta la bufanda.

    —Perdón, te confund…

    Un proyectil le da por detrás, tumbándola de hocico contra el suelo.

    —¡No asumas su genero!—exclama Sebastian corriendo de una casa a otra, luego a otra, luego a otra, huyendo en zigzag.

    Es como si estuvieran en una persecución de dibujos animados.

    —¡No seas cobarde!—exclama la brionne yendo detrás de él,

    —VIOLENCIA IDENTIFICADA, VIOLENCIA IDENTIFICADA, VIOLENCIA IDENTIFICADA

    Una de las Magearna se une a la persecución, sus ojos ruedan como locos dentro de su cabeza metálica. Los niños que andaban jugando con ella, huyen despavoridos del lugar.

    Decide ignorarla y mientras corre sobre su aleta trasera, forma otro proyectil. El sylveon asoma la cabeza detrás de una de las casas.

    Lanza su proyectil, fallando por varios metros de sobra y su rival aprovecha para intentar su contraataque.

    Se prepara para ser derrotada definitivamente cuando el agua a su alrededor esta poniendose fría, como cuando estaba siendo perseguida por Edward. Solo que esta vez, hace un esfuerzo consiente para que el liquido comience a congelarse.

    Entonces sucede el espectacular milagro, el hielo alrededor de ella toma forma poco a poco, mientras que Sebastian le ira con los ojos abiertos.

    Se forma un casco de caballero alrededor de su cabeza, dejándole espacio para ver y para que pueda usar sus ataques con su nariz. Un peto delgado cubre su pecho junto a una cota de malla que recubre su falda.

    ¡Es la armadura de Sir Larissa I!

    No obstante, el zorro no retrocede y ahí es cuando la pokémon autómata se pone enfrente, recibiendo el disparo de nieve en pleno corazón.

    Cae al suelo, rompiéndose algunas cosas por dentro.

    La brionne se pone a la altura de la chica robótica, que esta cerrando sus ojos poco a poco.

    —Creo que la mataste, Sebastian.

    No termina su frase pues es interrumpida por una estampida de estornudos, haciendo que un poco de moco caiga sobre la cabeza del magearna. Por todo lo que pasó, se había olvidado del frío que sentía. La armadura comienza a derretirse.

    Sabe que ha terminado el combate

    —Lo lamento pero creo que me emocione un poco—dice el sylveon acercándose—. Al menos podemos decir que tu experimento fue un éxito.

    —No sé que resistencia tenga pero al menos lo consegui.

    —¿Entonces tienes un nombre?

    Sigue moqueando al mismo tiempo que se incorpora para ponerse la aleta en el pecho.

    —¡Sir Larissa…

    Un fuerte estornudo le tumba al suelo de nuevo.

    —Vamos a comprarte una bufanda—susurra el chico—. Aprovechando que tenemos que huir de aquí…

    …………………………………………………………………………………………………………………………

    Ases Vol. 10

    Sir Larissa I (Larissa Granat)

    El usuario puede congelar cualquier liquido que empape su cuerpo (sudor, agua, etc) hasta tal punto es capaz de formar una armadura con ella y realizar ataques que la familia evolutiva de brionne nunca pudiera aprender de ninguna manera («Puño Hielo») o incluso que ni siquiera existen (Ice Tail)

    Es un as bastante flexible.
     
    Última edición: 9 Septiembre 2018
  2. Threadmarks: Capítulo 30.5
     
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    Capítulo 30.5: Nos preocupamos por tu familia (2)

    Un chimchar rosa sale con tranquilidad de la boca muerta del, ahora, difunto jefe de policía. Deja un rastro de sangre por donde pasa hasta llegar con su amo.

    La verdad es que Florence esta un poco decepcionado. Pensaba en divertirse un poco pero ese idiota no dio nada de guerra.

    El mono desaparece mientras suspira, entonces la puerta se abre.

    Un absol bastante conocido entra a la habitación, sus ojos brillantes miran con indiferencia al cadaver del policía para luego dirigirse.

    —Parece que nuestro pequeño asesino ha fallado—dice el absol refiriéndose al furret.

    —No lo entiendo—dice el dewong ajustándose la gorra—. Podría acabar con los dos en tan solo tres minutos.

    Su jefe lo fulmina con la mirada.

    —¿Te olvidas de por qué queremos a estos muchachos muertos?

    —Desesperar al capitán.

    El tipo siniestro muestra una sonrisa afiliada como miles de cuchillas, si la mira demasiado siente que puede quedarse ciego. Lo cual comparado con el resto de su vida, no es muy malo que digamos.

    —¿Y que es más desesperante que tus nuevos exploradores mueran por obra del azar?

    —Creo que entiendo lo que dices.

    —No debes entenderlo, solo obedecer.

    —Supongo—dice Florence—. Me quedare aquí un poquito más, ¿no?

    —Puedes irte. No hay ninguna razón para seguirlo intentando por aquí.

    Víctor hace ademán de retirarse pero su subordinado vuelve a llamarlo.

    —¿Que hacemos con los dos muertos?

    —Largate y llama a la policía. Ya sabes lo que pasará.

    El extraño cuadrúpedo abandona el antiguo hogar de la señorita Bellerose.

    Florence se sienta en el sofá, agarra unas cuantas grageas y las mete a su boca. Siente esa mezcla de sabores tan característica de su infancia y tanta felicidad hace que se quede atrapado en los laureles del sueño.

    Yvonne, el tangrowth e incluso Edward pueden esperar.



    La idea de vender seguros en La Foi fue una idea de la que no estaba tan segura pero al parecer no resultó ser tan mala como creía en un inicio. Tan solo por llamar a la compañía para poder ofrecerle a los pobres habitantes un exponencial 10% de descuento, ya habían vendido dos seguros de vida, tres de negocio y uno de hogar.

    Es una lastima que algunos aun no puedan permitírselo, pese al descuento generoso de Key Seguros.

    —Somos afortunados de que Jesuis Charmant no haya llegado hasta aquí—comenta Armistead saliendo del hogar de una linonne con bastante falta de cariño.

    —¿Jesuis Charmant?

    —Se podría decir—dice Antoine mientras junta los deditos como una colegiala avergonzada—. Es mi rival…

    —¿Es uno de esos venderos de seguros que te roban los clientes?

    Una cadena sale del cuello de Alex. Ahora sabe cual es su verdadero objetivo.



    Jenaire no sabe lo que le pasa, esa frase suena al estribillo de una cumbia que probablemente escribirá en su próxima vida.

    Antes de llegar a esta ciudad. tenía la suficiente determinación para buscar a su marido y que él acabará con todo este sufrimiento. Ahora que tarda en encontrarlo, no esta muy segura.

    Tal vez el problema es que esta esperando algo que puede hacer ella misma. De todas maneras no tiene nada de dinero, a lo mejor el hambre es suficiente para acabar con ella.

    Luego se decepciona, recordando que es una leafeon y puede alimentarse del sol.

    Desde el día anterior, estaba sentada sobre sus patas traseras en un callejón del centro. Había dormido sobre un cartón, con el frío pelandole la piel debajo del pelaje.

    Un señor pasa cerca del callejón y dirige una mirada indiferente a los vagabundos como siempre había hecho cuando ve a la señora Seed. Se detiene.

    Es un pokémon parecido a una medusa blanca con tonos azulados. A simple vista podría ser confundido con una hembra pero la corbata y el maletín retira esa responsabilidad.

    Luce un bombín encima de su cabeza.

    —Sal de ahí, encanto—dice el vendedor de seguros—. Te vas a ensuciar.

    —¿Tú quien eres?

    A pesar de que la extraña criatura no tiene boca, Jenaire tiene la seguridad de que esta sonriendo.

    —Jesuis Charmant. Mucho gusto.
     
    Última edición: 20 Julio 2018
  3. Threadmarks: Capítulo 31
     
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    Capítulo 31: La Princesse de la Corde

    La selección de bufandas en la boutique La Dama, ubicada en el centro, es bastante variada. En la pared, colgadas con alfileres de tal forma que no se dañen. El dependiente espera con paciencia a que los muchachos se decidan mientras se coloca el rimel alrededor de los ojos. Un gothitelle que obviamente no tiene el genero que aparenta.

    Las probabilidades aveces te juegan en contra.

    —¿Tú que opinas, Sebastian?—dice Larissa con la nariz húmeda—¿Crees que el rosa me quede bien?

    —Seguramente—dice el sylveon contando el dinero que le queda.

    La chica toma una bufanda de lana rosada con algunos detalles negros. Después se la coloca en el cuello.

    —¿No te queda un poco grande?

    —Me siento cómoda así…

    —Ya eligió la mademoiselle—anuncia una gothorita detrás del mostrador—. Son treinta pokedolares en su moneda.

    Mientras entrega los billetes, alguien hace sonar la campanilla sobre la puerta del local.

    —¡Hola, Ricardo!—saluda la joven cajera

    —¿Se conocen?—pregunta Lari.

    —Claro, es uno de nuestros clientes favoritos. Siempre viene a que le arreglemos la chaqueta

    —Eso ya no será necesario—dice el kirlia rascándose la nuca—. Al menos que puedan recoger la ceniza.

    —Entendemos el mensaje—tercia el dependiente.

    —En fin, tengo muchas de repuesto—su sonrisa torcida se clava en Larissa—. El capitán me ha contado lo que pasó y nos pusimos de acuerdo para regalarte algo bonito. ¿Y que más bonito para una dama que un vestido hecho a mano?

    —¿¡Como sabes mis medidas!?—exclama la brionne cruzándose de aletas.

    —No te asustes, el vestido no existe todavía.

    El dependiente metrosexual saca una cinta métrica desde los pliegues de su vestido, mira a su amiga como quien mira un montón de oro en el fondo del océano.

    —¡Ayuda, Sebastian!

    Sin embargo, él había tomado una decisión.

    —Estarás bien…—murmura el sylveon caminando hacia atrás poco a poco hasta estar lo suficientemente cerca de la puerta para huir.

    Se aleja de la boutique todo lo posible por si tendría el riesgo de recibir un puñetazo desde adentro. Suelta un suspiro cuando esta al lado de una estatua de braviary y sin darse cuenta, alguien le pone un tentáculo encima de su cabeza.

    —Saludos, Sebastian—dice Marianne con las mangas de la chaqueta del uniforme colgando.

    —¿No deberías estar en la escuela? Apenas son las doce del mediodía.

    —Me aburría, ¿quieres dar un paseo?

    La nieve había dejado de caer mientras el zorro y la estrella de mar caminan por un corredor con farolas a los lados. Algunos setos con flores hacen su colaboración para adornar.

    —Hay un parque con una estatua de unos lanzas apuntando al cielo. No entiendo que significado tiene pero creo que eres inteligente.

    —Gracias…

    Unos pasos ligeros se escuchan en sus oídos. Voltea y ve una pokémon sonriendo con ojos carmesí que no es capaz de reconocer si es por la droga o porque su especie es así.

    Es una leavanny con el pecho vendando por una especie de cuerda metálico, debajo se puede apreciar un pequeño bulto. Le recuerda a la muchacha que vio en La Foi.

    —¡Buenos días!—exclama la chica sonriendo a la vez que da una vuelta de 180 grados—. Soy la sucesora de Le Chevalier de la Corde. Generalmente solo atacó de noche, pero ahora mismo estoy en una misión especial de princesa, por lo cual haré una excepción.

    Siguiendo su instinto de protección de hembras, se pone delante de la señorita Lamere. Lejos de parecer asustada, parece maravillada.

    —¡Soy La Princesse de la Corde!, ¡Attention!

    Entonces como si fuera una maga de primera, la chica empieza a sacar cuerda desde su garganta, en una extraña versión del clásico truco de las guirnaldas que veía tantas veces cuando era pequeño. Salvo que esta vez no es una ilusión.

    Cuando considera tener una cuerda de una longitud decente, cierra su boca, cortando un trozo y la estira con sus manos.

    Si Marianne cree que él tiene un plan, lamenta decir que no lo tiene en lo absoluto.

    La leavanny corre hacia ellos y el sylveon hace lo mismo. En el momento en que los dos están frente a frente, la tipo planta se desliza debajo de su cuerpo y cuando sale por el otro lado, jala su cuerda, haciéndolo caer como un saco de cemento.

    Sin darse cuenta, le ató sus cuatro patas con una agilidad impresionante.

    Ya estando boca arriba y colgado de una de las farolas, lo envuelve poco a poco hasta formar un capullo alrededor de él. Tapándole la visión de sus alrededores.

    —Eres muy decepcionante, Sebastian— escucha susurrar a Marianne.

    —¡Muero de ganas de quemar esto!—exclama La Princesse—. Mientras tanto, me llevaré a tu amiga.

    Escucha los mismos pasos dentro del capullo e intenta hacer una fisura con sus colmillos. Al ver que es inútil, apoya incomodo su lomo mientras sus ojos preocupados se reflejan en la superficie metálico.

    Unas palabras de una vieja canción que habrá escuchado sabe donde, le vienen a su mente.

    «Tus ojos reflejan el dolor y tu alma el amor»

    No pasan ninguna de esas cosas así que la comparación es inútil. Sus ojos solo reflejaran dolor en cuanto empiece a hornearse vivo en esta cubierta de metal. Seguramente piensa en echarlo en un caldero o que un amiguito use Lanzallamas contra él. O tal vez, solo va ponerlo encima del hornillo.

    Si no sale de aquí, el cadáver de Marianne estará tirado en un callejón, junto con el suyo, irreconocible por las quemaduras.

    —¡Que bonito capullo!—exclama Larissa mientras alguien (presumiblemente Ricardo) se ríe—. ¿Será una especie de escultura?

    —Nunca la había visto—admite el quien sin duda es el kirlia.

    —¡Ayuda!—exclama Sebastian agitándose.

    —¿Sebastian, que haces ahí dentro? ¿Es una escultura interactiva?

    —Luego se los cuento, por ahora saquenme de aquí.

    Un sonido como el una aspiradora junto con un grito de sorpresa se escucha en el exterioir. Siente como es jalado con fuerza hacia la derecha. Finalmente, el nudo en la farola se desprende. El capullo se va hacia arriba para ser tirado hacia abajo con brusquedad, golpeando contra el suelo.

    —¿¡Era necesario usar agujeros negros!?

    —Ahora que lo dices es un desperdicio tonto de energía—dice Ricardo tan cínico como siempre—. Pero quería probarlo.

    —¡Ha sido genial!—tercia Lari.

    El golpe brusco causa una pequeña abertura entre las cuerdas que la brionne se encarga de ensanchar con sus aletas.

    Se desliza hacia fuera mientras siente un dolor punzante en el lomo.

    —Gracias—dice Sebastian a Ricardo en un tono irónico—. Debemos encontrar a la señorita Lamere antes de que…—no se atreve a terminar la frase después de todo lo ocurrido en este día.

    —¿Donde esta Marianne?—dice el kirlia tres pasos por detrás.

    —¿Marianne estaba aquí?—pregunta Lari seis pasos por detrás

    Los tres miran por una pista, aunque tampoco tienen que buscar mucho. Frente a ellos, una maraña de cuerdas bloquea el camino a un callejón sin salida; están colocadas como esos láseres en las películas domingueras donde el espía tiene que esquivar láseres cruzados entre sí (en algunas ocasiones, invisibles) para no activar la alarma.

    Ricardo patea una de las cuerdas y suena un fuerte grito revienta en los oídos de Sebastian. Un horrible grito venido del averno, si este existiera; capaz de haberlo matado si tan solo hubiera estado más cerca.

    Se sobresalta y cubre los oídos con sus cintas.

    —Supongo que esa es la alarma—comenta la brionne después de hacer una comparación metal parecida a la suya.

    —Si le afectó tanto a Sebastian, es que la chica quería frenarlo pues todos saben que los sylveon y las eeveeluciones en general tienen el oído muy fino—dice Ricardo.

    No puede rendirse ni dejarle el trabajo a los demás, aun sabiendo que sus tímpanos estallarían si pisará la trampa. Por lo cual, comienza a cruzarla pasando una pata a la vez.

    Cuando casi esta llegando al final, esta a punto de pisar una cuerda con la pata delantera izquierda pero logra aterrizarla unos centímetros antes con la posible consecuencia de activar cuatro alarmas a la vez por perder el equilibrio.

    «La pata delante derecha al lado de la izquierda» piensa Sebastian rozando su mejilla con la lengua, un reflejo que tenía desde cría cuando se concentraba demasiado en algo. La diferencia es que no iba a morir por fallar en un rompecabezas de cincuenta piezas, o al menos eso creía.

    Sus patas traseras aun necesitan esquivar el anterior cable; hace equilibrio sobre sus dos patas delanteras para apuntar las traseras al cielo, gira y logra ponerlas al otro lado del ultimo cable. Este esta debajo de su estomago y entre sus dos pares de patas.

    Lo único que queda es caminar hacia atrás mientras mira al suelo para asegurarse de no rozar la cuerda.

    Lo consigue y esta al otro lado de la maraña de cuerdas.

    —Eso estuvo cerca—suspira Sebastian yendo hacia el callejón.

    —No creo que sea necesario que crucemos nosotros—escucha decir a Ricardo.

    «Por favor, no»

    La sombra cae sobre su rostro a medida que entra al callejón, mira en busca de…da un salto hacia la izquierda, unos segundos antes de que cayera un yunque sobre él. Por fortuna pudo oír el ruido del objeto cortando el aire,

    Al frente aparece la leavanny, con una cara de frustración.

    —No pienso preguntarte como conseguiste un yunque, ni siquiera me interesa. Solo quiero saber donde esta Marianne.

    —Esta al fondo pero no quiero que llegues hasta ella—dice la chica sacando cuerda de su garganta.

    No piensa dejarle.

    —¡Viento Feérico!

    Un viento fuerte es provocado por la agitación de sus cintas. La chica pierda un poco el equilibrio pero logra mantenerse en pie y cuando esta distraída, el chico aprovecha para usar un Placaje contra el delgado estomago de la tipo bicho/planta.

    El ataque empuja a La Princesse contra la pared mientras emite un gemido de dolor, lanza una patada instintiva que le roza la mejilla. Logra recuperarse con rapidez e intenta usar sus cintas para derribar a su rival.

    Ella solo esta intentando ganar tiempo para sacar más cuerda y cada vez que lo intenta es interrumpido por él quien solo la aplaca contra la pared

    La joven, queriendo acabar con el ciclo eterno, lanza una cuchillada que le corta la mejilla y mientras siente el ardor de la herida, la supuesta asesina aprovecha la ocasión para escapar, solo para ser agarrada de la cintura con las cintas de Sebastian.

    En el forcejo, las vendas de su pecho caen, revelando un pequeño cristal rosado que sobresale.

    —¡Te tengo, rindete!—dice el sylveon sintiéndose la ley por unos momentos.

    En vez de eso, La Princesse de la Corde sonríe, usando sus piernas de palanca con la intención de liberarse.

    —No quería hacer esto pero no me dejas elección—susurra Sebastian—. Por el bien de los dos, ojala que mi teoría sea correcta.

    Apunta a las antenas con las cintas de su oreja que están libres, después las arranca de golpe y los ojos de la chica se abren como dos flores rojas.

    Confundida, corta la trampa que ella misma había puesto mientras se tambalea.

    —Vaya…—susurra La Princesse de la Corde caminando de acá para allá— . Es como si estuviera flotando, ¿Acaso estoy muerta?

    No tuvieron que decirle nada, la leavanny se retira tambaleante y pensativa como si no supiera donde estaba hace apenas unos segundos,

    —Le cortaste las antenas…—dice Larissa medio aterrorizada.

    Se quedaron por unos minutos más, viendo como la antes princesa camina como una torchic sin cabeza.

    —Ha perdido el sentido de la orientación. Es una planta, volverán a crecerle.

    —Sebastian tiene razón, se le pasará pronto—asegura Ricardo—. Solo hay que rezar para que no muera por su propia estupidez.

    «Lastima que soy ateo» Sebastian yendo al callejón una vez más. Ahí encuentra a Marianne atada en un extremo de la pared, invisible por la oscuridad.

    —Qué aburrido es estar secuestrada—dice la mareanie bostezando—. ¿Ahora que hacemos?

    —Supongo que volver al hotel—dice el tipo hada puesto que no tenía ganas de nada más.
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    Ases Vol. 11


    Chords of Steel (La Princesse de la Corde); La usuaria es capaz de producir cuerdas vocales infinitas de acero y sacarlas de su garganta para usarlas como sogas normales. Uno de sus usos es el de hacer una trampa sonora, con un grito que estalla cuando alguien la pisa.

    Puede regular la intensidad del sonido, dependiendo de su rival.
     
    Última edición: 8 Septiembre 2018
  4. Threadmarks: Capítulo 32
     
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    Capítulo 32: Un pequeño infierno.

    Las noticias dichas por el director de la cárcel, un slowking con la notable manía de acomodarse las gafas al mínimo movimiento, son un poco decepcionantes para Sebastian, por así decirlo.

    Tan solo escuchar que ninguno de los miembros de la partida le han visto un trozo de la cola a Alex, Gallaway anunció sus intenciones de seguir a los dos muchachos a la cárcel para hablar con Ambrosius mientras bebía café en el restaurante del hotel en una mañana del jueves. Una mañana nublada sin nieve.

    Los chicos después de dejar a Marianne en su casa, volvieron al hotel donde se quedaron viendo la televisión hasta la noche. Se quedaron dormidos viendo un drama televisivo sobre una gardevoir que quería conocer a su padre o una cosa así.

    —¿Si es tan importante, porque no le acompaña alguien que ya sea explorador oficial?—dijo Jane mientras sus ojos no mostraban interés?

    —La idea fue de ellos—respondió el capitán—. Los demás sigan en sus puestos.

    El Centro Penitenciario de Luz se encuentra en las afueras, a la izquierda del cementerio y a unos quince kilómetros de la ciudad.

    De hecho, uno de los trabajos disponibles para presos es actuar de sepultadores. Si el pokémon es demasiado grande, se necesita una fosa más profunda y mínimo a tres prisioneros con el fin de bajar el ataúd mediante un sistema de poleas.

    La entrada esta protegida por dos pokémon en una caseta. Hay cuatro torres desperdigadas por el interior, asignadas a un guardia cada una.

    Antes de poder entrar al centro penitenciario, tuvieron que pasar por un pasillo de seguridad donde son registrados en busca de contrabando. Si no fuera por la fama del capitán, hubiera quedado detenido por esconder semillas revivir en los bolsillos de su chaqueta.

    Fueron recibidos por la secretaria en la oficina y mientras que esperaban al director, la temperatura del interior comenzó a subir. Sebastian se acabó medio litro del dispensador de agua y Larissa se quitó la bufanda al sentir como su cuello estaba húmedo por el calor.

    Cuando llega el slowking, reciben la mala noticia.

    —No sabemos como consiguió cortarse las venas—dice el señor Niergarde ajustándose las gafas de forma compulsiva—. El asunto es que pudo hacerlo.

    —Aun nos queda Edward—sugiere Sebastian.

    —También se suicidó.

    —¿¡No pueden hacer bien su trabajo!?

    El tacto de una aleta le tranquiliza, no a Niergarde, que toquetea su nuca nervioso.

    —Por favor, acompañen a Harley. Les enseñara lo que pasó.

    Siendo considerados mentalmente inestables, tanto Edward como Ambrosius, acabaron en el modulo C. Las miradas de los prisionero mientras pasan por el moduló B no lo intimidan en lo absoluto ni tampoco a Lari que intenta devolverles miradas peores, con éxito moderado.

    —No haga eso, señorita—dice el carcelero con su chillona voz de raticate—. Un Giratina encadenado sigue siendo un Giratina.

    —¿Por qué el pasillo esta tan oscuro?—pregunta el zorro

    —Tenemos un pequeño problema con los fluorescentes del techo. Aquí es.

    Los cuatro pokémon detienen sus pasos frente a una de las cárceles. Adentro, varios pedazos de carbón están tirados por el suelo, sobre la cama. Incluso hay algunos tapando el excusado de metal que el señor Agniel nunca llegó a utilizar en su corta estadía.

    Lo que más sobresale es una mancha de sangre seca en el centro del cubículo.

    —No queríamos mover nada por si la policía o alguien quisiera ver. Tuvimos que quitar el cadáver por cuestiones de higiene, no queríamos que ningún prisionero pusiera una denuncia a salubridad.

    —¿Esta es la celda del smeargle, no?—dice Sebastian con Gallaway detrás—¿La otra esta igual?

    —Exactamente igual.

    —Déjeme ver—dice el gallade

    El capitán quiere mirar más de cerca pero cuando esta a punto de rodear los barrotes con sus brazos, suelta un gemido de dolor mientras se agarra el pecho. Toma una respiración profunda, cierra ambos ojos e intenta hacerlo de nuevo, fracasando de la misma manera.

    No quería seguir viendo ese triste espectáculo y da un paso dentro de la cárcel, entrando sin ningún problema. Larissa suelta una exhalación, cierra los ojos y cuando los abre esta adentro, justo al lado de él.

    —¿Pasa algo, capitán?—pregunta el sylveon incapaz de contener una pequeña sonrisa.

    Por si no fuera suficiente humillación, el funcionario también entra, mirando confuso al jefe del Estrella de Mar.

    —¿No sienten nada, muchachos?—pregunta Gallaway.

    Los tres niegan al mismo tiempo.

    —Se siente bien pinche horrible dentro de ese lugar. No sé como describirlo, solo que da un putero de miedo. Una mala vibra…

    —¡Esas cosas no existen!—exclama Sebastian—¡Solo es para sacarle dinero a las amas de casa, con las glándulas inflamadas de dar leche a sus cinco hijos que salieron por error!

    —¿¡Que dijiste de mi esposa!?—exclama Harley gruñendo en su cara.

    —¡Tranquilos!—dice Larissa interponiéndose entre los dos—¡Sebastian, eres un grosero!

    Ignorando esas acusaciones sin fundamento, recoge uno de los carbones del suelo.

    A través de sus cintas, una oscura corriente es conducida hacia su cuerpo y cuando llega, deja caer la piedra con un escalofrío.

    Mientras tanto, la rata le ofrece una pata al gallade.

    —Vamos capitán, usted tiene que ser el ejemplo de sus exploradores—menciona, ayudándolo a pasar—. Chicos, dejen que su jefe vea por él mismo.

    Ambos salen confundidos de la jaula y en cuanto ellos están fuera y el capitán esta dentro, un chasquido resuena por todo el pasillo. La reja se cierra sola con un fuerte estruendo, el raticate se dirige a abrir la puerta, solo para darse cuenta de que no podía.

    Obviamente, algo va mal.

    —Creo que la puerta se atoró—anuncia Harley inseguro—¿Puedes ayudarme, muchacho?

    Después de recibir un empujón de su amiga, va hacia la reja e intenta deslizarla.

    —También…podrías…ayudar…—dice Sebastian a Lari, notando que sus esfuerzos eran en vano.

    Aun con los tres, la reja no se mueve ningún centímetro. El capitán también quiere ayudar pero no puede por esas «malas vibras».

    Siguen empujando con todas las fuerzas posibles hasta que uno se detiene; Harley, quien mira hipnotizado a la cama de la prisión.

    Sobre el duro colchón, esta sentada la que supuestamente es Meloetta, en su forma de baile para hacer gala de sus increíbles piernas. Esboza una pequeña sonrisa en su rostro.

    —¿Qué estas haciendo, hembra?—pregunta Gallaway—¡Ayuda a empujar esto!

    La supuesta diosa no hace ningun caso y sigue mirando coqueta al carcelero. Los ojos de la rata están coloreados por sus venas, como si le fueran a reventar en cualquier momento.

    —¿Meloetta, eres tú?—pregunta el raticate arrodillándose.

    «Menos mal» piensa Sebastian del otro lado de la celda «Seguro que podremos convencer a este tipo. Por fin la religión es útil en algo, además de pintar bonitos cuadros»

    La muchacha transparente sigue mirando a su creyente y con un solo gesto le intuye una misión; se pasa un dedo por el cuello. El capitán esconde a la chica aunque sea inútil, Harley ha captado el mensaje con claridad. Desenfunda la pistola de chispa reglamentaria.

    Cualquiera que fueran sus intenciones, son interrumpidas por un puñetazo del brazo sin cuchillas del capitán, que lo estampa contra la pared. El raticate cae inconsciente al suelo, con algunos dientes faltantes, que salieron volando por todos lados.

    Larissa y él saltan asustados por tanta brutalidad pero a la vez aliviados. Solo por un momento, hasta que una estruendosa voz sale de los amplificadores.

    —¡Bienvenidos a mi pequeño infierno!

    Como si esa palabra fuera una señal, en los pasillos que dirigen al modulo b y a la salida de emergencia, unas llamas se alzan para tapar el acceso. Su oído le permite escuchar como más incendios empiezan en diferentes puntos del centro penitenciario y también los alaridos de los prisioneros. Siendo un sylveon, su pelaje no tarda en humedecerse.

    —Esto es malo—dice Larissa quitándose el sudor de la frente.

    —Esto es muy malo—enfatiza Sebastian mientras siente como su lengua lucha por salir—. Estamos encerrados en un edificio de concreto y rodeados de hierro.

    —¡Esto es una mierda!—tercia Gallaway—¡Me voy a asar aquí dentro!

    Ahora que están rodeados de llamas, las esperanzas del capitán están más bajas que nunca. Tanto calor hará que los barrotes se fundan, ocasionando que deslizar la reja sea mucho más imposible.

    Mira desesperado, buscando una manera de salir.

    —La estructura también se debilitará. Si esperamos lo suficiente, podremos aprovechar una grieta para escapar nosotros dos.

    —¿Y el capitán?

    —También tendrá una grita para él.

    La mirada de su amiga es suficiente como para saber que ese plan no le convence nada. Pese a estar empapada de sudor, el calor evita mostrar Sir Larissa I.

    —Bueno…alguien cerró las cárceles desde lejos, seguro que desde una caseta de seguridad. Si llegamos a una de ellas, podemos escapar los tres.

    El punto es encontrar la manera de llegar hasta ahí antes de que el hierro se funda. Dentro de lo que cabe, estarán muertos para cuando la temperatura del edificio haya llegado al punto de fusión, por lo cual la no habrá mucha decepción.

    Aunque claro, eso no puede decirlo en voz alta.

    Mientras piensan en como pueden apagar las llamas del modulo B, una figura entre ellas llama la atención de ambos aprendices. Sale de ese infierno creado por él mismo y Sebastian solo lo único que quiere es que vuelva a meterse.

    Es un salandit que viste una chaqueta estrafalaria con detalles de metal derretidos por el fuego, unas gafas triangulares con un marco dorado que parece estar sudando por las gotas de oro liquido cayendo al suelo. En una de las extremidades de la salamandra sostiene un rotulador rojo.

    —¡Empecemos con este FUEGO. Si logran ABRASARME podrán llegar a la caseta de seguridad cerca de la entrada del sitio. O podrán huir por una grieta, lo que ocurra primero.

    —¿Abrasarte?—pregunta Larissa.

    —¡ABRASARME!

    —Creo….se….refiere…a…que…lo…derrotemos.

    El calor comienza a hacer mella en él y por ello, jadea como perro sediento. Debe verse bastante ridículo.

    —Ah, ya entendí.

    —¡Mejor sera PRECOCINARME. Soy Fernandine Braises, ROSTIZADO!

    —No te entiendo.

    Justo en el instante donde el señor Braises destapa el rotulador con el hocico, Sebastian es capaz de ver a un cristal de color rojo fuerte encajado en su cola. Uno parecido al que tenía Ambrosius quien sabe donde y el que tenía esa leavanny en el pecho.

    —¡Parece que ustedes no van a ser ningún ASADO!

    Por el rabillo del ojo, es capaz de ver un extintor detrás de ellos. Solo un movimiento brusco debería bastar para que Fernandine comience con su ataque, desconocido por ahora. Sus ojos desesperados por buscar una solución, se fijan en la nariz de Lari ¿Por qué necesita un extintor de metal si tienen uno de carne y hueso?

    Antes de que el salandit haga algo, el sylveon agarra a su amiga, rodeando con sus cintas su estomago y su espalda para sostenerla como si fuera una escopeta.

    —¡Alto ahí!—exclama Sebastian frente a Fernandine—¡No te acerques!

    —¿¡Que demonios haces!?—exclama Larissa sonrojada.

    —Vaya, vaya. Se ve lo que quieres ASAR antes de FREÍR, COCINENLO si quieren.

    Ahora el sonrojado es é y aparte, enojado.

    Usa uno de usos lazos restantes que se atan a la aleta trasera de la brionne y jala con fuerza, logrando que un chorro de agua a presión salga de la nariz rosada. Tan potente que la pequeña salamandra sale volando dentro de las llamas.

    —Eso do…

    No dejó que hablará cuando mete la nariz de su amigo dentro del hocico y jala la aleta hasta saciarse.

    —Uff, es un al…

    Sus palabras son interrumpidas por una fuerte bofetada, la verdad es que no se sorprende en lo absoluto.

    —¡Nunca pensé que fueras tan pervertido!—dice Larissa sin verlo a la cara.

    —Perdón, me desesperé un poco.

    —¡Sigo aquí, cabrones!—exclama Gallaway

    Unos segundos de distracción bastararon y una sombra conocida como Fernandine ataca con el rotulador destapado en una de sus patas mientras usa las otras para moverse. Siguiendo la velocidad del rayo, la punta naranja brilla por el fulgor del fuego y dibuja un pentagrama en el estomago de Lari que estalla, lanzándola hasta el final del pasillo, envuelta en una nube de humo.

    Fue tan rápido que ni siquiera tuvo de reaccionar ni esquivar un arañazo directo en su cara.

    —¡Estoy bien!—avisa la brionne desde el suelo.

    —¿Un arañazo?¿En serio?—pregunta Sebastian sintiento un pequeño ardor bajo los ojos.

    —¡Es para que te espabiles en el campo de batalla! ¡Me estas ARDIENDO!

    Los lentes de Fernandine refieran a una chica intentando incorporarse, con el fino pelaje chamuscado.

    Adivinando las intenciones de Braises, lo enreda por la cola para aventarlo a las llamas. Aterriza a escasos centímetros de estas.

    —¡Por FUEGO te ENCIENDES!

    —¿En serio estas bien?—pregunta el tipo hada a su compañera sin dejar de mirar al salandit.

    —Sí, aunque creo que me rompí algo.

    Las llamas no dejan activar el as de la foca, además de que esa explosión le hirió bastante, mientras que el capitán sigue encerrado en la prisión del infierno.

    Solo queda él.

    —Será un placer QUEMARTE.

    Tal vez no tenga una de esas lindas habilidades mágicas pero sabe hacer algunas cosas utiles.

    Suelta un suspiro; espera que si muere, sea sin dolor

    —Inténtalo.




     
  5. Threadmarks: Capítulo 33
     
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    Capítulo 33: Devil Star

    La temperatura dentro del centro penitenciario sigue incrementándose cada segundo y Fernandine Braises les mira con confianza pues esta en su propio terreno. El calor es insufrible, sobre todo para Sebastian quien esta hecho con un pelaje para el frío.

    Su amiga esta intentando relajarse, mirando el enfrentamiento mientras esta recargada en la celda de Gallaway, después de llegar hasta ahí con mucho esfuerzo.

    El salandit le sonríe, chupando su marcador naranja.

    —Te PRECOCINO mi as, se llama Devil Star. Dibujo una estrella en cualquier cosa o pokémon con este rotulador y estallarán en llamas.

    —¿Así es como le prendiste fuego a la cárcel?—pregunta Gallaway desde adentro de su prisión.

    Ahora mismo el plan de llegar hasta la caseta de seguridad le parece bastante utópico, debe haber otra manera. Su mirada termina dirigiéndose a una pequeña grita en una pared que de seguro podrán usar para salir del exterior. Aunque tampoco pueden dejar al capitán solos…

    Mientras sigue pensando en sus cosas, el tipo fuego realiza el primer movimiento; corre hacia el chico con el rotulador en mano, dejando caer la tapa en el camino. Apenas tiene tiempo de reaccionar, cuando lo hace intenta esquivarlo pero el salandit es capaz de predecir sus movimientos y le dibuja un lindo pentágrama en su costado.

    Usa sus energías en impedir que un gruñido salga de su hocico cuando una torre de fuego estalla en su cuerpo mientras tiene las patas fijas en el cemento para solo retroceder unos cuantos centímetros. En ese momento Fernandine vuelve a atacar con un brillo en sus gafas.

    No tiene demasiado tiempo para pensar en que tiene una costilla rota y prefiere enfocarse en como derrotar a ese loco pirómano. Recuerda el cristal en su cola, idéntico al de los demás atacantes, exceptuando a Edward que fue directamente influenciado.

    Influenciado…tal vez.

    Su mayor esperanza es intentar romper ese cristal, al menos se rompería. Lo que debe hacer ahora, es inmovilizarlo de alguna manera.

    Al mismo tiempo, debe ensanchar esa salida.

    En eso, la salamandra llega hasta él, con la intención de dibujarle una estrella en el cuello. Eso lo mataría sin dudar.

    «Es capaz de predecir mis movimientos, entonces debo hacer algo impredecible»

    En un intento desesperado de defenderse, comienza a mover sus cintas como un loco frente a él. El señor Braises queda confundido por esa extraña maniobra aunque de todas formar intenta atacar, dibujando lineas aleatorias en los apéndices.

    —¡Bingo!—exclama Sebastian.

    Su rival no entiendo porque esta así de alegre y el zorro tampoco, si todo funciona como él cree, entonces esto les permitirá escapar.

    Fernandine Braises suelta un gruñido.

    —¡No sonrías así, muere!

    La salamandra tiene la intención de realizar un ataque mortal, cuando esta justo enfrente del chico, su pata delante izquierda es sostenida por tres cintas que no ha tenido tiempo de esquivar al ser demasiadas. Mientras tanto, Sebastian muestra sus colmillos.

    —Me has hecho dos favores, pude identificar que no puedes dibujar con tus otras extremidades. Solo la izquierda.

    Diciendo esto, usa sus cintas para agarrar la cola del salandit y usando las mismas, se pone a girarlo como si fuera un trozo de fruta encima de una hoguera. Finalmente, lo suelta, lanzándolo a las abrazadoras llamas del infierno y estrellándolo contra la pared del fondo..

    Vuelve a salir adolorido, con una pequeña llamita en la cola, como un pequeño charmander asustado.

    —¡Maldito ARDAS!

    —¿Qué pasa, las salamandras de fuego también se queman?

    Por alguna razón, esta disfrutando bastante de esto. El calor ha quedado en segundo plano, nunca hubiera creído que pelear le emocionaría tanto. Sacude su cabeza pues no puede distraerse; es hora del segundo paso.

    Va corriendo con la adrenalina a tope, hasta la grieta de la pared.

    —¿Vas a hacer lo que creo que vas a hacer, mijo?

    —¿Que pasa?—dice Lari sacudiéndose el sudor.

    —¡Va a explotar sus propias cintas!—exclama Gallaway.

    —¡Sebastian, no lo hagas!

    No es que sea masoquista ni nada de eso, pero es la única opción que ve.

    —¡Ese chico esta loco!—dice Braises con sus lentes derritiéndose encima de su cara.

    Ignorando esos gritos, cruza las cintas sobre el pequeño orificio y las rayas supuestamente sin sentido que dibujó Fernandine, terminan formando un pentágrama un poco mal hecho. Tan solo mostrarse la estrella, un pilar de fuego estalla en su cara, casi metiéndole en medio de las llamas.

    —¡Larissa, sal y busca ayuda!

    —Pero…estas…

    —¡Apurate!

    Con un poco de dolor, la brionne camina hacia la grieta que tiene la anchura suficiente para ella.

    —¡No te dejaré!—grita Fernandine.

    —¡Sí lo harás!—exclama Sebastianl

    Actuando como un rockruff rabioso, se echa encima de la salamandra y pone sus patas encima de su espalda para inmovilizarlo mientras intenta morderle la cara. A su vez, las fauces de Braises se cierran alrededor de la oreja del joven. Los dos están torcidos, mordiéndose mutuamente, imitando a una escultura surrealista. En otro momento, esto podría ser hasta un número de feria. Se suelta un momento para intentar agarrar el cristal de su cola, pero su adversario hace lo mismo, para después darle un manotazo.

    Al menos la brionne no esta por ningún lado, debe haber logrado salir.

    Las llamas que tapan el camino al modulo B empiezan apagarse al mismo tiempo que Fernandine camina hacia ellas, dejando al pasillo en oscuridad. Cuando llega a la puerta de seguridad, dibuja un enorme pentágrama con rapidez y detalle.

    Lo termina y se pega en el centro, con ayuda de sus extremidades. Sus ojos brillan con fulgor.

    —¡Disfruta esta técnica!, ¡Devil…Star…Rocket!

    El pentágrama estalla como un volcán, impulsándolo hacia el chico con rapidez mientras una cola de fuego sale de su rabo como si fuera un cohete. De su espalda, comienza a salir veneno que rodea todo su cuerpo, cubriéndole en una especie de aura.

    —¡Carga Toxica!—exclama con la intención de chocar contra Sebastian.

    Lo más probable es que este ataque lo mate debido a la debilidad contra el veneno pues aunque intente agacharse, el ataque le dará igual por proximidad. Esperando que tampoco duela tanto, solo cierra los ojos.

    El impacto suena como un cohete estrellándose contra la tierra después de una misión espacial fallida. Abre los ojos de nuevo, dándose cuenta de que sigue existiendo.

    El humo se disipa poco a poco, mostrando la espalda de un snorlax con un traje acorazado. Mira con confusión varios pokémon con trajes similares, entrando por un agujero en la pared que al parecer uno de ellos ha abierto.

    Los cuatro son bastante corpulentos y ocultan su rostro con un casco.

    —¡APET!—exclama el gordo—¡Todos quietos!

    Fernandine se levanta e intenta lanzarse con el policía en lo que sería su acto final.

    Los ojos del oficial de asalto se abren de golpe y sin necesidad de gritar su ataque, rueda con rapidez, convirtiéndose en una enorme piedra que aplasta al salandit contra la pared. Tras un asqueroso sonido, lo único que queda del pirómano lunático es una bolsa de basura pegada contra la pared, junto con algunas manchas de tomate.

    Suelta un suspiro, después de todo, ha acabado. El policía se voltea, mirándolo con estupefacción.

    —¡Necesitamos atención medica para este muchacho!

    En ese instante, un fuerte dolor le punza en todas partes, como si recibiera varias apuñaladas en el cuerpo. Al fin, cae en la cuenta de que sus apreciadas cintas ahora son unos simples cachos de carne que le cuelgan y estaba tan inmerso en la pelea que no ha notado ese dolor tan terrible. En tanto que un golpe súbito de debilidad hace que todo acabé por ese día.



    Una mañana tranquila, vuelve a despertar en una suave nube que le abriga, hasta que se da cuenta de que en realidad es una cama de hospital. Si fuera otro pokémon lo más probable es que despertaría de golpe pero prefiere seguir durmiendo.

    Un pequeño haz de luz entra por la ventana mientras alguien entra a la habitación; es el capitán Gallaway quien camina hacia él con la cabeza agachada. Se rinde de seguir durmiendo y se intenta incorporar pero sus patas tiemblan tan solo tocar el suelo.

    —¡Eh, tranquilo mijo!

    —¿Donde esta Larissa?—pregunta Sebastian aceptando el soporte del capitán,

    —Ella ya esta en el hotel, te has pasado de flojo todo un día. Ahorita estamos a viernes.

    —¿Tanto?

    El capitán patea el suelo con fuerza, haciéndolo retroceder.

    —¡Por esa mamada que hiciste, te tuvieron que operar! ¡Si no fuera porque los del APET recogieron los cachitos, ahora mismo serías un inútil discapacitado!

    No podía creerselo así intenta mover sus cintas, sintiéndolas tullidas y con poca movilidad que hace unas horas. Además por la superficie, varias puntas negras unen los cachitos de los apéndices que con un pequeño mareo, comprende que en otro momento estaban tirados en el suelo.

    Suelta un suspiro, seguro que esas cicatrices nunca desaparecerán.

    —Lo lamento, puede que me haya dejado llevar.

    —Yo también digo lo mismo, además, quiero contarte algo. Te agradecería que no lo anduvieras compartiendo por ahí como chatot en celo, ni siquiera a tu amiga.

    —No puedo prometerlo sin saber que es…

    —Entonces correré el riesgo.

    Ambos pokémon toman asiento en la cama, uno de ellos con las orejas alzadas para enterarse de lo que le van a contar.

    —A ver muchacho, ¿no te parece demasiada casualidad que ustedes se hayan encontrado con cuatro zafados?

    El primero fue el smeargle quien les atacó en el Circle D’ Amour, después esta el altercado de Larissa con Edward, luego la Princesse de la Corde y por ultimo, este loco pirómano nos atrapó en un centro penitenciario.

    No quiere ser conspiranoico pero ya son demasiados.

    Al no escuchar respuesta de parte del aprendiz, Gallaway sigue hablando.

    —Si unos muchachos murieran bajo nuestro «cuidado», seríamos la comidilla de la prensa y el Estrella de Mar se iría un poco a la chingada. Sé que desde hace tiempo, una corporación quiere acabar con el pokégremio entre las sombras. Ellos se llaman Nender Corporation.

    El chico decide callarse lo que sabe, después de todo, aun no confía en él.

    —Por eso, creo que ellos son los responsables de la muerte del compañero de Jane y ahora quieren acabar con ustedes.

    —¿Entonces que quiere que hagamos?

    —Solo cuidense y no olviden que nuestra misión es encontrar a Alex. He decidido quedarnos quietos hasta la fiesta.

    Después de decir esas palabras, el capitán se levanta con un gruñido.

    —Me gustaría pedirte que no salieras del hotel hasta el sábado. Se lo dije a tu amiga y ella esta de acuerdo. Por cierto, pronto le entregaré la placa ella, sé que tiene su as.

    —¿Como lo supo?—dice Sebastian bajando de un salto.

    —Cosas de gallade. Sigueme, nos vamos al hotel.

    Dejando esa orden, el viejo comienza a caminar por el pasillo, confiando en que su aprendiz le seguiría y aunque el susodicho tiene ganas de desaparecerse, eso solo empeorarían las cosas.

    Soltando un suspiro, sigue a su jefe fuera del hospital de Nostra




    Ases Vol. 12

    Devil Star (Fernandine Braises): En cualquier lugar donde el salandit dibuje un pentagrama, estallará una torre de fuego con potencia dependiendo del tamaño del dibujo.

    Si dibuja un pentagrama gigante en una de las paredes de un edificio, podrá incendiarlo a voluntad. También es capaz de usar la explosión para impulsarse a si mismo como un cohete.
     
    Última edición: 1 Agosto 2018
  6. Threadmarks: Capítulo 34
     
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    Pokémon mundo misterioso: Exploradores del mar
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    Aventura
    Total de capítulos:
    46
     
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    Capítulo 34: C'est fini

    No importándole a nadie su extraño aspecto, el señor Charmant se ha ganado un buen puesto en su agencia de seguros. Eso es lo primero que le dijo a la señora Seed cuando estaban en su casa de Parie, una tarde miércoles mientras ella bebía el agua de un tazón del suelo, de manera tan humillante que parece que la hubiera secuestrado antes de rescatado.

    Lo interesante sucedió cuando un jueves por la mañana, después de que la dama no hiciera nada ni le contara nada, ya tenía una mano en el pomo y sostenía el maletín con la otra para ir a otro día de trabajo como cualquier otro. Entonces la leafeon se levantó de repente del sofá donde dormía.

    Un verdadero caballero habría cedido su cama pero ella insistió estar en la sala.

    —Te acompañaré a tu trabajo—dijo la señora Seed—. Puede que caminando por la ciudad encuentre a quien busco.

    Siendo un agente de seguros tan respetado en Lock Seguros, él no se limita a intentar venderlos de puerta en puerta como sus ardidos compañeros que siempre quieren molestarlo las pocas veces que tiene que pasarse por la empresa. También le son encargadas cuestiones de pokémon que ya son clientes, por ejemplo, hacer valer pólizas o atender quejas.

    A lo cual, una guapa ayudante le vino bien

    También decidió acompañarlo el viernes, lo cual agradece porque tiene varios asuntos pendientes.

    Ese día, Charmant decide seguir con la que tomaría menos tiempo para empezar leve; ir al salón de fiestas del burdel de las rosas, para tomar una foto por si faltara algo después del evento. Aunque no vaya a haber ningún problema con los pokémon de su categoría, nunca se sabe con los exploradores invitados, que suelen ser muchas veces una panda de bestias.

    Después de guardar la nota foliada en el maletín, vuelve a mirar a Jenaire quien mira a los niños de la excursión con una expresión soñadora, como si apreciara la inocencia de los niños o quisiera llevarse a un niño. Ninguna de las dos se salva de ser preocupante.

    —¿Nos vamos?

    La peculiar pareja comienza a caminar con rapidez hacia el burdel de las rosas, recibiendo diferentes miradas de los diferentes pokémon en sus diferentes ocupaciones de diferente índole. No hay que culparlos por sentir curiosidad o morbo; una joven bípeda con el pelaje sucio por no quererse bañar y él mismo, una especie de medusa con cabello de mujer por alguna extraña razón provista por la genética.

    Los mismos genes que motivan a las machamp a usar vestidos holgados y a los gardevoir a mantener la falda alejada de las corrientes de viento.

    No tardan demasiado en llegar al burdel de las rosas al final del Circle D’ Amor, justamente a las diez de la mañana.

    En el lobby, parlotean hembras de diferentes edades con una ocupación que no es necesaria volver a describir. Jesuis coloca un filtro en sus oídos para no escuchar ninguna de las horrorosas conversaciones de esas féminas indecentes.

    Ambos chicos entran al elevador y la tipo planta es la que se encarga de pulsar el botón que los llevaría al ultimo piso. La música del elevador comienza a sonar mientras la chica suelta un suspiro.

    En cuanto abre las puertas, la sala de fiestas esta completamente vacía, aunque decorada por completo. El señor Charmant saca su equipo de trabajo que consiste en una tableta electrónica con la característica de tomar fotos panorámicas y la leafeon solo se sienta para mirar el proceso.

    La extraña criatura sostiene la tablet frente a él y da una vuelta de 180 grados.

    —Ya esta

    —¿Tan rápido?

    —Es lo que tiene la tecnología—dice Jesuis mirando a todos lados—. Raro, se supone que una linda señorita debería estar recibiéndonos aquí.

    La verdad es que es raro que Madame Connie les haya dejado en una habitación con adornos tan caros sin ninguna supervisión. Solamente la fuente de chocolate plateada en el centro de la sala podría costar toda una fortuna.

    —Vámonos de aquí—concluye Monsiuer Charmant.

    Por desgracia, esas son las ultimas palabras que diría Jesuis Charmant.



    La respuesta que recibe de Sebastian, después que la emoción le ganara y le diera un fuerte abrazo, es un gruñido de dolor. Al separarse, se da cuenta el porque al ver las cosidas de las cintas de su amigo. Siente un escalofrío al recordar lo terrible que fue ver los apéndices mutilados en el centro penitenciario.

    —No vuelvas a asustarme así—dice Larissa con una pequeña sonrisa, aunque en el fondo esta al borde de las lágrimas.

    —Te lo prometo, yo tampoco quiero quedarme en una cama todo un día—dice el sylveon devolviéndosela.

    —¿El capitán ya te contó lo que quiere hacer, no?

    —Sí.

    Mientras piensa en que el chico esta un poco más desanimado que de costumbre, alguien toca la puerta. Ella va a abrir.

    El sharpedo sostiene un montón de cartas en sus aletas como puede.

    —Pase, pase—susurra Lari nerviosa.

    El botones echa el montón de papeles sobre su cama y después mira las cintas de Sebastian.

    —¿Están heridos?—pregunta Ryan secándose el sudor con una aleta.

    —No es nada—responde Larissa intentando sonreír para después echarle un vistazo a las cartas.

    Lo que temía, el remitente en las tres cartas no es otro que Luis Flamante.

    Su amigo no tarda en darse cuenta y lanzarle una mirada asesina al sharpedo quien da un brusco respingo.

    —¡Si se preocupan tanto por sus huéspedes, entonces hagan algo con ese pedofilo!

    Por si no fuera suficiente, el pequeño Jean hace acto de aparición, cargando un pequeño paquete en sus aletas. En cuanto la deja en el suelo, el joven paje intenta echarle una mirada dentro de la caja pero recibe una colleja por parte de su superior.

    —¡No seas fisgón!

    —¡Lo siento!—dice el delfín acariciándose la cabeza.

    —Nos vamos, sigan disfrutando de su estancia—dice Ryan llevándose al lanturn casi a rastras.

    Tan solo irse los dos empleados, movida por una enorme curiosidad, se desliza a abrir el paquete mientras Sebastian mira con una mezcla heterogénea de miedo, rabia y curiosidad. Tiene que arrancar varios sellos y remover montones de hule espuma, palpa algo duro en medio de toda la basura que resultar ser un disco de Luis Flamante, autografiado en distintas partes.

    En la portada esta el nombre del mismo, escrito en Time News Roman.

    Los Desiertos del Norte.

    En la imagen esta el infame charizard, sosteniendo una rosa en las fauces mientras que dirige una mirada que habrá hecho desmayar a varias hembras; la mayoría son de las que tienen que preocuparse por tener la comida caliente a tiempo para animar a su marido después de la fiesta. Siendo por fortuna o desgracia, ella no esta dentro de ese sector demográfico.

    —¿Los Desiertos del Norte?—pregunta Sebastian mofándose—¿Donde esconden los cadáveres?

    Ignorando esas palabras, mira la lista de sencillos que incluye el cd.

    Nunca le ha llamado mucho la música, a diferencia de amigo que aun tiene sus discos guardados en la maleta por lo de la humedad o algo así, aunque tampoco le desagrada escuchar una tonada de vez en cuando. Y por supuesto, le desagradaría desperdiciar un regalo.

    Los sencillos incluyen; Cuando Calienta el Solrock, La Chica del Happiny azul, La Perpetua, entre otros. Mientras sostiene el disco, con la otra aleta decide agarrar una de esas cartas donde Luis le confiesa todo su amor.

    —¿En serio?

    —No me cuesta nada leer una—dice Larissa arrancando un pedazo del sobre con la boca.

    El papel dentro del sobre es bastante fino tanto que se rasga una esquina al intentar sacarlo. La letra esta escrita con exquisitez, seguramente usaron una estilográfica para fabricarla. En la esquina inferior del folio, se encuentra una leyenda que reza: Darling Industries.

    Sintiendo una tremenda expectación, comienza a leer.

    Querida Mademoiselle Granat.

    Quiero escribirte porque mis sentimientos por ti son más ardientes que el primer lanzallamas de un charmander. La primera vez que te vi en ese restaurante de Circle D’ Amour, me quede encantando por tus ojos, tan brillantes como unos iristales y tan hermosos como un lingote de oro.

    ¿Acaso pensabas que después de llevarme el chasco del marica de tu amigo, iba a dejar de amarte? Si desde que te vi, no he dejado de adorarte.

    Cada noche en mi habitación de hotel, lamento no haber recibido respuesta por tu parte, ni siquiera un suspiro para señalarme, que tengo una oportunidad para amarte.

    Mientras sus ojos pasan por las letras, sus mejillas se encienden como las fauces de un charmaleon (¡Es contagioso!). Nadie le había dicho palabras tan bonitas en su vida, apostaría que ni su madre cuando era una bebé.

    Mandare muchas cartas exactamente iguales, hasta que te dignes a dejar de ignorarme.

    ¿Sabes lo qué quiero? Mínimo poder hablarte cara a cara, ver tus ojos fijamente y tocar tus coletas de sirena.

    Siempre tuyo para la eternidad.

    Luis Flamante.

    Cierra la carta para después guardarla en el sobre desgarrado. Echarle un vistazo a su mirada ruborizada, es suficiente para saber cual es su opinión sobre las palabras del señor Flamante.

    No tiene mucho tiempo para reflexionar sobre eso ni preguntarle a Sebastian su obvia opinión, antes de que alguien entre a la habitación. Una especie de sapo con una flor en el lomo.

    Teniendo en cuenta de que ha entrado un desconocido, no es extraño que se hayan puesto alerta. Ambos desisten de cualquier intento cuando ven varias armas apuntándoles. El desconocido tiene una placa enganchada en el cuello.

    —¿Interrumpo algo?

    —¿Quien es usted?—responden los dos al unisono.

    —Soy de la policía secreta, están arrestados. Los vieron a ustedes dos en la escena—el ivysaur sonrie—. Deben ser muy valientes como para cometer un crimen a las diez de la mañana.

    —¡Eso es imposible!—responde Sebastian—¡Ella ha estado aquí todo el rato!

    —¡Digaselo a la jefa!

    —¿Al menos podrías decirnos de que se nos acusa?

    La respuesta nunca podrían haberla esperado.

    —Son sospechosos del homicidio de la señora Seed









     
    Última edición: 7 Agosto 2018
  7. Threadmarks: Capítulo 35
     
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    Capítulo 35: Las Cualtzin

    Ya han pasado varias cosas horribles desde su estadía pero siendo sinceros, ser acusados del asesinato de su vecina es el colmo. No esta preocupado por si mismo, ni siquiera triste por la señora Seed; en el mundo de los vivos hay pokémon que le preocupan más.

    Los ojos de Larissa están consternados mientras se mantiene en silencio, como si quisieran escaparse de las órbitas al sentir tanto estrés.

    Su plan es mantenerse tranquilo, aunque claro, es difícil cuando tienes un cadáver debajo de tus narices, solo siendo protegido por una cubierta de vinilo mientras una señorita con un cigarro cuyo humo se dirige a tu hocico, te mira con atención. Tal vez esperando uno de esos supuestos gestos delatores que habrá visto en sus programas de televisión favoritos.

    La verdad debe darle puntos por habersele ocurrido realizar el interrogatorio en medio de una morgue donde por culpa del frío, las puntadas de sus cintas le están ardiendo. Lo único que les mantiene más o menos caliente, es el humo de la bellossom quien usa el tabaco para compensar su tipo. Hasta el ivysaur esta sufriendo al mismo tiempo que su jefa puede mantener la compostura sin ningún problema.

    —¿No van a decir nada?—dice la detective desde el otro lado del escritorio, traído a esta sala para este menester.

    —No tenemos nada que decir—responde Sebastian.

    La tipo planta suelta un suspiro, acompañado por el humo del tabaco y lo saca de su boca para lanzarlo al suelo, aun cuando lo había acabado de prender.

    —¿Solo fumó enfrente de nosotros para hacerse la interesante?—susurra el sylveon al oído de su amiga.

    —No seas ridículo, es una agente de la ley…supongo

    —Señorita Granat, sabemos de buena fuente que usted ya aprendió su as.

    —¿Como saben?—pregunta Larissa transpirando.

    —Me presento—continua la detective—; soy la detective Flahuert de la división de homicidios de esta ciudad, aunque prefiero que me llamen Natalia. Sobre tu pregunta, prefiero mantener en secreto nuestras fuentes.

    «Claro que sí» piensa el zorro mirando un cristal amarillo que esta encajado en el vientre de la hembra, justo arriba de la falda.

    Ahora esta seguro de que alguien la esta controlando, el mismo pokémon que estaba detrás de Ambrosius Agniel, Edward, La Princesse de la Corde y Fernandine Braises. Si ese es el caso, lo que están buscando no es hacer justicia precisamente.

    —Ahora voy a preguntarte Larissa, ¿confías en mí?—dice Natalia inclinándose sobre ella.

    —Eh…sí…

    —Muéstrame tu as, no debería ser difícil.

    La chica le muestra una amplia sonrisa, después le da una mano a la foca. Se van al lado derecho de la morgue como una madre que guía a una niña lejos de la juguetería.

    —¡Adelante!

    Lo único que puede hacer el muchacho es mirar como Lari toma una gran exhalación mientras el sudor alrededor de su cuerpo comienza a congelarse poco a poco. Unos segundos más de lo que debería tardar, la armadura esta completa.

    Natalia aplaude como una colegiala para después examinar el hielo desde todos los ángulos posibles.

    —¿Se llama Sir Larissa I, no?

    —Así es.

    —Un bonito nombre…

    —¿¡Por qué sospecha de nosotros!?—exclama Sebastian perdiendo la paciencia, aunque en realidad sabe que no hay ninguna razón real.

    Ante esa pregunta, la señorita Flahuert vuelve a guiar a Lari a su lugar junto a él. Al sentarse, mira al suelo, entrelazando sus aletas a la vez que la armadura se derrite.

    —No te preocupes—dice la bellossom dispuesta a seguir con el interrogatorio—. Tenemos a buenos conserjes. Ahora vamos al grano.

    La policía retira sin avisar el vinilo que oculta lo que queda de la ama de casa. Sebastian hace un esfuerzo para intentar tapar los ojos de su amiga cuando un calambre le hace detenerse de golpe por lo que la brionne suelta un grito desgarrador que es interrumpido por sus propias aletas.

    Acto seguido, lo que quiere es salir de ahí. El ivysaur detiene su paso con las mismas armas que uso en el hotel.

    Antes de que suceda una desgracia por la sangre que hierve por su cuadrúpedo cuerpo, Natalia con amabilidad le gira la cabeza para poder ver con sus propios ojos lo que vio su amiga.

    Se muerde el labio para evitar gritar.

    Su mente carbura miles de posibilidades de como esa señora pudo haber acabado así pero ninguna le convence lo suficiente. El cuerpo de la leafeon esta repleto de agujeros, sobre todo en la parte del vientre y el costado.

    —No sé ustedes—dice Flahuert—, creo que un as es lo único que es capaz de hacer algo así.

    —¿Por qué cree que fuimos nosotros?—dice Sebastian levantándose de la silla—. ¡Nos hemos encontrados con varios usuarios de as desde que llegamos aquí, pudo haber sido cualquiera de ellos!

    —Sí, pero ustedes son los más sospechosos. Ya nos ha pasado que los criminales se hacen pasar por aprendices, a lo que me recuerda…

    Natalia se contonea hasta él, su cristal brilla con intensidad.

    —Su vecina no fue la única que estuvo en el burdel de las rosas durante el atentado. Varias empleadas también resultaron heridas, junto con un tipo extraño, aunque no creo que duren mucho.

    —Burdel—sus ojos se abren—¿Marianne esta bien?

    —La dueña y su hija estaban fuera, comprando un vestido. Si son tan inocentes como dicen—prosigue la detective Flahuert—. No debería haber ningún problema en ir al hospital para ver si una de las víctimas son capaces de reconocerlos.

    Nunca ha escuchado tan absurdo proceder de parte de la justicia, menos en una parte del mar que presumen de ser parte del primer mundo.

    —Si están agonizando como dice—comienza a decir el sylveon mientras su amiga es esposada de nuevo—, no creo que sus testimonios sean tan fiables.

    Por desgracia, cualquier palabra que pudiera decir es inútil. En condiciones normales esposarían todas sus cintas pero están casi inutilizadas.

    No sabe si agradecer la compresión o sentirse ofendido.

    Los dos son escoltados por los policías del interrogatorio, mientras esperan que Gallaway apareciera de milagro para salvarlos. Siendo que esto es imposible; el centro de ciencia forense de Luz esta justamente en la zona de Nostra, a solo unos cuantos metros del hospital.

    No daba tiempo.

    Solo entrando al edificio, por la entrada de urgencias, son asaltadas por la visión de varias enfermeras, residentes y pasantes trabajando juntos como nunca. No comparten ninguna expresión, solo se comunican con frases cortas, las necesarias para hacer el trabajo de forma eficiente.

    —¿No es hermoso?—pregunta Natalia—. Debe ser maravilloso tener la vida de los pokémon en tus patas.

    —Usted es un policía—dice la brionne—. También tiene la vida de los pokémon en sus manos.

    La bellossom se vuelve hacia ella con las manos detrás de la cintura.

    —Supongo que tienes razón—se dirige a su subordinado—¡Vamos Leonard, tenemos que buscar a alguien que reconozca a estos muchachos!

    «Ya nos consideran culpables, genial» piensa Sebastian.

    La sala de urgencias cuenta con cincuenta habitaciones; de esas, veinticinco son las que guardan las víctimas del atentado que según la señorita de la falda hawaiana se conforman más que nada por hembras de la vida galante, a excepción de un extraño pokémon.

    Después de recibir permiso del medico de guardia, visitan cada una de las habitaciones, en las que casi todas las pacientes están inconscientes, tan agonizantes que apenas pueden pronunciar una palabra o incluso en medio de un paro. Tal vez sea la intención de estos supuestos policías, mermarlos a base de mirar como señoritas de diferentes edades (ninguna menor de edad, eso espera) están al borde de la muerte.

    Debido a la mirada de Larissa, parece que lo están logrando.

    No pasa nada importante hasta que llegan a la habitación número veintiuno, donde reposa una lopunny con varias vendas enrojecidas por todo el cuerpo. Al lado, una enfermera inyecta un poco de morfina con gestos tan nerviosos que podría inyectarse a si misma, mientras que la paciente tiene la mirada fija en los fluorescentes del techo. Al menos parece estar consciente.

    —Señorita—dice Flahuert con la misma integridad física de cuando empezaron, pese a que su subordinado esta un poco harto—¿Reconoce a estos dos jóvenes?

    La coneja les mira sin mucho interés (el máximo que puedes tener cuando te estas muriendo) y entrecierra los ojos. Niega con la cabeza.

    —No, pero son muy guapos.

    Por alguna razón, ambos se enrojecieron.

    —Pero no tan guapos como ese señor que fue mi primer cliente.

    —La señorita no ha dejado de hablar de él—aclara la togedemaru secándose las garras en el delantal.

    —Es que era un hermoso absol…esos ojos rojos.

    «¡Absol!»

    —Esta tipa no va ser útil—dice Flahuert de pronto—Vámonos…

    Debido a esa magia que tienen los amigos de la infancia, Larissa y Sebastian solo tuvieron que mirarse para saber que ambos están de acuerdo en la importancia de esa información. Además de lo extraño que es que la bellossom se haya puesto nerviosa al escuchar el nombre de esa especie.

    Hay posibilidades de que no sea el mismo absol que conocen pero, aunque no cree en la intuición, esta es demasiado grande como para ignorarla.

    Se ve que el esposo de Jenaire tenía gustos exquisitos.

    Sus sucios pensamientos son cortados a tiempo por un golpe de látigo de Leonard, el que casi había olvidado que estaba ahí. Siguen en su rutinario paseo y al final llegan con el extraño pokémon que resulta ser una especie de medusa rara que es la víctima más dañada de todas. No por nada esta conectado a un respirador, lo único que mantiene su vida.

    —Este muchacho es de los que vivieron el tiroteo de cerca.

    —Lo notamos—dicen los dos aprendices al mismo tiempo.

    —Se van a quedar aquí hasta que despierte—se da la vuelta después de quitarle las esposas a la brionne—¡Leonard, vámonos!

    —¿Nos van a dejar solos?—pregunta Sebastian.

    Los pasos de la muchacha se detienen mientras aprieta sus puños.

    —Sí—dice Flahuert antes de irse de la habitación.

    Cuando los dos policías se han ido, lo único que hacen es quedarse en silencio, sorprendidos por tan extraño devenir en los acontecimientos. Larissa solo va a una esquina de la habitación del hospital y dejándose caer en el suelo de azulejo, suelta un enorme suspiro.

    Esto es demasiado, si salen de aquí le pedirá al capitán que los lleven de vuelta a Nereida, aunque alguien quiera negarse.

    —¿Sebastian?

    —Dime—dice el tipo hada sentándose al lado de ella.

    —Estabas pensando en irnos, ¿verdad?

    Le ha leído la mente por completo.

    —Yo aun no quiero…—susurra Lari intentando retener sus lágrimas—. Siento que no he sido más que una carga y no me he podido valer por mi misma lo suficiente. Sería muy patético volver al pueblo sin nada más que contar que el estúpido intento de una mocosa por ser exploradora, solo molestando y causando preocupaciones a los que lo son de verdad.

    Siente un escalofrío al sentir como su amiga apoya su cabeza en su cuello. Todavía más cuando las lágrimas mojan su pelaje.

    —No quiero ser como mi madre…no quiero…

    —No eres como ella…recuerda que ya tienes tu as. El inútil ahora mismo soy yo.

    La chica se pone enfrente, mirándolo directamente con unos ojos irritados por el llanto. Nunca ha creído verla en esas condiciones, aunque claro, no es más que una rotura en la frágil presa que es la integridad de la señorita Granat. Los arietes elegidos por Nender Corporation para esa tarea fueron Ambrosius, Edward, Braises y la detective Flahuert, sin ni siquiera querer hacerlo, a excepción del furret.

    Solo quiere creer que estará como nueva el día de mañana, cuando puedan irse de aquí.

    —Sebastian…—susurra Larissa más seria de como la había visto nunca—. No soy la princesita adorable que tienes que proteger de la maldad del mundo. Sé que me ocultas algo.

    —¿De que hablas?

    —Los cristales, conociéndote me lo habrías comentado, ¿si tu mismo me consideras una debilucha, como puedo confiar que los demás no lo harán?

    —Yo no…esta bien, te contare.

    Sin más opción, pasa a contarle sus conclusiones a base de lo que Gallaway le dijo, saltándose lo de que quieren destruir el pokégremio y el nombre de la empresa malvada que quiere hacerlo. En cuanto termina de platicarle, la muchacha suspira abrumada.

    —Sabía que no era coincidencia. Alguien quiere hacernos daño…

    —Sí…—dice Sebastian para después mostrarle una sonrisa confiada—. No lo lograran, solo tenemos que fortalecernos para que nadie nos haga daño.

    Sus entumidas cintas rodean la cintura de la tipo agua.

    —En cuanto salgamos de aquí, te prometo que voy a esforzarme para aprender mi as y convertirnos en los mejores exploradores del mundo.

    —Sebastian…—susurra la chica sonrojada.

    —¿¡Qué estas haciendo con Larissa, tepig!?

    Del sobresalto, deja caer a su amiga en el suelo y se voltea asustado mientras su amiga agarra su cabeza, rezando para que no le saliera un chichón.

    La que interrumpió tal escena fácilmente mal interpretable es una lilligant con un fuerte olor a perfume exótico que en ese momento muestra su indignación mediante su rostro colorado.

    Es capaz de identificar ese tipo de enojo en cualquier lugar del mundo.

    —¡Liliana!—exclaman los casi exploradores.

    —¡No me toques o le digo a papá!

    —Tranquila, solo me caí…—dice Lari con una pequeña sonrisa pese a no estar ella misma convencida de lo que esta diciendo.

    —¿Que haces aquí, estas de compras?

    —Estoy buscando algo más importante—dice la señorita Flower mirando otro lado al mismo tiempo que se menea de un lado a otro—. Le digo o no le digo, le digo o no le digo, le digo o no le digo.

    Antes de darle tiempo a buscar un vaso de agua fría, un tranquilizante olor llega a sus fosas nasales. No tiene ni idea de como describirlo, solo que es hermoso; una de esas cosas que no sabes porque son bellas, solo lo son. Le recuerda a las frutas, a las rosas, a la bata de mamá cuando esta recién lavada e incluso así olería su amiga si se dignara en arreglarse.

    Es un olor tan penetrante que encubre el perfume de Liliana. No pueden compararse en lo absoluto.

    La responsable de las mil maravillas le mira con sus grandes ojos morados. Su pelo es parecido al tallo de una planta mientras que el bulbo de su cintura representan (o al menos así lo ve) los pétalos cerrados de una flor, además de que tiene una pequeña ornamenta de Arceus que cuelga sobre su pecho.

    —¿Se encuentra bien?

    —¡Ah, sí, disculpe!—exclama Sebastian intentando espabilarse—¿Quien es usted, señorita?

    A kilómetros de sentirse ofendida, la steenee le sonríe tímida.

    —El nombre con el que me bautizaron es Marta, Marta Valles—dice ofreciéndole una reverencia—. Mucho gusto, señor Labelle.

    —El gusto es mío—responde el sylveon sin preguntarse porque saben su nombre.

    Liliana sigue contoneándose con el rostro más rojo que un scizor y Marta decide terminar con la pequeña conversación, llevándose unos ojos tristes hacia donde reposa el pokémon medusa. Se arrodilla junto a él, acariciándole.

    —Pobrecito. Debe estar sufriendo mucho.

    Estira su mano a los cables que proveen de vida a la pobre criatura y los desconecta de un tirón. Ahí la magia de la pubertad desenfrenada termina de golpe para ser reemplazada por la sorpresa desagradable y la rabia.

    —¿¡Que demonios acabas de hacer!?—exclama Sebastian.

    Larissa esta tan estupefacta como él, tanto que no puede articular palabra. Al menos su grito sirve para sacar a la pija de Nereida de su trance quien sale asustada de la habitación. Marta se levanta después de murmurar unas palabras junto a la cama del pokémon ahora fallecido, poniéndose una mano en el pecho.

    —Me gustaría hablar esto en privado.

    —Estamos detenidos—interviene la brionne.

    —No van a volver…vayámonos.

    No necesitan consultarse para saber que lo mejor es seguirle el juego a esta tipa que parece no querer matarlos, por el momento. Caminan detrás de Liliana mientras sigue a la steenee que esta tranquila en eso de haber matado a alguien.

    Pasando por la puerta del hospital de Nostra, alguien bastante pintoresco entra al mismo tiempo de que ellos salen. Un riolu que podría haberse escapado de una obra escolar por el pánico escénico, sostiene un palo de madera mientras usa un saco de papas como armadura.

    No comprende porque la señorita Valles reza cuando se alejan del lugar. No dicen ni una palabra hasta estar alejados de la zona, en un callejón cercando donde la única compañía es una makuhita dormida sobre una manta que apenas la protege del cemento.

    La tipo planta rompe los pedazos de botella con sus pies, haciendo gala de una seguridad apabullante mientras que simples mortales como Larissa, él y Liliana tenían que tener cuidado en donde pisaran. Se han hecho las tres de la tarde entre tanta cosa.

    —Aquí podemos hablar con más tranquilidad—dice la señorita Valles poniendo las manos en el regazo, recuperando la alegría—. Sé que tienen muchas preguntas y nos podemos explayar cuanto quieran.

    —Vaya que tenemos preguntas—dice Sebastian enfurecido, sintiendo que las palabras que le dijo a Lari están más vacías que las cabezas de los magufos—¡Lo que quiero saber es porque mataste a ese señor!

    Esa pregunta agarra desprevenida a la muchacha quien aprieta el collar, buscando la respuesta de un ser imaginario.

    —Yo no lo maté, ahora esta con Arceus quien es el único que decide cuando quitarnos la vida. Ninguna maquina debe alargarla. Esas son mis creencias, mi madre me ha educado para no temerle a la muerte.

    —¡Tu dios no es…

    —¡Cállate, Sebastian!—interviene Lari,

    —Tranquila, señorita Granat. Es normal que algunos no entiendan los designios del señor.

    Quiere decir muchas cosas más aunque sea inútil.

    —Ahora voy a explicarles—continua Marta tranquila—. Somos un pokégremio que ayuda a las víctimas del Estrella de Mar; nos hacemos llamar, Las Cualtzin.

    Las caras incrédulas en los rostros de los aprendices hacen soltar una risilla a ambas féminas.

    —Suena confuso, lo sé. Solo déjeme explicar; durante toda la historia de nuestra región, Insel, han ocurrido cosas terribles por culpa de estos tipos que se hacen llamar exploradores, tanto que ustedes mismos han sufrido un ataque desde que llegaron.

    Al ver como Larissa baja la mirada, un deseo de darle una paliza a esta tipa le viene desde adentro, como un drilbur que quiere cavar la tierra entre la tentación y el acto.

    —No solo eso, también fue culpa del Estrella de Mar que varios murieron en su pueblo. Por eso hicimos un llamado a los habitantes del pueblo que perdieron a sus seres queridos, para que se fortalezcan con nosotras y puedan superar su adversidad.

    —¿Alguien más vino?—pregunta la foca.

    —¡Las chicas de la familia de los nidorinos, la madre de Clara, la hermana mayor de la señorita Ice, el hijo mayor de los Bear, Brock y yo!—anuncia alegre la lilligant.

    —Brock…—susurra Sebastian.

    —¿Entonces?

    Aunque hace unos segundos se prometió a si mismo llevarse a Larissa fuera de ahí, luego anunció su intención de ser un explorador. Además, no pretende unirse a unas tipas que no le dan buena espina desde el principio pues puede ser peor la cura que la enfermedad. El grupo de Marta Valles se le antoja una bola de pokémon frustrados, intentando buscar una explicación del porque del daño colateral cuando no hay ninguna explicación.

    Solo es casualidad que les toque a ellos, tal vez aderezada con unos cuantos errores.

    Son criaturas que buscan culpables de sus perdidas y eso les hará caer en un vórtice de fanatismo y ira. No quiere irse con ellas.

    —No necesitamos su ayuda—responde el sylveon tajante.

    —¿Quieren ser parte del enemigo?—pregunta la steenee con seriedad—. Ustedes no saben el daño que ha causado el Estrella de Mar, sus vecinas van a estar muy decepcionadas.

    —Ese es nuestro problema.

    —¡Aun no son exploradores oficiales, tienen tiempo de unirse!

    —Ni hablar.

    En ese instante tienen unos momentos para mirarse en la cara, donde Lari sigue mirando al suelo.

    —Esta bien, solo recuerden que no pueden cambiar de opinión. Vayámonos Liliana.

    Los dos se quedan solos en el callejón, viendo a las dos hembras retirarse. La habitante de RON les da una ultima mirada antes de perderse en la oscuridad.

    —Esas tipas no me dan buenas sensaciones—dice Sebastian a su amiga—. Volvamos al…

    No tiene tiempo de terminar la oración cuando una pokémon aparece desde el fondo, dentro de una especie de aura azulada. Sus ojos son amarillos con iris carmesí, su pelaje inferior se asemeja a una falda y la blusa de botones puesta sobre su delgado cuerpo. Les mira a través de los vidrios de unos gafas de aumento con una mezcla de odio junto con tristeza.

    La madre Clara, también conocida como la secretaria del alcalde. Una meowstic conocida por ser la más seria del pueblo desde la muerte de su marido.

    Unas ondas en forma circular van de la frente a la suya, haciéndolo sentir el cuerpo un poco pesado, incluyendo los párpados. Al igual que su compañera que esta en la misma situación, intenta mantenerse despierto aunque su cerebro insista en dormir. Escucha el ruido de su amiga cayendo al suelo y la debilidad ocasiona que caiga dormido.

    Solo oye una voz antes de perder la conciencia.

    —Lo siento Larissa, es por tu propio bien.




    Debido a gajes de la vida, tendré que pausar este fic por un buen rato.

    Esto para ofrecerles una historia de buena calidad, sin prisas. Lamento las molestias, prometo volver pronto con las aventuras de nuestros dos amigos.

    Saludos.


     
    Última edición: 28 Octubre 2018
  8. Threadmarks: Capítulo 36
     
    DoctorSpring

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    Total de capítulos:
    46
     
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    Capítulo 36: Made In Paradise


    La cosa que más le gusta a Alex de la casa de Antoine Armistead es una chimenea en la sala de estar del gigantón. Aunque no sea capaz de sentir el calor del fuego en su estado actual, solo con ver el baile sensual de las llamas a través de las pupilas de su alma y escuchar las chispas por su tímpano invisible es suficiente para que una sensación de nostalgia alumbre su cuerpo. Incluso ahora mismo que es un montón de energía apenas unida por unos frágiles lazos de átomos. Esta segura que esa fuente de dióxido de carbono le da más encanto a este hogar en comparación a los demás del paraíso comunista de Parie.

    El viernes por el mediodía (más o menos al mismo tiempo que los aprendices del Estrella de Mar salen del hospital acompañados de Marta), después del acto donde dos Pokémon tienen su unión y mientras la hermosa hormiga musculosa está dándose una ducha para quitarse los restos de ectoplasma de la zorra, la susodicha esta tapada entre unas gruesas cobijas al mismo tiempo que ve la televisión.

    La importante noticia de un yunque aparecido de la nada en un rincón del centro es interrumpida por otra de último momento.

    Al parecer ha pasado un grave incidente en uno de los burdeles más prestigiosos del Circle D’ Amour; eso decía la conductora con un gesto involuntario de desagrado que no le enseñaron a controlar en la universidad. La pachirisu prosigue a recitar una lista de nombres junto con unas fotos a las que la vulpix no presta ninguna atención hasta que la imagen de un gracioso pokémon aparece en la pantalla junto con su nombre en pequeñas letras. También anuncian la muerte de la señora Seed, pero esta bastante ocupada en lamerse las comisuras de su hocico como para darse cuenta.

    La verdad es que casi había olvidado su nueva misión en la vida al estar pasándolo tan bien al lado de semejante Tauros. No esperando ningún permiso de parte de él, sale de la cama, estira algunos músculos inexistentes para luego salir de casa.

    —¡Ahorita vuelvo mi amor!—exclama Alex saliendo de la casa.



    Una asquerosa charca de vomito junto con un dolor de alfileres clavándose alrededor de sus ojos le hace recuperar la consciencia bruscamente después de haberla perdido por unos segundos. Sebastian, en un intento desesperado estira su cinta para agarrar una botella de cristal y teniendo la mirada borrosa la estrella en la cabeza del primer pokémon que encuentra. Su vista se recupera cuando otro fragmento es enterrado en su cara. Antes de que la madre de Clara caiga al suelo, sosteniendo a Larissa en brazos, logra atrapar a la segunda para dejar caer a la primera.

    No deja de arderle la cara, pero al menos esta despierto. Es una fortuna que haya tenido tiempo de calcular su caída.

    —¿Qué pasó?—pregunta Larissa estirándose estupefacta—¿¡Por qué la madre de Clara esta en el suelo!?

    —Por nada—responde Sebastian dejando caer la botella rota con discreción—. Tenemos que irnos de…

    Las palabras del sylveon son interrumpidas por unas semillas que son disparadas desde la salida del callejón las cuales son esquivadas apenas por los dos aprendices. Los culpables son dos plantas que desaparecen tan solo pasar su creadora con un talante de una hembra que sabe que nadie le hará nada por su mera seguridad al caminar; Marta Valles hace sonar sus pisadas dirigiéndose a los dos exploradores con una pequeña sonrisa en su cara.

    —¡Vaya, parece que hubo un accidente!—exclama la steenee alegre viendo a su compañera tirada en el suelo.

    La lilligant mira temblorosa desde atrás, cruzando sus extremidades como si estuviera rezando aunque este bastante asustada siquiera para moverse.

    —Mi aprendiza esta un poco indispuesta, vamos a practicar un poco antes de que se unan a nosotros.

    Abre la boca con la intención de decir algo cuando su amiga se adelanta.

    —¡Intentaste secuestrarnos!—exclama la brionne haciendo brillar su aleta—¡Nunca nos vamos a unir a ti!

    —Estas equivocada, Lari—dice Marta acercándose todavía más—. Ya sabíamos que tu amigo nunca iba a dar su pata a torcer, solo nos interesas tú.

    Un escalofrío les azota como una corriente helada mientras comienza a nevar poco a poco y el chico retira los pedazos de vidrio de su piel. Siente como Lari tensa el cuerpo a su lado. La joven no puede soportarlo más, corre con todas sus fuerzas sin que él tuviera tiempo de impedirlo, apuntando su golpe en la cara de la steenee. El puño de la foca esta a punto de impactar contra la risueña mirada de la señorita Valles cuando una corteza salida de la nada recibe el impacto.

    Larissa aterriza agarrándose la aleta.

    —Atacar sin conocer el as de su contrincante es un grave error—susurra Marta bajando la defensa—. Los novatos tienen su mayor baza en la sorpresa.

    —¿Crees que eso es lo único que puedo hacer? Solo es una décima parte.

    —A lo mejor, pero acabas de revelar el fundamento principal de tu habilidad que es congelar cualquier fluido que empapa tu cuerpo—responde poniendo sus manos en el regazo—. Ya se me ocurrieron miles de cosas que puedes hacer con él.

    Labelle saca los fragmentos de vidrio, luego usando la rotación lanza uno de ellos al rostro de su contrincante que da en el blanco, justo debajo del ojo izquierdo. Ambos aprendices sueltan una exclamación en el momento que la muchacha regenera su piel en la zona de la herida hasta que el pedazo de botella cae solo.

    —No importa que conozcan mi as…unos muchachos de preparatoria no conocen todas las plantas que existen en el mundo—explica la líder de Las Cualtzin—. Se llama…

    La brionne no está dispuesta a seguir escuchando así que vuelve a intentar otro ataque, el sylveon rodea la cintura de su compañera y la atrae hacia él. Justo en ese momento, unos troncos que terminan en una punta afilada crecen desde el suelo en dirección a ellos; si no la hubiera jalado para atrás, hubiera muerto empalada.

    —¡Suficiente!—exclama Sebastian sacando los pedazos de vidrio restantes después de dejar a una chica ansiosa en el suelo—Debemos atacar los dos al mismo tiempo.

    —¿Y si usa eso de nuevo?—pregunta Lari incorporándose.

    Se le hace un nudo en la garganta al tratar de responderle; no siente que tengan ninguna oportunidad. Lo único que pueden hacer por ahora es escapar de esa loca, luego verán cual será su siguiente paso.

    —Recuerden que esto es un entrenamiento—susurra la steenee ensombreciendo su semblante, una gran diferencia en comparación a como la conocieron—. No haré nada que les haga mucho daño.



    Los cuadros de azulejo de la sala de urgencias del hospital vuelan como frisbees ante los estruendosos golpes entre los tentáculos de Nihilego y la cadena de Alex. Ya hace rato que todos los pacientes fueron evacuados por la salida de emergencia mientras los dos estaban sumergidos en una batalla que el parásito ni siquiera sabía porque había acabado en ella. Ambos están luchando peligrosamente cerca del cadáver de un riolu que murió gracias a ser atravesado por las extremidades de él antes de que este pudiera cumplir su función; algunos fragmentos de cristal brillante yacen al lado de su oreja.

    A diferencia de los demás, el ultrainstinto no hizo de él una bestia sin raciocinio, sino una criatura consciente de su situación multidimensional. No desconoce que esta dimensión nunca lo querrá, debe salir de aquí.

    —¡Tranquilízate!—dice el anteriormente señor Charmant.

    La vulpix solo responde intentando encajar la cadena que sale de su lomo, la respuesta del parásito es hacer lo mismo que estaba haciendo desde que obtuvo la consciencia; seguir repeliendo los movimientos de la zorra con sus diversas extremidades. Una voz grave interrumpe el extraño baile de los dos pokémon.

    —¡Aquí estas maldita!

    Un flaco gallade entra en el edificio con sus manos en posición de guardia mientras una muchacha de vestido negro le sigue por atrás como una esclava.

    —¡Acabare contigo de una vez, lo haré por mis exploradores!—exclama el capitán Gallaway.



    La señorita Valles sigue acercándose a los dos con una seguridad envidiable mientras el sylveon escudriña en su mente alguna manera de escapar, ganar en combate no es una opción. Tiene una excelente defensa que detiene los ataques de Lari, puede regenerarse y sacar troncos de la nada. El chico traga saliva; ha llegado a la conclusión de que el as de la líder de Las Cualtzin es bastante peligroso pues es capaz de crear todas las plantas de las que ella tiene conocimiento

    «Por eso se regeneró» piensa Sebastian sin dejar de sudar «Ella misma es una planta»

    —¿No se te ocurre nada?—pregunta Larissa con su armadura completa formada.

    —¿Qué tanta resistencia tiene eso?—susurra el señor Labelle reflejándose en el hielo del casco.

    —No lo sé…—la chica suspira—. Ojalá pudiésemos huir volando…

    «¿Volando?»

    Si pudieran atacar desde arriba, tal vez Marta no tenga el suficiente poder para detener el ataque. Sus cintas no tienen mucha elasticidad y menos si están heridas, aunque aun así si las enreda bien podría hacer una especie de cama elástica. Suelta con delicadeza los fragmentos de vidrio para enredar sus apéndices como si fuera la telaraña de un dewpider...ahora que lo piensa tiene una idea mejor.

    Le dirige una rápida mirada a su amiga esperando que sea suficiente. La brionne asiente.

    —¿Acaso piensas que eso va funcionar?—dice Valles sonriendo al mismo tiempo que un árbol creciendo debajo de ella la eleva hasta las nubes, esperando un ataque que nunca llega.

    —¡Señorita Marta, están huyendo!—exclama apenas Lilliana cuando los exploradores habían salido del callejón.

    En distancias largas, un cuadrúpedo le gana a una bípeda y Sebastian lo tiene en consideración mientras corre, con Larissa en sus apéndices haciendo el papel de la doncella en peligro. El chico saca su lengua por el enorme esfuerzo que le conlleva llevar cargando a alguien con armadura pese a ser demasiado chaparra. Las cosas se hacen peores cuando escucha los pasos de Marta detrás de ellos, yendo más rápido gracias a las manadas de deerling que monta.

    —¡Nos va alcanzar!—grita Lari.

    —¿No puedes…derretir…esa cosa?—jadea Sebastian.

    —¡Se derrite sola cuando quiere!—los ojos de la señorita Granat sueltan un destello—¡Haz lo mismo que hiciste en la cárcel!, ¡úsame como arma!

    —Como quieras.

    Mediante un brusco derrape, da media vuelta, sosteniendo a la foca como una escopeta para después jalarle la aleta trasera. Se suelta un Escaldar por la nariz que da en la frente de una de las deerling que se desvanece con un chillido. Dispara otras cuatro veces, impactando en ciervos diferentes excepto el que monta Marta.

    —¡Bájame!—insiste Larissa.

    —¿Qué es lo que planeas hacer?—pregunta Sebastian escuchando el sonido de la estampida.

    —Recuerda, Sebastian. Solo es un entrenamiento—repite Lari con las dos aletas brillando.

    No puede reaccionar al acto suicida de su amiga cuando es demasiado tarde; la brionne usa su cola como si estuviera montada en un pogo stick para saltar encima de la fruta con forma de mujer. Une ambas extremidades, fusionándolas de alguna manera entre sí, a lo que Marta responde formando una especie de sable verde en una de sus manos y apunta a los ojos negros de la aprendiza que es el único sitio improvisto de la protección de la armadura.

    —¡Los dos han fracasado!—exclama Marta—¡Hoja Aguda!

    El sylveon cierra sus parpados, esperando escuchar a su amiga retorcerse en el suelo después de quedarse ciega para siempre. En cambio, solo oye el sonido de una bola de demolición aplastando una avioneta. Abre los ojos, ve con alivio a una Marta Valles aplastada en un cráter mientras los deerling desaparecen en el aire en forma de pasto llevado por el viento. La armadura de su amiga no tarda en derretirse, formando un charco de agua debajo de ella con el liquido que sale incluso de sus ojos.

    —Es una suerte que también haya sudor en los parpados—dice Larissa sonriéndole.

    Antes de recibir el tajo de la steenee, había congelado el sudor alrededor de sus globos oculares con la intención de protegerse del golpe. Afortunadamente funcionó a la perfección.

    —No vuelvas a hacer eso de nuevo…

    No obstante, aún no termina pues Lilliana ayuda a levantarse a una jovencita mallugada y tambaleante.

    —Lari es buena pensando las cosas en el momento—dice con tono analítico—. Sebastian es genial ideando estrategias ingeniosas aprovechando la situación. Serían buenos exploradores en nuestro gremio.

    Marta suspira.

    —No puedes tener todo lo que quieres…vayámonos, Lili.

    Los dos aprendices admiran el caminar de las chicas las cuales desaparecen entre los miles de callejones de ciudad Luz.

    —Tiene razón—admite la muchacha estirándose—. Mi idea en un inicio era recibir el golpe para que tuviera que dar por terminado el entrenamiento.

    —¿Acaso crees que se apiadaría de ti?

    —No iba hacer nada que nos hiciera mucho daño…seguro al quedar malherida acabaríamos con esto.

    Según el zorro, quedarse ciega es un daño bastante considerable.



    Ases Vol. 13

    Made In Paradise (Marta Valles): La usuaria es capaz de recrear todas las plantas, flores y frutas del mundo (incluso los pokémon tipo planta) e usarlas para atacar o defenderse. Ahora mismo se desconoce su rango o si tiene alguna limitación.

     
  9. Threadmarks: Capítulo 37
     
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    46
     
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    1762
    Nota del Autor: Lamento la tardanza, entre que ya voy a final de semestre y subestime el trabajo de juez, apenas he tenido tiempo para escribir. No sé, siendo sinceros, si el siguiente capítulo salga más pronto o tarde más, solo Arceus lo sabe.

    Capítulo 37: El Despertar de la Hormiga

    —Solo era cuestión de tiempo para que hicieras un desmadre, en cuanto te deje muerta de verdad nos iremos de aquí—dice Gallaway avanzando desde la entrada de urgencias con Meloetta en forma danza al lado.

    Los dos Pokémon estaban peleando en la sala de espera del hospital volando expedientes y sillas por todos lados lo que obligó a las criaturas escapar del hospital público de Nostra. Según le han contado al capitán cuando los habitantes asustados fueron en busca del pokégremio más cercano (los pokégremios del Este están lejos de la capital para no afectar al turismo), los combatientes ocupaban toda su atención entre ellos tanto que no les costó evacuar a los pacientes que ahora estarán repartiéndose por todas las clínicas privadas de la supuesta ciudad del glamour.

    —¡No estorbes!—exclama Alex lanzando una llamarada brillante desde la boca.

    El capitán usa la técnica favorita de los Gallaway que es sacarse la chaqueta para que esta prenda en vez de él, despareciendo en un instante sin dejar ni una sola ceniza. Sabe que, aunque le joda, no puede hacer mucho contra la fantasma, ni mucho menos ahora que ha desarrollado su cuerpo biopsiquico (dícese cuando el fantasma recupera su apariencia en vida); solo está haciendo tiempo valioso para ese hijo de puta con el que comparte sangre.

    Después de la etapa de la unión, cualquier ataque contra ellos es inútil, excepto los siniestro y fantasma.

    —No sé qué demonios está pasando—susurra la susodicha medusa—. La verdad es que solo quiero volver a mi universo, mátense entre ustedes…

    Si las cosas no son raras de por sí, un puño musculoso rompe las paredes del hospital mientras usa el agujero para entrar lo que provoca una sonrisa en la fantasma; el recién llegado es una hormiga gigante con ojos de camaroncito.

    La textura de su piel asimila a bolas de carbón ardiente atadas entre sí por un hilo negro.

    —¡Amor, menos mal que llegaste!—exclama la vulpix—¡Quítame a estos tarados de encima!

    —Me lleva la…—gruñe Gallaway apareciendo a la diosa detrás.

    —¡Tranquilos!—exclama Antoine limpiándose el sudor con la palma de la mano, apenas inmutándose por ver a una divinidad caminando entre la tierra.

    —Buenas tardes, Meloetta—dice Nihilego levantando un tentáculo.

    La inexpresiva bailarina alza un brazo en forma de saludo.



    Después de estar seguros que la señorita Marta Valles no va volver, los dos exploradores vuelven a meterse al callejón para encontrar a la madre de Clara aun tirada en el suelo. El sylveon suelta un suspiro mientras su amiga se inclina delante de la meowstick, colocando su aleta en la frente de la señora mostrando sus nulos conocimientos sobre medicina si lo que pretende es tomarle el pulso; es suficiente ver su pecho subir y bajar para disipar esa duda.

    —Marta no esta interesada en proteger a sus exploradores—dice Larissa cargando a la vecina—. Solo las esta usando para su propio beneficio.

    Espera que puedan convencerla de eso.

    —Tenemos que salvarlas.

    —No sabemos a dónde ha ido—susurra Sebastian.

    —Ahora lo importante es ir a un hospital, llama al capitán Gallaway.

    —Esos policías me quitaron el celular.

    Los dos aprendices un momento en silencio mientras intentan rechazar los recuerdos que vienen a su mente.

    —La ciudad no es muy grande, si nos apuramos podemos llegar al hospital de Nostra.

    —¿No es donde nos dejaron los policías?—pregunta Lari preocupada—¿No estará lleno?

    «Una habrá muerto a estas alturas» piensa Sebastian comenzando su camino hacia el edificio de salud pública para no darle dolorosas explicaciones a su amiga.

    En unos momentos, aproximadamente a las una de la tarde, están frente al hospital público de Nostra que para gran sorpresa de ambos esta obstruido por una telaraña de cintas policiales. Diferentes pokémon como estudiantes, oficinistas e incluso yente de la clase burguesa que quedan después del tiroteo en el burdel, estiran la cabeza para encontrar algo morboso con la intención de traumatizarse por el mero gusto de hacerlo o que quieren tomar una foto porque necesitan atención psicológica; los policías usan sus propios cuerpos para evitar darles ese placer. Unos fuertes estruendos suenan desde el interior del edificio.

    No perdiendo el tiempo, la brionne se abre paso por la multitud luego de dejarle a la desmaya psíquica entre las cintas, dejándola la única opción de seguirla hasta que llegan a una conocida granbull que les detiene el paso.

    —Disculpa, somos aprendices del Estrella de Mar, ¿Sabe que esta pasando aquí?

    —¿Tienen alguna especie de identificación?, ¿No?—ladra la perra—¡Largo!

    —¡Aquí están!—exclama una voz femenina—No deben perderse por ahí, estábamos muy preocupadas. Ya saben que la unión es importante en los equipos exploradores y todo eso, además…

    La jynx jala a los chicos fuera de la juventud sin dejar de charlar.

    —Creo que los muchachos ya entendieron, imbécil—dice Jane volando a ras del suelo con sus alas vendadas.

    —¡Si no fuera porque te acabas de recuperar de milagro, ya estarías más congelada que una paleta de hielo!—exclama Berenice agarrándose los bordes de la falda.

    —¡Me alegra que te estés recuperando!—dice Lari de la forma más honesta posible.

    —Es extraño porque apenas hablamos dos veces—dice la flygon—, pero gracias, supongo…

    —¡Sé más educada por el amor de Arceus!

    —Lo importante es que está pasando ahí dentro…—interrumpe Sebastian.

    Las dos hembras quedan un momento en silencio unos segundos como si acabaran de recordar algo importante; la primera en abrir la boca es Jane quien revoloteando frente a los muchachos resume en unas cuantas palabras lo que hicieron el resto de exploradores después de que ellos fueran arrestados. Aunque en realidad nunca se enteraron de esto, simplemente dieron por hecho que estaban tomando un paseo. Resulta que una multitud de pokémon que venía del hospital vinieron al hotel para pedir ayuda a Gallaway.

    —Supimos que era la fantasma desde que uno de ellos mencionó una cadena—concluye Jane—. Resulta que el capitán creó un plan donde Ricardo le daría un buen golpe fulminante.

    Los aprendices se miraron entre sí por un instante. Iban a mencionar algo sobre la señora Seed, aunque decidieron por separado que el equipo tenía demasiada carga.

    —Ustedes pueden ir a ayudar con el barco para que ayuden a la señora moribunda que están cargando—dice Berenice causando un respingo en los jóvenes—. El capitán dijo que nos íbamos a ir en cuanto acabará con esto.

    —Es cierto, Sebastian—tercia Lari—. Dejemos que el capitán se encargue de esto.

    El sylveon asiente sin mucha seguridad mientras mira al edificio antes de seguir a su amiga. Nunca le ha gustado hacer caso a sus presentimientos, pero siente que algo malo va pasar.



    Según recuerda Antoine Armistead, su padre le ha dicho que hay veces en la vida que tienes que abandonar tu verdadera persona para convertirte en un macho con todas las letras. Supone que estar en la sala de espera de un hospital con dos pokemon (o más bien un pokémon y una medusa) que quieren hacerle daño a tu amada es una de esas veces. El viejo no parece una gran amenaza, lo que le preocupa de verdad es esa cosita con tentáculos que quiere volver a casita.

    «¡No seas marica!» exclama su padre desde el otro lado «¡Compórtate como el macho que eres!»

    Sí, tiene razón, por algo tiene este cuerpo descomunal que hizo morir a su madre después de parirlo. Sorprendiendo a todo el mundo, menos a Alex, la hormiga musculosa intenta un ataque directo al costado del capitán que es repelido por el brazo enguantado en tela negra de la diosa que está detrás de Gallaway.

    —No te quiero hacer daño, mijjo. Soy el capitán…

    El jefe del Estrella de Mar es interrumpido por una fugaz cadena enredando el brazo de la diosa, su amada es capaz de jalar a los dos hacia ella.

    —¡Meloetta, cambia de forma y usa Andante para liberarte!

    La diosa obedece la orden, suelta uno sollozos que solo en un mundo distorsionado podrían ser un canto hermoso, causando un cambio bastante notable en su cabello al igual que alargar su falda. Da algunos giros para liberarse de lo que le aprisionaba para luego ponerse delante de su amo como una houndoom guardián. Alex suelta un gruñido mientras extiende sus patas, al mismo tiempo que la medusa mira con indiferencia la escena.

    Antoine tensa los músculos, acercándose al parásito.

    —¿Acaso traicionas a los tuyos?

    Siguiendo el consejo de su abuelo cuando no entiende una pregunta, aplaca a la criatura como un jugador de futbol americano con problemas fuera de la cancha de tal forma que los dos traspasan el muro junto aun estruendo de ladrillo quebrándose. Al otro lado resulta haber un hermoso jardín donde los enfermos pasan sus últimos días; el único que había “sobrevivido” a la evacuación es un viejo torkoal mirando alelado las flores de distintos colores, aunque la hormiga intenta llamar su atención para sacarlo de ahí. Siente una enorme pena al que tener que pelear justamente en un lugar tan bonito que solo invita a la sentarse tranquilo.

    En cuanto ve que es inútil, cruza ambos brazos, esperando que la medusa haga el primer movimiento.

    —No seas timido—insiste Antoine.

    —Lo mismo digo—responde Nihilego—. No pienso hacer nada hasta que tú lo hagas.

    —¿Hay una forma que te vayas en paz?

    —Eso es lo que quiero hacer—exclama el parasito con un tono jocoso y aliviado—. Quiero volver a mi mundo.

    El señor Armistead usa una gruesa palma para quitarse el sudor de la frente con un suspiro: seguro va ser difícil volver a donde quiera que viva este ser. No obstante, es mejor que arrebatarle la vida a un ser humano, pensándolo bien. O al menos lo estaba pensando antes que un rápido tentáculo, actuando en el papel de un huésped desconocido e indeseado que se va tan rápido como vino, entra por su cabeza sin tocar hasta atravesar su cerebro por el otro lado, causando que su dueño ya no pudiera pensar nada.

    A unos metros del suelo donde caería muerto, los ojos preocupantes cuyo color se tornaba vidrioso, se abren de golpe y Antoine vuelve a enderezarse.

    Mejor dicho; Buzzwole vuelve a enderezarse.

     
  10. Threadmarks: Capítulo 38
     
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    1793
    Capítulo 38: Las Bestias Desatadas

    Recuerda una noche de sábado donde ella, siendo una simple muchacha, acompañar un viejo rhyhorn que gruñe por cada paso que da, imitando el ruido de sus gruesas pisadas. El rinoceronte fumaba como la chimenea de un tren mientras ambos entraban en un callejón del centro de ciudad Luz, uno de esos donde una cantidad considerable de maldad de la isla esta concentrada. Aunque a esas alturas estaba acostumbrada a irse con machos desconocidos, sintió un escalofrío al entrar que en pocos segundos es reemplazado por una alegre curiosidad bastante parecida a la que sentiría cuando estuviera esperando en la cama.

    Los asaltantes que sostenían navajas se retiraban con respeto para que ellos pudieran pasar; luego estaría enterada de que el rhyhorn de cuarenta años era un policía más corrupto que la inocencia de ella en ese entonces. No obstante, lo que le hizo prender ese recuerdo dentro de su alma, son esas navajas de dientes tamaños; aun volviendo en taxi y preparándose para lograr que no le cobraran ni un pokeuro, pensaba en que sería interesante encajarse uno de esos para ver cómo se sentía.

    Nunca lo hizo, para bien o para mal. Al menos hasta ahora.

    Una navaja, cuyo filo parece ser una aleación de tristeza y rabia, se entierra en su alma con un agradable punzón, de manera metafórica por desgracia. Retirando la inspiración que la diosa había obtenido cuando peleaba separado de ese capitán entrometido, dirige sus pasos fantasmales directos al jardín del hospital, solo para ver a su amado cayéndose al suelo. No siente su alma así que debió haber muerto al instante por acto del Nihilego quien en ese momento intenta limpiarse la sangre del tentáculo mientras el torkoal cae muerto por un infarto.

    Antes de caer muerto al suelo, su amado vuelve a enderezarse como si fuera una de esas varas usan en el salto de altura. Alex, por su parte, que comienza a sacar su cadena al mismo tiempo que el capitán mira asombrado a las dos criaturas, siente otra vez la misma punzada en su alma que se lleva consigo un poco de ella. Su cuerpo parpadea mientras lo más parecido al dolor recorre todo su ser biopsiquico; la hormiga musculosa que era Antoine Armistead suelta un enorme gruñido a la vez que una fuerte aura alrededor de él sopla las hojas del terreno.

    Aunque la medusa no tiene boca, la vulpix tiene la inmensa seguridad que muestra una enchanchada sonrisa; el parasito mueve todos sus tentáculos, prosiguiendo a encajarlos por el cuerpo de semejante tauros. Las sorpresas siguen cuando un punto de luz que en principio podría ser un problema de sus ojos espirituales, poco a poco gira hasta que, en un parpadeo, un potente portal alumbra a todos los presentes. Menos a uno, claro está.

    —¡Por fin!—exclama Nihilego saltando hacia el agujero dimensional.

    Ambos desaparecen con un chasquido, pero el estruendo causado por la musculosa criatura sigue presente. Aún más después de ser usado como un desechable billete de autobús; grita de nuevo al cielo como preguntándose porque Yvetal le pasa esto y a continuación usa las alitas que tiene por primera vez, batiéndolas al ritmo de la danza de una bailarina.

    Algunas cosas nunca cambian.

    —¡Espera!—exclama Alex viendo a su amado elevándose.

    No puede avanzar demasiado pues las manos enguantadas en tela negra le agarran de las patas traseras.

    —¡Idiota!—grita la vulpix con todas sus fuerzas.

    No tiene ninguna otra motivación para seguir…lo único que puede hacer ahora es tomar la actitud de una bestia enfurecida…lograr la supervivencia para a lo que dé lugar. Lo lamentable es que ese destello de la llama inestable que llamamos pensamiento, la que cambia de dirección con las corrientes del viento, acaba todo el gas que la zorra tiene en su alma. Ahora solo tiene electricidad, electricidad que le ayuda a seguir moviéndose sin ningún motivo salvo seguir en esta vorágine de desgracias; una etapa de los fantasmas desconocida hasta ahora para los miembros del Estrella de Mar.

    Si el creador de la escalera al paraíso no hubiera muerto enterrado entre cobijas luego de una noche de locura, pudiera haber actualizado su ley. Si es que la ciencia pudiera considerarlo en primer lugar



    En el relativamente corto camino al barco, ninguno de los dos muchachos dice ninguna palabra mientras el sylveon carga a la inconsciente madre de Clara que debería estar bastante dañada con tantas interrupciones. Los pokémon de Nostra los miran como si nunca hubieran visto a nadie malherido. Ya cuando pueden ver la embarcación anclada sin ningún inconveniente posible, su amiga suelta unos murmullos inaudibles. Supone se dirigen hacia él.

    —¿Mande?—pregunta Sebastian esquivando por poco a uno de los machop que cargan en el muelle.

    —No te vi muy convencido cuando nos fuimos del hospital—comenta Larissa cuidando las palabras—. Yo pensé que estarías aliviado de no tener que inventervenir.

    —Sí—concede el sylveon—. Solo…siento que algo malo va pasar.

    —¡No me digas que te estas encariñando con el capitán!

    —¡Ni lo sueñes, solo quiero que no falle de nuevo y poder largarnos de esta mugre ciudad!

    «Y para que estés a salvo» hubiera dicho si no hubiera tenido tiempo para pensarlo mientras agarraba aire, el cual termina soltando en un largo suspiro que mueve los mechones de pelo de la meowstick. La verdad es que también pensaba que Larissa insistiría más en ayudar al capitán, lo que le haría unirse al plan sin quererlo.

    —Podemos confiar en el capitán—dice Larissa leyéndole la mente—. Ahora lo que tenemos que priorizar es que la madre de Clara este bien.

    —Aja.


    No tardaron más que unos cuantos pasos en estar cubiertos por la sombra del “Estrella de Mar”; ese interesante barco de metal pintado de blanco con el starmie sonriéndoles sin ni siquiera tener boca. La brionne mira por el rabillo del ojo a la que duerme con tranquilidad sobre las cintas de su compañero para después darle unos golpecitos al casco del barco, esperando que Clara o incluso la esposa de Gallaway pueda asomarse desde la borda; quien lo hace al final es una agradable sorpresa para Lari.


    —¡Buenos días, Marianne!—exclama Larissa levantando la aleta.

    —Ah, hola, ¿Qué hacen aquí?—pregunta la mareanie.

    —Nosotros deberíamos preguntarte eso…—susurra Sebastian mientras la estrella de mar baja la rampa.

    En cuanto esta dispuesto a subir, un zumbido que poco a poco es más ruidosa entra por sus tímpanos; es como si un insecto gigante estuviera revoletando encima de ellos. Sintiendo un poquito de miedo de mirar arriba, es capaz de ver a una especie de hormiga/camarón rara de color rojo brillante. Incluso tiene la sensación de que es más difícil de respirar por el aire que corta esa especie de aura alrededor de él, porque…¿las auras no existen, no?

    —¿Qué es eso?—pregunta Larissa comenzando a sudar.

    —No lo sé—dice el sylveon de la forma más sincera posible.

    —¿No vuela demasiado rápido como para tener ese peso?—comenta Marianne aburrida.

    Respondiendo la pregunta de la muchacha, el insectoide vuela en zigzag sobre el barco a una velocidad increíble que lo convierte en un borrón, como si estuviera buscando a alguien. Apunta su probóscide abajo, analizando a los dos chicos mientras inclina la cabeza como una perrita confundida. Ninguno de los dos sabe si deben atacar primero o no; la respuesta es clara cuando imitando a un relámpago embiste contra el barco, causándole una gran abolladura parecida a la que tendría una botella de plástica al aplastarla una patita de pichu, además de darle una fuerte sacudida logrando que Marianne se caiga del barco. Ambos aprendices tenían ya sus extremidades extendidas esperando atrapar a la mareanie, pero el borrón se les adelantó.

    —¡Espera!—exclama Larissa lanzando un escaldar en vano, el cual solo moja el cemento.

    —¿Por qué se la habrá llevado?—dice Sebastian antes de sentir un escalofrío. Ya no esta sosteniendo a nada ni nadie.

    Esa cosa también se había llevado a la madre de Clara. Otro escalofrío le trepa por la columna.

    —Sube al barco—dice Sebastian a su compañera.

    —¿Qué?

    Sintiéndolo mucho, agarra a su amiga de las coletas para lanzarla a la cubierta del barco donde Aura ya estaba mirando con miedo los sucesos que están ocurriendo ante sus ojos. Afortunadamente lo hizo justo a tiempo pues unos segundos después de haber hecho el lanzamiento, el aire que provoca la hormiga gigante que pasa frente a él lo empuja hacia atrás, haciéndolo aterrizar patas arriba. No tiene tiempo de decirle a las hembras que se escondan, el borrón intenta tomarlas volando en la superficie de la cubierta. No lo logra y el insecto grita con frustración en cuanto toca el suelo de la embarcación.

    «Va a bajar las escaleras» piensa el sylveon quitándose el sudor de la frente.

    Espera que la extraña criatura baje a las entrañas del barco a toda velocidad, sin embargo, mientras va a pie, recupera la movilidad que alguien de su porte debería tener por meras física. Ahora que tiene tiempo de verlo, no ve ni a Marianne ni a la madre de Clara por ningún lado. No sabe a dónde las ha llevado. La plancha de madera que usaban como rampa esta partida a la mitad por lo cual no será fácil volver a subir. Sumergido en sus meditaciones (si es que se podría llamar eso a quitarse el sudor de la frente compulsivamente a la vez que miraba a la hormiga gigante) una bofetada metafórica le saca a la realidad cuando el susodicho crea su propia bajada, creando un agujero en la cubierta.

    No tiene muchas ganas de enfrentarse cara a cara con alguien así.

    «Tal vez deberías hacer un sacrificio…»

    —¿Mamá?—susurra en voz alta.

    «Hunde el barco» insiste la señora Labelle.

    «¿¡Qué»

    «Tu amiga es una foca, va a sobrevivir»

    «Sí, pero…»

    «¿No has visto los ojos de esa sirvienta? No tiene mucho que hacer en la vida, estoy seguro que no le importaría morir para salvar a Lari»

    —Silencio, mi madre no diría esas cosas—exclama Sebastian quien esta solo en este momento después de que todos hayan huido del muelle.

    Aunque no estaría mal hacer un pequeño sacrificio, al menos momentáneo, llevar a ese pesado macho hasta otro sitio…si lo piensa bien ese tipo acaba de ponerse en una situación muy vulnerable y las alas de los insectos suelen quedar inútiles cuando las mojan. Necesita hundir ese barco; el tipo no podrá llegar a tiempo hasta arriba para salvarse del agua si baja lo suficiente.

    —¿Cuántos pokémon están en el barco?—susurra el sylveon calculando los posibles daños.
     
    Última edición: 15 Noviembre 2018
  11. Threadmarks: Capítulo 39
     
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    Capítulo 39: La Bola de Fuego


    Nuestro capitán intenta mantener la calma después de recibir un tajo igual de limpio que el sonido que provocó, el cual rasga su brazo haciendo saltar gotas de sangre. Antes de que pueda gruñir por el dolor siquiera, la fantasma hace estallar otra vez su aura con una fuerza tal que lo lleva de nuevo dentro del hospital, creando otro agujero al lado del que había hecho la hormiga junto con la medusa que en estos momentos quiere ir a encontrar para daño. Si no fuera porque logró derrapar en el suelo con sus piernas, se habría estampado contra otra pared.

    Meloetta vuelve a salir desde su espalda.

    Lo único bueno de este desmadre para Gallaway es que es imposible que la fantasma pueda esconderse nunca más; una enorme aura de un color rojo granate la rodea como si fuera la llama de una fuerte fogata. Sigue siendo una vulgar vulpix solo que sus ojos parecen arder tanto de que teme quedar convertido en un chicharrón al acercarse demasiado y no deja de escupir una especie de espuma por el hocico de un color negro carbón.

    Ni el pokégremio ni él mismo ha visto semejante chigandera.

    —¿Qué chingados es eso?—pregunta el capitán pensando en su próximo paso.

    No tiene ni la menor idea sobre si su plan inicial podría funcionar en estas condiciones, pero una corazonada le dice que si siguen con lo acordado, las cosas pueden acabar hechas mierda. La diosa vuelve a su forma danza mientras un atisbo de desesperación en su cerebro le sugiere probar con Allegro. Niega con la cabeza a sí mismo o quizás a su forzada compañera; al mismo tiempo que sigue en sus estúpidas cavilaciones, la ancla que ha ganado tamaño y anchura dirige su mortal punta hacia el capitán quien logra esquivarla tirándose al suelo, solo para que la cadena regrese entre sus pasos e intente empalar a Gallaway en un rápido descenso.

    Una voltereta es suficiente para librarse, pero no puede hacer lo mismo con la vulpix que de alguna manera esta detrás de el y le lanza una rápida llamarada. En su fantasía cree haberla esquivado hasta que siente un fuerte dolor en el brazo derecho. Mira a su ayudante, sus ojos se abren como platos. La mano izquierda de Meloetta esta desmoronándose en ceniza que no llega a tocar el suelo antes de desaparecer, por un momento presiente que todo el cuerpo terminará así antes de que el efecto se detenga en el antebrazo; el capitán suspira mientras vuelve a guardar a Meloetta.

    —Estas causando demasiados problemas para estar muerta—dice el líder del Estrella de Mar sintiendo el calor de la zorra acercándose, como el que sentirías en una acampada.

    «Una acampada…»

    Tal vez sea algo estúpido, pero…

    —Creo que tengo una idea—dice Ricardo sobresaltándolo.

    —¿¡Cuando llegaste!?—pregunta Gallaway.

    —Acabo de caer de una rejilla, tu chillido me sirvió bastante—explica el flaco pokémon—¡No hay tiempo!

    El kirlia lanza una bola de antimateria a través de su pecho para luego sacar su batuta y crear un agujero negro que sigue moviendo mientras corre hacia la salida del hospital, saltando los asientos de la sala de espera al mismo tiempo que la zorra los destuye a su paso. Aunque por obvias razones no puede absorber a la poderosa criatura en la que se ha convertido el fantasma en cuestión de minutos, es capaz de atrarle para que no deje de perseguirle.

    «¡Ese es mi hijo!» piensa Gallaway poniéndose en marcha.

    Seguro que los dos tienen el mismo plan.



    Una pokémon cualquiera en una casa cualquiera perdida en cualquier rincón de Nostra sale al balcón para respirar aire fresco, en cuanto abre los ojos después de tomar una relajante exhalación, ve la tragedia; una especie de bola de fuego recorre las calles, derritiendo las macetas que sus vecinas habían puesto e incluso rompiendo sus propios adornos frente a sus ojos. No notaba por su meditación que un kirlia corriendo a la velocidad de la luz grita a los cuatro vientos que se escondan pues el infierno esta pasando. La criatura cuya especie importa poco entorna los ojos y es capaz de ver entre esa energía que nunca ha visto antes la figura de una vulpix.

    —Debo estar alucinando—concluye antes de dar un sorbo de té.



    —¿Eso es una bola de fuego?—pregunta Sebastian a si mismo mirando desde la cubierta destrozada del barco.

    Aprovechando las abolladuras, el sylveon logró escalar hasta arriba del barco, solo que en cuanto puso una pata sobre la superficie de este, la hormiga no estaba por ningún lado. Aun escucha el ruido de la hormiga bajando hasta el fondo de la embarcación cuando algo rojo a lo lejos le hipnotiza la mirada. Una parte de su subconsciente hace que su propia cinta le propine una bofetada, devolviéndole a su situación actual. Ya dispuesto a elevar el ancla, su ángulo de visión capta a un asustado kirlia subiendo al transporte apurado.

    —¿¡Qué demonios hiciste, mocoso pendejo!?

    —Yo no hice nada—dice el zorro defendiéndose.

    Antes de que pueda explicar la situación, la bola de fuego entra a los muelles guiada por Gallaway quien no tarda en cambiar su mueca confiada a una de terror. Ahora que la ve de cerca, parece más una especie de luz roja que rodea a algo que asimila ser un pokémon. Un destello de esperanza estalla en su cabeza viendo que se trata de Alex, luego traga saliva.

    —¡No podemos mover el barco en este estado!—exclama Ricardo después de analizar los daños por encima.

    —Entonces tendremos que sacrificarlo…—susurra Sebastian.

    —¡Esa perra sigue adentro, también el cachorro, aparte de Aura y Claire!

    —¡Larissa también esta dentro!

    Si mueven el barco puede que Larissa se salve, si no…nadie podría escapar de la explosión por más rápido que nadase.

    Los ojos de Ricardo se abren.

    —No me digas que…

    Un grito desgarrador llama la atención de los dos jóvenes, ven al capitán sosteniendo su brazo achicharrado por las llamas, tan negro como el carbón. Alex Deunix esta frente a él, muy diferente que la ultima vez que la vio.

    «Es una zorra con rabia» piensa Sebastian estúpidamente.

    —Tienes razón, tenemos que mover esto—dice el kirlia empujando al sylveon cerca de las escaleras para ponerse a levantar el ancla—¡Rapido, haz el favor de llamar a las damas!

    —¡Hay una hormiga gigante ahí abajo!

    El kirlia abandona su intento para mirar estupefacto al joven.

    —¿Qué has dicho?



     
    Última edición: 20 Diciembre 2018
  12. Threadmarks: Capítulo 40
     
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    Capítulo 40: El Equipo Nereida

    Ahora que ambos pokémon están bajando por las escaleras al interior del barco, el kirlia un poco más tranquilo puede escuchar los pesados pasos de la hormiga que supuestamente, según el marica que tiene al lado, secuestra a todas las hembras que ve. Ahora las cuatro deberían estar juntas; Anácris, el cachorro sin nombre, Larissa y Aura.

    —¿Dónde las lleva?—pregunta Ricardo.

    —No lo sé—dice Sebastian.

    —A lo mejor se las come.

    Seguro que el sylveon esta pensando en decirle que eso es imposible, pero sabiendo las cosas que ha visto en los últimos días, es bastante obvio que tome en cuenta esa posibilidad.

    —Tal vez…

    Después de unos momentos donde los dos estuvieron callados, llegan al primer sótano.

    En el interior del barco hay tres pisos; solo en el primero esta el gimnasio, la biblioteca, las habitaciones de los exploradores, la cocina y el comedor; en el segundo se encuentra el almacén donde hay montones de basura. Entre esa montaña de mierda, se encuentran las cajas fuertes donde el capitán guarda todo su dinero mientras que el ultimo esta la sala de calderas. Si su poco conocimiento sobre las sirvientas norteñas no le falla, las cuatro estarán acurrucadas junto con depósitos de gas que pueden explotar en cualquier momento.

    Ahora que lo piensa…si el barco va destruirse igual…¿por qué quiere salvar a pokémon que no le interesan e incluso le caen mal? A lo mejor es eso que sienten algunas criaturas del mundo; esa cosa llamada empatía. Aunque la respuesta puede que este al lado de él, caminando con el único objetivo de proteger a esa mocosa, solo una brionne de las miles que hay en el mundo.

    ¿En qué estupideces está pensando?

    No tardan mucho en llegar al almacén donde el kirlia ve a la bestia por primera vez. Antes de asustarse, le llamó la atención la torpeza de la hormiga musculosa intentando caminar entre las cosas.

    —Así como lo ves, vuela muy rápido.

    —Acabemos rápido con esto—susurra el joven asegurándose de que nymphe esta recargada, lanza una bola sombra y la convierte en un agujero negro en el aire—. Aunque pese demasiado, nadie puede escapar de un agujero negro.

    La extraña criatura esta demasiado enfocada en su misión que apenas nota como le esta costando caminar cada vez más cuando esta solo a unos centímetros del hueco que amenaza con tragárselo. Ni siquiera porque los objetos vuelan a su alrededor, es capaz de darse cuenta de su inminente muerte.

    —Aun no sabemos donde están las hembras, ¿y si las tiene dentro de él?—dice Sebastian mordiéndose las comisuras del hocico.

    —Eso me da igual. Seguro ya están muertas.

    El tonto cerebro del gigantón, alelado por la promesa de un botín de hembras, por fin alerta de que algo va mal e intenta salir volando, pero eso solo retrasa lo inevitable. Ahora medio cuerpo de la bestia esta dentro de la antimateria, esforzándose por salir de manera desesperada. La sonrisa típica de los Gallaway aparece con un destello en su rostro cuando se prepara para dar el esfuerzo final que llevara a la hormiga gigante a la oscuridad infinita.

    La concentración es tal que no puede esquivar un chorro de agua caliente en la cara que obviamente hace desaparecer el agujero negro, dejando un humo morado el cual tarda en desaparecer por estar en un espacio cerrado y echando a perder la comida enlatada del suelo. Mientras tanto, Ricardo se levanta con varias ampollas que aparecen haciendo el mismo sonido que haría unas palomitas en el microondas, chirriando sus dientes como rockruff rabioso. El sylveon que lo acompaña salta delante de él, olisqueando el aire.

    —Larissa está aquí…

    —¡No me digas!—exclama Ricardo.

    —La hormiga no sale porque no puede, esta buscándola. De alguna manera que me niego a adivinar, repartió su olor por toda la habitación.

    A margen de su enfado, el kirlia está sorprendido de que esa tipa pudiera pensar en algo así que hace que la criatura ignore el intento de asesinato para seguir en su caza de brionne. A pesar de eso, esa extraña estrategia no explica que la maldita puta le hubiera aventado agua hirviendo. Antes de intentar cualquier otra cosa, le pregunta al marica sobre la razón del ataque.

    El marica suspira.

    —Seguramente le da pena esa cosa, o…

    —¿O qué?

    —Existe la posibilidad de que las hembras estén dentro de él.

    Ricardo no hace mucho caso a la respuesta que le ofrecen; en vez de eso alza su batuta, rezando que aún le quede energía para intentarlo de nuevo. Por desgracia, se ha entretenido tanto que solo queda una chispita de energía psíquica en el cuarzo, la mitad de la que gasta un Mental Cut, y Plunder of Souls es una opción rápidamente descartada por razones más que obvias. Maldice en sus adentros, solo queda energía para debilitar un ataque hacia él.

    —¡Por culpa de tu amiguita estamos jodidos!—exclama el psíquico frustrado—¡El estúpido del capitán va morir si no hacemos algo pronto!

    —No estés tan seguro….

    —¿Tienes un plan?

    —Más o menos.

    El señor Labell agarra un perchero envuelto por accidente en vestidos de que en otrora pertenecían a las anteriores tripulantes de este barco que dejará de existir pronto, le echa una mirada rápida a la hormiga gigante y sus ojos se abren de golpe. Después de ver donde los ojos del tipo hada apuntan, también se lleva la sorpresa; una especie de tentáculo está asomando, atorado entre los pectorales de esa bestia, moviéndose compulsivamente.

    ¿Acaso Marianne está ahí dentro?

    No es así; gotas de sangre caen al suelo mientras el tentáculo cercenado. Ahora pueden saber que las hembras no están dentro de él, lo que les da carta blanca.

    —Larissa…—empieza a decir el sylveon sosteniendo con fuerza el perchero—. No nos queda de otra, ¿lo entiendes?

    —¿¡En verdad siente pena de esa cosa!?—pregunta Ricardo mordiéndose el labio.

    —La vida del capitán está en juego.

    Los dos pokémon escuchan el sonido de un grifo goteando, seguido de un sollozo que revela la verdadera naturaleza del ruido. La musculosa hormiga apunta la probóscide a la dirección de donde proviene.

    —Por favor Ricardo, ve por las chicas, pueden salir por debajo—dice Sebastian de una forma un tanto descarada.

    —¡Tú no me das ordenes!

    Los insultos están chocando dentro de su garganta cuando escucha el grito de su padre con asombrosa claridad. Solo deja soltar un gruñido, como el de un niño dándose cuenta de que su berrinche fue en vano. Lo ultimo que ve antes de bajar al tercer piso es el agua comenzándose a colar por el agujero hecho por el hada.



    La hormiga gigante que el chico ha decidido llamar “La Cosa” en referencia a los constantes alaridos del kirlia, apenas se inmuta cuando sus patas en forma de trípode están mojándose. Su búsqueda es tan importante para él que sus alrededores son lo de menos, aunque estos amenacen con matarlos, ni mucho menos va distraerse ahora que su víctima está poniéndose en bandeja; No entiende como su amiga pueda sentir alguna especie de empatía con ese depredador sexual amorfo.

    —Larissa, por favor, tenemos que irnos de aquí—advierte Sebastian acercándose poco a poco a la criatura desde sus espaldas.

    —¡No!—exclama Larissa desde el otro lado de la habitación, la armadura de hielo cubriendo su cuerpo—¡No voy a dejar que muera nadie más!

    Ni corto ni slaking, La Cosa corre con toda velocidad hacia brionne, sin advertir al sylveon que seguía sosteniendo el perchero que en un acto reflejo rompe en la espalda de la hormiga. No afectando en nada su carrera, la bestia sigue tras la chica con un poco de baba saliéndole del pico y pese que intenta sostenerlo con sus cintas por detrás, no es capaz de rodearlo cuando la criatura ya ha dejado ese espacio vacío. El joven siente un escalofrío.

    No obstante, su amiga luce confiada mientras La Cosa extiende sus brazos hacia ella.

    —¡Atrápalo!

    La joven lanza una vieja plancha de madera hasta el otro lado del almacén que es perseguida inmediatamente por el infame ser. Debido a que le pasa rozando el hocico, el muchacho es capaz de reconocer un olor que no había notado desde ese infame día con Mariah, donde sus impresiones sobre los bidoof fueron derrumbadas por completo.

    Ahora siente un poco de lastima al ver al pobre chico tropezándose.

    —¿Tienes un plan?—pregunta Sebastian.

    —Ninguno—admite Larissa—. Solo encontré una cadena, pero no creo que pueda atraparlo.

    —¿Qué quieres hacer, entonces? Matarlo es la única forma.

    —¡No lo es!—estalla la brionne gritándole en la cara—¡Debe haber otra manera!

    —Es una bestia sin raciocinio—afirma el tipo hada—. Si seguimos retrasando lo inevitable, el capitán y los demás…—traga saliva—van a morir.

    Los ojos de la exploradora apagan su brillo, luego se coloca en posición fetal mientras unas lágrimas caen entre sus ojos.

    —Si no los salvo a todos, no voy a poder ser la exploradora que quiero ser. Ve tú delante.

    —¡No te voy a dejar sola!

    Durante el tiempo que estuvieron platicando, el agua siguió abarcando todo el segundo piso del barco de tal forma que le casi cubre sus patas hasta casi tocar su vientre.

    Suelta un suspiro.

    —Siempre te sales con la tuya. Dame esa cadena y tú ve delante.

    La brionne alza la mirada.

    —Pero yo…

    —¡Vete!...por favor.

    Sin embargo, Larissa desobedece, irguiéndose con seguridad en su rostro.

    —No te olvides, Sebastian, somos un equipo…somos…

    —El equipo Nereida—dijo el sylveon sin pensar.

    La sonrisa de su compañera es suficiente respuesta para saber que el nombre le gusta. Esboza una pequeña sonrisa.

    —¡Somos el equipo Nereida, salvaremos a todos los pokémon que necesiten ayuda!

    «O al menos lo intentaremos» piensa el sylveon sin atreverse a decirlo.

    —Bueno, supongo que tendremos que cambiar un poco el plan...
     
    Última edición: 5 Diciembre 2018
  13. Threadmarks: Capítulo 41
     
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    Capítulo 41: Las dos energías chocan

    El barco llamado “El Estrella de Mar” comienza a hundirse poco a poco por el peso del agua que llena el segundo piso y mientras las hembras están intentando escapar por debajo, los dos aprendices de explorador suben arrastrando una cadena con perfume en uno de sus extremos. Después de una corta platica, Sebastian pudo enterarse de que Larissa había conseguido la fragancia “Amour Toxique” tirada en medio de una montaña de ropa; la presentación de 1940 para ser exactos.

    Además, siguen el rastro de la sangre que dejó el tentáculo cercenado de Marianne para encontrar donde llevó a las chicas

    Siguen platicando sobre esas cosas durante el tiempo que suben, siendo perseguidos por la hormiga de manera muy torpe, no por Lari sino por el olor del veneno fermentado de una salazzle, lo que le hace recordar de manera bastante fugaz a la bolsa de basura desinflada en la que se convirtió Mariah.

    La brionne suelta un suspiro, la tensión en sus carnes evita que la armadura se derrita, lo que es mejor para ella. Aunque divagando dentro de si mismo, siente que la capa de hielo no sería capaz de ni siquiera amortiguar el golpe de la bestia.

    —Es una pena que tuvieras que destruir el barco—menciona Lari.

    —¿Sí?—dice el aprendiz Labelle—. No me quedaba otra opción, de todas formas, ellos ya pensaban sacrificarlo.

    La chica baja la mirada.

    —No pienses en decir que es tu culpa—reclama Sebastian causándole un respingo—. Aparte de que eso es mentira, no es tiempo de buscar culpables.

    —Sí—responde esbozando una leve sonrisa—. Tienes razón.

    No se dan cuenta de que salieron a la cubierta hasta que un calor abrasador que los hace transpirar de inmediato los golpea, un humo con un bonito olor llega a las narices del sylveon. Es como si un perfume estuviera evaporándose…

    —Oh no…¡cuidado!

    Al confundirse la fragancia con el resto del aire urbano del este, la hormiga suelta un mugido y agita sus alas mientras corre hacia ellos. Unas gotas de un liquido rosado parecido al chicle caen frente a los aprendices, de repente estos comienzan a tomar forma hasta convertirse en un par de torretas que disparan la misma sustancia que las creó en primer lugar, no haciéndole daño a la hormiga, pero al menos repeliéndole un poco. La culpable resulta ser la famosa gliscor que sonríe con sarna a sus compañeros.

    —¿Dónde estabas?—pregunta Larissa—. No te vi en el barco…

    —No me acuerdo…—confiesa Claire sosteniendo una copa con su famoso liquido rosado—, pero, ¿no es genial lo que puedo hacer?

    —¡Sí, es genial!

    —Pero no es suficiente para dejarlo inconsciente…—interviene Sebastian.

    La presencia de una hembra más, alocan de sobre manera las pocas neuronas que deben circular por la pequeña cabeza de la criatura, emprendiendo el vuelo para atrapar a una de las chicas, volviendo poco a poco a agarrar la velocidad que tenía cuando atrapó a Marianne y a la madre de Clara. Afortunadamente, el señor Labelle es capaz de colocarse detrás de la hormiga, por lo que, aunque llega a atrapar a su amiga entre sus brazos, es incapaz de emprender el vuelo nuevamente; la cadena de acero oxidada retiene sus alas. El zorro pronto rodea por el torso a la hormiga quien apenas puede darse cuenta de que lo está reteniendo y suelta a Lari en un intento desafortunado de zafarse.

    Sebastian siente como el barco comienza a hundirse, no pudiendo soportar el peso del agua ni mucho menos el de ellos.

    —¡Larissa, ya lo tengo!—exclama el sylveon—. Vámo…

    Las dos hembras miran el paisaje completamente estupefactas, sintiéndose un poco molesto debido a esto, se acerca al borde la embarcación para observar la razón la cual resulta ser una bastante considerable. La bola de fuego que el chico había visto antes es ahora mucho más impresionante tanto que la fantasma ya no es visible e incluso tuvo que mirar arriba, asegurándose de que el sol no quiso bajar al suelo por una razón absurda que solo es posible desde que los dos salieron del pueblo.

    A la izquierda puede ver a Ricardo empapado quien levanta su batuta para llamar su atención, a la derecha esta el capitán Gallaway con ambos brazos carbonizados, al menos en la superficie. El chico no pierde el tiempo, estrecha a la hormiga musculosa contra el suelo, luego sube a la espalda de la criatura y llama a sus compañeras para que hagan lo mismo.

    —Esto no va funcionar…—susurra Sebastian juzgando su propia idea al mismo tiempo que el barco empieza a inclinarse.

    —¡Rápido!—exclaman las dos hembras.

    La tristeza inunda a los lectores cuando se dan cuenta de que el muchacho tenía razón; los músculos de la hormiga se expandieron de repente, rompiendo la cadena en miles de pedazos y echándolos fuera del barco. Si no fuera porque la gliscor los agarró en el aire, hubieran caído en el mar. Esperan que la bestia vuelva a alzar el vuelo, pero en vez de eso, no les hace ni el menor caso después de liberarse de sus ataduras de acero.

    Sus pequeños ojos de camarón están enfocándose en la bola de fuego a la que va con rapidez, metiéndose dentro de ella.

    —¿¡Qué está haciendo!?—exclama Larissa agarrada de una de las pinzas de la exploradora.

    Mientras Gallaway aprovecha el descuido de su enemiga, tiene la horrible sensación de que la primera misión del Equipo Nereida va ser un total fracaso.



    El pikachu con una gabardina encima, mira la escena con diversión, o lo más cercano a la diversión que puede sentir en este estado; desde que fue echado en ese acido, solo puede sentir emociones negativas. No es la excepción ahora mismo pues Buzzwole de hecho le recuerda mucho a él, bastante.

    Su afición por las hembras al obtener su ultraimpulso, es causada sin duda por la fantasma que él mismo celebró.

    —Espero que esos dos exploradores no mueran por esto—dice Hamlet expulsando humo de su cigarro—. El capitán Gallaway se cobraría otra víctima.



    Si no supiera que esa bola de fuego podría convertirla en ceniza, Larissa intentaría alejarse de los miembros de su pokégremio para detener esa inverosímil pelea, tratando de salvar al extraño pokémon que prometió salvar junto a su amigo. Aunque las leyes de la física se desactivarán solo por ella. Los demás, sobre todo Sebastian, la atraparan antes de que haga algo. Por otra parte, se siente segura teniendo a todos sus compañeros al lado de ella, algunos incluso empapados, con un humor variable según de quien hables.

    —¿Esperamos a que se solucione solo, capitán?—pregunta Ricardo apretando los dientes y su batuta.

    Todos los integrantes del “Estrella De Mar” están mirando desde una esquina como la hormiga musculosa sigue peleando contra un enemigo que ni siquiera se ve que este ahí, en el núcleo de la bola de fuego. Unos segundos pasan donde los presentes miran la escena; algunos con coraje, otros con indiferencia y ella con impotencia.

    El capitán Gallaway revisa su brazo carbonizado como si fuera una obra de arte de esas que solo un pijo, como su amigo, pueden entender. Luego alza la mirada con decisión.

    —Yo tengo una idea por si quieren escucharla—dice el zorro intentando hacerse oír entre las explosiones del combate—. Solo que tendremos que dividirnos.



     
  14. Threadmarks: Capítulo 42
     
    DoctorSpring

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    Capítulo 42: La Extraña Costumbre de Buzzwole

    Siendo sincero, pensaba que Ricardo protestaría ante la expectativa de seguir sus indicaciones, aunque aceptó escuchar sin rechistar. No es nada sorprendente si te fijas en el contexto donde los miembros del Estrella de Mar y mucho menos tomando en cuenta que ni siquiera aseguró que iba a obedecer. No es momento de andar cavilando esas cuestiones de todas formas, es hora de ponerse en marcha.

    El plan no es la gran cosa, tal vez no pueda ser llamado un plan, pero es el proceder que ve más posible de salir bien entre los miles de situaciones que carburan en su cerebro. Ahora mismo el pokégremio fue dividido en tres grupos; el primero esta conformado por ély Claire quienes según Sebastian van a ejecutar el plan para derrotar a la fantasma (o lo que sea que sea Alex a estas alturas) e intentar tranquilizar a la criatura. El segundo grupo esta conformado por Larissa, Berenice y Jane quienes van a buscar a las chicas siguiendo el rastro de sangre que amablemente les dejo Marianne mientras que el tercer grupo que esta integrado por el kirlia y el capitán tiene la simple misión de llevar a la esposa del capitán, Aura y su hijo a un lugar seguro para luego llamar a la policía, aunque en este caso duda que ayuden mucho.

    Los nervios no le dejaron pensar al tipo psíquico sobre lo poco digno de su objetivo desde su perspectiva, agradece a cualquiera que tenga que agradecer por ello.

    —¿En serio tienes un plan?—pregunta Claire lamiéndose los dientes después de beber un trago—. Dudo mucho que una hembra que se ha dedicado al sexo toda su vida pueda ser muy inteligente.

    Supone que la prostitución requiere cierto grado de agudeza, aunque sabe que es inútil refutar cualquier afirmación que salga de la boca de esa hembra.

    —Quiero hacer lo que el capitán pensaba desde el inicio; echar a la fantasma al agua.

    —¿Y la hormiga?

    —Dejarla inconsciente para que la policía se haga carga o hagan lo que quieran con él.

    —¿Cómo vas a hacer eso?

    Los dos estaban acurrucados entre dos contenedores industriales, escuchando los estallidos de una pelea que todos saben que nunca va terminar. Su segunda posibilidad es dejar que esas criaturas se maten entre sí, pero sabe que las cosas pueden empeorar si dejan que las cosas sigan su curso natural. Desde aquí nota como el calor que expele la vulpix aumenta por momentos al recibir los golpes del coloso quien también incrementa de tamaño la luz que le rodea.

    Siente que acercarse a la hembra a estas alturas es una muerte asegurada, por lo que planea hacer que Alex se meta en el mar por su propia pata. Si pudiera usar las torretas de la gliscor, podría acorralar al espíritu hasta el borde del muelle.

    —¿Cómo funciona tu as?

    La extraña murciélago/alacrán le muestra una sonrisa mientras da otro trago.

    —Mi as se llama Sugar Artillery. Puedo crear armas poderosas con esta bebida que hice con mucha azúcar.

    —¿Tiene un límite?

    —Si se me acaba la bebida tengo que preparar más, querida—agita la copa de vidrio—. Calculo que puedo hacer tres torretas terrestres o un área. Incluso una bazuca de un disparo.

    —¿¡Una bazuca!?—exclama el sylveon abriendo los ojos de golpe, luego aclara su garganta—-. No creo que un obús de azúcar pueda hacerle mucho daño. Además, ¿las balas no se derretirían si la zorra está muy caliente? o...

    Un foco resplandece encima de su cabeza.

    —Por tu carita veo que tienes una idea.

    —Sí…pero primero debemos deshacernos de la hormiga.

    Si van a usar la habilidad de Claire para derrotar a la fantasma, entonces debe ocurrírsele otra cosa. Mira sus apéndices como si los viera por primera vez, entonces mira a la tipo tierra.

    —¿Cuántos ataques tienes?

    A veces solo hay que atacar a lo bruto.

    Unos minutos después, las dos bestias seguían pelando entre sí, sin poder notar que los exploradores comenzaban a moverse, conociendo el moveset del otro, preparados para ejecutar el plan. Un viernes a las tres de la tarde en la zona de Nostra (la zona industrial de ciudad Luz) el suelo tiembla desde sus cimientos. La culpable es una gliscor que encaja su aguijon en el cemento, haciendo temblar a los dos contricantes. Es uno de los ataques de Claire.

    Alex pese a ser fantasma, no deja ser tipo fuego por lo que el movimiento cumple su objetivo de al menos entretener a la muchacha quien gruñe al sentir su fuego apagarse un poco solo para estallar más fuerte mientras la hormiga corre hacia la atacante, más rápido de lo que sus piernas de trípode le permitían antes. Al mismo tiempo que estos sucesos ocurren, Sebastian al costado del contenedor industrial que su compañera de pokégremio, implora a si mismo que el ataque funcioné.

    Antes de empezar el ataque, el sylveon asentía convencido del moveset del tipo volador, no tanto el de él; Viento Feerico, Placaje y dos ranuras vacías. Si no mal recordaba, su especie podía aprender una técnica para atacar a alguien con palabras hirientes, si tan solo pudiera usarla contra esa hormiga biológicamente imposible…

    —¡Tus piernas son horribles!—exclama el zorro interponiéndose entre los dos.

    En vez de sentirse ofendido o que un circulo de su boca golpee contra el torso del gigante como debería pasar, este estira su abultado abrazo, agarrándolo del moño ante la mirada demasiado tranquila de Claire. Esperaba que lo lanzara contra una pared para acabar convertido en una plasta de músculos, sangre, huesos y pelo, pero en vez de eso ve la probóscide brilla con la luz del sol. No obstante, esto es parte del plan b, aunque sea uno no muy agradable.

    Se supone que la bestia debería chuparle toda la energía al sylveon, o al menos eso es lo que supuso cuando vio ese pincho en su boca por primera vez, sin embargo, lo que pasa es justo lo contrario. Una excitada gliscor solo mira como su aliado intenta besar o más bien chupar el aguijón del enemigo. El plan B que se le ocurrió al momento de que la hormiga amenazaba con dejarlo como baya arrugada, parece que era utilizar Beso Drenaje ante los ojos de ella. Durante los segundos que dura el beso, la bestia comienza a tambalearse por el cansancio mientras que el sylveon solo siente toneladas de energía corriendo por él.

    Al final, sin ningún rasguño y pese a estar asqueado, lo dejan en el suelo para que luego vea al extraño pokémon desmayarse.

    —¿Por qué no me dijiste que ibas a aprender ese ataque?—pregunta la Claire sudando a chorros de manera bastante asquerosa, tanto que en otra circunstancia correría de ahí.

    —¡No lo sabía!—exclama el señor Labelle asustado de si mismo—¡No sé que demonios pasó…ah.

    —¿Qué?

    —Creo que lo que hice fue chupar la energía que él había absorbido antes…

    De cualquier manera, debe aprender más sobre esto de los ataques. Ahora sobrevivió por pura suerte, aunque quien sabe que será lo que le depare el futuro ni si va tener un futuro en absoluto si sigue teniendo la mente tan cerrada. No tiene el tiempo suficiente para prometerse a si mismo a abrirse a nuevos horizontes para poder manejar mejor sus habilidades, cuando Claire alza el vuelo con él cargando, justo a tiempo para esquivar un lanzallamas letal, no sin antes dejar un sustituto en lugar de la criatura desmayada.

    Ya arriba de un contenedor mientras esperan con paciencia a que la fantasma se tranquilice un poco y baje su temperatura, Claire pregunta al aprendiz del Estrella de Mar algo demasiado importante.

    —¡Yo no chupé esa cosa! Sé que es enfermo y no tiene sentido, pero me forzó a hacer…un momento.

    Los ojos de Sebastian muestran la consternación que siente ante la conclusión a la que ha llegado. Al parecer la muchacha que tiene al lado no es la única que lo confunde con una hembra.

    ……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………..

    Sugar Artillery (Claire): La usuaria puede crear piezas de artillería como armas, balas o torretas automáticas a base de beber y escupir un líquido hecho con ingentes cantidades de azúcar, agua y otros ingredientes secretos que no podemos precisar. Las piezas que puede crear dependerán de la cantidad de liquido que disponga en ese momento; si se le acaba, tendrá que preparar más.
     
  15. Threadmarks: Capítulo 43
     
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    Si alguien de por aquí sigue leyendo esto, solo quiero desearles que hayan tenido unas lindas fiestas. El segundo arco esta a punto de acabar y mi propósito de año nuevo es que el tercero sea mucho mejor que estos dos y seguir mejorando como escritor.

    Entre mis planes esta a aprender a planificar mejor mis historias, sobre todo el tercer arco que no pienso subir hasta que este completamente terminado y editado, aunque esto me lleve unos cuantos meses sin publicar, con el fin de evitar atrasos.

    Los arcos planeados hasta ahora son cuatro, antes eran seis pero tengo muchos proyectos en mente que espero que sean mejor que esta historia.

    No me malentiendan, adoro mucho a los personajes y me gustaría alargar esto todo lo que pueda, pero sé que puedo hacerlo mucho mejor.

    Eso sí, esta historia tendrá su final tarde o temprano, aunque tenga que escribirlo con sangre.

    No pienso abandonarla.

    Saludos.


    Capítulo 43: Estallido Feérico


    Unos minutos antes de las tres de la tarde, Larissa, acompañada de la jynx y la flygon, sigue el rastro de sangre lo más rápido que puede, aunque la hormiga no le haya dejado el camino puesto que en un segmento el liquido vital da tres giros seguidos solo para volver por sus propios pasos. Al final tienen que abandonar la zona de Nostra en pos de adentrarse al Centro mediante recorrer más o menos un kilometro (Sebastian lo calcularía mejor) de confusos callejones.

    No tardan mucho en llegar al lado de la estatua de un braviary, la brionne recuerda ese monumento de la pequeña batalla que tuvieron esa leavanny. No obstante, lo más importante es la chica que esta atada en el pedestal de la estatua. Se apura en arrodillarse frente a la mareanie quien parece haberse desmayado por perder tanta sangre.

    Las otras dos exploradoras se acercan con rapidez cuando alguien sale de los tantos caminos del centro de la ciudad; una stenee mostrando varias curitas en medio de su rostro. El aspecto que muestra es tan siniestro y tan alejado del carisma que tenía en su primera aparición, que tanto Jane como Berenice, no conociendo a la muchacha, preparan un ataque. Unas hierbas salen del cuerpo de la estrella del mar, alejando a la foca unos metros.

    —¿Qué quieres?—pregunta Lari.

    —Solo quiero hacer un trato contigo—dice Martha Valles volviendo a su fachada de amabilidad—¿Has ido al Norte alguna vez?

    No recuerda haber salido del Sur alguna vez, aunque los últimos altercados con cierto dragón le hacían tener esa zona del mar en la mente, nunca ha oído mucho sobre ella.

    —¡La Estrella!¡Ese es el próximo destino de Las Cualtzin!—exclama la tipo planta colocando ambas manos en su cadera—¡Además, tu amiga también aceptó venir con nosotros!

    —¡No!—exclama Larissa congelando una de sus aletas.

    —¿Me vas atacar con un Puño Hielo Izquierdo, verdad? Eres demasiado predecible…

    Un fuerte borrón pasa al lado de la chica quien estaba a punto de atacar. Un grueso tronco sale en forma diagonal, mandando a volar a Jane en medio de su ataque.

    —¡Espera, hembra!—exclama Berenice poniéndole una mano en el hombro.

    —Tienes a una amiga muy inteligente—dice la baya humanoide acercándose poco a poco—. Aunque claro, tal vez podamos cambiar de idea si te vienes con nosotros…

    —¡Jamas!

    Ignorando a su compañera de pokégremio, corre hacia su rival con ambas aletas brillando.

    —Igual tendrás que venir de todas formas.

    La señorita Vallas mueve su mano como un abanico frente a ella; unos hongos comienzan a crecer entre los huecos del empedrado mientras sueltan un humo morado a la vez que se desenvuelven al igual que unos pañuelos de seda. La desperacion ocasona que Lari no haga caso hasta que esta adentro del veneno con olor a uva. Antes de darse cuenta, la niebla había desaparecido, dejando una plaza solitaria con una única inscripción en el pedestal del braviary medio dañado de la cresta.

    «Si quieres recuperar a tus vecinas, ven a La Estrella»

    La brionne suelta un gruñido de frustración.

    —No es como si estuviera preocupada o nada…¿estas bien?—pregunta la señorita Gall.

    —Sí, no es nada—responde Jane extrañada sacudiéndose las alas doloridas.

    Un pedazo de hielo se rompe al caer frente a la exploradora, parece que estaba formando su armadura sin darse cuenta.

    —¿Dónde queda La Estrella?

    Las dos enemigas se miran entre sí.

    —Mejor volvamos con los demás—dice la tipo dragón rascándose la barbilla.



    Después del romántico momento con la hormiga quien ahora se encuentra desmayada en el suelo del puerto y rodeado de pokémon enfermos, la siguiente etapa del plan para derrotar a la fantasma ha comenzado. Aunque Claire no esta segura de que pueda funcionar (aun teniendo la bazuca de azúcar cargada a su hombro), no tiene algo mejor en mente por lo que decide confiar en esta muchacha. Lo único que sabe es que las probabilidades están reduciendose con el sol pegando fuerte al espíritu.

    —Si no te apuras, será demasiado tarde—grita la sylveon desde el contenedor donde ambas estaban escondidas.

    —Si, ya lo sé—dice la gliscor tambaleándose hacia el objetivo.

    La fantasma esta irreconocible ahora mismo, nadie es capaz de ver la forma de la zorra entre las llamas que la rodean y sueltan un montón de humo negro que cualquier drogadicto agradecería en estos momentos. La madre Celebi debe estar bastante enojada por la cantidad inminente de contaminación que está soltándose a la atmosfera. La chica no esta segura de que el ente que esta en esa bola de fuego la este viendo o siquiera sabe que existe.

    Eso da igual ahora mismo. Muestra una gran sonrisa mientras busca el gatillo del arma rosada con su pinza hasta tenerlo al tacto, esperando paciente la acción de su dueño.

    Aprieta el gatillo.

    Un obús de azúcar sale del cañón, dejando un rastro de humo blanco con olor a caramelo que aspira a la vez que su mueca de felicidad se ensancha cada vez más hasta perder la inocencia. Algo dentro de su cerebro podrido es capaz de captar el plan que tiene Sebastian (ese parte de dentro de ella sabe que su compañero en este momento es un chico), algo que recuerda el proceso que pasa la azúcar cuando comienza a calentarse.

    Se convierte en caramelo macizo a los pies de Alex. Esa parte se apaga como mecanismo de autodefensa en cuanto siente su cadera palpitar por el dolor.

    —¡Rapido, agua!

    Claire sale de su ensoñación.

    —Sí, amor—dice abriendo la llave de la manguera.



    —¿Ahora cual es el plan, capitán?—pregunta Aura—. Nos hemos quedado sin barco, los cazadores de tesoros lo van a saquear sin que nos de tiempo a recuperar la fortuna.

    —Tendremos que volver a la base, señora—responde el capitán retorciendo sus manos.

    El patrón junto sirvienta están en la entrada del hotel, esperando que los exploradores que vinieron con ellos terminen de empacar sus cosas. Se van a ir de aquí inmediatamente.

    —¿No siente mal por dejar a esos dos muchachos a su suerte?

    —¡Callate! ¡Mi vieja es más importante que dos aprendices!

    —Una de ellas ya no es un aprendiz…—la miltank suspira—. Pasará lo mismo que la otra vez.

    Si no estuvieran en pleno centro de la ciudad, mataría a esa gorda a golpes.

    —¿Qué pasa? ¿Piensa callarme igual que lo hizo con mi marido?—dice la señora Concesión leyéndole la mente con los ojos llorosos.

    El capitán solo guarda silencio.



    Aprovechando de que la fantasma estaba distraída con su propia furia, Sebastian consiguió conectar una manguera grande a una tubería cercana pues, aunque no pudieran echar a Alex al mar, esto también debería servir. La herramienta esta hecha para pokémon más fornidos que tendrían la capacidad de ser bomberos como muchos tipo lucha o incluso algunos roca.

    Lo lamentable es que ninguno del par cumple esa característica.

    Aun así, sostienen la pesada manguera ente los dos, el sylveon usando los extremos de sus cuatro cintas mientras que la gliscor usa el par de pinzas junto con su cola. El agua sale a presión contra la bola de fuego y pese a estar a una presión bastante decente, lo único que esta provocando por el momento es el mismo sonido que hace la llovizna sobre una fogata.

    —¿Es la potencia máxima?—pregunta el señor Labelle sudoroso.

    —¿Acaso crees que podemos soportar la potencia máxima?—pregunta Claire.

    —¡Solo ponla!

    No tiene tiempo de pensar en el cuestionamiento de la murciélago alacrán cuando esta obedece y el agua sale como un hidrobomba del mismísimo suicuine. Los efectos de este no tardan en venir en cuanto la manguera comienza a bambolearse a los lados al igual que una arbok haciendo un baile de apareamiento.

    Afortunadamente el sonido del chisporroteo es más potente al comenzarse a divisar la figura de la zorra, mostrándose su forma actual.

    La apariencia de Alex en este momento ni siquiera puede tener ese nombre, tampoco el de Alejandra, solo es una bestia con una espuma verde brillante saliéndole del hocico, los ojos totalmente blancos y la cara deformada al estilo de una figura de plastilina después de haber sido pisada una y otra vez. La bestia sin consciencia va rápidamente hacia ellos con dos cadenas de cada lado al mismo tiempo que la miembro del equipo negro encaja el aguijón en la tierra en afán de otro terremoto.

    La chica al liberar su cola es aventada unos metros hasta chocar con un poste de madera que si fuera de metal sería otra baja para El Estrella de Mar. Solo es suficiente para dejarla inconsciente.

    El ataque también da al sylveon quien, siendo azotado por él, es obligado a soltar la manguera, mandándolo a unos metros de su compañera de pokégremio.

    Alex recibe el movimiento en sus piernas, haciéndola gruñir.

    «Si la dejo, volverá a encenderse más fuerte» piensa Sebastian.

    Su columna truena cuando se levanta con sus cuatro patas firmes en el suelo e ignorando el dolor de su lomo, aplaca contra la criatura incorpórea, atravesándola.

    ¿Qué otra cosa esperaba?

    La vulpix estira sus cuatro cadenas hacia Sebastian; él hace lo mismo con sus cintas, intenta un viento feérico, pero simplemente no quiere salir.

    —¡He ganado!—exclama Deunix balbuceando al igual que cierta stenee.

    Las cadenas corren presurosas hacia su pecho mientras agita los cuatro apéndices de manera desesperada; siente las vibraciones de las pocas veces que ha realizado el ataque. Ahora que lo ha intentado de nuevo las vibraciones se sienten como si una manada de tauros estuviesen corriendo dentro de sus extremidades.

    —¡Viento Feerico!—grita el sylveon estampándolas contra el suelo.

    Un breve estallido levanta el pavimento donde los dos extremos de las cadenas quedan enterrados ante la frustración de Alex que comienza a encenderse de nuevo. Si fuera otro pokémon estaría gritando a los cuatro vientos al haber sido mutilado, no obstante, siempre ha presumido de mantener sus emociones frías y esta no es la excepción.

    Más que nada porque sus apéndices siguen ahí de alguna extraña forma, aunque si nota cierto dolor en ellos. Sea como sea ha aprendido un nuevo ataque sin querer.

    Estallido Feérico.

    «¿Qué estupideces estás pensando, Sebastian?» recrimina su madre «¡Acaba con ella!»

    La fantasma vuelve al ataque.

    Recuerda haber leído una vez que, sin importar la personalidad ni delicadeza de un sylveon, este siempre se entregaba a fondo en una pelea. En ese momento pensó que era estúpido presuponer algo así de alguien solo con su especie, como si fuera una especie de zodiaco, puede que más falso todavía.

    El aprendiz suspira, acumulando energía de nuevo. A unos centímetros de que la cadena le impacte, decide estallar las cuatro cintas del pecho para retroceder gracias a la explosión.

    Algunos guijarros que salen volando amortiguan el fuego de la zorra.

    —¡Es hora de acabar con esto!—exclama el zorro corriendo hacia la chica—¡Estallido Feérico!

    Unos momentos antes de chocar, coloca sus cintas debajo de ella, alzando una columna de polvo alrededor de ella lo que apaga el poco fuego que ha logrado recuperar.

    «Solo piensa en la sensación que tuviste cuando tú y la hormiga intercambiaron energía, solo que tú róbala esta vez» exclama la audino.

    Los apéndices están adoloridos, pese a eso son capaces de rodear a la joven de la cadera.

    Siguiendo ese ritual que los machos y hembras realizan desde muchos años antes de que naciera, olvidándose de los colmillos, la baba verde y las asquerosas facciones…le da un beso.

     
  16. Threadmarks: Capítulo 44
     
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    Pokémon mundo misterioso: Exploradores del mar
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    Capítulo 44: Bon Voyage

    Afortunadamente no hay alrededor ningún pokémon que pueda confundir el acercamiento a la boca de la vulpix de Sebastian con un beso, porque ni siquiera es un beso drenaje. El sylveon esta aspirando la espuma verde fosforecente para después escupirla al suelo, repitiendo el proceso varias veces hasta dejar su hocico limpio, luego da un salto hacia atrás. Una sonrisa aparece en su rostro después de que la zorra comience a escupir.

    La razón por la que ha hecho eso es porque el hecho de que Alex haya pronunciado palabra, le dio a entender de que estaba recuperando la consciencia hasta que tragó la saliva verde de su boca, en ese momento fue cuando volvió a su estado salvaje. Al parecer ha funcionado, no tanto por extraerle la espuma verde sino por la estupefacción que provocó en la señorita Deunix semejante acción quien ni corta ni perezosa lanza su cadena hacia él.

    —¿¡Por qué demonios hiciste eso!?

    La adrenalina ha desaparecido de repente, no sabe como va responder a eso ni de que manera se le ocurrió eso del Estallido Feerico, hasta le parece un nombre estúpido e incluso esta seguro de que hacerlo de nuevo le resultara imposible. Es lo mismo que le ha sucedido en su primera batalla contra Alex donde se entregó de lleno al plan que había diseñado el capitán. Lo cierto es que ahora no sabe cuál va ser el siguiente paso ni siquiera si va tener uno en lo absoluto.

    Lanza un largo suspiro.

    Nota cierta cojera en la zorra caminando hacia él, seguramente por el terremoto de la que yace inconsciente en el poste de atrás y descarta su muerte con unos leves ronquidos.

    —Debo admitir que eres demasiado inteligente, Sebastian. Me arrepiento de no haberte pedido lo que pensé en ese momento.

    —Solo le dije a Claire como usar su habilidad. Debería haberlo deducido ella misma.

    —Sí tú lo dices…—saca una cadena de su lomo—-. Quiero una pelea limpia contigo, sin truquitos ni casualidades convenienes.

    —Pues te vas a quedar con las ganas. No vas a volver a tocar a mi aprendiz.

    En unos segundos los dos machos del linaje Gallaway están a su lado. La joven pretende aplacar con su cuerda de acero contra ellos, una apuñalada de dolor en el costado la detiene.

    —Ya entiendo…solo querías dejarme débil para salir corriendo con el rabo entre las patas…eres un cobarde.

    —¡Callate!—exclama Ricardo lanzando una bola sombra para acto seguido convertirla en un agujero negro que absorbe a la dama sin que apenas pudiera resistirse.

    —¡Cobarde!—dice la chica antes de desaparecer.

    —Lo lamento por dejarte solo, huerco—dice el galladle poniéndole una mano en el lomo—. Hiciste un buen trabajo.

    El chico sacude su cabeza alarmado, se ha olvidado de lo más importante.

    —¿Dónde esta Larissa?



    El hotel Krystal Suicuine esta completamente vacía, los huéspedes se fueron en tropel como si hubieran previsto la bola de fuego que arrasaría varias calles de la ciudad del glamour. Afortunadamente no hay ningún muerto o al menos eso es lo que dijo Gallaway cuando pasaron por ahí, viendo las flores calcinadas y las banquetas chamuscadas. Solo llegar a la recepción, el siempre servicial lanturn le dijo que se dirigiera directamente a su habitación.

    Sebastian asegura la bolsa de caramelos que compró de camino hasta ahí, abre la puerta. Su amiga esta sobre la cama y aunque esperaba un abrazo que le rompiera el pecho, la brionne limita sus movimientos a dirigirle una mirada.

    —¿Por qué estas tan triste?—dice el sylveon—. Ya podemos largarnos de aquí de una vez.

    La chica no responde mientras él se sienta al lado. A punto de insistirle cuando la chica apoya su cabeza contra él, este comprende que ahora no es el momento.

    —¿Quieres?—dice Sebastian ofreciéndole la bolsa.

    Niega con la cabeza. La muchacha que él conocía no desaprovecharía la oportunidad de tomar unas grageas gratis.

    —¿Conoces un lugar llamado La Estrella del Norte?

    —Sí. Es un lugar horrible.

    —Alla se llevaron a Marianne y a nuestras vecinas.

    El sylveon esta a punto de echar los dulces al suelo.

    —Esa…

    —Tenemos que ir ahí a salvarlas.

    Estupendo. Acaban de salir de un problema, ahora van a meterse a otro. No hay remedio.

    —Podemos pedirle ayuda al capitán.

    —Ya lo hice.

    —¿Qué te dijo?

    —Ni lo piense…quiero tomar un ferry para llegar a la base de operaciones y hacer unas cuantas misiones…el capitán no quiere acercarse al Norte, le trae malos recuerdos.

    —Nosotros…

    No cree que haya ferrys que lleven a La Estrella del Norte.

    —Yo no voy a darle la espalda a ningun pokémon, menos si es Marianne. Comimos juntos y le ayudamos a reecontrarse con su padre, es injusto que le pase esto ahora.

    —Larissa…

    —¡Tenemos que ir ahí ahora mismo!

    —¡El lugar es un sitio prohibido!—exclama Sebastian ante la sorpresa de su amiga quien se limita a mirarlo con los ojos llorosos—¡No hay ningun transporte que nos lleve hasta allá!

    Al pronunciar estas palabras, la habitación se inunda de un gran silencio. La brionne cierra los ojos mientras las lagrimas hacen el esfuerzo de salir a través de sus parpados.

    —Tienes razón..

    —Renuncio entonces.

    —Pero Lari…es tu sueño.

    De forma súbita la hembra acerca su nariz contra la suya.

    —¡No quería ser exploradora por el dinero ni el reconocimiento! ¡Quiero ayudar a los pokémon! ¡Si no puedo ayudar a los pokémon, entonces no sirve de nada!

    Se dirige hacia la puerta cegada por la rabia, falla en su intento de girar el picaporte.

    —No te preocupes, Sebastian. Tomaremos un ferry a Villa Nereida, ¿eso es lo que querías no? ¿Volver a nuestras vidas de antes?

    —Tal vez—reconoce Labelle—, pero eso no es lo que tú quieres...y yo tampoco.

    Larissa suelta un breve sollozo para después negar con la cabeza.

    —¡Eres muy malo para mentir, Sebastian!

    Azota con fuerza, haciendo temblar el marco, dejando pensativo a su amigo.

    —No hay nada que pensar—decide el aprendiz siguiéndola unos segundos más tarde.



    Unos minutos antes, la aprendiz todavía, seguía a sus compañeras de pokégremio por todo el centro hasta llegar al hotel donde en el lobby el capitán y su hijo estaban preparándose para salir a ayudar. La sirvienta del barco también estaba sentada en un sillón de la esquina donde permanecía en silencio. El viejo galladle sonrió tan solo al mirarla, pero la sonrisa cambió a una cara de preocupación que era reflejó de la que llevaba en ese entonces.

    —¿Pasa algo, huerca?

    —Las Cualtizin secuestraron a Marianne.

    Gallaway estuvo a punto de golpear la mesa cuando Ricardo le fulminó con la mirada, haciéndolo desistir de su intento. No vaya a ser que asuste a la recepcionista.

    —¿Las Cualtzin?—preguntó el kirlia.

    —Al parecer es una chica que formó un pokégremio para ir contra nosotros—explicó Berenice—. Además, la muchacha nos ha dicho que todas las miembros son conocidas de nuestros aprendices y nos quiere atraer a La Estrella del Norte.

    —¡Callense!—interrumpió Jane.

    La jynx retrocedió asustada ante una petición tan desesperada de parte de su enemiga. Lamentablemente, ya era demasiado tarde.

    Lari juraría haber visto al capitán con ganas de golpear a alguien, no solo a un objeto inanimado, por la forma en la que apretaba sus puños y como es que después dejó escapar la frustración a través de un soplido. A continuación, avanzó hacia ella con paso lento e incluso una de sus compañeras hizo ademán de intervenir cuando Gallaway alzó la mirada.

    —No pienso volver a ese lugar. Vete olvidando de ellas que nunca las vas a volver a ver. Mejor ve empacando tus cosas, nos vamos a la base para recuperar lo que perdí en esta condenada ciudad.

    —¿Qué pensará Jack de que hayamos dejado a su hija a su suerte?

    —Si nunca le importó a él, ahora no me importa a mí—dijo el capitán mostrando una sonrisa que nunca pensó que la asustaría—

    —¡Usted mismo dijo que lo que hacía un pokégremio era ayudar a los demás!—iba a mencionar a la señora Seed, luego recordó como acabó aquello.

    —¡El Norte es diferente, no pienso ir ahí solo para salvar a unas muchachas!

    Larissa abrió la boca para decir algo más, pero la mirada de los presentes le decía que era mejor dejar de insistir, volvió a su habitación, viéndose incapaz de disimular su tristeza ante los demás. Ni siquiera a Sebastian.

    Ya estando en el presente, es capaz de mirar las maletas de los exploradores y a Gallaway ultimando los detalles de su estadía con la recepcionista.

    —¿Lari, ya estas lista?

    —Capitán, nosotros…

    —¡Nos vamos al Norte!

    La voz pertenece al sylveon quien mira desde enfrente del ascensor, enseguida el capitán se dirige hacia él, ignorando los desesparados intentos de su esposa para detenerlo. La brionne seca el sudor de las aletas en su falda con disimulo, un gesto que solo hace cuando esta ansiosa. Las miradas de los dos pokémon estuvieron enfrentadas por un segundo hasta que Sebastian decide continuar su discurso.

    —¡El Equipo Nereida no dejará a nadie atrás! ¡Nos iremos a La Estrella del Norte!

    —¿¡Tienes siquiera una idea de lo que dices!?—responde el gallade—¡Van a acabar muertos antes de siquiera pisar la costa! ¡Nos vamos al Oeste, es una orden!

    —Una orden que no estamos dispuestos a seguir.

    —¡Solo son un par de putos aprendices! ¡Son los menos indicados para desobedecerme!

    —¡Larissa ya no es una aprendiz, usted mismo lo dijo!

    —¿Ah, ya no?

    Un humo blanco sale de la espalda de Benjamín, formando poco a poco una figura humanoide. Los dos saben que es lo que esta a punto de pasar.

    —¿¡Qué demonios estás haciendo, estúpido!?—exclama Ricardo.

    —¡Les voy a dar una lección de humildad a estos escuincles! ¡Derrótenme si se sienten tan poderosos!

    Aunque Lari siente como su respiración va a trompicones y su corazón lucha por atravesar su pecho, su amigo de la infancia parece estar demasiado tranquilo. Una sonrisa que comparte en cuanto un nuevo pokémon entra por la puerta del hotel. Ya debería saber a estas alturas que Sebastian tenía previsto esto.

    —No es necesario—dice Jack Lamare alzando su cañón—. Yo mismo te matare.

    Alguien tocándole el hombro le causa un sobresalto, solo voltea para ver los ojos de un tiburón viéndola directamente.

    —¡Señorita, sígame!

    La joven obedece al sharpedo quien la guía a través de una puerta que lleva al callejón del hotel que es usada mayoritariamente por entregan mercancía. Empieza a asustarse de estar a solas con el botones mientras escucha el ruido de la acolorada discusión, cuando Sebastian aparece ante ella, quitándose un clauncher de la pata.

    —¿¡Qué demonios hiciste Sebastian!?

    El sylveon lanza un largo suspiro.

    —Creo que se me pasó la mano. No aseguro que sigamos en el Estrella de Mar…

    No pudiendo resistir más el impulso, le da un fuerte abrazo a su compañero de equipo.

    —¿Estas seguro de que nadie saldrá lastimado?

    —También llamé a la policía.

    Un fuerte sonido de patrullas colabora dichas palabras. Lari suspira también.

    —Puede que no necesitemos un pokégremio después de todo…

    —¿Estas segura? ¿No era tu sueño pertenecer…

    —Me he dado cuenta de que no conocía verdaderamente al capitán…

    El zorro asiente.

    —Sera mejor que nos vayamos.

    Si quieren llegar a La Estrella del Norte necesitaran un barco, tal vez no lleguen a la costa como predijo el capitán, pero aun así…siente como si eso no pudiera acabar con ellos. Una sensación de tranquilidad le invade pese a estar (técnicamente) huyendo de la policía.

    —¿Sebastian?—dice cruzando sus aletas—. Siento que no necesito ningún pokégremio mientras te tenga a ti.

    Siendo la segunda vez en mucho tiempo, el exaprendiz del pokégremio Estrella de Mar le responde con una sonrisa sincera.

    —Yo también siento lo mismo.



    Acá estamos en el ultimo capítulo del arco del Este, una arco que por alguna razón me costó mucho más que el primero (arco del Sur o arco de Nereida), tal vez porque ahora tengo más exigencias sobre mi mismo y no puedo decir que este muy contento con el resultado. Aun así espero que el tercer arco sea mucho mejor que con suerte estará en unos meses o puede que más debido a que quiero esforzarme con la planificación.

    Si alguien lee esto, les dire que tardara lo que tenga que tardar.

    Sin más por el momento, nos veremos en el Norte.
     
    Última edición: 19 Enero 2019
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